Últimas noticias | RSS

  • Imagen
    Sentido común

Lo siniestro se volvió lunes

03 Noviembre 2026

«En una sociedad que nos educa para la vergüenza, el orgullo es una respuesta política.»
Carlos Jáuregui

Hay una escena que resume una época, y no la filmó un documentalista ni la escribió un sociólogo. La filmaron los propios protagonistas. Lunes a la noche, bosques de Palermo, avenida de los Ombúes. Un grupo de pibes en bicicleta, de esos que hacen stunt, las acrobacias sobre ruedas que se viralizan en TikTok, sale a buscar a las mujeres trans que trabajan en la zona. Primero las provocan, se van y vuelven en patota, con palos, ramas y conos de tránsito. Graban todo y lo suben con emojis de risa. Uno queda bautizado como "el matatrans" y lo cuenta orgulloso. Lo importante no es solo lo que hicieron, es que lo mostraron. Antes la violencia se escondía, buscaba la oscuridad, tenía vergüenza de sí misma. Esta no. Esta busca público, y lo busca porque sabe, o cree saber, que va a encontrarlo. Ahí está el cambio de época: en la convicción de que hay una tribuna esperando del otro lado de la pantalla. Freud llamaba siniestro a lo familiar que de golpe se vuelve monstruoso. No hay mejor definición para lo que pasó el lunes.

Hace un tiempo escribí que lo que antes nos hubiera parado en seco había pasado a ser martes. La frase quedó corta. El odio ya tiene la semana entera repartida. El lunes les tocó a las mujeres trans de Palermo. El miércoles, como todos los miércoles, les toca a los jubilados frente al Congreso, gas pimienta contra personas de ochenta años que piden remedios. Y entre un día y otro, sin cámaras ni videos virales, una fábrica que baja la persiana, un trabajador que se queda en la calle, una universidad que no sabe si llega a fin de año. Así la crueldad va armando su agenda, con días fijos, como una feria. Lo que impresiona no es que haya violencia, porque violencia hubo siempre. Lo que impresiona es la regularidad. La represión de los miércoles ya no es noticia, es un dato del clima, el cierre de una fábrica ya no abre los noticieros, y un país que se acostumbra a ver una jubilada gaseada cada semana ya está preparado para reírse de una trava apaleada un lunes. El acostumbramiento es la verdadera obra pública de este gobierno: no hizo rutas, hizo costumbre.

Conviene no simplificar. Milei no inventó el odio. Lo encontró, lo leyó mejor que nadie y lo convirtió en lenguaje de gobierno. Había un malestar real, una bronca acumulada, una generación de pibes que repartía en bici con tres aplicaciones abiertas y ningún derecho, que miraba la política como se mira a un vecino que no te saluda. Ese malestar existía antes de él. Lo que hizo Milei fue darle destinatario. Le dijo a cada enojado contra quién estar enojado: el zurdo, el empleado público, el docente, el jubilado que no aportó, la persona con discapacidad que cobra un curro, la diversidad que según él es una moda. Y cuando la palabra presidencial nombra enemigos todos los días, alguien termina tomándola al pie de la letra. Según rastreó la politóloga Gabriela Ivy, el ataque de Palermo se organizó desde cuentas libertarias. Puede ser o no ser orgánico, y eso es casi lo de menos. El odio de época no necesita organigrama. Funciona como una playlist: nadie te obliga a escucharla, pero suena en todos lados. Y lo más inquietante es la edad de los que la escuchan. Son pibes. Una derecha que no se forma en el cuartel ni en la parroquia sino en el algoritmo, que no tiene doctrina sino memes, y que confunde la crueldad con la rebeldía. Ese pibe que pega y se ríe también es un pibe que perdimos, y quizás sea el mismo pibe al que le cerraron la fábrica al padre y la universidad en la cara. La pregunta incómoda para nosotros es cuándo dejamos de hablarle.

Y hay otra pregunta incómoda, que no es para nosotros. Es para los que votan. En 2023 el voto a Milei podía leerse como un grito, como el voto de alguien desesperado que quería romper todo porque nada le funcionaba. Ese voto tenía algo de apuesta a ciegas. Hoy ya no hay ciegos. Los miércoles están filmados. Las pensiones cortadas tienen nombre y apellido. Los hospitales sin insumos, las universidades sin presupuesto, las fábricas cerradas, los trabajadores desocupados, las mujeres trans de Palermo: todo está a la vista. El voto dejó de ser un grito y se volvió una firma, y quien firma se hace cargo de lo que firma. No es lo mismo enojarse con la casta que avalar la cacería. No lo digo con desprecio, porque el peronismo nunca ganó despreciando a nadie: ganó yendo a buscar al que se había ido, sentándose en su mesa y discutiéndole de frente. Pero discutir de frente también es decirle la verdad, o por lo menos nuestra verdad. No hay voto neutral frente a un gobierno que convirtió la crueldad en programa. El que vota no apoya solo la baja de la inflación. Apoya el paquete completo. Y el paquete trae esta sociedad.

Por eso lo que viene no se resuelve solo con una elección, aunque la incluya. Lo que hay que construir es un freno. Un dique, en el sentido más literal: algo que contenga lo que viene bajando con fuerza. Y ese dique no es moral, es político. No se trata de escandalizarse en Twitter, que es la forma más cómoda de no hacer nada. Se trata de volver a producir un sentido común donde pegarle a una mujer trans no sea contenido, donde una jubilada gaseada nos dé vergüenza como país, donde la noticia sea la apertura de una fábrica y no su cierre, donde un pibe que entra a la universidad pública sea una costumbre y no una hazaña. Ese sentido común no es una utopía, porque ya existió. No fue un regalo, fue la pelea de miles y miles de argentinos y argentinas que pusieron el cuerpo cuando ponerlo costaba la vida, y que hoy vuelve a costarla. La Argentina ya demostró que puede ser otra cosa. La disputa es por cuál de las dos va a ser costumbre.

Hoy, mientras escribo esto, hay paro universitario. El miércoles, como siempre, la ronda de los jubilados. El sábado, la Marcha del Orgullo. No son agendas distintas, es la misma: la de los que no se resignan a que la crueldad sea el idioma del país. Lo siniestro se combate como se combate cualquier costumbre, con otra costumbre. Estar. Volver a estar. Hasta que ningún día de la semana vuelva a ser el día del odio.

  • Imagen
    Elecciones UNDAV

Elecciones en la UNDAV: El MUC avanza en todo el Conurbano

03 Noviembre 2026

El resultado del congreso electoral de la Federación Universitaria de Avellaneda, del último sábado de octubre, reconfirma una tendencia llamativa e importante en el movimiento estudiantil del conurbano bonarense.

El agrupamiento llamado Movimiento Universitario del Conurbano es un frente político que condensa una mayoría abrumante de conducciones de centros estudiantes y federaciones universitarias: dentro de este espacio político, conviven las conducciones de las Universidades Nacionales de la Matanza, de Hurlingham, Lomas de Zamora, Almirante Brown, Avellaneda, Regional Avellaneda UTN, Ezeiza, José C Paz, Lanús, entre otras.

“Este espacio político nació con la necesidad de aglutinar las demandas del movimiento estudiantil del Conurbano, que surge como una expresión e identidad nueva, en el escenario de la política y de la representación”. Relata Gonzalo Suárez reelecto Presidnete de la Federación Universitaria de Avellaneda con el 100% de los votos acreditados.

Sigue contándonos: “El MUC trae un viento fresco en un peronismo, necesitado de nuevas expresiones políticas, lo cual le da un potencial enorme frente a un escenario social, que descree mayoritariamente de la política y los políticos en particular. Cuando en las universidades del Conurbano el MUC gana sus elecciones con el acompañamiento de miles de jóvenes”.

“Siempre decimos que venimos a rescatar un método, que es del consenso, de la discusión política, de la visión crítica, de la búsqueda en la cual el todo está sobre las partes y que tiene que volver a construirse desde la periferia al Centro, y no al revés. Cómo nos decía el Papa Francisco” señaló Suárez. 

El movimiento estudiantil ha sido protagonista, necesario y mayoritario en las cinco marchas universitarias en el marco del reclamo por la ley de presupuesto durante los años de gobierno de Javier Milei, y es por ende que la postura de los espacios estudiantiles es que no puede construirse un peronismo que piense en clave de futuro, sin tener en el centro de su discusión a los y las estudiantes.

La discusión universitaria es una contienda que dañó mucho la imagen del gobierno libertario, ya que estas cuentan con un nivel de aceptación muy importante en nuestra sociedad. Aún así el gobierno lleva más de un año sin cumplir con la ley que busca garantizar mejores sueldos, docentes, fondos de infraestructura, mantenimiento edilicios y becas estudiantiles dignas.

  • Imagen
    Mural de Eva Gómez
    Foto: mural de Eva Gómez

La noche negra de los ceramistas

03 Noviembre 2026

La caravana de autos y camiones que circulaban por la Ruta 26, a diez cuadras de la estación Del Viso, al norte del Gran Buenos Aires, dobló de manera intempestiva en la calle 9 de julio. Uno de los camiones se quedó en la esquina, otro siguió de largo y se apostó en la siguiente, y un tercero se detuvo a mitad de cuadra. El cuarto auto era un Ford Falcon, que paró frente a la casa que llevaba el número 930. Primero se acercaron dos hombres, se pusieron a cubierto y el que estaba de civil golpeó la puerta bien fuerte y de manera insistente, lo que obligó a Rosendo Abadía a levantarse.

- ¿Quién es?

- Policía. Abra ahora mismo -, respondió el de civil quien, apenas se abrió la puerta exhibió un carnet mientras, con un arma corta, apuntaba la cabeza de Rosendo y avanzaba hacia el interior. Detrás ingresó un hombre de uniforme, con un fusil en ristre, y se dirigió a uno de los dormitorios. En la cama estaba Baltasara Crespo, la esposa de Rosendo. Le ordenó levantarse, que fuera junto a su esposo, se tiraran en el piso y se quedaran boca abajo. El de civil abrió la puerta de un segundo dormitorio donde estaban las hermanas Dominga y Felicidad, que hacía un rato se habían acostado y ahora estaban asustadas por el procedimiento.

- Levántense y vístanse. Vienen con nosotros -, fue la orden de quien comandaba el operativo. El hombre, con el arma en su mano, recorría la habitación, revisaba los armarios, abría los cajones, hurgaba en los alhajeros y se metía cosas en los bolsillos, mientras las chicas se vestían a la vez que lloraban.

- ¿Qué me miran tanto? ¡Parece que nunca lo han visto a uno! -, escuchó Rosendo que decía el hombre. Dedujo que una de las chicas, o ambas, lo reconocieron. Ellas no terminaron de vestirse cuando las encapucharon, las esposaron y las llevaron afuera.

- Voy con ellas -, alcanzó a decir Rosendo, pero el que lo vigilaba le piso la espalda, le ordenó que se callara y le apoyó la boca del fusil en la nuca. Cuando las chicas estuvieron en la vereda, llevadas a los vehículos, el de uniforme le dio una última revisada a la casa y se llevó algunas pertenencias más de valor. Todo ocurrió en cuestión de minutos. La noche estaba templada, pero la oscuridad generaba un frío de terror. Como en una pesadilla circular, el matrimonio vivía en carne propia lo que desde 1939 ocurría en España con la dictadura franquista, de la que escaparon en 1951, buscando un futuro mejor. Al rato escucharon cómo se alejaban los vehículos, aunque en sus oídos resonaban el llanto de Dominga y Felicidad. Eran las 23.45 de la noche del 2 de noviembre de 1977.  Concluida la faena, la caravana siguió su raid de miedo y espanto a otras localidades cercanas, donde vivían obreros de la cerámica Lozadur y que trabajaban junto a las hermanas de Del Viso.

De Zamora a Del Viso

El matrimonio Abadía - Crespo era oriundo de la provincia española de Zamora, del pueblo Folgoso de la Carbellada, ubicado al noroeste de España, casi en límite con Portugal. Folgoso no es un gran pueblo, hoy parece en extinción pues en los últimos 20 años nunca superó los 100 habitantes ni bajó de los 50. En la década de 1940, después de la Guerra Civil, tenía cerca de 500 pobladores, cifra que bajó en las décadas siguientes. En ese poblado minúsculo nació Dominga, el 9 de marzo de 1950. No eran buenos tiempos para España, que estaba gobernaba, desde 1939, por el dictador Francisco Franco, quien con su rebelión de 1936 sumió al país en un baño de sangre. Los libros dicen que la Guerra Civil terminó en 1939, pero el mismo dictador dijo en 1946 que llevaban una década de guerra, y que acabarían con todos los revolucionarios. 

Las nuevas investigaciones, estudios e interpretaciones, como la de los historiadores Jorge Marco y Mercedes Yusta Rodrigo, sostienen que la Guerra Civil terminó recién en 1952, cuando se rindieron los últimos focos rebeldes en los poblados montañosos. Se sostenían a través de la guerra de guerrillas, muchas veces amparados por campesinos, quienes ponían en riesgo sus vidas. Fue un período de gran violencia, que se cebó con las zonas rurales, lejos de los ojos de la comunidad internacional, que prestaba atención a la Segunda Guerra Mundial y no miraba a España. Los que resistían se escondían en los montes y atacaban por sorpresa y guardaban la esperanza de la llegada de tropas de los aliados para derrocar a Franco, pero eso jamás pasó. Por eso la represión se encarnizó al finalizar la guerra pues, más allá del exterminio de las guerrillas, el franquismo encaró con mayor virulencia la limpieza política. La represión fue cruel, y los sistemas de torturas de españoles contra españoles, previo al fusilamiento, mostraban el odio desparramado por la península.

La diáspora española fue una sangría nacional, muchos se refugiaron en América Latina, de manera especial México y la Argentina, otros huyeron a la Unión Soviética, y gran parte de ellos a la vecina Francia. El matrimonio Abadía Crespo y la niña no la pasaron bien en su propio país, por la represión, el hambre y la pobreza así que, al no ver perspectiva de futuro, decidieron emigrar y llegaron en 1951. Estaban seguros que en este país de paz y concordia no vivirían una situación como la de España de la Guerra Civil, pero se equivocaron. Un cuarto de siglo después, vivirían en carne propia la represión, la persecución y la desaparición de sus seres más queridos.

Rosendo y Baltasara, a quien todos llamaban Sarita, lograron respirar aires de paz. La familia se instaló en un barrio alejado de la estación Del Viso, sobre la calle 9 de Julio (hoy Santa Eulalia). El barrio, con muchos terrenos baldíos, era conocido como “La Tierrita”, porque la Sociedad de Fomento tenía su piso de tierra apisonada y era un polvaderal los fines de semana, cuando se armaban fiestas y bailes. De manera oficial ese barrio es conocido como William Morris. La pequeña Dominga pronto tendría una compañera: el 1 de septiembre de 1952 nació Felicidad, nombre simbólico, por la alegría que encontraron en el territorio adoptado. Aunque se llevaban dos años, en algunos ámbitos las llamaban “las mellizas”. Del Viso era por entonces un pueblo del distrito de General Sarmiento, nacido en la primera década del siglo XX a través de la escuela N°10, adonde concurrían los hijos de los peones de los tambos de la zona.

La primaria la hicieron en aquella escuela histórica, y en 1962 las chicas se trasladaron a la primaria Nº28, más cerca de su casa. Por entonces Dominga, de 12 años, cursaba 6° y Felicidad, de 9 años, 4°. Apenas terminaron el primario ayudaron en sus quehaceres domésticos a su madre y luego, al finalizar la década, ingresaron a la fábrica de cerámicas Lozadur.

La lucha de los hornos

Algunos recuerdan a Dominga como extrovertida, con un espíritu adolescente, alegre, jovial, bromista, dicharachera; a la vez que veían a Felicidad más seria y reservada. Ambas eran buenas trabajadoras y tenían mucha participación interna en la fábrica en cuanto a ser activistas, estar en cada asamblea, o en las movilizaciones que se impulsaban. “Si uno revisa las fotos de los momentos históricos de Lozadur en la década de 1970 siempre las vamos a encontrar a ellas entre tantos otros ceramistas”, escribió Bernardo Veksler, en su libro “La batalla de los hornos”, sobre las luchas obreras de los ceramistas. El autor, que además era operario, recordó que cuando él se incorporó a la fábrica, a principios de la década de 1970, las chicas ya estaban en la sección “Clasificación”, área compuesta por mujeres, donde recibían las vajillas, los platos, y las tazas para revisar que estuvieran en condiciones para salir a la venta, una especie de control de calidad a gran escala.

La empresa Lozadur, de capitales franceses, se instaló en Villa Adelina en la década de 1930, y el modelo de sustitución de importaciones que impulsó el ministro Pinedo en un principio, y acentuó el presidente Perón después, permitió que la fábrica creciera de manera considerable. Desplegada en 10 hectáreas, con áreas de trabajo muy diversas, en su mejor momento llegó a contar con 5000 trabajadores. La estación Villa Adelina y las localidades a la vera del ferrocarril Belgrano fueron el territorio de donde se nutría Lozadur de mano de obra, tanto masculina como femenina. Platos y tazas permitieron que pronto los modelos Festival, Kent y Marly fueran un clásico de la vajilla en la Argentina y Lozadur líder en el mercado. 

También tenía un sector donde se fabricaba “venecita”, revestimiento celeste muy usado en piletas y en la construcción en general. Toda la combinación de secciones, personal y expansión territorial permitió decir que era la fábrica de cerámica más grande de América Latina. Dentro, nada era feliz, pues el sistema de explotación del personal era salvaje, con condiciones de trabajo muy precarias, y con esfuerzos sobrehumanos que dejaban consecuencias de por vida. Entrar allí era entrar al pasado por el túnel del tiempo, con un sistema de explotación de las peores épocas de la primera revolución industrial, sin la ropa adecuada, con los hornos a temperaturas inhumanas y una dirigencia sindical que acompañaba y apoyaba a los patrones, y permitía la denigración de los cientos de trabajadores.

Las excelentes ventas de Lozadur al empezar la década de 1970 obligaron a la empresa a contratar más empleados para satisfacer la demanda. Llegaron trabajadores jóvenes y combativos, quienes se dieron cuenta de la explotación patronal y de la complicidad del sindicato. De a poco se fueron encontrando con los mismos reclamos y quejas, y plantearon la estrategia de hacerse fuerte de a poco, y de no salir a enfrentar de entrada al gremio porque serían despedidos sin más, como ocurría cuando algunos proponían mejoras. Las chicas Abadía Crespo eran parte de esos jóvenes que entraron, y al poco tiempo se integraron a la agrupación Evita que formaba parte de la Juventud de Trabajadores Peronistas (JTP), con estrechos vínculos con la organización Montoneros.

La creación de “Lista Marrón” dentro del sindicato fue para enfrentar a los dirigentes que no apoyaban las luchas gremiales, sino que acordaban con las patronales empresariales. En 1972 empezaron las primeras manifestaciones de disconformidad y la organización para desplazar a la conducción tradicional, que llevaba más de dos décadas al frente y se agrupaba en torno a la “Lista Celeste y Blanca”. La reacción no se hizo esperar y desde el oficialismo gremial se logró que la fábrica despidiera a los primeros ceramistas díscolos, confirmando la connivencia. En 1973 la situación se agravó, con despidos en Lozadur y Cattáneo, una fábrica cercana. La reacción de los obreros se manifestó el 23 de mayo de 1973: a dos días de asumir como presidente Héctor J. Cámpora, los trabajadores dejaron sus puestos de trabajo y tomaron la fábrica. La agrupación Evita, en coordinación con otros sectores, llevó adelante la medida y logró la reincorporación de los despedidos. 

La nueva agrupación gremial generó espacios de discusión. El playón de la fábrica, donde estaba el gran tanque de agua, era el espacio de debate cuando la sirena convocaba. La “Lista Marrón” reclamó elecciones, pero los sindicalistas tradicionales se dieron cuenta que se trataba de una ola imparable, y que iba a ser difícil retener la conducción. Se dilató la fecha, la lista tomó el edificio el 25 de junio de 1973, designó una comisión provisoria y solicitó al Ministerio de Trabajo que la convalidara hasta normalizar. Cuando en agosto el oficialismo desplazado intentó recuperar la sede por la fuerza, hubo piñas, patadas, muebles rotos, disparos y un muerto: Juan Carlos Barche. En octubre la “Lista Marrón” ganó con el 60% de los votos, y entre las propuestas estaba la apertura de un comedor obrero y una guardería para los hijos, la eliminación del trabajo a destajo, el pago igualitario para varones y mujeres, convocatoria a paritarias con actualización trimestral, de acuerdo a los costos de vida, y mejorar las condiciones de trabajo en cuanto a seguridad e higiene.

En 1974 los trabajadores de Lozadur recibieron mercaderías que Montoneros consiguió del secuestro a los hermanos Born, propietarios de la empresa Molinos Río de la Plata, y eso marcó el futuro de algunos delegados. En 1975 los ceramistas, como muchos trabajadores de la zona norte, salieron a la calle a reclamar en contra de la hiper-devaluación conocida como “Rodrigazo”. Avanzaron hacia CABA y fueron detenidos en la General Paz con una fuerza represiva impactante. Un año después los militares aprovecharon el desgaste del gobierno de la viuda de Perón y dieron un golpe de Estado.

La empresa entregó la conducción de la fábrica a un comandante de Gendarmería: Máximo Milarck. La fábrica vivió en clima de tensión durante todo 1976, a tal punto que en noviembre el pedido de aumento salarial fue más fuerte que otras veces. Un año más tarde, en agosto de 1977, las tensiones seguían por diversas razones: aumentos no liquidados, salarios mal pagados, obreros manifestándose en el playón, y militares irrumpiendo para reprimir. La inflación provocó que en octubre los trabajadores pidieran un aumento del salario básico, pero el 8 de octubre el espiral de conflicto tomó otras dimensiones. En ese momento la fábrica contaba con 1.300 empleados, pero al ver la caída de ventas por las medidas económicas de la dictadura, que favorecían la importación, decidió despedir 350 obreros: un ajuste salvaje. La resistencia fue inmediata, con asambleas y medidas de fuerza. Los obreros no se enfrentaban con la patronal sino con las fuerzas represivas que no tenían un marco legal para someter, sino que aplicaban una política de exterminio como lo demostró en otras fábricas cercanas como Bendix, Grafa, Astarsa, Mestrina, Colorín, entre otras, donde sus cuerpos de delegados fueron asesinados o secuestrados.

Se planteó llevar la discusión dentro del ámbito legal, y la delegación Vicente López de la secretaría de Trabajo fue donde se reunieron algunos delegados con el representante de la empresa, el comandante de Gendarmería Máximo Milarck. Al terminar la reunión, el oficial dejó flotando una amenaza contra los delegados.

El secuestro de los ceramistas

“De Lozadur se llevaron siete la misma noche. La mayoría los fueron a buscar a sus casas, y creo que las primeras que cayeron fueron las hermanas”, cuenta Rosa Samaniego, obrera de la empresa en la década de 1970. A su vez, Lorena Lescano, directora de Derechos Humanos de Pilar, que investigó la trayectoria de las hermanas, sostiene que en la misma noche secuestraron a un grupo de siete obreros, pero que con el correr de los días la cifra sumó un total de once, la mayoría integrantes de la Comisión Directiva.

El 27 de octubre de 1977 se realizó el primer procedimiento, cuando secuestraron trabajadores de la empresa Cattáneo, dentro de la misma fábrica. Juan Carlos Panizza, Faustino Gregorio Romero y José Agustín Ponce fueron los que se llevaron de la empresa, mientras que a Juan Carlos Ozeldín lo fueron a buscar a la casa. La situación laboral no era distinta a Lozadur y los obreros estaban en conflicto con la patronal. Cuando todo parecía volver a la calma, la noche del 2 al 3 de noviembre, se realizó un gran operativo donde secuestraron a siete obreros de Lozadur: Sofía Cardozo, Elba María Puente Campo, Pablo Villanueva, Ismael Notaliberto, Francisco Palavecino y las hermanas Abadía Crespo. 

Las especulaciones permiten pensar que los grupos de tareas salieron de Campo de Mayo, y arrasaron localidades a la vera del ferrocarril Belgrano. Primero fueron a Del Viso, donde secuestraron a las hermanas; la siguiente parada fue Adolfo Sourdeaux, donde se llevaron a Pablo Villanueva, y su hermano Ramón, que presenció el secuestro por vivir en el mismo terreno, era uno de los despedidos en el conflicto de octubre; la tercera parada de la noche fue Boulogne, de donde se llevan a Ismael Notaliberto, diciéndole a la esposa que lo llevaban a la comisaría para identificarlo, pues se lo acusaba de robar un camión de una empresa láctea, argumento que esgrimieron varias veces en la redada; la cuarta estación fue Don Torcuato, en la casa de Francisco Palavecino, con el sol a pleno y los vecinos curiosos asomados a la vereda para presenciar el procedimiento, que se dispersó cuando uno de los secuestradores tiró cinco o seis tiros al aire.

La búsqueda de los familiares fue inmediata, con denuncias policiales, presentación en los juzgados de la zona y armado de recursos de habeas corpus. Ramón Villanueva recuerda que se reunió con Rosendo Abadía y fueron a la policía, donde les dijeron que todo estaba bajo control de Campo de Mayo, pero que no se metieran porque les iba a pasar lo mismo. Luego recurrieron a embajadores, a representantes del Vaticano y a organismos oficiales, pero la respuesta siempre fue que desconocían el paradero de sus familiares. Fernando Herrera, novio de Dominga, tenía un familiar que era militar, subinterventor del sindicato de Luz y Fuerza, pero con él no pudo averiguar mucho. Junto al padre de las chicas y el novio de Felicidad recorrieron comisarías, cuarteles y otros lugares donde podían tener información. Para entonces se dieron cuenta que estaban siendo vigilados, y Fernando decidió alejarse de Del Viso. Por su parte Juan, novio de Felicidad, participó de la búsqueda, pero cuando no obtuvo resultados se entristeció y el alcohol le sirvió su refugio. “Creo que se fue apagando de a poco. Acompañó a muchos lugares a Rosendo, pero al no tener resultados entró en una melancolía, pienso que murió de tristeza”, dice Ana Bringas, vecina del barrio y docente que recuperó parte de la memoria a través de testimonios.

Un documento desclasificado del Departamento de Estado de Estados Unidos postula que hubo “entre 15 y 20 desapariciones de trabajadores de Lozadur en noviembre de 1977 y de 5 a 10 de otras plantas de cerámica en el área, durante el mismo período. La fuente cree que las desapariciones son el resultado de una operación de seguridad en el área, posiblemente por elementos de la inteligencia operando desde la Escuela de Comunicaciones en el cercano Campo de Mayo”.

En octubre de 2014, en la megacausa de Campo de Mayo, en el tramo del juicio por los obreros, el máximo responsable del lugar, el general Santiago Omar Riveros, fue condenado como responsable por el secuestro de las hermanas Dominga y Felicidad Abadía Crespo, de numerosos ceramistas y una gran cantidad de trabajadores que estaban bajo el área de influencia de la guarnición militar. En cuanto a la responsabilidad empresarial, recién en 2024 se procesó a dos gerentes de los ocho que solicitó la querella. Alfredo Katzenstein, jefe de producción de Cerámica Cattaneo, y Miguel Luis Puigdevall, subgerente de relaciones industriales de Porcelana Lozadur, fueron considerados partícipes necesarios del secuestro y desaparición de un grupo de ceramistas por parte de la juez Amelia Vence. La Cámara Federal de San Martín revirtió los procesamientos, y la causa sigue a paso lento.

El fin de semana pasado el Centro de Investigaciones Educativas de Pilar y “Vecinos por la Memoria” de Del Viso recordaron en la Plaza Independencia a las hermanas Abadía Crespo y a otras catorce víctimas del terrorismo de Estado en la localidad. En el acto estuvo Eva Orifici, compañera de la primaria de las hermanas, y también secuestrada durante seis años por la dictadura junto a su esposo. La Escuela Secundaria N°36 recuerda a las chicas llevando sus nombres, un hecho poco repetido con la imposición del nombre de dos vecinas, mujeres y obreras que caminaron por las calles del pueblo. Los vecinos las siguen recordando y reclaman saber dónde las enterraron a ellas y a los otros ceramistas.

  • Imagen
    Florencia Cuellar

Hostigamiento a la familia Cuellar: detuvieron sin pruebas a otra de las hijas

03 Noviembre 2026

Florencia “La China” Cuellar tenía 23 años cuando la encontraron muerta dentro de su celda en el pabellón 23 de la Unidad IV del penal de Ezeiza. Había ingresado como única implicada de una pelea callejera a sus 19 y había sido condenada a seis. Ni bien cumplió la mayoría de edad fue trasladada a mayores, donde los enfrentamientos eran constantes. 

Si bien “La China” generó rápidamente una red de contención, las peleas con otras internas y su resistencia a los abusos del Servicio Penitenciario Federal (SPF) la pusieron en la mira. El 23 de enero del 2012 su padre Alfredo recibió un llamado desesperado de otras internas advirtiendo que algo había sucedido. Florencia fue la novena y última de las mujeres que fallecieron en esos tres años en el penal. Si bien el SPF siempre sostuvo que se trató de un suicidio, la familia de “La China” insiste en que fue asesinada y que el Estado es responsable.

Los acosos y persecuciones a la familia nunca cesaron, desde amenazas hasta la vandalización de la plaza que lleva su nombre. El 31 de octubre, apenas unos días atrás, otra de las hijas de Alfredo estaba cenando y, de manera violenta, la llevaron detenida acusándola sin evidencias de hurto y lesiones. Bettina Cuellar está en la comisaría 5ta de Avellaneda. Su situación procesal sigue sin resolverse y permanece en una notoria ambigüedad. 

Desde el colectivo de familiares y amigos de “La China” Cuellar compartieron un comunicado que reproducimos a continuación: “Queremos informarles que la situación procesal sigue sin resolverse, lleva más de 4 días detenida acusada por un simple hurto que no cometió. Desde la fiscalía de Avellaneda no dudaron ni un minuto en detenerla, pero para resolver su situación procesal se toman un tiempo demasiado extensivo, lo cual para nosotros es una tortura psicológica. Seguimos exigiendo su inmediata liberación, si eso no sucede convocamos para el día de mañana, 4 de noviembre, a una concentración frente al Polo Judicial de Avellaneda, a partir de las 11 horas, para seguir pidiendo su inmediata liberación”.

Alfredo Cuellar, por su parte, expresó: “Desde el día del crimen de mi hija no han parado de hostigarnos, buscan todo tipo de acciones para frenar nuestra lucha y nuestro reclamo. Sin embargo, estamos cada vez más unidos y no van a poder detenernos. La prioridad ahora es que mi hija Bettina recupere su libertad, dado que fue acusada injustamente de un hurto que no cometió”.

En relación a la lucha que lleva a cabo, Alfredo relató: “En el primer momento no teníamos una organización en sí. Eran luchas aisladas de cada familia, algunos iban al juzgado, otros a la fiscalía. Siempre en la suya. No hubo una organización que nuclease a todos para poder crear un colectivo para lograr un espacio coordinador de todas las demandas puntuales. Cuando comencé a indagar y a charlar con las demás familias vi que algunos tenían miedo porque estaban amenazados. Logré hacer una marcha hacia el Servicio Penitenciario Federal, en la calle Lavalle. Dejamos en claro nuestra impotencia y desesperación. Ese fue un punto de inflexión para mostrarles a las demás familias que se puede hacer algo. Después, de a poco, fuimos buscando otros métodos para visibilizar nuestro reclamo. Por ejemplo, en 2013 realizamos nuestro primer festival anti carcelario en la plaza de Once”.

  • Imagen
    Textiles Shopping

La IA también elige qué voces vemos cuando buscamos qué comprar

03 Noviembre 2026

Cuando alguien busca “qué lavarropas conviene para un departamento chico”, parece estar resolviendo una cuestión doméstica. Necesita comparar medidas, capacidad, consumo y precio. Pero en esa consulta también ocurre algo menos visible: una plataforma organiza qué información aparece primero y qué fuentes reciben la oportunidad de explicar el producto.

Con los resúmenes de inteligencia artificial de Google, conocidos como AI Overviews, parte de esa información se presenta reunida en una respuesta. La persona puede encontrar una explicación antes de abrir una tienda, un medio especializado o la página del fabricante. Esa comodidad merece atención: ¿qué voces están representadas en el resumen que orienta la búsqueda?

Trabajo en SEO hace muchos años analizando el comportamiento de búsqueda de los usuarios, y esta pregunta se volvió cada vez más importante. La discusión sobre la IA suele concentrarse en lo que puede producir. También necesitamos mirar de dónde toma la información y cómo se distribuye la presencia de quienes la publican.

Miles de fuentes, una distribución desigual

En septiembre de 2026 realizamos con el equipo de MetrIQon un relevamiento de 13.065 consultas comerciales en Google Argentina, desde dispositivos móviles. El trabajo abarcó siete categorías de productos. En el 70,1% de las consultas analizadas apareció un resumen de inteligencia artificial y, cuando estaba presente, registramos hasta sus tres primeras fuentes citadas.

Reunimos 25.176 citas distribuidas entre 3.596 dominios. Sin embargo, siete dominios concentraron aproximadamente la mitad de las citas. Los otros 3.589 se repartieron la mitad restante. La cantidad de fuentes disponibles convivió, así, con una presencia muy desigual dentro de las respuestas.

Hay una diferencia entre tener información publicada y formar parte de la selección que recibe un usuario. Un comercio puede contar con catálogo, experiencia y atención especializada, pero esa información necesita ser encontrada e incorporada a la respuesta para participar de esa instancia de consulta.

Mi lectura es que la concentración de citas merece discutirse como una cuestión de acceso a la visibilidad. Cuando alguien pide una explicación, las fuentes elegidas aportan los datos y los ejemplos con los que esa explicación se construye. Para quien vende, esa aparición puede ser una primera oportunidad de contacto. Para quien compra, influye en las alternativas que tiene a la vista.

La plataforma también aparece como fuente

El estudio mostró, además, que las propiedades de Google representaron el 20,3% de las citas registradas por tipo de fuente. Además Youtube está en 1 de cada 4 respuestas. La empresa que organiza la búsqueda también forma parte del ecosistema de contenidos que aparece citado.

Es una relación que vale la pena observar desde la experiencia del usuario. Una consulta puede llevar a una respuesta, de ahí a un video y después a otra búsqueda. La investigación de una compra puede transcurrir entre varias pantallas antes de llegar al sitio de un vendedor.

La selección de fuentes plantea preguntas concretas: qué información encuentra espacio, qué formatos tienen presencia y qué posibilidades conserva un comercio pequeño de ser descubierto. También invita a mirar el lugar del periodismo especializado. En el relevamiento, los medios y sitios especializados representaron el 4,3% de las citas por tipo de fuente.

Una ficha comercial puede resolver una medida o una especificación. Una comparación periodística puede sumar pruebas, preguntas y contexto. Para el lector resulta útil poder reconocer quién habla, qué aporta y desde qué posición lo hace.

La diversidad también se juega en las búsquedas cotidianas

Los pequeños comercios argentinos clasificados en el estudio como sitios .ar del grupo de tiendas de menor escala reunieron el 14,4% de las citas. Su presencia muestra que hay información comercial disponible más allá de los grandes catálogos, aunque se reparte entre muchos negocios.

Para una pyme, publicar respuestas claras sobre usos, materiales, compatibilidades o condiciones de entrega es una tarea que puede empezar con recursos propios. El conocimiento existe muchas veces en la conversación con el cliente y falta llevarlo a una página accesible. También hay un trabajo posible de cámaras comerciales, asociaciones y espacios de formación para acompañar esa tarea.

Del lado de quien compra, abrir las fuentes ayuda a recuperar contexto: comprobar de qué modelo se habla, quién lo vende, qué incluye la garantía o si la entrega alcanza su localidad. Son decisiones que requieren volver a la información concreta detrás del resumen.

La discusión sobre inteligencia artificial también tiene lugar ahí, en una pregunta sobre un electrodoméstico o una herramienta. Si una respuesta organiza las primeras alternativas que vemos, importa conocer qué fuentes la sostienen. Observar esa selección es una forma de discutir qué diversidad de información queremos encontrar cuando buscamos.

* El autor es especialista en SEO, investigación de búsquedas e inteligencia artificial aplicada al comercio electrónico. SEO Sr. en Personal y cofundador de MetrIQon.

Redes:

https://www.linkedin.com/in/nico-ferreiro/

https://nicoferreiro.com/

 

La discusión sobre inteligencia artificial también tiene lugar ahí, en una pregunta sobre un electrodoméstico o una herramienta. Si una respuesta organiza las primeras alternativas que vemos, importa conocer qué fuentes la sostienen. Observar esa selección es una forma de discutir qué diversidad de información queremos encontrar cuando buscamos.
  • Imagen
    Repartidores
LEYES LABORALES

Lilia Alonso sobre el proyecto de ley para trabajadores de plataformas: “No es flexibilidad o derechos”

02 Noviembre 2026

Lilia Alonso, abogada laboralista y asesora del Gabinete del Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires, describió el proyecto de ley para regular las aplicaciones de mensajería y delivery, en plataformas digitales.

Alonso dialogó el sábado 31 de octubre con "Más o menos bien" (Radio Con Vos, sábados de 18 a 20hs). A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“La idea fue cambiando con el tiempo porque la realidad en el país cambió con el tiempo. Cuando comenzó el proceso de redacción y de consenso, no existía la reforma laboral. Estábamos con un debate público y con una resistencia a reconocer la relación laboral de estos trabajadores con las empresas de aplicaciones, pero el debate en los reclamos estaba todavía difuso”.

“En ese momento empezamos a percibir que había una nueva forma de organización de trabajo, que se viene debatiendo, diría, desde la pandemia en adelante. En 2022 comenzó el debate en la Organización Internacional del Trabajo sobre el advenimiento de formas distintas de organizar el trabajo, lo que no tiene que implicar que no haya derechos laborales asociados a esas nuevas organizaciones”. 

“El gobierno nacional sale con esta pseudo-modernización laboral, y deja afuera en el artículo segundo, en uno de sus últimos incisos, expresamente a los trabajadores de plataformas. Los saca de la protección de la ley de contrato de trabajo y establece que son independientes, los categoriza y eso cambia completamente el panorama para la Provincia. En nuestra Constitución tenemos el deber de garantizar el trabajo decente, entonces nos propusimos hacerla un poco más profunda”.

“Fue cambiando la sensación en el diálogo con los trabajadores de sindicatos, agrupaciones, y cooperativas. Hace algunos años atrás había una impugnación a la categorización, una exigencia de flexibilidad y de flexibilidad, lo que llevaba erróneamente a pensar que era flexibilidad o derechos, y no es así”.

“Hay que dejar de pararnos como policías que paran a los chicos a sacarle la moto, dejar de parar al trabajador y pedirle que tenga habilitaciones. El registro en una app que vamos a diseñar sería no para relevarlos e investigarlos sino solo para acceder a un botón rápido de seguridad que dispare una alerta en el 911 y que esté en coordinación con la red de municipios (…) Lo mismo en cuanto a las emergencias de salud y la relación con el Banco Provincia”.

URL de Video remoto
  • Imagen
    Juan Carlos Ferrari
EL OFICIO DEL LIBRERO

Memorias de un librero: Juan Carlos Ferrari y su paraíso de libros

01 Noviembre 2026

En la populosa barriada de San Martín, provincia de Buenos Aires, hay un paraíso de libros. Esto es: un local de dieciocho metros de largo por cinco de ancho, revestido de estanterías y bateas, todas repletas de revistas, ediciones antiguas, colecciones inconseguibles, y ejemplares fuera de circulación. La palabra “liquidamos” está escrita en varios carteles de cartulina compitiendo con el cartel de las “ofertas” donde se apilan muchos más libros.

Se calcula que la librería «L&L» recibe un promedio de 300 clientes por día. Por ese motivo, muchas veces se forman largas filas en la vereda frente al local. Son libreros, curiosos, coleccionistas, investigadores, docentes y estudiantes habitantes de San Martín, pero también vecinos de barrios aledaños y hasta compradores de Rosario. Los precios y el material ofrecido bien lo valen. Hay libros y colecciones desde 500 pesos y, encima, está la ya famosa “bolsa”, una de las tantas ingeniosas creaciones de Juan Carlos Ferrari, el librero y dueño de este paraíso de papel, un personaje ineludible de la historia de las librerías argentinas, que supo tener entre sus amigos y clientes al dibujante Alberto Breccia y al historiador Osvaldo Bayer, entre otros.

“¡Ah, la oferta de la bolsa!”, dice y recuerda que la inventó para que la gente pueda comprar y leer libros. “Cuando publicamos esta oferta en las redes, explotó”, agrega y explica en qué consiste la mentada bolsa: “Por 1000 pesos te podés llevar todos los libros que entran en una bolsa que te entregamos en el local, en general entran unos doce o catorce. Entonces te llevas todos esos libros por 1000 pesos. La gente se va contenta. Decime ¿conocés alguna librería en donde la gente se vaya contenta después de comprar? No, claro que no. Se van contentos porque pueden leer. Porque los libros que disponemos para esta oferta son variados y, por supuesto, hay muchos clásicos”.

Pero el clásico es Juan Carlos, un librero con más de cincuenta años de experiencia tanto en librerías como en puestos de ferias y parques de uno y otro lado de la General Paz. “Si yo me pusiera a contar”, dice detrás del mostrador del local que funciona desde el año 1991 a media cuadra de la plaza principal.

Y cuenta: “Soy librero a los golpes, los golpes de la vida y del país. Es dura la vida del librero en este país. Pero antes de todo yo soy lector. Un lector empedernido. Arranqué este oficio de pibe leyendo horas y horas. Mi vieja me decía que yo iba a ser técnico, porque estudié una carrera industrial para técnico químico, pero yo le decía a mi madre: ´no, mamá, yo voy a tener una librería´. Y tuve unas cuantas. Costó. Porque primero empecé en el parque y en las ferias. Pero esperame un minuto que ahora sigo”.

Imagen
L&L adentro

 

Juan Carlos atiende a varios lectores con la ayuda de su hijo Leandro, quien se encarga además de publicitar los libros y las ofertas de la librería por las redes sociales.

“Perdoname, ¿qué te decía? Ah, sí, un día en el Parque Rivadavia yo tendría 17 años, le dije a mi viejo, el próximo domingo me traigo una manta y voy a vender libros. Mi viejo se espantó: ni se te ocurra agarrar mis libros. Después me preguntó: ¿vas a vender los tuyos? Y yo le expliqué que los libros están para leer y no para guardar, y que si me ponía a vender y a canjear iba a tener más libros para leer. En ese entonces vivíamos en un lugar muy chiquitito. Un dos ambientes. En el comedor dormían mis hermanas y yo en la pieza con mis viejos. Hasta que me mudé a la pieza que estaba en la terraza donde mi viejo tenía los libros. O sea, después dormía entre libros. Una pieza con techo de chapa y montones de libros y revistas. Ese sí era un paraíso”.

Según las grandes cadenas de librerías, la venta de libros a través de plataformas digitales crece constantemente. Algunas librerías aseguran que el 60 por ciento de las ventas se realiza por la web y el resto en forma presencial, y advierten, que esa brecha cada año crece aún más. Por tal motivo, “L&L” decidió hace unos años apostar a la venta web y las cosas no le van tan mal. Gran parte del éxito se debe a Leandro Ferrari, encargado de la difusión de las novedades de la librería.

“Las redes sociales”, dice, “cambiaron mucho la manera en que la gente se acerca a los libros usados. Antes, para encontrar un libro, muchas veces había que recorrer librerías, revolver mesas y estanterías y confiar un poco en el azar. Eso sigue existiendo y, de hecho, es parte de la experiencia más linda de una librería de usados como la nuestra, pero hoy las redes permiten acortar el tiempo de ese recorrido y descubrir libros desde su casa. Hay un cambio muy fuerte que involucra tanto al librero como al lector”.

La estrategia de Leandro no sólo es mostrar los libros a la venta, sino “también generar curiosidad, recomendar lecturas e intentar construir una comunidad alrededor de los libros. Las publicaciones cotidianas ayudan a que la gente descubra títulos que quizás no estaba buscando. Y esto es especialmente valioso en una librería de usados, donde el catálogo cambia día a día, porque cada visita puede convertirse en un descubrimiento. Si bien las redes funcionan como una vidriera, hay una experiencia en la búsqueda que es irreemplazable, porque quien entra directamente a la librería muchas veces se entrega más al azar. Viene buscando algo concreto, pero termina recorriendo las mesas, mirando libros y llevándose algo que no tenía pensado comprar. En ese sentido, el local conserva algo que las redes difícilmente puedan reemplazar: encontrarse con un libro. Las redes pueden despertar el interés y generar una visita y la búsqueda de algo más puntual mientras que la librería puede transformar esa visita en un descubrimiento inesperado”.

Imagen
L&L adentro

 

Pero, además del precio, creo que hay tres cuestiones importantes: encontrar ejemplares difíciles de conseguir, acceder a una oferta variada y confiar en quien está del otro lado. En una librería de usados pueden aparecer títulos agotados, ediciones que ya no se consiguen fácilmente o libros que no forman parte de las novedades comerciales. Hay lectores que buscan una obra muy específica y otros que siguen determinados autores, colecciones o temáticas. Para ellos, las redes amplían las posibilidades de encontrar lo que buscan sin depender exclusivamente de las librerías de su ciudad. También está la cuestión de la variedad. En nuestro caso, trabajamos con libros de géneros y temáticas muy diferentes, y eso permite que convivan lectores con intereses muy distintos. Cuando alguien compra a distancia necesita saber en qué estado está el libro, tener información clara sobre la edición y poder comunicarse con la librería. La atención personalizada es fundamental. Creo que las redes permiten acercar los libros a personas que de otra manera quizás nunca hubieran conocido nuestra librería. Y, al mismo tiempo, nos permiten conocer los intereses de lectores que están lejos y construir un vínculo que no se limita a una compra puntual”.

Juan Carlos nació en 1953 y a los 17 años ya vendía libros en el parque Rivadavia. Allí forjó su oficio gracias a los consejos de viejos libreros. Leyó y aprendió, por ejemplo, a reparar libros, a limpiarlos para luego ponerlos a la venta. “El Parque me abrió a otro tipo de autores. Ahí conocí a Cortázar, a Borges, y empecé a leer mucho más. Eso se debía al ambiente que había, a la charla con los libreros, porque el que tenía en ese momento un puesto en el Parque Rivadavia no era un vendedor de libros, sino un lector que vendía libros, o sea, había tipos muy cultos, y el público también era muy exigente, y así uno iba aprendiendo”.

En el Parque vivió y padeció las razzias policiales durante la dictadura. En ese entonces trabajaba también en ENTEL (la empresa nacional de telecomunicaciones) y alternaba ese trabajo con la venta de libros. Tuvo que dejar el trabajo y viajó a Mar del Plata. Después del Mundial del 78, regresó a la Capital y puso su primera librería en Villa Urquiza. “Estaba en la galería Triunvirato, en un localcito pequeñito, ¿Viste? En el fondo de toda la galería que igual laburaba, había una calesita para los chicos y esas cosas. Me la rebuscaba. Y estoy ahí hasta la hiperinflación del gobierno de Alfonsín, las cosas andaban mal. Tuve que cerrar y los libros que me quedaban los vendía arriba del colectivo… Perdoname, pero ahora sigo”.

Imagen
L&L

 

Un señor se debate entre las revistas Patoruzito o algunos números de Frontera, dos mujeres eligen juntas novelas románticas de bolsillo, un joven revuelve una estantería con libros de autores argentinos y otro busca libros de Ciencia Ficción.

“Este oficio tiene momentos inolvidables”, dice retomando Juan Carlos la conversación, “por ejemplo, cuando conocí a Alberto Breccia. Fue en los 70 cuando yo trabajaba en el Parque, Alberto iba mucho al parque a buscar libros. Nos hicimos amigos. Nos tratábamos siempre de usted. Después de cerrar mi librería en Villa Urquiza conseguí un local muy chiquito acá en San Martín, en la galería Gisela. Y Alberto me pasaba a ver cuando él venía para esta zona para visitar a su hija Cristina. Siempre pasaba por la librería. Y un día charlando le pedí un autorretrato y lo dibujó en la pared del negocio. Pasó el tiempo y en el año 1990, yo paso a otro local más grande y Alberto me viene a felicitar por el emprendimiento, y le dije que estaba apenado porque perdí el autoretrato que me había hecho cuando dejé el local. Entonces Alberto me dijo, qué te gustaría y yo le pedí un Mort Cinder. Una semana después vino con un rollito de papel y me dio el dibujo que hoy uso de perfil de WhatsApp y me dice “este es el último Cinder que hago porque esta historieta no me trae buenos recuerdos”. Tiempos después supe que en la época que dibujaba de Mort Cinder estaba enferma su mujer”.

Juan Carlos atiende con paciencia a varios lectores que se llevan ofertas bolsas y colecciones de revistas que van desde álbumes mundiales, novelas policiales, ciencia ficción, thriller, novelitas adolescentes, libros infantiles, muchos libros sobre peronismo e historia, historieta y las infaltables revistas de crucigramas y sopa de letras.

“¿Cómo conocí a Bayer?, fue gracias a Bruno Napoli que es el curador de la obra. Como yo tenía unas cartas del anarquista tucumano Jesús López Gil, que vivió en San Martín, y que había tenido una conocida polémica con Sabato, donde Gil le da una lección de Historia al escritor. Bueno, le hago llegar las cartas y Bayer me invita a la casa y nos hicimos amigos, Me acuerdo que le regalé un diario El mundo original, de cuando había atrapado a Di Giovani, y no lo podía creer. Pero esperame que tengo que atender”.

Y Juan Carlos atiende, y le explica a una mujer que en su librería son tan importantes Corin Tellado o las novelitas del Oeste de Estefanía como Borges o Cortázar.

“Yo soy un librero popular”, le dice “Me gusta leer y que la gente lea. Mi librería no tiene nada que ver con esas librerías llamadas de autor o a la carta, donde nadie compra por ejemplo a Stephen King; acá sí, están libros de terror, de suspenso, de aventuras y de amor. De alguna manera las librerías de usados son como una trinchera con una doble función: nos formamos nosotros como libreros y la gente como lectores. Hoy por hoy es un lugar de batalla, sin duda”.

“L&L libros” se encuentra ubicada en Mitre 3966, San Martín, Provincia de Buenos Aires. Cuenta además con dos liquidaciones de libros mensuales, una corta (de 10 a 15) y otra larga de 10 a 18 horas. Estas liquidaciones se informan por las redes sociales a través del Instagram. 

  • Imagen
    magallanes escritor
INFORME DE UN DÍA

Francisco Magallanes: “Cuando una novela está minada de decisiones previas está muerta”

01 Noviembre 2026

La nutria es una novela del escritor platense Francisco Magallanes, se enmarca en la colección de la editorial Club Hem, donde los libros dialogan y logran una continuidad, independientemente del autor o autora de cada obra. 

Si tuviera que hacer una reseña que incluya todas las obras juntas, diría como factor común que son novelas donde el protagonista es el lenguaje y el pacto con el lector/a convoca a formar parte de ese juego. 

Umberto Eco en Lector in fabula hace referencia a los distintos tipos de lectores e inclusive los clasifica según los textos, si pensara desde ese lugar diría que los textos de Club Hem son abiertos, multiplican los sentidos y dan lugar a la cooperación e interpretación de quien lee. Le ofrecen al lector/a un tipo de libertad capaz de ser un personaje más y de actualizar la escritura en cada situación empírica de lectura. 

Me atrevo a esta introducción porque puedo percibir el carácter colectivo de la editorial, el intercambio prodigioso que se genera en un grupo creativo. 

En La Nutria, que no elude estas características, Francisco Magallanes escribe desde la poesía, como cuenta en el diálogo con AGENCIA PACO URONDO, en la novela predomina la musicalidad en la elección del título, en los diálogos, en el nombre de los personajes. Es una novela que marca el ritmo de un viaje, entonces las palabras son eslabones que funcionan con un movimiento propio. El lenguaje acompaña el curso del viaje, con el ritmo pero también con las pausas, con los idas y vueltas, con los obstáculos, con todo aquello que nos irrumpe en una ruta. 

El tópico de la fe pareciera mover la estructura de la novela, que también habla de la escritura y de la vida como si se tratara de la misma cosa.

Como Francisco explica, la nutria es el personaje principal, cuando habló sobre el tema me hizo acordar a una entrevista que le hice a la poeta Anahí Mallol, cuando le pregunté sobre el proceso creativo de sus libros y me dijo “es como ponerse unos anteojos con un cristal de determinado color y comienzo a ver todo de esa manera”.

Francisco se puso los anteojos y la nutria empezó a aparecer para trazar el rumbo del libro.  

En La nutria se cruzan personajes singulares que se dedican a actividades diferentes pero que todos se caracterizan por ser populares, trabajadores y proféticos, como la figura del Poeta.

Atravesar el río de caracoles no es fácil pero el arte se impone como una salvación a la altura de la fe, como escribe el personaje “No se trata de entender” “sino de entregarse al arte”. 

Imagen
la nutria libro

 

Francisco Magallanes conversó con AGENCIA PACO URONDO sobre el proceso creativo de La nutria, la construcción de los personajes, la importancia de lo colectivo en la literatura, del conjuro con sus dos pasiones  y de la fe. 

AGENCIA PACO URONDO: En los epígrafes de cada capítulo la nutria nos va guiando a través de las voces de distintos escritores, ¿la elección del nombre fue a partir de esas voces o precedente? 

Francisco Magallanes: La nutria apareció por primera vez adentro de la novela. En las primeras versiones ya estaba, pero después se impuso como título por su sonoridad. A partir de esa definición, empezaron a aparecer nutrias en los libros que iba leyendo. A veces los libros me hablan, ¿no te pasa?, mientras leo encuentro preguntas, respuestas, revelaciones. Pero cobró protagonismo a partir del título, sino esas apariciones en mis lecturas no las hubiera visto. 

APU: ¿Qué representa la nutria en la novela? ¿Remite al lenguaje en sí mismo o a algún personaje?

F.M. : La nutria es el corazón de la novela. El músculo que bombea para que la trama y las subtramas avancen y retrocedan, una y otra vez. Remite al lenguaje en sí mismo pero también es un personaje ineludible de la novela.

APU: ¿Cómo fue el proceso creativo? ¿Te acordás de la imagen inicial que te convocó a hacer la novela?

F.M.: Yo siempre escribo las primeras versiones en los cuadernos artesanales que hace el artista Falu Montero. Esa parte del proceso creativo es un trance, la libertad total, no corrijo ni releo absolutamente nada. Después esa versión pasa a la computadora y ahí sí me obsesiono bastante con la reescritura, el borrado, la sobreescritura. Hay mucho que queda a un lado en el montaje final. Pero toda esa escritura está ahí, aunque no se vea.

APU : En una entrevista comentás que empezaste en el 2016/17 de ese momento a la actualidad ¿se mantuvo la idea o fue recreando otra forma? Si es así ¿cómo se fue dando esa metamorfosis? ¿Es una exigencia del propio texto o el factor tiempo va configurando  nuevamente las historias?

F.M: Fue una gran metamorfosis escribir La Nutria, no exagero. Lo que siempre estuvo fue el personaje del Ruso, que es el conductor, el chofer de la trama en la novela. Ese personaje, ese capítulo lo encontré en uno de mis cuadernos de 2016. Pero el resto de la novela la escribí después de la salida de El Palomar. Incluso incrusté una novelita que había escrito, que se llamaba “la sensación” y pasó a ser la historia del Gran Caudillo del Litoral. En el último año, la novela encontró su forma definitiva gracias al testing y el pos-tenting de Manuel Estellés y Ariel Luppino, en la Escuela Clandestina de Escritura, que es un espacio genial para ver la escritura con mayor perspectiva.  

La nutria es el corazón de la novela. El músculo que bombea para que la trama y las subtramas avancen y retrocedan, una y otra vez.



APU: La novela, más allá de la historia principal, tiene distintas capas de escritura y como sucede en El palomar recreás universos que pertenecen a distintos usos de la lengua, de la jerga barrial a la competencia literaria (de hecho los personajes centrales están en las dos novelas)

¿Cómo construís los personajes? ¿Sos un escritor de los que creen que la escucha atenta es fundante para la construcción de los diálogos?

F.M.: Los personajes son centrales en todo lo que escribo. Casi siempre aparecen primero como una voz. Tienen su origen en lo cotidiano, cuando escucho una forma de hablar que me resuena. Ese fraseo, esa música que adquieren las palabras dichas por otro, de una forma única. Cuando estoy al lado de algún cuentero me quedo callado, puedo estar horas hasta que me apropio de esa música. Mis personajes toman moldes de la realidad para materializarse en la escena pero después despliegan una lógica propia, que no tiene nada que ver con lo real, y que voy descubriendo a medida que los escribo. El caso del Arveja, que es el personaje icónico de mis dos novelas, rompe esa lógica porque apareció primero como un sobrenombre: El Arveja. A medida que lo escribía fue tomando espesor y por su propia fuerza se volvió el personaje favorito de los lectores.  

APU: La nutria subrepticiamente es una novela sobre la fe y la escritura, el camino del Gauchito y constancia en el acto de escribir. ¿Es posible también que el autor dirima algunas inquietudes sobre el statu quo de los talleres literarios, la federalización de la escritura y la figura del maestro como “habilitante” de la palabra?

F.M.: Qué genial que La Nutria sea todo eso que decís, no lo había pensado. No creo en la figura del maestro como habilitante de nada. Entiendo que muchas veces funciona así, pero a mí eso no me interesa. Sí creo en los grandes escritores como formadores. Siempre a partir de compartir su experiencia vital con la escritura. Aprendo mucho con Hebe Uhart aunque nunca la conocí. De los efectos que genera su escritura. Por ejemplo, después de leer su cuento “El budín esponjoso” ya nunca pude dejar de pensar que a las galletitas le falta la tercera dimensión. Además tengo el privilegio de compartir una amistad con Felipe Polleri, un escritor de los grandes, con una ética intachable, que tiene una obra que todavía no terminamos de dimensionar. Escucharlo hablar de la escritura, de sus autores favoritos, que lea mis novelas y me haga comentarios que solo él puede hacer, es un aprendizaje invaluable. O las terrazas del Espacio compartidas con Carlos Ríos hablando de sus novelas, de cómo las escribe, son experiencias claves para después sentarme con mi cuadernito. 

APU: Por otro lado, lo mismo pregunto por el lado de la fe, ¿aparece ahí un Magallanes haciendo la ruta de su santo? 

F.M: “Haciendo la ruta de su santo” me encanta cómo suena. El Gauchito Gil es mi conexión con la fe. No se puede hacer nada sin fe. Hace poco volví al santuario del gauchito después de 5 años y cambió completamente. Lo hicieron todo nuevo, con una infraestructura muy superior a la anterior. Pero el santuario viejo tenía una carga energética que este todavía no, porque le falta la intervención de los devotos en el tiempo. Todo se modifica en la historia del mundo por eso la escritura es tan poderosa, porque cuando leemos dialogamos con los escritores de otros tiempos, del pasado y del futuro alternadamente. 

APU: en este orden también de hurgar sobre la profundidad de la novela, el Movimiento Acelerado que vence al tiempo y quiere hacer a los pueblos felices ¿se inspira en el peronismo?

F.M.: El Movimiento Acelerado fue fundado en el Siglo 3 AC. Es anterior al peronismo, sin embargo en la novela aparece Perón como uno de los principales líderes latinoamericanos, alineado al Movimiento Acelerado. La felicidad de los pueblos me parece un sueño revolucionario. Yo creo que se logra a partir del pleno empleo en el sector productivo con un costo de vida acorde al salario, que permita el consumo interno. Pero yo no soy economista, soy escritor y no puedo hacer otra cosa que escribir.  

APU: El fútbol también aparece en las dos novelas como si fuera un conjuro, o un rasgo de estilo ¿Gimnasia va a estar siempre en tus novelas por decisión previa o porque hace a la escritura? 

F.M.: Gimnasia es pura escritura y la escritura es lo más importante. Son las dos pasiones de mi vida. Pero no me gustaría que esté por una decisión previa. Cuando una novela está minada de decisiones previas está muerta. Hasta ahora nunca fue así. Como vos decís, hace a la escritura, se impone como un conjuro y yo siempre intento dejar ser a los personajes. 

APU: Mencionás bastante a los sueños ¿qué tan importantes son a la hora de encarar un proyecto de escritura? 

FM: Los sueños aparecen como un recurso más de la escritura. Pero lo cierto es que no soy tan consciente de eso. A partir de tu pregunta pienso en esa frase tan genial de Faulkner de que “hay que tener grandes sueños para no perderlos de vista mientras se persiguen” y creo en eso, porque todo lo que hicimos hasta ahora tiene ese espíritu en el horizonte, tanto el Espacio como Club Hem, Malisia, EDITA y Las Hamacas Voladoras, y los proyectos con Luppino, son parte de esos grandes sueños. 

 APU: ¿Qué es la vanguardia hoy?

FM: No tengo la menor idea. Creo que en más de una ocasión se vuelve otra etiqueta que puede resultar peligrosa. Muchas veces se tilda de vanguardia a las escrituras que buscan escapar a la estandarización del mercado, escapar al gusto impuesto por la institución literaria. Entonces se lo etiqueta de “raro” o “vanguardista” para que no lo lea el gran público. Y eso me parece un horror, porque es subestimar al lector. En La Nutria un personaje dice: “La vanguardia tiene que ser popular”. 

  • Imagen
    Teatro Putamadre
    Foto: Sebastián Freire
CARTELERA TEATRAL

Teatro: "Putamadre", encontrar la felicidad en lo tremendo

01 Noviembre 2026

En una sociedad que busca castigar antes que comprender, el punitivismo aparece como una respuesta frente a todo aquello que causa molestia, desborda las normas o no encuentra un lugar dentro de lo establecido. La idea de que quien transgrede debe pagar suele clausurar otras preguntas: qué hay detrás de esa historia, qué responsabilidades tiene la sociedad y qué posibilidades existen más allá del castigo. En ese escenario, ¿qué es la libertad? Foucault pensó el panóptico como una estructura de vigilancia capaz de disciplinar incluso cuando nadie está mirando. Pero la vigilancia no necesita siempre una torre. También aprendemos a distinguir entre quienes merecen pertenecer y quienes quedan afuera, entre las vidas que se consideran aceptables y aquellas que parecen no tener lugar.

En Putamadre, Santiago está privado de su libertad. No lo vemos físicamente en el escenario, sino a través de videos grabados en el establecimiento penitenciario donde está detenido. Caro, su madre, está ahí en escena entre una escenografía por demás poética. Hecha con las manos de algunos de los presos que participan de los Talleres De La Unidad 48. Esas cajas soldadas que pueden apilarse, esos cubos que desde adentro iluminan nos recuerda que también quienes están privados de su libertad son personas. Santiago aparece en un video y cuenta su parte de la historia. La distancia entre ambos no es una decisión estética que podamos separar de sus vidas: es una condición concreta que la obra lleva a escena. Sin embargo, en ese espacio atravesado por el encierro, madre e hijo construyen un mundo propio.

Basada en la primera novela de autoficción de Carolina Fernández, publicada por Editorial Sudestada, la obra se mete en una zona en la que las ideas convencionales empiezan a perder consistencia. ¿Qué se hace cuando la maternidad “sale mal" a los ojos de una sociedad? La pregunta no es inocente. Supone que existe una manera correcta de ser madre, un resultado esperado, una medida con la que se puede evaluar una vida. Pero ¿qué ocurre cuando un hijo es alcanzado por el horror demasiado pronto? ¿Qué herramientas tiene una madre para sostenerlo cuando el mundo que debería contenerla también la expulsa?

Lo convencional se aleja cada vez más mientras transcurre la obra. No porque las reglas dejen de existir, sino porque dejan de alcanzar para explicar lo que sucede entre Caro y Santiago. Una sociedad que mide la maternidad según sus resultados, que clasifica a las personas según su capacidad de adaptación y que confunde el encierro con la respuesta a todo aquello que no sabe resolver. Frente a eso, Caro y Santiago construyen algo que no necesita demostrar que encajan.

La cárcel, entonces, no queda solamente del otro lado de una pantalla. Entra en escena con Santiago, con su imagen y con la distancia que lo separa de su madre. La cámara permite el encuentro con nosotros, al punto de que, por momentos, perdemos de vista que existe ese encierro. Pasan los minutos y lo que vemos son dos personas. Lo que descoloca, y ahí está la magia del teatro, es que podemos verlo y escucharlo, compartir ese espacio teatral con él. Sin embargo, hay algo que nos devuelve de golpe a la realidad: en esa privación de la libertad, Santiago no puede vernos. Ahí es donde se nos cae la ficha. La obra tiene algo de declamación, y quizás ese sea su propósito: dejarnos preguntas.

Por otro lado, el teatro no elimina la distancia. Hace algo distinto: construye un lugar en el que ambos pueden encontrarse.

Imagen
Caro Fernández
Foto: Lina Etchesuri

Entonces, aparece una pregunta que excede la historia familiar: ¿qué significa estar afuera? El sistema penitenciario suele presentarse como la respuesta para quienes transgreden las normas, pero ¿qué sucede cuando el encierro no repara el daño, cuando las condiciones de detención profundizan la violencia y cuando la exclusión continúa operando más allá de los muros?

El informe que el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) publicó en noviembre de 2025, a partir de las observaciones del Comité contra la Tortura de Naciones Unidas, advierte sobre el aumento de las denuncias de tortura y las condiciones de detención inhumanas y crueles en Argentina. La discusión no puede agotarse en las condiciones materiales de las cárceles. También obliga a preguntarnos qué entiende una sociedad por justicia y qué hace con las personas que no consigue integrar. Si el encierro se convierte en la respuesta para aquello que no entran dentro de los standar, ¿qué lugar queda para pensar las condiciones que preceden a la exclusión y las posibilidades de construir otra vida?

Lo amable de estar dentro y no estar fuera. La contradicción nos confronta porque no se trata de decir que la cárcel es mejor que la libertad, sino de preguntarnos qué clase de libertad existe cuando el afuera tampoco ofrece un lugar posible. Hay personas que quedan atrapadas en las instituciones y otras que, aun sin estar encerradas, viven bajo el peso de las expectativas sociales. No son experiencias equivalentes, pero la obra permite mirar las estructuras que deciden quién pertenece y quién queda al margen.

En medio de todo eso está el vínculo entre una madre y su hijo. Un vínculo que no tiene la obligación de ser ejemplar, que no necesita ofrecernos una respuesta sobre cómo se debe amar ni convertirse en una historia de superación. Hay dolores que no se reparan. Hay experiencias que no encuentran una explicación capaz de devolver las cosas a su lugar. Y, sin embargo, la vida continúa. ¿Cómo se vive cuando algo/ alguien se rompe una y otra vez? ¿Cómo se acompaña a alguien sin que el sufrimiento termine ocupando todo?

Anthony de Mello propone hacerle a alguien una pregunta que pone en crisis cierta idea del amor: «¿Usted quisiera que yo lo amara a costa de mi felicidad?». La pregunta tiene una fuerza particular cuando pensamos en la maternidad, tantas veces asociada a la entrega absoluta, al sacrificio y a la renuncia. ¿Es necesario perder la propia felicidad para demostrar que amamos? ¿Cuándo el cuidado se convierte en una forma de dejar de vivir la propia vida?

Santiago, en esa no renuncia de su madre, busca. Busca lo ausente. Para él, esa ausencia puede traducirse en un padre, en la plata o quizá en ambas cosas, si es que una está ligada a la otra. Pero la ausencia del padre no es una responsabilidad de Carolina. La responsabilidad por esa ausencia recae exclusivamente en quien no está. Y, mientras tanto, Santiago busca aquello que falta. Y lo busca en lugares poco finitos, poco inocuos, perpetuantes. Lo busca porque atravesar el miedo, el propio, suele ser más complejo. ¿Quién quiere verse en la disyuntiva de tener frente a sí aquello que lo destruye y elegir no tomarlo?

No hay una respuesta sencilla. Tampoco parece haberla en Putamadre. Carolina y Santiago inventan un mundo dentro y fuera del escenario, dentro y fuera de la cárcel, dentro y fuera de las estructuras que pretenden definirlos. Hacer teatro juntos es un acto de insistencia en el vínculo. No borra lo que pasó ni modifica las condiciones de su historia, pero transforma esa experiencia en algo que pueden compartir con otros. Y el amor no es otra cosa que multiplicidad.

Hay personas a las que lo que más les gusta es el mundo. Y este suele ser, a veces, complejo y errante. Pienso en esa idea mientras intento entender cómo puede aparecer la alegría en una historia atravesada por el encierro, el dolor y aquello que quizá no tenga reparación. Tal vez hayamos aprendido a pensar la felicidad como una recompensa: primero resolver los problemas, superar las dificultades, acomodar la vida; después, cuando todo esté en su lugar, ser felices. Pero ¿y si no fuera así? ¿Y si no hubiera que esperar a que desaparezcan los problemas para ser feliz?

¿Habrá que cambiar nuestra concepción de la felicidad? La reciente ganadora del Premio Nobel de Literatura, Anne Carson, permite pensar esa posibilidad: encontrar la alegría en lo difícil. No porque el sufrimiento tenga algo de deseable ni porque todo dolor esconda una enseñanza, sino porque la felicidad no tiene por qué quedar postergada hasta que la vida deje de doler.

Carolina y Santiago pudieron encontrar la felicidad en lo tremendo. Y el teatro abre esa dimensión de lo posible. No convierte la historia en algo menos turbulento, sino que permite que de ella surja la creación. El escenario se vuelve un territorio compartido, una forma de encuentro que no cancela la distancia ni resuelve lo irreparable. La felicidad no aparece porque el sufrimiento haya terminado, sino porque, incluso allí donde tantas cosas parecen perdidas, todavía puede existir un vínculo capaz de producir algo bueno y nuevo.

Imagen
Teatro Putamadre
Foto: Paulina Serra

Putamadre se presenta en DUMONT 4040 los viernes a las 21.30 horas

Santos Dumont 4040 Chacarita - CABA 
Web: http://instagram.com/dumont4040

 

Ficha técnico artística

Dramaturgia: Teresa Donato, Caro Fernández
Actúan: Caro Fernández, Santiago Laborde
Vestuario: Atelier Pucheta Paz
Escenografía: Julia Freid
Iluminación: Federico Martini, Jaime Muschieti
Diseño de vestuario: Julieta Harca
Realización escenográfica: Oscar Chavez Arias, Talleres De La Unidad 48, Walter Escalante Zalazar, Daniela Espinoza, Pablo Gaston Amra
Realización de vestuario: Julieta Harca
Montaje de Video: Mariano Saban
Sonido directo: Adriano Mantova
Diseño de Iluminación: Daniel Ortega
Fotografía: Sebastián Freire
Diseño gráfico: Repo Bandini
Asesoramiento Corporal: Margarita Molfino
Asistencia de Producción: Inés Zimmermann
Asistencia técnica: César De Lucca
Asistencia de dirección: Camila Marino Alfonsín
Asistencia de Dirección en Video: Fermín Kalesnik Vissio
Prensa: Marisol Cambre
Community Manager: Paulina Serra
Producción general: Caro Fernández, Claudio Plano
Dirección Audiovisual: Gonzalo Zapico
Coaching actoral: Lola Berthet
Dirección: Felicitas Kamien
Duración: 70 minutos Clasificaciones: Teatro, Presencial, Adultos 

  • Imagen
    Nadia Larcher
    Foto: Rocío Coelho
APU EN FM LA PATRIADA

Nadia Larcher: homenaje al linaje femenino

01 Noviembre 2026

En el programa Enfurecida y tranquila, espacio de la AGENCIA PACO URONDO en FM La Patriada, entrevistaron a la cantora catamarqueña Nadia Larcher en la previa a su recital del 7 de noviembre en el Torquato Tasso.

La cantora cerró anoche el año en el Torquato Tasso. Junto a su banda celebró el recorrido de su primer álbum, Trinar la flor, y adelantó canciones de su próximo disco, Trinar los frutos, que verá la luz en 2027. 

Enfurecida y tranquila: ¿De qué te estás despidiendo cuando te despedís de Trinar la Flor?

Nadia Larcher: Plantearlo como una despedida es para darle lugar a lo nuevo en realidad, pero no se va a ningún lado, se queda ahí. Ha sido un trabajo muy importante para mí, que ha inaugurado un nuevo momento de mi quehacer artístico, que es esto de hacer canciones.

Yo era un tipo de intérprete que decía, ¿para qué hacer canciones habiendo tantas canciones hermosas? No entendía algo fundamental de la composición, que es poder narrar lo que nadie más podría. En este caso, la historia de mi linaje femenino, de mis abuelas, de mi madre, de mi sentir, de quién soy. Y de otras que todavía no han tenido una representación en las canciones. Asi que estoy en ese camino ahora, desandando un poco esas palabras o esos pensamientos que tenía para entregarme al camino de la canción. Creo que no es una despedida, sino más bien un agradecimiento a ese disco que dio inicio a este camino.

EyT: Escarbar en ese linaje debe haber sido fuerte como mujer, como cantora y como catamarqueña. ¿Con qué te has encontrado ahí a la hora de componer? ¿Qué rescataste?

N.L.: Algo fundamental para mí es que apareció en la superficie, en la piel, mi lengua materna diaguita calchaquí. Mi mamá fue campesina, ella bajó al pueblo a los 17 años recién. Hasta ese momento creció en la montaña y criaban cabras con mi abuela. Entonces, toda mi crianza fue en relación con el monte, con los juegos diaguitas, la comida, la manera de estar y ser diaguita calchaquí.

Y nosotras fuimos la primera generación de mujeres de la familia que tuvo escuela secundaria, acceso a los libros, a una cultura un poco más globalizada. Esa memoria quedó un poquito soterrada, Este disco trajo no solo el rostro de mi abuela, sino todo el sentir.

De alguna manera siento que esa es la flor, esa memoria que está en mi manera de cantar, de andar, de jugar. Y me encanta porque para mí fue muy fuerte reconocer que esa era mi raíz. Mi origen. Sigue siendo un desafío porque los de diaguita calchaquí es muy presentes hoy en todo el norte argentino. Tenemos mucho por defender, por cuidar, pero también mucho por poner en discusión en este presente.

EyT: En la cosmovisión de los pueblos originarios la comunidad también hace sentido a tu pasado, tu presente y tu futuro. ¿Traer a tu abuela en este disco tiene que ver con esta comunidad?

N.L.: Mucha gente conectó con la idea y el concepto del disco porque tenían una María, ¿no? Es muy claro para el pueblo argentino que tiene una abuela india, que todavía no termina de reconocer y de valorar con todo lo que implica.

De alguna manera lo que dio origen a este disco es que me senté con mi abuela a escuchar su historia y eso que me contó, le dio sentido a mi canto. Ahí aparece la comunidad, ¿no? En el acto cotidiano de sentarse a conversar una encuentra el sustento para el quehacer del mañana, A mí eso me parece fabuloso porque en este mundo, en el que se nos engaña con narrativas individualistas, parece que todo nace y muere en vos. Enlazarse en la memoria de una abuela, sobre todo una campesina que sufrió mucho y soportó en su propia carne o en su propia voz las injusticias más grandes por ser diaguita, por ser mujer, a mí me fortaleció. Le dio sentido a mi canto y me ubicó de alguna manera en esta geopolítica de la cultura, que hacemos quienes andamos cantando música tradicional y popular.

Imagen
Nadia Larcher
Foto: Rocío Coelho

EyT: Comentaste este paso de ser intérprete a ser cantautora. ¿Cuándo has podido decir que estabas en condiciones y ya podías sumar tus canciones a todo este mundo de la música popular?

N.L.: Eso vino gracias a la generosidad de mis amigos y amigas. Soy una hebra más de este tejido de músicos y músicas argentinas tan generosos en este tiempo. Y siempre la motivación de mi mamá que me decía “vos tenés que escribir también tus canciones”.

Mis compañeros vieron siempre que podía hacer canciones, la que demoró más tiempo fui yo. Demoré en ver que podía tomar la palabra para contar mi historia.

EyT: Estás ahora en París, contanos un poco sobre la gira. ¿Cómo es hacer música por Europa?

N.L.: Ahora estoy volviendo de Viena, donde estuve en un festival de música latina, antes estuve en Berlín, compartiendo Trinar de la Flor. Acá la memoria de Mercedes (Sosa) está muy presente, así como en la Argentina y es una huella que se sostiene por la memoria que ha dejado ella. Hace poco conocí a una joven alemana, que tendrá 21 años, obsesionada con Mercedes, estudiando hasta la textura de su voz. 

Ser una cantora del norte y venir con estas memorias a Europa la verdad que es un placer, porque antes Atahualpa, Mercedes y tantos músicos y músicas increíbles en Latinoamérica han hecho camino y han dejado huellas imborrables acá. Por un lado, es difícil ver a los compatriotas que tuvieron que emigrar, pero por el otro lado recibir los abrazos que quedan como un eco de lo que han dejado nuestras madres cantoras, nuestros padres poetas.

EyT: ¿Qué nos podés contar de Trinar los frutos, el disco que se viene en 2027?

N.L.: Estoy contenta porque siento que es un disco que quiero entregar a este momento. La música acompaña mucho los procesos colectivos, sociales, nosotros somos un pueblo que canta, baila, somos un pueblo que vibra juntos. Los conciertos de la música argentina, seamos 30, 60 o 70 mil, siempre son momentos sagrados porque vibramos y recuperamos algo esencial ahí.

Tengo la confianza de que el mensaje que traen las canciones, que voy a compartir con mi comunidad, van a servir para que tengamos la fuerza de volver a sentir la unidad que necesitamos, porque tenemos que salir del caos cuanto antes, por los niños, las niñas, los abuelos, las abuelas. Es necesario que generemos consensos, volvamos a mirarnos a los ojos, a tener calma para decidir, porque el mundo está muy caótico, las guerras están repercutiendo en nuestra manera de pensar, de sentir, de decidir. Lo estamos sintiendo en la propia carne.

Siento que lo que tenemos que dejar hoy como legado y como memoria es la voluntad de la resistencia. Creo que nos toca eso como generación. Es difícil, porque una siempre quiere ver los resultados, quiere ver que su pueblo esté mejor. Pero hay generaciones, como la nuestra, que tiene que enseñar a resistir. Entonces poder dejar a los niños y niñas, que se van a convertir en hombres y mujeres, la sensibilidad, el placer de escuchar música en conjunto, de hacerlo colectivamente, de sacarnos los auriculares y esa individualidad para vibrar juntos, va a estar a cargo nuestro. Así que espero que este disco sea un puente a eso. Voy a poner mi cuerpo, mi voz y mi ser a disposición de los encuentros y de que podamos vibrar para sentir esa fuerza y para resistir, como me ha enseñado la abuela María. 

  • Imagen
    gotico norteño

El Movimiento Gótico Norteño y la apuesta editorial de Cantus Corvi

01 Noviembre 2026

Hay monstruos que habitan castillos en ruinas, criaturas que regresan de los cementerios victorianos y sombras que se deslizan por corredores donde la aristocracia europea oculta sus secretos. Pero en el Norte argentino el miedo también tiene otros escenarios: los ingenios azucareros, las estaciones ferroviarias abandonadas, los caminos polvorientos, las casas de adobe, los cerros, el monte chaqueño y las memorias de comunidades atravesadas por la explotación, la desigualdad y la violencia.

Desde ese territorio, un grupo de escritores comenzó a construir una propuesta literaria colectiva: el Movimiento Gótico Norteño, una experiencia que busca reunir las tradiciones del horror, el misterio y lo sobrenatural con las tensiones históricas y sociales del Noroeste argentino. Su desarrollo encuentra uno de sus principales espacios de producción y circulación en la Editorial Cantus Corvi, un proyecto autogestionado que apuesta por los formatos breves, la diversidad de voces y la construcción de lectores fuera de los circuitos editoriales concentrados en Buenos Aires.

La iniciativa no pretende limitarse a trasladar los escenarios del gótico europeo a una geografía diferente. Su búsqueda consiste en reconocer que el Norte posee sus propios fantasmas, sus propios monstruos y sus propias formas de narrar aquello que una sociedad no consigue resolver, olvidar o enterrar.

Una fundación para romper el silencio

El 23 de marzo de 2026, en General Güemes, Salta, se reunieron Eduardo Medina, Mauro Martina, José Chávez y Ramón Mili Ramos para dar forma al Movimiento Gótico del Norte Argentino. El colectivo estableció el 24 de marzo como fecha fundacional, vinculando simbólicamente su nacimiento con una jornada decisiva de la historia argentina.

La propuesta surgió de una necesidad compartida: reunir a autores que, desde distintas localidades y trayectorias, trabajaban con el terror, el misterio, el realismo mágico y la historia regional, pero que no contaban con un espacio colectivo que organizara y proyectara esas búsquedas.

Los cuatro fundadores aportaron perspectivas diferentes. Mauro Martina explora el paisaje andino y la atmósfera de la puna salteña; Eduardo Medina trabaja con el horror contemporáneo y tecnológico; Ramón Mili Ramos recupera los mitos y la geografía del Chaco Gualamba; y José Fidel Chávez articula la dimensión poética y social del género.

A esa construcción se incorporaron otras voces: Alejandra Burzac Sáenz, Clara Pérez Abella, María Herrera, Mónica Ovejero, Gustavo Díaz Arias y quien firma esta nota, Marx Bauzá, entre otros escritores vinculados a la propuesta.

No se trata de una escuela literaria de estética uniforme ni de un catálogo donde las diferencias deban desaparecer. El movimiento encuentra su cohesión en una sensibilidad común: la voluntad de explorar las zonas oscuras de la experiencia humana desde las particularidades culturales, históricas y sociales del Norte argentino.

La violencia de género, la explotación laboral, el racismo, la discriminación, las desigualdades de clase, las transformaciones tecnológicas y las contradicciones de la religiosidad popular forman parte de ese horizonte. El monstruo puede adoptar la forma de una criatura sobrenatural, pero también puede revelar el rostro de una estructura de poder.

¿De qué hablamos cuando hablamos de gótico norteño?

El gótico nació como tradición literaria en la Inglaterra del siglo XVIII. Desde entonces, sus castillos, ruinas, secretos familiares, presencias espectrales y personajes sometidos a fuerzas que parecen excederlos se transformaron en recursos para explorar los temores de distintas sociedades.

En América Latina, esos procedimientos adquirieron otras formas. En Argentina, la literatura de Esteban Echeverría permite reconocer tempranamente la relación entre violencia, poder y representación de lo siniestro. En el Norte, la obra de Juana Manuela Gorriti constituye un antecedente relevante para pensar la circulación de imaginarios góticos en nuestra tradición literaria.

El Movimiento Gótico Norteño propone profundizar ese diálogo desde una perspectiva territorial. Donde el imaginario europeo sitúa castillos y abadías, el Norte ofrece ingenios, fincas, casonas, quebradas, montes y pueblos del interior. La niebla puede ceder su lugar al polvo suspendido en el calor de la siesta; las antiguas ruinas pueden ser estaciones ferroviarias o construcciones que conservan las marcas de una historia de explotación y abandono.

También cambian los seres que habitan esos paisajes. Las leyendas, los aparecidos, la Salamanca, el Familiar y otras figuras del imaginario popular ingresan en una escritura que no los utiliza solamente como elementos pintorescos. Se convierten en instrumentos para interrogar la memoria colectiva, las creencias, los conflictos sociales y las formas en que una comunidad representa aquello que le produce temor.

En este punto resulta fundamental distinguir el gótico del simple relato de terror. El sobresalto, la aparición sobrenatural o la violencia explícita pueden formar parte de ambos, pero la propuesta del movimiento busca que el miedo abra una pregunta sobre el mundo. Un fantasma puede encarnar una deuda histórica; una criatura puede revelar la crueldad de un orden social; una casa abandonada puede conservar las huellas de una expulsión o una tragedia familiar.

La dimensión crítica no elimina el placer narrativo ni la búsqueda estética. Por el contrario, permite que el horror dialogue con la historia, la política y la experiencia cotidiana sin renunciar al misterio.

El gótico norteño abreva, así, en varias fuentes: la tradición gótica universal, la literatura fantástica latinoamericana, la oralidad regional, las devociones populares, los mitos y leyendas del territorio, la memoria obrera y campesina, y las formas contemporáneas del horror. Su identidad no depende de rechazar las influencias extranjeras, sino de reelaborarlas desde una experiencia propia. 

Cantus Corvi: editar desde el interior

Para sostener esa búsqueda nació Cantus Corvi «el canto del cuervo», en latín, una editorial artesanal e independiente impulsada desde el propio movimiento. Su función excede la publicación de títulos: ofrece un soporte material para reunir autores, hacer circular sus obras y construir una comunidad de lectores.

El formato de fascículos permite presentar relatos breves, diferenciados por sus temáticas y vertientes estéticas. La propuesta busca facilitar el acceso a la literatura y poner en circulación voces que muchas veces encuentran dificultades para ingresar en los circuitos comerciales tradicionales.

La editorial también amplió su actividad mediante la revista CORVI, dedicada a cuentos, reseñas y aportes vinculados con la literatura oscura y sus lectores. A esa tarea se suman las presentaciones públicas, los conversatorios, las ferias y las actividades educativas.

La primera presentación oficial del movimiento tuvo lugar el 16 de abril de 2026, en el café literario A la Sombra de la Rosa, en la ciudad de Salta, con el lanzamiento de los cuatro primeros fascículos. El 25 de abril, el proyecto llegó a Magnolia Bistro, en General Güemes, donde se realizó una charla sobre el género y se anunció la revista CORVI. Las actividades continuaron en espacios culturales salteños y en el Centro Cultural Rougés de San Miguel de Tucumán, durante el 22.º Mayo de las Letras.

Otro paso significativo fue la incorporación del movimiento al Plan Provincial de Lectura de Salta y su llegada a establecimientos secundarios y de formación docente. Allí, la literatura regional puede convertirse no solamente en material de lectura, sino también en una oportunidad para conocer los procesos de edición independiente y discutir cómo se construye una obra desde el territorio.

Los diez fascículos: un mapa de las sombras del Norte

El catálogo inicial y sus primeras ampliaciones permiten observar la diversidad de la propuesta. Cada fascículo abre una puerta diferente al universo gótico norteño:

1.El Tren de las Sombras, de Mauro Martina. Gótico de la puna salteña. El paisaje andino y sus atmósferas se convierten en el punto de partida de una narrativa que explora las posibilidades inquietantes del territorio.

2.El Influencer, de Eduardo Medina. Gótico urbano. El horror contemporáneo y tecnológico ingresa en un universo atravesado por las nuevas formas de exposición, comunicación y construcción de identidades.

3.Cantando Pasó Sobre el Agua, de Ramón Mili Ramos. Gótico del Chaco Gualamba, con elementos de realismo mágico. La geografía y los imaginarios del monte constituyen el horizonte de esta propuesta narrativa.

4.Gárgolas, de José Fidel Chávez. Gótico urbano. La obra se integra a una búsqueda que vincula la imaginación oscura con las tensiones de la vida contemporánea.

5.Juego de Seducción, de Alejandra Burzac Sáenz. La incorporación de la escritora y referente cultural tucumana amplía la presencia provincial dentro del proyecto y fortalece el diálogo entre las narrativas de Salta y Tucumán.

6.Algo Sigue Ahí, de María Herrera. Gótico rural con elementos de splatterpunk, vertiente que lleva el horror físico y la violencia explícita a sus expresiones más extremas. Su inclusión amplía el repertorio estético de la colección.

7.Titán, de Clara Pérez Abella. Gótico rural. La propuesta desplaza el centro del género hacia escenarios alejados de la ciudad y abre nuevas posibilidades para pensar las relaciones entre paisaje y amenaza.

8.Madre, de Mónica Ovejero. Gótico psicológico. La dimensión interior, los vínculos y los conflictos subjetivos adquieren protagonismo dentro de una narrativa que explora las zonas inquietantes de la experiencia humana.

9.Gólgota, de Gustavo Díaz Arias. El fascículo incorpora otra voz tucumana al catálogo y amplía la presencia del gótico urbano en el proyecto editorial.

10. Machetazo: una historia de azúcar y sangre, de Marx Bauzá. Ambientado en el universo simbólico de los ingenios azucareros, este cuento largo de 45 páginas vincula la memoria obrera, la religiosidad popular y las leyendas del monte con el horror contemporáneo. El machete, herramienta de trabajo del zafrero, se transforma en un símbolo atravesado por la explotación, la violencia y el deseo de reparación. La obra dialoga con el gore, el slasher y el splatterpunk desde una perspectiva arraigada en la historia social del Noroeste argentino.

La colección no agota las posibilidades del movimiento: constituye una primera cartografía de sus intereses. La diversidad de subgéneros y autores permite reconocer una construcción colectiva antes que una fórmula narrativa cerrada.

Imagen
movimiento gotico norteño
Imágenes: José Fidel Chávez

Un panel para pensar el gótico en el Norte argentino

La consolidación de esta experiencia también invita a organizar un panel de discusión sobre el lugar del gótico en la literatura argentina y, en particular, sobre las fuentes culturales de las que abreva en el Norte.

El debate puede articular tres preguntas fundamentales: ¿qué diferencia al gótico norteño de una reproducción regional del modelo europeo? ¿Cómo intervienen la tradición oral, las leyendas, la religiosidad popular y la memoria histórica en la construcción de sus relatos? ¿De qué manera el terror puede abordar problemas contemporáneos sin convertirse en una mera ilustración de conflictos sociales?

Los antecedentes de la literatura gótica argentina, la obra de Juana Manuela Gorriti, las tradiciones populares del NOA, las narrativas de los ingenios y el monte, y las vertientes actuales del horror ofrecen un campo fértil para esa conversación.

Más que establecer una definición definitiva, el panel permitiría poner en diálogo las distintas perspectivas de los autores, reconocer sus diferencias y examinar qué aporta el territorio a la renovación de un género de alcance universal.

La discusión también podría abordar la relación entre literatura y educación, el papel de las editoriales artesanales, las dificultades de circulación de las obras regionales y la necesidad de construir redes culturales que conecten las provincias sin depender exclusivamente de los espacios de legitimación porteños.

La periferia como lugar de producción

El Movimiento Gótico Norteño y Cantus Corvi ponen sobre la mesa una cuestión que excede el género: la posibilidad de producir literatura contemporánea desde el interior del país sin convertir la distancia respecto de Buenos Aires en una desventaja estética.

El Norte no necesita limitarse a proporcionar paisajes, leyendas o personajes para que otros construyan sus relatos. Puede elaborar sus propias formas, revisar sus tradiciones, incorporar lenguajes contemporáneos y discutir los conflictos de su tiempo.

En ese sentido, el proyecto editorial funciona como una práctica de construcción cultural. Los libros son parte de un entramado que incluye autores, lectores, espacios independientes, instituciones educativas y actividades públicas. La circulación de los fascículos, la revista CORVI y las presentaciones del movimiento forman parte de una misma apuesta por hacer visible una producción regional diversa.

El gótico norteño no busca demostrar que el Norte es más oscuro que otros lugares. Busca mostrar que sus sombras también merecen ser narradas, discutidas y leídas. Porque detrás de cada aparición puede haber una memoria; detrás de cada monstruo, una estructura de poder; detrás de cada historia de terror, una pregunta que la sociedad todavía no ha conseguido responder.

Desde Salta, Tucumán y otros puntos del Norte argentino, el Movimiento Gótico Norteño construye una experiencia colectiva que enlaza literatura, territorio y crítica social. Cantus Corvi le da cuerpo editorial a esa búsqueda.

La literatura del interior no necesita pedir permiso para existir. Necesita espacios donde encontrarse con sus lectores, dialogar con otras tradiciones y desplegar su potencia estética.

A veces, para contar las sombras del presente, alcanza con mirar de frente los fantasmas que siempre estuvieron entre nosotros. 

  • Imagen
    patricio villarejo

Otro libro sobre Charly y van...

01 Noviembre 2026

Para bien y para mal, cuánto dinero hizo y hace ganar todavía el genio de Charly García –basta constatar la cantidad de tributos y espectáculos que se generan todos los años alrededor de su cumpleaños: remakes de sus recitales emblemáticos y de sus bandas, pero sin él, donde casi no se lo nombra, mientras él sigue vivo; re-escuchas de sus álbumes clásicos en eventos sociales; publicidades de plaguicidas que usan versos del “Rap de las hormigas”; amigos que sacan libros con anécdotas inéditas (o no tanto) o con fotos suyas, etc. etc.

No es exactamente esto lo que sucede con este nuevo libro que acaba de publicarse: Cuerdas para Charly (o cómo arreglar lo que no está roto) (Gourmet Musical), pues no podría asegurar que Patricio Villarejo sea amigo de Charly García, ya que lo conoció recién en el año 2013, cuando reemplazó a último momento a Alejandro Terán para “arreglar” los shows en el Colón —pongo entre comillas el verbo arreglar porque Villarejo cuenta que a Charly no le gustaba esa palabra, porque de hecho no había nada que arreglar. El caos y la improvisación formaban parte de la obra. Hasta había que propiciarlos. Ambos coincidieron en que una palabra más fidedigna sería traductor y no arreglador. Me gusta.

Lo cierto es que al poco tiempo que empezás a leer, advertís que se habla casi menos de Charly que de cómo compone o trabaja el propio autor, no con la obra de García, sino con la suya propia: “A veces las ideas aparecían mientras viajaba en colectivo. O en un bar. O escuchando una mezcla vieja a las tres de la mañana”. Se ve que Patricio es noctámbulo.

Hace un tiempo afirmé que cualquier cosa que saliera sobre nuestro genio inigualable era buena porque descubría o promocionaba algo de su obra o su personalidad. Ahora tengo dudas.

No es que el libro de Villarejo no contenga algunas de esas anécdotas sublimes a las que Charly nos tenía tan acostumbrados, y que lo enriquecen como personaje y artista: “Me acordé entonces de algo que me había dicho semanas antes …. Yo le pregunté si quería que lo anotara así, como una nueva forma. Me había quedado mirando un rato y después me dijo: ‘Si escribís todo no hay error. Pero si no hay error no hay descubrimiento’”. O esta otra: “Todos quieren agregar. Muy pocos sacar”, respuesta de Charly a una propuesta de Villarejo de extraer algunas notas de una canción. En fin.

Lo cierto es que el libro de Villarejo tiene otros problemas.

En realidad, tiene dos tipos de problemas importantes, uno objetivo y otro subjetivo. El subjetivo es discutible y tal vez alguien encuentre alguna razón para respaldar este tipo de enunciados (sobre gustos…), el objetivo en cambio son errores indiscutibles y que afectan a todo el libro.

Al poco tiempo que empezás a leer, advertís que se habla casi menos de Charly que de cómo compone o trabaja el propio autor.

Hay muchas partes del libro en el que pasás de enternecerte por la ingenuidad del narrador a encabronarte o a sentir vergüenza ajena por lo que se dice. Copio algunas oraciones:

“Yo no quería ser el centro de todo … ni robarle luz a nadie… Pero una cosa es no querer ser el centro. Y otra muy distinta es sentir que casi nadie ve lo que estás haciendo … Y no lo digo para agrandarme … Yo esperaba, ingenuamente quizás, que alguien de la prensa lo notara … No para convertirme en estrella … Mi lugar literal en la foto. Desde donde estaba ubicado, se me veía poco …. Algunos de esos separadores (entre canciones, compuestos por él) terminaron siendo más difíciles de escribir que las canciones mismas … No todo héroe tiene su escena en primer plano”. Y varias más en este sentido demoledor.

Yo no tengo dudas que Villarejo es un gran artista y un gran arreglador.

El problema objetivo ya no entra en el debate de los gustos o las justificaciones. Patricio Villarejo nació en 1968. Afirma que escuchó por primera vez a Charly García en la casa quinta de un compañero del secundario, es decir, tenía mínimo trece años. Estaba el long play de Sui Generis: Vida, que confiesa que lo puso una y otra vez hasta que se fanatizó de tal modo que se lo terminó robando.

Hasta acá, todo normal. Lo raro es que una página después afirma que “cuando salió el primer disco del grupo (Eiti Leda), en 1978, lo compré”. Acá Patricio tenía o tendría que tener diez años, o sea tres años antes de haber descubierto a Charly.

Lo mismo sucede con el estudio de grabación donde vio por primera vez en persona a Charly y donde ensayó: Fitz Roy. Porque ese estudio Charly lo había vendido siete años antes. Dos veces sostiene que fue a Fitz Roy.

Es cierto, esta información objetivamente insostenible son datos intrascendentes y no hacen al meollo del libro, que a esta altura no me queda muy claro cuál es.

Sea como sea, estos descuidos tiñen el resto de las páginas. Y el lector lamenta que ningún editor los haya detectado para darle a estas páginas la coherencia mínima que se le pide a un libro de memorias olvidadizas. 

PD: lo bueno de la lectura del libro es el descubrimiento de la Kashimir Orquesta y su disco de clásicos en español

 

  • Imagen
    documenTal ALBUM DE FAMILIA
EN "ALGO QUE SE MUEVE"

Cine: "Álbum de familia" en el Mes del Orgullo

01 Noviembre 2026

La plataforma que propone una nueva manera de descubrir cine suma su primera película de temática LGBTIQ+: el documental dirigido por Laura Casabé recupera las memorias y luchas de la comunidad travesti-trans a través de fotografías, documentos y testimonios.

Cada vez hay más plataformas, más películas disponibles y más opciones para elegir qué mirar. Pero, paradójicamente, frente a tanta oferta, encontrar una película que realmente nos interese puede volverse cada vez más difícil.

¿Qué pasa cuando tenemos todo para ver, pero cada vez nos cuesta más decidir qué mirar? 
De esa pregunta nace Algo que se mueve, una plataforma que propone cambiar la lógica de consumo audiovisual: una película a la vez. En lugar de sumar infinitas opciones a un catálogo, la propuesta busca poner el foco en una película, acompañarla, generar una experiencia alrededor de ella y acercarla a nuevas audiencias.

El próximo estreno será Álbum de familia, documental dirigido por Laura Casabé, que estará disponible en la plataforma en el mes de noviembre en el marco del Mes del Orgullo en Argentina. Se trata, además, de la primera película de temática LGBTIQ+ que se incorpora a Algo que se mueve, convirtiéndose en una oportunidad para unir cine, diversidad, memoria y nuevas formas de circulación cultural.

“Las plataformas nos acostumbraron a pasar más tiempo eligiendo qué ver, qué mirando”. Nosotros proponemos lo contrario: una sola película por mes, elegida con cuidado. Que Álbum de Familia llegue a Algo que se mueve en el mes de la Marcha del Orgullo es, para nosotros, un orgullo doble: por la película que elegimos y por el momento en el que podemos compartirla.” — Federico Pozzi, cineasta y director de Algo que se mueve.

Una película para recuperar una historia que no puede quedar en el olvido

Álbum de familia se sumerge en las historias de las personas travestis y trans que, aún después del regreso de la democracia en 1983, continuaron atravesando persecución policial, violencia y exclusión. A partir de fotografías, documentos y testimonios, la película reconstruye una memoria colectiva y pone en primer plano las experiencias de quienes durante años quedaron fuera de la historia oficial.

La película recupera especialmente las figuras de Claudia Pía Baudracco y María Belén Correa, dos referentes fundamentales del activismo travesti-trans en Argentina. Junto a otras compañeras, fueron parte de la construcción de espacios de organización y lucha por derechos durante la década de 1990.

Claudia Pía Baudracco fue una de las grandes activistas trans argentinas. En 1993 fundó junto a María Belén Correa la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA) y dedicó buena parte de su vida a luchar contra la persecución y por el reconocimiento de los derechos de las personas trans. También fue una de las principales impulsoras de la Ley de Identidad de Género, sancionada pocos meses después de su muerte, en marzo de 2012.

Su historia está profundamente ligada a la construcción de la memoria. Claudia fue una de las impulsoras, junto a María Belén Correa, de lo que posteriormente se convertiría en el Archivo de la Memoria Trans, un espacio dedicado a preservar fotografías, documentos, cartas, testimonios y otros materiales de la historia de la comunidad.

En ese sentido, Álbum de familia no es solamente una película sobre el pasado: es también una película sobre quiénes tienen derecho a construir y conservar la memoria, y sobre la importancia de que esas historias puedan ser contadas en primera persona. 
 

Imagen
documenTal ALBUM DE FAMILIA

Una nueva forma de descubrir y distribuir películas

La propuesta de Algo que se mueve parte de una idea sencilla: si elegir entre miles de películas es cada vez más difícil, quizás la respuesta no sea ofrecer más, sino acompañar mejor una película.
Por eso, la plataforma trabaja con una lógica diferente a la de los grandes servicios de streaming. Cada propuesta busca convertirse en una experiencia que permita conocer la película, conversar sobre ella, compartirla y hacerla circular.

Pero la innovación no está solamente en cómo se accede al cine, sino también en cómo se distribuye.
Algo que se mueve permite que las personas puedan registrarse como “movers”: convertirse en parte de la circulación de una película, recomendarla, distribuirla entre sus propias comunidades y generar ingresos a partir de esas ventas. De esta manera, la plataforma propone un modelo en el que las audiencias dejan de ser solamente espectadoras para convertirse también en agentes activos de la circulación audiovisual.

En el marco del Mes del Orgullo, la propuesta invita a mirar una película que recupera historias de lucha, amistad, resistencia y organización, pero también a pensar cómo esas historias llegan hoy a nuevas audiencias.

Porque hacer circular una película también puede ser una forma de construir memoria.
Álbum de familia, dirigida por Laura Casabé, estará disponible en algoquesemueve.ar a partir del 4 de noviembre.

 

  • Imagen
    Alejandro Gianni

La urgencia de una mirada inclusiva y popular para la temática del medio ambiente

01 Noviembre 2026

Este viernes se presentó en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, el libro Desarrollo y Ambientalismo popular, compilado por Juan Ignacio Salerno Ercolani y editado por CICCUS y Mutual Manuel Baldomero Ugarte. Se trata de un proyecto colectivo que reúne textos de distintas voces del campo popular con sus respectivas miradas sobre el tema del medio ambiente como eje fundamental y su inclusión en la agenda política.

Entre quienes participan del libro compilado por Salerno Ercolani están Alejandro Gianni, secretario de ambiente de la CTA Capital y candidato a Secretario General de CTA Capital; Magdalena Eulmesekian, integrante de Jóvenes por el Clima; Julián Ferrero, actual concejal de Ciudad Futura; Manuel Golomb, Técnico Químico, presidente de la cooperativa Misión Soberanía; Leonardo Grosso, dirigente nacional del Movimiento Evita; Juan Pablo Olsson Argumendo, fundador del movimiento global “DeudaxClima”; Pablo Riveros, miembro fundador de la Organización Semilla del Sur; Carolina Somoza, Licenciada en Ciencia Política y especialista en Derecho Ambiental (UBA) y Daniela Vilar, Ministra de Ambiente de la Provincia de Buenos Aires.

Alejandro Gianni, quien moderó la presentación, comentó: “Tenemos que empezar a tomar conciencia de que el mundo es nuestra casa y la cuestión ambiental se nos impone como parte de nuestra vida cotidiana. Es hora de que la CTA recoja esta problemática junto con todos los gremios y se ponga en discusión, desde una perspectiva popular, para terminar con discursos negacionistas y de terraplanismo ambiental”.

Los ejes fundamentales de Desarrollo y Ambientalismo popular pasan por retomar la discusión de la cuestión ambiental ante el avance de la nueva derecha que busca privatizar la Naturaleza y construir un paradigma de ambientalismo alejado del modelo de jardinería que es parte del concepto liberal de medio ambiente. El foco está puesto en pensar lo que se viene abarcando la cuestión nacional, la inclusión social y los problemas ambientales más apremiantes sin dejar de lado el desarrollo de los países periféricos para alcanzar una justicia social que contemple también una justicia ambiental.

El libro también retoma voces históricas que se ocuparon del tema, desde Juan Domingo Perón, quien hace más de 50 años, ya expresaba en un documento la importancia de resguardar los recursos naturales y su relación con la soberanía para los llamados países del Tercer Mundo,  hasta el Papa Francisco cuando se refirió a la Casa Común y la Ecología Integral. La cuestión ambiental se presenta como parte fundamental de las luchas populares en esta nueva etapa de la Historia y el debate tiene muchas aristas.

“Como pasó con las discusiones por el feminismo, con el tema ambiental también hay una desigualdad estructural que se nos impone, más allá de lo que piense cada uno y a pesar de una lógica y un discurso de negación”, dijo Gianni en la presentación. “Temas como los residuos y el sistema del CEAMSE que está colapsado, la contaminación de los ríos, el cambio climático y sus consecuencias, la importancia del agua, son temas con los que convivimos a diario y nos afectan. Por eso hay que discutirlos y los trabajadores tenemos que ser protagonistas de esta discusión como en otros temas”.

El legislador porteño por Fuerza por Buenos Aires, Alejandro Grillo participó de la presentación y dijo: “Buenos Aires es faro en la región por el tratamiento y reciclado de los residuos y tenemos que pensar a mediano y largo plazo para instalar en el debate público la cuestión ambiental. Hay una conexión fundamental entre el reciclaje y la lucha de fondo que es el cambio de paradigma para una nueva perspectiva”.

Por su parte, Salerno Ercolani, como compilador destacó que el libro “Desarrollo y Ambientalismo popular” surge como parte de la colección Construyendo Soberanía que busca una mirada colectivista frente al individualismo y la privatización como solución a cualquier problemática. “Se trata de instalar el ambientalismo desde el eje nacional y popular pero con una mirada actual”, aseguró. “El medio ambiente no es algo que se puede vender, es una casa común sobre la que hay que debatir y consensuar, con un punto de vista social y popular a la vez”.

La candidata a Secretaria de Medio Ambiente por la CTA Capital, Berenice Belmudes, también aportó desde su tarea como docente. “Este libro es una oportunidad para quienes saben que el ambientalismo es la lucha que se viene y en ese sentido, los docentes hacemos un trabajo desde hace años. Hay que recuperar y poner en valor el trabajo que hacemos las maestras con este tema, con un gran compromiso hacia el futuro”, remarcó. “A las maestras nos encanta ir a la cooperativa RUO, al ecoparque de la calle Yerbal, ahí se aprende mucho, porque está el ambientalismo hecho por los propios trabajadores y trabajadoras. Los docentes y los sindicalistas tenemos voces y muchas ideas para aportar. Estoy convencida de que la esperanza también se planifica, cada uno aportando desde su espacio y en este caso, la escuela es trinchera fundamental para la educación ambiental”.

En representación de Jóvenes por el Clima, Giuliana Romano también aportó su punto de vista sobre la importancia del debate que se genera a partir de libros como “Desarrollo y Ambientalismo popular” y dijo: “El nuestro es un movimiento juvenil y federal, presente en trece provincias argentinas, que cree en un modelo de país justo, soberano y sostenible. Para nosotros, la crisis climática forma parte de los Derechos Humanos y el ambientalismo atraviesa lo político, lo social y lo cultural y también tiene que pensarse desde la soberanía”. Y agregó: “Los jóvenes tenemos que sentarnos a la mesa de discusión e impulsar nuestras ideas porque somos los acreedores de la deuda ambientalista”.

Para concluir, Alejando Gianni destacó: “Aprendí junto a los recicladores y recicladoras de la cooperativa RUO que el trabajo fundamental que hacen es una actividad con distintas capas simbólicas y, más allá de lo técnico que implica saber cómo se recicla cada elemento encontrado en la basura, hay que considerar algo mayor y que es lo que decía el Papa Francisco: “el mundo es nuestra casa y hay que cuidarlo”. Eso nos permite pensar con otra lógica, la de hacer el bien son olvidar al otro, no competir por los mismos recursos porque eso implica destruir una hermandad que es la del hogar en común que tenemos todos y que es este mundo que habitamos. Esa es la mirada del ambientalismo popular”. 

  • Imagen
    Una crónica de Norman Petrich

Balcanización y federalismo: de la unidad nacional al provincialismo sin patria

31 Octubre 2026

Asistimos a un progresivo vaciamiento del sentido histórico del federalismo, tal como lo concibe nuestra formación nacional. Aquel federalismo que, bajo la conducción de José Gervasio Artigas, aspiraba a construir una gran unidad política de pueblos libres, con provincias autónomas pero unidas, sufrió un golpe decisivo en 1820. La derrota frente a los portugueses en Tacuarembó y el posterior enfrentamiento con Francisco Ramírez, su antiguo aliado entrerriano, precipitaron el derrumbe del proyecto político encabezado por Artigas y su exilio en Paraguay.

Sin embargo, la aspiración de organizar una Nación sobre bases federales no desapareció con la derrota del caudillo oriental. Persistió, con distintas expresiones y no pocas contradicciones, en figuras como Juan Bautista Bustos, quien desde Córdoba impulsó la organización constitucional de su provincia y promovió la reunión de un Congreso General para organizar el país; Pedro Ferré, quien desde Corrientes defendió la protección de las economías regionales y cuestionó el monopolio porteño de las rentas aduaneras; y el Brigadier Estanislao López, quien desde Santa Fe desempeñó un papel decisivo en los pactos interprovinciales que sentaron las bases políticas e institucionales de la futura organización federal argentina.

Para aquellos caudillos, más allá de sus diferencias y enfrentamientos, la defensa de la autonomía provincial no significaba renunciar a la construcción de una Nación común. Por el contrario, aspiraban a una organización nacional que reconociera los derechos y la participación de las provincias, en lugar de imponerles un poder central que decidiera por ellas.

Y allí reside una diferencia histórica fundamental. Aquel federalismo buscaba construir la unidad nacional sobre la autonomía de las provincias, frente a un centralismo porteño que pretendía subordinarlas. No aspiraba a perpetuar la fragmentación del país, sino a superarla mediante una organización política común. Hoy, en cambio, asistimos a la degradación de aquel proyecto histórico en un federalismo meramente defensivo, donde cada gobernador se limita a resguardar los intereses inmediatos de su provincia, negociar recursos en la Casa Rosada, intercambiar apoyos políticos por concesiones presupuestarias y levantar sus propias barreras frente al poder central, sin la más mínima idea de Nación que dé sentido al conjunto. En el último tramo de nuestra historia política, en ausencia de un proyecto nacional capaz de integrar el territorio, la economía y los intereses del conjunto, la autonomía provincial perdió progresivamente su sentido histórico hasta quedar reducida a una estrategia de extorsión y supervivencia política. Aquello que históricamente contribuyó a construir la unidad de la patria se convirtió, por falta de un horizonte nacional compartido, en un factor de su propia fragmentación.

Juan Bautista Bustos, un legado a contramano

Si la dirigencia partidaria cordobesa tuviera incorporada la verdadera dimensión geográfica y geopolítica de la Argentina bicontinental, acaso tendría la audacia de proclamar que Córdoba es el cerebro del país, pero difícilmente insistiría en llamarla su corazón.

El llamado cordobesismo, más allá de sus reconocibles méritos en materia de gestión y obra pública, y de haber constituido un dique político frente a los intentos del liberalismo nacional, en alianza con sectores del radicalismo provincial, de trasladar a Córdoba sus experimentos de ajuste y desmantelamiento del Estado, constituye una expresión particularmente reveladora de esta degradación histórica del federalismo.

Allí donde los viejos caudillos provinciales encontraban en la autonomía el punto de partida para disputar la organización de la Nación, el provincialismo contemporáneo, en cambio, parece haber convertido a Córdoba en el punto de llegada de sus ambiciones políticas. La provincia deja de pensarse como protagonista de una tarea nacional todavía inconclusa y pasa a concebirse como un fin en sí misma. Así, la defensa de sus recursos, la negociación de sus intereses y la conservación del poder provincial terminan desplazando aquella vocación histórica de proyectarse más allá de sus fronteras para contribuir a la organización y transformación de la Argentina.

De este modo, el cordobesismo no supera al centralismo porteño, sino que constituye su reverso provinciano. La contradicción de este federalismo sin destino nacional es que termina confundiendo la defensa de Córdoba con la renuncia a transformar la Argentina y, con ello, limita la posibilidad de proyectar toda la potencia política, económica y social de la provincia hacia la construcción de un proyecto nacional. Más aún, esa posición meramente defensiva termina imponiéndole a Córdoba un desgaste permanente, obligándola a disputar por separado recursos y condiciones de desarrollo que encontrarían una solución más sólida y duradera en el marco de una política nacional de integración. Así, en su afán de preservar los intereses provinciales, termina perdiendo de vista que la mejor manera de fortalecer a Córdoba es contribuir a construir una Argentina capaz de potenciarla.

Hay aquí una enseñanza de Perón que conserva toda su vigencia. En 1974 advertía que a niveles nacionales, nadie puede realizarse en un país que no se realiza. De la misma manera, a nivel continental, ningún país podrá realizarse en un continente que no se realice. Esa misma lógica vale para una comunidad y también para nuestras provincias.

Esa comprensión de que el destino de una provincia está ligado al destino de la Nación no era, por cierto, ajena a nuestra propia tradición histórica. Mucho antes de Perón, ya estaba presente en la concepción federal de Juan Bautista Bustos. Ya en 1820, el brigadier impulsó desde Córdoba la reunión de representantes de las provincias para avanzar hacia una organización política común. Su preocupación no se agotaba en el gobierno ni en los intereses de Córdoba; comprendía que el destino de la provincia estaba ligado a la organización del conjunto del país.

Esta paradoja tiene una fuerza histórica muy singular. La autovía que une Córdoba con Río Cuarto lleva el nombre de “Gobernador Juan Bautista Bustos”, precisamente uno de los hombres que comprendió que la autonomía de Córdoba no tenía sentido histórico si no contribuía a la organización de la Nación. El cordobesismo reivindica su nombre en una obra que integra el territorio provincial, mientras que a su horizonte político hay que interpretarlo como el repliegue de aquella ambición nacional sobre los límites de la propia provincia. Bustos aspiraba a organizar la patria desde Córdoba; el provincialismo contemporáneo se conforma con administrar Córdoba dentro de una patria completamente desarticulada.

Esa lógica insular, además, choca de frente con el persistente centralismo porteño, que también piensa la Argentina desde una parcialidad y pretende convertirla en el todo. Así, provincialismo y centralismo terminan alimentándose mutuamente para su parcelación; uno se repliega sobre Córdoba mientras el otro confunde Buenos Aires con la Nación.

La balcanización silenciosa

En medio de la artillería de medidas antipopulares de los últimos gobiernos liberales, mientras buena parte de la dirigencia nacional y popular permanece enredada en sus capillas, internas y disputas de poder, estamos perdiendo de vista un peligro profundo, cuyas consecuencias pueden ser irreversibles; el avance silencioso de las condiciones económicas, políticas y culturales para la balcanización de nuestra patria. En la Argentina, la balcanización no supone necesariamente la aparición inmediata de nuevas fronteras internas, sino un proceso de desintegración económica, territorial y cultural, que comienza cuando las provincias dejan de reconocerse como partes de un destino nacional común, cuando sus recursos se subordinan a intereses externos y cuando la competencia regional reemplaza a la solidaridad federal. El peligro es que, mucho antes de dividirse en los mapas, la patria termine desmembrándose en la conciencia de los argentinos nacidos en cada provincia.

No hablamos de una división territorial inmediata, ni de un proyecto separatista formalmente establecido. Hablamos de algo peligroso y sutil; de un proceso histórico por el cual una nación va perdiendo los vínculos económicos, geográficos y espirituales que la mantienen unida, hasta que su propia fragmentación comienza a parecer natural, inevitable y, finalmente, conveniente.

Pero esta degradación del federalismo no se agota en las disputas por recursos o en el repliegue de cada provincia sobre sus propios intereses. Llevada al extremo, puede poner en cuestión la propia unidad nacional. Un antecedente revelador fue el de Alfredo Cornejo, quien en junio de 2020, siendo diputado nacional y exgobernador de Mendoza, planteó la posibilidad de que su provincia se convirtiera en un país independiente, aunque reconoció su inviabilidad constitucional. Aquella declaración, que alimentó el llamado Mendoexit, puede parecer una extravagancia, pero revela algo más inquietante; que la idea de fraccionar la Argentina en pequeñas repúblicas independientes haya comenzado a encontrar lugar en el discurso de dirigentes nacionales.

Provincia, Nación y liberalismo

El gobierno de Javier Milei, como antes el de Mauricio Macri, profundiza un proceso de fragmentación y enajenación del patrimonio nacional cuyos antecedentes se remontan a las rupturas históricas de 1955 y 1976, y que adquirió una nueva dimensión con el liberalismo menemista de los años noventa. Lo verdaderamente contradictorio es el papel del cordobesismo frente a ese proceso. Juan Schiaretti celebró la llegada de Macri al poder, cultivó una estrecha relación política con su gobierno y acompañó desde el Congreso muchas de sus iniciativas en el período 2015/2019. Con Martín Llaryora, frente al actual gobierno de Milei, persiste una contradicción semejante; se invoca la defensa de Córdoba para disputar recursos, mientras se apela a la gobernabilidad para justificar acuerdos con el poder central.

A las privatizaciones y al desmantelamiento de instrumentos estratégicos del Estado se sumó la reforma constitucional de 1994 durante el menemismo, que reconoció a las provincias el dominio originario de sus recursos naturales. Sin una política nacional que integrara esas riquezas en un proyecto común de desarrollo, se fortaleció una lógica de intereses y negocios provinciales, mientras se destruía la capacidad de la Nación para poner esos recursos al servicio del conjunto de los argentinos.

La concepción liberal del bloque antinacional mitrista no reconoce en la Argentina una comunidad histórica con un destino propio, sino un territorio disponible para los intereses del mercado mundial. Su horizonte no es la integración de la patria, el desarrollo de sus fuerzas productivas ni la conquista de su independencia económica, sino la subordinación de sus recursos, sus regiones y su trabajo a las necesidades del capital financiero internacional.

El caso de Córdoba, lastimosamente en nombre del Peronismo, resulta especialmente ilustrativo. Córdoba debe defender sus intereses, naturalmente, pero sin perder de vista que buena parte de ellos sólo pueden realizarse plenamente en una Argentina industrializada, productiva, integrada y soberana. Ese debería ser también el horizonte de su dirigencia política; poner la enorme capacidad económica, productiva y política de Córdoba al servicio de un proyecto nacional, en lugar de comprometerla en acuerdos circunstanciales que, bajo el argumento de la gobernabilidad, terminan respaldando políticas que debilitan el trabajo, la industria y la soberanía del país del que depende, en definitiva, el propio desarrollo de la provincia.

La colonización mental de nuestra dirigencia

Buena parte de nuestra dirigencia nacional y popular abandonó la formación de una conciencia nacional arraigada en la historia, la geografía, la geopolítica y las condiciones materiales de la Argentina. La política de construcción nacional y de inteligencia estratégica fue desplazada por el internismo, el tacticismo electoral, el reparto de posiciones y un pragmatismo que convirtió la conservación del poder en su propia finalidad. Desde la Nación hasta los municipios, la política de círculo fue sustituyendo a la estrategia de largo plazo. Ya nadie piensa en el país a 20, 40 o 50 años, ni incorpora la geopolítica como disciplina fundamental para comprender nuestros propios procesos políticos y el lugar de la Argentina en el mundo. Y en ese ejercicio de pequeñas ambiciones, nuestra dirigencia fue perdiendo no solamente la capacidad de interpretar el país, sino también la de reconocer su propia ignorancia. Aunque el pueblo conserva, muchas veces con mayor profundidad que sus representantes, una conciencia nacional elemental y poderosa que no necesita tratados de geopolítica para afirmar en clave soberana que las Malvinas son argentinas.

Pero la soberanía no se ejerce con declaraciones patrióticas. Requiere Fuerzas Armadas nacionales, profesionales, democráticas y equipadas; una política de defensa sostenida; industria militar, naval y aeronáutica; ferrocarriles, cielos, espacio, puertos, comunicaciones e infraestructura para integrar nuestra inmensa geografía. Exige conocer, vigilar y defender el Atlántico Sur, desarrollar nuestra presencia antártica y comprender culturalmente la dimensión marítima y bicontinental de la Argentina. Sucede que la cultura mitrista nos enseñó a reconocernos en las penas y las vaquitas de la pampa exportadora, mientras relegaba de nuestra conciencia nacional la inmensidad del mar y la cordillera. Lo cierto es que no hay soberanía efectiva sobre aquello que una nación no conoce, no comunica, no produce ni tiene capacidad de defender. Sin embargo, estas cuestiones apenas aparecen en la agenda pública cuando tragedias como la del ARA San Juan nos recuerdan la magnitud de lo que hemos descuidado.

A este abandono contribuyó también un prejuicio antimilitarista, particularmente arraigado en ciertos sectores del progresismo académico, militante y gubernamental, que puede reconocerse como una herencia del dispositivo cultural de desmalvinización desplegado desde 1982. Bajo la legítima condena a la dictadura, terminó instalándose una mirada que confunde integralmente y sin distinción a las Fuerzas Armadas con el terrorismo de Estado y que, al reducir Malvinas a la aventura de Galtieri y a nuestros combatientes a la condición de “los chicos de la guerra”, desdibuja su carácter de causa histórica de la Nación. Una mirada que, además de empobrecer nuestra comprensión del pasado, erosiona la autoestima nacional y nos priva de reconocer en nuestra propia historia los ejemplos de heroísmo, liderazgo y coraje que también la constituyen.

La Argentina no termina en la cordillera ni en las costas de Buenos Aires. Es una Nación marítima, bicontinental, cuya integración territorial y demográfica sigue siendo una tarea histórica inconclusa. Malvinas compromete nuestra presencia en el Atlántico Sur, nuestra plataforma continental, nuestros recursos y nuestra proyección antártica. No puede quedar reducida a una conmemoración culposa del 2 de abril. Y cabe preguntarse cuánto de todo esto forma parte de la preparación de nuestros cuadros políticos, de los dirigentes cuyos nombres conocemos y, fundamentalmente, de las nuevas generaciones de cuadros que necesitamos formar e incorporar a la vida nacional.

Una política pequeña para una gran Nación

No alcanza con denunciar las medidas antipopulares ni con hacer el inventario cotidiano de nuestras desgracias. La Argentina necesita recuperar el entusiasmo de una conciencia nacional a la altura de su geografía, de su pueblo y de su historia. Una cultura malvinera, antártica, marítima, fluvial, andina, federal y bicontinental, que se exprese en industria, ciencia, defensa, infraestructura, producción, educación e integración territorial. En definitiva, volver a concebir la política como instrumento de construcción de la Nación y no como un oficio para conquistar y conservar el poder, ni mucho menos como un negocio personal cada vez más rentable. Porque la balcanización no comienza cuando se trazan nuevas fronteras internas, sino cuando se pierde la conciencia de las existentes y del destino histórico que las reúne. Una provincia que se piensa al margen de las demás, una dirigencia que desconoce la dimensión de su propio país y una política que sustituye el proyecto nacional por la administración de intereses particulares van preparando, acaso sin advertirlo, las condiciones de una patria débil y fragmentada. Y si en los próximos diez o veinte años continuamos por ese camino, el peligro no será solamente una Argentina más pobre, desigual y dependiente, sino una nación cuya eventual desintegración haya dejado de parecer inconcebible.

La Nación que debemos volver a pensar

Cuánta falta hace, en estos tiempos de estrechez política y extravío nacional, recuperar aquella concepción de conjunto que, desde la empresa emancipadora de San Martín y las luchas de los caudillos federales por la organización nacional, atravesó buena parte de nuestra historia y encontró una expresión decisiva en Julio Argentino Roca y los hombres más representativos de la Generación del 80. No se trataba de proyectos idénticos ni de una continuidad sin conflictos, pero en todos ellos, desde perspectivas y circunstancias diferentes, estaba presente una preocupación que hoy parece haberse debilitado; la construcción de la Nación.

Con todas sus contradicciones y los límites históricos de su obra, la dirigencia de 1880 comprendía que la Argentina era una Nación por organizar, no una simple reunión de provincias ni una prolongación territorial de Buenos Aires. Había que resolver la cuestión de la Capital, federalizar Buenos Aires, dar forma definitiva al Estado nacional, consolidar un Ejército nacional, comunicar las regiones, organizar los territorios nacionales, establecer instituciones comunes y convertir una vasta geografía en un espacio político efectivamente integrado. En Roca existía, además, una extraordinaria concepción política del espacio. Comprendía que la frontera interior no era simplemente una línea que debía defenderse, sino un problema territorial cuya resolución modificaría la posición geopolítica de la Argentina. Su mirada trascendía los límites de las provincias y vinculaba la ocupación y organización del territorio con las comunicaciones, la producción, la defensa y las relaciones con los países vecinos. Había que afirmar la soberanía en la Patagonia, proyectar la presencia argentina hacia el Atlántico Sur y la Antártida, desarrollar una diplomacia capaz de resolver las controversias limítrofes y defender los intereses nacionales. En aquella concepción, la geografía no era un escenario pasivo de la política, sino una de las grandes condiciones materiales sobre las que debía construirse el destino de la Nación.

Aquellos hombres, con todos sus desaciertos, pensaban en la Nación que debían construir. Buena parte de nuestros dirigentes, en cambio, parece haber reducido sus ambiciones a conservar la porción de poder y el minuto político que le ha tocado administrar. Casi un siglo y medio después, seguimos discutiendo el centralismo porteño, las deformaciones del federalismo y la integración efectiva de nuestro territorio, cuando la propia geografía nacional nos exige elevar la mirada hacia una Argentina mucho más extensa y compleja; marítima, austral, antártica, sudamericana y bicontinental. La generación que debía completar aquella obra histórica corre el riesgo de no comprender siquiera la dimensión del país que ha recibido en herencia.

La historia argentina nos enseña que la unidad nacional no fue un regalo de la geografía, sino una conquista política, atravesada por luchas, sacrificios y profundas controversias. Sería una amarga ironía que, después de dos siglos de esfuerzos por construirla, termináramos resignándola no por la fuerza irresistible de un enemigo exterior, sino por la pequeñez de una dirigencia que, de tanto disputar el espacio y el poder, perdió de vista la Patria y su horizonte histórico.

El gobierno de Javier Milei, como antes el de Mauricio Macri, profundiza un proceso de fragmentación y enajenación del patrimonio nacional cuyos antecedentes se remontan a las rupturas históricas de 1955 y 1976, y que adquirió una nueva dimensión con el liberalismo menemista de los años noventa.
  • Imagen
    Miguel Forte

El sociólogo que pedalea

30 Octubre 2026

Había dos formas de salir de las clases de Miguel Ángel Forte y Lucas Rubinich en el aula 100 de la vieja sede de Marcelo T. de Alvear: enamorado para siempre del virus de la sociología, o huyendo en pánico por las escaleras atestadas de afiches.

Durante más de cuatro décadas, la UBA albergó en esa aula a un docente sin pose de estatua académica. Un hombre que cruza la ciudad en bicicleta, frena en cualquier esquina de Buenos Aires, desenfunda el teléfono y graba un video para sus alumnos que concluye siempre con una consigna frente al desencanto. Estudiar, pensar, resistir y no aflojar.

Hijo del célebre pintor expresionista y figurativo Vicente Forte, en la mirada del sociólogo parece sobrevivir cierta sensibilidad plástica heredada: después de dejar la titularidad de su cátedra a inicios del 2024, encuentra otra forma de seguir dando clases. Exdirector de la carrera de Sociología y referente en el estudio de la modernidad, el autor utiliza los marcos teóricos para desmontar las evidencias con que la sociedad suele ocultarse a sí misma. “Cinco clases de sociología” se ofrece como una caja de herramientas para voluntades sensibles e inquisitivas; para quienes intuyen que detrás de la superficie cotidiana hay una trama oculta.

En el prólogo, Rubinich formula el horizonte de esa invitación con vocación de manifiesto: “Sin lugar a dudas una mínima biblioteca debe albergar algunas de las obras de los clásicos de la sociología. Deben ser leídos (...) Son indispensables para quienes son estudiantes o profesionales, pero también pueden serlo para cualquiera que se haga preguntas por el mundo concreto en el que vive, para cualquiera que posea sensibilidad social y curiosidad cultural”.

La apuesta de Forte es devolverles a los clásicos algo de su vitalidad. En sus clases, Weber, Durkheim, Simmel, Gramsci y Marx dejan de ser nombres propios de un programa universitario para convertirse en herramientas con las que mirar el presente. Aparecen la jaula de hierro y el desencanto del mundo de Weber, la anomia de Durkheim, la fugacidad y la melancolía que Simmel encuentra en Baudelaire, las relaciones entre hegemonía y cultura en Gramsci. Y también vuelve aquella advertencia de Marx en “El 18 de Brumario de Luis Bonaparte”: las circunstancias históricas pueden hacer que un personaje mediocre y grotesco termine ocupando el centro de la escena. 

Marx, Durkheim, Weber, Simmel y Gramsci son parte del recorrido, pero no se trata sólo de volver sobre los clásicos. Hay una pregunta que atraviesa las clases y llega hasta el presente: ¿qué mantiene unidos (o separa) a los individuos en las sociedades latinoamericanas? ¿Cómo hacemos para acostumbrarnos a formas de vivir, trabajar, desear y juzgar que, de tan incorporadas, terminan pareciéndonos naturales? 

Esta ciencia aparece como una manera de interrumpir la familiaridad con el mundo (y por eso también es vapuleada), es una manera de reconocer que las cosas que organizan nuestra vida tienen una historia, responden a determinadas relaciones sociales y podrían haber sido de otra manera. Es ahí donde el microscopio sociológico de Forte encuentra una experiencia bastante común y le pone nombre: la tragedia de la cultura, como la llamó Simmel. Inventamos cosas para vivir mejor y después tenemos que aprender a vivir con ellas. La tecnología nos ahorra tiempo, aunque después no sepamos muy bien qué hacemos scrolleando una pantallita hace dos horas. Producimos conocimientos, objetos, instituciones; después, todo eso crece, se multiplica, adquiere sus propias reglas y empieza a quedarnos grande. Simmel vio en esa distancia entre lo que producimos y lo que podemos apropiarnos una de las contradicciones de la modernidad. 

¿Para qué sirve todo esto? La pregunta ineludible de una época obsesionada con el rendimiento. Por lo pronto, para cambiar el eje: ¿somos libres si tenemos que convertirnos en nuestra propia empresa? ¿Por qué debemos demostrar todo el tiempo que merecemos el lugar que ocupamos? ¿Por qué algunas injusticias parecen inevitables y algunas alternativas, imposibles?

Placas rojas

Forte tampoco reserva esa manera de mirar para el aula. En Facebook prolonga sus clases, aunque con otros recursos: publicaciones que buscan provocar el pensamiento y, de vez en cuando, la polémica. Algunas tienen la contundencia de una placa roja de televisión. En su muro conviven los pronósticos sobre la política internacional —”Los levantamientos en España, Francia e Irlanda serán capitalizados por las respectivas ultraderechas”—, las consignas en defensa de la educación pública, las evocaciones de juventud —”Ustedes son muy chicos, pero supo estar de moda Gastón Bachelard”— y la cultura popular: la hinchada de San Lorenzo resistiendo bajo la lluvia o la expectativa de que Messi vuelva a aparecer en nuestras vidas, esta vez del otro lado de una pantalla. “Esperaremos la entrada de Messi en la cancha, aunque no faltará algún refutador de leyendas que te dirá que no juega más”.

En ese muro conviven Marx y Messi, Bachelard y San Lorenzo, la universidad pública y los pronósticos sobre el futuro político de Europa. No parece haber demasiadas jerarquías entre esos materiales. Quizás ahí también esté Forte dando una clase: en la posibilidad de encontrar conexiones donde otros ven mundos separados.

Por eso la bicicleta es una buena imagen para pensar a Forte. Pedalear es avanzar sin dejar de buscar el equilibrio. Y moverse por la ciudad exige algo más que voluntad porque hay que leer las señales, calcular distancias, esquivar obstáculos, estar atento a los movimientos de los otros y, en ese sentido, la calle nunca es solamente de uno.

El libro de Forte no viene a tranquilizarnos con respuestas. Su apuesta es volver menos evidentes algunas certezas, devolverles a las palabras su historia y preguntarse por las relaciones que las hicieron posibles. Afuera, la ciudad sigue apurada. Forte pedalea, las preguntas también.

*Maricel Cioce (ICA-UBA) es socióloga de la cultura, docente y escritora.

Miguel Ángel Forte es sociólogo y profesor universitario. Fue Profesor Titular Regular Plenario de Sociología General en la UBA, y director de la Carrera de Sociología y de la Maestría en Ciencias Sociales de FLACSO. Publicó, entre otros libros, “Sociología, Sociedad y Política en Augusto Comte” (Eudeba, 1996) y “Modernidad: Tiempo, Forma y Sentido” (Eudeba, 2015). Es autor de numerosos artículos en publicaciones argentinas y extranjeras.

Cinco clases de sociología. Forte, Miguel Ángel. Aurelia Rivera Libros, Buenos Aires, 2026. PVP: $24.000.- | 124 páginas.

  • Imagen
    Eduardo Di Cola
ELECCIONES 2027

Eduardo Di Cola: “Muchos confunden unidad con lista única”

30 Octubre 2026

Eduardo Di Cola, abogado, militante peronista, y ex diputado nacional y senador provincial por Córdoba, analizó diversas cuestiones de actualidad política, en particular la situación del peronismo.

Di Cola dialogó el sábado 24 de octubre con "Más o menos bien" (Radio Con Vos, sábados de 18 a 20hs). A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“Las reuniones, indudablemente, generan una expectativa favorable porque son un principio de ordenamiento interno que el justicialismo está necesitando frente a la propuesta del gobierno nacional. Creo que son pasos importantes. Es cierto que produce un poco de ansiedad, pero también es cierto que nosotros tenemos que tener en cuenta que, hace tan solo poco más de 2 años, terminamos un gobierno que no cubrió las expectativas que se habían generado cuando se asumió. Como siempre digo, muchas veces, peor que perder una elección es tener un gobierno que de alguna manera no llega a cubrir la expectativa que se había generado”.

“El peronismo necesita ordenarse. Hay que ponerse de acuerdo, definir candidaturas a través de la voluntad popular. Las PASO son la herramienta. La unidad debe consolidarse sobre dos pilares: uno, ponernos de acuerdo sobre lo que hay que hacer hacia el futuro; y segundo, poner en claro las reglas de juego para definir las listas y las candidaturas, de tal manera que terminemos con estas listas únicas que no tienen nada que ver con la unidad y que generan candidaturas precisamente a espalda de lo que la sociedad está reclamando o quiere”.

“Muchos confunden unidad con lista única, que se genera a partir de acuerdos cupulares que muchas veces no terminan expresando lo que la sociedad, o parte de la sociedad, expresa y genera disconformidad. De tal manera, la unidad es ponerse de acuerdo en las reglas de juego”.

“El peronismo de Córdoba tiene que ser nuevamente protagonista dentro del peronismo nacional como lo fue en el pasado. No puede ser un mero espectador de lo que el movimiento nacional decida. En ese sentido, vamos a jugar y aportar al esquema que se vaya generando desde el peronismo nacional, evitando cualquier debilitamiento con terceras líneas, como las experiencias que en el pasado se hicieron, por ejemplo, con Juan Schiaretti”.

URL de Video remoto
  • Imagen
    Playas de Brasil
    Playas de Brasil

Cómo mantenerte seguro al viajar por Sudamérica

30 Octubre 2026

Viajar por Sudamérica te permite descubrir una enorme diversidad de paisajes, culturas y tradiciones, además de vivir experiencias que recordarás toda la vida.

Ya sea que recorras las grandes avenidas de Buenos Aires o disfrutes de la música y la vida nocturna de Cartagena, sentirte seguro te ayudará a disfrutar cada momento y explorar tu destino con mayor tranquilidad.

A medida que conozcas nuevos lugares, es posible que te encuentres con situaciones desconocidas. Sin embargo, planificar con anticipación y mantenerte alerta te permitirá afrontar estos retos con calma y confianza.

Prepara todo antes de salir de casa

Antes de viajar, consulta las recomendaciones oficiales y las alertas de seguridad de cada país. Las condiciones pueden cambiar, por lo que conviene revisar la información actualizada de fuentes gubernamentales y organismos de turismo para conocer los riesgos específicos de cada destino.

Una vez que hayas elegido los lugares que quieres visitar, consulta guías de viaje, foros online y medios de comunicación locales para conocer mejor cada zona. Quizá descubras un barrio tranquilo para pasear al atardecer o una playa frecuentada por familias. Esta información te ayudará a evitar sorpresas desagradables y a calcular mejor los tiempos de traslado entre destinos.

Consulta con un profesional de la salud especializado en medicina del viajero para saber qué vacunas necesitas. La fiebre amarilla, la hepatitis y otras enfermedades pueden representar riesgos en determinadas zonas de Sudamérica, dependiendo del país y las actividades que tengas previstas.

Aunque las grandes ciudades suelen contar con hospitales y clínicas bien equipados, en las localidades pequeñas y las zonas rurales el acceso a los servicios médicos puede ser más limitado. Ponerte al día con las vacunas antes de viajar puede ayudarte a prevenir problemas de salud durante tu estancia.

Prepara un botiquín de primeros auxilios con medicamentos para molestias comunes y otros artículos básicos que puedas necesitar. Así estarás mejor preparado, tanto si haces senderismo por la selva, recorres los Andes o simplemente descansas en la playa.

Adopta medidas para prevenir robos y estafas

Lleva contigo solo el efectivo que necesites para el día y guarda el resto en un lugar seguro de tu alojamiento. Evita llamar la atención con joyas llamativas o dejar objetos de valor a la vista. Antes de salir, utiliza un gestor de contraseñas para proteger tus cuentas y considera una vpn cuando te conectes a redes Wi-Fi públicas, especialmente si necesitas acceder a información personal.

Estos hábitos pueden reducir el riesgo de robos y fraudes relacionados con tus datos personales, para que puedas concentrarte en disfrutar de tu viaje con mayor tranquilidad.

 

Elige medios de transporte seguros

Infórmate sobre las aplicaciones de transporte que funcionan en tu destino y comprueba cuáles son las más confiables. Muchos viajeros prefieren utilizar taxis oficiales o empresas de autobuses reconocidas, sobre todo cuando llegan tarde por la noche. También puedes optar por servicios de transporte compartido recomendados por otros viajeros o por tu alojamiento, siempre que sean opciones verificadas y seguras.

Elegir un medio de transporte confiable te ayudará a reducir el estrés y te permitirá concentrarte en conocer a la gente local y disfrutar del paisaje durante el trayecto.

Aprende de los habitantes locales

Aprovecha las comidas, las compras y las conversaciones cotidianas para hablar con la gente del lugar. Muchas veces descubrirás recomendaciones que no aparecen en las guías turísticas. Los habitantes pueden sugerirte un festival con música tradicional, recomendarte un restaurante poco conocido o advertirte sobre zonas que es mejor evitar al anochecer.

Escuchar sus consejos te permitirá adaptar tus planes y descubrir experiencias inesperadas. Además, mostrar interés genuino por la cultura local puede dar lugar a conversaciones enriquecedoras e incluso a amistades que duren mucho más que el viaje.

 

Lleva contigo solo el efectivo que necesites para el día y guarda el resto en un lugar seguro de tu alojamiento. Evita llamar la atención con joyas llamativas o dejar objetos de valor a la vista. Antes de salir, utiliza un gestor de contraseñas para proteger tus cuentas y considera una vpn cuando te conectes a redes Wi-Fi públicas, especialmente si necesitas acceder a información personal.
  • Imagen
    Paolo Sorrentino
    Paolo Sorrentino
CINE

Europa se marchita en La Grazia de Paolo Sorrentino

29 Octubre 2026

A Roma sólo Roma ha sojuzgado

Hacia el ocaso de su presencia, Mariano de Santis se ahoga en una encrucijada ética: darle o no el ok al proyecto de ley de eutanasia capitaneado por su hija, Dorotea. Ella, de hastío patente desde el comienzo de la película, puebla el despacho de su padre con los borradores que él rechaza una y otra vez.

El futuro encandila a de Santis. Impotente, piensa patológicamente en su casta viudez, en su correcta carrera de juez y en su discreto derrotero político. Lo único que lo arranca de la abulia es el enigma que le legó su difunta mujer hace más de 40 años: un misterioso desliz confesado a medias. ¿Quién fue su amante? El magistrado ejemplar falla en su caso más importante.

Los niños, el mañana de la república, no son materia legislable en la Italia de de Santis, y su hogar es una réplica en miniatura de aquella. 

Es como si la patria se terminase en él. Padre, juez, presidente, pero no abuelo: el hijo emigró a Hollywood para componer jingles, más redituables que la amada ópera de su padre, y la hija carga con una soltería inquietante que, como una brasa, arde en el corazón de su relación. Al igual que su hermano, saltará del viejo barco en busca de un Dorado no muy preciso, pero sin dudas vital.

Las contradicciones que el proyecto de ley de eutanasia desata en el alma de Santis encuentran su epítome en el momento en el que debe decidir el destino de su caballo enfermo. Postrado en el piso, el animal agoniza bajo la atenta mirada de su amo. Todos alrededor piensan lo mismo, incluso de Santis, pero este rechaza la muerte y ordena la vida. 

Tumba de sí 

Luego del fallido intento de asesinato al Zar en 1866, Dostoievski escribió esto:

“Pero, ¿cómo se puede combatir al nihilismo sin libertad de palabra? Aun si a ellos, los nihilistas, se les diera toda libertad de palabra, aun así sería mejor; harían reír a toda Rusia con la explicación positiva de sus enseñanzas. Mientras que hoy se les atribuye la apariencia de esfinges, de enigma, sabiduría, secreto, y esto fascina a los que no tienen experiencia”. 

Europa se marchita y hay quien lo explica. 

Para dar forma al diagnóstico, ficciones como El mago del Kremlin (2022) aportan las caricaturas para nutrir la lengua de la prensa y de la academia. Con menos artilugios que el Huxley de Eminencia Gris, Giuliano da Empoli compone un guión guyritchiesco que lleva a escena fantasmas de papel mojado e intrigas sibilinas. 

El poder, en estos términos, es una eterna maquinaria imposible y anestesiante para los comunes.

No obstante, ahí está Dostoievski para recordarnos que debajo de la capucha de los magos y monjes hay apenas nada. Los viejos entuertos renovados.

Sorrentino, por su parte, evita la comodidad frívola del periodismo noir. En de Santis, en sus hijos y en sus dilemas, logra cifrar la impotencia continental.

El hallazgo de la película consiste en la acertada representación del poder que propone, condensada en una dirigencia política apática, cuyo arquetipo es un presidente que lleva el apodo de “hormigón armado”. 

Mote que, para insistir con las correspondencias entre de Santis y su Italia, también cabe para los exteriores. En La Grazia, el afuera es el museo de un cementerio en cuyas tumbas y mausoleos moran los vivos: esa multitud envejecida y protocolar que espera el ingreso a la ópera; esos peatones poco afectos a la albertísima tramoya que monta de Santis al pasear su fracaso en una arteria romana.

La parquedad europea no soporta fricciones. 

El alma de de Santis, tampoco. 

Por eso no tolera el protagonismo que le da el poder; por eso concluye que es mejor soltar el timón y recluirse en su departamento para disfrutar de una tana pizza… Mientras Roma aún lo permita.

  • Imagen
    CESAC Soldati
    CESAC Soldati

¿De qué seguridad estamos hablando?

28 Octubre 2026

El martes 20 de octubre, a primera hora de la mañana, dos personas encapuchadas ingresaron al CeSAC 24, conocido en Villa Soldati como la salita de Carrillo. Saltaron un cerco y entraron por una puerta de emergencia, justo cuando comenzaba la jornada laboral. Robaron insumos y pertenencias perdonales y agredieron violentamente a dos trabajadoras de enfermería. Una recibió un golpe en el pecho. Ambas se sintieron profundamente violentadas; afortunadamente, se encuentran bien.

En el otro extremo del establecimiento, efectivos policiales custodiaban otro acceso. Sin embargo, recién tomaron conocimiento de lo sucedido una vez que el hecho ya había ocurrido.

Lo ocurrido nos enfrenta a preguntas necesarias: ¿qué significa hablar de seguridad? ¿Alcanza con que haya presencia policial? ¿Qué se protege cuando esa presencia no logra evitar que se produzca una situación como esta? ¿De qué seguridad estamos hablando cuando quienes sostienen cotidianamente un espacio de cuidado quedan expuestas a la violencia?

El CeSAC 24 no es solamente un edificio público. Es una institución fundamental para Villa Soldati, un lugar al que los vecinos se acercan en busca de atención de salud, escucha, acompañamiento y respuestas. Es también un espacio que construye lazos, sostiene vínculos y forma parte de una red comunitaria indispensable para la vida del barrio. Lo que allí sucede no afecta únicamente a quienes estaban presentes: interpela a toda una comunidad.

Frente a lo ocurrido, las y los trabajadores convocaron a las autoridades, realizaron una asamblea y recibieron la visita del comisario de la Comuna 8, junto con el abrazo de personas de otras instituciones y vecinos. Dos días después volvieron a reunirse para reflexionar colectivamente sobre lo sucedido. A partir de estos encuentros, también comenzaron a organizar una respuesta comunitaria.

El jueves 29 de octubre, desde las 8 de la mañana, se realizará una caravana que partirá del CeSAC 24 y llegará a al comedor Las Gemelas, donde, a las 10, comenzará un posta de salud. La iniciativa expresa una decisión política y colectiva: frente a la violencia, encontrarse, acompañarse y sostener los espacios que hacen posible el cuidado en el territorio.

En el ámbito legislativo también se impulsó un pedido de informes al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para conocer las circunstancias del hecho, las condiciones de seguridad del centro de salud y las medidas preventivas previstas. La iniciativa incluye, además, la posibilidad de evaluar una mesa de trabajo con los trabajadores y los vecinos. Son acciones necesarias para esclarecer lo sucedido y exigir respuestas institucionales.

Ahora bien, lo ocurrido en Villa Soldati no puede analizarse de manera aislada. La pregunta por la seguridad en un centro de salud también nos lleva a una discusión más amplia sobre el accionar de las fuerzas de seguridad en la Ciudad de Buenos Aires y sobre el modelo de protección que se promueve desde el Gobierno porteño.

Asistimos a reiteradas situaciones de violencia institucional contra quienes se movilizan para defender sus derechos, contra trabajadores de la economía popular y contra quienes habitan los barrios populares. Las imágenes de represión, persecución y hostigamiento se vuelven parte de una escena cotidiana. En nuestros barrios, las llamadas tormentas negras también expresan una forma de intervención estatal de intimidación y avasallamiento, en vez de garantizar derechos.

En este contexto, también es necesario preguntarnos cómo se construye socialmente la idea de seguridad y qué sentidos se promueven desde el discurso público. Se monta un espectáculo mediático destinado a convencer a una parte de la sociedad de que perseguir, reprimir y expulsar es cumplir con la ley y garantizar el orden.

Pero ¿de qué orden hablamos? ¿De una ciudad que reconoce a sus habitantes como sujetos de derechos o de una que parece imaginar un muro alrededor de la avenida General Paz, mientras acorrala a los habitantes de las villas en sus propios barrios?

Esta forma de entender el orden social entra en contradicción con una concepción de la seguridad basada en la garantía de derechos. Porque si la respuesta a los conflictos consiste en perseguir, segregar y expulsar, la pregunta ya no es solamente cómo se protege a la población, sino también quiénes quedan fuera de esa protección.

La seguridad no puede construirse sobre el miedo, la persecución ni la vulneración de derechos. Tampoco puede limitarse a la presencia policial una vez que el conflicto ya estalló. Necesitamos preguntarnos por las causas, por las condiciones sociales que atraviesan a nuestras comunidades y por las responsabilidades políticas e institucionales que suelen quedar fuera de escena.

Discutir qué seguridad queremos implica también revisar qué entendemos por proteger y cuidar. Desde esa perspectiva, una institución de salud no es solamente un edificio que debe ser custodiado: es un espacio de encuentro, de cuidado y de construcción de vínculos. Una escuela no es únicamente un establecimiento que debe permanecer protegido: es también un lugar donde se construye ciudadanía. Un barrio no es un territorio que deba ser controlado: es una comunidad que necesita condiciones dignas para vivir, encontrarse y desarrollarse.

Construir otras formas de seguridad requiere, entonces, fortalecer las condiciones que hacen posible el cuidado colectivo. Cuando la violencia irrumpe en estos espacios, no alcanza con buscar respuestas individuales ni con reforzar la vigilancia. Necesitamos construir respuestas colectivas que permitan abordar los conflictos, recuperar la confianza y fortalecer las redes comunitarias.

Esto no significa desconocer la gravedad de los hechos ni renunciar a la responsabilidad del Estado de garantizar la seguridad. Significa discutir cómo debe hacerlo, con qué políticas y bajo qué principios. Porque garantizar seguridad también es garantizar el acceso a la salud, la educación, la vivienda digna y las condiciones materiales que permiten construir una vida en comunidad.

En ese camino, la palabra ocupa un lugar fundamental. Allí donde hay violencia y vulneración de derechos, necesitamos poner palabras. Nombrar lo que sucede, habilitar la escucha y construir espacios para elaborar colectivamente aquello que nos duele y nos preocupa.

La comunicación también es una práctica de cuidado. Permite que circule la palabra, que las experiencias individuales encuentren un sentido colectivo y que nadie tenga que atravesar en soledad aquello que nos afecta como comunidad. Comunicar no es solamente transmitir información: es encontrarnos, reconocernos y construir herramientas para transformar aquello que nos lastima.

Frente a la violencia, el abrazo simbólico, la organización y la presencia comunitaria no son gestos ingenuos ni respuestas menores. Son formas de construir un tejido social capaz de sostenernos, defender nuestros derechos y disputar los sentidos que se imponen sobre nuestros barrios.

Todo esto nos devuelve a la pregunta que atraviesa esta reflexión: ¿qué seguridad queremos? ¿Una seguridad que confunda orden con obediencia, protección con vigilancia y justicia con castigo? ¿O una seguridad que garantice derechos, cuide a quienes cuidan y reconozca a los habitantes de los barrios populares como sujetos de derecho y protagonistas de las políticas públicas?

La pregunta no es solamente quién nos protege. También es cómo nos cuidamos, qué Estado necesitamos y qué comunidad queremos construir.

La salida es colectiva. La seguridad también debe ser un derecho.

* Contacto del autor: Instagram: @laurentzandriessen

 

 

Todo esto nos devuelve a la pregunta que atraviesa esta reflexión: ¿qué seguridad queremos? ¿Una seguridad que confunda orden con obediencia, protección con vigilancia y justicia con castigo? ¿O una seguridad que garantice derechos, cuide a quienes cuidan y reconozca a los habitantes de los barrios populares como sujetos de derecho y protagonistas de las políticas públicas?