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Subordinación a EE. UU. por Malvinas, crónica de un fracaso anunciado

02 Abril 2026

En los últimos meses viene circulando con cierta fuerza una idea que, a primera vista, suena a realismo geopolítico. Un referente histórico del peronismo (nota del editor: Guillermo Moreno) que alguna vez supo ganarse el cariño de todos los compañeros viene planteando que la única manera de recuperar Malvinas es subordinarse a Estados Unidos. Según su lectura, hoy existe una fricción geopolítica de alto voltaje entre Washington y Londres, y esa grieta terminaría favoreciéndonos. El precio, claro, podría ser bastante alto, aceptar una base yanqui en las islas. Aunque para este referente eso sería un costo aceptable.

Suena audaz. Pero hay un problema: este libreto ya lo vimos. Y terminó muy mal.

Porque no es la primera vez que la Argentina apuesta a subordinarse a la potencia del norte creyendo que, a cambio, nos dará una mano en el Atlántico Sur. Quienes tenemos memoria histórica recordamos el papel de la dictadura cívico-militar en la previa de la guerra de Malvinas. Aquel experimento de alineamiento automático con Estados Unidos no nos trajo soberanía: nos trajo 649 muertos, una derrota militar y la ocupación británica más consolidada que nunca.

La dictadura y el error de cálculo

El gobierno militar que tomó el poder en 1976 no solo ejerció el terror de Estado. También desmanteló cualquier política exterior autónoma. El programa económico de Martínez de Hoz significó una subordinación estructural: apertura indiscriminada, desendeudamiento productivo y una deuda externa que pasó de 7.000 millones de dólares a más de 45.000 en 1983. Pero lo que más nos interesa ahora es la estrategia diplomática: los jerarcas militares creyeron que, por perseguir “enemigos internos” y jugar el rol de guardián del Atlántico Sur, Washington les iba a deber una.

Cuando planificaron la recuperación de Malvinas, lo hicieron con un cálculo que hoy parece de una ingenuidad criminal. Diseñaron la Operación Rosario con un plan D+5: ocupaban las islas y a los cinco días retiraban las tropas, convencidos de que Gran Bretaña no iba a responder militarmente y que Estados Unidos, por el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), los respaldaría.

Se equivocaron en los tres puntos clave.

El gobierno de Margaret Thatcher, azuzado por los mandos de la Royal Navy, que también estaban desesperados por una guerra (necesitaban validar ante su pueblo el enorme gasto en el que habían incurrido para equipar y modernizar a su flota de superficie), se encontraba en ese momento en una crisis social y económica gigantesca, y utilizó la guerra para consolidar su liderazgo. No hubo “no respuesta”. Hubo una flota cruzando el Atlántico.

Y Estados Unidos, lejos de apoyarnos, jugó a fondo para favorecer a Londres. El secretario de Estado Alexander Haig llevó adelante una “mediación” que, en los hechos, sirvió para que los británicos ganaran tiempo y desplegaran sus fuerzas. Jeane Kirkpatrick, embajadora ante la ONU, fue lapidaria años después: “Los argentinos nunca comprendieron cuán estrechas eran las relaciones entre Estados Unidos y el Reino Unido, no solamente por razones históricas sino porque además Ronald Reagan y Margaret Thatcher eran amigos personales desde antes de llegar al poder”.

El 3 de abril de 1982, Estados Unidos votó a favor de la Resolución 502 del Consejo de Seguridad, que condenaba a la Argentina. Ni el TIAR ni la “amistad” con la dictadura pesaron más que la alianza central con Londres. La potencia hegemónica priorizó sus intereses estructurales: la OTAN, su socio principal en Europa, y la cohesión del mundo occidental en plena Guerra Fría. Resultado. EE. UU apoyó a los británicos no solo diplomáticamente sino con inteligencia, combustible, misiles y armamento de todo tipo.

¿Y hoy existe una disputa estratégica entre Washington y Londres?

El argumento del referente actual es que ahora la situación cambió. Hay tensiones comerciales, el Brexit reconfiguró la relación, China mete presión. Y entonces, la Argentina podría aprovechar esa grieta para que Estados Unidos nos “premie” con la recuperación de Malvinas.

Suena atractivo. Pero ignora un dato de la realidad: para Washington, Londres sigue siendo su aliado privilegiado. La base militar estadounidense en el archipiélago no sería una concesión a la Argentina, sino una consolidación de la presencia angloamericana en un punto clave para controlar el Atlántico Sur y la Antártida. Ofrecer subordinación a cambio de una base no es una negociación soberana: es entregar territorio para que otro ejército se instale, y encima llamarlo “oportunidad”.

El dato que desarma la teoría de la “grieta”: lo que está pasando ahora con Irán

Si alguien todavía cree que existe una fractura insalvable entre Estados Unidos y Reino Unido, basta con mirar lo que viene sucediendo desde febrero de 2026 en el conflicto con Irán.

Cuando Estados Unidos e Israel lanzaron su ofensiva contra la república islámica el 28 de febrero, el gobierno de Keir Starmer inicialmente se mostró reticente. Starmer declaró en el Parlamento que su gobierno “no cree en el cambio de régimen desde el aire” y se negó a involucrar al Reino Unido en acciones ofensivas. Donald Trump reaccionó con furia: “Este no es el Winston Churchill que estamos tratando”, disparó, y lamentó que la relación especial “ya no es lo que solía ser”.

Pero duró poco. A los pocos días, Starmer dio marcha atrás. El gobierno británico autorizó a Estados Unidos a utilizar sus bases militares para atacar objetivos iraníes. Las instalaciones de RAF Fairford en Gloucestershire y la base de Diego García en el Océano Índico —esta última de soberanía compartida— quedaron a disposición de la Fuerza Aérea estadounidense para operaciones “defensivas” destinadas a degradar los sitios de misiles iraníes que amenazaban el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz.

El propio Starmer salió a defender la decisión con una frase que debería quedar grabada en quienes especulan con un quiebre angloamericano: “Aviones estadounidenses están operando desde bases británicas. Esa es la relación especial en acción”. Y agregó: “Aviones británicos están derribando drones y misiles para proteger vidas estadounidenses en Medio Oriente en nuestras bases conjuntas. Esa es la relación especial en acción, compartiendo inteligencia cada día para mantener a nuestra gente segura”.

Pero el dato más revelador de todos es el que pocos medios difundieron: a mediados de marzo, el submarino nuclear británico HMS Anson abandonó abruptamente una base en Australia Occidental donde estaba realizando maniobras de mantenimiento en el marco del acuerdo AUKUS. Su destino, según analistas, fue el Golfo Pérsico. Un periodista especializado resumió la situación con crudeza: “La pregunta no es adónde fue, sino por qué ese submarino específico tuvo que ser retirado de Australia. La respuesta es que no había otra opción”. La Royal Navy, se reveló, no tiene suficientes submarinos desplegables para cumplir simultáneamente con sus compromisos en el Indo-Pacífico (AUKUS) y las demandas operativas del conflicto con Irán junto a Estados Unidos.

¿Qué significa esto en términos geopolíticos? Que cuando Washington necesita a Londres para un conflicto de alta intensidad en un punto neurálgico como el Golfo Pérsico, el Reino Unido redirige sus activos más valiosos —incluso si eso implica dejar momentáneamente en suspenso otros compromisos internacionales. No hay “grieta” que valga. La alianza estructural se activa automáticamente.

Así que cuando un referente político argentino nos dice que “hay una fricción geopolítica de alto voltaje” entre Estados Unidos y Reino Unido y que Argentina puede aprovechar esa grieta para recuperar Malvinas, la evidencia empírica de las últimas semanas sugiere exactamente lo contrario: la relación especial no solo sigue intacta, sino que se activa a máxima potencia cuando hay intereses estratégicos de fondo en juego. Y si en 1982 Estados Unidos priorizó su alianza con Londres por sobre el TIAR y sus relaciones hemisféricas, hoy repite el mismo patrón con una consistencia que debería ser una advertencia para quienes sueñan con una nueva subordinación.

Antes de la dictadura había otra política exterior

Vale la pena recordar que la Argentina no siempre fue un país que se arrastraba detrás de Estados Unidos. Juan Domingo Perón desarrolló una política exterior soberana y antiimperialista que puso a Malvinas y la Antártida en el centro de la conciencia nacional por un lado y por otro apuntaba a la integración sudamericana, en particular con Brasil y Chile. En 1946, un decreto obligó a que todos los mapas argentinos incluyeran las islas y el continente blanco como parte del territorio. En 1947, la Comisión Nacional del Antártico declaró que no se reconocería ninguna demanda extranjera sobre tierras que la historia, la geografía y el derecho justificaban como argentinas. Argentina fue pionera en reclamar derechos sobre la plataforma submarina. Y, junto con Chile, realizó expediciones conjuntas para marcar una visión regional común.

La dictadura no inventó la causa Malvinas. Simplemente la hizo retroceder con su derrota y su lógica entreguista. Pero la causa es anterior y posterior al Proceso. La democracia que nació en 1983 cometió el error de la “desmalvinización”: para distinguirse de los militares, y también se distanció de Malvinas. Eso debilitó la política de Estado que durante décadas había sostenido el reclamo soberano.

No repitamos los mismos errores del 82

Ahora, cuando algunos proponen volver a subordinarse a Estados Unidos como si fuera un atajo geopolítico, estamos ante un déjà vu peligroso. La dictadura creyó que su entrega le compraría favores. Terminó aislada, derrotada y con la turba malvinera más lejos que nunca.

Hoy la Argentina tiene herramientas que en aquel entonces no tenía: una tradición diplomática que supo ser autónoma, organismos internacionales donde la cuestión Malvinas sigue teniendo respaldo, y un mundo multipolar donde no todo pasa por Washington. Además, estamos viviendo un cambio de época, la remalvinización de los últimos años en la sociedad argentina nos posibilita pensar en otras opciones. Apostar a la subordinación no es realismo: es repetir los errores de quienes ya pagaron el costo más alto.

Por eso, cuando alguien nos dice que la única salida es entregar una base yanqui en las islas y alinearnos con Estados Unidos, vale la pena preguntarnos: ¿no fue eso exactamente lo que intentó la dictadura? ¿No nos advirtió la historia que ese camino no lleva a la recuperación de la soberanía, sino a su hipoteca?

La soberanía sobre Malvinas no se recupera con servilismo. Se construye fortaleciendo las capacidades de defensa nacionales, con multilateralismo, con unidad regional y con una política de Estado que, a diferencia de los militares de 1982, no confunda la sumisión con la estrategia. Subordinarse a los EE. UU suena tentador, es un canto de sirenas y es lo más fácil de hacer, pero el espejo de la historia nos muestra el naufragio que espera a quienes lo siguen.

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Malvinas: memoria, lucha y decisión política

02 Abril 2026

El 2 de abril no es una fecha más en el calendario. Remite a una memoria viva, a una herida abierta que expone, año tras año, una de las deudas más profundas de la Argentina: la cuestión de la soberanía.

Malvinas no constituye un episodio aislado ni una página cerrada de la historia. Se trata de una causa nacional que expresa un conflicto de larga duración, atravesado por disputas en torno al control del territorio, los recursos y la proyección estratégica de la Argentina en el Atlántico Sur. En este sentido, no refiere únicamente al pasado, sino también al presente y al futuro.

La guerra de 1982 fue, sin dudas, un hecho trágico: una confrontación desigual, marcada por errores y por un alto costo humano. Sin embargo, reducir la cuestión Malvinas a ese episodio implica limitar su alcance. El conflicto es anterior y más profundo, vinculado con la historia nacional, la construcción de identidad y el derecho de un Estado a ejercer soberanía sobre su territorio.

En este marco, los soldados que participaron del conflicto no pueden ser pensados únicamente como víctimas del Proceso de Reorganización Nacional. También fueron protagonistas de una experiencia atravesada por la entrega, el compromiso y el sentido de pertenencia. Su reconocimiento forma parte de una memoria activa que resulta necesaria para comprender la complejidad del proceso histórico.

Por otra parte, la presencia británica en el Atlántico Sur constituye una situación colonial vigente. No se limita a la ocupación de las islas, sino que involucra el control de espacios marítimos, recursos naturales y posiciones estratégicas con proyección hacia la Antártida. De este modo, la cuestión interpela el lugar de la Argentina en el escenario internacional.

Durante años, distintos procesos contribuyeron a desplazar el tema de la agenda pública, en lo que se ha denominado como desmalvinización. Esto implicó, en muchos casos, un debilitamiento del debate en torno a la soberanía y una desvinculación entre la causa y la sociedad. Frente a esto, resulta central recuperar el conocimiento y la reflexión crítica, ya que no es posible defender aquello que no se conoce.

En consecuencia, la cuestión Malvinas requiere más que conmemoraciones. Supone formación, conciencia y una estrategia sostenida en el tiempo. Implica articular memoria e historia, y sostener políticas que trasciendan coyunturas, consolidando una perspectiva de largo plazo.

Así, la disputa no se reduce a un reclamo territorial, sino que involucra la posibilidad de construir una Nación con autonomía, capacidad de decisión y proyección propia.

La soberanía, en este sentido, no es solo un concepto: es una práctica que se construye.

*El autor es estudiante ISP Dr Joaquín V. Gonzalez. IG @historiaconhistoriadores

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    Lanzan una campaña para denuncias casos de torturas en Malvinas
    Foto: Télam

Los Tratados de Paz por la Guerra de las Malvinas

02 Abril 2026

Fragmento de Catedra Nacional: Homenaje a Julio González, secretario Técnico durante el gobierno de Isabel Perón

¿Qué objetivos se persiguieron con todas las atrocidades consumadas con feroz ensañamiento durante esos años del Proceso? Dos textos británicos nos traen al respecto datos muy precisos y altamente esclarecedores:

El primero lo encontramos en la obra del profesor Harry S. Ferns de la Universidad de Brimingham (Inglaterra) titulada Argentina (Sudamericana, 1973) Allí leemos que el autor con toda la frialdad calcula y determina los métodos que deben emplearse para arrasar con la Argentina levantada por Perón y que es la antítesis de la “Argentina británica” que plasmó el Tratado Anglo-Argentino del 2 de febrero de 1825. Ferns señala que el método es éste:

Como no sea mediante una guerra civil devastadora, resulta difícil imaginar cómo puede deshacerse la revolución efectuada por Perón”.

El segundo lo hallamos en el Informe de Lord Franks que se publicó durante la Guerra de Malvinas y es una sinopsis de la Inteligencia británica sobre nuestro país que arranca del año 1965. En ese informe leemos lo siguiente:

Enero 22, 1976: los comandantes del Ejército y la Armada son contrarios a aprobar cualquier medida militar susceptible de facilitar el mantenimiento en el poder de régimen de la Señora de Perón. SI bien es posible que se establezca una corta tregua, es previsible la toma de nuevas medidas (por parte del gobierno peronista) contra los intereses británicos bajo forma de un aumento de presión hostil, tanto política como económica”.

Con estos dos textos las finalidades del 24 de marzo del ’76 aparecen con meridiana claridad. A través de una muy buena aplicación de la “inducción británica” los conductores de la Fuerzas Armadas Argentinas, singularizados nada más que por el espectro subversivo, cumplieron objetivos que únicamente beneficiaron al mundo anglosajón:

  1. Derrocaron al gobierno constitucional que terminaba de instalar un gabinete económico que, integrado por figuras consulares de las Fuerzas Armadas, se aprestaba a realizar planes económicos opuestos a los que Gran Bretaña y los intereses domiciliados en ese país habían trazado para aplicar en la República Argentina.

  2. Destruyeron el Estado de Derecho, cuyo gobierno constitucional había enfrentado al terrorismo ejecutando contra él una “defensa limpia” a través de la normatividad jurídica. En lugar de esto se instauró un “régimen de terror” de bestial arbitrariedad al que se denominó “guerra sucia”. Con este proceder, Fuerzas Armas y Terrorismo se ubicaron en el mismo plano. Los resultados fueron iguales a los de la “guerra civil devastadora” programada por la Inteligencia Británica y referida en el libro de Harry S. Ferns que hemos analizado antes.

  3. Diezmaron a las Fuerzas Armadas y a la juventud. Las vocaciones militares declinaron aceleradamente. Lo propio ocurrió con la actividad política que cesó por completo. Un trauma psíquico de decepción moral se generalizó por todas partes. Esto caló muy hondo en las nuevas generaciones que debían iniciarse en la vida pública.

De esta cuestión decisiva, nunca difundida y siempre silenciada, el autor, en su carácter de Secretario Técnico de la Presidencia de la Nación – periodo constitucional 1973/76- fue protagonista y testigo. Afirmo que el 24 de marzo de 1976 el secuestro y destrucción del gobierno peronista en todo el país fue instigado e impulsado por los intereses británicos y sus adláteres de la oligarquía exportadora y financiera. Se repitió lo de 1955…

Al consumar la desaparición del Estado de Derecho y de su gobierno constitucional, las Juntas Militares se adjudicaron la suma de los poderes públicos. Con esto el “Proceso” impuso un silencio mordaza. Esto permitió que actos como la Guerra de las Malvinas fueran consumados sin consultar en ningún momento a prestigiosos catedráticos y estudiosos, civiles y militares, especializados y experimentados en la política exterior que Gran Bretaña había llevado a cabo en la República Argentina desde hacía más de dos siglos. De la misma manera la Deuda Externa concertada fraudulentamente contra la Nación Argentina, le fue adjudicada al país con la metodología del silencio y con la persuasión de la “desaparición” para quienes intentasen escarbar en estas cuestiones.

La Guerra de Malvinas fue una guerra internacional intensamente cruenta a la cual los comunicados de la Junta Militar de la Argentina paradójicamente se empeñaban en denominar “conflicto”. Esta guerra se prolongó desde el 2 de abril hasta el 14 de junio de 1982. En esta fecha las fuerzas inglesas derrotaron completamente a las fuerzas argentinas de soldados bisoños que se batieron con heroísmo, con dignidad, con honor y sin material adecuado frente a un enemigo que en ningún momento ocultó su ferocidad y salvajismo. Ferocidad y salvajismo que se concretaron en fusilar y torturar a indefensos prisioneros de guerra argentinos. La Republica Argentina vencida por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte quedó desde entonces sometida a la Ley del Vencedor.

Vencer a la República Argentina en la Guerra de Malvinas era el hecho internacional que Gran Bretaña necesitaba para imponernos los Tratados de Madrid del 15 de febrero de 1990, de Londres del 11 de diciembre de 1990 (ratificado por Ley 24184) y para que se firmara el Tratado de Washington con los Estados Unidos del 14 de noviembre de 1991 (ratificado por Ley 24124). Sin guerra previa no había causa para los tratados de paz, que tienen términos tan leoninos como los que impuso a Alemania el Tratado de Versailles de 1918 al término de la Primera Guerra Mundial.

La Deuda Externa que desde el 25 de mayo de 1973 hasta el 24 de marzo de 1976, en lo que respecta al sector público, se mantuvo invariable en la suma de 5189 millones de dólares, al finalizar el gobierno del “Proceso” ascendía aproximadamente a 44438 millones de dólares. Es importantísimo destacar que de esa suma solamente ingresaron a las arcas del Tesoro Nacional aproximadamente 5200 millones de dólares; es decir, apenas la décima parte. La cantidad restante contabilizada como Deuda de la Nación Argentina tiene, entre otras, estas causas: capitalización de intereses móviles que se pactaron, nunca se pagaron y volvieron a refinanciarse, leoninos intereses punitorios que se pactaron y luego se novaron capitalizándose. La estatización de los pasivos de bancos, financieras y empresas fallidas que principió con la gestación del Dr. Domingo Cavallo –exministro de Economía- cuando era presidente del Banco Central durante el gobierno del “Proceso”. La Republica Argentina quedó desde entonces sometida a la Ley del Acreedor.

De esta manera, el gobierno británico vencedor en la Guerra de Malvinas y los intereses de los acreedores de la Deuda Externa, que en su mayor parte son bancos domiciliados en Inglaterra y en los Estados Unidos, constituyen desde entonces el verdadero poder que gobierna a la República Argentina.

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    Foto: Noelia Guevara

Malvinas, escuela, nacionalismo y después

02 Abril 2026

Hace 15 años empecé a trabajar como maestro, todavía recuerdo el primer acto por Malvinas que me tocó presenciar con un grupo de niños a cargo. Al himno nacional le siguió otro. Era la Marcha de las Malvinas. No pude cantarlo. No solo no conocía su letra, no lo había escuchado mis anteriores 15 años de educación obligatoria.

Si bien realicé mi formación obligatoria en escuelas privadas y soy generación 89`, Malvinas y su entorno se susurra aún hoy se susurra con vergüenza tal como se hiciera en “La salud de los enfermos” de Julio Cortázar. Los últimos años de estado presente, trajeron la causa Malvinas a la conversación pública desde distintos dispositivos y sin dejar de reclamar soberanía ante los organismos internacionales pertinentes. No obstante, la educación sentimental reciente también tiró por el sumidero toda la constelación de estrellas que se articularon con patriotismo, nacionalismo y tradición por lo cual, a partir de un mismo movimiento, los himnos y todo lo que se sirviera a la mesa con dictadura era indigerible.

¿Por qué muchos prefieren no hablar de Malvinas? ¿Cuánto de su suerte se jugó al haber sido el corolario público de la violencia privada?

Quizás haya que correrse apenas de la escena más evidente —la guerra, la dictadura, la derrota— para ver cómo Malvinas aparece, no como resto del pasado sino como signo disponible para el presente. Porque si durante años fue un nombre dicho en voz baja, hoy vuelve a pronunciarse con otra entonación, subido a la ola de las novedades geopolíticas de los últimos años. En un mundo que abandona lentamente la ilusión de un orden unipolar y donde las disputas por territorios, recursos y soberanía vuelven a ocupar el centro de la escena, Malvinas deja de ser una anomalía lejana para convertirse en una pieza inteligible dentro de un tablero más amplio.

No es casual, entonces, que la causa recupere densidad en este contexto. Hay algo del clima de época que la vuelve nuevamente decible. Pero esa reaparición no es neutra ni homogénea: llega también atravesada por un reacomodamiento de las tradiciones políticas locales. En particular, por un giro —por momentos telúrico— que el peronismo experimenta después de la derrota. Como si, frente a la intemperie, ciertos núcleos duros de la identidad política volvieran a activarse, no ya como repetición sino como búsqueda de anclaje.

En ese movimiento, Malvinas aparece como una superficie de inscripción privilegiada. Una causa que permite articular soberanía, pueblo, nación, pero también agravio, pérdida y deuda histórica. Sin embargo, el riesgo es que ese retorno se produzca en clave reactiva, más como refugio que como elaboración. Como si bastará con invocar el nombre para suturar lo que en realidad sigue abierto.

Pero hay otra fricción menos evidente y, sin embargo, decisiva. Malvinas no sólo tensiona a la política: incómoda también a cierto progresismo pedagógico que, con buenas razones históricas, se constituyó en clave antibelicista y con un horizonte cada vez más globalista. Una pedagogía que aprendió —a fuerza de tragedia— a desconfiar de los relatos nacionales cerrados, de las épicas militares, de los símbolos que ordenan sin dejar lugar a la pregunta. En ese registro, Malvinas irrumpe como un cuerpo extraño: ¿cómo sostener una causa territorial sin recaer en lógicas que esa misma tradición crítica buscó desarmar?

La incomodidad no es menor, porque lo que entra en juego ahí es algo más profundo que un contenido curricular: es la propia matriz de sentido desde la cual la escuela viene pensando su tarea en las últimas décadas. Y, sin embargo, Malvinas toca una fibra aún más íntima del dispositivo escolar. Porque la escuela moderna —en Argentina y en buena parte del mundo— no fue sólo una institución de transmisión de saberes, sino una maquinaria de producción de nación. Un espacio donde se aprendía a nombrar un “nosotros”, a inscribirse en una historia común, a reconocer símbolos compartidos.

En ese cruce, la escena se vuelve especialmente compleja. Por un lado, una tradición pedagógica que busca abrir, problematizar, desnaturalizar. Por otro, una causa que convoca a cerrar filas, a afirmar pertenencia, a sostener un reclamo. Entre ambas, la escuela oscila, a veces sin encontrar un punto de apoyo. O bien se refugia en el silencio elegante de lo no dicho, o bien recurre a una liturgia que repite sin convicción

Quizás el desafío consista en no elegir entre una cosa y la otra, sino en habitar la tensión. En aceptar que Malvinas no encaja del todo en ninguno de los marcos disponibles y que, justamente por eso, puede volverse una oportunidad pedagógica singular. No para reconciliar lo irreconciliable, sino para poner en juego preguntas que incomodan: ¿es posible un nacionalismo democrático? ¿Puede pensarse la soberanía sin épica militar? ¿Cómo enseñar una guerra sin glorificar ni diluirla en abstracciones?

Volver sobre Malvinas, entonces, no es simplemente recuperar un tema ausente, sino revisar las categorías con las que venimos pensando la relación entre escuela, nación y política. Es interrogar esa herencia que, en nombre de evitar el autoritarismo, a veces termina desarmando cualquier forma de autoridad simbólica. Y es, también, resistir la tentación de una posición acrítica que, en nombre de la identidad, clausure la reflexión.

Entre el silencio de ayer y la afirmación apresurada de hoy, hay un espacio que todavía no terminamos de habitar. Un espacio donde Malvinas no sea ni un tabú ni un eslogan. Donde pueda ser pensada en su doble condición: causa legítima y acontecimiento trágico. Donde el reclamo de soberanía no oculte las responsabilidades políticas de quienes condujeron al país a una guerra desigual, pero tampoco quede capturado por esa misma condena. Quizás, entonces, empezar a hablar de Malvinas de otro modo implique aceptar que no hay forma de hacerlo sin incomodidad. Pero también que en esa incomodidad se juega algo más que una memoria: se juega la posibilidad de que la escuela vuelva a ser un lugar donde la nación no se impone ni se disuelve, sino que se piensa.

El autor es docente y ensayista

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La memoria y la desmalvinización en la escuela

02 Abril 2026

Hace un tiempo que me encuentro indagando sobre las disputas de la memoria en las escuelas cuando se conmemora una efeméride nacional. Las propuestas pedagógicas en torno a recordar tal fecha se vuelven determinaciones políticas que reflejan formas de pensar y sentir nuestra ciudadanía.

En este sentido, a más de cuatro décadas de aquel 2 de abril de 1982, la enseñanza de Malvinas en la escuela media continúa fragmentada, superficial y, en muchos casos, desligada de su dimensión central: la disputa por la soberanía. La construcción de memoria sobre Malvinas, particularmente sobre los veteranos, privilegió un abordaje emotivo por sobre uno histórico-político. De esta manera, se recuerda a los combatientes y a los caídos pero sin inscribir sus experiencias bélicas y heroicas en el marco más amplio del conflicto geopolítico y colonial, que recordemos: aún persiste.

Es inevitable no relacionar las prácticas de la memoria que se realizan en cuanto a los veteranos a la desmalvinización. El aporte de esta definición conceptual fue dado por el sociólogo francés Alan Rouquie en un reportaje a Osvaldo Soriano, para la revista Humor, en marzo de 1983: "Quienes no quieren que las fuerzas armadas vuelvan al poder tienen que dedicarse a ‘desmalvinizar' la vida argentina. Eso es muy importante: desmalvinizar. Porque para los militares las Malvinas serán siempre la oportunidad de recordar su existencia, su función y, un día de rehabilitarse.” Está idea caló profundo en la postguerra, se asimiló las Malvinas directamente con la dictadura genocida y se la caracterizó como una aventura bélica inconsciente , decidida por un general loco. De esta forma, los combatientes fueron estigmatizados, separados de esta causa soberana y llevados al espacio de la culpabilización. ¿Es posible honrarlos cómo héroes nacionales si la narrativa desmalvinizadora los coloca en un lugar de victimización? ¿Acaso corresponde seguir refiriéndonos cómo “chicos de la guerra”? Esta narrativa los aísla del hecho en sí: defendieron intereses nacionales frente a una potencia invasora y colonial. En una guerra estratégicamente mal planteada, con más de un enemigo internacional y totalmente desigual. En un contexto político y nacional atroz.

La cuestión de la desmalvinización en la Argentina no puede pensarse como un fenómeno exclusivamente vinculado al retorno de la democracia en 1983, ni como una etapa superada por los distintos gobiernos posteriores. Por el contrario, si se observa el lugar que ocupa la causa Malvinas dentro del sistema educativo, es evidente que no se produjo una transformación estructural que la ubique como una verdadera causa nacional. En este sentido, la desmalvinización se podría problematizar no como residuo del pasado autoritario, sino cómo un elemento persistente dentro del propio Estado democrático.

En la mayoría de las reivindicaciones escolares del 2 de abril, los veteranos suelen ser representados como figuras heroicas atravesadas por el sufrimiento, o incluso como víctimas de la dictadura, lo que no es incorrecto, pero resulta insuficiente. Así, se construye una memoria que omite el eje fundamental de la soberanía nacional.

En este punto, resulta necesario aclarar que la crítica a la conducción militar de la guerra no invalida la legitimidad del reclamo soberano. Sin embargo, en el discurso escolar y público, muchas veces, ambas dimensiones aparecen confundidas, contribuyendo a una lectura simplificada y reduccionista que favorece la desmalvinización.

Entonces, la falta de una política educativa sostenida que aborde la causa Malvinas como un contenido central de la educación, revela una omisión significativa del Estado democrático. No se trata solo de recordar, sino de enseñar y problematizar. En definitiva, nadie puede identificarse ni defender aquello que desconoce. Si los estudiantes no acceden a una comprensión profunda de la historia de Malvinas, de su carácter colonial y de su relevancia en términos de soberanía, difícilmente puedan construir una conciencia crítica.

Las prácticas conmemorativas son reflejo concreto de cómo se construye la memoria colectiva. Cuando estas instancias se presentan desligadas de la causa Malvinas, terminan vaciando de contenido tanto a los hechos históricos como a quienes participaron en ellos. Así, los héroes y caídos dejan de ser sujetos de una causa nacional para convertirse en figuras abstractas, atrapadas en una narrativa que privilegia el sentir pero elude el conflicto de fondo.

En definitiva, repensar la enseñanza de Malvinas implica batallar contra el discurso desmalvinizante y problematizar cómo le llega a los estudiantes la causa Malvinas. Solo de este manera será posible superar las limitaciones de una memoria desmalvinizada y avanzar hacia una construcción más crítica, informada y comprometida con la historia nacional. Por lo que es fundamental malvinizar a las futuras generaciones. Aquello no es sólo memoria, sino justicia patriótica.

La autora es docente. Estudiante del ISP Dr Joaquín V. González.

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Las mujeres en Malvinas: memoria, soberanía y pensamiento Nacional

02 Abril 2026

"Ni la fuerza de las armas, ni la política, ni el poder de los imperios podrá jamás quitarnos un derecho que la naturaleza nos ha dado."

Manuel Belgrano

La naturaleza nos dió un derecho que ningún imperio puede quitar. Por ello, en 1982, hombres y mujeres pusieron el cuerpo para defender ese mandato. La Guerra del Atlántico Sur de 1982 suele narrarse desde una lógica estrictamente masculina y profesional-militar. Sin embargo, desde la perspectiva del Pensamiento Nacional, la causa Malvinas es una causa popular y multidimensional. En este marco, la participación femenina como instrumentistas quirúrgicas, enfermeras, voluntarias y familiares, no fue un hecho periférico, sino, un pilar de la resistencia moral y el sostenimiento afectivo de la nación en armas.

La presencia de mujeres en el conflicto no fue una excepción, sino una realidad técnica y humanitaria. Trece enfermeras civiles de la Fuerza Aérea, instrumentistas del Ejército y enfermeras de la Marina cumplieron tareas críticas en el hospital reubicable de Comodoro Rivadavia y en buques como el Almirante Irízar. Su labor trascendió la medicina; se convirtieron en el último nexo entre el combatiente y su hogar. Como señala el testimonio de Alicia Reynoso, una de las enfermeras de la Fuerza Aérea:

"Nosotras no solo curamos heridas de esquirlas; curamos el alma de esos chicos que volvían del frente. Éramos la voz de la madre, de la hermana, de la novia que ellos habían dejado en el continente".

La Retaguardia: El sostenimiento espiritual y civil.

Fuera de la zona de combate directa, miles de mujeres argentinas articularon una red de apoyo que el revisionismo histórico define como la "patria organizada". Por ejemplo:

El voluntariado y las cartas: miles de mujeres se volcaron a las escuelas y centros comunitarios para tejer prendas de abrigo y escribir cartas a soldados desconocidos. Esta labor, a menudo subestimada como "doméstica", fue en realidad una operación de guerra psicológica inversa donde mantenía alta la moral del combatiente al recordarle que el pueblo entero estaba detrás de él.

La retaguardia fue el lugar del aguante silencioso. El pensamiento nacional destaca que la familia es la célula básica de la comunidad organizada; en 1982, las madres argentinas se convirtieron en el símbolo de la entrega, soportando la incertidumbre y, más tarde, el dolor del duelo con una dignidad que se transformó en bandera política.

Malvinas y el Pensamiento Nacional

Desde la óptica de autores como Arturo Jauretche o Raúl Scalabrini Ortiz, la comprensión de los hechos nacionales requiere despojarse de las "zonceras" que nos impone una visión colonial. Una de esas "zonceras" es creer que la soberanía es solo un mapa. La soberanía es, ante todo, una construcción cultural y social. La mujer argentina, al sostener el reclamo de soberanía y al abrazar a los veteranos en el proceso de "desmalvinización" posterior, ejerció un acto de resistencia cultural. El pensamiento nacional nos enseña que lo que no se recuerda, se pierde. Por ello, la mujer es custodia de la memoria viva.

Durante décadas, el rol femenino fue invisibilizado bajo un manto de olvido estatal. Esta invisibilización forma parte de lo que el revisionismo histórico identifica como la alienación de la propia historia. Reivindicar a las veteranas es, en esencia, un acto de justicia histórica que completa el rompecabezas de nuestra identidad. Ana Masitto, instrumentista quirúrgica en 1982, relata sobre el regreso: "Cuando volvimos, nos pidieron silencio. Pero el silencio es el aliado del olvido. Las mujeres estuvimos ahí, vimos la crudeza de la guerra y también la grandeza del soldado argentino. Nuestra historia es parte de la historia de la Patria".

Al regresar del conflicto, Masitto señala que las autoridades les impusieron una política de silencio. Este mandato no fue solo una instrucción militar, sino que ella lo interpreta como una herramienta que favoreció el olvido estatal sobre la participación de las mujeres. En su testimonio destaca que las mujeres "estuvieron ahí" y fueron testigos presenciales de dos realidades contrastantes: la crudeza extrema del enfrentamiento bélico y la nobleza o grandeza de los soldados argentinos.

Para ella, el silencio es el "aliado del olvido". Por lo tanto, su testimonio, actúa como un acto de resistencia cultural y de custodia de la memoria viva, elementos clave dentro del pensamiento nacional para evitar la pérdida de la soberanía.

Conclusión

La cuestión Malvinas es el "hilo de Ariadna" de la unidad nacional. Incorporar la perspectiva femenina y el testimonio de las protagonistas no es una concesión de época, sino una necesidad epistemológica para entender el conflicto en su totalidad. Como afirma la doctrina del pensamiento nacional, la patria se construye con la participación de todos los sectores del pueblo, y en Malvinas, el pulso de la mujer fue el que mantuvo encendida la llama de la humanidad en medio del horror.

Bibliografía

Falcón, S. (2014). Mujeres invisibles. Buenos Aires: Ediciones Ciccus.

Reynoso, A. (2010). Crónicas de un olvido. Buenos Aires: Editorial de la Gesta.

Hernández, P. (2012). Malvinas: Clave del Pensamiento Nacional. Buenos Aires: Ediciones del Pensamiento Nacional.

García, M. (2021). Género y Soberanía: Las veteranas de Malvinas en la historia argentina. Revista de Estudios Estratégicos.

* El autor es profesor en Historia y Ciencias Sociales.

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    Museo Malvinas
    Foto: Daniela Morán

Nuestra filosofía y la causa Malvinas

02 Abril 2026

Introducción

Comencemos con un altercado, ocurrido en algún salón de Buenos Aires allá por 1948:

-Creo que mister no ha entendido bien –empezó a decir- para nosotros Inglaterra no es el extranjero.”

-¡Ah, ah! –sonrió mister Crisholm complacido-. ¿Qué cosa es entonces?

-¡Inglaterra es el enemigo! –le respondió Bernini en son de trompeta.

Fue la señal de asalto. Samuel Tesler se adelantó de pronto hasta mister Crisholm, y tras una profunda reverencia le anunció solenmemente:

-Delenda est Britannia! [En latín: ¡Destruir a Gran Bretaña!]

-Les rechazamos dos invasiones –Trono Del Solar-, pero nos han vencido en la tercera: la de la esterlina.

Rojo como un gallo de pelea mister Crisholm tendió su puño a los insurgentes.

-¡Nadie puede negar la visión civilizatoria de Inglaterra! –carraspeó- ¿Quién se atreve a negarla?

-¡Yo! –Dijo el filósofo [Samuel Tesler]-. Históricamente hablando, Inglaterra sigue como en los tiempos de Roma. Nunca se deja civilizar del todo, rebelde como es a la línea tradicional y al orden eterno. ¡Y esos bárbaros envueltos en elegantes casimires pretenden civilizar a hombres que tienen cuarenta siglos de metafísica en la sangre!”1

El párrafo corresponde al libro Adán Buenosayres (1948) de Leopoldo Marechal (Villa Crespo, 1900-1970). La animosidad con Inglaterra antes y después de aquel entrevero ha sufrido alteraciones, cambios y transformaciones pero permanece. Una parte del territorio argentino sigue siendo ocupada ilegalmente por Inglaterra y el reclamo por esas tierras se encuentra vigente.

Como señala José Luis Muñoz Azpiri en su obra Historia completa de las Malvinas (de tres voluminosos tomos2), más allá de las metafísicas y valerosas argumentaciones del filósofo villacrepense Samuel Tesler, tras la Revolución de Mayo las Islas Malvinas pasaron a pertenecer a las Provincias Unidas del Rio de la Plata.

Parafraseando al poeta Leopoldo Marechal, la Soberanía terrestre, marítima (física, jurídica, legal) y la celeste (metafísica y natural) sobre las Islas Malvinas se fusionan el 6 de noviembre de 1820 cuando el Coronel David Jewett (Connecticut, 1772-Rio de Janeiro, 1842), al servicio desde 1815 de las Provincias Unidas del Río de la Plata, llega con la fragata “La Heroína” a Puerto Soledad para tomar posesión de las Islas en nombre del Gobierno de esas Provincias Unidas.

Jewett mando a izar la bandera celeste y blanca en tierras malvinenses y emitió distintos comunicados para los pobladores como así también para los cazadores de lobos marinos y de ballenas que usualmente llegaban a las Islas. Los textos informaban que de ahora en más quedaba prohibida la caza y pesca en la jurisdicción de las islas a los buques extranjeros3. Además, distribuyó una circular a los barcos estacionados en las proximidades, en la que se aludía a la formalización del traspaso de la Soberanía del Virreinato del Río de la Plata a las Provincias Unidas4.

Nuestra Filosofía y la Causa Malvinas. Kusch, Buela, de Anquin, Dugin y Caturelli

Como en otras ocasiones de nuestra historia, la mayoría de los intelectuales y académicos de las universidades argentinas le dieron la espalda al pueblo y sus causas soberanas.5 A pesar de ello, desde que se ha producido la usurpación ilícita e ilegítima de las Islas del Atlántico Sur por parte del Imperialismo Británico, un puñado de nuestros filósofos han explorado temas vinculados al espacio marítimo, la lucha entre una Cosmovisión Liberal y otra Cosmovisión Hispanoamericana, el espíritu inmanente nuestroamericano en las Islas y demás temáticas nucleadas en torno a lo que suele entenderse como “Causa Malvinas”.

El filósofo, antropólogo y pensador Nacional, Rodolfo Kusch (Buenos Aires, 1922-1979) en su libro: Geocultura del hombre americano de 1976, afirma:

Es curioso que el mar no haya constituido un problema para la cultura Argentina. Las menciones que se hacen del mar durante la colonia son en general de un tipo centralizante. Se trata de defender la colonia de las invasiones y entonces había que tomar las medidas del caso. Pocas veces se hacen concesiones para la explotación del mar propiamente dicho, o para ejercer sobre él un dominio. Esto hace pensar que hay dos formas de referirse al mar, una se refiere a su condición de simple lugar de fácil acceso, y la otra es tomarlo en sí mismo como un ente explotable o de instrumento de Soberanía.”6

El filósofo y pensador Nacional Alberto Buela (Buenos Aires, 1946) en 1984 es invitado por el Colloque National du Gruopement et d´etudes pour la Civilisation Europeenne dictado en el Palacio de los Congresos de Versailles. Su exposición la cierra con estas palabras:

Por el contrario, si entendemos por Occidente el concepto que engloba los rasgos: 1) alienación lingüística, 2) reemplazo del pensamiento reflexivo por la gnosis, 3) perdida de los meritos de la persona en el anonimato igualitarista, 4) disolución del mensaje cristiano de salvación en un mensaje puramente social, y 5) participación activa en el poder de Oriente; nosotros estamos entonces, en tanto hispanoamericanos contra Occidente porque el Occidente no es otra cosa que nuestra propia guillotina. Y de ello podemos ofrecer un testimonio irrefutable: La guerra de Malvinas.”7

El filósofo Nimio de Anquin (Córdoba, 1886-1979), en varios de sus trabajos8 indago las formas ocultas del imperialismo ejercido por las potencias del Atlántico Norte sobre las demás naciones del planeta, en uno de los pocos trabajos publicados escribe:

Recojámonos en nuestro hogar y cuidemos allí el fuego sagrado de nuestra historia real, es decir, de la historia nuestra desmitificada de todas las adherencias liberales. Convenzámonos que no hay otra posibilidad de amistad que la que podamos hallar en nuestros connacionales, en nuestros padres, en nuestros hijos, en nuestras mujeres, en todos aquellos ligados a nuestra sangre y a nuestra tierra bendita. No aceptemos “a priori” la mano que pueda tendernos el poderoso, pues es nuestro enemigo natural. Pero administremos bien nuestra desconfianza, tanto exterior como interiormente. Seamos implacables con los traidores a la Patria, que es el delito mayor del hombre contra la comunidad que integra.”9

En varias oportunidades el filósofo Alekxandr Dugin (Moscú, 1962), ha tratado el tema de la Causa Malvinas, su compromiso por el tema y sus visitas al País, lo han constituido como un pensador Nacional, en el sentido que lo entienden autores como Leopoldo Marechal10 o Manuel Ugarte11, quienes sostienen que un pensador Nacional es aquel que quiere y hace querer a nuestra tierra y ello no tiene tanto que ver con el lugar de nacimiento. En una conferencia dictada por Dugin en la Escuela Superior de Guerra Conjunta de las Fuerzas Armadas Argentina afirmaba el filósofo:

El Continentalismo, la idea de que América del Sur representa una Civilización propia, una Civilización distinta con sus propios intereses estratégicos. Esto es Soberanía Geopolítica en potencia. Para realizarla, es necesario comprender ambos modelos: ¿Es posible seguir la línea atlantista, británica y norteamericana cuando toda la historia la América del Sur muestra una lucha para, precisamente, liberarse de este atlantismo? Toda la historia Argentina es una guerra euroasiática en algún sentido. Hasta la disputa por las Malvinas es una guerra continental, porque el poder colonizador marítimo de Inglaterra ha ocupado las Islas Argentinas, que forman parte del espacio terrestre continental argentino, que es parte integral del mismo.”12

Tras la legítima recuperación de las Islas lograda el 2 de abril de 1982 son unos pocos los que alzan la voz y la pluma para sostener y apoyar la Causa Malvinas. El filósofo Alberto Caturelli (Córdoba, 1927-2016) es uno de ellos. En 1982 escribe un texto que se publicara luego en 1984 con el título de: “El Pensamiento originario de Hispanoamérica y el simbolismo de Malvinas.” En ese trabajo escribe Caturelli:

La rebelde Argentina que ha sabido resistir tantas veces la agresión espiritual y material de Albión, de Leviatán y de Gog, el 2 de abril de 1982 se atrevió, en nombre del derecho aniquilado en la reunión de Harmagedón de exigir lo que ha sido siempre suyo; y también ha sabido del dolor lacerante del 14 de junio. Este dolor de lo que está pendiente, es más fructífero de lo que muchos imaginan y las Malvinas se han convertido en el símbolo de toda Iberoamérica. […] Signo de la resistencia de Hispanoamérica a las fuerzas de los Imperios secularistas del orbe y símbolo de la unidad de nuestros pueblos.”

Luego agrega:

El combatiente argentino que dijo que sus camaradas muertos allá quedaron <como centinelas espirituales>, señalo algo profundo que es lo que nos ha hecho pensar. En el suelo criollo y bajo los mantos nevados, quedaron los huesos que se fundían con la tierra. Y los huesos, a la vez, simbolizan lo más recóndito y el último sostén de nuestra carne. […] Allí deben quedar siempre. Huesos asumidos por el Verbo que se hizo carne y habitó en nosotros; huesos vivificados por el espíritu en el cual se encendía la luz de nuestro pensar originario.”13

El autor es Doctor en Historia. Observatorio Malvinas-UNLa

1 MARECHAL, LEOPOLDO, Adán Buenosayres [1948], Buenos Aires, Six Barral, 2010, p. 137

2 El trabajo más completo y minucioso a la fecha que he encontrado sobre la historia de las Islas Malvinas: MUÑOZ AZPIRI, JOSÉ LUIS, Historia completa de las Malvinas [3 volúmenes], Buenos Aires, Editorial Oriente, 1966.

3 WEDELL, JAMES, A Voyage Towards the South Pole, Londres, Longman, Rees, Orme, Brown and Green, 1827.

4 DA FONSECA, JOSÉ ANTONIO, David Jewett. Una biografía para la historia de las Malvinas, Buenos Aires, Sudamericana-Planeta, 1985.

5 Para comprender la profundidad este problema se recomienda la lectura: RECALDE, ARITZ, Intelectuales, Peronismo y Universidad, Buenos Aires, Punto de Encuentro, 2016.

6 KUSCH, RODOLFO, Geocultura del hombre americano, Buenos Aires, Fernando García Cambeiro, 1976, p. 61.

7 BUELA, ALBERTO, El sentido de América (seis ensayos en busca de nuestra identidad), Buenos Aires, Theoria, 1990, p. 50.

8 Pocos son los trabajos que se han llevado a cabo en torno a esté filósofo Nacional, es recomendable el artículo de SCIVOLI, MAURO, “El liberalismo de Nimio de Anquin”, en Revista Movimiento, Buenos Aires, 24 de agosto de 2020: http://www.revistamovimiento.com/tag/mauro-scivoli/

9 DE ANQUIN, NIMIO, Escritos políticos, Santa Fe, Instituto Leopoldo Lugones, 1972, p. 127.

10 MARECHAL, LEOPOLDO, Heptamenón [1966], Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1966.

11 UGARTE MANUEL, La Nación Latinoamericana [Selección de textos], Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1978

12 DUGIN, ALEKXANDR, Geopolítica Existencial. Conferencias en Argentina, Buenos Aires, Nomos, 2018, p. 31.

13 CATURELLI, ALBERTO, “El pensamiento originario de Hispanoamérica y el simbolismo de las Malvinas, Revista Verbo, Madrid, 3er Trimestre, 1984, pp. 1246-1247.

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Perú y nuestros derechos sobre las Malvinas durante la Confederación Argentina 

02 Abril 2026

El 3 de enero de 1833 está marcado a fuego como el inicio de la vulneración de nuestra soberanía por parte de Gran Bretaña, en época de la gobernación bonaerense de Juan Ramón Balcarce, quien sucedió a Juan Manuel de Rosas en el poder provincial, mientras este último encaró la Expedición al Desierto, ampliando la frontera interior con divisiones armadas, expandiendo la producción agropecuaria, llevando equipo científico para reconocimiento geográfico de Buenos Aires, terminando con los malones, rescatando a las cautivas y negociando la paz con las diversas tribus de la región.

Las protestas locales no demoraron. El ministro Manuel Vicente Maza, encargado de las relaciones exteriores, al no recibir explicaciones del ministro británico Gore, envió una nota sobre el abuso inglés a los gobiernos provinciales y regionales, amén de instruir al embajador Manuel Moreno, ministro argentino en Londres, el 14 de febrero, de efectuar una protesta ante el gobierno de Su Majestad.

Moreno, enterado por los periódicos ingleses, emitió una nota el 24 de abril y, con el pedido formal de Maza, presentó un Memorial el 17 de julio, el cual se publicó en el “Times” de Londres con la nota oficial argentina.

Tal como atestiguó Víctor Andrés García Belaunde en su obra “La intervención del Perú en la controversia de las islas Malvinas” (2022): “Maza remitió una comunicación al ministro de Relaciones Exteriores del Perú con fecha 23 de enero de 1833. Su intención era participarle a su homólogo de la situación que se estaba viviendo en las islas con la invasión inglesa: «Confía encontrar la adhesión (…) y la necesidad de (…) vivir prevenidos contra los abusos del poder europeo»”.

Efectivamente, se diligenció dicha nota al gobierno del presidente peruano Agustín Gamarra, la cual se completó con otro pedido, ya que se contaba que en los archivos de Lima se encontrarían antecedente sobre los derechos sobre Malvinas de la época virreinal, pues, recordemos, nuestra región dependió del Virreinato del Perú, creado en 1542, hasta que en 1776 nos constituimos como Virreinato del Río de La Plata.

El 18 de mayo del mismo año – refirió Belaunde – nuevamente se comunicarían con al Cancillería peruana para solicitarle la documentación relacionada con la posesión de las islas Malvinas por parte de la Corona española: «En tiempos anteriores fueron las provincias argentinas parte del Virreinato del Perú, puede que en los archivos de esta capital existan documentos o datos de las contestaciones que tuvo la España con el Gabinete inglés, las que al fin cesaron habiendo quedado la Corona de España en completa y pacífica posesión».

Este hecho lógico, dado que al emanciparnos de España heredamos la posesión de los territorios de dominio ibérico, debía tener su documentación probatoria, lo que se encontró en los archivos de Lima el 24 de julio, remitiéndose a Buenos Aires lo siguiente:

Una Real Orden, con fecha de dos de octubre de 1776, que trata «de las islas Malvinas y del gobierno de ellas» conferido por el Rey al Capitán de Navío Felipe Ruiz Puente.

Otra con fecha 17 de octubre de 1768 referente a la existencia de ingleses y su situación en las islas Malvinas, según noticia de un francés, y otras que se han adquirido.

Otra con fecha 1 de julio de 1769, en la que «se acusa recibo del plano de las islas Malvinas».

Y otra con fecha 22 de marzo de 1771, en la que se manda «que a Pedro Jarron y Jorge Barker, marineros ingleses, que pasaron en nuestras embarcaciones a la Gran Malvina, se les destine en las que hacen servicio en estos mares»”.

El envío del plano de las Islas Malvinas de 1769 testimonió fehacientemente que eran parte del virreinato peruano, y “como lo estableció la ordenanza real de 1766, el archipiélago quedaba bajo la dependencia de la Capitanía General de Buenos Aires”.

Volviendo al campo diplomático en tierras anglosajonas, Moreno, ante la respuesta negativa, envió una nueva nota el 29 de diciembre para que devolviesen las Islas. Se insistió en 1841, durante el mandato de Juan Manuel de Rosas, y, al ser nuevamente rechazado - según Laurio Destefani, en “Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur ante el conflicto con Gran Bretaña” (1982) - expresó que “Jamás Buenos Aires se conformaría con la injusta resolución inglesa”.

Rosas, en todos sus mensajes de apertura de sesiones de la Legislatura de Buenos Aires, insistirá sobre nuestra soberanía sobre Malvinas. A modo de ejemplo, en 1837, enunció: “La cuestión con la Gran Bretaña, sobre la inesperada ocupación de las Islas Malvinas, permanece en el mismo estado que se os anunció el año anterior. La justicia de los reclamos de la Confederación le impone el estricto deber de no abandonarlos. La negociación seguirá su curso con oportunidad, pues el Gobierno felizmente no tiene hasta ahora motivos para recelar que en el término de este negocio el poder usurpe a la razón el lugar que le asigna la civilización del mundo”. Y, al año siguiente, en 1838, reiteró: “No ha ocurrido circunstancia digna de vuestro conocimiento acerca de la cuestión con la Gran Bretaña sobre la ocupación de las Islas Malvinas. El Gobierno insistirá en sostener el derecho de la República a este territorio, con los justos títulos en que se apoya su demanda”.

Valiosa ayuda del Perú, demostrado con creces nuestra hermandad sanmartiniana inquebrantable, y que se reafirmó cuando en 1982, ante nuestra recuperación del archipiélago usurpado, no solo sumó su apoyo en todos los foros internacionales, gestionado por el presidente peruano Fernando Belaunde Terry que buscó acercar a las partes en una solución pacífica, desoída por Margaret Thatcher, sino que proveyó de aviones Mirage M5 a nuestra Fuerza Aérea.

*El autor es Licenciado en Ciencia Política; Docente de la UCES, y Secretario General del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas.

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    2 de abril

Las vicisitudes de la soberanía argentina en el Atlántico Sur (1955-1973)

02 Abril 2026

La Resolución 2.0605: Discusión por Malvinas

El 14 de diciembre de 1960 la asamblea general las Naciones Unidas aprobaba la revolución 1.514 (XV) llamada Declaración sobre la concesión de independencia a los países y pueblos coloniales. La resolución aprobada constituye la piedra angular, desde el punto de vista jurídico del proceso de descolonización que se venía produciendo desde la finalización de la segunda guerra. En ella se condenaba explícitamente el sistema colonial como una negación de los derechos humanos fundamentales y por lo tanto opuesto a las cartas de las Naciones Unidas (Art. 1) por el Art. 2 se establecía que todos los pueblos tenían el derecho a la libre determinación de su condición política como así también elegir su propio desarrollo económico y social. Ninguna limitación podía ponerse al ejercicio de este derecho y la transformación de las colonias debía producirse de inmediato. El Art. 6 establecía: todo intento encaminado a quebrar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país, incompatibles con los propósitos y principios de la carta de las Naciones Unidas….

La resolución era aplicable al caso de Malvinas. Había que definir si se atendía a la libre determinación de sus habitantes o a la preservación de la integridad territorial Argentina.

Un año después de aprobada la resolución poco era lo que se había avanzado, por eso el 27 de noviembre de 1961 la asamblea creo por resolución el Comité Especial 1.654 (XVI) el comité especial sobre sobre descolonización cuya finalidad era la de fiscalizar y acelerar la descolonización. A su vez el comité dividió sus tareas subcomités. En el seno del subcomité tercero la diplomacia lía daría su batalla por Malvinas.

En 1964 los objetivos de la cancillería en el tema se orientaron a:

1) obtener el reconocimiento de la soberanía sobre el archipiélago por aplicación de la revolución 1.514 (XV); 2) impedir que se tratara el tema como un reconocimiento a la libre determinación a los habitantes de Malvinas; 3) obtener el subcomité la apertura de negociaciones del punto 1.

En su intento inicial, la Argentina contó con el apoyo caluroso del Ecuador y del Uruguay; no obstante la delegación mantuvo contactos con representantes ingleses y norteamericanos. Los inglese no cerraron las posibilidades de negociar, al margen de la cuestión de soberanía y los norteamericanos entendieron que tratándose de un tema de soberanía territorial no debió ser considerado en las Naciones Unidas.

El 9 de septiembre Miquel Fitzgerald, piloto civil argentino aterrizaba en Malvinas en una toma simbólica. El pueblo lo ovaciono, pero el gobierno debió desautorizarlo para no comprometer sus gestiones en la ONU. De todos modos, el episodio puso en evidencia el grado de sensibilidad popular por el tema. Al día siguiente el embajador Juan Carlos Ruda presentaba el alegato argentino lo que se desencadeno un intenso debate acerca de la figura en que debía encuadrarse el tema Malvinas autodeterminación (tesis británica) o integridad territorial (tesis argentina).

Por último, el sub. comité tercero elaboró un informe para su tratamiento en la comisión IV de la asamblea. El 9 de noviembre la dicha asamblea Del Carril sostuvo la posición argentina, refutando las tesis británicas y marcando la irrelevancia de los pronunciamientos independistas de los malvinenses digitados por el foreing office.

El 18 de noviembre la Argentina presentó en acuerdo con el bloque latinoamericano un proyecto de revolución que recogía las recomendaciones de informe del subcomité. El proyecto fue votado el 16 de diciembre y aprobado como revolución 2.065 (XX) con el siguiente resultado: 94 votos a favor, ninguno en contra y 14 obtenciones, entre las que se encontraban de los Estados Unidos que prefería esta opción a malquistarse con su aliado atlántico.

Después de consignar los antecedentes del caso la revolución consideraba la resolución 1.513 (VX) por la que se debía poner fin al colonialismo en todas partes y en todas sus formas en una de las cuales se escuadra el caso de las islas Malvinas (Falkland Islands) por primera vez se nombra al archipiélago con el nombre argentino. El considerado no indica en que forma habría de aplicársela la resolución 1.514.

Tomando nota de la existencia de una disputa entre los gobiernos de Argentina y del reino unido de la Gran Bretaña e Irlanda del norte acerca de la soberanía sobre dichas islas… este reconocimiento constituye un logro efectivo de nuestra chancillería. Hasta ese momento el tema era considerado por Gran Bretaña.

1. invita a los gobiernos de la Argentina y del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte a proseguir sin demora las negociaciones recomendadas por el comité especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la declaración sobre la concesión de la independencia a los a los países i pueblos coloniales a fin de encontrar una solución pacífica al problema teniendo debidamente en cuenta la disposición y objetivos de las cartas de las Naciones Unidas de la resolución 1.514 (XV) de la asamblea general así como los intereses de la población de las Islas Malvinas ( Falkland Islands).

2. pide a ambos gobiernos que informen al comité especial y a la asamblea general en el vigésimo primer periodo de sesiones sobre el resultado de las negociaciones.

En síntesis, la revolución puede considerarse como un triunfo de la diplomacia de lía de gran trascendencia para la Argentina. Fue el resultado de hábiles coherente y continuadas gestiones. Sus ventajas

a) las Naciones Unidas reconocen en el caso Malvinas una disputa pendiente

b) obliga a Gran Bretaña a negociar una solución pacífica y no excluye el tema soberanía.

c) requiere las partes informes los resultados obtenidos desventaja deja abierta la posibilidad de que pueda aplicarse según la resolución 1.514 la tesis británica de la autodeterminación de los kelpers. En virtud de lo dispuesto entre el 11 y el 14 de enero de 1966 se reunieron en Buenos Aires Zavala Ortiz y Michel Stewart secretario de relaciones exteriores del Reino Unido para dar comienzo a un proceso que como veremos más adelante no mantuvo la misma coherencia ni continuidad.

El “Mar Argentino”

La Argentina no fue ajena al controvertido proyecto que en América Latina impulsaban varios estados ribereños, con respecto a extender su jurisdicción soberana sobre el espacio marítimo costero, en general, hasta alcanzar las 200 millas marítimas desde la costa, especialmente en lo referido a la explotación de sus recursos.

No llegamos a ninguna de las situaciones conflictivas vividas por los países de la vertiente del Pacífico, probablemente porque en nuestras pesquerías no operaban flotas norteamericanas y si en cambio, una importante flota pesquera rusa.

De todos modos, en nuestro país existían antecedentes legislativos sobre el tema que se remontan a 1944, cuando el gobierno militar definió como “Zonas de reserva minera” a las costas y al denominado “mar epicontinental”.

El 11 de octubre de 1946, por Decreto 14708, el gobierno peronista proclamaba la soberanía sobre el mar epicontinental y el “zócalo” continental. Según Roth (op.cit) este decreto de Perón, “…descubierto con alguna sorpresa (…) jamás se había aplicado”.

Después de la “Revolución Libertadora” y durante la gestión desarrollista, se aprobó en noviembre de 1958, la Ley 14773, que legislaba sobre la propiedad nacional de los “yacimiento hidrocarburos sólidos, líquidos y gaseosos”. La misma incluía “los [yacimientos] de su plataforma submarina”

El proyecto de ley presentado al Congreso por el gobierno radical, en agosto de 1964, se orientaba a definir la soberanía argentina sobre la “plataforma continental” hasta la isobata de los 200 metros o hasta la profundidad que permitiera la explotación de recursos. El “mar territorial” se establecía en seis millas a contar desde la costa.

Con la “Revolución Argentina” el tema fue actualizado a partir de la demanda de protección planteada al gobierno por los pescadores de altura marplatenses. En efecto, los armadores pesqueros vinculados a la industria de la harina de pescado, reclamaban al gobierno militar una ley que los protegiera de la depredación que las flotas rusas, que pescaban a “la vista” del puerto, provocaban en los cardúmenes del “papamosca”, especie particularmente apta para la mencionada industria.

El 29 de diciembre de 1966, después de analizar el problema y superar cierta “oposición” de la Consejería Legal de la Cancillería se promulgó la Ley 17094. El titular de la mencionada Consejería opinó que “…con esta ley la Argentina quedaba reducida a la categoría de potencia afro-asiática”

La ley 17094, fijaba en 200 millas, a contarse desde la línea de los “bajamares” la jurisdicción soberana de la Argentina, modificando lo pertinente en el Código Civil. En esta “franja” de las doscientas millas se incluye el lecho marino y el subsuelo, hasta los doscientos metros de profundidad o hasta la profundidad necesaria para explotar los recursos. Las aguas de los Golfos San Jorge, Nuevo y San Matías se consideraban como “aguas interiores”. La navegación y el sobrevuelo, en el espacio marítimo determinado serían totalmente libres.

Como observa el Contralmirante Fraga (El mar y la Antártida en la geopolítica argentina), en esta legislación no se determinaban con precisión el alcance del mar territorial, por lo que se puede considerar que el mismo sigue siendo de tres millas. Indudablemente, el propósito de la ley era eminentemente económico.

Proclamada la soberanía, se reglamentó la pesca, procurando – según Roth- no generar conflictos. Para ello se otorgaron permisos de pesca, previo pago de un canon anual de veinte dólares por barco, demasiado poco para no pagarlo o promover conflictos, pero suficiente para ob tener el acatamiento a la ley. “Ya habría tiempo para subir el canon, limitar la captura, e inclusive, eliminar la pesca extranjera. Pero en ese momento nos interesaba el reconocimiento internacional de nuestras doscientas millas…”

Los rusos pagaron el canon y continuaron pescando. Los marplatenses que “…pensaban que echaríamos a los rusos poco menos que a patadas “, protestaron indignados.

Por fin en octubre de 1967, por ley 17500, se estableció la “exclusividad” de la explotación pesquera con “pabellón argentino y permiso previo”

En mayo de 1970, Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Perú, Ecuador, Panamá, Nicaragua y El Salvador, reunidos en Montevideo, acordaron enfrentar en común la propuesta ruso-norteamericana de limitar el espacio para la pesca a doce millas. En agosto, en Lima se aprobó la “Declaración de los Estado Latinoamericanos sobre el derecho del mar” con el voto en contra de Bolivia, Paraguay y Venezuela. La “Declaración…” abarca el derecho “…de explotar los recursos del mar adyacente, junto con el suelo, subsuelo, así como la plataforma continental; el derecho de cada estado ribereño a establecer los límites de su jurisdicción marítima; el derecho a prevenir la contaminación de las aguas y por último el derecho a autorizar y vigilar las investigaciones científicas dentro de su jurisdicción, y así mismo, participar de ellas y recibir sus resultados

Malvinas: las negociaciones secretas

Después de aprobada la Resolución 2065 de la Asamblea de la ONU, las negociaciones de con Gran Bretaña sobre Malvinas, continuaron por diversos cursos de acción , en general con un avance lento pero sostenido y a pesar de algunos traspiés , motivados por acciones no siempre adecuadas de nuestra Cancillería, como en el caso de los hechos vinculados con el “Memorándum de Entendimiento” de diciembre de 1968.

En el ámbito de las Naciones Unidas, diversos “consensos” logrados en la Comisión IV, fueron avanzando en el compromiso británico respecto de considerar las Malvinas como una “cuestión colonial”.

En las negociaciones bilaterales, el comunicado “Zavala Ortiz-Stewart”, emitido después de las conversaciones mantenidas en Buenos Aires en enero de 1966, ratificaba la decisión de proseguir “…sin demora las negociaciones recomendadas en la citada resolución por la vía diplomática o por aquellos medios que puedan acordarse a fin de encontrar una solución pacífica al problema e impedir que la cuestión llegue a afectar las excelentes relaciones que vinculan al Reino Unido y a la Argentina”

Después de la caída de Illia se desarrolló –según Lanús- un trabajo “hormiga”, procurando avanzar pese a la presión en contrario de los sectores más vinculados económicamente a las Islas. Para ello se optó por “negociaciones secretas” que, en agosto de 1968, permitieron redondear un “Memorándum de Entendimiento” basado en el compromiso de incrementar, por parte de Argentina, las comunicaciones entre las Islas y el continente y en definir garantías respecto de los intereses de los isleños. El “Memorándum” establecía que el “…gobierno británico (…) reconocería la soberanía de la República Argentina sobre las Islas a partir de una fecha a ser convenida. Esta fecha será convenida tan pronto como sea posible, después de que I). -los dos Gobiernos hayan resuelto la actual divergencia entre ellos respecto del criterio conforme al cual el Gobierno del Reino Unido considerará si los intereses de los isleños estarían asegurados por salvaguardas y garantías a ser ofrecidas por el Gobierno Argentino y II).-el Gobierno del Reino Unido se halle entonces satisfecho de que aquellos intereses estén asegurados así…” (A Lanus)

El “Memorándum” no fue firmado y su validez se basaba en un “acuerdo de caballeros”

Habiendo llegado a tal punto la Cancillería argentina incurrió en una increíble demora en dar respuesta positiva para oficializar y hacer público el acuerdo. Es probable que la demora y algunas “filtraciones” hayan permitido a la oposición británica y al “lobby” de los isleños endurecer su posición. Recién en octubre en Nueva York, Costa Méndez dio señales a Stewart, sin concretar nada.

En noviembre, Lord Chalffont, Secretario de Estado británico parta las Relaciones Exteriores, se entrevistó con los “kelpers” en Malvinas, a quienes informo acerca de la posibilidad de su “traspaso” a la Argentina. La oposición de la FIC (Falkland Island Company) y de los estancieros isleños, provocaron agitación en Londres, lo que llevó al gobierno inglés a no dar ningún paso sin consultarlos.

En Buenos Aires parecieron no darse cuenta de lo ocurrido, pues recién en diciembre el embajador McLoughlin y su segundo Ros, se entrevistaron con Stewart para comunicarle la aceptación del “Memorandum”. Quedaron atónitos cuando el Ministro inglés les contestó: “…lamentablemente la respuesta llega muy tarde; ya no estamos en condiciones de aceptar el “Memorandum”; tengo que ir al Parlamento a dar explicaciones sobre esto porque los conservadores han pedido una explicación…” (A.Lanus).

El 11 de diciembre el gobierno británico declaraba que “…no podrá dar transferencia de soberanía contra los deseos de los habitantes de las islas Falklands”. El 12 Costa Méndez respondía que “…tal reconocimiento no debe estar supeditado a la conformidad de los pobladores…”

Se había perdido quizás, la mejor oportunidad en toda la historia del conflicto de lograr una solución. El hecho de haber aceptado la vía de las “negociaciones secretas”, si bien es cierto que permitía avanzar al margen de la oposición británica e isleña , también favorecía a Inglaterra, por cuanto en caso de cesar – como cesaron- las negociaciones, no quedaba sentado ningún precedente diplomático que comprometiera al Foreign Office. Los ingleses ganaron dos años sin arriesgar nada y “demostraron” a la ONU, que estaban negociando. La Cancillería argentina quedó desairada y descolocada sin el beneficio de la protesta, respecto del tema de la soberanía. No obstante, los ingleses insistieron en el tema que más les preocupaba: las comunicaciones de los isleños.

A partir de Levingston se reiniciaron conversaciones bilaterales. Así en junio de 1971, en Buenos Aires se agregaron a la delegación británica representantes de los “kelpers”, los que fueron “secretamente” recibidos. Con ellos se discutió cordialmente y los resultados se consignaron en la Declaración Conjunta del 1 de julio de 1971.

En esta Declaración se acordaron diversas medidas para alcanzar el establecimiento y promoción de todo tipo de comunicaciones con las Islas (aéreas, marítimas, postales, etc.)

El gobierno argentino emitiría documentos de identidad personales para los “kelpers” que desearen viajar y desplazarse por el continente, sin mención de nacionalidad y los liberaba de todo tipo de impuestos y derechos aduaneros por la introducción de sus efectos. También se los declaraba exentos de impuestos por las actividades que pudieren desarrollarse desde las Islas. El Gobierno Argentino manifestaba su deseo de cooperar con los isleños en materia de educación, salud, agricultura y técnica, a requerimiento de los mismos.

La Declaración Conjunta fue aprobada el día 20 de marzo de 1972, por Ley. 19529. El 2 de mayo se acordaba la construcción del aeródromo de Puerto Stanley (Puerto Argentino), lo que permitiría la operación de vuelos regulares. El 24 de octubre de 1972 se celebró el acuerdo para la apertura de una agencia de LADE en Puerto Argentino.

* El autor es docente y ensayista

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    Malvinas

Leonardo Favio frente al discurso antinacional y desmalvinizador

02 Abril 2026

En 1982, en plena Guerra de las Malvinas cuando el Papa Juan Pablo II visitaba el país, el cantante popular proscripto por la Dictadura, Leonardo Favio le envía una carta abierta donde le dice:

Santo Padre: te lo advierto. Los hipócritas, los fariseos te cercarán en Buenos Aires. ¡Cuídate! No dejes que te maquillen la realidad. Santo Padre, estamos tristes… No nos dejes al partir. Santo Padre: los asesinos andan sueltos, se pavonean, se burlan, se ríen ante la mirada absorta de nuestros queridos mártires y muertos. Nos amenazan, nos hacen gestos de ‘ya van a ver’, tenemos miedo, una bruma de miedo lo cubre todo. No te dejes torcer la realidad. Mira, estamos quebrados, los usureros no tienen piedad, no nos dejan descansar, no podemos dormir.”

Y seguía así: “Por donde mires, cunde la desolación. Estamos perplejos: la tuberculosis, el analfabetismo, la mortalidad infantil han retornado y nos golpean duro, duro en las villas, en los campos, en los humildes barrios suburbanos. En esa desigual batalla nos derrotan ahora, día a día, traídos de la mano de la desocupación, el hambre y la miseria.”

La carta entablaba un diálogo no sólo con el Papa sino también con un pasado lleno de esperanza que había sido interrumpido por la violencia política y el golpe cívico militar en marzo de 1976. Se puede contrastar las imágenes del Cristo que merodeaba en las villas de emergencia en la canción “Nació Nazareno”, constituyéndose en la carta en un triste epílogo donde la esperanza que traía aparejada la llegada del Mesías se perdía ante la hambruna y el desamparo.

De todas maneras, el mensaje de Favio hacia su Santidad era una simple excusa para denunciar la política social y económica que traía aparejado el gobierno dictatorial. Podemos encuadrar el decir de Favio dentro de un marco de “resistencia peronista” que empezó a visibilizarse hacia fines de 1970. En resumidas cuentas, el posicionamiento de Favio ante la recuperación de Malvinas es un ejemplo claro del sentir nacional y popular: aunque fue un reconocido militante peronista, cantante y cineasta popular, diferenció la cuestión Malvinas de un oportuno apoyo a la Junta militar. Es así que en la carta alertaba al Santo Padre del aparente clamor bélico dando un llamado de auxilio y verdad desde una perspectiva humanista, coincidiendo con su exilio y la persecución ideológica que sufrió.

Con la construcción de un "sentido común historiográfico" a partir de 1983 que supo apoyarse en una teoría antinacional para acogerse a una nueva retorica que legitimaba un pacto social democrático liberal, la guerra de Malvinas sería para ellos la "ultima bravuconada" de una práctica nacionalista autoritaria que se asociaba con la aventura del régimen militar. La acción discursiva académica que involucraba a la lucha histórica de reivindicación soberana con practicas antidemocráticas, inauguraba el llamado proceso de desmalvinización motorizado por los sectores de poder: intelectuales, la prensa hegemónica, académicos, sectores de la política y empresarios azuzarían en la construcción de sentido.

El excombatiente y responsable del Observatorio Malvinas perteneciente a la UNLa, Cesar Trejo, resumía en torno al concepto desmalvinizador presentes incluso en la actualidad en amplios sectores de la intelligentzia actual:

La desmalvinización la inicia el mismo gobierno que sucede al de Galtieri. Durante la guerra hubo dos líneas: Halcones y palomas. La derrota de Puerto Argentino potenció a las Palomas. El sector más liberal dentro de las Fuerzas Armadas, encabezado por Cristino Nicolaides. Fueron quienes decidieron traernos escondidos. Quienes vieron con profundo temor la orientación del pueblo argentino, que había dado todo en esos 74 días, por la recuperación. Hubo un inmenso temor de muchos sectores a peronizar el proceso político a partir del 2 de abril. Documentos oficiales de las embajadas estadounidenses y británicas culpando a Perón”

Desmalvinización fue un neologismo acuñado después de la guerra. Nació en mayo de 1983, en una entrevista con Osvaldo Soriano en la revista Humor al sociólogo francés Alain Rouquié. Fue él quien planteó Desmalvinizar. Su argumento fue que Malvinas blanqueaba a las Fuerzas Armadas, entonces el pueblo argentino – con dolor – debía bajar su pretensión sobre las islas. Sino, los militares nunca serían juzgados”

El alfonsinismo llevó adelante una feroz campaña desmalvinizadora. Nosotros formamos el primer centro de soldados ex combatientes el 26 de agosto de 1982, dos meses después del final del combate. Ahí nos dimos cuenta que si no nos organizábamos pronto, nos iban a matar física y simbólicamente. Enfrentamos la desmalvinización y uno de sus ejes: la dialéctica democracia-dictadura”.

Para Trejo, la piedra basal de la Desmalvinización “fue inculpar a la Argentina de la guerra” y entiende que las elites de producción simbólica: “Compró la teoría del manotazo de ahogado de la dictadura militar cuando en realidad la guerra la instala el Reino Unido con la teoría de Margaret Thatcher de la lucha liberal contra el fascismo”

La desmalvinización caló hondo en los docentes, dirigentes políticos y comunicadores sociales argentinos. El 2 de abril existen cientos de operaciones ratificando la idea que los militares llevaron adelante la guerra y que Argentina es responsable del conflicto. Otra idea instalada es que hicimos la guerra, la perdimos, y tenemos que pagarla. La liquidación del patrimonio público argentino tiene mucho que ver con las cláusulas no escritas de los Tratados de Madrid”, expresaba hace unos años Trejo.

De esta manera, el proceso de desmalvinizacion es ininteligible si no se la involucra dentro de la estrategia socialdemócrata que demonizaba toda práctica nacional popular, responsabilizándola de la constante desestabilización de las instituciones desde 1930 y, sobre todo, luego del surgimiento del peronismo con su democracia de masas que era asociada con prácticas totalitarias.

Marina Fernández Lagunilla establece que el lenguaje político es, ante todo, la lengua en la política ya que sus rasgos se alejan de las características de los lenguajes sectoriales. Para comenzar, apunta que los lenguajes sectoriales van dirigidos a un público cerrado como un grupo o colectivo, cuando el discurso político va dirigido a todos los ciudadanos.

En ese sentido, el peronismo mantenía un lenguaje que en los ochenta devenía sectorial, ya que parecía estar anquilosado en la década anterior, previo a la dictadura. Habían pasado casi una década y la política incluso mundial había cambiado. Los diversos órganos de difusión del peronismo, no obstante, seguían orientando el discurso hacia el Pueblo o la Nación mientras los medios hegemónicos lo diluían, resignificándolo a “gente” y “república”.

En los prologuémonos del fin de la dictadura, la palabra “democracia” adquiría un carácter total y administrado con maestría en el discurso del partido radical, encabezado por Raúl Alfonsín. Interpretaban que la sociedad se encontraba agotada con las viejas contiendas como para acceder a un discurso que apelaba a la “nación vs colonialismo” o “pueblo vs oligarquía”.

Leonardo Favio, se convertía en un interlocutor de un discurso peronista osado e incómodo para los grandes medios de comunicación, adquiriendo su decir un carácter anacrónico y hasta condenatorio para el “sentido común” construido mediáticamente.

Son muchos los crímenes que ha cometido la dictadura fascista. Desde la desaparición de obreros, estudiantes, dirigentes, hasta la mayor masacre que se ha hecho en el Continente con la absurda y demencial guerra de Las Malvinas. Toda esa sangre que se ha derramado durante más de seis años, en una tarea sistemática y cruel, no puede perderse. Es necesario que exista un proceso como el de Núremberg. Si hay justicia, yo creo en ella, debe llegar de la mano del odio que los asesinos han generado en un pueblo que de por sí es pacífico y manso. Los crímenes que se han cometido tienen para ellos una sola justificación: defender los intereses de la oligarquía, y eso desde el punto de vista del pueblo, es un doble crimen”

El decir faviano ante los Pichiciegos

En abril de 1984, el escritor Rodolfo Fogwill (bajo el seudónimo Gil Wolf) entrevistaba a Leonardo Favio para la revista El Porteño. La presentación sobre la entrevista se reducía a una impresión que linda la sorpresa y el desagrado: “A veces habla así, con epigramas. Por momentos se le infiltran palabras refinadas, o arcaicas, “niños” en vez de chicos, “algarabía” en lugar de despelote. Tenso, violento, cuando tratar de explicar sus ideas habla con una dulzura de maestra. El viejo idioma de Mendoza se refuerza en los giros colombianos que se le pegaron en los últimos años. Le explico el interés central del reportaje:

-Hace unos días estuviste en el programa de Fidanza, en Splendid, y repetiste varias veces tu consigna de odiar a la oligarquía. Fuera de la canción, en el contexto de un reportaje político, sonaba fuerte. Alguna gente protestó, llamó a la radio…

- ¿Por…?

-Por lo del odio; algunos interpretan que incitás al odio de clase…

-No hermanito… Yo no preconizo el odio de clases. La oligarquía no es una clase: es una enfermedad que hay que extirpar

- ¿Extirpar? -Sí, quirúrgicamente extirparla. Si dejás algo de ella se hace como con el cáncer, la metástasis que no para hasta apestar el cuerpo de la sociedad y aniquilarlo. Por eso hay que extirpar. (…) ¡Se van a ir! Van a dejar hasta la ropa que mandaron a limpiar en la tintorería, colgada. Tendrán que irse, el pueblo los va a echar.

- ¿Con el gobierno de Alfonsín?

-No… Tendría que ocurrirles un milagro... pero si el gobierno radical interpreta los deseos del pueblo radical, tendría que empezar la lucha… aunque el gobierno radical no es el pueblo radical, que es igual al pueblo peronista… El gobierno es una rama del árbol liberal y actúa así, en función del capital y al servicio de la oligarquía que tiene enquistada en los más altos cargos…Pero el pueblo lo votó por las promesas de justicia que eran las mismas de Perón. ¿No ves que no hay mayores diferencias entre el pueblo radical y el pueblo peronista? Los dos quieren lo mismo, los dos están solos, abandonados por sus cúpulas. Para las cúpulas, el pueblo radical y el pueblo peronista son paquetes accionarios a los que hay que acaparar, pero cuando los radicales y los peronistas tomen conciencia de eso se van a unir y se producirá lo natural: se juntarán en sus anhelos, que son anhelos de justicia, justicialistas. Esa unión tarde o temprano va a terminar con la oligarquía. Ya no quedan mentiras para engañar al pueblo. Éstas de ahora son las últimas.

- ¿Éstas qué?

-Estas trampas. Los ataques a las organizaciones obreras, la política económica, la ley llamada de justicia militar. Son las últimas trampas. El pueblo peronista lo va entendiendo. Yo lo digo y siento que al decirlo le pongo las palabras al sentimiento de la mayoría del pueblo.

- ¿Como si adivinaras?

-No es necesario adivinar. Se siente. Yo no soy dirigente ni adivino. Yo soy un pensamiento peronista. -Parece el título de una nueva canción…

-Ojalá fuera también una canción, porque sería la síntesis de lo que quise cantar siempre. Yo no canto: milito…"

Las preguntas en clave de sorna por parte de Fogwill son elocuentes y representan a todo un núcleo de la intelectualidad progresista de entonces. Rodolfo Fogwill fue consagrado dentro del mundo de la literatura por su novela titulada “Los Pichiciegos” donde abordaba la trágica guerra de Las Malvinas en clave de picaresca. “El nombre de pichiciegos se lo dan a sí mismos un grupo de soldados argentinos desertores, por semejanza con un animal que vive ocultándose en cuevas que él mismo hace, un día que uno de ellos, un santiagueño, cuenta: El Pichi es un bicho que vive abajo de la tierra. Hace cuevas. Tiene cáscara dura -un caparazón- y no ve. Anda de noche. Vos lo agarrás, lo das vuelta, y nunca sabe enderezarse, se queda pataleando panza arriba. ¡Es rico, más rico que la vizcacha!”

Fiel a una tradición literaria que se siente interpelada ante la aparición del peronismo en los cuarenta y debido al mismo, la ineludible “toma de posición”, para Fogwill el peronismo era una aberración, lo consideraba como máquina de acumular poder y nada más.

Orlando Netti, ahijado musical de Favio recordaba:

Fogwill venía a comer con nosotros. Nosotros casi todas las noches íbamos a comer a Pipo, ahí en el centro, en la calle Sarmiento y Montevideo. Y a esas cenas venían montón de personajes, entre los cuales estaba Fogwill, el poeta Carlino, venía Changui Cárdenas, en fin, un montón de gente que obviamente tenían que ver con ese momento político… que se yo, Dante Gullo, hemos ido a comer con Lorenzo Miguel, bueno, un montón de gente, ¿no? Y después nosotros caminábamos de punta a punta por la avenida Corrientes, nos metíamos en las librerías, y mirábamos libros. Una época impresionante, que yo tengo muy presente porque me marcó mucho. El hecho de estar ahí junto a Leonardo que yo era un adolescente y compartía eso, todas esas situaciones que era un orgullo para mí. A veces venía Facundo Cabral a comer con nosotros o íbamos al hotel donde vivía Facundo”.

En un contexto de suma efervescencia política el clima era de pleno intercambio. No obstante, para Rodolfo Fogwill resultaba inevitable que le llamase la atención sobre cómo expresaba Favio un lenguaje que no coincidía con el momento histórico, parecía que había aterrizado en otra época. Incluso se sobreentendía que manifestarse de esa manera no era “políticamente correcto”. Mientras muchos de los exiliados que habían adherido al peronismo volvían con nuevas posturas y críticas hacia su tradición política, Favio fortalecía su postura.

-Como si vos fueras la representación del pueblo…

-Sí. Yo soy un pensamiento peronista. Eso lo ves vos mismo en la calle. Salgo, me ven, me miran y sienten: 'ahí va un peronista'. Veo las miradas de odio de los oligarcas, veo la mirada de amor del pueblo y de la gente buena, y eso es lo único que persigo: ese amor del pueblo. Trabajo para eso. Canto para eso: para ganar ese amor y dedicarle al pueblo todos los actos de mi vida. Son las dos cosas más importantes de mi vida, mi felicidad: al amor del pueblo, y el orgullo de sentirme peronista, con todo lo que significa ser peronista. Con todo lo hermoso y lo doloroso.

- ¿Qué? ¿Los fracasos?

- Los fracasos y todo lo que el peronista debe sufrir y entregar. Pero el fracaso electoral no es un fracaso peronista. No fracasó la ideología, fracasó el plan electoral. El electorado que votó al peronismo, votó a la doctrina peronista. Muchos de los que votaron a Alfonsín votaron a las promesas justicialistas que usurparon los radicales… Promesas que no quieren cumplir… amor al pueblo, reparación, justicia a los asesinos. (…) Soy peronista, quiere decir justicialista. Yo no les haría a los oligarcas lo que ellos nos hicieron a nosotros. Los oligarcas y los hijos de puta son nuestros verdugos, no nuestros maestros.

-Y el famoso “odio a la oligarquía”, ¿es justicia?

-El odio de los pueblos oprimidos es un acto de amor. Y pelear por la justicia cuando los asesinos y los ladrones siguen sueltos riéndose del pueblo es una obligación”

Se suele afirmar como una de las características del nacionalismo/peronismo es su ferviente antiintelectualismo ya que sobreentienden que bajo su naturaleza autoritaria y esencialista no hay lugar para expresiones de análisis y posiciones críticas particulares. Por otro lado, si entendemos al rol de los intelectuales en clave gramsciana, la intelectualidad tiene un rol primordial dentro de la cultura, como factor de reproducción ideológica y expresión de la clase dominante. El peronismo nace como reacción contrahegemónica, por lo tanto, reacciona ante los intelectuales orgánicos porque, evidentemente, no comparten la cosmovisión política ni el método de producción económica. Leonardo, como otros artistas referentes de la cultura popular fueron desacreditados por su pertenencia político partidaria como su itinerario artístico.

Si bien no podríamos asociar acciones directas entre Favio y la gesta de Malvinas, entender el proceso desmalvinizador con la retórica acusatoria de la socialdemocracia hacia la tradición nacional y popular resulta trascendente para concebirlo dentro de un sistema de ideas hegemónico que retroalimenta y justifica acciones políticas coincidentes entre progresistas y liberales conservadores desde 1983 en nuestro país.

En mayo de 1983, Leonardo advertía sobre su sensibilidad afirmando:

Yo no soy un hombre que vive para las artes. Fundamentalmente, soy una persona que vive preocupada por el hecho social, que yo trabaje como cantante, como compositor o como cineasta no me aparta en absoluto de mi sensibilidad social. Yo estoy pagando el precio de tener una conducta honrada, de saber quién es Cristo y quién es el Diablo, entonces para mí este silencio es mi orgullo… en la vida hay dos senderos por los cuales vos podés transitar, no hay opción para un tercero o estás con los que sufren o estás con los que hacen sufrir. Yo elegí la vereda de los que sufren. Allá en Mendoza tengo contacto directo con el obrero, el proletariado, con el pequeño agricultor que vive angustiado por las necesidades y por una economía injusta. Todo eso ha fortalecido mi espíritu y mis convicciones”

No se comprende la relación tanto de Favio como de una vasta nómina de artistas populares que se encolumnaron tras la recuperación de Malvinas con una política de sentimiento que fuera desacreditada por la intelligentzia cultural argumentando una absurda dicotomía entre “soberanía popular vs soberanía nacional”.

* ISP Dr. Joaquín V. González / Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas

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"La baja de la pobreza se explica por cuestiones metodológicas, no por el modelo económico"

01 Abril 2026

El investigador del Gino Germani y especialista en estadísticas públicas Eduardo Chávez Molina se refirió al nuevo índice de pobreza, referido al segundo semestre de 2025, que volvió a mostrar una mejora a pesar de la caída del consumo y la suba del desempleo. ¿Cómo es posible?

"Hay dos hipótesis. La a) es que va todo perfecto y hay que seguir así para llegar a pobreza 0 en poco tiempo. Aunque se pierda empleo o caiga el consumo, hay que seguir así. Es la versión del gobierno", ironizó en diálogo con FM La Patriada. 

"Vamos a la hipótesis B. Recién está el informe técnico, no están las bases de datos todavía. Hay que recordar que hubo cambios metodológicos en la encuesta de ingresos donde se mejoró la captación de los ingresos de los sectores informales. Antes, en 2023, estaba sub-registrado. Se mejoraron las preguntas", explicó. 

"Antes tenías más pobreza porque estaba mal captados los informales. Después tenés otro problema que tenés mala captación de ingresos altos. Eso pasa en todos los países, no solo en Argentina", describió el especialista. 

"Entonces, hay un mejor captación pero hay un problema técnico, vos deberías decir cuánto mejora para atrás, para poder ver si la baja de la pobreza se da porque hay una mejora social o porque en realidad hay una mejora en el instrumento estadístico", añadió. "La pobreza según Indec se explica por el crecimiento del ingreso de los informales. De ahí que se sostenga este modo de medirla", siguió. 

"Después está el problema de la canasta de gastos que no se actualiza. Es evidente que hoy tienen mucho peso las tarifas en los gastos de las familias. No es menor para incidir en el cálculo de pobreza", cerró.

 

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    Teatro: cartas entre Perón y Cooke
    Teatro: cartas entre Perón y Cooke
TEATRO

La Bala de Plata: el eco de la correspondencia entre Perón y Cooke

31 Marzo 2026

Asistir a esta función en El Excéntrico de la 18° —espacio emblemático de la resistencia cultural que hoy celebra sus cuarenta años— fue participar de un ritual de memoria y, al mismo tiempo, de un diálogo rabiosamente actual. Bajo la dirección de Graciela Camino, la obra nos invita a recuperar la conversación política y a trabajar la escucha como un acto de inteligencia y compromiso; algo que, en los tiempos que corren, suena tan revolucionario como las cartas originales de Perón y el "Bebe" Cooke.

La pieza recupera el intercambio epistolar entre Juan Domingo Perón y John William Cooke (1955-1968). Si bien es harto probable que el espectador conozca los textos, ese detalle no hace más que subirle el precio a la puesta: el desafío aquí no es la novedad del dato, sino la vibración de la palabra en el cuerpo.

La política como mediunidad

Camino logra transformar el archivo histórico en un hecho estético vivo. Hay una suerte de operación de desplazamiento espacial donde la voz de esos hombres, arquitectos de una resistencia en sombras, es habitada por Cristina Banegas y Karina Elsztein. Ellas no “hacen de” Perón y Cooke; devienen en una suerte de médiums, vehículos de una lengua que, en la era del eslogan vacío y el ruido blanco de las redes sociales, suena como una música olvidada y necesaria.

Banegas se luce con un manejo del decir de precisión orfebre; su voz tiene el peso de la historia sin perder sensibilidad. Por su parte, Elsztein aporta la contraparte dialéctica necesaria, un juego de espejos donde el pensamiento político se vuelve pura acción dramática. Durante la función, el espectador se verá tentado más de una vez a acotar o contestar, fruto de una dialéctica que todavía nos quema.

Una atmósfera de pensamiento

La puesta, dedicada a la memoria de Horacio González, entiende que el conflicto es el pensamiento. La escenografía y el vestuario de Magda Banach no buscan el realismo de época, sino construir una "oficina del exilio", un no-lugar donde se gesta el destino de un pueblo. La iluminación de Agnese Lozupone recorta los cuerpos en esa penumbra estratégica, mientras el diseño sonoro y la música de Ariel Naón puntúan la urgencia de una correspondencia que cruzaba el océano en el filo de la derrota.

La Bala de Plata pisa en firme en un terreno complejo que juega a tres bandas entre el documento histórico, la política entendida como pasión y la alucinación poética. Es volver a encontrarnos con un teatro capaz de ofrecernos herramientas de combate intelectual en lugar de simples piezas de museo. Una obra urgente, necesaria y, sobre todo, profundamente bella en su ferocidad política. Aprovechen esta reposición y vayan a ser parte de la experiencia.

  • Funciones: Viernes a las 20.30 hs (hasta el 17/4).

  • Lugar: El Excéntrico de la 18ª (Lerma 420, CABA).

  • Entradas: Por Alternativa Teatral o en boletería.

FICHA ARTÍSTICO-TÉCNICA:

  • Dramaturgia: Basada en la correspondencia Perón-Cooke.

  • Actúan: Cristina Banegas, Karina Elsztein.

  • Escenografía y vestuario: Magda Banach.

  • Iluminación: Agnese Lozupone.

  • Música y Diseño Sonoro: Ariel Naón.

  • Asistencia de Dirección: Juan Isola.

  • Prensa: Prensópolis.

  • Producción ejecutiva: Andrea Hanna.

  • Dirección: Graciela Camino.

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    Claudia Sheinbaum, primera presidenta de México
    Claudia Sheinbaum, primera presidenta de México

Derecho comparado: consumo, alimentos y modelos laborales en tensión

31 Marzo 2026

La política económica impulsada por el gobierno de Claudia Sheinbaum se percibe de manera inmediata al recorrer la Ciudad de México. Su impacto se manifiesta, sobre todo, en el consumo popular, que no aparece como una preocupación primaria para amplios sectores de la población. El acceso a los alimentos resulta amplio y variado: frutas, maíz, carnes, moles y productos del mar se ofrecen a precios accesibles en mercados tradicionales como el de San Juan, donde es posible observar escenas cotidianas de consumo digno incluso entre sectores de ingresos modestos.

Los mercados abastecedores y comercios minoristas, distribuidos a lo largo de la ciudad, sostienen una lógica de precios razonables y diversidad de oferta. México reafirma así su posición como potencia regional, no solo en términos productivos, sino también en su capacidad de garantizar condiciones básicas de acceso al consumo alimentario.

El contraste con la realidad argentina resulta evidente. Desde el inicio del gobierno de Javier Milei, diversos indicadores reflejan una fuerte contracción del consumo interno. El encarecimiento sostenido de los alimentos —con aumentos significativos en productos esenciales como la carne—, sumado a la pérdida del poder adquisitivo, ha generado un escenario en el cual amplios sectores de la población recurren al crédito para acceder a bienes básicos.

Este fenómeno se inscribe en un contexto de economía recesiva, caracterizada por políticas que desalientan el consumo. La consecuencia directa es la afectación de una condición elemental para cualquier proyecto de desarrollo: el acceso adecuado a la alimentación. Sin consumo interno sostenido, la dinámica productiva se resiente y se debilitan las bases del crecimiento económico.

El paraguas jurídico

A más de un siglo de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, México continúa proyectando un modelo jurídico con una marcada impronta social. Aquella Constitución —pionera en la consagración de derechos sociales en la región— sigue operando como un faro normativo que orienta reformas contemporáneas, entre ellas la discusión sobre la reducción de la jornada laboral.

En este contexto, resulta ilustrativa la opinión del Dr. Guevara, abogado con actuación en representación de empresas, quien difícilmente pueda ser caracterizado como un actor sindical. En diálogo profesional, sostuvo que la reforma constitucional en materia laboral constituye “una oportunidad para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores”, agregando que ello “también resulta positivo para las empresas”.

Este tipo de apreciaciones —que en una primera lectura podrían parecer evidentes— revelan, sin embargo, la persistencia de un consenso básico entre sectores tradicionalmente contrapuestos, algo que en el escenario argentino aparece sensiblemente debilitado.

Modelos en disputa

En paralelo, Argentina transita un proceso de reforma laboral que ha sido señalado como uno de los más regresivos en la historia del derecho del trabajo nacional. A diferencia del caso mexicano, donde las transformaciones se orientan al acuerdo entre sectores, en Argentina las modificaciones normativas aparecen impulsadas con escaso consenso social.

La diferencia entre ambos procesos no es meramente técnica, sino profundamente política. En México, la reforma laboral se presenta como una herramienta para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y, simultáneamente, fortalecer la estructura productiva. En Argentina, en cambio, la lógica predominante parece orientarse hacia la flexibilización: reducción de derechos, facilitación de despidos y disminución de costos laborales como vía para incentivar el empleo.

Esta divergencia revela dos concepciones antagónicas. Por un lado, un modelo que apuesta al consenso y a la ampliación de derechos como motor del desarrollo; por otro, uno que prioriza la desregulación bajo la premisa de que el mercado, por sí solo, generará condiciones de crecimiento.

Conclusión

Lejos de una visión de conflicto permanente, México parece retomar —con sus particularidades— una lógica de concertación social, donde Estado, trabajadores y empresas construyen acuerdos básicos para el desarrollo.

Argentina, por su parte, atraviesa un proceso de redefinición en el cual el objetivo de modernización normativa corre el riesgo de traducirse en un retroceso en materia de derechos laborales.

En este contexto, el análisis comparado no solo permite identificar diferencias, sino también interrogar el rumbo propio: si el desarrollo debe construirse sobre la base del consumo, la protección social y el consenso, o sobre la desregulación y la retracción del Estado.

 

El autor es abogado laboralista. Contacto: estudiodrarabia@gmail.com

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    Justicia social_Paro General_Daniela Morán_24-01-2024
    Foto: Daniela Morán

Juez que frenó reforma laboral: "La constitución nacional no puede ser un libro olvidado"

31 Marzo 2026

El juez titular del juzgado del Trabajo N° 63, Raúl Horacio Ojeda, otorgó una cautelar a la CGT contra 82 artículos de la Reforma Laboral promulgada por el gobierno de Javier Milei a partir de una ley sancionada por el Congreso. "La Constitución Nacional parece ser un libro olvidado, cuando es nuestra máxima guía", dijo. 

"La reforma del 94 incluyó la adhesión de la constitución a pactos internacionales, uno de ellos, sostiene que no puede haber retrocesos en materia social y económica. Es un principio constitucional. Esto ya lo habían advertido muchos constitucionalistas. Lo que sostengo en el fallo es que habría una violación a ese principio", describió en diálogo exclusivo con AM 530.

"También sostengo que habría una violación a la libertad sindical, que está garantizada también. Es una cautelar, no es un fallo judicial. Ahora el Estado dará sus argumentos y serán anlaizados y se verá cómo se sigue. Está abierto el debate pero esos artículos están suspendidos. Esta medida trae paz social hasta que se dicte un fallo definitivo, que lo hará finalmente la Corte Suprema", siguió el magistrado. 

"Con la cautelar se suspendieron 82 artículos. Esta suspensión hasta que haya sentencia definitiva trae tranquilidad y seguridad jurídica a los trabajadores y a los empleadores. Porque hasta que no haya sentencia definitiva puede haber mucha judicialización", aseguró Ojeda. 

Por último, definió: "El congreso saca leyes, está en su facultad pero la justicia tiene que evaluar si ajusta a lo que dice la constitución, que, insisto, es nuestra guía superior. La constitución son leyes que se escriben en tiempos de paz para momentos de conflictividad, como es el actual. Ahora el Estado apelará y la Cámara definirá". 

 

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    Rosas y Mitre (imagen realizada con IA)
    Rosas y Mitre (imagen realizada con IA)

Cuando Rosas le salvó la vida a Mitre

30 Marzo 2026

A ciencia y cierta es difícil aseverar el hecho que a continuación será narrado, debido a la fuente testimonial de uno de los hombres más controvertidos de la historia nacional. 

Sería de necio negar que Bartolomé Mitre, fue por caso uno de los hombres más brillantes de su tiempo. Esto no implica reconocer en su "angel", un compromiso para con los intereses de la patria, sino, justamente lo antagónico... ese "angel", estuvo al servicio de intereses foráneos. 

No es una injuria infundada por capricho de quien escribe, es la lectura compartida, que se desprende de una de las frases más descriptivas de la vida de don Bartolo.

La suela del zapato

- Cuando uno de sus mejores discípulos le presentaba ante sus ojos, la obra constitutiva del revisionismo histórico (Historia de Rosas y su época, finalmente denominada Historia de la Confederación Argentina) Mitre le dijo a su autor, Adolfo Saldías, en una carta cargada de altisonante contrariedad, unas de las frases que resumen conceptualmente a Mitre como constructor de un sentido común de país: 

"(...) debo declararle, que conscientemente las guardo, como guardo los nobles odios contra el crimen que me animaron en la lucha".¹

Mitre recurrió a la mentira y a los "nobles odios" para construir un tipo de país dependiente absoluto del imperio británico. Detrás de las elocuentes palabras escritas a Saldías, llenas de una narrativa épica y gramaticalmente heróica, estaban las intensiones extranjerizantes del tísico. 

Créase o no ... su principal enemigo, fue el hombre que según su testimonio, lo había  salvado de la muerte, a causa de la malvada impericia del hermano. 

¿Paradoja histórica? 

Si la historia en cuestión fuera corroborable de autenticidad documental, no debería llamar demasiado la atención la acción del joven Rosas. Por otro lado, tampoco sería justo cargarle a Mitre toda la responsabilidad en la entrega del país a los capitales extranjeros. Todo en su justa medida es el modo en intentar reconstruir un rompecabezas. Por último, la historia podría ser genuinamente cierta; Rosas fue un gaucho de ley. Esto implicaba en el siglo XIX ser del riñón de un elemento del mundo rural con determinadas características morales. Rosas y la gauchada del baqueano o pueblerino era ley en los desiertos salvajes. No es cuestión de romantizar al gaucho bravo de la pampa. Al mismo su historia lo envuelve entre miserias y virtudes, aunque poseía indudablemente, un aura de campechanismo religioso de gran valor humano. 

La anécdota a continuación la narra él historiador Roberto Antonio Lizarazu:

<< Si bien es cierto que Juan Manuel de Rosas le llevaba algunos años a Bartolomé Mitre, veintiocho para ser precisos, ambos se conocieron en circunstancias providenciales para Mitre. Seguramente como lo narra él mismo,  en “Mis Memorias y Escritos Sueltos”² si Rosas no lo hubiese encontrado casualmente, Mitre y su cabalgadura hubiesen muerto ahogados pretendiendo cruzar  el Salado en época de creciente.

Rosas nace en Buenos Aires el 30 de marzo de 1793 y Mitre en el mismo sitio el 26 de junio de 1821. No fueron amigos ni parientes ni conocidos socialmente. No pertenecían a la misma generación. Sin embargo la casual circunstancia de haberse encontrados fue providencial para Mitre.

El que si era amigo de la familia Ortiz de Rozas, era el padre de Bartolomé, Ambrosio Mitre. En el verano de 1834, Ambrosio Mitre, lo envía a Bartolomé, de trece años de edad,   a pasar el verano a la estancia El Rincón de López, propiedad de su amigo Gervasio Rozas, (quien a diferencia de su hermano menor Juan Manuel había conservado la z del apellido) y quien había comprado en 1830 la mencionada estancia a los hermanos Juan José y Nicolás Anchorena. Gervasio Rozas regenteaba esta estancia desde 1828 y la había comprado en 1830 por 164.000 pesos fuertes. Estaba ubicada en la margen derecha (costa sur) del Río Salado en lo que en ese momento era el Partido del Tuyú.

En cierta ocasión Gervasio Rozas lo mandó al joven Bartolomé con un recado para entregar en un puesto ubicado en la margen opuesta del Salado.  A partir de este momento, transcribiré lo escrito por Mitre en el libro mencionado.

“Había llovido bastante y el río estaba algo crecido.”

“Yo no era baqueano en los pasos  y buscaba el más aparente para vadearlo y ya iba a intentarlo por donde mejor me pareció, cuando surgió de improviso un jinete  muy apuesto y muy bien aperado que me gritó.”

“Chiquilín, ¿Qué vas a hacer?”

“Voy a pasar el río, señor”

“Por ahí no, criatura; te vas a ahogar”

“Y agregó imperativo, dando espuelas a su caballo: Sígueme”.

“Yo le obedecí y anduvimos silenciosamente varias cuadras, costeando el río.”

“Este es el vado más seguro. Agárrate bien de las crines de tu caballo y anda tranquilo, pero fijate para no errarle en el regreso.”

“Gracias señor, le respondí.”

“¿Y como te llamas? Me preguntó entonces el providencial personaje.”

“Bartolomé Mitre señor, repliqué.”

“De donde eres.”

“De lo de don Gervasio Rozas.”

“Aja, decile a Gervasio, que dice su hermano Juan Manuel que no sea bárbaro, que no se envía a una criatura como vos a cruzar el Salado crecido sin mandarlo a la muerte.”

“Y dale recuerdos míos.”

“Serán dados, señor.”

“Así conocí a Juan Manuel de Rosas.” >>³

La relación entre Gervasio y Juan Manuel no siempre fue la mejor; de hecho, el "cardo", se salvó por la intromisión de la madre de ambos (Doña Agustina López de Osornio) cuando se frustraron los planes de los Libres del Sur en Chascomus, el gobernador de Buenos Aires, se enteraba de la participación indirecta de su hermano para derrocarlo. 

Los hacendados enfiteutas del levantamiento de Dolores, Monsalvo y Chascomus, tenían buena relación con Gervasio. Rosas ordenó capturarlo, el destino de Gervasio no parecía el mejor. La madre en cierta forma regañó a Juan Manuel y el "cardo", siguió con vida."

Fuentes:

¹Publicada la carta entera de Mitre a Saldías en Gazeta Federal. 
²Bartolomé Mitre, Mis Memorias y Escritos Sueltos, Publicado por el Museo Mitre en Editorial Coni, 1921, con motivo de los festejos del  centenario del nacimiento de Mitre.
³ Artículo del historiador Roberto Lizarazu en Blogger del autor.

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    Julio Piumato
REFORMA LABORAL

Julio Piumato: "Nadie enfrentó este gobierno como el Movimiento Obrero”

30 Marzo 2026

En diálogo con “Más o menos bien” (sábados de 18 a 20hs por Radio con vos), Julio Piumato, secretario de la Unión de Empleados Judiciales de la Nación (UEJN), analizó diversos temas de actualidad.

A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“El rol del movimiento obrero en la resistencia a la dictadura y en la lucha por la recuperación de la democracia es una parte de la historia que está adrede diluida y muy poco contada porque no pudieron eliminarlo y desde los grandes medios de comunicación se terminó ninguneando eso”.

“Creo que los jueces tienen la responsabilidad de hacer respetar la Constitución Nacional, la cautelar que frena el traspaso del fuero laboral a la justicia de la Ciudad está vigente y es fundamental porque se creó para que haya una justicia que realmente equilibre una relación tan desigual como la que existe entre el capital de los patrones, cada vez más concentrado, y la figura del trabajador”.

“Está claro que toda la reforma laboral viola claramente las reglas de juego que tiene nuestra sociedad y están plasmadas en la Constitución Nacional, tanto en el Artículo 14 bis como en el Artículo 75 inciso 22 que plantean con claridad los derechos de los trabajadores y el principio de progresividad o no regresividad de los mismos”.

“Para avanzar sobre los derechos de los trabajadores tienen que avanzar sobre el movimiento obrero, nadie enfrentó este gobierno como los trabajadores organizados que frenaron, primero, el Decreto 70/23 e hicieron las grandes movilizaciones”.

“Un sector muy importante votó por este gobierno y condiciona a las organizaciones sindicales, nuestro gremio es el que más paros ha hecho desde su asunción por la perdida salarial que hemos tenido. Llevamos 49 paros de 24 horas en dos años y medio”. 

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    Berenice Iañez
PERONISMO EN CABA

Berenice Iañez: “Se puede ganar la Ciudad”

30 Marzo 2026

En diálogo con “Más o menos bien” (sábados de 18 a 20hs por Radio con vos), la legisladora porteña Berenice Iañez analizó la actualidad política de la Ciudad de Buenos Aires.

A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“Hace año y medio que venimos trabajando en la Ciudad quienes nos referenciamos en Axel Kicillof y el jueves pasado fue una reunión de referentes políticos y el lanzamiento del Movimiento Derecho al Futuro, primer distrito por fuera de PBA para impulsar y construir el MDF”. 

“En la Ciudad hace veinte años que gobierno un proyecto que hoy se agracia con el gobierno nacional y se siente cómodo con las políticas de Javier Milei, hemos visto cómo se profundizaron las desigualdades, cómo se pasó a hablar sólo de una Ciudad de servicios y cómo los últimos años de Horacio Rodríguez Larreta fueron malos y Jorge Macri deja mucho que desear en muchos aspectos”.

“La construcción de la fuerza no va a implicar sólo qué dirigentes tenemos sino qué aporta desde un programa federal, no es poco en una ciudad que siempre nacionaliza las discusiones y necesita pivotear entre lo nacional y lo local”.

“El peronismo puede ganar la Ciudad de Buenos Aires, actualizar la doctrina tiene que ver con pensar hoy una ciudad productiva porque tiene que ser la capital de todos los argentinos y argentinas referenciada desde un desarrollo federal”.

“Depende del peronismo que quiere ser opción de poder y se plantea como una cuestión hegemónica poder articular en equilibrio y de manera armoniosa los distintos intereses de sectores que nosotros entendemos que son los que sacan el país adelante”. 

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    Nicolás Caropesi
    Nicolás Caropesi
APU ENTREVISTAS

Caropesi (UTEP): "Nos cuesta que los trabajadores formales comprendan el planteo de la economía popular"

30 Marzo 2026

Martes 17 de marzo. Estamos en la sede de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) en el barrio de Constitución, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Quien nos recibe es Nicolás Caropresi, coordinador nacional del Movimiento de Trabajadores Excluidos. Una charla sobre economía popular, trabajo y militancia. 

APU: Desde el exilio, Perón utilizó la idea de trasvasamiento generacional para describir la necesidad de renovación del movimiento. A su vez, Francisco decía: “El tiempo es superior al espacio” y que es más importante impulsar procesos que ocupar espacios. Dentro del MTE, ¿cómo se llevan con esta idea? Y, desde su perspectiva, ¿de qué modo se impulsa un proceso entendiendo que la militancia debe acompañar el empoderamiento de los sectores populares?

NC: El movimiento se fundó y se creó alrededor de una necesidad concreta, que era la de los trabajadores cartoneros en la Ciudad de Buenos Aires. No es que se creó a partir de una idea de la sociedad que queremos construir y bla bla bla. Más allá de que esa idea la impulsaban la mayoría de los militantes de ese momento. Pero el objetivo fue organizarse con trabajadores que estaban trabajando en la Ciudad de Buenos Aires y cómo la organización permitía mejorar la vida de esos trabajadores y esas trabajadoras. El rol de la militancia fue siempre acompañar o ser como una traducción entre la burocracia del Estado, de la ley, etc., y los deseos de esos trabajadores en cómo organizarse, cuáles son las necesidades.

Entonces, para nosotros, la frase de Francisco, sobre todo la de “es más importante impulsar procesos que ocupar espacios”, es fundamental. Lo principal es ser una herramienta en la organización de otras personas y brindar la experiencia en la organización para seguir fomentando esa organización y esas victorias y esas conquistas. Usamos algunos dispositivos para que eso sea así, como no estar siempre en la misma tarea, tratar de ir combinando las tareas que lleva cada persona adelante. Después de un tiempo, dejar de hacer esa misma tarea y que otro compañero pase a ocupar ese rol y pasar a hacer otra tarea. Intentamos que haya como movilidad y no generar estructuras estancas, que fueron posibles en un contexto, pero en otro contexto ya quedan viejas, desactualizadas. Entonces es estar todo el tiempo. Es ser como enfermero, como estar a la par de las necesidades de los compañeros y compañeras. Discutir, generar un proceso de conciencia, de fabricar objetivos en base a esas necesidades y pelear por esos objetivos todo el tiempo.

APU: Bueno, esta es una pregunta más personal, pero: ¿cómo hiciste para compatibilizar la militancia social con el estudio universitario?

NC: Y, yo estudiaba Antropología en la UBA. No la terminé, me quedaron cinco materias por rendir, más la tesis. Eso fue más un problema de desorganización mía que echarle la culpa a la militancia de lleno.

APU: Pero cuando vos arrancaste con los cartoneros, en el MTE, ¿seguías estudiando?

NC: Sí, seguía estudiando mucho tiempo. Yo arranqué en el 2010 más o menos. Y ahí metí un par de materias más y dejé. Me había anotado en otra carrera que quise empezar, Ingeniería Agropecuaria, en la UBA también, en Agronomía. Pero me quedaba muy a trasmano y ahí no me pude organizar, porque yo ya tenía tareas laborales también en el movimiento, entonces tenía que cumplir con cuestiones laborales de trabajo concreto, pero ahí el problema fue mío. No le puedo echar la culpa a la militancia.

Sí creo que mi carrera de Antropología me ayudó mucho en este proceso. Incluso en el entendimiento de las palabras de Francisco, en esta idea de acompañar los procesos, de no ocupar lugares sino ser una especie de vehículo frente a las necesidades que iba generando el movimiento.

APU: ¿Te ves en algún momento dejando de militar en la base social para pasar a la militancia político-partidaria?

NC: Yo no. Yo siempre tengo un planteo que es: militar implica estar donde a uno se lo necesita, y no a uno, donde se necesitan brazos, básicamente, porque no es que las personas sean imprescindibles. Nadie es prescindible, ni tampoco nadie es imprescindible. También estar siempre para las tareas que el movimiento requiere. Pero no, no tengo una aspiración político-partidaria –eso lo digo hoy, capaz que algún día aparezco, pero no está en mis objetivos concretos–.

APU: ¿Cómo está la negociación para que la UTEP se incorpore a la CGT? Y, ¿qué falta para que a la UTEP se la reconozca completamente como un sindicato?

NC: Nosotros hemos avanzado bastante en el reconocimiento de la UTEP. Hoy es una personería social-gremial, es decir, la diferencia con una asociación civil cualquiera es que nosotros tenemos una inscripción en el Ministerio de Trabajo, lo cual es la novedad o la conquista de la UTEP. Todavía nos falta para un reconocimiento absoluto, por decirlo de alguna manera, como gremio. 

Pero bueno, en ese camino es que venimos trabajando. Desde que nació la CTEP y después la UTEP, nuestro objetivo siempre fue integrarla a la Confederación General del Trabajo, porque creemos que la clase hay que organizarla en un solo puño y que ahí está la vocación de la UTEP. Nos cuesta que los trabajadores formales entiendan un poco el planteo de la economía popular, está muy asociado a la idea de “planero” y de “gente que no quiere laburar”, etcétera. 

Entonces nosotros venimos trabajando y convenciendo sindicato por sindicato, dirigente por dirigente, tratando de que tengan una aceptación más congruente con lo que nosotros definimos que es la economía popular. Porque ahora, ponele, estamos en un buen vínculo, una buena relación con la CGT, pero también tiene que ver con la coyuntura. Siempre que las cosas están mal y jodidas para todos es más fácil la unidad y, sobre todo, con la UTEP, que está siempre en la calle, a la CGT también le sirve que haya actores con los que coordina que tengan un rol protagónico en la confrontación callejera. Entonces en eso nos llevamos bien, como nos fue durante el gobierno de Macri, donde conquistamos la emergencia social, la personería social, el Salario Social Complementario, la Ley de Integración Socio-Urbana. Y eso todo se consiguió gracias a la articulación con la CGT, además de la Iglesia y otros actores. 

Pero todavía falta. Ni la política puede reconocer el planteo de la economía popular, ni el más peronista de izquierda que podamos encontrar. Porque tiene que ver con una actualización doctrinaria que el peronismo todavía no está dispuesto a hacer, que parte de la premisa de afirmar que el capitalismo como sistema integrador de la masa trabajadora ha fracasado. Ya no puede incluir con derechos y en empleo formal a toda la cantidad de trabajadores que existen en el planeta. La OIT dice que hoy el sesenta por ciento de la población económicamente activa, más o menos, está en la informalidad. Un treinta por ciento de esa informalidad es trabajo en negro, o sea, es una estafa laboral, es un empresario que contrata a un trabajador sin un contrato legal, sin nada que clarifique esa relación. Pero después hay un setenta por ciento de trabajadores que se inventaron su salida laboral.

APU: ¿Qué pensás de la fractura dentro de la CGT, a partir de la conformación del FreSU (Frente de Sindicatos Unidos), nucleado por Aceiteros, UOM, Aeronáuticos, ATE...? ¿Qué pensás de eso?

NC: Mirá, yo creo que hay una… así como se dice todo el tiempo que ha fracasado la política, yo creo que lo que está en crisis es toda forma de representación, ya sea la política electoral, ya sea la gremial, ya sea la social. Hay una crisis de representación que, sobre todo, tiene que ver con que hay un sistema que está en crisis en este momento, entonces no está habiendo una capacidad de respuesta a las necesidades que esa crisis está generando. En eso cada uno emprende una búsqueda de cómo confronta y cómo exige las respuestas para mejorar las condiciones de amplios sectores de la sociedad. En esa búsqueda yo creo que empiezan a haber encontronazos, por decirlo de alguna manera, donde hay sectores que buscan un diálogo más a través de la institucionalidad y donde hay sectores que promueven un poco más la confrontación directa y callejera. El FreSU es una expresión de eso. Sin embargo, la CGT igual tiene los mecanismos para contener esa contradicción internamente. Pero es muy difícil hacer algo que se hace como un ejercicio muy sencillo, que es culpar a la dirigencia de la CGT por la situación actual de los trabajadores. Creo que todos tenemos una cuota de responsabilidad de la situación actual, por omisión, por acción, por lo que sea. 

Entonces ahí nuestra prédica es más ver cómo generamos la unidad de concepción. Obviamente siguiendo nuestra hoja de ruta, y si eso es articular con el FreSU, cada tanto articular con el FreSU, cada tanto articular con la CGT y cada tanto salir por nuestras peleas concretas. Hay algo que nos pasa, que el FreSU tampoco reconoce el rol de los trabajadores de la economía popular. Entonces ahí estamos teniendo el mismo problema que tenemos con la CGT. La diferencia, lo que a uno lo hace sentir más cómodo con los actores del FreSU, es que, bueno, son más combativos, para decirlo de alguna manera, o por lo menos generan acciones de visibilización de problemáticas que por ahí la CGT hoy no lo está haciendo tanto. Pero en el fondo, ni la CGT, ni los que pulseamos, ni nadie está teniendo una capacidad de negociación con este gobierno para contener el destrozo que están haciendo.

APU: Uno percibe, en el imaginario colectivo de los trabajadores de plataformas, que hay derechos resignados de por sí. Te escuché decir que hay un “cambio de conciencia que han logrado en algunos sectores de la sociedad”, y que es necesario revertir esto.
Si hay resignación, ¿cómo se revierte esa conciencia adormecida? Dentro del MTE, ¿tienen alguna propuesta o se han intentado acercar al sector? ¿Cómo viene la cosa con los trabajadores de plataformas?

NC: Yo ahí tengo un planteo, que lo estamos empezando a discutir con los compañeros, y es que el mundo de las aplicaciones, sobre todo Uber, PedidosYa, Rappi, etc., los que la nueva ley laboral plantea como los que interactúan en la plataforma entre los que buscan un servicio y los que ofrecen un servicio. Porque la nueva ley laboral argentina lo que establece es que no hay una vinculación laboral entre el trabajador de Rappi y el programa Rappi, sino que Rappi vendría a ser como el paño o la cancha donde se encuentra el que tiene la bici y ganas de pedalear y el que quiere un plato de comida y lo pide a través de una aplicación. Entonces, para mí, hay algo que es el capital metiendo la cola en la economía popular, es decir, en esta cosa de subsistencia de generarse su propia salida laboral. Entonces hay un concepto que usan mucho para la organización social y para los sindicatos, que es como que somos los “CEOs de la pobreza”, los “gerentes de la pobreza”, y, básicamente, Rappi, Uber y esos son gerentes concretos de la pobreza, donde extraen una ganancia dolarizada del trabajo cotidiano de personas que no tienen ningún otro derecho más que el de pedalear por tiempo indeterminado. Obviamente, en un contexto donde se está destruyendo toda forma de empleo y de trabajo también, porque al destruir el Salario Social Complementario, pero también al abrir las importaciones, al destruir toda la industria local, al sacarle guita a la gente, a que haya menos capacidad de compra, etc., está arruinando a todos los sectores de la economía en general. Y por ahí la aplicación en un momento era una salida rápida de esa situación. Lo que está pasando en este momento, lo cual para mí es un momento que abonaría en contra de la resignación, es que muchísima gente se está volcando al mundo de las aplicaciones por la falta de empleo registrado, caída del poder adquisitivo.

Ahí yo creo que se abre una etapa de interacción. Nosotros hemos intentado acercarnos a estos trabajadores. Es algo que cuesta también porque hay miedo de que, si te descubren organizado, te pueden bloquear de la aplicación, de cómo se pelea contra un fantasma robotizado como es la programación, etc. Pero bueno, es cuestión de ir buscándole la vuelta. Yo justo participé el año pasado en la OIT, donde se debatió esto del mundo de las aplicaciones, y los trabajadores en general todavía no logran un consenso en base a cómo encarar esa discusión. Entonces creo que ahí hay que hacer el mismo recorrido que hicimos los cartoneros, los ambulantes, los textiles, los de la agricultura familiar, etc., que es, bueno, acercarnos, discutir, entender adónde están los problemas y dónde están las reivindicaciones centrales. Que algunas pueden ser de seguridad; yo creo que hoy muchos de los trabajadores de aplicaciones necesitan alguna garantía de seguridad, sobre todo los que van en moto o bicicleta, que les roban a cada rato. Y ahí hemos tratado de elaborar alguna propuesta. Pero bueno, como te digo, es una búsqueda que hay que hacer, que en este contexto tiene un poquito más de abono y de efervescencia para discutir.

APU: Ahora vamos al libro del Éxodo, capítulo uno, versículo doce. Dice: “Cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían”. ¿En qué pensás cuando leés esto?

NC: Yo una vez en un texto usé esa frase. Tiene que ver con una cosa de que la persecución, la criminalización y todo lo que está haciendo este gobierno en este momento, más la explotación en los términos en que lo estamos viendo, o sea, hoy la gente la mayor parte del tiempo que está despierta tiene que estar trabajando, si no, no tiene cómo subsistir al día siguiente. Puede llegar a tener una primera etapa de desorientación e individualismo, pero después, cuando la caracterización es que todos estamos sufriendo bajo el mismo yugo, eso va generando organización, eso va multiplicando la organización, va multiplicando la solidaridad entre los trabajadores y trabajadoras, que es lo que estamos viviendo en este momento, aunque no estamos pudiendo revertir la política; por abajo se van uniendo las necesidades y se va clarificando dónde está el opresor, en este caso. Hoy el problema es Milei, pero ese Milei en algún momento fue Menem, en algún momento fue Macri, siempre fue Patricia Bullrich, siempre fue Sturzenegger, siempre fue Caputo. Pero bueno, creo que a lo que refiere esa frase es a eso, a esa cosa de que cada vez que el faraón castigaba más al judío frente a su reivindicación y a su derecho a la misa, porque la discusión ahí básicamente era tener derecho a sus rituales, la respuesta del faraón era mandarlo a trabajar más, mandarlo a trabajar más, mandarlo a trabajar más, y eso fue generando mayor identidad en la prédica de Moisés que en la del faraón y fue generando las condiciones para el éxodo.

APU: Bueno, dentro del género conducción, ¿qué modelos de conducción hay dentro del MTE?

NC: Nosotros en una época dividíamos entre huaychafes y huerquenes, utilizando una definición mapuche. El huaychafe tiene un rol hacia adentro de la comunidad y el huerquen tiene un rol en la interacción con el mundo blanco. Nosotros en un momento usábamos esa dupla para identificar al militante “carapálida”, como le dicen los cartoneros, y por el otro lado el militante de extracción popular, de base cartonera, etc. Y esa dupla era la que tenía que actuar en conjunto. Yo creo que la conducción, hoy, del movimiento es una conducción compartida, donde no es claro señalar a uno como el conductor. Hay un proceso de agrupamiento del procesamiento de las necesidades de cada una de las ramas, de cada uno de los sectores, de cada uno, que tratamos de volcarlo en una mesa de conducción en donde tengas alguna representación por rama, alguna representación por seguimiento nacional, federal, etc. Y ahí ir buscando esa forma de conducir de manera colectiva un movimiento que es colectivo. Entonces no sé si tengo muchas categorías. Sí creo que la principal virtud que tiene que tener quien tiene rol de conducción es estar a disposición de las necesidades del movimiento todo el tiempo. Había una frase que usaba un cartonero, que es: “el teléfono que siempre está prendido”. No conducir alejado, sino ser parte de la dinámica cotidiana y estar en el fácil acceso a las necesidades de los compañeros y las compañeras.

APU: Ahora vamos a una pregunta más específica y concreta. Si nos circunscribimos territorialmente al ámbito del AMBA y, cronológicamente, a estos dos años y tres meses del gobierno de Javier Milei, ¿en qué jurisdicción y qué rama sufrió más este gobierno? ¿Qué autocrítica, como dirigente, hacés de las decisiones que se toman dentro de la organización o qué faltó –más allá de lo obvio, de un gobierno que sea consciente de la economía popular y de las necesidades del pueblo pobre–?

NC: Lo más afectado hoy creo que es la zona NOA y NEA, o sea, el norte argentino es lo más afectado, pero sobre todo porque es de los lugares donde la economía popular tiene mayor presencia. El AMBA, también.

El socio-comunitario, que son las tareas del cuidado, que van desde dar de comer hasta cuidar a los niños, hasta educarlos, hasta generar espacios de esparcimiento deportivo, cultural, etc., fue lo primero que atacaron y destruyeron. Le quitaron la mitad de lo que era el Nexo. Nosotros habíamos conquistado el Salario Social Complementario y, durante la pandemia, conquistamos lo que se llama el Nexo, que era igualar el ingreso de un trabajador o una trabajadora socio-comunitaria al Salario Mínimo, Vital y Móvil. La primera medida que toma este gobierno es quitarle la mitad de ese ingreso. Cuando le quitás la mitad de ese ingreso, destruís fuertemente la organización de esa rama y, sobre todo, los niveles de dignidad, de ingresos y de derechos de esos trabajadores y esas trabajadoras. Pero después, las decisiones económicas o macroeconómicas de este país están destruyendo a todas las ramas por igual. A la rama cartonera le arruinaron el precio del material, o sea, lo bajaron casi en un 200% del valor que tenía cuando llegó este gobierno. A la construcción la hicieron pelota con la destrucción de la Secretaría de Integración Socio-Urbana. A la textil la hicieron pelota con la apertura de las importaciones de Temu y de cualquier ropa china.

APU: No solo eso, sino también que ellos tomaron una narrativa, a salir a decir en los medios que la industria textil nacional está carísima y que es mejor comprar los jeans de afuera, y toda la pavada esa.

NC: La producción de alimentos frutihortícolas también la destruyeron, importando tomate de Paraguay, de Bolivia, sandías, todas cosas de producción local. Entonces hay una destrucción generalizada. Si vos me decís “¿qué es lo más afectado?”, lo socio-comunitario lo hicieron pelota. Pero después veo que la afectación es pareja en escala para todo el mundo. Irradia en todas las ramas.

Navidad en el Congreso

APU: Bioy Casares supo decir que: “Mientras recorre la vida, el hombre anhela cosas maravillosas y cuando las cree a su alcance trata de obtenerlas. Ese impulso y el de seguir viviendo se parecen mucho”. Nuestro mundo abunda en cosas maravillosas. Bioy hizo, al azar, una lista: la libertad para quien está preso; la salud para quien está enfermo; el aroma a pasto recién cortado; la esperanza de escribir una buena historia. ¿Cuál es tu lista de cosas maravillosas?

NC: Apa, no estaba preparado. Hay algo que a mí me hace muy feliz, que es lo colectivo. Y, si querés, desideologizado, incluso atravesado por las contradicciones de la exclusión, etc. Pero la idea del encuentro, con momentos de felicidad, de alegría, de compartir, de preocuparse, de estar.

APU: Podríamos decir… la Navidad en Congreso.

NC: La Navidad en Congreso, que para mí es un ejemplo porque yo me crié en un pueblo de Misiones, al norte de Misiones, y era un pueblo chico. Entonces la comunidad era visiblemente comunidad. Nos conocíamos, compartíamos entre todos, también era otra época. Pero, por ejemplo, en las navidades era una festividad del espacio público, todos nos encontrábamos en las calles, festejábamos, se cruzaban las familias, y eso es algo de lo que pasa en la navidad en Congreso.

Eso… generar las condiciones para que la existencia en nuestra vida sea esa, no tanto el valor individual y las conquistas individuales de mi vida, sino esa pulsión aventurera de conocer al otro, de conocer lo otro, de entender las experiencias del otro. Es como uno de los principales anhelos que para mí se parecen mucho al olor a pasto y a todo lo que vos describiste. Esa es mi búsqueda, en esa búsqueda vinieron todas mis inquietudes intelectuales, mis inquietudes políticas. Y, hoy, formando parte del ecosistema de Argentina Humana, en los roles de vocerías y coordinación nacional del movimiento, etc., encuentro eso todavía, a pesar del ataque malvado que estamos sufriendo.

Entonces sé que hoy, mientras mantengamos vivas esas arcas de encuentro colectivo, vamos a lograr recuperar un poco la alegría del pueblo, porque creo que ahí es donde está mi búsqueda, en dónde cómo seríamos felices todos. Y ahí hay una cuestión fundamental que es que yo creo que sólo organizados vamos a ser felices, y eso es qué rol tiene que cumplir el Estado, la sociedad civil, y tiene que ver con cómo planificamos la vida en conjunto, en la idea de que mientras haya uno sufriendo, es la comunidad la que sufre, y no al revés.

APU: Muchas veces uno se pregunta para qué hace lo que hace, ¿vos para qué hacés lo que hacés?

NC: Creo que lo hago por eso, por esa búsqueda, que al mismo tiempo tiene una cuota de placer individual, que es esa necesidad colectiva que me fabriqué.

APU: Hace unas semanas hablaba con el Padre Toto y cuando le hice esta pregunta él me dijo lo mismo: “uno es feliz dándose”.

NC: Exactamente, eso es lo que yo vengo encontrado, en eso también gracias a Francisco he encontrado en los textos de la Biblia un poco de esa reflexión en ese sentido, y he conocido a gente como Toto, Carrara, el Padre Tano, el Padre Pepe, el Padre Paco. Que también van en esa búsqueda en sus diferentes formas, pero creo que lo que hay que predicar es fundamentalmente eso, es cómo somos felices en esa entrega, en esa experiencia en la búsqueda de felicidad.

No por nada el primer milagro de Jesús fue garantizar el vino en una fiesta de casamiento, porque lo que en el fondo Jesús estaba queriendo garantizar no era el vino sino la alegría en el festejo de ese matrimonio. Entonces, creo que ahí un poco está la búsqueda en cómo generamos momentos de felicidad en una vida que tiene mucho también de sacrificio.

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Nos cuesta que los trabajadores formales comprendan el planteo de la economía popular, que suele asociarse a prejuicios como el de “planeros” o “gente que no quiere trabajar”.
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    El debate sobre la ley de glaciares
    El debate sobre la ley de glaciares
DEBATES

Leonardo Pflüger: "La reforma de Milei es mala, pero el peronismo debe dar su propio debate sobre la ley de Glaciares"

30 Marzo 2026

AGENCIA PACO URONDO dialogó en un nuevo episodio de su podcast en Spotify con Leonardo Pflüger, licenciado en Gestión Ambiental (CAECE) y Especialista en Gestión Pública (UBA). Además, trabajó quince años en el ex Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación y fue Director Nacional de Producción Minera Sustentable. En la actualidad, es docente en UNSAM, UNRN y UCA, y consultor en sustentabilidad y estrategia ESG. Su posición sobre la ley de Glaciares que el gobierno de Javier Milei quiere reformar.

APU: ¿Cómo estás viendo el debate en torno a la reforma de la ley de Glaciares?

Leonardo Pfluger: Es un debate muy chato, donde básicamente todos los involucrados eligieron ponerse en veredas opuestas, sea una u otra. Nadie busca encontrar un punto en común. Por un lado, está la postura del sector minero que me parece que está mal asesorado. Ellos defienden esta reforma que para mi es mala y no lo digo porque crea que la minería no deba hacerse porque impacte sobre los glaciares. No va a impactar como no impacta en otros países que tienen minería y glaciares. Por otro lado, el lado progresista o peronista, están en una postura radicalizada en contra de cualquier reforma. No se buscan acercar posiciones. El gobierno no quiere realizar un diálogo sino que hace todo a las patadas. Me parece que desde el peronismo hay que marcar una postura diferencial, que no significa hacer lo que propone Milei, pero tiene que defender la producción y la industria. El peronismo defendió la minería. En Santa Cruz, fue el kirchnerismo el que alentó la minería. Cuando tenés la postura de "los glaciares no se toca" se hace difícil cualquier diálogo. 

APU: ¿Dijiste que al sector minero tampoco le sirve la reforma de Milei?

LP: Coincido parcialmente con las posiciones ambientalistas. La reforma tiene falencias constitucionales, porque entre otras cosas desvirtúa el concepto de presupuestos mínimos que está contemplado en el artículo 41 de la Constitución o no construye procesos participativos legítimos. Mi lectura es que la reforma de Milei va a tener una avalancha de juicios. El sector pide seguridad jurídica y esta reforma no la da, todo lo contrario

APU: Las mineras acompañan porque hay toda una narrativa a favor de la producción minera pero decís que no están viendo ese problema.

LP: Me siento un poco descolocado. Hablo con gente del sector y reconocen que esta reforma puede generar mucha conflictividad. Pero hay algo como un miedo a hablar o discrepar. Entonces, como mucho sector apoya, el resto acompaña. Yo creo que la ley de Glaciares hay que cambiarla, pero no así, esto es atarlo con alambre, salir del paso de forma desprolija. 

APU: ¿Qué le cambiarías a la actual ley de Glaciares?

LP: El artículo 6 que es el prohíbe la actividad minera en ambiente periglaciar. Cuando se aprobó la ley hace 16 años le preguntaba a legisladores nacionales si existía algún antecedente de una ley similar en el mundo. Y te decían, 'no, estamos siendo pioneros'. Bueno, pasaron 16 años y seguimos siendo los únicos. No está bien. Ser pioneros es ser el primero en algo que todo el mundo sigue. Esto es otra cosa. 

APU: ¿Por qué es tan malo ese punto?

LP: Nadie se tomó el trabajo de hacer derecho comparado, es decir, cuál es el marco regulatorio en países donde hay minería y glaciares. No somos el único país del mundo en ese sentido. Ningún país del mundo se calienta en definir ambiente periglaciar. Canadá tiene 50% de su territorio que es ambiente periglaciar y hace minería. En Chile hay un inventario de glaciares pero tiene minería. Lo que pasa es que ambos no tienen prohibición. El problema no es el inventario o la definición de ambiente periglaciar, sino la prohibición. El sector minero también mira mal el problema. 

APU: ¿Con la definición de ambiente periglaciar se busca proteger a los glaciares y a la zona que los rodea, como forma de asegurarse una protección al recurso hídrico que surge del glaciar?

LP: Es un debate estéril. De un lado del mostrador, se plantea que todo glaciar tiene un recurso hídrico estratégico que hay que defender. Del otro lado, que hay que hacer un inventario para ver cuál es estratégico y cuál no. Le están dando una connotación binaria cuando no debería haberla. Pongo un ejemplo: es como debatir si un árbol produce oxígeno o no, no hay nada que discutir, produce oxígeno. Ahora, si tenés un bosque de 2000 héctares y te planteas arrasarlo completo para producir soja es cuestionable. Si en ese bosque tenés que hacer una ruta que atraviesa solo una parte y para eso tenés que talar algunos árboles, es otro debate. Nadie dejaría de hacer una ruta por talar algunos árboles. Y cada uno produce oxígeno. Lo mismo pasa con los glaciares. Hay que evaluar cada situación. Hay glaciares de escombros que aportan agua pero muy poca. Vas a prohibir la minería por eso, que genera puestos de trabajo y recursos para el país

APU: Pero justamente en ese ejemplo que das: ¿No está bien, hacer un inventario que determine la capacidad hídrica de cada glaciar?

LP: No, porque estamos poniendo el carro delante del caballo. El inventario debe ser exhaustivo, tiene que poner todo como sucede en todos los países del mundo. Después, si tenés un glaciar de escombros que entra en conflicto con un proyecto, se evalúa proyecto por proyecto. Así se hace en los países que tienen minería y glaciares. Por ejemplo, hay una mina en Chile - a la altura de San Juan - que funciona hace más de 20 años. Tiene 15 glaciares de escombros a su alrededor. Trece están intactos. No es cierto que la minería arrasa con los glaciares. Dos no están intactos, los tuvieron que sacar. Eran dos glaciares que no aportaban mucha agua y en cambio la mina generó más 20 mil puestos de trabajos, directos e indirectos. Claro, si decís que cada gota de agua no se toca, no hay debate posible. 

APU: Con la reforma de Milei: ¿Se le da más poder a las provincias para que definan qué proyecto se aprueba o no?

LP: El poder ya lo tienen porque tienen la competencia de hacer el estudio de impacto ambiental, sea una mina o cualquier emprendimiento. El estudio lo hace el privado pero lo evalúa el Estado. En Argentina, es competencia de cada provincia. Vale para una mina o una fábrica de zapatos. La reforma le da una potestad adicional, que es sacar del inventario un glaciar. Yo digo: no tenés que sacar nada, tenés que hacer un estudio de impacto ambiental que demuestre que es más conveniente el proyecto minero en cuestión que mantener ese glaciar. Vuelvo al ejemplo de la mina en Chile. Del otro lado de la cordillera hay un proyecto en San Juan, que se llama Pachón. Es un proyecto de cobre. Arriba hay un glaciar de escombros de 4 hectáreas. Ese glaciar no alcanza para abastecer una hectárea de vid. No es razonable no hacer un proyecto minero por cuidar un glaciar así. No la hace ningún país del mundo. No lo hace Canadá. Hoy la única amenaza a los glaciares no es la minería, es el cambio climático. La minería puede afectar algún glaciar puntual. No tiene sentido la prohibición

APU: La primera ley de Glaciares fue vetada por Cristina. ¿Con qué argumentos?

LP: Muchos gobernadores peronistas, de provincias mineras, le dijeron que la ley era problemática así como estaba. Principalmente, Gioja, gobernador de San Juan. Con buen tino, Cristina la vetó. Después se insistió con una ley similar. Cristina no iba a pagar el costo político de vetar otra vez la ley. No se quiso construir un espacio de diálogo entre los sectores. No se quiso escuchar al sector minero. También hay que decir que el sector minero no supo expresarse como corresponde porque estaba y sigue estando mal asesorado. 

APU: ¿Por qué el peronismo ahora tiene una posición tan fuerte contra la reforma? ¿Porque la quiere sacar Milei o porque últimamente le cuesta vincularse con el sector productivo?

LP: Parte y parte. En el último tiempo el peronismo ha tomado como propias ciertas banderas de la izquierda y de la oposición a un supuesto extractivismo, concepto con el que no estoy de acuerdo. Se levantaron banderas de un pseudo ambientalismo que tiene posturas anticapitalistas. El capitalismo tiene problemas pero hay que resolverlos con políticas públicas no con una postura dogmática de oposición. El peronismo se está olvidando de las banderas de la producción que siempre caracterizaron al movimiento. Eso tiene impacto también en el electorado. Es un peronismo que no se hace cargo de los temas, porque hace muchos años que el sector minero le viene diciendo que esta ley es un problema. Después la reforma la termina haciendo otro. 

APU: Te hago las dos últimas preguntas. La primera: está la objeción a la capacidad de las provincias de controlar a empresas que son muy poderosas. ¿Qué opinás?

LP: Tenemos un régimen federal que surge de la constitución. Si no les gusta, cambien la constitución. Después, hay un prejuicio sobre las provincias. Yo creo que actúan con mucho profesionalismo y tienen capacidad para controlar. Por supuesto, esas capacidades van creciendo a la par del desarrollo productivo. Hay que promover el desarrollo productivo y usar los beneficios para fortalecer las capacidades institucionales. Se puede hacer. Hay provincias que lo hicieron muy bien. Hay una visión porteñocéntrica de gente que no tiene la menor idea de lo que es un proyecto minero y de la capacidad de las provincias. Está el clisé de decir que las provincias son corruptas

APU: La última: ¿Te parece necesario una empresa minera estatal?

LP: No. En su momento, YPF fue muy importante para el país. Pero estamos en otros tiempos. Está bien que la aerolíneas de bandera sea estatal porque se ocupa de rutas que no son rentables pero importantes para el país. Y el sector privado no se va a ocupar de lo que no es rentable. En el caso de la minería es rentable que hay inversión privada. El Estado debe destinar esos fondos para otras cuestiones que son muy importantes. En la mayoría de los países no hay empresas estatales mineras. Ni siquiera en Cuba, donde hay minería y se ocupan empresas privadas extranjeras. Tiene minería de níquel y cobalto que desarrolla una empresa de Canadá. Después el Estado debe sumarse en lugares donde no sea tanto negocio para el privado. Por ejemplo, agregar valor. Vamos al caso del litio. Argentina no puede producir baterías de litio, ni Estados Unidos puede hacerlo. Pero sí podríamos hacer cátodos de litio, que es un paso intermedio. Un privado no lo va a hacer pero sí el Estado. No es fácil pero se podría hacer. 

En el último tiempo el peronismo ha tomado como propias ciertas banderas de la izquierda y de la oposición a un supuesto extractivismo, concepto con el que no estoy de acuerdo. Se levantaron banderas de un pseudo ambientalismo que tiene posturas anticapitalistas.
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    TRUMP

Fuentes Seguras: La conmoción en Asia y el quiebre interior en EEUU

30 Marzo 2026

Publicado originalmente en Radio Gráfica

ASIA. Los desequilibrios generados por la agresión de los Estados Unidos e Israel contra Irán, están impactando con intensidad en Asia. Como el eje informativo suele ser Occidente, está quedando oculta la gravísima situación por la que atraviesa esa región; sin embargo, la extensión del litigio, además de afectar el presente económico puede derivar en modificaciones geopolíticas de importancia. De hecho, se trata del continente más complicado por la interrupción de la circulación de navíos petroleros en el Estrecho de Ormuz.

Asia es el principal destino del combustible que atraviesa la delgada franja de agua: entre el 84 % y el 90 % del petróleo y cerca del 83 % del gas natural licuado tienen como destino países de la zona. Por eso las naciones están adoptando medidas para garantizar el suministro y contener el alza de precios. Como ya parece habitual tras cada movida bélica atlantista, la Federación de Rusia -espantajo propagandístico persistente- mejora su protagonismo

Varias naciones, en especial las gigantescas China e India, así como otras del Sudeste Asiático están recurriendo a Moscú para nuevas compras energéticas, sobre todo después de que los Estados Unidos levantase temporalmente sus sanciones al crudo ruso. Según las informaciones más recientes, la economía del país que orienta Vladimir Putin va logrando equilibrarse a pesar del esfuerzo que implica la contienda contra Kiev en la frontera euroasiática. El año pasado cerró con preocupaciones: meseta productiva e inflación. Ahora, las ventas de combustible insuflan vida.

Dos días atrás Putin efectuó un diagnóstico duro, cuyo trasfondo responsabiliza a los Estados Unidos por las dificultades globales. Advirtió que el conflicto en Oriente Medio tiene un impacto «cada vez más evidente en la situación económica y causa «un perjuicio notable a la cadena logística internacional, a la producción y a los eslabones de cooperación». «En el punto de mira resultaron sectores relacionados con la extracción y procesamiento de hidrocarburos, metales, fertilizantes y muchos otros artículos». Putin, quien ha tachado de «agresión» los ataques a Irán de los Estados Unidos e Israel, admitió que «por el momento es difícil predecir con exactitud las consecuencias del conflicto». «Me parece que aquellos implicados tampoco pueden pronosticar nada. Para nosotros eso es aún más complicado».

China es el principal socio comercial y la mayor potencia aliada de Irán, Hasta ahora ha condenado las acciones de los agresores asociados, y dentro de su estilo ha priorizado esfuerzos diplomáticos para atenuar las contradicciones en Asia occidental. El gobierno de la República Popular no solo ha instado a los protagonistas a resolver con diálogo las dificultades, sino que ha puesto especial empeño en lograr armonía relativa con los países del Golfo salpicados por el conflicto. La Cancillería, conducida por Wang Yi, está en continuo contacto con Irán, pero también viene intensificando las conversaciones con Omán, Arabia Saudí, Baréin, Kuwait, Catar, Pakistán entre otros interlocutores.

Los vínculos trascienden teléfonos y conexiones varias: directamente envió a su representante especial para Oriente Medio, Zhai Jun, a Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Kuwait, Catar y Egipto. Estas acciones implican varias articulaciones: por un lado, sostener los lazos políticos y energéticos con los países de la región, y también recordarles que la República Islámica, en sus réplicas, no va más allá de las bases norteamericanas, pues evita conscientemente atacar lugares bajo control de los estados lugareños. Hasta ahora, aunque golpeó con drones sobre algunas decisivas plantas desalinizadoras, a sugerencia china levantó el pie de ese acelerador.

El bloqueo del Estrecho de Ormuz implica un impacto directo para el coloso asiático: cerca del 45 % del petróleo que importa pasa por esta vía. El área energética del Ministerio de Finanzas y los órganos de planificación económica ya intervinieron de modo extraordinario por primera vez desde 2013 para limitar el alza de precios y gestionar una adecuada provisión de energía con la Federación de Rusia. Todas las decisiones, internas y externas, están subordinadas a la mirada geopolítica de largo alcance; la nación liderada por Xi Jingping no quiere malquistarse con su trama de relaciones por un litigio que no ha iniciado ni alentado.

Pero hay más actores. Pakistán confirmó esta semana su anhelo de mediar en las conversaciones entre los Estados Unidos e Irán para promover una propuesta de paz. La nación pretende usufructuar sus alianzas con países del Golfo y su relación con la República Islámica para evitar un colapso regional. Sin olvidar su conflicto con Afganistán, Pakistán se involucra también con el amparo de su acuerdo de defensa mutua con Arabia Saudí. En tanto, Islamabad gestiona una posible visita del vicepresidente estadounidense, JD Vance, para conversaciones cara a cara con esas premisas.

Asimismo, el Sur de Asia padece el inicio de un colapso energético. Esta guerra ha obligado a la India a blindar su industria de refinamiento para asegurar no solo el consumo doméstico, sino su posición como exportador estratégico para 150 países. Pakistán, Nepal y Bangladésh ya impusieron racionamientos tras una baja del 95 % en las importaciones de crudo, problema que se hilvana con una crisis para los 21 millones de migrantes surasiáticos en el Golfo por la parálisis de las remesas, motor del 25 % del PBI de países como Nepal.

Japón, por su parte, se ha visto arrastrado a un delicado contrapeso tras el ataque de los Estados Unidos, su principal aliado militar, al tiempo que trata de hacer frente a los efectos en su economía. Tokio no ha realizado una valoración de los ataques, aunque ha deslizado hacia los medios afines que fue tomado por sorpresa y, después de tanto dialogo con el gobierno norteamericano, está preocupado por la desatención. Cuando el presidente Trump solicitó ayuda en la Casa Blanca a la líder japonesa, Sanae Takaichi, para garantizar la navegación en Ormuz, la primera ministra dijo que Japón solo se planteará desplegar buques tras un alto el fuego.

En sintonía, Corea del Sur prioriza las medidas para asegurar el suministro energético. La más importante es la liberación de 22,46 millones de barriles de crudo de sus reservas estratégicas (en coordinación con la Agencia Internacional de la Energía). Filipinas se convirtió en el primer país en decretar el estado de emergencia energética ante la crisis de suministro, ya que sus importaciones de crudo proceden casi por completo del Golfo Pérsico y el archipiélago apenas cuenta con reservas para unas siete semanas. Tanto Filipinas como Tailandia y Vietnam se han acercado a Rusia en busca de petróleo y gas. Vietnam y Rusia doblaron la apuesta y suscribieron un acuerdo de cooperación para construir la primera central nuclear en el mítico país que expulsó a los norteamericanos de su territorio, allá por 1975.

El lector observará que además de los estados que se insertan en la multipolaridad, aquellos que se venían alineando con Occidente están tomando distancia de las acciones guerreristas desplegadas por los estadounidenses pues los perjudican directa o indirectamente. Aunque suene extraño, las consultas y los cruces en los ambientes diplomáticos permiten inferir que la mayor parte de las naciones no sabe por qué se resolvió bombardear la República Islámica de Irán. Hace un par de años el conglomerado asiático empezó a mostrar más simpatía hacia la asociación de naciones emergentes; es probable que esa gestualidad esté incrementándose a la luz de los presentes acontecimientos.

ESTADOS UNIDOS. A partir de ahora, esta secuencia retoma lo que puede denominarse el problema estadounidense. Algún memorioso recordará que durante una entrevista con jóvenes que indagaban en el futuro global, quien escribe señaló que “la humanidad tendrá que decidir qué hacer con los Estados Unidos” pues, mientras se desarrollaban las nuevas asociaciones y modelos, ese país se estaba convirtiendo cada vez más en un lastre para todos. Semejante situación se posiciona en el presente con una intensidad potente pero además con una aceleración difícil de prever.

Mientras se elaboraban estas Fuentes surgió un texto magnífico y revelador preparado por la columnista del The New York Times, Lydia Polgreen. Allí se inserta el dedo en la llaga al apuntar, lisa y llanamente, “No es Trump. Es Estados Unidos”. A lo largo del texto, cuyos ejes se invita a transitar más abajo, se ahonda en las convicciones que han guiado a la potencia norteña hasta convertirla en un escollo para la mayor parte del planeta. Por ese se indica que estamos ante el final lógico de décadas de historia estadounidense: la adicción del país a la hechicería tecnológica para librar guerras a distancia, la creencia cegada de que podía dar forma a los acontecimientos en lugares lejanos por la fuerza, el constante debilitamiento de los límites constitucionales a la presidencia.

Mientras leemos juntos el material que insertamos a continuación, no debemos perder de vista una curiosidad relevante: el mismo fue publicado por un diario globalista y ligado a las finanzas. Hasta ahora, The New York Times fue el promotor de las acusaciones de populismo a diestra y siniestra, así como de la difusión del liberalismo como solución para los más variados enredos. Por tanto, a los aciertos que se perciben en este y otros artículos de los días recientes, es preciso acunarlos en la desconfianza hacia el medio emisor. Y preguntarse porqué, a qué se debe que, cuando un presidente norteamericano asume la lucha integral contra el modelo productivo y anti rentístico, estatalista y distribucionista que encarnan Irán, Rusia, China, el vozarrón parasitario lo condena y lo denuncia con certeza y justicia.

Este narrador desea hacerse entender: la nota en cuestión sería sugerida aun cuando fuera publicada en otro espacio periodístico, debido a su atinado perfil; pero, tras recorrer las más variadas redacciones, quien la destaca sabe que determinadas líneas editoriales no se transgreden y que todos los giros y transmutaciones poseen una explicación material. Aquí se afirma, entre otras cosas, que “La esperanza de Trump de un rápido colapso del régimen iraní siempre fue fantasiosa. La geografía se está vengando: el petróleo y el gas que alimentan gran parte de la economía mundial pasan por un estrecho que Irán controla de facto. Una invasión terrestre en su vasto y prohibitivo terreno podría superar con creces el atolladero de Vietnam”.

A ver.

No es Trump. Es Estados Unidos

Por Lydia Polgreen (The New York Times)

Como muchos otros estadounidenses, en estos tiempos sombríos he oscilado entre dos polos emocionales. En algunos momentos, me digo a mí misma que Donald Trump es una figura singularmente malévola que se ha apoderado de hilos del poder que ningún presidente anterior se había atrevido a tomar. El relato no detiene la violencia estatal en las calles ni las operaciones militares ilegales en el extranjero. Sin embargo, tiene su consuelo. Una vez que Trump desaparezca de escena —como exigen las leyes de la naturaleza, si no las de la política— podrá suceder algún tipo de restauración del proyecto democrático y constitucional estadounidense.

En los días más oscuros, me encuentro recurriendo a una historia más profunda: que Trump es el cumplimiento de lo que Estados Unidos siempre ha sido, una nación autosatisfecha, a la que sus mitos sobre la providencia y el excepcionalismo le dan licencia para hacer lo que quiera. Después de todo, Trump no surgió de la nada. Sus dos victorias se forjaron gracias a las decisiones tomadas por los estadounidenses y por los líderes que eligieron. Si no hubiera existido, la historia habría inventado a alguien como él. Esta explicación ofrece su propio alivio. Al menos es algo que una mente racional puede comprender.

Esta oscilación puede sentirse como un latigazo cervical. La derrota de Trump en 2020, las intervenciones de los tribunales para bloquear algunas de sus maniobras más descaradas y la perspectiva de un triunfo demócrata en las elecciones de mitad de mandato sostienen la teoría de la aberración. Pero otros acontecimientos —el triunfo de Trump en las urnas en 2024, la sumisión casi total del Partido Republicano a su voluntad y la concesión por parte de la Corte Suprema de una enorme inmunidad a Trump por actos potencialmente delictivos cometidos como presidente— sugieren lo contrario.

La guerra en Irán ha hecho añicos este binario. Es, sin duda, el producto de la imprudencia única de Trump, que se zambulle sin miramientos en un conflicto que sus predecesores habían hecho bien en evitar. Sin embargo, también es el final lógico de décadas de historia estadounidense: la adicción del país a la hechicería tecnológica para librar guerras a distancia, la creencia cegada de que podía dar forma a los acontecimientos en lugares lejanos por la fuerza, el constante debilitamiento de los límites constitucionales a la presidencia.

¿Trump es un fenómeno de la historia o su cumplimiento, es una aberración o una culminación? La respuesta, seguramente, es ambas cosas. Pero en el transcurso de su presidencia, Trump ha revelado un mal mucho más antiguo: la fe inquebrantable de Estados Unidos en su capacidad para moldear el mundo a su gusto, indiferente a lo que otros puedan querer y supremamente seguro de que su plan es el correcto. Más allá de Trump, es a esta mentalidad desfiguradora a la que debemos enfrentarnos los estadounidenses.

En diciembre de 1952, un erudito escocés llamado Denis Brogan publicó un ensayo notable titulado “La ilusión de la omnipotencia estadounidense”. Escrito cuando Estados Unidos emergía como la potencia preeminente del mundo, Brogan diagnosticó un rasgo peculiar de la mente estadounidense. Estados Unidos, alimentado por sus mitos e inquebrantablemente seguro de su visión del mundo, no podía ver la dificultad, y mucho menos la derrota, como una razón para cuestionar sus objetivos. El fracaso nunca se produjo por la fuerza o el poder de los rivales. Llegó, en cambio, a través de la torpeza y la traición.

“A muchos estadounidenses, me parece, les resulta inconcebible que una política estadounidense, anunciada y llevada a cabo por el gobierno estadounidense, actuando con el apoyo del pueblo estadounidense, no tenga éxito inmediato”, escribió Brogan. “Si no lo hace, esto, piensan, debe deberse a la estupidez o a la traición”. Observador admirativo pero astuto del país, Brogan captó algo esencial. Estados Unidos, en su propia imaginación, nunca podía fracasar; solo otros podían hacerle fracasar.

En su lucha contra el comunismo mundial durante la Guerra Fría, el país tuvo varias oportunidades de hacer gala de ese reflejo. Cuando los comunistas insurgentes de China triunfaron, escribió Brogan, se entendió ampliamente como resultado de la torpeza o la traición estadounidense. China, una civilización vasta y milenaria, era vista como algo que Estados Unidos debía ganar o perder. Ese fracaso contribuyó a dar lugar a la paranoia del macartismo. Corea, Vietnam y más desastres encubiertos fueron pólvora adicional para la recriminación, mucho después de que el senador se fuera. El fracaso solo podía venir de la traición interna, una idea que paradójicamente reforzaba la ilusión de omnipotencia.

Cuando la Unión Soviética se derrumbó en 1991, Estados Unidos tuvo la oportunidad de experimentar todo el peso de su poderío. Había derrotado al imperio del mal y se erigía en solitario como la nación más poderosa que el mundo había conocido jamás, con sus antiguos defectos plegados a una historia de éxito. La rápida y decisiva victoria de Estados Unidos en la guerra del Golfo ese año fue una muestra de la destreza militar de la superpotencia. Estados Unidos se convertiría en el policía del mundo, poniendo a sus soldados en la línea de fuego para proteger un orden basado en normas que dirigía.

(…)

Las guerras se prolongaron y derivaron en la muerte de miles de militares estadounidenses y de cientos de miles de afganos e iraquíes. Afganistán está hoy gobernado por el mismo movimiento que dio cobijo a Osama bin Laden, los talibanes. Irak es una nación extremadamente frágil y dividida. La guerra desestabilizó gravemente Medio Oriente y dio lugar a nuevos y temibles grupos terroristas como el Estado Islámico y desencadenó una violenta guerra civil en Siria.

La elección en 2008 de Barack Obama, un crítico de las guerras posteriores al 11-S, parecía ser un momento de ajuste de cuentas con las ilusiones estadounidenses. Pero Obama pronto se vio empantanado en los conflictos y, para colmo, por una crisis financiera mundial. A pesar de sus amagos de humildad estadounidense en el mundo, abrazó muchos de los poderes desmesurados que heredó para librar guerras de alta tecnología en lugares distantes con poca supervisión. Estados Unidos siguió actuando sin límites.

Subiendo a la escena nacional tras estas catástrofes, Trump recurrió a un viejo cuento estadounidense. Las élites de Estados Unidos habían traicionado al pueblo estadounidense, declaró. Toda la vida de Trump fue un ensayo general para este momento: siempre imponiendo su voluntad, zafándose de los apuros, sin rendir cuentas nunca, nacido en tercera base y creyendo que había bateado un triple. Era la encarnación de la ilusión estadounidense de la omnipotencia.

Trump derrumbó la distancia entre su voluntad personal y la voluntad estadounidense, declarando al aceptar la nominación republicana en 2016 que “solo yo puedo arreglarlo”. Al igual que Estados Unidos, Trump no puede fracasar; solo se le puede hacer fracasar. Todo es siempre culpa de los demás. Dotado de las herramientas de la presidencia imperial, considera claramente que Estados Unidos es idéntico a su persona. Desecha toda pretensión de orden constitucional. Sabrá en sus entrañas cuándo se ganan las guerras, ha dicho, y los únicos límites son su propio sentido de la moralidad.

En el Golfo Pérsico, esa ilusión se ha encontrado cara a cara con la realidad material. La esperanza de Trump de un rápido colapso del régimen iraní siempre fue fantasiosa. La geografía se está vengando: el petróleo y el gas que alimentan gran parte de la economía mundial pasan por un estrecho que Irán controla de facto. Una invasión terrestre en su vasto y prohibitivo terreno podría superar con creces el atolladero de Vietnam. El régimen iraní, despiadado tanto con sus vecinos como con su propio pueblo, parece inquebrantable ante los implacables asaltos de Israel y Estados Unidos. Parece atrincherado para una larga guerra.

Sin embargo, Trump parece incapaz de concebir una fuerza inmune al poder omnipotente de Estados Unidos. Y no puede imaginar que una guerra lejana pueda perjudicar a Estados Unidos, bendecido con una tierra pródiga y recursos naturales, separado del mundo atribulado por dos océanos. Pero la escalada de los precios de la gasolina, el aumento de las tasas de interés y la perspectiva de un colapso del mercado bursátil han acabado con cualquier delirio de un espléndido aislamiento de la economía mundial. Si esta guerra se alarga, los estadounidenses sufrirán mucho.

Ya ha habido mucho sufrimiento: más de 58.000 nombres están grabados en el granito negro del monumento conmemorativo de la guerra de Vietnam en Washington. Todavía no existe un memorial nacional para las llamadas guerras eternas, pero más de 7000 estadounidenses murieron sirviendo en ellas. En esas guerras, había al menos un barniz de idealismo estadounidense, por delgado y autoengañoso que pudiera haber sido. Trump ha arrastrado a Estados Unidos a una guerra completamente desvinculada de cualquier pretensión de virtud. Es un ejercicio desnudo de poder sin ningún manto de providencia o superioridad moral. En su descaro, es casi reconfortante.

El teólogo Reinhold Niebuhr, al mismo tiempo que Brogan, publicó un breve libro titulado La ironía en la historia americana. Este libro, uno de los favoritos de Obama, es una llamada a la humildad cristiana en los asuntos mundiales, dirigida a los estadounidenses que malinterpretan su virtud. “El hombre es una criatura irónica porque olvida que no es simplemente un creador sino también una criatura”, escribe Niebuhr.

Esa frase me hizo darme cuenta de la locura de mi propia oscilación: ambas visiones —Trump como aberración o Trump como cumplimiento del relato— tenían a Estados Unidos como protagonista de su propia historia, con el mundo como escenario. Necesitaba un marco más amplio, un compromiso honesto con la historia y la voluntad de admitir que Estados Unidos es, como cualquier otra nación, solo un lugar en el mundo.

Estados Unidos no sabe cómo existir en un mundo que no controla. Desde su creación, Estados Unidos se ha asegurado a sí misma de que era simplemente demasiado grande, demasiado lejana y demasiado ricamente dotada para sufrir consecuencias graves por sus acciones. Pero no habrá forma de escapar al cataclismo de Irán. A su paso, se presenta la oportunidad de reconocer nuestro lugar en un mundo interconectado y vernos a nosotros mismos con claridad. La forma de salir del ciclo del fracaso y la traición es despojarnos de nuestras ilusiones, de una vez por todas.