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Cultura //// 08.07.2021
9 de Julio: hacia una Argentina plurinacional

En un nuevo aniversario de la Declaración de la Independencia nacional, es necesario pensar un Estado que reconozca simbólica y legalmente la diversidad y fortalezca la democracia con la integración de todas las voces.

 

Por Maga Pérez|​ Ilustración: Gabriela Canteros

Por decisión de la autora, el artículo contiene lenguaje inclusivo.

Independencia y reconocimiento: la hora de los Pueblos

El 9 de Julio conmemoramos el aniversario por el Día de la Declaración de la Independencia nacional. Doscientos cinco años después, la gesta patriótica nos encuentra en un escenario social y político que nos interpela y propone considerar y discutir el futuro que como país queremos proyectar mirando nuestro federalismo y América Latina como horizonte. Los últimos acontecimientos políticos vinculados a pueblos indígenas y afrodescendientes dejan sin lugar para continuar perpetuando el negacionismo histórico de sus aportes en la conformación de la Nación Argentina.

Confluyen como signo de los tiempos, nuevos gritos de libertad y la necesidad ineludible de una perspectiva diferente en las políticas de Estado. Vamos para una Argentina plurinacional.

Presentes- ausentes en la historia

Las instancias que recuerdan la Declaración de la Independencia de nuestro país destacan la firme convicción de los congresistas en Tucumán para romper vínculos de dependencia política con la monarquía española.

La emancipación fue crucial pero llevó un largo camino para afianzarse de acuerdo con el complejo contexto político que aparejaba el resto de América y Europa.

Nuestra independencia emergió con la fuerza de las clases populares que pusieron la sangre y el cuerpo para las batallas. Sin embargo en el relato histórico fundacional no fueron reconocidos ninguno de los pueblos preexistentes que lucharon por la libertad.

Las ausencias deliberadas en nuestra historia se transformaron en un ejercicio político que tuvo correlato con la creación de un Estado Nación que invisibilizó identidades a través de discursos falaces de asimilación y desaparición, y que en consecuencia, aparejó la construcción de un “ser nacional” homogéneo sin diferencias culturales.

A pesar de ello, es importante dimensionar que en pleno 1816 la proclama que se expresaba en contra de “toda dominación extranjera” se publicó no solamente en español sino también en quechua y aymara con el propósito de integrar en el proceso a los pueblos indígenas.

Pero ninguno de los sucesos posteriores al 9 de Julio de 1816 dieron cuenta de la importancia de fortalecer el nacimiento de nuestra Nación con acciones que pudieran garantizar la pluralidad - plurinacionalidad.

El largo período colonial y su contexto de época se transformaron muchas veces en una excusa para justificar exclusiones. Asimismo las consideraciones incompletas acerca de que las reparaciones históricas hacia las comunidades atentan contra el ejercicio de los derechos colectivos, pone de manifiesto que la Independencia de 1816 terminó efectivamente con el régimen monárquico pero no pudo erradicar todos los vestigios de la colonialidad.

Prueba de esto es que observamos cómo persistieron no solamente las estructuras sociales, económicas y culturales impuestas por Europa y la Corona española, sino también el espíritu de “la Madre Patria” consagrado en el discurso de la Generación del 80,  y dramáticamente reproducido por las nuevas dirigencias políticas nacionales que sin duda necesitan seriamente revisionar su archivo histórico.

“El Estado argentino es plurinacional pese que no lo reconozca la Constitución”, afirmó la dirigente mapuche Moira Millán y lo asiente toda la dirigencia y comunidad indígena pertenecientes a más de 30 naciones originarias que continúan su legado de tradiciones y saberes ancestrales de miles de años, antes de los barcos de la trata esclavista, antes de la declaración de la Independencia, antes de los barcos europeos.

Todas las voces, todas…

Pensar una Argentina plurinacional es promover un Estado que no solamente reconozca la heterogeneidad de la conformación del pueblo argentino sino que también trabaje e impulse políticas públicas que ordenen la situación de desventaja histórica que aparejan varios sectores de la sociedad.

La “refundación” del Estado como lo concebimos hace décadas a un nuevo ciclo plurinacional implicaría comprender que dentro de un mismo Estado hay varias naciones, expresiones culturales y políticas que deben ser contempladas en sus derechos.

La nueva declaración de independencia es posible si podemos cambiar paradigmas donde el respeto por las cosmovisiones sea presente y se implemente un plan de desarrollo intercultural, económico, político, y educativo que recupere la historia y territorialidad de los pueblos expulsados.

La expropiación, exclusión geográfica y económica a la que fueron sometidos pueblos indígenas y afrodescendientes configuran daños que deben repararse. Los reclamos tendrán continuidad en la medida que no se concreten acciones afirmativas que modifiquen  la realidad de los grupos.

En este sentido entendemos que un Estado plurinacional  que reconoce simbólica y legalmente la diversidad, aparta conflictos internos y fortalece la democracia con la integración de todas las voces.

La representatividad política de los diferentes colectivos en el interior de los movimientos o partidos políticos necesitan contemplar la inclusión de referentes/as indígenas, afrodescendientes y migrantes. Resulta inadmisible elaborar una política pública sin la participación de lxs sujetos de aplicación. Esta desvinculación es directamente proporcional a siglos de racismo estructural que ni la Independencia, ni la postcolonialidad pusieron en tensión para terminar con las desigualdades.

Las clases políticas dominantes que por décadas centralizaron la palabra y los privilegios no necesitan resistir como los pueblos indígenas, afrodescendientes y migrantes, porque en este y todos los sentidos la plurinacionalidad a diferencia del colonialismo no busca imponer su propia hegemonía.

La invitación para transitar el próximo 9 de Julio es amplia, intercultural, con perspectiva antirracista, para el desarrollo de una “educación liberadora” que como nunca antes en nuestra historia promueva el encuentro con las raíces colectivas de una Latinoamérica política y culturalmente descolonizada como nos pertenece.