Últimas noticias | RSS

  • Imagen
    MAURICIO KARTUN
    Foto: Carlos Furman - Prensa CTBA
ENTREVISTA

Mauricio Kartun: "El teatro es el gimnasio de la mente"

29 Marzo 2026

* Fuente de la nota: TodoTeatrook. Cortesía de Sandra Commisso. 

Con una nueva obra, Baco polaco, que tendrá una función el 19 de junio en el Teatro Coliseo Podestá de La Plata. Y otra, La vis cómica, que se presentará el 15 de mayo en el Teatro Roma de Avellaneda, Mauricio Kartun, el gran referente de la escena argentina contemporánea, habla sobre su trabajo y reflexiona sobre el rol que cumple el teatro en la sociedad actual.

En Baco polaco, Kartun remite directamente a Las bacantes, de Eurípides y traslada el mito griego a un pueblo pampeano en la década de 1930. La tragedia se asomará lenta e inevitablemente en ese mundo polvoriento y olvidado que transitan los personajes, con la contundencia que impone el destino, atravesados por la inercia y el resentimiento. El elenco de Baco polaco lo integran Aníbal Gulluni, Paloma Zaremba, Soledad Bautista, José Mehrez, Luciana Dulitzky y Nahuel Monasterio.

Imagen
Baco polaco
Foto: Carlos Furman - Prensa CTBA

-¿De dónde surge la primera imagen o idea que une a estos dos universos: el mito griego y el escenario pampeano?

-Surge de una imagen de una vulgaridad casi vergonzante: la de un elenco, hace 20 años, comiendo después de una función, con varias botellas de vino, juramentándose seguir trabajando juntos. Era el elenco de La Madonnita, la primera obra que yo dirigí y en esas cenas pantagruélicas, nos empezamos a jurar amor eterno y a proponernos seguir trabajando juntos. Y como había aparecido un festival de teatro griego en el Konex, todos se entusiasmaron con que hiciera la adaptación de algún clásico y lo presentara. En casa, pensé en qué presentar y con un libro que me gusta muchísimo que se llama El manjar de los dioses de Jan Kott, sobre tragedia griega, encontré referencias muy perturbadoras a las bacanales, Dionisos, Eurípides y las bacantes. Entonces hice un ejercicio que suelo practicar: hacer una conversión de norma rápida de ese argumento y pasarlo a un universo que yo conozco, en este caso, La Pampa, un pueblito y adaptándolo a los actores y actrices que estaban en ese momento en la cena.

-¿Qué pasó en ese festival?

-No nos eligieron. Se ve que tenía que esperar un tiempo el material. Y quedó ahí dando vueltas. Siempre digo que las imágenes son okupas. Vos dejaste una ventana abierta, entraron y, como las fantasías, una vez que entraron, no se van. Bueno, esas imágenes hicieron tanta presión que finalmente terminé escribiendo Baco polaco.

-La obra resuena con algunos temas muy actuales, como la idea del resentimiento, la violencia de género, entre otros. ¿Eso surge de unir la vigencia de los clásicos griegos con tu gran poder de observación?

-Cuando escribí este material no tenía referencias cercanas de ciertos temas. Por ejemplo, de una persona ganada y dañada por el resentimiento y el odio, alguien que daña porque fue dañado. En la política contemporánea comenzaron a pulular personajes en los que uno descubre esa matriz del odio generado por un daño, a lo que normalmente en la calle se lo denomina como «gente rota». Con esa energía dañina muy perturbadora de estos personajes empecé a entender a Penteo, aquel personaje que había escrito hace veinte años y también, a la par, a descubrir que ese personaje estaba presente en la Historia. Por nombrar al más estruendoso, por ejemplo, Hitler, que se podría decir que era un chico roto. Investigando sobre Goebbels, uno de sus ministros, descubrí que era un dramaturgo frustrado, que tenía dos o tres obras escritas que nunca se las había querido hacer nadie. Y para poder estrenarlas había impulsado una campaña de teatro nacionalista en Berlín. El también era un roto, un dañado.

-El problema es cuando esos personajes rotos adquieren poder…

-Claro, cuando comienzan a aparecer en la política, tienen una presencia generadora que hace que el odio pase a la calle. Por otro lado, el femicidio, el abuso, en los últimos años tomó la calle porque hubo una corriente de manifestación de algo que, si bien estaba desde siempre, empezaba a tomar presencia. Sentí que al personaje de Penteo, en Baco polaco, que le había llegado la hora. Hay algo en él que tiene una amplificación en la realidad que no tenía hace veinte años.

-La figura del resentido no es nueva, ¿lo que tal vez sucedía es que no tenían posibilidad de manifestarse abiertamente y mucho menos de acceder al poder y tomar decisiones? ¿Seguían recibiendo castigo y de ser víctimas pasaron a ser victimarios?

-Es así, insisto: siempre hubo este fenómeno de víctimas que pasan a ser victimarios solo que, por ráfagas históricas, parecería que pasan de cierto estado de incorrección y de condena y por un revuelo en el viento, empiezan a aparecer como banderas de destrucción, de ataque. Por ejemplo, mi generación o al menos yo, que vivió con más terror ese fantasma de la guerra porque soy hijo de familias de Europa que llegaron a la Argentina huyendo de ella, de pronto, para otras generaciones no tiene ningún peso y la guerra no aparece como un fenómeno amenazante.

-Y pareciera que la destrucción del otro está naturalizada. Y hasta exaltada, como si se tratara de una involución.

-Tal cual y eso es lo más peligroso. Sin ir más lejos, recientemente hubo un video oficial celebrando «el día de la raza», hablando de la civilización contra la barbarie que, más allá de un desconocimiento patético, lo que hace es la instalación de un valor que hace unos años no hubiese pasado, pero ahora empieza a encontrar algunas ventanas abiertas por donde colarse. Efectivamente, se trata de una involución.

-Tengo la sensación de que todo es parte de una decadencia de lo peor del sistema capitalista, ya desgastado y que en sus coletazos, resiste con lo peor de su modelo para no venirse abajo del todo, ¿puede ser?

-Totalmente, estamos en un río revuelto, en la rompiente. Y es difícil saber hacia dónde va a ir todo.

Imagen
baco polaco
Foto: Carlos Furman - Prensa CTBA

-En ese contexto, lo maravilloso del teatro es que nos abre posibilidades, en sus recortes de la realidad, nos muestra un reflejo, un espejo desde donde pensar y tratar de entender algo.

-El teatro es uno de los pocos lenguajes autónomos porque no depende de ninguna corporación, porque no tiene el peso establecido de ningún formato impuesto desde afuera. Y también porque, de alguna manera, el espectador, el público le reclama esa autonomía para seguir sosteniéndolo como vigente. El día que el teatro se transforme en un apéndice de la corporación, el público no tendrá ningún deseo de pagar una entrada para ir a ver lo que puede ver gratis en una pantalla. Y esa autonomía es su gran capital. Por supuesto, hay teatro y teatro. Hay teatro de puro entretenimiento pero como lenguaje sigue siendo contracultural.

-Cuando te referís a teatro de puro entretenimiento, ¿qué validez le das?

-Creo que es excelente igual porque sigue siendo el lugar donde vamos a ver inteligencia mimética, donde vamos a ver lo que puede un cuerpo. Hacemos una valorización de lo físico que, en una pantalla la hemos perdido y con la inteligencia artificial, ni hablar, más todavía. Eso magnifica muchísimo cualquier logro que pueda un cuerpo arriba de un escenario. Si está hecho bien, si lo que uno ve es la obra de arte de lo que hace ese actor o esa actriz con su cuerpo, transformándose, utilizándolo como elemento poético para que alguien lo reciba desde la platea, sigue teniendo un poder extraordinario porque mantiene vivo ese lenguaje. En la vida todo está dividido entre lo trascendente y lo intranscendente, el teatro también. ¿Por qué no tendría esas categorías? Y lo intrascendente no es una ofensa, es decir: no va más allá de su ser. O sea, lo ví, me maté de risa, me fui a comer y me olvidé. Hay otro teatro que sí, del que algo queda en mi cabeza y lo discuto después de verlo.

-Claro, lo mismo que pasaría con la literatura: siempre va a ser mejor leer un bestseller a no leer nada.

-Absolutamente. Fijate algo: al teatro, la gente va a ver un espectáculo más de una vez. ¿Qué película viste vos en cinco años cuatro veces? Ninguna. Sin embargo, al teatro vas de nuevo y pagando. Porque lo que vas a ver son esos cuerpos construyendo algo en ese espacio y ese es un fenómeno inefable. Es lo que a veces cuesta explicar.

-Es el fenómeno más interesante, sobre todo, para explicarle a las personas que no tienen el hábito del teatro. Y hoy en día en donde casi todo es virtual, digital y artificial, en el teatro ocurre algo muy humano y verdadero.

-En ese sentido es un acto de resistencia y por el otro lado tiene ese carácter contracultural que no requiere de más nada que cuerpos talentosos que se junten para hacerlo.

–En Baco polaco hay dos chapas en escena y con eso se arma un mundo.

-Es eso, no hace falta más. Es eso y el placer de ir a verlo, de sentarse codo a codo con un recorte de la comunidad que, mientras vemos algo, nos afinamos y nos sincronizamos, nos ponemos en un mismo tiempo y en un mismo tono. Hay algo que hace que la obra te sintonice con otros. Después, estará a quien le guste más o menos, quien se ría, quien no entienda porqué se rió el otro pero, sin embargo ahí estamos encontrando un tono en común. El gran valor de lo presencial que, curiosamente hace veinte años no lo hubiéramos mencionado porque era obvio, ahora es la gran alternativa.

-Creo que hay una necesidad muy grande de ir a buscar eso que en otros lados no se encuentra o qué se está perdiendo en muchos otros espacios.

-Va por ahí. En el dolor de huesos que nos produce estar todo el día inclinados hacia una pantalla, lo que ha venido a compensarlo son los gimnasios: nunca se vieron tantos gimnasios, máquinas de pilates, entrenamiento con pesas y miles de etcéteras. Es algo compensatorio. El teatro es el gimnasio de la mente, es el megatlón mental. El teatro es el lugar al que vas a darle a la cabeza un movimiento que se está perdiendo, una capacidad de percepción del cuerpo a partir de lo que se ve. En la vida uno tiene percepción del cuerpo del otro, en el teatro eso se amplifica y aprendés a decodificarlo. No hay espectáculo más humano que el teatro, es ir a ver a humanos actuar.

-Se podría decir que el teatro es lo más parecido a la vida, concentrado en un espacio escénico.

-Es eso, es la amplificación de la vida. Y además, es la recuperación del rito. Lo virtual nos va alejando de los rituales y eso nos aleja de muchas cosas. De hecho, en Baco polaco se habla de la pérdida de la fiesta, que es un rito. Los carnavales son un ejemplo, como posibilidad de vivir una realidad distinta, por esto de la máscara donde ser otro, salir del estado de represión. Las fiestas como lugar de violencia controlada, como descontrol controlado, valga la paradoja. Perdiendo eso, lo único que queda es una especie de chaleco de fuerza conceptual en el que nos metemos y en el que tememos salir continuamente del estado de corrección, lo que nos anuda, nos tensa y nos reprime. Por eso necesitamos más rito, mucho más rito. 

"El teatro es uno de los pocos lenguajes autónomos porque no depende de ninguna corporación, porque no tiene el peso establecido de ningún formato impuesto desde afuera".

-Cuando se libera esta hipercorrección política, se suele pasar al otro extremo que es una violencia tremenda. En el ritual del teatro, ¿la identificación con los actores y las actrices es lo que nos permite el juego de ser otros?

-Absolutamente y te permite entender y mirar la realidad en el otro. En ese sentido, el teatro es un condensado, como un licor, un jarabe de vida, hay algo condensado que te permite entender. Se podría decir que el cine cumple la misma función pero también, con el paso de los años, ha ido perdiendo misterio en la hipótesis de que la tecnología puede lograr esa magia.

-¿Se transformó más en industria que en arte, tal vez?

-Si, perdió lo perturbador, lo inquietante. El teatro lo conserva.

-Hay algo en tus obras, en relación con el lenguaje, que tiene una identidad, poética y popular a la vez, una mezcla de mundos. ¿Eso es lo que más te identifica?

-Sí, algo de poético y guaso a la vez. En principio habría que preguntarse si la dramaturgia contemporánea se lo propone. En muchos casos no se lo propone porque ha tomado el modelo realista naturalista y costumbrista con el que nosotros nacimos como lenguaje impuesto que es el del cine. Mi generación nació viendo un tipo de cine realista y se dio por sentado que ese era el lenguaje. Pero lo cierto es que el teatro ya tenía antes, 2300 años de lenguaje poético, incluso de teatro en verso que era lo que predominaba. Y más aún, el verso era una virtud más de lo que se buscaba conseguir. No solamente ves cuerpos emocionados en escena sino que, a la vez, hay un procedimiento musical que transforma ese texto en una especia de rara canción sin melodía.

Hay algo en el teatro poético en donde, en principio, uno abandona la necesidad de ser entendido en cada palabra, abandona la necesidad de verdad y asume otra. En mi caso, una que considero más placentera que es la de verosimilitud, que sea creíble y no verdadero. Y eso da una libertad creativa muy importante. Eso está presente en muchos otros autores pero, insisto, en los últimos 80 años tal vez hubo un predominio muy grande de un teatro realista donde el parámetro virtuoso era el que más se parecía a la vida. Y a mí me gusta jugar en la banquina.

-¿Hacer coincidir mundos aparentemente imposibles de unir?

-Sí, ese lugar donde pasan otras cosas. Y ahí está un poco la diferencia entre entender y comprender. Entender se entiende una palabra, comprender se comprende una totalidad. A la poesía no intentás entenderla, es como intentar entender cada gesto de otra persona, es algo inabarcable. A una persona no se la entiende, se la comprende. Es más, buena parte de los grandes amores se producen con un otro al que nunca terminamos de entender. Y sin embargo, amamos lo que comprendemos de ese otro.

-Ahí entra en escena esa cosa del juego tan fundamental que tiene el teatro.

-En muchos casos, hay algo del lenguaje que está ahí simplemente por cómo suena y palabras que no significan nada pero suman al juego. Por ejemplo, en la obra, uno de los personajes dice «echar barraca» y los actores me comentaban que no sabían qué era y no lo habían encontrado ni en Google. Estaban desorientados. Es un término de timberos, los que jugaban a los dados por guita, al pase inglés, sobre todo, cuando los dados salían mal, decían «echar barraca». Y entonces, si nadie lo sabe ¿por qué decirlo? Porque en la totalidad se comprende, aunque no termines de entender con precisión su significado porque el contexto te lo explica. Y yo trabajo mucho con ese juego que es algo que también hacemos en la vida continuamente.

-Pensando al teatro y su rol en este momento histórico, ¿sentís que vivimos en una era donde reina el odio y la estupidez o siempre fue así pero ahora es más visible?

-Vivimos una época en la que prima el odio y la estupidez, sí. Y también es más visible y además, se hacen más tolerables. Hay una tolerancia que parecería una especie de reacción a algún momento de «buenismo» o de «correctismo», con la sensación de que por momentos, lo correcto se volvió correctoso. Frente a eso aparece una manifestación alternativa que es el odio, el ataque y que, mientras se mantenga en un lugar espectacular, puede resultar hasta divertido, esas furias virtuales. Pero esto es simplemente crear una alfombra sobre la cual, el mundo ya tuvo la experiencia de que sobre esa alfombra se construyen las guerras y el horror.
 

Imagen
Baco polaco
Foto: Carlos Furman - Prensa CTBA

-¿Hay una falta de memoria colectiva?

-Es cierto que en la historia de la Humanidad siempre ha habido violencia, guerra y horror pero sin embargo, bastaría ver los casos policiales del último año, para descubrir un nivel de horror que no había aparecido antes. Pero no es casual que suceda. Sucede porque la alfombra permite caminar sobre ella. En este momento, lo que se abre es la tolerancia hacia esas zonas del horror.

-¿Hay alguna forma de combatir eso?

-Decirlo. No naturalizarlo. Decirlo y marcar la excepcionalidad.

-Hace poco encontré un término que me llamó la atención, acerca de que vivimos una era de «desilustración». Esa tolerancia al horror, ¿podría estar asociada también a esta brutalización generalizada, en cuanto a la falta de educación y empatía, a que todo da lo mismo?

-Puede ser, se instalan modelos prestigiados de barbarie, tolerados, asentados y eso por supuesto incide en el comportamiento social. Si yo, en el poder, veo un comportamiento «desilustrado» por tomar ese término interesante, es natural que entienda que está legitimado usarlo también en la vereda. No porque en una política correcta no hubiese cinismo, desde ya, pero una cosa es el cinismo descubierto y otra es la barbarie ejemplarizada.

-Lamentablemente aparenta ser un fenómeno global.

-Sin dudas y eso es lo que hace temer la hipótesis de una nueva instancia de guerra como la que tuvimos hace setenta años. Un ciclo de regreso a un estado de barbarie. Se empiezan a ver hoy, argumentos sobre comunidades diversas que se parecen a los argumentos de Hitler en su momento. Y la sensación es la de que amanece un peligro.

-¿Tendremos que seguir aferrados al teatro, al arte y la cultura, como una manera de contrarrestar esto?

-Totalmente, a eso y a valores, a una ética. El teatro es el espacio para pensar, para relajarse, para disfrutar, todo junto. Hay un chiste que me atribuyen a mí de que, una buena obra de teatro es la que sobrevuela la milanesa. Vas a ver una obra y, después, te vas a comer y hablar sobre lo que viste. Ese fenómeno, ese eco que tiene el teatro es parte de su extraordinario atractivo: te dio vuelta la cabeza y ahora necesitás compartirlo con otro. No es virtud solo del teatro, es virtud de las artes. Pero algo de lo que el teatro tiene es que esa movilización es muy directa. Lo veo mucho en redes sociales, cuando hago referencia a algún espectáculo de hace 30 años, quienes lo vieron, recuerdan cómo se sintieron conmovidos con una precisión insólita.

- Claro, es el vivo, lo que uno vivió, queda impregnado de otra manera en la memoria.

-Exactamente, basta que alguien lo traiga a la memoria para que suceda eso y uno recuerde.

-Qué bueno que los griegos inventaron el teatro y que sobreviva a todo.

-Sobrevive y prevalece. Por ejemplo, leí que el director Quentin Tarantino anunció que deja el cine para dedicarse al teatro porque dice que el teatro es el único lugar donde todavía el espectador puede ser conmovido. Asegura que al cine lo perdimos con las series y que él ya no puede hacer el cine que hacía antes. Y en el único lugar donde se puede seguir perturbando al espectador es en el teatro. Con otro director, Francis Ford Coppola, pasa algo parecido: está experimentando en dos universidades, filmar en una única toma, retomando la energía del actor, que según dice, se tiene que saber la letra de un tirón, como ocurre en escena. Se está volviendo un poco al origen por eso digo que el teatro es resistencia y es vigencia. Y Buenos Aires es una de las pocas ciudades del mundo donde ese fenómeno está a pleno.

  • Imagen
    Colectivo de Danzas Afro
    Foto: Sebastián Miquel
ENTREVISTA

Colectivo de Danzas Afro: Xirê por la memoria, la verdad y la justicia

29 Marzo 2026

A una década de la creación del Frente Cultural 24 de Marzo, el Colectivo de Danzas Afro llevó a las calles Xirê, una intervención artística que recupera saberes ancestrales y afirma la danza como herramienta de memoria, resistencia y Nunca Más al borramiento de las identidades políticas y culturales.

APU diálogo con las referentes Cecilia Benavidez, Eva Mazal, Silvana D´Aversa y Paula Picarel acerca de la poderosa jornada histórica en el marco de los 50 años del Golpe cívico-militar.

AGENCIA PACO URONDO: Este 24 de marzo eligieron trabajar con la simbología del Xirê como eje de la propuesta artística. ¿Qué es el Xirê y cómo surgió la decisión de tomarlo como base para la secuencia de danzas?

Cecilia Benavidez: El Xire es una palabra de origen yoruba que significa rueda ritual. Nosotras lo  elegimos como eje para marchar trabajando con palabras clave como “apertura, perseverancia, ciclos, resistencia, templanza, paz y fe” que están en conexión con la simbología de los orixás. El Xirê es una secuencia de danzas y músicas rituales que se practican en distintas religiones afroamericanas, es un espacio en el que conviven las singularidades de cada orixás generando comunidad. En Latinoamérica, las personas esclavizadas traídas de diferentes territorios africanos protegieron y transmitieron sus creencias, sus alimentos y sus historias, encarnándolas en sus cuerpos. En un tiempo en el que intentan naturalizar la crueldad y el desastre, creemos que el Xirê, como práctica ancestral, nos permite reunir memorias para narrar. La elección de esta forma de danzar surgió también de la necesidad de construir un espacio colectivo que albergue a quienes fuimos, quienes somos y quienes vendrán.

APU: ¿Cómo nació el Colectivo de Danzas Afro y qué lxs motivó a organizarse como grupo?

Silvana D´Aversa: Nuestro colectivo nace formalmente en el año 2016, en un contexto político marcado por el 40° aniversario del último golpe de Estado y frente al gobierno de Mauricio Macri que manifestaba posturas negacionistas y de marcado tenor represivo. Sin embargo, para entender nuestro origen debemos hacer memoria, ya que nuestra identidad está ligada a experiencias previas que son fundamentales.
Eva Mazal - Así es, somos la continuación de la experiencia de Oduduwa Danza Afroamericana, un grupo formado por Ceci (Benavidez)  Wanda Migelson, Alejandra Vassallo, Julieta Eskenazi, María Balmaceda y Victoria Pagani. Ellas se unieron tras un hito político-cultural en 1998: la salida de la comparsa de candombe Kalankan Güé en homenaje a José Delfín Acosta Martínez, activista afrodescendiente asesinado por la policía en 1996 en un acto de racismo y discriminación.

APU: Es impactante, el caso de José Delfín Acosta Martínez y su reconocimiento internacional derivó en 2020 en la primera condena de la Corte Interamericana de Derechos Humanos al Estado argentino por racismo y violencia institucional.

CB: Tal cual, aquel homenaje fue organizado por su hermano Ángel Acosta Martínez en un contexto muy difícil para su familia. El mismo consistió en una gran comparsa, integrada por distintos bloques. Uno de ellos, el bloque de danzas afro de simbología de orixás, coordinado por la maestra Isa Soares, junto con Marcela Gayoso y Julieta Eskenazi, que hoy podemos decir que, de alguna manera,  sembró la semilla de lo que vendría después. Este año, y en memoria de todo este recorrido y entendiendo la importancia de seguir construyendo, invitamos a compartir nuestros encuentros con Marisa Nascimento y otrxs docentes y referentes afrodescendientes.

APU: ¿Qué representa para ustedes ser parte del Frente Cultural “24 de Marzo”?

Paula Picarel: El Frente Cultural y nuestro Colectivo nacen de un mismo impulso: la necesidad de invitar a lxs compañerxs a habitar la calle con el cuerpo, la danza y la música. Formar parte de este espacio es nuestra manera de disputar los sentidos de lo común, defender derechos y negarnos al silencio y el olvido. Entendemos al Frente como un gran cuerpo colectivo que se expresa en unidad, respetando y valorizando las propuestas y singularidades de cada grupo. Es un espacio de construcción basado en el diálogo, el cuidado y la participación activa, que nos brinda el marco necesario para salir juntxs a poner el cuerpo en la Marcha del 24 de Marzo. Para nosotras, el Frente Cultural 24 de Marzo es un espacio político que nace de la insistencia del encuentro cultural en la calle, de una propuesta artística que se ensambla para manifestarse y para preservar la memoria de las luchas de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

CB: No es casual que Oduduwa continuará esa tradición de "decir con el cuerpo" en la calle. En 2001, invitadas por la agrupación H.I.J.O.S., marcharon junto a la escuela de percusión "La Chilinga" interpretando danzas de simbología de Orixás. Aquella acción resignificó la simbología ancestral a través de las heridas del terrorismo de Estado y la lucha por los Derechos Humanos. Desde 2005, la convocatoria se abrió a la comunidad en ensayos públicos, y hoy somos esas mismas participantes y nuevas generaciones quienes impulsamos este proyecto articulado desde 2016 en el Frente Cultural.  Nuestro colectivo se completa con compañerxs percusionistas como Miguel Villaveiran, Ezequiel Szursterman y Nige Achy que a lo largo de los años se hicieron cargo de armar y coordinar el bloque de percusión para las salidas.

APU: Este año también se cumplen 10 años de la  conformación del Frente Cultural. ¿Qué recorrido y aprendizajes destacan de esta experiencia colectiva?

Eva Mazal: Destacamos sobre todo, la certeza de insistir: insistir en caminar y construir con otrxs, en bailar juntxs y en sostener espacios de contención. Aprendimos que la memoria es una tarea cotidiana que nos obliga a no olvidar que aún buscamos a lxs nietxs y a los desaparecidos y que todavía hay genocidas sin juzgar. Nuestro espacio aloja año tras año a personas con trayectorias y bagajes culturales diversos y algunas comenzaron a conocer más de cerca la historia de nuestro país a través de la danza,  lo cual nos confirma que nuestra labor de transmisión tiene un sentido profundo.

PP: En la actualidad, cuando se impone una política del descarte, la violencia, la burla y el descrédito, apostar a estos encuentros y a su puesta en el espacio público se vuelve un acto profundamente político. Al igual que los antepasados africanos compartían sus creencias en los barracones para no ser devorados por el olvido, nosotras practicamos el Xiré como una síntesis de identidad y humanidad. Frente a la invisibilización traemos la potencia de un pueblo que subsistió tejiendo comunidad. 

Imagen
Colectivo de Danzas Afro
Foto: Sebastián Miquel

Danza por la identidad

APU: En relación con ese contexto histórico y con las expresiones de racismo institucional y estructural que aún persisten , ¿de qué manera las danzas afro se constituyen hoy como una herramienta artística y también política frente a la realidad que atravesamos como país?

SDA: Todo arte es político y nuestra intervención de matriz afrolatinoamericana en las calles propone un ejercicio de reconocimiento necesario: no sólo hacia quienes fueron esclavizados en el pasado colonial, sino hacia todas las personas que han sido invisibilizadas, silenciadas o desaparecidas a lo largo de la historia. Nos  reconocernos en ellxs también, porque son parte de nuestra identidad cultural y nuestro territorio. 

APU: Como profesoras, referentes e integrantes del Colectivo Danzas Afro  ¿Qué valores, memorias o mensajes buscan transmitir a través del movimiento y del cuerpo?

PP: En los encuentros que proponemos insistimos en dos gestos: la ofrenda y el pedido, inspirada en la práctica ancestral afro. Antes de cada marcha, nos reunimos para conversar, compartir una comida y nuestras miradas sobre el tiempo social que atravesamos. En esos encuentros elaboramos ideas y decidimos qué necesitamos exigir o evocar ese año en materia de Memoria, Verdad y Justicia. A través del lenguaje de las danzas de simbología de los Orixás, entramos en un proceso de resignificación performativa. Aunque nuestro mensaje se sitúa en el contexto presente, muchas veces recurrimos a símbolos similares porque entendemos que la insistencia es la forma de resistencia que nos enseñaron las Madres y Abuelas.

APU: ¿Cómo dialogan las danzas de matriz afro con la historia y las luchas del pueblo argentino?

SDA: Las danzas afro inauguran una forma inédita de dialogar en el espacio público sobre el dolor y la ausencia . Existe una tradición del pueblo argentino de salir a la calle , somos un pueblo que se moviliza ante la injusticia, que pone el cuerpo para reclamar  y  que siempre fue muy creativo en sus formas de ocupar y disputar el espacio público.

CB: Para nuestro colectivo es una comunicación que acontece cuando los cuerpos se encuentran y se modifican. Mientras que el canto o la consigna a veces pueden volverse automáticos, el "marchar bailando" habilita una vía nueva para expresar lo que la voz ya se ha cansado de gritar.  Expresarse con el propio cuerpo, en lugar de usar solo representaciones (como siluetas o fotos), llena de materia el vacío de la desaparición o la omisión. Si bien hoy esta participación está naturalizada, en nuestros inicios la presencia de un bloque de danza afro en el Día Nacional de la Memoria, por la Verdad y la Justicia fue una apuesta controversial que abrió nuevas brechas de sentido en la protesta social.

EM: Trabajamos con la convicción de que el cuerpo es memoria. Bailar es sacudir esos recuerdos, recuperar saberes ancestrales y dar lugar a las emociones. Es una práctica política que altera la rutina de un sistema que busca domesticar y adormecer los cuerpos. Cada 24 de marzo trae al presente los anteriores, poniendo en presencia la ausencia. El ejercicio de la memoria permite que lo invisible “se encarne en un cuerpo visible". Para quienes crecieron bajo el "no te metas" de la dictadura, marchar bailando es una forma de recuperar la expresividad y sanar la rigidez impuesta por el terror. En este camino, el Frente Cultural ha gestado rituales como los ensayos conjuntos (cuya primera edición fue en la ex ESMA), creando portales para proyectar un hacer común desde el encuentro artístico. 

APU:¿Qué rol creen que tiene el arte en la defensa de la memoria y los derechos humanos?

SDA: Desde nuestras prácticas artísticas, consideramos que el rol del arte en estos temas no es "explicar" el pasado, sino desestabilizar la percepción del presente para que no podamos ignorar lo que ha sido silenciado. Los derechos humanos se defienden cuestionando el lenguaje oficial. Si usáramos las mismas palabras y las mismas formas narrativas que el poder, no estaríamos invitando a transformar.

APU: ¿Qué significa para ustedes participar cada año de la marcha del 24 de marzo desde la danza?

PP: Significa mostrar un cuerpo vivo, móvil e íntegro frente a la memoria de una represión que intentó vaciarnos de expresión. Las herramientas de liberación que nos brindaron nuestras maestras —como Isa Soares y Telma Meireles—  nos permitieron encontrar en la simbología de las danzas de Orixás un poder transformador,  al mismo tiempo que exigimos justicia.

APU: Este año se cumplieron 50 años del último golpe cívico-militar en Argentina. ¿Cómo atraviesa esa memoria su práctica artística? ¿Cómo sienten que su presencia en la marcha aporta a la construcción de Memoria, Verdad y Justicia?

SDA: Aportamos una forma singular de decir "Presente". En los últimos años hemos visto una proliferación de colectivos artísticos que se suman a la lucha de los organismos de DD.HH., y nuestra propuesta contribuye a esa construcción de espacios-tiempos disruptivos. A lo largo del tiempo, nos hemos convertido en una referencia: personas que asisten a la marcha nos buscan para acompañar el recorrido, interpeladas por la fuerza de la danza y la propuesta percusiva de los tambores. Es un modo de crear comunidad y de interpelar(nos) desde una estética determinada por la simbología de las danzas..

APU: ¿Qué sueños o proyectos tiene el colectivo hacia adelante?

EM: Nuestros proyectos se cimientan en el deseo de continuar articulando con otras organizaciones y sumarnos a las nuevas formas que asuman las luchas sociales. Queremos seguir convocando a quienes buscan una forma singular de marchar. Nuestro mayor deseo es asegurar la continuidad de esta práctica, que otras generaciones continúen esta danza de matriz afro.

APU : Después de su paso danzado por las calles el 24 de marzo, a 50 años del golpe cívico-militar, ¿qué quisieran que haya quedado resonando en los cuerpos y en la memoria de quienes las vieron pasar?

CB: Como Colectivo de Danzas Afro, siempre esperamos conmover. Deseamos que las personas que nos hayan visto puedan conectar,  desde lo  grupal, con una sensación singular,  que hayan sentido el calor en el pecho, la vibración en las piernas o la necesidad de moverse con el ritmo de los tambores. Buscamos que, aun cuando el público desconozca las danzas que observa, se pregunte por su significado y encuentre en nuestra danza un gesto común. En definitiva, que la danza deje una marca de humanidad en quien la haya presenciado.

En ese cruce entre memoria, cuerpo y presencia en el espacio público, las danzas afro transforman las calles en un territorio de visibilización e intervención política y cultural, reivindicando las identidades que forman parte de la historia del pueblo argentino,  y que se inscriben en la lucha por la memoria, verdad y justicia.

  • Imagen
    Noemi Frenkel
ENTREVISTA

Noemí Frenkel: "Creo que todos participamos de la memoria colectiva"

29 Marzo 2026

“¿Qué mirar, adónde, al lado de quién?” se pregunta Noemí Frenkel, en un libro interpelado por un mundo que se desmorona, desgarrado entre discursos que se disputan el lugar de la víctima y el sentido de lo humano. Entre el relato autobiográfico, el ensayo, y la crónica de viaje, la novela Bosque Migrante. Una judía que se desarma editado por Milena Caserola, compone una trama hibrida que recoge otras voces. Migra del yo al tú  y denuncia la sintaxis de la enemistad y el rencor.

AGENCIA PACO URONDO: ¿Cómo fue el proceso de escribir esta novela de investigación interna y externa?

Noemí Frenkel: Fue un proyecto de narrativa. Empecé con un texto que había escrito con la imagen de un bosque como base disparadora de una forma poética. Esta imagen estaba contenida en una historia que tenía que ver con lo familiar, con los muertos de los que no se hablaba, los que habían quedado en Polonia. Cuando decidí desarrollar la novela, surgió hacer el viaje a Polonia. Así empezó este proyecto.

APU: Hay un capítulo donde resaltás una foto de tu abuelo materno, Nachman Zugman, donde lo describís como un rabino ortodoxo ¿Fuiste criada en una familia judía ortodoxa?

NF: Esa foto, con esa barba y patillas largas, un ortodoxo. Mi madre fue criada en un contexto de esa herencia, pero eligió un camino que no era de religiosidad, sí de continuidad y de la tradición judía. Fui criada en una familia judía tradicional, donde estaba este antecedente de la figura de mi abuelo, de la religión, de la espiritualidad.

APU: ¿Qué podés rescatar de esta tradición judía que recibiste?

NF: En su momento lo había vivido como una rigidez, como un mandato de lo patriarcal, de la tradición mosaica, ante el cual me había rebelado. Hacer todo este camino de volver a reencontrarme sensiblemente con la tradición judía. Mis abuelos vivían consagrados al estudio, a la interpretación de la Torá. Pero eso se perdió en el camino y quedó una cosa más aburguesada de lo que es la religión. También pude encontrar que hay valores muy profundos de lo justo, tener una vida consagrada a Dios, a lo divino, a los valores más altos y espirituales. En el judaísmo hay valores muy profundos de los cuales estoy orgullosa: sobre la cultura, del estudio, del entendimiento. Rescato eso y me parece fundamental, me siento muy ligada a esos valores.

APU: ¿Cómo fue ese viaje a Polonia?

NF: Estaba indagando sobre la historia familiar de mis ancestros, más allá de la historia y de la memoria colectiva que engloba como parte de pertenecer a la minoría judía. Mi intención era escribir, tomaba notas y observaba la experiencia desde el lugar de la cronista. Me sirvió mucho esto de saber que lo que estaba experimentando, que por momentos era angustiante y doloroso, era algo sobre lo que estaba escribiendo; me contenía de alguna manera todo esto.

APU: ¿A qué hacés referencia cuando hablás de memoria colectiva?

NF: Creo que todos participamos de la memoria colectiva. Nuestra vida está inserta en un contexto, en una historia que va más allá de uno mismo y de su círculo más íntimo. Cuando fui a averiguar sobre mis parientes, eso está plegado a la memoria colectiva que tiene que ver con la historia del Holocausto, de la Segunda Guerra Mundial, inclusive de la historia de Polonia, porque mi familia venía de este país. La gran minoría judía estaba atravesada por la historia de Polonia como país y pueblo. También como generación, de ser la memoria de los migrantes que vinieron a la Argentina escapando de Europa, de las guerras, persecuciones, de las hambrunas. Y como parte de la generación de haber sido adolescente en la época de la dictadura, narro también lo que a mí me pasó en la dictadura militando en los años 70, teniendo amigos desaparecidos. Toda esta memoria se está articulando. 

Imagen
Libro Una judia se desarma

APU: En la novela contas tu vivencia en la década de los 70 ¿Qué reflexión podés hacer?

NF: Cuento, por un lado, mi rompimiento con la impronta familiar, del mandato de mantenerme en la comunidad judía. Coincide con el momento en que entro en el secundario del colegio Carlos Pellegrini, era muy politizado. Fue en 1973, que era el año de la primavera democrática, cuando se sale de la dictadura de Lanusse. Este fue un momento de mucha efervescencia social y militante. Me vi envuelta en esta situación social de tomas, asambleas, marchas, retorno de Perón a la Argentina.

Todo este recorrido lo viví en un contexto social donde me involucré con mi confusión, con mi desconocimiento, pero al mismo tiempo me sentía muy atraída porque era inquieta, curiosa. Al mismo tiempo me marcó muchísimo cuando tenía 15 años. Llegó la dictadura, donde por un lado estaba toda esta cosa muy genuina de participar, pero luego el correlato de muchos que participaron de la militancia se vieron expuestos de una manera muy irresponsable por sus dirigentes, porque quedaron expuestos frente a los servicios y quedaron marcados muchos de esos chicos que desaparecieron, fueron secuestrados, y yo me salvé de esta situación. Tuve compañeros de la UES que desaparecieron. Rescato ese deseo genuino de querer transformar el mundo, de la justicia y los valores, los ideales. Por otro lado, la derrota política, y por otro lado la traición de Montoneros y de muchos dirigentes como Firmenich. Fue una generación que fue inmolada por sus dirigentes.

APU: En la novela narrás cómo viviste la matanza de Hamas a Tel Aviv el 7 de octubre de 2023. ¿Qué opinión tenés con respecto a la guerra de Medio Oriente?

NF: Esto me interpeló como judía. Una vez que veo la respuesta del régimen ultraderechista israelí hacia Gaza, esto a mí me atraviesa. Estuve estudiando para poder elaborar, para ser testigo de un genocidio en Gaza. Al principio me costaba, porque hay tanto maniqueísmo de estar de un lado o del otro, quién era enemigo de quién. Me llevó un gran trabajo decir: cómo puede ser que el pueblo judío, que fue víctima de un genocidio, después en Israel, que dice que lo hace en nombre del pueblo judío, haya un gobierno que está cometiendo un genocidio contra el pueblo palestino.

Esto me ayudó a estudiar la historia de este conflicto y desaprender muchas cosas que a mí me enseñaron en el colegio hebreo de lo que representaba Israel para mí como judía. Israel era el lugar que a mí me garantizaba que yo no sufriera el antisemitismo que habían sufrido mis ancestros y familiares. Era la garantía de que el día de mañana no te tenga que pasar lo mismo que le pasó al pueblo judío en Europa.
Todo esto es una construcción narrativa que está cargada de falacias, de colonialismo, de hegemonismo, de la supremacía blanca europea contra los pueblos nativos de Palestina. Es la misma idea colonizadora que tuvieron los blancos europeos en América y África. Todo esto lo desarrollo, pero tuve que salir a estudiarlo y a leer cosas que no conocía antes del 7 de octubre, y ver la historia viva hoy de lo que está sucediendo y sigue sucediendo en Palestina.

A mí me interpeló de manera tal que me lo tuve que volver a preguntar y decir: cómo me paro yo frente a esto. Están diciendo que lo hacen para defender a los judíos de los árabes, pero lo que estoy viendo es que se están matando niños, inocentes. No es que sos un terrorista de Hamas o sos un sionista. Tengo que desarmarme; por eso se llama el libro Una judía desarmada. La novela justamente plantea que tengo que desarmar muchas cosas que me inculcaron. Es un desafío desarmar muchas narrativas, manipulaciones, propaganda para sostener poderes y agendas que no son interés de los pueblos sino de los poderosos. Mi posición es que judíos y árabes, palestinos, no son enemigos entre sí. Esto me suena a manipulación: es una enemistad que está construida para sostener poderes y negocios, y todo lo que es la maquinaria de la guerra.

APU: ¿Escribir esta novela fue de alguna manera sanar lo pasado? ¿Cómo ves el futuro?

NF: Por un lado está la cosa de ir a contramano del silencio familiar, donde era muy doloroso. Tenía parientes que los asesinaron en el Holocausto, de eso no se hablaba. Esos silencios de lo que no se habla… y decir: bueno, quiero echar luz sobre algunas cosas que están tapadas. Este mismo ejercicio de hablar de lo que no se habla, de pensar en lo que no se piensa, de cuestionar lo que no se cuestiona, de no someterse a ciertas cosas que están como jerarquías, me sirve hoy en día.

Con respecto al futuro, como compromiso humano y existencial, me doy cuenta de que pensar sobre las cosas me sirve para elaborar situaciones que son muy angustiantes, muy amenazantes, como el tipo de vida que estamos viviendo, de régimen de humanidad. Cómo me paro con todo esto. Hacer el ejercicio de pensar, y para pensar tengo que revisar muchas veces mis creencias y cosas que estaban sin cuestionar. Vamos a mirar para adentro, no solamente decir “yo tengo la razón y el otro es el que está equivocado”. Tengo que poner todo en cuestión. Esta es mi propuesta de futuro: no confirmar el sesgo que uno trae. 

  • Imagen
    Gabriel Conti
ENTREVISTA

"Eróticamente explícito", de Gabriel Conti: "Vivimos bajo el dominio de las comerciales vulgarizaciones"

29 Marzo 2026

Gabriel Conti (Parácheq) es investigador erótico-folklórico, escritor, poeta, recitador y presentador de radio. Desde hace muchos años, dedica sus esfuerzos a la reafirmación de la cultura Quichua y a la difusión de todas las minorías.

Trabajó veinte años con don Sixto Palavecino, el referente más importante de la herencia incaica en Argentina. Es el responsable de la primera versión radiofónica de Shunko de Jorge W. Ábalos. Es autor y presentador de "Parácheq  Erotismo y Folklore", único programa de radio dedicado a la reafirmación y revalorización de las manifestaciones eróticas de todas las culturas ancestrales. Desde hace tres décadas, Gabriel Conti recopila y estudia costumbres, rituales, leyendas y supersticiones pertenecientes al bagaje sexual de los pueblos con hondas raíces, ahora materializados en su libro Eróticamente explícito. 

AGENCIA PACO URONDO: ¿Cómo surge la necesidad de escribir un libro así?

Gabriel Conti: A veces pienso que mis esfuerzos como investigador erótico-folklórico no son suficientes para mostrar la riqueza amatoria que fluye detrás del silencio, porque los habitantes de las grandes ciudades se conforman con aquello que les resulta familiar y no se atreven, por desconocimiento o temor, a desplegar las alas para emprender un vuelo más alto hacia las regiones donde impera el placer. Como las investigaciones nunca son masivas, decidí escribir un libro de relatos explícitos, basados en el Erotismo Etnográfico, fusionados con la libertad que da la creación literaria (antiquísimas tradiciones en su mayoría, situaciones ficticias y experiencias autobiográficas). Tal vez así, situando las historias en la actualidad, los ritos y las prácticas irrefutables que rigen los misterios libertinos de la cópula –desde tiempos inmemoriales- logren la visibilidad definitiva. 

APU:¿Cómo fue la recepción del libro?

GC: Es bien recibido en el exterior, de hecho, mis lectores más interesados viven en otras naciones. Si los seguidores de esta agencia de noticias tienen acceso a un ejemplar, podrán apreciar en el segmento Voces liminares, comentarios muy generosos de referentes culturales de diversas latitudes: Grecia, Sardegna, Marruecos, Francia, Madagascar, República Checa, Siberia, etc., pero aquí en Argentina el panorama es otro. Las huestes de la doble moral y los militantes de la rutina anafrodisíaca (prensa comercial, críticos tímidos y público prejuicioso) lo consideran un libro obsceno. Todo lo que escapa a sus conocimientos debe ser negado de alguna manera; la marginación y el ocultamiento son las armas agudas y filosas que esgrimen siguiendo las consideraciones puritanas de la sociedad. A pesar de la faja que tuve que agregar, tapando la portada y la contraportada para poder editarlo, siguen ocultando, censurando y retirando de los escaparates de las librerías mi obra de contenido erótico-folklórico.

APU: El libro contiene un profundo trabajo de investigación, pero además es parte de tu trabajo en radio.

GC: Desde hace más de treinta años, recopilo, clasifico y analizo con detenimiento los factores internos y externos de ese exquisito e ilimitado poder mágico, llamado erotismo. Mis investigaciones folklóricas tienen sus raíces en las tradiciones sexuales de las comunidades ancestrales de todo el mundo. Me interesan hondamente las expresiones carnales que sobreviven radiantes y también los vestigios más remotos de la vida erótica de las milenarias sociedades humanas. He trabajado veinte años con don Sixto Palavecino, mi padre espiritual y maestro, el referente más destacado de la Cultura Quichua, facilitándome su presencia el acopio de una gran cantidad de revelaciones materiales e inmateriales sobre la picardía y la sensualidad de la población montaraz de Santiago del Estero, punto de partida de mi búsqueda, para luego recorrer y estudiar las interminables minorías de todos los continentes.

Soy el ideólogo y responsable de "Parácheq Erotismo y Folklore", se puede escuchar en vivo todos los viernes de 17 a 19 h, por Radio Hermes (www.radiohermes.com.ar) o en las plataformas. Dicho programa suele utilizarse como fuente de consulta en algunas universidades extranjeras. El Erotismo Etnográfico y la música folklórica de las culturas atávicas son sus fundamentos.

"La enseñanza más importante que he recibido, es entender que nuestro concepto de la sexualidad es solamente uno entre muchos; las ceremonias que enaltecen el coito ritual se multiplican infinitamente".

APU:¿Qué aprendíste al escribir el libro?

GC: La enseñanza más importante que he recibido, es entender que nuestro concepto de la sexualidad es solamente uno entre muchos; las ceremonias que enaltecen el coito ritual se multiplican infinitamente.

APU: ¿Cómo abordás la ficción con el plano de investigación? 

GC: Los quince relatos resultan testimonios valiosos del Erotismo Etnográfico, ya que representan los elementos psíquicos y corporales de las diversas comunidades del planeta. Existen variaciones amorosas sumamente notables, voluptuosas y enriquecedoras. “Clitorizar el universo”, que abre el libro, por citar un ejemplo, habla sobre la veneración de la vulva en el arte, la mitología, las creencias y el folklore de incontables grupos étnicos. Entre otras cosas, describo el poder apotropaico del sexo femenino, desde los tiempos más antiguos, para mitigar las fuerzas de la naturaleza y alejar a los espíritus demoníacos.

Detallo las prácticas masturbatorias de un ejército de mujeres que en el año 61 de nuestra era luchó con coraje protegiendo la isla de Man; comparto los rituales de la Danza del Clítoris de la Polinesia; la función de las baubos (mujeres-vulva); la celebración del anasyrma griego; el juego clitórico de cordeles que sobrevive en muchas comunidades; la simbología de la vagina llorona de los chamacocos, los registros sonoros de las inspiradas sacerdotisas del culto quichua Raka Kakara y largos etcéteras.

APU: ¿Cómo ves el abordaje de la literatura erótica actual?

GC: En la literatura erótica actual, salvo casos puntuales, es muy difícil desentrañar la vibrante personalidad de un autor y el verdadero significado de su obra: vivimos bajo el dominio agobiante de las pretenciosas y comerciales vulgarizaciones. Eróticamente explícito es una excepción a la regla moderna de la superficialidad literaria. En los quince relatos lúbricos, describo las singularidades del Erotismo Etnográfico de las poblaciones milenarias, pero las reconstruyo en el presente, en un personal y transgresor estilo de abordar la narrativa de los sexos. Como suelo repetir: Ojalá los lectores se adentren en sus páginas, para descubrir unos cuantos puntos de referencia o señales ardientes que colaboren en la preparación del frenético ágape del deseo y en la ampliación del goce de todas las sexualidades. 

  • Imagen
    Art Brut obra de Cristian Zancho
    Obra de Cristian Zancho
ENSAYO

¿En qué consiste la brutal actualidad del Art Brut?

29 Marzo 2026

Voy a aclarar un par de cosas muy obvias sobre el Art Brut antes de contarles por qué me interesa hablar de esta vanguardia tan singular (alguno se atreve a decir que la última vanguardia moderna).
El fundador de este movimiento de vanguardia fue Jean Dubuffet, un francés tardío que descubrió su veta pictórica con bien entrados los 40 años. Una vez que la descubrió, produjo o creó una obra literalmente de locos, tanto por su calidad como por su cantidad.

Podemos decir que su propuesta global era destituir cualquier privilegio con el que contara el artista, y a la vez recuperar las producciones de los niños, de los enfermos mentales o de los excéntricos compulsivos, es decir de cualquiera que se saliera de la norma instituida. Para él crear era, y lo es todavía para nosotros, una aventura cuyo final, la obra, nadie puede prever, y mucho menos el artista, ya que para éste la obra tendría que ser tanto la manifestación de los instintos, las pasiones y los afectos como la exploración y el descubrimiento de ese deseo o esas pasiones y afectos.
Esta nivelación general de la cultura que trae consigo el Art Brut implicaría borrar una figura que nos resulta muy cara, la del artista, y elevar de su posición rastrera la figura del cualquiera, pues cualquiera puede pintar.

Es cierto que esta consigna extrema arruinaría la figura maldita que nos legó el Renacimiento, la del genio, pero también arruinaría aquello por lo que los genios, los artistas, o mejor dicho: su firma, tienen el valor exorbitante y caprichoso que tienen, el dinero, la riqueza, el mercado del arte, los marchantes, los críticos de arte y las fotocopiadoras. La única manera de acabar con el arte tal como estaba a fines de la Segunda Guerra y tal como está ahora es aboliendo y prohibiendo la compra/venta de obras… aunque tal vez debamos decir con más corrección: de mercancías.

El Arte Bruto quiso además destituir otro concepto fundamental en el campo del arte, y que también sobrevivió, aunque no tan entero como el del artista, me refiero al concepto de belleza. El mito de la belleza.

El Art Brut instituye un criterio de belleza, como también su contraparte, de lo feo, lo vulgar, lo horrible, fundados en decisiones individuales y subjetivas —hay que tener en cuenta que lo que consideramos bello y lo que calificamos de feo constituyen el umbral hedónico por el cual se predisponen de una manera (y no de otra) nuestros placeres, nuestros gustos y nuestros rechazos. Pero, ¿cómo hacemos para diferenciar un placer auténtico de otro impuesto por la moda, por los condicionamientos sociales o por las sobredeterminaciones psicológicas? Dubuffet apela, como ya lo había planteado Kandinsky medio siglo antes, a la necesidad interior, las pasiones, los deseos, los afectos –que en los locos, para él, serían más puros, menos contaminados por la cultura.

A Dubuffet lo asaltó esta idea de reconsiderar lo que entendemos por artista, lo que entendemos por belleza, por obra, por locura, por razón, por normal, caminando por Suiza con su gran amigo Jean Paulhan. La Segunda Guerra llegaba a su fin. Nadie en su sano juicio podía estar contento con lo que había conseguido Europa en ese momento. Y el Art Brut se consideró como un escupitajo en el medio de la cara descubierta de la cultura europea.

El gobierno de Javier Milei parece ser una expresión extrema de esta penúltima vanguardia artística: cualquiera, pareciera, puede ser presidente de una nación subdesarrollada. Lo único que necesita es ser capaz de encarnar el Capital y hacerlo de la manera más brutal y violenta posible.

Lamentablemente, el primero que adquirió una obra bruta de Dubuffet fue nada más y nada menos que el inminente ministro de cultura francés André Malraux. Corría el año 1946. De allí en más fue imposible no consumir como bellos los cuadros de este excéntrico, y no pagar una fortuna por ellos —el Pompidou tiene como mínimo una docena de sus obras. De aquí a considerar a Dubuffet como un artista, a pesar de lo que él publicitaba de sí mismo, no hay más que un paso.

Obviamente, este rechazo orgánico que sentía Dubuffet por la cultura oficial no fue un inventó de él ni de esos años. Ya existía una potente tradición, como hasta nosotros sabemos, que recuperaba los dibujos infantiles, las máscaras africanas, las postales japonesas o los trabajos de los locos o los “primitivos”. Pienso en Guaguin y sus pinturas de Tahití, en Kandinsky y la pintura abstracta (o concreta, como la llamó sobre el final de su vida), en Klee y sus esquemas y líneas infantiles, en las indagaciones surrealistas y en las prácticas radicales llevadas a cabo por los dadaístas o por Duchamp. Dubuffet conocía bien esta tradición y se sentía heredero de ella.

La sociedad que el Arte Bruto denunciaba sobrevivió a la denuncia, deglutiéndolo. En una dimensión de su realidad, el gobierno de Javier Milei parece ser una expresión extrema de esta penúltima vanguardia artística: cualquiera, pareciera, puede ser presidente de una nación subdesarrollada. Lo único que necesita este cualesquiera, este Don Nadie, es ser capaz de entregar toda su vida al Capital, encarnar el Capital y hacerlo de la manera más brutal y violenta posible —esto que tenemos ahora y que tanto nos preocupa es lo más brutal y violento que nuestra sociedad tolera en este momento histórico, lo que significa que en un futuro no muy lejano esta violencia y esta brutalidad no dejarán de acrecentarse, y esto que estamos viviendo ahora como una catástrofe nos va a parecer algo hasta gracioso.

Hace unos largos años que en Argentina se viene hablando de la “batalla cultural”. En realidad, no es una batalla sino una guerra, una guerra de larga duración en la que nuestros enemigos nos vienen haciendo cada vez más mierda. Nuestra capacidad de reflexión, de argumentación, de interpretación viene reduciéndose de gobierno en gobierno (en esta serie incluyo también a los “nuestros”, por supuesto).

El progreso tecnológico, hoy como ayer y como antes de ayer, constituye una catástrofe para la humanidad, que lo festeja como si tanto ella como el progreso estuvieran al margen de los cataclismos que jalonan nuestra vida, cataclismos climáticos, psíquicos, económicos, anímicos, etc.

La televisión nos masificó homogeneizando nuestros gustos, mientras el smartphone nos masifica haciendo de nuestro gusto el mejor gusto de todos, haciendo de nuestra opinión, por lo general infundada, una verdad irrebatible, haciendo de cada uno de nosotros el ser más preciado de la humanidad.
La reflexión puede forzarse a sí misma hasta llegar a la brutalidad, pero la brutalidad no tiene la capacidad ni tiene medios para alcanzar la reflexión. No debemos olvidar que ellos ganan porque nosotros vamos fracasando una batalla tras otra. Nuestro proyecto de ser humano, de convivencia, de amor, de placer, está vencido.

Acá quería llegar. Porque hace unos años reivindiqué la obra pictórica de nuestro genio musical Charly García afirmando que era comparable a las obras del Art Brut. No hubo ni hay en Argentina un artista tan extremo en su “locura” como Charly García, y eso sin nunca perder su capacidad de atraer e inventar nuevos fans. La obra pictórica de Charly está aún por descubrirse, aunque ya se expuso en algún ArteBA y en más de una galería de arte.

La vida y la obra de Charly García son lo que me da esperanza de que en medio de tanto desconsuelo todavía podamos pensar algo… o nada, que es casi mejor.
Gracias.

  • Imagen
    Teatro Me gusta de oro
TEATRO

Teatro: “Me gusta de oro”, el deseo, el odio y el algoritmo

29 Marzo 2026

Hay un gesto mínimo que define buena parte de nuestra época: levantar el pulgar y tocar una pantalla. El “me gusta” se volvió uno de los gestos más comunes de la aprobación contemporánea. Un signo diminuto que, sin embargo, organiza jerarquías, visibilidad, deseo y pertenencia.

La obra Me gusta de oro, escrita por Daira Basin y Alejandro Lifschitz, toma ese gesto y lo coloca en el centro de una pregunta filosófica inquietante: ¿qué dice de nosotros la manera en que miramos y reaccionamos frente a los otros en las redes sociales?

Declarada de interés cultural por la Legislatura de la Ciudad, la pieza no se limita a representar el mundo digital. Más bien lo disecciona. Como si el escenario fuera una mesa de anatomía donde se examinan las emociones contemporáneas.

En las redes sociales el deseo adopta una forma particular: desea ser visto. No alcanza con existir, con vivir, con sentir. Todo necesita convertirse en imagen, en relato, en contenido. La vida se vuelve algo que debe ser narrado públicamente para adquirir valor.

Pero esa exposición permanente tiene un costo. El tiempo se diluye en la distracción. El scroll infinito promete siempre algo nuevo, algo mejor, algo más interesante. Y mientras tanto el presente se escurre con la misma velocidad con la que pasan las imágenes. El resultado es una experiencia paradójica: nunca estuvimos tan conectados y, al mismo tiempo, tan distantes.

Las redes producen una forma peculiar de proximidad. Vemos la vida de los otros con una intimidad casi cinematográfica. Sabemos qué comen, a dónde viajan, qué piensan, qué celebran, qué detestan. Sin embargo, esa cercanía visual convive con una creciente distancia afectiva. Todos estamos ocupados. Todos estamos conectados. Pero cada vez nos vemos menos.

La presencialidad, ese encuentro físico que durante siglos organizó la vida social, comienza a convertirse en algo excepcional. Un esfuerzo logístico. Una cita que compite contra cientos de estímulos digitales. En ese contexto aparece una de las emociones más persistentes de la cultura de redes: la sensación de estar en falta.

Miramos al otro y casi siempre aparece la comparación. El otro parece más exitoso, más feliz, más bello, más productivo. La vida digital se convierte así en un gigantesco sistema de expectativas. Un escaparate donde todos, de alguna manera, intentamos cumplir con una imagen. El miedo a no estar a la altura circula silenciosamente entre publicación y publicación.

Pero la obra también se detiene en un fenómeno más oscuro: el odio. 

Las redes sociales han demostrado algo inquietante sobre el funcionamiento de la atención humana. Las emociones intensas viajan más rápido. La indignación se comparte más que la serenidad. El escándalo se multiplica con mayor eficacia que la calma.

En ese paisaje emocional aparece el algoritmo. Ese sistema invisible que organiza lo que vemos. Lo que parece una navegación libre en realidad está mediado por cálculos que priorizan aquello que genera más interacción.
Y la interacción, muchas veces, se alimenta del conflicto.

Así, el odio comienza a ocupar un lugar central en la circulación digital. No necesariamente como emoción íntima, sino como fenómeno amplificado. Como algo que se vuelve rentable.
Tal vez la idea más provocadora que sugiere Me gusta de oro sea justamente esa: el odio no funciona solamente como emoción humana. En el ecosistema digital se transforma también en un producto.

Un contenido que circula, que convoca reacciones, que alimenta discusiones interminables. Un combustible perfecto para las economía de la atención. Las redes sociales, en ese sentido, no son únicamente espacios de expresión. Son también plataformas lucrativas. Cada interacción, cada reacción, cada enfrentamiento genera datos. Y estos datos producen valor económico.
El odio, entonces, se vuelve útil.

La obra se mueve en ese territorio ambiguo donde la crítica al sistema se mezcla con una pregunta más incómoda: ¿hasta qué punto participamos activamente de esta dinámica?
Porque el “me gusta” encierra una contradicción fascinante. Es un signo de aprobación. Sin embargo, muchas veces le damos “me gusta” a contenidos que nos indignan o nos enfurecen. Celebramos aquello que criticamos. Amplificamos aquello que decimos rechazar.
El resultado es una cultura donde lo lindo y lo horrible conviven dentro de la misma lógica de visibilidad. 

Tal vez la idea más provocadora que sugiere "Me gusta de oro" sea justamente esa: el odio no funciona solamente como emoción humana. En el ecosistema digital se transforma también en un producto.

Me gusta de oro explora esa paradoja sin ofrecer soluciones fáciles. En lugar de señalar únicamente a las plataformas, se permite cuestionar también ciertos comportamientos profundamente humanos.
Tal vez el problema no sea solamente el sistema tecnológico que habitamos, sino también algunas inclinaciones muy antiguas: la fascinación por el escándalo, la necesidad de pertenecer, el placer ambiguo de señalar el error ajeno.

En ese mundo hiperreactivo, el otro comienza a aparecer cada vez más como amenaza. Como adversario. Como alguien que encarna una posición opuesta dentro de una lógica de polarización creciente.
Y allí surge el riesgo mayor: cuando la sociedad se organiza alrededor de bandos irreconciliables, la conversación pública se empobrece. La complejidad desaparece. Solo quedan consignas.

La obra propone entonces un pequeño gesto de resistencia. Algo simple y, al mismo tiempo, radical: detenerse a mirar. Mirar nuestras propias reacciones. Nuestros impulsos digitales. Nuestra manera de participar en esa maquinaria emocional que son las redes.

Tal vez allí aparezca una pregunta que atraviesa silenciosamente todo el espectáculo: si el odio circula con tanta facilidad, ¿qué lugar queda para el amor? No como una palabra ingenua ni como una consigna sentimental, sino como una forma distinta de vincularse con el otro.

Tal vez el problema no sea solamente el odio que circula en las redes, sino algo más profundo: el riesgo de dejar de reconocer al otro como sujeto. El filósofo Emmanuel Levinas insistía en una idea simple y radical: el rostro del otro nos interpela, nos obliga, nos recuerda que no estamos solos en el mundo. Cuando el otro se reduce a perfil, a comentario o a enemigo, algo de esa dimensión se pierde. En ese punto el problema ya no es solamente tecnológico ni comunicacional, sino profundamente humano. Porque si el otro desaparece como sujeto, también se debilita la posibilidad de reconocernos a nosotros mismos en esa relación.

Tal vez una hipótesis posible sea que parte del deterioro de la salud mental contemporánea tenga que ver con esa pérdida. Y allí aparece una paradoja inquietante: si el otro deja de existir como sujeto, también empieza a vaciarse la posibilidad del yo. Porque, en última instancia, la identidad humana siempre se construye en relación con otros.

El teatro, con su antigua capacidad de reunir cuerpos en un mismo espacio, propone algo que el mundo digital no puede replicar completamente: la experiencia de la presencia. Personas respirando en la misma sala. Mirando la misma escena. Compartiendo el mismo tiempo. Quizá allí, lejos del algoritmo y del scroll infinito, se abre la posibilidad de volver a preguntarnos quiénes somos cuando nadie está midiendo nuestros “me gusta”.

Tal vez el problema no sea la falta de amor, sino algo más profundo: el riesgo de dejar de reconocer al otro como sujeto. Como alguien cuya existencia también nos implica. 

  • Imagen

El proyecto de la unidad latinoamericana (II): de los Congresos Americanos a la Guerra de la Triple Infamia

28 Marzo 2026

A dos siglos del Congreso Anfictiónico de Panamá, resulta pertinente revisitar la larga lucha por la unidad latinoamericana. Aquel intento de articular una liga de repúblicas independientes inauguró una historia de iniciativas, debates y conflictos en torno a la integración regional. En esta segunda parte, recorremos el derrotero de ese ideal desde 1826 hasta 1870, destacando el papel de los Congresos Americanos, los debates intelectuales alrededor de la dicotomía civilización y barbarie y el surgimiento de una corriente de pensadores americanistas, hasta la Guerra del Paraguay como momento bisagra que consolida la fragmentación del continente sometido al neocolonialismo de nuevas metrópolis.

Balcanización, inestabilidad y agresiones

El fracaso del Congreso de 1826, sumado a las crecientes tensiones políticas y regionales en el interior de Gran Colombia —que desencadenaron un proceso de fragmentación—, provocó hacia el final de la vida de Simón Bolívar aquella triste reflexión: “He arado en el mar y sembrado en el viento”. Sin embargo, aunque el proceso de balcanización que se inició entonces fue considerable, no es menos cierto que a lo largo del siglo XIX persistieron corrientes y proyectos políticos proclives a la unidad latinoamericana. Desde todos los rincones del continente, las brasas de la causa integracionista brotaron como llamas en el pensamiento y la acción política y diplomática. Un hilo de acontecimientos unen aquellos sueños independentistas con nuestros días.

El Congreso Anfictiónico de Panamá tuvo una breve continuidad en la llamada Asamblea Americana de Tacubaya, reunida en las cercanías de la Ciudad de México entre 1826 y 1828. Este encuentro buscó mantener vivos los acuerdos alcanzados en Panamá y avanzar en la construcción de algún tipo de sistema de cooperación política y defensiva entre las nuevas repúblicas americanas. Sin embargo, las profundas divergencias entre los gobiernos, las dificultades de comunicación y la inestabilidad interna de muchos países impidieron que la iniciativa lograra resultados duraderos. En consecuencia, la Asamblea no consiguió consolidar una institucionalidad común ni establecer mecanismos efectivos de integración regional. Cabe destacar el papel del canciller mexicano, Lucas Alamán, que a lo largo de la década de 1830, envió infructuosamente emisarios a Centroamérica y América del Sur para promover lo que denominó un “pacto de familia”.

Este temprano fracaso de los proyectos confederativos reflejaba un proceso más amplio que atravesaba a la región: la fragmentación política del espacio que había pertenecido al imperio español en América. Las antiguas estructuras virreinales —como el Virreinato de Nueva España, el Virreinato del Perú, el Virreinato de Nueva Granada y el Virreinato del Río de la Plata— dieron lugar, tras las guerras de independencia, a una constelación de Estados nacionales más pequeños, muchas veces enfrentados entre sí y atravesados por conflictos internos.

El proyecto de unidad continental impulsado por Simón Bolívar chocó así con la consolidación de intereses regionales, rivalidades políticas y dinámicas locales que favorecieron la formación de repúblicas autónomas antes que de federaciones amplias. La disolución de efímeras entidades políticas mayores —como la Gran Colombia, las Provincias Unidas del Río de la Plata o las Provincias Unidas de Centroamérica— ilustró de manera elocuente esta tendencia. De este modo, hacia mediados del siglo XIX el mapa político latinoamericano había quedado configurado como un conjunto de repúblicas independientes, resultado de un proceso de disgregación del antiguo orden colonial español (algo que no sucedió con las antiguas posesiones portuguesas —desde 1822 reconfiguradas como Imperio del Brasil— a pesar de las tendencias secesionistas en algunas regiones del nordeste y el sur del país).

A la inestabilidad interna y a las guerras civiles que atravesaban las nuevas repúblicas latinoamericanas se sumó, desde la década de 1830, una serie de agresiones e intervenciones externas. Entre ellas se cuentan la ocupación británica de las Islas Malvinas en 1833, el bloqueo francés del Río de la Plata entre 1838 y 1840, y la intervención anglo-francesa en el Río Paraná en 1845. En México también se sucedieron conflictos de gran envergadura. La separación de Texas en 1835 y su posterior anexión a Estados Unidos en 1845 desembocaron en la Guerra entre México y Estados Unidos, tras la cual México perdió cerca de la mitad de su territorio. A esto se sumó el ataque francés al puerto de Veracruz en 1838, que dio origen a la Guerra de los Pasteles.

En América Central también se multiplicaron las presiones externas, especialmente por parte de Reino Unido y Estados Unidos. Los británicos fomentaron en la década de 1840 la separación del Reino de la Mosquitia respecto de Nicaragua mediante la instauración de un protectorado. Por su parte, Estados Unidos intervino en ese mismo país con el objetivo de asegurar la apertura de una eventual ruta interoceánica. Las tensiones entre ambas potencias culminaron en la firma del Tratado Clayton-Bulwer en 1850, mediante el cual acordaron delimitar sus respectivas influencias en la región. Poco después, en 1856, el aventurero estadounidense William Walker llegó a proclamarse presidente de Nicaragua, con un apoyo de sectores de Estados Unidos. Filibusteros similares actuaron también en otros territorios, como Baja California y Cuba.

Otras iniciativas estadounidenses también despertaron inquietud en algunos países sudamericanos. Entre ellas se destacan el interés por las Islas Lobos, frente al noroeste de Perú, así como un acuerdo firmado con Ecuador en 1855 que otorgaba a Estados Unidos concesiones en el comercio de guano en las Islas Galápagos. Este convenio generó preocupación en varios países de la región, particularmente en Chile, que consideraba que podía alterar el equilibrio de poder regional. En ese contexto, algunos sectores chilenos temían incluso que, tarde o temprano, Ecuador terminara perdiendo su independencia y se transformara en una posesión más de Estados Unidos.

En ese contexto de agresiones e interferencias, un proyecto de invasión fue impulsado por el ex presidente de Ecuador, Juan José Flores, quien había sido derrocado en 1845. Flores logró persuadir a la monarquía española de un plan restaurador que contemplaba la coronación del príncipe Juan de Borbón —entonces de apenas diez años—, hijo de María Cristina de Borbón-Dos Sicilias. Tras obtener el aval inicial de España, Flores desplegó una activa labor diplomática en Francia y Reino Unido con el objetivo de conseguir respaldo para la empresa. Este plan de restauración monárquica fue, en gran medida, el factor que impulsó la convocatoria del Congreso de Lima de 1847-1848, promovido como respuesta a la amenaza que dicho proyecto representaba para las jóvenes repúblicas americanas.

La década de 1860 estuvo marcada por un nuevo ciclo de intervenciones europeas en la América hispana. En 1861, España volvió a anexar a la República Dominicana. Dos años después, fuerzas francesas invadieron México y Maximiliano I de México fue proclamado emperador con el respaldo de Napoleón III. En Ecuador, el presidente Gabriel García Moreno llegó a plantear la posibilidad de que su país se convirtiera en un protectorado francés. Incluso, aunque de manera más bien pintoresca, debe recordarse el intento del aventurero francés Orélie Antoine de Tounens de fundar un reino propio en la Araucanía y la Patagonia. La tensión alcanzó otro punto crítico en 1865, cuando una escuadra española ocupó las Islas Chincha y bloqueó el puerto de Callao. Ante esta situación, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú decidieron coordinar sus fuerzas contra España, dando inicio a la Guerra Hispano-Sudamericana.

Impulso defensivo a la unidad

Ante estas agresiones y para contrarrestar la atomización y desmembramiento creciente de la antigua América Española, se convocaron distintas iniciativas entre países hispanoamericanas entre 1847 y 1865. Se trata de una etapa poco conocida de nuestra historia, en que reaparece el ideal de unión presente en la etapa de las independencias y que sirve de puente entre la generación de inicios de siglo XIX y la de finales de la centuria. Al igual que en el periodo de la independencia, lengua, religión e historia compartida durante los siglos de historia colonial son puestos como fundamento de la unidad en las convocatorias a los congresos. Sin embargo, esta narrativa se activó con mayor fuerza para impulsar los congresos y tratados regionales sólo cuando existían reales amenazas externas que podían poner en riesgo la seguridad, autonomía o incluso la soberanía de los aún jóvenes Estados. En otras palabras, se activó mayormente cuando estaban en riesgo los intereses materiales de los países involucrados. Por eso hablamos de una unión defensiva.

Previo a 1847, en distintos niveles locales y regionales había subsistido el ideal de unidad: experiencias políticas concretas de integración regional, como las Provincias Unidas de Centroamérica y la posterior República Federal de Centroamérica, que perduró hasta 1841, o la Confederación Perú-Boliviana, que existió entre 1836 y 1839. En esos años, Perú y Chile realizaron gestiones entre 1839 y 1845 para convocar un nuevo encuentro hispanoamericano. Contemporáneamente, desde la Confederación Argentina los caudillos federales promovieron una idea de solidaridad y coordinación entre los países hispanoamericanos, especialmente frente a las intervenciones de potencias extranjeras.

En particular, Juan Manuel de Rosas entendía que la independencia política de América no estaba asegurada mientras las naciones recién constituidas permanecieran aisladas y vulnerables frente a Francia y Gran Bretaña. En este marco, su resistencia al bloqueo francés del Río de la Plata entre 1838 y 1840, y a la intervención anglo-francesa en el Río Paraná en 1845 constituyó un hito de defensa regional, ya que no se limitó a proteger los intereses de la Argentina, sino que buscó movilizar la opinión y el apoyo de otros Estados americanos, subrayando la necesidad de cooperación frente a la injerencia extranjera. Por estas acciones el libertador San Martín legó su sable corvo a Juan Manuel de Rosas, además de colaborar desde Europa con una labor diplomática de denuncia.

Tras estos acontecimientos, el I Congreso Americano fue realizado en Lima entre diciembre de 1847 y marzo de 1848. El disparador fue el contexto de tensiones internacionales y amenazas externas, en especial del general Juan José Flores. El texto de convocatoria de 1846 del Ministro de Relaciones Exteriores de Perú, José Gregorío Paz Soldán, señalaba:

Hace tiempo que las Repúblicas Americanas han conocido la necesidad de asegurar su Independencia y sus Instituciones, formando, para ello, un Congreso de Plenipotenciarios que, por acuerdo de los Gobiernos que aceptaron el proyecto, debía reunirse en [Lima]. Circunstancias imprevistas dejaron sin realizarse aquella medida. Mas, los últimos sucesos de la Península y la invasión del Ecuador bajo los auspicios del Gobierno Español, han venido a descubrir que los pueblos Sud-Americanos tienen necesidad de unirse y de formar alianzas para repeler pretensiones extrañas y azarosas a la causa americana.”

Al congreso asistieron Bolivia, Chile, Ecuador, Nueva Granada y Perú. En el Congreso se aprobó un Tratado de Confederación, un Tratado de Comercio y Navegación y una Convención Consular. Sin embargo, sólo la Convención Consular fue ratificada por todos los Estados, y apenas Nueva Granada ratificó el resto de los tratados. Lo cierto es que una vez que la aventura de invasión de Flores fracasó, la amenaza externa desapareció y el ímpetu de unidad regional se debilitó.

Tras nuevas agresiones en la década de 1850 se reactivó el impulso hacia el regionalismo. Una de las primeras iniciativas en esta dirección fue impulsada por el canciller de Venezuela, Jacinto Gutiérrez, quien en 1857 envió una circular a los gobiernos sudamericanos proponiendo la convocatoria de un congreso en Panamá para discutir las acciones del filibustero William Walker en América Central. La iniciativa respondía, entre otros motivos, al reconocimiento otorgado por el presidente estadounidense Franklin Pierce al representante diplomático de Walker, Nicasio del Castillo Vijil.

De manera similar, el gobierno de Nueva Granada distribuyó una circular entre los países hispanoamericanos manifestando su rechazo a ese reconocimiento. Paralelamente, el ministro de Relaciones Exteriores de Perú inició contactos con el gobierno de Chile para negociar un tratado de defensa. A este proceso se sumó también Ecuador, lo que condujo a la firma, el 15 de septiembre de 1856, del denominado Tratado Continental, suscripto por estos tres países bajo el supuesto de que los demás Estados hispanoamericanos serían posteriormente invitados a adherir al acuerdo.

Por otra parte, por iniciativa del ministro peruano Juan Ignacio de Osma y del ministro guatemalteco Antonio José de Irisarri se logró reunir al cuerpo diplomático de los países hispanoamericanos en la sede de la legación del Perú de Washington, D.C. Como resultado de este encuentro, representantes de Nueva Granada, Guatemala, El Salvador, Perú, México y Venezuela firmaron el 6 de noviembre de 1856 un tratado de alianza denominado sub spe ratis, es decir, un acuerdo celebrado bajo reserva de ratificación, cuya entrada en vigor quedaba condicionada a la aprobación posterior de los respectivos gobiernos.

El II Congreso Americano se reunió nuevamente en Lima entre 1864 y 1865, impulsado en gran medida por la creciente preocupación ante una nueva ola de intervenciones europeas en América. Este encuentro constituyó el último intento, en esta etapa, de conformar una liga o confederación entre las repúblicas hispanoamericanas. Su convocatoria se produjo en un contexto marcado por diversas acciones que evidenciaban el resurgimiento del intervencionismo europeo en México, el Caribe y América del Sur.

En ese escenario, Estados Unidos permaneció relativamente al margen de los asuntos hemisféricos debido a la Guerra de Secesión, que enfrentaba al sur esclavista con el norte industrial. Dentro de este panorama, dos acontecimientos resultaron especialmente decisivos para reactivar los esfuerzos de coordinación regional. Por un lado, la invasión europea a México —que culminó con la instauración del imperio de Maximiliano I de México bajo el patrocinio de Napoleón III— motivó, desde 1863, diversas iniciativas diplomáticas del gobierno peruano orientadas a promover una alianza defensiva entre los países latinoamericanos para rechazar la intervención extranjera. Por otro lado, la ocupación española de las Islas Chincha —territorio de enorme importancia económica para el Perú— y el posterior bloqueo del puerto de Callao reforzaron la percepción de amenaza externa y contribuyeron a consolidar la idea de una acción conjunta entre las repúblicas de la región frente a las potencias europeas.

Debe recordarse que, en ese momento, Perú aún no había obtenido el reconocimiento formal de su independencia por parte de España. Ante la posibilidad de una intervención española, el gobierno peruano desplegó una serie de gestiones diplomáticas que culminaron con la convocatoria de un nuevo congreso hispanoamericano. La invitación fue dirigida inicialmente a Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Venezuela, mientras que Argentina y los países de América Central fueron incorporados posteriormente a la convocatoria.

El II Congreso Americano sesionó entre noviembre de 1864 y marzo de 1865 en Lima. Participaron delegados de Colombia, Chile, Bolivia, Ecuador, Perú, El Salvador y Venezuela; por su parte, Domingo Faustino Sarmiento asistió como representante ad referendum de Argentina. Como resultado de las deliberaciones se firmaron varios acuerdos, entre ellos un Tratado de Unión y Alianza Defensiva y un Tratado para la Conservación de la Paz entre las Naciones Aliadas, cuyo objetivo era resguardar la independencia, la soberanía y la integridad territorial de las repúblicas hispanoamericanas, así como promover la resolución pacífica de los conflictos entre ellas.

No obstante, estos instrumentos corrieron la misma suerte que los acuerdos suscritos previamente en el Congreso Anfictiónico de Panamá y en los congresos de Lima y Santiago de Chile celebrados en décadas anteriores: nunca llegaron a ser ratificados por la mayoría de los gobiernos, lo que impidió su efectiva implementación y frustró, una vez más, los intentos de institucionalizar una confederación hispanoamericana.

Aunque estos encuentros no lograron consolidar una estructura permanente de integración, constituyeron importantes intentos de retomar el ideal unionista surgido en la época de las independencias. Vale destacar a las principales figuras políticas uninionstas en la fase inmediatamente posterior a 1826: en la década de 1830, Lucas Alamán en México y Francisco Morazán en Centroamérica; en la década de 1840, el gobierno de Ramón Castilla en Perú y su canciller José Gregorío Paz Soldán; en la década de 1850, Castilla, actuando de nuevo como Presidente del Perú, sería otra vez actor principal en la firma del “Tratado Continental”, mientras Chile y su representante Manuel Montt fueron figuras centrales del segundo Congreso de Lima.

Identitarismo latinoamericano

Estas iniciativas unionistas defensivas, impulsadas desde lo político, tuvieron su correlato en lo intelectual. En particular, como respuesta al surgimiento de un pensamiento noreuropeísta hecho por americanos. Es decir, de autores nativos que promueven el influjo francobritánico y estadounidense del continente en desmedro de sus raíces hispanoamericanas. Intelectuales y políticos como los argentinos Domingo Sarmiento y Bartolomé Mitre, el venezolano Antonio Guzmán Blanco o el ecuatoriano Gabriel García Moreno logran, de hecho, desplazar la idea dominante hasta entonces. Desde la década de 1860, bajo el influjo temprano del positivismo, se comienza a rechazar a España y lo hispánico como oscurantista y primitivo. La unidad hispanoamericana dejó de ser un supuesto, o siquiera un anhelo, en pos de la integración subordinada a las nuevas potencias del norte industrial.

En particular, resalta la figura del joven Sarmiento, que en su destierro en Chile publica en 1845 el Facundo, como un arma de lucha contra Rosas. En esta obra establece la dicotomía entre “civilización” —identificada con Europa, la modernidad y el progreso— y “barbarie” —asociada a lo rural, lo indígena, lo mestizo y lo popular—, con los efectos duraderos y, en muchos sentidos, profundamente problemáticos que tuvo. La lectura sarmientina legitimó proyectos de Estado que concebían a Europa como modelo único de modernización y a las culturas locales como un obstáculo para el avance civilizatorio.

Reproduciendo esta polaridad surgieron, desde mediados del siglo XIX, dos grandes orientaciones intelectuales en la región. Por un lado, los europeístas, que consideraban que la única vía para la construcción nacional era la imitación de los patrones culturales, institucionales y económicos europeos. Por otro, emergieron los americanistas, quienes reivindicaron la especificidad histórica y cultural del continente, cuestionaron la subordinación mental a Europa y buscaron pensar la región desde sus propias tradiciones.

Los efectos de la fórmula sarmientina fueron, así, ambivalentes y de largo alcance. Por un lado, contribuyó a instalar una visión jerárquica de las culturas y a legitimar políticas de “civilización” que marginaron identidades indígenas, criollas y populares. Por otro lado, su radicalidad provocó la aparición de una sensibilidad crítica que impulsó a los primeros pensadores regionalistas a defender una concepción más inclusiva de la identidad latinoamericana. Esta disputa entre civilización europea y originalidad americana fue un componente central en la formación de los imaginarios políticos y en los debates tempranos sobre la unidad continental.

En particular en Chile, destacaron en este periodo un conjunto de pensadores, nucleados alrededor de la Sociedad para la Unión Americana entre 1862 y 1867, la cual estuvo muy activa en el rechazo a la agresión a Perú durante la ocupación de las islas Chinchas y en promover la unidad continental. Fue liderada por Benjamín Vicuña Mackenna y José Victorino Lastarria. Entre sus miembros o colaboradores más activos se encontraban intelectuales como Francisco Bilbao y Juan Manuel Carrasco Albano, quienes participaron directamente en la difusión de las ideas unionistas desde Chile.

En ese contexto chileno, este enfoque identitario como base de la identidad regional fue descrito de forma clara por Álvaro Covarrubias, ministro de Relaciones Exteriores de Chile, en una carta enviada el 28 de mayo de 1865 al embajador de España en Santiago:

Las repúblicas americanas de origen español forman en la gran comunidad de las naciones, un grupo de Estados Unidos entre sí por vínculos estrechos y peculiares. Una misma lengua, una misma raza, formas de gobierno idénticas, creencias religiosas y costumbres uniformes, multiplicados intereses análogos, condiciones geográficas especiales, esfuerzos comunes para conquistar una existencia nacional e independiente: tales son los rasgos que distinguen a la familia hispanoamericana”.

Desde Nueva Granada, figuras como el panameño Justo Arosemena y, en particular, los colombianos José María Samper y José María Torres Caicedo formaron parte del mismo espacio intelectual americanista. Desde Perú, surgió la pluma de Francisco de Paula González Vigil y la labor integracionista de José Casimiro Ulloa. Así como el menos conocido Benedicto T. Medinaceli en Bolivia, con su muy avanzado Proyecto de Confederación de las Repúblicas Latino-americanas de 1862. En el Caribe, por su parte, emergieron personalidades como Ramón Emeterio Betances, líder independentista puertorriqueño, el dominicano Gregorio Luperón y el haitiano Anténor Firmin, quienes promovieron la idea de un antillanismo confederal como parte de un proceso más amplio de unidad americana. Respecto de esta última región, conviene señalar críticamente los límites que presentaba, entre líderes y pensadores hispanoamericanos, la inclusión de las Antillas —y en especial de Haití— en los proyectos de unidad. El propio Simón Bolívar, por ejemplo, descartó invitar a Haití al Congreso Anfictiónico de Panamá, a pesar del apoyo que la revolución de los esclavos había brindado tanto a él como a otros independentistas hispanoamericanos. Esta exclusión se prolongó, con distintos matices, a lo largo de todo el siglo XIX.

Mientras que en Argentina, la evolución intelectual de Juan Bautista Alberdi es de las más significativas. De joven compartió con Sarmiento la admiración por ciertos aspectos de Europa, promoviendo en sus Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina de 1852 un modelo constitucional de tipo liberal cosmopolita. No obstante, criticó el simplismo de la oposición civilización/barbarie y sostuvo que la construcción nacional debía partir del conocimiento real de la sociedad americana, sus intereses económicos y su estructura social. En particular, destacó en el final de su vida por su promoción de la unión americana, su combate al centralismo porteño representado en el presidente Bartolomé Mitre, y puntualmente en su denuncia de la guerra fratricida del Paraguay. Estas posiciones de Alberdi fueron excepcionales en una Argentina que desde el Congreso de Panamá en adelante se abstuvo casi siempre de participar oficialmente en las iniciativas americanistas.

En relación con el debate intelectual entre las décadas de 1830 y 1870 pueden destacarse cuatro elementos. En primer lugar, se produce un desplazamiento gradual del enemigo externo, que pasa de España hacia Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. Este corrimiento se vincula con el hecho de que las potencias emergentes con capacidad de intervención en la región comenzaron a ser estas últimas, mientras el viejo dominio español entraba en declive. No obstante, España realizó un último intento de afirmación militar en el Pacífico con la ocupación de las Islas Chincha del Perú en 1864, lo que desencadenó un conflicto naval que enfrentó a España con una alianza formada por Chile, Perú, Ecuador y Bolivia. Al mismo tiempo, la monarquía española mantuvo su presencia militar en el Caribe, sofocando los movimientos independentistas de Cuba y Puerto Rico y reincorporando a su control entre 1861 y 1865 a la República Dominicana. Sin embargo, mientras la influencia española era cada vez más declinante, el intervencionismo de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña se volvía constante y creciente. Esta transformación del escenario internacional comenzó a reflejarse gradualmente en los debates intelectuales de la época.

En segundo lugar, emergió un discurso que perduró durante décadas en torno a la “raza hispanoamericana”. A los tres elementos que hasta entonces aparecían como factores de unidad —la lengua, la cultura y la religión— se incorporó uno nuevo, de carácter fuertemente identitario. Se trataba de identificar en la población de estas tierras un conjunto de rasgos y valores considerados positivos, idiosincráticos y propios, percibidos además como amenazados por las intervenciones externas. Este giro puede observarse con claridad en figuras como Francisco Bilbao, Juan Manuel Carrasco Albano, Justo Arosemena y José María Torres Caicedo, y será retomado con fuerza por autores de entresiglos como José Martí, José Enrique Rodó y José Vasconcelos. Al respecto, cabe señalar que, pese a algunas inclusiones simbólicas, en general la “raza hispana” o “latina” que se buscaba proteger a mediados del siglo XIX tendía a excluir —o a relegar a un lugar subordinado— a los pueblos originarios y a las poblaciones afrodescendientes. Hacia fines de la centuria, sin embargo, esta imagen comenzó a modificarse parcialmente con autores que incorporaron el mestizaje como rasgo constitutivo de lo propiamente latinoamericano.

En tercer lugar, la denominación Hispanoamérica comenzó a ser desplazada por la de América Latina, lo que en el fondo implicaba una redefinición del referente identitario. En este sentido, Francisco Bilbao lo expresa con particular claridad en su obra El evangelio americano:

"Ya sabemos cuál debe ser nuestra conducta: continuar la obra de desespañolización que empezó con la revolución de la independencia. Pero es necesario que la desespañolización no consista solamente en abolir las leyes e instituciones de la conquista. No es sino una parte que podemos llamar desespañolización exterior. La grande obra, el trabajo magno, consiste en el nuevo espíritu que debe animar a la nueva personalidad del americano. La desespañolización del alma es pues lo principal".

En la búsqueda de autorreconocimiento, este cambio expresa, por un lado, la necesidad de encontrar un referente identitario que permitiera pensarse sin remitir a lo español. Por otro lado, también refleja la influencia del contexto positivista y de la cultura anglofrancesa en las clases dominantes, que comenzaron a percibir el pasado español casi exclusivamente en términos negativos. Paradójicamente, en autores críticos, la afirmación del latinoamericanismo funcionó como una forma de resistencia frente a esa influencia, especialmente frente a la anglosajona. Francia, en cambio, al ser considerada parte del mundo latino, quedó en un primer momento parcialmente incluida dentro de esa identidad. Este panlatinismo, sin embargo, fue perdiendo peso con el tiempo en favor de una identificación latinoamericana más específica, centrada en la herencia histórica de la antigua América española. Cabe destacar que el surgimiento en la década de 1860 del término “América Latina” habilitó la inclusión de Brasil como parte del movimiento de unidad regional.

En cuarto y último lugar, entre 1826 y 1846 la relación con Estados Unidos permanecía abierta y sin una definición clara. No estaba resuelto si el país del norte debía ser considerado parte de una eventual “solidaridad continental” con las repúblicas entonces hispanoamericanas. Al planificar el Congreso Anfictiónico de Panamá, Simón Bolívar expresó dudas tanto sobre la conveniencia de invitar a Estados Unidos como sobre el alcance de la Doctrina Monroe. En 1829, el Libertador llegaría a afirmar que “los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias en nombre de la libertad”. Sin embargo, el país fue finalmente invitado tanto al congreso de Panamá como al Congreso Americano de Lima de 1847-1848. Cuando se produjo el despojo de casi la mitad del territorio mexicano tras la Guerra entre México y Estados Unidos y el Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848, la imagen de Estados Unidos en la región comenzó a transformarse de manera decisiva.

Una bomba de fragmentación

La Guerra de la Triple Alianza —precedida por la intervención brasileña en Uruguay en 1864— constituyó un verdadero parteaguas en la historia de América Latina. La magnitud de la matanza entre países vecinos fue, y sigue siendo, inédita en el continente. Si bien hubo guerras anteriores, como la rioplatense-brasilera entre 1825 y 1828, o posteriores, como la del Pacífico, que enfrentó a Chile con Bolivia y Perú entre 1879 y 1884, ninguna es comparable en escala con la guerra contra Paraguay. Con enorme diferencia, se trata del conflicto bélico más devastador de la historia latinoamericana. Su impacto demográfico y material fue tan profundo que supera ampliamente al de cualquier otro conflicto interestatal del siglo XIX en la región.

Bajo la influencia del comercio y las finanzas de Gran Bretaña, el Imperio del Brasil, sectores de las élites liberales de Argentina y el gobierno colorado de Uruguay impulsaron un conflicto de enorme violencia contra una república vecina. ¿Cuál había sido el “pecado” de Paraguay? El país había intentado sostener un gobierno y un modelo de desarrollo relativamente autónomos, orientados al fortalecimiento de sus propias fuerzas productivas y a la afirmación de la soberanía nacional. Esa búsqueda de independencia política y económica era percibida por algunos actores regionales como un modelo potencialmente imitable por otras naciones, y por lo tanto como un factor a neutralizar. El resultado fue la devastación del Paraguay con la pérdida de una parte sustancial de su población, recursos y territorio, un hecho que marcó de manera trágica la historia del continente.

Desde distintos países latinoamericanos se alzaron voces de repudio frente a la agresión contra la nación guaraní. En el II Congreso Americano de Lima se escucharon críticas y expresiones de preocupación por la devastación que sufría Paraguay durante la Guerra de la Triple Alianza. En Argentina, las montoneras de Felipe Varela, conocido como el “Quijote de los Andes”, se levantaron en el noroeste del país contra lo que consideraba la barbarie porteña y la subordinación a intereses extranjeros. Tras su derrota, durante su exilio en Bolivia, Varela publicó en 1868 el manifiesto Viva la Unión Americana, un llamado a retomar el viejo ideal de integración continental.

Paralelamente, Juan Bautista Alberdi, desde sus escritos, denunció la guerra, a la que calificó como la “Triple Infamia”. Asimismo, Juan Manuel de Rosas, desde su exilio en Southampton, expresó en su correspondencia un fuerte rechazo a la Guerra de la Triple Alianza, a la que consideraba una guerra “impolítica, injusta y desastrosa para las repúblicas del Plata”, que sólo serviría para aumentar el poder del Imperio del Brasil. Incluso en el plano de la religiosidad popular aparecen ecos de este rechazo: según la tradición, uno de los santos paganos más venerados de la Argentina, el Gauchito Gil, habría sido ejecutado por negarse a combatir contra sus hermanos paraguayos. Estas expresiones revelan la sensibilidad social y las resistencias que generó una guerra percibida por amplios sectores como profundamente injusta.

Mientras tanto, en la nación charrúa, el ex presidente Bernardo Berro, contra quien se había iniciado la intervención militar en 1864, reflexionaba en sus escritos de 1866‑1867 sobre “la necesidad de establecer una República fuerte al sur del Brasil”, previendo posibles federaciones que, a su vez, debían integrarse en una gran Liga o Unión Americana. Su proyecto encontró expresión en la frustrada revolución de 1868 contra el gobierno de Venancio Flores y la Guerra de la Triple Alianza. El levantamiento fue seguido de una sangrienta represión en Montevideo y de la presión diplomática de potencias extranjeras, entre ellas Gran Bretaña y Estados Unidos, que vigilaban de cerca los acontecimientos en la región.

El fin de la Guerra de la Triple Alianza en 1870 puede considerarse el cierre de la etapa unionista iniciada con el Congreso de Panamá. Hasta ese momento, las fronteras estatales entre los países de la región eran todavía relativamente difusas y coexistían con congresos americanistas, experiencias federales y confederales, revoluciones transfronterizas con explícitos propósitos unionistas y poderosas corrientes de pensamiento que prolongaban el proyecto de los independentistas.

En relación con la cuenca del Plata —aunque con alcances que pueden extenderse al conjunto de la región—, Alberto Methol Ferré señaló que, tras la guerra del Paraguay, los países latinoamericanos quedaron “cada uno en su casa”, cada uno en el laberinto de sus cien años de soledad, todos mirando al océano y amnésicos, olvidados de la frontera sudamericana. El triunfo de la Triple Alianza, en consonancia con una etapa de fortalecimiento de los Estados nacionales bajo la égida de las élites liberal-conservadoras, abrió un período en el que se consolidaron las fronteras nacionales de las “patrias chicas” y se profundizó la inserción dependiente de las economías latinoamericanas respecto de las nuevas potencias centrales. Podría decirse que se pasó de una era de horizontes confederales a otra de fragmentación y dependencia.

La Guerra de la Triple Alianza —precedida por la intervención brasileña en Uruguay en 1864— constituyó un verdadero parteaguas en la historia de América Latina. La magnitud de la matanza entre países vecinos fue, y sigue siendo, inédita en el continente.
  • Imagen
    DOCENTES

Corrientes de pie: docentes y estatales movilizados

27 Marzo 2026

Fueran al paro o no los docentes correntinos, el 2 de marzo, igual les quitaron entre 400 y 600 mil pesos del salario. Esto lo decidió el gobierno de Corrientes, que lidera desde el 10 de diciembre Juan Pablo Valdés. Ante las masivas movilizaciones de los docentes, a la que se sumaron otros estatales, este jueves 26, en toda la provincia, Valdés expulsó al ministro de economía local haciéndolo responsable del descuento y prometiendo que se va a restituir los ingreso a los trabajadores de la educación.  

En las ciudades y pueblos guaraní los docentes ganaron las calles con banderas argentinas y movilizando alrededor de las plazas centrales. En San Roque con el lema “docentes unidos”, en Monte Caseros encabezó la bandera el sindicato “SUTECO”, en Mercedes con carteles de rechazo al 6 por ciento en la paritaria salarial, en Sauce gritaban “sueldo digno”.

Desde los sindicatos docentes no le creen a la ministra Ana Miño. “El comunicado de la ministra no es un anuncio de gestión; es una pieza de manipulación política. Buscan quebrar la voluntad del docente, que dejes de reclamar el aumento salarial que ni recibiste porque te aplicaron un machetazo del 50 por ciento o más de tus haberes. Te ahogan para que levantes la medida de fuerza y aceptes el hambre del 6 por ciento sin chistar”, difundieron los sindicatos que el 2 de marzo hicieron paro con un 91 por ciento de acatamiento. 

Además del salario al conflicto se suma: haberlos declarado esenciales y no permitirles ir a la huelga; la obra social en pésimas condiciones y con pagos de coseguro de elevado monto; por los descuentos ante pedido de licencia por enfermedad y las jubilaciones que no se otorgan por la reforma laboral. 

ESTATALES FRENTE A LA CASA DE GOBIERNO

Ante la sede de gobierno provincial, en Corrientes Capital, este miércoles 25, por la noche, la movilización fue masiva y la encabezó el secretario gremial de la Asociación de Trabajadores Estatales (ATE), Gonzalo Rubiola.

“Le venimos a decir a Juan Pablo Valdés que le pregunte a su vicegobernador que le pasó en el ’99 cuando los estatales lo sacamos a las patadas”, arengó el dirigente sindical de ATE frente a miles de trabajadores y cantando “unidad de los trabajadores al que no le gusta se jode…”

El aumento paritario del 6 por ciento no es aceptado por ATE, tampoco por los docentes. 

El Ministerio de Hacienda y Finanzas de la provincia estuvo cinco años en manos de Marcelo Rivas Piasentini y ahora fue reemplazado por Héctor Grachot, quien era subsecretario de Finanzas.

El paro nacional que CTERA convocó para el 2 de marzo que luego trajo el descuento por el gobierno provincial encendió la mecha, pero se sumó el impacto sobre dos ítems que forman el Complemento Docente Provincial, que en Corrientes se conoce como el Presentismo o ítem Aula.

  • Imagen
    UFC

1xBet llega al octágono: la estrella latinoamericana de UFC Carlos Prates es el nuevo embajador de la marca

27 Marzo 2026

1xBet ha firmado una alianza con el brasileño de UFC Carlos Prates, conocido como un auténtico “artista del nocaut”. Este acuerdo marca un nuevo capítulo para la marca en el mundo de las artes marciales mixtas y refuerza su posición en Brasil, uno de los mercados deportivos de mayor crecimiento a nivel global.

Carlos Prates representa a la nueva generación de peleadores del peso wélter y es uno de los talentos más prometedores de la división. Suma ya 6 nocauts en 7 combates dentro de UFC y es el único peleador de la organización en lograr 4 nocauts consecutivos con un solo golpe. Su estilo agresivo en el octágono, su temple y una efectividad de finalización superior al 80% le han valido el apodo de “The Nightmare”.

1xBet impulsará el crecimiento de la marca personal del peleador y lo llevará a representar a su continente en el escenario global de la UFC ante aficionados de todo el mundo. El éxito de Carlos Prates se ha convertido en un símbolo del nivel que ha alcanzado la región como una de las grandes escuelas de artes marciales mixtas, capaz de formar nuevos campeones.

Es un gran honor para mí representar a mi región en UFC. Siento el apoyo de la gente y sé que peleo por ellos tanto como por mí. Agradezco a 1xBet por la confianza y por creer en mi potencial. Hay mucho trabajo por delante, y vamos con todo en el camino hacia el cinturón”, comentó Carlos Prates.

“Vemos esta alianza como un proyecto a largo plazo y como uno de los pilares clave de nuestro desarrollo en Latinoamérica. Estamos convencidos de que, al combinar nuestro producto líder en el mercado, herramientas digitales avanzadas y la fuerza de la marca de Carlos, llevaremos a 1xBet a nuevos niveles en Brasil.

Nuestro objetivo es ayudar a Carlos a alcanzar todo su potencial en el escenario global de UFC. Latinoamérica merece nuevos campeones, y creemos que Carlos puede ser uno de ellos”, afirmó Simon Westbury, Strategic Advisor en 1xBet.

La alianza con Prates fortalece la presencia de 1xBet en la escena internacional de las MMA. La compañía busca seguir colaborando con atletas audaces y carismáticos, capaces de conectar con los fans y ofrecer experiencias frescas centradas en el entretenimiento.

  • Imagen
    Playa
TURISMO

Tres escapadas desde Buenos Aires para distintos estilos de viaje

26 Marzo 2026

Elegir un destino para cortar con la rutina no siempre es tan simple como parece. A veces no se trata de “ir a algún lado”, sino de encontrar ese lugar que encaje con el ánimo del momento. Hay quienes necesitan bajar un cambio, otros buscan aire libre y movimiento, y no faltan los que prefieren el sonido del mar como banda sonora. 

1- Córdoba

Córdoba tiene algo que no siempre se puede explicar con precisión. No es solo la combinación de sierras, ríos y pueblos con identidad propia. Es también ese equilibrio entre descanso y movimiento que hace que tanto familias como parejas o grupos de amigos la elijan una y otra vez. 

¿Cuánto cuesta el viaje en micro desde Buenos Aires a Córdoba?

El viaje en micro desde Buenos Aires dura aproximadamente 9 horas y 42 minutos, dependiendo del servicio y las paradas. Es una opción elegida por quienes prefieren viajar de noche y aprovechar mejor el tiempo.

En cuanto a precios, hay varias empresas reconocidas que operan el trayecto con salidas frecuentes:

  • Platabus desde $45.000
  • Urquiza desde $43.000
  • 20 de Junio desde $38.220
  • Chevallier desde $43.000
  • Sierras de Córdoba desde $43.000
  • Balut desde $45.000
  • Fono Bus desde $54.000

Los valores corresponden por tramo y pueden variar según la demanda o el tipo de servicio. 

¿Cuál es la mejor época para viajar a Córdoba?

No hay una sola respuesta, porque Córdoba funciona bien en distintas épocas del año y cambia bastante según el plan. Si la idea es aprovechar ríos, balnearios y vida al aire libre, el verano suele ser el momento más elegido, sobre todo en las zonas serranas. En cambio, para quienes prefieren caminar, hacer base en la ciudad y salir a recorrer con temperaturas más amables, primavera y otoño resultan especialmente cómodos.

La ventaja de Córdoba es otra: las distancias entre la capital y muchos puntos turísticos son cortas, así que incluso en una escapada breve se puede combinar ciudad, sierras y pueblos. También el invierno tiene su atractivo para quienes buscan un viaje más tranquilo, con caminatas, estancias y menos movimiento que en temporada alta.

¿Qué hacer en Córdoba en pocos días?

Un buen primer acercamiento puede mezclar Córdoba capital con una salida corta hacia las sierras. En la ciudad hay un circuito muy accesible que combina patrimonio histórico, vida urbana y gastronomía, especialmente en el área del centro, la Manzana Jesuítica, Güemes y Nueva Córdoba.

Después, según el tiempo disponible, se puede sumar una escapada a lugares relativamente cercanos como Villa Carlos Paz, Alta Gracia o La Cumbrecita. Son destinos que permiten cambiar de ambiente rápido, sin invertir demasiadas horas en traslados. 

2- Paraná

Paraná aparece, muchas veces, como una alternativa menos obvia. Y ahí está su principal ventaja. Es un destino elegido por quienes buscan bajar la intensidad sin necesidad de alejarse demasiado. El río marca el ritmo: más pausado, más contemplativo.

¿Cuánto sale el viaje en micro de Buenos Aires a Paraná?

El viaje en micro desde Buenos Aires a Paraná tiene una duración aproximada de 7 horas y es una opción frecuente para escapadas de fin de semana largo. Varias empresas operan esta ruta, lo que permite comparar alternativas según horarios y precios disponibles.

Entre las opciones disponibles, Flecha Bus ofrece servicios regulares desde la terminal de Retiro, con pasajes que parten desde los $50.000 en semicama por tramo.

¿Cuál es la mejor época para viajar a Paraná?

La mejor época para viajar a Paraná suele darse entre la primavera y el otoño, cuando las temperaturas son más templadas y la ciudad se disfruta mejor a pie, junto al río y en sus espacios verdes. Entre septiembre y noviembre, y también entre marzo y mayo, el clima acompaña sin los extremos del verano ni el frío más marcado del invierno. Además, en esos meses el paisaje del Parque Urquiza, la costanera y los alrededores del río gana protagonismo, y suele haber una agenda cultural activa que hace más completa la escapada.

¿Cuántos días vale la pena quedarse en Paraná?

Para una primera visita, dos o tres días suelen ser una muy buena medida. Alcanzan para recorrer la costanera, disfrutar del río, conocer el centro histórico, probar algo de la gastronomía local y sumar alguna actividad al aire libre sin andar a las corridas.

Es un destino que encaja muy bien en un fin de semana largo o en una escapada breve desde Buenos Aires, justamente porque permite cambiar de ritmo sin necesidad de organizar un viaje largo. 

3- Pinamar 

Pinamar suele asociarse directamente con el verano. Sin embargo, fuera de temporada ofrece una cara distinta, más tranquila y, para muchos, más disfrutable. La combinación de bosque, médanos y mar genera un entorno particular que cambia según la época del año.

¿Cuánto cuesta el viaje en micro a Pinamar desde Buenos Aires?

El viaje en micro desde Buenos Aires a Pinamar dura aproximadamente 5 horas y es una opción práctica para escapadas cortas.

Operan distintas empresas como Plusmar, Rutatlantica y El Águila, con pasajes desde $60.000 en semicama por tramo.

¿Cómo es el clima en Pinamar después del verano?

Marzo todavía suele ofrecer temperaturas agradables, con máximas en torno a los 22 °C, mientras que en abril el promedio baja hacia los 20 °C. A medida que avanza el otoño, el aire se vuelve más fresco y el invierno ya presenta jornadas frías, con máximas cercanas a 12 o 13 °C y mínimas alrededor de 6 °C en julio.

También hay que considerar que el verano concentra las temperaturas más altas y el mejor momento para actividades de playa, mientras que desde el otoño el clima acompaña más a caminatas, salidas a comer, recorridos por el bosque y planes tranquilos frente al mar. 

¿Qué tipo de actividades se pueden hacer en Pinamar además de la playa?

Pinamar tiene bastante más para ofrecer que arena y mar. En temporada baja, por ejemplo, ganan protagonismo las caminatas junto al agua, los recorridos por avenidas arboladas y la exploración de su arquitectura, con casas y chalets integrados al paisaje de pinos. También es muy común sumar una salida corta a Cariló, que queda a pocos kilómetros y combina bosque, centro comercial y gastronomía.

A eso se le agregan propuestas deportivas y recreativas que están presentes durante buena parte del año, como golf, cabalgatas, bicicleta, tenis, kayak, surf, sandboard, paseos en lancha y actividades culturales como el teatro. 

Un viaje que empieza antes de salir

Hay destinos que se eligen por impulso y otros a los que se vuelve porque resuelven distinto. Córdoba, Paraná y Pinamar entran en ese grupo. No compiten entre sí: cada uno encaja con una necesidad concreta. A veces el cuerpo pide sierras, otras veces río, otras mar. Y en esa elección no solo cambia el paisaje, también cambia la forma en que uno quiere descansar.

Para organizar esa escapada con más comodidad, descargá la App iOS de Central de Pasajes, empresa líder en venta de pasajes online, y compará opciones según el destino, el horario y el tipo de viaje que mejor se adapte a tus días libres.

  • Imagen
    Milei_BunkerLLA_26octubre2025_Camila Ramirez
    Foto: Camila Ramírez

"El gobierno argentino reafirma su negacionismo histórico hacia la comunidad afrodescendiente argentina"

26 Marzo 2026

Comunicado de Asociación Misibamba y Comunidad Afroargentina de Buenos Aires sobre el voto negativo de Argentina a la resolución de ONU que declara la trata de esclavos como el crimen más grave contra la humanidad: 

La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por amplia mayoría una resolución que declara la Trata Transatlántica de africanos esclavizados como el crimen más grave contra la humanidad.

Argentina votó en contra.

La resolución de carácter no vinculante, presentada por Ghana y respaldada por la Unión Africana, obtuvo 123 votos a favor y representa un importante impulso político y de justicia reparativa.

Con su rechazo, el gobierno argentino reafirma su negacionismo histórico hacia la comunidad afrodescendiente argentina, que es raíz histórica y está presente en todo el territorio nacional.

Cuando dicen que no existe el blanqueamiento, la invisibilización y el racismo estructural por parte del estado argentino estos son los hechos históricos que lo demuestran.

Repudiamos el votó en contra de Argentina (sumada a EE.UU. e Israel) en la aprobación de la resolución de la ONU que califica la trata trasatlantica de esclavos y la esclavitud racializada de africanos como el CRIMEN DE LESA HUMANIDAD MAS GRAVE DE LA HISTORIA.

Voto, pacto y racismo.

  • Imagen
    Día de la Memoria_Nunca Más Milei_24 de Marzo 2025_DDHH_Daniela Amdan
    Foto: Daniela Amdan

La debilidad política del 24 de marzo

26 Marzo 2026

Una fecha de memoria sin profundo contenido nacional no basta para construir futuro

A cincuenta años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la conmemoración volvió a mostrar una escena de enorme potencia política y social; movilizaciones masivas en todo el país, fuerte presencia sindical, una participación juvenil particularmente significativa y un carácter marcadamente federal que reafirma la vigencia de la memoria como hecho vivo que se moldea en nuestras calles.

Las consignas históricas —“Son 30.000” y “Que nos digan dónde están”— se combinaron con un creciente cuestionamiento a las políticas económicas actuales, estableciendo un puente explícito entre el pasado civil/dictatorial y las formas contemporáneas de exclusión, endeudamiento y dependencia. Esa articulación no es menor, expresa un nivel más agudo de conciencia histórica y política. Pero justamente por eso, por la densidad de lo que allí se puso en juego, y por ser esta última, tal vez, la movilización más masiva de todas en democracia, es que se vuelve necesario profundizar el análisis, ampliar el enfoque y avanzar sobre las dimensiones que aún permanecen insuficientemente abordadas.

El golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 puede comprenderse, en clave histórica, como el punto culminante de una larga reacción de las élites contra la irrupción popular del 17 de octubre de 1945. Aquel día, el pueblo trabajador emergió como sujeto político con voluntad de poder, cuestionando el orden tradicional de dominación. Desde entonces, se agudizó una disputa estructural entre dos proyectos de país, uno basado en la justicia social, la soberanía política, la independencia económica y la integración regional; otro, anclado en la histórica subordinación externa y el control oligárquico de los resortes fundamentales de la nación. En esa lógica, el dato central es que ningún proyecto puede imponerse de manera hegemónica sin la destrucción integral de su antagonista. Eso fue, precisamente, lo que vino a realizar la dictadura; no sólo eliminar adversarios ideológicos, sino desarticular las bases materiales, culturales y organizativas del proyecto nacional-popular para la Argentina.

La línea antinacional

En esa perspectiva, la dictadura del 24 de marzo de 1976 no fue un hecho violento aislado, sino la profundización de una línea histórica que puede rastrearse hasta la llamada “Revolución Libertadora” de 1955, e incluso más atrás, en las disputas fundacionales del siglo XIX. Por caso, durante las invasiones inglesas de 1806, sectores de la élite porteña —estrechamente vinculados al comercio atlántico, el contrabando portuario y a los intereses exportadores— no opusieron resistencia al poder ocupante e incluso reconocieron, en los hechos, la autoridad británica. Entre esas familias se encontraban núcleos tradicionales de la clase dominante, como los Martínez de Hoz, cuya trayectoria histórica se inscribe en esa matriz económica y cultural abierta al capital extranjero. Pero esa continuidad no es sólo doctrinaria; por eso hablamos de elites sociales; también se verifica en trayectorias familiares y políticas que enlazan distintos momentos de quiebre institucional. No es un dato menor que en la administración libertaria actual persistan vínculos genealógicos con las fuerzas que protagonizaron el golpe de 1955. El anterior jefe de Gabinete de Javier Milei, Guillermo Francos, es hijo del vicealmirante Raúl J. Francos, partícipe de la autodenominada “Revolución Libertadora”. Del mismo modo, la saga de los Benegas Lynch —referentes del liberalismo económico local— expresa la persistencia de una corriente ideológica que, desde mediados del siglo XX, ha acompañado distintos procesos de reorganización del poder en clave antinacional.

En síntesis, el autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” (1976–1983) buscó deliberadamente inscribirse en una genealogía que remite a la “Organización Nacional” (1852–1880), encabezado por Bartolomé Mitre y las élites liberales de la época. Así como aquel ciclo fundacional consolidó un modelo de país agroexportador, dependiente y excluyente, la dictadura del ’76 vino a reconfigurar política y económicamente la Argentina en esa misma dirección, pero en el marco del capitalismo financiero global. Para ello, desplegó un programa sistemático de desindustrialización, endeudamiento externo, disciplinamiento social y aniquilación de toda forma de representación y organización popular.

Economistas argentinos que piensan en inglés

La sujeción económica no es un accidente coyuntural; es la piedra angular sobre la que se construye la injerencia política externa. El ministerio de José Alfredo Martínez de Hoz en los ´70 fue un hito en ese proceso. Su equipo actuaba como pluma obediente de los dictados externos, y el verdadero timón económico lo llevaba Adolfo Diz desde el Banco Central. Formado en la Universidad de Chicago, Diz no representaba sólo a la tecnocracia local, sino a la escuela monetarista que exportaba a toda América Latina sus recetas de ajuste, apertura y desregulación. Como vemos, la economía argentina de la dictadura no respondía únicamente a los intereses de la elite agrofinanciera y los grupos empresarios locales, sino a una matriz ideológica y técnica diseñada en los centros de poder financiero internacional.

Y hay que decirlo, aquel andamiaje jurídico y normativo heredado de la dictadura nunca fue desmontado durante la democracia. Por caso, la Ley de Entidades Financieras de 1977 y la Ley de Inversiones Extranjeras, junto a cientos de leyes más, siguen vigentes y constituyen la columna vertebral de un sistema diseñado para servir al capital especulativo antes que a la producción nacional. Entonces, la herencia económica de José Alfredo Martínez de Hoz (que era abogado, no militar) no es un vestigio lejano sino el legado intacto del terrorismo de Estado. La dictadura militar se fue, el pueblo la sacó, pero la dictadura económica está vigente, y el genocidio por goteo continúa funcionando como la victoria silenciosa del plan oligárquico y financiero del terrorismo de Estado.

El plan

Hacia mediados de los años 70, las organizaciones armadas estaban lejos de constituir una amenaza capaz de justificar el despliegue sistemático del terrorismo de Estado. La represión ilegal excedió ampliamente ese objetivo. No se trató de “combatir la subversión”, sino de desmontar el entramado político, social y económico que el peronismo había consolidado —aún con casi 20 años de proscripción— y que había sostenido niveles relativamente altos de empleo, industrialización, estructura pública, movilidad social y participación sindical en el ingreso. Durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón (1974–1976) se desplegó un conjunto de medidas orientadas a fortalecer la intervención del Estado en la economía, consolidar la soberanía nacional sobre recursos estratégicos, ampliar derechos laborales y controlar sectores clave como la banca, la energía, los medios y las telecomunicaciones. Al mismo tiempo, se impulsaron acciones de defensa frente a intereses extranjeros y se sostuvo una política de bajo endeudamiento externo, preservando márgenes de autonomía económica. Más allá de sus complejidades, ese período representaba la continuidad de un modelo de país basado en la centralidad del Estado, la regulación del capital, la protección del trabajo y la afirmación de la soberanía nacional sobre los recursos estratégicos. Eso es, en esencia, lo que vino a destruir la dictadura; no sólo un gobierno constitucional, sino una arquitectura económica, social y política que todavía sostenía —aunque tensionada— las bases del proyecto nacional-popular construido desde 1945.

Por eso la represión se dirigió contra un universo mucho más amplio; militantes políticos, trabajadores, estudiantes, docentes, sindicalistas, periodistas, abogados laboralistas y referentes sociales. Recordemos, en 1974, la Argentina registraba niveles de pobreza estimados en torno al 4–5% de la población, en el marco del orden económico y social instaurado por el peronismo (1945/1955), basado en la industrialización, el empleo, la obra pública y la justicia social. Hoy, en cambio, la pobreza supera el 40%, reflejando el deterioro y el vacío estructural iniciado tras la ruptura de ese modelo nacional. Ese proceso inauguró una secuencia de reconfiguración económica y subordinación externa que, con distintos matices, atravesó las décadas siguientes y encuentra en los ciclos de gobierno de Carlos Menem, Mauricio Macri y Javier Milei sus expresiones más recientes.

El objetivo dictatorial, el trabajo argentino

Ubicar a la dictadura en su dimensión histórica y geopolítica permite comprender con mayor claridad su verdadero objetivo, que no fue la “subversión”, sino el trabajo organizado. Una parte significativa de los detenidos-desaparecidos fueron trabajadores, delegados y activistas sindicales, es decir, el núcleo del poder social que debía ser desarticulado. El movimiento obrero constituía —y aún constituye— la principal barrera frente a un proyecto de transformación regresiva. Esa ofensiva no fue un fenómeno local, sino parte de un reordenamiento global del capitalismo iniciado tras la crisis del petróleo de 1973. El agotamiento del modelo de posguerra dio lugar a una estrategia internacional orientada a disciplinar al trabajo, reducir derechos y restaurar la rentabilidad del capital. Las políticas de Thatcher y Reagan expresaron ese giro, en el que los sindicatos pasaron a ser considerados obstáculos estructurales.

En ese contexto, América Latina fue un territorio de aplicación temprana de ese paradigma. Las dictaduras del Cono Sur respondieron a una lógica geopolítica que buscó garantizar la apertura económica y la subordinación al orden global, neutralizando al movimiento obrero y a toda forma de organización popular. La represión, así, no fue sólo política; fue una condición estructural para reconfigurar nuestras economías en favor del capital financiero. Y esa secuencia no se agotó en la dictadura. Las reformas laborales actuales deben leerse como una continuidad de ese proceso histórico, cuyo objetivo ha sido persistente; debilitar al trabajo organizado y redefinir su lugar en la economía. Por eso, hoy, el movimiento obrero sigue siendo uno de los últimos núcleos de resistencia frente a un modelo que erosiona las bases materiales de la autonomía nacional.

La debilidad política del 24 de Marzo

El 24 de marzo se ha consolidado como una de las expresiones más potentes de la democracia argentina; una movilización masiva que reafirma el compromiso colectivo con la memoria, la verdad y la justicia. Pero esa fuerza simbólica convive con un límite político persistente. A cincuenta años del golpe, sigue faltando avanzar sobre un punto decisivo; las responsabilidades civiles del proceso.

Sin identificar con claridad a los actores económicos que lo impulsaron, financiaron y se beneficiaron, la memoria queda incompleta. Y esa omisión no es neutra, permite que esas mismas estructuras de poder continúen operando en democracia, desdibujando las continuidades históricas, ocultando las responsabilidades objetivas y condicionando la comprensión del presente.

Como consecuencia de esa omisión, no debería sorprender —aunque a menudo se presente como tal— la persistencia y gravitación pública de determinadas figuras en nuestra política nacional. Más bien, habría que preguntarse por las condiciones que hacen posible esa continuidad. De lo contrario, terminamos naturalizando situaciones que, vistas en perspectiva histórica, resultan al menos llamativas, como es el caso de la vigencia política de Patricia Bullrich, o la liviandad con la que Héctor Magnetto puede sugerir desde las sombras que la presidencia de la nación es “un puesto menor”, o el tratamiento de Mauricio Macri como un mero “rival político”, sin problematizar los vínculos estructurales entre el grupo económico de su familia y el proceso de reorganización económica impulsado por la dictadura de 1976.

El aporte del kirchnerismo

Con Néstor Kirchner y Cristina, se produjo un punto de inflexión en la política de derechos humanos al transformar esa agenda en política de Estado. Se impulsó la nulidad de las leyes de impunidad, se reabrieron los juicios por crímenes de lesa humanidad y se colocó a las víctimas en el centro de la memoria colectiva. De este modo, no sólo se consolidó un consenso democrático básico, sino que se restituye al Estado su responsabilidad activa en la búsqueda de verdad y justicia. En el ciclo kirchnerista, suele destacarse el gesto de Néstor Kirchner al ordenar el retiro de los cuadros como un acto de fuerte contenido pedagógico y simbólico para toda una generación. Y, sin duda, lo fue. Sin embargo, una formación política más integral, situada y útil para comprender la profundidad del proceso histórico, hubiera requerido complementar ese enfoque con una indagación más firme sobre las responsabilidades civiles que hicieron posible el terrorismo de Estado, y sobre el andamiaje jurídico que sostiene nuestra dependencia económica. Ampliar el foco en esa dirección habría permitido incorporar una dimensión política más completa del fenómeno y avanzar hacia un diagnóstico histórico más riguroso. Algunos indicios de ese camino se insinuaron —por ejemplo, en la confrontación con sectores concentrados del poder mediático para el caso de CLARÍN—, pero sin llegar a constituirse en una política sostenida y sistemática.

La ceguera del análisis político y su costo.

Si la historia insiste en repetirse —como farsa, pero con efectos concretos— no es por fatalismo ni por designio alguno, sino porque no supimos, no quisimos o no pudimos advertir a tiempo los procesos en curso. La dirigencia surgida en la democracia de 1983 cometió un error de origen; puso el foco del horror en los ejecutores —los militares—, pero dejó fuera del centro de la escena a quienes diseñaron y se beneficiaron del terror; los grandes grupos económicos y financieros. En nombre de una narrativa de unidad, el pasado reciente fue reducido a una tragedia estrictamente militar, concentrando allí casi toda la condena, como si el terrorismo de Estado hubiera sido una desviación institucional corregible con el disciplinamiento de las Fuerzas Armadas, y no la fase más brutal de un proyecto económico oligárquico cuya impronta perdura hasta hoy.

Esa lectura parcial —eficaz en el corto plazo— tuvo efectos profundos. Permitió que los actores civiles que promovieron, sostuvieron y capitalizaron la dictadura cívico-militar (1976–1983) quedaran en gran medida al margen del juicio social y político. Identificarlos con precisión no sólo hubiera sido un acto de justicia, sino también una herramienta indispensable para comprender la continuidad de ese proyecto en la Argentina democrática. Allí aparecen nombres y estructuras que atravesaron el período: la Sociedad Rural Argentina, el Grupo Techint, el Grupo Macri (Socma/IECSA), el Grupo Clarín, Acindar, sectores de la Unión Industrial Argentina y la Asociación Empresaria Argentina, firmas como Ford, Mercedes-Benz, Fiat, La Veloz del Norte, el Ingenio Ledesma, los Pérez Companc, Astarsa, Bunge & Born, la Asociación de Bancos Argentinos, las Embajadas de las potencias Occidentales, estudios jurídicos corporativos y otros núcleos del poder económico que no sólo acompañaron el golpe, sino que participaron activamente en su implementación, incluso aportando información sobre trabajadores y delegados sindicales luego secuestrados dentro de sus propias plantas.

Mientras los militares quedaban fijados como los únicos responsables en el imaginario público y en las conmemoraciones, muchos de estos actores fueron consolidando su posición económica y ampliando su influencia en plena democracia. Esa asimetría en la memoria no fue inocua; condicionó la comprensión del pasado y, con ello, la capacidad de interpretar el presente. El prejuicio antimilitarista es una buena prueba de ello.

24 de marzo de 1976 / 2 de abril de 1982.

El divorcio que existe entre las fechas del 24 de marzo y el 2 de abril, es la prueba irrefutable de que en la Argentina, el bloque oligárquico proimperialista logró disociar y luego presentar como opuestas la imprescindible política de Memoria, Verdad y Justicia que es un reaseguro del estado de derecho; y la reivindicación de la gesta patriótica en Malvinas. La recuperación de las islas fue y es una causa nacional y latinoamericana y no fue una casualidad que la declaración de guerra de 1982 haya movilizado en abril de aquel año al pueblo y al movimiento obrero organizado con Saúl Ubaldini a la cabeza a llenar la Plaza de Mayo, en plena represión militar. En esas calles se alcanzó un altísimo nivel de autoconciencia popular, un sentimiento de afirmación territorial y de legítima hostilidad al ocupante colonial, más allá de quien lo impulsara.

En lo que hace al sentido histórico de Malvinas, buena parte del progresismo académico incurre en un error de base; pretende medir la legitimidad de una causa nacional según el signo de quienes la condujeron, y no según su densidad histórica, su raíz objetiva y su significado para la nación. De allí deriva la conclusión simplista de que, por haber sido impulsada por una dictadura, la guerra carecía de legitimidad. Pero la historia no se deja reducir a ese esquema. Hay causas nacionales que desbordan a los sujetos circunstanciales que las encarnan, porque remiten a una verdad nacional más profunda que ellos mismos.

Eso fue Malvinas. La recuperación de las islas expresaba una reivindicación histórica de la Argentina y de América Latina frente al colonialismo británico, y por eso no puede ser anulada por la naturaleza criminal del régimen que la llevó adelante. Más aún; la guerra de 1982 implicó, en términos políticos y materiales, una ruptura con la lógica económica y cultural que la propia dictadura había venido aplicando. Fue, en ese sentido, un gesto de afirmación y no de subordinación. El pueblo y el movimiento obrero lo comprendieron de inmediato. Por eso estuvieron en la calle. La misma dictadura que había reprimido, endeudado, desindustrializado y extranjerizado al país se vio arrastrada, de pronto, a confrontar con una empresa histórica que excedía su propia naturaleza; la recuperación de un territorio ocupado por el imperialismo británico.

Malvinas y nuestros DDHH son facetas complementarias de la lucha nacional del pueblo argentino; afrontar los problemas de la soberanía nacional y defender sus recursos con nuestras FFAA integradas a un proyecto industrial de emancipación nacional que las integre es una condición para tener patria y derechos humanos. Vale decir, en la pobreza y la indignidad se vulneran todos los derechos. La enseñanza de la historia es nítida; las Fuerzas Armadas no son, en sí mismas, ni virtuosas ni condenables por esencia, sino que han sido históricamente una expresión de las tensiones políticas de un país inconcluso y en permanente disputa. Su orientación y su función dependen de la correlación de fuerzas de cada etapa política y del proyecto de país que logre imponerse —ya sea para subordinar o para emancipar a la nación.

Cuando logremos comprender que la tragedia del genocidio de los setenta y la gesta heroica de Malvinas no son hechos inconexos, sino expresiones de una misma trama histórica atravesada por intereses imperiales, entonces podremos recordar una y reivindicar la otra con igual convicción en las calles. Por el momento, es un ida y vuelta de prejuicios bien infundados.

El otro aporte del Kirchnerismo

En las últimas décadas, la marcha del 24 de marzo se ha ampliado en sus contenidos y expresiones, incorporando nuevas agendas vinculadas a distintas formas de violencia, a los derechos de las minorías y a debates culturales contemporáneos. Esa expansión, en muchos casos legítima y necesaria, también fue moldeando una determinada pedagogía política en sectores de la militancia —particularmente del kirchnerismo y la izquierda— que, al mismo tiempo, tendió a mirar con distancia o desconfianza componentes centrales de la tradición histórica argentina. En ese marco, fueron perdiendo centralidad referencias que habían estructurado identidad y organización popular durante décadas; el sindicalismo como columna vertebral del movimiento nacional, el rol de las Fuerzas Armadas en la defensa soberana, la religiosidad popular —incluido el lugar del Papa Francisco—, la cultura criolla, el legado hispánico y el mestizaje, los símbolos patrios y la causa Malvinas. Ese desplazamiento convivió con la incorporación creciente de nuevas consignas —indigenismo, ambientalismo, lenguaje inclusivo, debates sobre género, aborto, masculinidades, deconstrucciones y diversas agendas modernas— que, más allá de su legitimidad en el plano de derechos, fueron ocupando un lugar central en el discurso político de los últimos años. El contraste no es menor; mientras se relativizan elementos que históricamente permitieron construir pertenencia nacional y articulación de mayorías, se fortalecen marcos identitarios más segmentados, eficaces para la cohesión interna de determinados grupos, pero con mayores dificultades para proyectarse como base de sustentación de un proyecto político de carácter nacional.

No es un dato menor que, incluso en expresiones locales como la de Río Cuarto, donde este autor vive, la lectura final del documento el pasado 24M, más allá de potentes elementos políticos que compusieron el texto, haya incorporado estas transformaciones discursivas al proclamar sobre el final: “treinta mil cuatrocientos compañeres desaparecides, ¡presentes!”, reflejando el modo en que estas nuevas gramáticas atraviesan hoy la construcción de la memoria colectiva.

Conclusión

Desde 1983 hasta hoy —con matices y momentos de mayor densidad política— la democracia argentina se desenvolvió sobre un piso económico que nunca se animó a discutir en serio. Ahí está el nudo. El verdadero “Nunca Más” no se agota en condenar a los ejecutores, sino que exige enfrentar el entramado económico que convirtió al país en territorio de saqueo, hambre, desnutrición, incertidumbre, segregación, individualismo, deuda y dependencia. Sin esa decisión, la política queda reducida a administrar una decadencia cada vez más profunda, mientras el poder real —financiero, mediático, judicial y empresarial— sigue intacto.

La tarea es otra; completar la memoria con soberanía, dotarla de contenido nacional, volverla programa y proyecto político. No hay homenaje más verdadero a los que dieron su vida que retomar la lucha por la independencia económica, la justicia social y la reconstrucción nacional. Porque en definitiva, la disyuntiva sigue siendo la misma; o la democracia se pone al servicio del pueblo y se anima a disputar el poder que la condiciona, o seguirá siendo una cáscara vacía que legitima la subordinación. Siempre es preferible enfrentar la estructura de nuestra dependencia que seguir padeciendo sus consecuencias; los resultados están a la vista. El Nunca Más sólo será definitivo cuando la Argentina deje de ser una nación subordinada y la justicia social deje de ser una consigna para convertirse en realidad. Para ello, es imprescindible asumir que no alcanza con administrar la alternancia con élites que han estructurado históricamente la dependencia. Si el objetivo es orientar al país en un sentido verdaderamente nacional, la tarea es más profunda y arriesgada; desmontar las bases materiales del poder que condicionan nuestra soberanía y limitan, día a día, la vida del pueblo argentino.

  • Imagen
MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA

Emilio Crenzel: "La primera en cuestionar el número de desaparecidos fue la propia dictadura que quiso hablar de excesos o errores"

25 Marzo 2026

AGENCIA PACO URONDO dialogó con el sociólogo e investigador del Conicet Emilio Crenzel, quien es autor, entre otros libros, de "Pensar los 30.000", en el que hizo un recorrido sobre la estimación - y los correspondientes debates - del número de víctimas del terrorismo de Estado.

El debate sobre la cantidad de desaparecidos y la cifra de 30 mil no es nuevo ni fue creado por el gobierno de Javier Milei, que busca, con el cuestionamiento, relativizar los crímenes cometidos por la última dictadura. Crenzel historizó que el número/consigna empezó a usarse durante la dictadura por diferentes organismos de derechos humanos que buscaban denunciar -como podían- lo que pasaba en esos años oscuros. Hoy, 50 años después, aquella cifra se acerca mucho a la cantidad de víctimas reales de la política de desaparición forzada de personas que llevó adelante el régimen militar.

En diálogo con APU, Crenzel revisó muchos relatos en torno a la construcción de ese número emblemático: no fue creado por Luis Labraña, exintegrante de Montoneros, y menos aún tuvo intenciones económicas, porque cuando surgió ni se pensaba en la posibilidad de compensaciones. Otro mito es que al kirchnerismo no le interesó construir cifras certeras sobre el tema, porque fue durante uno de sus gobiernos (2014) cuando se creó el Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado (RUVTE), que hoy es desmantelado por Milei (que defiende tener estadísticas rigurosas...). "La discusión por el número empezó con la dictadura, cuando no le quedó otra que aceptar la existencia de desaparecidos y buscó relativizar la cifra", resumió.

APU: La primera pregunta es casi anterior a todo el debate sobre la cantidad de desaparecidos y la cifra de 30 mil. ¿Es necesario saber con rigurosidad la cantidad de víctimas de la dictadura?

EC: Es importante saber el número, siempre de manera aproximada, por supuesto, porque en contextos de violencia o violaciones sistemáticas a los derechos humanos es imposible saber de manera exacta el número de víctimas. La discusión por el número está dada por aquellos que buscan relativizar la magnitud o la importancia del exterminio de carácter político que se dio en Argentina. La discusión sobre las cifras tiene larga data y comenzó cuando la dictadura ya no pudo negar la existencia de desaparecidos. Como no pudo negarlo, buscó relativizarlo. Y empezó a decir que las desapariciones tenían que ver con excesos o errores de cualquier guerra. Y tuvo que empezar a discutir con las cifras que proponían los organismos de derechos humanos.

Como sabemos, la CONADEP (1984) estableció en 8961 el número de víctimas y señaló que se trataba de una cifra abierta, porque muchas familias no habían denunciado, ya que estábamos saliendo recién de la dictadura. En 2015, el Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado (RUVTE) revisó el listado de la CONADEP y encontró algunos errores, como personas que figuraban duplicadas o que ya no estaban desaparecidas. Para 2015, ese registro contabilizaba 7000 desaparecidos, 1600 asesinados y estimaba 17 mil personas que estuvieron en condición de desaparecidas y que fueron liberadas de algún centro clandestino. Hay que considerar que los 9000 presos políticos, en su gran mayoría, atravesaron situaciones de cautiverio clandestino. Eso da un número de desaparecidos y sobrevivientes que se aproxima a la cifra de 30 mil de los organismos de derechos humanos. Esa cifra simbólica nació en dictadura y luego se expandió en el espacio público con la tercera Marcha de la Resistencia, cuando se colocaron 30 mil siluetas.

APU: En resumen: si se toman en cuenta las personas desaparecidas y las personas que estuvieron detenidas-desaparecidas algún tiempo y luego fueron liberadas, el número estimado está en torno a las 30 mil personas.

EC: En el libro "Pensar los 30 mil" digo que dentro del universo de persona desaparecida hay dos subuniversos: el de la persona que continúa desaparecida y que sabemos hoy que fue asesinada, y un segundo universo de personas que estuvieron cautivas de forma clandestina en algún centro en el país, por diferentes lapsos de tiempo, y que luego fueron liberadas.

APU: Según la información oficial hubo 800 centros clandestinos en todo el país durante la dictadura. En una cuenta rápida, a 50 personas por centro, y sabemos que por los principales pasaron entre mil y 5 mil, solo esa cuenta da 40 mil detenidos en cautiverio. ¿No es lógico, entonces, hablar de un número superior?

EC: Hay que tener en cuenta que hubo una circulación de detenidos-desaparecidos por el sistema clandestino. Hay personas que estuvieron detenidas en diferentes centros y luego, capaz, terminaron "legalizadas". Ese es un factor que dificulta la contabilización y da cuenta de la imbricación de la represión ilegal y legal.

APU: ¿El número actual del registro sigue en construcción, entonces?

EC: Sí. Es llamativo que el gobierno de Milei, que ataca la cifra de 30 mil desaparecidos, haya desmantelado el registro unificado de víctimas, que antes tenía 16 trabajadores y ahora solo tiene 4. Es un registro público que fue creado durante el último gobierno de Cristina.

APU: Es interesante que el gobierno de Cristina sí construyó un registro de víctimas, cuando se suele sostener lo contrario. Y el gobierno de Milei, que insiste en que no se quiere decir el número exacto, desmantela el organismo que se ocupa de ese registro.

EC: El gobierno de Milei tiene una paradoja. En campaña habló de excesos, algo que decía la dictadura militar. Después dijo que había 8753 desaparecidos, cifra de la que nadie sabe de dónde salió. Además, ese número no habla de un exceso, sino de un plan sistemático.

APU: Te pregunto por los vuelos de la muerte. ¿Qué se sabe sobre la cantidad de personas que fueron asesinadas de esa manera?

EC: En un capítulo del libro "Pensar los 30 mil" cuento la historia de dos sobrevivientes del circuito Olimpo que denuncian en Londres la existencia de los vuelos y del asesinato de personas que eran previamente anestesiadas. Estos testimonios generan mucho rechazo entre los organismos de derechos humanos, que entienden que estos sobrevivientes son agentes de la dictadura que quieren desmantelar el reclamo por la aparición con vida de los desaparecidos. Uno de los argumentos era que la aplicación de anestesia era totalmente inverosímil. La existencia de cuerpos arrojados al mar fue denunciada en plena dictadura por Walsh, por ANCLA y por Amnistía Internacional. Como sea, hasta entrados los años 80 estas denuncias generaban escepticismo porque parecían irreales, incluso para pensar situaciones de represión. El propio movimiento de derechos humanos tenía dudas sobre la implementación de los diferentes sistemas de represión que aplicaba la dictadura. Después, Adolfo Scilingo habló de dos vuelos semanales, pero no se sabe mucho más.

APU: Me sorprendió que decís que la cifra de 30 mil aparece por primera vez en un texto de Haroldo Conti, previo a la dictadura.

EC: Es una carta de Conti a Retamar, que era el director de la Casa de las Américas. Conti le dice que un militar le dijo que el golpe iba a ser sangriento y que iba a haber 30 mil muertos. Unos meses después, Conti va a ser desaparecido.

APU: En el libro reseñás también que la cifra apareció en plena dictadura y bastante rápido, a contramano de lo que se dice sobre la creación de Labraña, exintegrante de Montoneros.

EC: Amnistía Internacional, en su informe de 1977, dice que las fuentes coinciden en que hay 15 mil víctimas, pero que hay versiones que hablan de 30 mil. Walsh habla de 15 mil víctimas en la carta abierta de 1977. Por supuesto, son todas estimaciones, porque las condiciones de elaboración de las cifras están marcadas por la dictadura. Después, la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos establece otro método: solo trabajar con casos confirmados por denuncias concretas de familiares. Pedían fotocopias de habeas corpus presentados en la Justicia. Ellos elevan un informe a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos con 5800 casos. Por supuesto, era el contexto de la dictadura: muchas familias no se querían acercar o no habían hecho ninguna presentación judicial.

APU: Una última reflexión: la cifra de 30 mil es una cifra simbólica, como suele decirse, que se construyó muy tempranamente y en un contexto muy adverso, en plena dictadura, pero, sin embargo, 50 años después muestra mucha precisión para reflejar el número de víctimas totales de la dictadura.

EC: Así es. En el libro cuento que es un invento la historia de Labraña, que se atribuye la autoría de la cifra. Porque la cifra apareció de forma muy temprana y cuando no había ninguna expectativa de reparación alguna. Es una mentira eso de que se hizo en el marco del "curro de los derechos humanos". Desde un primer momento, los movimientos de denuncia hicieron diferentes estimaciones en un intento colectivo de establecer una magnitud, lo que evidencia la conciencia temprana de que había sistematicidad y masividad en la represión, de que no eran casos aislados.

Desde un primer momento, los movimientos de denuncia hicieron diferentes estimaciones en un intento colectivo de establecer una magnitud, lo que evidencia la conciencia temprana de que había sistematicidad y masividad en la represión, de que no eran casos aislados.
  • Imagen
    Santiago Fidanza
RENOVACIÓN DEL PJ

Santiago Fidanza: "Tenemos que hacer prevalecer un sistema de valores a parte de una propuesta política”

25 Marzo 2026

En diálogo con “Más o menos bien” (sábados de 18 a 20hs por Radio con vos), Santiago Fidanza, flamante presidente del Partido Justicialista de San Miguel y subsecretario de Organización Comunitaria en el Ministerio de Desarrollo de la Comunidad de Buenos Aires, analizó la situación del peronismo posterior a las elecciones internas del Partido Justicialista.

A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“Estamos contentos, creo que lo que se discutía a nivel local tenía que ver con si el peronismo avanzaba hacia una etapa de renovación después de muchos años en los que no ha podido construir una propuesta alternativa al gobierno de Jaime Méndez y Joaquín De la Torre, que han estado en varios partidos políticos y han acompañado a Javier Milei”.

“Hay que recuperar un montón de cosas del peronismo en San Miguel que se han perdido, que tienen que ver con estar cerca de nuestra comunidad, trabajar con actores importantes de nuestra sociedad y tener una propuesta que invite a otros a participar”.

“Estamos trabajando en un proyecto de ciudad, por supuesto, con muchos sectores de la comunidad, de universidades y diferentes áreas que creemos que son importantes para pensar un San Miguel alternativo al que le proponen a nuestro pueblo los que están gobernando ahora”.

“Es sustancial y necesario que el peronismo se de discusiones internas que creo que han sido las que han devenido en la presidencia de Axel Kicillof en el PJ provincial, eso claramente es un cambio respecto a la situación política previa, y creo que el peronismo tiene la posibilidad de un camino para volver a generar esperanza y una iniciativa social y comunitaria de la política y de las bases”.

“Creo que el gobierno de Milei, y todo su sostenimiento en potencias extranjeras, tiene una retórica que nos lleva claramente a la desintegración de nuestro país, lo que tenemos que construir como peronistas y campo popular es una gesta y tenemos la fortuna de que hay un compañero que está dispuesto a encabezarla y que lo vemos en Axel Kicillof”.

“La responsabilidad del peronismo, en este momento del mundo tan complejo, es mantener la tercera posición y ser antiimperialista de cualquier imperialismo. Tenemos que lograr tener un gobierno que busque lo mejor para el país desde los intereses de Argentina, no desde las potencias que lo interpelan”.

“Un gobierno argentino para el 2027 tiene que pensarse desde los intereses de Argentina, esa es la piedra basal de un camino de desarrollo, y también tiene que discutir fuertemente la ética, la moral y la espiritualidad de nuestro pueblo”.

“En Occidente estamos ante una crisis tan grande de deconstrucción de los valores que nos han llevado a ser, en un momento, el faro del mundo y claramente ya no lo somos, entonces tenemos que rediscutir todo. Tal como se dice en El señor de los anillos, va a llegar una hora donde el coraje de los hombres falle, pero no es hoy, hoy peleamos, resistimos y no claudicamos”.

“Tenemos un gobierno que nos invita a abrazar la inhumanidad, entonces tenemos que hacer prevalecer un sistema de valores aparte de una propuesta política. Creo que justamente la radicalidad de la propuesta de Milei nos da la oportunidad a los que hacemos política y a todos los argentinos de construir un frente que vaya más allá de las viejas discusiones partidarias”.  

“Tenemos una sociedad muy politizada, en eso tenemos una ventaja. Hasta en la antipolítica hay un nivel alto de politización. No es un desinterés, es un rechazo, que tiene un componente de adhesión, de reflexión y de lectura. Veo en mucha gente voluntad y predisposición de escuchar”.

“Bernarda Meglia es la persona más capacitada hoy para ser intendenta de San Miguel, con más aptitudes para encarar ese proceso y que se puso al frente de un montón de discusiones a la hora de discutir ese proyecto alternativo de ciudad y de defender los intereses de nuestros vecinos”. 

URL de Video remoto
  • Imagen
    Ana Luz Balor
DEUDA FAMILIAR

Ana Luz Balor: "9 de cada 10 familias están endeudadas"

25 Marzo 2026

En diálogo con “Más o menos bien” (sábados de 18 a 20hs por Radio con vos), la diputada bonaerense Ana Luz Balor analizó el endeudamiento de las familias

A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“El endeudamiento y sobreendeudamiento lo venimos observando hace tiempo, de hecho, el proyecto está ingresado desde junio del año pasado y tomó estado parlamentario en septiembre, pero se agrava día a día”.

“Tenemos estadísticas de que 9 de cada 10 familias están endeudadas y 1 de cada 4 personas no está pudiendo cumplir con ese pago, con lo cual la mora ha saltado”.

“El proyecto implica la creación de un procedimiento administrativo, dentro de la Ley de Defensa del Consumidor, y poder de alguna manera ayudar a la reestructuración de la deuda en una negociación, pero que por 90 días se suspendan las actuaciones judiciales”.

“Otro proyecto que presentamos tiene que ver con sancionar el hostigamiento y que no suceda esa cosa automática de que te debiten para poder evaluar otras variables”.

“Planteamos incorporar a la enseñanza oficial qué tenemos que saber a la hora de tomar un crédito y obligar a aquellos proveedores de préstamos a dar información clara y fidedigna”.

“Del año pasado a este hubo un cambio sustancial en el análisis, antes estaba todavía una mirada sobre el gobierno de que le falta tiempo y hay que darle la oportunidad y ahora se está empezando a notar que, evidentemente, no son tan eficientes como vinieron a plantear y, mucho menos, transparentes”.

“Hay un reconocimiento de que está sucediendo a nivel social, no individual, porque realmente el costo de vida se elevó y el sueldo no”.

“La ludopatía infantil es un problema porque cuando no pueden robar la tarjeta de crédito, o no hay dinero que puedan obtener de alguna manera, recurren lamentablemente a personas que están asociadas al narcotráfico y eso después tiene consecuencias muy graves en los barrios”.

“Cierta parte de la política está disociada de la realidad, por eso gobierno Javier Milei y el peronismo no está encontrando su cauce”.

URL de Video remoto
  • Imagen
    EZEIZA
CUENTO

"Ezeiza", un relato de Rodolfo Cifarelli

25 Marzo 2026

Cuando me acercaba al zaguán la noche en el barrio era un bloque de bruma fría, también en mi casa, mi pieza, mi cama, figuras del mismo paisaje que durante años se complotaron, como en una pintura de Braque, en perspectivas y ángulos y espejismos de mi propio laboratorio de decisiones e indecisiones. Horas antes había caminado entre el oleaje de ese mar de gente, y años después algunos de los sobrevivientes del naufragio posterior a ese oleaje se volvieron a encontrar. En melancólicas tertulias, bajo otros juegos pendulares y consignas cada vez más insustanciales, al menos estaban vivos porque pudieron salir de la catástrofe por vaya a saberse qué hueco o desfiladero, y se reencuentran en bautismos, casamientos, cumpleaños, entierros, homenajes y reuniones para reorganización de esta o aquella cosa. ¿Pero les gusta reencontrarse o es simplemente una adicción, un vicio, una confesión que lavaría antiguos pecados? Después de anécdotas, risas, sollozos, al final de cada evento, solemnes, vivos, aunque póstumos, se desean felices pascuas o navidades y buena vida y buena muerte, y huyen a las corridas o en sillas de ruedas o apoyados en bastones. Se alejan unos de otros con la certeza de que quien recuerda no traiciona ni se traiciona: Patria sí colonia no luche y vuelve etcétera. Pero el recuerdo no resucita a los muertos, y los muertos no piden nada porque están muertos. Y no, claro que no es mentira que había auras voltaicas entre las piernas de las mujeres pensando y escribiendo y pintando proclamas, no es mentira que había dioses visibles en las autopsias de los caídos, no es mentira que toda aquella efervescencia, amenazada y amenazante, reinaba como una primavera de optimismo, ora en otoño, ora en invierno.

Pero esa tarde, en el núcleo del oleaje, de repente, yo sueno y resueno en un grito ahogado, caigo y me levanto viendo caer a otros, y corro, con un pie agujereado y caigo, me levanto, caigo, corro, caigo y después de un siglo, tres o cuatro compañeros me suben a la caja de una camioneta y adentro de la caja me sientan como a un muñeco. Éramos tantos, tan apretujados hombro contra hombro, que se nos habían aflojado los nervios para tomar aire y examinar qué herida sufrido el otro. A seis cuadras de casa no aguanté más, pedí que pararan la camioneta, me bajé, y el dolor del primer paso consiguió que viese la Vía Láctea entera. Llegué arrastrándome a la esquina, desde donde mi padre me cargó a mi pieza. Llamaron al médico del barrio, que me sacó el plomo sin anestesia haciéndome morder un grueso cinturón de cuero, me cerró la herida con seis puntos y me inyectó los analgésicos y los antibióticos. Tuviste suerte, dijo el médico, es un calibre chico. Cuando el médico se fue mi padre dijo que había escuchado en la radio que había francotiradores escondidos en las copas de los árboles. ¿Francotiradores de quién?, le pregunté. Alzó un hombro, al gesto le sumó una mueca triunfante, de ustedes, dijo. A mí me tiraron desde el palco, repliqué, entre dientes, soportando el dolor y las ganas de romperle la boca. Y él, más triunfante, me advirtió que esa era la última vez que llamaba por mí al médico de barrio, un radical de la línea antipersonalista que de joven entró al partido de la mano de mi abuelo. Mi padre no era compañero ni correligionario ni camarada, era tibiamente ateo y liberal, y eso equivalía en ese momento a no ser nada. El padre de mi padre andaba en un Ford T heredado de su padre recogiendo correligionarios para votar por la causa. El padre del padre de mi padre no heredó nada, él fue su propia herencia a defender por todos los medios en una edad simple y brutal en la que florecieron la especie y la mercancía, el Génesis del progreso interminable. Puso un corralón en Villa Urquiza, y de ahí vino el bienestar de techo, comida y salud para las generaciones familiares futuras. El padre de mi padre me enseñó a disparar cuando cumplí doce años, me enseñó a tirar con una parabellum reformada para treinta y dos tiros. Me enseñó si uno dispara con la mano derecha el blanco se enfoca con el ojo izquierdo trazando una línea visual paralela al brazo que sostiene el arma. Me enseñó que para que la línea sea paralela se debe girar levemente la cabeza, sin abandonar el enfoque, y apoyar el mentón sobre el hombro. El padre de mi padre decía haber disparado pistolas y escopetas en enfrentamientos contra los opositores de Don Hipólito. Pero Don Hipólito cayó y la historia se identificaría con el progreso alimentado por dosis homeopáticas de libertad y beneficencia, la eternidad misma que prometen los santos, los infinitos alfa y omega del tiempo. El progreso es todo lo contrario a la política, es su cementerio. Y, sin embargo, en cierto octubre, un rayo encendió la historia como a una mecha reseca, y vinieron grandes días, mejor que decir es hacer, donde hay una necesidad nace un derecho, por uno nuestro caerán cinco de ellos, y en cierto septiembre la historia se inundó, se agrietó, enmudeció, se dedicó a fornicar a los derrotados, y ahora, después de dieciocho años de exilio para la mayoría, en ese oleaje de gloria, a pesar de los tiros cruzados, renacíamos para amasar un nuevo tiempo.

Apenas pasada la noche de ese día de gloria, en los primeros minutos del nuevo día, cuando recién se aprestaban a desembarcar en mi sangre los efectos de analgésicos y antibióticos mientras yo pensaba en el padre de mi padre y algún final posible para aquella vieja parabellum, me visitó un fantasma del futuro, en plena lucha de una reminiscencia oportuna contra el dolor que desde el empeine viajaba a las regiones más inhóspitas de mi cerebro. Un fantasma pálido vestido como un dandy, sólo en apariencia decadente, medio desprolijo, una mezcla de Oscar Wilde y Erik Satie, y antes de que yo le preguntara si era el fantasma de alguno de ellos, el tipo, la verdad, se presentó amablemente como habitante de un equinoccio cuyo nombre no quiso revelarme. Dijo: Usted sabe que esas cosas son información altamente confidencial, y yo pensé qué mosquito le habrá picado a este loco para venir a mí. La cosa es que el tipo, sin siquiera parpadear, con sus protuberantes ojos rojizos, asombrados o concentrados en mi empeine vendado, se sentó en la silla junto a la cama después de pedirme permiso, y dijo: La semioscuridad de esta pieza es la misma que alumbra la noche oceánica del Pacífico Sur. Ahí nomás lo miré a los ojos, tapizados de una humanidad severa y doliente, y me dije puta madre este es un explorador de una dimensión lejana o cercana pero para mí inaccesible, y le pregunté si éramos o somos algo más que emanaciones que decoraban o decoran las escenografías a las que la historia de vez en cuando nos permitía o permite entrar no desde el hall del teatro sino desde el caos más o menos ordenado de entre bastidores. Él me dijo que si tenía más preguntas se las hiciera todas juntas, y entonces le pregunté si podría decirme cómo sería el tiempo que se avecinaba. Se levantó de la silla, se cruzó serenamente los brazos sobre el pecho y dijo: La idea de que la unidad de lo indiscriminado es causa eficiente de una acción política exitosa se excesivamente similar al pájaro que termina electrocutado no bien se posa en un cable de alta tensión. Recuérdelo por favor: los fantasmas tenemos demasiado tiempo para pensar, por esto le sugiero que reflexione sobre estos dos hechos irreversibles: uno, la contradicción es una propiedad de lo real y dos, no existe la lucha política que no contenga en sus entrañas un conflicto mortal para miembros de los bandos opuestos. Recuerde, piense, y me palmeó un hombro, cúrese ese pie pronto. Inclinó reverencialmente la cabeza: Le deseo mucha suerte a usted y a los suyos porque la necesitarán, aunque le anticipo que no rozará su orilla esa suerte. Y salió por la puerta como un hijo de vecino más. Un rato después los espías de los analgésicos me lamían la axila, el cuello, el ombligo. El fantasma no volvió ni volverá, y sin embargo en noches como estas, lluviosas y solitarias, lo oigo tropezándose con la pata de alguna silla o manipulando algún picaporte. Si reapareciera le preguntaría como nada más que cuatro años después del mar de gente anochece como en un velorio de una multitud a la que ningún deudo asistió, anochece en una casa que no es mía y que no sé de quién es y salgo de mi pieza y le aviso que voy a entrar a la suya, la más grande de esa casa inmensa y llena de ruidos siniestros, porque como un boludo me olvidé de comprar sin cigarrillos cuando fui a comprar la pizza y quiero fumar. Ella me dice que pase. Paso. Me pide que no me vaya. Necesita que la acompañe por lo menos hasta que se duerma. A pesar de que la tapa una sábana blanca noto que está desnuda. No le digo ni sí ni no. Le pregunto si Romero le habló alguna vez de mí. Ella que sí y que me calificaba como un «gran alumno». Nunca fui un «gran alumno» me atajo. Él lo decía y seguro que lo piensa ahora mismo, dice ella. Le digo que Romero sí fue un gran alumno, el presidente más combativo del centro de estudiantes, el profesor más carismático de la facultad. Conozco perfectamente su historia de los últimos diez años, concluyo. Yo conozco perfectamente su historia de los últimos cinco años, dice ella casi irónica o burlona, y se destapa y se acuesta boca abajo. Cuando se duerme me quedo mirándola durante una hora y luego salgo y me acuesto en la cama de la otra pieza. No puedo ni podré dormir. El plan es que al mediodía del día siguiente vamos a un lugar del cual aún no tengo el dato. Llaman, dicen la dirección y ahí iremos. Otro auto la espera y desde allí ese auto la lleva a otra posta. El pasaporte falso que ella me mostró es una pinturita. Mientras duerme ronca y murmura en sueños, y yo no puedo pegar un ojo desde hace una semana, el tiempo desde que llegué a esta casa. La última posta es el lugar donde la espera Romero, el responsable de llevarla al aeropuerto. Otra vez Ezeiza. Ezeiza. Ezeiza. Historia circular y nacional de la infamia. Ella vuela a Brasil donde otros compañeros se encargarán de despacharla al DF de México donde otros compañeros la esperan. Ella duerme y yo no, separados por una gruesa pared de casa oscura medio en ruinas, con patio y macetas bien regadas por ella. La mañana del día D desayunamos en la cocina y no mucho después mientras ella está cerrando la valija alguien llama y yo atiendo y una voz que conozco bien me dice: Romerito cayó y hay cambio de planes. En días anteriores cayeron el Ruso, Miguelito, Héctor, dicen que también Esteban. Pero Esteban no, hablé con él hace dos semanas o menos desde un teléfono público de Retiro. Miguelito contaba que el Tío Ho olía visitar a sus patrullas, bromeaba, les preguntaba sus nombres a los soldados, sobre sus familias. Conversaba de cualquier tema, paseaba horas y horas con ellos. En una ocasión, en agosto de 1966, en aldeas del este de Phú Yên, los yanquis masacraron a casi cien combatientes, mujeres y hombres del Viet-Cong. Al otro día el Tío Ho visitó a los restos de tropa que se habían refugiado a pocos kilómetros de las aldeas arrasadas. Como si nada grave hubiera pasado, el Tío Ho hizo bromas y algunos movimientos de jiu-jitsu con el resto de la tropa cansada y manchada de sangre y barro. La información sobre la visita corrió como reguero de pólvora. La moral de las patrullas había sido elevada definitivamente. Giap era el Clausewitz que trazaba en cien mapas distintos la Ruta Ho Chi Minh y cómo penetrar en Saigón. El Tío Ho era un alma piadosa y amable con sus tropas y un demonio despiadado y hermético con los enemigos. A nosotros nos faltan dos tipos como esos, decía Miguelito. Grandes, agrias e irresolubles discusiones por esa opinión.

Ella me pregunta quién llamó. No le digo que Romero cayó, le digo, cosa cierta, que cambiaron los planes. Órdenes superiores, eso es todo. Se habrá realizado, agrego, una valoración de riesgos por parte de la gente de inteligencia. El responsable soy yo de conducirla a Ezeiza, no hay Romerito ni postas. Ella duda y acepta silenciosa. El responsable soy yo de conducirla con el 3cv la pistola y la pastilla de cianuro. Es más seguro, me dijo la voz del llamado, que saliéramos directamente de la casa al aeropuerto. Nos cruzamos miradas de dos extraños, desconocidos y anónimos el uno para el otro. Ella lleva su propia pastilla, la valija y el pasaporte, una obra realmente maestra. Cuando subimos al auto me pregunta si habrán capturado a Romero. Le digo que no, que Romero se sabe mover con sumo cuidado, y mientras se lo digo pienso que Romero estará siendo torturado o ya lo mataron y antes cantó todo. O no. Interrogantes imposibles de responderme. No quiero pensar en nada que se desvíe del objetivo. Las teorías y las hipótesis frenan a la acción, ese ahora despreciado del mundo. No hubo retenes en el camino ni autos sospechosos en los espejos retrovisores. La dejé en la vereda del sector de partidas y volví como habíamos ido, sin problemas. Esta vez a otra gruta en alguna parte de Parque Patricios. Con el correr de los meses me convertí en la patrulla de un solo hombre, más ratón ciego que hombre.

Supuestos sabios dicen que se pudo predecir los actos de nosotros, mujeres y hombres de vidas que son hoy para ellos una progresión de hechos tortuosos cercanos a la psicopatía. Fuimos «víctimas» de la época, los «traicionados», «los idiotas útiles». Defienden como verdad absoluta un idealismo histórico con el cual adoctrinan a diestra y siniestra mientras facturan conferencias y becas y concursos y ferias del libro y ediciones y reediciones. El fantasma diría que de la locura de la historia sale la razón universal que ilumina y da sentido a la vida de todos, como dijeron antes los jóvenes amigos Hegel y Hölderlin, dos románticos incurables.

Si muriese ahora, viejo de dentadura postiza, próstata insoportable y con la cicatriz casi invisible del empeine, lamentaría no escuchar ese tren que se desplaza envuelto en estambres cobrizas hacia una tierra aun inexistente. Mi adolescencia terminó, mi juventud terminó, mi vejez está a punto de terminar, y odio los días de sol en las plazas mirando a otros viejos hundidos en abismos de sus pasados, odio las torturas y los sacrificios que conquistaron santos, mártires y héroes por salvar pecados ajenos, y sobre todo odio que esas torturas y esos sacrificios no transformaron todo lo que debía ser transformado. ¿Qué se dice uno frente al espejo a los setenta años? Decimos a nuestras máscaras que salimos de un útero cálido para entrar a un útero helado.

Ella llegó sana y salva a Brasil y luego al DF. Nunca supe su nombre verdadero hasta que recibí una carta en junio de 1995. Un compañero o ex compañero le había pasado mi dirección de entonces. El del pasaporte era Ofelia R. Escribió en la carta que en pocos meses viajaría integrando un importante elenco que estrenaría una obra en Buenos Aires, en el Teatro San Martín, Un enemigo del pueblo de Ibsen. Y que quería verme. 
No le contesté la carta ni fui a ver la obra. Preferí el recuerdo de su cuerpo desnudo bebido con sorbos lentos por la luna en una noche de casi cuarenta grados, de su cara tersa y sonriente de muñeca rusa y del beso en la mejilla que me dio antes de bajarse del 3cv en Ezeiza. A fines de 2003 leí en el diario que había muerto de cáncer. A los sesenta años. La enterraron en el cementerio israelita del DF. Lloré tres días seguidos. A veces vuelvo a llorar por ella. 

Qué extraña es la consistencia de mercurio de nuestros sentimientos. Nadie descubrirá el porqué de esa consistencia. Nunca. De victoria en victoria hasta la derrota final. ¿Era así? No. Era de derrota en derrota hasta la victoria final. Los fantasmas, aun los derrotados, siempre ganan. Esos incluso son los que mejor nadan en el mercurio. Otro misterio. Amén.

  • Imagen

Dónde ver los principales nominados al Oscar 2026: guía para los cinéfilos argentinos

25 Marzo 2026

La temporada de los Oscar 2026 ha brindado la llegada de películas que atrapan la atención de amantes del cine en todo el mundo. En Argentina, los jinetes del séptimo arte se preguntan cuál es la mejor forma de vivir estas películas, si en el cine convencional o en plataformas de streaming.

Desde dramas intensos hasta comedias que combinan crítica social y humor, cada película invita a viajar en historias que dejan huella y que, más allá del mismo film, provocan el diálogo entre los cinéfilos y la ampliación de la conversación.

Para quienes no pueden asistir a las salas, existen múltiples opciones de transmisión online y servicios que permiten ver los títulos desde la comodidad del hogar, pagando mediante métodos como Mercado Pago o Pago Fácil.

Esta accesibilidad ha cambiado la forma de consumir cine, acercando a los espectadores a experiencias que antes requerían desplazarse físicamente a un cine, fomentando debates sobre interpretación, dirección y guión.

La conexión entre entretenimiento y responsabilidad personal

Mientras el público disfruta de la magia del cine, es inevitable que la conversación se cruce con otras formas de entretenimiento, incluyendo el mundo de los juegos de azar. En Argentina, muchas personas experimentan la emoción de los juegos regulados, con ello surgen historias sobre el impacto que estas actividades pueden tener en la vida cotidiana.

Entre los relatos más sensibles aparecen aquellos que reflejan dificultades de control odependencia, donde los jugadores —esas pobres criaturas atrapadas en ciclos de juego compulsivo— necesitan apoyo para recuperar equilibrio y estabilidad.

Organizaciones como Jugadores Anónimos Argentina cumplen un papel fundamental en este contexto. Estas agrupaciones funcionan como un espacio seguro para compartir experiencias, encontrar contención y aprender estrategias de autocontrol, ayudando a quienes se enfrentan a dificultades con el juego a no sentirse solos.

La estructura de estos grupos se basa en la confidencialidad y el acompañamiento mutuo, brindando un marco donde cada historia se escucha con respeto y comprensión. Para quienes deseen informarse sobre este tipo de apoyos y la regulación que los rodea, se puede consultar material confiable en recursos como Jackpot Sounds, que ofrece referencias y orientación sobre estos servicios.

Regulación y plataformas legales en Argentina

La supervisión de los juegos en el país está a cargo de entidades como el Instituto Provincial de Juegos y Casinos, que establece normas para garantizar transparencia, seguridad y legalidad en el sector. Gracias a esta regulación, operadores digitales y físicos pueden ofrecer experiencias confiables, donde los usuarios saben que participan dentro de un marco seguro.

Plataformas de renombre como Betwarrior o PlayUZU cumplen con estas normativas, proporcionando entornos donde la experiencia se centra en el entretenimiento responsable.

La existencia de controles claros y métodos de pago confiables, como los mencionados anteriormente, permite que los usuarios gestionen sus interacciones de manera segura, evitando riesgos innecesarios y promoviendo la educación sobre hábitos de juego saludable.

La importancia de la educación y la prevención

El cine y los juegos legales pueden parecer mundos distintos, pero comparten un hilo común: la necesidad de información y conciencia sobre la experiencia que se vive. Así como los espectadores analizan las tramas o personajes de una película para comprender sus mensajes y matices, los jugadores pueden beneficiarse de la educación, junto a la orientación para entender los límites de su participación.

Organizaciones de apoyo como Jugadores Anónimos Argentina también fomentan la prevención, ofreciendo talleres, reuniones así como materiales de consulta que ayudan a identificar patrones de comportamiento y estrategias para evitar el desarrollo de problemas más graves.

Este enfoque educativo es clave para proteger tanto la salud emocional como económica de quienes participan en juegos legales, esto se complementa con la supervisión regulatoria de instituciones provinciales y nacionales.

Entre cine y cultura del entretenimiento

La conexión entre el disfrute del cine y la participación responsable en juegos de azar refleja una tendencia más amplia: la integración de la cultura del entretenimiento en la vida diaria. Ambas experiencias implican emoción, anticipación y narrativa.

Mientras una película puede provocar suspenso, alegría o reflexión, un juego regulado bien administrado ofrece entretenimiento sin comprometer la seguridad ni el bienestar del jugador.

En este sentido, Argentina ha desarrollado un marco donde el disfrute coexista con la responsabilidad

El cine continúa siendo un espacio de conversación, análisis además deplacer estético, mientras que la regulación de juegos asegura que la emoción de participar se mantenga dentro de límites seguros. La existencia de grupos de apoyo y recursos confiables complementa este ecosistema, ofreciendo contención y orientación para quienes lo necesiten.

Conclusión: emoción con responsabilidad

La temporada de los Oscar 2026 en Argentina no solo invita a disfrutar de películas memorables, sino que también pone en evidencia la importancia de equilibrar el entretenimiento con la responsabilidad personal.

Ya sea frente a la pantalla de un cine, en la comodidad del hogar o participando de actividades reguladas de ocio, la clave está en mantener la conciencia sobre los límites o en recurrir a espacios de apoyo cuando sea necesario.

Grupos como Jugadores Anónimos Argentina y plataformas legales bien supervisadas demuestran que es posible disfrutar con intensidad sin perder de vista la seguridad y el bienestar. Así, tanto el cine como los juegos regulados reflejan la riqueza cultural del país: emoción, participación y cuidado en un solo marco, donde los espectadores junto a los jugadores puedan sentirse acompañados y comprendidos.

  • Imagen
    Agostina Páez racista

Sobre la argentina juzgada por racismo en Brasil

24 Marzo 2026

Desde Salvador de Bahía

En Brasil el racismo es delito y en Argentina no hay consciencia del racismo. Llevo doce años viviendo en Brasil. Comencé en una ciudad donde el 83% de la población era blanca y hoy vivo en una ciudad donde el 82% de la población es negra. Cuando en 2014 llené los papeles para trabajar para el Estado de Rio Grande do Sul me pareció racismo que tuviera que declarar raza. Hoy leo el mundo cromáticamente. Los pobres nunca son blancos. En Argentina el racismo pasó a estar en agenda. Hay lugares donde vemos blancos y no vemos marrones y viceversa. En Argentina parece una pelotudez llamar a alguien mono, considerar a otra persona inferior por su color de piel. “No digo negro de piel, digo negro de alma”, suena por todo el país. Cada vez que un imbécil hace gestos racistas cuando viene a ver un partido de fútbol viraliza en Brasil. Alimenta bronca contra nosotros. Los medios argentinos son responsables de la repetición de ese racismo. Olé tituló “Que vengan los macacos” cuando la selección argentina de fútbol pasó a la final es los Juegos Olímpicos de 1996. Infinidad de veces amigos y compañeros me dijeron macaco, desde que vivo en Brasil.

Hoy comienza el juicio a Agostina Páez, santiagueña, hija del empresario Mariano Páez, que según informó Infobae estuvo detenido por violencia de género. La joven blanca es abogada, nació en una provincia que el último censo que midió color, en 1778, informó que el 54% de la población de Santiago del Estero era negra. El racismo de Agostina no se vio sólo en el video, se lo ve cuando dice que la población brasilera la odia y que sufre riesgo de vida. Lleva dos meses en Brasil. ¿Cuándo sufrió un ataque? Carla Junqueira, su abogada defensora en Brasil, también blanca y de clase privilegiada, le dijo a La Nación + que era comprensible el comportamiento de Agostina después del susto que tuvo en el bar. Cómo no asustarse con dos negros… Agostina dice que se arrepiente de lo que hizo, pero lo justifica. Cualquier persona que haga una cosa como la que hizo Agostina Páez en Brasil y sea filmada viraliza. Lo más probable es que sea condenada. Lo menos probable es que vaya presa. En diciembre pasado fue condenado una profesora universitaria en Brasilia por injuria racial y racismo. La condenaron a tres años y un mes de prisión en régimen abierto. La profesora también fue condenada a pagar una indemnización por el perjuicio causado. En 2024, la influenciadora Dayane Alcântara fue condenada a 8 años en régimen cerrado por injuria racial contra una nena negra.

Agostina Páez será juzgada y condenada. ¿A prisión? No creo, en Brasil difícil que personas blancas sean presas, mucho menos por racismo. Aunque está el caso de la influenciadora. Veremos dónde cumplirá la pena Agostina Páez, si en Argentina o en Brasil. Argentina acaba de otorgarle refugio a un brasilero que participó del último intento de golpe de Estado en Brasil, el 8 de enero de 2023, una semana después de que asumió Lula. Hay 61 brasileros condenados por el intento de golpe que están en Argentina. Argentina tiene elementos para negociar con Brasil que su ciudadana cumpla pena en su país y colaborar para que los ciudadanos brasileros también cumplan la pena aquí por los crímenes contra la democracia que cometieron. 

Agostina dijo que está aterrada, que tiene miedo de que la maten después de lo que hizo. Sus declaraciones no hacen más que mostrar su racismo e ignorancia. Si después de lo que los blancos le hicieron a la población en negra en Brasil pueden andar por la calle sin ser linchados, qué le hace pensar a la argentina que a ella la matarían. ¿Qué idea tiene de la población brasilera? Los millones de argentinos que conocen Brasil, que vacacionan acá, saben que esa imagen nunca la vieron. Jamás vieron a una persona blanca siendo linchada, siendo atacada, por personas negras. El racismo aquí no lo permitiría. Se puede ver personas negras siendo golpeadas, pero blancas, jamás. De hecho, sobran los videos de blancos de clase media en grupo linchando personas negras en la calle.

Después de los mensajes que leo en grupos tras cada paliza de la Policía Militar a hinchas argentinos, respondo que tienen que tomar el problema del racismo en serio. En Brasil, como en Argentina, la policía no es blanca. El turismo argentino en Brasil prueba que el odio de brasileros contra argentinos no es más que un mito. Quien conoce Brasil y puede: vuelve, se queda o sueña con vivir acá. Sabemos que hay a quienes les conviene la división entre brasileros y argentinos. Cada vacación de argentinos en Brasil prueba que no somos recibidos con rechazo. Pero los comportamientos racistas generan rechazo contra nosotros. Recientemente con el Consulado argentino en Salvador organizamos un evento por el Noviembre Negro que se celebra aquí, homenajeando a María Remedios del Valle, al Negro Falucho, con arte de Sol Crisalida, para que la población argentina aquí también sepa de nuestros afrodescendientes, de nuestra historia y tenga qué contestar cuando dicen que somos todos unos racistas y que matamos a toda la población negra.

Agostina Páez no está con prisión domiciliaria. La justicia quiere garantizarse que podrá juzgarla y que no se irá de Brasil, por eso la monitorea con una tobillera electrónica. No es la primera que hace un gesto de esos. Hasta ella, en cada partido de un equipo argentino en Brasil algún imbécil muestra su nivel de inteligencia imitando un mono, al igual que hizo ella. Está vez lo diferente es que no fue multa y permiso de retorno, la justicia decidió juzgarla. La población argentina que venga a Brasil ya sabe cuáles son las posibles consecuencias si tienen comportamientos racistas. Hoy Google ofrece servicio de traducción, que en términos generales es bastante bueno, así que quien venga a Brasil no tiene excusa para no leer la ley y saber qué no está permitido. Agostina Páez es una blanca, hija de empresario, racista como hay millones acá. Si va presa, creeré que es por argentina, incluso siendo que una brasilera ya fue presa por racismo. La ley es clara. Ella es abogada. Se la escuchó en vivo, desde las calles de Río de Janeiro, diciendo que corría el riesgo de que la mataran por lo que hizo y no lleva dos meses encerrada en un departamento.

Parece que las multas a diversos argentinos por comportamientos como los de Agostina Páez no sirvieron para que la cuestión del racismo ocupara el espacio que generó que una argentina blanca, abogada, hija de un empresario, sea juzgada por la justicia brasilera. Imagino que la pena que recibirá servirá para condicionar el comportamiento de quienes vengan a Brasil. Ahora, sea en Brasil o sea en Argentina, una y otra vez personas blancas de clase privilegiada siendo racistas. Y la mayoría argentina aún sin tomar en serio el tema. Empiece a ver qué lugares ocupan personas blancas y no marrones y que trabajos hacen personas marrones que no hacen personas blancas. Empiece por algún lado a identificar el racismo cotidiano.

  • Imagen
    Cristián Montecinos

Siete años del crimen de Cristián Montecinos: continúa la impunidad

24 Marzo 2026

El 25 de marzo de 2019 Cristián Montecinos, junto a David Florentín y otros amigos, se encontraban festejando un cumpleaños en la localidad de Tortuguitas, Malvinas Argentinas. Ambos salieron a comprar, pero, en el trayecto, se cruzaron con Antonio Enrique Eliezer Acosta, efectivo de Gendarmería Nacional de civil, que comenzó a discutir con el segundo de ellos. 

Según testigos, el gendarme disparó e hirió de muerte, por la espalda, a Montecinos y Florentín tuvo que ser llevado al hospital. La madre de Cristián, Mariana Vergara, lo encontró golpeado, ya fallecido, y recién a los cuatro días le entregaron el cuerpo. El impacto y la tristeza de tal noticia la llevaron a perder mucho tiempo, según explica. Montecinos vivía en el Barrio Primaveral, junto a su mujer y cuatro hijos. 

En cambio, Acosta sigue en funciones y nunca fue llevado a indagatoria. Como suele suceder en casos de gatillo fácil, el poder judicial sostuvo la versión de la fuerza de seguridad, alegando legítima defensa ante un supuesto robo. La fiscal María Carbonella pidió tanto el sobreseimiento del acusado como el archivo de la causa por falta de mérito.

A base de lucha en las calles, y también en el plano legal, en 2023 la familia consiguió que desde la Fiscalía general solicitaran su reapertura y la realización de pericias balísticas. Vergara sostenía que en el lugar de los hechos había cámaras que nunca fueron revisadas. En representación del Ministerio Público Fiscal intervino Gustavo Carracedo y el expediente se radicó en el Juzgado de Garantías N°5 de Nicolás Schiavo. 

Sin embargo, la decisión volvió a ser la misma y el gendarme Antonio Enrique Eliezer Acosta actualmente continúa gozando de la impunidad. Mariana, madre de Cristian “Coquí” Montecinos, dialogó con AGENCIA PACO URONDO en el marco de nuevo aniversario del caso y sigue reclamando justicia.

Agencia Paco Urondo: ¿Qué simboliza este nuevo aniversario para usted y su familia?

Mariana Vergara: Desde la muerte de Coqui nuestra familia no volvió a ser la misma, nos sentimos mal, tristes y con bronca porque él no tuvo justicia. Cada día que pasa lo extrañamos más. Él tenía una familia, un propósito para vivir.  

Nos da mucha bronca que le arrebataron la vida teniendo una vida por delante. Van ser siete años de que lo mataron y parece que fue ayer. Lo recordamos todos los días, seguimos extrañándolo. Nuestra tristeza se sufre en el día a día. No nos queda mayor resignación que tener que seguir sabiendo que no se pudo hacer justicia en todos estos años a pesar de tanta lucha. 

APU: ¿Hubo algún avance en la causa?

MV: No hubo avances. De hecho, la archivaron. Dos veces la archivaron y esas dos veces luchamos para que la reabrieran, y al final no investigaron y la causa quedo impune. Lo que más nos duele es que luchamos mucho y, sin embargo, todo quedó en una impunidad terrible. La segunda vez que se reabrió ni siquiera avanzaron en la investigación. En cuanto a la justicia mi pensamiento es el mismo que el de tantas familias que también tienen que sufrir la impunidad.

  • Imagen

Dato mata relato

24 Marzo 2026

Este es un dicho que se ha puesto de moda en el ámbito del periodismo actual, con el cual desean “los analfabetos locuaces” poner distancia entre sus opiniones y la realidad de los hechos. Sobre todo, si estos no les complacen.

No cabe duda de que el dicho encierra alguna verdad. El dato es objetivo y el relato subjetivo, pues supone la interpretación del dato. Y hoy el periodismo es, fundamentalmente, interpretativo.

Estamos en plena guerra entre Israel y Estados Unidos contra Irán y los datos que nos ofrecen son: Israel no tiene muertos, Estados Unidos unos pocos y por errores propios, mientras que Irán tiene miles y miles.

El relato dice que la causa de la agresión judeo-yanqui es que Israel iba a ser la víctima potencial de Irán y sus bombas atómicas y Estados Unidos salió en su defensa pues ambos son Estados intercambiables- cuando digo uno, digo el otro. Y cuando digo el otro, digo uno- mientras que Irán encarna la maldad absoluta.

El costo de esta guerra retumba en todo el mundo y lo afecta económicamente por el aumento desmesurado del precio del petróleo que afecta a la economía mundial.

¿Qué hay detrás? ¿El peligro de un ataque nuclear o la expansión del Estado de Israel?

Las quejas ya comienzan a escucharse, principalmente, en los Estados Unidos, donde sus mejores analistas políticos,económicos y geopolíticos como Yakov Rabkin- especialista en sionismo-, Jeffrey Sachs, Tucker Carlson, Chass Freeman, J. Mearshheimer y S. Walt en “The Israel Lobby and US Foreign Policy”, se quejan del dominio y manejo del lobby sionista sobre el gobierno norteamericano. Ellos señalan diferencias interesantes sobre el tema y así distinguen: sionismo cristiano; sionismo judío y judaísmo tradicional.

Atribuyen la creación del Estado de Israel al sionismo cristiano anglosajón y no al sionismo judío, al que clasifican como nacionalista al estilo de los nacionalismos del siglo XX. Mientras que al judaísmo tradicional, aquel que practican la mayor parte de los judíos que viven cómodos, donde pueden ejercer sin problemas su religión y hacer sus negocios, en los diferentes Estados del mundo.

Personalmente no creo que haya sido el sionismo cristiano el creador del Estado de Israel sino el nacionalismo judío o sionismo israelí el que logró crearlo, con gran atraso con respecto a los otros Estados nacionales.

Tengo la impresión de que estos agudos pensadores están abriendo el paraguas antes de que llueva, porque se ven venir una gran tormenta antijudía en el mundo, sobre todo en Norteamérica.

Tengo para mí que la creación del Estado de Israel fue un gran error de la inteligencia política judía de principios del siglo XX, que llevada por el nacionalismo de su época se metió en un berenjenal del que hace setenta años no puede salir. Y en lugar de retroceder para aunar filas, pretende avanzar indefinidamente hacia un imposible Gran Israel del Nilo al Éufrates.

Los costos de esta fantasía, sumados a los costos para USA de la guerra contra Irán, en que la fue implicada, son impredecibles.

Volvamos al título Dato mata relato.

Es sabido que aquello que muere primero en la guerra es la verdad de modo tal que todos los datos que recibimos son, en su mayoría falsos. En Israel la censura es absoluta, no hay muertos, no hay crímenes por parte de ellos como el bombardeo indiscriminado sobre Beirut. En Irán la censura se paga con la vida, como ocurrió con el joven deportista. En Estados Unidos la censura funciona como exceso de información que termina produciendo una desinformación masiva.

En cuanto al relato, ya viene prehecho y predeterminado para que el mundo siga en Babia, es decir, estar distraído o ajeno a lo que sucede en su alrededor.

Nosotros como argentinos e iberoamericanos debemos, según nuestra costumbre, estar atentos para recibir aquellos que vienen de la post guerra,que siempre es peor que la guerra, y recibirlos con gentileza pero distantes, no implicarnos en sus odios y luchas como lo acaba de hacer el irresponsable de nuestro actual presidente.