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Cultura //// 04.11.2018
El Camino de Santiago: contraofensiva cultural contra el macrismo

Desde que se estrenó en el ND Ateneo el 1 de agosto, con atentado incluido, el documental ya fue visto por más de 35 mil espectadores en todo el país. La película se proyecta todos los días, desde hace tres meses, en algún lugar de la Patria.

Por Mariano Ernesto*

El 17 de octubre del 2017 el cadáver de Santiago Maldonado apareció flotando en el Río Chubut, en una zona que ya había sido rastrillada por Gendarmería Nacional. Cinco días después, el partido de Gobierno Cambiemos ganó las elecciones legislativas en los principales distritos. “Nosotros teníamos nuestra verdad y nuestra verdad se terminó imponiendo”, afirmó la ministra de Seguridad, Patricia Bulrrich, en un almuerzo con Mirta Legrand.

Tristán Bauer y un equipo de realizadores filmaron el documental “El camino de Santiago. Desaparición y muerte de Santiago Maldonado”, para refutar la versión oficial. La obra denuncia asesinato, encubrimiento y saña por parte del Estado nacional. Sufrió un atentado en su estreno, es constantemente atacada por la prensa y está vedada del circuito comercial. El camino de Santiago se proyecta diariamente en unidades básicas, iglesias y sindicatos; y tras un año de la aparición del cuerpo, ya fue vista por más de 35 mil espectadores en todo el país.

A pesar de la confianza de la ministra Bulrrich Luro de Pueyrredón (con antepasados de alto rango en el genocidio indígena conocido como la “conquista del desierto”), Santiago Maldonado pareciera encaminarse en la conversión de un símbolo, una imagen que trascenderá el tiempo, un permanente terreno de disputa por el sentido de la historia.

El director

En el año 1972 se torturaba en las cárceles y comisarías de Argentina. Además, se reprimían huelgas y manifestaciones públicas y se perseguía a la militancia política y sindical. El dictador Alejandro Agustín Lanusse comandaba el plan represivo para que otros pudiesen comandar la economía.

En cualquier noche oscura de ese peligroso y violento 1972, hubo un niño de trece años caminando por las calles de los barrios más humildes, llevando una mochila con una película prohibida y una pesada valija con un proyector Bell and Howell de 16 milímetros. El joven Tristán Bauer había descubierto “esa maravillosa capacidad de conmover” que tiene el cine y recorría unidades básicas, iglesias y sindicatos proyectado desde la clandestinidad las latas de papel fílmico con imágenes del General Juan Domingo Perón exiliado en España.   

Tres grandes films marcaron su acercamiento al séptimo arte: Milagro en Milán, de Vittorio De Sica; La hora de los hornos, de Fernando Solanas y Octavio Getino; y Operación Masacre de Jorge Cedrón. “Durante alguna de esas proyecciones conocí al sacerdote Carlos Mugica”, recordó Bauer con orgullo. Después señaló que el disparo de luz del proyector cinematográfico le recordaba al rayo de sol que hacía felices por un rato a los habitantes de una villa miseria, en la película Milagro en Milán.  

A los 29 años grabó su primer largometraje y honró su primera influencia. “Después de la tormenta” es una película neorrealista, filmada entre la villa 21 24 y la ciudad de Goya, Corrientes, en pleno proceso hiperinflacionario. Mientras la Argentina se derrumbaba y miles de trabajadores quedaban sin empleo, Bauer filmaba una ficción sobre el desempleo. “Por supuesto que cuando filmamos ‘El camino de Santiago’ estaba presente en mí el Tristán proyectorista y las influencias del cine de ficción”, expresó Bauer.

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La película

“El camino de Santiago es una película que nadie se propuso hacer”, se fue realizando a medida que sucedían los hechos. “Nos llegó el rumor que había un desaparecido en la Patagonia y empezamos a trabajar pensando en micros para redes sociales y plataformas digitales. Queríamos ponerle imágenes a una historia que no las tenía”, aseguró Bauer.

El camino de Santiago se parece poco –en términos estéticos- a los documentales del grupo Cine y Liberación o a las obras del neorrealismo italiano. Por el contrario, explota al máximo los lenguajes audiovisuales y las nuevas tecnologías. Maneja la rítmica, la dinámica y los tiempos breves de los contenidos digitales de la actualidad. Quizás ahí radique la explicación de por qué el documental es capaz de hacer llorar tanto a una persona de 60 años como a una de 20.

Fue realizada por un equipo de trabajo que estuvo diariamente “al pie del cañón”, poniendo una cámara donde había un hecho, a medida que la causa iba generando sismos en la sociedad. Cuenta con un archivo histórico elogiable e incorpora imágenes tomadas por la cámara GoPro de un gendarme reprimiendo y por los celulares de mapuches reprimidos. Además posee una fotografía notable, lograda con una cámara montada en un dron con la que se logra expresar todo el esplendor del sur argentino; porción de territorio que Luciano Benetton y Joe Lewis prefieren de todo el resto del mundo.

"El camino de Santiago" está respaldada por personalidades premiadas de la cultura, como León Gieco y Darío Grandinetti. La dirige una eminencia del cine nacional y fue escrita por uno de los mejores promedios de la Film Academy de Nueva York.

No obstante, la película recorre la Argentina de forma casi clandestina: fue postergada por la Dirección del Instituto Nacional de Cine Argentino (INCAA) y desestimada por las grandes salas y cadenas de cines. “El 85% de las películas distribuidas y proyectadas en la Argentina son de origen norteamericano. El mercado está completamente dominado por la industria”, explicó Bauer.

De modo similar a cómo circulaban las películas clandestinas en 1971, "El camino de Santiago" circula en 2018 entre unidades básicas, iglesias, sindicatos y centros culturales. Decenas de jóvenes recorren las calles llevándola de un lado al otro, con un pendrive en el bolsillo y un proyector Bell and Howell de 16 mm en la notebook.

Desde que se estrenó en el ND Ateneo el 1 de agosto, con atentado incluido, el documental ya fue visto por más de 35 mil espectadores en todo el país. La película se proyecta todos los días, desde hace tres meses, en algún lugar de la Patria. “De lunes a lunes se ofrecen funciones en algún lugar de la Capital Federal y el gran Buenos Aires”, confirmó Manuel Fernández, encargado de cámara y fotografía de la película y responsable de su proyección en dicha zona.

“Lo que se produce en el interior de una sala cinematográfica únicamente el cine es capaz de generarlo”, aseguró Tristán Bauer al describir las funciones ofrecidas para cien, trescientos y hasta mil espectadores. Bauer asiste regularmente a las proyecciones y nunca se sienta. En lugar de eso permanece de pie, a un costado, espiando las reacciones del público. Es ahí cuando el Tristán proyectorista de trece años y el Bauer director de cine de 59, confluyen en una misma mirada.

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El militante

Cuando Néstor Kirchner lo convocó como Titular del Sistema Federal de medios y contenidos públicos, Bauer asumió la tarea como una “contraofensiva cultural”. “Hay una televisión perfectamente concebida para convertir al ser humano en un consumidor adormecido”, describió y contó que con el canal Encuentro se buscó invertir la ecuación: “Tratamos de crear una televisión al servicio del ser humano y en defensa de nuestra cultura. Creo que lo logramos. Queda probado cada vez que un niño del interior profundo elije al muñeco de Zamba para su torta de cumpleaños, en lugar de a Mickey Mouse”.     

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Para Tristán Bauer, el arte es “una poderosa herramienta de transformación social”. “Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires”, escribió Rodolfo Walsh y el caso de Maldonado pareciera perfilarse como uno de esos acontecimientos que –tristemente- se ganan un párrafo aparte en los libros de historia.  

“Aunque Bulrrich Luro de Pueyrredón crea que su verdad logró imponerse, Santiago es una herida abierta en la sociedad y su causa está caratulada como desaparición forzada de persona”, afirmó Bauer. La imagen de Maldonado se convirtió en símbolo, el símbolo en bandera, la bandera en reclamo y el reclamo quedó grabado en la memoria viva del pueblo. La película dirigida por Bauer tuvo, tiene y tendrá mucho que ver en esa disputa cultural para que los nombres Santiago Maldonado y Rafael Nahuel no se pierdan en el olvido.

“El arte es una llama encendida que mantiene vivos los reclamos de memoria, verdad y justicia”, aseguró Tristán Bauer.

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*Por razones de seguridad y en relación con la persecución laboral impuesta por el gobierno nacional, el autor de la nota no puede firmar con su apellido.