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Cultura //// 14.01.2017
Especial: el disco fundamental del rocanrol barrial

Nos atreveremos a proponer otra versión de la crítica “reynolsiana”, que sumará, si se quiere, dialécticamente, al plano formal, la interpretación sociológica para abordar lo que éste (seguramente cuestionable) cronista considera “el disco fundamental del rocanrol barrial”: Especial (de Viejas Locas), descubriendo, al mismo tiempo, la operación ideológica que un modelo del periodismo de rock local ha practicado a la hora de pensar y escribir sobre el llamado “rock barrial”.

Por Rodrigo Lugones
Un abordaje posible a la crítica de rock
En la reconstrucción sociológica de los orígenes de un género siempre emergen múltiples factores: políticos, económicos, culturales, etc., que pueden “explicarlo”, cierta “crítica de rock” ha reparado en ellos dejando de lado los aspectos formales de las obras que analiza (acordes, melodías, instrumentos, sonidos, etc. que, sin duda, constituyen la obra que se busca pensar). El crítico de rock Symon Reynolds ha sabido señalar muy bien esta operación, común en algún tipo de periodismo cultural argentino.
En esta nota nos atreveremos a proponer otra versión de la crítica “reynolsiana”, que sumará, si se quiere, dialécticamente, al plano formal, la interpretación sociológica para abordar lo que éste (seguramente cuestionable) cronista considera “El disco fundamental del rocanrol barrial”: Especial (de Viejas Locas), descubriendo, al mismo tiempo, la operación ideológica que un modelo del periodismo de rock local ha practicado a la hora de pensar y escribir sobre el llamado “rock barrial”.
Un disco especial
Especial, último disco de la banda que, indiscutiblemente, creó el género, reúne todo lo que necesita una banda de barrio para hacer una fiesta de rocanrol (así le decimos al género que cierto nacionalismo bobo caracteriza como foráneo, luego de la aparición del poeta de los barrios Cristian Álvarez). Producido por Nigel Walker, vió la luz en un difícil 1999, y llevó a la banda a llenar micro estadios y discotecas.
Unos tambores graves anunciaban el inicio del clásico fundamental del rock barrial que cerraba el milenio y se llevaba al siglo XX (ese de las revoluciones, las guerras, los sueños, los cambios políticos y los sangrientos totalitarismos): “Estamos llegando”, cantaban Fabian “Fachi” Crea y Cristian “El Pity” Álvarez, al únisono, comenzando el viaje de 16 canciones que hacen un sándwich con muchas capas que puede ser pensado y escuchado como una gran obra de época.
Las guitarras de Sergio “El Pollo” Toloza sobresalen a fuerza de slides, riffs, sólos pegadizos, o intros Stone (estilo que hizo escuela en el género, revisitando al Keith Richards de “Mixed Emotions” o la etapa “Voodoo Louge-Bridges To Babylon”) como en “Todo sigue igual”, un himno de estadios para la amistad y la placentera idea de que podemos detener el tiempo en el instante preciso en que nos hace felices la simplicidad de la normalidad de las calles de un barrio que se patean siempre con amigos (no se trata aquí de la clásica sentencia regresiva: “Todo tiempo pasado fue mejor”, o de alguna extraña nostalgia reaccionaria que no entiende de cambios, sino, justamente, de celebrar la vida y los objetivos alcanzados, junto a una banda, que puede ser un grupo de amigos o de compañeros que atraviesan un mismo periodo de tiempo, hermanados, sintiéndose parte de un todo que los contiene y los supera, además de entenderlos).
La épica melancólica de Homero, una canción que cansinamente, luego de un riff en MI, (que da lugar a unas teclas de piano a cargo de Burbujas y recuerda a los Rolling Stones de los años 70), va desarrollando la historia de uno de los cientos de miles de trabajadores informales de la Argentina pre-2001, que - el Pity lo confesaría años más tarde -,es su propio padre, quien realizaba esa rutina diaria desde Piedra Buena, Lugano, hasta el “cinturón del óxido” argentino de los años 90. Con un solo de saxo legendario y sangrante de dolor popular, interpretado por Juan Alberto Carbone (hoy detenido en la cárcel de Ezeiza por tocar un instrumento y formar parte de la banda Callejeros), “Homero” expone toda la genialidad de Pity, su profunda simpleza y sus momentos más altos como poeta y cantaautor popular. Se puede leer, en sus estrofas, y aunque el propio autor no lo sepa, un programa de aguante y resistencia a la recesión económica del modelo neo-liberal 1991-2003.
En “Especial” está todo, hay secciones de caños funk en “¿Qué vas a hacer tan sola hoy?”, un wah wah que es un juego de referencias claras a James Brown, ídolo del Pity. Está el petertoshiano “Legalizenlá”, un reclamo cannábico en formato reggae oscuro, pionero en nuestro país, que generó diversas polémicas por su supuesto “contenido apologético”. El hit blusero y sensual a la “Muddy Waters”: “Me gustas mucho” (con la participación más que estelar de Peri en armónicas missisipianas) que llevó a la banda, definitivamente, a la masividad. La pinkfloydeana “Niños”, que recuerda por momentos a “Hey You”, la potente e instrospectiva canción que Waters compuso para “The Wall”. Y la tribunera “Excusas” termina mostrando un disco plagado de hits, que en ningún momento deja - a pesar de coquetear con todos - de definir un estilo, digno de una época que lo hizo suyo.
Allí también está “Una piba como vos”, un punk rock ramonero que expresa la cancelación de una contradicción clásica de los años 90: “Punks” Vs. “Stones” (siempre se supo que Ricky Espinoza, líder de Flema, rechazaba que en sus shows se cante: “El que no salta es un stone”, a la vez que se confesaba fan de Viejas Locas y Los Gardelitos).
En diálogo con el ascenso de bandas barriales que inundaban todos los géneros (en el punk lideraban Flema y 2 Minutos, en el Heavy Metal: Hermética, en el hard-core: FunPeople, etc.), Viejas Locas se permitía visitar la casa de todos ellos (un viaje que Pity continuaría en Intoxicados con gran habilidad y potencia). Todas estas bandas, pioneras en sus campos y contemporáneas a las Viejas, a pesar de sus posiciones de género o estilo y sus elecciones estéticas diferenciadas, mostraban un abanico de temáticas y recursos estéticos que se pensaban y ejecutaban expresando, formalmente, las contradicciones económicas y culturales que atravesaban, de manera transversal, a toda una generación de jóvenes que vivieron los años 90´s en carne viva.
Arribando a una especie de conclusión, podemos esbozar que más allá de los géneros que elija una generación para expresar sus sueños, expectativas, tristezas y alegrías, todos ellos hablarán de su tiempo, porque la administración política del Estado marca los cuerpos y marca, también, los sonidos de una época. No podemos ser indiferentes a ella.
Bonus Track: La operación ideológica tras la crítica de rock
Más de diez años después de la aparición histórica de “Especial”, en Akron, Ohio, un dúo de rock and roll “vintage” que grababa sus discos en un garaje, en una toma y con un micrófono de aire, ayudado por “Danger Mouse”, el productor y músico estadounidense, publicó “El Camino”, un álbum fundamental de la segunda década de los años 2000 que, paradójicamente, sigue las mismas líneas estéticas que “Especial”, de las vernáculas Viejas Locas. Desde luego, cierto periodismo local, que históricamente ha despreciado al rocanrol barrial, se deshizo en elogios para con la joya sonora de Ohio, citaban a Reynolds en sus reseñas, hablaban de “retromanía” o insistían en la “revisión cuidada de géneros que repasaba el álbum”.
Parece que cierto periodismo “autoriza” a bandas extranjeras a “revisar el pasado” pero juzga, negativamente - claro -, a quienes amparados en el sonido que se absorbe en los barrios buscan hablar de una época a su propia generación en el lenguaje sonoro que la puede conmover.
Vamos a decirlo: “El Camino” de los Black Keys, es “Especial” de Viejas Locas, doce años después. Claro que Viejas Locas es una banda “muchísimo menos distinguida” que la banda que lidera “Dan Auerbach”. Como vemos, también la cultura rock guarda, inconscientes o muy conscientes, operaciones ideológicas que reproducen selecciones, sustituciones e impugnaciones propias de un pensamiento que buscamos desterrar.
Aquí creemos que “para todos todo”, como dicen los zapatistas, por eso celebramos especialmente la obra de Cristian Álvarez.
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