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Estrategia de la izquierda en un período reaccionario

Cómo derrotar a Milei

09 Junio 2026

A nivel global, la izquierda enfrenta un debate estratégico sobre cómo responder al actual auge reaccionario. La respuesta depende de cómo caractericemos el período, qué entendamos por extrema derecha y qué tipo de unidad política consideremos necesaria para enfrentarla. En Argentina, la discusión gana centralidad ante el deterioro paulatino del gobierno de Milei. Antes de entrar en el caso argentino, sin embargo, vale la pena situar la escala global del fenómeno.

La extrema derecha avanza en todo el mundo a un ritmo desigual pero contundente. No es invencible, como lo prueba la reciente derrota electoral de Viktor Orbán en Hungría, pero tampoco se trata de un fenómeno meramente coyuntural. En las últimas elecciones al Parlamento Europeo, si se suman sus distintas familias políticas, la extrema derecha se convirtió en la segunda fuerza del Parlamento, a tan solo un escaño de la derecha tradicional agrupada en el Partido Popular Europeo. En Francia, el lepenismo tiene por primera vez posibilidades reales de llegar al Elíseo. En Italia, Meloni gobierna desde 2022 con niveles sostenidos de aprobación, mientras que en Alemania la AfD rompió el cordón sanitario vigente desde la posguerra para transformarse en segunda fuerza nacional. En el Reino Unido, Reform UK lidera las encuestas por primera vez en la historia. Trump conduce la principal potencia del planeta con una agenda explícita de remodelación autoritaria del Estado y respalda sin disimulo a sus aliados ultraderechistas en el resto del globo. En América Latina, aunque el bolsonarismo fue desalojado del poder hace tres años y Lula mejoró desde entonces indicadores sociales clave, con crecimiento de la economía y el empleo y una recuperación de los ingresos populares, Flavio Bolsonaro llegó a superar a Lula en algunas encuestas de segunda vuelta. En Ecuador, Daniel Noboa consolida un régimen autoritario que combina la persecución sistemática de activistas y opositores con un inquietante entrelazamiento institucional con el narcotráfico. En Chile, José Antonio Kast gobierna desde marzo de este año. Los ejemplos podrían multiplicarse: la Turquía de Erdoğan, la India de Modi, El Salvador de Bukele o el Israel de Netanyahu. La fuerza global de este fenómeno es impresionante.

Aunque la extrema derecha aún resiste caracterizaciones definitivas por ser un fenómeno heterogéneo y en desarrollo, los eventos de los últimos años obligan a abandonar una tesis hasta hace poco dominante: la que veía en estos movimientos apenas una variante estridente y solo discursivamente más agresiva de la derecha tradicional. Si bien no puede descartarse una «normalización burguesa» hacia un conservadurismo convencional en ciertos casos, lo cierto es que la tendencia predominante apunta en la dirección opuesta: una amenaza autoritaria real, dispuesta a erosionar las libertades democráticas, los derechos sociales conquistados en el siglo XX e incluso la integridad física de la oposición política.

Los ejemplos se acumulan. En Estados Unidos, Trump transformó al ICE en una policía política federal de detenciones y deportaciones arbitrarias. El trumpismo ensaya con proyectarla como instrumento general de control autoritario más allá de lo migratorio: un tanteo que quedó en evidencia con la reciente sugerencia de Steve Bannon de utilizarla para «custodiar» las elecciones de noviembre bajo el pretexto de un presunto fraude en gestación. Netanyahu conduce una guerra de exterminio en Gaza y persigue judicialmente a sus opositores. Milei encara la mayor ofensiva contra la clase trabajadora desde la última dictadura militar e intensifica la represión de la protesta social. Bolsonaro impulsó un intento de golpe el 8 de enero de 2023. Bukele gobierna El Salvador bajo un estado de excepción permanente, con decenas de miles de detenidos sin debido proceso, y ha convertido ese modelo carcelario en objeto de admiración de buena parte de la derecha latinoamericana. Orbán construyó durante más de una década un régimen autoritario, la autodenominada «democracia iliberal», que el resto del bloque ultraderechista internacional ha convertido también en modelo aspiracional.

Pero el avance autoritario no equivale todavía a una consolidación duradera. En los últimos meses se sucedieron algunos episodios que parecen indicar un freno en este avance: la derrota electoral de Orbán, la caída de popularidad de Trump y su empantanamiento en Irán, el deterioro de la imagen de Milei, la derrota de Meloni en el último referéndum constitucional. Podrían citarse también ejemplos en sentido contrario: Flavio Bolsonaro primero en las encuestas, Reform UK que rompió el histórico bipartidismo británico y se impuso en las últimas elecciones municipales, el fujimorismo muy competitivo en la segunda vuelta peruana. Lo que todo esto muestra es que estamos ante una situación abierta y que la ultraderecha todavía no estabilizó su proyecto. Se trata de una batalla política en curso, con avances y retrocesos, que probablemente atraviese todo un período.

La tendencia global es todavía inestable, pero excede cualquier coyuntura pasajera. Estamos atravesando un período reaccionario, siguiendo la elaboración de Valerio Arcary: un ciclo prolongado en el que la relación de fuerzas se vuelve desfavorable por la acumulación de derrotas, la izquierda queda a la defensiva y la extrema derecha conserva un arraigo social de masas. El crecimiento electoral de las derechas es apenas un síntoma. Lo que está en juego es una alteración más profunda del equilibrio político y social, que reduce la capacidad de defensa de las clases populares y abre el riesgo de derrotas de largo alcance. Frenar a la extrema derecha es, por lo tanto, la tarea política central de nuestra época.

El caso argentino: Milei como cristalización de una derrota

En contraste con la tendencia global, buena parte de los análisis de la izquierda argentina supone que la situación política local sigue definida por el movimiento pendular de una relación de fuerzas irresuelta e inestable, usualmente descripta como polarización o empate hegemónico. En esa lectura, las fuerzas partidarias que representaban los dos polos del péndulo atravesarían una crisis paralela: así como Milei arrasó con la derecha tradicional, el peronismo sufriría en el otro campo una crisis de representación que la izquierda estaría capitalizando. Serían, como diría Tony Cliff, los años treinta en cámara lenta: un contexto de polarización en el que crecerían al mismo tiempo el neofascismo y la izquierda radical, y en el que la tarea sería prepararse para una nueva ofensiva tras el breve intervalo del gobierno de Milei.
El diagnóstico es equivocado, y de él se siguen consecuencias políticas erradas, incluso alucinadas. Las relaciones de fuerza sociales sufrieron un deterioro muy significativo en los últimos años. En un país donde durante un largo ciclo estuvo bloqueada la posibilidad de políticas de ajuste y de reformas estructurales proempresariales, una realidad con la que lidiaron tanto el kirchnerismo como el macrismo, cada uno con su propia estrategia, Milei logró imponer el «ajuste fiscal más importante de una economía en tiempos de paz» (FMI). Y lo hizo no solo sin una explosión social inmediata, sino afirmándose en el poder. Algo cambió en las profundidades de la sociedad.
Actualmente, Milei sufre un deterioro significativo de su imagen, registrado por todas las encuestas de opinión. Eso, sin embargo, no autoriza a concluir que el «empate» haya reaparecido, como si se tratara de un mecanismo que solo se hubiese demorado un poco más de la cuenta. Tras dos años de gestión, en un contexto de ingresos pulverizados y parálisis del consumo, que el gobierno conserve una aprobación de entre el 30% y el 40%, habiendo partido de un apoyo cercano al 50%, habla más de resiliencia que de debilidad. Resulta preocupante imaginar la fuerza política que podría tener si contara con una economía expansiva como la que apuntaló al primer menemismo entre 1991 y 1994. No es sorprendente que se desgaste. Lo notable es que siga en pie en el marco de un experimento de austeridad que no tiene precedentes en el período democrático.

La supervivencia política de Milei dice algo importante sobre la evolución de las relaciones de fuerzas sociales y políticas. La situación argentina ya no puede pensarse como un cuadro estático, marcado por la eterna y casi metafísica imposibilidad de resolver el histórico «empate argentino». No estamos simplemente pasando por uno de los polos de un péndulo que oscila siempre entre los mismos puntos: el propio movimiento pendular ha ido erosionando las capacidades de resistencia social.  Es curioso que habitualmente se invoque el concepto gramsciano de «empate catastrófico» y se ignore la principal conclusión de su análisis: el empate catastrófico no describe un estado de parálisis permanente, sino una dinámica inestable y autoerosionante que tiende a resolverse mediante liderazgos cesaristas.

Esa modificación de las relaciones de fuerza puede seguir caminos distintos. La vía más evidente fue la represión abierta: dictaduras militares, fascismo o violencia estatal dirigidos a aplastar sindicatos y organizaciones obreras, atomizar a los trabajadores y quebrar su confianza colectiva. Otra vía, complementaria o alternativa a la coerción directa, es la derrota ejemplificadora de un sector laboral estratégico: los casos clásicos de los mineros británicos ante Thatcher o los controladores aéreos durante la era Reagan muestran cómo el quiebre de un gremio históricamente fuerte puede disciplinar al resto de la clase trabajadora. También las crisis económicas terminales, especialmente las hiperinflaciones, pueden cumplir ese papel al instalar un temor masivo y paralizante. Existe, por último, un mecanismo menos analizado, que se desprende del análisis gramsciano del «empate catastrófico»: una alteración gradual de las relaciones de fuerza producida por un bloqueo político prolongado, en el que cada fuerza logra vetar el proyecto de su adversario pero no imponer el propio. Esa dinámica erosiona las bases sociales de los propios contendientes e instala en la población una sensación generalizada de desmoralización y falta de salida. El caso argentino reciente puede leerse como un ejemplo de esta lógica.

Como muestran los trabajos recientes de Adrián Piva, en estos últimos años asistimos a la maduración silenciosa de una derrota social que explica la relativa pasividad ante un ajuste fiscal descomunal y un retroceso generalizado en los ingresos, impensables en otro momento. Este proceso tiene una base objetiva: el estancamiento económico iniciado hacia 2011-2012, que erosionó acumulativamente las capacidades de acción colectiva. La asociación intuitiva entre crisis y revuelta es, a menudo, engañosa: cuando el deterioro se estabiliza, lo que prolifera es el desempleo, el pluriempleo y la fragmentación de la fuerza laboral y, por lo tanto, el debilitamiento del poder social de la clase trabajadora.

En la Argentina reciente, a esto se sumó una inflación persistente, que llegó a cifras de tres dígitos anuales. Como observó Perry Anderson en su análisis sobre los planes de estabilización en América Latina de los ochenta, la hiperinflación puede operar como un «equivalente funcional» de una dictadura: aterroriza a la población, impone disciplina sin necesidad de coerción directa y prepara el terreno para el reclamo de orden. Aunque recientemente Argentina no experimentó una hiperinflación, sí atravesó un prolongado periodo de alta inflación que bastó para provocar un profundo desgaste y generalizar una demanda de orden. El cuadro se completó con el fracaso político del último gobierno peronista, que desmoralizó al campo progresista y alimentó una atmósfera antiestatista decisiva para el ascenso de Milei. La combinación de estos factores debilitó la fuerza combativa de la sociedad y le permitió al nuevo gobierno aplicar medidas que en condiciones «normales» hubiesen provocado una enorme resistencia.

Esta erosión silenciosa tuvo su contrapartida en la consolidación de un bloque social y político de derecha que, tras una progresiva radicalización, terminó por cristalizar en la figura de Milei. Este bloque reacciona políticamente al ciclo abierto en 2001 y, más específicamente, a la forma en que el kirchnerismo lo gestionó. Las relaciones de fuerza establecidas tras la crisis de 2001 fueron contenidas e institucionalizadas durante el primer ciclo kirchnerista. Es decir, fueron estabilizadas y, en cierto sentido, conservadas mediante la canalización parcial de las demandas populares en un marco de excepcional bonanza externa. Esa estrategia tuvo años iniciales exitosos, durante los cuales el kirchnerismo logró agrupar detrás de sí a buena parte del empresariado. Cuando la ofensiva derechista estalló en 2008, el kirchnerismo viró hacia una estrategia de acumulación política basada en la polarización y la consolidación de un núcleo duro de apoyo: generó un clima de politización e ideologización, aunque no de movilización ni de autoorganización, rasgo que lo diferenció de la experiencia venezolana o boliviana en esos mismos años. Esa politización se expresó en la incorporación de una nueva generación a la militancia con discurso antioligárquico, en la captura de gran parte de la izquierda intelectual y en la prolongación cultural del registro inaugurado en 2001.

Pero esa estrategia no desorganizó a la base social derechista que se construía en paralelo; por el contrario, en cierto modo la consolidó a través de la misma lógica de polarización permanente: abroquelar un núcleo de apoyo sobre la base de la confrontación constante con un enemigo también sirve para cohesionar y activar a ese adversario. Y el ciclo económico que había hecho posible todo el esquema, sostenido por la demanda asiática de commodities, el tipo de cambio alto heredado de la devaluación de 2002 y los salarios previamente licuados, empezó a agotarse entre 2011 y 2012.

Señalar los límites del kirchnerismo no debería convertir a la nueva derecha en un mero epifenómeno de las frustraciones progresistas. La derecha argentina contaba con agencia propia y un terreno social e institucional sobre el cual desarrollarse: clases medias antiperonistas, burguesía agraria, grandes grupos mediáticos, sectores del Poder Judicial, empresariado concentrado, apoyos internacionales y una cultura antipopular de larga duración. El fenómeno de Milei solo puede entenderse como la condensación de un proceso multicausal, en el que los límites del progresismo pesaron como factor importante entre varios. Lo confirma el hecho de que en el mundo la extrema derecha aparece como relevo de todo tipo de signos políticos: gobiernos derechistas, centristas o socialdemócratas.

La construcción del bloque derechista, por su parte, tuvo una historia propia. La estrategia kirchnerista empezó a generar tensiones con las clases dominantes ya en 2005, cuando abandonaron el gobierno los sectores que querían atenuar la incorporación de demandas populares, sobre todo la recomposición salarial, lo que se expresó en la salida del ministro de Economía Roberto Lavagna. Pero el verdadero punto de inflexión llegó en 2008, con el «conflicto del campo». Ante esa confrontación, la mayoría de las clases medias urbanas rompieron con el bloque oficialista y recuperaron su tradicional antiperonismo. Así se construyó una identidad antikirchnerista que combinaba el rechazo al estilo populista y el deseo de distinción social respecto de los sectores populares que recibían asistencia estatal. A esto se sumó la defensa de intereses materiales concretos: desde el rechazo a las retenciones a la exportación de commodities, que unió a la burguesía agraria con las clases medias rurales, hasta la protección del ahorro en dólares, afectado por el cepo cambiario a partir de 2011. Esa identidad se consolidó antes de encontrar un instrumento político adecuado: desde 2008 existía una franja electoral, inicialmente minoritaria pero crecientemente cohesionada, dispuesta a apoyar a cualquier candidato con posibilidades reales de derrotar al peronismo. Macri la capitalizó en 2015; Milei, en 2023 (Ver Adrián Piva)

Sobre este terreno acumulado, Macri aportó la última pieza ideológica que destrabó la radicalización de la derecha. Como muestra Javier Balsa en ¿Por qué ganó Milei?, después del fracaso de su gobierno ofreció a su propia base una explicación coherente: «hicimos gradualismo en lugar de shock, no nos animamos a reprimir a quienes se movilizan para defender sus privilegios corporativos». Dar una explicación del fracaso sirve para contener a la base social propia y ofrece una estrategia a futuro, que se deriva naturalmente del diagnóstico: una terapia de choque neoliberal y la represión que sea necesaria. Esa lectura allanó el camino para quien encarnara con mayor consecuencia lo que Macri no logró hacer.

Milei representa el punto de cristalización de quince años de construcción derechista frente a un campo progresista exhausto. Su ascenso no depende únicamente de su propia fuerza, sino también de la debilidad estratégica de su adversario: el bloque social que sostuvo la relación de fuerzas parcialmente favorable posterior a 2001. La base social de la derecha salió del fracaso macrista más radicalizada. La del kirchnerismo entró en una etapa de desmoralización y confusión. Por todo esto la extrema derecha debe entenderse como un fenómeno orgánico y no como un accidente coyuntural.

Esta caracterización no implica, por supuesto, que el contexto político y las relaciones de fuerza que hicieron posible el ascenso de Milei sean irreversibles. Pero lo más probable no es un giro brusco de la situación. Si hay recomposición, tendrá un ritmo más lento y acumulativo, parecido al ciclo abierto en 1995 y que desembocó en 2001.

Milei es el subproducto de una derrota social todavía parcial; su programa busca transformarla en una derrota de largo alcance, capaz de modificar drásticamente la relación entre el Estado y la acumulación capitalista y barrer con los vestigios de «colectivismo», regulaciones laborales y derechos sociales acumulados en un siglo de conquistas obreras. En cambio, si la extrema derecha se interpreta como un fenómeno accidental, desligado de las relaciones de fuerza sociales, la conclusión será que su gobierno es inviable y que derivará en una reactivación súbita de la conflictividad. Bajo esa premisa, la izquierda no tendría demasiado que innovar: podría limitarse a su business as usual e incluso esperar un cambio drástico que reoriente el malestar social desde la extrema derecha hacia la izquierda radical. La realidad es otra: una derrota social alteró sensiblemente las relaciones de fuerza. No existe hoy una sociedad combativa en condiciones de devolver el golpe con rapidez. Eso cambia todo el cuadro.

La derrota social y sus límites

Esto no equivale a sostener que la derrota social haya producido una derechización homogénea de toda la población o una pérdida irreversible de la capacidad de resistencia. Llamo «derrota social» a una alteración práctica negativa de las relaciones de fuerza: la pérdida de capacidad de las clases populares para bloquear ofensivas regresivas que, en otro momento, habrían encontrado una resistencia mucho más intensa. Las derrotas sociales y políticas tienen alcances diversos: pueden ser coyunturales y permitir una recomposición rápida, o históricas y exigir el esfuerzo de toda una generación para revertirse, con un sinfín de matices intermedios. A esto se suma que la verdadera profundidad de una derrota nunca es evidente desde el principio; su alcance real se va descubriendo paulatinamente a través de sus efectos.
El trabajo empírico en el que se apoya Balsa, desarrollado en 2023, permite precisar esto. Sus encuestas mostraban una sociedad dividida, a grandes rasgos, en tres tercios. Un tercio con posiciones económicamente progresistas coherentes: defensa del rol del Estado, de los derechos laborales, de la redistribución. Otro tercio con un núcleo neoliberal duro. Y un tercio intermedio, más difuso: sectores centristas, moderados, apolíticos o simplemente frustrados, sin una matriz ideológica firme en ningún sentido. Como el electorado termina fracturándose en dos grandes bloques, lo que suele definir la primacía de uno u otro es cuál de las dos minorías fuertes logra atraer a la mayor parte de ese sector intermedio. No hubo, entonces, una conversión masiva de la sociedad al neoliberalismo o a la derecha: el bloque de posiciones redistributivas y el bloque neoliberal partían de una paridad numérica aproximada. Lo decisivo ocurrió en otro plano.

El fenómeno central es la radicalización de la derecha. El estudio registra la casi desaparición de los «liberales clásicos», quienes combinaban libre mercado con progresismo cultural, en beneficio de un «liberalismo autoritario» donde el credo económico convive estrechamente con el conservadurismo social, la xenofobia y el antifeminismo. Una derecha radicalizada y cohesionada, en un contexto marcado por el fracaso del último gobierno kirchnerista, tuvo la capacidad de interpelar y arrastrar tras de sí al tercio intermedio. Ese sector difuso se fragmentó entre la abstención y, en una porción decisiva, el voto a Milei, captado por un discurso visceralmente antipopular y antikirchnerista. Fue ese desplazamiento del sector intermedio, empujado por el polo derechista, lo que terminó inclinando la balanza.

No sabemos con exactitud cómo evolucionaron estas corrientes tras dos años de gobierno de Milei. El núcleo duro oficialista mostró una notable firmeza frente al ajuste fiscal y la caída de ingresos, pero la crisis actual del gobierno parece estar fortaleciendo al sector opositor de manera paulatina y abriendo grietas en la base de apoyo oficial. Incluso el empresariado empieza a evaluar una figura alternativa capaz de sostener el programa económico en caso de que el desgaste de Milei comprometa su viabilidad electoral. Sin embargo, como contratendencia, los largos años inflacionarios parecen haber sedimentado un sentido común, fundamentalmente en ese estratégico sector intermedio: la exigencia de una macroeconomía «equilibrada» y de superávit fiscal, en oposición a la tendencia «populista» a expandir el gasto «irresponsablemente». No es casual que casi todo el arco político haya incorporado la demanda de disciplina fiscal que, hasta cierto punto, brota desde abajo.

En cualquier caso, los trabajos empíricos sobre 2023 siguen siendo relevantes: existe una base social con posiciones redistributivas, equivalente en tamaño al núcleo neoliberal, dispuesta a oponerse al programa de ajuste actual. Aunque este sector progresista no es impermeable al efecto subjetivo de la crisis inflacionaria, que disciplina sus expectativas, mantiene una impugnación de fondo a la regresividad distributiva del modelo. Hoy, sin embargo, esa base funciona más como bloque ideológico que como fuerza política activa: está a la defensiva, intentando evitar lo peor. Es el reverso exacto de la radicalización de su adversario.

Los datos empíricos sobre la conflictividad social bajo Milei confirman el diagnóstico. Según la Secretaría de Trabajo, en 2025 hubo 465 conflictos laborales con paro en Argentina, la cifra más baja en dos décadas; en el sector privado fueron apenas 157, el valor más bajo de la serie estadística. Los piquetes, de acuerdo con el relevamiento de la consultora Diagnóstico Político, cayeron de 8239 en 2023 a 3893 en 2025: un descenso cercano al 53% y el mínimo desde 2011. La conflictividad que sí existe es predominantemente defensiva: según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el 63,6% de los casos relevados entre enero de 2024 y febrero de 2026 corresponde a despidos.

Hubo, desde luego, grandes jornadas de movilización contra el gobierno: las marchas del 24 de marzo, la Marcha del Orgullo Antifascista y Antirracista después de las declaraciones de Milei en Davos, los paros generales de la CGT y las manifestaciones universitarias contra la asfixia presupuestaria. Estas grandes movilizaciones muestran que la capacidad de resistencia no está quebrada, y que persiste un piso de organización y politización que, aunque contraído, constituye un punto de apoyo. Pero, por el momento, no alcanzan para alterar el cuadro de fondo: baja conflictividad laboral, contracción histórica del movimiento piquetero y ausencia de procesos sostenidos de autoorganización en los lugares de trabajo.

La asimetría con la magnitud del ajuste salta a la vista. Según el CIFRA-CTA, el salario real registrado cayó cerca de un 9% bajo la gestión de Milei, o un 13% si se utiliza un IPC elaborado sobre la base de una canasta más actualizada que la del IPC oficial. Medido con el IPC oficial, la pérdida salarial fue marcadamente desigual entre sectores: en febrero de 2026, el salario público se ubicaba 18,3% por debajo de noviembre de 2023, y en la administración pública nacional la pérdida alcanzaba el 37,2%. A esto se suma un deterioro en la calidad del empleo que se expresa en una ampliación del trabajo informal.

La debilidad también aparece en el terreno ideológico. Los recientes resultados electorales universitarios son un indicador de esta dimensión: la izquierda pierde capacidad de irradiación entre las nuevas generaciones. En las elecciones estudiantiles de la UBA, un termómetro históricamente relevante de las juventudes politizadas, registró su peor desempeño desde fines de los años noventa. Esto no implica que la juventud se haya vuelto masivamente centrista o derechista, sino que el discurso de las izquierdas, que mantiene su núcleo duro, dejó de operar como alternativa atractiva en una escala más amplia.

La baja conflictividad condiciona las hipótesis sobre cómo podría terminar el gobierno de Milei. Una derrota empujada desde abajo, por una reactivación de la movilización popular, sería sin duda el mejor escenario: desalojaría a Milei del poder y permitiría recomponer con rapidez la fuerza social del campo popular. No se puede descartar de manera concluyente un giro brusco o una explosión social; nadie posee un sismógrafo de la lucha de clases. Pero las tendencias apuntan más bien a un proceso paulatino de recomposición, no a un estallido. Por eso, la disputa por derrotar a Milei se trasladará previsiblemente al terreno electoral.

De este diagnóstico se desprende una consecuencia política importante para todo el ciclo que viene. Una eventual derrota electoral de Milei en 2027 abriría una nueva coyuntura política, pero no clausuraría por sí misma el período reaccionario. Las condiciones que lo produjeron seguirían operando: la derecha social construida desde 2008, el reflujo de la conflictividad social y la atmósfera posibilista heredada tanto de los fracasos progresistas como del radicalismo de la derecha. El caso brasileño funciona como un espejo elocuente: aunque Lula derrotó a Bolsonaro en 2022 y logró mejorar indicadores sociales clave, el bolsonarismo conserva un piso electoral cercano al 35% y sigue disputando en condiciones muy competitivas los próximos comicios.

Que una derrota electoral no clausure el período no significa que dé lo mismo infligirla o no. En una coyuntura así, ganar tiempo es una tarea decisiva. Derrotar electoralmente a Milei no basta para recomponer la fuerza del campo popular, pero le cierra el paso a una victoria estratégica de la extrema derecha: le impide aprovechar su actual ventana de oportunidad para modificar de manera duradera y regresiva la relación de fuerzas entre las clases.

Por qué no estamos en los años treinta

La lectura mayoritaria de la izquierda marxista sobre la extrema derecha invoca los años treinta como marco de referencia: crisis del orden liberal, fascismo en ascenso, polarización aguda, posibilidades revolucionarias todavía abiertas. Esa analogía es engañosa y conduce a orientaciones políticas equivocadas. Hay al menos tres razones para descartarla.
Primera: la revolución está fuera del horizonte político. Esto puede parecer obvio, o una herejía, según el contexto. En 1932 la Internacional Comunista todavía operaba con la expectativa de una insurrección inminente, y no estaba del todo equivocada. Alemania fue el escenario central. Las derrotas revolucionarias acumuladas (1918, 1921 y 1923) no habían logrado sacar de combate a la clase obrera ni a la izquierda revolucionaria, como lo atestiguaba la recuperación del Partido Comunista en esos años.

Hoy no vivimos una época en la que una ruptura revolucionaria forme parte del cuadro inmediato. La perspectiva socialista solo puede reconstruirse partiendo de esa realidad. Cuando la clase trabajadora no puede pasar a la ofensiva, la tarea principal consiste en recomponer las bases sociales y políticas de una contraofensiva futura. Esto modifica la relación con los análisis marxistas clásicos sobre los años treinta. Para Trotsky, por caso, el antifascismo tenía una doble dimensión: era al mismo tiempo una lucha unitaria defensiva de toda la clase obrera y una lucha anticapitalista directa, orientada a convertir la resistencia al fascismo en palanca de la revolución proletaria. Hoy esa segunda dimensión está ausente: ningún análisis serio puede sostener que en Argentina, Brasil, Francia, Italia o cualquier país desarrollado esté planteada en el corto plazo la conquista del poder por vía insurreccional. La tarea es defensiva, y ese punto reordena todo el razonamiento estratégico

Segundo: no existen partidos obreros de masas, al menos en el sentido de los grandes partidos reformistas de principios del siglo XX. El llamado «frente único obrero» presuponía grandes organizaciones con implantación real y masiva en la clase trabajadora, una reformista y la otra revolucionaria. Hoy ese mapa desapareció, y eso obliga a repensar qué significa la unidad de la clase cuando los partidos que históricamente la representaban cambiaron de naturaleza. Volveremos sobre esto.

Tercero: no hay polarización social, hay radicalización de la derecha. En los años treinta había movimientos de masas activos en ambas direcciones del espectro político. Hoy un solo polo está radicalizado y envalentonado; el otro permanece a la defensiva y sumido en el posibilismo. La sociedad está fracturada en dos campos enfrentados, pero esa fractura no produjo una radicalización simétrica. Se radicalizó la derecha. De esta asimetría se desprende, como explica bien Henrique Canary, que el mito de un «campo antisistema» compartido es una fantasía: no existe una radicalidad social políticamente neutra que la izquierda pueda disputarle a la extrema derecha con solo elevar el tono «antisistema» de su discurso. Lo que los ultraderechistas llaman «sistema» son, en realidad, los derechos sociales y las libertades públicas conquistadas en el período anterior: los derechos sindicales, las políticas redistributivas, la cultura «woke». Construir una versión de izquierda de esa radicalidad no acerca a la izquierda a las masas; la desconecta de los niveles reales de conciencia y combatividad popular.

La herencia estratégica del marxismo del siglo XX sigue siendo importante, pero trasladarla mecánicamente al presente conduce a una falsa analogía con los años treinta. La lección que vale conservar es la necesidad de una política unitaria y paciente, apoyada en la movilización social. En los años treinta, el frente único era una táctica para unir a una clase obrera organizada, con fuerte implantación y capacidad ofensiva. Hoy, una política de masas contra la extrema derecha parte de un terreno mucho más adverso: una clase trabajadora más fragmentada, con menos confianza en sus propias fuerzas y menores niveles de conciencia y combatividad.

¿Frente popular antifascista?

¿Qué valor tienen, entonces, los debates que el marxismo desarrolló ante el ascenso del fascismo en el siglo pasado, en particular los referidos al frente único obrero y al frente popular? Vale la pena volver sobre el debate marxista de los años veinte y treinta. El frente único fue debatido por primera vez en 1922 en la Internacional Comunista y retomado luego en la lucha contra el fascismo. Lenin fue categórico respecto de su importancia: quien no comprendiera el frente único estaba perdido para el movimiento comunista. Perry Anderson lo definió como «el último gran consejo de Lenin al movimiento obrero occidental antes de su muerte». Para Gramsci, en la política del frente único parecía estar en juego algo más que la unidad defensiva con los reformistas. Allí se encontraba, en embrión, una nueva concepción de la política revolucionaria en condiciones occidentales: el pasaje de la guerra de maniobra a la guerra de posiciones, y de la teoría de la ofensiva a la teoría de la hegemonía.
El frente único fue un esfuerzo por unificar y cohesionar la actividad del conjunto de los trabajadores, y no solo la de aquellos que seguían al partido revolucionario. Su lógica es relativamente simple. Las masas necesitan unir sus fuerzas para defenderse. Los revolucionarios, a su vez, están en mejores condiciones de disputar la dirección del movimiento si aparecen como su ala más unitaria, no como un factor de división. Como las masas aprenden sobre todo de su propia experiencia, la delimitación con el reformismo surge del curso mismo de la lucha, cuando esas direcciones muestran su incapacidad para llevarla hasta el final. A partir de allí pueden plantearse escenarios más complejos, como un gobierno de frente único: un gobierno unitario de las organizaciones de la clase obrera, reformistas y revolucionarias, concebido como momento transitorio en la lucha por el poder.

El problema es que, un siglo después de aquel debate, la realidad de la clase trabajadora y de la izquierda no podría ser más distinta. Como señalamos, el frente único de los años veinte presuponía la existencia de dos socios reales con implantación masiva en la clase obrera: un partido socialdemócrata reformista y un partido comunista revolucionario. Ese mundo ya no existe. Las socialdemocracias europeas tradicionales, como el PS francés o el PSOE, dejaron de ser partidos obreros genuinos hace décadas; hoy tienden a convertirse en representantes cada vez más orgánicos de sus burguesías, aunque conservan todavía un vínculo con la clase obrera que los diferencia de los partidos burgueses convencionales. Las nuevas fuerzas de izquierda, como Die Linke, Podemos o La France Insoumise, son actores significativos, pero su fuerza se expresa sobre todo en el terreno electoral y no se traduce en una implantación orgánica de masas. Las experiencias neopopulistas en América Latina, como el kirchnerismo o Morena, tampoco pueden caracterizarse como fuerzas reformistas independientes. Si bien poseen un arraigo social más profundo que la socialdemocracia europea, son formaciones que articulan simultáneamente vínculos con fracciones de las clases dominantes y con sectores populares.

Si el frente único presuponía la unidad de fuerzas obreras que, en conjunto, constituían una mayoría social y electoral, hoy no resulta claro quién podría ocupar ese lugar. ¿La unidad debería darse entre pequeños grupos revolucionarios de peso marginal y aparatos electorales profundamente integrados a las redes económicas y políticas de las clases dominantes? ¿Qué significa hablar de frente único cuando ya no existen dos grandes partidos obreros disputándose la dirección de una clase trabajadora organizada, sino izquierdas fragmentadas, aparatos electorales inestables y movimientos populares mucho más débiles? La política unitaria sigue siendo necesaria, sobre todo allí donde existen organizaciones de izquierda y de la clase trabajadora. Pero el mapa en el que operamos ya no es el mismo.

Esta discontinuidad histórica respecto al paisaje partidario del siglo XX conduce a una conclusión: en la actualidad, la unidad exclusiva de las fuerzas de izquierda con base en la clase trabajadora, aunque persista como eje organizador de la política socialista, probablemente sea insuficiente para frenar a la extrema derecha. Este escenario desplaza el debate hacia un terreno más espinoso: la posibilidad de acuerdos puntuales con sectores disidentes de la burguesía o con socialdemocracias profundamente institucionalizadas. Ante este dilema, surge inevitablemente el recuerdo del debate sobre los frentes populares impulsados por la Internacional Comunista (IC) a partir de su VII Congreso en 1935.

El Frente Popular fue la política de la IC que sucedió a la táctica ultraizquierdista de «clase contra clase», aquella línea que identificaba a la socialdemocracia con el fascismo y rechazaba cualquier unidad de acción con sectores reformistas. Bajo esta nueva orientación, la IC giró hacia una estrategia de alianzas no solo con partidos obreros, sino también con partidos burgueses «democráticos» en la lucha contra el fascismo.

Esta política fue cuestionada por León Trotsky. El revolucionario ruso identificó con precisión los riesgos centrales: que la coalición con la burguesía liberal funcionaría como un freno de la movilización obrera, y que los Partidos Comunistas, atrapados en la necesidad de no «asustar» a sus aliados, terminarían operando como la última barrera contra una posible ruptura revolucionaria.

En momentos de polarización aguda o de ascenso revolucionario, el Frente Popular operó muchas veces como un mecanismo de contención. La crítica de Trotsky apuntaba a ese núcleo: la alianza con la burguesía liberal tendía a disciplinar a la clase trabajadora, subordinando sus objetivos propios al mantenimiento de la coalición. Francia y España ofrecieron ejemplos dramáticos de ese límite.

Pero la experiencia histórica fue más ambigua que la versión simplificada del canon trotskista. Las victorias electorales del Frente Popular también reforzaron la confianza de las clases populares y actuaron como detonantes de movilización. El triunfo de Blum desembocó en las huelgas de junio de 1936; en España, la victoria del Frente Popular antecedió a una extraordinaria movilización obrera y campesina, que alcanzó su punto más alto en la resistencia al golpe franquista. Que el estalinismo haya buscado luego contener y disciplinar ese proceso no anula el hecho de que, en su fase inicial, el antifascismo unitario contribuyó a activar energías populares que estaban latentes.

Perry Anderson señaló que Trotsky cometió errores sectarios en sus escritos sobre Francia y España, al subestimar la necesidad de alianzas con sectores no obreros en defensa de las libertades democráticas, una flexibilidad que en cambio sí había mostrado frente al ascenso del nazismo o en su experiencia práctica ante el intento de golpe de Kornilov en agosto de 1917. Pero, pese a esos errores, el análisis de Trotsky sobre el caso francés captó la ambivalencia del Frente Popular, y resultó más matizado e interesante de lo que suele reconocerse. Ya en 1934 escribía que, si los socialistas franceses llegaran a ganar la confianza de la mayoría, los revolucionarios estarían «siempre preparados para defender contra la burguesía a un gobierno de la SFIO». Una vez constituido el gobierno de Blum, la táctica que propuso no fue la oposición frontal, sino una combinación de presión desde abajo y exigencias parciales a la dirección. En una carta del 21 de junio de 1936 dirigida a sus seguidores franceses, Trotsky advertía que repetir la consigna de huelga general «sin definirla ni concretarla sería un error», y preveía que la próxima oleada de huelgas se dirigiría, con toda probabilidad, no contra Blum, sino contra sus enemigos: las «doscientas familias», los radicales, el Senado y el Estado Mayor. Para Trotsky, esta distinción era decisiva: «No metemos a Léon Blum en el mismo saco que a los de Wendel y de La Roque. Acusamos a Blum de no entender la formidable resistencia de los de Wendel y de La Roque». De allí se desprendía la obligación de presentarse ante la clase trabajadora «no como un estorbo, sino como personas que quieren que la cosa avance».

Este punto permite extraer una conclusión estratégica probablemente antiintuitiva para el sentido común de la izquierda marxista: en muchas ocasiones, las masas no se radicalizan a pesar de confiar en las direcciones reformistas, sino a través de esa confianza. La movilización popular suele comenzar cuando amplios sectores perciben que existe una fuerza política capaz de traducir sus demandas en resultados concretos. Esa fuerza, en las primeras fases de un ascenso, suele ser una dirección moderada, nacional-popular o reformista. Sin ese primer momento de confianza, difícilmente haya un segundo momento de presión, desborde o radicalización. Postular el desborde como punto de partida, en lugar de entenderlo como resultado posible de un proceso, es confundir el desenlace con sus condiciones.

Como mostraron las huelgas de junio de 1936, el triunfo del Frente Popular funcionó como detonante de la acción directa. La misma lógica puede observarse en otros procesos. En el Chile de la Unidad Popular, la confianza en la «vía electoral al socialismo» liberó una movilización que llegó a desbordar por izquierda al propio Allende, con las tomas de fábricas y los cordones industriales. La Argentina de 1973 ofrece otro ejemplo: la asunción de Cámpora en mayo y la de Perón en octubre alentaron una radicalización del campo popular que el peronismo no controlaba, acompañada por un aumento significativo de la conflictividad obrera. Los ejemplos podrían multiplicarse.

Sin equiparar procesos históricamente distintos, todos muestran una lógica que importa retener: la confianza en una dirección política popular o reformista puede liberar energías sociales que esa misma dirección no controla por completo. El triunfo electoral, cuando las clases populares lo viven como una victoria propia, modifica el ánimo colectivo, eleva las expectativas sociales y vuelve más verosímil la idea de que luchar sirve. Esa dinámica no garantiza una salida progresiva; también puede ser contenida o derrotada. Pero desmiente la idea de que toda mediación reformista solo produce pasividad.

Entonces, ¿qué forma debe tomar la unidad de las fuerzas populares y su relación con los partidos liberales o centristas en la lucha contra la extrema derecha?

Hay que distinguir dos cosas. Por un lado, el Frente Popular como subordinación estratégica del movimiento obrero a la burguesía, bajo la consigna implícita de desmovilizar para no «asustar» a los aliados. Por otro, la acción unitaria, puntual y transitoria, estructurada sobre un objetivo limitado y preciso: cerrarle el paso a la reacción y defender las libertades democráticas amenazadas. Esta última modalidad permite mantener la independencia política de la izquierda, bajo la premisa de que la tarea central, al día siguiente, sigue siendo la recomposición autónoma de la clase trabajadora. La tradición marxista no ha rechazado este segundo tipo de intervención. Por ejemplo, la unidad de acción contra las dictaduras en América Latina contó con la participación de componentes burgueses, incluso inicialmente en procesos que culminaron en revoluciones, como en Nicaragua o Cuba.

La coalición Lula-Alckmin de 2022 en Brasil no representó una bella expresión del marxismo revolucionario; tampoco lo hizo el Nouveau Front Populaire que, en 2024, bloqueó provisionalmente el acceso del lepenismo al poder en Francia. En ambos casos se trató de salidas defensivas, nacidas en correlaciones de fuerza adversas, que cumplieron una función inmediata: desalojar o frenar a la extrema derecha. Pero en ninguno de los dos casos la conducción de la alianza quedó en manos del ala burguesa liberal. En Brasil, fue Lula quien encabezó el proceso y no los partidos del Centrão; en Francia, la hegemonía recayó en la fuerza encabezada por Mélenchon y no en el Partido Socialista. Ese equilibrio interno abrió un doble terreno de disputa: contra la reacción, mediante frentes con competitividad electoral real, y dentro del propio «campo antifascista», para evitar que la lucha contra la ultraderecha derive en gobiernos de gestión socioliberal que terminen desmovilizando y desmoralizando a las clases populares. Una alianza amplia dirigida por el centro tiende a convertir la lucha contra la extrema derecha en defensa del orden existente; una alianza amplia con hegemonía de una dirección reformista o populista puede, en cambio, abrir un terreno de disputa más favorable, sobre todo cuando se apoya en la movilización y en un programa de recomposición social.

La cuestión actual es traducir la lección unitaria a un mapa social y político profundamente distinto del de los escenarios antifascistas del siglo XX. En un período reaccionario, la unidad contra la extrema derecha es indispensable, pero su contenido, su conducción y su relación con la movilización popular son materia de disputa. Una política socialista que solo se delimita o denuncia queda por debajo de la tarea. La izquierda debe intervenir en el «bloque antifascista» como su ala más consecuente: empujar la unidad contra la reacción sin disolver la independencia de clase y ligar cada batalla democrática a la recomposición material y organizativa de las clases populares.

¿Radicalizar? ¿Ir al centro?

En la izquierda y la oposición a Milei circulan dos respuestas opuestas frente a la extrema derecha.

La primera, predominante en el peronismo y el progresismo, sostiene que es necesario moderarse para sintonizar con el nuevo clima ideológico de la sociedad y captar el voto centrista que suele oscilar entre uno y otro bloque. Como suele suceder, en esta orientación no operan solo razones ideológicas. También expresa un consenso amplio en la élite política sobre la necesidad de poner freno a la expansión fiscal, que durante el ciclo anterior había funcionado como una forma de contener demandas populares.

El argumento apunta a un problema real: el sector intermedio existe, oscila, y sin él no se gana una elección. ¿Cómo disputar, si no, a los sectores apolíticos, centristas o frustrados que hasta hace poco se inclinaban hacia Milei o se refugiaban en la abstención? El problema es que el giro al centro, o directamente a la derecha, prepara el terreno para futuras derrotas. La experiencia del último gobierno peronista es la evidencia más cercana: una amplia coalición que prometía recomponer los ingresos terminó administrando el ajuste con discurso progresista y le cedió a la extrema derecha el monopolio del descontento.

En el polo opuesto, se sostiene que el crecimiento de la extrema derecha es inseparable de la frustración producida por la moderación progresista. La respuesta, entonces, sería radicalizar el programa: dar una respuesta más nítida a las necesidades populares y fortalecer al movimiento popular en la lucha contra la extrema derecha. La intuición es correcta. Pero todo depende de qué se entienda aquí por «radicalizar».

Conviene avanzar con cuidado. Al menos en lo inmediato, no existen condiciones sociales ni políticas para medidas de ruptura con la burguesía o de intervencionismo abrupto sobre la gran propiedad. Como vimos, no existe una radicalidad «antisistema» neutra que la izquierda pueda disputar elevando el tono de su discurso. Pretender competir en ese registro conduce al aislamiento.

Las experiencias recientes más exitosas de la izquierda a nivel global, como la de Zohran Mamdani en Nueva York, La France Insoumise o Adelante Andalucía, suelen citarse como ejemplos de radicalización a la izquierda. Pero, en rigor, hacen otra cosa: rompen con el modelo socioliberal de la socialdemocracia convencional sin levantar un programa socialista ambicioso. La consigna central de Mamdani fue el costo de la vivienda y de la vida en Nueva York, no la Viena Roja. El resto de los casos va en la misma dirección. En esta coyuntura, la unidad contra la extrema derecha necesita apoyarse en un «programa mínimo», en el sentido clásico de la distinción socialdemócrata entre programa mínimo y programa máximo: un conjunto de medidas que, en las condiciones actuales, permitan mejorar la vida cotidiana de la clase trabajadora, recuperar confianza colectiva y bloquear la arremetida autoritaria.

Sería excesivo llamar a esto una radicalización en sentido estricto, al menos en el sentido que un socialista asigna a la expresión. Pero sí obliga a tensionar el programa que los distintos sectores de la clase política, incluido en buena medida el kirchnerismo, están dispuestos a asumir. El último gobierno peronista frustró a su base social porque incumplió incluso las modestas promesas de recomposición del salario y de los ingresos populares tras el ajuste del macrismo, más que por haber enfrentado una presión desde abajo orientada a reformas estructurales profundas. Esa frustración no responde solamente a la voluntad o los errores de los dirigentes, sino también a condicionamientos estructurales sobre los que volveré más adelante.

Las alternativas a Milei

Sin descartar una reelección de Milei, hipótesis que la consistencia de la base social de la derecha vuelve plausible, sobre todo si la situación económica mejora, hay que preguntarse qué escenarios realistas podrían abrirse después de 2027. A grandes rasgos, se perfilan cuatro.

El primer escenario es una continuidad dentro del propio espacio: un cambio de candidatura que conserve el programa y los métodos, con una figura como Patricia Bullrich capaz de unificar a LLA y al PRO y capitalizar el desgaste de Milei. Sería una continuidad del proyecto ultraderechista, no un giro hacia la derecha convencional. Otra posibilidad es un relevo por la centroderecha tradicional, con Macri o lo que quede del PRO ofreciéndose como una gestión más ordenada del mismo rumbo económico, aunque probablemente con menor intensidad autoritaria. Una tercera variante es la derecha peronista: Massa o algún dirigente conservador similar, capaz de capitalizar el desgaste desde un peronismo amigable con el mercado. Por último, aparece alguna forma de reedición del kirchnerismo o del progresismo, con Axel Kicillof como nombre más probable por el momento.

Las tres primeras hipótesis son, en lo esencial, variantes de continuidad del programa económico, atenúen o no los métodos autoritarios. Por eso conviene detenerse en la cuarta, que es la que algunos sectores de la izquierda imaginan como horizonte deseable.

¿Qué podría esperarse de un nuevo gobierno kirchnerista? No demasiado. No sería un gobierno de ruptura ni de enfrentamiento drástico con las clases dominantes; el kirchnerismo nunca manifestó ambiciones de ese tipo. Pero eso no significa que un gobierno así sea indiferente desde el punto de vista de los intereses populares. La pregunta de fondo es si existen condiciones para recrear una experiencia redistributiva como la que caracterizó al primer kirchnerismo. Esa experiencia tuvo lugar en una configuración política, económica e internacional muy particular: la bonanza impulsada por la demanda asiática, combinada con una relación de fuerzas parcialmente favorable a las clases populares tras 2001 y un salario muy depreciado por la crisis y la devaluación abrupta que llevó a cabo el gobierno de Duhalde.

La situación actual es más ambigua. Argentina acumula un retraso importante en competitividad y productividad, lo que alimenta las presiones empresariales por reformas flexibilizadoras y de ajuste fiscal. En el plano internacional, hay señales de un nuevo ciclo de aumento de los ingresos por exportaciones, aunque de resultados todavía no inmediatos, esta vez impulsado por la demanda de nuevos productos exportables: petróleo y gas no convencional, litio, cobre y otros minerales críticos. Pero la relación de fuerzas está mucho más degradada. El contexto excepcional en que el empresariado toleró un gobierno con rasgos de autonomía, a condición de restablecer el orden social, como ocurrió con el primer kirchnerismo, ya no existe. Cualquier gobierno alternativo enfrentaría probablemente una hostilidad permanente de «los mercados». Por último, el retraso salarial impuesto por Milei, que se arrastra desde los gobiernos de Macri y Fernández, sumado a las reformas estructurales en curso, puede facilitar un proceso de inversiones, a condición de que los empresarios consideren que hay un «clima favorable a los negocios». En suma, existe cierto margen para una recuperación económica y para una política parcialmente redistributiva sin modificaciones drásticas de la estructura económica ni de la gran propiedad, algo que ningún sector del peronismo se propone. Pero ese margen es más estrecho que el que tuvo a su favor el primer kirchnerismo.

En cualquier caso, ese margen estrecho no define por sí solo la orientación política de un gobierno alternativo. Lula ganó en 2022 con un programa de recomposición modesta de los ingresos populares. Durante la primera etapa de su gobierno, la adaptación a las expectativas de las clases dominantes y la postergación de algunas medidas progresivas desgastaron su base y dieron aire al bolsonarismo. El cuadro empezó a modificarse cuando el gobierno retomó una agenda social más nítida: ampliación de la exención del impuesto a la renta para trabajadores de ingresos bajos, mayor carga sobre los sectores de altos ingresos, inversión pública a través del Nuevo PAC y medidas de crédito para sectores precarizados. Esa orientación le permitió recuperar iniciativa política y recomponer parcialmente su popularidad. Actualmente, la consolidación de su gobierno avanza al ritmo de la campaña por la reducción de la jornada laboral, cuya aprobación significaría un triunfo de amplio alcance.

La lección brasileña permite medir los límites y las potencialidades que abriría una derrota electoral de Milei a manos de una fuerza parcialmente progresista proveniente del peronismo. Un gobierno de ese tipo, a diferencia de uno de derecha tradicional o de derecha peronista, abriría mejores condiciones para la presión desde abajo. Sus compromisos con su base social, los sindicatos y las expectativas populares que despierta lo volverían más permeable a la movilización, sin que la izquierda deba comprometer por eso su independencia política. El objetivo sería avanzar en un programa de recuperación de ingresos y derechos populares, junto con la defensa de las libertades democráticas y de las organizaciones sindicales y sociales frente al autoritarismo.

Tareas de la izquierda

Milei expresa una derrota social parcial e intenta convertirla en una reconfiguración duradera de las relaciones de fuerza. Ese diagnóstico fija el punto de partida: la izquierda no puede esperar pasivamente el final de su gobierno como si se tratara de una coyuntura más dentro del péndulo argentino. La «utopía movilizadora» de la coyuntura es cerrarle el paso a la extrema derecha y crear un terreno más favorable para la recomposición popular. Llevar esa orientación a la práctica exige construir unidad contra la reacción sin perder independencia política. Exige, además, una tarea más lenta: reconstruir la fuerza social, sindical, territorial y cultural del campo popular. Las discusiones más difíciles empiezan cuando se trata de darle un contenido concreto a la orientación unitaria: con qué programa, bajo qué conducción y con qué relación entre intervención electoral y movilización desde abajo.

Antes de avanzar, hay que despejar un espejismo. En los últimos meses trascendieron encuestas que colocan a Myriam Bregman entre los dirigentes con mejor imagen, en algún caso incluso en el primer lugar. El dato es auspicioso. Pero no equivale a intención de voto ni, menos aún, a una radicalización de masas hacia la izquierda. Una figura de izquierda puede ser valorada por sectores mucho más amplios que su base electoral sin convertirse por eso en una alternativa política efectiva. En Francia, Olivier Besancenot llegó a tener cerca del 60% de imagen positiva a fines de la década de 2000, por encima de las principales figuras del Partido Socialista y de la derecha, sin que la LCR ni el NPA superaran nunca el 5% en una elección presidencial. Una parte de la sociedad puede valorar la honestidad, la combatividad y el carisma de una figura sin compartir sus ideas ni creer que pueda resolver sus problemas concretos.

El crecimiento de una figura de izquierda no contradice necesariamente el carácter defensivo del período. En un contexto de crisis del peronismo, pero donde persiste un núcleo social progresista relativamente consistente, es natural que un sector importante vea con simpatía a Bregman sin romper necesariamente con el campo nacional-popular. El trabajo de Balsa confirma esa distancia entre simpatía, identidad política e intención de voto: en 2023, cuatro de cada diez votantes de Bregman en las primarias migraron hacia Massa en las generales, y el 58% de ellos se sentía en realidad cercano al oficialismo. Buena parte de ese electorado funciona como una frontera porosa del voto nacional-popular: expresa descontento votando a la izquierda en las primarias o en elecciones no decisivas, y vuelve al peronismo cuando el riesgo de la derecha se vuelve inminente.

El fenómeno es, de todos modos, un síntoma positivo: expresa la valoración de una voz percibida como coherente en un campo progresista cansado de los candidatos conservadores que le ofrece el peronismo.  La cuestión decisiva es qué se hace con esa buena imagen. Y aquí reaparece el techo del Frente de Izquierda, que es ante todo un techo de comprensión del período. En la práctica, sus principales corrientes tienden a tratar a Milei como un fenómeno pasajero y a desplazar el eje de la discusión desde cómo derrotar a la extrema derecha hacia quién dirige la oposición: el peronismo o la izquierda. Esa lectura vuelve imposibles las tareas unitarias, que son justamente las únicas que permitirían a la vez cerrarle el paso a Milei y consolidar el crecimiento de la izquierda. Una izquierda dispuesta a operar como ala combativa de un amplio bloque contra la reacción, capaz de proponer las medidas unitarias que la situación exige sin renunciar a su independencia, podría salir reforzada de este ciclo en el mismo movimiento en que contribuye a frenar a la extrema derecha. Por ahora, lamentablemente, no hay señales de que ese giro vaya a producirse.

El desgaste del gobierno abre una oportunidad para la izquierda, siempre que se oriente de otro modo. Hay un núcleo social que no se dejó arrastrar por la reacción y que valora voces percibidas como coherentes y combativas. Esa oportunidad debe trabajarse en varios terrenos. El primero es la calle: confluir de la manera más amplia posible en cada conflicto defensivo concreto, contra la reforma laboral, en defensa de la universidad y la salud públicas, contra los despidos y frente a la represión de la protesta. La unidad de acción no exige acuerdo programático ni disolución de las identidades.

En el terreno electoral, la tarea es construir tácticas transitorias que reconozcan la realidad y las amenazas en juego. La izquierda debe partir de un dato elemental: no tiene hoy la fuerza para desalojar por sí sola a Milei del gobierno. Esto es evidente. Si la prioridad es impedir que la extrema derecha consolide su ciclo de reformas regresivas y su endurecimiento autoritario, entonces no puede descartarse algún tipo de apoyo puntual, crítico y delimitado a la candidatura que esté en condiciones reales de derrotarla, previsiblemente surgida del peronismo o de un bloque progresista más amplio. Negar este problema en nombre de la independencia política desplaza a la izquierda hacia una posición testimonial en el momento en que se juega la posibilidad de cerrar el paso a una derrota de mayor alcance.

Ahora bien, ese apoyo, allí donde resulte necesario, no debe confundirse con integración ni con confianza política en un futuro gobierno peronista: sería estrictamente defensivo, orientado a desalojar a la extrema derecha. Como argumentamos antes, un eventual gobierno peronista difícilmente rompa con los condicionamientos estructurales de la economía argentina, y probablemente tienda a una estabilización moderada, pactada con sectores del empresariado y limitada por el mandato de disciplina fiscal sedimentado por la crisis inflacionaria. Pero cerraría el camino a la extrema derecha y sería más permeable a la presión desde abajo. Por eso la izquierda debe intervenir en una doble clave: contribuir a cerrar el paso a Milei y prepararse desde el primer día para actuar con plena independencia frente a ese gobierno, exigiendo medidas de recomposición popular y apoyándose en la movilización social. Que esto es perfectamente posible lo muestra una experiencia cercana. En Brasil, el PSOL se construyó como fuerza de izquierda independiente del PT, combinando autonomía política, acción unitaria contra el bolsonarismo y acuerdos puntuales con el lulismo cuando la coyuntura lo exigía. Y en todo ese proceso fortaleció su inserción y su influencia.

En el plano estratégico, la tarea es más lenta y más decisiva. Una victoria electoral puede abrir un terreno más favorable, pero no cambia por sí sola las relaciones de fuerza. Ese cambio exige recomponer la fuerza social del campo popular: organización en los lugares de trabajo y en los barrios, recuperación de la vida sindical, reanimación de la conflictividad social y disputa de la hegemonía cultural. Hay que reconstruir las instituciones obreras y populares, en el terreno sindical, partidario y asociativo, que dan densidad social a cualquier proyecto de transformación más ambicioso. Allí se juega la posibilidad de forjar nuevas fuerzas políticas, capaces de superar por izquierda los límites de las experiencias progresistas previas. Solo sobre esa base será posible construir una alternativa de fondo al orden neoliberal en crisis y a la reacción ultraderechista, y no meras coaliciones defensivas.

Nada de esto garantiza nada. El período es adverso y puede empeorar. Pero la izquierda está ante un dilema: comprender el momento, ganar tiempo para una recomposición y construir una orientación unitaria, o desperdiciar la oportunidad mientras contempla, desde el autoaislamiento, cómo la derecha consolida su victoria. En cada país donde la extrema derecha avanza, más allá de sus peculiaridades nacionales, reaparece el mismo problema: cómo evitar el aislamiento sectario sin diluir la independencia política, y cómo construir una unidad que acumule fuerza real para derrotar a la reacción. De cómo se resuelva esa disyuntiva depende, en buena medida, hacia dónde se incline el período.

Martín Mosquera es el editor de la revista Jacobin

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    Fusilamientos

70 años de los fusilamientos de José León Suarez: su lucha sigue más vigente que nunca

09 Junio 2026

Hoy, 9 de junio, se cumplen 70 años del levantamiento civil y militar para restituir a Juan Domingo Perón en el poder, que permanecía proscripto por el gobierno de facto de Pedro Eugenio Aramburu. En los próximos días se llevarán a cabo diversos eventos recordatorios en los lugares de los hechos. De todas formas, el suceso más significativo será el inicio del juicio el 17 de junio.

Los hechos 

El 16 de junio de 1955 el país fue testigo de un hecho inédito en la historia mundial: la población civil fue bombardeada y ametrallada por aviones de su propia Marina de guerra, con el trágico saldo de 366 muertos y 1.053 heridos. El odio criminal al general Perón y al movimiento justicialista se acentuó tras su derrocamiento, sobrevenido un puñado de meses después, el 16 de septiembre, que lo obligó a partir al exilio. Comenzaron las persecuciones, se incrementó la violencia y fueron miles las detenciones, con un punto de inflexión gravísimo: los fusilamientos del 9 de junio de 1956.

Aquella noche un grupo de hombres, liderados por el general Juan José Valle, se levantó en armas con el objeto de derrocar al gobierno de facto. El levantamiento fue rápidamente sofocado, y en la contienda murieron seis argentinos: tres militares de la dictadura, Blas Closs, Rafael Fernández y Bernardino Rodríguez, y tres civiles peronistas, Ramón R. Videla, Carlos Irigoyen y Rolando Zaneta.

Aramburu e Isaac F. Rojas, presidente y vice de facto, estaban enterados de antemano de que iba a producirse. No obstante, dejaron que sucediera para poner en práctica una represión de tipo ejemplificadora. El 8 de junio habían detenido a varios dirigentes gremiales con el fin de debilitar el levantamiento. Además, Aramburu había dejado firmados previamente tres decretos: el Nº10.362, que imponía la ley marcial, el Nº10.363, de pena de muerte y el Nº10.364, preparado exclusivamente para incluir los nombres de las personas que serían ejecutadas a posteriori.

Las personas 

En Lanús seis integrantes, encargados de montar la radio desde donde se transmitiría la proclama revolucionaria, fueron arrestados en la Escuela Industrial de Avellaneda. Se trataba del teniente coronel José A. Yrigoyen, el capitán Jorge M. Costales, Dante H. Lugo, Norberto Ross, Clemente B. Ross y Osvaldo A. Albedro. Todos fueron asesinados simulando fusilamientos entre las 2 y las 4 de la mañana.

Entre el 10 y 12 de junio se produjeron más fusilamientos: en José León Suarez, en Campo de Mayo, en la Escuela de Mecánica del Ejército, en la Penitenciaría Nacional y en La Plata. Entre los detenidos se encontraban las doce personas que luego serían llevadas por las fuerzas de seguridad a los basurales en José León Suárez para ser masacradas a sangre fría. Fueron obligados a bajar del móvil a punta de pistola para caminar hacia el basural, iluminado por los faros de los vehículos policiales. 

Allí se fusiló sin contemplaciones a Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Carlos A. Lisazo, Vicente Rodríguez y Mario Brion. Siete hombres sobrevivieron: Miguel A. Giunta, Juan C. Livraga, Reinaldo Benavidez, Horacio Di Chiano, Rogelio Díaz, Norberto Gavino y Julio Troxler.

El Juicio 

A 70 años de la Masacre de José León Suárez, comenzará el Juicio por la Verdad impulsado por familiares de las víctimas y la Comisión Memoria, Verdad y Justicia de San Martín. Al estar los imputados fallecidos, no habrá condenas efectivas, sino que los familiares buscan obtener el reconocimiento de que los hechos narrados por Rodolfo Walsh en “Operación Masacre” fueron crímenes de lesa humanidad. El proceso estará a cargo de Alicia Vence, del Juzgado Federal N°2 de San Martín.

Las audiencias por los fusilamientos perpetrados entre la madrugada del 9 y 10 de junio de 1956 por la dictadura, que desde entonces fue conocida como “La fusiladora”, serán el 17, 18 y 19 de junio a las 9:30hs en el Auditorio Hugo del Carril, ubicado a pocos metros de donde ocurrió la masacre, en la calle Sáenz Peña 4151, en el partido bonaerense de San Martín. En diálogo con AGENCIA PACO URONDO, Berta y Majito Carranza, hija y nieta respectivamente de Nicolás, expresaron sus impresiones sobre el juicio:

Berta Carranza: “Para nosotros, que durante tantos años luchamos para que finalmente se haga justicia, es un logro hoy, teniendo en cuenta que tenemos un gobierno negacionista. La reflexión es que no hay tanta diferencia entre aquellos asesinos y estos que nos están matando de hambre con sus políticas”.

Majito Carranza: “Este juicio llega 70 años tarde, con un gobierno negacionista. Si bien este juicio se inició en 2023, desde 2022 comenzamos a reunirnos con otros familiares. En 2023 Berta dio su primera declaración y tres años más tarde finalmente llega el juicio.

Nosotros creemos que va a salir bien, van a ser declarados delitos de lesa humanidad. Después de tanta lucha de los familiares, en su momento de las viudas de los fusilados, que quedaron con el trabajo más duro: quedarse con la muerte de sus compañeros y tener que atravesar la crianza de sus hijos solas. Mi abuela crio seis hijos sola.

Este nuevo aniversario expresa seguir con esta bandera siempre en alto, que finalmente este juicio llegue a más gente y se conozca esta historia en las escuelas. No han cambiado tanto las cosas, tenemos a la principal líder política proscripta, perdimos derechos que habíamos adquirido, nos apalean y matan de hambre, no hay trabajo, sin educación ni salud. Todos aquellos planteos por los cuales lucharon y fueron fusilados en 1956 siguen más vigentes que nunca”.

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    Funeral masivo del Indio Solari en Avellaneda_07.06.2026_Daniela Morán
    Foto: Daniela Morán

Ensayo general para la farsa actual

09 Junio 2026

Con los años, muchos ricoteros desarrollamos una sensibilidad particular para percibir el nivel de autenticidad de algunas cosas, sólo de algunas. No se trata de una capacidad intelectual ni de una elaboración teórica compleja ni muy sofisticada. Es algo más elemental. Una sensibilidad que se construye lentamente, hecha de kilómetros recorridos, de amistades intensas, de charlas sinceras, de curdas interminables, de peligros sorteados y de todos esos pequeños datos que la vida va dejando en el camino cuando se vive de manera expuesta. Una forma de conocimiento que suele reconocer señales antes de que aparezcan las explicaciones, y que no proviene de los libros sino de la experiencia acumulada por el simple hecho de haber participado.

Hay una enseñanza que atraviesa toda la historia del Indio y que tal vez excede largamente al rock o lo estrictamente musical. Durante años se dijo que el fenómeno era inexplicable, como si aquella adhesión multitudinaria hubiera surgido de la nada o respondiera a algún tipo de hechizo social. Pero las cosas suelen ser más sencillas y más profundas a la vez. Al Indio lo hizo grande la gente porque él supo abrazarla antes. Porque nunca la observó desde arriba, nunca la trató como una audiencia a la que había que educar ni como una masa a la que había que conducir. El Indio supo reconocer en ella una sensibilidad, un valor, una inteligencia y una dignidad que otros no veían. Y la gente, que conoce demasiado bien la experiencia de ser utilizada, prometida, convocada o incluso traicionada, suele desarrollar una sensibilidad especial para reconocer la honestidad cuando aparece.

Con la política ocurre algo parecido. Ningún dirigente construye verdadera autoridad porque la reclame para sí mismo o porque la perinola de la rosca lo coloque como candidato a algo. La construye cuando es capaz de interpretar los sentimientos profundos de una comunidad y devolverlos transformados en acción, organización, dignidad y horizonte.

Y quizás por eso las experiencias políticas más fecundas son aquellas en las que el pueblo siente que no está siendo conducido por alguien ajeno, sino expresado por alguien que, antes que nada, se tomó el trabajo de comprenderlo. No es una cuestión menor. Desde hace años se extiende una sensación de desamparo que atraviesa generaciones enteras y sectores sociales muy distintos entre sí. La impresión de que nadie escucha verdaderamente, de que los esfuerzos cotidianos transcurren sin reconocimiento y de que problemas cada vez más complejos deben enfrentarse en una soledad cada vez más desesperante.

Mirado desde ese lugar, que cientos de miles de personas encuentren refugio emocional, identidad y sentido de pertenencia en la obra de un artista constituye un fenómeno admirable, pero también un llamado de atención. Porque revela una necesidad de representación que la política no está logrando satisfacer. Al Indio lo hizo inmenso el afecto de su gente, pero el hecho de que tanta gente deba buscar en una experiencia cultural aquello que antes encontraba en organizaciones, comunidades o proyectos colectivos dice algo importante sobre nuestro tiempo. Dice que existe una demanda de comprensión, de reconocimiento y de sentido que está solita y espera.

Un gran remedio para un gran mal

Durante décadas, el nombre de Los Redondos y de su gente fue arrastrado por las páginas policiales. Cada recital era narrado desde el señalamiento, cada multitud que se movilizaba era convertida en amenaza para la paz social, cada joven era reducido a una caricatura funcional a los prejuicios de la época. Éramos, para esa mirada, los eternos "vándalos" sin destino ni modales; los que masticaban chicle con la boca abierta, los que no trabajaban, los que vivían al margen y los que, según decían, sólo salían a romper.

Una parte importante del subsuelo más vulnerado y marginal de la sociedad, también de las clases medias, fue convertida en objeto de sospecha permanente, casi como si se tratara de una zona contaminada del cuerpo social que debía ser vigilada y contenida en un perímetro. No veían trabajadores, familias, jóvenes, estudiantes, profesionales o marginados buscando un lugar en el mundo; veían apenas aquello que sus propios prejuicios les permitían ver. Y así fue tomando forma una operación más profunda que la simple estigmatización de una tribu urbana o de una expresión de cultura popular. Se trató, en buena medida, como en tantos otros sectores, de divorciar al pueblo de sí mismo; de romper los espejos en los que podía reconocerse y reemplazarlos por caricaturas degradantes, diseñadas para que terminara aceptando como propia una imagen que le era completamente ajena.

Graciosos y valientes

Lo cierto es que quienes peregrinamos a cada misa durante años no recordamos únicamente los recitales. También recordamos una dignidad silenciosa que habitaba aquel universo ricotero. Esa multitud anónima de obreros, estudiantes, empleados, gremialistas, changarines y familias enteras aparecía una y otra vez, aunque cambiara la ciudad, el estadio o la época. Personas comunes sosteniendo vidas comunes, haciendo esfuerzos extraordinarios para regalarse una alegría. Había algo profundamente humano en aquellos encuentros. Quizás por eso aquellas canciones significaron tanto. No porque ofrecieran respuestas puntuales a los problemas, sino porque encontraban palabras para experiencias que muchos llevaban dentro y que casi nunca encontraban un lugar donde ser manifestadas.

Por eso terminábamos abrazados a personas cuyos nombres probablemente nunca llegaríamos a conocer. No había nada extraño en ello. Desaparecían las distancias que la vida cotidiana suele interponer entre unos y otros y emergía una forma de reconocimiento y unión difícil de nombrar. Aparecía una sensación tan intensa como infrecuente; la de ocupar un lugar dentro de una experiencia que nos excedía a todos. Un lugar que, para muchos de nosotros, tenía la intensidad de un centro de gravedad; ese punto excepcional alrededor del cual parecían ordenarse todas las cosas y desde donde el universo podía contemplarse de otra manera con los ojos cerrados. Luego de eso, volvíamos a casa, felices.

Lo que duele no es la goma, sino su velocidad

Por todo eso y más, lo ocurrido en estos días con la despedida del Indio tuvo algo de reparación histórica, de justicia tardía, de venganza poética.

Millones de argentinos pudieron ver lo que siempre estuvo ahí; un pueblo ricotero lúcido, sencillo, trabajador, familiar, solidario y profundamente respetuoso. Y es que no cambió la gente; cambió, por un instante, la mirada sobre ella. Desde la demonización de la juventud durante los años noventa hasta nuestros días, lo que estuvo en disputa no fue solamente la imagen pública de una banda de rock o de sus seguidores a los que había que hacer correr, sino algo mucho más profundo; la posibilidad de reconocer a cientos de miles de personas en su existencia real, con sus lenguajes, sus consumos culturales, sus formas de encuentro identitario, sus contradicciones y su dignidad concreta. Durante demasiado tiempo, ciertos sectores necesitaron fabricar una representación degradada de esa multitud de apariencia peligrosa, irracional, marginal, violenta y sospechosa.

Esa caricatura cumplía una función social y política. Si esa parte del pueblo era presentado como amenaza, entonces podía justificarse su disciplinamiento; si la juventud era convertida en problema policial, entonces se ocultaban las causas económicas, sociales y culturales que producían angustia, desarraigo y bronca.

En el fondo, nunca se trató de incomprensión, sino de administración simbólica. Nombrarnos desde afuera para quitarnos voz propia. Lógico, reducir una expresión popular a una escena de desborde permitía que otros conservaran intacta su mirada de superioridad, su miedo de clase, sus fantasmas y su necesidad de orden. Por eso la pelea nunca fue únicamente contra el morbo de una crónica periodística berreta, sino contra una forma de mirar al pueblo que primero lo distorsiona y después le exige que acepte esa distorsión como su cara real.

Lo que molestaba no era el ruido, ni el viaje, ni el tetra brik, ni la bandera, ni la apariencia, ni la canción. Lo que molestaba era que ahí había una comunidad viva, con relativa potencia, no domesticada; una forma plebeya de estar unidos, y que se organiza para cuidarse en la masividad. Eso había que romperlo. Y es precisamente allí donde la experiencia ricotera deja de hablar únicamente de música y de público para decir algo más amplio sobre la sociedad argentina. Porque lo que apareció durante la despedida del Indio excede largamente a una banda de rock. Habla de la persistencia de identidades colectivas que sobreviven a los cambios de época, a las operaciones culturales demonizantes y a los intentos permanentes de fragmentación social.

Pueblo y política

Acaso aquí aparezca la cuestión más profunda; las élites dominantes no sólo gobiernan cuando controlan la economía o las instituciones; primero gobiernan cuando logran imponer los rasgos y las palabras con las que una sociedad se mira a sí misma para quitarle toda la autoestima. Lo que estos días dejaron al descubierto es exactamente lo contrario. Esa multitud ricotera que tantas veces fue reducida a estigma era, y sigue siendo, una comunidad hecha de trabajadores y familias, con infinita capacidad de amar, agradecer y ser leal. Lo que empezó a resquebrajarse, aunque sea por un instante, fue la mentira que habían construido sobre toda esta gente durante tanto tiempo.

Como con casi todo lo que sucede con el Indio, hay algo más detrás de esta última experiencia como triste despedida. Como decíamos al inicio, cuando una comunidad encuentra dirigentes capaces de escuchar su sensibilidad profunda, de interpretar sus anhelos y de traducirlos en políticas concretas, se produce un encuentro virtuoso entre pueblo y política. Eso es lo que expresó la articulación entre la familia del Indio, su viuda Virginia, el gobernador Axel Kicillof y el intendente Jorge Ferraresi en Avellaneda. Ni un sólo disturbio entre cientos de miles. El Indio y su gente tuvieron el encuentro que correspondía.

Más importante aún, apareció una enseñanza que suele pasar inadvertida para la mirada apresurada y para el oportunismo de adentro y de afuera. Organizar significa prever, cuidar, anticipar problemas antes de que ocurran y hacer que miles de personas puedan encontrarse en condiciones de seguridad y respeto. Es el trabajo silencioso de articular voluntades, instituciones y capacidades distintas alrededor de un objetivo común. Cuando eso funciona la mayoría ni siquiera lo percibe; simplemente las cosas suceden bien. Pero lo reconoce. Y precisamente allí reside el valor de una buena gestión y de un político que entiende; en hacer posible lo extraordinario sin necesidad de convertirlo en un espectáculo demagógico para llevar agua al molino propio.

Mientras tanto, quienes siguen observando al país exclusivamente a través de sus prejuicios deberán continuar conviviendo con una realidad que nunca terminan de comprender. Un país hecho de memorias, símbolos y tradiciones que no caben en sus esquemas culturales. Un pueblo lllano que sigue reconociéndose en el peronismo como lenguaje de justicia social, en Malvinas como afirmación de soberanía, en Maradona como expresión plebeya de grandeza y en los Redondos como una forma de identidad masiva construida desde abajo. Tal vez la mayor dificultad de cierta Argentina antipopular no sea combatir esas expresiones, sino aceptar que forman parte constitutiva del país que detestan y que pretenden dominar.

Dolores dulces

La Argentina fue testigo de una despedida de dimensiones históricas que transcurrió en paz, como debe ser para un pueblo pacífico. Lo que merece ser destacado, aunque hoy no parezca asegurar nada, es que la política recupera su sentido más noble cuando deja de hablarle al pueblo desde arriba y vuelve a caminar a su lado. Cuando comprende que la cultura popular no es un problema ni una energía que disciplinar a los palazos, sino una fuerza vital que merece ser tenida en cuenta. Tal vez allí se encuentre la enseñanza más valiosa de estos días. Que ninguna transformación colectiva es posible sin una profunda comprensión de aquel que trabaja, sueña, canta, recuerda y conserva una extraordinaria capacidad para construir vínculos, afectos y lealtades duraderas. Ese que, aun después de años de incomprensión, sigue esperando una dirigencia política capaz de reconocerlo como protagonista de su propia historia.

Una dirigencia que no pretenda hablar en su nombre antes de comprenderlo. Sólo a partir de ese reconocimiento puede comenzar algo más interesante; la posibilidad de que esa enorme energía social, dispersa en miles de experiencias individuales, encuentre formas más conscientes y duraderas de organización. Que esa comunidad deje de reconocerse únicamente en los momentos excepcionales de alegría o de dolor y descubra también su capacidad de actuar sobre la realidad. En definitiva, la posibilidad de que aquello que hoy aparece como una multitud que se encuentra, se emociona y se junta, pueda asumirse algún día como un pueblo consciente de su propia fuerza y protagonista de su destino.

La Argentina fue testigo de una despedida de dimensiones históricas que transcurrió en paz, como debe ser para un pueblo pacífico.
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    INDIO EVITA

El Indio y el subsuelo sublevado de la Patria

09 Junio 2026

Al momento de intentar alguna humilde y acotada reflexión, aun con la sangre caliente después de los momentos vividos, de la emoción transcurrida, de la dualidad y la simbiosis entre la  “celebración”  y  el sentir profundo y doloroso de nuestro pueblo ricotero, evitaremos caer en la tentación de andar aclarando  nuestra condición o no de fieles ricoteros.

Esta aclaración es comparable con   aquellos que a la hora de reivindicar la figura de Francisco lo hacían desde la jactancia de su condición de ateos, como si para ser parte de las misas ricoteras  hiciera  falta saber rezar.

Para los militantes populares los sentimientos y la racionalidad no están disociados, al corazón caliente se le corresponde la cabeza fría, lejos de intentar un análisis sociológico del fenómeno, el Indio constituye un  refugio y una voz de ese subsuelo de la Patria que no logra sublevarse, sus metamensajes si fueron entendidos por las tribus de las periferias sufrientes y rotas 

Por favor, dicho con el mayor de los cariños   y sin herir ningún tipo de susceptibilidad, el mejor homenaje al Indio es no caer en el tribuneo ricotero, dejemos eso para los relatores de la realidad,  nuestro pueblo sufriente hace catarsis en esos sagrados refugios y eso merece un sagrado respeto.

No finjamos demencia, en todo caso y sin proponérselo  o no, eso es lo que menos importa ahora, el indio nos interpela a nosotros mismos  como movimiento popular, pone en superficie a esas tribus de las periferias que no logramos aún  expresar ni representar y a las que nuestros propios gobiernos populares no lograron  suturarles  sus  heridas.

El glorioso e inolvidable domingo 7 de junio asistimos a un peregrinar que, vaya paradoja para los auténticos “bárbaros victimarios” fue extremadamente “civilizado” y lleno de dignidad, con masiva afluencia de desarrapados, que son el resultado de más de cuatro décadas de pobreza estructural. Esto es lo que nos revela y le da anclaje y sentido a nuestra práctica militante.

Los sucesivos modelos neoliberales intentaron arrojarlos del mapa y no pudieron, los desarrapados allí estaban cayéndose y volviéndose a poner de pie, sosteniendo sus banderas como podían, pero sin dejar de hacerlas flamear. Lloraban mucho más que la partida del Indio, lloraban su propia desesperanza y su propia insatisfacción. Es nuestro  principal desafío  que la política los arrope,  les de satisfacciones y les reconstruya las esperanzas. SI NO HAY ESO QUE NO HAYA NADA.

En ese peregrinar resistente y politizado  encontremos la fuerza y el ejemplo para no permitirnos ni el desánimo ni mucho menos la derrota.

Las canciones son hermosas, pero por si solas  no cambian el mundo, lloremos y celebremos al Indio, pero asumamos el desafío de la política , el de lograr de que una vez y para siempre ese subsuelo de la patria se subleve , que derrote y destierre a Milei para construir  la Victoria.

GRACIAS INDIO.

El autor es un militante del Movimiento Evita.

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    Concentración masiva y espontánea en Plaza de Mayo por la muerte del Indio Solari_Noelia Guevara
    Foto: Noelia Guevara

Responso para el Indio por un cura ricotero

08 Junio 2026

El Padre "Pancho" me abraza. Le agradezco. Le decimos cura ricotero porque le hizo un responso al Indio y se ríe.

Cuando llego al ayuno están todos durmiendo. Me acuesto. Hablo de religión con un compañero, siento que no entiendo nada y asumo que el catolicismo no es catequesis del colegio.

Tomamos mates, charlamos, nos reímos. Parece un retiro espiritual.

Cada unas horas tenemos controles de presión, nos cuidamos en conjunto, sabemos del hambre del Pueblo, de las personas con discapacidad, de como nos hierve la sangre en nuestro Pueblo que parece dormido.

¿Viste cuando sentís las oraciones? Le digo a una compañera, y me acuerdo: "Señor, perdóname porque no se puede hacer huelga con la propia hambre. Yo me puedo ir, ellos no." Sonrío.

Las oraciones se oran, pero fundamentalmente se viven. La comunidad, la solidaridad, el abrazo.

Los curas me dicen que soy la hija de Norita (me dicen que soy la hermana de todas las batallas), se ríen.

Estoy feliz donde tengo que estar, junto a mis compañeras y compañeros.

Con Fabián Grillo (papá de Pablo), en el medio de la misa religiosa, pero sintiendo la misa ricotera.

Hay ruido de platos vacíos como dijera el Indio, y no vamos a dejar de luchar hasta que la dignidad sea costumbre.

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    Funeral masivo del Indio Solari en Avellaneda_07.06.2026_Daniela Morán
    Foto: Daniela Morán

Murió el Indio: una tarde en la que se detuvo el tiempo

08 Junio 2026

Estaba trabajando cuando llegó la noticia. Habían pasado apenas siete minutos desde el comunicado. Miré la pantalla y sólo pude escribir un mensaje: "Murió el Indio".

No escribí lo que realmente sentía. Debería haber dicho: me duele el Indio en todo el cuerpo.

Sentí cómo los músculos del rostro se me caían (dice Stanislavsky que la tristeza es así) y cómo el tiempo volvía a jugar una de sus trampas. Una de sus tantas trampas.

De golpe, toda mi vida quedó yuxtapuesta en una misma tarde. Había un videoclip delante de mis ojos que hubiera preferido no ver.
No en este tiempo. Pero el tiempo de Dios no es el de los hombres, dice San Agustín. Y el rayo de Zeus cae, vaya a saber en cuál de los dos tiempos.
Salí rumbo a mi otro trabajo y me bajé en un asentamiento. Todo parecía ocurrir en cámara lenta, en un despojo desconocido.

No encontré respuestas. Los recuerdos llegaban como ráfagas en la cara: golpeaban y corrían.

Volví a ver aquel punzón con el que esculpí Gulp! sobre un bloque de yeso apoyado en un banco de madera. Había un rodillo pequeño y tinta.

Un objeto insignificante para cualquiera, pero hoy convertido en un lujo íntimo. Volvieron también las preguntas de la niñez: quién era Drácula y por qué usaba tacones; qué escondían aquellas letras que parecían venir de otro mundo. El desconocido, el mundo de las palabras que creaban incógnitas. 

Algo que más tarde me vendría muy bien. 

Sus palabras hacían de mi universo un lugar habitable. Aunque no por eso, menos desconocido y laberíntico. Hay algo en la poesía, en su forma metaforizante de asir el mundo que es indecible. 

Recordé una caminata interminable bordeando la Avenida Santa Fe mientras sonaba Tarea Fina en un discman Aiwa, y las lágrimas parecían caer por primera vez con fuerza, como las gotas en una ventana.

Aparecieron escenas dispersas: una media colgada de un picaporte, la casa de una amiga, un perro que dinamitaba los bordes de nuestras clases autodidactas de rock. Y el baile, claro, ese que se hacía con la media de toalla. Tan elongadas como resistentes. Pero como dijo él : “El rock es un pensamiento político bailable”.

San Telmo volvió a ser la patria amada, aunque nunca hubiera necesitado una bandera ni una letra que la explicara. ¿Será por eso que no tiene letra?

También regresó el cine: Eisenstein con su fuerza acorazada.

Y volvieron los nombres propios. Sole Rosas sobrevolando a los amigos. Las personas que reaparecen cada vez que una canción abre una puerta.
Por eso no lloro solamente a un músico. Lo lloro en cada pedazo de historia que fui. En cada poema que mi cuerpo pudo asumir. En cada vez que una canción consiguió poner palabras donde no las había.

En la poesía del Indio había consuelo. En sus versos había una mitología de la bondad, una manera de nombrar el mundo. Su carisma tenía algo paternal. El Indio no fue un hijo del rock argentino: fue una de sus formas más complejas y duraderas. Un mito que no lograré descifrar.

Su obra dejó una mirada sobre el país, sobre la amistad, sobre la derrota y la esperanza. Una mirada que dialoga con la tradición de Roberto Arlt y con las calles de mi barrio y ahora que me leés del tuyo también. Una presencia que seguirá  existiendo incluso en la ausencia.

Por eso su muerte no cabe en un comunicado ni en un titular. No hay tal muerte. Hay tanta vida fugándose por las palabras.

El Indio será  el lugar al que volveremos para reencontrarnos con nuestros amigos, con nuestras versiones pasadas y con aquello que todavía somos.

Él es una patria íntima.

Y permanece como un cerezo. En la inmanencia de las almas que habitó. 

Larga vida al rey.

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    Retrato a Guillermo Moreno
    Foto: Juli Ortiz

Guillermo Moreno: “La situación económica se está agravando y es insostenible”

08 Junio 2026

Oportunamente, en "Venían a fortalecer al Sector Privado, pero lo están fundiendo Parte I "(BAE Negocios 11-05- 2026), se expuso que la actual Gestión no prioriza la Economía Reali, situación palmariamente demostrada al estar ausente, como centro de atención, de la agenda de gobierno.

A su vez, dada su desidia y falta de formación, puestos a administrar "la cosa pública", la falta de coordinación entre las Políticas Fiscal, de Ingresos y Monetaria es su sello de origen.

En este último caso, se explicó in extenso el paradojal mal uso del "instrumento dinero" -diseñado a lo largo de centenares de años por diversos pueblos y comunidades- que el Banco Central de la República Argentina (BCRA) realiza cuando implementa sus decisiones.

Así, el Órgano Rector parece desconocer la relación simbiótica entre:

la cantidad de transacciones que se realizan de Bienes y Servicios,

el nivel de la Oferta Monetaria (OM) ii

y

el aumento generalizado de precios o Inflación.

Va de suyo que a una suba considerable de importes con la misma cantidad de medios de pago, solo le corresponde una disminución (Recesión) de compras y ventas.

En el primer cuatrimestre del corriente año, la Inflación acumulada es de aproximadamente el 12,50%; sin embargo, la cantidad de dinero, medida tanto por OM como por Base Monetaria (BM) iii, es menor.

Así las cosas, el efecto es evidente: se mantiene la Depresión iv que se observa en la Economía Urbana v.

Ahora bien, al analizar el Sector Externo vi, se observa que el Superávit Comercial -que este año puede orillar los USD 21.000 M- es inferior al monto que las familias argentinas demandan de Activos Externos.

No obstante, es dable resaltar que aún se deben procurar los dólares necesarios para honrar otros compromisos: intereses de la deuda -tanto del Tesoro como de los privados- con agentes no residentes, servicios devengados y dividendos a los accionistas del exterior.

Por lo tanto, es obvio que a este notorio defecto en la generación de divisas solo se lo puede corregir con incremento de deuda con el exterior, ya sea de origen privado (contratos de mutuo, obligaciones negociables, u otros instrumentos) o estatal (con organismos multilaterales, fondos, y bancos de inversión).

Resulta claro, al estudiar las Cuentas Nacionales, que esto último es lo que está aconteciendo.

Durante el presente cuatrimestre solo el Poder Ejecutivo, considerando al BCRA y a la Secretaría de Hacienda, se endeudó circa de USD 10.000 M por mes.

Naturalmente, a medida que pasa el tiempo, la situación se agrava hasta que el punto de ruptura la haga insostenible.

Esto lo percibe "el mercado" y opera en consecuencia.

Algunos actores relevantes hasta sugieren que dejen de lado sus "concepciones anarcocapitalistas" y se dediquen a administrar la economía priorizando la "reelección presidencial" (sic)vii.

Pero eso no ocurrirá y las decisiones empresariales deben tomarse considerando que, como ellos sugirieron varias veces: "morirán con las botas puestas "viii.

En este marco, entonces, se irá espiralizando...

El desorden

La disciplina económica ha enseñado que hay tres fuentes de creación de dinero, estas son:

Crecimiento de la Actividad: el Sistema Financiero Ampliado recibe demanda de créditos para iniciar o expandir emprendimientos a todas luces rentables, pero que no pueden satisfacer por no poseer capacidad prestable. Renglón seguido; solicitan a la Autoridad monetaria un redescuento (préstamo) que será reembolsado;

Déficit Fiscal: el Sector Público no recaudó lo suficiente para honrar sus gastos y le ordena al BCRA que le gire los fondos para cumplir con los compromisos;

e

Ingreso de Divisas: entran dólares al BCRA (por exportaciones, deuda -pública o privada- o inversión extranjera) y este emite pesos en contraparte.

Como no hay Superávit Fiscal -el Déficit en cuestión se acumula como deuda- y el Aparato Productivo (salvo contadas excepciones), no se expande; la tercera opción es la que permitiría aumentar la cantidad de dinero.

Sin embargo, este no crece.

Ello es así, dada la esterilización (secar la plaza), que realiza el propio Gobierno vendiendo bonos.

Si así no lo hiciera, el Ejecutivo tendría un enorme temor fundado de que, con esos pesos se vuelvan a comprar dólares (dado lo "barato" de su precio), iniciando una corrida cambiaria.

El camino elegido para la acumulación de reservas no es el correcto, ya que se empeñan en sacar de circulación los pesos que emiten para comprar las divisas disminuyendo "el combustible" que generaría una mayor demanda en el mercado.

Por todo ello, queda de manifiesto que la política monetaria no acompaña a la cambiaria y ambas sostienen la Depresión urbana y el círculo vicioso que hoy rige en la economía.

Es hora de cambiar, dentro de la Ley y el Orden, antes que la Supercrisisix heredada alcance el estadio de Hipercrisisx anómica.

Ante este escenario caótico, como se puede apreciar, resulta necesario que la Dirigencia Empresarial, Sindical, Social, Política y Religiosa, mancomunadamente, siente las bases de la transformación hacia un Modelo de Producción y Trabajo como el mundo facilita.

¡Dios guíe a nuestros decisores!

Agradecemos la colaboración de Roberto Nuesch

 

i[1] Se utiliza la denominación de Economía Real, para diferenciar aquellas empresas que no pertenecen al Sistema Financiero Ampliado (Agentes financieros de todo tipo, Bancos tanto mayoristas como minoristas , las instituciones del Mercado de Capitales y las de Seguros o Reaseguros). Específicamente son las proveedoras de Bienes y Servicios.

ii[1] Oferta Monetaria: es la Base Monetaria más el dinero generado por las entidades bancarias a partir de los préstamos que realizan a terceros, con los depósitos recibidos de las personas humanas o jurídicas.

iii[1] La Base Monetaria está compuesta por el Circulante ("tenencia" de privados y estados) y Encajes (ídem del Sistema Bancario en su propia caja y en el BCRA).

iv[1] Una Depresión Económica es el grado más severo de una intensa Recesión. Se caracteriza por:

una caída drástica de variados Grupos, Subgrupos y Ramas del Aparato Productivo, incremento del Desempleo, reducción del Consumo además de la Inversión y presenta una duración cuyo recuento es en años.

v[1] Se llama Economía Urbana, a aquel conjunto de actividades productivas, tanto de Bienes como de Servicios, que desarrollan tanto en ciudades, pueblos y parajes, o a la vera de estos, que no incluye a las grandes extensiones agrícolas y a las laboriosidades extractivistas (minería, energía, pesca, entre otras).

vi[1] El Sector Externo comprende: la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos, que a su vez está integrada por: la Balanza Comercial (diferencia entre la exportación e importación de bienes); la Balanza de Servicios, resultante de ingresos y egresos monetarios generados por seguros, fletes, turismo, aplicaciones informáticas, dividendos y otros; la Balanza de Transferencias Unilaterales, que aglutina las remesas, donaciones o ayudas monetarias a no residentes y la Balanza de Rentas, reúne todas las entradas y salidas que se generan por los factores productivos nacionales en el exterior, o de sus titulares no residentes en nuestro país.

vii[1] Sic.: confirma que el texto anterior cita de manera exacta y textual los datos de las fuentes periodísticas.

viii[1] Morir con las botas puestas: es un dicho popular de origen militar que alude a los soldados que caían en combate vistiendo su uniforme completo. Se popularizó a nivel universal en el sentir del pueblo gracias al célebre filme clásico "Murieron con las botas puestas" (1941) de Raoul Walsh, el cual narra la trágica caída del general George Custer en Little Big Horn.

ix[1] Se define como Supercrisis, a la situación generada por la Administración 'Cambiemos', a partir de la convergencia de dos desequilibrios macroeconómicos: el Fiscal, parecido al que provocara el colapso del Gobierno del Dr. Ricardo Alfonsín, y el Externo, similar al del Dr. Fernando de la Rúa.

x[1] Se denomina Hipercrisis, al estadio anómico posterior a la Supercrisis, provocado por la agravante ausencia de legítimos emergentes políticos que funjan como garantes de la restitución del orden.

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    Concentración masiva y espontánea en Plaza de Mayo por la muerte del Indio Solari_Noelia Guevara
    Foto: Noelia Guevara

La misa de los bárbaros: ser, estar y resistencia en el fenómeno Patricio Rey

08 Junio 2026

I. El dilema que no cesa: Civilización o Barbarie

"La vida de un pueblo es una realidad tejida de historia y de cultura."
— Saúl Taborda, citado por Fermín Chávez


Cuando Domingo Faustino Sarmiento clausuró el horizonte político argentino bajo la fórmula 'civilización o barbarie', no estaba describiendo una tensión histórica: estaba codificando un modo de silenciar. Como señala Fermín Chávez, la fórmula era 'muy corta y por eso muy deficiente', pero su eficacia residía precisamente en eso: en su poder de reducción. Toda la complejidad del sujeto popular —el gaucho, el criollo, el mestizo— quedaba aplastada bajo el rótulo de la barbarie, fuera del campo de lo pensable y lo legítimo. Casi dos siglos después, esa operación sigue activa; solo que los 'bárbaros' de hoy no cabalgan en la pampa: se congregan en estadios, pueblan autobuses desde el interior profundo, y reconocen en Patricio Rey algo que los medios hegemónicos se niegan a nombrar: una identidad, una comunidad, una mística, la expresión de una parte del ser nacional.

Rodolfo Kusch nos advierte que el problema es más hondo que una disputa política. En su obra sobre el hombre americano, Kusch distingue dos modos de existir: el ser —el 'ser alguien' del proyecto burgués occidental, que requiere pulcritud, ascenso, negación del suelo— y el estar —ese 'estar aquí nomás' que define el modo americano profundo de habitar el mundo, anterior a cualquier proyecto individual y radicalmente comunitario. La fórmula sarmientina no es solo una ideología: es la imposición violenta del ser sobre el estar, de la ciudad sobre la pampa, del frac sobre el poncho. La misa ricotera, en este ensayo, es el nombre de ese estar que se niega a ser cancelado.

II. El hedor y el pánico moral: la reproducción del silencio

Cada vez que las multitudes ricoteras se congregan, los medios del régimen liberal activan un repertorio interpretativo que Fermín Chávez ya habría reconocido sin dificultad: el vocabulario de la barbarie. 'Hordas', 'desmanes', 'peligro', 'caos', 'multitud', 'morochos', 'conurbanos', 'periferia': las mismas palabras con que el unitarismo letrado del siglo XIX leyó a los caudillos y sus montoneras. Alcira Argumedo nos recuerda que la matriz eurocéntrica opera mediante silencios activos: no solo calla lo que no quiere ver, sino que cuando lo nombra, lo hace desde categorías que ya contienen su condena. La política del presente guarda algo de esta denuncia.

Kusch tiene un nombre para lo que la cultura dominante desprecia en el sujeto popular: lo llama el hedor. Frente a la pulcritud del ciudadano europeo —ese 'ser alguien' que se construye sobre la negación de su suelo y su cuerpo—, el hedor es la marca de quien vive enraizado en la tierra, de quien no ha cortado el cordón umbilical con América. El miedo burgués al ricotero es, en el fondo, el viejo miedo kuscheano al hedor: el temor de quien ha apostado toda su identidad al pulimento a que lo profundo y lo popular le recuerde que debajo de la ciudad hay un suelo, y que ese suelo tiene sus propias leyes, su vocabulario, su tradición. Por eso la condena mediática y de parte de una parte del poder no es meramente política: es ontológica. Se condena un modo de ser —o mejor, un modo de estar, un reveival de la barbarie denunciada por Sarmiento.

III. El pogo como estar: comunidad, suelo y conjuración colectiva

"¿Pero no será el mero estar ese magma vital primario de donde todo sale de nuevo: naciones, personajes, cultura?"
— Rodolfo Kusch, Geocultura del hombre americano

Nada irrita más a la sensibilidad 'civilizada' que el pogo ricotero. En su superficie, parece confirmar todos los prejuicios: masa en movimiento, cuerpos transpirando, aparente irracionalidad colectiva, hedor, expresiones de malestar para la moral “civilizada”. Pero quien haya estado adentro, y quien estudie el fenómeno con honestidad intelectual, sabe que el pogo es todo lo contrario del caos individualista que el mercado produce cotidianamente. Kusch, en su análisis del ritual indígena en Geocultura, señala que el ritual no sirve para 'modificar la realidad objetiva' —como haría la técnica occidental— sino para algo más primordial: para conjurar el mundo, para restaurar el lazo comunitario con lo que está más allá del individuo. El pogo es exactamente eso: una conjuración colectiva, una apuesta identitaria, fortaleza defensiva al sistema.

En los términos de Argumedo, esto se conecta con la noción de una naturaleza humana radicalmente social en el pensamiento latinoamericano, donde el individuo no precede a la comunidad sino que se constituye en ella. Pero Kusch agrega una dimensión que Argumedo no desarrolla: la del suelo como condicionante cultural. El geocultural kuscheano sostiene que el pensamiento no puede separarse del territorio que lo produce; que hay un 'pensar natural' que se recoge en las calles y en los barrios de la gran ciudad, y que ese pensar tiene su propia coherencia, irreducible a los sistemas importados. El estadio ricotero, repleto de personas llegadas desde quinientos kilómetros, era también un acto de reconocimiento geocultural: el suelo americano que se reencuentra con sus propias voces, la cultura contiene una expresión comunitaria a que reconoce como propia.

IV. La fagocitación y el Indio: el estar que canaliza

Kusch introduce uno de sus conceptos más potentes para pensar lo que ocurre en la misa ricotera: la fagocitación. América, argumenta, no es un espacio pasivo que recibe la cultura occidental y la imita: es un suelo que absorbe, transforma y reelabora lo que viene de afuera según sus propias matrices profundas. Lo fagocitado no desaparece, pero cambia de sentido. En este marco, Los Redondos no fueron simplemente una banda de rock —forma musical nacida en el norte anglosajón— sino el producto de una fagocitación: un artefacto cultural occidental absorbido por el suelo americano, moldeado por las desventuras del ser nacional y transformado en algo radicalmente distinto, en un rito plebeyo que habla desde el estar y no desde el ser. 

El Indio Solari cumple en este proceso una función que Argumedo llamaría la de un intelectual periférico: alguien que no habla desde las academias legitimadas por el centro, sino desde los márgenes donde las 'otras ideas' conservan su vitalidad, el pensamiento de Solari fue vital para varias generaciones, porque no solo generó conciencia, sino que se sirvió de la propia conciencia que emanaba de su público, la misa adquiere un sentido duplico de conciencia que atravesó al propio pastor. Pero desde Kusch podemos precisar más: Solari es un canalizador del pensar natural que se ve activo en los barrios y en las calles, ese saber que no aspira a 'ser alguien' sino que se limita —y en eso radica su grandeza— a 'estar aquí', a nombrar la experiencia de quienes viven en el subsuelo social sin vergüenza ni redención prometida. Sus letras no ofrecen proyecto: ofrecen presencia. Y esa presencia, para los sectores populares embestidos por décadas de derrota, tiene el valor de una confirmación ontológica. 

V. El interior que irrumpe: potencia del estar americano

Existe una geografía implícita en la misa ricotera que merece ser leída desde Kusch antes que desde la sociología del espectáculo. Cuando los recitales de los Redondos convocan decenas de miles en ciudades del interior profundo, y cuando multitudes se movilizan desde pueblos y parajes para llegar a esos encuentros, está ocurriendo algo que el geocultura kuscheano anticipó: el suelo americano, ese que Sarmiento llamó 'barbarie' y que el iluminismo argentino trató de negar durante un siglo, se moviliza y reclama presencia. No como proyecto político articulado —eso sería volver al 'ser alguien'— sino como puro estar: como la afirmación de que se existe, de que se ocupa un lugar, de que hay un suelo y ese suelo tiene sus voces. La misa es movilización, y cuando hay desplazamiento popular el orden liberal comienza a estar cuestionado.

Chávez pedía invertir la fórmula del equívoco. Argumedo nos daba las matrices alternativas para pensarlo. Kusch nos muestra dónde vive esa inversión: no en los manifiestos ni en los programas, sino en el magma vital primario del estar americano, en ese hedor que la pulcritud occidental no pudo extirpar del todo. La misa ricotera no es un fenómeno de masas indiferenciadas: es una de las formas en que ese estar resurge, se hace cuerpo, se convierte en rito. En ese estadio repleto, en ese pogo que cuida y sostiene, en esa letra que nombra lo innombrado desde el subsuelo, hay una civilización. No la que importamos del mundo sajón. La que respiramos y compartimos todos los días.
VI. La negación civilizada: el cuerpo que no cabe en ningún palacio

Con la muerte del Indio Solari el país experimenta en tiempo real una nueva versión de la operación sarmientina. La familia solicitó que el velatorio se realizara en el Congreso de la Nación. Cualquier analista hubiera adivinado la respuesta: el Palacio Legislativo, se argumentó, “no reúne las condiciones de infraestructura, logística y seguridad necesarias para un evento de esta magnitud”. Técnico, aséptico, civilizado.

La familia buscó entonces Racing Club —el Cilindro mágico de Avellaneda, el estadio Presidente Perón, territorio popular e histórico donde la misa por el 98 —. Pero también fue negado. El argumento, previsible: seguridad, casi un reflejo de la respuesta oficial. Es que en menos de dos semanas el presidente de Racing volvió a comportarse como un representante de la Pandilla del Barranco que caracterizó Jorge Abelardo Ramos, esa Pandilla de hombres liberales de buenos modales que tenía como norte el intercambio con Gran Bretaña. No comprender la vinculación del fútbol con el Indio y omitir la relación directa de Racing con los Redondos debe ser visto y denunciado como un nuevo de tabula rasa de Diego Milito contra la identidad popular del club de Avellaneda. Kusch diría que no es casualidad: el poder siente el hedor, el príncipe Milito con sus trajes comprados en Milán es un experto en auto percibir hedor. Siente que en ese estadio repleto de ricoteros no hay orden posible, no hay protocolo que contenga ese estar que desborda toda categoría administrativa. Frente al hedor, la respuesta civilizada es siempre la misma: cerrar la puerta con guante blanco y Milito sabe mucho del tema.

El cuerpo terminó en el Polideportivo Gatica, en Villa Domínico, Avellaneda —Provincia de Buenos Aires—. No en el recinto de los legisladores. No en la capital. El pueblo bonaerense abrió lo que la sensibilidad liberal se encargó de cerrar. Y en ese desplazamiento involuntario hay una enseñanza que Jauretche hubiera celebrado: cuando el poder le niega al sujeto popular los espacios del centro, el sujeto popular vuelve, como siempre, a su propio suelo. No lo hace como derrota. Lo hace como confirmación ontológica: el estar americano no necesita de palacios para existir. Ya existe. Y esa existencia es, precisamente, lo que el poder no puede administrar. El Indio se convierte en un fantasma fundamentalista que ojalá pronto empiece a recorrer Argentina, junto con él, una masa amorfa, con barro y con oro, desplazada por el poder, pero que sabe de resistencia y también de dar vuelta la taba.

El autor sostiene que el fenómeno de Los Redonditos de Ricota no fue simplemente un movimiento musical masivo, sino la expresión cultural más potente del sujeto popular argentino que resiste, desde siempre, la operación de exclusión que arranca en Sarmiento y continúa hasta hoy: la que llama "bárbaro" a todo lo que no encaja en el molde europeo y burgués. Apoyándose en Kusch, argumenta que la "misa ricotera" encarna un modo americano y comunitario de existir —el estar— que se niega a ser aplastado por la lógica del ser occidental, y que el reciente rechazo del velatorio del Indio Solari tanto en el Congreso como en Racing no fue un problema logístico, sino una nueva versión de esa misma exclusión histórica que el pueblo, como siempre, terminó convirtiendo en afirmación de su propia identidad.

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INDIO ETERNO

El exorcismo popular ricotero en tiempos de crisis civilizatoria

07 Junio 2026

El Indio Solari y Los Redondos constituyen el hecho social contracultural más grande de la historia de nuestro país. No solo lograron condensar un movimiento popular de fiesta, celebración y exorcismo simbólico del pueblo trabajador, sino que además le dieron una dirección anticapitalista y contra-moderna innegable.

La cultura popular que manifiesta el ADN ricotero, se alimentó y creció por fuera de la órbita de la lógica mediática e institucional. Logró la masividad sin ser jamás un producto para vender como novedad, sino encarnando y dando forma especifica a las fuerzas telúricas del pueblo.

Las canciones de Los Redondos y el Indio son encarnaciones poéticas de quien sabe expresar el nervio colectivo, un espíritu familiar y un corazón revolucionario.

Ante una civilización que invierte y malversa neurótica o psicopáticamente el sentido de las cosas, el Indio (quien fue tenido en brazos por Eva Perón cuando era un bebe) optó por dar una vuelta más al sentido y forma de decir las cosas como acción artística y política desenmascaradora. Lo hizo apelando a una poética sofisticada desde el más llano y próximo lenguaje popular, empilchado de empleado público, o con overol de plomero, aun siendo el máximo referente del rock nacional.

Manifiesta más que una propuesta, es la encarnación concreta de una oposición a la psicopatía narcisista moderna-occidental desde una psicodelia comunitaria, popular y combativa. Frente a las patologías de esta crisis de sobremodernidad que estamos atravesando, el Indio, los redondos y la cultura popular ricotera son medicina.

No hay mayor experiencia de unidad que estar en una peregrinación, una misa y, máxima consagración, un pogo ricotero. Mientras leía hace una década el “Origen de la tragedia” donde Nietzsche describe la manifestación del ser a través del arte dionisiaco, el coro como comunidad de transformación, la superación de las jerárquicas sociales en el coro báquico, en fin, el sentimiento de unidad que borra los abismos sociales de la configuración civilizatoria occidental, no podía más que pensar en las misas ricoteras.

La poética del Indio es todo lo opuesto a la lógica algorítmica de la Inteligencia Artificial y la industria cultural automatizada, su poesía, apela a la paradoja y a una narrativa lunfarda, inseparable de una episteme popular y sin grietas, difícilmente accesible a la colonización digital y algorítmica de la nueva Roma decadente.

La poética del Indio es todo lo opuesto a la lógica algorítmica de la Inteligencia Artificial y la industria cultural automatizada
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La construcción de la mujer en las letras del Indio Solari

06 Junio 2026

* Artículo publicado por primera vez en 2017

Las letras del Indio Solari han sido siempre presas de análisis, algunos seguramente más valederos que otros. Por lo general abundan interpretaciones personales sobre canciones particulares. Si bien intentamos buscar cierta generalidad esto no escapa a lo personal, una lectura más. Siempre enunciando que si en algo estamos bastante de acuerdo es que lo que atrapa del tema (más allá de su hermetismo) es el enfoque novedoso que el Indio tiene al encarar una canción.

Mi genio amor

Desde el principio de la discografía de los redondos podemos ver que la construcción de la mujer y su femineidad no es la habitual dentro de la que construye el Rock en estas pampas (y tal vez en otras). “Puede alguien decirme? / Me voy a comer tu dolor!” grita desesperada la voz poética de El infierno está encantador. Y si bien habla a un público general, se puede inferir esa necesidad de alguien con iniciativa y personalidad. Una imagen fuerte y con actitud. Y en el escenario inverso “Está tendiendo una trampa para nuestro amor”.

La misma mujer, ejerciendo poder, puede verse en Ella baila con todos “paseando su mirada, / y cuando toma tu copa, /brinda por tu amor” en esa vía aparece nuevamente la mujer como epicentro de la acción y de decisión junto a una sensualidad paralizante, y un público boquiabierto a pesar de que ingenuamente “cree que es invisible esta vez / a los ojos de todos los tontos / que saben su lunar”.

Un juego rico de amores

El Indio no sólo describe esta mujer, la pone en juego con el yo poético de sus canciones “Sobrio no te puedo ni hablar /Estoy perdido sin mi estupidez” y “Le das la copa al fin, vencedor”, emblemas del ricoterismo, advierten también cierta vulnerabilidad en el hombre. Cierto desengaño del poder o de las formas de la seducción, pone de relieve cuan estúpido puede ser el hecho de la conquista, y lo demuestra también cuando dice “Siempre fui menos que mi reputación”.

Ese es un tipo que sabe que el cancherismo (y acá estoy imaginando al personaje de Capusotto, el que nunca la pone) no es más que una serie de modos, de poses y no queda otro remedio más que emplearlas, porque son convenciones sociales y, como buen observador de la realidad, entiende cómo funcionan y las denuncia o, por lo menos, hace notar que son una pavada. Y así lo hace en su etapa solista “Entonces me hace creer/ que me va a necesitar/ más que a anda en el mundo” Entonces no es sólo un juego retórico, sino, en términos sociológicos, ver y desentrañar cómo actúan las personas en estos casos.

A juicio personal me ha tocado escuchar varios de los imitadores de lo peor de Los Redondos, esos que pululan por todos lados. Parecen no haber comprendido un pomo de este tipo de construcción. El caso más paradigmático, Pier, con esa funesta frase “La vela vas a soplar”. Un diagnóstico apresurado diría que la falta de sensibilidad produce taras irreversibles a los que desean ser estrellas de rock, los pomelitos de la vida. Por fuera de este paréntesis seguimos.

Las pibas

Otro tipo de mujer orbita en el universo Solari. La mujer pobre, excluida. En ese plano suelen ser jóvenes, chicas proletarias, por caso ya mencionado La piba del blockbuster con “Un sweater que hace tiempo ya / Le queda muy chico”. Suelen ser mujeres exaustas, agotadas, al borde de la catarsis "Ya se cansó de dormir todo el tiempo en sillones/ y de taparse la boca para no gritar" dice en Una piba con la remera de Greenpeace. Incluso en los lugares más marginales de la vida esta mujer padece las mismas miserias el agotamiento y necesidad de libertad "Sueña con que su rollo sea/ película de amores suaves". Estas dos últimas canciones, publicadas antes de la crisis del 2001, son parte de esa mirada profunda sobre la realidad social de un país, lo que el Indio respira, al igual que todos nosotros, puede sintetizarlo en frases contundentes sin caer en lugares comunes.

Cuidémoslas

En el recital de Junin en 2011 el Indio Solari, Luego de tocar La murga de la virgencita declaró "Cuidemos a nuestras pibas, las nenitas del barrio; la prostitución es una elección de los adultos". Dijo en referencia al caso de Candela Rodríguez, una niña de 11 años que fue secuestrada el 22 de agosto de ese año en Hurlingham, y hallada muerta el 31 de ese mismo mes. Un gesto que además de demostrar su repudio ante la trata de personas, concientiza a los cientos de miles de personas que asisten a sus recitales.

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INDIO ETERNO

El Indio Solari no tiene quien lo explique

06 Junio 2026

* Artículo publicado en noviembre de 2010, luego de un multitudinario recital en Tandil, provincia de Buenos Aires

Ahí, arriba, está el mito. Cantando cada vez mejor, como todo mito. Abajo, están las 80, 100 mil personas que viajaron desde cualquier lugar del país para verlo, como siempre desde hace más de veinte años. Mezcla rara de espectáculo con entradas a casi 30 dólares y parafernalia de “show internacional”, fiesta popular inexplicable y estética plebeya nunca del todo digerida por el establishment cultural y comercial del país.

“Esto no tiene explicación”, señaló el Indio en sus pocas intervenciones. Ningún otro artista argentina genera lo que este hombre: a pesar de su escasa exposición pública y/o mediática y de esporádicas presentaciones sin publicidad, se las arregla para ser cada vez más convocante. ¿Puede explicarse? Dejando de lado las obvias cualidades artísticas del Indio y los Fundamentalistas de Aire Acondicionado, apuntaremos algunas reflexiones ad-hoc.

- Lo que te debo como ilusión: el público que tomó por asalto Tandil es heterogéneo, policlasista y atraviesa varias generaciones. Desde chicos de 18 años, hasta jóvenes que ya buscan los 40; tipos provenientes de las barriadas más pobres de Berazategui y otros que llegaron en autos último modelo y que se alojaron en hoteles cuatro estrellas. Sin abusar de Ernesto Laclau, podríamos observar un Indio populista, polisémico, que funciona como “significante vacío” interpelando a amplias y variadas demandas, deseos y universos ideológicos. Laclau incluye, y vaya si se vio el sábado, al elemento emocional como puente necesario entre sentidos y demandas.

- Ladren lo que ladren los demás: No aceptamos la imagen de un Indio Solari antisistema. Miente esa definición, aunque debemos reconocer en el artista una trayectoria y una estética que nunca se han llevado del todo bien con lo que podríamos denominar el establishment cultural argentino. Nuestros intelectuales le desconfían por rockero y por buena parte de sus seguidores: hasta hace poco ese desprecio se expresaba en una pregunta cruel: “¿creés que esos chicos entienden tus canciones?”. Con los suplementos culturales y los periodistas de rock pasa algo similar: incomoda este hombre que prácticamente no da entrevistas, que no adelanta primicias de conciertos o discos, y que ha mantenido, con bastante elegancia, su autonomía respecto de grandes estudios y lógicas comerciales (en buena medida, los financistas de esos mismos suplementos).

- Tics de la revolución: después de los 80 y sobre todo en los 90, el rock se volvió un rasgo identitario de la juventud. La “crisis de las representaciones” tradicionales obligaba a la emergencia de nuevas. En ese contexto se consolidó el rock, con larga trayectoria en el país desde los 70. Con un discurso contestatario, ocupó para los jóvenes el lugar de “la política”: como identidad, ideología y lugar de pertenencia. El rock se opuso a la política, en una mirada que se acentuó en las últimas décadas (habría que ver qué pasa con el kirchnerismo) pero que ya estaba presente en sus orígenes, aunque en otro contexto socioeconómico del país y ligado a otros discursos (revolución cultural, mayo francés, pacificismo, etc.).

- El Discépolo de nuestra generación: de esa manera lo llamó su amigo Andrés Calamaro. Enrique Santos Discépolo describió las virtudes y miserias de la Argentina de primera mitad del siglo XX. Su universo estético fue el del tango. Solari es un sesentista, formado en el espíritu del 68 parisino, que en simultáneo devoró a todos los escritores malditos (rusos, franceses y norteamericanos). Su estética rock se ocupó del derrotero de tantas generaciones pos Estado de Bienestar: opresión dictatorial, desilusión alfonsinista, bohemia ochentosa (consumo de cocaína incluido), exclusión y violencia neoliberales, represión policial, frivolidad menemista. El Indio configuró, a puro rockanrol, una estética plebeya, de los marginados y los invisibles. Fue el único que describió el infierno humillante en las cárceles argentinas. Vaya paradoja: el mismo Carlos Solari que soñó cuando joven con el final del capitalismo social, fue el mismo que se ocupó como artista de narrar a los expulsados y ninguneados luego de ese debacle.

El cronista no pretende clausurar la discusión, abandona la enumeración. Coincide con el propio Indio en eso de que “esto no tiene explicación”. O mejor: no tiene una que lo satisfaga del todo. Lo que sí lo deja satisfecho (se corrige: feliz) es haber sido compañero de emociones de esas miles de personas que disfrutaron, una vez más, que ese mito está más vivo que nunca.

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Indio Solari: "Mis bandas son de combate, no de entretenimiento"

06 Junio 2026

* Artículo publicado en marzo de 2022, con motivo de una entrevista en un medio español

El Indio Solari brindó una entrevista con el portal español "Decálogo de Mariskal" (para escuchar la entrevista) para presentar la próxima gira de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado por el país europeo. “Nunca fui muy amigo de la salida internacional de los grupos argentinos en su momento. Ibas a un festival y la noche anterior tenías que ir a un programa de televisión a hacer una especie de playback y a posteriori a un lugar donde bajaba Paloma San Basilio y subías vos. Por eso nos hemos quedado acá y nos ha ido bien”, contó. Los Redondos de Ricota, por ejemplo, nunca salieron del país, excepto algunos recitales en Uruguay. 

Desde España estaban muy impresionados por las imágenes de sus conciertos, en especial, el último en Olavarría, donde se juntaron más de 300 mil personas. "No sé por qué la gente me quiere tanto. Mi fama depende de muchos malentendidos, como se dice por ahí. Veo a muchos jóvenes que están viendo por Youtube lo que pasa con nuestros recitales", contó. 

Sobre su arte, Solari describió: “Lo mío han sido bandas de combate y no de entretenimiento. Toda esa filosofía que procede de la contracultura de los años 60 y que ha dejado una marca importante en la sociedad. No hablo del hipismo, en esa forma burda que se ha presentado al movimiento. Hablo de la política del éxtasis, no de una cosa partidaria", contó. “La gente ha sido desinformada siempre por los medios de todo lo que es popular y tiene un acento importante en su crítica social. A mi me ha tocado pelear en contra de eso porque cuando eres independiente no tienes más remedio y haces lo que puedes”, siguió. 

“Me jode que a veces la gente me dice que no entiende las letras pero deberían estar agradecidos porque me dicen que les emocionan sin pasar por la aduana del entendimiento. El entendimiento es una cosa más compleja y es mejor tener una lírica ambigua que pueda ser interpretada de distintas maneras en la vida de alguien”, aclaró. 

“Yo no vendo productos de primera necesidad, el que compra un CD sabe por qué lo hace. No es un objeto suntuario pero en época de crisis es una decisión que tiene que tomar cada uno”, siguió Solari. 

Sobre la banda, que se presentará en diferentes ciudades de España, el Indio aseguró que "es lo mejor que escuché en vivo en Argentina, de toda la historia". "Voy a estar participando de modo virtual en algunas canciones, seguramente haremos cosas nuevas. Hago esto por los chicos. Les recomiendo que los vayan a ver, son una banda de la putísima madre", dijo. 

Por último, Solari se refirió a su enfermedad (sufre Párkinson). "Es jodida, tengo la suerte de enfrentarla con muchos medios. Debe ser un padecimiento infinitamente mayor que el mío sin esos recursos”, describió. "Mis amigos dicen que estoy bien... Intento abstraerme de los dolores haciendo lo que me gusta, pintando, escribiendo o haciendo canciones", aseguró. 

La gira de los Fundamentalistas del Aire Acondicionado pasará por Barcelona el 31 de marzo y seguirá el 2 de abril en abril en Palma, el 7 en Madrid, el 8 Valencia y el 9 en Málaga.

 

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¿De qué hablan las letras del Indio Solari?

06 Junio 2026

 * Artículo publicado en algún momento de 2017

Todo ricotero de ley debería haber recorrido, por lo menos alguna vez, el blog de Juan Carlos Serqueiros: “Esa vieja cultura frita (café virtual)”. En la página, Serqueiros hace lo que tantos hemos hecho a lo largo del tiempo. Esto es, jugar con las letras del Indio Solari (¿De qué hablan?). Pero este rosarino lo hace con una maestría particular. Si bien asegura que abandonó las interpretaciones de la lírica solariana (por ahora...), en su portal se pueden encontrar todavía una treintena de lecturas. Todas imperdibles. Viaje al corazón de la poesía del rock del país.

APU: En su blog se pueden encontrar muchas interpretaciones de las letras del Indio Solari. Va la primera pregunta, para romper el hielo. Supongo que no voy a ser muy original: ¿Cuáles son los grandes tópicos de su lírica?

Juan Carlos Serqueiros: No creo que deba asignarse a la lírica solariana la característica de abordar determinadas temáticas, sean estas cuales fueren; con preferencia a todas las demás que puedan haber (y aquí, elegí cualquiera, la que se te ocurra).

El Indio puede crear tanto una letra festiva, anecdótica y hasta humorística, como -por ejemplo-, las de “Ñam fi frufi fali fru”, “Pierre, el vitricida” y “Masacre en el puticlub”; y ser asimismo capaz de plantear su descreimiento respecto a que haya eso que llaman vida eterna una vez arribados al fin de la terrenal, cuando llega el momento de entregar el sachet y no se ha tenido el consuelo de la fe, como lo hace en “La muerte y yo” y “No es Dios todo lo que reluce”.

O de tratar acerca de chamanismo y mancias, cuestiones esas que acomete en “Caña seca y un membrillo”, “Gran lady” y “Scaramanzia”. O de la coexistencia del bien y el mal en el hombre, postulada en “El árbol del Gran Bonete” y “Cruz diablo!”. O, de pronto, pararse en la referencia que marca una obra de arte de trascendencia universal, ya sea literaria (1984, de George Orwell, en “Divina T.V. führer”) o cinematográfica (Sacrificio, de Andrei Tarkovskij, en “Canción para naufragios”). O incluso, en un alarde de creatividad, de patear el tablero y sorprendernos escribiendo una conmovedora e inconmensurablemente bella poesía de amor cual lo es “Y mientras tanto el sol se muere”.

APU: Además están las letras dedicados a viejos amigos...

JCS: Por supuesto, no debemos perder de vista que hasta un genio como él “cae”, llegado el caso, en eso tan humano de satisfacer en forma de pulsión el deseo de vendetta. Puede perfectamente asestarle a quien se haya hecho acreedor al mismo, un mandoble como esos que a diestra y siniestra repartió en “¡Es hora de levantarse, querido! (¿dormiste bien?)”, “Blues de la artillería”, “Salando las heridas” y “Murga purga”. O la factura presentada a sus ex socios (Skay y Poli) en “Amnesia”…

En fin, me parece que en lo atinente a los tópicos que aborda en su lírica, Solari sólo reconoce un límite: el situado al “final del arco iris”. Final ese que, como sabemos, no existe; sencillamente porque el arco iris no es otra cosa que un fenómeno óptico-meteorológico.

¿Toda poesía es política?

APU: Muchas de las letras del Indio han propuesto una lectura política. Desde "Aquella solitaria vaca cubana", “Todo preso es político” hasta "Vencedores vencidos", para citar algunas. Sin embargo, Solari muchas veces ha intentado mantener cierta distancia con esa lectura. ¿Cómo analiza esa relación entre poesía solariana y política?

JCS: En efecto, es como muy certera y perspicazmente señalaste. No debe verse una manifiesta toma de posición político-partidaria en su poesía. Y lo bien que hace el Indio en observar estrictamente tal detalle, pues como decía el mismísimo Carlos Gardel (que de eso, algo sabía, ¿no?): “El artista se debe solamente a su público, y no debería tener, creo yo, ningún matiz político”.

Pero antes de entrar en materia, permitime, por favor, el atrevimiento de formular un pequeño reparo: no me parece que haya en la letra de “Aquella solitaria vaca cubana” el propósito de identificarse con el esquema castrista y ni siquiera la intencionalidad de aludir al mismo; más bien creo que esos versos surgieron en Solari al leer en un diario la noticia de la desintegración de un satélite, un trozo del cual cayó cerca de donde pastaba una vaca que, por mirar el cielo justo a tiempo, se salvó así del motor eterno. La considero una letra sin más pretensión que la de ser anecdótica (lo cual, desde luego, no invalida en absoluto la calidad de esa canción, la cual me encanta y escucho muy a menudo, por otra parte).

APU: Vale la aclaración: la mencioné porque en su momento se hizo esa lectura y de hecho se lo interrogó al Indio sobre esa letra. “Vencedores vencidos”, “Nuestro amo juega al esclavo” o “Todo preso es político” proponen una lectura “política” más clara.

JCS: Sí, concuerdo contigo en que hay letras como la de “Vencedores vencidos” (y podría agregar: “Nuestro amo juega al esclavo”, “Nuotatori professionisti”, “Blues de la libertad” y “Sheriff”, entre otras), en las cuales, a la hora de interpretar qué quiso decir el artista, resulta imposible soslayar la lectura política. Pero eso sí: sin perder de vista aquello tan explícito y contundente que expresara el Indio en una nota que le concedió a la revista Rolling Stone: “Independientemente de lo que mucha gente cree, nunca traduzco de maneras ideológicas lo que hago. Si alguien lo quiere leer así, que lo lea; pero yo sólo trato de transmitir una visión”.

Y es tal cual. Se trata de viñetas descarnadas, ácidas, tales como “Queso ruso”, “Nueva Roma” o “Nike es la cultura”, en cuyos versos Solari pinta magistralmente su visión sobre las guerras que emprenden las potencias rectoras del mundo, con el “auxilio” (¿o complicidad?) de los cipayos y ladrones que ejercen el poder en los países periféricos -como cierto delincuente de Anillaco que da asco mencionar por sus nombre y su apellido execrables, famoso por sus vicios, su estulticia, su miserabilidad y sus traiciones-; contra naciones más débiles, bajo la hipócrita excusa de defender la “democracia” y la “libertad”, y en realidad, con el propósito de expoliar sus recursos, todo al amparo de la abundante propaganda a cargo de los megamedios de (in)comunicación.

O sobre el accionar del imperialismo, potenciado por el desarrollo de tecnologías que le posibilitan aún mayor eficacia en el coloniaje que ejerce, sin que los oprimidos de las naciones que son las víctimas de esos países poderosos, acierten a tomar consciencia de que ¡Nueva Roma ya está! O la actividad de las transnacionales de la vestimenta en  los países pobres, con esquemas de producción sostenidos por mano de obra cuasi esclava con salarios de hambre -en el mejor de los casos- o por un tazón de arroz, fabricando esas zapatillas que los adolescentes salen a robar porque sus papis no dan más, no bancan; mientras se los bombardea con MTV latina y Masturburger, porque es sabido: Nike es tu cultura, hoy.

No hay forma de no hacer una lectura política de esos temas, pero reitero: teniendo presente en todo momento que eso no implica que el Indio asuma una postura ideológica y/o partidaria. Lo cual, por cierto, ha observado invariablemente con especial celo: si echamos una ojeada retrospectiva a su poesía, comprobaremos que ya en “Fuegos de Octubre” ponía en claro dicho propósito, al homenajear a todas las revoluciones trascendentales del mundo en la Rusia de 1917; pero consignando taxativamente con aquel inequívoco sin un estandarte de mi parte, que no se embanderaba en ella.

Por otra parte, debo decir que siempre me ha llamado la atención que la gente que cree ver en la lírica de Solari una traducción ideológica de su pensamiento, no haya reparado en la esencia indubitablemente política de Momo Sampler, cuyas letras precisamente describen en detalle personajes que son íconos de aquella pólis (del griego πόλις) -esto es, ciudad, ciudadanía- que constituía la travestida y espantable sociedad argentina del 2000, que hizo eclosión en 2001 concluyendo con el “gobierno” de la nefasta dupla Pepeto de la Ruta-Chacho Hábil.

Etapas solarianas

APU: Usted sigue el recorrido del Indio desde sus comienzos con los Redondos hasta la actualidad. Hay análisis de temas muy viejos y otros muy nuevos, de su versión solista. ¿Ve virajes en su poética entre una etapa y otra? ¿El Indio se volvió más "intimista" (más volcado a su vida privada) en la etapa solista, para decirlo de algún modo?

JCS: Es un muy buen interrogante el que planteás. Particularmente, distingo en Solari tres clivajes: uno, en 1986, cuando renunció a su empleo estable en el Hogar Falcón para dedicarse por entero al arte; otro, a fines de los 80, cuando decidió alejarse de la bohemia; y por último, el del período 2000-2001, cuando nació su hijo Bruno, primero, y después, al año siguiente, cuando se produjo la ruptura con sus hasta allí socios y la consiguiente disolución de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

Y desde luego, todo eso es claramente distinguible en su lírica, como no podía ser de otro modo; pues necesaria e inevitablemente un poeta deja traslucir de algún modo en sus versos los estados de ánimo por los cuales va atravesando, y exorciza ciertos fantasmas, fobias y demás…

Sin embargo, y si bien hay un notorio incremento en el contenido intimista de su poesía a partir de El tesoro de los inocentes (Bingo fuel) y, fundamentalmente, en El perfume de la tempestad; entiendo que no deberíamos perder de vista que ese era ya un sendero que el Indio comenzó a transitar desde Oktubre, con aquella alusión a ser promovido para Navidad en “Divina T.V. führer”, y continuó recorriendo después, con el recuerdo a su amigo Luis María Canosa en “Toxi taxi”; los palazos a Symns (que cité precedentemente) en “Blues de la artillería” y “Salando las heridas”, de La mosca y la sopa; y también con aquella “pequeña venganza” traducida en el K.O. a “Carlitos de Sur” (Polimeni) en “¡Es hora de levantarse, querido! (¿dormiste bien?)”, de Cordero atado. Pasando por ese verdadero himno al esplín: la desgarradora y bellamente triste (pero con final feliz) poética de “Espejismo”, en Lobo suelto,  y por la dualidad ontológica Indio Solari-Carlos Alberto Solari enunciada en “Alien Duce”, de Último bondi a Finisterre.

Hasta llegar, en Momo Sampler, a esa suerte de exacerbación del intimismo en “Dr. Saturno”, cuya poética trasunta el hartazgo que experimentaba Solari por entonces (hartazgo ese que, dicho sea de paso, atiné a percibir como un anticipo del final de PR y en razón de ello hice todo lo que hice para poder llegar a aquella misa en el Chateau Carreras de Córdoba, peripecias esas que algún día te contaré…).

Pero mejor hagamos aquí un punto y aparte en eso del intimismo y lo autorreferencial, porque no sea cosa que nos vayamos de mambo con la indiscreción, nos lea Virginia (la compañera del Indio) y de resultas de ello, le decrete al Indio la prohibición de concurrir a cierto negocio de videos (risas).

En su blog, usted abarca a otros poetas, no solo al Indio. ¿Cómo analiza esa lírica con relación a otras, sean del rock, del tango o del folklore?

JCS: Vayamos por partes, dijo Jack The Ripper. Principiemos por definir a Solari como lo que es: un bicho intrínsecamente citadino (“jamás fui un hippie bucólico”, expresado en sus propias palabras).

A partir de allí, creo que se hace estéril cualquier intento de establecer relación alguna entre la lírica solariana, con el amplísimo abanico de tópicos que abarca, vinculados siempre al habitante de las grandes urbes; con las de los más importantes y trascendentales poetas del folclore argentino, tales como -por ejemplo y entre otros- Buenaventura Luna, Pablo Raúl Trullenque, Jaime y Arturo Dávalos, José Larralde, Marta Mendicute y Ariel Petrocelli, quienes principalmente abordan temáticas ligadas al hombre de campo y su entorno: la naturaleza, las pequeñas comunidades rurales de los pueblos de campaña o, a lo sumo, las capitales de provincia. Desde luego, dicho esto sin que implique juicio de valor, porque conmueven mis sentidos tanto “Esa estrella era mi lujo” del Indio; como “Vallecito” de Luna, “La pucha con el hombre” de Trullenque, “Trago de sombra” de Jaime Dávalos, “Del tiempo verde” de Arturo Dávalos, “Galpón de ayer” de Larralde, “Que seas vos” de Mendicute y “El antigal” de Petrocelli. Más aún: de hecho, siempre he escuchado muchísimo más folclore (incluso de otros países), que rock.

Pero en cambio; si procuramos establecer una relación entre la lírica del Indio y las de algunos poetas urbanos -prefiero emplear urbanos con preferencia a “del tango”, porque no acierto a encontrar puntos de contacto ni paralelismos entre Solari y (por citar algunos de los más relevantes en ese género) Homero Manzi, Enrique Cadícamo, José María Contursi y Cátulo Castillo-; entonces la cosa varía y no poco. Ahí ya alcanzo a distinguir ciertas coincidencias notables con Carlos de la Púa (Carlos Muñoz y Pérez en el documento de identidad), cuya obra -magistral, sin dudas- también versa en torno a la marginalidad, el arribismo, las putas, el lancero, el suburbio, el buchón y la droga. O con Julián Centeya (Amleto Enrico Vergiati en la libreta de enrolamiento), amante circunstancial del oxímoron, bohemio impenitente y de poesía crudelísima, pletórica de metáforas muy altas y disimuladas bajo el disfraz reo del lunfardo callejero. Por último, con Horacio Ferrer, cultor del neologismo y refinado aristócrata del verso elegante y piantao. Y los tres de una cultura superlativa, al igual que el Indio. Por todo eso y por más que no haya similitud alguna entre ellos y Solari en cuanto a estilo, ritmo, métrica, rima y demás; si yo tuviera que definir la poesía de Monsieur Sandoz  en apretadísima síntesis, diría que es el up-grade, una especie de evolución lisérgica, de las de Centeya, De la Púa y Ferrer.

Implacable rocanrol

APU: ¿Cómo analiza la relación del Indio con sus pares del rock?

JCS: En cuanto a la relación de la lírica solariana con las de otros autores del rock nacional, no la encuentro, directamente. Las poesías del Indio -otra vez: sin la pretensión de emitir juicios de valor; porque todos los que seguidamente voy a mencionar resultan de mi total admiración- son sustancialmente distintas a las letras de Moris, Litto Nebbia, Javier Martínez y Miguel Abuelo; e incluso distintas a las de Luis Alberto Spinetta, Charly García y Miguel Cantilo.

Aún sólo leyéndolos, sus versos resuenan en mis sentidos con una musicalidad que les es propia y laburan planos muy altos de mi psique; porque tranquilamente podría ir en un bondi leyendo a Solari, de la misma manera en que podría ir leyendo a Marechal o a Borges. Y cuatro aspectos no menores: Solari tiene un poder de síntesis extraordinario para abarcar hasta una obra literaria en un par de palabras (celo moro, en “Etiqueta negra”, es un ejemplo de ello: significar nada menos que Otelo, el moro de Venecia de Shakespeare en dos palabras, no lo hace cualquiera, ¿no?); mucho de su poética puede perfectamente versionarse en otro género que no sea el rock; sus canciones están escritas de un modo en el cual no podría alterarse un solo término sin romper todo el esquema poético; y su tremenda capacidad para inventar neologismos toda vez que no exista la palabra adecuada para lo que busca expresar (onambólicos en “Lavi-rap” y anarcotizados en “Ropa sucia”, por ejemplo, son vocablos creados expresamente por él para lo que pretendía significar en cada caso; y resulta imposible imaginar o concebir unos más justos que esos).

APU: El lenguaje de Solari, sin dudas, forma parte de la cultura popular argentina. ¿Cómo analiza su influencia en otras líricas?

JCS: El Indio es el artista argentino más relevante de los últimos treinta años, lo cual en un país como el nuestro, que aún está en la adolescencia y sin tener todavía su nacionalidad consolidada, no es poco decir. A partir de allí, su influencia en lo lírico -y también en lo musical, en lo estético, en lo relativo al modo de auto gestionarse y hasta en lo ético y en lo que hace a la coherencia (porque nadie que no sea un miserable puede discutirle a Solari su honestidad intelectual y su coherencia)- sobre otros artistas, es innegable y hasta palpable.

Sólo que algunos se empeñan hipócritamente en no reconocerlo; mientras que otros lo admiten francamente y sin ambages, seguramente por tener el ego bien equilibrado en el justo medio y el alma sana, y por descansar tranquilos en la certeza de su propia valía y en la calidad de su obra. Entre estos últimos -que son en definitiva los que interesan (por lo menos; a quien suscribe)- citaría a Horacio Acho Estol y Dolores Lola Solá, de La Chicana, con muy buen suceso tanto acá como en Europa; y a los chicos de la Orquesta Típica Ciudad Baigón, que son unos músicos de puta madre y han concretado un proyecto tremendamente ambicioso.

Ya a esta altura te habrás percatado de que percibo como inevitable a corto y mediano plazo una confluencia entre el tango y el rock (obviamente, entendidos ambos como culturas y no como meros géneros musicales, y asimismo; entendida dicha confluencia como una síntesis resultante del mutuo enriquecimiento y complementación de elementos y no como una simple fusión).

Y en ese esquema, el “prócer” lírico-musical que reverencien tanto la actual generación como la próxima, es y será, a no dudarlo, el Indio.

APU: Sus interpretaciones de las letras combinan varios elementos: la lectura más ideológica, la cultural, la personal. Incluso usted suma uno más que tiene que ver con (casi) el género de investigación para saber sobre quiénes y qué hablan algunas canciones. Como dice, lo anecdótico tiene mucha presencia en la poesía solariana. En ese contexto: ¿Usted conoce a Solari o a su entorno? ¿O como conoce la intimidad de esas historias?

JCS: Con el Indio, desgraciadamente, nunca tuve oportunidad de charlar; sí con Skay y Poli en un par de oportunidades: la primera vez, en la misa de Huracán, en el 93, y después; en Unión de Santa Fe. Con Quiquito Symns hablé varias veces, en el París y en el Británico. También conocí a Santiago “el Negro Cañón”, y a muchos otros especímenes de la variopinta fauna redonda, muy cercanos a la banda. Y por supuesto, está… no sé si llamar milagro o tragedia a esto de la web, pero que en todo caso posibilita estar en contacto con esos grandes tipos tan queridos todos como lo son los músicos que han integrado los Redondos a través del tiempo; con Deborah, que es una divina; con Pelusa, un groso de verdad; con los músicos que forman los Fundamentalistas, y así…

De esa manera, a lo largo de los años, uno se ha ido nutriendo con muchas cosas y anécdotas, hasta transformarse en un disco rígido que almacena terabytes de información inútil (risas). Pero quiero suponer que vos, que sos periodista, no me estarás pidiendo que revele mis fuentes, ¿no? (más risas).

APU: No aparecieron en la entrevista esos personajes que construyó el Indio a lo largo del tiempo (uno supone que pueden haber hecho referencia a alguien real, pero luego tomaron "vida propia"). ¿Qué importancia les da a esos personajes?

JCS: Les doy una capital importancia, porque como dijo el propio Indio, a la hora de crear un personaje, “ahí está el nombre o el apodo de un amigo”, de manera que ellos son parte de los entresijos mismos de la lírica solariana.

Son de carne y hueso, con identidad en la vida real, aunque claro; no hay que perder de vista que los hechos y las situaciones que el artista les atribuye protagonizar, no siempre están concatenados con la realidad efectiva. Algunas veces sí y otras no. Por ejemplo, el Morta existe: es un amigo del Indio acerca del cual nos cuenta que “en una época tenía un papeo interesante", que "no se cuece en un hervor” y que “tiene un tío en Nueva Jersey”; pero obviamente, eso no implica que de verdad sea un consumidor compulsivo de pornografía y un reventador de guita en cabarets como aparece retratado en “Morta punto com”, o alguien dedicado a negocios non sanctos como se lo representa en Lavi-rap. Pero por otro lado, sí es verdad que al Negro Cañón le propinaron esa buena faena de tajo y talón en forma de patada karateca que le hizo rodar los dientes y arrojar entrañas por todo el salón, como narra el Indio en “Masacre en el puticlub”.

Y también, desde ya, hay ocasiones en las que uno debe forzosamente resignarse a no saber quiénes serán el Negro Burgundy y el Flaco Merlín, por ejemplo. O quedarse con las ganas de comprobar si verdaderamente era tan espectacular como decían el culo de la muy concheta señorita Mariposa Pontiac. O asumir que indefectiblemente quedará por siempre sin develar (a menos que lo haga en su autobiografía, las memorias que está redactando ese notable escritor que es Marcelo Figueras) uno de los mejor guardados secretos indios: la identidad de Roxana porchelana. Y el Zumba: ¿es (o era, quizá) en la vida real un testaferro que dejó todo colgado y piró a Finisterre detrás de un beso nuevo y rajando del amor, para terminar crepando en un terrible palo que se pegó con su vieja pick-up? Chi lo sa

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El artista maldito e incómodo

06 Junio 2026

* Artículo publicado en 2019, con motivo de la salida de la biografía del Indio Solar, "Recuerdos que mienten un poco". 

Aproximaciones

Hay que escribir sobre un artista popular, quizás el más importante de los que viven actualmente. Considero importante, entonces, dejar aviso que se van a expresar palabras y frases desde una experiencia significativa como es haber transitado el planeta redondo desde que el mínimo de edad lo permitió, lo que significa –al promediar la década de los cuarenta– que son las dos terceras partes de mi existencia. Una marca indeleble en las tantas vidas que atravesamos.

De este modo, meterse en los diálogos que propone “Recuerdos que mienten un poco” es aproximarse a detalles del largo transitar del Indio Solari y también recordar y reconocerse en la propia vida y la de innumerables amigo/as y compañera/os de ruta. A medida que el artista va relatando y describiendo experiencias, se presenta la vieja identificación, ya no en clave de idolatría, sino en esos motivos viscerales y razonados que nos permitieron empezar a caminar juntos en algún momento de nuestras biografías. Es probable que esas sensaciones no interpelen a quien sólo reconoce a la celebridad, lo que permitirá bucear de otro modo, seguramente también atrapante.

El libro propone un diálogo al que incorporarnos, con algo de esas conversaciones entre amigos y amigas que muchas veces son repetitivas y, en ocasiones, ya sabemos qué va a decir cada personaje en cuestión. Sin embargo, en las repeticiones nos acordamos de viejos debates y volvemos a las anécdotas, con frases ya leídas y diálogos inconclusos que van y vienen a lo largo de casi 900 páginas. Dentro de esa infinidad de caminos que se abren en el laberinto de la vida del Indio, es interesante rescatar la permanente capacidad para desmitificar al personaje que nunca se propuso ser una estrella de rock o algo similar. Indudablemente su camino estaba relacionado al arte por medio del dibujo, la poesía, la música o el cine, pero queda claro que la figura en que derivó su vida llegó casi de manera azarosa: “Me voy a ir sin entender qué pasó con mi vida, cómo es que terminé siendo el Indio Solari.”

Por otro lado, esta suerte de biografía tiene la virtud de mantener el espíritu que siempre ha identificado su trayectoria, alejado de la farándula y las superficialidades propias del género biográfico o lo que se espera de este. Si se describe una enorme cantidad de hechos desconocidos, casi siempre es en clave de la experiencia de vida y porque aporta un poco más a explicar el personaje y su historia. De este modo, se descubren las marcas del sufrimiento familiar a partir del golpe del año 55 por la identificación peronista del padre o el rescate de experiencias que ayudan a configurar el proyecto independiente, como la revaloración de MIA (Músicos Independientes Asociados) y de la familia Vitale. El acercamiento a militancias políticas, la incesante búsqueda de nuevas experiencias culturales, el reconocimiento a las amistades, la reivindicación permanente de que todo preso es político, la denuncia hacia la criminalización de la niñez y la adolescencia, y la constante bienvenida a entregarse a caminos desconocidos, son otras de las claves que se reconocen en el largo y diverso periplo Solari.

El artista se configura en una obstinación con la ruptura de las formas que la sociedad impone a partir de un sentido común conservador, las experimentaciones colectivas, los sueños de los años 60 y 70 en formato cultural o político; pero también en las múltiples formas de resistencia, búsquedas de refugios y creación espacios de autonomía, aún en las peores condiciones. La lucha contra el secuestro del estado de ánimo, es un sello inconfundible que se reafirma con cada relato.

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La experiencia trascendente

El Indio atraviesa una cantidad inagotable de temas con decisión y sin esconderse. Uno de ellos es la relación con las drogas, donde tiene la osadía para poner el tema sobre la mesa con responsabilidad y sin demagogia. A veces intuyo que una mayoría de nuestra sociedad no se anima a hablar con tanta sinceridad o, directamente, niega la posibilidad del diálogo. La naturalidad con que se aborda el tema implica asumir su existencia, en clave de posibilitar el acceso a nuevas experiencias de vida y modos de comprender el mundo: “Las drogas tienen sentido en tanto responden a un contexto histórico, si las usás en busca de una experiencia trascendente, como hacían los antiguos cuando le formulaban una pregunta al oráculo. Son un estímulo válido, en tanto estás buscando una respuesta de la vida, de la naturaleza, de los amigos. Eso es lo esencial: no tanto el efecto químico, como lo que vos pretendes de esa experiencia”. Queda claro que no hay ningún culto del reviente o algo que se le parezca, sino una seriedad para atravesar diversos temas polémicos e incómodos que la sociedad no se anima a resolver desde hace tiempo.

La palabra descifrada

La poesía es la virtud artística por excelencia del Indio y se pone en juego a lo largo de toda su trayectoria. Durante años lo hemos escuchado afirmar lo innecesario de explicar las letras de sus canciones y en este libro lo repite. Pero a las pocas páginas, Figueras lo invita a realizar un repaso meticuloso por cada una de las canciones y el hombre acepta. De este modo, va descubriendo el velo a muchas de las canciones con palabras claves o frases a veces incompletas. Ir descifrando letras tiene un sabor raro. Es interesante y también una contradicción. Con esa dualidad a cuestas se transita gran parte del texto. ¿Se caen mis interpretaciones? ¿Se pierde la magia de lo que habíamos descubierto con amigos? ¿Está mal o bien? ¿Ganó en honestidad? Como es un gran gesto abrirse a algo de esa intimidad descifrada, debo admitir que no consigo una respuesta coherente.

Una comunidad

La irrupción de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota siempre ha sido mucho más que una simple propuesta musical. Desde los primeros instantes el mundo redondo se configuró alrededor de los encuentros en recitales y lo que cada una de estas convocatorias generaba en los cuerpos y los corazones. Tanto en la etapa previa a la salida del primer disco, como en el crecimiento de los años 80 y 90, la convocatoria a celebrar a Patricio Rey era un inédito espacio de libertad, reivindicación de luchas y cuidado del espíritu. Al rememorar cada uno de esos encuentros, podemos volver a recorrer los caminos comunes y reafirmar algunas decisiones de nuestras vidas. Junto al Indio muchas y muchos aprendimos a saber de qué lado estar y a reconocernos en infinidad de variadas situaciones.

En cada cita convocada se construía una comunidad y una experiencia libertaria. Ese hábito que va a continuar con el Indio en versión solista, contrarrestaba con las formas comerciales y cínicas del denominado mainstring del rock y la vida. A cada palabra que el Indio utiliza para rememorar las diversas trapisondas que sufrieron por armar un proyecto cultural independiente, vuelve en la memoria que ese proyecto -también- era sostenido por quienes no participaban del escenario, pero se sentían parte de la lucha. Porque es importante recordar que Los Redondos generaron ese fenómeno particular, donde desde abajo del escenario se empujaba a la banda a sostener las decisiones tomadas. En el barco de la independencia y la libertad se subían todas y todos, con exhortaciones mutuas a no claudicar. Por eso mismo se explica que el público peregrinaba por diversos lugares de la ciudad, el conurbano y el país, bancando situaciones y espacios muchas veces impropios de la cultura del rock oficial.

Y esa batalla llegaba hasta infinitos detalles. Un amigo me recuerda que, en el año 93, cuando entró al estadio de Huracán una enorme tela negra tapaba el cartel de Coca Cola de la publicidad estática: “ahí me di cuenta que esta era la banda que yo quería” rememora con emoción. En esos mínimos gestos no se destruía al capitalismo, pero se dejaba en claro la disidencia, el resguardo de la identidad y la constitución de una forma humana de socialización, en medio de un mundo cada vez más cooptado por las corporaciones.

Meterse de lleno en el largo viaje del libro es encontrarse con las preguntas y las respuestas que nos unieron a la largo del tiempo y reafirmarse en esas peleas que vuelven a reivindicar las palabras del Indio. Entonces, para quienes transitamos algo de esa experiencia es imposible no conmoverse en muchos tramos del diálogo, porque se vuelve presente el deseo de seguir compartiendo y viviendo esos espacios de libertad indescriptible que significaron los recitales redondos en años de mucha podredumbre y también de fiesta en tiempos de una bonanza más equitativa, ya con el Indio en versión solari.

 

Resultado de imagen para indio solari recuerdos que mienten un pocoHacerse cargo del dolor

Las tramas profundas de la vida del Indio se entienden a partir de la existencia de relaciones de cariño, incluso cuando sus letras griten sobre injusticias sociales y contra las violencias de las distintas formas del poder. De este modo, el Indio se muestra como un romántico exasperado, intolerante ante la difamación, con un sentido del honor que vale la pena atender y la permanente negativa a negociar con la traición. Todo esto, acompañado con humor, ironía y voluntad de disfrute.

Es indudable que el artista no cumple el requisito hegemónico del estándar social impuesto. Ingresa a sus setenta años con la misma forma de encarar la vida y los ideales en alto. Su visceral antimacrismo se repite insistentemente, pero es obvio que va mucho más allá de la figura del actual presidente. En realidad, es una vieja forma conceptual del mundo que se expresa en un modo de pararse ante la vida. Y eso no deja de ser una molestia, en el momento que no cumple la condición de viejo conservador una vez que ha logrado tener cierto dinero y status, según la mirada tradicional. Su palabra y su presencia incomodan porque traen el recuerdo de muchos y muchas que han huido a otros modos de vida y los motivos por los cuales terminaron comprando el pack completo con todos los adicionales.

La emoción atrapa y la angustia se presenta. Hay algo de aquello que naturalmente no volverá, pero no hay nostalgia ni romanticismo. Al decir del Indio, la vida va imponiendo sus tiempos, a la vez que el espíritu te avisa que –quizás– lo mejor está por llegar. Entonces, hay un agradecimiento infinito a la vida y a los amigos que permitieron ser contemporáneos de un artista que transformó nuestra existencia de un modo inconmensurable. Dejarse arrastrar por las sensibilidades, animarse a estar atravesado por el cariño, identificarse con las luchas sociales, pelear permanentemente por la libertad y no negociar nunca el estado de ánimo, incluso en tiempos tan hostiles, son enseñanzas que nos hermanan. Ahí radica una búsqueda humana que viene desde muy lejos y que el Indio Solari logró contagiar desde los márgenes culturales y políticos de una sociedad que todavía parece no entender cómo sucedió lo que sucedió y sucede.

Finalmente, se van a encontrar con un libro honesto de un artista maldito. Y van a poder (re)descubrir un ser sensible que interpela con insistencia saber en qué lado de la vida cada uno se atreve a pararse, aún con los riesgos que implica esas decisiones. Una persona que te interroga sobre el principio del placer, la posibilidad de abrirse a experiencias conmovedoras y creyendo que hay que hacerse cargo del dolor de los demás, cómo se pueda. Todas preguntas cruciales para la existencia, todas respuestas necesarias e imprescindibles que llevan la vida. Esa potencia lo convierte en la referencia ineludible para una generación que tuvo la fortuna de conmoverse a partir de sus propuestas artísticas y que se encuentra eternamente agradecida por esa experiencia.

 

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INDIO ETERNO

Video: la única entrevista que el Indio Solari brindó a un programa de televisión

06 Junio 2026

En 1985, el Indio Solari, entonces líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, brindó una entrevista al programa "Subterráqueos de Buenos Aires" que se emitía por ATC (1985). Fue la única entrevista que brindó a un canal de televisión. "Hay que cuidar el estado de ánimo", aseguraba un Solari muy joven. 

 

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    Jorge Sola
    Foto: Gentileza Luis Murillo

En la OIT, Jorge Sola denunció el desmantelamiento sistemático del modelo sociolaboral en Argentina

05 Junio 2026

En el marco de la 114.ª Conferencia Internacional de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Jorge Sola, secretario general de la CGT y representante de las tres centrales obreras de la República Argentina, expuso una dura denuncia contra el Gobierno Nacional por el "grave e injustificado incumplimiento" de las normas internacionales del trabajo y el desmantelamiento de las estructuras fundamentales del Estado.

Durante su intervención ante la comisión evaluadora, Sola advirtió que la situación en el país no responde a meros tecnicismos administrativos o ajustes de presupuesto, sino a la ejecución de un proyecto político, económico e institucional que busca "redefinir de raíz" las relaciones laborales bajo la premisa de que la protección del trabajador constituye un obstáculo para la economía.

Violación de convenios clave y reformas unilaterales

La representación argentina fundamentó su denuncia en la violación sistemática de convenios internacionales ratificados por el país, señalando de manera directa las reformas impulsadas desde diciembre de 2023:

  • Convenio 150 (Administración del Trabajo): Sola denunció una transformación estructural que liquida la capacidad técnica de fiscalización y degrada la cartera laboral —antes Ministerio de Trabajo— al rango de Secretaría bajo la órbita de Desarrollo Humano, diluyendo su autonomía y legitimidad social.
  • Convenio 144 (Consulta Tripartita): Se fustigó la implementación unilateral del DNU 70/23, la denominada "Ley Bases" y la reciente reforma de modernización laboral, herramientas que, según el dirigente, buscan aniquilar los derechos colectivos, individuales y de huelga sin mediar el diálogo social.
  • Convenios 81 y 129 (Inspección del Trabajo): El informe alertó sobre una "insuficiencia crítica" de inspectores y presupuesto, situación que deja en total desprotección a los trabajadores, con especial gravedad en el sector agrario.

"No estamos ante una interpretación nuestra; es la confesión de quien, en su cargo de Presidente de la Nación, se define como un 'topo' encargado de destruir el Estado desde adentro, mientras pregona que la justicia social es una aberración", sentenció Sola.

El impacto del desguace del Estado en cifras y sectores

El secretario general detalló que entre 2023 y febrero de 2026 se produjo una reducción del 29% de la planta de trabajadores en la administración pública nacional centralizada, afectando de manera directa el desarrollo productivo y social mediante el vaciamiento de áreas estratégicas:

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Criminalización de la protesta y advertencia internacional

La central obrera también denunció la aplicación de la Resolución 943/2023 del Ministerio de Seguridad, señalando que el Gobierno ha optado por "el autoritarismo ante la unilateralidad", reemplazando la mediación por el uso de gases lacrimógenos, balas de goma y camiones hidrantes frente a los reclamos laborales, además de imponer multas millonarias a gremios como La Fraternidad y la UTA por ejercer el derecho a huelga.
Finalmente, Sola advirtió que de no mediar un cambio de rumbo inmediato y la apertura de un diálogo tripartito vinculante, las centrales sindicales activarán formalmente las denuncias por el incumplimiento de los artículos 87 y 98 de la OIT.

"El movimiento obrero organizado mantendrá su postura con convicción en la calle, en cada movilización popular y en este estrado internacional. La economía debe ser una herramienta efectiva para la felicidad de los trabajadores, y no al revés", concluyó.

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INDIO ETERNO

Se nos fue ese bravo muchachito

05 Junio 2026

Escribo estas líneas en el auto, estacionado frente a la escuela. Acabo de enterarme en clase, por un alumno, que Carlos Solari ya no está más en la tierra (a partir de ahora tendrá que invadirla de vez en cuando como Walter y tantos otros, para sobrellevar los trances de esta Nueva Roma, que te cura o te mata a cada instante). 

Me aguanté el llanto por más de 15 minutos, no quería que los alumnos me vieran en ese estado. Fue difícil caretear el impacto, de cómo me temblaban las piernas, de cómo tuve que arrimarme a la ventana a tomar aire. 

La sensación es de orfandad… ¡Sí! Parece cómo si se hubiera muerto mi viejo. Es devastador. Una piba se me acercó y me dijo “¿necesita que lo abrace profe?”. Otro, simplemente me miró y en esa mirada encontré comprensión, ninguna distancia generacional. 

Acto siguiente recordé la frase de Carlitos en la conferencia de Olavarría en el 97: "En lugar de bajarles líneas a los chicos, hay que escucharlos, porque en sus nervios hay mucha más información del futuro que la que tipos de nuestra edad puedan tener para aconsejarles”.

Fue mi último día como profe suplente en esta hermosa escuela de Villa Santa Rita. Me hubiera gustado terminar de otra manera, pero no es sopa lo que nos pasa en este preciso momento. También hubiera querido compartirles mi sentimiento por ese pelado con gafas, que siempre será guía para millones de vidas.

Acá va alguito de ese sentimiento, que alguna vez volqué en una nota que escribí para AGENCIA PACO URONDO. “Pocos artistas han sabido utilizar las herramientas socioculturales y políticas que la propia historia de los últimos cincuenta años, ha vomitado por estas latitudes y más allá también. Un tipo que supo ser padre de ciento de miles de pibes y pibas en medio de ausencias parentales y estatales, trae consigo ese bagayo vivencial que lo catapulta a ser un pilar fundamental de la cultura popular argentina”. 

Ahora estoy más tranquilo, pude llorar, pero sigo sin poder arrancar el auto y quemar la turbina y escapar. 

Gracias por tanto Indio, gracias por tanto Carlitos

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    Crisis en Pirelli
    Crisis en Pirelli

Pirelli Merlo: de 1.450 operarios a 650 en menos de dos años

04 Junio 2026

La planta de Pirelli en Merlo está al borde del colapso. En menos de veinticuatro meses, la dotación de trabajadores de producción se desplomó de aproximadamente 1.450 operarios a apenas 650 —una caída del 55%— en el deterioro más profundo que atraviesa la actividad en décadas. La Federación de Trabajadores de la Energía, la Industria, Servicios y Afines (FETIA) advirtió esta semana que la situación volvió a agravarse y que no hay señales de recuperación en el horizonte.

La crisis tiene un nombre preciso para el gremio: importaciones. Mientras el mercado local se inunda de neumáticos de origen asiático que ingresan sin aranceles efectivos ni cuotas, la producción nacional se paraliza línea por línea. Para el secretario general de FETIA, Pedro Wasiejko, "la crisis de Pirelli es una muestra más de las consecuencias que está teniendo la apertura indiscriminada de importaciones sobre la industria argentina: se destruyen puestos de trabajo, se paralizan líneas de producción y se profundiza el deterioro salarial".

Cuatro meses consecutivos sin alcanzar los objetivos de ventas forzaron a la empresa a anunciar un nuevo paquete de ajuste: eliminación de las jornadas de fin de semana y modificaciones en el sistema de trabajo que implican una reducción de ingresos superior al 5%. El golpe cae sobre trabajadores que ya acumulan más de 18 meses de atraso salarial.

La empresa avanzó por etapas. Hace un mes hizo firmar un acuerdo similar a 100 trabajadores del área de mantenimiento y calidad; esta semana le llegó el turno al resto de la fábrica. Germán Palavecino, dirigente de FETIA y operario de la planta, fue directo: "Los acuerdos ya están firmados en su totalidad, la situación es cada vez más grave y no existen señales que permitan prever una recuperación en el corto plazo".

Para FETIA, el caso Pirelli no es un episodio aislado sino la expresión más visible de lo que ocurre en el sector industrial cuando desaparecen las políticas de protección para la producción nacional. El gremio exige medidas urgentes del Estado para frenar lo que describe como un proceso de desindustrialización acelerada.

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    Axel Kicillof
    Foto: Daniela Morán
MILITANCIA

Demetrio Iramain: “No se puede militar sin esperanza, y esa esperanza es Axel Kicillof”

04 Junio 2026

En diálogo con “Más o menos bien” (sábados de 18 a 20hs por Radio con vos), Demetrio Iramain, poeta, escritor y militante de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, reflexionó sobre la victimización que se hizo de las luchas pasadas y de la importancia de una esperanza en el presente.

A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“Es un gobierno muy muy hostil a todo lo que tenga que ver con los derechos humanos, pero no en particular. Es hostil con los trabajadores, discapacitados, jubilados, mujeres, diversidades, con todos. Hay que enfrentarlo políticamente y no pensar que sólo la hostilidad del gobierno tiene que ver con que reivindica la dictadura. Eso es una parte, por supuesto, pero está dentro de esta otra secuencia”

“Creo que en los últimos años se victimizó el tema de los derechos humanos, se le puso en el lugar de las víctimas. De los derechos humanos podían hablar las víctimas de la dictadura y a mí me parece que no, que en todo caso las víctimas fue todo el pueblo”.

“Las nuevas generaciones tienen que vincularse con aquellos compañeros desaparecidos desde la lucha y no desde el drama de la represión”.

“Hoy, si uno tiene que sintetizar esa esperanza que queremos reconstruir y le tenemos que poner un rostro y un nombre es el de Axel Kicillof. Siempre digo es mucho más que un candidato, es esa esperanza”.

“Nuestro pueblo está sufriendo mucho, no da más. No puede haber una prioridad y una urgencia mayor que liberar a nuestro pueblo. Y en el camino hay muchas reparaciones que hay que hacerlas, como el tema judicial y la situación de los presos políticos, Cristina, Julio de Vido y Milagro Sala”.

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    Papa León
RELIGIÓN

Lucas Schaerer: “El Papa no va a venir en noviembre”

04 Junio 2026

En diálogo con “Más o menos bien” (sábados de 18 a 20hs por Radio con vos), el periodista especializado Lucas Schaerer precisa las razones por las que es un invento que León XIV vendría al país en noviembre de este año.

A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“La primera encíclica del Papa León XIV es muy de del presente, pero mira el futuro. Habla sobre la inteligencia artificial, la robótica y lo que es la cultura de los de lo que yo llamo el gueto de Silicon Valley”.

“Es importante tener un Papa norteamericano porque va a hablar de igual a igual. Esto se nota mucho en los discursos, si uno sigue diariamente al Papa León, y puntualmente este documento es una síntesis de diez años del Vaticano”.

“Lo que estuvo haciendo el gobierno fue plantear una falsedad al decir que el Papa viene en noviembre. Una cortina de humo, clásico de los gobiernos cuando están en crisis. Es totalmente falso y no va a ocurrir, no en noviembre”.

“Pablo Quirno cuando estuvo en Roma ni siquiera fue recibido una audiencia privada por el Papa. Lo recibió en una audiencia pública, que son diez o quince segundos”.

“Creo que hoy los dos pilares de la Santa Sede son el secretario de estado, que es Pietro Parolín, que de hecho fue uno de los papables, y es el que tiene la maniobra para la discusión a nivel internacional, y después por el otro lado, Víctor Manuel, que es el hombre de la teología”.

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