Últimas noticias | RSS

  • Imagen
    Manuel Adorni_Votación legislativa CABA 2025_NoeliaGuevara
    Foto: Noelia Guevara
CAUSA LIBRA

Guido Zatloukal: “La tecnología blockchain es una gran herramienta contra la corrupción”

13 Julio 2026

Guido Zatloukal, presidente Fundación Blockchain Argentina, explicó el impacto de la tecnología para mejorar la gestión estatal y conseguir mayor transparencia. Además, afirmó que la principal razón por la que no se aplican este tipo de herramientas es "falta de información". 

Zatloukal dialogó el sábado 11 de julio con "Más o menos bien" (Radio Con Vos, sábados de 18 a 20hs). A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“La tecnología blockchain, que es la que está atrás del mundo cripto, tiene una gran herramienta contra la corrupción en general. Tiene tres particularidades: descentralización, trazabilidad y transparencia. Si lo aplicamos en todo lo que es la contratación en los gastos del Estado hay un gran diferencial que se puede encontrar, y que ya se usa en otras partes del mundo”.

“Argentina no sólo es el principal usuario de criptomonedas en toda Latinoamérica y top cinco a nivel mundial, sino también somos grandes desarrolladores de la tecnología”.

“La solución está en la tecnología, no tengo dudas. No hay que ni siquiera buscarla afuera porque Argentina es líder en innovación en ese campo. Ya hay muchos lugares donde se utiliza, como la Universidad Nacional de Córdoba. Va a depender después de que los propios ciudadanos primero entendamos que existe la solución en ese sentido y empezamos también a exigirla”.

URL de Video remoto
  • Imagen
    Jorge Ferraresi y Axel Kicillof
ELECCIONES 2027

Ezequiel Berrueco: “Mis candidatos son Axel Kicillof y Jorge Ferraresi”

13 Julio 2026

Ezequiel Berrueco, secretario ejecutivo del Instituto Provincial de Formación Laboral (IPFL) del Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires, analizó la situación política actual y el contexto laboral en territorio bonaerense.

Berrueco dialogó el sábado 11 de julio con "Más o menos bien" (Radio Con Vos, sábados de 18 a 20hs). A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“Tenemos a cargo una parte de la formación para el trabajo que, paradójicamente, como tantas cosas en este país, a nivel social coincidimos que es central y estratégico, que es la formación profesional y la educación técnica profesional, pero no tiene correlato la inversión pública muchas veces con esa centralidad que detectamos desde el día a día”.

“La formación para el trabajo se institucionaliza como política de Estado, área y jurisdicción en la administración pública, como punto de partida del desarrollo estratégico industrial, en el marco del primer gobierno del presidente Juan Domingo Perón”.

“El Ministerio de Trabajo tiene a cargo los centros que tienen una gestión conveniada principalmente con sectores del Movimiento Obrero, pero también con municipios y organizaciones de la comunidad, como ONG, fundaciones y demás. Es un universo de 223 instituciones que, además, tienen subsedes donde amplían la oferta. El ministro lo que nos pide, junto con el gobernador, es territorializar la oferta para que haya mayor acceso al derecho y eso nos permite llegar con más de 100 subsedes en 129 de los 135 municipios de la provincia”.

“Mis candidatos son Axel Kicillof y Jorge Ferraresi. Nosotros tenemos un desafío en la provincia de Buenos Aires, que es producto de una decisión política de Néstor Kirchner de profundizar los gobiernos locales para fortalecer la presencia del Estado nacional, y es que hoy tiene dirigentes valiosísimos que han transformado sus ciudades, como otros que no. Los que sí, entendemos que es una etapa que tienen que poder entrar en la conversación”.

URL de Video remoto
  • Imagen
    Vandor

UOM CABA: Defensa de Vandor

13 Julio 2026

El general Juan Domingo Perón solía decir: "El bruto siempre es peor que el malo. El malo tiene remedio y puede volverse bueno, pero jamás vi a un bruto volverse inteligente". Esta reflexión sobre la ignorancia es hoy más actual que nunca en una época donde, gracias a la diversificación de los medios de comunicación, infinidad de personas difunden información distorsionada y casi siempre errónea. Por esta razón, desde la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) Seccional Capital rechazamos las calumnias y no podemos tolerar que se siga mintiendo sobre nuestro histórico secretario general, Augusto Timoteo Vandor.

En un nuevo ataque contra nuestra historia, en un programa de radio, el diputado camporista Facundo Tignanelli comparó al gobernador Axel Kicillof con Augusto Vandor. Según él, Kicillof quiere armar "un peronismo sin Cristina", reeditando y utilizando como agravio la vieja y falsa acusación de que nuestro secretario general propugnaba "un peronismo sin Perón". No es la primera vez que desde La Cámpora de Máximo Kirchner se arremete contra nuestro dirigente mártir. La lucha interna que lleva adelante esa agrupación parece reiterativa en su metodología: destruir todo lo que no controla. Cuando la candidatura de Axel Kicillof parece reafirmarse, salen a golpearlo.

Parece que a algunos sectores retrógrados no les bastó con haber asesinado a Vandor y haber puesto una bomba en la sede de la UOM. Hoy, los camporistas —que actúan como herederos tardíos de la tradición cultural del grupo Montoneros— siguen dedicados a ensuciar su memoria mediante la difamación. El verdadero significado del nombre que eligieron para su organización nos debió haber servido de alerta desde un comienzo. No se trataba de "chicos traviesos", sino de ignorantes de la historia o, directamente, de los "brutos" a los que se refería el general Perón.

Si revisamos los meses de la asunción y presidencia de Héctor Cámpora, se ve claramente su enfrentamiento con el general Juan Domingo Perón. Mientras el presidente Cámpora se aliaba directamente con el grupo Montoneros —los asesinos de Vandor y Rucci, entre tantos otros—, planificaba perpetuarse en el poder. Cabe recordar que la candidatura de Cámpora había surgido más de Lanusse que de Perón. La Junta Militar había emitido un decreto restrictivo: “Todos los ciudadanos que quisieran postularse a la presidencia deben fijar su domicilio en territorio argentino antes del 25 de agosto de 1972”. Esta medida dejaba afuera al general Perón, pero también a muchos otros argentinos que se encontraban en el exterior, incluyendo al propio Héctor Cámpora, quien estaba en España para la fecha límite.

En este escenario fue que Perón propuso a Cámpora —quien en teoría también estaba vedado— para dejar en evidencia que las elecciones del 11 de marzo eran tramposas, ya que el verdadero blanco de la proscripción era el propio Perón. Para Lanusse fue un éxito; cualquiera era mejor que Perón y aceptó la candidatura de Cámpora obviando su propio decreto. Es por eso que algunos analistas decían que Cámpora fue el candidato de Lanusse más que de Perón. El odontólogo de San Andrés de Giles aceptó la postulación y, con el apoyo del grupo Montoneros, lanzó de inmediato la campaña: "Cámpora al gobierno, Perón al poder". Lo que en verdad querían era a Perón en un gran altar, mientras ellos manejaban los resortes del gobierno y el poder real. Ese fue el auténtico “peronismo sin Perón” que duró 49 días, período que ellos llamaron "la primavera camporista".

No era lo que el pueblo y los trabajadores querían ni deseaban. Luego de muchas presiones y conflictos, Héctor Cámpora y los Montoneros se tuvieron que ir de la Casa Rosada. De inmediato se convocaron para el 23 de septiembre de 1973 elecciones libres, sin fraude ni proscripciones, y la fórmula Perón-Perón ganó con el 62% de los votos. En conclusión, elegir llamarse "La Cámpora" demuestra desde el inicio una postura política alineada con la tendencia de Montoneros, enemistada con los sindicatos obreros de la industria nacional y el peronismo histórico.

Es peligroso que desde La Cámpora acusen al gobernador Axel Kicillof de “vandorista”. Estamos a un paso de escuchar: “Kicillof traidor, saludos a Vandor”. Por esa misma imputación asesinaron al secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci. Pero el compañero gobernador puede estar relativamente tranquilo: la especialización de la llamada “tendencia revolucionaria” fue asesinar preferentemente a dirigentes obreros. Por otra parte, hoy La Cámpora, a diferencia de Montoneros, se maneja más con la billetera que con pistolas y bombs.

Sobre Augusto Vandor, no podemos dejar de recordar que a él le tocó conducir al movimiento obrero en los tiempos tumultuosos contra las dictaduras y los gobiernos fraudulentos entre los años 1955 y 1969; desde la Resistencia Peronista hasta el Cordobazo. Sufrió la cárcel, la clandestinidad y murió en la pobreza. Naturalmente, no es el caso de los que lo atacan impunemente. En circunstancias mucho más difíciles que las de hoy, Vandor nos dejó un gremio fuerte y organizado, sin descuidar por un momento la seguridad social y salarial de nuestros trabajadores. Cuando vemos el presente, no podemos decir lo mismo.

La cohesión del movimiento obrero y del Movimiento Nacional en ese período tuvo un conductor, que fue Juan Domingo Perón, y un leal ejecutor, que fue Augusto Timoteo Vandor. Por eso lo mataron; y no casualmente fueron los mismos criminales que asesinaron a José Ignacio Rucci y por las exactas mismas razones. ¡Qué revolucionario eso de andar asesinando obreros! El propio Rodolfo Walsh, integrante de Montoneros, reconoció ante su jefe Mario Eduardo Firmenich: "Nosotros les decíamos traidores a ellos, los Vandor... Pero los traidores éramos nosotros. Porque Perón siempre los apoyó a ellos". Esta es una reflexión fundamental para comprender la historia argentina contemporánea.

Pero no se trata de un debate del pasado: el asesinato de José Ignacio Rucci y Augusto Vandor sigue siendo una herida abierta en la justicia. La causa penal continúa activa en los tribunales, mientras sus asesinos pasean impunemente por el viejo continente, gastando millones de dólares producto de secuestros extorsivos. La UOM Seccional Capital no está dispuesta a dejar pasar ninguna injuria ni calumnia contra sus referentes históricos. Conocedores de nuestra gloriosa historia, el nombre de nuestra agrupación, que lleva el color Azul, se denomina justamente: “Augusto Timoteo Vandor”. Nuestra organización siempre estará abierta al debate sano y al intercambio esclarecedor de ideas sobre nuestra historia y nuestro futuro.

  • Imagen
    Messi

La nación con botines: cómo el fútbol se hizo cargo de la soberanía argentina

13 Julio 2026

La definición de la nación ha transitado un largo camino de disputas teóricas que van desde el "principio espiritual" decimonónico hasta el desmantelamiento globalizador de los años noventa, donde el fútbol —y figuras como Diego Maradona— pasó a ocupar el vacío pedagógico dejado por el Estado mediante un "nacionalismo banal" de arraigo popular.

Sin embargo, la potencia mística de este cruce entre la pelota, la soberanía y el sentimiento anti-británico no nació tras la guerra de 1982, sino que encuentra su matriz fundamental en una constelación de hitos entrelazados en el crucial año de 1966. Frente a las miradas historiográficas fragmentarias que aíslan los procesos, este artículo propone que el año 1966 funcionó como un verdadero catalizador de la "Causa Malvinas" a través de tres acontecimientos interconectados: la batalla editorial y el dictamen liberal contra el gaucho Antonio Rivero en la obra de Muñoz Azpiri, la audaz réplica revisionista de los jóvenes del Operativo Cóndor en las islas, y el mítico desacato del capitán Antonio Rattín sobre el césped de Wembley en el Mundial de Inglaterra. Es en este específico barro histórico de 1966 donde el fútbol y la política se funden de manera definitiva, demostrando que el deporte no es un mero entretenimiento de masas, sino el espejo sagrado donde la comunidad nacional proyecta, resiste y dirime sus batallas identitarias más profundas frente al sometimiento extranjero.

Breve historia del concepto nación

En una célebre conferencia dictada en París en 1882, Ernest Renan señalaba que la nación es un “principio espiritual”, “una solidaridad en gran escala” que se sustenta en dos elementos: uno referido al pasado y otro relacionado con el futuro; esto es, la posesión de un legado histórico y el deseo de vivir juntos. Un poco más atrás en el tiempo, y atravesado por el romanticismo de la época que contribuyó a moldear lo que aún entendemos como “nación”, el filósofo Johann Gottlieb Fichte definía dicho concepto bajo un carácter esencialista, cultural y lingüístico. Para él, la nación preexistía a los Estados, ya que estos eran, en definitiva, un artificio moderno.

Volviendo a nuestros terruños, resulta indispensable recuperar el discurso de Juan Manuel de Rosas ante el cuerpo diplomático reunido en el Fuerte el 25 de mayo de 1836, donde se evidencia a las claras que ya por entonces existía una identidad nacional:

¡Qué grande, señores, y qué plausible debe ser para todo argentino este día consagrado por la Nación para festejar el primer acto de soberanía popular, que ejerció este gran pueblo en mayo del célebre año 1810! (…) realza sobremanera la gloria del pueblo argentino… perseveramos siete años en aquella noble resolución, hasta que… nos pusimos en manos de la Divina Providencia, y confiando en su infinita bondad y justicia tomamos el único partido que nos quedaba para salvarnos: nos declaramos libres e independientes de los Reyes de España, y de toda otra dominación extranjera”.

Ese lazo que justifica la pervivencia de una comunidad (y no meramente de una sociedad) promovió necesariamente la sacralización de la política, una acción significativa que delineó a los modernos Estados nacionales que dieron forma a los países actuales.

Sin embargo, el cambio de paradigma económico, ideológico y epistemológico durante los años setenta comenzó a cuestionar el esencialismo que explicaba a las identidades nacionales. No es casualidad que, a principios de los ochenta, Benedict Anderson sugiriera en su libro Comunidades imaginadas que la particularidad de la constitución histórica de cada comunidad nacional responde al estilo con el que la misma ha sido imaginada. Desde el ala del marxismo británico, Eric Hobsbawm sostenía en Naciones y nacionalismo desde 1780 que las naciones no son entidades naturales ni eternas, sino construcciones históricas e ideológicas recientes, creadas por el surgimiento del Estado moderno y el capitalismo.

Ambos autores se convertirían en los faros de la mentada renovación historiográfica que se instaló en nuestro país bajo el proyecto socialdemócrata. Aquella historia fragmentaria —que asumía que la disciplina no era más que un relato ficcional con ambiciones de transmitir verosimilitud— calzaba de perillas con las necesidades del establishment cultural que se asentaba luego de la última dictadura militar (y sobre todo tras el desenlace de la guerra de Malvinas), ya que entre sus propósitos principales figuraba el de consolidar una perspectiva antinacional.

Así las cosas, la llegada de los noventa, con su proceso de desmantelamiento de las políticas sociales, privatizaciones y una impronta globalizadora que desdeñaba los estandartes locales, explica el nuevo fenómeno que el psicólogo social Michael Billig supo denominar como “nacionalismo banal”. Este concepto se refiere al conjunto de hábitos, símbolos y discursos cotidianos que reproducen y “recuerdan” la existencia de las naciones de manera continua. En nuestro caso particular, ante un Estado que ya no consideraba trascendente hacerse cargo de transmitir una pedagogía nacional, los sectores populares recuperaron de manera tribal la identidad, representándose en consumos culturales como la música (el rock chabón, principalmente) y el fútbol. Nuestro máximo ídolo, Diego Maradona, se desempeñó precisamente durante este proceso de desnacionalización estatal. Donde antes la representatividad nacional se depositaba en una plataforma política o en un estadista, ahora lo que unía a la nación era un deportista.

La mística del Futbol para los argentinos

En la mayor parte de los países de nuestra región, el fútbol masculino mayor ha jugado un papel doble respecto a la construcción de la nación: mientras el fútbol de clubes se ha configurado frecuentemente como un escenario para expresar y reproducir diferencias sociales internas, el fútbol de selecciones se ha constituido en uno de los más destacados fragmentos que componen el “espejo estrellado” en el que la comunidad nacional proyecta sus ansias, pasiones y temores ontológicos.

A diferencia de los enfrentamientos entre rivales europeos (donde también se suele recurrir a cuestiones históricas), en el caso de los partidos entre Argentina e Inglaterra, la relación de sometimiento, usurpación y dominio cultural se despierta de una manera notoria, transformándolo en un evento de vital importancia.

El fútbol es una ensalada de muchas cosas. Intervienen en él un montón de factores. Tiene muchos aspectos acoplados. Es un juego, pero también es una lucha y un hecho social; asimismo es azar y, entre esas muchas cosas, es además un hecho espiritual”. Aquella sentencia del exfutbolista Carlos Peucelle empieza a tomar mayor sentido en los tiempos actuales si consideramos el aspecto místico de un evento deportivo. Que la AFA solicite usar la camiseta alternativa para el partido de este miércoles porque las veces que ganamos no fue usando precisamente la celeste y blanca, o que el seleccionado busque eludir la retórica nacionalista para no “mufar” el partido determinante para acceder a la final, son cuestiones que explican el plus que adquiere el adversario por tratarse de Inglaterra.

Esta tensión, inclusive, no se inauguró con los dos goles inolvidables de Maradona en el Mundial de 1986, ni tampoco es una mera respuesta ante la derrota en el conflicto bélico de 1982 donde, en definitiva, fuimos superados por la estructura de la OTAN. La partida a la eternidad de Antonio Rattín nos recuerda lo acontecido en 1966, un año profundamente vinculado con la “Causa Malvinas” y el sentimiento anti-británico.

A 220 de la primera invasión. A 60 años de la primera reacción futbolera y popular

Este año se cumplieron 220 años de aquella primera invasión inglesa al Río de la Plata, cuando una fuerza militar del Imperio británico desembarcaba en las costas de Quilmes y capturó la ciudad de Buenos Aires aprovechando la precariedad de nuestras defensas. Como siempre sucedería en nuestra Historia, ante la ausencia de una clase dirigente con conciencia nacional, el Pueblo se sintió representado por líderes aclamados como Santiago de Liniers, el Gaucho Antonio Rivero y Juan Manuel de Rosas. Dentro de los justicieros en nuestro futbol: Antonio Rattín y Diego Maradona.

En su clásico trabajo ¿Por qué Malvinas?(2001), Rosana Guber buscaba rastrear la procedencia de Malvinas como causa popular sagrada, tomando algunos hechos significativos considerados por ella como claves para explicar el apoyo masivo a la guerra de 1982. Sin embargo, su perspectiva descuida la complejidad del fenómeno al proponer una mirada fragmentaria del mismo. En 1966, por ejemplo, podemos destacar tres hitos entrelazados, donde uno de ellos fue protagonizado justamente por nuestra selección de fútbol.

Por un lado, el autor revisionista José Luis Muñoz Azpiri publicaba a través de la Editorial Oriente su Historia completa de las Malvinas. Aquel compendio fundamental incluía el dictamen de la Academia Nacional de la Historia del 19 de abril de 1966 en torno a la figura del gaucho Rivero. Allí, los académicos dictaminaban que aquella figura que resistió la usurpación británica en 1833 no había sido un patriota, sino un delincuente común. Aquella postura liberal frenaría el proyecto del Congreso para reconocerlo como héroe. Sin embargo, más allá de la demonización oficial (así como la historia mitrista había hecho lo propio con Rosas), Rivero fue reivindicado ese mismo año por el Operativo Cóndor. Nos referimos a la acción armada y simbólica llevada a cabo por un grupo de 18 jóvenes nacionalistas y peronistas liderados por Dardo Cabo. La gesta propuesta consistió en desviar un avión de Aerolíneas Argentinas para aterrizar de forma forzosa en las islas, izar siete banderas argentinas y bautizar como "Puerto Rivero" al lugar denominado por los usurpadores como Puerto Stanley.

En medio de estas acciones políticas y editoriales se desarrollaría, en julio, el Mundial de Inglaterra de 1966. El testimonio del capitán Antonio Ubaldo Rattín sobre los hechos del 23 de julio en Wembley expone una fuerte carga de arbitrariedad, desprecio cultural y desamparo diplomático. A través de sus declaraciones brindadas en entrevistas a lo largo de los años, el exnúmero 5 de Boca Juniors y de la Selección Argentina reconstruyó minuciosamente los minutos más escandalosos de la historia de los Mundiales.

Rattín siempre sostuvo que su intención no era insultar al árbitro alemán Rudolf Kreitlein, sino exigir explicaciones por la evidente parcialidad con la que amonestaba a los jugadores argentinos (como Perfumo y Ferreiro) ante faltas menores:

"Le pedía un intérprete, un traductor. Yo tenía el brazalete de capitán y el reglamento me amparaba para hablar con el árbitro. Le señalaba mi brazalete y le decía: 'Interprent, interprent' (sic), mezclando castellano e inglés. Él me miraba con cara de pocos amigos y no me decía nada".

El juez alemán, alegando posteriormente que Rattín lo "miraba de mala manera" (la FIFA llegó a argumentar en los informes "violencia de mirada"), decidió la expulsión de forma imprevista:

"De repente, se da vuelta y me señala la calle. Yo no entendía nada. Me decía: 'Out, out'. Le volví a pedir el intérprete y me quedé plantado en la cancha. No me iba a ir porque sí. El partido estuvo parado como diez minutos. Entró el vicepresidente de la FIFA, el inglés Harry Cavan, a echarme. Los dirigentes nuestros miraban desde el palco y no bajaba nadie a defendernos".

Al verse obligado a dejar el campo de juego ante el ingreso de la policía británica, Rattín protagonizó los dos gestos desafiantes que agigantaron el mito y desataron la furia del estadio:

"Cuando por fin encaré hacia el túnel, vi que al lado del banco de suplentes estaba la alfombra roja real, esa por la que iba a caminar la Reina Isabel II. Tenía una bronca tremenda, así que fui, me senté arriba de la alfombra y me puse a mirar el partido desde ahí. Los ingleses se volvieron locos, me tiraban chocolates, latas de cerveza, de todo".

"Después me levanté para irme al vestuario y pasé cerca del banderín del córner. Tenía los colores del Reino Unido, la bandera británica. Estaba tan indignado por el robo que estiré la mano, agarré la bandera con fuerza y la retorcí toda con la mano mientras caminaba. Ahí el estadio directamente se quería venir abajo".

El clima hostil continuó camino a las duchas, marcando el resentimiento que los jugadores argentinos sintieron por parte del entorno británico:

"Cuando me metí en el túnel, que en el viejo Wembley era larguísimo, los hinchas que estaban arriba me escupían y me tiraban de todo. Un utilero nuestro me tuvo que tapar con una campera. Después nos enteramos de que el técnico de ellos, Alf Ramsey, no dejó a sus jugadores cambiar camisetas con nosotros y nos trató de 'animals'. Los animales eran ellos por cómo nos trataron y cómo nos robaron el partido".

El testimonio de Rattín demuestra cómo el partido dejó de ser un evento puramente deportivo. En la memoria del capitán, la expulsión fue una emboscada geopolítica planeada entre ingleses y alemanes para dejar afuera a los equipos sudamericanos (mismo destino que sufrió Uruguay ante Alemania Federal el mismo día), transformando su desobediencia en un acto de dignidad nacional.

La acción inolvidable del capitán argentino en 1966; la “mano de Dios” (o catedra de “cómo robarle a un ladrón”) y el mejor gol de la historia de Diego Maradona en 1986 y la acción suspicaz de Sebastián Verón en 2002 fueron acciones en donde la identidad nacional entra en pugna con ambiciones redentoras de nuestro pueblo que van más allá de un evento deportivo. Sin lugar a dudas, el próximo cruce a realizarse en las semifinales de este mundial va a constituirse en un hito más en esta relación asimétrica.

  • Imagen

A 17 años del asesinato de Kiki Lezcano y Ezequiel Blanco: “No vamos a permitir que maltraten ni desaparezcan a nuestros hijos”

13 Julio 2026

El 8 de julio se cumplieron diecisiete años desde que Jonathan “Kiki” Lezcano y Ezequiel Blanco, de 17 y 25 años, fueron asesinados por Daniel Santiago Veyga, oficial de la Policía Federal. El caso demuestra que la matanza de pibes de barrios populares en manos de fuerzas de seguridad sigue siendo sistemática en nuestro país y que el entramado también involucra el accionar del poder judicial. 

Vivían en la villa 20 y sufrían constantes amedrentamientos por parte de las fuerzas de seguridad, sobre todo de los efectivos de las comisarías 12 y 52, incluso el día anterior. La amenaza fue clara: “Cuídelo a Kiki, le puede pasar algo malo. Si no somos nosotros, son los narcos”, le dijo el Oficial Chávez a su madre, Angélica Urquiza, en febrero del 2009. Dos semanas después lo levantaron en la calle y lo desfiguraron.

En este caso, su familia presentó una denuncia por averiguación de paradero en la Comisaría 52ª y, tras estar desaparecidos durante dos meses, recién el 14 de septiembre se les informó que estaban enterrados como NN en el Cementerio de Chacarita -donde también apareció Luciano Arruga-, a pesar de que el juez Facundo Cubas ya tenía la identificación. A ello hay que sumar la responsabilidad del personal del Hospital Piñero, el Registro Nacional de las Personas y de la morgue judicial que nunca registraron ni dieron aviso. Cubas, del Juzgado Nacional de Instrucción Nº49, en una investigación a espaldas de la familia y a cargo de la misma fuerza federal, acordó el sobreseimiento de Veyga por entender que era un caso de legítima defensa, siguiendo al pie de la letra la justificación del uniformado.

Aparecieron muertos y con una causa judicial en la que supuestamente ellos habrían intentado robarle la camioneta al uniformado. Sin embargo, Ezequiel Blanco apareció con dos tiros en el entrecejo, en el asiento de atrás del vehículo. Kiki agonizó durante más de una hora, mientras un grupo de policías lo filmaba y se burlaba. Su madre, Angélica Urquiza, dialogó con AGENCIA PACO URONDO en relación al nuevo aniversario del crimen y al festival homenaje, organizado todos los años, que este año tuvo que suspenderse.

Agencia Paco Urondo: ¿En qué va a consistir el festival de homenaje?

Angélica Urquiza: El festival tuvimos que suspenderlo por un drama familiar. Estos diecisiete años fueron de lucha y más que nunca está presente con nosotros. Hay mucha corrupción y los policías actualmente de la mano de este gobierno de Javier Milei tienen mucha impunidad en nuestros barrios humildes.

APU: ¿Cómo ve la situación actual en los barrios populares? 

AU: La realidad es que cada vez hay más consumo de drogas porque hay más vendedores. La policía no los va a buscar a los que venden, persiguen a los pibes que sufren consumo problemático. Como decía nuestra querida Norita Cortiñas: no perdonamos ni nos reconciliamos con esos policías y seguimos adelante con nuestra lucha. Siempre firmes y con la idea del Nunca Más.

APU: ¿El narcotráfico está en crecimiento?

AU: Nuestro barrio se divide en tres: donde están los narcos al fondo, en el medio la gente trabajadora y adelante estamos los que vamos a defender a nuestros hijos y no vamos a permitir que los maltraten ni desaparezcan. Por eso nos mantenemos alertas. Entendemos que la situación del narcotráfico es un flagelo que avanza al mismo ritmo que la miseria y la crisis en los barrios. 

APU: ¿Cómo actúa la gente ante la situación crítica que estamos atravesando con este gobierno?

AU: La gente la está pasando realmente mal. La pobreza y el maltrato policial es moneda corriente. Nuestros compañeros buscan alguna changa para sobrevivir cada día. En estos días están muy entretenidos con el mundial. Es hermoso, nos sentimos identificados, pero ahí es donde sacamos nuestra bronca y nuestra ira. Sin embargo, sabemos que la policía aprovecha y hace lo que quiere.

  • Imagen
    Nosotros y Occidente Midence

Carlos Midence desarma el mito de Occidente y devuelve al Sur Global el lugar que le fue robado

13 Julio 2026

Nosotros y Occidente. Otra historia de un relato hegemónico, el nuevo libro de Carlos Midence, no es una historia convencional sobre el ascenso de Europa y Estados Unidos. Es un alegato contra la ficción que convirtió a Occidente en sujeto universal de la historia y redujo al resto de la humanidad a objeto de conquista, clasificación, estudio y disciplinamiento.

Desde el prefacio hasta sus reflexiones conclusivas, Midence despliega una contranarrativa decolonial destinada a desmontar uno de los mayores fraudes ideológicos de la modernidad: la presunta superioridad natural de Occidente.

El autor no niega que los países occidentales hayan alcanzado una posición dominante. Lo que impugna son las causas que ellos mismos atribuyeron a esa dominación. Su riqueza, su desarrollo científico, su industrialización y su poder institucional no nacieron de una excepcionalidad moral, cultural o genética. Se levantaron sobre la expansión militar, la ocupación territorial, la esclavitud, el exterminio, la apropiación de recursos y el saqueo de conocimientos acumulados por otros pueblos durante siglos.

Occidente no llegó primero porque fuera superior. Llegó armado, despojó a quienes encontró a su paso y luego escribió una historia en la cual el botín apareció convertido en mérito.

Una obra contra la historia de los vencedores

Midence parte de una afirmación decisiva: la colonialidad no pertenece exclusivamente al pasado. Permanece activa en la vida cotidiana, en el lenguaje, en las instituciones, en las universidades, en el consumo cultural y, sobre todo, en la manera en que los pueblos del Sur Global han aprendido a observarse a sí mismos.

Por eso el libro comienza con escenas aparentemente menores: profesores universitarios que consideran más profunda una expresión cuando se pronuncia en inglés; familias no blancas que celebran la posibilidad de “mejorar la raza”; personas que presuponen que un escritor riguroso debe ser blanco, rico o formado en el extranjero; latinoamericanos que otorgan prestigio automático a todo aquello que proviene de Europa o Estados Unidos.

No son anécdotas dispersas. Son síntomas.

Midence las utiliza para mostrar que la dominación alcanza su máxima eficacia cuando ya no necesita ser impuesta únicamente desde el exterior. La colonialidad triunfa cuando el sujeto colonizado adopta la escala jerárquica del colonizador y comienza a medir su lengua, su cuerpo, su cultura y su capacidad intelectual con los parámetros de quien lo sometió.

El colonialismo ocupó territorios. La colonialidad ocupó la conciencia.

El “Nosotros” que Occidente convirtió en resto

El primer acto de insurgencia del libro está contenido en su título.

Durante siglos, la literatura occidental habló de “Occidente y el resto”. La fórmula no era inocente. Occidente aparecía como entidad histórica, política y cultural plenamente constituida. Todo lo demás quedaba reducido a una sobra geográfica: el resto.
Midence invierte esa ecuación y escribe Nosotros y Occidente.

No coloca “el resto” antes que Occidente. Elimina directamente esa categoría degradante y la reemplaza por un Nosotros escrito con mayúscula. Ese Nosotros no designa una identidad uniforme ni una raza esencial. Nombra una experiencia histórica compartida por los pueblos de Abya Yala, África, Asia y las distintas regiones del Sur Global: invasión, expolio, inferiorización, resistencia y búsqueda de soberanía.

La mayúscula no es un recurso ornamental. Es una restitución política.

Los pueblos convertidos en periferia vuelven a ocupar el lugar de sujetos. Quienes fueron narrados por los invasores recuperan el derecho a narrarse. Quienes aparecieron en los archivos como salvajes, bárbaros, caníbales, esclavos, indígenas o especímenes humanos reclaman su condición de productores de historia, conocimiento y civilización.

Midence no pide ingresar respetuosamente en la historia universal escrita por Occidente. Cuestiona que esa historia tenga derecho a llamarse universal.

La supuesta ventaja occidental

La idea matriz del libro surge de una frase pronunciada por un amigo del autor: Occidente “lleva mucho tiempo de ventaja”.
Midence se detiene en aquello que la expresión oculta. ¿De qué ventaja se habla? ¿De instituciones? ¿De ciencia? ¿De tecnología? ¿De libre comercio? ¿De una pretendida cultura del esfuerzo?

El relato occidental atribuyó su predominio a cualidades internas. Construyó una genealogía que parte de Grecia, atraviesa Roma, el Renacimiento, la Ilustración y la Revolución Industrial, y culmina en Europa y Estados Unidos como supuestos herederos naturales del progreso humano.

Esa narración elimina casi por completo el saqueo colonial.

El autor confronta esa versión con una historia de acumulación por desposesión. Occidente pudo industrializarse porque tuvo colonias, mercados cautivos, materias primas obtenidas por la fuerza, trabajadores esclavizados y conocimientos apropiados. Pudo financiar sus instituciones mientras destruía o subordinaba las instituciones de los pueblos ocupados.

Incluso la ciencia que presentó como creación autónoma se nutrió de aportes árabes, persas, africanos, asiáticos y americanos que luego fueron silenciados o incorporados bajo nombres europeos.

La ventaja, entonces, no fue una virtud. Fue una relación de poder.

Una civilización de la extinción

Uno de los giros más incisivos de Midence aparece cuando confronta los discursos contemporáneos sobre una supuesta “civilización occidental en extinción”.

El autor invierte la fórmula. Antes que una civilización amenazada por la extinción, Occidente ha actuado históricamente como una civilización de la extinción.

Su expansión produjo exterminios, esclavitud, desindustrialización forzada, destrucción de culturas, apropiación territorial y borramiento de memorias. La grandeza occidental que algunos dirigentes actuales prometen restaurar fue construida con recursos materiales y cognitivos extraídos de los pueblos sometidos.

Por eso Midence advierte sobre las proclamas que llaman a “hacer grande a Occidente otra vez”. Esa grandeza nunca fue gratuita. Necesitó territorios ocupados, cuerpos disponibles y sociedades enteras colocadas por debajo de la línea de lo humano.

La expansión colonial no fue un accidente exterior a la modernidad. Fue una de sus condiciones de existencia.

La batalla por el nombre

Midence sabe que la dominación también se ejerce mediante las palabras. Por eso impugna el vocabulario con el que Occidente maquilló sus crímenes.

No habla de descubrimiento, sino de invasión. No habla de encuentro, sino de ocupación, No habla de exploración, sino de expansión imperial. No habla de intercambio, sino de apropiación. No habla de misión civilizatoria, sino de inferiorización.
Cada término del relato colonial cumple una función política.

“Descubrimiento” borra a quienes ya habitaban el territorio. “Encuentro” oculta la desigualdad entre invasores armados y pueblos agredidos. “Intercambio cultural” convierte la sustracción de recursos y saberes en una relación recíproca. “Civilización” presenta al victimario como benefactor.
El lenguaje no se limita a describir la violencia. Puede absolverla.

De allí la importancia de recuperar las palabras capaces de devolver a los hechos su verdadera dimensión. No se trata de modificar el tono de la historia, sino de arrancarla de las manos de quienes transformaron el exterminio en epopeya.

La fabricación del salvaje

El análisis antropológico de Midence demuestra que el “otro” colonial no fue descubierto. Fue fabricado.

Antes de llegar a nuestro continente, Europa ya había construido las figuras del bárbaro, el monstruo y el salvaje. Esas imágenes surgieron de sus propios miedos, conflictos y fronteras interiores. Después de 1492, fueron proyectadas sobre los pueblos invadidos.

La diferencia cultural dejó de ser reconocida como diferencia. Se convirtió en déficit.

Una lengua distinta pasó a ser ausencia de lenguaje. Una espiritualidad diferente fue reducida a idolatría. Una organización social no europea fue presentada como atraso. Una relación propia con el territorio se interpretó como incapacidad para ejercer dominio sobre él.

De ese modo, la inferiorización justificó la apropiación.

El invasor no se limitó a ocupar la tierra. Primero declaró que sus habitantes no reunían las condiciones necesarias para poseerla. No se limitó a destruir sus sistemas religiosos. Los convirtió en expresiones demoníacas. No se limitó a apropiarse de sus conocimientos. Negó que esos conocimientos pudieran ser considerados ciencia.

El otro fue deshumanizado para que su sometimiento pareciera necesario.

La raza como dispositivo económico

En Nosotros y Occidente, el racismo no aparece reducido a una actitud individual ni a una sucesión de prejuicios. Es analizado como principio organizador del sistema colonial y capitalista.

La clasificación racial permitió determinar quién tenía derecho a gobernar, quién podía poseer tierras, quién producía conocimiento y quién debía aportar trabajo forzado. Estableció qué vidas merecían protección y cuáles podían ser sacrificadas en nombre del progreso.
La raza transformó la desigualdad política en aparente diferencia natural.

Midence muestra que la economía colonial necesitó esa clasificación. Para esclavizar, despojar y explotar era necesario construir previamente una humanidad graduada. En la cima se ubicó el hombre blanco occidental. Debajo aparecieron los pueblos considerados inmaduros, irracionales, supersticiosos o incapaces de gobernarse.

Esa matriz no desapareció. Cambió de vocabulario.

El salvaje colonial reaparece en el migrante sospechoso, el extranjero peligroso, el pueblo supuestamente ingobernable o el Estado al que Occidente se atribuye el derecho de sancionar, intervenir o “salvar”.

Lengua, religión y género

La obra también examina los marcadores que acompañaron la clasificación racial.

La lengua imperial funcionó como instrumento de administración, evangelización y disciplinamiento. Las lenguas originarias fueron perseguidas cuando sostenían memorias autónomas, pero utilizadas cuando resultaban útiles para controlar a las poblaciones.

La colonialidad lingüística permanece activa cuando los pueblos del Sur atribuyen mayor profundidad, prestigio o cientificidad a una idea sólo porque fue expresada en inglés.

La religión, por su parte, no acompañó pasivamente la expansión imperial. Proporcionó categorías jurídicas y morales para ocupar territorios, perseguir creencias y presentar la conquista como una empresa redentora.

La cruz y la espada no recorrieron caminos separados.

Midence incorpora además el género como marcador de dominio y muestra cómo el territorio americano fue representado como cuerpo femenino disponible para la penetración, la conquista y la posesión. Este eje abre un campo fértil para profundizar la relación entre colonialidad, patriarcado, propiedad, división sexual del trabajo y violencia contra las mujeres indígenas y africanas.

Se trata de uno de los desafíos que la propia potencia de la obra deja planteados para futuras investigaciones decoloniales.

Las disciplinas al servicio del imperio

El cuarto capítulo conduce el análisis hacia un punto decisivo: Occidente no dominó únicamente mediante ejércitos, iglesias y compañías comerciales.

También contó con disciplinas encargadas de observar, clasificar y administrar a los pueblos ocupados.
La historia convirtió la voz del vencedor en relato universal. La antropología transformó al colonizado en objeto de estudio. La geografía preparó territorios para la ocupación. La cartografía ordenó visualmente el mundo desde la centralidad europea. Los museos transformaron el botín imperial en patrimonio cultural.

El conocimiento no fue exterior a la conquista.

Primero se invadió. Después se estudió a los invadidos. Finalmente, el saber producido se utilizó para perfeccionar su control.

Midence no propone abandonar esas disciplinas, sino arrancarlas de la lógica que las colocó al servicio de la dominación. La antropología, sostiene, debe dejar de observar al otro como un espécimen y orientarse a construir un mundo capaz de reconocer las diferencias sin convertirlas en jerarquías.

El mapa también miente

La sección dedicada a la cartografía constituye uno de los momentos más claros del libro.

Los mapas occidentales no sólo representaron territorios. Produjeron una geopolítica de las proporciones. Europa apareció sobredimensionada, ubicada en el centro y en la parte superior del planisferio. El Sur Global quedó reducido, desplazado y visualmente subordinado.

El mapa enseñó jerarquías antes de que alguien necesitara explicarlas.

Midence recupera la inversión cartográfica propuesta por Joaquín Torres García. Colocar el Sur arriba no es un capricho estético: es una declaración de existencia. Significa afirmar que el punto desde el cual Occidente organizó el mundo no es neutral ni inevitable.

Descolonizar la mirada también exige descolonizar el espacio.

La humanidad colocada dentro de una jaula

La obra alcanza su máxima intensidad en el apartado dedicado a lo “zooantropológico” y los museos.

Allí confluyen todos los dispositivos examinados anteriormente: invasión, racismo, ciencia, clasificación, espectáculo, apropiación del cuerpo y pérdida del nombre.

Durante los siglos XIX y XX, hombres, mujeres y niños pertenecientes a pueblos colonizados fueron encerrados, estudiados y exhibidos en zoológicos humanos y exposiciones etnológicas. La otredad cultural fue llevada hasta la cima del oprobio: seres humanos convertidos en espectáculo para que las sociedades imperiales confirmaran visualmente su supuesta superioridad.

La tesis deja de ser abstracta. La clasificación termina dentro de una jaula.

El despojo del nombre resulta particularmente revelador. Las personas exhibidas perdían su identidad y recibían denominaciones impuestas por sus propietarios o por la prensa. El mismo poder que había renombrado territorios se arrogó el derecho de renombrar cuerpos.

Sarah Baartman fue convertida en la “Venus hotentote”. Su nombre, su historia y su humanidad fueron reemplazados por una categoría destinada al consumo morboso del público europeo.

El museo Británico continuó esa operación bajo una forma aparentemente más refinada. Los objetos arrancados de África, Asia, Oceanía y Abya Yala fueron concentrados en las capitales imperiales. El saqueo pasó a llamarse colección y el botín se transformó en patrimonio universal.

Midence proyecta esa crítica sobre numerosos museos y pinacotecas occidentales que todavía conservan una parte sustancial del patrimonio artístico y cultural sustraído a los pueblos colonizados, pese a los crecientes reclamos de restitución.

Haití y la Torre Eiffel: la modernidad levantada sobre el despojo

Después de los zoológicos humanos, Midence construye una de las imágenes más contundentes de todo el libro: la relación entre Haití y la Torre Eiffel.

Haití protagonizó la primera revolución triunfante de esclavizados y derrotó al colonialismo francés. Occidente respondió con aislamiento, hostigamiento y una deuda extorsiva impuesta como castigo por haber conquistado su libertad.

Los pagos drenaron durante décadas los recursos necesarios para el desarrollo haitiano y enriquecieron a la banca francesa. Parte de ese capital terminó incorporado al financiamiento de la infraestructura parisina, incluida la construcción de la Torre Eiffel, emblema de la Exposición Universal de 1889.

La imagen concentra toda la tesis de Midence.

Mientras seres humanos colonizados eran exhibidos como objetos en las exposiciones universales, los recursos extraídos de uno de los pueblos que había vencido a la esclavitud contribuían a levantar el monumento desde el cual Occidente celebraba su modernidad.

La torre no es solamente una proeza de ingeniería. También puede leerse como monumento a una riqueza que nunca explica de dónde provino.

Los desafíos que abre la obra

La potencia de Nosotros y Occidente no clausura el debate. Lo multiplica.

El Nosotros construido por Midence funciona como sujeto político capaz de reunir a pueblos atravesados por experiencias comunes de sometimiento.

El desafío consiste en profundizar esa unidad sin borrar la enorme diversidad histórica, cultural y civilizatoria de África, Asia, Abya Yala y Oceanía.

También queda abierto el camino para ampliar el estudio de las relaciones entre colonialidad, género, ecología, tecnología y nuevas formas de acumulación digital. El propio autor advierte sobre la emergencia de un orden tecnofeudal, concentrado en grandes corporaciones que controlan datos, plataformas y recursos tecnológicos.

La colonialidad puede cambiar de soporte. Ya no necesita únicamente mapas, museos y manuales escolares. También puede alojarse en algoritmos, sistemas de vigilancia, modelos de inteligencia artificial y plataformas digitales que reproducen las viejas jerarquías bajo una apariencia técnica y neutral.

Otro desafío consiste en profundizar las diferencias históricas entre los distintos momentos del expansionismo occidental. No para fragmentar la continuidad del despojo, sino para comprender con mayor precisión las mutaciones que permitieron pasar de la conquista territorial al endeudamiento, de la administración colonial a las sanciones económicas y del racismo biológico a las nuevas formas de criminalización cultural.

Midence aporta la estructura necesaria para emprender ese recorrido.

Terminar con el juego occidental

Las reflexiones conclusivas vuelven a las escenas cotidianas del comienzo. El círculo se cierra.

El autor demuestra que la colonialidad sigue activa porque continúa determinando qué conocimientos se consideran legítimos, qué universidades gozan de prestigio, qué lenguas parecen autorizadas para producir ciencia y qué pueblos todavía necesitan una certificación occidental para que sus aportes sean reconocidos.

Pero el cierre no es derrotista.

Midence recupera la exigencia de Frantz Fanon: terminar con el juego occidental y encontrar otra cosa. No se trata de reemplazar una supremacía por otra ni de copiar en sentido inverso las jerarquías del colonizador. Se trata de producir conocimiento desde nuestras historias, necesidades, lenguas y cosmovisiones.

Nosotros y Occidente no reclama una participación más decorosa dentro del mundo organizado por el imperialismo. Exige discutir quién trazó ese mundo, con qué recursos, sobre qué cadáveres y en beneficio de quién.

Su aporte fundamental consiste en revelar que Occidente no fue grande porque Nosotros fuéramos pequeños.

Occidente necesitó empequeñecernos para presentar como grandeza el producto de su despojo.

  • Imagen
    Ajuste en ciencia y tecnología
    Ajuste en ciencia y tecnología
CONVOCATORIA FRENTE AL POLO CIENTÍFICO

Investigadores de Conicet: "La situación que atravesamos es crítica"

13 Julio 2026

El colectivo de becarios y becarias posdoctorales del CONICET y postulantes a la convocatoria de ingreso a la Carrera del Investigador Científico y Tecnológico 2025 (CICyT 2025) compartieron un comunicado sobre el momento delicado que viven por el ajuste del gobierno de Javier Milei.

"La situación que atravesamos es particularmente crítica. En 2024 no se abrió la convocatoria anual de ingreso, tal como establece el reglamento, lo que impidió que toda una cohorte de becarias y becarios posdoctorales se puedan presentar en tiempo y forma. Recién en diciembre de 2025 se abrió la convocatoria correspondiente, cuyos resultados se esperan para agosto de 2027 y con ingresos previstos recién para 2028", explicaron.

"Mientras tanto, quienes finalizamos nuestras becas posdoctorales a fin del corriente mes (31 de Julio 2026) quedaríamos sin ningún vínculo con el organismo, sin prórrogas que permitan dar continuidad a nuestro trabajo", insistieron. 

"Esta situación no solo afecta a cientos de investigadoras e investigadores, sino que compromete la continuidad de líneas de investigación construidas durante años, la formación de recursos humanos y una importante inversión pública destinada a generar conocimiento estratégico para el país. En los últimos días, numerosas asociaciones científicas e instituciones han acompañado este reclamo mediante la difusión de la gacetilla y comunicados de apoyo", advirtieron. 

Los investigadores convocaron a una concentración de investigadores frente al Polo Científico, ubicado en Godoy Cruz 2320, en Capital Federal. La convocatoria será el miércoles 15 a las 10 de la mañana. 

 

  • Imagen
    Lautaro Ortiz
    Foto: Clara Rodríguez
RESEÑA

Comprándole al vendedor de bagatelas: lecturas, investigaciones y supuestos de Lautaro Ortiz

12 Julio 2026

No puedo empezar a hablar sobre El Anfitrión, de Lautaro Ortiz (Del Camino, 2026), sin hacer paralelismo con un capítulo de Los Simpson. A usted le parecerá gracioso, pero le puedo asegurar que me es fácil recordar por dónde transcurre la trama principal del mismo, aunque se me dificulta en demasía hacer lo mismo con su inicio, hasta me animaría a decir que pocas veces lo vinculo con su posterior desarrollo, como si llegara a ese punto casi por casualidad. Y ahí (lector o televidente) debo admitir que, indefectiblemente, he caído en la trampa.

Eso es lo que ocurre en cada una de estas 27 contratapas hechas para Página/12 (excepto la última, que no fue publicada en dicho diario) nacidas de la lectura y la investigación, pero que rellenan sus espacios en blanco con supuestos. Y para alguien que disfruta de la narración hábil sobre un detalle presentado como algo secundario en el principio de la historia, es uno de los lugares más bellos donde puede caer.

Vale de ejemplo el primer trabajo que nos muestra, “Ese amigo de Walsh” (El de Rodolfo es uno de los nombres que se repite insistentemente y, como usted verá, no es casualidad), donde parece narrar sobre la escritura de Operación Masacre, pero en realidad se dirige hacia una de las tantas casas en donde durmió el periodista mientras lo escribía.

O mejor, la existencia de esa casa reside hoy en el dibujo que conserva entre sus papeles el pintor Horacio Guillermo Maniglia, hijo de Horacio, a quien Walsh le dedica “La aventura de las pruebas de imprenta”, en Variaciones en Rojo.

Es así como el lector se ve sumergido en una amistad que no por nada va de la mano con la Biblioteca de Bolsillo Hachette, el pensamiento político de época y las contradicciones que ésta lleva, por qué no. Algo que se va a repetir varias veces en el libro, como en la historia de Lafert en la voz de su hija Elena. “Todo dibujo es un intento por desenmascarar al olvido”, escribe Ortiz, y la crónica no es más que una muestra.

Así, fácilmente nos vemos sumergidos tras los pasos de Horacio Quiroga o su cabeza, en la visión que tuvo Stepán Erzia. En averiguar quién fue Michell Berboff, ese amigo que Raúl González Tuñón evoca en “Escrito sobre una mesa de Montparnasse”, dentro de la posible existencia de una “Enciclopedia Tuñón”. O en ese día especial de 1933 donde Oliverio Girondo colgó sus famosas ranas disecadas y “éstas pasaron a ser parte de una escenografía tantas veces recordadas por los poetas de la pasión surrealista”.

Ese “detalle” que se presenta como irrelevante en el comienzo de la historia, cobra otro valor a medida que se va desarrollando. No puedo negar que esa forma de realizar sus crónicas me dirigen hacia otro famoso escritor también conocido, entre otras cosas, porque escribir las suyas en el mismo diario, las cuales se volvieron tan indispensables que se recopilaron en cuatro tomos, pero Ortiz corre de cuajo este pensamiento desde el principio, en el mismo prólogo (un tanto picaresco, debo decir) al afirmar que sus investigaciones no seguían un plano general ni salían en forma determinada: “Ni jueves, ni viernes, ni cada tanto”.

La aparición de “el anfitrión” en estas historias donde “me preocupé por dejar en evidencia algunas cuestiones que rigen al conjunto: siempre investigar más que opinar, descubrir más que describir, preguntar más que dar certezas, contar más que relatar”, termina por darle cierta coherencia y continuidad a lo que uno va leyendo. Y por qué no, hay allí un cierto guiño a otro de los intereses de Ortiz: el policial.

Es que el anfitrión suele estar bien acompañado, sus historias no suelen ser directas y trae el lugar hacia donde nos dirigimos, escondido dentro de los banquetes opíparos que ofrece, por los cuales hasta el mismísimo Pepe Carvalho levantaría la copa en señal de satisfacción.

Imagen
el anfitrión tapa

Las personas que tratan de resolver el enigma a través de lo que escuchan, compiten entre ellas como lo podrían hacer Borges o Bioy Casares con la Biblioteca Hachette o el mismo Rodolfo Walsh en ese tiempo. Una mirada interesante sobre este último, tal vez no tan tenida en cuenta.

Es así como Ortiz es capaz de trasladarnos a través de un disco de poemas surrealistas en la voz de Enrique Molina encontrado en una librería de la Chacarita, hacia “dónde queda todo lo que nos sobrevivirá: polvo y silencio”. Es decir, al proyecto de Thiers, su discográfica, y cómo llegó a la grabación de Molina que es la puerta de entrada para revisar un catálogo de casi secretas cintas para nosotros.

O nos mete en los dibujos de George Grosz, quien solía expresarse de la siguiente manera: “El arte por el arte me parecía una estupidez. Yo quería protestar contra ese mundo de destrucción, todo en mí protestaba oscuramente… Pinté en estado de protesta”. Y cuando todo parece ir para ese lado, aparece uno de sus cuadros dedicado a Oskar Panizza, para sumergirnos en sus infernales relatos, que Grosz obviamente conocía.

Ciertos “olvidos” de David Lynch, el hallazgo del eslabón fundamental entre la literatura argentina y la literatura de lengua inglesa del siglo XX en la figura de Lawrence Smith, el no menos importante de la moto que la revista Patoruzito entregó como premio (un encuentro que puede calificarse de detectivesco, teniendo en cuenta que la crónica oscila entre la historia del premio, la misma revista y la de los hermanos Lavintman, los creadores de la moto Broadway que se entrega), el curioso relato del superhombre argentino en la figura de Eduardo Nasep, Borges y sus máscaras (literal y metafórica), y el desagote final de esta marea en otra figura que se repite, la de Mansilla.  

La lectura de El Anfitrión, provocadora de cierto éxtasis, me invita a pensar que poco importa si las investigaciones de Ortiz son fehacientes cuando están tan bien relatadas, tranquilamente pueden formar parte de nuestra literatura o saben cómo pasearse por ella, rescatando cosas que para otros no tienen valor. Tonto de mí, ya él mismo lo desliza en una de sus contratapas:

 

—¿No me diga que consideró la posibilidad de tomarlo en serio? —le pregunté al Anfitrión, asombrado y entonado.

—No. Pero entienda usted una cosa —respondió ofendido—. ¿Qué sería de nuestra literatura sin el auxilio de lo que no existe?

 

Alguien me dijo una vez, mientras buscaba con lupa al cabo Gómez de Lucio V.

Mansilla en un cuadro de Cándido López, que yo pecaba de exceso de imaginación…

En ningún momento hice trampa al lector, sólo rellené los espacios vacíos de cada historia con supuestos, el mejor material para mantener de pie la casa del asombro

en relación a las misteriosas acciones de los hombres”.

“¿Qué sería de nuestra literatura sin el auxilio de lo que no existe?”

No es un detalle menor la aparición de nombres como el de Juan Carlos Sánchez Sottosanto, Guillermo Saavedra en esa hermosa historia donde el bandoneón se convierte en una metáfora, hasta el del querido y no menos incansable Julián Axat. Es que Lautaro Ortiz, además de ser escritor y periodista reconocido, fue editor y director de la Fierro hasta el año 2019; ha guionizado historietas en colaboración de dibujantes como Lucas Nine y El Tomi, además de escribir sobre arte, literatura e (me repito) historietas en diversos diarios.

Podría decir que es un vendedor de bagatelas, como el cuento que le dedica Rodolfo Walsh a la memoria del traductor Alfredo de León (Ortiz realiza una constante elevación de este oficio, en nuestro país y durante el siglo XX, algo en directa relación con lo que escribe al principio, “como el cazador pobre: a lo que salga”)  

El autor utiliza dicha historia no publicada en el diario para dar cierre a este fructuoso libro y para rendirle homenaje al traductor y el análisis que tiene de León sobre la literatura policial, que fue “sólo recompensado por el olvido”.

Pero no existiría el vendedor de bagatelas si no hubiera quien se siente atrapado por ellas y las compra. Y suelo ser uno de ellos.

Hay quien sospecha en una de las redes famosas utilizadas para expresarnos, sobre la verdadera identidad del anfitrión y debo decir que, después de leerlo, no me da ganas de averiguar quién es (cosa que debería realizar, de todos modos).

Es más, me encuentro en la situación de pensar que Lautaro Ortiz no existe, que en realidad se trata de otro de los hábiles disfraces del anfitrión, y compro encantado.

Mire, hasta esa llegamos.

O hasta eso llegó el autor de este libro.

Y déjeme decirle: lejos estoy de no encontrarme contento por ello.

  • Imagen
    Teatro Una
CARTELERA TEATRAL

Teatro: "Una", la pregunta sobre la identidad

12 Julio 2026

“Tenes la nariz un poco torcida”, le dice su marido a Angélica Moscarda frente al espejo. La frase parece insignificante. Sin embargo, basta para hacer estallar una ficción que sostenemos todos los días: la de creer que somos una sola persona. Hasta ese momento, Angélica no se había dado cuenta de su nariz torcida, ni tampoco de la enorme distancia entre la Angélica que ella creía ser y la Angélica de su marido.

La premisa de Una, inspirada en la novela Uno, ninguno y cien mil, de Luigi Pirandello, parece sencilla. Una mujer descubre que la imagen que los demás tienen de ella no coincide con la que construyó sobre sí misma. Pero esa grieta inicial pronto deja de pertenecer únicamente a Angélica. Se convierte en una pregunta que atraviesa al espectador. ¿Alguna vez llegamos a vernos realmente? ¿O aprendemos a habitar el relato que los otros construyen sobre nuestra existencia?

Vivimos convencidos de que nos conocemos. Habitamos el mismo cuerpo desde hace años, pronunciamos el mismo nombre, reconocemos el mismo rostro cada mañana frente al espejo. Sin embargo, casi nunca nos vemos directamente. Nos vemos reflejados. Pero incluso ese reflejo no somos nosotros. Como en La traición de las imágenes (1929), del pintor belga René Magritte, donde la inscripción "Esto no es una pipa" nos recuerda que toda imagen es apenas una representación y nunca la cosa en sí, el espejo tampoco devuelve una verdad. Devuelve una construcción. Angélica descubre que tampoco ella coincide con la imagen que la representa. Entre la persona y su reflejo existe la misma distancia que entre la cosa y su representación. Nos vemos en una fotografía, en una videollamada, en la cámara frontal de un teléfono, en la mirada de quienes nos rodean. Somos la hija de alguien, la amiga de alguien, la pareja de alguien, la profesional que otros describen. Nuestra identidad nunca es completamente nuestra.

Angélica no descubre que tiene la nariz torcida. Descubre algo infinitamente más perturbador: existe una versión de sí misma que nunca le perteneció. La mujer que los demás conocen no coincide con la mujer que ella creía ser. Esa distancia, casi imperceptible al comienzo, termina convirtiéndose en un abismo.
Hay una pregunta que atraviesa toda la puesta y que nunca termina de formularse del todo: ¿quién sabe más sobre mí? ¿Yo, que llevo toda una vida habitando este cuerpo, o los otros, que me observan desde afuera? La respuesta parece evidente hasta que alguien señala un detalle que jamás habíamos visto. Entonces comprendemos que vivimos suspendidos entre dos imágenes irreconciliables: la que construimos de nosotros mismos y la que los demás proyectan sobre nosotros.

Esa fractura también ocurre en el cuerpo. Y es precisamente allí donde el trabajo de Miriam Odorico encuentra una potencia extraordinaria. Sus movimientos rara vez avanzan de manera lineal. Un gesto comienza y, de pronto, algo lo desvía. Un brazo cambia de dirección, una intención se interrumpe, un impulso queda suspendido antes de completarse. Es el cuerpo haciendo el "como si" de las respuestas de Angélica. Cuando creemos que encontró el camino, justo ahí aparece una interrupción que, una vez más, como una espiral, la devuelve a una nueva pregunta. 

¿Alguna vez llegamos a vernos realmente? ¿O aprendemos a habitar el relato que los otros construyen sobre nuestra existencia?

Mirándola, resulta inevitable recordar el método de la interrupción desarrollado por Pompeyo Audivert. No porque la puesta busque reproducir esa investigación, sino porque comparte una intuición semejante: el cuerpo nunca parece obedecer a una única voluntad. 

En Una, esa interrupción deja de ser un procedimiento corporal para convertirse en una idea. Si toda acción supone un sujeto capaz de sostenerla hasta el final, entonces un cuerpo que nunca termina de completar sus movimientos es también un cuerpo donde la identidad se encuentra permanentemente en disputa. Cada gesto parece preguntarse quién lo está realizando. Cada uno de los personajes que interpreta Odorico, desde el marido hasta el amigo de este o la suegra, aparece irrumpido por Angélica, como si ninguna identidad consiguiera imponerse definitivamente sobre las demás. 

La puesta acompaña esa decisión con una austeridad notable. Una silla, la luz y el cuerpo de la actriz. El vacío no aparece como una carencia, sino como un espacio de resonancia donde cada transformación sucede delante del espectador. Todo ocurre en el cuerpo.

Cuando Pirandello publicó Uno, ninguno y cien mil, escribió que aquella era la historia de la descomposición de una personalidad. Casi un siglo después, esa intuición continúa interpelándonos. La obra no habla solamente de un individuo que deja de reconocerse. Habla de la imposibilidad de reducir una vida a una única versión de sí misma. Somos distintos para cada persona que nos conoce y, al mismo tiempo, distintos para nosotros según el momento desde el que nos recordamos.

Pero cuando esa pregunta recae sobre una mujer, adquiere otra dimensión. La identidad femenina ha sido, históricamente, narrada por voces ajenas. En ese sentido, Una dialoga con La mujer rota, de Simone de Beauvoir, donde las protagonistas descubren que la imagen sobre la que edificaron su vida comienza a desmoronarse. No porque ellas hayan cambiado de un día para el otro, sino porque los papeles que sostenían su identidad dejan de ofrecer respuestas. Angélica atraviesa una experiencia semejante. Su recorrido no consiste únicamente en una crisis existencial, sino en despojarse de los nombres, los mandatos y las expectativas que otros depositaron sobre ella. No busca convertirse en alguien nuevo. Busca averiguar cuánto de lo que llama "yo" fue escrito por los demás. 

¿Dónde habita realmente la identidad? ¿En el cuerpo? ¿En el nombre? ¿En la memoria? ¿En la percepción de los otros? La obra no ofrece una respuesta. Apenas sugiere que ninguna de esas dimensiones, por sí sola, alcanza para explicar quiénes somos. La identidad aparece entonces como una construcción compleja, atravesada por la historia, los vínculos, el deseo, la experiencia y la forma en que nos narramos a nosotros mismos. 

Imagen
Teatro Una

 

Vivimos rodeados de espejos. Ya no son únicamente los de vidrio. Son las pantallas, las selfies, las redes sociales, las videollamadas. Nunca antes habíamos tenido tantas imágenes de nosotros mismos y, sin embargo, pocas veces resultó tan difícil responder una pregunta tan sencilla como antigua: ¿quién soy?

El título de la obra termina revelando otra paradoja. Una parece nombrar una identidad singular, pero también funciona como un pronombre indefinido. Podría ser cualquier mujer. Podría ser todas. Cuanto más intenta convertirse en una sola, más descubre que está hecha de muchas. Y allí vuelve Pirandello. No porque seamos nadie al descubrir nuestra multiplicidad, sino porque la ilusión de un yo único termina por desmoronarse. Somos uno para nosotros, cien mil para los demás y, en ese tránsito, nunca dejamos de transformarnos.

La obra apenas abre una hendija para que nos atrevamos a espiar. Somos apenas una imagen momentánea entre muchas otras posibles.
Tal vez el problema nunca haya sido descubrir que somos muchos. Tal vez el verdadero problema sea el mandato de tener que ser una. La sociedad necesita identidades estables porque las clasifica, las ordena y las vuelve previsibles. El teatro, en cambio, insiste en otra cosa. Nos recuerda que habitamos una contradicción permanente. Que somos quienes fuimos, quienes creemos ser, quienes los otros imaginan y quienes todavía no conocemos.

Y como todo arte suele tener esa rara capacidad de alterar imperceptiblemente a quien lo mira. Uno entra creyéndose el mismo de siempre y sale con una pregunta nueva habitándole el cuerpo. Una trabaja exactamente sobre esa transformación. No busca decirnos quiénes somos. Hace algo mucho más inquietante: pone en escena la fragilidad de todas las respuestas que habíamos construido para creer que lo sabíamos. 

Una se presenta los sábados a las 17.30 horas en Almagna Teatro (Guardia Vieja 3783, CABA).  

Entradas en venta por Alternativa Teatral.

Ficha técnico artística

Actúa: Miriam Odorico @miruodorico
Dramaturgia y Dirección:  Giampaolo Samá @gpsama 
Vestuario:  Julio Suárez @jualayonvestuario
Diseño gráfico: Paola Bilancieri @paolabilancieri_ag
Diseño de luces y fotografía:  Giampaolo Samá  @gpsama 
Producción:  Perbacco
Prensa: Susan Lonetti @suvalo88
Duración: 70 minutos
Instagram: @una_laobra  

  • Imagen
    Joaquín Gallardo
ENTREVISTA LITERARIA

Joaquín Gallardo: "Me parece que lo no dicho es la materia prima de la buena literatura"

12 Julio 2026

Joaquín Gallardo nació en la ciudad de Neuquén en 1994 y, desde 2012, reside en Buenos Aires. Es psicoanalista, graduado en la Universidad de Buenos Aires. Colabora en medios digitales con artículos sobre psicoanálisis y literatura. Sus cuentos fueron publicados en antologías en Argentina y Colombia, y en Fanfiction volumen I (Ojo de loca, 2025). Actualmente estudia la Licenciatura en Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes.

La Agencia Paco Urondo conversó con Joaquín Gallardo a propósito de El caníbal de la fiesta, su primera novela.

AGENCIA PACO URONDO: En la novela, la transición de Julián no es hacia otra identidad como mujer, sino hacia su propia madre. ¿Cómo pensaste esa operación desde lo psíquico y lo narrativo? ¿Qué te interesaba explorar en ese desplazamiento tan particular?

Joaquín Gallardo: La transición de Julián en su propia madre era una oportunidad en dos sentidos. Por un lado, me parecía muy interesante a nivel literario contar una historia así, creo que tenía condimentos que la distinguían de otras novelas y formas de abarcar el tema de la transexualidad. El caníbal de la fiesta no es una historia sobre una persona que nació biológicamente macho y se siente una mujer, es sobre un hombre que se transforma en su madre muerta y eso cambia las cosas. A medida que avancé con la escritura de la novela, quise describir y profundizar esa metamorfosis.

Por otro lado, en el terreno del psicoanálisis, que es mi vocación y a lo que me dedico, esta forma de transicionar me permitía relacionarla con el concepto de desencadenamiento, que ocurre cuando una persona vive algo tan fuerte que la modifica radicalmente. Pero, también, da lugar a interpretar esa transición tan singular como una manera de mantener viva a esa madre que se perdió.

APU: Tanto Julián como su padre son personajes atravesados por tensiones internas muy fuertes. ¿Cómo trabajaste la construcción de esas subjetividades? ¿Partiste de conceptos del psicoanálisis o apareció después, en la reescritura?

JG: La construcción de los personajes de Julián y su padre fue uno de los puntos más simples y naturales en la escritura de esta novela porque a ambos los tenía muy claros en mí y sabía que ellos estaban posicionados en polos opuestos entre sí; casi un juego de espejos invertido. Por lo tanto, al encontrar un rasgo en Julián, de inmediato sabía cuál era, por el contrario, el que tendría su padre. También tener esto en cuenta me orientó para pensar y construir los diálogos y los momentos en que ellos interactúan. Fue algo que estuvo desde el principio de la escritura del texto, no hizo falta trabajarlo en la reescritura. 

Imagen
El caníbal de la fiesta

 

APU: La novela pone en juego vínculos donde el amor, la violencia y el rechazo pueden convivir, de una manera insana. ¿Te interesaba incomodar al lector o fue una consecuencia de llevar esos vínculos al límite?

JG: Desde mi punto de vista, es imposible pensar en qué efecto puede tener una escena en un lector, en principio porque supondría que existe tal cosa como un único lector y, en realidad, creo que hay tantos como cada persona que lea el libro. Tampoco creo que uno, como escritor, pueda manipular la emocionalidad de los lectores. Lo que sí hago es apostar a escribir historias que me interesen, que a mí como lector me gustaría leer; y si en el camino conmueve a lectores, es muy bienvenido y una gran alegría. Por los comentarios que fui recibiendo, El caníbal de la fiesta es una novela que interpeló y no les pasó desapercibida a quienes la leyeron. 

APU:¿Qué lugar ocupa lo no dicho en esta familia en la construcción de la historia?

JG: Me parece que lo no dicho es la materia prima de la buena literatura. No quiero leer textos donde me expliquen cosas ni me den todo digerido. Me gustan las novelas donde la historia se va construyendo entre narrador y lector, que uno pueda ir atando cabos, interpretando pistas, donde los autores dejen asuntos a medio decir. Esa fue mi búsqueda en El caníbal de la fiesta y en el resto de las novelas que tengo escritas. Al dejar cosas a medio decir, le di la oportunidad a la gente que leyó la novela de que construyan su propia versión de la historia.

APU: Además de escritor, sos psicólogo, y eso se percibe en la densidad de los personajes. ¿Cómo dialogan en tu trabajo la práctica clínica y la escritura? ¿Dónde se cruzan y dónde necesitás que se separen?

JG: El punto de contacto entre mi trabajo como psicoanalista y mis novelas tiene que ver más con la teoría que con la práctica clínica. Los conceptos psicoanalíticos y el corpus que tengo estudiado me dan las herramientas para construir los matices y capas de los personajes. En la clínica, en cambio, escucho relatos de mis pacientes que serían inverosímiles en una novela; no puedo entrecruzar esas dimensiones. 

  • Imagen
    Charla en ATE Capital
DDHH

Charla en ATE Capital: cómo despedir a un desaparecido, desde lo personal y lo colectivo

12 Julio 2026

La búsqueda de la verdad sobre el destino de los desaparecidos y desaparecidas durante la última dictadura cívico militar en la Argentina lleva décadas y, recientemente, sumó un nuevo capítulo con el hallazgo e identificación de los restos de varios compañeros y compañeras que fueron detenidos y asesinados en el ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio (CCDTyE), La Perla, en Córdoba. En una charla en la sede de ATE Capital, Agueda Goyochea, hija de dos de esos militantes secuestrados y asesinados y cuyos restos fueron hallados e identificados, dio testimonio de lo que significa esta nueva etapa. Junto a ella, participó Carlos “Maco” Somigliana, integrante del equipo argentino de Antropología Forense (EAAF), que formó parte del trabajo de investigación, moderados por Flavia Fernández Brozzi, responsable del área de DDHH de ATE Capital.

“Esta búsqueda venía desde hace mucho tiempo pero el momento de la identificación fue muy movilizante y complejo”, contó Agueda sobre el hallazgo de los restos que pertenecen a su madre y a su padre. “Surgieron muchas preguntas. ¿Cómo los nombramos?, ¿adónde los vamos a llevar? No tenemos rituales para estas situaciones, es algo novedoso. Fue algo que sucedió hace 50 años pero en la familia aún está la necesidad de despedirlos”, dijo.

Sus padres y los de una amiga suya fueron detenidos y luego fusilados y enterrados en La Perla. Ahora, ambas familias están compartiendo el dolor y tratando de reconstruir el momento más trágico para luego, armar una despedida juntos. Esa es una circunstancia que los llevó a la reflexión que, como aseguraron, debería ser colectiva. “La única certeza que tenemos es que son sus huesos pero hay que pensar entre todos, ¿qué se hace con esto? No es como velar o enterrar a otro muerto. Entonces, ¿alcanza con el duelo?”, contó Agueda. “Hay muchas cuestiones para seguir pensando en comunidad, el significado de todo esto”.

Por su parte, Somigliana coincidió en que se trata de una situación absolutamente inédita que implica una bisagra en la sociedad. Y destacó: “No es lo mismo seguir aferrado a una incertidumbre, como la figura de un desaparecido, que tener la certeza, por mínima que sea, de su final. Y para las familias implica un tiempo para decantar este proceso y ver cómo encaran semejante cosa”. Pero además, aseguró que no hay que perder de vista la cuestión política inserta en esta situación. “Primero, por el respeto que merece y también porque es una verdad que se va imponiendo. Cuando algunos pobladores de la zona contaron en algún momento que sabían que en la Loma del Torito, había habido fusilamientos, no le dieron importancia. Habrá que preguntarse por qué se tardó tanto en tener en cuenta esos testimonios. Pero finalmente, la verdad se va revelando”.

Y frente a esa realidad, tanto Somigliana como Goyochea coincideron en que, la sociedad argentina no tuvo la capacidad suficiente de escuchar el relato de los sobrevivientes de los centros clandestinos de detención y tortura e, incluso, los trataron bastante mal. “El cuestionamiento era ¿por qué están vivos? Y eso atrasó mucho el proceso. Faltó percepción para entender la importancia de esos relatos”, dijo Somigliana.
Y agregó: “No hay crímenes perfectos, hay crímenes atroces como éstos- Y las familias quieren saber muchas cosas sobre lo que atravesaron sus seres queridos, hay mucho por responder y en eso hay que seguir trabajando en todo el país”.

Graciela Daleo, quien estuvo presente en la charla y vivió en primera persona el horror en la ESMA, coincidió en este punto: “Como sobreviviente siempre me pregunté por qué, aún sabiendo el destino de nuestros compañeros, según los primeros testimonios, nos costó profundos cuestionamientos. Realmente fue un dilema profundo para nosotros”.

Imagen
Charla en ATE Capital

 

Según Agueda, lo que se hizo público en el hallazgo e identificación de los restos óseos, es la culminación de un trabajo anterior en el que también fue fundamental, el relato de un grupo de sobrevivientes de La Perla que hicieron contacto con los familiares de los desaparecidos y desaparecidas, ya en la década de 1980. “Ellos fueron testigos de los traslados para el posterior fusilamientos”, dijo.
En la charla se habló sobre lo que podría ocurrir a partir de ahora, con nuevos hallazgos óseos, en distintas zonas de la Argentina: muchos restos no podrán ser identificados o, en otros casos, no tendrán posibilidad de ser devueltos a sus familias- “Hay que pensar qué se hace con eso, es una responsabilidad de toda la sociedad, que nos implica a todos como pueblo”.

El planteo que sobrevoló la charla, además, está relacionado con lo que debería reflexionarse en conjunto a partir de ahora.” Es parte de la condición humana negar la muerte, vivimos negándola hasta que no lo podemos hacer más. Este hallazgo nos dice que están todos muertos pero ¿para qué nos va a servir todo esto? La puerta de entrada es el duelo”, dijo Somigliana. “Mientras tanto el tiempo pasa para todos y hay verdades que son más complicadas que otras. Y acá hubo un ocultamiento tras otro, por eso queda mucho trabajo por hacer”.

Frente a la pregunta de cómo se sigue luego de un hallazgo e identificación de esta naturaleza, para Agueda, que representa lo que puede ser la realidad de muchos otros familiares de las 30 mil víctimas de la última dictadura cívico militar, se trata de gran un interrogante. “No sé cómo se sigue. La búsqueda siempre estuvo cargada de emoción y cada tanto, de a ramalazos, hubo acompañamiento colectivo, como en la última marcha del 24 de marzo, y creo que esto debería ser algo compartido”, aseguró. 
E insistió sobre la necesidad de generar un ritual de despedida como una forma de reintegrar a los desaparecidos a su condición humana. “No es una reparación, creo que se trata de algo ético, volverlos al cauce de la humanidad y eso es una responsabilidad colectiva. Y con cada una de las personas que faltan, sobre cada uno de ellos deberíamos poder encontrar algo”.

Los interrogantes que surgen a partir de ahora, merecen una reflexión profunda hacia el pasado. Según Somigliana, “El término “desaparecidos” es un eufemismo. Y lo que hizo la dictadura también sucedió porque la sociedad lo permitió. Se naturalizó durante mucho tiempo, el no saber dónde estaban. Así como hubo un plan sistemático para desaparecer personas por parte del Estado, también el Estado debería hacerse cargo de la búsqueda y exigirle eso sea quien sea porque es algo que le corresponde a todo el pueblo argentino, no solo a los familiares”.

Ante la pregunta del rol de los medios en todo este proceso que, en su gran mayoría, ignoran el tema, Agueda Goyochea remarcó un cambio a lo largo del tiempo. “Mi impresión es que durante la transición democrática, lo que se daba a conocer, era de mucha espectacularidad, no había eufemismos. Luego surgieron otras maneras de contar esto. Pero ahora, parece que está todo dicho”. Y concluyó: “Aunque parezca que ya sabemos todo lo que pasó, creo que hay que poder decirlo en los términos de un principio, que fueron incómodos y dolorosos. Pero no hay otra manera. Sobre todo para poder transmitirlo a los más jóvenes para que los hechos tengan la dimensión real que tienen que tener”.

  • Imagen
    Lucas verón

6 años del caso Lucas Verón: “Es el primer nieto de desaparecidos asesinado en democracia por fuerzas policiales”

11 Julio 2026

La madrugada del 10 de julio de 2020 dos oficiales del Comando de Prevención Comunitaria (CPC) de la Policía Bonaerense asesinaron a Lucas Nahuel Verón, de 18 años recién cumplidos, en el barrio Scasso de González Catán, La Matanza. Los responsables, Ezequiel Benítez -que efectuó los disparos letales- y Cintia Duarte, huyeron sin preservar la zona ni dar aviso a sus superiores. La rápida intervención de la agrupación HIJOS llevó a que los mismos sean desafectados de la fuerza y posteriormente detenidos. A seis años del hecho, el accionar dispar del poder judicial es una de las características del caso. 

Lucas había salido con un amigo a comprar gaseosas pero, por el aislamiento por la pandemia, estaba todo cerrado. De regreso, fueron interceptados por un patrullero, con luces y sirenas apagadas, que, sin dar la voz de alto, les tiró el móvil encima y los persiguió, realizando cuatro disparos. Todo fue relatado por el otro joven que sobrevivió -en ese entonces menor de edad-, que fue presionado para cambiar su versión mientras le tomaban declaración en sede policial bajo la excusa de falta de personal. La Fiscalía de Homicidios, a cargo de Juan Pablo Tahtagian, avaló dicha acción, por lo que fue recusado y desplazado, asumiendo en su lugar Claudio Fornaro y Marcos Borghi.

La investigación judicial del hecho tuvo un desarrollo dispar. Por un lado, la causa principal, por el homicidio, avanzó con celeridad gracias a la cantidad de pruebas y testigos. En 2022 un jurado popular consideró que los efectivos se excedieron en sus funciones. Además, a Benítez lo hallaron culpable de “homicidio agravado en grado de tentativa'' por el ataque al amigo de Verón, pero Duarte fue absuelta. Al ser su decisión “inmotivada”, no debieron explicar la contradicción de señalar, en un caso, un homicidio en exceso de sus funciones y, en otro, tentativa de homicidio agravado, si ambos se cometieron en una misma secuencia. El magistrado Gerardo Gayol, del Tribunal Oral en lo Criminal N° 4, condenó a Benítez a 21 años y 8 meses de prisión y a Duarte a 4 años.

Durante las jornadas de dicho proceso integrantes de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), querellante y representante de la familia, advirtieron que los agentes Brian Leonardo Martino y Cristián José Ramírez tomaban fotos de los allegados de Verón, dentro y fuera de la sala, de civil y sin identificación. Intentaron excusarse con que fue por orden del inspector Bruno Sosa, a cargo de la Comisaría Primera de San Justo. Sin embargo, la fuerza ya tenía prohibido intervenir en el caso desde la etapa de instrucción. Por ello, en 2024 el Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional N° 2 de Morón los procesó por tareas ilegales de inteligencia. La CPM remarcó que lo sucedido guarda similitud con otros hechos ya denunciados, que incluso también involucran a Martino y Ramírez. 

Por otro lado, los expedientes vinculados al encubrimiento sufrieron diversas demoras. En 2024, tras un juicio abreviado, el inspector Diego Adrián Ocampos, el subcomisario Daniel Emilio Quinteros y la suboficial María Giselle Genez fueron condenados por amenazas coactivas, privación ilegal de la libertad, falso testimonio y falsedad ideológica. El titular del Tribunal en lo Criminal N° 2, Diego Sebastián Burgueño, aceptó la propuesta y las penas condicionales quedaron en 3 años para Ocampos y 2 para Quinteros y Genez, junto a la inhabilitación para ejercer en la fuerza pública por diez años, tras probar las presiones contra el amigo de la víctima para que contradiga falsamente su versión inicial del hecho.

Por último, hay otra causa paralela -reabierta en 2021-, cuyo único imputado es Tahtagian, denunciado por sus actos mientras sucedían los hechos mencionados y por delegar en la misma fuerza implicada la recolección de pruebas y testimonios. Al día de hoy sigue prestando funciones en Gregoria de Laferrere. Andrea Andoniades, de la Unidad Funcional de Instrucción N°8 de San Martín, lo citó a declaración indagatoria por imputaciones penales vinculadas a los delitos de acción pública y encubrimiento. Para avanzar con dicha medida es necesario un proceso de jury de enjuiciamiento, que se encuentra en la etapa de conformación definitiva del jurado y resolución de recusaciones, entre ellas, la de Guillermo Montenegro, senador provincial y ex intendente General Pueyrredón, contra quien la CPM impulsa una denuncia penal por el accionar de la patrulla municipal durante su gestión.

A seis años del caso, desde HIJOS La Matanza restauraron un mural ubicado sobre una de las paredes de la Plaza del Periodista en San Justo. Fue diseñado con motivo del tercer aniversario por el artista Sergio Villalba, pero ya ha sido vandalizado cuatro veces. Se instituyó como reclamo por el cese de la violencia institucional sobre los y las jóvenes del distrito. “Lucas es el primer nieto de desaparecidos asesinado en democracia por fuerzas policiales. A 50 años del golpe de Estado todavía no sabemos qué pasó con su abuelo ni dónde está. Su familia se lo sigue preguntando y todos los hijos nos seguimos preguntando eso”, deslizó Alejo Rivera, miembro de la agrupación.

Según publicó HIJOS en redes sociales, el abuelo materno de Lucas, Martín Aguilar, fue secuestrado el 14 de febrero de 1975. “Al día de hoy continúa desaparecido, su nieto se fue sin saber el destino de su abuelo”, puntualizan en el comunicado difundido a raíz del nuevo aniversario. “Su familia, cargando con las heridas de nuestra historia, se convirtió en faro de la lucha contra la impunidad (...) Exigimos el avance inmediato del jury contra Tahtagian, un fiscal cómplice que, en lugar de investigar, actuó como garante judicial de los asesinos”, finalizaron. 

Imagen
Mural Lucas Verón

AGENCIA PACO URONDO también dialogó con Graciela Aguilar, madre de Lucas Verón.

Agencia Paco Urondo: ¿Qué reflexión puede hacerse en este nuevo aniversario?

Graciela Aguilar: La reflexión que hacemos es que la Justicia y el Poder Judicial siguen dejando mucho que desear.

APU: ¿Hubo novedades en relación a las distintas causas?

GA: La causa que investiga las maniobras de inteligencia ilegal por parte de la Policía de la Provincia de Buenos Aires hoy se encuentra con un “conflicto de competencia” ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación, la cual demora mucho tiempo. Tramitaba ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°4 de San Martín, pero ante un pedido de la Fiscalía Federal en forma previa al juicio oral, declinó la competencia hacia la justicia provincial, al Tribunal Oral en lo Criminal N°2 de La Matanza, quien no aceptó y por eso se produjo el conflicto. Es posible que la Corte disponga que intervenga la justicia provincial, porque así lo ha resuelto en otros casos, pero hasta tanto no se resuelva no se puede avanzar con el juicio. 

En la Secretaría de Enjuiciamiento tramita el expediente contra Juan Pablo Thatagian, donde la CPM también realiza el seguimiento. Este año se llamó a sorteo. A partir de ser notificados de la designación en terna del legislador Guillermo Montenegro el 18 de mayo se llevó a cabo la presentación de recusación por falta de imparcialidad, la cual se encuentra en etapa de notificaciones a la presidencia que convoca el jurado para resolverlo.

APU: ¿Hubo actividades organizadas para seguir reclamando?

GA: No, sólo a nivel familiar. Una cosa muy íntima. Estamos alejados de todo en estos tiempos difíciles que se están viviendo. Necesitábamos un poco de tranquilidad. Duele como el primer día el asesinato de nuestro hijo y se nos está haciendo cada vez más difícil transitarlo. Lucas era nuestro mundo y nos sentimos muy solos.

  • Imagen
    Augusto Costa Kilómetro Cero

Kilómetro Cero presentó USINA, el observatorio para pensar el desarrollo productivo de la Ciudad de Buenos Aires

10 Julio 2026

La agrupación Kilómetro Cero, conducida por Augusto Costa y referenciada en Axel Kicillof, celebró este jueves dos años de construcción política con el lanzamiento de “USINA, para una ciudad que produce”, el nuevo observatorio sobre la economía y la producción en la Ciudad de Buenos Aires. La actividad se realizó en el Cultural Morán, donde confluyeron integrantes del centro de estudios, militantes de Kilómetro Cero, vecinos y dirigentes de distintas agrupaciones, y contó con una presentación a cargo de Costa y de Mara Ruiz Malec, coordinadora del CEDAF.

USINA nace como un espacio de producción, sistematización y análisis de información orientado a comprender la dinámica económica y productiva de la Ciudad y su área metropolitana, con una pregunta central: cómo construir una ciudad que produzca, genere trabajo y articule mejor sus capacidades económicas, tecnológicas y sociales. El observatorio parte de un diagnóstico: pese a que Buenos Aires es el segundo polo industrial del país —con un sector manufacturero que explica el 11% de su Producto Bruto Geográfico— y concentra el principal entramado universitario y científico de la Argentina, la gestión porteña carece hace más de dos décadas de un plan de desarrollo estratégico y productivo. Por el contrario, ha priorizado el negocio inmobiliario y financiero por sobre la producción y el trabajo, y ha desconectado por completo a las necesidades de las empresas con el inmenso capital científico, tecnológico y académico que existe en la ciudad.

Al respecto Augusto Costa mencionó que “tenemos una economía desordenada y sin un horizonte claro, que se conforma con administrar los ‘beneficios’ de su geografía privilegiada y la abundancia de sus recursos, mientras da la espalda a su verdadero potencial productivo”. Y agregó: “Es hora de dejar de administrar la inercia. Nace Usina, para una ciudad que produce, un observatorio de desarrollo económico y social creado para visibilizar lo que está oculto, conectar lo que está fragmentado y diseñar colectivamente el futuro productivo de Buenos Aires. Venimos a poner en discusión el modelo de ciudad”.

El objetivo de USINA es generar datos rigurosos, pensar políticas públicas viables e integrar a las PyMEs, la industria, los servicios y el sistema científico en el centro de la agenda pública porteña, articulando con empresarios, trabajadores, universidades y distintos espacios políticos. El observatorio organiza su trabajo en tres ejes principales: entramado productivo; ciencia, tecnología e innovación; y mercados y relaciones de consumo. Desde estos ejes despliega su producción a través de informes y notas de análisis, tableros interactivos de monitoreo de datos (por comuna, a nivel macro y de presupuesto) y un espacio de Diálogos Productivos con actores del entramado económico de la Ciudad.

USINA ya está en funcionamiento en usinaciudad.org, donde pueden consultarse sus publicaciones, tableros de datos y próximas actividades.

  • Imagen
    Peronismo

El otro 9 de Julio

09 Julio 2026

El 9 de julio de 1816, después de diversas vicisitudes, los Congresales concretaron la Independencia Política de las Provincias Unidad del Río de la Plata. Un hecho significativo que se encuentra entre las fechas más memorables en la historia de la Argentina.. 

A 131 años de ese acontecimiento se llevó adelante en la misma histórica Casa de Tucumán, precisamente el 9 de julio de 1947, otro suceso memorable: la declaración de la Independencia Económica, que por muchas razones se le negó y se le niega su lugar en la historia.

El otro 9 de julio

El otro 9 de julio, el de 1947,  fue una clara reacción al sistema liberal que estaba instaurado a lo largo y a lo ancho de la Argentina. Un sistema que permitía a los intereses económicos extranjeros –principalmente los de la banca londinense expandir sus dominios, imponer sus conveniencias e influir en la política nacional. 

Desde su asunción al gobierno de Juan D.Perón inició un plan que consistió en hacer crecer la actividad industrial, mejorar los salarios de los trabajadores y poner en marcha obras como el gasoducto que uniría Comodoro Rivadavia y Buenos Aires, llevado adelante por la flamante empresa nacional Gas del Estado que, junto con compañías eléctricas estatizadas -menos la CADE- pasaron a formar parte de la Dirección Nacional de Energía. 

Entre otras medidas se había nacionalizado el Banco Central, y se llevó a cabo la creación del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI), orientado a cuestiones de comercio exterior. Se había logrado  reservas de divisas extranjeras, se  canceló deudas con el exterior, se habían adquirido las compañías de teléfonos que cubrían el servicio en el Gran Buenos Aires, se llevaba las gestiones ára la nacionalización  de los ferrocarriles, que se sumaban  a otros servicios que pasaron a manos estatales.

Además, el Primer Plan Quinquenal establecía metas concretas de crecimiento económico. Perón afirmaba tres días antes del histórico 9 de julio de 1947 en su mensaje a los pueblos del mundo . “La economía recuperada y sostenida por las manos del Estado, que es decir lo mismo que defendida y elaborada por las manos del pueblo…

En ese histórico 9 de julio y en la misma casa de Tucumán donde se había firmado la independencia 131 años atrás se firmó decididamente el Acta de la Independencia Económica, donde el gobierno argentino bajo la presidencia de Juan Domingo Perón, declaró solemnemente “romper los vínculos dominadores del capitalismo foráneo enclavado en el país y recuperar los derechos al gobierno propio de las fuentes económicas nacionales. La Nación alcanza su libertad económica para quedar, en consecuencia, de hecho y de derecho, con el amplio y pleno poder para darse las formas que exijan la justicia y la economía universal, en defensa de la solidaridad humana”. (1)

Esa histórica acta de la Independencia Económica fue firmada entre otros por Juan D. Perón, Presidente de la Nación; Dr. Hortensio Quijano, Vicepresidente de la Nación; Ángel Borlenghi, Ministro del Interior; Dr. Atilio Bramuglia, Ministro de Relaciones Exteriores; Dr. Ramón Cereijo, Ministro de Hacienda;  general José Sosa Molina, ,Ministro de Guerra; general Juan Pistarini, Ministro de Obras Públicas; José Freire, Ministro de Trabajo y Previsión;  Dr. Ramón Carrillo, Secretario de Salud Pública; Dr. Ramón Subiza, Secretario Político; Miguel Miranda, Presidente del Banco Central; Carlos A. Dominguez, Gobernador de Tucumán; Waldino Suarez, Gobernador de Tucumán; Aristóbulo Mittelbach, Gobernador de Santiago del Estero; Alberto Iturbe, Gobernador de Jujuy; Héctor Maya, Gobernador de Entre Ríos; Lucio Cornejo Saravia, Gobernador de Salta; Ricardo Zabala Ortiz, Gobernador de San Luis.

A 79 años de ese hecho histórico que fuera rubricado por ministros, funcionarios, gobernadores, militares, estamos plenamente seguros que merece la justa reflexión en las cual deberíamos, entre otras cosas, preguntarnos porque se sigue dejando completamente de lado esta Acta de la Independencia Económica en la cual, entre otros aspectos, aseguraban los firmantes el comprometerse “en la tarea de movilizar las inmensas fuerzas productivas nacionales y concertar los términos de una verdadera política para que en el comercio internacional tengan base de discusión, negociación y comercialización los productos de trabajo argentino, y quede de tal modo garantizada para la República la suerte económica de su presente y su porvenir.”  (2)

1.- Acta de independencia económica, fragmento

2.- Idem

  • Imagen
    Cincuenta años sin Perón.
    Juan Domingo Perón

Algo más sobre politización, cultura política y conciencia nacional

09 Julio 2026

Los Argentinos están muy politizados, pero tienen poca cultura política

Juan D. Perón

Como todo Homus Políticus, el Gral. Perón sabía que nuestro destino estaba ligado y dependía en gran medida de la “Política”, como señalara en 1951 con el seudónimo de “Descartes” en el Diario Democracia. De allí que la Política le preocupara en todas sus manifestaciones.

Dado el contexto en el que el Gral. Perón emitió aquella frase, es muy posible que con “politizado”, Perón se refiriera a la efervescencia e intensidad que exhibía la política argentina de su tiempo, época en la que “peronismo” y “anti peronismo” se expresaban de manera intensa en la vida pública e incluso en la vida social y privada. Entendemos entonces que, con “politizados”, Perón se refería al “partidismo”, y con “cultura política” (dicho en sentido estricto) aludía a lo que consideramos hoy como “conciencia política” en sentido amplio.

Si nos guiamos por el contexto, el general Perón diferenciaba “politización” de “cultura política” en momentos en que todavía no existían las categorías de la politología vernácula o de la sociología nacional que dieran cuenta de un concepto que en realidad nacía a nivel subjetivo a partir del proceso que lo creaba en términos objetivos: el término “Conciencia Nacional” como categoría del pensamiento político, que el revisionismo histórico coadyuvaría a formar desde su aparición formal en 1930, resulta una adquisición contemporánea.

La misma denuncia en plena “década infame” la había realizado Saúl A. Taborda -ideólogo de la Reforma Universitaria de 1918, verdadero cultor y precursor del pensamiento nacional del siglo XX-, cuando después de la breve dictadura del general Evaristo Uriburu, que había derrocado al Dr. Hipólito Yrigoyen tras un golpe de Estado, funcionaba una democracia representativa fraudulenta (“el fraude patriótico”), de la que participaban todos los partidos políticos de aquel momento: el Conservador; el Radical, ya entregado al régimen; el Socialista y sus variantes; el Demócrata Progresista, entre los más importantes; con la sola excepción del yrigoyenismo y la marginación del pueblo.

Taborda atribuía dicho fenómeno al “extraño apoliticismo que ha hecho camino en la inteligencia argentina y la aleja del vivo contacto con los graves problemas que atañen al destino de nuestra comunidad”, que informan y forman la “conciencia nacional”, de lo que resulta la estrecha relación con la cultura política. En ese caso, el concepto “apoliticismo” era identificado por Taborda con la falta de “cultura política” de la que hablará Perón en tiempos más cercanos a nosotros.

Como decíamos en “Saúl Taborda, la búsqueda de la verdad nacional” (2022), “apoliticismo es el que corresponde al desconocimiento de la cuestión nacional, manifestación que medra en los claustros universitarios de nuestra época, aunque revestido de distintas variantes “partidistas” (incluso en sus variantes progresistas). Su carencia no es sino una manifestación de la falta de conciencia nacional, y ésta, de la falta de conocimiento cabal de la historia, y por consecuencia, de la falta de conciencia y/o memoria histórica, fundamento y requisito a la vez de la conciencia política”.

En efecto, “Conciencia Nacional” es una categoría que el “pensamiento nacional latinoamericano” ha consagrado como tal, y en un lugar preponderante sino prioritario, como condición sine qua non para la creación y/o generación de una “Epistemología de la Periferia” -como reclamaba Fermín Chávez-, con sus categorías, hipótesis, modelos y teorías, en el marco y contexto de nuestra realidad de “País Semicolonial” y “Nación Inconclusa”, dos categorías importantes también, que el pensamiento nacional ha sumado y/o debería sumar a la consideración de una nueva epistemología o ciencia del pensar propio nacional latinoamericano.

La “conciencia nacional” da cuenta tanto de la “politización” como de la “cultura política” de los argentinos, no habiendo desde el punto de vista del “pensamiento nacional” una contradicción de fondo entre ambos términos y conceptos.

Tenía razón el general Perón al señalar que gran parte de la sociedad argentina -sobre todo la que se ubicaba en la vereda del frente del gobierno nacional y popular de esa época- carecía de una “cultura política” que le permitiera entender cabalmente lo que significaba un proceso de “Revolución Nacional” en la “Era del imperialismo” (otras dos categoría importantes y necesarias para entender la realidad argentina y latinoamericana), en la que primaba y prima el dominio a nivel político, económico, financiero y cultural de los “países dominantes” y desarrollados sobre los “países dominados” subdesarrollados, coloniales, semicoloniales y/o periféricos a esos centros de poder mundial.

El problema no es tanto, entonces, si estamos politizados o no, sino si esa politización es parte de la cultura política necesaria, conveniente y suficiente para entender “los graves problemas que atañen al destino de nuestra comunidad”, como reclamaba Taborda, y actuar en consecuencia. Por eso el pueblo, que había desarrollado su conciencia nacional y su sentido común (que fue siempre un patrimonio de la cultura política de nuestro pueblo antes de que su conciencia fuera bombardeada a través de los medios de comunicación entregados al monopolio de sus enemigos), podía entenderlo sin mayor necesidad de estudios o diplomas académicos.

Cabe preguntarse entonces, a partir de esta nueva situación, ¿qué está pasando con nuestra cultura y conciencia política, teniendo en cuenta que la cultura colonial ha terminado formando -o deformando más bien- la conciencia de los argentinos, produciendo una suerte de impotencia, indiferencia, neutralidad o “apoliticismo” o, en su defecto, supina ignorancia y/o falta de sentido común, en contra de nuestro país y de los intereses nacionales?

Política e historia, historia y cultura política

A propósito, es Saúl Taborda quien en “La crisis espiritual y el ideario argentino” (UNLitoral, 1934) señalaba con conocimiento de causa:

Toda cultura procede de la vida”. Y la cultura política, con más razón.

Unos años después, en “Política Nacional y Revisionismo Histórico” (1959), dando continuidad y volumen al pensamiento nacional del siglo XX, Arturo Jauretche agregaba:

La nación es una vida, es decir una continuidad, noción elemental, pero que, sin embargo, escapa generalmente al pensamiento académico del país, tal vez en la misma medida en que (dicho pensamiento académico) está desvinculado del propio país”.

No otra cosa quería decir Perón al diferenciar “politización” de “cultura política” y revelar una de nuestras carencias, que hoy se manifiestan de manera trágica y escandalosa en la falta de respuestas políticas y la impotencia del pueblo (del que somos y formamos parte) ante el grave retroceso objetivo y subjetivo de los argentinos.

Deberíamos comenzar por admitir con Taborda, para no seguir un camino de alienación, alejamiento y/o desconocimiento de los problemas nacionales, que la verdadera y genuina cultura (incluye por supuesto la cultura política)

tiene sus hondas raíces en ese suelo común y comienza a ser tal desde que el espíritu, superando lo meramente animal, se decanta en principios ordenadores de las manifestaciones religiosas, artísticas, sociales, científicas, económicas y técnicas”, es decir, en principios con identidad nacional propia, si entendemos también con Taborda que una Nación es a la vez una “comunidad política”, integrada por un “conjunto de individuos” de un mismo “origen, lengua, carácter e historia”.

No hay duda de que es por la historia -advertía Taborda- por la que alcanzan desarrollo en la cultura las disposiciones naturales, y que la nación (y la cultura política y/o conciencia nacional) necesita de la historia para tomar conciencia de su propia capacidad, para procurar formas y fin a las potencias de que se halla dotada”, pues, en definitiva,

en la historia es donde con todo rigor la nación adquiere conciencia de sí misma; en la historia es donde los cognados (vinculados a ella) ascienden a la conciencia nacional”.

Precisamente, ahondaba Taborda,

el hombre de ideas es ahora un ‘en dehors’ (despegado del propio suelo) porque carece del don de la comprensión histórica, que es el único título habilitante para ser hombre de su tiempo”.

En definitiva, coincidía Manuel Ortiz Pereyra,

el desarrollo del saber acerca de la sociedad supone un aumento de la propia autoconciencia y representa un avance en su propia liberación”. Y “si no se piensa el mundo a partir de sí mismo -como sostenía a su vez el Prof. Enrique Lacolla- es imposible comenzar a aprehenderlo comprensivamente. La consecuencia de una visión excéntrica de las cosas es la alienación de la realidad”.

Recordemos, además, que Perón hablaba de comprender la política más que de conocer o saber de ella.

La Política y la parábola de la cultura

Si lo que decía el general Perón respecto a politización y cultura política sucedía en tiempos en los que todavía la política conservaba su prestigio como actividad pública, dicho juicio estaba referido a los integrantes de un país que se auto percibía como de apreciable cultura en general.

Ahora bien, ¿es lo mismo cultura en general que cultura política? ¿es lo mismo conocer que comprender? ¿Los argentinos estábamos muy politizados, pero éramos de poca cultura política? ¿La cultura política no forma parte de la cultura general? ¿Puede alguien tener cultura general y no tener cultura política o viceversa? ¿La cultura es universal; lo es la cultura política? ¿La Ciencia Política es o puede ser universal? ¿Qué es lo “universal”, cómo se pueden sustantivar una identidad y una cultura internacional o universal? ¿Cómo se objetiviza la “cultura universal” sino con dependencia intelectual o colonización mental? Comencemos por responder la pregunta más general con argumentos concretos, y con ello comencemos a dar respuesta a las demás.

La aparición de nuevos pueblos en la historia anuncia la renovación misma de la filosofía europea” –respondía Juan José Hernández Arregui en “¿Que es el ser nacional?” (1963)-, renovación que anunciaba a su vez la actualización del pensamiento y la cultura en general. Aunque, de hecho, eso sucedía “desde aquí –desde nuestra América- no desde Europa”, ni tampoco desde esa otra América (anglosajona) que no es la nuestra.

Ciertamente, renovar la cultura y el pensamiento desde el mismo Viejo Mundo no comportaría ninguna novedad. Además, “es imposible que un pueblo –el latinoamericano en este caso- se conciba a sí mismo a través de otras culturas”. Apelar a otras naciones o “copiar sus filosofías”, comporta “ancianidad prematura”, reflexionaba el mismo autor.

Una filosofía –un sistema de pensamiento- es la culminación de un proceso histórico y cultural, es decir, responde a un lugar, una época y circunstancias determinadas. Fuera del espacio y del tiempo, la filosofía, las ideas, el pensamiento, son solo abstracciones o racionalizaciones (cuando no excusas o relato abstracto) y no expresión subjetiva de una realidad objetiva, que es o debería ser la condición científica para que cualquier tipo de pensamiento sea útil y enriquecedor para la vida concreta.

Si América Latina no ha dado más, o no sigue dando más pensadores eminentes, no es porque sea estéril, no tenga o no pueda tener grandes talentos o no tenga nada que decir al mundo, sino porque la colonización cultural y pedagógica –aparte de la supeditación y dependencia económica que nos ha retaceado los medios- nos ha privado de la suficiente autoestima y nos ha convencido trágicamente de que ese pensamiento necesario ya existe, y de que es el de los países europeos o el de los países ahora más avanzados económica y tecnológicamente. Así se especula que nuestra misión, tarea o destino no es pensar ni pensarnos, sino aprovechar lo que otros ya pensaron, piensan o pensarán por nosotros y de nosotros. Es el círculo vicioso de la colonización y dependencia pedagógica y cultural.

El error de las “capas intelectuales ajenadas a Europa” –afirmaba J. J. Hernández Arregui- es pensar nuestra realidad semicolonial “a través de sistemas de pensamiento germinados en otros ámbitos históricos”, o sea, “la traducción del espíritu europeo a América”, como pretendía equivocadamente el Maestro de América en su tesis de “civilización y barbarie” de 1845. Tal vez por ello se pretenda con tanta insistencia que aprendamos inglés o idiomas extranjeros, en lugar de aprender primero y bien los propios: el castellano, el portugués, así como los idiomas originales principales de nuestra cultura nacional bilingüe y mestiza: el guaraní, el quichua, el náhuatl, el quiche y el mapudungun, araucano o mapuche (lenguas todavía vivas de nuestro pasado más lejano), de acuerdo al desarrollo en el tiempo de la cultura indo-ibero-afro-americana y criolla, cuya síntesis nos identifica, nos personaliza y nos representa como latinoamericanos.

¿Por qué razón deberíamos pensar nuestra realidad a través de un pensamiento propio?

He aquí algunas razones:

Porque los sistemas de pensamiento de las “naciones avanzadas”, que ya han cumplido un ciclo histórico, pero que a la vez responden a una situación y a una condición opuesta a la nuestra en el ajedrez geopolítico mundial, “son inaplicables a una situación histórica divergente” como la nuestra, dada la contradicción insalvable entre países dominantes (avanzados, desarrollados, ricos, imperialistas, centrales) y países dominados (atrasados, pobres, periféricos, coloniales o semicoloniales).

Porque adoptar el sistema de pensamiento de los países avanzados, dominantes, hegemónicos o imperialistas a la realidad de los países atrasados, dominados o semicolonizados, con los mismos presupuestos y paradigmas de ese mismo sistema de pensamiento, “es carencia de sentido histórico”, o dicho de otra manera, resulta la negación de nuestra misma esencia y existencia. Tampoco se puede adoptar un sistema de pensamiento adoptado hace dos siglos sin ningún resultado favorable a la vista:

La filosofía que interpele a Europa –o a los países hegemónicos de un orden mundial unilateral, injusto y arbitrario- debe ser latinoamericana”, propia de “la conciencia nacional de un pueblo”, del pueblo latinoamericano en su conjunto, que tiene su historia común y colectiva, sus genes mestizos (fruto de su herencia indígena, española, portuguesa, africana y de los europeos que emigraron a nuestro territorio en tiempos más cercanos) y, por tanto, una cultura nacional latinoamericana multifacética, pero al fin y al cabo genuinamente nuestra.

Porque no solo se trata de distintos o diferentes sistemas de pensamiento, sino de sistemas de pensamiento antagónicos, debido a las propias razones, condiciones y situaciones históricas. De hecho, una potencia europea usurpa nuestro territorio y otra pretende quedarse con todo.

Tampoco se puede transitar la existencia con ideas prestadas, ojos ajenos, oídos extraños, mentes enajenadas y todos los órganos y miembros trasplantados, porque como decía Hernández Arregui “el aporte del pensamiento europeo (o de origen extranjero) debe asentirse, pero amoldado al entorno singular de estos países que aspiran tanto a la independencia económica como cultural, ecuaciones interdependientes de un proceso histórico único”, en el marco de un status igualitario en el concierto de las naciones.

Si América Latina y el Caribe no han dado más grandes pensadores, amén de que desconoce a los que tiene y su enriquecedor pensamiento, se debe a la vigencia de un marco de colonialismo cultural asfixiante, que lleva a la negación de nosotros mismos y a la muerte virtual de todo pensamiento original, responsabilidad de propios y extraños a la vez. El pensamiento no es un órgano pasible de trasplante y si o sí compatible con el paciente.

Es un despropósito o una impostura improcedente pensar lo de acá con categorías de allá. No obstante, si bien el pensamiento “es la forma más excelsa y, a la vez, la más alusiva de la conciencia nacional de un pueblo”, América Latina carece hoy por hoy -debido principalmente a una letal “colonización pedagógica”- de una vívida conciencia nacional que, salvo excepciones, se encuentra dormida o adormecida, sobre todo en el ámbito de la educación, donde debería cultivarse, potenciarse y prodigarse en la formación de sus educandos y en la generación de conocimientos que vengan de la propia realidad de nuestros pueblos y de nuestra historia común con quinientos años de existencia.

Finalmente, los sistemas de pensamiento, aparte de responder mejor y más eficientemente a determinados momentos, lugares y circunstancias, también envejecen y se vuelven obsoletos: tienen una vida útil; y Europa, e incluso Estados Unidos que es más joven que Europa, han sido responsables de millones de muertos, y en tiempos de paz, como en la pandemia, no han sabido enfrentar sabia y lúcidamente el letal flagelo sanitario, por lo que no representan los mejores ejemplos ni los mejores socios para transitar “una cultura de paz”, que tampoco han respetado nunca ni respetan en el mundo ni en América Latina.

En última instancia, no se puede pensar la realidad ni pasar la vida o la existencia con un sistema de pensamiento ajeno, prestado o “universal”, porque además de no sernos útil para lo que lo queremos o necesitamos aquí y ahora, dicho sistema de pensamiento no puede ocultarnos eternamente nuestra propia verdad ni quitarnos nuestra voluntad, esencia e identidad nacional, so pena de no ser lo que debemos ser (como nos aconsejaba el general San Martín desde su exilio eterno), porque de no ser nosotros mismos como individuos, como sociedad, como país y como Continente-Nación, terminaremos siendo Nada…

¡Para eso, deberíamos comenzar por conocer y comprender nuestra propia historia!, pues como decía el filósofo, conócete a ti mismo y conocerás el universo; y para ello tal vez debamos volver sobre nuestros pasos y encontrarnos con las vertientes más importantes del pensamiento nacional que nos antecede con el fin de restituir nuestra conciencia política: de Manuel Ugarte y la Generación del 900; de Saúl Taborda y la Generación de 1918; del Revisionismo Histórico en todas sus variantes; de FORJA; de Perón y el Nacionalismo Popular; de la Izquierda Nacional; de las teologías latinoamericanas de la Doctrina Social de la Iglesia Católica, aún con las contradicciones de todo pensamiento genuino y legítimo. Tal vez en ellas podamos encontrar las bases y claves de nuestra idiosincrasia, identidad histórica y “conciencia nacional” plena para restablecer nuestra vida histórica.

  • Imagen
    Unión Industrial General San Martín

Sergio Escalante: “Sin industria no hay Nación que se sostenga”

09 Julio 2026

En un encuentro con referentes del sector, coincidimos en un diagnóstico crítico: los sectores que hoy generan divisas (minería, Vaca Muerta y agro) son intensivos en capital, no en trabajo, mientras la industria manufacturera –verdadera creadora de empleo formal, encadenamientos y tecnología– se ahoga por el costo argentino, la demanda caída y la falta de financiamiento. Presentaron una hoja de ruta con medidas concretas para que los dólares del campo y el subsuelo se conviertan en fábricas, rutas y sueldos registrados.

En la jornada coincidimos en un diagnóstico compartido: “Si miramos con lente industrialista y proempleo formal, el problema central es que los sectores que hoy traccionan –minería, Vaca Muerta, agro– exportan mucho dólar pero derraman poco laburo. Son intensivos en capital, no en gente. Mientras tanto, la industria que sí genera empleo formal, encadenamientos y aprendizaje tecnológico, está perdiendo contra tres cosas: costo argentino, demanda interna deprimida y falta de financiamiento para producir e invertir”.

Frente a ese escenario planteamis una batería de propuestas organizadas en cuatro palancas que, de aplicarse, permitirían dar vuelta la ecuación y aprovechar el “viento de cola” de los recursos naturales para reindustrializar el país.

1. ENERGÍA Y COSTOS COMO POLÍTICA INDUSTRIAL

“No podés competir con luz y gas tres veces más caros que Brasil o México”, señalaron. Para ello, exigimos:

· Tarifa diferencial para industria PyME y parques industriales, con contratos a 24-36 meses que brinden previsibilidad.
· Gasoductos y líneas de transmisión que bajen el costo logístico de producir en el interior.
· Usar el gas y la energía barata de Vaca Muerta no solo para exportar, sino como insumo para reindustrializar: petroquímica, fertilizantes, acero, aluminio, vidrio. “Ahí el recurso natural se transforma en empleo”, remarcaron.

2. CRÉDITO Y DEMANDA PARA QUE LA FÁBRICA GIRE

Hoy producir es más caro que importar y vender. Para revertirlo, proponemos:

· Líneas de capital de trabajo a tasa razonable, con seguro de cambio para insumos importados clave.
· Compre Argentino real, no de papel: que el Estado nacional, provincias y municipios compren con margen de preferencia a PyME que generen empleo registrado.
· Reactivar el mercado interno sin licuar salarios – “Si no hay quien compre una heladera, una zapatilla o un mueble, ninguna fábrica se salva”.

3. EXPORTAR CON VALOR AGREGADO, NO SOLO COMMODITIES

La “Argentina minera y petrolera” debe ser la plataforma de la “Argentina industrial”. En esa línea:

· Reintegros y dólar diferenciado para bienes industriales, no para porotos.
· Parques industriales vinculados a nodos extractivos: baterías y componentes cerca del litio en Jujuy; tubos, válvulas y plantas junto al gas de Neuquén.
· Política de sustitución inteligente: identificar 50 insumos que hoy se importan y pueden producirse en el país con PyME, y bancarlos por 5 años.

4. TRABAJO FORMAL COMO OBJETIVO CENTRAL

El crecimiento que no crea empleo registrado es un crecimiento trunco. Por eso, planteamos:

· Bajar el costo laboral sin despedir, sino reduciendo impuestos al trabajo y simplificando aportes para PyME de hasta 50 empleados.
· Articular escuelas técnicas con industrias regionales – “Si no hay torneros, soldadores y técnicos, no hay industria”.
· Premiar con beneficios fiscales a las empresas que aumenten su nómina registrada año a año.

  • Imagen
    Bangladesh

Los descalzos del imperio

09 Julio 2026

Por qué Bangladesh eligió la camiseta argentina para vengarse de Inglaterra

Cada cuatro años circula la misma fotografía: un techo de chapa entre Dhaka y Sylhet cubierto por una bandera celeste y blanca cosida a mano, tan grande que desde el aire parece una herida en el cielo. Pero debajo no vive ningún argentino, sino una familia bengalí que jamás pisó Buenos Aires y que seguramente no lo haga nunca, sin embargo, llora y festeja por una camiseta que no es la suya, se abraza por una nación que queda a más de 16.000 km de distancia. El periodismo occidental suele resolver el enigma con la cita: el caso curioso de Bangladesh, dejando traslucir cierta excitación hacia lo exótico. Pero cuando se cruzan los archivos coloniales, los testimonios de hinchas de setenta años y las cifras del comercio bilateral, lo que aparece no es curiosidad: es historia cruzadas y sensibilidades compartidas, sobre todo una forma de venganza contra el fantasma de un imperio.

La herencia colonial

El fútbol no llegó a Bengala de la mano de Maradona sino del Raj británico. Durante el siglo XIX, la administración colonial impuso sobre la región un paquete civilizatorio tradicional: ferrocarriles pensados para sacar materias primas hacia los puertos y no para conectar a la población; tribunales que codificaban el despojo de tierras bajo apariencia legal; escuelas que formaban una clase funcional al imperio; todo un estatuto legal de coloniaje al que se le sumó un objeto particular: una pelota de fútbol. 

Antes había llegado un despojo más profundo: el Acuerdo de Asentamiento Permanente de 1793 estableció impuestos fijos y crecientes sobre la tierra bengalí, empobreciendo a generaciones de campesinos y consolidando a una casta de terratenientes leales a Londres. La industria textil del país, que había sido una potencia manufacturera antes de la conquista, fue deliberadamente desmantelada con aranceles y prohibiciones para garantizar el mercado cautivo de las fábricas de Manchester: los tejedores bengalíes, según describieron observadores de la época, vieron sus talleres cerrados y sus manos, literalmente, quedar sin oficio. A Bangladesh le habían cortado las manos.

La factura humana de ese modelo extractivo fue devastadora: la hambruna de 1770 mató a un tercio de la población de Bengala tras años de exacción fiscal británica sin alivio, y la hambruna de 1943, ya en pleno siglo XX, provocó cerca de tres millones de muertes agravadas por decisiones de exportación de granos tomadas en Londres en plena Segunda Guerra Mundial. Es que el sofisticado y elegante imperio alguna vez tendrá que tener un juicio de la humanidad en su conjunto donde se condenen sus crímenes. En paralelo y en otro ámbito, se sumó una segregación cotidiana: clubes deportivos y espacios sociales reservados para británicos, de los que los bengalíes quedaban excluidos incluso en el propio juego que los había colonizado. Un racismo en forma de deporte.

En ese contexto nace la primera gran revancha simbólica, medio siglo antes de que Maradona pisara una cancha: en 1937 el club local Dacca Sporting Association derrotó a un equipo inglés que se encontraba de gira. No hubo cámaras ni redes sociales, pero quedó fijado en la memoria oral bengalí que jugadores descalzos habían vencido a los hombres del imperio en su propio juego. Es la piedra fundacional de todo lo que vendría: la prueba de que el vínculo entre fútbol y resistencia simbólica en Bengala no nació con un argentino, sino que esperaba, paciente, un símbolo capaz de encarnarla a escala masiva.

1986: el milagro de la pantalla a color

Ese símbolo llegó con la televisión. A mediados de los años ochenta, en un país deportivamente enamorado del críquet, se masificó el uso de televisores, y para muchísimos bangladesíes el Mundial de México 1986 fue, literalmente, su primer evento deportivo transmitido en color. Hasta entonces el ídolo continental había sido Pelé, escuchado más que visto, narrado por radio en voces que describían jugadas que el oyente debía imaginar, el astro brasilero era producto de la imaginación: una leyenda alegórica trazada entre sobras. Maradona, en cambio, fue la primera estrella que Bangladesh pudo ver en movimiento, en directo, rodeada de vecinos frente al único televisor del barrio. Pero a esto se le suma un nuevo elemento, un hincha de setenta y dos años lo resumió ante The Daily Star sin metáforas: para él, el paso de lealtad entre Pelé a Maradona no fue una cuestión de gusto futbolístico, sino una revancha simbólica, la de haber derrotado de nuevo a los ingleses, esta vez en una cancha. La televisión a color no solo permitió ver ese gol contra Inglaterra: permitió, por primera vez, convertir la humillación del imperio en una experiencia sensorial compartida por millones de personas al mismo tiempo. Aquel imperio que trataba a los habitantes de las colonias como si fueran animales, literalmente, gracias a la televisión quedaba rendido ante la Argentina una nación que también había sufrido la dominación británica bajo el formato semicolonial. En ese momento, en Bangladesh nació el maradonismo, y con él una lealtad que se transmitiría de padres a hijos con la fuerza de un apellido.

Banderas en cables y vidas en juego

La rivalidad futbolera bangladesí dejó hace tiempo de ser una metáfora inofensiva. En numerosas localidades, comunidades enteras compiten por coser la bandera más larga del país, un certamen extraoficial que moviliza semanas de trabajo comunitario y un orgullo de barrio que no le pide permiso a ninguna federación. Pero esa épica tiene un costado trágico que la prensa internacional rara vez mira de frente: un estudio documentó veintitrés muertes en 2022 por enfrentamientos entre hinchadas rivales durante el Mundial; en 2014 al menos tres personas murieron colgando banderas de cables eléctricos, y en 2018 un niño de doce años murió electrocutado al colocar una bandera en su casa. En 2026, un predicador conservador instó públicamente a reemplazar esas banderas por banderas islámicas, lo que obligó a un operativo policial: prueba de que el fenómeno no es una reliquia nostálgica, sino una tensión social viva que hoy roza los límites de la identidad religiosa y nacional del país. Este tipo de información hay que analizarla en contexto, y tomando como referencia las esquirlas que aún sobrevuelan de la vieja dominación británica.

Toda política es internacional

La última capa de esta historia pertenece a un hecho concreto pero que merece ser destacado. Fue Juan Domingo Perón quien, el 30 de octubre de 1973, habilitó la primera representación diplomática argentina en Bangladesh, embajada que abrió en Dhaka en enero de 1974 y que la última dictadura cerró apenas cuatro años después, dejándola clausurada durante casi medio siglo. El expediente para reabrirla se inició en abril de 2022, antes del Mundial de Qatar, por canales propios de la cancillería; lo que el título mundial agregó fue la visibilidad política para acelerar el trámite. El decreto 67/2023 formalizó la reapertura, con una inauguración protocolar el 27 de febrero de ese año en Dhaka, encabezada por el entonces canciller Santiago Cafiero, quien reconoció sin ambigüedades que fue el apoyo popular bangladesí durante Qatar 2022 el que impulsó la decisión, buscando además mejorar el comercio bilateral. 

Ese comercio no es un detalle menor: en 2022 alcanzó los 765 millones de dólares, con exportaciones argentinas por 742,9 millones frente a importaciones bangladesíes de apenas 22,1 millones, un superávit contundente a favor de la Argentina; en 2021 las exportaciones habían tocado un máximo histórico de 876 millones, con un superávit de 862 millones concentrado casi en su totalidad en soja, harina, maíz y trigo. Mientras Bangladesh enviaba al aire caravanas y banderas financiadas, en algún caso extremo, por hinchas que llegaron a vender tierra propia para pagarlas, Argentina enviaba al puerto de Chattogram toneladas de grano: la emoción viajaba en una dirección, la soja en la otra. En ese mismo proceso se discutieron exenciones de visado, cooperación agrícola y diplomática, y un memorando de entendimiento futbolístico entre ambas federaciones; también se mencionó, sin confirmación posterior, una eventual vinculación de Bangladesh con el Mercosur. Lo cual demuestra también la necesidad de establecer una mirada realista acerca de las relaciones internacionales.

La herencia

Queda la generación que no vivió nada de esto en primera persona. Un hincha de diecinueve años lo resumió sin metáforas: empezó a seguir a Argentina en 2014, vio a Messi llegar a una final del Mundial, y eso fue definitivo. En ese testimonio no hay memoria colonial ni Maradona: hay streaming y redes sociales, un ídolo consolidado recién en Qatar 2022. La pregunta que queda planteada no es una curiosidad exótica, sino un interrogante sobre cómo se hereda una lealtad cuando ya no queda memoria directa que la sostenga: ¿sigue siendo revancha postcolonial el fanatismo de un pibe de Dhaka que nunca escuchó hablar del Dacca Sporting Association de 1937, o es ya una identidad nueva que no necesita del imperio británico para justificarse, aunque haya nacido, hace casi un siglo, precisamente para desafiarlo? Quizás la respuesta debe estar en que los procesos de dominación colonial siempre dejan huellas en las subjetividades populares, hermanar sufrimientos ha sido una herramienta de cualquier proceso de cambio colectivo. En el reconocimiento a Bangladesh también se inscribe una afirmación a los pueblos del tercer mundo que heroicamente siguen resistiendo al imperialismo más allá de su ropaje.

  • Imagen
    Jugar con responsabilidad
    Jugar con responsabilidad

Día de la Independencia en Argentina: más fútbol, más emociones y más bonos con 1xBet

08 Julio 2026

En las vísperas del Día de la Independencia, la Selección Argentina les regaló a sus hinchas una tarde inolvidable. En un dramático partido frente a Egipto, el vigente campeón perdía 2-0 hasta el minuto 79, pero protagonizó una remontada espectacular. El Cuti Romero descontó, luego Lionel Messi marcó el empate —a pesar de haber fallado un penal en el primer tiempo— y volvió a ponerse el equipo al hombro. Finalmente, Enzo Fernández selló la victoria por 3-2 en tiempo de descuento.

Con este triunfo agónico, la Albiceleste se clasificó a los cuartos de final y volvió a recordarle al mundo que el fútbol es el corazón de Argentina, su orgullo y una parte fundamental de su identidad nacional. Mientras todo el país espera nuevas victorias de la Selección, 1xBet celebra el Día de la Independencia con una promoción exclusiva para sus usuarios.

Un bono para hacer aún más especial este día patrio

El 9 de julio es una fecha muy especial para todos los argentinos. En este día, el país celebra su independencia y recuerda su historia, sus tradiciones y los valores que unen a distintas generaciones. Para conmemorar la fecha, 1xBet invita a los usuarios a aprovechar una promoción especial.

Del 03/07/26 al 09/07/26, los participantes podrán recibir una apuesta gratuita equivalente al 10% de su depósito. El bono máximo es de 155.000 ARS.

¿Cómo obtener el bono?

  • Iniciá sesión o registrate en el sitio web o en la app de 1xBet.

  • Hacé clic en el botón Participar en la página de la promoción.

  • Depositá al menos 4.650 ARS entre el 3 y el 9 de julio.

  • Recibí el 10% del importe depositado como una apuesta gratuita.

¡Aprovechá el bono especial por el Día de la Independencia y alentá a Argentina en los cuartos de final de la Copa Mundial 2026!

La celebración continúa

De cara al partido frente a Suiza por los cuartos de final, que definirá uno de los semifinalistas, 1xBet preparó otra promoción a gran escala. Registrate o iniciá sesión en tu cuenta de 1xBet, confirmá tu participación, apostá al menos 3.191 ARS en partidos y conseguí 1xCoins para desbloquear roles futbolísticos.

Los 1xCoins que acumules te ayudarán a subir al TOP 48 del ranking del torneo. Además, los cupones de la suerte diarios con bonos garantizados y participaciones promocionales te darán acceso a sorteos por grandes premios.

1xBet apoya al deporte en todo el mundo y mantiene alianzas con los principales clubes de fútbol y organizaciones deportivas internacionales. ¡Celebrá el Día de la Independencia de Argentina junto a la marca y hacé que el evento futbolístico más importante del año sea todavía más especial!

  • Imagen
    Endeudamiento

La trampa de la microfísica financiera

08 Julio 2026

I. EL SÍNTOMA DE LOS PARCHES

La ley de Santoro en CABA refinancia deudas a tasa máxima del treinta y cinco por ciento anual vía Banco Ciudad. Hagman y Zaracho declaran la emergencia crediticia nacional por dos años y proponen un fondo fiduciario público-privado para quienes ganen menos de seis salarios mínimos. Santiago Roberto condona el cien por ciento de intereses por mora. Salvatierra va más lejos e incorpora a los trabajadores informales. En las provincias, Mendoza, Santa Fe, Corrientes y Tucumán tejen un mosaico de parches con vocación de arquitectura social.

Cada propuesta parte de una premisa que opera como axioma no declarado, inconsciente de la derrota: la pauperización masiva es un dato del presente que hay que mitigar, no una consecuencia de un modelo que hay que revertir. Al fragmentar el problema hogar por hogar, deuda por deuda, las iniciativas disuelven la pregunta estructural: ¿por qué se endeudó esa familia? ¿Por qué el salario no alcanza? ¿Quién se queda con la diferencia entre lo que vale el trabajo y lo que cobra el trabajador? Las propuestas tratan al deudor como víctima fragmentada que necesita asistencia técnica, no como sujeto político atrapado en una estructura de saqueo. La posmodernidad atraviesa la economía y dinamita la posibilidad de la construcción de un relato nacional. Nadie puede desendeudar a las familias si primero no desendeuda a la Argentina. La microfísica financiera es hija de la macrofísica del saqueo.

II. LA SEMÁNTICA VACIADA: DE LA SOBERANÍA AL EUFEMISMO

John William Cooke advirtió que en los países semicoloniales la oligarquía le pone hasta las palabras a los diccionarios, el que nomina: domina. 'Desendeudamiento' es hoy un caso de laboratorio de esa operación. Durante el kirchnerismo nombró la ruptura de la cadena de dependencia financiera frente al FMI: el pago de la deuda en 2006, las quitas del sesenta y cinco por ciento a los acreedores externos, la recuperación de reservas como instrumento soberano. Era, en sentido estricto, un concepto de liberación nacional.

Hoy la misma palabra designa la posibilidad de refinanciar la deuda con el Banco Ciudad a tasa del treinta y cinco por ciento. El sujeto de la liberación, es decir: la Argentina soberana fue sustituido por el sujeto de la asistencia lo que se nos presenta como el hogar vulnerable. La escala se contrajo de lo nacional a lo familiar y cada vez más individual. El horizonte se redujo de la soberanía a la solvencia. Cuando el debate sobre 'desendeudamiento' ya no involucra a los grandes bancos internacionales, al FMI ni a la Ley de Entidades Financieras heredada de la dictadura, sino que se reduce a las tasas del Banco Ciudad y los requisitos de la Central de Deudores, el campo de disputa se desplazó completamente al terreno que el poder financiero eligió. Y en ese terreno, el poder financiero siempre gana.

III. ARITMÉTICA DE LA IMPOTENCIA

Las familias se endeudaron para comer, pagar el alquiler, acceder a medicamentos. Lo hicieron porque el salario no alcanzó. El salario no alcanzó porque fue la variable de ajuste elegida por el modelo. Y ese modelo se sostiene porque la Argentina está sujeta a los compromisos con el FMI y los acreedores externos, que exigen superávit fiscal y desregulación financiera como condiciones innegociables. El sobreendeudamiento de las familias en 2026 es el resultado directo del sobreendeudamiento de la Argentina con los organismos internacionales. La cadena causal es impecable.
¿Cómo puede una refinanciación doméstica por buenos intereses que tenga resolver ese problema de fondo? No puede. Mañana, pasado y el año que viene, los mismos salarios que no alcanzaron volverán a no alcanzar. Los refinanciados de hoy serán los nuevos morosos de 2027. El ciclo se repetirá. Los bancos ganarán. Las familias seguirán endeudadas. La Argentina subsumida a la pobreza

IV. VOLVER A LA NACIÓN, DEROGAR A MARTÍNEZ DE HOZ

El primer gobierno de Perón nacionalizó los depósitos bancarios en 1946 y convirtió el crédito en instrumento de política económica orientado al desarrollo industrial y al salario real. Gelbard intentó ir más lejos: subordinar el sistema financiero al bien común. Esa visión fue barrida el 24 de marzo de 1976 con un programa económico específico: la Ley de Entidades Financieras de Martínez de Hoz, vigente hasta hoy en sus aspectos fundamentales. Esa ley desreguló tasas, liberó capitales, privó al Estado de su capacidad de orientar el crédito y sentó las bases de la valorización financiera como modelo de acumulación. Es el sistema operativo sobre el que funciona la Argentina financiera de 2026, incluida la arquitectura legal que permite a Mercado Pago operar de facto como banco sin las obligaciones ni las restricciones de la banca tradicional.
El verdadero desendeudamiento popular exige: derogar la ley de la dictadura y sancionar una nueva que subordine el crédito al desarrollo soberano; gravar las ganancias extraordinarias de bancos; recuperar el control estatal de las tasas; y construir una banca pública popular que compita con y discipline a la banca privada, no que la complemente en los márgenes donde el mercado no quiere llegar.
Proponer el crédito subsidiado sin denunciar la estructura que lo hace necesario no es una política de izquierda. Es filantropía de mercado.

CONCLUSIÓN

La posmodernidad hizo un gran negocio cuando convenció al progresismo de que los grandes relatos habían muerto. El resultado es una izquierda que gestiona la vulnerabilidad con más habilidad que la que tiene para imaginar la emancipación. El debate sobre el 'desendeudamiento familiar' es el síntoma más reciente de esa derrota: acepta que el sistema financiero es el horizonte irremovible de la política y juega en el tablero del adversario.
La alternativa no es el purismo ideológico ni el rechazo de las medidas paliativas. Es la articulación: batirse por el alivio inmediato y nombrar, en la misma voz, el proyecto histórico que haría ese alivio innecesario. Legislar en el margen y denunciar la estructura que produce el margen. No abandonar el gran relato nacional por las micropolíticas de la emergencia. Mientras Mercado Pago siga capturando el flujo financiero de los trabajadores informales a tasas usurarias y la Ley de Martínez de Hoz siga siendo el sistema operativo de la banca argentina, ningún programa de desendeudamiento familiar tendrá capacidad de resolver lo que se propone atacar. El verdadero desendeudamiento comienza donde estas propuestas terminan: en la decisión política de tocar al poder financiero. Perón lo hizo. La pregunta es si la dirigencia actual está a la altura de ese legado.

  • Imagen
    Marcha Universitaria
    Foto: Juan Manuel Barrios Daher
CONFLICTO UNIVERSITARIO

Diego de Charras: “Los libertarios sacan entre 3% y 7% de votos en la UBA”

08 Julio 2026

Diego de Charras, docente, investigador y vicedecano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, analizó el estado actual del sistema universitario y científico a raíz del ajuste y los incumplimientos de leyes del gobierno de Javier Milei.

De Charras dialogó el sábado 4 de julio con "Más o menos bien" (Radio Con Vos, sábados de 18 a 20hs). A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“Estaba claro desde el primer momento que el gobierno iba a tratar de hacer jugar el acuerdo firmado recientemente para hacer caer la medida cautelar”.

“Creo que los reveses judiciales hay que relativizarlos. Estamos en una situación actual de las instituciones democráticas en Argentina que creo que es grave. Estamos discutiendo si cumplimos o no una ley. Creo que en otro momento histórico sería un escándalo”.

“Hay que dejar claro que la problemática es del sistema público universitario argentino. No es ni de la UBA, ni de la Universidad de Córdoba o de la Universidad de Rosario, es de todo el sistema universitario. El sistema no es uniforme tampoco, entonces hay instituciones a las cuales las golpea muchísimo más que a otras”. 

“También es un problema que está afectando por dos vías al sistema científico argentino. De manera directa ha sufrido un recorte en los fondos que recibía, pero también es un ataque por vía indirecta porque el ataque a la universidad es un ataque al sistema científico también”.

“Creo que los estudiantes se han comprometido mucho con la defensa de la universidad. El gobierno de Milei cosechó un voto joven, pero es un error considerar que la juventud se volcó al libertarianismo. En nuestra universidad se presentaron en distintas facultades, en algunas les fue mejor o peor, pero osciló entre el 3% y el 7% en la mayoría de los centros. Un resultado bastante insignificante en lo que hace el pensamiento político de los estudiantes y las estudiantes, por lo menos en la Universidad de Buenos Aires”. 

URL de Video remoto