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    Teatro: cartas entre Perón y Cooke
    Teatro: cartas entre Perón y Cooke
TEATRO

La Bala de Plata: el eco de la correspondencia entre Perón y Cooke

31 Marzo 2026

Asistir a esta función en El Excéntrico de la 18° —espacio emblemático de la resistencia cultural que hoy celebra sus cuarenta años— fue participar de un ritual de memoria y, al mismo tiempo, de un diálogo rabiosamente actual. Bajo la dirección de Graciela Camino, la obra nos invita a recuperar la conversación política y a trabajar la escucha como un acto de inteligencia y compromiso; algo que, en los tiempos que corren, suena tan revolucionario como las cartas originales de Perón y el "Bebe" Cooke.

La pieza recupera el intercambio epistolar entre Juan Domingo Perón y John William Cooke (1955-1968). Si bien es harto probable que el espectador conozca los textos, ese detalle no hace más que subirle el precio a la puesta: el desafío aquí no es la novedad del dato, sino la vibración de la palabra en el cuerpo.

La política como mediunidad

Camino logra transformar el archivo histórico en un hecho estético vivo. Hay una suerte de operación de desplazamiento espacial donde la voz de esos hombres, arquitectos de una resistencia en sombras, es habitada por Cristina Banegas y Karina Elsztein. Ellas no “hacen de” Perón y Cooke; devienen en una suerte de médiums, vehículos de una lengua que, en la era del eslogan vacío y el ruido blanco de las redes sociales, suena como una música olvidada y necesaria.

Banegas se luce con un manejo del decir de precisión orfebre; su voz tiene el peso de la historia sin perder sensibilidad. Por su parte, Elsztein aporta la contraparte dialéctica necesaria, un juego de espejos donde el pensamiento político se vuelve pura acción dramática. Durante la función, el espectador se verá tentado más de una vez a acotar o contestar, fruto de una dialéctica que todavía nos quema.

Una atmósfera de pensamiento

La puesta, dedicada a la memoria de Horacio González, entiende que el conflicto es el pensamiento. La escenografía y el vestuario de Magda Banach no buscan el realismo de época, sino construir una "oficina del exilio", un no-lugar donde se gesta el destino de un pueblo. La iluminación de Agnese Lozupone recorta los cuerpos en esa penumbra estratégica, mientras el diseño sonoro y la música de Ariel Naón puntúan la urgencia de una correspondencia que cruzaba el océano en el filo de la derrota.

La Bala de Plata pisa en firme en un terreno complejo que juega a tres bandas entre el documento histórico, la política entendida como pasión y la alucinación poética. Es volver a encontrarnos con un teatro capaz de ofrecernos herramientas de combate intelectual en lugar de simples piezas de museo. Una obra urgente, necesaria y, sobre todo, profundamente bella en su ferocidad política. Aprovechen esta reposición y vayan a ser parte de la experiencia.

  • Funciones: Viernes a las 20.30 hs (hasta el 17/4).

  • Lugar: El Excéntrico de la 18ª (Lerma 420, CABA).

  • Entradas: Por Alternativa Teatral o en boletería.

FICHA ARTÍSTICO-TÉCNICA:

  • Dramaturgia: Basada en la correspondencia Perón-Cooke.

  • Actúan: Cristina Banegas, Karina Elsztein.

  • Escenografía y vestuario: Magda Banach.

  • Iluminación: Agnese Lozupone.

  • Música y Diseño Sonoro: Ariel Naón.

  • Asistencia de Dirección: Juan Isola.

  • Prensa: Prensópolis.

  • Producción ejecutiva: Andrea Hanna.

  • Dirección: Graciela Camino.

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    Claudia Sheinbaum, primera presidenta de México
    Claudia Sheinbaum, primera presidenta de México

Derecho comparado: consumo, alimentos y modelos laborales en tensión

31 Marzo 2026

La política económica impulsada por el gobierno de Claudia Sheinbaum se percibe de manera inmediata al recorrer la Ciudad de México. Su impacto se manifiesta, sobre todo, en el consumo popular, que no aparece como una preocupación primaria para amplios sectores de la población. El acceso a los alimentos resulta amplio y variado: frutas, maíz, carnes, moles y productos del mar se ofrecen a precios accesibles en mercados tradicionales como el de San Juan, donde es posible observar escenas cotidianas de consumo digno incluso entre sectores de ingresos modestos.

Los mercados abastecedores y comercios minoristas, distribuidos a lo largo de la ciudad, sostienen una lógica de precios razonables y diversidad de oferta. México reafirma así su posición como potencia regional, no solo en términos productivos, sino también en su capacidad de garantizar condiciones básicas de acceso al consumo alimentario.

El contraste con la realidad argentina resulta evidente. Desde el inicio del gobierno de Javier Milei, diversos indicadores reflejan una fuerte contracción del consumo interno. El encarecimiento sostenido de los alimentos —con aumentos significativos en productos esenciales como la carne—, sumado a la pérdida del poder adquisitivo, ha generado un escenario en el cual amplios sectores de la población recurren al crédito para acceder a bienes básicos.

Este fenómeno se inscribe en un contexto de economía recesiva, caracterizada por políticas que desalientan el consumo. La consecuencia directa es la afectación de una condición elemental para cualquier proyecto de desarrollo: el acceso adecuado a la alimentación. Sin consumo interno sostenido, la dinámica productiva se resiente y se debilitan las bases del crecimiento económico.

El paraguas jurídico

A más de un siglo de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, México continúa proyectando un modelo jurídico con una marcada impronta social. Aquella Constitución —pionera en la consagración de derechos sociales en la región— sigue operando como un faro normativo que orienta reformas contemporáneas, entre ellas la discusión sobre la reducción de la jornada laboral.

En este contexto, resulta ilustrativa la opinión del Dr. Guevara, abogado con actuación en representación de empresas, quien difícilmente pueda ser caracterizado como un actor sindical. En diálogo profesional, sostuvo que la reforma constitucional en materia laboral constituye “una oportunidad para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores”, agregando que ello “también resulta positivo para las empresas”.

Este tipo de apreciaciones —que en una primera lectura podrían parecer evidentes— revelan, sin embargo, la persistencia de un consenso básico entre sectores tradicionalmente contrapuestos, algo que en el escenario argentino aparece sensiblemente debilitado.

Modelos en disputa

En paralelo, Argentina transita un proceso de reforma laboral que ha sido señalado como uno de los más regresivos en la historia del derecho del trabajo nacional. A diferencia del caso mexicano, donde las transformaciones se orientan al acuerdo entre sectores, en Argentina las modificaciones normativas aparecen impulsadas con escaso consenso social.

La diferencia entre ambos procesos no es meramente técnica, sino profundamente política. En México, la reforma laboral se presenta como una herramienta para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y, simultáneamente, fortalecer la estructura productiva. En Argentina, en cambio, la lógica predominante parece orientarse hacia la flexibilización: reducción de derechos, facilitación de despidos y disminución de costos laborales como vía para incentivar el empleo.

Esta divergencia revela dos concepciones antagónicas. Por un lado, un modelo que apuesta al consenso y a la ampliación de derechos como motor del desarrollo; por otro, uno que prioriza la desregulación bajo la premisa de que el mercado, por sí solo, generará condiciones de crecimiento.

Conclusión

Lejos de una visión de conflicto permanente, México parece retomar —con sus particularidades— una lógica de concertación social, donde Estado, trabajadores y empresas construyen acuerdos básicos para el desarrollo.

Argentina, por su parte, atraviesa un proceso de redefinición en el cual el objetivo de modernización normativa corre el riesgo de traducirse en un retroceso en materia de derechos laborales.

En este contexto, el análisis comparado no solo permite identificar diferencias, sino también interrogar el rumbo propio: si el desarrollo debe construirse sobre la base del consumo, la protección social y el consenso, o sobre la desregulación y la retracción del Estado.

 

El autor es abogado laboralista. Contacto: estudiodrarabia@gmail.com

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    Justicia social_Paro General_Daniela Morán_24-01-2024
    Foto: Daniela Morán

Juez que frenó reforma laboral: "La constitución nacional no puede ser un libro olvidado"

31 Marzo 2026

El juez titular del juzgado del Trabajo N° 63, Raúl Horacio Ojeda, otorgó una cautelar a la CGT contra 82 artículos de la Reforma Laboral promulgada por el gobierno de Javier Milei a partir de una ley sancionada por el Congreso. "La Constitución Nacional parece ser un libro olvidado, cuando es nuestra máxima guía", dijo. 

"La reforma del 94 incluyó la adhesión de la constitución a pactos internacionales, uno de ellos, sostiene que no puede haber retrocesos en materia social y económica. Es un principio constitucional. Esto ya lo habían advertido muchos constitucionalistas. Lo que sostengo en el fallo es que habría una violación a ese principio", describió en diálogo exclusivo con AM 530.

"También sostengo que habría una violación a la libertad sindical, que está garantizada también. Es una cautelar, no es un fallo judicial. Ahora el Estado dará sus argumentos y serán anlaizados y se verá cómo se sigue. Está abierto el debate pero esos artículos están suspendidos. Esta medida trae paz social hasta que se dicte un fallo definitivo, que lo hará finalmente la Corte Suprema", siguió el magistrado. 

"Con la cautelar se suspendieron 82 artículos. Esta suspensión hasta que haya sentencia definitiva trae tranquilidad y seguridad jurídica a los trabajadores y a los empleadores. Porque hasta que no haya sentencia definitiva puede haber mucha judicialización", aseguró Ojeda. 

Por último, definió: "El congreso saca leyes, está en su facultad pero la justicia tiene que evaluar si ajusta a lo que dice la constitución, que, insisto, es nuestra guía superior. La constitución son leyes que se escriben en tiempos de paz para momentos de conflictividad, como es el actual. Ahora el Estado apelará y la Cámara definirá". 

 

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    Rosas y Mitre (imagen realizada con IA)
    Rosas y Mitre (imagen realizada con IA)

Cuando Rosas le salvó la vida a Mitre

30 Marzo 2026

A ciencia y cierta es difícil aseverar el hecho que a continuación será narrado, debido a la fuente testimonial de uno de los hombres más controvertidos de la historia nacional. 

Sería de necio negar que Bartolomé Mitre, fue por caso uno de los hombres más brillantes de su tiempo. Esto no implica reconocer en su "angel", un compromiso para con los intereses de la patria, sino, justamente lo antagónico... ese "angel", estuvo al servicio de intereses foráneos. 

No es una injuria infundada por capricho de quien escribe, es la lectura compartida, que se desprende de una de las frases más descriptivas de la vida de don Bartolo.

La suela del zapato

- Cuando uno de sus mejores discípulos le presentaba ante sus ojos, la obra constitutiva del revisionismo histórico (Historia de Rosas y su época, finalmente denominada Historia de la Confederación Argentina) Mitre le dijo a su autor, Adolfo Saldías, en una carta cargada de altisonante contrariedad, unas de las frases que resumen conceptualmente a Mitre como constructor de un sentido común de país: 

"(...) debo declararle, que conscientemente las guardo, como guardo los nobles odios contra el crimen que me animaron en la lucha".¹

Mitre recurrió a la mentira y a los "nobles odios" para construir un tipo de país dependiente absoluto del imperio británico. Detrás de las elocuentes palabras escritas a Saldías, llenas de una narrativa épica y gramaticalmente heróica, estaban las intensiones extranjerizantes del tísico. 

Créase o no ... su principal enemigo, fue el hombre que según su testimonio, lo había  salvado de la muerte, a causa de la malvada impericia del hermano. 

¿Paradoja histórica? 

Si la historia en cuestión fuera corroborable de autenticidad documental, no debería llamar demasiado la atención la acción del joven Rosas. Por otro lado, tampoco sería justo cargarle a Mitre toda la responsabilidad en la entrega del país a los capitales extranjeros. Todo en su justa medida es el modo en intentar reconstruir un rompecabezas. Por último, la historia podría ser genuinamente cierta; Rosas fue un gaucho de ley. Esto implicaba en el siglo XIX ser del riñón de un elemento del mundo rural con determinadas características morales. Rosas y la gauchada del baqueano o pueblerino era ley en los desiertos salvajes. No es cuestión de romantizar al gaucho bravo de la pampa. Al mismo su historia lo envuelve entre miserias y virtudes, aunque poseía indudablemente, un aura de campechanismo religioso de gran valor humano. 

La anécdota a continuación la narra él historiador Roberto Antonio Lizarazu:

<< Si bien es cierto que Juan Manuel de Rosas le llevaba algunos años a Bartolomé Mitre, veintiocho para ser precisos, ambos se conocieron en circunstancias providenciales para Mitre. Seguramente como lo narra él mismo,  en “Mis Memorias y Escritos Sueltos”² si Rosas no lo hubiese encontrado casualmente, Mitre y su cabalgadura hubiesen muerto ahogados pretendiendo cruzar  el Salado en época de creciente.

Rosas nace en Buenos Aires el 30 de marzo de 1793 y Mitre en el mismo sitio el 26 de junio de 1821. No fueron amigos ni parientes ni conocidos socialmente. No pertenecían a la misma generación. Sin embargo la casual circunstancia de haberse encontrados fue providencial para Mitre.

El que si era amigo de la familia Ortiz de Rozas, era el padre de Bartolomé, Ambrosio Mitre. En el verano de 1834, Ambrosio Mitre, lo envía a Bartolomé, de trece años de edad,   a pasar el verano a la estancia El Rincón de López, propiedad de su amigo Gervasio Rozas, (quien a diferencia de su hermano menor Juan Manuel había conservado la z del apellido) y quien había comprado en 1830 la mencionada estancia a los hermanos Juan José y Nicolás Anchorena. Gervasio Rozas regenteaba esta estancia desde 1828 y la había comprado en 1830 por 164.000 pesos fuertes. Estaba ubicada en la margen derecha (costa sur) del Río Salado en lo que en ese momento era el Partido del Tuyú.

En cierta ocasión Gervasio Rozas lo mandó al joven Bartolomé con un recado para entregar en un puesto ubicado en la margen opuesta del Salado.  A partir de este momento, transcribiré lo escrito por Mitre en el libro mencionado.

“Había llovido bastante y el río estaba algo crecido.”

“Yo no era baqueano en los pasos  y buscaba el más aparente para vadearlo y ya iba a intentarlo por donde mejor me pareció, cuando surgió de improviso un jinete  muy apuesto y muy bien aperado que me gritó.”

“Chiquilín, ¿Qué vas a hacer?”

“Voy a pasar el río, señor”

“Por ahí no, criatura; te vas a ahogar”

“Y agregó imperativo, dando espuelas a su caballo: Sígueme”.

“Yo le obedecí y anduvimos silenciosamente varias cuadras, costeando el río.”

“Este es el vado más seguro. Agárrate bien de las crines de tu caballo y anda tranquilo, pero fijate para no errarle en el regreso.”

“Gracias señor, le respondí.”

“¿Y como te llamas? Me preguntó entonces el providencial personaje.”

“Bartolomé Mitre señor, repliqué.”

“De donde eres.”

“De lo de don Gervasio Rozas.”

“Aja, decile a Gervasio, que dice su hermano Juan Manuel que no sea bárbaro, que no se envía a una criatura como vos a cruzar el Salado crecido sin mandarlo a la muerte.”

“Y dale recuerdos míos.”

“Serán dados, señor.”

“Así conocí a Juan Manuel de Rosas.” >>³

La relación entre Gervasio y Juan Manuel no siempre fue la mejor; de hecho, el "cardo", se salvó por la intromisión de la madre de ambos (Doña Agustina López de Osornio) cuando se frustraron los planes de los Libres del Sur en Chascomus, el gobernador de Buenos Aires, se enteraba de la participación indirecta de su hermano para derrocarlo. 

Los hacendados enfiteutas del levantamiento de Dolores, Monsalvo y Chascomus, tenían buena relación con Gervasio. Rosas ordenó capturarlo, el destino de Gervasio no parecía el mejor. La madre en cierta forma regañó a Juan Manuel y el "cardo", siguió con vida."

Fuentes:

¹Publicada la carta entera de Mitre a Saldías en Gazeta Federal. 
²Bartolomé Mitre, Mis Memorias y Escritos Sueltos, Publicado por el Museo Mitre en Editorial Coni, 1921, con motivo de los festejos del  centenario del nacimiento de Mitre.
³ Artículo del historiador Roberto Lizarazu en Blogger del autor.

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    Julio Piumato
REFORMA LABORAL

Julio Piumato: "Nadie enfrentó este gobierno como el Movimiento Obrero”

30 Marzo 2026

En diálogo con “Más o menos bien” (sábados de 18 a 20hs por Radio con vos), Julio Piumato, secretario de la Unión de Empleados Judiciales de la Nación (UEJN), analizó diversos temas de actualidad.

A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“El rol del movimiento obrero en la resistencia a la dictadura y en la lucha por la recuperación de la democracia es una parte de la historia que está adrede diluida y muy poco contada porque no pudieron eliminarlo y desde los grandes medios de comunicación se terminó ninguneando eso”.

“Creo que los jueces tienen la responsabilidad de hacer respetar la Constitución Nacional, la cautelar que frena el traspaso del fuero laboral a la justicia de la Ciudad está vigente y es fundamental porque se creó para que haya una justicia que realmente equilibre una relación tan desigual como la que existe entre el capital de los patrones, cada vez más concentrado, y la figura del trabajador”.

“Está claro que toda la reforma laboral viola claramente las reglas de juego que tiene nuestra sociedad y están plasmadas en la Constitución Nacional, tanto en el Artículo 14 bis como en el Artículo 75 inciso 22 que plantean con claridad los derechos de los trabajadores y el principio de progresividad o no regresividad de los mismos”.

“Para avanzar sobre los derechos de los trabajadores tienen que avanzar sobre el movimiento obrero, nadie enfrentó este gobierno como los trabajadores organizados que frenaron, primero, el Decreto 70/23 e hicieron las grandes movilizaciones”.

“Un sector muy importante votó por este gobierno y condiciona a las organizaciones sindicales, nuestro gremio es el que más paros ha hecho desde su asunción por la perdida salarial que hemos tenido. Llevamos 49 paros de 24 horas en dos años y medio”. 

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    Berenice Iañez
PERONISMO EN CABA

Berenice Iañez: “Se puede ganar la Ciudad”

30 Marzo 2026

En diálogo con “Más o menos bien” (sábados de 18 a 20hs por Radio con vos), la legisladora porteña Berenice Iañez analizó la actualidad política de la Ciudad de Buenos Aires.

A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“Hace año y medio que venimos trabajando en la Ciudad quienes nos referenciamos en Axel Kicillof y el jueves pasado fue una reunión de referentes políticos y el lanzamiento del Movimiento Derecho al Futuro, primer distrito por fuera de PBA para impulsar y construir el MDF”. 

“En la Ciudad hace veinte años que gobierno un proyecto que hoy se agracia con el gobierno nacional y se siente cómodo con las políticas de Javier Milei, hemos visto cómo se profundizaron las desigualdades, cómo se pasó a hablar sólo de una Ciudad de servicios y cómo los últimos años de Horacio Rodríguez Larreta fueron malos y Jorge Macri deja mucho que desear en muchos aspectos”.

“La construcción de la fuerza no va a implicar sólo qué dirigentes tenemos sino qué aporta desde un programa federal, no es poco en una ciudad que siempre nacionaliza las discusiones y necesita pivotear entre lo nacional y lo local”.

“El peronismo puede ganar la Ciudad de Buenos Aires, actualizar la doctrina tiene que ver con pensar hoy una ciudad productiva porque tiene que ser la capital de todos los argentinos y argentinas referenciada desde un desarrollo federal”.

“Depende del peronismo que quiere ser opción de poder y se plantea como una cuestión hegemónica poder articular en equilibrio y de manera armoniosa los distintos intereses de sectores que nosotros entendemos que son los que sacan el país adelante”. 

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    Nicolás Caropesi
    Nicolás Caropesi
APU ENTREVISTAS

Caropesi (UTEP): "Nos cuesta que los trabajadores formales comprendan el planteo de la economía popular"

30 Marzo 2026

Martes 17 de marzo. Estamos en la sede de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) en el barrio de Constitución, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Quien nos recibe es Nicolás Caropresi, coordinador nacional del Movimiento de Trabajadores Excluidos. Una charla sobre economía popular, trabajo y militancia. 

APU: Desde el exilio, Perón utilizó la idea de trasvasamiento generacional para describir la necesidad de renovación del movimiento. A su vez, Francisco decía: “El tiempo es superior al espacio” y que es más importante impulsar procesos que ocupar espacios. Dentro del MTE, ¿cómo se llevan con esta idea? Y, desde su perspectiva, ¿de qué modo se impulsa un proceso entendiendo que la militancia debe acompañar el empoderamiento de los sectores populares?

NC: El movimiento se fundó y se creó alrededor de una necesidad concreta, que era la de los trabajadores cartoneros en la Ciudad de Buenos Aires. No es que se creó a partir de una idea de la sociedad que queremos construir y bla bla bla. Más allá de que esa idea la impulsaban la mayoría de los militantes de ese momento. Pero el objetivo fue organizarse con trabajadores que estaban trabajando en la Ciudad de Buenos Aires y cómo la organización permitía mejorar la vida de esos trabajadores y esas trabajadoras. El rol de la militancia fue siempre acompañar o ser como una traducción entre la burocracia del Estado, de la ley, etc., y los deseos de esos trabajadores en cómo organizarse, cuáles son las necesidades.

Entonces, para nosotros, la frase de Francisco, sobre todo la de “es más importante impulsar procesos que ocupar espacios”, es fundamental. Lo principal es ser una herramienta en la organización de otras personas y brindar la experiencia en la organización para seguir fomentando esa organización y esas victorias y esas conquistas. Usamos algunos dispositivos para que eso sea así, como no estar siempre en la misma tarea, tratar de ir combinando las tareas que lleva cada persona adelante. Después de un tiempo, dejar de hacer esa misma tarea y que otro compañero pase a ocupar ese rol y pasar a hacer otra tarea. Intentamos que haya como movilidad y no generar estructuras estancas, que fueron posibles en un contexto, pero en otro contexto ya quedan viejas, desactualizadas. Entonces es estar todo el tiempo. Es ser como enfermero, como estar a la par de las necesidades de los compañeros y compañeras. Discutir, generar un proceso de conciencia, de fabricar objetivos en base a esas necesidades y pelear por esos objetivos todo el tiempo.

APU: Bueno, esta es una pregunta más personal, pero: ¿cómo hiciste para compatibilizar la militancia social con el estudio universitario?

NC: Y, yo estudiaba Antropología en la UBA. No la terminé, me quedaron cinco materias por rendir, más la tesis. Eso fue más un problema de desorganización mía que echarle la culpa a la militancia de lleno.

APU: Pero cuando vos arrancaste con los cartoneros, en el MTE, ¿seguías estudiando?

NC: Sí, seguía estudiando mucho tiempo. Yo arranqué en el 2010 más o menos. Y ahí metí un par de materias más y dejé. Me había anotado en otra carrera que quise empezar, Ingeniería Agropecuaria, en la UBA también, en Agronomía. Pero me quedaba muy a trasmano y ahí no me pude organizar, porque yo ya tenía tareas laborales también en el movimiento, entonces tenía que cumplir con cuestiones laborales de trabajo concreto, pero ahí el problema fue mío. No le puedo echar la culpa a la militancia.

Sí creo que mi carrera de Antropología me ayudó mucho en este proceso. Incluso en el entendimiento de las palabras de Francisco, en esta idea de acompañar los procesos, de no ocupar lugares sino ser una especie de vehículo frente a las necesidades que iba generando el movimiento.

APU: ¿Te ves en algún momento dejando de militar en la base social para pasar a la militancia político-partidaria?

NC: Yo no. Yo siempre tengo un planteo que es: militar implica estar donde a uno se lo necesita, y no a uno, donde se necesitan brazos, básicamente, porque no es que las personas sean imprescindibles. Nadie es prescindible, ni tampoco nadie es imprescindible. También estar siempre para las tareas que el movimiento requiere. Pero no, no tengo una aspiración político-partidaria –eso lo digo hoy, capaz que algún día aparezco, pero no está en mis objetivos concretos–.

APU: ¿Cómo está la negociación para que la UTEP se incorpore a la CGT? Y, ¿qué falta para que a la UTEP se la reconozca completamente como un sindicato?

NC: Nosotros hemos avanzado bastante en el reconocimiento de la UTEP. Hoy es una personería social-gremial, es decir, la diferencia con una asociación civil cualquiera es que nosotros tenemos una inscripción en el Ministerio de Trabajo, lo cual es la novedad o la conquista de la UTEP. Todavía nos falta para un reconocimiento absoluto, por decirlo de alguna manera, como gremio. 

Pero bueno, en ese camino es que venimos trabajando. Desde que nació la CTEP y después la UTEP, nuestro objetivo siempre fue integrarla a la Confederación General del Trabajo, porque creemos que la clase hay que organizarla en un solo puño y que ahí está la vocación de la UTEP. Nos cuesta que los trabajadores formales entiendan un poco el planteo de la economía popular, está muy asociado a la idea de “planero” y de “gente que no quiere laburar”, etcétera. 

Entonces nosotros venimos trabajando y convenciendo sindicato por sindicato, dirigente por dirigente, tratando de que tengan una aceptación más congruente con lo que nosotros definimos que es la economía popular. Porque ahora, ponele, estamos en un buen vínculo, una buena relación con la CGT, pero también tiene que ver con la coyuntura. Siempre que las cosas están mal y jodidas para todos es más fácil la unidad y, sobre todo, con la UTEP, que está siempre en la calle, a la CGT también le sirve que haya actores con los que coordina que tengan un rol protagónico en la confrontación callejera. Entonces en eso nos llevamos bien, como nos fue durante el gobierno de Macri, donde conquistamos la emergencia social, la personería social, el Salario Social Complementario, la Ley de Integración Socio-Urbana. Y eso todo se consiguió gracias a la articulación con la CGT, además de la Iglesia y otros actores. 

Pero todavía falta. Ni la política puede reconocer el planteo de la economía popular, ni el más peronista de izquierda que podamos encontrar. Porque tiene que ver con una actualización doctrinaria que el peronismo todavía no está dispuesto a hacer, que parte de la premisa de afirmar que el capitalismo como sistema integrador de la masa trabajadora ha fracasado. Ya no puede incluir con derechos y en empleo formal a toda la cantidad de trabajadores que existen en el planeta. La OIT dice que hoy el sesenta por ciento de la población económicamente activa, más o menos, está en la informalidad. Un treinta por ciento de esa informalidad es trabajo en negro, o sea, es una estafa laboral, es un empresario que contrata a un trabajador sin un contrato legal, sin nada que clarifique esa relación. Pero después hay un setenta por ciento de trabajadores que se inventaron su salida laboral.

APU: ¿Qué pensás de la fractura dentro de la CGT, a partir de la conformación del FreSU (Frente de Sindicatos Unidos), nucleado por Aceiteros, UOM, Aeronáuticos, ATE...? ¿Qué pensás de eso?

NC: Mirá, yo creo que hay una… así como se dice todo el tiempo que ha fracasado la política, yo creo que lo que está en crisis es toda forma de representación, ya sea la política electoral, ya sea la gremial, ya sea la social. Hay una crisis de representación que, sobre todo, tiene que ver con que hay un sistema que está en crisis en este momento, entonces no está habiendo una capacidad de respuesta a las necesidades que esa crisis está generando. En eso cada uno emprende una búsqueda de cómo confronta y cómo exige las respuestas para mejorar las condiciones de amplios sectores de la sociedad. En esa búsqueda yo creo que empiezan a haber encontronazos, por decirlo de alguna manera, donde hay sectores que buscan un diálogo más a través de la institucionalidad y donde hay sectores que promueven un poco más la confrontación directa y callejera. El FreSU es una expresión de eso. Sin embargo, la CGT igual tiene los mecanismos para contener esa contradicción internamente. Pero es muy difícil hacer algo que se hace como un ejercicio muy sencillo, que es culpar a la dirigencia de la CGT por la situación actual de los trabajadores. Creo que todos tenemos una cuota de responsabilidad de la situación actual, por omisión, por acción, por lo que sea. 

Entonces ahí nuestra prédica es más ver cómo generamos la unidad de concepción. Obviamente siguiendo nuestra hoja de ruta, y si eso es articular con el FreSU, cada tanto articular con el FreSU, cada tanto articular con la CGT y cada tanto salir por nuestras peleas concretas. Hay algo que nos pasa, que el FreSU tampoco reconoce el rol de los trabajadores de la economía popular. Entonces ahí estamos teniendo el mismo problema que tenemos con la CGT. La diferencia, lo que a uno lo hace sentir más cómodo con los actores del FreSU, es que, bueno, son más combativos, para decirlo de alguna manera, o por lo menos generan acciones de visibilización de problemáticas que por ahí la CGT hoy no lo está haciendo tanto. Pero en el fondo, ni la CGT, ni los que pulseamos, ni nadie está teniendo una capacidad de negociación con este gobierno para contener el destrozo que están haciendo.

APU: Uno percibe, en el imaginario colectivo de los trabajadores de plataformas, que hay derechos resignados de por sí. Te escuché decir que hay un “cambio de conciencia que han logrado en algunos sectores de la sociedad”, y que es necesario revertir esto.
Si hay resignación, ¿cómo se revierte esa conciencia adormecida? Dentro del MTE, ¿tienen alguna propuesta o se han intentado acercar al sector? ¿Cómo viene la cosa con los trabajadores de plataformas?

NC: Yo ahí tengo un planteo, que lo estamos empezando a discutir con los compañeros, y es que el mundo de las aplicaciones, sobre todo Uber, PedidosYa, Rappi, etc., los que la nueva ley laboral plantea como los que interactúan en la plataforma entre los que buscan un servicio y los que ofrecen un servicio. Porque la nueva ley laboral argentina lo que establece es que no hay una vinculación laboral entre el trabajador de Rappi y el programa Rappi, sino que Rappi vendría a ser como el paño o la cancha donde se encuentra el que tiene la bici y ganas de pedalear y el que quiere un plato de comida y lo pide a través de una aplicación. Entonces, para mí, hay algo que es el capital metiendo la cola en la economía popular, es decir, en esta cosa de subsistencia de generarse su propia salida laboral. Entonces hay un concepto que usan mucho para la organización social y para los sindicatos, que es como que somos los “CEOs de la pobreza”, los “gerentes de la pobreza”, y, básicamente, Rappi, Uber y esos son gerentes concretos de la pobreza, donde extraen una ganancia dolarizada del trabajo cotidiano de personas que no tienen ningún otro derecho más que el de pedalear por tiempo indeterminado. Obviamente, en un contexto donde se está destruyendo toda forma de empleo y de trabajo también, porque al destruir el Salario Social Complementario, pero también al abrir las importaciones, al destruir toda la industria local, al sacarle guita a la gente, a que haya menos capacidad de compra, etc., está arruinando a todos los sectores de la economía en general. Y por ahí la aplicación en un momento era una salida rápida de esa situación. Lo que está pasando en este momento, lo cual para mí es un momento que abonaría en contra de la resignación, es que muchísima gente se está volcando al mundo de las aplicaciones por la falta de empleo registrado, caída del poder adquisitivo.

Ahí yo creo que se abre una etapa de interacción. Nosotros hemos intentado acercarnos a estos trabajadores. Es algo que cuesta también porque hay miedo de que, si te descubren organizado, te pueden bloquear de la aplicación, de cómo se pelea contra un fantasma robotizado como es la programación, etc. Pero bueno, es cuestión de ir buscándole la vuelta. Yo justo participé el año pasado en la OIT, donde se debatió esto del mundo de las aplicaciones, y los trabajadores en general todavía no logran un consenso en base a cómo encarar esa discusión. Entonces creo que ahí hay que hacer el mismo recorrido que hicimos los cartoneros, los ambulantes, los textiles, los de la agricultura familiar, etc., que es, bueno, acercarnos, discutir, entender adónde están los problemas y dónde están las reivindicaciones centrales. Que algunas pueden ser de seguridad; yo creo que hoy muchos de los trabajadores de aplicaciones necesitan alguna garantía de seguridad, sobre todo los que van en moto o bicicleta, que les roban a cada rato. Y ahí hemos tratado de elaborar alguna propuesta. Pero bueno, como te digo, es una búsqueda que hay que hacer, que en este contexto tiene un poquito más de abono y de efervescencia para discutir.

APU: Ahora vamos al libro del Éxodo, capítulo uno, versículo doce. Dice: “Cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían”. ¿En qué pensás cuando leés esto?

NC: Yo una vez en un texto usé esa frase. Tiene que ver con una cosa de que la persecución, la criminalización y todo lo que está haciendo este gobierno en este momento, más la explotación en los términos en que lo estamos viendo, o sea, hoy la gente la mayor parte del tiempo que está despierta tiene que estar trabajando, si no, no tiene cómo subsistir al día siguiente. Puede llegar a tener una primera etapa de desorientación e individualismo, pero después, cuando la caracterización es que todos estamos sufriendo bajo el mismo yugo, eso va generando organización, eso va multiplicando la organización, va multiplicando la solidaridad entre los trabajadores y trabajadoras, que es lo que estamos viviendo en este momento, aunque no estamos pudiendo revertir la política; por abajo se van uniendo las necesidades y se va clarificando dónde está el opresor, en este caso. Hoy el problema es Milei, pero ese Milei en algún momento fue Menem, en algún momento fue Macri, siempre fue Patricia Bullrich, siempre fue Sturzenegger, siempre fue Caputo. Pero bueno, creo que a lo que refiere esa frase es a eso, a esa cosa de que cada vez que el faraón castigaba más al judío frente a su reivindicación y a su derecho a la misa, porque la discusión ahí básicamente era tener derecho a sus rituales, la respuesta del faraón era mandarlo a trabajar más, mandarlo a trabajar más, mandarlo a trabajar más, y eso fue generando mayor identidad en la prédica de Moisés que en la del faraón y fue generando las condiciones para el éxodo.

APU: Bueno, dentro del género conducción, ¿qué modelos de conducción hay dentro del MTE?

NC: Nosotros en una época dividíamos entre huaychafes y huerquenes, utilizando una definición mapuche. El huaychafe tiene un rol hacia adentro de la comunidad y el huerquen tiene un rol en la interacción con el mundo blanco. Nosotros en un momento usábamos esa dupla para identificar al militante “carapálida”, como le dicen los cartoneros, y por el otro lado el militante de extracción popular, de base cartonera, etc. Y esa dupla era la que tenía que actuar en conjunto. Yo creo que la conducción, hoy, del movimiento es una conducción compartida, donde no es claro señalar a uno como el conductor. Hay un proceso de agrupamiento del procesamiento de las necesidades de cada una de las ramas, de cada uno de los sectores, de cada uno, que tratamos de volcarlo en una mesa de conducción en donde tengas alguna representación por rama, alguna representación por seguimiento nacional, federal, etc. Y ahí ir buscando esa forma de conducir de manera colectiva un movimiento que es colectivo. Entonces no sé si tengo muchas categorías. Sí creo que la principal virtud que tiene que tener quien tiene rol de conducción es estar a disposición de las necesidades del movimiento todo el tiempo. Había una frase que usaba un cartonero, que es: “el teléfono que siempre está prendido”. No conducir alejado, sino ser parte de la dinámica cotidiana y estar en el fácil acceso a las necesidades de los compañeros y las compañeras.

APU: Ahora vamos a una pregunta más específica y concreta. Si nos circunscribimos territorialmente al ámbito del AMBA y, cronológicamente, a estos dos años y tres meses del gobierno de Javier Milei, ¿en qué jurisdicción y qué rama sufrió más este gobierno? ¿Qué autocrítica, como dirigente, hacés de las decisiones que se toman dentro de la organización o qué faltó –más allá de lo obvio, de un gobierno que sea consciente de la economía popular y de las necesidades del pueblo pobre–?

NC: Lo más afectado hoy creo que es la zona NOA y NEA, o sea, el norte argentino es lo más afectado, pero sobre todo porque es de los lugares donde la economía popular tiene mayor presencia. El AMBA, también.

El socio-comunitario, que son las tareas del cuidado, que van desde dar de comer hasta cuidar a los niños, hasta educarlos, hasta generar espacios de esparcimiento deportivo, cultural, etc., fue lo primero que atacaron y destruyeron. Le quitaron la mitad de lo que era el Nexo. Nosotros habíamos conquistado el Salario Social Complementario y, durante la pandemia, conquistamos lo que se llama el Nexo, que era igualar el ingreso de un trabajador o una trabajadora socio-comunitaria al Salario Mínimo, Vital y Móvil. La primera medida que toma este gobierno es quitarle la mitad de ese ingreso. Cuando le quitás la mitad de ese ingreso, destruís fuertemente la organización de esa rama y, sobre todo, los niveles de dignidad, de ingresos y de derechos de esos trabajadores y esas trabajadoras. Pero después, las decisiones económicas o macroeconómicas de este país están destruyendo a todas las ramas por igual. A la rama cartonera le arruinaron el precio del material, o sea, lo bajaron casi en un 200% del valor que tenía cuando llegó este gobierno. A la construcción la hicieron pelota con la destrucción de la Secretaría de Integración Socio-Urbana. A la textil la hicieron pelota con la apertura de las importaciones de Temu y de cualquier ropa china.

APU: No solo eso, sino también que ellos tomaron una narrativa, a salir a decir en los medios que la industria textil nacional está carísima y que es mejor comprar los jeans de afuera, y toda la pavada esa.

NC: La producción de alimentos frutihortícolas también la destruyeron, importando tomate de Paraguay, de Bolivia, sandías, todas cosas de producción local. Entonces hay una destrucción generalizada. Si vos me decís “¿qué es lo más afectado?”, lo socio-comunitario lo hicieron pelota. Pero después veo que la afectación es pareja en escala para todo el mundo. Irradia en todas las ramas.

Navidad en el Congreso

APU: Bioy Casares supo decir que: “Mientras recorre la vida, el hombre anhela cosas maravillosas y cuando las cree a su alcance trata de obtenerlas. Ese impulso y el de seguir viviendo se parecen mucho”. Nuestro mundo abunda en cosas maravillosas. Bioy hizo, al azar, una lista: la libertad para quien está preso; la salud para quien está enfermo; el aroma a pasto recién cortado; la esperanza de escribir una buena historia. ¿Cuál es tu lista de cosas maravillosas?

NC: Apa, no estaba preparado. Hay algo que a mí me hace muy feliz, que es lo colectivo. Y, si querés, desideologizado, incluso atravesado por las contradicciones de la exclusión, etc. Pero la idea del encuentro, con momentos de felicidad, de alegría, de compartir, de preocuparse, de estar.

APU: Podríamos decir… la Navidad en Congreso.

NC: La Navidad en Congreso, que para mí es un ejemplo porque yo me crié en un pueblo de Misiones, al norte de Misiones, y era un pueblo chico. Entonces la comunidad era visiblemente comunidad. Nos conocíamos, compartíamos entre todos, también era otra época. Pero, por ejemplo, en las navidades era una festividad del espacio público, todos nos encontrábamos en las calles, festejábamos, se cruzaban las familias, y eso es algo de lo que pasa en la navidad en Congreso.

Eso… generar las condiciones para que la existencia en nuestra vida sea esa, no tanto el valor individual y las conquistas individuales de mi vida, sino esa pulsión aventurera de conocer al otro, de conocer lo otro, de entender las experiencias del otro. Es como uno de los principales anhelos que para mí se parecen mucho al olor a pasto y a todo lo que vos describiste. Esa es mi búsqueda, en esa búsqueda vinieron todas mis inquietudes intelectuales, mis inquietudes políticas. Y, hoy, formando parte del ecosistema de Argentina Humana, en los roles de vocerías y coordinación nacional del movimiento, etc., encuentro eso todavía, a pesar del ataque malvado que estamos sufriendo.

Entonces sé que hoy, mientras mantengamos vivas esas arcas de encuentro colectivo, vamos a lograr recuperar un poco la alegría del pueblo, porque creo que ahí es donde está mi búsqueda, en dónde cómo seríamos felices todos. Y ahí hay una cuestión fundamental que es que yo creo que sólo organizados vamos a ser felices, y eso es qué rol tiene que cumplir el Estado, la sociedad civil, y tiene que ver con cómo planificamos la vida en conjunto, en la idea de que mientras haya uno sufriendo, es la comunidad la que sufre, y no al revés.

APU: Muchas veces uno se pregunta para qué hace lo que hace, ¿vos para qué hacés lo que hacés?

NC: Creo que lo hago por eso, por esa búsqueda, que al mismo tiempo tiene una cuota de placer individual, que es esa necesidad colectiva que me fabriqué.

APU: Hace unas semanas hablaba con el Padre Toto y cuando le hice esta pregunta él me dijo lo mismo: “uno es feliz dándose”.

NC: Exactamente, eso es lo que yo vengo encontrado, en eso también gracias a Francisco he encontrado en los textos de la Biblia un poco de esa reflexión en ese sentido, y he conocido a gente como Toto, Carrara, el Padre Tano, el Padre Pepe, el Padre Paco. Que también van en esa búsqueda en sus diferentes formas, pero creo que lo que hay que predicar es fundamentalmente eso, es cómo somos felices en esa entrega, en esa experiencia en la búsqueda de felicidad.

No por nada el primer milagro de Jesús fue garantizar el vino en una fiesta de casamiento, porque lo que en el fondo Jesús estaba queriendo garantizar no era el vino sino la alegría en el festejo de ese matrimonio. Entonces, creo que ahí un poco está la búsqueda en cómo generamos momentos de felicidad en una vida que tiene mucho también de sacrificio.

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Nos cuesta que los trabajadores formales comprendan el planteo de la economía popular, que suele asociarse a prejuicios como el de “planeros” o “gente que no quiere trabajar”.
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    El debate sobre la ley de glaciares
    El debate sobre la ley de glaciares
DEBATES

Leonardo Pflüger: "La reforma de Milei es mala, pero el peronismo debe dar su propio debate sobre la ley de Glaciares"

30 Marzo 2026

AGENCIA PACO URONDO dialogó en un nuevo episodio de su podcast en Spotify con Leonardo Pflüger, licenciado en Gestión Ambiental (CAECE) y Especialista en Gestión Pública (UBA). Además, trabajó quince años en el ex Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación y fue Director Nacional de Producción Minera Sustentable. En la actualidad, es docente en UNSAM, UNRN y UCA, y consultor en sustentabilidad y estrategia ESG. Su posición sobre la ley de Glaciares que el gobierno de Javier Milei quiere reformar.

APU: ¿Cómo estás viendo el debate en torno a la reforma de la ley de Glaciares?

Leonardo Pfluger: Es un debate muy chato, donde básicamente todos los involucrados eligieron ponerse en veredas opuestas, sea una u otra. Nadie busca encontrar un punto en común. Por un lado, está la postura del sector minero que me parece que está mal asesorado. Ellos defienden esta reforma que para mi es mala y no lo digo porque crea que la minería no deba hacerse porque impacte sobre los glaciares. No va a impactar como no impacta en otros países que tienen minería y glaciares. Por otro lado, el lado progresista o peronista, están en una postura radicalizada en contra de cualquier reforma. No se buscan acercar posiciones. El gobierno no quiere realizar un diálogo sino que hace todo a las patadas. Me parece que desde el peronismo hay que marcar una postura diferencial, que no significa hacer lo que propone Milei, pero tiene que defender la producción y la industria. El peronismo defendió la minería. En Santa Cruz, fue el kirchnerismo el que alentó la minería. Cuando tenés la postura de "los glaciares no se toca" se hace difícil cualquier diálogo. 

APU: ¿Dijiste que al sector minero tampoco le sirve la reforma de Milei?

LP: Coincido parcialmente con las posiciones ambientalistas. La reforma tiene falencias constitucionales, porque entre otras cosas desvirtúa el concepto de presupuestos mínimos que está contemplado en el artículo 41 de la Constitución o no construye procesos participativos legítimos. Mi lectura es que la reforma de Milei va a tener una avalancha de juicios. El sector pide seguridad jurídica y esta reforma no la da, todo lo contrario

APU: Las mineras acompañan porque hay toda una narrativa a favor de la producción minera pero decís que no están viendo ese problema.

LP: Me siento un poco descolocado. Hablo con gente del sector y reconocen que esta reforma puede generar mucha conflictividad. Pero hay algo como un miedo a hablar o discrepar. Entonces, como mucho sector apoya, el resto acompaña. Yo creo que la ley de Glaciares hay que cambiarla, pero no así, esto es atarlo con alambre, salir del paso de forma desprolija. 

APU: ¿Qué le cambiarías a la actual ley de Glaciares?

LP: El artículo 6 que es el prohíbe la actividad minera en ambiente periglaciar. Cuando se aprobó la ley hace 16 años le preguntaba a legisladores nacionales si existía algún antecedente de una ley similar en el mundo. Y te decían, 'no, estamos siendo pioneros'. Bueno, pasaron 16 años y seguimos siendo los únicos. No está bien. Ser pioneros es ser el primero en algo que todo el mundo sigue. Esto es otra cosa. 

APU: ¿Por qué es tan malo ese punto?

LP: Nadie se tomó el trabajo de hacer derecho comparado, es decir, cuál es el marco regulatorio en países donde hay minería y glaciares. No somos el único país del mundo en ese sentido. Ningún país del mundo se calienta en definir ambiente periglaciar. Canadá tiene 50% de su territorio que es ambiente periglaciar y hace minería. En Chile hay un inventario de glaciares pero tiene minería. Lo que pasa es que ambos no tienen prohibición. El problema no es el inventario o la definición de ambiente periglaciar, sino la prohibición. El sector minero también mira mal el problema. 

APU: ¿Con la definición de ambiente periglaciar se busca proteger a los glaciares y a la zona que los rodea, como forma de asegurarse una protección al recurso hídrico que surge del glaciar?

LP: Es un debate estéril. De un lado del mostrador, se plantea que todo glaciar tiene un recurso hídrico estratégico que hay que defender. Del otro lado, que hay que hacer un inventario para ver cuál es estratégico y cuál no. Le están dando una connotación binaria cuando no debería haberla. Pongo un ejemplo: es como debatir si un árbol produce oxígeno o no, no hay nada que discutir, produce oxígeno. Ahora, si tenés un bosque de 2000 héctares y te planteas arrasarlo completo para producir soja es cuestionable. Si en ese bosque tenés que hacer una ruta que atraviesa solo una parte y para eso tenés que talar algunos árboles, es otro debate. Nadie dejaría de hacer una ruta por talar algunos árboles. Y cada uno produce oxígeno. Lo mismo pasa con los glaciares. Hay que evaluar cada situación. Hay glaciares de escombros que aportan agua pero muy poca. Vas a prohibir la minería por eso, que genera puestos de trabajo y recursos para el país

APU: Pero justamente en ese ejemplo que das: ¿No está bien, hacer un inventario que determine la capacidad hídrica de cada glaciar?

LP: No, porque estamos poniendo el carro delante del caballo. El inventario debe ser exhaustivo, tiene que poner todo como sucede en todos los países del mundo. Después, si tenés un glaciar de escombros que entra en conflicto con un proyecto, se evalúa proyecto por proyecto. Así se hace en los países que tienen minería y glaciares. Por ejemplo, hay una mina en Chile - a la altura de San Juan - que funciona hace más de 20 años. Tiene 15 glaciares de escombros a su alrededor. Trece están intactos. No es cierto que la minería arrasa con los glaciares. Dos no están intactos, los tuvieron que sacar. Eran dos glaciares que no aportaban mucha agua y en cambio la mina generó más 20 mil puestos de trabajos, directos e indirectos. Claro, si decís que cada gota de agua no se toca, no hay debate posible. 

APU: Con la reforma de Milei: ¿Se le da más poder a las provincias para que definan qué proyecto se aprueba o no?

LP: El poder ya lo tienen porque tienen la competencia de hacer el estudio de impacto ambiental, sea una mina o cualquier emprendimiento. El estudio lo hace el privado pero lo evalúa el Estado. En Argentina, es competencia de cada provincia. Vale para una mina o una fábrica de zapatos. La reforma le da una potestad adicional, que es sacar del inventario un glaciar. Yo digo: no tenés que sacar nada, tenés que hacer un estudio de impacto ambiental que demuestre que es más conveniente el proyecto minero en cuestión que mantener ese glaciar. Vuelvo al ejemplo de la mina en Chile. Del otro lado de la cordillera hay un proyecto en San Juan, que se llama Pachón. Es un proyecto de cobre. Arriba hay un glaciar de escombros de 4 hectáreas. Ese glaciar no alcanza para abastecer una hectárea de vid. No es razonable no hacer un proyecto minero por cuidar un glaciar así. No la hace ningún país del mundo. No lo hace Canadá. Hoy la única amenaza a los glaciares no es la minería, es el cambio climático. La minería puede afectar algún glaciar puntual. No tiene sentido la prohibición

APU: La primera ley de Glaciares fue vetada por Cristina. ¿Con qué argumentos?

LP: Muchos gobernadores peronistas, de provincias mineras, le dijeron que la ley era problemática así como estaba. Principalmente, Gioja, gobernador de San Juan. Con buen tino, Cristina la vetó. Después se insistió con una ley similar. Cristina no iba a pagar el costo político de vetar otra vez la ley. No se quiso construir un espacio de diálogo entre los sectores. No se quiso escuchar al sector minero. También hay que decir que el sector minero no supo expresarse como corresponde porque estaba y sigue estando mal asesorado. 

APU: ¿Por qué el peronismo ahora tiene una posición tan fuerte contra la reforma? ¿Porque la quiere sacar Milei o porque últimamente le cuesta vincularse con el sector productivo?

LP: Parte y parte. En el último tiempo el peronismo ha tomado como propias ciertas banderas de la izquierda y de la oposición a un supuesto extractivismo, concepto con el que no estoy de acuerdo. Se levantaron banderas de un pseudo ambientalismo que tiene posturas anticapitalistas. El capitalismo tiene problemas pero hay que resolverlos con políticas públicas no con una postura dogmática de oposición. El peronismo se está olvidando de las banderas de la producción que siempre caracterizaron al movimiento. Eso tiene impacto también en el electorado. Es un peronismo que no se hace cargo de los temas, porque hace muchos años que el sector minero le viene diciendo que esta ley es un problema. Después la reforma la termina haciendo otro. 

APU: Te hago las dos últimas preguntas. La primera: está la objeción a la capacidad de las provincias de controlar a empresas que son muy poderosas. ¿Qué opinás?

LP: Tenemos un régimen federal que surge de la constitución. Si no les gusta, cambien la constitución. Después, hay un prejuicio sobre las provincias. Yo creo que actúan con mucho profesionalismo y tienen capacidad para controlar. Por supuesto, esas capacidades van creciendo a la par del desarrollo productivo. Hay que promover el desarrollo productivo y usar los beneficios para fortalecer las capacidades institucionales. Se puede hacer. Hay provincias que lo hicieron muy bien. Hay una visión porteñocéntrica de gente que no tiene la menor idea de lo que es un proyecto minero y de la capacidad de las provincias. Está el clisé de decir que las provincias son corruptas

APU: La última: ¿Te parece necesario una empresa minera estatal?

LP: No. En su momento, YPF fue muy importante para el país. Pero estamos en otros tiempos. Está bien que la aerolíneas de bandera sea estatal porque se ocupa de rutas que no son rentables pero importantes para el país. Y el sector privado no se va a ocupar de lo que no es rentable. En el caso de la minería es rentable que hay inversión privada. El Estado debe destinar esos fondos para otras cuestiones que son muy importantes. En la mayoría de los países no hay empresas estatales mineras. Ni siquiera en Cuba, donde hay minería y se ocupan empresas privadas extranjeras. Tiene minería de níquel y cobalto que desarrolla una empresa de Canadá. Después el Estado debe sumarse en lugares donde no sea tanto negocio para el privado. Por ejemplo, agregar valor. Vamos al caso del litio. Argentina no puede producir baterías de litio, ni Estados Unidos puede hacerlo. Pero sí podríamos hacer cátodos de litio, que es un paso intermedio. Un privado no lo va a hacer pero sí el Estado. No es fácil pero se podría hacer. 

En el último tiempo el peronismo ha tomado como propias ciertas banderas de la izquierda y de la oposición a un supuesto extractivismo, concepto con el que no estoy de acuerdo. Se levantaron banderas de un pseudo ambientalismo que tiene posturas anticapitalistas.
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    TRUMP

Fuentes Seguras: La conmoción en Asia y el quiebre interior en EEUU

30 Marzo 2026

Publicado originalmente en Radio Gráfica

ASIA. Los desequilibrios generados por la agresión de los Estados Unidos e Israel contra Irán, están impactando con intensidad en Asia. Como el eje informativo suele ser Occidente, está quedando oculta la gravísima situación por la que atraviesa esa región; sin embargo, la extensión del litigio, además de afectar el presente económico puede derivar en modificaciones geopolíticas de importancia. De hecho, se trata del continente más complicado por la interrupción de la circulación de navíos petroleros en el Estrecho de Ormuz.

Asia es el principal destino del combustible que atraviesa la delgada franja de agua: entre el 84 % y el 90 % del petróleo y cerca del 83 % del gas natural licuado tienen como destino países de la zona. Por eso las naciones están adoptando medidas para garantizar el suministro y contener el alza de precios. Como ya parece habitual tras cada movida bélica atlantista, la Federación de Rusia -espantajo propagandístico persistente- mejora su protagonismo

Varias naciones, en especial las gigantescas China e India, así como otras del Sudeste Asiático están recurriendo a Moscú para nuevas compras energéticas, sobre todo después de que los Estados Unidos levantase temporalmente sus sanciones al crudo ruso. Según las informaciones más recientes, la economía del país que orienta Vladimir Putin va logrando equilibrarse a pesar del esfuerzo que implica la contienda contra Kiev en la frontera euroasiática. El año pasado cerró con preocupaciones: meseta productiva e inflación. Ahora, las ventas de combustible insuflan vida.

Dos días atrás Putin efectuó un diagnóstico duro, cuyo trasfondo responsabiliza a los Estados Unidos por las dificultades globales. Advirtió que el conflicto en Oriente Medio tiene un impacto «cada vez más evidente en la situación económica y causa «un perjuicio notable a la cadena logística internacional, a la producción y a los eslabones de cooperación». «En el punto de mira resultaron sectores relacionados con la extracción y procesamiento de hidrocarburos, metales, fertilizantes y muchos otros artículos». Putin, quien ha tachado de «agresión» los ataques a Irán de los Estados Unidos e Israel, admitió que «por el momento es difícil predecir con exactitud las consecuencias del conflicto». «Me parece que aquellos implicados tampoco pueden pronosticar nada. Para nosotros eso es aún más complicado».

China es el principal socio comercial y la mayor potencia aliada de Irán, Hasta ahora ha condenado las acciones de los agresores asociados, y dentro de su estilo ha priorizado esfuerzos diplomáticos para atenuar las contradicciones en Asia occidental. El gobierno de la República Popular no solo ha instado a los protagonistas a resolver con diálogo las dificultades, sino que ha puesto especial empeño en lograr armonía relativa con los países del Golfo salpicados por el conflicto. La Cancillería, conducida por Wang Yi, está en continuo contacto con Irán, pero también viene intensificando las conversaciones con Omán, Arabia Saudí, Baréin, Kuwait, Catar, Pakistán entre otros interlocutores.

Los vínculos trascienden teléfonos y conexiones varias: directamente envió a su representante especial para Oriente Medio, Zhai Jun, a Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Kuwait, Catar y Egipto. Estas acciones implican varias articulaciones: por un lado, sostener los lazos políticos y energéticos con los países de la región, y también recordarles que la República Islámica, en sus réplicas, no va más allá de las bases norteamericanas, pues evita conscientemente atacar lugares bajo control de los estados lugareños. Hasta ahora, aunque golpeó con drones sobre algunas decisivas plantas desalinizadoras, a sugerencia china levantó el pie de ese acelerador.

El bloqueo del Estrecho de Ormuz implica un impacto directo para el coloso asiático: cerca del 45 % del petróleo que importa pasa por esta vía. El área energética del Ministerio de Finanzas y los órganos de planificación económica ya intervinieron de modo extraordinario por primera vez desde 2013 para limitar el alza de precios y gestionar una adecuada provisión de energía con la Federación de Rusia. Todas las decisiones, internas y externas, están subordinadas a la mirada geopolítica de largo alcance; la nación liderada por Xi Jingping no quiere malquistarse con su trama de relaciones por un litigio que no ha iniciado ni alentado.

Pero hay más actores. Pakistán confirmó esta semana su anhelo de mediar en las conversaciones entre los Estados Unidos e Irán para promover una propuesta de paz. La nación pretende usufructuar sus alianzas con países del Golfo y su relación con la República Islámica para evitar un colapso regional. Sin olvidar su conflicto con Afganistán, Pakistán se involucra también con el amparo de su acuerdo de defensa mutua con Arabia Saudí. En tanto, Islamabad gestiona una posible visita del vicepresidente estadounidense, JD Vance, para conversaciones cara a cara con esas premisas.

Asimismo, el Sur de Asia padece el inicio de un colapso energético. Esta guerra ha obligado a la India a blindar su industria de refinamiento para asegurar no solo el consumo doméstico, sino su posición como exportador estratégico para 150 países. Pakistán, Nepal y Bangladésh ya impusieron racionamientos tras una baja del 95 % en las importaciones de crudo, problema que se hilvana con una crisis para los 21 millones de migrantes surasiáticos en el Golfo por la parálisis de las remesas, motor del 25 % del PBI de países como Nepal.

Japón, por su parte, se ha visto arrastrado a un delicado contrapeso tras el ataque de los Estados Unidos, su principal aliado militar, al tiempo que trata de hacer frente a los efectos en su economía. Tokio no ha realizado una valoración de los ataques, aunque ha deslizado hacia los medios afines que fue tomado por sorpresa y, después de tanto dialogo con el gobierno norteamericano, está preocupado por la desatención. Cuando el presidente Trump solicitó ayuda en la Casa Blanca a la líder japonesa, Sanae Takaichi, para garantizar la navegación en Ormuz, la primera ministra dijo que Japón solo se planteará desplegar buques tras un alto el fuego.

En sintonía, Corea del Sur prioriza las medidas para asegurar el suministro energético. La más importante es la liberación de 22,46 millones de barriles de crudo de sus reservas estratégicas (en coordinación con la Agencia Internacional de la Energía). Filipinas se convirtió en el primer país en decretar el estado de emergencia energética ante la crisis de suministro, ya que sus importaciones de crudo proceden casi por completo del Golfo Pérsico y el archipiélago apenas cuenta con reservas para unas siete semanas. Tanto Filipinas como Tailandia y Vietnam se han acercado a Rusia en busca de petróleo y gas. Vietnam y Rusia doblaron la apuesta y suscribieron un acuerdo de cooperación para construir la primera central nuclear en el mítico país que expulsó a los norteamericanos de su territorio, allá por 1975.

El lector observará que además de los estados que se insertan en la multipolaridad, aquellos que se venían alineando con Occidente están tomando distancia de las acciones guerreristas desplegadas por los estadounidenses pues los perjudican directa o indirectamente. Aunque suene extraño, las consultas y los cruces en los ambientes diplomáticos permiten inferir que la mayor parte de las naciones no sabe por qué se resolvió bombardear la República Islámica de Irán. Hace un par de años el conglomerado asiático empezó a mostrar más simpatía hacia la asociación de naciones emergentes; es probable que esa gestualidad esté incrementándose a la luz de los presentes acontecimientos.

ESTADOS UNIDOS. A partir de ahora, esta secuencia retoma lo que puede denominarse el problema estadounidense. Algún memorioso recordará que durante una entrevista con jóvenes que indagaban en el futuro global, quien escribe señaló que “la humanidad tendrá que decidir qué hacer con los Estados Unidos” pues, mientras se desarrollaban las nuevas asociaciones y modelos, ese país se estaba convirtiendo cada vez más en un lastre para todos. Semejante situación se posiciona en el presente con una intensidad potente pero además con una aceleración difícil de prever.

Mientras se elaboraban estas Fuentes surgió un texto magnífico y revelador preparado por la columnista del The New York Times, Lydia Polgreen. Allí se inserta el dedo en la llaga al apuntar, lisa y llanamente, “No es Trump. Es Estados Unidos”. A lo largo del texto, cuyos ejes se invita a transitar más abajo, se ahonda en las convicciones que han guiado a la potencia norteña hasta convertirla en un escollo para la mayor parte del planeta. Por ese se indica que estamos ante el final lógico de décadas de historia estadounidense: la adicción del país a la hechicería tecnológica para librar guerras a distancia, la creencia cegada de que podía dar forma a los acontecimientos en lugares lejanos por la fuerza, el constante debilitamiento de los límites constitucionales a la presidencia.

Mientras leemos juntos el material que insertamos a continuación, no debemos perder de vista una curiosidad relevante: el mismo fue publicado por un diario globalista y ligado a las finanzas. Hasta ahora, The New York Times fue el promotor de las acusaciones de populismo a diestra y siniestra, así como de la difusión del liberalismo como solución para los más variados enredos. Por tanto, a los aciertos que se perciben en este y otros artículos de los días recientes, es preciso acunarlos en la desconfianza hacia el medio emisor. Y preguntarse porqué, a qué se debe que, cuando un presidente norteamericano asume la lucha integral contra el modelo productivo y anti rentístico, estatalista y distribucionista que encarnan Irán, Rusia, China, el vozarrón parasitario lo condena y lo denuncia con certeza y justicia.

Este narrador desea hacerse entender: la nota en cuestión sería sugerida aun cuando fuera publicada en otro espacio periodístico, debido a su atinado perfil; pero, tras recorrer las más variadas redacciones, quien la destaca sabe que determinadas líneas editoriales no se transgreden y que todos los giros y transmutaciones poseen una explicación material. Aquí se afirma, entre otras cosas, que “La esperanza de Trump de un rápido colapso del régimen iraní siempre fue fantasiosa. La geografía se está vengando: el petróleo y el gas que alimentan gran parte de la economía mundial pasan por un estrecho que Irán controla de facto. Una invasión terrestre en su vasto y prohibitivo terreno podría superar con creces el atolladero de Vietnam”.

A ver.

No es Trump. Es Estados Unidos

Por Lydia Polgreen (The New York Times)

Como muchos otros estadounidenses, en estos tiempos sombríos he oscilado entre dos polos emocionales. En algunos momentos, me digo a mí misma que Donald Trump es una figura singularmente malévola que se ha apoderado de hilos del poder que ningún presidente anterior se había atrevido a tomar. El relato no detiene la violencia estatal en las calles ni las operaciones militares ilegales en el extranjero. Sin embargo, tiene su consuelo. Una vez que Trump desaparezca de escena —como exigen las leyes de la naturaleza, si no las de la política— podrá suceder algún tipo de restauración del proyecto democrático y constitucional estadounidense.

En los días más oscuros, me encuentro recurriendo a una historia más profunda: que Trump es el cumplimiento de lo que Estados Unidos siempre ha sido, una nación autosatisfecha, a la que sus mitos sobre la providencia y el excepcionalismo le dan licencia para hacer lo que quiera. Después de todo, Trump no surgió de la nada. Sus dos victorias se forjaron gracias a las decisiones tomadas por los estadounidenses y por los líderes que eligieron. Si no hubiera existido, la historia habría inventado a alguien como él. Esta explicación ofrece su propio alivio. Al menos es algo que una mente racional puede comprender.

Esta oscilación puede sentirse como un latigazo cervical. La derrota de Trump en 2020, las intervenciones de los tribunales para bloquear algunas de sus maniobras más descaradas y la perspectiva de un triunfo demócrata en las elecciones de mitad de mandato sostienen la teoría de la aberración. Pero otros acontecimientos —el triunfo de Trump en las urnas en 2024, la sumisión casi total del Partido Republicano a su voluntad y la concesión por parte de la Corte Suprema de una enorme inmunidad a Trump por actos potencialmente delictivos cometidos como presidente— sugieren lo contrario.

La guerra en Irán ha hecho añicos este binario. Es, sin duda, el producto de la imprudencia única de Trump, que se zambulle sin miramientos en un conflicto que sus predecesores habían hecho bien en evitar. Sin embargo, también es el final lógico de décadas de historia estadounidense: la adicción del país a la hechicería tecnológica para librar guerras a distancia, la creencia cegada de que podía dar forma a los acontecimientos en lugares lejanos por la fuerza, el constante debilitamiento de los límites constitucionales a la presidencia.

¿Trump es un fenómeno de la historia o su cumplimiento, es una aberración o una culminación? La respuesta, seguramente, es ambas cosas. Pero en el transcurso de su presidencia, Trump ha revelado un mal mucho más antiguo: la fe inquebrantable de Estados Unidos en su capacidad para moldear el mundo a su gusto, indiferente a lo que otros puedan querer y supremamente seguro de que su plan es el correcto. Más allá de Trump, es a esta mentalidad desfiguradora a la que debemos enfrentarnos los estadounidenses.

En diciembre de 1952, un erudito escocés llamado Denis Brogan publicó un ensayo notable titulado “La ilusión de la omnipotencia estadounidense”. Escrito cuando Estados Unidos emergía como la potencia preeminente del mundo, Brogan diagnosticó un rasgo peculiar de la mente estadounidense. Estados Unidos, alimentado por sus mitos e inquebrantablemente seguro de su visión del mundo, no podía ver la dificultad, y mucho menos la derrota, como una razón para cuestionar sus objetivos. El fracaso nunca se produjo por la fuerza o el poder de los rivales. Llegó, en cambio, a través de la torpeza y la traición.

“A muchos estadounidenses, me parece, les resulta inconcebible que una política estadounidense, anunciada y llevada a cabo por el gobierno estadounidense, actuando con el apoyo del pueblo estadounidense, no tenga éxito inmediato”, escribió Brogan. “Si no lo hace, esto, piensan, debe deberse a la estupidez o a la traición”. Observador admirativo pero astuto del país, Brogan captó algo esencial. Estados Unidos, en su propia imaginación, nunca podía fracasar; solo otros podían hacerle fracasar.

En su lucha contra el comunismo mundial durante la Guerra Fría, el país tuvo varias oportunidades de hacer gala de ese reflejo. Cuando los comunistas insurgentes de China triunfaron, escribió Brogan, se entendió ampliamente como resultado de la torpeza o la traición estadounidense. China, una civilización vasta y milenaria, era vista como algo que Estados Unidos debía ganar o perder. Ese fracaso contribuyó a dar lugar a la paranoia del macartismo. Corea, Vietnam y más desastres encubiertos fueron pólvora adicional para la recriminación, mucho después de que el senador se fuera. El fracaso solo podía venir de la traición interna, una idea que paradójicamente reforzaba la ilusión de omnipotencia.

Cuando la Unión Soviética se derrumbó en 1991, Estados Unidos tuvo la oportunidad de experimentar todo el peso de su poderío. Había derrotado al imperio del mal y se erigía en solitario como la nación más poderosa que el mundo había conocido jamás, con sus antiguos defectos plegados a una historia de éxito. La rápida y decisiva victoria de Estados Unidos en la guerra del Golfo ese año fue una muestra de la destreza militar de la superpotencia. Estados Unidos se convertiría en el policía del mundo, poniendo a sus soldados en la línea de fuego para proteger un orden basado en normas que dirigía.

(…)

Las guerras se prolongaron y derivaron en la muerte de miles de militares estadounidenses y de cientos de miles de afganos e iraquíes. Afganistán está hoy gobernado por el mismo movimiento que dio cobijo a Osama bin Laden, los talibanes. Irak es una nación extremadamente frágil y dividida. La guerra desestabilizó gravemente Medio Oriente y dio lugar a nuevos y temibles grupos terroristas como el Estado Islámico y desencadenó una violenta guerra civil en Siria.

La elección en 2008 de Barack Obama, un crítico de las guerras posteriores al 11-S, parecía ser un momento de ajuste de cuentas con las ilusiones estadounidenses. Pero Obama pronto se vio empantanado en los conflictos y, para colmo, por una crisis financiera mundial. A pesar de sus amagos de humildad estadounidense en el mundo, abrazó muchos de los poderes desmesurados que heredó para librar guerras de alta tecnología en lugares distantes con poca supervisión. Estados Unidos siguió actuando sin límites.

Subiendo a la escena nacional tras estas catástrofes, Trump recurrió a un viejo cuento estadounidense. Las élites de Estados Unidos habían traicionado al pueblo estadounidense, declaró. Toda la vida de Trump fue un ensayo general para este momento: siempre imponiendo su voluntad, zafándose de los apuros, sin rendir cuentas nunca, nacido en tercera base y creyendo que había bateado un triple. Era la encarnación de la ilusión estadounidense de la omnipotencia.

Trump derrumbó la distancia entre su voluntad personal y la voluntad estadounidense, declarando al aceptar la nominación republicana en 2016 que “solo yo puedo arreglarlo”. Al igual que Estados Unidos, Trump no puede fracasar; solo se le puede hacer fracasar. Todo es siempre culpa de los demás. Dotado de las herramientas de la presidencia imperial, considera claramente que Estados Unidos es idéntico a su persona. Desecha toda pretensión de orden constitucional. Sabrá en sus entrañas cuándo se ganan las guerras, ha dicho, y los únicos límites son su propio sentido de la moralidad.

En el Golfo Pérsico, esa ilusión se ha encontrado cara a cara con la realidad material. La esperanza de Trump de un rápido colapso del régimen iraní siempre fue fantasiosa. La geografía se está vengando: el petróleo y el gas que alimentan gran parte de la economía mundial pasan por un estrecho que Irán controla de facto. Una invasión terrestre en su vasto y prohibitivo terreno podría superar con creces el atolladero de Vietnam. El régimen iraní, despiadado tanto con sus vecinos como con su propio pueblo, parece inquebrantable ante los implacables asaltos de Israel y Estados Unidos. Parece atrincherado para una larga guerra.

Sin embargo, Trump parece incapaz de concebir una fuerza inmune al poder omnipotente de Estados Unidos. Y no puede imaginar que una guerra lejana pueda perjudicar a Estados Unidos, bendecido con una tierra pródiga y recursos naturales, separado del mundo atribulado por dos océanos. Pero la escalada de los precios de la gasolina, el aumento de las tasas de interés y la perspectiva de un colapso del mercado bursátil han acabado con cualquier delirio de un espléndido aislamiento de la economía mundial. Si esta guerra se alarga, los estadounidenses sufrirán mucho.

Ya ha habido mucho sufrimiento: más de 58.000 nombres están grabados en el granito negro del monumento conmemorativo de la guerra de Vietnam en Washington. Todavía no existe un memorial nacional para las llamadas guerras eternas, pero más de 7000 estadounidenses murieron sirviendo en ellas. En esas guerras, había al menos un barniz de idealismo estadounidense, por delgado y autoengañoso que pudiera haber sido. Trump ha arrastrado a Estados Unidos a una guerra completamente desvinculada de cualquier pretensión de virtud. Es un ejercicio desnudo de poder sin ningún manto de providencia o superioridad moral. En su descaro, es casi reconfortante.

El teólogo Reinhold Niebuhr, al mismo tiempo que Brogan, publicó un breve libro titulado La ironía en la historia americana. Este libro, uno de los favoritos de Obama, es una llamada a la humildad cristiana en los asuntos mundiales, dirigida a los estadounidenses que malinterpretan su virtud. “El hombre es una criatura irónica porque olvida que no es simplemente un creador sino también una criatura”, escribe Niebuhr.

Esa frase me hizo darme cuenta de la locura de mi propia oscilación: ambas visiones —Trump como aberración o Trump como cumplimiento del relato— tenían a Estados Unidos como protagonista de su propia historia, con el mundo como escenario. Necesitaba un marco más amplio, un compromiso honesto con la historia y la voluntad de admitir que Estados Unidos es, como cualquier otra nación, solo un lugar en el mundo.

Estados Unidos no sabe cómo existir en un mundo que no controla. Desde su creación, Estados Unidos se ha asegurado a sí misma de que era simplemente demasiado grande, demasiado lejana y demasiado ricamente dotada para sufrir consecuencias graves por sus acciones. Pero no habrá forma de escapar al cataclismo de Irán. A su paso, se presenta la oportunidad de reconocer nuestro lugar en un mundo interconectado y vernos a nosotros mismos con claridad. La forma de salir del ciclo del fracaso y la traición es despojarnos de nuestras ilusiones, de una vez por todas.

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    Selección Argentina, Qatar 2022
RUMBO AL MUNDIAL 2026

Argentina se prepara para un amistoso tras la cancelación de la Finalissima

30 Marzo 2026

La Finalissima de este mes, que iba a enfrentar a Argentina y España, ha sido oficialmente cancelada. El encuentro estaba programado originalmente para el 27 de marzo en Qatar; sin embargo, ante la necesidad de trasladar el evento y la falta de acuerdo entre ambas federaciones sobre una nueva fecha o sede, el compromiso fue dado de baja.

Argentina había clasificado a esta instancia tras coronarse en la Copa América 2024, mientras que España obtuvo su lugar al ganar la Eurocopa 2024. Esta iba a representar la segunda participación de la Albiceleste en la Finalissima, luego de haberse adjudicado la edición inaugural moderna con una contundente victoria por 3-0 sobre Italia en 2022.

En lugar de la postergada Finalissima, el seleccionado argentino se enfrentará a Guatemala el próximo 31 de marzo en La Bombonera, Buenos Aires. Dado que el equipo tiene previsto realizar sus partidos de preparación para el Mundial en los Estados Unidos, este encuentro se presenta como la última oportunidad para jugar ante el público local antes de trasladarse a Norteamérica durante el invierno austral.

Scaloni confirma una lista de peso para la "Despedida del Hincha"

El director técnico de Argentina, Lionel Scaloni, ha convocado a un plantel estelar para el duelo ante Guatemala. El capitán e ídolo máximo de la Albiceleste, Lionel Messi, se ha recuperado de su lesión en el isquiotibial y se espera que lidere al equipo en el campo. Ante las constantes preguntas sobre cuánto tiempo más seguirá vistiendo la camiseta nacional tras la cita mundialista de este año, esta podría ser una de las últimas funciones de Messi en suelo argentino.

El equipo también presenta a dos debutantes, mientras Scaloni termina de delinear su lista preliminar para la Copa del Mundo. Tomás Palacios, actualmente en Estudiantes de La Plata cedido por el Inter de Milán, y Gabriel Rojas, de Racing Club, han sido citados por primera vez. Se espera que ambos sumen minutos para intentar ganarse un lugar en la consideración definitiva del entrenador.

Debido a la expectativa que genera ver al campeón del mundo, muchos aficionados ya analizan las cuotas y utilizan un código de bono bet365 para realizar sus pronósticos en este partido y en todos los compromisos de Argentina, mientras el equipo busca repetir la gloria máxima este año.

No obstante, la convocatoria presenta algunas ausencias de renombre. Tanto Lautaro Martínez como Lisandro Martínez quedaron fuera por diversas molestias físicas, aunque se prevé que ambos estén recuperados para el certamen mundialista. Por otro lado, Valentín Carboni se perderá tanto este amistoso como la Copa del Mundo debido a una rotura de ligamentos cruzados anteriores.

Guatemala: un rival que no permite subestimaciones

Aunque Argentina parte como clara favorita para llevarse el triunfo con comodidad, no debería subestimar a "Los Chapines". Si bien la Albiceleste domina el historial reciente con victorias en los últimos dos enfrentamientos, Guatemala cuenta con individualidades capaces de generar complicaciones.

Óscar Santis será el referente en el ataque, con el apoyo de Rubio Rubín y Nathaniel Mendez-Laing. Entre Santis y Rubín anotaron 10 goles para Guatemala el año pasado y, ante el acotado calendario de fútbol internacional en este 2026, buscarán dejar su huella en Buenos Aires. Por su parte, Mendez-Laing, aunque todavía no ha convertido con su selección, aporta la jerarquía y experiencia de haber competido en el exigente fútbol inglés.

En la faceta defensiva, Aarón Herrera asoma como el líder encargado de contener a Messi y al prolífico ataque argentino. El defensor del DC United suma 25 partidos internacionales desde que comenzó a representar a Guatemala en 2023 y será una pieza fundamental en el esquema para intentar neutralizar al astro legendario.

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    MAURICIO KARTUN
    Foto: Carlos Furman - Prensa CTBA
ENTREVISTA

Mauricio Kartun: "El teatro es el gimnasio de la mente"

29 Marzo 2026

* Fuente de la nota: TodoTeatrook. Cortesía de Sandra Commisso. 

Con una nueva obra, Baco polaco, que sigue presentándose en el teatro Sarmiento. Y otra, La vis cómica, que se presentará el 15 de mayo en el Teatro Roma de Avellaneda y el 19 de junio en el Teatro Coliseo Podestá de La Plata, Mauricio Kartun, el gran referente de la escena argentina contemporánea, habla sobre su trabajo y reflexiona sobre el rol que cumple el teatro en la sociedad actual.

En Baco polaco, Kartun remite directamente a Las bacantes, de Eurípides y traslada el mito griego a un pueblo pampeano en la década de 1930. La tragedia se asomará lenta e inevitablemente en ese mundo polvoriento y olvidado que transitan los personajes, con la contundencia que impone el destino, atravesados por la inercia y el resentimiento. El elenco de Baco polaco lo integran Aníbal Gulluni, Paloma Zaremba, Soledad Bautista, José Mehrez, Luciana Dulitzky y Nahuel Monasterio.

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Baco polaco
Foto: Carlos Furman - Prensa CTBA

-¿De dónde surge la primera imagen o idea que une a estos dos universos: el mito griego y el escenario pampeano?

-Surge de una imagen de una vulgaridad casi vergonzante: la de un elenco, hace 20 años, comiendo después de una función, con varias botellas de vino, juramentándose seguir trabajando juntos. Era el elenco de La Madonnita, la primera obra que yo dirigí y en esas cenas pantagruélicas, nos empezamos a jurar amor eterno y a proponernos seguir trabajando juntos. Y como había aparecido un festival de teatro griego en el Konex, todos se entusiasmaron con que hiciera la adaptación de algún clásico y lo presentara. En casa, pensé en qué presentar y con un libro que me gusta muchísimo que se llama El manjar de los dioses de Jan Kott, sobre tragedia griega, encontré referencias muy perturbadoras a las bacanales, Dionisos, Eurípides y las bacantes. Entonces hice un ejercicio que suelo practicar: hacer una conversión de norma rápida de ese argumento y pasarlo a un universo que yo conozco, en este caso, La Pampa, un pueblito y adaptándolo a los actores y actrices que estaban en ese momento en la cena.

-¿Qué pasó en ese festival?

-No nos eligieron. Se ve que tenía que esperar un tiempo el material. Y quedó ahí dando vueltas. Siempre digo que las imágenes son okupas. Vos dejaste una ventana abierta, entraron y, como las fantasías, una vez que entraron, no se van. Bueno, esas imágenes hicieron tanta presión que finalmente terminé escribiendo Baco polaco.

-La obra resuena con algunos temas muy actuales, como la idea del resentimiento, la violencia de género, entre otros. ¿Eso surge de unir la vigencia de los clásicos griegos con tu gran poder de observación?

-Cuando escribí este material no tenía referencias cercanas de ciertos temas. Por ejemplo, de una persona ganada y dañada por el resentimiento y el odio, alguien que daña porque fue dañado. En la política contemporánea comenzaron a pulular personajes en los que uno descubre esa matriz del odio generado por un daño, a lo que normalmente en la calle se lo denomina como «gente rota». Con esa energía dañina muy perturbadora de estos personajes empecé a entender a Penteo, aquel personaje que había escrito hace veinte años y también, a la par, a descubrir que ese personaje estaba presente en la Historia. Por nombrar al más estruendoso, por ejemplo, Hitler, que se podría decir que era un chico roto. Investigando sobre Goebbels, uno de sus ministros, descubrí que era un dramaturgo frustrado, que tenía dos o tres obras escritas que nunca se las había querido hacer nadie. Y para poder estrenarlas había impulsado una campaña de teatro nacionalista en Berlín. El también era un roto, un dañado.

-El problema es cuando esos personajes rotos adquieren poder…

-Claro, cuando comienzan a aparecer en la política, tienen una presencia generadora que hace que el odio pase a la calle. Por otro lado, el femicidio, el abuso, en los últimos años tomó la calle porque hubo una corriente de manifestación de algo que, si bien estaba desde siempre, empezaba a tomar presencia. Sentí que al personaje de Penteo, en Baco polaco, que le había llegado la hora. Hay algo en él que tiene una amplificación en la realidad que no tenía hace veinte años.

-La figura del resentido no es nueva, ¿lo que tal vez sucedía es que no tenían posibilidad de manifestarse abiertamente y mucho menos de acceder al poder y tomar decisiones? ¿Seguían recibiendo castigo y de ser víctimas pasaron a ser victimarios?

-Es así, insisto: siempre hubo este fenómeno de víctimas que pasan a ser victimarios solo que, por ráfagas históricas, parecería que pasan de cierto estado de incorrección y de condena y por un revuelo en el viento, empiezan a aparecer como banderas de destrucción, de ataque. Por ejemplo, mi generación o al menos yo, que vivió con más terror ese fantasma de la guerra porque soy hijo de familias de Europa que llegaron a la Argentina huyendo de ella, de pronto, para otras generaciones no tiene ningún peso y la guerra no aparece como un fenómeno amenazante.

-Y pareciera que la destrucción del otro está naturalizada. Y hasta exaltada, como si se tratara de una involución.

-Tal cual y eso es lo más peligroso. Sin ir más lejos, recientemente hubo un video oficial celebrando «el día de la raza», hablando de la civilización contra la barbarie que, más allá de un desconocimiento patético, lo que hace es la instalación de un valor que hace unos años no hubiese pasado, pero ahora empieza a encontrar algunas ventanas abiertas por donde colarse. Efectivamente, se trata de una involución.

-Tengo la sensación de que todo es parte de una decadencia de lo peor del sistema capitalista, ya desgastado y que en sus coletazos, resiste con lo peor de su modelo para no venirse abajo del todo, ¿puede ser?

-Totalmente, estamos en un río revuelto, en la rompiente. Y es difícil saber hacia dónde va a ir todo.

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baco polaco
Foto: Carlos Furman - Prensa CTBA

-En ese contexto, lo maravilloso del teatro es que nos abre posibilidades, en sus recortes de la realidad, nos muestra un reflejo, un espejo desde donde pensar y tratar de entender algo.

-El teatro es uno de los pocos lenguajes autónomos porque no depende de ninguna corporación, porque no tiene el peso establecido de ningún formato impuesto desde afuera. Y también porque, de alguna manera, el espectador, el público le reclama esa autonomía para seguir sosteniéndolo como vigente. El día que el teatro se transforme en un apéndice de la corporación, el público no tendrá ningún deseo de pagar una entrada para ir a ver lo que puede ver gratis en una pantalla. Y esa autonomía es su gran capital. Por supuesto, hay teatro y teatro. Hay teatro de puro entretenimiento pero como lenguaje sigue siendo contracultural.

-Cuando te referís a teatro de puro entretenimiento, ¿qué validez le das?

-Creo que es excelente igual porque sigue siendo el lugar donde vamos a ver inteligencia mimética, donde vamos a ver lo que puede un cuerpo. Hacemos una valorización de lo físico que, en una pantalla la hemos perdido y con la inteligencia artificial, ni hablar, más todavía. Eso magnifica muchísimo cualquier logro que pueda un cuerpo arriba de un escenario. Si está hecho bien, si lo que uno ve es la obra de arte de lo que hace ese actor o esa actriz con su cuerpo, transformándose, utilizándolo como elemento poético para que alguien lo reciba desde la platea, sigue teniendo un poder extraordinario porque mantiene vivo ese lenguaje. En la vida todo está dividido entre lo trascendente y lo intranscendente, el teatro también. ¿Por qué no tendría esas categorías? Y lo intrascendente no es una ofensa, es decir: no va más allá de su ser. O sea, lo ví, me maté de risa, me fui a comer y me olvidé. Hay otro teatro que sí, del que algo queda en mi cabeza y lo discuto después de verlo.

-Claro, lo mismo que pasaría con la literatura: siempre va a ser mejor leer un bestseller a no leer nada.

-Absolutamente. Fijate algo: al teatro, la gente va a ver un espectáculo más de una vez. ¿Qué película viste vos en cinco años cuatro veces? Ninguna. Sin embargo, al teatro vas de nuevo y pagando. Porque lo que vas a ver son esos cuerpos construyendo algo en ese espacio y ese es un fenómeno inefable. Es lo que a veces cuesta explicar.

-Es el fenómeno más interesante, sobre todo, para explicarle a las personas que no tienen el hábito del teatro. Y hoy en día en donde casi todo es virtual, digital y artificial, en el teatro ocurre algo muy humano y verdadero.

-En ese sentido es un acto de resistencia y por el otro lado tiene ese carácter contracultural que no requiere de más nada que cuerpos talentosos que se junten para hacerlo.

–En Baco polaco hay dos chapas en escena y con eso se arma un mundo.

-Es eso, no hace falta más. Es eso y el placer de ir a verlo, de sentarse codo a codo con un recorte de la comunidad que, mientras vemos algo, nos afinamos y nos sincronizamos, nos ponemos en un mismo tiempo y en un mismo tono. Hay algo que hace que la obra te sintonice con otros. Después, estará a quien le guste más o menos, quien se ría, quien no entienda porqué se rió el otro pero, sin embargo ahí estamos encontrando un tono en común. El gran valor de lo presencial que, curiosamente hace veinte años no lo hubiéramos mencionado porque era obvio, ahora es la gran alternativa.

-Creo que hay una necesidad muy grande de ir a buscar eso que en otros lados no se encuentra o qué se está perdiendo en muchos otros espacios.

-Va por ahí. En el dolor de huesos que nos produce estar todo el día inclinados hacia una pantalla, lo que ha venido a compensarlo son los gimnasios: nunca se vieron tantos gimnasios, máquinas de pilates, entrenamiento con pesas y miles de etcéteras. Es algo compensatorio. El teatro es el gimnasio de la mente, es el megatlón mental. El teatro es el lugar al que vas a darle a la cabeza un movimiento que se está perdiendo, una capacidad de percepción del cuerpo a partir de lo que se ve. En la vida uno tiene percepción del cuerpo del otro, en el teatro eso se amplifica y aprendés a decodificarlo. No hay espectáculo más humano que el teatro, es ir a ver a humanos actuar.

-Se podría decir que el teatro es lo más parecido a la vida, concentrado en un espacio escénico.

-Es eso, es la amplificación de la vida. Y además, es la recuperación del rito. Lo virtual nos va alejando de los rituales y eso nos aleja de muchas cosas. De hecho, en Baco polaco se habla de la pérdida de la fiesta, que es un rito. Los carnavales son un ejemplo, como posibilidad de vivir una realidad distinta, por esto de la máscara donde ser otro, salir del estado de represión. Las fiestas como lugar de violencia controlada, como descontrol controlado, valga la paradoja. Perdiendo eso, lo único que queda es una especie de chaleco de fuerza conceptual en el que nos metemos y en el que tememos salir continuamente del estado de corrección, lo que nos anuda, nos tensa y nos reprime. Por eso necesitamos más rito, mucho más rito. 

"El teatro es uno de los pocos lenguajes autónomos porque no depende de ninguna corporación, porque no tiene el peso establecido de ningún formato impuesto desde afuera".

-Cuando se libera esta hipercorrección política, se suele pasar al otro extremo que es una violencia tremenda. En el ritual del teatro, ¿la identificación con los actores y las actrices es lo que nos permite el juego de ser otros?

-Absolutamente y te permite entender y mirar la realidad en el otro. En ese sentido, el teatro es un condensado, como un licor, un jarabe de vida, hay algo condensado que te permite entender. Se podría decir que el cine cumple la misma función pero también, con el paso de los años, ha ido perdiendo misterio en la hipótesis de que la tecnología puede lograr esa magia.

-¿Se transformó más en industria que en arte, tal vez?

-Si, perdió lo perturbador, lo inquietante. El teatro lo conserva.

-Hay algo en tus obras, en relación con el lenguaje, que tiene una identidad, poética y popular a la vez, una mezcla de mundos. ¿Eso es lo que más te identifica?

-Sí, algo de poético y guaso a la vez. En principio habría que preguntarse si la dramaturgia contemporánea se lo propone. En muchos casos no se lo propone porque ha tomado el modelo realista naturalista y costumbrista con el que nosotros nacimos como lenguaje impuesto que es el del cine. Mi generación nació viendo un tipo de cine realista y se dio por sentado que ese era el lenguaje. Pero lo cierto es que el teatro ya tenía antes, 2300 años de lenguaje poético, incluso de teatro en verso que era lo que predominaba. Y más aún, el verso era una virtud más de lo que se buscaba conseguir. No solamente ves cuerpos emocionados en escena sino que, a la vez, hay un procedimiento musical que transforma ese texto en una especia de rara canción sin melodía.

Hay algo en el teatro poético en donde, en principio, uno abandona la necesidad de ser entendido en cada palabra, abandona la necesidad de verdad y asume otra. En mi caso, una que considero más placentera que es la de verosimilitud, que sea creíble y no verdadero. Y eso da una libertad creativa muy importante. Eso está presente en muchos otros autores pero, insisto, en los últimos 80 años tal vez hubo un predominio muy grande de un teatro realista donde el parámetro virtuoso era el que más se parecía a la vida. Y a mí me gusta jugar en la banquina.

-¿Hacer coincidir mundos aparentemente imposibles de unir?

-Sí, ese lugar donde pasan otras cosas. Y ahí está un poco la diferencia entre entender y comprender. Entender se entiende una palabra, comprender se comprende una totalidad. A la poesía no intentás entenderla, es como intentar entender cada gesto de otra persona, es algo inabarcable. A una persona no se la entiende, se la comprende. Es más, buena parte de los grandes amores se producen con un otro al que nunca terminamos de entender. Y sin embargo, amamos lo que comprendemos de ese otro.

-Ahí entra en escena esa cosa del juego tan fundamental que tiene el teatro.

-En muchos casos, hay algo del lenguaje que está ahí simplemente por cómo suena y palabras que no significan nada pero suman al juego. Por ejemplo, en la obra, uno de los personajes dice «echar barraca» y los actores me comentaban que no sabían qué era y no lo habían encontrado ni en Google. Estaban desorientados. Es un término de timberos, los que jugaban a los dados por guita, al pase inglés, sobre todo, cuando los dados salían mal, decían «echar barraca». Y entonces, si nadie lo sabe ¿por qué decirlo? Porque en la totalidad se comprende, aunque no termines de entender con precisión su significado porque el contexto te lo explica. Y yo trabajo mucho con ese juego que es algo que también hacemos en la vida continuamente.

-Pensando al teatro y su rol en este momento histórico, ¿sentís que vivimos en una era donde reina el odio y la estupidez o siempre fue así pero ahora es más visible?

-Vivimos una época en la que prima el odio y la estupidez, sí. Y también es más visible y además, se hacen más tolerables. Hay una tolerancia que parecería una especie de reacción a algún momento de «buenismo» o de «correctismo», con la sensación de que por momentos, lo correcto se volvió correctoso. Frente a eso aparece una manifestación alternativa que es el odio, el ataque y que, mientras se mantenga en un lugar espectacular, puede resultar hasta divertido, esas furias virtuales. Pero esto es simplemente crear una alfombra sobre la cual, el mundo ya tuvo la experiencia de que sobre esa alfombra se construyen las guerras y el horror.
 

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Baco polaco
Foto: Carlos Furman - Prensa CTBA

-¿Hay una falta de memoria colectiva?

-Es cierto que en la historia de la Humanidad siempre ha habido violencia, guerra y horror pero sin embargo, bastaría ver los casos policiales del último año, para descubrir un nivel de horror que no había aparecido antes. Pero no es casual que suceda. Sucede porque la alfombra permite caminar sobre ella. En este momento, lo que se abre es la tolerancia hacia esas zonas del horror.

-¿Hay alguna forma de combatir eso?

-Decirlo. No naturalizarlo. Decirlo y marcar la excepcionalidad.

-Hace poco encontré un término que me llamó la atención, acerca de que vivimos una era de «desilustración». Esa tolerancia al horror, ¿podría estar asociada también a esta brutalización generalizada, en cuanto a la falta de educación y empatía, a que todo da lo mismo?

-Puede ser, se instalan modelos prestigiados de barbarie, tolerados, asentados y eso por supuesto incide en el comportamiento social. Si yo, en el poder, veo un comportamiento «desilustrado» por tomar ese término interesante, es natural que entienda que está legitimado usarlo también en la vereda. No porque en una política correcta no hubiese cinismo, desde ya, pero una cosa es el cinismo descubierto y otra es la barbarie ejemplarizada.

-Lamentablemente aparenta ser un fenómeno global.

-Sin dudas y eso es lo que hace temer la hipótesis de una nueva instancia de guerra como la que tuvimos hace setenta años. Un ciclo de regreso a un estado de barbarie. Se empiezan a ver hoy, argumentos sobre comunidades diversas que se parecen a los argumentos de Hitler en su momento. Y la sensación es la de que amanece un peligro.

-¿Tendremos que seguir aferrados al teatro, al arte y la cultura, como una manera de contrarrestar esto?

-Totalmente, a eso y a valores, a una ética. El teatro es el espacio para pensar, para relajarse, para disfrutar, todo junto. Hay un chiste que me atribuyen a mí de que, una buena obra de teatro es la que sobrevuela la milanesa. Vas a ver una obra y, después, te vas a comer y hablar sobre lo que viste. Ese fenómeno, ese eco que tiene el teatro es parte de su extraordinario atractivo: te dio vuelta la cabeza y ahora necesitás compartirlo con otro. No es virtud solo del teatro, es virtud de las artes. Pero algo de lo que el teatro tiene es que esa movilización es muy directa. Lo veo mucho en redes sociales, cuando hago referencia a algún espectáculo de hace 30 años, quienes lo vieron, recuerdan cómo se sintieron conmovidos con una precisión insólita.

- Claro, es el vivo, lo que uno vivió, queda impregnado de otra manera en la memoria.

-Exactamente, basta que alguien lo traiga a la memoria para que suceda eso y uno recuerde.

-Qué bueno que los griegos inventaron el teatro y que sobreviva a todo.

-Sobrevive y prevalece. Por ejemplo, leí que el director Quentin Tarantino anunció que deja el cine para dedicarse al teatro porque dice que el teatro es el único lugar donde todavía el espectador puede ser conmovido. Asegura que al cine lo perdimos con las series y que él ya no puede hacer el cine que hacía antes. Y en el único lugar donde se puede seguir perturbando al espectador es en el teatro. Con otro director, Francis Ford Coppola, pasa algo parecido: está experimentando en dos universidades, filmar en una única toma, retomando la energía del actor, que según dice, se tiene que saber la letra de un tirón, como ocurre en escena. Se está volviendo un poco al origen por eso digo que el teatro es resistencia y es vigencia. Y Buenos Aires es una de las pocas ciudades del mundo donde ese fenómeno está a pleno.

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    Colectivo de Danzas Afro
    Foto: Sebastián Miquel
ENTREVISTA

Colectivo de Danzas Afro: Xirê por la memoria, la verdad y la justicia

29 Marzo 2026

A una década de la creación del Frente Cultural 24 de Marzo, el Colectivo de Danzas Afro llevó a las calles Xirê, una intervención artística que recupera saberes ancestrales y afirma la danza como herramienta de memoria, resistencia y Nunca Más al borramiento de las identidades políticas y culturales.

APU diálogo con las referentes Cecilia Benavidez, Eva Mazal, Silvana D´Aversa y Paula Picarel acerca de la poderosa jornada histórica en el marco de los 50 años del Golpe cívico-militar.

AGENCIA PACO URONDO: Este 24 de marzo eligieron trabajar con la simbología del Xirê como eje de la propuesta artística. ¿Qué es el Xirê y cómo surgió la decisión de tomarlo como base para la secuencia de danzas?

Cecilia Benavidez: El Xire es una palabra de origen yoruba que significa rueda ritual. Nosotras lo  elegimos como eje para marchar trabajando con palabras clave como “apertura, perseverancia, ciclos, resistencia, templanza, paz y fe” que están en conexión con la simbología de los orixás. El Xirê es una secuencia de danzas y músicas rituales que se practican en distintas religiones afroamericanas, es un espacio en el que conviven las singularidades de cada orixás generando comunidad. En Latinoamérica, las personas esclavizadas traídas de diferentes territorios africanos protegieron y transmitieron sus creencias, sus alimentos y sus historias, encarnándolas en sus cuerpos. En un tiempo en el que intentan naturalizar la crueldad y el desastre, creemos que el Xirê, como práctica ancestral, nos permite reunir memorias para narrar. La elección de esta forma de danzar surgió también de la necesidad de construir un espacio colectivo que albergue a quienes fuimos, quienes somos y quienes vendrán.

APU: ¿Cómo nació el Colectivo de Danzas Afro y qué lxs motivó a organizarse como grupo?

Silvana D´Aversa: Nuestro colectivo nace formalmente en el año 2016, en un contexto político marcado por el 40° aniversario del último golpe de Estado y frente al gobierno de Mauricio Macri que manifestaba posturas negacionistas y de marcado tenor represivo. Sin embargo, para entender nuestro origen debemos hacer memoria, ya que nuestra identidad está ligada a experiencias previas que son fundamentales.
Eva Mazal - Así es, somos la continuación de la experiencia de Oduduwa Danza Afroamericana, un grupo formado por Ceci (Benavidez)  Wanda Migelson, Alejandra Vassallo, Julieta Eskenazi, María Balmaceda y Victoria Pagani. Ellas se unieron tras un hito político-cultural en 1998: la salida de la comparsa de candombe Kalankan Güé en homenaje a José Delfín Acosta Martínez, activista afrodescendiente asesinado por la policía en 1996 en un acto de racismo y discriminación.

APU: Es impactante, el caso de José Delfín Acosta Martínez y su reconocimiento internacional derivó en 2020 en la primera condena de la Corte Interamericana de Derechos Humanos al Estado argentino por racismo y violencia institucional.

CB: Tal cual, aquel homenaje fue organizado por su hermano Ángel Acosta Martínez en un contexto muy difícil para su familia. El mismo consistió en una gran comparsa, integrada por distintos bloques. Uno de ellos, el bloque de danzas afro de simbología de orixás, coordinado por la maestra Isa Soares, junto con Marcela Gayoso y Julieta Eskenazi, que hoy podemos decir que, de alguna manera,  sembró la semilla de lo que vendría después. Este año, y en memoria de todo este recorrido y entendiendo la importancia de seguir construyendo, invitamos a compartir nuestros encuentros con Marisa Nascimento y otrxs docentes y referentes afrodescendientes.

APU: ¿Qué representa para ustedes ser parte del Frente Cultural “24 de Marzo”?

Paula Picarel: El Frente Cultural y nuestro Colectivo nacen de un mismo impulso: la necesidad de invitar a lxs compañerxs a habitar la calle con el cuerpo, la danza y la música. Formar parte de este espacio es nuestra manera de disputar los sentidos de lo común, defender derechos y negarnos al silencio y el olvido. Entendemos al Frente como un gran cuerpo colectivo que se expresa en unidad, respetando y valorizando las propuestas y singularidades de cada grupo. Es un espacio de construcción basado en el diálogo, el cuidado y la participación activa, que nos brinda el marco necesario para salir juntxs a poner el cuerpo en la Marcha del 24 de Marzo. Para nosotras, el Frente Cultural 24 de Marzo es un espacio político que nace de la insistencia del encuentro cultural en la calle, de una propuesta artística que se ensambla para manifestarse y para preservar la memoria de las luchas de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

CB: No es casual que Oduduwa continuará esa tradición de "decir con el cuerpo" en la calle. En 2001, invitadas por la agrupación H.I.J.O.S., marcharon junto a la escuela de percusión "La Chilinga" interpretando danzas de simbología de Orixás. Aquella acción resignificó la simbología ancestral a través de las heridas del terrorismo de Estado y la lucha por los Derechos Humanos. Desde 2005, la convocatoria se abrió a la comunidad en ensayos públicos, y hoy somos esas mismas participantes y nuevas generaciones quienes impulsamos este proyecto articulado desde 2016 en el Frente Cultural.  Nuestro colectivo se completa con compañerxs percusionistas como Miguel Villaveiran, Ezequiel Szursterman y Nige Achy que a lo largo de los años se hicieron cargo de armar y coordinar el bloque de percusión para las salidas.

APU: Este año también se cumplen 10 años de la  conformación del Frente Cultural. ¿Qué recorrido y aprendizajes destacan de esta experiencia colectiva?

Eva Mazal: Destacamos sobre todo, la certeza de insistir: insistir en caminar y construir con otrxs, en bailar juntxs y en sostener espacios de contención. Aprendimos que la memoria es una tarea cotidiana que nos obliga a no olvidar que aún buscamos a lxs nietxs y a los desaparecidos y que todavía hay genocidas sin juzgar. Nuestro espacio aloja año tras año a personas con trayectorias y bagajes culturales diversos y algunas comenzaron a conocer más de cerca la historia de nuestro país a través de la danza,  lo cual nos confirma que nuestra labor de transmisión tiene un sentido profundo.

PP: En la actualidad, cuando se impone una política del descarte, la violencia, la burla y el descrédito, apostar a estos encuentros y a su puesta en el espacio público se vuelve un acto profundamente político. Al igual que los antepasados africanos compartían sus creencias en los barracones para no ser devorados por el olvido, nosotras practicamos el Xiré como una síntesis de identidad y humanidad. Frente a la invisibilización traemos la potencia de un pueblo que subsistió tejiendo comunidad. 

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Colectivo de Danzas Afro
Foto: Sebastián Miquel

Danza por la identidad

APU: En relación con ese contexto histórico y con las expresiones de racismo institucional y estructural que aún persisten , ¿de qué manera las danzas afro se constituyen hoy como una herramienta artística y también política frente a la realidad que atravesamos como país?

SDA: Todo arte es político y nuestra intervención de matriz afrolatinoamericana en las calles propone un ejercicio de reconocimiento necesario: no sólo hacia quienes fueron esclavizados en el pasado colonial, sino hacia todas las personas que han sido invisibilizadas, silenciadas o desaparecidas a lo largo de la historia. Nos  reconocernos en ellxs también, porque son parte de nuestra identidad cultural y nuestro territorio. 

APU: Como profesoras, referentes e integrantes del Colectivo Danzas Afro, ¿qué valores, memorias o mensajes buscan transmitir a través del movimiento y del cuerpo?

PP: En los encuentros que proponemos insistimos en dos gestos: la ofrenda y el pedido, inspirada en la práctica ancestral afro. Antes de cada marcha, nos reunimos para conversar, compartir una comida y nuestras miradas sobre el tiempo social que atravesamos. En esos encuentros elaboramos ideas y decidimos qué necesitamos exigir o evocar ese año en materia de Memoria, Verdad y Justicia. A través del lenguaje de las danzas de simbología de los Orixás, entramos en un proceso de resignificación performativa. Aunque nuestro mensaje se sitúa en el contexto presente, muchas veces recurrimos a símbolos similares porque entendemos que la insistencia es la forma de resistencia que nos enseñaron las Madres y Abuelas.

APU: ¿Cómo dialogan las danzas de matriz afro con la historia y las luchas del pueblo argentino?

SDA: Las danzas afro inauguran una forma inédita de dialogar en el espacio público sobre el dolor y la ausencia . Existe una tradición del pueblo argentino de salir a la calle, somos un pueblo que se moviliza ante la injusticia, que pone el cuerpo para reclamar  y  que siempre fue muy creativo en sus formas de ocupar y disputar el espacio público.

CB: Para nuestro colectivo es una comunicación que acontece cuando los cuerpos se encuentran y se modifican. Mientras que el canto o la consigna a veces pueden volverse automáticos, el "marchar bailando" habilita una vía nueva para expresar lo que la voz ya se ha cansado de gritar.  Expresarse con el propio cuerpo, en lugar de usar solo representaciones (como siluetas o fotos), llena de materia el vacío de la desaparición o la omisión. Si bien hoy esta participación está naturalizada, en nuestros inicios la presencia de un bloque de danza afro en el Día Nacional de la Memoria, por la Verdad y la Justicia fue una apuesta controversial que abrió nuevas brechas de sentido en la protesta social.

EM: Trabajamos con la convicción de que el cuerpo es memoria. Bailar es sacudir esos recuerdos, recuperar saberes ancestrales y dar lugar a las emociones. Es una práctica política que altera la rutina de un sistema que busca domesticar y adormecer los cuerpos. Cada 24 de marzo trae al presente los anteriores, poniendo en presencia la ausencia. El ejercicio de la memoria permite que lo invisible “se encarne en un cuerpo visible". Para quienes crecieron bajo el "no te metas" de la dictadura, marchar bailando es una forma de recuperar la expresividad y sanar la rigidez impuesta por el terror. En este camino, el Frente Cultural ha gestado rituales como los ensayos conjuntos (cuya primera edición fue en la ex ESMA), creando portales para proyectar un hacer común desde el encuentro artístico. 

"Marchar bailando es una forma de recuperar la expresividad y sanar la rigidez impuesta por el terror".

APU:¿Qué rol creen que tiene el arte en la defensa de la memoria y los derechos humanos?

SDA: Desde nuestras prácticas artísticas, consideramos que el rol del arte en estos temas no es "explicar" el pasado, sino desestabilizar la percepción del presente para que no podamos ignorar lo que ha sido silenciado. Los derechos humanos se defienden cuestionando el lenguaje oficial. Si usáramos las mismas palabras y las mismas formas narrativas que el poder, no estaríamos invitando a transformar.

APU: ¿Qué significa para ustedes participar cada año de la marcha del 24 de marzo desde la danza?

PP: Significa mostrar un cuerpo vivo, móvil e íntegro frente a la memoria de una represión que intentó vaciarnos de expresión. Las herramientas de liberación que nos brindaron nuestras maestras —como Isa Soares y Telma Meireles—  nos permitieron encontrar en la simbología de las danzas de Orixás un poder transformador,  al mismo tiempo que exigimos justicia.

APU: Este año se cumplieron 50 años del último golpe cívico-militar en Argentina. ¿Cómo atraviesa esa memoria su práctica artística? ¿Cómo sienten que su presencia en la marcha aporta a la construcción de Memoria, Verdad y Justicia?

SDA: Aportamos una forma singular de decir "Presente". En los últimos años hemos visto una proliferación de colectivos artísticos que se suman a la lucha de los organismos de DD.HH., y nuestra propuesta contribuye a esa construcción de espacios-tiempos disruptivos. A lo largo del tiempo, nos hemos convertido en una referencia: personas que asisten a la marcha nos buscan para acompañar el recorrido, interpeladas por la fuerza de la danza y la propuesta percusiva de los tambores. Es un modo de crear comunidad y de interpelar(nos) desde una estética determinada por la simbología de las danzas..

APU: ¿Qué sueños o proyectos tiene el colectivo hacia adelante?

EM: Nuestros proyectos se cimientan en el deseo de continuar articulando con otras organizaciones y sumarnos a las nuevas formas que asuman las luchas sociales. Queremos seguir convocando a quienes buscan una forma singular de marchar. Nuestro mayor deseo es asegurar la continuidad de esta práctica, que otras generaciones continúen esta danza de matriz afro.

APU : Después de su paso danzado por las calles el 24 de marzo, a 50 años del golpe cívico-militar, ¿qué quisieran que haya quedado resonando en los cuerpos y en la memoria de quienes las vieron pasar?

CB: Como Colectivo de Danzas Afro, siempre esperamos conmover. Deseamos que las personas que nos hayan visto puedan conectar,  desde lo  grupal, con una sensación singular,  que hayan sentido el calor en el pecho, la vibración en las piernas o la necesidad de moverse con el ritmo de los tambores. Buscamos que, aun cuando el público desconozca las danzas que observa, se pregunte por su significado y encuentre en nuestra danza un gesto común. En definitiva, que la danza deje una marca de humanidad en quien la haya presenciado.

En ese cruce entre memoria, cuerpo y presencia en el espacio público, las danzas afro transforman las calles en un territorio de visibilización e intervención política y cultural, reivindicando las identidades que forman parte de la historia del pueblo argentino,  y que se inscriben en la lucha por la memoria, verdad y justicia.

* Por decisión de la autora el artículo contiene lenguaje inclusivo.

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    Noemi Frenkel
ENTREVISTA

Noemí Frenkel: "Creo que todos participamos de la memoria colectiva"

29 Marzo 2026

“¿Qué mirar, adónde, al lado de quién?” se pregunta Noemí Frenkel, en un libro interpelado por un mundo que se desmorona, desgarrado entre discursos que se disputan el lugar de la víctima y el sentido de lo humano. Entre el relato autobiográfico, el ensayo, y la crónica de viaje, la novela Bosque Migrante. Una judía que se desarma editado por Milena Caserola, compone una trama híbrida que recoge otras voces. Migra del yo al tú y denuncia la sintaxis de la enemistad y el rencor.

AGENCIA PACO URONDO: ¿Cómo fue el proceso de escribir esta novela de investigación interna y externa?

Noemí Frenkel: Fue un proyecto de narrativa. Empecé con un texto que había escrito con la imagen de un bosque como base disparadora de una forma poética. Esta imagen estaba contenida en una historia que tenía que ver con lo familiar, con los muertos de los que no se hablaba, los que habían quedado en Polonia. Cuando decidí desarrollar la novela, surgió hacer el viaje a Polonia. Así empezó este proyecto.

APU: Hay un capítulo donde resaltás una foto de tu abuelo materno, Nachman Zugman, donde lo describís como un rabino ortodoxo ¿Fuiste criada en una familia judía ortodoxa?

NF: Esa foto, con esa barba y patillas largas, un ortodoxo. Mi madre fue criada en un contexto de esa herencia, pero eligió un camino que no era de religiosidad, sí de continuidad y de la tradición judía. Fui criada en una familia judía tradicional, donde estaba este antecedente de la figura de mi abuelo, de la religión, de la espiritualidad.

APU: ¿Qué podés rescatar de esta tradición judía que recibiste?

NF: En su momento lo había vivido como una rigidez, como un mandato de lo patriarcal, de la tradición mosaica, ante el cual me había rebelado. Hacer todo este camino de volver a reencontrarme sensiblemente con la tradición judía. Mis abuelos vivían consagrados al estudio, a la interpretación de la Torá. Pero eso se perdió en el camino y quedó una cosa más aburguesada de lo que es la religión. También pude encontrar que hay valores muy profundos de lo justo, tener una vida consagrada a Dios, a lo divino, a los valores más altos y espirituales. En el judaísmo hay valores muy profundos de los cuales estoy orgullosa: sobre la cultura, del estudio, del entendimiento. Rescato eso y me parece fundamental, me siento muy ligada a esos valores.

APU: ¿Cómo fue ese viaje a Polonia?

NF: Estaba indagando sobre la historia familiar de mis ancestros, más allá de la historia y de la memoria colectiva que engloba como parte de pertenecer a la minoría judía. Mi intención era escribir, tomaba notas y observaba la experiencia desde el lugar de la cronista. Me sirvió mucho esto de saber que lo que estaba experimentando, que por momentos era angustiante y doloroso, era algo sobre lo que estaba escribiendo; me contenía de alguna manera todo esto.

APU: ¿A qué hacés referencia cuando hablás de memoria colectiva?

NF: Creo que todos participamos de la memoria colectiva. Nuestra vida está inserta en un contexto, en una historia que va más allá de uno mismo y de su círculo más íntimo. Cuando fui a averiguar sobre mis parientes, eso está plegado a la memoria colectiva que tiene que ver con la historia del Holocausto, de la Segunda Guerra Mundial, inclusive de la historia de Polonia, porque mi familia venía de este país. La gran minoría judía estaba atravesada por la historia de Polonia como país y pueblo. También como generación, de ser la memoria de los migrantes que vinieron a la Argentina escapando de Europa, de las guerras, persecuciones, de las hambrunas. Y como parte de la generación de haber sido adolescente en la época de la dictadura, narro también lo que a mí me pasó en la dictadura militando en los años 70, teniendo amigos desaparecidos. Toda esta memoria se está articulando. 

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Libro Una judia se desarma

APU: En la novela contás tu vivencia en la década de los 70 ¿Qué reflexión podés hacer?

NF: Cuento, por un lado, mi rompimiento con la impronta familiar, del mandato de mantenerme en la comunidad judía. Coincide con el momento en que entro en el secundario del colegio Carlos Pellegrini, era muy politizado. Fue en 1973, que era el año de la primavera democrática, cuando se sale de la dictadura de Lanusse. Este fue un momento de mucha efervescencia social y militante. Me vi envuelta en esta situación social de tomas, asambleas, marchas, el retorno de Perón a la Argentina.

Todo este recorrido lo viví en un contexto social donde me involucré con mi confusión, con mi desconocimiento, pero al mismo tiempo me sentía muy atraída porque era inquieta, curiosa. Al mismo tiempo me marcó muchísimo cuando tenía 15 años. Llegó la dictadura, donde por un lado estaba toda esta cosa muy genuina de participar, pero luego el correlato de muchos que participaron de la militancia se vieron expuestos de una manera muy irresponsable por sus dirigentes, porque quedaron expuestos frente a los servicios y quedaron marcados muchos de esos chicos que desaparecieron, fueron secuestrados, y yo me salvé de esta situación. Tuve compañeros de la UES que desaparecieron. Rescato ese deseo genuino de querer transformar el mundo, de la justicia y los valores, los ideales. Por otro lado, la derrota política, y por otro lado la traición de Montoneros y de muchos dirigentes como Firmenich. Fue una generación que fue inmolada por sus dirigentes.

APU: En la novela narrás cómo viviste la matanza de Hamas a Tel Aviv el 7 de octubre de 2023. ¿Qué opinión tenés con respecto a la guerra de Medio Oriente?

NF: Esto me interpeló como judía. Una vez que veo la respuesta del régimen ultraderechista israelí hacia Gaza, esto a mí me atraviesa. Estuve estudiando para poder elaborar, para ser testigo de un genocidio en Gaza. Al principio me costaba, porque hay tanto maniqueísmo de estar de un lado o del otro, quién era enemigo de quién. Me llevó un gran trabajo decir: cómo puede ser que el pueblo judío, que fue víctima de un genocidio, después en Israel, que dice que lo hace en nombre del pueblo judío, haya un gobierno que está cometiendo un genocidio contra el pueblo palestino.

Esto me ayudó a estudiar la historia de este conflicto y desaprender muchas cosas que a mí me enseñaron en el colegio hebreo de lo que representaba Israel para mí como judía. Israel era el lugar que a mí me garantizaba que yo no sufriera el antisemitismo que habían sufrido mis ancestros y familiares. Era la garantía de que el día de mañana no te tenga que pasar lo mismo que le pasó al pueblo judío en Europa.
Todo esto es una construcción narrativa que está cargada de falacias, de colonialismo, de hegemonismo, de la supremacía blanca europea contra los pueblos nativos de Palestina. Es la misma idea colonizadora que tuvieron los blancos europeos en América y África. Todo esto lo desarrollo, pero tuve que salir a estudiarlo y a leer cosas que no conocía antes del 7 de octubre, y ver la historia viva hoy de lo que está sucediendo y sigue sucediendo en Palestina.

A mí me interpeló de manera tal que me lo tuve que volver a preguntar y decir: cómo me paro yo frente a esto. Están diciendo que lo hacen para defender a los judíos de los árabes, pero lo que estoy viendo es que se están matando niños, inocentes. No es que sos un terrorista de Hamas o sos un sionista. Tengo que desarmarme; por eso se llama el libro Una judía desarmada. La novela justamente plantea que tengo que desarmar muchas cosas que me inculcaron. Es un desafío desarmar muchas narrativas, manipulaciones, propaganda para sostener poderes y agendas que no son interés de los pueblos sino de los poderosos. Mi posición es que judíos y árabes, palestinos, no son enemigos entre sí. Esto me suena a manipulación: es una enemistad que está construida para sostener poderes y negocios, y todo lo que es la maquinaria de la guerra.

APU: ¿Escribir esta novela fue de alguna manera sanar lo pasado? ¿Cómo ves el futuro?

NF: Por un lado está la cosa de ir a contramano del silencio familiar, donde era muy doloroso. Tenía parientes que los asesinaron en el Holocausto, de eso no se hablaba. Esos silencios de lo que no se habla… y decir: bueno, quiero echar luz sobre algunas cosas que están tapadas. Este mismo ejercicio de hablar de lo que no se habla, de pensar en lo que no se piensa, de cuestionar lo que no se cuestiona, de no someterse a ciertas cosas que están como jerarquías, me sirve hoy en día.

Con respecto al futuro, como compromiso humano y existencial, me doy cuenta de que pensar sobre las cosas me sirve para elaborar situaciones que son muy angustiantes, muy amenazantes, como el tipo de vida que estamos viviendo, de régimen de humanidad. Cómo me paro con todo esto. Hacer el ejercicio de pensar, y para pensar tengo que revisar muchas veces mis creencias y cosas que estaban sin cuestionar. Vamos a mirar para adentro, no solamente decir “yo tengo la razón y el otro es el que está equivocado”. Tengo que poner todo en cuestión. Esta es mi propuesta de futuro: no confirmar el sesgo que uno trae. 

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    Gabriel Conti
ENTREVISTA

"Eróticamente explícito", de Gabriel Conti: "Vivimos bajo el dominio de las comerciales vulgarizaciones"

29 Marzo 2026

Gabriel Conti (Parácheq) es investigador erótico-folklórico, escritor, poeta, recitador y presentador de radio. Desde hace muchos años, dedica sus esfuerzos a la reafirmación de la cultura Quichua y a la difusión de todas las minorías.

Trabajó veinte años con don Sixto Palavecino, el referente más importante de la herencia incaica en Argentina. Es el responsable de la primera versión radiofónica de Shunko de Jorge W. Ábalos. Es autor y presentador de "Parácheq  Erotismo y Folklore", único programa de radio dedicado a la reafirmación y revalorización de las manifestaciones eróticas de todas las culturas ancestrales. Desde hace tres décadas, Gabriel Conti recopila y estudia costumbres, rituales, leyendas y supersticiones pertenecientes al bagaje sexual de los pueblos con hondas raíces, ahora materializados en su libro Eróticamente explícito. 

AGENCIA PACO URONDO: ¿Cómo surge la necesidad de escribir un libro así?

Gabriel Conti: A veces pienso que mis esfuerzos como investigador erótico-folklórico no son suficientes para mostrar la riqueza amatoria que fluye detrás del silencio, porque los habitantes de las grandes ciudades se conforman con aquello que les resulta familiar y no se atreven, por desconocimiento o temor, a desplegar las alas para emprender un vuelo más alto hacia las regiones donde impera el placer. Como las investigaciones nunca son masivas, decidí escribir un libro de relatos explícitos, basados en el Erotismo Etnográfico, fusionados con la libertad que da la creación literaria (antiquísimas tradiciones en su mayoría, situaciones ficticias y experiencias autobiográficas). Tal vez así, situando las historias en la actualidad, los ritos y las prácticas irrefutables que rigen los misterios libertinos de la cópula –desde tiempos inmemoriales- logren la visibilidad definitiva. 

APU:¿Cómo fue la recepción del libro?

GC: Es bien recibido en el exterior, de hecho, mis lectores más interesados viven en otras naciones. Si los seguidores de esta agencia de noticias tienen acceso a un ejemplar, podrán apreciar en el segmento Voces liminares, comentarios muy generosos de referentes culturales de diversas latitudes: Grecia, Sardegna, Marruecos, Francia, Madagascar, República Checa, Siberia, etc., pero aquí en Argentina el panorama es otro. Las huestes de la doble moral y los militantes de la rutina anafrodisíaca (prensa comercial, críticos tímidos y público prejuicioso) lo consideran un libro obsceno. Todo lo que escapa a sus conocimientos debe ser negado de alguna manera; la marginación y el ocultamiento son las armas agudas y filosas que esgrimen siguiendo las consideraciones puritanas de la sociedad. A pesar de la faja que tuve que agregar, tapando la portada y la contraportada para poder editarlo, siguen ocultando, censurando y retirando de los escaparates de las librerías mi obra de contenido erótico-folklórico.

APU: El libro contiene un profundo trabajo de investigación, pero además es parte de tu trabajo en radio.

GC: Desde hace más de treinta años, recopilo, clasifico y analizo con detenimiento los factores internos y externos de ese exquisito e ilimitado poder mágico, llamado erotismo. Mis investigaciones folklóricas tienen sus raíces en las tradiciones sexuales de las comunidades ancestrales de todo el mundo. Me interesan hondamente las expresiones carnales que sobreviven radiantes y también los vestigios más remotos de la vida erótica de las milenarias sociedades humanas. He trabajado veinte años con don Sixto Palavecino, mi padre espiritual y maestro, el referente más destacado de la Cultura Quichua, facilitándome su presencia el acopio de una gran cantidad de revelaciones materiales e inmateriales sobre la picardía y la sensualidad de la población montaraz de Santiago del Estero, punto de partida de mi búsqueda, para luego recorrer y estudiar las interminables minorías de todos los continentes.

Soy el ideólogo y responsable de "Parácheq Erotismo y Folklore", se puede escuchar en vivo todos los viernes de 17 a 19 h, por Radio Hermes (www.radiohermes.com.ar) o en las plataformas. Dicho programa suele utilizarse como fuente de consulta en algunas universidades extranjeras. El Erotismo Etnográfico y la música folklórica de las culturas atávicas son sus fundamentos.

"La enseñanza más importante que he recibido, es entender que nuestro concepto de la sexualidad es solamente uno entre muchos; las ceremonias que enaltecen el coito ritual se multiplican infinitamente".

APU:¿Qué aprendíste al escribir el libro?

GC: La enseñanza más importante que he recibido, es entender que nuestro concepto de la sexualidad es solamente uno entre muchos; las ceremonias que enaltecen el coito ritual se multiplican infinitamente.

APU: ¿Cómo abordás la ficción con el plano de investigación? 

GC: Los quince relatos resultan testimonios valiosos del Erotismo Etnográfico, ya que representan los elementos psíquicos y corporales de las diversas comunidades del planeta. Existen variaciones amorosas sumamente notables, voluptuosas y enriquecedoras. “Clitorizar el universo”, que abre el libro, por citar un ejemplo, habla sobre la veneración de la vulva en el arte, la mitología, las creencias y el folklore de incontables grupos étnicos. Entre otras cosas, describo el poder apotropaico del sexo femenino, desde los tiempos más antiguos, para mitigar las fuerzas de la naturaleza y alejar a los espíritus demoníacos.

Detallo las prácticas masturbatorias de un ejército de mujeres que en el año 61 de nuestra era luchó con coraje protegiendo la isla de Man; comparto los rituales de la Danza del Clítoris de la Polinesia; la función de las baubos (mujeres-vulva); la celebración del anasyrma griego; el juego clitórico de cordeles que sobrevive en muchas comunidades; la simbología de la vagina llorona de los chamacocos, los registros sonoros de las inspiradas sacerdotisas del culto quichua Raka Kakara y largos etcéteras.

APU: ¿Cómo ves el abordaje de la literatura erótica actual?

GC: En la literatura erótica actual, salvo casos puntuales, es muy difícil desentrañar la vibrante personalidad de un autor y el verdadero significado de su obra: vivimos bajo el dominio agobiante de las pretenciosas y comerciales vulgarizaciones. Eróticamente explícito es una excepción a la regla moderna de la superficialidad literaria. En los quince relatos lúbricos, describo las singularidades del Erotismo Etnográfico de las poblaciones milenarias, pero las reconstruyo en el presente, en un personal y transgresor estilo de abordar la narrativa de los sexos. Como suelo repetir: Ojalá los lectores se adentren en sus páginas, para descubrir unos cuantos puntos de referencia o señales ardientes que colaboren en la preparación del frenético ágape del deseo y en la ampliación del goce de todas las sexualidades. 

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    Art Brut obra de Cristian Zancho
    Obra de Cristian Zancho
ENSAYO

¿En qué consiste la brutal actualidad del Art Brut?

29 Marzo 2026

Voy a aclarar un par de cosas muy obvias sobre el Art Brut antes de contarles por qué me interesa hablar de esta vanguardia tan singular (alguno se atreve a decir que la última vanguardia moderna).
El fundador de este movimiento de vanguardia fue Jean Dubuffet, un francés tardío que descubrió su veta pictórica con bien entrados los 40 años. Una vez que la descubrió, produjo o creó una obra literalmente de locos, tanto por su calidad como por su cantidad.

Podemos decir que su propuesta global era destituir cualquier privilegio con el que contara el artista, y a la vez recuperar las producciones de los niños, de los enfermos mentales o de los excéntricos compulsivos, es decir de cualquiera que se saliera de la norma instituida. Para él crear era, y lo es todavía para nosotros, una aventura cuyo final, la obra, nadie puede prever, y mucho menos el artista, ya que para éste la obra tendría que ser tanto la manifestación de los instintos, las pasiones y los afectos como la exploración y el descubrimiento de ese deseo o esas pasiones y afectos.
Esta nivelación general de la cultura que trae consigo el Art Brut implicaría borrar una figura que nos resulta muy cara, la del artista, y elevar de su posición rastrera la figura del cualquiera, pues cualquiera puede pintar.

Es cierto que esta consigna extrema arruinaría la figura maldita que nos legó el Renacimiento, la del genio, pero también arruinaría aquello por lo que los genios, los artistas, o mejor dicho: su firma, tienen el valor exorbitante y caprichoso que tienen, el dinero, la riqueza, el mercado del arte, los marchantes, los críticos de arte y las fotocopiadoras. La única manera de acabar con el arte tal como estaba a fines de la Segunda Guerra y tal como está ahora es aboliendo y prohibiendo la compra/venta de obras… aunque tal vez debamos decir con más corrección: de mercancías.

El Arte Bruto quiso además destituir otro concepto fundamental en el campo del arte, y que también sobrevivió, aunque no tan entero como el del artista, me refiero al concepto de belleza. El mito de la belleza.

El Art Brut instituye un criterio de belleza, como también su contraparte, de lo feo, lo vulgar, lo horrible, fundados en decisiones individuales y subjetivas —hay que tener en cuenta que lo que consideramos bello y lo que calificamos de feo constituyen el umbral hedónico por el cual se predisponen de una manera (y no de otra) nuestros placeres, nuestros gustos y nuestros rechazos. Pero, ¿cómo hacemos para diferenciar un placer auténtico de otro impuesto por la moda, por los condicionamientos sociales o por las sobredeterminaciones psicológicas? Dubuffet apela, como ya lo había planteado Kandinsky medio siglo antes, a la necesidad interior, las pasiones, los deseos, los afectos –que en los locos, para él, serían más puros, menos contaminados por la cultura.

A Dubuffet lo asaltó esta idea de reconsiderar lo que entendemos por artista, lo que entendemos por belleza, por obra, por locura, por razón, por normal, caminando por Suiza con su gran amigo Jean Paulhan. La Segunda Guerra llegaba a su fin. Nadie en su sano juicio podía estar contento con lo que había conseguido Europa en ese momento. Y el Art Brut se consideró como un escupitajo en el medio de la cara descubierta de la cultura europea.

El gobierno de Javier Milei parece ser una expresión extrema de esta penúltima vanguardia artística: cualquiera, pareciera, puede ser presidente de una nación subdesarrollada. Lo único que necesita es ser capaz de encarnar el Capital y hacerlo de la manera más brutal y violenta posible.

Lamentablemente, el primero que adquirió una obra bruta de Dubuffet fue nada más y nada menos que el inminente ministro de cultura francés André Malraux. Corría el año 1946. De allí en más fue imposible no consumir como bellos los cuadros de este excéntrico, y no pagar una fortuna por ellos —el Pompidou tiene como mínimo una docena de sus obras. De aquí a considerar a Dubuffet como un artista, a pesar de lo que él publicitaba de sí mismo, no hay más que un paso.

Obviamente, este rechazo orgánico que sentía Dubuffet por la cultura oficial no fue un inventó de él ni de esos años. Ya existía una potente tradición, como hasta nosotros sabemos, que recuperaba los dibujos infantiles, las máscaras africanas, las postales japonesas o los trabajos de los locos o los “primitivos”. Pienso en Guaguin y sus pinturas de Tahití, en Kandinsky y la pintura abstracta (o concreta, como la llamó sobre el final de su vida), en Klee y sus esquemas y líneas infantiles, en las indagaciones surrealistas y en las prácticas radicales llevadas a cabo por los dadaístas o por Duchamp. Dubuffet conocía bien esta tradición y se sentía heredero de ella.

La sociedad que el Arte Bruto denunciaba sobrevivió a la denuncia, deglutiéndolo. En una dimensión de su realidad, el gobierno de Javier Milei parece ser una expresión extrema de esta penúltima vanguardia artística: cualquiera, pareciera, puede ser presidente de una nación subdesarrollada. Lo único que necesita este cualesquiera, este Don Nadie, es ser capaz de entregar toda su vida al Capital, encarnar el Capital y hacerlo de la manera más brutal y violenta posible —esto que tenemos ahora y que tanto nos preocupa es lo más brutal y violento que nuestra sociedad tolera en este momento histórico, lo que significa que en un futuro no muy lejano esta violencia y esta brutalidad no dejarán de acrecentarse, y esto que estamos viviendo ahora como una catástrofe nos va a parecer algo hasta gracioso.

Hace unos largos años que en Argentina se viene hablando de la “batalla cultural”. En realidad, no es una batalla sino una guerra, una guerra de larga duración en la que nuestros enemigos nos vienen haciendo cada vez más mierda. Nuestra capacidad de reflexión, de argumentación, de interpretación viene reduciéndose de gobierno en gobierno (en esta serie incluyo también a los “nuestros”, por supuesto).

El progreso tecnológico, hoy como ayer y como antes de ayer, constituye una catástrofe para la humanidad, que lo festeja como si tanto ella como el progreso estuvieran al margen de los cataclismos que jalonan nuestra vida, cataclismos climáticos, psíquicos, económicos, anímicos, etc.

La televisión nos masificó homogeneizando nuestros gustos, mientras el smartphone nos masifica haciendo de nuestro gusto el mejor gusto de todos, haciendo de nuestra opinión, por lo general infundada, una verdad irrebatible, haciendo de cada uno de nosotros el ser más preciado de la humanidad.
La reflexión puede forzarse a sí misma hasta llegar a la brutalidad, pero la brutalidad no tiene la capacidad ni tiene medios para alcanzar la reflexión. No debemos olvidar que ellos ganan porque nosotros vamos fracasando una batalla tras otra. Nuestro proyecto de ser humano, de convivencia, de amor, de placer, está vencido.

Acá quería llegar. Porque hace unos años reivindiqué la obra pictórica de nuestro genio musical Charly García afirmando que era comparable a las obras del Art Brut. No hubo ni hay en Argentina un artista tan extremo en su “locura” como Charly García, y eso sin nunca perder su capacidad de atraer e inventar nuevos fans. La obra pictórica de Charly está aún por descubrirse, aunque ya se expuso en algún ArteBA y en más de una galería de arte.

La vida y la obra de Charly García son lo que me da esperanza de que en medio de tanto desconsuelo todavía podamos pensar algo… o nada, que es casi mejor.
Gracias.

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    Teatro Me gusta de oro
TEATRO

Teatro: “Me gusta de oro”, el deseo, el odio y el algoritmo

29 Marzo 2026

Hay un gesto mínimo que define buena parte de nuestra época: levantar el pulgar y tocar una pantalla. El “me gusta” se volvió uno de los gestos más comunes de la aprobación contemporánea. Un signo diminuto que, sin embargo, organiza jerarquías, visibilidad, deseo y pertenencia.

La obra Me gusta de oro, escrita por Daira Basin y Alejandro Lifschitz, toma ese gesto y lo coloca en el centro de una pregunta filosófica inquietante: ¿qué dice de nosotros la manera en que miramos y reaccionamos frente a los otros en las redes sociales?

Declarada de interés cultural por la Legislatura de la Ciudad, la pieza no se limita a representar el mundo digital. Más bien lo disecciona. Como si el escenario fuera una mesa de anatomía donde se examinan las emociones contemporáneas.

En las redes sociales el deseo adopta una forma particular: desea ser visto. No alcanza con existir, con vivir, con sentir. Todo necesita convertirse en imagen, en relato, en contenido. La vida se vuelve algo que debe ser narrado públicamente para adquirir valor.

Pero esa exposición permanente tiene un costo. El tiempo se diluye en la distracción. El scroll infinito promete siempre algo nuevo, algo mejor, algo más interesante. Y mientras tanto el presente se escurre con la misma velocidad con la que pasan las imágenes. El resultado es una experiencia paradójica: nunca estuvimos tan conectados y, al mismo tiempo, tan distantes.

Las redes producen una forma peculiar de proximidad. Vemos la vida de los otros con una intimidad casi cinematográfica. Sabemos qué comen, a dónde viajan, qué piensan, qué celebran, qué detestan. Sin embargo, esa cercanía visual convive con una creciente distancia afectiva. Todos estamos ocupados. Todos estamos conectados. Pero cada vez nos vemos menos.

La presencialidad, ese encuentro físico que durante siglos organizó la vida social, comienza a convertirse en algo excepcional. Un esfuerzo logístico. Una cita que compite contra cientos de estímulos digitales. En ese contexto aparece una de las emociones más persistentes de la cultura de redes: la sensación de estar en falta.

Miramos al otro y casi siempre aparece la comparación. El otro parece más exitoso, más feliz, más bello, más productivo. La vida digital se convierte así en un gigantesco sistema de expectativas. Un escaparate donde todos, de alguna manera, intentamos cumplir con una imagen. El miedo a no estar a la altura circula silenciosamente entre publicación y publicación.

Pero la obra también se detiene en un fenómeno más oscuro: el odio. 

Las redes sociales han demostrado algo inquietante sobre el funcionamiento de la atención humana. Las emociones intensas viajan más rápido. La indignación se comparte más que la serenidad. El escándalo se multiplica con mayor eficacia que la calma.

En ese paisaje emocional aparece el algoritmo. Ese sistema invisible que organiza lo que vemos. Lo que parece una navegación libre en realidad está mediado por cálculos que priorizan aquello que genera más interacción.
Y la interacción, muchas veces, se alimenta del conflicto.

Así, el odio comienza a ocupar un lugar central en la circulación digital. No necesariamente como emoción íntima, sino como fenómeno amplificado. Como algo que se vuelve rentable.
Tal vez la idea más provocadora que sugiere Me gusta de oro sea justamente esa: el odio no funciona solamente como emoción humana. En el ecosistema digital se transforma también en un producto.

Un contenido que circula, que convoca reacciones, que alimenta discusiones interminables. Un combustible perfecto para las economía de la atención. Las redes sociales, en ese sentido, no son únicamente espacios de expresión. Son también plataformas lucrativas. Cada interacción, cada reacción, cada enfrentamiento genera datos. Y estos datos producen valor económico.
El odio, entonces, se vuelve útil.

La obra se mueve en ese territorio ambiguo donde la crítica al sistema se mezcla con una pregunta más incómoda: ¿hasta qué punto participamos activamente de esta dinámica?
Porque el “me gusta” encierra una contradicción fascinante. Es un signo de aprobación. Sin embargo, muchas veces le damos “me gusta” a contenidos que nos indignan o nos enfurecen. Celebramos aquello que criticamos. Amplificamos aquello que decimos rechazar.
El resultado es una cultura donde lo lindo y lo horrible conviven dentro de la misma lógica de visibilidad. 

Tal vez la idea más provocadora que sugiere "Me gusta de oro" sea justamente esa: el odio no funciona solamente como emoción humana. En el ecosistema digital se transforma también en un producto.

Me gusta de oro explora esa paradoja sin ofrecer soluciones fáciles. En lugar de señalar únicamente a las plataformas, se permite cuestionar también ciertos comportamientos profundamente humanos.
Tal vez el problema no sea solamente el sistema tecnológico que habitamos, sino también algunas inclinaciones muy antiguas: la fascinación por el escándalo, la necesidad de pertenecer, el placer ambiguo de señalar el error ajeno.

En ese mundo hiperreactivo, el otro comienza a aparecer cada vez más como amenaza. Como adversario. Como alguien que encarna una posición opuesta dentro de una lógica de polarización creciente.
Y allí surge el riesgo mayor: cuando la sociedad se organiza alrededor de bandos irreconciliables, la conversación pública se empobrece. La complejidad desaparece. Solo quedan consignas.

La obra propone entonces un pequeño gesto de resistencia. Algo simple y, al mismo tiempo, radical: detenerse a mirar. Mirar nuestras propias reacciones. Nuestros impulsos digitales. Nuestra manera de participar en esa maquinaria emocional que son las redes.

Tal vez allí aparezca una pregunta que atraviesa silenciosamente todo el espectáculo: si el odio circula con tanta facilidad, ¿qué lugar queda para el amor? No como una palabra ingenua ni como una consigna sentimental, sino como una forma distinta de vincularse con el otro.

Tal vez el problema no sea solamente el odio que circula en las redes, sino algo más profundo: el riesgo de dejar de reconocer al otro como sujeto. El filósofo Emmanuel Levinas insistía en una idea simple y radical: el rostro del otro nos interpela, nos obliga, nos recuerda que no estamos solos en el mundo. Cuando el otro se reduce a perfil, a comentario o a enemigo, algo de esa dimensión se pierde. En ese punto el problema ya no es solamente tecnológico ni comunicacional, sino profundamente humano. Porque si el otro desaparece como sujeto, también se debilita la posibilidad de reconocernos a nosotros mismos en esa relación.

Tal vez una hipótesis posible sea que parte del deterioro de la salud mental contemporánea tenga que ver con esa pérdida. Y allí aparece una paradoja inquietante: si el otro deja de existir como sujeto, también empieza a vaciarse la posibilidad del yo. Porque, en última instancia, la identidad humana siempre se construye en relación con otros.

El teatro, con su antigua capacidad de reunir cuerpos en un mismo espacio, propone algo que el mundo digital no puede replicar completamente: la experiencia de la presencia. Personas respirando en la misma sala. Mirando la misma escena. Compartiendo el mismo tiempo. Quizá allí, lejos del algoritmo y del scroll infinito, se abre la posibilidad de volver a preguntarnos quiénes somos cuando nadie está midiendo nuestros “me gusta”.

Tal vez el problema no sea la falta de amor, sino algo más profundo: el riesgo de dejar de reconocer al otro como sujeto. Como alguien cuya existencia también nos implica. 

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El proyecto de la unidad latinoamericana (II): de los Congresos Americanos a la Guerra de la Triple Infamia

28 Marzo 2026

A dos siglos del Congreso Anfictiónico de Panamá, resulta pertinente revisitar la larga lucha por la unidad latinoamericana. Aquel intento de articular una liga de repúblicas independientes inauguró una historia de iniciativas, debates y conflictos en torno a la integración regional. En esta segunda parte, recorremos el derrotero de ese ideal desde 1826 hasta 1870, destacando el papel de los Congresos Americanos, los debates intelectuales alrededor de la dicotomía civilización y barbarie y el surgimiento de una corriente de pensadores americanistas, hasta la Guerra del Paraguay como momento bisagra que consolida la fragmentación del continente sometido al neocolonialismo de nuevas metrópolis.

Balcanización, inestabilidad y agresiones

El fracaso del Congreso de 1826, sumado a las crecientes tensiones políticas y regionales en el interior de Gran Colombia —que desencadenaron un proceso de fragmentación—, provocó hacia el final de la vida de Simón Bolívar aquella triste reflexión: “He arado en el mar y sembrado en el viento”. Sin embargo, aunque el proceso de balcanización que se inició entonces fue considerable, no es menos cierto que a lo largo del siglo XIX persistieron corrientes y proyectos políticos proclives a la unidad latinoamericana. Desde todos los rincones del continente, las brasas de la causa integracionista brotaron como llamas en el pensamiento y la acción política y diplomática. Un hilo de acontecimientos unen aquellos sueños independentistas con nuestros días.

El Congreso Anfictiónico de Panamá tuvo una breve continuidad en la llamada Asamblea Americana de Tacubaya, reunida en las cercanías de la Ciudad de México entre 1826 y 1828. Este encuentro buscó mantener vivos los acuerdos alcanzados en Panamá y avanzar en la construcción de algún tipo de sistema de cooperación política y defensiva entre las nuevas repúblicas americanas. Sin embargo, las profundas divergencias entre los gobiernos, las dificultades de comunicación y la inestabilidad interna de muchos países impidieron que la iniciativa lograra resultados duraderos. En consecuencia, la Asamblea no consiguió consolidar una institucionalidad común ni establecer mecanismos efectivos de integración regional. Cabe destacar el papel del canciller mexicano, Lucas Alamán, que a lo largo de la década de 1830, envió infructuosamente emisarios a Centroamérica y América del Sur para promover lo que denominó un “pacto de familia”.

Este temprano fracaso de los proyectos confederativos reflejaba un proceso más amplio que atravesaba a la región: la fragmentación política del espacio que había pertenecido al imperio español en América. Las antiguas estructuras virreinales —como el Virreinato de Nueva España, el Virreinato del Perú, el Virreinato de Nueva Granada y el Virreinato del Río de la Plata— dieron lugar, tras las guerras de independencia, a una constelación de Estados nacionales más pequeños, muchas veces enfrentados entre sí y atravesados por conflictos internos.

El proyecto de unidad continental impulsado por Simón Bolívar chocó así con la consolidación de intereses regionales, rivalidades políticas y dinámicas locales que favorecieron la formación de repúblicas autónomas antes que de federaciones amplias. La disolución de efímeras entidades políticas mayores —como la Gran Colombia, las Provincias Unidas del Río de la Plata o las Provincias Unidas de Centroamérica— ilustró de manera elocuente esta tendencia. De este modo, hacia mediados del siglo XIX el mapa político latinoamericano había quedado configurado como un conjunto de repúblicas independientes, resultado de un proceso de disgregación del antiguo orden colonial español (algo que no sucedió con las antiguas posesiones portuguesas —desde 1822 reconfiguradas como Imperio del Brasil— a pesar de las tendencias secesionistas en algunas regiones del nordeste y el sur del país).

A la inestabilidad interna y a las guerras civiles que atravesaban las nuevas repúblicas latinoamericanas se sumó, desde la década de 1830, una serie de agresiones e intervenciones externas. Entre ellas se cuentan la ocupación británica de las Islas Malvinas en 1833, el bloqueo francés del Río de la Plata entre 1838 y 1840, y la intervención anglo-francesa en el Río Paraná en 1845. En México también se sucedieron conflictos de gran envergadura. La separación de Texas en 1835 y su posterior anexión a Estados Unidos en 1845 desembocaron en la Guerra entre México y Estados Unidos, tras la cual México perdió cerca de la mitad de su territorio. A esto se sumó el ataque francés al puerto de Veracruz en 1838, que dio origen a la Guerra de los Pasteles.

En América Central también se multiplicaron las presiones externas, especialmente por parte de Reino Unido y Estados Unidos. Los británicos fomentaron en la década de 1840 la separación del Reino de la Mosquitia respecto de Nicaragua mediante la instauración de un protectorado. Por su parte, Estados Unidos intervino en ese mismo país con el objetivo de asegurar la apertura de una eventual ruta interoceánica. Las tensiones entre ambas potencias culminaron en la firma del Tratado Clayton-Bulwer en 1850, mediante el cual acordaron delimitar sus respectivas influencias en la región. Poco después, en 1856, el aventurero estadounidense William Walker llegó a proclamarse presidente de Nicaragua, con un apoyo de sectores de Estados Unidos. Filibusteros similares actuaron también en otros territorios, como Baja California y Cuba.

Otras iniciativas estadounidenses también despertaron inquietud en algunos países sudamericanos. Entre ellas se destacan el interés por las Islas Lobos, frente al noroeste de Perú, así como un acuerdo firmado con Ecuador en 1855 que otorgaba a Estados Unidos concesiones en el comercio de guano en las Islas Galápagos. Este convenio generó preocupación en varios países de la región, particularmente en Chile, que consideraba que podía alterar el equilibrio de poder regional. En ese contexto, algunos sectores chilenos temían incluso que, tarde o temprano, Ecuador terminara perdiendo su independencia y se transformara en una posesión más de Estados Unidos.

En ese contexto de agresiones e interferencias, un proyecto de invasión fue impulsado por el ex presidente de Ecuador, Juan José Flores, quien había sido derrocado en 1845. Flores logró persuadir a la monarquía española de un plan restaurador que contemplaba la coronación del príncipe Juan de Borbón —entonces de apenas diez años—, hijo de María Cristina de Borbón-Dos Sicilias. Tras obtener el aval inicial de España, Flores desplegó una activa labor diplomática en Francia y Reino Unido con el objetivo de conseguir respaldo para la empresa. Este plan de restauración monárquica fue, en gran medida, el factor que impulsó la convocatoria del Congreso de Lima de 1847-1848, promovido como respuesta a la amenaza que dicho proyecto representaba para las jóvenes repúblicas americanas.

La década de 1860 estuvo marcada por un nuevo ciclo de intervenciones europeas en la América hispana. En 1861, España volvió a anexar a la República Dominicana. Dos años después, fuerzas francesas invadieron México y Maximiliano I de México fue proclamado emperador con el respaldo de Napoleón III. En Ecuador, el presidente Gabriel García Moreno llegó a plantear la posibilidad de que su país se convirtiera en un protectorado francés. Incluso, aunque de manera más bien pintoresca, debe recordarse el intento del aventurero francés Orélie Antoine de Tounens de fundar un reino propio en la Araucanía y la Patagonia. La tensión alcanzó otro punto crítico en 1865, cuando una escuadra española ocupó las Islas Chincha y bloqueó el puerto de Callao. Ante esta situación, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú decidieron coordinar sus fuerzas contra España, dando inicio a la Guerra Hispano-Sudamericana.

Impulso defensivo a la unidad

Ante estas agresiones y para contrarrestar la atomización y desmembramiento creciente de la antigua América Española, se convocaron distintas iniciativas entre países hispanoamericanas entre 1847 y 1865. Se trata de una etapa poco conocida de nuestra historia, en que reaparece el ideal de unión presente en la etapa de las independencias y que sirve de puente entre la generación de inicios de siglo XIX y la de finales de la centuria. Al igual que en el periodo de la independencia, lengua, religión e historia compartida durante los siglos de historia colonial son puestos como fundamento de la unidad en las convocatorias a los congresos. Sin embargo, esta narrativa se activó con mayor fuerza para impulsar los congresos y tratados regionales sólo cuando existían reales amenazas externas que podían poner en riesgo la seguridad, autonomía o incluso la soberanía de los aún jóvenes Estados. En otras palabras, se activó mayormente cuando estaban en riesgo los intereses materiales de los países involucrados. Por eso hablamos de una unión defensiva.

Previo a 1847, en distintos niveles locales y regionales había subsistido el ideal de unidad: experiencias políticas concretas de integración regional, como las Provincias Unidas de Centroamérica y la posterior República Federal de Centroamérica, que perduró hasta 1841, o la Confederación Perú-Boliviana, que existió entre 1836 y 1839. En esos años, Perú y Chile realizaron gestiones entre 1839 y 1845 para convocar un nuevo encuentro hispanoamericano. Contemporáneamente, desde la Confederación Argentina los caudillos federales promovieron una idea de solidaridad y coordinación entre los países hispanoamericanos, especialmente frente a las intervenciones de potencias extranjeras.

En particular, Juan Manuel de Rosas entendía que la independencia política de América no estaba asegurada mientras las naciones recién constituidas permanecieran aisladas y vulnerables frente a Francia y Gran Bretaña. En este marco, su resistencia al bloqueo francés del Río de la Plata entre 1838 y 1840, y a la intervención anglo-francesa en el Río Paraná en 1845 constituyó un hito de defensa regional, ya que no se limitó a proteger los intereses de la Argentina, sino que buscó movilizar la opinión y el apoyo de otros Estados americanos, subrayando la necesidad de cooperación frente a la injerencia extranjera. Por estas acciones el libertador San Martín legó su sable corvo a Juan Manuel de Rosas, además de colaborar desde Europa con una labor diplomática de denuncia.

Tras estos acontecimientos, el I Congreso Americano fue realizado en Lima entre diciembre de 1847 y marzo de 1848. El disparador fue el contexto de tensiones internacionales y amenazas externas, en especial del general Juan José Flores. El texto de convocatoria de 1846 del Ministro de Relaciones Exteriores de Perú, José Gregorío Paz Soldán, señalaba:

Hace tiempo que las Repúblicas Americanas han conocido la necesidad de asegurar su Independencia y sus Instituciones, formando, para ello, un Congreso de Plenipotenciarios que, por acuerdo de los Gobiernos que aceptaron el proyecto, debía reunirse en [Lima]. Circunstancias imprevistas dejaron sin realizarse aquella medida. Mas, los últimos sucesos de la Península y la invasión del Ecuador bajo los auspicios del Gobierno Español, han venido a descubrir que los pueblos Sud-Americanos tienen necesidad de unirse y de formar alianzas para repeler pretensiones extrañas y azarosas a la causa americana.”

Al congreso asistieron Bolivia, Chile, Ecuador, Nueva Granada y Perú. En el Congreso se aprobó un Tratado de Confederación, un Tratado de Comercio y Navegación y una Convención Consular. Sin embargo, sólo la Convención Consular fue ratificada por todos los Estados, y apenas Nueva Granada ratificó el resto de los tratados. Lo cierto es que una vez que la aventura de invasión de Flores fracasó, la amenaza externa desapareció y el ímpetu de unidad regional se debilitó.

Tras nuevas agresiones en la década de 1850 se reactivó el impulso hacia el regionalismo. Una de las primeras iniciativas en esta dirección fue impulsada por el canciller de Venezuela, Jacinto Gutiérrez, quien en 1857 envió una circular a los gobiernos sudamericanos proponiendo la convocatoria de un congreso en Panamá para discutir las acciones del filibustero William Walker en América Central. La iniciativa respondía, entre otros motivos, al reconocimiento otorgado por el presidente estadounidense Franklin Pierce al representante diplomático de Walker, Nicasio del Castillo Vijil.

De manera similar, el gobierno de Nueva Granada distribuyó una circular entre los países hispanoamericanos manifestando su rechazo a ese reconocimiento. Paralelamente, el ministro de Relaciones Exteriores de Perú inició contactos con el gobierno de Chile para negociar un tratado de defensa. A este proceso se sumó también Ecuador, lo que condujo a la firma, el 15 de septiembre de 1856, del denominado Tratado Continental, suscripto por estos tres países bajo el supuesto de que los demás Estados hispanoamericanos serían posteriormente invitados a adherir al acuerdo.

Por otra parte, por iniciativa del ministro peruano Juan Ignacio de Osma y del ministro guatemalteco Antonio José de Irisarri se logró reunir al cuerpo diplomático de los países hispanoamericanos en la sede de la legación del Perú de Washington, D.C. Como resultado de este encuentro, representantes de Nueva Granada, Guatemala, El Salvador, Perú, México y Venezuela firmaron el 6 de noviembre de 1856 un tratado de alianza denominado sub spe ratis, es decir, un acuerdo celebrado bajo reserva de ratificación, cuya entrada en vigor quedaba condicionada a la aprobación posterior de los respectivos gobiernos.

El II Congreso Americano se reunió nuevamente en Lima entre 1864 y 1865, impulsado en gran medida por la creciente preocupación ante una nueva ola de intervenciones europeas en América. Este encuentro constituyó el último intento, en esta etapa, de conformar una liga o confederación entre las repúblicas hispanoamericanas. Su convocatoria se produjo en un contexto marcado por diversas acciones que evidenciaban el resurgimiento del intervencionismo europeo en México, el Caribe y América del Sur.

En ese escenario, Estados Unidos permaneció relativamente al margen de los asuntos hemisféricos debido a la Guerra de Secesión, que enfrentaba al sur esclavista con el norte industrial. Dentro de este panorama, dos acontecimientos resultaron especialmente decisivos para reactivar los esfuerzos de coordinación regional. Por un lado, la invasión europea a México —que culminó con la instauración del imperio de Maximiliano I de México bajo el patrocinio de Napoleón III— motivó, desde 1863, diversas iniciativas diplomáticas del gobierno peruano orientadas a promover una alianza defensiva entre los países latinoamericanos para rechazar la intervención extranjera. Por otro lado, la ocupación española de las Islas Chincha —territorio de enorme importancia económica para el Perú— y el posterior bloqueo del puerto de Callao reforzaron la percepción de amenaza externa y contribuyeron a consolidar la idea de una acción conjunta entre las repúblicas de la región frente a las potencias europeas.

Debe recordarse que, en ese momento, Perú aún no había obtenido el reconocimiento formal de su independencia por parte de España. Ante la posibilidad de una intervención española, el gobierno peruano desplegó una serie de gestiones diplomáticas que culminaron con la convocatoria de un nuevo congreso hispanoamericano. La invitación fue dirigida inicialmente a Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Venezuela, mientras que Argentina y los países de América Central fueron incorporados posteriormente a la convocatoria.

El II Congreso Americano sesionó entre noviembre de 1864 y marzo de 1865 en Lima. Participaron delegados de Colombia, Chile, Bolivia, Ecuador, Perú, El Salvador y Venezuela; por su parte, Domingo Faustino Sarmiento asistió como representante ad referendum de Argentina. Como resultado de las deliberaciones se firmaron varios acuerdos, entre ellos un Tratado de Unión y Alianza Defensiva y un Tratado para la Conservación de la Paz entre las Naciones Aliadas, cuyo objetivo era resguardar la independencia, la soberanía y la integridad territorial de las repúblicas hispanoamericanas, así como promover la resolución pacífica de los conflictos entre ellas.

No obstante, estos instrumentos corrieron la misma suerte que los acuerdos suscritos previamente en el Congreso Anfictiónico de Panamá y en los congresos de Lima y Santiago de Chile celebrados en décadas anteriores: nunca llegaron a ser ratificados por la mayoría de los gobiernos, lo que impidió su efectiva implementación y frustró, una vez más, los intentos de institucionalizar una confederación hispanoamericana.

Aunque estos encuentros no lograron consolidar una estructura permanente de integración, constituyeron importantes intentos de retomar el ideal unionista surgido en la época de las independencias. Vale destacar a las principales figuras políticas uninionstas en la fase inmediatamente posterior a 1826: en la década de 1830, Lucas Alamán en México y Francisco Morazán en Centroamérica; en la década de 1840, el gobierno de Ramón Castilla en Perú y su canciller José Gregorío Paz Soldán; en la década de 1850, Castilla, actuando de nuevo como Presidente del Perú, sería otra vez actor principal en la firma del “Tratado Continental”, mientras Chile y su representante Manuel Montt fueron figuras centrales del segundo Congreso de Lima.

Identitarismo latinoamericano

Estas iniciativas unionistas defensivas, impulsadas desde lo político, tuvieron su correlato en lo intelectual. En particular, como respuesta al surgimiento de un pensamiento noreuropeísta hecho por americanos. Es decir, de autores nativos que promueven el influjo francobritánico y estadounidense del continente en desmedro de sus raíces hispanoamericanas. Intelectuales y políticos como los argentinos Domingo Sarmiento y Bartolomé Mitre, el venezolano Antonio Guzmán Blanco o el ecuatoriano Gabriel García Moreno logran, de hecho, desplazar la idea dominante hasta entonces. Desde la década de 1860, bajo el influjo temprano del positivismo, se comienza a rechazar a España y lo hispánico como oscurantista y primitivo. La unidad hispanoamericana dejó de ser un supuesto, o siquiera un anhelo, en pos de la integración subordinada a las nuevas potencias del norte industrial.

En particular, resalta la figura del joven Sarmiento, que en su destierro en Chile publica en 1845 el Facundo, como un arma de lucha contra Rosas. En esta obra establece la dicotomía entre “civilización” —identificada con Europa, la modernidad y el progreso— y “barbarie” —asociada a lo rural, lo indígena, lo mestizo y lo popular—, con los efectos duraderos y, en muchos sentidos, profundamente problemáticos que tuvo. La lectura sarmientina legitimó proyectos de Estado que concebían a Europa como modelo único de modernización y a las culturas locales como un obstáculo para el avance civilizatorio.

Reproduciendo esta polaridad surgieron, desde mediados del siglo XIX, dos grandes orientaciones intelectuales en la región. Por un lado, los europeístas, que consideraban que la única vía para la construcción nacional era la imitación de los patrones culturales, institucionales y económicos europeos. Por otro, emergieron los americanistas, quienes reivindicaron la especificidad histórica y cultural del continente, cuestionaron la subordinación mental a Europa y buscaron pensar la región desde sus propias tradiciones.

Los efectos de la fórmula sarmientina fueron, así, ambivalentes y de largo alcance. Por un lado, contribuyó a instalar una visión jerárquica de las culturas y a legitimar políticas de “civilización” que marginaron identidades indígenas, criollas y populares. Por otro lado, su radicalidad provocó la aparición de una sensibilidad crítica que impulsó a los primeros pensadores regionalistas a defender una concepción más inclusiva de la identidad latinoamericana. Esta disputa entre civilización europea y originalidad americana fue un componente central en la formación de los imaginarios políticos y en los debates tempranos sobre la unidad continental.

En particular en Chile, destacaron en este periodo un conjunto de pensadores, nucleados alrededor de la Sociedad para la Unión Americana entre 1862 y 1867, la cual estuvo muy activa en el rechazo a la agresión a Perú durante la ocupación de las islas Chinchas y en promover la unidad continental. Fue liderada por Benjamín Vicuña Mackenna y José Victorino Lastarria. Entre sus miembros o colaboradores más activos se encontraban intelectuales como Francisco Bilbao y Juan Manuel Carrasco Albano, quienes participaron directamente en la difusión de las ideas unionistas desde Chile.

En ese contexto chileno, este enfoque identitario como base de la identidad regional fue descrito de forma clara por Álvaro Covarrubias, ministro de Relaciones Exteriores de Chile, en una carta enviada el 28 de mayo de 1865 al embajador de España en Santiago:

Las repúblicas americanas de origen español forman en la gran comunidad de las naciones, un grupo de Estados Unidos entre sí por vínculos estrechos y peculiares. Una misma lengua, una misma raza, formas de gobierno idénticas, creencias religiosas y costumbres uniformes, multiplicados intereses análogos, condiciones geográficas especiales, esfuerzos comunes para conquistar una existencia nacional e independiente: tales son los rasgos que distinguen a la familia hispanoamericana”.

Desde Nueva Granada, figuras como el panameño Justo Arosemena y, en particular, los colombianos José María Samper y José María Torres Caicedo formaron parte del mismo espacio intelectual americanista. Desde Perú, surgió la pluma de Francisco de Paula González Vigil y la labor integracionista de José Casimiro Ulloa. Así como el menos conocido Benedicto T. Medinaceli en Bolivia, con su muy avanzado Proyecto de Confederación de las Repúblicas Latino-americanas de 1862. En el Caribe, por su parte, emergieron personalidades como Ramón Emeterio Betances, líder independentista puertorriqueño, el dominicano Gregorio Luperón y el haitiano Anténor Firmin, quienes promovieron la idea de un antillanismo confederal como parte de un proceso más amplio de unidad americana. Respecto de esta última región, conviene señalar críticamente los límites que presentaba, entre líderes y pensadores hispanoamericanos, la inclusión de las Antillas —y en especial de Haití— en los proyectos de unidad. El propio Simón Bolívar, por ejemplo, descartó invitar a Haití al Congreso Anfictiónico de Panamá, a pesar del apoyo que la revolución de los esclavos había brindado tanto a él como a otros independentistas hispanoamericanos. Esta exclusión se prolongó, con distintos matices, a lo largo de todo el siglo XIX.

Mientras que en Argentina, la evolución intelectual de Juan Bautista Alberdi es de las más significativas. De joven compartió con Sarmiento la admiración por ciertos aspectos de Europa, promoviendo en sus Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina de 1852 un modelo constitucional de tipo liberal cosmopolita. No obstante, criticó el simplismo de la oposición civilización/barbarie y sostuvo que la construcción nacional debía partir del conocimiento real de la sociedad americana, sus intereses económicos y su estructura social. En particular, destacó en el final de su vida por su promoción de la unión americana, su combate al centralismo porteño representado en el presidente Bartolomé Mitre, y puntualmente en su denuncia de la guerra fratricida del Paraguay. Estas posiciones de Alberdi fueron excepcionales en una Argentina que desde el Congreso de Panamá en adelante se abstuvo casi siempre de participar oficialmente en las iniciativas americanistas.

En relación con el debate intelectual entre las décadas de 1830 y 1870 pueden destacarse cuatro elementos. En primer lugar, se produce un desplazamiento gradual del enemigo externo, que pasa de España hacia Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. Este corrimiento se vincula con el hecho de que las potencias emergentes con capacidad de intervención en la región comenzaron a ser estas últimas, mientras el viejo dominio español entraba en declive. No obstante, España realizó un último intento de afirmación militar en el Pacífico con la ocupación de las Islas Chincha del Perú en 1864, lo que desencadenó un conflicto naval que enfrentó a España con una alianza formada por Chile, Perú, Ecuador y Bolivia. Al mismo tiempo, la monarquía española mantuvo su presencia militar en el Caribe, sofocando los movimientos independentistas de Cuba y Puerto Rico y reincorporando a su control entre 1861 y 1865 a la República Dominicana. Sin embargo, mientras la influencia española era cada vez más declinante, el intervencionismo de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña se volvía constante y creciente. Esta transformación del escenario internacional comenzó a reflejarse gradualmente en los debates intelectuales de la época.

En segundo lugar, emergió un discurso que perduró durante décadas en torno a la “raza hispanoamericana”. A los tres elementos que hasta entonces aparecían como factores de unidad —la lengua, la cultura y la religión— se incorporó uno nuevo, de carácter fuertemente identitario. Se trataba de identificar en la población de estas tierras un conjunto de rasgos y valores considerados positivos, idiosincráticos y propios, percibidos además como amenazados por las intervenciones externas. Este giro puede observarse con claridad en figuras como Francisco Bilbao, Juan Manuel Carrasco Albano, Justo Arosemena y José María Torres Caicedo, y será retomado con fuerza por autores de entresiglos como José Martí, José Enrique Rodó y José Vasconcelos. Al respecto, cabe señalar que, pese a algunas inclusiones simbólicas, en general la “raza hispana” o “latina” que se buscaba proteger a mediados del siglo XIX tendía a excluir —o a relegar a un lugar subordinado— a los pueblos originarios y a las poblaciones afrodescendientes. Hacia fines de la centuria, sin embargo, esta imagen comenzó a modificarse parcialmente con autores que incorporaron el mestizaje como rasgo constitutivo de lo propiamente latinoamericano.

En tercer lugar, la denominación Hispanoamérica comenzó a ser desplazada por la de América Latina, lo que en el fondo implicaba una redefinición del referente identitario. En este sentido, Francisco Bilbao lo expresa con particular claridad en su obra El evangelio americano:

"Ya sabemos cuál debe ser nuestra conducta: continuar la obra de desespañolización que empezó con la revolución de la independencia. Pero es necesario que la desespañolización no consista solamente en abolir las leyes e instituciones de la conquista. No es sino una parte que podemos llamar desespañolización exterior. La grande obra, el trabajo magno, consiste en el nuevo espíritu que debe animar a la nueva personalidad del americano. La desespañolización del alma es pues lo principal".

En la búsqueda de autorreconocimiento, este cambio expresa, por un lado, la necesidad de encontrar un referente identitario que permitiera pensarse sin remitir a lo español. Por otro lado, también refleja la influencia del contexto positivista y de la cultura anglofrancesa en las clases dominantes, que comenzaron a percibir el pasado español casi exclusivamente en términos negativos. Paradójicamente, en autores críticos, la afirmación del latinoamericanismo funcionó como una forma de resistencia frente a esa influencia, especialmente frente a la anglosajona. Francia, en cambio, al ser considerada parte del mundo latino, quedó en un primer momento parcialmente incluida dentro de esa identidad. Este panlatinismo, sin embargo, fue perdiendo peso con el tiempo en favor de una identificación latinoamericana más específica, centrada en la herencia histórica de la antigua América española. Cabe destacar que el surgimiento en la década de 1860 del término “América Latina” habilitó la inclusión de Brasil como parte del movimiento de unidad regional.

En cuarto y último lugar, entre 1826 y 1846 la relación con Estados Unidos permanecía abierta y sin una definición clara. No estaba resuelto si el país del norte debía ser considerado parte de una eventual “solidaridad continental” con las repúblicas entonces hispanoamericanas. Al planificar el Congreso Anfictiónico de Panamá, Simón Bolívar expresó dudas tanto sobre la conveniencia de invitar a Estados Unidos como sobre el alcance de la Doctrina Monroe. En 1829, el Libertador llegaría a afirmar que “los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias en nombre de la libertad”. Sin embargo, el país fue finalmente invitado tanto al congreso de Panamá como al Congreso Americano de Lima de 1847-1848. Cuando se produjo el despojo de casi la mitad del territorio mexicano tras la Guerra entre México y Estados Unidos y el Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848, la imagen de Estados Unidos en la región comenzó a transformarse de manera decisiva.

Una bomba de fragmentación

La Guerra de la Triple Alianza —precedida por la intervención brasileña en Uruguay en 1864— constituyó un verdadero parteaguas en la historia de América Latina. La magnitud de la matanza entre países vecinos fue, y sigue siendo, inédita en el continente. Si bien hubo guerras anteriores, como la rioplatense-brasilera entre 1825 y 1828, o posteriores, como la del Pacífico, que enfrentó a Chile con Bolivia y Perú entre 1879 y 1884, ninguna es comparable en escala con la guerra contra Paraguay. Con enorme diferencia, se trata del conflicto bélico más devastador de la historia latinoamericana. Su impacto demográfico y material fue tan profundo que supera ampliamente al de cualquier otro conflicto interestatal del siglo XIX en la región.

Bajo la influencia del comercio y las finanzas de Gran Bretaña, el Imperio del Brasil, sectores de las élites liberales de Argentina y el gobierno colorado de Uruguay impulsaron un conflicto de enorme violencia contra una república vecina. ¿Cuál había sido el “pecado” de Paraguay? El país había intentado sostener un gobierno y un modelo de desarrollo relativamente autónomos, orientados al fortalecimiento de sus propias fuerzas productivas y a la afirmación de la soberanía nacional. Esa búsqueda de independencia política y económica era percibida por algunos actores regionales como un modelo potencialmente imitable por otras naciones, y por lo tanto como un factor a neutralizar. El resultado fue la devastación del Paraguay con la pérdida de una parte sustancial de su población, recursos y territorio, un hecho que marcó de manera trágica la historia del continente.

Desde distintos países latinoamericanos se alzaron voces de repudio frente a la agresión contra la nación guaraní. En el II Congreso Americano de Lima se escucharon críticas y expresiones de preocupación por la devastación que sufría Paraguay durante la Guerra de la Triple Alianza. En Argentina, las montoneras de Felipe Varela, conocido como el “Quijote de los Andes”, se levantaron en el noroeste del país contra lo que consideraba la barbarie porteña y la subordinación a intereses extranjeros. Tras su derrota, durante su exilio en Bolivia, Varela publicó en 1868 el manifiesto Viva la Unión Americana, un llamado a retomar el viejo ideal de integración continental.

Paralelamente, Juan Bautista Alberdi, desde sus escritos, denunció la guerra, a la que calificó como la “Triple Infamia”. Asimismo, Juan Manuel de Rosas, desde su exilio en Southampton, expresó en su correspondencia un fuerte rechazo a la Guerra de la Triple Alianza, a la que consideraba una guerra “impolítica, injusta y desastrosa para las repúblicas del Plata”, que sólo serviría para aumentar el poder del Imperio del Brasil. Incluso en el plano de la religiosidad popular aparecen ecos de este rechazo: según la tradición, uno de los santos paganos más venerados de la Argentina, el Gauchito Gil, habría sido ejecutado por negarse a combatir contra sus hermanos paraguayos. Estas expresiones revelan la sensibilidad social y las resistencias que generó una guerra percibida por amplios sectores como profundamente injusta.

Mientras tanto, en la nación charrúa, el ex presidente Bernardo Berro, contra quien se había iniciado la intervención militar en 1864, reflexionaba en sus escritos de 1866‑1867 sobre “la necesidad de establecer una República fuerte al sur del Brasil”, previendo posibles federaciones que, a su vez, debían integrarse en una gran Liga o Unión Americana. Su proyecto encontró expresión en la frustrada revolución de 1868 contra el gobierno de Venancio Flores y la Guerra de la Triple Alianza. El levantamiento fue seguido de una sangrienta represión en Montevideo y de la presión diplomática de potencias extranjeras, entre ellas Gran Bretaña y Estados Unidos, que vigilaban de cerca los acontecimientos en la región.

El fin de la Guerra de la Triple Alianza en 1870 puede considerarse el cierre de la etapa unionista iniciada con el Congreso de Panamá. Hasta ese momento, las fronteras estatales entre los países de la región eran todavía relativamente difusas y coexistían con congresos americanistas, experiencias federales y confederales, revoluciones transfronterizas con explícitos propósitos unionistas y poderosas corrientes de pensamiento que prolongaban el proyecto de los independentistas.

En relación con la cuenca del Plata —aunque con alcances que pueden extenderse al conjunto de la región—, Alberto Methol Ferré señaló que, tras la guerra del Paraguay, los países latinoamericanos quedaron “cada uno en su casa”, cada uno en el laberinto de sus cien años de soledad, todos mirando al océano y amnésicos, olvidados de la frontera sudamericana. El triunfo de la Triple Alianza, en consonancia con una etapa de fortalecimiento de los Estados nacionales bajo la égida de las élites liberal-conservadoras, abrió un período en el que se consolidaron las fronteras nacionales de las “patrias chicas” y se profundizó la inserción dependiente de las economías latinoamericanas respecto de las nuevas potencias centrales. Podría decirse que se pasó de una era de horizontes confederales a otra de fragmentación y dependencia.

La Guerra de la Triple Alianza —precedida por la intervención brasileña en Uruguay en 1864— constituyó un verdadero parteaguas en la historia de América Latina. La magnitud de la matanza entre países vecinos fue, y sigue siendo, inédita en el continente.
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    DOCENTES

Corrientes de pie: docentes y estatales movilizados

27 Marzo 2026

Fueran al paro o no los docentes correntinos, el 2 de marzo, igual les quitaron entre 400 y 600 mil pesos del salario. Esto lo decidió el gobierno de Corrientes, que lidera desde el 10 de diciembre Juan Pablo Valdés. Ante las masivas movilizaciones de los docentes, a la que se sumaron otros estatales, este jueves 26, en toda la provincia, Valdés expulsó al ministro de economía local haciéndolo responsable del descuento y prometiendo que se va a restituir los ingreso a los trabajadores de la educación.  

En las ciudades y pueblos guaraní los docentes ganaron las calles con banderas argentinas y movilizando alrededor de las plazas centrales. En San Roque con el lema “docentes unidos”, en Monte Caseros encabezó la bandera el sindicato “SUTECO”, en Mercedes con carteles de rechazo al 6 por ciento en la paritaria salarial, en Sauce gritaban “sueldo digno”.

Desde los sindicatos docentes no le creen a la ministra Ana Miño. “El comunicado de la ministra no es un anuncio de gestión; es una pieza de manipulación política. Buscan quebrar la voluntad del docente, que dejes de reclamar el aumento salarial que ni recibiste porque te aplicaron un machetazo del 50 por ciento o más de tus haberes. Te ahogan para que levantes la medida de fuerza y aceptes el hambre del 6 por ciento sin chistar”, difundieron los sindicatos que el 2 de marzo hicieron paro con un 91 por ciento de acatamiento. 

Además del salario al conflicto se suma: haberlos declarado esenciales y no permitirles ir a la huelga; la obra social en pésimas condiciones y con pagos de coseguro de elevado monto; por los descuentos ante pedido de licencia por enfermedad y las jubilaciones que no se otorgan por la reforma laboral. 

ESTATALES FRENTE A LA CASA DE GOBIERNO

Ante la sede de gobierno provincial, en Corrientes Capital, este miércoles 25, por la noche, la movilización fue masiva y la encabezó el secretario gremial de la Asociación de Trabajadores Estatales (ATE), Gonzalo Rubiola.

“Le venimos a decir a Juan Pablo Valdés que le pregunte a su vicegobernador que le pasó en el ’99 cuando los estatales lo sacamos a las patadas”, arengó el dirigente sindical de ATE frente a miles de trabajadores y cantando “unidad de los trabajadores al que no le gusta se jode…”

El aumento paritario del 6 por ciento no es aceptado por ATE, tampoco por los docentes. 

El Ministerio de Hacienda y Finanzas de la provincia estuvo cinco años en manos de Marcelo Rivas Piasentini y ahora fue reemplazado por Héctor Grachot, quien era subsecretario de Finanzas.

El paro nacional que CTERA convocó para el 2 de marzo que luego trajo el descuento por el gobierno provincial encendió la mecha, pero se sumó el impacto sobre dos ítems que forman el Complemento Docente Provincial, que en Corrientes se conoce como el Presentismo o ítem Aula.

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    UFC

1xBet llega al octágono: la estrella latinoamericana de UFC Carlos Prates es el nuevo embajador de la marca

27 Marzo 2026

1xBet ha firmado una alianza con el brasileño de UFC Carlos Prates, conocido como un auténtico “artista del nocaut”. Este acuerdo marca un nuevo capítulo para la marca en el mundo de las artes marciales mixtas y refuerza su posición en Brasil, uno de los mercados deportivos de mayor crecimiento a nivel global.

Carlos Prates representa a la nueva generación de peleadores del peso wélter y es uno de los talentos más prometedores de la división. Suma ya 6 nocauts en 7 combates dentro de UFC y es el único peleador de la organización en lograr 4 nocauts consecutivos con un solo golpe. Su estilo agresivo en el octágono, su temple y una efectividad de finalización superior al 80% le han valido el apodo de “The Nightmare”.

1xBet impulsará el crecimiento de la marca personal del peleador y lo llevará a representar a su continente en el escenario global de la UFC ante aficionados de todo el mundo. El éxito de Carlos Prates se ha convertido en un símbolo del nivel que ha alcanzado la región como una de las grandes escuelas de artes marciales mixtas, capaz de formar nuevos campeones.

Es un gran honor para mí representar a mi región en UFC. Siento el apoyo de la gente y sé que peleo por ellos tanto como por mí. Agradezco a 1xBet por la confianza y por creer en mi potencial. Hay mucho trabajo por delante, y vamos con todo en el camino hacia el cinturón”, comentó Carlos Prates.

“Vemos esta alianza como un proyecto a largo plazo y como uno de los pilares clave de nuestro desarrollo en Latinoamérica. Estamos convencidos de que, al combinar nuestro producto líder en el mercado, herramientas digitales avanzadas y la fuerza de la marca de Carlos, llevaremos a 1xBet a nuevos niveles en Brasil.

Nuestro objetivo es ayudar a Carlos a alcanzar todo su potencial en el escenario global de UFC. Latinoamérica merece nuevos campeones, y creemos que Carlos puede ser uno de ellos”, afirmó Simon Westbury, Strategic Advisor en 1xBet.

La alianza con Prates fortalece la presencia de 1xBet en la escena internacional de las MMA. La compañía busca seguir colaborando con atletas audaces y carismáticos, capaces de conectar con los fans y ofrecer experiencias frescas centradas en el entretenimiento.

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    Playa
TURISMO

Tres escapadas desde Buenos Aires para distintos estilos de viaje

26 Marzo 2026

Elegir un destino para cortar con la rutina no siempre es tan simple como parece. A veces no se trata de “ir a algún lado”, sino de encontrar ese lugar que encaje con el ánimo del momento. Hay quienes necesitan bajar un cambio, otros buscan aire libre y movimiento, y no faltan los que prefieren el sonido del mar como banda sonora. 

1- Córdoba

Córdoba tiene algo que no siempre se puede explicar con precisión. No es solo la combinación de sierras, ríos y pueblos con identidad propia. Es también ese equilibrio entre descanso y movimiento que hace que tanto familias como parejas o grupos de amigos la elijan una y otra vez. 

¿Cuánto cuesta el viaje en micro desde Buenos Aires a Córdoba?

El viaje en micro desde Buenos Aires dura aproximadamente 9 horas y 42 minutos, dependiendo del servicio y las paradas. Es una opción elegida por quienes prefieren viajar de noche y aprovechar mejor el tiempo.

En cuanto a precios, hay varias empresas reconocidas que operan el trayecto con salidas frecuentes:

  • Platabus desde $45.000
  • Urquiza desde $43.000
  • 20 de Junio desde $38.220
  • Chevallier desde $43.000
  • Sierras de Córdoba desde $43.000
  • Balut desde $45.000
  • Fono Bus desde $54.000

Los valores corresponden por tramo y pueden variar según la demanda o el tipo de servicio. 

¿Cuál es la mejor época para viajar a Córdoba?

No hay una sola respuesta, porque Córdoba funciona bien en distintas épocas del año y cambia bastante según el plan. Si la idea es aprovechar ríos, balnearios y vida al aire libre, el verano suele ser el momento más elegido, sobre todo en las zonas serranas. En cambio, para quienes prefieren caminar, hacer base en la ciudad y salir a recorrer con temperaturas más amables, primavera y otoño resultan especialmente cómodos.

La ventaja de Córdoba es otra: las distancias entre la capital y muchos puntos turísticos son cortas, así que incluso en una escapada breve se puede combinar ciudad, sierras y pueblos. También el invierno tiene su atractivo para quienes buscan un viaje más tranquilo, con caminatas, estancias y menos movimiento que en temporada alta.

¿Qué hacer en Córdoba en pocos días?

Un buen primer acercamiento puede mezclar Córdoba capital con una salida corta hacia las sierras. En la ciudad hay un circuito muy accesible que combina patrimonio histórico, vida urbana y gastronomía, especialmente en el área del centro, la Manzana Jesuítica, Güemes y Nueva Córdoba.

Después, según el tiempo disponible, se puede sumar una escapada a lugares relativamente cercanos como Villa Carlos Paz, Alta Gracia o La Cumbrecita. Son destinos que permiten cambiar de ambiente rápido, sin invertir demasiadas horas en traslados. 

2- Paraná

Paraná aparece, muchas veces, como una alternativa menos obvia. Y ahí está su principal ventaja. Es un destino elegido por quienes buscan bajar la intensidad sin necesidad de alejarse demasiado. El río marca el ritmo: más pausado, más contemplativo.

¿Cuánto sale el viaje en micro de Buenos Aires a Paraná?

El viaje en micro desde Buenos Aires a Paraná tiene una duración aproximada de 7 horas y es una opción frecuente para escapadas de fin de semana largo. Varias empresas operan esta ruta, lo que permite comparar alternativas según horarios y precios disponibles.

Entre las opciones disponibles, Flecha Bus ofrece servicios regulares desde la terminal de Retiro, con pasajes que parten desde los $50.000 en semicama por tramo.

¿Cuál es la mejor época para viajar a Paraná?

La mejor época para viajar a Paraná suele darse entre la primavera y el otoño, cuando las temperaturas son más templadas y la ciudad se disfruta mejor a pie, junto al río y en sus espacios verdes. Entre septiembre y noviembre, y también entre marzo y mayo, el clima acompaña sin los extremos del verano ni el frío más marcado del invierno. Además, en esos meses el paisaje del Parque Urquiza, la costanera y los alrededores del río gana protagonismo, y suele haber una agenda cultural activa que hace más completa la escapada.

¿Cuántos días vale la pena quedarse en Paraná?

Para una primera visita, dos o tres días suelen ser una muy buena medida. Alcanzan para recorrer la costanera, disfrutar del río, conocer el centro histórico, probar algo de la gastronomía local y sumar alguna actividad al aire libre sin andar a las corridas.

Es un destino que encaja muy bien en un fin de semana largo o en una escapada breve desde Buenos Aires, justamente porque permite cambiar de ritmo sin necesidad de organizar un viaje largo. 

3- Pinamar 

Pinamar suele asociarse directamente con el verano. Sin embargo, fuera de temporada ofrece una cara distinta, más tranquila y, para muchos, más disfrutable. La combinación de bosque, médanos y mar genera un entorno particular que cambia según la época del año.

¿Cuánto cuesta el viaje en micro a Pinamar desde Buenos Aires?

El viaje en micro desde Buenos Aires a Pinamar dura aproximadamente 5 horas y es una opción práctica para escapadas cortas.

Operan distintas empresas como Plusmar, Rutatlantica y El Águila, con pasajes desde $60.000 en semicama por tramo.

¿Cómo es el clima en Pinamar después del verano?

Marzo todavía suele ofrecer temperaturas agradables, con máximas en torno a los 22 °C, mientras que en abril el promedio baja hacia los 20 °C. A medida que avanza el otoño, el aire se vuelve más fresco y el invierno ya presenta jornadas frías, con máximas cercanas a 12 o 13 °C y mínimas alrededor de 6 °C en julio.

También hay que considerar que el verano concentra las temperaturas más altas y el mejor momento para actividades de playa, mientras que desde el otoño el clima acompaña más a caminatas, salidas a comer, recorridos por el bosque y planes tranquilos frente al mar. 

¿Qué tipo de actividades se pueden hacer en Pinamar además de la playa?

Pinamar tiene bastante más para ofrecer que arena y mar. En temporada baja, por ejemplo, ganan protagonismo las caminatas junto al agua, los recorridos por avenidas arboladas y la exploración de su arquitectura, con casas y chalets integrados al paisaje de pinos. También es muy común sumar una salida corta a Cariló, que queda a pocos kilómetros y combina bosque, centro comercial y gastronomía.

A eso se le agregan propuestas deportivas y recreativas que están presentes durante buena parte del año, como golf, cabalgatas, bicicleta, tenis, kayak, surf, sandboard, paseos en lancha y actividades culturales como el teatro. 

Un viaje que empieza antes de salir

Hay destinos que se eligen por impulso y otros a los que se vuelve porque resuelven distinto. Córdoba, Paraná y Pinamar entran en ese grupo. No compiten entre sí: cada uno encaja con una necesidad concreta. A veces el cuerpo pide sierras, otras veces río, otras mar. Y en esa elección no solo cambia el paisaje, también cambia la forma en que uno quiere descansar.

Para organizar esa escapada con más comodidad, descargá la App iOS de Central de Pasajes, empresa líder en venta de pasajes online, y compará opciones según el destino, el horario y el tipo de viaje que mejor se adapte a tus días libres.