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Cultura //// 15.11.2020
“Bebé vampiro”: mujeres que aguantan

Bebé vampiro, de Nadine Lifschitz, es la novedad que trae este noviembre la editorial Concreto. Ocho cuentos breves que iluminan las desilusiones de la vida. 

Por Milagros Carnevale

Empecé a leer Bebé vampiro de Nadine Lifschitz (editorial Concreto) por el primer cuento, “Best friends for ever”, y me causó alegría y desazón en partes iguales. ¿Qué cosa más linda que la amistad incorruptible en segundo grado? ¿Qué cosa más triste que una amistad rota por la distancia entre dos continentes? ¿Qué cosa más linda que la permanencia de esa amistad, que no se olvida, en cuerpos distintos de personas que llegan como recuerdos y mensajeras del pasado? Y así sucesivamente. 

Después me fui al último cuento, “Bebé vampiro”, que trata de todas esas madres que no podremos ser, y con razón no podremos ser, porque si no, ¡qué fácil sería todo! Es casi un manifiesto de la maternidad. La imagen más potente: los labios de un bebé manchados de leche mezclada con sangre de pezón agrietado, roto. El cuento que le da el nombre a este libro habla de la tremenda frustración que a veces trae ser madre, del cansancio, del reproche ajeno y propio, de ese manual de instrucciones imposible que se renueva a través de los años. Y la tapa del libro es algo tan alegre como una niña riendo apoyada en una pared y otra en manos de ¿su padre? haciendo una voltereta. Creo que en esa conjunción aparece Nadine Lifschitz. 

El libro, entonces, abre con la infancia y cierra con la maternidad. ¿Y en el medio, qué? La muerte de la madre. La muerte del padre. La adolescencia: el miedo, el miedo por ser mujer en un mundo hostil, la desilusión, el desamor. (Qué cosa la adolescencia. El cuento “La Reina” parece la entrada de un diario íntimo. Los sábados de antes, un álbum de fotos. Montón de vereda, una confesion.) El aborto. La familia. La enfermedad y la familia. 

El gran logro de este libro es hablar de todos estos temas sin dejar en el lector un sabor amargo en la boca. Estos cuentos a veces parecen tristes pero no los son. O capaz que sí lo son pero siempre prometen una resistencia que hace leve la tristeza. Son personajes tan débiles e irrompibles que emocionan. Son mujeres que aguantan.