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    María Teresa Andruetto
APU EN LA RADIO DE LAS MADRES

María Teresa Andruetto: “Leer es un acto de resistencia frente a las maquinarias de poder”

06 Septiembre 2026

La gran escritora María Teresa Andruetto dialogó con “Basta de zonceras”, programa cultural de AGENCIA PACO URONDO (sábados de 20 a 22 h en AM 530, la radio de las Madres de Plaza de Mayo) acerca de su nuevo libro Leer y resistir. En la charla también se refirió al hábito de la lectura en los niños, a la poesía, a la lectura de mujeres y la colección Narradoras Argentinas de editorial Eduvim.

María Teresa, a quien llamamos cariñosamente “La Tere”, nació en Arroyo Cabral, provincia de Córdoba. Narradora, poeta, ensayista, reconocida escritora de literatura infantil y juvenil, docente, conferencista, promotora de la lectura, también hace columnas de radio en el programa “Nada del otro mundo”. Multipremiada, una de esas distinciones es el Hans Christian Andersen, que es como el Nobel de la literatura infantil.

Leer y resistir

Leer y resistir es una coedición de Jitanjáfora y Letra Sudaca (2026), reúne cuatro conferencias de Andruetto sobre la lectura y una entrevista, con un valioso prólogo de Mila Cañón y Rocío Malacarne. La escritora hilvana referencias a la mitología, relatos de comunidades diversas, la memoria colectiva, citas literarias y escenas de la vida cotidiana. La lectura aparece como una forma de comprender mejor el mundo y como gesto político.

En el ensayo “Bichito de luz” relata que Pasolini en un artículo sobre las nuevas formas del fascismo, comenta la contaminación del aire y del agua que provocó la desaparición de las luciérnagas. María Teresa expresa sobre ellas: “Señales en medio de la noche. Resplandores en tiempos en que la crueldad se actúa y se exhibe con total obscenidad”. 

La narradora se refirió en la entrevista a la gestación de este libro: “La gente de Jitanjáfora, una ONG que desde hace muchos años trabaja para la lectura, unida a la Universidad Nacional de Mar del Plata, me propuso para un Honoris Causa y fui a recibirlo. Ellos tienen vinculación con Letra Sudaca que ya habían sacado un libro de conferencias de Liliana Bodoc. Francisco, el editor, me consultó la idea de  publicar la conferencia que leí en el otorgamiento de la distinción, y después yo agregué otras que tenía, que no estaban publicadas, y así hicimos este pequeño libro, un libro precioso, muy cuidado”.

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Libro Leer y resistir de Andruetto

 

Consultada por las citas y referencias literarias que abundan en Leer y resistir, María Teresa manifestó: “Alguien me ha dicho alguna vez, leer algo tuyo es ir a buscar un montón de libros a la librería. Soy una promotora, es una lectura que fomenta e impulsa la lectura y la circulación de los libros. Leo mucho y muy diverso, como lectora voy a distintos géneros, también me gusta descubrir cosas que están por ahí escondiditas, que a lo mejor han salido en editoriales muy pequeñas, todo se conjuga”.

“Escribir es ese intento de comprender un poco más el mundo, el lugar donde uno vive, el contexto, la sociedad en la que en la que está inserto. Yo creo que escribo para comprender y leo también para comprender, creo que leemos para intentar un poco ver cómo es el mundo desde los ojos de un otro, imaginario, pero alimentado por la realidad”, agregó acerca de la escritura.

Las conferencias reunidas en Leer y resistir son de 2024 y 2025, en “Pensar, derecho de todos”, Andruetto se refiere a la inteligencia artificial: “Dejemos de llamarla inteligencia artificial y llamémosla por lo que es y hace, un software que copia alterando lo suficiente como para escapar de las leyes de derecho de autor”.

En la entrevista María Teresa amplió: “Hay una apropiación también de los saberes. Detrás de lo que llamamos inteligencia artificial hay maquinarias de poder que además, si uno delega ahí, uno deja de pensar por su propia cuenta. Creo que si bien es cierto que en aspectos como la medicina u otras cosas puede ser un arma que sirva, en el arte lo humano hace la diferencia, porque todavía ni las máquinas ni la IA pueden sentir dolor, y la escritura se hace con la emoción también. El arte se hace como en ese sentir y en esa cuestión más dubitativa, no en esa cosa que no duda. Hay un libro de Andrés Rivera que se llama Los vencedores no dudan, pero los artistas dudamos, los comunicadores dudamos”.

“En el arte lo humano hace la diferencia, porque todavía ni las máquinas ni la inteligencia artificial pueden sentir dolor, y la escritura se hace con la emoción también”.

“Quizás hay pocas cosas más inclusivas que la narrativa, que la ficción, porque nos obliga como lectores a entrar en la subjetividad de otro, a salirnos de nosotros para mirar el mundo, como decía Darcy Ribeiro, con los ojos de los demás. Y eso es muy inclusivo, aunque sea en un sentido ficcional, porque nos enseña a mirar desde otro, y tal vez a comprender desde otro”, concluyó.

Además la escritora se refirió a cómo fomentar el hábito de la lectura en los niños, a la colección Narradoras Argentinas de editorial Eduvim y a la poesía. A continuación sus principales expresiones.

El hábito de la lectura en los niños

"Creo que no son tantas las cosas que hacen falta, pero sí necesitan persistencia. Por un lado el lugar de la escuela y por otro el de la casa. Ahora estamos en un momento muy difícil, había un Plan Nacional de Lectura con libros seleccionados en las escuelas públicas del país. Eso ha caído, hay sólo en algunas provincias planes que subsisten como en Buenos Aires, Neuquén y algo en Córdoba. Por la escuela pasamos todos, con la dificultad y diversidad que tenga, es el espacio más igualitario que tenemos y significa una segunda oportunidad para quienes lleguen sin provenir de una familia lectora". 

"Es importante ver leer a otro, las bibliotecas populares del barrio, las librerías, algún adulto que lea algo junto a los niños. A veces no está el libro pero puede estar el relato, alguien que pueda contarle a un niño cómo se vivía antes, cómo se conocieron los padres, de dónde venían los abuelos, todo eso también es historia, es palabra que alimenta a la lectura".

"Nadie se hace solo, todos necesitamos de otros. Hay un texto del gran poeta italiano Eugenio Montale que dice que hacen faltan muchos hombres para hacer a un hombre. Hacen falta lectores para construir a un lector".

Lectura de mujeres

"En los años 80 empecé a descubrir la literatura de las mujeres, sólo había leído algunas canónicas como Rosario Castellanos o Silvina Ocampo. El gobierno de la provincia de Córdoba empezó un proyecto de recuperación del tejido social y trabajé con dos grupos de mujeres, uno de clase media baja y otro muy marginal. Empecé a leer mujeres para compartir con mujeres, escritoras argentinas olvidadas".  

"Con mi hija Juana Luján y Carolina Rossi dirigimos una colección de recuperación de narradoras argentinas olvidadas en editorial Eduvim, de la Universidad Nacional de Villa María (Córdoba). Tomamos mujeres de después de las Ocampo, porque hasta ahí casi todas las mujeres que escribían eran provenientes de sectores altos de la sociedad. En los años 40 y luego con el peronismo acceden a la educación mujeres de sectores medios y empiezan a haber otras escrituras y miradas. Muchas han quedado olvidadas porque no hay ningún escritor varón que las citara; quedaban encasilladas como escritoras para niños o para mujeres, de historias amorosas". 

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Eduvim Narradoras argentinas

 

"Algunas escritoras habían vendido mucho y eran estigmatizadas por eso, como Syria Poletti o Marta Lynch. El año pasado salió una novela de Estela Canto, Jazmín negro, ella pasó a la historia como "la novia de Borges" pero tiene una obra enorme. El último libro que sacamos en Eduvim es Los vienes de la eternidad, reedición de María Granata que murió hace poquito a los 105 años; ella fue olvidada porque era peronista. También Fina Warschaver que era comunista. Nos encanta encontrar esas voces y ponerlas de nuevo en circulación".

Poesía

"Eugenio Montale dice en un poema: 'No hay experiencia que capture el rayo, pero quien vio la luz nunca la olvida'. Yo no sabría decir qué es la poesía, pero cuando aparece te toca el corazón, de pronto el rayo, uno puede no poder explicar pero sí reconocer la poesía, como cuando se reconoce la belleza, como una epifanía. Hay algo de lo humano que estuvo tanteando en esa espesura y logró capturar algo".   

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    teatro persona heroe latino
CARTELERA TEATRAL

Teatro: "Persona, héroe latino", un viaje onírico con humor

06 Septiembre 2026

«Nadie le puede aconsejar ni ayudar, nadie. No hay más que un solo medio: mire hacia dentro de sí mismo». Rainer Maria Rilke escribió estas palabras en Cartas a un joven poeta, uno de los libros más bellos que se hayan escrito sobre la necesidad de encontrarse en las palabras. Y es difícil no pensar en este libro al atravesar Persona. Héroe Latino, porque el protagonista es un joven que toma una decisión tan simple como desmesurada: convertirse en escritor. No tiene obra, experiencia ni certezas. Solo un deseo que lo obliga a abandonar la inercia de su vida cotidiana para emprender un viaje en busca de un maestro desaparecido, un prestigioso profesor de Letras que, tras una polémica clase, abandona el país sin dejar rastros. 

En el libro sucede que un joven poeta le pide consejos a Rilke y él le plantea algo mucho más profundo. «No busque ahora las respuestas: no le pueden ser dadas, porque no podría vivirlas. Y se trata de vivirlo todo. Viva ahora las preguntas ".Quizás allí esté una de las claves para entrar en esta obra. No hay una respuesta esperando al final del camino. Hay un recorrido. Un delirio que, mientras sucede, puede parecer incomprensible y que recién al final comienza a ordenar sus piezas.

La escena parece entonces convertirse en una cabeza, en un viaje onírico por el inconsciente con humor, música en vivo y una marcada potencia visual. Allí aparecen jóvenes y viejos, voces, intuiciones, recuerdos, impulsos. Una suerte de murga uruguaya hecha de pensamientos. Personitas alocadas, onduladas, nunca del todo rectas, que hablan, interrumpen, señalan caminos. Como si la inspiración pudiera tomar cuerpo y presentarse ante nosotros para decirnos: por acá. Como si aquello que llamamos intuición tuviera, en realidad, un pequeño elenco estable. 

Hay algo profundamente humano en ese personaje que insiste en buscar afuera aquello que, quizás, ya estaba adentro. La grandeza, los héroes, los dioses, los ídolos. Todo aquello que parece tener la respuesta definitiva. Y entonces levantamos la mirada, buscamos modelos, construimos altares y hacemos dioses de otros.
Mientras tanto, las voces siguen hablando.
«Tenga paciencia con todo lo que no esté resuelto en su corazón e intente amar las preguntas por sí mismas», propone Rilke. Pero la paciencia no parece ser una virtud sencilla para quien necesita encontrar certezas. Mucho menos para quien busca en otros la confirmación de aquello que todavía no puede reconocer en sí mismo.

Charly García lo tradujo con una precisión difícil de discutir: «Oh, no puedes ser feliz / con tanta gente hablando, hablando a tu alrededor». La frase podría funcionar como una pequeña brújula para entrar en Persona. Héroe Latino. Porque quizá el ruido más difícil de acallar no sea el que viene de afuera, sino el que producimos cuando intentamos escapar de aquello que sentimos.

"Persona. Héroe latino" parece decirle a cada espectador que ese héroe también puede ser él, ella, cualquiera de nosotros.

Las voces que aparecen en escena parecen conocer algo que el personaje todavía no puede comprender. No necesariamente porque tengan una verdad absoluta, sino porque están hechas de experiencia. Son memoria, deseo, miedo, intuición. Son ese saber que no siempre pasa por la razón y que, muchas veces, llega antes que las palabras.

Pero el personaje es testarudo. O errante. O ambas cosas. Y por eso el viaje se vuelve inevitable.
La referencia a La Odisea permite pensar esa búsqueda como un recorrido que no consiste solamente en llegar a algún lugar, sino en descubrir qué hacemos con aquello que encontramos durante el camino. La tentación de convertir a otros en dioses aparece una y otra vez. Sin embargo, quizás la verdadera aventura consiste en dejar de buscar afuera la llave que abre una puerta propia.
No hacer un dios de nadie. Buscar en lo propio. En lo simple. En aquello que parecía demasiado pequeño frente a la grandeza que perseguimos.

Y quizás haya algo de Siddhartha, de Hermann Hesse, en ese joven que busca. No porque necesite encontrar un maestro, sino porque tarde o temprano descubre que ningún maestro puede ahorrarle el viaje. Se puede escuchar a los otros, seguir sus huellas, admirar sus respuestas, pero hay un momento en que cada uno debe atravesar el río de su propia experiencia. Y allí no hay héroe ajeno que valga: la vida, con sus pérdidas, sus afectos, sus desvíos y sus preguntas, tiene que ser vivida en primera persona. 

Persona. Héroe latino. También habla de la inspiración, pero no como un relámpago mágico que llega desde algún lugar misterioso, sino como una conversación interna. Una multitud que habita en nosotros y que, a veces, sabe antes que nosotros. De ahí que la escena pueda parecer delirante y, al mismo tiempo, profundamente reconocible. Todos conocemos esa sensación de estar llenos de voces mientras intentamos decidir cuál de ellas merece ser escuchada.
Puede ser que eso sea también acercarse al arte.

No solamente pintar, escribir, actuar o crear. Sino aceptar que hay algo que pide ser escuchado y que, muchas veces, se resiste a obedecer las instrucciones que le damos. Rilke lo formula de manera contundente: «Una obra de arte es buena cuando brota de la necesidad».
La necesidad, entonces, no es solamente producir una obra. Es vivir aquello que todavía no comprendemos. Darle forma a una pregunta. Dejar que algo encuentre su lenguaje antes de saber exactamente qué quiere decir.

Por eso escribir puede ser, simplemente, vivir.

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Persona. Heroe latino

 

En la obra, profundamente tierna, cada cosa parece arrimarnos a un mismo punto, o acaso a un límite. Lo bueno y lo malo. El encuentro y la pérdida. El amor y el dolor. Y, muy en el fondo, en su subtexto, aparece el miedo que le tenemos a nuestra única certeza: vamos a morir. Esa inspiración que aparece en escena de manera corpórea, una y otra vez, parece susurrarle al personaje todo el tiempo: Memento mori. Recuerda que morirás. 

Quizás por eso el delirio se comprende recién al final. Como si todas esas voces, todas esas escenas y todos esos desvíos hubieran estado conduciendo hacia un lugar que no podíamos reconocer mientras avanzábamos. 
«Viva ahora las preguntas».

El héroe que propone la obra no es quien conquista territorios, vence enemigos o se vuelve extraordinario ante los ojos de los demás. Es un héroe humano. Alguien que se aventura en lo desconocido, que atraviesa sus propias preguntas y se dispone a escuchar aquello que durante tanto tiempo intentó silenciar.
Y entonces el título también interpela a quien está sentado en la butaca. Persona. Héroe latino. Parece decirle a cada espectador que ese héroe también puede ser él, ella, cualquiera de nosotros. Que no hace falta convertirse en alguien excepcional para emprender una aventura.

Para cerrar, vale la pena detenerse en una palabra del título: latino. En un mundo atravesado por crisis globales, guerras, incertidumbres y discursos que parecen empujarnos constantemente hacia afuera, nombrar a un héroe latino supone también situar la búsqueda. No se trata de un héroe lejano, mitológico o inaccesible. Es alguien de este lado del mundo, atravesado por sus propias contradicciones, sus afectos, su historia y sus preguntas.
Un héroe posible. Un héroe que no carezca de ternura. Cercano. Humano.

Persona. Héroe latino de la Compañía La Vigilia se presenta en la sala Caras y Caretas (Sarmiento 2037, CABA), los martes a las 20.30 h.

https://www.passline.com/eventos-plano/persona

Ficha técnica

Dramaturgia: Eliane Rymberg; Federico Pezet
Actúan: Francisco Bereny, Micaela Brillo, Rochi Caldés, Agustin Frumento, Delfina Granero, Tomás Kirzner, Gustavo Lista, Facundo Livio Mejías, Federico Pezet, Eliane Rymberg, Abril Suliansky.

Diseño de maquillaje: Gugu Luque

Diseño de vestuario, escenografía y arte: Endi Ruiz

Música original: Agustín Cañas; Agustín Frumento Calloni

Músicos en escena: Agustín Cañas; Agustín Frumento Calloni

Diseño de iluminación: Adrián Grimozzi

Fotografía: Manuela Díaz Lima

Diseño gráfico: Juan Fuji

Comunicación y prensa: Cecilia Gamboa

Asistencia de dirección: Guillermina Margo

Coordinación de producción: Loli Crivocapich

Producción: Compañía La Vigilia; MRG Producciones; Nuan

Diseño de movimiento: Malena Martin

Dirección: Pablo Cusenza.

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    María Luisa Bemberg
APU EN FM LA PATRIADA

María Luisa Bemberg: una mirada feminista del cine argentino

06 Septiembre 2026

La columna mensual de cine en "Enfurecida y Tranquila", programa de APU en FM La Patriada (domingos de 9 a 11 h), se centró en el repaso y análisis de la filmografía de María Luisa Bemberg. Nacida el 14 de abril de 1922 en el seno de una familia de clase alta (propietaria de la Cervecería Quilmes, entre otras empresas), fue directora de cine, guionista y una activista feminista empedernida: fue una de las fundadoras de la Unión Feminista Argentina. Su formación estuvo marcada por el cine de Ingmar Bergman, la nouvelle vague, y la literatura de Julio Cortázar, entre otras influencias de la época.

Inició su carrera en el mundo del espectáculo como empresaria teatral: fundó el Teatro del Globo junto a Catalina Wolf. En esos años se volvió guionista y escribió los guiones de dos películas que se hicieron muy famosas, dirigidas por varones: Crónica de una señora (1971), por Raúl de la Torre, basada en una obra de teatro escrita por ella misma, y Triángulo de cuatro, con dirección de Fernando Ayala. Ese fue un punto de inflexión. Empezó a sentir que la mirada feminista que quería imprimirles a esas historias se diluía en el proceso y fue entonces cuando decidió que su lugar no era solo escribir, sino también dirigir. 

Antes de dirigir, fundó junto a Lita Stantic —otra figura clave del cine argentino— la productora GEA Cinematografía, que con el tiempo pasó a llamarse Lita Stantic Producciones, y que trabajó con directores como Adolfo Aristarain, Alejandro Doria, Pablo Trapero, Israel Adrián Caetano, Diego Lerman y, más adelante, Lucrecia Martel.

Bemberg estuvo casada con el arquitecto Carlos Miguens, con quien vivió en España y en Francia y tuvo cuatro hijos. Para cuando dirigió su primera película ya tenía 59 años, cuatro hijos y seis nietos. Sobre esa etapa de su vida dijo alguna vez: “Hay que tener hijos para saber que no nos bastan”.

Su ópera prima fue Momentos (1981), la historia de una mujer que siente que su vida —el matrimonio, la maternidad, las expectativas cumplidas— no la satisface del todo. Sobre el estreno, consciente del lugar incómodo que ocupaba como una de las pocas directoras del país, señaló: “Sabía que si mi película salía mal no iban a decir ‘qué bestia la Bemberg’, sino ‘¿no ven que las mujeres no sirven para hacer cine?’, y ahí caían millones de mujeres inocentes”. En total, a lo largo de su carrera dirigió seis largometrajes.

En 1965, Bemberg y Miguens se separaron. Ella solía decir que había dejado de ser “la señora de Miguens” para convertirse en “la señora de nadie”, frase que dio título a su segunda película, estrenada en 1982. Señora de nadie está protagonizada por Luisina Brando y narra la historia de una mujer que descubre la infidelidad prolongada de su marido y decide, a partir de ahí, ser la señora de nadie. La película también incluye uno de los papeles más recordados de Julio Chávez, en el rol del amigo homosexual de la protagonista. 

Con dos películas centradas en mujeres en crisis con la pareja y el matrimonio, buena parte de la crítica cinematográfica de la época concluyó que Bemberg no creía en el amor. Fue Lita Stantic, su socia, quien le hizo notar esa lectura y la desafió a filmar una historia de amor. La respuesta fue Camila (1984), basada en el romance real entre Camila O’Gorman, una joven de clase alta, y el sacerdote Ladislao Gutiérrez, perseguidos y fusilados durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas. Bemberg dirigió y coescribió el guion, y convocó a Susú Pecoraro y al actor español Imanol Arias para los papeles protagónicos. La película, filmada con altísima producción para los estándares del cine nacional de la época, fue vista por unos tres millones de espectadores y coincidió con el clima de entusiasmo por el regreso de la democracia. De las ocho películas argentinas que fueron nominadas al Oscar a mejor película extranjera, Camila es la única dirigida por una mujer.

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Cine Camila

 

En 1990, Bemberg estrenó Yo, la peor de todas, que se aleja del universo argentino para narrar la vida de Sor Juana Inés de la Cruz, la poeta mexicana que en el siglo XVII ingresó a un convento porque esa era, en la práctica, la única vía que tenía una mujer para acceder a los libros y dedicarse al conocimiento. Tanto Camila como Sor Juana son mujeres con un relato histórico oficial construido, en general, sin una mirada feminista y, en este sentido, Bemberg llegó a decir que “Camila pierde la vida como Sor Juana pierde su espíritu: no la queman a ella, pero le queman las alas”. La película, que contó con Félix Monti como director de fotografía, buscó imitar el lenguaje pictórico de la época a través de un uso marcado de claroscuros.

Antes de sus seis largometrajes, Bemberg realizó dos cortometrajes que hoy son mucho menos vistos. El primero lo filmó en 1972, cuando logró entrar con una cámara y un camarógrafo a La Rural, a una convención de venta de artículos para la mujer: Femimundo. Tomó imágenes de esa exposición y las editó junto a Miguel Pérez. A través del montaje, cuenta con imágenes y sonido cómo las mujeres están todo el tiempo bombardeadas para cumplir un único mandato, hay referencias constantes a todo lo que se vendía alrededor de la belleza. Para narrarlo, Bemberg intercala fragmentos del cuento de Cenicienta con pasajes de notas de la revista Para Ti que proponían cómo conseguir un hombre y mantenerlo. Una de las escenas más irónicas muestra a un grupo numeroso de mujeres en La Rural, billetera en mano, comprando una y otra vez, a la vez que otras mujeres, presentadas como objetos, son utilizada para promocionar distintos productos. El material sorprende, sobre todo, por su vigencia, ya que tiene un tono que podría pensarse casi de internet, por la manera en que contrasta lo que se le exige a una mujer con la presión que ese mandato termina ejerciendo sobre ella. 

El segundo corto, Juguetes (1978), fue filmado también en una exposición de La Rural. Allí entrevistó a niños y niñas de entre 9 y 10 años sobre las conductas impuestas por los juguetes: mientras ellas soñaban con ser maestras o enfermeras, ellos querían ser técnicos, pilotos o policías. El corto cierra con una escena de su nieta Bárbara, a quien le pregunta qué quiere ser de grande. La respuesta de la nena —que se saca un saco y muestra una remera con su propio nombre— es contundente: Bárbara quiere ser, simplemente, Bárbara.

Sobre su trabajo Bemberg dijo alguna vez: “Hice una introducción acerca de la manera en la que yo podía, de alguna forma, intentar modificar la conciencia colectiva de mi país” y también: “El día que tomé la decisión de ponerme detrás de la cámara no era para agradar, sino para convencer”.

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    Romina Paula
RESEÑA LITERARIA

"Hija biográfica", de Romina Paula: qué hace que una casa se convierta en hogar

06 Septiembre 2026

En Hija biográfica (editorial Entropía), Romina Paula construye una novela sobre los vínculos que consigue hacer de una pregunta aparentemente sencilla: qué hace que alguien sea una madre, qué hace que una casa se convierta en hogar, un problema mucho más amplio: cómo se construye una identidad cuando la biología no alcanza para explicarla.

Leonor, la narradora, es una adolescente adoptada que vive con Leticia, su madre, en las sierras de Córdoba. Desde allí cuenta su vida cotidiana, pero también la vida anterior de esa mujer a la que conoce fundamentalmente a través de sus relatos. Leticia fue actriz, viajó, tuvo amores y atravesó distintas experiencias antes de convertirse en la madre que Leonor conoce. La hija recoge esas historias, las reproduce, las reorganiza y, al hacerlo, empieza también a escribir una biografía de su madre. Mientras cuenta a Leticia, Leonor se cuenta a sí misma.

De ahí que el título resulte particularmente preciso. Hija biográfica desplaza la idea de la biología como fundamento último de los vínculos y propone, en cambio, una familia construida a través de las historias que se heredan, se escuchan y se vuelven propias. La palabra “biográfica” adquiere así una resonancia afectiva: una madre también puede ser alguien cuya vida conocemos porque nos la han contado, alguien cuya historia forma parte de nuestra propia historia. La pregunta por el origen deja de ser exclusivamente genética para convertirse en una pregunta por los relatos que nos constituyen.

Uno de los mayores logros de la novela está en la voz de Leonor. Paula no intenta reproducir de manera superficial una supuesta “voz adolescente”, sino construir una conciencia que oscila entre la infancia y una lucidez todavía incipiente. Hay curiosidad, fascinación, ingenuidad, pero también una capacidad extraordinaria para observar las relaciones entre los adultos y detectar aquello que permanece sin decir. La oralidad, las asociaciones inesperadas y el flujo de pensamientos producen la sensación de estar siguiendo el movimiento de una mente que todavía está descubriendo cómo ordenar el mundo.

Pero Leonor no solamente narra: escucha. Y su escucha es quizás la verdadera operación literaria de la novela. Cuando reproduce las historias de Leticia, su voz empieza a contaminarse con la de su madre. Los tiempos se superponen y por momentos resulta difícil distinguir dónde termina una y comienza la otra. Leonor se convierte, de alguna manera, en la biógrafa de Leticia al mismo tiempo que descubre que toda biografía implica una forma de apropiación, de imaginación y de transformación. La madre existe también en la versión que la hija construye de ella.

En ese sentido, el libro se acerca a una de las preocupaciones constantes de la literatura de Romina Paula: la intimidad. Pero aquí esa intimidad aparece atravesada por una mirada menos desencantada que en sus novelas anteriores. Mientras buena parte de su narrativa estuvo marcada por personajes que intentaban escapar —de una casa, de una relación, de una historia—, en Hija biográfica aparece una adolescente que, más que huir, intenta permanecer. 

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Libro Hija biográfica de Romina Paula

 

También por eso la sierra cordobesa adquiere un papel fundamental. El paisaje no funciona simplemente como escenario, sino como una extensión de la intimidad de los personajes. La naturaleza, la casa, los animales, el río, los incendios y los cambios del cuerpo forman parte de un mismo universo donde lo doméstico y lo exterior se mezclan continuamente. La novela construye así un espacio predominantemente femenino, poblado por madres, hijas, amigas, hermanas, abuelas y exnovias, en el que las relaciones de cuidado parecen organizar una forma alternativa de comunidad.

La adopción podría haber llevado fácilmente a una novela centrada en el trauma, la carencia o la búsqueda dramática del origen. Paula elige otra cosa. Y allí reside buena parte de la singularidad del libro: Leonor no necesita haber tenido una infancia desgraciada para preguntarse quién es. Puede amar profundamente a su madre adoptiva y, al mismo tiempo, sentir curiosidad por la mujer que la dio a luz. Una cosa no cancela la otra. La identidad aparece como algo que se construye a partir de múltiples vínculos, relatos y pertenencias. La propia autora ha señalado que le interesaba defender la posibilidad de contar una vida sin tragedia ni espectacularidad.

Quizás por eso Hija biográfica sea, sobre todo, una novela sobre el amor cuando el amor deja de ser pensado como una cuestión de sangre. Su pregunta más persistente no es quién es la madre “verdadera”, sino qué convierte a una persona en madre y a un lugar en hogar. La respuesta que propone Paula no es conceptual ni solemne: aparece en los gestos, en las historias repetidas, en las escenas compartidas, en la memoria y en ese delicado proceso mediante el cual una vida ajena termina formando parte de la propia.
Romina Paula vuelve a trabajar aquí con aquello que mejor conoce: las voces, los vínculos y la intimidad. Pero encuentra una variación particularmente fértil al poner todo eso en boca de una adolescente. Leonor mira el mundo con una mezcla de extrañeza y confianza; todavía no tiene respuestas definitivas y, precisamente por eso, puede hacerse preguntas que los adultos han aprendido a dar por resueltas. Hija biográfica encuentra en esa mirada una forma de ternura que no es ingenuidad, sino una manera de pensar los vínculos sin reducirlos a categorías cerradas.

Al final, la biografía que Leonor escribe no es solamente la de Leticia. Es también el relato de cómo una hija se vuelve hija, de cómo una mujer se vuelve madre y de cómo una familia puede ser, antes que una coincidencia genética, una historia que decidimos contarnos y seguir contando.

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    DIEGO CANO
ENTREVISTA LITERARIA

Diego Cano: "Me interesa la incertidumbre, eso es para mí la literatura"

06 Septiembre 2026

La Agencia Paco Urondo conversó con el escritor Diego Cano a propósito de su reciente novela Río de Janeiro, editada por Mansalva.

Diego Cano es escritor y ensayista. Publicó Kafka, una literatura del absurdo y la risa (Bärenhaus, 2020), Roberto Arlt, el monstruo (Bärenhaus, 2021), César Aira, el comité del significante (Borde Perdido, 2023), Wilcock, visitante del infierno (Aurelia Rivera libros 2024), César Aira: cincuenta años de primeras ediciones junto a Germán Coppolechia (Urania, 2025), el estudio preliminar y edición de Parker, mi prójimo de Guillermo Piro (Aurelia libros, 2026); el libro de cuentos El silloncito (Ágnes casa editorial, 2022), y las novelas La verdulería (Trapezoide, 2022), Gulag (Mansalva, 2023) y Moreno (Borde Perdido, 2025). Coeditó Kómodo de César Aira (Kalos, 2021 y 2025), y La tortuga ecuestre de César Moro (Ágnes casa editorial, 2024). 

AGENCIA PACO URONDO: Río de Janeiro aparece como un escenario lleno de colores pero también inquietante. ¿Qué te interesaba explorar de esa dualidad dentro del género policial?

Diego Cano: Más que una dualidad, me interesaba trabajar una ciudad donde el placer y el peligro conviven con absoluta naturalidad. Río tiene algo que me fascinó desde la primera vez que estuve allí: la belleza nunca elimina la amenaza, y al revés. Esa convivencia permanente me pareció un terreno ideal para un policial deformado como el de esta novela. No quería un escenario exótico, lejos de eso, sino una ciudad con una lógica propia, donde el carnaval, la playa, la violencia y la música forman parte de la misma cosa.

APU: La violencia parece latente más que explícita.

DC: No me interesa la violencia como espectáculo. Me interesa la sensación de que puede irrumpir en cualquier momento. Creo que esa incertidumbre genera una tensión mayor que su exhibición permanente. La violencia está ahí, atraviesa la ciudad y a los personajes, pero la novela no busca convertirla en un efecto. 

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Libro Río de Janeiro de Diego Cano

 

APU: Hay una tensión constante entre lo íntimo y lo urbano. ¿Cómo pensaste ese vínculo entre la experiencia del protagonista y el pulso de la ciudad?

DC: Para mí Río no es un escenario sino un personaje. El protagonista no atraviesa la ciudad: la ciudad lo transforma continuamente, de hecho hay una clave ahí que se revela en la última frase. Me interesaba que su experiencia estuviera determinada por ese movimiento, por ese clima, por esa mezcla de exceso, de desorientación y de mucha vitalidad. La novela intenta construir una realidad que sólo podría existir si abandonamos cualquier referente.

APU: El género policial suele apoyarse en la resolución. En tu caso, ¿qué lugar ocupa la incertidumbre o lo irresuelto?

DC: La incertidumbre ocupa un lugar central. Nunca me interesó que el policial fuera solamente un mecanismo para descubrir quién hizo qué. Me interesa mucho más la incertidumbre, la ambigüedad, eso es para mi la literatura. Cuando todo queda explicado demasiado rápido, la literatura pierde toda su fuerza.

APU: En la novela, realidad y pesadilla se mezclan hasta volverse indistinguibles. ¿Cómo trabajaste esa zona ambigua en la escritura?

DC: En realidad, no pensé nunca la novela como una mezcla entre realidad y pesadilla. Rechazo la literatura que quiere representar algo, que necesita un referente externo. Esa separación supone que existen dos planos claramente diferenciados. Mi intención fue otra: construir una realidad con sus reglas. “Lo extraño” es su forma de funcionamiento. Y por sobre todo, me interesa que el lenguaje vaya desplazando lentamente las certezas del lector hasta que aquello que parecía imposible termine resultando absolutamente natural. 

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    Daniel Böhm
RESEÑA LITERARIA

¿El fin de la literatura?: reseña de "Última fila", de Daniel Böhm

06 Septiembre 2026

¿Para qué sirve la literatura? No somos los primeros que nos formulamos semejante pregunta —aunque tal vez (¿por qué no?) seamos de los últimos. Ahora me explico.

Última fila (Paradiso), de Daniel Böhm, es un libro de cuentos. Y es literatura en el sentido que a mí me gusta darle a esta palabra borgeana.

¿Para qué sirve la literatura?

La literatura sirve para que en las tardes ardientes del verano, en vacaciones, el tiempo pase más amablemente.

La literatura sirve para que especialistas en muchas disciplinas (letras ((no me atrevo a llamarlos críticos literarios, como se hacía en mi juventud)), sociología, psicología, filosofía, etc.) la investiguen y estudien y lleguen a conclusiones muy importantes —para ellos.

Sirve para que militantes de otras épocas la utilicen como un arma para derrocar al capitalismo u otros totalitarismos existentes.

Sirve para engalanar nuestra casa con imponentes bibliotecas.

Pero para mí la respuesta es otra. Para mí la literatura, para ser literatura, no tiene que servir para nada. Convertir a la literatura en una fuente de información o de entretenimiento convierte a ese lector en un filisteo que pretende sacar ganancia hasta de los actos más gratuitos e inútiles que existen –el filisteo es peor que el abogado o el psicoanalista, y eso que estos personajes son bastante siniestros en sí mismos.

Leer es un lujo.

Leer no debería servir para algo.

Y esta es la extraña sensación que me embargó cuando terminé los veintiún cuentos que conforman este libro, que se lee en una tarde. 

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Libro Última fila

 

En una sociedad dominada por la electricidad y la velocidad demorarse en unos cuentos breves que no provocan ninguna enseñanza ni dejan moraleja, pero generan intriga, es una gran victoria contra el utilitarismo reinante.

Una victoria en rescate de la inutilidad y de ese estúpido placer que nos lleva a perdernos en historias de otras y otros que, según creen los lectores literales, nunca tuvieron vida.

Un escritor no puede colaborar de ninguna manera a que esta sociedad se reproduzca, porque es una sociedad que ni siquiera sabe cómo leer, ni siquiera tiene tiempo para leer a un autor. Ah, no hay más autores, hay pymes auto-gestionadas.

Buenas y malas.

Acá estamos ante una de las buenas.

Cuando leí los cuentos me quedó la impresión de que en los relatos se tramitaba algo de la sexualidad y del género del narrador: un bailarín que transmuta en bailarina, un padre húngaro que vuelve a su tierra y cambia de género, hombres que escapan a la madrugada de la casa de su amiga, etc.

Ahora bien, en la novela que Böhm publicó en 2019, Fuera de cuadro (Cienvolando), nos enteramos de que el narrador se iba a llamar Daniela: por esas cosas de las cábalas los padres se decían que había que nombrarlo como mujer —y habían comprado toda la ropita para una beba— porque de ese modo lograrían que nazca hombre, que era lo que querían. El primogénito. Se terminó llamando Daniel el protagonista.

En esa novela también hay una pista sobre el estilo de su escritura. Se refiere a los cuentos que contaba su madre: “Eran relatos simples, casi en la región del chisme, pequeñas o grandes desventuras protagonizadas por ella o por personas conocidas … Heredé de mi madre su manera de contar”.

Cuentos inútiles, chismes, habladurías, literatura. 

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    Federico Tártara
    Federico Tártara
FERROCARRILES ARGENTINOS

"Una locomotora llamada deseo": presentan libro sobre la locomotora argentina

04 Septiembre 2026

El sindicato Unión Personal Superior de Ferrocarriles (U.P.S.F.) da inicio a su Ciclo de Charlas y el miércoles 9 de septiembre, a las 17.30 horas, en el Auditorio de la Sede Central, ubicada en Hipólito Yrigoyen 1964, presentará el libro "Una locomotora llamada deseo. ¿Cómo terminó la locomotora 'de Perón'?", del periodista y escritor Federico Tártara.

La obra rinde homenaje al ingeniero Livio Dante Porta, referente mundial de la tracción a vapor moderna y discípulo del francés André Chapelon, y cuenta la historia de la mítica locomotora a vapor Argentina, creada por él.

La actividad propone un recorrido por parte de la historia, la soberanía y el futuro ferroviario del país, a través de la vida y la obra de Porta.

La charla contará con la participación del autor, Federico Tártara, y será moderada por Mariano Special (LGR).

La entrada es libre y gratuita.

 

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    Alexandre Padilha

El Movimiento Sanitario Brasilero le envió una carta pública a Lula

04 Septiembre 2026

En el marco de la 2ª Conferencia Nacional Libre, Democrática y Popular de Salud realizada el viernes 28 de agosto en un lugar emblemático por su rol en la lucha contra la dictadura -la Asociación Brasileña de Prensa- y organizada por el Frente por la Vida, le entregaron al ministro de salud de Brasil, Alexandre Padilha, un documento titulado “Carta Compromiso. Directrices para la política de salud de Brasil 2027-2030” y está dirigida al presidente Lula como candidato a la reelección en las elecciones del próximo 4 de octubre de 2026.
Esta Conferencia es el resultado de decenas de conferencias regionales integradas por movimientos políticos sociales, sindicales, indígenas, negros, universitarios, LGBTQIAP+ y otros colectivos que integran el movimiento sanitario brasileño, el más grande de América Latina, y que llegan a esta instancia con una discusión territorial que procuró plasmar en un documento las perspectivas de un Brasil inmenso y con muchas realidades bien diferentes.  

La entrega de la carta se realizó al final de la conferencia que contó con un nutrido grupo de intelectuales, políticos, sindicalistas, movimientos sociales que integran el denominado FpV y en la que hubo diferentes instancias. 

La inauguración estuvo a cargo de Túlio Batista Franco, encargado de la coordinación operativa del FpV; de Fernanda Mangano, presidenta del Consejo Nacional de Salud, y de Paulo Garrido, presidente del Sindicato de Trabajadores de Ciencia, Tecnología, Producción e Innovación en Salud Pública. En medio de la presentación ingresó un grupo de militantes con una figura de Lula en tamaño natural con una remera del SUS y entonando el grito de lucha del Movimiento Sanitario Brasileño: “O SUS, é nosso, ninguem tira da gente, direito garantido não se compra nem se vende”. La rima solo tiene sentido en su idioma original, pero una traducción liviana y rápida podría ser la siguiente: El SUS es nuestro, nadie nos lo va a quitar, el derecho garantizado no se compra ni se vende. 

Antes del panel de exposiciones, se hizo un acto homenaje a los 50 años de la creación del Centro de Estudios Brasileños de la Salud (CEBES), entidad que contó entre sus fundadores a Silvio Arouca, Paulo Amarante, José Noronha y Sonia Fleury, entre muchos más, y que fue fundamental en la lucha por la reforma sanitaria. En el homenaje hizo uso de la palabra el actual presidente, Carlos Fidelis da Ponte, y también el exministro de Salud y expresidente de Cebes, José Gomes Temporão quien habló en nombre de antiguos dirigentes de la entidad y recuperó la contribución de Cebes para la formulación de un proyecto de salud pública que antecede a la creación del SUS, lo que volvió a generar cánticos en defensa de la salud como un derecho y no como una mercancía.

Sin que bajara la espuma entusiasta, se dio comienzo al panel titulado La construcción del SUS en los tiempos actuales. El comienzo estuvo a cargo de Sonia Fleury -integrante del movimiento sanitario que llevó a la reforma sanitaria y al a implementación del SUS y actualmente integrante del Centro de Estudios Estratégicos de la Fiocruz-, quién disertó acerca de la soberanía como construcción autónoma y popular de una nación; a continuación, Fernando Aith -Profesor Titular del Dep. de Política, Gestión y Salud · Facultad de Salud Pública de la Universidad de São Paulo- habló sobre la soberanía digital en salud; en tercer lugar, tomó la palabra Dany Moretti -presidenta del Consejo Estadual de Salud de Rio de Janeiro- quien se refirió al control de la sociedad sobre el SUS; luego, Alexandre Oliveira Telles -presidente do Sindicato dos Médicos do Rio de Janeiro- definió la implementación de las nuevas directrices aprobadas este año para la Carrera Única Interfederativa del SUS, carrera que unifica a nivel nacional la formación de los trabajadores de la salud; Maicon Nunes -Coordinador Nacional de Salud del Movimiento Negro Unificado- estableció cuáles serían las mejoras que fortalecerían al SUS desde la perspectiva del MNU; Magnólia Vicente de Carvalho -Dirigente Nacional de la Marcha Mundial de las Mujeres- hizo su aporte contribuyendo desde el feminismo a ampliar las miradas desde el género en el SUS; y cerrando el conversatorio, tomó la palabra Diadiney Helena de Almeida -Mujer indígena Pataxó · Colectivo Voces Indígenas en la Salud Colectiva · UESC-Ilhéus/BA e ENSP-Fiocruz/RJ- que desde su colectivo reflexionó en las necesidades de incorporar los saberes ancestrales y una mirada intercultural al SUS.

Luego de las exposiciones de los analistas, hubo un debate abierto hasta la llegada del Ministro de Salud de Brasil, Alexandre Padilha, a quien le entregaron la carta compromiso que, enmarcada a 40 años de la Octava Conferencia Nacional de Salud, establece 12 directrices básicas:
1. Presupuesto y financiamiento del SUS: debe llegar al 6% del PBI.
2. Red Básica y Atención primaria: los recursos deben ser direccionados de manera efectiva hacia la red básica de salud que incluye la Atención Primaria y cuidados Intermedios y otros servicios de referencia territorial.
3. Nuevas Pandemias y Crisis Climática: además de las posibilidades de nuevas pandemias agravadas por problemas ambientales, también advierte sobre estar preparados para los clivajes de la geopolítica y sus impactos.
4. Pandemia de Covid-19: memoria y reparación: juzgar a la mala gestión de la pandemia y resarcir a los familiares de aquellos que dejaron morir desde el Estado.
5. Complejo Económico-Industrial de la Salud: es fundamental el rol del estado en el desarrollo de la autonomía y la soberanía sanitaria involucrándose en la producción de valor agregado y de independencia industrial.
6. Soberanía Digital: colocar la praxis de la información y salud digital en el ámbito del SUS al servició del Bien Comín, de la Justicia Cognitiva y de la Emancipación.
7. Control Social y Democracia en el SUS: en Brasil se entiende control social como control de la comunidad y con injerencia popular en la toma de decisiones sobre el rumbo del SUS.
8. Un SUS público, cuidador y participativo: vindicar especialmente el rol público del SUS es fundamental para su defensa, como así también que no sea solo una herramienta unidireccional, sino que funcione y se haga a diario con la participación ciudadana.
9. Defensa de la vida: accionar a favor de la vida y de la paz es un pilar ineludible ante las acechanzas de odio que intentan ser introyectadas en la sociedad brasileña para dividir y confundir.
10. Equidad y no discriminación: un acceso con igualdad y sin restricciones es uno de los faros del SUS, que cualquier persona independientemente de su pertenencia social, racial, étnica o de género pueda acceder sin diferencia al sistema.
11. Carrera Única Interfederativa del SUS: establecidas por la Resolución 799/2026 del Consejo Nacional de Salud (CNS), la carrera insta a los estados y a los municipios a que estructuren de forma integrada el plan de cargos, salarios y valorización de los profesionales que actúan en el sistema público de salud.
12. Rumbo a la 18ª Conferencia Nacional de Salud: El modelo de atención e el modelo de gestión son dimensiones distintas, sin embargo, son indisociables, y deben estar articulados (i) al financiamiento público que supere el proceso histórico de subfinanciamiento del SUS, (ii) a la justicia tributaria y fiscal, (iii) a la valorización del trabajo digno, (iv) a la protección de la vida e del clima y (v) a la defensa del desarrollo soberano, inclusivo y sustentable.

Las elecciones están a la vuelta de la esquina, y, una vez más, el legendario Movimiento Sanitario Brasileño se pone en marcha, esta vez unificado en este Frente x la Vida, para remarcar la defensa del SUS, de la democracia y de un país con soberanía y salud para su población, con un Sistema Único de Salud que es un ejemplo continental; en ese sentido, cuando en una manifestación, aquellos que no somos brasileños gritamos que “O SUS é nosso” (El SUS es nuestro), lo hacemos desde una perspectiva latinoamericana, con lo cual, lo que estamos diciendo, es que el SUS no es solo de los brasileños, sino de todos los habitantes de esa Nuestra América martiana en la que creemos que debe haber un sistema de salud público, gratuito, de calidad y de acceso universal. 

En su Reporte de Salud Internacional semanal que se publica en la revista Soberanía Sanitaria, Mario Rovere se preguntaba si habría una América Latina en 2030 con gobiernos de signos Progresistas, Nacional/Populares o de Izquierda; lo cierto es que será muy difícil pensar en AL 2030, sin que haya un Lula 2026. Tácticamente, ese debe ser el horizonte más cercano; luego del 4 de octubre o del ballotage (todo indica que habrá ballotage), se podrán pensar las estrategias para ese 2030 en que un nuevo futuro asome al sur del Río Bravo.

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    Conferencia Milei Caputo Dolar Libre 11.04.25
CAUSA MALVINAS

No hay soberanía nacional posible con una industria destruida

04 Septiembre 2026

Quien conozca mínimamente los procesos históricos sabe que no existe nacionalismo sin pueblo. No existe soberanía nacional en el vacío, como una abstracción diplomática o una declamación frente a una cámara.

La soberanía es una relación concreta, como enseñaba Perón, entre territorio, pueblo, trabajo, industria, ciencia, tecnología, comunicaciones, conocimiento, Fuerzas Armadas, recursos naturales y una voluntad política capaz de articular todo eso detrás de un proyecto común.

No hay defensa nacional sin industria nacional. No hay poder militar serio sin siderurgia, metalmecánica, energía, astilleros, tecnología, universidades y trabajadores capacitados. No hay Nación fuerte con salarios miserables, pymes cerrando y un aparato productivo destruyéndose. Y mucho menos puede haber nacionalismo allí donde se desprecia sistemáticamente la propia historia, se ridiculizan sus tradiciones, se degradan sus símbolos y se concibe al Estado nacional como una organización criminal que debe ser destruida.

Por eso el discurso de Milei sobre Malvinas resulta tan extraordinariamente demagógico. Dice cosas que, aisladas de quien las pronuncia, son ciertas y cuanto nos gustaría escucharlas anunciadas por uno de los nuestros, en vez de tanto reduccionismo, prejuicio antimilitarista y desmalvinizador en nuestras filas. 

Milei dice que un país pobre difícilmente puede defender su soberanía; que necesita Fuerzas Armadas capaces; que el Atlántico Sur, la Antártida, los hidrocarburos y los recursos estratégicos forman parte de una misma concepción de seguridad nacional; que una Nación debe tener capacidad económica, política y militar para defender sus intereses. Perfecto. El problema empieza cuando uno pregunta qué país material sostiene semejante doctrina. Porque una política de defensa no se construye solamente comprando armamento; se construye fabricando, investigando, produciendo, educando y desarrollando. La defensa nacional es, antes que nada, la expresión militar de una potencia nacional previamente construida.

Y allí el mileísmo entra en contradicción consigo mismo. No se puede proclamar la necesidad de una Argentina poderosa mientras se debilitan los instrumentos económicos, científicos, tecnológicos y productivos que podrían hacerla poderosa. No puede pretenderse soberanía estratégica mientras la concepción económica dominante reduce al país a proveedor de recursos naturales cuya explotación queda crecientemente subordinada a decisiones de grandes capitales internacionales. Una Nación no se convierte en potencia porque exporte mucho litio, petróleo, cobre o alimentos, y quede alguna regalía. Una colonia también puede exportar enormes cantidades de recursos.

La pregunta en clave nacional siempre es otra; quién controla esos recursos, quién los industrializa, quién incorpora conocimiento, quién captura la renta, quién desarrolla la tecnología y al servicio de qué proyecto histórico se utilizan.

Por eso el nacionalismo de Milei no cabe dentro de la naturaleza política del mileísmo. Le queda grande. Milei es, por definición, un lacayo sin alma y sin Patria. Un perdido eléctrico nacido por aquí.

El nacionalismo no consiste en pronunciar más fuerte la palabra Patria ni en descubrir repentinamente que tenemos enemigos externos. Supone colocar el interés nacional por encima de los intereses de cualquier potencia extranjera, incluso —y especialmente— de aquella potencia a la que el gobierno considera su principal aliado. Y Milei ha hecho exactamente lo contrario; convirtió el alineamiento con los Estados Unidos de Donald Trump en una definición explícita de política exterior.

Ahí es donde el humo del discurso sobre Malvinas puede impedirnos ver lo verdaderamente importante.  
Estados Unidos viene pensando desde hace años a América del Sur en términos de competencia estratégica, recursos críticos, seguridad, presencia china y control de espacios decisivos. Durante la conducción de Laura Richardson en el Comando Sur esa mirada fue expresada con una franqueza poco habitual; Washington identificó reiteradamente la competencia con China, las cadenas de suministro, los minerales críticos y la relevancia estratégica de nuestra región como asuntos de seguridad norteamericana. Ese interés no desapareció con Richardson. Lo que cambió con Trump y Milei es que Washington encontró en Buenos Aires un gobierno que no disimula su voluntad de alineamiento.

Y por eso conviene invertir la pregunta. Quizá no estemos viendo a Milei acercándose al nacionalismo argentino. Quizá estemos viendo, en esta falsa operación, a los intereses geopolíticos de Estados Unidos acercándose al Atlántico Sur.

Esa diferencia lo cambia todo.

Una cosa es construir desde la Argentina una política nacional para Malvinas, el Atlántico Sur y la Antártida, y luego aprovechar inteligentemente las contradicciones entre Washington y Londres. Eso sería política exterior soberana; nosotros fijamos el objetivo y utilizamos las circunstancias internacionales para alcanzarlo. Otra cosa completamente diferente es que Estados Unidos defina que necesita fortalecer su posición estratégica en el Cono Sur, contener a China, asegurar recursos y proyectarse sobre el Atlántico Sur, y que la Argentina encuentre después un lugar ínfimo y subordinado dentro de ese diseño. En el primer caso, utilizamos una contradicción entre potencias. En el segundo, una potencia nos utiliza a nosotros.

El propio discurso de Milei deja una pista formidable cuando explica el posible cambio norteamericano sobre Malvinas por la existencia de una Argentina convertida en un socio confiable de Estados Unidos, alineado con Occidente y estratégicamente valioso para las próximas décadas. Ahí está, quizás, la frase más importante de toda la cadena nacional. No porque demuestre por sí sola ninguna conspiración, sino porque revela el razonamiento; el eventual acercamiento de Washington a nuestra posición sobre Malvinas aparece vinculado por el propio Presidente al valor estratégico que la Argentina ofrece a Estados Unidos.

Si los Estados Unidos, en su retroceso relativo frente a un mundo crecientemente multipolar, encontraran aquí una Argentina soberana y un gobierno dispuesto a defenderla, probablemente nos tratarían como tratan a Venezuela. Pero encuentran a Milei, un aliado disciplinado y funcional a sus intereses. Entonces ocurre el prodigio: Washington no combate al nacionalismo argentino; directamente convierte a Milei en “nacionalista”.

Entonces la pregunta inevitable es: ¿a cambio de qué?

Si Trump utiliza su conflicto con Gran Bretaña para acercarse a la posición argentina y eso nos permite avanzar concretamente en nuestra reivindicación soberana, habrá que aprovecharlo hasta el último centímetro. Ninguna política nacional seria desperdicia las contradicciones entre las grandes potencias. Pero sería de una ingenuidad imperdonable confundir una coincidencia circunstancial de intereses con la aparición de un protector desinteresado de nuestra soberanía. Estados Unidos no descubre Malvinas por amor a la Argentina. Las grandes potencias no funcionan así.

Por eso resulta imprescindible mirar detrás de la formidable escenografía patriótica. Malvinas, Tierra del Fuego, el Atlántico Sur, la Antártida, los recursos energéticos y minerales y las rutas marítimas forman un único tablero estratégico. Y el interés norteamericano por ese tablero es anterior al repentino fervor malvinero de Milei. El riesgo es que mientras discutimos maravillados porque un presidente que admiraba a Thatcher ahora amenaza intereses británicos, se esté produciendo silenciosamente algo mucho más profundo; una redefinición de la inserción argentina en el dispositivo estratégico estadounidense para el Cono Sur.

Allí está la contradicción esencial. Milei puede pronunciar un discurso de tinte nacional. Puede incluso adoptar medidas concretas correctas contra las empresas inglesas que explotan ilegalmente nuestros recursos, y habrá que apoyarlas cuando efectivamente defiendan el interés argentino. Lo que difícilmente puede hacer, sin negar la naturaleza de su propio proyecto, es construir una política nacional integral. Porque la soberanía que proclama en Malvinas tendría que continuar necesariamente en la industria, el trabajo, la ciencia, la tecnología, los recursos naturales, la energía, la marina mercante, los astilleros, las pymes y los salarios. La soberanía no puede encenderse para el Atlántico Sur y apagarse cuando llegamos al continente.

No existe una Patria fuerte con un pueblo débil. No existe defensa nacional sobre un desierto industrial. No existen Fuerzas Armadas soberanas sostenidas por una economía dependiente. Y no existe nacionalismo posible cuando la mirada estratégica sobre nuestro territorio se formula primero en Washington y después se traduce al castellano en Buenos Aires y Argentina.

Por eso el problema del discurso de Milei no reside tanto en lo que dice. Paradójicamente, buena parte de lo que dice sobre Malvinas, defensa y recursos estratégicos merece ser tomado en serio alguna vez. El problema es aquello que intenta ocultar; la incompatibilidad entre esa retórica nacional y un proyecto político cuya inserción internacional se funda en un alineamiento explícito con los Estados Unidos.

Puede haber mucho ruido de soberanía, mucha bandera, mucha Patria y mucha épica malvinera. Pero si al final del camino la Argentina no recupera grados de autonomía sino que Estados Unidos gana grados de influencia sobre la Argentina, entonces muchos habrán confundido soberanía con escenografía.

Y detrás del humo patriótico no habrá aparecido un Milei nacional.

Habrá aparecido, simplemente, un nuevo capítulo de la vieja dependencia argentina.

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    Partido por la victoria del pueblo Uruguay
    Foto: intervención Silvia Etchart

La casa de la resistencia oriental

03 Septiembre 2026

El 26 de julio de 1975 fue un día especial para Valentín Alsina, aunque los vecinos no lo supieran. En una zona de fábricas y talleres, sobre la calle Isleta al 500, había una casa común y corriente, sin una fachada ostentosa, lejos del centro y envuelta en misterio porque casi nada se sabía de sus moradores. Aquella noche llegaron, en distintas tandas, personas vestidas de manera exótica, la mayoría con anteojos oscuros, no para ocultarse del sol, sino que iban tabicados, para no reconocer donde estaban. Parecían disfrazados con túnicas y capuchas, casi imposible reconocerse entre sí. Las camionetas traían a sus pasajeros tirados en el suelo, para no identificar el lugar, los vehículos entraban, bajaba el contingente, se iban, y un rato más tarde volvían con otra tanda. No eran vecinos del barrio, sino que arribaban desde la ciudad de Buenos Aires, de pueblos del conurbano y también desde Uruguay. Todo lo hacían con sigilo pues la reunión era un encuentro político clandestino, con las máximas medidas de seguridad. Eran uruguayos perseguidos por la dictadura que se implantó en la costa oriental desde mediados de 1973, mientras en la Argentina se vivía la primavera camporista. A veces se escuchaba pasar un tren, y en medio de las charlas se sentía el ladrar de perros. Los que llegaban no eran improvisados, sino que tenían una militancia política de años, algunos conocían el terror de las cárceles uruguayas de donde supieron fugarse, muchos de ellos estaban en el exilio, aunque ellos preferían decir que se habían replegado para organizarse, conjurar, tomar fuerzas y volver para combatir contra la dictadura.

A fines de 1972 el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, con un perfil más foquista, estaba casi desarticulado, con sus dirigentes presos en cárceles de máxima seguridad. El formateo de Uruguay con políticas neoliberales fue más allá, por eso el 27 de junio de 1973 el presidente Juan María Bordaberry cerró el Congreso, impulsó un autogolpe y desató una persecución a los militantes que seguían organizados, ya fuera en las universidades o en los sindicatos. El Frente Amplio quedó virtualmente proscripto, pues las nuevas leyes de seguridad y el Parlamento cerrado lo dejaron fuera de circulación legal. Hubo un grupo de organizaciones que decidieron el repliegue a territorio argentino, y llegaron al país militantes que pertenecían a la CNT (Central Nacional de Trabajadores), a la FAU (Federación Anarquista del Uruguay), a la OPR 33 (Organización Popular y Revolucionaria 33 orientales), al FER (Frente Estudiantil Revolucionario), a la ROE (Resistencia Obrero Estudiantil), y al FRT (Frente Revolucionario de los Trabajadores). Una mezcla de siglas cuyos integrantes se cruzaban, se juntaban, discutían en la clandestinidad, en una combinación de ideas marxistas y anarquistas, apelando a la política y no al foquismo. El encuentro del aquel 26 de julio, al que llamaron Congreso, fue la coronación de tres años de debates y organización. El Congreso no apuntaba a regresar a su país de inmediato, querían la construcción de un espacio político y estar preparados a la hora de regresar, y a ese espacio lo denominaron Partido Para la Victoria del Pueblo (PVP).

La bandera y el empresario

Tal vez los más osados de aquel heterogéneo grupo fueran los de la OPR 33, quienes, a mediados de 1969, enfrentados con el gobierno de Pacheco Areco, robaron de la casa del general Juan Antonio Lavalleja, que funciona como Museo Histórico Nacional, la bandera original de los Treinta y Tres Orientales. El emblema, con franjas horizontales azul, blanco y rojo, con la leyenda Libertad o Muerte, la enarboló Lavalleja en la playa de La Agraciada para iniciar la campaña de independencia, en abril de 1825. Los ladrones no buscaban profanar el símbolo patrio, sino sacarlo de las manos de aquellos que vendían el Uruguay a corporaciones internacionales y a potencias imperiales como EE.UU.

Cinco años más tarde, la misma organización se encargó de conseguir dinero para financiar el alojamiento y mantenimiento de los que se replegaban a la Argentina y planificaban el regreso. Al principio hubo algún intento de secuestro, pero no tuvieron la recompensa reclamada. No obstante, el 16 de marzo de 1974, con Juan Domingo Perón como presidente de la Argentina, se dio vuelta la taba. El OPR 33 secuestró a Federico Hart, un empresario lanero de origen holandés. Lo que trascendió es que el secuestrado tenía problemas legales porque la justicia lo vinculaba al contrabando, por lo que no deseaba que su caso tuviera repercusión. De esta manera lograron que desembolsara 10 millones de dólares, lo que le permitió a la organización obtener casas para sus militantes, locales seguros para reunirse y cierta holgura para manejarse de manera más libre en la Argentina. Ese mismo mes los presidentes de Brasil, Chile, Bolivia y Uruguay se reunieron para tratar diversas cuestiones, y hubo quienes hablaban del bloque anticomunista, donde la Argentina estaba afuera. Los encuentros fueron el germen del Plan Cóndor, reunión e intercambio de información de las áreas de seguridad e inteligencia de esos países, propiciado por la CIA de EE.UU.

A su vez la ROE trataba de mantener alguna resistencia sindical y estudiantil dentro del Uruguay, lo que no se sostuvo por mucho tiempo pues la represión se acrecentaba día a día, con detenciones y desapariciones. Hacia 1974 hay una nueva ola migratoria de militantes, quienes no claudican, sino que siguen con la idea de resistir, esta vez desde la orilla argentina. Buscaban armar un Frente de Resistencia a la Dictadura uruguaya, y se realizaron reuniones privadas que delinearon documentos para fijar la línea del futuro congreso, donde se fundaría un nuevo espacio político. A su vez realizaron reuniones públicas, como el acto en la Federación de Box del 19 de abril de 1974 o el encuentro de la calle México el 2 de junio del mismo año, donde concurrieron muchos uruguayos, quienes terminaron detenidos por el área de Extranjería de la Policía Federal. Su liberación fue un mes después, y la Federal se quedó con los datos filiatorios de un centenar de exiliados, información que sirvió para detectar de manera temprana las cartas que pasaban de uno a otro lado del Río de la Plata. Muchos uruguayos lo sabían, por eso su correspondencia iba en clave, para no revelar de manera abierta sus planes.

Congreso y represión

El 26 de julio es una fecha simbólica para las luchas en América Latina. Por un lado, se recuerda la muerte de Eva Perón (1952) y, por otro, el primer gesto rebelde de Fidel Castro al intentar tomar el Cuartel Moncada, en Cuba (1953). Aquel 26 de julio se hace el Congreso fundacional del PVP en Lanús, en una casa de Valentín Alsina. Fue el corolario de una serie de reuniones, donde se debatieron documentos y se redactó una serie de resoluciones que buscaba convocar a organizaciones laborales y estudiantiles, y a todo el pueblo en general, para organizarse para enfrentar y derrocar a la dictadura, a la vez que enjuiciar a los que violaron la constitución en crímenes de lesa nación; la propuesta de conformar un gobierno provisorio con los sectores de la sociedad que lucharon contra la dictadura; y aplicar una serie de 20 medidas para encaminar al Uruguay. El PVP no sólo apuntaba a resistir, sino a derrocar a la dictadura y a tomar el poder.

El siguiente paso fue contactarse con distintos sectores de la vida política uruguaya para coordinar acciones, principalmente con los trabajadores y sus representantes sindicales. Vinculados a una agencia de publicidad, lanzaron la Campaña Alejandra, en homenaje a la revolucionaria rusa Alejandra Kollontai, para promover de manera velada un mensaje del pueblo uruguayo. La más recordada es la de la empresa Vilox, con el logo XV y el mensaje de la pronta llegada de la empresa al país, que en realidad llevaba un logo similar al PVP, Por la Victoria (XV). El auspicio de la empresa de neumáticos Funsa fue otro paso, donde 3.000 trabajadores estaban afiliados al sindicato, organización prohibida por el gobierno.

En 1976 la Argentina sufre un golpe de Estado y entra en la coordinadora represiva del Plan Cóndor. A fines de marzo, se producen las primeras detenciones del PVP, una de ellas fue la de Luis Ferreyra, junto a otros dos compañeros, que viajaban en una casa rodante e intentan entrar al Uruguay por Colonia. Eran los moradores de la casa de Valentín Alsina, que abandonaron el lugar para evitar la captura y continuar con la Campaña Alejandra, por lo que la casa quedó abandonada hasta que los militares van por ella, la dinamitan y arrasan con lo que encuentran.

En abril se producen las primeras desapariciones y asesinatos. En junio hay muchos secuestros, la mayoría de ellos llevados a un taller mecánico que funcionó como centro clandestino del Plan Cóndor: Automotores Orletti, que estaba bajo el comando del Primer Cuerpo de Ejército. La inteligencia, a través de la Secretaría de Información del Estado (SIDE), tenía una participación activa a través del general Otto Paladino, quien también coordinaban los secuestros de chilenos, e incluso cubanos. Otro jefe era un civil, con un prontuario frondoso, que fue parte de la Triple A y ahora actuaba como un colaborador de la SIDE: Aníbal Gordon. Hace poco se descubrió la Casa Bacacay, que Gordon consiguió para que fuera un centro clandestino exclusivo de la SIDE. En ambos centros los golpes, la tortura, las violaciones, fueron moneda corriente, y destacan como principales preguntas el destino de la bandera de los Treinte y Tres Orientales y el dinero del secuestro de Alfredo Hart. No son solo militares argentinos, hay una partida de militares uruguayos que participan de manera activa en los operativos comandados por el mayor José Gavazzo.

Son muchos los secuestrados, entre ellos Gerardo Gatti y León Duarte, dirigentes del PVP y de la CNT, por quienes los militares solicitan un rescate de 2 millones de dólares. Se llega a entablar una negociación, a través de Washington Pérez, también del PVP, a quien también le ofrecían la liberación de 10 sindicalistas de la CNT, pero desde el partido no hay intención de pagar. Pérez estuvo secuestrado, pero lo liberaron para que consiguiera el dinero. En el último contacto con Duarte éste le dijo: “Andate, porque estos son unos asesinos”.

En los primeros días de julio, a un año de la fundación del partido, se produce un vuelo en un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya, con pilotos orientales y veinticuatro militantes secuestrados rumbo a Montevideo. Ni Gatti ni Duarte fueron de la partida. El mayor Gavazzo hace una puesta en escena para la prensa, explica que capturó a un grupo de guerrillero que ingresaba al país para desestabilizar al gobierno. El grupo, que simulan capturarlos en el Chalet Susy, del balneario Shangrilá, compuesto por varones y mujeres, se distribuye en cárceles de máxima seguridad, por lo que pasan de la condición de desaparecidos en la Argentina a presos en Uruguay, lo que permitió su supervivencia. En el contingente estaba Sara Méndez, secuestrada en julio, pero no estaba Simón, su bebé de apenas veinte días, apropiado por un comisario de la Federal, y que encontrará 26 años después.

Los que quedaban en Buenos Aires seguían militando, reuniéndose, organizándose, sin pensar en replegarse a Europa u otro país de América Latina, como Cuba o México. El PVP estaba muy golpeado, descalabrado y con escasa posibilidad de reacción. En septiembre se produce el segundo embate contra la organización, con el secuestro de 22 militantes y dos menores, quienes sobrevivirán con la identidad cambiada, lejos de su familia. En los primeros días de octubre un nuevo vuelo despegó de Aeroparque para llevarse a más de una veintena de militantes, de quienes se desconoce su paradero al día de hoy. En el contingente viaja María Claudia García, embarazada, cuya beba fue apropiada por una familia uruguaya. El poeta y premio Cervantes, Juan Gelman, su abuelo, la va a buscar de manera incansable, hasta que en el año 2000 recupera a su nieta Macarena. El hijo de Gelman, Marcelo, con Alberto Mechoso, y otros seis secuestrados de Orletti, fueron arrojados en tambores de 200 litros, cubiertos con material, en el Canal San Fernando, a mediados de octubre, y recuperados por la Prefectura casi de inmediato.

Con los secuestros, los grupos de tareas obtenían propiedades, que le sacaban bajo tortura a los que tenían casas a su nombre. Incluso consiguieron algo de dinero de los secuestros, entre ellos en la casa de Adalberto Soba. La plata grande llegó cuando secuestraron a Alberto Mechoso, quien en su casa tenía una parte importante del dinero del secuestro de Hart. Se calcula que en total recaudaron 8 millones de dólares, y lo repartieron en tres partes iguales (Policía Federal, la banda de Gordon, y la patota de Gavazzo) sin intención de devolvérselo ni a la familia Hart ni a ninguno de los dos Estados para los que trabajaban.

Los militares creyeron que el objetivo principal que se planteó contra el PVP se logró, pues con las decenas de desapariciones casi logran su aniquilación. Tiempo después los mismos militares reconocerán que el partido no fue eliminado sino apenas neutralizado pues, desde Brasil y Europa, la resistencia seguía con la circulación de volantes, folletines y la revista Compañero.

La casa de la memoria

Las numerosas caídas implicaron la pérdida de las viviendas que los uruguayos usaron para su repliegue. Perdieron por lo menos catorce casas y, junto a ellas, el paradero de la bandera de los Treinta y Tres Orientales. Cuando se encaró el repliegue, se trajo a la Argentina la bandera sustraída en 1969, se la escondió detrás de un cuadro en una de las catorce casas, y desde entonces no se sabe nada de ella. Pasados cincuenta años los sobrevivientes, militantes del PVP, e integrantes del actual Frente Amplio, buscan recuperar una sola de esas viviendas, por su valor simbólico. La casa de la resistencia oriental se encuentra en la calle Ricardo Balbín, al 500, en Valentín Alsina. Tardaron en ubicarla, casi nadie la recordaba, pues muy pocos la vieron desde fuera. En 2006 Luis Ruiz y Hugo Cores, participantes del Congreso del PVP, ubicaron un muro, un portón de metal para la entrada de vehículos, y un limonero que deja ver sus frutos detrás de la pared. Las dudas persistieron pues no estaba la antigua fachada, la cual fue demolida por los militares. Fue Ruiz quien reconoció los ladrillos de vidrio de un galpón lindero, lo que le confirmó que habían encontrado la casa del Congreso. En 2012 recibieron el apoyo del Concejo Deliberante de Lanús, que declaró el sitio de interés, y en 2018 la Legislatura bonaerense aprobó la expropiación del inmueble y el traslado de la familia ocupante. Falta la ejecución de lo sancionado para levantar allí la Casa de la Memoria Latinoamericana, donde se preservará la memoria de los que fueron víctimas del Plan Cóndor.

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LA ARGENTINA BAJO EL AJUSTE LIBERTARIO

La curva que no cede: el suicidio en jóvenes expone el impacto de la crisis social y económica en Argentina

03 Septiembre 2026

El dirigente de Principios y Valores y coordinador de la Cátedra de Pensamiento Económico Peronista, Leonardo Gabriel Farias, desarrolló un artículo de opinión en el cual indaga sobre el impacto de la crisis social en la salud mental de la juventud argentina.

Las estadísticas sociosanitarias de la Argentina acaban de encender una alarma que trasciende el ámbito estrictamente médico para convertirse en un severo diagnóstico social. Los datos epidemiológicos y de seguridad pública consolidados a lo largo de 2026 confirman una tendencia alarmante: la curva de suicidios e intentos de suicidio continúa su escalada mes a mes, afectando de manera desproporcionada a la franja más joven de la población.

La radiografía del mapa etario: la juventud en el epicentro

De acuerdo con los registros integrados del Boletín Epidemiológico Nacional (BEN N° 736), el Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC) y la Dirección de Estadística e Información de Salud (DEIS), sobre un total consolidado de 22.146 notificaciones entre suicidios e intentos, el impacto se concentra masivamente en los primeros tramos de la edad adulta y la adolescencia.

El grupo etario de 15 a 19 años encabeza el registro con 4.400 notificaciones, seguido muy de cerca por el tramo de 20 a 24 años, que acumula 4.200 casos. En conjunto, ambas franjas reúnen 8.600 eventos, lo que representa casi el 35% de la totalidad de los casos reportados en el país.

10 a 14 años: 827 casos

15 a 19 años: 4.400 casos (19,9%)

20 a 24 años: 4.200 casos (19,0%)

25 a 29 años: 2.016 casos

30 a 34 años: 926 casos

35 años o más: 354 casos

Evolución histórica: la curva que no encuentra meseta

El análisis evolutivo muestra un quiebre sostenido a partir del año 2021. Tras el piso registrado en 2020 (3.262 suicidios confirmados), las cifras experimentaron una aceleración constante: 3.648 en 2021, 3.959 en 2022, 4.197 en 2023, 4.249 en 2024, alcanzando los 4.300 en 2025 y ubicándose en un pico de 4.350 en 2026.

De forma paralela, la curva de intentos de suicidio notificados exhibe una pendiente aún más pronunciada: se elevó de 7.000 casos registrados en 2023 a 9.500 en 2024, saltando a 11.500 en 2025 y alcanzando un registro de 13.500 casos en el seguimiento actual de 2026. Los informes mes a mes ratifican que la tendencia no da señales de amesetamiento.

La sintomatología de una crisis estructural

Reducir este fenómeno a una mera sumatoria de desequilibrios individuales significaría ignorar la densidad del entorno socioeconómico en el que crecen y intentan desarrollarse las nuevas generaciones. La salud mental no germina en el vacío; se moldea en las condiciones materiales de la cotidianeidad. El suicidio juvenil no es un hecho aislado: es la manifestación extrema de una trama social fracturada, donde la falta de certezas económicas y la inseguridad cotidiana devoran la capacidad de proyectar a futuro.

Nos encontramos ante una serie de factores estructurales que operan como un detonante continuo:

-Precarización y crisis laboral: Para la juventud, acceder a un empleo formal y bien remunerado se ha convertido en una excepción. La proliferación de trabajos mal pagos obliga a muchos jóvenes a sostener dos o tres empleos o extensas jornadas de autoexplotación solo para cubrir costos básicos, erosionando los tiempos de descanso, formación y vinculación afectiva.

-Endeudamiento familiar: la pérdida sostenida del poder adquisitivo empuja a las familias al endeudamiento cotidiano para comprar alimentos o pagar servicios básicos, trasladando una constante tensión financiera al hogar.

-Inseguridad permanente en los conurbanos: Vivir bajo parámetros de inseguridad altos y cronificados impone un estado de alerta constante, privando a los jóvenes de disfrutar libremente del espacio público y deteriorando la red comunitaria.

-Pérdida de horizonte y perspectiva: La imposibilidad de vislumbrar autonomía habitacional, estabilidad o crecimiento profesional genera una sensación colectiva de acorralamiento existencial y desesperanza.

La ansiedad severa, la depresión y las crisis de angustia son la respuesta lógica frente a un entorno adverso e inestable. Enfrentar esta problemática requiere un compromiso de la política y del Estado que trascienda la respuesta sanitaria de emergencia: implica reconstruir el tejido social, garantizar salarios dignos y devolverle a la juventud la certeza de que construir un futuro en su país es posible

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    SERGIO ESCALANTE

El conurbano no es el problema: es el resultado de la desigualdad

03 Septiembre 2026

Yo nací, viví y trabajé siempre en el Conurbano bonaerense. Conozco sus barrios, sus fábricas, sus trabajadores y también conozco de cerca cómo fue cambiando nuestra realidad.

Trabajé en una panificadora de San Martín, en un territorio donde durante muchos años el trabajo industrial fue una forma concreta de construir una vida digna. Allí aprendí que detrás de cada fábrica hay trabajadores, familias, proyectos y comunidades enteras que dependen de que la producción funcione.

Por eso no acepto que hoy se pretenda presentar al Conurbano como el problema de la Provincia de Buenos Aires, como si su extensión territorial fuera la causa de la pobreza, la desigualdad o los problemas sociales que padecemos.

El Conurbano no es el problema. Es, en gran medida, el resultado de un proceso de desigualdad que nuestro país viene atravesando desde hace décadas. Para quienes vivimos y trabajamos acá, es imposible no relacionar el deterioro del tejido social con el avance del modelo neoliberal que comenzó a instalarse en la Argentina a partir de la dictadura de 1976. La destrucción de la industria nacional, la apertura indiscriminada de la economía, la especulación financiera, el endeudamiento y la pérdida del trabajo industrial fueron debilitando progresivamente una estructura social que había permitido a millones de argentinos construir una vida alrededor del trabajo.

Yo vi cómo ese proceso fue transformando nuestros barrios.

Cuando una fábrica cierra, no desaparece solamente una empresa. Se pierde el salario de una familia, se perjudica el comercio, se deterioran las condiciones de vida y se rompe una parte de la comunidad. Cuando se destruye el trabajo industrial, también se destruyen vínculos, expectativas y posibilidades de movilidad social.

Por eso creo que es un error mirar el Conurbano solamente desde los índices de pobreza. Acá también está una parte fundamental de la Argentina productiva, trabajadora e industrial. Acá están nuestros trabajadores, nuestras PyMEs, nuestras fábricas, nuestras escuelas, nuestros hospitales, nuestros comercios y nuestras universidades. Acá está una enorme parte del esfuerzo cotidiano que sostiene al país.

Por eso no creo que la respuesta sea dividir la Provincia de Buenos Aires. No se resuelve la desigualdad separando territorios. Se resuelve atacando las causas que la generaron. Y para mí, una de esas causas centrales fue la destrucción de la matriz productiva que comenzó con el neoliberalismo de la dictadura y que luego tuvo diferentes etapas y profundizaciones. 

Necesitamos recuperar el trabajo formal, fortalecer la industria nacional, defender a las PyMEs, reconstruir el mercado interno y recuperar el poder adquisitivo de los trabajadores. Necesitamos inversión en transporte, vivienda, educación, salud, energía, agua e infraestructura.

Pero, fundamentalmente, necesitamos recuperar una idea que para quienes venimos del trabajo tiene un valor enorme: que una persona pueda vivir dignamente de su trabajo.

El peronismo siempre entendió que el trabajo no es solamente una fuente de ingresos. Es también integración, dignidad, identidad y movilidad social. Por eso sigo creyendo en una Argentina donde la producción vuelva a ser el camino para construir una sociedad más justa.

No quiero un Conurbano separado. 

Quiero un Conurbano integrado, desarrollado y con oportunidades. No quiero que se esconda la pobreza detrás de una división territorial. Quiero que se enfrenten las causas de la desigualdad.

No quiero una Argentina más fragmentada. Quiero una Argentina que vuelva a producir, a industrializarse y a generar trabajo. Porque yo viví y trabajé en este territorio. Sé lo que significó para muchas familias tener un empleo industrial y sé también lo que significó perderlo. Por eso defiendo al Conurbano no desde una mirada partidaria, sino desde mi propia historia de vida y desde la convicción de que ningún pueblo puede construir un futuro digno si le quitan el trabajo y destruyen su capacidad productiva.

El desafío no es dividirnos

El desafío es volver a organizar a nuestra sociedad alrededor del trabajo, la producción, la solidaridad y la justicia social. Porque el Conurbano no es una anomalía ni un problema que haya que separar.

Es parte de nuestra historia, de nuestra identidad y de la Argentina productiva que tenemos que volver a construir.

La Argentina no se reconstruye separando a su pueblo. Se reconstruye recuperando el trabajo y volviendo a producir. UNIDAD, TRABAJO, PRODUCCIÓN Y JUSTICIA SOCIAL.

Sergio Escalante es secretario general de SETIA (Alimentación).

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    FUERZA

La Fuerza que nos une

03 Septiembre 2026

La Confederación General del Trabajo presenta FUERZA, una nueva plataforma cultural que propone reunir música, arte, pensamiento y experiencias en un espacio de encuentro abierto y colectivo. La iniciativa nace para poner en valor la fuerza del trabajo, de la industria, de la producción y de la cultura argentina, construyendo una propuesta capaz de convocar a distintas generaciones y expresiones de nuestro país.

Fuerza tendrá sus primeros dos grandes encuentros en C Art Media, en la Ciudad de Buenos Aires: Fuerza Festival, el 16 de octubre, y la Bienal de Fuerza, los días 14 y 15 de noviembre. La programación completa y las distintas actividades se anunciarán próximamente a través de los canales oficiales @fuerzafestival, @fuerzabienal y proyectofuerza.ar

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    Concentración por Cristina condenada_Nicolás Aragón_18.06.25
    Foto: Nicolás Aragón

Kirchnerismo y teoría de la infalibilidad: la táctica como sustituto de la estrategia

03 Septiembre 2026

Hay algo más problemático que una conducción que se equivoca; una cultura política que necesita demostrar que su conducción no puede equivocarse. Alrededor de Cristina Fernández de Kirchner se fue construyendo durante años una suerte de teoría de la infalibilidad, acaso el único vestido capaz de calzar adecuadamente sobre el cuerpo de una lógica política cada vez más verticalista, descendente y sectaria. Si Cristina acierta, queda demostrada su extraordinaria capacidad de anticipación; si se equivoca, todavía no hemos comprendido la profundidad de la jugada. Si una elección termina mal, el pueblo no comprendió o resultó inexplicablemente desagradecido. Si fracasa un gobierno que ella misma concibió, alguien traicionó, no le hizo caso, se apartó del rumbo o utilizó incorrectamente la famosa birome. Si el sucesor adquiere vuelo propio, es un traidor y un desagradecido. Si la contradicción resulta evidente, Cristina sabe algo que nosotros todavía ignoramos. La teoría tiene una ventaja formidable; puede explicar cualquier resultado sin someter jamás a examen la toma de decisiones de la conducción.

El problema no es solamente político. Es cultural. Porque una construcción popular que sustituye la explicación por la confianza ciega, además de producir una profunda desorientación, termina infantilizando precisamente al universo que dice representar. La política popular debe producir conciencia, organización y capacidad crítica, no creyentes a los cuales se les pide que suspendan el juicio frente a las decisiones de su conducción. Mucho menos convertir esa suspensión del juicio en una virtud revolucionaria.

Cuando Clarín todavía no mentía

El conflicto con Clarín resulta particularmente ilustrativo. “Clarín miente” tuvo el mérito de desnudar la dimensión propiamente política de un poder mediático que hasta entonces prefería presentarse simplemente como periodismo. La confrontación permitió, además, sacar a Héctor Magnetto de las sombras y exponerlo como lo que también es; uno de los actores políticos más gravitantes de la Argentina, aunque jamás hubiera necesitado presentarse a una elección. Un poder que tampoco nació en el vacío; creció al amparo de una transición democrática que concentró la responsabilidad por el terrorismo de Estado en sus ejecutores militares y dejó largamente fuera de juicio a buena parte de la trama civil. Pero la potencia posterior de aquella consigna produjo un curioso borramiento retrospectivo; pareció que el kirchnerismo hubiera combatido al Grupo Clarín desde el primer día. No fue así. En 2005, Néstor Kirchner suspendió durante diez años el cómputo de los plazos de las licencias de radiodifusión, una medida general que naturalmente benefició también a los grandes grupos que las poseían. Dos años después, al finalizar su gobierno, fue aprobada la concentración Cablevisión-Multicanal. Después llegó la guerra con Clarín.

No reprochamos a un gobierno haber negociado con factores de poder, mucho menos cuando recién comienza y necesita construir la fuerza necesaria para gobernar.

A dónde vamos con el planteo. Imaginemos por un instante que, en pleno “Clarín miente”, cuando la confrontación con el grupo había alcanzado su máxima intensidad y la Ley de Medios se presentaba como una de las grandes batallas políticas contra la concentración mediática, Héctor Magnetto había pasado a representar en el discurso kirchnerista no sólo la encarnación de ese poder concentrado sino al empresario al que se vinculaba con el despojo de Papel Prensa a la familia Graiver, el tormento a Lidia Papaleo y aquella terrible imagen de una empresa arrancada en una “mesa de tortura”, el gobierno kirchnerista hubiera concedido al Grupo Clarín una nueva operación estratégica y, ante la perplejidad de su militancia, alguien hubiese respondido: desconocemos los términos del acuerdo, pero confiamos en el criterio de Cristina. Difícilmente aquello hubiera podido presentarse como una genialidad táctica. Sin embargo, algo bastante parecido ocurre ahora frente al Poder Judicial.

La Justicia que se denuncia y la Justicia que se vota

Durante sus largos años de gobierno, el kirchnerismo no contempló desde afuera la conformación del Poder Judicial; participó del Consejo de la Magistratura, intervino en los mecanismos de selección de jueces, envió pliegos y los aprobó con sus mayorías legislativas. Algunos magistrados que luego intervinieron en causas contra Cristina llegaron a sus cargos durante aquellos gobiernos. Esto no significa incurrir en la tontería de afirmar que Cristina “nombró a los jueces que después la condenaron”, sino advertir algo políticamente más relevante; la relación del kirchnerismo con la Justicia realmente existente fue siempre mucho más contradictoria que el relato posterior de dos mundos irreconciliables; de un lado, el movimiento nacional y popular; del otro, una corporación oligárquica enteramente ajena a él.

Por eso quizá Yadarola no sea una anomalía. Quizá sea una revelación. Porque allí empieza a percibirse una fisura mucho más importante que cualquier discusión parlamentaria. Cada vez son menos, dentro de nuestro propio universo político, los dispuestos a aceptar que el criterio cerrado de Cristina pueda seguir funcionando como argumento en sí mismo, como si la autoridad acumulada eximiera de explicar las decisiones y la confianza debiera ocupar el lugar de las razones.

Si uno amanece, sale a la calle y descubre que la vida de las grandes mayorías argentinas es un idilio, que el trabajo organiza la existencia, que los salarios alcanzan, que nuestros jóvenes encuentran un futuro en su propia tierra para concebir una familia y que la Nación cuenta con un rumbo productivo, soberano y común, nos sumamos gustosamente a la teoría de la infalibilidad. Después de todo, los conductores se legitiman conduciendo al pueblo hacia la victoria y las grandes empresas políticas se miden, también, por sus resultados. Pero uno mira alrededor y encuentra exactamente lo contrario. Una Argentina que transita una pendiente cada vez más pronunciada hacia la disolución nacional, con su pueblo empobrecido, su aparato productivo desarticulado, sus capacidades soberanas en retroceso y los vínculos materiales y espirituales que todavía nos constituyen como comunidad peligrosamente debilitados.

En semejante escenario, pedirnos que suspendamos el juicio crítico para seguir confiando en la sabiduría de la conducción resulta una ironía demasiado cruel. Cuando la realidad contradice todos los días la teoría, no corresponde corregir la realidad para salvar a la conducción; corresponde, finalmente, revisar la teoría. Y eso hacemos.

Una mujer al frente del Comando Sur

Otro episodio permite observar esta particular elasticidad. En abril de 2022, Cristina recibió en su propio despacho del Senado a la general Laura Jane Richardson, entonces jefa del Comando Sur de los Estados Unidos, acompañada por el embajador Marc Stanley. La escena fue presentada con una curiosa inversión de prioridades; foto sonriente mediante —difundida por la propia Vicepresidencia y conservada también en el archivo oficial del Comando Sur—, se destacó especialmente que Richardson era una general de cuatro estrellas y la primera mujer en alcanzar aquella jefatura. El dato era cierto; el problema era aquello que dejaba en segundo plano. Richardson no llegaba al Senado principalmente como una mujer que había quebrado un techo de cristal, sino como la comandante de la estructura militar mediante la cual los Estados Unidos proyectan sus intereses estratégicos sobre América Latina y el Caribe. El género describía a la visitante; la geopolítica revelaba aquello que la puesta en escena prefería ocultar.

Por entonces, Richardson no ocultaba la mirada estratégica de Washington. Hablaba de América Latina como “nuestro vecindario”, enumeraba su riqueza en litio, petróleo, minerales estratégicos, alimentos y agua dulce, y vinculaba esos recursos y la presencia china con la seguridad nacional estadounidense. Richardson dijo que nuestros recursos integraban los intereses estratégicos de su país y que Washington debía disputar aquí la influencia de sus competidores. Cabe preguntarse si aquel acercamiento, todavía envuelto en sonrisas, retórica de género y silencio geopolítico, no anticipaba una aproximación a Washington que con Milei perdería todo disimulo para convertirse en alineamiento y entrega concreta de soberanía.

Más que una adivinación, un inventario de los daños

La teoría de la infalibilidad reapareció bajo otra forma con el episodio de los “tres tercios”. El 18 de mayo de 2023, en una entrevista con Pablo Duggan en Duro de Domar, por C5N; Cristina anticipó un escenario electoral dividido entre el oficialismo, Juntos por el Cambio y la fuerza emergente de Milei, asociada al voto de protesta. Y planteó, como dejando la tarea a los alumnos, que había que preguntarse por qué había aparecido ese tercer espacio, vinculándolo con el descontento social. Bueno, ocurrió. Y aquello pasó rápidamente al inventario de sus vaticinios políticos; había visto antes que los demás lo que finalmente sucedería. Lo cierto es que la famosa predicción de Cristina no fue una intuición brillante ni una lectura visionaria, fue simplemente la constatación del daño ya provocado. Era, más que un pronóstico político, un inventario de las fracturas internas que su propia conducción había ayudado a producir. El problema es que casi nadie dentro de su dispositivo se detuvo en la pregunta verdaderamente política: ¿cómo había llegado el peronismo, después de gobernar dieciséis de los veinte años anteriores, con ella como conductora, a celebrar como prueba de lucidez que apenas conservaría un tercio del país?.

Cristina había diseñado de manera inconsulta la fórmula presidencial de 2019, había sido vicepresidenta durante los cuatro años siguientes y continuaba conduciendo al sector más poderoso de la coalición. Su responsabilidad por el fracaso no era exclusiva —ningún proceso histórico serio admite semejantes simplificaciones—, pero tampoco podía considerarse exterior, como finalmente lo presentó.

Los votos del peronismo para los jueces de Milei

Cuando una conducción pierde de vista su estrategia, o sencillamente carece de ella, la táctica ocupa todo el escenario. Cada acuerdo, candidatura o movimiento debe entonces justificarse por su utilidad inmediata. Se negocia para conservar capacidad de negociación, se acumula poder para preservar poder y las posiciones terminan defendiéndose por su propia conservación. De allí la impresión, cada vez más nítida, de que buena parte de nuestra dirigencia ya no representa intereses populares sino a sí misma, a sus estructuras y, muchas veces, a la propia Cristina, como si su centralidad constituyera en sí misma un programa político. El problema es que, medido contra la realidad nacional y sus resultados concretos, ese programa hace tiempo que no funciona.

Y no descubrimos nada al señalar que en la Argentina la política se ha convertido, para buena parte de su dirigencia, en una actividad profesional y un negocio personal. Cargos, estructuras, candidaturas y recursos públicos terminan organizando verdaderos sistemas de reproducción del poder, donde la permanencia de quienes administran la política suele importar más que los intereses de aquellos a quienes dicen representar.

El 27 de agosto de 2026, los senadores del peronismo acompañaron prácticamente en bloque los 66 pliegos votados conjuntamente, incluido Yadarola —con la significativa excepción de Martín Soria, que se ausentó de esa votación—, y allí no aparece una fractura reconocible entre cristinismo y kicillofismo. Esto obliga a evitar simplificaciones. La posterior aprobación de Bertuzzi por 44 votos contra 23, pese al rechazo del interbloque justicialista, demuestra que el oficialismo podía construir, al menos para una designación de semejante relevancia, una mayoría alternativa sin los votos del PJ. La disyuntiva no era necesariamente entre impedirlos o convalidarlos, sino entre quedar afuera de una negociación que igualmente iba a producir jueces o participar de ella para intentar incidir en su composición.

Si los números ya estaban, negociar constituye una concesión política. El propio Gobierno reconoció la construcción de consensos con distintos espacios, pero eso todavía no permite saber qué obtuvo concretamente el peronismo; qué nombres incorporó o preservó, qué cedió, qué contraprestaciones consiguió y, particularmente, qué criterio justificó acompañar incluso a Pablo Yadarola, juez en lo Penal Económico y uno de los magistrados que participaron del controvertido viaje a Lago Escondido junto a otros jueces, funcionarios porteños y directivos del Grupo Clarín, episodio que la propia Cristina había denunciado como expresión de la connivencia entre poder judicial, político y económico. Yadarola fue investigado por aquel viaje y finalmente sobreseído; ahora, con el acuerdo del Senado, queda encaminado a integrar la estratégica Cámara Federal porteña, uno de los tribunales con mayor capacidad de revisión sobre las grandes causas penales federales de Comodoro Py.

Y el dato no puede quedar reducido a una discusión sobre nombres o equilibrios internos del Poder Judicial; por esa Cámara van a transitar investigaciones que alcanzan al gobierno de Javier Milei, a sus funcionarios y a los intereses económicos vinculados con su gestión. Por eso resulta imposible separar la integración de esos tribunales de la naturaleza del poder que hoy gobierna la Argentina. No es lo mismo construir garantías de independencia judicial frente al poder político que administrar acuerdos capaces de generar, llegado el caso, zonas de inmunidad para quienes hoy desmantelan capacidades estatales, transfieren patrimonio público, endeudan al país, hambrean al pueblo, subordinan decisiones estratégicas a intereses extranjeros y forman parte, además, del orden político e institucional que mantiene a Cristina proscripta.

Si el peronismo participó de esa negociación, saber qué obtuvo a cambio deja de ser una curiosidad parlamentaria para convertirse en una exigencia política elemental. Porque si no hubo una contrapartida capaz de justificarse frente a los intereses populares, entonces ya no estaremos discutiendo la audacia de una táctica incomprendida, sino algo bastante menos sofisticado y mucho más grave; la convalidación, con votos propios, del poder antinacional que se denuncia y dice combatir. Y eso ya no raya la claudicación; empieza a parecerse demasiado a ella.

Allí vuelve nuestro problema central; no cuestionamos la existencia de la táctica, sino que no alcanzamos a reconocer la estrategia que debería explicarla. Y es precisamente en ese vacío donde reaparece la teoría de la infalibilidad, cuando algunos pretenden clausurar la pregunta con una fórmula que invierte el orden de la política: no conocemos el acuerdo, pero confiamos en el criterio de Cristina. No; si hubo una negociación racional, habrá razones políticas para explicarla. Porque mientras no sepamos qué obtuvo el peronismo, no podemos distinguir una negociación inteligente de una concesión inevitable, una defensa de posiciones propias de una simple convalidación de la recomposición de una estructura judicial corporativa y refractaria a los intereses populares.

Es posible que detrás de la reciente votación de los jueces exista un pacto. Seguramente hubo negociaciones. Pero acaso la palabra “pacto” engrandezca demasiado lo ocurrido, atribuyéndole una densidad estratégica que todavía nadie ha conseguido demostrar. Bien podría tratarse de una obligación impuesta por la correlación de fuerzas, de la administración de un retroceso, del temor frente a determinadas amenazas personales, de la necesidad de conservar interlocución, de una exhibición de capacidad negociadora o, sencillamente, del funcionamiento ordinario de la lógica del poder en el marco de una dirigencia peronista empobrecida, demasiado ocupada en conservar posiciones y demasiado poco en explicar para qué quiere conservarlas. Lo que no alcanzamos a ver es la estrategia nacional que ordenaría semejante movimiento. Y hay algo que, a esta altura, sí podemos afirmar; cualesquiera hayan sido las razones de esa decisión, allí no aparecen jugados ni la defensa de los intereses nacionales ni la representación concreta de los intereses populares.

La curiosa salud de la democracia

Ya en este punto la demagogia adquiere una densidad difícil de disimular. La democracia aparece como un régimen exhausto, degradado y prácticamente fallido cuando se trata de explicar la situación judicial de Cristina —y razones sobran para cuestionar la infame condena que pesa sobre ella y que ha quebrado el pacto democrático— y, al mismo tiempo, para condicionar a Axel Kicillof, instalando una suerte de ilegitimidad de origen y de un estado de exepción sobre cualquier candidatura presidencial que pueda emerger mientras Cristina permanezca impedida de competir; si ella no puede ser candidata, quien pretenda serlo carecería de legitimidad suficiente, sería apenas una candidatura subalterna, provisoria o, para utilizar una de esas categorías tan eficaces para degradar al adversario interno, “de cabotaje”.

Pero en el reverso de esa operación aparece, cada vez con mayor nitidez, una conclusión incómoda. El problema de Cristina ya no es solamente judicial; es, fundamentalmente, político. Y es político porque su situación judicial se convierte en argumento para preservar su centralidad política; esa centralidad, a su vez, se presenta como indispensable para dirimir los términos de la persecución judicial, y cualquier construcción que pretenda desarrollarse por fuera de ella puede entonces ser impugnada porque Cristina continúa perseguida. El razonamiento se cierra sobre sí mismo; la persecución justifica la centralidad y, llegado este punto, la centralidad parece necesitar de la persecución, porque mientras ésta persista puede impugnarse toda legitimidad nueva antes de que alcance a proyectarse, adquirir autonomía y finalmente consolidarse; evitando, de ese modo, que una nueva conducción altere el equilibrio sobre el que descansa el actual estado de cosas y termine poniendo en riesgo intereses que, bajo ese orden, permanecen convenientemente preservados. Quien sabe, los mortales nunca excedemos a determinadas informaciónes ni somos testigos de ciertas discusiones.

Por eso la proscripción funciona desde el principio como una paralización del tiempo político del campo nacional. El dispositivo resulta políticamente devastador; mantiene al peronismo y a las fuerzas nacionales divididos, desorientados y consumiendo sus energías en una disputa interna cada vez más distante del drama material de nuestro pueblo. Y difícilmente Milei y el establishment puedan imaginar un escenario más conveniente para sostener sus expectativas de reelección; un adversario que, en lugar de reconstruir la mayoría social y ofrecer una alternativa de poder, permanece detenido alrededor de la imposibilidad de resolver su propia sucesión.

Y allí aparece, finalmente, lo verdaderamente reprochable; que los intereses de una conducción, de su círculo y de las estructuras que viven alrededor de su centralidad terminen anteponiéndose a los intereses populares y nacionales que deberían justificar su propia existencia política. Y entonces también se vuelve tangible aquello que tantas veces parece absurdo e inadmisible; se acepta el riesgo de la derrota antes que el riesgo de una victoria conducida por otro. Ese es el límite definitivo de toda política de autopreservación; llega un momento en que ya no conserva un proyecto político, conserva solamente a quienes pretenden seguir administrándolo. Y quizá sea hora de asumir lo que la realidad viene diciendo desde hace tiempo; Cristina, y la política que todavía pretende organizarse alrededor de su centralidad, ya son parte del pasado.

Si Cristina acierta, queda demostrada su extraordinaria capacidad de anticipación; si se equivoca, todavía no hemos comprendido la profundidad de la jugada.
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    MALVINAS
CAUSA MALVINAS

El rol histórico de Estados Unidos en la causa Malvinas

03 Septiembre 2026

El inminente anuncio por cadena nacional que realizará nuestro Presidente con relación a la Cuestión Malvinas y las especulaciones en torno al eventual apoyo estadounidense a favor nuestro, obliga a recurrir a nuestra Historia además de aclarar algunas cuestiones de rigor que el periodismo suele pasar por alto: no puede confundirse la proyección que tienen las naciones en materia de defensa y política internacional con respecto a los eventuales gobiernos y su política coyuntural.

Para entender por qué hay que desconfiar del escorpión que nos está usando para cruzar el río, hay que comprender el nudo geopolítico que nos ata. Es imperioso desmitificar, entonces, el rol que ha jugado los Estados Unidos en este despojo territorial. Lejos de la neutralidad o de la hermandad americana, Washington ha sido el garante histórico y el socio estratégico de la prepotencia británica.

El poder blanco anglo-yanqui estuvo presente desde nuestros tiernos años de gestación como Patria. ¿Qué es el “poder blando”? Como lo especificó Juan Rattenbach: “se mantiene el objetivo de dominación, pero los medios empleados buscan una interpelación a la subjetividad de las personas para que cumplan con determinadas acciones sin la sensación opresiva que sí generan, por el contrario, los medios coercitivos del poder duro”.

Paradójicamente, la actuación clave que desempeñó Estados Unidos agrediendo nuestro pabellón nacional en Malvinas durante1831, que preparó el terreno para la usurpación británico es omitido o relativizado por la historiografía reciente. En ese sentido el aporte, de momento no superado, del gran historiador revisionista Mario Tesler en torno a Malvinas no se reduce a su extraordinaria tarea por reivindicar la acción patriótica del gaucho Antonio Rivero sino que también elaboró sendos trabajos que analizaban el rol agresor yanqui en Malvinas. El autor de “Malvinas: como EEUU provocó la usurpación inglesa” (Galerna, 1971) tuvo acceso a documentos claves, realizado a partir de una profunda labor heurística al ser colaborador del historiador académico Ernesto Fitte y, sobre todo, por la relación que tuviese con el inolvidable Diego Luis Molinari. De hecho, Tesler cita una carta de Molinari dirigida al ex embajador de Chile, Conrado Ríos Gallegos (1960) donde afirma de manera contundente:

La Republica Argentina jamás debió proponer ni aceptar como árbitros en sus cuestiones internacionales, ni a Estados Unidos de América ni a Inglaterra. Tiene pendiente, con ellos, el pleito abierto a raíz de los atropellas brutales de 1831 y 1833. La tacha que les afecta es de insanable inhabilidad para ser jueces, cuando fueron para nosotros agentes de iniquidad”

La agresión de la USS Lexington y el prólogo del despojo (1831)

La agresión norteamericana contra nuestra soberanía no nació en 1982; comenzó mucho antes de la usurpación británica de 1833. Para el revisionismo, el hito fundacional del conflicto en el siglo XIX tiene el sello de la diplomacia de las cañoneras estadounidenses.

En diciembre de 1831, la corbeta norteamericana USS Lexington, al mando del capitán Silas Duncan, atacó y destruyó las instalaciones de la comandancia argentina en Puerto Soledad. El motivo aparente fue la legítima defensa que el gobernador Luis Vernet hacía de los recursos pesqueros y de la fauna marítima frente al saqueo de los buques balleneros estadounidenses. Sin embargo, el trasfondo real era quebrar la autoridad institucional de la joven nación rioplatense. Al desarmar las defensas argentinas y expulsar a sus autoridades, Estados Unidos le allanó el camino y le dejó la mesa servida a la corbeta británica HMS Clio, que concretaría la invasión y usurpación colonial en enero de 1833.

La Doctrina Monroe y la gran estafa hemisférica

El ataque de la USS Lexington desnudó la gigantesca hipocresía de la Doctrina Monroe ("América para los americanos"), proclamada apenas unos años antes, en 1823. Frente a la flagrante ocupación de una potencia europea en suelo sudamericano, los sucesivos gobiernos de Washington miraron para otro lado.

Para la Casa Blanca, las Malvinas entraron en una zona de exclusión de sus propias promesas continentales. Estados Unidos argumentó sistemáticamente que la disputa de soberanía era anterior a su doctrina o que se trataba de un asunto técnico entre el Reino Unido y las Provincias Unidas. En la práctica, el silencio y la inacción estadounidense operaron como un reconocimiento táctico y un respaldo geopolítico a los intereses coloniales del Imperio Británico en el Atlántico Sur.

A propósito de ello, el por entonces embajador Domingo Faustino Sarmiento, ante Estados Unidos, en un pedido de instrucciones al canciller Rufino de Elizalde, manifestaba:

“… Consecuencia de la insólita gestión hecha por un agente norteamericano de los “presumibles” derechos de Inglaterra a la posesión de las Islas Malvinas, fue que esta Nación que las había espontáneamente abandonado sesenta años antes, echó a un lado el principio, y segura ya de que Estados Unidos, comprometido con la doctrina de Baylies, no incluía a las islas adyacentes en los continentes americanos en la declaración Monroe, volviose sobre la doctrina de “no colonización” iniciada por Canning, y proclamada por Estados Unidos, y se apoderase de las Islas Malvinas, a título de anterior ocupación, y con complicidad aparente de esta ultima nación”.

1982: El TIAR enterrado y el triunfo del eje de la OTAN

El punto de inflexión definitivo ocurrió durante la Guerra de Malvinas en 1982. La última dictadura militar, en una muestra de ceguera geopolítica y subordinación ideológica a la Doctrina de la Seguridad Nacional, creyó erróneamente que los servicios prestados en Centroamérica le valdrían la neutralidad, o incluso el apoyo, de la administración de Ronald Reagan. Supusieron que se activaría el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), que teóricamente obligaba a las naciones del continente a defender a cualquier país americano agredido por una potencia extracontinental.

La realidad histórica barrió con esas ilusiones colonizadas: tras el fracaso de la mediación del secretario de Estado Alexander Haig (que sólo buscaba ganar tiempo para el avance de la Fuerza de Tarea Británica), Estados Unidos se quitó la careta de mediador. Pero los yanquis no se detuvieron en “hacer tiempo” sino que le ofrecieron apoyo logístico y de inteligencia vital para que Gran Bretaña pueda operar de manera efectiva teniendo en cuenta la distancia existente que tenía Inglaterra con relación al Teatro de Operaciones.

Como muestra del poder blando efectuado por Estados Unidos, vuelvo a citar a Mario Tesler:

Unos días antes de que las autoridades militares de nuestro país iniciaran las acciones de recuperación territorial (1982), el periodista Eduardo van der Kooy me convocó para que enviara de inmediato un artículo al diario Clarín. (…) Días después entregué en la redacción del citado matutino, un artículo señalando que EEUU había sido la nación que obligó la usurpación inglesa en 1833.

En principio mi trabajo fue dejado de lado. Luego me propusieron algunas enmiendas atemperadoras que no acepté. Por último se publicó en la edición del 13 de mayo de 1982, cuando no tenía sentido continuar ocultando la verdad. Un día antes, 12 de mayo, el gobierno norteamericano ya era aliado manifiesto de Inglaterra”

En los días iniciales del conflicto recibí un llamado telefónico de un ejecutivo de la revista Flash, con el propósito de enviar una periodista a mi domicilio para reportearme. Durante la entrevista señalé que los EEUU no serían aliados de la causa argentina y que se encontraban inhabilitados para ejercer mediación alguna.

Durante treinta minutos, la periodista grabó mi fundamentación histórica y me solicitó algunos de mis libros. En la edición del 6 de abril me dedicaron dos páginas; obviando todo cuanto manifesté, reprodujeron algunos párrafos de una vieja entrevista aparecida en su antecesora, la revista Así, allá por 1967, sobre el gaucho Antonio Rivero…” (Tesler, M. Agresión militar de los EEUU a las Islas Malvinas y el Gaucho Antonio Rivero. Dunken, 2013)

En definitiva, para los Estados Unidos, los lazos de sangre de la alianza anglosajona y las prioridades de la OTAN en plena Guerra Fría aplastaron cualquier principio de solidaridad continental.

Los Acuerdos de Madrid y el Consenso de Washington (1989-1990)

La derrota militar de 1982 no concluyó con el cese del fuego, sino que inauguró una fase superior de colonización pedagógica y diplomática conocida como la desmalvinización. Es en este escenario de posguerra donde los hilos de Washington vuelven a tejer la trama de la subordinación argentina, operando como el mentor ideológico y económico de los Acuerdos de Madrid I y II (1989-1990).

Bajo el auge global del Consenso de Washington y las relaciones carnales del menemismo, la diplomacia argentina aceptó firmar las condiciones británicas de espaldas al Congreso de la Nación. La injerencia estadounidense en esta capitulación jurídica de la posguerra no necesitó de portaaviones; se ejecutó mediante la imposición de su matriz económica y su doctrina de seguridad hemisférica. Washington impuso el concepto de “paraguas de soberanía” como una trampa geopolítica donde aun nuestra diplomacia permanece. torpe y condicionada por los diversos gobiernos de turno con su respectivo sesgo ideológico. Esta zoncera diplomática obligó a la Argentina a "dejar de lado" la discusión del territorio usurpado para reanudar relaciones comerciales, congelando nuestro reclamo histórico mientras Gran Bretaña consolidaba su avance marítimo. Los nefastos acuerdos de Madrid posibilitaron el desarme y vaciamiento de nuestra defensa nacional además de garantizar un saqueo financiero que generaron las condiciones donde pueden denominarse al periodo menemista como una nueva “década infame” para nuestro país.

Descolonizar la mirada frente al gendarme global

El revisionismo histórico nos demuestra que el imperialismo no opera únicamente a través de las armas, sino también a través del control de la cultura y la falsificación de la historia. Presentar a los Estados Unidos como un actor neutral o un "amigo en el concierto de las naciones" es perpetuar una zoncera pedagógica que desarma nuestra conciencia nacional.

Desde el cañoneo de la Lexington en 1831 hasta el soporte militar estratégico brindado a Margaret Thatcher en 1982, el rol histórico de los Estados Unidos ha sido el de un socio indispensable para el enclave colonial británico en nuestras islas. Pensar la Argentina de forma bicontinental y marítima exige señalar con claridad a los responsables de nuestro cercenamiento territorial. Las Malvinas son, fueron y serán argentinas; y la lucha por recuperarlas pasa necesariamente por romper las anteojeras ideológicas que nos imponen los centros del poder global.

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    Tercer Tiempo, Diario de una separación, etc
    Foto: Celeste D Estefano
TEATRO

“Tercer tiempo: diario de una separación, etc”: feminismo, escritura y humor en escena

02 Septiembre 2026

Una separación de pareja es el punto de partida para reflexionar sobre la identidad individual y colectiva. Basada en el libro de Pamela Neme Scheij, Tercer tiempo, Diario de una separación, etc., combina relato, poesía y humor para explorar el vértigo de transformar la propia vida en un contexto dado por la precarización y desigualdad social. Lo que inicia como una crisis se convierte en una búsqueda existencial en la que la escritura resulta fundamental para enlazar la trama sobre el deseo, la libertad y la valentía.

Con dramaturgia de Pamela Neme Scheij y dirección de Camila Palacios, Tercer Tiempo Diario de una separación, etc., es una invitación a repensar no sólo los vínculos de pareja, sino también la maternidad, el disfrute y cuidado del cuerpo, la amistad y la exigencia de productividad en el mundo actual.

La poética teatral despliega en forma pulida escenas y metáforas que muestran el vaivén entre los mandatos y el deseo de las mujeres que eligen ser madres en un proyecto familiar no convencional. Los problemas de la vivienda, el trabajo y el tiempo aparecen luminosamente representados como un territorio a conquistar, así como el cuerpo es un espacio de goce y de placer sensual, que nos habla y da ventaja frente a la demanda y por esto hay que cuidar. En este sentido, se retoma el estilo de manifiesto de algunos pasajes del libro original.

Las escenas permiten transitar espacios y estados anímicos contradictorios, como puede ser la parodia de la actividad doméstica asociada al erotismo, y así el despojo, como permite el humor, de aquello que no sirve más, que llevamos a cuestas casi orgánicamente.

Interpretada por las actrices Yanina Manocero, Ángeles VillanuevaXimena Viscarret, el personaje se desdobla en tres versiones, por momentos en espejo, en confrontación o amparándose, así como cambiando en roles a gran velocidad. Cantando juntas, dividiéndose o siendo una, vislumbramos una problemática que excede lo individual para hablarnos profundamente de una transformación de los modos de existencia y que continúa encontrando en la representación del coro griego un salvoconducto fundamental. Entre juegos físicos, bailes y diálogos se va conformando un arco amplio sobre los conflictos de la subjetividad atravesados por la desigualdad de género, y a su vez, por las estrategias que el arte, la escritura y el producir con otros puede proveer. 

Organizada en Un Acto de XI Escenas y un Epílogo, Tercer Tiempo, Diario de una separación, etc., viaje interior, manifiesto, lucha de boxeo, consultorio terapéutico o clase de yoga, entre otras representaciones, encuentra en el lenguaje teatral los recursos indispensables para sensibilizarnos e invitarnos a ser refugio, ante la desdicha y la infelicidad.

La obra se presenta, en esta primer instancia, los domingos 6 y 13 de septiembre a l9h en El Baldío Teatro, Av Boulevard Finca 6577. Ciudad Jardín.

Entradas disponibles en: 

https://www.alternativateatral.com/obra102134-tercer-tiempo-diario-de-una-separacion-etc

IG: https://www.instagram.com/tercertiempo.obra/

FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA

Dramaturgia: Pamela Neme Scheij

Actúan: Yanina Manocero, Ángeles Villanueva, Ximena Viscarret

Vestuario: Yanina Viegas Mendoça

Escenografía: Carla Crisantemo

Diseño De Iluminación: Daiana Ierace

Fotografía: Celeste D' Estefano

Asesoramiento de maquillaje: María Eugenia Ledesma

Asistencia de dirección: Martina Dzioba

Producción: Compañía Fuerza Creativa

Coreografía: Ángeles Villanueva

Dirección: Camila Palacios 

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    Bergoglio

El dinero de la política, de eso no se habla

02 Septiembre 2026

Este es uno de esos temas que no se debe hablar, salvo para señalar a los de enfrente. Yo estoy acostumbrado ya, a recibir puteadas y perder amigos por tocar temas que incomodan algunos o a muchos. Pero creo que,  los objetivos que perseguimos, de construir una sociedad más humana, más justa, merece que algunos nos metamos a lo bonzo en  debates que son necesarios dar.
 
Hoy nuestra Patria y nuestro Pueblo está asediado por las fuerzas más poderosas que se puedan recordar en los doscientos años de historia.  El desembarco  y ocupación silenciosa de los algoritmos del mal, representa una fuerza invasora muy superior a las invasiones inglesas,  y a las imposiciones  de nuestras peores dictaduras. Porque a diferencia de aquellas épocas, hoy el enemigo no tiene rostro ni bandera, el enemigo ha logrado inocular el virus de la dependencia y sumisión en la mente de nuestros compatriotas como nunca antes. Y vamos camino a consolidar un modelo de sociedad excluyente donde solo un 15 o 20% de la población viva dignamente y el resto como pueda. 
 
A esta ofensiva arrolladora del enemigo,  se le suma las debilidades y el desconcierto de las fuerzas propias. Debilidades en materia dirigencial y desconcierto respecto a proyectos de mediano y largo plazo.
 
En esta nota me voy a referir solamente al primer punto, los flancos débiles de  parte de nuestra dirigencia que nos quitan credibilidad ante la sociedad. Debilidades de la dirigencia política que obviamente incluye a todos los partidos.
 
Voy a  escribir sobre lo que genéricamente se denomina “la casta” , termino que acuño el progresismo de izquierda  español, y que luego fue reciclado por la ultraderecha para cuestionar al estado y a la política. Y, comienzo por asumirme como parte de esa casta,  y de hacerme cargo de las responsabilidades por acción u omisión, respecto todo lo que voy a señalar.
 
Desde 1983 participé activamente en todas las campañas internas y generales en mi provincia Neuquén.  En mi provincia, el PJ siempre fue oposición, por lo tanto nunca accedimos a posiciones de poder dentro del Estado. Eso daría para considerarnos casta de segunda categoría, pero casta al fin. Por lo tanto, voy  hablar de estos temas,  desde el mismo barro al cual no soy ajeno.
 
No me interesa repartir culpas ni encontrar justificaciones. Me interesa si, transmitir experiencia a las nuevas generaciones . No me canso de repetir esa frase de Peron “hay que leer historia para aprender del error ajeno, el error propio llega tarde y cuesta caro”.
 
Los costos que los padres de la democracia no previeron
 
Voy a arrancar con una anécdota que es una pintura descarnada de lo que intentaré explicar.
 
Varios años atrás, un pre-candidato a presidente al que veníamos acompañando, nos convocó de urgencia a una reunión en Buenos Aires. Allí viajamos de diferentes provincias para enterarnos de lo que pasaba. El hombre se paró delante de todos y nos disparó con honestidad brutal: “Miren muchachos, para seguir adelante con mi candidatura a presidente, me hacen falta 15 millones de dólares...yo no los tengo… si alguno aquí los tiene o sabe de donde sacarlos, seguimos...sino, me tengo que bajar” . Todos nos miramos entre viejos fulleros y pensamos ¿ y si este huevón no tenia la guita, para que carajo nos embaló a todos? . Obviamente se bajó.
 
El lector desprevenido se preguntará, ¿quince millones de dólares para una campaña? Pues sí. Sin que nadie se robe nada, ni se lleve un peso para su casa, una campaña electoral a presidente podía salir eso y bastante más. Aclaro que estos números son antes de la ley de las PASO, pero que en provincias donde no existe PASO las campañas de intendentes y gobernador se siguen manejando escalas de valores muy altos.
 
Veamos algunos números de campaña: un spot de 30 segundos en TV abierta horario central puede salir hoy de 100 a 150 mil u$s, una campaña pautaba 10 por día durante 20 días eso eran 20 millones de dólares; la pauta en radio 5 mil u$s por 30 segundos en tres radios 20 días, son 3 millones; la impresión de boletas tiene un costo de 2,5 millones ; las encuestas presenciales nacionales de 50 a 100 mil dólares; la cartelería urbana otros 3 millones; montar escenario audio y luces para un acto entre 500 y 1 millón, transporte de 30 mil personas 500 mil. Y dejo por aquí las cuentas, porque veo que nuestro candidato con 15 millones ya arrancaba perdiendo.
 
Los padres de la democracia moderna imaginaron un sistema de partidos, representación popular, elecciones, división de poderes, pero no tuvieron en cuenta los costos de ese sistema. Y esto no es privativo de Argentina, en los EEUU, en las democracias europeas, en todos lados cada tanto se destapan escándalos de corrupción en el financiamiento de las campañas.
 
¿Entonces la política es solo para los ricos?
 
El discurso predominante dirá: “si queres ser candidato hacela con la tuya”. Pensemos ¿qué individuo normal, tiene semejantes sumas de dinero para gastarlos en una campaña electoral?
 
Bueno, están los Trump de la política que tienen para gastar muchos millones, y si pierden mala suerte, y si ganan los recuperan rápido. Pero, salvo que un millonario tenga vocación de santo, difícilmente vaya a gobernar beneficiando a los que no son de su clase.
 
Y digamos al revés, conseguimos un candidato muy capaz, un estadista con profunda sensibilidad popular que tiene un programa para gobernar para las grandes mayorías. ¿Puede llegar poniendo su sueldo y el de sus amigos, o haciendo rifas y empanadas para pagar la campaña? Está claro que no.
 
El dinero de las campañas
 
Digamos que las fuentes básicas de ingresos son cuatro: los recursos del estado, los fondos reservados, los aportes empresarios y los aportes extra-nacionales de fundaciones o gobiernos.
 
Los recursos del estado en especial los destinados a publicidad y los de ayuda directa, son los más utilizados y digamos los “más lícitos”. La otra caja importante son los fondos reservados de los organismos de inteligencia. Claro que estos recursos los pueden usar quienes están en el gobierno y excluyen a la oposición. Lo único positivo (por poner un adjetivo piadoso) es que no generan compromisos con aportantes privados.
 
En esa línea de recursos menos explícitos están los de las fundaciones y/o directamente gobiernos extranjeros. En los 80/90 estuvieron muy activas dos fundaciones europeas la socialdemócrata y la demócrata cristiana. Ahora, aparece la trama de las ONG con “fines nobles”, entre cuyos principales mecenas están magnates como Soros, pero que financian  campañas sobre temas muy específicos. Lo de gobiernos extranjeros no es tan común, pero históricamente gobiernos de izquierda y derecha han realizado aportes a sus partidos afines.
 
Ahora, sin ninguna duda la base mayor del financiamiento político en nuestro país, son las empresas vinculadas a la obra pública y los servicios públicos. O sea aquellos sectores donde las decisiones de funcionarios del estado los tocan en favor y en contra de forma directa.
 
Algunos de estos grupos empresarios tienen como política, no solo realizar aportes, sino también contratar y mantener en sus nóminas, personas de distintas corrientes políticas, que en algún momento pueden llegar a ser candidatos o funcionarios.
 
Se puede bajar el costo de las campañas
 
Uno de los pasos más importantes en nuestro sistema democrático se dio en 2009, en la presidencia de Cristina Fernandez con la sanción de la Ley 26.571 que modificó el sistema electoral estableciendo las PASO y el sistema de financiamiento electoral.
 
Las PASO, tan denostada con el argumento de los costos para el erario público, es una de la mejores herramientas para transparentar la lucha política y bajar drásticamente el costo de las campañas, y por ende, de la necesidad de recurrir a financiamientos de dudoso y/o oscuro origen.
 
En primer lugar la PASO elimina los costos de las elecciones internas de los partidos, y además al ser obligatorias el mismo día,  disminuye la posibilidad que los oficialismos se metan en las internas opositoras favoreciendo a determinados candidatos. Además da la posibilidad que cualquier ciudadano o agrupación política que cumpla determinados requisitos pueda presentar candidatos sin tener que destinar ingentes recursos económicos.
 
Hay que decirlo también. Como el estado provee recursos - por ejemplo para impresión de boletas- algunos vivos entraron en el negocio de alquilar sellos partidarios con el solo fin de recibir recursos importantes del estado para su bolsillo. Una debilidad del sistema que entiendo hay medidas para subsanarlo.
 
En cuanto al financiamiento, entre las medidas más importantes de la ley está el límite de 35 días  de campaña previos al comicio. Antes las campañas publicitarias arrancaban tres o cuatro meses antes con el enorme costo que eso significaba para todos los partidos. Ahora está penado hacer cualquier tipo de publicidad antes de los 35 días y  se cumple.
 
El Artículo 43 de la ley establece que los espacios de publicidad electoral en radio y televisión serán distribuidos exclusivamente por la Dirección Nacional Electoral entre las agrupaciones que hayan oficializado candidaturas. Los partidos y candidatos no podrán contratar publicidad por cuenta propia, y las emisoras solo podrán difundir los espacios autorizados por el Ministerio del Interior.
Es decir la publicidad de radio y TV es gratuita para todos (de acuerdo a ciertas pautas de distribución)  y no se puede contratar publicidad extra.

Esta norma atacó justamente lo que vimos más arriba, el mayor costo de las campañas electorales, porque otorga publicidad gratuita a todos los candidatos.

En teoría entre los aportes dinerarios que provee el estado y la gratuidad de publicidad en radio y TV cualquier partido político puede presentarse a elecciones sin necesidad de recurrir a financiamientos de otra naturaleza.

Obviamente quedan gastos por fuera de los contemplados en la ley,  que se van a realizar en campaña. Pero, digamos que con esta ley nuestro candidato de los 15 millones capaz con dos o tres competía para presidente.

Ahora bien, esto que es tan claro y barato, para una elección de candidatos nacionales, no rige para gran parte de las provincias y municipios, donde ser candidato a intendente o concejal es mucho más oneroso que ser candidato a presidente.

Pero, como vemos se puede y se debe seguir bajando el costo de las campañas electorales porque en definitiva ni los aportantes, ni los  candidatos, están cómodos con mover semejantes sumas de dinero opaco en elecciones cada dos años. 

De las hipocresías sociales
 
En los años 90 comenzó a instalarse la ola anti-política o anti-políticos. En nuestro país fue pionero un joven conductor televisivo que encarnaba el espíritu progresista y transgresor. La política se fue convirtiendo en mala palabra. Claro que había - y cada vez hay más - políticos que daban pie para ser cuestionados, pero el mal concepto rápidamente se extendió al conjunto.
 
Ese ataque y degradación de la política en general no era inocente. Los grandes centros de poder económico comenzaron a instalar la idea de que los gobiernos deben quedar en manos  de los CEOS puestos por los bancos y empresas, que saben de economía y además no roban porque ya tienen plata.
 
Individuos que jamás gastaron una hora de su tiempo en participar de una vecinal o cooperadora escolar, adoptaron el discurso ultra agresivo para aquellos vecinos suyos, que se proponían algún tipo de compromiso con la actividad social y política.
 
Desde esos años se instaló la idea de que quien llega a ocupar un cargo público debe aceptar, ante todo, “tirar su honra a los perros” y quedar sometido a un escrutinio permanente. A ello se sumó una fuerte hipocresía social: se exige que el político encarne virtudes casi santas que nadie practica, que gane como un jubilado de la mínima y que viva en la mayor pobreza posible.

Los medios masivos de comunicación tuvieron —y  tienen— una gran responsabilidad en estas campañas. Los mismos que cobraban por adelantado y en efectivo, miles de dólares a los candidatos para difundir su publicidad, eran luego los primeros en cuestionar el origen de esos fondos, cuando estos dejaban de fluir.

Ese discurso anti política permitió la aparición de  los outsiders que se presentaban “de afuera de la política” y “no contaminados”. Y, salvo en alguna intendencia de pueblo chico que podía dar resultados;  en la mayoría de los casos, los “no contaminados” venían contaminados de antes o se transformaban en casta rápidamente.
 
Cada tanto en los grupos de wasap militantes, aparecen esas peticiones de firmas para exigir que los diputados y senadores ganen el sueldo de un docente o jubilado. Se olvidan que con ese discurso, llego al poder, un personaje que sorteaba su dieta de diputado todos los meses.
 
Con esto quiero decir claramente, terminemos con la boludez y la hipocresía. Un presidente, ministro, legislador, juez, debe ganar un sueldo digno y acorde a la responsabilidad que asume, aunque ese sueldo esté muy por encima del que reciben el común de los ciudadanos.
 
No todos podemos ser el Pepe Mujica
 
En el Encuentro Mundial de Movimientos Populares el 5 de noviembre de 2016 nuestro Papa Francisco dijo:  “A cualquier persona que tenga demasiado apego por las cosas materiales o por el espejo, a quien le gusta el dinero, los banquetes exuberantes, las mansiones suntuosas, los trajes refinados, los autos de lujo, le aconsejaría que se fije qué está pasando en su corazón (…) Pero, parafraseando al ex Presidente latinoamericano que está por acá, el que tenga afición por todas esas cosas, por favor, no se meta en política, (…) porque va a hacer mucho daño a sí mismo, al prójimo y va a manchar la noble causa que enarbola. ”

Francisco hacía referencia al Pepe Mujica allí presente, quien en su chacrita de Montevideo llevaba la vida de un monje.  Claro que Mujica,  en su militancia anterior, y los doce años encerrado en un pozo, había templado su espíritu con un alto nivel de estoicismo.
 
El desbarranque de algunos dirigentes, se produce, cuando con la excusa de recaudar para las campañas, empiezan a juntar dinero para ellos, y encima hacen exhibición impúdica de sus altos niveles de ingresos non santos.
 
Hay un viejo dicho que la mujer del Cesar no solo debe serlo sino también parecerlo. Claro que vivir como el Pepe Mujica no es para todos. Tampoco es necesario. Pero el lujo, la ostentación de riqueza (aun la que es bien ganada) en dirigentes políticos es absolutamente contraproducente. Creo que no es necesario explicarlo tanto. Y, el enemigo y/o adversario aprendió muy bien a manejar estas herramientas y a sacarlas a la luz en el momento justo. Me van a decir, que hagas lo que hagas igual te van a cuestionar y tratar de ensuciar. Y si, es cierto, pero cuantos menos flancos débiles le demos, más les va a costar.  
 
Vuelvo a citar al Papa Francisco: “Así como la política no es un asunto de los «políticos», la corrupción no es un vicio exclusivo de la política. Hay corrupción en la política, hay corrupción en las empresas, hay corrupción en los medios de comunicación, hay corrupción en las iglesias y también hay corrupción en las organizaciones sociales y los movimientos populares. (…)  Es justo decir que muchas veces se manipulan los casos de corrupción con malas intenciones.”
 
“Pero también es justo aclarar que quienes han optado por una vida de servicio tienen una obligación adicional que se suma a la honestidad con la que cualquier persona debe actuar en la vida. La vara es más alta: hay que vivir la vocación de servir con un fuerte sentido de la austeridad y la humildad.” (…)
 
“ Y practicar la austeridad es, además, predicar con el ejemplo. Les pido que no subestimen el valor del ejemplo porque tiene más fuerza que mil palabras, que mil volantes, que mil likes, que mil retweets, que mil videos de youtube. El ejemplo de una vida austera al servicio del prójimo es la mejor forma de promover el bien común. Les pido a los dirigentes que no se cansen de practicar esa austeridad moral, personal, y les pido a todos que exijan a los dirigentes esa austeridad.”
 
Yo no tengo una décima de la autoridad moral del Papa Francisco y por eso lo cito. Pero quien escribe, como muchísima gente que no lo dice en público, estamos agotados y enojados, de poner la cara en la calle o las redes,  para empujar un proyecto que encarna un candidato, y a la vuelta de la esquina, recibir el cachetazo porque el tipo o uno de su entorno se mando la cagada.
 
Hay una vieja historia de la Resistencia Peronista que me contó Pancho Gaitán. En el 58-59 también hacía falta plata para la lucha de la Resistencia, entonces algunos muchachos iban a conseguirla como sea. Pero había un código, si alguno caía en cana, no decía que era para la Resistencia, si no que se asumían como chorros comunes. No había que manchar la Causa. Y varios quedaron con prontuario de delincuentes cuando en realidad eran militantes políticos.
 
Muchachos y muchachas, la gente no nos banca más. Tratemos, intentemos hacer un enorme esfuerzo para demostrar un poco de humildad y de austeridad, prediquemos con el ejemplo. Y pactemos, que el que se mande la cagada y ponga en riesgo al conjunto, se hace cargo el solito, del pecado y la penitencia.

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    Calendario

La bala que siguió viajando

02 Septiembre 2026

«Vivo en tiempos sombríos.»
— Bertolt Brecht
 

Hace cuatro años, la noche del 1 de septiembre, un gatillo se apretó a treinta centímetros de la cara de Cristina y no pasó nada. O eso creímos. El arma falló, la bala no salió, y el país entero se quedó escuchando ese silencio raro, ese milagro mecánico. Nos dijimos que habíamos zafado. Tardamos en darnos cuenta de que la bala sí salió, solo que salió después, y despacio, y no desde un caño sino desde otro lado: desde el lenguaje, desde la mesa familiar, desde el grupo de WhatsApp, desde eso que empezamos a llamar, con una liviandad que da miedo, «sentido común».

Porque el odio no se construye en un acto. Se construye en una conversación. No llega con un grito sino con una frase que un día alguien dice al pasar y nadie corrige, y a la semana la repite otro, y al mes ya es lo que se piensa. Así se corrieron los márgenes. Lo que hace cuatro años era el límite de lo decible hoy es el piso. Se movió despacio el umbral de lo tolerable, tan despacio que casi no lo vimos, hasta que un día lo que antes nos hubiera parado en seco pasó a ser martes.

Y mientras discutíamos el odio —porque el odio es ruidoso, el odio pide escenario— por atrás pasaba lo otro, lo silencioso: la entrega. El odio como la mano que hace ruido para que no mires la otra mano. La bronca de todos los días fue el disfraz perfecto de un país que se iba entregando de a pedazos: los recursos, las decisiones, el futuro. La indignación como cortina.

Pero lo más fino de este modelo no es que te hagan creer la mentira. Ese sería un negocio pobre. Lo advirtió Hannah Arendt hace medio siglo, pensando en cómo se destruye una sociedad desde adentro: el resultado de que te mientan todo el tiempo no es que creas en la mentira, es que ya no creés en nada. Y un pueblo que no puede distinguir lo verdadero de lo falso es un pueblo que no puede decidir, que no puede actuar, que no puede pensar. Con un pueblo así —escribió— se puede hacer lo que se quiera. Ese es el punto. No que creas algo, sino que no sepas en qué creer. Porque al que no sabe en qué creer se le puede vender cualquier cosa. Incluso su propio país.

Contra eso no se gana gritando más fuerte. No hay forma de gritarle más fuerte a la confusión: la confusión siempre tiene más pulmón. Lo que hay que hacer es más difícil y más lento, y se parece bastante a volver a poner piso bajo los pies de la gente. Reconstruir las reglas de la democracia, pero no como abstracción de manual, sino como lo único que la vuelve verdadera: el ejercicio cotidiano de los derechos. La democracia no es solo ir a votar cada dos años. Es si un pibe llega o no al médico, si el laburo alcanza o no alcanza, si mañana es una palabra que todavía significa algo.

Porque hubo un momento en que el horizonte de un país entero se achicó hasta caber adentro de una sola frase: llegar a fin de mes. Toda la imaginación popular, todo el futuro, comprimido en esos cuatro días finales del mes. Y una democracia se mide, al final, por el tamaño de los sueños de sus pibes. Por eso la tarea no es solo denunciar la mentira. Es devolverles a los pibes un sueño más grande que el fin de mes.

Esa es la agenda. Desarmar, de una vez, la bala que todavía viaja. No con otra bala. Reconstruyendo el país al que estaba apuntada.

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    Malvinas

Se estrena la obra "Vimos rendirse a los ingleses"

01 Septiembre 2026

Los sábados 12/9 y 19/9 a las 21hs se presentará en SARANDIARTE la obra "Vimos rendirse a los ingleses" con la dirección y dramaturgia de David Bogado. Las entradas se pueden conseguir en la boletería del teatro o por la plataforma Alternativa Teatral.

Sinopsis

Una revista encontrada al azar en una librería porteña se convierte en detonante de una investigación escénica sobre la memoria, la verdad y la construcción de los relatos nacionales. En su tapa, una frase en letras mayúsculas resuena como eco del pasado: “Vimos rendirse a los ingleses”. Desde ese hallazgo, un autor se sienta frente a su escritorio y comienza a escribir, intentando desentrañar qué hay detrás de esa imagen triunfalista que marcó el inicio de la Guerra de Malvinas.

A medida que avanza su escritura, las voces de un fotógrafo, un combatiente y un general irrumpen en escena. Sus relatos se entrelazan, se contradicen y se contaminan entre sí, revelando las fisuras entre la épica oficial y la experiencia humana del conflicto. La obra transita entre el documento y la ficción, entre la reconstrucción histórica y la puesta en crisis del propio acto de narrar.

Vimos rendirse a los ingleses propone un diálogo entre pasado y presente, entre el relato mediático y la voz de los que vivieron la guerra. En ese cruce de tiempos y miradas, la obra busca devolver humanidad a los cuerpos que la historia convirtió en símbolos o en silencio.
Expone las tensiones entre verdad y propaganda, héroes y víctimas, memoria y olvido. Una obra que interroga el relato oficial y pregunta, con dolor y lucidez: ¿quién cuenta la historia y a qué precio se construye la patria?

FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA

Dramaturgia: David Bogado
Intérpretes: Gonzalo Almada, Diego Feijoo, Germán Gómez, Ezequiel Guerrini
Mapping: Daniela Morán
Diseño de vestuario: Creación Colectiva
Diseño de espacio: David Bogado
Diseño sonoro: David Bogado
Diseño De Iluminación: Machi, David Bogado, Daniela Morán
Fotografía: Daniela Morán
Diseño gráfico: Daniela Morán
Producción: Sarandiarte
Puesta en escena: David Bogado
Dirección: David Bogado 

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    Agustín Navarrete
    Agustín Navarrete
JUVENTUDES

Agustín Navarrete: “Hay que salir de las redes sociales y volver a hablar cara a cara con tus vecinos”

01 Septiembre 2026

El militante Agustín Navarrete analizó el lanzamiento del Movimiento Derecho al Futuro Juventudes, con más de 3000 jóvenes como participantes y Axel Kicillof arriba del escenario. 

Navarrete dialogó el sábado 29 de agosto con "Más o menos bien" (Radio Con Vos, sábados de 18 a 20hs). A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“Teníamos organizadas diez comisiones y se terminaron haciendo quince. Eran con un documento único, tocando diferentes temas, entre ellos, la salud mental, el trabajo. Las cuestiones más transversales en las cuales los jóvenes se encuentran en una encrucijada”.

“El discurso va cambiando y hay que meter una esperanza, y esa sí hay que militarla. Es cuestión de dialogar, salir un poquito del teléfono y de las redes sociales, y sentarse a hablar de lo que le pasa a tu vecino. Hay que volver a rearmar ese tejido social en la barriada, que son las instituciones, que en algunos lados funcionan bárbaro, en otros no tanto, pero que sostienen en estos momentos de crisis”.

“Es un momento crucial para nosotros, para los pibes y las pibas, pero para la sociedad en general, para sentarse a hablar, no a pelear ni a discutir, sino a reflexionar y llamar a la reflexión”.

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