Jorge Zima: “Para comunicarse hay que dejar espacio para el otro, hay que mostrarse incompleto”
El reconocido cineasta y músico Jorge Zima conversó con la Agencia Paco Urondo, a propósito de Restos diurnos, de editorial Los cuatro vientos, un libro sobre la creatividad e introspección de un artista durante la pandemia. A través de sus poesías y relatos -con equilibradas dosis de humor ácido y melancolía-, Zima convierte sus días en un diario personal sobre los años más kafkianos de la Argentina reciente.
Jorge Zima (Buenos Aires, 1960) es Licenciado en Composición Musical (Universidad Nacional de Córdoba) y tiene un posgrado en Cine y TV (Universidad de Bristol, Inglaterra). Ha compuesto bandas sonoras para películas y editado varios álbumes de canciones. Ha realizado numerosas producciones audiovisuales, cortometrajes, documentales y dos largometrajes de ficción, Noche en la Terraza y Boca de frez (protagonizado por Rodrigo de la Serna y Érica Rivas), ambos estrenados comercialmente. Fundó el espacio cultural Vaca Profana (2003–2010) junto a María Laura Giménez. El lugar se convirtió en un referente de la escena artística porteña. En 2005 escribió la obra de teatro Caso Casandra, que en su primera temporada fue dirigida por Mariana Briski y luego se reestrenó bajo su propia dirección.
También ese año produjo en Argentina un documental para el programa británico “The South Bank Show”. En 2012 editó su CD Benditos ateos y en el 2016 el espectáculo “La Medida de lo Imposible”, junto a Juan Vattuone, también fue editado en CD. A este trabajo musical le siguió Me Río de La Plata, un álbum de canciones propias. en el 2024 terminó de editar un documental sobre los días previos a la asunción de Alberto Fernández, Aquellos días que también son estos; una reflexión sobre la circularidad en la política argentina y las tensiones recurrentes.
AGENCIA PACO URONDO: Durante la pandemia mencionás que la introspección fue inevitable. ¿En qué momento sentiste que ese proceso personal debía transformarse en obra y no quedar solo en lo íntimo?
Jorge Zima Eso fue después. Durante el período de pandemia y cuarentena simplemente fui experimentando la necesidad de volcar pensamientos, sensaciones, cosas que pasaban por la cabeza y el corazón, en el papel. Ya sea en algunos textos o en dibujos. Pero no lo hice con ninguna intención de que transcendiera de mi escritorio. Ni siquiera de que esos dos elementos: textos y dibujos fueran a convivir, como finalmente lo hicieron, en un libro. Simplemente que al observar esa acumulación y esa proximidad física, me pasó por la cabeza que “querían” dialogar.
APU: El libro combina poesía, relatos y dibujos. ¿Cómo decidiste que esos distintos lenguajes convivieran en una misma obra y qué aporta cada uno a la experiencia del lector?
JZ: Como te decía, se dio de una manera natural. Y tuve que superar cierto pudor para decidirme a que algo tan íntimo, sobre todo con los textos, se hiciera público. Pero lo tomé como un desafío interesante en mi recorrido artístico. Yo ya venía notando que mi proceso creativo se estaba nutriendo cada vez más de elementos personales y profundos. Digo, en lo que filmaba o en los guiones. Que estaba logrando expresar sentimientos que antes me los reprimía, sin darme cuenta, claro. Y este libro, se fue convirtiendo en un paso más en ese sentido. Y le doy la bienvenida.
APU: En varios pasajes aparece la idea del subconsciente y lo no racional. ¿Qué lugar ocupa lo inconsciente en tu proceso creativo?
JZ: Un lugar muy importante. Son las aguas más profundas del río. Por ejemplo, los dibujos que aparecen en el libro son productos casi puros del inconsciente. Es lo que sale sin que yo tenga nada que ver. Y ahí está la gran paradoja, porque los miro y no recuerdo haberlos hecho, es como si no me pertenecieran, y al mismo tiempo sospecho que estoy ahí más que en muchas otras cosas. Como en los sueños, no hay manera de que uno mienta en un sueño, no hay nada más profundamente de uno y más verdadero. Sin embargo, parece que se desarrollaran al margen nuestro.
A través de sus poesías y relatos, Zima convierte sus días en un diario personal sobre los años más kafkianos de la Argentina reciente.
APU: En Restos diurnos el aislamiento funciona tanto como refugio como límite. ¿Cómo dialogan esas dos dimensiones en tu mirada sobre la pandemia?
JZ: Me resulta curioso lo poco que venimos hablando y reflexionando sobre aquel período. Tengo la sensación de que nos marcó mucho más de lo que creemos. Y que tal vez, esa transformación, sea menos evidente porque no hay nadie que pueda mirar el fenómeno desde afuera. Todos fuimos parte, a todos nos sucedió. Por supuesto que en esta realidad que nos igualaba en un aspecto, seguían existiendo las inequidades de siempre. Fue una época muy dura, pasamos por muchos estados: temor, incertidumbre, ilusión y desencanto.
Nuestros hogares eran los lugares en los que estuvimos recluidos, pero también a resguardo. Yo sentí que tenía una pequeña ventaja porque por mi actividad de artista me había dado más herramientas para enfrentar la soledad y el aislamiento. La posibilidad de ir hacia adentro mío y explorar. Y eso se dio con mayor intensidad en ese tiempo, como una necesidad todavía más imperiosa. Yo creo que la creación se potencia con los límites, los precisa de alguna manera.
APU: El tiempo —su transcurrir y su relación con el pasado y el futuro— parece ser un eje central del libro. ¿Cómo surgió esa preocupación y cómo la trabajaste en los textos?
JZ: Ese tema me ha acompañado siempre, y no creo tener exclusividad en esto. ¡El tiempo es el gran misterio! La novedad, en todo caso, es que en este libro me animé a hablar mucho más de esto. En gran medida, por lo que conté antes, no escribí pensando en publicar. Eran apuntes para mí. Notas de un náufrago que precisaba constatar su existencia.
APU: La obra tiene un fuerte componente autobiográfico, pero también deja espacio a la interpretación del lector. ¿Qué tan importante es para vos que el sentido quede abierto y no cerrado?
JZ: Ahora que puedo observar este libro, y que también comienza a llegar a otras manos, hay algo que me gusta especialmente, y es que compruebo que es un dispositivo que abre el diálogo, la comunicación. Y me parece que eso se da justamente porque nada está cerrado. Sin darme cuenta hice este libro por una desesperada necesidad de comunicación. Y para comunicarse hay que dejar espacio para el otro, hay que mostrarse incompleto.