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    afiche vox dei en dictadura
DOCUMENTO HISTÓRICO

Rescate rockero: audios inéditos reconstruyen un recital de Vox Dei en Neuquén durante la dictadura

03 Mayo 2026

Una historia que sobrevivió al paso del tiempo gracias a la osadía de dos ex colimbas que, 48 años atrás, decidieron infiltrarse en el recital de su banda preferida fingiendo ser periodistas de una revista del Ejército. Esa noche, los músicos de Quilmes presentaron su décimo álbum Gata de noche y revisitaron canciones de La Biblia, bajo la producción de Simón “el Gordo” Pierre Bayona.

Una aventura que pudo reconstruirse a partir de los audios del show en vivo, una entrevista posconcierto y los recuerdos del periodista Jorge “Negro” Sosa , del ilustrador Juan Marchesi y otros testigos de aquella noche de 1978.

El domingo 10 de diciembre de 1978, Willy Quiroga (bajo y voz), Ricardo Soulé (guitarra y voz) y Rubén Basoalto (batería) llegaban por primera vez a la capital neuquina para rockear en la ENET N°1 (hoy EPET N°8) en plena dictadura militar. Por entonces, muchas bandas ya consagradas salieron a recorrer el país para escapar de "la cueva del lobo" y conectar con otras realidades: tocaban a pulmón en bares, escuelas o donde se pudiera, siempre con el empuje de jóvenes que hacían las veces de productores y que, en muchos casos, alojaban a los grupos en sus casas o los acompañaban hasta la estación de tren o la terminal de ómnibus, cargando equipos e instrumentos.

1978 fue un año bisagra para Vox Dei. La banda volvía al ruedo luego de tres años de idas y vueltas con formaciones que no terminaban de cuajar tras la partida de Ricardo Soulé en 1974, quien había pasado una temporada en Inglaterra y Estados Unidos. La euforia por el Mundial de fútbol, que había consagrado campeona por primera vez a la selección argentina, convivía con el incremento de secuestros, desapariciones y censura. En tanto, en la Patagonia, crecía la tensión ante un posible conflicto armado con Chile por el canal de Beagle, que mantenía en alerta a ciudades del sur como Neuquén y Río Gallegos.

Los colimbas solo querían divertirse

Sin Gerardo Muñoz (oriundo de Salliqueló, provincia de Buenos Aires) y Ricardo Inda (oriundo de Neuquén), quienes con apenas 19 años grabaron el show en vivo y la entrevista no en un cassette virgen, sino en el álbum original "You Are The Sunshine Of My Life" de Ray Conniff-, nunca hubiéramos podido reconstruir esta historia que ahorita están leyendo.

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recital vox dei en dictadura

 

“Yo tenía 19 años y estaba haciendo la colimba en el Comando de la VI brigada de montaña de Neuquén. Recuerdo que un día nos enteramos con un amigo que Vox Dei se iba a presentar en la ciudad y nos lanzamos hacia la aventura. Una que nos llevó a sacar credenciales de prensa del escritorio de un General, para hacernos pasar por periodistas de una una revistita que se llamaba La Revista del Soldado, que se distribuía en todos los regimientos del país. Era chiquita y rectangular, del tamaño de una Patoruzito, dijo Gerardo. 

Pero lo más loco fue cómo organizaron la logística del operativo “credenciales”. “Las sacamos del cajón del despacho del General, gracias a que el colimba que trabajaba con él era amigo nuestro. Recuerdo que fue una tarde en la que no había nadie, porque los milicos trabajaban hasta pasadas las 13 h y después de esa hora no quedaba ni el loro. Fue entonces que aprovechamos que teníamos que pasar la bruja (mopa/trapeador) en el piso, y comenzamos la operación: un amigo se apostó en la puerta y otro en la escalera, y ahí nos metimos en el despacho, abrimos el escritorio del General y sacamos las credenciales para luego tipear a máquina nuestros nombres. Por supuesto, al día siguiente al recital, o sea el lunes a primera hora, fueron devueltas sin que nadie se entere”, compartió Gerardo.

Los colimbas habían llegado a la ENET con la meta puesta en disfrutar del recital, e iban a intentar entrevistar y grabar en vivo a la banda. Y lo lograron. “Éramos pibes que seis meses antes teníamos el pelo largo hasta los hombros y nos habían cortado el pelo, pero jamás pudieron rapar nuestra locura linda. En aquella época yo era lector de la revista Pelo y estaba al tanto de todo lo que pasaba en el rock. Además, Vox Dei era una de mis bandas preferidas, y gracias a toda esa información pude acercarme a Soulé y preguntarle sobre algunas cuestiones", agregó Muñoz.

Ricardo, por su parte, andaba con una cámara que le había prestado otro colimba neuquino, Daniel Acosta, a quien jamás volvieron a ver. De aquel rollo de diapositivas se revelaron algunas fotos que Ricardo llegó a ver, pero nunca más se supo del paradero de Acosta como para que esos registros salieran a la luz. De hecho, las únicas instantáneas que quedaron son las que compartimos en esta nota. Su autor fue Mario Zeller, un colimba oriundo de Buenos Aires que falleció hace algunos años atrás.

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recital vox dei en dictadura
Foto: Mario Zeller

Los audios rescatados y el reencuentro de una generación

Cuando dimos con esta historia, Gerardo estaba absolutamente convencido de que había sido él quien entrevistó a Ricardo Soulé durante los casi veinte minutos que dura el reportaje. Sin embargo, su compañero Ricardo aportó otra versión: “Gerardo había iniciado la charla, pero los nervios lo traicionaron y alguien más tomó la posta para continuarla”. 

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recital vox dei en dictadura
Foto: Mario Zeller

Primera parte: entrevista

Lo que escucharán a continuación, revela algo más que un registro: expone una verdad. Primero, la voz de Ricardo Soulé respondiendo a las dos preguntas iniciales que Gerardo se animó a hacerle. Luego, la escena se abre a otro interlocutor: un joven periodista cordobés, Jorge “Negro” Sosa, recién llegado a Neuquén, que por entonces conducía Evolución, tiempo de rock, un programa que se emitía los sábados de 21 a 21:30 por LU5, la radio del Estado, en aquellos años intervenida por la dictadura. 

“Esa nota con Soulé fue posible gracias a que yo trabajaba para el sello Polygram, el mismo con el que Vox Dei había grabado su último LP, Gata de noche, que justamente presentaron esa noche en la ENET. La entrevista estuvo conmigo hasta que la perdí en una mudanza, y ahora la vuelvo a encontrar, casi cinco décadas después, gracias a este rescate”, recordó Sosa.

Hay que resaltar que, una vez que Sosa concluyó sus preguntas, Muñoz recogió el guante y hasta logró un ágil y distendido ping pong con Soulé. La charla llegó a su fin con la intervención de un tercer participante cuya identidad aún no pudo ser determinada.

A lo largo de la entrevista, Soulé traza un panorama del nuevo rumbo de Vox Dei tras su regreso a la banda y se detiene a reflexionar sobre la escena del rock argentino: menciona a Pappo, León Gieco y Luis Alberto Spinetta, y deja entrever algunas claves sobre el rumbo que el rock debería tomar en los 80.

Segunda parte: show en vivo

Advertencia al lector/oyente: antes de avanzar con esta segunda parte del documento, conviene detenerse un momento en la calidad del audio. Se trata de un registro realizado de manera amateur, en un gimnasio, con todas las limitaciones técnicas que eso implica.

Cuando recibimos el material, era casi inescuchable: el deterioro de la cinta y la saturación de graves, nos hizo dudar sobre si debíamos darlo a conocer o no. Sin embargo, el trabajo de Marcos Pselj -técnico de sonido y músico oriundo de Punta Alta- permitió revertir ese destino. Con paciencia y oficio, logró limpiar, restaurar y digitalizar el registro hasta volverlo lo más audible posible. A ese proceso se le sumó una segunda intervención a cargo de Dani Arroyo, músico puntaltense radicado en Neuquén, a quien consultamos de manera permanente y niveló aún más el sonido.

Lo que sigue, no es solo un documento recuperado, es también el resultado de un esfuerzo colectivo, casi artesanal por rescatar una voz que estuvo a punto de perderse.

(Se recomienda escuchar el video con auriculares). 

URL de Video remoto

Arte y producción 

Otro personaje que aparece en esta historia es Juan Marchesi, un artista plástico-ilustrador y autor del afiche promocional del show, quien desde su taller en Viedma sostuvo: “Ese dibujo lo hice yo estando en Bariloche. Quien me lo encargó fue Pierre Bayona, más conocido como “El Gordo Pierre”, quien organizó y produjo el show de Vox Dei y, además, éramos socios en una agencia de publicidad de Bariloche. Yo llegué a Bariloche en el 74 y al Gordo lo habré conocido en el 75/76, cuando regresó de Europa por primera vez. Éramos vecinos, yo alquilaba una casa en el kilómetro 11 y el Gordo a 50 metros. Nos hicimos muy amigos y hasta llegamos a trabajar en una agencia de publicidad que yo tenía y se llamaba ‘Imagen creativos y asociados’. Teníamos otro socio que era el Chino López Alfonsín”.

El primer acercamiento de Marchesi con el rock fue a principios de los años setenta,  a partir de haber trabajado en Canal 7 en un programa de Leo Rivas llamado Músicavisión, donde se cruzó con un montón de músicos y bandas. Trabajó como escenógrafo de Piero con Prema y para shows de Spinetta Jade, como la presentación de su último disco Madre en años luz (1984). Como ilustrador y diseñador participó en algunos discos de Miguel Cantilo.

Más testimonios sobre la jornada e info sobre la banda telonera

Volviendo al recital, aquella noche también se presentó una banda telonera de nombre Germinación, un trío de rock progresivo oriundo de General Roca que estaba integrado por Luis Cide (guitarra y voz) -quien desde hace varias décadas es un destacado músico de jazz-, su hermano Dante Cide (bajo) y Jorge Retamar (batería). 

Quien contextualiza la jornada es Luis Montenegro, bajista de Chos Malal.  “La sala estaba colmada y el sonido era impresionante; era la primera vez que veía en vivo esos amplificadores Marshall gigantes, más altos que los propios músicos. Fuimos con mi amigo ‘Cunfu’, un guitarrista de Necochea, y recuerdo que la banda que abrió la noche fue Germinación”, destacó.

Pero la anécdota que sobresale ocurrió unas horas antes del recital, cuando Montenegro y su amigo estaban sentados en la vereda de un bar sobre Avenida Olascoaga. “Nos encontrábamos a media cuadra de la Ruta 22, cuando de repente aparecieron los músicos. Le comenté la situación a mi amigo, que estaba de espaldas a ellos, y me respondió que los conocía. Y era cierto: cuando la banda lo vio, le dijeron: ‘¡Eh, loco! ¿Qué hacés acá?’ Y ahí mismo se dio una charla de veinte minutos, en la que hablamos de música y de cómo defender nuestro rock en esos momentos tan difíciles”.

Presente (El momento en que estás) 

Volvamos al contexto de época… ¿Qué pasaba en Neuquén mientras cientos de jóvenes coreaban y saltaban los temas del recién estrenado disco de Vox Dei? Habría que resaltar que bien al fondo del Batallón de Ingenieros de Construcciones 181 (en lo que hoy es el cruce de las  calles Lanín y Chaco) funcionó el centro clandestino de detención “La Escuelita de Neuquén”, donde se detuvo, torturó y desapareció a centenares de militantes políticos. 

Otro dato que sintetiza el clima de aquellos años es la labor del obispo de Neuquén, Jaime Francisco de Nevares, un sacerdote profundamente identificado con la Teología de la liberación, la defensa de los derechos humanos y el acompañamiento a las Madres del Alto Valle. De Nevares -quien más tarde sería elegido convencional constituyente por la provincia para la reforma constitucional-, junto a su secretario Juan San Sebastián, mantuvieron un fuerte compromiso con la juventud y los sectores más vulnerables, impulsando diversas iniciativas de carácter social.

“En una casa contigua a la catedral, ubicada en la esquina de Avenida Argentina y Juan B. Justo, crearon el llamado ‘Club del Soldado’, un espacio de contención destinado a los conscriptos del batallón cercano, muchos de ellos provenientes del norte del país que no tenían dónde pasar sus fines de semana. Allí, encontraban un lugar para reunirse, conversar y compartir momentos”, sostuvo el Negro Sosa. Y agregó: “Tras el Mundial del ‘78, comenzó también a gestarse la Feria de Artesanos, inicialmente integrada por un pequeño grupo que se instalaba sobre la vereda de la iglesia. Ese espacio no era casual: De Nevares sostenía que, bajo la protección de la Iglesia, nadie los hostigaría”. 

Como ocurrió en tantísimos lugares del país en plena dictadura cívico-militar-eclesiástica, una pata de la Iglesia se convirtió en refugio para muchos. Con el tiempo, la feria creció y sumó nuevos participantes. “Con el retorno de la democracia en 1983, los artesanos fueron trasladados al boulevard frente a la catedral, delimitado por Avenida Argentina, Juan B. Justo y Alberti, donde permanecen hasta la actualidad. Desde entonces, la feria ha alcanzado relevancia nacional e internacional, convocando cada noviembre a artesanos de todo el país y de países vecinos como Chile, Uruguay y Bolivia”, finalizó Sosa.

Lo que comenzó como una aventura de dos conscriptos, terminó por convertirse en un documento histórico. En una escuela técnica del sur del país, en medio de un clima político atravesado por la represión, el rock encontró un espacio para sonar y soñar. Hoy, estos registros permiten que aquella noche deje de pertenecer a la memoria oral y pase a integrar el archivo vivo del rock argentino.

EXTRADATA

- Este rescate se logró gracias a un montón de personas como Fran Muñoz y Gerardo Muñoz; Ricardo Inda; el comisionista que trasladó el cassette desde Salliqueló a Bahía Blanca y finalmente llegó a Punta Alta a manos de Marcos Pselj, el encargado de limpiar el sonido y digitalizar el material. Dani Arroyo, quien mejoró por segunda vez el audio en Neuquén; Gerardo Fernández, quien desde siempre está tirando onda y tendiendo puentes desde la ciudad de Neuquén. Y un grupo de personajes que brindaron sus testimonios como el querido “Negro” Sosa, un referente en el periodismo neuquino, el ilustrador Juan Marchesi y los músicos Luis Montenegro y Luis Cide.

- Aviso Importante: Al creer que la magia y la solidaridad existen, extendemos un pedido a la sociedad neuquina y alrededores: “Si alguien conoce a Daniel Acosta en Neuquén, hágale llegar esta nota, quizá todavía estemos a tiempo de dar con esas fotos”.

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    Pilar Hernández
ENTREVISTA LITERARIA

Pilar Hernández: “Me interesaba explorar cómo las experiencias de las mujeres se transmiten entre generaciones"

03 Mayo 2026

“El esfuerzo por eliminar los aspectos ‘repulsivos’ de la existencia, que es la obsesión de los moralistas, no sólo es absurdo sino también fútil. Acaso uno logre reprimir feos pensamientos y deseos, impulsos ‘pecaminosos’, pero los resultados son patentemente catastróficos (no hay casi diferencia entre un santo y un criminal). El liberarse de sus deseos y, al hacerlo, alterar sutilmente su naturaleza constituye la aspiración de todo individuo que quiera evolucionar”, escribió Henry Miller en su libro El mundo del sexo.

“Soy Astrid. Así me llamó mi madre porque no le sonaban los nombres de las telenovelas. No me gusta el suspenso ni cambiarle el tono a las verdades; por eso diré que soy prostituta desde que tengo memoria”, escribe una de las narradoras de Cuatro putas, notable novela de la escritora colombiana Pilar Hernández. “Soy linda, provocadora; en conclusión soy de esas mujeres que dicen estar buena. Mi alma se quedó perdida en algún lugar de mi infancia. Quizás nací sin una, no lo he podido descifrar. Soy temeraria, atrevida, loca. No tengo miedo de morirme. Para mí, la muerte es un privilegio que aún no merezco. La he tenido de frente tantas veces y de tantas formas que creo que cualquiera de ellas sería más tolerable que llevar ciertos tipos de vida”.

Lo que las lectoras y lectores van a encontrar en Cuatro putas, editada por Escarabajo editorial, es más que una novela que desarrolla con maestría una gran variedad de géneros literarios, desde el policial negro al realismo que íntimo hasta lo inconfesable que la tradición literaria universal ha profundizado en lo que solemos llamar diarios. Se trata de una radiografía espiritual de una misma Mujer en busca del amor tal como lo imaginó Rilke, una mujer que, en perspectivas pueden ser cuatro, llamarse Mesalina u Ofelia, los nombres no importan tanto como la profundidad existencial, dar placer o ternura y, a cambio, recibir todos los embates posibles de una sociedad violenta materializada en la supuesta supremacía del macho latinoamericano.

En estas páginas sublimes no hay redención ni queja ni victimización alguna. “Crecí en una selva donde la ingenuidad siempre juega en contra; perderla lo antes posible era la mejor forma de protegerse”, dirá una de las narradoras mientras resuenan los ecos de Sartre, recordándonos que no importa tanto lo que hicieron de vos sino lo que hacés de tu vida con lo que hicieron (o intentaron hacer) de vos. Transformar el dolor en amor, eso es lo que harán estas mujeres a lo largo de esta novela.

AGENCIA PACO URONDO: El título Cuatro putas es provocador y difícil de ignorar. ¿Qué historia y qué intención hay detrás de esa elección?

Pilar Hernández: En unas prácticas académicas que hice en la zona de prostitución de la calle 22 en Bogotá, hace muchos años, había que llenar una ficha de entrevista y registro. A ellas les resultaba tedioso el interrogatorio y siempre decían que lo llenaban ellas mismas. En esa ficha se preguntaba: profesión / ocupación. Todas escribían PUTA, en mayúscula. Ahí entendí que los apelativos que buscan suavizar o darle un nombre distinto —y a veces ridículo— a una de las profesiones más antiguas del mundo nacen de los prejuicios sociales, de la hipocresía social, de su propia incomodidad que les produce el término PUTA. En el caso del título Cuatro putas son simplemente cuatro mujeres es un reconocimiento al lugar real que ocupan en la sociedad y, también, una manera de incomodar y provocar a esa absurda hipocresía social.

APU: Tu novela refiere mucho a la memoria. ¿Qué tipo de memorias te propusiste rescatar?

PH: A las mujeres, a lo largo de la historia, siempre se nos ha señalado. Para referirse a nosotras aparecen de inmediato términos como: la fea, la bonita, la gorda, la flaca, la decente, la pobre, la rica, la puta. La ex de alguien, la esposa o la mujer de. Nuestra sexualidad es pública, manoseada, juzgada, controlada, preconcebida como requisito del lugar social que debemos ocupar. Y el respeto que debemos recibir. Pero las mujeres tenemos un universo propio donde navegan el amor, los sueños, la realización personal, nuestra libertad sexual, el reconocimiento intelectual. Somos como dicen algunos textos religiosos, la sal de la tierra. Somos quienes parimos el mundo y quienes contenemos la sociedad. Tenemos la fuerza del cuidado y del amor incondicional. Somos un discurso riquísimo de subjetividades maravillosas y debemos empezar a liberarnos de esos señalamientos perpetuados.

Todas, absolutamente todas tenemos una PUTA encadenada dentro de nosotras. Esta novela enfrenta a cada una de estas cuatro mujeres con lo mejor que tuvo cada una y con lo que pudieron para manifestarse ante el mundo como mujeres, el resultado de su infancia, de sus decisiones, de sus maneras particulares de transitar el amor. De lo que una sociedad enferma les permitió ser. Astrid, la protagonista, se confronta y se rebela contra la idea del amor. Margarita lo transita desde su amor de madre. Ofelia encarna el ideal del amor romántico. Y Paula,mi favorita, entiende que el único amor que puede ofrecerse nace del amor propio, de la emancipación del placer y de su propio autor reconocimiento como mujer.

APU: ¿Cuál es tu concepción del feminismo?

PH: No me he querido etiquetar como feminista, pero transito la feminidad militante desde una fuerza que supera discursos, símbolos y odios derivados de deudas históricas de género. Ellas nos enseñan que todo eso se queda en lo superficial cuando se trata simplemente de defender el derecho a ser mujer. El feminismo no es un territorio que se exige ni se arenga. Es un territorio que se habita y que se defiende desde la propia manera de enfrentarse y estar en el mundo. Me interesaba explorar cómo las experiencias de las mujeres se transmiten silenciosamente entre generaciones: la forma en que aprendemos a habitar el cuerpo, el deseo, el miedo o la vergüenza. La memoria femenina muchas veces no está en los grandes relatos históricos, sino en las historias íntimas, en la infancia, en aquello que las mujeres recuerdan aunque nadie lo haya escrito. 

"Esta novela quiso salirse del morbo que provoca un mundo que la sociedad desconoce y del cliché de lo sexual como eje de estas historias".

APU: En la novela aparece la infancia como un territorio fundamental. 

PH: Soy una gran lectora de Julio Cortázar, y en muchas entrevistas él habla de la seriedad de jugar y de ser niño, de la legitimidad con la que los ojos de un niño ven el mundo y de cómo esa mirada nos define como seres participantes del mundo y  que deberíamos conservarla toda la vida. Todas fuimos niñas con sueños, sin importar el contexto en el que nos tocó nacer. Sin importar las dificultades ni los universos que construyen los adultos, los niños juegan. Siempre juegan. Con lo que tienen a mano. Cuando uno mira a los ojos a una PUTA durante más de un minuto, los invito a hacerlo, se encuentra con una niña que tuvo que crecer de un modo que la sociedad no esperaba. Hay fuerza, ternura e ingenuidad que aun habitan en esa mirada.

Porque la ingenuidad no está en medio de las piernas sino en el nivel de la vulnerabilidad. Pero cuando la sociedad señala, desecha y juzga, olvida que las personas son mucho más que aquello que se arroga el derecho de nombrar. Muchas de las cosas que nos atraviesan como adultos tienen raíces profundas en la infancia. En la novela me interesaba mostrar que ninguna vida comienza en el momento en que la sociedad decide juzgarla. Detrás de cada mujer hay una niña, una historia y una serie de circunstancias que construyen su camino.

APU: La novela surge también de una experiencia académica que te acercó a ese mundo. ¿Cómo transformaste esa vivencia en literatura?

PH: Me interesaba explorar cómo las experiencias de las mujeres se transmiten silenciosamente entre generaciones: la forma en que aprendemos a habitar el cuerpo, el deseo, el miedo o la vergüenza. Alguien me dijo una vez que atreverse a superar el terror de las esfinges es la única manera de encontrar el tesoro. También sé, sin ánimo de parecer presumida, o tal vez presumiendo un poco, que las escritoras y escritores no se hacen ni se forman en academias. Escribir es una experiencia vital. Es una forma de estar en el mundo. Es una necesidad ineludible que todo el tiempo nos habla al oído.

Cuando entre las opciones de prácticas universitarias apareció esta, fui la única que decidió elegir ese territorio. Todos pensaron que estaba loca y si un poco, es una de mis atesoradas virtudes. Pero de algún modo sabía que allí podía encontrar tesoros de vida para contar. Y no me equivoqué .La novela es un 10% de realidad y un 90% de ficción, pero ese pequeño fragmento de realidad que me permitieron ver es la columna vertebral de la historia. Las historias nunca están en los lugares cómodos ni fáciles de digerir. Para mí, la literatura está justamente ahí: en los mundos que nos incomodan y nos confrontan.

APU: ¿Qué descubriste sobre las mujeres —y sobre vos misma— mientras escribías esta novela?

PH: Descubrí una sororidad y una narrativa legítima de lo que significa ser mujer. Desde mi propia feminidad, mi maternidad y mi sexualidad, pude plantear un punto de vista frente al machismo y a la construcción social de un patriarcado normalizado. Llegando a la conclusión que todas las mujeres somos una. Me confronté con mis miedos, con abusos que había normalizado simplemente por el hecho de ser mujer. Me confronté con el derecho a mi libertad y a mi sexualidad desde lo que yo elijo y decido. Tuve apenas tres entrevistas breves con estas mujeres durante mis prácticas académicas. Pero a través de la novela ellas me hablaron, me enseñaron, me confrontaron y me liberaron.

Escribir es ponerse al servicio de los personajes que quieren contar sus vidas sin corromperlos con la vida propia. Es ser simplemente un instrumento de catarsis y transformación: para quien escribe y para quien se atreva a leer. Y también la certeza de que un hombre que merezca lo que una mujer como yo puede ofrecer tiene que ser un hombre excepcional. Ningún otro. Sin la mediocridad de los prejuicios. 

APU: El libro cuestiona las etiquetas con las que la sociedad define a las mujeres y la posición de los hombres frente a ellas. ¿Qué hay detrás de esas palabras y de esos juicios?

PH: Detrás de los juicios sociales hay una hipocresía encallada y un profundo miedo a confrontarse, a mirarse al espejo, a sentir y a ser como un derecho. El juicio hacia las mujeres ha sido siempre violento. Los hombres señalan y, muchas veces, las mujeres perpetuamos ese señalamiento. Una mujer empoderada, que se conoce y se valora, asusta a los hombres acostumbrados a sus posiciones de poder. Y también es castigada por mujeres que perpetúan el absurdo concepto de lo que debe ser una “buena” o una “digna” mujer. Recuerdo un castigo fuerte que recibí en un colegio femenino en el que estudié. Una profesora dijo:
“Les voy a dar la lección más importante de sus vidas: en la vida hay dos tipos de mujeres. Unas son para gozar y otras para amar. ¿Cuál quieren ser?”
Yo respondí: “Las dos.”
Aquello fue recibido como un insulto, una provocación y un acto que, según ella, en su conversación al respecto con mi padre, dejó mi buen nombre y mi dignidad por el piso. Cosa que a él y a mí nos importó un pito. Un hombre de verdad no es el que tiene una mujer “digna” a su lado. Es el que se atreve a ver y amar a una mujer libre. A amar esa libertad y a ser libre él mismo a partir de ella. Como decía Simone de Beauvoir: una mujer libre es todo lo contrario de una mujer fácil.

APU: ¿Qué hace diferente a Cuatro putas frente a otras obras que han abordado el mundo de la prostitución o la marginalidad femenina?

PH: Esta novela quiso salirse del morbo que provoca un mundo que la sociedad desconoce y del cliché de lo sexual como eje de estas historias. Tampoco parte de esa idea moralista de la “redención” de la puta, ni del arrepentimiento que muchos esperan encontrar como punto de transformación de los personajes. Es una novela difícil e incómoda, pero también profundamente tierna y conmovedora. Más que una historia sobre la prostitución, es una confrontación directa con los prejuicios de quien la lee. 

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    José salem
ENTREVISTA LITERARIA

José Salem: "Me fascina meterme en la cabeza de los personajes"

03 Mayo 2026

José Salem, escritor radicado en París, acaba de publicar su nueva novela Cuarenta y nueve días bajo la niebla en editorial Cuatro Letras. Un relato que pinta la vida cotidiana de personas comunes dentro un contexto cambiante y revolucionado como fue la primera invasión inglesa de 1806 en Buenos Aires. 
Además es autor del lbro de relatos Donde la vida nos lleva (Paradiso ediciones, 2021) y de la novela Dominó (Fagus Editorial, 2024).

Hay vidas que parecen escribirse en dos actos. Durante cuatro décadas, José Salem habitó el mundo del derecho, moviéndose entre leyes y tribunales. Sin embargo, tras esa sólida trayectoria como abogado, latía una búsqueda que solo la literatura logró completar. Hoy, Salem no solo se define a través de sus letras, sino que ha hecho de la escritura su punto de equilibrio y su particular Ikigai: ese propósito vital donde el esfuerzo desaparece para dar lugar al flujo natural de la creación. 

AGENCIA PACO URONDO: ¿Se te hace fácil escribir literatura?

José Salem: Hay dos cosas: escribir, por un lado, y escribir como oficio, por otro. Yo creo que escribir es fácil. Desde mi experiencia personal, fue muy espontáneo, porque escribía por la necesidad de expresarme. Siempre fui muy introspectivo, y de esa manera encontraba una forma de expresarme ante una hoja de papel. Para mí no fue nada difícil, sino más bien una especie de descarga y alivio. Me hacía bien. Desde ese punto de vista, escribir fue lo más sencillo del mundo, porque fluía.
Ahora bien, escribir como oficio implica aprender ciertas herramientas. La experiencia, como en cualquier oficio, requiere trabajo y constancia; eso es fundamental.

Cuando empecé a escribir, nunca tuve la posibilidad de editar ni de publicar. Ni siquiera lo pensé, en parte por pudor. Nunca fui autorreferencial en la escritura. Uno escribe con lo que es, con lo que fue, con lo que vivió: con sus experiencias, decepciones, logros.
Como nunca pensé en publicar, fui aprendiendo el oficio de escribir sin presión, de manera espontánea y natural. Cuando publiqué el primer libro, ahí empecé a sentir y me animé más. Luego tomé conciencia de investigar un poco más, pero no me costó, porque no tenía como fin la necesidad de publicar. Hoy escribir es un hábito para mí. El día que me cueste escribir, dejaré de hacerlo.

APU: Te escuché decir que esta novela te costó muchos años en prepararla ¿Por qué se te ocurrió escribir una novela histórica? 

JS: Soy más lector de novelas de largo aliento, en las que uno entra en los personajes y convive con ellos. Se me ocurrió escribir una novela de época, donde hubiera conflicto desde el punto de vista de una revolución. Ahí decidí abordar la primera invasión inglesa, que dura solo 49 días. Me puse a investigar durante un año. Los hechos históricos son simples; lo más complicado era reconstruir lo cotidiano: cómo se vestía la gente, en qué registro hablaban, qué música escuchaban, qué comían, qué bebían, cómo eran las relaciones. Todo eso no está en los libros de historia.

Una vez reconstruido ese escenario, empecé a escribir. La primera versión la terminé y corregí en 2008. Luego la dejé, escribí otras cosas y, años después, la retomé. Hice una corrección importante, la volví a dejar, y así, cada dos o tres años, la retomaba y la trabajaba. Porque después de un tiempo uno vuelve a leer algo propio siendo otra persona, y se pregunta: “¿Esto lo escribí yo?”, tanto por lo bueno como por lo malo. Me acompañó durante 18 años y no va a haber otra igual. Lleva muchísimo tiempo y elaboración. Cuando tuve la posibilidad de publicarla, me pregunté si interesaría a los lectores, si era para esta época. Es un manuscrito muy especial y querido. Pero reconozco que, en estos tiempos, es distinta a las que escribí después, con lenguajes más concretos.

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libro Cuarenta y nueve días bajo la niebla

APU: ¿Escribís sin un proyecto armado, sino de forma espontánea?

JS: Eso me pasa con todo lo que escribo: soy muy intuitivo. Como dicen los chicos, “me salió así”. Estudié muchas cosas, pero no creación literaria, y eso me da cierta espontaneidad.
En esta novela sí hubo una investigación previa. Como transcurre hace más de 200 años, tuve que situarme en tiempo y espacio: sentir los aromas, los ruidos, la estética de Buenos Aires y de su gente.
A partir de ahí, surgió la historia: una familia española en Buenos Aires, personajes que fueron apareciendo. Me interesaba ver cómo vivía la gente en esa época de la invasión inglesa, cómo reaccionaba ante los cambios. No trabajo con esquemas ni sé el final de antemano. Todo va apareciendo en el proceso.
Claro que eso tiene una consecuencia: al no trabajar con un proyecto estructurado, después hay que corregir mucho para encajar las piezas. Aparecen contradicciones o cosas que no cierran, y el trabajo de reedición lleva mucho tiempo.

APU: ¿Por qué te interesa la psiquis de los personajes?

JS: Meterme en la psiquis de los personajes me fascina. No solo en la literatura: también en la vida trato de entender a la gente que tengo alrededor. La mejor manera de comprender a las personas, más allá de lo que dicen, es intentar ponerse en su lugar, no desde el chisme, sino para estar a la altura.
Esto me pasa en la literatura y en la vida. Viene mucho de lo que he leído. Hay muchos escritores que me gustan, pero Dostoyevski me fascina, también Stefan Zweig, Kundera y Sándor Márai.
Lo que más me interesa es ponerme del lado de las personas y tratar de entender qué piensan y por qué.

APU: ¿Cómo influye el contexto social en la vida cotidiana de los personajes?

JS: “Soy yo y mis circunstancias”, y es así. Me interesaba llevar a esas personas a un momento de cambio de poder, como el de las invasiones inglesas en Buenos Aires, y ver cómo surgían los deseos de independencia. Creo que la experiencia humana se repite: pueden pasar siglos, pero la esencia y la pasión son las mismas. Cuando terminé la novela, pensé en cuánta similitud hay entre la Buenos Aires de 1806 y la de 2026.

APU: ¿Hay un hilo conductor entre tus libros Dominó, Cuarenta y nueve días bajo la niebla y Donde la vida nos lleva?

JS: Creo que son muy diferentes. No soy gran lector de relatos y lo primero que publiqué fue un libro de cuentos. Tampoco soy lector de novela negra, y Dominó lo es. Ni de novelas históricas, y esta lo es en cierta forma. Voy escribiendo lo que me sale. Pero, en el fondo, sí hay algo que se repite: el interés por la psiquis de los personajes que atraviesan circunstancias que los obligan a tomar decisiones importantes.
Eso ocurre en todas mis novelas: en Dominó, donde todo empieza con un asesinato, y en la última también. Me interesa meterme en la cabeza de los personajes cuando tienen que tomar grandes decisiones. Eso es lo que se repite en mis libros. 

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CARTELERA TEATRAL

"The Opera Locos": la música y el amor en código de clown

03 Mayo 2026

En The Opera Locos, la ópera deja de caminar en puntas de pie por salones dorados y se permite tropezar, reírse y, en ese gesto, volverse inesperadamente cercana. El espectáculo presentado por Juan José Campanella, se instala en un territorio híbrido donde el virtuosismo vocal convive con el desborde físico del clown y donde la música clásica sacude cualquier rastro de solemnidad sin perder precisión.

La propuesta es, en apariencia, simple: cinco cantantes líricos. Alfredo, un tenor desalentado con un pasado glorioso; Enrique, un barítono tan preciso como orgulloso; Franelli, un excéntrico contratenor apasionado por el pop; María, una soprano dulce y soñadora; y Carmen, una mezzosoprano salvaje. Un escenario despojado y una selección musical que va de Wolfgang Amadeus Mozart y Giacomo Puccini a Whitney Houston y Elton John. Pero lo que ocurre en escena está lejos de un concierto: hay una dramaturgia precisa que organiza vínculos, jerarquías y tensiones. No se pronuncia una sola palabra, y aun así todo se comprende. O, mejor dicho, se percibe.

La decisión de prescindir del lenguaje verbal es central. La narración se construye desde el cuerpo y la música, apoyada en el código del clown, donde el ridículo funciona como una forma de verdad. Allí los personajes exponen sus fragilidades, sus celos y su necesidad de destacarse. En esa exageración aparece una dimensión profundamente humana.

El vestuario refuerza esa lógica. Lejos de la sobriedad tradicional de la ópera, se apuesta por una paleta intensa, cercana al universo del espectáculo infantil, donde el color captura la atención de manera inmediata. No se trata de una simplificación, sino de una amplificación del juego escénico. Los trajes potencian las identidades y construyen figuras reconocibles, en línea con una estética donde lo visual es parte estructural del relato. Esta elección dialoga con una tradición más antigua: la de los bufones. Figuras de las cortes medievales y renacentistas que, bajo el humor, podían decir aquello que otros callaban. Su lenguaje era el exceso, el cuerpo llevado al límite. En esa ambigüedad —ni dentro ni fuera del sistema— encontraban un espacio de libertad. The Opera Locos retoma esa lógica: no parodia la ópera desde afuera, sino que la tensiona desde adentro.

En esa línea también aparece inevitablemente Candilejas, la última película de Charles Chaplin, donde comparte escena con Buster Keaton. Allí, Chaplin interpreta a un artista en declive atravesado por la melancolía y la necesidad de volver a ser visto. Esa fragilidad, ese humor atravesado por la tristeza y esa dignidad inestable resuenan en el personaje de Alfredo. Como en Candilejas, la risa no anula la caída: la acompaña. En ese equilibrio entre lucimiento y derrumbe, se afirma una humanidad que persiste incluso en el artificio.

Los personajes funcionan así como versiones contemporáneas de aquellos bufones: ridículos y lúcidos al mismo tiempo. Se disputan el centro de la escena, se enamoran, se frustran, compiten. En ese juego emergen tanto las tensiones del espectáculo como las del mundo artístico: el ego, el deseo de reconocimiento, la fragilidad detrás de la técnica.

El espectáculo presentado por Juan José Campanella, se instala en un territorio híbrido donde el virtuosismo vocal convive con el desborde físico del clown.

La comicidad es uno de los motores de la puesta. Los gags físicos, los tiempos rítmicos y la construcción coral evitan que el espectáculo se reduzca a una suma de brillos individuales. El humor, además, funciona como puerta de entrada: relaja al espectador y habilita una escucha más directa. Cuando aparece una aria, no lo hace como pieza de museo, sino como impacto emocional.

En paralelo, la propuesta trabaja sobre una idea persistente: la de la ópera como lenguaje inaccesible. Al cruzar repertorio clásico con canciones populares y atravesarlo con humor, esa barrera se desarma. La música no se simplifica ni se traduce: se comparte.
Hay también una dimensión política en ese gesto. La ópera, desde sus orígenes en el siglo XVI, abordó emociones universales —amor, deseo, rivalidad, pérdida—, pero su circulación quedó asociada a ciertos códigos que la alejaron de amplios públicos. Aquí, esos límites se corren incorporando lenguajes históricamente considerados menores y poniéndolos en diálogo con una tradición altamente codificada.

En el centro aparece el amor. O, mejor, múltiples formas de lo amoroso. No como relato cerrado, sino como una red de vínculos que se construye entre pieza y pieza. No hay una definición única ni normativa: lo que importa es la intensidad, la vulnerabilidad, el modo en que ese sentimiento desestabiliza.
En ese punto, resuenan las ideas de Alexandra Kohan, quien en Y sin embargo el amor. Elogio de lo incierto señala: “Cuando lo amoroso irrumpe, irrumpe fuera de tiempo y fuera de lugar. Nunca es el lugar adecuado, nunca es el momento justo”. Esa irrupción atraviesa los vínculos que se despliegan en escena, marcados por encuentros y desencuentros.

La propuesta sugiere, además, que nadie puede arrogarse una definición del amor. Lejos de ordenar o explicar, lo expone como una fuerza que descoloca y escapa a cualquier control. La música, en ese sentido, opera como un lenguaje inclusivo: no necesita traducción ni categorías. Cada pieza abre un campo de identificación posible.

En ausencia de palabras, los vínculos se vuelven más abiertos. Gestos, miradas y distancias construyen sentido sin necesidad de explicaciones. Ese vacío habilita una experiencia más libre, donde cada espectador puede proyectar su propia lectura.

Al final, lo que queda no es solo el recuerdo de grandes interpretaciones, sino la sensación de haber asistido a una experiencia que amplía el acceso. Como aquellos bufones que, desde el humor, decían lo indecible, aquí el lenguaje escénico corre los límites de lo que se entiende por ópera.
Quizás ahí esté su mayor acierto: en recordar que, antes que un código cultural, la música es una experiencia. Y que, como el amor, nunca llega en el momento justo, nunca se acomoda del todo… pero cuando aparece, transforma. Y en ese movimiento, la devuelve a un territorio compartido. 

El elenco de "The Opera Locos"—Duilio Smiriglia, Constanza Díaz Falú, Lucas Alvan, Laura Pirruccio y Julián Molinero— se presenta en el Teatro Politeama.
Funciones viernes, sábados y domingos hasta el 17 de mayo inclusive. Entradas disponibles en Plateanet.  

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    Carmelo Patti

Carmelo Patti, enólogo: un maestro de maestros

03 Mayo 2026

Para Cuchus Jazan

El vino tiene una historia casi tan larga como la de la humanidad, y sin embargo hay vinos y vinos.
Los vinos argentinos en general son muy buenos. Hay para todos los gustos y costos. Difícil que uno te defraude, aunque ya no es tan fácil saber lo que se bebe.
Ahora bien, en mi opinión de no-especialista, de borracho persistente, me veo obligado a sostener que el Ford T de los vinos argentinos, el vino más clásico que se puede tomar en nuestro país (o uno de los más clásicos, para ser justos), es el Carmelo Patti.

¿Qué es Lo clásico? Lo clásico, a pesar de lo que se empecina en pensar nuestra sociedad, no tiene que ver con el precio. Tampoco se relaciona con los premios que gane un vino, premios que esta misma sociedad necesita para darle valor a sus mercancías. Lo clásico se relaciona con algo que solo se puede perder: el tiempo.
Carmelo Patti estuvo antes de que la “fiebre” del vino se desatase en nuestro país, a mediados de los noventa, y fue un actor importante en esa revolución vitivinícola. Frente a la masificación y la industrialización forzosa, Carmelo Patti eligió y elige aún lo artesanal.
Lo más importante, igual, es que sobrevivió sin ceder nada al vil mercado que terminó por deglutirlo todo… o casi todo.

Después de muchos años de degustar y admirar los Carmelo Patti, por fin lo conocí en persona la semana pasada. Imaginé que era un mito, pero es un ser humano. Y debo confesar que me sorprendió el personaje vital, complejo y orgulloso que es.
Se ve que hace mucho tiempo que Carmelo encontró la fórmula para ser feliz, y que de ahí en más no tuvo que hacer otra cosa más que repetirla —es cierto, es una fórmula que tampoco parece estar abierta a la reformulación.

Carmelo Patti estuvo antes de que la “fiebre” del vino se desatase en nuestro país, a mediados de los noventa, y fue un actor importante en esa revolución vitivinícola.

Una de las cosas más importantes para Carmelo Patti es la continuidad. Que haya una continuidad o una duración. En los vinos como en las personas.
De este modo, las cosas, más que cosas, son devenires. Son relaciones, no algo. Nadie es algo, esto o aquello. Salvo los clásicos.
Por eso un vino se termina de formar, termina de ser lo que es, no cuando se embotella sino cuando es bebido. Los vinos evolucionan. De hecho, a los Patti habría que tomarlos a los ocho años de su fecha para que se encuentren en su plenitud —el malbec “puede beberse a los seis años”, según Carmelo, pero no lo dice del todo convencido.
Evolucionan, sí, pero no cambian. Esta es otra de las características que Carmelo le adjudica a sus vinos: se los tome a los 8 o a los 15 años, los Patti no cambian, o no deberían cambiar cuando se los cuida.
Es como si llegados a un punto de perfección, el vino ya no pudiera mejorar —seguramente puede involucionar, por eso hay que tener mucho cuidado en su guarda.

No hay charla en la que Carmelo no enfatice la importancia de controlar el corcho. Si el vino avanzó sobre el corcho, hay que beberlo lo antes posible. Claro, siempre que sea un corcho de verdad y no esos productos de plástico con los que vienen ahora muchas de las botellas que están ofertadas en la góndola de las vinotecas —los corchos auténticos están extinguiéndose, como tantas otras cosas auténticas. 
Por este motivo, siempre que uno quiere guardar un vino, tiene que hacerlo sin la cápsula que cubre el pico. Otra de las obsesiones de don Patti.

150.000 visitantes tuvo la bodega de Carmelo Patti en todos estos años en los que fundó una tradición. Hay comentarios escritos en muchos idiomas. Todos afectuosos y agradecidos.
Hablando de eso, la visita a la bodega Patti es distinta a cualquier otra. Ningún cartel te advierte de que ese es el lugar. Solo un portón verde que espera la hora indicada para abrirse. Lo otro es el silencio mendocino.

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firmas en bodega carmelo patti

Por lo general los guías conocen de memoria el discurso que van a dar, te cuentan cómo se compraron las hectáreas, quién las regentea, de quién las heredó, para pasar luego a mostrarte las instalaciones, que suelen parecer un quirófano aséptico más que una bodega centenaria. Finalmente te llevan para que admires los barriles de roble francés (o americano), en donde descansan los “gran reserva”.

Carmelo Patti, en cambio, lo único que te muestra es un galpón enorme lleno de cajas de cartón reusadas muchas veces (algunas cajas las tiene desde hace décadas, según cuenta él, muy orgulloso). Al fondo del galpón en el que transcurre la charla está una de sus nietas, que nunca va a interrumpir el discurso de su abuelo, envolviendo con un papel casi transparente botella por botella.
Este es otro de los rasgos de los vinos Patti: su etiqueta clásica, crema y rojo, y las botellas envueltas en papel, a través del cual no se sabe si se ve o si se adivina esa impoluta marca: Carmelo Patti. Así llegan las botellas a las casas. Así venían cuando yo lo conocí, en el mítico Club del Vino de “Cacho” Vázquez, y así siguen viniendo ahora, treinta años más tarde.

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bodega carmelo patti

A Carmelo le gusta su malbec, pero SU vino es el Cabernet Sauvignon.
Afirma que SU Cabernet Sauvignon es diferente a cualquier otro. Y lo es por un motivo simple, del que también está muy orgulloso: el vino pasa en botella varios años.
Nadie hace eso ahora.
El Patti sale de la bodega con años de guarda. Ese es un tiempo que ya nadie tiene… y que cuesta mucho dinero. Carmelo nos lo regala —Carmelo recomienda que sus vinos se descorchen un día antes de ser bebidos, por otro lado.
Como si todo fuera una cuestión de tiempo.
Me quedo con la idea de continuidad, porque es lo que muchas veces dicen mis clientes en la pizzería: ¿Cómo hacemos para que nuestra pizza no cambie después de cuarenta años?
No es por magia, eso seguro.

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    ATILRA

Renovación del Consejo Directivo de AMPIL Periodo 2026–2030

02 Mayo 2026

La Asociación Mutual del Personal de la Industria Lechera (AMPIL) inicia un nuevo período institucional con la renovación de su Consejo Directivo, cuya gestión se extenderá desde el 2 de mayo de 2026 hasta el 1 de mayo de 2030.

Esta nueva conformación reafirma el compromiso de seguir trabajando con responsabilidad, unidad y vocación de servicio, fortaleciendo el rol de la mutual como una herramienta fundamental para acompañar a las trabajadoras y los trabajadores de la industria lechera.

El Consejo Directivo quedó constituido de la siguiente manera:

Presidente: Héctor Luis Ponce
Vicepresidente: Oscar Víctor Marozzi
Secretaria General: Luciana Gisela Welchen
Secretario Tesorero: Víctor Hugo Fernández
Secretaria de Actas: Lucrecia Videla
Vocales Titulares: Andrea Liliana Herrera, Laura Elisabet Acevedo, Fernando Omar Daniele y Eduardo Ramos.

Con esta renovación, AMPIL proyecta una etapa de continuidad y consolidación, sostenida en los valores de la solidaridad, el compromiso colectivo y la defensa permanente de los intereses de las y los trabajadores, reafirmando su misión de generar más acompañamiento, más participación y más bienestar para toda la familia lechera.

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    Arsenal

Arsenal

02 Mayo 2026

1

Jueves húmedo y caluroso de principios de abril. 

Era consciente de mi ubicación temporal, a pesar del vacío en la cabeza que giraba más veloz que la locomotora. Respiré más tranquilo cuando bajé al andén, las cosas volvieron a moverse a su velocidad usual y el vacío se evaporaba como si le hubieran inyectado morfina. Me senté en el café del hall de la estación a fumar, tomar dos latas de cerveza y ver pasar a la gente. No es que me desviva la gente, pero por lo menos eran caras distintas a las que había estado obligado a ver en los últimos tiempos.

Al Ruso lo conocí en ese café. Al poco tiempo me propuso que trabajáramos juntos. Nunca nadie se había fijado en mí. El Ruso había estado en la caldera de un pesquero en el Mar Rojo, preso en Lima por discutir con una madama, de novio con la ex de un actor casi famoso. 
–Necesito sangre nueva –me bendijo–, yo te puedo enseñar muchas cosas. 

Creí en él, mi primer y último amigo. En esa época Nani me perseguía, día por medio, diciéndome que no podía seguir no estudiando ni trabajando. Jamás se me habría ocurrido decirle que la casa donde ella vivía, al fin de cuentas, era mía, y, en cambio, le pedía tiempo. Si Nani se iba, además de perderla, me moría de hambre. Estoy leyendo una guía del estudiante y mirando las vidrieras de los negocios buscando un cartel pidiendo mozo o vendedor, le respondía. Mentiras.

Salí de la estación y caminé las cuatro cuadras a casa. Otra vez en la calle, en el aire, debajo del cielo, respirando los olores de los árboles sucios y de las cicatrices quemadas del asfalto. Golpeé la puerta y Nani preguntó quién era. Como supuse, todavía no se había ido al trabajo. No le respondí. Me tenté y me tapé la boca. Ella venía a visitarme todos los domingos. Me preguntaba si estaba bien, yo decía que sí, pero no estaba bien, era imposible ahí estar bien, y ella se daba cuenta de que le mentía. Venía con comida y cigarrillos y golosinas y revistas de historietas. Antes de entrar al patio techado dos mujeres policías, la hacían desnudar y la revisaban con linternas en una oficina de la antesala de la guardia. No sabés cómo te tocan las tetas esas hijas de puta, se indignaba Nani.

Cuando preguntó por segunda vez quién era, dije, afinando la voz:
–Policía Federal.

Abrió, ajustada en el mismo vestido corto y marrón de lunares blancos con el que había venido a verme la última vez. No le había avisado que salía ese jueves porque quería darle la sorpresa.

Yo me reía, y ella, petrificada, lloraba, las manos apoyadas en las mejillas redondas. En el comedor nos abrazamos, le besé la frente, después la boca. En la cárcel recordaba todo el tiempo su boca. Me llevó de la mano al dormitorio, nos acostamos, me montó sin sacarse el vestido ni las sandalias, se levantó la falda, se corrió la tanga contra la ingle y me cabalgó mientras yo le agarraba las caderas y ella se arqueaba hacia atrás y hacia adelante, enloquecida.

Mientras protestaba suavemente desde el baño porque llegaría tarde al trabajo, me dormí mirando el techo. Desperté cuando atardecía y salí al fondo. Rondé entre las plantas, desnudo bajo la lluvia. Después me duché. Una hora en la ducha, solo, sin estar mirando hacia atrás o hacia los costados. Miré mis revistas de historietas y algún que otro libro de Nani. Novelones románticos de mil quinientas páginas cada uno.
Yo tenía diez años cuando Nani vino a vivir a casa. No hacía mucho había desaparecido mi padre. Mamá y Nani dormían juntas, miraban la televisión abrazadas y se besaban cuando que creían que yo no las veía. Al principio no me gustaba verlas tan juntas, pero después no me molestó. Es más que una hermana, les decía mamá a los vecinos. Mamá no lloraba en los rincones y nunca la había visto feliz hasta la aparición de Nani. Los años pasaban, encarrilados, sin complicaciones. Pero Mamá se enfermó de leucemia y en menos de seis meses nos dijeron en el hospital que ya no había nada que hacer. Mamá volvió a casa en silla de ruedas y dijo que quería morir mirando el sol. Nani había sido la manicura de mamá. Por eso es lógico que mamá muriera una mañana de verano, sentada el fondo, agarrada de la mano de Nani.

–La economía de esta casa debe cambiar –dijo Nani pocos días después de la muerte de mamá, mirándose en el espejo las tetas apretadas por un corpiño rosa. 

Nos quedábamos sin la plata que mamá cobraba por la licencia por enfermedad de su trabajo en el banco. 

–Tengo mis contactos –decía Nani, enigmática, y agregaba, nada enigmática–: Y vos terminás la escuela sí o sí.

Nani consiguió rápidamente otro trabajo y yo terminé la secundaria, algo que fue bastante parecido a un milagro. Nani se dejó el pelo más largo, se lo tiñó de rubio dorado y empezó a maquillarse. Trabaja de lunes a viernes en la capital, desde las doce del mediodía hasta las ocho de la noche.

Cuando vuelve lo primero que hace es sacarse los tacos y acostarse media hora en el sofá con los ojos cerrados. Luego se levanta como de una siesta de cuatro horas, y se busca, desnuda frente al espejo del baño, sobre todo en las piernas, moretones que ella llama gajes del oficio. No es nada raro que algunas veces vuelva los sábados a la mañana o al mediodía. Clientes especiales, dice. De mi padre Nani sabe muy pocas cosas. Quizás sabe más y mamá le pidió que nunca me las dijera. Mamá no hablaba de él conmigo. Nunca. Esta noche puedo hacer un buen paquete, como para ir a la costa azul, dice Nani que dijo mi padre la última noche que estuvo en esta casa. Lo vieron cargar nafta en una estación de servicio frente a la rotonda que ya no está más y no volvió a aparecer.

Nani más llegó temprano.

–Poca clientela –se quejó-. La crisis, siempre la puta crisis, vivimos en este puto país siempre en crisis.
Cenamos un pollo al spiedo con papas fritas que compré en la rotisería frente a casa.
–Hablemos de tu futuro –dijo ella mientras lavaba los platos y los cubiertos y yo los secaba.
–¿Puede ser mañana?
–Mañana o pasado mañana. Pero no quiero volver a verte en la cárcel. Hacés una, una solita, y no me ves más. Vas a cumplir veintitrés años y estuviste preso casi dos. Pensá, la concha de mi madre. Pensá o no me ves más. ¿Está claro?
–Más que claro.

2

Al otro día me despertó el ritmo aterciopelado de una cumbia. El único vestuario de Nani era una toalla roja anudada a la cabeza. Bailaba despreocupadamente al tiempo que buscaba un perfume o una crema sobre la cómoda. Con el último acorde se desanudó la toalla y me la tiró encima.

–Vas hoy sin falta al lavadero. El canasto está en el baño, lo cambié de lugar, me rompía las pelotas en la cocina. Esta noche hablamos de tu futuro. Puede ser que un amigo te ubique de cadete en un laboratorio.
–¿Un amigo de quién?
–Mío, de quién va a ser.
–Tenés buenos amigos.
–No como los tuyos.
–Gran verdad. Cadete en un laboratorio. Suena bien.
–Sí, todavía no está vacante el puesto de gerente.

Vestida, maquillada, perfumada y peinada, me besó la mejilla y se fue.
Tomé dos cafés en la cocina mirando las plantas del fondo. Las regué, me vestí, dejé la ropa sucia en el lavadero y enfilé para el arsenal. Lo había extrañado. Quizás más que a Nani.

Crucé las vías y la ruta por el puente. Tras la demolición del arsenal corrió la voz de que la municipalidad concesionaría el terreno para un circuito de karting. Llegaron dos excavadoras que sacaron toneladas de tosca durante varios días. Luego se fueron y las lluvias llenaron la fosa. Al verano siguiente, una tarde de calor fatal se ahogaron dos pibes. La municipalidad prometió rellenar la fosa. No la rellenaron ni la van a rellenar. Vino otro verano y entraron los remolques y convirtieron el terreno en un cementerio de carrocerías. La tosquera permaneció como un lago artificial adornada de un aura de muerte. Nadie nadó en ella desde entonces.

Caminé por uno de los pasillos que desembocaba en la tosquera. En la mitad del pasillo, a menos de cinco metros de la orilla, la vi. Desnuda, de cara al sol, con la espalda apoyada contra el guardabarros oxidado del esqueleto de una camioneta. Me acerqué como si hacia el borde de un abismo. El sol se le reflejaba en las uñas de los dedos de los pies pintadas de verde como las de sus manos. En un empeine se delineaba el tatuaje medio desdibujado de una S. Hola, dije. Nada. Dormía, muy drogada. El pelo corto, muy corto, teñido de naranja con unas pocas vetas azules. Me arrodillé frente a ella. No era linda ni fea, y tendría mi edad o un poco menos. Los ojos entrecerrados y la boca apenas abierta le daban un aire de paz. Los dientes eran blancos, largos. No se le divisaban heridas ni moretones. Era morocha, la piel suave, con vello rojizo en los brazos. Me arrodillé frente a ella. Ella, nada. Acerqué mi cara a su cara, mis labios a sus labios. La besé. Nada. Acá no hay bellas durmientes, me dije, menos morochas. Le tomé el pulso en la muñeca y en la yugular. Me lo habían enseñado los putos de los boys scout, cuando mamá, contra la opinión de Nani, me mandó a dos campamentos de esa manga de idiotas que se creían el ejército de no sé qué rey. Se lo tomé dos veces más. Me levanté. Fumé. Me había acercado y había caído en un abismo. Me arrodillé y le pasé la lengua por los labios. Por la nariz. Por los pezones. Se oía el agua moviéndose pesada en la tosquera. Más que agua, barro. Se le habían pegado pedazos de tierra seca tierra en algunos mechones de pelo. Le abrí la boca y le metí la lengua. La dejé ahí uno, dos minutos. La abracé. No estaba tan fría. Le acaricié la S azul del empeine. Se la chupé. Me asustó un pájaro que salió de la carrocería y levantó vuelo. No podía más. Me bajé pantalones. Le abrí las piernas. Cuando empecé a pujar salieron más pájaros chillando y volando. Oí ladridos no tan lejos cuando me cerré la bragueta. Perros, ratas, gatos. No iba a dejar que la mordieran.

La alcé en mis brazos y fui a la orilla. Manchones de sol se agitaban en la tosquera como chispas de una fogata encendida debajo de la capa rugosa y grisácea que recubría la superficie como la piel de un elefante muerto. Mientras me agachaba sin soltar el cuerpo casi caigo junto a ella. En vez de arrodillarme, me senté con ella en mis brazos. Me levanté lentamente mientras la soltaba también lentamente. El cuerpo, liviano y blando, rodó al agua y se hundió dibujando una costura burbujeante en la capa rugosa.

Llegué a casa y di vueltas por el fondo. Pensaba en ella. Ella. Imaginaba su voz. O sus voces. Las voces. No las quería en mi cabeza, pero no podía matarlas. Se lanzaban en mi cabeza como balas trazadoras. Por qué. Qué. Qué había hecho. ¿De quiénes eran las voces? Me miré en el espejo del baño. Yo seguía siendo yo. Yo estaba ahí, era real. Todo el alrededor también. ¿Pero importa el alrededor? ¿Existe? Unos dicen, otros dicen que no. Nani dice que existimos nosotros y la realidad infinita. No sé de qué mierda habla. El problema es que ella tampoco lo sabe. Es una lorita. Yo no quiero rodear el alrededor, yo quería estar adentro de algún círculo, un anillo magnético protector y eso tampoco existe. El Ying y el Yang, según Nani, nos gobiernan, no se oponen, se complementan: de esto se trata la armonía secreta del mundo. Nani, la filósofa. No sé si lo leyó en alguna parte o lo escuchó en la tele. Cualquiera dice cualquier cosa, todos quieren parecer transparentes y ahí nacen las mentiras. Algunos lo harán a propósito, otros no tendrán de dónde agarrarse. Como Nani. Mejor agarrarse de uno, aunque uno no sea la mejor soga para subir a ninguna parte, aunque no sea la soga más resistente ni para ahorcarse.

La tarde se iba por una cloaca. Estaba perdiendo demasiado tiempo. Me duché, me vestí con la misma ropa, desenterré la 9 del fondo, junto a una palmerita que huele a bosta y a Nani le encanta, como el cuadrito del payaso triste que cuelga en el living. Odio la cara de ese imbécil pintarrajeado. Lo veo y me dan ganas de matarme, aunque lo haya comprado mamá.

Antes de salir di más vueltas por el fondo fumando hablándome en voz alta.
Eran nada más que unas pocas instrucciones.

3

Pedí una medida whisky con hielo en el café del hall de la estación. Después pedí dos más. Pagaba Nani.
Salí de la estación cuando ya era de noche. Las ruedas de los autos chirriaban doloridas sobre el empedrado. Algunos negocios cerraban las persianas.

El Ruso me había asegurado que él y yo nos complementaríamos a la perfección. El Ying y el Yang. Depende quien lo analice, tal vez haya sido así. Pero no nos complementamos ni él funcionó como círculo protector.

–Quedate tranquilo –decía el Ruso minutos antes de mi debut–. La atienden dos pendejas, es fácil, muy fácil.
Cuando salimos de la farmacia un rati de civil que pasaba en bicicleta nos dio la voz de alto. el Ruso le disparó, el rati respondió. Caí con el muslo perforado como esos conejos de chapa de un puesto de kermés. El Ruso subió a la moto y se fue. Yo me arrastré por la vereda hasta que el rati que me puso la pistola en la nuca y me desarmó.

Tomé el tren y bajé dos estaciones después, al sur de casa. Caminé por las calles medio vacías. El cielo era de petróleo con una enorme luna llena. Me apoyé detrás de un árbol en la esquina más lejana de la casa. Una hora. Dos. Tres. Tres y media. Nani ya habría llegado a casa hace rato y se preguntaría por donde andaría yo. Estoy acá, Nani. Fuera del Ying y el Yang. Adentro del mundo, cortándome las uñas del destino con los dientes más afilados que nunca. Soy otro filósofo sin una sola idea clara en la cabeza.

Esperé y salió de la casa. En ese momento la calle estaba vacía. No necesité perseguirlo porque vino en dirección al árbol caminando con ese porte de seguridad y seriedad que usa como disfraz de alguien leal y respetable.

Saqué la 9 y fui a su encuentro.

–Qué hacés –dijo, sorprendido, estirando la mano para saludarme.
No me moví.
–Metete la mano en el culo –dije.
Miró la pistola.
–Dejate de joder. No hagás una boludez.
–No, ya pasó ese tiempo. Las boludeces te gusta hacerlas a vos.
–No fue así.

Le disparé a la cara. Cayó fulminado. Me di vuelta y enfilé hacia la estación.

Sí, había sido así, y ahora era de otra manera.

4

Era casi medianoche de viernes. Nani no había llegado. Un cliente especial. O más de uno. A veces eran dos o tres a la vez, en una casa o en un departamento de alguno de ellos.

Comí una pata de pollo fría y tomé dos latas de cerveza. Enterré la 9 en el mismo pozo de donde la había sacado, detrás de la casillita de herramientas, y me acosté en la reposera a mirar la luna. Me la había regalado el Ruso para que la tuviera como arma suplementaria. Sólo escuchaba mi respiración en mil kilómetros a la redonda. Me acordaba de mamá cantando las canciones de Gilda o de esa tarde de domingo cuando Nani y yo pasábamos por la plazoleta de los predicadores hacia la feria de ropa usada.

–Mirá los labios de la enana –decía Nani–, si te la agarra con esos labios te la corta, mirá cómo agarra el micrófono, garganta profunda es la enana.
Sonaba una música espesa de órgano en un parlante sobre el suelo. El hombre, alto, con cara de esqueleto, el pegado blanco pegado al cráneo, miraba al cielo con los brazos alzados. La mujer, mucho más baja que él, gritaba Oremos, hermanos, oremos. Nani se metió entre la gente, se sacó las ojotas y empezó a bailar. Movía las caderas e invitaba a bailar a los tipos y las mujeres, y todos la miraban recelosos o molestos, como a una loca. Nani bailaba arrimándoles el culo a los tipos, que se alejaban de ella como del diablo. También me lo arrimó a mí, pero miré hacia otro lado como si no la conociera. El predicador llamó a un policía que daba vueltas cerca y tuvimos que irnos.

–La próxima vez que no bailás conmigo –Nani me agarró de un brazo mientras nos alejábamos–, te cago a bifes. 

Lo decía en serio. Le dije que como no sabía bailar me dio vergüenza.

–Yo te voy a enseñar –dijo.

Esa noche empezamos a dormir en la misma cama.

Me levanté de la reposera. Nani continuaría en lo suyo. Cerré con todas las trabas y tomé otras dos latas de cerveza en la cocina. Después caí vestido en la cama, ni me alcancé a sacarme los zapatos. Me dormía y al rato me despertaba. Alguien subía o bajaba el volumen de voces desconocidas adentro de mi cabeza. En algún momento me rebotaron en las sienes, nítidos, ruidos en la cocina. Nani había vuelto. Pero los ruidos se fundieron en un silencio demasiado profundo y la luz de la cocina no se reflejaba en la pared frente a la puerta abierta de la habitación. Salí de la cama. Todo, excepto el fondo, brotaba en una oscuridad que escondía más sombras de las que podían verse. Entré a la cocina, encendí la luz, grité y me apoyé en la heladera para no caerme.

La boca casi cerrada con una leve sonrisa. O no. No, no era una sonrisa. Era un estiramiento algo extraño de una mejilla. Vestía una remera blanca con rombos rojos y un jean azul, limpios, y como recién planchados. Una pierna cruzada sobre la otra. Los pies descalzos y limpios. La S azul en el empeine, brillante como retocada con tinta nueva, se balanceaba en el aire. Los ojos serenos. Almendrados.

Abrió la boca sin que se alterara ese estiramiento:
–Tenemos que hablar.
–Esto no es real –dije sacando un cuchillo del cajoncito de la mesada.
La mejilla se estiró más.
–No se juega con los cuchillos –dijo–. Quiero un café. Sin nada. Solo.
Guardé el cuchillo. La controlaba de reojo mientras calentaba la cafetera. Ella se mantenía en su postura. Se lo serví en una taza grande que le puse delante de las manos anudadas. Bebió de a sorbitos. No tenía los pedazos de tierra seca en el pelo, parecía que se lo hubieran lavado y peinado en una peluquería.
–Muy rico –dijo.
–No entiendo qué hacés acá –dije, intentando no mostrar miedo–. No entiendo nada.
–¿Un cigarrillo?

Saqué el encendedor y el paquete del bolsillo de la camisa. Los dejé sobre la mesa. Las uñas verdes brillaban más que bajo el sol. Todas. Encendió el cigarrillo, aspiró y me echó el humo a la cara. Enseguida vi que su cabellera se alargaba, flotaba como algas en un acuario, incrustándose en las paredes azulejadas. Una cuerda de acero me paralizó la garganta. No podía moverme ni hablar, apenas respiraba. Ella salió de la cocina como si pisara un manto de seda. Sus pelos ocupaban las paredes, el techo, el piso, mis ojos.
No pasó ni un minuto desde que ella se había ido que alguien abrió con una patada la puerta de calle, corrió hacia mí y el culatazo en la sien me derrumbó.

5
Volví al mundo con las manos esposadas detrás del respaldo de la silla en una habitación iluminada por una bombita biliosa colgada de un cable lleno de pelusa. 
No había más que una mesa vacía y tres o cuatro sillas desperdigadas sin ningún orden. Sentía que no faltaba mucho para que los brazos se me desgajaran del cuerpo como dos palos de escoba. Es psicológico, es la suma del abandono falso y la espera real. El tiempo corre y no corre, choca de frente contra sí mismo en tu cabeza y te vuelve loco.
Tal cual como fue la primera vez por la farmacia, entraron dos. Se alternaron en reventarme el estómago a trompadas. No pegan en la cara. Hay que gritar, gritar mucho –uno de los consejos del Ruso–, por más que estés en el sótano más profundo del planeta. Al final me amordazaron. Después me golpearon varios minutos más. Pararon y antes de salir apagaron la luz. Quería vomitar, pero si lo hacía con esa mordaza podía ahogarme. La luz se encendió sola. Había alguien conmigo. Veía un fragmento de sombra humana derramándose sobre los listones del piso. 
Tardé en alzar la cabeza.
En un rincón, ella, sentada igual que como en la cocina de casa, dijo:
–Tenemos que hablar.
Bajé la cabeza. Ya está, me volví loco, pensé. No me preocupaba demasiado. 
Ella se levantó, me desató la mordaza y vomité, sin querer, en sus pies descalzos. No le importó.
–Sacame las esposas –dije–. Hacé algo. Por favor.
–No tengo las llaves. Ninguna llave. Tenemos que hablar.
–De qué.
–Sabés bien de qué.
–Entonces si vos también lo sabés, hablá vos.
–Quiero escucharte a vos.
–No, no quiero hablar.
Me volvió a amordazar y la luz se apagó.
No dormía del todo por el dolor en los brazos y en las muñecas. 
Después de un siglo la bombita relampagueó e iluminó la cara al tipo rubio de mandíbula cuadrada. Olía a espuma de afeitar. Era alto, de espaldas anchas, pantalón negro, camisa blanca, corbata gris con líneas verticales púrpuras.
Miró el vómito.
–Lo vas a limpiar la lengua.
Dije que sí con la cabeza. Me apresó una mitad de la cara con dedos de acero.
–Mataste al Ruso, negro hijo de puta.
–No, señor, le juro que no.
–Decime la verdad o la vas a pasar peor.
Respiré hondo.
–Sí. Lo maté.
Él también respiró hondo y me soltó.
–Lo mataste a sangre fría.
–Sí, señor.
Pensó durante unos instantes rascándose la barbilla. Me sacó las esposas, agarró una de las sillas y se sentó frente a mí.
Me costaba mirarlo a los ojos.
–¿Y por qué lo mataste?
–Me abandonó herido cuando robamos una farmacia. Se olvidó de mí. Se llevó el botín y no le mandó ni un peso a mi tía.
–Qué tía.
–La que vive conmigo.
–Esa no es tu tía.
No dije nada.
–¿Y vos qué hubieras hecho en su lugar?
–No lo hubiera abandonado. Jamás.
–Tengo mis dudas.
–Le juro que no, señor.
–Es cuestión de probar a la gente, ¿no?
Asentí presintiendo de qué hablaba.
–Usted –me animé a decirle– ya tiene una prueba.
–¿Cuál?
–No delaté al Ruso.
–Otra prueba es que lo reventaste.
–Supongo que sí.
Mandíbula Cuadrada encendió un cigarrillo y me convidó otro. Los encendió con un Dupont de oro.
–El Ruso trabajaba desde hacía dos meses para nosotros. Era un buen elemento. Hacía cositas, nada importante. Pero era medio bocón. No era para este juego. Acá se juega en serio. Nos necesitamos unos a otros y tenemos que ser responsables. Vos tenés pasta para cosas importantes. Tenemos que hablar.
Un fluido de hielo me recorrió la médula espinal y temblé.
–¿Te pasa algo?
–No, señor.
–Bien. Esto tenés que entender desde ahora mismo: No estamos hablando de la moral. Estamos hablando de una relación con el mundo. No qué mierda está bien o está mal. Es probable que no todo lo que uno hace esté mal o tan mal que no pueda ser curado o arreglado. O sí, quizás ya todo está perdido. Todo. Pero, en fin, una mierda. Esto es otra cosa. Una relación con el mundo. Y en la cima del mundo para vos estoy yo. No vos. Yo. Pero los dos vamos a ser parte del mismo mundo. Suena religioso. No es la intención. Igualmente, ni acá ni afuera hay dioses. Hay mucho trabajo para hacer. ¿Me explico?
–Sí, señor.
–Ahora te van a dejar a una cuadra de tu casa. Esta noche no existió para vos. Mañana me llamás a este teléfono –me dio una tarjetita con un número manuscrito que sacó de algún bolsillo–. A nadie le decís de esta conversación ni de este teléfono porque te fumigo. A vos y a la que fue pareja de tu mamá. Me llamás desde un teléfono público entre las seis y las seis y media de la tarde. Me llamás y te voy a citar a un lugar para hablar más distendidamente. ¿Alguna duda?
–No, señor.
Se levantó y salió. 
La luz no se apagó.
Ella no apareció.
Nani me encontró desparramado en la puerta de casa. Le dije que habían querido entrar a robar y había peleado con dos tipos en la vereda. 
–Qué raro que no te pegaron en la cara.
–Aprendí a defenderme en la cárcel.
No terminó de creerme. Nunca me cree del todo. Hace bien.

6

Pasó un mes desde aquella noche y estoy en el andén. No espero el tren, espero que pase el tiempo. Todavía faltan treinta y cinco minutos. No conviene merodear por el lugar antes de la misión.
Mandíbula Cuadrada me ordenó que aceptara el trabajo de cadete. Para qué se lo habré comentado. Es una buena cobertura, dijo. Le faltó hablarme del Ying y el Yang. No creo en el Ying y el Yang ni en círculos protectores. No hay más que un fuego adentro de uno que construye y destruye. Destruye y construye tanto a uno como al alrededor.
El aire es helado. En un rato estará por pasar el último tren de la noche. Me levanto para mover las piernas antes de que se me congelen. Alguien se acerca. Cada pisada es una torsión de tobillos sutiles, de pies descalzos que estarán más calientes que los míos.
Se sienta. Me siento a su lado. La misma ropa, los mismos pies descalzos. La S y las uñas cada vez brillan más, un día se encienden y me queman vivo.
–Tenemos que hablar –dice.
–Ahora no –digo–. Estoy trabajando.
–Te felicito –no sonríe, es ese estiramiento de la mejilla.
–¿No tenés frío?
–No.
–Qué raro.
–No, no es raro. Es cuestión de acostumbrarse. Como vos te estás acostumbrando a mí.
–¿Yo? No. No me acostumbro a nada.
–Te estás acostumbrando.
Se levanta. Se aleja.
Me acaricio la culata debajo de la campera. No es mi 9. Me dieron un Smith & Wesson 329. La probé en el arsenal, contra la tosquera. Es una joyita. En minutos rindo mi primer examen. Como en el colegio. La diferencia es que esta vez no puedo corregir el boletín si la nota es mala. Si la nota es mala acá me corrigen a mí, y para siempre. 
Cuando su sombra se pierde por un extremo del andén hacia los baldíos, salgo al hall. Un ciego ofrece billetes de lotería a sus propias tinieblas y un chico lustrabotas lee una revista sentado en su taburete. Dos rehenes de la agonía de un perro sarnoso que resiste a morir. Fumo en la escalinata. Me pongo en marcha. Desde acá tardo cinco minutos. El objetivo estará sentado detrás de la vidriera de un café. No necesito entrar, me detengo un segundo y le disparo.
Alguien me sigue. Me doy vuelta. No hay nadie. Ella aparece cuando quiere, no al revés. Tampoco me atacará por la espalda. Yo, no sé. 
Pero, aunque le vacíe el cargador, no desaparecería.
En algún momento hablaremos, sí, y todavía no sé qué decirle.

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Apuntes para una reforma impositiva integral

02 Mayo 2026

Una reforma tributaria progresiva y simplificada, para un equilibrio fiscal basado en la capacidad contributiva de las personas físicas y jurídicas1 es uno de los requisitos fundamentales para el crecimiento de una economía real que, sin exclusiones, permita vivir bien y consolidar un país integrado, con justicia social, para crecer sin dejar a nadie afuera.

La Argentina necesita una reforma tributaria integral no simplemente para recaudar lo necesario, sino para modificar el sentido económico, social e injusto del sistema impositivo. El problema central no reside sólo en el volumen de la recaudación, sino en su estructura: Quién paga efectivamente, quién traslada la carga, qué sectores quedan relativamente al margen de la imposición y qué tipo de país se financia con esa matriz tributaria.

La estructura vigente es decididamente regresiva. Aproximadamente el 70% de la recaudación se origina en impuestos indirectos, que generalmente son trasladados a los precios de bienes y servicios, mientras sólo alrededor del 30% descansa en impuestos directos, principalmente el impuesto a las ganancias. Estos últimos además suelen transformarse en indirectos cuando son pagados por empresas con posición dominante en los mercados con análogos efectos inflacionarios sobre los precios.

Esto significa que buena parte del financiamiento del Estado recae sobre el consumo cotidiano de la población y no sobre la riqueza concentrada o la renta extraordinaria. A ello se suma un problema adicional: los impuestos indirectos son además pro cíclicos, pues cuando cae la actividad económica también cae con fuerza su recaudación. En consecuencia, el sistema no sólo es en extremo inequitativo en términos distributivos, sino también inestable en términos macroeconómicos.

Durante el gobierno de Javier Milei esa injusticia e inestabilidad se agravó con una sostenida caída de la recaudación fiscal. A partir de la reforma tributaria incorporada en la Ley Bases (27742), que implicó reducciones de alícuotas y mecanismos de adelantamiento de ingresos mediante regímenes especiales, y con las rebajas incorporadas durante 2025 especialmente a los derechos de exportación y los impuestos a los bienes suntuarios, se acentuó la regresividad del sistema y redujo la capacidad del Estado para responder fiscalmente en contextos recesivos como el que deliberadamente impuso la administración libertaria.

En consecuencia, del reforzado compromiso de cumplimiento de las metas acordadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la caída real del 5,1% interanual verificada en el primer trimestre de 2026 en el gasto primario se suma al fuerte ajuste real2 acumulado desde 2023:

● Gasto primario total se redujo en - 31% con respecto al año 2023 (r/2023)

● Gasto de capital en - 86% r/2023

● Transferencias a provincias: en -66% r/2023

● Programas sociales: en - 61% r/2023

●Transferencias a universidades: en -20% r/2023

● Subsidios a la energía: en -58% r/2023

● Salarios públicos: en -29% r/2023

Sin embargo, la discusión tributaria sigue atrapada en consignas repetidas hasta el cansancio sobre que en Argentina “se pagan demasiados impuestos” o “es alta la presión tributaria”

Como se observa el Cuadro Nº 1, en el momento en que Milei asume su mandato presidencial, aparece una primera constatación importante: la presión tributaria bruta total argentina, medida para 2023, se ubicaba en torno al 27,9% del PIB, por debajo de países como Francia (45,4%), Italia (41,5%), Alemania (40,1%), España (37,3%), Reino Unido (35,3%), Canadá (34,8%) e incluso Brasil (33,3%). También se ubicaba apenas por encima de Estados Unidos (25,2% pero financia muy parcialmente la educación y la salud pública).

Estos datos permiten discutir con mayor seriedad la idea de una supuesta excepcionalidad tributaria argentina. El problema no es simplemente el nivel agregado de presión, sino su composición regresiva, su sesgo pro cíclico y su incapacidad para gravar de manera suficiente a las rentas más concentradas y a los beneficios extraordinarios.

Pregunta decisiva

Si bien se debe tender a una razonable simplificación y armonización territorial del sistema, la pregunta decisiva no es si existen muchos o pocos impuestos, sino cómo están distribuidos, sobre quién recaen en los hechos y qué intereses protegen o perjudican. La regresividad se vuelve todavía más evidente cuando se analiza la incidencia real del Impuesto al valor agregado (IVA)

Como se muestra en el Cuadro Nº 2, si una persona percibe un ingreso mensual de $1.000.000 y debe consumirlo íntegramente para vivir, la carga efectiva del IVA contenida en ese consumo equivale aproximadamente al 17,36% de su ingreso. En cambio, si otra persona percibe $10.000.000 y consume sólo la mitad, la carga efectiva del IVA representa alrededor del 8,68% de su ingreso. La tasa nominal es la misma, pero la carga económica real no lo es. Cuanto mayor es la proporción destinada al consumo, mayor es el peso efectivo del impuesto. Por eso, un sistema apoyado masivamente en la imposición indirecta tiende a que los sectores de menores ingresos soporten proporcionalmente más carga que los de ingresos altos.

A esta desigualdad se agrega otra: El impuesto a las ganancias (IG), que debería ser el instrumento directo por excelencia para captar capacidad contributiva, conserva exenciones, exclusiones y tratamientos preferenciales para las ganancias de capital, la renta financiera y otros ingresos del capital, mientras los salarios quedan inaceptablemente gravados. En otras palabras, los ingresos del trabajo terminan contribuyendo con más facilidad y, muchas veces, con mayor intensidad efectiva que la renta financiera.

Además, las empresas con posición dominante tienen capacidad de trasladar a precios los impuestos que abonan. Como al principio decimos los tributos formalmente directos terminan convirtiéndose, en la práctica, en cargas indirectas soportadas por consumidores. Así, la regresividad del sistema no se explica sólo por el peso del IVA, sino por una arquitectura entera que favorece al capital concentrado y traslada hacia los precios de producción una parte sustancial de la carga fiscal.

Se requiere, entonces, una transformación profunda del sistema actual que extrae recursos principalmente de quienes menos tienen, grava insuficientemente las rentas más concentradas, desalienta en términos relativos la producción frente a la especulación, debilita la capacidad contra cíclica del Estado y deja sin captación adecuada a las rentas diferenciales de la tierra, del petróleo, del gas, de la minería, y de la actividad financiera, incluso en contextos en los que los precios internacionales crecen de manera desmesurada. Esto sucede en una economía con necesidades de inversión pública estratégica a la que se le sustraen divisas como resultado de una recurrente y descontrolada fuga de las que obtenemos por nuestra producción, con una muy alta evasión y elusión de contribuciones. No podemos seguir con esta estructura que no sólo es inequitativa: también es funcional a una creciente pérdida de nuestra soberanía.

La reforma tributaria debe fundarse, entonces, en un principio general: en una sociedad atravesada por la desigualdad, la concentración económica y una creciente dependencia, el sistema impositivo no puede ser neutral.

Debe ser progresivo, redistributivo, federal, productivista, eficaz, eficiente y soberano. Debe gravar con mayor intensidad la capacidad contributiva real, la riqueza concentrada, la renta extraordinaria y la apropiación privada de ventajas que no derivan del esfuerzo productivo ordinario, sino de posiciones dominantes, recursos naturales, coyunturas externas o marcos regulatorios favorables. Y, al mismo tiempo, debe aliviar la carga que hoy pesa sobre salarios, consumo popular, pequeñas unidades productivas y sectores que invierten, producen y generan empleo formal.

El primer gran capítulo de esta transformación debe ser la reforma del impuesto a las ganancias. En las personas humanas, el criterio central debe ser que el trabajo no siga siendo tratado como una de las bases más accesibles y visibles de imposición, mientras otras formas de renta quedan parcial o totalmente resguardadas. Los salarios y demás ingresos de los trabajadores deben ser eximidos de modo tal que la imposición recaiga sólo sobre los niveles más elevados de ingreso y, en particular, sobre jerarquías directivas y cargos de alta remuneración. A su vez, debe reforzarse la progresividad de la escala y eliminarse el tratamiento privilegiado de dividendos, rentas financieras, ganancias de capital y otras manifestaciones del ingreso. El principio tiene que ser simple: a igual capacidad económica, igual o mayor tributación sobre el ingreso del capital que sobre el ingreso del trabajo.

En el caso de las empresas, la reforma debe diferenciar con claridad la utilidad reinvertida de la utilidad distribuida. Allí donde una ganancia se destina a ampliar capacidad productiva, incorporar tecnología, desarrollar proveedores locales, agregar valor o crear empleo, el sistema puede reconocer un tratamiento más favorable. Allí donde la utilidad se distribuye, se fuga, se orienta a la valorización financiera o no genera ninguna transformación productiva, la carga tributaria debe ser mayor. Por eso resulta razonable graduar la imposición relativa sobre las utilidades en la medida de su efectiva reinversión y fortalecerla sobre utilidades distribuidas o capturadas de manera improductiva.

También debe establecerse un impuesto mínimo sobre la ganancia contable de grandes empresas y grupos económicos, de modo tal que no existan entramados empresariales altamente rentables que terminan tributando en niveles irrisorios mediante artificios normativos, planificación agresiva o beneficios promocionales desproporcionados.

Distinción impositiva selectiva

En este punto conviene incorporar un criterio estratégico adicional: la reforma tributaria puede establecer una distinción impositiva selectiva para los sectores industriales que realicen inversiones efectivas destinadas a la sustitución de importaciones siempre que sea dentro de un plan federal de transformación de la matriz productiva y reconversión industrial.

No pueden ser alicientes indiscriminados o reeditar regímenes de promoción “bobos“, sin contrapartidas reales o, capturados por los grandes grupos económicos que -a estos fines, se deben calificar según la constitución de activos en el exterior- sino de usar la política tributaria para inducir conductas productivas social y estratégicamente valiosas.

Sustituir importaciones no significa encerrarse en una matriz productiva atrasada, desequilibrada, y en gran parte ineficaz, sino fortalecer y reconvertir la capacidad nacional de producir tecnologías, bienes, partes, piezas, insumos y procesos que hoy dependen del exterior. Cada tramo de la producción que el país logra internalizar reduce la dependencia de divisas, fortalece la balanza comercial, amplía los encadenamientos productivos locales y genera empleo formal.

Este punto es clave porque conecta la tributación con el crecimiento estructural de la economía. La producción industrial orientada a sustituir importaciones no sólo mejora el saldo externo: también moviliza empleo, inversión, tecnología, oficios calificados, proveedores locales, mantenimiento, logística, servicios asociados y aprendizaje productivo.

Es decir, crea densidad económica nacional. Por eso, con seguimientos públicos y controles estrictos en el que deben participar el Consejo Federal de Inversiones, los trabajadores de las actividades y empresas involucradas, el sistema tributario puede contemplar esquemas de créditos fiscales, amortización acelerada, reducción temporaria de alícuotas o deducciones – también temporarias - especiales para empresas que acrediten inversiones verificables orientadas a sustituir importaciones en sectores estratégicos. Estos alicientes no deben ser automáticos: deben condicionarse al incremento del contenido nacional, al aumento del empleo registrado, a la reinversión de utilidades, al sostenimiento de niveles de producción y a la mejora del saldo comercial sectorial. De esta manera, la política fiscal dejaría de premiar de hecho a la renta especulativa y comenzaría a favorecer a quienes producen en el país, ahorran divisas y expanden la base material de la soberanía económica.

El segundo capítulo de la reforma debe ser la reducción del peso regresivo de la imposición al consumo.

El IVA no puede seguir funcionando como un mecanismo ciego que grava de igual manera a quien consume para sobrevivir que a quien consume una porción menor de su ingreso total. Por eso, una reforma integral debe combinar la permanencia de la imposición al valor agregado con un sistema efectivo de devolución automática sobre bienes esenciales de jubilados, trabajadores de bajos ingresos, personas con discapacidad u otros sectores vulnerables.

Al mismo tiempo, debe avanzarse hacia una integración gradual y armonizada con los impuestos sobre los ingresos brutos, reduciendo superposiciones, simplificando procedimientos y evitando que las provincias queden obligadas a sostenerse mediante tributos distorsivos sólo porque la arquitectura federal las dejó sin otra alternativa.

El tercer capítulo debe ser la tributación progresiva sobre la transmisión de la riqueza a título gratuito (herencias, legados, donaciones y similares). Una reforma que pretenda ser verdaderamente progresiva no puede limitarse al ingreso corriente. Debe gravar también la concentración acumulada. La desigualdad no se reproduce sólo por las diferencias salariales o empresarias de cada año, sino también por la transmisión intergeneracional de grandes patrimonios. Una sociedad democrática con justicia social no puede renunciar a intervenir sobre esa reproducción automática de privilegios. Del mismo modo, debe fortalecerse el gravamen progresivo de la transmisión a título gratuito de grandes patrimonios, activos en el exterior, tierra concentrada e inmuebles ociosos en los segmentos superiores de riqueza.

Una de las formas más simples de evitar los impuestos indirectos locales que tienen los sectores de mayores ingresos, es consumiendo en el exterior. Por eso el cuarto capítulo debe orientarse a gravar el consumo personal suntuario o excesivo de personas humanas de muy elevada capacidad contributiva. No se trata de ampliar la regresividad de los impuestos indirectos, sino de dirigir la imposición hacia manifestaciones claras de consumos de bienes y servicios de lujo y concentración patrimonial. Consumos en embarcaciones de recreo de alto valor, aeronaves privadas, vehículos suntuarios, residencias de lujo y otros consumos ostentosos deben integrar una arquitectura tributaria acorde con su significado económico y social. Si el sistema quiere ser justo, no puede gravar con la misma lógica a quien compra alimentos o paga servicios esenciales que a quien destina recursos extraordinarios a bienes y servicios de lujo.

El quinto capítulo debe ser una reforma del régimen simplificado para pequeños contribuyentes, con el objetivo de formalizar sin asfixiar. Trabajadores por cuenta propia de baja escala, pequeños prestadores, oficios, micro emprendimientos, economía popular formalizada y profesionales independientes de ingresos bajos o medios no pueden recibir el mismo tratamiento que otros contribuyentes de gran capacidad económica.

Corresponde reducir o eliminar el componente impositivo de las categorías más bajas y medias del monotributo, manteniendo esquemas previsionales y de salud suficientemente acordes con la capacidad real de cada contribuyente. Formalizar no puede significar expulsar; tiene que significar integrar al sistema con previsibilidad y derechos.

El sexto capítulo, central para una economía como la argentina, es la reforma de la tributación sobre el comercio exterior y sobre las rentas diferenciales. Los derechos de exportación no deben ser entendidos como una anomalía, sino como una herramienta legítima para desacoplar precios internos, capturar renta extraordinaria, administrar la restricción externa y defender al mercado interno en contextos de fuertes incrementos de precios internacionales. Esa orientación debe profundizarse mediante un esquema de alícuotas diferenciadas por sector, escala y tipo de producto, protegiendo a economías regionales de menor tamaño y concentrando la captación sobre complejos fuertemente concentrados y altamente rentísticos.

En ese mismo capítulo debe incorporarse de manera expresa la creación de un impuesto a la renta extraordinaria o inesperada. Este tributo debe gravar las ganancias excepcionales que no surgen de una mejora ordinaria en la productividad ni de una mayor inversión genuina, sino de acontecimientos externos o decisiones públicas que elevan de modo abrupto la rentabilidad de un sector. Cuando una guerra, una crisis energética, una sanción internacional, una disrupción logística global, una devaluación, un cambio regulatorio favorable, una concesión estatal excepcional o una alteración geopolítica incrementa súbitamente las ganancias de determinados actores, esa renta no puede quedar íntegramente privatizada. No se trata de castigar el éxito empresario, sino de reconocer que parte de esas ganancias no son fruto exclusivo de una decisión privada, sino de circunstancias externas, ventajas comparativas, recursos colectivos o decisiones estatales que modifican la ecuación de rentabilidad. 3

Por eso, el impuesto a la renta extraordinaria debe diseñarse sobre el excedente que se ubique por encima de una rentabilidad normal o histórica del sector, y no sobre la totalidad de la ganancia. La base imponible debe calcularse a partir de promedios plurianuales ajustados, contemplando inflación, inversiones efectivas y características propias de la actividad. La alícuota debe ser progresiva y activarse cuando se verifiquen disparadores objetivos, como aumentos excepcionales del precio internacional de “commodities” (productos básicos que se utilizan en la producción de bienes y servicios), eventos geopolíticos que alteren la oferta mundial, devaluaciones que mejoren en forma abrupta la ecuación exportadora o marcos regulatorios que otorguen beneficios extraordinarios. De este modo, el Estado capturaría una porción de rentas cuya causa es social, geopolítica o natural, y podría destinar esos recursos a infraestructura, estabilización de precios internos, desarrollo científico-tecnológico, políticas sociales, financiamiento productivo y fortalecimiento del mercado interno. En una economía periférica y desigual, dejar completamente intacta esa renta extraordinaria equivale a renunciar a una herramienta básica de soberanía.

El séptimo capítulo debe ser una ofensiva integral contra la evasión, la elusión, la fuga de capitales y la manipulación del comercio exterior. Ninguna reforma progresiva será eficaz si los sectores más concentrados conservan capacidad estructural para ocultar renta, eludir cargas, subfacturar exportaciones, sobrefacturar importaciones o fugar excedentes al exterior. Hace falta reconstruir plenamente la capacidad estatal de control y coordinación entre los organismos tributarios, aduaneros, financieros y regulatorios, fortalecer los cruces de información, aprovechar el intercambio fiscal internacional y tratar la evasión y la fuga no como simples irregularidades técnicas, sino como mecanismos de apropiación privada de recursos que pertenecen al conjunto social.

Por ende, resulta imprescindible derogar las modificaciones recientes en materia de regímenes de información incluidas en la reforma tributaria conocida como “Inocencia fiscal” las cuales no hacen más que vaciar de datos necesarios para que el fisco pueda desarrollar eficientemente sus funciones de verificación y fiscalización. Estas últimas han sido degradadas por las actuales autoridades nacionales vaciándolas de contenidos informáticos y de capacitación del personal involucrado.

En este eje resulta decisivo reducir los denominados gastos tributarios que no son más que beneficios fiscales “otorgados” a grandes corporaciones y contribuyentes “especiales” tanto los derivados de normas impositivas como de los regímenes de promoción y acordadas de la Corte Suprema de Justicia de la Nación

El octavo capítulo debe ser el uso estratégico de la política tributaria en la transición de la crisis. En contextos recesivos, no todos los sectores sufren de la misma manera. Existen actividades que conservan o incluso expanden márgenes de rentabilidad aun cuando cae el ingreso popular: entidades financieras, grandes cadenas de comercialización, plataformas digitales, combustibles, peajes, transporte concentrado, exportadores beneficiados por cambios internacionales o empresas con fuerte poder de mercado. En esos contextos, el Estado debe utilizar la herramienta impositiva para intervenir sobre los flujos económicos que continúan apropiándose de excedentes, evitando que la crisis se financie exclusivamente con caída del salario real, deterioro del consumo y recorte del gasto social. Al mismo tiempo, corresponde agilizar el cobro de créditos fiscales firmes y reducir los mecanismos dilatorios que hoy favorecen a los grandes contribuyentes, en particular la acumulación de causas sin fallos del Tribunal Fiscal de la Nación por dilaciones que entorpecen la recaudación efectiva de los impuestos.

El noveno capítulo indispensable para una reforma verdaderamente integral, es una nueva arquitectura federal de coordinación tributaria, coparticipación y renacionalización de la inversión pública estratégica. La actual ley de coparticipación de impuestos nacionales esta tan desactualizada que, además de no reconocer la autonomía financiera municipal, no comprende a dos jurisdicciones nacidas en la reforma constitucional de 1994: la Provincia de Tierra del Fuego y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, siempre en todos los casos contemplando las políticas estatales y los servicios que recibe cada jurisdicción.

Por ello no alcanza con modificar impuestos nacionales si las provincias y los municipios continúan atrapadas en una estructura fiscal desigual, obligadas a financiar con recursos insuficientes funciones esenciales que deberían estar solidariamente garantizadas de manera homogénea en todo el territorio. Ello implica mantener el criterio de favorecer a las provincias menos favorecidas pero, a la vez, tener en cuenta las necesidades reales de todas, en base a la consideración de todos los indicadores sociales.

La discusión sobre la coparticipación no puede limitarse al reparto de fondos entre Nación, provincias y municipios; debe – en el marco de un plan común económico, social y federal- planificar una progresiva simplificación del sistema basada en qué responsabilidades debe asumir cada jurisdicción y, centralmente el Estado nacional, para asegurar igualdad efectiva entre argentinos, sin que el acceso a derechos fundamentales dependa de la riqueza relativa, la recaudación propia o la capacidad coyuntural de cada jurisdicción.

En ese sentido, la reforma debe incorporar la idea de renacionalizar los grandes núcleos de inversión pública que deben ser igualitarios en todo el país. Educación, salud, red vial estratégica, infraestructura básica, conectividad, obras hídricas, energía, logística, ciencia y técnica, o equipamiento estructural no pueden quedar sujetos de manera decisiva al ingreso provincial o a la capacidad de acción aislada de cada gobierno local. Cuando esas responsabilidades se descentralizan sin financiamiento suficiente, lo que se descentraliza no es el federalismo, sino la escasez. Y cuando la escasez se territorializa, es también la desigualdad. Las provincias más débiles quedan obligadas a administrar carencias permanentes mientras intentan sostener escuelas, hospitales, rutas, servicios y obras básicas con una estructura de recursos claramente insuficiente.

Esa es una de las causas profundas de la asfixia económica provincial y municipal. Bajo presión fiscal, financiera y política, muchas provincias y municipios se ven empujados a una lógica de supervivencia inmediata: endeudamiento, concesiones extraordinarias, baja de exigencias regulatorias, competencia fiscal ruinosa o acuerdos desventajosos con grandes corporaciones, muchas veces extranjeras, a las que terminan entregando porciones crecientes del suelo, del subsuelo, de los bienes comunes, de los recursos naturales o de la actividad económica local a cambio de ingresos de corto plazo. Lo que se presenta como autonomía provincial o municipal termina siendo, en numerosos casos, dependencia financiera y pérdida de soberanía tributaria.

Por eso, una nueva ley de coparticipación debe ir unida a una recuperación del papel del Estado nacional en la financiación y planificación de aquellas inversiones que constituyen el piso material de la unidad nacional. Un verdadero federalismo no consiste en abandonar a las provincias y a los municipios a su suerte, sino en construir una Nación capaz de garantizar derechos e infraestructura básica de manera equilibrada en todo su territorio.

Revisión

Décimo Capítulo, en razón de los precedentes, es necesario un análisis general y armonización de la normativa tributaria; en particular corresponde revisar las modificaciones y nuevos convenios aprobados por el gobierno de Javier Milei para evitar la doble imposición internacional. Estos deben ser eventualmente denunciados (es decir rechazados) cuando las renuncias a nuestra soberanía tributaria no convengan a los intereses de nuestro país.

En síntesis

De esta manera, reforma tributaria y reorganización federal se unen bajo un mismo principio: capturar la renta donde se concentra, redistribuir donde se necesita y renacionalizar la responsabilidad sobre las condiciones estructurales de la igualdad territorial. Sólo así se puede quebrar el círculo perverso que empuja a provincias financieramente ahogadas a entregar recursos naturales, bajar estándares y calidad de vida, resignar poder de decisión y subordinarse a intereses corporativos, en su mayoría transnacionales, o incluso de potencias extranjeras que desplazan de hecho al Estado nacional, pues éste abandona deliberadamente su lugar en función de compromisos vinculados a una deuda odiosa, que debe ser investigada y auditada.

En conjunto, esta propuesta expresa una concepción de fondo. El sistema tributario no debe pensarse como una mera caja recaudatoria, sino como una herramienta de redistribución del ingreso, ordenamiento macroeconómico, promoción del desarrollo industrial, fortalecimiento del mercado interno, defensa de la balanza comercial, integración federal y afirmación de la soberanía nacional. Una estructura tributaria progresiva no es enemiga del crecimiento. Por el contrario, necesita ser condición para un crecimiento menos desigual, menos especulativo y más ligado a la producción y al trabajo. Lo que desalienta la inversión productiva no es gravar la renta extraordinaria, sino sostener un esquema donde la valorización financiera, la fuga de capitales, la apertura indiscriminada y la apropiación privada de recursos estratégicos resultan más rentables que producir.

Una reforma tributaria integral para la Argentina debe asumir una definición política clara: no puede seguir financiando el funcionamiento del Estado y la estabilización macroeconómica con el consumo popular, el salario, la recesión y la asfixia de las provincias, mientras amplias franjas de renta extraordinaria, riqueza concentrada y privilegio fiscal conservan protección o indulgencia. El objetivo debe ser exactamente el inverso: gravar más la renta improductiva, extraordinaria y concentrada; aliviar bajo condiciones precisas a quienes invierten, sustituyen importaciones, generan empleo formal y fortalecen la balanza comercial; recuperar para la Nación la capacidad de garantizar igualdad territorial; y utilizar el sistema tributario como una de las grandes palancas de un proyecto de crecimiento estructural con justicia social y soberanía.

El funcionamiento del sistema tributario debe sustentarse en el principio de realidad económica: en un mundo de creciente concentración de la producción y la riqueza, los recursos tributarios deben ser aportados por los sectores más concentrados y más ricos.

No sólo por razones de equidad, sino también por un principio de racionalidad y economía en la administración tributaria (recaudación y fiscalización).

Condiciones del equilibro fiscal

Un sistema tributario progresivo, que incida sobre las rentas extraordinarias y las grandes acumulaciones de riqueza, es una condición necesaria para sostener el equilibrio de las cuentas públicas.

La segunda condición es adecuar los servicios de la deuda pública en niveles compatibles con el desenvolvimiento de las funciones del Estado (ver anexo).

Las erogaciones por intereses no deben ser un subsidio a la especulación financiera, como ocurre en el presente.

Viable y urgente 

En definitiva, la transformación del sistema tributario argentino no sólo es perfectamente viable sino que resulta imprescindible llevarla a cabo con la urgencia que la situación actual del país reclama.

Es necesario poder alcanzar la sustentabilidad fiscal sin recurrir a endeudamientos que pongan en peligro a la sociedad y la soberanía nacionales. Todo intento de establecer un régimen impositivo progresivo requiere de modo simultáneo reducir la desigualdad social para que ésta no esterilice los saludables objetivos del programa.

Es una de las coincidencias básicas que requiere un “Plan Nacional, Económico, Social y Federal” que integre a los trabajadores, otros sectores vinculados al mercado interno y a las economías regionales en esta Argentina que el actual gobierno insiste en fragmentar. La articulación de ese plan común es fundamental para superar la crisis de representatividad que nos involucra y de la economía del desastre que se nos impone desde el cogobierno del presidente Javier Milei y el Fondo Monetario Internacional.

FORO ECONOMIA Y TRABAJO

Sergio Arelovich, Ricardo Aronskind, Gabriel Barceló, Noemí Brenta, Eduardo Codianni, Juan Pablo Costa, Norberto Crovetto, Rubén “Rulo” Dellatorre, Marcelo Di Ciano, Marisa Duarte, Eduardo Dvorkin, Roberto Feletti, Néstor Forero, José M. Fumagalli, Américo García, Carlos Gutiérrez, Ricardo Koss, Nicolás Malinovsky, Jorge Marchini, Antonio Mezmezian, Felisa Miceli, Andrés Repar, Horacio Rovelli, José “Pepe” Sbatella, Nahuel Silva, Juan Carlos Teso, Rodolfo Pablo Treber, Eduardo Berrozpe (coordinador)

ANEXO

I-La prueba está en que la deuda es de tal magnitud que no se puede pagar la totalidad de los intereses que devenga, de manera tal que, en el año 2024, se pagaron intereses por $ 8.641.024 millones (8,6 billones de pesos unos 9.145 millones de dólares) y se capitalizaron intereses (en títulos Lecap y Boncap) por U$s 33.678 millones. En 2025 se pagaron intereses por $10.315.399,6 millones (unos U$s 7. 945 millones) y se capitalizaron intereses por U$s 47.325 millones. Y en el primer trimestre 2026 se pagaron intereses por $ 3.732.291 millones (unos U$s 2.665 millones) y se capitalizaron intereses por U$s 7.569 millones.

Ver cuadro Nº 3

II- Debemos señalar que en ello incide una viciada composición de la deuda externa, en particular los cuestionados acuerdos con el FMI, que deben revisarse y en la parte que corresponda deben ser pagados por sus beneficiarios.

https://radiografica.org.ar/2025/04/15/foro-economia-y-trabajo-no-se-puede-ni-debe-pagar-al-fmi/

FORO ECONOMÍA Y TRABAJO. Está integrado por economistas y otros especialistas a propuesta de organizaciones sindicales de nuestro país, abierto a todas las instituciones que integran el Movimiento Sindical Argentino, así como a los aportes de organizaciones que agremian a las Pyme, cooperativas y a la economía popular. Sus documentos y definiciones corresponden a sus autores, que tienen nuestro agradecimiento, que se extiende a quienes consideran la propuesta de participar en la articulación de un programa económico con eje en el trabajo, la producción, la justicia social, la defensa de los recursos y la soberanía nacionales. foroeyt@gmail.com

1 Foro Economía y Trabajo: ¿Por qué no contribuye el que más tiene? Propuesta que actualizamos en el presente documento. https://radiografica.org.ar/2025/01/02/foro-economia-y-trabajo-por-que-no-contribuye-el-que-mas-tiene/

2 Instituto de Pensamientos y Políticas Públicas (IPYPP) No hay ajuste que alcance https://ipypp.org.ar/2026/04/22/no-hay-ajuste-que-alcance/

3 https://radiografica.org.ar/2026/04/17/guerra-inflacion-y-ajuste-sin-fin/

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    Escuela a la que asistía la niña de 11 años que murió por desnutrición

“Mañana tiroteo”: los retos virales como dispositivo de poder

30 Abril 2026

Mañana tiroteo”

Durante el último mes, Argentina ha experimentado una preocupante oleada de amenazas de ataques armados en instituciones educativas, impulsada principalmente por un "reto" viralizado en TikTok que consiste en realizar pintadas o pegar carteles con la leyenda "mañana tiroteo". Aunque la enorme mayoría de estos incidentes han sido falsas alarmas que buscan generar pánico, ausentismo y la neutralización de la actividad escolar, la situación escaló a principios de abril con un ataque efectivo en una escuela de San Cristóbal, CABA, que dejó un saldo de un fallecido y varios heridos. Este hecho, vinculado a comunidades virtuales que glorifican masacres escolares, ha transformado la percepción de estos desafíos, pasando de ser considerados simples bromas pesadas a amenazas de seguridad social.

La respuesta estatal y social ante este fenómeno refleja una profunda crisis de contención: se han registrado múltiples casos de menores que efectivamente tenían acceso a armas de fuego familiares —desde armas de fuerzas de seguridad hasta colecciones privadas— en localidades como La Plata, Balvanera y Maschwitz. En Salta encontraron balas 9 milímetros en el cesto de basura de un colegio. Ante el espanto generalizado, varias provincias han comenzado a aplicar protocolos de "alerta máxima", el despliegue constante de brigadas de explosivos, medidas que implican sanciones económicas a los padres por los costos operativos de seguridad, hasta el refuerzo de la vigilancia en los ingresos escolares. El escenario actual evidencia la vulnerabilidad de los dispositivos educativos frente a la eficacia de los dispositivos del control digital, que logran promover y generalizar acciones violentas sincrónicas en distintos puntos del país.

Me propongo analizar este fenómeno reciente en el marco de una crisis multidimensional: la caída de la capacidad adquisitiva de la población; la avanzada de la gestión de Milei contra las instituciones educativas, de salud y de contención en general; y, fundamentalmente, la profundización de las mediaciones algorítmicas en las nuevas generaciones1.

El auge de los dispositivos digitales y algorítmicos vs. los dispositivos educativos en crisis.

La crisis del sistema educativo excede la cuestión presupuestaria, involucrando también la crisis de unas directrices pedagógicas que todavía se orienta en mayor medida a la construcción de homogeneidad todos tienen que aprender lo mismo sin involucrar los potenciales de los estudiantes. En pleno auge de tecnologías digitales y algorítmicas que logran seducir, anestesiar y colonizar nuestro deseo y afectividades, apelando en mayor medida a divertir y compensar huecos afectivos a partir de una dinámica de satisfacción inmediata, las instituciones educativas ven profundizarse cada vez más la crisis que vienen arrastrando hace ya un buen tiempo.

Además del desfinanciamiento y la vulneración real de los sueldos docentes, nuestras instituciones educativas aún arrastran elementos disciplinarios contraproducentes (entendiendo que algunos pueden ser necesarios) y esto se manifiesta socialmente en la ineficacia de las pedagogías disciplinarias frente a los dispositivos del control digital.

La apatía de las nuevas generaciones frente a las propuestas educativas y muchas veces frente a las propuestas de los adultos en general tiene como correlato compensador el refugio y apañamiento en las redes sociales y las plataformas digitales en general. Desde allí, los dispositivos técnicos alimentan expectativas de consumo y estéticas que distan mucho de las posibilidades de concreción reales en nuestras formaciones sociales neoliberales actuales, cada día más vulneradas.

Como un coro al unísono la gestión pública, el mercado y las redes sociales abogan por una supuesta "libertad sin límites". Esta expectativa de libertad concebida desde una lógica consumista choca con una realidad donde la gran mayoría no las puede satisfacer, ni tampoco el paso por la educación lo puede garantizar a futuro. La orientación al placer inmediato y a la configuración de expectativas ilimitadas por parte de las plataformas audiovisuales (redes sociales digitales, series, videojuegos) choca contra el displacer y la ausencia de garantías a futuro de las instituciones educativas.

Posiblemente por esto, la alienación digital y algorítmica cuenta con un nuevo capítulo. Los dispositivos del control digital ahora no se contentan con profundizar el aislamiento individualizante y la neutralización de las posibilidades relacionales (el cual tiene al famoso miedo a dar cringe vergüenza ajena como mote paradigmático en las nuevas generaciones). El aislamiento, la apatía y la frustración ante la imposibilidad de concretar expectativas estéticas y de consumo construidas mediante la colonización cultural, ahora se presenta como caldo de cultivo para la posibilidad de incitar a los adolescentes a dar un paso hacia la intervención social a partir de la construcción de escenarios de pánico, neutralización del dispositivo educativo institucional y, potencialmente, terror (si el tiroteo se efectiviza).

Hoy, ante una escuela que en importante medida no ofrece un espacio para las pasiones y los potenciales que lo habitan, el algoritmo provee una épica de la destrucción. Desde ya que hay que hacer una distinción entre aquellas intervenciones que solo buscan generar pánico y neutralizar la instancia educativa de aquellas que se orientan efectivamente a construir el escenario de tragedia.

Una vez más la inacción y nuestra falta de nuevos marcos institucionales con respectivas herramientas para abordar la complejidad de nuestras formaciones sociales actuales en tiempos de crisis económica, crisis civilizatoria, crisis ecosistémica y gran transición geopolítica, nos encuentra atónitos e impotentes ante una nueva avanzada de los dispositivos del control digital contra nuestros debilitados entramados comunitarios educativos.

Caímos una vez más frente al mismo prejuicio con respecto a las nuevas generaciones: creer que el refugio en las pantallas solo los condenaba a la pasividad. Evidentemente dicha pasividad fue parte del caldo de cultivo de frustraciones y distanciamientos éticos (en términos de valores) que ahora sirven de combustible para llevar adelante acciones sociales antisociales en tiempos de crisis de lo social.

Asistimos hoy a una contraofensiva desde las fuerzas de seguridad marcada por requisas, operativos policiales e intervenciones judiciales sobre las familias de los menores que realizan amenazas. Si bien este endurecimiento disciplinario puede ser eficaz para la neutralización reactiva del síntoma —sobre todo en contextos donde se detectó acceso real a armas—, no constituye una apertura pertinente para la disputa de sentido. Por el contrario, ya sabemos que a largo plazo, la mera respuesta punitiva puede resultar contraproducente.

Escuchar a los pibes: los retos virales están ligados a una "aesthetic" de las series y videojuegos

Hace unos años con Bilmes caracterizamos la épica como objeto de consumo y dispositivo de poder en las series y videojuegos. En los videojuegos hay una presencia de lo bélico, del asesinato, de la lucha a muerte por la supervivencia innegable. Pero no es solo eso, aquí voy a destacar además otro aspecto de la cuestión.

La filosofía de las nuevas generaciones viene en importante medida mediada por ciertas experiencias compartidas ligadas a las producciones audiovisuales y videojuegos. Allí se cultivó la cultura freak asociada a una estética en importante medida antisistema. Las tencnologías del poder de lo que empezaba a tomar la forma de un globalismo transnacional hace tiempo viene avanzando en la cooptación de estos movimientos culturales, en sintonía con la neutralización de la rebeldía del mayo francés (mientras por estos pagos seguían ardiendo los intentos revolucionarios).

Las directrices del psicopoder fueron logrando que una parte importante de la orientación antisistema se configure como antisocial (llegando a una estética del horror). Junto a ello el énfasis estético al igual que en el mayo francés cooptado por el imperativo de consumo. Sin embargo, dada la complejidad de nuestras formaciones sociales latinoamericanas, es necesario matizar esto, ya que siguen habitando importantes núcleos de sentido de resistencia y revolucionarios transindividuales dentro del registro de la cultura freak presente en las nuevas generaciones. Hay que hablar con los pibes, hay que escucharlos e indagar más allá de lo que nos parece superfluo.

El caso de la revolución de 2001 en Filipinas, las "pakikisamas" (en filipino quiere decir llevarse bien con los demás, orientación hacia la armonización social), que eran los grupos de chat y foros que transformaron una herramienta técnica en un espacio de solidaridad política, constituye un ejemplo tanto de una resistencia y una acción revolucionaria, como de una posterior cooptación por parte de los Gigantes Tecnológicos.

Como en otros más de 60 países, Facebook ofreció internet gratis en Filipinas constituyéndose en la principal red social. De esta manera, los Gigantes Tecnológicos lograron imponer las reglas del juego en el espacio público digital. Pero no hay que caer en el fatalismo de negar la existencia de fisuras desde donde manifestar y alimentar en lo digital las resistencias presentes en las tramas de nuestras formaciones sociales; que exceden lo digital y se manifiestan por fuera de ellas, traccionando la posibilidad de la convergencia social movilizada fundante.

Las amenazas hacen más ruido que los niños y adolescentes que expresan futuro

Hay una parte importante de las nuevas generaciones que viene expresando elementos de ruptura muy interesantes. Comparten el rechazo a lo instituido, pero no desde una orientación antisocial violenta, sino desde la convicción de que otro modo de vincularse entre seres humanos y con la naturaleza es posible. La empatía, la calma y la sencillez también están presentes. Seres humanos, más que capaces, tal vez sensibles, para los cuales el mundo que les estamos dejando tiene mucho para cambiar para estar a su altura.

Peter Thiel: la imitación lleva a la destrucción ¿solo la tecnología podrá salvarnos?

No obstante, en plena caída de la capacidad adquisitiva de la población, vulneración de nuestras instituciones y profundización de la mediación digital y algorítmica en nuestras formaciones sociales, la orientación antisocial logra resultados concretos en la convergencia de los retos virales. Este escenario de imitación destructiva cobra una relevancia sombría ante la presencia en Argentina del magnate multimillonario Peter Thiel (principal accionista de varias de las más destacadas empresas de plataformas a nivel mundial y referente conservador de Silicon Valley). Además de tener muchísimo dinero y capacidad de ejercer poder en lo que respecta a las mediaciones digitales y algorítmicas, estudio filosofía y tiene una propuesta ontológica y política de escala mundial.

Thiel considera que el ser humano es por naturaleza competitivo, violento y tiende a la imitación irracional mimética. Por lo tanto, si no es conducido verticalmente inevitablemente se dirige a su autodestrucción. Por ello considera necesario que las élites a nivel mundial abandonen toda aspiración democrática, en función de conducir autoritariamente a partir del desarrollo tecnológico y el control psicosocial ascendentemente mayor que este posibilita.

Al ver a integrantes de las nuevas generaciones en las escuelas imitando las invitaciones a realizar tiroteos, uno se vería tentado a darle la razón a Thiel, si no fuera porque son justamente las plataformas mainstream (las más usadas) las que se orientan a configurar este marco ideológico-cultural. De esta manera confirmamos lo que ellos quieren que pensemos: que el ser humano es por naturaleza egoísta y autodestructivo. Si vemos, experimentamos, sentimos y accionamos desde esa realidad que intentan configurar, desde la ilusión de separación individualista que pretenden reforzar, estos tipos encuentran lugar para su supuesta solución desde el control tecno-autoritario.

Y es que, aunque para muchos no sea tan claro, nosotros también estamos en el ojo del huracán de una guerra. Esta guerra no es por el control de un país ni una región, es una guerra, a veces disimulada a veces menos disimulada, por el devenir de la humanidad; y se libra en cada cabeza y en cada corazón. Vamos a necesitar de toda nuestra capacidad de afecto, toda nuestra inteligencia y todas las articulaciones comunitarias que podamos alimentar y fortalecer para frenar la agresividad individualista que nos quiere mantener clausurados en un callejón sin salida en plena crisis civilizatoria.

Pero no nos olvidemos que estos tipos siguen concibiendo a nuestros países como una segunda marca, una versión desmejorada del Norte Global. En dicha subestimación está nuestra oportunidad. Nuestras formaciones sociales latinoamericanas también son profundamente solidarias, amistosas y espirituales. De todas maneras, estos tipos son jugadores que se mueven en un tablero de ajedrez mundial porque saben que su juego no está resuelto todavía. Mientras en su gestión de gobierno Argentina se encuentra alineada con lo más rancio del imperialismo occidental en decadencia, la pregunta por lo que viene o tiene que venir después de esto sigue latente en las resonancias de lo psicosocial. Aún somos pregunta abierta en curso, posibilidad y espera de un abrazo superador de grietas generacionales e ideológico-culturales por-venir.

1 Me refiero particularmente a la generación Alfa (2010-2020) y una parte también de la generación Z (2000-2010).

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    Museo Malvinas
    Foto: Daniela Morán

Malvinas. entre el prejuicio y el destino nacional

30 Abril 2026

Las reflexiones que siguen constituyen la base conceptual de la exposición realizada por este autor en el marco de la Formación Especial 2026 de la Escuela de Formación Juan Domingo Perón, el jueves 23 de abril de 2026, en la sede del Partido Justicialista de la ciudad de Río Cuarto. Este texto recupera, desarrolla y ordena los ejes centrales de aquella intervención.

Hablar de Malvinas no es hablar de una efeméride. No es evocar un episodio cerrado en el pasado ni una herida que se recuerda por compromiso moral o estrictamente oficial cada 2 de abril. Y es que, en la Argentina, ninguna efeméride es un hecho político clausurado. Todas permanecen atravesadas por las tensiones —muchas veces aún vigentes— que les dieron origen. En cada fecha histórica reaparecen, bajo nuevas formas, las visiones revisionistas, las disputas políticas e incluso partidarias que marcaron aquel momento, como expresión de un país que todavía no ha resuelto plenamente su cuestión nacional.

En ese marco, Malvinas sigue siendo un punto activo de esa misma lucha histórica. Hablar de Malvinas es, en realidad, hablar de la Argentina misma. Es interrogar nuestro sentido histórico, nuestra conciencia política y, sobre todo, nuestro lugar en el mundo. Malvinas no es un hecho aislado, sino una expresión concreta —y persistente— de un problema más profundo, el de la soberanía y la autodeterminación en una Nación que, desde su nacimiento, ha debido debatirse entre la afirmación de su propio destino o la subordinación a intereses externos.

Si sabemos mirar, en Malvinas está todo. Está la unidad nacional, porque es una de las pocas causas capaces de reunir al conjunto del pueblo argentino por encima de sus diferencias. Está el clamor popular, ese pulso profundo que no se apaga y que irrumpe con fuerza cada vez que la Patria es interpelada en lo esencial, desbordando coyunturas y dirigencias, y reafirmando —sin mediaciones— la conciencia viva de una Nación que no renuncia a sí misma; allí donde el corazón del pueblo funciona como un refugio impenetrable de autoconciencia, capaz de resistir y bloquear cualquier intento de colonización mental. Está la política de defensa, porque las islas revelan con crudeza la necesidad de pensar estratégicamente nuestro territorio, nuestras capacidades y nuestra proyección en el Atlántico Sur. Están las claves de nuestra geopolítica defensiva, porque Malvinas es la puerta de entrada a la Antártida, el control de rutas marítimas vitales y el resguardo de recursos naturales que definen el siglo XXI. Está también nuestra condición bicontinental, pocas veces asumida en toda su dimensión, que nos proyecta no sólo como nación sudamericana sino como actor en el sistema austral. Está la unidad regional, porque sin una América Latina integrada, la defensa de nuestros intereses estratégicos se vuelve frágil frente a las potencias globales. Y Malvinas lo demostró con claridad durante el conflicto de 1982; allí se alcanzaron altos niveles de solidaridad latinoamericana, con países como Perú brindando apoyo concreto, junto a múltiples expresiones de acompañamiento político en la región. Aquella reacción no fue circunstancial, sino la manifestación de una conciencia común frente a una causa que excedía a la Argentina y remitía a la persistencia del colonialismo en América Latina. Está, además, nuestra caja y nuestra soberanía marítima, porque en las aguas circundantes se juega el control de riquezas fundamentales —pesca, energía, biodiversidad— que hoy, en gran medida, se nos escapan.

En Malvinas, en definitiva, se sintetiza todo; la dimensión geográfica, comercial, institucional, jurídica, normativa, demográfica, industrial, científica, política, económica, cultural y la voluntad política de existir como comunidad organizada. Por eso, todo proyecto nacional que pretenda jactarse de sí, que aspire a ser algo más que una administración transitoria de la dependencia, debe estar necesariamente atravesado por la causa Malvinas. Malvinas no es un capítulo más, sino el punto de partida desde el cual se ordena, o se desordena, toda la política nacional y su programa.

Ahora bien, si Malvinas es ese punto de partida, nunca tomará verdadero impulso mientras persista el discurso lacrimógeno y minusvalidante de la “guerra sin sentido”. Esa pedagogía de la derrota no es inocente; es heredera del dispositivo desmalvinizador que propone una forma de pensar que, más que una ideología en sentido clásico, funciona como un reflejo condicionado frente a lo nacional. Es, en buena medida, el resultado de una formación cultural que —como advertía Arturo Jauretche— ha sido estructurada para mirar la realidad con categorías ajenas, importadas, incapaces de captar la especificidad histórica de la Nación. Una matriz que se expresa incluso en fórmulas aparentemente compasivas pero profundamente desmoralizadoras, como la reiterada alusión a “los pobres chicos de la guerra”, que, lejos de honrar el sacrificio y el coraje, lo reduce y lo despoja de su dimensión histórica y política.

El lenguaje progresista

Otro indicador clave de esta operación desmalvinizadora es el lenguaje. Las palabras no son neutras; ordenan la manera en que se percibe la realidad. En esta mirada progresista se verifica un vaciamiento deliberado del léxico nacional; desaparecen nociones como soberanía, Patria, causa nacional, unidad, gesta o héroes, y en su lugar se instala un vocabulario que desactiva toda dimensión colectiva y heroica —“aventura militar”, “guerra absurda”, “patriotismo tóxico”, “causa ilegítima”, “la plaza de Galtieri”, “perdida de antemano”—. No se trata de una discusión semántica, sino de una disputa política en sentido pleno. Cuando una Nación pierde las palabras con las que se piensa a sí misma, pierde también la posibilidad de actuar como tal. La Argentina no desaparece como hecho histórico, pero sí como proyecto político; ya que queda desarmada en el plano simbólico, privada de las categorías necesarias para reconocerse, afirmarse y proyectarse; y así, difícilmente podremos encontrar soluciones nacionales a los problemas nacionales. Por eso, desde la política, el desafío es recuperar la capacidad de nombrar a Malvinas en toda su dimensión. Sacarla del lugar de la derrota y devolverla al lugar de la causa nacional con toda su complejidad.

La recuperación de nuestro sentido histórico

La cuestión Malvinas debe ser comprendida en su larga duración histórica. En 1833, el Reino Unido consuma la usurpación de nuestras islas, desalojando por la fuerza a las autoridades argentinas. No se trató de un episodio menor ni de una disputa circunstancial; fue un acto de colonialismo en pleno desarrollo del orden imperial británico, en un momento en que nuestra organización nacional aún era incipiente. Pero esa acción no fue aislada; se inscribe en una secuencia de agresiones previas, como las invasiones inglesas de 1806 y 1807, donde el pueblo de Buenos Aires, sin una estructura estatal consolidada, logró derrotar a una de las principales potencias ultramarinas de la época.

El 12 de agosto de 1806, el pueblo de Buenos Aires —organizado en milicias criollas y bajo la conducción de Santiago de Liniers— logró expulsar al invasor inglés que había ocupado la ciudad. Aquella jornada constituyó la primera victoria armada de los pueblos del Río de la Plata frente a una potencia imperial y prefiguró, en los hechos, el impulso emancipador que pocos años después desembocará en la Revolución de Mayo. En esa gesta se encuentra también el origen popular profundo de nuestros ejércitos nacionales que luego consolidó Roca y la generación del ‘80. Ese ejército no nace de una estructura colonial ni de una imposición externa, sino de un pueblo que, al organizarse y armarse, asume la defensa de su territorio y su destino. Son, en esencia, expresión directa de la voluntad popular de resistir la dominación y afirmar la patria. Sin embargo, esta fecha ha sido frecuentemente relegada en la memoria oficial, cuando en realidad constituye un eslabón decisivo de una misma secuencia histórica; la que enlaza las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, la ocupación colonial de Malvinas en 1833, la Vuelta de Obligado en 1845 y la guerra de Malvinas 1982, proyectándose hasta nuestros días como una constante de la disputa entre soberanía y dependencia. Malvinas, como vemos, no es un hecho aislado; sino una expresión concreta —y persistente— de un problema más profundo, el de la soberanía en una nación que, desde su nacimiento, ha debido someterse, como mencionamos, a la pugna entre la afirmación de su propio destino o la subordinación a intereses externos.

Del aceite caliente a la industria nacional

En los orígenes mismos de nuestra historia, la relación entre defensa y producción aparece con claridad. El bloqueo impuesto por el poder colonial británico obligó a las milicias criollas a fabricar sus propias armas. Aquella necesidad, lejos de ser una limitación, actuó como un impulso decisivo; pues puso en marcha una temprana vocación industrialista que articuló la defensa militar con la capacidad productiva propia. El pueblo que se armaba a sí mismo no sólo se defendía, sino que se hacía, al mismo tiempo, más independiente en lo militar y más soberano en lo económico. Esa intuición fundacional alcanzó su desarrollo pleno con el peronismo en el decenio ´45/´55, cuando la soberanía militar fue integrada a una estrategia de industrialización integral del país. En ese período se consolidó una idea central; la defensa nacional no es únicamente una cuestión militar, sino también industrial, científica y económica.

La contracara de ese proceso comenzó a gestarse a mediados de los años setenta, con las políticas de apertura indiscriminada y desindustrialización impulsadas por Martínez de Hoz, y continuadas luego en distintos grados por los gobiernos de Alfonsín y Menem en democracia, hasta nuestros días. Ese ciclo fue desarticulando progresivamente el entramado que vinculaba defensa, industria y soberanía, hasta conducirnos a una situación de creciente indefensión. Y lo más grave es que esa situación no fue revertida por ningún gobierno democrático posterior, ni siquiera por aquellos que se reivindicaron como nacionales, populares o peronistas, que no lograron —o no decidieron— reconstruir de manera sostenida esa articulación estratégica entre defensa, desarrollo industrial y soberanía. En ese contexto, la dependencia se vuelve estructural; un país que compra su defensa a quienes, en el plano geopolítico, son sus adversarios históricos —y en algunos casos, enemigos presentes— no sólo compromete recursos económicos, sino que hipoteca su autonomía estratégica.

El caso del misil Exocet y la actual compra de los F-16

Cada compra externa no es un hecho neutro; consolida una relación de dependencia. Porque los sistemas de armas no se adquieren aislados; llegan acompañados de manuales, repuestos, licencias, coeficientes de uso, limitaciones técnicas y, por sobre todo, condicionamientos políticos que restringen su empleo efectivo.

El caso del misil Exocet en la Guerra de Malvinas expone con claridad esta contradicción histórica. En 1982, la Argentina empleó con notable eficacia los misiles AM39 Exocet, hundiendo al destructor HMS Sheffield el 4 de mayo —lanzado desde un avión Super Étendard— y provocando graves daños al Atlantic Conveyor el 25 de mayo, generando un impacto significativo en la flota británica.

Sin embargo, ese mismo éxito dejó al descubierto el límite estructural. Francia, proveedor del sistema, bajo presión del Reino Unido, bloqueó de inmediato el suministro de misiles y repuestos. La conclusión es directa y contundente; la Argentina contaba con el arma y con la capacidad militar para utilizarla con precisión, pero dependía del proveedor extranjero. Y esa dependencia, frente al primer condicionamiento político, se tradujo en la imposibilidad de sostener su empleo. Allí se revela, en términos concretos, el problema de fondo; sin autonomía en materia de defensa y fabricación, la soberanía queda inevitablemente condicionada.

Aunque no hubo nada que la materia gris Argentina no pudiera resolver. Había que diseñar, por completo, un sistema casero portátil, una caja simuladora, consistente en un artefacto para simular la señal eléctrica "engañando” al misil por medios electrónicos para que se comportara como si estuviera a bordo de un buque. Gracias a nuestros ingenieros, se logró en 15 días, y en plena guerra.

Este problema no pertenece sólo al pasado; se proyecta con claridad en el presente. La reciente adquisición de aviones de combate F-16 Fighting Falcon al gobierno de Dinamarca —aeronaves de origen estadounidense cuya transferencia fue autorizada por Estados Unidos— reproduce la misma lógica de dependencia. Estos sistemas requieren un sostén permanente del proveedor: repuestos, mantenimiento, entrenamiento y, en última instancia, autorización política para su uso operativo real. Pero hay un dato aún más revelador. El alcance de sus radares y su autonomía estándar no permiten un patrullaje efectivo sobre el teatro de operaciones de las Islas Malvinas. Es decir, se incorporan capacidades que, en términos concretos, no resuelven el problema central de nuestra defensa en el Atlántico Sur. De este modo, la situación actual dialoga directamente con la experiencia de 1982. Así como ocurrió con los misiles Exocet, el uso pleno de estos sistemas queda condicionado por decisiones externas, en este caso de Estados Unidos, aliado estratégico del Reino Unido.

La lección, entonces, no ha sido completamente asumida. Cuando la defensa depende del proveedor —y más aún si ese proveedor está alineado con nuestros adversarios geopolíticos—, la soberanía queda inevitablemente hipotecada. Por eso, la vocación industrialista en materia de defensa que nació en 1806 y que encontró su cumbre con el General Perón, no puede ser evocada como un recuerdo romántico, sino asumida como una necesidad estratégica vigente.

Las FFAA en nuestra historia

Comprender el rol de nuestras Fuerzas Armadas exige abandonar las lecturas lineales y los juicios morales simplistas. En las primeras décadas del siglo XX emergió una generación de militares que pensó la defensa nacional como parte inseparable de la construcción de una economía soberana. El general Enrique Mosconi impulsó YPF en 1922 como instrumento estratégico de control energético; el general Manuel Savio sentó las bases de la industria siderúrgica nacional y fue el arquitecto de SOMISA en 1947; el brigadier Juan Ignacio San Martín promovió el desarrollo aeronáutico y la Fábrica Militar de Aviones entre 1944 y 1952. Esta línea doctrinaria encontró su síntesis en la formulación de Juan Domingo Perón: no hay soberanía sin defensa, ni defensa sin industria nacional.

Ahora bien, esa no fue la única orientación histórica. Ya en el siglo XIX, bajo la conducción de Bartolomé Mitre, el Ejército argentino fue configurado en función de un proyecto de país abierto y dependiente, alineado con los intereses del comercio exterior y con una inserción subordinada en el orden internacional de la época, más que con una lógica de defensa integral del incipiente interés nacional. Esa impronta —que alejaba a las Fuerzas Armadas de un proyecto autónomo— también forma parte de nuestra historia y permite comprender la persistencia de ciertas tensiones estructurales.

Pero ese proyecto de Fuerzas Armadas integradas a un modelo soberano, industrial y popular fue tempranamente advertido —y, en consecuencia, combatido— por los centros de poder angloamericanos a través de sus representaciones diplomáticas y dispositivos de influencia política en nuestro país. A partir del derrocamiento de Perón en 1955, se inicia una intervención doctrinaria profunda sobre el Ejército argentino. En 1957, bajo la dictadura de Aramburu, ingresan asesores militares franceses, veteranos de la guerra de Argelia, que introducen la lógica de la “guerra contrainsurgente”, quebrando la tradición originaria —antiimperialista, industrialista y popular— que había dado sustento a nuestras Fuerzas Armadas. En ese recorrido histórico se advierte con claridad una constante; la presencia de figuras y corrientes alineadas con intereses externos y funcionales a proyectos de subordinación. Desde sectores del siglo XIX vinculados al poder británico, hasta actores del siglo XX subordinados a la estrategia norteamericana en el marco de la Guerra Fría, esa línea atraviesa nuestra historia. En ese marco pueden inscribirse nombres como Alvear, Rondeau, Bartolomé Mitre, Agustín P. Justo, Pedro Eugenio Aramburu, Isaac Rojas, Emilio Massera y Jorge Rafael Videla, entre otros, como expresiones de una orientación que colocó a las Fuerzas Armadas al servicio de intereses ajenos al desarrollo soberano de la Nación.

Sin embargo, la historia de nuestra institución castrense también registra, en distintos momentos, la emergencia de figuras que encarnaron un proyecto nacional, autónomo y emancipador. Allí están José de San Martín, artífice de la independencia continental; Julio Argentino Roca, en el proceso de fortalecimiento de la organización territorial, del Estado y de la nacionalización del Ejército; Enrique Mosconi en la afirmación energética; Manuel Savio en la construcción de la base industrial; Juan Ignacio San Martín en el desarrollo aeronáutico; Hernán Pujato en la proyección antártica; y el propio Juan Domingo Perón, quien integró defensa, producción y justicia social en una misma concepción estratégica.

Esta dualidad no es casual; expresa la disputa permanente por el rumbo del país. Por eso, sería un error histórico reducir a las FFAA a una esencia inmutable. No son, en sí mismas, ni virtuosas ni condenables, ni buenas ni malas en esencia; han sido, más bien, una expresión de las tensiones políticas de una Nación inconclusa, atravesada por dos proyectos en pugna que ninguno podrá imponerse en términos hegemónicos si no es con la impugnación total de su antagonista. Su orientación y su función dependen, en última instancia, de la correlación de fuerzas de cada etapa histórica y del modelo de país que logre imponerse.

Dictadura y Malvinas. La imposibilidad de pensar la contradicción

El año 1982 constituye un punto de inflexión ineludible. La guerra de Malvinas nos coloca frente a una realidad compleja que no admite simplificaciones. Por un lado, el conflicto fue conducido por una dictadura ilegítima, responsable de un plan sistemático de represión y destrucción del tejido nacional, un genocidio humano brutal y un genocidio económico sutil y eficaz que sobrevive hasta hoy. Por otro lado, la causa que movilizó esa guerra —la recuperación de las islas— era, y continúa siendo, profundamente legítima. El problema no está en los hechos, sino en cómo fueron interpretados. Durante décadas se instaló una lectura “derechohumanista” que fusionó ambos planos; se trasladó la ilegitimidad del régimen genocida a la causa misma. Como si reconocer el carácter nacional de Malvinas implicara justificar a la dictadura. Así, se impuso una lógica binaria; si la dictadura es “el mal”, todo lo que hizo debía serlo también.

Pero la historia no funciona de ese modo. La historia está hecha de tensiones, contradicciones y superposiciones. Y cuando se la intenta simplificar, se la distorsiona. En este caso, en lugar de distinguir entre régimen y causa, se optó por eliminar la contradicción. No se la resolvió; se la suprimió. El resultado fue un desplazamiento conceptual decisivo. La guerra dejó de ser comprendida como un episodio de disputa colonial —es decir, como un conflicto geopolítico “Norte/Sur” por la soberanía— para ser reducida a un problema exclusivamente moral. Pasó a ser presentada como una “aventura”, un “delirio” o una “manipulación”. Pero la guerra existió, ocurrió, y tuvo una dimensión histórica concreta que no desaparece por el modo en que se la nombre. Al negar esa dimensión geopolítica, también se pierden las herramientas para comprenderla. Y allí aparecen las preguntas que ese esquema de pensamiento académico y “bienpensante” no puede responder: ¿cómo es posible que los soldados hayan sido, al mismo tiempo, víctimas de una dictadura y protagonistas de una causa nacional? ¿Cómo distinguir entre la ilegitimidad del régimen y la legitimidad del reclamo? ¿Cómo integrar la defensa de los derechos humanos con la defensa de la soberanía sin que una anule a la otra?

Frente a estas preguntas, buena parte del pensamiento progresista queda paralizado, porque su marco conceptual no admite contradicciones. Pero la realidad no se ordena según esquemas abstractos; exige ser comprendida en su complejidad. Y es precisamente en esa complejidad donde se juega la posibilidad de reconstruir una mirada más honesta, más profunda y, sobre todo, más útil para pensar el presente y fabricar el destino.

El pueblo llano, en cambio, resuelve de otro modo. Sin seminarios ni marcos teóricos, entiende lo esencial; que en Malvinas hubo coraje, hubo sacrificio y hubo patria. Que los soldados no fueron piezas de una manipulación, sino protagonistas de una causa que los convocaba. Lo cierto es que la recuperación de las islas en 1982 constituye, objetivamente, un acto de soberanía. No por la calidad moral del régimen que lo llevó adelante, sino por el contenido histórico que implicó. Y ese dato, lejos de ser anecdótico, resulta profundamente revelador. Porque incluso en el marco de un gobierno dictatorial que impulsaba la subordinación económica del país —a través de la extranjerización y la financiarización de nuestro aparato productivo promovidas por el programa de José Alfredo Martínez de Hoz y Adolfo DIiz—, emergió un hecho que rompió, aunque sea momentáneamente, con la lógica de dependencia.

Pero las causas nacionales y su verdad histórica tienen esa característica; no piden permiso. Irrumpen, incluso en contextos adversos, incluso bajo conducciones que no están a la altura de su significado histórico. Lo cierto es que la recuperación de Malvinas en 1982 tuvo la “incomodidad” de interrumpir un orden colonial vigente desde 1833.

La infantilización del pueblo

Uno de los rasgos más reveladores de esta matriz de pensamiento es la mirada que proyecta sobre el sujeto popular. Las movilizaciones de marzo y abril de 1982 son leídas, desde el enfoque progresista, no como expresión de conciencia política, sino como resultado de manipulación o engaño del poder mediático. El pueblo aparece así reducido a una masa confundida, incapaz de comprender sus propios actos. Sin embargo, los hechos desmienten esa interpretación. El 30 de marzo, el pueblo y los trabajadores enfrentaban a la dictadura en una de las mayores movilizaciones contra el régimen, encabezada por la CGT de Saúl Ubaldini y brutalmente reprimida; el 2 de abril, esos mismos sectores acompañaban la recuperación de las islas. Lejos de constituir una contradicción, esa doble presencia revela una distinción profunda; el pueblo podía rechazar al régimen y, al mismo tiempo, reconocer una causa nacional. Esa capacidad de discernimiento —elemental, sin tantos argumentos, pero decisiva— es precisamente lo que esta mirada progresista no logra admitir, porque rompe con su esquema paternalista de superioridad moral.

Basta imaginar la escena de un director de claustro, rodeado de bibliografía cuidadosamente ordenada, explicando con seriedad académica que Saúl Ubaldini y cientos de miles de personas estaban equivocados aquel 2 de abril; que aquella multitud no comprendía del todo lo que hacía y que, en el mejor de los casos, reaccionaba emocionalmente. Así, con la tranquilidad que da el pizarrón y la distancia del aula, se corrige al pueblo en retrospectiva. Y, llevada esa lógica hasta los extremos de la incomprensión, habría que admitir también que los países latinoamericanos que expresaron y nos prestaron su apoyo —como Perú, Venezuela o Cuba, y tantos otros— estaban igualmente equivocados, incapaces de comprender la naturaleza del conflicto y arrastrados por una lectura errónea de los hechos.

Son los mismos sectores que, ante una derrota electoral, trasladan la responsabilidad al votante —apelando a etiquetas descalificadoras, como las de “globoludo”, “genio del voto”, “desagradecidos”— en lugar de asumir las fallas propias de la conducción de una dirigencia aparentemente infalible.

Cuando logremos comprender que la tragedia del genocidio de los años setenta y la gesta de Malvinas no son hechos inconexos, sino momentos distintos de una misma trama histórica atravesada por intereses imperiales y por las contradicciones de nuestra propia formación nacional, estaremos en condiciones de recordar una y reivindicar la otra con igual convicción en las calles. Mientras tanto, seguimos atrapados en un péndulo de prejuicios, donde se honra una memoria negando la otra, y se debilita así la posibilidad de construir una conciencia nacional plena, capaz de integrar sus dolores, sus luchas y sus causas en un mismo horizonte de Nación.

Malvinas, en definitiva, no es sólo una causa pendiente; es la medida de nuestra conciencia política, en tanto la recuperación de sus enseñanzas históricas. Malvinas nos obliga a decidir si queremos ser una Nación con proyecto propio o un territorio subordinado a intereses ajenos. Allí se sintetiza todo; la historia, la soberanía, los recursos, la defensa, la unidad del pueblo y la voluntad política de existir como comunidad organizada. Por eso, Malvinas no se reduce a un reclamo diplomático ni a un recuerdo emotivo u oficial cada 2 de abril; Malvinas es una definición de presente y de futuro. El día que logremos asumirla en toda su dimensión —sin fragmentaciones, sin prejuicios, sin renuncias— estaremos en condiciones de dar el paso decisivo para dejar de reclamar soberanía para empezar, verdaderamente, a ejercerla.

Hemos heredado de nuestros héroes y Veteranos de Malvinas una espada que no es sólo memoria, sino mandato; en su juramento de dar la vida por la Patria está contenida la inspiración y la exigencia de encontrar la voluntad política necesaria para poner de pie un proyecto verdaderamente soberano.

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    Aguafuertes en vivo
    Foto: Mariano Nieva
RECITAL EN EL DÍA DEL TRABAJADOR

Aguafuertes: tango y rock peronista para el 1 de mayo

30 Abril 2026

“Buenos Aires debate sus incongruencias. La búsqueda incesante de afectar nuestra cultura viva y forma compartida de comunicación ante lo inevitable del lenguaje compartido. Nuestra ciudad ausente nos sitúa desde una mirada aérea de nuestras calles. Esas mismas arterias que permanecían desiertas ante la llegada inesperada de una suerte  de quietud forzada de ayer que tantas marcas dejaron en nuestro presente (in)actual. Bienvenida la música de vuestra ciudad. Bienvenida la poética del porvenir. Transmitimos juntos la Avenida Principal de la vida” dice el poeta Chistian Marelli durante la entrevista para AGENCIA PACO URONDO.

Ocurre que se va a presentan en vivo, la banda Aguafuertes, abrazo ineludible entre el tango y el rock. El grupo -conformado por Christian Marelli (voz líder), Gabriel “Pichuco” Annoni (Bandoneón), Ezequiel Matias Sánchez (Guitarra) Bruno Demarco (bajo y coros) y Emiliano " Chato" Rodríguez  (batería)- se presentará en el escenario mítico de Café Berlín Buenos Aires ubicado en Av. San Martin 6656 barrio Devoto CABA, con un show en vivo, contundente, crudo y directo, y contará con  participación de artistas interestelares invitados sorpresa. El show tendrá lugar a las 23hs (puntual).

Aguafuertes dará luz a un nuevo repertorio y compartirá un repaso de su último trabajo discográfico para la vida porteña del tango siglo XXI con un recorrido amable empapado en canciones ricas, con letras pujantes, descarnadas, melodías novedosas, corrosivas y directas.

Esta propuesta será un nuevo pretexto para disfrutar de un encuentro más con nuestra música ciudadana y nuestra cultura viva. El marco propuesto será una nueva oportunidad de digna celebración del día internacional del trabajador y trabajadora mundial recordando a los mártires de Chicago: AGUAFUERTES PRESENTA: UN MUNDO MEJOR.

AGENCIA PACO URONDO: ¿Qué significado le das al título que llega consigo y da nombre al espectáculo?

Christian Marelli: Sin caer en pragmatismos y formas imposibles en la representación de esta gran página web del mundo que borra al género humano. Decidimos por elección vivenciar de manera profética todo contacto con alucinación que nos provoca el rock y el arrabal. Mezcla milagrosa si las hay para semejante presente imperfecto.

Una nueva cultura ciudadana donde prime la canción como alimento vital y cotidiano. Una suerte sagrada y poética entre sus diversas formas manifiestas. Las mismas son arte y parte de nuestra historia (ciudadana) fundante como resistencia cultural transformadora de todos los días ante la fatídica crisis social y política de representación en decadencia.

Desde algún lugar Un mundo mejor está llegando para insistir, para quedarse tatuado en la memoria colectiva de quienes la componen, para salvaguardar nuestros ritos preciados a la hora de patear el tablero en materia de identidad ciudadana. Habitar el no lugar en un mundo mejor, es sin lugar a dudas la reinvención de todas las tecnologías humanas que superen la voluntad de los tecnócratas del mundo superfluo en que estamos hundidos como humanidad.

En esta historia viva nuestra propuesta tiene como protagonista por excelencia la reinvención de las Aguafuertes porteñas en formato de canción bravia.

APU: ¿Cómo es posible que desde la canción se pueda contribuir a mejorar el mundo?

Christian Marelli: Como dice el tango al mundo le falta un tornillo, se vive de prepo y se duerme apurado. Algo se ese amargo de arrabal tendremos que empezar a suavizar para vivir mejor. En el punto más sensible de la nueva poética, nuestras amables canciones buscan describir los matices del arrabal del ayer con sus signos y símbolos actualizados. Sin lugar a dudas nuestra propuesta cancionera dista de la foto en sepia y del farolito y la naifa. Lo nuestro es evitar caer en la nostalgia absurda y salir ilesos de este tormentoso presente. Ética y valores genuinos del bien común trastocados. Un mundo(global) mejor posiciona su estrategia creadora como herramienta fundante y liberadora en términos de cultura viva y en movimiento para nuestros días. Con lo cual, el cuidado de nuestros cauces naturales (agua, litio, petróleo, iodo, sales, etc) es indispensable para habitar un planeta más digno. Liberado de guerras intestinas y luchas absurdas en que el poder formal pugna por instalar un discurso dominante valiéndole del crecimiento voraz de la falta de herramientas educativas fecundas y transformadoras para los días que están llegando.
Con ello afirmamos convencidos que es posible vivir mejor y la música del alma es una suerte de tecnología creadora, pudiente de esa mismísima búsqueda. Dignificar nuestro trabajo como incansables trabajadores y trabajadoras  de la música y sus formas posibles es un hecho ineludible. No se puede gambetear tanto amor y tanta verdad que descansan en sus líneas ocultas.

Cantar es rezar dos veces me dijo el gran guitarrista Kubero Diaz hace unos días. Por eso, allí me quedo cantando, elevando protección espiritual para avivar el fuego sagrado de nuestra futura emancipación social. Todo ello contenido en canciones y liberado en forma de obras de arte para encantar a nuestro querido público.

APU: ¿Es un condimento especial tocar en  CABA el 1 de mayo?

Christian Marelli Por supuesto tiene un sentido netamente épico por su fecha histórica. Esperamos la llegada de todo trabajador y trabajadora que el recinto se llene de personas con miradas fuertes cargadas de futuro. 1° de mayo se conmemora en todo el mundo el Día del Trabajador y trabajadora. El origen de la fecha se remonta al 1° de mayo de 1886 en Chicago, Estados Unidos. Ese año, las calles se habían colmado de trabajadores fabriles, quienes reclamaban mejores condiciones laborales. Para esa época, los obreros tenían que dedicar entre 12 y 16 horas de su día al trabajo. Fue así como 80 mil trabajadores comenzaron una huelga contra los atropellos de los empleadores. El Gobierno norteamericano ya había promulgado una ley para reducir las jornadas laborales a 8 horas, pero los empresarios se negaban a respetarla. Comenzaba a gestarse una jornada histórica: el Día del Trabajador.

La noche de Aguafuertes en Café Berlín será reveladora en la conmemoración de la misma. Nuestra canción Dolor trabajador (mixtura Spinettiana tanguera) representa el presente aterrador y el ardor del cuerpo que sufre o bien por explotación o por olvido, y en contraste con la actualidad es para nosotros un manantial de Frescura que como canción de resistencia se haga piel en la gente para ofrecer un grito de resistencia: ¿Si a mí me pasa esto? Dolor trabajador.

APU: ¿Porque dicen ser “el poder del arrabal”?

Christian Marelli Porque somos embajadores naturales de nuestros arrabales. Esos mismo, que viven en recuerdo que al ver a tu abuelita regando mientras te llovían tus ojitos buenos. El poder del arrabal es el poder de nuestra gente. A la cual pertenecemos sin ser propiedad de nada, ni de nadie. De quienes confórmanos en el tiempo la clase cultural viva y trabajadora de nuestro bendito país. Quienes soñamos despiertos Un mundo mejor, mas vivible, habitable, en el cual podamos reinventar entre tantas incongruencias formas dignas, amables, humanas.

Así nuestro Rock criollo de arrabal en versión doble sobrevive a toda indiferencia y especulación, también nos propone involucrarnos con cualquier historia de amor que haya tenido cualquier persona y de la cual quizá no haya salido ileso.
Somos el eslabón perdido en el abrazo del tango y el rock.

A 125 años del nacimiento de Roberto Arlt conmemoramos su obra. Nos vemos el 1 de mayo en Café Berlín.

 

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Consejo bonaerense del trabajo: la provincia ensaya una respuesta peronista a la crisis de empleo

30 Abril 2026

En tiempos de recesión, despidos y ofensiva contra los derechos laborales, la provincia de Buenos Aires acaba de dar un paso político que excede largamente la formalidad administrativa de una resolución.

Mediante la Resolución N° 37-MTGP-2026, publicada en el Boletín Oficial bonaerense, el Ministerio de Trabajo que conduce Walter Correa oficializó la creación del Consejo Bonaerense del Trabajo: un nuevo ámbito institucional que reunirá al Estado provincial, los 135 municipios, las organizaciones sindicales, las cámaras empresariales y otros actores del mundo productivo para debatir políticas laborales, conflictividad sectorial, empleo e industria.

A primera vista puede leerse como un organismo consultivo. En una lectura más profunda, aparece como otra cosa: el intento de la Provincia de empezar a ordenar, desde abajo y con los actores de la economía real, una respuesta peronista a la crisis del trabajo argentino.

La resolución define al Consejo como un “espacio institucional de participación multisectorial” orientado a generar consulta, cooperación y articulación para el diseño de políticas públicas laborales con enfoque territorial. No es un detalle menor. En el mismo momento en que el gobierno nacional insiste con una reforma laboral pensada para debilitar la organización colectiva, abaratar costos y reducir el alcance protectorio del Estado, Buenos Aires elige una dirección inversa: más institucionalidad, más diálogo social y más presencia concreta de quienes producen, trabajan y gobiernan.

El Consejo funcionará bajo modalidad de asamblea, con integrantes ad honorem, presidido por el ministro de Trabajo, y tendrá entre sus funciones la elaboración de recomendaciones, informes y propuestas para otras áreas del Ejecutivo e incluso para instancias legislativas. Es decir: no sólo podrá discutir. También podrá producir política.

La primera sesión ya tiene fecha y lugar: será los días 28 y 29 de mayo en el Hotel Provincial de Mar del Plata. El dato, confirmado por la propia cartera laboral, no es menor. Mar del Plata condensa, como pocas ciudades, la tensión entre la matriz productiva bonaerense, la estacionalidad del empleo, la precarización creciente y la persistencia de un movimiento obrero con densidad histórica. No es casual que allí arranque este proceso. Y tampoco es casual que el reglamento permita la creación de comisiones permanentes y transitorias: si el Consejo encuentra método, continuidad y dirección política, podría dejar de ser una simple foto tripartita para convertirse en una verdadera mesa de poder social.

Hay una secuencia que ayuda a leer el movimiento. En enero, el Ministerio lanzó “Trabajo Bonaerense 2026”, un operativo de inspección intensiva en comercio, hotelería, gastronomía, nocturnidad, balnearios y transporte en la Costa Atlántica, es decir, allí donde el trabajo estacional suele convivir con informalidad, abuso y fragilidad contractual. En febrero, aceleró la digitalización de trámites con el nuevo Portal de Trabajo, con la promesa de menos papeleo, más rapidez y mayor transparencia. Y en abril celebró un fallo de la Suprema Corte bonaerense que confirmó multas aplicadas a dos empresas de plataformas, ratificando la capacidad de la Provincia para intervenir allí donde las corporaciones digitales pretenden esconder relaciones laborales bajo el ropaje de un vínculo “comercial”. No son hechos aislados: son piezas de una misma orientación. La Provincia no se retira del mundo del trabajo; lo inspecciona, lo regula, lo moderniza y lo disputa.

Esa orientación tiene además un contenido doctrinario que vale la pena subrayar. El gobierno de Axel Kicillof, con Walter Correa como uno de sus cuadros más nítidos en materia laboral, viene construyendo una posición que no se limita a resistir la reforma libertaria. Busca algo más ambicioso: reponer una discusión de fondo sobre qué modelo productivo, qué tipo de relaciones laborales y qué forma de Estado necesita la Argentina. En esa línea, el Ministerio ya había presentado meses atrás un documento de unas 60 páginas contra la llamada “modernización laboral” del oficialismo nacional, junto a Carlos Bianco, con participación de sindicatos, cámaras empresarias, PYMEs y especialistas. El Consejo Bonaerense del Trabajo aparece, entonces, como la institucionalización de esa hipótesis: que la discusión sobre el trabajo no puede quedar en manos de tecnócratas del ajuste ni de CEOs, sino que debe volver a ser un problema político a resolver de cara al pueblo organizado.

En el peronismo, el trabajo nunca fue una variable más. Fue el gran organizador de la vida social, la base material de la movilidad ascendente, el vínculo entre dignidad y ciudadanía, el corazón de una idea de Patria. Por eso la mesa tripartita entre Estado, sindicatos y empresarios tiene una resonancia inevitable con las experiencias históricas del primer peronismo: no como postal nostálgica, sino como recordatorio de que la productividad, el salario, la tecnología, la industria y la justicia social forman parte de una misma discusión. El contexto actual, por supuesto, es mucho más fragmentado: cadenas globales, plataformas, empleo informal, tercerización, caída del mercado interno, endeudamiento social. Pero la intuición de fondo sigue siendo válida: no hay salida nacional posible si quienes producen, quienes trabajan y quienes gobiernan no vuelven a sentarse a discutir el destino común de la Patria bajo una misma concepción de Proyecto Nacional.

Por eso el Consejo puede ser leído como algo más que una herramienta bonaerense. Puede ser el primer ensayo serio, todavía embrionario, de una reforma laboral progresiva del peronismo para el siglo XXI. No una reforma para quitar derechos en nombre de la eficiencia, sino para actualizar marcos, ordenar nuevas formas de empleo, reconocer sujetos laborales emergentes y volver a ligar trabajo con desarrollo industrial. En los pasillos del oficialismo provincial ya lo dicen, aunque todavía en voz baja: de esta mesa podrían salir insumos para una agenda de gobierno nacional futura. La frase no suena exagerada. Si la reforma nacional intenta imponer una modernización sin protección, la Provincia parece ensayar otra fórmula: modernizar sin desregular, producir sin precarizar, ordenar sin flexibilizar. Pensar un futuro con derechos, alejándonos de la idea de futuro como proceso que nos lleva inevitablemente al colapso.

Queda, claro, la prueba decisiva: que el Consejo no termine en el ritual conocido de muchos organismos consultivos, la foto correcta y el documento que nadie vuelve a abrir. Pero también es cierto que en la Argentina de hoy casi no existen espacios institucionales que se animen a pensar el conflicto laboral como parte de una estrategia de desarrollo, y no como un obstáculo que hay que barrer. Si logra consolidarse como un ámbito real de escucha, elaboración y construcción de acuerdos, el Consejo Bonaerense del Trabajo puede convertirse en algo poco frecuente en este tiempo: una respuesta política con densidad histórica, una herramienta de la comunidad organizada y un primer gesto serio para volver a discutir, desde la provincia más importante del país, qué hacer con el trabajo, qué hacer con la industria y qué hacer con la Patria.

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    Guido Indij
50 EDICIÓN DE LA FERIA DEL LIBRO

Guido Indij, fundador de InterZona y Factotum: “Cada año tenemos más títulos vivos y vigentes”

29 Abril 2026

Además de dirigir dos de las editoriales argentinas más prestigiosas, Guido Indij es librero, fotógrafo y autor. Estudió Arte y Fotografía, y se graduó como Diseñador de Imagen y Sonido por la UBA. Desde 1986 ha publicado reflexiones sobre fotografía e imagen, y ha participado en seminarios y exposiciones en América y Europa. Fundó los sellos La Marca editora (1991), Asunto Impreso ediciones (2002), e incorporó a su catálogo la editorial InterZona en 2010. Desde 2015 también es editor de Factotum ediciones.

Ha publicado más de 700 títulos y, en 2019, recibió el Premio Editor del Año en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Como autor, ha publicado más de 30 libros, entre ellos Hasta la victoria, stencil!, Perón mediante, Gráfica política de izquierdas, Clic. El sonido de la muerte, Sobre el tiempo, La última palabra, Speak porteño, Sin palabras, Qué es el arte, además de títulos infantiles junto a Florencia del Campo y Constanza Brunet.

Desde 1994 dirige la distribuidora Asunto Impreso, referente en libros de arte y fotografía en América Latina, y desde 1995 la librería homónima, declarada de valor patrimonial por la Ciudad de Buenos Aires. Fundó la galería 115, dedicada a la fotografía y las artes gráficas, y fue expositor en ferias como Paris Photo, Foto Fest, ARCO y Fiera Milano Arte.

Es miembro fundador de EDINAR, y ha ocupado múltiples cargos vinculados a la promoción de la bibliodiversidad y la edición independiente: Coordinador de la Red Hispanohablante de la Alianza Internacional de Editores Independientes, miembro del Comité Internacional de la Edición Independiente, prosecretario de la Cámara Argentina del Libro, consejero de la Fundación El Libro, miembro de la Federación de Coaliciones por la Diversidad Cultural y socio del PEN Club. En 2020 cofundó el Archivo de Registro Gráfico Urbano, un proyecto dedicado a documentar y preservar la memoria de los cambios urbanos.

"Los expositores damos cada año lo mejor de nuestra producción".

AGENCIA  PACO URONDO: ¿Qué ves de diferente este año con otros anteriores? 

Guido Indij: La madre de Jorge Luis Borges falleció a los 99 años. Cuando alguien le ha dado el pésame, se lo comentó como una pena que justo estaba a punto de cumplir 100, el autor respondió con su sorna característica: y con lo amante que era ella del sistema métrico decimal… En ese sentido no creo que haya realmente una diferencia significativa entre la feria 49 y la 51. Quienes hacen la feria ponen cada año lo mejor de sí. Los expositores damos cada año lo mejor de nuestra producción.

El problema para una editorial de fondo, como InterZona, Factotum, La Marca editora, que son las que me toca llevar a mí, es que cada año tenemos más títulos vivos y vigentes. Una editorial que saca novedades, basa la gran parte de su venta en las actualidades de la última temporada, incluso las que saca especialmente para la Feria del Libro. En cambio, cuando editás clásicos, o libros que pretenden volverse clásicos, te encontrás cada año con que el stand es más pequeño. Hacemos cálculos y tampoco justificamos ampliar nuestro espacio de exhibición.

APU: ¿Qué expectativas tenés en la 50 edición de la Feria? ¿Qué nos podés adelantar de lo que vamos a poder encontrar este año en el stand de Asunto Impreso?

G.I.: Este año tenemos novedades emocionantes: los Cuentos reunidos de Sergio Bizzio, una atrapante novela de un autor de culto, Carlos Chernov, el libro Primeras páginas, en el cual Eugenia Zicavo acabó revisando su biblioteca personal para encontrar los 100 comienzos de novela más relevantes de la literatura universal, el libro Taller de escritura creativa, en el que reunimos a los 20 talleristas más destacados de la Argentina para crear una herramienta fundamental para aquellos que quieran incursionar o progresar en la escritura.

Personalmente estoy muy entusiasmado con el libro En el ojo de la tormenta, la biografía de Víctor Basterra, que acaba de publicar Marea, dirigida por Constanza Brunet, y la antología de Factotum, Los rotos, que reúne a una veintena de jóvenes escritores, con textos de ficción en los que reflejan la crisis cultural, social y económica que vivimos los argentinos tras los efectos de la motosierra y la sensibilidad libertariana.

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    ATILRA

ATILRA: "La opereta del falso Día D"

29 Abril 2026

La Asamblea de socios de la ex SANCOR CUL prevista para el día 30/04/2026, cualquiera sea su resultado, no modifica la sentencia de quiebra ni condiciona su validez, como el propio fallo lo aclara. 

Promocionada como un elixir para hacer crecer el pelo, carece de relevancia jurídica y solo busca la repercusión mediática que todos ya califican como la opereta del falso día “D”.

Por otra parte, la desopilante propuesta de volver al estado anterior transformando a la ex cooperativa en una sociedad anónima, resulta totalmente ilegal puesto que la Ley 20.337 prohíbe expresamente transformar una cooperativa en sociedad anónima.

Por nuestra parte, mañana nos reunimos en el CET para desarrollar los siguientes pasos a partir de la sentencia de quiebra.

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    IAF

Propuesta de formación 2026 del IAF y CGT

29 Abril 2026

La Fundacion de Inteligencia Artificial ( IAF) en conjunto con la Confederación General del Trabajo presenta su propuesta formativa para el 2026, con cursos virtuales y gratuitos para trabajadores y trabajadoras.

Este acuerdo busca no solo profundizar en el conocimiento de las herramientas tecnológicas por parte de quienes trabajan, sino también ofrecer una mirada distinta hacia el nuevo mundo del trabajo

Podés conocer más sobre los cursos acá.

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    FERIA DEL LIBRO

Feria del libro: Fe y comunidad

29 Abril 2026

La Feria del Libro en Argentina cumple 50 años y allí las organizaciones sindicales tienen sus stand. Es el caso de la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), los trabajadores estatales nacionales, que el día domingo del Buen Pastor, el pasado 26 de abril, organizó un panel titulado “fe y comunidad”.

“Para nosotros la Feria no es para exponer vanidades sino tribuna que nos permite traer las inquietudes y reivindicaciones de los trabajadores. Por eso la justicia social es central y sobre todo en este tiempo tan vapuleado desde las más altas esferas del Poder Ejecutivo. La justicia social, que pertenece a la doctrina social de la iglesia y que fuera tomada por el peronismo, es la razón de invitarlos a ustedes que practican y sienten la fe en comunidad”, disparó la charla Leticia Manauta, secretaria de cultura de UPCN.

LA MONJA DE LOS ROTOS

El moderador de la charla, el periodista Lucas Schaerer, puso a todos en presencia del Señor vía la señal de la Cruz y luego inició la charla.

La religiosa, Constanza Di Primio, expresó: “La justicia social es el amor de Dios en el mundo. Entonces nunca va ser un robo y desorden. Al contrario, es la expresión concreta del amor de Dios por cada ser humano”.

La monja con 30 años en la congregación Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús a su vez es la coordinadora del centro barrial en Recoleta, en el barrio más pudiente de la Ciudad de Buenos Aires (en la iglesia de la calle Montevideo 1372), que recibe a más de 150 personas excluidas, que viven a la intemperie en la calle, muchas de ellas atravesadas por la adicción a las drogas, el alcohol, sumando problemas psiquiátricos.

“A mí me toca vivirla desde un centro barrial que es parte de la familia grande de los Hogares de Cristo. Nuestra mística es tener la puerta abierta y recibir la vida como viene. Entonces recibimos en rostro lo que deja la sociedad y la huella de la injusticia social en cada vida”, explicó Di Primio, que sorprendió por no llevar hábito, y que cerró con la definición: “revancha de los pobres ". Vivir cada día es una revancha, por eso nosotros debemos acompañarlo a ir sobre la raíz de la injusticia social”.

LA JOVEN LAICA MILITANTE

Sofía Rozen, la más joven del panel, 28 años, fue una laica formada por la espiritualidad salesiana: “Fue en el 2015 que pasé del oratorio y la iglesia a la política. Había llegado Mauricio Macri al gobierno nacional, Francisco al papado y la vida me cambió”, aseveró la universitaria Rozen, que a los 17 años estuvo frente al dilema de irse de viaje de egresados o aceptar la invitación al Vaticano para profundizar su fe y el magisterio de Francisco.

“La actualización doctrinaria universal es él”, agregó la joven laica y militante política que resaltó la encíclica Fratelli Tutti (hermanos todos) “donde enfrenta a la ultraderecha” y sobre la justicia social “que es lo diferenciador del peronismo. Por eso los jóvenes se enamoran de los patriotas, de nuestros líderes políticos, cuando saben su vida”.

EL TEÓLOGO DIGITAL

El teólogo Agustín Podestá reflexionó sobre misericordia versus meritocracia.

“Francisco recordaba que Dios es misericordia y el gran enemigo de la meritocracia es la misericordia, porque la misericordia de Dios es perdonar y amar a pesar del mérito. El Padre ama sin importar el pecado y el mérito, como la parábola del Hijo pródigo. La meritocracia se destruye con el amor de la misericordia. Francisco lo recordó siempre y por eso estos discursos de la meritocracia”, sostuvo Podestá que es miembro de la Universidad del Salvador y evangelizador digital.

“Hoy se puede decir que la justicia social es un crimen. Esto ocurre porque el mensaje del Reino de Dios molesta, pero los católicos deben saber que la justicia social es un principio de la doctrina, por lo tanto, es doctrina. Entonces insultar la justicia social es un problema contra la doctrina. Por eso los católicos debemos redoblar nuestros esfuerzos y allí está el legado de Francisco que es el gran don de Dios para la iglesia en el siglo XXI. No quedemos en una memoria del pasado, usemos la memoria para transformar la sociedad. El Evangelio no te puede dejar tranquilo”, concluyó el teólogo de la evangelización digital, este nuevo continente, como define el Dicasterio de la Comunicación de la Santa Sede donde trabaja Podestá.   

EL SINDICATO EN EL SANTUARIO DE SAN CAYETANO

Inés Varela contó el trabajo solidario con los más pobres que UPCN desde hace 5 años sostienen en el Santuario de San Cayetano, en el barrio porteño de Liniers.

“Vamos dos veces por semana, dos equipos de trabajo que constantemente ayudamos en el comedor comunitario, que estamos en el consejo asesor de la iglesia, que nos sumaron porque nosotros no hacemos para la foto, y hace un año me invitaron a ser ministra de la eucaristía, fue una sorpresa. Además, llevamos cultura con talleres literarios que organizamos con la biblioteca nacional, talleres con adultos mayores que han ido a la biblioteca nacional, que leen y conocen que es un libro. Y a partir de este año estamos a cargo de orientación laboral, que es cada lunes en el Santuario, para que la gente consiga trabajo. Somos un sindicato y su agrupación política que sin parar aporta a la justicia social”, finalizó Varela.

EL CURA DE LA PERIFERIA

“La soledad -aportó el sacerdote Juan Manuel Rega- que impone el capitalismo de mercado es una mezquindad sistematizada que lleva a que cada uno mire su pequeño círculo y una lógica donde el otro es constituido en el enemigo. Frente a este y otros males estructurales se le responde con una estructura de virtud y el nombre político es la comunidad organizada. Vivamos en una comunidad organizada que vive el Reino de Dios, que nos hablaba Agustín, de aquellos que golpean la puerta de la hermana, una comunidad organizada que es capaz de escuchar y comprender a los jóvenes, una comunidad organizada que tenga el trabajo en el centro al trabajo para organizar la vida y sea respuesta a los males estructurales. Demostremos con nuestra vida que es más lindo vivir en comunidad, que es horrible la soledad. Entonces construyamos este reino entre todos porque nadie se salva solo, como decía Francisco”.

Al cierre hubo una confesión: “Volví a la fe por el Padre Pepe Di Paola”, se animó Leticia Manauta, de cultura UPCN.

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    "Milei vende patria"
    "Milei vende patria"

Hay 2027: cambio de etapa y una nueva oportunidad

29 Abril 2026

La crisis actual del gobierno no es una crisis más. No alcanza con sacar un fusible como Adorni, ni tampoco con una intervención de Trump o el FMI. La situación estructural, junto a elementos coyunturales, cambiaron el escenario político para lo que resta del mandato de Milei. El plan económico del gobierno no solamente muestra fisuras, sino que se encuentra en una dirección de difícil salida para mostrar mejoras en las condiciones de vida de la gente de acá a las elecciones presidenciales del año que viene.

El tercer año de una gestión, puede decirse, es el primero del proyecto real de gobierno. Los primeros dos se debate la herencia, se gobierna desde las expectativas, y los gobiernos tienen la posibilidad de confrontar futuro con pasado. Luego de las elecciones de medio término tienen que empezar a verse resultados, más si las ganaste con claridad. Pese a la novedad que fue la irrupción del proyecto libertario, este tercer año de mandato muestra a un gobierno que parece no poder escapar del loop ilusión-desencanto producidos desde el final del ciclo kirchnerista. Primero Macri, después Alberto Fernández, vivieron su etapa esperanzadora y llegaron al tercer año desencantando a su electorado. Javier Milei empieza a dar señales de repetir la nueva tradición de la dirigencia política argentina: desilusionar.

El gobierno se encuentra frente a un dilema que pretendía sortear disputando la agenda mediática con múltiples temas y jugando con números de aparente bonanza alejada del sentir popular. Una economía dual donde el boom de Vaca Muerta, más minería, más cosechas récord permiten mostrar algunos números de crecimiento que hubieran podido poner en contraste con los números del mercado interno que empeoran día a día. Sin embargo, esta economía dual no puede tapar un problema aún mayor. Hoy se hace evidente que la principal bandera que el gobierno puede enarbolar, la baja en la inflación, está en crisis y su continuidad sólo se logra a costa de un deterioro aún mayor de las condiciones actuales. El dilema hoy se define como inflación o reactivación del mercado interno.

La pelea contra la inflación se lleva adelante de forma bien ortodoxa: ajuste fiscal, tasas altas, caída en los ingresos y apertura económica con atraso cambiario (dólar barato) para disciplinar los precios locales con productos chinos. Si el gobierno quiere recuperar la tendencia a la baja de la inflación que perdió hace casi un año (mayo 2025) debe profundizar esa dirección. Si elige reactivar la economía local debe bajar las tasas y permitir paritarias más altas, entre otras medidas, que permitan salir del ahogo a la población y que se recupere el consumo y la inversión. Eso, teniendo en cuenta que la gran mayoría de la producción local está sin márgenes de ganancia, supone que si se recupera la capacidad de compra los precios volverán a subir.

Hasta hace unos días parecía que el gobierno había decidido relajar los objetivos inflacionarios y apostar a la recuperación bajando las tasas de interés que incentiven los créditos (no sólo los hipotecarios para los funcionarios del gobierno). Pero la inflación de marzo en 3,4% prendió las alarmas. Ahora Milei pretende atarse al mástil del ajuste perpetuo. El rumbo a elegir por parte del gobierno no termina de estar definido. De todos modos, ninguno de los caminos entre los que podría optar es suficiente para reactivar un mercado interno devastado con el incremento de la desocupación, los bajos ingresos, el pluriemplempleo y la precarización. Sólo cabe imaginarse un giro dramático en la estrategia ante el escenario depresivo. Dolarización, Convertibilidad o algún otro plan megalómano de consecuencias imprevisibles.

La caída

¿Qué pasó desde aquella victoria contundente de octubre pasado? El resultado significó en primer lugar el fin de la herencia. La situación social ya endeble se apalancaba en las expectativas de un futuro promisorio. Se veía en las encuestas de fin del año pasado: a la gran mayoría le costaba llegar a fin de mes, pero el votante de Milei tenía esperanzas en la recuperación futura luego de despejar el “riesgo kuka”. Sin embargo, con el correr de los días llegaron el aumento de la carne, los tarifazos en los servicios y el cierre de empresas, con el caso paradigmático de Fate, en el contexto de la reforma laboral, para finalmente llegar a la crisis del transporte público, que no desatará un estallido social a la chilena, pero parece haber terminado de abrir la canilla del hartazgo.

Ninguno de los escándalos que rodea al gobierno permearía en la sociedad como lo está haciendo si no fuera por la asfixiante situación social que no parece tener salida. Libra, Spagnuolo (y el 3% para Karina), Espert, Adorni y los créditos hipotecarios del Banco Nación hoy cobran un nuevo sentido: el gobierno que venía a destruir el Estado parece que sólo vino a sacarle una tajada. La “moral como política de Estado” era la carta que tenía Milei para presentar este 2026, un año que se sabía no prometía un jardín de rosas, pero sí debía prometer un gobierno honesto acompañando el esfuerzo social. Con la bandera de la moral manchada la trampa del gobierno termina de solidificarse: ni bienestar ni acompañamiento. Mientras esperamos quizá la última jugada posible, la mirada ya se posa en la oposición.

Hay 2027

El camino descendente del gobierno encontró en marzo su mes fatídico. Todas las encuestas muestran un descenso pronunciado en la imagen del presidente y en las expectativas económicas. A su vez se simulan escenarios electorales donde el gobierno pierde con cualquier opositor. Por esto, uno de los fenómenos de la etapa que comienza es la relevancia de lo que sucede dentro del campo opositor. Las mismas encuestas presentan un panorama novedoso con algunos datos destacados: la centralidad de Axel Kicillof, hegemonizando el voto peronista y despejando todo tipo de dudas respecto al liderazgo del kirchnerismo. En segundo lugar, el crecimiento de figuras como Myriam Bregman y Juan Grabois en el votante joven y harto de los fracasos del peronismo; y en tercer lugar la reemergencia de la identidad PRO ante el desencanto con el proyecto libertario.

El escenario político recién comienza a abrirse. En el devenir del gobierno ahora empieza a jugar lo que suceda en el frente opositor. Las conversaciones, las alianzas que empiecen a tejerse y los borradores de propuestas tendrán impacto en la nueva coyuntura. El contexto de crisis social y de persistencia en el rumbo por parte del gobierno generará las condiciones para la emergencia de un proyecto alternativo.

Lo que se diga desde la trinchera opositora será insumo político, tanto del gobierno como de las expectativas del electorado opositor cada día más deseoso de una salida. La pregunta que también se instala es cómo salir del loop que viene destruyendo el vínculo entre la dirigencia y la sociedad: las promesas incumplidas y la política que sólo se representa a sí misma. Así la ardua tarea de la construcción de una alternativa debe estar advertida de la serie de fracasos que se vienen acumulando desde hace más de una década.

Se abre una nueva etapa. El gobierno da señales de profundizar su rumbo pese al deterioro de las condiciones de vida. La oposición tiene la oportunidad de volver a articularse en torno a un proyecto que no repita los fracasos anteriores y que pueda torcer el rumbo declinante hacia una persistente mejora de la situación social y un nuevo proyecto de desarrollo de largo plazo. De la solidez y consistencia de ese proyecto alternativo depende la construcción de una nueva esperanza o de la profundización del desencanto con las dirigencias políticas.

* Para comunicarse con el autor: @carraspero (X) y @lucio_fm (IG)

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    Una y mil veces Fontan

Una y mil veces: uruguayos en Nicaragua detrás de una utopía

28 Abril 2026

Este 29 de abril se estrena Una y mil veces: uruguayos en Nicaragua detrás de una utopía, de Ernesto Fontan. Tras dirigir su ópera prima -Tarará-, fundó Ámbar Cine, su propia productora y comenzó a trabajar en el flamante proyecto. El documental reconstruye, tras más de cuatro décadas, la historia de medio centenar de uruguayos exiliados -52, para ser específicos- que durante las dictaduras de los años 70 se sumaron al Frente Sandinista de Liberación Nacional para combatir y derrotar el régimen de Anastasio Somoza en 1979

Fontan, cuyo nombre es en homenaje al Che, se interesó por los movimientos revolucionarios de liberación desde muy joven. De esa manera, Una y mil veces es una historia profundamente latinoamericana: a lo largo de poco más de una hora sigue el itinerario vital y político de ese grupo de militantes que, tras atravesar Argentina, Chile y Cuba, tuvo una participación clave para la caída final de la dinastía somocista. 

Está narrada desde adentro, por los protagonistas y sus familiares, lejos de una mirada exclusivamente historiográfica. Trabaja sobre un eje doble, personal y humano, a través de charlas, entrevistas, reuniones y otras actividades comunes: conocer sus motivaciones y describir aquellos años marcados por la violencia. Un relato íntimo apoyado sobre el dolor, pero también la convicción y la memoria. Muchos ex combatientes no lo habían contado siquiera en sus casas, por lo que abrió distintas conversaciones. A su vez, evidencia su proceso de realización, lo que funciona como una especie de homenaje al documentalismo.  

El director relata que se encontró con la historia durante la gira europea con su film previo. En una proyección en Cataluña se le acercó José Pommerenck, que junto a compañeros ya venía trabajando la idea. Querían dejar testimonio, ya sea en una película o en un libro. Se integró al proyecto y replicó casi el equipo técnico argentino de Tarará. Si bien había sido seleccionada para recibir respaldo del INCAA, tras el cambio de gobierno el organismo fue vaciado y desfinanciado. Venía siendo filmada desde 2021 en distintos países -Argentina, Costa Rica, Nicaragua y Uruguay- pero aún faltaba el cierre en Cataluña, por lo que tuvieron que recurrir al financiamiento colectivo a través de la plataforma Goteo y lo consiguieron llevar adelante gracias a ese apoyo.  

El equipo de producción incluye ex combatientes internacionalistas y documentalistas de diversos países encargados de la investigación el guion para respaldar la veracidad de los hechos narrados. El historiador y politólogo uruguayo Gerardo Caetano acerca la historia de Nicaragua en el siglo XX y la figura de Sandino. Sin embargo, más que un ejercicio de reconstrucción histórica, es un acto de memoria colectiva. El nombre de Héctor Altesor, de la Unión de Juventudes Comunistas, sobrevuela las anécdotas: cayó en combate tres días antes de la toma del poder. Ese factor ordena emocionalmente el relato.  

El documental culmina con el triunfo sandinista y no aborda las décadas subsiguientes en Nicaragua, más allá de algunas reflexiones particulares. De todas formas, funciona como sanación para militancia y familia y, con su dimensión ética, dispara varias preguntas. Por un lado, ¿volverían? Por otro, ¿qué lugar ocupa hoy la utopía en nuestras sociedades? En esa tensión es donde encuentra su mayor potencia, en tiempos individualistas. Es también una reparación, al poner en primer plano a quienes creyeron que otro mundo era posible.

Tras su estreno en Uruguay en noviembre pasado, y en línea con su postura autoral, Fontan ya está empezando en su próximo proyecto: vincular el bombardeo de Guernica en 1937 con el bombardeo a Plaza de Mayo en 1955. “Quiero explorar qué se puede hacer desde el cine para recuperar esa memoria”, afirma. Por eso merecen ser narradas. Al fin y al cabo, una invitación a recordar, una y mil veces, que la historia también está hecha de decisiones individuales que, en su conjunto, pueden ser capaces de cambiar su rumbo colectivo.

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A 35 años del crimen de Walter Bulacio: el caso que llevo al país a la Corte Interamericana de Derechos Humanos

28 Abril 2026

El domingo 26 de abril pasado se cumplió un nuevo aniversario de la muerte del joven Walter Bulacio, el caso emblemático que expuso la violencia policial, manifestada entre otras acciones en razzias contra la juventud, de la década del 90. El hecho inició el 19 de abril de 1991, en la puerta del Estadio de Obras al cual había asistido Bulacio por un recital de los Redondos. Allí fue víctima de una detención junto más de ochenta jóvenes. Por los resultados de la detención y la represión Walter sufrió heridas en su cráneo y en otras partes de su cuerpo. Finalmente murió por un derrame cerebral y su caso dio origen a una larga lucha de memoria y justicia que llevó al país a los Tribunales Internacionales.

El 18 de septiembre de 2003, la Corte Interamericana de Derechos Humanos - Corte IDH - dictó sentencia en el marco del caso Bulacio, en el cual la República Argentina acordó una solución y reconoció o su responsabilidad internacional por la violación de los derechos humanos de la víctima. La causa Bulacio vuelve a tomar vigencia cada vez que se conocen nuevos casos de detenciones arbitrarias o abusos de las fuerzas de la seguridad.

"La detención, tortura y muerte de Walter pusieron sobre la mesa las detenciones arbitrarias, al calor de manifestaciones juveniles multitudinarias que sacudieron la desmovilización de la época y trajeron al centro político una pelea que se venía desarrollando de forma mucho menos visible en las barriadas populares. Con esas marchas nació un grito colectivo que perdura, sobre todo, en la garganta de jóvenes que no habían nacido, pero que hoy levantan esa bandera porque siguen siendo víctimas de la misma violencia estatal. Ese saldo organizativo se expresa en la consolidación de CORREPI y el conjunto del movimiento antirrepresivo en Argentina”, reflexionó la abogada María del Carmen Verdú en una entrevista con AGENCIA PACO URONDO en 2021.

La parte medular de la sentencia sigue incumplida porque el sistema de detenciones arbitrarias es incluso de mayor amplitud. Cuando un juez o fiscal quiere ordenar una detención debe fundamentar por escrito razones y pruebas. Un policía, en cambio, no necesita otro argumento que su propia decisión. Una vez en la comisaría, adecuan a lo que mejor cuadre según la situación. Para eso tienen a su disposición la averiguación de antecedentes o la identificación de faltas y contravenciones, sin olvidar las razzias”, añadió respecto al incumplimiento de las normativas internacionales por parte del Estado argentino. 

En una entrevista en 2022, Esteban Rodríguez Alzueta, investigador del LESyC de la Universidad Nacional de Quilmes conversó con AGENCIA PACO URONDO y reflexionaba: "Me parece que el caso Bulacio hay que pensarlo al lado de otros casos similares y al lado de las trayectorias de los organismos de derechos humanos, de las tareas pendientes con las que se medían los derechos humanos en aquel entonces. Se había invertido mucho tiempo y energía en problematizar el Terrorismo de estado, pero estaban quedando algunas tareas pendientes, una de ellas era las continuidades entre las dictaduras y la democracia. El caso Bulacio permitió arrojar luz sobre algunas prácticas policiales con mucha historia en el país, sirvió para pensar cuánto le debían las policías de la democracia a las policías de las dictaduras. Todos sabemos que los gobiernos pasan y las policías permanecen, de modo que había razones suficientes para poner el ojo en esas burocracias, en las inercias institucionales, comenzar a problematizar las razzias, las detenciones policiales, los traslados a las comisarías, el destrato y la brutalidad policial."

"Mira, como dijo alguna vez Hannah Arendt, tratando de escindir las responsabilidades individuales de la responsabilidad colectivas o sociales, “en un tribunal no se juzga ningún sistema”. Es decir: las estructuras no van a juicio. Las estructuras, las prácticas policiales de las que son objetos los jóvenes, no se van a comprender y, mucho menos poner en crisis o desandar, a través del reproche judicial. Y eso no significa que ese reproche sea una cuestión menor, pero no hay que hacerse muchas ilusiones con estos juicios que, insisto, son muy necesarios. Con el paso del tiempo nos dimos cuenta que la intervención sobre esas burocracias necesitaba el desarrollo de políticas públicas de largo aliento, que no alcanza el reproche judicial ni el litigio estratégico”, sintetizó el investigador. 

A su vez, agregó: "En las últimas décadas, y solo en la provincia de Buenos Aires, hay pabellones enteros en varias Unidades, destinados a las fuerzas, que están repletos. En las últimas décadas, se han realizado también cientos de purgas y exoneraciones y, sin embargo, la policía sigue siendo ´la maldita policía´. Por más que se retiren las manzanas podridas, se seguirá pudriendo el resto, porque el problema es el canasto que las contiene, es decir, la institución, o, mejor dicho, la división del trabajo que organiza el quehacer policial; las relaciones de posición que atribuyen determinados roles a los agentes, papeles que los policías no eligieron ni controlan, que no siempre coincide con sus elecciones, sus pasiones. Es decir, operar sobre las estructuras, requiere de otro tipo de militancias, no alcanza con la militancia de derechos humanos".

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    Jauretche y Perón
    Jauretche y Perón

Premios del pensamiento nacional latinoamericano

28 Abril 2026

El Foro PNL abre cada dos años la convocatoria de nominaciones para los Premios del Pensamiento Nacional Latinoamericano (Premios PNL), con la finalidad de distinguir las contribuciones significativas de quienes con su trabajo intelectual aportan a la emancipación de Nuestra América. El objetivo de estos premios es hacer un reconocimiento institucional a los aportes realizados por pensadores/as de diferentes nacionalidades y trayectorias en distintos campos del conocimiento inscriptos en esta matriz de pensamiento situada, crítica, creativa y emancipadora.

Es justo identificar y dar relevancia a esas personas y grupos de trabajo que se han destacado, y aún lo hacen, en función de la mencionada meta. Asimismo es necesario acompañar esos senderos abiertos haciendo circular esas voces y aportes para que puedan seguir nutriéndonos como comunidad.

En la primera edición del año 2024 han sido galardonados el historiador Norberto Galasso (como premio a la trayectoria); el Equipo de Investigación de la Cuestión Malvinas (EdICMa) y la obra de Miguel Mazzeo “Alicia en el país. Apuntes sobre Alicia Eguren y su tiempo”.

Categorías

01 Premios a la Trayectoria

A.  Maestra y Maestro de la Liberación: 

​​Alude a dos personas de diverso género de al menos 65 años al momento de la postulación, que han realizado una extensa obra intelectual, propositiva y de reconocimiento público en alguna de las problemáticas del Pensamiento Nacional Latinoamericano.

B. Constructores de Comunidad

​​Refiere a un colectivo con una identidad propia que se destaque, a la vez, por su producción intelectual y su acción cultural y política en el territorio de América Latina y el Caribe. Debe contar con, al menos, cinco años de trayectoria verificable al momento de la postulación. Incluye todo tipo de procesos colectivos, tales como redes, asociaciones, centros e institutos, siempre y cuando:
 

i)    tengan una labor de producción intelectual;
ii)    que el ámbito de su acción incluya vinculación con el territorio.
No incluye partidos políticos, aunque sí centros de pensamiento o formación asociados a ellos.

02  Premios a Obras

C. Quetzal de la Palabra

 Hace referencia a un libro escrito por hasta tres autores/as que represente un aporte sustantivo al pensamiento nacional latinoamericano. Esta obra debe haber sido publicada en América Latina y el Caribe, en cualquier idioma en uso en la región (en caso de no ser español o portugués, debe incluirse una traducción a estos idiomas). El objeto de estudio se referirá a algún aspecto comprendido en los ejes delimitados anteriormente siempre y cuando adopten la perspectiva mencionada. Pueden ser tanto obras teóricas como empíricas, o una combinación de ambas. No se admitirán textos inéditos ni tesis de doctorado o de maestría no publicadas como libro. Los textos deben contar con el ISBN respectivo y haber sido objeto de una evaluación editorial ya sean publicaciones en soporte papel o digital. Se otorgará un premio al mejor libro, pudiéndose entregar, además, hasta dos menciones especiales.

D. Quipus de América

​Hace referencia a publicaciones en serie, contemplando revistas, colecciones editoriales, libros compilados en varios volúmenes, etc. Estas obras deben haber sido publicadas en América Latina y el Caribe. En caso de ser libros, no pueden ser autopublicaciones, sino libros con ISBN en el marco de una editorial reconocida. En caso de ser revistas, deben contar con ISSN. En ambas situaciones, el tiempo de publicación puede exceder el período premiado, pero en esos años debió tener actividad editorial continua.

Bases y condiciones: https://forodelpnl.wixsite.com/