Obsession: el horror de cumplir la fantasía
La película Obsession -Obsesión, en castellano- fue estrenada en cines este año, todavía está en algunas carteleras. Sin embargo, el proyecto había comenzado en 2023, cuando su director, Curry Barker, compartió a modo de experimentación un cortometraje de terror llamado The Chair. Su inspiración surgió durante lo que puede ser un sábado al mediodía cualquiera después de una maratón de Los Simpson: a partir del capítulo de la mano de mono. De la misma forma que la familia amarilla, Baron “Bear” Bailey (Michael Johnston), el protagonista, vivirá en carne propia que los deseos cumplidos no siempre están aparejados con la felicidad.
Bailey trabaja en un local de música junto a su amiga de la infancia, Nikki (Inde Navarrette), de quien dice estar enamorado hace mucho tiempo, pero ella no lo ve más que como un amigo. La trama inicia cuando busca un regalo para su compañera en una tienda de esoterismo. Lo que funciona como la mano de mono es “el sauce de los deseos”. Frente al miedo al rechazo de la confesión de amor, Baron desea que se enamore de él.
De repente, Nikki quiere que duerma con ella: su pedido se cumplió. Su relación comienza con la fuerza de lo novedoso, con la alegría de quien obtiene algo que quiso hace mucho, casi como un capricho. Pero si ya era extraño la brusquedad de su cambio de parecer, lo espeluznante irá in crescendo. Es, justamente, el amor lo que opaca la frescura de su relación. Ella lo ama “más que a nada en el mundo”, dice, pero es un amor que sobrepasa, que tiene tanta fuerza que asfixia, desgarra y tironea. Frente a la mínima desaprobación de su pareja sus actitudes son desconcertantes, su frustración traspasa cualquier índice de lo racional. Desborda.
Bear vive un infierno entre las oscilaciones de Nikki, que van de la risa al llanto, del cariño a la ira extrema, de lo indulgente a lo hostil. Un estado defensivo ante cualquier incomodidad. Los ruegos y la ira le hacen frente a Baron que, lejos de huir, intenta recomponer y aguantar por el objetivo cumplido, pero de ella únicamente se encuentra presente su cuerpo para ser consumido. Su alma ya no está. La clave que no deja lugar a dudas, y un guiño al terror japonés de Kiyoshi Kurosawa en Kairo, es la creación de una atmosfera en constante tensión y angustia, compuesta por un ambiente ominoso a raíz de llanto y movimientos corporales. Lo perturbador se maximiza, no hay escapatoria para ninguno. No obstante, romper el conjuro puede implicar un costo mayor: el desamor o la muerte.
La película parece ser una reversión de Possession, pero adaptada a ciertas formas novedosas de la histeria femenina y la autopercepción masculina. Bailey encarna al típico chico bueno que no mata ni a una mosca. Es un romántico herido y no correspondido. Él es bueno. No lo dice, pero interpreta que a su bondad se le debe algo, y ese algo es cariño. Él la desea, como quien se queda pensando en eso que quería y no compró. Admira su belleza y algunos rasgos de su personalidad, pero su imagen aparece embestida por un imaginario propio. Su Nikki no es real, es un ideal que la reviste. Él cree que por quererla ella le debe su amor.
En la era de los incels y los hombres solitarios, el amor y la fragilidad no logran convivir. El rechazo hiere al ego y por eso parece ser algo tan terrorífico, sobre todo para un ideal de varón cimentado por la entereza y compostura. El problema radica cuando el desamor deja expuesta la fragilidad masculina y desarma la performatividad. ¿Puede un hombre mostrarse vulnerable ante el amor sin ser humillado ante lo no correspondido o, como en el reino animal, queda degradado al eslabón más débil?
La otra pregunta es qué pasa cuando una mujer cumple la fantasía. La Nikki de Bear es imaginaria. Es bella, inocente y bondadosa. La única forma de que logre estar con él es encajar en ese estereotipo. La metáfora de la posesión no hace más que reflejar la pérdida de sí por cumplir las expectativas. Ella ya no es una persona, es una idea que debe sostener. En este sobreesfuerzo sus actitudes están rebalsadas de extrañezas, al punto que parecen bordear la locura. Su autonomía está perdida, y en esa pérdida Baron se vuelve el centro nodal de su propia vida. Ya no se reconoce, no se sostiene porque ya no está ahí, sino que existe para un otro. En esa falta él desarma su personalidad del buen chico, ya que puede ejercer su dominio a través de la necesidad, mientras ella queda atrapada en el deseo de aceptación y cariño. Su personalidad comparte dos mundos, como de quien posee una ternura que exige ser cuidada y protegida y el tormento constante.
Con todo, Obsession, lo que originalmente iba a ser el debut de Curry Barker en largometrajes, nos adentra en el terror sin screamers y con algunas risas. A través de analogías, expone la complejidad de las relaciones humanas y nos invita a desarmar los ideales. Desde la antigua Grecia, Esopo ya advertía en sus fábulas: “cuidado con lo que deseas”. El deseo de ser amado marca esta historia de principio a fin.




