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    Lautaro Ortiz
    Foto: Clara Rodríguez
RESEÑA

Comprándole al vendedor de bagatelas: lecturas, investigaciones y supuestos de Lautaro Ortiz

12 Julio 2026

No puedo empezar a hablar sobre El Anfitrión, de Lautaro Ortiz (Del Camino, 2026), sin hacer paralelismo con un capítulo de Los Simpson. A usted le parecerá gracioso, pero le puedo asegurar que me es fácil recordar por dónde transcurre la trama principal del mismo, aunque se me dificulta en demasía hacer lo mismo con su inicio, hasta me animaría a decir que pocas veces lo vinculo con su posterior desarrollo, como si llegara a ese punto casi por casualidad. Y ahí (lector o televidente) debo admitir que, indefectiblemente, he caído en la trampa.

Eso es lo que ocurre en cada una de estas 27 contratapas hechas para Página/12 (excepto la última, que no fue publicada en dicho diario) nacidas de la lectura y la investigación, pero que rellenan sus espacios en blanco con supuestos. Y para alguien que disfruta de la narración hábil sobre un detalle presentado como algo secundario en el principio de la historia, es uno de los lugares más bellos donde puede caer.

Vale de ejemplo el primer trabajo que nos muestra, “Ese amigo de Walsh” (El de Rodolfo es uno de los nombres que se repite insistentemente y, como usted verá, no es casualidad), donde parece narrar sobre la escritura de Operación Masacre, pero en realidad se dirige hacia una de las tantas casas en donde durmió el periodista mientras lo escribía.

O mejor, la existencia de esa casa reside hoy en el dibujo que conserva entre sus papeles el pintor Horacio Guillermo Maniglia, hijo de Horacio, a quien Walsh le dedica “La aventura de las pruebas de imprenta”, en Variaciones en Rojo.

Es así como el lector se ve sumergido en una amistad que no por nada va de la mano con la Biblioteca de Bolsillo Hachette, el pensamiento político de época y las contradicciones que ésta lleva, por qué no. Algo que se va a repetir varias veces en el libro, como en la historia de Lafert en la voz de su hija Elena. “Todo dibujo es un intento por desenmascarar al olvido”, escribe Ortiz, y la crónica no es más que una muestra.

Así, fácilmente nos vemos sumergidos tras los pasos de Horacio Quiroga o su cabeza, en la visión que tuvo Stepán Erzia. En averiguar quién fue Michell Berboff, ese amigo que Raúl González Tuñón evoca en “Escrito sobre una mesa de Montparnasse”, dentro de la posible existencia de una “Enciclopedia Tuñón”. O en ese día especial de 1933 donde Oliverio Girondo colgó sus famosas ranas disecadas y “éstas pasaron a ser parte de una escenografía tantas veces recordadas por los poetas de la pasión surrealista”.

Ese “detalle” que se presenta como irrelevante en el comienzo de la historia, cobra otro valor a medida que se va desarrollando. No puedo negar que esa forma de realizar sus crónicas me dirigen hacia otro famoso escritor también conocido, entre otras cosas, porque escribir las suyas en el mismo diario, las cuales se volvieron tan indispensables que se recopilaron en cuatro tomos, pero Ortiz corre de cuajo este pensamiento desde el principio, en el mismo prólogo (un tanto picaresco, debo decir) al afirmar que sus investigaciones no seguían un plano general ni salían en forma determinada: “Ni jueves, ni viernes, ni cada tanto”.

La aparición de “el anfitrión” en estas historias donde “me preocupé por dejar en evidencia algunas cuestiones que rigen al conjunto: siempre investigar más que opinar, descubrir más que describir, preguntar más que dar certezas, contar más que relatar”, termina por darle cierta coherencia y continuidad a lo que uno va leyendo. Y por qué no, hay allí un cierto guiño a otro de los intereses de Ortiz: el policial.

Es que el anfitrión suele estar bien acompañado, sus historias no suelen ser directas y trae el lugar hacia donde nos dirigimos, escondido dentro de los banquetes opíparos que ofrece, por los cuales hasta el mismísimo Pepe Carvalho levantaría la copa en señal de satisfacción.

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el anfitrión tapa

Las personas que tratan de resolver el enigma a través de lo que escuchan, compiten entre ellas como lo podrían hacer Borges o Bioy Casares con la Biblioteca Hachette o el mismo Rodolfo Walsh en ese tiempo. Una mirada interesante sobre este último, tal vez no tan tenida en cuenta.

Es así como Ortiz es capaz de trasladarnos a través de un disco de poemas surrealistas en la voz de Enrique Molina encontrado en una librería de la Chacarita, hacia “dónde queda todo lo que nos sobrevivirá: polvo y silencio”. Es decir, al proyecto de Thiers, su discográfica, y cómo llegó a la grabación de Molina que es la puerta de entrada para revisar un catálogo de casi secretas cintas para nosotros.

O nos mete en los dibujos de George Grosz, quien solía expresarse de la siguiente manera: “El arte por el arte me parecía una estupidez. Yo quería protestar contra ese mundo de destrucción, todo en mí protestaba oscuramente… Pinté en estado de protesta”. Y cuando todo parece ir para ese lado, aparece uno de sus cuadros dedicado a Oskar Panizza, para sumergirnos en sus infernales relatos, que Grosz obviamente conocía.

Ciertos “olvidos” de David Lynch, el hallazgo del eslabón fundamental entre la literatura argentina y la literatura de lengua inglesa del siglo XX en la figura de Lawrence Smith, el no menos importante de la moto que la revista Patoruzito entregó como premio (un encuentro que puede calificarse de detectivesco, teniendo en cuenta que la crónica oscila entre la historia del premio, la misma revista y la de los hermanos Lavintman, los creadores de la moto Broadway que se entrega), el curioso relato del superhombre argentino en la figura de Eduardo Nasep, Borges y sus máscaras (literal y metafórica), y el desagote final de esta marea en otra figura que se repite, la de Mansilla.  

La lectura de El Anfitrión, provocadora de cierto éxtasis, me invita a pensar que poco importa si las investigaciones de Ortiz son fehacientes cuando están tan bien relatadas, tranquilamente pueden formar parte de nuestra literatura o saben cómo pasearse por ella, rescatando cosas que para otros no tienen valor. Tonto de mí, ya él mismo lo desliza en una de sus contratapas:

 

—¿No me diga que consideró la posibilidad de tomarlo en serio? —le pregunté al Anfitrión, asombrado y entonado.

—No. Pero entienda usted una cosa —respondió ofendido—. ¿Qué sería de nuestra literatura sin el auxilio de lo que no existe?

 

Alguien me dijo una vez, mientras buscaba con lupa al cabo Gómez de Lucio V.

Mansilla en un cuadro de Cándido López, que yo pecaba de exceso de imaginación…

En ningún momento hice trampa al lector, sólo rellené los espacios vacíos de cada historia con supuestos, el mejor material para mantener de pie la casa del asombro

en relación a las misteriosas acciones de los hombres”.

“¿Qué sería de nuestra literatura sin el auxilio de lo que no existe?”

No es un detalle menor la aparición de nombres como el de Juan Carlos Sánchez Sottosanto, Guillermo Saavedra en esa hermosa historia donde el bandoneón se convierte en una metáfora, hasta el del querido y no menos incansable Julián Axat. Es que Lautaro Ortiz, además de ser escritor y periodista reconocido, fue editor y director de la Fierro hasta el año 2019; ha guionizado historietas en colaboración de dibujantes como Lucas Nine y El Tomi, además de escribir sobre arte, literatura e (me repito) historietas en diversos diarios.

Podría decir que es un vendedor de bagatelas, como el cuento que le dedica Rodolfo Walsh a la memoria del traductor Alfredo de León (Ortiz realiza una constante elevación de este oficio, en nuestro país y durante el siglo XX, algo en directa relación con lo que escribe al principio, “como el cazador pobre: a lo que salga”)  

El autor utiliza dicha historia no publicada en el diario para dar cierre a este fructuoso libro y para rendirle homenaje al traductor y el análisis que tiene de León sobre la literatura policial, que fue “sólo recompensado por el olvido”.

Pero no existiría el vendedor de bagatelas si no hubiera quien se siente atrapado por ellas y las compra. Y suelo ser uno de ellos.

Hay quien sospecha en una de las redes famosas utilizadas para expresarnos, sobre la verdadera identidad del anfitrión y debo decir que, después de leerlo, no me da ganas de averiguar quién es (cosa que debería realizar, de todos modos).

Es más, me encuentro en la situación de pensar que Lautaro Ortiz no existe, que en realidad se trata de otro de los hábiles disfraces del anfitrión, y compro encantado.

Mire, hasta esa llegamos.

O hasta eso llegó el autor de este libro.

Y déjeme decirle: lejos estoy de no encontrarme contento por ello.

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    Teatro Una
CARTELERA TEATRAL

Teatro: "Una", la pregunta sobre la identidad

12 Julio 2026

“Tenes la nariz un poco torcida”, le dice su marido a Angélica Moscarda frente al espejo. La frase parece insignificante. Sin embargo, basta para hacer estallar una ficción que sostenemos todos los días: la de creer que somos una sola persona. Hasta ese momento, Angélica no se había dado cuenta de su nariz torcida, ni tampoco de la enorme distancia entre la Angélica que ella creía ser y la Angélica de su marido.

La premisa de Una, inspirada en la novela Uno, ninguno y cien mil, de Luigi Pirandello, parece sencilla. Una mujer descubre que la imagen que los demás tienen de ella no coincide con la que construyó sobre sí misma. Pero esa grieta inicial pronto deja de pertenecer únicamente a Angélica. Se convierte en una pregunta que atraviesa al espectador. ¿Alguna vez llegamos a vernos realmente? ¿O aprendemos a habitar el relato que los otros construyen sobre nuestra existencia?

Vivimos convencidos de que nos conocemos. Habitamos el mismo cuerpo desde hace años, pronunciamos el mismo nombre, reconocemos el mismo rostro cada mañana frente al espejo. Sin embargo, casi nunca nos vemos directamente. Nos vemos reflejados. Pero incluso ese reflejo no somos nosotros. Como en La traición de las imágenes (1929), del pintor belga René Magritte, donde la inscripción "Esto no es una pipa" nos recuerda que toda imagen es apenas una representación y nunca la cosa en sí, el espejo tampoco devuelve una verdad. Devuelve una construcción. Angélica descubre que tampoco ella coincide con la imagen que la representa. Entre la persona y su reflejo existe la misma distancia que entre la cosa y su representación. Nos vemos en una fotografía, en una videollamada, en la cámara frontal de un teléfono, en la mirada de quienes nos rodean. Somos la hija de alguien, la amiga de alguien, la pareja de alguien, la profesional que otros describen. Nuestra identidad nunca es completamente nuestra.

Angélica no descubre que tiene la nariz torcida. Descubre algo infinitamente más perturbador: existe una versión de sí misma que nunca le perteneció. La mujer que los demás conocen no coincide con la mujer que ella creía ser. Esa distancia, casi imperceptible al comienzo, termina convirtiéndose en un abismo.
Hay una pregunta que atraviesa toda la puesta y que nunca termina de formularse del todo: ¿quién sabe más sobre mí? ¿Yo, que llevo toda una vida habitando este cuerpo, o los otros, que me observan desde afuera? La respuesta parece evidente hasta que alguien señala un detalle que jamás habíamos visto. Entonces comprendemos que vivimos suspendidos entre dos imágenes irreconciliables: la que construimos de nosotros mismos y la que los demás proyectan sobre nosotros.

Esa fractura también ocurre en el cuerpo. Y es precisamente allí donde el trabajo de Miriam Odorico encuentra una potencia extraordinaria. Sus movimientos rara vez avanzan de manera lineal. Un gesto comienza y, de pronto, algo lo desvía. Un brazo cambia de dirección, una intención se interrumpe, un impulso queda suspendido antes de completarse. Es el cuerpo haciendo el "como si" de las respuestas de Angélica. Cuando creemos que encontró el camino, justo ahí aparece una interrupción que, una vez más, como una espiral, la devuelve a una nueva pregunta. 

¿Alguna vez llegamos a vernos realmente? ¿O aprendemos a habitar el relato que los otros construyen sobre nuestra existencia?

Mirándola, resulta inevitable recordar el método de la interrupción desarrollado por Pompeyo Audivert. No porque la puesta busque reproducir esa investigación, sino porque comparte una intuición semejante: el cuerpo nunca parece obedecer a una única voluntad. 

En Una, esa interrupción deja de ser un procedimiento corporal para convertirse en una idea. Si toda acción supone un sujeto capaz de sostenerla hasta el final, entonces un cuerpo que nunca termina de completar sus movimientos es también un cuerpo donde la identidad se encuentra permanentemente en disputa. Cada gesto parece preguntarse quién lo está realizando. Cada uno de los personajes que interpreta Odorico, desde el marido hasta el amigo de este o la suegra, aparece irrumpido por Angélica, como si ninguna identidad consiguiera imponerse definitivamente sobre las demás. 

La puesta acompaña esa decisión con una austeridad notable. Una silla, la luz y el cuerpo de la actriz. El vacío no aparece como una carencia, sino como un espacio de resonancia donde cada transformación sucede delante del espectador. Todo ocurre en el cuerpo.

Cuando Pirandello publicó Uno, ninguno y cien mil, escribió que aquella era la historia de la descomposición de una personalidad. Casi un siglo después, esa intuición continúa interpelándonos. La obra no habla solamente de un individuo que deja de reconocerse. Habla de la imposibilidad de reducir una vida a una única versión de sí misma. Somos distintos para cada persona que nos conoce y, al mismo tiempo, distintos para nosotros según el momento desde el que nos recordamos.

Pero cuando esa pregunta recae sobre una mujer, adquiere otra dimensión. La identidad femenina ha sido, históricamente, narrada por voces ajenas. En ese sentido, Una dialoga con La mujer rota, de Simone de Beauvoir, donde las protagonistas descubren que la imagen sobre la que edificaron su vida comienza a desmoronarse. No porque ellas hayan cambiado de un día para el otro, sino porque los papeles que sostenían su identidad dejan de ofrecer respuestas. Angélica atraviesa una experiencia semejante. Su recorrido no consiste únicamente en una crisis existencial, sino en despojarse de los nombres, los mandatos y las expectativas que otros depositaron sobre ella. No busca convertirse en alguien nuevo. Busca averiguar cuánto de lo que llama "yo" fue escrito por los demás. 

¿Dónde habita realmente la identidad? ¿En el cuerpo? ¿En el nombre? ¿En la memoria? ¿En la percepción de los otros? La obra no ofrece una respuesta. Apenas sugiere que ninguna de esas dimensiones, por sí sola, alcanza para explicar quiénes somos. La identidad aparece entonces como una construcción compleja, atravesada por la historia, los vínculos, el deseo, la experiencia y la forma en que nos narramos a nosotros mismos. 

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Teatro Una

 

Vivimos rodeados de espejos. Ya no son únicamente los de vidrio. Son las pantallas, las selfies, las redes sociales, las videollamadas. Nunca antes habíamos tenido tantas imágenes de nosotros mismos y, sin embargo, pocas veces resultó tan difícil responder una pregunta tan sencilla como antigua: ¿quién soy?

El título de la obra termina revelando otra paradoja. Una parece nombrar una identidad singular, pero también funciona como un pronombre indefinido. Podría ser cualquier mujer. Podría ser todas. Cuanto más intenta convertirse en una sola, más descubre que está hecha de muchas. Y allí vuelve Pirandello. No porque seamos nadie al descubrir nuestra multiplicidad, sino porque la ilusión de un yo único termina por desmoronarse. Somos uno para nosotros, cien mil para los demás y, en ese tránsito, nunca dejamos de transformarnos.

La obra apenas abre una hendija para que nos atrevamos a espiar. Somos apenas una imagen momentánea entre muchas otras posibles.
Tal vez el problema nunca haya sido descubrir que somos muchos. Tal vez el verdadero problema sea el mandato de tener que ser una. La sociedad necesita identidades estables porque las clasifica, las ordena y las vuelve previsibles. El teatro, en cambio, insiste en otra cosa. Nos recuerda que habitamos una contradicción permanente. Que somos quienes fuimos, quienes creemos ser, quienes los otros imaginan y quienes todavía no conocemos.

Y como todo arte suele tener esa rara capacidad de alterar imperceptiblemente a quien lo mira. Uno entra creyéndose el mismo de siempre y sale con una pregunta nueva habitándole el cuerpo. Una trabaja exactamente sobre esa transformación. No busca decirnos quiénes somos. Hace algo mucho más inquietante: pone en escena la fragilidad de todas las respuestas que habíamos construido para creer que lo sabíamos. 

Una se presenta los sábados a las 17.30 horas en Almagna Teatro (Guardia Vieja 3783, CABA).  

Entradas en venta por Alternativa Teatral.

Ficha técnico artística

Actúa: Miriam Odorico @miruodorico
Dramaturgia y Dirección:  Giampaolo Samá @gpsama 
Vestuario:  Julio Suárez @jualayonvestuario
Diseño gráfico: Paola Bilancieri @paolabilancieri_ag
Diseño de luces y fotografía:  Giampaolo Samá  @gpsama 
Producción:  Perbacco
Prensa: Susan Lonetti @suvalo88
Duración: 70 minutos
Instagram: @una_laobra  

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    Joaquín Gallardo
ENTREVISTA LITERARIA

Joaquín Gallardo: "Me parece que lo no dicho es la materia prima de la buena literatura"

12 Julio 2026

Joaquín Gallardo nació en la ciudad de Neuquén en 1994 y, desde 2012, reside en Buenos Aires. Es psicoanalista, graduado en la Universidad de Buenos Aires. Colabora en medios digitales con artículos sobre psicoanálisis y literatura. Sus cuentos fueron publicados en antologías en Argentina y Colombia, y en Fanfiction volumen I (Ojo de loca, 2025). Actualmente estudia la Licenciatura en Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes.

La Agencia Paco Urondo conversó con Joaquín Gallardo a propósito de El caníbal de la fiesta, su primera novela.

AGENCIA PACO URONDO: En la novela, la transición de Julián no es hacia otra identidad como mujer, sino hacia su propia madre. ¿Cómo pensaste esa operación desde lo psíquico y lo narrativo? ¿Qué te interesaba explorar en ese desplazamiento tan particular?

Joaquín Gallardo: La transición de Julián en su propia madre era una oportunidad en dos sentidos. Por un lado, me parecía muy interesante a nivel literario contar una historia así, creo que tenía condimentos que la distinguían de otras novelas y formas de abarcar el tema de la transexualidad. El caníbal de la fiesta no es una historia sobre una persona que nació biológicamente macho y se siente una mujer, es sobre un hombre que se transforma en su madre muerta y eso cambia las cosas. A medida que avancé con la escritura de la novela, quise describir y profundizar esa metamorfosis.

Por otro lado, en el terreno del psicoanálisis, que es mi vocación y a lo que me dedico, esta forma de transicionar me permitía relacionarla con el concepto de desencadenamiento, que ocurre cuando una persona vive algo tan fuerte que la modifica radicalmente. Pero, también, da lugar a interpretar esa transición tan singular como una manera de mantener viva a esa madre que se perdió.

APU: Tanto Julián como su padre son personajes atravesados por tensiones internas muy fuertes. ¿Cómo trabajaste la construcción de esas subjetividades? ¿Partiste de conceptos del psicoanálisis o apareció después, en la reescritura?

JG: La construcción de los personajes de Julián y su padre fue uno de los puntos más simples y naturales en la escritura de esta novela porque a ambos los tenía muy claros en mí y sabía que ellos estaban posicionados en polos opuestos entre sí; casi un juego de espejos invertido. Por lo tanto, al encontrar un rasgo en Julián, de inmediato sabía cuál era, por el contrario, el que tendría su padre. También tener esto en cuenta me orientó para pensar y construir los diálogos y los momentos en que ellos interactúan. Fue algo que estuvo desde el principio de la escritura del texto, no hizo falta trabajarlo en la reescritura. 

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El caníbal de la fiesta

 

APU: La novela pone en juego vínculos donde el amor, la violencia y el rechazo pueden convivir, de una manera insana. ¿Te interesaba incomodar al lector o fue una consecuencia de llevar esos vínculos al límite?

JG: Desde mi punto de vista, es imposible pensar en qué efecto puede tener una escena en un lector, en principio porque supondría que existe tal cosa como un único lector y, en realidad, creo que hay tantos como cada persona que lea el libro. Tampoco creo que uno, como escritor, pueda manipular la emocionalidad de los lectores. Lo que sí hago es apostar a escribir historias que me interesen, que a mí como lector me gustaría leer; y si en el camino conmueve a lectores, es muy bienvenido y una gran alegría. Por los comentarios que fui recibiendo, El caníbal de la fiesta es una novela que interpeló y no les pasó desapercibida a quienes la leyeron. 

APU:¿Qué lugar ocupa lo no dicho en esta familia en la construcción de la historia?

JG: Me parece que lo no dicho es la materia prima de la buena literatura. No quiero leer textos donde me expliquen cosas ni me den todo digerido. Me gustan las novelas donde la historia se va construyendo entre narrador y lector, que uno pueda ir atando cabos, interpretando pistas, donde los autores dejen asuntos a medio decir. Esa fue mi búsqueda en El caníbal de la fiesta y en el resto de las novelas que tengo escritas. Al dejar cosas a medio decir, le di la oportunidad a la gente que leyó la novela de que construyan su propia versión de la historia.

APU: Además de escritor, sos psicólogo, y eso se percibe en la densidad de los personajes. ¿Cómo dialogan en tu trabajo la práctica clínica y la escritura? ¿Dónde se cruzan y dónde necesitás que se separen?

JG: El punto de contacto entre mi trabajo como psicoanalista y mis novelas tiene que ver más con la teoría que con la práctica clínica. Los conceptos psicoanalíticos y el corpus que tengo estudiado me dan las herramientas para construir los matices y capas de los personajes. En la clínica, en cambio, escucho relatos de mis pacientes que serían inverosímiles en una novela; no puedo entrecruzar esas dimensiones. 

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    Charla en ATE Capital
DDHH

Charla en ATE Capital: cómo despedir a un desaparecido, desde lo personal y lo colectivo

12 Julio 2026

La búsqueda de la verdad sobre el destino de los desaparecidos y desaparecidas durante la última dictadura cívico militar en la Argentina lleva décadas y, recientemente, sumó un nuevo capítulo con el hallazgo e identificación de los restos de varios compañeros y compañeras que fueron detenidos y asesinados en el ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio (CCDTyE), La Perla, en Córdoba. En una charla en la sede de ATE Capital, Agueda Goyochea, hija de dos de esos militantes secuestrados y asesinados y cuyos restos fueron hallados e identificados, dio testimonio de lo que significa esta nueva etapa. Junto a ella, participó Carlos “Maco” Somigliana, integrante del equipo argentino de Antropología Forense (EAAF), que formó parte del trabajo de investigación, moderados por Flavia Fernández Brozzi, responsable del área de DDHH de ATE Capital.

“Esta búsqueda venía desde hace mucho tiempo pero el momento de la identificación fue muy movilizante y complejo”, contó Agueda sobre el hallazgo de los restos que pertenecen a su madre y a su padre. “Surgieron muchas preguntas. ¿Cómo los nombramos?, ¿adónde los vamos a llevar? No tenemos rituales para estas situaciones, es algo novedoso. Fue algo que sucedió hace 50 años pero en la familia aún está la necesidad de despedirlos”, dijo.

Sus padres y los de una amiga suya fueron detenidos y luego fusilados y enterrados en La Perla. Ahora, ambas familias están compartiendo el dolor y tratando de reconstruir el momento más trágico para luego, armar una despedida juntos. Esa es una circunstancia que los llevó a la reflexión que, como aseguraron, debería ser colectiva. “La única certeza que tenemos es que son sus huesos pero hay que pensar entre todos, ¿qué se hace con esto? No es como velar o enterrar a otro muerto. Entonces, ¿alcanza con el duelo?”, contó Agueda. “Hay muchas cuestiones para seguir pensando en comunidad, el significado de todo esto”.

Por su parte, Somigliana coincidió en que se trata de una situación absolutamente inédita que implica una bisagra en la sociedad. Y destacó: “No es lo mismo seguir aferrado a una incertidumbre, como la figura de un desaparecido, que tener la certeza, por mínima que sea, de su final. Y para las familias implica un tiempo para decantar este proceso y ver cómo encaran semejante cosa”. Pero además, aseguró que no hay que perder de vista la cuestión política inserta en esta situación. “Primero, por el respeto que merece y también porque es una verdad que se va imponiendo. Cuando algunos pobladores de la zona contaron en algún momento que sabían que en la Loma del Torito, había habido fusilamientos, no le dieron importancia. Habrá que preguntarse por qué se tardó tanto en tener en cuenta esos testimonios. Pero finalmente, la verdad se va revelando”.

Y frente a esa realidad, tanto Somigliana como Goyochea coincideron en que, la sociedad argentina no tuvo la capacidad suficiente de escuchar el relato de los sobrevivientes de los centros clandestinos de detención y tortura e, incluso, los trataron bastante mal. “El cuestionamiento era ¿por qué están vivos? Y eso atrasó mucho el proceso. Faltó percepción para entender la importancia de esos relatos”, dijo Somigliana.
Y agregó: “No hay crímenes perfectos, hay crímenes atroces como éstos- Y las familias quieren saber muchas cosas sobre lo que atravesaron sus seres queridos, hay mucho por responder y en eso hay que seguir trabajando en todo el país”.

Graciela Daleo, quien estuvo presente en la charla y vivió en primera persona el horror en la ESMA, coincidió en este punto: “Como sobreviviente siempre me pregunté por qué, aún sabiendo el destino de nuestros compañeros, según los primeros testimonios, nos costó profundos cuestionamientos. Realmente fue un dilema profundo para nosotros”.

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Charla en ATE Capital

 

Según Agueda, lo que se hizo público en el hallazgo e identificación de los restos óseos, es la culminación de un trabajo anterior en el que también fue fundamental, el relato de un grupo de sobrevivientes de La Perla que hicieron contacto con los familiares de los desaparecidos y desaparecidas, ya en la década de 1980. “Ellos fueron testigos de los traslados para el posterior fusilamientos”, dijo.
En la charla se habló sobre lo que podría ocurrir a partir de ahora, con nuevos hallazgos óseos, en distintas zonas de la Argentina: muchos restos no podrán ser identificados o, en otros casos, no tendrán posibilidad de ser devueltos a sus familias- “Hay que pensar qué se hace con eso, es una responsabilidad de toda la sociedad, que nos implica a todos como pueblo”.

El planteo que sobrevoló la charla, además, está relacionado con lo que debería reflexionarse en conjunto a partir de ahora.” Es parte de la condición humana negar la muerte, vivimos negándola hasta que no lo podemos hacer más. Este hallazgo nos dice que están todos muertos pero ¿para qué nos va a servir todo esto? La puerta de entrada es el duelo”, dijo Somigliana. “Mientras tanto el tiempo pasa para todos y hay verdades que son más complicadas que otras. Y acá hubo un ocultamiento tras otro, por eso queda mucho trabajo por hacer”.

Frente a la pregunta de cómo se sigue luego de un hallazgo e identificación de esta naturaleza, para Agueda, que representa lo que puede ser la realidad de muchos otros familiares de las 30 mil víctimas de la última dictadura cívico militar, se trata de gran un interrogante. “No sé cómo se sigue. La búsqueda siempre estuvo cargada de emoción y cada tanto, de a ramalazos, hubo acompañamiento colectivo, como en la última marcha del 24 de marzo, y creo que esto debería ser algo compartido”, aseguró. 
E insistió sobre la necesidad de generar un ritual de despedida como una forma de reintegrar a los desaparecidos a su condición humana. “No es una reparación, creo que se trata de algo ético, volverlos al cauce de la humanidad y eso es una responsabilidad colectiva. Y con cada una de las personas que faltan, sobre cada uno de ellos deberíamos poder encontrar algo”.

Los interrogantes que surgen a partir de ahora, merecen una reflexión profunda hacia el pasado. Según Somigliana, “El término “desaparecidos” es un eufemismo. Y lo que hizo la dictadura también sucedió porque la sociedad lo permitió. Se naturalizó durante mucho tiempo, el no saber dónde estaban. Así como hubo un plan sistemático para desaparecer personas por parte del Estado, también el Estado debería hacerse cargo de la búsqueda y exigirle eso sea quien sea porque es algo que le corresponde a todo el pueblo argentino, no solo a los familiares”.

Ante la pregunta del rol de los medios en todo este proceso que, en su gran mayoría, ignoran el tema, Agueda Goyochea remarcó un cambio a lo largo del tiempo. “Mi impresión es que durante la transición democrática, lo que se daba a conocer, era de mucha espectacularidad, no había eufemismos. Luego surgieron otras maneras de contar esto. Pero ahora, parece que está todo dicho”. Y concluyó: “Aunque parezca que ya sabemos todo lo que pasó, creo que hay que poder decirlo en los términos de un principio, que fueron incómodos y dolorosos. Pero no hay otra manera. Sobre todo para poder transmitirlo a los más jóvenes para que los hechos tengan la dimensión real que tienen que tener”.

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A 17 años del asesinato de Kiki Lezcano y Ezequiel Blanco: “No vamos a permitir que maltraten ni desaparezcan a nuestros hijos”

12 Julio 2026

El 8 de julio se cumplieron diecisiete años desde que Jonathan “Kiki” Lezcano y Ezequiel Blanco, de 17 y 25 años, fueron asesinados por Daniel Santiago Veyga, oficial de la Policía Federal. El caso demuestra que la matanza de pibes de barrios populares en manos de fuerzas de seguridad sigue siendo sistemática en nuestro país y que el entramado también involucra el accionar del poder judicial. 

Vivían en la villa 20 y sufrían constantes amedrentamientos por parte de las fuerzas de seguridad, sobre todo de los efectivos de las comisarías 12 y 52, incluso el día anterior. La amenaza fue clara: “Cuídelo a Kiki, le puede pasar algo malo. Si no somos nosotros, son los narcos”, le dijo el Oficial Chávez a su madre, Angélica Urquiza, en febrero del 2009. Dos semanas después lo levantaron en la calle y lo desfiguraron.

En este caso, su familia presentó una denuncia por averiguación de paradero en la Comisaría 52ª y, tras estar desaparecidos durante dos meses, recién el 14 de septiembre se les informó que estaban enterrados como NN en el Cementerio de Chacarita -donde también apareció Luciano Arruga-, a pesar de que el juez Facundo Cubas ya tenía la identificación. A ello hay que sumar la responsabilidad del personal del Hospital Piñero, el Registro Nacional de las Personas y de la morgue judicial que nunca registraron ni dieron aviso. Cubas, del Juzgado Nacional de Instrucción Nº49, en una investigación a espaldas de la familia y a cargo de la misma fuerza federal, acordó el sobreseimiento de Veyga por entender que era un caso de legítima defensa, siguiendo al pie de la letra la justificación del uniformado.

Aparecieron muertos y con una causa judicial en la que supuestamente ellos habrían intentado robarle la camioneta al uniformado. Sin embargo, Ezequiel Blanco apareció con dos tiros en el entrecejo, en el asiento de atrás del vehículo. Kiki agonizó durante más de una hora, mientras un grupo de policías lo filmaba y se burlaba. Su madre, Angélica Urquiza, dialogó con AGENCIA PACO URONDO en relación al nuevo aniversario del crimen y al festival homenaje, organizado todos los años, que este año tuvo que suspenderse.

Agencia Paco Urondo: ¿En qué va a consistir el festival de homenaje?

Angélica Urquiza: El festival tuvimos que suspenderlo por un drama familiar. Estos diecisiete años fueron de lucha y más que nunca está presente con nosotros. Hay mucha corrupción y los policías actualmente de la mano de este gobierno de Javier Milei tienen mucha impunidad en nuestros barrios humildes.

APU: ¿Cómo ve la situación actual en los barrios populares? 

AU: La realidad es que cada vez hay más consumo de drogas porque hay más vendedores. La policía no los va a buscar a los que venden, persiguen a los pibes que sufren consumo problemático. Como decía nuestra querida Norita Cortiñas: no perdonamos ni nos reconciliamos con esos policías y seguimos adelante con nuestra lucha. Siempre firmes y con la idea del Nunca Más.

APU: ¿El narcotráfico está en crecimiento?

AU: Nuestro barrio se divide en tres: donde están los narcos al fondo, en el medio la gente trabajadora y adelante estamos los que vamos a defender a nuestros hijos y no vamos a permitir que los maltraten ni desaparezcan. Por eso nos mantenemos alertas. Entendemos que la situación del narcotráfico es un flagelo que avanza al mismo ritmo que la miseria y la crisis en los barrios. 

APU: ¿Cómo actúa la gente ante la situación crítica que estamos atravesando con este gobierno?

AU: La gente la está pasando realmente mal. La pobreza y el maltrato policial es moneda corriente. Nuestros compañeros buscan alguna changa para sobrevivir cada día. En estos días están muy entretenidos con el mundial. Es hermoso, nos sentimos identificados, pero ahí es donde sacamos nuestra bronca y nuestra ira. Sin embargo, sabemos que la policía aprovecha y hace lo que quiere.

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    Lucas verón

6 años del caso Lucas Verón: “Es el primer nieto de desaparecidos asesinado en democracia por fuerzas policiales”

11 Julio 2026

La madrugada del 10 de julio de 2020 dos oficiales del Comando de Prevención Comunitaria (CPC) de la Policía Bonaerense asesinaron a Lucas Nahuel Verón, de 18 años recién cumplidos, en el barrio Scasso de González Catán, La Matanza. Los responsables, Ezequiel Benítez -que efectuó los disparos letales- y Cintia Duarte, huyeron sin preservar la zona ni dar aviso a sus superiores. La rápida intervención de la agrupación HIJOS llevó a que los mismos sean desafectados de la fuerza y posteriormente detenidos. A seis años del hecho, el accionar dispar del poder judicial es una de las características del caso. 

Lucas había salido con un amigo a comprar gaseosas pero, por el aislamiento por la pandemia, estaba todo cerrado. De regreso, fueron interceptados por un patrullero, con luces y sirenas apagadas, que, sin dar la voz de alto, les tiró el móvil encima y los persiguió, realizando cuatro disparos. Todo fue relatado por el otro joven que sobrevivió -en ese entonces menor de edad-, que fue presionado para cambiar su versión mientras le tomaban declaración en sede policial bajo la excusa de falta de personal. La Fiscalía de Homicidios, a cargo de Juan Pablo Tahtagian, avaló dicha acción, por lo que fue recusado y desplazado, asumiendo en su lugar Claudio Fornaro y Marcos Borghi.

La investigación judicial del hecho tuvo un desarrollo dispar. Por un lado, la causa principal, por el homicidio, avanzó con celeridad gracias a la cantidad de pruebas y testigos. En 2022 un jurado popular consideró que los efectivos se excedieron en sus funciones. Además, a Benítez lo hallaron culpable de “homicidio agravado en grado de tentativa'' por el ataque al amigo de Verón, pero Duarte fue absuelta. Al ser su decisión “inmotivada”, no debieron explicar la contradicción de señalar, en un caso, un homicidio en exceso de sus funciones y, en otro, tentativa de homicidio agravado, si ambos se cometieron en una misma secuencia. El magistrado Gerardo Gayol, del Tribunal Oral en lo Criminal N° 4, condenó a Benítez a 21 años y 8 meses de prisión y a Duarte a 4 años.

Durante las jornadas de dicho proceso integrantes de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), querellante y representante de la familia, advirtieron que los agentes Brian Leonardo Martino y Cristián José Ramírez tomaban fotos de los allegados de Verón, dentro y fuera de la sala, de civil y sin identificación. Intentaron excusarse con que fue por orden del inspector Bruno Sosa, a cargo de la Comisaría Primera de San Justo. Sin embargo, la fuerza ya tenía prohibido intervenir en el caso desde la etapa de instrucción. Por ello, en 2024 el Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional N° 2 de Morón los procesó por tareas ilegales de inteligencia. La CPM remarcó que lo sucedido guarda similitud con otros hechos ya denunciados, que incluso también involucran a Martino y Ramírez. 

Por otro lado, los expedientes vinculados al encubrimiento sufrieron diversas demoras. En 2024, tras un juicio abreviado, el inspector Diego Adrián Ocampos, el subcomisario Daniel Emilio Quinteros y la suboficial María Giselle Genez fueron condenados por amenazas coactivas, privación ilegal de la libertad, falso testimonio y falsedad ideológica. El titular del Tribunal en lo Criminal N° 2, Diego Sebastián Burgueño, aceptó la propuesta y las penas condicionales quedaron en 3 años para Ocampos y 2 para Quinteros y Genez, junto a la inhabilitación para ejercer en la fuerza pública por diez años, tras probar las presiones contra el amigo de la víctima para que contradiga falsamente su versión inicial del hecho.

Por último, hay otra causa paralela -reabierta en 2021-, cuyo único imputado es Tahtagian, denunciado por sus actos mientras sucedían los hechos mencionados y por delegar en la misma fuerza implicada la recolección de pruebas y testimonios. Al día de hoy sigue prestando funciones en Gregoria de Laferrere. Andrea Andoniades, de la Unidad Funcional de Instrucción N°8 de San Martín, lo citó a declaración indagatoria por imputaciones penales vinculadas a los delitos de acción pública y encubrimiento. Para avanzar con dicha medida es necesario un proceso de jury de enjuiciamiento, que se encuentra en la etapa de conformación definitiva del jurado y resolución de recusaciones, entre ellas, la de Guillermo Montenegro, senador provincial y ex intendente General Pueyrredón, contra quien la CPM impulsa una denuncia penal por el accionar de la patrulla municipal durante su gestión.

A seis años del caso, desde HIJOS La Matanza restauraron un mural ubicado sobre una de las paredes de la Plaza del Periodista en San Justo. Fue diseñado con motivo del tercer aniversario por el artista Sergio Villalba, pero ya ha sido vandalizado cuatro veces. Se instituyó como reclamo por el cese de la violencia institucional sobre los y las jóvenes del distrito. “Lucas es el primer nieto de desaparecidos asesinado en democracia por fuerzas policiales. A 50 años del golpe de Estado todavía no sabemos qué pasó con su abuelo ni dónde está. Su familia se lo sigue preguntando y todos los hijos nos seguimos preguntando eso”, deslizó Alejo Rivera, miembro de la agrupación.

Según publicó HIJOS en redes sociales, el abuelo materno de Lucas, Martín Aguilar, fue secuestrado el 14 de febrero de 1975. “Al día de hoy continúa desaparecido, su nieto se fue sin saber el destino de su abuelo”, puntualizan en el comunicado difundido a raíz del nuevo aniversario. “Su familia, cargando con las heridas de nuestra historia, se convirtió en faro de la lucha contra la impunidad (...) Exigimos el avance inmediato del jury contra Tahtagian, un fiscal cómplice que, en lugar de investigar, actuó como garante judicial de los asesinos”, finalizaron. 

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Mural Lucas Verón

AGENCIA PACO URONDO también dialogó con Graciela Aguilar, madre de Lucas Verón.

Agencia Paco Urondo: ¿Qué reflexión puede hacerse en este nuevo aniversario?

Graciela Aguilar: La reflexión que hacemos es que la Justicia y el Poder Judicial siguen dejando mucho que desear.

APU: ¿Hubo novedades en relación a las distintas causas?

GA: La causa que investiga las maniobras de inteligencia ilegal por parte de la Policía de la Provincia de Buenos Aires hoy se encuentra con un “conflicto de competencia” ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación, la cual demora mucho tiempo. Tramitaba ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°4 de San Martín, pero ante un pedido de la Fiscalía Federal en forma previa al juicio oral, declinó la competencia hacia la justicia provincial, al Tribunal Oral en lo Criminal N°2 de La Matanza, quien no aceptó y por eso se produjo el conflicto. Es posible que la Corte disponga que intervenga la justicia provincial, porque así lo ha resuelto en otros casos, pero hasta tanto no se resuelva no se puede avanzar con el juicio. 

En la Secretaría de Enjuiciamiento tramita el expediente contra Juan Pablo Thatagian, donde la CPM también realiza el seguimiento. Este año se llamó a sorteo. A partir de ser notificados de la designación en terna del legislador Guillermo Montenegro el 18 de mayo se llevó a cabo la presentación de recusación por falta de imparcialidad, la cual se encuentra en etapa de notificaciones a la presidencia que convoca el jurado para resolverlo.

APU: ¿Hubo actividades organizadas para seguir reclamando?

GA: No, sólo a nivel familiar. Una cosa muy íntima. Estamos alejados de todo en estos tiempos difíciles que se están viviendo. Necesitábamos un poco de tranquilidad. Duele como el primer día el asesinato de nuestro hijo y se nos está haciendo cada vez más difícil transitarlo. Lucas era nuestro mundo y nos sentimos muy solos.

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    Augusto Costa Kilómetro Cero

Kilómetro Cero presentó USINA, el observatorio para pensar el desarrollo productivo de la Ciudad de Buenos Aires

10 Julio 2026

La agrupación Kilómetro Cero, conducida por Augusto Costa y referenciada en Axel Kicillof, celebró este jueves dos años de construcción política con el lanzamiento de “USINA, para una ciudad que produce”, el nuevo observatorio sobre la economía y la producción en la Ciudad de Buenos Aires. La actividad se realizó en el Cultural Morán, donde confluyeron integrantes del centro de estudios, militantes de Kilómetro Cero, vecinos y dirigentes de distintas agrupaciones, y contó con una presentación a cargo de Costa y de Mara Ruiz Malec, coordinadora del CEDAF.

USINA nace como un espacio de producción, sistematización y análisis de información orientado a comprender la dinámica económica y productiva de la Ciudad y su área metropolitana, con una pregunta central: cómo construir una ciudad que produzca, genere trabajo y articule mejor sus capacidades económicas, tecnológicas y sociales. El observatorio parte de un diagnóstico: pese a que Buenos Aires es el segundo polo industrial del país —con un sector manufacturero que explica el 11% de su Producto Bruto Geográfico— y concentra el principal entramado universitario y científico de la Argentina, la gestión porteña carece hace más de dos décadas de un plan de desarrollo estratégico y productivo. Por el contrario, ha priorizado el negocio inmobiliario y financiero por sobre la producción y el trabajo, y ha desconectado por completo a las necesidades de las empresas con el inmenso capital científico, tecnológico y académico que existe en la ciudad.

Al respecto Augusto Costa mencionó que “tenemos una economía desordenada y sin un horizonte claro, que se conforma con administrar los ‘beneficios’ de su geografía privilegiada y la abundancia de sus recursos, mientras da la espalda a su verdadero potencial productivo”. Y agregó: “Es hora de dejar de administrar la inercia. Nace Usina, para una ciudad que produce, un observatorio de desarrollo económico y social creado para visibilizar lo que está oculto, conectar lo que está fragmentado y diseñar colectivamente el futuro productivo de Buenos Aires. Venimos a poner en discusión el modelo de ciudad”.

El objetivo de USINA es generar datos rigurosos, pensar políticas públicas viables e integrar a las PyMEs, la industria, los servicios y el sistema científico en el centro de la agenda pública porteña, articulando con empresarios, trabajadores, universidades y distintos espacios políticos. El observatorio organiza su trabajo en tres ejes principales: entramado productivo; ciencia, tecnología e innovación; y mercados y relaciones de consumo. Desde estos ejes despliega su producción a través de informes y notas de análisis, tableros interactivos de monitoreo de datos (por comuna, a nivel macro y de presupuesto) y un espacio de Diálogos Productivos con actores del entramado económico de la Ciudad.

USINA ya está en funcionamiento en usinaciudad.org, donde pueden consultarse sus publicaciones, tableros de datos y próximas actividades.

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    Peronismo

El otro 9 de Julio

09 Julio 2026

El 9 de julio de 1816, después de diversas vicisitudes, los Congresales concretaron la Independencia Política de las Provincias Unidad del Río de la Plata. Un hecho significativo que se encuentra entre las fechas más memorables en la historia de la Argentina.. 

A 131 años de ese acontecimiento se llevó adelante en la misma histórica Casa de Tucumán, precisamente el 9 de julio de 1947, otro suceso memorable: la declaración de la Independencia Económica, que por muchas razones se le negó y se le niega su lugar en la historia.

El otro 9 de julio

El otro 9 de julio, el de 1947,  fue una clara reacción al sistema liberal que estaba instaurado a lo largo y a lo ancho de la Argentina. Un sistema que permitía a los intereses económicos extranjeros –principalmente los de la banca londinense expandir sus dominios, imponer sus conveniencias e influir en la política nacional. 

Desde su asunción al gobierno de Juan D.Perón inició un plan que consistió en hacer crecer la actividad industrial, mejorar los salarios de los trabajadores y poner en marcha obras como el gasoducto que uniría Comodoro Rivadavia y Buenos Aires, llevado adelante por la flamante empresa nacional Gas del Estado que, junto con compañías eléctricas estatizadas -menos la CADE- pasaron a formar parte de la Dirección Nacional de Energía. 

Entre otras medidas se había nacionalizado el Banco Central, y se llevó a cabo la creación del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI), orientado a cuestiones de comercio exterior. Se había logrado  reservas de divisas extranjeras, se  canceló deudas con el exterior, se habían adquirido las compañías de teléfonos que cubrían el servicio en el Gran Buenos Aires, se llevaba las gestiones ára la nacionalización  de los ferrocarriles, que se sumaban  a otros servicios que pasaron a manos estatales.

Además, el Primer Plan Quinquenal establecía metas concretas de crecimiento económico. Perón afirmaba tres días antes del histórico 9 de julio de 1947 en su mensaje a los pueblos del mundo . “La economía recuperada y sostenida por las manos del Estado, que es decir lo mismo que defendida y elaborada por las manos del pueblo…

En ese histórico 9 de julio y en la misma casa de Tucumán donde se había firmado la independencia 131 años atrás se firmó decididamente el Acta de la Independencia Económica, donde el gobierno argentino bajo la presidencia de Juan Domingo Perón, declaró solemnemente “romper los vínculos dominadores del capitalismo foráneo enclavado en el país y recuperar los derechos al gobierno propio de las fuentes económicas nacionales. La Nación alcanza su libertad económica para quedar, en consecuencia, de hecho y de derecho, con el amplio y pleno poder para darse las formas que exijan la justicia y la economía universal, en defensa de la solidaridad humana”. (1)

Esa histórica acta de la Independencia Económica fue firmada entre otros por Juan D. Perón, Presidente de la Nación; Dr. Hortensio Quijano, Vicepresidente de la Nación; Ángel Borlenghi, Ministro del Interior; Dr. Atilio Bramuglia, Ministro de Relaciones Exteriores; Dr. Ramón Cereijo, Ministro de Hacienda;  general José Sosa Molina, ,Ministro de Guerra; general Juan Pistarini, Ministro de Obras Públicas; José Freire, Ministro de Trabajo y Previsión;  Dr. Ramón Carrillo, Secretario de Salud Pública; Dr. Ramón Subiza, Secretario Político; Miguel Miranda, Presidente del Banco Central; Carlos A. Dominguez, Gobernador de Tucumán; Waldino Suarez, Gobernador de Tucumán; Aristóbulo Mittelbach, Gobernador de Santiago del Estero; Alberto Iturbe, Gobernador de Jujuy; Héctor Maya, Gobernador de Entre Ríos; Lucio Cornejo Saravia, Gobernador de Salta; Ricardo Zabala Ortiz, Gobernador de San Luis.

A 79 años de ese hecho histórico que fuera rubricado por ministros, funcionarios, gobernadores, militares, estamos plenamente seguros que merece la justa reflexión en las cual deberíamos, entre otras cosas, preguntarnos porque se sigue dejando completamente de lado esta Acta de la Independencia Económica en la cual, entre otros aspectos, aseguraban los firmantes el comprometerse “en la tarea de movilizar las inmensas fuerzas productivas nacionales y concertar los términos de una verdadera política para que en el comercio internacional tengan base de discusión, negociación y comercialización los productos de trabajo argentino, y quede de tal modo garantizada para la República la suerte económica de su presente y su porvenir.”  (2)

1.- Acta de independencia económica, fragmento

2.- Idem

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    Cincuenta años sin Perón.
    Juan Domingo Perón

Algo más sobre politización, cultura política y conciencia nacional

09 Julio 2026

Los Argentinos están muy politizados, pero tienen poca cultura política

Juan D. Perón

Como todo Homus Políticus, el Gral. Perón sabía que nuestro destino estaba ligado y dependía en gran medida de la “Política”, como señalara en 1951 con el seudónimo de “Descartes” en el Diario Democracia. De allí que la Política le preocupara en todas sus manifestaciones.

Dado el contexto en el que el Gral. Perón emitió aquella frase, es muy posible que con “politizado”, Perón se refiriera a la efervescencia e intensidad que exhibía la política argentina de su tiempo, época en la que “peronismo” y “anti peronismo” se expresaban de manera intensa en la vida pública e incluso en la vida social y privada. Entendemos entonces que, con “politizados”, Perón se refería al “partidismo”, y con “cultura política” (dicho en sentido estricto) aludía a lo que consideramos hoy como “conciencia política” en sentido amplio.

Si nos guiamos por el contexto, el general Perón diferenciaba “politización” de “cultura política” en momentos en que todavía no existían las categorías de la politología vernácula o de la sociología nacional que dieran cuenta de un concepto que en realidad nacía a nivel subjetivo a partir del proceso que lo creaba en términos objetivos: el término “Conciencia Nacional” como categoría del pensamiento político, que el revisionismo histórico coadyuvaría a formar desde su aparición formal en 1930, resulta una adquisición contemporánea.

La misma denuncia en plena “década infame” la había realizado Saúl A. Taborda -ideólogo de la Reforma Universitaria de 1918, verdadero cultor y precursor del pensamiento nacional del siglo XX-, cuando después de la breve dictadura del general Evaristo Uriburu, que había derrocado al Dr. Hipólito Yrigoyen tras un golpe de Estado, funcionaba una democracia representativa fraudulenta (“el fraude patriótico”), de la que participaban todos los partidos políticos de aquel momento: el Conservador; el Radical, ya entregado al régimen; el Socialista y sus variantes; el Demócrata Progresista, entre los más importantes; con la sola excepción del yrigoyenismo y la marginación del pueblo.

Taborda atribuía dicho fenómeno al “extraño apoliticismo que ha hecho camino en la inteligencia argentina y la aleja del vivo contacto con los graves problemas que atañen al destino de nuestra comunidad”, que informan y forman la “conciencia nacional”, de lo que resulta la estrecha relación con la cultura política. En ese caso, el concepto “apoliticismo” era identificado por Taborda con la falta de “cultura política” de la que hablará Perón en tiempos más cercanos a nosotros.

Como decíamos en “Saúl Taborda, la búsqueda de la verdad nacional” (2022), “apoliticismo es el que corresponde al desconocimiento de la cuestión nacional, manifestación que medra en los claustros universitarios de nuestra época, aunque revestido de distintas variantes “partidistas” (incluso en sus variantes progresistas). Su carencia no es sino una manifestación de la falta de conciencia nacional, y ésta, de la falta de conocimiento cabal de la historia, y por consecuencia, de la falta de conciencia y/o memoria histórica, fundamento y requisito a la vez de la conciencia política”.

En efecto, “Conciencia Nacional” es una categoría que el “pensamiento nacional latinoamericano” ha consagrado como tal, y en un lugar preponderante sino prioritario, como condición sine qua non para la creación y/o generación de una “Epistemología de la Periferia” -como reclamaba Fermín Chávez-, con sus categorías, hipótesis, modelos y teorías, en el marco y contexto de nuestra realidad de “País Semicolonial” y “Nación Inconclusa”, dos categorías importantes también, que el pensamiento nacional ha sumado y/o debería sumar a la consideración de una nueva epistemología o ciencia del pensar propio nacional latinoamericano.

La “conciencia nacional” da cuenta tanto de la “politización” como de la “cultura política” de los argentinos, no habiendo desde el punto de vista del “pensamiento nacional” una contradicción de fondo entre ambos términos y conceptos.

Tenía razón el general Perón al señalar que gran parte de la sociedad argentina -sobre todo la que se ubicaba en la vereda del frente del gobierno nacional y popular de esa época- carecía de una “cultura política” que le permitiera entender cabalmente lo que significaba un proceso de “Revolución Nacional” en la “Era del imperialismo” (otras dos categoría importantes y necesarias para entender la realidad argentina y latinoamericana), en la que primaba y prima el dominio a nivel político, económico, financiero y cultural de los “países dominantes” y desarrollados sobre los “países dominados” subdesarrollados, coloniales, semicoloniales y/o periféricos a esos centros de poder mundial.

El problema no es tanto, entonces, si estamos politizados o no, sino si esa politización es parte de la cultura política necesaria, conveniente y suficiente para entender “los graves problemas que atañen al destino de nuestra comunidad”, como reclamaba Taborda, y actuar en consecuencia. Por eso el pueblo, que había desarrollado su conciencia nacional y su sentido común (que fue siempre un patrimonio de la cultura política de nuestro pueblo antes de que su conciencia fuera bombardeada a través de los medios de comunicación entregados al monopolio de sus enemigos), podía entenderlo sin mayor necesidad de estudios o diplomas académicos.

Cabe preguntarse entonces, a partir de esta nueva situación, ¿qué está pasando con nuestra cultura y conciencia política, teniendo en cuenta que la cultura colonial ha terminado formando -o deformando más bien- la conciencia de los argentinos, produciendo una suerte de impotencia, indiferencia, neutralidad o “apoliticismo” o, en su defecto, supina ignorancia y/o falta de sentido común, en contra de nuestro país y de los intereses nacionales?

Política e historia, historia y cultura política

A propósito, es Saúl Taborda quien en “La crisis espiritual y el ideario argentino” (UNLitoral, 1934) señalaba con conocimiento de causa:

Toda cultura procede de la vida”. Y la cultura política, con más razón.

Unos años después, en “Política Nacional y Revisionismo Histórico” (1959), dando continuidad y volumen al pensamiento nacional del siglo XX, Arturo Jauretche agregaba:

La nación es una vida, es decir una continuidad, noción elemental, pero que, sin embargo, escapa generalmente al pensamiento académico del país, tal vez en la misma medida en que (dicho pensamiento académico) está desvinculado del propio país”.

No otra cosa quería decir Perón al diferenciar “politización” de “cultura política” y revelar una de nuestras carencias, que hoy se manifiestan de manera trágica y escandalosa en la falta de respuestas políticas y la impotencia del pueblo (del que somos y formamos parte) ante el grave retroceso objetivo y subjetivo de los argentinos.

Deberíamos comenzar por admitir con Taborda, para no seguir un camino de alienación, alejamiento y/o desconocimiento de los problemas nacionales, que la verdadera y genuina cultura (incluye por supuesto la cultura política)

tiene sus hondas raíces en ese suelo común y comienza a ser tal desde que el espíritu, superando lo meramente animal, se decanta en principios ordenadores de las manifestaciones religiosas, artísticas, sociales, científicas, económicas y técnicas”, es decir, en principios con identidad nacional propia, si entendemos también con Taborda que una Nación es a la vez una “comunidad política”, integrada por un “conjunto de individuos” de un mismo “origen, lengua, carácter e historia”.

No hay duda de que es por la historia -advertía Taborda- por la que alcanzan desarrollo en la cultura las disposiciones naturales, y que la nación (y la cultura política y/o conciencia nacional) necesita de la historia para tomar conciencia de su propia capacidad, para procurar formas y fin a las potencias de que se halla dotada”, pues, en definitiva,

en la historia es donde con todo rigor la nación adquiere conciencia de sí misma; en la historia es donde los cognados (vinculados a ella) ascienden a la conciencia nacional”.

Precisamente, ahondaba Taborda,

el hombre de ideas es ahora un ‘en dehors’ (despegado del propio suelo) porque carece del don de la comprensión histórica, que es el único título habilitante para ser hombre de su tiempo”.

En definitiva, coincidía Manuel Ortiz Pereyra,

el desarrollo del saber acerca de la sociedad supone un aumento de la propia autoconciencia y representa un avance en su propia liberación”. Y “si no se piensa el mundo a partir de sí mismo -como sostenía a su vez el Prof. Enrique Lacolla- es imposible comenzar a aprehenderlo comprensivamente. La consecuencia de una visión excéntrica de las cosas es la alienación de la realidad”.

Recordemos, además, que Perón hablaba de comprender la política más que de conocer o saber de ella.

La Política y la parábola de la cultura

Si lo que decía el general Perón respecto a politización y cultura política sucedía en tiempos en los que todavía la política conservaba su prestigio como actividad pública, dicho juicio estaba referido a los integrantes de un país que se auto percibía como de apreciable cultura en general.

Ahora bien, ¿es lo mismo cultura en general que cultura política? ¿es lo mismo conocer que comprender? ¿Los argentinos estábamos muy politizados, pero éramos de poca cultura política? ¿La cultura política no forma parte de la cultura general? ¿Puede alguien tener cultura general y no tener cultura política o viceversa? ¿La cultura es universal; lo es la cultura política? ¿La Ciencia Política es o puede ser universal? ¿Qué es lo “universal”, cómo se pueden sustantivar una identidad y una cultura internacional o universal? ¿Cómo se objetiviza la “cultura universal” sino con dependencia intelectual o colonización mental? Comencemos por responder la pregunta más general con argumentos concretos, y con ello comencemos a dar respuesta a las demás.

La aparición de nuevos pueblos en la historia anuncia la renovación misma de la filosofía europea” –respondía Juan José Hernández Arregui en “¿Que es el ser nacional?” (1963)-, renovación que anunciaba a su vez la actualización del pensamiento y la cultura en general. Aunque, de hecho, eso sucedía “desde aquí –desde nuestra América- no desde Europa”, ni tampoco desde esa otra América (anglosajona) que no es la nuestra.

Ciertamente, renovar la cultura y el pensamiento desde el mismo Viejo Mundo no comportaría ninguna novedad. Además, “es imposible que un pueblo –el latinoamericano en este caso- se conciba a sí mismo a través de otras culturas”. Apelar a otras naciones o “copiar sus filosofías”, comporta “ancianidad prematura”, reflexionaba el mismo autor.

Una filosofía –un sistema de pensamiento- es la culminación de un proceso histórico y cultural, es decir, responde a un lugar, una época y circunstancias determinadas. Fuera del espacio y del tiempo, la filosofía, las ideas, el pensamiento, son solo abstracciones o racionalizaciones (cuando no excusas o relato abstracto) y no expresión subjetiva de una realidad objetiva, que es o debería ser la condición científica para que cualquier tipo de pensamiento sea útil y enriquecedor para la vida concreta.

Si América Latina no ha dado más, o no sigue dando más pensadores eminentes, no es porque sea estéril, no tenga o no pueda tener grandes talentos o no tenga nada que decir al mundo, sino porque la colonización cultural y pedagógica –aparte de la supeditación y dependencia económica que nos ha retaceado los medios- nos ha privado de la suficiente autoestima y nos ha convencido trágicamente de que ese pensamiento necesario ya existe, y de que es el de los países europeos o el de los países ahora más avanzados económica y tecnológicamente. Así se especula que nuestra misión, tarea o destino no es pensar ni pensarnos, sino aprovechar lo que otros ya pensaron, piensan o pensarán por nosotros y de nosotros. Es el círculo vicioso de la colonización y dependencia pedagógica y cultural.

El error de las “capas intelectuales ajenadas a Europa” –afirmaba J. J. Hernández Arregui- es pensar nuestra realidad semicolonial “a través de sistemas de pensamiento germinados en otros ámbitos históricos”, o sea, “la traducción del espíritu europeo a América”, como pretendía equivocadamente el Maestro de América en su tesis de “civilización y barbarie” de 1845. Tal vez por ello se pretenda con tanta insistencia que aprendamos inglés o idiomas extranjeros, en lugar de aprender primero y bien los propios: el castellano, el portugués, así como los idiomas originales principales de nuestra cultura nacional bilingüe y mestiza: el guaraní, el quichua, el náhuatl, el quiche y el mapudungun, araucano o mapuche (lenguas todavía vivas de nuestro pasado más lejano), de acuerdo al desarrollo en el tiempo de la cultura indo-ibero-afro-americana y criolla, cuya síntesis nos identifica, nos personaliza y nos representa como latinoamericanos.

¿Por qué razón deberíamos pensar nuestra realidad a través de un pensamiento propio?

He aquí algunas razones:

Porque los sistemas de pensamiento de las “naciones avanzadas”, que ya han cumplido un ciclo histórico, pero que a la vez responden a una situación y a una condición opuesta a la nuestra en el ajedrez geopolítico mundial, “son inaplicables a una situación histórica divergente” como la nuestra, dada la contradicción insalvable entre países dominantes (avanzados, desarrollados, ricos, imperialistas, centrales) y países dominados (atrasados, pobres, periféricos, coloniales o semicoloniales).

Porque adoptar el sistema de pensamiento de los países avanzados, dominantes, hegemónicos o imperialistas a la realidad de los países atrasados, dominados o semicolonizados, con los mismos presupuestos y paradigmas de ese mismo sistema de pensamiento, “es carencia de sentido histórico”, o dicho de otra manera, resulta la negación de nuestra misma esencia y existencia. Tampoco se puede adoptar un sistema de pensamiento adoptado hace dos siglos sin ningún resultado favorable a la vista:

La filosofía que interpele a Europa –o a los países hegemónicos de un orden mundial unilateral, injusto y arbitrario- debe ser latinoamericana”, propia de “la conciencia nacional de un pueblo”, del pueblo latinoamericano en su conjunto, que tiene su historia común y colectiva, sus genes mestizos (fruto de su herencia indígena, española, portuguesa, africana y de los europeos que emigraron a nuestro territorio en tiempos más cercanos) y, por tanto, una cultura nacional latinoamericana multifacética, pero al fin y al cabo genuinamente nuestra.

Porque no solo se trata de distintos o diferentes sistemas de pensamiento, sino de sistemas de pensamiento antagónicos, debido a las propias razones, condiciones y situaciones históricas. De hecho, una potencia europea usurpa nuestro territorio y otra pretende quedarse con todo.

Tampoco se puede transitar la existencia con ideas prestadas, ojos ajenos, oídos extraños, mentes enajenadas y todos los órganos y miembros trasplantados, porque como decía Hernández Arregui “el aporte del pensamiento europeo (o de origen extranjero) debe asentirse, pero amoldado al entorno singular de estos países que aspiran tanto a la independencia económica como cultural, ecuaciones interdependientes de un proceso histórico único”, en el marco de un status igualitario en el concierto de las naciones.

Si América Latina y el Caribe no han dado más grandes pensadores, amén de que desconoce a los que tiene y su enriquecedor pensamiento, se debe a la vigencia de un marco de colonialismo cultural asfixiante, que lleva a la negación de nosotros mismos y a la muerte virtual de todo pensamiento original, responsabilidad de propios y extraños a la vez. El pensamiento no es un órgano pasible de trasplante y si o sí compatible con el paciente.

Es un despropósito o una impostura improcedente pensar lo de acá con categorías de allá. No obstante, si bien el pensamiento “es la forma más excelsa y, a la vez, la más alusiva de la conciencia nacional de un pueblo”, América Latina carece hoy por hoy -debido principalmente a una letal “colonización pedagógica”- de una vívida conciencia nacional que, salvo excepciones, se encuentra dormida o adormecida, sobre todo en el ámbito de la educación, donde debería cultivarse, potenciarse y prodigarse en la formación de sus educandos y en la generación de conocimientos que vengan de la propia realidad de nuestros pueblos y de nuestra historia común con quinientos años de existencia.

Finalmente, los sistemas de pensamiento, aparte de responder mejor y más eficientemente a determinados momentos, lugares y circunstancias, también envejecen y se vuelven obsoletos: tienen una vida útil; y Europa, e incluso Estados Unidos que es más joven que Europa, han sido responsables de millones de muertos, y en tiempos de paz, como en la pandemia, no han sabido enfrentar sabia y lúcidamente el letal flagelo sanitario, por lo que no representan los mejores ejemplos ni los mejores socios para transitar “una cultura de paz”, que tampoco han respetado nunca ni respetan en el mundo ni en América Latina.

En última instancia, no se puede pensar la realidad ni pasar la vida o la existencia con un sistema de pensamiento ajeno, prestado o “universal”, porque además de no sernos útil para lo que lo queremos o necesitamos aquí y ahora, dicho sistema de pensamiento no puede ocultarnos eternamente nuestra propia verdad ni quitarnos nuestra voluntad, esencia e identidad nacional, so pena de no ser lo que debemos ser (como nos aconsejaba el general San Martín desde su exilio eterno), porque de no ser nosotros mismos como individuos, como sociedad, como país y como Continente-Nación, terminaremos siendo Nada…

¡Para eso, deberíamos comenzar por conocer y comprender nuestra propia historia!, pues como decía el filósofo, conócete a ti mismo y conocerás el universo; y para ello tal vez debamos volver sobre nuestros pasos y encontrarnos con las vertientes más importantes del pensamiento nacional que nos antecede con el fin de restituir nuestra conciencia política: de Manuel Ugarte y la Generación del 900; de Saúl Taborda y la Generación de 1918; del Revisionismo Histórico en todas sus variantes; de FORJA; de Perón y el Nacionalismo Popular; de la Izquierda Nacional; de las teologías latinoamericanas de la Doctrina Social de la Iglesia Católica, aún con las contradicciones de todo pensamiento genuino y legítimo. Tal vez en ellas podamos encontrar las bases y claves de nuestra idiosincrasia, identidad histórica y “conciencia nacional” plena para restablecer nuestra vida histórica.

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    Unión Industrial General San Martín

Sergio Escalante: “Sin industria no hay Nación que se sostenga”

09 Julio 2026

En un encuentro con referentes del sector, coincidimos en un diagnóstico crítico: los sectores que hoy generan divisas (minería, Vaca Muerta y agro) son intensivos en capital, no en trabajo, mientras la industria manufacturera –verdadera creadora de empleo formal, encadenamientos y tecnología– se ahoga por el costo argentino, la demanda caída y la falta de financiamiento. Presentaron una hoja de ruta con medidas concretas para que los dólares del campo y el subsuelo se conviertan en fábricas, rutas y sueldos registrados.

En la jornada coincidimos en un diagnóstico compartido: “Si miramos con lente industrialista y proempleo formal, el problema central es que los sectores que hoy traccionan –minería, Vaca Muerta, agro– exportan mucho dólar pero derraman poco laburo. Son intensivos en capital, no en gente. Mientras tanto, la industria que sí genera empleo formal, encadenamientos y aprendizaje tecnológico, está perdiendo contra tres cosas: costo argentino, demanda interna deprimida y falta de financiamiento para producir e invertir”.

Frente a ese escenario planteamis una batería de propuestas organizadas en cuatro palancas que, de aplicarse, permitirían dar vuelta la ecuación y aprovechar el “viento de cola” de los recursos naturales para reindustrializar el país.

1. ENERGÍA Y COSTOS COMO POLÍTICA INDUSTRIAL

“No podés competir con luz y gas tres veces más caros que Brasil o México”, señalaron. Para ello, exigimos:

· Tarifa diferencial para industria PyME y parques industriales, con contratos a 24-36 meses que brinden previsibilidad.
· Gasoductos y líneas de transmisión que bajen el costo logístico de producir en el interior.
· Usar el gas y la energía barata de Vaca Muerta no solo para exportar, sino como insumo para reindustrializar: petroquímica, fertilizantes, acero, aluminio, vidrio. “Ahí el recurso natural se transforma en empleo”, remarcaron.

2. CRÉDITO Y DEMANDA PARA QUE LA FÁBRICA GIRE

Hoy producir es más caro que importar y vender. Para revertirlo, proponemos:

· Líneas de capital de trabajo a tasa razonable, con seguro de cambio para insumos importados clave.
· Compre Argentino real, no de papel: que el Estado nacional, provincias y municipios compren con margen de preferencia a PyME que generen empleo registrado.
· Reactivar el mercado interno sin licuar salarios – “Si no hay quien compre una heladera, una zapatilla o un mueble, ninguna fábrica se salva”.

3. EXPORTAR CON VALOR AGREGADO, NO SOLO COMMODITIES

La “Argentina minera y petrolera” debe ser la plataforma de la “Argentina industrial”. En esa línea:

· Reintegros y dólar diferenciado para bienes industriales, no para porotos.
· Parques industriales vinculados a nodos extractivos: baterías y componentes cerca del litio en Jujuy; tubos, válvulas y plantas junto al gas de Neuquén.
· Política de sustitución inteligente: identificar 50 insumos que hoy se importan y pueden producirse en el país con PyME, y bancarlos por 5 años.

4. TRABAJO FORMAL COMO OBJETIVO CENTRAL

El crecimiento que no crea empleo registrado es un crecimiento trunco. Por eso, planteamos:

· Bajar el costo laboral sin despedir, sino reduciendo impuestos al trabajo y simplificando aportes para PyME de hasta 50 empleados.
· Articular escuelas técnicas con industrias regionales – “Si no hay torneros, soldadores y técnicos, no hay industria”.
· Premiar con beneficios fiscales a las empresas que aumenten su nómina registrada año a año.

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    Bangladesh

Los descalzos del imperio

09 Julio 2026

Por qué Bangladesh eligió la camiseta argentina para vengarse de Inglaterra

Cada cuatro años circula la misma fotografía: un techo de chapa entre Dhaka y Sylhet cubierto por una bandera celeste y blanca cosida a mano, tan grande que desde el aire parece una herida en el cielo. Pero debajo no vive ningún argentino, sino una familia bengalí que jamás pisó Buenos Aires y que seguramente no lo haga nunca, sin embargo, llora y festeja por una camiseta que no es la suya, se abraza por una nación que queda a más de 16.000 km de distancia. El periodismo occidental suele resolver el enigma con la cita: el caso curioso de Bangladesh, dejando traslucir cierta excitación hacia lo exótico. Pero cuando se cruzan los archivos coloniales, los testimonios de hinchas de setenta años y las cifras del comercio bilateral, lo que aparece no es curiosidad: es historia cruzadas y sensibilidades compartidas, sobre todo una forma de venganza contra el fantasma de un imperio.

La herencia colonial

El fútbol no llegó a Bengala de la mano de Maradona sino del Raj británico. Durante el siglo XIX, la administración colonial impuso sobre la región un paquete civilizatorio tradicional: ferrocarriles pensados para sacar materias primas hacia los puertos y no para conectar a la población; tribunales que codificaban el despojo de tierras bajo apariencia legal; escuelas que formaban una clase funcional al imperio; todo un estatuto legal de coloniaje al que se le sumó un objeto particular: una pelota de fútbol. 

Antes había llegado un despojo más profundo: el Acuerdo de Asentamiento Permanente de 1793 estableció impuestos fijos y crecientes sobre la tierra bengalí, empobreciendo a generaciones de campesinos y consolidando a una casta de terratenientes leales a Londres. La industria textil del país, que había sido una potencia manufacturera antes de la conquista, fue deliberadamente desmantelada con aranceles y prohibiciones para garantizar el mercado cautivo de las fábricas de Manchester: los tejedores bengalíes, según describieron observadores de la época, vieron sus talleres cerrados y sus manos, literalmente, quedar sin oficio. A Bangladesh le habían cortado las manos.

La factura humana de ese modelo extractivo fue devastadora: la hambruna de 1770 mató a un tercio de la población de Bengala tras años de exacción fiscal británica sin alivio, y la hambruna de 1943, ya en pleno siglo XX, provocó cerca de tres millones de muertes agravadas por decisiones de exportación de granos tomadas en Londres en plena Segunda Guerra Mundial. Es que el sofisticado y elegante imperio alguna vez tendrá que tener un juicio de la humanidad en su conjunto donde se condenen sus crímenes. En paralelo y en otro ámbito, se sumó una segregación cotidiana: clubes deportivos y espacios sociales reservados para británicos, de los que los bengalíes quedaban excluidos incluso en el propio juego que los había colonizado. Un racismo en forma de deporte.

En ese contexto nace la primera gran revancha simbólica, medio siglo antes de que Maradona pisara una cancha: en 1937 el club local Dacca Sporting Association derrotó a un equipo inglés que se encontraba de gira. No hubo cámaras ni redes sociales, pero quedó fijado en la memoria oral bengalí que jugadores descalzos habían vencido a los hombres del imperio en su propio juego. Es la piedra fundacional de todo lo que vendría: la prueba de que el vínculo entre fútbol y resistencia simbólica en Bengala no nació con un argentino, sino que esperaba, paciente, un símbolo capaz de encarnarla a escala masiva.

1986: el milagro de la pantalla a color

Ese símbolo llegó con la televisión. A mediados de los años ochenta, en un país deportivamente enamorado del críquet, se masificó el uso de televisores, y para muchísimos bangladesíes el Mundial de México 1986 fue, literalmente, su primer evento deportivo transmitido en color. Hasta entonces el ídolo continental había sido Pelé, escuchado más que visto, narrado por radio en voces que describían jugadas que el oyente debía imaginar, el astro brasilero era producto de la imaginación: una leyenda alegórica trazada entre sobras. Maradona, en cambio, fue la primera estrella que Bangladesh pudo ver en movimiento, en directo, rodeada de vecinos frente al único televisor del barrio. Pero a esto se le suma un nuevo elemento, un hincha de setenta y dos años lo resumió ante The Daily Star sin metáforas: para él, el paso de lealtad entre Pelé a Maradona no fue una cuestión de gusto futbolístico, sino una revancha simbólica, la de haber derrotado de nuevo a los ingleses, esta vez en una cancha. La televisión a color no solo permitió ver ese gol contra Inglaterra: permitió, por primera vez, convertir la humillación del imperio en una experiencia sensorial compartida por millones de personas al mismo tiempo. Aquel imperio que trataba a los habitantes de las colonias como si fueran animales, literalmente, gracias a la televisión quedaba rendido ante la Argentina una nación que también había sufrido la dominación británica bajo el formato semicolonial. En ese momento, en Bangladesh nació el maradonismo, y con él una lealtad que se transmitiría de padres a hijos con la fuerza de un apellido.

Banderas en cables y vidas en juego

La rivalidad futbolera bangladesí dejó hace tiempo de ser una metáfora inofensiva. En numerosas localidades, comunidades enteras compiten por coser la bandera más larga del país, un certamen extraoficial que moviliza semanas de trabajo comunitario y un orgullo de barrio que no le pide permiso a ninguna federación. Pero esa épica tiene un costado trágico que la prensa internacional rara vez mira de frente: un estudio documentó veintitrés muertes en 2022 por enfrentamientos entre hinchadas rivales durante el Mundial; en 2014 al menos tres personas murieron colgando banderas de cables eléctricos, y en 2018 un niño de doce años murió electrocutado al colocar una bandera en su casa. En 2026, un predicador conservador instó públicamente a reemplazar esas banderas por banderas islámicas, lo que obligó a un operativo policial: prueba de que el fenómeno no es una reliquia nostálgica, sino una tensión social viva que hoy roza los límites de la identidad religiosa y nacional del país. Este tipo de información hay que analizarla en contexto, y tomando como referencia las esquirlas que aún sobrevuelan de la vieja dominación británica.

Toda política es internacional

La última capa de esta historia pertenece a un hecho concreto pero que merece ser destacado. Fue Juan Domingo Perón quien, el 30 de octubre de 1973, habilitó la primera representación diplomática argentina en Bangladesh, embajada que abrió en Dhaka en enero de 1974 y que la última dictadura cerró apenas cuatro años después, dejándola clausurada durante casi medio siglo. El expediente para reabrirla se inició en abril de 2022, antes del Mundial de Qatar, por canales propios de la cancillería; lo que el título mundial agregó fue la visibilidad política para acelerar el trámite. El decreto 67/2023 formalizó la reapertura, con una inauguración protocolar el 27 de febrero de ese año en Dhaka, encabezada por el entonces canciller Santiago Cafiero, quien reconoció sin ambigüedades que fue el apoyo popular bangladesí durante Qatar 2022 el que impulsó la decisión, buscando además mejorar el comercio bilateral. 

Ese comercio no es un detalle menor: en 2022 alcanzó los 765 millones de dólares, con exportaciones argentinas por 742,9 millones frente a importaciones bangladesíes de apenas 22,1 millones, un superávit contundente a favor de la Argentina; en 2021 las exportaciones habían tocado un máximo histórico de 876 millones, con un superávit de 862 millones concentrado casi en su totalidad en soja, harina, maíz y trigo. Mientras Bangladesh enviaba al aire caravanas y banderas financiadas, en algún caso extremo, por hinchas que llegaron a vender tierra propia para pagarlas, Argentina enviaba al puerto de Chattogram toneladas de grano: la emoción viajaba en una dirección, la soja en la otra. En ese mismo proceso se discutieron exenciones de visado, cooperación agrícola y diplomática, y un memorando de entendimiento futbolístico entre ambas federaciones; también se mencionó, sin confirmación posterior, una eventual vinculación de Bangladesh con el Mercosur. Lo cual demuestra también la necesidad de establecer una mirada realista acerca de las relaciones internacionales.

La herencia

Queda la generación que no vivió nada de esto en primera persona. Un hincha de diecinueve años lo resumió sin metáforas: empezó a seguir a Argentina en 2014, vio a Messi llegar a una final del Mundial, y eso fue definitivo. En ese testimonio no hay memoria colonial ni Maradona: hay streaming y redes sociales, un ídolo consolidado recién en Qatar 2022. La pregunta que queda planteada no es una curiosidad exótica, sino un interrogante sobre cómo se hereda una lealtad cuando ya no queda memoria directa que la sostenga: ¿sigue siendo revancha postcolonial el fanatismo de un pibe de Dhaka que nunca escuchó hablar del Dacca Sporting Association de 1937, o es ya una identidad nueva que no necesita del imperio británico para justificarse, aunque haya nacido, hace casi un siglo, precisamente para desafiarlo? Quizás la respuesta debe estar en que los procesos de dominación colonial siempre dejan huellas en las subjetividades populares, hermanar sufrimientos ha sido una herramienta de cualquier proceso de cambio colectivo. En el reconocimiento a Bangladesh también se inscribe una afirmación a los pueblos del tercer mundo que heroicamente siguen resistiendo al imperialismo más allá de su ropaje.

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    Jugar con responsabilidad
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Día de la Independencia en Argentina: más fútbol, más emociones y más bonos con 1xBet

08 Julio 2026

En las vísperas del Día de la Independencia, la Selección Argentina les regaló a sus hinchas una tarde inolvidable. En un dramático partido frente a Egipto, el vigente campeón perdía 2-0 hasta el minuto 79, pero protagonizó una remontada espectacular. El Cuti Romero descontó, luego Lionel Messi marcó el empate —a pesar de haber fallado un penal en el primer tiempo— y volvió a ponerse el equipo al hombro. Finalmente, Enzo Fernández selló la victoria por 3-2 en tiempo de descuento.

Con este triunfo agónico, la Albiceleste se clasificó a los cuartos de final y volvió a recordarle al mundo que el fútbol es el corazón de Argentina, su orgullo y una parte fundamental de su identidad nacional. Mientras todo el país espera nuevas victorias de la Selección, 1xBet celebra el Día de la Independencia con una promoción exclusiva para sus usuarios.

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    Endeudamiento

La trampa de la microfísica financiera

08 Julio 2026

I. EL SÍNTOMA DE LOS PARCHES

La ley de Santoro en CABA refinancia deudas a tasa máxima del treinta y cinco por ciento anual vía Banco Ciudad. Hagman y Zaracho declaran la emergencia crediticia nacional por dos años y proponen un fondo fiduciario público-privado para quienes ganen menos de seis salarios mínimos. Santiago Roberto condona el cien por ciento de intereses por mora. Salvatierra va más lejos e incorpora a los trabajadores informales. En las provincias, Mendoza, Santa Fe, Corrientes y Tucumán tejen un mosaico de parches con vocación de arquitectura social.

Cada propuesta parte de una premisa que opera como axioma no declarado, inconsciente de la derrota: la pauperización masiva es un dato del presente que hay que mitigar, no una consecuencia de un modelo que hay que revertir. Al fragmentar el problema hogar por hogar, deuda por deuda, las iniciativas disuelven la pregunta estructural: ¿por qué se endeudó esa familia? ¿Por qué el salario no alcanza? ¿Quién se queda con la diferencia entre lo que vale el trabajo y lo que cobra el trabajador? Las propuestas tratan al deudor como víctima fragmentada que necesita asistencia técnica, no como sujeto político atrapado en una estructura de saqueo. La posmodernidad atraviesa la economía y dinamita la posibilidad de la construcción de un relato nacional. Nadie puede desendeudar a las familias si primero no desendeuda a la Argentina. La microfísica financiera es hija de la macrofísica del saqueo.

II. LA SEMÁNTICA VACIADA: DE LA SOBERANÍA AL EUFEMISMO

John William Cooke advirtió que en los países semicoloniales la oligarquía le pone hasta las palabras a los diccionarios, el que nomina: domina. 'Desendeudamiento' es hoy un caso de laboratorio de esa operación. Durante el kirchnerismo nombró la ruptura de la cadena de dependencia financiera frente al FMI: el pago de la deuda en 2006, las quitas del sesenta y cinco por ciento a los acreedores externos, la recuperación de reservas como instrumento soberano. Era, en sentido estricto, un concepto de liberación nacional.

Hoy la misma palabra designa la posibilidad de refinanciar la deuda con el Banco Ciudad a tasa del treinta y cinco por ciento. El sujeto de la liberación, es decir: la Argentina soberana fue sustituido por el sujeto de la asistencia lo que se nos presenta como el hogar vulnerable. La escala se contrajo de lo nacional a lo familiar y cada vez más individual. El horizonte se redujo de la soberanía a la solvencia. Cuando el debate sobre 'desendeudamiento' ya no involucra a los grandes bancos internacionales, al FMI ni a la Ley de Entidades Financieras heredada de la dictadura, sino que se reduce a las tasas del Banco Ciudad y los requisitos de la Central de Deudores, el campo de disputa se desplazó completamente al terreno que el poder financiero eligió. Y en ese terreno, el poder financiero siempre gana.

III. ARITMÉTICA DE LA IMPOTENCIA

Las familias se endeudaron para comer, pagar el alquiler, acceder a medicamentos. Lo hicieron porque el salario no alcanzó. El salario no alcanzó porque fue la variable de ajuste elegida por el modelo. Y ese modelo se sostiene porque la Argentina está sujeta a los compromisos con el FMI y los acreedores externos, que exigen superávit fiscal y desregulación financiera como condiciones innegociables. El sobreendeudamiento de las familias en 2026 es el resultado directo del sobreendeudamiento de la Argentina con los organismos internacionales. La cadena causal es impecable.
¿Cómo puede una refinanciación doméstica por buenos intereses que tenga resolver ese problema de fondo? No puede. Mañana, pasado y el año que viene, los mismos salarios que no alcanzaron volverán a no alcanzar. Los refinanciados de hoy serán los nuevos morosos de 2027. El ciclo se repetirá. Los bancos ganarán. Las familias seguirán endeudadas. La Argentina subsumida a la pobreza

IV. VOLVER A LA NACIÓN, DEROGAR A MARTÍNEZ DE HOZ

El primer gobierno de Perón nacionalizó los depósitos bancarios en 1946 y convirtió el crédito en instrumento de política económica orientado al desarrollo industrial y al salario real. Gelbard intentó ir más lejos: subordinar el sistema financiero al bien común. Esa visión fue barrida el 24 de marzo de 1976 con un programa económico específico: la Ley de Entidades Financieras de Martínez de Hoz, vigente hasta hoy en sus aspectos fundamentales. Esa ley desreguló tasas, liberó capitales, privó al Estado de su capacidad de orientar el crédito y sentó las bases de la valorización financiera como modelo de acumulación. Es el sistema operativo sobre el que funciona la Argentina financiera de 2026, incluida la arquitectura legal que permite a Mercado Pago operar de facto como banco sin las obligaciones ni las restricciones de la banca tradicional.
El verdadero desendeudamiento popular exige: derogar la ley de la dictadura y sancionar una nueva que subordine el crédito al desarrollo soberano; gravar las ganancias extraordinarias de bancos; recuperar el control estatal de las tasas; y construir una banca pública popular que compita con y discipline a la banca privada, no que la complemente en los márgenes donde el mercado no quiere llegar.
Proponer el crédito subsidiado sin denunciar la estructura que lo hace necesario no es una política de izquierda. Es filantropía de mercado.

CONCLUSIÓN

La posmodernidad hizo un gran negocio cuando convenció al progresismo de que los grandes relatos habían muerto. El resultado es una izquierda que gestiona la vulnerabilidad con más habilidad que la que tiene para imaginar la emancipación. El debate sobre el 'desendeudamiento familiar' es el síntoma más reciente de esa derrota: acepta que el sistema financiero es el horizonte irremovible de la política y juega en el tablero del adversario.
La alternativa no es el purismo ideológico ni el rechazo de las medidas paliativas. Es la articulación: batirse por el alivio inmediato y nombrar, en la misma voz, el proyecto histórico que haría ese alivio innecesario. Legislar en el margen y denunciar la estructura que produce el margen. No abandonar el gran relato nacional por las micropolíticas de la emergencia. Mientras Mercado Pago siga capturando el flujo financiero de los trabajadores informales a tasas usurarias y la Ley de Martínez de Hoz siga siendo el sistema operativo de la banca argentina, ningún programa de desendeudamiento familiar tendrá capacidad de resolver lo que se propone atacar. El verdadero desendeudamiento comienza donde estas propuestas terminan: en la decisión política de tocar al poder financiero. Perón lo hizo. La pregunta es si la dirigencia actual está a la altura de ese legado.

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    Marcha Universitaria
    Foto: Juan Manuel Barrios Daher
CONFLICTO UNIVERSITARIO

Diego de Charras: “Los libertarios sacan entre 3% y 7% de votos en la UBA”

08 Julio 2026

Diego de Charras, docente, investigador y vicedecano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, analizó el estado actual del sistema universitario y científico a raíz del ajuste y los incumplimientos de leyes del gobierno de Javier Milei.

De Charras dialogó el sábado 4 de julio con "Más o menos bien" (Radio Con Vos, sábados de 18 a 20hs). A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“Estaba claro desde el primer momento que el gobierno iba a tratar de hacer jugar el acuerdo firmado recientemente para hacer caer la medida cautelar”.

“Creo que los reveses judiciales hay que relativizarlos. Estamos en una situación actual de las instituciones democráticas en Argentina que creo que es grave. Estamos discutiendo si cumplimos o no una ley. Creo que en otro momento histórico sería un escándalo”.

“Hay que dejar claro que la problemática es del sistema público universitario argentino. No es ni de la UBA, ni de la Universidad de Córdoba o de la Universidad de Rosario, es de todo el sistema universitario. El sistema no es uniforme tampoco, entonces hay instituciones a las cuales las golpea muchísimo más que a otras”. 

“También es un problema que está afectando por dos vías al sistema científico argentino. De manera directa ha sufrido un recorte en los fondos que recibía, pero también es un ataque por vía indirecta porque el ataque a la universidad es un ataque al sistema científico también”.

“Creo que los estudiantes se han comprometido mucho con la defensa de la universidad. El gobierno de Milei cosechó un voto joven, pero es un error considerar que la juventud se volcó al libertarianismo. En nuestra universidad se presentaron en distintas facultades, en algunas les fue mejor o peor, pero osciló entre el 3% y el 7% en la mayoría de los centros. Un resultado bastante insignificante en lo que hace el pensamiento político de los estudiantes y las estudiantes, por lo menos en la Universidad de Buenos Aires”. 

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    Alberto Lettieri
    Alberto Lettieri

Alberto Lettieri, in memoriam

08 Julio 2026

Como un baldazo de agua fría, me enteraba de manera informal ayer por la mañana, de la inesperada partida a la inmortalidad del preciado colega Doctor Alberto Lettieri. Como le comentaba informalmente a una desconsolada ex estudiante de Lettieri: su perdida no sólo resulta repentina sino también irreparable teniendo en cuenta su calibre intelectual, su honestidad poco frecuente de darlo todo por la verdad histórica al precio de relegar su laudatoria carrera académica que lo podrían haber postulado en el podio de los salieris de Hilda Sabato, Halperín Donghi y la mar en coche socialdemócrata. En el actual contexto de repliegue del campo nacional ante la avanzada reaccionaria y obscena de libertarismo tecnofeudal, la partida de Lettieri nos somete a una profunda sensación de orfandad.

En tiempos donde los algoritmos y la inmediatez intentan desterrar la densidad del debate político, repasar la profusa obra de este doctor en Historia de la UBA e investigador del CONICET no es un mero ejercicio de nostalgia académica, sino un acto de soberanía intelectual urgente. Lettieri comprendió, como pocos, que la disputa por el pasado es la clave de bóveda de cualquier proyecto de emancipación futura. Que la misión de la Historia no puede descansar dentro de las cuatro paredes academicistas mientras la Patria está en peligro.

Romper los moldes del mitrismo: las voces sobre los mármoles

Frente a la frialdad de la historiografía liberal consagrada por los manuales escolares tradicionales, Lettieri operó con el bisturí de la sospecha. Su tesis fundamental en torno al período de la Organización Nacional posterior a Caseros (1852-1861) —plasmada en trabajos fundamentales como La construcción de la República de la Opinión— desarmó el mito de un consenso civilizatorio idílico.

Lettieri demostró que la prensa facciosa, los pasquines y las plazas porteñas de aquella década de secesión no eran meros espectadores de la rosca patricia. Eran el verdadero Parlamento. Una arena caliente y desordenada donde las facciones necesitaban tejer legitimidad a base de "armas, votos y voces", como bien supo compilar junto a Hilda Sábato en su ya clásico volumen de 2003.

Ese aporte metodológico corrió el eje de los héroes de mármol para devolvérselo a la acción política en su estado más puro y descarnado. Las elites, para Lettieri, nunca gobernaron solas ni en el vacío institucional: el control social requería una ingeniería constante de propaganda, fraude y domesticación de los sectores populares populares, mecanismos que desnudó magistralmente años después en su obra En pelota y a los gritos (2018). En este último trabajo, se puede visibilizar la necesidad imperiosa de divulgar la “buena” Historia. Lejos del denso aparato erudito y los corsés metodológicos, Lettieri recurre al rigor heurístico con una pasión por transmitir la verdad histórica: nuestra constante lucha por dos modelos de nación. En “En Pelota y a los gritos” destaca que el poder no se puede sostener solo por la fuerza, sino mediante la construcción de un sistema educativo y representaciones colectivas diseñadas para naturalizar lo que Jauretche supo denominar “colonización pedagógica”, accionar que adquiere notoria vigencia trasladado al plano de la actual tecnocracia.

El giro nacional y el combate en el Instituto Dorrego

Pero Alberto Lettieri no se quedó en la comodidad del claustro de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Sabiéndose continuador de una estirpe que conecta con las líneas revisionistas de Adolfo Saldías, José María Rosa y Arturo Jauretche, asumió con convicción militante la trinchera del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego, ocupando su Dirección Académica entre 2012 y 2015.

Allí, junto a figuras fundamentales de nuestra cultura, Lettieri dio cuerpo a una historiografía explícitamente estructurada en clave nacional, federalista y popular. Su pluma se transformó en una herramienta de combate para explicar la historia argentina no como una sucesión de fechas fatídicas, sino como el choque permanente entre dos modelos de país:

  1. El proyecto de la entrega colonial, agroexportador, porteñocéntrico y dependiente de la banca financiera europea.

  2. El proyecto de la soberanía, sustentado en las masas federales del interior, el desarrollo de las industrias locales y el protagonismo popular.

En ensayos cruciales como La historia argentina en clave nacional, federalista y popular, Lettieri democratizó el documento histórico. Lo que transmitía en su otra trinchera, la universitaria, lo reproducía en el campo de la actual “republica de la opinión” con la misma pasión y precisión. Es que, como lo había estudiado y entrevisto en el proceso de la formación nacional en el siglo XIX, ponía en función su hipótesis considerando clave la disputa por el saber científico, cuestionando el paradigma. Llevó las discusiones sobre los empréstitos coloniales, el rol de los caudillos y el silenciamiento de las disidencias a las columnas de Tiempo Argentino, Miradas al Sur y a innumerables charlas en sindicatos y territorios de base.

Enseñar a enseñar: un fuego que no se apaga

Los que tuvimos la oportunidad de seguir de cerca la maduración de sus debates sabemos que su mayor orgullo no radicaba en los estantes de su biblioteca, sino en el trasvasamiento generacional de las aulas de Historia Social General. Como lo evocaron ayer desde las páginas de Clarín sus colegas de la Facultad de Ciencias Sociales:

Alberto era un hombre comprometido con la historia y el presente de Argentina: hacedor de grandes relatos para comprender lo que somos”

Hasta sus últimos días, Lettieri insistió en alertar sobre los peligros de una política desideologizada, advirtiendo con lucidez que el desencanto actual con las estructuras tradicionales abre la puerta a experimentos tecnocráticos e improvisaciones de corte neoliberal. Este humilde servidor tuvo breves intercambios, todos ellos fructíferos. La ultima intervención conjunta (y colectiva) fue aquel manifiesto que habíamos pensado junto a Luis Launay titulado “Historiadores revisionistas ante el Pacto Mayo Caseros”. Una manera de plantar posición, y distanciarnos de la postura efectuada por el CONICET. Alberto la leyó y suscribió nuestra posición haciéndose eco de nuestras palabras, aunque solamente me observó que le daba mucha relevancia a los “historiadores académicos sectarios” que firmaron “Milei ante la Historia argentina”. Tenía razón.

Frente a la intemperie cultural y el vaciamiento de la memoria colectiva, la herencia de Alberto Lettieri nos señala el camino: la historia no se padece, se escribe y se milita con las herramientas de la ciencia y la pasión del pueblo. Su voz, multiplicada en sus discípulos y en sus páginas, seguirá dando batalla en cada rincón de la Patria que insista en no pedir permiso.

Su tesis fundamental en torno al período de la Organización Nacional posterior a Caseros (1852-1861) —plasmada en trabajos fundamentales como La construcción de la República de la Opinión— desarmó el mito de un consenso civilizatorio idílico.
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    Gastón Giribert
    Gastón Giribert: un físico argentino en Nueva York
APU PODCAST

Gastón Giribet (físico argentino): "El 99,9% de quienes usan la palabra 'cuántica' sin hacer física son chantas"

07 Julio 2026

La física cuántica es una de las teorías científicas más exitosas de la historia, pero también una de las más malinterpretadas fuera del ámbito académico. Conceptos como "energía cuántica", "conciencia cuántica" o "sanación cuántica" se popularizaron en las últimas décadas y comenzaron a utilizarse para explicar fenómenos que poco o nada tienen que ver con la investigación científica.

En diálogo con Agencia Paco Urondo, el físico y filósofo argentino Gastón Giribet, profesor de la Universidad de Nueva York (NYU) y especialista en teoría de cuerdas, reflexionó sobre ese fenómeno, distinguió el valor científico de la mecánica cuántica de sus usos pseudocientíficos y advirtió sobre los riesgos de convertir conceptos extremadamente precisos en consignas vacías.

APU: En la primera parte de la entrevista, charlamos sobre teoría de cuerdas. Ahora, me gustaría meterme con la mecánica cuántica que suele resultar muy contraintuitiva y por eso muy atractiva para gente que no es física. Se dice por ejemplo que una partícula puede estar en varios estados al mismo tiempo o seguir distintas trayectorias simultáneamente. ¿Qué significa realmente eso?

DG: La mecánica cuántica describe un comportamiento que desafía la intuición con la que estamos acostumbrados a pensar el mundo. Por ejemplo, si uno insiste en describir la trayectoria de un electrón como si fuera la de una pelota, rápidamente encuentra un problema. En muchas situaciones el electrón no sigue una trayectoria definida. Y si uno quiere conservar esa idea de trayectoria, el precio que debe pagar es aceptar que el electrón recorre varias trayectorias simultáneamente, cada una con una determinada probabilidad.

Lo importante es entender que no se trata de un problema de conocimiento. No es que nosotros ignoremos cuál de esas trayectorias sigue realmente el electrón. Según la mecánica cuántica, todas esas posibilidades coexisten.

APU: ¿Cómo pasa eso?

DG: Nos parece extraño porque intentamos comprender el mundo microscópico utilizando categorías que construimos a partir de nuestra experiencia cotidiana. Estamos acostumbrados a objetos macroscópicos: una pelota, una mesa, una persona. Pero nadie dijo que el universo, en sus escalas más pequeñas, deba comportarse de la misma manera.

Una de las grandes enseñanzas de la física del siglo XX es justamente esa: el mundo microscópico no responde a nuestra intuición.

Las partículas elementales no necesariamente tienen una trayectoria definida. En algunos casos existen como una superposición de posibilidades. Eso no significa que la teoría esté mal; significa que nuestras categorías intuitivas dejan de ser suficientes para describir esa realidad.

APU: Esa extrañeza de la física cuántica también dio lugar a muchísimas interpretaciones por fuera de la ciencia. Hoy es común escuchar hablar de "energía cuántica", "espiritualidad cuántica" o incluso de formas de pensamiento que “toman” conceptos de la física para explicar cualquier otras cosas. ¿Cómo observás ese fenómeno?

DG: Hay que distinguir dos cosas muy diferentes. Una cosa son las aplicaciones reales de la mecánica cuántica, que son enormes. Por ejemplo, cuando alguien se realiza determinados estudios médicos o utiliza buena parte de la tecnología electrónica moderna, detrás hay física cuántica. Estamos hablando de una teoría extremadamente precisa, con aplicaciones concretas y con un respaldo experimental extraordinario.

Otra cosa muy distinta es cuando se toman conceptos de la mecánica cuántica y se les agrega el adjetivo "cuántico" para volverlos más misteriosos, más esotéricos o más atractivos. Ahí estamos hablando de otra cosa.

Creo que hay mucha confusión. Y, en muchos casos, directamente hay charlatanería. La física cuántica contiene ideas realmente sorprendentes. Que un electrón pueda seguir varias trayectorias a la vez o que exista el entrelazamiento cuántico son conceptos que desafían nuestra intuición. Justamente por eso se convierten en una cantera de donde extraer sofismas, exageraciones e interpretaciones completamente injustificadas.

Algo parecido ocurrió con la teoría de la relatividad. Mucha gente empezó a repetir que Einstein había demostrado que "todo es relativo", cuando nunca dijo semejante cosa. Se tomaron conceptos muy precisos y se los transformó en frases vacías.

Con la mecánica cuántica sucede algo similar. Se habla de energía cuántica, conciencia cuántica o sanación cuántica como si esas expresiones tuvieran un significado dentro de la física, cuando en realidad no lo tienen.

Ahora bien, tampoco quiero decir que cualquiera que utilice la mecánica cuántica como una analogía esté haciendo algo incorrecto. Puede ser perfectamente válido utilizar una idea de la física como metáfora para pensar otro problema. De hecho, algunos filósofos lo hacen muy bien. Lo importante es ser responsable con las analogías. Toda analogía tiene un límite muy claro y no puede presentarse como si fuera una explicación científica.

No quiero decir que todos sean chantas. Lo que digo es que el 99,9% de la gente que usa la palabra "cuántica" sin hacer física —o sin trabajar seriamente en disciplinas como la física, la ingeniería o la matemática— son chantas.

Porque la mecánica cuántica no es una colección de frases misteriosas. Es una teoría extremadamente rigurosa, hace predicciones numéricas muy precisas y, probablemente, sea la teoría científica mejor comprobada experimentalmente que ha desarrollado la humanidad. Vivimos rodeados de aplicaciones de la mecánica cuántica, aunque muchas veces no lo advirtamos.

APU: Ocurre que hay ideas de la cuántica como el entrelazamiento cuántico o la superposición de estados que extrapolados son muy atractivos. ¿Pero eso no se puede hacer?

DG: La mecánica cuántica contiene ideas realmente sorprendentes. Que una partícula pueda encontrarse en una superposición de estados o que existan fenómenos como el entrelazamiento cuántico resulta tan llamativo que muchas personas toman esos conceptos y los extrapolan a terrenos donde ya no tienen ningún fundamento científico.

Con la física cuántica sucede algo similar. Se toman conceptos muy precisos, formulados matemáticamente, y se los convierte en metáforas para justificar cualquier tipo de discurso.

APU: Uno de los ejemplos más conocidos de la mecánica cuántica es el famoso gato de Schrödinger. ¿Cómo hay que entender realmente ese experimento?

DG: Lo primero que hay que recordar es que Schrödinger propuso ese ejemplo para cuestionar una interpretación de la mecánica cuántica. No era una teoría sobre los gatos, sino un experimento mental para mostrar lo extraño que resultaban algunas consecuencias de la física cuántica.

La idea es la siguiente: imaginemos un átomo radiactivo dentro de una caja cerrada. Ese átomo puede decaer o no decaer. Si decae, activa un mecanismo que rompe una ampolla con veneno y mata a un gato que también está dentro de la caja. Si no decae, el gato sigue vivo.

La mecánica cuántica sostiene que, mientras no observemos el sistema, el átomo no está simplemente en uno de esos dos estados, sino en una superposición de ambos. Schrödinger llevó esa lógica al extremo y preguntó: ¿eso significa que el gato está vivo y muerto al mismo tiempo? Lo planteó justamente para mostrar lo absurda que parecía esa conclusión.

APU: ¿Y cuál es tu respuesta a esa paradoja?

DG: Desde la física actual no veo un problema conceptual. Lo que ocurre es que un gato es un sistema extremadamente complejo.

Un gato está formado por una cantidad inmensa de partículas que interactúan constantemente entre sí y con el entorno. Respira, intercambia calor, emite sonidos. Es prácticamente imposible aislarlo del resto del universo. Por eso ese experimento resulta imposible de realizar en la práctica.

Ahora bien, si en lugar de un gato pensamos en un sistema mucho más simple —por ejemplo una bacteria o un conjunto muy reducido de partículas— la situación cambia. En principio, si lográramos aislar completamente ese sistema y controlar todos sus estados cuánticos, no habría ninguna contradicción en que existiera una superposición de estados.

Desde el punto de vista de la mecánica cuántica, todos los objetos están hechos de las mismas partículas. La diferencia no está en la naturaleza del sistema, sino en su complejidad y en la enorme dificultad experimental que implica mantenerlo completamente aislado.

APU: Sin embargo, para cualquiera que no sea físico resulta muy difícil imaginar que algo pueda estar vivo y muerto al mismo tiempo.

DG: Claro, pero eso ocurre porque atribuimos al concepto de "vida" un significado que, desde la física, puede describirse en términos del comportamiento de millones y millones de partículas.

Cuando decimos que una bacteria está viva, en realidad estamos describiendo una enorme cantidad de procesos físicos y químicos que ocurren simultáneamente: circulación de iones, reacciones moleculares, intercambio de energía.

Si aceptamos que una partícula puede encontrarse en una superposición de estados, no hay ninguna razón de principio para pensar que un sistema compuesto por muchas partículas no pueda describirse del mismo modo.

Lo que sucede es que cuanto más complejo es el sistema, más difícil resulta mantenerlo aislado. Y en cuanto interactúa con el entorno, esa superposición desaparece. Por eso el desafío no es filosófico sino experimental.

La mecánica cuántica no es una colección de frases misteriosas. Es una teoría extremadamente rigurosa, hace predicciones numéricas muy precisas y, probablemente, sea la teoría científica mejor comprobada experimentalmente que ha desarrollado la humanidad.
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    Gastón Giribert
    Gastón Giribert: un físico argentino en Nueva York
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Gastón Giribert, el físico argentino que investiga la teoría de cuerdas: el desafío de integrar física cuántica y relatividad

07 Julio 2026

La teoría de cuerdas es una de las hipótesis más ambiciosas de la física contemporánea. Desde hace décadas busca resolver uno de los mayores desafíos científicos: construir una teoría capaz de reconciliar la mecánica cuántica, que describe el comportamiento del mundo microscópico, con la relatividad general de Albert Einstein, que explica la gravedad y la estructura del cosmos. Aunque todavía carece de confirmación experimental, continúa siendo uno de los campos de investigación más influyentes de la física teórica.

Para conversar sobre estos temas, Agencia Paco Urondo entrevistó al físico y filósofo argentino Gastón Giribet, profesor de la Universidad de Nueva York (NYU), doctor en Física por la Universidad de Buenos Aires y doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina. Especialista en teoría de cuerdas y gravedad cuántica, entre otros temas, Giribet es una de las principales referencias latinoamericanas en un área que busca responder algunas de las preguntas más profundas sobre el origen y el funcionamiento del universo.

A lo largo de la entrevista (que se presenta en dos fragmentos, ver la segunda), el investigador explica qué es la teoría de cuerdas, por qué la gravedad sigue siendo el gran problema de la física moderna, cómo interpretar fenómenos de la mecánica cuántica que desafían la intuición cotidiana y cuál es el lugar que ocupan conceptos como el principio holográfico, el multiverso o incluso la idea de Dios dentro del pensamiento científico.

Cuerdas: una teoría para integrar cuántica y relatividad

APU: Para comenzar por el principio, ¿qué es la teoría de cuerdas y qué problema intenta resolver?

DG: La teoría de cuerdas hace una afirmación muy concreta: sostiene que los constituyentes fundamentales de todo lo que existe —es decir, la materia y las fuerzas que actúan sobre ella— no son partículas puntuales, como plantea el modelo estándar de la física, sino objetos extremadamente pequeños parecidos a cuerdas.

Esas cuerdas pueden ser abiertas o cerradas y vibran. Los distintos modos de vibración corresponden a las diferentes partículas fundamentales que observamos en los aceleradores de partículas o en los rayos cósmicos. Según esta teoría, el electrón, el muón y todas las partículas elementales no son más que distintas excitaciones de un mismo objeto fundamental.

APU: Esas cuerdas tienen un tamaño muy muy pequeño.

DG: Cuando hablamos de cuerdas hay que aclarar que estamos hablando de escalas inimaginablemente pequeñas. Una cuerda es al tamaño de un átomo lo que un átomo es respecto del sistema solar. Son dimensiones tan diminutas que hoy no tenemos la tecnología necesaria para explorarlas experimentalmente. Por eso, quienes investigamos teoría de cuerdas trabajamos sobre su consistencia matemática, sus consecuencias teóricas y las predicciones que surgirían en distintos escenarios, pero todavía no contamos con una comprobación experimental directa.

Ahora bien, la pregunta es por qué formular una hipótesis de este tipo si no podemos comprobarla. La respuesta tiene que ver con un problema muy profundo de la física contemporánea.

APU: ¿Cuál es el problema que busca resolver la física?

DG: Hoy entendemos prácticamente todos los experimentos de física de partículas mediante el llamado modelo estándar (mecánica cuántica), que describe la materia y las fuerzas como partículas elementales. Es una teoría extraordinariamente exitosa y probablemente la mejor comprobada experimentalmente de toda la historia de la ciencia.

Sin embargo, tiene un límite fundamental: funciona para todas las fuerzas conocidas excepto una, la gravedad. Cuando intentamos describir la gravedad como una interacción mediada por partículas, aparecen inconsistencias matemáticas que hacen fracasar la teoría. Dicho de otra manera, la relatividad general de Einstein y la mecánica cuántica no logran convivir dentro de un mismo marco teórico.

Lo notable es que, cuando se reemplaza la hipótesis de las partículas puntuales por la de pequeñas cuerdas vibrantes, esa incompatibilidad desaparece. La gravedad pasa a ser compatible con la mecánica cuántica. Esa es la principal razón por la cual la teoría de cuerdas resulta tan atractiva para la física teórica: ofrece un camino posible hacia una teoría unificada capaz de describir todas las fuerzas fundamentales del universo.

APU: Para quienes no venimos del mundo de la física, se podría resumir de este modo: existen dos grandes teorías para explicar el universo: la relatividad y la mecánica cuántica. El problema es que ambas parecen incompatibles entre sí. ¿Es correcto decirlo así?

DG: Sí, exactamente. Podemos pensarlo de esa manera. La mecánica cuántica describe con enorme precisión el comportamiento del mundo microscópico: las partículas elementales, los fenómenos que observamos en los aceleradores de partículas e incluso buena parte de la electrónica moderna o de tecnologías médicas como algunos estudios por imágenes.

Por otro lado, la relatividad general describe el mundo macroscópico, donde la gravedad desempeña un papel central. Es la teoría que explica desde el movimiento de los planetas hasta las estrellas de neutrones, los agujeros negros y la evolución del universo.

El problema es que ambas teorías, aunque funcionan extraordinariamente bien en sus respectivos ámbitos, son incompatibles entre sí. Y eso plantea una pregunta inevitable: ¿cómo es posible que los dos pilares fundamentales sobre los que construimos toda la física no puedan integrarse en una única descripción de la naturaleza?

La respuesta práctica es que, en la mayoría de los casos, no necesitamos usar las dos teorías al mismo tiempo. Cuando estudiamos partículas elementales, la gravedad es tan débil que podemos ignorarla. La fuerza gravitatoria entre dos electrones, por ejemplo, es completamente despreciable. En cambio, cuando analizamos objetos gigantescos, como agujeros negros o estrellas de neutrones, los efectos gravitacionales dominan el fenómeno y los efectos cuánticos suelen ser secundarios.

Por eso, durante décadas la física pudo avanzar utilizando una u otra teoría según el problema que quisiera estudiar.

Sin embargo, existen situaciones donde ambas son imprescindibles al mismo tiempo. El ejemplo más importante es el origen del universo. En las primeras fracciones de segundo después del Big Bang había enormes concentraciones de materia y energía en un espacio extremadamente pequeño. Ahí la gravedad era fundamental, pero también lo eran los efectos cuánticos.

Para comprender ese momento necesitamos una teoría de gravedad cuántica, es decir, una teoría capaz de unificar la relatividad general con la mecánica cuántica. Y la teoría de cuerdas constituye, justamente, una de las propuestas más desarrolladas para intentar lograr esa unificación.

¿cómo es posible que los dos pilares fundamentales sobre los que construimos toda la física no puedan integrarse en una única descripción de la naturaleza?
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Cincuenta años de la Masacre de Palomitas: a la espera del tercer juicio y un acto por la actualidad

06 Julio 2026

El 6 de julio se cumplen 50 años de la denominada Masacre de Palomitas, en la que un grupo de personas fue asesinado en Salta. Bajo el yugo de la dictadura cívico militar Carlos Alberto Mulhall, coronel del Ejército, se convirtió en la máxima autoridad de la provincia. El 5 de julio de 1976 envió un listado a un juez federal con los nombres de nueve personas detenidas que serían trasladadas y ejecutadas. A raíz del aniversario se van a llevar a cabo una serie de actividades recordatorias.

La noche del 6 de julio de 1976 un grupo de personas detenidas en el penal de Villa Las Rosas, territorio salteño, fue trasladado a la provincia de Córdoba, lo que terminó resultando una trampa mortal. En medio de un apagón, las víctimas fueron sacadas a la fuerza y llevadas a un paraje despoblado llamado Palomitas. Allí, sin ninguna posibilidad de defensa ni escapatoria, fueron ejecutadas y sus cuerpos y la escena manipulados para simular un enfrentamiento. Se destruyó toda la evidencia en la unidad policial cercana.

Tras años de lucha, se logró la condena a varios de los responsables. En 2010 fueron sentenciados a reclusión perpetua los militares Carlos Alberto Mulhall, Miguel Raúl Gentil y Hugo César Espeche. Este último, que falleció el 17 de abril de este año, fue el encargado de sacar a los once detenidos para llevarlos a la ruta nacional 34. La segunda sentencia fue en 2011, en la causa “Palomitas II”. Fueron condenados a prisión perpetua el ex jefe del III Cuerpo del Ejército con asiento en Córdoba, Luciano Benjamín Menéndez, y el ex director de Seguridad de la Policía de Salta, Joaquín Guil, mientras que el ex federal y ex guardiacárcel Juan Carlos Alzugaray recibió una pena de 20 años de prisión.

Las víctimas de esta masacre son: Alberto S. Sabransky, Rodolfo P. Usinger, María A. Luque y Georgina G. Droz, quienes militaban en Montoneros; Roberto L. Oglietti, Evangelina M. Botta, José V. Povolo, María del Carmen Alonso de Fernández, Celia Leonard de Ávila y Benjamín Leonardo Ávila, enrolados en el Ejército Revolucionario del Pueblo; y Pablo Eliseo Outes, que sería el último que ingresaría a Villa Las Rosas tras un corto exilio en Venezuela. AGENCIA PACO URONDO dialogó con Nora Leonard, familiar de víctimas.

Agencia Paco Urondo: ¿Podría comentar el parentesco que usted tiene con las víctimas?

Nora Leonard: Soy hermana de Celia Leonard de Ávila y cuñada de Benjamín Leonardo Ávila. Ambos fueron masacrados aquel 6 de julio de 1976, nos entregan los cajones cerrados. Recién después de siete años podemos ver los cuerpos y pudimos tener la certeza de que eran ellos con la vuelta la democracia.

APU: ¿Qué ocurrió con las distintas causas judiciales?

NL: Tenemos cerradas las causas de Palomitas I y II, que están con sentencia firme. En cambio, Palomitas III es sobre dos guardiacárceles que sacan a los compañeros esa noche. Ellos son Víctor Manuel Rodríguez y Vicente Agustin Puppi, quienes están todavía en la etapa final de alegatos en el Juzgado Federal N°2. 

Muchos de los partícipes en la Masacre "murieron sin condena". Ese fue el caso del ex guardiacárcel Napoleón Soberón -en 2013- y los militares Joaquín Cornejo Alemán -2014- y Ricardo Benjamín Isidro De la Vega -2015-, subjefe del Ejército en Salta y jefe de Personal respectivamente, integrantes de la plana mayor. Los tres estaban siendo juzgados en la causa Palomitas III, aún abierta. 

APU: ¿Qué opina de la perspectiva negacionista de este gobierno en relación a la última dictadura militar? 

CL: Me parece sumamente grave la actitud de este gobierno, negando todos los hechos aberrantes que sucedieron en nuestro país. Nosotros buscamos que todos los casos sean difundidos de tal manera que los familiares y la gente en general sepa verdaderamente lo que ocurrió con nuestros compañeros y compañeras. Los hechos fueron aberrantes y no pueden ser ocultados. No podemos permitir el negacionismo de este gobierno ni el de ningún otro. 

APU: ¿Cuáles son las actividades a realizarse en este nuevo aniversario?

CL: La idea es realizar el domingo por la mañana en el paraje Palomitas. Vamos a ir a la ruta, a pesar del frio, donde hay una cruz que colocamos cuando llega la democracia en 1983. Allí también hay placas donde están los nombres de nuestros familiares masacrados. Es sumamente importante el acto que vamos a estar realizando.

El 6 de julio vamos a estar en el Parque San Martin, donde se encuentra el mural de Palomitas que se encuentra en Irigoyen y San Martin. Primero el homenaje y luego el acto recordatorio son por los cincuenta años de la masacre pero también para realizar un análisis de nuestra situación actual, caracterizada por la miseria y la situación de despojo que estamos atravesando.

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    Rusia

Rusia, la ingeniería de la asfixia y la trinchera del último hombre

06 Julio 2026

"El fin de la Guerra Fría no fue un armisticio sino una tregua. Y las treguas, tarde o temprano, se rompen."

George Kennan; NYT, 05\02\1997.

[Prólogo] La metáfora de la cueva y de la mano mordida

No somos conscientes. Pero es más que probable que una guerra directa y real entre Rusia y la OTAN esté a punto de estallar. Game Over Europa. Por enésima vez.

Lo pactado en Alaska entre Putin y Trump, a finales de agosto pasado, solemnemente en Alaska; se ha quedado finalmente en papel mojado. Larry Johnson, ex analista de la CIA y cofundador de la disidencia de espías Veteran Intelligence Professionals for Sanity [VIPS], ya lo había pre adelantado, con sincera resignación y bronca: “el canal diplomático de Anchorage está clínicamente muerto”. Unos días después, lo confirmaba ya oficialmente el Secretario de Estado Marco Rubio [frente a la airada y legítima indignación del Canciller ruso Sergei Lavrov], rebajando lo sucedido en Alaska a poco menos que unas conversaciones informales que nunca cristalizaron en nada. Misérrimo y desconcertante.

Es por esto que, al menos para intentar comprender cabalmente la tragedia con que seremos azotados no sólo en Europa, sino en todo el mundo [en virtud de la durísima crisis económico~financiera~productiva que está a puntito de estallar: en virtud del estrangulamiento de la oferta de petróleo, de urea, azufre y helio; todos insumos fundamentales para la economía en general, para los fertilizantes del agro y para los chips de la omnipresente electrónica]; es imperativo mirar hacia atrás, hacia la raíz cultural más profunda de nuestra civilización.

Sólo así podremos comprender que Rusia no es un cuerpo extraño en Europa. Nunca lo ha sido. Más bien es, histórica y culturalmente, la legítima heredera de Bizancio [por algo se definen a sí mismos como la Tercera Roma]. Pues resulta que en realidad es, aunque resulte contraintuitivo, ni más ni menos que la guardiana de las esencias humanistas, cristianas y grecolatinas de la civilización occidental. Aquel acervo que los propios europeos, sobregirados en su propia burbuja de libertinaje pedófilo y pornoliberal, han incinerado en el altar  literalmente satanista [quién lo diría] del dios dinero.
Por eso Rusia fue temida, boicoteada y atacada por las potencias decimonónicas. Los ingleses, maestros del cerco marítimo, la persiguieron durante siglo y medio por la Gran Estrategia: aquélla que tenía muy en cuenta lo sucedido cuando el pionero de los naufragios, Napoleón, intentó doblegarla cometiendo el peor de los errores: entrar a la ofensiva en la cueva del oso. Y fracasó, obviamente, y su imperio colapsó. 129 años después, los nazis volvieron a intentarlo con la maquinaria de guerra más portentosa de la historia. Volvieron a adentrarse en la cueva, y volvieron a fracasar; esta vez no sólo colapsó el imperio, sino también y para siempre todo atisbo soberano alemán.

De hecho, la única incursión militar exitosa contra Rusia fue la perpetrada por los alemanes de la Primera Guerra. Y fue exitosa porque tuvieron en todo momento presente las lecciones de la estúpida fanfarria napoleónica un siglo antes. De hecho, se abstuvieron de penetrar más allá de lo estrictamente fronterizo:las actuales Ucrania, Polonia y Bielorrusia. Se conformaron con ganar a medias; absteniéndose de ir por más y soñar con la toma de San Petersburgo y\ó Moscú. Y lo bien que hicieron.

Y así fue que las lumbreras de la RAND Corporation [el mayor think tank del Pentágono, EEUU y la OTAN: los auto proclamados arquitectos de la victoria a largo plazo contra la URSS en la Guerra Fría] se sentaron a diseñar la siguiente jugada, obnubilados con la epifanía vivida tras ver un documental de la Primera Guerra Mundial en History Channel. Si Napoleón y Hitler fracasaron atacando al oso en lo profundo de su cueva, la lógica ganadora marca ACME era evidente. Máxime para los Pinky y Cerebro de este Imperio siempre grotesco y ahora encima decadente y terminal. Si Rusia atacaba fuera de sus fronteras, perdería por legitimidad [sería el agresor] y no lucharía desde la defensa numantina de su territorio. Fuera de la cueva, las potencias occidentales podrían ganarle en campo abierto.

I. La Cronología del Engaño: la expansión, el golpe y la placa de Petri

Porque la raíz de este naufragio no hay que buscarlas, ni superficial ni históricamente, ni en Kiev ni en Bruselas; sino en el año cero de esta distopía infame, insufrible y aún más incierta: bienvenidos a la Era de la boludez. Y esa fecha, sí, no es otra que el 11 de septiembre de 2001. El día en el que el mundo [casi] entero se tragó un elefantiásico buzón. Putin y [casi]toda Rusia incluidos. Tanto que VVP cerró filas con Estados Unidos y tendió solidariamente la mano, y esa mano fue mordida una y otra vez durante veinte años. Exactamente lo mismo que le pasó a los Ayatollahs y a todo el pueblo iraní. El imperio siempre promete; y hasta agradece. Pero siempre traiciona.

El error antropológico más grave de la arquitectura atlantista fue asumir que la presión externa sobre Rusia produciría, mecánicamente, un colapso liberal. No fue un error de cálculo: fue un error de civilización. Toxidente instaló la ficción de que la ampliación de la OTAN era un proceso benigno, defensivo, casi inevitable. Ya en 1951, el presidente Eisenhower advertía que si las tropas yankis no abandonaban Europa en una década, el proyecto atlantista habría fracasado. Pero el complejo militar-industrial tenía otros planes. La inercia imperial fue más fuerte que la cordura.

La realidad es tozuda: el garrote fue cerrándose de manera sistemática, engullendo parasitariamente a más de quince nuevos miembros en el siglo XXI, hasta rodear por completo a Rusia. Primero la traición de 1999 [Polonia, Hungría, Chequia]; luego la tacada de 2004 [siete países, tres ex repúblicas soviéticas]; en 2008, la línea roja se cruza en Bucarest prometiendo la adhesión de Ucrania y Georgia; y ya en la fase terminal, 2023 y 2024: Finlandia convierte sus 1.340 kilómetros de frontera en el patio trasero del Pentágono y Suecia convierte el Báltico en un lago de la OTAN. Suiza y Austria, albaceas de la neutralidad muerta, firman el acta de defunción. El cerco era completo.

Pero el punto de inflexión fue el 6 de febrero de 2014, catorce días antes del derrocamiento de Yanukóvich, cuando se filtró la conversación telefónica de la subsecretaria de Estado Victoria Nuland con el embajador Geoffrey Pyatt discutiendo quién debía formar el nuevo gobierno ucraniano. Nuland designa sin ambages al futuro primer ministro: "I think Yats is the guy who's got the economic experience… Yatsenyuk." Y nada de esto es teoría de la conspiración; sino la más grotesca de las prueba documentales del cambio de régimen orquestado desde Washington. Ucrania no tuvo un levantamiento espontáneo; tuvo un golpe de Estado orquestado como quien elige el menú de un restaurante. 

Lo que siguió fue la oscuridad. Entre 2014 y 2015, las matanzas de Donetsk y Lugansk ensangrentaron el Donbás. Informes de la ONU documentaron ejecuciones sumarias y atrocidades de ambos bandos, pero la narrativa de Toxidente silenció el bombardeo de civiles rusófonos por parte de las fuerzas ucranianas. La farsa diplomática alcanzó su cénit con los Acuerdos de Minsk, utilizados como un vil engaño táctico. En palabras del propio expresidente Petro Poroshenko, en Kiev "nunca tuvieron la menor intención" de cumplirlos. Minsk no fue un acuerdo de paz; fue una cortina de humo para rearmarse.

Y por si la provocación convencional fuera poca, el territorio ucraniano operaba como una placa de Petri imperial. En audiencia ante el Senado de Estados Unidos, en marzo de 2022, la propia Victoria Nuland reconoció que Ucrania albergaba instalaciones de investigación biológica ["Ukraine has biological research facilities"] y que Washington estaba "muy preocupado" ante la posibilidad de que las tropas rusas tomaran el control de esas instalaciones.

Ni el Departamento de Estado ni Nuland especificaron jamás la naturaleza exacta de lo almacenado, ni explicaron por qué un programa de investigación biológica en el extranjero requería financiación y supervisión del Pentágono en lugar de las autoridades sanitarias ucranianas. La sola admisión [y el pánico que la acompañó] fue lo suficientemente reveladora. Ucrania no era un aliado; era un laboratorio biológico blindado en la frontera rusa.

Pero el punto de no retorno llegó el 19 de febrero de 2022, cinco días antes del inicio de la guerra. En la Conferencia de Seguridad de Múnich, Zelenski declaró que Ucrania debería reconsiderar su estatus no nuclear y adquirir armas nucleares.
Para Rusia esto no era retórica; era la confirmación de que Ucrania, bajo el paraguas de la OTAN, buscaba convertirse en una potencia nuclear en su frontera. Cinco días después, Rusia lanzó su operación militar especial. Y cuando las negociaciones de paz en Estambul estaban avanzando en marzo \ abril, el entonces primer ministro británico Boris Johnson viajó a Kiev y prohibió literalmente a Zelenski firmar cualquier acuerdo de paz. La guerra era el objetivo. Ese fue el punto de no retorno.

El “patrón de la verdad fabricada” alcanzó su paroxismo en Bucha. El 3 de abril de 2022, las imágenes de cadáveres dieron la vuelta al mundo. Rusia denunció una falsa bandera. Lo que ocurrió después fue la demostración perfecta de un mecanismo de propaganda: la condena universal se instaló antes de que cualquier forense completara su trabajo.

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos emitió hallazgos parciales, y el Consejo de DDHH estableció una comisión de investigación; pero ni la comisión fue independiente [sus miembros fueron seleccionados bajo presión política], ni sus conclusiones fueron sometidas a contradicción forense rigurosa.

II. La Ingeniería de la Asfixia, by RAND Corporation

Fue en este clima cuando la RAND publicó en 2019 dos informes anidados, como parte del mismo proyecto de investigación; constituyentes de la hoja de ruta para aniquilar [geopolíticamente hablando, y territorialmente también] a la Federación Rusa: "Extending Russia" y "Overextending and Unbalancing Russia". La premisa de estos burócratas de Santa Mónica era identificar las grietas estructurales de Rusia y forzarla a gastar más recursos de los que podía sostener, abriendo frentes simultáneos para que el Estado colapsara bajo el peso de las "opciones de imposición de costos". En español castizo: sangrar al oso hasta desangrarlo.

Las tres grietas diagnosticadas fueron: su dependencia casi feudal de la exportación de hidrocarburos [vulnerabilidad económica]; su envejecimiento acelerado y declive demográfico [vulnerabilidad estructural]; y la paranoia del Kremlin ante un cambio de régimen orquestado desde Occidente [vulnerabilidad psicológica].

El catálogo de medidas para explotarlas era obsceno:

En el vector económico, maximizar el esquisto para hundir el precio del crudo vaciando los fondos de reserva rusos; imponer sanciones exigiendo vasallaje absoluto de Europa; paralizar el Nord Stream 2 e impulsar el GNL estadounidense [que la propia RAND admitía lastraría a Europa]; y orquestar la fuga de cerebros para robar el talento del rival. En el geopolítico, proveer "ayuda letal" a Ucrania no para que Kiev ganara, sino para obligar a Moscú a sangrar; financiar restos radicalizados en Siria para mantener a Rusia atada a Oriente Medio; promover "liberalizaciones" en Bielorrusia; e incendiar la periferia euroasiática.

En el ideológico, orquestar campañas para exponer fraude electoral, armar la corrupción de oligarcas y destruir la imagen de Rusia en foros internacionales. En el dominio aeroespacial y naval, desplegar bombarderos cerca de las fronteras para forzar a Moscú a gastar miles de millones en defensa aérea, y acosar los bastiones de submarinos nucleares en el Ártico. En el tablero nuclear, la recomendación sibilina fue financiar I+D de misiles de alcance intermedio usándolo como farol psicológico para asustar a Rusia e incentivarla a invertir en defensas antimisiles. Un farol de alto costo para el rival, riesgo cero para Washington.

La ironía histórica es implacable: ese mismo patrón de "sobreextensión imperial" [el síndrome que derribó a Roma]  terminó siendo la biografía no autorizada de Estados Unidos. Los seis dominios de ataque se transformaron en los vectores exactos por los cuales una coalición multipolar aplica hoy una guerra de desgaste contra Washington.

Como sentencia Dmitri Trenin [coronel retirado tras 21 años en las filas soviéticas y rusas, ex director del Carnegie Moscú y hoy punta de lanza del pensamiento civilizacional euroasiático]  con un sarcasmo devastador: "Misión cumplida". Los consultores de Santa Mónica redactaron el obituario de Rusia y, sin pretenderlo, legaron a la historia el manual de instrucciones definitivo de la caída del Imperio Americano.

III. La Falsa Bandera del Nord Stream y el fin de la piel de cordero europea

Las explosiones del Nord Stream 1 y 2 el 26 de septiembre de 2022 fueron el acto de sabotaje que consumó el vasallaje energético de Europa. La investigación periodística de Seymour Hersh apuntaba directamente a la participación de Estados Unidos y Noruega, pero la prensa corporativa enterró el reportaje. Ahora, la Fiscalía alemana presenta cargos contra un presunto saboteador ucraniano.

La narrativa es infantiloidemente “perfecta”: culpar a Ucrania, no a la OTAN. El chivo expiatorio ideal. Alemania prefiere culpar a un ucraniano antes que admitir que fue un ataque estadounidense contra su propia infraestructura. La sumisión europea al imperio es tan profunda que prefiere aceptar la humillación antes que la verdad. El Sur Global ve este montaje con la misma claridad con la que vio el de Bucha.

¿Y Europa? Pues, de modo incomprensible o no tanto, nunca se conformó con ser un periférico espectador de lujo ante semejante espectáculo. Y así fue que se convirtió en coproductor activo de los instrumentos de la muerte. Y hasta de su propia eutanasia provocada. Mucho ha llovido en tan atribulados tiempos. Tanto, que a día de hoy la producción de drones ucranianos se ha trasladado masivamente a territorio europeo. Quantum Systems y Frontline Robotics producen en Alemania; Rheinmetall AG [cuyo cuartel general en Düsseldorf es ahora un objetivo potencial] está convirtiendo una antigua fábrica de autopartes en Neuss en un sitio dedicado a producir 1.000 drones de ataque al año.

Finlandia ha entregado lotes fabricados en su territorio; Dinamarca lanzó una línea conjunta; Letonia entregó 12.000 drones. Europa no solo financia la guerra: la ejecuta con sus propias manos. El ministro de Defensa ruso, Andrei Belousov, ha confirmado que Rusia ha iniciado ataques contra instalaciones de fabricación de drones en Europa, y que esta campaña se intensificará. Podría decirse que esto ya viene sucediendo hace largo tiempo, sólo que ocultado tras extraños incendios y accidentes plausibles pero increíbles.

El genocidio de Starobelsk lo expone con nombre y apellido. El 22 de mayo de 2026, 16 drones pesados, cargados con 250 kilogramos de explosivos, fueron lanzados contra el dormitorio de un colegio universitario en Lugansk. Murieron 21 adolescentes: 18 chicas y 3 chicos de entre 13 y 18 años. Más de 40 resultaron heridos. El edificio fue demolido por completo. Los drones fueron guiados a través de la defensa aérea rusa con asistencia de inteligencia occidental [un hecho que los propios servicios de seguridad de Lugansk han documentado], en una zona donde los sistemas de guerra electrónica rusos debían haber neutralizado cualquier vector no tripulado de esa envergadura.

El sitio web ucraniano Mirotvorets [esa lista de exterminio digital que la CIA aloja en servidores de Langley, Virginia]  había incluido a los profesores en sus listas de "objetivos legítimos". Los estudiantes no estaban en la lista. Pero matar a 21 niños enviaba un mensaje que los profesores no podían enviar: el terror no tiene límites. Esto no es guerra; es terrorismo de Estado operado por la OTAN.

Y la escalada no se detiene: Ucrania atacó Sebastopol con misiles ingleses Storm Shadow; Italia planea transferir nuevos lotes; y Londres y Kiev han firmado un acuerdo de "Asociación de 100 Años" con 3.000 millones de libras anuales de ayuda militar. Cien años de financiación que los contribuyentes británicos pagarán mientras su economía se resquebraja y sus servicios públicos se desmoronan. No es ayuda humanitaria; es un compromiso de guerra perpetua.

IV. El cerco nuclear y la Trinchera del Último Hombre

El cerco no es sólo convencional. El 17 de junio de 2026, el Parlamento finlandés aprobó una enmienda que elimina la prohibición de importar y almacenar armas nucleares en su territorio. San Petersburgo está a apenas unos kilómetros. Dmitri Medvédev declaró con sarcasmo que Finlandia ha pasado a estar en la lista de objetivos nucleares de Rusia: "Alégrense". El 3 de julio, 50 parlamentarios lituanos registraron una enmienda para eliminar su prohibición constitucional de armas nucleares. Estonia ya había anunciado gustosamente que tampoco se opone al despliegue estratégico.
Y en horas recientes ha sido Lituania, la nueva kamikaze antirrusa con la cantinela de querer ser un proxy nuclear. ¿Le parece poco? Pues imagínese lo poco exhaustivos que por extensión somos, que ya ha pasado poco más de un año de un evento nivel crisis de los misiles de la Guerra Fría, y que en tan abigarradas líneas ni siquiera podemos desarrollar: el ataque con drones penetrando más de mil kilómetro de territorio ruso, hasta alcanzar y destruir un par de bombarderos estratégicos rusos. Y como este caso, indocumentable sino es haciendo un libro, otros tantos de diversa magnitud y gravedad que por falta de espacio nos serían imposibles de abordar.

Pero, retomando el hilo: el punto es que, para sostener la psicosis colectiva, Toxidente necesita un monstruo mitológico. Pero el escrutinio riguroso de Vladimir Putin revela un perfil diametralmente opuesto al del tirano irracional. George Beebe, ex director de análisis de la CIA, percibe a un Putin pragmático que desea un compromiso. Ray McGovern [ex analista de la CIA con seis décadas de experiencia] lo apoda "Cool Luke" por su asombrosa capacidad para no dejarse provocar.

Esta cautela se nutre de un trauma personal: la muerte de su hermano mayor, Vitya, durante el asedio de Leningrado, una tragedia que le otorga una comprensión íntima de la guerra existencial que los líderes millennials europeos desconocen. Desde la facción de los halcones rusos, Sergey Karaganov [eminencia gris del establishment ruso, decano de la Escuela Superior de Economía] describe a un Putin frenado por un profundo sentido de la moralidad cristiana. Putin duda en utilizar armas nucleares contra Europa porque considera que sería un "pecado moral enorme".

Tan es así que para el Coronel retirado y ampliamente condecorado Douglas Macgregor, a la postre el último asesor senior del Secretario de Defensa, del Pentágono y del propio Trump, sólo que en su versión 1.0: “Putin es un estadista, y además una incansable paloma. El mundo no llegó a la catástrofe nuclear, y quién sabe sino también termonuclear, tan sólo por su noción civilizacional de la historia, porque siempre ha sido y aún es un europeísta; y porque no quiere un holocusto nuclear”. Alexander Mercouris [abogado británico, cofundador de The Duran] advierte que los europeos no comprenden que "hace falta toda la determinación y la autoridad del presidente Putin para mantener esa disciplina en el lado ruso".

Pero no todo son elogios a la Paciencia Humanista Estratégica. Algunas voces sobregiradas como la de Gilbert Doctorow introducen rumorología analíticas inquietantes: según cuenta en sus entrevistas, “Putin ha entrado en una fase tardía de Gorbachov"; con una preocupante aversión al riesgo. Y advierte, incluso, sobre un posible golpe palaciego si VPP no ordena con severidad La Granja. El reverso de este retrato, con un enfoque más realista quizás, sea el de Larry Johnson; quien, tras analizar los recientes discursos de VVP frente a cadetes castrenses, considera que Putin ya ha dejado claro que se tiene bien aprendida la lección. Según Larry: "Si una pelea es inevitable, asegúrate de dar el primer golpe. Ya está, se acabó el tipo amable" [por Putin].

V. Un spoiler, muchachos: VVP nunca gobernó solo

El "Clan de San Petersburgo" es el nombre con el que se conoce al staff permanente y cerrado al cual pertenece Putin, primus inter pares y capitán de la escuadra política y económica más poderosa de la Rusia contemporánea. El grupo nació en la década de 1990 bajo el amparo de la alcaldía de la segunda capital rusa. Su objetivo inicial era estabilizar y modernizar el país tras el caos de la disolución de la Unión Soviética.

Desde la óptica de la gobernanza interna rusa, la efectividad del Clan de San Petersburgo se sostiene sobre tres principios fundamentales:
   

1. La Lealtad Recíproca: El sistema funciona bajo un código estricto de fidelidad al Estado y al liderazgo central. A cambio, los miembros del grupo reciben estabilidad institucional y protección de sus proyectos.

2. Equilibrio de Poder: Vladímir Putin actúa como un árbitro supremo. No permite que los Siloviki destruyan la economía de mercado, ni que los tecnócratas liberales comprometan la seguridad de la nación. Las tensiones entre facciones se resuelven internamente.

3. El Cooperativismo "Ozero": En 1996, Putin y un grupo de amigos cercanos fundaron la cooperativa de viviendas Ozero [El Lago] a las afueras de San Petersburgo. Este espacio sirvió como un núcleo de confianza mutua donde se forjaron alianzas que luego gestionaron sectores clave como los ferrocarriles estatales [con Vladímir Yakunin] o la banca privada de apoyo al desarrollo [con Yuri Kovalchuk].

Tan relevante grupo de personas tanto para Rusia como para el resto del mundo, se compone de tres alas claramente diferenciadas pero que operan en perfecta simbiosis. A saber: los mentores, los guardianes de la seguridad (Siloviki), y los estrategas económicos.

A. Los Siloviki [Hombres de Fuerza]

Son oficiales procedentes de las estructuras de seguridad del Estado [KGB \ FSB] y las Fuerzas Armadas. Su filosofía se centra en la soberanía nacional, el orden interno y la contención de los constantes operaciones de acoso y derribo por parte de la Anglósfera y sus esbirros occidentales.

●    Nikolái Pátrushev: Exdirector del FSB y antiguo Secretario del Consejo de Seguridad. Es uno de los estrategas más influyentes en materia de seguridad nacional global.

●    Aleksandr Bórtnikov: Director del Servicio Federal de Seguridad [FSB]. Garantiza la estabilidad interna y el combate al terrorismo.

●    Serguéi Narishkin: Director del Servicio de Inteligencia Exterior [SVR] y exjefe de la administración presidencial.

B. El robusto pilar macroeconómico y jurídico de Rusia

Son los encargados de mantener la estabilidad macroeconómica de Rusia, modernizar el sistema legal y asegurar que el país resista las presiones financieras internacionales.

●    Dmitri Medvédev: Expresidente y exprimer ministro de Rusia, actual Vicepresidente del Consejo de Seguridad. Graduado en derecho, colabora codo con codo con VVP desde los primeros tiempos en la alcaldía de San Petersburgo.

●    Alekséi Kudrin: Respetado economista de San Petersburgo. Fue ministro de Finanzas y artífice de los fondos de reserva soberanos que permitieron a Rusia blindar su economía frente a las crisis globales.

●    Guermán Gref: Exministro de Desarrollo Económico y actual presidente de Sberbank, el banco más grande de Rusia. El autor de la digitalización del sistema bancario del país.

C. Los Administradores Estatales de Infraestructura

Amigos de la juventud y colegas de los años 90 que asumieron la tarea de recuperar los recursos naturales estratégicos para el control del Estado ruso.

●    Ígor Sechin: Presidente de Rosneft [la mayor petrolera estatal]. Conoció a Putin en la alcaldía como su traductor de portugués y mano derecha administrativa. Representa el ala más firme de la industria energética.

●    Alekséi Miller: Presidente de Gazprom, el gigante estatal del gas. También trabajó bajo las órdenes de Putin en el Comité de Relaciones Exteriores de San Petersburgo.

VI. La Doctrina Karaganov

Hubo en días recientes un debate entre dos gigantes, moderado por el noruego Glenn Diesen, que condensó la encrucijada existencial de este mundo en apenas una hora. Lo protagonizaron Serguéi Karaganov y John Mearsheimer [patriarca del realismo ofensivo en la Universidad de Chicago], el teórico que predijo esta guerra y fue ignorado—.

Karaganov, principal referente institucional ruso en todo lo referido a la doctrina nuclear estratégica, sostiene que la humanidad en general, y Europa en particular, ha perdido el miedo a la disuasión nuclear. Y por ende, a Rusia. El imponente Serguéi cree que restaurar esa disuasión [incluso mediante ataques nucleares tácticos limitados en suelo europeo]  es la única forma de salvar a la humanidad de una guerra total. Occidente ha perdido el instinto de autoconservación y debe ser despertado mediante la coerción suprema.

A su turno, Mearsheimer le concede que el uso limitado de unas pocas armas nucleares tácticas rusas funcionaría como una herramienta de coerción suprema para obligar a Occidente a retroceder. Pero lo confronta en el fondo: un ataque contra Alemania [mencionado explícitamente por el académico ruso] incentivaría a Berlín a desarrollar su propio arsenal nuclear. 

Pero Serguéi no afloja: califica a Europa occidental como la fuente histórica del racismo, el colonialismo y los holocaustos. Y advierte que si Alemania intenta rearmarse nuclearmente, debe ser "eliminada de la faz de la tierra", revelando que este escenario ya se discute con Pekín. 
Mearsheimer rechaza esa retórica eliminacionista: le recuerda que la geografía es permanente, que Europa del Este seguirá siendo una zona inestable, y que provocar revanchismo es un error estratégico. Es el choque entre el cirujano nuclear y el epidemiólogo realista.

VII. Terroristán 2.0: la gamificación del horror y el Proxy Perfecto

La raíz tecnológica del terrorismo ucraniano es aún más perversa. El software de los drones de Peter Thiel y Alex Karp [Palantir], impulsado por inteligencia artificial de Starlink y Google, está programado con un protocolo de "eliminación automática": cuando la batería desciende del 20%, la IA cesa la búsqueda de objetivos militares y se lanza contra el primer objeto civil en movimiento. Bebés en cochecitos. Familias en autopistas. Ancianas en bicicleta.

Para escoltar la logística civil, el ejército ruso ha tenido que desplegar vehículos estilo Mad Max armados con ametralladoras. La guerra se ha convertido en un videojuego donde los puntos se canjean por munición y los civiles son los NPCs que no importan. Toxidente romantiza este terrorismo mientras llora cuando Rusia destruye infraestructura militar con misiles Kinzhal.

La locura europea permite esto. Pascal Lottaz [un suizo especialista en neutralidad estatal, profesor en Kioto] relata un esperpéntico debate en televisión suiza donde el director de la filial local de Rheinmetall exigía exportar armas por motivos de "lucro y moralidad". Sin comprender, o fingiendo no comprender,  que su planta se convierte en un blanco legítimo de un misil Oreshnik bajo la estricta ley de la reciprocidad. Los europeos han perdido la capacidad de pensar en reciprocidad. Porque han perdido la capacidad de pensar.

La OTAN ataca territorio ruso directamente utilizando el espacio aéreo báltico y finlandés. Basta recordar la filtración donde un asesor de Estonia admitió que proporciona coordenadas para atacar San Petersburgo. Y si Finlandia cree que saldrá impune tras permitir armas nucleares, se equivoca: Rusia no invadirá con tropas; simplemente destruirá sus puertos, redes eléctricas y calefacción con misiles y dejará que "el invierno haga su trabajo".

A-30 grados, sin calefacción ni comida, una ciudad de un millón de habitantes se convierte en un cementerio en tres semanas. La guerra moderna es una guerra de sistemas, no de ejércitos.

El club de Fans de los esbirros epsteiniano~satanistas camina sonámbulo hacia el abismo. Conducidos cual Hamelin por la clase dominante más inhumana de la historia. La "clase Epstein". Para muestra un botón: la noticia más silenciada  de los últimos días es la creación del "Banco de Defensa, Seguridad y Resiliencia". En castellano criollo, el Banco de la OTAN. Una macroestructura diseñada con un sistema "schachtiano" [emulando a Hjalmar Schacht, ministro de Hitler]  para endosar el costo de la economía de guerra directamente en los presupuestos soberanos, saltándose la aprobación parlamentaria y garantizando la financiación perpetua para la guerra contra Rusia. No comment.

Y en el centro de esa arquitectura de sistemas están Starlink y su dueño. La dependencia de Ucrania respecto de la constelación de Elon Musk es absoluta. Sin ella, la guerra de drones se desmorona. Rusia lo sabe. El empresario ruso Konstantin Malofeev ha propuesto un ultimátum a Musk: o desconexión total en la zona de conflicto, o Rusia atacará los terminales, los cables transoceánicos y los satélites.

Si Starlink es un arma de guerra, es un objetivo legítimo. Atacarlo es golpear a Estados Unidos sin disparar un solo misil contra su territorio. Es el proxy perfecto. Rusia ya ha advertido que una detonación nuclear en el espacio [una explosión electromagnética a gran altitud, un EMP, sobre el Atlántico] podría freír la constelación de Starlink y media red eléctrica de Europa del Este. Como si la escalada ya no estuviera ocurriendo.

VIII. Un verano europeo peligroso: Disuasión, Represalias y el Precipicio Escandinavo

El 02 de julio de 2026 quizás sea mecanografiado por la historia oficial eurocéntrica, si es que semejante cosa sigue existiendo, como el primer episodio de una secuencia prediseñada por Rusia para que el respeto y a la vez el miedo generen nuevamente resonancias en los pirómanos bomberos de los dizque liderazgos europeos. ¿En Bruselas? No… En Londres, Berlín y París. En ese orden.

Lo sucedido el 02 de julio es que Rusia desató el ataque más duro contra la capital ucraniana desde el inicio del conflicto —496 drones de largo alcance y 74 misiles—, dejando 27 muertos y 86 heridos en Kiev. Lo que la prensa atlantista presenta como "barbarie indiscriminada" es, visto desde la lógica de la disuasión, un mensaje codificado en fuego y acero: la paciencia tiene un límite, y el cerco nuclear se responde con fuerzas que doblan cualquier esquema de defensa.

Andrei Martyanov [experto en asuntos militares y navales, graduado de la Academia Naval de la Bandera Roja Kírov] ha sido inequívoco: "Los patrocinadores occidentales de Kiev están muy asustados después de darse cuenta de que no tienen medios para revertir los avances rusos". Ucrania y la OTAN están reducidos al terrorismo porque han sido desmilitarizados.

Y Martyanov expone lo que la narrativa oficial oculta: los oficiales de la OTAN están "esencialmente en el comando estratégico operativo" de Ucrania. La respuesta rusa será consistente y sin pausa. "No solo atacan instalaciones industriales. Ahora están cazando a los altos mandos de la OTAN y de Ucrania". Moscú ya no busca negociar; busca la victoria en el campo de batalla.

El arsenal de respuestas del Estado Mayor ruso se articula en una arquitectura de escalada letal:

1. La Campaña Industrial. Si Europa fabrica los drones y las armas, las fábricas son objetivos legítimos. Rheinmetall está en la mira de misiles de crucero y Kinzhal. Las plantas de Quantum Systems en Alemania y las factorías de drones en Dinamarca y Letonia son blancos de una campaña que ya está en marcha.

2. El Castigo del Cerco Nuclear. El 1 de julio, Rusia cerró siete pasos ferroviarios con Finlandia y los países bálticos. Imágenes satelitales revelan la reactivación de la base militar de Petrozavodsk, preparando el 44.º Cuerpo de Ejército para el frente noroccidental. Rusia aumentará sus fuerzas a 1,5 millones de efectivos, triplicando la artillería en los distritos de Leningrado y Moscú. El profesor Tuomas Malinen de la Universidad de Helsinki advierte que Finlandia subestima "el real alcance del poder militar ruso".

3. El Descabezamiento. La caza de altos mandos se extiende a Europa. Ataques de precisión con Oreshnik o Zircon contra centros de mando enviarán el mensaje de que ningún líder —Von der Leyen, Macron, Starmer— está a salvo. Sus residencias oficiales son objetivos perfectos para un misil hipersónico que no puede ser interceptado. La guerra ya no está en Ucrania. Está en la puerta de sus casas.

4. La Exposición de Zelensky. El blanco más vulnerable es el régimen de Kiev. Los rumores sobre la adicción a la cocaína de Zelenski, documentados por su exsecretaria Yulia Mendel, son el preludio. El salto cualitativo será la presentación verificable de pruebas sobre el tráfico de órganos de soldados muertos, la venta de armas en el mercado negro terminando en cárteles mexicanos y colombianos [según Macgregor, el 50% de los 90.000 millones desaparece en la corrupción], y el descrédito total de su círculo íntimo.

IX. El Escalón Final: Tres Hiroshimas de Disuasión Restaurada

Y aquí llegamos al precipicio. Cuando todos los escalones anteriores fallen [y la historia sugiere que Occidente no retrocederá], el siguiente nivel de escalada por parte de Rusia se activará.

Las armas nucleares tácticas rusas tienen típicamente entre 70 y 75 kilotones. La bomba de Hiroshima fue de aproximadamente 20 kilotones. Una nuclear táctica rusa es, por tanto, entre tres y tres veces y media más potente que Hiroshima. Tres Hiroshimas concentradas en un solo punto.
La doctrina nuclear rusa, actualizada en noviembre de 2024, establece que el uso de armas nucleares está justificado cuando la existencia misma del Estado está amenazada. Y el cerco nuclear de Finlandia y Lituania, contextualizado en un marco de provocaciones atlantistas tan crecientes como inadmisibles, ya de por sí justifica técnicamente la activación del dispositivo disuasorio.

Y esto, sumado a los ataques con misiles ingleses de largo alcance; y al aderezo de hartazgo social general en la opinión pública rusa. Provocado por los incesantes ataques terroristas de Zelenski con drones europeos contra una población civil que ya cuenta las muertes semanales por decenas… No sólo constituye una afrenta de provocación no permisible esa amenaza, sino que impone imperativamente la necesidad de una respuesta muy contundente que restablezca [o al menos amedrente en esa línea] la potestad disuasoria supertop de la arquitectura de Defensa Estratégica de la Federación Rusa.

En definitiva, el escenario táctico sería: aviso de 24 horas a la población civil de una ciudad europea [como propone Krapivnik], detonación de un arma nuclear táctica contra un objetivo militar o industrial en territorio europeo, y demostración de capacidad. Si Occidente no retrocede, se activa la transición de fase y se intensifica la escalada a objetivos más amplios. No es ciencia ficción. Es la lógica fría de la disuasión estratégica, llevada a su extremo por unas hiper legítimas necesidad y urgencia.

Entonces, la pregunta no es si sucederá; sino cuándo sucederá. Y si la alianza atlantista sigue empujándonos a todos hacia el abismo de su irredenta provocación a Rusia, la respuesta puede llegar más pronto que tarde. Tan pronto como julio, agosto, septiembre quizás. Justo de la mano con el tsunami financiero-económico global provocado por Netanyahu y por Trump en Irán y que, aunque no lo veamos, se encuentra ya a la vuelta de la esquina.

Y cuando llegue, más nos conviene a todos que la paciencia del último humanista resistente en su trinchera se  mantenga firme, anteponiendo su Sentido de la Responsabilidad Histórica frente a la recurrencia de una provocaciones que no sólo que no habrán cesado, sino que sin duda que se incrementarán. Porque la venganza puede ser mucho más que terrible: pueden ser tres Hiroshimas de un saque, entre otros múltiples shocks de disuasión restaurada.

Ni más ni menos que el precio de haber torturado incansablemente al oso, cual mosquito odioso, irredento e insolente, en su último tango impune… pues no sabía que los osos, también utilizan “Raid”.
 

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    hinchada argentina2026
    Foto: Aníbal Greco
ENSAYO

Así en la cancha como en la escena: cuando el fútbol se convierte en teatro y el hincha en héroe

05 Julio 2026

“Sólo como fenómeno estético están eternamente justificados el mundo y la existencia”                          
 Nietzsche

Tras el último triunfo de la Selección Argentina en la Copa del Mundo, y de cara a este Mundial que acaba de empezar, algunas reflexiones sobre la naturaleza específica de la experiencia de ser un hincha:

No siempre el fútbol es un arte, y mucho menos su despliegue es siempre teatral, en todo caso no todo del fútbol lo es o puede serlo. Pero a veces, en esa representación, en esa condensación de sentido tan singular que es el fútbol, sucede que su aspecto artístico, especialmente dramático, despunta y le gana al deportivo, o se funde con él, haciendo del partido una puesta en escena, un acontecimiento teatral, cuya potencia estética -en el sentido en que Nietzsche hablaba de la estética como la única justificación de la existencia- se libera, se vuelve autónoma. Y esto, en particular esto último, el hincha lo sabe. Y lo sabe con un saber sin teoría, un saber pleno, inapelable.

Todos sentimos en la final del Mundial 2022, que si Francia ganaba no había un después. En ese partido no sólo se jugaba la Copa del Mundo, sino que se jugaba nuestra existencia toda, el sentido de nuestro ser y especialmente el sentido de nuestro ser colectivo. En menor escala, algo parecido volvió a suceder en la Copa América 2024, ¿pero de qué se trata exactamente ese algo que sucede, que nos sucede a los hinchas, cuando juega nuestra selección o nuestro equipo? Diremos aquí que la naturaleza existencial de la experiencia de ser hincha tiene un carácter decididamente trágico, no tanto vinculado a un espíritu sufriente, tanguero, propiamente argentino -o más bien porteño- como a algunos futboleros les gusta pensar; sino, sobre todo, a un espíritu trágico, en sentido estricto: el fútbol es drama, y el drama es acción. Y no cualquier acción, sino, y valga la redundancia, acción dramática, entendida como aquella que se configura en una trama trágica en torno a un conflicto, a un agón. Por eso la agonía que experimenta el hincha, en ciertos partidos de fútbol, no tiene tanto que ver con el mero sufrir, sino que más bien está dada por su participación directa en la progresión dramática, y su gesto heroico de aguantar, igual que el jugador o el protagonista, hasta el desenlace. 

El “aguantar los trapos” de la hinchada, no es sólo aguantar las banderas, sino soportar la acción. Sabemos, por experiencia, que a lo largo de un partido de fútbol que realmente nos importa, se nos juega la vida; y los hinchas, como espectadores, ponemos el cuerpo al punto de -literalmente- infartarnos (ha sucedido más de una vez) en un partido que está muy peleado, ante una amenaza de gol contrario, o en la hipérbole del desenlace que implican los penales. En este sentido el hincha es un como un espectador teatral, pero a diferencia del espectador teatral del teatro burgués, el hincha forma parte del acontecimiento, no se distancia de él, por el contrario, es con su propio cuerpo que lo lleva a término. 

Todos los hinchas, los verdaderos hinchas, sabemos que cuanto más ponemos el cuerpo, cuanto más nos tensionamos, hacemos fuerza, respetamos a rajatabla nuestras cábalas y alentamos con la misma intensidad hasta el final, muchas más chances tenemos de ganar el partido. Porque eso que nosotros transmitimos a los jugadores con nuestro esfuerzo, sabemos que les llega. Y porque eso que los jugadores hacen en la cancha, nosotros también lo hacemos, a metros de ellos, o como espectadores remotos; nosotros también participamos de ese ritual activamente, y de nosotros también depende su resultado. Nuestra acción tiene una incidencia directa sobre el desenlace. Y esto, que para una mente racional es fantasía, para el verdadero hincha -enterado del aspecto metafísico del ritual futbolístico- es una certeza. 

En este sentido, el hincha es más, y algo distinto, que un espectador; y se podría comparar más bien con el coro trágico griego, que representa al pueblo y que soporta activamente la acción, dándole un carácter espectacular a través del canto y la danza. La hinchada de fútbol es tan dionisíaca como el coro trágico, y por eso su naturaleza es colectiva siempre, porque no distingue separaciones ni jerarquías, en el sentido de que lo que la hinchada hace se funde con lo que los jugadores hacen. 

El hincha es uno, no sólo uno con su equipo, sino uno con la cancha, la pelota, el arco y la patada. Es uno con la fuerza, la velocidad, el movimiento, las relaciones especiales y temporales de la jugada, es decir, con el aspecto estético del acontecimiento. Así involucrado en la experiencia, deja de ser un sujeto individual y se hace parte, deviene, juego. El hincha sabe volver al UNO primordial en el que dioses, hombres y naturaleza permanecen unidos. Conoce una forma de estar en el mundo más allá de su principio de individuación. Ver y ser para el hincha es lo mismo. En lo que ve, se convierte. Y a la vez, él convierte la realidad en lo que es capaz de pre-ver. Antes de que la pelota entre al arco contrario, los hinchas la vemos entrar, y porque la vemos entrar, la HACEMOS entrar.

Para el hincha la potencia del juego -en su carácter trágico- es su propia potencia. ¿Pero de qué se trata esa potencia? Del cumplimiento de un destino. La acción dramática en la tragedia, según Aristóteles, se desarrolla en la fórmula del “uno a causa del otro, en contra de lo esperado”. No es que el juego/drama trágico del partido no tenga causas para sus consecuencias, de ahí la importancia de la figura del director y todo el equipo técnico, pero, al igual que en la tragedia, hay causas y consecuencias que son inesperadas. “La mano de dios” de Maradona cuando le ganamos a Inglaterra en 1986, la decisiva atajada del “Dibu” a Kolo Muani en el final del partido contra Francia en 2022, la lesión y salida obligada de Messi en la final contra Colombia en la Copa América, son ejemplos de eso.  

Definitivamente, el hincha de fútbol no mira el partido, lo hace. Y porque lo hace puede. Con un poder que es pueblo y es promesa. Que habrá que cumplir. 

Esa “discordancia” de la que habla Aristóteles, es la que hizo llorar a Messi y nos hizo llorar a todos en la última final, y es la misma discordancia de lo inexplicable o inesperado, que para Nietzsche constituye la fuerza dionisíaca, es decir, el espíritu de la tragedia. Al igual que en la tragedia, en la cancha el destino es un hecho, un ya hecho, un fatum; pero también como en el teatro griego, a ese destino que ya está hecho, HAY QUE HACERLO, hacerlo suceder.

La potencia del fútbol como teatro trágico está dada por el coro (ese que Nietzsche reconoce como el núcleo de la tragedia), y la mejor tragedia es aquella en la que el coro tiene más presencia escénica; porque coro y héroe comparten esa potencia, que es la de hacer suceder el destino. Y en este sentido, tanto jugadores como hinchas, participan del orden de lo divino. Porque los seres humanos, los simples mortales, intentan. En cambio los dioses hacen, crean. La acción, tanto en el teatro como en el fútbol, jamás es una tentativa. No puede serlo. Porque perdería su carácter divino, su aspecto metafísico. La acción, en el buen teatro y el buen fútbol, es acción dramática, es acción que desafía las coordenadas del tiempo, del espacio y de lo posible, y que cambia el curso de la Historia. 

Cuando Messi hace el pase o va al arco, no intenta hacer el pase o ir al arco, lo hace: crea y a la vez ejecuta la jugada. Cuando Maradona o Messi hacen el gol, no hay ahí nada tentativo, porque eso que ellos hacen ya sucedió, y está en el destino, y está esperando en el tiempo para efectivamente suceder, y ese tiempo es también un presente, un ahora, justo ahora, que en la jugada los llama y ellos la crean. El don de jugadores como éstos es el de saber cómo hacer suceder el destino y entonces atender su llamado. El don de jugadores como éstos es intervenir el tiempo, incluso corregir la Historia, hacer justicia para el desfavorecido, y en un lance patético, al igual que en la tragedia, convertir a un país oprimido como el nuestro en el país campeón del mundo. Esta tarea es la más difícil de todas, la que exige mayor esfuerzo, preparación, entrenamiento, pericia y talento; pero lo que más exige, por sobre todas las cosas, es que estos jugadores sean capaces de entregar su don, como diría Derrida

¿No es lo mismo que hace un verdadero actor en escena? Porque el actor ya sabe cómo sigue la obra y lo que va a pasar, pero siempre hay un factor de creación, de improvisación, porque cada representación es para él siempre la primera; y cada vez tiene que darse a la escena, disponerse para hacerla suceder, despegarse de su subjetividad individual, y renunciar a su cuerpo biológico, para convertirse en un cuerpo teatral, un “cuerpo sin órganos” diría Artaud. El actor también entrega su don a la escena, para otros. Tanto el actor como el futbolista son capaces de esta entrega, se deshacen de sí mismos en tanto individuos y se funden con la acción, por eso ambos son de otra naturaleza, se vuelven sobrenaturales. No quieren o desean hacerlo, no dicen hacerlo, ni intentan hacerlo: lo hacen. PUEDEN. Y esa potencia no es poder capitalista, es potencia de todos y de cualquiera. Es potencia colectiva. Potencia ya no del individuo, sino de la acción. Porque la tragedia no es imitación de caracteres, es imitación creadora de acción, por lo tanto, el héroe en sentido estricto, o el protagonista, es quien lleva adelante la acción; y en la cancha/tragedia dionisíaca, el coro es el protagonista, porque representa al dios Dionisos, que para Nietzsche es, finalmente, el protagonista de todas las tragedias.

Todos los futbolistas juegan, pero no todos llevan adelante la acción dramática JUNTO al hincha que encarna la fuerza dionisíaca del coro. Maradona llevaba adelante la acción dramática junto al hincha-coro y Messi lo hace también. Y en última Selección Argentina, en otra medida pero con la misma cualidad, el “Dibu” Martínez y “Fideo” Di María, lo hicieron, y por momentos Julián Álvarez, y en la última Copa América, también por momentos “el Toro” Martínez lo hizo. Ciertas jugadas, como ciertos gestos actorales, REÚNEN: reúnen pasado y presente, reúnen centro y periferia, reúnen espectador y espectáculo, hinchas y jugadores, individuo y colectivo. Y reúnen, sobre todo, lo humano y lo divino, y por lo tanto, pegan un salto metafísico. 

El ritual futbolístico así como el teatral, justifican estéticamente la existencia y se constituyen así en metafísica porque impactan a nivel estructural. Esa potencia desplegada, así en la cancha como en la escena, es potencia de transformación. No todo el fútbol, pero algún fútbol, nos cambia la vida, nos muestra otros posibles, otras formas de ser y de estar, otras maneras de percibirnos; y sobre todo, pone en acto relaciones existenciales que, en un contexto cotidiano de extremo individualismo capitalista, nos pasan desapercibidas. En el anfiteatro griego del estadio de fútbol SOMOS UNO, y porque somos uno, PODEMOS. 

Según la sabiduría popular, “el que puede, puede; y el que no, mira”. Definitivamente, el hincha de fútbol no mira el partido, lo hace. Y porque lo hace puede. Con un poder que es pueblo y es promesa. Que habrá que cumplir.