Afrodescendientes argentinos: “La práctica del candombe porteño es un hecho de liberación”
En vísperas del 25 de Mayo, Marta Robles, Ángel “Kutin” Delgadino, Facundo Scanzi y César Lamadrid, tamboreros e integrantes de la Asociación Misibamba, Comunidad Afroargentina de Buenos Aires, dialogaron con Agencia Paco Urondo sobre la historia, la transmisión cultural y la vigencia del candombe porteño como expresión viva de la memoria afrodescendiente argentina
AGENCIA PACO URONDO: ¿Qué significa para ustedes tocar candombe porteño en una fecha patria tan importante como el 25 de Mayo?
Angel “Kutin” Delgadino: Para nosotros es sumamente importante tocar nuestro candombe. En primer lugar, porque los afrodescendientes somos parte de esta Argentina tan maravillosa, con sus luces y sus sombras, desde el siglo XVII. Nuestra presencia forma parte de la construcción de este país y de su historia. También porque las luchas por la Independencia, las Invasiones Inglesas y todos los procesos que luego dieron forma a la historia nacional estuvieron profundamente atravesados por la negritud. Y en toda esa historia, en esa travesía, el tambor siempre estuvo presente: como expresión de resistencia, de identidad, de memoria y de libertad..
Marta Robles: Tocar el candombe porteño es honrar la lucha y el camino de nuestros antepasados hacia la libertad plena. Es sentir orgullo de ser parte de esta historia y poder celebrar, finalmente, un logro tan importante y significativo para nuestra identidad.
César Lamadrid: De alguna manera es conectar con el pasado, con la historia y proyectar hacia el futuro. Y es también para nosotros, para mi, un momento presente en el que puedo compartir y disfrutar con la familia y amigos.
APU: Frente a la negación histórica de la presencia afrodescendiente en la Argentina, ¿cómo leen la persistencia del candombe porteño en relación con los procesos de revolución?
Facundo Scanzi: La presencia negra es tan fuerte que no se la pudo borrar ni en el mito fundacional y pintoresco creado desde la historiografía más conservadora. El candombe desde la colonia hasta la actualidad sufrió procesos de censura, represión y negación. Creo sin dudas que la práctica del candombe porteño es un hecho de liberación, es la prueba sonora que existe una identidad que soporto esclavitud y genocidios.
El candombe siempre estuvo presente como fondo sonoro del bajo pueblo, al igual que lxs afrodescendientes que formaron parte de los batallones del Ejército de la Independencia. En Buenos Aires, como en el resto del país, la cantidad de afros era significativa.
En todas las Guerras de la Independencia hubo afrodescendientes, algunos de la trascendencia de María Remedios del Valle o Bernardo de Monteagudo y millares desconocidos que dieron su vida por la libertad propia y de sus semejantes. Como dijo San Martín “(...) un día se sabrá que esta patria fue liberada por los pobres y los hijos de los pobres, nuestros indios y los negros que ya no volverán a ser esclavos de nadie”.
Por eso también, para mi, el candombe significa abrazar y resaltar el origen e identidad mestiza que tiene nuestro país.
APU: Durante mucho tiempo se instaló la idea de que en nuestro país no hay población afrodescendiente argentina. ¿Cómo impactó esa negación en la historia del candombe porteño?
CL: Aún persiste en el imaginario colectivo la idea de que no hay población afroargentina, por eso nos resulta muy difícil hacer que la gente cambie ese pensamiento, que reflexione con perspectiva histórica acerca de nuestra presencia y que valore los aportes fundamentales que nuestros antepasados fueron dejando en lo que hoy es la cultura argentina.
Por ejemplo, cuando decimos candombe debemos aclarar que es la variante porteña ya que se tiene la creencia que solo Uruguay tiene la propiedad del candombe, no se entiende esta como una práctica ancestral de toda la diáspora.
AKD: La verdad es que uno va creciendo y entendiendo lo que hizo el Estado Nacional con la invisibilización, porque se intentó borrar este candombe y la historia negra de nuestro país.
CL: Siempre se tuvo la pretensión de hacer creer al mundo que argentina es blanca y europea, “que todos llegamos en los barcos”. Casi tuvieron éxito, pero aquí estamos sobreviviendo y resistiendo al olvido.
FS: El impacto que hacés referencia sobre la negación de la afrodescendencia en el país tuvo su efecto. Muchas veces se ha dicho que el candombe porteño es un candombe uruguayo “mal tocado", y también las veces que nuestros toques salían del ámbito familiar o comunal eran visto como algo exótico o extranjero.
MR: Esto fue, entre otras cuestiones, lo que impulsó a que digamos “estamos acá" y empezar a mostrarnos frente a la sociedad porque somos afrodescendientes argentinos y estamos presentes para dar a conocer nuestra historia y ancestralidad invisibilizada por la historia oficial.
APU: Desde esa conexión con su ancestralidad, ¿qué lugar ocupa el tambor como herramienta de identidad y resistencia colectiva?
FS: A decir verdad en esta historia de la afrodescendencia colonial, el tambor fue el símbolo de lo que tenía que ser callado, ocultado o negado. En Buenos Aires hubo una gran diversidad de tambores dependiendo del grupo de origen de donde venían los esclavizados, mucha de esta diversidad se perdió, como consecuencia del racismo, al punto en que no hay un tambor típico en particular para candombe porteño como sí lo hay con otros candombes. Esta diversidad y esta “pérdida del tambor” es la herramienta de resistencia identitaria más grande que tenemos. No importa cómo es el tambor, o si es un tambor, una mesa, una botella o nuestro cuerpo, el tambor es la identidad, la raíz, la resistencia. Poder continuar la práctica identitaria más allá del objeto físico.
CL: El sonido del tambor construido en su forma más antigua tiene un tono y una sonoridad muy particular y distintiva que en conjunto con el baile y canto forman esa comunión que da sentido a la práctica del candombe.
Entendido como una práctica social comunitaria nada de lo que sucede es personal sino colectivo, en el candombe no hay lugar para el ego.
AKD: Coincido plenamente, desde mi lugar de tamborero, percusionista, conguero siempre comento que el tambor es un puente que se hace entre nuestro presente y nuestro pasado, es cuando nuestros ancestros vienen al tambor y cuando nosotros tocamos estamos ahí con ellos, y ellos con nosotros.
Es algo muy fuerte, porque no es un estado mental, sino un estado espiritual, que al final nos deja agotados, por lo menos lo que me pasa a mí, no sé si a mis compañeros le pasará lo mismo, supongo que sí, pero también nos deja una felicidad de encontrarnos tocando juntos y con ellos.
Yo he visto a muchos de mis tíos tocar el tambor, y tengo imágenes que se aparecen en mi mente. Todo ese video esa pantalla se prende cuando empezamos a tocar. Esa es la magia que tiene el tambor, cómo te conecta con esos rostros, que no se quienes son pero son negros, viendo a mi familia, mis tías, a los que estuvieron antes que nosotros.
Memoria afroporteña y transmisión familiar
APU: ¿Qué candombes recuerdan en sus familias? ¿Hay relatos, músicas o recuerdos que hayan pasado de generación en generación?
AKD: En mi casa mi viejo cantaba “El Pastelero” y “Mamita". Como cuenta Facundo, tocaba arriba de la mesa y no necesitaba un tambor para hacer candombe. También mi viejo nos contaba que, cuando eran chicos, la familia cantaba esos candombes que lo remontaban a su infancia. mientras las tías y mi abuela cantaban.
Después me acuerdo que mi tía Albertina y mi tía Maria Elena cantando Misibamba.. Se formaba un semicírculo de tres tambores y se ponían a tocar.
La primera vez que me senté a tocar junto a mis tíos, tenía que seguirlos a ellos, toque la clave de tres-dos y la pasaba bien, al principio un poco nervioso. Veía a todos esos negros concentrados bailando, cantando, riéndose, y a mi tía Albertina dirigiendo la formación de percusión. ¡Tremendo!
Yo no soy el único, hay otras familias que tienen también esos recuerdos.
FS: En el caso de mi familia en particular no se conservaron candombes pero sí la tradición de ir a bailarlos a Casa Suiza. La música que se abordó en mi familia era el tango, la milonga y el folklore, otra forma de mantener vivos los toques de tambor en las cuerdas de la guitarra. Mi abuela me cantó canciones de mi bisabuelo y de sus tíos y también recuerdos de mi tatarabuelo tocando la guitarra.
MR: Candombes que recuerdo son muchos pero “Misibamba" es uno de los más importantes y también hoy lo sigo transmitiendo. Lo disfruto mucho tocando y cantando, a mi manera, como seguramente lo hacían mis ancestros.
APU: Pero históricamente se decía que las mujeres no tocaban el tambor. ¿Cómo fue abrirse camino como tamborera?
MR: Es verdad, por eso ser tamborera en la actualidad, representar a las mujeres que no lo pudieron hacer tocando los candombes porteños es algo verdaderamente mágico Mis antepasadas, mis tías y mis abuelas no lo pudieron hacer públicamente, mostrarse en las calles, o frente a la comunidad, por fuera de las familias.
Mi comienzo con el tambor fue primero escuchando cómo tocaban mis tíos. De a poquito me fui acercando. Mientras mis otros primos jugaban afuera, yo siempre estaba conectada con el tambor y con ese sonido tan hermoso que me atrapó desde la primera vez.
En mi primera comunión, durante la fiesta en la casa de mi madre vinieron todos a festejar. Una de mis tías abuelas mellizas, Albertina que era música, cantante, tocaba las maracas, le dijo a un tío mío, uno de los mayores, que me enseñara y me dejara tocar el tambor. Luego levanté la mirada para ver su reacción a mi toque y fue una aceptación rotunda. Así que hasta el día de hoy, estoy en cada fiesta tocando el tambor.
APU: Muchas veces se dice que el candombe es uno solo. ¿Cómo entienden ustedes las distintas tradiciones candomberas?
FS : Te voy a responder con una frase que se le atribuye a Atahualpa Yupanqui donde dice que “la milonga cambiaba de tranco cada diez leguas”. El candombe como “padre” de la milonga también tiene sus variedades identitarias según la región: hay candombe porteño, correntino, litoraleño, uruguayo, mineiro y paraguayo. Hubo muchas más variedades en el país (hasta en Malvinas hubo candombe) quizá aparezcan nuevas ocultas, revitalizadas o creadas.
AKD: El candombe no es uno solo, no es el del Uruguay el único que existe ahí, ya pasa por una cuestion mas nacionalista, el orgullo , como que nosotros hablemos del tango y otras cuestiones. El tema es que el candombe del Uruguay es el que tuvo más difusión y eso tiene que ver con el Estado argentino, que siempre negó todos los aportes culturales afroargentinos. Eso hace que, incluso en nuestras fechas patrias, en los actos escolares “el negrito”, que es un nene pintado con corcho quemado entre bailando o vendiendo velas, mientras suena el candombe uruguayo. Pero más allá de eso las familias afrodescendientes de Buenos Aires, y yo que estoy criado en una familia afrodescendiente, sabemos que existe un candombe que es el candombe porteño.
APU: Entonces ¿Qué características distinguen al candombe porteño de otros candombes?
CL: El candombe porteño es una variante que se toca con las manos, se baila y se canta. Es uno de los muchos toques que las diferentes etnias trajeron desde África.
Una maravillosa sinergia que se retroalimenta, un momento donde se comparte, tanto alegrías como tristezas, al ritmo de los tambores. Este candombe sobrevivió a pesar de que se prohibió y se castigaba su práctica.
Sin embargo siempre fue, y sigue siendo, considerado un tesoro para las familias afroporteñas que lo resguardaron de manera tal que logró perdurar casi intacto hasta nuestros días.
AKD: Nuestro candombe se toca a mano limpia directamente sobre el cuero del tambor, siempre en el tiempo de la clave 3-2. Hay canciones que conservan palabras en africano en el lenguaje kikongo. Una de las diferencias con el candombe de Uruguay es que allá se toca con tres tambores específicos: chico, repique y piano. Los nuestros no tienen nombre y los de ellos si. Además tienen más influencias del Brasil , aunque comparten la misma clave 3-2.
APU:¿Cómo se expresa actualmente el candombe en Buenos Aires: ¿está creciendo, resistiendo o transformándose?
FS: Las tres cosas. La forma de resistencia actual es que crezca en términos de difusión, y esa difusión va a hacer indefectiblemente que se transforme.
La difusión se busca desde el conocimiento de la historia y los fundamentos de nuestra identidad afroporteña y argentina con el fin de que las transformaciones sean representativas y no una mera apropiación cultural.
Por eso el principal desafío es lograr que se vuelva popular sin perder su esencia y legado histórico. La clave del candombe porteño es su historia con todas sus particularidades. Es una historia única que constituye nuestra identidad y poder transmitirla cabalmente es el principal desafío para que no quede en un patrón rítmico sin alma o una danza exótica.
CL: En los últimos años existe una mayor visibilidad. Muchos amigos y amigas se hacen eco de nuestras palabras y comprenden en profundidad el concepto de que el candombe es mucho más que un toque que se aprende y reproduce. Es compartir en comunidad.
APU: ¿Qué lugar creen que ocupa hoy la memoria afroargentina dentro de la historia oficial?
CL: Sería más justo contar una historia que pida disculpas por el horror que representó haber sido parte del más grande crimen contra la humanidad, así como lo condenó la ONU en marzo de este año. Y también reconocer que, a pesar del dolor que representa para cada uno de nosotros que nuestros ancestros hayan sido arrancados de su tierra, de ese sufrimiento surgieron grandes mujeres y hombres que dieron su vida por defender los valores de esta nueva tierra, esta Patria que hicimos nuestra.
APU: ¿Qué recuerdos tienen de los actos escolares del 25 de Mayo? ¿Sentían que esas celebraciones los representaban?
MR: Era muy chiquita, pero recuerdo una experiencia en el acto de negrita candombera, me pintaron la cara con corcho quemado, un pañuelo en la cabeza, me lo saque. Después ya no participé en otros actos, tal vez ya sentía una música que no era mía, que había otro sonar de los tambores. Y hoy más grande se que eran tambores tocados con palo y mano, no como lo hacían en mi familia.
FS: Como niño haciendo siempre de vendedor de velas ¡por suerte nunca con corcho quemado!. Como docente escuchando cualquier cosa menos candombe porteño y teniendo que advertir de qué suena y por qué se necesita hacer sonar nuestra historia.
CL: En cuanto a las celebraciones por el 25 de Mayo de chico siempre me pareció por lo menos curioso que solo apareciéramos como personajes secundarios, vendiendo empanadas o escobas, personajes casi irrelevantes.Al crecer encontrar la riqueza del aporte cultural y político que no se enseña en las escuelas fue muy revelador y me llena de orgullo.
APU: Particularmente Facundo y César, ustedes son docentes de educación primaria. ¿Qué cambia cuando el candombe porteño entra en la escuela?¿Qué mirada les gustaría que las escuelas transmitan sobre la historia nacional?
FS: Todo. Lxs chicxs lo entienden al instante y lo sienten super propio.
Me gustaría que la educación pueda abordar una mirada lo más integral posible, donde se entienda que nuestra identidad es múltiple: afro como el candombe, la milonga, el tango o el dulce de leche, mapuche-tehuelche como la guarda pampa; guaraní, como la práctica del mate y el origen quechua de su nombre ; y también europea como muchas tradiciones que ya se vienen enseñando.
CL: Me ha pasado que en diferentes charlas, conversatorios y cursos donde hablamos sobre esta tercera raíz identitaria argentina, por más que mostremos fotos, hablemos sobre la historia en primera persona o contemos anécdotas, no es el mismo interés que se nota cuando empieza a sonar el candombe en los tambores. La comunicación se establece en múltiples dimensiones y quienes lo perciben se dejan llevar por el ritmo. Es algo muy lindo de experimentar. Cuando el candombe entra a la escuela deja de ser solamente un contenido para convertirse en una experiencia colectiva, permite visibilizar una parte de la historia argentina que muchas veces fue silenciada y negada A la vez, amplía nuestra mirada sobre el folklore y la identidad nacional. Por eso yo considero que debería estar más presente en los actos escolares.
APU: A 18 años de la fundación de la Asociación Misibamba como una de las organizaciones pioneras en la visibilización de la cultura afrodescendiente argentina, ¿qué legado de su fundadora, María Elena Lamadrid, sigue acompañando hoy el trabajo y la transmisión del candombe porteño?
AKD: Los 18 años de Misibamba no son poca cosa. Yo hace 15 años que estoy acá. El legado que transmite y deja la tía María Elena Lamadrid, fundadora de la asociación, es la necesidad de seguir sosteniendo y transmitiendo la afrodescendencia y el candombe porteño.
De ella recibo muchos consejos, siempre me incita a ir por más. Eso es lo que ella siempre hizo desde que tengo uso de conciencia. Y todo se da por algo muy poderoso, el candombe es como un picaporte, una llave que abre las puertas. Cuando uno toca candombe automáticamente a las personas les vienen un montón de preguntas, como por qué no se dijo antes, por que no se investigó a fondo, porque se invisibilizó tanto. Hay de todo, también incrédulos.
Misibamba como organización afrodescendiente argentina se convirtió en una asociación muy importante por visibilizar “lo negro” . Eso es así porque está compuesta por personas que descienden directamente de esos africanos que fueron esclavizados en el territorio nacional, y porque mantiene una forma de tocar un candombe que no está registrada en ningún lado.
Eso también ayuda a validar lo que decimos y lo que queremos transmitir. Y aunque Misibamba ya recorrió muchísimos lugares —incluso espacios a los que otros no pudieron llegar—, nuestra asociación todavía tiene mucho camino por delante. Desde una lucha humilde, vamos por mucho más.
* Por decisión de la autora, el artículo contiene lenguaje inclusivo.