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Cultura //// 30.06.2019
El Tata Cedrón y el Cronopio

El cantor, guitarrista y compositor Juan “Tata” Cedrón se exilió en Francia en 1974 y forjó con el escritor Julio Cortázar una entrañable amistad. En esta nota recordamos anécdotas, el cuento que Julio le dedicó y el álbum Trottoirs de Buenos Aires que grabaron juntos.

Por Analía Ávila

Basta ya de ayer,

dale rienda al hoy,

cancha libre al corazón.

Dale, despertá

de esta oscuridad,

en tus manos está el sol.

                                                                                                                                                           Julio Cortázar

 

Todavía en esas callecitas detrás de La Bastilla donde vivió la familia Cedrón en  París, resuenan los compases tangueros y el bullicio de las trasnochadas conversaciones porteñas; también se adivina el aroma a empanadas caseras que inundaba el departamento de dos ambientes. De la misma forma las huellas del escritor Julio Cortázar permanecen en el Sena, en los puentes, galerías y pasajes que son escenarios de Rayuela. El exilio juntó a Juan “Tata” Cedrón y al Cronopio allá por los años setenta.  

El Tata, cantor, guitarrista, compositor, creador del mítico Cuarteto Cedrón, había conocido a Julio en 1972, antes de radicarse en París, lo fue a ver de parte de Paco Urondo, amigo de ambos. Sus compañeros le habían pedido que desde Francia el escritor ayudara a que se editaran textos de Rodolfo Walsh y de Juan Gelman, para que esa visibilidad los protegiera si les pasaba algo. En ese entonces la compañera de Julio era Ugné Karvelis que trabajaba en editorial Gallimard y conocía a muchos escritores.

Desde 1974, cuando el Tata se radicó en Francia, forjó con Cortázar una entrañable amistad; los dos se admiraban, se querían y se contuvieron hasta la muerte de Julio en febrero de 1984, en ese París que los cobijaba en el desgarro del exilio. El Tata, como tantos otros artistas e intelectuales llegó exiliado por razones políticas, vivió 30 años en Francia, editó más de 30 discos y recorrió Europa con el tango.

"Francia me dejó educar a mis hijos y me dio de comer. Pero yo nunca hubiera querido irme. Cuando salimos de la Argentina en el 74, teníamos armado un repertorio con canciones de Gelman y Tuñón. Me habían vinculado con la protesta porque hicimos una cantata con Juan (Gelman) por la masacre de Trelew, pero mi trabajo siempre estuvo centrado en los buenos poetas y el tango", confesaba el Tata en una entrevista publicada en La Nación en 2003.

Julio creó la mayoría de sus libros en Francia pero él decía que escribía “en argentino”; el Tata recuerda que Julio lo llamaba para escucharlo hablar, tal vez porque hablaba muy porteño y de otra época; esa necesidad de compartir la cercanía de la lengua, los unió más.

En una entrevista que Carlos Ferreira le hizo al Tata para la revista La Maga en 1994 el músico reveló: “Julio nunca entendió el fenómeno del peronismo, pero aceptó y ayudó a quienes luchaban, colaboró con ellos porque era un tipo terriblemente abierto”. 

 

Lucas, sus amigos

Cortázar le dedicó a la familia Cedrón el relato “Lucas, sus amigos”, incluido en su libro Un tal Lucas. En la nota que mencionamos publicada en La Maga, contó la anécdota de la noche de 1976 que inspiró la escritura del cuento. Estaban reunidos en el pequeño departamento del Tata en París, Juan Gelman, Alberto Cedrón (hermano del Tata), una amiga y un periodista inglés que trabajaba con Gelman  para denunciar internacionalmente lo que ocurría en la Argentina en los años oscuros; además estaban las mujeres de la familia Cedrón, y los nenes con sus amigos.

Esas reuniones transcurrían entre empanadas, vinos y chicos que corrían por toda la casa armados de arcos y flechas. Así, con mucho humor, el Cronopio pinta una escena en su cuento: “Lo que pasa al entrar vuelve imposible toda descripción coherente, porque apenas se franquea el umbral hay una nena que te sujeta por las rodillas y te llena la gabardina de saliva, y al mismo tiempo un pibe que estaba subido a la biblioteca del zaguán se te tira al pescuezo como un kamikaze, de modo que si tuviste la peregrina idea de allegarte con una botella de tintacho, el instantáneo resultado es un vistoso charco en la alfombra (…) Aparecen las mujeres de los Cedrón y mientras una de ellas te desenreda los nenes de encima las otras absorben el malogrado borgoña con unos trapos que datan probablemente del tiempo de las cruzadas”. 

 “Tengo una sogpresa para vos” le dijo un día Julio al Tata con su erre característica y le llevó el libro dedicado. Cuenta el Tata que cuando lo leyó su esposa Margarita le dijo al escritor: “¡Julio, me hacés quedar como una roñosa!”. Y Cortázar se reía: “Pero no, son licencias poéticas”, la calmaba. 

 

Trottoirs de Buenos Aires

A Cortázar no sólo le gustaba el jazz, también disfrutaba a Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese y a Horacio Salgán. Julio iba las noches en que actuaba el Cuarteto Cedrón en La Gaîté de Montparnasse, el escritor también cantaba y les pedía que le tocaran tangos viejos, como los de Carlos Gardel.

El Tata Cedrón ya había hecho música con Cortázar, el tango “Canción sin verano”, y recibió con gran alegría la propuesta de realizar Trottoirs de Buenos Aires (Veredas de Buenos Aires). El álbum se grabó en 1980 con poemas del escritor, música de Edgardo Cantón, voz de Juan Cedrón y una orquesta integrada por Juan José Mosalini, Roberto Caldarella y César Stroscio. La tapa del disco era un cuadro de Antonio Seguí. El Tata contaba en la mencionada nota de La Maga: “Le conseguí toda la producción de la grabadora donde yo estaba (Polydor), también músicos y arregladores e hice trabajar al cuarteto casi gratis” y afirmó que lo considera “un disco extraordinario”.

La reedición de Trottoirs en la Argentina fue en 1995 y la tapa es una foto tomada por Aurora Bernárdez, con Julio y un mate en su mano. El disco se compone de 10 temas entre los que se destacan “Medianoche aquí” (epígrafe de esta nota) y “Veredas de Buenos Aires”: “A mi me tocó un día irme muy lejos/ pero no me olvidé de las vederas/ Aquí o allá las siento en los tamangos/ como la fiel caricia de mi tierra./ Cuánto andaré por aquí hasta que pueda/ volver a verlas”.

El tono cálido y potente de la voz del Tata se conjuga con esa poesía melancólica, con pinceladas del lunfardo y porteñismos del Cronopio. Una comunión literaria y musical que selló para siempre esa amistad que comenzó a orillas del Sena, y creció en las trasnochadas conversaciones en ese departamento en La Bastilla, entre empanadas, vino tinto y melodías de arrabal.