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    RIGI JUJUY

Comunidades Mbya Guaraní rechazaron proyectos que puedan afectar sus territorios

18 Septiembre 2026

Durante cuatro jornadas, las comunidades Mbya Guaraní debatieron sobre territorio, derechos indígenas, educación intercultural, acceso al agua y otras problemáticas comunitarias. La Asamblea General se realizó del 14 al 17 de septiembre en la Comunidad Tekoa Arandu, Pozo Azul, Misiones. Participaron mburuvicha, mujeres, jóvenes y autoridades de distintas comunidades Mbya Guaraní.

Entre los temas tratados estuvieron la regularización de los títulos de propiedad comunitaria, el cumplimiento de los derechos de los pueblos originarios y el fortalecimiento de la educación intercultural.

La Asamblea expresó su rechazo a los bonos de carbono por considerar que pueden afectar la integridad territorial y los derechos de los pueblos indígenas. También cuestionó las grandes inversiones vinculadas al Súper RIGI que puedan impactar sobre sus territorios, recursos naturales, cultura y formas de vida.

Las comunidades establecieron que no aceptarán programas, proyectos ni intervenciones que involucren sus territorios o derechos sin una consulta previa, libre, informada y de buena fe, conforme a los derechos reconocidos a los pueblos indígenas.

El acta manifiesta además preocupación por situaciones de desalojo, ocupación y afectación de territorios Mbya Guaraní relacionadas con empresas madereras y otras actividades. Ante estos hechos, las autoridades solicitaron la intervención del Gobierno y de los organismos competentes para investigar las situaciones denunciadas y garantizar los derechos de las comunidades.

En materia educativa, la Asamblea solicitó ampliar las horas de los auxiliares docentes indígenas —actualmente de ocho y diez horas— hasta alcanzar las 21 horas. El objetivo es fortalecer sus funciones y la enseñanza de la lengua y la cultura Mbya Guaraní.

La Asamblea concluyó el 17 de septiembre con la elaboración del acta que reúne las posiciones y demandas expresadas durante el encuentro.

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A 71 años del golpe contra Perón que abrió 18 años de proscripción

18 Septiembre 2026

El 16 de septiembre de 1955 un sector de las Fuerzas Armadas se sublevó contra el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón. La Marina amenazó con bombardear las destilerías de La Plata y Dock Sud y atacar nuevamente a la población civil. En Córdoba, tropas rebeldes, comandos civiles armados y fuerzas leales combatían en las calles. Perón tenía fuerzas suficientes para continuar la lucha, pero decidió detenerla para evitar una guerra civil. Tres meses antes, el país había conocido hasta dónde podían llegar los golpistas: el 16 de junio aviones navales habían arrojado catorce toneladas de bombas sobre Buenos Aires y asesinado a más de trescientas personas.

La autodenominada Revolución Libertadora no fue un hecho inesperado. Fue el resultado de una conspiración política, eclesiástica, civil y militar que se preparó durante meses y tuvo antecedentes de violencia desde 1953. Derrocó a un presidente elegido en 1951 con el 63,5 por ciento de los votos, disolvió el Congreso, intervino las provincias y los sindicatos, prohibió el peronismo y persiguió a sus militantes. Con el golpe comenzó una proscripción que duraría dieciocho años y condicionaría la vida política argentina durante décadas.

Una alianza que terminó en enfrentamiento

La Iglesia católica en 1946  había acompañado el ascenso de Perón al poder. Existía un amplio campo de coincidencias. El peronismo se inspiraba en la Doctrina Social de la Iglesia y proponía una tercera posición frente al individualismo capitalista y el colectivismo comunista. En diciembre de 1945, una carta pastoral del Episcopado desaconsejó votar a los partidos que sostenían la separación entre la Iglesia y el Estado, una definición que favoreció a Perón frente a la Unión Democrática.

El gobierno cumplió además una antigua aspiración eclesiástica. En 1947, la ley 12.978 estableció la enseñanza católica en las escuelas públicas, con instrucción moral para los alumnos cuyos padres profesaran otra religión. Evita apoyó públicamente la medida y mantuvo una relación cercana con el sacerdote jesuita Hernán Benítez, que la acompañó hasta su muerte.

Sin embargo, desde 1952 la relación comenzó a resquebrajarse. Hubo causas políticas, sociales y religiosas. Sectores conservadores de la Iglesia miraban con rechazo la movilidad social que había producido el peronismo. La revista católica Criterio llegó a describir a las masas peronistas como “gentuza” y “hato animal”, y sostuvo que la dignificación popular no dependía de tener lavarropas, cocina a gas o acceso al cine. El recelo también creció frente a la devoción popular por Evita, la expansión de la Unión de Estudiantes Secundarios y la disputa por la organización de trabajadores y jóvenes. En 1954 la Iglesia respaldó la formación del Partido Demócrata Cristiano, que Perón interpretó como un instrumento político opositor.

El gobierno respondió con dureza. En noviembre de 1954 Perón acusó públicamente a sacerdotes y organizaciones católicas de conspirar. Luego se suprimió la enseñanza religiosa, se eliminaron subsidios a instituciones confesionales, se redujeron feriados religiosos y se clausuró el diario católico El Pueblo. A ello se sumaron las leyes de divorcio vincular y de profilaxis social. El conflicto, que podía haberse contenido, se convirtió en una confrontación abierta.

Esa nueva situación permitió reunir bajo una misma bandera a sectores que tenían poco en común: conservadores, radicales, socialistas, comunistas, nacionalistas y grupos católicos. 

Félix Lafiandra hijo, protagonista y recopilador de los panfletos opositores, reconocería después que los católicos comprendieron que la campaña religiosa podía generar un descontento amplio y resolvieron emprender “una lucha a muerte contra la tiranía”. Según su propia descripción, consiguieron que la oposición pasara de una actitud estática a una “oposición dinámica” y crearon el clima que condujo al derrocamiento.

Los comandos civiles y la preparación de la violencia

La violencia antiperonista no comenzó en 1955. El 15 de abril de 1953 estallaron dos bombas durante una concentración sindical en Plaza de Mayo. Murieron seis personas y noventa resultaron heridas, algunas mutiladas. Los artefactos habían sido colocados por un grupo de jóvenes opositores vinculados al ambiente universitario. Meses después, otro núcleo preparó la llamada Operación Bebé: un atentado para matar a Perón mediante un vehículo cargado con explosivos.

En ese ambiente nacieron los comandos civiles. Fueron organizaciones clandestinas con estructura celular, responsables de grupo, nombres falsos, sistemas de citas e imprentas ocultas. Sus integrantes recibían instrucción en armas, explosivos, sabotaje y corte de comunicaciones. Provenían principalmente de familias de clase media y alta, colegios católicos y universidades. Los apadrinaban oficiales antiperonistas que les suministraban armas y entrenamiento, mientras sectores del poder económico colaboraban con su financiamiento.

Se veían a sí mismos como los maquis de la resistencia francesa contra el nazismo. La comparación no era casual. Desde 1945 buena parte de los estudiantes, intelectuales y profesionales había interpretado al peronismo como una prolongación local del fascismo europeo. En nombre de una imaginaria liberación de París en Buenos Aires, aceptaron combatir a un gobierno constitucional y eligieron como aliados a los sectores que querían restaurar el país anterior a 1943.

El conflicto con la Iglesia multiplicó su capacidad de movilización. Los grupos católicos organizaron redes para imprimir y distribuir miles de volantes, custodiar templos, intervenir en manifestaciones y enviar propaganda a los militares. Uno de sus organizadores fue el hermano marista Septimio Walsh,  recordado por sus camaradas  como “el rey del mimeógrafo clandestino”.

Los panfletos comenzaron como una prensa opositora frente al control gubernamental de los medios. Es necesario decirlo: la política de acallar voces críticas no fue inteligente. Años después Perón resumiría aquella paradoja: “Con toda la prensa en contra ganamos, y con toda la prensa a favor nos derrocaron”. Pero esos escritos pronto dejaron de ser simples instrumentos de denuncia y se convirtieron en manuales de acción violenta.

En marzo de 1955 ya llamaban a reunir armas, formar grupos por manzana y preparar fuego cruzado. Un texto ordenaba: “Defender casa por casa, calle por calle, templo por templo. Tirar sin asco a matar”. El periódico clandestino Verdad enseñaba incluso a fabricar bombas molotov. Otros volantes estaban dirigidos especialmente a oficiales y soldados para convencerlos de rebelarse. 

El 16 de junio y las bombas sobre Buenos Aires

El mediodía del 16 de junio de 1955, Radio Mitre fue ocupada por comandos civiles y difundió una proclama escrita de antemano: “El tirano ha muerto. Nuestra patria desde hoy es libre. Dios sea loado”. Perón no había muerto. Quienes morían eran empleados, estudiantes, pasajeros de colectivos y transeúntes sorprendidos por las bombas en pleno 
centro de Buenos Aires.

El ataque comenzó a las 12.40. Veintiocho aviones de la Aviación Naval descargaron alrededor de catorce toneladas de explosivos sobre la Casa Rosada, Plaza de Mayo y distintos puntos de la ciudad. Una bomba cayó sobre un trolebús y mató a decenas de pasajeros. También fueron atacados el Departamento de Policía, la CGT y la residencia presidencial, ubicada donde hoy se levanta la Biblioteca Nacional. Los pilotos ametrallaron desde el aire a civiles que circulaban por las calles o se acercaban al centro.

El objetivo declarado era matar a Perón y a todo su gabinete. Pero para asesinar al Presidente no era necesario bombardear una ciudad abierta. La verdadera intención era producir un hecho espectacular que destruyera la voluntad de resistencia de millones de trabajadores. Los comandos civiles pintaban una V con una cruz y la consigna "Cristo Vence”. La utilización de ese símbolo mostraba cuánto se había mezclado la disputa religiosa con la conspiración militar.

El Archivo Nacional de la Memoria identificó 308 muertos y advirtió que debía agregarse un número incierto de cuerpos imposibles de reconocer por las mutilaciones y la carbonización. Hubo además centenares de heridos. Entre los participantes del levantamiento aparecen nombres que reaparecerían en otros golpes y en la dictadura iniciada en 1976: Emilio Massera, Guillermo Suárez Mason, Osvaldo Cacciatore y Oscar Montes, entre muchos otros.

Esa noche fueron incendiados la Curia y varios templos del centro porteño. Nada justifica la profanación y quema de iglesias. También es necesario recordar que Perón había pedido por radio que los trabajadores volvieran a sus casas y no respondieran a la provocación. Sin embargo, el relato posterior consiguió invertir el orden de los acontecimientos. Durante décadas se habló mucho más de “la quema de las iglesias” que del bombardeo que había dejado más de trescientas víctimas unas horas antes.

Los panfletos opositores llegaron a responsabilizar a Perón y a la CGT por la matanza. Sostuvieron que el gobierno debía haber evacuado la ciudad, aunque la Marina no había enviado ningún ultimátum ni advertido que bombardearía. La acusación ocultaba el dato esencial: quienes arrojaron bombas de cien kilos y dispararon contra civiles fueron aviadores argentinos. Después del fracaso huyeron a Uruguay, donde fueron recibidos y asistidos como héroes.

Perón habló esa misma tarde y pidió serenidad: “Para no ser nosotros criminales como ellos, les pido que estén tranquilos, que cada uno vaya a su casa. La lucha debe ser entre soldados y no quiero que muera un solo hombre más del pueblo”. Esa frase explica buena parte de su conducta durante los noventa días siguientes.

Entre la conciliación y la amenaza

El bombardeo afectó profundamente a Perón. El general Franklin Lucero recordó que al día siguiente el Presidente planteó por primera vez su intención de alejarse del poder. Durante los meses siguientes osciló entre el llamado al diálogo, la decepción ante las conspiraciones militares y los discursos duros destinados a contener a una base popular que reclamaba una respuesta más firme.

El 30 de junio renovó gran parte del gabinete y desplazó a funcionarios identificados con la confrontación. Luego anunció una tregua política y ofreció acceso a la radio a dirigentes opositores. Arturo Frondizi utilizó ese espacio para pronunciar un discurso severo contra el gobierno. Perón buscaba descomprimir el conflicto; los conspiradores interpretaron cada concesión como una señal de debilidad.

El 31 de agosto, ante una multitud reunida en Plaza de Mayo, abandonó el tono conciliador y pronunció su frase más desafortunada: “A una acción violenta le contestaremos con otra más violenta. Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de ellos”. La amenaza fue utilizada durante décadas como prueba de una supuesta decisión represiva. Sin embargo, la concentración terminó en calma y en los días posteriores no se registró ningún acto violento por parte de  militantes peronistas. 

La CGT ofreció trabajadores como reservistas del Ejército. No proponía crear una fuerza paralela, sino convocar a quienes habían cumplido el servicio militar y legalmente integraban la reserva. Lucero agradeció el ofrecimiento, pero el Poder Ejecutivo nunca lo hizo efectivo. A esa altura, el sostén principal del gobierno seguía siendo la clase trabajadora organizada y una parte del Ejército. La Marina, sectores de la Aeronáutica, oficiales del Ejército, la oposición política, grupos católicos y los comandos civiles ya estaban comprometidos con el golpe.

Córdoba y la guerra civil que no fue

La sublevación comenzó el 16 de septiembre. En Córdoba, el general Eduardo Lonardi encontró apoyo en grupos civiles armados. Entre 1.500 y 3.000 jóvenes participaron en acciones contra las fuerzas leales y la policía. Muchos habían sido formados en colegios y asociaciones católicas. El sacerdote Quinto Cargnelutti fue uno de sus referentes; testimonios de la época lo ubican distribuyendo armas en la iglesia del Pilar.

Los comandos ocuparon posiciones, actuaron como francotiradores y colaboraron con las unidades rebeldes. Llevaban brazaletes blancos y armas de todo tipo. Sus protagonistas se pensaban como una “juventud blanca” que salvaba a la sociedad de la decadencia. Detrás de esa imagen heroica también había un profundo desprecio social, era una guerra contra “los negros peronistas” y algunos se jactaron de “ver su sangre correr por las veredas de Córdoba.”

Las tropas leales comandadas por el general Iñíguez avanzaron sobre la ciudad. El 18 de septiembre habían tomado la estación ferroviaria y Alta Córdoba y se preparaban para atacar el centro de la ciudad . Disponían de fuerzas suficientes para derrotar la sublevación, pero el combate urbano podía convertir Córdoba en un río de sangre y causar la muerte de centenares de civiles mal armados, la mayoría de ellos estudiantes secundarios y universitarios. 

Al mismo tiempo, la Marina bombardeó Mar del Plata y amenazó atacar la destilería de La Plata, Dock Sud y sectores de Buenos Aires. Los jefes leales informaron a Perón que la situación militar aún era favorable. El Presidente recordó el horror de la Guerra Civil Española que costó un millón de muertos y sostuvo que no aceptaría la destrucción de ciudades y la muerte de miles de argentinos para defender su cargo. Aplicó su  doctrina: primero la Patria, después el Movimiento y por último los hombres.

Ordenó detener la lucha y regresar a los cuarteles. El 19 de septiembre le dijo a su ayudante, el mayor Máximo Cialceta: “Entre el tiempo y la sangre, prefiero el tiempo. Si hemos sido malos no volveremos, pero si hemos sido buenos vamos a volver”. No fue una rendición personal ante una derrota militar , sino la decisión de evitar una guerra civil cuyo desenlace nadie podía prever.

Sus enemigos lo acusaron de cobardía. Meses después, Perón le respondió a Pedro Eugenio Aramburu desde el exilio: “Para usted, hacer matar a los demás en defensa de la propia persona y de las propias ambiciones es una acción distinguida de valor. Para mí, el valor no consiste, ni consistirá nunca, en hacer matar a los otros”. (…) Si tiene dudas sobre mi valor personal, que no consiste como usted supone en hacer que se maten los demás, el País tiene muchas fronteras; lo esperaré en cualquiera de ellas para que me demuestre que usted es más valiente que yo. Lleve sus armas, porque el valor a que me refiero, sólo se demuestra frente a otro hombre y no utilizando las armas de la Patria para hacer asesinar a sus hermanos. Y sepa para siempre que el valor se demuestra personalmente y que, por ser una virtud, no puede delegarse. Hágalo, sólo así me podría probar que no es la gallina que siempre conocí.

La historia demostraría que los vencedores no tuvieron la misma consideración por la sangre ajena.

La libertad de los vencedores

El golpe se presentó como una cruzada destinada a restaurar la República. Sus primeras medidas mostraron otro propósito. El gobierno constitucional fue reemplazado por una dictadura; el Congreso y las legislaturas fueron disueltos; las provincias, universidades y sindicatos quedaron intervenidos. Miles de funcionarios y docentes fueron cesanteados. Se persiguió, encarceló y torturó a militantes y dirigentes sindicales.

El decreto 4161 de 1956 prohibió mencionar a Perón y Evita, exhibir sus imágenes, cantar la marcha peronista o utilizar los símbolos del movimiento.

El cadáver de Eva Perón fue secuestrado y ocultado. En junio de 1956, el levantamiento encabezado por el general Juan José Valle fue reprimido con fusilamientos militares y ejecuciones clandestinas de civiles. La mal llamada Libertadora inauguró así un sistema político que pretendía construir una democracia sin la fuerza electoral mayoritaria.

También modificó el rumbo económico. La Argentina ingresó al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, se devaluó la moneda, se deterioraron los salarios y se desmontaron instrumentos del Estado creados para orientar el comercio y la producción. La frase atribuida al contralmirante Arturo Rial frente a dirigentes municipales resume el espíritu social de muchos vencedores: “La Revolución Libertadora se hizo para que en este bendito país el hijo del barrendero muera barrendero”.

No todos los opositores de 1955 mantuvieron luego las mismas posiciones. Muchos jóvenes católicos, radicales, socialistas y universitarios que participaron en la agitación antiperonista terminaron acercándose al peronismo o enfrentando las dictaduras posteriores. Algunos sufrieron en sus propias familias el terrorismo de Estado. Ese recorrido obliga a evitar explicaciones fáciles: la historia está hecha por hombres y mujeres que cambian, revisan sus ideas y también padecen las consecuencias de los mecanismos que ayudaron a poner 
en marcha.

El golpe de 1955 no resolvió la grieta argentina. La agravó. Al proscribir al peronismo cerró la vía electoral para millones de ciudadanos y alimentó dieciocho años de resistencia, conspiraciones militares y creciente violencia política. Quienes dijeron venir a restaurar la democracia inauguraron una época en la que las Fuerzas Armadas se atribuyeron el derecho de decidir qué gobiernos y qué ciudadanos podían participar de ella.

Perón eligió el tiempo antes que la sangre. Dieciocho años después regresó al país y volvió a ser elegido presidente. Buscó entonces cerrar la vieja fractura y se reconcilió con adversarios como Arturo Frondizi, Oscar Alende, Vicente Solano Lima y Ricardo Balbín.

La lección de 1955 sigue siendo incómoda y necesaria: ninguna diferencia política justifica bombardear al propio pueblo, derrocar un gobierno elegido ni excluir de la vida pública a una mayoría. Cuando una parte de la sociedad pretende borrar a la otra, la libertad que proclama termina convertida en proscripción y violencia.

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    ORÍGENES MARIO FIRMENICH

Orígenes: la historiografía de Firmenich

18 Septiembre 2026

Con su libro Orígenes, publicado por la icónica Editorial Sudamericana, Mario Eduardo Firmenich, número uno de la organización Montoneros comienza a saldar una deuda que la historia le ha demandado durante mucho tiempo. Varias décadas han transcurrido desde aquellos años tumultuosos en Argentina sobre los que tanto se ha escrito.

Había publicado como libro la parte más política de su defensa en los juicios a los que fue sometido por la teoría de los dos demonios. Allí expuso la fundamentación histórica y constitucional de la legitimidad de la resistencia armada contra las formas de terrorismo de estado. Pero fue claramente insuficiente. 

Firmenich también había publicado otros trabajos relacionados con las crisis políticas o con sus estudios como economista. Presentó una propuesta política alternativa al modelo neoliberal en su libro Eutopía, de editorial Colihue, año 2004. En su libro, Teoría de los Sistemas Político-Económicos publicado en 2015 por editorial Educo, de la Universidad Nacional del Comahue, desarrolló la integración sistémica inseparable  entre el subsistema político y el subsistema económico. 

Pero su testimonio histórico en primera persona faltaba en las bibliotecas. Ha preferido, a lo largo de 640 páginas, hacerlo a la manera de un puntilloso desarrollo que va desde lo insurrección de Túpac Amaru en 1780 hasta 1967, cuando empezó a formarse la organización Montoneros en la dictadura militar de Onganía. En Orígenes, exalta el protagonismo que en cada etapa histórica le cupo a los patriotas defensores de lo nacional, federal, popular y revolucionario. Lo relaciona de manera permanente con los dos  gobiernos del primer peronismo, con la resistencia posterior a 1955, y con las características políticas, organizativas y morales de la organización Montoneros. 

En Orígenes, libro que denota también un profundo trabajo de investigación,  queda expuesto lo dicho alguna vez en el sentido de que Firmenich “tiene la historia argentina hecha carne”.  Ante la marcada escasez de lecturas no vinculadas a la frivolidad de éxito efímero, este desarrollo escrito lejos de los intereses de corto plazo, como un aporte a la política en general y a las generaciones que en un futuro se involucren en la construcción de una gran nación, adquiere el nivel de lo muy recomendable, con la sugerencia de aprehenderlo capítulo por capítulo, fijando información y conceptos para lo cual la lectura grupal es muy buena alternativa.

En la sustancia de lo escrito por Firmenich, es reiterado el concepto de ausencia de Contrato  Social a lo largo de los dos siglos y medio de luchas anticoloniales. Marca lo que sin duda en su opinión es una “responsabilidad de todos” los actores que, década tras década, omitieron plantearlo como la principal causa de la guerra civil intermitente que ensangrentó al país en torno a las antinomias de federales y unitarios, conservadores y radicales, peronistas y antiperonistas. No exculpa ni siquiera a Perón de esta omisión.

Plantea la vigencia de la necesidad imperiosa de ese contrato  social-político-económico -cultural explícito, sin el cual el país corre riesgo existencial debido a la prevalencia de tendencias desintegradoras. Vaya mensaje, entonces, para los protagonistas actuales y para los que vendrán.  

La reivindicación de las montoneras federales y de los caudillos provinciales, de la irrupción del nuevo sujeto urbano proveniente de la inmigración interna y de las corrientes llegadas en su mayoría de Italia y España, así como la crítica al pertinaz centralismo unitario, expansivo a sangre y fuego en nombre de una falsa civilización, es una constante presentada en Orígenes como la cabal demostración que “nada nace un repollo”. Las luchas populares siempre tuvieron su razón en el entreguismo de las élites porteñas, lo mismo  que la incidencia de los intereses británicos desde  Rivadavia, pasando por el pacto Roca-Runciman, y las resistencias generadas por el  neocolonialismo, son mencionadas como la elocuente prueba de que “lo argentino es la antítesis de lo inglés”.

Firmenich nos ha sorprendido con esta historiografía que narra de forma comprometida lo ocurrido en el país a lo largo del tiempo, matizada por relatos autobiográficos sobre el árbol genealógico de su familia y de su compañera, María Elpidia Martínez Agüero, de su niñez en Villa Sarmiento y juventud vinculada a la Acción Católica, pero sigue adeudando lo mucho que tiene para escribir referido al nacimiento, accionar y desintegración de la  Montoneros que él define como “el hecho maldito del país oligárquico”. Esperamos ver este trabajo que complete la historia en no mucho tiempo.

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    Milei Schiaretti
PERONISMO EN EBULLICIÓN

Los límites del cordobesismo ante la cuestión nacional

18 Septiembre 2026

Córdoba ya forma parte, por la fuerza de su producción, de un mundo del que la Argentina decidió políticamente mantenerse al margen desde el año 2024. Mientras el gobierno de Javier Milei rechazó la incorporación a los BRICS y reorientó su política exterior hacia un alineamiento preferencial con Estados Unidos e Israel, la economía cordobesa se mueve sobre otro mapa; vehículos y autopartes encuentran en Brasil un mercado fundamental; aceites, granos y alimentos viajan hacia India y China.

Los datos son elocuentes. En 2025 Córdoba exportó cerca de USD 10.910 millones —el 12,5 % del total argentino— y llegó a 136 mercados. Durante los primeros cinco meses de 2026, Brasil, India y China, tres integrantes de los BRICS, fueron sus principales destinos.

Pero los vínculos son diferentes. Con Brasil se expresa principalmente la Córdoba industrial; en 2025, el 64 % de las exportaciones hacia ese país fueron manufacturas industriales, especialmente vehículos, autopartes y motores. India y China, en cambio, concentran sus compras en aceites, soja, maní y derivados. Brasil revela el potencial de una integración regional basada en cadenas industriales compartidas; los gigantes asiáticos, la oportunidad y el desafío de aprovechar su escala para incorporar mayor valor, tecnología, industria y trabajo argentino a nuestras exportaciones.

La paradoja liberal

Mientras el mundo multipolar amplía mercados, socios y alternativas de financiamiento, la política económica nacional debilita capacidades necesarias para aprovecharlos. La apertura importadora presiona sectores estratégicos para Córdoba, como la maquinaria agrícola y su entramado metalmecánico, mientras el ajuste sobre universidades, ciencia e infraestructura erosiona las posibilidades de agregar valor y tecnología.

La paradoja se vuelve nítida cuando el liberalismo económico asumido por Juan Schiaretti y el pragmatismo político que caracteriza a la actual conducción de Martín Llaryora, aun presentándose como defensores de los intereses de Córdoba, claro está; terminan acompañando o facilitando con demasiada frecuencia orientaciones económicas nacionales que debilitan el mercado interno, comprimen salarios y consumo y exponen a la industria y a las pymes que constituyen buena parte de la fortaleza productiva provincial. Lo hicieron durante el gobierno liberal de Mauricio Macri y vuelven a hacerlo, bajo condiciones todavía más severas, frente al programa económico de Javier Milei.

Y allí aparece una responsabilidad que la dirigencia oficialista de Córdoba no puede eludir. Mientras proclama la defensa de la producción y de los intereses provinciales, brinda sustento político a un Gobierno nacional cuyo programa de ajuste, apertura y vaciamiento no se limita a ordenar las cuentas públicas; avanza sobre capacidades estratégicas que la Argentina tardó generaciones en construir. La caída del consumo y el debilitamiento del mercado interno; el creciente recurso de las familias al endeudamiento y el deterioro de su capacidad de pago; la retracción de sectores sensibles de la actividad económica; la desindustrialización y la pérdida de empleo productivo; el cientificidio, el debilitamiento de las universidades y de los organismos tecnológicos; la paralización de infraestructura y la retracción del Estado en áreas estratégicas no constituyen fenómenos aislados. Son distintas expresiones de un mismo proceso de pérdida de densidad nacional que deteriora la demanda, debilita el entramado productivo, desalienta la inversión y reduce las capacidades científicas, tecnológicas y materiales necesarias para el desarrollo. Y todo ello afecta directamente el interés de una provincia como Córdoba, cuya fortaleza depende precisamente de que existan consumidores, empresas, crédito, conocimiento, infraestructura y un mercado nacional capaz de sostener su producción.

Federalismo” de caja y dependencia provincial

Durante décadas una parte importante del debate quedó encerrado en una contabilidad legítima pero insuficiente; cuánto aporta Córdoba, cuánto recauda la Nación y cuánto vuelve. Y no hablamos de una provincia marginal en la generación de riqueza.

En 2025 Córdoba explicó el 12,5 % de las exportaciones argentinas; dicho de manera más gráfica, uno de cada ocho dólares que el país obtuvo por sus exportaciones fue generado por la producción cordobesa. La discusión por la coparticipación, las transferencias y los recursos provinciales es necesaria, pero un “federalismo" reducido exclusivamente a esa contabilidad fiscal resulta demasiado pequeño para una provincia con semejante gravitación económica, productiva, universitaria e histórica. El problema se vuelve todavía más profundo cuando la necesidad financiera de las provincias termina condicionando su autonomía política y los gobernadores deben negociar oxígeno fiscal a cambio de acompañamientos circunstanciales. Allí la cuestión federal deja de ser solamente una discusión administrativa sobre coparticipación y comienza a transformarse en una forma áspera de disciplinamiento político.

No es sencilla la tarea de gobernar una provincia a la que el poder central recorta recursos, paraliza obras y obliga permanentemente a administrar todo tipo de urgencias; pero esa dificultad no puede convertirse en justificación para asociarse una y otra vez con un proyecto antinacional que erosiona muchas de las mismas capacidades productivas, sociales y fiscales que luego se pretende defender. Gobernar la escasez puede explicar la negociación; no debería justificar el indisimulable alineamiento. Y sería injusto desconocer que el Gobierno provincial intenta amortiguar algunos de los efectos de la crisis. El programa Córdoba Impulsa procura sostener el consumo y financiar capital de trabajo; las nuevas líneas acordadas con el CFI buscan acercar crédito a las PyMEs; Bancor subsidia financiamiento para maquinaria agrícola y producción, y el Programa Primer Paso vuelve a utilizar recursos públicos para facilitar la incorporación de jóvenes al empleo. Son políticas necesarias y, en algunos casos, valiosas. Pero también revelan la dimensión del problema.

Si la política nacional contrae el mercado interno, deteriora salarios, abre indiscriminadamente las importaciones y debilita industria, ciencia, infraestructura y capacidades estatales, los instrumentos provinciales terminan funcionando fundamentalmente como paliativos frente a un proceso que se decide en otra escala. La misma dirigencia que destina recursos de Córdoba a reparar esos daños presta luego sustento político al programa nacional que contribuye a producirlos. Si Córdoba subsidia crédito, sostiene consumo, financia PyMEs y promueve empleo, es porque su propio gobierno reconoce en los hechos que mercado, financiamiento, producción y trabajo necesitan políticas públicas activas.

Lo cierto es que una política internacional soberana necesita de un proyecto productivo nacional y ningún proyecto productivo puede sostenerse sin una estrategia internacional que le proporcione mercados, escala, financiamiento, tecnología y capacidad de negociación.

El provincialismo de nicho

A nuestro juicio, el problema comienza cuando la autonomía provincial deja de concebirse como una herramienta para construir la Nación y se convierte, principalmente, en una estrategia de administración y conservación del poder territorial. A esa transformación contribuyó un proceso de larga duración, iniciado con el quiebre del 24 de marzo de 1976 y profundizado por el liberalismo menemista y la arquitectura institucional de los años noventa, incluida la reforma constitucional de 1994.

La dictadura impuso mediante el terrorismo de Estado una profunda reestructuración económica y social bajo la conducción económica de Martínez de Hoz y Adolfo César Diz — formado este último en la Universidad de Chicago y vinculado a la escuela monetarista de Milton Friedman— quien presidiera el Banco Central durante la Reforma Financiera de 1977, pieza decisiva del nuevo modelo económico. Monetarismo, liberalización financiera y retracción del Estado ¿les suena? Es el propio BCRA el que establece una continuidad histórica entre ambos momentos. Su historia institucional sostiene que en 1992 la Convertibilidad “radicaliza aún más la política de liberalización iniciada en 1976”. Medio siglo después, algunas de aquellas ideas vuelven a resonar, con particular intensidad, en el programa económico de Javier Milei. Apertura financiera y comercial, endeudamiento, disciplinamiento del trabajo y debilitamiento de buena parte de la estructura industrial construida durante las décadas anteriores. El menemismo no inauguró esa matriz; significó, en aspectos decisivos, su continuidad, profundización y consolidación política bajo un régimen democrático. A la retracción económica y desguace del Estado nacional se sumó un desmembramiento jurídico e institucional de competencias, recursos y responsabilidades que reforzó la fragmentación territorial de funciones que hasta entonces habían conservado una dimensión algo más nacional.

La reforma constitucional de 1994 profundizó la reorganización territorial del poder; aseguró la autonomía municipal, reconoció a las provincias el dominio originario de sus recursos naturales y amplió sus posibilidades de articulación regional e internacional; al mismo tiempo, otorgó autonomía política, legislativa y jurisdiccional a la Ciudad de Buenos Aires, reforzando institucionalmente un territorio que ya concentraba buena parte del poder económico, financiero, mediático y administrativo del país. Sin una política nacional capaz de integrar el conjunto, aquella descentralización terminó alimentando una suerte de balcanización política. Provincias fortalecidas como unidades de administración y negociación de sus propios intereses, mientras las grandes decisiones nacionales continuaron gravitando, paradójicamente, alrededor de Buenos Aires. Se fragmentó la administración del territorio sin federalizar verdaderamente el poder.

Un menemismo residual

No parece casual, entonces, que de aquella matriz haya sobrevivido una forma de provincialismo que puede convivir cómodamente con el liberalismo económico. En ese sentido, el cordobesismo podría pensarse —con todas las diferencias históricas que corresponde reconocer— como una suerte de menemismo residual o aletargado; pragmático en la administración, liberal en buena parte de su concepción económica, celoso del poder territorial y federalista en la negociación con la Nación, pero sin una visión nacional equivalente a la fortaleza de su aparato productivo provincial. Una obviedad difícil de asumir para un peronismo cordobés cuya identidad política fue construida durante décadas más para diferenciar a Córdoba de la Nación que para imaginarla como parte de un proyecto nacional.

Y así fue que el cordobesismo desarrolló durante años una notable capacidad para autonomizar la política provincial de las grandes disputas nacionales. Esa estrategia tiene una racionalidad evidente; se trata de preservar recursos, conseguir obras, defender la caja, mantener gobernabilidad y evitar que Córdoba quede sometida políticamente al gobierno de turno. Pero esa aparente virtud puede convertirse en su límite. Cuando defender los intereses de Córdoba pasa a significar obtener el mejor resultado posible para Córdoba cualquiera sea la orientación general del país, la pregunta por el proyecto nacional comienza a desaparecer.

La República mediterránea

No queda otra que la disciplina urgente del acuerdismo. Esa concepción insular del federalismo contiene, además, una limitación que el propio cordobesismo encuentra cada vez que intenta proyectar alguna de sus principales figuras a la escala nacional. Es difícil construir una alternativa para gobernar la Argentina cuando durante años se ha construido identidad política presentando a Córdoba casi como una república aparte, virtuosa y agraciada precisamente por diferenciarse del resto del país. Por más que se inviertan millones en cartelería en las principales avenidas de Capital Federal, no se conduce la Nación por extensión de un modelo provincial. Para alcanzar esa escala es necesario integrar realidades, intereses, tradiciones y conflictos que desbordan largamente las fronteras de una provincia.

Quien aspire a conducir la Argentina debe ofrecerles a los argentinos una idea de Nación, no simplemente invitarlos a parecerse a Córdoba. Allí quizá resida una de las razones de los constantes intentos de proyección nacional del cordobesismo que posee una identidad provincial fuerte, una estructura territorial eficaz y dirigentes con experiencia de gobierno, pero encuentra mayores dificultades para traducir esas fortalezas en una concepción nacional capaz de interpelar al conjunto. Esa lógica insular, además, choca de frente con el persistente centralismo porteño, que también piensa la Argentina desde una parcialidad y pretende convertirla en el todo. Así, provincialismo y centralismo terminan alimentándose mutuamente para su parcelación; uno se repliega sobre Córdoba mientras el otro confunde Buenos Aires con la Nación.

La estrechez es evidente; cuanto más se construye políticamente a Córdoba como excepción argentina, más difícil resulta presentar luego a sus dirigentes como expresión de una síntesis nacional. Y aquí emerge la clave. El camino inverso parece más fecundo; no imaginar a Córdoba como una pequeña república que negocia con la Argentina, sino como una de las grandes fuerzas interiores llamadas a pensarla, integrarla y conducirla.

El problema entre el original y la copia

Hay, además, una razón de base social que no debería subestimarse. Durante años, el cordobesismo construyó buena parte de su identidad en oposición al kirchnerismo —que contribuyó largamente a esa fractura con sus propios errores— y reunió alrededor suyo un arco heterogéneo de peronistas, radicales, independientes, empresarios, productores agropecuarios con poderosa influencia en localidades del interior provincial, clases medias urbanas y sectores de centro y centroderecha. Macri primero y Milei después penetraron precisamente en ese universo; confrontarlos supone, por lo tanto, disputar una porción significativa de la propia base social y electoral del cordobesismo.

El problema de un peronismo de tinte conservador es que termina compitiendo, en la psiquis de cierto electorado, en el terreno ideológico de su adversario. Y cuando la elección queda reducida a escoger entre un liberalismo administrado por peronistas y otro asumido sin complejos por liberales puros, suele operar una regla bastante elemental del mercado; entre el original y la copia, el consumidor termina prefiriendo el original. Por eso se desdobla. Eso explica, al menos en parte, una de las grandes paradojas políticas de Córdoba. Mientras el peronismo gobierna la provincia desde hace más de dos décadas, el liberalismo antiperonista nacional encuentra en ella uno de sus territorios electoralmente más fértiles.

Sucede que la actual es una composición social muy distinta de aquella Córdoba que, en 1973, llevó al gobierno a Ricardo Obregón Cano y al Negro Atilio López, expresión política de una sociedad atravesada por un poderoso movimiento obrero organizado y una juventud universitaria intensamente movilizada, cuya confluencia había alcanzado en el Cordobazo su manifestación histórica más formidable. Entre aquella experiencia y el cordobesismo contemporáneo no cambió solamente el voto; cambió la alianza social sobre la cual el peronismo construyó poder en Córdoba.

El giro histórico

Con el tiempo, aquella Córdoba obrera y estudiantil, que había alimentado un peronismo de vocación transformadora, fue dejando lugar a una identidad provincial más defensiva, administrativista y crecientemente permeable al liberalismo económico. José Manuel De la Sota comprendió tempranamente que para disputar la hegemonía radical debía ampliar la base social y electoral del peronismo cordobés, incorporando sectores empresarios, productivos, cooperativistas, del agro e independientes que también nutrían el predominio político de Angeloz. La incorporación de Domingo Cavallo —principal figura intelectual del IERAL-Fundación Mediterránea, vinculada a empresarios como Piero Astori y Fulvio Pagani — como candidato a diputado nacional del PJ en 1987 fue una expresión temprana de esa estrategia, que luego se profundizaría hasta desembocar en la amplia coalición con la que Unión por Córdoba conquistó la provincia en 1998.

Comenzaba así a desplazarse el centro de gravedad de aquel peronismo cordobés; sin perder su estructura territorial y electoral, reducía el peso político de su antigua matriz sindical/estudiantil y procuraba integrar a una coalición más amplia sectores empresarios y concepciones económicas provenientes de la Mediterránea. Esa transformación sería uno de los antecedentes de la síntesis política que, años después, permitiría al peronismo recuperar Córdoba y construir una prolongada estabilidad de gobierno hasta nuestros días.

Más allá del cordobesismo

Córdoba necesita defender sus intereses, naturalmente, pero también comprender que buena parte de esos intereses sólo pueden realizarse plenamente dentro de una Argentina industrializada, productiva, integrada y soberana. Ese debería ser también el horizonte de su dirigencia política; poner la potencia de Córdoba al servicio de la reconstrucción nacional, en lugar de comprometerla tácticamente en acuerdos circunstanciales con proyectos que debilitan el trabajo, la producción y las capacidades soberanas del país que Córdoba necesita para desarrollarse.

Recordemos. En 2024, el Gobernador Llaryora justificó reiteradamente el acompañamiento a la Ley Bases con el argumento de la gobernabilidad y de darle herramientas a Milei. El 27 de mayo fue explícito: “La necesitamos para que el presidente tenga las herramientas para gobernar”. Un mes después, durante el tratamiento definitivo, afirmó: “Le damos gobernabilidad a la Nación pero exigimos lo que nos corresponde”. Pero entre esas herramientas no había solamente instrumentos administrativos o fiscales; la Ley Bases contenía también una reforma laboral de carácter regresivo, que alteró en perjuicio de los trabajadores aspectos relevantes de la relación laboral y redujo mecanismos de protección existentes. Ese acompañamiento formó parte de la “gobernabilidad” que el cordobesismo decidió concederle a Milei. El contraste surgió desde el propio peronismo cordobés; en una lectura inteligente, Natalia de la Sota rechazó esa lógica de acompañamiento y votó en contra de la Ley Bases, demostrando que gobernabilidad y convalidación de políticas antipopulares no eran necesariamente la misma cosa.

Lo cierto es que el cordobesismo parece haber desarrollado una idea bastante definida de cómo gobernar Córdoba, pero mucho menos definida acerca de qué Argentina necesita Córdoba. Allí reside probablemente su principal limitación histórica y aquello que, entre el juego táctico, la administración de urgencias y un pragmatismo que por momentos se vuelve obsceno, su actual dirigencia todavía no parece haber comprendido. Porque Córdoba no puede proteger indefinidamente su industria si se destruye el mercado interno argentino; no puede sostener su sistema científico si se desfinancia el sistema nacional; no puede resolver por sí sola la infraestructura que conecta su producción con puertos y fronteras; no puede construir aisladamente una política comercial con Brasil, China o India; ni puede proporcionar a sus empresas la escala que sólo pueden ofrecer la Argentina y un proyecto de integración sudamericana. El interés provincial, llevado hasta sus últimas consecuencias, termina necesitando del interés nacional. Gobernar Córdoba exige administrar la provincia; si, pero pensar su futuro exige pensar la Nación.

Córdoba no es una pequeña república obligada a defenderse de la Argentina, sino una de las grandes fuerzas interiores llamadas a construirla. Y porque, en definitiva, antes que cordobeses que habitamos la Argentina, somos argentinos nacidos en Córdoba. Una distinción elemental que, a juzgar por su práctica política, el cordobesismo todavía no termina de descubrir.

El problema comienza cuando la autonomía provincial deja de concebirse como una herramienta para construir la Nación y se convierte, principalmente, en una estrategia de administración y conservación del poder territorial
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ENTRETENIMIENTO

El ascenso social como motor narrativo en las series de crimen

18 Septiembre 2026

En muchas series de crimen, el objetivo del protagonista no es simplemente ganar dinero. Lo que busca, en realidad, es cambiar de posición. Quiere dejar atrás un barrio, una identidad social, una dependencia económica o un lugar subordinado dentro de una estructura que parece tener las puertas cerradas.

Ese deseo convierte al ascenso social en uno de los motores más efectivos del género. Series como Power construyen buena parte de su tensión alrededor de esa distancia entre riqueza y legitimidad: un personaje puede acumular recursos, contactos y poder, pero seguir siendo visto como alguien que no pertenece al mundo al que intenta ingresar.

El delito aparece como una vía rápida de movilidad

El crimen funciona narrativamente porque promete velocidad. Permite obtener en poco tiempo aquello que, por los canales convencionales, podría demandar años o incluso resultar inaccesible. Dinero, propiedades, contactos y capacidad de decisión aparecen como señales de que el personaje logró romper con la posición que le había sido asignada.

Sin embargo, las series más interesantes no confunden esa mejora económica con una verdadera integración social. El personaje puede comprar símbolos de estatus y acceder a espacios antes vedados, pero eso no significa que sea aceptado como parte de ellos. El dinero abre puertas, aunque no siempre modifica la mirada de quienes están del otro lado.

Ahí aparece el conflicto que sostiene el relato. La movilidad económica puede ser rápida; la movilidad social, mucho menos. Cuanto más asciende el personaje, más evidente se vuelve que pertenecer a un nuevo mundo exige algo más que tener recursos.

Subir de clase implica aprender códigos nuevos

Cada espacio social tiene reglas propias. El protagonista puede dominar perfectamente los códigos del mundo del que proviene y, sin embargo, sentirse incómodo cuando entra en ámbitos empresariales, políticos o de mayor prestigio.

Esa incomodidad es muy productiva para la ficción porque permite trasladar el conflicto fuera de la violencia directa. Una cena, una negociación o una reunión pueden convertirse en pruebas de pertenencia. El personaje debe aprender cómo hablar, qué mostrar, qué callar y qué tipo de autoridad funciona en ese nuevo entorno.

En esos espacios, el poder suele expresarse de manera menos visible. No siempre hace falta intimidar; a veces alcanza con un contacto, una recomendación o una decisión tomada en privado. El ascenso obliga entonces al protagonista a descubrir que cada clase social administra su influencia con códigos distintos.

La doble vida nace de esa fractura

Muchas series de crimen presentan protagonistas que intentan sostener dos identidades al mismo tiempo. Por un lado, siguen vinculados al mundo que produce su riqueza; por otro, construyen una imagen compatible con el espacio social al que quieren acceder.

Esa doble vida no es solo una necesidad práctica para esconder actividades ilegales. También representa una división de clase. En un ámbito, el personaje debe mostrar dureza, lealtad o capacidad de mando. En otro, necesita aparecer como empresario, padre de familia, inversor o miembro respetable de una comunidad.

La tensión crece cuando esas dos identidades empiezan a superponerse. Un vínculo del pasado puede aparecer en el presente, un negocio legal puede depender de dinero ilegal y una relación familiar puede quedar atrapada entre ambos mundos. El peligro no es únicamente ser descubierto por la ley, sino perder el control sobre la imagen que el personaje intenta construir.

El consumo convierte el ascenso en algo visible

Las series criminales suelen prestar mucha atención a casas, autos, ropa, restaurantes, clubes y espacios exclusivos. Esos elementos no funcionan solamente como decoración. Son una forma de mostrar que el personaje cambió de posición y necesita que ese cambio sea reconocido por otros.

El consumo se vuelve así un lenguaje social. Una propiedad puede representar éxito, pero también revelar inseguridad. Una marca cara puede expresar poder y, al mismo tiempo, la necesidad de demostrar que se pertenece a un determinado mundo.

Ese mecanismo introduce una contradicción interesante. Cuanto más visible necesita hacer el personaje su ascenso, más evidente puede resultar que todavía busca validación. La riqueza deja de ser solo capacidad de compra y se convierte en una herramienta para modificar la manera en que los demás lo perciben.

El origen sigue funcionando como una deuda

Uno de los motivos por los que este tipo de historias puede sostenerse durante varias temporadas es que el pasado nunca desaparece del todo. Familia, amigos, socios, deudas y lealtades acompañan al protagonista incluso cuando cambia de entorno.

Ese origen cumple una doble función. Puede ser una fuente de identidad y también un obstáculo. Alejarse demasiado puede ser leído como traición; permanecer demasiado cerca puede impedir la transformación que el personaje busca.

La serie encuentra conflicto precisamente en esa tensión. El protagonista quiere avanzar sin perder por completo aquello que lo definió, pero descubre que cada nuevo escalón exige tomar distancia de ciertos vínculos. El ascenso social aparece entonces como una negociación permanente entre pertenencia y ruptura.

Cada ascenso descubre una barrera nueva

El ascenso social funciona tan bien como motor narrativo porque no tiene un punto final claro. Cada objetivo conseguido revela otro nivel de poder, otro círculo social o una nueva forma de exclusión que antes no era visible.

Al comienzo puede importar sobrevivir; después, ganar dinero. Más adelante, proteger lo acumulado, convertirlo en influencia y finalmente conseguir que esa posición sea reconocida como legítima. El relato puede avanzar porque la meta cambia a medida que el personaje asciende.

Esa progresión explica por qué el tema resulta tan fértil para las series de crimen. El delito acelera la movilidad económica, pero no elimina las jerarquías sociales. El protagonista puede cambiar de casa, de entorno y de contactos, aunque siga enfrentando la misma pregunta bajo formas cada vez más complejas: cuánto poder hace falta para dejar de ser alguien que intenta entrar y convertirse, finalmente, en alguien que pertenece.

El crimen funciona narrativamente porque promete velocidad. Permite obtener en poco tiempo aquello que, por los canales convencionales, podría demandar años o incluso resultar inaccesible. Dinero, propiedades, contactos y capacidad de decisión aparecen como señales de que el personaje logró romper con la posición que le había sido asignada.
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    SANCOR

ATILRA: continuidad del proceso licitatorio en Sancor

17 Septiembre 2026

La Cámara de Apelación Civil, Comercial y Laboral – Sala II de Rafaela, dispuso la continuidad del proceso licitatorio para la venta de activos en 70 fojas que revelan un estudio profundo, meticuloso y detallado de la materia sometida a consideración, mediante resolución de fecha 17 de septiembre del 2026, la excma. cámara rechazó los planteos de nulidad contra la resolución de primera instancia n° 270 del 11 de junio del 2026 que aprueba el pliego de bases y condiciones para la liquidación de activos de la ex Sancor, disponiendo la continuidad del proceso licitatorio, que deberá adaptarse a las indicaciones ordenadas, cuyas acertadas premisas no alteran la sustancia de fondo resuelta en primera instancia.

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    Jorge Macri

Ademys denuncia un ataque de Jorge Macri por luchar contra el “BA Aprende”.

17 Septiembre 2026

El sindicato Ademys (Asociación Docente de Enseñanza Media y Superior) denunció que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, a cargo de Jorge Macri, inició una causa penal contra tres de sus dirigentes tras participar de una protesta contra el programa “BA Aprende”. El gremio señaló la “persecución sistemática” y advirtió que redoblará la lucha en defensa de la escuela pública.

El Gobierno inició una causa penal contra Soledad Mosquera, secretaria General, y otros dos miembros de su Comisión Directiva -Vanesa Gagliardi y Eugenio Ariza- por haber ido a acompañar la lucha de la comunidad educativa de la escuela Niní Marshall -en la que Gagliardi es docente- contra la regresiva reforma educativa. “Es Jorge Macri, no se puede esperar otra cosa. Es un intento burdo y bruto de aleccionar a docentes y estudiantes”, señalaron desde el gremio.

En ese sentido, recordaron que “no es la primera vez que judicializa a miembros”, sino que “es una política sistemática de persecución al único sindicato docente que actúa como oposición a los distintos gobiernos del macrismo”. A su vez, el comunicado difundido agrega: “Nos persigue porque denunciamos las políticas anti educativas y rechazamos los acuerdos salariales o laborales porque son todos regresivos”.

Desde el sindicato señalaron que la judicialización tiene como objetivo generar un efecto disciplinador sobre docentes y estudiantes que se organizan contra las políticas educativas del Gobierno porteño. Macri actúa de la misma forma contra los trabajadores del subte, a los que les inició una causa penal armada a más 150 trabajadores por medidas de fuerza de años atrás. 

Para Ademys no se trata de un hecho aislado. Consideran que existe una política sistemática de judicialización contra sus integrantes por parte de los distintos gobiernos del macrismo, particularmente contra quienes se oponen a las políticas educativas oficiales y cuestionan los acuerdos salariales y laborales impulsados por la Ciudad. “Es lamentable la torpeza del gobierno que, perdido en su interna con los libertarios, se lanza contra el sindicato combativo y democrático de CABA”, remarcaron. “Nos vemos en las calles”, sentencia el comunicado en un claro mensaje que la lucha continua.

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    FUERZA

El festival Fuerza revela su programación musical

17 Septiembre 2026

La Confederación General del Trabajo presenta la programación de FUERZA Festival, el primer gran encuentro de FUERZA, la nueva plataforma cultural que reúne música, cultura y experiencias en una propuesta abierta y plural.

El próximo viernes 16 de octubre, C Art Media será escenario de una jornada que contará con la participación de La T y La M, La Bomba de Tiempo, 1915, Mía Folino, Willy Bronca, DJ Pato Smink y DJ La Coneja China, en una programación que propone reunir diferentes sonidos y expresiones representativas de la música, la cultura y la identidad argentina.

FUERZA Festival será con entrada libre y gratuita, como parte de una iniciativa que busca generar nuevos espacios de encuentro y poner en valor la fuerza del trabajo, la producción y la cultura de nuestro país.

Esta será la primera de las grandes citas de FUERZA. El proyecto continuará el 14 y 15 de noviembre con la Bienal de FUERZA, también en C Art Media, con dos jornadas dedicadas al arte, el pensamiento y el mundo del trabajo.

Toda la programación y las novedades serán anunciadas a través de los canales oficiales de @fuerzafestival, @fuerzabienal y proyectofuerza.ar.

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Presentan ABC CHINA: un diccionario de socialismo con características Chinas

17 Septiembre 2026

El viernes 25 de septiembre en Esquina América (Chacabuco 110, CABA) se presentará "ABC CHINA: un diccionario de socialismo con características Chinas". El libro es un trabajo colectivo que reúne a más de 70 investigadoras e investigadores, con la coordinación de @Julian_bokser, @pautasso_diegode, @miguel.stedile, @javiervadell con un objetivo claro: superar las visiones sesgadas y los estereotipos occidentales sobre la China contemporánea. Una herramienta clave para la formación y la Batalla de Ideas. Se trata de una coedición entre el Instituto Tricontinental de Investigación Social @eltricontinental y la editorial Batalla de Ideas @batalla.de.ideas.

La presentación será a las 18hs con entrada libre y gratuita, y estará a cargo de Julián Bokser, Coordinador del libro y miembro del Instituto Tricontinental de Investigación Social; Camila Quian, Coordinadora académica de la Especialización de Estudios en China - UNLa, Gabriel Merino, Investigador del CONICET y autor de los libros "China en el (des)orden mundial" y "Nuestra América, Estados Unidos y China".

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    Movilización Noche de los Lápices

Hacernos escuchar, por Mariana Gras

16 Septiembre 2026

Empecé a militar a los trece años, en la Argentina de 1992. Eran los años en que el Estado, para mi generación, no era la puerta de la escuela sino la puerta de la comisaría. Un pibe de barrio no se cruzaba con el Estado en un aula o en un hospital que funcionara, se lo cruzaba en una racia, en una noche que podía terminar mal. El Estado era eso que te paraba, no eso que te cuidaba. Y en ese clima, militar era casi un acto de terquedad, una forma de insistir en que las cosas podían ser de otra manera.

Me acuerdo del día en que conocí la historia de la Noche de los Lápices. No la fecha suelta de un manual, sino la historia de verdad, la de esos chicos y esas chica que a mi edad, o apenas un poco más grandes, discutían, se organizaban, se juntaban a pelear contra las injusticias desde la solidaridad y desde la política. Me golpeó descubrir que eran pares míos, gente joven como yo, que se habían tomado en serio la idea de que el mundo se podía cambiar, y que lo habían pagado con todo. No los sentí lejos. Los sentí de los míos. Fue la primera vez que entendí que militar no era un invento mío ni de mi época: era sumarme a algo que venía de mucho antes.

Porque cuando uno tira del hilo, se da cuenta de que la historia argentina está llena de jóvenes haciendo exactamente eso. Los pibes del 45 que salieron a bancar lo que sentían suyo. Los y las jóvenes de los 70 que se jugaron enteros por un país más justo. Las Madres y las Abuelas, que convirtieron el dolor más grande que existe en la forma más pura de coraje político. Los organismos de derechos humanos, que no dejaron que el olvido ganara. El rock y la cultura, que fueron trinchera cuando no quedaban otras. Los movimientos de desocupados del 2001, cuando un país que parecía deshecho volvió a juntarse en la calle. Los trabajadores y las trabajadoras que en los 90 se quedaron sin laburo y sin embargo no se quedaron sin dignidad. Todos distintos, todos en la misma historia.

Y hay algo que atraviesa todas esas épocas, una línea argumental que se repite y que nunca deja de ser ridícula por más que la disfracen de moderna: la idea de que el Estado hay que destruirlo. En un mundo hecho de desigualdades, donde algunos nacen con todo y otros con nada, resulta que lo que hay que romper es justamente lo único que garantiza algo de equidad. La escuela pública, el hospital, la pensión, la jubilación, el derecho. Lo que iguala un poco es lo que molesta. Y hoy lo vemos otra vez, con este gobierno, en su versión más cruda: la motosierra que se ensaña con los que menos tienen, que le saca la pensión a una persona con discapacidad y encima le dice que lo suyo era un curro. Es la misma idea vieja de siempre, la de que los débiles estorban, ahora escrita en una planilla de Excel.

Yo tuve la suerte, a lo largo de estos años, de vivir también los otros momentos. Los del ejercicio del poder, los de la reconstrucción del Estado, los de ver cómo eso que parecía imposible se volvía política concreta, derecho concreto, vida concreta de la gente. No fue un sueño, pasó, lo vivimos. Y por eso duele más volver a estar donde estamos hoy, otra vez desde la resistencia. Porque uno ya sabe que se puede, ya lo vio con sus propios ojos, y desde ese saber la destrucción se vuelve todavía más injusta.

Y hoy es 16 de septiembre. El día del bombardeo a la Plaza de Mayo, el día de la Noche de los Lápices. No hay mejor fecha para acordarse de esto. Porque en un contexto así, lo que tenemos que recuperar es aquello que sentíamos a los trece: ese dolor de estómago que da la injusticia cuando la ves o la vivís en carne propia, esa bronca, esa impotencia que no te deja quedarte quieto. No hay que anestesiarse. Ese malestar es el que nos empuja a construir y a organizar de nuevo un presente y un futuro donde una piba pueda estudiar sin que sea un acto de valentía, donde una persona con discapacidad viva sin tener que demostrarle a nadie que merece vivir, donde un laburante tenga con qué vivir y no apenas con qué aguantar.

Termino con algo chiquito. Cuando mis hijas eran muy chiquitas, las llevamos a una marcha del 24 de marzo. Íbamos camino a la Plaza y me preguntaron qué era una manifestación. Y les dije lo más simple que se me ocurrió, que es también lo más cierto que sé: cuando algo te parece injusto y lo decís en voz alta y no te escuchan, te juntás con otros y otras que piensan lo mismo, y entre todos lo decimos tan fuerte que no les queda más remedio que escucharnos. 

Hoy nos toca eso otra vez. Mirarnos entre nosotros y hacernos escuchar. La cita es clara, la historia nos precede, y el futuro es nuestro.

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MEMORIA POPULAR

Leo Demonty: "Este es un gobierno cruel que manda a la policía a reprimir a los jubilados"

16 Septiembre 2026

El 21 de septiembre se cumplirán 24 años del asesinato de Ezequiel Demonty, el joven de19 años, que fue detenido junto a sus amigos por agentes de la Policía que le provocarían la muerte. El hecho fue perpetrado durante un procedimiento represivo ilegal, en el que fueron golpeados y obligados a arrojarse al Riachuelo.

Su familia transformó el dolor en lucha y se convirtió en una referencia ineludible en el reclamó de justicia y el fin de la violencia institucional. Leo Demonty, hermano de Ezequiel, conversó con AGENCIA PACO URONDO en las vísperas de un nuevo aniversario del crimen.

Declaraciones

“Se cumple un nuevo aniversario del asesinato de mi hermano. Una vez estaremos haciendo un homenaje -el 21 de septiembre-, como lo hacemos todos los años en la ribera del Riachuelo, en Agustín de Vedia y 27 de febrero”.

“Estamos convocando a familiares y amigos para que se acerquen a acompañarnos. Participarán compañeros de militancia de distintas organizaciones y espacios. Nuestra idea es ir hacer una ofrenda floral en el Riachuelo como homenaje a Ezequiel”.

“Cada año tenemos el mismo mensaje. No queremos más violencia institucional ejercida por fuerzas del Estado. Además, el homenaje es un ejercicio de memoria y conciencia”.

"Tanto el gobierno nacional como de la Ciudad tienen un énfasis en discriminar. Ambos tienen un proyecto de extrema crueldad con los que menos tienen y con los jóvenes. Estamos viviendo tiempos muy difíciles. Nada bueno puede suceder con un gobierno como el de Milei".

"La violencia institucional es cada vez peor, vemos cómo arremete cada miércoles contra los jubilados y contra vendedores ambulantes".

El caso

Ezequiel fue detenido junto a dos amigos por uniformados de la Policía Federal el 14 de septiembre del 2002. Tras ser torturados, fueron trasladados en tres patrulleros hasta el Riachuelo, donde fueron lanzados al rio. Sus amigos lograron salir, pero Ezequiel no, y su cuerpo fue encontrado sin vida una semana después.

La investigación acreditó el caso de violencia institucional e impuso penas de prisión perpetua a los ex agentes Gastón Somohano, Alfredo Ricardo Fornasari y Gabriel Alejandro Barrionuevo. Fueron probados los delitos de tortura seguida de muerte, privación abusiva de la libertad y torturas reiteradas.

En mayo de 2007, la Cámara de Casación Penal ratificó la resolución. Sin embargo, en 2019 Barrionuevo y Fornasari recibieron el beneficio de salidas transitorias por “haber pasado más de 15 años y haber tenido una conducta ejemplar”.

En 2015, los alumnos de la escuela a la que asistía Ezequiel impulsaron un homenaje. Reclamaron que se cambie el nombre del ex Puente José Félix Uriburu, popularmente conocido como Puente Alsina, que pasó a llamarse Puente Ezequiel Demonty.

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    Entrevista a Jorge Molinero sobre China

El ascenso de China, oportunidad histórica y riesgo de dependencia

16 Septiembre 2026

Introducción

La relación entre Argentina y China no es un fenómeno reciente. Desde el establecimiento de relaciones diplomáticas en 1972, el vínculo bilateral atravesó distintas etapas, desde un intercambio comercial marginal hasta la actual centralidad de China como socio comercial. En este recorrido se destacan varios hitos: el establecimiento de una asociación estratégica en 2004 y su ampliación a una asociación estratégica integral en 2014; la firma y sucesivas renovaciones del swap de monedas desde 2009; y la adhesión formal a la Iniciativa de la Franja y la Ruta en 2022, posteriormente revertida. En la actualidad, como consecuencia del alineamiento incondicional del gobierno de Milei con Washington, la relación bilateral atraviesa una etapa de enfriamiento.

La trayectoria de ese vínculo puede analizarse desde múltiples aristas. En este artículo nos interesa profundizar en la dimensión económica y comercial de la relación, particularmente en sus implicancias para el desarrollo argentino y latinoamericano. El interrogante central es qué posición asumir frente a una potencia emergente que ha adquirido un protagonismo creciente tanto en la región como en nuestro país. La tesis que buscamos desarrollar es que asumir acríticamente una posición prochina resulta análogo a adoptar, frente a anteriores transiciones hegemónicas, una postura proinglesa ante el declive español en el contexto de 1810, o proestadounidense frente al retroceso británico desde la década de 1930.

La posición nacional, en cambio, debe partir de una premisa: no ser patio trasero de una potencia en declive ni furgón de cola de una potencia en ascenso. No se trata solo de un precepto ideológico, sino de un aprendizaje histórico. Salvo situaciones excepcionales (como la de aquellos países cuyas condiciones particulares les han permitido transitar procesos de desarrollo por invitación), ninguna de esas vías ofrece una salida para la Argentina. Como señala el CENAC (2026) en La estrategia del movimiento nacional frente al contexto mundial, el objetivo debe ser construirnos como polo emergente, sin quedar obligados a optar entre uno u otro lado de una antinomia impuesta desde afuera.

A lo largo de tres secciones se busca justificar esa posición. En primer lugar, se presentan datos que muestran la nueva centralidad de China en la región, incluyendo lo que ese vínculo ofrece frente a la relación tradicional con Washington. En segundo lugar, se analiza el riesgo de reprimarización derivado del vínculo comercial, con foco en el caso argentino, sus particularidades y cifras específicas. Y, finalmente, se examinan las condiciones propias que determinan si esta relación puede constituir una vía de salida de la dependencia o, por el contrario, una nueva versión de ella: una política industrial activa, la articulación entre nación y provincias, y la coordinación regional.

La gravitación de China en América Latina

El punto de partida no es una hipótesis, sino un dato. En 2025 el comercio entre China y América Latina y el Caribe alcanzó los 3,93 billones de yuanes, equivalentes a unos US$ 565.280 millones, con un crecimiento interanual del 6,5%. Es el segundo año consecutivo en que supera los US$ 500.000 millones y crece por encima del promedio del comercio exterior chino en su conjunto. China es hoy el primer o segundo socio comercial de la mayoría de las economías sudamericanas.

A esto se suma la inversión extranjera directa (IED). Aunque en 2025 la IED china hacia la región cayó un 12% interanual, hasta unos US$ 8.600 millones, el patrón de mediano plazo resulta más significativo que el dato de un solo año. Entre 2020 y 2025, China representó, en promedio, el 6,7% de toda la inversión extranjera recibida por la región, con picos cercanos al 12% en 2019. Brasil (30%), Argentina (17,4%) y México (17,4%) concentran la mayor parte. También se observa un cambio en la composición sectorial. Mientras que entre 2005 y 2009 el 95% de esa inversión se destinaba a materias primas, entre 2020 y 2025 esa proporción descendió al 46%, acompañada por un fuerte crecimiento de las inversiones en autopartes, manufacturas y servicios. La relación parece, así, diversificarse y reconfigurarse hacia segmentos de mayor valor agregado.

En mayo de 2025, durante el IV Foro Ministerial China-CELAC, celebrado en Beijing, Xi Jinping anunció una línea de crédito de US$ 8.500 millones y cinco "programas estratégicos" para la región, que abarcan infraestructura y minería, intercambio cultural, cooperación en seguridad, becas e intercambios educativos, y un explícito objetivo político de construir un bloque "más cohesionado y autónomo frente a Occidente". En este marco, China ya ha financiado más de 200 proyectos de la Iniciativa de la Franja y la Ruta en la región.

Como puede observarse, la presencia china adquiere los rasgos multidimensionales propios de una gran potencia. Ya no se trata de un vínculo meramente comercial, sino que su presencia se extiende hacia ámbitos como la infraestructura, la educación, la seguridad, la cultura y la diplomacia, configurando una relación de alcance crecientemente integral. Asimismo, en el ámbito de la cooperación científica y tecnológica, si bien sigue muy por detrás de la relación con las potencias occidentales, no deja de ser significativa en sectores como el nuclear y el espacial.

Dentro de ese vasto entramado de relaciones, emerge un patrón claro, destacado por distintos actores regionales e incluso subnacionales. Ese patrón se distingue del vínculo tradicional con Estados Unidos y los organismos multilaterales, que dominó el siglo XX y buena parte de este, en dos aspectos concretos.

Por un lado, el financiamiento chino (swaps, créditos de bancos estatales, inversión de las mineras y petroleras estatales) no viene, en general, atado a condicionalidad política ni a reformas de ajuste fiscal al estilo FMI. El principio declarado de "no injerencia" de la política exterior china es funcional, además, a los gobiernos de la región, ya que permite financiarse sin someterse a la supervisión trimestral de un board en Washington. Para un país con el historial de reestructuraciones de deuda y programas del FMI que tiene la Argentina, esa diferencia no es menor.

Por otro lado, China ofrece mercado para lo que América Latina produce (productos agropecuarios y minerales, entre otros) y tecnología que la región no tiene, como vehículos eléctricos, baterías, energía solar, 5G e inteligencia artificial. Es, en principio, un socio con el que hay margen para negociar transferencia tecnológica, algo que Estados Unidos, dada su posición dominante en la frontera tecnológica y sus reglas cada vez más restrictivas de exportación (los controles a semiconductores, por ejemplo), no está dispuesto a ceder con la misma facilidad.

Por último, si bien no es un "ofrecimiento" chino en sentido estricto, la mera existencia de la potencia oriental configura una realidad global con dos polos financieros y tecnológicos en competencia, lo que da a una región periférica más opciones que un mundo con uno solo. En otras palabras, la existencia de China como alternativa es, en sí misma, un activo de negociación frente a Washington. Esto se verifica incluso como fuente de inversiones alternativa, ya que la capacidad inversora china en el mundo representa hoy entre un tercio y la mitad de la estadounidense (si bien en América Latina la IED norteamericana sigue siendo ampliamente superior a la del gigante asiático).

El riesgo de reproducir esquemas de dependencia

A estos datos sobre la creciente presencia económica de China y las posibilidades que abre en distintos ámbitos, es preciso contraponer un análisis de la composición del intercambio. Si analizamos el caso argentino, se observa que el patrón de comercio reproduce, con una potencia distinta, la misma lógica centro-periferia que el estructuralismo económico y la teoría de la dependencia describieron para la relación con las potencias industriales del siglo XX. Nuestro país exporta materias primas y manufacturas de baja tecnología (soja, cobre, carne, mineral de hierro, litio en bruto), mientras que China exporta manufacturas de alta y media tecnología, cada vez más sofisticadas (autos eléctricos, electrónica, maquinaria). Con las adecuaciones propias de cada caso, una realidad semejante se presenta en la inmensa mayoría de los países latinoamericanos.

Entre 2008 y 2025, Argentina acumuló un déficit comercial cercano a los US$ 100.000 millones con China. Ese desequilibrio, que comenzó a manifestarse en 2008, se volvió estructural, y se sostuvo pese al récord histórico de exportaciones argentinas hacia ese mercado. Lo notable es que la tendencia se mantuvo a lo largo de cinco presidencias con marcados vaivenes político-ideológicos. Esto da la pauta de que no se trata de un problema de qué gobierno gestiona el vínculo, sino de un patrón estructural.

Los números del último año son elocuentes al respecto. En plena era de alineamiento incondicional con Washington, las exportaciones argentinas a China alcanzaron un récord histórico de US$ 9.700 millones, un 11% del total exportado a nivel nacional. De ese total, el 88% correspondió al sector primario, con la soja, la carne bovina, los cueros y el litio a la cabeza. Es decir, el "boom" exportador con China es, en los hechos, una intensificación del perfil primario-exportador, no una diversificación hacia manufacturas o segmentos intensivos en conocimiento. Las inversiones chinas en el país, canalizadas algunas de ellas a través del RIGI, se concentran en esos mismos sectores, además de energía.

El resultado, documentado en diversos estudios, es un proceso de reprimarización de la canasta exportadora nacional, con el riesgo de desindustrialización que ello conlleva. Ese perfil primario-exportador expone una debilidad propia más que una imposición externa, exactamente lo contrario de lo que requeriría un proceso de desarrollo basado en la agregación de valor. Todo parece indicar, así, que, lejos de explotar las posibilidades que representa la configuración de un mundo multipolar, no logramos construir una política de inserción internacional que revierta la lógica del comercio desigual, y terminamos reproduciendo un esquema similar al que históricamente hemos sostenido con otras potencias.

Aprovechar la oportunidad requiere un proyecto nacional y regional

El problema no es China ni sus políticas hacia la región. La cuestión central es qué hacemos nosotros como país frente a esta realidad, cómo nos posicionamos ante las nuevas condiciones que ofrece el escenario internacional y qué políticas implementamos para transformar los vínculos comerciales en una palanca de desarrollo, diversificación productiva y agregación de valor. Como analizamos en un artículo reciente sobre las relaciones entre Argentina y Estados Unidos, hay que analizar la inserción internacional y el vínculo con las grandes potencias sin caer en a priori ideológicos, como hace actualmente el presidente Milei, sino en función de una estrategia de desarrollo nacional.

En otras palabras, es indudable que el viejo problema de la dependencia se hace presente en la relación con China. El problema es la posición estructural de proveedor de materias primas frente a cualquier centro industrial y tecnológico, sea cual sea su bandera. Cambiar de socio principal sin cambiar esa posición estructural no resuelve nada. Lo que resuelve algo es construir capacidad industrial y tecnológica propia, tenga como principal comprador a quien tenga.

El ascenso de China no es, en sí mismo, ni una liberación ni una nueva condena. Es un cambio en la estructura del sistema internacional que le abre a países como Argentina un margen de maniobra que no tenía en un mundo unipolar. Se trata de acceso a financiamiento sin condicionalidad política directa, de mercado para productos que Occidente arancela o subsidia en contra, de vínculos diplomáticos que no exigen alineamiento como condición y que por eso amplían el margen de maniobra propio, y, si se negocia bien, de acceso a tecnología en mejores condiciones. Pero esa oportunidad no se activa sola. Los datos argentinos muestran que, dejado a su dinámica de mercado, el vínculo con China profundiza exactamente el perfil que se supone que había que superar. Más soja, más carne, más litio en bruto. Más importación de manufacturas y tecnología llave-en-mano.

Lo que determina si esta relación es una salida de la dependencia histórica o una nueva versión de la misma no es la nacionalidad del socio comercial, sino al menos tres cosas que dependen enteramente de decisiones propias. Es decir, de la capacidad que tengamos como país y como región de pensar en términos de un proyecto nacional y latinoamericano.

Primero, una política industrial activa que exija valor agregado y transferencia tecnológica como condición de la inversión extranjera. No alcanza con atraer capitales chinos a los sectores donde ya tenemos ventajas comparativas naturales, como la minería o el agro. La experiencia de las zonas económicas especiales chinas, que condicionaron los incentivos fiscales a la asociación con empresas locales y a la transferencia efectiva de tecnología, muestra que ese tipo de exigencia es compatible con atraer inversión extranjera, siempre que exista la decisión política de imponerla. El RIGI, tal como está diseñado, va en sentido contrario, ya que no exige contenido local ni transferencia tecnológica y prioriza la estabilidad fiscal por sobre cualquier contrapartida productiva. Convertirlo en un instrumento de ese tipo no sería un simple ajuste sino una reformulación de su lógica de origen, algo que solo tiene sentido si existe la voluntad política de asumir ese costo.

Segundo, una articulación entre los niveles subnacionales y los Estados nacionales que permita generar mejores condiciones de negociación en las inversiones destinadas a la explotación de recursos naturales. Buena parte de los proyectos mineros y energéticos con capital chino se negocian hoy de forma directa entre gobernaciones provinciales y empresas, sin una estrategia nacional que unifique criterios ni fije pisos comunes. Cada provincia termina compitiendo con la de al lado por la misma inversión, y cede condiciones fiscales, ambientales o laborales para no quedar afuera. Una coordinación federal, con reglas comunes sobre regalías, empleo local y contenido nacional, permitiría que ese aprovechamiento de recursos naturales se articule con un entramado productivo local en lugar de derramar hacia afuera.

Tercero, promover la coordinación regional, un Mercosur que negocie como bloque y no como cuatro competidores. Es el mismo problema del punto anterior, pero a escala regional en lugar de provincial. El caso de Uruguay avanzando por su cuenta hacia un tratado bilateral con China, o el de cada socio del bloque ofreciendo condiciones cada vez más favorables para no quedar afuera de una inversión, muestra el costo concreto de esa fragmentación. Negociar como un mercado de 280 millones de personas, con reglas de origen y exigencias de contenido local comunes, le da a la región un poder de negociación que ninguno de sus miembros tiene por separado. La señal reciente de Brasil, mostrándose más dispuesto a explorar una negociación conjunta del bloque en lugar de dejar que cada socio negocie por su cuenta, es un antecedente auspicioso, aunque todavía inicial. Sin ese paraguas regional, la Argentina negocia siempre en desventaja, no porque le falten recursos para ofrecer sino porque le falta escala para exigir.

Ninguno de estos tres ejes depende de China ni de la buena o mala voluntad de Beijing. Dependen de decisiones que solo pueden tomar Argentina y demás países de la región. La relación con China puede ser una salida de la dependencia histórica o una repetición con otro nombre, y esa definición se juega en gran parte adentro, no afuera. Adoptar una posición acríticamente prochina repetiría el mismo error que supuso, en otras coyunturas, alinearse sin más con el ascenso inglés o con el estadounidense. Como plantea el CENAC, el objetivo no es cambiar de tutor sino construirnos como polo emergente, sin resignarnos a elegir un bando en la puja entre potencias. El desafío es usar el margen que abre esa disputa para construir lo único que ningún socio comercial puede ofrecer: capacidad productiva y tecnológica propia.

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    1955: el antiperonismo bombardea un tanque de combustible
    1955: el antiperonismo bombardea un tanque de combustible
MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA

16 de septiembre de 1955: la investigación que desmonta el mito del golpe incruento contra Perón

16 Septiembre 2026

Una investigación que realicé desde el Archivo Nacional de la Memoria reconstruyó durante años las víctimas y los enfrentamientos producidos durante el golpe de Estado de septiembre de 1955. El trabajo, que nunca llegó a publicarse como libro, reunió actas de defunción, registros civiles, documentación de cementerios y testimonios para demostrar que la caída de Juan Domingo Perón no fue un proceso incruento. La investigación identificó 158 víctimas fatales vinculadas a los nueve días de resistencia, combates y represión posteriores al levantamiento militar.

El trabajo comenzó a partir de una investigación estatal sobre el bombardeo a Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955. Aquel relevamiento permitió identificar 308 víctimas fatales y constituyó el primer abordaje sistemático realizado desde el Estado sobre los muertos provocados por el ataque de la Marina y la Aeronáutica contra la población civil.

Posteriormente, y en el marco de las políticas de reparación impulsadas durante el kirchnerismo, la Ley 26.564, sancionada en 2009, incorporó a las víctimas de hechos ocurridos desde junio de 1955 al régimen reparatorio establecido por leyes anteriores.

No fue un golpe incruento

A partir de ese trabajo sobre los bombardeos se abrió una nueva línea de investigación: reconstruir qué había ocurrido durante los días posteriores al levantamiento iniciado el 16 de septiembre de 1955 y hasta la consolidación del golpe. La hipótesis era concreta: hubo resistencia popular, enfrentamientos, combates y muertos en distintas ciudades y provincias.

Para comprobarla, pude rastrear actas de defunción y registros documentales. El fallecimiento de Eduardo Luis Duhalde en 2012 interrumpió el proceso institucional y las nuevas autoridades priorizaron otras investigaciones. Sin embargo, continué trabajando con la documentación disponible.

Así, pude relevar, por ejemplo, el caso de Silverio Cayetano Altamirano, policía asesinado a las 0.45 del 16 de septiembre en la ciudad de Buenos Aires. El registro fue localizado en el libro del Cementerio de Chacarita y posteriormente contrastado con el acta de defunción del Registro Civil. Según mi investigación, Altamirano aparece como la primera víctima de la lista de muertos producidos durante el golpe. 

La investigación siguió los rastros de las muertes en diferentes puntos del país. En Rosario, por ejemplo, figura Manuel Enrique Abella, un canillita de 37 años asesinado el 25 de septiembre, en medio de uno de los últimos episodios de resistencia al golpe en el centro de la ciudad. Su nombre aparece tanto en la prensa como en el acta de defunción. El relevamiento también registra muertes ocurridas en Córdoba, Azul, Ensenada, Villa Elisa y otros puntos del territorio nacional.

En el caso de Villa Elisa, registré la muerte de un armero anarquista el 30 de septiembre, producida por un disparo de escopeta en el abdomen. El registro aparece acompañado por el acta de defunción. Estos casos resultan significativos porque permiten extender temporalmente la investigación más allá de los primeros días del levantamiento y sostener que la violencia y los enfrentamientos no terminaron inmediatamente después de la caída de Perón.

La reconstrucción incluye además episodios de resistencia en lugares estratégicos como puentes, rutas, barrios, destilerías y guarniciones militares, así como enfrentamientos que involucraron a buques y aviones. Entre los lugares señalizados posteriormente se encuentra Barrio Campamento, en Ensenada, uno de los sitios afectados por los ataques de las fuerzas rebeldes. La señalización fue realizada en 2017, dos años después de que se cumplieran seis décadas de los acontecimientos.

El trabajo comenzó con apenas cinco actas de defunción que permitieron abrir una investigación mucho más amplia. Entre los casos iniciales se encontraban Nievas, cuyo hijo brindó testimonio en Avellaneda; los conscriptos Vitali y De Paolo, amigos y compañeros en Río Santiago; Rodolfo Ortiz, de Barrio Campamento; y Juan Luna, en Córdoba. A partir de esos primeros documentos se fue construyendo una nómina que llegó a 158 víctimas fatales.

La lista que pude conformar incluye nombre, edad, fecha y lugar de muerte, ocupación, pertenencia a uno u otro bando, observaciones y fuentes documentales. No todos los casos cuentan con el mismo nivel de comprobación: algunos fueron confirmados mediante actas de defunción, mientras que otros surgen de listados militares, registros civiles, diarios de la época o testimonios. Esa distinción forma parte de la propia documentación y permite continuar profundizando el relevamiento.

A 71 años de aquellos acontecimientos, la investigación recupera una pregunta que durante décadas quedó relegada: ¿qué ocurrió realmente durante los días que siguieron al levantamiento militar del 16 de septiembre de 1955? La documentación reunida sostiene que la caída de Perón no se produjo de manera inmediata ni sin víctimas. Hubo resistencia, enfrentamientos y represión durante varios días y en diferentes puntos del país.

El trabajo que buscaba reconstruir esa historia nunca llegó a convertirse en el libro que sus investigadores habían proyectado. Ahora, a través de nuevas publicaciones, parte de esa documentación vuelve a salir a la luz. El objetivo es recuperar los nombres de quienes murieron y aportar documentos para revisar uno de los grandes relatos instalados sobre el golpe de 1955: el de una caída del gobierno presentada durante décadas como un episodio prácticamente incruento.

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    Rodolfo Walsh
    Walsh en tiempos de la CGT de los Argentinos.
NOVEDAD

¿Textos inéditos de Rodolfo Walsh?: una historia hecha de acertijos

15 Septiembre 2026

I

Entre enero de 1953 y septiembre de 1954, en un momento por cierto mágico de las editoriales argentinas, de las revistas para todo paladar, y del creciente interés por el género policial, el magazín Leoplán publicó una sección titulada “El problema policial”. No siempre con periodicidad estable, consistía, básicamente, en acertijos: denominarlos cuentos suena demasiado pretencioso, y, como veremos después, también un poco peligroso.

Estos juegos se asentaban en relatos brevísimos, donde ocurría un crimen. El texto era paratáctico por demás; los personajes, secos, despersonalizados, perfectamente intercambiables, sin pretensión alguna de rasgos psicológicos. Se suponía que el lector, con ese breve episodio y las pistas diseminadas en la narración, estaba capacitado para resolver el macabro asunto. Si no lo lograba, la misma revista proporcionaba la solución en las páginas de atrás: una estrategia que también hemos visto en folletos de crucigramas, o en adivinanzas de manuales escolares.

Los textos iban firmados por J. Dupin e ilustrados por Raúl Valencia. Paradójicamente, fue más fácil comprobar la identidad del excelente ilustrador, peruano de origen, muerto por estos pagos hacia el 2008, que la del autor, individual o colectivo. Dupin, ya sabemos, es el pater familias de todo el moderno género policial, una de las invenciones supremas de Edgar Allan Poe, y protagonista y deductor de la santa trilogía compuesta por “Los crímenes de la rue Morgue”, “La carta robada” y “El misterio de Marie Rogêt”, todos convenientemente ambientados en una Francia que Poe nunca conoció.

Por supuesto, es difícil que el caballero Dupin condescendiera a transmigrar a la Buenos Aires peroncha de los años 50, a rebajar su estilo y dedicarse a las adivinanzas. Este evidente neo-Dupin seudonímico se hubiera quedado sin pena ni gloria si dos grandes investigadores argentinos, Juan Sasturain y Mariano Buscaglia, no hubieran apostado a que detrás de él se esconde nada menos que el mismísimo Rodolfo Walsh –entonces dedicado a la traducción, la corrección de pruebas y la redacción de sus primeras obritas maestras dentro del género policial.

Y hasta lo pusieron en connivencia con un escritor hoy prácticamente olvidado, Ignacio Covarrubias, alias “el Cova”, del que se conserva una novela y varios textos dispersos. “El Cova” murió muy joven. Y Walsh aún estaba lejos de Operación masacre.

Esta apuesta ya tiene sus años; en marzo de 2019, la revista Fierro publicó unos quince de estos acertijos; restaba el desafío de editar los veintisiete casos completos, con sus lindas viñetas y soluciones correspondientes. Este regalo nos lo ha proporcionado el número 3 de la benemérita colección Fuera de Registro, verdadera belleza editorial que nació por el 2024, y debutó con entrevistas inéditas de Paco Urondo. Prosiguió con el magnífico Alfabeto erótico de Clara Rodríguez, y al ritmo de nuestra contemporaneidad atribulada, masoquistamente renace ahora, unos dos años después. Y lleva el título de la sección de Leoplán: El problema policial.

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Tapa el problema policial

En un país como la Argentina, que no desconoce el problema de las atribuciones falsas o dudosas –piénsese en el Plan de operaciones cargado a espaldas de Mariano Moreno, que hasta el descubrimiento de su impostura fue motivo de lucha de tirios y troyanos; en El matadero, que parece demasiado bueno como para ser de Echeverría; o en varios artículos de la Revista multicolor malamente imputados a Roges–, animarse a entrever nuevos textos a Walsh es un acto valiente, casi temerario.

II

Antes de examinar el affaire Dupin/Walsh, hagamos un repaso por los protagonistas, no de crimen alguno, sino de este libro que ahora tenemos ante la vista. Creo que Juan Sasturain no necesita presentación alguna. Pertenece con todos los honores a la geografía de nuestra literatura, la policial en particular, pero mucho más importante, a nuestra Literatura, a secas y con mayúsculas. Se merece ya un monolito, una fuente con nenúfares o incluso una estatua ecuestre. Vayamos al resto.

El otro responsable de la investigación es Mariano Buscaglia. Buscaglia es un bibliófilo impenitente, de una admirable e ilimitada curiosidad intelectual. Si tuviéramos que definirlo en un campo en particular, hablaríamos de su amor por los géneros plebeyos, literarios o hemerográficos. Le fascinan los folletines, las viejas novelitas de entregas, las colecciones populares de las editoriales más inverosímiles, los avistajes de ovnis, los escritores menores o los escritores mayores pero en su etapa de minoridad intelectual o de panem lucrando.

Es un auténtico sabio, incluso con entusiasmos excesivos: en su papel de exhumador y editor de textos olvidados, ha sacado a la luz auténticas joyas (él suele hablar de “gemas”), pero también ejemplares de una literatura que quizás hubiera merecido seguir durmiendo el sueño de los justos… o de la fauna bibliófaga. Pero ojo: sus gustos aparentemente menores no le impiden el acercamiento continuo a las literaturas más glamorosas. Por otros lares, hubiera sido un gran medievalista.

El curador de la colección, Lautaro Ortiz, también es un cazador de temas limítrofes, y sabe trasladarlos a sus brillantes contratapas de Página/12, recientemente reunidas. A lo que habría que agregar que Walsh, “el primer Walsh”, aparece entre sus obsesiones, como en otro lugar dijimos.

Mención aparte merece el diseñador Matías Castro Sahilices. Las reseñas raramente recuerdan a gente de su oficio, y quizás con razón. Es que últimamente los encargados de arte del libro parecen haber mutado en auténticos archienemigos, ya no se sabe si del editor que no les paga, del autor que no han leído, o del libro mismo como objeto de rencores inexplicables. Felizmente, aquí estamos ante una excepción. Los libritos de Fuera de Registro son de esos objetos dignos de amor, por su formato cuidadosamente atípico, por la limpieza de sus líneas, por el ascetismo pundonoroso de su concepción.

Como dato negativo: no habría venido mal un mejor trabajo de edición. Erratas las hay desde el título mismo del ensayo inicial de Sasturain; y una verdadera subversión u omisión de cursivas, mayúsculas y puntuación logran que la lectura sea menos grata de lo que uno quisiera.

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Tapas de Leoplan

III

Como dijimos, hacia 1953 Walsh distaba de ser un novato en cuestiones de literatura policial. Ya había traducido clásicos y novedades del género, e incluso publicado algunos textos que han resistido con holgura el paso del tiempo. Por ejemplo, el cuento de ambiente rural “Los nutrieros” (¡1951!) en la misma revista Leoplán, y su primer libro Variaciones en rojo, con un tímido corrector de pruebas haciendo las veces de detective y ayudando a un tal comisario Jiménez, renegado y buenazo al mismo tiempo. Ahora bien, aunque Walsh sabría con el tiempo cómo superarse a sí mismo en el género, Variaciones en rojo ya lo muestra como un escritor maduro, o a punto de serlo. ¿Por qué condescender, entonces, a los acertijos de J. Dupin? La cuestión de la identidad es abordada con respuestas disímiles y hasta contradictorias en los distintos paratextos de la edición que ahora tenemos entre manos.

Por ejemplo, Sasturain comienza cauteloso: alega que “ni la atribución puede ir más allá de la simple y más o menos fundamentada conjetura”. Sin embargo, ¡lo que tenemos ante nosotros es un libro donde desde la tapa y la portada la autoría se atribuye expresamente a Walsh y Covarrubias! Un poco después, Sasturain agrega: “Hay rasgos de estilo, ambientes y planteos formales que nos permiten aventurarlo. No cabe acá desarrollar estos fundamentos; tampoco evaluar la excelencia literaria”. Que no quepa desarrollar esos fundamentos es una verdadera lástima. Porque si no se hace en el momento mismo de intentar adosar al canon walshiano estos textos hasta ahora ignotos, y cuando quien firma es un experto como Sasturain, ¿cuándo o dónde cabrá entonces? ¿No es una manera un tanto ubicua de desperdiciar el prólogo aclaratorio? Lo de no evaluar la excelencia literaria, ¿no es un elegante recurso eufemístico para negarla? Yo iría más allá y me preguntaría incluso si estamos ante textos de calidad ínfima o ni siquiera estamos ante literatura propiamente dicha.

Pasamos ahora al ensayo de Buscaglia. Rápidamente descubrimos que carecemos de elementos heurísticos: ningún manuscrito, ninguna mísera carta, ningún testimonio oral poseemos para juntar a Walsh y Covarrubias en el seudónimo J. Dupin. Siguiendo con Buscaglia, las pruebas se reducirían a: Walsh y Covarrubias trabajaron juntos en Leoplán por esos años; eran los más avezados del staff en temas policiales (¿pero en realidad se necesitaba gran inteligencia para formular estos acertijos?); eran grandes amigos (¿dónde nos consta?); quizás escribían estos divertimentos entre copa y copa o entre risa y risa… pero si hay algo que falta en estos breves relatos es precisamente el sentido del humor (el único que parece haberse solazado es el ilustrador), mientras que la ironía y el humor negro tienen una presencia muy marcada en el primer Walsh.

Solo hay un dato innegable: algunos comprobados personajes de Covarrubias (Mendoza, Garat) aparecen en los acertijos… pero no hay ningún Daniel Hernández, comisario Jiménez ni Laurenzi walshianos. Su protagonista es el comisario Menéndez, héroe de veinte de las veintisiete charadas. Buscaglia lo compara con el Jiménez de Variaciones en rojo; ahora bien, Jiménez nunca resuelve nada. Depende siempre del corrector Daniel Hernández. Menéndez en cambio lo resuelve todo. Buscaglia también aduce sonoridades: si no malinterpreto, así apunta al hecho de que Menéndez y Jiménez comparten cuatro letras —m, n, e, z. Si esto constituye una posible prueba, agreguemos entonces a Emma Zunz, que también las incluye, y ya tenemos una autoría borgeana…

A medida que se avanza en el texto de Buscaglia, el vocabulario cambia. Primero leemos que la identificación es “posible”, luego “más plausible” y por último, “más que probable”. En las fichas biográficas que cierran la edición, los acertijos son tan certeramente salidos de Covarrubias y Walsh “que justifican este volumen”. Si no de la autoría, tenemos al menos todas las pistas de la conversión de un agnóstico en un hombre de fe acendrada.

“Hay rasgos de estilo, ambientes y planteos formales que nos permiten aventurarlo”.

IV

Si es hora de divertirse, permítaseme entrar en el juego de acertijos. Ignoro todo sobre Covarrubias; creo saber bastante poco sobre Walsh. Pero desde el conocimiento y uso de los métodos histórico-críticos aplicados a los textos sagrados de occidente, creo saber algo sobre estilometría. Dicho esto, ¿qué cuestiones estilísticas podrían unir a J. Dupin y Walsh?

Comencemos. El dispositivo intelectual de Dupin es muy compatible con el Walsh policial temprano. Estos acertijos parten de una situación aparentemente banal, esconden un dato decisivo y esperan del lector una reconstrucción racional. Eso está perfectamente dentro del territorio de Variaciones en rojo y de los cuentos policiales que Walsh escribía en esos años. Podemos afinar la coincidencia: Dupin y Walsh tienen una marcada inclinación a convertir un detalle material aparentemente insignificante en la clave de una situación criminal.

Por otro lado, aunque esto quizás sea en exceso genérico, hay una concepción del policial como desafío al lector: el lector debe tener, al menos en principio, las mismas posibilidades que el investigador. La extrema pobreza narrativa de Dupin, que torna tan árida la lectura continua de los veintisiete casos, podría deberse más a requerimientos editoriales que a decisiones walshianas. Por otra parte, hay cierta ironía walshiana en los relatos de Dupin, aunque ciertamente no con su pródiga abundancia.

¿Y en contra? La caracterización pobrísima de los personajes de Dupin. Los personajes aparecen esencialmente por la función que desempeñan en el mecanismo. Comparemos eso con el Walsh policial. Incluso cuando éste trabaja con personajes funcionales, suele introducir rápidamente una peculiaridad verbal, social, psicológica o física que los individualiza. En J. Dupin, si quitáramos los nombres propios, buena parte de los personajes podría intercambiarse sin que el mecanismo sufriera. Las descripciones ambientales también son puramente funcionales, no narrativas: no hay un minimum de algo que podamos llamar “atmósfera”.

Las soluciones son paupérrimas intelectualmente: tienden a tomar al lector por opa y las cosas pueden llegar a explicarse dos veces, todo esto en un espacio más que acotado. Algunas deducciones son más opiniones o pareceres que resultados en sentido clásico. No se aprovechan las (muchas) situaciones que podrían convertirse en humor.

Y hay cosas peores: la solución llega a admitir defectos del propio problema. Esto es casi una confesión de que quien construyó el acertijo no ha terminado de controlar el mecanismo. Por ejemplo: hay pistas falsas que no cumplen función alguna. Ya sabemos que la pista falsa es esencial en el policial, y no solo para “despistar”: debe tener un plus, debe significar algo. Y Walsh, incluso cuando hace literatura de género, suele tener una obsesión extraordinaria con la exactitud del mecanismo. Por último, falta una segunda capa: esas otras cosas que, sumadas a la intriga en sí, hacen tan fascinante el policial walshiano. Falta una voz propia; es tan genérica y seca como la de los personajes.

Conclusión de compromiso: Walsh pudo haber escrito estos textos; los textos son compatibles con un Walsh joven trabajando bajo una fórmula editorial extremadamente rígida, antes que con la hipótesis de unas copas entre compañeros. Pero no hay en ellos suficientes rasgos idiosincráticos para reconocerlo, y sí hay una pobreza de caracterización, de densidad narrativa y de elaboración deductiva que resulta llamativa frente a su producción policial indudable del mismo período.

Quizás el problema radique en otro lado: en que estamos haciendo mal las cosas. El problema sería soluble, amén de algún providencial descubrimiento documental, si pudiéramos comparar estos acertijos con otros acertijos de Walsh, y no sencillamente con sus primeros cuentos, que ya muestran la huella de muchos borradores previos y de un obsesivo perfeccionismo. El tema es que no tenemos acertijos walshianos de autoría indubitable, a menos que asumamos por tal al famoso microcuento “Tres portugueses bajo un paraguas (sin contar el muerto)”, de 1955. Pero este posee todos los méritos habidos y por haber de los que carecen las charadas del Dupin criollo.

Es una lástima que este juego de identidades no posea una página atrás, como la Leoplán, para la solución. O quizás sea mejor así: el juego queda abierto para todos. Ojalá esta belleza bibliográfica halle muchos lectores, con capacidades mayores que las mías, y que den nuevas y más convincentes respuestas.

V

El libro puede adquirirse en la librería especializada La Escena del Crimen, ubicada en Ravignani 1187 (CABA). También en Librería Hernández. O contactando por Instagram a la colección Fuera de Registro o al curador de la colección. Si no me equivoco, todos ellos hacen envíos al interior. Y, como última solución —pero muy última—, recurrir a Mercado Libre.

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    César González
NUEVO REGIMEN PENAL

César González: “La clase media tiene que explicar por qué votó a Milei”

15 Septiembre 2026

César González, escritor y cineasta, analizó diversas cuestiones de actualidad a raíz de la implementación del nuevo régimen penal juvenil, que bajó la edad de imputabilidad a 14 años.

González dialogó el sábado 12 de septiembre con "Más o menos bien" (Radio Con Vos, sábados de 18 a 20hs). A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“La sociedad estaba y está demandando este tipo de leyes, que sabemos que son acciones demagógicas, que no son ni siquiera parches, y que son simplemente un poco darle de comer a ciertas pulsiones de una bronca que es muy válida de nuestra ciudadanía, que es la bronca por ser asaltada y por ser violentada en la cotidianidad. Hay estudios de sobra, estadísticas, donde los menores de entre 13, 14, y 15 años que cometen delitos de gravedad son un número muy irrisorio”.

“Hay que empezar desde antes, es siempre una reacción muy en diferido al problema. Estamos hablando de un país que, en estos momentos, está siendo arrastrado hacia un nivel de indigencia masiva y de pobreza estructural que no justifica el delito, pero que lo explica”.

“Lo escondés al problema, pero sigue estando. Se dejó pasar una oportunidad en los 12 años del kirchnerismo de sancionar una nueva ley que sea más realista. La que estaba vigente era una ley de la dictadura, la ley de minoridad. El problema continúa”.

“Nunca nadie pregunta por qué la clase media vota mal. La clase media siempre sabe por qué vota, en cambio, el pobre vota mal. Al pobre se lo mide en términos morales. ¿Cómo aplica la moral del bien y el mal al voto? Solo porque son pobres. Ya es agotador, hay una obsesión de que los pobres expliquen su voto. ¿Y cuándo lo va a explicar la clase media? La gente inteligente, ilustrada, académica que votó a Milei, los artistas supuestamente sensibles, los que lo siguen apoyando. Es siempre el chivo expiatorio perfecto para todo el pobre: para el certificado de militante, para echarle la culpa de los males del país, para construir una épica. Hay que empezar a desmontar, o ponerlo sobre la mesa”.

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    Matthew Rhis

Premios Emmy 2026: Widow’s Bay, DTF St. Louis, y The Pitt fueron las grandes ganadoras

15 Septiembre 2026

Este lunes se entregaron los Premios Emmy, dedicados a la cobertura de lo más destacado de la televisión estadounidense. En un clima de alta competencia entre las principales plataformas de streaming, HBO Max no sólo destacó por liderar la cantidad de nominaciones, con un total de 122, sino por llevarse dos de las tres categorías más relevantes: DTF St. Louis, como miniserie, y otra vez The Pitt, como serie dramática. Sin embargo, la gran ganadora de la noche fue Widow’s Bay, por mejor comedia y por alzarse con 14 estatuillas.  

En una gala que tuvo a la actriz Mariska Hargitay, recordada por La ley y el orden, como presentadora, había mucha expectativa por los nombres que llegaban como favoritos en relación a la cantidad de nominaciones: The Pitt 25, Hacks 24, Widow's Bay 19, y Pluribus 18. A continuación, repasamos los ganadores de las principales ternas.

Mejor Miniserie: DTF St. Louis

En la categoría a mejor serie limitada o antológica, también conocida como miniserie, la ganadora fue DTF St. Louis, de HBO Max. Sin embargo, no tuvo el mismo desempeño en el plano de la actuación. Por un lado, Matthew Rhys consiguió un logro inédito, al ganar dos categorías de actuación principal en una misma edición, por Widow’s Bay y The Beast in Me. Por otro, gracias a su papel en Remarkably Bright Creatures, Sally Field se convirtió en la mujer más grande en obtener el premio a mejor actriz.

Mejor Serie Dramática: The Pitt 

El premio más codiciado, en general, de los Emmy se lo volvió a llevar The Pitt, aunque con mucho menor peso que el año pasado. Noah Wyle repitió como mejor actor principal. No obstante, Tom Pelphrey, por Task, fue el triunfador en la categoría de reparto; y Rhea Seehorn, por Pluribus, que consiguió su primer Emmy como mejor actriz principal.

Mejor Serie de Comedia: Widow’s Bay

Una de las grandes incógnitas de la noche era qué serie se iba a quedar con el premio, tras la ausencia de The bear. La ganadora del Emmy a mejor serie de comedia fue Widow’s Bay, una de las apuestas de HBO Max. Si bien Jean Smart, de Hacks, revalidó su lugar en la industria como mejor actriz principal, la producción de Apple TV se llevó el premio a guion y dirección, y el resto de las categorías de actuación: el mencionado Rhys, y Stephen Root y Kate O’Flynn en los papeles de reparto. 

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    Día de la lealtad peronista_17 de octubre_Leonardo Rendo
    Foto: Leonardo Rendo

El miedo al peronismo

15 Septiembre 2026

El miedo al peronismo, a “los K” o a “los kukas” y a nuestro posible retorno al ejercicio de la presidencia en las próximas elecciones es uno de los principales temores que Milei trata de inculcar para convencer a la mayoría de la sociedad sobre la necesidad de dar continuidad a sus políticas de ajuste y primarización de la economía, pese a sus consecuencias, que están a la vista de todos.

En lo que sigue se mostrará por qué y a quienes atemorizan dos de las principales consignas del peronismo, “Memoria, Verdad y Justicia,” y “Primero la Patria, después el Movimiento y por último los Hombres” y sus tres banderas de “Justicia Social, Libertad Económica y Soberanía Política”, continuando con una estimación de quienes realmente nos odian y quienes nos tienen miedo, para concluir con algunas de las posibles respuestas de quienes nos oponemos al proyecto anarco neoliberal.

La Memoria

Comprende el recuerdo de las persecuciones sufridas y de los resultados obtenidos.

Las persecuciones sufridas por los peronistas fueron muchas y de una violencia extrema. Los bombardeos a la Plaza de Mayo por nuestra propia fuerza aérea, los fusilamientos de militares y civiles en los basurales de José León Suárez, la prohibición de nombrar a Perón y su proscripción política; todo ello dio lugar a los 18 años de la Resistencia Peronista que culminó con el regreso y la fugaz tercera presidencia de Perón. Siguieron la intervención de las FFAA en la represión interna (justo es decirlo que fue decretada para Tucumán por Estela Martínez, primero y luego ampliada a todo el territorio nacional por Luder), la dictadura cívico militar, sus treinta mil desparecidos, los bebés robados a sus madres en cautiverio y en especial la nunca penalizada estatización por US$ 23.000 millones de las deudas privadas de unas 70 grandes empresas y bancos que terminamos pagando todos los argentinos.

Evidentemente, los responsables civiles y militares de esas atrocidades no quieren saber nada del ejercicio de la Memoria.

Los resultados, incluyendo el juicio a las Juntas iniciado en el gobierno de Alfonsín y los resultados económicos y sociales alcanzados durante las presidencias de Néstor y Cristina Kirchner, tampoco son del agrado de los poderes concentrados, por lo que fueron y siguen siendo objeto de las fake news, muchas de las cuales dieron origen primero al intento de asesinato de Cristina Kirchner y luego a su ilegítimo encarcelamiento y proscripción política de por vida, avaladas por una Corte Suprema de Justicia adicta a esos poderes.

Todo ello explica el porqué del ejercicio de la Memoria atemoriza a los poderes concentrados y a quienes se beneficiaron o hicieron la vista gorda ante semejantes atropellos.

Primero la Patria

Poner a la Patria o si se prefiere al bien común como primera prioridad y poner a los intereses partidarios en segundo lugar, relegando los intereses personales al último lugar resulta exactamente contrario a lo que propugna el neoliberalismo, para cuyos adherentes cada persona es la única y exclusiva responsable de sus éxitos o de sus fracasos.

Bajo el sistema neoliberal, como el que tenemos hoy en el ejercicio del poder, la consigna se invierte, primero está los intereses personales de quienes tienen el poder necesario para imponelos al resto de la sociedad, siguen los partidos que responden a esos intereses. El bien común te la debo, ya que según ellos no existe.

Esta inversión de las prioridades explica el miedo profundo que genera la posibilidad del regreso del peronismo por parte de quienes hoy cortan y reparten el bacalao sin límite alguno.

Las 3 banderas

La justicia social, junto al bien común forma parte de los temas que el neoliberalismo niega y reniega al considerarlos inexistentes.

La libertad económica siempre es considerada insuficiente. Para los neoliberales el concepto debería ser remplazado por libertinaje, en modo completamente independiente de los costos sociales que ese ejercicio.

En los últimos días la cuestión Malvinas viene generando un tembladeral en las filas del gobierno y las de sus mandantes al poner sobre la mesa el significado y el alcance efectivo de la soberanía política.

Hasta hace muy poco tiempo atrás, Milei proclamaba y reiteraba públicamente su admiración por Margaret Thatcher y su respaldo al derecho de autodeterminación de los kelpers.

El impacto del “trapo Malvinas” en el mundial de fútbol, sumado al creciente descontento social con los resultados económicos de su gestión, llevaron a Milei a intentar la recuperación de su iniciativa de gobierno mediante el anuncio por cadena nacional de profundizar los reclamos por las Islas Malvinas, aumentar las penalidades ya establecidas por leyes anteriores a quienes intenten explotar el petróleo existente e inclusive, extender esas penalidades a quienes exploten la pesca y otros recursos naturales en las zonas reclamadas por Argentina y retomar la construcción de la base naval en Tierra del Fuego.

Estos anuncios se hicieron sin contemplar situaciones que ahora complican al gobierno. Por una parte, la constatación del reciente otorgamiento de los beneficios del RIGI a empresas ya penalizadas económicamente por la ley 26.659 de 2011 y penalmente por la ley 26.915 sancionada en 2013, así como las contradicciones de sus declaraciones soberanistas con el tratamiento en el Congreso del proyecto de Super Rigi que aumenta la entrega de beneficios al capital extranjero sin condicionalidad alguna.

A esta farsa se agregan las preguntas que nos hacemos todos los argentinos sobre el destino del oro en lingotes que forman parte de nuestras reservas y que el gobierno trasladó a no sabemos dónde ni con que objetivo.

Lo que sabemos, o creemos saber es que, según el Estado Resumido de Activos y Pasivos publicado por el BCRA el 07,09,2026 el valor de las reservas en oro representan el 17,24% del total de nuestras reservas internacionales, con un valor declarado de US$ 8.747,08 millones.

Así como el “trapo Malvinas” originó el rotundo rechazo de la Ley de Tierras con que el gobierno pretendía autorizar la venta de nuestro territorio a empresas o gobiernos extranjeros, en modo similar las mentiras y contradicciones del presidente del BCRA Bausili ante el Senado harán explotar el proyecto de reforma de la Carta Orgánica del banco con que Milei pretendía eternizar a su presidente, proyecto que próximamente deberá ser tratado por el mismo Senado.

Completando el panorama de la galtierización de la soberanía que intentó ensayar Milei, cabe reflexionar sobre las consecuencias el cambio de manos del control geopolítico del Atlántico Sur y del acceso a la Antártida, hoy en manos de Gran Bretaña y que en virtud de la subordinación absoluta en que nos colocó Milei respecto a las políticas y los intereses de los EE.UU. pasarían directamente a ese país.

Quienes y cuantos nos tienen miedo y quiénes y cuantos nos odian

Para responder a estas preguntas es necesario tener en cuenta dos cuestiones fundamentales.

La primera es sencilla: el miedo irresuelto, más temprano que tarde, se convierte en un odio visceral, muy difícil de reducir y mucho más difícil de desarmar.

La respuesta a la segunda pregunta es bastante más compleja. Requiere tomar en cuenta que toda nuestra historia estuvo y sigue estando cruzada por el odio: en el siglo 19 con los enfrentamientos a sangre y fuego entre unitarios y federales que terminó de definirse en la guerra civil que se inició con la batalla de Caseros en 1852 y que concluyó en 1861 con la batalla de Cepeda; continuó a partir de 1864 y hasta 1870 con nuestra participación en la infame guerra de la Triple Alianza contra Paraguay que concluyó con la muerte de más del 80% de los varones paraguayos. Desde 1878 y hasta 1885 la violencia continuó con la Conquista del Desierto, que logró terminar con los malones indígenas e incorporar la totalidad del actual territorio nacional mediante la muerte o la prisión de unos 14.000 indígenas muertos o prisioneros reducidos a la servidumbre; en la actualidad hay quienes catalogan esa campaña como un genocidio de los pueblos mapuches, ranqueles tehuelches y pampas.

Ya en el siglo 20 la violencia extrema se puso en evidencia con la represión de la Semana Trágica que en los primeros días de 1919 acabó con la huelga en los talleres Vasena con cientos de muertos (que algunos calculan en 700) y miles de heridos; esta represión es considerada como el primer antecedente del terrorismo de estado. Entre 1920 y 1922 se sucedieron los acontecimientos de la Patagonia Rebelde, en el entonces territorio nacional de Santa Cruz cuando el ejercito reprimió las huelgas anarquistas, resultando entre 1000 y 1500 obreros y dos conscriptos muertos.

Ambos sucesos, en alguna medida, están presentes en nuestra memoria colectiva; otros permanecen “olvidados” como las masacres de Napalpí y del Zapallar ocurridas en 1924 y 1933, respectivamente en el entonces territorio nacional de Chaco que puso fin a la vida de más de un millar de aborígenes tobas y mocovíes y la masacre de Rincón Bomba contra el pueblo pilagá, ocurrida en el entonces territorio nacional de Formosa en 1947 que, a pesar de la asistencia alimentaria enviada por Perón, concluyó con una represión que causó entre 750 y 1000 muertos. Hay que destacar que en esa masacre intervino la fuerza aérea mediante el ametrallamiento de indígenas, un antecedente de los posteriores bombardeos a Plaza de Mayo.

Ya en el siglo 21 todas estas masacres fueron declaradas por la justicia como crímenes de lesa humanidad.

Todos estos sucesos constituyen antecedentes de lo que fue y continúa siendo la represión del peronismo, más arriba resumida.

Con todos estos antecedentes y tomando en cuenta quienes fueron quienes impulsaron y en todos los casos los que se beneficiaron con esas violencias es posible pensar que quienes odian y propagan el miedo al peronismo son los poderes concentrados dominantes en cada época, tradicionalmente los grandes terratenientes, ingenios azucareros y tabacaleros, los bancos, entre otros.

Con el paso del tiempo y los avances tecnológicos esta composición ha ido cambiando. En el ranking 2026 de las personas más ricas del mundo elaborado por la revista Forbes figuran 6 argentinos cuyos patrimonios superan los US$1.000 millones de patrimonio: lo encabeza Paolo Rocca (Techint / Tenaris), con un patrimonio de US$ 7.300 millones y lo continúan Marcos Galperín (MercadoLibre), con US$ 7.200 millones; Alejandro Bulgheroni (Pan American Energy) con US$ 5.100 millones; Eduardo Eurnekian (Corporación América), con US$ 4.800 millones; Eduardo Costantini (Consultatio ), conUS$ 1.300 millones y cierra Delfín J. E. Carballo (Grupo Macro ) con un patrimonio de US$ 1.000 millones.

También es ilustrativa la lista de las 50 personas más ricas de Argentina publicada por Forbes en 2024.

Desde ya que cada una de estas personas tiene su propia posición, y puede o no integrar la lista de los odiadores al peronismo y en algunos casos pueden llegar a adherir a nuestros postulados; lo que si se puede afirmar es que este conjunto de multimillonarios junto a las empresas multinacionales que operan en nuestro país ejercen una influencia decisoria sobre el gobierno de Milei, ya sea de por sí o a través de organizaciones como AEA, la Sociedad Rural, la UIA y fundaciones como Libertad, Libertad y Progreso, Atlas para una Sociedad Libre, Faro y la Fundación Pensar.

Una forma hiper simplificada de evaluar la cantidad de odiadores y la cantidad de quienes le tienen miedo es mediante la comparación de la cantidad de votantes que tuvo Milei y la cantidad de personas que concentran la mayoría de los ingresos en nuestro país.

Según los últimos datos sobre distribución del ingreso publicados por el INDEC para el primer trimestre de 2026, señalan que el 10% de la población de los 31 aglomerados urbanos con ingresos más altos, integrado por 3 millones de personas, acumuló el 33,5% de los ingresos totales, mientras que los aproximadamente 18 millones de personas que integran el 60% de la población de los 31 aglomerados urbanos acumuló apenas el 28,4% de los ingresos totales; también hay que tomar en cuenta que el 10% de más favorecido acumuló 18,66 veces mayores ingresos que el 10% de menores ingresos.

La hiper simplificación consiste en suponer que ese 10% de personas de mayores ingresos, 3 millones de personas, constituyen el núcleo duro de los odiadores, mientras que Milei obtuvo 8,03 millones de votos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 2023, lo que podría significar que el 62% de los votantes de Milei tienen miedo al peronismo, sin llegar a odiarlo.

Cómo reducir los miedos al peronismo

La cuestión trasciende en mucho las posibilidades de este análisis.

Pese a ello parece importante explorar algunas posibilidades de acción, por supuesto con la asistencia de especialistas experimentados en el diseño y el desarrollo de campañas electorales.

  • Entablar un diálogo franco y de persona a persona entre nuestros militantes y los que nos tienen miedo en base a la pregunta concreta de qué acciones de nuestros gobiernos los perjudicaron a ellos y sus familias y qué beneficios concretos recibieron del actual gobierno;

  • Continuar con la denuncia por todos los medios a nuestro alcance de los actos de corrupción y los resultados de la destrucción del entramado social que Milei viene llevando adelante;

  • Generar y difundir por vía medios de comunicación y por las redes sociales una suerte de mecánica espejo que haga reflexionar sobre las razones del miedo al peronismo y en lo posible, lo transforme en un miedo al neoliberalismo que está arrasando con nuestra sociedad

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    Feria de Flores
    Feria de Flores

Con el lema “Use el martillo”, vuelve la Feria del Libro de Flores

15 Septiembre 2026

La séptima edición de la Feria del Libro de Flores se realizará el sábado 3 de octubre, de 15 a 22 horas, con entrada libre y gratuita y más de 200 editoriales de todos los géneros distribuidas a lo largo de la calle. Organizada por colectivos independientes junto a una escuela pública de oficios, la actividad incluirá talleres, proyecciones, recitales, muestras, postas de salud y espacios para infancias.

La programación anunciada reúne a la cineasta Lucrecia Martel, la antropóloga Rita Segato, la crítica literaria Sylvia Saítta y el Coro Nacional de Niños, entre otros participantes. Habrá dos escenarios principales: el de Morón y Artigas y el de la Cazona de Flores, en Morón 2453.

Bajo el lema “Use el martillo”, la organización planteó una consigna que apunta a “actuar con creatividad en la emergencia”. En el texto de convocatoria, la feria define su metáfora central: “Usar el martillo es auscultar: escuchar el sonido del cuerpo social desorientado y entumecido. Hacerlo funcionar como un estetoscopio que percute los ídolos del presente para medir la vacuidad, el absurdo y la crueldad de las creencias y fabulaciones de las voluntades que nos gobiernan”.

En ese mismo documento, los organizadores diferencian su propuesta de lo que describen como “el corte instantáneo, estruendoso y destructivo de la motosierra libertaria” y “el ruido blanco del ‘libremercado’”. Frente a eso, sostienen: “Nuestro martillo funda y proyecta. Es el instrumento de la resistencia popular que alerta y reconstruye, golpe a golpe, lo que el poder desmantela”.

La feria se presenta así como una apuesta a largo plazo. “Nuestro martillo no se hace ilusiones con golpes únicos que lo cambien todo. Por el contrario, es una apuesta a la capacidad colectiva de transformar la materia y defender la vida”, señalan, y retoman la consigna del año pasado: “‘Romper el aislamiento’, decíamos en la feria pasada. Contra la asfixia cotidiana, esta feria ensaya otra ciudad, expropiando a los expropiadores”.

El texto alude también a un trabajo sostenido durante todo el año: “Se trata de un martilleo de trabajo en sordina que ocurre durante todo el año y resuena en la calle un sábado de octubre. Es la respuesta en plena emergencia: raptos de lucidez colectiva para inventar salidas en común”.

Una feria en la calle

La actividad es gratuita y se desarrolla a cielo abierto, “para quien quiera habitar este suelo común de Flores”. “Encontrarnos es nuestro contrahechizo. Frente a la ciudad sin alma y la vida gris y ensimismada que diseña el poder, proponemos intemperie, sol, calle, encuentro, abrazo, voz y trabajo compartido”, afirman los organizadores.

Y agregan: “Ante la emergencia, invitamos a martillar para conjurar el encierro que nos anestesia y el agotamiento diario. Martillar para perforar pantallas convertidas en espejos y espejismos, para volver a imaginar juntxs, desde nuestros cuerpos, un horizonte posible”.

PROGRAMACIÓN

ESCENARIO MORÓN Y ARTIGAS

15:30 Hs. La disputa por el espacio público. Una conversación con Mapa de la policía.

16:15 Hs. Plan Cóndor. Viejos secretos y nuevos hallazgos. Con Francesca Lessa y Sebastián Santana.

17 Hs. Libros para entender lo que nos pasa. Con Inés Hopenhayn, Juan Felipe Salguero, Jose Amore y Melina Alexia Varnavoglou.

17:35 Hs. Presentación del libro sobre el Mural del CFP 24. 17:50 Hs. Coro Nacional de Niños.

18 Hs. Lucrecia Martel.

19 Hs. 100 años de El Juguete Rabioso de Roberto Arlt. Con Sylvia Saítta. 20 Hs. La viralización de la violencia. Con Danú Gontijo y Rita Segato. 21 Hs. Cumbia hasta el lunes.

ESCENARIO CAZONA DE FLORES

Morón 2453

15 Hs. La barrlal internacional. Ferias autogestivas de Buenos Aires, Brasil y Chile

16:30 Hs. El tarot también es del barrio. Con Elisa Carricajo.

17:30 Hs. Horacio Quiroga. El anarquista solitario. Con Wilson Alves-Bezerra.

18:30 Hs. Redondos. A quién le importa. con Agustín Valle, Ignacio Gago y Ezequiel Gatto.

OTRAS ACTIVIDADES

15 a 20 Hs. Muestra del Taller Popular de Serigrafía a 25 años de 2001. Morón 2453 (Cazona de Flores).

17 a 20 Hs. Proyección de cortos sobre ferias, libros y Flores. Morón 2453 (Cazona de Flores).

Espacios para infancias coordinado por Kamishibai Infinito, Asociación Francesco Tonucci y Recujuegos.

15 a 21 Hs. Posta de salud del Hospital Álvarez.

15 a 17 Hs. Mecánica Comunitaria de Bicicletas. Morón y Bolivia. 16 a 18 Hs. Activación serigráfica.

16 a 18 Hs. Peluquería. Morón 2538 (hall).

16 a 18 Hs. Masajes. Morón 2538 (hall).

17 a 19 Hs. Peña La Tempranera del Centro Cultural Roberto Arlt. Morón y Bolivia.

17 a 19 Hs. Maquillaje infantil. Morón al 2400

 

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    Arg - Ing

Partido Intransigente: A dos meses de Argentina–Inglaterra

15 Septiembre 2026

A dos meses del partido entre Argentina e Inglaterra del 15 de julio, el Partido Intransigente CABA invita a un encuentro para reconstruir la historia de un partido que no fue “sólo un partido de fútbol”.

Malvinas y el fútbol argentino mantienen una relación que viene desde antes de la guerra de 1982 y que desde entonces se profundizó. Fútbol, soberanía, héroes populares, memoria e identidad se entrecruzan en una historia de casi dos siglos que sigue formando parte de nuestra cultura popular.

La actividad propone conversar sobre esa relación y volver a vivir en pantalla gigante el partido Argentina–Inglaterra. Los asistentes pueden concurrir con la camiseta de la Selección y llevar algún objeto o talismán para sumar al altar comunitario.

🗓️ Martes 15 de septiembre – 18 hs.
📍 Casa del PI CABA – Luis Sáenz Peña 332, Monserrat.

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    Víctor Taricco
COMUNICACIÓN POLÍTICA

Víctor Taricco: “Viralización, interpelación política y voto, no tienen nada que ver”

14 Septiembre 2026

Víctor Taricco, coordinador académico de la Diplomatura en Comunicación Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, analizó la actualidad de las campañas de comunicación política en nuestro país.

Taricco dialogó el sábado 12 de septiembre con "Más o menos bien" (Radio Con Vos, sábados de 18 a 20hs). A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“Quizás es un momento para discutir si el consultorismo no es algo dañino para la comunicación política. Me parece que hay algo para revisar ahí en la práctica profesional, pero tiendo a pensar que las fuerzas políticas sí avanzaron mucho en la profesionalización de sus cuadros políticos y en un intento de hacerse lugar en el espacio público cada vez con mayor fuerza, con más creatividad, y con más organización, que es lo importante”.

“Una cosa es la profesión liberal y otra es la práctica política militante. Muchas veces el consultor externo tiene una fórmula, hay consultores muy serios también, eso hay que decirlo, que se comprometen con el trabajo que van a hacer, investigan, y escuchan a la gente que viene trabajando, que eso para mí es fundamental. Cualquier consultor político serio hoy recomendaría a cualquier político serio escuchar qué le dice su electorado, y creo que también escucha lo que dicen los equipos técnicos (…) A veces las dinámicas internas se vuelven negativas, entonces una intervención externa puede ayudar y destrabar cuestiones que tienen que ver con hábitos o problemas personales”.

“Me parece que lo que pasó en Bolivia con Fernando Cerimedo habla más del presidente de Bolivia que de Cerimedo. Si no tiene cuadros políticos, y lo tiene que poner donde lo puso, es porque estaba rodeado de personas que no eran muy capaces”.

“No creo que sea nuevo tampoco nada que tenga que ver con la manipulación política viniendo de los sectores del poder económico. Existió siempre, por distintos medios. Hoy, por supuesto, está potenciado a través de las redes, de la hipersegmentación, y de la datificación general de nuestra existencia (…) Eso nosotros no lo podemos discutir, existe y nos podemos apropiar en una manera muchísimo menor de cómo se pueden apropiar ellos. Eso nosotros lo tenemos que saber. Se trata de pensar de este lado dónde nosotros somos fuertes. Creo que en el cara a cara somos fuertes, en la calle somos fuertes, en la militancia. Somos más fuertes, pero por mucho, no un poco”.

“Nosotros detectamos que las piezas que se viralizan no son las piezas que convencen, para nada. La viralización y el convencimiento, interpelación política, y decisión del voto, van por camino separado. No tiene nada que ver”.

“Creo que la comunicación política, después de Durán Barba, en términos profesionales estuvo muy pensada en términos de marketing. La Libertad Avanza generó una crisis tremenda. llevando la cuestión al problema de la manipulación. Gana el que tiene más bots, que puede generar una tendencia, que te quema el cerebro con la microsegmentación, y la verdad que todas esas estrategias no son las nuestras. Nosotros no podemos ganar haciendo eso. ¿Puedo imaginar que haya un gobierno popular que gane por manipular la opinión pública? ¿Cuánto dura?”.

“Tengo la sensación de que en la medida que Axel Kicillof y el peronismo salgan del debate sobre quién es el candidato y cómo se dirime, debería crecer. Todo lo que tenga que ver con la discusión política de la política, de la interna, resta. No sólo que no interesa, agota y expulsa”.

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