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El proyecto de la unidad latinoamericana (II): de los Congresos Americanos a la Guerra de la Triple Infamia

28 Marzo 2026

A dos siglos del Congreso Anfictiónico de Panamá, resulta pertinente revisitar la larga lucha por la unidad latinoamericana. Aquel intento de articular una liga de repúblicas independientes inauguró una historia de iniciativas, debates y conflictos en torno a la integración regional. En esta segunda parte, recorremos el derrotero de ese ideal desde 1826 hasta 1870, destacando el papel de los Congresos Americanos, los debates intelectuales alrededor de la dicotomía civilización y barbarie y el surgimiento de una corriente de pensadores americanistas, hasta la Guerra del Paraguay como momento bisagra que consolida la fragmentación del continente sometido al neocolonialismo de nuevas metrópolis.

Balcanización, inestabilidad y agresiones

El fracaso del Congreso de 1826, sumado a las crecientes tensiones políticas y regionales en el interior de Gran Colombia —que desencadenaron un proceso de fragmentación—, provocó hacia el final de la vida de Simón Bolívar aquella triste reflexión: “He arado en el mar y sembrado en el viento”. Sin embargo, aunque el proceso de balcanización que se inició entonces fue considerable, no es menos cierto que a lo largo del siglo XIX persistieron corrientes y proyectos políticos proclives a la unidad latinoamericana. Desde todos los rincones del continente, las brasas de la causa integracionista brotaron como llamas en el pensamiento y la acción política y diplomática. Un hilo de acontecimientos unen aquellos sueños independentistas con nuestros días.

El Congreso Anfictiónico de Panamá tuvo una breve continuidad en la llamada Asamblea Americana de Tacubaya, reunida en las cercanías de la Ciudad de México entre 1826 y 1828. Este encuentro buscó mantener vivos los acuerdos alcanzados en Panamá y avanzar en la construcción de algún tipo de sistema de cooperación política y defensiva entre las nuevas repúblicas americanas. Sin embargo, las profundas divergencias entre los gobiernos, las dificultades de comunicación y la inestabilidad interna de muchos países impidieron que la iniciativa lograra resultados duraderos. En consecuencia, la Asamblea no consiguió consolidar una institucionalidad común ni establecer mecanismos efectivos de integración regional. Cabe destacar el papel del canciller mexicano, Lucas Alamán, que a lo largo de la década de 1830, envió infructuosamente emisarios a Centroamérica y América del Sur para promover lo que denominó un “pacto de familia”.

Este temprano fracaso de los proyectos confederativos reflejaba un proceso más amplio que atravesaba a la región: la fragmentación política del espacio que había pertenecido al imperio español en América. Las antiguas estructuras virreinales —como el Virreinato de Nueva España, el Virreinato del Perú, el Virreinato de Nueva Granada y el Virreinato del Río de la Plata— dieron lugar, tras las guerras de independencia, a una constelación de Estados nacionales más pequeños, muchas veces enfrentados entre sí y atravesados por conflictos internos.

El proyecto de unidad continental impulsado por Simón Bolívar chocó así con la consolidación de intereses regionales, rivalidades políticas y dinámicas locales que favorecieron la formación de repúblicas autónomas antes que de federaciones amplias. La disolución de efímeras entidades políticas mayores —como la Gran Colombia, las Provincias Unidas del Río de la Plata o las Provincias Unidas de Centroamérica— ilustró de manera elocuente esta tendencia. De este modo, hacia mediados del siglo XIX el mapa político latinoamericano había quedado configurado como un conjunto de repúblicas independientes, resultado de un proceso de disgregación del antiguo orden colonial español (algo que no sucedió con las antiguas posesiones portuguesas —desde 1822 reconfiguradas como Imperio del Brasil— a pesar de las tendencias secesionistas en algunas regiones del nordeste y el sur del país).

A la inestabilidad interna y a las guerras civiles que atravesaban las nuevas repúblicas latinoamericanas se sumó, desde la década de 1830, una serie de agresiones e intervenciones externas. Entre ellas se cuentan la ocupación británica de las Islas Malvinas en 1833, el bloqueo francés del Río de la Plata entre 1838 y 1840, y la intervención anglo-francesa en el Río Paraná en 1845. En México también se sucedieron conflictos de gran envergadura. La separación de Texas en 1835 y su posterior anexión a Estados Unidos en 1845 desembocaron en la Guerra entre México y Estados Unidos, tras la cual México perdió cerca de la mitad de su territorio. A esto se sumó el ataque francés al puerto de Veracruz en 1838, que dio origen a la Guerra de los Pasteles.

En América Central también se multiplicaron las presiones externas, especialmente por parte de Reino Unido y Estados Unidos. Los británicos fomentaron en la década de 1840 la separación del Reino de la Mosquitia respecto de Nicaragua mediante la instauración de un protectorado. Por su parte, Estados Unidos intervino en ese mismo país con el objetivo de asegurar la apertura de una eventual ruta interoceánica. Las tensiones entre ambas potencias culminaron en la firma del Tratado Clayton-Bulwer en 1850, mediante el cual acordaron delimitar sus respectivas influencias en la región. Poco después, en 1856, el aventurero estadounidense William Walker llegó a proclamarse presidente de Nicaragua, con un apoyo de sectores de Estados Unidos. Filibusteros similares actuaron también en otros territorios, como Baja California y Cuba.

Otras iniciativas estadounidenses también despertaron inquietud en algunos países sudamericanos. Entre ellas se destacan el interés por las Islas Lobos, frente al noroeste de Perú, así como un acuerdo firmado con Ecuador en 1855 que otorgaba a Estados Unidos concesiones en el comercio de guano en las Islas Galápagos. Este convenio generó preocupación en varios países de la región, particularmente en Chile, que consideraba que podía alterar el equilibrio de poder regional. En ese contexto, algunos sectores chilenos temían incluso que, tarde o temprano, Ecuador terminara perdiendo su independencia y se transformara en una posesión más de Estados Unidos.

En ese contexto de agresiones e interferencias, un proyecto de invasión fue impulsado por el ex presidente de Ecuador, Juan José Flores, quien había sido derrocado en 1845. Flores logró persuadir a la monarquía española de un plan restaurador que contemplaba la coronación del príncipe Juan de Borbón —entonces de apenas diez años—, hijo de María Cristina de Borbón-Dos Sicilias. Tras obtener el aval inicial de España, Flores desplegó una activa labor diplomática en Francia y Reino Unido con el objetivo de conseguir respaldo para la empresa. Este plan de restauración monárquica fue, en gran medida, el factor que impulsó la convocatoria del Congreso de Lima de 1847-1848, promovido como respuesta a la amenaza que dicho proyecto representaba para las jóvenes repúblicas americanas.

La década de 1860 estuvo marcada por un nuevo ciclo de intervenciones europeas en la América hispana. En 1861, España volvió a anexar a la República Dominicana. Dos años después, fuerzas francesas invadieron México y Maximiliano I de México fue proclamado emperador con el respaldo de Napoleón III. En Ecuador, el presidente Gabriel García Moreno llegó a plantear la posibilidad de que su país se convirtiera en un protectorado francés. Incluso, aunque de manera más bien pintoresca, debe recordarse el intento del aventurero francés Orélie Antoine de Tounens de fundar un reino propio en la Araucanía y la Patagonia. La tensión alcanzó otro punto crítico en 1865, cuando una escuadra española ocupó las Islas Chincha y bloqueó el puerto de Callao. Ante esta situación, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú decidieron coordinar sus fuerzas contra España, dando inicio a la Guerra Hispano-Sudamericana.

Impulso defensivo a la unidad

Ante estas agresiones y para contrarrestar la atomización y desmembramiento creciente de la antigua América Española, se convocaron distintas iniciativas entre países hispanoamericanas entre 1847 y 1865. Se trata de una etapa poco conocida de nuestra historia, en que reaparece el ideal de unión presente en la etapa de las independencias y que sirve de puente entre la generación de inicios de siglo XIX y la de finales de la centuria. Al igual que en el periodo de la independencia, lengua, religión e historia compartida durante los siglos de historia colonial son puestos como fundamento de la unidad en las convocatorias a los congresos. Sin embargo, esta narrativa se activó con mayor fuerza para impulsar los congresos y tratados regionales sólo cuando existían reales amenazas externas que podían poner en riesgo la seguridad, autonomía o incluso la soberanía de los aún jóvenes Estados. En otras palabras, se activó mayormente cuando estaban en riesgo los intereses materiales de los países involucrados. Por eso hablamos de una unión defensiva.

Previo a 1847, en distintos niveles locales y regionales había subsistido el ideal de unidad: experiencias políticas concretas de integración regional, como las Provincias Unidas de Centroamérica y la posterior República Federal de Centroamérica, que perduró hasta 1841, o la Confederación Perú-Boliviana, que existió entre 1836 y 1839. En esos años, Perú y Chile realizaron gestiones entre 1839 y 1845 para convocar un nuevo encuentro hispanoamericano. Contemporáneamente, desde la Confederación Argentina los caudillos federales promovieron una idea de solidaridad y coordinación entre los países hispanoamericanos, especialmente frente a las intervenciones de potencias extranjeras.

En particular, Juan Manuel de Rosas entendía que la independencia política de América no estaba asegurada mientras las naciones recién constituidas permanecieran aisladas y vulnerables frente a Francia y Gran Bretaña. En este marco, su resistencia al bloqueo francés del Río de la Plata entre 1838 y 1840, y a la intervención anglo-francesa en el Río Paraná en 1845 constituyó un hito de defensa regional, ya que no se limitó a proteger los intereses de la Argentina, sino que buscó movilizar la opinión y el apoyo de otros Estados americanos, subrayando la necesidad de cooperación frente a la injerencia extranjera. Por estas acciones el libertador San Martín legó su sable corvo a Juan Manuel de Rosas, además de colaborar desde Europa con una labor diplomática de denuncia.

Tras estos acontecimientos, el I Congreso Americano fue realizado en Lima entre diciembre de 1847 y marzo de 1848. El disparador fue el contexto de tensiones internacionales y amenazas externas, en especial del general Juan José Flores. El texto de convocatoria de 1846 del Ministro de Relaciones Exteriores de Perú, José Gregorío Paz Soldán, señalaba:

Hace tiempo que las Repúblicas Americanas han conocido la necesidad de asegurar su Independencia y sus Instituciones, formando, para ello, un Congreso de Plenipotenciarios que, por acuerdo de los Gobiernos que aceptaron el proyecto, debía reunirse en [Lima]. Circunstancias imprevistas dejaron sin realizarse aquella medida. Mas, los últimos sucesos de la Península y la invasión del Ecuador bajo los auspicios del Gobierno Español, han venido a descubrir que los pueblos Sud-Americanos tienen necesidad de unirse y de formar alianzas para repeler pretensiones extrañas y azarosas a la causa americana.”

Al congreso asistieron Bolivia, Chile, Ecuador, Nueva Granada y Perú. En el Congreso se aprobó un Tratado de Confederación, un Tratado de Comercio y Navegación y una Convención Consular. Sin embargo, sólo la Convención Consular fue ratificada por todos los Estados, y apenas Nueva Granada ratificó el resto de los tratados. Lo cierto es que una vez que la aventura de invasión de Flores fracasó, la amenaza externa desapareció y el ímpetu de unidad regional se debilitó.

Tras nuevas agresiones en la década de 1850 se reactivó el impulso hacia el regionalismo. Una de las primeras iniciativas en esta dirección fue impulsada por el canciller de Venezuela, Jacinto Gutiérrez, quien en 1857 envió una circular a los gobiernos sudamericanos proponiendo la convocatoria de un congreso en Panamá para discutir las acciones del filibustero William Walker en América Central. La iniciativa respondía, entre otros motivos, al reconocimiento otorgado por el presidente estadounidense Franklin Pierce al representante diplomático de Walker, Nicasio del Castillo Vijil.

De manera similar, el gobierno de Nueva Granada distribuyó una circular entre los países hispanoamericanos manifestando su rechazo a ese reconocimiento. Paralelamente, el ministro de Relaciones Exteriores de Perú inició contactos con el gobierno de Chile para negociar un tratado de defensa. A este proceso se sumó también Ecuador, lo que condujo a la firma, el 15 de septiembre de 1856, del denominado Tratado Continental, suscripto por estos tres países bajo el supuesto de que los demás Estados hispanoamericanos serían posteriormente invitados a adherir al acuerdo.

Por otra parte, por iniciativa del ministro peruano Juan Ignacio de Osma y del ministro guatemalteco Antonio José de Irisarri se logró reunir al cuerpo diplomático de los países hispanoamericanos en la sede de la legación del Perú de Washington, D.C. Como resultado de este encuentro, representantes de Nueva Granada, Guatemala, El Salvador, Perú, México y Venezuela firmaron el 6 de noviembre de 1856 un tratado de alianza denominado sub spe ratis, es decir, un acuerdo celebrado bajo reserva de ratificación, cuya entrada en vigor quedaba condicionada a la aprobación posterior de los respectivos gobiernos.

El II Congreso Americano se reunió nuevamente en Lima entre 1864 y 1865, impulsado en gran medida por la creciente preocupación ante una nueva ola de intervenciones europeas en América. Este encuentro constituyó el último intento, en esta etapa, de conformar una liga o confederación entre las repúblicas hispanoamericanas. Su convocatoria se produjo en un contexto marcado por diversas acciones que evidenciaban el resurgimiento del intervencionismo europeo en México, el Caribe y América del Sur.

En ese escenario, Estados Unidos permaneció relativamente al margen de los asuntos hemisféricos debido a la Guerra de Secesión, que enfrentaba al sur esclavista con el norte industrial. Dentro de este panorama, dos acontecimientos resultaron especialmente decisivos para reactivar los esfuerzos de coordinación regional. Por un lado, la invasión europea a México —que culminó con la instauración del imperio de Maximiliano I de México bajo el patrocinio de Napoleón III— motivó, desde 1863, diversas iniciativas diplomáticas del gobierno peruano orientadas a promover una alianza defensiva entre los países latinoamericanos para rechazar la intervención extranjera. Por otro lado, la ocupación española de las Islas Chincha —territorio de enorme importancia económica para el Perú— y el posterior bloqueo del puerto de Callao reforzaron la percepción de amenaza externa y contribuyeron a consolidar la idea de una acción conjunta entre las repúblicas de la región frente a las potencias europeas.

Debe recordarse que, en ese momento, Perú aún no había obtenido el reconocimiento formal de su independencia por parte de España. Ante la posibilidad de una intervención española, el gobierno peruano desplegó una serie de gestiones diplomáticas que culminaron con la convocatoria de un nuevo congreso hispanoamericano. La invitación fue dirigida inicialmente a Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Venezuela, mientras que Argentina y los países de América Central fueron incorporados posteriormente a la convocatoria.

El II Congreso Americano sesionó entre noviembre de 1864 y marzo de 1865 en Lima. Participaron delegados de Colombia, Chile, Bolivia, Ecuador, Perú, El Salvador y Venezuela; por su parte, Domingo Faustino Sarmiento asistió como representante ad referendum de Argentina. Como resultado de las deliberaciones se firmaron varios acuerdos, entre ellos un Tratado de Unión y Alianza Defensiva y un Tratado para la Conservación de la Paz entre las Naciones Aliadas, cuyo objetivo era resguardar la independencia, la soberanía y la integridad territorial de las repúblicas hispanoamericanas, así como promover la resolución pacífica de los conflictos entre ellas.

No obstante, estos instrumentos corrieron la misma suerte que los acuerdos suscritos previamente en el Congreso Anfictiónico de Panamá y en los congresos de Lima y Santiago de Chile celebrados en décadas anteriores: nunca llegaron a ser ratificados por la mayoría de los gobiernos, lo que impidió su efectiva implementación y frustró, una vez más, los intentos de institucionalizar una confederación hispanoamericana.

Aunque estos encuentros no lograron consolidar una estructura permanente de integración, constituyeron importantes intentos de retomar el ideal unionista surgido en la época de las independencias. Vale destacar a las principales figuras políticas uninionstas en la fase inmediatamente posterior a 1826: en la década de 1830, Lucas Alamán en México y Francisco Morazán en Centroamérica; en la década de 1840, el gobierno de Ramón Castilla en Perú y su canciller José Gregorío Paz Soldán; en la década de 1850, Castilla, actuando de nuevo como Presidente del Perú, sería otra vez actor principal en la firma del “Tratado Continental”, mientras Chile y su representante Manuel Montt fueron figuras centrales del segundo Congreso de Lima.

Identitarismo latinoamericano

Estas iniciativas unionistas defensivas, impulsadas desde lo político, tuvieron su correlato en lo intelectual. En particular, como respuesta al surgimiento de un pensamiento noreuropeísta hecho por americanos. Es decir, de autores nativos que promueven el influjo francobritánico y estadounidense del continente en desmedro de sus raíces hispanoamericanas. Intelectuales y políticos como los argentinos Domingo Sarmiento y Bartolomé Mitre, el venezolano Antonio Guzmán Blanco o el ecuatoriano Gabriel García Moreno logran, de hecho, desplazar la idea dominante hasta entonces. Desde la década de 1860, bajo el influjo temprano del positivismo, se comienza a rechazar a España y lo hispánico como oscurantista y primitivo. La unidad hispanoamericana dejó de ser un supuesto, o siquiera un anhelo, en pos de la integración subordinada a las nuevas potencias del norte industrial.

En particular, resalta la figura del joven Sarmiento, que en su destierro en Chile publica en 1845 el Facundo, como un arma de lucha contra Rosas. En esta obra establece la dicotomía entre “civilización” —identificada con Europa, la modernidad y el progreso— y “barbarie” —asociada a lo rural, lo indígena, lo mestizo y lo popular—, con los efectos duraderos y, en muchos sentidos, profundamente problemáticos que tuvo. La lectura sarmientina legitimó proyectos de Estado que concebían a Europa como modelo único de modernización y a las culturas locales como un obstáculo para el avance civilizatorio.

Reproduciendo esta polaridad surgieron, desde mediados del siglo XIX, dos grandes orientaciones intelectuales en la región. Por un lado, los europeístas, que consideraban que la única vía para la construcción nacional era la imitación de los patrones culturales, institucionales y económicos europeos. Por otro, emergieron los americanistas, quienes reivindicaron la especificidad histórica y cultural del continente, cuestionaron la subordinación mental a Europa y buscaron pensar la región desde sus propias tradiciones.

Los efectos de la fórmula sarmientina fueron, así, ambivalentes y de largo alcance. Por un lado, contribuyó a instalar una visión jerárquica de las culturas y a legitimar políticas de “civilización” que marginaron identidades indígenas, criollas y populares. Por otro lado, su radicalidad provocó la aparición de una sensibilidad crítica que impulsó a los primeros pensadores regionalistas a defender una concepción más inclusiva de la identidad latinoamericana. Esta disputa entre civilización europea y originalidad americana fue un componente central en la formación de los imaginarios políticos y en los debates tempranos sobre la unidad continental.

En particular en Chile, destacaron en este periodo un conjunto de pensadores, nucleados alrededor de la Sociedad para la Unión Americana entre 1862 y 1867, la cual estuvo muy activa en el rechazo a la agresión a Perú durante la ocupación de las islas Chinchas y en promover la unidad continental. Fue liderada por Benjamín Vicuña Mackenna y José Victorino Lastarria. Entre sus miembros o colaboradores más activos se encontraban intelectuales como Francisco Bilbao y Juan Manuel Carrasco Albano, quienes participaron directamente en la difusión de las ideas unionistas desde Chile.

En ese contexto chileno, este enfoque identitario como base de la identidad regional fue descrito de forma clara por Álvaro Covarrubias, ministro de Relaciones Exteriores de Chile, en una carta enviada el 28 de mayo de 1865 al embajador de España en Santiago:

Las repúblicas americanas de origen español forman en la gran comunidad de las naciones, un grupo de Estados Unidos entre sí por vínculos estrechos y peculiares. Una misma lengua, una misma raza, formas de gobierno idénticas, creencias religiosas y costumbres uniformes, multiplicados intereses análogos, condiciones geográficas especiales, esfuerzos comunes para conquistar una existencia nacional e independiente: tales son los rasgos que distinguen a la familia hispanoamericana”.

Desde Nueva Granada, figuras como el panameño Justo Arosemena y, en particular, los colombianos José María Samper y José María Torres Caicedo formaron parte del mismo espacio intelectual americanista. Desde Perú, surgió la pluma de Francisco de Paula González Vigil y la labor integracionista de José Casimiro Ulloa. Así como el menos conocido Benedicto T. Medinaceli en Bolivia, con su muy avanzado Proyecto de Confederación de las Repúblicas Latino-americanas de 1862. En el Caribe, por su parte, emergieron personalidades como Ramón Emeterio Betances, líder independentista puertorriqueño, el dominicano Gregorio Luperón y el haitiano Anténor Firmin, quienes promovieron la idea de un antillanismo confederal como parte de un proceso más amplio de unidad americana. Respecto de esta última región, conviene señalar críticamente los límites que presentaba, entre líderes y pensadores hispanoamericanos, la inclusión de las Antillas —y en especial de Haití— en los proyectos de unidad. El propio Simón Bolívar, por ejemplo, descartó invitar a Haití al Congreso Anfictiónico de Panamá, a pesar del apoyo que la revolución de los esclavos había brindado tanto a él como a otros independentistas hispanoamericanos. Esta exclusión se prolongó, con distintos matices, a lo largo de todo el siglo XIX.

Mientras que en Argentina, la evolución intelectual de Juan Bautista Alberdi es de las más significativas. De joven compartió con Sarmiento la admiración por ciertos aspectos de Europa, promoviendo en sus Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina de 1852 un modelo constitucional de tipo liberal cosmopolita. No obstante, criticó el simplismo de la oposición civilización/barbarie y sostuvo que la construcción nacional debía partir del conocimiento real de la sociedad americana, sus intereses económicos y su estructura social. En particular, destacó en el final de su vida por su promoción de la unión americana, su combate al centralismo porteño representado en el presidente Bartolomé Mitre, y puntualmente en su denuncia de la guerra fratricida del Paraguay. Estas posiciones de Alberdi fueron excepcionales en una Argentina que desde el Congreso de Panamá en adelante se abstuvo casi siempre de participar oficialmente en las iniciativas americanistas.

En relación con el debate intelectual entre las décadas de 1830 y 1870 pueden destacarse cuatro elementos. En primer lugar, se produce un desplazamiento gradual del enemigo externo, que pasa de España hacia Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. Este corrimiento se vincula con el hecho de que las potencias emergentes con capacidad de intervención en la región comenzaron a ser estas últimas, mientras el viejo dominio español entraba en declive. No obstante, España realizó un último intento de afirmación militar en el Pacífico con la ocupación de las Islas Chincha del Perú en 1864, lo que desencadenó un conflicto naval que enfrentó a España con una alianza formada por Chile, Perú, Ecuador y Bolivia. Al mismo tiempo, la monarquía española mantuvo su presencia militar en el Caribe, sofocando los movimientos independentistas de Cuba y Puerto Rico y reincorporando a su control entre 1861 y 1865 a la República Dominicana. Sin embargo, mientras la influencia española era cada vez más declinante, el intervencionismo de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña se volvía constante y creciente. Esta transformación del escenario internacional comenzó a reflejarse gradualmente en los debates intelectuales de la época.

En segundo lugar, emergió un discurso que perduró durante décadas en torno a la “raza hispanoamericana”. A los tres elementos que hasta entonces aparecían como factores de unidad —la lengua, la cultura y la religión— se incorporó uno nuevo, de carácter fuertemente identitario. Se trataba de identificar en la población de estas tierras un conjunto de rasgos y valores considerados positivos, idiosincráticos y propios, percibidos además como amenazados por las intervenciones externas. Este giro puede observarse con claridad en figuras como Francisco Bilbao, Juan Manuel Carrasco Albano, Justo Arosemena y José María Torres Caicedo, y será retomado con fuerza por autores de entresiglos como José Martí, José Enrique Rodó y José Vasconcelos. Al respecto, cabe señalar que, pese a algunas inclusiones simbólicas, en general la “raza hispana” o “latina” que se buscaba proteger a mediados del siglo XIX tendía a excluir —o a relegar a un lugar subordinado— a los pueblos originarios y a las poblaciones afrodescendientes. Hacia fines de la centuria, sin embargo, esta imagen comenzó a modificarse parcialmente con autores que incorporaron el mestizaje como rasgo constitutivo de lo propiamente latinoamericano.

En tercer lugar, la denominación Hispanoamérica comenzó a ser desplazada por la de América Latina, lo que en el fondo implicaba una redefinición del referente identitario. En este sentido, Francisco Bilbao lo expresa con particular claridad en su obra El evangelio americano:

"Ya sabemos cuál debe ser nuestra conducta: continuar la obra de desespañolización que empezó con la revolución de la independencia. Pero es necesario que la desespañolización no consista solamente en abolir las leyes e instituciones de la conquista. No es sino una parte que podemos llamar desespañolización exterior. La grande obra, el trabajo magno, consiste en el nuevo espíritu que debe animar a la nueva personalidad del americano. La desespañolización del alma es pues lo principal".

En la búsqueda de autorreconocimiento, este cambio expresa, por un lado, la necesidad de encontrar un referente identitario que permitiera pensarse sin remitir a lo español. Por otro lado, también refleja la influencia del contexto positivista y de la cultura anglofrancesa en las clases dominantes, que comenzaron a percibir el pasado español casi exclusivamente en términos negativos. Paradójicamente, en autores críticos, la afirmación del latinoamericanismo funcionó como una forma de resistencia frente a esa influencia, especialmente frente a la anglosajona. Francia, en cambio, al ser considerada parte del mundo latino, quedó en un primer momento parcialmente incluida dentro de esa identidad. Este panlatinismo, sin embargo, fue perdiendo peso con el tiempo en favor de una identificación latinoamericana más específica, centrada en la herencia histórica de la antigua América española. Cabe destacar que el surgimiento en la década de 1860 del término “América Latina” habilitó la inclusión de Brasil como parte del movimiento de unidad regional.

En cuarto y último lugar, entre 1826 y 1846 la relación con Estados Unidos permanecía abierta y sin una definición clara. No estaba resuelto si el país del norte debía ser considerado parte de una eventual “solidaridad continental” con las repúblicas entonces hispanoamericanas. Al planificar el Congreso Anfictiónico de Panamá, Simón Bolívar expresó dudas tanto sobre la conveniencia de invitar a Estados Unidos como sobre el alcance de la Doctrina Monroe. En 1829, el Libertador llegaría a afirmar que “los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias en nombre de la libertad”. Sin embargo, el país fue finalmente invitado tanto al congreso de Panamá como al Congreso Americano de Lima de 1847-1848. Cuando se produjo el despojo de casi la mitad del territorio mexicano tras la Guerra entre México y Estados Unidos y el Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848, la imagen de Estados Unidos en la región comenzó a transformarse de manera decisiva.

Una bomba de fragmentación

La Guerra de la Triple Alianza —precedida por la intervención brasileña en Uruguay en 1864— constituyó un verdadero parteaguas en la historia de América Latina. La magnitud de la matanza entre países vecinos fue, y sigue siendo, inédita en el continente. Si bien hubo guerras anteriores, como la rioplatense-brasilera entre 1825 y 1828, o posteriores, como la del Pacífico, que enfrentó a Chile con Bolivia y Perú entre 1879 y 1884, ninguna es comparable en escala con la guerra contra Paraguay. Con enorme diferencia, se trata del conflicto bélico más devastador de la historia latinoamericana. Su impacto demográfico y material fue tan profundo que supera ampliamente al de cualquier otro conflicto interestatal del siglo XIX en la región.

Bajo la influencia del comercio y las finanzas de Gran Bretaña, el Imperio del Brasil, sectores de las élites liberales de Argentina y el gobierno colorado de Uruguay impulsaron un conflicto de enorme violencia contra una república vecina. ¿Cuál había sido el “pecado” de Paraguay? El país había intentado sostener un gobierno y un modelo de desarrollo relativamente autónomos, orientados al fortalecimiento de sus propias fuerzas productivas y a la afirmación de la soberanía nacional. Esa búsqueda de independencia política y económica era percibida por algunos actores regionales como un modelo potencialmente imitable por otras naciones, y por lo tanto como un factor a neutralizar. El resultado fue la devastación del Paraguay con la pérdida de una parte sustancial de su población, recursos y territorio, un hecho que marcó de manera trágica la historia del continente.

Desde distintos países latinoamericanos se alzaron voces de repudio frente a la agresión contra la nación guaraní. En el II Congreso Americano de Lima se escucharon críticas y expresiones de preocupación por la devastación que sufría Paraguay durante la Guerra de la Triple Alianza. En Argentina, las montoneras de Felipe Varela, conocido como el “Quijote de los Andes”, se levantaron en el noroeste del país contra lo que consideraba la barbarie porteña y la subordinación a intereses extranjeros. Tras su derrota, durante su exilio en Bolivia, Varela publicó en 1868 el manifiesto Viva la Unión Americana, un llamado a retomar el viejo ideal de integración continental.

Paralelamente, Juan Bautista Alberdi, desde sus escritos, denunció la guerra, a la que calificó como la “Triple Infamia”. Asimismo, Juan Manuel de Rosas, desde su exilio en Southampton, expresó en su correspondencia un fuerte rechazo a la Guerra de la Triple Alianza, a la que consideraba una guerra “impolítica, injusta y desastrosa para las repúblicas del Plata”, que sólo serviría para aumentar el poder del Imperio del Brasil. Incluso en el plano de la religiosidad popular aparecen ecos de este rechazo: según la tradición, uno de los santos paganos más venerados de la Argentina, el Gauchito Gil, habría sido ejecutado por negarse a combatir contra sus hermanos paraguayos. Estas expresiones revelan la sensibilidad social y las resistencias que generó una guerra percibida por amplios sectores como profundamente injusta.

Mientras tanto, en la nación charrúa, el ex presidente Bernardo Berro, contra quien se había iniciado la intervención militar en 1864, reflexionaba en sus escritos de 1866‑1867 sobre “la necesidad de establecer una República fuerte al sur del Brasil”, previendo posibles federaciones que, a su vez, debían integrarse en una gran Liga o Unión Americana. Su proyecto encontró expresión en la frustrada revolución de 1868 contra el gobierno de Venancio Flores y la Guerra de la Triple Alianza. El levantamiento fue seguido de una sangrienta represión en Montevideo y de la presión diplomática de potencias extranjeras, entre ellas Gran Bretaña y Estados Unidos, que vigilaban de cerca los acontecimientos en la región.

El fin de la Guerra de la Triple Alianza en 1870 puede considerarse el cierre de la etapa unionista iniciada con el Congreso de Panamá. Hasta ese momento, las fronteras estatales entre los países de la región eran todavía relativamente difusas y coexistían con congresos americanistas, experiencias federales y confederales, revoluciones transfronterizas con explícitos propósitos unionistas y poderosas corrientes de pensamiento que prolongaban el proyecto de los independentistas.

En relación con la cuenca del Plata —aunque con alcances que pueden extenderse al conjunto de la región—, Alberto Methol Ferré señaló que, tras la guerra del Paraguay, los países latinoamericanos quedaron “cada uno en su casa”, cada uno en el laberinto de sus cien años de soledad, todos mirando al océano y amnésicos, olvidados de la frontera sudamericana. El triunfo de la Triple Alianza, en consonancia con una etapa de fortalecimiento de los Estados nacionales bajo la égida de las élites liberal-conservadoras, abrió un período en el que se consolidaron las fronteras nacionales de las “patrias chicas” y se profundizó la inserción dependiente de las economías latinoamericanas respecto de las nuevas potencias centrales. Podría decirse que se pasó de una era de horizontes confederales a otra de fragmentación y dependencia.

La Guerra de la Triple Alianza —precedida por la intervención brasileña en Uruguay en 1864— constituyó un verdadero parteaguas en la historia de América Latina. La magnitud de la matanza entre países vecinos fue, y sigue siendo, inédita en el continente.
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Corrientes de pie: Docentes y estatales movilizados

27 Marzo 2026

Fueran al paro o no los docentes correntinos, el 2 de marzo, igual les quitaron entre 400 y 600 mil pesos del salario. Esto lo decidió el gobierno de Corrientes, que lidera desde el 10 de diciembre Juan Pablo Valdés. Ante las masivas movilizaciones de los docentes, a la que se sumaron otros estatales, este jueves 26, en toda la provincia, Valdés expulsó al ministro de economía local haciéndolo responsable del descuento y prometiendo que se va a restituir los ingreso a los trabajadores de la educación.  

En las ciudades y pueblos guaraní los docentes ganaron las calles con banderas argentinas y movilizando alrededor de las plazas centrales. En San Roque con el lema “docentes unidos”, en Monte Caseros encabezó la bandera el sindicato “SUTECO”, en Mercedes con carteles de rechazo al 6 por ciento en la paritaria salarial, en Sauce gritaban “sueldo digno”.

Desde los sindicatos docentes no le creen a la ministra Ana Miño. “El comunicado de la ministra no es un anuncio de gestión; es una pieza de manipulación política. Buscan quebrar la voluntad del docente, que dejes de reclamar el aumento salarial que ni recibiste porque te aplicaron un machetazo del 50 por ciento o más de tus haberes. Te ahogan para que levantes la medida de fuerza y aceptes el hambre del 6 por ciento sin chistar”, difundieron los sindicatos que el 2 de marzo hicieron paro con un 91 por ciento de acatamiento. 

Además del salario al conflicto se suma: haberlos declarado esenciales y no permitirles ir a la huelga; la obra social en pésimas condiciones y con pagos de coseguro de elevado monto; por los descuentos ante pedido de licencia por enfermedad y las jubilaciones que no se otorgan por la reforma laboral. 

ESTATALES FRENTE A LA CASA DE GOBIERNO

Ante la sede de gobierno provincial, en Corrientes Capital, este miércoles 25, por la noche, la movilización fue masiva y la encabezó el secretario gremial de la Asociación de Trabajadores Estatales (ATE), Gonzalo Rubiola.

“Le venimos a decir a Juan Pablo Valdés que le pregunte a su vicegobernador que le pasó en el ’99 cuando los estatales lo sacamos a las patadas”, arengó el dirigente sindical de ATE frente a miles de trabajadores y cantando “unidad de los trabajadores al que no le gusta se jode…”

El aumento paritario del 6 por ciento no es aceptado por ATE, tampoco por los docentes. 

El Ministerio de Hacienda y Finanzas de la provincia estuvo cinco años en manos de Marcelo Rivas Piasentini y ahora fue reemplazado por Héctor Grachot, quien era subsecretario de Finanzas.

El paro nacional que CTERA convocó para el 2 de marzo que luego trajo el descuento por el gobierno provincial encendió la mecha, pero se sumó el impacto sobre dos ítems que forman el Complemento Docente Provincial, que en Corrientes se conoce como el Presentismo o ítem Aula.

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1xBet llega al octágono: la estrella latinoamericana de UFC Carlos Prates es el nuevo embajador de la marca

27 Marzo 2026

1xBet ha firmado una alianza con el brasileño de UFC Carlos Prates, conocido como un auténtico “artista del nocaut”. Este acuerdo marca un nuevo capítulo para la marca en el mundo de las artes marciales mixtas y refuerza su posición en Brasil, uno de los mercados deportivos de mayor crecimiento a nivel global.

Carlos Prates representa a la nueva generación de peleadores del peso wélter y es uno de los talentos más prometedores de la división. Suma ya 6 nocauts en 7 combates dentro de UFC y es el único peleador de la organización en lograr 4 nocauts consecutivos con un solo golpe. Su estilo agresivo en el octágono, su temple y una efectividad de finalización superior al 80% le han valido el apodo de “The Nightmare”.

1xBet impulsará el crecimiento de la marca personal del peleador y lo llevará a representar a su continente en el escenario global de la UFC ante aficionados de todo el mundo. El éxito de Carlos Prates se ha convertido en un símbolo del nivel que ha alcanzado la región como una de las grandes escuelas de artes marciales mixtas, capaz de formar nuevos campeones.

Es un gran honor para mí representar a mi región en UFC. Siento el apoyo de la gente y sé que peleo por ellos tanto como por mí. Agradezco a 1xBet por la confianza y por creer en mi potencial. Hay mucho trabajo por delante, y vamos con todo en el camino hacia el cinturón”, comentó Carlos Prates.

“Vemos esta alianza como un proyecto a largo plazo y como uno de los pilares clave de nuestro desarrollo en Latinoamérica. Estamos convencidos de que, al combinar nuestro producto líder en el mercado, herramientas digitales avanzadas y la fuerza de la marca de Carlos, llevaremos a 1xBet a nuevos niveles en Brasil.

Nuestro objetivo es ayudar a Carlos a alcanzar todo su potencial en el escenario global de UFC. Latinoamérica merece nuevos campeones, y creemos que Carlos puede ser uno de ellos”, afirmó Simon Westbury, Strategic Advisor en 1xBet.

La alianza con Prates fortalece la presencia de 1xBet en la escena internacional de las MMA. La compañía busca seguir colaborando con atletas audaces y carismáticos, capaces de conectar con los fans y ofrecer experiencias frescas centradas en el entretenimiento.

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    Playa
TURISMO

Tres escapadas desde Buenos Aires para distintos estilos de viaje

26 Marzo 2026

Elegir un destino para cortar con la rutina no siempre es tan simple como parece. A veces no se trata de “ir a algún lado”, sino de encontrar ese lugar que encaje con el ánimo del momento. Hay quienes necesitan bajar un cambio, otros buscan aire libre y movimiento, y no faltan los que prefieren el sonido del mar como banda sonora. 

1- Córdoba

Córdoba tiene algo que no siempre se puede explicar con precisión. No es solo la combinación de sierras, ríos y pueblos con identidad propia. Es también ese equilibrio entre descanso y movimiento que hace que tanto familias como parejas o grupos de amigos la elijan una y otra vez. 

¿Cuánto cuesta el viaje en micro desde Buenos Aires a Córdoba?

El viaje en micro desde Buenos Aires dura aproximadamente 9 horas y 42 minutos, dependiendo del servicio y las paradas. Es una opción elegida por quienes prefieren viajar de noche y aprovechar mejor el tiempo.

En cuanto a precios, hay varias empresas reconocidas que operan el trayecto con salidas frecuentes:

  • Platabus desde $45.000
  • Urquiza desde $43.000
  • 20 de Junio desde $38.220
  • Chevallier desde $43.000
  • Sierras de Córdoba desde $43.000
  • Balut desde $45.000
  • Fono Bus desde $54.000

Los valores corresponden por tramo y pueden variar según la demanda o el tipo de servicio. 

¿Cuál es la mejor época para viajar a Córdoba?

No hay una sola respuesta, porque Córdoba funciona bien en distintas épocas del año y cambia bastante según el plan. Si la idea es aprovechar ríos, balnearios y vida al aire libre, el verano suele ser el momento más elegido, sobre todo en las zonas serranas. En cambio, para quienes prefieren caminar, hacer base en la ciudad y salir a recorrer con temperaturas más amables, primavera y otoño resultan especialmente cómodos.

La ventaja de Córdoba es otra: las distancias entre la capital y muchos puntos turísticos son cortas, así que incluso en una escapada breve se puede combinar ciudad, sierras y pueblos. También el invierno tiene su atractivo para quienes buscan un viaje más tranquilo, con caminatas, estancias y menos movimiento que en temporada alta.

¿Qué hacer en Córdoba en pocos días?

Un buen primer acercamiento puede mezclar Córdoba capital con una salida corta hacia las sierras. En la ciudad hay un circuito muy accesible que combina patrimonio histórico, vida urbana y gastronomía, especialmente en el área del centro, la Manzana Jesuítica, Güemes y Nueva Córdoba.

Después, según el tiempo disponible, se puede sumar una escapada a lugares relativamente cercanos como Villa Carlos Paz, Alta Gracia o La Cumbrecita. Son destinos que permiten cambiar de ambiente rápido, sin invertir demasiadas horas en traslados. 

2- Paraná

Paraná aparece, muchas veces, como una alternativa menos obvia. Y ahí está su principal ventaja. Es un destino elegido por quienes buscan bajar la intensidad sin necesidad de alejarse demasiado. El río marca el ritmo: más pausado, más contemplativo.

¿Cuánto sale el viaje en micro de Buenos Aires a Paraná?

El viaje en micro desde Buenos Aires a Paraná tiene una duración aproximada de 7 horas y es una opción frecuente para escapadas de fin de semana largo. Varias empresas operan esta ruta, lo que permite comparar alternativas según horarios y precios disponibles.

Entre las opciones disponibles, Flecha Bus ofrece servicios regulares desde la terminal de Retiro, con pasajes que parten desde los $50.000 en semicama por tramo.

¿Cuál es la mejor época para viajar a Paraná?

La mejor época para viajar a Paraná suele darse entre la primavera y el otoño, cuando las temperaturas son más templadas y la ciudad se disfruta mejor a pie, junto al río y en sus espacios verdes. Entre septiembre y noviembre, y también entre marzo y mayo, el clima acompaña sin los extremos del verano ni el frío más marcado del invierno. Además, en esos meses el paisaje del Parque Urquiza, la costanera y los alrededores del río gana protagonismo, y suele haber una agenda cultural activa que hace más completa la escapada.

¿Cuántos días vale la pena quedarse en Paraná?

Para una primera visita, dos o tres días suelen ser una muy buena medida. Alcanzan para recorrer la costanera, disfrutar del río, conocer el centro histórico, probar algo de la gastronomía local y sumar alguna actividad al aire libre sin andar a las corridas.

Es un destino que encaja muy bien en un fin de semana largo o en una escapada breve desde Buenos Aires, justamente porque permite cambiar de ritmo sin necesidad de organizar un viaje largo. 

3- Pinamar 

Pinamar suele asociarse directamente con el verano. Sin embargo, fuera de temporada ofrece una cara distinta, más tranquila y, para muchos, más disfrutable. La combinación de bosque, médanos y mar genera un entorno particular que cambia según la época del año.

¿Cuánto cuesta el viaje en micro a Pinamar desde Buenos Aires?

El viaje en micro desde Buenos Aires a Pinamar dura aproximadamente 5 horas y es una opción práctica para escapadas cortas.

Operan distintas empresas como Plusmar, Rutatlantica y El Águila, con pasajes desde $60.000 en semicama por tramo.

¿Cómo es el clima en Pinamar después del verano?

Marzo todavía suele ofrecer temperaturas agradables, con máximas en torno a los 22 °C, mientras que en abril el promedio baja hacia los 20 °C. A medida que avanza el otoño, el aire se vuelve más fresco y el invierno ya presenta jornadas frías, con máximas cercanas a 12 o 13 °C y mínimas alrededor de 6 °C en julio.

También hay que considerar que el verano concentra las temperaturas más altas y el mejor momento para actividades de playa, mientras que desde el otoño el clima acompaña más a caminatas, salidas a comer, recorridos por el bosque y planes tranquilos frente al mar. 

¿Qué tipo de actividades se pueden hacer en Pinamar además de la playa?

Pinamar tiene bastante más para ofrecer que arena y mar. En temporada baja, por ejemplo, ganan protagonismo las caminatas junto al agua, los recorridos por avenidas arboladas y la exploración de su arquitectura, con casas y chalets integrados al paisaje de pinos. También es muy común sumar una salida corta a Cariló, que queda a pocos kilómetros y combina bosque, centro comercial y gastronomía.

A eso se le agregan propuestas deportivas y recreativas que están presentes durante buena parte del año, como golf, cabalgatas, bicicleta, tenis, kayak, surf, sandboard, paseos en lancha y actividades culturales como el teatro. 

Un viaje que empieza antes de salir

Hay destinos que se eligen por impulso y otros a los que se vuelve porque resuelven distinto. Córdoba, Paraná y Pinamar entran en ese grupo. No compiten entre sí: cada uno encaja con una necesidad concreta. A veces el cuerpo pide sierras, otras veces río, otras mar. Y en esa elección no solo cambia el paisaje, también cambia la forma en que uno quiere descansar.

Para organizar esa escapada con más comodidad, descargá la App iOS de Central de Pasajes, empresa líder en venta de pasajes online, y compará opciones según el destino, el horario y el tipo de viaje que mejor se adapte a tus días libres.

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    Foto: Camila Ramírez

"El gobierno argentino reafirma su negacionismo histórico hacia la comunidad afrodescendiente argentina"

26 Marzo 2026

Comunicado de Asociación Misibamba y Comunidad Afroargentina de Buenos Aires sobre el voto negativo de Argentina a la resolución de ONU que declara la trata de esclavos como el crimen más grave contra la humanidad: 

La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por amplia mayoría una resolución que declara la Trata Transatlántica de africanos esclavizados como el crimen más grave contra la humanidad.

Argentina votó en contra.

La resolución de carácter no vinculante, presentada por Ghana y respaldada por la Unión Africana, obtuvo 123 votos a favor y representa un importante impulso político y de justicia reparativa.

Con su rechazo, el gobierno argentino reafirma su negacionismo histórico hacia la comunidad afrodescendiente argentina, que es raíz histórica y está presente en todo el territorio nacional.

Cuando dicen que no existe el blanqueamiento, la invisibilización y el racismo estructural por parte del estado argentino estos son los hechos históricos que lo demuestran.

Repudiamos el votó en contra de Argentina (sumada a EE.UU. e Israel) en la aprobación de la resolución de la ONU que califica la trata trasatlantica de esclavos y la esclavitud racializada de africanos como el CRIMEN DE LESA HUMANIDAD MAS GRAVE DE LA HISTORIA.

Voto, pacto y racismo.

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    Foto: Daniela Amdan

La debilidad política del 24 de marzo

26 Marzo 2026

Una fecha de memoria sin profundo contenido nacional no basta para construir futuro

A cincuenta años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la conmemoración volvió a mostrar una escena de enorme potencia política y social; movilizaciones masivas en todo el país, fuerte presencia sindical, una participación juvenil particularmente significativa y un carácter marcadamente federal que reafirma la vigencia de la memoria como hecho vivo que se moldea en nuestras calles.

Las consignas históricas —“Son 30.000” y “Que nos digan dónde están”— se combinaron con un creciente cuestionamiento a las políticas económicas actuales, estableciendo un puente explícito entre el pasado civil/dictatorial y las formas contemporáneas de exclusión, endeudamiento y dependencia. Esa articulación no es menor, expresa un nivel más agudo de conciencia histórica y política. Pero justamente por eso, por la densidad de lo que allí se puso en juego, y por ser esta última, tal vez, la movilización más masiva de todas en democracia, es que se vuelve necesario profundizar el análisis, ampliar el enfoque y avanzar sobre las dimensiones que aún permanecen insuficientemente abordadas.

El golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 puede comprenderse, en clave histórica, como el punto culminante de una larga reacción de las élites contra la irrupción popular del 17 de octubre de 1945. Aquel día, el pueblo trabajador emergió como sujeto político con voluntad de poder, cuestionando el orden tradicional de dominación. Desde entonces, se agudizó una disputa estructural entre dos proyectos de país, uno basado en la justicia social, la soberanía política, la independencia económica y la integración regional; otro, anclado en la histórica subordinación externa y el control oligárquico de los resortes fundamentales de la nación. En esa lógica, el dato central es que ningún proyecto puede imponerse de manera hegemónica sin la destrucción integral de su antagonista. Eso fue, precisamente, lo que vino a realizar la dictadura; no sólo eliminar adversarios ideológicos, sino desarticular las bases materiales, culturales y organizativas del proyecto nacional-popular para la Argentina.

La línea antinacional

En esa perspectiva, la dictadura del 24 de marzo de 1976 no fue un hecho violento aislado, sino la profundización de una línea histórica que puede rastrearse hasta la llamada “Revolución Libertadora” de 1955, e incluso más atrás, en las disputas fundacionales del siglo XIX. Por caso, durante las invasiones inglesas de 1806, sectores de la élite porteña —estrechamente vinculados al comercio atlántico, el contrabando portuario y a los intereses exportadores— no opusieron resistencia al poder ocupante e incluso reconocieron, en los hechos, la autoridad británica. Entre esas familias se encontraban núcleos tradicionales de la clase dominante, como los Martínez de Hoz, cuya trayectoria histórica se inscribe en esa matriz económica y cultural abierta al capital extranjero. Pero esa continuidad no es sólo doctrinaria; por eso hablamos de elites sociales; también se verifica en trayectorias familiares y políticas que enlazan distintos momentos de quiebre institucional. No es un dato menor que en la administración libertaria actual persistan vínculos genealógicos con las fuerzas que protagonizaron el golpe de 1955. El anterior jefe de Gabinete de Javier Milei, Guillermo Francos, es hijo del vicealmirante Raúl J. Francos, partícipe de la autodenominada “Revolución Libertadora”. Del mismo modo, la saga de los Benegas Lynch —referentes del liberalismo económico local— expresa la persistencia de una corriente ideológica que, desde mediados del siglo XX, ha acompañado distintos procesos de reorganización del poder en clave antinacional.

En síntesis, el autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” (1976–1983) buscó deliberadamente inscribirse en una genealogía que remite a la “Organización Nacional” (1852–1880), encabezado por Bartolomé Mitre y las élites liberales de la época. Así como aquel ciclo fundacional consolidó un modelo de país agroexportador, dependiente y excluyente, la dictadura del ’76 vino a reconfigurar política y económicamente la Argentina en esa misma dirección, pero en el marco del capitalismo financiero global. Para ello, desplegó un programa sistemático de desindustrialización, endeudamiento externo, disciplinamiento social y aniquilación de toda forma de representación y organización popular.

Economistas argentinos que piensan en inglés

La sujeción económica no es un accidente coyuntural; es la piedra angular sobre la que se construye la injerencia política externa. El ministerio de José Alfredo Martínez de Hoz en los ´70 fue un hito en ese proceso. Su equipo actuaba como pluma obediente de los dictados externos, y el verdadero timón económico lo llevaba Adolfo Diz desde el Banco Central. Formado en la Universidad de Chicago, Diz no representaba sólo a la tecnocracia local, sino a la escuela monetarista que exportaba a toda América Latina sus recetas de ajuste, apertura y desregulación. Como vemos, la economía argentina de la dictadura no respondía únicamente a los intereses de la elite agrofinanciera y los grupos empresarios locales, sino a una matriz ideológica y técnica diseñada en los centros de poder financiero internacional.

Y hay que decirlo, aquel andamiaje jurídico y normativo heredado de la dictadura nunca fue desmontado durante la democracia. Por caso, la Ley de Entidades Financieras de 1977 y la Ley de Inversiones Extranjeras, junto a cientos de leyes más, siguen vigentes y constituyen la columna vertebral de un sistema diseñado para servir al capital especulativo antes que a la producción nacional. Entonces, la herencia económica de José Alfredo Martínez de Hoz (que era abogado, no militar) no es un vestigio lejano sino el legado intacto del terrorismo de Estado. La dictadura militar se fue, el pueblo la sacó, pero la dictadura económica está vigente, y el genocidio por goteo continúa funcionando como la victoria silenciosa del plan oligárquico y financiero del terrorismo de Estado.

El plan

Hacia mediados de los años 70, las organizaciones armadas estaban lejos de constituir una amenaza capaz de justificar el despliegue sistemático del terrorismo de Estado. La represión ilegal excedió ampliamente ese objetivo. No se trató de “combatir la subversión”, sino de desmontar el entramado político, social y económico que el peronismo había consolidado —aún con casi 20 años de proscripción— y que había sostenido niveles relativamente altos de empleo, industrialización, estructura pública, movilidad social y participación sindical en el ingreso. Durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón (1974–1976) se desplegó un conjunto de medidas orientadas a fortalecer la intervención del Estado en la economía, consolidar la soberanía nacional sobre recursos estratégicos, ampliar derechos laborales y controlar sectores clave como la banca, la energía, los medios y las telecomunicaciones. Al mismo tiempo, se impulsaron acciones de defensa frente a intereses extranjeros y se sostuvo una política de bajo endeudamiento externo, preservando márgenes de autonomía económica. Más allá de sus complejidades, ese período representaba la continuidad de un modelo de país basado en la centralidad del Estado, la regulación del capital, la protección del trabajo y la afirmación de la soberanía nacional sobre los recursos estratégicos. Eso es, en esencia, lo que vino a destruir la dictadura; no sólo un gobierno constitucional, sino una arquitectura económica, social y política que todavía sostenía —aunque tensionada— las bases del proyecto nacional-popular construido desde 1945.

Por eso la represión se dirigió contra un universo mucho más amplio; militantes políticos, trabajadores, estudiantes, docentes, sindicalistas, periodistas, abogados laboralistas y referentes sociales. Recordemos, en 1974, la Argentina registraba niveles de pobreza estimados en torno al 4–5% de la población, en el marco del orden económico y social instaurado por el peronismo (1945/1955), basado en la industrialización, el empleo, la obra pública y la justicia social. Hoy, en cambio, la pobreza supera el 40%, reflejando el deterioro y el vacío estructural iniciado tras la ruptura de ese modelo nacional. Ese proceso inauguró una secuencia de reconfiguración económica y subordinación externa que, con distintos matices, atravesó las décadas siguientes y encuentra en los ciclos de gobierno de Carlos Menem, Mauricio Macri y Javier Milei sus expresiones más recientes.

El objetivo dictatorial, el trabajo argentino

Ubicar a la dictadura en su dimensión histórica y geopolítica permite comprender con mayor claridad su verdadero objetivo, que no fue la “subversión”, sino el trabajo organizado. Una parte significativa de los detenidos-desaparecidos fueron trabajadores, delegados y activistas sindicales, es decir, el núcleo del poder social que debía ser desarticulado. El movimiento obrero constituía —y aún constituye— la principal barrera frente a un proyecto de transformación regresiva. Esa ofensiva no fue un fenómeno local, sino parte de un reordenamiento global del capitalismo iniciado tras la crisis del petróleo de 1973. El agotamiento del modelo de posguerra dio lugar a una estrategia internacional orientada a disciplinar al trabajo, reducir derechos y restaurar la rentabilidad del capital. Las políticas de Thatcher y Reagan expresaron ese giro, en el que los sindicatos pasaron a ser considerados obstáculos estructurales.

En ese contexto, América Latina fue un territorio de aplicación temprana de ese paradigma. Las dictaduras del Cono Sur respondieron a una lógica geopolítica que buscó garantizar la apertura económica y la subordinación al orden global, neutralizando al movimiento obrero y a toda forma de organización popular. La represión, así, no fue sólo política; fue una condición estructural para reconfigurar nuestras economías en favor del capital financiero. Y esa secuencia no se agotó en la dictadura. Las reformas laborales actuales deben leerse como una continuidad de ese proceso histórico, cuyo objetivo ha sido persistente; debilitar al trabajo organizado y redefinir su lugar en la economía. Por eso, hoy, el movimiento obrero sigue siendo uno de los últimos núcleos de resistencia frente a un modelo que erosiona las bases materiales de la autonomía nacional.

La debilidad política del 24 de Marzo

El 24 de marzo se ha consolidado como una de las expresiones más potentes de la democracia argentina; una movilización masiva que reafirma el compromiso colectivo con la memoria, la verdad y la justicia. Pero esa fuerza simbólica convive con un límite político persistente. A cincuenta años del golpe, sigue faltando avanzar sobre un punto decisivo; las responsabilidades civiles del proceso.

Sin identificar con claridad a los actores económicos que lo impulsaron, financiaron y se beneficiaron, la memoria queda incompleta. Y esa omisión no es neutra, permite que esas mismas estructuras de poder continúen operando en democracia, desdibujando las continuidades históricas, ocultando las responsabilidades objetivas y condicionando la comprensión del presente.

Como consecuencia de esa omisión, no debería sorprender —aunque a menudo se presente como tal— la persistencia y gravitación pública de determinadas figuras en nuestra política nacional. Más bien, habría que preguntarse por las condiciones que hacen posible esa continuidad. De lo contrario, terminamos naturalizando situaciones que, vistas en perspectiva histórica, resultan al menos llamativas, como es el caso de la vigencia política de Patricia Bullrich, o la liviandad con la que Héctor Magnetto puede sugerir desde las sombras que la presidencia de la nación es “un puesto menor”, o el tratamiento de Mauricio Macri como un mero “rival político”, sin problematizar los vínculos estructurales entre el grupo económico de su familia y el proceso de reorganización económica impulsado por la dictadura de 1976.

El aporte del kirchnerismo

Con Néstor Kirchner y Cristina, se produjo un punto de inflexión en la política de derechos humanos al transformar esa agenda en política de Estado. Se impulsó la nulidad de las leyes de impunidad, se reabrieron los juicios por crímenes de lesa humanidad y se colocó a las víctimas en el centro de la memoria colectiva. De este modo, no sólo se consolidó un consenso democrático básico, sino que se restituye al Estado su responsabilidad activa en la búsqueda de verdad y justicia. En el ciclo kirchnerista, suele destacarse el gesto de Néstor Kirchner al ordenar el retiro de los cuadros como un acto de fuerte contenido pedagógico y simbólico para toda una generación. Y, sin duda, lo fue. Sin embargo, una formación política más integral, situada y útil para comprender la profundidad del proceso histórico, hubiera requerido complementar ese enfoque con una indagación más firme sobre las responsabilidades civiles que hicieron posible el terrorismo de Estado, y sobre el andamiaje jurídico que sostiene nuestra dependencia económica. Ampliar el foco en esa dirección habría permitido incorporar una dimensión política más completa del fenómeno y avanzar hacia un diagnóstico histórico más riguroso. Algunos indicios de ese camino se insinuaron —por ejemplo, en la confrontación con sectores concentrados del poder mediático para el caso de CLARÍN—, pero sin llegar a constituirse en una política sostenida y sistemática.

La ceguera del análisis político y su costo.

Si la historia insiste en repetirse —como farsa, pero con efectos concretos— no es por fatalismo ni por designio alguno, sino porque no supimos, no quisimos o no pudimos advertir a tiempo los procesos en curso. La dirigencia surgida en la democracia de 1983 cometió un error de origen; puso el foco del horror en los ejecutores —los militares—, pero dejó fuera del centro de la escena a quienes diseñaron y se beneficiaron del terror; los grandes grupos económicos y financieros. En nombre de una narrativa de unidad, el pasado reciente fue reducido a una tragedia estrictamente militar, concentrando allí casi toda la condena, como si el terrorismo de Estado hubiera sido una desviación institucional corregible con el disciplinamiento de las Fuerzas Armadas, y no la fase más brutal de un proyecto económico oligárquico cuya impronta perdura hasta hoy.

Esa lectura parcial —eficaz en el corto plazo— tuvo efectos profundos. Permitió que los actores civiles que promovieron, sostuvieron y capitalizaron la dictadura cívico-militar (1976–1983) quedaran en gran medida al margen del juicio social y político. Identificarlos con precisión no sólo hubiera sido un acto de justicia, sino también una herramienta indispensable para comprender la continuidad de ese proyecto en la Argentina democrática. Allí aparecen nombres y estructuras que atravesaron el período: la Sociedad Rural Argentina, el Grupo Techint, el Grupo Macri (Socma/IECSA), el Grupo Clarín, Acindar, sectores de la Unión Industrial Argentina y la Asociación Empresaria Argentina, firmas como Ford, Mercedes-Benz, Fiat, La Veloz del Norte, el Ingenio Ledesma, los Pérez Companc, Astarsa, Bunge & Born, la Asociación de Bancos Argentinos, las Embajadas de las potencias Occidentales, estudios jurídicos corporativos y otros núcleos del poder económico que no sólo acompañaron el golpe, sino que participaron activamente en su implementación, incluso aportando información sobre trabajadores y delegados sindicales luego secuestrados dentro de sus propias plantas.

Mientras los militares quedaban fijados como los únicos responsables en el imaginario público y en las conmemoraciones, muchos de estos actores fueron consolidando su posición económica y ampliando su influencia en plena democracia. Esa asimetría en la memoria no fue inocua; condicionó la comprensión del pasado y, con ello, la capacidad de interpretar el presente. El prejuicio antimilitarista es una buena prueba de ello.

24 de marzo de 1976 / 2 de abril de 1982.

El divorcio que existe entre las fechas del 24 de marzo y el 2 de abril, es la prueba irrefutable de que en la Argentina, el bloque oligárquico proimperialista logró disociar y luego presentar como opuestas la imprescindible política de Memoria, Verdad y Justicia que es un reaseguro del estado de derecho; y la reivindicación de la gesta patriótica en Malvinas. La recuperación de las islas fue y es una causa nacional y latinoamericana y no fue una casualidad que la declaración de guerra de 1982 haya movilizado en abril de aquel año al pueblo y al movimiento obrero organizado con Saúl Ubaldini a la cabeza a llenar la Plaza de Mayo, en plena represión militar. En esas calles se alcanzó un altísimo nivel de autoconciencia popular, un sentimiento de afirmación territorial y de legítima hostilidad al ocupante colonial, más allá de quien lo impulsara.

En lo que hace al sentido histórico de Malvinas, buena parte del progresismo académico incurre en un error de base; pretende medir la legitimidad de una causa nacional según el signo de quienes la condujeron, y no según su densidad histórica, su raíz objetiva y su significado para la nación. De allí deriva la conclusión simplista de que, por haber sido impulsada por una dictadura, la guerra carecía de legitimidad. Pero la historia no se deja reducir a ese esquema. Hay causas nacionales que desbordan a los sujetos circunstanciales que las encarnan, porque remiten a una verdad nacional más profunda que ellos mismos.

Eso fue Malvinas. La recuperación de las islas expresaba una reivindicación histórica de la Argentina y de América Latina frente al colonialismo británico, y por eso no puede ser anulada por la naturaleza criminal del régimen que la llevó adelante. Más aún; la guerra de 1982 implicó, en términos políticos y materiales, una ruptura con la lógica económica y cultural que la propia dictadura había venido aplicando. Fue, en ese sentido, un gesto de afirmación y no de subordinación. El pueblo y el movimiento obrero lo comprendieron de inmediato. Por eso estuvieron en la calle. La misma dictadura que había reprimido, endeudado, desindustrializado y extranjerizado al país se vio arrastrada, de pronto, a confrontar con una empresa histórica que excedía su propia naturaleza; la recuperación de un territorio ocupado por el imperialismo británico.

Malvinas y nuestros DDHH son facetas complementarias de la lucha nacional del pueblo argentino; afrontar los problemas de la soberanía nacional y defender sus recursos con nuestras FFAA integradas a un proyecto industrial de emancipación nacional que las integre es una condición para tener patria y derechos humanos. Vale decir, en la pobreza y la indignidad se vulneran todos los derechos. La enseñanza de la historia es nítida; las Fuerzas Armadas no son, en sí mismas, ni virtuosas ni condenables por esencia, sino que han sido históricamente una expresión de las tensiones políticas de un país inconcluso y en permanente disputa. Su orientación y su función dependen de la correlación de fuerzas de cada etapa política y del proyecto de país que logre imponerse —ya sea para subordinar o para emancipar a la nación.

Cuando logremos comprender que la tragedia del genocidio de los setenta y la gesta heroica de Malvinas no son hechos inconexos, sino expresiones de una misma trama histórica atravesada por intereses imperiales, entonces podremos recordar una y reivindicar la otra con igual convicción en las calles. Por el momento, es un ida y vuelta de prejuicios bien infundados.

El otro aporte del Kirchnerismo

En las últimas décadas, la marcha del 24 de marzo se ha ampliado en sus contenidos y expresiones, incorporando nuevas agendas vinculadas a distintas formas de violencia, a los derechos de las minorías y a debates culturales contemporáneos. Esa expansión, en muchos casos legítima y necesaria, también fue moldeando una determinada pedagogía política en sectores de la militancia —particularmente del kirchnerismo y la izquierda— que, al mismo tiempo, tendió a mirar con distancia o desconfianza componentes centrales de la tradición histórica argentina. En ese marco, fueron perdiendo centralidad referencias que habían estructurado identidad y organización popular durante décadas; el sindicalismo como columna vertebral del movimiento nacional, el rol de las Fuerzas Armadas en la defensa soberana, la religiosidad popular —incluido el lugar del Papa Francisco—, la cultura criolla, el legado hispánico y el mestizaje, los símbolos patrios y la causa Malvinas. Ese desplazamiento convivió con la incorporación creciente de nuevas consignas —indigenismo, ambientalismo, lenguaje inclusivo, debates sobre género, aborto, masculinidades, deconstrucciones y diversas agendas modernas— que, más allá de su legitimidad en el plano de derechos, fueron ocupando un lugar central en el discurso político de los últimos años. El contraste no es menor; mientras se relativizan elementos que históricamente permitieron construir pertenencia nacional y articulación de mayorías, se fortalecen marcos identitarios más segmentados, eficaces para la cohesión interna de determinados grupos, pero con mayores dificultades para proyectarse como base de sustentación de un proyecto político de carácter nacional.

No es un dato menor que, incluso en expresiones locales como la de Río Cuarto, donde este autor vive, la lectura final del documento el pasado 24M, más allá de potentes elementos políticos que compusieron el texto, haya incorporado estas transformaciones discursivas al proclamar sobre el final: “treinta mil cuatrocientos compañeres desaparecides, ¡presentes!”, reflejando el modo en que estas nuevas gramáticas atraviesan hoy la construcción de la memoria colectiva.

Conclusión

Desde 1983 hasta hoy —con matices y momentos de mayor densidad política— la democracia argentina se desenvolvió sobre un piso económico que nunca se animó a discutir en serio. Ahí está el nudo. El verdadero “Nunca Más” no se agota en condenar a los ejecutores, sino que exige enfrentar el entramado económico que convirtió al país en territorio de saqueo, hambre, desnutrición, incertidumbre, segregación, individualismo, deuda y dependencia. Sin esa decisión, la política queda reducida a administrar una decadencia cada vez más profunda, mientras el poder real —financiero, mediático, judicial y empresarial— sigue intacto.

La tarea es otra; completar la memoria con soberanía, dotarla de contenido nacional, volverla programa y proyecto político. No hay homenaje más verdadero a los que dieron su vida que retomar la lucha por la independencia económica, la justicia social y la reconstrucción nacional. Porque en definitiva, la disyuntiva sigue siendo la misma; o la democracia se pone al servicio del pueblo y se anima a disputar el poder que la condiciona, o seguirá siendo una cáscara vacía que legitima la subordinación. Siempre es preferible enfrentar la estructura de nuestra dependencia que seguir padeciendo sus consecuencias; los resultados están a la vista. El Nunca Más sólo será definitivo cuando la Argentina deje de ser una nación subordinada y la justicia social deje de ser una consigna para convertirse en realidad. Para ello, es imprescindible asumir que no alcanza con administrar la alternancia con élites que han estructurado históricamente la dependencia. Si el objetivo es orientar al país en un sentido verdaderamente nacional, la tarea es más profunda y arriesgada; desmontar las bases materiales del poder que condicionan nuestra soberanía y limitan, día a día, la vida del pueblo argentino.

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MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA

Emilio Crenzel: "La primera en cuestionar el número de desaparecidos fue la propia dictadura que quiso hablar de excesos o errores"

25 Marzo 2026

AGENCIA PACO URONDO dialogó con el sociólogo e investigador del Conicet Emilio Crenzel, quien es autor, entre otros libros, de "Pensar los 30.000", en el que hizo un recorrido sobre la estimación - y los correspondientes debates - del número de víctimas del terrorismo de Estado.

El debate sobre la cantidad de desaparecidos y la cifra de 30 mil no es nuevo ni fue creado por el gobierno de Javier Milei, que busca, con el cuestionamiento, relativizar los crímenes cometidos por la última dictadura. Crenzel historizó que el número/consigna empezó a usarse durante la dictadura por diferentes organismos de derechos humanos que buscaban denunciar -como podían- lo que pasaba en esos años oscuros. Hoy, 50 años después, aquella cifra se acerca mucho a la cantidad de víctimas reales de la política de desaparición forzada de personas que llevó adelante el régimen militar.

En diálogo con APU, Crenzel revisó muchos relatos en torno a la construcción de ese número emblemático: no fue creado por Luis Labraña, exintegrante de Montoneros, y menos aún tuvo intenciones económicas, porque cuando surgió ni se pensaba en la posibilidad de compensaciones. Otro mito es que al kirchnerismo no le interesó construir cifras certeras sobre el tema, porque fue durante uno de sus gobiernos (2014) cuando se creó el Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado (RUVTE), que hoy es desmantelado por Milei (que defiende tener estadísticas rigurosas...). "La discusión por el número empezó con la dictadura, cuando no le quedó otra que aceptar la existencia de desaparecidos y buscó relativizar la cifra", resumió.

APU: La primera pregunta es casi anterior a todo el debate sobre la cantidad de desaparecidos y la cifra de 30 mil. ¿Es necesario saber con rigurosidad la cantidad de víctimas de la dictadura?

EC: Es importante saber el número, siempre de manera aproximada, por supuesto, porque en contextos de violencia o violaciones sistemáticas a los derechos humanos es imposible saber de manera exacta el número de víctimas. La discusión por el número está dada por aquellos que buscan relativizar la magnitud o la importancia del exterminio de carácter político que se dio en Argentina. La discusión sobre las cifras tiene larga data y comenzó cuando la dictadura ya no pudo negar la existencia de desaparecidos. Como no pudo negarlo, buscó relativizarlo. Y empezó a decir que las desapariciones tenían que ver con excesos o errores de cualquier guerra. Y tuvo que empezar a discutir con las cifras que proponían los organismos de derechos humanos.

Como sabemos, la CONADEP (1984) estableció en 8961 el número de víctimas y señaló que se trataba de una cifra abierta, porque muchas familias no habían denunciado, ya que estábamos saliendo recién de la dictadura. En 2015, el Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado (RUVTE) revisó el listado de la CONADEP y encontró algunos errores, como personas que figuraban duplicadas o que ya no estaban desaparecidas. Para 2015, ese registro contabilizaba 7000 desaparecidos, 1600 asesinados y estimaba 17 mil personas que estuvieron en condición de desaparecidas y que fueron liberadas de algún centro clandestino. Hay que considerar que los 9000 presos políticos, en su gran mayoría, atravesaron situaciones de cautiverio clandestino. Eso da un número de desaparecidos y sobrevivientes que se aproxima a la cifra de 30 mil de los organismos de derechos humanos. Esa cifra simbólica nació en dictadura y luego se expandió en el espacio público con la tercera Marcha de la Resistencia, cuando se colocaron 30 mil siluetas.

APU: En resumen: si se toman en cuenta las personas desaparecidas y las personas que estuvieron detenidas-desaparecidas algún tiempo y luego fueron liberadas, el número estimado está en torno a las 30 mil personas.

EC: En el libro "Pensar los 30 mil" digo que dentro del universo de persona desaparecida hay dos subuniversos: el de la persona que continúa desaparecida y que sabemos hoy que fue asesinada, y un segundo universo de personas que estuvieron cautivas de forma clandestina en algún centro en el país, por diferentes lapsos de tiempo, y que luego fueron liberadas.

APU: Según la información oficial hubo 800 centros clandestinos en todo el país durante la dictadura. En una cuenta rápida, a 50 personas por centro, y sabemos que por los principales pasaron entre mil y 5 mil, solo esa cuenta da 40 mil detenidos en cautiverio. ¿No es lógico, entonces, hablar de un número superior?

EC: Hay que tener en cuenta que hubo una circulación de detenidos-desaparecidos por el sistema clandestino. Hay personas que estuvieron detenidas en diferentes centros y luego, capaz, terminaron "legalizadas". Ese es un factor que dificulta la contabilización y da cuenta de la imbricación de la represión ilegal y legal.

APU: ¿El número actual del registro sigue en construcción, entonces?

EC: Sí. Es llamativo que el gobierno de Milei, que ataca la cifra de 30 mil desaparecidos, haya desmantelado el registro unificado de víctimas, que antes tenía 16 trabajadores y ahora solo tiene 4. Es un registro público que fue creado durante el último gobierno de Cristina.

APU: Es interesante que el gobierno de Cristina sí construyó un registro de víctimas, cuando se suele sostener lo contrario. Y el gobierno de Milei, que insiste en que no se quiere decir el número exacto, desmantela el organismo que se ocupa de ese registro.

EC: El gobierno de Milei tiene una paradoja. En campaña habló de excesos, algo que decía la dictadura militar. Después dijo que había 8753 desaparecidos, cifra de la que nadie sabe de dónde salió. Además, ese número no habla de un exceso, sino de un plan sistemático.

APU: Te pregunto por los vuelos de la muerte. ¿Qué se sabe sobre la cantidad de personas que fueron asesinadas de esa manera?

EC: En un capítulo del libro "Pensar los 30 mil" cuento la historia de dos sobrevivientes del circuito Olimpo que denuncian en Londres la existencia de los vuelos y del asesinato de personas que eran previamente anestesiadas. Estos testimonios generan mucho rechazo entre los organismos de derechos humanos, que entienden que estos sobrevivientes son agentes de la dictadura que quieren desmantelar el reclamo por la aparición con vida de los desaparecidos. Uno de los argumentos era que la aplicación de anestesia era totalmente inverosímil. La existencia de cuerpos arrojados al mar fue denunciada en plena dictadura por Walsh, por ANCLA y por Amnistía Internacional. Como sea, hasta entrados los años 80 estas denuncias generaban escepticismo porque parecían irreales, incluso para pensar situaciones de represión. El propio movimiento de derechos humanos tenía dudas sobre la implementación de los diferentes sistemas de represión que aplicaba la dictadura. Después, Adolfo Scilingo habló de dos vuelos semanales, pero no se sabe mucho más.

APU: Me sorprendió que decís que la cifra de 30 mil aparece por primera vez en un texto de Haroldo Conti, previo a la dictadura.

EC: Es una carta de Conti a Retamar, que era el director de la Casa de las Américas. Conti le dice que un militar le dijo que el golpe iba a ser sangriento y que iba a haber 30 mil muertos. Unos meses después, Conti va a ser desaparecido.

APU: En el libro reseñás también que la cifra apareció en plena dictadura y bastante rápido, a contramano de lo que se dice sobre la creación de Labraña, exintegrante de Montoneros.

EC: Amnistía Internacional, en su informe de 1977, dice que las fuentes coinciden en que hay 15 mil víctimas, pero que hay versiones que hablan de 30 mil. Walsh habla de 15 mil víctimas en la carta abierta de 1977. Por supuesto, son todas estimaciones, porque las condiciones de elaboración de las cifras están marcadas por la dictadura. Después, la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos establece otro método: solo trabajar con casos confirmados por denuncias concretas de familiares. Pedían fotocopias de habeas corpus presentados en la Justicia. Ellos elevan un informe a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos con 5800 casos. Por supuesto, era el contexto de la dictadura: muchas familias no se querían acercar o no habían hecho ninguna presentación judicial.

APU: Una última reflexión: la cifra de 30 mil es una cifra simbólica, como suele decirse, que se construyó muy tempranamente y en un contexto muy adverso, en plena dictadura, pero, sin embargo, 50 años después muestra mucha precisión para reflejar el número de víctimas totales de la dictadura.

EC: Así es. En el libro cuento que es un invento la historia de Labraña, que se atribuye la autoría de la cifra. Porque la cifra apareció de forma muy temprana y cuando no había ninguna expectativa de reparación alguna. Es una mentira eso de que se hizo en el marco del "curro de los derechos humanos". Desde un primer momento, los movimientos de denuncia hicieron diferentes estimaciones en un intento colectivo de establecer una magnitud, lo que evidencia la conciencia temprana de que había sistematicidad y masividad en la represión, de que no eran casos aislados.

Desde un primer momento, los movimientos de denuncia hicieron diferentes estimaciones en un intento colectivo de establecer una magnitud, lo que evidencia la conciencia temprana de que había sistematicidad y masividad en la represión, de que no eran casos aislados.
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    Santiago Fidanza
RENOVACIÓN DEL PJ

Santiago Fidanza: "Tenemos que hacer prevalecer un sistema de valores a parte de una propuesta política”

25 Marzo 2026

En diálogo con “Más o menos bien” (sábados de 18 a 20hs por Radio con vos), Santiago Fidanza, flamante presidente del Partido Justicialista de San Miguel y subsecretario de Organización Comunitaria en el Ministerio de Desarrollo de la Comunidad de Buenos Aires, analizó la situación del peronismo posterior a las elecciones internas del Partido Justicialista.

A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“Estamos contentos, creo que lo que se discutía a nivel local tenía que ver con si el peronismo avanzaba hacia una etapa de renovación después de muchos años en los que no ha podido construir una propuesta alternativa al gobierno de Jaime Méndez y Joaquín De la Torre, que han estado en varios partidos políticos y han acompañado a Javier Milei”.

“Hay que recuperar un montón de cosas del peronismo en San Miguel que se han perdido, que tienen que ver con estar cerca de nuestra comunidad, trabajar con actores importantes de nuestra sociedad y tener una propuesta que invite a otros a participar”.

“Estamos trabajando en un proyecto de ciudad, por supuesto, con muchos sectores de la comunidad, de universidades y diferentes áreas que creemos que son importantes para pensar un San Miguel alternativo al que le proponen a nuestro pueblo los que están gobernando ahora”.

“Es sustancial y necesario que el peronismo se de discusiones internas que creo que han sido las que han devenido en la presidencia de Axel Kicillof en el PJ provincial, eso claramente es un cambio respecto a la situación política previa, y creo que el peronismo tiene la posibilidad de un camino para volver a generar esperanza y una iniciativa social y comunitaria de la política y de las bases”.

“Creo que el gobierno de Milei, y todo su sostenimiento en potencias extranjeras, tiene una retórica que nos lleva claramente a la desintegración de nuestro país, lo que tenemos que construir como peronistas y campo popular es una gesta y tenemos la fortuna de que hay un compañero que está dispuesto a encabezarla y que lo vemos en Axel Kicillof”.

“La responsabilidad del peronismo, en este momento del mundo tan complejo, es mantener la tercera posición y ser antiimperialista de cualquier imperialismo. Tenemos que lograr tener un gobierno que busque lo mejor para el país desde los intereses de Argentina, no desde las potencias que lo interpelan”.

“Un gobierno argentino para el 2027 tiene que pensarse desde los intereses de Argentina, esa es la piedra basal de un camino de desarrollo, y también tiene que discutir fuertemente la ética, la moral y la espiritualidad de nuestro pueblo”.

“En Occidente estamos ante una crisis tan grande de deconstrucción de los valores que nos han llevado a ser, en un momento, el faro del mundo y claramente ya no lo somos, entonces tenemos que rediscutir todo. Tal como se dice en El señor de los anillos, va a llegar una hora donde el coraje de los hombres falle, pero no es hoy, hoy peleamos, resistimos y no claudicamos”.

“Tenemos un gobierno que nos invita a abrazar la inhumanidad, entonces tenemos que hacer prevalecer un sistema de valores aparte de una propuesta política. Creo que justamente la radicalidad de la propuesta de Milei nos da la oportunidad a los que hacemos política y a todos los argentinos de construir un frente que vaya más allá de las viejas discusiones partidarias”.  

“Tenemos una sociedad muy politizada, en eso tenemos una ventaja. Hasta en la antipolítica hay un nivel alto de politización. No es un desinterés, es un rechazo, que tiene un componente de adhesión, de reflexión y de lectura. Veo en mucha gente voluntad y predisposición de escuchar”.

“Bernarda Meglia es la persona más capacitada hoy para ser intendenta de San Miguel, con más aptitudes para encarar ese proceso y que se puso al frente de un montón de discusiones a la hora de discutir ese proyecto alternativo de ciudad y de defender los intereses de nuestros vecinos”. 

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    Ana Luz Balor
DEUDA FAMILIAR

Ana Luz Balor: "9 de cada 10 familias están endeudadas"

25 Marzo 2026

En diálogo con “Más o menos bien” (sábados de 18 a 20hs por Radio con vos), la diputada bonaerense Ana Luz Balor analizó el endeudamiento de las familias

A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“El endeudamiento y sobreendeudamiento lo venimos observando hace tiempo, de hecho, el proyecto está ingresado desde junio del año pasado y tomó estado parlamentario en septiembre, pero se agrava día a día”.

“Tenemos estadísticas de que 9 de cada 10 familias están endeudadas y 1 de cada 4 personas no está pudiendo cumplir con ese pago, con lo cual la mora ha saltado”.

“El proyecto implica la creación de un procedimiento administrativo, dentro de la Ley de Defensa del Consumidor, y poder de alguna manera ayudar a la reestructuración de la deuda en una negociación, pero que por 90 días se suspendan las actuaciones judiciales”.

“Otro proyecto que presentamos tiene que ver con sancionar el hostigamiento y que no suceda esa cosa automática de que te debiten para poder evaluar otras variables”.

“Planteamos incorporar a la enseñanza oficial qué tenemos que saber a la hora de tomar un crédito y obligar a aquellos proveedores de préstamos a dar información clara y fidedigna”.

“Del año pasado a este hubo un cambio sustancial en el análisis, antes estaba todavía una mirada sobre el gobierno de que le falta tiempo y hay que darle la oportunidad y ahora se está empezando a notar que, evidentemente, no son tan eficientes como vinieron a plantear y, mucho menos, transparentes”.

“Hay un reconocimiento de que está sucediendo a nivel social, no individual, porque realmente el costo de vida se elevó y el sueldo no”.

“La ludopatía infantil es un problema porque cuando no pueden robar la tarjeta de crédito, o no hay dinero que puedan obtener de alguna manera, recurren lamentablemente a personas que están asociadas al narcotráfico y eso después tiene consecuencias muy graves en los barrios”.

“Cierta parte de la política está disociada de la realidad, por eso gobierno Javier Milei y el peronismo no está encontrando su cauce”.

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    EZEIZA
CUENTO

"Ezeiza", un relato de Rodolfo Cifarelli

25 Marzo 2026

Cuando me acercaba al zaguán la noche en el barrio era un bloque de bruma fría, también en mi casa, mi pieza, mi cama, figuras del mismo paisaje que durante años se complotaron, como en una pintura de Braque, en perspectivas y ángulos y espejismos de mi propio laboratorio de decisiones e indecisiones. Horas antes había caminado entre el oleaje de ese mar de gente, y años después algunos de los sobrevivientes del naufragio posterior a ese oleaje se volvieron a encontrar. En melancólicas tertulias, bajo otros juegos pendulares y consignas cada vez más insustanciales, al menos estaban vivos porque pudieron salir de la catástrofe por vaya a saberse qué hueco o desfiladero, y se reencuentran en bautismos, casamientos, cumpleaños, entierros, homenajes y reuniones para reorganización de esta o aquella cosa. ¿Pero les gusta reencontrarse o es simplemente una adicción, un vicio, una confesión que lavaría antiguos pecados? Después de anécdotas, risas, sollozos, al final de cada evento, solemnes, vivos, aunque póstumos, se desean felices pascuas o navidades y buena vida y buena muerte, y huyen a las corridas o en sillas de ruedas o apoyados en bastones. Se alejan unos de otros con la certeza de que quien recuerda no traiciona ni se traiciona: Patria sí colonia no luche y vuelve etcétera. Pero el recuerdo no resucita a los muertos, y los muertos no piden nada porque están muertos. Y no, claro que no es mentira que había auras voltaicas entre las piernas de las mujeres pensando y escribiendo y pintando proclamas, no es mentira que había dioses visibles en las autopsias de los caídos, no es mentira que toda aquella efervescencia, amenazada y amenazante, reinaba como una primavera de optimismo, ora en otoño, ora en invierno.

Pero esa tarde, en el núcleo del oleaje, de repente, yo sueno y resueno en un grito ahogado, caigo y me levanto viendo caer a otros, y corro, con un pie agujereado y caigo, me levanto, caigo, corro, caigo y después de un siglo, tres o cuatro compañeros me suben a la caja de una camioneta y adentro de la caja me sientan como a un muñeco. Éramos tantos, tan apretujados hombro contra hombro, que se nos habían aflojado los nervios para tomar aire y examinar qué herida sufrido el otro. A seis cuadras de casa no aguanté más, pedí que pararan la camioneta, me bajé, y el dolor del primer paso consiguió que viese la Vía Láctea entera. Llegué arrastrándome a la esquina, desde donde mi padre me cargó a mi pieza. Llamaron al médico del barrio, que me sacó el plomo sin anestesia haciéndome morder un grueso cinturón de cuero, me cerró la herida con seis puntos y me inyectó los analgésicos y los antibióticos. Tuviste suerte, dijo el médico, es un calibre chico. Cuando el médico se fue mi padre dijo que había escuchado en la radio que había francotiradores escondidos en las copas de los árboles. ¿Francotiradores de quién?, le pregunté. Alzó un hombro, al gesto le sumó una mueca triunfante, de ustedes, dijo. A mí me tiraron desde el palco, repliqué, entre dientes, soportando el dolor y las ganas de romperle la boca. Y él, más triunfante, me advirtió que esa era la última vez que llamaba por mí al médico de barrio, un radical de la línea antipersonalista que de joven entró al partido de la mano de mi abuelo. Mi padre no era compañero ni correligionario ni camarada, era tibiamente ateo y liberal, y eso equivalía en ese momento a no ser nada. El padre de mi padre andaba en un Ford T heredado de su padre recogiendo correligionarios para votar por la causa. El padre del padre de mi padre no heredó nada, él fue su propia herencia a defender por todos los medios en una edad simple y brutal en la que florecieron la especie y la mercancía, el Génesis del progreso interminable. Puso un corralón en Villa Urquiza, y de ahí vino el bienestar de techo, comida y salud para las generaciones familiares futuras. El padre de mi padre me enseñó a disparar cuando cumplí doce años, me enseñó a tirar con una parabellum reformada para treinta y dos tiros. Me enseñó si uno dispara con la mano derecha el blanco se enfoca con el ojo izquierdo trazando una línea visual paralela al brazo que sostiene el arma. Me enseñó que para que la línea sea paralela se debe girar levemente la cabeza, sin abandonar el enfoque, y apoyar el mentón sobre el hombro. El padre de mi padre decía haber disparado pistolas y escopetas en enfrentamientos contra los opositores de Don Hipólito. Pero Don Hipólito cayó y la historia se identificaría con el progreso alimentado por dosis homeopáticas de libertad y beneficencia, la eternidad misma que prometen los santos, los infinitos alfa y omega del tiempo. El progreso es todo lo contrario a la política, es su cementerio. Y, sin embargo, en cierto octubre, un rayo encendió la historia como a una mecha reseca, y vinieron grandes días, mejor que decir es hacer, donde hay una necesidad nace un derecho, por uno nuestro caerán cinco de ellos, y en cierto septiembre la historia se inundó, se agrietó, enmudeció, se dedicó a fornicar a los derrotados, y ahora, después de dieciocho años de exilio para la mayoría, en ese oleaje de gloria, a pesar de los tiros cruzados, renacíamos para amasar un nuevo tiempo.

Apenas pasada la noche de ese día de gloria, en los primeros minutos del nuevo día, cuando recién se aprestaban a desembarcar en mi sangre los efectos de analgésicos y antibióticos mientras yo pensaba en el padre de mi padre y algún final posible para aquella vieja parabellum, me visitó un fantasma del futuro, en plena lucha de una reminiscencia oportuna contra el dolor que desde el empeine viajaba a las regiones más inhóspitas de mi cerebro. Un fantasma pálido vestido como un dandy, sólo en apariencia decadente, medio desprolijo, una mezcla de Oscar Wilde y Erik Satie, y antes de que yo le preguntara si era el fantasma de alguno de ellos, el tipo, la verdad, se presentó amablemente como habitante de un equinoccio cuyo nombre no quiso revelarme. Dijo: Usted sabe que esas cosas son información altamente confidencial, y yo pensé qué mosquito le habrá picado a este loco para venir a mí. La cosa es que el tipo, sin siquiera parpadear, con sus protuberantes ojos rojizos, asombrados o concentrados en mi empeine vendado, se sentó en la silla junto a la cama después de pedirme permiso, y dijo: La semioscuridad de esta pieza es la misma que alumbra la noche oceánica del Pacífico Sur. Ahí nomás lo miré a los ojos, tapizados de una humanidad severa y doliente, y me dije puta madre este es un explorador de una dimensión lejana o cercana pero para mí inaccesible, y le pregunté si éramos o somos algo más que emanaciones que decoraban o decoran las escenografías a las que la historia de vez en cuando nos permitía o permite entrar no desde el hall del teatro sino desde el caos más o menos ordenado de entre bastidores. Él me dijo que si tenía más preguntas se las hiciera todas juntas, y entonces le pregunté si podría decirme cómo sería el tiempo que se avecinaba. Se levantó de la silla, se cruzó serenamente los brazos sobre el pecho y dijo: La idea de que la unidad de lo indiscriminado es causa eficiente de una acción política exitosa se excesivamente similar al pájaro que termina electrocutado no bien se posa en un cable de alta tensión. Recuérdelo por favor: los fantasmas tenemos demasiado tiempo para pensar, por esto le sugiero que reflexione sobre estos dos hechos irreversibles: uno, la contradicción es una propiedad de lo real y dos, no existe la lucha política que no contenga en sus entrañas un conflicto mortal para miembros de los bandos opuestos. Recuerde, piense, y me palmeó un hombro, cúrese ese pie pronto. Inclinó reverencialmente la cabeza: Le deseo mucha suerte a usted y a los suyos porque la necesitarán, aunque le anticipo que no rozará su orilla esa suerte. Y salió por la puerta como un hijo de vecino más. Un rato después los espías de los analgésicos me lamían la axila, el cuello, el ombligo. El fantasma no volvió ni volverá, y sin embargo en noches como estas, lluviosas y solitarias, lo oigo tropezándose con la pata de alguna silla o manipulando algún picaporte. Si reapareciera le preguntaría como nada más que cuatro años después del mar de gente anochece como en un velorio de una multitud a la que ningún deudo asistió, anochece en una casa que no es mía y que no sé de quién es y salgo de mi pieza y le aviso que voy a entrar a la suya, la más grande de esa casa inmensa y llena de ruidos siniestros, porque como un boludo me olvidé de comprar sin cigarrillos cuando fui a comprar la pizza y quiero fumar. Ella me dice que pase. Paso. Me pide que no me vaya. Necesita que la acompañe por lo menos hasta que se duerma. A pesar de que la tapa una sábana blanca noto que está desnuda. No le digo ni sí ni no. Le pregunto si Romero le habló alguna vez de mí. Ella que sí y que me calificaba como un «gran alumno». Nunca fui un «gran alumno» me atajo. Él lo decía y seguro que lo piensa ahora mismo, dice ella. Le digo que Romero sí fue un gran alumno, el presidente más combativo del centro de estudiantes, el profesor más carismático de la facultad. Conozco perfectamente su historia de los últimos diez años, concluyo. Yo conozco perfectamente su historia de los últimos cinco años, dice ella casi irónica o burlona, y se destapa y se acuesta boca abajo. Cuando se duerme me quedo mirándola durante una hora y luego salgo y me acuesto en la cama de la otra pieza. No puedo ni podré dormir. El plan es que al mediodía del día siguiente vamos a un lugar del cual aún no tengo el dato. Llaman, dicen la dirección y ahí iremos. Otro auto la espera y desde allí ese auto la lleva a otra posta. El pasaporte falso que ella me mostró es una pinturita. Mientras duerme ronca y murmura en sueños, y yo no puedo pegar un ojo desde hace una semana, el tiempo desde que llegué a esta casa. La última posta es el lugar donde la espera Romero, el responsable de llevarla al aeropuerto. Otra vez Ezeiza. Ezeiza. Ezeiza. Historia circular y nacional de la infamia. Ella vuela a Brasil donde otros compañeros se encargarán de despacharla al DF de México donde otros compañeros la esperan. Ella duerme y yo no, separados por una gruesa pared de casa oscura medio en ruinas, con patio y macetas bien regadas por ella. La mañana del día D desayunamos en la cocina y no mucho después mientras ella está cerrando la valija alguien llama y yo atiendo y una voz que conozco bien me dice: Romerito cayó y hay cambio de planes. En días anteriores cayeron el Ruso, Miguelito, Héctor, dicen que también Esteban. Pero Esteban no, hablé con él hace dos semanas o menos desde un teléfono público de Retiro. Miguelito contaba que el Tío Ho olía visitar a sus patrullas, bromeaba, les preguntaba sus nombres a los soldados, sobre sus familias. Conversaba de cualquier tema, paseaba horas y horas con ellos. En una ocasión, en agosto de 1966, en aldeas del este de Phú Yên, los yanquis masacraron a casi cien combatientes, mujeres y hombres del Viet-Cong. Al otro día el Tío Ho visitó a los restos de tropa que se habían refugiado a pocos kilómetros de las aldeas arrasadas. Como si nada grave hubiera pasado, el Tío Ho hizo bromas y algunos movimientos de jiu-jitsu con el resto de la tropa cansada y manchada de sangre y barro. La información sobre la visita corrió como reguero de pólvora. La moral de las patrullas había sido elevada definitivamente. Giap era el Clausewitz que trazaba en cien mapas distintos la Ruta Ho Chi Minh y cómo penetrar en Saigón. El Tío Ho era un alma piadosa y amable con sus tropas y un demonio despiadado y hermético con los enemigos. A nosotros nos faltan dos tipos como esos, decía Miguelito. Grandes, agrias e irresolubles discusiones por esa opinión.

Ella me pregunta quién llamó. No le digo que Romero cayó, le digo, cosa cierta, que cambiaron los planes. Órdenes superiores, eso es todo. Se habrá realizado, agrego, una valoración de riesgos por parte de la gente de inteligencia. El responsable soy yo de conducirla a Ezeiza, no hay Romerito ni postas. Ella duda y acepta silenciosa. El responsable soy yo de conducirla con el 3cv la pistola y la pastilla de cianuro. Es más seguro, me dijo la voz del llamado, que saliéramos directamente de la casa al aeropuerto. Nos cruzamos miradas de dos extraños, desconocidos y anónimos el uno para el otro. Ella lleva su propia pastilla, la valija y el pasaporte, una obra realmente maestra. Cuando subimos al auto me pregunta si habrán capturado a Romero. Le digo que no, que Romero se sabe mover con sumo cuidado, y mientras se lo digo pienso que Romero estará siendo torturado o ya lo mataron y antes cantó todo. O no. Interrogantes imposibles de responderme. No quiero pensar en nada que se desvíe del objetivo. Las teorías y las hipótesis frenan a la acción, ese ahora despreciado del mundo. No hubo retenes en el camino ni autos sospechosos en los espejos retrovisores. La dejé en la vereda del sector de partidas y volví como habíamos ido, sin problemas. Esta vez a otra gruta en alguna parte de Parque Patricios. Con el correr de los meses me convertí en la patrulla de un solo hombre, más ratón ciego que hombre.

Supuestos sabios dicen que se pudo predecir los actos de nosotros, mujeres y hombres de vidas que son hoy para ellos una progresión de hechos tortuosos cercanos a la psicopatía. Fuimos «víctimas» de la época, los «traicionados», «los idiotas útiles». Defienden como verdad absoluta un idealismo histórico con el cual adoctrinan a diestra y siniestra mientras facturan conferencias y becas y concursos y ferias del libro y ediciones y reediciones. El fantasma diría que de la locura de la historia sale la razón universal que ilumina y da sentido a la vida de todos, como dijeron antes los jóvenes amigos Hegel y Hölderlin, dos románticos incurables.

Si muriese ahora, viejo de dentadura postiza, próstata insoportable y con la cicatriz casi invisible del empeine, lamentaría no escuchar ese tren que se desplaza envuelto en estambres cobrizas hacia una tierra aun inexistente. Mi adolescencia terminó, mi juventud terminó, mi vejez está a punto de terminar, y odio los días de sol en las plazas mirando a otros viejos hundidos en abismos de sus pasados, odio las torturas y los sacrificios que conquistaron santos, mártires y héroes por salvar pecados ajenos, y sobre todo odio que esas torturas y esos sacrificios no transformaron todo lo que debía ser transformado. ¿Qué se dice uno frente al espejo a los setenta años? Decimos a nuestras máscaras que salimos de un útero cálido para entrar a un útero helado.

Ella llegó sana y salva a Brasil y luego al DF. Nunca supe su nombre verdadero hasta que recibí una carta en junio de 1995. Un compañero o ex compañero le había pasado mi dirección de entonces. El del pasaporte era Ofelia R. Escribió en la carta que en pocos meses viajaría integrando un importante elenco que estrenaría una obra en Buenos Aires, en el Teatro San Martín, Un enemigo del pueblo de Ibsen. Y que quería verme. 
No le contesté la carta ni fui a ver la obra. Preferí el recuerdo de su cuerpo desnudo bebido con sorbos lentos por la luna en una noche de casi cuarenta grados, de su cara tersa y sonriente de muñeca rusa y del beso en la mejilla que me dio antes de bajarse del 3cv en Ezeiza. A fines de 2003 leí en el diario que había muerto de cáncer. A los sesenta años. La enterraron en el cementerio israelita del DF. Lloré tres días seguidos. A veces vuelvo a llorar por ella. 

Qué extraña es la consistencia de mercurio de nuestros sentimientos. Nadie descubrirá el porqué de esa consistencia. Nunca. De victoria en victoria hasta la derrota final. ¿Era así? No. Era de derrota en derrota hasta la victoria final. Los fantasmas, aun los derrotados, siempre ganan. Esos incluso son los que mejor nadan en el mercurio. Otro misterio. Amén.

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Dónde ver los principales nominados al Oscar 2026: guía para los cinéfilos argentinos

25 Marzo 2026

La temporada de los Oscar 2026 ha brindado la llegada de películas que atrapan la atención de amantes del cine en todo el mundo. En Argentina, los jinetes del séptimo arte se preguntan cuál es la mejor forma de vivir estas películas, si en el cine convencional o en plataformas de streaming.

Desde dramas intensos hasta comedias que combinan crítica social y humor, cada película invita a viajar en historias que dejan huella y que, más allá del mismo film, provocan el diálogo entre los cinéfilos y la ampliación de la conversación.

Para quienes no pueden asistir a las salas, existen múltiples opciones de transmisión online y servicios que permiten ver los títulos desde la comodidad del hogar, pagando mediante métodos como Mercado Pago o Pago Fácil.

Esta accesibilidad ha cambiado la forma de consumir cine, acercando a los espectadores a experiencias que antes requerían desplazarse físicamente a un cine, fomentando debates sobre interpretación, dirección y guión.

La conexión entre entretenimiento y responsabilidad personal

Mientras el público disfruta de la magia del cine, es inevitable que la conversación se cruce con otras formas de entretenimiento, incluyendo el mundo de los juegos de azar. En Argentina, muchas personas experimentan la emoción de los juegos regulados, con ello surgen historias sobre el impacto que estas actividades pueden tener en la vida cotidiana.

Entre los relatos más sensibles aparecen aquellos que reflejan dificultades de control odependencia, donde los jugadores —esas pobres criaturas atrapadas en ciclos de juego compulsivo— necesitan apoyo para recuperar equilibrio y estabilidad.

Organizaciones como Jugadores Anónimos Argentina cumplen un papel fundamental en este contexto. Estas agrupaciones funcionan como un espacio seguro para compartir experiencias, encontrar contención y aprender estrategias de autocontrol, ayudando a quienes se enfrentan a dificultades con el juego a no sentirse solos.

La estructura de estos grupos se basa en la confidencialidad y el acompañamiento mutuo, brindando un marco donde cada historia se escucha con respeto y comprensión. Para quienes deseen informarse sobre este tipo de apoyos y la regulación que los rodea, se puede consultar material confiable en recursos como Jackpot Sounds, que ofrece referencias y orientación sobre estos servicios.

Regulación y plataformas legales en Argentina

La supervisión de los juegos en el país está a cargo de entidades como el Instituto Provincial de Juegos y Casinos, que establece normas para garantizar transparencia, seguridad y legalidad en el sector. Gracias a esta regulación, operadores digitales y físicos pueden ofrecer experiencias confiables, donde los usuarios saben que participan dentro de un marco seguro.

Plataformas de renombre como Betwarrior o PlayUZU cumplen con estas normativas, proporcionando entornos donde la experiencia se centra en el entretenimiento responsable.

La existencia de controles claros y métodos de pago confiables, como los mencionados anteriormente, permite que los usuarios gestionen sus interacciones de manera segura, evitando riesgos innecesarios y promoviendo la educación sobre hábitos de juego saludable.

La importancia de la educación y la prevención

El cine y los juegos legales pueden parecer mundos distintos, pero comparten un hilo común: la necesidad de información y conciencia sobre la experiencia que se vive. Así como los espectadores analizan las tramas o personajes de una película para comprender sus mensajes y matices, los jugadores pueden beneficiarse de la educación, junto a la orientación para entender los límites de su participación.

Organizaciones de apoyo como Jugadores Anónimos Argentina también fomentan la prevención, ofreciendo talleres, reuniones así como materiales de consulta que ayudan a identificar patrones de comportamiento y estrategias para evitar el desarrollo de problemas más graves.

Este enfoque educativo es clave para proteger tanto la salud emocional como económica de quienes participan en juegos legales, esto se complementa con la supervisión regulatoria de instituciones provinciales y nacionales.

Entre cine y cultura del entretenimiento

La conexión entre el disfrute del cine y la participación responsable en juegos de azar refleja una tendencia más amplia: la integración de la cultura del entretenimiento en la vida diaria. Ambas experiencias implican emoción, anticipación y narrativa.

Mientras una película puede provocar suspenso, alegría o reflexión, un juego regulado bien administrado ofrece entretenimiento sin comprometer la seguridad ni el bienestar del jugador.

En este sentido, Argentina ha desarrollado un marco donde el disfrute coexista con la responsabilidad

El cine continúa siendo un espacio de conversación, análisis además deplacer estético, mientras que la regulación de juegos asegura que la emoción de participar se mantenga dentro de límites seguros. La existencia de grupos de apoyo y recursos confiables complementa este ecosistema, ofreciendo contención y orientación para quienes lo necesiten.

Conclusión: emoción con responsabilidad

La temporada de los Oscar 2026 en Argentina no solo invita a disfrutar de películas memorables, sino que también pone en evidencia la importancia de equilibrar el entretenimiento con la responsabilidad personal.

Ya sea frente a la pantalla de un cine, en la comodidad del hogar o participando de actividades reguladas de ocio, la clave está en mantener la conciencia sobre los límites o en recurrir a espacios de apoyo cuando sea necesario.

Grupos como Jugadores Anónimos Argentina y plataformas legales bien supervisadas demuestran que es posible disfrutar con intensidad sin perder de vista la seguridad y el bienestar. Así, tanto el cine como los juegos regulados reflejan la riqueza cultural del país: emoción, participación y cuidado en un solo marco, donde los espectadores junto a los jugadores puedan sentirse acompañados y comprendidos.

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    Agostina Páez racista

Sobre la argentina juzgada por racismo en Brasil

24 Marzo 2026

Desde Salvador de Bahía

En Brasil el racismo es delito y en Argentina no hay consciencia del racismo. Llevo doce años viviendo en Brasil. Comencé en una ciudad donde el 83% de la población era blanca y hoy vivo en una ciudad donde el 82% de la población es negra. Cuando en 2014 llené los papeles para trabajar para el Estado de Rio Grande do Sul me pareció racismo que tuviera que declarar raza. Hoy leo el mundo cromáticamente. Los pobres nunca son blancos. En Argentina el racismo pasó a estar en agenda. Hay lugares donde vemos blancos y no vemos marrones y viceversa. En Argentina parece una pelotudez llamar a alguien mono, considerar a otra persona inferior por su color de piel. “No digo negro de piel, digo negro de alma”, suena por todo el país. Cada vez que un imbécil hace gestos racistas cuando viene a ver un partido de fútbol viraliza en Brasil. Alimenta bronca contra nosotros. Los medios argentinos son responsables de la repetición de ese racismo. Olé tituló “Que vengan los macacos” cuando la selección argentina de fútbol pasó a la final es los Juegos Olímpicos de 1996. Infinidad de veces amigos y compañeros me dijeron macaco, desde que vivo en Brasil.

Hoy comienza el juicio a Agostina Páez, santiagueña, hija del empresario Mariano Páez, que según informó Infobae estuvo detenido por violencia de género. La joven blanca es abogada, nació en una provincia que el último censo que midió color, en 1778, informó que el 54% de la población de Santiago del Estero era negra. El racismo de Agostina no se vio sólo en el video, se lo ve cuando dice que la población brasilera la odia y que sufre riesgo de vida. Lleva dos meses en Brasil. ¿Cuándo sufrió un ataque? Carla Junqueira, su abogada defensora en Brasil, también blanca y de clase privilegiada, le dijo a La Nación + que era comprensible el comportamiento de Agostina después del susto que tuvo en el bar. Cómo no asustarse con dos negros… Agostina dice que se arrepiente de lo que hizo, pero lo justifica. Cualquier persona que haga una cosa como la que hizo Agostina Páez en Brasil y sea filmada viraliza. Lo más probable es que sea condenada. Lo menos probable es que vaya presa. En diciembre pasado fue condenado una profesora universitaria en Brasilia por injuria racial y racismo. La condenaron a tres años y un mes de prisión en régimen abierto. La profesora también fue condenada a pagar una indemnización por el perjuicio causado. En 2024, la influenciadora Dayane Alcântara fue condenada a 8 años en régimen cerrado por injuria racial contra una nena negra.

Agostina Páez será juzgada y condenada. ¿A prisión? No creo, en Brasil difícil que personas blancas sean presas, mucho menos por racismo. Aunque está el caso de la influenciadora. Veremos dónde cumplirá la pena Agostina Páez, si en Argentina o en Brasil. Argentina acaba de otorgarle refugio a un brasilero que participó del último intento de golpe de Estado en Brasil, el 8 de enero de 2023, una semana después de que asumió Lula. Hay 61 brasileros condenados por el intento de golpe que están en Argentina. Argentina tiene elementos para negociar con Brasil que su ciudadana cumpla pena en su país y colaborar para que los ciudadanos brasileros también cumplan la pena aquí por los crímenes contra la democracia que cometieron. 

Agostina dijo que está aterrada, que tiene miedo de que la maten después de lo que hizo. Sus declaraciones no hacen más que mostrar su racismo e ignorancia. Si después de lo que los blancos le hicieron a la población en negra en Brasil pueden andar por la calle sin ser linchados, qué le hace pensar a la argentina que a ella la matarían. ¿Qué idea tiene de la población brasilera? Los millones de argentinos que conocen Brasil, que vacacionan acá, saben que esa imagen nunca la vieron. Jamás vieron a una persona blanca siendo linchada, siendo atacada, por personas negras. El racismo aquí no lo permitiría. Se puede ver personas negras siendo golpeadas, pero blancas, jamás. De hecho, sobran los videos de blancos de clase media en grupo linchando personas negras en la calle.

Después de los mensajes que leo en grupos tras cada paliza de la Policía Militar a hinchas argentinos, respondo que tienen que tomar el problema del racismo en serio. En Brasil, como en Argentina, la policía no es blanca. El turismo argentino en Brasil prueba que el odio de brasileros contra argentinos no es más que un mito. Quien conoce Brasil y puede: vuelve, se queda o sueña con vivir acá. Sabemos que hay a quienes les conviene la división entre brasileros y argentinos. Cada vacación de argentinos en Brasil prueba que no somos recibidos con rechazo. Pero los comportamientos racistas generan rechazo contra nosotros. Recientemente con el Consulado argentino en Salvador organizamos un evento por el Noviembre Negro que se celebra aquí, homenajeando a María Remedios del Valle, al Negro Falucho, con arte de Sol Crisalida, para que la población argentina aquí también sepa de nuestros afrodescendientes, de nuestra historia y tenga qué contestar cuando dicen que somos todos unos racistas y que matamos a toda la población negra.

Agostina Páez no está con prisión domiciliaria. La justicia quiere garantizarse que podrá juzgarla y que no se irá de Brasil, por eso la monitorea con una tobillera electrónica. No es la primera que hace un gesto de esos. Hasta ella, en cada partido de un equipo argentino en Brasil algún imbécil muestra su nivel de inteligencia imitando un mono, al igual que hizo ella. Está vez lo diferente es que no fue multa y permiso de retorno, la justicia decidió juzgarla. La población argentina que venga a Brasil ya sabe cuáles son las posibles consecuencias si tienen comportamientos racistas. Hoy Google ofrece servicio de traducción, que en términos generales es bastante bueno, así que quien venga a Brasil no tiene excusa para no leer la ley y saber qué no está permitido. Agostina Páez es una blanca, hija de empresario, racista como hay millones acá. Si va presa, creeré que es por argentina, incluso siendo que una brasilera ya fue presa por racismo. La ley es clara. Ella es abogada. Se la escuchó en vivo, desde las calles de Río de Janeiro, diciendo que corría el riesgo de que la mataran por lo que hizo y no lleva dos meses encerrada en un departamento.

Parece que las multas a diversos argentinos por comportamientos como los de Agostina Páez no sirvieron para que la cuestión del racismo ocupara el espacio que generó que una argentina blanca, abogada, hija de un empresario, sea juzgada por la justicia brasilera. Imagino que la pena que recibirá servirá para condicionar el comportamiento de quienes vengan a Brasil. Ahora, sea en Brasil o sea en Argentina, una y otra vez personas blancas de clase privilegiada siendo racistas. Y la mayoría argentina aún sin tomar en serio el tema. Empiece a ver qué lugares ocupan personas blancas y no marrones y que trabajos hacen personas marrones que no hacen personas blancas. Empiece por algún lado a identificar el racismo cotidiano.

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    Cristián Montecinos

Siete años del crimen de Cristián Montecinos: continúa la impunidad

24 Marzo 2026

El 25 de marzo de 2019 Cristián Montecinos, junto a David Florentín y otros amigos, se encontraban festejando un cumpleaños en la localidad de Tortuguitas, Malvinas Argentinas. Ambos salieron a comprar, pero, en el trayecto, se cruzaron con Antonio Enrique Eliezer Acosta, efectivo de Gendarmería Nacional de civil, que comenzó a discutir con el segundo de ellos. 

Según testigos, el gendarme disparó e hirió de muerte, por la espalda, a Montecinos y Florentín tuvo que ser llevado al hospital. La madre de Cristián, Mariana Vergara, lo encontró golpeado, ya fallecido, y recién a los cuatro días le entregaron el cuerpo. El impacto y la tristeza de tal noticia la llevaron a perder mucho tiempo, según explica. Montecinos vivía en el Barrio Primaveral, junto a su mujer y cuatro hijos. 

En cambio, Acosta sigue en funciones y nunca fue llevado a indagatoria. Como suele suceder en casos de gatillo fácil, el poder judicial sostuvo la versión de la fuerza de seguridad, alegando legítima defensa ante un supuesto robo. La fiscal María Carbonella pidió tanto el sobreseimiento del acusado como el archivo de la causa por falta de mérito.

A base de lucha en las calles, y también en el plano legal, en 2023 la familia consiguió que desde la Fiscalía general solicitaran su reapertura y la realización de pericias balísticas. Vergara sostenía que en el lugar de los hechos había cámaras que nunca fueron revisadas. En representación del Ministerio Público Fiscal intervino Gustavo Carracedo y el expediente se radicó en el Juzgado de Garantías N°5 de Nicolás Schiavo. 

Sin embargo, la decisión volvió a ser la misma y el gendarme Antonio Enrique Eliezer Acosta actualmente continúa gozando de la impunidad. Mariana, madre de Cristian “Coquí” Montecinos, dialogó con AGENCIA PACO URONDO en el marco de nuevo aniversario del caso y sigue reclamando justicia.

Agencia Paco Urondo: ¿Qué simboliza este nuevo aniversario para usted y su familia?

Mariana Vergara: Desde la muerte de Coqui nuestra familia no volvió a ser la misma, nos sentimos mal, tristes y con bronca porque él no tuvo justicia. Cada día que pasa lo extrañamos más. Él tenía una familia, un propósito para vivir.  

Nos da mucha bronca que le arrebataron la vida teniendo una vida por delante. Van ser siete años de que lo mataron y parece que fue ayer. Lo recordamos todos los días, seguimos extrañándolo. Nuestra tristeza se sufre en el día a día. No nos queda mayor resignación que tener que seguir sabiendo que no se pudo hacer justicia en todos estos años a pesar de tanta lucha. 

APU: ¿Hubo algún avance en la causa?

MV: No hubo avances. De hecho, la archivaron. Dos veces la archivaron y esas dos veces luchamos para que la reabrieran, y al final no investigaron y la causa quedo impune. Lo que más nos duele es que luchamos mucho y, sin embargo, todo quedó en una impunidad terrible. La segunda vez que se reabrió ni siquiera avanzaron en la investigación. En cuanto a la justicia mi pensamiento es el mismo que el de tantas familias que también tienen que sufrir la impunidad.

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Dato mata relato

24 Marzo 2026

Este es un dicho que se ha puesto de moda en el ámbito del periodismo actual, con el cual desean “los analfabetos locuaces” poner distancia entre sus opiniones y la realidad de los hechos. Sobre todo, si estos no les complacen.

No cabe duda de que el dicho encierra alguna verdad. El dato es objetivo y el relato subjetivo, pues supone la interpretación del dato. Y hoy el periodismo es, fundamentalmente, interpretativo.

Estamos en plena guerra entre Israel y Estados Unidos contra Irán y los datos que nos ofrecen son: Israel no tiene muertos, Estados Unidos unos pocos y por errores propios, mientras que Irán tiene miles y miles.

El relato dice que la causa de la agresión judeo-yanqui es que Israel iba a ser la víctima potencial de Irán y sus bombas atómicas y Estados Unidos salió en su defensa pues ambos son Estados intercambiables- cuando digo uno, digo el otro. Y cuando digo el otro, digo uno- mientras que Irán encarna la maldad absoluta.

El costo de esta guerra retumba en todo el mundo y lo afecta económicamente por el aumento desmesurado del precio del petróleo que afecta a la economía mundial.

¿Qué hay detrás? ¿El peligro de un ataque nuclear o la expansión del Estado de Israel?

Las quejas ya comienzan a escucharse, principalmente, en los Estados Unidos, donde sus mejores analistas políticos,económicos y geopolíticos como Yakov Rabkin- especialista en sionismo-, Jeffrey Sachs, Tucker Carlson, Chass Freeman, J. Mearshheimer y S. Walt en “The Israel Lobby and US Foreign Policy”, se quejan del dominio y manejo del lobby sionista sobre el gobierno norteamericano. Ellos señalan diferencias interesantes sobre el tema y así distinguen: sionismo cristiano; sionismo judío y judaísmo tradicional.

Atribuyen la creación del Estado de Israel al sionismo cristiano anglosajón y no al sionismo judío, al que clasifican como nacionalista al estilo de los nacionalismos del siglo XX. Mientras que al judaísmo tradicional, aquel que practican la mayor parte de los judíos que viven cómodos, donde pueden ejercer sin problemas su religión y hacer sus negocios, en los diferentes Estados del mundo.

Personalmente no creo que haya sido el sionismo cristiano el creador del Estado de Israel sino el nacionalismo judío o sionismo israelí el que logró crearlo, con gran atraso con respecto a los otros Estados nacionales.

Tengo la impresión de que estos agudos pensadores están abriendo el paraguas antes de que llueva, porque se ven venir una gran tormenta antijudía en el mundo, sobre todo en Norteamérica.

Tengo para mí que la creación del Estado de Israel fue un gran error de la inteligencia política judía de principios del siglo XX, que llevada por el nacionalismo de su época se metió en un berenjenal del que hace setenta años no puede salir. Y en lugar de retroceder para aunar filas, pretende avanzar indefinidamente hacia un imposible Gran Israel del Nilo al Éufrates.

Los costos de esta fantasía, sumados a los costos para USA de la guerra contra Irán, en que la fue implicada, son impredecibles.

Volvamos al título Dato mata relato.

Es sabido que aquello que muere primero en la guerra es la verdad de modo tal que todos los datos que recibimos son, en su mayoría falsos. En Israel la censura es absoluta, no hay muertos, no hay crímenes por parte de ellos como el bombardeo indiscriminado sobre Beirut. En Irán la censura se paga con la vida, como ocurrió con el joven deportista. En Estados Unidos la censura funciona como exceso de información que termina produciendo una desinformación masiva.

En cuanto al relato, ya viene prehecho y predeterminado para que el mundo siga en Babia, es decir, estar distraído o ajeno a lo que sucede en su alrededor.

Nosotros como argentinos e iberoamericanos debemos, según nuestra costumbre, estar atentos para recibir aquellos que vienen de la post guerra,que siempre es peor que la guerra, y recibirlos con gentileza pero distantes, no implicarnos en sus odios y luchas como lo acaba de hacer el irresponsable de nuestro actual presidente.

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    Lucha y se van: 30 de marzo de 1982
50 AÑOS DEL GOLPE MILITAR

Sindicatos y dictadura: los militares tenían claro su objetivo

24 Marzo 2026

La excusa del golpe del 24 de marzo fue combatir a la guerrilla, pero su verdadero objetivo era imponer el modelo económico liberal y, como condición necesaria, debían debilitar al movimiento obrero organizado.

En un documento de la Junta Militar se expone: “Es necesario quitar a los sindicatos el poderío económico que proviene de la acumulación de riqueza, dado que, cuando este se agrega a la fuerza gremial, corrompe la función de sus dirigentes e instituye poderío político”.

El mismo 24 de marzo son sancionados tres decretos-ley destinados a controlar a los sindicatos: la suspensión del derecho a huelga, la eliminación de los fueros sindicales y la ley de residencia. Ese mismo día se interviene la CGT y doce de los principales gremios. No intervenir a todas las organizaciones gremiales, como se hizo en 1955, era parte de una estrategia de dividir al movimiento obrero. Sobre las organizaciones no intervenidas pendía la espada de Damocles de no autorizarles la elección cuando vencían los mandatos.

Si bien los dirigentes de gremios llamados combativos habían sido víctimas de la represión o el exilio, en general eran dirigentes de alguna seccional o de gremios chicos. El verdadero poder del movimiento obrero residía en las grandes organizaciones enroladas en la CGT y las 62 Organizaciones, alineadas con el peronismo. La primera pulseada fuerte con este sector se va a dar en el conflicto de SEGBA e ITALO con Luz y Fuerza, uno de los gremios con mayor poder sindical y económico. Y va a terminar con el secuestro y desaparición de su líder, Oscar Smith, como respuesta a la duda planteada por el diario Buenos Aires Herald en su editorial del 18 de octubre de 1976: “El resultado de la huelga de los trabajadores de Luz y Fuerza será el que decida quién está gobernando el país: las Fuerzas Armadas o los sindicatos peronistas. Un importante principio está en juego: ¿es el gobierno militar lo suficientemente fuerte como para imponer su voluntad al poderoso sindicato?”.

Los pocos historiadores que han escrito sobre este período coinciden en marcar dos etapas en las luchas obreras: la primera, de marzo del 76 hasta abril del 79; y la segunda, desde la primera huelga nacional del 27 de abril hasta el retorno a la democracia en 1983.

Hasta 1979, el sindicalismo dio una lucha centrada en la defensa de sus conquistas sectoriales. Luego, a partir del nucleamiento de “los 25” y el Movimiento Sindical Peronista, se pasa a una acción de conjunto, con contenido e identificación política. El MSP retoma la tradición de las "62 Organizaciones", disueltas en marzo del 76, y reivindica la necesidad de la política para defender las conquistas sindicales.

Defensa de los intereses de sus afiliados

Existe un cliché bastante común: pretender juzgar el papel de los sindicatos durante la dictadura en base a sus declaraciones de confrontación contra la Junta Militar y/o a sus denuncias del terrorismo de Estado.

En la serie de notas que vengo escribiendo sobre el post 24 de marzo, mostré que partidos tradicionales de izquierda, como el Partido Comunista (PC), no solo no denunciaban, sino que durante mucho tiempo apoyaron públicamente a los militares. Y el silencio respecto de la metodología de las desapariciones llegó incluso a sus principales víctimas, la organización Montoneros. Si leemos su órgano de prensa oficial, El Evita Montonera, solo vamos a encontrar mención de algunos pocos casos puntuales de secuestros y desapariciones, y recién en octubre de 1977 van a dedicar una breve nota a las Madres de Plaza de Mayo.

Pero volvamos a los sindicatos. Si uno toma el estatuto de cualquier organización gremial (por ejemplo, la UOM), en la exposición de sus propósitos figura como primer punto: “defensa de los intereses individuales, colectivos y profesionales de sus afiliados”. Es decir, los sindicatos tienen como prioridad defender los intereses de sus afiliados. Esta tarea la debieron asumir en nuestra historia en dictaduras, en gobiernos semiconstitucionales y en gobiernos constitucionales, peronistas y no peronistas.

Por lo tanto, en los primeros dos años de la dictadura, aun con intervenciones militares de por medio y represión, la primera actitud de la dirigencia sindical fue concentrarse en defender los intereses de sus afiliados. Y eso, como en todas las épocas, se hizo combinando fuerza con negociación.

Incluso en los estudios sobre los conflictos por establecimientos fabriles (se mencionan 90 conflictos en 1976 y 100 en 1977) se concluye que, en su gran mayoría, se trataba de disputas por salarios o condiciones de trabajo específicas de plantas o sectores. Es decir, que no había un planteo de tipo político antidictadura, sino una defensa de los intereses puntuales de ese sector de trabajadores. Durante 1976 se produjeron conflictos significativos en grandes fábricas, por ejemplo: los conflictos de IKA-Renault de Córdoba en marzo; General Motors, en el barrio de Barracas, en abril; Mercedes Benz, Chrysler de Monte Chingolo y Avellaneda, y Di Carlo, en mayo.

Y esta combinación de fuerza y negociación la vamos a ver en el movimiento obrero tomado en su conjunto, donde algunos dirigentes por momentos aparecen en el sector dialoguista con los militares y luego pasan a confrontativos, y viceversa.

Álvaro Abós, en su libro “Las organizaciones sindicales y el poder militar 1976-1983”, entiende al conjunto del gremialismo como una totalidad, con contradicciones no antagónicas sino complementarias. Para Abós, “cualquier sindicalismo tiene dos caras, una contestataria y otra dialoguista”. Se trataría de “dos ramas del mismo tronco. Una golpeaba y la otra ganaba los espacios que la confrontación dejaba vacíos”.

Reafiliación masiva a los sindicatos

En el trabajo “El sindicalismo argentino hace camino al andar”, firmado por el jesuita Jacinto Luzzi, director del Centro de Promoción Sindical del CIAS, y los dirigentes sindicales Víctor De Gennaro y Fernando Galmarini, del año 1981, se dice:

“Por el Decreto 385, de febrero del 77, el Gobierno busca debilitar las organizaciones de los trabajadores, privándolas de los aportes de los no afiliados y exigiendo la reafiliación para continuar en los sindicatos. Es decir, pretende dejarlos sin plata y sin gente. (...) Una reafiliación poco numerosa mostraría su escasa representatividad. Sin embargo, los trabajadores se reafilian masivamente. Más aún, en algunos sectores aumenta el porcentaje de afiliados. Esto demuestra claramente que la clase trabajadora, a pesar de los inconvenientes de la represión, legitima, no tanto a los dirigentes cuanto a los sindicatos mismos, como instrumentos válidos para la defensa de sus intereses. Expresan, además, con ello una protesta contra la ilegalidad a que están sometidos. Vemos en esto un síntoma de la madurez de conciencia social alcanzada por los trabajadores. Si el repliegue ante el nuevo gobierno denotaba de algún modo la actitud negociadora, los conflictos de fines del 76 y la reafiliación sindical a comienzos del 77 señalan la actitud de enfrentamiento”.

Padre Jacinto Luzzi: los jesuitas en apoyo a la lucha sindical durante la dictadura

El padre Jacinto Luzzi pertenecía al grupo más cercano al entonces provincial de los jesuitas, Jorge Bergoglio, quien lo protegía y alentaba su tarea con el movimiento obrero.

Roberto Digón, uno de los fundadores de “los 25” junto a Roberto García y Ricardo Pérez, recuerda al padre Luzzi en aquellos difíciles años: “Fue Luzzi quien nos abrió las puertas de la iglesia de San Cayetano, donde en 1981 hicimos la primera movilización importante contra la dictadura”.

Durante la dictadura jugó un importante papel colaborando con la “Comisión de los 25”, que en 1979 declaró la primera huelga general. Según recuerda Eduardo Vior en una nota de Miradas al Sur: “Desde el mismo golpe comenzó la resistencia, aunque inconexa y sin unidad. Ya en marzo de 1977 se formó una primera ‘Comisión de los 7’, a la que se adhirieron otros sindicatos, hasta conformar en 1978 la ‘Comisión de los 25’, que en junio de ese año fundó su brazo político semiclandestino, el Movimiento Sindical Peronista (MSP). Se reunían en varios locales y casi nunca todos juntos. Uno de sus principales refugios era el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) de la Compañía de Jesús, en el actual barrio de Las Cañitas, donde el padre Jacinto Luzzi coordinaba las reuniones. (...)”.

En el Centro de Investigación y Acción Social, orientado por la Compañía de Jesús, nació el Centro de Formación Sindical (CeProSin), que tuvo por objetivo formar a “jóvenes dirigentes sindicales de los cuadros medios, por encima de las divisiones coyunturales del movimiento obrero organizado”.

La CGT dividida en cinco grupos

En la estrategia de dividir al movimiento obrero, la dictadura había armado cinco grupos. Así lo recuerda Pancho Gaitán en su libro “La Resistencia. El peronismo que yo he vivido”:

“Con la CGT intervenida, los militares habían dividido en cinco grupos por actividades más o menos anes a los sindicatos no intervenidos, y cada uno tenía un nombre, que no recuerdo cuál era, y cada grupo tenía un coordinador sindical, militar. Los dirigentes de los sindicatos intervenidos conformamos –al margen de aquella formalidad impuesta por la intervención dictatorial– un sexto grupo, que era el más numeroso. Estaban la UOM, Construcción, Luz y Fuerza, Prensa, Obreros Navales, UPCN, SMATA y otros que no recuerdo. Y participaban dirigentes de primera línea: de Luz y Fuerza participó Oscar Smith, que era el Secretario General, hasta que lo secuestraron. De la UOM participaba el “Ronco” Guerrero, Secretario General de Avellaneda y segundo de Lorenzo Miguel, que en ese momento estaba preso en el barco. De la Construcción participaba el Tano D’Angelo, que era miembro del secretariado de la UOCRA. Del SMATA participaba José Rodríguez o a veces otro compañero, o sea que había un equipo importante, era algo de peso. Nos reuníamos en diferentes gremios. En la FOCA, Obreros Cerveceros, el Secretario General era Barilache de Tucumán, pero nuestro nexo era Saúl Ubaldini que ya tallaba.”

La Junta Militar estaba especialmente preocupada por la imagen exterior de su gobierno, y en esto las reuniones anuales de la OIT (Organizacion Internacional del Trabajo) eran una vidriera muy importante. De estos cinco grupos saldrá en mayo de 1976 la delegación obrera que viaja a la conferencia de la OIT Los integrantes de la comitiva fueron Antonio Baldassini de Telepostales, Rafael Valle de Químicos, Ricardo Pérez de Camioneros, Ramón José Valle de Seguros, Ramón Elorza Gastronómico, Juan Horvat ATE, Hugo Barrionuevo de Fideeros y Demetrio Lorenzo de Alimentación. Un año después, la acción del grupo de los “25” va a impedir que se integre la comitiva obrera para viajar a Ginebra a la OIT.

El secuestro de Roberto Digón

Roberto Digón era secretario general del SUETRA, sindicato de los trabajadores tabacaleros. El 29 de septiembre de 1976 fue secuestrado. Así lo recordaba:

“Después del 24 de marzo todos andábamos con miedo. Secuestraron primero a mi hermano y a la mujer, que dijo dónde vivíamos con mi esposa, de quien creyeron que era jefa montonera. La primera vez que vinieron a secuestrarme no estaba en mi departamento de Palermo (Bulnes y Cabrera) porque había ido a la Bombonera a ver al Boca de Lorenzo en un partido con Gimnasia. El 29 de septiembre entraron a mi casa 20 tipos de la Policía Federal y del Primer Cuerpo del Ejército con pelucas y pasamontañas. A nosotros los peronistas nos manejaban la ESMA y la Marina. Antes de que me tiraran la puerta abajo llegué a avisarle a mi secretaria adjunta que me estaban secuestrando. Pude escuchar que nos llevaron a la Comisaría 6ta de Sarandí y Venezuela porque estábamos encapuchados y esposados. A mi hermano y a mi cuñada los torturaron en la 8va frente al Hospital Ramos Mejía. Como llegué a avisar en el sindicato y teníamos una pequeña organización que denunciaba en las embajadas si había algún secuestro, el tema trascendió.”

“En las requisas te daban patadas y trompadas, era algo habitual. Perdés la noción del tiempo, te acelerás. Cada día lo multiplicás por dos cuando estás encapuchado. Creés que pasa mucho más de tiempo del que pasa en realidad. Nos mojaban y nos daban con la picana eléctrica. El escándalo tomó tanta repercusión que a los cinco días dejaron de torturarnos y después nos largaron. Los secretarios generales de varios gremios que habían sido secuestrados no fueron encontrados nunca más. A mí me largaron y a partir de ahí empecé a tener mucha trascendencia.”

Régimen de cuartel para los dirigentes gremiales

El diario La Opinión del 19 de mayo de 1977, titulaba: “Orden de detención contra gremialistas cordobeses”. “La intervención militar del Ministerio de Trabajo aclara que, para el plenario de secretarios generales de gremios no intervenidos de esta ciudad, solamente se autorizó una reunión para designar una comisión para que se entreviste con su Excelencia el Señor Ministro de Trabajo de la Nación. Se informa que, habiéndose excedido los participantes de dicha reunión, tratando temas no autorizados, se ha solicitado la detención de los gremialistas que requirieron la autorización de esta delegación. Trascendió que en la reunión se habría acordado solicitar un aumento general de sueldos, la normalización de la situación gremial, la libertad de dirigentes sindicales detenidos sin proceso y la ratificación del actual Ley de Asociaciones Profesionales. De la reunión participaron delegados de más de 40 gremios, la mesa fue presidida por Juan Alfredo Reyes de Gastronómicos, Jerónimo Suárez de la madera, Munir Fatala de Comercio y Alejo Simo metalúrgico.”

“Pudo saberse anoche de fuente gremiales qué habrían sido detenidos los dirigentes Munir Fatala de Comercio y Jerónimo Suárez de la madera, por su parte Simo se encontraría en Buenos Aires. El coronel Amado representante del Ministerio de Trabajo dijo a Noticias Argentinas que: “yo no autorice que se discutiera ningún tema como los planteados en el documento elaborado por el plenario de gremios cordobeses el lunes a la noche, la autorización fue concedida solamente para reunirse y elegir 6 miembros que debían viajar a Buenos Aires.”

La noticia es casi risueña. Imagino la cara del adusto coronel Amado dando órdenes a los muchachos de los gremios, como si estuviera ante un grupo de colimbas que le deben pedir permiso para ir al baño. Pero este hecho describe el clima de época en el cual debía moverse la dirigencia sindical.

Días después, La Opinión informa que “el ex secretario general de la CGT de San Luis, Bartolomé Albarracín, fue detenido y puesto a disposición de la Justicia Federal, bajo el cargo de violar las normas de la ley 21.323, que reprime el ejercicio de actividades de proselitismo político y gremial”. “Albarracín y un grupo de allegados interrumpieron un espectáculo folklórico, realizado en el hotel Cruz de Piedra, para producir ruidosas manifestaciones de apoyo al ex presidente Juan Domingo Perón, su esposa y al ex gobernador Elías Adre; matizando los gritos con brindis por el pronto retorno al poder del justicialismo. Ante estas expresiones, que culminaron cuando el grupo entonó la marcha partidaria, el público se dispersó para no verse involucrado en el incidente”.

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    Gabriel Rivano

Gabriel Rivano presenta el espectáculo "Tango feliz": milonga, jazz e improvisación

23 Marzo 2026

El bandoneonista y compositor Gabriel Rivano se presenta en Buenos Aires antes de su gira europea y la edición de un nuevo disco. El espectáculo "Tango feliz" tendrá la participación de Abel Rogantini (piano), Diego Suarez (flautas) y Leandro Savelón (percusión y batería) y será el viernes 27 de marzo a las 21 h en Hasta Trilce, Maza 177, CABA. 

Esta formación camarística conjuga el espíritu del tango, la milonga y la proyección folclórica con la libertad del jazz y la improvisación.

Entradas en Alternativa Teatral y en Hasta Trilce

AGENCIA PACO URONDO: Durante 2025 lanzaste, no una, sino tres novedades musicales. Contanos cómo surgieron "El bandoneón baila", "Tudo Bonn" y "Sertao Porteño". 

Gabriel Rivano: “El bandoneón baila” es un disco que fue grabado en vivo en un concierto de bandoneón solo en el castillo de Bad Homburg (cerca de Frankfurt, Alemania) en 2024, para la serie “Castle Concerts” del sello alemán de jazz, música clásica y crossover “K&K Verlagsanstalt”. Es una muestra de lo que son los conciertos de bandoneón solo que vengo haciendo en Europa ininterrumpidamente desde 2001.

El repertorio del álbum tiene música mía, tangos tradicionales, Piazzolla, Bach y Beatles. Todas músicas arregladas por mí. En 2007 había grabado para este mismo sello el disco La Luminosa,  junto a Víctor Villadangos en guitarra y Mónica Taragano en flauta traversa en el mismo castillo.

El tema “Tudo Bonn” lo compuse en 2012 en la ciudad de Bonn, Alemania, y tiene una influencia clara de jazz. Lo lancé ahora como sencillo junto a un video y mi idea es grabar más temas en este estilo para completar un álbum. Lo grabé junto a grandes músicos, como Abel Rogantini en piano, Diego Suarez en flauta, Fernando Galimany en contrabajo, Leandro Savelón en batería, Santi Castellani en trombón y Ed Pareta en trompeta. Y yo participé en bandoneón y arreglos.

“Sertao porteño” es un tema mío con influencia del forró, ritmo del nordeste de Brasil, para el que llamé al maestro Milton Barbosa de Recife, que participa en percusión. Yo grabé guitarra y bandoneón.

APU: Contemplando tu carrera desde el presente, ¿considerás que fue ganando más espacio tu rol de compositor? ¿Se desarrolla a la par de tu lugar de intérprete?

G.R.: Pienso que se desarrolla a la par de mi lugar como intérprete. Si vemos mis primeros discos vamos a encontrar únicamente composiciones mías. Es verdad también que mi anhelo como intérprete fue siempre tocar la música de otros como si fuera mía, con la intención de tener un sonido propio.

URL de Video remoto

APU: El viernes 27 vas a presentar el espectáculo "Tango Feliz". ¿Qué relación tiene con tu disco homónimo de 2022? ¿Cómo va a ser el concierto?

G.R.: En este espectáculo del 27 de marzo en Hasta Trilce vamos a tocar en cuarteto músicas de diversos discos míos y algunos estrenos. Voy a aprovechar la acústica de la sala para hacer un concierto intimista sin amplificación, pero al mismo tiempo potente. Con respecto al nombre, pienso que el estilo que cultivo puede llamarse “Tango feliz” (como aquel disco); no lo puedo explicar con palabras, tienen que escuchar la música…

APU:¿Cómo sigue para vos el 2026? 

G.R.: En este año tengo planeada otra gira europea en agosto/septiembre con conciertos en iglesias medievales, castillos, milongas y festivales de jazz en Alemania, Suiza, Francia y España.
Va a salir el disco que grabé en 2025 para K&K junto al pianista de jazz inglés Peter Antony con mi música y otros tangos. Además tengo pensado viajar a Recife, Brasil, para completar un álbum de temas míos del estilo forró y tocar en “Paço do Frevo”. Y, como dije antes, espero grabar más temas de jazz míos y terminar también ese disco. 

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    Carmen Arias Lauro Grande

San Martín: reivindicación del legado de Hebe

23 Marzo 2026

El jueves 22 de marzo se llevó a cabo un acto en San Martín, en el marco de los 50 años que se cumplen desde el último golpe cívico militar en nuestro país. La actividad, que tuvo lugar en el Club Central Argentino de Villa Maipú, reivindicó el legado de Hebe de Bonafini, de las Madres de Plaza de Mayo y de los 30 mil compañeros revolucionarios.

La charla fue organizada por Peronismo Patriótico y contó con la presencia de Carmen Arias, presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Lauro Grande, vicepresidente del Partido Justicialista de San Martín, y de Demetrio Iramain, autor de "Hebe y la fábrica de sombreros" y director de ¡Ni un paso atrás!

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    Elena y Marcelo Dakuyaku
    Foto: Lorenzo Carranza
DOSSIER 24 DE MARZO

Elena Dakuyaku: “No hay pasado en Ricardo, está presente, pero la puñalada es eterna”

22 Marzo 2026

Ricardo Dakuyaku era estudiante de arquitectura y jugador de rugby , se lo llevaron de su casa el 6 de diciembre de 1977.

Marcelo y Elena trabajan en Hinomoto, la tintorería familiar. Hinomoto quiere decir tierra de sol naciente, etimológicamente origen del sol. 
Hi (sol), no (de), moto (origen). No sabemos si el nombre alude a Okinawa la tierra de los ancestros, quienes llegaron a La Plata y fundaron la tintorería o al rincón de una calle céntrica platense que los cobijó.
Marcelo nació en el año 1966, el hijo el menor de la familia. Cuenta la historia que Yoshi ocultó el embarazo porque tenía 42 años y el día que nació le dijo a Elena, que tenía 10, “voy a hacer un trámite, si no llego a las 17 vos llévame el bolso hasta la clínica Mater Dei”, fue así que Elena al advertir que eran las cinco y su madre no había llegado se acercó con el bolso, había nacido un hermanito. 
Ricardo, de 12, el mayor de los Dakuyaku, también se sorprendió ante la llegada del bebé.

Yoshi era una mujer muy fuerte, autosuficiente e independiente  “adelantada para la época” había vivido en la guerra y como saldo perdió a su primer marido, entonces cada obstáculo cotidiano le parecía menor. Un día se cayó en el sótano de la casa, se quebró tibia y peroné, pero no llamó a nadie, luego de unas horas de esfuerzo logró salir sola hasta que Elena la vio y la asistió para ir al médico, la mayoría de las veces no contaba los malestares, estaba acostumbrada a resolverse. 
Shokei, Pancho como le decían, era el papá. Un hombre muy callado y reservado pero absolutamente generoso, recibía a los japoneses que llegaban a la ciudad y casi siempre les daba trabajo en la tintorería. No solamente trabajo sino vivienda. Yoshi les cocinaba a todos cada día laboral, también cuidaba los hijos, la casa y el jardín. Amaba las plantas.

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Elena Dakuyaku
Foto: Lorenzo Carranza

Ricardo, Elena y Marcelo nacieron en La Plata, sus padres en Japón. Aquí se casaron por el sistema tradicional formal, denominado Omiai, es decir casamiento concertado, donde la figura de un intermediario  (nakoudo) presenta a dos personas. Omiai significa “mirarse el uno al otro”.
Si bien los tres hijos se formaron con la lengua española, el sonido de la infancia era el dialecto de Okinawa. 
Ricardo Dakuyaku “Daku” nació el 5 de mayo de 1954, estudió en el colegio San Luis donde también jugaba al rugby, al momento de la captura era alumno de arquitectura y militaba en el Partido Comunista Marxista Leninista. 
Cuando irrumpieron en la esquina de 8 y 44 para buscarlo, preguntaron por él y Yoshi pellizcó a Marcelo que era chiquito para que no hablara, pero la violencia de los captores no daba lugar a la conversación. Lo arrebataron de su casa familiar el 6 de diciembre de 1977.

AGENCIA PACO URONDO: ¿Cómo te presentarías?

Elena Dakuyaku: soy Elena Dakuyaku, hermana de Ricardo Dakuyaku. El 6 de diciembre de 1977, de madrugada, rompieron la puerta de mi casa, entró personal armado, vestido de civil y se llevaron a mi hermano. 

APU: ¿Dónde quedaba tu casa? ¿Y qué recuerdos tenés de ese día?

E.D.: Mi casa quedaba en 44 esquina 8. Se me viene la imagen de verlo a Ricardo. Él estaba durmiendo en una habitación, en un altillo, y me acuerdo que habían levantado la cama porque tenía un baúl y sacado las revistas de esa época, revistas y libros que eran míos, porque esa habitación era la mía. Y no vi cuando se lo llevaron porque me ordenaron ir al dormitorio donde estaban mi mamá, mi papá y mi hermanito. Pero yo estaba como sorprendida, no entendía nada, no entendía cómo podían entrar a tu casa rompiendo la puerta. Cuando salgo a la calle, porque iba a reclamar, vi la calle desierta porque era de madrugada y muchos autos sin patente, que son los mismos.

APU: ¿Qué tipo de autos?

E.D.: Comunes, civiles. Me acuerdo que a los dos o tres días, en uno de los lugares en los que fui a hacer el reclamo,  en la Brigada de Investigaciones civiles, me sorprendió ver también autos sin patente, claro, también era un centro clandestino. Uno se va despabilando de cosas. 

“En las marchas lo que siempre sentí era que estaba con otro, que podía mirar al otro y sonreírle sin conocerlo. En la empatía de haber vivido lo mismo”.

APU: ¿Sabían en tu familia, o  Ricardo sospechaba que estaban deteniendo personas?

E.D.: Si, porque mi hermano militaba en el Partido Comunista y le había dicho a mi mamá que ya habían secuestrado a compañeros de él, entonces mi hermano empezó a peregrinar por casas para refugiarse. Me acuerdo que el marido de una prima le dijo que se quedara en casa porque si él no había hecho nada era preferible que lo levantaran de casa y no de la calle. Y por eso volvió a mi casa. Y fue a la casa de otro primo también. Y volvió a casa a dormir, a seguir estudiando, trabajando. La única que sabía era mi mamá. Él sabía que estaban levantando gente.

APU: ¿Y cuando llegan a tu casa, sale tu mamá de la habitación? ¿Qué hora era? 

E.D.: Era de madrugada. No, no, no pudieron salir hasta que no se fueron los milicos. Primero preguntan por él porque él dormía en un altillo. Preguntan por él y vienen por la casa. Y después se lo llevan y eso no lo vimos. Cuando lo bajan no lo vimos. 

APU: ¿No lo vieron? ¿Los vecinos hablaron después? ¿Vieron algo? 

E.D.: No, una sola vecina dijo que se habían llevado un montón de armas de mi casa. No podíamos creer las cosas que se inventaron. Volvieron en la semana pero esa vez tocaron el timbre y directamente se fueron a una máquina la desarmaron y se llevaron libros, papeles y un mimeógrafo para hacer fotocopias, eso debe ser lo que a esta vecina le pareció que eran armas. La otra vez nos pasó con un comentario de Facebook que nos implicaban en cosas o que escondíamos armas. Cuando pasa eso siento que se cagan en el dolor de mi mamá y mi papá. Porque para ellos fue devastador. 

Una semana antes de morirse mi mamá me pidió que enmarcara una foto de Ricardo. Porque los japoneses en cada casa tienen un altar donde se homenajea a los muertos. Y estaba mi papá y me dijo que ella antes de morirse quería que pusiera la foto de Ricardo. O sea, como que ella no esperaba más. Estaba enferma y no decía nada, muere a los 74, son longevos los japos, pero te vuelvo a repetir ella se quería ir con su hijo, no decía nada, era como que se dejaba o que se quería morir. Como que la espera había sido mucha.

 APU: ¿Cómo empieza la búsqueda? El día después contame. 

E.D.: El día después fuimos a la Comisaría Segunda para que me tomaran la denuncia, después a Juzgados Federales, presentamos Habeas Corpus, fuimos al Ministerio del Interior. También a ver a la Nunciatura Apostólica, que habíamos pedido un turno y nos daban para un mes. Y gracias a que Ricardo es ex alumno del San Luis, nos atendieron en la semana y nos dijeron que rezáramos mucho, no nos atendió el nuncio apostólico sino el secretario y después la Embajada de Japón y  ellos no intercedieron porque era una cuestión de estado.

También fuimos a la Unidad 9 hablar con el cura y le dejamos una foto de Ricardo después me acuerdo de ir cada tanto Moreno 711 en Capital a preguntar por Ricardo y el tipo que me atendía en el mostrador con una cara como diciendo esta mujer a qué viene y después me entero, yo digo lo que es la  hijaputez, que en el mostrador de enfrente entregaban títulos secundarios o sea me mandaban a cualquier lado. Fuimos cuando vino la OEA  en el mundial, siempre haciendo trámites.
Hace poquito fui a la presentación de un libro sobre mujeres destacadas de La Plata y una de ellas era una vecina mía, Delia (*), y ahí me entero que era una Defensora de Derechos Humanos. Íbamos a las reuniones que se hacían en distintos lugares, a veces en casas de fiestas infantiles. Y ahora me entero, después de 40 años, que era una defensora de los Derechos Humanos, aparte de educadora. 
(*) Hace referencia a Delia Etcheverry quien se comprometió mucho con la búsqueda.

APU: ¿Cómo era un día de Ricardo? 

E.D.: Ricardo, tenía 23 años, estudiaba arquitectura, trabajaba de dibujante en un estudio, hacía el mantenimiento de las máquinas de la tintorería y entrenaba de noche. Se destacaba mucho en el deporte. Se me viene la imagen de Ricardo en un auto en la esquina de la tintorería que iba tapado porque yo le había cosido mal la camiseta de rugby. Formaba parte del equipo que ascendió a primera con el rugby,  viajó mucho. Participó en el diario El Día en un almuerzo con deportistas, estaba Pachamé. Además era hincha de Estudiantes.

APU: ¿Hasta dónde supieron del recorrido de Ricardo? 

E.D.: Una vez en el 78, voy caminando y me para alguien en Plaza Italia y me pregunta qué había de cierto que Ricardo había muerto. Según Página/12, en esa época estaba en el Batallón 601. Pero según los juicios, estuvo en el centro clandestino La Cacha. 
Cuando fui a declarar como testigo al segundo juicio de La Cacha me acuerdo que lloré como una desconsolada y alguien me agarra de la mano y me lleva, era la hija de Adelina. Y Adelina me abraza y me contiene. Era una manera de descargarte. Poner la emoción de saber que están juzgados y el abrazo de Adelina ay, qué lindo.
Una vuelta la llevé mi mamá a Plaza de Mayo, íbamos con Delia, yo manejando, y mi mamá, era la primera vez que iba a Plaza de Mayo. Cuando volvimos, mi mamá estaba furiosa, porque ella pensó que íbamos a entrar a Casa Rosada a acuchillar a Videla. 

APU: ¿Cómo era el rol de tu papá? 

E.D.: El de mi papá, no, mi papá no decía nada. Era reservado. Muy reservado, o sea, no hablaba nada. Me acuerdo haber puteado en el velorio de mi papá, lo puteaba a Videla para descargar el dolor, lo puteaba a Videla porque también pienso que eso también lo mató, primero murió mi papá a los 78 y después mi mamá. Mi papá en el 85 y mi mamá en el 2000. 

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Elena Dakuyaku
Foto: Lorenzo Carranza

APU: ¿Cómo es la cultura japonesa en torno a la figura del desaparecido y en cuanto al culto a la muerte?

E.D.: Ellos hacen un culto del que no está, o sea, de recordarlo constantemente, de homenajearlo con la comida. Cualquier reunión ponen la comida que hacen en el altar y prenden el sahumerio y en las casas los altares que tienen que estar en la habitación principal.

APU: ¿Cómo es el día a día con la ausencia de Ricardo?

E.D.: Hace poco me puse a llorar porque vi unas maquetas de La Cacha.
Me puse a llorar porque es como reconocer que ahí estuvo. Es algo que yo no lo puedo asimilar. Yo tengo que asimilar todos los días esa apuñalada.
El secuestro es vigente, sigue siempre, no se cierra. No hay pasado en Ricardo, está presente, pero la puñalada es eterna. Porque no es solamente Ricardo, es todo, es todo el país, todo el mundo.

APU: ¿Cómo ves el contexto actual?

E.D.: El otro día alguien decía que ya hemos pasado por esto y que vamos a salir, es histórico son ciclos, pero me resulta muy doloroso porque destruir es muy fácil pero construir es ladrillo por ladrillo y esta gente destruye todo de un zarpazo no entiendo.
Me da vueltas por la cabeza porque no entiendo cómo Menem murió en una silla en el Senado, no entiendo cómo Caputo vuelve a ser Ministro de Economía y sigue pidiendo préstamo y que el común de la gente no se dé cuenta que ese préstamo lo pagamos nosotros, el país, el futuro, o sea que no vamos a tener cultura, educación, trabajo, salud, lo básico. Eso lo hacemos entre todos, pero si bien este Caputo que nos endeuda y juega la ruleta, timbea con nuestros recursos, te quedás en un futuro... ¿cómo haces?
Es que es remar contra la corriente con esta gente. Porque se la llevan de arriba.

APU: ¿Vas el 24 a la marcha? ¿Qué sentís cada año?

E.D.: Siempre vamos, siempre vamos. Es emocionante. En la última marcha me parece que nunca vi tanta gente, nunca. Lo que me acuerdo era que íbamos apretados entre la gente y comparaba con la época de la pandemia que vos te alejabas de las personas. En las marchas lo que siempre sentí era que estaba con otro, que yo me podía mirar al otro y sonreírle sin conocerlo, sin nada. En la empatía de haber vivido lo mismo, ¿no? O que capaz no vivimos lo mismo, pero somos solidarios con lo mismo. Que sentimos lo mismo. Es el amor por el otro. Que parece una cursilería, pero es eso. Es el amor por el otro. Eso de seguir tratando de caminar y no poder pero con alegría, con ganas de seguir avanzando.

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Elena Dakuyaku
Foto: Lorenzo Carranza

Adentro de la casa de 8 y 44, ingresando por la tintorería, está el altar en honor a los ancestros. En el Butsudan está la foto de Ricardo junto a las de Yoshi y Shokei. 
Elena cierra las cortinas y prende el sahumerio, nos dice que sirve para purificar y el humo para alimentar simbólicamente al difunto. Nos muestra parte de la ceremonia. 
La foto de Ricardo, llegó después porque su madre lo siguió esperando hasta unos días previos a su fallecimiento. Haberlo puesto antes significaba asumir su muerte, saber que nunca más iba a volver.
Después me muestra la tintorería, las máquinas que mantenía Ricardo, el cajón con los botones de su padre. 
Caminamos entre ropa colgada, Elena prende la plancha a vapor y emana una niebla que queda suspendida en el aire. 
Las veces que le he llevado ropa la veo trabajar, es detallista, fija la mirada en la prenda y capta los roces, los hilos sueltos, el capullo o los huecos que dejan las polillas. 

Pienso que guarda su memoria de la misma manera que protege la ropa. Trabaja con las cicatrices, las cuida, les ofrece calor, las trata con suavidad. Repara la herida con sutileza, con mirada precisa y minuciosa. 
Hablamos del libro Dorayaki, de Durian Sukegawa y me dijo que se identificó con Tokue, la señora que mira y le habla a los porotos cuando hierven. Ella hace lo mismo con las prendas. 
Le dedica a los gestos cotidianos. Conserva de sus ancestros la forma de mirar el mundo. 
Hace un tiempo que la obsesionan las nubes. La maravilla el espectáculo que ofrecen, las siluetas que forman en el cielo y me cuenta sorprendida que por momentos se encuentra en esa situación, como queriendo encontrarle un motivo a esa expresión tan japonesa. 

Le pregunté cuando fue que empezó a poner la foto de Ricardo en la tintorería y me dijo: “Cuando se lo llevaron no lo contaba porque no quería transmitir dolor, hace un tiempo lo muestro porque quiero transmitir memoria”. 

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DOSSIER 24 DE MARZO

Bordadoras en lucha: "La idea era que cada una que bordara un nombre pudiera investigar la historia de ese desaparecido"

22 Marzo 2026

A partir de la consigna “30.000 agujas 30.000 puntadas 30.000 bordados: No me olviden”; se generó la idea de construir un paño con los nombres de los desaparecidos bordados, que unidos, circulará como una víbora en la marcha del 24. La propuesta inicial: convocar hijos, amigos, conocidos, empezó a resonar en todos los rincones del país y del exterior.

El bordado como acción política, con la mirada focalizada en los rostros y nombres que lucharon contra el imperialismo, contra el capitalismo, por un país sin explotados y explotadores. Con plena conciencia de la importancia de la recuperación de las experiencias vitales de lxs desaparecidxs, la propuesta no se cierra el 24 de marzo sino que luego de una exposición en el Museo Etnográfico, que solidariamente se ofreció a recibir los paños y acopiarlos, los bordados irán transitando y recorriendo las provincias. 

Conversamos con María Claro, integrante de “Bordando luchas Buenos Aires”, sobre la convocatoria, sus comienzos, su historia, sus participaciones, porque haciendo eco de su consigna: la historia también se borda. 

AGENCIA PACO URONDO: ¿Cómo se gestó la propuesta? 

María Claro: La propuesta surge hace mucho tiempo, hace como un año y pico que estamos, que decidimos elaborarla. Nosotros somos un grupo de "Bordando luchas", que bordamos desde hace varios años, desde la época de la pandemia. Todo esto surgió  desde la imprenta de Córdoba, donde hubo una propuesta para bordar paños. Es una casa donde funcionó la imprenta del Partido Revolucionario de los Trabajadores. Este lugar es una obra arquitectónica que tiene una bóveda de 8 metros de profundidad y que construyeron compañeros de un barrio. Aquí se imprimió toda la propaganda que iba al norte del país. Es decir, la propaganda del PRT, del ERP, se elaboraba la revista del PRT, libros, volantes.

Después de mucho tiempo de usurpación por parte de los militares, un grupo de compañeros con abogados lograron comprobar que esa casa era de una familia y pudieron recuperarla. Los hijos de esa familia la donaron y la imprenta está ahí. Este es el único lugar que se conserva de la década del 70, que no sea un lugar de la memoria. Es un lugar de la memoria, pero de un partido revolucionario de la época. No es un espacio de memoria como otros espacios de tortura, más allá de que ahí se torturó también en el primer momento. Han venido desde el exterior a verla, hay fotos, hay filmaciones, han colaborado ingenieros y arquitectos para que se pueda bajar a esa bóveda porque había una escalera muy precaria.

Por otra parte, hay museólogos que están trabajando, por ejemplo para que las pintadas de la pared de esa imprenta estén tal cual como estaban en la época. Retomando, ahí se inició, estábamos encerradas en plena pandemia. Hubo una propuesta de ahí de la imprenta, ¿qué hacemos? Unas compañeras muy jóvenes que trabajan en la imprenta propusieron bordar algo y así surgió la idea de bordar determinadas luchas. Cuando se abrió la pandemia, se juntaron los retazos de las distintas personas que participaron en esos bordados y se hizo una manta que está ahí en esa imprenta, en ese espacio que es hoy un espacio de memoria también donde se hacen distintas actividades. A partir de ese momento, que vino a ser el nacimiento de este grupo de “Bordando luchas de ayer y de hoy” decidimos entre todas seguir bordando. 

APU: ¿Cuáles son los distintos colectivos que componen “Bordando luchas de ayer y de hoy"?, ¿tuvieron otras experiencias de acción política que funcionan como antecedentes de esta?

M.C.: Hay compañeras de La Rioja, Córdoba, Buenos Aires, Neuquén, Entre Ríos. Cada una ha bordado distintas mantas relacionadas a los temas específicos y de las luchas específicas de su lugar. Pero también hemos hecho mantas colectivas. Por ejemplo, una manta sobre los 50 años de la masacre de Trelew. Cada manta que hacemos la elaboramos, estudiamos el tema. 

Para los 50 años de Trelew trabajó un grupo de gente que le interesaba el tema e hicimos una manta con 4 partes, la gente de Buenos Aires bordó cuando los compañeros se rinden y dejan las armas; Córdoba bordó la gran asamblea que hubo en el Teatro Entre Ríos con abogados, con familiares de esos compañeros asesinados; después otro grupo de La Rioja, bordó el tema de los femicidios porque tiene que ver con la lucha de hoy. Y Neuquén bordó el tema de los saqueos del agua. 

Ahora hemos estado bordando las luchas del Garraham, del Posadas, de Telam, de los jubilados. Todo eso está bordado. El año pasado nos dedicamos a bordar el tema de Palestina, hicimos una muestra con 60 bordados que hemos hecho en la embajada de Palestina. Además, hemos hecho como 100 agendas bordadas, la tapa con bordados hechos a mano con la temática de Palestina para recolectar dinero para la causa.

La idea de los nombres hace como un año y pico que lo venimos elaborando. Y "30.000 agujas, 30.000 bordados, 30.000 historias: no me olviden” es nuestra consigna. Entre muchas otras actividades por los 50 años del golpe de Estado, nosotros propusimos traer el tema de los nombres de los desaparecidos. ¿Por qué? Porque los queremos visibilizar. Hay algunos que están visibilizados, pero hay otros que nadie sabe que están ni que estuvieron desaparecidos. Y lo más importante de todo es que están los nombres sin saber qué hicieron esos desaparecidos. La idea era que cada una que bordara un nombre pudiera investigar un poco la historia de ese desaparecido. ¿Qué hizo? ¿En qué trabajaba? ¿Cuáles eran sus estudios? ¿Cuál era su familia? ¿En qué organización militaba? ¿Cuáles eran sus raíces? Nuestra idea era traerlos cerca, hablar de ello, investigar sus vidas.

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"La idea era que cada una que bordara un nombre pudiera investigar un poco la historia de ese desaparecido. ¿Qué hizo? ¿En qué trabajaba? ¿Cuáles eran sus estudios? ¿Cuál era su familia? ¿En qué organización militaba? ¿Cuáles eran sus raíces?".

APU: ¿Imaginaron que la propuesta iba a tener este impacto? 

M.C.: Nos encontramos con una recepción muy grande porque en realidad se habla mucho sobre el golpe de Estado, los 30.000 desaparecidos, sobre lo lo que pasó, de los campos de concentración, de todo, pero no se habla de esa historia, de esa parte histórica, digamos, a la que pertenecimos muchos. Yo tengo historia y hay muchas compañeras que tienen otras experiencias históricas, hemos tenido historia en las cárceles y tenemos nuestros compañeros desaparecidos. Yo tengo mi compañero desaparecido. Siempre he estado con el cartelito de él. La idea que construimos entre todas, que elaboramos y definimos es hacer un rollo, como una especie de víbora en la marcha, donde se puedan ver todos los nombres previamente bordados en retazos y unidos donde se puedan visibilizar los nombres y sus experiencias como militantes.

Porque la memoria es la mayor rebeldía contra el olvido. Nosotros no queremos olvidar. Nosotros nos resistimos a eso, a olvidar. Y los queremos traer para que sepan por qué lucharon. Es decir, estaba toda América en pie, había grandes movilizaciones. Había consignas que tenían que ver con las luchas de ese momento contra el imperialismo, contra la violencia estatal, contra la injusticia, la dependencia económica. Los cambios que se buscaban eran estructurales. Fueron períodos de alta movilización. Ya desde el 69 había insurgencia entre los obreros, en los sectores populares, en el sindicalismo, entre los estudiantes. Se luchaba por un país sin explotadores ni explotados. De eso se trata esta propuesta, traer a los desaparecidos, a cada nombre para que se sepa porqué luchaban. Nadie pregunta si son peronistas, si son de izquierdas. 

Por eso esta experiencia tiene una magnitud política e histórica. La participación es como de 100 grupos trabajando de distintos espacios de la memoria, en escuelas, en distintas provincias. Hay grupos de Villa Elisa que se llaman Las Desbordadas. Hay gente de Ecuador que bordó todos los desaparecidos de la Universidad de Derecho de la UBA. Hay compañeras bordando la gente de La Perla. Las uruguayas bordaron todos los uruguayos desaparecidos en Argentina. Las manos chilenas, bordaron todas las chilenas desaparecidas en la Argentina. Y así sucesivamente. Hay gente de Quilmes, del taller de Luis Viale, está Arpillerista de Santiago de Chile, hay gente de Bariloche, Cutralcó, hay otras que se llaman Las del Patio, hay de todos los sectores, están descamisados.

Acá no hay grieta. Está participando gente de Misiones, Brasil, Luján, Zárate. También gente del Colegio Nacional Buenos Aires. Además Lago Puelo, La Plata, Bahía Blanca, no sé, es interminable lo que podemos comentar porque es mucha la gente que participó con muchísima humildad y ganas, con muchísimas emociones. La gente está bordando a sus hermanos, algunos a sus amigos, sus compañeros de lucha, su profesores, sus compañeros de vida, y así sucesivamente. 

APU: ¿Les gustaría agregar algo sobre esta acción militante y política que no estemos teniendo en cuenta?

M.C: Creo que son momentos de resistencia pero también creo que hay debatir mucho en todos los lugares, desde abajo y desde pequeños espacios, correrse de las luchas intestinas de los partidos políticos, ir acumulando poder y acompañar todas las luchas. 
NO OLVIDAMOS 
NO PERDONAMOS 
NO NOS RECONCILIAMOS 
30000 
COMPAÑEROS 
DESAPARECIDOS 
PRESENTE 
HASTA LA VICTORIA SIEMPRE 

* El artículo contiene lenguaje inclusivo. 

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DOSSIER 24 DE MARZO

Bordar la memoria en Quilmes: “Las mujeres estamos haciendo política en las telas”

22 Marzo 2026

“Antes pintábamos paredes, cuando éramos jóvenes. Ahora tenemos como arma la aguja”, reflexiona Adriana Redondo, docente y jubilada, como la mayoría de mujeres que integran Bordado y Memoria, que ella coordina. Es que el bordado, como la poesía, también puede ser “un arma cargada de futuro”. 

Eso lo saben ellas que vienen juntándose a bordar desde hace varios años, y las más de 300 colectivas que se sumaron a la convocatoria de No me olviden: 30000 agujas por nuestros desaparecidos y Bordando luchas de ayer y de hoy, quienes propusieron –a 50 años del golpe cívico militar- bordar los nombres de nuestros compañeros desaparecidos y desaparecidas en pequeños paños, que al ser unidos formarán una extensa bandera que se va a desplegar el próximo 24 de marzo. 

Ellas lo saben: saben de la potencia de la memoria y de la potencia que tienen las mujeres cuando reunidas en ronda se juntan a tejer historias, a hacer historia, a cambiar la historia como nos enseñaron las Madres y las Abuelas, nuestras ancestras. “Es un gran torbellino que va subiendo –dice Viviana Buscaglia, integrante de la Asociación civil Colectivo Quilmes Memoria Verdad y Justicia-. El poder de transformación que tiene el bordado es revolucionario. En estos tiempos en los que los feminismos se replegaron, las mujeres estamos haciendo política en las telas.”

El grupo Bordado y memoria es parte del colectivo Quilmes Verdad Memoria y Justicia. En 2022, a partir de una entrevista a Gabriel Laporte y a Viviana Buscaglia por representantes de la Universidad del Buen Vivir de Colombia conocen a Virgelina Chará, la incansable defensora de los Derechos Humanos. Su voz ha sido faro para las mujeres, para las comunidades afrodescendientes, para las víctimas del conflicto en su país y para quienes creen en la paz con justicia social. Virgelina es directora de la asociación para el desarrollo integral Fundación ASOMUJER y Trabajo y líder de la Unión de Costureros, un grupo de mujeres que hace un llamado por la memoria y por la paz a través de los telares.

A través de Aura Gómez, estudiante de la universidad colombiana, dejó las telas para que el Colectivo quilmeño participara del Arropamiento al Palacio de Justicia. La consigna era bordar en los paños entregados historias relacionadas con derechos humanos y memorias, según relatan los archivos del Colectivo. Se organizó junto a docentes jubiladas de SUTEBA un grupo de bordado y memoria, coordinado por Adriana Redondo –que también es artista plástica- y Leonor Romero. En uno de los paños se bordaron figuras emblemáticas de edificios quilmeños y se hicieron pequeños muñecos que corporizaban a los y las desaparecidas secuestradas en el Pozo de Quilmes. Los paños se enviaron a Colombia. Mary Leyes, otra de las bordadoras, recuerda que allí representaron las luchas de ese momento, por ejemplo, la “iglesia caracol del padre Luis Farinello, que fue lugar de concentración de muchos grupos que actuábamos en política en esa época”.   

Esas fueron las primeras puntadas. “Después seguimos nuestro camino, viendo cómo el bordado crecía más y más como una herramienta de resistencia que se ha multiplicado de manera increíble”, recuerda Adriana. Hubo numerosas reuniones de bordado en el Pozo y en distintas instituciones a las que se fueron sumando estudiantes de escuelas, organizaciones sociales, trabajadoras municipales, familiares de desaparecidos, sobrevivientes.
Siempre con la memoria como eje, se bordaron carpetas con las historias de vida de M. C. Lesterof, Eleonora Vlahovic y Mirta Gerelli –docentes desaparecidas-. Y en marzo de 2024, cuando luego de tres años y cinco meses de audiencias, llegó por fin la sentencia por los delitos de lesa humanidad cometidos en las Brigadas de Banfield, de Lanús con asiento en Avellaneda y de Quilmes, colgaron del balcón del Tribunal Oral Federal 1 de La Plata, las banderas de Memoria, Verdad y Justicia que bordaron durante las jornadas convocadas por la Unión de Costureros.

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Bordadoras Quilmes

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Son casi una veintena de mujeres alrededor de una mesa, entre costureros, almohadillas y agujas. Las manos se multiplican, los dedos se llenan de hilos de colores, de historias de militantes, se impregnan de sus sueños. 
-¿Le habrá gustado el color verde a mi tío? -se preguntaba la sobrina de un militante desaparecido cuando le hizo una bufanda para abrigar al muñeco de tela que lo representaría en una de las banderas bordadas-. No sé qué le gustaba, porque yo era muy chica cuando lo desaparecieron. 
Bordar no es una acción mecánica, sobre todo cuando sale del ámbito individual, íntimo, doméstico. Cuando deja de ser una mujer sola cosiendo en su casa, el bordado se politiza. Nos interpela. Nos cuestiona. Nos lleva a indagar en todo lo que no sabemos. Quién fue esa persona. Quién es ese nombre, cuál era la historia de vida que aparece contorneada entre el punto atrás y el punto tallo. 

“El bordado genera un espacio de diálogo entre la persona que borda y eso que está siendo bordado –explica Adriana-. Siempre se busca la historia del desaparecido/a del nombre que se está bordando, qué cosas le gustaban, qué sentían, entramos en su vida y en cada enlazada vamos sujetando, de alguna manera, el amor por esa persona que tanto luchó”.

Pero también el bordado lleva a descubrir algunas facetas de la vida de militantes que por prejuicios de época no pudieron ser dichas y pueden recuperar su identidad de género, como sucedió con un militante al que en su nombre le agregaron la bandera LGBTIQA+. “Esas microhistorias que se van gestando, dice Viviana, que va a aparecer por primera vez con su identidad plasmada en una bandera. Lo que estaba en el olvido, vuelve, y se retroalimenta.”

Se trata de sostener la memoria de las y los desaparecidos y además de seguir buscando a les niñes apropiados, como es el caso de Rosita, la beba que nació en el Hospital de Quilmes, hija de Silvia Isabela Valenzi que estuvo secuestrada en el Pozo, después se la llevaron al de Bánfield y continúa desaparecida. 
Mabel Coutada bordó también los nombres de sus hermanas sobre un lienzo blanco: Myriam "Mirita" Susana Coutada Lagrutta y Norma "Lluvia" Horizontina Coutada. Myriam estaba embarazada de alrededor de siete meses cuando fue secuestrada de su casa en Zárate la noche del 15 al 16 de octubre de 1976. Se cree que fue llevada al centro clandestino de detención de Campo de Mayo. Mabel continúa la búsqueda de sus hermanas en las instancias judiciales desde el retorno de la democracia, y busca también a su sobrino o sobrina, probablemente nacido durante el cautiverio de Myriam.  

Estas historias demuestran lo importante que es, como dijo Adriana, “hacer visible lo que fue el genocidio en Argentina, que no es algo que se puede olvidar, dejar de lado, porque muchas de las cuestiones que se dieron durante la dictadura se extienden hasta nuestros días”. 
Por eso ellas bordan, siguen bordando, tercas, empecinadas, con la persistencia de la memoria que los hace aparecer, una y otra vez.