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    200 años de colonialismo
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Cambiamos de rumbo, vamos hacia las Malvinas

28 Septiembre 2026

A las 6,05 AM del 28 de septiembre de 1966, dos jóvenes  ingresan a la cabina del DC-4 de Aerolíneas Argentinas. Sonriendo le dicen al piloto “cambiamos de rumbo, vamos a Malvinas”. El comandante Ernesto Fernández García, sonríe también creyendo que es una broma.  Los jóvenes exhiben sus armas y repiten “no tanta risa, esto es en serio”. El piloto aduce no conocer la ruta. “Rumbo uno cero cinco” replica el de lentes y le entrega las cartas de navegación.  El comandante obedece la orden y enfila rumbo a Malvinas con 42 pasajeros a bordo. Estaba en marcha el “Operativo Cóndor”.

El vuelo 648 de Aerolíneas había despegado a las 0:45 hs de Aeroparque Jorge Newbery hacia Rio Gallegos. Mezclados entre los pasajeros lo abordaron 18 miembros del comando fuertemente armados. Hoy resulta extraño que alguien pueda subir al avión con un arma. Pero,  este era el primer secuestro aéreo en Argentina.  Unos años después se tornará casi una moda secuestrar un avión para dirigirse a Cuba.

Los integrantes del Comando Cóndor pertenecían a una escisión de Tacuara, llamada MNA Movimiento Nueva Argentina. Los dirigía  Dardo Cabo, de 25 años, periodista hijo de Armando Cabo dirigente de la Unión Obrera Metalúrgica, Lo secundaba Alejandro Giovenco, de 21 años,  apodado el Chicato a causa del grueso aumento de sus lentes. La periodista y dramaturga María Cristina Verrier, de 27 años, era la tercera al mando del grupo. Su padre, César Verrier, había sido juez de la Suprema Corte de Justicia.

Los otros integrantes eran: Ricardo Ahe, de 20 años de edad, empleado; Norberto Karasiewicz, 20 años, metalúrgico; Andres Castillo, 23 años, bancario ; Aldo Omar Ramírez, 18 años, estudiante; Juan Carlos Bovo, 21 años, metalúrgico; Pedro Tursi, 29 años, empleado; Ramón Sánchez, 20 años, obrero; Juan Carlos Rodríguez, 31 años, empleado; Luis Caprara, 20 años, estudiante; Edelmiro Jesús Ramón Navarro, 27 años, empleado; Fernando José Aguirre, 20 años, empleado; Fernando Lisardo, 20 años, empleado; Pedro Bernardini, 28 años, metalúrgico; Edgardo Salcedo, 24 años, estudiante; y Víctor Chazarreta, 32 años, metalúrgico. La edad promedio del grupo era de 22 años. Todos eran peronistas.

Para garantizar la buena difusión del hecho  subió al avión con nombre falso Héctor Ricardo Garcia director del diario Crónica y la revista Así, quien viajando con los comandos se garantizaba la primicia. García alegará ante la justicia que fue convocado a viajar por Dardo Cabo un día antes, quien le anticipó un episodio importante pero sin decir de que se trataba. Según la investigación de Roberto Bardini, “los periodistas Americo Rial , Emilio Abras y el mismo Dardo Cabo, todos militantes del Movimiento Nueva Argentina (MNA), trabajaban en Crónica. y convencieron mucho antes del operativo a Héctor Ricardo García,  de viajar en el DC-4 de Aerolíneas Argentinas.”

A las 9 hs el avión realizó tres pasadas rasantes sobre Puerto Stanley, rebautizada por los comandos “Puerto Rivero” (en homenaje a la gesta del gaucho Rivero), buscando donde aterrizar. Las islas no tenían aeródromo y lo más parecido era una pista de carreras cuadreras de tierra, donde finalmente bajo el avión. Ya en tierra los comandos bajaron del avión e izaron siete banderas argentinas en distintos puntos cercanos. Luego tomaron posiciones de defensa alrededor de la aeronave, mientras se acercaban con mezcla de sorpresa y curiosidad habitantes de la isla. Entre ellos un joven jefe de policía al mando de seis efectivos que fue tomado como rehén.

Cabo y Verrier se dirigieron a la casa del gobernador interino, ante quien se presentaron anunciando : “como argentinos, hemos venido a esta tierra para quedarnos, ya que la consideramos nuestra”. Un isleño de origen chileno traducía las palabras que el gobernador no terminaba de entender. Recuperado de su sorpresa les ordenó “fuera de aquí, Vds no están en su casa”.

En la improvisada pista, ya varios jeeps Land Rover habían sido estacionados bloqueando el movimiento del avión, y casi un centenar de civiles voluntarios bien armados, rodeaban a prudente distancia todo el escenario. Los comandos hicieron bajar a los pasajeros del avión, entre quienes se encontraba el Gobernador de Tierra del Fuego e Islas Malvinas,almirante Jose Maria Guzman. Los pasajeros fueron alojados por los kelpers, mientras el comando seguía en el avión.

A treinta y seis horas del arribo, la posición del comando era muy débil, carecían de alimentos y abrigo y estaban rodeados por una fuerza numerosa, ahora reforzada por una docena de militares británicos. El sacerdote católico Rodolfo Roel, los convenció de dejar el avión y trasladarse a su iglesia . Los comandos se formaron frente a una de las banderas izada en un mástil de hierro, cantaron el himno nacional, rezaron un padre nuestro, le entregaron las armas al piloto del avión y recuperando las banderas se retiraron hacia la iglesia. No hubo acto de rendición. La misión estaba cumplida. Allí permanecieron hasta la llegada del buque Bahía Buen Suceso enviado por el gobierno argentino para evacuarlos hacia Ushuaia.

En 1982, el Bahía Buen Suceso prestó servicio como barco logístico durante la guerra de Malvinas. Los ingleses lo atacaron en Bahía Zorro donde quedó varado. Al terminar la guerra fue remolcado a aguas más profundas donde fue hundido por un submarino británico.

En septiembre de 1966 gobernaba el dictador Juan Carlos Onganía. Los cóndores eligieron la fecha porque en esos días se encontraba de visita en nuestro país nada menos que el príncipe Felipe de Edimburgo consorte de la Reina Isabel II. 

En Ushuaia fueron juzgados y encarcelados. La mayoría solo por nueve meses. Pero Dardo Cabo, Alejando Giovenco y Juan Carlos Rodriguez por tener antecedentes purgaron tres años de cárcel.

El derrotero de los cóndores de Malvinas

Dardo Cabo, fue el jefe del operativo. Su padre Armando Cabo era hombre de la resistencia y dirigente metalúrgico cercano a Augusto Vandor. Dardo a mediados del 61, es uno de los fundadores del Movimiento Nueva Argentina (MNA) . También fue “preso Conintes” durante el gobierno de Arturo Frondizi. Tras purgar tres años de cárcel por el Operativo Cóndor , al salir se integra a la organización Descamisados que van a confluir con Montoneros a fines de 1972. En 1973 Montoneros lo nombra director de su revista El Descamisado. El 17 de abril de 1975, es detenido, en Morón, junto a Juan Carlos Dante Gullo, y Emiliano Costa mientras esperaban un pago del rescate de los Born. En la noche del 5 de enero de 1977 fue sacado de la cárcel (U-9 La Plata) junto a Roberto “Palometa” Pirles, y fusilado en un supuesto “intento de fuga”.

Alejandro Giovenco, “Trágico fin de un hombre de acción” así tituló el diario Noticias (de Montoneros) la muerte de Giovenco el 19 de febrero de 1974. En la madrugada del día anterior en la esquina de Corrientes y Uruguay le estalló una bomba que llevaba en su portafolios y le arrancó un brazo. Pudo llegar hasta la sede de la UOM donde murió desangrado. El diario dice que el 2 de enero había sido atacado a balazos frente a su domicilio, omite decir que el atentado fue de la organización Montoneros, que en esa época no firmaba sus operaciones. Giovenco se inició en la militancia en el Partido de la Revolución Libertadora, su padre era un ferviente antiperonista. Con el tiempo se acercó al nacionalismo e ingresó al MNA. En una crónica del Descamisado, Dardo Cabo dice de su antiguo camarada: “Alejandro Giovenco se mató sin poder ser peronista”. (…) Giovenco era una mezcla de católico liberal de derecha y nacionalista de élite. (…) Ya en el Movimiento Nueva Argentina, manifiesta un vehemente y exagerado deseo de limpiar su pasado con una acción heroica para el peronismo: así promete matar al almirante Rojas. (…) Cuando sale en libertad, Giovenco se enrola en las filas del vandorismo, junto con varios miembros de la operación Cóndor. Actúan de guardaespaldas de Lorenzo Miguel y luego de Paladino.(…) Su práctica política demuestra una concepción coherente: el acto personal, “heroico”, la actitud individual y el valor personal. Nunca se lo vio recorriendo las bases peronistas, su manejo era totalmente superestructural. Enemigo de Vandor, termina siendo guardaespaldas de Lorenzo Miguel y viviendo de la UOM (...)Así fue la vida de Giovenco. No se dio cuenta, pero nunca dejó de ser lo que el padre le enseñó; cruzado de una causa sin legiones, murió por su propia mano. Su violencia nunca pudo encontrar ese acto heroico de estar junto a las masas que lo convirtieran definitivamente en peronista.”

Edgardo de Jesús Salcedo, en 1969 participó de una pequeña organización guerrillera “Cabecitas Negras” que intentó establecer un foco rural en el Abra de Santa Laura y fueron detenidos. Más tarde se sumó a Montoneros. Era dirigente de la JTP de Telefónicos. El 12 de Julio de 1976 Edgardo Salcedo y su esposa Esperanza María Cacabelos, encerrados en su departamento resisten durante seis horas de fuerte tiroteo el asedio de un grupo operativo de la ESMA. Mueren en el enfrentamiento, en el que también caen un oficial de la Policía Federal y al Capitán de Corbeta Olegario Salvio Menéndez. Su hijo Gerardo (de dos años) es protegido por sus progenitores en el baño, en la bañadera, tapado con un colchón y resulta ileso.

Aldo Omar Ramirez, con 18 años participó del comando Cóndor. Se integró a la Juventud Peronista. En 1975 era miembro de la JTP (Juventud Trabajadora Peronista) de los Astilleros Astarsa cuando fue secuestrado por la Triple A y liberado por presión de los obreros del establecimiento. Siguió militando en Montoneros y pasó a la clandestinidad. Fue secuestrado y desaparecido el 1º de septiembre de 1977.

Juan Carlos “el gallego” Rodriguez, y Pedro Tursi fueron miembros de la custodia de Lorenzo Miguel. Tursi era uno de los acompañantes de Giovenco en el momento que le explotó la bomba. El gallego Rodriguez, que era el jefe de la custodia de Lorenzo Miguel, a mediados del 75 es asesinado por el grupo del CNU de La Plata.

Pedro Bernardini , según cuenta en una nota su nieta María Agustina Banchiero : “A partir del Operativo Cóndor las veces -que fueron muchas- que mi abuelo fue secuestrado durante la dictadura militar o llevado preso por su militancia en la FAP los años previos al 76, los militares le mostraban cierto respeto y con un guiño reconocían el Operativo. Incluso cuando estuvo secuestrado durante dos años en la ESMA, mientras lo torturaban, le preguntaban cómo había sido cagarles por unos días las Malvinas a los ingleses.”

Norberto Karasiewicz y Edelmiro Navarro siguieron su militancia en el CdO (Comando de Organización) que dirigía Brito Lima. Los militantes del CdO estaban entre los custodios del palco cuando se produjeron los graves enfrentamientos de Ezeiza el 20 de junio de 1973.

Jorge Alberto Money y Miguel Angel Castrofini eran dos militantes del MNA que no participaron del Operativo Cóndor. Pero fueron quienes, desde un Citroen destartalado, ametrallaron el frente de la embajada británica, cuando estaba en ella el Duque Felipe de Edimburgo en la noche del 29 de septiembre. Money era periodista trabajó en el diario “El Día” de La Plata; en el diario peronista “Mayoría” y finalmente como redactor en “La Opinión”. Se acercó políticamente a Montoneros. Fue asesinado por la Triple A en los bosques de Ezeiza previo rapto, el 18 de mayo de 1975. Castrofini se convirtió en militante del CNU (Concentracion Nacionalista Universitaria) el 8 de marzo de 1974 un comando del ERP22 de Agosto, lo asesinó de 16 balazos cuando salía de su casa en compañía de su esposa.

Esta es la historia de los años setenta, que hay que contar en toda su dimensión; aunque hoy, todavía sea políticamente incorrecta. El camino de la violencia, que en la historia algunas veces fue justificada y necesaria, es un camino oscuro, sinuoso, complejo y casi sin retornos. Ninguna bala lleva inscripta la palabra justicia.

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GLOBALIZACIÓN EN CRISIS

Debates geopolíticos en el peronismo: “América para los Pueblos de América”

28 Septiembre 2026

La transformación del orden internacional vuelve a plantear para la Argentina una pregunta que atraviesa su propia historia: qué lugar pretende ocupar en el mundo y desde qué proyecto nacional quiere relacionarse con él. La controversia tiene antecedentes: “América para los americanos”, históricamente asociada a la Doctrina Monroe, y “América para la humanidad”, formulada décadas después por Roque Sáenz Peña, expresaban distintas concepciones sobre el continente y la relación de sus naciones con el mundo. Recuperar aquella controversia permite pensarla desde las condiciones de nuestro tiempo.

La Argentina se incorporó tempranamente a la división internacional del trabajo como productora de alimentos y materias primas, mientras importaba buena parte de los bienes manufacturados y del capital necesarios para su funcionamiento. Aquella inserción generó crecimiento, exportaciones e infraestructura, pero consolidó un entramado productivo vinculado a las necesidades de los centros industriales. Cambiar el destino de nuestras materias primas puede modificar nuestros principales socios comerciales, pero no transforma sustancialmente el lugar que ocupamos dentro de la organización internacional de la producción.

La insubordinación comienza cuando la Nación asume la responsabilidad de construir su propio proyecto y procura definir por sí misma el lugar que pretende ocupar en el mundo. Para la Argentina, esa decisión exige una industrialización capaz de articular sus recursos naturales con el trabajo de los argentinos. Incorporar conocimiento y tecnología a la producción permite desarrollar cadenas de valor, construir una economía más compleja, acumular capital y multiplicar las posibilidades de trabajo y realización de la comunidad.

El propio crecimiento genera nuevas demandas de energía, infraestructura, tecnología y bienes de capital. La cuestión energética constituye un ejemplo histórico: durante la industrialización peronista, la creciente demanda de petróleo obligaba a destinar divisas a importar combustibles. Perón procuró ampliar la producción nacional y consideró incorporar capital y capacidad productiva externos, conservando la propiedad nacional del recurso. El problema trascendía al petróleo: qué capacidades necesitaba el desarrollo, cómo incorporarlas y quién conservaba la capacidad de decisión sobre ellas.

La soberanía supone capacidad de decisión y necesita una base material que permita sostenerla. Las capacidades productivas, energéticas, científicas, tecnológicas, financieras y estratégicas conforman una densidad nacional que amplía los márgenes de autonomía. El desarrollo constituye así una condición de la soberanía; el interés nacional, el criterio ordenador de nuestra relación con el mundo.

Ese criterio adquiere particular importancia ante la transformación del orden internacional. Las principales potencias utilizan políticas industriales, comerciales y tecnológicas para fortalecer actividades estratégicas y orientar inversiones. La globalización, durante décadas asociada a la búsqueda de menores costos y la dispersión de las cadenas productivas, comienza a convivir con una competencia creciente por la localización de la producción. La disputa por dónde se produce define también dónde se realiza el trabajo: allí se invierte, se incorpora tecnología, se acumula conocimiento y se construyen capacidades productivas.

La inserción internacional inteligente parte de definir qué país pretendemos construir y, en función de eso, determinar con quién, para qué y bajo qué condiciones debemos relacionarnos. Los principales centros de poder mundial poseen sus propios intereses; la Argentina debe reconocer los suyos y aprovechar las coincidencias que contribuyan a su desarrollo. Una Argentina industrializada, tecnológicamente capaz y energéticamente sólida puede incorporar capital, tecnología e inversiones y organizar sus relaciones comerciales en función de sus objetivos nacionales, ampliando sus capacidades para relacionarse con el mundo desde una posición de creciente autonomía.

La etapa histórica del continentalismo constituye una escala superior de organización. Perón la concebía como un proceso progresivo de integración entre naciones soberanas y una transición hacia una futura organización universal. Desde la propuesta del ABC hasta el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, esa integración debía construirse entre naciones capaces de decidir su propio destino. Ningún país puede realizarse plenamente en un continente que no se realiza.

Es allí donde la hora de los pueblos adquiere un sentido concreto. Los pueblos americanos pueden construir una comunidad continental articulando capacidades e intereses alrededor de objetivos compartidos para ampliar sus posibilidades de producción, trabajo, desarrollo y cooperación, sin sustituir la soberanía nacional por nuevas formas de subordinación. El continentalismo adquiere sentido cuando fortalece a las naciones que lo integran y los intereses comunes son construidos por sus pueblos.

La historia planteó alguna vez la disyuntiva entre “América para los americanos” y “América para la humanidad”. Las transformaciones de nuestro tiempo permiten volver sobre aquella controversia: una América abierta al mundo, pero capaz de pensar desde sí misma; integrada, pero construida desde la soberanía de sus naciones; consciente de sus intereses comunes, pero respetuosa de la capacidad de decisión de cada uno de sus pueblos. Ni América subordinada a una potencia continental, ni América reducida al lugar que otros le asignen en el orden internacional: América para los pueblos de América.

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Encuentro cercano del primer tipo con el Código Penal

28 Septiembre 2026

La decisión de una jueza en primera instancia que resolvió sobreseer a un adolescente de 14 años, puso en agenda el debate sobre la baja de la edad de imputabilidad. La jueza declaró la inconstitucionalidad, sobre este caso en particular, del artículo 1 del Régimen Penal Juvenil sancionado en febrero del 2026, que establece la aplicación del Código Penal a personas de 14 años cuando fueran imputadas por un delito contemplado en dicho código.

Cuando se debatió esta ley en el congreso, los argumentos en favor de bajar la edad de 16 a 14 (el proyecto del Gobierno era bajarla a 13) era que existe un problema de inseguridad y que los menores tenían impunidad para cometer delitos, los ejemplos que se utilizaban eran casó muy particulares en los que la violencia utilizada para la acción delictiva era salvaje. Pero si se observaba en la estadística los casos que involucran menores, en ese momento según el Ministerio Público Fiscal bonaerense, eran 22.678 investigaciones iniciadas y en el caso de los adultos era de 1.082.502.

Pero el problema de fondo de la discusión, más allá de la edad, era que el debate en sí tenía una clara intencionalidad de operar sobre la opinión pública, para mostrar cómo el gobierno se ocupaba de la seguridad. Porque cuando los funcionarios del Ministerio de Justicia fueron a la comisión que debatió el proyecto y se les preguntaba por la implementación, la infraestructura destinada y por los recursos para lo mismo, no había respuestas convincentes y el foco se ponía siempre en que lo importante era bajar la edad.

Ahora bien, la rigurosidad del diseño en una política pública es de suma importancia y esto se ve ahora, porque si se sanciona una ley que contradice los pactos internacionales de carácter constitucional, el poder judicial es el que va a terminar incidiendo en la implementación de la ley. O en otros casos como también sucede después de la sanción de la reforma del Régimen Penal Juvenil, va a pasar que personas que tenían una condena mayor, puedan ser reducidas porque la nueva ley lo permite.

Pero a este Gobierno no le interesa eso, porque su logro fue mostrar que bajaron la edad de imputabilidad y con eso convencer de que ahora hay más seguridad. 

No es que no hubo debate en su momento y entonces ahora hay debate después de la decisión de la jueza, sino que el debate es todo circo y mediatización. Los que se indignan por la decisión de la jueza son una banda de oportunistas que no les interesa ni la seguridad ni nada, solo quieren circo y/o plata. Funcionarios y dirigentes de un espectro ideológico que se compra las mismas fantasías que venden, juegan a ver quien es mas “mano dura” pero es todo pose. Se suben al juego de la indignación para después mostrarse electoralmente como los salvadores de no se que, pero las actividades delictivas generan millones en ganancias tienen un trato especial y en esos casos los indignados se convierten en facilitadores de una estructura financiera que los recibe con los brazos abiertos.

El hecho

El jueves 10 de septiembre a las 6 de la mañana, una persona iba caminando por la calle Godoy Cruz (altura Santa Fe). Se da vuelta y observa que cinco personas se le acercan, cuando decide empezar a correr escucha que le gritan “Dame todo. Dame el celular”. En la huida aparecen dos motos de la policía que venían circulando por Godoy Cruz y detienen a las cinco personas que intentaron robarle (esta descripción está en la resolución de la jueza). 

Esa fue la situación en la que estaba el adolescente de 14 años y por lo cual el fiscal encuadra la conducta descrita en el delito de “tentativa de robo”. La violencia que exige la figura estaría dada por la intimidación de parte de las cinco personas, incluido el adolescente.

La jueza afirma en la resolución que el artículo 1 de la ley del Régimen Penal Juvenil es inconstitucional porque es regresiva en este caso, dado que antes de entrar en vigencia la ley el adolescente sería responsable pero no lo perseguirá penalmente.

La jueza da una primera entrevista a Jorge Fontevecchia, en el canal de Perfil, explicando que el principio de regresividad establece que no se puede poner a una persona en condiciones peores de las que estaba, por lo tanto aunque el adolescente percibiera una amonestación deja precedente en su trayectoria de vida que no tenía antes de haber sido aprendido.

En otra entrevista que da la jueza a Ernesto Tenembaum, en Radio Con Vos, sostiene que una primera condena, aunque sea una amonestación, es un antecedente. Y si continuará sumando amonestaciones por hechos menores, terminará privado de su libertad. 

La jueza en la resolución le comunica al Consejo de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes que intervenga para asegurar el acompañamiento del adolescente y su familia en la restitución de los derechos actualmente vulnerados como de educación, salud y recreación. Dicho acompañamiento fue recomendado también por la Licenciada del Centro de Admisión y Derivación en la entrevista al momento de la detención.

El Estado

Cuando se debatió la reforma del Codigo Penal Juvenil se planteaba que venía a dar respuesta a los casos de inseguridad en los que participaban menores de edad, pero era tan berreta el debate que se ponían casos sumamente extraordinarios en términos estadísticos que habían generado un justo rechazo en la opinión pública, pero no eran representativos de los tipos de delitos cometidos por menores.

Pero la ley no se aplica en abstracto, sino en casos concretos, tan concretos como este. Y si ha un pibe de 14 años que intentó robar un celular de apriete, le queres tirar el Codigo Penal encima como sostenia el Fiscal “Robo en poblado y en banda” porque el Estado hace punible a un adolescente de 14, capaz es un montón y la decisión de la jueza sea la acertada. Porque no estamos hablando del Gordo Valor o la Garza Sosa.

Dicho sea de paso, si alquilas un departamento en Villa Urquiza para fraccionar, distribuir y comercializar estupefacientes, la justicia te va a pedir primero que justifiquen los ingresos para demostrar que podes alquilar, para lo cual se puede contratar un buen abogado y un contador que presenten todo. Y en esos casos, el Estado se vuelve más ameno, te da tiempos y la opinión pública ni los vecinos se indignan tanto como con un adolescente de 14 que quiso punguear un celular.
Porque tal vez resolver la inseguridad tenga más aristas que la de endurecer penas o poner la edad de imputabilidad a los 4 años.

Menos derechos, más inseguridad

En la resolución de la jueza están fragmentos de la entrevista realizada por profesionales al adolescente. 

De ahí se desprende que el chico vivía con su mamá que padece de epilepsia, su papá es una figura ausente y su hermano de 19 años se quedó sin trabajo recientemente. No tienen gas natural y dada las constantes mudanzas, perdió la escolaridad. Para alimentarse depende de los bolsones de comida que consiguen. También el chico dijo que le gustaría practicar un deporte, boxeo, pero que no cuenta con los recursos para realizarlo. 

Si ese chico el primer contacto con el Estado es por un hecho menor que lo etiqueta como “chorro” o que esté expuesto a proceso penal ¿no pasa nada?. Porque después hablan en los medios de la cárcel como la universidad de la delincuencia.

Fijense nomas en su entorno familiar, una madre con epilepsia y se achica el presupuesto para discapacidad o se afanan la guita de la Agencia de Discapacidad. El hermano se quedó sin laburo y viene creciendo el índice de desempleo. No tiene gas natural y encima las tarifas de los servicios públicos aumentan desde el inicio de este gobierno. Y se podría seguir, con esto quiero decir que el Estado ahí no existe, pero para tirarle el código penal por la cabeza, si.

No me interesa apelar a la sensibilidad de quienes no ven más allá de su individualismo, pero si apelar a la inteligencia para entender que si el Estado se corre y no pone el foco en muchísimas familias que viven en estado de supervivencia, el estado de situación va a empeorar.

Por otro lado, si la respuesta al hecho de inseguridad que sufrió la víctima, en este caso al que le intentaron robar el celular, es que se van a endurecer las penas y se va a meter preso al que roba el celular, le están mintiendo para sacarle un voto en el escenario electoral. 

Y no hay dudas de quién es la víctima cuando roban un celular, que se está pagando en cuotas o frente a cualquier hecho delictivo en general. 

El Gobierno actual está lleno de mercenarios y oportunistas que buscan quedarse con cualquier cosa hasta con los pollos que se compran en la quinta de olivos, nos gobierna una banda y ante eso la justicia les da prórrogas para que busquen jubiladas para justificar la declaración jurada. Pero si intentan robar un celular les tiramos el código penal encima y sino aparece la indignación careta y colectiva.

En definitiva así de berreta fue el debate sobre la reforma del código penal juvenil y el resultado en la práctica es que no va a resolver ni la inseguridad, ni hacer respetar los tratados internacionales que la misma ley ignoró cuando la diseñaron y votaron.

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    Ilustración: Silvia Etchart
    Ilustración: Silvia Etchart

La trinchera de la calle Corro

27 Septiembre 2026

Desde temprano se oían sordos ruidos, de tanquetas y de acero. En algunas casas hubo soldados que advirtieron a sus moradores que iban a realizar un operativo, por lo que convenía mantenerse adentro, con las puertas y ventanas cerradas. La primavera de 1976 empezó una semana antes, y en la casa de la calle Canónigo Miguel Calixto del Corro 105, esquina Yerbal, en Villa Luro, había movimientos de rutina. La vivienda era el lugar de reunión de la Mesa Política de Montoneros, y a su vez era un hogar de familia donde había gente que tenía su cotidianeidad.

La dictadura avanzaba a paso redoblado con secuestros, torturas y eliminación de todo aquel que se le opusiera. Los que no aguantaron más y vieron una oportunidad partieron al exilio, en cambio hubo quienes eligieron otra trinchera, una casilla en la villa, un monoambiente cuyo dueño desconocían o una casa escondida en un barrio olvidado. Esos oficiales montoneros no salieron de la nada, eran herederos y continuadores de la resistencia peronista, y estaban allí para organizar la nueva resistencia, esta vez enfrentados a un poder genocida obediente de las órdenes que provenían del centro del poder político y económico mundial.

El coronel Roberto Roualdes tenía el dato preciso de una reunión de la Secretaría Política Nacional de Montoneros. El dato bajó de Córdoba, obtenido bajo tortura y con pelos y señales sobre quienes vivían allí, quienes se reunían, y cada detalle de lo que ocurría en esa vivienda. Imaginaba que, si eran peces gordos los que se concentraban en esa esquina, tendrían dinero para rapiñarles y abrir una cuenta en Suiza. Durante la madrugada llovió, como todo el día anterior. Para tener un punto de apoyo allanó y ocupó una casa sobre la misma vereda que la de Corro 105. Al Coronel no le gustaba andar solo, se movía siempre con una patota, pero esa mañana no se sentía tan seguro y decidió llevar más de 150 conscriptos, civiles bajo bandera de no más de 18 años, jóvenes temblorosos, que estaban ahí para cumplir órdenes. Todos pertenecían al Grupo de Artillería y Defensa Aérea (GADA) 101. Los camiones militares se iban acomodando en calles laterales. A lo largo de la mañana ingresaron a casas vecinas, y dentro de las mismas ocuparon las terrazas para asegurar el ataque, y que nadie se escapara.

La mesa política

Una década atrás, Ismael “Turco” Salame (39), sufrió, en su Tucumán natal, la injusticia del cierre de los ingenios por parte de la dictadura de Onganía. Por entonces ya estaba militando en la JP, a la vez que cursaba la carrera de Derecho, participó del “Tucumanazo” y, ya entrados los ‘70, fue un activista del “Luche y vuelve”, por la vuelta del exilio del general Perón. Su recorrido y sus vínculos con las militancias juveniles de otras organizaciones lo llevaron a forjar una amistad con muchos dirigentes. Alberto Nadra, de la Federación Juvenil Comunista, con la dictadura en pleno desarrollo, le ofreció una salida inmediata a Cuba. El Turco estaba seguro de rechazar el exilio y quedarse a combatir junto a sus compañeros.

La familia Molinas fue castigada de manera cruel a lo largo de toda la dictadura. Alberto Tito Molinas (37), conocido como Chacho, sufría el asesinato de su hermano Carlos, y a su vez sabía que los que sobrevivieron seguían con su militancia, yendo a una muerte segura si permanecían en el país. Santafecino, médico, recibido en la Universidad Católica de Córdoba, participó de la toma de La Calera en 1970. Fue uno de los fundadores de Montoneros y con Carlos Alberto Holbert fueron los dos primeros integrantes en entrevistarse con Juan Domingo Perón, en Madrid. Lejos quedaron los días de música y poesía, cuando escribió para la Cantata Montonera y homenajeó a su amigo Sabino Navarro: los engañamos, hermano/ ellos creen que te tienen/ y solo guardan tu cuerpo/ sin las manos/ que siguen armadas/ en brazo de tu pueblo. Atrás quedaron las vacaciones en la Quinta Las Malvinas, cerca de La Plata, ahora Molinas piensa en enfrentar el exterminio. Pocos días antes visitó, junto a sus tres hijos, a Lucy, la señora de la casa de la calle Corro.

José Carlos Tucu Coronel (32) era hijo de ferroviario, abogado por la Universidad Nacional de Tucumán, fue corresponsal en Jujuy del diario El Tribuno de Salta. Como militante participó del “Tucumanazo” y, ya integrado a las FAR, formó parte de la toma de Garín. Conoció la cárcel de Devoto, y allí su fanatismo por César Vallejos lo impulsó a escribir el poema “Totalmente incomunicado”. Sí, el Turco era poeta, y una vez liberado no dejó de militar ni de escribir, y llegó a publicar el poemario “Gestos y algo más”. Dos cosas le importaban aquella tarde: sus hijas y organizar la resistencia ante la dictadura.

No hay amor más grande que dar la vida por los demás, era la frase de Jesucristo que latía en el corazón de Ignacio “Nacho” Bertran (29), un egresado del Colegio El Salvador y ex seminarista jesuita. Descubrió el rostro descarnado de la pobreza en las afueras del Colegio Máximo, caminando por San Miguel Oeste, Santa Brígida y en su refugio de Castelar. En 1967, al año siguiente de entrar al seminario, leyó “Populorum Progressio” de Paulo VI y no dudó en militar y enfrentar la dictadura de Lanusse. Un párrafo del texto señala que ante una dictadura cruel y prolongada no hay objeciones en tomar las armas. Esa necesidad se acentuó una década después ante el genocidio de Videla.

La más joven, y única mujer de aquella mesa política de Montoneros, era María Victoria Walsh, que entró en la casa el día que cumplía 26 años, con su beba de algo más de un año. Aunque en su familia le decían Vicki, ella se hacía llamar Hilda, en homenaje a una zafrera tucumana. Fue periodista, y como delegada de sus compañeros se enfrentó con el director de La Opinión: Jacobo Timerman. Hija de Rodolfo, heredó el oficio de cronista y también el legado del hombre que escribió el primer libro que adoptó la resistencia peronista. Ella sabe que a cada paso arriesga su vida, y también sabe que en la historia las personas que construyeron la independencia de este país arriesgaron hasta las últimas consecuencias, como la mulata Rosario del Valle junto a Belgrano, o Juana Azurduy, con su marido, a quien perdería en la lucha. De hecho, ella misma tenía a su marido en prisión.

Los moradores

Hay un apellido que no se suele mencionar cuando se habla de la represión salvaje sobre la casa de la calle Corro, y es el de la familia Mainer. La dueña de casa era Lucy Gómez de Mainer, quien llegó de La Plata meses antes y alquiló. Lucy, una mujer algo ingenua, conocía a Alberto Molinas, por eso prestaba la vivienda para reuniones políticas, nunca pensó que ese gesto desataría un huracán de balas sobre la casa. Allí se mudaron algunos hijos de Lucy, a saber, Juan Cristóbal (15) y Pablo (23), éste último cumplía con el servicio militar y temprano salió a presentarse al cuartel. La que se quedaba ocasionalmente era Maricel (22), y su pareja Ramón Baravalle, quienes ese día estaban allí, a punto de mudarse a su nueva casa. Otra que pasaba era María Magdalena Mainer (27), llamada Malena en su familia, alumna destacada en secundaria y médica recibida con honores en la Universidad de La Plata. Aquí está la clave de la tragedia de la calle Corro, pues Malena pertenecía al ámbito de Sanidad de Montoneros. La convocaron a cubrir una posta sanitaria en Córdoba, luego derivada a San Juan, donde fue secuestrada. Desde la provincia cuyana la llevaron a La Perla, el principal centro clandestino de exterminio del interior del país, donde el oficial Ernesto “Nabo” Barreiro la torturó hasta quebrarla y obligarla a revelar la casa de Villa Luro.

La que también estaba en la casa el día fatal era Milagros (9), la hija menor de Lucy, quien fue a la escuela a primera hora y mientras caminaba a estudiar vio el movimiento de una tanqueta en la calle. No fue la única señal que preanunciaba la tormenta. El fin de semana llegó primero una cuadrilla de Entel (empresa de teléfonos), y al día siguiente un grupo que decía ser de Segba (compañía de electricidad), para hacer arreglos que nadie pidió. Cuando Lucy volvió a la casa le avisó a Juan Cristóbal que se pusiera a cubierto, que la manzana estaba rodeada de militares.

Los que resistieron

El coronel Roualdes llama por teléfono a Corro 105, donde lo atiende Molinas, el de mayor grado en esa mesa. -Están rodeados, no tienen salida. Saquen a los menores de la casa y ríndanse. Vicki, de remera y jean, le avisó a Maricel y su esposo que la casa corría peligro, que se pusieran a resguardo. El matrimonio recién se despertaba y quedaron aturdidos con el anuncio.

Pasado un rato largo, megáfono en mano, Roualdes instó a los ocupantes de la casa asediada a que se entregaran. Se hizo un silencio tenso. Dos de los principales jefes, Molinas y Bertrán, saltaban de terraza en terraza en silencio, sin sospechar que las terrazas del vecindario estaban copadas por soldados, suboficiales y oficiales. Los que quedaron al frente esperaron unos minutos y lanzaron dos granadas, para distraer y darles más chances de escapar a sus compañeros. A renglón seguido dispararon algunos tiros con sus pistolas, que de inmediato fueron respondidos con balas de fusiles FAL desde los lugares más disímiles, donde estaban apostados los suboficiales y soldados. La tormenta de plomo no eran solo balas, también se usaron armas pesadas como bazookas y FAP. Un helicóptero también llegó para reforzar el ataque, mientras una tanqueta se mantenía expectante, cerca del lugar.

El tren que circulaba por las vías del Sarmiento, a pocos metros, detuvo la circulación ante el peligro de impactos de bala. Las maestras de la escuela cercana escondieron a los niños debajo de la mesa. La balacera no se detuvo en toda la mañana. Antes del mediodía los disparos llegan desde la terraza; los gritos y el olor a pólvora eran la esencia del combate. Hasta que en un momento se hizo silencio. Un jefe militar ordenó el alto el fuego, tomó un megáfono y ordenó la rendición incondicional. Los dos oficiales montoneros que intentaron fugarse se resistieron en el camino. Molinas llegó a las vías y combatió con la decisión de no entregarse. Bertrán entró a un galpón, y los militares lo detectaron rápido por el control aéreo que tenían. Ignacio fue acosado con tiros de FAL y dos bazzokazos; el ex jesuita combatió un rato largo hasta que lo dieron por muerto. Ambos eran jefes y no consideraban caer vivos en manos represores.

Vicki subía las escaleras y Maricel le pidió un arma para enfrentar a los militares, pero la hija de Walsh se la negó y le ordenó que se mantuviera a cubierto. Desde la terraza de la casa dos combatientes se ponen de pie y se escucha una respuesta clara y contundente: Ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir. Y a renglón seguido una voz femenina que grita: ¡Viva la Patria! Y se llevan sus armas a la boca y disparan. El pecado no era hablar, sino caer en manos enemigas. Roualdes estaba indignado que la muchacha gritara “Viva la Patria”, cuando él representaba a la Patria y no esos roñosos montoneros. Los militares dispararon un rato más, creyendo que los disparos de los combatientes seguían siendo parte de la resistencia. En la planta baja el último integrante de la Secretaría resistió hasta recibir un disparo mortal.

Al silencio de las armas le siguió bazzokazo al interior de la vivienda. El silencio posterior era ensordecedor. La tanqueta avanzó y chocó el portón principal. El jefe del operativo pensó que el triunfo era suyo. Roualdes no comprendía que sus obscenas y macabras liturgias de desapariciones, vuelos de la muerte, saqueos y robo de identidades son estériles y sólo construyen fracaso. El oficial genocida no entendió la ironía del destino cuando, al entrar a la casa, en vez de hallar cadáveres lo primero que vio fue, sentada en un canasto, a una beba llamada Victoria.

Después del tiroteo

Cuando los cuerpos aún estaban tibios y los ecos de los estampidos de las balas resonaban, la directora de la escuela cercana llevó a la pequeña Milagros a la comisaría 43. La docente, antes de ingresar, vio en la calle un auto, con dos policías arreglándolo, y una beba sentadita, como esperando. Milagros se dio cuenta que era Victoria, la beba de Vicky, la amiga de su mamá. Ya estaba anocheciendo cuando apareció en la comisaría Stella Gómez, hermana de Lucy, la dueña de la casa, quien reclamó por Milagros. El comisario le llevó a la niña y le preguntó si conocía a la beba. Milagros intervino y dijo que sí, y así Stella se va con las dos pequeñas. Días más tarde, los abuelos paternos de Victoria llegan a la casa y recuperan a la beba.

Lucy, la dueña de casa, sus hijos Juan Cristóbal y Maricel, junto a Ramón Baravalle, fueron secuestrados y derivados a El Vesubio, un centro clandestino ubicado en el Camino de Cintura. Dos semanas estuvieron allí, torturados y sin recibir alimentos. Luego los llevaron a Coordinación Federal, en la calle Moreno, donde recibieron un trato similar y estuvieron dos semanas más. Maricel y su marido fueron liberados el 1 de noviembre, y se refugiaron en Esperanza, un pueblo del interior donde Ramón tenía familia. Lucy y Juan Cristóbal fueron blanqueados, pasaron a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Ella estuvo en Devoto dos años, luego pasó a libertad vigilada, asentándose en Chaco, donde todas las semanas se presentaba en la comisaría. El adolescente estuvo 5 años en la U9 de La Plata, y salió bajo libertad vigilada cuando tenía 21 años.

Pablo Mainer fue secuestrado el mismo 29 de septiembre del lugar donde cumplía con el servicio militar. Fue llevado a la ESMA, donde trajeron a su hermana Magdalena desde Córdoba, para luego pasarlos a centros clandestinos de La Plata, a disposición de la Policía Bonaerense. Les prometieron dejarlos libres si marcaban alguna casa o algún militante de La Plata, y para fines de 1977 se sabía que habían sido eliminados. Sus cuerpos fueron identificados en el cementerio de Avellaneda.

Rodolfo Walsh se enteró del enfrentamiento, se persignó y escribió dos cartas que durante mucho tiempo fueron los textos canónicos de aquella jornada con un nombre que se destacaba, el de Vicki, su hija. Mucho tiempo después María Moreno con Oración – Carta a Vicki y otras elegías políticas, y Ernesto Valverde con Corro 105: rodeados – El ataque a la Secretaría Política Nacional de Montoneros, pusieron las cosas en su lugar. Hoy sabemos que fueron cinco los integrantes de la Mesa Política que fueron víctimas, y que seis miembros de la olvidada familia Mainer, además de Ramón Varaballe, sufrieron consecuencias con secuestros, torturas y desapariciones.

Juicio

Desde marzo pasado se lleva adelante el juicio por aquella masacre en el Tribunal Oral Federal Nº7 de la Ciudad de Buenos Aires. Intervinieron más de 200 personas, entre ellos 3 oficiales jefes, 13 oficiales, 61 suboficiales y 134 soldados pertenecientes a esa unidad militar, éstos últimos son los principales testigos, ya que vieron desde su sector el desarrollo del operativo desde el primer momento. El coronel Roualdes, que estuvo a cargo del operativo, no está entre los acusados pues falleció, lo que no impide que estén Carlos Alberto Orihuela, Ricardo Grisolía, Gustavo Montell, Guillermo César Viola, Héctor Eduardo Godoy, Danilo Antonio González Ramos, Tadeo Juárez Matorras y Diego Armando Giordano, integrantes del Grupo de Artillería de Defensa Aérea (GADA) 101 del Ejército Argentino. La documentación interna de la Unidad forma parte de las pruebas, además de los testimonios de familiares y sobrevivientes del hecho. Pasados cincuenta años, se sigue luchando para que aquellas muertes no queden impunes.

El martes 29 de septiembre, a las 18,30, en la esquina de Corro y Yerbal, se realizará un acto homenaje. Entre los oradores estarán Carmen Arias, de las Madres de Plaza de Mayo, el fiscal Federal de Derechos Humanos Félix Crous, y acompañarán familiares de las víctimas.

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    Ilustración: Silvia Etchart
    Ilustración: Silvia Etchart

La trinchera de la calle Corro

27 Septiembre 2026

Desde temprano se oían sordos ruidos, de tanquetas y de acero. En algunas casas hubo soldados que advirtieron a sus moradores que iban a realizar un operativo, por lo que convenía mantenerse adentro, con las puertas y ventanas cerradas. La primavera de 1976 empezó una semana antes, y en la casa de la calle Canónigo Miguel Calixto del Corro 105, esquina Yerbal, en Villa Luro, había movimientos de rutina. La vivienda era el lugar de reunión de la Mesa Política de Montoneros, y a su vez era un hogar de familia donde había gente que tenía su cotidianeidad.

La dictadura avanzaba a paso redoblado con secuestros, torturas y eliminación de todo aquel que se le opusiera. Los que no aguantaron más y vieron una oportunidad partieron al exilio, en cambio hubo quienes eligieron otra trinchera, una casilla en la villa, un monoambiente cuyo dueño desconocían o una casa escondida en un barrio olvidado. Esos oficiales montoneros no salieron de la nada, eran herederos y continuadores de la resistencia peronista, y estaban allí para organizar la nueva resistencia, esta vez enfrentados a un poder genocida obediente de las órdenes que provenían del centro del poder político y económico mundial.

El coronel Roberto Roualdes tenía el dato preciso de una reunión de la Secretaría Política Nacional de Montoneros. El dato bajó de Córdoba, obtenido bajo tortura y con pelos y señales sobre quienes vivían allí, quienes se reunían, y cada detalle de lo que ocurría en esa vivienda. Imaginaba que, si eran peces gordos los que se concentraban en esa esquina, tendrían dinero para rapiñarles y abrir una cuenta en Suiza. Durante la madrugada llovió, como todo el día anterior. Para tener un punto de apoyo allanó y ocupó una casa sobre la misma vereda que la de Corro 105. Al Coronel no le gustaba andar solo, se movía siempre con una patota, pero esa mañana no se sentía tan seguro y decidió llevar más de 150 conscriptos, civiles bajo bandera de no más de 18 años, jóvenes temblorosos, que estaban ahí para cumplir órdenes. Todos pertenecían al Grupo de Artillería y Defensa Aérea (GADA) 101. Los camiones militares se iban acomodando en calles laterales. A lo largo de la mañana ingresaron a casas vecinas, y dentro de las mismas ocuparon las terrazas para asegurar el ataque, y que nadie se escapara.

La mesa política

Una década atrás, Ismael “Turco” Salame (39), sufrió, en su Tucumán natal, la injusticia del cierre de los ingenios por parte de la dictadura de Onganía. Por entonces ya estaba militando en la JP, a la vez que cursaba la carrera de Derecho, participó del “Tucumanazo” y, ya entrados los ‘70, fue un activista del “Luche y vuelve”, por la vuelta del exilio del general Perón. Su recorrido y sus vínculos con las militancias juveniles de otras organizaciones lo llevaron a forjar una amistad con muchos dirigentes. Alberto Nadra, de la Federación Juvenil Comunista, con la dictadura en pleno desarrollo, le ofreció una salida inmediata a Cuba. El Turco estaba seguro de rechazar el exilio y quedarse a combatir junto a sus compañeros.

La familia Molinas fue castigada de manera cruel a lo largo de toda la dictadura. Alberto Tito Molinas (37), conocido como Chacho, sufría el asesinato de su hermano Carlos, y a su vez sabía que los que sobrevivieron seguían con su militancia, yendo a una muerte segura si permanecían en el país. Santafecino, médico, recibido en la Universidad Católica de Córdoba, participó de la toma de La Calera en 1970. Fue uno de los fundadores de Montoneros y con Carlos Alberto Holbert fueron los dos primeros integrantes en entrevistarse con Juan Domingo Perón, en Madrid. Lejos quedaron los días de música y poesía, cuando escribió para la Cantata Montonera y homenajeó a su amigo Sabino Navarro: los engañamos, hermano/ ellos creen que te tienen/ y solo guardan tu cuerpo/ sin las manos/ que siguen armadas/ en brazo de tu pueblo. Atrás quedaron las vacaciones en la Quinta Las Malvinas, cerca de La Plata, ahora Molinas piensa en enfrentar el exterminio. Pocos días antes visitó, junto a sus tres hijos, a Lucy, la señora de la casa de la calle Corro.

José Carlos Tucu Coronel (32) era hijo de ferroviario, abogado por la Universidad Nacional de Tucumán, fue corresponsal en Jujuy del diario El Tribuno de Salta. Como militante participó del “Tucumanazo” y, ya integrado a las FAR, formó parte de la toma de Garín. Conoció la cárcel de Devoto, y allí su fanatismo por César Vallejos lo impulsó a escribir el poema “Totalmente incomunicado”. Sí, el Turco era poeta, y una vez liberado no dejó de militar ni de escribir, y llegó a publicar el poemario “Gestos y algo más”. Dos cosas le importaban aquella tarde: sus hijas y organizar la resistencia ante la dictadura.

No hay amor más grande que dar la vida por los demás, era la frase de Jesucristo que latía en el corazón de Ignacio “Nacho” Bertran (29), un egresado del Colegio El Salvador y ex seminarista jesuita. Descubrió el rostro descarnado de la pobreza en las afueras del Colegio Máximo, caminando por San Miguel Oeste, Santa Brígida y en su refugio de Castelar. En 1967, al año siguiente de entrar al seminario, leyó “Populorum Progressio” de Paulo VI y no dudó en militar y enfrentar la dictadura de Lanusse. Un párrafo del texto señala que ante una dictadura cruel y prolongada no hay objeciones en tomar las armas. Esa necesidad se acentuó una década después ante el genocidio de Videla.

La más joven, y única mujer de aquella mesa política de Montoneros, era María Victoria Walsh, que entró en la casa el día que cumplía 26 años, con su beba de algo más de un año. Aunque en su familia le decían Vicki, ella se hacía llamar Hilda, en homenaje a una zafrera tucumana. Fue periodista, y como delegada de sus compañeros se enfrentó con el director de La Opinión: Jacobo Timerman. Hija de Rodolfo, heredó el oficio de cronista y también el legado del hombre que escribió el primer libro que adoptó la resistencia peronista. Ella sabe que a cada paso arriesga su vida, y también sabe que en la historia las personas que construyeron la independencia de este país arriesgaron hasta las últimas consecuencias, como la mulata Rosario del Valle junto a Belgrano, o Juana Azurduy, con su marido, a quien perdería en la lucha. De hecho, ella misma tenía a su marido en prisión.

Los moradores

Hay un apellido que no se suele mencionar cuando se habla de la represión salvaje sobre la casa de la calle Corro, y es el de la familia Mainer. La dueña de casa era Lucy Gómez de Mainer, quien llegó de La Plata meses antes y alquiló. Lucy, una mujer algo ingenua, conocía a Alberto Molinas, por eso prestaba la vivienda para reuniones políticas, nunca pensó que ese gesto desataría un huracán de balas sobre la casa. Allí se mudaron algunos hijos de Lucy, a saber, Juan Cristóbal (15) y Pablo (23), éste último cumplía con el servicio militar y temprano salió a presentarse al cuartel. La que se quedaba ocasionalmente era Maricel (22), y su pareja Ramón Baravalle, quienes ese día estaban allí, a punto de mudarse a su nueva casa. Otra que pasaba era María Magdalena Mainer (27), llamada Malena en su familia, alumna destacada en secundaria y médica recibida con honores en la Universidad de La Plata. Aquí está la clave de la tragedia de la calle Corro, pues Malena pertenecía al ámbito de Sanidad de Montoneros. La convocaron a cubrir una posta sanitaria en Córdoba, luego derivada a San Juan, donde fue secuestrada. Desde la provincia cuyana la llevaron a La Perla, el principal centro clandestino de exterminio del interior del país, donde el oficial Ernesto “Nabo” Barreiro la torturó hasta quebrarla y obligarla a revelar la casa de Villa Luro.

La que también estaba en la casa el día fatal era Milagros (9), la hija menor de Lucy, quien fue a la escuela a primera hora y mientras caminaba a estudiar vio el movimiento de una tanqueta en la calle. No fue la única señal que preanunciaba la tormenta. El fin de semana llegó primero una cuadrilla de Entel (empresa de teléfonos), y al día siguiente un grupo que decía ser de Segba (compañía de electricidad), para hacer arreglos que nadie pidió. Cuando Lucy volvió a la casa le avisó a Juan Cristóbal que se pusiera a cubierto, que la manzana estaba rodeada de militares.

Los que resistieron

El coronel Roualdes llama por teléfono a Corro 105, donde lo atiende Molinas, el de mayor grado en esa mesa. -Están rodeados, no tienen salida. Saquen a los menores de la casa y ríndanse. Vicki, de remera y jean, le avisó a Maricel y su esposo que la casa corría peligro, que se pusieran a resguardo. El matrimonio recién se despertaba y quedaron aturdidos con el anuncio.

Pasado un rato largo, megáfono en mano, Roualdes instó a los ocupantes de la casa asediada a que se entregaran. Se hizo un silencio tenso. Dos de los principales jefes, Molinas y Bertrán, saltaban de terraza en terraza en silencio, sin sospechar que las terrazas del vecindario estaban copadas por soldados, suboficiales y oficiales. Los que quedaron al frente esperaron unos minutos y lanzaron dos granadas, para distraer y darles más chances de escapar a sus compañeros. A renglón seguido dispararon algunos tiros con sus pistolas, que de inmediato fueron respondidos con balas de fusiles FAL desde los lugares más disímiles, donde estaban apostados los suboficiales y soldados. La tormenta de plomo no eran solo balas, también se usaron armas pesadas como bazookas y FAP. Un helicóptero también llegó para reforzar el ataque, mientras una tanqueta se mantenía expectante, cerca del lugar.

El tren que circulaba por las vías del Sarmiento, a pocos metros, detuvo la circulación ante el peligro de impactos de bala. Las maestras de la escuela cercana escondieron a los niños debajo de la mesa. La balacera no se detuvo en toda la mañana. Antes del mediodía los disparos llegan desde la terraza; los gritos y el olor a pólvora eran la esencia del combate. Hasta que en un momento se hizo silencio. Un jefe militar ordenó el alto el fuego, tomó un megáfono y ordenó la rendición incondicional. Los dos oficiales montoneros que intentaron fugarse se resistieron en el camino. Molinas llegó a las vías y combatió con la decisión de no entregarse. Bertrán entró a un galpón, y los militares lo detectaron rápido por el control aéreo que tenían. Ignacio fue acosado con tiros de FAL y dos bazzokazos; el ex jesuita combatió un rato largo hasta que lo dieron por muerto. Ambos eran jefes y no consideraban caer vivos en manos represores.

Vicki subía las escaleras y Maricel le pidió un arma para enfrentar a los militares, pero la hija de Walsh se la negó y le ordenó que se mantuviera a cubierto. Desde la terraza de la casa dos combatientes se ponen de pie y se escucha una respuesta clara y contundente: Ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir. Y a renglón seguido una voz femenina que grita: ¡Viva la Patria! Y se llevan sus armas a la boca y disparan. El pecado no era hablar, sino caer en manos enemigas. Roualdes estaba indignado que la muchacha gritara “Viva la Patria”, cuando él representaba a la Patria y no esos roñosos montoneros. Los militares dispararon un rato más, creyendo que los disparos de los combatientes seguían siendo parte de la resistencia. En la planta baja el último integrante de la Secretaría resistió hasta recibir un disparo mortal.

Al silencio de las armas le siguió bazzokazo al interior de la vivienda. El silencio posterior era ensordecedor. La tanqueta avanzó y chocó el portón principal. El jefe del operativo pensó que el triunfo era suyo. Roualdes no comprendía que sus obscenas y macabras liturgias de desapariciones, vuelos de la muerte, saqueos y robo de identidades son estériles y sólo construyen fracaso. El oficial genocida no entendió la ironía del destino cuando, al entrar a la casa, en vez de hallar cadáveres lo primero que vio fue, sentada en un canasto, a una beba llamada Victoria.

Después del tiroteo

Cuando los cuerpos aún estaban tibios y los ecos de los estampidos de las balas resonaban, la directora de la escuela cercana llevó a la pequeña Milagros a la comisaría 43. La docente, antes de ingresar, vio en la calle un auto, con dos policías arreglándolo, y una beba sentadita, como esperando. Milagros se dio cuenta que era Victoria, la beba de Vicky, la amiga de su mamá. Ya estaba anocheciendo cuando apareció en la comisaría Stella Gómez, hermana de Lucy, la dueña de la casa, quien reclamó por Milagros. El comisario le llevó a la niña y le preguntó si conocía a la beba. Milagros intervino y dijo que sí, y así Stella se va con las dos pequeñas. Días más tarde, los abuelos paternos de Victoria llegan a la casa y recuperan a la beba.

Lucy, la dueña de casa, sus hijos Juan Cristóbal y Maricel, junto a Ramón Baravalle, fueron secuestrados y derivados a El Vesubio, un centro clandestino ubicado en el Camino de Cintura. Dos semanas estuvieron allí, torturados y sin recibir alimentos. Luego los llevaron a Coordinación Federal, en la calle Moreno, donde recibieron un trato similar y estuvieron dos semanas más. Maricel y su marido fueron liberados el 1 de noviembre, y se refugiaron en Esperanza, un pueblo del interior donde Ramón tenía familia. Lucy y Juan Cristóbal fueron blanqueados, pasaron a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Ella estuvo en Devoto dos años, luego pasó a libertad vigilada, asentándose en Chaco, donde todas las semanas se presentaba en la comisaría. El adolescente estuvo 5 años en la U9 de La Plata, y salió bajo libertad vigilada cuando tenía 21 años.

Pablo Mainer fue secuestrado el mismo 29 de septiembre del lugar donde cumplía con el servicio militar. Fue llevado a la ESMA, donde trajeron a su hermana Magdalena desde Córdoba, para luego pasarlos a centros clandestinos de La Plata, a disposición de la Policía Bonaerense. Les prometieron dejarlos libres si marcaban alguna casa o algún militante de La Plata, y para fines de 1977 se sabía que habían sido eliminados. Sus cuerpos fueron identificados en el cementerio de Avellaneda.

Rodolfo Walsh se enteró del enfrentamiento, se persignó y escribió dos cartas que durante mucho tiempo fueron los textos canónicos de aquella jornada con un nombre que se destacaba, el de Vicki, su hija. Mucho tiempo después María Moreno con Oración – Carta a Vicki y otras elegías políticas, y Ernesto Valverde con Corro 105: rodeados – El ataque a la Secretaría Política Nacional de Montoneros, pusieron las cosas en su lugar. Hoy sabemos que fueron cinco los integrantes de la Mesa Política que fueron víctimas, y que seis miembros de la olvidada familia Mainer, además de Ramón Varaballe, sufrieron consecuencias con secuestros, torturas y desapariciones.

Juicio

Desde marzo pasado se lleva adelante el juicio por aquella masacre en el Tribunal Oral Federal Nº7 de la Ciudad de Buenos Aires. Intervinieron más de 200 personas, entre ellos 3 oficiales jefes, 13 oficiales, 61 suboficiales y 134 soldados pertenecientes a esa unidad militar, éstos últimos son los principales testigos, ya que vieron desde su sector el desarrollo del operativo desde el primer momento. El coronel Roualdes, que estuvo a cargo del operativo, no está entre los acusados pues falleció, lo que no impide que estén Carlos Alberto Orihuela, Ricardo Grisolía, Gustavo Montell, Guillermo César Viola, Héctor Eduardo Godoy, Danilo Antonio González Ramos, Tadeo Juárez Matorras y Diego Armando Giordano, integrantes del Grupo de Artillería de Defensa Aérea (GADA) 101 del Ejército Argentino. La documentación interna de la Unidad forma parte de las pruebas, además de los testimonios de familiares y sobrevivientes del hecho. Pasados cincuenta años, se sigue luchando para que aquellas muertes no queden impunes.

El martes 29 de septiembre, a las 18,30, en la esquina de Corro y Yerbal, se realizará un acto homenaje. Entre los oradores estarán Carmen Arias, de las Madres de Plaza de Mayo, el fiscal Federal de Derechos Humanos Félix Crous, y acompañarán familiares de las víctimas.

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    Plantas para interior
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INFORME DE UN DÍA

“En un rincón de mí nacerá una planta”, de Fernanda Trías: escribir como un acto de resistencia

27 Septiembre 2026

En un rincón de mi nacerá una planta, de la escritora uruguaya Fernanda Trías, es un libro de ensayos autobiográficos publicados por la editorial argentina Marciana, en el año 2026.

Leo En un rincón de mí nacerá una planta y pienso en todo lo que rodea al libro. Todo ese circuito virtuoso que lo atraviesa. Hace unos meses cuando caminaba por la FED me acerqué a saludar a Denis y a Manu, de Marciana. Manu me dijo: “Ine, este te va a encantar”, motivo suficiente para correr a leer.

Pensar a alguien en términos de lector/a me parece extraordinario. 

Cuando subí la historia del libro en Instagram, recibí un mensaje: “ese título me encantó” “me picó la curiosidad” pensé rigurosamente las palabras para contestarle y que el libro coincidiera con su gusto personal. Le dije no son relatos, son ensayos y me respondió “me gusta aún más”.

Todo el paratexto funcionando alrededor del libro y su fuerza movilizante.

Mi mamá me decía que no regalaba ni recomendaba perfumes porque era un gusto muy personal. Creo que con los libros pasa lo mismo y cada reseña es un arrojo para compartir algo de esa felicidad que se siente al leer. 

En un rincón de mí nacerá una planta es un libro de ensayos sobre la escritura y la vida. Un recorrido similar a las constelaciones que Fernanda miraba de niña, cuando mirar el cielo era una forma de contemplar el silencio y habitar el paraíso. 

En este libro íntimo, como si se tratara de un análisis de crítica genética, Fernanda toma distancia de su voz narradora para desbrozar cada uno de sus procesos creativos. 

¿Qué sucedía mientras escribía La azotea o Mugre rosa? ¿Cuáles fueron las imágenes iniciales? ¿Qué fue lo primero que escribió con intención literaria?

En esa retrospectiva sobre su obra nos convoca cual arqueóloga a descubrir los materiales y las técnicas de la que está hecha su escritura. 

Fernanda toma distancia de su voz narradora para desbrozar cada uno de sus procesos creativos.

“El libro que me llevó a escribir fue uno de Hermann Hesse…” escribe en “El cascarón es el mundo”, el ensayo inaugural cuya frase del título es del libro Demian, en estas páginas Trías relata sus inicios lectores, vuelve a la historia familiar, a los pocos recuerdos de su infancia.

Louise Gluck dice que “Vemos el mundo una sola vez en la infancia, el resto es memoria” Trías fusiona memoria e imaginación y da lugar a una infancia cargada de sentidos, de marcas sensoriales, “los alaridos operativos de mi abuela Mirenchu que siempre se estaba muriendo”, “la cadencia de la poesía grabada en el inconsciente de mis primeros meses”, “en mi casa el folclor convivía con la coplas de Manrique” “no jugaba con las muñecas a pesar de tener una muy sofisticada que hablaba con un disco alojada en la panza” .

Todo lo que la llevó a pensar la lectura como “un gran biombo que te protege del mundo” y a tomar el hábito “para desaparecer”, para pasar inadvertida, de allí sus primeros escritos con intención literaria. 

Continúa En un rincón de mí nacerá una planta, con un guiño a Felisberto Hernández, es un ensayo sobre los comienzos, el miedo, la función de la escritura, la mujer ocupando un lugar en el ámbito literario, la importancia de la libertad para el arte.

La escritura como pasión “algo que sobreviene y se padece”, “algo que arrebata y somete”.

La imagen inicial de La azotea, y los interrogantes ¿Cómo se construye un personaje? ¿Cuál es el mejor comienzo para un texto? “Me senté a escribir cuando ya había visto y oído la primera escena”. 

Siempre pienso que hay una distancia entre el momento que una escribe y aquel en que decide mostrar lo que escribe. En esa bisagra está el desafío, cruzar ese umbral es el que te permite conocer lo que viene. Vencer el miedo a la mirada ajena. Trías cuenta hermosamente esta transición, desde esa azotea que le otorga libertad y vuelo. “Para que un libro siga existiendo tienen que pasar muchas cosas, algunas de ellas del orden del azar. Alguien los tiene que hacer nacer, pero ellos también deben pertenecer al mundo”.  

De la escritura como artesanía, es un ensayo breve acerca de la apropiación y transformación de la mirada de la escritura, no como algo lejano y reverencial, sino como algo cercano, una artesanía que también ocupa un espacio en la cadena de producción. 

En nombre propio, es un ensayo audaz, estremecedor y desgarrador que empieza con la belleza de un nacimiento. Una nueva vida en un mundo desigual y cruel. Fernanda Trías tiene la capacidad de crear un puente donde lo bello y lo doloroso encuentran su cauce, un pasaje quizá donde logra reconocer la herida y a su vez transformarla en la causa de su lucha. 

Tal vez sea el ensayo más largo y más profundo, a su vez, no solamente porque nos convoca a releer, por lo menos a mí, La ciudad invencible, que siento no haber reseñado con la suficiente agudeza, sino también porque ilumina el camino con un montón de literatura y recomendaciones sobre las distintas violencias ejercidas sobre la mujer. 

Fernanda Trías tiene la capacidad de crear un puente donde lo bello y lo doloroso encuentran su cauce.

Nuevamente el rol de la escritura y su función de romper el aislamiento y vencer el silencio. 

“Escribir fue un acto de resistencia y el primer ladrillo hacia la reconstrucción”. 

Luego, de una manera casi cronológica siguen Aprender a nombrarnos, Variaciones sobre la espera, El corazón de la distopía; Mario Levrero, detrás de las palabras y Recorrer la ruina.

Trías revela los hilos de su escritura, con absoluta generosidad cuenta los consejos de Levrero y de los maestros con los que fue enriqueciendo sus técnicas a la hora de escribir. Por ejemplo la técnica de la acumulación sensible, donde no hay una influencia puesta en función sino una confluencia, dándole especial lugar a la capacidad de sorpresa como le enseñaron Teresa Ralli y Manuel Rubio, o reconocer a “ sus antiguas” como le indicó  Diamela Eltit para trazar su genealogía. 

En uno de los ensayos Trías dice: “Empiezo con una advertencia: hablar sobre el proceso creativo es una manera de hacer ficción. Narrar las misteriosas decisiones que guiaron la escritura de un libro no deja de ser un artificio que se construye a posteriori, como quien coloca unos andamios alrededor de una casa ya terminada”. 

 Por el orden de estos ensayos, en la forma y el armado del este libro “la forma es algo así como el ingrediente que permite que el preparado cuaje: no solo organiza sino que destraba e ilumina”  podría leerse en clave novelística. 

La historia de un personaje femenino que decide escribir, que tiene un fuerte origen en la lectura y que atraviesa peripecias a la hora de empezar a dedicarse, la decisión de publicar, la elección de un maestro, los primeros talleres, la muerte del maestro, el desarraigo, la vida nómade, la experiencia en Buenos Aires, los procesos creativos de cada novela, la novedad de convertirse en una escritora, de leer y escribir para pasar inadvertida a ser una persona pública, los vínculos y los autores que acompañaron su recorrido configuran una vida fascinante. 

Una vida leída y atravesada, bajo una especie de sol iluminándolo todo, Mario Levrero, como una fuerza insondable, cubierta por ese amor que sintió en la despedida “una materia sólida imponiéndose sobre la tristeza infinita del instante”.

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    ilustración origen filosofía
    Ilustración: Gabriela Canteros
POESÍA

La música del mundo: una lectura de “Sueño y vigilia del salmista”, de Sergio Leandro

27 Septiembre 2026

I

Sergio Leandro nació en Cienfuegos, Cuba, por 1981, pero hace ya largo tiempo que decidió compartir nuestro destino argento. Vive en Buenos Aires, pero no tiene tonada ni cubana ni porteña; suena a montevideano, pero jura que jamás vivió en Montevideo. Estudia bibliotecología. Sigue administrando un blog –una antigualla ya del entorno virtual, pero quién sabe, quizás pronto vuelva a ponerse de moda como cosa vintage…–, y tiene publicados unos tres poemarios. Del último de ellos, de reciente aparición en la editorial Barnacle, trataremos en estas líneas. Se titula Sueño y vigilia del salmista: hay que confesar que la cosa empieza bien desde su mismo rótulo.

II

Hay libros de poesía que parecen proponerse, desde la primera página, una tarea perfectamente delimitada: decir algo. Otros, más raros, parecen proponerse antes que nada encontrar un determinado clima de la palabra, un amnios, un estado de la lengua en el que aquello que eventualmente habrá que decir pueda llegar a existir. Sueño y vigilia del salmista pertenece decididamente a esta segunda clase. Su asunto es, en buena medida, el nacimiento mismo del decir poético: la palabra que busca su forma entre el silencio, la música, la memoria, la luz, el amor, la muerte y una experiencia del mundo que oscila permanentemente entre la revelación y la intemperie. No es casual que el protagonista del libro sea un “salmista”: más que un personaje, es una figura de la poesía entendida como oficio, oración, escucha y tentativa.

El volumen se organiza en dos grandes movimientos, “Vigilia” y “Sueño”, seguidos por una sección titulada “Así hablaron los hombres al salmista”. La arquitectura es sencilla pero significativa. La primera parte se desarrolla predominantemente bajo la luz de la mañana, entre el alba, las flores, los yuyos, el cielo, los aromas y el despertar; la segunda introduce el sueño, la noche y sus presencias silenciosas; finalmente, la voz individual del salmista se encuentra con una pluralidad humana que le reclama una palabra capaz de hacerse cargo no solamente de la belleza sino también del hambre, el horror, la miseria, el destierro y el dolor. El recorrido desemboca en una “Oración última” y un “Epílogo”, donde la poesía termina por reconocerse como “una ascensión de silencio” y como algo que ya pertenece al aire.

El título resulta, por eso, extraordinariamente exacto. Sueño y vigilia no son aquí estados psicológicos simplemente alternativos, sino dos modos de aproximación a una realidad que siempre parece estar a punto de revelarse y de retirarse. La vigilia permite mirar; el sueño permite escuchar lo que la mirada no alcanza. Entre ambos, el salmista escribe… o escriben sobre él. Pero escriba quien escriba, siempre se hace con la conciencia de que escribir consiste en perseguir algo que se sustrae continuamente. Incluso alguno de los poemas formula de manera explícita esa poética de la aproximación: la “aventura de decir” aparece como una tentativa “de aire”, una aproximación apenas suficiente a unas “liras” que se distienden en el aire.

De allí procede uno de los rasgos más evidentes y, a la vez, más problemáticos del libro: su insistencia. Leandro vuelve una y otra vez sobre un repertorio relativamente reducido de palabras e imágenes: luz, aire, silencio, música, río, agua, flor, cielo, desierto, sueño, corazón, alma, amor, muerte, palabra.

En otro poeta, semejante recurrencia podría resultar pauperizante; aquí constituye el principio constructivo de la obra. El libro no pretende avanzar mediante una sucesión de temas nuevos, sino profundizar —o al menos volver a intentar— el mismo núcleo verbal. Una flor no es simplemente una flor: es una forma de aparición; el río no es solamente paisaje: es tránsito, memoria, tiempo, vida; el aire es el medio de la palabra y, simultáneamente, aquello que amenaza con disiparla.

La flor ocupa un lugar especialmente importante. Desde “Y eran notables / en la mañana aquella / todo entre las flores y los pastos” hasta “Nada de la flor nos es ajeno”, “Una vez que ardió el minuto / se abrió la flor” y las numerosas apariciones posteriores, la imagen floral funciona como una suerte de heráldica de la existencia en su máxima intensidad y fragilidad. La flor condensa belleza y caducidad, aparición y desaparición. Por eso puede convertirse casi naturalmente en una alegoría del mismísimo poema: ambos nacen, despliegan su forma durante un instante y están amenazados desde el comienzo por la desaparición.

El libro posee, además, una evidente vocación salmódica. No se trata solamente de que aparezca la figura del salmista ni de que ciertas composiciones adopten el tono de plegaria. Hay una voluntad de construir una voz que se dirija simultáneamente hacia arriba y hacia los hombres. El salmista mira el cielo, habla con el amor, pregunta por el sentido de su escritura y, finalmente, recibe la palabra de los otros. La sección “Así hablaron los hombres al salmista” modifica entonces la situación lírica: la poesía deja de ser exclusivamente una conversación íntima con el mundo y adquiere una responsabilidad colectiva: “¿ves el dolor que llevamos? / ¿ves el hambre y el horror?”, se le pregunta.

Este desplazamiento es importante porque impide que la delicadeza del libro quede reducida a una estética de la contemplación. Hay, ciertamente, una abundancia de imágenes luminosas, diminutivos afectivos, “delicadezas”, “encantos”, “músicas” y “silencios”. Pero en la segunda mitad aparece con mayor insistencia aquello que esa belleza debe enfrentar. El poeta conoce “las urgencias de los hombres”, la miseria, los cuerpos cansados que “se arrastran por las calles buscando vivir”, el hambre y el horror. La poesía no resuelve esa contradicción; intenta conservarla dentro de la palabra.

El salmista no dispone de una doctrina, dispone de palabras.

Aquí se encuentra quizá la cuestión más interesante del libro: su paradoja u oxímoron de la poesía como una forma de firmeza extremadamente frágil. El salmista no dispone de una doctrina, una explicación del sufrimiento ni una retórica de la consolación. Dispone de palabras. Y ni siquiera está seguro de que ellas sean suficientes. “Yo no he podido alcanzar el corazón de la palabra”. El poema se constituye precisamente a partir de esa insuficiencia. El “corazón de la palabra” es buscado como si fuera una flor del tiempo, una música casi imposible, una pausa mínima dentro del soplo incesante. La escritura no consiste en haber encontrado ese centro, sino en continuar su constante circunvalación.

Esta poética de la aproximación explica también la sintaxis. Leandro escribe con frecuencia mediante acumulaciones, reiteraciones, preguntas, suspensiones y encadenamientos que postergan la conclusión. Hay versos que parecen empezar varias veces, como si el poema necesitara tantear la forma antes de decidirse a continuar; es como un payador bordoneando antes de largarse del todo. “Acaso qué músicas? / acaso qué impresión de aire apenas / sobre el desliz del minuto? / acaso qué perdido amor de tan antiguo?” es un ejemplo particularmente claro. El procedimiento tiene una virtud: produce la sensación de una conciencia que piensa mientras canta, que no dispone previamente de una respuesta y debe ir construyéndola en el mismo acto de decir.

Pero también constituye uno de los límites del libro. La reiteración, cuando no alcanza una nueva intensidad, puede convertirse en mera insistencia. En varios pasajes, la sintaxis parece prolongarse más allá de aquello que la imagen necesitaba, y la indeterminación que en un momento resulta sugestiva puede terminar pareciendo indecisión. La diferencia entre una palabra que se demora porque necesita demorarse y una palabra que simplemente no encuentra todavía su forma es delicada. Sueño y vigilia del salmista se mueve constantemente sobre esa frontera.

III

En este punto adquiere particular interés la puntuación, y especialmente el empleo de las interrogaciones. No sería justo convertirlo en el eje de una valoración del libro, porque se trata de un procedimiento subordinado a una poética mucho más amplia; pero sí merece una observación específica. Leandro utiliza la puntuación de manera deliberadamente poco normativa.

Hay interrogaciones que aparecen sin signo inicial, mientras otras sí presentan el “¿” correspondiente. La ausencia del signo de apertura no parece obedecer siempre a un descuido mecánico, o a una manía galicista ya un poco demodé. En ciertos momentos produce una pequeña desorientación que resulta expresivamente provechosa: el lector no sabe inmediatamente si está ante una pregunta, una prolongación de la frase anterior o una nueva inflexión de la voz. El efecto puede ser muy eficaz precisamente porque reproduce la condición tentativa del discurso.

Hay casos, sin embargo, en que la ausencia parece no producir una función perceptible y termina siendo sencillamente irregularidad. El propio libro contiene ejemplos contrastantes: “¿Cómo has de tender tu alma, salmista, / cómo has de brindarte así?” presenta una apertura convencional, mientras en otros poemas encontramos “dónde darás tu amor? / dónde alcanzarás tu corazón», o “qué diríamos, no? / qué podríamos decir?”. Esa fluctuación tiene interés cuando modifica la respiración y la entrada del lector en la frase; pierde fuerza cuando no parece responder a ninguna diferencia rítmica o semántica… y de hecho “desprestigia” un poco a buenos casos en que el efecto es el de una transición serenamente alucinatoria.

Algo semejante ocurre con otros signos. Por ejemplo, no se entiende (o al menos mi pobre cacumen no lo entiende) porqué los puntos suspensivos no son seguidos de espacio: la grafía de puente inconcluso pierde efectividad; tampoco sabemos si es decisión del poeta o errata editorial. El problema no reside, entonces, en que la puntuación se aparte de la norma, sino en que una libertad formal necesita justificar sus desviaciones por efectos perceptibles.

La cuestión es particularmente importante en un libro cuyo verdadero material es la respiración. Leandro quiere que el poema parezca dicho, escuchado, retomado, vuelto a pensar. De ahí que muchas composiciones parezcan transcripciones de una voz interior antes que objetos perfectamente cerrados. Esa condición oral (o mejor: oralizante) explica tanto sus aciertos como sus excesos. Cuando funciona, el lector tiene la impresión de asistir al nacimiento de una frase. Cuando no funciona, tiene la impresión de que el autor todavía no ha decidido cómo terminarla.

El mejor Leandro aparece precisamente cuando esa respiración consigue una forma sencilla. “Una vez que ardió el minuto / se abrió la flor. / Para lo soñado / un río / para lo despierto / un corazón que late”. Aquí no hay necesidad de abundancia conceptual: la brevedad organiza la imagen y la oposición entre sueño y vigilia adquiere una nitidez casi aforística. También resulta eficaz el final de la “Oración última”: “Soy apenas una sombra / en el olvido de Dios / un soplo de viento, una criatura / condenada al tiempo / y a la música del mundo”. La voz encuentra entonces una gravedad que no necesita explicarse. El poema termina allí donde su poética siempre había querido llegar: la palabra deja de pertenecer a quien la pronuncia y se dispersa en aquello que la hizo posible. El aire es simultáneamente origen y destino.

El título resulta, por eso, extraordinariamente exacto.

El amor, por su parte, aparece menos como relato que como presencia. “Éramos tú y yo bajo la lluvia” introduce una escena íntima y concreta, pero incluso allí el amor se transforma inmediatamente en nombre, aroma, silencio y memoria. La persona amada rara vez se independiza como personaje; es más bien una zona de proximidad donde el lenguaje puede descansar. De ahí que el libro sea intensamente afectivo sin ser propiamente narrativo. El “amor mío” reaparece como una fórmula de invocación, casi como una pequeña plegaria privada. Pero no todo el repertorio simbólico es de pareja eficacia; el lector deberá decidir dónde termina el acierto recurrente y dónde comienza el latiguillo.

Sueño y vigilia del salmista es un libro que deliberadamente quiere construir una atmósfera. Su unidad procede precisamente de la insistencia sobre unas pocas imágenes fundamentales. El resultado es menos un conjunto de poemas independientes que una larga composición fragmentaria. Las piezas funcionan como variaciones de una misma pregunta: ¿qué puede hacer la palabra ante la belleza, el tiempo, la muerte y el sufrimiento?

La respuesta que el libro ofrece no es triunfal. La palabra puede conservar. Puede cuidar. Puede acompañar. “Cuidaremos tu canción / cuidaremos tu canción hasta el final”, dicen los hombres al salmista. Esa formulación es importante: la poesía no salva necesariamente del dolor, pero puede impedir que la experiencia desaparezca sin dejar huella. El libro termina así convirtiendo la escritura en memoria compartida. “Seremos el libro / la huella en la arena”, dice finalmente el coro. Y el salmista responde: “Así sea”.

Leandro no pretende escribir salmos en sentido estricto: de hecho, solo después de la edición de este libro tomó cursos serios de poética del Antiguo Testamento. Utiliza la figura del salmista para pensar la condición del poeta contemporáneo. Esa operación permite que el libro combine una imaginería ligeramente bíblica con escenas reconociblemente modernas: calles de la ciudad, paseantes, cuerpos que buscan vivir, hambre, miseria y horror.

Y así acabamos ante una poesía de marcada coherencia interna, con una voz reconocible y una concepción firme de la escritura. Su mayor virtud está en haber encontrado un núcleo auténtico —la palabra como aproximación, plegaria y memoria— y en haberlo sostenido durante todo el volumen. Su principal debilidad es también consecuencia de esa fidelidad: la insistencia puede transformarse en redundancia, la delicadeza en evanescencia.

Pero los mejores momentos del libro aparecen justamente cuando Leandro renuncia a decir demasiado. Allí donde una flor simplemente se abre, donde un río atraviesa el poema, donde una frase se detiene antes de explicarse, la poesía encuentra una intensidad que no necesita de la acumulación. La vacilación parece escucha y el silencio, lejos de ser un vacío, se convierte en el magma del poema, en su mismísima condición de posibilidad.

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    La buena vida
    Ilustración: Gabriela Canteros
CONSUMO EN REDES

“Crudo”, de Olivia Laing: una novela donde ocurre todo y nada a la vez

27 Septiembre 2026

Crudo (Alpha Decay, 2018) es la primera novela de la escritora inglesa Olivia Laing (Reino Unido, 1977). Antes de incursionar en la ficción, Laing había publicado To the River: A Journey Beneath the Surface (2011), un libro de viajes inspirado por Virginia Woolf; The Trip to Echo Spring: On Writers and Drinking (2013), un ensayo sobre un grupo de autores estadounidenses y su relación con el alcohol; y The Lonely City: Adventures in the Art of Being Alone (2016), un ensayo que analiza la expresión de la soledad en la que vivimos a través del arte.

Tal vez por eso, en Crudo, la autora construye una escritura atravesada por la sensación de que todo sucede al mismo tiempo. La novela transcurre durante el verano de 2017, mientras Kathy, una mujer de cuarenta años a punto de casarse, atraviesa unas vacaciones en la Toscana que deberían funcionar como una pausa, pero terminan convirtiéndose en el escenario de una ansiedad que parece provenir de todas partes: el matrimonio inminente, el paso del tiempo, el propio pasado y, sobre todo, el estado del mundo.

La intimidad nunca consigue separarse del exterior. Las preocupaciones personales conviven con elecciones políticas, guerras, catástrofes ambientales, noticias y discusiones que llegan a través de las redes sociales. El mundo entra constantemente en la conciencia de la protagonista y no parece haber una forma efectiva de cerrarle la puerta.

La novela trabaja, de este modo, con una experiencia muy contemporánea: la hiperaceleración de la información. Cada vez que Kathy abre Twitter, se encuentra con nuevas señales de un mundo en crisis: el deshielo de un glaciar, peces muertos, decisiones políticas, movimientos militares. Los acontecimientos aparecen acumulados, sin una jerarquía que permita distinguir aquello que merece atención de aquello que puede esperar.

La información deja de ser una herramienta para comprender el mundo y comienza a producir, paradójicamente, una forma de aturdimiento. Kathy es consciente de ese agotamiento, pero tampoco logra escapar de él. La conexión permanente con lo que sucede produce una sensación de urgencia constante, como si desconectarse significara también dejar de participar de la realidad.

El título Crudo parece condensar, precisamente, esa experiencia. La novela no procesa el presente hasta volverlo tranquilizador ni intenta transformar el caos en una narración ordenada. Lo deja entrar en estado casi bruto: noticias, recuerdos, pensamientos, referencias culturales, acontecimientos políticos y pequeñas escenas de la vida cotidiana aparecen unos junto a otros. La escritura reproduce la lógica de un presente saturado, en el que una experiencia íntima puede ser interrumpida en cualquier momento por algo que sucede al otro lado del mundo.

Esta decisión formal resulta fundamental. La novela se construye mediante fragmentos, cambios abruptos de foco y asociaciones que funcionan casi como un collage. La escritura imita el ritmo de internet, el movimiento del scroll: una cosa conduce a otra antes de que la anterior haya terminado de ser procesada. La fragmentación constituye una manera de representar una experiencia. El mundo contemporáneo tampoco llega a nosotros como una totalidad ordenada; llega en fragmentos, notificaciones, titulares, imágenes y opiniones que compiten constantemente por nuestra atención.

"El verdadero interés de Crudo está en que esta saturación exterior termina afectando directamente la construcción del yo".

Pero el verdadero interés de Crudo está en que esta saturación exterior termina afectando directamente la construcción del yo. Kathy no aparece como una conciencia estable que observa el mundo desde afuera. Por el contrario, su subjetividad está atravesada por todo aquello que consume, lee y piensa. La novela incluso complejiza la relación entre autora, narradora y personaje: Kathy lleva el nombre de Kathy Acker y, al mismo tiempo, Laing introduce elementos de su propia experiencia. La frase “Kathy, y por Kathy me refiero a mí misma” condensa esa operación. No se trata de un yo completamente autobiográfico ni completamente ficticio, sino de una identidad deliberadamente desplazada, performática, que pone en duda la posibilidad de establecer una frontera clara entre experiencia y representación.

Ese desplazamiento resulta especialmente interesante porque evita que la novela pueda leerse simplemente como un relato autobiográfico. La experiencia personal funciona, más bien, como un punto de entrada hacia algo colectivo. Kathy está atravesada por discursos políticos, culturales y mediáticos que exceden su propia vida. Su ansiedad no es únicamente individual: está producida también por un presente que exige estar informado permanentemente, tomar posición, reaccionar y mantenerse disponible frente a acontecimientos que no dejan de sucederse.

En este sentido, el cuerpo de Kathy queda en una posición diferente a la que ocupa el cuerpo en otras escrituras del yo. Aunque el cuerpo y el deseo están presentes, no constituyen el centro absoluto de la narración. Lo que domina es el mundo exterior y la manera en que ese mundo invade la subjetividad. La novela construye una subjetividad que no puede pensarse de manera aislada: el yo aparece siempre atravesado por la política, los medios, la cultura y la velocidad de la información.

La crisis personal de Kathy, su resistencia al matrimonio, su irritación, su dificultad para aceptar la dependencia o la cercanía funcionan en paralelo con una crisis mucho más amplia. El casamiento no constituye solamente el conflicto narrativo de una mujer que está a punto de comprometerse, sino una situación que activa preguntas sobre el tiempo, la identidad y la posibilidad de construir una vida estable cuando el mundo alrededor parece encontrarse permanentemente al borde del colapso. Lo privado y lo político dejan de ser espacios separados. La ansiedad frente al matrimonio y frente al estado del planeta forman parte de una misma sensibilidad desbordada.

Quizás por eso, Crudo resulta menos interesante como novela sobre una mujer a punto de casarse que como novela sobre la imposibilidad de experimentar el presente de manera aislada. Kathy no puede simplemente estar de vacaciones. Tampoco puede limitarse a casarse, descansar o disfrutar del paisaje. El presente global irrumpe constantemente en el presente íntimo. La realidad parece no conceder ningún espacio de silencio.

Laing tampoco intenta resolver esa contradicción. Su escritura funciona como una forma de sostener la experiencia del desorden. La acumulación de estímulos termina produciendo una lógica propia: el exceso deja de ser solamente un tema y se convierte en una estructura narrativa. La novela encuentra una forma de producir sentido precisamente a través de la saturación. No organiza el caos hasta hacerlo desaparecer, pero tampoco se limita a reproducirlo sin intervención. Selecciona, yuxtapone, repite y desplaza. En ese gesto construye una perspectiva sobre el presente.

La ansiedad frente al matrimonio y frente al estado del planeta forman parte de una misma sensibilidad desbordada.

Hay algo particularmente potente en esa negativa a ofrecer una síntesis tranquilizadora. Frente a un mundo que exige respuestas rápidas, posiciones claras y explicaciones inmediatas, Crudo se demora en la contradicción. La protagonista puede sentirse comprometida políticamente y, al mismo tiempo, agotada por la política; puede querer escapar de la información y continuar buscándola compulsivamente; puede rechazar la dependencia y encontrarse, sin embargo, frente al deseo de construir una vida con otro. El yo no aparece como una identidad coherente que necesita ser descubierta, sino como un espacio en permanente disputa.

Por eso, la fragmentación de Crudo puede entenderse, además, como una forma de honestidad. Una experiencia atravesada por la hiperconexión, la ansiedad y la acumulación de acontecimientos difícilmente podría representarse mediante una narración completamente estable. La discontinuidad no es solamente una elección estética: es la forma que encuentra Laing para dar cuenta de una subjetividad que ya no puede separarse del flujo incesante de información que la rodea.

En última instancia, Crudo no parece preguntarse tanto cómo ordenar el presente sino cómo vivir dentro de su desorden. La escritura no promete comprender completamente lo que sucede, pero sí construir una forma de atención frente a eso. Laing escribe desde la saturación y hace de esa saturación una materia literaria. El resultado es una novela que no busca domesticar la incertidumbre, sino encontrar una forma para permanecer dentro de ella.

Quizás ahí radique su mayor potencia: en convertir el desborde en una forma. Crudo no explica el caos contemporáneo ni pretende ofrecer una salida. Lo observa desde adentro, lo incorpora a la intimidad de su protagonista y lo transforma en ritmo, fragmento y pensamiento. Frente a un presente que parece exigir que todo sea inmediatamente comprendido, clasificado y respondido, Laing propone otra posibilidad: demorarse en la confusión, aceptar la contradicción y escribir desde ese lugar. No ordenar el mundo, sino encontrar una manera de habitarlo cuando ya no parece posible hacerlo de otra forma.

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    LA BOLA DE NIEVE
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Toda intimidad es política y estética: "Pequeño Glaciar Doméstico", de Daniela Noceti

27 Septiembre 2026

La poeta Daniela Noceti presentó su nuevo libro Pequeño Glaciar Doméstico. Fue publicado por la Editorial Tiempo de Parque. La obra fue presentada por un grupo de poetas: Gabriela Clara Pignataro, Pilar Sanjurjo, Stefano Branca, Dilcia de León Beltrán, Andrea Marone, Sebastián Guitar y quien escribe.

Noceti desarrolla una búsqueda estética a partir de problematizar la propia mirada. Un campo semántico milimétricamente construido nos arrima al punto de tensión. Son atmósferas, situaciones, experiencias, las que propician la escritura. Su obsesión, su insistencia, está en el vínculo con los hijos, en las palabras que nombran, en las cosas de la casa, en la maternidad. La poeta persigue los objetos cotidianos hasta que inauguran lo que no podía ser inaugurado (sino por otro medio que la poesía). Hasta que centralizan una esencia cuya naturaleza se desplegaba solo en las comisuras del lenguaje.

 

una madre pronuncia la palabra fe
y queda colgada de un arnés de azúcar

 

Susan Sontag, planteaba que “la belleza es parte de la historia de la idealización” y bajo ese programa se mueve la poesía de Noceti. Una poesía que ambigua los límites entre lo político y lo poético, por discutir con los lugares comunes, por darle a lo estático la flexibilidad díscola que toda experiencia estética requiere. Todo pequeño gesto se transforma en un escándalo que orienta hacia la belleza. Sin satisfacer ni ser autocompasiva, indaga en la naturaleza de las cosas, dándolas a ver nuevamente, es decir, devolviéndoles un carácter inaugural. Porque la belleza no tiene una única raíz y necesita un programa que sólo aparece con un máximo estado de atención por lo minúsculo.

 

a qué jugamos digo, soltando las anclas
a que tenían vidas normales respondés.
Y así el barco parte sin reflejo a tierra extranjera,

 

La reflexión sobre el lenguaje surge transversalmente en este poemario, esa gramática portadora de sentido que moldea el pensamiento y el modo de comprensión del mundo. Si la belleza es parte de la historia de la idealización, deberemos romper, entonces, las palabras. La historia y las convenciones sociales que giran en torno a la palabra (y que por ello dan roles y obligan) son desarticuladas en este poemario. Es por este motivo que los significantes se extienden y quedan latiendo después del silencio. Nada queda como estaba cuando es filtrado por los ojos de la poeta: Los pronombres / artefactos de distancia / digo tu papá / y yo me corro / te abro el lazo filial.

En clave poética, y política también, hay una búsqueda por subvertir el sentido convirtiendo al lenguaje en un dispositivo liberador, un dispositivo que lee más allá de la moralidad. Nunca un poeta no es político, pero pueden aparecer distintos tratamientos de ese mundo público. En el trabajo de nuestra autora, lo estético no cede ante lo político, pero, a la vez, lo estético no renuncia a lo político. Cito a la poeta: °qué íntimo se vuelve el gesto de invadir".

Una poesía que ambigua los límites entre lo político y lo poético.

Saer escribió que para que la poesía se haga evidente debe provocar una extrañeza que atente contra el prejuicio de la razón. Esa idea parece iluminar la poesía de Noceti, que escribe alejándose de los lugares comunes para construir una belleza que incluso lo más prosaico pierde su evidencia frente a los ojos de la poeta. En el siguiente poema, el nombramiento se vuelve un gesto físico. La palabra del “yo” poético invoca un mundo que se vuelve cierto, por el simple gesto de haber sido imaginado. Cito:

 

Mi hijo dice que el té/ tiene olor a río,/ nos reímos,/ tibio su caudal,/ lo olemos/ y cada uno imagina un río distinto.

 

Compartir la voz es una de las gestualidades más hermosas del texto. En ocasiones el “yo” poético se ve a sí mismo a través de los ojos infantes, de los ojos que no encontraron todavía su forma cabal para expresarse, y se expresan, sin embargo, porque todo puede ocurrir en el poema. Noceti pareciera componer una idea de maternidad en la que la mirada de los hijos funciona, en ocasiones, como voz de la consciencia. En ese juego de iguales, de dobles, de semejantes, en la voz del infans se enuncia:

 

la receta es el truco para mostrar otra cosa
mujer bala, domadora
mamá tiene un entusiasmo itinerante

 

En este poemario encontramos un ejercicio estilístico que no renuncia a la sensibilidad. Ese ejercicio mounstrifica el poema. En estos tiempos donde los significantes parecen perderse en el significado, adquiriendo así un rol secundario y decorativo, la autora encuentra los recovecos del signo. Así es como se ejercita el monstruo que aparece entre un mundo que no termina de morir y uno que no termina de nacer:

 

estamos cerrando familia
descreída, entiendo
nos hablan a nosotros,

juntamos nuestros cuerpos desperdigados,
esquirlas,
y salimos.

 

Los poemas de este libro invitan a recorrer esa ambigüedad, ese espacio vacío, poco claro, voluptuoso donde el sentido no se termina en la palabra, ni en el silencio, y que, por ello, pone en duda todo lo que sabemos, todo lo que ignoramos.
 

Lo estético no cede ante lo político, pero, a la vez, lo estético no renuncia a lo político.

Los pronombres

artefactos de distancia
digo
tu papá
y yo me corro
te abro el lazo filial
ya no es
papá
significante colectivo
no participo
tengo licencia por dolor
un parto inverso.

 

Mi hijo dice que el té

tiene olor a río,
nos reímos,
tibio su caudal,
lo olemos
y cada uno imagina un río distinto
pero un pez de encaje
sube por el mantel
y nos sumerge en agua dulce
ahora, peces de limón y miel,
nadamos memoria abajo,
ambarinos.

 

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    Pintura de Diego Gerzovich
    Ilustración: Diego Gerzovich
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María Belén Aguirre y su "Art Brut": la poesía creciendo en los lugares en que no la sabemos buscar

27 Septiembre 2026

Art Brut es un término concebido por el artista francés Jean Dubuffet para describir el arte creado fuera de los límites de la cultura oficial. Su interés se dirigía especialmente hacia las manifestaciones artísticas llevadas a cabo por pacientes de hospitales psiquiátricos, gente ajena al mundo artístico sin una formación académica.

María Belén Aguirre utiliza dicha denominación para agrupar sus tres trabajos que acaba de presentar en el Museo del Libro y de la Lengua, en el auditorio David Viñas: Diario Negro, Diario de la Letrina y Diario de la Carne.

“Art Brut es esa necesidad de llenar el vacío, pero desde una pureza desvirgada. El horror es una hondura incapaz de ser rellenada con nada. Es, ante la falta de todo, la impotencia de un absurdo. Amueblar la ausencia”, explica la escritora tucumana.

Es ante lo que considera “un pronunciado estancamiento de la poesía argentina y de una suerte de imperativo tácito que promueve sólo la escritura políticamente correcta”, que decide partir de lo escatológico para lograr su objetivo, convencida que lo sublime acota.

Aguirre necesitaba dar cuenta de lo marginal, “emancipar al lector”, no darle más de lo mismo, eso que está esperando y a lo que está acostumbrado: no será eso lo que encontrará en estos tres diarios producidos por Ediciones Arroyo, con Alejandra “Pipi” Bosch a la cabeza, trabajo artesanal que que realiza en la santafesina Arroyo Leyes.

La puerta de entrada fue Diario Negro, traída por la misma editorial en el 2023. Para empezar, en este diario Aguirre rompe el tiempo, lo atomiza hasta volverlo la nada misma. Las palabras iniciáticas de Williams Carlos Williams son más que una guía: “¿Por qué no imaginé belleza allí donde no existe o no está disponible?”.

La escritora tucumana rompe sistemáticamente lo que uno espera de un diario. No respeta una continuidad en el tiempo para reflejar lo que le pasa a quien lo escribe. Sin embargo, el que lee sí se va a encontrar con el tiempo como coordinada física, con su repliegue. Porque Aguirre nos deja un diario regresivo, va de adelante hacia atrás, hacia una fecha que no es casual. Nada es casual en este diario, diría que en ninguno de los tres.

Es uno complejo, hasta el final no sabe dónde situar a la que escribe. Ni cómo lo escribe. Ahora si, partiendo de lo escatológico, es probable que pueda situar su dolor. Hallar eso que no sabemos aún qué, donde menos espera que lo encuentre: “En la enfermedad, hay salud”. “Hoy, a las 15:35, en el ínterin que va de la biblioteca a la cocina, no estuve ahí”. “Digo no. Digo no. Bajo la ducha, cuando esas manos extrañas me bañan, digo no. Grito no./ Madre pregunta desde la puerta si estoy bien./ Sin convicción, sin conato, sin pathos/ respondo sí”.

Lo sublime entra en tensión con lo siniestro, hasta podríamos decir que lo fantástico talla en este recorrido. El lector comprenderá la fecha a la que es llevado y cómo termina encontrando, tal vez, lo que no quería encontrar.

En Diario de la Carne y Diario de la Letrina, la oposición al estilo convencional, a la concepción rectilínea del tiempo, se profundiza. Para empezar, el primero no está dedicado a una persona sino a una institución, al Hospital Público Ángel C. Padilla. Y esa dedicatoria es un símbolo: Aguirre quiere dejar sentado que en la provincia de Tucumán hay dos formas de encarar una enfermedad; las clínicas y los sanatorios son para los “pudientes”, los hospitales públicos son para los pobres. Y en estos últimos nadie se salva, salvo que utilice “la eterna falacia de huir”.

Es por eso que en este diario se repiten constantemente el acantilado, el coso y el vacío. “El acantilado era eso a lo que se temía. Pero que al mismo tiempo ejercía una irresistible atracción”. “Aquí decimos ‘coso’ cuando ignoramos el nombre exacto de las cosas. Todo lo que ignoramos es coso. También el acantilado. También los otros y nosotros. También el pasado y el futuro. También el presente. Y cuando el velo del coso caiga, también el terror será el coso”.

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María Belén Aguirre

Decimos “coso” cuando ignoramos el nombre exacto de las cosas. Puede ser reemplazada por discapacidad. O mala praxis. O violencia (real o simbólica), inclusive desaparición, en este caso, de las historias clínicas. Entonces, esa “atracción” por el “acantilado” es entendible, pero difícil de explicar. Me pongo de ejemplo. Hace un año, me caí de 6 metros. Si estoy escribiendo es porque me salvé. Me salvaron. Pero en estos momentos, tengo lo que se llama epasticidad y dolor neuropático, que es crónico. Y cuando alguien me dice que entiende mi dolor me produce cierto enojo, porque me parece difícil que eso suceda, a la vez que me es difícil explicarlo.

“La imaginé comiéndose literalmente los días. O los días a ella. Estos son algunos de los impensados efectos del acantilado. El acantilado transforma todo en otra cosa; todo en él es agobiante transubstanciación. Imagino que por esa razón es tan difícil definirlo. Al acantilado digo. O al coso. Uno lo sabe para uno. Pero cuando tiene que explicárselo a alguien se escabulle. El acantilado es así y uno aprende a quererlo con el tiempo”.

Si hay un transcurrir del tiempo, es a través de lo que comen, la mirada que tiene de ello la que escribe. Y allí, la dulzura también es áspera:

 

“Jueves

Hoy nos dieron milanesa con ensalada de lechuga y tomate y tres frutillas de postre. A la milanesa la comimos entre las dos. Separamos la lechuga del tomate. La lechuga para mí, el tomate para ella. A las tres frutillas las comimos entre las dos.

Miércoles

Hoy había paro de hospitales. Hoy ayunamos”.

 

Esa situación que, a toda vista, es insostenible y (por qué no) asquerosa. No se comprende cómo sigue ahí, de dónde sacar fuerza para hacerlo. “Ya no doy más, me confiesa. Algo me hunde en la silla al oírla decir esas palabras. Algo. El coso. El acantilado. Algo me entierra en la cama cuando ella o mi hermana pronuncian esas palabras pesadas. Palabras de plomo. Palabras de rocas. Un ADN nos une. El ADN de un lenguaje harto de sí mismo. Para darle ánimo le hablo de los muertos. Las ocurrencias de nuestros muertos son nuestra alegría. Ellos vuelven. No como zombis, como presencias más reales que nosotras”.

 

Diario de la Letrina es (en su estética) de los tres, el más parecido a un libro de poemas y el que me choca como un tren de frente, porque he conocido casas, hasta instituciones con ellas. Los tres libros son políticos y los tres hablan de economía, pero la figura de la letrina marca una raya que no queremos ver. Quizás, como La fuente de Duchamp, deje de ser un grito salvaje, que parte de lo escatológico para convertirse en algo más del paisaje. Pero definitivamente, no es un lugar cómodo de dónde partir como escritor. Y menos lo es para el lector.

Y María Belén Aguirre vuelve a dar un salto al vacío, vuelve a escribir en una zona que la aleja del confort.

 

La puerta era/ de madera endeble/ y la letrina daba/ al aserradero/ donde Padre/ por las siestas/ desfloraba/ colegialas.

Quiero quitarme/ el hedor de este/ recuerdo.

Mañana será otro día./ Ojalá nunca se repita el anterior.

“Necesitaba dar cuenta de lo marginal, de lo temido y de lo deleznado”.

Esa letrina es todo un grito, se vuelve cada vez más ensordecedor a medida que se aleja del centro, del canon por el cual regulamos nuestra lectura. Y la compara con una bañera. No con cualquiera, sino con “la bañera”.

 

Aquí estoy/ como solía para contarte/ otro cuento. Lo escribió una/ niña con lengua rumana y letra alemana./ por entonces por un tal Ceausescu. Herta Müller se llama/ y “Baño suabo” su historia./ Una bañera es la protagonista./ Algo de ella me recordó turbiamente a ti.

 

“Baño suabo” es cuento de Herta Müller perteneciente a En Tierras Bajas, es una escritora que ganó el Premio Nobel. El cuento describe con extremo minimalismo y crudeza un sábado por la tarde en el que una familia entera (padre, madre, abuelos y el hijo pequeño) se baña por turnos utilizando exactamente la misma bañera y la misma agua. Y quien relata, la última en utilizarla, la describe como siempre tibia y limpia, aunque la descripción que realiza marca todo lo contrario.

“Creo que Herta usa la bañera como una metáfora y a la familia como una metonimia, un pretexto que le permite hablar de política, jerarquías, utopías y distopías ideológicas. De este modo, literaturas mayores y menores tensan a su vez una nueva batalla en un campo semántico minado”.

Entonces, este uso de la letrina también se vuelve un campo de batalla que no sé si todos están dispuestos a dar. Basta recordar el debate que se armó cuando un político marcó como algo positivo que aquellos pertenecientes a su territorio tenían un inodoro (esta relación que Aguirre establece entre letrina y bañera no termina acá, merece una nota propia).

“Es una obra completa, cerrada. Son tres diarios que dialogan, están totalmente imbricados uno con otro. Vistos a la distancia, su infancia, su adolescencia también, entre otras cosas, en Tucumán, los vínculos familiares, la cuestión de la salud mental, la cuestión de la escritura. Tiene un posfacio de Roberto Papateodosio que es una belleza, también, y son diarios que están en la oscuridad de las personas, de los cuerpos mancillados y está en las enfermedades”, resume muy bien su editora, Alejandra Bosch.

“Necesitaba dar cuenta de lo marginal, de lo temido y de lo deleznado; de todo eso pero desde un enfoque pueril”. Somos tratados como enfermos mentales. Todos somos una potencia y una impotencia neutralizándose recíprocamente. Por eso los llamé Art Brut”, define Aguirre.

María Belén Aguirre (Argentina, 1977) estudió cine en la Escuela Universitaria de Cine, video y televisión (UNT). Es escritora, editora y video-ensayista, autora de más de una treintena de libros, entre nouvelles y poemarios. En 2013, su poemario Praga en dos fue traducido al portugués por la escritora Dia Nobre, y al francés por Patricia West. Obtuvo el Primer Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes 2020 por su obra Siamesas, publicada en Argentina y España. Fue finalista del Premio Hispanoamericano de Poesía Gabriela Mistral 2025, mención honorífica del Concurso Néstor Perlongher (2024) y finalista Premio Hispanoamericano Gabriela Mistral (2025). Desde 2012, sus libros forman parte del acervo cultural de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Fue traducida al portugués, francés, alemán, italiano, ruso y catalán. En 2026, su libro bilingüe Matorral fue traducido al ruso por el poeta Pavel Aleshin, y presentado en el Centro Cultural Iberoamericano de Moscú. Matorral forma parte de la Biblioteca de Lenguas Extranjeras de dicha institución.

 

Traigo noticias necrológicas:/ Nuestros vivos han muerto uno por uno/ en efecto dominó. Ninguno supo/ sobrevivir al otro. Ya descansan/ en paz en guerra o en tregua./ Ya minan la tierra/ en campo/

santo.// Ya se engusanan./ Ya se parecen/ a ti.

 

Como escritor, debo decir que estos tres diarios me dejaron conmovidos, me hicieron preguntar dónde estoy parado al hacerlo. Como lector, sólo puedo invitarlos a realizar la misma experiencia obteniéndolos en las redes de Ediciones Arroyo, o en los lugares que ellos le pueden indicar. Vale la pena recibir esta sacudida, encontrar belleza donde uno piensa que no existe.

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    Evita

Annemarie: el legado de una mirada fotográfica que fue de Evita a Mirtha Legrand

26 Septiembre 2026

Tras su paso por el BAFICI, en octubre se estrena Annemarie en el cine del MALBA, un documental que recupera la historia de Annemarie Heinrich, célebre retratista, nada más, ni nada menos, que a partir de la narrativa de su bisnieta, Mariana Sanguinetti, en su ópera prima. Fruto de seis años de investigación, el film nos propone, como punto de partida, una inmersión profunda e íntima en el vasto universo visual de Heinrich, para terminar adentrándose en reflexiones sobre el desarrollo personal y artístico de una de las figuras más influyentes de la fotografía argentina del siglo XX.

Annemarie nació en Alemania en 1912 y vivió allí hasta los 14 años, antes de emigrar a la Argentina, donde su familia se estableció inicialmente en un campo de Larroque, Entre Ríos. Gracias a su tío Karel, descubrió su oficio. Tras instalar un estudio en Villa Ballester, y luego en Avenida Callao, cerca del Teatro Colón, se transformó en el punto de encuentro de grandes celebridades de la radio, la ópera, el teatro y el cine nacional. Heinrich aparece como una figura compleja y moderna, una fotógrafa capaz de revolucionar el uso de la luz en el retrato y que construyó su independencia.

Heinrich consolidó una estética basada en el dominio del claroscuro, que moldeó la identidad visual de una época. Por su cámara pasaron personajes que van desde Eva Duarte a Mirtha Legrand, pasando por Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Astor Piazzolla, y Mercedes Sosa, entre muchos otros. Además, colaboró con distintas revistas. Sin embargo, la propuesta de Sanguinetti esquiva deliberadamente lugares comunes de las biografías y de los homenajes nostálgicos. Articula la exploración del archivo personal de manera orgánica con su indagación familiar. 

La narrativa se enriquece gracias a los aportes de personas cercanas, ya sea sus hijos, Alicia y Ricardo, que continuaron con el cuidado del acervo fotográfico, o la mencionada Mirtha y Graciela Borges, mientras Sanguinetti guía el relato y se hace distintas preguntas. La belleza femenina es retratada desde la complicidad y no desde la imposición. De esa forma, la apuesta -de la artista y de su bisnieta- capturar y revelar la esencia de los otros, y en ese recorrido muta a reflexiones sobre sobre vínculos humanos, vejez, el paso del tiempo, y memoria material.

Con anterioridad, la directora había trabajado en cortos de ficción, pero la pandemia y la avanzada edad de los testigos de la vida de su bisabuela la llevaron a gestar el proyecto. Annemarie trasciende el homenaje y se convierte en un ensayo sobre la construcción de la identidad visual argentina, a partir de una figura vanguardista. Celebra la vida de una pionera, pero al reivindicar su figura se cuestiona por la urgencia del archivo y por la herencia de una pasión. Es una invitación a recuperar y cuidar de nuestro pasado como algo vivo que todavía tiene mucho para decir sobre nosotros mismos.

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Caso Mariano Witis y Darío Riquelme: 26 años de lucha contra la violencia institucional

25 Septiembre 2026

En la tarde del sábado 26 de septiembre, distintos referentes e integrantes de organizaciones de derechos humanos, políticas, sindicales, y culturales se convocaron en la Plaza 9 de Julio de Martínez, San Isidro, con motivo de los 26 años del asesinato de Mariano Witis y Darío Riquelme, como consecuencia de la violencia institucional. Una semana después del hecho -28 de septiembre del 2000- se hizo el primer acto en ese mismo lugar. 

A lo largo de la jornada participaron artistas del grupo “Cypher Mucho Humo”, diversos músicos invitados, el Coro Mariano Witis, e incluso su hermano Fernando, que estrenó una canción que compuso dedicada al joven. A su vez, también estuvieron representantes de Madres en lucha contra la violencia institucional, funcionarios de la Subsecretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires, y Leonardo Grosso, dirigente del Movimiento Evita, entre otras figuras. 

La convocatoria, desde el vamos, marcaba dos cuestiones: por un lado, el “avasallamiento de infinidad de derechos” que vivimos en el contexto actual, que demanda “una firme actitud de resistencia”; por otro, la actualidad del municipio, con “un San Isidro más alineado con los tiempos represivos”. En esa misma línea, Jorge Witis, señaló que las “fuerzas nacionales y municipales” de seguridad “no ayudan” a combatir la violencia institucional, sino que están “formadas de forma irregular” y “sin reglamentación clara que delimite sus competencias”. “Es una espada de Damocles”, concluyó, en compañía de Raquel, madre de Mariano y parte de la Comisión Memoria, Verdad y Justicia Zona Norte (CMVyJZN).

El caso

La mañana del 21 de septiembre del año 2000 Mariano Witis, de 23 años, estaba con su madre cerca del hipódromo de San Isidro. El joven se puso a hablar con Julieta Shapiro, ex compañera de colegio que estaba en auto, cuando fueron abordados por Darío Riquelme, de 16, y un cómplice, obligando a Mariano a subirse y a la chica a manejar. Llegaron hasta Beccar, realizaron un robo exprés en un banco, y escaparon en el vehículo. 

A pocas cuadras, una unidad del Comando de Patrullas de San Fernando les cerró el paso. Uno de los ladrones escapó, Riquelme se rindió y tiró su arma, oxidada y que no disparaba, y Witis gritó que era rehén. Rubén Emir Champonois, cabo de la Policía Bonaerense, de todas formas, decidió abrir fuego. Shapiro se refugió contra el volante, no tuvo lesiones y su testimonio sería clave. Darío y Mariano, en la parte de atrás, fueron asesinados. La fuerza de seguridad plantó pruebas falsas y levantó la versión de que había sido una persecución, incriminando a Witis.

En 2003 el Tribunal Oral N°3 de San Isidro condenó a ocho años a Champonois por homicidio con dolo eventual, aunque consideraba únicamente el asesinato de Mariano, por sostener que el de Riquelme había sido en defensa propia. Raquel Witis se unió a Ana María Liotto, madre de Darío, para que ambas muertes no quedaran impunes. Tras distintas apelaciones, en 2005 Casación ordenó que se fijase la pena por los dos casos y en los mismos parámetros. 

En 2007 la misma fue elevada a 12 años y 9 meses. Tras la apelación de la familia Witis y el Ministerio Público Fiscal, en 2011 se incrementó a 15 años, teniendo en cuenta como agravantes el estado de indefensión, el desmedido accionar y la edad de Riquelme, lo que sería ratificado por la Corte Suprema de Justicia en 2014. Champonois estuvo cuatro años en prisión y luego obtuvo el beneficio de la domiciliaria. Tras salir, llegó a trabajar como seguridad privada e incluso estuvo cerca de ingresar a la Policía Metropolitana. Raquel sigue insistiendo para que haya un registro nacional de personal exonerado para que esas personas no puedan volver a dedicarse a las mismas tareas, y sostiene su lucha contra la violencia institucional en todas sus formas.

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    MALVINAS

El “robo de trapos” institucional y el desarme de la conciencia nacional

25 Septiembre 2026

La reciente remoción de la bandera desplegada en el Operativo Cóndor en el Museo Malvinas se suma a la realizada en la Casa Rosada en 2025, configurando una sistemática de desmalvinización institucional. Al igual que el arbitrario traslado del Sable de San Martín por decreto presidencial a comienzos de este año, despojando al Museo Histórico Nacional de su patrimonio civil, y las recurrentes proscripciones de la iconografía popular de Bettanin, el ocultamiento de las insignias patrias bajo la excusa de "restauración" responde a una matriz histórica de entrega denunciada por Scalabrini Ortiz, Galasso y la épica de nuestros líderes proscriptos como Rucci: criminalizar y enfriar los símbolos de la legítima defensa nacional para adormecer la conciencia del pueblo.

En el folklore del fútbol argentino existe una ley no escrita, brutal pero transparente: el robo de las banderas. En las tribunas, quitarle el «trapo» al adversario no es un simple hurto de tela; es arrebatarle su identidad, desarmarle el símbolo de su pertenencia y humillarlo en su propio territorio para demostrar dominio. El vencido se queda sin su emblema y el vencedor exhibe el trofeo como prueba de una soberanía conquistada por la fuerza. Cuando el poder político decide mudar esa lógica de tablón a los altares de la Patria, lo que presenciamos no es un reordenamiento técnico de museos: es un despojo cultural planificado.

A escasos días de conmemorarse el 60° aniversario del Operativo Cóndor, la decisión de las autoridades de Cultura de la Nación de retirar la emblemática bandera que flameó en nuestras Islas Malvinas del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur opera bajo esta misma perversión. El argumento oficial de que fue removida para ser "restaurada" repite con sospechosa exactitud el libreto de la burocracia desmalvinizadora.

El inventario del olvido voluntario

El vaciamiento simbólico no es un hecho aislado. Responde a una ingeniería quirúrgica orientada a borrar las marcas de la resistencia nacional en los espacios de representación pública:en febrero de 2025, el Gobierno ya había descolgado del Patio Malvinas de la Casa de Gobierno la otra insignia histórica del Operativo Cóndor, aquella que el militante Dardo Cabo izó en suelo soberano en 1966. En aquel momento, la vocería de Balcarce 50 alegó un "notable deterioro". Transcurridos diecinueve meses sin rastros de su reposición, en septiembre de 2026 un bloque de diputados nacionales debió presentar un proyecto de ley exigiendo conocer su paradero real y el estado de su conservación.

Por otro lado, quienes rastreamos las grietas del relato oficial sabemos que esta purga estética se encadena con los vaivenes políticos que históricamente persiguieron a las grandes obras de nuestro arte popular. El emblemático cuadro “San Martín, Rosas, Perón”, pintado por Alfredo Bettanin en 1972, sintetiza este derrotero de censuras. Desterrado de la mirada pública masiva en 2015 al ser retirado del Museo del Bicentenario, la obra sobrevivió confinada hasta su reciente rescate institucional.

Ocultar el trapo o descolgar el cuadro persiguen el mismo fin: fragmentar la línea histórica del pensamiento nacional.

Del Decreto 81/2026 a la criminalización de la Defensa Nacional

Este mecanismo de confinamiento patrimonial reconoce un hito reciente y nefasto en nuestra historia historiográfica. A comienzos de este año, mediante el arbitrario Decreto 81/2026, el Poder Ejecutivo ordenó retirar el Sable Corvo del General José de San Martín del Museo Histórico Nacional (un espacio civil, público y democrático) para confinarlo bajo custodia militar en el Regimiento de Granaderos a Caballo, provocando incluso la inmediata renuncia de la directora de la institución cultural. Al quitar las armas y los símbolos soberanos de la vista pública para confinarlos a los cuarteles o a los depósitos de la burocracia reservada, los regímenes de entrega buscan enfriar el fervor patriótico, reducir la memoria colectiva a meras efemérides controladas por la academia y edulcoradas por decisiones partidarias.

Esta estrategia de desarme material y simbólico es la continuación conceptual de la criminalización de las estructuras de la Defensa Nacional. No es casual que esta embestida museológica coincida cronológicamente con un nuevo aniversario del asesinato de José Ignacio Rucci. Cuando las balas de la sinarquía acribillaron al entonces secretario general de la CGT el 25 de septiembre de 1973, no solo buscaban quebrar la columna vertebral del movimiento obrero organizado; buscaban reventar el Pacto Social Justicialista, que constituía la base económica y estratégica para una Argentina soberana, industrializada y con capacidad de proyectarse hacia el Atlántico Sur de forma autónoma.

Criminalizar a los líderes que sostenían la arquitectura de la liberación nacional responde a la misma matriz que hoy busca vaciar de politicidad a Malvinas. El imperio y el cipayismo vernáculo necesita una nación sin fábricas, sin sindicatos fuertes y sin memoria de sus resistencias. Al igual que el descabezamiento de la conducción obrera en los setenta, la actual "limpieza" de las vitrinas apunta a lo mismo: clausurar la capacidad de reacción del pueblo argentino y presentar las acciones de legítima defensa (sea un paro general en defensa del salario o el desvío de un avión para plantar bandera) como meros delitos comunes aislados.

Como nos enseñaran Arturo Jauretche y Fermín Chávez, el imperialismo necesita, antes que nada, de la colonización pedagógica. Raúl Scalabrini Ortiz desnudó con precisión quirúrgica este mecanismo al advertirnos que «todo lo que no hagamos por nosotros mismos, será hecho en nuestro detrimento», demostrando cómo la entrega económica de la soberanía es precedida siempre por el silenciamiento de nuestros hitos históricos. Robarle las banderas a la memoria es el paso previo para entregar la plataforma continental y los recursos del Atlántico Sur.

En esta misma línea, Norberto Galasso y Pablo Hernández nos invitan a comprender que la desmalvinización actual no es un error de gestión aislada, sino una política de Estado deliberada, orientada a desarmar la conciencia nacional de los sectores populares. Esconden los trapos de Dardo Cabo y María Cristina Verrier porque les temen a los símbolos que recuerdan que la soberanía se defiende con el cuerpo y la dignidad, no con comunicados tibios ni con admiraciones veladas a potencias extranjeras.

El Operativo Cóndor de 1966 no fue una simple acción audaz; fue la demostración fáctica de que un grupo de dieciocho jóvenes podía plantar bandera frente al invasor británico y rebautizar la capital usurpada como Puerto Rivero. Las siete banderas que llevaron representaban la memoria viva de una causa irrenunciable que se encadenaba con la doctrina de la soberanía política y la independencia económica por la que Rucci dio la vida.

Las banderas del Operativo Cóndor no necesitan de una restauración que las oculte en un depósito; necesitan el aire, los ojos de las nuevas generaciones y el cielo de la Patria. El patrimonio del Pueblo no se confisca bajo argumentos de conservación. Seguiremos exigiendo saber dónde están, porque la memoria de Malvinas, al igual que los conductores de nuestra identidad trabajadora, no se retiran jamás.

A escasos días de conmemorarse el 60° aniversario del Operativo Cóndor, la decisión de las autoridades de Cultura de la Nación de retirar la emblemática bandera que flameó en nuestras Islas Malvinas del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur opera bajo esta misma perversión.
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El equilibrio después del golpe como base de un Muay Thai eficaz

25 Septiembre 2026

En Muay Thai, un golpe no termina cuando la tibia, el puño, la rodilla o el codo alcanza al rival, sino cuando el peleador recupera una posición desde la que puede volver a atacar o defenderse. Esta idea es especialmente importante en un deporte de 8 extremidades, porque las combinaciones alternan constantemente entre 4 armas diferentes y obligan a transferir el peso de una pierna a otra. Una patada potente puede puntuar, pero quedar girado o con el torso fuera de posición facilita la contra inmediata. Un peleador que termina cada combinación bien plantado queda listo para atacar otra vez, y ury.1xbet.com/es permite considerar esa estabilidad al preparar tus apuestas de Muay Thai. 

La puntuación moderna también premia que el golpe tenga efecto y se ejecute con claridad. IFMA concede 1 punto por cada técnica válida que alcanza un objetivo puntuable sin ser bloqueada, mientras el ganador de una ronda recibe 10 puntos en el sistema Ten-Point-Must. En el formato profesional del WMC, un combate de campeonato puede extenderse durante 5 asaltos de 3 minutos, así que perder la posición después de cada ataque supone repetir el mismo problema durante muchos intercambios. Si tu pronóstico se basa en técnica y no solamente en potencia, 1xBet ofrece opciones para apostar en enfrentamientos que ya analizaste. 

Volver a la postura permite atacar otra vez

El ejemplo más claro aparece después de una round kick, cuando el peleador pasa durante un instante a sostener prácticamente todo su peso sobre 1 pierna. Si la pierna que golpea vuelve de forma desordenada, el cuerpo tarda más en recuperar la base y el rival encuentra espacio para responder con puño, low kick o entrada al clinch. Si el regreso es compacto, ambos pies vuelven a trabajar y las 2 manos pueden recuperar inmediatamente su función defensiva. 

El equilibrio posterior mejora varias fases concretas del intercambio:

  • 1 pierna de apoyo: durante muchas patadas concentra temporalmente el peso y exige una recuperación estable.
  • 2 manos disponibles: volver rápido a la base permite reconstruir la guardia después de patear.
  • 4 armas principales: puños, codos, rodillas y patadas pueden enlazarse sin una pausa larga cuando la postura permanece estable.
  • 7 golpes o menos de diferencia: en el sistema IFMA 2026 corresponden a un resultado de 10-9 en la conversión Ten-Point-Must.
  • 8-14 golpes de diferencia: elevan el margen hasta 10-8, por lo que poder encadenar acciones limpias tiene valor acumulativo.
  • 15-21 golpes de diferencia: representan una dominación de 10-7 dentro de ese sistema.

El equilibrio también decide quién puede golpear segundo después del primer impacto.

 

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    Debate Ley Ómnibus afuera del Congreso. Operativo de seguridad, policía
    Foto: María Bessone

Mujeres, consensos y cosas peligrosas

25 Septiembre 2026

Acto 1: en una escuela confesional de la Ciudad autónoma, se deben elegir delegados de curso: un varón y una mujer, es la regla sine qua non -vestigios de un diluvio-, incluso cuando los varones no estén interesados en participar o bien, solamente sean votadas las mujeres.

Acto 2: La periodista Julia Mengolini es atacada, a diestra y siniestra, por participar de un encuentro de diálogo en la presentación de un libro, cuyo autor no corresponde a sus ideas políticas.

¿Cuáles y cómo son los espacios de participación política de las mujeres en la actualidad? ¿Su participación está supeditada a la presencia masculina, que vendría a valorizar el accionar femenino?

Cuando George Lakoff, lingüista estadounidense, publica su libro sobre lingüística cognitiva, presenta “el dyrbal, que tiene una categoría, balan, que efectivamente incluye a las mujeres, al fuego y a las cosas peligrosas” con el objetivo de reflexionar acerca de la categorización, es decir, la forma en que observamos/organizamos nuestra percepción, pensamientos, acciones y habla.

Resulta necesario preguntarse, por ejemplo, cuál será la categorización de lo político: ¿Estarán incluidas palabras o ideas como lo femenino? ¿O debemos pensar en una subcategorización como malos ejemplos, en términos del lingüista, de lo político?

En septiembre de 1947, se promulgó la ley del voto femenino y aún hoy pareciera que hay que esclarecer a qué se refiere cuando se enuncia que “Las mujeres argentinas tendrán los mismos derechos políticos y estarán sujetas a las mismas obligaciones que les acuerdan o imponen las leyes a los varones argentinos”. Todavía hoy se le pide explicaciones a una mujer de por qué participó en cierto evento, por qué “se vendió” ... Mengolini, en una entrevista posterior, comentó que se trató de una charla de “consensos mínimos, consensos democráticos, consensos desde un lugar humanista”, como si el diálogo inter partidos, como si tratar de construir - incluso desde la diferencia - no fuese una práctica democrática.

Ivonne Bordelois en su artículo “Violencia y lenguaje” ya se ocupaba de pensar acerca de qué podemos hacer con el lenguaje, con su capacidad misteriosa y fecunda; y a partir de esto, postula una propuesta poderosísima, el “don de escuchar lenguas”, de reflexionar sobre ellas.

Cuán poderoso este proyecto, cuán necesario para repensar, sobre todo, nuestra praxis en estos tiempos de frágil democracia, ya que es lo político lo que refuerza lo lingüístico.

Más adelante, en su ensayo El país que nos habla, citando al mexicano Carlos Fuentes, expresa: “Hay que salir del discurso de la identidad para entrar en el de la diversidad”. Menuda tarea la de escuchar y abrazar lo diferente, de darle asilo a aquello que no se comparte, pero que se entiende como necesario para construir nuevos discursos y nuevas formas de habitar el espacio político.

Lejos parece haber quedado el incansable trabajo de tantísimas mujeres, protagonistas en la construcción de nuestro país y en la defensa de derechos, en la tarea de dar voz a las necesidades de los indefensos…

“¡Pido la palabra!”, exclamó Delia Parodi en 1952, cuando hiciera su primera intervención en la Cámara de diputados… pedir la palabra, dar la palabra. ¿Qué es aquello que se pide y que se ofrece? Hay quienes piensan que la lengua es un mero instrumento, eso que se usa para hablar, como comunicarse. La PALABRA -así con mayúsculas- es lo que nos constituye, es lo heredado, pero también lo que le imprimimos con nuestra experiencia. Es abstracción, pero también cuerpo.

Cuando se pide la palabra, no sólo se trata de la expresión que señala que alguien quiere hablar o que pide permiso, sino que también -y sobre todo en el caso de esta diputada- es la palabra que comprendió las carencias de las trabajadoras de su tiempo, es la palabra que acogió las causas de los necesitados, es la palabra que/de quien fue atravesada por luchas y esfuerzos personales.
Acto 3: desde las mujeres que hicieron posible la participación en espacios democráticos hasta una alumna en alguna escuela o una periodista perseguida, mucho ha ocurrido -avances y retrocesos-, sin embargo, es la palabra la que permite construir nuevos horizontes donde la violencia deje de ser la forma y el contenido privilegiado, donde verdaderamente haya espacios en los que se erija la igualdad.

Ya Lakoff planteaba que “la comprensión de cómo categorizamos es central para entender cómo pensamos y cómo funcionamos; para entender qué es lo que nos hace humanos”. El dyrbal pareciera haber dado en el clavo de cómo se cimentó y se transmitió, incluso en esta parte del mundo, el lugar de las mujeres en la sociedad, más bien, el lugar que le fue asignado a la mujer en la sociedad.

Será misión de los que construyen -construimos- la democracia, custodiar, conservar, defender la preeminencia de la empatía por sobre la desidia, la preeminencia del diálogo por sobre el grito. Renovar la palabra.

Es preferible, antes que sucumbir al desánimo, recordar el enunciado de Delia Degliuomini de Parodi: “Lo revolucionario vive el presente y el porvenir”, que, en este orden disparatado de cosas, sería como decir: escuchemos atentamente el presente, las voces de nuestro presente y construyamos un futuro de respeto a lo diverso.

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    Nahuel

Asesinato de Rafel Nahuel: se consuma la impunidad

25 Septiembre 2026

La Cámara Federal de Casación Penal redujo las condenas de los cinco integrantes de Prefectura Naval sentenciados por el asesinato de Rafael Nahuel, en el contexto de la represión desatada en el operativo de desalojo de la comunidad mapuche Lafken Winkul Mapu en el Parque Nacional Nahuel Huapi, en Bariloche, en 2017. El fallo impone 3 años de prisión en suspenso, como máximo, por lo que ninguno irá preso y, de esa manera, se consuma la impunidad.

La sentencia fue dictada por la Sala III, conformada por Mariano Borinsky, Carlos Mahiques, y Guillermo Yacobucci, que hizo lugar al recurso de las defensas de los prefectos. Además, les quitaron la inhabilitación especial como parte de las fuerzas de seguridad. Por lo tanto, dejaron sin efecto las penas impuestas y fijaron nuevas sanciones de ejecución condicional: Sergio Guillermo Cavia recibió 3 años; Juan Ramón Obregón 2 años y 6 meses, Francisco Javier Pintos y Carlos Valentín Sosa 2 años y 3 meses, y Sergio Damián García 2 años.

La causa se originó por el operativo del 25 de noviembre de 2017, cuando el Grupo Albatros ingresó para desalojar mapuches, algunos fueron detenidos y otros huyeron hacia las montañas. Allí, los prefectos comenzaron a disparar y asesinaron a Rafael Nahuel. Patricia Bullrich, entonces ministra de Seguridad, respaldó la versión oficial del enfrentamiento armado y justificó el accionar de las fuerzas. Los cinco señalados habían sido condenados por homicidio agravado por el uso de armas de fuego, con exceso en la legítima defensa: Cavia como autor, y Pintos, Obregón, Sosa y García como partícipes necesarios. Cavia había recibido 5 años de prisión; Pintos, Obregón, Sosa y García 4 años y 6 meses de prisión e inhabilitación especial por 7. 

En junio de 2025, la misma sala, pero con otra integración, confirmó la responsabilidad y la calificación. En febrero, el Tribunal Oral Federal de General Roca repitió las mismas condenas. Ahora, Casación consideró que no habían ponderado adecuadamente las circunstancias atenuantes ni individualizado la intervención de cada condenado para la determinación de las penas, tomando en “la reacción inicialmente defensiva”, el “arma empleada”, la “cantidad de disparos” y “circunstancias personales”, como “falta de antecedentes penales” y “sanciones administrativas”, la “inexperiencia en enfrentamientos armados” y “condiciones personales y familiares” de vida. 

Las penas condicionales se justificaron en la inconveniencia de las penas cortas de prisión para quienes delinquen por única vez, lo cual se contrapone con la escalada mediática a raíz de las implicancias del denominado nuevo régimen penal juvenil. Los tres jueces de Casación votaron las mismas condenadas, todas en suspenso y sin inhabilitación. Ninguno irá preso, y seguirán en libertad. El fallo puede y debería ser revisado por la Corte Suprema de Justicia, con sus propios tiempos.

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El blockbuster de balonmano más increíble: el Magdeburgo conquistó Europa entre el dolor y el triunfo

25 Septiembre 2026

El mundo del balonmano aún no había visto un guión tan alocado. El Magdeburgo alemán se coronó campeón de la Liga de Campeones de la EHF en 2023 tras perder por el camino a varios jugadores clave debido a graves lesiones. La temporada fue tan impredecible que incluso los analistas más experimentados no daban crédito, mientras los aficionados más apasionados se lanzaban en masa a la plataforma 1xBet Colombia, intentando acertar al ganador en esta batalla de titanes. El equipo superó una sucesión de duras bajas y conquistó un título que el club llevaba nada menos que 21 años sin levantar.

Hielo y fuego en Colonia: la crónica de una final increíble

Los días 17 y 18 de junio de 2023, el parqué del Lanxess Arena fue escenario de un auténtico drama deportivo, con el Magdeburgo enfrentándose a una crisis extrema. En las semifinales contra el estelar Barcelona, el club alemán perdió a su principal motor – el genio islandés Gísli Þorgeir Kristjánsson cayó al suelo en el minuto 55 tras sufrir una luxación de hombro. Parecía que no había ninguna posibilidad, con el temible Kielce polaco esperando en la final. Sin embargo, el equipo de Bennet Wiegert obró el milagro y llevó el partido a la prórroga.

Para comprender mejor la magnitud de esta victoria histórica, basta con fijarse en algunos datos concretos que, aunque puedan parecer fríos, hablan por sí solos:

  1. En la batalla decisiva del 18 de junio, el Magdeburgo y el Kielce empataron 26-26 en el tiempo reglamentario, haciendo que las gradas pudieran contener la respiración ante la tensión del momento.
  2. Tras recuperarse milagrosamente de una gravísima lesión, Kristjánsson regresó a la pista con la ayuda de infiltraciones y marcó varios goles decisivos.
  3. El desenlace de la prórroga llegó con un lanzamiento certero que estableció el 30-29 definitivo a favor del conjunto alemán.
  4. El líder islandés fue reconocido oficialmente como MVP de la Final Four, inscribiendo para siempre su nombre en la historia del torneo.

La voluntad de hierro y el funcionamiento colectivo de un equipo son capaces de desafiar cualquier pronóstico y echar por tierra incluso los escenarios más pesimistas.

Contra todo pronóstico: así se forjó el oro

Aunque el equipo alemán llegó a estar cuatro goles por debajo en el partido decisivo, una plantilla mermada encontró reservas inesperadas gracias a su flexibilidad táctica y a las decisiones de Bennet Wiegert desde el banquillo. Mientras los expertos revisaron los archivos de partidos anteriores y los aficionados de Colombia analizaron las estadísticas en 1xBet, los jugadores escribían la historia sobre el parqué en tiempo real. El verdadero carácter permitió al conjunto alemán superar todos los pronósticos y cerrar con un triunfo inolvidable aquella legendaria temporada europea.

 

 

Los días 17 y 18 de junio de 2023, el parqué del Lanxess Arena fue escenario de un auténtico drama deportivo, con el Magdeburgo enfrentándose a una crisis extrema.
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Entretenimiento digital en vivo: nuevas formas de interacción

25 Septiembre 2026

Durante años, mirar una serie, abrir un videojuego y seguir una transmisión eran actividades bastante separadas. Hoy esas fronteras son menos claras. Un directo puede incluir chat, decisiones inmediatas, marcadores cambiantes y elementos propios de los videojuegos. La pantalla sigue siendo la misma, pero la participación del usuario ocupa mucho más espacio.

De mirar una pantalla a participar en tiempo real

El contenido bajo demanda dio al usuario libertad para elegir cuándo empezar y cuándo detenerse. Las transmisiones en vivo añadieron otro elemento: compartir un momento mientras está ocurriendo. Después llegaron formatos capaces de responder directamente a acciones realizadas desde la propia interfaz. Ese recorrido puede resumirse en tres etapas bastante reconocibles:

  • El contenido bajo demanda permite elegir qué ver y cuándo hacerlo.
  • El streaming en vivo reúne a muchas personas alrededor de un mismo momento.
  • Los formatos interactivos incorporan decisiones, chat, marcadores, partidas o respuestas inmediatas.

Las tres opciones siguen conviviendo porque responden a situaciones distintas. Un partido grabado funciona cuando interesa verlo más tarde. Un evento en directo cobra otro sentido cuando el momento compartido forma parte de la experiencia. La interacción añade una posibilidad más cuando el usuario también puede actuar durante la emisión.

Qué cambia cuando la emisión ocurre ahora

Una transmisión en directo contiene información que todavía puede cambiar. El marcador se actualiza, comienza una nueva ronda o el presentador reacciona a lo ocurrido segundos antes. Esa condición modifica la forma de mirar porque el contenido avanza al mismo tiempo que el usuario lo sigue.

Personas reales dentro de la pantalla

La presencia de un streamer, conductor o crupier incorpora gestos, pausas y reacciones que forman parte de la emisión. Blackjack 100 - Azure, por ejemplo, utiliza crupieres reales dentro de su presentación. Live Baccarat 1 aplica una estructura similar a una mesa de bacará.

Datos que cambian durante la sesión

El directo obliga además a ordenar información mientras suceden varias cosas. Temporizadores, resultados, chats y estados de una partida deben poder leerse con rapidez. Esto se vuelve especialmente importante cuando la transmisión se sigue desde una pantalla pequeña.

Cuando un juego adopta lenguaje de espectáculo

Algunos formatos del catálogo en vivo de https://col-jugabet.com mezclan juegos tradicionales con recursos habituales de los programas televisivos. MONOPOLY Big Baller utiliza una presentación cercana a un game show, con un estudio preparado para acompañar la partida. Who Wants to Be a Millionaire Roulette incorpora una estética reconocible de televisión alrededor de una mecánica de ruleta.

En el mismo catálogo aparecen propuestas mucho más próximas a una mesa tradicional. Blackjack 100 - Azure conserva la estructura habitual del blackjack, mientras Live Baccarat 1 hace lo propio con el bacará. Así, dos transmisiones en directo pueden compartir tecnología y ofrecer experiencias visuales bastante diferentes.

Esta mezcla explica por qué las categorías digitales son cada vez menos rígidas. La televisión aporta puesta en escena, el streaming permite seguir el momento en directo y el juego introduce decisiones. El usuario reconoce elementos familiares aunque procedan de medios distintos.

Los videojuegos también buscan continuidad

El entretenimiento digital está cambiando también en la forma de pasar de una pantalla a otra. Una partida puede comenzar en una computadora y continuar después desde otro dispositivo. La cuenta, el progreso y el acceso al contenido forman cada vez más parte de esa continuidad.

El cloud gaming lleva esta idea todavía más lejos. En su guía sobre videojuegos y sus principales formatos, Agencia Paco Urondo explica que, en los juegos en la nube, el dispositivo utilizado sirve para visualizar una partida procesada de forma remota. Eso permite entender por qué la potencia del equipo ya no define por sí sola dónde puede jugar una persona.

También cambia lo que se espera de una plataforma. Si una sesión puede continuar desde distintas pantallas, resulta importante encontrar una navegación reconocible y recuperar rápidamente el contenido utilizado anteriormente. El paso de una computadora a un equipo portátil debería requerir la menor adaptación posible.

El celular cambió la forma de entrar y salir

Una interfaz pensada para una pantalla grande puede volverse confusa en el celular. Por eso hacen falta botones legibles, información clara y recorridos cortos.

El uso móvil también suele ser más breve y fragmentado. Conviene que el usuario pueda volver y entender rápidamente qué está ocurriendo.

Además, video, controles, chat y marcadores comparten poco espacio. Una buena jerarquía visual ayuda a identificar lo importante sin saturar la pantalla.

Qué conviene mirar en una experiencia interactiva

Una plataforma puede tener muchas funciones y seguir siendo incómoda si cuesta encontrar lo básico. Conviene comprobar si la información principal está bien ubicada y los controles se entienden rápido, incluso durante una sesión en vivo.

La navegación debe ser clara, los estados activos fáciles de distinguir y las reglas accesibles antes de participar. También importa mantener una lógica similar al pasar de computadora a celular, para retomar la actividad sin buscar nuevamente cada función.

El entretenimiento digital permite hoy mirar, responder, jugar y cambiar de dispositivo dentro de una misma sesión, con una interacción cada vez más continua.

El contenido bajo demanda dio al usuario libertad para elegir cuándo empezar y cuándo detenerse. Las transmisiones en vivo añadieron otro elemento: compartir un momento mientras está ocurriendo. Después llegaron formatos capaces de responder directamente a acciones realizadas desde la propia interfaz. Ese recorrido puede resumirse en tres etapas bastante reconocibles:
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    BAJA DE EDAD DE IMPUTABILIDAD

Ley 27.801: inconstitucionalidad y vulneración de Derechos Humanos juveniles

24 Septiembre 2026

La Mesa Federal de Articulación de Niñez y Adolescencia convocó a una conferencia de prensa contra el nuevo “Regimen Penal Juvenil”. Será el miércoles 30 de septiembre, a las 17 horas, en Piedras 730, Ciudad de Buenos Aires, en modalidad híbrida -presencial y virtual-. Invitan a participar a medios de comunicación, periodistas, organizaciones de derechos humanos y de niñez, y a otras personas interesadas. 

En la misma, se presentará “Caja de Herramientas: planteos de inconstitucionalidad frente al nuevo Régimen Penal Juvenil”. El material tiene por objeto brindar a “abogadas/os, defensoras/es, trabajadoras/es de niñez y adolescencia y organizaciones de derechos humanos y de la infancia” de las distintas provincias, una herramienta para “identificar posibles planteos de inconstitucionalidad” frente a situaciones concretas de adolescentes alcanzadas por el nuevo Régimen Penal Juvenil (Ley 27.801/26).

La implementación de la reforma penal juvenil 

En septiembre entró en vigencia el denominado “Nuevo Régimen de Responsabilidad Penal Juvenil” a partir de la sanción y promulgación de la Ley Nacional N°27.801, y todo el sistema judicial y de protección de derechos de nuestra provincia está en alerta. Tanto es así que la jueza de Lomas de Zamora, Marta Pascual, hizo lugar a un habeas corpus colectivo por el cual decidió suspender por un plazo de 60 días su aplicación en la Provincia. Fundamentó que no existen hoy las condiciones materiales necesarias para afrontar el nuevo esquema sin vulnerar derechos fundamentales. A su vez, el titular de la Fiscalía en lo Penal Juvenil del mismo departamento judicial, Hernán Ceruti, apeló el fallo y ahora desde La Libertad Avanza pretenden llevar a un jury a la jueza Pascual.

La reforma, discursivamente, se presentó como la modernización necesaria para dejar atrás el “modelo tutelar y paternalista” de la minoridad, e instalar un sistema de responsabilidad penal basado en el reconocimiento del adolescente como sujeto pleno de derechos. Sin embargo, su articulado introduce modificaciones dogmático-penales de profundo sesgo punitivista. La principal es la reducción de la edad de punibilidad, ya que se incorpora a la franja etaria de 14 y 15 años, históricamente no punible y tutelada de manera exclusiva por la protección integral de derechos, conforme Ley nacional 26.061 y ley 13.298 de la provincia de Buenos Aires. 

La normativa nacional diseña un catálogo de sanciones que incluyen desde amonestaciones orales, prohibición de contacto, prestación de servicios comunitarios, reparación del daño y medidas socioeducativas, hasta la privación de la libertad como última opción. Por otro lado, impulsa la creación de un fuero autónomo especializado, con jueces, fiscales y defensores capacitados específicamente en niñez, e incorpora la participación directa de la víctima en audiencias clave y en el control del proceso, dándole un rol activo a la víctima. No obstante, a la par, regulariza la prisión preventiva prolongada, permitiendo que la medida cautelar máxima se extienda hasta por dos años, prorrogables por un año adicional. Si se aplica, resulta desproporcionado en relación a los estándares internacionales de niñez.

La operatividad de la Ley 27.801 va en contra de Derechos Humanos fundamentales

Para comprender la operatividad de la Ley N°27.801 en el territorio bonaerense resulta indispensable correlacionar sus preceptos con el marco normativo local preexistente: la Ley N°13.634 (Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil y Fuero de Familia) y la Ley N°13.298 (Promoción y Protección Integral de los Derechos de los Niños). La segunda concibe la vulnerabilidad social como un problema que requiere políticas públicas de inclusión, mientras la nueva ley desplaza este abordaje e ingresa a jóvenes de catorce años al engranaje punitivo. A su vez, la Ley de Protección Integral de los Derechos de los Niños establece estrictas salvaguardas procesales de nivel garantista que colisionan con el rigor cautelar de la nueva ley nacional.

En primer lugar, el sujeto de intervención y el límite de punibilidad son adolescentes punibles desde los 14 a los 17 años, mientras que en el Fuero Penal Juvenil de la Provincia esa misma franja etaria son jóvenes sometidos a un proceso penal garantista y en la Ley de Protección Integral de la provincia son niñas, niños y adolescentes en situación de vulneración, donde menores de catorce no son punibles y deben ser abordados por Servicios locales o zonales. 

Frente a la prisión preventiva extendida que admite, la Ley provincial 13.634 constituye un baluarte técnico en materia procesal que impone barreras infranqueables a la discrecionalidad policial y judicial: establece la prohibición absoluta de interrogatorios policiales, declarando nula cualquier declaración obtenida por esta fuerza de seguridad. También garantiza la reserva absoluta de la identidad y la confidencialidad de nombres, imágenes o datos que permitan identificar al joven en medios de comunicación, y exige la presencia obligatoria de un defensor oficial desde el primer acto del procedimiento.

Por último, en cuanto a la ejecución territorial, la nueva ley requiere la articulación de programas de inserción. En consonancia con la reforma, la Ley provincial N°15.571 de Ejecución Penal Juvenil reafirma que el seguimiento de las medidas no puede quedar bajo órbita policial o penitenciaria, sino a cargo de profesionales territoriales -trabajadores sociales, psicólogos y pedagogos de la comunidad-. El denominado Plan de Ejecución Individual, es decir, su artículo 24, exige un anclaje en el centro de vida del adolescente, ponderando la responsabilización subjetiva, la inclusión laboral y educativa, y la evaluación dinámica trimestral ante el Juez de Ejecución para promover la extinción anticipada de la medida.

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APU EN LA RADIO DE LAS MADRES

“Hospital Británico”: el poema de Héctor Viel Temperley llega al cine

24 Septiembre 2026

Ilustración: Silvia Lucero

Gloria Peirano y Gustavo Fontán, realizadores del film Hospital Británico, sobre el poema homónimo de Héctor Viel Temperley, dialogaron acerca del próximo estreno con “Basta de zonceras”, programa de AGENCIA PACO URONDO (sábados de 20 a 22 h en AM 530, la radio de las Madres de Plaza de Mayo).

A 40 años de la primera edición de Hospital Británico (1986) la película tuvo su estreno mundial en julio pasado en el prestigioso Festival Internacional de Cine de Marsella (FID Marseille). Se podrá ver en la sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín, Av Corrientes 1530 (CABA), desde el jueves 24 de septiembre hasta el 1 de octubre.

Viel Temperley (1933-1987) se convirtió en un poeta de culto y su último libro Hospital Británico, es considerado su obra maestra. Con una voz propia, bella y brutal, su poética gira en torno a la experiencia de nadar, el mar, los caballos, la presencia de Dios y su enfermedad final.

¿Cómo llevar al cine un poema? ¿Por qué la elección de Héctor Viel Temperley? El gesto de Peirano y Fontán fue el de apelar a sus propias lecturas de Viel y convocar a grandes poetas para que relaten cómo fueron atravesados por esta obra: Alicia Genovese, Teresa Arijón, Mercedes Araujo, Julián López, Andi Nachon y María Mascheroni.

AGENCIA PACO URONDO: ¿Cómo nació el proyecto del film "Hospital Británico" y cuáles fueron sus motivaciones?

Gloria Peirano: La idea alrededor de “Hospital Británico” de Héctor Viel Temperley nació hace mucho tiempo cuando le regalé el libro a Gustavo y le insistí para que hiciera una película con ese poema extraordinario. Creo que nuestra motivación tiene que ver con el impacto que fue para nosotros la lectura de ese poema, del poder transformador que tuvo en nuestra vida. Acá no hay nada de romantización sino que uno no es el mismo después de leer a Viel Temperley.

Queríamos también compartir esa influencia, esa manera de recordar versos que nos sigue pasando, es una voz de una profundidad, de una hondura muy especial, una sintaxis muy increíble, y eso hace que esté siempre presente: “Voy hacia lo que menos que conocí en mi vida: voy hacia mi cuerpo”. Viel es infinito.

APU: ¿Qué les interesó rescatar del poema de Viel Temperley?

GP: Hay ciertas imágenes en Viel que son muy poderosas como el sol, lo solar, el mar, el nadador (escribió también Crowl), la brazada en el agua. También los colores que tienen que ver con el verde. “Si me enseñaras qué es el verde claro”, dice en el poema. Todo un conjunto de percepciones que tiene de la naturaleza y de las personas, de los animales que son muy singulares y que provienen de un misticismo muy particular que tiene que ver con una sensualidad del mundo.

Viel es un místico muy material, muy pegado a la carne. Y ahí habría algo entre una tensión y a veces amalgama, él le agradece al mundo lo que le da aunque quiere estar fuera del mundo, ser un sacado del mundo. Él dice de “Hospital Británico” en una entrevista que le dio a Sergio Bizzio que es “el libro de un trepanado”. Y también la idea de un viaje, está en la película, un viaje hacia la luz, en Viel sería un viaje hacia la resurrección que es muy particular ya que estamos ante un místico muy especial.    

“Nuestra motivación tiene que ver con el impacto que fue para nosotros la lectura de ese poema, del poder transformador que tuvo en nuestra vida”.

APU: Este leit motiv del poder del agua que mencionan está presente en Viel y en varios de los films de Gustavo (los ríos, la lluvia). ¿Cómo lo presentan en esta película?

Gustavo Fontán: Siempre el agua me pareció un elemento de enorme poder poético en términos cinematográficos, no por las imágenes del agua sIno por lo que el agua es capaz de hacerle a una imagen. La lluvia, el agua moviéndose en el río, por una alcantarilla, esa presencia que tiene un gran poder, generando espejismos, la posibilidad de la disolución de la propia imagen. Lo que está desaparece, vuelve a aparecer, muta, esa transfiguración que le aplica el agua a la imagen siempre me pareció de un altísimo poder poético.

Y en Viel el agua y su nombrarse nadador es una presencia constante: “Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada”, dice en un poema. “Soñé que nos hundíamos y que después nadábamos hacia la costa lentamente, y que de nuestras sombras de color verde claro huían los tiburones”. El agua está todo el tiempo en Viel, y en la medida en que había que elegir motivos de su poesía, nos pareció que era un elemento clave.

APU: ¿Cómo fue la investigación para el film, en tanto testimonios o fuentes bibliográficas?

GF: Cuando uno piensa en hacer una película investiga y lee todo lo que puede, en relación a Viel, a “Hospital Británico”. Leímos textos de Alicia Genovese y de Jorge Monteleone y conversamos con ellos. Y en esa única entrevista que da Viel a Sergio Bizzio, maravillosa, que se puede encontrar fácilmente en Internet, donde Viel cuenta ese momento en que lo operan de la cabeza y cómo escribe “Hospital Británico”, y da un concepto, las esquirlas, que nombrado por Viel como una condición de su texto fue para nosotros un elemento clave para pensar la estructura de la película. La idea de esquirla, distintos fragmentos del poema de Viel, de los testimonios, de estos personajes que llamamos peregrinos, fragmentos de imágenes, construídos a partir de esa idea. Y en el Prólogo de la obra completa, hay algo que dice Tamara Kamenszain que es maravilloso: “Para escribir después de Viel habrá que aprender a nadar”. 

"En el Prólogo de la obra completa, hay algo que dice Tamara Kamenszain que es maravilloso: 'Para escribir después de Viel habrá que aprender a nadar'". 

APU: ¿Qué participación tienen los grandes poetas del elenco del film?

GP: Inicialmente la idea era convocar a personas que nosotros conocíamos y que sabíamos que habían sido los alcanzados por “Hospital Británico”, por Viel, de una manera similar a la nuestra. Pensamos mucho en quiénes y se nos vinieron a la cabeza Alicia Genovese, Teresa Arijón, Mercedes Araujo, Julián López, Andi Nachon que además es productora de la película junto con Paco Curotto y María Mascheroni. que terminaron siendo los peregrinos.

Tienen un papel muy importante en la película que está estructurada en tres ejes, uno es la narración de un viaje, otro es la lectura en off de fragmentos de Viel y luego está este testimonio de los tocados que no tiene nada que ver con una lectura académica ni con lo que sería un documental clásico, sino cómo fueron alcanzados, esa fue la pregunta que les hicimos a todos y que no sale en la película, y es realmente impresionante escucharlos porque también podría pensarse como un documental sobre la lectura. De hecho en Marsella una crítica que hicieron era referida a esto, a cómo la lectura nos transforma.

Todos los poetas están increíbles en la película y ponen de sí lo más profundo que les pasó con Viel, no una cuestión de contar o explicar qué es "Hospital Británico" o quién fue Viel, sino de alguna manera cómo fueron alcanzados por esa poesía que es de una dimensión muy enorme desde el punto de vista poético y desde lo espiritual.

APU: ¿Qué reflexión pueden hacer sobre el estado de la industria del cine argentino con esta coyuntura?

GF: El Gobierno le declaró la guerra al cine y a muchas otra cosas, pero hay como un ensañamiento muy singular con el cine, lo que ha dado un estado de cosas muy duro, mucha gente que vivía de hacer películas ha perdido el trabajo: sonidistas, montajistas, fotógrafos. Eso por un lado, esta cosa disparatada, loca, de atacar algo que es constitutivo, el cine argentino fue muy importante en estos últimos años. Pero de todos modos, y esto es la parte interesante, seguimos haciendo películas, como si de algún modo le dijésemos en esa batalla que no les va a resultar tan fácil, que les va a ser muy difícil conseguir algo que por supuesto buscan, pero que sabemos que no van a poder cegar tantos ojos acostumbrados a mirar. No van a poder.  

“El Gobierno le declaró la guerra al cine pero seguimos haciendo películas, como si de algún modo le dijésemos en esa batalla que no les va a resultar tan fácil, que no van a poder”.

Gloria Peirano: escritora, docente, licenciada en Letras (UBA), guionista, entre sus libros están las novelas Miramar, La ruta de los hospitales y el ensayo Manual para sonámbulos.

Gustavo Fontán: guionista, director, licenciado el Letras (UBA), docente y escritor. Entre sus films, “El ciclo del río”, iniciado con La orilla que se abisma, sobre el universo del poeta Juan L. Ortiz, El rostro y El limonero real basado en la novela de Saer. También su Trilogía del lago helado. Realizó documentales sobre el poeta Jacobo Fijman, Macedonio Fernández y Leopoldo Marechal.

Ficha técnica

Dirección y guion: Gloria Peirano, Gustavo Fontán.

Producción: Papu Curotto, Andi Nachon.

Cámara y fotografía: Lara Seijas. 

Sonido: Andrés Perugini.

Montaje: Mario Bocchicchio.

Corrección de color: Juan Martín Hsu.

Diseño gráfico de títulos: Martín Lehmann.

Una producción de Hain Cine, con el apoyo de Mecenazgo, Fondo Nacional de las Artes, INCAA.

Peregrinos: Julián López, Teresa Arijón, Alicia Genovese, María Mascheroni, Mercedes Araujo, Andi Nachon.