El boleto de Subte está en su máximo histórico: el pico anterior fue en diciembre de 2001
Hay números que adquieren significado por la fecha en la que aparecen. El boleto de Subte alcanzó en agosto los $1.684 y, descontando la inflación, llegó al valor más alto de la serie que comienza en 1995. Hasta ahora, el récord pertenecía a diciembre de 2001.
Fuente elaboración propia en base a IDECBA y BADATA
La referencia temporal genera inevitablemente una asociación, ya que diciembre de 2001 fue el final de un prolongado proceso de deterioro económico, social y político que culminó en una de las crisis más profundas de la historia argentina. Comparar el precio del boleto no implica equiparar ambas coyunturas. Sí permite dimensionar hasta dónde llegó el encarecimiento del transporte público porteño: hay que retroceder casi un cuarto de siglo para encontrar un precio semejante.
Este récord se da en el marco de la política tarifaria implementada por el gobierno de Jorge Macri con la excusa de reducir el atraso tarifario y recuperar gradualmente niveles históricos de cobertura de los costos del sistema. En ese sentido, después de una fuerte suba del 20% en julio de 2025, los meses subsiguientes el boleto continuó aumentando muy por encima de la inflación estimada por la propia Ciudad. En agosto el aumento fue del 3,9%.
Fuente elaboración propia en base a IDECBA y BADATA.
Más caro combinar transportes
A esto se suma que a comienzos de agosto el Gobierno porteño avanzó además sobre la RED SUBE y eliminó el descuento para quienes realizan primero un viaje en tren y luego ingresan al Subte. A partir de los microdatos de viajes y etapas de transporte público publicados por BA Data se estima que por lo menos 41 mil personas realizan esa combinación en un día hábil típico.
La decisión tiene una característica difícil de justificar desde una mirada productiva: la Ciudad encarece el costo de llegar a trabajar a la Ciudad. Es además una concepción estrecha de los límites de Buenos Aires, ya que la economía porteña no termina en la General Paz. Una enorme proporción de quienes producen valor en ella vive fuera de su territorio y la integración del transporte metropolitano debería reconocer esa realidad económica. Fragmentar las tarifas hace exactamente lo contrario.
Más tarifa sin una mejora equivalente
La contrapartida podría ser un salto perceptible en la calidad del servicio. Los datos disponibles tampoco muestran ese escenario. El informe anual de Subterráneos de Buenos Aires Sociedad del Estado (SBASE) permite observar que durante 2025 la frecuencia tuvo un empeoramiento en toda la red. Hay diferencias importantes entre líneas y evoluciones distintas a lo largo del año, pero no aparece una transformación del servicio equivalente a la magnitud del ajuste tarifario.
La situación de la accesibilidad física es todavía más evidente. Una consulta realizada el 8 de agosto sobre la información que Emova publica para cada estación mostró que sólo 186 de las 289 escaleras mecánicas reportadas estaban funcionando: 64,4%. Entre los ascensores estaban operativos 90 de 114: 78,9%. Más allá de la molestia que implica para todo pasajero su mal funcionamiento, para una persona con movilidad reducida, un adulto mayor o una familia que viaja con un cochecito puede convertirse directamente en una barrera de acceso.
El resultado es difícil de conciliar con el esfuerzo económico que se exige a los pasajeros: el Subte nunca fue tan caro en los últimos treinta años y la experiencia de viajar empeora día a día por fuera de los renders publicitarios.
Ajustar sobre ingresos que ya están bajo presión
En el primer trimestre de 2026, según el propio Instituto de Estadísticas y Censos de la Ciudad (IDECBA), los ingresos de los asalariados registrados y no registrados se movieron por debajo de la inflación. Es, sobre todo, relevante porque estamos hablando precisamente de quienes todos los días deben desplazarse para trabajar. El transporte es uno de los gastos que tienen menor margen para ajustarse: quien necesita llegar a su empleo no puede responder al aumento del boleto dejando de viajar con la misma facilidad con que posterga una compra.
En ese sentido, los presupuestos familiares ya muestran signos de esa tensión. Según el IDECBA, durante el primer trimestre de este año el 48,8% de los hogares porteños recurrió a préstamos o compras con tarjeta de crédito y el 35,5% utilizó ahorros.
A esto podríamos sumar la situación de los jubilados de la mínima que, desde que asumió Javier Milei, perdieron un 10% del poder adquisitivo del haber, sumado a todos los recortes en medicamentos y prestaciones. En ese sentido, la Legislatura de la Ciudad aprobó a mediados de 2025 la extensión de la gratuidad del boleto a jubilados que cobren hasta 2,5 haberes mínimos. Sin embargo, las trabas burocráticas impuestas por el gobierno de la Ciudad para su implementación hacen muy difícil el acceso. En ese sentido, antes de asumir Macri y Milei, con una jubilación mínima se podía comprar más de 2 mil boletos de subte y actualmente esa relación está por debajo de 300. Síntoma del ajuste en ambos sentidos.
En este contexto, cada aumento de un servicio esencial disputa una porción mayor del ingreso disponible de los hogares. Es plata que deja de destinarse a alimentos, indumentaria, una salida o una compra en el comercio del barrio. Un punto de encuentro entre la política económica nacional y la política del Gobierno porteño.
Milei convirtió la reducción del gasto y la recomposición de precios regulados en piezas centrales de su programa. Jorge Macri podía utilizar las herramientas de una jurisdicción con recursos propios para amortiguar parte de ese impacto sobre quienes viven y trabajan en Buenos Aires. Eligió otro camino: acompañar esa lógica y reforzarla desde las tarifas que administra la Ciudad.
El transporte público no es únicamente una prestación cuyo costo debe distribuirse entre subsidios y tarifas. Es parte de la infraestructura económica de una ciudad. Amplía el mercado de trabajo disponible para las empresas, permite que trabajadores y estudiantes accedan a oportunidades y conecta diariamente a millones de consumidores con la actividad comercial.
En momentos de pérdida salarial, crecimiento de la pobreza y debilitamiento del consumo, encarecer sistemáticamente el transporte significa retirar capacidad de compra de los hogares. Jorge Macri eligió responder al ajuste nacional con más ajuste local. En lugar de utilizar las herramientas de la Ciudad para proteger parte del ingreso disponible de quienes viven y trabajan en Buenos Aires, agrega presión sobre esos mismos presupuestos.
* Nota metodológica: para comparar las tarifas históricas se actualizan los valores nominales por inflación y se expresan en pesos de agosto de 2026. El dato de agosto utiliza una estimación de inflación mensual de 2,2%. Hasta que se conozca el IPC definitivo de agosto, el récord debe considerarse provisional. Con ese supuesto, el boleto actual de $1.684 supera los aproximadamente $1.678 equivalentes de diciembre de 2001.