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    Mauro Ignatti
ENTREVISTA LITERARIA

"La potentada", de Mauro Ignatti: “Una historia de amor entre su hija y su sobrino pero contada por el narrador equivocado”

19 Noviembre 2026

Mauro Ignatti nació en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, el 27 de febrero de 1975. Es licenciado en Sociología, egresado de la Universidad de Buenos Aires. Su relación con el arte estuvo ligada al estudio de guitarra, en el género jazz y rock, participando como instrumentista y compositor en diferentes bandas del circuito under de Capital Federal y Gran Buenos Aires. Cursó la carrera de Música Electroacústica en la Universidad de Quilmes, donde estudió composición y orquestación de música clásica y contemporánea.

Ávido lector, tomó clases de escritura creativa y técnicas de narración en el taller grupal de Cecilia Maugeri y en el de clínica de obra de Mariana Komiseroff. Su cuento “Segunda oportunidad” fue elegido para ser publicado en la antología Cuentos de Buenos Aires, editado en 2024.

Mauro Ignatt  conversó con la Agencia Paco Urondo a propósito de La Potentada, su primera novela publicada por Enero editorial.

AGENCIA PACO URONDO: La potentada combina humor, exceso y una mirada muy filosa sobre los vínculos en contextos de vulnerabilidad. ¿Cómo encontraste ese equilibrio entre lo cómico y lo trágico sin caer en la caricatura?

Mauro Ignatti: Pienso que para que la comedia negra funcione es necesario armar un cóctel de risa, espanto y exageración, y es cierto que la caricaturización es un riesgo constante. Creo que la forma de no caer en esa trampa es complejizando a los personajes a través de los matices, la verosimilitud, la profundidad psicológica, en resumen, haciéndolos lo más humanos y únicos posibles. En la novela, todos tienen contradicciones en la que por momentos son héroes y por momentos villanos, tienen objetivos y deseos. Cada personaje sabe qué quiere y porqué, tiene una estrategia para conseguirlo, un antagonista y acepta las consecuencias de sus actos, y eso genera empatía en el lector. Por eso, ninguno de ellos tiene una función decorativa en el texto, sino que son fuerzas chocando, cediendo y avanzando, y no caricaturas estereotipadas. 

APU: La novela pone en escena una idea de “ascenso social” mínimo pero vital para sus personajes. ¿Qué te interesaba explorar sobre esa tensión entre deseo, supervivencia y clase?

MI: La propuesta de ascenso social mínimo es un tema que atraviesa lo que escribo y no es particular de este texto, y en contra de lo que parece ser, al menos en este género, es un recurso mucho más potente que el de la historia de un personaje que logra un ascenso social meteórico, porque el lector termina preguntándose si es necesaria semejante brutalidad para conseguir tan poco. La exploración apunta a desarrollar el deseo desmedido de ascenso y la convicción del personaje de Elvira de no pertenecer al lugar en el que está. Por eso, la pregunta que cruza el texto es ¿Qué es capaz de hacer ella para lograr ascender socialmente?

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Novela La potentada

 

APU: Elvira es un personaje potente, incómodo y muy complejo. ¿Cómo fue construir esa figura de madre que quiere ascender a un estatus social a costa de su hija?

MI: A Elvira la empecé a construir hace varios años en un taller grupal de escritura. Inicialmente fue meramente explorativa. El ejercicio era ponerla a interactuar con su hija adolescente en distintas situaciones, sobre todo en contextos de manipulación. Esas escenas generaban en mis compañeros una risa incómoda. Terminé escribiendo unas cien páginas que luego descarté En 2024 el personaje volvió a aparecer, quizá a reclamar esa deuda, y armé una nueva trama que fue la que terminó quedando en la novela. 

Creo que la potencia está en Elvira como narradora en primera persona del presente. Es un narrador y tiempo verbal que permite jugar con la subjetividad del personaje, que no deja de ser solo una mirada del mundo. Siempre digo que la novela podría pensarse como una historia de amor entre su hija y su sobrino pero contada por el narrador equivocado. Probé muchos tipos de narradores, con distintos personajes, en distintos tiempos verbales y focalizaciones, para entender que me aportaba cada uno desde su visión. Claramente me convenció el que terminó quedando: Elvira narrando en primera persona. 

APU: Hay algo muy teatral en la novela: los cuerpos, los diálogos, el exceso, casi como una puesta en escena. ¿Qué influencias (literarias, teatrales o audiovisuales) estuvieron presentes en la escritura?

MI: Si bien leo varios géneros, La conjura de los necios, de Toole me marcó de adolescente. Claramente está en línea con textos como Las primas o, en el género audiovisual, con Esperando la carroza, al menos eso dicen. Lo que la acerca al género teatral o audiovisual, por un lado tiene que ver con que es un texto muy dialogado, y por el otro, los personajes no cuentan sus estrategias o emociones sino que las muestran en acción. En los casos en que explican algo, no suele ser un pensamiento construido, sino lo que está pasando en tiempo real, y eso vuelve al texto más visual. 

APU: La potentada fue finalista de la convocatoria Carthago dentro del programa Orillas Nuevas, con potencial de adaptación audiovisual. ¿Cómo imaginás esta historia en ese otro lenguaje? ¿Cambiaría algo de su intensidad o de sus personajes?

MI: La imagino tanto en formato teatral como audiovisual. Tengo claro que debiera modificar la cronología de las escenas, para acomodar el detonante y los puntos de giro para que el texto se adapte al lenguaje, pero no creo sea necesario modificar la trama. Con respecto a los personajes, no tengo dudas que crecerían aún más en un formato visual. Además, es un texto fácilmente adaptable, debido a que las locaciones, no solo podrían reducirse a tres o cuatro, sino que casi todas son en interiores. 

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    María Belén Aguirre
    Foto: Sandra Aguirre
ENTREVISTA

María Belén Aguirre: “Pienso al poema como un pequeño artefacto de poder”

26 Julio 2026

Hemos publicado varias notas cuya centralidad fue ocupada por la poesía rusa, principalmente aquella que se dio a conocer en el siglo XX. Esta entrevista recorre ese camino, aunque en sentido contrario: el 8 de julio se presentó en el Centro Iberoamericano de Cultura de Moscú, Matorral (Rideró, 2026), una antología que reúne poemas escritos entre 2009 y 2026 por María Belén Aguirre.

Para nuestra fortuna, su traductor al ruso, Pavel Aleshin (radicado en Moscú) le realizó una entrevista que FRACTURA, el suplemento literario de la AGENCIA PACO URONDO, tiene la suerte de publicar por primera vez.

Para ubicarnos un poco, Pavel Aleshin es poeta, traductor, doctorado en historia del arte, especialista en el Renacimiento. Nacido en 1990 en Moscú, es autor de algunas colecciones de poemas y traducciones, y también de la monografía Династия дЭстеПолитикавеликолепияРенессанс в Ферраре (Слово, 2020) [Dinastía del Este. La política de magnificencia. Renacimiento en Ferrara (Slovo, 2020)]. Traduce del italiano (Giudo Guinizzelli, Lapo Gianni, Ludovico Ariosto, Torquato Tasso, Mario Luzi, poetas contemporáneos), español (Federico García Lorca, Ricardo Guiraldes, Jorge Luis Borges, Alfonsina Storni, etc.), inglés (Mary Robinson, Percy Bysshe Shelley, etc.)y del chino (Li Po, Du Fu).

María Belén Aguirre nació en Argentina en 1977. Estudió cine en la Escuela Universitaria de Cine, video y televisión (UNT). Es escritora, editora y video-ensayista. Autora de más de una treintena de libros, entre nouvelles y poemarios. En 2013, Praga en dos fue traducido al portugués por la escritora Dia Nobre, y al francés por Patricia West. Reconstruyó los guiones cinematográficos de Enrique Santos Discépolo. Junto al poeta Andrés Kischner coordina la Poemateca del Cine ABC. Recibió el Primer Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes 2020 por su obra Siamesas, publicada en Argentina y España. “Huésped de Honor” en el XXI Congreso Nacional de Literaturas Argentinas (UNJu, 2022). Su libro Pater dixit fue publicado con el apoyo del Ministerio de Cultura de la Argentina, en 2022. Desde 2023, su nouvelle Diario negro integra el catálogo de la Universidad de Notre Dame (Indiana, Estados Unidos). Fue finalista del Premio Hispanoamericano de Poesía Gabriela Mistral 2025 y mención honorífica del Concurso Néstor Perlongher (2024). Siamesas ha sido incorporada a la bibliografía de la cátedra de Literatura latinoamericana de la Universidad Mayor de San Andrés de Bolivia y al Programa de estudio de Prácticas del Lenguaje y Literatura en la provincia de Bs. As. Fue traducida al portugués, francés, alemán, italiano, ruso y catalán. Su obra integra el acervo cultural de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno desde 2012.

Ambas trayectorias confluyen en la aparición de este libro bilingüe traducido al ruso por el poeta Pavel Aleshin y presentado en el Centro Cultural Iberoamericano de Moscú. Matorral forma parte de la Biblioteca de Lenguas Extranjeras de dicha institución, a lo que es necesario agregar que cuenta con el grabado de la artista plástica rusa Elena Aleshina en el arte de cubierta, y fotos a color tomadas por la hermana de María Belén, la videoartista Sandra Aguirre. Esta entrevista, como no podía ser de otra forma, se adentra en las distintas visiones poéticas que cada autor y lector puede tener sobre un mismo texto.

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Tapa Matorral
Matorral, edición física; arte de cubierta: Elena Aleshina

Pavel Aleshin: ¿Qué surge primero al crear una nueva obra: el sonido (ritmo, melodía, zumbido) o el significado, el concepto? ¿O varía cada vez?

María Belén AguirreMi obra es predominantemente conceptualPienso al poema como un artefacto de poder; una suerte de nanotecnología que en el momento más inesperado podría explotarnos en el rostro (o en la máscara y hacerla caer). Hay en él una supremacía de la idea, pero no en detrimento de los sentimientos; estos se adosan velozmente a él hasta conformar una unidad indivisible e intencionalmente indiscernible. Acaso porque la idea es ya una forma espiritual de la emoción o la decantación de una vida por detrás.

El poema nace en mí de un modo proto-escriturario; es decir, antes de sentarme literalmente a escribirlo. Otras veces emerge de lo fortuito. Y de la escucha más que de la contemplación. Y del silencio que es la quintaesencia del sonido. Diríase entonces que el oído es mi órgano vital. De la mano del oído proceden el movimiento, el ritmo, la melodía. Detrás de todo poema hay un poeta danzando. Esa danza reconoce en la escansión su corporeidad matérica, su partitura.

Un prejuicio se activa en torno al arte conceptual; se lo supone enteramente racional. Sin advertir que la idea –cuando no es una mera doxa- es por sí misma visceral. Posee, a veces, la ferocidad de una bestia depredadora y, otras tantas, la indefensión de un animalito depredado aferrado con uñas y dientes a su minúscula existencia. El poema sabe cuándo ser lo uno o lo otro; es instintivo también. Así, el poema instaura para su selva su propia ley.

Me sucede también a menudo que es el poema quien me devela, mientras lo escribo, su propia verdad. Yo respondo a sus demandas, pero sin perder -en la medida de lo posible- el control.

P.A.: Sueles trabajar con formas poéticas bastante extensas: ciclos, libros. ¿Pero surgen poemas líricos individuales? ¿O siempre se unen posteriormente a otros poemas?

M.B.A.: En general no suelo trabajar con formas poéticas bastante extensas, aunque admito que hay poemas que requieren una mayor expansión; dicha prolongación -en el tiempo y en el espacio- cumple una función específica: generar o dar cuenta de una atmósfera. No hablo necesariamente de poemas narrativos. Hay poemas y poemas. Esta especie de tautología indica que, a veces, el poema siente la impotencia de la incomprensión, y por eso se explaya. No siempre esa prolongación responde al regodeo en pos de una voluptuosidad presuntuosa y por demás decorativa. No escribo poemas de ese estilo. Pienso que la voluptuosidad es un afecto que pertenece al lector, suceda o no. Hay una distancia que procuro en este sentido. Quizás sea el resultado de muchas reflexiones al respecto. Creo que hay poetas que consideran que cuanto más tortura, flagelación y conmiseración ejerzan sobre el lenguaje, más efectiva será su obra. Yo no creo obra efectiva ni efectista. (Con esto es probable que me adelante a la pregunta sobre mi relación con el lector).

Mi obra se divide en etapas. El criterio de esa sistematización responde a una constatación: en algunos hay un mayor apego a mi “Yo empírico” (poemas autobiográficos, aunque la mímesis esté siempre condenada al fracaso). Estos pertenecen a la primera etapa. Los segundos tienen un carácter autoficcional; he llegado a crear lo que di en llamar las Diecisiete criaturas de la desgracia. Cada criatura es un heterónimo y un libro autónomo; poseen nombres extrañísimos y contradictorios. A esas criaturas pertenece mi monstruosa SiamesasEn este período la ficción y la realidad se tensan.

Existe un tercer período decididamente ficcional, en el que mi “Yo lírico” se desplaza hacia personajes que en nada tienen (o tal vez sí) que ver conmigo: un poeta desaparecido durante la última dictadura militar argentina (Miguel Ángel Bustos), un yaco africano cautivo y un mancebo privado de su libertad en la cárcel de Saló.

Y finalmente, esta etapa que transito. Una etapa marcada por la brevedad, las reflexiones metafísicas y las preocupaciones acerca de la poesía. Aquí la metatextualidad encuentra su refugio al aire libre; pues nunca la poesía es más alevosa que cuando un poeta se detiene a pensarla. En este punto de mi vida de poeta apareciste vos.

Pero siendo completamente directa te diré: mis poemas suelen ser individuales, y luego a través del montaje construyo universos que los contengan con coherencia temática y cohesión estilística. El montaje es tanto más complejo y trabajoso que el acto mismo de escribir. Aunque pensándolo mejor, podría decir que el montaje es el texto subterráneo que une lo diverso.

No sería desatinado pensar la Poesía como una gran mise en abyme del montaje; primero del poema en su completitud, luego de las estrofas, de los versos y, finalmente, de las palabras en el verso.

P.A.: ¿Qué importancia tiene para ti el diálogo con otros poetas, contemporáneos y autores del pasado? ¿Es importante simplemente para ampliar tus horizontes y reflexiones, o puede servir como impulso para escribir una obra específica?

M.B.A.: Seré breve, seré atroz. Mi poesía no dialoga con la de los poetas contemporáneos. Sí con la de los poetas longevos y la de aquellos que ya no están. Con ellos el diálogo es fluido y cotidiano. Con ellos estoy plenamente viva y plenamente muerta. Mi gratitud es infinita y de ellos soy deudora de un legado invaluable.

Cultivo con fruición el anacronismo. La contemporaneidad solo me demuestra un penoso estado de trivialización de la poesía. Y si alguna vez leo a poetas actuales es solo para ratificar mi soledad, mi completa y dichosa soledad poética.

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Tapa Matorral
Arte de cubierta; Elena Aleshina; traducción al ruso de Pavel Aleshin

P.A.: ¿Qué importancia tiene el lector para ti? Cuando escribes, ¿piensas en el lector?

M.B.A.: Cuando escribo solo pienso en el poema; yo misma quedo relegada a un segundo plano. En el lector no pienso. Si pensara en el lector, en escribir para un lector determinado, mi arte se rebajaría a demagogia.

P.A.: ¿Qué relación existe entre ti como persona y ti como el "yo" lírico de sus poemas? ¿Hay algún límite? ¿Es claro o fluido?

M.B.A.: Cuanto más crezco, cuanto más envejezco, cuanto más cerca estoy de la muerte, más me alejo de mí. Allá lejos quedó mi “Yo empírico”. Aquí, a mi lado me acompaña el “Yo lírico”; diríase sin exagerar que soy su sombra.

Supongo que existe una cierta tendencia a creer que ambos convergen. Esa idea detona el morbo de los lectores, genera equívocos a veces trágicos, a veces irrisorios. Es la perversión de la recepción. O el resultado -voluntario o no- de la perversión de nuestra pluma.

P.A.: ¿Qué significa interdisciplinario en poesía?

M.B.A.: La interdisciplinariedad es la fuente de un diálogo enriquecedor. Particularmente, no puedo concebir mi poesía lejos de otras artes y saberes. Y cuanto más crezco, cuanto más envejezco, cuanto más cerca estoy de la muerte, siento la comunión sagrada de todo con todo.

 

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    Lautaro Ortiz
POLICIAL NOIR ARGENTINO

Vindicación de la errata: a propósito de El tatuaje de la pólvora, de Lautaro Ortiz

26 Julio 2026

I

Primero, una breve cronología.

En 1942, el inefable dúo Borges-Bioy Casares firma con el seudónimo Bustos Domecq la primera obra capital del policial en lengua española, Seis problemas para don Isidro Parodi. Simultáneamente, la dupla se permite una despiadada sátira contra la “tilinguería” de las clases medias y altas a las que, de un modo u otro, los propios autores pertenecían. En 1967 reinciden con las Crónicas de Bustos Domecq, más desopilantes aún. Plagadas de notas al pie de personajes tan apócrifos como el que aparece en el título, en el texto “El gremialista” hasta dan cabida a dos “del corrector de pruebas”. En una de ellas se sugiere el cambio de un treparémonos por un preparémonos; en otra, se aclara que la novela Quo vadis? de ningún modo pertenece a un tal Ramón Novarro, sino a Henryk Sienckiewicz.

En el ínterin, en 1953, Rodolfo Walsh, que solo más tarde se hará famoso por su seminal investigación Operación masacre, publica un libro de cuentos policiales, Variaciones en rojo, cuyo inopinado detective, Daniel Hernández, es un grisáceo corrector de pruebas de imprenta, tan avezado en detectar erratas tipográficas como lapsus en los quehaceres criminales. Walsh, dicho sea de paso, trabajaba entonces como traductor para la mítica Editorial Hachette, y allí mismo fundó una colección de policiales que dio cabida al género negro. Colección en diálogo y diatriba con El Séptimo Círculo, dirigida, cómo no, por Borges y Bioy, que solo dejaban filtrar el policial de enigma al estilo clásico británico. Y Walsh también fue corrector de pruebas…

En el 2005 se  edita El último lector, de Ricardo Piglia. Y se introduce ¿por descuido o de manera adrede?, una errata de las gruesas. Piglia cita el poema The Last Reader de Oliver Wendell Holmes (clásico de las letras decimonónicas yanquis, pero jamás de los jamases traducido al español); poema que Piglia aduce conocer, sobre todo a través de la musicalización de Charles Ivens. Pero ese Ivens no existe; o mejor dicho, existe sin esa ene metiche. Charles Ives es casi el fundador de la música clásica norteamericana, y uno de los beneméritos de las primeras vanguardias del XX; tan valorado hoy como un Bela Bartók o un Igor Stravinsky. Piglia tuvo más de diez años de vida para corregir las múltiples reediciones; no lo hizo. Anagrama y Cátedra dejaron persistir la errata hasta el día de hoy. Quizás pronto tengamos un Mosart o un Veethoben.

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Tapa el tatuaje de la pólvora

II

Et voilà! En febrero de 2026 aparece en Buenos Aires la novela El tatuaje de la pólvora, ya premiada el año pasado entre los galardones Hebe Uhart, en una editorial –La Escena del Crimen– exclusivamente dedicada al policial, y como número 12 de una colección –Negro argentino– exclusivamente dedicada al noir

El tatuaje de la pólvora responde cumplidamente con los rigores del género, desde el crimen inicial hasta el epilogal villainous monologue, que nos sorprende con un imprevisto roce con el pulp. En el intermedio, asesinatos, agentes policiales dúplices, falsos suicidios, falsas pistas, persecuciones. Y cenáculos oscuros que a través de generaciones viven asediando un secreto inconfesable. Su personaje central  –un corrector de pruebas ascendido a una jefatura que jamás asumirá– se llama Jota Ártico y responde también a los arquetipos esperables. Es un cincuentón que gusta interrogar sus fracasos, solitario al que asedian los fantasmas de las tetas de exnovias, enfermo de cálculos renales, entregado a un humor intermedio entre la mera sorna y el cinismo puro. Vive en una ciudad casi perennemente grisácea (en solo dos momentos de la novela se deja ver el sol) conocida como Circa, sospechosamente parecida a Buenos Aires y otras metrópolis rioplatenses, incluida la no menos mítica Santa María de Juan Carlos Onetti. Trabaja para la Editorial Corsario, siempre al borde de la bancarrota, y también con inequívocos ecos de la hoy desaparecida Hachette. Walsh, tremendo pilar de Hachette en su período áureo, es una figura explícitamente recurrente en la novela, como lo es la errata Ivens/Ives de Piglia, como lo es el humor socarrón de Bustos Domecq. De ahí que El tatuaje de la pólvora sirva como recapitulación, homenaje, síntesis y reapertura de esa genealogía que trazamos en la perorata inicial. Y digámoslo de una buena y santa vez: El tatuaje de la pólvora es una gran novela, una magnífica novela, de ninguna manera indigna de tal genealogía.

Desde el epígrafe mismo –una cita de Lucio V. Mansilla, quien, junto a Sarmiento, constituye una de las grandes plumas de la prosa argentina del XIX–, toda la obra va transitando por un itinerario de idas y vueltas, laberintos y circularidades, hacia el interior de la literatura argentina, sin por eso exceptuar posibilidades de horizontes más amplios. Pero ese interior no está constituido necesariamente por hitos o huellas de respeto hacia celebridades de la Wikipedia.

El gran lector hedónico que es Lautaro Ortiz prefiere indagar en los arrabales del factum literario, no por esnobismo, no por modas académicas atadas a vaivenes como sexo y género, blanquitudes y negritudes, centralismos o federalismos. Las marginalidades de Ortiz tienen que ver con memorables personajes de libros olvidados, con oficios humildes como el de traductor de géneros “menores”, el de guionista de historietas, el de autor entrevisto en librerías de viejo… o con las etapas menos transitadas de autores celebérrimos.

Un ejemplo. Ortiz es una verdadera y generosa autoridad en lo que tiene que ver con los sustratos más protohistóricos del ya mentado Rodolfo Walsh; los mismos sustratos donde la academia ha tropezado, o incluso inventado datos inescrupulosamente a falta de un verdadero rigor, dejándonos  ampulosos y vergonzantes fracasos.

Es por eso que nuestra novela, barroca y exigente, puede gustar a cualquier desprevenido lector amante de la peripecia en sí; pero parece mucho más pergeñada para el relector, y sobre todo, para el mediano sabedor de libros y aconteceres de estas pobres pampas del buen Dios. O al menos para el que desea hallar excusas perfectas para rellenar márgenes y páginas de cortesía con sus propias apostillas e indagaciones, si sabe hacer de El tatuaje de la pólvora un trampolín, una primera pista hacia la magna charada de nuestra literatura en sus aristas menos glamorosas o anecdóticas.

En El tatuaje de la pólvora hay mucho de los saberes de Ortiz sobre Walsh, pero también hay mucho más que Walsh. Tal personaje equis recuerda irremisiblemente a José Salas Subirat, el opaco, el “leopoldblumiano” primer traductor al castellano del Ulises de Joyce. Tal calle homenajea a Mariano Rosas, indio retratado por Mansilla casi, casi con la gramática de la perfección. Tal pueblo recuerda al irrecordado Edelmiro J. Farrell, eslabón imprescindible para la llegada de Perón al poder. Pero otra calle remite a un héroe medieval ibérico, o a una fecha que quizás no nos diga nada en un principio pero que seguramente volverá a ligarnos con las caras más ocultadas de la historia y de la literatura. Pero ojo. Ninguno de estos guiños, ninguna de estas señales sembradas aquí y allá perturban el continuum de la lectura, ni su disfrute. No agobian, no aburren, no empalagan.

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Lautaro Ortiz
Lautaro Ortiz

III

 

La novela comienza rocambolescamente. Jota Ártico, corrector de erratas, sufre en sí mismo la gran errata de ser llevado, junto al cadáver de Carmen, la chica que hacía la limpieza de las oficinas de la editorial, a la mismísima morgue. Y por supuesto por error también, sin quererlo ni desearlo, contempla algo, precisamente un algo que le estaba vedado contemplar a cualquier pobre diablo de su laya.

De ahí en más la trama, o mejor aún las tramas, se irán hilvanando de modo ineludible a través de ese antifenómeno, de esa antiescritura nacida con la escritura misma, milenios antes de Cristo. Si Jota Ártico es la voz en off indiscutida, la cuestión de las erratas editoriales, y entre ellas, el Ivens/Ives de Piglia, serán la urdimbre, el paisaje mismo donde los personajes se recuesten y entretejan. Las erratas se convertirán en elementos clave de los crímenes que se cometan, pero como no estamos ante un policial pasatista o playero sino frente a un texto portador de un multívoco plus, la errata también deviene en símbolo, o, parafraseando a Baudelaire, en floresta de símbolos. Pero que felizmente no incurren en la tentación o el anacronismo de una alegoría.

Los propios personajes tratan de desentrañar una y otra vez esa simbología. Dice un tal Acuña, por ejemplo: “A veces creo que se escriben libros con errores porque estamos cansados del idioma y queremos otro. Pero como somos incapaces de inventar algo distinto elegimos el camino más corto: degradar lo que tenemos. Y entonces viene el corrector. ¿Sabés por qué nos necesitan? Porque todos tienen miedo de lo que hacen, dudan de lo que escriben y nos quieren para que les demos un poco de fe”. Y un poco más adelante: “Las erratas son pequeños fragmentos de miedo que estallan durante la escritura. Miedo a la inmensidad del lenguaje y su infinitud…”.

De modo que la errata puede ser la clave de la evolución de las lenguas, de la historia, de la literatura. Errata puede ser la vida misma, o esa cosa esponjosa y pretenciosa que llamamos civilización. Y si aceptamos la teoría de los teólogos gnósticos de los primeros siglos de la era cristiana, errata puede ser el cosmos mismo, fruto y yerro de un demiurgo también fallido. Y para el cual los hombres ­–y cada vez más ostensiblemente– demostramos ser mejores embarradores que correctores de pruebas.

Errata puede ser la vida misma.

IV

¿Quién es Lautaro Ortiz, responsable de este abigarrado microcosmos?

Lautaro Ortiz nació en La Plata por 1973; supo vivir en la Patagonia pero desde hace años reside en Buenos Aires. Colaboró en distintos medios periodísticos y actualmente es columnista de Página/12. Precisamente acaba de salir una antología de sus contratapas, bajo el título El Anfitrión, donde indaga en esos arrabales literarios de los que hablamos más arriba, y por supuesto en Walsh. Es autor de un par de libros de poesía y de varios guiones de historietas y novelas gráficas. Ha sido traducido al francés y a su vez tradujo la primera biografía inglesa de William Henry Hudson y dos de sus novelas. Exhumó entrevistas olvidadas de Francisco Urondo y textos primitivos de Rodolfo Walsh. Dirigió en su etapa final la ya mítica revista Fierro.

Hasta abril de 2024 fue investigador en la Biblioteca Nacional Argentina Mariano Moreno. Acababa de curar para ella la edición crítica en dos volúmenes de Don Pascual de Roberto Battaglia, una obra maestra imprescindible del cómic argentino de la segunda mitad del XX. Pero entonces arribaron las “fuerzas del cielo”, que gritan violentamente, analfabetizan, dialogan con perros muertos, anilinguan a emperadores decadentes y se creen reencarnaciones de gladiadores romanos. Es que la historia argentina no solo puede ser una errata insalvable; suele jugar con lo grotesco y lo kitsch. En pocas palabras: Ortiz fue parte del grupo de más de cien profesionales despedidos, quizás de entre los mejores de la institución. Paradójicamente, la edición de Don Pascual fue galardonada meses después con el premio Carlos Trillo al mejor rescate en el campo de la historieta. Las nuevas autoridades de la Biblioteca ocultaron el hecho de que se llevaban silenciosamente el trofeo de un “poeta depuesto”, según la célebre ironía de Leopoldo Marechal.

Lautaro Ortiz promete que El tatuaje de la pólvora será el primer eslabón de una trilogía. Ya tiene el primer o segundo borrador de la segunda de la serie, No te metas con los clásicos. ¡Jota Ártico returns!

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    laura klein
    FOTO: Edgardo Gómez
INFORME DE UN DÍA

La belleza de lo extraño: “Juro que la estepa va conmigo”, de Laura Klein

26 Julio 2026

Juro que la estepa va conmigo es el flamante libro de la poeta, filósofa y ensayista, Laura Klein, editado por Miño y Dávila. 

Se trata de una antología que reúne más de cuatro décadas de escritura, con selección y prólogo de Mario Nosotti y una entrevista de María Mascheroni. 

El Libro está compuesto por las obras A mano alzada, Vida interior de la discordia, Bastardas del pensamiento, La brutal bruz, La comedia de los panes y La vara y el río.

La otra vez leía que para un poeta cada libro es una apuesta estética diferente. Incluso puede variar en su estilo. A favor mío intenté interpretar que no somos siempre los mismos y que en realidad cada libro refleja el contexto, el ánimo y la experiencia del poeta. No es que cambie su estilo sino que según va cambiando su percepción del mundo suena una música distinta.

Me gustan las antologías porque muestran ese recorrido que hablan más de una vida que de un recorte en particular de ella.

Las antologías nos muestran todos los yoes que fuimos.

Laura Klein es una poeta exquisita. Maneja el lenguaje con una capacidad de orfebre. Muestra la riqueza inconmensurable de la lengua.

Juega con las palabras y con el espacio.

Les da la materialidad, me la imagino armando un tetris, un Scrabble o un rompecabezas de palabras. 

Hace un collage que vuelve visual la lectura. Cada pieza está en perfecto orden, no sigue un ritmo lineal, un poema es una pieza única, un concepto y una forma, sobre todo.

Laura Klein es una poeta en la que prevalece lo que dice pero también cómo lo dice. 

También podría llevarla al discurso cinematográfico, son poemas pero pueden leerse como un conjunto de fotogramas.

Además pienso en Ezra Pound y su método idiográmico, en el que trabajaba contenidos abstractos mediante imágenes concretas.

Laura Klein hace una danza de palabras. Se mueven en el espacio al ritmo de la escena que relata.

 

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klein

Intentaré abordar las obras según su contexto y condiciones de producción. 

A mano alzada abarca desde 1983 a 1986, una poeta joven que publica en el advenimiento de la democracia, luego de un período de silencio y dictadura. ¿Cómo se escribe desde las sombras? ¿Cómo se cuenta sin poder usar todo el abanico de palabras? me preguntaba mientras leía. Tal vez la respuesta esté en uno de sus epígrafes de Fernando Pessoa: 

El poeta es un fingidor

finge tan profundamente

que hasta finge que es dolor 

el dolor que de veras siente

En estos poemas la experiencia es tan elocuente y oscura que es “imposible contar” la poeta atravesada por el dolor acude a lo inefable en un momento donde la poética está desprovista de luna, hay resistencia y un cuerpo que aguanta, “los ojos muertos en combate” “ojos bajos” ojos que no saben, ojos cansados. ¿Dónde va la mirada que no encuentra palabras para contar lo que ve?

Tal vez la forma de decir sea críptica, haciendo funcionar la lengua con todos sus recursos, utilizando el verbo de modo impersonal, ocultando el sujeto que habla. A medida que los poemas van avanzando se va mostrando un poco más, sin embargo predomina la distancia, el infinitivo, la tercera persona del singular. ¿Quién habla? ¿Quién aguanta? ¿Quién resiste? ya en el segundo poema aparece la figura del temor, la fuente del terror en la tercera persona del plural, ellos que “del mismo plumetazo borran” “extraños cuando empujan damas al mar”, “se visten de plata o pelusa/han de ser temibles cuando/empujan damas al mar”. Aparece un imperativo elocuente “cálmese el país y los que bailan". y una aparente desilusión “alzan el puño y no hay caso/creen crecen y no/vale dormir como animal”.

En los primero poemas predomina el tiempo presente y a partir del tercero empieza a irrumpir el pasado “la cosa fue matar y corregir/matar y colegir que los ojos no saben/hubo un fogueo cabezas tristes/el material de libros enormes/bajo pena. Y otra vez la idea de la imposibilidad de decir “la mano presa en la boca/aprieta palabras/pega toma capa lo mejor”.

¿Quién osa “obrar sobre la propia tenue”? ellos que matan y corrigen, ellos que abusan de la debilidad, de la fragilidad, de la vulnerabilidad de la propia vida. 

con un despliegue de recursos y elementos de la retórica poética interpela un tiempo, ilumina con belleza un periodo oscuro, dice más de aquello que le permiten decir las palabras. Habla de muerte, de soledad, de miedo, de violencia, de pérdidas, de amistad,  logra alumbrar un cielo sin luna, quita el peso de la experiencia y multiplica los sentidos de una época. 

Como loca que cose

Como loca que cose frente

a una ventana seca

y defendiera los ojos de mirar

por si puras hubiera algo

que guardar y este su acervo

definese cayendo al silencio 

por descuido inefable o historia.

Laura Klein es una poeta exquisita. Maneja el lenguaje con una capacidad de orfebre. Muestra la riqueza inconmensurable de la lengua.

Vida interior de la discordia es del año 1994, diez años después la poeta convoca a Kafka “Los cuervos afirman que basta un solo cuervo para destruir el cielo” sale del temor y juega como una ars poética del arte conceptual, la hoja en blanco es un lienzo y los colores se mueven y se agitan conquistando lugares nuevos. 

¿Cuánto puede un cuerpo? otra vez la distancia, la observación pura de un cuerpo que yace, que se ahínca, que camina, que se ofrece. La pasión como símbolo bíblico de dar la otra mejilla, de crucifixión, el ruego, la creencia, ¿quién acude arrodillado?

“El estorbo de la existencia”, “Sin halago, un alma no se deja”, una guerra, la mitología irrumpe con palabras sueltas, una zarza que hace su inmundo trabajo. 

Lo críptico se fortalece, otra vez el presente, la despersonalización, lo onírico.

El gran interrogante: “la vida es prodiga?/ a qué sirve un puente/junta o separa; repite/tobillos sanos y tobillos enfermos”.

glosa para una ofensa: enmienda no hay

puesta la raya en el curvo mundo

miente

noche por niebla

Bastardos de pensamiento es del año 1997. El primer poema dice “crían desconfianza pero la cabeza insiste”. “Ellos” los bastardos. ¿Cómo habitar ese sitial lleno de pardos?

Una fauna extraña de dragones, una flora de asfódelos que se comen entre sí. En este libro, Laura Klein con una influencia creacionista, pero también algo de neologismo, vanguardia y Trilce.

 Inventa una atmósfera, ese sitial donde la luna se aleja y “botan cadáveres de mosca a la Siberia” y sin embargo aparece por primera vez el pronombre personal “y mi destino: existencia octífera adentro de un astro oscuro/llevando calma trayendo suero en este piringundín sin ventanas”.

Aun así inmersa en un arte indescifrable parece estar la continuidad de la poesía que precede. Las ventanas, la impiedad, la pesadilla. Y el presente, la muerte, la morfina, la cabeza de una madre y los recuerdos. 

La comedia de los panes es del año 2011. Este libro es un quiebre en la poesía de Laura, por primera vez aparece explícitamente el yo poético, la primera persona y el pasado. Es un grito y un nosotros. 

“Fue que yo estuve viva el año de la humillación” “Contemplamos la falta de ternura en el rostro de cada uno/como un foco político de la desgracia”. Ya no hay eufemismos, ni metáforas encriptados, ni mundos con seres extraños. Aquí se aclaran las personas del verbo. 

Un yo que dice “no vi más de lo que vi/no vi menos”

Un nosotros “compartíamos miedo/fue imposible evitarlo./ desde aquí veo el miedo./Mucho más no se puede decir.”

Y un ellos: “Nos querían aplastar./ atrás de los cuadrados de heno/apretamos el lado angosto y gritamos/¡nos quieren aplastar!”

Se mueve en el tiempo con soltura, cambia la percepción del pasado, hay un reconocimiento de yo “yo era un ancla”, hay memoria, resistencia, pero también reconciliación con la historia personal. Ahora la distancia no es con el poema, ni con las palabras, es con el trauma. La poeta al fin encontró las palabras para contar. Encontró una forma de ordenar el caos. Hay puntos, un cuerpo contenido en un lugar tranquilo, una luna que se acerca y miedo que se aleja. Hay respiración suave “respiro el aire que guardé en un cuerpo”. Hay una claridad que solo la da tiempo que te distancia de la experiencia. “Hablo de lastimaduras”. “Hubo lesiones y lesionados” “Fue que yo estuve viva y no sé cómo”. Hay un antes de sueños truncos, pero también deseos futuros. Hay vida, multiplicación en la estepa: “siempre que el mundo se arruina se multiplican las arenas”. 

La vara y el río es de 2025. El río como sinónimo de movimiento, de giro, de caída, golpe y vida. En estos poemas el yo es elocuente y directo. Un río que ni importa si es real o una construcción propia y una vara que mide hasta donde acercarnos al dolor, cual es el límite de nuestro dique, saber dónde caer y donde levantarse. 

La vara es mía.

La corté una tarde en que el yuyal movía sus talos

a cual más cortante

lo hice buscando cierta paz, para preservar las distancias.

Mientras, extraño la ternura.

Juro que la estepa va conmigo.

Juro que la estepa va conmigo más que un libro es un acontecimiento, cada etapa poética de Laura nos demuestra la función infinita de la lengua. La multiplicidad de sonidos y registros que logra tener un poema. La manera en que van cambiando las formas, las influencias, los procedimientos, los métodos y sin embargo la voz se sostiene. Spinoza se pregunta todo lo que puede un cuerpo. En este libro ese cuerpo que resiste y aparece una y otra vez pareciera ser esa voz que se expande, irradia, provoca, ilumina, que nos dice todo lo que puede el lenguaje.  

Mario Nosotti la define como “la belleza de lo extraño” una poesía enigmática que nos invita a celebrar la palabra.  

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    Vicente Zito Lema
    Vicente Zito Lema
RESEÑA

“Cuadernos de la Belleza”, tercera obra póstuma de Vicente Zito Lema

26 Julio 2026

Ediciones Lamás Médula integra a la colección Noche Tótem, Cuadernos de la belleza, una nueva obra póstuma del poeta incansable Vicente Zito Lema. Una vez que cruzamos el umbral ilustrado por León Ferrari, los colores mutan su temple, la Belleza es la interlocutora alejada de todas las convenciones con las que se la marida. Como siempre, Vicente juega fuerte, y ahora no lo tenemos a mano para disputarle algún sentido, interrogarle un capricho rítmico, escucharle en su voz profunda la entonación que, como una clave, abre o ancla una vía de interpretación.  

En el universo de Vicente Zito Lema hay elementos ineludibles, que se hacen parte de la obra y son presencias en el imaginario lector. “Las cosas son así… Este libro existe gracias a Regine Bergmeijer”. Así preludia el autor, nuevamente, desde la eternidad, lo que es una apuesta poético-filosófica que puede concebirse herramienta, arma, asilo, para hacer, combatir, guarecerse de la tempestad de los vientos que soplan.

La obra tiene como prólogo una carta de Regine titulada La Belleza nos pertenece. Las palabras que encontramos allí son sencillas y firmes, historizan y describen con brevísima precisión la obra inmensa y el amor que los unió. El trabajo inclaudicable por la palabra, desde el exilio en Amsterdam durante la última dictadura hasta la continuidad, luego de la ausencia física. Hay en la carta un deseo que merece ser compartido para que su concreción se inicie y no detenga: “Mi sueño es que todas las frases hermosas de Vicente se reproduzcan en las paredes de la Argentina. ¡Vaya tarea! ¡Están todas y todos invitados a defender la poesía”. Podemos considerarnos implicados.

“Hablemos Belleza, será una noche larga” es el primero de los nueve fragmentos que integran el poemario. Aquí “Todo se tiñe de luz, aun la boca de los muertos”. Sí, la Belleza con la que nos encontraremos es impiadosa, cercana a la dolencia, “duerme desnuda- sobre el lecho donde afila sus dientes- el ángel de la maldad”.

No, no nos reservó una fuga en do mayor, quizás por el contrario, suene más próximo a un réquiem: “Caminar con la Belleza por los patios del hospicio / buscando el fulgor de la estrella matutina / es una belleza esquiva que nombra cada / uno de mis asombros / Se asemeja a un oráculo… / Yo sueño con tocar en la penumbra su / delicada espalda”.

Sesenta poemas forman el gran monólogo noctámbulo que hace de punto de partida, cuando pasemos esta estación inicial quedaran en nuestras retinas los espectros que abonan el desvelo, las ausencias que el Sol vuelve sombras: “A veces tengo miedo de las voces / que me dictan lo que escribo”. 

Continúa con “Las vísperas de los cielos - Cuaderno de Atenas”, y aquí Vicente se encuentra y desencuentra con sus maestros idílicos: Aristóteles, Platón, Sófocles, Apolo. El poeta accede a ellos, se enfrenta y los afrenta cuando no hay escapatoria en los recursos de su sino. La distancia con los genios no lo priva de la osadía a la que éste hombre se aventura, aun percibiendo que es incapaz de cosechar algo de lo que han obtenido sus griegos admirados: “Se dice que en la mirada / está el principio de la sabiduría / Yo puedo mirarte Belleza / hasta el final de mis días / y nada sabré que valga la pena…  /  que cambie mi destino… / La melancolía me corroe / como a los perros la luna llena…”.

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Tapa de Cuadernos de la belleza

Un extenso poema, quizás una de las virtudes más fuertes que Zito Lema supo cultivar, es “Post Scriptum - Abrazo a Sócrates”; fraterniza con el ídolo, el gran preso político, el que eligió la muerte antes que el exilio, el que corrompió los muros de una Atenas temerosa de la preñez entre la Belleza y la Verdad. “...abracé a Sócrates / con el amor de un lobo que aúlla”.

En las arenas de Erecteion reviven los fantasmas que circundaron el espíritu en otras orillas, las del río Amstel y las evocadas rioplatenses. “Allá muy allá están los cielos… / Duele verlos…”. Por si alguien aún no caza el sentido de este juego, se lo expone concretamente: “Mañana prenderé un fuego… / Se trata de contar las horas / de no olvidar”.   

“Esas nubes púrpuras anochecidas - Cuaderno del tren a Gare du Nord” se compone de doce piezas en las que la desolación se hace ineludible, con mayor potencia de la que venía asomando.

Hay un viaje que terminará, estamos en la frontera de los días, en un vagón vacío, bajo nubes que mutan sus tintes en un despiadado surrealismo. Ahora el poeta juega con la fábula de su trágico arribo al mundo, su condenada contemplación. algún lobo viejo/ tan fuera del bosque y de la nieve / Tan fuera de todo, como puedo estar yo / Se arrime a nuestro costado / hambriento / Inútil con sus pocos dientes / con el colmillo sin filo / Con su aullido a la luna blanca / que tampoco escucha…”

A partir de aquí hallamos un giro en la relación poeta/Belleza; el hombre ha envejecido, y se autoriza in crescendo a increparla, a cercarla en definiciones, a requerirle su compañía, porque hay cartas que ya están jugadas, quemadas sobre la mesa, y no hay vuelta atrás en los juegos que nos hacen la vida. “Me estoy comiendo, día a día. Como, cada vez más de mí. / Belleza, me miras con pena. No busco esa mirada. / Nada me desconsuela más…”.

En el cierre, titulado “Post scriptum - cántico en el final del viaje”, sentencia sin consuelo: “Poco conoces de las almas”.  “Me veo en el espejo y veo un niño / un niño sombrío con cara de viejo… / Se parece a un astro quemado”. El yo poético está en otro estadío, se siente y se sabe recorriendo el curso bajo del río que es la existencia material, así es propio que se autorice a aconsejar a la misma entidad a la que se le reza. “La mañana que espera… - Cuadernos de Villa Elisa” reivindica el modo en el que se ha llegado a la hora de hacer las cuentas: “Yo dí lo que dí, con asombro… / Duró lo que puede durar, rebelde… / Escúchese un aullido… / No creas que por eso saldré / a llorar por las esquinas…”.

Zito Lema juega con el uso arbitrario del quiebre rítmico, encabalga versos y se aprovecha de la hipnosis que genera el fantasma de su voz.

“No hay resurrección / no hay milagro… / Debo sentarme a esperar / lo que haya que esperar / tener paciencia…”. En la sección nombrada “Hay delicias en los cuerpos sin olvido - Cuaderno de la casa del árbol” lo irreversible está al frente, y “nadie envejece sin ponerse hosco”. Pero aún, como ha sido en su militancia inagotable, “el animal solitario … invoca a la memoria para no perderla”. Ahora se ha sentado en la mesa la agonía, “nubes gruesas”. La contemplación sigue siendo el medio para dar encuentro con la fantasía, que es poesía, que es niñez, delirio que se acepta con coraje sacrificial: “el que puede hunde / su cuchillo en su alma / como el niño más niño del mundo”. Vicente Zito Lema juega con el uso arbitrario del quiebre rítmico, encabalga versos y se aprovecha de la hipnosis que genera el fantasma de su voz escondida con pícara ironía en las trincheras de sus versos. “Las almas existen y dejan de existir / si ya nadie cree en ellas/ no hay / un cuerpo dado…”. La Belleza en la acción: “Para mí ya no hay mañana, Belleza… / pero creo en el mañana de tu mañana / … / Tú haces, siempre te vi en un acto…”.

Llegando al final encontramos “Preludio a la mañana que espera - Cuaderno del Mar”, y en esta estación de playa la entidad Belleza se entrelaza con la mujer casi irreal que vino de los mares fríos, de ojos celestes como el abismo del cielo. La ternura, que no es a granel (por los tragos convidados nunca pudimos pretenderlo), es desoladora: “También la Belleza llegó de lejos… / Hablo de la Belleza que duerme a mi lado”. A las nubes, los colores, los compositores de música clásica, las aguas, se suma, fríamente, el hospital. “Me hablan como a los niños / todo tiene un diminutivo / y el nacimiento y la muerte poco se distinguen”. Aún ahí, reconociendo el principio de la eternidad el poeta trabaja para asir la Belleza: “Y de pronto, allí, Belleza… / la luz de tu mano / delicada / que entrelaza mi mano / Me arranca del abismo”.

El final de un libro se parece al de un recorrido de tren, es perceptible en el agotamiento, el ritmo decae, el tono desciende, suenan frenos que arden contra el acero. Así un libro cuando restan unas pocas páginas para concluir su primera lectura. Nadie es tan valiente de abortarlo y todos sabemos que nos iremos con una espina de bagre entre las uñas. Quizás, para seguir la indicación  musical de Vicente en el último título,Finale presto Ma non Troppo”, sea propicio compartir la experiencia cosechada en un aula de literatura al día inmediato de la presentación de Cuadernos de la belleza.

Como quien tira osobuco a los peces, hice lo mismo con el último libro de Vicente Zito Lema. Picó una piba llamada Guadalupe y me devolvió la carnada con un papelito pequeño en el que se lee “Enseñame tus cicatrices,/ tu dolor/ déjame entrar a tu corazón / y conocer aquello / que te convierte en quien sos”.
A sembrar las poesías en las paredes.

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    María Lanese
    María Lanese
NOVEDAD

La única marginalidad que sirve es la que no se pretende: María Lanese, la poesía en lo imposible

26 Julio 2026

María Lanese publicó, recientemente, su nuevo libro El pulso de la piedra a través de la Editorial Mora Barnacle. Los andares de la escritora rosarina por la poesía son siempre una alegría. Es certera. A la vez que musical, profunda y conceptual.

La única marginalidad que sirve es la que no se pretende. Sólo así se puede construir una voz particular, única. Lanese es una voz del margen, que por su no pretensión se vuelve centro. Su poesía excede a los vicios actuales de la escritura. Hablamos de una voz que no transa con las convenciones de época, ni con los cánones autocompasivos de la poesía. Construye tal libertad que fuerza al lector contemporáneo a detenerse. Ese tal vez sea el mayor logro de un artista: desafiar.

En la contratapa del libro, Carlos Andrés Jaramillo advierte: “Poesía del preguntar es este libro. Poesía del ensimismamiento grave y gozoso. Yerra quien crea que estos poemas son ocurrencias del azar. Son meditaciones, vertientes de dónde nacen imágenes que tratan de nombrar las cosas (...) Libro que aspira a escuchar lo imposible”.

Podríamos decir que, en esa imposibilidad, se mueve nuestra autora. Poco más de una decena de poemas componen el libro. Uno nunca se imagina cuánto de lo imposible puede revelarse en tal composición. Cuánto de lo real puede decirse sin nombrar la realidad. Esa es la pregunta que encontramos a lo largo del poemario. La mirada se vuelve, entonces, una pregunta. Sólo así, el velo de la mirada se retira y la claridad aflora.

Desde el título se nos invita a este recorrido. Nos preguntamos, desconcertados ¿Cuál es el pulso de la piedra? Tal vez la mirada al infinito o la certeza de que en lo inanimado, incluso, se constituye una porción de lo vital que habita el mundo. Incluso de lo político. Hay una incorrección en la búsqueda de Lanese, que permite que la metafísica y lo real sean parte de lo mismo. En la metáfora ejecuta una sentencia que ordena la lectura: lo que aquí se busca es inasible. Y por inasible podrá ser revelado únicamente en comunión con el arte poético.

Cada uno de los poemas, está vinculado con los cuatro elementos: agua, tierra, aire, fuego. Sin embargo, también encontramos, entre estos elementos, la presencia de la poesía, del cuerpo y el cielo. Mucho de lo que nos falta en este mundo. Mucho de la ausencia que nos persigue. Mucho de lo que conforme pasan los años empieza a deteriorarse o a perder su esencia.

La voz poética se constituye en una fuerza en la que el “yo” es un espectador sutil, que rara vez se vuelve presencia, que rara vez se nombra a sí mismo, un pequeño errante (como diría Raymond Depardón) que pasa sin colonizar. No hay grandes tonos en estos poemas, sino un descubrimiento. Es un libro que se vincula con su época de modo lateral. Se vincula con su época porque no lo pretende. La imaginería que aquí aparece tiene una relación natural con la filosofía: son preguntas sobre el origen, sobre las quintaescencias, como pudo hacerlo tal vez Chantal Maillard.

El primer poema titulado “El fuego”, nos presenta la desolación. La naturaleza del conflicto bautismal del ser humano contemporáneo: ignorar todo lo que no se puede soportar. Así como lo diría Bacon “no hay belleza que no tenga una porción de rareza”, Lanese nos aborda con un lenguaje raro, que no admite espacio para el lector desprevenido. La autora dice: “componen el cuadro sonoro / de una tempestad/ de la que ya no sabemos/ o no queremos/ leer su partitura”.

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Tapa el pulso de la piedra

En este mundo en el que somos todos, o casi todos, cómplices en el gesto de naturalizar violencias y saqueos, Lanese con la poesía nos arrincona. Reginald Shepherd planteó acerca de la belleza: “Sin una concepción de belleza no hubiera llegado jamás a ser poeta”. Shepherd, desde luego, ubica a la poesía en un lugar único, en un lugar de congratulación que nuestra poeta honra, pese a sus implicancias. Así es que avanza hacia lo imposible, tocando esos temas que pese a su relevancia actual, parecen olvidados por las voces, o que, en su defecto, parecieran poder ser tratados únicamente con la lengua banal del enemigo

La metáfora en la poesía de María Lanese, se constituye como una casa de puertas abiertas que uno puede recorrer, llevándose la extrañeza de lo impropio: “Braman las olas/ mandíbulas atentas/ al llamado incesante/ de una lengua arcaica”. Ella misma lo enuncia en el poema “Las metáforas aguardan su momento de emerger”. No hay acá el fundamento de construir lo forzado, sino de darle a lo que existe la calma que requiere para ser dicho. Un trabajo que parece haber sido macerado lentamente.

En la lectura, todo parece ser un solo poema, o incluso, una gran metáfora. Este libro debió escribirse con paciencia desmedida. María Lanese mencionó, en la presentación del mismo, que podría ser un solo gran poema. Y lo es. Filosóficamente lo es, esencialmente. Sin embargo, no hay una disputa o una constatación intelectual, sino el reconocimiento de una naturaleza, el reconocimiento de lo más profundo de la naturaleza.

“Es preciso/ hablar entre nosotros/ con sonidos que crezcan, sentencia”. ¿Cuáles son esos sonidos?, ¿qué es lo que crece? De alguna manera este libro sutura la herida del pasado, mirando hacia el futuro. Una comunión que puede realizarse sólo a través de la palabra y su avance hacia lo sublime. Porque todo fluye en el mismo sentido.

El sentido de los poemas, requiere no sólo concentración, sino incluso, como diría Padeletti en relación con la poesía, “una mente vaciada”. Refiriéndose, claro, a la idea de permitirse la sorpresa. La mirada, tarde o temprano, desemboca en la belleza. La mirada de la poeta estará orientada a compartir un saber que hasta entonces no existía. Y cuando ese saber aparece, no creemos que aprendemos algo nuevo, sino que recordamos algo que parecía olvidado. La poesía necesita decirse, a veces, en carácter de verdad. Así lo expresa:

 

fundar para siempre el horizonte

               fin y principio

de nuestros puntos cardinales

 

es solo comparable a la irrupción

              de algún saber inesperado

 

al vértigo que siempre

               nos produce la belleza.

 

En el poema “La piedra”, nos adentramos, en las aguas del origen. En el único lugar donde se desestabiliza lo fundante. La piedra se vuelve el origen. Un elemento desprendido, al igual que se desprende el fruto del árbol y rueda. El único capaz de sobrellevar el fundamento de lo humano, el único capaz de registrar cuánto hemos sido antes de convertirnos en nuestros propios cazadores, antes de ser capaces de causar estragos tecnológicos y bélicos. Nuestra autora cierra el poema volviendo a la tónica del poema, con la recursividad que sólo la gran escritura puede dar:

 

en la oscuridad de las cavernas

           pone a resguardo

                      de nuestra devastación

                                    las primeras escrituras

las ampara

             en el silencio

                                    de los dioses.

Y cuando ese saber aparece, no creemos que aprendemos algo nuevo, sino que recordamos algo que parecía olvidado.

Por otro lado, los poemas “El cielo”, “La noche”, “La tarde”, “La mañana” tienen como característica principal las estrofas de tres versos. Durante largo tiempo me pregunté el porqué de esta decisión. Responden a una métrica de cinco, siete y cinco sílabas, a modo Haiku. No sólo en su formato, sino en su esencia, estos versos persiguen la naturaleza de otro modo. Como planteaba Saer “La poesía no es lenguaje, sino naturaleza. El lenguaje es su prohibición”. Leamos:

 

(...)
En el espacio

el vuelo del pájaro

es transparencia.

 

En el ocaso

la paz en los colores

recogimiento.

 

No es otra cosa

que sombra de la tierra

la noche oscura.

(...)

 

Podríamos seguir leyendo y analizando los poemas de María Lanese, pero lo que tengo para decir, merece ser dicho de manera contundente. Toda la destreza que se puede mostrar en un libro, la autora la muestra en El pulso de la piedra. No porque quiera mostrarnos de qué es capaz, sino porque su poesía es capaz de derribar un muro, de recoger el espíritu del primer encuentro entre el ser humano y la piedra. Lejos de las especulaciones, su poesía. Démosle la bienvenida a este libro que será recordado por su coherencia formal y por su contenido arriesgado que atenta contra el silencio fraudulento, y cínico, del mundo.

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    Pedro Juan Gutiérrez
POESÍA AMERICANA

El poeta del otro lado: Pedro Juan Gutiérrez, cubano

26 Julio 2026

“Si uno es escritor, está en la obligación de descender al infierno, enfrentar a los monstruos y después escribir y arrastrar a los lectores”, esta frase de Pedro Juan Gutiérrez fue un golpe certero sobre mi rostro.

Como le debe de pasar a muchos lectores, alrededor del sillón en el que leo se elevan distintas pilas de libros que voy a leer o releer en estos días fríos. La rotación es rápida. Para un hombre desocupado e inútil, solo queda leer.

En los últimos meses, sin embargo, había un libro que no iba a leer o no sabía si quería leer, como si en su imperturbabilidad me amenazara una fiera extraña, peligrosa y fascinante, que permanecía por las inmediaciones mientras sus pares iban y venían según mi capricho y mis necesidades.

Me lo había regalado mi amiga María Gómez: La línea oscura. Poesía escogida 1994-2018 (Nebli), de un poeta cubano que no conocía: Pedro Juan Gutiérrez. Menos mal que me atreví a abrirlo. O tal vez deba decir: ¡qué desgracia!

 

Y tendré que regresar a mi casa

donde la mierda apesta

y avanza asquerosamente.

Intentaré caminar

con la mayor pulcritud posible

sin pisar la mierda quiero decir

sin oler la mierda

sin mirar la mierda.

Será difícil.

Dudo que pueda lograr

ese instante

tan aséptico.

Tan higiénicamente correcto.

Caminar junto a la mierda

y no contaminarme.

Es decir,

el triunfo de la corrección política.

Y entonces

los hijos de puta dirán:

“Al fin lo tenemos cogido por el pescuezo

¡No lo suelten!

¡No lo dejen ir!

¡Aprieten más el lazo!

Al fin le podremos dar medallas y laureles.

John Snake domesticado.

Al fin lo podremos aplaudir y engatusar

Lo haremos ingresar en nuestra logia

la Orden del Gran Caballero Oportunista

para que Johnny

sea un señor feliz,

además de ciego

y sordomudo”.

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Tapa la línea oscura

Estremecedor, alegre, guarango, sexópata, tan auto-alabador que despierta sospechas, íntimo, descorazonado, con mucho tabaco, ron y sexo con negras que tienen en las axilas pelos salvajes —lo que le valió el mote de discriminador y racista—, pobres aquellos que hablan desde las ideologías de moda.

Como lo sabe el mismo Gutiérrez, estos poemas pueden recibir solo dos respuestas: la respuesta del que los odia, la respuesta del que los ama. Nunca la indiferencia, el peor destino para las palabras y sus melodías.

 

La guerra que estaba terminando me había salvado de mí mismo.

Ahora se abría otra puerta: ¿podré vivir sin el enemigo?

¿Podré ser uno más bajo el sol?

Yo dejaba el mundo de los hambrientos.

Entraba en el mundo de los feroces.

Y debía despedirme de los espléndidos peces plateados.

Pero algo logré salvar.

Tal vez hasta puedo rescatar del naufragio

a los espléndidos peces plateados.

Los haré saltar en mi corazón. Silenciosamente.

Sin aquel chapoteo de entonces. Aquella alegría

ruidosa en el Caribe azul y verde. Bajo el sol.

Cuando se entregaban y luchaban en la inmensidad del Golfo,

como si intentaran arrasar con los crepúsculos sangrantes.

Los espléndidos peces plateados se entregaban generosamente

en el momento mejor de su vida. Fuertes y hermosos.

Ignorantes y felices. Y decían: “Ámame, disfruta la locura

de vivir. En estas aguas sólo el amor”.

Y la brisa suave los mecía.

Logré rebasar los cuarenta sin suicidarme,

como hicieron algunos de mis mejores amigos.

No pudieron con la carga y volaron en pedazos.

Sobreviví.

Ahora es preferible disfrutar con levedad la nueva aventura.

Cuidar las dentelladas de los feroces.

Reconciliarnos. Pensar que es posible algo mejor

que sus dentelladas. Prolongar el largo viaje.

Tratar de encontrar al fin la esencia del largo viaje.

Obviar todo lo demás.

Tú eres un tipo visceral, me acaba de decir mi novia,

por teléfono desde el Mediterráneo.

El hombre lobo trasmuta.

El hombre lobo mutante.

Un tipo visceral,

que intentará mantener con vida,

y siempre a su lado,

a los espléndidos peces plateados.

Los protegeré. Oh, buen tipo visceral.

Los necesito tanto como ellos a mí.

Sé que los cuidaré.

 

Yo pertenezco, lamentablemente, al grupo del que los amó ya en la primera lectura, a la una de la mañana, semilúcido, tanto que terminé leyéndolos en voz alta para mis gatas, que me miraban desde su sillón con la paciencia que las caracteriza. Se había terminado el whisky.

Si bien soy un lector empedernido, siempre me consideré (aún me considero) un mal lector de poesía. No les creo nada a esos verseros infames. No mienten nunca, pero tampoco nunca dicen la verdad, salvo por rodeos.

La línea oscura, el nombre del libro, es a la vez el de uno de los poemas/relatos antologizados. Cuenta los escarceos antes y después de dar el salto. ¿El salto adónde? Al otro lado de la obediencia, del respeto, de los protocolos, de todos esos aparatos con los que se arma la sociedad para sofrenar nuestros deseos hedónicos, dolorosos y brillantes. La línea oscura se esnifa de madrugada, en soledad y abandono.

Pedro Juan Gutiérrez nació en Matanzas, Cuba, en 1950. Es reconocido internacionalmente como uno de los escritores más talentosos de la actual narrativa latinoamericana. Su Ciclo de Centro Habana ha sido publicado íntegramente por Anagrama, y ha aparecido en otros idiomas en más de veinte países: Trilogía sucia de La Habana (publicada también en títulos individuales: Anclado en tierra de nadie, Nada que hacer y Sabor a mí), El Rey de La Habana (que ha sido adaptada al cine por el prestigioso director Agustí Villaronga), Animal tropical (Premio Alfonso García-Ramos), El insaciable hombre araña y Carne de perro (Premio Narrativa Sur del Mundo). Vive en La Habana y se dedica exclusivamente a la literatura y a la pintura. Su obra más reciente es el libro de relatos Mecánica popular.

Estos poemas pueden recibir solo dos respuestas: la respuesta del que los odia y la del que los ama.

Una vez más y casi a mi pesar, me encontré arrastrado por las fuerzas de unos versos bastante prosaicos que cuentan una historia, o muchas historias, porque al poeta le está permitida la digresión interminable. Otra vuelta por el infierno que somos.

El whisky baja en la botella mientras leo y leo hasta el último verso, hasta la página final y el vacío que te queda cuando, a pesar de que no querés terminar, como todo, este libro inmenso también se termina.

Hace muchos años que no reseño un libro de poesía. ¿Qué decir de aquello que solo está escrito para ser leído, alter egos sin moraleja, con cientos de historias inconexas, sin orden, excesivas? Nada.

Salvo que este escritor terrible tiene también varias novelas que ya conseguí en el mercado persa de la virtualidad. Me esperan días de aventura por la Habana vieja, qué lindo y trágico.

 

Alguna vez estuve rodeado de todas las señoras en decadencia.

Yo vivía en el último piso del edificio

y tenía cuarenta años

y las señoras en decadencia me adoraban.

Yo subía y bajaba las escaleras para masajear

mi corazón atolondrado y ellas decían:

“¡Oh qué vigoroso! ¡Es un deportista!”

Ellas tuvieron su esplendor después de la guerra.

En los cincuenta eran amantes espléndidas.

Lujuriosas y satisfechas.

Mujeres hermosas y elegantes. Putas de lujo.

Viajaban a Miami, a México, a Puerto Rico.

Algunas

Iban de Christmas a New York.

Y ahora viven en la decrepitud,

con aquellos muebles destruidos, los vestidos sucios,

y pasando hambre.

A veces enseñan sus plumas descoloridas,

los largos guantes amarillentos,

los frascos vacíos de perfume,

los mechones del cabello que se cae.

O los perros. Algunas para no estar solas tienen perros

y duermen con ellos y siempre hay peste a mierda de perro

cuando abren las puertas a mi paso, para platicar un instante

y repetir: “Oh, qué fuerte es usted, cómo sube corriendo

hasta el octavo piso. Y qué hermosos sus hijos.

Son muy lindos sus hijos. Son muy educados.”

Y yo sabía de qué mundo esplendoroso venían ellas.

Fueron las amantes de lujo de los americanos.

Las putas caras.

Nunca tuvieron hijos para no maltratar sus cuerpos.

Para no perder la fiesta. Para no arriesgarse.

Y ahora cada una está encerrada en su piso.

Tienen temor de los negros. Este barrio fue invadido hace años

por negros y delincuentes y prostitutas baratas

que se alquilan a los turistas.

Y ellas tienen temor y dicen: “ah, este era un buen barrio.

En este edificio solo vivía gente fina”.

Tienen temor ahora, en la decadencia final. Solas, hambreadas,

sin bañarse. Con los huesos enfermos.

Pero son duras y no se quejan.

Sonríen y conversan pausadamente.

Tienen un largo entrenamiento de putas caras.

Deben sonreír y conversar alegremente. Y decir que sí.

Y volver a sonreír.

A veces van muy temprano a la iglesia y rezan.

Después las ayudo a subir por la escalera oscura y sucia.

Y me dicen: “Que Dios lo pague. Yo siempre rezo por usted

y por sus hijos”.

Y Dios las escucha. Yo sé que las escucha.

Me perdonan mi soberbia sin límites.

Me perdonan mi arrogancia y mis prisas.

Ellas saben que estoy dibujando un boceto errante

de mi vida. Que corro desesperadamente por las escaleras

y apenas las saludo y las escucho un minuto.Ellas saben que me provoca tristeza verlas destruidas

y huesudas pasando hambre. Las pobres viejas.

Las pobres putas viejas que caminan hasta la muerte

se deleitan conmigo.

Y con eso les basta.

Admiran al único varón vigoroso que pasa por sus puertas

muchas veces al día.

Y me perdonan que yo les tenga lástima.

Y rezan por mí.

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    Ariana Cabezas
    Ariana Cabezas
.OTRO CANON

No hay denuncia directa, hay una incomodidad que persiste: la poesía en “La bondad del agua”, de Ariana Cabezas

26 Julio 2026

Un libro sobre la vida, la familia, la crianza en un registro que el feminismo viene señalando hace tiempo: lo íntimo como territorio político. La bondad del agua (El Elefante Negro) habla de la casa pero también del entorno, de la comunidad, del país como materia que atraviesa la experiencia.

La propia Ariana Cabezas lo señala: “el libro nace del cruce entre el trabajo cultural en territorio, ciclos de poesía, talleres, encuentros, y la militancia, de haber sido interpelada por las luchas sociales y por el contexto en el que vive”. No hay una escena originaria, un episodio único: hay acumulación, capas, insistencias que punzan en el poema.

Los poemas parecen poner en práctica la idea de endurecerse sin perder la ternura y lejos de ser un cliché, es un trabajo obstinado el de este libro que se pregunta ¿Qué es ser madre? ¿Cómo se es una buena hija? ¿Cómo se resuelve el dolor que se hereda? Cierta idea de espanto lo recorre. Como bien mencionara Susan Sontag, “La belleza es parte de la historia de la idealización”.

La naturaleza aparece como metáfora y como sistema de sentidos: el agua actúa, arrastra, limpia, insiste como metáfora del paisaje cotidiano en el que se mueve la autora.

Así, La bondad del agua avanza y purifica. El cauce del río, la garúa fina que nos mantiene a salvo, hay algo baustismal que sucede cuando la poeta nos zambulle allí. En ese sentido, Ariana sostiene que “Esa interpelación también movilizó mi forma de ‘sentipensar’ el mundo, de habitar mi casa, mis vínculos, la genealogía familiar, la maternidad, el lugar de las mujeres en mi experiencia de vida. No nace de una experiencia específica, sino de múltiples atravesamientos”.

Pero, aunque el agua traiga movimiento, hay zonas de fijación. Aparecen las mujeres de la familia que sostienen estructuras, que niegan la contradicción, que no se dejan atravesar por ese cambio aún envueltas en una estructura rígida que no deja refrescarse por el viento, la lluvia, el movimiento que arremete para cambiar las cosas de lugar.

Ahí el libro produce tensiones porque, aunque no hay denuncia directa, sí aparece una incomodidad que persiste de forma ambivalente. La voz poética logra exponer los engranajes detrás de los patrones sin elevarse sobre ellos.

En ese punto, la escritura se vuelve también una toma de posición. Cabezas lo dice con claridad:

La decisión de mirar desde la poesía y la escritura, implica una forma de pausar la vida, y detenerme más allá de las lógicas de instrumentalización, cosificación, utilitarismo que plantea él sistema sobre las relaciones humanas, la experiencia humana, mirar sería apreciar y reivindicar el espacio de la escucha, la memoria compartida, los afectos, renuncias, el cuidado; también una pequeña decisión contra lo efímero y la productividad. Eso en lo que me detuve a mirar ¿qué me dice más allá de la forma habitual y natural en la que aparece?. Dejar que emerja la inquietud, la pregunta.

Hay en estos poemas un trabajo, podríamos decir, subterráneo: una atención sostenida a lo mínimo, a lo que apenas asoma. Desde ese lugar se construye una mirada sobre la familia que no es idealizada ni completamente crítica. No hay ruptura total, pero tampoco conciliación. Más bien una conciencia de pertenecer, de estar adentro, incluso cuando incomoda.

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Tapa la bondad del agua

La bondad del agua no ofrece certezas. Más bien abre preguntas. ¿De dónde viene esa “bondad”? ¿Es algo dado o algo que se construye? En un poema, la autora escribe:

 

La luz sobre la ventana
llega de la misma forma.
Nada tiene real importancia
hasta que mirás
decidís mirar las cosas, tomar distancia.

 

Ese trabajo misterioso de la psiquis, un estado de alerta sostenido, en el que se observa desde el rincón. Esperar que acontezca la palabra singular, para nombrar lo subrepticio. Lo que es dado en estos poemas que nos muestran sutiles el lado íntimo y agridulce de la unidad mínima, la familia, que significa estar dentro, disputar, sostener un vínculo contradictorio que hace en el cuerpo lo que hace el tránsito de la vida con un otro disímil. En ese punto, el libro despliega un elemento propio de esta época: la construcción de la comunidad.

La autora propone una lectura, una mirada que sin dejar de ser crítica no aparece en las antípodas de lo propuesto. Ese es el valor: no un ser aislado, autónomo, independiente, sino que se reconoce como parte. Es por eso que el libro incorpora la complejidad de las contradicciones.

insiste en la posibilidad de cambio, pero no como una promesa vacía. Hay un “venir” que se enuncia, “los cambios son posibles”, pero que exige una pregunta previa: ¿qué hacemos con lo que la corriente remueve? ¿Qué hacemos con lo que aparece?

La luz sobre la ventana/ llega de la misma forma./ Nada tiene real importancia/ hasta que mirás/ decidís mirar las cosas, tomar distancia”.

Ese cambio repentino, el ser conscientes del cuerpo de nosotros, del lugar que ocupamos en la vida y en las trayectorias familiares, deshacerse de ese peso o aceptarlo. Comprender. Preguntarnos, en definitiva, como dice Ariana ¿Qué hemos sido todo este tiempo?

La autora abre esa pregunta no solo como un punto de introspección suspendido en sí mismo, no como un diván en el que recostarse a reflexionar, nos propone un para qué “vení los cambios son posibles” dice en otro poema, porque ahora que la corriente nos sacude qué vamos hacer.

El autoconocimiento, el deseo y la afirmación del yo es importante, pero la autora nos recuerda sobretodo que el crecimiento nunca es individual, nos dice “Pronto vendrá/ una mañana -cambiante e incierta-/ y alguien nos buscará./ El otro es encuentro y partida./ Nos llama”.

Porque si algo queda claro es que el crecimiento no es individual. La subjetividad se construye en relación, en vínculo, en roce. “El otro es encuentro y partida”, escribe Cabezas para hablar de esa doble condición que tiene la experiencia: llegada y pérdida.

La memoria, en ese sentido, no es archivo sino movimiento. Avanzar no es dejar atrás, sino cargar con lo que vuelve: los nombres, las historias, los cuerpos. El río no olvida. Un país tampoco debería y es eso lo que nos tiene que ayudar a construir un mejor presente.

Finalmente, el proceso de escritura acompaña esa lógica: comienza en soledad, pero se abre al intercambio. Talleres, lecturas, correcciones colectivas. Aparecen nombres: Sabrina Barrego, Marina “Marva” Coronel, Diana Bellessi, que acompañan sino que configuran el libro.

También la interdisciplinaridad: filosofía, sociología, antropología, la pluralidad de La bondad del agua no cierra. Se mueve. Insiste. Pregunta. Y en ese movimiento, deja algo abierto: una forma de mirar, quizás, o la sospecha de que todavía estamos a tiempo de hacerlo distinto.

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    Pablo Queralt
POESÍA

El misterio de escribir una historia distinta: reflexiones sobre la poesía de Pablo Queralt

26 Julio 2026

La doble pena de volver a contarlo todo (Ediciones La Yunta, 2025) es una extraña sinopsis de sucesos vívidos y de agudas reflexiones sobre la creación que Pablo Queralt despliega en cada una de las páginas, desde una búsqueda intencionalmente instintiva, como queriéndonos decir “aquí está lo que quiero decir, sin puntos ni comas”.

La extrañeza del libro reside en una escritura librada al azar, como si hablara un paciente empotrado en el sillón del psicoanalista, discurriendo sin pausas sobre lo que siente, lo que duele y lo que fluye desde el fondo de la vida.

Donde el poeta se quiere esconder detrás de la palabra y, simultáneamente, la palabra se oculta en el silencio del poeta.

Y, precisamente, lo que más llama la atención al lector sobre esta experiencia narrativa es ese discurso desvertebrado que construye Queralt, no resuelto desde el ritmo o la métrica convencional del poema, sino desde un lenguaje nutrido de pensamiento y de imágenes, conformando una trama atemporal que exalta realidades y fantasías entre distintos escenarios simbólicos:

 

En el living de casa tengo un caballo

de calesita que me hace acordar

cuando de niño iba al parque Lezama

y daba vueltas para sacar la sortija

en la calesita y siempre estaba el señor

que iba con su gato que se creía perro a tomar un café

después mi padre me llevaba al bar El Británico

a tomar un chocolate caliente con churros

en esa atmósfera de magia y misterio

de los Domingos por la mañana crecí era

como un libro para niños una novela de las abuelas

o una canción que no aprendí.

 

Una dialéctica constante que permanece a lo largo del libro. Una sucesión de vivencias que se entrecruzan para reflejar el andar de hoy y las revelaciones que emanan del ayer. Las vivencias del hombre van al encuentro del creador, donde las disquisiciones sobre el devenir de la poesía se integran a un discurso elaborado a conciencia, manteniendo la atención del lector en todo su recorrido:

 

Tener escondido libros en el baño en la cocina como la plata en distintos lugares

para que nunca me falte así alguien que no conozco esconde dentro mío ideas

recuerdos que de pronto aparecen como cuando salía a fumar para no sentirme desplazado del que narra y quién mira

donde se gesta el poema y pone algo que va del pasado al presente como quién confunde

los tiempos y viene de lo antiguo y no de lo reciente tirando del hilo.

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Portada La doble pena de volver a contarlo todo

Existe una correspondencia íntima entre los recuerdos del poeta y la palabra que trasciende como si fuera un árbol plantado en medio de la infancia y sus ramas comienzan a deshojarse para darle vida a una historia no revelada: “… esa atmósfera de magia y misterios… y donde la mirada del poeta todavía chispea como un libro para niños y su corazón vibra ante cada acontecimiento como una canción que no aprendí…”

Un desafío sin máscara, con los ojos bien abiertos, que reproduce evocaciones que conmueven, giros expresivos que nos llevan a un lugar sin salida, simplemente porque el mismo autor no desea encontrar la salida y se siente cómodo en ese universo de círculos concéntricos que exploran su interacción con la vida, “en ese limbo donde habla el ser” de sí mismo.

“La infancia es un ancla una cámara de fotos que los escritores usan…” dice Queralt, probablemente para reconocer sus asombros, sus miedos, sus angustias, para salir de la caverna y atreverse a la aventura de descubrir su propia existencia.

Pero el poeta no sólo sitúa las cosas que lo rodean, sino también exalta sentimientos o revela emociones en una combinación de actos que transforman su realidad y, por consecuencia, la realidad del lector.

Queralt también percibe que la escritura nos permite tomar distancia de los alcances y limitaciones de nuestra forma de pensar, incluso se presenta como un alivio para “remendar el alma”. Entiendo la palabra “alma” como la propia esencia del creador, como el vector que nos eleva para acceder a lo desierto, a lo inalcanzable, a lo extravagante.

Pablo Queralt es médico y poeta nacido en Buenos aires donde reside. Es curador de poesía y organizador del Ciclo de Poesía en la Biblioteca en San isidro; creador y curador del Festival de Poesía de San isidro.

Publicó los libros de poesía : en España,  (Zaragoza), La piscina (Palma de Mallorca), Biosfera del amateur (Oviedo). En Buenos Aires: Cansancio de lo escrito, La flecha de Agustín, Pueblo de agua, 89 Golpes y un whisky, El Padre, Pájaros en palabras, Poema de la nieve, Ser y ser visto, Nací en el cine, Raros sentidos y su Obra Reunida 2001/21, entre otros. Tradujó a Yves Bonnefoy, Alice Oswald, Thomas Hardy, aD.H.Lawrence, a Amy Lowell, Christophe Mannon, Charles Reznikoff , Thom Gunn y otros poetas ingleses.

Este viaje parabólico por el adentro y el afuera del Ser está condensado en este libro a través de los temblores de la infancia, de las películas que nos hicieron ver la vida al revés o de los misteriosos artificios de un sueño.

Escribir requiere de un tempo que tiene que ver con el silencio, con la mirada y, si la voluntad acompaña, con el inesperado hallazgo de la palabra. Escribir es abrazar la pasión y la belleza, pero más aún, filosóficamente, desentrañar la vida más allá de la muerte:

 

Me hago cargo de la cicatriz al fin es lo que hacen los poetas

lavan los significantes para que las palabras vuelvan a decir

lo que decían mejorar lo que querían destruir por eso se tapan la boca

cuando hablan para que no vean lo que dicen ponen el pulso

desde lo más secreto del alma con palabras vacías que se hacen oro

un silencio de resurrección detalles minuciosos un gota a gota

afuera del tiempo vertiginoso una cura en zigzag

como la de los que navegan cuando no pueden ir directo.

 

La poesía navega entre estos estadios y vale doblemente la pena insistir en contar todo lo que nos pasa, tal como Pablo Queralt lo propone en su nuevo libro, donde nuestro poeta ha ejercido con elocuencia el don de la palabra, desde la dignidad del creador y desde un profundo decir sin tregua ni concesiones.

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    Alí Khamenei
MEDIO ORIENTE

Úrsula Asta: “En los funerales de Alí Khamenei en Irán e Irak participaron 20 millones de personas”

24 Julio 2026

Úrsula Asta, periodista de Radio Gráfica, describió en primera persona las despedidas a Alí Khamenei y el presente de la guerra de Estados Unidos con Irán, tras recorrer Teherán y otras ciudades del país persa.

Asta dialogó el sábado 18 de julio con "Más o menos bien" (Radio Con Vos, sábados de 18 a 20hs). A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“Durante los días que estuve allá se reanudaron los bombardeos. Fue el 6 de julio, Irán estaba viviendo un momento muy particular, un hecho histórico, porque era el funeral de Alí Khamenei, que es su líder supremo, máxima autoridad política, religiosa y militar. Se retrasó justamente por la guerra”.

“En Teherán, que es la ciudad capital de Irán, el funeral duró 3 días en lo que se estiman 15 o 20 millones de personas. Es realmente impresionante, muy impactante lo que significa ese hecho”.

“Hay firme una postura anti injerencista. Había un sentimiento muy profundo en torno a “nosotros vamos a ganar esta guerra y vamos a luchar hasta vencer”. Hay una politización de la población al respecto de la guerra. Seguro hay distintas posturas, pero con toda la gente que hablé me manifestó esta misma expresión”.

“El líder supremo ya es una figura muy importante, y para los musulmanes chiitas además tiene una concepción sobre el martirio, que es este asesinato por parte de los agresores, que es considerado como la muestra máxima de compromiso, es decir, es morir por una causa justa. Se convierte en un héroe, al revés del cálculo inicial”.

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Un Malvinense en la Bombonera: el caso Martyn Clarke y la historia de un “traidor” para el Imperio

24 Julio 2026

Corría el año 1999 cuando la superestructura cultural y los medios masivos de comunicación porteños intentaron vendernos una de las operaciones de distracción geopolítica más complejas de la historia reciente. El escenario fue la mítica Bombonera de Boca Juniors; el protagonista aparente, un joven de diecinueve años nacido en Plymouth y criado en nuestras usurpadas Islas Malvinas llamado Martyn Clarke. Detrás del telón, sin embargo, operaban los hilos invisibles de las usinas de inteligencia anglosajonas, siempre listas para aplicar las viejas mañas del desarme moral y la parálisis estratégica de la Nación Argentina.

Para comprender el "caso Clarke", hay que desmantelar la zoncera —diría Don Arturo Jauretche— de que el fútbol transcurre en un vacío político. El arribo de un futbolista isleño al continente no fue un acto de ingenuidad deportiva. Los mal pensados podríamos argumentar que la maniobra formaba parte de una estudiada estrategia de seducción y distensión diplomática, diseñada en los laboratorios del Foreign Office británico con el explícito beneplácito de los sectores cipayos locales encarnados en la gestión gubernamental del menemismo tardío. Sin embargo, la historia detrás parece más ingenua y, quizás por eso, más cercana a la verdad: Clark había sido descubierto jugando al futbol por el argentino Esteban Cichello, amigo de Diego Armando Maradona, recomendándolo al cuerpo técnico de Boca Juniors. El interés que habría despertado a Cichello y, sobretodo, a Maradona no podría ser azaroso: la llegada a la Ribera de un hijo de un exsoldado inglés de la Guerra significaba que mal que le pese al Imperio prefería formar parte de la gran pasión argentina antes de probarse en las tierras de la Reina.

Entonces, si abandonamos (al menos acá) las especulaciones conspirativas, y no reducimos esta historia a un frío tablero de ajedrez geopolítico, descubriríamos que Clarke no era un agente consciente de la corona británica, sino un pibe de 19 años empujado por un anhelo íntimo e inmenso: el sueño de calzarse la camiseta de Boca Juniors. Esa pasión, netamente futbolera y visceral, lo llevó a tomar una decisión desesperada: armar las valijas y viajar al continente de espaldas a su propia comunidad, ocultándole por completo sus planes a sus conocidos y familiares de las islas por temor al rechazo.

El joven, hijo de un veterano de la marina británica de 1982, fue arrojado sin anestesia al corazón de la pasión popular argentina. Se le dio albergue en Casa Amarilla, se le hicieron promesas y hasta se lo sentó en el palco del mismísimo Diego Armando Maradona. Pero el fútbol posee una dinámica propia y el sentimiento de un pueblo no se compra con pautas de relaciones públicas. Clarke no prosperó futbolísticamente en el exigente engranaje de Carlos Bianchi.

Lo verdaderamente trágico comenzó cuando se apagaron las cámaras y se activó sobre su persona la maquinaria implacable de lo que hoy la doctrina de defensa moderna denomina guerra cognitiva. Al regresar a las islas, el aparato mediático y social británico no tuvo piedad con él. Diarios como The Guardian y su propio entorno local le colgaron el sanbenito de "traidor".

El “Caso Clark” terminó pasando como “nota de color” dentro de la agenda concentrada mediatica argentina, mientras que en Inglaterra el hecho no pasaba desapercibido. Así como despertó indignación, abrevando las mas bajas layas reaccionarias contra nuestra comunidad luego de la derrota a cargo de nuestra selección y (sobretodo) el festejo con el “trapo” de Malvinas, la historia de Martyn Clark inspiraba la idea de desarrollar una película que finalmente no llegó a estrenarse. Se iba a llamar “Playing for the Enemy” (Jugando para el enemigo) e iba a ser la primera producción cinematográfica que se filmaría en las Islas Malvinas.

El “Caso Clarke” explica el producto de la acción de una pedagogía colonialista, de un territorio ocupado por una población no-nativa. Bien dice el refrán: “Pueblo chico, infierno grande” y cuestión que aquellos kelpers que sostienen el enclave colonial en el Atlántico Sur, lo confinaron a un implacable ostracismo social por haberse atrevido a abrazar el suelo y la cultura argentina. Como explica magistralmente el politólogo Mariano González Lacroix en las páginas de Zona Militar, la guerra cognitiva no busca destruir los cuerpos, sino alterar la percepción, demoler la psiquis y quebrar la voluntad del individuo o de las sociedades. El peso de ese estigma y el hostigamiento silencioso en su propia tierra natal se volvieron un yugo insoportable con los años. Su trágico final a finales de 2022, quitándose la vida a los 42 años en Puerto Argentino, expone el costo humano de estas operaciones psicológicas.

Aquella maniobra artesanal ejercida sobre Clarke a finales del siglo XX ha mutado hoy, en pleno siglo XXI, en una ofensiva digital a gran escala implementada en sentido inverso. El laboratorio que destrozó la mente de aquel joven isleño hoy opera de forma masiva sobre la sociedad argentina, utilizando como principal vector de ataque cibernético a la figura de Lionel Messi. Tal como advierte González Lacroix en su lúcido análisis sobre el impacto del último Mundial, ya no se trata de operaciones aisladas, sino de un ecosistema mediático concentrado y algoritmos programados deliberadamente para instalar narrativas internacionales de desprestigio. Modificando métricas y amplificando acusaciones sistemáticas de "robos", "ayudas arbitrales" o construyendo maliciosamente la figura de un "Messi villano", los centros de poder global buscan erosionar el soft power de nuestro país y esmerilar el orgullo y la autoestima de un pueblo que encuentra en el fútbol una de sus últimas trincheras de identidad colectiva.

La revisión histórica de estos episodios nos obliga a mantenernos alertas frente a las nuevas modalidades de agresión internacional. Detrás de cada pantalla o campaña de odio algorítmico que nos invita al derrotismo o intenta manchar nuestras alegrías populares, se esconde la misma vieja agresión colonialista que combatieron Juan Manuel de Rosas en la Vuelta de Obligado y nuestros héroes en las trincheras de Malvinas. La soberanía no se negocia; y en este nuevo y difuso campo de batalla de la mente humana, defender la memoria histórica y proteger la dignidad de nuestros ídolos es la única forma de evitar que sigan rifando los activos espirituales que protegen a la Nación.

La revisión histórica de estos episodios nos obliga a mantenernos alertas frente a las nuevas modalidades de agresión internacional. Detrás de cada pantalla o campaña de odio algorítmico que nos invita al derrotismo o intenta manchar nuestras alegrías populares, se esconde la misma vieja agresión colonialista que combatieron Juan Manuel de Rosas en la Vuelta de Obligado y nuestros héroes en las trincheras de Malvinas
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    Represión a los jubilados e hinchas, barras_Noelia Guevara_12.03.2025
    Foto: Noelia Guevara

El gobierno de Javier Milei y el costo millonario de reprimir jubilados durante 2025

24 Julio 2026

El Gobierno de Javier Milei destinó más de 2.000 millones de pesos a los operativos de seguridad desplegados durante las movilizaciones de jubilados que, cada miércoles, se concentran frente al Congreso de la Nación durante 2025 para reclamar una mejora en sus ingresos. El dato surge de un informe elaborado por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) a partir de información oficial proporcionada por el Ministerio de Seguridad, a cargo de Alejandra Monteoliva. En paralelo, el Gobierno nacional profundizó el ajuste sobre jubilaciones, salarios, educación y salud pública.

El relevamiento indicó que las fuerzas federales participaron de 43 operativos entre enero y diciembre, con un promedio de 915 efectivos por jornada. En esas intervenciones actuaron integrantes de Gendarmería Nacional, la Policía Federal y la Prefectura Naval. De acuerdo con la información oficial, cada operativo demandó un gasto promedio de $48.535.094, cifra que contempló combustible y equipamiento. Sin embargo, el CELS sostiene que el monto informado no refleja el costo total de los despliegues.

Además, el CELS explicó que “el calculó queda muy por debajo del costo real si se agregan, entre otros gastos, las horas de servicio obligatorio y los adicionales de los cerca de 40 mil efectivos desplegados”, que el Ministerio no informó. Consultados por AGENCIA PACO URONDO sobre este punto, desde el organismo expresaron que, ante los dos pedidos de acceso a la información pública que llevaron a cabo, sólo respondió sobre la cantidad de efectivos y costos de cada operativo, excluyendo la discriminación de costos de personal, vehículos, equipos, logística y otros gastos asociados -como combustible- y por fuerza, ya sea uniformados, carros hidrantes, motos y móviles desplegados.

El relevamiento identificó al 12 de marzo de 2025 como la jornada con mayor despliegue de recursos, es decir, el más costoso. Ese día participaron 1.266 efectivos. Durante la represión resultó gravemente herido el fotoperiodista Pablo Grillo tras el impacto de una granada de gas lacrimógeno. La causa judicial por el hecho mantiene procesado al gendarme Héctor Guerrero, acusado de “lesiones gravísimas agravadas por abuso de su función” y “abuso de armas agravado”, y también busca determinar las responsabilidades dentro de la cadena de mando.

Según plantea el organismo, 28 de las 43 manifestaciones terminaron con represión. Las organizaciones que monitorearon las protestas registraron 149 detenciones consideradas arbitrarias y, al menos, 501 personas heridas, con lesiones provocadas por balas de goma, gas pimienta, gases lacrimógenos y camiones hidrantes. Como contraparte, apenas cuatro son los efectivos de fuerzas de seguridad procesados por su accionar: el mencionado Guerrero; el prefecto Sebastián Martínez, como autor del disparo que le provocó a Jonathan Navarro la pérdida de la visión de su ojo izquierdo; el inspector de la Policía Federal, Nicolás Céspedez, por las lesiones a Beatriz Blanco, jubilada a quien empujó frente al Congreso -los tres hechos durante el 12 de marzo de 2015-; y el policía de la Federal Cristian Rivaldi, quien le arrojó gas pimienta a una nena de 10 años el 11 de septiembre de 2024.

En sus conclusiones, el CELS cuestionó la política oficial frente a las manifestaciones. “El gobierno no garantiza el derecho a la protesta social. Aborda el conflicto, no como algo propio de las democracias, sino como un problema de seguridad, al que responde con un despliegue descomunal de recursos. Cada miércoles destina cientos de efectivos para reprimir a jubiladas, jubilados y quienes los apoyan”.

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    Rucci y Ali
    Rucci y Ali

Por qué Argentina concentra el odio del mundo y qué dice eso del mundo antes que de Argentina

23 Julio 2026

Hay algo en la Argentina que funciona como pantalla de proyección. No metafóricamente: en el sentido preciso que Lacan le daba al término. La pantalla no refleja al objeto que está enfrente. Refleja al que lo mira. Lo que el mundo proyectó sobre Argentina durante y después de este Mundial no fue un análisis de lo que Argentina es. Fue el mapa de sus propias fracturas buscando un cuerpo ajeno donde depositarse. Pero para que la proyección funcione necesita encontrar algo en el objeto que la facilite. Argentina siempre ofrece algo. Y ahí empieza la complejidad real.

El colonialismo de izquierda y la zoncera con wifi

Arturo Jauretche lo dijo antes de que nadie lo llamara eurocentrismo: hay una forma de pensamiento que imita los modelos del Norte no para comprender la realidad latinoamericana sino para aplicarle categorías construidas en otro lugar con otra historia. Lo llamó zoncera. No una tontería cualquiera sino una tontería estructural, avalada por el prestigio de quien la emite antes que por su capacidad de iluminar lo que pretende describir. En 2026 esa zoncera tiene wifi y millones de likes.

La pregunta sobre por qué la selección no tiene jugadores negros es legítima cuando se hace en Estados Unidos o en Inglaterra, donde la composición racial de los equipos deportivos refleja décadas de segregación explícita. Si hay tantos jugadores negros en la Premier League es precisamente por eso: por el colonialismo que pobló Londres de personas trasladadas por la fuerza desde sus países de origen.

Trasplantada a Argentina sin modificación, esa pregunta desbarranca. Porque acá lo negro nunca fue solo una cuestión de piel. Fue una categoría de clase.

El cabecita negra que Scalabrini Ortiz vio bajar del tren el 17 de octubre de 1945 podía tener la tez clara y seguir siendo negro para la oligarquía que lo miraba con desprecio desde los balcones. El racismo argentino se ejerció sobre los cuerpos populares, sobre los que vienen del interior, sobre los que no tienen los apellidos ni los códigos de las clases altas. Esa especificidad no aparece en ningún posteo en inglés con un millón de reproducciones.

Lo más lacaniano del asunto es que esa imposición no se reconoce a sí misma como tal. Se presenta como emancipación, como solidaridad. Es la estructura del discurso del amo: habla en nombre del otro sin advertir que le está quitando la palabra. El multiculturalismo europeo no es la ausencia de racismo sino una de sus formas: administra la diferencia en lugar de disolverla. Cada etnia en su lugar, reconocible en sus marcas, conviviendo a condición de no mezclarse demasiado. Desde ese parámetro, Argentina siempre va a quedar del lado equivocado porque el parámetro no fue construido para leer su historia.

La ultraderecha no es una sola

Del otro lado llegó otro odio, con otra arquitectura. La ultraderecha global no tiene una posición uniforme sobre Argentina y esa no-uniformidad importa.

Para la ultraderecha anglosajona, Argentina con Milei es un aliado, un laboratorio. Trump lo recibió en Mar-a-Lago. Thiel compra propiedades en Buenos Aires. El movimiento libertario mira a Milei con simpatía de correligionario.

Pero para la ultraderecha europea de raíz identitarista, la que piensa en términos de civilización, de nación, de tierra, Argentina es otra cosa. Es el país del mestizaje, de la mezcla, de la inmigración que nunca mantuvo fronteras étnicas claras. El que recibió a los judíos que Europa expulsó y también a los nazis que Europa no quiso juzgar. Esa ambivalencia la vuelve incómoda para el proyecto de pureza racial que algunas corrientes de la derecha europea todavía alimentan.

Cuando circularon videos de hinchas argentinos cantando canciones que en contexto europeo sonarían racistas, la ultraderecha identitarista los usó para demostrar la degeneración del mestizaje, mientras los medios libertarios los ignoraron porque contradecían la narrativa del aliado. El mismo objeto, dos usos opuestos. El algoritmo no eligió: amplificó los dos.

La trampa de responder

Lo que todo esto produce es un sujeto argentino en posición de imposible. Si gana, es arrogante. Si canta, es racista. Si pone una bandera de Malvinas, es belicoso. Si no la pone, es entreguista.

Esa posición no es nueva. La Argentina viene siendo leída desde afuera como objeto de proyección desde que Sarmiento decidió que la civilización venía del Norte y la barbarie era propia, y desde que las élites locales aprendieron a verse con los ojos de Londres antes que con los propios.

La diferencia con 2026 es que el algoritmo industrializó esa proyección y la distribuyó desde todos los ángulos simultáneamente. Un posteo en inglés que afirma que en Argentina no hay negros porque hubo un exterminio no está informando: está produciendo subjetividad. Está construyendo una imagen que va a perdurar décadas porque el algoritmo no tiene mecanismo de corrección posterior. Solo de amplificación inicial.

La trampa no es la acusación. Es la respuesta. El orgullo herido que dice somos mejores que lo que dicen y el auto flagelo que dice tienen razón en todo son dos formas simétricas de quedar atrapado en la pantalla de proyección ajena. Sarmiento en clave local: un país que se mira con los ojos del que lo desprecia.

Argentina tiene racismo. Un racismo propio, con su historia de castas coloniales y su particular manera de llamar negro al pobre independientemente de su color de piel. Y tiene una historia de integración que ningún país europeo puede mostrar sin que le explote en la cara. Las dos cosas son verdad al mismo tiempo. No se resuelven con un titular. Pero tampoco confundiendo el espejo del Otro con la propia imagen.

Argentina es otra cosa. Es el país del mestizaje, de la mezcla, de la inmigración que nunca mantuvo fronteras étnicas claras. El que recibió a los judíos que Europa expulsó y también a los nazis que Europa no quiso juzgar. Esa ambivalencia la vuelve incómoda para el proyecto de pureza racial que algunas corrientes de la derecha europea todavía alimentan.
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Prevención de incendios forestales con imágenes satelitales

23 Julio 2026

En 2025, los incendios forestales calcinaron más de 400.000 hectáreas en la Península Ibérica. Solo en Portugal se perdieron más hectáreas a causa del fuego que la extensión de Luxemburgo. Además del paisaje ennegrecido, la liberación de millones de toneladas de CO₂ y las pérdidas agrícolas, forestales y en infraestructura, con un impacto de miles de millones de euros, los incendios se cobraron la vida de decenas de personas en numerosas localidades.

Los métodos tradicionales de prevención, como torres de vigilancia, patrullas a pie y redes de sensores fijos, resultan insuficientes ante terrenos extensos y de orografía complicada. Por suerte, contamos con un poderoso aliado por encima de nuestras cabezas. Disponer de datos satelitales con EOS Data Analytics u otros proveedores permiten vigilar el territorio de forma continua y con un nivel de detalle impensable hace apenas una década.

Cómo los datos satelitales anticipan y detectan los incendios

La prevención de incendios mediante el uso de datos satelitales se fundamenta en dos ideas: la evaluación del riesgo y la detección temprana. La primera permite identificar las zonas con más posibilidad de ignición espontánea, según la falta de humedad en la vegetación, la acumulación de combustible orgánico y las condiciones meteorológicas locales. La segunda se encarga de localizar anomalías térmicas (firmas de calor) pocos minutos después de iniciarse un fuego, incluso en los parajes más remotos del planeta.

La clave de ambas técnicas radica en los sensores multiespectrales y térmicos que montan los satélites modernos, que captan información que el ojo humano no puede ver. Los índices NDVI y NDMI ayudan a calcular la humedad de la vegetación (cuanto menor es la humedad, mayor es la inflamabilidad), la biomasa acumulada en los suelos y la temperatura de la superficie terrestre, que delata zonas propensas a ser el origen de un fuego. El análisis espacial de cada capa se combina con otras variables para realizar mediciones casi en tiempo real y que los responsables puedan trabajar de forma proactiva y no reactiva. Y la integración y modelado de datos espaciales junto a fuentes meteorológicas, orográficas y de vegetación, así como los datos satelitales históricos, permiten crear mapas dinámicos completos sobre la situación de una zona particular. 

Inteligencia contra incendios: de imágenes en bruto a inteligencia para tomar decisiones sobre el terreno

Limitarse a conocer la ubicación exacta de las llamas en una pantalla es una minúscula parte de la gestión táctica de una emergencia. Ante una catástrofe de esta índole, las preguntas que realmente importan están relacionadas con la operativa de los equipos de emergencia. Preguntas como “¿Cuál es la intensidad y dirección del fuego?”, “¿Qué infraestructura crítica está en peligro?” o “¿Cuáles son las mejores rutas de evacuación disponibles?” requieren respuestas ágiles y certeras para coordinar de forma eficiente a los equipos de trabajo sobre el terreno.

Es aquí donde EOSDA propone una cadena de procesamiento de datos avanzada, capaz de obtener imágenes satelitales de alta resolución y transformarlas en datos listos para tomar decisiones crítica en cuestión de pocos clics. Las imágenes pueden ser ópticas y de radar de apertura sintética (SAR). En el caso de las segundas, su utilidad en estas situaciones es clave, ya que las nubes y el humo ocultan por completo el terreno, haciendo que las imágenes ópticas no sirvan. 

Posteriormente, la plataforma de datos satelitales de EOSDA clasifica la severidad del daño basándose en el comportamiento espectral de las hojas quemadas, determinando si el daño forestal es superficial o si se ha perdido todo el dosel arbóreo. Al superponer los datos de diferentes capas en un mismo mapa, los responsables de la toma de decisiones disponen de información vital tanto durante como después del fuego para coordinar los esfuerzos de extinción del fuego y posterior recuperación de la zona.

La cadena de inteligencia de EOSDA y su prueba de fuego en Portugal

La falta de conocimiento de cómo funcionan determinadas tecnologías hace que existan reticencias con su adopción. En respuesta a estas dudas, EOSDA ha desplegado su tecnología de análisis de datos satelitales en Coimbra gracias a un acuerdo de colaboración con el programa InCubed de la Agencia Espacial Europea. 19 municipios y 4.336 km² a lo largo y ancho de la región convierten a la empresa en uno de los mayores proveedores de datos geoespaciales del sector forestal en la zona.

Con más del 45 % del territorio cubierto de bosque, la vigilancia a pie no es una opción válida. Gracias a su satélite EOS SAT-1 con resolución de 3 m., los mapas de cubierta forestal, área quemada y avance de la restauración se actualizan al menos 4 veces al año. Cada actualización no solo presenta el mapa actualizado, sino que se añaden capas adicionales de datos GIS al historial de la región. Al integrar directamente todos estos datos de las plataformas de análisis en los programas habituales de gestión, el proyecto dota a los municipios locales de una herramienta operativa con la que tomar decisiones inmediatas sobre el terreno que protejan vidas y recursos forestales de acuerdo con la información objetiva que poseen.

 

Limitarse a conocer la ubicación exacta de las llamas en una pantalla es una minúscula parte de la gestión táctica de una emergencia. Ante una catástrofe de esta índole, las preguntas que realmente importan están relacionadas con la operativa de los equipos de emergencia. Preguntas como “¿Cuál es la intensidad y dirección del fuego?”, “¿Qué infraestructura crítica está en peligro?” o “¿Cuáles son las mejores rutas de evacuación disponibles?” requieren respuestas ágiles y certeras para coordinar de forma eficiente a los equipos de trabajo sobre el terreno.
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    Afiche de El destino de un continente película
ESTADOS UNIDOS EN DEBATE

A 125 años del primer escrito antiimperialista de Manuel Ugarte

22 Julio 2026

Por su vida y trayectoria como por su obra, el poeta, escritor, periodista y militante de la Nación Latinoamericana, Manuel Ugarte (Buenos Aires, 1875- Niza, 1951), es una referencia imprescindible sobre el tema de las relaciones, influencias y conflictos desatados entre Estados Unidos y los demás países del continente.

Las impresiones de Manuel Ugarte sobre EE.UU. y su influencia en la historia de Latinoamérica y el Caribe se pueden encontrar en diferentes libros y artículos publicados a lo largo de su vida como Crónicas de Boulevard (1902)i, El porvenir de América Latinaii (1910), Mi campaña Hispanoamericanaiii (1922), El destino de un continenteiv (1923). También deben considerarse artículos como El peligro yanquiv (1901), Los pueblos del sur ante el imperialismo norteamericanovi(1912), Carta abierta al presidente de los Estados Unidosvii (1913), La Doctrina de Monroeviii (1919), Política colonialix (1922), México, Nicaragua y Panamáx (1927), Nueva épocaxi (1940) y Los fundamentos vitalesxii (1950), entre otros tantos.

Otras fuentes sobre el tema se pueden encontrar en su epistolario (1896-1951)xiii, en donde intercambia cartas referidas a la influencia de Estados Unidos en la región con figuras como Víctor Raúl Haya de la Torre, Augusto César Sandino, Tristán Maroff, Gabriela Mistral, José Vasconcelos, Arturo Orlazábal Quintana, Venustiano Carranza y diferentes representantes diplomáticos de Latinoamérica y el Caribe, con presidentes, secretarios de relaciones exteriores de EEUU, documentos, todos ellos, que se encuentran en el Archivo General de la Naciónxiv.

La primera impresión sobre el peligro yanqui (1901)

Manuel Ugarte escribió el 18 de septiembre de 1901 en Parisxv, el texto titulado: “El peligro yanqui”. El 19 de octubre de 1901 el mismo texto fue publicado por el diario El País de Buenos Aires.

Con esta intervención pública, Ugarte se perfila como “un publicista” de la causa Latinoamericana y al mismo tiempo, como uno de los principales difusores de los peligros que suponen las políticas exteriores norteamericanas para la región. En realidad, él ya había observado este riesgo en un viaje que realizado a los Estados Unidos un año antes.

Yo imaginaba, ingenuamente que la ambición de esta gran nación se limitaba a levantar dentro de las fronteras la más alta torre de poderío, deseo legítimo y encomiable de todos los pueblos, y nunca había pasado por mi mente la idea de que ese esplendor nacional pudiera resultar peligroso para mi patria o para las naciones que, por la sangre y el origen, son hermanas de mi patria, dentro de la política del Continente. Al confesar esto, confieso que no me había detenido nunca en meditar sobre la marcha de los imperialismos en la historia. Pero leyendo un libro sobre la política del país, encontré un día citada la frase del senador Preston, en 1838: “La bandera estrellada flotará sobre toda la América Latina, hasta tierra del fuego, único límite que reconoce la ambición de nuestra raza.xvi

Más adelante, Ugarte agrega:

Si un hombre de responsabilidad hubiera tenido la fantasía de pronunciar realmente esas palabras –me dije- nuestros países del Sur se habrían levantado en seguida en una protesta unánime. Sin embargo, la afirmación era exacta y los políticos de América Latina la habían dejado pasar en silencio, deslumbrados por sus míseras reyertas interiores, por sus pueriles pleitos de frontera, por su pequeña vida, en fin, generadora de la decadencia y del eclipse de nuestra situación en el Nuevo Mundo. A partir de ese momento, dejando de lado las preocupaciones líricas, leí con especial interés cuanto se refería al asunto. ¿Era acaso posible dormitar en la blanda literatura, cuando se ponía en tela de juicio el porvenir y la existencia misma de nuestro conjunto?xvii

En el artículo “El peligro yanqui” de 1901, Ugarte elabora un recorrido por una serie de temas, uno de ellos se relaciona con las impresiones optimistas sobre Estados Unidos que el observa en otros autores, escritores y pensadores latinoamericanos.

Las trampas del “país a emular” y los peligros del optimismo latino hacia los anglosajones

Dice Ugarte:

Hay optimistas que se niegan a admitir la posibilidad de un choque de intereses entre la América anglosajona y la latina. Según ellos, las repúblicas sudamericanas no tienen nada que temer y a pesar de lo ocurrido en Cuba, persisten en afirmar que los Estados Unidos son la mejor garantía de nuestra independencia.xviii

En otro texto agrega:

La prodigiosa fuerza de atracción y de asimilación de los Estados Unidos está basada, sobre todo, en las posibilidades (u “oportunidades”, como allí se llama) de prosperidad y de acción que ese país ofrece a los individuos. La abundancia de empresas, el buen gobierno, los métodos nuevos, la multiforme flexibilidad de la vida y la prosperidad maravillosa, abren campo a todas las iniciativas. Alcanzado el éxito, éste sería motivo, suficiente para retener al recién llegado por agradecimiento y por orgullo, aunque no surgiera, dominándole todo el contagio de la soberbia que está en la atmósfera. Algunos hispanoamericanos que emigran de repúblicas pequeñas, empujados por discordias políticas, y logran labrarse una pasable situación en las urbes populosas del Norte, se desnacionalizan también, llevando la obcecación en algunos casos al extremo de encontrar explicables hasta los atentados cometidos contra su propio país.xix

Según Manuel Ugarte, las trampas del “país a emular” por parte de los latinos se relacionan con una combinación de impresiones superficiales, influencia de una atmósfera en donde una sociedad con absoluta autoestima por “el éxito” de su experiencia histórica contagia al visitante, más el efecto de lo que él llama la desnacionalización del emigrado latino.

Considero significativa esta apreciación de Ugarte porque logra demostrar la complejidad del fenómeno, encadenando elementos vinculados con lo psicológico pero también con el olvido, la memoria y la tradición nacional, en definitiva, con el sistema educativo imperante en los países latinos.

Para Manuel Ugarte la idea de Patria y Nación que se estableció como oficial, desde el Estado y sus instituciones, principalmente educativas, no se cimentaron en los hechos históricos, sociales y culturales de las sociedades latinoamericanas sino en la negación de su realidad concreta, como resultado de la matriz iluminista trabajada en el capítulo anterior.

Para esa concepción eurocéntrica tanto la prexistencia de los pueblos americanos y como el pasado colonial que reivindica Manuel Ugarte, significaban un obstáculo al progreso irremediable de la sociedad blanca, el capital extranjero con su modernidad de puertos, ferrocarriles, bancos y empresas extractoras de recursos naturales.

Al mismo tiempo observo que Manuel Ugarte cuando hace alusión al optimismo latino respecto del país sajón, alude a lo que él llama: “el carácter latino”, que por ser demasiado entusiasta y violento, solo percibe lo inmediato. Vale decir, no puede proyectar o plantearse las consecuencias de ciertas políticas norteamericanas a futuro, algo que sí Ugarte puede encontrar, por ejemplo, en las lecturas que encuentra en los diarios de Francia. ¿Qué observa en estos diarios? Ugarte encuentra que el diario Le Martin de París, en relación a la anunciada intervención de Estados Unidos en el conflicto de Venezuela con Colombia, afirma que la palabra “conversación” debería traducirse en el istmo americano, por grabbing o land grabbing, cuyo significado es expoliación. Sobre estos diarios dice Ugarte: “suponen que los Estados Unidos sólo esperan un pretexto para intervenir en esa región sonando renovar lo que hicieron en México”.xx

Me interesa en este punto demostrar que en diferentes textos Manuel Ugarte analiza la historia de los Estados Unidos centrando su atención en la independencia, el desarrollo industrial y la expansión imperial.

En un somero recorrido por las lecturas de Manuel Ugarte sobre los Estados Unidos observo una serie de nociones e ideas que pueden servir para comprender nuestra propia historia, como así también, pueden ser útiles para desentrañar los nudos u obstáculos del presente en la región.

En primer lugar, lejos de los enfoques plagados de moralinas escritos por intelectuales progresistas abstractos, en donde los Estados Unidos son catalogados como un país guerrero, diabólico y tirano que irrumpe sobre las demás regiones americanas, bonachonas, ingenuas y pacifistas, observo en Manuel Ugarte otro tipo de lecturas.

¿Por qué afirmo esto? Porque cuando Ugarte en sus textos busca comprender las razones del avance norteamericano, encuentra que esas razones son internas. Habla de las rencillas intestinas, de egoísmos de “patria chica”, falta de instrucción de historia latinoamericana, de carencia de patriotismo, de inexistencia total de una perspectiva geopolítica de parte de los gobiernos al sur del Rio Colorado. También habla de economía, de industrias nacionales y de control y nacionalización de los recursos naturales.

En fin, Manuel Ugarte habla de integración, que en su concepción, no es más que pensar la Nación como un colectivo, pero no como un colectivo volátil conectado en torno a ideas, pensamientos, vale decir, no es un colectivo invertebrado (como a veces se postula desde el progresismo) sino que es un colectivo vivo, en donde las partes que lo integran (sus habitantes) se expresan accionando en diferentes agrupaciones que esas mismas partes constituyen (Sindicatos, instituciones Gubernamentales vinculadas con el trabajo y la producción, agrupaciones, uniones nacionales y nuestro americanas). En esa Nación pensada por Manuel Ugarte el Estado por sí sólo no alcanza. El Estado latinoamericano y caribeño que pretenda “bastarse por sí mismo” necesariamente debe vincularse con los demás Estados de la región.

Esta posición en Ugarte no es un mero llamado a la hermandad sino una condición inevitable para garantizar la soberanía y la integridad nacional. De allí el ejemplo de las trece colonias norteamericanas y su unión, su aglomeración en un gran Estado en el que radica su poderío postrero.

En ese sentido, para Manuel Ugarte hablar de Nación es hablar de Nación latinoamericana, ya que nuestra realidad histórica, geopolítica, económica, hace imposible pensarlo de otra manera. Ahora bien, ¿es imposible pensar en una integración? ¿Se puede proyectar una misma Nación para Latinoamérica y el Caribe? Los últimos veinte años nos han demostrado que no es irrealizable.

No es casualidad que Manuel Ugarte vuelva a ser un autor leído en estos tiempos. Hacia finales del siglo XX y principios del XXI, diferentes problemas en los centros hegemónicos posibilitaron la emergencia de nuevos movimientos nacionales y populares en América Latina. Estos reimpulsaron los procesos de integración con nuevas organizaciones regionales (UNASUR, CELAC) y la revitalización de otras ya existentes (MERCOSUR). Los gobiernos de Argentina, Brasil, Venezuela (acompañados por Uruguay y Paraguay), Bolivia y Ecuador se constituyeron como un eje desde el cual se proyectaron planes productivos integrados, y la idea de Manuel Ugarte de “bastarnos por nosotros mismos” parecía ponerse en marcha de una vez y para siempre.

La situación cambio en los últimos años, pero en algunos países de la región las posibilidades de volver a motorizar los procesos de integración siguen en marca (Bolivia, México, Venezuela, Uruguay, Cuba, Nicaragua) en otros, si bien han sido derrotadas las fuerzas política que propiciaban la integración, estas ocupan un lugar preponderante en la oposición (Ecuador, Argentina, Brasil).

En definitiva, hoy, a 125 años del primer escrito antiimperialista publicado por Manuel Ugarte, pensar en la integración de las naciones de América Latina y el Caribe sigue siendo posible.

i Ugarte, Manuel, Crónicas de boulevard [1902], Buenos Aires, Biblioteca Nacional, 2010.

iiUgarte, Manuel, El porvenir de América Latina [1910], Remedios de Escalada, EdUNLa, 2015.

iii Ugarte, Manuel, Mí campaña Hispanoamericana [1922], Buenos Aires, Punto de encuentro, 2014.

iv Ugarte, Manuel, El destino de un continente [1923], Ediciones de la Patria Grande, Buenos Aires, 1962.

vDiario El país, Buenos Aires, 19 de octubre de 1901. Re publicado en Ugarte, Manuel, La Nación Latinoamericana, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1978, pp. 65-70.

viConferencia pronunciada en la Universidad de Columbia de Nueva York el 9 de julio de 1912. Re publicado en Ugarte, Manuel, Mi campaña hispanoamericana [1922], Buenos Aires, Editorial Punto de Encuentro, pp. 55-67.

vii Artículo publicado en el diario El Universal de México en 1919. Re publicado en Ugarte, Manuel, La Patria Grande, Berlin-Madrid, Editora Internacional, 1922.

viii En: Ugarte, Manuel, La Patria Grande, Berlin-Madrid, Editora Internacional, 1922.

ix En: Ugarte, Manuel, El destino de un continente [1923], Ediciones de la Patria Grande, Buenos Aires, 1962.

x Diario Critica, Buenos Aires, 21-01-1927. Re publicado en Ugarte, Manuel, La Nación Latinoamericana, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1978, pp. 109-110.

xi Manuscrito de Manuel Ugarte, escrito en Chile, inédito, recuperado por Norberto Galasso en Ugarte, Manuel,, La Nación Latinoamericana, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1978, pp. 119-120.

xii En: Ugarte, Manuel, La reconstrucción de Hispanoamérica [obra póstuma editada con manuscritos de Manuel Ugarte], Buenos Aires, Coyoacán, 1961.

xiii Epistolario de Manuel Ugarte (Selección), Buenos Aires, Archivo General de la Nación, 1996.

xiv Archivo General de la Nación, colecciones particulares Sala VII, Archivo Manuel Ugarte (1896-1961).

xv El principal biógrafo de Manuel Ugarte, Norberto Galasso, así lo afirma en la selección de textos realizada para la Biblioteca Ayacucho, en Ugarte, Manuel, La Nación Latinoamericana, Caracas, 1978, p. 70.

xvi Ugarte, Manuel, El destino de un continente [1923], op, cit, p. 13.

xviiIbídem.

xviiiUgarte, Manuel, “El peligro yanqui”, Diario El país, Buenos Aires, 19 de octubre de 1901. Re publicado en Ugarte, Manuel,, La Nación Latinoamericana, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1978, p.65.

xixUgarte, Manuel, El destino de un continente [1923], op., cit., p. 25.

xx Ídem.

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Estados Unidos, hegemonía cultural e identidad latinoamericana

22 Julio 2026

A 250 años de la independencia de Estados Unidos, la fecha puede ser una oportunidad para pensar algo más que la historia de una nación: la manera en que ese país logró convertirse en una referencia cultural global, el punto de que muchas veces aprendimos a mirar el mundo desde sus propios símbolos.

La influencia estadounidense no se explica únicamente por su poder económico, militar o tecnológico. También se construyó a través de una enorme capacidad de producir símbolos, relatos e imaginarios que atraviesan la vida cotidiana de millones de personas.

Para gran parte de las generaciones nacidas desde finales del siglo XX, Estados Unidos no fue solamente un país extranjero: fue un paisaje cultural permanente.

Hollywood, las series, la música pop, las marcas, los videojuegos, las redes sociales y la tecnología construyeron una familiaridad particular con una sociedad que muchas veces conocemos más a través de sus ficciones que de su propia historia.

Muchas personas pueden reconocer ciudades, personajes y acontecimientos de una realidad geográficamente distante antes incluso de acercarse a procesos históricos fundamentales de su propio continente.

Esto no responde simplemente a decisiones individuales, sino también a una circulación desigual de relatos culturales y a una capacidad muy distinta de producir y difundir imaginarios a escala global.

El problema no es si está bien o mal conocer Estados Unidos. Conocer otras culturas, aprender idiomas y dialogar con el mundo siempre fue importante.

La cuestión aparece cuando ese intercambio deja de ser diálogo y se transforma en una relación desigual: cuando una cultura se presenta como universal y las demás quedan reducidas a expresiones locales o particulares. En ese sentido, la cultura también es una forma de poder.

Como señaló Antonio Gramsci al analizar el concepto de hegemonía, las sociedades no se sostienen solamente por la fuerza, sino también por la capacidad de construir sentidos comunes.

Estados Unidos logró instalar muchas de sus propias referencias culturales como si fueran parte natural de una cultura global. Sus formas de vida, sus valores y sus relatos nacionales muchas veces aparecen como sinónimo de modernidad.

Este proceso no significa que exista una cultura única o completamente dominante, sino que algunas sociedades poseen una capacidad mucho mayor para difundir sus propios relatos, convertirlos en referencias compartidas e incluso presentarlos como si fueran universales.

Un ejemplo cotidiano está en el idioma. Aprender inglés se convirtió en una necesidad prácticamente incuestionable para integrarse al mundo laboral, académico y tecnológico. Y efectivamente lo es.

Pero esa situación también muestra una paradoja: a lo largo de la historia, determinadas lenguas extranjeras fueron asociadas al conocimiento, la cultura y el progreso.

Durante mucho tiempo, el francés ocupó ese lugar como lengua de prestigio cultural y académico en buena parte de América Latina.

Más adelante, el inglés fue adquiriendo esa centralidad, especialmente desde la segunda mitad del siglo XX, acompañado por la expansión económica, tecnológica y cultural de Estados Unidos.

La cuestión aparece cuando esa apertura se construye desde una jerarquía donde algunas lenguas representan modernidad y futuro, mientras otras quedan relegadas.

En nuestro continente, muchas lenguas propias fueron históricamente relegadas o asociadas solo a lo popular, lo rural o directamente etiquetadas como “atrasadas”.

El guaraní en Paraguay constituye un ejemplo entre tantos, pero no es un caso aislado: numerosas lenguas de los pueblos originarios continúan enfrentando procesos de invisibilización pese a formar parte fundamental de la historia y de la identidad de la región.

El lenguaje también construye imaginarios. Durante siglos, América fue un continente diverso y múltiple. Sin embargo, en el uso cotidiano muchas veces “americano” pasó a funcionar como sinónimo de estadounidense.

La palabra misma refleja una disputa simbólica: un país particular logro apropiarse de un nombre que pertenece a todo un continente.

La globalización de los años noventa, especialmente después de la caída del Muro de Berlín y la expansión del pensamiento neoliberal, reforzó una idea de mundo donde las fronteras parecían perder importancia y donde la integración global aparecía como el destino inevitable de la humanidad.

Sin embargo, aquella globalización también produjo tensiones. Mientras se prometía un mundo más conectado, muchas sociedades comenzaron a experimentar una pérdida de referencias propias

La figura del “ciudadano global” podría significar apertura y encuentro entre culturas, pero también puede convertirse en una identidad vacía, desligada de la historia, del territorio y de la memoria.

La respuesta a este problema no debería ser un nacionalismo cerrado ni un rechazo al intercambio cultural. América Latina no está aislada del mundo, forma parte de él.

Sus sociedades siempre estuvieron atravesadas por procesos globales y su historia no puede pensarse al margen de ellos. Pero una sociedad abierta al mundo no debería significar una sociedad que abandona su propia mirada.

A 250 años de la independencia estadounidense, quizás la pregunta más interesante no sea cuánto conocemos sobre Estados Unidos, sino por qué a veces conocemos más al norte que al nosotros mismos. Pensar desde el Sur Global no implica negar los aportes de otras culturas, sino preguntarse desde dónde miramos el mundo.

Como señalaba Methol Ferré, el desafío de la integración sudamericana era que nuestros países pudieran “ser actores y no coro de la historia”. Capaz ese sea uno de los desafíos de nuestro tiempo

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Doscientos cincuenta años de las dos Américas

22 Julio 2026

Doscientos cincuenta años de atropellos imperialistas pueden convertirse fácilmente en una lista: bloqueos, invasiones, golpes, deudas, tribunales que fallan antes de escuchar, humillaciones, hambrunas. La lista existe, pero describe síntomas. No explica por qué, con actores distintos y excusas distintas, la herida vuelve a abrirse siempre en el mismo lugar. El imperio proyecta estratégicamente a largo plazo, la dominación es eso que aparece a lo largo del tiempo y se sostiene, convierte al dominador como invencible y al dominado a una perpetua pobreza material y simbólica.

Sin embargo, observamos no hay doscientos cincuenta episodios sueltos de un mismo villano llamado imperialismo norteamericano. Hay una contradicción de fondo que atraviesa dos siglos. Por un lado, lo que terminó llamándose América Latina. Por el otro, lo que un puñado de intelectuales del siglo XIX bautizó América Sajona. El imperialismo caracterizado por el marine, el endeudamiento, el fallo judicial teledirigido no es la causa de esa disputa: es su manifestación y forma política en cada época.

Para entender esta contradicción acudamos a Arturo Ardao. Sus libros no son un recuento de agravios sino una historia de las palabras con que nos pensamos.

Un nombre nacido en la trinchera

"América Latina" no la inventó ningún emperador europeo ni ningún gobierno yanqui. La inventaron hispanoamericanos exiliados en París quienes reflexionaron desde la cultura a mediados de la década de 1850, no para celebrar una hermandad de sangre latina, no había tiempo para celebraciones en el marco de las guerras civiles, sino para nombrar un peligro concreto: el avance de Estados Unidos sobre el continente.

La palabra "latina" aparece primero como adjetivo, en 1836, en la pluma del francés Michel Chevalier: "América del Sur es, como la Europa meridional, católica y latina. La América del Norte pertenece a una población protestante y anglosajona", he aquí la primera y gran caracterización. Chevalier agente de Napoleón pensaba en el rol tutelar de Francia, no en nosotros sureños. Veinte años después, el colombiano José María Torres Caicedo convirtió ese adjetivo en nombre propio movimiento semántico que modificó la historia de un continenten, y lo hizo en un momento preciso: en 1856, cuando el filibustero William Walker se había apoderado de Nicaragua con respaldo tácito del expansionismo estadounidense. Su poema "Las dos Américas" no deja lugar a dudas: "La raza de la América latina / al frente tiene la sajona raza… El Norte manda sin cesar auxilios / a Walker, el feroz aventurero".

Cuando Torres Caicedo hablaba de "raza" no lo hacía desde la biología y más si se trata de un literato: él mismo aclaraba que usaba el término "sin ser rigurosamente exacto", solo para seguir "el lenguaje de convención que hoy domina". Torres Caicedo estaba escribiendo desde una propuesta de civilización y no desde un registro biologicista, se posicionaba en elementos culturales como: matriz de lengua, religión y derecho nacida y heredada de la propia colonización. El proyecto ibérico fue mestizo en su resultado hubo una decisión deliberada, esto no quita que dicho proyecto también se edificó también sobre exterminio y explotación. El anglosajón avanzó por desplazamiento y segregación, había una decisión, establecer tabla raza con todas las poblaciones locales precedentes a la llegada de los británicos. Así identificamos dos matrices, dos propuestas civilizatorias, ninguna inocente pero que produjeron sociedades distintas, cuyas consecuencias hoy siguen vigentes.

A veces esa antítesis sajona/latina genera cierta divergencia a la hora nominalizar América ya que la misma no nació en América sino en Europa y surgió como categoría romántica posterior a la caída de Napoleón. Esta antinomia Chevalier se encargó de trasladarla al continente en 1836. Vale preguntarse entonces que si el nombre viene de un préstamo europeo, ¿de qué disputa "real" encierra? En este punto podemos decir que si bien la categoría fue importada, su canonización sirvió para caracterizar dos proyectos de sociedad ya en conflicto material desde la anexión de Texas, antiguo territorio mexicano, por parte de Estados Unidos, incluso antes de que la antítesis posea nombre. Las palabras no crean las contradicciones que describen, pero tampoco son un decorado indiferente, a veces la contingencia de la historia las ubica en su lugar. Así fue que cuando la cultura Hispanoamérica (encuentro cultural más amplio que la tradición española) decidió llamarse "latina" frente a lo "sajón", esa palabra empezó a operar como trinchera y caracterizar.

Monroe y la apropiación de una palabra

Si el nombre nace en la trinchera a la dominación la ubicamos un tiempo antes y tiene su propia fecha en 1823, se llamó: Doctrina Monroe. "América para los americanos" suena a gesto anticolonial, pero cuando Monroe decía "americanos" se refería, en los hechos, casi exclusivamente a los estadounidenses. Ahí está el gesto fundacional: no una invasión con tropas, sino una apropiación semántica. Se decide desde Washington quién puede llamarse "americano" sin apellido. Paradójicamente el mundo pragmático sajón conquistó américa por primera vez semánticamente. 

Cuando James Martí cubrió para La Nación la Conferencia de Washington de 1889 que fundó el panamericanismo, escribió que era "el planteamiento desembozado de la era del predominio de los Estados Unidos sobre los pueblos de la América". Frente a esa Unión Panamericana, opuso su "Nuestra América": declaración de guerra semántica antes que literaria.

El Destino Manifiesto, acuñado hacia 1845 para justificar la anexión de Texas, es la traducción operativa de Monroe: si "América es de los americanos", esos americanos "de verdad" tienen casi una obligación providencial de expandirse sobre el resto. Con esa doctrina se justificó la guerra contra México de 1846-1848, que le arrebató la mitad de su territorio. El imperialismo norteamericano nacía moralmente asociado a su hermano inglés, la superioridad civilizatoria fue la excusa perfecta. Mientras Gran Bretaña cometía genocidios en Asia y África, lo EEUU ampliaban sus fronteras a base de usurpación

Rodó, en 1900, advirtió sobre la "nordomanía" y reclamó una juventud capaz de forjar, en el futuro, una civilización digna de ese nombre. No regaló Ariel: lo exigió como tarea pendiente. Ugarte, por su parte, recorrió el continente denunciando el "peligro yanqui" cuando buena parte de las élites locales todavía miraba a Washington como modelo.

Del cañón al escritorio

El siglo XIX cierra con la Guerra Hispano-Cubano-Estadounidense de 1898. Cuba obtiene una independencia hipotecada por la Enmienda Platt, que le reservaba a Washington el derecho de intervenir militarmente cuando quisiera. Panamá, creación norteamericana y pieza balcanizadora, se separa de Colombia en 1903 para construir el canal. De ahí en más, el intervencionismo militar se vuelve rutina en Centroamérica y el Caribe: es la misma lógica de Walker, ahora con infantería de marina.

La Guerra Fría permite trasladar la vieja disputa al lenguaje del anticomunismo: ya no hace falta decir "sajón contra latino", alcanza con "libertad contra comunismo". El Plan Cóndor es la etapa superior violencia de la antítesis: coordinación entre los servicios de inteligencia de varios países del Cono Sur, con entrenamiento y respaldo de Washington, para perseguir y desaparecer opositores a través de las fronteras. Ya no hacía falta invadir cuando se podía entrenar a los propios ejércitos locales para hacer el trabajo puertas adentro.
Con el fin de la Guerra Fría llega el neoliberalismo del Consenso de Washington. La región llegó a la década del 80 cargada de una deuda que se infló cuando la Reserva Federal disparó sus tasas de interés a fines de los setenta: los créditos tomados en dólares se volvieron impagables de la noche a la mañana. Esa deuda, gestionada por el FMI y el Banco Mundial, se convirtió en la correa de transmisión perfecta: ya no hacía falta ocupar un país para condicionar sus decisiones, alcanzaba con condicionar el refinanciamiento a privatizaciones y ajuste. El imperialismo muestra su cara usurera y desarrolla un plan macabro contra lo latino.

La figura más reciente es el lawfare: jueces que actúan como brazo político disfrazado de neutralidad técnica, procesos armados para proscribir liderazgos populares. Lula, Cristina Fernández de Kirchner, Rafael Correa: países distintos, mismo patrón. Pero el lawfare necesita una sociedad entrenada para creerle a esos jueces, domesticada donde los medios de comunicación juegan el rol de intelligentizia semicolonial. Esa disposición no se improvisa en un juicio: se cultiva durante décadas, y el lawfare es su cosecha tardía.

Patria grande único horizonte posible

La contradicción no tiene un solo protagonista. Bolívar, San Martín y Artigas soñaron con una patria continental que no se resignara a la balcanización, y los tres, dato que rescata Ardao, proyectaron ciudades utópicas para esa nación mayor. Ninguna se construyó, pero la insistencia muestra que la fragmentación nunca fue destino natural sino derrota a revertir.

Esa vocación reaparece en Martí, en Ugarte, y con un giro propio en Leopoldo Zea, para quien la periferia no debía disculparse por pensar desde su propia circunstancia: esa era, precisamente, la primera emancipación intelectual. Reaparece también en Alberto Methol Ferré, que pensaba la clave de nuestra historia no en el enfrentamiento entre naciones vecinas sino en la disputa entre proyectos de civilización continentales. Su idea de "continente-nación"  donde una Patria Grande solo resiste si se articula como bloque y no como suma de estados solitarios que negocian por separado su subordinación.

Esa clave permite leer las disputas actuales sin mezclarlas de más: el litio es hoy una pulseada de mercado con actores múltiples, incluida China; la Amazonia involucra soberanía compartida y presión ambiental internacional; la Antártida responde a un tratado propio y también la recuperación de Malvinas por América Latina. Lo común a todo esto es la pregunta de fondo: quién decide sobre estos territorios, si quienes los habitan organizados como bloque o actores externos que los miran como insumos de su expansión. Como es posible decidir cuándo se establece como regalo de soberanía una entrega de 100.000 hectareas del sur argentino al gobierno de Israel.

La disputa ya no es solo América Latina contra Estados Unidos: es una región todavía fragmentada frente a un tablero donde compiten Washington, Beijing y capitales sin bandera fija. Pero la pregunta que Torres Caicedo se hizo en 1856 sigue siendo, en lo esencial, la misma: si la región decidirá su destino como proyecto propio o seguirá siendo la tierra que otros nombran y administran desde afuera. El nombre "América Latina" nació como autodefensa frente a un peligro concreto, no como esencia dada de antemano, es decir, nació por oposición, nació a las apuradas, nació sin permiso, nació con deudas, con persecución. Por eso la identidad latinoamericana no es una herencia dormida, sino que es una propuesta en construcción: es un proyecto que hay que sostener cada vez que la contradicción reaparece, con el nombre que sea. Doscientos años de atropellos no son doscientos cincuenta capítulos sueltos: son variaciones de la misma partitura, todavía sin final escrito, por suerte…

"América para los americanos" suena a gesto anticolonial, pero cuando Monroe decía "americanos" se refería, en los hechos, casi exclusivamente a los estadounidenses. Ahí está el gesto fundacional: no una invasión con tropas, sino una apropiación semántica. Se decide desde Washington quién puede llamarse "americano" sin apellido.
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    Eduarda Mansilla
    Eduarda Mansilla
ESTADOS UNIDOS EN DEBATE

Eduarda Mansilla: los relatos de una señora porteña en la “Yankeeland” de la Guerra de Secesión (1861 - 1865)

22 Julio 2026

Durante el s. XIX cuando en Argentina los diferentes intelectuales, hombres, pensaban su ideal de nación, algunas mujeres, sobre todo la de las grandes familias - por sus posibilidades a formarse-, buscaban los medios “apropiados” a su condición de mujeres y señoras, para infiltrar de forma sutil y enmascarada sus perspectivas sobre los acontecimientos de la época y sobre la joven nación.

Muchas de estas mujeres han sido invisibilizadas y olvidadas, por ende, no han sido estudiadas por los intelectuales del s.XX , quizás por no tener herramientas para el análisis historiográfico de la mujer, buscando nuevos métodos de estudios y haciendo análisis propios a las intervenciones intelectuales, no institucionalizadas, que nos han dejado las mujeres en la época.  Podemos pensar que dicha  omisión se debió a querer estudiar el pensamiento de las mujeres de la misma forma que el de los hombres, cuando bien sabemos que la de estos últimos ya estaban institucionalizadas y bien marcadas, mientras que la mujeres debían buscar otros medios para poder plasmar sus ideas, sin olvidar la posición que ocupaban. Más allá de esta invisibilización histórica, esto no quiere decir que no exista un pensamiento femenino sobre la conformación de la nación y los debates que se estaban llevando a cabo en la época, aunque haya sido de forma enmascarada recurriendo a la literatura, artículos, cartas o registros de sus viajes. 

Un claro ejemplo de esto fue Eduarda Mansilla, quien siendo la sobrina de Juan Manuel de Rosas, hermana de Lucio V. Mansilla y esposa del político, Manuel Rafael García Aguirre, pudo despojarse de todos estos hombres y ganar su propio nombre y respeto entre los intelectuales contemporáneos, siendo su pensamiento muy influyente en la opinión pública porteña.

Esta gran intelectual, ante todo, argentina, porque ella misma se encargó en sus escritos de eternizar ese amor por su patria, fue pionera en la publicación de literatura. En primer lugar lo hizo bajo el seudónimo “Daniel” en sus dos primeras obras; y luego ya firmando con su nombre completo y apellido de casada, fue la primera argentina en publicar en un diario francés, para los franceses en su novela, “Pablo ou la vie dans las Pampas”. Allí la intelectual se encargó de romper con todas las dicotomías que los hombres intelectuales de nuestro país habían marcado por esos años como “civilización/barbarie”; “campo, campaña/ciudad”; “Interior /Buenos Aires” “Europa/Latinoamérica”. Incluso en su obra “Recuerdos de un Viaje”, el libro que nos interesa remarcar en este trabajo, la autora es fuertemente crítica en la apropiación de los estadounidenses en el término “americanos” para referirse a ellos y dejarnos al resto del continente relegados al uso general de “hispanoamericanos”, como si nosotros no hubiéramos construido, también, a este continente. 

Raza que se da á sí misma el nombre de Americana, y no consiente en que los Latinos, que hemos formado también nuestro mundo, en este hemisferio, nos llamemos sino Hispano americanos. Intolerantes y orgullosos, como severos puritanos, los hijos de la Union no creen sino en sí mismos, y ni siquiera dan fe, ni hacen justicia, al progreso real de nuestras Repúblicas. Nosotros les llamamos, con cierta candidez, hermanos del Norte; y ellos, hasta ignoran nuestra existencia política y social”. (pág. 60, Mansilla de García, E. (1882). Recuerdos de viaje)

En los Recuerdos de un Viaje, escrito por Eduarda en 1882, la autora relata lo que ha observado analíticamente, como si se tratase de un trabajo etnográfico. Este viaje a los Estados Unidos  Eduarda lo realizó un poco antes de iniciada la Guerra de Secesión, cuando en 1860 su esposo es enviado a este país para hacer una investigación de la justicia estadounidense. En este relato que hace años posteriores, no se va a ver una observadora pasiva, sino que ella es tajante en su pensamiento y no tiene una mirada idealizada sobre el país, que muchos argentinos, buscaban replicar. Incluso, desde el inicio de su trabajo, podemos observar cómo la autora va a ser muy descriptiva en la incomodidad que le ocasionaron las costumbres de aquel país y cómo deseaba irse rápido de muchas ciudades que le tocaba visitar.

Mansilla analiza críticamente las contradicciones del estadounidense, conflictos internos, estrategias políticas, el desarrollo económico mercantilista, el rol de las mujeres, la arquitectura del país.

Además, Eduarda no va a tener tapujos en posicionarse de un lado en la guerra civil norteamericana, claramente que va a utilizar una estrategia literaria para poder posicionarse con delicadeza, con el decoro de una señora de su época, y será entonces, desde sus buenos modales desde donde Mansilla se permite opinar y posicionarse en el conflicto entre el Norte y el Sur de Estados Unidos. 

En este conflicto, Eduarda va a posicionarse con el sur, en muchos capítulos de los Recuerdos de un Viaje, la autora va a mostrarse alejada de la industrialización, el mercantilismo que observaba en el norte del país, sintiendo más cercana e identificada, con el sur agrario, estanciero, con tradiciones patricias, donde refleja los valores tradicionales. Incluso, siendo totalmente conflictivo este posicionamiento, ya que el sur era el esclavista y el norte pujaba por la abolición de la esclavitud. En este caso, Eduarda sugiere que no le parecía del todo sincero esta postura y que el norte estadounidense solamente iba a utilizar a los negros americanos estratégicamente para la destrucción del sur,  y luego dejarlos solos, como ya lo había hecho con “los dueños de la tierra”, así llamaba a los indios norteamericanos, utilizando nuevamente, su posición de mujer para encubrir su posicionamiento y manifestar pena por su pérdida.

 “Pobre Sud! Á pesar de sus faltas, del látigo cruento con que azotaba las espaldas de sus negros, era simpático. Lo compadezco y le dedico aquí un latido de mi corazón femenino” (página, 60, Mansilla de García, E. (1882). Recuerdos de viaje)

En cuanto a la sociedad y política estadounidense la autora marca que es una de los países más conservadores del mundo, seguida por su madre patria Inglaterra, y señala la vanidad del americano estadounidense, diciendo que el amor que posee el nortamericano sobre su patria se compone más de esta vanidad que de amor. (pág 74, Mansilla de García, E. (1882). Recuerdos de viaje)

Otra de las cuestiones de importancia para Eduarda Mansilla era la educación de la mujer, ya lo había expresado en otras de sus obras y esta no fue la excepción, en todo su desarrollo la autora va a dejar bien marcado su pensamiento sobre el comportamiento con poco decoro de las mujeres norteamericanas y va a ser fuertemente crítica en esto, en la falta de educación y diplomacia. 

Pero a su vez, va a mirar con admiración la conquista de las mujeres estadounidenses en cuestiones laborales pero no va a entender su búsqueda de emancipación femenina, con la influencia que tienen en la actividad pública. 

La mujer influye en la cosa pública por medios que llamaré psicológicos é indirectos. En el periodismo, véseles de frente un puesto que nada de anti- femenino tiene (...)

(...) Las mujeres tienen un medio honrado é intelectual para ganar su vida: y se emancipan así de la cruel servidumbre de la aguja. Servidumbre terrible desde la invención de la máquina de coser”. (páginas 114 . 115, Mansilla de García, E. (1882). Recuerdos de viaje)

Por último, no en los Recuerdos de un Viaje, pero sí en una carta que Eduarda escribe a uno de sus hermanos y que es publicada en un diario porteño, la autora hace hincapié en lo religioso y escribe una crítica contundente a los liberales de la época, quienes iban contra la religión dentro del Estado y es tajante en su opinión de que en esto sí deberíamos observar a Estados Unidos que podemos ver el claro ejemplo de cómo el Estado puede coexistir perfectamente con la religión sin problemas, que eso no impedía el desarrollo de la misma. Incluso, marca su deseo porque esta religión sea, aunque no necesariamente una, la católica ya que es la que corresponde a la tradición anterior de nuestra patria y la que los padres les han dado a conocer.

Se me figura que nuestros pensadores y políticos argentinos descuidan por demas un elemento social y político que nuestro modelo los americanos del Norte cultivan con especial ahinco. (...) No estoy de acuerdo con aquellos que quieren que la República no tenga religion del Estado, si bien en ésto difiero con persona que me es muy querida y cuya opinión respeto⁴⁸. (...)

(..)Antes lo dije, en los Estados Unidos vemos el catolicismo marchar á la par con las demas sectas cristianas, sin que por eso peligren allí ni las libertades políticas, ni el espíritu de progreso, las ciencias y las artes siguen el impulso que les imprimen la prosperidad nacional. El catolicismo es allí, lo que debe ser entre nosotros, una base para la moral, una pauta, una pendiente suave sin la cual no es posible formar naciones grandes y sobre todo naciones libres. Dicen los liberales de pacotilla, esos arengadores de feria, que el catolicismo conduce fatalmente al despotismo y olvidan que nada facilita y encamina á la opresion como la anarquía. Los incrédulos son ateos, los ateos son materialistas y los materialistas no creen, no comprenden, sino el bienestar personal, el goce del yo; dadles pan y circo⁵¹ y ya os llameis César ó Napoleon los tendreis contentos. (...)”.

Boulogne Sur Mer, Agosto 28 de 1873.  (1873, Número 37, Diario El Americano)

Este fue un breve resumen de lo enriquecedora que es la obra de la intelectual Eduarda Mansilla, muchas veces olvidada, y recuperada recién en 1994.  Esta mujer con sus textos literarios y este relato exquisito que hace de la Estados Unidos, que ha podido observar en su privilegio de señora, en los lugares más importantes de la política norteamericana, nos da una perspectiva femenina porteña de la época sobre el imperio norteamericano que estaba emergiendo en una disputa civil interna, dándonos una Eduarda mucho más suelta en su opinión y observación, pudiendo tener un panorama general de lo que se estaba constituyendo políticamente, económicamente y socialmente en el país del norte del continente. La autora se despoja de idealizaciones, incluso muchas veces siendo contundente en su crítica, utiliza el decoro femenino para permitirse ciertas indulgencias y hace un análisis exhaustivo del periodo, marcando también cuáles son sus pensamientos. Es totalmente relevante tener en  cuenta este tipo de lectura y recuperar  a una autora que no se queda por debajo de ningún autor que haya escrito en la época sobre viajes y la observación directa de la cultura que visitaba.

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ESTADOS UNIDOS EN DEBATE

¿Qué fue el Plan Cóndor en América Latina?

22 Julio 2026

El Plan Cóndor funcionó como un engranaje continental de terror ejecutado en simultáneo por las fuerzas de seguridad de los Estados nacionales. Este sistema transnacional eliminó las fronteras para perseguir y capturar a ciudadanos considerados "enemigos internos" bajo doctrinas de control externo.

Origen y formalización del Plan Cóndor

El Plan Cóndor surgió por iniciativa del general chileno Augusto Pinochet y quedó formalizado el 25 de noviembre de 1975 en Santiago de Chile, durante una reunión de jefes de inteligencia militar.

La operación fue coordinada por las dictaduras cívico-militares de América del Sur. Entre sus principales impulsores se destacaron: Augusto Pinochet (Chile); Jorge Rafael Videla (Argentina); Alfredo Stroessner (Paraguay); Hugo Banzer (Bolivia); y Juan María Bordaberry (Uruguay)

Apoyo estadounidense al Plan Cóndor

Henry Kissinger, Secretario de Estado de Estados Unidos entre 1969 y 1977, fue uno de los principales funcionarios estadounidenses que respaldó y legitimó el Plan Cóndor.

Respaldo político: durante los gobiernos de Richard Nixon y Gerald Ford, la administración estadounidense apoyó a las dictaduras sudamericanas.

Asistencia operativa: documentos desclasificados señalan el aporte de asistencia técnica, inteligencia logística y apoyo estratégico.

Marco ideológico: estas acciones se inscribieron en la Doctrina de la Seguridad Nacional, orientada a frenar el avance de la izquierda en América Latina.

Trampa regional: Huir a un país vecino significaba caer en otra dictadura igual de sangrienta.

Estrategia geopolítica: Se utilizó la Doctrina de Seguridad Nacional para blindar fronteras ideológicas.

Paradoja histórica: Bajo esta lógica represiva, los próceres de la Revolución de Mayo habrían sido tildados de subversivos.

La Dictadura Militar en el Cine y la Literatura

La narrativa literaria y cinematográfica es un puente indispensable para interrogar la memoria colectiva y sanar las heridas del pasado. Diferentes obras artísticas permiten a las nuevas generaciones asomarse al abismo de la última dictadura de una forma conmovedora.

La historia oficial: Película emblemática donde los actores Norma Aleandro y Patricio Contreras demuestran cómo la literatura y la historia se encuentran.

El mar y la serpiente: Novela de Paula Bombara cuya prosa profunda transforma el aula en un espacio de debate sobre la memoria.

El Miedo de Washington y el Despertar Revolucionario

El temor de los Estados Unidos al contagio ideológico en la región transformó por completo la política de control sobre América Latina. Washington veía en cualquier proyecto de soberanía una amenaza directa a su hegemonía continental.

El origen del cambio: Ernesto "Che" Guevara recorrió el continente en motocicleta y fue testigo directo de la explotación de la clase trabajadora.

El detonante: Al unirse a Fidel Castro, demostraron que una pequeña isla ocupada podía gestar una revolución exitosa.

El Desafío de la Educación y la Memoria Histórica

El objetivo de la educación actual es encender la chispa para que los estudiantes investiguen, comprendan y cuestionen las estructuras de poder. Frente a los intentos históricos de someter la voluntad, la palabra escrita y la conciencia siguen siendo un refugio invencible. La memoria no es una fecha fija en el calendario, sino el acto de rebeldía más potente para recuperar nuestra propia voz.

*La autora es profesora de Literatura

La narrativa literaria y cinematográfica es un puente indispensable para interrogar la memoria colectiva y sanar las heridas del pasado. Diferentes obras artísticas permiten a las nuevas generaciones asomarse al abismo de la última dictadura de una forma conmovedora.
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    Evita
ESTADOS UNIDOS EN DEBATE

Eva Perón contra los Estados Unidos

22 Julio 2026

"La señora de Perón, una fanática, podría volverse comunista”. Esto fue sostenido por los informes de la embajada norteamericana en Buenos Aites. En vísperas del Cabildo Abierto del Justicialismo, del 22 de agosto de 1951, donde se definiría la candidatura de Perón como presidente y de Evita acompañándolo como vicepresidenta, los norteamericanos seguían, con preocupación, los acontecimientos.

En 1951, despejada la cláusula constitucional restrictiva para la reelección presidencial consecutiva, la postulación de Perón para un segundo mandato era segura.

Desactivada desde el oficialismo nacional la eventualidad de una candidatura del gobernador bonaerense Domingo Mercante parecía que todo apuntaba a que Evita acompañase a su marido en el binomio presidencial de las elecciones del 11 de noviembre de 1951.

Según Isidoro Gilbert en El oro de Moscú (1994), refirió que el inicio de relaciones diplomáticos con la ex URSS fue fundamental el rol de Evita.

Ese dato también lo tuvieron los norteamericanos, de allí su desconfianza con la primera dama argentina. Así lo testimonió Edward Miller, Secretario Adjunto del Departamento de Estado, en un parte fechado el 3 de marzo de 1950, por parte de la embajada yanqui, señaló: "(Evita) expresó su odio irreversible, profundo y corrosivo hacia "la oligarquía", un grupo que, según ella, consideraba que los descamisados eran basura, y que los habían mantenido en la opresión".

Thomas Maleady, Primer secretario de la embajada, refirió de ella que: “alternaba entre un feminismo interesante, un olfato político elemental, la conciencia que tiene de su dominio sobre los partidarios de su marido y su deseo de ser la (primera) dama y al mismo tempo la jefa política femenina".

Y advirtió a sus superiores: "La propia señora de Perón afirmó, para demostrar su fanatismo, que ni ella ni su marido ni sus partidarios son comunistas, pero si les presentaba la alternativa entre el regreso de la oligarquía al poder y entregar el país a los comunistas no se dudaría un segundo en elegir este último camino".

¡Para los diplomáticos norteamericanos, Eva Perón era su enemigo!

No era la candidata más confiable para los intereses del Norte, ya preocupados por Perón, según lo detallado en el informe del 13 de mayo de 1949, por la Tercera Posición; por su visión crítica sobre el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR); por la actividad creciente del Instituto Argentino de Promoción Industrial (IAPI); su negativa a incorporarse al Fondo Monetario Internacional; la situación de sus empresas (Ford, General Motors, Case, International Harvester, General Electric, Westinghouse, Firestone y Goodyear), y en particular sus frigoríficos, con relación a las restricciones en el comercio exterior; y, en especial, por lo estipulado en el artículo 40 de la Constitución Nacional de 1949, temiendo, según ellos, “la confiscación total de personas o compañías norteamericanas”.

Impulsada la candidatura del matrimonio presidencial a principios de agosto de 1951 por la Confederación General del Trabajo, y acompañada por el Partido Peronista Masculino y el Femenino, ésta tenía que sortear varios obstáculos.

Según el excanciller Hipólito Paz en sus memorias: "La candidatura no era políticamente viable. Lo confirma un diálogo de Perón con el embajador de Brasil, Joao Batista Luzardo, enviado de Getulio Vargas" y con el periodista brasileño Gerardo Rocha, que luego reprodujo La Nación. En ambos caso Perón Expresó su negativa a que tal candidatura fructificase.

El diálogo entre Evita y su pueblo el 22 de agosto fue más que elocuentes para presagiar tempestades...

Un informe norteamericano del 24 de agosto de 1951 afirmó: “Se oficializa la boleta Perón – Perón en una concentración de la CGT realizada el 22 de agosto. El Consejo del Partido Peronista la proclama formalmente esa misma noche... Perón aceptó en los inicios de su discurso mientras que Evita se hizo la modesta y se dejó convencer luego de hacerse rogar melodramáticamente durante 20 minutos".

Y acotó John C. Pool, Primer Secretario de embajada: “La aceptación de Evita es un desafío al Ejército y al resto de la oposición".

El 30 de ese mes el mismo Pool, en otro informe, agrega: "¿Evita será candidata a vice?... se dice que Perón ha afirmado ante periodistas brasileños que su esposa no será candidata ya que su edad y otras consideraciones no sería constitucional".

Esto se reafirmó en otro parte del 6 de septiembre: "Evita contesta la pregunta de los 64 dólares: "He decidido no presentar mi candidatura". En una emisión radiofónica especial realizada el 31 de agosto se autoexcluye de la candidatura a vicepresidente afirmando que no aspira a ningún honor. Sólo desea trabajar. Esto parece poner en evidencia que el poder de la CGT había sido sobreestimado. Asimismo, Perón habría recibido sugerencias "amistosas" de oficiales que fueron sus camaradas en épocas del GOU para que le recorte las alas a su esposa. Se comenta que Evita está furiosa. El Partido nombró formalmente a Quijano candidato a vicepresidente...".

Los EE. UU y el resto del marco opositor respiraron aliviados ante su renuncia del 31 de agosto. No tuvo sentido la intentona golpista del general Menéndez del 27 de septiembre, ya que la renuncia de Evita desactivó los apoyos civiles a dicho golpe.

A pesar del cáncer, la supuesta compra de armas y los furiosos discursos finales fueron su canto del cisne.

Ella fue peligrosa para los intereses yanquis, pues la veían como "símbolo de la revolución", siendo "la personificación de la nueva mujer, libre y sin trabas", tal como detallan en un informe del 10 de agosto de 1952, posterior a su muerte.

*Politólogo; Secretario General del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas.

Thomas Maleady, Primer secretario de la embajada, refirió de ella que: “alternaba entre un feminismo interesante, un olfato político elemental, la conciencia que tiene de su dominio sobre los partidarios de su marido y su deseo de ser la (primera) dama y al mismo tempo la jefa política femenina".