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CINE Y POESÍA

Destellos del poema: sobre la película "Hospital Británico"

18 Octubre 2026

Yo me evado de lo excesivamente claro, me rompo en cada imagen. Héctor Viel Temperley 

Gloria Peirano y Gustavo Fontán son antes que nada lectores y desde allí se posicionan para pensar y dirigir Hospital Británico, una preciosa celebración a la poesía de Héctor Viel Temperley. En el prólogo de la película, la voz en off de Fontán relata de qué modo llegó a sus manos el último libro del poeta nacido en 1933: en forma de regalo y declaración de amor a un nombre, a un hombre, a un poema. La lectura de los versos de Viel –que durante la película se suceden encarnados por la suave voz en off de Peirano- une desde entonces a dos para siempre.

La película se propone hacer regresar las primeras veces de una experiencia lectora radical, es decir, el encuentro iniciático con el libro Hospital Británico que, más adelante en el tiempo, se cifrará en otros y nuevos lectores, como en una cadena o, más cerca del imaginario del poeta, un rosario para rezar con otrxs.

Podemos imaginar a Viel escribiendo Hospital Británico en cama, con la cabeza vendada tras una sesión de rayos, sacado del mundo y vecino a la muerte, en el momento final donde, dicen los que escaparon de la Parca, se agrupan uno tras otro todos los recuerdos en un viaje alucinado. El poema publicado en 1986, recordemos, tiene un cuerpo extenso y desmembrado, abierto, y contrasta fuertemente con los primeros escritos del poeta, de formas más rígidas, versos rimados y métrica regular.

La imagen prototípica del cuerpo de varón vigoroso en contacto con distintos elementos de una naturaleza pampeana y onírica es central en su obra, pero hacia el final de su vida la expansión del cuerpo ocurre hacia adentro, en el éxtasis de la comunión. A la vez, los versos centrales de Hospital Británico recuperan para sí, como en una auto observación y retrospectiva, voces de libros anteriores que, parecidas a semillas, viajan a lo largo y ancho, hacia arriba y abajo, por cielo y tierra. Nada ni nadie queda sin ser tocado por la voz lírica del poema y por eso mismo transformado. Están elegidos por esa voz. Tocados están, ¿vueltos locos, extranjeros de sí?

Los objetos y seres aparecen sin bordes en este viaje fílmico que construyen Peirano y Fontán, mostrados bien de cerca o movedizos. Planos primerísimos donde los colores predominantes -verdes, amarillos, ocres y blancos- están filtrados por una pátina lechosa que fertiliza la imagen hasta volverla extraña, puro destello. O bien en fuga para esconder sus contornos y dar a conocer sus texturas. Piedras, arena, girasoles, espuma, hojas de árboles, vidrio, cortinas de tela traslúcida, sábanas y agua de mar son, por un lado, reconocidos en acercamientos que los agigantan y, a la vez, desfasados de su estatismo por agitaciones repentinas hasta el mareo, de, por ejemplo, un tren en movimiento o los espasmos del viento. Como una aparición, cada tanto pasa un caballo de margen a margen de la pantalla. 

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hospital britanico pelicula

 

La experiencia estética nos puede modificar, conmover y transformar para siempre. ¿Cómo la lectura de un poema cambia la forma de las cosas y una vez que la lectura decanta, ya no será igual lo mirado? El mundo y sus seres vuelven a nacer gracias al poema. Esa idea potente de renacimiento del mundo trae consigo Hospital Británico, poema y película, a esta altura intercambiables. Así los caballos, las rocas, el color verde y el sol, adelgazan sus atributos habituales para incorporar significados connotados. Después de atravesar la fricción revitalizante del lenguaje, ya no serán lo que eran, hipótesis que como espectadores corroboramos al escuchar la experiencia de otros lectores que también han sido “tomados” por Viel.

Los lectores además son peregrinos, representados por Julián López, Teresa Arijón, María Mascheroni, Mercedes Araujo, Andi Nachon y Alicia Genovese, quienes van en busca del poema para ser tocados por él: van de a uno por el sendero, el corredor verde (¿el camino hacia la misa del poema que nunca llega?); se detienen en un punto al encuentro de qué; caminan y, porque caminan, cuentan; cuentan qué les hizo la lectura de ese poema hondo y complejo. El ojo de la cámara decide perder luego sus cuerpos, dejarlos a un lado, para que nos concentremos en las voces y lo que ellas tienen para decirnos, compartir la experiencia vivificante de la lectura del poema, pasarnos esa pasión, su sangre. Porque nunca dejan de sumarse fieles a este culto.

En los últimos minutos de la película, ya lejos del paisaje del afuera, unos hombres apurados caminan llevando palanganas por los corredores ¿de un convento? ¿de un hospital? ¿el Pabellón Rosetto? Suena el himno medieval Puer Natus in Betlehem. ¿Van a comulgar? ¿A cuidar a un enfermo o moribundo bajo las aspas del ventilador? ¿A buscar al hombre del torso desnudo sobre las matas de pasto? La escena es elocuente y nos da a pensar que para existir necesitamos de otros seres que nos brinden el don de su tiempo y cuidado, una pasión para ser felices incluso en las situaciones más adversas.

Funciones de Hospital Británico

Todos los miércoles de octubre a las 20.30 h en el Centro Cultural Leonardo Favio, Río Cuarto, Córdoba.

Del 22 al 25 de octubre en el cine Select, La Plata, Buenos Aires.

Del 22 al 28 de octubre en Córdoba.

Del 5 al 11 de noviembre a las 19.45 h en la sala 3 del cine Gaumont, CABA.

Ficha técnica

Guión y dirección: Gloria Peirano y Gustavo Fontán

Producción: Hain Cine, Papu Curotto y Andi Nachon

Cámara y Foto: Lara Seijas

Sonido: Andrés Perugini

Montaje: Mario Bocchicchio 

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    Libro Cultura menemista

"Cultura menemista": los años 90 y la complicidad de los intelectuales

18 Octubre 2026

El último libro de Margarita Martinez: Cultura menemista. Buenos Aires en los noventa (Fondo de Cultura Económica), se desarrolla desde dos tesis fuertes. La tesis menor pretende constatar la continuidad cultural que existe entre el antes y el después de la crisis del 2001, negada por el imaginario posterior. La tesis mayor denuncia la complicidad de los “intelectuales” con respecto a la globalización forzosa que se nos impuso, con sus disfrutes, aberraciones e injusticias, todo entremezclado.

Hace años que vengo creyendo que todavía vivimos bajo el “encanto” de los años 90, aunque todos nos hayamos quedado afónicos de escribir contra lo nefasto de esa era, la liquidación impune del Estado y la creación de proyectos barriales privilegiados, como Palermo o Puerto Madero, a los que Martínez les dedica muchas páginas sabrosas.

Años en los que se inventó un deseo virósico, el deseo de consumir que nivelaba para bajo el juicio frente a cualquier mercancía que se ofertase, sea obra de arte o souvenirs —objetos que terminaron de hecho confundiéndose.

Lo que Martínez demuestra es que intelectuales de muy variado tipo, los que escribían en los suplementos del diario Clarín, los que escribían en los suplementos del diario Página/12, compartían prejuicios y objetivos. Y que no estaban lejos de los objetivos del gobierno.

En la perspectiva de Margarita, los medios hegemónicos de la clase media y del progresismo ilustrado no solo acompañaron esa postmodernización forzada a la que fueron sometidas la por entonces Capital Federal y su población. Los medios culturales fueron también actores pedagógicos fundamentales en esta transformación: “era necesario que el público masivo fuera “educado” en el sentido de nuevos valores estéticos”.

Hasta acá, todo bien. Ahora, Martínez da un paso más, pues algo que es usual entre los denunciadores de siempre, escatimar nombres, acá no sucede, y así como deschava a personajes como Sergio de Loos, que escribía artículos anónimos en los que él mismo recomendaba sus propias marcas y sus fiestas (y no era el único en hacerlo), también sostiene que, entre varios otros, el fashion “Alan Pauls, asiduo entrevistado y colaborador del suplemento, promocionaba sin pudor las actividades de su por entonces esposa, Vivi Tellas”. ¡Qué pedagogía! Qué futuro el que deparaba ese pasado reciente.

Mientras se denuncia la pauperización general, se festeja la miseria, el desecho y la basura como elementos artísticos, desde Belleza y Felicidad hasta Eloísa Cartonera. Duro… como la realidad.

La tesis mayor denuncia la complicidad de los “intelectuales” con respecto a la globalización forzosa que se nos impuso, con sus disfrutes, aberraciones e injusticias, todo entremezclado.

En el mismo suplemento donde se aborrece la globalización y el “remate” del Estado, se anuncian locales de comidas exóticas e instituciones privadas que vendrán a solventar aquellas prácticas o espacios que el Estado abandona, desde la Fundación Antorchas hasta el Club del Vino de “Cacho” Vázquez.

Es cierto que en algunas páginas pareciera que no hay matices entre los denunciados, como si fuera lo mismo un modisto chatarrero que un poeta deconstruido: todos culpables. Y pensándolo bien, desde cierta perspectiva, tal vez no los haya.

Lo que parece perturbar a Martínez, lo que en una de esas debería perturbarnos a muchos, es el silencio y la amnesia que caracterizan a una clase social, la clase culturalmente hegemónica, la clase media porteña, que sobrevive lo más campante mientras los decorados entre los que ella disfruta se vienen abajo. También su sociedad se derrumba. Y parte de ella misma. La “fiesta” va cambiando de forma mientras se reproduce, hasta que le llega la hora de pagar. Todo se paga, se compra y se vende en esta sociedad in.

Siempre imaginé a Margarita Martínez como una intelectual prusiana a la que no se le escapa ningún error, que con su ojo certero revela los dobleces y (auto) engaños de cualquier discurso. No es a la década del noventa a lo que se juzga acá, sino a sus ideólogos —que muchas veces se camuflaban de enemigos.

Es bueno saber que siempre está la posibilidad en un futuro desvencijado de que un/a archivista devele los auto-engaños con los que los intelectuales de la clase media nos justificamos nuestros deseos e injusticias.

Ojalá que de ahora en más nadie duerma tranquilo sabiendo que la historia es menos complaciente con nosotros que nosotros mismos, y que espera ahí para juzgarnos. 

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    tEATRO Delfina
CARTELERA TEATRAL

Teatro: "Delfina", la salud mental, la infancia y el lenguaje

18 Octubre 2026

¿Cuánto de nuestra cordura depende de las reglas que compartimos con quienes nos rodean? Delfina se mueve en esos intersticios, allí donde las certezas se desarman y una realidad puede convivir con otra sin que exista necesariamente una frontera capaz de separarlas.

El delirio no aparece solamente como una ruptura con lo establecido, sino como una fuerza capaz de construir sus propias conexiones. Los acontecimientos se enlazan siguiendo una lógica que no siempre coincide con la que utilizamos para ordenar la vida cotidiana. Lo absurdo deja de ser aquello que carece de sentido y comienza a señalar los límites de nuestra propia comprensión. ¿Y si lo que llamamos delirio fuera también una manera de organizar el mundo cuando las coordenadas conocidas ya no alcanzan?

La salud mental aparece, así, lejos de cualquier explicación lineal. No se trata solamente de observar a un personaje ni de intentar descifrar qué sucede en su interior, sino de preguntarnos por los mecanismos con los que ordenamos el mundo y clasificamos aquello que se aparta de lo esperable. La locura suele funcionar como una frontera tranquilizadora: de un lado, quienes se consideran dentro de la realidad; del otro, quienes parecen haberla abandonado. Pero ¿qué ocurre cuando esa división comienza a tambalear? ¿Acaso la realidad que construimos entre todos está tan lejos del “absurdo” como nos gustaría creer?

Vivimos rodeados de convenciones, exigencias y relatos que aceptamos como naturales. Repetimos conductas, sostenemos certezas y nos acostumbramos a formas de existencia que rara vez ponemos en cuestión. En ese sentido, la locura no tiene por qué ser solamente aquello que le sucede a otro. También puede convertirse en una pregunta incómoda sobre nuestra propia manera de estar en el mundo. Si la realidad es una construcción que necesita ser sostenida, ¿qué sucede cuando sus piezas dejan de encajar?

En ese territorio aparece Ana, cuyos días transcurren en un hospital. Una carta que promete un reencuentro con su padre en los Alpes Suizos pone en marcha una búsqueda que la llevará hasta la selva amazónica. Sin embargo, el viaje pronto parece desbordar su objetivo inicial. La promesa del reencuentro abre un recorrido en el que la ausencia, la imaginación y aquello que no puede explicarse se entrelazan. Porque la ausencia no consiste únicamente en la distancia entre dos personas: puede convertirse en una presencia que organiza los días, alimenta la imaginación y condiciona aquello que todavía esperamos. Ana no puede encontrar un objeto presente. Por eso recurre a la fantasía, esta parece abrir un espacio para aquello que falta, una forma de construir una presencia allí donde la realidad impone una ausencia.

¿Cuánto de lo que hacemos responde al deseo de encontrarnos con alguien y cuánto a la necesidad de reparar aquello que quedó abierto? ¿Es posible reencontrarse con otro sin encontrarse también con lo que su ausencia dejó en nosotros?

La búsqueda de Ana tiene algo de fantasmagórico. Su destino parece desplazarse a medida que avanza, como si el viaje no pudiera reducirse a una línea recta entre el punto de partida y el de llegada. Los Alpes Suizos y la selva amazónica pertenecen a geografías distantes, pero en el universo de la obra esos territorios conviven dentro de una misma travesía. El espacio deja de ser un fondo sobre el que suceden las cosas y participa de la transformación de quien lo recorre. ¿Y si el destino no fuera un punto de llegada, sino aquello en lo que nos convertimos mientras intentamos alcanzarlo?

¿Y si lo que llamamos delirio fuera también una manera de organizar el mundo cuando las coordenadas conocidas ya no alcanzan?

En ese desplazamiento también se desdibujan las fronteras entre lo humano y lo animal. Las categorías con las que solemos ordenar el mundo pierden estabilidad y aquello que consideramos propio de nuestra especie deja de ser una certeza. ¿Qué nos vuelve humanos? ¿La razón, el lenguaje, la capacidad de reconocer al otro?

Cuando esas jerarquías se alteran, el mundo deja de responder a una distribución fija de los lugares y las identidades. Lo animal puede devolvernos una imagen inesperada de nosotros mismos, mientras lo humano revela aspectos que preferiríamos mantener ocultos. No se trata de invertir simplemente los términos, sino de poner en duda la seguridad con la que definimos cada uno de ellos. Si nuestras categorías pueden desarmarse, ¿qué queda de las certezas sobre las que construimos nuestra identidad?

Algo semejante sucede con el lenguaje. Las palabras deberían permitirnos comunicar lo que pensamos y sentimos, pero no siempre alcanzan para nombrar aquello que nos atraviesa. Hay experiencias que desbordan las explicaciones disponibles y vínculos en los que algo parece haberse perdido antes de que podamos reconocerlo. ¿Qué ocurre cuando ya no encontramos las palabras para decir lo que nos pasa? ¿Cómo se construye un vínculo cuando la comunicación falla, cuando cada uno parece habitar un mundo que el otro no termina de comprender?

El nombre Delfina también permite acercarse a la infancia, a ese tiempo en el que la imaginación y la experiencia no siempre necesitan distinguirse con precisión. Durante la niñez, un objeto puede convertirse en otro, una historia puede prolongarse fuera de sus páginas y un mundo entero puede aparecer en el espacio más pequeño. No hace falta explicar cada salto ni justificar cada transformación. La fantasía tiene sus propias reglas y, mientras dura, su verdad no necesita parecerse a la de los adultos.

Crecer también implica aprender a separar, ordenar y clasificar. Aprendemos qué es posible y qué no, qué debe tomarse en serio y qué pertenece al terreno de lo imaginario. Construimos una realidad compartida y, con ella, un repertorio de explicaciones que nos permite movernos sin tener que cuestionarlo todo a cada paso. Pero ¿qué perdemos en ese aprendizaje? ¿La capacidad de inventar otros mundos o la posibilidad de reconocer que el mundo que habitamos tampoco es el único que podríamos construir?

Los saltos entre una realidad y otra pueden leerse desde esa tensión. La infancia aparece como un territorio en el que las transformaciones todavía son posibles, donde las cosas no han quedado definitivamente fijadas a un significado. La fantasía no funciona necesariamente como una evasión: puede ser una manera de acercarse a aquello que la realidad vuelve difícil de soportar, de darle forma a una ausencia o de ensayar otras posibilidades cuando las conocidas ya no alcanzan. No necesariamente para escapar de lo que sucede, sino para encontrar una forma de atravesarlo.

¿Y si imaginar no fuera lo contrario de comprender, sino una de las maneras que tenemos de acercarnos a aquello que todavía no podemos explicar? ¿Y si el delirio no consistiera únicamente en perder una realidad, sino también en construir otra cuando la primera se vuelve insuficiente?

Delfina invita a permanecer en esa zona incierta sin apresurarse a resolverla. La salud mental, la ausencia, la infancia y el lenguaje se encuentran en un universo donde las fronteras pierden firmeza y las respuestas definitivas dejan de ser suficientes. La historia de Ana abre preguntas que exceden su experiencia individual y nos involucran en una discusión más amplia sobre la forma en que percibimos, interpretamos y compartimos el mundo.

Quizás no se trate de determinar quién está dentro o fuera de la realidad, sino de preguntarnos quién establece sus límites y qué sucede cuando ya no podemos reconocerlos. Si todos necesitamos construir alguna forma de realidad para vivir, ¿cuánto hay de imaginación en aquello que llamamos certeza? ¿Cuánto de absurdo en las reglas que aceptamos sin preguntar? ¿Y cuántas veces necesitamos saltar de un mundo a otro para seguir habitando el que nos toca?

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TEATRO DELFINA

Ficha técnico artística

Dramaturgia: Pilar Fridman
Actúan: Marina Artigas, Lola Banfi, Pilar Fridman, Marcos Medrano, Debora Nishimoto, Malena Resino, Antonella Saldicco, Miguel Sorrentino, Max Suen
Diseño de vestuario: Juan Hernández Daels
Diseño de escenografía: Martina Nosetto
Diseño De Sonido: Facundo Suasnabar
Diseño De Iluminación: JES TORTUL
Fotografía: Estrella Herrera
Diseño gráfico: Trini Azpiroz
Asistencia de vestuario: Lara Schottland
Asistencia de dirección: Valeria Santa
Prensa: Cecilia Gamboa
Community Manager: Lucía Gómez
Producción ejecutiva: Guido Turtula
Producción: Pilar Fridman, Guido Turtula
Dirección De Proyecto: Pilar Fridman
Dirección: Pilar Fridman, Guido Turtula
Web: http://www.instagram.com/obra.delfina
Duración: 75 minutos
Clasificaciones: Teatro, Presencial, Adultos

Espacio Callejón
Humahuaca 3759
Almagro - CABA 
Web: https://www.instagram.com/espacio_callejon/
Sábados a las 20:00 h - Hasta el 19/12/2026 

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    zivals

No al cierre de Zivals: actividades culturales para resistir la expropiación

18 Octubre 2026

Zivals, la tradicional y emblemática esquina de Callao y Corrientes está, desde hace un par de semanas, en el centro de la escena por una fuerte disputa con autoridades de la Ciudad por la modificación del proyecto para la futura Línea F del subte que contempla la expropiación del local y la construcción de una nueva estación en el predio que ocupa hace 55 años, ícono de la ciudad, que además cuenta con el mural dedicado a Charly García, realizado por Martin Ron.

En medio de la campaña de concientización que están llevando adelante, luego de hacer público el tema en redes y medios, desde la histórica disquería y librería anuncian la apertura de un nuevo sector que venían proyectando. “Inaugurar algo en este contexto también es un acto de resistencia”, dicen. Lejos de replegarse frente a la incertidumbre, Zivals decide ampliar su actividad cultural y abrir un nuevo sector destinado a muestras, presentaciones de libros y discos, intervenciones musicales en vivo, encuentros y actividades especiales para atesorar y compartir en comunidad.

Zivals ofrece una serie de actividades y una programación especial desde el martes 20 de octubre, día en el que recibirán la placa por la Declaratoria como Sitio de Interés Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (otorgado por la Legislatura de CABA y votado por unanimidad). Y para la semana del cumpleaños de Charly García habrá intervenciones artísticas especiales. Charly, una figura profundamente ligada a la identidad cultural de Zivals, que está presente en el gran mural realizado por el artista Martín Ron. Mural reconocido por la Legislatura junto a Zivals: "expresa una forma de resistencia cultural, de transmisión generacional y de compromiso con la circulación de bienes simbólicos". 

Participarán distintos artistas como Uberto Sagramoso, el histórico fotógrafo argentino conocido por tomar la emblemática foto de tapa del álbum Clics Modernos de Charly y retratar a grandes figuras del rock nacional, el jazz y la literatura, que inaugura una muestra de fotografías en el local. Además, presenta su libro, el escritor y dibujante Rep junto a Nico Cotta, con una propuesta especial que combinará literatura, dibujo y música, con DJ en vivo, a partir de su libro Charly Absoluto. Serán de la partida también Hilda Lizarazu y Lito Vitale que pasarán por Zivals dejando algunas de las maravillosas versiones de su álbum Hilda canta Charly (1 y 2). Y habrá otras intervenciones musicales para sorprender al público que transite por el local: Lidia Borda y Daniel Godfrid, la cantautora Gambo y el dúo de San Juan Lipp Suchen, entre otros. La esencia de este nuevo proyecto cultural es seguir aportando valor simbólico a la ciudad.

Después de más de medio siglo de trayectoria, Zivals continúa apostando a ampliar su vínculo con artistas, autores, músicos, lectores y público. Inaugurar este nuevo espacio es, también, una manera de reafirmar el deseo de seguir formando parte de la vida cultural de Buenos Aires. 

Para la semana del cumpleaños de Charly García habrá intervenciones artísticas especiales con Uberto Sagramoso, Rep, Nico Cotta, Hilda Lizarazu y Lito Vitale.

Zivals no está en contra del subte, solo piden ser escuchados. Las alternativas fueron presentadas al Ministerio de Movilidad e Infraestructura, pero hasta el momento no recibieron respuesta. "La solución es sencilla: correr 20 metros el acceso proyectado a la estación lo que permitiría preservar el local sin expropiar a nadie y sin modificar el trazado de la línea ni alterar el proyecto general. Las alternativas existen y garantizan la obra pública y, al mismo tiempo, preservan un espacio cultural con 55 años de historia. No estamos frente a una obra pública que necesita a Zivals para poder hacerse. Estamos frente a una obra pública que eligió hacerse sobre Zivals, teniendo alternativas más económicas, más funcionales y sin costos culturales", afirma Fernando Laviz, uno de los pilares de la familia Zivals.  

Un poco de historia

Fundada en marzo de 1971, Zivals fue una de las primeras tiendas del país en combinar música y libros bajo un mismo techo. Construyó desde sus inicios una propuesta que sigue siendo una rareza en el mercado local: la condición de "especialista en todo" con catálogo profundo en rock, tango, folklore, música clásica, jazz y música del mundo. En 2007 incorporó Acqua Records, sello dedicado a la música popular argentina con fuerte foco en el tango, hoy referencia obligada para coleccionistas dentro y fuera del país. Cuando a comienzos de los 2000 cayeron cadenas históricas como Musimundo y Tower Records, Zivals resistió y se consolidó como una de las últimas grandes tiendas físicas donde la música conserva un lugar protagónico. 

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    Expo Viva Frida
MUESTRA

Exposición "Viva Frida" en el Malba: vida y obra

18 Octubre 2026

El Malba festeja su 25 aniversario con una inauguración inédita en América Latina: la vida y obra de Frida Kahlo desde sus escritos más íntimos, hasta sus dolores viscerales y la génesis de la conformación de su arte; ese protagonista que la llevó a ser recordada hasta hoy.

La exposición “¡Viva Frida!” disponible hasta marzo de 2027, permite introducirnos en ese mundo que ella misma logró crear a través de sus vivencias. Esas obras, ligadas al surrealismo y a lo más profundo de su inconsciente, nos adentran en sus emociones, sus pensamientos y su manera única de vivir la vida.

Cuestiones que hoy están en disputa, para Frida ya estaban resueltas de antemano. Como gran conocedora de sus más profundos deseos, la artista logró que la vestimenta y su físico respondan a un sentir más allá de lo que su género marcaba para la sociedad. Desde la elección de sus propias vestimentas -ya sea un traje de hombre o polleras hasta el piso- hasta dejar su entrecejo definido y su bigote sin intervenir fueron parte esencial de la construcción de su identidad. Como ella misma lo ha dejado claro: “Del sexo opuesto, tengo el bigote y el rostro en general”.

En esa construcción de la identidad también estaban los colores. Esos colores estridentes que uno creería que ya eran natos de su persona, porque emanaba un origen. O más bien, su origen. Hija de un alemán y una mujer indígena -a quien esta última buscaba representar en sus polleras largas, sus flores en la cabeza y sus camisas particulares- es allí donde Frida logró combinar dos elementos: su latinidad proveniente de México y sus lazos sanguíneos con los pueblos originarios.

Del lado paterno adoptó el amor por la fotografía, posar frente a cámara y mostrarse tal cual era. Sin fingir. Sin mostrar algo que no le cabía en su cuerpo. Simplemente, ser Frida Kahlo. Fue su padre, el mentor que le enseñó el camino del autorretrato y que gracias a él convertiría su aprendizaje en el puntapié para desandar sus obras de arte que reflejaban una Frida en su completitud: doliente, sensible, reflexiva y amante de la naturaleza y la vida.

En lo terrenal de esa vida también se encontraban sus ideas, esas ideas ligadas al comunismo y a la revolución mexicana. Tan encarnadas a flor de piel que cambió su fecha de nacimiento, simbólicamente, por el año en que comenzó dicha revolución para ser hija de ese suceso histórico en su país. Eso también era Frida Kahlo. Parte de una colectividad, más que un ser individual en sí mismo.

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Expo Frida

 

“A pesar de mi larga enfermedad, tengo alegría inmensa de vivir” es una de las frases que más resuenan en la exposición del Malba a la hora de observar la decena de medicamentos que debía tomar, y cuántos corsets y piernas ortopédicas tenía que vestir, para mantenerse en pie y poder soportar los dolores por aquel accidente de autobús que fracturó su columna vertebral en tres partes y la dejó en cama por muchos años.

Sin embargo, eso no fue un obstáculo para que ella creciera en su carrera profesional. Al contrario de lo que podría creer el sentido común, nada de lo que Frida atraviesa en su vida -un aborto espontáneo, una amputación de pierna, una fractura que la inmoviliza de por vida, infidelidades de su gran amor y las luchas de su pueblo mexicano- detienen u obstaculizan la vida de esta artista, sino más bien ayudan a revertir la fórmula y transformar sus pesares en una magnífica obra de arte. De alguna manera, Frida consigue capitalizar su discapacidad, que lejos de ocultarla, la expone en cada dibujo y la hace partícipe de su representación en este mundo.

¿Cómo una artista de este calibre podría necesitar pies? Si su paleta de pintar y su pincel eran las alas suficientes para volar hacia donde ella quisiera. Una mujer que fue más allá de lo que su físico podía permitirle, porque tenía un corazón que se sobreponía a cualquier otra cosa. Incluso, a ella misma.

Es a través del dolor que Frida logra conectar con el arte. Y es a través del arte que Frida logra conectar con quienes la admiramos. Frida Kahlo hizo que sus experiencias individuales se transformasen en una construcción colectiva. En una empatía por el vivir del otro que solo se entiende al pararse frente de una de sus obras y observar, con el detenimiento que merecen, lo que cristaliza en la profundidad de su ser. 

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    Axel Kicillof_Daniela Morán
    Foto: Daniela Morán

Carta de Kicillof a la CGT por el Día de la Lealtad

17 Octubre 2026

A continuación, reproducimos la carta que envió el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, a la CGT, con motivo del Día de la Lealtad Peronista.

Compañeras y compañeros de la CGT:

A 81 años de aquel 17 de octubre que cambió para siempre la historia argentina, la lealtad a Juan Domingo Perón y Evita sigue viva en las luchas de la clase trabajadora, en la organización del movimiento obrero y en la defensa de las conquistas populares.

Estar hoy en la casa de los trabajadores, en esta sede que guarda la memoria de Perón y Evita y donde nuestra compañera eligió descansar, es rendir homenaje a esa historia y renovar un compromiso con el presente y el futuro de nuestro Pueblo.

Porque ser leales a aquella gesta es ser leales al trabajo, a la producción nacional, al desarrollo de nuestra Patria, a la soberanía nacional y a la justicia social. Es defender el derecho de cada trabajador y trabajadora a un empleo digno, a un salario justo y a vivir mejor. Es sostener que no hay desarrollo posible sin industria, que no hay soberanía sin capacidad de producir y que no hay una Argentina justa si la riqueza que genera su pueblo queda concentrada en unos pocos.

Hoy, frente a un Gobierno Nacional que ajusta a los trabajadores, destruye puestos de trabajo,· golpea a la industria y avanza sobre derechos conquistados con décadas de lucha, estas banderas adquieren una importancia fundamental. No podemos aceptar que el desempleo, el cierre de fábricas y la pérdida de derechos sean presentados como el precio inevitable de un modelo económico. La Argentina necesita producción, inversión, trabajo digno y un Estado que defienda los intereses nacionales.

En esta tarea, el movimiento obrero organizado es indispensable. Los hombres y las mujeres que desde sus organizaciones sindicales defienden cada puesto de trabajo, cada convenio colectivo y cada conquista expresan la continuidad de aquella lucha que nació en las calles el 17 de octubre. La hermandad de los trabajadores y la unidad del movimiento obrero son una fuerza fundamental para defender los derechos del pueblo y construir una alternativa de desarrollo nacional.

Nuestra historia también nos recuerda que los proyectos populares han enfrentado persecuciones y proscripciones. La situación de Cristina Fernández de Kirchner vuelve a poner en evidencia la importancia de defender la democracia y el derecho del pueblo a elegir a sus representantes.

Compañeras y compañeros, a 81 años de aquel 17 de Octubre, la pregunta es qué hacemos hoy con ese legado. La respuesta exige organización, solidaridad y unidad. Unidad de las trabajadoras y los trabajadores, del movimiento obrero organizado y de todos los sectores que queremos una Argentina con producción, desarrollo, soberanía y justicia social.

Desde la provincia de Buenos Aires asumimos esa responsabilidad todos los días, acompañando a quienes producen, defendiendo el empleo y enfrentando las políticas que perjudican a las mayorías. Sabemos que todavía hay mucho por hacer y que ninguna transformación profunda será posible sin la participación protagónica de la clase trabajadora.

La lealtad se demuestra con hechos. Lealtad al trabajo como fuente de dignidad; a la producción como motor del desarrollo; al desarrollo como horizonte de una Patria con futuro; a la soberanía nacional como condición para decidir nuestro destino; y a la justicia social como principio irrenunciable del peronismo.

Ese es el compromiso que nos reúne y que debemos renovar cada 17 de octubre: ser leales a nuestra historia, pero sobre todo, ser leales al pueblo trabajador.

Un fuerte abrazo peronista. 

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    Depredador

El depredador sangra

16 Octubre 2026

Cuando ganó Milei tuve un miedo que no era electoral ni ideológico, o que lo era, pero en un sentido más hondo y más doméstico: un miedo de madre. Yo empecé a militar en una Argentina en la que el Estado, para los pibes de mi generación, era la puerta de la comisaría y no la de la escuela, y pasé buena parte de mi vida adulta tratando de que esa puerta cambiara de lugar, de que el Estado volviera a ser reparo, inclusión, justicia, algo que te espera y no algo que te para. Por eso el miedo, aquella noche, tuvo una forma muy concreta: que mis hijas volvieran a ver en el Estado lo que yo vi a su edad, la puerta de la exclusión y de la represión. Ayer ese miedo dejó de ser una hipótesis. Mi hija vivió por primera vez la angustia de saber que una amiga suya estaba en medio de los gases y los palos, sufriendo su primera represión, y la estaba sufriendo por pedir algo tan obvio como poder estudiar. La vi con el teléfono en la mano, esperando un mensaje, y entendí que hay aprendizajes políticos que uno no elige para sus hijos y que igual llegan, como llega la fiebre.

Hay una pregunta que me quedó dando vueltas desde entonces y que creo que resume la época: cómo es que hoy hay que defender lo obvio. Que la universidad pública es un bien común, que un jubilado tiene que poder comprar sus remedios, que el que trabaja tiene que poder vivir de lo que gana, que nadie debería dormir en la calle. Durante décadas esas cosas formaron parte de un piso compartido, de un acuerdo tácito que atravesaba incluso a quienes se odiaban políticamente. Discutíamos cómo, cuánto, quién, pero no si. Lo que este gobierno logró, y hay que reconocerle la eficacia aunque nos espante, es convertir lo obvio en una posición militante. Defender la universidad pasó a ser "politizar". Pedir medicamentos pasó a ser "kirchnerismo". Y no es un capricho del vocabulario. Toman las palabras que nos permiten reconocernos colectivamente, las que nos atan a procesos históricos de ampliación y creación de derechos, y las convierten en malas palabras, en estigma, en insulto que se pronuncia con la boca torcida. Lo hacen porque saben que un pueblo sin identidad colectiva es un pueblo suelto, y un pueblo suelto no participa. La ecuación es tan vieja como eficaz: sin participación hay dominación, y con dominación se garantiza la expulsión de todos los que sobran en su modelo. Por eso resistir, organizarse y ser colectivo, desde la identidad que cada cual sienta como propia, es hoy una prioridad. No podemos regalarles el sentido de nuestras palabras. Y así, de a poco, el sentido común se fue corriendo hacia un lugar donde la crueldad parece realismo y la solidaridad parece ingenuidad o de estupidos.

Mientras tanto, la realidad avanza con la monotonía de lo que se repite todos los días. Cada día hay más personas viviendo en la calle, más jubilados sin medicamentos, más trabajadores y trabajadoras que se quedan sin trabajo, más familias endeudándose para comer, más pobreza. Y hay algo que me cuesta escribir: hace tiempo que UNICEF nos advierte que el suicidio es una de las principales causas de muerte entre nuestros adolescentes, y que golpea más fuerte allí donde faltan las instituciones y las personas que acompañan. Es una herida que viene de lejos, pero es justamente la herida que se agranda cuando el Estado se retira, cuando la escuela, el club, el centro de salud o el comedor dejan de ser lugares donde alguien te espera. Cada día el fin de mes se achica un poco más, y lo que nos ofrecen a cambio es un relato: que esto es el camino, que hay que atravesar el desierto para llegar a un país libre, que el dolor es una inversión. Pero el relato tiene una grieta enorme, y es que el sacrificio no es para todos. No es cierto que no hay plata, como repetía Milei con la convicción de un predicador. La plata está. Está cuando se timbea el oro de la Argentina, el de Londres y también el que dormía en las bóvedas del Banco Central, y la apuesta termina con un rojo de más de mil millones de dólares, mientras nadie sabe decir con certeza qué pasó con ese oro. Mil millones que no aparecen en ninguna planilla de Excel, que no tienen motosierra, que no le quitan el sueño a nadie en la Casa Rosada. La plata está, pero solo para un sector minoritario que desprecia la palabra solidaridad, que la escucha como un insulto, que construyó buena parte de su identidad en contra de ella. No es un ajuste: es una redistribución hacia arriba con música de épica.

Y entonces aparece, inevitable, la pregunta por lo que nos pasa a nosotros. Porque sería cómodo pensar que la degradación es algo que hace un gobierno y que el resto la padece. No es tan así. La degradación es una invitación, y lo más inquietante es la cantidad de gente que la acepta, a veces sin darse cuenta. Todos somos hacedores de lo que ocurre, por acción o por omisión: el que aplaude, el que repite la frase del odio en la mesa familiar, el que se ríe del chiste cruel, pero también el que decide que no vale la pena, que da lo mismo, que mejor no meterse. No lo digo con ánimo de tribunal. Lo digo porque esa responsabilidad compartida es, paradójicamente, la mejor noticia que tenemos: si somos parte de la degradación, también somos parte de lo que puede frenarla.

Hay una película que vi de chica y que en estos días me vuelve como una metáfora un poco brutal pero exacta. En Depredador, cuando aparece la criatura, parece algo extraordinario, invisible, imposible de vencer. Los soldados caen uno tras otro y el miedo se vuelve total. Hasta que uno de ellos ve que el depredador sangra. Y en ese momento cambia todo, porque si sangra, se lo puede vencer. Con la derecha de este tiempo nos pasó algo parecido: llegó con una potencia que parecía sobrenatural, con un lenguaje que no entendíamos, con una velocidad que nos dejaba siempre un paso atrás, y durante un tiempo largo una parte nuestra creyó que no había nada que hacer. Pero el depredador sangra. Sangra cuando la universidad llena las calles otra vez, sangra cuando tiene que reprimir porque ya no puede convencer, sangra cada vez que la realidad le gana al relato. La represión de ayer no es un signo de fortaleza. Es un signo de que ya no les alcanza con la palabra. Y la pobreza que crece, las deudas que crecen, los pibes que se quedan sin red, también se pueden vencer, porque no son un fenómeno natural sino el resultado de decisiones, y lo que se decide se puede deshacer.

Por eso creo que hay que discutir la idea misma de resistencia, que muchas veces escuchamos como sinónimo de derrota, como lo que se hace cuando ya se perdió. En la historia argentina fue siempre lo contrario. La resistencia fue la forma que tomó la victoria antes de llegar. Resistieron los trabajadores en el 45, el peronismo proscripto en el 55, resistieron las Madres dando vueltas a la Plaza, resistieron los desocupados de los 90 y los que en 2001 volvieron a juntarse cuando todo estaba roto. Ninguna de esas resistencias fue un final; todas fueron una antesala. Resistir hoy es parte del camino para volver a vivir en una Argentina donde el esfuerzo esté puesto en incluir y no en excluir. Y vale la pena decir qué entendemos por ganar, porque una victoria sin contenido es apenas un resultado. Ganar es que la gente vuelva a poder definir su propia vida, a proyectar un futuro que no se termine el día treinta, a imaginar algo para sí y para los suyos sin pedirle permiso a nadie.

Lo que no podemos permitir es que nos gane la desesperanza, porque la desesperanza es exactamente el combustible de este modelo. Un pueblo sin esperanza no se organiza, no marcha, no recuerda. Y lo que no podemos permitir, sobre todo, es que nuestros pibes se acostumbren. Que la amiga de mi hija piense que lo de ayer es lo normal, el precio razonable de pedir algo. Mi tarea como madre y como militante es la misma: que ese miedo no se convierta en resignación sino en memoria, y que la memoria se convierta en organización. El depredador sangra. Lo vimos ayer, en la calle. Ahora hay que animarse a creerlo.

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    Corazón anónimo

"Corazón anónimo", un cuento de Rodolfo Cifarelli

16 Octubre 2026

La humedad del delta se pegaba a las cosas y sus delirios como un sudario caliente. En el comedor de aquella vieja casa desterrada en una esquina oscura, el aire se consumía entre el olor a madera podrida, los azulejos rotos de la cocina y el polvo que flotaba denso, casi sólido. Afuera, estacionado bajo la sombra de los sauces, el Audi negro esperaba en silencio. La noche no traía alivio, sino el chantaje invisible de las jaurías del calor.

Valdivia, bajo y macizo, barajaba las cartas para un solitario sobre la mesita cubierta por un hule grasiento. El sudor le empapaba la camisa de seda negra y la cicatriz morada y fibrosa que le recorría el esternón. Al otro lado del comedor, confinada tras unos biombos gastados por orden del Jefe, se adivinaba la silueta de la Colorada. Augusto, un carnicero de Berisso, se la había comprado a la madre cuando apenas era una niña de catorce años; no mucho después, Augusto, de casi sesenta, murió, y la chica salió a fumar a la vereda de la casa funeraria y desapareció. Tenía entonces dieciocho años.

Hasta llegar a esa casona sombría había vivido y andado por muchos lugares, con muchos hombres, hasta que el Jefe, cuando ella tenía veintidós, la vio en un cabaret del bajo. La sacó del brazo, como a una novia, mientras Gamboa le apuntaba con un .32 a la cabeza del dueño del local. Sin embargo, dos o tres veranos después, la sumisión de la Colorada se había transformado en carne y traición junto a Gamboa, el segundo del Jefe.

—¿Me traés agua? —rogó la Colorada—. Me estoy cagando de calor.
Valdivia resopló. La orden del Jefe era tenerla ahí atrás, desnuda y sin recibir nada, pero cedió.
—No te muevas —le avisó.

Minutos después, regresó de la cocina y deslizó la botellita de agua fría por debajo del biombo. Ella bebió y esperó unos instantes para interrumpir el solitario de Valdivia. Entonces las palabras de la mujer se volvieron sutiles. Le habló de Gamboa, a quien el Jefe ya había mandado a despedazar por meterse en su lecho. Le habló de Cruz, el sicario que los había delatado. Nada que Valdivia no supiera.

—Así funcionan las cosas —dijo Valdivia, casi paternal—. Lo tendrías que haber pensado antes. Te equivocaste fiero, pendeja. Igual, ¿quién no se mandó una macana? ¿Querés la verdad? Esto es puro teatro. A él le gustan estas cosas; que uno lo espere. Para eso es el Jefe. No va a pasar nada.

Está caliente, nada más. Se enamoró de vos ni bien te vio. Yo estaba ahí. No sé si te acordás.

—Tenías puesto un saco de lino blanco y un pañuelo azul que te salía del bolsillo.
—«Parecés un fiolo panameño», me jodía Gamboa. El Jefe, también. «Dejate de joder, gordo, es mucha pilcha para este cabaret de cuarta».
—Eso es cierto, que me la mandé, me la mandé —dijo la Colorada y viró la conversación, con aparente descuido—: ¿No sabés de quién era el corazón que te pusieron hace diez años cuando el tuyo dijo basta?
—No me importa de quién era —dijo automáticamente Valdivia—. Ahora es mío. Y por ahora funciona.
—Tu Jefe quiso tenerlo —continuó ella, como sumergida en una cadencia hipnótica.
—No mientas, por favor.
—No, no miento. Él guardó tu viejo corazón. Lo pidió y se lo dieron. A él le gusta poseer los pedazos de todos nosotros. Me corta mechones de pelo, los quema en un cenicero, los huele. Me corta las uñas y se las come. Le gusta tomar mi pis.
—No seas asquerosa, che. Basta.
—Tu corazón está afuera.
—¿Afuera dónde?
—En el jardincito del fondo.
—No. No me jodas con eso.
—No te jodo. Él me lo dijo. Tal vez los perros ya lo encontraron.
—Por qué no me dejás tranquilo. Por favor…
—Él dice que lo que no se puede cortar no es real. Tampoco lo que no se puede penetrar, arrancar o romper. Estamos rodeados de cosas reales y cosas imaginarias.

A Valdivia no se le ocurría qué pensar. Estaba cada vez más confundido.
Dos golpes secos impactaron en la puerta principal. Valdivia preguntó quién era, le respondieron, pero igual abrió con la pistola en la mano. Cruz entró. El aire cambió con el frío de la muerte. Venía de ejecutar a Gamboa por órdenes del Jefe. Con sadismo, Cruz describió cómo el Jefe le había arrancado la lengua con una tenaza al traidor antes de que él le pegara un tiro en la nuca.

—No hace falta hablar de esas cosas —dijo Valdivia.
—Es lo que acaba de pasar —dijo Cruz, abriendo una lata de cerveza que había sacado de la heladera.
—No hace falta —insistió Valdivia.
—No sé —dijo Cruz, casi divertido—. Hablemos de los agujeros negros.
—No tengo ganas de hablar de nada —dijo Valdivia.
—Hablemos de los agujeros de esta pendeja puta —dijo Cruz—. «Coge como para matarte», decía el viejo.
—Mientras que vos, maricón, me querías coger a mí —escupió la Colorada desde las sombras—. Me dio la copia de la llave de su departamento la noche antes de delatarnos. Buscá en mi cartera, Valdivia. Un llavero con un osito blanco.
—En tu cartera habrá decenas de llaves —se rió Cruz—. Eso pasa por enamorarse de una puta. ¿No, Valdivia?
—¡Basta! —gritó Valdivia.
—Estamos en democracia, se puede hablar de lo que uno quiera —dijo Cruz.
—Yo estoy acá para esperar la llamada del Jefe —dijo Valdivia.
—El Jefe ya decidió —Cruz se sentó y liquidó la lata—. Debe estar ocupado con otras cosas.
La Colorada empezó a llorar.
—Hay que esperar lo que él diga —dijo Valdivia—. La palabra que vale es la de él, no la tuya.
Hubo un silencio. La Colorada no paraba de moquear.
—Antes la voy a agarrar yo —dijo Cruz.
—Vos no vas a agarrar a nadie —dijo Valdivia.
—¿Quién sos, gordo? ¿El Papa?
—La próxima vez que me decís gordo te cago a trompadas.
Cruz encendió un cigarrillo y exhaló el humo hacia el techo de vigas.
—Cómo te llegaste a juntar con todos estos, Valdivia —le preguntó la Colorada.
—Por lo mismo que te juntaste vos —respondió fríamente Valdivia—. Hay que vivir.
Sonó el celular de Valdivia.
—Sí, Jefe —dijo Valdivia y cortó.
Cruz miró a Valdivia, que asintió. El sicario derribó los biombos de un golpe y la Colorada quedó expuesta bajo la luz mortecina, completamente desnuda; con un brazo intentaba cubrirse los pechos y con la otra mano el pubis, pero sus ojos fijos en Valdivia eran una llamarada indomable. Cruz ya había sacado su pistola.
—No —le dijo Valdivia—. Yo me encargo.
Miró el cuerpo de la Colorada, la respiración agitada que hacía subir y bajar el pecho.
—¿Y? —lo apuró Cruz.
Valdivia amartilló el arma, la levantó, giró el caño y disparó a la sien de Cruz, que se derrumbó sin darse cuenta del último segundo que medió entre su mirada lasciva y la oscuridad total.
La Colorada ya no se cubría.
—Si me vas a matar, que sea acá —dijo avanzando un paso, dejando que la mirada de Valdivia recorriera cada línea de su vientre húmedo.
En la penumbra de su cabeza, Valdivia se descolgó de un trampolín hacia la nada.
—¿Dónde está mi corazón? —preguntó con la voz rota.
—Al costado derecho del único árbol, junto al alambrado —contestó ella sin parpadear—. Él me dijo que lo había puesto en un frasco con formol, dentro de una valija vieja.
—Ni se te ocurra salir, porque entonces sí te mato —le dijo Valdivia.

Salió al jardincito. Tomó una pala oxidada apoyada contra la pared de una pequeña casilla de madera y cavó en el lugar señalado. Encontró una bolsa de consorcio negra. Sus manos, torpes por la fatiga y el repentino dolor en el pecho, rasgaron el plástico. Adentro había una valija vieja. La abrió y descubrió una jaula metálica que resguardaba un envase de vidrio vacío. Arrancó la puertita de alambre y tomó el recipiente. Le quitó la tapa, olió e inmediatamente apartó la cabeza; la mezcla a podredumbre y formol le quemó las fosas nasales. Regresó a la casa, le mostró el objeto a la Colorada, que lo esperaba estática, de pie, magnífica y terrible en su desnudez, y luego lo estrelló contra la pared.

—Qué hizo con mi corazón —le preguntó.
—No sé.
—¡Qué hizo!
—¡No sé, te juro que no sé!
El calor de la habitación parecía haber alcanzado su punto de ebullición.
—Yo me voy —dijo él.
—Voy con vos —respondió ella sin dudar.
Valdivia dudó.
—¿Adónde? —le preguntó.
—A cualquier parte con mar —dijo ella.
—Y después, más lejos —dijo Valdivia, sintiendo por primera vez una libertad asfixiante—. Hay un monstruo ahí afuera y es más peligroso de lo que parece.

Encendió un cigarrillo. 

La Colorada le pidió otro con un gesto. 

Él se lo dio y se lo encendió.

La extraña serenidad que los unía se trizó de golpe. Los celulares de Valdivia y Cruz sonaron a la vez. El Jefe y alguno de sus sicarios llamaban desde la mesa de póker. Valdivia estrelló ambos teléfonos contra la misma pared donde había estrellado el frasco.

—Vestite, nena. Ya vienen por nosotros. ¡Rápido, carajo!

La Colorada corrió hacia la silla y se puso la ropa que Valdivia le había ordenado quitarse horas atrás: la bombacha, la remera, los jeans y las ojotas.

Recogió la cartera de un rincón en el piso, sacó el llavero y lo tiró contra el cadáver de Cruz. 

Antes de salir a la vereda, Valdivia tomó su viejo saco de lino blanco y lo echó sobre los hombros de ella para protegerla de un frío inexistente.

—Nadie nos va a encerrar de nuevo —le siseó Valdivia mientras arrancaba el auto.

La Colorada le apoyó una mano en la mejilla. El calor de su piel contrastaba con el frío helado que empezaba a envolver al hombre.

Las calles oscuras parecían estar esperando los faros del Audi. Hundió el acelerador y el vehículo, más que vibrar, devoró el empedrado. Ella cerró los ojos, entregada al viaje, mientras el viento del delta borraba el olor a pólvora y sangre de sus cuerpos. Subieron a la autopista y continuaron el viaje bajo un cielo espeso, desprovisto de estrellas. El rugido del motor era el único latido que gobernaba el vacío del mundo.

—¿Tenés miedo? —le preguntó la Colorada.

—No —respondió Valdivia sin desviar la mirada de la ruta.

Fumaban en silencio. El aire acondicionado adormeció a la Colorada, que se quedó con la boca entreabierta y el cigarrillo aún en los labios. El viento caliente que entraba contra la cara de Valdivia por la ventanilla baja era un contraste extraño. Una frontera entre una dimensión y otra de la realidad.
Una hora después, el indicador de combustible parpadeó en el tablero. Valdivia aminoró la marcha y desvió el auto hacia las luces mortecinas de una estación de servicio solitaria. El lugar parecía suspendido en el tiempo, una isla de cemento rodeada por la oscuridad del campo y el zumbido sordo de unos pocos fluorescentes parpadeantes asediados por los mosquitos. Detuvo el coche junto al surtidor. Un playero adormecido se acercó arrastrando los pies.

—Lleno, Jefe —dijo Valdivia con la voz ronca, sin terminar de bajar la ventanilla, manteniendo las manos cerca del acero oculto bajo la ropa.

El ruido del líquido fluyendo hacia el tanque se convirtió en una cuenta regresiva. La Colorada abrió los ojos y miró a Valdivia de reojo. A la luz blanca y cruda del playón, su piel y el saco de lino manchado cobraban un matiz fantasmal. Para ella, esa parada técnica no era un contratiempo; era la confirmación de la libertad. El tanque se llenaba para empujarlos hacia afuera del mundo conocido. 

Valdivia pagó con unos billetes arrugados, sin esperar el vuelto. El playero guardó el dinero con desgana. Valdivia arrancó y el Audi volvió a la negrura de la autopista, dejando atrás la última luz en varios kilómetros a la redonda.
Apenas una hora después, dos focos brotaron en el espejo retrovisor. Un motor ajeno taladraba la noche tras la cola del Audi. A medida que se acercaba los focos más los enceguecían.

—Nos encontraron, gordo —dijo la Colorada.

Valdivia no contestó. Hundió el acelerador a fondo. Pero el otro era un modelo nuevo. Los impactos y sus fogonazos impactaron la luneta trasera perforaron la chapa. Adelante surgió la rotonda como un animal esperándolos. Valdivia intentó rebajar la marcha, pero su Audi impactó de perfil, coleó y quedó enfrentado a los perseguidores. Tres sicarios bajaron tirando. Se mezclaron enseguida el estrépito de hierros retorcidos, el humo del radiador y la balacera ensordecedora. Un proyectil pesado dio limpio en la frente de Valdivia, lo congeló inmediatamente, soltó el volante mientras sus ojos apagados y a la vez abiertos parecían mirar fijamente el tablero.

La Colorada se agachó. Se desabrochó el cinturón de seguridad, le arrancó las dos pistolas a Valdivia y se deslizó por el asiento abriendo apenas abrió su puerta. Se encogió todo lo que pudo y se arrojó liviana al asfalto. Los esbirros avanzaron confiados. Creían que ella estaría doblado sobre Valdivia. Pero la Colorada emergió de la sombra del costado del auto y disparó por pura intuición, con un rencor de años madurado en la sangre que le dio precisión a los disparos.

El tirador que encabezaba el grupo cayó con un agujero en la cara. El segundo se arrodilló para responderle, pero las balas de la Colorada lo alcanzaron en la axila y el cuello. El último, con la femoral partida, suplicó clemencia arrastrándose y retrocediendo por el asfalto. Ella lo ejecutó con un tiro en el pecho. Después vació los cargadores contra el motor del coche enemigo.

No tardó en caer un silencio infinito sobre la carnicería. Solo se desplegaba en el aire el siseo de los radiadores rotos, el goteo constante de los fluidos sobre el asfalto, grillos a lo lejos, el canto quebrado de un pájaro volando hacia el norte. Nada más.

Ella miró durante unos instantes la cabeza destrozada de Valdivia. Lloraba mientras dejó caer lentamente, como si se estuviera desprendiendo la capa de piel principal, el saco de lino manchado. Luego se desvistió por completo y su piel pálida resplandeció bajo las estrellas.
Sin mirar atrás, dando la espalda a los muertos, la Colorada empezó a caminar por el medio de la autopista desierta.

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    Marcos Paz

Denuncian el traslado intempestivo de la cárcel de Devoto al nuevo penal de Marcos Paz

16 Octubre 2026

De forma intempestiva y sin previo aviso, se inició el operativo de traslado gradual de los 1502 internos del penal de Villa Devoto hacia el nuevo complejo penitenciario de Marcos Paz, construido en convenio entre Nación y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. La medida, denunciada por familiares y organismos de derechos humanos, fue confirmada y celebrada en redes sociales por la ministra de Seguridad de la Nación, Alejandra Monteoliva, que publicó: “Un paso más en el proceso de mudanza que vamos a hacer de manera gradual y planificada. Seguimos”, y remató con “Ley y orden”.

Cabe mencionar que el operativo se dio después de que el Papa León XIV anunciara su pronta visita a la histórica y sobrepoblada cárcel porteña, antes de tener que someterse a una intervención quirúrgica, lo cual puso en duda su llegada al país. Además, que se trata de un predio altamente codiciado por el negocio inmobiliario. El traslado fue llevado a cabo por el Comando Unificado integrado por las fuerzas federales, con la participación de la Policía de la Ciudad y la Policía Bonaerense en carácter de “invitados”.

A poco de conocerse la noticia, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) cuestionó la decisión y denunció que la medida se realizó de forma intempestiva y sin aviso previo a las familias de los internos, sus defensores y organismos de control. Desde el organismo, señalaron que no cuentan con precisiones sobre los tiempos, la modalidad ni el destino exacto de cada movimiento. Además, advirtieron que estos operativos no deben afectar la continuidad de los estudios universitarios que muchos internos cursan en Devoto ni romper los vínculos familiares.

Por otra parte, denunciaron que el vaciamiento responde a un objetivo de negocio inmobiliario con los terrenos de la cárcel en la Ciudad de Buenos Aires. “Los gobiernos incumplieron los compromisos que habían asumido en las conversaciones previas”, advirtieron, y agregaron: “Aceleraron los plazos y no se aseguraron que las instalaciones del nuevo penal estuvieran listas para recibir a las personas detenidas, garantizando camas y comida”. A su vez, remarcaron que tampoco se garantiza la continuidad de los estudios, ya que en Marcos Paz “no hay instalaciones preparadas”. Para peor, el antiguo predio quedó con “menos personal penitenciario, con poca infraestructura, sin visitas y sin actividades recreativas, laborales y educativas”.   

La Procuración Penitenciaria de la Nación (PPN), que debía hacer el seguimiento y control del traslado, no pudo entrar a Devoto ni a Marcos Paz. Tampoco le permitieron, a la PPN y al Comité Nacional de Prevención Contra la Tortura, hacer el monitoreo en el nuevo penal. La PPN presentó un habeas corpus, que acompañaron desde el CELS, pero lo rechazaron bajo el argumento de que no afecta los derechos de los detenidos ni, sin hacer ninguna visita ni monitoreo, se agravaban las condiciones. De esa manera, quedaron sin ninguna protección judicial.  

El CELS también se presentó como “amicus curiae” en el habeas corpus de la Asociación Civil de Familiares de Detenidos en Cárceles Federales, a quienes además de no darles información les suspendieron las visitas. Eso implica que a los detenidos “no les llega la comida que les envían las familias ni los elementos de higiene. Las ropas y el resto de sus pertenencias todavía no se las entregaron”, denunció el organismo.   

A lo largo del proceso, se hicieron presentaciones en distintos habeas corpus ya existentes en los juzgados de Daniel Rafecas, María Servini y Sebastián Casanello, por cupo y condiciones de detención, para que se constaten los lugares de estudio y sobre las obras en Marcos Paz. Por todos ellos había medidas pendientes que no fueron contempladas al acelerar el traspaso.  

En paralelo, en las comisarías de la Ciudad hay alojadas cerca de 2.200 personas en condiciones inhumanas, que no fueron contempladas aún en todo este proceso. Se prioriza el desarrollo inmobiliario. La mejora de la infraestructura penitenciaria es un avance. Sin embargo, el hermetismo con el que se realizaron los traslados, que se justificó en nombre de la seguridad, vulnera el derecho de las personas privadas de su libertad y de sus familias.

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    PAPA LEÓN
HISTÓRICA VISITA DEL PAPA

La visita del Papa reabre un largo debate en Uruguay

16 Octubre 2026

La llegada de León XIV a Uruguay, prevista para noviembre, trasciende el acontecimiento religioso. La visita del pontífice vuelve a poner sobre la mesa una discusión que atraviesa la historia política del país: qué significa ser una nación laica y cuáles son los límites de la relación entre el Estado y las instituciones religiosas. Entre el 6 y el 8 de noviembre, y si su salud se lo permite, el Papa León XIV visitará Montevideo, Paysandú y Florida.

Durante su estadía mantendrá una reunión privada con el presidente Yamandú Orsi y participará en distintas actividades oficiales y pastorales.

Será la primera visita de un pontífice a Uruguay desde el viaje de Juan Pablo II en 1988.

El gobierno presentó la llegada como un acontecimiento de relevancia nacional, más allá de las creencias de cada ciudadano.

La Iglesia, por su parte, destacó el carácter pastoral del viaje y su potencia para transmitir un mensaje de esperanza.

Sin embargo, el acontecimiento también invita a examinar una característica que Uruguay ha construido durante más de un siglo: la separación institucional entre el Estado y la religión. La cuestión no consiste en determinar si un Papa puede visitar un país laico.

La pregunta es otra: cómo se articula una visita de estas características con una tradición política que hizo de la independencia del Estado respecto de las confesiones religiosas uno de sus rasgos distintivos.

Una separación construida a lo largo del tiempo

La laicidad uruguaya no surgió de un día para otro. Fue el resultado de un proceso histórico en el que confluyeron transformaciones políticas, reformas educativas y disputas sobre el lugar de la Iglesia en la vida pública.

Durante el siglo XIX, la religión católica ocupaba un lugar privilegiado en la organización institucional del país.

La Constitución de 1830 reconocía a la religión católica apostólica romana como la del Estado.
Con el avance de las ideas liberales y las reformas impulsadas durante las décadas siguientes, esa relación comenzó a modificarse.

El proceso de secularización adquirió especial impulso durante el período de José Batlle y Ordoñez.
La separación entre el Estado y la Iglesia se consolidó constitucionalmente en 1918, cuando se estableció que todos los cultos religiosos eran libres y que el Estado no sostenía religión alguna.

Ese principio permanece en el artículo 5 de la Constitución vigente. La transformación no se limitó a una disposición jurídica.

La secularización también se expresó en la educación pública, en la regulación de distintas prácticas sociales y en la construcción de instituciones que dejaron de depender de la autoridad religiosa. Con el tiempo, la laicidad se convirtió en uno de los componentes reconocibles de la identidad política uruguaya.

Sin embargo, esa tradición no significa que la religión haya desaparecido de la sociedad ni que las instituciones religiosas deban quedar excluidas de toda manifestación pública.

Laicidad no significa ausencia de religión

Una de las confusiones habituales consiste en interpretar la laicidad como una obligación de mantener cualquier expresión religiosa fuera del espacio público.

Pero la separación entre el Estado y las confesiones religiosas no implica prohibir las creencias ni restringir su expresión.

La laicidad supone, ante todo, que el Estado no adopte una religión oficial ni establezca privilegios políticos en función de la fe.

También exige garantizar la libertad de conciencia y el ejercicio de los distintos cultos, así como el derecho de quienes no profesan ninguna religión a vivir de acuerdo con sus convicciones.

Desde esa perspectiva, la visita del Papa no representa por sí misma una contradicción con el carácter laico de Uruguay.

León XIV no llegará únicamente como máxima autoridad de la Iglesia católica, sino también como una figura de relevancia internacional.

El encuentro con el presidente y la recepción oficial forman parte de una agenda institucional que puede convivir con la autonomía religiosa del Estado.

La discusión aparece al examinar el alcance de esa relación: ¿cómo garantizar que el reconocimiento institucional de una figura religiosa no se confunda con la adhesión del Estado a sus creencias?
La clave está en distinguir entre el reconocimiento diplomático y el respaldo a una confesión particular.

Una tradición que sigue vigente

La laicidad constituye uno de los rasgos distintivos de la tradición política uruguaya. Sin embargo, no es una conquista cuyo significado permanezca inalterable: las sociedades cambian y las instituciones deben adaptar sus prácticas sin renunciar a la neutralidad estatal. La visita del Papa ofrece una oportunidad para pensar ese equilibrio.

Para los católicos será un acontecimiento religioso de especial relevancia: para otros ciudadanos, podrá tener interés político, cultural o diplomático.

Una sociedad laica debe garantizar que todas esas posiciones puedan convivir sin que ninguna creencia se convierta en condición para ejercer plenamente la ciudadanía.

La llegada de León XIV no pone en cuestión por si misma la separación entre el Estado y la Iglesia. El desafío, más de un siglo después de su consagración constitucional, sigue siendo garantizar la libertad sin comprometer la autonomía estatal ni los derechos de quienes profesan otras creencias o ninguna.

Fuentes de referencia

    • Constitución de la República Oriental del Uruguay, artículo 5. IMPO: https://www.impo.com.uy/bases/constitucion/1967-1967/5

    • Presidencia de la República. Anuncio oficial de la visita y declaraciones del canciller Mario Lubetkin y del cardenal Daniel Sturla: https://www.gub.uy/presidencia/comunicacion/noticias/uruguay-recibira-papa-leon-xiv-noviembre-visita-incluira-reunion-presidente

    • Ministerio de Relaciones Exteriores. Agenda oficial del viaje, publicada el 21 de septiembre de 2026: https://www.gub.uy/ministerio-relaciones-exteriores/comunicacion/comunicados/agenda-oficial-visita-del-papa-leon-xiv

La laicidad constituye uno de los rasgos distintivos de la tradición política uruguaya. Sin embargo, no es una conquista cuyo significado permanezca inalterable: las sociedades cambian y las instituciones deben adaptar sus prácticas sin renunciar a la neutralidad estatal. La visita del Papa ofrece una oportunidad para pensar ese equilibrio.
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Ricardo Ragendorfer atraviesa un difícil momento y necesita nuestra ayuda

16 Octubre 2026

El querido periodista e investigador Ricardo Ragendorfer, quien como pocos sacó a la luz miserias y corrupciones del aparato represivo del Estado, está en tratamiento por una enfermedad. Su familia informó que tiene dificultades visuales que le impiden trabajar. Por eso, abrieron una cuenta bancaria para recibir aportes.

Un mensaje difundido el martes a la noche en redes sociales dice: “El querido amigo Ricardo Ragendorfer está en dificultades”. El texto explica que se encuentra en tratamiento con quimioterapia y, a su vez, tiene dificultades para ver, lo que le imposibilita realizar su trabajo cotidiano. A su vez, detalla que su hija Zoe y su expareja están a cargo de sus cuidados en este difícil momento.

El mensaje continúa señalando que “Patán”, como se lo conoce en el mundo del periodismo y los medios, “no tiene dinero ni ahorros, vive de lo que publica y ahora no puede trabajar”.  Solicita además que, al menos de momento, “no le manden mensajes” a su teléfono. En este contexto, la familia necesita la colaboración de quienes admiran y siguen su obra periodística. Para recolectar aportes, por pequeños que sean, abrieron una cuenta en el Banco Provincia con el alias PATAN.RAGENDORFER (CBU 0140004503400451222012 - CUIL 27-43085157-3).

“Patán” Ragendorfer tiene una larga trayectoria en la investigación periodística. Publicó infinidad de artículos en diversos medios, y escribió varios libros y guiones audiovisuales. Entre sus obras más relevantes están “La Bonaerense”, “Los doblados”, “El otoño de los genocidas” y “Patricia: de la lucha armada a la Seguridad Nacional”. Es un sagaz analista y narrador de la composición, el accionar y la historia de las fuerzas represivas y los organismos de espionaje del Estado. Es un gran amigo y colaborador de AGENCIA PACO URONDO. En diversas oportunidades fue entrevistado para brindar sus conocimientos sobre temas carcelarios, policiales y políticos. 

Nació en La Paz, Bolivia. Muy joven, viviendo en Argentina, debió exiliarse para salvar su vida. En México, casi sin proponérselo, empezó a trabajar de periodista. Cuarenta años después es una de las plumas destacadas y uno de los mayores conocedores en temas de criminalidad y en los llamados “policiales”. Escribió libros inevitables, coguionó con Pablo Trapero El Bonaerense y una crónica suya inspiró otro film, El túnel de los huesos, de Ignacio Garasino.

Escribe en Tiempo Argentino, recuperado por trabajadoras y trabajadores tras al abandono de los empresarios Szpolsky y Garfunkel. “Formé parte de El Porteño, otra experiencia cooperativa que, sin darnos cuenta en el momento, se transformó en emblemática”, recuerda también el periodista. Además, tuvo su paso por “Cerdos y Peces” en los 80.

Ragendorfer es un activo referente para quienes elegimos esgrimir la pluma para dar a conocer la verdad sobre quienes avasallan los derechos humanos de los trabajadores y los sectores populares. Durante los años, sin duda, se ha convertido en una fuente permanente de consulta e intercambio. Quienes día a día hacemos periodismo deseamos su mejor recuperación. ¡Fuerza Ricardo! Esperamos tu pronta mejoría, compañero.

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    Escuelas porteñas policía CABA

Régimen Penal Juvenil: el protocolo para que directivos de escuelas de CABA denuncien a alumnos

15 Octubre 2026

El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires aprobó un nuevo protocolo en el que sugiere que los directos de las escuelas porteñas tienen el “deber” de denunciar a sus estudiantes mayores de 14 años en casos que puedan enmarcarse dentro del nuevo Régimen Penal Juvenil, que entró en vigencia este mes. Según la directriz, queda habilitada la intervención policial dentro de los establecimientos en casos considerados “urgentes”, como la sospecha de portación de armas u hechos que atenten contra la integridad psicofísica de las personas presentes en la institución.

La medida fue oficializada el lunes pasado mediante la Resolución Conjunta N°1/MEDGC/26, publicada en el Boletín Oficial de la Ciudad. El fin de semana Federico Puy, secretario general adjunto de la Asociación Docente de Enseñanza Media y Superior (Ademys), difundió el documento en su cuenta de Twitter y advirtió que el nuevo protocolo “obliga a las directoras a denunciar a estudiantes que podrían estar cometiendo un delito”.

Para Puy, el reglamento "constituye una clara persecución a los jóvenes". La Resolución lleva la firma de los Ministerios de Educación, Justicia y Seguridad de CABA, además del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, que acordaron la aprobación de los siguientes dos documentos: “Lineamientos generales sobre el impacto del régimen penal juvenil en el ámbito educativo” y “Procedimiento de actuación en el ámbito educativo ante hechos con posible relevancia penal”.

En los “Lineamientos” se establecen los cambios que entraron en vigencia, como la baja de la edad de punibilidad de 16 a 14 años y que la aplicación del régimen puede resultar aplicable con independencia del tipo de delito o de la pena prevista, entre otros. El documento también indica que “todos los delitos previstos en el Código Penal de la Nación o en las leyes penales especiales vigentes o que se dicten en el futuro podrán dar lugar a responsabilidad penal desde esa edad, incluso aquellos que bajo el régimen anterior no resultaban punibles para los adolescentes”.

Sintonía con el gobierno nacional de Milei 

En consonancia con el mandato del actual gobierno nacional y del operativo “Tormenta Negra” que asuela los asentamientos pobres porteños, el Gobierno de Jorge Macri -quien realmente hace honor a la historia familiar- implementa los cambios de la nueva ley de responsabilidad penal juvenil incorporando a las instituciones educativas en el entramado penalizador.

La escuela es uno de los pocos ámbitos que conserva aún cierta referencia en los y las jóvenes frente al desmantelamiento sin pausa que han ido sufrido las instituciones estatales que atienden a los sectores empobrecidos en un país que se fue moldeando, a partir de la última dictadura militar, al servicio del capital.

Aun así, malherida y maltrecha, la escuela sobrevive como puede, sabiendo que la historia que cada joven porta en su espalda es una pequeña muestra del país que hemos visto y vemos con el corazón en franca retirada. Esa ola arrasadora, que implacablemente durante décadas fue dejando a millones de niños, niñas y jóvenes de familias empobrecidas a la intemperie sin futuro alguno que no sea la brutal naturalidad de la sobrevivencia diaria, atravesó la institución escolar y colocó a los docentes en una situación difícil de dirimir.

La consigna es denunciar a los y las alumnas, sumergir a los directivos en la delación y abrir el ingreso a la policía al interior de las escuelas. Para el Gobierno de la Ciudad la nueva Ley de Responsabilidad Penal Juvenil necesita una escuela sumisa, auxiliar de la policía y la Fiscalía. Nada les basta para saciar al capital hambriento que necesita controlar las aguas tormentosas de una juventud insurrecta. Por eso, ahora apela al saqueo de la conciencia humana inscripta en el vínculo pedagógico que une a los educadores y educadoras con sus educandos y educandas para convertirlos en cómplices necesarios de su latrocinio.

Todos y todas sabemos que los territorios donde generalmente viven estos adolescentes están manejados y controlados por grandes organizaciones criminales de narcotráfico, trata de personas o simplemente delito organizado, con la anuencia fiel de una policía y una justicia que miran para otro lado y un puntero del gobierno de turno que asume el canal con el poder político que encubre. En los centros de salud no suele haber médicos suficientes, ni medicamentos, ni insumos y los hospitales a donde se derivan a estos jóvenes están abarrotados de turnos emitidos que terminan dando siempre una respuesta tardía.

Estos adolescentes y sus familias suelen vivir amontonados y hacinados en el rincón que pueden por la falta de viviendas o alquileres imposibles de pagar. De nada de esto habla la resolución que pomposamente recita en forma verdaderamente hipócrita los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Para el Gobierno de la Ciudad hay que convertir las escuelas en una especie de purgatorio del circuito de penalización.

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    Martín Ogando
PERONISMO

Martín Ogando: “En la práctica, Axel Kicillof es más kirchnerista que Cristina”

14 Octubre 2026

Martín Ogando, sociólogo e integrante de la mesa Patria y Futuro, dentro del Movimiento Derecho al Futuro, analizó diversos temas de actualidad política, en particular del peronismo.

Ogando dialogó el sábado 10 de octubre con "Más o menos bien" (Radio Con Vos, sábados de 18 a 20hs). A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“El tema del programa, de que Axel Kicillof diga qué va a hacer, que se le exige particularmente por buenos y malos motivos, es una discusión en sí misma y nos interesa muchísimo a una parte de la sociedad argentina. Iba a decir a los militantes, pero la sociedad tiene un segmento relativamente numeroso, que se mide probablemente en cientos de miles, de gente muy politizada que ha pasado por la militancia, que le interesa, o que sigue los programas políticos. A mí me importa mucho. Después, creo que va a tener la menor incidencia en por qué el grueso del electorado el año que viene puede apoyar o no a Kicillof o a cualquier otro candidato opositor”.

“Creo que el armado de Axel hoy tiene otras características. Ha lanzado un espacio que de entrada él define como movimentista, en el cual dice que tienen que tener lugar todas las expresiones del movimiento nacional y popular. Aquellas que quieren ser más radicales en tal cual planteo, aquellas que no, e incluso más allá del peronismo”.

“El capital político de Axel Kicillof hasta ahora, lo digo polémicamente, ha sido el ser el más kirchnerista de todos. No ha sido el enterrador como esperan algunos de Cristina Kirchner. Eso es la expectativa que colocan sobre Axel algunos. En la práctica, Axel hoy es más kirchnerista que Cristina. Eso hacia adelante, si es una fortaleza o una debilidad, es una discusión que se abre”.

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    Universidad de Luján
    Foto: intervención Silvia Etchart

Luján: la universidad secuestrada

14 Octubre 2026

La Universidad Nacional de Luján (UNLu) se creó en 1972, durante el gobierno militar de la autodenominada “Revolución Argentina”, con el general de caballería Alejandro Agustín Lanusse como presidente de facto. Otra dictadura, esta vez más sangrienta, impulsó su cierre durante el año 1979, decisión resistida y repudiada por los sectores más disímiles de la sociedad. Fue la primera vez en la historia del país que un gobierno decidió el cierre de una universidad. La democracia, que Argentina recuperó a fines de 1983, pronto reabrió la UNLu, luego de marchas, huelgas, reclamos, cartas y presión de la comunidad de Luján, e intelectuales y artistas de todo el país.

Primeros pasos

En julio de 1969 se reunieron los intendentes de Luján y General Rodríguez, un grupo de profesionales del noroeste bonaerense, y el decano de la facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Alberto Tarquini. El decano tenía la propuesta de crear nuevas universidades estatales para descentralizar la creciente población estudiantil que atosigaba a la UBA. En el noroeste proponía crear una de ellas, entre Luján y Pilar, donde se encontraba un gran movimiento de población que a la vez se veía favorecida por los accesos carreteros que se construían en ese momento y las tres líneas ferroviarias que circulaban (Belgrano, San Martín y Sarmiento). El mismo Tarquini planteó la necesidad de un espacio de 200 hectáreas, y que la orientación de la nueva universidad apuntara a las ciencias biológicas, agronómicas y de la alimentación. 

Esa noche se acordó promover un movimiento de opinión pública y crear una comisión para obtener la sanción de la ley de creación. Un mes más tarde, el 9 de agosto, se creó en Luján la Comisión Pro Universidad Nacional para difundir la propuesta de la nueva universidad, sumar adhesiones y realizar reuniones con personalidades e instituciones de la región. Pilar pronto perdió el entusiasmo, y en 1970 la bandera de la universidad local la levantó la comunidad de Luján, con reuniones periódicas, con subsidios del municipio a la Comisión Pro Universidad, y marcando el espacio para instalar el nuevo centro de estudios. Al finalizar 1971 se logró la creación, por parte del Ministerio de Educación de la Nación, de una Comisión Nacional para que estudiara la factibilidad de dicho organismo educativo. La mencionada Comisión Nacional presentó en 1972 el estudio al ministro Gustavo Malek, quien aprobó la propuesta en agosto. El 20 de diciembre de 1972 Lanusse firmó el decreto ley 20.031 por el cual creó la UNLu, y designó delegado organizador al doctor Ramón Rossel, especialista en Química y edafólogo, y por entonces decano del Departamento de Agronomía de la Universidad Nacional del Sur. La ley le otorgaba al organizador un plazo de 30 días para elevar el proyecto de estructura y el plan de desarrollo de la nueva universidad.

El año 1973 fue muy agitado para la Argentina, con la elección del nuevo presidente constitucional, que recayó en el delegado de Juan Perón, el dentista de San Andrés de Giles, Héctor J. Cámpora. El abogado Emilio Fermín Mignone, quien fuera subsecretario de Educación de la dictadura de Lanusse, conocía de cerca el entusiasmo de la comunidad lujanense por tener su espacio universitario y temía que el nuevo gobierno no quisiera avanzar con un proyecto que dejó a medio camino la dictadura. Mignone habló con Cámpora y su ministro de Educación, Jorge Taiana, y los convenció de seguir adelante y confirmar que la sede sería el antiguo Instituto de Menores Ángel T. de Alvear, que contaba con más de 400 hectáreas. La primera semana de junio se dispuso la intervención de las universidades, siendo designado como rector interventor de la UNLu el doctor Mignone, quien asumió y convocó a elecciones para conformar el Consejo de Gobierno.

Mignone presentó un Plan de estudio dividido en tres áreas: Producción y transformación de alimentos; Ciencias sociales aplicadas; y Educación, con una clara adhesión a las líneas que impulsaba Paulo Freire, de manera especial en la preparación de educadores de adultos. La propuesta tenía novedades como el examen de admisión para mayores de 24 años que no tuvieran concluido sus estudios secundarios, el aprendizaje a distancia, o la apertura de regionales.

Otra dictadura

El primer presupuesto fue de apenas U$60.000 y así se puso en funcionamiento. Lo que no se confirmó fue la cesión de tierras, cosa que preocupó a Mignone. El rector se reunió con Taiana, dialogaron sobre los avances de la Universidad y en un momento el ministro salió a atender otro asunto. Mignone, curioso, tomó un documento que estaba del lado de Taiana y leyó un decreto firmado por el ministro José López Rega, con quien tenía pésima relación, y que esperaba la firma: era la negativa a ceder las 400 hectáreas a la Universidad. Mignone guardó el documento en su bolsillo, fue al baño, lo rompió y lo tiró al inodoro. Cuando Taiana regresó siguieron hablando sobre la necesidad de levantar algunas aulas en la nueva sede, lo que el ministro se comprometió a gestionar. El decreto de cesión que firmó Francisco Manrique al finalizar la dictadura siguió en pie, y en septiembre de 1973 se abrieron las puertas y las primeras clases contaron con 600 alumnos. 

En 1974 el nuevo ministro Ivanisevich no asignó partida presupuestaria, lo que complicó al principio de una población educativa que se duplicó, pero Mignone solucionó lo del dinero con la ayuda de la Universidad de San Luis. La UNLu logró abrir en poco tiempo centros regionales en Campana, Chivilcoy, General Sarmiento y Nueve de Julio, atendiendo alumnos de más de treinta localidades, como Baradero, Bragado, Carmen de Areco, Carlos Casares, La Matanza, Escobar, San Andrés de Giles, San Antonio de Areco, Exaltación de la Cruz, Suipacha, Zárate.

El golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 enfureció a Mignone, quien participó de un gobierno de facto y entendía que cada intervención militar era un retroceso para el progreso del país. De inmediato, envió su renuncia al Ministerio de Educación para manifestar su desacuerdo con el nuevo gobierno. Su biógrafo y yerno, Mario Del Carril, cuenta que antes de su renuncia Mignone “percibía que sus viejos amigos se distanciaban porque lo tenían catalogado de zurdo o por lo menos liberal norteamericano”. Al llegar a la sede del rectorado, para retirar sus pertenencias, se encontró con un contingente de militares que rodearon las instalaciones.

- Usted no puede ejercer la docencia en ningún lugar del país -, le informó el teniente coronel Jorge Maríncola al rector.
- Quédese tranquilo que ya presenté mi renuncia a primera hora -, le respondió Mignone. De inmediato el oficial le preguntó:
- ¿Dónde están las armas? -.
- En la Biblioteca -, respondió Mignone sin dudar, y señaló una puerta. Cuando el militar entró, se encontró con estantes llenos de libros y ordenó a un grupo de soldados que requisaran cada estante, donde encontraron material bibliográfico y máquinas de escribir. El jefe del operativo no comprendió la ironía del rector. En abril, el mayor Héctor Tommasi reemplazó a Maríncola como interventor. Ambos militares expurgaron los libros de la biblioteca, que en ese entonces estaba en la hostería San Antonio, y separaron con entusiasmo los que consideraban peligrosos. Los libros indeseables los colocaban en cajas, para ser retirados días más tarde, pero antes había docentes que las abrían, recuperaban algunos y completaban las cargas con diarios.

En mayo la dictadura secuestró a Mónica Mignone, hija del rector renunciante y profesora en la facultad de Educación de la UNLu. A partir de aquel momento, Mignone se dedicó a buscar a su hija y los compañeros que se llevaron con ella. Luchó por el respeto de los derechos humanos en la Argentina, y creó el CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales). En octubre del 1976 el gobierno de facto designó rector reemplazante: el ingeniero Gerardo Amado.

Los primeros 60 egresados de la UNLu salieron a mediados de 1977, con títulos vinculados a la educación, la administración de empresas, la minoridad y la producción agrícola-ganadera. El 5 de septiembre del mismo año las autoridades nacionales firmaron un decreto a través del cual se otorgaban 250 hectáreas a la Universidad, a la vez que se entregaban herramientas de diverso tipo para el desarrollo de sus carreras, principalmente las vinculadas al campo. Al año siguiente, en diciembre de 1978, se recibieron los dos primeros licenciados en administración de empresas: Alicia Buyo y Héctor Jurado. Al parecer la vida de la Universidad seguía su desarrollo, más allá de la dictadura, e incluso se construyeron edificios importantes para el desarrollo de actividades.

En 1979 no será el otorgamiento de títulos lo que destaque de la vida universitaria, sino el rumor sobre el posible cierre de la casa de altos estudios. En marzo el ministro de Educación, Juan Rafael Llerena Amadeo, le solicitó la renuncia al rector Amado, y lo único que trascendió es que se buscaba redimensionar la Universidad. El ingeniero dejó su cargo en medio de una ola de rumores que hablaba del posible cierre, lo que se acrecentó al no designarse reemplazante durante los meses siguientes. En julio se dio a conocer una solicitada dirigida al ministro, en la que intelectuales como Ernesto Sábato, René Favaloro y Américo Ghioldi se sumaron a la Comisión de Amigos de la Universidad para pedir que no se cierren sus puertas. “Ningún gobierno, inclusive los más despreocupados por la educación y la cultura, atentó contra las universidades, cerrándolas o desjerarquizándolas”, decía uno de los párrafos.

En noviembre se publicó otra solicitada firmada por 783 personas que acompañaron a la Comisión de Amigos de la UNLU, dirigida al entonces presidente de facto Jorge Rafael Videla, pidiendo que no se cerrara el centro educativo. En el mismo mes hubo 1259 estudiantes que firmaron otra dirigida a la opinión pública, donde se enumera las razones de su orgullo, preocupación y confianza ante la insistente ola de rumores del cierre. Otras 815 firmas, integradas por miembros de la comunidad universitaria de la UNLu, se sumaron a una carta abierta dirigida al militar golpista que ocupaba la presidencia. El 4 de diciembre los que publicaron fueron los egresados, preocupados por la posible disolución lisa y llana de la Universidad. La incertidumbre alcanzó su pico máximo pocas semanas antes del cierre definitivo, siendo una muestra clara los siete telegramas enviados por la Comisión Pro Universidad a diversas autoridades, tanto civiles como militares.

Una universidad desaparecida

El profesor Leonardo Malacalza estaba en el estacionamiento cuando en la radio de su auto escuchó la cadena nacional con el anuncio del ministro de Educación. Abrió la puerta del vehículo, subió el volumen y los estudiantes se detenían a escuchar. El 20 de diciembre, en un discurso oficial transmitido por cadena nacional, el ministro Llerana Amadeo confirmó el cierre de la UNLu, subrayando de manera hipócrita y sin ponerse colorado que “no habrá gran país, si no hay gran universidad”. Al mejor estilo castrense, violando su autonomía, el ministro explicó que recorrió universidades para verificar su funcionamiento, sin recurrir al Consejo de Rectores y desconociendo el sistema de control que tienen las casas de estudio, y que resultaba ejemplar desde 1918, cuando la Argentina implementó la Reforma Universitaria. 

Con la misma política de palo y a la bolsa que implementó el régimen de Onganía con la “Noche de los Bastones Largos”, obligando al exilio a centenares de profesionales, el ministro Llerena decidió de manera caprichosa cerrar una universidad. Después de dar estadísticas de alumnos, profesores, infraestructura, bibliotecas y gastos, enfatizó que “la Universidad de Luján no tiene antecedentes universitarios” (sic). El funcionario garantizaba a los alumnos que estaban cursando carreras que podrían continuarlas en la Universidad de Buenos Aires, que de manera literal devoraba a la UNLu. El ministro recibió un guiño por parte del Interventor de la provincia de Buenos Aires, el general Ibérico Saint Jean, quien en el Ministerio de Educación provincial decidió no aceptar en la planta funcional administrativa a profesionales egresados en la UNLu con el título de Técnico Universitario de Minoridad y Familia. El militar a cargo de la Provincia también manejaba a la Policía Bonaerense, que en su área de inteligencia tenía un seguimiento de las actividades en la UNLu que se plasmaban en un informe de más de quinientas páginas.

Los estudiantes, alrededor del auto de Malacalza, lloraban ante las mentiras que decía el ministro. Confundía un ayudante de cátedra con estudiantes que daban clases como si fueran titulares; desconocía la existencia de los laboratorios que se usaban para las carreras; cuestionaba la cantidad de libros que tenía la Universidad, cuando en dos ocasiones se presentaron a purgar la biblioteca. Al día siguiente del discurso de Llerena, el diario Clarín titulaba con una frase elocuente: “Fue eliminada la Universidad de Luján”.

“El ministro miente”, decía el cartel que los estudiantes colocaron sobre el puente de la ruta 7, enfrente a la sede de la UNLu. El ministro había atacado a la Universidad, su estructura y su funcionamiento, por eso los alumnos y docentes abrieron las puertas de las instalaciones a todo el público bajo el slogan “Conozca la Universidad”, y así demostrar que los argumentos esgrimidos por Llerena eran falaces. Los comerciantes de Luján adhirieron al reclamo cerrando sus puertas, sin atender al público durante toda una jornada, pero la decisión de atacar de manera frontal a la educación, esta vez representada por una universidad nacional, se confirmó con el paso del tiempo.

Los alumnos, los docentes, los vecinos y una gran cantidad de intelectuales hicieron oír de diversas maneras su disconformidad con la medida. El ministro mantuvo su capricho y no dio marcha atrás. La comunidad educativa impulsó una serie de movilizaciones en distintos lugares de la provincia y en la Plaza de Mayo, siendo recordada la huelga de hambre en la puerta de la Basílica de Luján, pasando la Navidad en el lugar. También fue importante la manifestación del 27 de diciembre, integrada por un nutrido grupo de alumnos, los cuales se acercaron a la Casa Rosada a entregar un petitorio a Videla. Más allá de los riesgos, y a pesar de que la Universidad tenía docentes desaparecidos, se realizaron marchas multitudinarias que enfrentaron la medida que atacaba la cultura en general y a la universidad pública en particular.

Hay investigaciones, como la de Ignacio Cabrera, que marcan el origen católico y nacionalista del Mignone y Llerena, que no solo se habrían cruzado, sino que habrían sido amigos, pero que desde lo educativo tenían miradas opuestas. Por un lado, Mignone con una mirada moderna, progresista con propuestas de carreras nuevas de la universidad. Por otro, Llerena con una idea conservadora, rígida y tradicional de los claustros.

Voces por la reapertura

Un total de 250 alumnos decidieron presentarse en la justicia, y firmaron un recurso de amparo para frenar el cierre. El juez federal los recibió, dio lugar a la medida e intimó al ministro a rever su decisión. La respuesta oficial se conoció a través de un comunicado publicado, con errores de ortografía, en el diario La Nación bajo el título “Reafirmamos”, que decía: “Luján será centro de actividad universitaria dedicado con especial prioridad a Tecnología en Alimentos y todo lo vinculado al agro y sus productos; para ello se aprovechará el esfuerzo de la comunidad de Luján y también el mejor nivel académico más cercano (Universidad de Buenos Aires)”. Las reuniones públicas y clandestinas por la reapertura no cesarían durante los meses siguientes.

Mientras los militares seguían aplicando el terrorismo de Estado secuestrando gente en todo el país, integrantes de la comunidad de la universidad realizaban reuniones casi secretas con el objetivo de lograr su reapertura. Durante 1980 y 1981 trascendieron algunas que, a pesar de ser casi clandestinas, convocaban a numerosas personas. Los encuentros se realizaban en casas particulares, y en algunos casos llegaron a concentrar casi cien asistentes. Al referirse a una de estas reuniones, que se había realizado en una quinta lujanense, el diario El Civismo de Luján afirmó que “existe una comunidad universitaria sin universidad”. En la oportunidad trascendió que, de manera extraoficial, y como para calmar los ánimos, habían concurrido autoridades nacionales para escuchar el reclamo de los jóvenes que manifestaban su malestar por el cierre.

Pero ni durante los años 1982 ni 1983 se logró el objetivo anhelado, aunque no cesaron de levantarse las voces a favor de la reapertura. Llamó la atención que el 2 febrero de 1983, más de tres años después del cierre y cuando nada hacía prever el fin de la dictadura, el diario Clarín, que nunca fue opositor ante el gobierno militar, tituló su editorial con la frase: “Rehabilitar la Universidad”. Y el texto no era ambiguo ni genérico, sino que de entrada sostenía: “Hace tres años se cometió un grave daño a la estructura educativa del país al cerrarse la Universidad de Luján. Pero el caso no ha concluido ya que tanto ex estudiantes y profesores, cuanto también miembros de la comunidad, continúan propugnando la reapertura de una casa de estudios que fue concebida para servir las necesidades de su ámbito de influencia”.

El artículo se explayaba sobre la corta pero intensa historia de la UNLu, destacando que se erigió luego de un concienzudo estudio, donde se abrieron carreras no tradicionales, señalando que los métodos eran novedosos, como el caso de la educación a distancia, ampliando aún más su influencia más allá de 34 partidos del noroeste de Buenos Aires. Destacaba el editorial que las razones que invocaba la dictadura eran la falta de nivel docente y deficiente infraestructura, pero sin presentar un estudio técnico que avalara las afirmaciones, subrayando que si había deficiencias se debía al escaso presupuesto que las autoridades militares le habían asignado como para ampliar la biblioteca, realizar el mantenimiento de los laboratorios o la adquisición de material didáctico. Además, agregó que el gobierno de facto no cumplió con la promesa de garantizar la continuidad de los estudios a los centenares de alumnos que se les había cerrado las puertas de las aulas, subrayando el clamor popular por la reapertura del lugar.

La guerra por las Malvinas desgastó a la dictadura, el año 1983 fue el último del gobierno de facto, y la pronta llegada de la democracia abría nuevas esperanzas. Los candidatos presidenciales prometían a la región la reapertura de la UNLu, y se confirmó con el triunfó Raúl Alfonsín, uno de los dirigentes políticos que, el 24 de febrero de 1980, suscribía la solicitada que se tituló: “La Universidad de Luján no debe desaparecer”. El texto estaba firmado por decenas de escritores, investigadores, músicos, historiadores y políticos, quienes proponían un amplio debate sobre la política universitaria del país y manifestaba la necesidad de evitar consumarse un hecho sin precedente.

El 10 de diciembre de 1983 se recuperó la vida institucional democrática del país, y cuarenta días más tarde, el 27 de enero de 1984, el Senado de la Nación aprobó por unanimidad la reapertura de la UNLu, con la designación del doctor Enrique Fliess como nuevo rector. El acto formal de reapertura fue el 30 de julio de aquel mismo año, con la presencia del presidente Alfonsín y el vicepresidente Víctor Martínez. En el palco había una pancarta que decía: “Orgullosos de la Universidad”. Invitaron a hablar a Alfonsín, quien dijo: “¡no es este un acto de gobierno; más que eso es un acto de la democracia en el que todos venimos a dar nuestras gracias a la comunidad universitaria de Luján, por haber logrado la reactivación de esta Universidad”.

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    Karina Milei
    Foto: Ernesto Pages

Carta de un físico a Milei y los economistas que piensan como él

13 Octubre 2026

Contaba una guía de arte de un prestigioso museo, algo pasmada, el debate que tuvo con un gran profesor de crecimiento y su alumno. El docente lo presentaba como un gran alumno pero a la guía le había parecido un gran alcahuete antes que gran estudiante. Según la trabajadora de arte, los hombres parados frente a Ceci n'est pas une pipe (Esto no es una pipa), en la retrospectiva sobre grandes obras concebidas en albores del siglo XX, eran traicionados por las imágenes del original artista belga René Magritte. Y acaloradamente sostenían que eso sí era una pipa. La intervención de la guía, según su parecer, no disipó el error interpretativo del gran profesor y su gran estudiante. Pero el asombro no quedaba relegado a una mera cuestión de interpretación sobre el arte o sobre esa obra de arte. La trabajadora fue increpada, en un iracundo estado, por el estudiante, como oficioso soplón, cuando ella refutaba al gran profesor.

Sirva esta anécdota como pretexto introductorio a Los economistas y el mal uso de la matemática y la estadística un reciente tuit del presidente de la Nación.

Tal concepción epistemológica sobre la matemática, la estadística y sus usos, o tal concepción equívoca sobre estos aspectos puede ser catalogada como patética. O un caso de indudable patito (un “2”) en el examen sobre la temática. Pero se trata de esas cosas que nos merecen un análisis político antes que filosófico (aunque sea indudable la relación sostenida entre política y filosofía), porque es ni más ni menos que el presidente de la República Argentina.

Mi abuelo paterno decía qué tiene que ver el burro con el caramelo. Para el presidente el buen uso de las disciplinas subsidiarias a la física, como pueden ser las matemáticas y las estadísticas es equiparable a gestas de pícaros o malandras que viajan de polizones en trenes estafando a incautas personas. El burro y el caramelo.

Y a ese “chiste sobre economistas fabuloso”, Milei le agrega una no menos fabulosa (o fabuladora) reflexión: usar “las herramientas de matemática, física y estadística no convierte a los usuarios / economistas en expertos en el tema. Por ende, el uso de este tipo de instrumentos sin los conocimientos te puede jugar una muy mala pasada y hacerte quedar como un imbécil total”. Sin demasiada astucia podemos aplicar un silogismo modus ponens al contenido lógico de esta propuesta de reflexión, el cual deja mal parado lógicamente al presidente que se cuece en su propia conclusión.

Lo triste o lamentable es que no se trata de un debate lógico – epistemológico (el que de por sí sería de poca monta). Se trata de lo político, contenido en el nivel más elevado de la ignorancia, que destroza trabajo, fuentes originadoras de trabajo, identidades, soberanía, entre tanto otro destrozo, en definitiva ¡vidas mismas destrozadas! Y se hace desde una perversión incólume obedeciendo dictámenes que siquiera puede explicar en la explicitación autóctona que realizaban o un Menem o un Cavallo. Carece de niveles de traducción, de legibilidad, y por ello muestra ya no los hilos sino al propio titiritero.

Sobre la destrucción promovida por las políticas económicas de Milei se escriben a raudales artículos y documentos, por lo que no me detendré en ello, y como muestra sólo citaré algunas de las publicadas por esta agencia, entre centenares: La deuda se mudó al celular, pero el problema sigue en el bolsillo; Crisis de la industria argentina: "Cierran 30 pymes por día en el país"; Las Malvinas son argentinas, la industria nacional también; Pablo Vera: “Esto es un experimento, no hay experiencia libertaria en el mundo"; Walter Correa: “Es un industricidio fenomenal porque la provincia de Buenos Aires nuclea más del 50% de la producción nacional”; El modelo de Milei: casi 6 millones de personas están registradas como deudoras morosas; Más de 2.600 científicos, entre ellos 25 premios Nobel, le reclamaron a Milei que frene el ajuste a la ciencia; En 2002, había más inversión en ciencia y tecnología que ahora.

Interludio: entre los muchos debates en el terreno de las teorías del conocimiento (por resumir y otorgar un nombre), puede rastrarse el producido hace una veintena de años atrás entre el entonces Cardenal Prefecto de la Doctrina de la Fe Joseph Ratzinger (a la postre Papa Benedicto XVI) y el eminente filósofo Jürgen Habermas. La reverberación de este debate podría suministrarnos algunas claves interpretativas, quizá, para este presente.

Retrato de una ilusión

“Con mi jefe de asesores, el doctor Demian Reidel, estamos reescribiendo gran parte de la teoría económica. Si nos termina de salir bien, probablemente me den el Nobel de Economía junto a Demian” sostiene el diario La Nación que dijo Milei en Praga hace un tiempo. A la fecha, su pareja intelectual, está imputado por supuesta malversación de fondos al registrarse gastos ajenos al objeto social y finalidad de la estatal Nucleoeléctrica Argentina S.A (NA-SA), de la que fuera presidente entre abril de 2025 y mayo de 2026.

No pasa desapercibido el título con el que nombra a su jefe de asesores, de nivel académico. Milei se autopercibe académico mucho más que presidente, y desde estos márgenes académicos nos hace sospechar demasiado sobre su condición de presidente conociendo la falsedad de su autopercepción.

Cuando digo “la falsedad de su autopercepción” no lo digo por los méritos que pueda tener la reescritura de la teoría económica (que desconozco en contenido, a la vez que en qué papers o libros académicos han sido publicados). Lo digo porque si fuera una autopercepción genuina la variable académica no sería variable de ajuste.

Estamos a pocos días de una nueva, la quinta Marcha Federal Universitaria. Esta será el jueves 15 de octubre, y el eje es el financiamiento (como lo ha sido el de las cuatro anteriores). Financiamiento que es Ley votada en ambas cámaras del Congreso de la Nación y tiene sentencias favorables de jueces. Aunque el gobierno del autopercibido académico y futuro Premio Nobel Javier Gerardo Milei se empeña en apelar.

Para saber de matemáticas, estadísticas, filosofía de las ciencias, la relación entre las disciplinas tecnocientíficas y académicas, entender sobre un razonamiento abstracto, sobre pensamiento crítico, sobre corrientes económicas, aprender sobre los movimientos artísticos y culturales tanto como arte y cultura, no queda más que decir ¡Milei cumplí con la Ley!

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Cómo leer las condiciones de un bono de casino

12 Octubre 2026

La palabra bono puede resumir acuerdos muy distintos. Un importe anunciado quizá requiera un depósito, una activación expresa y un volumen de apuestas antes de convertirse en saldo retirable. Otro puede estar sujeto a restricciones diferentes. Por eso, comparar la cifra de portada sirve de poco si no se reconstruye el recorrido completo de la promoción. En una consulta sobre ofertas de Caposino, la información decisiva está en las condiciones de la oferta concreta, no en lo que suele ofrecer el sector.

La lectura más útil se parece a reconstruir un recorrido. Primero aparece una acción del usuario, después un saldo o una ventaja y finalmente unas reglas de uso. Si alguna etapa queda confusa, no puede calcularse correctamente el compromiso. Una oferta no necesita ser complicada para resultar atractiva, pero sí necesita ser comprensible antes de aceptarla, especialmente cuando exige depositar dinero o apostar dentro de un plazo.

Qué activa la promoción

No todas las ofertas comienzan del mismo modo. Algunas requieren una selección expresa, otras un código o una operación concreta. También pueden estar limitadas a determinados usuarios, métodos de pago o periodos. Es necesario identificar esas condiciones antes de realizar la acción, porque cumplir parte de los requisitos no garantiza que la promoción se aplique automáticamente.

Si se consultan posibles ofertas en caposino, la comprobación debe hacerse sobre las condiciones vigentes que aparezcan en la plataforma. Este análisis no da por confirmada una promoción específica. El método consiste en localizar qué se ofrece y bajo qué supuesto. Una captura de un anuncio antiguo o una reseña externa puede describir condiciones que ya no existen o que no corresponden al perfil del usuario.

Ver una cantidad añadida a la cuenta no significa que pueda retirarse inmediatamente. Puede ser un saldo restringido, una ventaja aplicable a ciertos juegos o un beneficio sujeto a requisitos. La interfaz debería permitir distinguirlo del dinero disponible sin esas condiciones. Cuando ambos aparecen mezclados visualmente, conviene buscar el desglose antes de interpretar el total como dinero utilizable de cualquier manera.

También importa el orden en que se consumen los saldos. Si una apuesta utiliza primero depósito o primero bono, las consecuencias pueden ser distintas según el contrato. No debe suponerse una regla universal. El usuario necesita conocer qué fondos está utilizando y qué ocurre si cancela la promoción. Esas preguntas tienen más valor práctico que comparar únicamente el porcentaje destacado en la portada.

El multiplicador necesita una base

Un requisito expresado como un número de veces está incompleto si no se sabe a qué cantidad se aplica. Puede referirse al bono o a una suma que incluye el depósito. En un ejemplo hipotético, diez veces veinte unidades son doscientas; diez veces una base de setenta son setecientas. El multiplicador coincide, pero el volumen exigido cambia de manera considerable.

La contribución de los juegos añade otra variable. Si solo una parte de cada apuesta cuenta para el requisito, el volumen real puede superar el que parece indicar la operación inicial. También pueden existir títulos excluidos. Leer únicamente el número grande y el multiplicador deja fuera condiciones que determinan cómo se puede utilizar la oferta. La aritmética empieza después de identificar correctamente todos sus componentes.

El plazo modifica la experiencia

Una promoción con vencimiento puede empujar a concentrar actividad en menos tiempo del habitual. Aunque el requisito parezca alcanzable sobre el papel, debe encajar con el ritmo de ocio previsto. No tiene sentido considerar únicamente si existe dinero suficiente para empezar y olvidar cuánto tiempo demandaría completar las condiciones. El calendario forma parte del coste práctico de la oferta.

La fecha límite también debe interpretarse con precisión. Puede referirse a activar, usar o completar requisitos, y esas etapas no siempre comparten el mismo plazo. Conviene comprobar la zona horaria si resulta relevante y evitar depender de los últimos minutos. Una promoción que exige alterar de manera incómoda el plan personal quizá no sea adecuada, incluso si su valor nominal parece superior al de otras.

Las restricciones cambian el valor anunciado

Una apuesta máxima durante el uso del bono, un límite de conversión o una condición de retirada pueden modificar lo que el usuario esperaba. Esos elementos deben leerse antes de participar. No basta con conocer su existencia: interesa entender qué acción los incumple y qué consecuencia se establece. Las expresiones ambiguas deben consultarse por escrito para conservar una respuesta concreta.

Un buen ejercicio consiste en describir la oferta con palabras propias sin utilizar el eslogan. Si resulta imposible explicar qué se recibe, qué debe hacerse y qué puede retirarse, todavía faltan datos. La promoción debe poder resumirse como un conjunto de condiciones verificables. Guardar una copia de esas condiciones no convierte el juego en seguro, pero sí conserva la referencia de lo que se aceptó.

Una oferta que se entiende como una secuencia

Para reconstruir una promoción puede seguirse un caso hipotético: primero se acepta la oferta; después se deposita la cantidad exigida; finalmente se acredita un saldo sujeto a condiciones. Cada etapa necesita una confirmación. Si el depósito se realiza antes de activar una promoción que exige activación previa, la secuencia quizá no produzca el beneficio esperado.

Esta lectura también ayuda a identificar qué sucede al cancelar. No conviene suponer que renunciar al bono afecta únicamente al importe promocional: las condiciones deben aclarar cómo se tratan los saldos y premios relacionados. Comprender el recorrido completo permite decidir antes de quedar dentro de un proceso que se había interpretado solo por su anuncio.

Comparar una promoción con el presupuesto previo evita que el anuncio tome la decisión. Si exige depositar más, jugar más tiempo o utilizar títulos que no interesan, quizá no aporte una ventaja real a la experiencia buscada. Rechazarla no significa perder dinero que ya era propio. Significa no aceptar un conjunto de obligaciones asociado a un beneficio condicionado.

Una promoción se comprende cuando el usuario puede explicar cómo empieza, qué exige y en qué condiciones termina. Si alguna de esas etapas permanece ambigua, el importe anunciado todavía no permite evaluarla. La lectura de condiciones no es un trámite posterior a la decisión: aporta la información que hace posible decidir. Un bono pequeño puede resultar más comprensible que otro mayor, y la opción de no activarlo también forma parte de una comparación completa.

 

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    Teatro Djaevel
    Foto: Juan Pablo Caldarone
EN EL TEATRO DEL PUEBLO

Miguel Ángel Diani: “Con 'Djaevel, el mito' apareció la metáfora perfecta para el país de la crueldad”

11 Octubre 2026

Con una tarea incansable al frente de Argentores, Miguel Ángel Diani no olvida su rol de autor y dramaturgo. Con la recién estrenada Djaevel, el mito, logró plasmar una historia que es fiel reflejo de la sociedad actual, con un formato de fábula moderna y, a la vez, atemporal. Una mujer y un hombre que se presentan como hermanos, arrastran una gigantesca caja de madera por algún terruño tenebroso, en busca de un empresario a quien quieren venderle “el fenómeno circense” que contiene: su propia madre. Déborah Fideleff, Pablo Finamore y Román Lamas componen a estos personajes con todos los matices habidos y por haber. 

El espectador asiste como un niño a un mundo desconocido, donde dos seres que provocan tanta fascinación como estupor, transitan el escenario generando misterio mientras van contándole al empresario (un tanto usurero) interesado en adquirir el supuesto fenómeno lo que llevan en esa caja: de a ratos, un ser humano; por momentos, un animal mitológico, entre varias curiosidades más. 

Alternando el cinismo con el humor y hasta con una cuota de ternura, todo apunta hacia cierto desenlace, tan temido como esperado, pero la sorpresa irrumpe y de esa manera, el cuento termina de adquirir el sentido necesario para transformarlo en una auténtico espejo del presente. Un relato con un sentido político y social que, no por eso, deja de lado el camino de fantasía trazado en el texto y plasmado visualmente de la mejor manera. Djaevel, el mito, condensa la mejor herencia del teatro independiente dando cuenta de una actualidad descarnada y contundente.

La dirección y la música están a cargo de Mariano Cossa, en una puesta en la que cada detalle aporta al relato para atrapar al público en todos los sentidos. Las funciones son en elTeatro del Pueblo (Lavalle 3636), los viernes a las 22 horas. En esta entrevista, Diani habla de cómo se inspiró para dar a luz esta verdadera perlita de la cartelera porteña.

AGENCIA PACO URONDO: ¿Cómo surgió la idea de “Djaevel, el mito”?

Miguel Ángel Diani: Los cuentos de hadas muestran la mente humana de forma más clara que cualquier otro registro cultural. Es el primer contacto que tiene un niño con una historia. Historia que no se cansa de escuchar y que noche a noche pide a su madre o a su padre que se la vuelva a contar. Esto sucede porque se crea una comunión entre el relator y el escucha. Cuentos que más de una vez, si nos remontamos a los recopilados por los hermanos Grimm, son siniestros y crueles. Sin embargo no podemos dejar de escucharlos o verlos cuando se transforman en una obra dramática o audiovisual. ¿Pero por qué sucede esto? Porque los cuentos son metáforas de la vida. Que nos atraviesan. Que nos interpelan. Por esa razón yo quería narrar con estructura de cuento teatral la historia que quería contar. Luego apareció la imagen del circo. Pero un circo de fenómenos. Un cuento de terror y de falta de empatía. La metáfora perfecta para el mundo en que vivimos. La metáfora perfecta para el país de la crueldad.

APU: ¿Por qué el nombre Djaevel, en danés?

MAD: Quise crear intriga. Que el espectador tenga que investigar quién es Djævel. Quién es el cuarto personaje de la historia que vive encerrado, como un gran fenómeno, en una enorme caja y que dos penitentes lo arrastran a través de los tiempos. El monstruo viene de Dinamarca. Pero podría ser de cualquier lugar del mundo. Incluso de nuestro país.

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Teatro Djaevel
Foto: Juan Pablo Caldarone

APU: ¿Cómo fue el trabajo posterior a la escritura con el director, los actores y todo el equipo para la puesta en escena?

MAD: Me reuní con Mariano Cossa, el director de la obra, y tuvimos una conexión inmediata. Con Mariano nos conocíamos, pero nunca habíamos trabajado juntos. Un hombre de teatro, talentoso, inteligente, y que supo llevar brillantemente el texto a escena. Tuvimos tres o cuatro reuniones que fueron enriquecedoras. Mariano fue el responsable final de elegir los actores. No pudo elegir mejor: Deborah Fideleff, Pablo Finamore, Roman Lamas. ¡Genios! Mariano y Adriana Yasky, la productora ejecutiva del proyecto, se encargaron de armar el resto del equipo. La caja que diseñó y armó el escenógrafo, Ariel Vaccaro, es increíble. El vestuario de Mariela Daga y las luces diseñadas por Ricardo Sica, terminan de crear la atmósfera de cuento siniestro que yo tenía en mi cabeza. El resultado fue perfecto. ¡Perfecto!
Teniendo en cuenta la historia de nuestro teatro, ¿cuál debería ser el rol del teatro independiente en un contexto social como el actual?

El teatro independiente siempre tuvo un rol de denuncia. Lo tuvo con Teatro Abierto, en una circunstancia muy dura y peligrosa de nuestro país, y creo que debería tenerlo ahora. Aunque la circunstancia no es la misma, hay igual un desapego por la vida, una falta de empatía, una violencia y crueldad que no debería existir en una democracia. Hoy existe un olvido forzado de las minorías, que realmente asusta. Ningunean a los discapacitados, a los jubilados, a los desocupados, y llevan adelante una política de Estado que lejos de apoyar a la gente, favorece solo al empresariado privado. El tejido social ha sido destruido y la gente se vio obligada a volver a la época del sálvese quien pueda. Pero ojo. No nos olvidemos que hoy vienen por vos y mañana vendrán por mí. Es momento de juntarse y de hacer equipo.

APU: ¿Cómo ves la situación del teatro independiente hoy en la Argentina?

MAD: Buenos Aires cuenta en total con cerca de trescientos espacios escénicos, lo que la sitúa al nivel de ciudades como Nueva York, Londres o París. El crecimiento y reconocimiento mundial a nuestro teatro independiente se debe en gran parte a la existencia del INT (Instituto Nacional de Teatro). Y esa realidad impactó positivamente en el PBI de nuestro país. Pero ahora las cosas cambiaron. El INT está siendo desfinanciado. El apoyo a las salas es mínimo al igual que los recursos que van para los grupos. Por otro lado, a fines del 2027 terminarían las asignaciones específicas que el Estado otorga por ley al INT, al INCAA (Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Audiovisuales) y a las bibliotecas populares.

La cultura de nuestro país está realmente en peligro. Y el teatro independiente va a seguir siendo golpeado. Creo que el objetivo final es derogar la ley que creó el INT. A este gobierno no le interesa que quede testimonio artístico de su paso. Pero el teatro independiente es muy desobediente y trabaja permanentemente en sacar a la luz la verdad.

APU: El lema de Argentores, "sin autor no hay obra", parece más vigente que nunca. Como presidente de la entidad, ¿qué falta aún para que eso cambie?

MAD: “Sin autor no hay obra” es una realidad. No es un simple lema. Los autores y autoras son creadoras. Pertenecen a la cultura de un país. A partir de sus textos han nacido películas, programas de televisión y de radio, y por supuesto obras de teatro que han mostrado la idiosincrasia de un pueblo y que han sido la voz de los que no podían hablar. Eso nunca va a cambiar porque la mirada del artista es respetada en una comunidad. Y muchas veces se adelanta a los hechos y marca el camino a seguir. Sin autor no hay obra. Pero el autor se inspira en la sociedad. Por lo tanto no hacemos más que traducir lo que sucede en una sociedad.

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    Tres palidas hermanas
CARTELERA TEATRAL

"Tres pálidas hermanas": una casa detenida frente al tiempo

11 Octubre 2026

Una historia contada en tres partes. Una historia sobre la muerte que, contra todo pronóstico, no cae en el dolor ni en la angustia, sino que encuentra en la risa una forma de mirar ese límite.

Titina, Marosa y Urania habitan una casona de la calle Paraná, de principios del siglo pasado, en pleno Recoleta. Allí sostienen sus rutinas como si nada pudiera alterar ese pequeño universo: Titina intenta hacer un regio flan; Marosa lucha con Aurora, la vaca que debería darles leche, pero que, por alguna extraña razón, no lo hace. Urania recibe mensajes que parecen llegar desde otro tiempo, y Damiana, la mucama cama adentro, las asiste y las padece. Hasta que un pianista entra en la casa y altera ese frágil equilibrio.

El orden de esas historias es aleatorio. Podés estar viendo el comienzo de la obra o el nudo, pero no lo sabés, porque al entrar a la casona, de manera imprevista, te dan un papelito con un color y eso determina por dónde va a empezar la narración. Lo cual la hace todavía más interesante. Pero no teman: al final, el orden de los factores no altera el producto.

Eso sí, en cualquier caso, hay algo que el espectador sabe antes que los personajes: que viven en un tiempo detenido, mientras el mundo que las rodea ya pertenece a otro momento. Dos temporalidades conviven, se rozan, se confunden. Ellas no parecen saber que algo ha cambiado. Y nosotros sí. 

Lo entretenido es justamente eso, que el espectador ocupa una posición: en el teatro infantil saber lo que el personaje no sabe, produce la risa porque el público conoce el objeto que el payaso busca y disfruta viendo cómo él lo busca desesperadamente delante de todos. Acá sucede algo parecido, pero con una diferencia fundamental: lo que no saben que perdieron es su propio tiempo, su propia realidad.

Las hermanas siguen haciendo lo que siempre hicieron. Preparan, esperan, discuten, reciben mensajes, intentan sostener sus pequeñas reglas. La vida cotidiana continúa con una naturalidad casi delirante y la insistencia de que eso persista. Ahí aparece el núcleo de la obra: hablar de la muerte sin convertirla en solemnidad. Las risas suceden en cada una de las historias que se despliegan por los cuartos de la casona, mientras poco a poco aparecen la emoción, la música, el verso y también el arte.

El absurdo no funciona aquí como un mero recurso cómico. Es una manera de mirar aquello que no podemos terminar de comprender. 

La filosofía y el psicoanálisis llevan siglos intentando rodear esa pregunta imposible que es la muerte. Epicuro sostuvo que la muerte no puede ser un mal para quien muere porque, cuando ella llega, ya no estamos allí para experimentarla. Heidegger, mucho después, pensó la muerte no solamente como un acontecimiento final, sino como una posibilidad que estructura nuestra existencia y nuestra relación con el tiempo.

Freud, por su parte, introduce una paradoja que parece especialmente cercana al universo de Tres pálidas hermanas: sostiene que, en el inconsciente, cada uno de nosotros se comporta como si fuera inmortal.
¿Y si eso fuera, en parte, lo que sucede dentro de esta casona? ¿Y si quienes la habitan no saben que el tiempo que conocían ya terminó? ¿Y si la muerte no fuera necesariamente una interrupción, sino la continuidad de una cotidianeidad que ya no pertenece al mismo mundo?

En Alicia a través del espejo, de Tim Burton, algo parecido ocurre cuando Alicia le dice al Sombrerero Loco que todo aquello no es real porque solo es un sueño. Él responde cuestionando justamente los límites entre realidad y fantasía: “¿Y quién te dice cuál es cuál?”. La pregunta también podría hacerse acá. ¿Quién decide cuándo termina una realidad y comienza otra? ¿Quién determina qué es real cuando los personajes continúan habitando su mundo como si nada hubiera cambiado?

En la obra, sin embargo, ese regreso no se presenta como una teoría psicológica, sino como una casa suspendida, atrapada en sus propios rituales, donde el tiempo parece haber perdido su dirección.

¿Tal vez el verdadero misterio no sea qué hay después de la muerte? ¿Tal vez la pregunta sea qué hacemos mientras todavía creemos que tenemos tiempo?

Y mientras ellas permanecen allí, nosotros circulamos. Esperamos, ansiosos, reír y descubrir qué tiene para contarnos cada personaje.

Ese es otro de los grandes aciertos de la puesta: la casona no funciona como una escenografía que simplemente reproduce un espacio. Es la propia casa la que se convierte en escenario. Se suben y bajan escaleras, se atraviesan habitaciones, se modifican las perspectivas y el público acompaña a Titina, Marosa, Urania y Damiana desde distintos lugares. No todos vemos exactamente lo mismo. La arquitectura interviene en la narración y las paredes, cargadas de época, parecen guardar el secreto que los personajes todavía no pueden ver.

El teatro abandona así la frontalidad del escenario clásico para construir otra relación con quien mira. Los cuerpos están ahí, cerca, atravesando una casa real, y el lapso histórico también parece estarlo. Entre risas y carcajadas aparecen vestigios de una Buenos Aires antigua, de sus formas sociales, sus jerarquías y sus modos de estar en el espacio. También emerge una crítica a la oligarquía, que la obra construye sin abandonar nunca su tono delirante.

Y en ese universo aparece el río. Un río que no es solamente argentino ni uruguayo, sino también histórico. Un río que conecta geografías, épocas y memorias familiares. Las tres pálidas hermanas parecen que habitan también una memoria que no saben que es memoria. 

El pianista funciona entonces como una presencia capaz de alterar ese equilibrio. Su llegada introduce otra temporalidad y hace visible aquello que hasta ese momento permanecía oculto. Dos tiempos que parecían imposibles de conciliar comienzan a encontrarse hasta que, finalmente, aquello que nosotros sabíamos desde el comienzo también puede ser visto por los personajes. Como cuando el payaso del teatro infantil finalmente ve aquello que buscaba y festejamos todos. Nadie quiere romper el hechizo: por un instante, todos aceptamos jugar a que verdaderamente el clown no sabe. ¿Con la vida y la muerte no hacemos algo parecido? Sabemos de la finitud, pero jugamos a no saber. 

En La casa de los espíritus, Isabel Allende construye también una casa habitada por distintas temporalidades, donde los muertos no desaparecen del todo y el pasado continúa interviniendo sobre el presente. Quizá por eso, como en esta obra, la casa deja de ser solamente un lugar para convertirse en una forma de memoria, un espacio donde quienes ya no están todavía pueden seguir estando. 

Ahí la obra vuelve a formular la pregunta principal aunque nunca la pronuncie de manera directa y solemne: ¿qué significa estar vivo cuando no sabemos exactamente en qué momento dejamos de estarlo?

Mafalda alguna vez se lo preguntó de esa manera tan sencilla: “¿Mamá, para qué estamos todos en este mundo?”.

Hay que ir preparado, entonces, para no esperar una obra convencional. Lo que propone es entrar en una ensoñación donde las categorías de realidad, vida, tiempo y muerte comienzan a volverse inestables. Lo esotérico aparece como una puerta de entrada, pero detrás de esa puerta hay algo: las formas en que construimos nuestras certezas. 

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Tres palidas hermanas

 

¿Tal vez el verdadero misterio no sea qué hay después de la muerte? ¿Tal vez la pregunta sea qué hacemos mientras todavía creemos que tenemos tiempo? ¿Y si aquello que aparece entre esas habitaciones, entre las risas, los recuerdos, la música y las pequeñas rutinas, fuera justamente la posibilidad de que la vida no pueda quedar siempre para después? ¿Y si aquello que deseamos, aquello que sentimos, aquello que todavía tenemos para decir, no debería esperar indefinidamente? 

A lo mejor no encontramos una respuesta acabada, pero sí podríamos encontrar pequeños vestigios en aquello que parece minúsculo, absurdo, repetido. En la simpleza. En aprender a amar la pequeñez de lo que somos: en ese flan que preparamos, en esas notas que suenan en el piano, en esa única lágrima que cae y que, al verla, cobra todo el sentido. Posiblemente el verdadero peligro no sea morir, sino pasar por la vida sin haber sabido dónde reconocerla. Un L’elisir d’amore. 

Ficha técnico artística

Autoría: Sebastián Suñé
Actúan: María Rosa Frega, Francisco González Gil, Javier Marra, Santiago Otero, Nacho Pérez Cortés
Caracterización: Uriel Cistaro
Diseño de maquillaje: Adam Efron
Diseño de vestuario: Uriel Cistaro
Realización de vestuario: Guadalupe Jaurena, Juan Pomilio
Diseño De Iluminación: Magdalena Berretta Miguez
Fotografía: Juan Pablo Caldarone
Comunicación Digital: TUCO Audiovisual
Diseño gráfico: Nacho Albani
Prensa: Prensópolis
Arreglos musicales: Santiago Otero
Producción ejecutiva: Marianela Dollera Albarracín, María Eva Moreno
Coordinación de producción: Raúl S. Algán
Coreografía: Valeria Narvaez
Dirección: Tatiana Santana
Duración: 60 minutos
Clasificaciones: Teatro, Presencial, Adultos

La obra se presenta en Milion, Paraná 1048, Recoleta, CABA, los lunes a las 20.30 h hasta el 26/10/26

Teléfono: 4815 - 9925

Web: http://milion.com.ar 

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    Martín Rodríguez
ELECCIONES 2027

Martín Rodríguez: “Máximo Kirchner no puede ser auditor del peronismo”

11 Octubre 2026

Martín Rodríguez, periodista y escritor, analizó diversos temas de la actualidad política nacional, en particular las internas en el peronismo opositor.

Rodríguez dialogó el sábado 10 de octubre con "Más o menos bien" (Radio Con Vos, sábados de 18 a 20hs). A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“La Cámpora no es una agrupación que tenga un funcionamiento colegiado. Hace años que uno ni se entera si hay un congreso o un espacio orgánico más o menos visible. En general, en la política han desaparecido, el vaciamiento de la política de partidos también vació de imágenes el funcionamiento colectivo de cada organización. Son tres personas que resuelven todo, y en este caso es uno, que además esa cuerda se ha tensado aún más desde que está presa Cristina porque es como si la estrategia hubiese se hubiese cerrado aún más”. 

“En ese punto, creo que Máximo Kirchner no puede seguir funcionando como un auditor del peronismo, en la variante además de un peronismo que es excluyentemente bonaerense y kirchnerista. Me parece que es hora de probarse el traje y andá a pedir votos”. 

“A esta altura, creo que esta es la peor interna de la historia del peronismo. Es un partido de grandes internas, tuvo internas valiosas y no lo digo para generar una especie de visión idílica, pero sí en cuanto a que eran internas que resolvían o destrababan el destino argentino”.

“Máximo Kirchner creo que lucha por preservar lo que Cristina se preservó a sí misma desde 2015, que es la lapicera. Es la primera electora (…), elegir a Alberto, a Massa, a Scioli, elegir, elegir”.

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    SANDRO DISCO

Sandro, de regreso a los 70: relanzamiento de tres discos claves

11 Octubre 2026

Cuando uno se refiere a Sandro de América evocamos al ídolo durante su proceso de transnacionalización, conquistando primero el sector latino yanqui (cuyo hito mayor constituyó la primera transmisión vía satélite de un cantante y, además, en el Madison Square Garden en 1970. Esto es, dos años antes de las primeras presentaciones del mismísimo Elvis Presley en dicho emblemático lugar y tres años antes de su transmisión via satélite de su especial grabado en Hawaii) pero sobre todo, la “Gitanomanía” desarrollada en México (conquistando aquella meca latina) y en América Central, Caribe. No obstante, el furor nacional se había desarrollado años en el tránsito de fines de los sesenta a la nueva década: en “La magia de Sandro”, “Sandro de América” y “Sandro” (1969) se reúnen los grandes éxitos que marcaron generaciones y sobre todo condicionó la carrera de Roberto Sánchez. Era muy difícil “subir la vara” luego de ese hat trick musical.

La discografía “oficial” (esto es, la que estuvo al cuidado de Sony ) se frenaba hasta hace dos semanas en el icónico disco “Espectacular”: aquel álbum rojo de tapa “poster” donde el Gitano posaba con un traje de cuero negro ajustado. Misteriosamente, tres discos claves donde culminaba la primera etapa de Sandro para la discográfica CBS permanecía descatalogada. Nos referimos a tres largas duración que contenían dos grandes éxitos: “Me juego entero por tu amor” (de “Te espero”, 1972) y curiosamente la canción más exitosa de Sandro (superando a “Rosa… Rosa”) “Mi amigo el Puma” (de “Después de 10 años”, 1973).

Parecía increíble que aquellos discos que pertenecían a uno de los artistas más populares y exitosos no hubieran sido reeditados. Inclusive los primeros álbumes tuvieron que esperar hasta 1996, cuando Sony Music (quien había absorbido a CBS) los reeditaba siguiendo la lógica del “collector”: esto es, no solo la remasterización sino también agregándole bonus tracks (canciones extras): canciones que sólo habían salido en los discos simples o en EP; versiones alternativas y hasta inéditos. En su momento su responsable, Marcelo Cabrera, confesaba que la idea era completar la discografía cautiva del ídolo hasta 1979 (el disco donde el Gitano se despedía de CBS hasta su regreso en 1990). 

Sin embargo, el proyecto quedó trunco por dos motivos: uno  (y fundamental) tenía que ver con los derechos. Roberto Sánchez junto a su representante y amigo Oscar Anderle habían creado ANSA (las siglas respondían a la conjunción de Anderle/Sánchez) y a través de ella se hacían cargo de la producción, licencia y distribución de todo el producto Sandro (álbumes, películas, partituras, cancioneros) siendo precisamente a partir del álbum “Te espero…” quien inauguraba esa nueva época donde CBS ya no decidía artística y comercial sobre el Ídolo de América. El último disco había sido el mítico álbum de tapa doble titulado “Espectacular” donde el Gitano posaba con su traje de cuero negro. 

El segundo impedimento tenía que ver con el desinterés del propio Roberto Sánchez sobre su obra. Siendo siempre muy exigente y crítico de sus creaciones, decidió no negociar con Sony la continuidad del proyecto incluso realizaba un nuevo acuerdo donde aquellas reediciones (que habían sido lanzadas sin su consentimiento) permanecieran sin sus temas extras (un ejemplo de esa reticencia se puede ver en una entrevista donde lo presentan con la canción Dalilah (lanzado en un simple y agregado como bonus track para el disco “La magia de Sandro”) siendo lapidaria su opinión sobre aquella versión. 

Hasta hace poco (y nosotros dimos cuenta criticando esa falta de actualización y curaduría de su legado musical) los álbumes “Te espero” y “Después de 10 años” se podían ver en plataformas como Youtube (donde el disco de 1972 circula una  versión pirateada extraída de las cintas masters), mientras en Spotify existen versiones “pinchadas” de ambos (donde se escuchan en los silencios la “fritura”) con un sonido chato y aplanado. Ahora, finalmente, se hace justicia mientras se promete la continuación junto al menos conocido del Ídolo (producto del desinterés de la propia discográfica ante la rescisión del contrato con el artista): “Sandro… siempre Sandro”. Luego en 1975, Sandro va a la discográfica RCA donde pasa sin pena ni gloria, llegando a publicar tres discos.

El desembarco de estos trabajos en el formato digital no es un mero trámite comercial de catálogo; es un acto de justicia histórica para el legado del Gitano. Sandro, a diferencia de otros artistas de aquella época dorada para la música popular como Palito Ortega o Leo Dan, es el ícono más indiscutido de nuestra cultura, llegando incluso a disputarle el podio al mismísimo Carlos Gardel. 

Los relanzamientos de estos discos nos invitan a conocer a aquel Sandro que parecía haberse internacionalizado: sus constantes giras provocaban que solo el Ídolo se presentase en los icónicos Carnavales y otro hito donde la negligencia del archivo nacional extravió su registro: su concierto vía satélite en el Luna Park en 1972. Lo curioso es que la trayectoria de nuestro Astro (incluso en la época de mayor éxito) sigue siendo una incógnita: los setenta representa al Sandro de las películas eternas y de las críticas (hasta ayer nomás) presentes por parte de los seguidores de la denominada música “Progresiva” (léase progresista) que lo tildaban de hacer música “complaciente” o “pasatista”. ¿Qué pensaba aquel Roberto Sánchez? ¿Estaba politizado o comprometido con su tiempo?

Como muestra, recuperamos una entrevista realizada para la revista “Gente y la actualidad” de abril de 1972 (cuando salía “Te espero”).

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Gente y la Actualidad. N°350. Abril de 1972

“(…) Mi mundo es pequeño. Mis músicos son mis amigos. Más que eso, son los hermanos que la vida no me dio. Lo compartimos todo, es una amistad sana y profunda” (Tomemos en cuenta dicha declaración cuando contemos algunas curiosidades de sus canciones).

“Acabo de releer a Jauretche y me fascina. Como testimonio lo suyo es sensacional. (…) su aporte a esta indagación de lo argentino que vivimos todos lo considero muy importante. No he admirado a ninguna figura política. En un momento me intrigó Napoleón. Y lo estudié bastante. Y luego Juan Manuel de Rosas. Leí bastante acerca de él, visto desde todos los puntos de vista que pude encontrar. Me pareció que en ese estudio podría encontrar algunas claves de muchas cosas”.

Muchas veces las semblanzas artísticas dejan de lado el contexto como si el músico viviera en una burbuja. Tenemos que tener consideración que esta trilogía se desarrolla en el contexto del agotamiento de la dictadura de Lanusse; del inminente regreso de Perón a la Argentina (y luego al poder); del furor del accionar guerrillero mientras que la mirada histórica del revisionismo histórico (y la “peronización” de Rosas) dominaba el sentido común de la sociedad argentina. Sandro no era ajeno a ese devenir político. Siempre curioso, incursionó en lecturas vinculadas a nuestro ser: la disyuntiva cultural ontológica se aprecian en las “relecturas” que hace de Jauretche (“El medio pelo en la sociedad argentina” y “Manual de zonceras argentinas” fueron verdaderos “best sellers” por entonces) y las diversas miradas sobre Rosas (en ese mismo año se estrenaba “Juan Manuel de Rosas” de Manuel Antín, con guion histórico del popular revisionista José María Rosa).

Lo más destacado de “Te espero” y “Después de 10 años” 

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“Te Espero”, edición nacional
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“Te espero”, edición norteamericana

Esa vibración y ese ritmo febril de los sesenta no se disolvieron cuando Roberto Sánchez adoptó el smoking y la orquesta. Al contrario, se sofisticaron. En “Te espero” Sandro ya cuenta con la completa colaboración del arreglador Jorge Leone (que reemplazaba a Jorge López Ruiz). El disco del “auto rojo”, cuenta con un sonido muy “presleyano” aunque del Elvis contemporáneo al Gitano. Por entonces, el Rey del Rock and Roll estaba más orientado hacia sus orígenes: country, gospel y blues. En este disco de Sandro, encontramos un gospel ("Fue en Jerusalem"), y dos hermosos country (“Herederás mi nombre” y “Carolina en mi piel”) Además de estas perlitas, escuchar hoy en plataformas digitales canciones como “El deseo de vivir”, “No me dejes... no, mi amor” o la siempre buscada “Me juego entero por tu amor” es redescubrir una herencia viva.

En la producción de este álbum (esculpido codo a codo junto a su eterno socio, Oscar Anderle) late una actitud escénica y una tensión que sólo un rockero de raza puede imprimirle a la canción romántica. Hay un dramatismo eléctrico, un quiebre en la voz y una base rítmica que sigue dialogando de frente con las nuevas generaciones. Este álbum es un repositorio de éxitos ya que muchas de las canciones fueron revisitadas por el Ídolo en las películas “Destino de un capricho” (1972) y “El deseo de vivir” (1973).

En este disco Sandro se apoya en sus amigos, en “Te espero” inauguran sus colaboraciones la dupla Julián Mandriotti y Leandro “Bebe” Mauro con “Amarte es mi castigo” mientras que “Carolina en mi piel” recibe la musa de su guitarrista Hebert Orlando (quien lo viene acompañando a Sandro desde los tiempos de la Cueva) quien durante en una de sus tantas estadías en México, se enamora de una joven de nombre Carol Segura con quien luego se casaría y terminaría residiendo en tierras aztecas. Roberto sería el padrino de bodas y uno de sus hijos. Incluso en la película “El deseo de vivir”, Sandro hace un “guiño” cuando antes de interpretar en la misma “Carolina en mi piel” arenga a Hebert a que agarre la guitarra escuchándose el “¡Dale Hebert!”.

Por otro lado, “Después de 10 años” es, quizás, el último disco exitoso de Sandro en Argentina hasta 1978 cuando vuelve al disco de oro con “Querer como Dios manda” (en su regreso a CBS). Este álbum cuyo título se remite a un balance de su primera grabación diez años atrás, cuenta con una propuesta que continuará con el disco siguiente: en “Después de 10 años” Sandro ofrece un lado a con canciones románticos y lado b con canciones “shake” o “rockeras”. No obstante, es notorio cómo afecta al producto final la crisis del petróleo: Al escasear el petróleo, el precio del policloruro de vinilo (PVC) —la materia prima esencial para los discos— se disparó drásticamente. Las discográficas locales e internacionales implementaron medidas de emergencia que afectaron el producto final. Ante la falta de PVC virgen, las plantas de prensado comenzaron a triturar discos devueltos, defectuosos o remanentes para reutilizar el material.

Este material reciclado solía incluir impurezas de papel de las etiquetas, lo que generaba un constante y molesto "ruido de púa" (un siseo o fritura de fondo) incluso en discos completamente nuevos. Con todo esto dicho, recuperar “Después de 10 años” con un sonido limpio y remasterizado nos permitirá redescubrir muchas canciones que fueron lanzadas con baja calidad. El disco abre con un poema a cargo de su jefe de prensa: Julián “Puma” Mandriotti. Aquel intrépido escritor le confió “De amor se nace y se muere” que, interpretado por un melodramático Sandro lo hace una versión incólume.

Sin embargo, las 6 canciones románticas no logran estar al nivel de las baladas clásicas del gitano. “El sol se quedó dormido” y “Adonde va el amor” quedan como canciones destacadas. Aunque el lado b, es mucho más flojo. “Mi amigo el Puma” (refiriéndose a Julián Mandriotti, y dándole luego el nombre a un joven actor de novelas y cantante venezolano llamado José Luis Rodriguez) parece ser el hit incuestionable, siendo las restantes once canciones relleno para justificar el larga duración. El gran público va a reconocer también las canciones pegadizas “Dónde vas los domingos” y “Volverán los días” que fueron reinterpretadas por Sandro para su película “Operación Rosa Rosa” (1974). 

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“Después de 10 años” salió en Argentina formato “tapa doble” y “simple”

El paso del vinilo original al streaming remueve el polvo del tiempo. Nos demuestra que el fuego de Sandro no dependía de la púa ni del cartón. Al rescato digital de joyitas como “Diablo angelical” o “Carolina en mi piel” se lo recibe con la certeza de que el mito no se devalúa; simplemente cambia de vehículo para seguir quemando igual que el primer día. El Gitano ya no nos espera solo en las disquerías de barrio; ahora nos espera a un solo clic de distancia, entero por nuestro amor.