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    Mauro Ignatti
ENTREVISTA LITERARIA

"La potentada", de Mauro Ignatti: “Una historia de amor entre su hija y su sobrino pero contada por el narrador equivocado”

19 Noviembre 2026

Mauro Ignatti nació en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, el 27 de febrero de 1975. Es licenciado en Sociología, egresado de la Universidad de Buenos Aires. Su relación con el arte estuvo ligada al estudio de guitarra, en el género jazz y rock, participando como instrumentista y compositor en diferentes bandas del circuito under de Capital Federal y Gran Buenos Aires. Cursó la carrera de Música Electroacústica en la Universidad de Quilmes, donde estudió composición y orquestación de música clásica y contemporánea.

Ávido lector, tomó clases de escritura creativa y técnicas de narración en el taller grupal de Cecilia Maugeri y en el de clínica de obra de Mariana Komiseroff. Su cuento “Segunda oportunidad” fue elegido para ser publicado en la antología Cuentos de Buenos Aires, editado en 2024.

Mauro Ignatt  conversó con la Agencia Paco Urondo a propósito de La Potentada, su primera novela publicada por Enero editorial.

AGENCIA PACO URONDO: La potentada combina humor, exceso y una mirada muy filosa sobre los vínculos en contextos de vulnerabilidad. ¿Cómo encontraste ese equilibrio entre lo cómico y lo trágico sin caer en la caricatura?

Mauro Ignatti: Pienso que para que la comedia negra funcione es necesario armar un cóctel de risa, espanto y exageración, y es cierto que la caricaturización es un riesgo constante. Creo que la forma de no caer en esa trampa es complejizando a los personajes a través de los matices, la verosimilitud, la profundidad psicológica, en resumen, haciéndolos lo más humanos y únicos posibles. En la novela, todos tienen contradicciones en la que por momentos son héroes y por momentos villanos, tienen objetivos y deseos. Cada personaje sabe qué quiere y porqué, tiene una estrategia para conseguirlo, un antagonista y acepta las consecuencias de sus actos, y eso genera empatía en el lector. Por eso, ninguno de ellos tiene una función decorativa en el texto, sino que son fuerzas chocando, cediendo y avanzando, y no caricaturas estereotipadas. 

APU: La novela pone en escena una idea de “ascenso social” mínimo pero vital para sus personajes. ¿Qué te interesaba explorar sobre esa tensión entre deseo, supervivencia y clase?

MI: La propuesta de ascenso social mínimo es un tema que atraviesa lo que escribo y no es particular de este texto, y en contra de lo que parece ser, al menos en este género, es un recurso mucho más potente que el de la historia de un personaje que logra un ascenso social meteórico, porque el lector termina preguntándose si es necesaria semejante brutalidad para conseguir tan poco. La exploración apunta a desarrollar el deseo desmedido de ascenso y la convicción del personaje de Elvira de no pertenecer al lugar en el que está. Por eso, la pregunta que cruza el texto es ¿Qué es capaz de hacer ella para lograr ascender socialmente?

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Novela La potentada

 

APU: Elvira es un personaje potente, incómodo y muy complejo. ¿Cómo fue construir esa figura de madre que quiere ascender a un estatus social a costa de su hija?

MI: A Elvira la empecé a construir hace varios años en un taller grupal de escritura. Inicialmente fue meramente explorativa. El ejercicio era ponerla a interactuar con su hija adolescente en distintas situaciones, sobre todo en contextos de manipulación. Esas escenas generaban en mis compañeros una risa incómoda. Terminé escribiendo unas cien páginas que luego descarté En 2024 el personaje volvió a aparecer, quizá a reclamar esa deuda, y armé una nueva trama que fue la que terminó quedando en la novela. 

Creo que la potencia está en Elvira como narradora en primera persona del presente. Es un narrador y tiempo verbal que permite jugar con la subjetividad del personaje, que no deja de ser solo una mirada del mundo. Siempre digo que la novela podría pensarse como una historia de amor entre su hija y su sobrino pero contada por el narrador equivocado. Probé muchos tipos de narradores, con distintos personajes, en distintos tiempos verbales y focalizaciones, para entender que me aportaba cada uno desde su visión. Claramente me convenció el que terminó quedando: Elvira narrando en primera persona. 

APU: Hay algo muy teatral en la novela: los cuerpos, los diálogos, el exceso, casi como una puesta en escena. ¿Qué influencias (literarias, teatrales o audiovisuales) estuvieron presentes en la escritura?

MI: Si bien leo varios géneros, La conjura de los necios, de Toole me marcó de adolescente. Claramente está en línea con textos como Las primas o, en el género audiovisual, con Esperando la carroza, al menos eso dicen. Lo que la acerca al género teatral o audiovisual, por un lado tiene que ver con que es un texto muy dialogado, y por el otro, los personajes no cuentan sus estrategias o emociones sino que las muestran en acción. En los casos en que explican algo, no suele ser un pensamiento construido, sino lo que está pasando en tiempo real, y eso vuelve al texto más visual. 

APU: La potentada fue finalista de la convocatoria Carthago dentro del programa Orillas Nuevas, con potencial de adaptación audiovisual. ¿Cómo imaginás esta historia en ese otro lenguaje? ¿Cambiaría algo de su intensidad o de sus personajes?

MI: La imagino tanto en formato teatral como audiovisual. Tengo claro que debiera modificar la cronología de las escenas, para acomodar el detonante y los puntos de giro para que el texto se adapte al lenguaje, pero no creo sea necesario modificar la trama. Con respecto a los personajes, no tengo dudas que crecerían aún más en un formato visual. Además, es un texto fácilmente adaptable, debido a que las locaciones, no solo podrían reducirse a tres o cuatro, sino que casi todas son en interiores. 

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    Afiche de El destino de un continente película
ESTADOS UNIDOS EN DEBATE

A 125 años del primer escrito antiimperialista de Manuel Ugarte

22 Julio 2026

Por su vida y trayectoria como por su obra, el poeta, escritor, periodista y militante de la Nación Latinoamericana, Manuel Ugarte (Buenos Aires, 1875- Niza, 1951), es una referencia imprescindible sobre el tema de las relaciones, influencias y conflictos desatados entre Estados Unidos y los demás países del continente.

Las impresiones de Manuel Ugarte sobre EE.UU. y su influencia en la historia de Latinoamérica y el Caribe se pueden encontrar en diferentes libros y artículos publicados a lo largo de su vida como Crónicas de Boulevard (1902)i, El porvenir de América Latinaii (1910), Mi campaña Hispanoamericanaiii (1922), El destino de un continenteiv (1923). También deben considerarse artículos como El peligro yanquiv (1901), Los pueblos del sur ante el imperialismo norteamericanovi(1912), Carta abierta al presidente de los Estados Unidosvii (1913), La Doctrina de Monroeviii (1919), Política colonialix (1922), México, Nicaragua y Panamáx (1927), Nueva épocaxi (1940) y Los fundamentos vitalesxii (1950), entre otros tantos.

Otras fuentes sobre el tema se pueden encontrar en su epistolario (1896-1951)xiii, en donde intercambia cartas referidas a la influencia de Estados Unidos en la región con figuras como Víctor Raúl Haya de la Torre, Augusto César Sandino, Tristán Maroff, Gabriela Mistral, José Vasconcelos, Arturo Orlazábal Quintana, Venustiano Carranza y diferentes representantes diplomáticos de Latinoamérica y el Caribe, con presidentes, secretarios de relaciones exteriores de EEUU, documentos, todos ellos, que se encuentran en el Archivo General de la Naciónxiv.

La primera impresión sobre el peligro yanqui (1901)

Manuel Ugarte escribió el 18 de septiembre de 1901 en Parisxv, el texto titulado: “El peligro yanqui”. El 19 de octubre de 1901 el mismo texto fue publicado por el diario El País de Buenos Aires.

Con esta intervención pública, Ugarte se perfila como “un publicista” de la causa Latinoamericana y al mismo tiempo, como uno de los principales difusores de los peligros que suponen las políticas exteriores norteamericanas para la región. En realidad, él ya había observado este riesgo en un viaje que realizado a los Estados Unidos un año antes.

Yo imaginaba, ingenuamente que la ambición de esta gran nación se limitaba a levantar dentro de las fronteras la más alta torre de poderío, deseo legítimo y encomiable de todos los pueblos, y nunca había pasado por mi mente la idea de que ese esplendor nacional pudiera resultar peligroso para mi patria o para las naciones que, por la sangre y el origen, son hermanas de mi patria, dentro de la política del Continente. Al confesar esto, confieso que no me había detenido nunca en meditar sobre la marcha de los imperialismos en la historia. Pero leyendo un libro sobre la política del país, encontré un día citada la frase del senador Preston, en 1838: “La bandera estrellada flotará sobre toda la América Latina, hasta tierra del fuego, único límite que reconoce la ambición de nuestra raza.xvi

Más adelante, Ugarte agrega:

Si un hombre de responsabilidad hubiera tenido la fantasía de pronunciar realmente esas palabras –me dije- nuestros países del Sur se habrían levantado en seguida en una protesta unánime. Sin embargo, la afirmación era exacta y los políticos de América Latina la habían dejado pasar en silencio, deslumbrados por sus míseras reyertas interiores, por sus pueriles pleitos de frontera, por su pequeña vida, en fin, generadora de la decadencia y del eclipse de nuestra situación en el Nuevo Mundo. A partir de ese momento, dejando de lado las preocupaciones líricas, leí con especial interés cuanto se refería al asunto. ¿Era acaso posible dormitar en la blanda literatura, cuando se ponía en tela de juicio el porvenir y la existencia misma de nuestro conjunto?xvii

En el artículo “El peligro yanqui” de 1901, Ugarte elabora un recorrido por una serie de temas, uno de ellos se relaciona con las impresiones optimistas sobre Estados Unidos que el observa en otros autores, escritores y pensadores latinoamericanos.

Las trampas del “país a emular” y los peligros del optimismo latino hacia los anglosajones

Dice Ugarte:

Hay optimistas que se niegan a admitir la posibilidad de un choque de intereses entre la América anglosajona y la latina. Según ellos, las repúblicas sudamericanas no tienen nada que temer y a pesar de lo ocurrido en Cuba, persisten en afirmar que los Estados Unidos son la mejor garantía de nuestra independencia.xviii

En otro texto agrega:

La prodigiosa fuerza de atracción y de asimilación de los Estados Unidos está basada, sobre todo, en las posibilidades (u “oportunidades”, como allí se llama) de prosperidad y de acción que ese país ofrece a los individuos. La abundancia de empresas, el buen gobierno, los métodos nuevos, la multiforme flexibilidad de la vida y la prosperidad maravillosa, abren campo a todas las iniciativas. Alcanzado el éxito, éste sería motivo, suficiente para retener al recién llegado por agradecimiento y por orgullo, aunque no surgiera, dominándole todo el contagio de la soberbia que está en la atmósfera. Algunos hispanoamericanos que emigran de repúblicas pequeñas, empujados por discordias políticas, y logran labrarse una pasable situación en las urbes populosas del Norte, se desnacionalizan también, llevando la obcecación en algunos casos al extremo de encontrar explicables hasta los atentados cometidos contra su propio país.xix

Según Manuel Ugarte, las trampas del “país a emular” por parte de los latinos se relacionan con una combinación de impresiones superficiales, influencia de una atmósfera en donde una sociedad con absoluta autoestima por “el éxito” de su experiencia histórica contagia al visitante, más el efecto de lo que él llama la desnacionalización del emigrado latino.

Considero significativa esta apreciación de Ugarte porque logra demostrar la complejidad del fenómeno, encadenando elementos vinculados con lo psicológico pero también con el olvido, la memoria y la tradición nacional, en definitiva, con el sistema educativo imperante en los países latinos.

Para Manuel Ugarte la idea de Patria y Nación que se estableció como oficial, desde el Estado y sus instituciones, principalmente educativas, no se cimentaron en los hechos históricos, sociales y culturales de las sociedades latinoamericanas sino en la negación de su realidad concreta, como resultado de la matriz iluminista trabajada en el capítulo anterior.

Para esa concepción eurocéntrica tanto la prexistencia de los pueblos americanos y como el pasado colonial que reivindica Manuel Ugarte, significaban un obstáculo al progreso irremediable de la sociedad blanca, el capital extranjero con su modernidad de puertos, ferrocarriles, bancos y empresas extractoras de recursos naturales.

Al mismo tiempo observo que Manuel Ugarte cuando hace alusión al optimismo latino respecto del país sajón, alude a lo que él llama: “el carácter latino”, que por ser demasiado entusiasta y violento, solo percibe lo inmediato. Vale decir, no puede proyectar o plantearse las consecuencias de ciertas políticas norteamericanas a futuro, algo que sí Ugarte puede encontrar, por ejemplo, en las lecturas que encuentra en los diarios de Francia. ¿Qué observa en estos diarios? Ugarte encuentra que el diario Le Martin de París, en relación a la anunciada intervención de Estados Unidos en el conflicto de Venezuela con Colombia, afirma que la palabra “conversación” debería traducirse en el istmo americano, por grabbing o land grabbing, cuyo significado es expoliación. Sobre estos diarios dice Ugarte: “suponen que los Estados Unidos sólo esperan un pretexto para intervenir en esa región sonando renovar lo que hicieron en México”.xx

Me interesa en este punto demostrar que en diferentes textos Manuel Ugarte analiza la historia de los Estados Unidos centrando su atención en la independencia, el desarrollo industrial y la expansión imperial.

En un somero recorrido por las lecturas de Manuel Ugarte sobre los Estados Unidos observo una serie de nociones e ideas que pueden servir para comprender nuestra propia historia, como así también, pueden ser útiles para desentrañar los nudos u obstáculos del presente en la región.

En primer lugar, lejos de los enfoques plagados de moralinas escritos por intelectuales progresistas abstractos, en donde los Estados Unidos son catalogados como un país guerrero, diabólico y tirano que irrumpe sobre las demás regiones americanas, bonachonas, ingenuas y pacifistas, observo en Manuel Ugarte otro tipo de lecturas.

¿Por qué afirmo esto? Porque cuando Ugarte en sus textos busca comprender las razones del avance norteamericano, encuentra que esas razones son internas. Habla de las rencillas intestinas, de egoísmos de “patria chica”, falta de instrucción de historia latinoamericana, de carencia de patriotismo, de inexistencia total de una perspectiva geopolítica de parte de los gobiernos al sur del Rio Colorado. También habla de economía, de industrias nacionales y de control y nacionalización de los recursos naturales.

En fin, Manuel Ugarte habla de integración, que en su concepción, no es más que pensar la Nación como un colectivo, pero no como un colectivo volátil conectado en torno a ideas, pensamientos, vale decir, no es un colectivo invertebrado (como a veces se postula desde el progresismo) sino que es un colectivo vivo, en donde las partes que lo integran (sus habitantes) se expresan accionando en diferentes agrupaciones que esas mismas partes constituyen (Sindicatos, instituciones Gubernamentales vinculadas con el trabajo y la producción, agrupaciones, uniones nacionales y nuestro americanas). En esa Nación pensada por Manuel Ugarte el Estado por sí sólo no alcanza. El Estado latinoamericano y caribeño que pretenda “bastarse por sí mismo” necesariamente debe vincularse con los demás Estados de la región.

Esta posición en Ugarte no es un mero llamado a la hermandad sino una condición inevitable para garantizar la soberanía y la integridad nacional. De allí el ejemplo de las trece colonias norteamericanas y su unión, su aglomeración en un gran Estado en el que radica su poderío postrero.

En ese sentido, para Manuel Ugarte hablar de Nación es hablar de Nación latinoamericana, ya que nuestra realidad histórica, geopolítica, económica, hace imposible pensarlo de otra manera. Ahora bien, ¿es imposible pensar en una integración? ¿Se puede proyectar una misma Nación para Latinoamérica y el Caribe? Los últimos veinte años nos han demostrado que no es irrealizable.

No es casualidad que Manuel Ugarte vuelva a ser un autor leído en estos tiempos. Hacia finales del siglo XX y principios del XXI, diferentes problemas en los centros hegemónicos posibilitaron la emergencia de nuevos movimientos nacionales y populares en América Latina. Estos reimpulsaron los procesos de integración con nuevas organizaciones regionales (UNASUR, CELAC) y la revitalización de otras ya existentes (MERCOSUR). Los gobiernos de Argentina, Brasil, Venezuela (acompañados por Uruguay y Paraguay), Bolivia y Ecuador se constituyeron como un eje desde el cual se proyectaron planes productivos integrados, y la idea de Manuel Ugarte de “bastarnos por nosotros mismos” parecía ponerse en marcha de una vez y para siempre.

La situación cambio en los últimos años, pero en algunos países de la región las posibilidades de volver a motorizar los procesos de integración siguen en marca (Bolivia, México, Venezuela, Uruguay, Cuba, Nicaragua) en otros, si bien han sido derrotadas las fuerzas política que propiciaban la integración, estas ocupan un lugar preponderante en la oposición (Ecuador, Argentina, Brasil).

En definitiva, hoy, a 125 años del primer escrito antiimperialista publicado por Manuel Ugarte, pensar en la integración de las naciones de América Latina y el Caribe sigue siendo posible.

i Ugarte, Manuel, Crónicas de boulevard [1902], Buenos Aires, Biblioteca Nacional, 2010.

iiUgarte, Manuel, El porvenir de América Latina [1910], Remedios de Escalada, EdUNLa, 2015.

iii Ugarte, Manuel, Mí campaña Hispanoamericana [1922], Buenos Aires, Punto de encuentro, 2014.

iv Ugarte, Manuel, El destino de un continente [1923], Ediciones de la Patria Grande, Buenos Aires, 1962.

vDiario El país, Buenos Aires, 19 de octubre de 1901. Re publicado en Ugarte, Manuel, La Nación Latinoamericana, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1978, pp. 65-70.

viConferencia pronunciada en la Universidad de Columbia de Nueva York el 9 de julio de 1912. Re publicado en Ugarte, Manuel, Mi campaña hispanoamericana [1922], Buenos Aires, Editorial Punto de Encuentro, pp. 55-67.

vii Artículo publicado en el diario El Universal de México en 1919. Re publicado en Ugarte, Manuel, La Patria Grande, Berlin-Madrid, Editora Internacional, 1922.

viii En: Ugarte, Manuel, La Patria Grande, Berlin-Madrid, Editora Internacional, 1922.

ix En: Ugarte, Manuel, El destino de un continente [1923], Ediciones de la Patria Grande, Buenos Aires, 1962.

x Diario Critica, Buenos Aires, 21-01-1927. Re publicado en Ugarte, Manuel, La Nación Latinoamericana, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1978, pp. 109-110.

xi Manuscrito de Manuel Ugarte, escrito en Chile, inédito, recuperado por Norberto Galasso en Ugarte, Manuel,, La Nación Latinoamericana, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1978, pp. 119-120.

xii En: Ugarte, Manuel, La reconstrucción de Hispanoamérica [obra póstuma editada con manuscritos de Manuel Ugarte], Buenos Aires, Coyoacán, 1961.

xiii Epistolario de Manuel Ugarte (Selección), Buenos Aires, Archivo General de la Nación, 1996.

xiv Archivo General de la Nación, colecciones particulares Sala VII, Archivo Manuel Ugarte (1896-1961).

xv El principal biógrafo de Manuel Ugarte, Norberto Galasso, así lo afirma en la selección de textos realizada para la Biblioteca Ayacucho, en Ugarte, Manuel, La Nación Latinoamericana, Caracas, 1978, p. 70.

xvi Ugarte, Manuel, El destino de un continente [1923], op, cit, p. 13.

xviiIbídem.

xviiiUgarte, Manuel, “El peligro yanqui”, Diario El país, Buenos Aires, 19 de octubre de 1901. Re publicado en Ugarte, Manuel,, La Nación Latinoamericana, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1978, p.65.

xixUgarte, Manuel, El destino de un continente [1923], op., cit., p. 25.

xx Ídem.

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Estados Unidos, hegemonía cultural e identidad latinoamericana

22 Julio 2026

A 250 años de la independencia de Estados Unidos, la fecha puede ser una oportunidad para pensar algo más que la historia de una nación: la manera en que ese país logró convertirse en una referencia cultural global, el punto de que muchas veces aprendimos a mirar el mundo desde sus propios símbolos.

La influencia estadounidense no se explica únicamente por su poder económico, militar o tecnológico. También se construyó a través de una enorme capacidad de producir símbolos, relatos e imaginarios que atraviesan la vida cotidiana de millones de personas.

Para gran parte de las generaciones nacidas desde finales del siglo XX, Estados Unidos no fue solamente un país extranjero: fue un paisaje cultural permanente.

Hollywood, las series, la música pop, las marcas, los videojuegos, las redes sociales y la tecnología construyeron una familiaridad particular con una sociedad que muchas veces conocemos más a través de sus ficciones que de su propia historia.

Muchas personas pueden reconocer ciudades, personajes y acontecimientos de una realidad geográficamente distante antes incluso de acercarse a procesos históricos fundamentales de su propio continente.

Esto no responde simplemente a decisiones individuales, sino también a una circulación desigual de relatos culturales y a una capacidad muy distinta de producir y difundir imaginarios a escala global.

El problema no es si está bien o mal conocer Estados Unidos. Conocer otras culturas, aprender idiomas y dialogar con el mundo siempre fue importante.

La cuestión aparece cuando ese intercambio deja de ser diálogo y se transforma en una relación desigual: cuando una cultura se presenta como universal y las demás quedan reducidas a expresiones locales o particulares. En ese sentido, la cultura también es una forma de poder.

Como señaló Antonio Gramsci al analizar el concepto de hegemonía, las sociedades no se sostienen solamente por la fuerza, sino también por la capacidad de construir sentidos comunes.

Estados Unidos logró instalar muchas de sus propias referencias culturales como si fueran parte natural de una cultura global. Sus formas de vida, sus valores y sus relatos nacionales muchas veces aparecen como sinónimo de modernidad.

Este proceso no significa que exista una cultura única o completamente dominante, sino que algunas sociedades poseen una capacidad mucho mayor para difundir sus propios relatos, convertirlos en referencias compartidas e incluso presentarlos como si fueran universales.

Un ejemplo cotidiano está en el idioma. Aprender inglés se convirtió en una necesidad prácticamente incuestionable para integrarse al mundo laboral, académico y tecnológico. Y efectivamente lo es.

Pero esa situación también muestra una paradoja: a lo largo de la historia, determinadas lenguas extranjeras fueron asociadas al conocimiento, la cultura y el progreso.

Durante mucho tiempo, el francés ocupó ese lugar como lengua de prestigio cultural y académico en buena parte de América Latina.

Más adelante, el inglés fue adquiriendo esa centralidad, especialmente desde la segunda mitad del siglo XX, acompañado por la expansión económica, tecnológica y cultural de Estados Unidos.

La cuestión aparece cuando esa apertura se construye desde una jerarquía donde algunas lenguas representan modernidad y futuro, mientras otras quedan relegadas.

En nuestro continente, muchas lenguas propias fueron históricamente relegadas o asociadas solo a lo popular, lo rural o directamente etiquetadas como “atrasadas”.

El guaraní en Paraguay constituye un ejemplo entre tantos, pero no es un caso aislado: numerosas lenguas de los pueblos originarios continúan enfrentando procesos de invisibilización pese a formar parte fundamental de la historia y de la identidad de la región.

El lenguaje también construye imaginarios. Durante siglos, América fue un continente diverso y múltiple. Sin embargo, en el uso cotidiano muchas veces “americano” pasó a funcionar como sinónimo de estadounidense.

La palabra misma refleja una disputa simbólica: un país particular logro apropiarse de un nombre que pertenece a todo un continente.

La globalización de los años noventa, especialmente después de la caída del Muro de Berlín y la expansión del pensamiento neoliberal, reforzó una idea de mundo donde las fronteras parecían perder importancia y donde la integración global aparecía como el destino inevitable de la humanidad.

Sin embargo, aquella globalización también produjo tensiones. Mientras se prometía un mundo más conectado, muchas sociedades comenzaron a experimentar una pérdida de referencias propias

La figura del “ciudadano global” podría significar apertura y encuentro entre culturas, pero también puede convertirse en una identidad vacía, desligada de la historia, del territorio y de la memoria.

La respuesta a este problema no debería ser un nacionalismo cerrado ni un rechazo al intercambio cultural. América Latina no está aislada del mundo, forma parte de él.

Sus sociedades siempre estuvieron atravesadas por procesos globales y su historia no puede pensarse al margen de ellos. Pero una sociedad abierta al mundo no debería significar una sociedad que abandona su propia mirada.

A 250 años de la independencia estadounidense, quizás la pregunta más interesante no sea cuánto conocemos sobre Estados Unidos, sino por qué a veces conocemos más al norte que al nosotros mismos. Pensar desde el Sur Global no implica negar los aportes de otras culturas, sino preguntarse desde dónde miramos el mundo.

Como señalaba Methol Ferré, el desafío de la integración sudamericana era que nuestros países pudieran “ser actores y no coro de la historia”. Capaz ese sea uno de los desafíos de nuestro tiempo

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ESTADOS UNIDOS EN DEBATE

Doscientos cincuenta años de las dos Américas

22 Julio 2026

Doscientos cincuenta años de atropellos imperialistas pueden convertirse fácilmente en una lista: bloqueos, invasiones, golpes, deudas, tribunales que fallan antes de escuchar, humillaciones, hambrunas. La lista existe, pero describe síntomas. No explica por qué, con actores distintos y excusas distintas, la herida vuelve a abrirse siempre en el mismo lugar. El imperio proyecta estratégicamente a largo plazo, la dominación es eso que aparece a lo largo del tiempo y se sostiene, convierte al dominador como invencible y al dominado a una perpetua pobreza material y simbólica.

Sin embargo, observamos no hay doscientos cincuenta episodios sueltos de un mismo villano llamado imperialismo norteamericano. Hay una contradicción de fondo que atraviesa dos siglos. Por un lado, lo que terminó llamándose América Latina. Por el otro, lo que un puñado de intelectuales del siglo XIX bautizó América Sajona. El imperialismo caracterizado por el marine, el endeudamiento, el fallo judicial teledirigido no es la causa de esa disputa: es su manifestación y forma política en cada época.

Para entender esta contradicción acudamos a Arturo Ardao. Sus libros no son un recuento de agravios sino una historia de las palabras con que nos pensamos.

Un nombre nacido en la trinchera

"América Latina" no la inventó ningún emperador europeo ni ningún gobierno yanqui. La inventaron hispanoamericanos exiliados en París quienes reflexionaron desde la cultura a mediados de la década de 1850, no para celebrar una hermandad de sangre latina, no había tiempo para celebraciones en el marco de las guerras civiles, sino para nombrar un peligro concreto: el avance de Estados Unidos sobre el continente.

La palabra "latina" aparece primero como adjetivo, en 1836, en la pluma del francés Michel Chevalier: "América del Sur es, como la Europa meridional, católica y latina. La América del Norte pertenece a una población protestante y anglosajona", he aquí la primera y gran caracterización. Chevalier agente de Napoleón pensaba en el rol tutelar de Francia, no en nosotros sureños. Veinte años después, el colombiano José María Torres Caicedo convirtió ese adjetivo en nombre propio movimiento semántico que modificó la historia de un continenten, y lo hizo en un momento preciso: en 1856, cuando el filibustero William Walker se había apoderado de Nicaragua con respaldo tácito del expansionismo estadounidense. Su poema "Las dos Américas" no deja lugar a dudas: "La raza de la América latina / al frente tiene la sajona raza… El Norte manda sin cesar auxilios / a Walker, el feroz aventurero".

Cuando Torres Caicedo hablaba de "raza" no lo hacía desde la biología y más si se trata de un literato: él mismo aclaraba que usaba el término "sin ser rigurosamente exacto", solo para seguir "el lenguaje de convención que hoy domina". Torres Caicedo estaba escribiendo desde una propuesta de civilización y no desde un registro biologicista, se posicionaba en elementos culturales como: matriz de lengua, religión y derecho nacida y heredada de la propia colonización. El proyecto ibérico fue mestizo en su resultado hubo una decisión deliberada, esto no quita que dicho proyecto también se edificó también sobre exterminio y explotación. El anglosajón avanzó por desplazamiento y segregación, había una decisión, establecer tabla raza con todas las poblaciones locales precedentes a la llegada de los británicos. Así identificamos dos matrices, dos propuestas civilizatorias, ninguna inocente pero que produjeron sociedades distintas, cuyas consecuencias hoy siguen vigentes.

A veces esa antítesis sajona/latina genera cierta divergencia a la hora nominalizar América ya que la misma no nació en América sino en Europa y surgió como categoría romántica posterior a la caída de Napoleón. Esta antinomia Chevalier se encargó de trasladarla al continente en 1836. Vale preguntarse entonces que si el nombre viene de un préstamo europeo, ¿de qué disputa "real" encierra? En este punto podemos decir que si bien la categoría fue importada, su canonización sirvió para caracterizar dos proyectos de sociedad ya en conflicto material desde la anexión de Texas, antiguo territorio mexicano, por parte de Estados Unidos, incluso antes de que la antítesis posea nombre. Las palabras no crean las contradicciones que describen, pero tampoco son un decorado indiferente, a veces la contingencia de la historia las ubica en su lugar. Así fue que cuando la cultura Hispanoamérica (encuentro cultural más amplio que la tradición española) decidió llamarse "latina" frente a lo "sajón", esa palabra empezó a operar como trinchera y caracterizar.

Monroe y la apropiación de una palabra

Si el nombre nace en la trinchera a la dominación la ubicamos un tiempo antes y tiene su propia fecha en 1823, se llamó: Doctrina Monroe. "América para los americanos" suena a gesto anticolonial, pero cuando Monroe decía "americanos" se refería, en los hechos, casi exclusivamente a los estadounidenses. Ahí está el gesto fundacional: no una invasión con tropas, sino una apropiación semántica. Se decide desde Washington quién puede llamarse "americano" sin apellido. Paradójicamente el mundo pragmático sajón conquistó américa por primera vez semánticamente. 

Cuando James Martí cubrió para La Nación la Conferencia de Washington de 1889 que fundó el panamericanismo, escribió que era "el planteamiento desembozado de la era del predominio de los Estados Unidos sobre los pueblos de la América". Frente a esa Unión Panamericana, opuso su "Nuestra América": declaración de guerra semántica antes que literaria.

El Destino Manifiesto, acuñado hacia 1845 para justificar la anexión de Texas, es la traducción operativa de Monroe: si "América es de los americanos", esos americanos "de verdad" tienen casi una obligación providencial de expandirse sobre el resto. Con esa doctrina se justificó la guerra contra México de 1846-1848, que le arrebató la mitad de su territorio. El imperialismo norteamericano nacía moralmente asociado a su hermano inglés, la superioridad civilizatoria fue la excusa perfecta. Mientras Gran Bretaña cometía genocidios en Asia y África, lo EEUU ampliaban sus fronteras a base de usurpación

Rodó, en 1900, advirtió sobre la "nordomanía" y reclamó una juventud capaz de forjar, en el futuro, una civilización digna de ese nombre. No regaló Ariel: lo exigió como tarea pendiente. Ugarte, por su parte, recorrió el continente denunciando el "peligro yanqui" cuando buena parte de las élites locales todavía miraba a Washington como modelo.

Del cañón al escritorio

El siglo XIX cierra con la Guerra Hispano-Cubano-Estadounidense de 1898. Cuba obtiene una independencia hipotecada por la Enmienda Platt, que le reservaba a Washington el derecho de intervenir militarmente cuando quisiera. Panamá, creación norteamericana y pieza balcanizadora, se separa de Colombia en 1903 para construir el canal. De ahí en más, el intervencionismo militar se vuelve rutina en Centroamérica y el Caribe: es la misma lógica de Walker, ahora con infantería de marina.

La Guerra Fría permite trasladar la vieja disputa al lenguaje del anticomunismo: ya no hace falta decir "sajón contra latino", alcanza con "libertad contra comunismo". El Plan Cóndor es la etapa superior violencia de la antítesis: coordinación entre los servicios de inteligencia de varios países del Cono Sur, con entrenamiento y respaldo de Washington, para perseguir y desaparecer opositores a través de las fronteras. Ya no hacía falta invadir cuando se podía entrenar a los propios ejércitos locales para hacer el trabajo puertas adentro.
Con el fin de la Guerra Fría llega el neoliberalismo del Consenso de Washington. La región llegó a la década del 80 cargada de una deuda que se infló cuando la Reserva Federal disparó sus tasas de interés a fines de los setenta: los créditos tomados en dólares se volvieron impagables de la noche a la mañana. Esa deuda, gestionada por el FMI y el Banco Mundial, se convirtió en la correa de transmisión perfecta: ya no hacía falta ocupar un país para condicionar sus decisiones, alcanzaba con condicionar el refinanciamiento a privatizaciones y ajuste. El imperialismo muestra su cara usurera y desarrolla un plan macabro contra lo latino.

La figura más reciente es el lawfare: jueces que actúan como brazo político disfrazado de neutralidad técnica, procesos armados para proscribir liderazgos populares. Lula, Cristina Fernández de Kirchner, Rafael Correa: países distintos, mismo patrón. Pero el lawfare necesita una sociedad entrenada para creerle a esos jueces, domesticada donde los medios de comunicación juegan el rol de intelligentizia semicolonial. Esa disposición no se improvisa en un juicio: se cultiva durante décadas, y el lawfare es su cosecha tardía.

Patria grande único horizonte posible

La contradicción no tiene un solo protagonista. Bolívar, San Martín y Artigas soñaron con una patria continental que no se resignara a la balcanización, y los tres, dato que rescata Ardao, proyectaron ciudades utópicas para esa nación mayor. Ninguna se construyó, pero la insistencia muestra que la fragmentación nunca fue destino natural sino derrota a revertir.

Esa vocación reaparece en Martí, en Ugarte, y con un giro propio en Leopoldo Zea, para quien la periferia no debía disculparse por pensar desde su propia circunstancia: esa era, precisamente, la primera emancipación intelectual. Reaparece también en Alberto Methol Ferré, que pensaba la clave de nuestra historia no en el enfrentamiento entre naciones vecinas sino en la disputa entre proyectos de civilización continentales. Su idea de "continente-nación"  donde una Patria Grande solo resiste si se articula como bloque y no como suma de estados solitarios que negocian por separado su subordinación.

Esa clave permite leer las disputas actuales sin mezclarlas de más: el litio es hoy una pulseada de mercado con actores múltiples, incluida China; la Amazonia involucra soberanía compartida y presión ambiental internacional; la Antártida responde a un tratado propio y también la recuperación de Malvinas por América Latina. Lo común a todo esto es la pregunta de fondo: quién decide sobre estos territorios, si quienes los habitan organizados como bloque o actores externos que los miran como insumos de su expansión. Como es posible decidir cuándo se establece como regalo de soberanía una entrega de 100.000 hectareas del sur argentino al gobierno de Israel.

La disputa ya no es solo América Latina contra Estados Unidos: es una región todavía fragmentada frente a un tablero donde compiten Washington, Beijing y capitales sin bandera fija. Pero la pregunta que Torres Caicedo se hizo en 1856 sigue siendo, en lo esencial, la misma: si la región decidirá su destino como proyecto propio o seguirá siendo la tierra que otros nombran y administran desde afuera. El nombre "América Latina" nació como autodefensa frente a un peligro concreto, no como esencia dada de antemano, es decir, nació por oposición, nació a las apuradas, nació sin permiso, nació con deudas, con persecución. Por eso la identidad latinoamericana no es una herencia dormida, sino que es una propuesta en construcción: es un proyecto que hay que sostener cada vez que la contradicción reaparece, con el nombre que sea. Doscientos años de atropellos no son doscientos cincuenta capítulos sueltos: son variaciones de la misma partitura, todavía sin final escrito, por suerte…

"América para los americanos" suena a gesto anticolonial, pero cuando Monroe decía "americanos" se refería, en los hechos, casi exclusivamente a los estadounidenses. Ahí está el gesto fundacional: no una invasión con tropas, sino una apropiación semántica. Se decide desde Washington quién puede llamarse "americano" sin apellido.
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    Eduarda Mansilla
    Eduarda Mansilla
ESTADOS UNIDOS EN DEBATE

Eduarda Mansilla: los relatos de una señora porteña en la “Yankeeland” de la Guerra de Secesión (1861 - 1865)

22 Julio 2026

Durante el s. XIX cuando en Argentina los diferentes intelectuales, hombres, pensaban su ideal de nación, algunas mujeres, sobre todo la de las grandes familias - por sus posibilidades a formarse-, buscaban los medios “apropiados” a su condición de mujeres y señoras, para infiltrar de forma sutil y enmascarada sus perspectivas sobre los acontecimientos de la época y sobre la joven nación.

Muchas de estas mujeres han sido invisibilizadas y olvidadas, por ende, no han sido estudiadas por los intelectuales del s.XX , quizás por no tener herramientas para el análisis historiográfico de la mujer, buscando nuevos métodos de estudios y haciendo análisis propios a las intervenciones intelectuales, no institucionalizadas, que nos han dejado las mujeres en la época.  Podemos pensar que dicha  omisión se debió a querer estudiar el pensamiento de las mujeres de la misma forma que el de los hombres, cuando bien sabemos que la de estos últimos ya estaban institucionalizadas y bien marcadas, mientras que la mujeres debían buscar otros medios para poder plasmar sus ideas, sin olvidar la posición que ocupaban. Más allá de esta invisibilización histórica, esto no quiere decir que no exista un pensamiento femenino sobre la conformación de la nación y los debates que se estaban llevando a cabo en la época, aunque haya sido de forma enmascarada recurriendo a la literatura, artículos, cartas o registros de sus viajes. 

Un claro ejemplo de esto fue Eduarda Mansilla, quien siendo la sobrina de Juan Manuel de Rosas, hermana de Lucio V. Mansilla y esposa del político, Manuel Rafael García Aguirre, pudo despojarse de todos estos hombres y ganar su propio nombre y respeto entre los intelectuales contemporáneos, siendo su pensamiento muy influyente en la opinión pública porteña.

Esta gran intelectual, ante todo, argentina, porque ella misma se encargó en sus escritos de eternizar ese amor por su patria, fue pionera en la publicación de literatura. En primer lugar lo hizo bajo el seudónimo “Daniel” en sus dos primeras obras; y luego ya firmando con su nombre completo y apellido de casada, fue la primera argentina en publicar en un diario francés, para los franceses en su novela, “Pablo ou la vie dans las Pampas”. Allí la intelectual se encargó de romper con todas las dicotomías que los hombres intelectuales de nuestro país habían marcado por esos años como “civilización/barbarie”; “campo, campaña/ciudad”; “Interior /Buenos Aires” “Europa/Latinoamérica”. Incluso en su obra “Recuerdos de un Viaje”, el libro que nos interesa remarcar en este trabajo, la autora es fuertemente crítica en la apropiación de los estadounidenses en el término “americanos” para referirse a ellos y dejarnos al resto del continente relegados al uso general de “hispanoamericanos”, como si nosotros no hubiéramos construido, también, a este continente. 

Raza que se da á sí misma el nombre de Americana, y no consiente en que los Latinos, que hemos formado también nuestro mundo, en este hemisferio, nos llamemos sino Hispano americanos. Intolerantes y orgullosos, como severos puritanos, los hijos de la Union no creen sino en sí mismos, y ni siquiera dan fe, ni hacen justicia, al progreso real de nuestras Repúblicas. Nosotros les llamamos, con cierta candidez, hermanos del Norte; y ellos, hasta ignoran nuestra existencia política y social”. (pág. 60, Mansilla de García, E. (1882). Recuerdos de viaje)

En los Recuerdos de un Viaje, escrito por Eduarda en 1882, la autora relata lo que ha observado analíticamente, como si se tratase de un trabajo etnográfico. Este viaje a los Estados Unidos  Eduarda lo realizó un poco antes de iniciada la Guerra de Secesión, cuando en 1860 su esposo es enviado a este país para hacer una investigación de la justicia estadounidense. En este relato que hace años posteriores, no se va a ver una observadora pasiva, sino que ella es tajante en su pensamiento y no tiene una mirada idealizada sobre el país, que muchos argentinos, buscaban replicar. Incluso, desde el inicio de su trabajo, podemos observar cómo la autora va a ser muy descriptiva en la incomodidad que le ocasionaron las costumbres de aquel país y cómo deseaba irse rápido de muchas ciudades que le tocaba visitar.

Mansilla analiza críticamente las contradicciones del estadounidense, conflictos internos, estrategias políticas, el desarrollo económico mercantilista, el rol de las mujeres, la arquitectura del país.

Además, Eduarda no va a tener tapujos en posicionarse de un lado en la guerra civil norteamericana, claramente que va a utilizar una estrategia literaria para poder posicionarse con delicadeza, con el decoro de una señora de su época, y será entonces, desde sus buenos modales desde donde Mansilla se permite opinar y posicionarse en el conflicto entre el Norte y el Sur de Estados Unidos. 

En este conflicto, Eduarda va a posicionarse con el sur, en muchos capítulos de los Recuerdos de un Viaje, la autora va a mostrarse alejada de la industrialización, el mercantilismo que observaba en el norte del país, sintiendo más cercana e identificada, con el sur agrario, estanciero, con tradiciones patricias, donde refleja los valores tradicionales. Incluso, siendo totalmente conflictivo este posicionamiento, ya que el sur era el esclavista y el norte pujaba por la abolición de la esclavitud. En este caso, Eduarda sugiere que no le parecía del todo sincero esta postura y que el norte estadounidense solamente iba a utilizar a los negros americanos estratégicamente para la destrucción del sur,  y luego dejarlos solos, como ya lo había hecho con “los dueños de la tierra”, así llamaba a los indios norteamericanos, utilizando nuevamente, su posición de mujer para encubrir su posicionamiento y manifestar pena por su pérdida.

 “Pobre Sud! Á pesar de sus faltas, del látigo cruento con que azotaba las espaldas de sus negros, era simpático. Lo compadezco y le dedico aquí un latido de mi corazón femenino” (página, 60, Mansilla de García, E. (1882). Recuerdos de viaje)

En cuanto a la sociedad y política estadounidense la autora marca que es una de los países más conservadores del mundo, seguida por su madre patria Inglaterra, y señala la vanidad del americano estadounidense, diciendo que el amor que posee el nortamericano sobre su patria se compone más de esta vanidad que de amor. (pág 74, Mansilla de García, E. (1882). Recuerdos de viaje)

Otra de las cuestiones de importancia para Eduarda Mansilla era la educación de la mujer, ya lo había expresado en otras de sus obras y esta no fue la excepción, en todo su desarrollo la autora va a dejar bien marcado su pensamiento sobre el comportamiento con poco decoro de las mujeres norteamericanas y va a ser fuertemente crítica en esto, en la falta de educación y diplomacia. 

Pero a su vez, va a mirar con admiración la conquista de las mujeres estadounidenses en cuestiones laborales pero no va a entender su búsqueda de emancipación femenina, con la influencia que tienen en la actividad pública. 

La mujer influye en la cosa pública por medios que llamaré psicológicos é indirectos. En el periodismo, véseles de frente un puesto que nada de anti- femenino tiene (...)

(...) Las mujeres tienen un medio honrado é intelectual para ganar su vida: y se emancipan así de la cruel servidumbre de la aguja. Servidumbre terrible desde la invención de la máquina de coser”. (páginas 114 . 115, Mansilla de García, E. (1882). Recuerdos de viaje)

Por último, no en los Recuerdos de un Viaje, pero sí en una carta que Eduarda escribe a uno de sus hermanos y que es publicada en un diario porteño, la autora hace hincapié en lo religioso y escribe una crítica contundente a los liberales de la época, quienes iban contra la religión dentro del Estado y es tajante en su opinión de que en esto sí deberíamos observar a Estados Unidos que podemos ver el claro ejemplo de cómo el Estado puede coexistir perfectamente con la religión sin problemas, que eso no impedía el desarrollo de la misma. Incluso, marca su deseo porque esta religión sea, aunque no necesariamente una, la católica ya que es la que corresponde a la tradición anterior de nuestra patria y la que los padres les han dado a conocer.

Se me figura que nuestros pensadores y políticos argentinos descuidan por demas un elemento social y político que nuestro modelo los americanos del Norte cultivan con especial ahinco. (...) No estoy de acuerdo con aquellos que quieren que la República no tenga religion del Estado, si bien en ésto difiero con persona que me es muy querida y cuya opinión respeto⁴⁸. (...)

(..)Antes lo dije, en los Estados Unidos vemos el catolicismo marchar á la par con las demas sectas cristianas, sin que por eso peligren allí ni las libertades políticas, ni el espíritu de progreso, las ciencias y las artes siguen el impulso que les imprimen la prosperidad nacional. El catolicismo es allí, lo que debe ser entre nosotros, una base para la moral, una pauta, una pendiente suave sin la cual no es posible formar naciones grandes y sobre todo naciones libres. Dicen los liberales de pacotilla, esos arengadores de feria, que el catolicismo conduce fatalmente al despotismo y olvidan que nada facilita y encamina á la opresion como la anarquía. Los incrédulos son ateos, los ateos son materialistas y los materialistas no creen, no comprenden, sino el bienestar personal, el goce del yo; dadles pan y circo⁵¹ y ya os llameis César ó Napoleon los tendreis contentos. (...)”.

Boulogne Sur Mer, Agosto 28 de 1873.  (1873, Número 37, Diario El Americano)

Este fue un breve resumen de lo enriquecedora que es la obra de la intelectual Eduarda Mansilla, muchas veces olvidada, y recuperada recién en 1994.  Esta mujer con sus textos literarios y este relato exquisito que hace de la Estados Unidos, que ha podido observar en su privilegio de señora, en los lugares más importantes de la política norteamericana, nos da una perspectiva femenina porteña de la época sobre el imperio norteamericano que estaba emergiendo en una disputa civil interna, dándonos una Eduarda mucho más suelta en su opinión y observación, pudiendo tener un panorama general de lo que se estaba constituyendo políticamente, económicamente y socialmente en el país del norte del continente. La autora se despoja de idealizaciones, incluso muchas veces siendo contundente en su crítica, utiliza el decoro femenino para permitirse ciertas indulgencias y hace un análisis exhaustivo del periodo, marcando también cuáles son sus pensamientos. Es totalmente relevante tener en  cuenta este tipo de lectura y recuperar  a una autora que no se queda por debajo de ningún autor que haya escrito en la época sobre viajes y la observación directa de la cultura que visitaba.

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ESTADOS UNIDOS EN DEBATE

¿Qué fue el Plan Cóndor en América Latina?

22 Julio 2026

El Plan Cóndor funcionó como un engranaje continental de terror ejecutado en simultáneo por las fuerzas de seguridad de los Estados nacionales. Este sistema transnacional eliminó las fronteras para perseguir y capturar a ciudadanos considerados "enemigos internos" bajo doctrinas de control externo.

Origen y formalización del Plan Cóndor

El Plan Cóndor surgió por iniciativa del general chileno Augusto Pinochet y quedó formalizado el 25 de noviembre de 1975 en Santiago de Chile, durante una reunión de jefes de inteligencia militar.

La operación fue coordinada por las dictaduras cívico-militares de América del Sur. Entre sus principales impulsores se destacaron: Augusto Pinochet (Chile); Jorge Rafael Videla (Argentina); Alfredo Stroessner (Paraguay); Hugo Banzer (Bolivia); y Juan María Bordaberry (Uruguay)

Apoyo estadounidense al Plan Cóndor

Henry Kissinger, Secretario de Estado de Estados Unidos entre 1969 y 1977, fue uno de los principales funcionarios estadounidenses que respaldó y legitimó el Plan Cóndor.

Respaldo político: durante los gobiernos de Richard Nixon y Gerald Ford, la administración estadounidense apoyó a las dictaduras sudamericanas.

Asistencia operativa: documentos desclasificados señalan el aporte de asistencia técnica, inteligencia logística y apoyo estratégico.

Marco ideológico: estas acciones se inscribieron en la Doctrina de la Seguridad Nacional, orientada a frenar el avance de la izquierda en América Latina.

Trampa regional: Huir a un país vecino significaba caer en otra dictadura igual de sangrienta.

Estrategia geopolítica: Se utilizó la Doctrina de Seguridad Nacional para blindar fronteras ideológicas.

Paradoja histórica: Bajo esta lógica represiva, los próceres de la Revolución de Mayo habrían sido tildados de subversivos.

La Dictadura Militar en el Cine y la Literatura

La narrativa literaria y cinematográfica es un puente indispensable para interrogar la memoria colectiva y sanar las heridas del pasado. Diferentes obras artísticas permiten a las nuevas generaciones asomarse al abismo de la última dictadura de una forma conmovedora.

La historia oficial: Película emblemática donde los actores Norma Aleandro y Patricio Contreras demuestran cómo la literatura y la historia se encuentran.

El mar y la serpiente: Novela de Paula Bombara cuya prosa profunda transforma el aula en un espacio de debate sobre la memoria.

El Miedo de Washington y el Despertar Revolucionario

El temor de los Estados Unidos al contagio ideológico en la región transformó por completo la política de control sobre América Latina. Washington veía en cualquier proyecto de soberanía una amenaza directa a su hegemonía continental.

El origen del cambio: Ernesto "Che" Guevara recorrió el continente en motocicleta y fue testigo directo de la explotación de la clase trabajadora.

El detonante: Al unirse a Fidel Castro, demostraron que una pequeña isla ocupada podía gestar una revolución exitosa.

El Desafío de la Educación y la Memoria Histórica

El objetivo de la educación actual es encender la chispa para que los estudiantes investiguen, comprendan y cuestionen las estructuras de poder. Frente a los intentos históricos de someter la voluntad, la palabra escrita y la conciencia siguen siendo un refugio invencible. La memoria no es una fecha fija en el calendario, sino el acto de rebeldía más potente para recuperar nuestra propia voz.

*La autora es profesora de Literatura

La narrativa literaria y cinematográfica es un puente indispensable para interrogar la memoria colectiva y sanar las heridas del pasado. Diferentes obras artísticas permiten a las nuevas generaciones asomarse al abismo de la última dictadura de una forma conmovedora.
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    Evita
ESTADOS UNIDOS EN DEBATE

Eva Perón contra los Estados Unidos

22 Julio 2026

"La señora de Perón, una fanática, podría volverse comunista”. Esto fue sostenido por los informes de la embajada norteamericana en Buenos Aites. En vísperas del Cabildo Abierto del Justicialismo, del 22 de agosto de 1951, donde se definiría la candidatura de Perón como presidente y de Evita acompañándolo como vicepresidenta, los norteamericanos seguían, con preocupación, los acontecimientos.

En 1951, despejada la cláusula constitucional restrictiva para la reelección presidencial consecutiva, la postulación de Perón para un segundo mandato era segura.

Desactivada desde el oficialismo nacional la eventualidad de una candidatura del gobernador bonaerense Domingo Mercante parecía que todo apuntaba a que Evita acompañase a su marido en el binomio presidencial de las elecciones del 11 de noviembre de 1951.

Según Isidoro Gilbert en El oro de Moscú (1994), refirió que el inicio de relaciones diplomáticos con la ex URSS fue fundamental el rol de Evita.

Ese dato también lo tuvieron los norteamericanos, de allí su desconfianza con la primera dama argentina. Así lo testimonió Edward Miller, Secretario Adjunto del Departamento de Estado, en un parte fechado el 3 de marzo de 1950, por parte de la embajada yanqui, señaló: "(Evita) expresó su odio irreversible, profundo y corrosivo hacia "la oligarquía", un grupo que, según ella, consideraba que los descamisados eran basura, y que los habían mantenido en la opresión".

Thomas Maleady, Primer secretario de la embajada, refirió de ella que: “alternaba entre un feminismo interesante, un olfato político elemental, la conciencia que tiene de su dominio sobre los partidarios de su marido y su deseo de ser la (primera) dama y al mismo tempo la jefa política femenina".

Y advirtió a sus superiores: "La propia señora de Perón afirmó, para demostrar su fanatismo, que ni ella ni su marido ni sus partidarios son comunistas, pero si les presentaba la alternativa entre el regreso de la oligarquía al poder y entregar el país a los comunistas no se dudaría un segundo en elegir este último camino".

¡Para los diplomáticos norteamericanos, Eva Perón era su enemigo!

No era la candidata más confiable para los intereses del Norte, ya preocupados por Perón, según lo detallado en el informe del 13 de mayo de 1949, por la Tercera Posición; por su visión crítica sobre el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR); por la actividad creciente del Instituto Argentino de Promoción Industrial (IAPI); su negativa a incorporarse al Fondo Monetario Internacional; la situación de sus empresas (Ford, General Motors, Case, International Harvester, General Electric, Westinghouse, Firestone y Goodyear), y en particular sus frigoríficos, con relación a las restricciones en el comercio exterior; y, en especial, por lo estipulado en el artículo 40 de la Constitución Nacional de 1949, temiendo, según ellos, “la confiscación total de personas o compañías norteamericanas”.

Impulsada la candidatura del matrimonio presidencial a principios de agosto de 1951 por la Confederación General del Trabajo, y acompañada por el Partido Peronista Masculino y el Femenino, ésta tenía que sortear varios obstáculos.

Según el excanciller Hipólito Paz en sus memorias: "La candidatura no era políticamente viable. Lo confirma un diálogo de Perón con el embajador de Brasil, Joao Batista Luzardo, enviado de Getulio Vargas" y con el periodista brasileño Gerardo Rocha, que luego reprodujo La Nación. En ambos caso Perón Expresó su negativa a que tal candidatura fructificase.

El diálogo entre Evita y su pueblo el 22 de agosto fue más que elocuentes para presagiar tempestades...

Un informe norteamericano del 24 de agosto de 1951 afirmó: “Se oficializa la boleta Perón – Perón en una concentración de la CGT realizada el 22 de agosto. El Consejo del Partido Peronista la proclama formalmente esa misma noche... Perón aceptó en los inicios de su discurso mientras que Evita se hizo la modesta y se dejó convencer luego de hacerse rogar melodramáticamente durante 20 minutos".

Y acotó John C. Pool, Primer Secretario de embajada: “La aceptación de Evita es un desafío al Ejército y al resto de la oposición".

El 30 de ese mes el mismo Pool, en otro informe, agrega: "¿Evita será candidata a vice?... se dice que Perón ha afirmado ante periodistas brasileños que su esposa no será candidata ya que su edad y otras consideraciones no sería constitucional".

Esto se reafirmó en otro parte del 6 de septiembre: "Evita contesta la pregunta de los 64 dólares: "He decidido no presentar mi candidatura". En una emisión radiofónica especial realizada el 31 de agosto se autoexcluye de la candidatura a vicepresidente afirmando que no aspira a ningún honor. Sólo desea trabajar. Esto parece poner en evidencia que el poder de la CGT había sido sobreestimado. Asimismo, Perón habría recibido sugerencias "amistosas" de oficiales que fueron sus camaradas en épocas del GOU para que le recorte las alas a su esposa. Se comenta que Evita está furiosa. El Partido nombró formalmente a Quijano candidato a vicepresidente...".

Los EE. UU y el resto del marco opositor respiraron aliviados ante su renuncia del 31 de agosto. No tuvo sentido la intentona golpista del general Menéndez del 27 de septiembre, ya que la renuncia de Evita desactivó los apoyos civiles a dicho golpe.

A pesar del cáncer, la supuesta compra de armas y los furiosos discursos finales fueron su canto del cisne.

Ella fue peligrosa para los intereses yanquis, pues la veían como "símbolo de la revolución", siendo "la personificación de la nueva mujer, libre y sin trabas", tal como detallan en un informe del 10 de agosto de 1952, posterior a su muerte.

*Politólogo; Secretario General del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas.

Thomas Maleady, Primer secretario de la embajada, refirió de ella que: “alternaba entre un feminismo interesante, un olfato político elemental, la conciencia que tiene de su dominio sobre los partidarios de su marido y su deseo de ser la (primera) dama y al mismo tempo la jefa política femenina".
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ESTADOS UNIDOS EN FOCO

Eva Perón y su gira internacional de 1947

21 Julio 2026

La gira internacional de Eva Perón por Europa, realizada en 1947, debe comprenderse dentro del escenario internacional surgido tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Más que una visita protocolar, constituyó una misión diplomática impulsada por el gobierno de Juan Domingo Perón, orientada a proyectar una nueva imagen de la República Argentina en el mundo y a fortalecer sus vínculos con una Europa devastada por el conflicto bélico.

En ese contexto, la Argentina también buscaba posicionarse frente al anuncio de la Doctrina Truman y al lanzamiento del Plan Marshall por parte del gobierno norteamericano, hechos que marcaron el inicio de la Guerra Fría y consolidaron un nuevo orden internacional basado en la confrontación ideológica entre capitalismo y comunismo.

La Argentina ocupaba una posición singular en el escenario de la posguerra. Durante la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial mantuvo una política de neutralidad, situación que generó tensiones con Estados Unidos y con algunos países aliados. Aunque el gobierno argentino declaró la guerra a Alemania y a Japón en marzo de 1945, el país continuó enfrentando cuestionamientos internacionales y cierto aislamiento diplomático.

Desde el punto de vista económico, en cambio, la situación resultaba favorable. Gracias a sus exportaciones agropecuarias, la Argentina disponía de importantes reservas y estaba en condiciones de abastecer a una Europa afectada por una grave escasez alimentaria.

El gobierno de Juan Domingo Perón buscó transformar esa fortaleza económica en un instrumento de política exterior, presentando al país como un actor capaz de contribuir a la reconstrucción europea.

El viaje de Eva Perón trascendió el carácter protocolar para convertirse en una auténtica misión diplomática de Estado, donde actuó como representante directa del gobierno de Juan Domingo Perón, fortaleciendo las relaciones bilaterales y proyectando una imagen renovada del país. Su recorrido por España, Italia, El Vaticano, Portugal, Francia, Suiza, Brasil y Uruguay dan cuenta de la iniciativa argentina de romper con los estereotipos promulgados por la Secretaría de Estado de los EE. UU. al intentar asociar al país sudamericano con los regímenes totalitarios depuestos en Europa. Las recepciones oficiales, los encuentros con jefes de Estado, líderes religiosos y representantes de organizaciones sociales presentan a la Primera Dama argentina como una verdadera Embajadora de la Paz, demostrando que la gira combinó objetivos diplomáticos, humanitarios y políticos. En este aspecto, la entrega de ayuda material, la promoción de acciones solidarias y el establecimiento de vínculos con organizaciones benéficas y de asistencia social, construyeron una imagen internacional asociada a la justicia social y la cooperación entre los pueblos que interpeló directamente el posicionamiento norteamericano.

La ayuda social directa a España y la firma de los acuerdos comerciales entre Perón y Franco se presentaron como una forma de cuestionar la hegemonía internacional de Estados Unidos y la política de aislamiento impuesta al régimen de Francisco Franco. Recordemos que Europa atravesaba una profunda crisis económica y alimentaria; España, por su parte, sufría una situación particularmente grave de escasez, agravada por el bloqueo diplomático y las dificultades para acceder a créditos y a los mercados internacionales. En ese escenario, Argentina fue uno de los pocos países que mantuvo relaciones políticas y comerciales fluidas con el gobierno español.

Eva Perón llegó a la ciudad de Madrid el 9 de junio de 1947, donde fue recibida con honores de Jefa de Estado. La recepción popular fue extraordinaria y convirtió a Eva Perón en una de las figuras internacionales más importantes que visitaron España durante aquellos años. La visita de la Primera Dama transmitía un mensaje que trascendía la relación bilateral y Perón buscaba demostrar que Argentina podía desarrollar una política exterior independiente de Washington, donde se establecieran vínculos internacionales conforme a sus propios intereses nacionales.

En este sentido, la gira representó una temprana manifestación de los principios que posteriormente serían formulados por la Argentina Peronista como la Tercera Posición, donde primaba: la independencia frente a las grandes potencias; la soberanía nacional; la cooperación entre los pueblos;

el rechazo a la subordinación internacional.

En este aspecto, la gira funcionó como un contra discurso frente a la narrativa estadounidense, constituyéndose en una disputa diplomática y simbólica sobre el orden internacional de la posguerra.

Otra experiencia de gran relevancia fue la visita al Vaticano fechada el 26 de junio de 1947, donde la audiencia con el papa Pío XII transcendió el tinte de visita religiosa para interpretarse como parte de una estrategia internacional del primer peronismo para legitimar a la Argentina en el escenario mundial y disputar el relato impulsado por Estados Unidos sobre el gobierno de Juan Domingo Perón.

Recordemos que el Vaticano también era un actor político de primer orden y para 1947, el Papa Pío XII manifestaba una fuerte preocupación por la expansión del comunismo en Europa; además de la necesidad de promover la reconstrucción del continente europeo sobre la base de los principios del humanismo cristiano. Es por ello que una audiencia papal significaba un importante reconocimiento internacional para cualquier gobierno y para la Republica Argentina significaba superar el aislamiento diplomático derivado de la política de neutralidad mantenida durante gran parte de la Segunda Guerra Mundial. Si bien, los Estados Unidos había cuestionado duramente esa posición y, a través de su política hemisférica, buscó presentar al peronismo como un régimen con rasgos autoritarios y con supuestas afinidades con las potencias del Eje. Sin embargo, la audiencia con el papa Pío XII permitió contrarrestar esa imagen y el encuentro proyectó la idea de una Argentina plenamente integrada a la comunidad internacional, respetuosa de la tradición cristiana y comprometida con la reconstrucción de Europa mediante la cooperación y la ayuda humanitaria.

En este sentido, la fotografía de Eva Perón junto al Papa tuvo un enorme valor simbólico y comunicacional, ya que ofrecía una imagen difícil de conciliar con el discurso que pretendía aislar al gobierno argentino. La entrevista también permitió destacar las afinidades entre algunos postulados del peronismo y la doctrina social de la Iglesia como: la dignificación del trabajo; la protección de los sectores más vulnerables; la solidaridad y la justicia social.

Aunque existían diferencias doctrinarias entre la Iglesia y el peronismo, ambos compartían la preocupación por la cuestión social y el rechazo tanto del liberalismo económico extremo como del comunismo ateo. Esta coincidencia favoreció una recepción positiva del mensaje argentino.

Dentro del recorrido europeo, la visita de Eva Perón a Suiza constituyó uno de los episodios más significativos. En el contexto de la inmediata posguerra, Suiza mantenía su tradicional política de neutralidad y se había consolidado como sede de numerosas organizaciones internacionales, entre ellas el Comité Internacional de la Cruz Roja y diversas agencias humanitarias. Para el gobierno argentino, la escala en Suiza buscó fortalecer los vínculos con organismos internacionales y con el sistema financiero europeo; y al mismo tiempo permitió proyectar una imagen de Argentina como una nación comprometida con la reconstrucción europea y con los principios de cooperación internacional.

Eva Perón presentó estas acciones como una expresión concreta de la solidaridad social del justicialismo, reforzando la idea de que la justicia social también debía proyectarse hacia las relaciones internacionales. La visita de la Primera Dama permitió mostrar una faceta diferente del primer peronismo frente a la opinión pública europea. Mientras diversos medios occidentales presentaban al gobierno argentino con reservas debido a su política exterior durante la guerra, Eva Perón procuró instalar una imagen basada en: la justicia social; la ayuda humanitaria y la cooperación entre los pueblos. Su presencia despertó una importante atención periodística, contribuyendo a difundir internacionalmente los principios del justicialismo. En el escenario de la Guerra Fría naciente, Argentina intentó proyectarse como una "Tercera Posición", independiente tanto del bloque estadounidense como del soviético. De este modo, Eva Perón actuó como portavoz de una política exterior que aspiraba a otorgar a América Latina un papel más autónomo dentro del nuevo orden mundial.

El broche de oro, fue la Conferencia Interamericana para el Mantenimiento de la Paz y la Seguridad Continental celebrada en la ciudad de Petropolís- Brasil donde Eva Perón va a asistir como invitada especial, acompañando a la comitiva argentina liderada por el Ministro de Relaciones Exteriores, Atilio Bramuglia. Dicha conferencia fue convocada para elaborar un sistema colectivo de defensa americano, su principal fin era la firma del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), que estableció el principio de que frente a un ataque externo contra cualquier Estado americano sería considerado un ataque contra todas las naciones americanas. Estados Unidos impulsó activamente este acuerdo como parte de su estrategia de seguridad continental frente a la Unión Soviética.

La República Argentina procuró mantener una posición propia; y si bien aceptó la necesidad de mecanismos de cooperación continental, insistió en la mantención de varios principios: el respeto por la soberanía nacional; la igualdad jurídica entre los Estados; la no intervención en los asuntos internos y la defensa colectiva sin subordinación política. En este aspecto, la delegación argentina buscó evitar que el sistema interamericano se transformara en un instrumento exclusivo de la política exterior estadounidense.

Simultáneamente al desarrollo de la Conferencia Interamericana desarrollada en Brasil, Juan Domingo Perón pronunció el 6 de julio de 1947 a través de una transmisión radial al exterior (Radiodifusión Argentina al Exterior -RAE), la lectura de un documento titulado “El Mensaje a los Pueblos del Mundo”. Este documento trascendió la política exterior argentina para convertirse en una propuesta de alcance universal, ya que los principales ejes de dicho mensaje fueron: la defensa de la paz mundial; el rechazo a una nueva guerra; la cooperación entre las naciones; la justicia social como fundamento de una paz duradera; la independencia política y económica de los pueblos.

En este sentido, Perón sostuvo que la paz no podía garantizarse únicamente mediante pactos militares o equilibrios de poder. Eran indispensable eliminar las causas profundas de los conflictos internacionales, especialmente la pobreza, la explotación y las desigualdades sociales.

En definitiva, no habría paz sin justicia social, trasladando al plano internacional uno de los principios fundamentales del justicialismo y además cuestionaba la creciente militarización de las relaciones internacionales. Mientras las grandes potencias organizaban alianzas estratégicas y sistemas de defensa, Perón proponía: privilegiar la cooperación internacional; fortalecer el diálogo entre los pueblos; respetar la autodeterminación nacional; y evitar la formación de bloques antagónicos.


 

Conclusión

El viaje de Eva Perón a Europa en 1947 constituyó una de las iniciativas diplomáticas más importantes del primer peronismo. En el contexto de una Europa devastada por la Segunda Guerra Mundial y de un sistema internacional en transición hacia la Guerra Fría, la gira permitió proyectar una nueva imagen de la Argentina como país proveedor de alimentos, promotor de la cooperación internacional y defensor de la justicia social. Eva Perón se convirtió en la principal figura de una diplomacia que buscó romper el aislamiento internacional, fortalecer las relaciones con Europa y presentar al justicialismo como un proyecto con proyección universal, basado en la solidaridad, la paz y la dignidad de los pueblos.

Por último, la vinculación del documento titulado Mensaje a los Pueblos del Mundo, la gira europea de Eva Perón y la posición argentina en la Conferencia Interamericana desarrollada en Brasil formaron parte de una misma estrategia internacional promovida por el gobierno peronista. Los tres acontecimientos compartían objetivos comunes: mejorar la imagen internacional de la Argentina; superar el aislamiento diplomático posterior a la Segunda Guerra Mundial; difundir los principios del justicialismo; proyectar una política exterior autónoma; además de promover la cooperación internacional y la paz.

Mientras Perón formulaba la doctrina de la Tercera Posición desde Buenos Aires, Eva Perón la representaba en Europa mediante una intensa labor diplomática y humanitaria.

En ese contexto, la Argentina también buscaba posicionarse frente al anuncio de la Doctrina Truman y al lanzamiento del Plan Marshall por parte del gobierno norteamericano, hechos que marcaron el inicio de la Guerra Fría y consolidaron un nuevo orden internacional basado en la confrontación ideológica entre capitalismo y comunismo.
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250 años de la independencia de Estados Unidos

21 Julio 2026

Nuestra Historia nacional se encuentra inmersa bajo el ricorsi e ricorsi del devenir, signado por el enfrentamiento de dos modelos de nación. El rostro del patrón del Norte es bicéfalo: ya desde tiempos tempranos tanto el Imperio británico como el siguiente dominio yanqui harían de las suyas por torcer nuestra voluntad popular. El pasado 4 de julio se cumplieron 250 años de su independencia de Gran Bretaña y, por consiguiente, también 250 años de atropellos sobre nuestra región.

Durante el proceso de la Independencia, la actitud de Washington se movió bajo el signo de la especulación calculadora. Mientras nuestros pueblos derramaban su sangre en las campañas sanmartinianas, los Estados Unidos miraban hacia el sur con la frialdad de los comerciantes. El reconocimiento oficial de nuestra soberanía recién llegó en 1822, y no por un rapto de solidaridad anticolonial, sino cuando España ya estaba militarmente derrotada y el mercado rioplatense se ofrecía apetecible. Pocos meses después, en 1823, James Monroe lanzaba su famosa proclama: "América para los americanos". Una zoncera retórica que el iluminismo porteño —siempre obediente a las novedades que venían del norte o de Europa— aplaudió con entusiasmo, pero que en la práctica no era más que la declaración de propiedad exclusiva sobre el hemisferio. América para los norteamericanos.

El mito ecuménico de la Doctrina Monroe estalló por los aires apenas una década más tarde en nuestras propias costas. En 1831, la corbeta estadounidense Lexington atacó y saqueó el asentamiento argentino en las Islas Malvinas, destruyendo las defensas comandadas por Luis Vernet en nombre del gobierno de Buenos Aires. Aquella agresión directa desbrozó el camino para que, catorce meses después, los piratas de Gran Bretaña consumaran la usurpación de nuestro Atlántico Sur en 1833. ¿Dónde estaba entonces la mentada solidaridad continental de Washington? El silencio de los Estados Unidos ante el zarpazo británico desnudó la verdadera naturaleza de su doctrina: las potencias anglosajonas se reconocían entre sí el derecho a repartirse el mundo. Tristemente, sucedería lo mismo en 1982 durante el conflicto bélico con Gran Bretaña.

El gobierno de Juan Manuel de Rosas nunca dejó de lado el reclamo por el atropello a lo que el gobierno estadounidense jamás se haría cargo. Inclusive sería observado por Sarmiento quien, siendo embajador argentino en EEUU, le escribía al presidente Mitre en 1966:

Consecuencia de la insólita gestión hecha por un agente norteamericano de los presumibles derechos de Inglaterra a la posesión de las Islas Malvinas, fue que esta Nación que las había espontáneamente abandonado sesenta años antes, echó a un lado el principio, y segura ya de que los Estados Unidos, comprometidos por las doctrinas de Baylies, no incluían las islas adyacentes en los continentes americanos en la declaración Monroe, volviese sobre la doctrina de no colonización iniciada por Canning, y proclamada por los Estados Unidos, y se apoderase de las Islas Malvinas, a título de anterior ocupación y con complicidad aparente de esta última nación” (6 de abril de 1866)

Fue bajo los gobiernos de Juan Manuel de Rosas cuando esta tensión estructural alcanzó su máxima expresión política y doctrinaria. El Restaurador de las Leyes, lejos de encarnar la barbarie que pretendía el romanticismo berreta unitario exiliado en Montevideo, comprendió que la defensa de la soberanía nacional debía librarse simultáneamente contra el imperialismo europeo y contra la arrogancia norteamericana. No obstante, durante la época de Rosas se daría esa particularidad (no es más que la complejidad propia del estudio histórico) en donde se explican las diferencias: mientras mantenía el gobierno de Rosas un trato cordial con los comerciantes ingleses aunque reaccionaba ante la agresión imperial; con relación a la Republica norteamericana, el respeto que tributaba el Restaurador era hacia su sistema de gobierno considerando la mejor opción para las nacientes naciones americanas del sur. Esa distinción radicaba en la lectura historicista que siempre mantuvo Rosas ante el racionalismo doctrinario de la oposición que pretendían imponer las leyes sin leer la realidad de nuestro pueblo.

La aceptación del ideario federal doctrinario norteamericano había inspirado no solamente a Artigas y a Dorrego, sino que el propio Rosas lo consideraba el más adecuado a nuestra idiosincrasia. El “Diario de la Tarde” a comienzos de 1851 consideraba que

El General Rosas sostiene el mismo principio e interés que sostuvo el General Washington, la independencia del país; ejerce el mismo poder discrecional, y con la misma legalidad que lo ejerció en su época el General Washington: organizó en medio mismo de la guerra, como organizó del mismo modo el General Washington; y fija el propio principio que este sostuvo que la Constitución oportuna del país mismo, no por el extranjero, ni con el consejo e influencia de cualquier extranjero. Este principio es el de la libertad de las naciones”

Y más adelante, señalaba el editorial en clave plutarquiana:

(…) Los dos se educaron en el campo, el uno como agrimensor, el otro como hacendado; y cuando el país necesitó de sus servicios, el uno se puso al frente de las milicias de Virginia, y el otro reunió las fuerzas de la Provincia, de que había quedado accidentalmente el jefe, para oponerse a la insurrección del ejército (…) El General Rosas, sin recibir, ni pedir auxilios, sin más apoyo que su gran carácter, y la justicia de su causa, ha resistido con brío a las fuerzas combinadas de Inglaterra y de Francia, que venían a cerrar sus puertos, y a privarle de todos sus recursos”.

Mientras luego los triunfadores de Caseros privilegiaron el contractualismo (como bien definió José María Rosa, el “fetiche de la Constitución”) copiando literal la Carta Magna estadounidense, Rosas consideraba aquellos principios doctrinarios adecuándolo a la realidad de nuestros pueblos. Contestándole no solo a los opositores sino también a los salieris de José Carlos Chiaramonte y los mentores del actual academicismo que desconocen nuestra constitución como nación previa al 80, “La Gaceta Mercantil” enfatizaba

(la errada interpretación del federalismo con que pretende confundirse a la opinión, pues, mediante un artilugio), se hace de cada Provincia un Estado Independiente; la federación estipulada en el carácter de unión nacional permanente e indisoluble se mira como simple alianza; y así se sistema la disolución de la nacionalidad Argentina. (En tanto, nuestro federalismo) es la misma unión federativa nacional de los Estados Unidos en la que cada parte de la asociación, siendo integrante y permanentemente constitutiva del todo nacional, conserva sin embargo su independencia particular” (12 de marzo de 1846)

Es de esta manera que, con la excusa de conmemorar la efeméride, decidimos reunir un dossier especial para APU apelando a nuestro fuego histórico sin artificio ni drones laudatorios. En ese sentido, nuestros colegas Emanuel Bonforti, Santiago Liaudat y el camarada oriente Joaquín Andrade reflexionan sobre la lucha antiimperialista por parte de nuestra región a lo largo de los dos siglos. Facundo Di Vincenzo nos recuerda aquel primer escrito antiimperialista del inolvidable Manuel Ugarte mientras que Nahir González recupera a Eduarda Mansilla y sus impresiones luego de conocer las “entrañas” del Gigante del Norte. Pablo Vázquez y Damián Cipolla abordan la relación de Eva Perón con Estados Unidos; Sofía González reflexionaba en torno al imperialismo como tópico determinante el pensamiento nacional en los sesenta y setenta, mientras que Laura Osorio denuncia el rol protagónico del Imperialismo yanqui sobre el infame Plan Cóndor que hiciera estragos en la región.

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    Alí Khamenei
MEDIO ORIENTE

Úrsula Asta: “En los funerales de Alí Khamenei en Irán e Irak participaron 20 millones de personas”

21 Julio 2026

Úrsula Asta, periodista de Radio Gráfica, describió en primera persona las despedidas a Alí Khamenei y el presente de la guerra de Estados Unidos con Irán, tras recorrer Teherán y otras ciudades del país persa.

Asta dialogó el sábado 18 de julio con "Más o menos bien" (Radio Con Vos, sábados de 18 a 20hs). A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“Durante los días que estuve allá se reanudaron los bombardeos. Fue el 6 de julio, Irán estaba viviendo un momento muy particular, un hecho histórico, porque era el funeral de Alí Khamenei, que es su líder supremo, máxima autoridad política, religiosa y militar. Se retrasó justamente por la guerra”.

“En Teherán, que es la ciudad capital de Irán, el funeral duró 3 días en lo que se estiman 15 o 20 millones de personas. Es realmente impresionante, muy impactante lo que significa ese hecho”.

“Hay firme una postura anti injerencista. Había un sentimiento muy profundo en torno a “nosotros vamos a ganar esta guerra y vamos a luchar hasta vencer”. Hay una politización de la población al respecto de la guerra. Seguro hay distintas posturas, pero con toda la gente que hablé me manifestó esta misma expresión”.

“El líder supremo ya es una figura muy importante, y para los musulmanes chiitas además tiene una concepción sobre el martirio, que es este asesinato por parte de los agresores, que es considerado como la muestra máxima de compromiso, es decir, es morir por una causa justa. Se convierte en un héroe, al revés del cálculo inicial”.

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    Ramiro Sanchiz
TRANSHUMANISMO

Ramiro Sanchiz: “Lo humano es magnífico sólo si lo analizan los humanos”

21 Julio 2026

Ramiro Sanchiz, escritor, ensayista y traductor montevideano, reflexiona sobre el transhumanismo y propone una alternativa a la visión de Nick Land, el iluminista oscuro.

Sanchiz dialogó el sábado 18 de julio con "Más o menos bien" (Radio Con Vos, sábados de 18 a 20hs). A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“Para el transhumanismo podemos controlar hacia dónde vamos en el futuro, mientras que para el posthumanismo especulativo no necesariamente vamos a tener un control sobre lo que se va a convertir la especie”.

“La gran pregunta es qué pasa con ciertas concepciones posthumanistas que niegan, cuestionan o problematizan la agencia individual y al sujeto político y un montón de ideas. ¿Cómo evitar que eso se vea como una forma de resignación o fatalismo? Creo que ese es el desafío que tenemos, al menos, los que no queremos terminar en la derecha. Nick Land, por ejemplo, no tuvo ese desafío porque no tuvo mayor inconveniente en alinearse por ese lado”.

“Hay muchos problemas a tener en cuenta con la inteligencia artificial, el término en sí mismo es un problema. La inteligencia es algo que no sabemos qué es, lo artificial versus lo natural es una problematización filosófica que a mí me resulta particularmente interesante. No podemos dejar de lado muchos problemas que tienen que ver con la manera en que estos grandes tecnócratas cooptan la inteligencia artificial y en que el capitalismo global funciona”.

“La humanidad es magnífica para la humanidad, pero no en un contexto más amplio y ese es el contexto del posthumanismo”.

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    Gildo Onorato
CRISIS ECONÓMICA

Gildo Onorato: “Milei ataca al cooperativismo y a todo vínculo comunitario en nuestra sociedad”

21 Julio 2026

Gildo Onorato, titular del Instituto Provincial de Asociativismo y Cooperativismo (IPAC), reflexionó sobre la ofensiva del gobierno de Javier Milei en el plano económico y político contras las cooperativas. A su vez, analizó la figura de Axel Kicillof como salida a esta situación.

Onorato dialogó el sábado 18 de julio con "Más o menos bien" (Radio Con Vos, sábados de 18 a 20hs). A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“El Instituto fue creado en el 2024. El gobernador Axel Kicillof nos dio la responsabilidad de reconstruir un organismo que había tenido mucha presencia en los 90 y en los 2000. A partir de ahí empezamos a trabajar en un vínculo constante con las instituciones cooperativas, las federaciones, confederaciones y por supuesto las cooperativas de primer grado, principalmente las de trabajo”.

“La situación que se está viviendo es de mucha complejidad porque ninguna está exenta de lo que está sufriendo nuestro pueblo, es decir, una recesión económica que lastima el trabajo y la producción”.

“Las cooperativas de trabajo son, sin dudas, las más castigadas. Son las que tienen, en general, un vínculo más cotidiano con la construcción, el trabajo comunitario, las pequeñas obras de infraestructura social, y el mantenimiento de clubes y sociedades de fomento. Después hay otros problemas que están más extendidos en las cooperativas eléctricas, que son las grandes deudas que tienen con las generadoras a quienes le compran las la energía”.

“Creo que en el gobierno de Milei hay, primero, una concepción de romper todo lazo de encuentro, comunión y solidaridad. Se ataca el movimiento cooperativo, a las organizaciones sociales, al movimiento obrero, a los sindicatos, a la doctrina social de la iglesia, a todo lo que es el vínculo comunitario y asociativo de nuestro pueblo. Lo ataca desde una mirada individualista, tecnocrática y claramente antipopular”.

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    Diciembre 2001

Diciembre: un viaje inmersivo y documental a la crisis del 2001

21 Julio 2026

Tras su paso por festivales internacionales, Diciembre, documental de Lucas Gallo, llega el viernes 24 al cine del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA). El film propone un viaje inmersivo y sensorial a la crisis de diciembre de 2001, una especie de crónica atmosférica. De esa manera, el director y guionista confirma su propuesta de exploración entre la política, la memoria y los medios de comunicación. 

Gallo recorre, a partir de material de archivo televisivo restaurado, un arco temporal muy preciso, que va del 1 de diciembre al 3 de enero de 2002, es decir, del anuncio del “corralito” a la asunción presidencial de Eduardo Duhalde. Sin marcas de agua ni micrófonos en cámara, gracias al trabajo de montaje de Fernando Epstein y Marcos Frachia, ni voz en off, hay un hilo evidente que une esas escenas en tiempo real: el termómetro social del pueblo argentino. Manifestaciones en distintos puntos del país, discusiones callejeras, los personajes típicos del espectáculo y noticias que parecen laterales, pero que no lo son, logran capturar la espontaneidad y la inestabilidad de la época. 

Su primer largometraje, 1982, ya había destacado por su uso innovador del acervo documental. Su búsqueda lo conduce al archivo de Crónica TV, que transmitía por ese entonces casi enteramente desde la calle. En esa apropiación crítica, en la que convierte televisión en cine, desmontando esa mecánica, le otorga mayor libertad a la imagen y al sonido y genera nuevos sentidos. Las más de 300 horas de cobertura, divididas en semanas, permiten reconstruir una foto panorámica que va más allá, no sólo del 19 y 20 de diciembre, como jornadas preponderantes, sino de los límites de la Ciudad de Buenos Aires.

La propia cronología de los hechos va armando la estructura del relato. Su obra, entre el análisis histórico y el juego formal del cine, replica una operación similar a la de “El palacio y la calle”, de Miguel Bonasso. A Gallo le interesa esa desconexión entre el adentro y el afuera, que se profundiza en los momentos de pantalla partida, antes que la intriga palaciega. Ni siquiera aparecen los nombres de los políticos que hablan. El trabajo sobre el material es tan sutil que, sin instalar lecturas únicas, evidencia zonas grises.

Diciembre resume y revive en poco más de una hora y media el desenlace de la peor crisis social, política y económica del país. Buena parte de la cinta está ocupada por la rebelión popular. Importa poco qué tan conocido es lo que se muestra, si es del archivo del canal o de DiFilm, si es captado con antelación o en el fragor del caos. Hay poca información servida, ambigüedad del tiempo presente y complejización del acontecimiento, lo que deja en general más dudas que certezas. El anhelo conseguido es que verdaderamente parece haber un equipo de filmación independiente, lo que la acerca al cine directo

Tras el estreno de LS83, que se sustenta en las imágenes de Canal 9 durante la década que va de 1973 a 1983, resalta cómo el cine argentino da cuenta de tiempos pasados para notar la pertenencia de algunos paralelismos. De hecho, el propio proyecto tuvo problemas de financiamiento a raíz del retiro del INCAA, lo que obligó a una reconfiguración de la coproducción con Uruguay -La Pobladora es una productora especializada en cine de autor, y Nevada Cine, con sede en Buenos Aires, focaliza en ficción y documental-.

Como mencionamos, Diciembre confirma el tipo de lenguaje cinematográfico propuesto por Gallo para ahondar la construcción mediática de la memoria. La película es, de alguna manera, volver a revivir un trauma que nunca termina de irse porque siempre parece estar a punto de volver a suceder. La crisis del 2001 es siempre un eco latente. El viernes 24 y 31 de julio estrenará en Malba Cine, durante un ciclo organizado por la revista Caligari, y luego esperan que haya más funciones en otros espacios culturales de la Ciudad y del país.

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    Soluciones para viajeros
    Soluciones para viajeros
TURISMO

Viajar con o sin seguro de viaje internacional: qué cambia realmente

21 Julio 2026

Antes de hacer las valijas, muchos viajeros se preguntan si vale la pena pagar por una cobertura adicional o si conviene arriesgarse sin ella. Contratar un seguro de viaje internacional puede ser la diferencia entre resolver un imprevisto en minutos o enfrentar una crisis económica y logística en un país que no es el propio. En esta nota comparamos ambos escenarios para que puedas decidir con información concreta.

El escenario sin cobertura

Viajar sin seguro no significa necesariamente que algo vaya a salir mal, pero sí implica asumir todo el riesgo por cuenta propia. Si aparece un problema de salud, un vuelo cancelado o la pérdida de equipaje, la persona viajera tiene que resolverlo con sus propios recursos, sin ningún tipo de respaldo económico ni asistencia operativa.

En destinos donde la salud pública no es gratuita para extranjeros, como buena parte de Europa, Estados Unidos o Canadá, una consulta médica de urgencia puede costar varios cientos de dólares, y una internación puede superar fácilmente los diez mil. A eso se suma el idioma: sin nadie que coordine la atención, encontrar un centro médico, entender la facturación o gestionar el traslado se vuelve mucho más complicado.

Además del aspecto médico, cualquier otro contratiempo queda enteramente en manos del viajero. Reclamar por un vuelo cancelado, denunciar un robo o gestionar la pérdida de documentación implica lidiar con procesos administrativos en un idioma ajeno, sin nadie que oriente los pasos a seguir ni que acompañe la resolución del problema.

El escenario con cobertura

Con un seguro contratado, el panorama cambia por completo. Ante una emergencia médica, existe una central de asistencia disponible las 24 horas que coordina la atención, deriva a un profesional o centro de salud y, en la mayoría de los casos, gestiona el pago directo sin que el viajero tenga que adelantar dinero.

Lo mismo ocurre con otros imprevistos habituales: demoras o cancelaciones de vuelos, pérdida de equipaje, robo de documentación o la necesidad de un regreso anticipado por una emergencia familiar. En todos esos casos, contar con una póliza activa implica tener un canal de contacto y un proceso definido, en lugar de tener que improvisar una solución en un idioma y un sistema que no se conocen.

Esta diferencia se nota especialmente en los primeros minutos de una emergencia, cuando la urgencia y el desconocimiento del entorno pueden generar decisiones apresuradas. Tener una central de asistencia disponible reduce esa incertidumbre inicial y ordena los pasos a seguir.

Qué factores conviene tener en cuenta antes de contratar

No todas las coberturas son iguales, y comparar antes de contratar es tan importante como decidir si contratar o no. Algunos puntos a revisar antes de elegir una póliza:

  • Monto de cobertura médica: verificá que sea acorde al costo de salud del país de destino.
  • Cobertura de preexistencias: si tenés alguna condición médica previa, confirmá si está incluida.
  • Actividades específicas: deportes de aventura, esquí o buceo suelen requerir coberturas adicionales.
  • Duración del viaje: algunas pólizas tienen límites de días que conviene revisar si el viaje es largo.
  • Exclusiones: leer la letra chica evita sorpresas al momento de necesitar la asistencia.

Revisar estos puntos antes de viajar evita descubrir, en medio de una emergencia, que determinada situación no estaba cubierta o que el monto asignado no alcanza para resolver el problema.

Casos donde la diferencia se nota más

La comparación entre viajar con o sin seguro se vuelve más evidente en ciertos contextos. Los viajes a países con sistemas de salud costosos, los viajes familiares con niños o adultos mayores, los destinos con actividades de riesgo y los viajes largos o de varios países son los casos donde no contar con cobertura implica mayor exposición.

En cambio, en viajes cortos y de bajo riesgo la diferencia económica entre ambas opciones puede parecer menor. Aun así, el respaldo ante un imprevisto sigue siendo el mismo: nadie puede anticipar con certeza si va a necesitar asistencia médica, aunque el viaje sea de pocos días.

Una decisión que conviene tomar antes de viajar

Elegí tu próximo destino y compará el costo de una cobertura frente al riesgo de afrontar solo un imprevisto en el exterior. Muchas veces la diferencia no está en el precio de la póliza, sino en la tranquilidad de tener quién responda ante una emergencia y en la certeza de no tener que resolver todo sin ayuda, lejos de casa.

 

Viajar sin seguro no significa necesariamente que algo vaya a salir mal, pero sí implica asumir todo el riesgo por cuenta propia. Si aparece un problema de salud, un vuelo cancelado o la pérdida de equipaje, la persona viajera tiene que resolverlo con sus propios recursos, sin ningún tipo de respaldo económico ni asistencia operativa.
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    Sí Cambio

Sí, cambio: una anti-película de detectives

21 Julio 2026

Tras su paso por festivales, este viernes 23 de julio por la noche se estrena Sí, cambio en el Cine Gaumont, ópera prima de Juan Morgenfeld. La imagen de un detective que hace tiempo frente al edificio de un sospechoso dio paso a una comedia que escapa a las reglas del género, tiene mucho diálogo improvisado y fue llevada a cabo en apenas seis jornadas de filmación. Una “anti película” que nada tiene que envidiarles a otras de mayor escala.

Carla (Tamara Leschner), cuyo nombre clave es “Santoja”, es una treintañera que trabaja como detective privada y pasa sus días haciendo guardia a un sospechoso que casi nunca ve y acatando órdenes que su jefe (Horacio Marassi) le da por handy. Si bien intenta avanzar con el caso, en paralelo revisa sus vínculos personales -como el que tiene con su madre (Liliana Iglesia)-, pero la aparición inesperada de Alicia (María Villar), una vecina de la zona fanática de los policiales nórdicos, altera su rutina y el curso de la investigación.  

No es la típica representación del género, hay una vuelta de tuerca nacional. No avanza a partir de certezas, sino que invierte las convenciones, más allá de sostener la pesquisa hasta el final. De esa manera, Morgenfeld, director y guionista, nos presenta una comedia atravesada por tiempos muertos, el absurdo cotidiano y la producción independiente. Con un ritmo pausado, que oscila entre ser su mayor fortaleza y cierta solemnidad estática, construye un universo íntimo alrededor de la protagonista, con la cual resulta difícil empatizar y a quien conocemos, sobre todo, a través de las personas que la rodean. 

La dupla protagonista, que destaca por su química, hace avanzar la historia y la emparenta al subgénero “buddy movie” -o película de amigos o hermanos-, en la que, por diversos momentos, una de las partes pone más entusiasmo que la otra en dicha unión. En ese sentido, puede dialogar con Tiempo de valientes, de Damián Szifron. Es una comedia que juega con ese oficio que parece de otra época, apoyada en sus silencios y sus pausas, con un tono más parco, al estilo de Martín Rejtman, dando lugar a la simpleza.

Según el propio Morgenfeld, Sí, cambio tuvo dos grandes inspiraciones. Por un lado, Matías Szulanski, productor con quien viene compartiendo proyectos alrededor de una forma particular de hacer cine: poco presupuesto, en pocas jornadas y buscando siempre la mejor película posible. Por otro lado, El custodio, de Rodrigo Moreno, cuya influencia es más bien narrativa, dado que busca que aquellos tiempos muertos que la mayoría suele despreciar sean llevados al extremo para conformar, de algún modo, un gran tiempo muerto narrativo.

El otro factor a profundizar es su esquema de producción y filmación en las mencionadas escasas seis jornadas. Morgenfeld se inscribe en una corriente del cine argentino independiente reciente que parece encontrar su identidad narrativa en la economía de recursos, la flexibilidad de la puesta en escena y, a partir de ambas, la asunción de riesgos. El guion ya nace sabiendo locaciones, tiempos y posibilidades, según lo plantea el propio director y guionista. La restricción como forma de producción, antes que como limitación. No un obstáculo sino un punto de partida. El desafío, con pocos planos y movimientos de cámara, es que la libertad creativa sea la principal herramienta de la narración. 

Con todo, Juan Morgenfeld, quien fuera responsable de los guiones de Cuento de verano, En el cine, y Las reglas del juego, todas estrenadas el año pasado, nos trae una propuesta que busca salir de las convencionalidades y que, por lo tanto, resulta novedosa. No pretende ser algo que no es. “Cuando una película es independiente, cada persona es indispensable”, resaltó durante su estreno. El cine nacional necesita de más opciones valientes en su narrativa, más aún en un momento como el que atraviesa. Sí, cambio llegará a salas nacionales el 23 de julio en el Cine Gaumont, el viernes a las 21:30hs.

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    FRAZADAZO

Organizaciones sociales convocan a un Frazadazo para reclamar políticas públicas para las personas en situación de calle

21 Julio 2026

El próximo jueves 23 de julio, organizaciones sociales, comunitarias, religiosas, organismos de derechos humanos, sindicatos y espacios políticos realizarán un nuevo Frazadazo para visibilizar la grave situación que atraviesan miles de personas que viven en la calle y exigir respuestas urgentes por parte del Gobierno de la Ciudad y del Gobierno Nacional.

La convocatoria comenzará a las 17 horas en Av de Mayo y 9 de julio, desde donde se marchará hacia Plaza de Mayo. A las 19 horas se realizará una olla popular destinada a las personas en situación de calle y, durante toda la jornada, se recibirán donaciones de frazadas y abrigo para afrontar las bajas temperaturas.

Las organizaciones convocantes denuncian que las políticas de ajuste impulsadas por los gobiernos de Javier Milei y Jorge Macri profundizan la exclusión social, mientras crece la cantidad de personas en situación de calle y se debilitan las políticas públicas destinadas a garantizar sus derechos. A esto se suma el hostigamiento y la persecución hacia las organizaciones sociales, comunitarias y religiosas que, de manera solidaria, acompañan todos los días a las personas en situación de calle. Mediante controles arbitrarios, contravenciones e intentos de sanción, se busca coercionar y desalentar el trabajo de quienes sostienen un plato de comida, un abrigo y una red de contención allí donde el Estado no llega.

Detrás de cada número hay personas. Y las personas que el Estado no cuenta, muchas veces tampoco las ve, ni las asiste.

Mientras el Gobierno de la Ciudad registró 5.176 personas en situación de calle en noviembre de 2025, el 3° Censo Popular de Personas en Situación de Calle, realizado por organizaciones sociales ese mismo año, identificó 11.892 personas. En contraste, el Gobierno Nacional informó la existencia de
9.400 personas en situación de calle en todo el país, una cifra que las organizaciones consideran muy alejada de la realidad.
 
La diferencia entre estos relevamientos no es solamente estadística: de ella dependen el presupuesto, el alcance de las políticas públicas y la capacidad del Estado para garantizar derechos.

Durante la movilización se reclamará:

-    La reglamentación y actualización del subsidio habitacional, conforme a la Ley 6935.
-    El cumplimiento efectivo de la Ley 3706 de Protección Integral de los Derechos de las Personas en Situación de Calle y de la Ley Nacional 27.654
-    La garantía de demanda espontánea en todos los dispositivos de alojamiento de la Ciudad y el fortalecimiento del abordaje territorial.
-    Equipos especializados para el abordaje integral de la salud mental y los consumos problemáticos.
-    El cese inmediato de la persecución, los desalojos y la violencia institucional contra las personas en situación de calle y contra las organizaciones que las acompañan.

Las organizaciones remarcan que ninguna persona elige vivir en la calle y que garantizar el acceso a la vivienda, la alimentación, la salud y un acompañamiento integral constituye una responsabilidad indelegable del Estado.

Con este nuevo Frazadazo buscan volver a poner la problemática en el centro del debate público y exigir políticas que prioricen el cuidado, la inclusión y la dignidad por sobre el ajuste y la exclusión.

Convocatoria

17 hs | Av de Mayo y 9 de Julio Marchamos hacia Plaza de Mayo. 19 hs | Olla popular.

Durante toda la jornada recibiremos donaciones de frazadas y abrigo.

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    Maniquíes y telarañas

Maniquíes y telarañas

20 Julio 2026

Seldi me esperaba en la confitería frente a la Plaza San Martín, sentado a su mesa habitual en la vereda, fumando y jugando al tetris en el telefonito, inmune a los vahos calientes de la noche.

Cuando iba a cruzar hacia el bar una voz infantil sonó a mis espaldas:

–Hola.

Era una nena, pecosa, flaca o desnutrida, el pelo largo, sucio y castaño, ojos de cristal verde.
–Me llamo Casandra. ¿Vos?

Le dije cualquier nombre.

–¿Estás paseando?

Sonreía como una mujer, aunque le faltaba una década para serlo.

–No.
–¿Vas a trabajar?
–No.
–¿Y adónde vas?

No me gustaba esa nena. Su voz era premeditadamente insípida pero sus ojos parecían ver más allá de mí, o peor, verme por dentro.

–¿Por qué no me hablás?

Le dije:

–A esta hora vos tendrías que estar en tu casa.
–Dieciocho, tengo. Parezco más chica, ya sé.
–No parecés, sos más chica.
–Bueno –se agarró de mi mano–. Quince. No me dejes sola.
–No tenés quince, y aunque tuvieras cien tampoco me afectaría.

Me quité su mano.

–Catorce, te lo juro, de verdad. Hay un fantasma hace dos noches en el pasillo de mi casa.
–No existen los fantasmas.
–Hoy lo esquivé, pero me rozó con los dedos la espalda y la cola. Si te da miedo, busco a otro.
–¿Y para qué saliste si hay un fantasma?
–Para comer. A veces los vecinos se olvidan o no tienen, y salgo. En algunos restoranes me conocen y me dan un sándwich o un plato de fideos.
–¿Y tu mamá y tu papá?
–Mamá se fue, no vuelve más. Después papá se tiró debajo de un tren.
–¿Y quién te cuida?
–Me cuido sola. Nada más los fantasmas me dan miedo.

Miré la hora en el celular. Estaba retrasado.

–¿Es cerca tu casa?
–Acá a la vuelta. 
–Te acompaño.

Caminamos una cuadra, doblamos una esquina y a pocos metros nos detuvimos frente a la puerta negra de una casa vieja de una sola planta, en el frente dos balcones de hierro forjado, con las ventanas cerradas, sobresalían como escudos.

Casandra empujó la puerta y otra vez agarró mi mano.

–No me guste que me toquen –dije.
–Uf –protestó y me la soltó.

Entramos al pasillo, un pequeño túnel en el que sólo reinaba el olor a pis de gato, y luego salimos a un patio iluminado por una luna turbia.

–Hoy se escondió porque te vio a vos. Acompañame a la pieza y ya está. 

Había seis puertas y un pasillo lateral desde el que se veía otro patio. Desde ahí venía el sonido efervescente de un partido de futbol en una radio. 
A las puertas del patio las tapaban cortinas oscurecidas o postigos cerrados. 

Casandra abrió la única puerta sin postigos ni cortinas y entramos a la pieza. Tocó una llave en la pared y arriba de un armario sin puertas y vacío se encendió un aplique con una bombita medio consumida.

Sobre la cama de una plaza, detrás de una mesa redonda, demasiado grande para el espacio, descansaba un gato de felpa gris medio comido por las polillas. Había ropa tirada en el piso, en los rincones, todas de ellas, nada que perteneciese a un hombre o una mujer adultos, y restos de galletitas y de sus envoltorios.

Un pequeño estante servía para que descansaran vasos y cuchillos y tenedores sucios. En el borde del estante colgaba clavado en un manito un pierrot de pañolenci negro y amarillo, muerto y al mismo tiempo saludando a quien lo mirase.

Se subió a la mesa, se paró, se quitó la remera azul y luego la pollerita roja.

Me costaba apuntar la mirada a los pezones, dos manchitas rosas.

–Dame un cigarrillo –dijo, severa.
–No. Me voy.
–Adónde.
–No es tu problema.

Se bajó la bombachita negra, me la tiró a la cara y la esquivé.

–Si fuera tu padre te pegaba una paliza.
–Te mentí con mi papá. No se tiró debajo de un tren, se cortó las venas, se chupaba la sangre y la escupía mientras cagaba fuego. Me dijo que si llamaba a alguien me cortaba las venas a mí y me chupaba la sangre hasta matarme. A mí me gustaría morirme ahorcada por una cadena de flores.

Pero que me ahorque otro, yo no me animo. ¿A vos cómo te gustaría? ¿O te gustaría ser inmortal?

Abrí la puerta de la pieza y salí.

***
Se tocaba las puntas de la chalina de seda roja, exhalaba el humo de un cien milímetros ensartado en una boquilla también roja, como el actor más decadente de Fassbinder. En su rostro eternamente tostado se movían las circunvalaciones de arrugas nevadas, caminos a ninguna parte.

Consejero y condenado, Seldi había conocido a casi todas las estrellas de la televisión y del teatro de revistas, y casi todas, decía comprensivo si había tomado los sedantes, o furioso si no los había tomado, lo olvidaron como a un perro sidoso. Nunca decía por qué, solamente insinuaba conspiraciones y brujería, nada concreto. Yo me solidarizaba, pobre, vos que fuiste leal con ellos, qué injusticia, etcétera. No me interesaba. Me interesaba comer todos los días, pagarme el altillo y el cable, y usar ropa que jamás antes había usado.

No le diría el motivo de la demora. Ni a mí me resultaba creíble.

–Por unos minutos pensé que no venías. A Telma no le gustan las impuntualidades.

Esa noche había tomado más sedantes que de costumbre, porque hablaba pausadamente, reforzando las pausas los dos o tres whiskies que ya le corrían en la sangre. 

Había hecho varias visitas a sus amigas leales, como los llamaba él, todas divorciadas o viudas, algunas cerca de los cien kilos, otras con los muslos modelados en el gimnasio y las tetas de silicona. Conversábamos sobre cualquier cosa, tomábamos bastante alcohol, luego Seldi saludaba y se iba discretamente, como el punto terminal de un programa de complicidades implícitas. Después nos íbamos a un dormitorio en penumbras, limpio, perfumado, con espejos en las paredes, a veces en el techo. Pagaban bien, además de regalarme una botella de whisky carísimo o una camisa de sus ex comprada en Nueva York o París.

A Seldi le fascinaban los detalles sexuales de los encuentros. Escuchaba y se excitaba parpadeando como una muñeca de porcelana gringa.

Tomamos un taxi que llamó con la mano desvaída, casi de aire, esa mano de dedos cortos y ensortijados. Platinas de oro y con gemas, según él, sagradas.

–Telma es mi mejor amiga, la más fiel. Llegó hace unos días de Europa. Manejaba vedettes y actrices, las más populares, a todas las tenía cortitas.
Telma pudo ser vedette, pero prefirió el látigo al conchero.

El taxista nos miraba discretamente por el espejo retrovisor.

–El látigo es otro vicio. Como el dolor. El dolor es un vicio hermoso. ¿Cómo podríamos vivir sin dolor? Estás a punto de cogerte a alguien a quien quiero más que a mi madre.

Los ojos del taxista eran enormes.

–En otra vida –dijo Seldi, risueño– me habrán sacrificado en altares como un corderito guacho, una puta romana dispuesta a todos los agradecimientos de los centuriones, una ginecóloga lesbiana y ninfómana.

El taxi se detuvo en una esquina de Recoleta. Seldi le pagó, el taxista suspiró aliviado y bajamos frente a la puerta de roble lustrado de doble hoja.

Apretó un timbre del portero eléctrico. Una voz de mujer preguntó dijo:

–¿Sí?
–Tu rey –respondió Seldi.

El chirrido vibró en la cerradura de una de las puertas y entramos a un hall de piso ajedrezado y columnas de mármoles, la antesala de un mausoleo de pequeñas fortunas, de viejos héroes de la explotación retirados, en sillas de ruedas, de viudas sin más preocupaciones que sus menopausias, todos mirando el ocaso con la sonrisita cínica de haber disfrutado la vida.

Subimos en el ascensor perfumado a lavanda. Telma abrió la puerta del semipiso y, complacida en su teatro, más joven que Seldi, muy alta para mí, el pelo rubio apagado con las raíces oscuras y apretada en un pantalón violeta y una blusa blanca, dijo:

–Pasen, chicos, pasen.

Sobre el parqué, los muebles y los vidrios de las dos grandes ventanas del living relucían como llagas rojizas la luminosidad que traspasaba a la pantalla tornasolada con pie de bronce. El aire acondicionado convertía a ese living en un paraíso del que difícilmente yo quisiera salir antes de que se acabara el verano y, de alguna forma, me entristecía que fuese un paraíso transitorio, otro capítulo, aunque ella exhibiera una buena silueta a pesar de la edad, de sexo mecánico con la cabeza lejos de mi propia carne.

Nos sentamos. Telma y Seldi en el sillón de tres asientos que debería valer más que el altillo y yo en un puff cuadrado. 

No le prestaba atención a la conversación, asentía o negaba como un oportuno convidado de piedra. Telma había estado en Berlín, Viena, Venecia, etcétera. Seldi, para no quedarse atrás, recordaba también sus viajes, especialmente uno a Marruecos donde, dijo, había creído toparse con el amor de su vida.

Nos mirábamos, ella y yo, sonrientes, testigos tolerantes de las características del ángel marroquí. En cierto momento, Seldi y ella fueron a la cocina y los oí cuchichear y reírse. Trajeron tres vasos de vodka helado.

Antes del primer sorbo Seldi se tragó otra pastilla y Telma le recriminó que por qué mierda no se cuidaba de mezclarlas con el alcohol; y así, luego, tras algunos rezongos más cariñosos de ella, Seldi se levantó medio tambaleante, me besó la cabeza y se fue. Enseguida Telma me hizo una seña para que la siguiera al dormitorio.

–Nunca me trajo uno tan pendejo como vos –dijo emocionada mientras me bajaba el cierre de la bragueta.

Después me pidió que le pegara un bife.

–Bien fuerte.
–No me gusta pegar.
–Uno solo.

Cumplí, me empujó contra la cama y seguí cumpliendo.

***
Antes de la madrugada me secaba frente al ventilador en el altillo. Me había dado una ducha fría de casi una hora. El calor permanecía en el altillo como una vieja maldición.

¿Adónde iría a parar viviendo así? Podría volver a mi pueblo, pero había roto allí cosas ya imposibles de arreglar.

Cambiaba los canales de la tele de puro aburrimiento. El ventilador amenazaba con irse a pique contra mis pies.

En un mismo segundo pasé el cartel rojo con letras blancas y retrocedí.

ÚLTIMO MOMENTO.
SE SUICIDÓ PELUQUERO DE ESTRELLAS.

Cambié inmediatamente de un canal a otro para cambiar la realidad. En otro noticiero afirmaban que el cuerpo deshecho en la vereda no sería movido antes de la llegada del juez. Se había cortado las venas y después se había tirado del balcón de un séptimo piso a la calle. Ahí donde me cantaba fados viejos y yo le imitaba a Sandro.

Me acosté en el colchón duro.

Se oía, interminable, el chirrido de un grillo asesinado por una avispa.

***
Una semana anduve sonámbulo visitando terraplenes y puentes, viajando en subte de un extremo a otro de las líneas, reptando bajo la sombra de los lúgubres edificios de Avenida de Mayo. 

Leía los títulos de las películas en el nicho de las boleterías del cine pornográfico que ya creía derrumbado, contraseñas de una poesía para iniciados que jamás podría olvidar. En las escaleras, solo reservadas para los tipos, yo había trabajado dos años y medio y no podía quejarme. A las travestis las destinaban a los baños. 

Seldi, de confiterías y restoranes de mozos con saco blanco y moño negro, de recuerdos de la Chiqui y de la Su, de galas de premios y estrenos, se hubiera ahogado en la oscuridad de esa sala con la pantalla tan sucia que apenas se podían ver las escenas lúbricas con caras de muertos en vida.

Yo nadaba como un delfín en ese océano nutricio, lleno de fosas e islas inexploradas. Pocas chicas permitidas, sólo para atender en las tres últimas filas. Ley universal: todas me saludaban excepto la que me gustaba. Que me gusta, aún. Sé que está internada, muy enferma. Abril es su nombre, tan falso como el mío. Acá se cuidaba, no sé afuera, dijeron Deborah y Luda, las gemelas cubanas, cuando las crucé en un bar de San Telmo. No quise saber más. Quise imaginar más. Imaginar que iría a besarles las manos, a lavarles los pies con agua bendita, a llorar mirándoles los relumbrones azabaches de los rulos. Pero no la encontraría o encontraría a una agonizante. Mejor imaginar la felicidad burbujeando en sus pestañas postizas, sus medias de red, sus dientes de nieve, olvidar la oposición del amor real y un acuario viscoso de orgasmos nacidos muertos y oponerle la decepción eterna de lo cursi, la mortalidad que nos alumbra las células del alma. Dejé de ir al cine cuando encontré caminando por la plaza San Martín a alguien que también, a su modo, agonizaba. Seldi, un dandy zombi a la caza de un cuerpo joven infestado de vacíos cargado de un deseo tan real como el que sentía por Abril: llegar cómodo a fin de mes.

***
En los últimos dos días, a tres semanas del suicidio de Seldi, había comido sólo dos huevos fritos y un yogur. ¿No habría más opción que comer de mi carne y beber de mi sangre? 

Había una y fui por ella.

–Adelante –dijo Telma atándose la cinta dorada la bata azul.

Nos rozamos las mejillas. La luz del atardecer se apagaba afuera entre amarillos y naranjas deslumbrantes. Adentro el fresco reparador y las luces de las pantallas provocaban la alucinación de haberme sumergido en el acuario correcto.

–Qué desgracia, la puta madre. Sentate, por favor.

Me senté en el puff de la primera vez. Ella se sentó en el centro del sillón, en diagonal a mí.

–Me encargué de todo –dijo mientras una máscara de neutralidad alerta le cubría instantáneamente la cara–. No te vi ni en el velatorio ni en el entierro.
–No podía soportarlo.
–Claro –la máscara resaltaba sus ojos impasibles que se enfriaban a la velocidad de la luz–. Nos pasa a todos.

Nos mirábamos esperando a que el otro abriera la boca. Ella esperó menos.

–Nunca pudo recuperarse –se apoyó la palma de la mano en un lado de la máscara, con el leve hastío de esas viejas actrices de teleteatro por decir durante años las mismas estupideces–. Aquello lo mató.
–¿Aquello?

La máscara se mantenía, impune y dura, manejando el silencio y mi ansiedad ya no sabía si por mí o por Seldi. 

Al final dijo:

–Era jefe de peluqueros en el canal y un día lo descubrieron en un camarín con un pibito de once, doce años, el hijo de una actriz.
–Nunca me lo había dicho.
–Lo hicieron renunciar. Se salvó de ir preso porque el canal no quería escándalos. Nosotros tampoco. Logramos que lo despidieron con buena plata –la máscara rió con tristeza y después, medio pícara, siendo más ella que nunca, preguntó–: ¿Te contó tu amigo cómo lo conocí?
–No.
–Una mañana, hace mil años, se paró junto a mí en Corrientes y Florida. Lo vi rubiecito, limpio, los ojitos azules. Le pedí fuego, me había propuesto levantármelo. Él, tímido, me encendió el cigarrillo. Abrió la boca y supe que las mujeres no eran lo suyo, y por eso también, o sobre todo por eso, le di refugio. Córdoba y Ayacucho. Yo vivía con mamá. Él había venido de Entre Ríos a peinar famosas, era su sueño. Mamá estaba chocha con él. Lo saqué de esa pensión con una letrina para veinte tipos. Le compré ropa, le enseñé a maquillarme y pintarme las uñas, lo mandé a un curso de peluquería en una academia. Nos peinaba a las dos. Cuando murió mamá, lloró más que yo. Me casé con mi amante y me mudé acá. Me peinaba los viernes o los sábados. Mi marido, medio en broma, medio en serio, me decía vos te acostás con ese marica. Conoció a mucha gente gracias a nosotros, lo ayudamos a poner las dos peluquerías, peinaba para nuestros programas. Tenía talento. Pero hay gente que no se puede reprimir. ¿De qué son culpables entonces?

–¿Quiénes?
–Los que no se pueden reprimir.
–Entiendo.
–Todavía más imposible es reprimir la telaraña. Yo se la armé, con mi marido, que en paz descanse, producíamos seis programas semanales, más los especiales del y el teatro de revistas. Armamos telarañas, vamos de una a otra, nos perdemos, el centro se mueve de un lado a otro. El valor de la telaraña no lo conoce nadie porque no depende de una la cantidad de moscas atrapadas.
–De qué depende.
–De la resistencia. De cuánto puede durar.
–¿Yo vendría a ser una mosca más?
–Vos deberías saberlo.

Tragué la poca saliva que tenía y le dije:

–Necesito plata.

Desvió los ojos a las ventanas, casi en ese momento negras.

–¿Y? –dijo–. Yo ya te di lo tuyo.
–No te reclamo nada. Estoy sin un peso. En unos días te la devuelvo.
–¿Vos? –la máscara, ahora incandescente, le retornó a la cara–. ¿Qué vas a devolver vos? Soy una dama pero no de caridad.

Se levantó del sillón para abrir la puerta, y saqué del bolsillo la manopla y me la calcé entre los dedos de la mano. Ella ni se inmutó.

–No seas ridículo. Haceme caso, andate.
–Me das la plata y no vuelvo más por acá.

Ella, suave y serena, habló hacia el pasillo de los dormitorios:

–Adri.

El tipo apareció desde el pasillo de los dormitorios, desnudo, sólo con una cadenita de oro en su cuello de bulldog. Se plantó como un álamo de pelo enrulado color mandarina, brazos y muslos globulares, puños cerrados y, como el resto de su piel, bronceado, el miembro largo y grueso que oscilaba en cada exhalación de sus pulmones de zinc.

Petrificado, mi mínima oportunidad era clavarle una punta de la manopla en donde pudiera; pero mientras calculaba cómo hacerlo, él se adelantó, me dobló primero la mano de la manopla mientras su otra mano me levantaba agarrándome de los pelos como a un copo de algodón.

–Tratá de no mancharme la alfombra –le dijo ella.

El oso australiano me echó al piso y puso una rodilla en el centro de mi espalda. Yo le gritaba que me soltara y me mordió una oreja. Grité más y me dijo que si seguía gritando me la arrancaría. Le creí y callé. En cuestión de segundos, ella le puso el profiláctico, el oso australiano me bajó los pantalones arrastrando con ellos el slip y el pie de Tema me oprimió la cabeza contra el parqué. Él pujaba respirando regularmente, era otro profesional, y cuando acabó, gimió a punto de llorar, y Telma quitó su pie de mi cabeza.

***
Desperté en una esquina oscura del cementerio. Me había pegado suficientes trompadas hasta desmayarme. Sólo mi bragueta estaba abierta. Caminé apoyándome en los muros hasta llegar a Pueyrredón. Me palpé la billetera y estaba casi tan vacía como antes de entrar al departamento.

Después me sequé la sangre de la cara con un pañuelo. Lo único que me había quitado era la manopla. 

El tercer taxista al que le alcé la mano se apiadó, y cuando pasábamos por el parque, ya cerca del altillo, le dije que me bajaba. Después de pagarle me dijo que no había que pelearse, que la gente estaba muy loca. Le dije que tenía toda la razón del mundo.

Subí por una loma. A esa hora quería el desamparo del aire libre. Rondé la estatua de Ceres y me senté en uno de los bancos del largo sendero de baldosas. Esperaría el amanecer sin dormir. No faltaba tanto. Unos pocos minutos estuve, en cierta calma, en ese banco más blando que mi colchón. 

Casandra brotó de la oscuridad, con el mismo vestidito y la misma sonrisa indescifrable. 

Aunque había una decena de bancos vacíos, se sentó a mi lado.

–Hola –dijo.
–Hola.
–Tenés la cara como si te la hubiera pisado un camión. ¿Te peleaste por una mujer? ¿Me estás engañando con otra?
–No estoy para chistes.
–No es un chiste.
–No se nota.

Meneó la cabeza, disconforme, mientras abría desmesuradamente los ojos para mirarse los pies descalzos y sucios.

–Me echaron de la pieza. Por el gato. Maullaba mucho cuando yo me dormía. No me animé a matarlo, lo dejé solito, pobre. Me tendré que acostumbrar a vivir en la calle. ¿A vos también te echaron de tu casa?
–No.
–Qué suerte.

Ella quería algo de mí y yo empezaba a querer algo de ella.

Le pregunté:

–¿Me estás persiguiendo?
–¿Yo? No. ¿Vos no creés en las casualidades?
–Yo no creo en nada.
–Creés que no creés en nada.
–Desaparecé, viví donde quieras, la ciudad es grande.
–Ya me voy. Estoy esperando a un amigo.
–Mejor. Andate con él.
–Él tampoco tiene casa.
–Viví con él en la calle.
–No pensamos justamente en esa posibilidad. Tenemos otros planes. Ahí viene.

Un perro grande, grisáceo y cabezón, se acercó a olisquearles los pies. Ella lo acarició durante unos instantes, le besó varias veces el hocico, y luego, con el mismo semblante tierno, le pegó con los nudillos en la cabeza, que sonó a lata hueca. El perro se alejó chillando.

–No está bien pegarle a un perro –dije.
–¿Por qué no querés ser mi amigo? Los amigos son necesarios. Vos tuviste buenos amigos.
–Nunca tuve amigos.
–Sí, tuviste –la mueca de su boca, un retorcimiento de risita y desprecio, me estremeció–: ¿No te acordás del coleccionista de estampillas de Palermo o del profesor de matemáticas de Flores? ¿Era Flores o Floresta? No, Flores era. Hay más, pero con los que te nombré basta para que te den entre diez y veinte años. ¿Para qué recordar a los amigos muertos?

Encendí un cigarrillo. Pensé en ahorcarla en ese momento, pero algo me dijo que ella podría ahorcarme a mí.

–Yo no les hice nada malo, fue gente que se aprovechó de mí.
–Fuiste un anzuelo, tan necesario como un amigo –se sonó la nariz con los dedos y arrojó los mocos a un costado–. ¿Me das un cigarrillo?

Se lo di, lo tomó entre dos dedos, sopló la punta y se encendió. Pitó y largó el humo por la nariz.

–Qué rico. Papá fumaba negro, son horribles.

El perro reapareció a olisquearle otra vez los pies. Ella lo agarró cariñosamente del cuello y lo abrazó contra sus piernas.

–No recuerda que le pegué. Borro la memoria de los perros. Si querés probarlas, tengo otras habilidades.
–No me interesa conocerlas.

Bajé a la calle. Ella y el perro me seguían. El cielo se había tensado como una lámina de oro a punto de estallar. Hombres y mujeres y sus sombras se habían estancado en las paradas de los colectivos, apresando sus bolsos, mochilas y carteras, espejándose unos en otros los gestos resignados, las ropas arrugadas, las ojeras violáceas, las uñas sucias de los dedos con las mismas huellas digitales.
Cruzamos la avenida, llegamos a la otra vereda, con los últimos billetes, compré en un kiosco cigarrillos y cerveza, y caminamos hacia el sur.

Los ojos dopados del perro eran iguales los de Abril.

–Por qué mirás así a mi perrito –preguntó ella.
–No es tu perrito.
–No me contestaste –dijo con la voz frágil de Seldi.
–Por qué hablás con otra voz.
–Porque quiero –dijo con la voz de Telma.

Podría ayudarme para sobrevivir, fue mi pensamiento y mi rendición.

A pocas cuadras de llegar al altillo vi por primera vez la vidriera vetusta y biselada detrás de la que, sobre cubos de madera, se elevaban tres maniquíes masculinos, reclusos de la artificialidad siniestra de sus creadores. Me clavé frente a ellos. El desamparo de esas criaturas me caía como un diluvio; ese desamparo era el mío, el de Seldi, el de sus amigas, y la tosquedad de las terminaciones de esas figuras escondía la trituración de la vida real y negaba cualquier posible descanso en la eternidad para todos.

–No me gusta ver maniquíes desnudos –dijeron Casandra o Seldi a mi terror.
–A mí tampoco.

Veía mi reflejo inmóvil en la vidriera como una réplica indefinida de ellos. Lo veía conteniendo las lágrimas. Habían sido creados para que los malos pensamientos continuaran en mi cabeza y en mi sangre hasta el fin de los tiempos, que yo nunca viviría. Ampliaban, asimismo, un horizonte de sucesos. Probaría la próxima vez establecer una conversación real con alguno de ellos, intentar, incluso, verificar si tenían la piel fría o cálida. No me importaba romper la vidriera y cortarme las manos.

–¿Y por qué si no te gustan los mirás como un bobo?
–Seré un bobo.
–Lo sos, pero no tanto.

Me tiró del brazo y recién entonces me di cuenta de que esta vez había hablado con la voz de Abril.

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    Boedo
MILITANCIA JUSTICIALISTA EN CABA

Guillermo Moreno: “La bandera de la selección es un acto propagandístico extraordinario para la causa Malvinas”

20 Julio 2026

El viernes 17 de julio pasado, el partido Principios y Valores realizó un plenario en la capital federal en el barrio de Boedo ante una nutrida presencia de militantes justicialistas. El panel de expositores fue integrado por el dirigente Cristian Alisua; la vicepresidenta de PyV Capital Federal, Nydia Lirola; el secretario general del SOIVA (Sindicato de Obreros del Vidrio), Horacio Valdez; la presidenta del Congreso de PyV Capital Federal y secretaria general de Sindicato de Amas de Casa de la República Argentina, María Lucila “Pimpi” Colombo; la diputada nacional Marita Velazquez y el conductor del espacio Guillermo Moreno.

En la previa, se escucharon cantos contra el presidente Javier Milei y de apoyo a la selección argentina (el encuentro político fue realizado unos días después del triunfo de Argentina ante Inglaterra en la semifinal del mundial). “El que no salta es un inglés”, fue de unos de los cantos que animó los momentos previos de los discursos de la dirigencia, además de cantos de apoyo al líder de PYV Guillermo Moreno.  

En este acto, se expusieron las bases doctrinarias del movimiento frente al contexto político y económico actual, haciendo hincapié en la defensa de la justicia social, la soberanía política, la independencia económica y, fundamentalmente, la necesidad de un plan de reindustrialización nacional que devuelva la dignidad a los trabajadores a través del empleo formal”, señalaron desde el medio Abrazando Distritos que realizó una cobertura por stream del acto militante.

Fragmentos de la exposición de Guillermo Moreno ante la militancia en Boedo

La bandera que expuso la selección es un acto propagandístico extraordinario para la causa Malvinas. Fue vista por millones de personas".

"El diario de The Guardian salió a reconocer que van a tener que discutir con Argentina la soberanía de las islas, bajo el argumento de que mientras más tiempo pase, Inglaterra va a estar peor."

"Hace unos días La Nación publicó un artículo afirmando que el eje de America cambió. Que antes existía un eje horizontal, que iba de Estados Unidos a Europa. Hoy el eje es vertical: desde Canada hasta Ushuaia. Nosotros lo venimos diciendo hace mucho tiempo." 

"El eje horizontal es el mundo de la OTAN, es el mundo viejo."

"En Argentina hay una doctrina que incorpora a los dirigentes sindicales a la estructura dirigencial del país. Esto es muy importante que lo tengamos en cuenta. Ellos también forman parte de la discusión de diseño de país. Nosotros somos muy respetuosos del movimiento obrero organizado”.

"El eje vertical revindicó una contradicción que nosotros venimos sosteniendo que es globalismo o nacionalización”.

"El Papa León y el Papa Francisco lo entendieron. Esta discusión está planteada en la encíclica de León.”

"En la última encíclica el Papa plantea quieren una sociedad sin Dios. León va a conducir esta batalla. Es el único que puede conducirlo."

"Milei y Peter Thiel se pueden pelear con Cristina o con Moreno, pero no con el Papa León.”

"Los que hablamos del ser nacional somos los peronistas.”

"La discusión política no es una discusión sobre los cargos sino sobre el proceso y destino del país”.

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    Cristina Banegas_Nora Lezano
    Ph: Nora Lezano

Cristina Banegas nos revela a Joyce: la voz como acontecimiento

20 Julio 2026

Cristina Banegas deconstruye el mito de Penélope y convierte el torrente verbal de Molly Bloom en una revuelta política y estética. En esa franja donde la palabra deviene presencia pura, la actriz asalta el final de Ulises para ejecutar una toma de soberanía corporal, transformando el insomnio de Joyce en un acontecimiento visceral y colectivamente emancipador.

Una actriz puede representar un texto o encarnarlo. Pero una actriz puede, en el mejor de los casos, volver a reescribirlo, a instalarlo en la sociedad por su potencia plural y su sentido ético. Esto es lo que ocurre de manera consagratoria con Cristina Banegas al interpretar el monólogo final de Ulises, de James Joyce. Banegas no se limita a interpretar a Molly Bloom; hace de esa voz un acontecimiento escénico indomable, una frecuencia perpetua que se instala de inmediato en el inconsciente colectivo.

Para dimensionar el abismo que Banegas decide habitar, es crucial detenerse en la naturaleza de este último capítulo de la novela, el célebre episodio de "Penélope". Joyce revolucionó la literatura del siglo XX al cerrar su monumental Odisea con un flujo de conciencia torrencial, una marea verbal desprovista de signos de puntuación que restituye al lenguaje su estado más salvaje. Es el reverso absoluto de la épica masculina tradicional: el despertar nocturno de una mujer que desteje la realidad, la memoria y la el deseo desde la más pura inmanencia. Trasladar este hito literario al espacio teatral no es una mera adaptación; es un acto de transmutación radical.

Y es, fundamentalmente, un acto político. En la genealogía del feminismo, el cuerpo de las mujeres ha sido históricamente el territorio del silencio. Al poner su voz y su fisonomía madura al servicio de este flujo indomable, Banegas ejecuta una toma de soberanía estética: el goce, la fluidización del pensamiento y la autonomía del deseo femenino dejan de ser una abstracción de papel para volverse materia pública y presente. En tiempos donde las lógicas patriarcales intentan recapturar los discursos, que una mujer se adueñe del espacio para deconstruir el mito de la espera pasiva es una revuelta poética inapelable. Lo personal, lo carnal y lo literario se vuelven aquí dinámicas colectivas.

En la noche oscura del insomnio, Molly deja caer su pensamiento y arroja un coágulo de palabras que son imágenes exasperantes, casi perplejas. Inundan la sensibilidad del espectador. Sin invadir, amalgaman el espíritu casi como si lo poseyeran —sí, es su despliegue lo que conmueve—. No hay aquí confesión ni orden lógico; hay una lengua viva que avanza por intensidades, por pliegues íntimos y por respiraciones que tienen la potestad de suspender el tiempo. Joyce llevó en su obra el lenguaje hasta el límite de su propia urgencia, y Banegas acepta ese desafío descomunal con una entrega absoluta, creando sobre el escenario una coreografía de su propio devenir, que adquiere en este caso un tinte sacral. Nos encontramos en un territorio sagrado donde la palabra es coreografía del alma y el texto es la unidad indiscutible del cuerpo.

La puesta transcurre en esa franja invisible pero feroz donde cada pausa, cada silencio y cada suspiro transforma la pulsión del espectador, despojándolo de su pasividad para convertirlo en su propia voz, porque allí el espectador es pura omnisciencia. Es una voz que encarna lo plural y arremete justo allí donde el lenguaje deja de representar para devenir presencia; un verdadero "real-acto" donde la palabra sucede en el cuerpo, antes de explicarse en el intelecto. La potencia de la propuesta reside, precisamente, en la coreografía dramática de las posibilidades que ocurren en el cuerpo de Banegas. Su trabajo realza la intensidad de la precisión milimétrica: convierte la respiración en ritmo, el ritmo en pensamiento y el pensamiento en una experiencia afectiva visceral, profundamente compartida con su público.

Por momentos, el borde de esta experiencia extrema recuerda a la desnudez escénica de Samuel Beckett. Sin embargo, la inmanencia que late aquí es puramente joyceana: una escritura que abandona la linealidad para inscribir un tiempo hecho de pliegues, donde alterna la atemporalidad del mito. Cristina Banegas ofrece una actuación de extraordinaria densidad en su progresión dramática de alto esteticismo. Más que interpretar un clásico de la literatura universal, lo arrasa y lo vuelve contemporáneo apoderándose de las almas. En su cuerpo, la escritura de Joyce se vuelve presencia física, el texto mismo hecho carne. El escenario se erige, entonces, como el único vehículo donde la palabra puede convertirse, todavía, en una experiencia inmensamente vital.

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    Ariel Marcel y Gloria Caro
ENTREVISTA

Tinkuy: la historia de una editorial que transformó la lectura en juego

19 Julio 2026

APU dialogó con Ariel Marcel, diseñador gráfico, documentalista y editor quien fundó con Gloria Claro, maestra y trabajadora social, la editorial de juegos literarios Tinkuy (que significa "encuentro" en quechua).

Todo empezó hace 15 años con una lona naranja tirada en el pasto, una selección de libros prestados y una consigna simple: convocar a los vecinos a sentarse a leer. Aquel proyecto de promoción de la lectura, ideado por Gloria y Ariel, creció al ritmo del boca en boca en el barrio hasta mudarse a la radio. Fue en el programa número 100, con un bolillero al aire y la escritora Laura Devetach de testigo, donde descubrieron que las preguntas literarias podían ser un gran puente lúdico. Así nació Pin Pong Literario, su primer juego, que pronto los desafió a convertirse en una editorial formal.

Hoy, con un catálogo profesional que incluye a grandes referentes como Pablo Bernasconi, María Teresa Andruetto, Isol e Irene Vallejo, Tinkuy demuestra que el juego y los libros habitan un mismo universo. Un proyecto que nació como un pasatiempo vecinal y se consolidó en los hogares durante la pandemia como un refugio imprescindible para el encuentro.

AGENCIA PACO URONDO: Teniendo en cuenta los niveles de distracción actuales, debe ser un gran desafío. ¿Cómo logran, a través del diseño de un mazo de cartas, tender un puente para que chicos y grandes que no tienen el hábito de la lectura se conecten con el universo de los libros?

Ariel Marcel: No sólo los chicos se distraen, también los adultos. El músculo en armar juegos fue creciendo y haciéndose más fuerte. La técnica es la misma; tenemos una comunión para crear ideas. Al editarlos y ver sus dinámicas, fuimos aprendiendo las mecánicas de juego que son de la humanidad. Podés ver mecánicas aplicadas en España, por ejemplo, y adaptarlas a tu juego de otra manera; lo que no se puede copiar es el contenido.

APU: ¿Tiene que haber un equilibrio para que sea pedagógicamente interesante y a la vez entretenido?

AM: La balanza puede hacer que esté buenísimo pero no tenga ese encanto del juego. Por el otro lado, te puede pasar que no tenga rejugabilidad; o sea, lo jugaste dos veces, ya lo conociste todo y tampoco sirve. Vamos buscando esas variables. Ponemos un librito con sugerencias, tratamos de que no haya un reglamento estricto sino opciones de uso, porque buscamos que sean recursos para docentes, bibliotecarios, madres y padres. Damos un marco con propuestas: algunas son más de escritura, otras más literarias o de jugar por jugar, sin competencias.

APU: Mayormente, en los juegos ganás o perdés, ¿acá hay otros fines? ¿Cuáles son?

AM: Va más por el lado de lo creativo. Tratamos de que, según la edad de quien lo juegue, sea la velocidad y la dificultad. Buscamos ese equilibrio para que sirva en todos los ámbitos, enfocándolo como un desafío creativo. El de ganar o perder es otra mecánica; nosotros buscamos otra manera.

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Editorial Tinkuy

 

APU: La neurociencia muestra que el cerebro aprende haciendo y tocando. ¿Qué pasa a nivel cognitivo cuando un chico manipula un mazo de cartas en lugar de deslizar el dedo por una pantalla?

AM: Por lo que hemos leído, sorprende ver a chicos de 6 años descubrir el naipe por primera vez. Para nuestra generación era más común, pero ahora te preguntan: "¿Esto cómo es?". Salen de las pantallas y van a otro mundo. El tacto con el naipe inicia una conversación, un encuentro cara a cara, que es lo que la pantalla te quita. El juego te invita a interactuar, a generar ese músculo de estar más atento sin importar la edad. Esto enriquece a la persona y le suma nivel de creatividad a través de lo que uno describió y el otro escuchó.

APU: El juego es una forma de crear cultura. ¿Qué diferencias rescatás de los juegos que editan?

AM: Los juegos de Tinkuy te interpelan. A veces las pantallas te dan ese "chupete de dopamina", pero acá hay un paso más: tenés que resolver, avanzar y hablar con el otro; hay un desarrollo cognitivo más importante. Más allá de lo cultural que es jugar, tenemos un juego creativo que es Contame. Ahí ponemos el dulce de leche, el mate, una bicicleta, la camiseta de la selección o un botín de fútbol. Estos juegos van a otros países y llevan nuestra cultura del día a día. Es un pequeño aporte.

APU: ¿Por qué disfrutamos jugando? Si bien es una pregunta sencilla, tiene profundidad. Y por otro lado, ¿qué le pasa a las personas que no juegan?

AM: Disfrutamos porque nos liberamos de preconceptos. Al jugar estamos todos en el mismo nivel; ahí no hay ni más chico ni más grande. Las etiquetas se quedan a un lado y en un tablero somos todos iguales. Disfrutamos donde hay respeto a las reglas, al turno y a escuchar al otro. El que no juega se lo pierde. Sobre todo los adultos, que al crecer quitamos ese tiempo porque pensamos que el ocio no es productivo y no sirve.

APU: ¿Puede llegar a producir placer el juego?

AM: Es liberador. Sacamos la competencia y aportamos la parte creativa: que no haya un "ganar o ganar" o tener que ser el más rápido, sino que sea colaborativo y se arme entre todos. Que si lo jugamos hoy tenga un resultado y otro día, uno diferente. Venimos de una estructura determinada y estos juegos te desequilibran un poco, te hacen recrearte y repensar cosas. Los adultos estamos acostumbrados a jugar en pantallas para recibir una recompensa o una moneda para seguir jugando. Es una especie de juego capitalista: te enseñan que si no producís no ganás. Cuando salís de esa lógica estás en otro lugar; por eso se disfruta, porque no te están exigiendo nada.

APU: ¿Cuál es el juego de cartas más vendido o pedido?

AM: El más vendido fue Bretón, que es el de Pablo Bernasconi. Es un juego con imágenes surrealistas donde cada uno le pone un concepto diferente a la imagen, y ahí empieza una conversación y un debate. Al ser tan surrealista puede ir por cualquier lado. Otro juego es el de Isol. También Contame Mundial, donde hay una lógica de armar un juego colectivo; el mundial es una excusa para sentarnos a jugar y hablar de fútbol desde lo colectivo y lo creativo.