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Cultura //// 16.05.2015
Fito está corriendo

Lo veo en detenimiento, como casi siempre lo hago. Es mesero en Cine Tonalá, ahora. Antes fue director de modelos en Agencias de Bogotá. Le gusta usar cosas llamativas, como una campera de corderito beige y cuero marrón café con leche perforada, en uno de sus extremos, por un pulpo metálico, enchapado en oro. Con sus jean lavados y anteojos negros. Como un sheriff mexicano, como si  viera a Dean, como lo hacía Kerouac.

 
por Carla Repetto
Cooperación. Fito sabe que es su propósito con él y con el mundo. No entiende el significado real del concepto porque no cree en conceptos, pero no sabe cuánto se equivoca al no hacerlo. En cambio, el haber llegado al mundo siendo hombre lo envuelve a diario en la imposibilidad de verse como una mujer y eso, según él, es el gran desafío de su vida. Lo que no sabe, es cuánto se equivoca. Vivir enfocados en algo que no es, nos conduce ineludiblemente a errar. A tomar decisiones, ante la duda, que no son necesario tomar. Porque la duda, como le han dicho a Rodolfo varias veces, es una compañera capciosa.
Oír
Clavículas hacia afuera, dice Fito, antes de tomar la foto. Fue instructor de modelaje, amante de los tacones y los disfraces, exótico y estremecedor por los movimientos que dispara. Sonríe y le dice a las mujeres cómo deben posar para la foto que están a punto de tomar. Las acomoda. Toma de los brazos delgados a las chicas que trabajan con él y las acomoda una al lado de la otra dándoles consejos de cómo acomodar sus piernas y brazos. Qué hacer para que se vean más altas y delgadas. Cómo acomodar sus labios sobre los dientes para que no se vean forzadas a la hora de sonreír.
Se acomoda su sombrero y se ubica a la derecha de la última de la fila. Antes del disparo, suelta una carcajada y empuja a la que se encuentra a su izquierda provocando el desvanecimiento de las demás. El fotógrafo disparó. Están todas tumbadas en el piso y el riéndose sobre ellas pidiendo que tomen más fotos. Les toca, las revuelve en el piso como si fuesen fideos secos, crudos. Las mujeres se ríen y empiezan a posar desde el piso. Llaman al fotógrafo pidiendo que capture las muecas que hacen, horribles, desdeñosas, entrelazadas unas con otras. Fito se separa del montón y se ubica al lado del fotógrafo. Se apoya en su hombro, y le dice que está cansado de enaltecer el estereotipo de mujeres frívolas que están atentas a los disparos. Que le parece cruel que una mujer quiera ser acribillada a balazos. El hombre se ríe. Fito se saca el sombrero, lo sostiene con su mano derecha al costado de su cadera y se va. Se aleja y escucha cómo se funden las risas con el aire espero del calor que irradian los calentadores. Abre la puerta, saluda al de seguridad con un gesto de la cabeza y una sonrisa gigante, jala su bufanda y la cruza cubriendo su cuello. Vuelve a ponerse el sombrero y mete ambas manos en los bolsillos de la campera. Camina.Camina lento y se aleja. Se evade, desaparece. Cerca del parque que impone un oasis ilusorio de verde y piedra en medio de la ciudad más contaminada, frente a una de las tantas universidades que piso sobre piso construyen una muralla vertical sobre las tantas avenidas, Fito se escondió entre los autos y se puso a llorar.Estaba agachado, apoyando la cola sobre sus tobillos y talones, detrás de un auto rojo, un Fiat, y delante de uno gris. Se escondió la cara en las manos y tiró se los mechones que le colgaban por la frente. Ahogándose en sus sollozos, sin respirar, mojando sus rodillas. 
Hay tipos. Tipos de hombres, de mujeres, de cosas en general, de todo en particular. Esa enorme e interminable clasificación estremece a Fito. Que haya tanto de todo y con diversas formas, le enardece la piel y le licúa la sangre llevándola a velocidades de circulación incalculables. Respira agitado y se mueve causando sobresaltos. Se expande y vibra.
Fito está solo en la calle, aún entre los autos. Tiene frío y respira en sus manos sacando, de dónde puede, calor interno que lo reconforta, se enciende las manos y se lleva la respiración cálida a los antebrazos, por los hombros, se toca las rodillas y se para.Camina. Fito camina entre la gente y mira al suelo, frecuenta todos los hombros que van de a dos por la calle, rozándolos, golpeándolos fuerte, interceptándolos en su camino. Se hincha de una fuerza que lo carga con ira y despotismo. Se violenta y camina más rápido. Corre. Arrasa las baldosas con sus pies e inconfundiblemente es él en la calle corriendo. Es él solo corriendo. Fito está corriendo solo en la calle.
Blog de Carla Repetto: carlabelenrepetto.tumblr.com - Foto: Magalí Costa: magalicosta.tumblr.com