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    FUERZA

la CGT impulsa Fuerza: un festival gratuito en visperas del día de la lealtad

09 Octubre 2026

La Confederación General del Trabajo (CGT) impulsa FUERZA Festival, un encuentro musical y cultural con entrada gratuita que se realizará el viernes 16 de octubre en C Art Media, en la Ciudad de Buenos Aires. En vísperas del Día de la Lealtad, la propuesta invita a encontrarse alrededor de la música y celebrar una fecha central para la historia del movimiento obrero argentino.

La T y La M, La Bomba de Tiempo, 1915, Willy Bronca, Mía Folino, DJ Pato Smink y DJ La Coneja China serán parte el viernes 16 de octubre, desde las 17:10, en C Art Media. Una propuesta de música, cultura y encuentro.

El festival reunirá a artistas de distintas escenas que comparten una identidad vinculada con la cultura argentina. La grilla propone un recorrido por la cumbia, la percusión, el rock y las rimas, con espacio para cantar, bailar y descubrir nuevas propuestas. Las novedades y la información sobre la programación se podrán seguir en Instagram, en @fuerzafestival.

Bajo el lema «La fuerza que nos une», FUERZA pone en el centro a la música como lugar de encuentro y a la cultura como una experiencia compartida. Impulsada por la CGT, esta iniciativa busca acercar generaciones en una celebración colectiva para recibir el 17 de octubre.

Para conocer más sobre el proyecto y sus propuestas, se puede visitar el sitio proyectofuerza.ar.

El encuentro se realizará en C Art Media, Av. Corrientes 6271, CABA. Las entradas son gratuitas y pueden obtenerse en el siguiente link.

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    Qué celular comprar
    Qué celular comprar

Dónde conocer gente en Tucumán: opciones online y actividades para socializar

09 Octubre 2026

Encontrar personas nuevas en Tucumán tiene algo particular: la ciudad combina un ritmo tranquilo con espacios donde la conversación aparece de forma bastante natural. No todo empieza en un lugar pensado para ligar. A veces el primer intercambio surge durante una feria gastronómica, continúa después de una caminata por el Parque 9 de Julio y termina con una recomendación de café que se convierte en una segunda salida.

La provincia también tiene una ventaja poco evidente. Su calendario cultural mantiene un movimiento constante entre recitales, muestras de arte, talleres y actividades universitarias abiertas, lo que hace que siempre exista algún motivo para coincidir con gente distinta. Cuando esas experiencias presenciales se complementan con herramientas digitales, el círculo social deja de depender únicamente de la rutina.

Lugares donde las conversaciones aparecen sin forzarlas

El Parque 9 de Julio sigue siendo uno de los puntos más versátiles para socializar. Sus senderos reúnen corredores, ciclistas, grupos que practican yoga y personas que simplemente salen a caminar al atardecer. La repetición de horarios crea un fenómeno curioso: después de varias visitas, las caras dejan de ser completamente desconocidas, y esa familiaridad reduce la incomodidad del primer saludo.

En el centro histórico ocurre otra dinámica interesante. La Casa Histórica y los espacios culturales cercanos suelen organizar actividades gratuitas que atraen públicos muy distintos, mientras que los bares de la zona funcionan como una extensión natural de esos encuentros. 

Yerba Buena aporta un ambiente diferente. Sus cafeterías con terrazas, los mercados gastronómicos y las propuestas al aire libre crean un entorno relajado donde resulta fácil quedarse más tiempo del previsto. También abundan las clases abiertas de baile, entrenamiento funcional y talleres creativos, espacios donde compartir una actividad facilita mucho más el primer intercambio que una presentación improvisada.

Las universidades merecen una mención especial. Aunque muchas actividades están dirigidas a estudiantes, charlas abiertas, ciclos de cine y eventos académicos suelen admitir público general, creando un escenario donde conocer personas con intereses específicos resulta bastante más sencillo que en un contexto puramente social.

Plataformas que amplían el mapa social

Las aplicaciones no sustituyen la experiencia presencial, pero sí permiten descubrir personas que probablemente nunca aparecerían en el recorrido habitual. En ciudades de tamaño intermedio como San Miguel de Tucumán, donde las redes sociales suelen cruzarse con rapidez, ese equilibrio entre cercanía y variedad puede jugar a favor.

Tinder

Tinder continúa siendo una de las plataformas más utilizadas gracias a su volumen de usuarios y a la rapidez con la que permite iniciar conversaciones. Muchos perfiles incluyen planes concretos, como visitar una cafetería, recorrer una feria o asistir a un recital, algo que ayuda a transformar el primer mensaje en una propuesta más natural.

Kismia

Kismia pone más énfasis en perfiles completos y compatibilidades basadas en intereses compartidos. Para quienes buscan citas en Tucumán desde conversaciones que empiecen con afinidades concretas, su enfoque resulta especialmente útil porque invita a completar información personal más allá de una fotografía inicial, haciendo que los primeros intercambios tengan más contexto y menos improvisación.

Bumble

Bumble propone una dinámica ligeramente distinta al ofrecer diferentes formas de conectar, ya sea para relaciones, amistad o networking. Esa flexibilidad resulta especialmente útil para quienes acaban de mudarse o buscan ampliar su círculo social sin limitar todas las conversaciones a una única expectativa.

Cuando el lugar importa menos que la costumbre de volver

Existe un detalle que suele pasar desapercibido cuando se habla de conocer gente: la frecuencia pesa más que la espectacularidad. Los espacios donde las personas regresan cada semana generan una sensación de familiaridad que hace mucho más sencillo iniciar una conversación. No es casualidad que muchas amistades nazcan en cursos repetidos o actividades deportivas antes que en eventos masivos.

También conviene prestar atención al tipo de actividad elegida. Los talleres de cocina, fotografía o pintura crean pequeños momentos de colaboración donde siempre aparece un tema compartido. Incluso las ferias de emprendedores ofrecen excusas naturales para conversar sobre un producto curioso, un libro o un puesto de comida que llama la atención.

La música en vivo representa otra oportunidad poco obvia. Tucumán mantiene una escena bastante activa de recitales en bares y espacios culturales donde el ambiente favorece conversaciones que continúan cuando termina el concierto. En esos contextos, la experiencia compartida suele hacer buena parte del trabajo que normalmente se espera de una presentación formal.

FAQ

¿Cuál es el mejor momento para socializar en Tucumán?

Los jueves, viernes y fines de semana concentran buena parte de la actividad cultural y gastronómica, aunque las caminatas al atardecer durante la semana también reúnen bastante gente.

¿Es buena idea combinar actividades presenciales y aplicaciones?

Sí. Ambas opciones cumplen funciones diferentes: una amplía el número de personas que pueden conocerse y la otra crea contextos donde resulta más fácil mantener el contacto después del primer encuentro.

¿Qué actividades ayudan más a romper el hielo?

Los talleres creativos, las clases de baile, los grupos deportivos y las ferias suelen facilitar interacciones porque la actividad compartida ya ofrece un punto de partida para la conversación.

¿Hace falta ir acompañado para conocer gente?

No necesariamente. Muchos eventos abiertos, clases grupales y espacios culturales reciben con naturalidad a personas que llegan solas, precisamente porque la actividad en sí favorece que los grupos se mezclen con el paso del tiempo.

Al final, Tucumán demuestra que conocer gente no depende tanto de encontrar el lugar perfecto como de elegir escenarios donde las conversaciones tengan espacio para crecer. Mientras el paisaje suele llevarse gran parte de la atención, son las pequeñas rutinas, una caminata repetida, un concierto inesperado o un café descubierto por casualidad, las que terminan convirtiendo coincidencias breves en historias que merecen una segunda página.

 

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    Deudas

La deuda se mudó al celular, pero el problema sigue en el bolsillo

08 Octubre 2026

Son las once de la noche y la heladera está más vacía que el lunes. El celular vibra: “Tenés un préstamo preaprobado. Acreditación inmediata”. No hay que ir a ninguna sucursal ni hablar con nadie. Tampoco hay que leer la letra chica. Dos toques y la plata está. El pan, la leche y la carga de la SUBE quedan resueltos por una semana. El problema vuelve el mes que viene, con intereses.

La escena resume una transformación profunda de la economía cotidiana. Durante años, las familias se endeudaban para comprar una casa, cambiar el auto o adquirir algún electrodoméstico. Hoy, cada vez más hogares necesitan crédito para llegar a fin de mes. Ya no se trata solamente de financiar el consumo futuro, sino de pagar los gastos del presente. El crédito dejó de ser una herramienta para progresar y se convirtió en una condición para sobrevivir.

¡Es la economía, estúpido! La inflación puede bajar en los índices, pero eso no significa que los ingresos alcancen. Los salarios, las jubilaciones y los ingresos de los trabajadores independientes tienen que enfrentar alquileres, servicios, alimentos, transporte y deudas acumuladas. Cuando la plata no alcanza, la diferencia se cubre con tarjetas, préstamos personales, billeteras virtuales o fiado en el almacén.

El problema es que las deudas también hay que pagarlas. Y cada vez son más los argentinos que no pueden hacerlo.

De eso no se habla

Mientras el gobierno festeja a los cuatro vientos tener la inflación controlada, nadie te habla de cómo crecen nuestras deudas y lo que nos está costando pagarlas. Para ponerles números, según las estadísticas del Banco Central, la morosidad de las familias argentinas con los bancos pasó del 2,5% en octubre del 2024 al 12,8% en agosto de este año. ¡Se multiplicó por cinco! Y la leve baja de agosto no es alivio: se refinanciaron más de 2,7 billones de pesos. La deuda no se pagó, se estiró.

Pero la situación es mucho peor cuando miramos las billeteras virtuales y las financieras no bancarias. Ahí la mora de las familias llegó en agosto a 33,9% y acumula veintiún meses seguidos de suba, según los datos de la Central de Deudores. De cada cien pesos que las familias les deben a estas plataformas, treinta y cuatro están impagos. 

Detrás de esos porcentajes hay familias que empiezan a elegir qué pagar y qué postergar. Primero se refinancia la tarjeta. Después se pide un préstamo para cubrir la cuota. Más tarde se utiliza otra aplicación para cancelar el préstamo anterior. Hasta que llega un momento en que una parte creciente del ingreso se destina a pagar intereses de gastos que ya se hicieron. Es una rueda difícil de detener.

No es casualidad, es un modelo de negocios. Las plataformas prestan rápido porque saben mucho, tienen miles de datos tuyos: qué comprás, a qué hora, cuánto tardás en pagar la luz, si te llegó el sueldo o no, dónde te gustaría salir a tomar algo. Con esos datos deciden en tiempo real a quién ofrecerle un préstamo, cuándo y a qué tasa, y nada de eso es transparente para vos. La notificación de las once de la noche no llega por azar. Llega cuando el algoritmo calcula que estás más dispuesto a aceptar.

La Billetera sabe todo de vos y vos no sabés casi nada de ella. Esa asimetría tiene un nombre, y no es “libertad de mercado”. Es capitalismo de plataformas operando sin un Estado capaz de ponerle reglas. Los datos son tuyos y las plataformas les sacan todo el jugo.

No es un problema entre privados

El Gobierno nacional repite que la deuda de las familias es un asunto entre privados. Es una frase cómoda. Supone que del otro lado del préstamo hay dos partes iguales que negocian libremente. Pero cuando el 44% de los hogares destina más de la mitad de su ingreso a pagar deudas, como relevó el Instituto de Estadística y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) en agosto, no hay negociación posible: hay necesidad.
Cuando una crisis atraviesa a millones de personas al mismo tiempo, deja de ser un problema individual. Es un problema colectivo y los problemas colectivos son, por definición, asunto de la política: muestran los límites reales de una política económica que el Gobierno se desespera por ocultar.

Una ciudad, dos deudas

En la Ciudad de Buenos Aires el promedio engaña. Ocho de cada diez adultos porteños tienen alguna deuda, y la mora general ronda el 12% o el 15%, según quién la mida. Pero cuando se baja el mapa al barrio, aparece otra ciudad.

En La Boca, una de cada cuatro personas endeudadas está en mora; en Núñez, menos de una de cada diez. Y lo más revelador: en La Boca se debe menos, alrededor de 5,7 millones de pesos por persona, frente a 8,6 millones en Núñez. El sur no está en mora porque se endeude más. Está en mora porque gana menos y no le alcanza para pagar ni siquiera deudas más chicas. La deuda tiene código postal.

En los barrios populares el cuadro es más crudo. Una encuesta del Movimiento Evita con la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA encontró que siete de cada diez hogares se endeudan para cubrir gastos básicos, que la gran mayoría usa esa plata para comer y que más de la mitad pide préstamos para pagar otros préstamos.

En junio, la Legislatura aprobó la Ley 6.959, impulsada por Leandro Santoro, para que el Banco Ciudad refinancie deudas atrasadas. Pero el Gobierno de Jorge Macri todavía no respondió tres preguntas. ¿Cuántos porteños pudieron usarla? ¿Llega a quienes deben a una billetera y no a un banco, que es donde más crece la mora? ¿Por qué el Banco Ciudad, que es de todos los porteños, no compite de igual a igual en el terreno donde hoy se endeudan los jóvenes, que es el celular?

Qué puede hacer la Ciudad

La Ciudad tiene herramientas que la mayoría de las provincias no tiene: un banco público grande, competencias de defensa del consumidor y capacidad técnica de sobra. El problema no es de recursos. Es de ideas.

Primero, una billetera pública al servicio de los porteños, inspirada en el Pix brasileño. El Banco Ciudad ya tiene una, BUEPP, pero hoy la promociona sobre todo con descuentos y reintegros. Tiene que competir en otra cosa: que cobrar con ella no le cueste nada al comercio de barrio, que el crédito de consumo tenga una tasa razonable y a la vista, que se pueda pasar ahí la deuda cara de otras billeteras y que los datos de los usuarios no se usen para venderles más deuda. Brasil demostró que un sistema público, gratuito y masivo puede ganarle al mercado en su propio terreno. Buenos Aires tiene el banco para hacerlo y no lo usa.

Segundo, reglas para el crédito de plataforma. Que el costo financiero total esté a la vista antes del segundo toque, y no escondido tres pantallas más abajo. Que no se puedan mandar ofertas de préstamos a quien ya está en mora. Que el algoritmo no pueda elegir, para ofrecer crédito caro, el momento de mayor desesperación. Es defensa del consumidor del siglo XXI.

Tercero, datos públicos para decidir. La Ciudad no publica un mapa propio de endeudamiento por comuna, y debería hacerlo. Hoy sabemos que La Boca triplica a Núñez porque lo calcularon centros de estudio independientes. Una política pública seria empieza por medir lo que pasa en su propio territorio.

El siglo equivocado

La deuda de las familias es el síntoma más claro de un desfase de época. La economía se digitalizó, el crédito se volvió una aplicación y la vida cotidiana se organiza a través de plataformas que saben más de nosotros que cualquier oficina pública. Pero el Estado, y especialmente el porteño, sigue pensando con categorías de otro tiempo: la sucursal, la ventanilla, la estadística que llega tarde.

Mientras tanto, a las once de la noche, alguien mira la heladera y acepta el préstamo. No porque haya calculado mal. Porque no tiene opción.

Buenos Aires tiene todo para liderar el siglo XXI y está siendo gobernada con las ideas del siglo XX.

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Las Malvinas son argentinas, la industria nacional también

08 Octubre 2026

Documento completo difundido por la CGT con la consigna "Las Malvinas son argentinas, la industria nacional también"

El diagnóstico de situación es claro: estamos ante un gobierno que lleva adelante un modelo político, económico y social monitoreado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), en función de intereses que no son los nuestros. Un modelo que está destruyendo el sistema productivo nacional, sobre todo el de las pequeñas y medianas empresas, con aumento de la desocupación, deterioro de los ingresos y de las condiciones laborales, brutal caída del consumo interno y signos claros de recesión; alta presión impositiva, desplome de la inversión, falta de financiamiento y costos desmedidos de los servicios públicos.

Las consecuencias también son claras y están a la vista: una situación social angustiante, creciente pobreza y marginalidad; cientos de miles de hogares con carencias alimentarias severas y un endeudamiento familiar descontrolado que dispara graves alarmas en materia de salud mental; jubiladas y jubilados en condiciones de precariedad existencial que no pueden comprar siquiera sus medicamentos; personas con discapacidad sin atención; desfinanciamiento del sistema de salud, del sistema educativo, de la investigación científica, de la obra pública, de la infraestructura vial y del transporte. En definitiva, un deterioro general de la calidad de vida de la población que pone en riesgo la paz y la convivencia.

Hoy nos movilizamos en defensa de la industria nacional para visibilizar la realidad del sector productivo y alertar sobre la difícil situación que atraviesa, en especial la de las PyMEs, principal sostén del empleo. Este achicamiento no solo involucra quebrantos empresariales, sino que también implica un daño que agudiza las dificultades en la cadena de pagos y debilita los entramados productivos regionales. No estamos proponiendo una economía cerrada, sino la necesidad de configurar una apertura comercial inteligente, en función de nuestros recursos y de nuestras posibilidades, pero con la certeza de que ningún país se desarrolla sin industria.

No hay dos velocidades en este programa económico vigente: hay dos economías. Una, para muy pocos, concentrada en sectores que capturan la mayor parte de la renta. Y la otra, la de la microeconomía popular, que transitamos cotidianamente las grandes mayorías, donde «la plata no alcanza» y la situación de las y los trabajadores —ocupados, subocupados, precarizados y desocupados— es cada vez peor.

Este gobierno ya ha dado claras muestras de que las argentinas y los argentinos no son su prioridad. En su fanatismo ideológico, todos los días confirma su insensibilidad, su falta de empatía y la clausura de toda posibilidad de diálogo institucional.

Por tanto, en defensa de una Argentina con producción, desarrollo y trabajo digno, nos cabe la tarea de organizar allí donde todavía no hay organización y de construir alternativas consistentes, políticamente confiables y participativas, capaces de conmover y contener a todas aquellas personas y organizaciones que no queremos convalidar este estado de cosas: el de un país para unos pocos.

Frente a estas propuestas del «sálvese quien pueda», nosotros proponemos otra idea de sociedad, donde la dignidad del trabajo, como experiencia solidaria de intercambio y colaboración, siga siendo una construcción colectiva a favor del bien común y del desarrollo personal y familiar, en el marco de una comunidad integrada.

Porque no hay libertad sin justicia social.

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    Messi vuelta olímpica Mundial 2022
    Se hizo realidad. La imagen del viejo sueño ya es foto.

De Dahomey a Messi: el fútbol como puerta de entrada a la historia africana

08 Octubre 2026

El último partido de Lionel Messi con la Selección Argentina dejó una imagen que excedió largamente al fútbol. Antes del comienzo del encuentro frente a Benín, el capitán del seleccionado africano, Sessi D’Almeida, le entregó al astro argentino dos presentes: una camiseta de su país y una réplica de una escultura que homenajea a las históricas guerreras de Dahomey. El gesto pasó inadvertido, pero detrás de aquella figura femenina se encuentra una historia que permite recorrer buena parte de la experiencia colonial africana.

La escultura remite a las llamadas “Amazonas de Dahomey”, las Agodji, un cuerpo militar femenino de elite del antiguo Reino de Dahomey, ubicado en el territorio del actual Benín. Durante siglos fueron parte de la estructura militar del reino y, a fines del siglo XIX, tuvieron un papel central en la resistencia contra la expansión colonial francesa. 

El regalo de los futbolistas benineses a Messi, entonces, puede leerse como algo más que una cortesía deportiva. Es también una forma de presentar ante millones de argentinos una parte de la historia de un país que muchas veces aparece en el imaginario occidental reducido a una referencia geográfica o a una selección de fútbol. Una manera de mostrar el pasado colonial.

Dahomey y la conquista francesa

Antes de convertirse en colonia francesa, el territorio del actual Benín estaba organizado en torno a distintos reinos y estructuras políticas. Entre ellos se encontraba el Reino de Dahomey, con capital en Abomey, una organización política poderosa que desarrolló relaciones comerciales con las potencias europeas desde el siglo XVII.

La presencia europea en la región estuvo vinculada inicialmente al comercio y, de manera decisiva, a la trata de personas esclavizadas. Franceses, portugueses, británicos y daneses establecieron distintos puntos comerciales sobre la costa. Francia consiguió instalarse en Cotonú y establecer acuerdos de protectorado con autoridades locales durante el siglo XIX. Pero hacia finales de ese siglo el vínculo comercial dio paso directamente a la conquista territorial. 

Las guerras franco-dahomeyanas de 1890-1894 terminaron con la derrota del reino. En 1894 Francia estableció formalmente la colonia de Dahomey y sus dependencias. El rey Béhanzin, una de las principales figuras de la resistencia, fue derrotado y enviado al exilio. El territorio quedaría incorporado al sistema colonial francés hasta alcanzar la independencia en 1960. El saqueo imperial estaba en marcha.

Las llamadas Amazonas de Dahomey ocuparon un lugar destacado en aquella resistencia. Eran una fuerza militar integrada exclusivamente por mujeres y llegaron a constituir entre un cuarto y un tercio de las fuerzas del ejército del reino durante el siglo XIX. Las tropas francesas dejaron registros de la ferocidad con la que combatieron. La resistencia fue, sin embargo, brutalmente reprimida y el cuerpo militar quedó prácticamente diezmado. 

Pero la historia colonial no terminó con la ocupación militar. La conquista también significó la apropiación de objetos, símbolos y bienes culturales. Después de la caída de Dahomey, numerosos objetos pertenecientes a los palacios reales fueron trasladados a Francia. En 2021, más de un siglo después, Francia restituyó 26 piezas al Estado de Benín. Entre ellas había tronos, estatuas, puertas de los palacios reales y objetos ceremoniales. 
En mayo de 2025, además, Benín recuperó de Finlandia el Kataklè, un asiento real que había sido saqueado durante la conquista francesa de 1892. Fue la pieza número 27 recuperada de aquel patrimonio. El imperialismo francés también fue experto en saquear la memoria colectiva de los pueblos africanos.

De Abomey al Monumental

Por eso, aquella pequeña réplica entregada a Messi puede ser leída como un gesto cargado de significado.

El partido que enfrentó a Argentina y Benín fue presentado fundamentalmente como el escenario de despedida de Messi de la Selección. Más de 85.000 personas asistieron al Monumental para despedir al capitán argentino, que cerró su ciclo internacional con una victoria 3-0, un gol y dos asistencias. 

Pero para Benín el partido también representó una oportunidad de visibilidad internacional. Antes del encuentro, su capitán había señalado que el equipo entendía la convocatoria como una posibilidad para que el mundo conociera a sus futbolistas. 

El fútbol produjo así una escena inesperada: una parte de la historia africana ingresó al centro de la escena argentina a través de un acontecimiento deportivo. El objeto entregado a Messi funcionó como una suerte de pequeño puente entre dos historias nacionales.

No es un dato menor. El fútbol es uno de los pocos fenómenos culturales capaces de reunir en un mismo escenario a sociedades que muchas veces conocen muy poco unas de otras. La camiseta, el escudo y los colores nacionales condensan historias políticas, sociales y culturales que exceden ampliamente los noventa minutos de un partido. 

Lo que África nos mostró en el Mundial

La última Copa del Mundo profundizó todavía más esa posibilidad. El Mundial de 2026 tuvo una presencia africana inédita: diez selecciones del continente participaron del torneo, la mayor representación africana en la historia de la competencia. 

Cada aparición de una selección africana en un Mundial puede funcionar, entonces, como una pequeña ventana hacia una realidad mucho más compleja. Detrás de una camiseta hay historias de colonialismo, procesos de independencia, migraciones, desigualdades, conflictos, resistencias y también enormes procesos de construcción nacional.

Conocer a Senegal no significa solamente conocer a su selección. Conocer a Ghana, Marruecos, Nigeria, Sudáfrica o Benín tampoco puede reducirse a sus resultados deportivos. El fútbol permite, al menos, formular preguntas. ¿Por qué hablan francés en determinados países africanos? ¿Por qué sus fronteras tienen determinadas formas? ¿Qué ocurrió con sus reinos antes de la llegada europea? ¿Por qué tantos objetos de sus culturas permanecieron durante décadas en museos europeos? ¿Qué significa hoy recuperar ese patrimonio?

La despedida de Messi frente a Benín produjo, casi accidentalmente, una de esas preguntas.

La imagen del capitán africano entregándole a Messi una réplica de las guerreras de Dahomey puede quedar reducida a una anécdota si se la observa únicamente desde el fútbol. Pero también puede ser tomada como una invitación a mirar más allá del resultado.

Porque detrás de esa escultura están Abomey, Béhanzin, las guerras contra Francia, las mujeres que combatieron contra la conquista, los objetos saqueados y luego restituidos, las discusiones actuales sobre patrimonio y memoria y las nuevas formas en que los pueblos africanos buscan narrarse a sí mismos.

El fútbol, en definitiva, no explica África. Pero puede abrir una puerta para conocerla.

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Crisis de la industria argentina: "Cierran 30 pymes por día en el país"

08 Octubre 2026

El presidente de la asociación APYME, Julián Moreno, se refirió a la crisis brutal de miles de pequeñas y medianas empresas en Argentina por la política económica de Javier Milei. "Qué país va a quedar si vivimos de productos que se producen en otro país", describió. 

"Esto se veía venir y viene pasando así desde el primer día de esta política económica. Lo dijimos el día 1. Cierran 30 empresas PYMES cada día, y así va a seguir pasando mientras no se haga nada. Tenemos que reaccionar", advirtió el empresario. 

El gobierno de Milei suele elogiar a los empresarios pero su política no para de afectar al sector privado. "Hay pueblos enteros que viven de sus empresas. En ciudades chicas, tener una empresa de 2000 empleados marca a la localidad. Si cierra, te quedás sin pueblo. Lo mismo pasa con las pymes que estamos en todo el país", explicó Moreno en diálogo con AM 530. 

Hoy, la CGT y diferentes sectores sociales y productivos, se movilizarán al ministerio de Economía para repudiar la política de Milei y defender a la industria nacional. "Las malvinas son argentinas, la industria también", será la consigna.

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    Cuidadoras sociales

Donde nadie cuida, alguien trabaja

08 Octubre 2026

En enero de 2023, el Estado argentino presentó ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos una solicitud de opinión consultiva sobre el contenido y alcance del derecho al cuidado y las obligaciones que genera para los Estados.

La respuesta llegó en 2025. Mediante la Opinión Consultiva OC-31/25, la Corte reconoció la existencia de un derecho humano autónomo al cuidado, integrado por tres dimensiones: el derecho a cuidar, a recibir cuidados y al autocuidado.

La pregunta la formuló un Estado que estaba construyendo políticas de cuidado. La respuesta la recibió un gobierno que estaba desmontando buena parte de esa institucionalidad.

La paradoja es política, pero sus consecuencias son materiales. Mientras los organismos internacionales avanzan hacia el reconocimiento del cuidado como derecho, trabajo y responsabilidad pública, la Argentina atraviesa un proceso de retracción de políticas nacionales destinadas a sostenerlo. Esa contradicción se expresa en las condiciones en las que las familias organizan su vida cotidiana, en las posibilidades de las personas adultas de acceder a un trabajo digno y en los derechos de las infancias.

Desde el Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires, a través de la Comisión Provincial para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil (COPRETI), esa relación adquiere una dimensión concreta.

En actividades productivas atravesadas por la informalidad, la estacionalidad y la precariedad, niñas y niños pueden quedar expuestos al trabajo infantil por una combinación de factores: ingresos familiares insuficientes, condiciones laborales inadecuadas, organización familiar de la producción y falta de alternativas de cuidado.

El trabajo infantil no puede explicarse mediante una única causa. Pero muchas veces expresa una doble deuda de nuestra organización social: la insuficiencia de políticas de cuidado para las infancias y la falta de trabajo digno para las personas adultas.

Donde nadie cuida, alguien termina trabajando. Y, en determinadas condiciones, ese alguien puede ser una niña o un niño.

El cuidado entró en la agenda mundial

Durante décadas, la economía feminista sostuvo una discusión que cuestionó los fundamentos de la organización económica: ¿cómo es posible que las actividades indispensables para sostener la vida hayan quedado fuera de aquello que reconocemos socialmente como trabajo?

Cristina Carrasco, Nancy Folbre, Lina Gálvez y Corina Rodríguez Enríquez, entre otras investigadoras, contribuyeron a demostrar que la producción económica no comienza cuando una persona ingresa a su lugar de trabajo. Antes hubo alimentación, crianza, limpieza, acompañamiento y una enorme cantidad de actividades que permiten sostener la vida cotidiana.

Ese trabajo, realizado mayoritariamente por mujeres, fue históricamente invisibilizado, naturalizado y distribuido de manera desigual. La discusión feminista no consistió solamente en reclamar reconocimiento para esas tareas. También cuestionó la separación entre producción y reproducción social, entre economía y vida cotidiana, entre aquello que tiene precio y aquello que hace posible la vida.

Hoy esa discusión ocupa un lugar central en la agenda internacional.

En junio de 2024, la Conferencia Internacional del Trabajo adoptó una resolución sobre trabajo decente y economía del cuidado. El documento retoma el marco de las cinco R: reconocer, reducir y redistribuir el trabajo de cuidados no remunerado, recompensar adecuadamente el trabajo remunerado y garantizar la representación de quienes lo realizan.

Esta última dimensión resulta particularmente significativa desde el mundo del trabajo. Reconocer el cuidado implica también discutir condiciones laborales, protección social, formación, negociación colectiva y representación de las personas trabajadoras.

En agosto de 2025, los países de América Latina y el Caribe aprobaron el Compromiso de Tlatelolco, que establece una década de acción hasta 2035 para avanzar hacia la igualdad sustantiva de género y la sociedad del cuidado.

La agenda mundial está cambiando de escala. El cuidado deja de ser pensado exclusivamente como una responsabilidad familiar o una prestación asistencial para convertirse en una cuestión de derechos, desarrollo, organización económica y responsabilidad pública.

Sin embargo, reconocer un derecho no equivale todavía a garantizarlo.

Cuidar las infancias también exige trabajo digno para las personas adultas

Hay una dimensión de esta agenda que resulta especialmente relevante para quienes trabajamos en la prevención y erradicación del trabajo infantil.

En 2015, los Estados asumieron, mediante la meta 8.7 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el compromiso de terminar con el trabajo infantil en todas sus formas para 2025. La meta no se cumplió.

Según las estimaciones publicadas por la OIT y UNICEF en junio de 2025, aproximadamente 138 millones de niñas y niños se encontraban en situación de trabajo infantil durante 2024, de los cuales alrededor de 54 millones realizaban trabajos peligrosos.

Los organismos internacionales señalaron la necesidad de acelerar las intervenciones mediante protección social, educación de calidad, trabajo decente para las personas adultas y políticas de protección de las infancias.

La prevención del trabajo infantil exige mirar más allá de las situaciones individuales de vulneración de derechos. Supone preguntarse por las condiciones materiales en las que las familias organizan su vida cotidiana.

En los territorios donde las personas adultas enfrentan empleos precarios, ingresos insuficientes o actividades productivas que involucran al conjunto familiar, el trabajo infantil no puede comprenderse exclusivamente como una decisión doméstica. Tampoco alcanza con explicar su persistencia por la ausencia de espacios de cuidado.

Hay dos dimensiones que deben pensarse conjuntamente: el derecho de niñas y niños a ser cuidados y el derecho de las personas adultas a acceder a un trabajo digno, con ingresos suficientes y protección social.

La experiencia acumulada por los equipos territoriales de la COPRETI permite reconocer la importancia de esa articulación. Un espacio de cuidado puede contribuir a proteger a las infancias, pero no modifica por sí solo las condiciones laborales de las personas adultas. Del mismo modo, mejorar los ingresos familiares no resuelve automáticamente las necesidades de cuidado cuando faltan servicios accesibles y adecuados.

Ese conocimiento institucional no comienza con una nueva gestión. Se construye a lo largo del tiempo, mediante la experiencia de trabajadoras y trabajadores que conocen los territorios, las actividades productivas, las organizaciones y las dificultades que atraviesan las familias.

Porque el conocimiento de una institución no se encuentra solamente en sus documentos, sus programas o sus estructuras administrativas. También está en la memoria de quienes sostienen cotidianamente sus políticas públicas.

Una responsabilidad de gestión consiste precisamente en escuchar ese conocimiento, sistematizarlo y convertirlo en mayor capacidad institucional.

Cuando el Estado se retira, el cuidado cambia de manos

La Argentina había construido una institucionalidad específica en materia de cuidados.

La Mesa Interministerial de Políticas de Cuidado, creada en 2020, buscaba articular organismos nacionales, producir información y avanzar hacia una organización más integral de las responsabilidades de cuidado. También se desarrollaron instrumentos como el Mapa Federal del Cuidado, programas de infraestructura y políticas destinadas a la primera infancia, las personas mayores y quienes realizan tareas de cuidado.

En materia de prevención del trabajo infantil, el país había sido reconocido como País Pionero de la Alianza 8.7 y contaba con instrumentos de planificación y programas específicos.

Entre ellos, Buena Cosecha, destinado a fortalecer espacios de cuidado para hijas e hijos de trabajadoras y trabajadores rurales durante las temporadas productivas. Era una experiencia que permitía observar concretamente la articulación entre protección de las infancias y condiciones laborales de las personas adultas.

Esa arquitectura institucional tenía limitaciones, pero expresaba una orientación de política pública: el cuidado requería intervención estatal, coordinación, recursos y perspectiva de derechos.

Desde diciembre de 2023, esa orientación nacional cambió.

El monitoreo de la iniciativa intersectorial La cocina de los cuidados, integrada por organizaciones sociales, sindicales, comunitarias y académicas, informó en agosto de 2026 que 48 de las 50 políticas nacionales de cuidado relevadas habían sido eliminadas o desfinanciadas.

En el campo específico del trabajo infantil, el informe anual del Departamento de Trabajo de los Estados Unidos documentó reducciones de financiamiento y demoras en los desembolsos de programas argentinos durante 2024, entre ellos Buena Cosecha, que continuó funcionando con recursos reducidos.

Estos datos permiten analizar una orientación de política pública que contrasta con los compromisos internacionales asumidos en materia de cuidados, protección social y erradicación del trabajo infantil.

El cuidado no desaparece cuando desaparece una política pública. Cambia de manos.

Cuando se reduce la oferta de servicios, las necesidades permanecen. Alguien debe reorganizar su tiempo, interrumpir una actividad laboral, asumir nuevas responsabilidades o buscar alternativas.

La economía feminista ha demostrado que esas responsabilidades recaen de manera desproporcionada sobre las mujeres. En determinadas situaciones, también pueden trasladarse hacia niñas y adolescentes que asumen tareas domésticas y de cuidado intensivas, muchas veces naturalizadas como una forma de colaboración familiar.

Por eso, el desfinanciamiento no puede analizarse únicamente como una reducción del gasto público. También debe examinarse por sus efectos sobre la distribución del trabajo, los tiempos familiares, la autonomía económica y la protección de las infancias.

La discusión sobre el Estado no es abstracta. Se expresa en quién termina asumiendo las responsabilidades que dejan de estar socialmente organizadas.

La decisión bonaerense: construir presencia, organizar capacidades

Frente a este escenario, la provincia de Buenos Aires tomó un camino diferente. No se trata de una continuidad inercial: es una decisión política del gobernador Axel Kicillof, que colocó la prevención y erradicación del trabajo infantil entre las prioridades del Estado provincial y la sostuvo con recursos, estructura y equipos.

La COPRETI funciona desde 2004 en el ámbito del Ministerio de Trabajo bonaerense, con respaldo en la Ley 13.803, que creó el Programa Provincial para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil. Cuenta con una trayectoria construida durante años y con equipos técnicos que han desarrollado experiencias de intervención territorial, articulación interinstitucional y acompañamiento de estrategias locales.

En 2022, el Decreto 21 fortaleció su estructura mediante la creación de una Secretaría Ejecutiva y direcciones específicas para el abordaje territorial y sectorial y para las medidas de protección y restitución de derechos. Como señaló el ministro de Trabajo, Walter Correa, la bonaerense es la única COPRETI del país que cuenta con presupuesto propio, como resultado de la decisión del gobernador de abordar el trabajo infantil con políticas de Estado.

En junio de 2024, Kicillof encabezó en la Casa de Gobierno la presentación del Plan Operativo Provincial 2024-2028, que incorporó como ejes transversales la centralidad del territorio, el acceso a derechos de niñas, niños y adolescentes, y el enfoque de género y el derecho a los cuidados.

Esa decisión política encuentra expresión en una trama de trabajo que articula ministerios y organismos provinciales, municipios, sindicatos, cooperativas, clubes y organizaciones comunitarias. A través de los Nodos de Acción, esa red permite construir respuestas situadas, promover espacios de cuidado y acompañar estrategias de prevención del trabajo infantil, reconociendo las capacidades y necesidades de cada comunidad.

El programa Vacaciones sin Trabajo Infantil 2026 proyectó alcanzar a 2.600 niñas, niños y adolescentes durante el receso escolar. A su vez, la Provincia realizó la primera Encuesta Provincial de Actividades de Niñas, Niños y Adolescentes (EPANNA), cuyos resultados fueron presentados en la 54.ª reunión plenaria de COPRETI.

El propio gobernador sintetizó el sentido de esta política cuando afirmó que al trabajo infantil "se lo combate erradicando la pobreza" y los problemas de distribución del ingreso. Es la doble deuda formulada desde la conducción política: no hay infancia protegida sin cuidado, pero tampoco sin ingresos y trabajo digno para quienes la crían.

Los Nodos no constituyen por sí mismos un sistema integral de cuidados. Su finalidad específica es prevenir y contribuir a erradicar el trabajo infantil mediante estrategias locales e intersectoriales. Pero su experiencia permite observar cómo una política pública puede organizar capacidades institucionales y comunitarias para intervenir sobre problemas concretos.

Una escuela conoce las trayectorias de sus estudiantes. Una organización comunitaria conoce las necesidades de las familias. Un sindicato conoce las condiciones de trabajo de su sector. Un municipio identifica demandas y recursos locales. Los organismos provinciales cuentan con competencias, información e instrumentos de intervención.

Cuando esas capacidades permanecen dispersas, sus posibilidades de respuesta pueden resultar limitadas. Cuando se articulan mediante una estrategia pública, pueden producir algo distinto de la suma de intervenciones individuales.

Pueden convertirse en potencia pública organizada.

A esa capacidad de las instituciones para construir presencia, articulación y continuidad en los territorios propongo pensarla desde la noción de capilaridad institucional.

La capilaridad no se mide solamente por la cantidad de oficinas o programas existentes. Se expresa en la posibilidad de conectar actores, movilizar recursos y sostener vínculos que transformen necesidades en acceso efectivo a derechos.

Una política capilar no espera únicamente que las personas lleguen hasta el Estado. También construye mecanismos para reconocer las realidades donde esas personas desarrollan su vida cotidiana.

Y aquí hay una idea del papa Francisco que ayuda a comprender esta forma de construir lo público: la cultura del encuentro.

En Fratelli tutti, Francisco propone la imagen del poliedro, donde las diferencias no desaparecen, sino que encuentran una forma de contribuir a una construcción común.

Esa mirada también interpela a las instituciones.

Una escuela, un sindicato, una organización comunitaria y un organismo estatal no tienen las mismas responsabilidades ni los mismos saberes. Pero cuando logran encontrarse alrededor de un problema compartido, pueden construir respuestas que ninguno produciría por separado.

La cultura del encuentro, pensada desde la política pública, no es solamente una disposición al diálogo. Exige organización, responsabilidades y continuidad.

Los Nodos permiten observar esa posibilidad: transformar la proximidad territorial en una capacidad pública sostenida.

No se trata de reemplazar la responsabilidad estatal por la buena voluntad comunitaria. Se trata de construir un Estado capaz de reconocer saberes, coordinar responsabilidades y sostener políticas junto con las organizaciones.

Comunidad, trabajo y responsabilidad pública

Mucho antes de que los sistemas integrales de cuidados ocuparan un lugar central en la agenda internacional, jardines comunitarios, espacios de primera infancia y redes barriales, sostenidos en su mayoría por mujeres organizadas, ya habían construido respuestas colectivas. Las investigaciones de Eleonor Faur y Carla Zibecchi muestran que esas experiencias forman parte de la organización social y política del cuidado, y la Ley 14.628 avanzó en el reconocimiento de las instituciones educativas comunitarias bonaerenses.

Pero reconocer esa potencia exige no idealizarla: las redes territoriales no pueden justificar la transferencia de responsabilidades estatales sin recursos ni sostenerse sobre la precarización de las mujeres que históricamente asumieron esas tareas. La comunidad puede organizar respuestas; la garantía de los derechos exige responsabilidad pública.

Esa responsabilidad también es laboral. Durante demasiado tiempo, las políticas de empleo y las de cuidado se pensaron por separado, como si quién cuida mientras las personas trabajan fuera un asunto ajeno a las jornadas, los salarios o la negociación colectiva.

Desde un Ministerio de Trabajo, esa separación ya no se sostiene: incorporar el cuidado a la negociación colectiva, ampliar la formación y certificación de competencias de quienes cuidan, fortalecer su protección social y promover trabajo decente para las personas adultas son parte de la misma agenda.

En la prevención del trabajo infantil no alcanza con detectar situaciones de vulneración de derechos: es necesario intervenir sobre las condiciones sociales y laborales que contribuyen a producirlas. Y allí los gobiernos provinciales y locales tienen un papel que no puede considerarse secundario.

Hacer del cuidado una responsabilidad pública

El siglo XXI está colocando los cuidados en el centro de una discusión sobre el desarrollo, la igualdad y la organización de nuestras sociedades.

No se trata solamente de ampliar prestaciones, aunque hacerlo sea indispensable. Tampoco alcanza con reconocer el valor económico de un trabajo que durante décadas permaneció invisible.

El desafío es construir una organización social que garantice derechos sin reproducir las desigualdades sobre las que históricamente se sostuvo.

En la Argentina, esa discusión ocurre en medio de una contradicción profunda: mientras la agenda internacional avanza hacia mayores compromisos públicos, el gobierno nacional ha reducido buena parte de los instrumentos destinados a sostenerlos.

Frente a ese escenario, la experiencia bonaerense muestra que otra orientación es posible cuando existe decisión política: fortalecer instituciones, reconocer el conocimiento de sus equipos y organizar capacidades junto con las comunidades y el mundo del trabajo.

La capilaridad no es solamente llegar más lejos. Es construir una trama pública que conecte responsabilidades, saberes y recursos. Es transformar capacidades dispersas en potencia organizada.

Porque cuidar no es una actividad que sucede al margen del trabajo, de la economía o de la política. Es una condición de posibilidad de todas ellas.

Y porque proteger a las infancias exige también que las personas adultas puedan trabajar dignamente.

La agenda mundial de los cuidados necesita financiamiento, legislación y sistemas integrales. Pero necesita, además, instituciones capaces de sostener los derechos allí donde transcurre la vida.

Que nunca sea una infancia la que deba ocupar el lugar que dejan vacío la falta de cuidado y la ausencia de trabajo digno.

Esa responsabilidad no puede quedar librada a la suerte, al ingreso familiar o al lugar donde se nace. Es una tarea pública que exige decisión política, organización y comunidad.

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Florencia Lizaraso es licenciada en Artes, profesora, docente y maestranda en Estudios Feministas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Es autora de Perspectiva de Cultura y Trabajo. La arquitectura del trabajo: entre la comunidad y el algoritmo. Actualmente se desempeña como secretaria ejecutiva de la Comisión Provincial para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil (COPRETI), del Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires.

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A 29 años del crimen de Sebastián Bordón: “La llama de la lucha sigue más viva que nunca”

07 Octubre 2026

El próximo 12 de octubre se cumplirá un nuevo aniversario del día en que el joven Sebastián Bordón fue hallado abandonado y sin vida en un Cañón del Atuel, provincia de Mendoza, en 1997. Bordón se encontraba de viaje de egresados cuando, tras un desequilibrio emocional, fue brutalmente golpeado y, con la complicidad del represor y comisario Hugo Trentini, fue escondido en una casa vacía.

En abril de este año el Tribunal Oral Federal N°2 de Mendoza decidió hacer efectiva la libertad concedida a Trentini, uno de los responsables de la desaparición y el asesinato del joven. Cabe recordar que también había sido condenado en 2017 por delitos de lesa humanidad perpetrados durante la última dictadura.

Florencia Bordón, hermana del joven, habló con AGENCIA PACO URONDO y recordó a su hermano: “Era sonriente, alegre, fiel hincha de Racing. Estaba enamorado de su novia que vivía en la casa de al lado. Bailaba y le encanta la cumbia: Gilda, Red, Sombras”. Además, rememoró: “Cuando crecí y pasé la edad que él tenía cuando lo asesinó la policía de Mendoza me di cuenta de lo joven y chiquito que era, y que toda su vida quedó truncada. A él le gustaban las milanesas con puré y el pan con manteca con azúcar. Ayudaba a cuidarnos a los hermanos menores. Recuerdo en esa época a mis padres trabajando muchísimo para que no nos falte nada porque mi mamá era maestra doble turno en escuelas con comedor, y niños de bajos recursos, y mi papá vendedor”.

Además, Florencia destacó: “Esta fecha me conmueve enormemente. Yo era pequeña -tenía 8 años- y él me llevaba 10 cuando salió de viaje de egresados. Finalmente lo encuentran mis vecinos, que salieron a buscarlo desde el barrio en Moreno, provincia de Buenos Aires, en un micro escolar, porque estaba desaparecido hace 10 días y la última vez que se lo vio con vida fue en el destacamento policial”.

“Lo que me sucedía con esa edad e incluso ahora es darme cuenta de que esta lucha nunca se iba a terminar. En esa época, aparte del nombre de Sebas, surgieron muchos crímenes con complicidad estatal. El caso de María Soledad Morales, por ejemplo, o el de Natalia Melmann”, reflexionó la joven.

En el mismo sentido, sostuvo que “los casos de desaparición forzada en plena democracia y otros casos violencia institucional se multiplicaron por aquellos años, tal como sucede hoy. El abuso del poder se despliega contra jóvenes que tienen toda su vida por delante”.

“Es triste que no haya políticas que articulen el pedido de justicia, que se hayan eliminado los programas de derechos humanos, que la policía armada tenga derecho sobre la vida de los jóvenes, y donde los hijos del poder se manejen con tanta impunidad, donde cada vez haya menos espacios de salud mental. Es devastador con la tristeza con la que continuamos los familiares de las víctimas”, describió Florencia, en relación a las políticas públicas del gobierno del presidente Javier Milei.

Finalmente, la hermana del joven y referente de la lucha contra violencia institucional envió un mensaje de aliento a otros familiares de víctimas: “Siento que la llama de la lucha sigue encendida más que nunca. Tenemos que luchar porque en el poder tenemos a la corrupta de la senadora Patricia Bullrich, que bajo su gestión mató a Rafael Nahuel y Santiago Maldonado. Sufrimos el abuso de las fuerzas policiales en protestas sociales. Casi nos arrebatan a Pablo Grillo. Por suerte está vivo para contarnos cómo lo reprimieron. Por todo eso, tenemos que seguir peleando. También para seguir recordando a Sebastián”.   

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    Qué celular comprar
    Qué celular comprar

Cómo elegir el celular ideal para tus necesidades en 2026

06 Octubre 2026

Elegir un celular nuevo puede parecer una tarea complicada con tantas opciones disponibles en el mercado. La clave está en identificar qué funciones realmente necesitás y cuál es tu presupuesto disponible. Un smartphone adecuado es aquel que se adapta a tu estilo de vida, ya sea que lo uses principalmente para trabajar, entretenerte, sacar fotos o mantenerte conectado con tus seres queridos.

En Argentina, el mercado de celulares ofrece alternativas para todos los bolsillos y necesidades, desde equipos básicos hasta dispositivos de gama alta con tecnología de punta. Lo importante es saber qué características valorar según el uso que le vas a dar.

Aspectos fundamentales a considerar antes de comprar

El primer paso para tomar una buena decisión es evaluar tu presupuesto real. Los precios varían significativamente según la marca, modelo y especificaciones técnicas. Establecer un rango de inversión te ayudará a filtrar opciones y evitar tentaciones que excedan tus posibilidades.

La memoria RAM determina la velocidad y fluidez con la que tu equipo ejecuta aplicaciones. Para un uso básico (redes sociales, mensajería y navegación web), 4 GB de RAM son suficientes. Si usás aplicaciones más exigentes o juegos, considerá equipos con 6 GB o más.

El almacenamiento interno es otro factor crítico. Los modelos con 64 GB pueden quedarse cortos si sacás muchas fotos o descargás aplicaciones pesadas. Lo ideal actualmente son 128 GB como mínimo, aunque muchos celulares permiten expandir la memoria mediante tarjetas microSD.

La cámara: más allá de los megapíxeles

Contrario a lo que muchos creen, la cantidad de megapíxeles no es el único indicador de calidad fotográfica. La apertura del lente, el procesamiento de imagen mediante software y la estabilización óptica son igual de importantes.

Para quienes disfrutan de la fotografía móvil, los sistemas de múltiples cámaras ofrecen versatilidad: un lente principal para fotos estándar, un gran angular para paisajes y un teleobjetivo para acercamientos sin pérdida de calidad. Algunos modelos incluyen además lentes macro para fotografía de objetos pequeños.

La cámara frontal también merece atención, especialmente si hacés videollamadas frecuentes o te gusta crear contenido para redes sociales. Buscá resoluciones de al menos 8 megapíxeles y funciones como modo retrato o embellecimiento facial.

Batería y autonomía: cuánto dura realmente

La capacidad de la batería se mide en miliamperios hora (mAh). Los equipos con baterías de 4000 mAh o más generalmente ofrecen autonomía para todo el día con uso moderado. Si sos usuario intensivo, considerá modelos con 5000 mAh o superior.

La carga rápida es una característica cada vez más común que permite recuperar un porcentaje significativo de batería en pocos minutos. Algunos dispositivos ofrecen carga de 30W o más, lo que significa cargar el equipo completamente en menos de una hora.

La carga inalámbrica, aunque no es esencial, añade comodidad al uso diario. Simplemente colocás el teléfono sobre una base compatible y comienza a cargarse sin necesidad de cables.

Pantalla: tamaño, resolución y tecnología

El tamaño de pantalla ideal depende de tus preferencias personales. Las pantallas de 6 pulgadas o más son excelentes para consumir contenido multimedia y jugar, pero pueden resultar incómodas para quienes tienen manos pequeñas o prefieren equipos compactos.

La tecnología de la pantalla también importa. Los paneles AMOLED ofrecen colores más vibrantes, negros más profundos y mejor eficiencia energética comparados con las pantallas LCD. La tasa de refresco de 90 Hz o 120 Hz proporciona una experiencia visual más fluida, especialmente al desplazarte por aplicaciones o jugar.

La resolución Full HD+ (1080p) es suficiente para la mayoría de usuarios. Resoluciones superiores como 2K o 4K consumen más batería sin ofrecer mejoras visuales significativas en pantallas pequeñas.

Sistema operativo y actualizaciones

La mayoría de los smartphones funcionan con Android o iOS. Android ofrece mayor variedad de opciones y precios, además de permitir mayor personalización. Los dispositivos con versiones recientes de Android garantizan compatibilidad con las últimas aplicaciones y parches de seguridad.

Es fundamental verificar que el fabricante ofrezca actualizaciones de sistema operativo durante al menos dos años. Estas actualizaciones no solo traen nuevas funciones, sino también correcciones de seguridad esenciales para proteger tu información personal.

Conectividad y funciones adicionales

La compatibilidad con redes 4G es estándar actualmente, pero la tecnología 5G está expandiéndose en Argentina. Si pensás mantener tu celular por varios años, considerar un modelo con 5G puede ser una inversión inteligente para aprovechar las redes de alta velocidad en el futuro.

Otras características útiles incluyen el lector de huellas digitales (ya sea lateral o bajo la pantalla), reconocimiento facial, resistencia al agua y polvo con certificación IP68, y conectividad NFC para pagos móviles. Evaluá cuáles de estas funciones realmente usarías antes de pagar extra por ellas.

El diseño y los materiales también influyen en la experiencia de uso. Los marcos de aluminio y respaldos de vidrio ofrecen sensación premium pero son más frágiles, mientras que los materiales plásticos resultan más resistentes a caídas aunque menos elegantes visualmente.

 

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DEBATE SOBRE LA IA

Inteligencia Artificial: de lo que no hablan algunos especialistas

06 Octubre 2026

Hay algo preocupante de la mayoría de los abordajes que se vienen realizando en torno al proceso de plataformización acelerada y profundización de las mediaciones digitales y algorítmicas en la que nos encontramos (y que nos gusta fetichizar bajo el mote de “Inteligencia Artificial”). La mayoría de las producciones analíticas escatiman información en torno a los lineamientos geopolíticos en disputa. Particularmente en lo que respecta a Silicon Valley solemos encontrar una perspectiva homogeneizante que lo reduce al sector neorreaccionario capitaneado por Peter Thiel o, en el mejor de los casos, una perspectiva que reconoce la interna, pero no profundiza en la caracterización de los intereses del sector globalista-demócrata en disputa con este primero.

No alcanza con analizar el ajedrez mundial en términos de porcentajes que detenta esta potencia o esta empresa en términos particulares, sino de poner a todos los actores importantes en el tablero y ordenarlos en función de los esquemas geopolíticos de poder en pugna. El escenario es por demás complejo, pero si a esa complejidad le sumamos que quienes nos dedicamos al estudio de la gran transición en la que nos encontramos no aportamos herramientas precisas de diagnóstico general, la confusión se profundiza y más regalados quedamos frente a los distintos proyectos de dominación imperial.

Para mapear este tablero no basta con repetir el mantra de la “competencia tecno-económica”. Es preciso entender que el propio centro imperialista occidental atraviesa una severa fractura orgánica.

Por un lado, hallamos al bloque globalista-demócrata, históricamente asentado en la alianza entre Wall Street, las burocracias supranacionales y el Silicon Valley tradicional. Este proyecto —que financió y moldeó el primer gran escalamiento de las plataformas digitales— concibió la mediación algorítmica como una red de alcance cosmopolita, maridada con la retórica del consumo multicultural, el progresismo discursivo y la gobernanza global. Para este sector, la captura de la subjetividad opera bajo la ilusión del consenso, la inclusión simbólica y la persuasión blanda.

Por otro lado, y gestado en las entrañas de esa misma catedral tecnológica, emergió el sector neorreaccionario (NRx). Encabezado por figuras como Peter Thiel, Elon Musk y los ideólogos del aceleracionismo de derecha, este bloque rompió filas con el consenso globalista. Rechazan la retórica progresista a la que consideran una envoltura ineficiente y apuestan por una alianza explícita entre el capital tecno-industrial, el complejo militar-inteligencia y un modelo político abiertamente autoritario o corporativo. La mudanza de buena parte de este ecosistema hacia estados como Texas o Florida durante la pandemia no fue un mero trámite impositivo: fue la consolidación territorial de una facción que busca disciplinar lo psicosocial no ya desde la seducción discursiva, sino desde la aceleración técnica, la exacerbación de afectos primarios (odio, miedo, resentimiento) y el control vertical del espacio digital.

Reducir la tecnología a una herramienta neutral evita ver que lo que hoy se despliega en las pantallas de nuestros teléfonos es la arena donde estas dos facciones disputan la hegemonía de Occidente en lo psicosocial.

Hegemonía no es homogeneidad

Hacia nuestros días, el sector neorreaccionario detenta la conducción de Silicon Valley. Sin embargo, resulta imprescindible precisar, desde una distinción de raigambre gramsciana, que la hegemonía de un bloque no equivale a la homogeneidad irrestricta de la clase tecno-capitalista. Si bien la facción neorreaccionaria ha logrado reconfigurar el clima de época en Silicon Valley —imponiendo un sesgo autoritario, disciplinando a la fuerza de trabajo tecno-progresista y desplazando los consensos de la década anterior hacia un alineamiento directo con el complejo militar-estatal estadounidense—, esta hegemonía discursiva y política no anula la fisura geopolítica de los Gigantes Tecnológicos. Confundir la capacidad de un sector para fijar la agenda política en la coyuntura con una integración monolítica obtura la comprensión de las contradicciones de fondo que persisten en torno a los modos de acumulación, las cadenas de valor y el control geopolítico de la infraestructura técnica.

Lejos de un consenso unánime, el ecosistema de las corporaciones tecnológicas se tensiona entre dos vectores estratégicos divergentes. Por un lado, el bloque neorreaccionario y aceleracionista, impulsado por actores como Marc Andreessen (a16z), Elon Musk (xAI), Peter Thiel (Palantir) o Palmer Luckey (Anduril), promueve una desregulación radical y la captura del aparato estatal para subordinar la IA a la doctrina de la defensa militar estadounidense. Por otro lado, opera una vía globalista e institucional —encabezada por gigantes de la escala de Microsoft, Anthropic y Google/DeepMind— que, en consonancia con marcos supraestatales como el EU AI Act europeo, pretende encauzar el desarrollo técnico bajo las banderas de “la seguridad de la IA” y la gobernanza ética. Esta segunda vía no responde a un altruismo ingenuo, sino a una estrategia de captura regulatoria orientada a imponer barreras normativas de entrada, proteger oligopolios trasnacionales y resguardar cadenas globales de suministros altamente interdependientes.

La irrupción del esquema multipolar

Pero la geopolítica de la Inteligencia Artificial no se agota en las fronteras de California. La miopía eurocéntrica o euro-norteamericana suele omitir que el monopolio occidental de la técnica ha saltado por los aires. La irrupción del bloque multipolar, liderado tecno-industrialmente por la República Popular China y articulado en el espacio de los BRICS+, plantea un desafío estructural al esquema de valorización e influencia de Washington y sus corporaciones.

China no solo ha desplegado un modelo de «socialismo de mercado» respaldado por la banca estatal, la infraestructura física de la Franja y la Ruta (de la seda), y la soberanía monetaria a través del Yuan Digital. En el plano puramente tecnológico, encarna lo que algunos analistas como Gabriel Merino caracterizan como un verdadero “Momento Ford”: la capacidad de alterar cualitativamente la escala de eficiencia, costos y despliegue masivo de tecnologías de punta (desde la Inteligencia Artificial hasta la transición energética). Esta irrupción obliga a relativizar el mito del capitalismo de plataformas como una fatalidad puramente anglosajona. La disputa hoy es de escala planetaria, y la infraestructura que conecta nuestros datos y nuestros psiquismos está atravesada por la tensión entre un modelo transnacional financiarizado, una deriva neofascista corporativa y un capitalismo de Estado fuertemente centralizado.

De la «Guerra Cognitiva» a la captura del sentipensar

Es en este cruce de caminos donde se vuelve urgente desmontar los diagnósticos que nos venden los think tanks centrales. En años recientes, organismos como la OTAN han puesto de moda el concepto de “Guerra Cognitiva”, definiendo la mente humana como el nuevo dominio de combate. Sin embargo, comprar esa categoría sin beneficio de inventario constituye un severo error epistemológico.

Al definir la disputa en términos puramente cognitivos, estamos cometiendo el mismo pecado que la Ilustración: suponer que el ser humano es un mero procesador de información, un agente racional que decide en función de datos. Y la realidad es que la potencia del actual dispositivo algorítmico no reside en su capacidad de captura cognitiva, sino en su capacidad de perforar la capa de la cognición para operar sobre las profundidades del inconsciente y la afecto-emotividad precognitiva.

Los algoritmos de recomendación y las arquitecturas de inteligencia artificial no dialogan con la cognición del sujeto; modulan su reactividad, administran sus vacíos emocionales, explotan su intolerancia a la frustración y suscitan su deseo antes de que este pueda articularse en lenguaje. Lo que está en disputa no es solo la «información» que consumimos, sino la matriz misma del sentipensar a partir de las mediaciones digitales y algorítmicas.

Decía Orlando Fals Borda —revisando la sabiduría de las culturas populares latinoamericanas— que las comunidades originarias y mestizas nunca separaron la razón del sentimiento: se piensa con el corazón y se siente con la cabeza. Ese ensamble integrado entre cuerpo, afecto, territorio y razón es, precisamente, lo que la gubernamentalidad algorítmica busca fragmentar. Al disociar la emoción de la reflexividad, el dispositivo tecno-capitalista produce un sujeto hiper-reactivo, colonizado por pasiones tristes y aislado en burbujas de confirmación.

Articulación de los esquemas geopolíticos con las matrices ideológico-culturales

Las disputas por la hegemonía mundial y el control de la infraestructura algorítmica no operan como fuerzas puramente abstractas o tecno-económicas; se encarnan en el plano social mediante la configuración de matrices ideológico-culturales específicas que disputan el sentido común, la afecto-emotividad y la organización de la vida cotidiana. Cada proyecto geopolítico en pugna despliega su propia pedagogía del poder:

  • El esquema geopolítico globalista articula y pretende institucionalizar una matriz ideológico-cultural de corte progresista o socialdemócrata. Asentado en una pretensión cosmopolita e ilustrada, este bloque apela a un sujeto interpelado desde la racionalidad discursiva y la deliberación reflexiva. Su estrategia de cooptación y pacificación social se basa en la hiperdiversificación identitaria, el multiculturalismo tolerante y la funcionalización desradicalizante de causas liberacionistas —como el feminismo, el ecologismo e, incluso, las reivindicaciones indigenistas—. Al despojar a estas luchas de su potencial anticapitalista y descolonial, las reconvierte en nichos de consumo simbólico, retóricas del deseo hedonista y batallas puramente gramaticales que no alteran la estructura de valorización del capital financiarizado.

  • El esquema geopolítico neorreaccionario —en abierta insurgencia contra la hegemonía globalista— configura una matriz neoliberal, tradicionalista, nacional-conservadora y fundamentalista. Sabiendo que el progresismo discursivo dejó vacante el terreno de las necesidades materiales y las afecto-emotividades, este bloque opera con enorme plasticidad sobre las pasiones tristes: canaliza la frustración, el hambre, la precarización y la incertidumbre a través de afecto-emotividades primarias como el odio, el miedo al extraño y el resentimiento social. Al hibridar el ultraliberalismo económico con un relato autoritario, xenófobo y de restauración moral-religiosa, este proyecto halla una afinidad directa con la reactividad inmediata que potencian los entornos algorítmico-digitales.

  • El esquema geopolítico de los BRICS+, por su parte, posee una dinámica cualitativamente distinta. Al no responder a una pretensión universalizante de imposición cultural uniforme sobre las formaciones sociales occidentales, no busca imponer un modelo ideológico-cultural homologado por fuera de la polaridad ya instalada en Occidente. Hay registros donde este esquema se manifiesta en afinidad con la matriz progresista (particularmente en lo que respecta a China, mientras que con Rusia pasa lo opuesto). Sin embargo, su irrupción multipolar produce un quiebre en la arquitectura de dominación imperial que abre un margen de maniobra inédito para el encumbramiento de las matrices nacional-populares, en el Sur global y en América Latina en particular.

Estas matrices nacional-populares —lejos de dejarse encorsetar en la falsa opción entre el progresismo cosmopolita y la reacción neofascista— exhiben una capacidad de integración en la diferenciación profunda. En ellas no hay contradicción entre la búsqueda de libertad e igualdad; la valoración de la tradición no toma un cauce conservador ni obtura la deconstrucción de las opresiones; y la rigurosidad del conocimiento científico convive de manera armónica con una espiritualidad comunitaria y no dogmática. Es en esa plasticidad donde reside la reserva ontológica y afectiva de los pueblos del Sur para ofrecer resistencia y proyectar soberanía.

Salir de la trampa: hacia un diagnóstico propio

Si desde el Sur global seguimos analizando el fenómeno de la Inteligencia Artificial con las categorías prestadas del positivismo tecnológico o con la fascinación ingenua por las novedades de Silicon Valley, continuaremos siendo meros espectadores —y víctimas pasivas— de una guerra que no nos pertenece, pero cuyos daños colaterales pagamos a diario.

El desafío de la época para el pensamiento crítico y descolonizador latinoamericano no es conformarse con no ser tecnofóbico ni tecnofílico. El desafío es desfetichizar la técnica: entender de qué manera los algoritmos operan como mediaciones materiales de proyectos imperiales concretos (no solo en lo económico, sino también en lo ideológico-cultural), comprender qué es lo que logran afectar y neutralizar de nuestras profundidades psíquicas —lo cual es sumamente acuciante en tiempos donde necesitamos reinventar el humanismo (no antropocéntrico) de nuestra época y las ciencias sociales se encuentran frente a la consolidación de un giro afectivo— y, al mismo tiempo, recuperar la densidad de nuestras propias matrices nacional-populares, cuyo potencial detenta más vigencia que nunca.

Se trata de preguntar, con severa rigurosidad política: ¿qué proyectos de vida, qué afectividades y qué soberanías quedan asfixiadas cuando entregamos la mediación de nuestras sociabilidades, subjetividades y todos los potenciales que nos habitan a infraestructuras privadas transnacionales? Solo construyendo un diagnóstico que integre la complejidad de la geopolítica macropolítica con la cartografía micropolítica de la captura algorítmica y digital podremos salir de la indefensión y volver a trazar horizontes posibles de liberación.

BIBLIOGRAFÍA

Argumedo, A. (2004). Los silencios y las voces de América Latina: Notas sobre el pensamiento nacional y popular. Buenos Aires: Ediciones Colihue. (Edición original de 1993).

De Cluzel, F. (2020). Guerra Cognitiva. Norfolk: OTAN Allied Command Transformation.

Massumi, B. (1995). The Autonomy of Affect. Cultural Critique, (31), 83–109. https://doi.org/10.2307/1354446

Merino, G. E. (2014). El «momento Ford» de China y la rearticulación del poder mundial. Realidad Económica, (288), 32–59.

Rouvroy, A., & Berns, T. (2013). Gouvernementalité algorithmique et perspectives d'émancipation: Le disparat comme condition d'émancipation de la liberté? Réseaux, 177(1), 163–196. https://doi.org/10.3917/res.177.0163
 

* El autor es Lic. en Sociología y Doctorando en Cs. Sociales en la FaHCE-UNLP. Becario Doctoral CONICET con

pertenencia institucional en el IIGG-UBA. Es colaborador del PPID-UNLP "Dependencia epistémica,

eurocentrismo y colonialidad del saber: hacia un pensamiento situado" y en el Proyecto UBACYT "La

matriz sociotécnica de las IA generativas en el marco del esquema DAP (datos, algoritmos, plataformas)".

Asimismo, participa activamente como miembro de la RED PLACTS, el Foro del Pensamiento Nacional

Latinoamericano, la Comunidad de Estudios en Filosofía de la Liberación y la Asociación de Filosofía

Latinoamericana y Ciencias Sociales.

Los algoritmos de recomendación y las arquitecturas de inteligencia artificial no dialogan con la cognición del sujeto; modulan su reactividad, administran sus vacíos emocionales, explotan su intolerancia a la frustración y suscitan su deseo antes de que este pueda articularse en lenguaje.
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    Francisco.

El Papa Francisco y la Argentina de los políticos profesionales

06 Octubre 2026

Sería superficial atribuir todo el drama social simplemente a la conducta de la dirigencia o a esa palabra ya gastada que llamamos “grieta”. Debajo de ella existe un conflicto histórico verdadero. La Argentina arrastra, desde mucho antes del peronismo, la tensión entre proyectos de país difícilmente conciliables, porque expresan intereses y concepciones del orden nacional que no pueden convivir sin que alguno termine subordinando aspectos sustantivos del otro; aunque, hay que decirlo, una parte del peronismo contemporáneo fue progresivamente domesticada e incorporada a los límites del orden que históricamente había nacido para disputar.

Lo cierto es que, resolver de una vez nuestra cuestión nacional para levantar las banderas del 17 de octubre, exige, como condición de partida, terminar definitivamente con la capacidad de las élites antinacionales para condicionar el destino de la Nación y subordinarlo a intereses ajenos al pueblo argentino. Una tarea histórica, la de pisarle la cabeza y no la cola a la serpiente, que difícilmente pueda internalizar nuestra política demoliberal.

Bien. Esa contradicción estructural explica una parte sustancial de nuestra inestabilidad en la superficie. Pero la dinámica política, económica, social, institucional de la Argentina no es circular; es tectónica y, por lo tanto, frontal. Presentarla como un eterno retorno de errores equivalentes —como si todos fracasáramos siempre por las mismas razones, como si las crisis económicas fueran para la Argentina naturalmente cíclicas— diluye responsabilidades y oculta los intereses concretos que actúan como epicentro de cada crisis. El plafón para darle marco a ese relato demagógico de que “el problema de la Argentina somos los argentinos” lo da la naturalización de la alternancia política de un estado apenas democrático, pero no soberano.

Sobre ese conflicto real se montó, especialmente durante las últimas décadas, otra cosa; una política profesional que aprendió a vivir de administrarlo sin resolverlo. Después de décadas de gestionar la política como una sucesión interminable de antagonismos —peronismo y radicalismo; kirchnerismo y antikirchnerismo, La Cámpora y el PRO, Macri y Cristina, Cristina y Milei —, lo que quedó abajo, en la vida concreta, fue otra cosa; el tedio diario de vivir para las grandes mayorías. La democracia liberal, reducida al juego partidario de este sistema político y vacía de contenido popular, ha dejado de producir horizonte y esperanza para administrar apenas alternancias republicanas para la política e incertidumbre existencial para el pueblo.

Políticos profesionales del campo popular

No hablaremos de los herederos de la casta Mitrista porque de nada vale llevarles una crítica. A ellos hay que deportarlos con lo puesto en una balsa rumbo a Miami.

En Argentina, la política se ha transformado desde hace décadas en una profesión y, para demasiados, en una profesión muy rentable. Generalmente se estudia abogacía, se ingresa a ella, se hace carrera, se construye una pertenencia, se aprende a obturar y a rosquear, se cambia de espacio o se permanece en el mismo lugar siempre, se dominan las cajas y los vínculos, se ocupa un cargo, se salta al siguiente y se aprende, sobre todo, a sobrevivir dentro del sistema. El valor ha pasado a ser la permanencia; nadie suelta, nadie quiere que venga otro a ocupar su lugar. Lo cierto es que la confrontación dentro de los esquemas políticos pasa a ser parte del negocio. Siempre hace falta un adversario, una amenaza, una nueva batalla que justifique la permanencia de los mismos profesionales administrando nuestras diferencias; operación que solo sirve para definir sus propias siluetas.

La gente trabaja, hace cuentas, llega cansada, posterga un viaje, una salida, un arreglo de la casa; acompaña a sus viejos, corre riesgos, hace cola en el Hospital, trata de ayudar a sus hijos, cena una mandarina y vuelve a empezar al día siguiente. Y mientras tanto, una dirigencia profesionalizada sigue discutiendo el país como si millones de argentinos se levantaran cada mañana pendientes de las prioridades de sus respectivas capillas políticas.

Actualmente, buena parte de la dirigencia y sus voceros del llamado campo popular parece convencida de que el pueblo vive en vilo por saber si es más importante la proscripción de Cristina o que el peronismo gane la elección. Son asuntos políticamente relevantes para quienes participan en mayor o menor medida de la política, desde luego. Pero confundir las preocupaciones de una minoría “politizada” con las urgencias y los deseos de las mayorías populares es una forma grave de ceguera. Y el problema, tal vez, sea justamente ése. Hace demasiado tiempo que una parte de nuestra política, tal vez la más virtuosa hasta hace unos años —paradójicamente, la que más se jacta de nacional y popular, de interpretar las necesidades del pueblo y de hablar en su nombre— dejó de escucharlo y comenzó a escucharse sólo a sí misma. Terminó confundiendo su propia agenda con la agenda mayoritaria hasta llegar a creer que aquello que desvela a quienes habitan sus estructuras, sus internas, sus herencias y sus institutos, necesariamente desvela también al hombre y a la mujer común. Y la verdad es que no.

Hay millones de argentinos que antes que una nueva batalla entre apellidos políticos necesitan que vivir vuelva a ser un poco menos pesado. Tener tiempo, previsibilidad, algún proyecto, una sobremesa tranquila, una escapada, un hijo, una ilusión, dos alegrías seguidas. De ese tamaño es la distancia. Lo cierto es que en Argentina todo se ha politizado, y la porción de cultura política que venía de antaño se ha empobrecido. No es difícil de observar que la formación, la doctrina, la calidad representativa, nuestro lugar en el mundo y la comprensión histórica fueron cediendo ante una política cada vez más líquida, inmediata, efectista, operadora, hiper táctica, internista y superficial. No hay estrategia porque se ha perdido el horizonte histórico.

El caso del Papa Francisco y las alegrías perdidas

Y tal vez por eso tampoco alcanzamos a advertir la dimensión de lo que perdimos colectivamente mientras la grieta nos obliga a decidir, frente a cada cosa, de qué lado debemos pararnos. Una comunidad se construye también en esos momentos excepcionales en que las diferencias retroceden y volvemos a sentir que hay algo que nos pertenece a todos al mismo tiempo. Y nosotros tuvimos una de esas oportunidades extraordinarias.

Un argentino llegó a ser Papa. Jorge Bergoglio, nacido y criado en el barrio de Flores, fue durante doce años Francisco, la figura argentina de mayor dimensión universal de toda nuestra historia. Recorrió el mundo y murió sin volver como Papa a su tierra.

Algún día habrá que pensar ese hecho no solamente desde Francisco, sino desde nosotros mismos. Porque Francisco quedó atrapado en una Argentina que hacía tiempo había decidido que absolutamente todo debía pasar por la aduana de la grieta. Más allá, incluso, de cuál haya sido verdaderamente su identidad política personal, por estos tiempos, caratular al Papa como “peronista”, además de ser una inversión conceptual; fue achicar a Francisco hasta hacerlo caber en las categorías menores de la política argentina. Una figura global quedó sometida a nuestro miserable interrogatorio doméstico. Y en el camino, perdimos el arraigo y la potencia de la universalidad de su figura. La paradoja fue tan dolorosa como elocuente; Francisco encontró en su propia tierra un nivel de rechazo y una erosión de su imagen difíciles de explicar fuera de la lógica espejada de la grieta. Decimos con esto; si en la Argentina existiera una cultura política más madura, o simplemente algo de cultura política, Francisco podría haber sido recibido sin que su visita quedara sometida al tribunal mezquino fabricado por la política profesional. Veamos.

Entre odios y prejuicios

Con una conciencia casi escolar, seguimos dividiendo a nuestros próceres entre buenos y malos, como si décadas de actividad política y dos siglos de historia pudieran caber en dos columnas del pizarrón. Si hacemos eso con los muertos, imaginen lo que somos capaces de hacer con un líder vivo.

Para una parte del conservadurismo argentino, Francisco resultaba sospechoso porque hablaba demasiado de los pobres, del descarte, de la comunidad nacional, de la justicia social, del dios dinero, de la unidad de los pueblos de América Latina, de la recuperación del sentido histórico, de la dignidad del trabajo y de los límites de una economía convertida en un fin en sí mismo para pocas manos. Y como además era argentino, ese lenguaje inevitablemente resonaba con una tradición política que esos sectores históricamente combatieron. Entonces apareció el odio y la simplificación; era peronista, era populista, era zurdo.

En la otra esquina del ring ocurrió otra “incomprensión”. Una parte importante del universo kirchnerista había construido previamente su imagen de Bergoglio desde sus enfrentamientos con los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Y cuando llegó a Roma cargó también con una lectura de los años setenta que lo colocaba bajo sospecha por su actuación durante la dictadura. Horacio Verbitsky, escriba del kirchnerismo y operador de Cristina, fue una de las figuras centrales de aquella interpretación. La discusión sobre los sacerdotes jesuitas Yorio y Jalics quedó durante años adherida a Bergoglio. Sin embargo, el propio Francisco Jalics terminó afirmando expresamente que ni él ni Yorio habían sido denunciados por Bergoglio, que su antigua sospecha de haber sido víctimas de una denuncia carecía de fundamento y que era falso atribuir su secuestro a una iniciativa del entonces superior provincial de los jesuitas.

Es decir; unos no podían escuchar a Francisco porque les sonaba demasiado peronista. Otros, mientras militaban la separación de la Iglesia y el Estado, tardaron demasiado en escucharlo porque antes habían decidido que Bergoglio pertenecía al otro lado de su propia frontera ideológica. Es dable destacar aquí, que la partidocracia inepta e hipócrita– de “derechas e izquierdas” –que comprendió perfectamente el significado de su figura y de su obra, por odio gorila o prejuicio anticlerical, íntimamente siempre estuvo en su contra y no lo quiso interpretar. Cada uno tenía su Francisco inaceptable. Pero el problema de cierta progresía argentina es más profundo. Producto de su formación con categorías ajenas que les formó un prisma extranjerizado, su desconfianza hacia todo aquello que nace de nuestras propias tradiciones nacionales le impide reconocer incluso sus expresiones más transformadoras. De allí la contradicción que todavía le resulta difícil asimilar; que dos de las figuras de mayor potencia revolucionaria de nuestra historia política reciente hayan surgido precisamente de dos instituciones que buena parte de ese universo aprendió a mirar únicamente con sospecha; la Iglesia y las Fuerzas Armadas. Francisco y Perón.

Las alegrías que nos faltan

Ahora viene el Papa León a la Argentina y sentimos entusiasmo. Tenemos ganas de ir, de verlo, de participar de ese acontecimiento masivo e histórico para la Argentina. Y es precisamente este entusiasmo el que ilumina, por contraste, la dimensión de aquella ausencia. Imaginen por un instante lo que hubiera significado Francisco en la Argentina. No para el kirchnerismo; no para el antikirchnerismo; incluso, no solamente para los católicos. Para nosotros; para todos juntos. Un argentino convertido en Papa volviendo a su barrio, a su ciudad, a su país. Las rutas llenas, familias viajando desde Córdoba, Mendoza, Salta, la Patagonia. Los viejos esperando verlo, los chicos preguntando cuándo pasa, las campanas, familias enteras en las calles, los preparativos en cada parroquia de barrio, su mensaje directo al pueblo, el amor y la empatía a flor de piel. Millones de argentinos compartiendo durante unos días un suceso histórico para sus corazones.

En fin, sólo queda el suspiro cargado de impotencia. Porque ese tipo de alegrías son, entre tantas, las que se nos vienen escatimando.

La grieta se sentó en la mesa familiar. Nos han dividido profundamente. El político profesional en ambas bandas necesita administrar nuestras diferencias porque de ellas vive. Y cuando esa lógica se vuelve cultural, terminamos nosotros mismos haciendo el trabajo; sospechando del que celebra, midiendo quién capitaliza cada cosa, buscando una operación detrás de cada emoción, vaciando de sentido todo, festejando si uno que no nos votó perdió el laburo. Se nos enseñó a ser pequeños gorilas a cambio de la defensa acérrima de nuestras posiciones, creyendo tener siempre la razón. ¿Qué es eso? Y nunca falta ese sector de la progresía dispuesto a explicarnos que hasta entregarnos a la alegría popular supone hacerle “el juego a la derecha".

La unidad y el elemento tiempo

Francisco, con su visión de hombre formado en el barro y en la paciencia de la oración, nos recuerda que los cambios verdaderos se gestan como procesos colectivos, se encarnan en la lucha, maduran en el tiempo largo de los pueblos y se orientan –ineludiblemente– en el sentido de su historia. Nada que pretenda ser fundacional puede construirse sin esa noción de duración, de paciencia activa, de acumulación estratégica. Los pueblos no conquistan su destino a golpe de instantaneidad, lo hacen cuando una conducción es capaz de organizar el deseo popular y proyectarlo en el horizonte histórico.

Tenemos, salvo excepciones que no quiebran la regla, una dirigencia rosquera que se desespera por el espacio –una banca, un lugar en la lista, una cajuela– pero que ha olvidado que sin tiempo no hay raíz ni tampoco frutos. Francisco nos advierte con una lucidez impiadosa que el vértigo del presente sin proyecto es la forma más eficaz de la impotencia política. El tiempo es superior al espacio, nos enseña. La obsesión por “estar” ha sustituido la vocación de “realizar”; y en ese desplazamiento, la política se ha vuelto un simulacro de poder sin contenido popular.

La unidad nacional no es la negación del conflicto, sino su condición hacia un horizonte superior. La política que no reconoce el conflicto es ingenua o hipócrita, pero la que se regodea en él, la que convierte la fisura social en identidad de los extremos y el antagonismo en una especie de doctrina para detectar enemigos y traidores, termina sirviendo a los intereses del enemigo histórico de los pueblos favoreciendo la fragmentación interna como preludio del sometimiento externo. La unidad no es uniformidad, ni renuncia a la pluralidad, es la síntesis poliédrica superior que organiza las diferencias en función de un proyecto común. Una cosa es la diversidad, indispensable para expresar la riqueza de una comunidad; otra muy distinta es convertirla en un fin en sí mismo, fragmentando hasta el infinito aquello que necesita reconocerse también como parte de un origen común. Muchas identidades en constante pugna por ocupar el centro de la escena política y cultural mientras la cuestión nacional desaparece del horizonte, se llama diversionismo; trae división y fabrica aliados a la contra. Y está muy bien ser distintos, pero dado lo que tenemos enfrente, afuera y adentro, es mucho más importante ser iguales.

La historia argentina es también la historia de esas derrotas que nacieron en el seno mismo de nuestro pueblo. Unidos o dominados, decía el General Perón. La unidad, entonces, es la condición estratégica nodal sin la cual no hay acumulación posible. Claro, dependiendo de qué tipo de acumulación estemos hablando. Para los círculos políticos, la fragmentación es condición necesaria.

Francisco entendía algo elemental que nuestros políticos profesionales parecen haber olvidado; para conducir hay que estar cerca; y para estar cerca no basta con hablar del pueblo; hay que compartir, de algún modo, su suerte. Hoy más que nunca, cuando la política se encierra en despachos, cargos, paneles televisivos e institutos o se disuelve en la fugacidad de las redes sociales, este principio exige volver a pensar desde las bases y el retorno de la cultura del encuentro; en los barrios, las casas sindicales, los comedores, las cooperativas, las parroquias, los clubes, las escuelas y los centros vecinales; allí donde el pueblo vive, trabaja, resiste, circula y sueña; allí donde, en definitiva, se gesta lo nacional.

Francisco lo expresó con una imagen formidable: “pastores con olor a oveja”. Nosotros reclamamos, con el mismo sentido, políticos con barro en los pies.

Después de décadas de gestionar la política como una sucesión interminable de antagonismos —peronismo y radicalismo; kirchnerismo y antikirchnerismo, La Cámpora y el PRO, Macri y Cristina, Cristina y Milei —, lo que quedó abajo, en la vida concreta, fue otra cosa
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    Ilustración: Silvia Etchart
    Ilustración: Silvia Etchart

La trinchera de la calle Corro

05 Octubre 2026

Desde temprano se oían sordos ruidos, de tanquetas y de acero. En algunas casas hubo soldados que advirtieron a sus moradores que iban a realizar un operativo, por lo que convenía mantenerse adentro, con las puertas y ventanas cerradas. La primavera de 1976 empezó una semana antes, y en la casa de la calle Canónigo Miguel Calixto del Corro 105, esquina Yerbal, en Villa Luro, había movimientos de rutina. La vivienda era el lugar de reunión de la Mesa Política de Montoneros, y a su vez era un hogar de familia donde había gente que tenía su cotidianeidad.

La dictadura avanzaba a paso redoblado con secuestros, torturas y eliminación de todo aquel que se le opusiera. Los que no aguantaron más y vieron una oportunidad partieron al exilio, en cambio hubo quienes eligieron otra trinchera, una casilla en la villa, un monoambiente cuyo dueño desconocían o una casa escondida en un barrio olvidado. Esos oficiales montoneros no salieron de la nada, eran herederos y continuadores de la resistencia peronista, y estaban allí para organizar la nueva resistencia, esta vez enfrentados a un poder genocida obediente de las órdenes que provenían del centro del poder político y económico mundial.

El coronel Roberto Roualdes tenía el dato preciso de una reunión de la Secretaría Política Nacional de Montoneros. El dato bajó de Córdoba, obtenido bajo tortura y con pelos y señales sobre quienes vivían allí, quienes se reunían, y cada detalle de lo que ocurría en esa vivienda. Imaginaba que, si eran peces gordos los que se concentraban en esa esquina, tendrían dinero para rapiñarles y abrir una cuenta en Suiza. Durante la madrugada llovió, como todo el día anterior. Para tener un punto de apoyo allanó y ocupó una casa sobre la misma vereda que la de Corro 105. Al Coronel no le gustaba andar solo, se movía siempre con una patota, pero esa mañana no se sentía tan seguro y decidió llevar más de 150 conscriptos, civiles bajo bandera de no más de 18 años, jóvenes temblorosos, que estaban ahí para cumplir órdenes. Todos pertenecían al Grupo de Artillería y Defensa Aérea (GADA) 101. Los camiones militares se iban acomodando en calles laterales. A lo largo de la mañana ingresaron a casas vecinas, y dentro de las mismas ocuparon las terrazas para asegurar el ataque, y que nadie se escapara.

La mesa política

Una década atrás, Ismael “Turco” Salame (39), sufrió, en su Tucumán natal, la injusticia del cierre de los ingenios por parte de la dictadura de Onganía. Por entonces ya estaba militando en la JP, a la vez que cursaba la carrera de Derecho, participó del “Tucumanazo” y, ya entrados los ‘70, fue un activista del “Luche y vuelve”, por la vuelta del exilio del general Perón. Su recorrido y sus vínculos con las militancias juveniles de otras organizaciones lo llevaron a forjar una amistad con muchos dirigentes. Alberto Nadra, de la Federación Juvenil Comunista, con la dictadura en pleno desarrollo, le ofreció una salida inmediata a Cuba. El Turco estaba seguro de rechazar el exilio y quedarse a combatir junto a sus compañeros.

La familia Molinas fue castigada de manera cruel a lo largo de toda la dictadura. Alberto Tito Molinas (37), conocido como Chacho, sufría el asesinato de su hermano Carlos, y a su vez sabía que los que sobrevivieron seguían con su militancia, yendo a una muerte segura si permanecían en el país. Santafecino, médico, recibido en la Universidad Católica de Córdoba, participó de la toma de La Calera en 1970. Fue uno de los fundadores de Montoneros y con Carlos Alberto Holbert fueron los dos primeros integrantes en entrevistarse con Juan Domingo Perón, en Madrid. Lejos quedaron los días de música y poesía, cuando escribió para la Cantata Montonera y homenajeó a su amigo Sabino Navarro: los engañamos, hermano/ ellos creen que te tienen/ y solo guardan tu cuerpo/ sin las manos/ que siguen armadas/ en brazo de tu pueblo. Atrás quedaron las vacaciones en la Quinta Las Malvinas, cerca de La Plata, ahora Molinas piensa en enfrentar el exterminio. Pocos días antes visitó, junto a sus tres hijos, a Lucy, la señora de la casa de la calle Corro.

José Carlos Tucu Coronel (32) era hijo de ferroviario, abogado por la Universidad Nacional de Tucumán, fue corresponsal en Jujuy del diario El Tribuno de Salta. Como militante participó del “Tucumanazo” y, ya integrado a las FAR, formó parte de la toma de Garín. Conoció la cárcel de Devoto, y allí su fanatismo por César Vallejos lo impulsó a escribir el poema “Totalmente incomunicado”. Sí, el Turco era poeta, y una vez liberado no dejó de militar ni de escribir, y llegó a publicar el poemario “Gestos y algo más”. Dos cosas le importaban aquella tarde: sus hijas y organizar la resistencia ante la dictadura.

No hay amor más grande que dar la vida por los demás, era la frase de Jesucristo que latía en el corazón de Ignacio “Nacho” Bertran (29), un egresado del Colegio El Salvador y ex seminarista jesuita. Descubrió el rostro descarnado de la pobreza en las afueras del Colegio Máximo, caminando por San Miguel Oeste, Santa Brígida y en su refugio de Castelar. En 1967, al año siguiente de entrar al seminario, leyó “Populorum Progressio” de Paulo VI y no dudó en militar y enfrentar la dictadura de Lanusse. Un párrafo del texto señala que ante una dictadura cruel y prolongada no hay objeciones en tomar las armas. Esa necesidad se acentuó una década después ante el genocidio de Videla.

La más joven, y única mujer de aquella mesa política de Montoneros, era María Victoria Walsh, que entró en la casa el día que cumplía 26 años, con su beba de algo más de un año. Aunque en su familia le decían Vicki, ella se hacía llamar Hilda, en homenaje a una zafrera tucumana. Fue periodista, y como delegada de sus compañeros se enfrentó con el director de La Opinión: Jacobo Timerman. Hija de Rodolfo, heredó el oficio de cronista y también el legado del hombre que escribió el primer libro que adoptó la resistencia peronista. Ella sabe que a cada paso arriesga su vida, y también sabe que en la historia las personas que construyeron la independencia de este país arriesgaron hasta las últimas consecuencias, como la mulata Rosario del Valle junto a Belgrano, o Juana Azurduy, con su marido, a quien perdería en la lucha. De hecho, ella misma tenía a su marido en prisión.

Los moradores

Hay un apellido que no se suele mencionar cuando se habla de la represión salvaje sobre la casa de la calle Corro, y es el de la familia Mainer. La dueña de casa era Lucy Gómez de Mainer, quien llegó de La Plata meses antes y alquiló. Lucy, una mujer algo ingenua, conocía a Alberto Molinas, por eso prestaba la vivienda para reuniones políticas, nunca pensó que ese gesto desataría un huracán de balas sobre la casa. Allí se mudaron algunos hijos de Lucy, a saber, Juan Cristóbal (15) y Pablo (23), éste último cumplía con el servicio militar y temprano salió a presentarse al cuartel. La que se quedaba ocasionalmente era Maricel (22), y su pareja Ramón Baravalle, quienes ese día estaban allí, a punto de mudarse a su nueva casa. Otra que pasaba era María Magdalena Mainer (27), llamada Malena en su familia, alumna destacada en secundaria y médica recibida con honores en la Universidad de La Plata. Aquí está la clave de la tragedia de la calle Corro, pues Malena pertenecía al ámbito de Sanidad de Montoneros. La convocaron a cubrir una posta sanitaria en Córdoba, luego derivada a San Juan, donde fue secuestrada. Desde la provincia cuyana la llevaron a La Perla, el principal centro clandestino de exterminio del interior del país, donde el oficial Ernesto “Nabo” Barreiro la torturó hasta quebrarla y obligarla a revelar la casa de Villa Luro.

La que también estaba en la casa el día fatal era Milagros (9), la hija menor de Lucy, quien fue a la escuela a primera hora y mientras caminaba a estudiar vio el movimiento de una tanqueta en la calle. No fue la única señal que preanunciaba la tormenta. El fin de semana llegó primero una cuadrilla de Entel (empresa de teléfonos), y al día siguiente un grupo que decía ser de Segba (compañía de electricidad), para hacer arreglos que nadie pidió. Cuando Lucy volvió a la casa le avisó a Juan Cristóbal que se pusiera a cubierto, que la manzana estaba rodeada de militares.

Los que resistieron

El coronel Roualdes llama por teléfono a Corro 105, donde lo atiende Molinas, el de mayor grado en esa mesa. -Están rodeados, no tienen salida. Saquen a los menores de la casa y ríndanse. Vicki, de remera y jean, le avisó a Maricel y su esposo que la casa corría peligro, que se pusieran a resguardo. El matrimonio recién se despertaba y quedaron aturdidos con el anuncio.

Pasado un rato largo, megáfono en mano, Roualdes instó a los ocupantes de la casa asediada a que se entregaran. Se hizo un silencio tenso. Dos de los principales jefes, Molinas y Bertrán, saltaban de terraza en terraza en silencio, sin sospechar que las terrazas del vecindario estaban copadas por soldados, suboficiales y oficiales. Los que quedaron al frente esperaron unos minutos y lanzaron dos granadas, para distraer y darles más chances de escapar a sus compañeros. A renglón seguido dispararon algunos tiros con sus pistolas, que de inmediato fueron respondidos con balas de fusiles FAL desde los lugares más disímiles, donde estaban apostados los suboficiales y soldados. La tormenta de plomo no eran solo balas, también se usaron armas pesadas como bazookas y FAP. Un helicóptero también llegó para reforzar el ataque, mientras una tanqueta se mantenía expectante, cerca del lugar.

El tren que circulaba por las vías del Sarmiento, a pocos metros, detuvo la circulación ante el peligro de impactos de bala. Las maestras de la escuela cercana escondieron a los niños debajo de la mesa. La balacera no se detuvo en toda la mañana. Antes del mediodía los disparos llegan desde la terraza; los gritos y el olor a pólvora eran la esencia del combate. Hasta que en un momento se hizo silencio. Un jefe militar ordenó el alto el fuego, tomó un megáfono y ordenó la rendición incondicional. Los dos oficiales montoneros que intentaron fugarse se resistieron en el camino. Molinas llegó a las vías y combatió con la decisión de no entregarse. Bertrán entró a un galpón, y los militares lo detectaron rápido por el control aéreo que tenían. Ignacio fue acosado con tiros de FAL y dos bazzokazos; el ex jesuita combatió un rato largo hasta que lo dieron por muerto. Ambos eran jefes y no consideraban caer vivos en manos represores.

Vicki subía las escaleras y Maricel le pidió un arma para enfrentar a los militares, pero la hija de Walsh se la negó y le ordenó que se mantuviera a cubierto. Desde la terraza de la casa dos combatientes se ponen de pie y se escucha una respuesta clara y contundente: Ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir. Y a renglón seguido una voz femenina que grita: ¡Viva la Patria! Y se llevan sus armas a la boca y disparan. El pecado no era hablar, sino caer en manos enemigas. Roualdes estaba indignado que la muchacha gritara “Viva la Patria”, cuando él representaba a la Patria y no esos roñosos montoneros. Los militares dispararon un rato más, creyendo que los disparos de los combatientes seguían siendo parte de la resistencia. En la planta baja el último integrante de la Secretaría resistió hasta recibir un disparo mortal.

Al silencio de las armas le siguió bazzokazo al interior de la vivienda. El silencio posterior era ensordecedor. La tanqueta avanzó y chocó el portón principal. El jefe del operativo pensó que el triunfo era suyo. Roualdes no comprendía que sus obscenas y macabras liturgias de desapariciones, vuelos de la muerte, saqueos y robo de identidades son estériles y sólo construyen fracaso. El oficial genocida no entendió la ironía del destino cuando, al entrar a la casa, en vez de hallar cadáveres lo primero que vio fue, sentada en un canasto, a una beba llamada Victoria.

Después del tiroteo

Cuando los cuerpos aún estaban tibios y los ecos de los estampidos de las balas resonaban, la directora de la escuela cercana llevó a la pequeña Milagros a la comisaría 43. La docente, antes de ingresar, vio en la calle un auto, con dos policías arreglándolo, y una beba sentadita, como esperando. Milagros se dio cuenta que era Victoria, la beba de Vicky, la amiga de su mamá. Ya estaba anocheciendo cuando apareció en la comisaría Stella Gómez, hermana de Lucy, la dueña de la casa, quien reclamó por Milagros. El comisario le llevó a la niña y le preguntó si conocía a la beba. Milagros intervino y dijo que sí, y así Stella se va con las dos pequeñas. Días más tarde, los abuelos paternos de Victoria llegan a la casa y recuperan a la beba.

Lucy, la dueña de casa, sus hijos Juan Cristóbal y Maricel, junto a Ramón Baravalle, fueron secuestrados y derivados a El Vesubio, un centro clandestino ubicado en el Camino de Cintura. Dos semanas estuvieron allí, torturados y sin recibir alimentos. Luego los llevaron a Coordinación Federal, en la calle Moreno, donde recibieron un trato similar y estuvieron dos semanas más. Maricel y su marido fueron liberados el 1 de noviembre, y se refugiaron en Esperanza, un pueblo del interior donde Ramón tenía familia. Lucy y Juan Cristóbal fueron blanqueados, pasaron a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Ella estuvo en Devoto dos años, luego pasó a libertad vigilada, asentándose en Chaco, donde todas las semanas se presentaba en la comisaría. El adolescente estuvo 5 años en la U9 de La Plata, y salió bajo libertad vigilada cuando tenía 21 años.

Pablo Mainer fue secuestrado el mismo 29 de septiembre del lugar donde cumplía con el servicio militar. Fue llevado a la ESMA, donde trajeron a su hermana Magdalena desde Córdoba, para luego pasarlos a centros clandestinos de La Plata, a disposición de la Policía Bonaerense. Les prometieron dejarlos libres si marcaban alguna casa o algún militante de La Plata, y para fines de 1977 se sabía que habían sido eliminados. Sus cuerpos fueron identificados en el cementerio de Avellaneda.

Rodolfo Walsh se enteró del enfrentamiento, se persignó y escribió dos cartas que durante mucho tiempo fueron los textos canónicos de aquella jornada con un nombre que se destacaba, el de Vicki, su hija. Mucho tiempo después María Moreno con Oración – Carta a Vicki y otras elegías políticas, y Ernesto Valverde con Corro 105: rodeados – El ataque a la Secretaría Política Nacional de Montoneros, pusieron las cosas en su lugar. Hoy sabemos que fueron cinco los integrantes de la Mesa Política que fueron víctimas, y que seis miembros de la olvidada familia Mainer, además de Ramón Varaballe, sufrieron consecuencias con secuestros, torturas y desapariciones.

Juicio

Desde marzo pasado se lleva adelante el juicio por aquella masacre en el Tribunal Oral Federal Nº7 de la Ciudad de Buenos Aires. Intervinieron más de 200 personas, entre ellos 3 oficiales jefes, 13 oficiales, 61 suboficiales y 134 soldados pertenecientes a esa unidad militar, éstos últimos son los principales testigos, ya que vieron desde su sector el desarrollo del operativo desde el primer momento. El coronel Roualdes, que estuvo a cargo del operativo, no está entre los acusados pues falleció, lo que no impide que estén Carlos Alberto Orihuela, Ricardo Grisolía, Gustavo Montell, Guillermo César Viola, Héctor Eduardo Godoy, Danilo Antonio González Ramos, Tadeo Juárez Matorras y Diego Armando Giordano, integrantes del Grupo de Artillería de Defensa Aérea (GADA) 101 del Ejército Argentino. La documentación interna de la Unidad forma parte de las pruebas, además de los testimonios de familiares y sobrevivientes del hecho. Pasados cincuenta años, se sigue luchando para que aquellas muertes no queden impunes.

El martes 29 de septiembre, a las 18,30, en la esquina de Corro y Yerbal, se realizará un acto homenaje. Entre los oradores estarán Carmen Arias, de las Madres de Plaza de Mayo, el fiscal Federal de Derechos Humanos Félix Crous, y acompañarán familiares de las víctimas.

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    Foto: Camila Ramírez
ELECCIONES 2027

Pablo Vera: “Esto es un experimento, no hay experiencia libertaria en el mundo"

05 Octubre 2026

Pablo Vera, subsecretario de Asuntos Políticos del Ministerio de Gobierno la provincia de Buenos Aires, analizó diversos temas de actualidad política del país, a raíz de la presentación de su segundo libro “Gato por libre: crónicas del experimento libertario”, de Cooperativa Editorial Azucena.

Vera dialogó el sábado 3 de octubre con "Más o menos bien" (Radio Con Vos, sábados de 18 a 20hs). A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“Estamos siendo un experimento. No hay una experiencia libertaria a nivel mundial. Sólo una ciudad en Estados Unidos, que fracasó rotundamente. El título del libro intenta demostrar que fuimos, el conjunto del país, sometidos a un fraude”.

“Tenemos que construir un frente político social con todos los sectores que están agredidos por la política de Javier Milei, independientemente de sus orígenes y sus apariencias hay que buscar eso”.

“La centralidad de la oposición, o el punto más alto, es Axel Kicillof. Ahí hay un punto muy claro de acumulación. Desde el primer día, cuando algunos planteaban que había que había que tener cierta cautela, el gobernador en todo momento expresó sus niveles de oposición. Creo que estamos en un momento donde tenemos que tratar de legitimar cada vez más esa posición. Es cierto que la oposición tiene que ir mostrando, aparte que está en contra, qué es lo que va a proponer. Es difícil hacerlo porque seguramente le vas a dar mucho tiempo al oficialismo para que te conteste”.

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    Peregrinación a Luján
    Fotos de Tiago Aranguren y Violeta Houlton

El camino que a Luján sigue la procesión

05 Octubre 2026

Comienza el primer fin de semana de octubre del 2026 y el cielo se parte en pedazos. Durante la noche del viernes, entre los fieles que ya estaban reunidos en Liniers, ya se sentía ese cambio de aire que antecede la tormenta.

Hace 51 años que miles de personas caminan 60 kilómetros desde el Santuario de San Cayetano en Liniers hasta la Basílica de Nuestra Señora de Luján.  

Por más baldazos que caigan, nada los va a frenar.

El 25 de octubre de 1975, cinco meses antes del golpe de Estado, organizaciones pastorales de la Iglesia porteña organizaron la primera Peregrinación Juvenil hasta la Basílica de Luján. Aquella marcha llevó como lema “La juventud peregrina a Luján por la Patria”, en un contexto de fuerte conflictividad política y social. Alrededor de 30.000 jóvenes partieron desde Liniers con una imagen de la Virgen en andas.

Si bien comenzó como una convocatoria para los jóvenes, hoy caminan desde los bebés hasta los abuelos. Nico y Ana se envuelven en pilotos y bolsas de consorcio para comenzar su caminata desde Liniers. Lo llevan a Emiliano, su hijo de tres años que desde que nació no se ha perdido una peregrinación. El año pasado llegaron hasta General Rodriguez (a 4 horas de la Basílica) pero los detuvo una tormenta como la de hoy: “esta vez no”, dice confiada Ana.

Al mediodía las nubes empiezan a dar lugar al sol. Los pilotos, inútiles a esta altura, empiezan a tapizar el camino que sigue la procesión, y los buzos ya se usan en el cuello o la cintura. Quedan unas 30 cuadras para llegar a la Basílica. Los peregrinos levantan sus manos, y abren y cierran los puños siguiendo las órdenes del equipo médico que acompaña la caminata, que aseguran que eso ayuda a que la sangre llegue mejor al corazón. 

Muchos fieles se toman estos últimos kilómetros para estirar, almorzar algo, o simplemente descansar junto a sus familias. Ya saben que están ahí, que no queda nada. Tomás, junto a su primo, llegaron desde Liniers en seis horas, batiendo el récord familiar. 

Sesenta kilómetros, seis mil cuadras, unos ochenta mil pasos. Historias de familiares enfermos, seres queridos que ya no están. Toda esa mezcolanza de cansancio y emociones rebalsa cuando los peregrinos doblan por la “última curva”, en la esquina de General Las Heras y 9 de Julio, y se encuentran de frente con la imponente Basílica. Aquellos a los que les queda un poco de energía comienzan a correr, otros rompen en llanto.

Más de dos millones y medio de personas peregrinaron hasta Luján este año. Entre promesas y agradecimientos, el sentimiento de unión que se siente yendo al compás de los pasos peregrinos es un atisbo de fé y esperanza en los tiempos que corren.

 


 

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    Flavio Bolsonao
    Flavio Bolsonao ganó la primera vuelta

"Aunque nos duela, los bolsonaristas convocan a una causa, Lula ya no"

05 Octubre 2026

En este episodio, Santiago Gómez, corresponsal de AGENCIA PACO URONDO en Brasil - lleva más de 10 años en ese país - sobre las recientes elecciones presidenciales que enfrentaron a Bolsonaro y Lula. ¿Ganó Bolsonaro en primera vuelta pero se puede revertir en la segunda? 

Las principales declaraciones de Gómez y la entrevista completa al final del artículo. 

"Lula dijo que se estaba cerca de ganar en primera vuelta y finalmente sacó el 45%, le erraron por 5 puntos. No sabían o le informaron mal. Me parece que hay mucho desconocimiento de lo que pasa en la sociedad"

"En el PT (Partido de los Trabajadores) los militantes no caminan la calle, no sabe lo que pasa en los territorios. En las favelas no ves militantes del PT, si evangelistas que están con Bolsonaro"

"Lula no convoca a la gente a la calle, no hay movilizaciones. Uno milita por una causa y no hay una causa en Lula. Se proponen cambios que no se dan o se dan muy lentos. Se habló de reforma tributaria y se tardó dos años en sacarla. Aunque duela reconocerlo, los bolsonaristas tienen un causa, convocan a una revolución"

"Los bolsonaristas hablan de echar a los jueces de la Corte Suprema, que son muy corruptos. Hay causas escandalosas. Y Lula negocia con la Corte, no pide cambiarla a pesar de todas las pruebas"

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    marcha

Cambios regresivos en el sistema de salud

05 Octubre 2026

La presente nota tiene por finalidad poner el foco sobre algunos cambios que se vienen impulsando en el sistema de salud argentino a partir de las políticas públicas del Gobierno Nacional, con el evidente objetivo de instaurar un modelo de atención sanitaria muy alejado del paradigma que impera en el país -no libre de contradicciones y dificultades- desde la mitad del siglo XX.

Es destacable cómo el Gobierno Nacional no está solo en esta empresa, encontrando aliados en diferentes tiendas del arco político del país.

El arancelamiento de la atención sanitaria a extranjeros, que no posean documento nacional de identidad, es el comienzo de una serie de cambios que tienen como finalidad la privatización de la atención médica, como ya se está dando en forma aislada en algunos municipios, por esto es crucial denunciar esos casos testigo si pretendemos tener una democracia con igualdad de derechos en nuestro país.

Una breve reseña

Desde que el gobierno de Milei asumió la conducción política del Estado Nacional ha sucedido un retiro del mismo en relación a la salud de los ciudadanos, tanto cerrando dependencias como desregulado las tibias medidas de control que la Superintendencia de Servicios de Salud impone al sector privado en término de aumentos de aranceles y otras regulaciones.

Ya desde el DNU 70 se liberaron los precios de las prepagas. Desde que asumió la Libertad Avanza el Gobierno Nacional lleva acumulado casi un 500% de aumento en el precio sin que ello signifique un aumento en la satisfacción de los usuarios ni aumentos equivalentes de los honorarios profesionales, más bien todo lo contrario.

Un número que pone en evidencia la destrucción que el Gobierno Nacional acumula en el área salud es la cantidad de personas que perdieron su cobertura médica, recayendo su atención en el subsector público, estimado en 1.240.000 personas a la fecha.

Mientras la economía continúa en caída no hay nada que nos haga pensar que la tendencia cambie, sino muy por el contrario que se profundice, con mayor cantidad de usuarios que accedan al derecho a través de este subsector. Atacado y desfinanciado como nunca antes por la administración de Milei.

En términos de acceso a fármacos, el paradigma del medicamento como “bien social” impulsado por el Dr. Arturo Oñativia desde el año 1964 giró hacia la distopía de “el medicamento como una mercancía más en el mercado” a la que se accede dentro de la capacidad de pago de cada uno.

Así se desreguló el precio de medicamentos, se impulsó su comercialización por fuera de farmacias y droguerías. Desestimando las condiciones de conservación, calidad y bioseguridad de los mismos. También se aumentó el número de fármacos de venta libre con el consiguiente aumento en el gasto de bolsillo de los pacientes que los requieran.

El punto cúlmine sobre este tema se refleja en la limitación de entrega de medicamentos gratuitos a afiliados del PAMI y en el desmantelamiento del programa REMEDIAR cuyo presupuesto cayó un 72% en la gestión Milei mientras el número de tratamientos entregados lo hizo en un 52%.

El programa incluía 75 principios activos, de los cuales se mantienen 30, siendo solo 3 de ellos para tratar afecciones cardiovasculares, la patología más prevalente en nuestra sociedad.

También se ve reducida la cantidad de botiquines entregados, de los 8000 mil centros de atención primaria que los recibían regularmente solo 800 continuarán con su abastecimiento.

En términos estructurales la desolación es aún mayor, ya a comienzos de 2025 el Gobierno inició una ráfaga de anuncios que incluyó la disolución de 15 direcciones sanitarias siendo las más representativas de esta destrucción la Dirección de Epidemiología y la tristemente recordada Dirección de Asistencia Directa por Situaciones Especiales (DADSE), a la cual acudían los pacientes sin obra social ni prepaga que requerían medicamentos oncológicos.

Otros ejemplos de lo mencionado son el intento de cierre del Hospital Laura Bonaparte evitado gracias al compromiso de las organizaciones sindicales y sus trabajadores, los despidos en el Hospital Posadas y el continuo sofoco económico al Hospital Garraham.

El caballo de Troya

Como en la tan vigente Odisea de Homero en la cual los griegos engañaron a los Troyanos con una ofrenda a los dioses para que abran las puertas a su propia perdición, el pueblo argentino está aceptando de buen grado el arancelamiento a extranjeros sin darse cuenta que al hacerlo están ellos mismos dando pasos firmes hacia la privatización total de su atención sanitaria.

Tomando como marco la penosa situación de asistencia médica que se vive en los países vecinos, los medios de comunicación han logrado instalar satisfactoriamente a través de casos puntuales que se cobraron en forma trágica la vida de ciudadanos argentinos, que el cobro a extranjeros no solo es deseable, sino que además es justo, homologando nuestra atención sanitaria a extranjeros con la ley del talión del Código de Hammurabi.

Más allá de los casos puntuales y excepcionales de lo perversamente denominado “turismo sanitario” que da a entender que el migrante viene alegre y abusivamente a atenderse a este país, invisibilizando su dolor y su imperiosa necesidad de atención sanitaria, muchas veces en riesgo de vida.

¿Acaso los gobernantes se encuentran tan lejos de la realidad de los pueblos que no pueden ver que entre una “atención programada” y una “atención de riesgo de vida” hay una gama de grises y que dejarlas desreguladas se traduce en pérdida de vidas inocentes? ¿Alguien los asesora? ¿O tal vez sus asesores son tan imbéciles e inhumanos como ellos?

Negar atención sanitaria a quien la necesita es un crimen de Estado y no es menos aberrante que negarle un vaso de agua a un caminante que se desvanece frente a nuestros pies luego de cruzar un desierto.

La política es la responsable de entablar acuerdos bilaterales y de reciprocidad para que el derecho a la salud de los argentinos se respete en el extranjero y no limitar derechos a personas migrantes garantizados en nuestra Constitución Nacional.

Además, esta política afecta la atención de personas extranjeras que viven, trabajan y tributan desde hace muchos años en este país, pero se encuentran en una situación de residencia irregular y merecen la misma atención sanitaria que un nativo de esta tierra.

¿Tanto ha trastocado nuestros valores este Gobierno que debemos reafirmar lo obvio como por ejemplo que migrar no es un delito? ¿Hasta dónde pretende el presidente Milei llevarnos? ¿Qué distopía nos espera en el final de su ventana de Overton?

Uno no puede dejar de preguntarse si nuestros gobernantes piensan continuar legislando desde la más llana inconstitucionalidad, ya que estas políticas están abiertamente enfrentadas a nuestra Constitución Nacional que en sus artículos 42 y 75 garantizan el derecho a la salud en la República Argentina. O Pensará el presidente Milei modificar el preámbulo de nuestra carta magna, y allí donde reza “asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino” cambiarlo por “Argentina: entre bajo su propia responsabilidad”

Vienen por vos

En la República Argentina el derecho a la salud está garantizado a través de un sistema compuesto por tres subsectores: el público, el de la seguridad social (obras sociales) y el privado (prepagas). A su vez el subsector público se encuentra dividido en tres subsectores: municipal, provincial y nacional.

A partir de la última dictadura cívico-militar genocida el primer nivel de atención comenzó a ser transferido a los municipios (sin los fondos adecuados por supuesto), terminando su traspaso durante la década neoliberal del menemismo. Es decir que es responsabilidad de los intendentes garantizar el primer nivel de atención sanitaria del sistema de salud argentino en el subsector público, sin el financiamiento acorde. Aquí, en este vacío presupuestario, reside la razón por la cual intendentes de todo el espectro político, a lo largo y a lo ancho del país, son los primeros en sumarse a estos discursos de racionalización del gasto público y priorización de sus representados.

En esta dificultad económica yace la razón por la cual los gobernantes municipales son los primeros en montarse al chovinismo más rancio para justificar la aberrante máxima de negar atención sanitaria a un extranjero. La famosa frase de Samuel Johnson es hoy más cierta que nunca “el patriotismo es el último refugio de un canalla”.

Son de destacar las publicidades del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a cargo del “intendente” Jorge Macri, que se ufana del cobro a extranjeros, presentando el hecho como un triunfo de los porteños sobre las huestes del mal y la expresión última e inmejorable de la “buena gestión”. Si este globo de prueba resulta eficaz ¿intentará el “intendente” porteño poner a prueba la universalidad de la atención en hospitales públicos de CABA? ¿Negará la atención sanitaria a los millones de bonaerenses que trabajan y consumen en CABA? El tiempo dirá. Varios intendentes de la Provincia de Buenos Aires se frotan las manos fantaseando con la misma hazaña de efectividad fiscal y buen uso de los fondos públicos.

Pero si de efectividad fiscal y buen uso de los fondos públicos se trata el clan Passaglia del municipio bonaerense de San Nicolás de los Arroyos no tiene parangón. Allí el sistema de vouchers anunciado por Milei para la atención médica es una realidad. A través de un seguro médico municipal con el cual los nicoleños pueden “elegir libremente” atenderse en efectores públicos o privados de la ciudad.

Asociados al grupo Oroño los Passaglia han impulsado con éxito que los nicoleños sin obra social atiendan sus necesidades sanitarias en los hospitales privados del grupo Oroño. Así las consultas realizadas serán abonadas por el municipio, mientras los centros de atención primaria de la salud de esa ciudad -que son responsabilidad de la gestión Passaglia- se encuentran desfinanciados o cerrados por falta de personal e infraestructura. Es decir que los nicoleños deben “elegir” entre atenderse en un centro de salud en ruinas y sin profesionales o en los hospitales privados de los amigos del clan Passaglia, engordando los bolsillos privados con fondos públicos, capitalismo de amigos en su máxima expresión.

“Donde hay una necesidad nace un derecho” dice la frase popular atribuida a Eva Duarte de Peron. Passaglia completa: donde hay un derecho podemos hacer un negocio ¿Qué pasará mañana si los márgenes de ganancia del grupo Oroño no son los esperados? ¿Limitarán las consultas gratuitas o impulsarán copagos a los habitantes del municipio sin obra social? ¿Y la universalidad del sistema para los no residentes? ¿Y la gratuidad del mismo? A lo largo de la historia los seguros de salud solo han generado aumento del gasto de bolsillo de las poblaciones cautivas y aumento de la litigiosidad en la atención sanitaria de las mismas.

Por eso cuando veas a funcionarios festejar el cobro de aranceles a extranjeros o la pérdida de la universalidad del acceso a la salud como un triunfo de la argentinidad y el comienzo de una era de prosperidad y dignidad para el pueblo no compartas su entusiasmo. Ya que su entusiasmo no puede ser el tuyo.

Cada vez que convenzan a un trabajador que su derecho a la salud se ve afectado por un inmigrante que huye de su país empujado por la necesidad de subsistencia, la enfermedad y muchas veces la muerte. Al igual que los troyanos de la Odisea habremos abierto las puertas a nuestra propia perdición, a la pérdida de nuestro derecho a la salud y el de nuestros hijos.

Mientras haya un gobierno de ricos el pobre siempre estará en tierra ajena. Vienen por vos.

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    Fernando Borroni
ENTREVISTA

Fernando Borroni: “Ahora hay un nuevo sujeto, el sujeto odiante”

04 Octubre 2026

APU entrevistó al periodista Fernando Borroni que reflexionó sobre la situación actual de la Argentina, la imposición de la crueldad y cómo funciona la ultraderecha en todo el mundo, a partir de su más reciente libro Coronados de odio, publicado por Marea Editorial.

AGENCIA PACO URONDO: ¿Cómo surgió la necesidad de escribir este libro Coronados de odio?

Fernando Borroni: Creo que como surge la necesidad de dejar testimonio, una mirada, un análisis sobre esta actualidad. Sentí que estos tiempos donde el odio es tan visible, tiene tanto cuerpo, tanto andar, había que dejarlo en evidencia, de alguna manera, dejarlo plasmado, en mi caso, en un libro. Porque nosotros no hemos vivido en tiempos democráticos un odio tan manifiesto y un gobierno, sin duda el peor de la democracia argentina, que haya construido poder a partir de esa emocionalidad negativa. Entonces entendí que había que desnudarlo aún más y proponer algunas ideas para discutir y vemos cómo salimos de eso colectivamente.

APU:¿Por qué hablar de odio para explicar la Argentina actual?

FB: Porque creo que la Argentina actual nos habla de eso, del odio, y nos ha demostrado que se puede hacer política a través del odio y que eso acumula poder. Hoy en día, muchas de las decisiones políticas de este gobierno, muchas de las reacciones sociales de un sector, claro está, de la ciudadanía, actúa en función del odio. El odio se ha conformado como una manera de ser, como una manera de hacer política. Creo que la explicación a muchas de las medidas de este gobierno no encuentran otra respuesta que no tengan que ver con eso. Cuando se recorta en sectores de la sociedad como puede ser discapacidad, ciencia, educación, Universidad, hasta un coro de niños, y lo hacés puramente por una cuestión ideológica, hay que revisar qué hay encerrado en eso que llamamos ideología. Y acá no hay una idea.

¿Qué idea de país puede haber o qué idea de sociedad puede sostenerse bajo los parámetros de que aquellas personas que sufren cierta discapacidad no deban tener ningún recurso del Estado? Yo creo que nadie, salvo aquel que es capaz de despreciar y de decir “ustedes no son productivos para la sociedad por tanto, no me importa lo que es de sus vidas y por tanto, el Estado no va a darles nada”. ¿Qué otra cosa puede ser el motor de una represión sistemática todos los miércoles, en el caso de los jubilados? ¿Qué otra cosa puede ser el motor en el caso de los insultos permanentes a los periodistas; el tratar de ratas, de miserables, de basura, a todo aquel que opine distinto? ¿Qué otro motor puede poner en funcionamiento la celebración de aquellas leyes que son tragedia para los demás? Entonces, cuando uno piensa este gobierno, dice: es algo más que la acumulación del capital en manos de unos pocos, que es lo que hace siempre la derecha cuando gobierna; es instalar un nuevo orden social supremacista, a partir del cual, construís ciertos códigos de convivencia que no piensen ni integran a las mayorías. Eso es lo que yo llamo “sujeto odiante”.

APU:¿Qué es exactamente el “sujeto odiante”?

FB: Sabemos que el sujeto político, social, por excelencia es el trabajador, la trabajadora. Por eso el peronismo es el peronismo, porque Juan Perón le dio a esos trabajadores y trabajadoras, derechos pero además, les dio una identidad como sujetos sociales y políticos. Ser trabajador era y, sigue siendo en algunos casos, un actor político fundamental. No solo para el crecimiento económico de una sociedad, eso está fuera de discusión. Si no por el empoderamiento de la política. El trabajador es el que ordena la sociedad porque prioritariamente es el trabajo el que ordena la sociedad y antes, o de la mano del trabajo, es un salario digno el que la ordena, en términos de convivencia y en términos económicos. Creo que el trabajador ha sido el sujeto de la historia, en todo el mundo. Si uno va a Centroamérica quizás vea que el sujeto político por excelencia, sobre todo en décadas pasadas, era el campesinado, el trabajador de la tierra. Por supuesto que el sujeto estudiantil ha sido parte de nuestra historia y de la de otros países.

Pero ahora hay un nuevo sujeto que es el sujeto odiante, y es el que se conforma a partir de aquello que rechaza ser o que le dijeron que debe rechazar para poder ser. Entonces, les alcanza con decir “soy antiperonista” o “soy antikirchnerista” o “desprecio a los zurdos”: esa es su identidad política. En realidad, no es una identidad de lo que son sino una identidad conformada por aquello que no quieren ser. Que tampoco tengo muy claro si es que no quieren serlo o si el poder, a través de los medios, los ha educado en decirles: “eso es el mal y vos, para ser bueno, tenés que alejarte de eso”. Cualquiera sea la razón, el odio hoy en día regula porque se organiza y tiene un partido político, y la gente vota y empinan el mentón y se sienten más realizados porque pueden vomitar sobre aquellos que desprecian. Después les preguntarás qué opinan sobre otras cosas de la vida y quizás no tengan respuestas. No defienden ideas, defienden emocionalidades negativas sobre aquellos que el poder determinó, previamente, que son sus enemigos.

APU:¿Milei creó ese odio o supo interpretarlo?

FB: Es muy interesante esta pregunta porque el odio existió siempre. Creo que Milei lo condujo. Lo leyó, lo fomentó y lo condujo. Lo que Milei le aporta al odio histórico de nuestra sociedad y del mundo, cierto rasgo de heroicismo, cierta épica: “Vamos a destruirlos, vamos a prender fuego al Estado, vamos a terminar con el peronismo”, en una lógica de cruzada. Creo que él le dio cierto carácter épico. Porque antes daba cierto pudor, como aquellos que hacían daño pero siendo conscientes de ese daño, se escondían, no querían terminar descubiertos. Ahora hacen campaña de la mano de reivindicar el daño. El Milei que dice: “nosotros somos superiores ética y estéticamente” o el que dice: “les voy  vetar todo, me importa un carajo”, o el que reivindica y celebra el dolor ajeno, es aquel que sabe que acumula poder a través de ese sentir. Entonces, si bien él toma un odio que es histórico en la humanidad, le pone la espada en la mano, el ropaje de soldado medieval y pega el grito de “vamos a dar la batalla”.

APU:¿Qué papel tuvieron los medios en su construcción?

FB:No sé si los medios construyeron a Milei, sí multiplican el odio. Creo que Milei fue el emergente de una sociedad que estaba rota, que está rota, que se fue rompiendo con los últimos dos años del gobierno de Cristina, tal vez un poco antes, sí por la construcción de persecución del poder mediático y judicial. Y sí, después la falta de respuestas que dio (Mauricio) Macri, nadie esperaba que las de pero en todo caso alguno sí, o las Alberto (Fernández) en su gobierno de medio pelo, terminó siendo la insatisfacción de la política, para la sociedad.

Por eso creo que Milei aparece y puede conducir la bronca. Milei fue el conductor político de la bronca, de la desilusión, de la desesperanza, del enojo. Macri fue la construcción mediática, él fue el candidato de Clarín, no Milei. Pero Milei es la expresión más bestial, más vulgar, más burlona, si se quiere, aunque no por eso inofensiva, de la derecha. Pero no creo que sea el resultado de los medios, sí por supuesto las redes jugaron un rol pero fue la expresión de ir por afuera de los márgenes, de los acuerdos democráticos. 

APU:¿Por qué alguien vota contra sus propios intereses?

FB: Puede haber varias causas para eso. Yo no creo que todo el que haya votado a Milei sea ni un gorila ni un ser despreciable ni un idiota. Los hay, por cierto, ahí y en todos lados. Pero creo que hay una disputa por el sentir que han ganado las redes y los medios que son mayoritariamente, de la derecha. Lo que llamamos tecnocracia ha construido un sentido mucho más que en la mirada política, ha construido un sentido en la mirada de humanidad. Por eso creo que muchos no sienten que estén votando en contra de sus propios intereses porque creen que la culpa es del que se fue. Muchos no tienen el tiempo para darse esa lectura porque no dan abasto de tantas horas de trabajo para cobrar miseria y ver cómo pueden hacer para llevar cuatro comidas a sus casas.

Creo que están otros, como decía antes, que sienten que son en la medida que responden a lo que el poder les determinó. Los grandes ejércitos en la antigüedad, estaban compuestos por los esclavos de aquellos hombres que los llevaban a la guerra y daban su vida, no por su propia libertad, sino por el amo. Es la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel: el amo es tanto amo por su decisión de matar y el esclavo es tanto esclavo por su miedo a morir. Y creo que hay una lógica de sometimiento que también muchos han aceptado. Entonces, ¿cuánta conciencia hay en aquellos que votan a sus propios verdugos? No lo sé. Si sé que hay una mirada de querer pertenecer, una mirada constructora desde lo mediático pero creo que es algo mucho más grave, creo que hay una crisis de la humanidad que es profunda y que se evidencia en esto. 

"Ahora hay un nuevo sujeto que es el sujeto odiante, y es el que se conforma a partir de aquello que rechaza ser o que le dijeron que debe rechazar para poder ser".

APU:¿Qué responsabilidad tiene el peronismo en este escenario?

FB:Me parece que la responsabilidad del peronismo puede verse en varias situaciones, no creo que sea el único ni que la totalidad de la responsabilidad sea del peronismo. Creo que en el gobierno de Alberto Fernández y de Cristina Kirchner se desaprovechó una gran oportunidad: que era la de gobernar en pos de los intereses con los que llegaron al poder. La derecha cuando gobierna defiende lo que quiere: si te tiene que disparar por la espalda, te dispara, si te tiene que encarcelar, te encarcela; si te tiene que quitar derechos, te los quita. Y a veces, el campo nacional, cuando gobierna, pide demasiado permiso, demasiadas mesas de consenso, poca firmeza frente a los poderosos, y cierta lógica, que creo que es el gran pecado del peronismo, o cierta soberbia de creer que con el mismo discurso de siempre, pasen y pasen los años y va a seguir convenciendo a una sociedad que es distinta. Creo que hoy el peronismo no entiende a la sociedad que quiere gobernar nuevamente. Eso no quiere decir que no pueda ganar la elección; la podés ganar pero no podés entender al pueblo que se gobierna.

Yo creo que la gran virtud de Néstor Kirchner fue entender al pueblo que tenía que gobernar, entender la desilusión de la sociedad y qué debía construir y hacia dónde. Él lo entendió perfectamente y después lo entendió Cristina, la parte de confrontación. Después creo que vino una parte, un poco de encerrarse y luego Alberto se puso en un rol que nadie le había pedido, el de ser conciliador, evitar el conflicto, negar el conflicto, tratar de consensuar en una Argentina de la unidad que no existió nunca ni va a existir porque siempre hay intereses que confrontan y hay algunos que no quieren coincidir con que esos intereses puedan ser compatibles con los derechos del pueblo. Creo que el peronismo se ha quedado en un lenguaje viejo, en discusiones viejas y dejó de representar a las mayorías para volver a señalar quién es progre, quién es kirchnerista, entonces no es peronista, quién es zurdo o comunista. Casi que en algunos de sus dirigentes repite la lógica que uno rechaza de este gobierno. Creo que el peronismo tiene la responsabilidad de no actualizarse y de dejar de escuchar. Si bien es cierto que los días más felices fueron peronistas, hoy en día, con el peronismo tal cual está, no sé si puede hablar del serán peronistas los días más felices. No lo sé, creo que falta mucha humildad en el peronismo.

APU:Las redes, ¿producen odio o simplemente lo amplifican?

FB:Las dos cosas: las redes producen odio y también lo amplifican. Porque las redes construyen imaginarios permanentemente. Las fake news, la violencia explícita en las redes. La red X, por ejemplo, es un espacio para expresar lo peor de cada uno aunque no todos lo usan para eso pero... Además, los que manejan las redes sociales, quienes manejan la inteligencia artificial, lo que llamamos la tecnocracia está buscando esa sociedad quebrada, esa sociedad de seres sin escencia, esa sociedad desideologizada. Está buscando a esos pibes idiotizados, no es que sean un accidente. Peter Thiel, uno de los que maneja la inteligencia artificial en el mundo, cree que la democracia no sirve para nada, que las democracias atentan contra la libertad del ser humano. Eso es todo una política, en las redes hay una política. Elon Musk está detrás de X, no está un empresario que creyó en una pyme.

Entonces, hay una intencionalidad muy clara, hoy son estos los sectores de gran poder. Si alguna vez las grandes luchas de la humanidad se dieron por las tierras, luego por las maquinarias de producción, luego por los medios de comunicación, hoy se están dando directamente por la cabeza del ser humano. La disputa de esas redes es por construir una humanidad determinada, bestial, temerosa, temeraria, que rompa y que se enfrente al mundo de la idea, del pensamiento, de lo filosófico, de la organización.

APU:¿Qué tiene en común Milei con otras ultraderechas en otros países del mundo?

FB:Creo que eso lo respondió hace un tiempo (Diego) Capusotto: “gobiernan un país, una sociedad que desprecian”. Nosotros tenemos una derecha, en estos tiempos en el mundo, mayoritariamente, supremacista. (Donald) Trump es supremacista, igual que el genocida de (Benjamin) Netanyahu es supremacista, igual que Javier Milei. También lo es Isabel Ayuso y Vox en España es supremacista. Por supuesto, ni hablar de las últimas elecciones en Alemania donde ganó un partido que directamente es nazi. Estamos retrocediendo siglos y por eso digo que la lucha es por eso, por una humanidad distinta. Y creo que Milei es parte de este avance en el mundo de los neofascismos que no hacen otra cosa que poner en discusión si el ser humano como tal, vale. Si el ser humano como tal tiene derechos o debemos pensar cuáles de los seres humanos tienen derechos, cuáles valen y cómo dividirnos. Lo que tienen en común es casi todo, lo que lo puede diferenciar es su forma medio de arlequín en sus últimos días de borrachera, quizás lo hace diferente.

APU: Si “el amor no vence al odio”, ¿Qué puede vencerlo?

FB: Eso es lo digo en el libro, que el amor no vence al odio pero el amor da pelea. Creo que lo que vence al odio es la educación, es la construcción colectiva, es construir una sociedad empática. Puede que muchos digan qué romántica tu posición. Bueno, seguiré viviendo en ese romanticismo aunque lo creo posible. Creo que las sociedades que piensan en colectivo, las sociedades que escuchan, las que son capaces de ponerse en el lugar del otro, son las que vencen el odio. Porque el odio nace del individualismo extremo y de creer que ese individualismo solo puede crecer en la medida en que se saca de encima al otro. Si construís una sociedad antagónica a ésta, creo que el odio vuelve a ser parte del poder dominante.

Históricamente el odio ocupó más tiempo en los palacios del poder dominante que en las calles. Desde hace unos años para acá, el odio empezó a ocupar las calles. Antes era casi una exclusividad de los poderes dominantes, ahora hay laburantes que odian. Entonces creo que deberíamos volver un poco a lo más humano, a lo más sensible del ser humano. Yo voy a seguir creyendo que lo que hay que construir para cambiar es a un hombre, a una mujer o el género con el que cada cual se identifique, nuevos, capaces de sentir y de pensar en función del todo y no únicamente de la parte. 

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HOMENAJE

Carlos Alonso: el artista de la Memoria

04 Octubre 2026

Las últimas semanas han transcurrido bajo la sombra de un adiós postergado. La partida de Carlos Alonso (1929-2026) nos tomó por sorpresa, aun cuando el peso de sus años presagiaba lo inevitable. En sus últimas lecturas y exposiciones, su mirada conservaba aquella vivacidad crítica e incisiva que definió su trayectoria. Con su marcha, la memoria colectiva vuelve a convocar sus grandes hitos: desde Dante x Alonso y sus desgarradoras visiones del infierno, hasta el horror implacable serie de Manos Anónimas, obra que conserva la violencia descarnada de la dictadura de 1976.

La primera vez que lo vimos en persona ocurrió en 2005, en los pasillos del museo Genaro Pérez de Córdoba, durante un montaje vertiginoso al que llegamos tarde de la serie Carlos Alonso en el infierno. Años después, tras admirarlo a la distancia en diversas inauguraciones, el encuentro definitivo tuvo lugar en las salas del Museo Nacional de Bellas Artes. Allí presentó Pintura y Memoria (2019), una de las retrospectivas más completas de su producción, allí nos firmó un catálogo, tras un discurso maestro que atesoraremos en nuestra memoria.

Aquel espacio permitió descifrar la manera en que Alonso dialogaba con los grandes maestros de la historia del arte —Renoir, Courbet, Van Gogh—, leyéndolos desde un presente. A través de un tratamiento expresivo del color y composiciones de una firmeza estremecedora, sus obras sobre los desaparecidos, el asesinato del Che Guevara y la reinterpretación de Sin pan y sin trabajo de De la Cárcova exigían una mirada detenida, aletargada y perturbadora ante las atrocidades de  la desigualdad social y los delitos de lesa humanidad que representan. 

Su legado perdura no solo por la calidad de su técnica y sus excepcionales dibujos, sino también por su inquebrantable compromiso social en favor de los Derechos Humanos.

En la narrativa visual de Alonso, los pintores no aparecen glorificados, sino retratados como antihéroes en su etapa final. Su pincel capturó la decadencia física de un Renoir anciano y azotado por la artritis, quien ataba los pinceles a sus manos atrofiadas para no interrumpir el flujo del lienzo. Alonso elevó a estos creadores a la categoría de mártires de la pintura: figuras trágicas atadas al imperativo ético y vital del arte.
Posteriormente, la exposición Dante X Alonso reveló la sintonía absoluta entre dos mentes atravesadas por el exilio, la tragedia y el impulso de la creación. Donde Dante empleó la palabra para descender a los infiernos, Alonso desplegó el trazo en la tinta y el papel, dejando al descubierto los abismos de la condición humana.

Carlos Alonso se consolidó así como una figura fundamental de las artes plásticas argentinas. Su legado perdura no solo por la calidad de su técnica y sus excepcionales dibujos, sino también por su inquebrantable compromiso social en favor de los Derechos Humanos y su acompañamiento a la causa de los detenidos-desaparecidos. Como un Goya contemporáneo, se atrevió a plasmar la violencia institucional, los atropellos del poder y las grietas de su tiempo con la dictadura pisándole los talones, asegurando un testimonio visual imborrable en nuestra historia cultural. Recordaremos por él la memoria de su hija Paloma Alonso secuestrada y  desaparecida por la dictadura cívico militar el 30 de julio de 1977, a los 21 años, en el barrio de San Telmo. 

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    Hotel Pelícano
NOVEDAD EDITORIAL

"La batalla intacta", de Agustín Caldaroni: el renacer del tremendismo

04 Octubre 2026

Mijail Bajtin definió el “cronotopo” como una categoría artística para analizar la unión de los elementos espaciales y temporales en un todo concreto: en toda obra, postula el teórico ruso, el tiempo se condensa, se comprime; y el espacio se intensifica, penetra en el argumento. A modo de ejemplo, Johann von Goethe comentó que, al visitar el Coliseo, podía sentir el tiempo del imperio romano y los gladiadores en su piel, atravesándolo.

Este concepto del cronotopo bajtiniano resulta el más apropiado para analizar la flamante novela de Agustín Caldaroni, La batalla intacta (Editorial Nudista, 2026), ya que la historia se ambienta, simultáneamente, en Buenos Aires y Galicia, a través de una serie de viajes que emprende el personaje principal, en su adolescencia y en su adultez, con un telón de fondo que podría ser el contexto de la crisis argentina post-convertibilidad de 2001.

El personaje principal de la historia es Nene, un joven desocupado de clase media porteña que es enviado a Galicia por su familia con un oscuro propósito: ver qué tan senil está su abuela gallega, Olimpia, para disponer de su propiedad. Si bien la centralidad de la historia está puesta en este viaje, la novela tiene el mérito de ubicar al lector en distintas secuencias temporales, como la juventud de la abuela en la aldea de Ferroso, su migración a Argentina en la posguerra y los viajes de Nene a Santiago de Compostela.

La novela está compuesta por una estructura de cinco partes, presenta una narración en tercera persona, pero con una focalización cercana al protagonista: “Nene toma vino junto al hogar y piensa en la locura de Olimpia, parece un fuego amistoso, casi acariciable como una mascota”.

Por otra parte, incorpora la narración en primera persona a través de cartas, dedicatorias de libros y diarios íntimos: “Ráfagas de metralla caen encima de una gitana desnuda. Un cerdo se acerca al cadáver con las piernas abiertas y devora el sexo que esconde una granada; estalla el animal, sus trozos bien cocidos vuelan y caen en las manos de esos niños hambrientos que juegan encima de las barricadas. Un recuerdo de nuestras charlas de trinchera”, reza una dedicatoria al abuelo del protagonista.

Además, la novela apela a un novedoso juego espacio-temporal a partir de mezclar los tiempos verbales en presente y en pretérito en la misma oración, un uso del flashback que no se circunscribe sólo al recuerdo, sino que irrumpe en las situaciones cotidianas. Este recurso conlleva una novedad estilística en la producción del autor, que cuenta con un poemario (La razón bárbara, Editorial Lisboa, 2015) y dos libros de relatos (Nuestra verdadera sangre, Palabras amarillas, 2019; y Hotel Pelícano, Editorial El Fatalista, 2023).

La novela opta por construir una atmósfera lúgubre, con personajes que priorizan la satisfacción de sus instintos más primarios y apela a una simbología propia del tenebrismo de Francisco de Goya. 

La historia está atravesada por dos conflictos muy actuales: los migrantes argentinos en España y los proyectos autonomistas de España, como Galicia, Cataluña y País Vasco. En este marco, Caldaroni inventa dos grupos activistas, “Sangre y Oro” y “Nova Irmandade Galega”, y logra tematizar la problemática de las identidades políticas sin caer en el realismo chato ni la burda bajada de línea.

¿Cómo logra la novela salir bien parada? Precisamente porque cruza ambos ejes temáticos: el personaje viaja con la ilusión de ser recibido con una simbólica alfombra roja y, muy por el contrario, nunca logra encajar ni incorporarse a ninguna estructura social, ni laboral ni de militancia. A su vez, los grupos militantes desconfían del protagonista y construyen una atmósfera sórdida de sabotajes, revueltas y peleas callejeras. Por si fuera poco, un empresario local, “El Marqués”, genera un magnetismo hacia Nene.

Por sus conflictos, imágenes y diálogos, la novela resulta heredera de la estética tremendista inaugurada por Camilo José Cela en la década de 1940 y de la “España Negra”, corriente que nace con el libro del pintor José Gutiérrez Solana en 1920 y que retrata una España grotesca y decadente. A Gutiérrez Solana, Caldaroni ya le había dedicado un formidable relato, “Café Pombo”, en su anterior libro.

Sin dudas, quien mejor encarga esa filosofía tremendista es la abuela del protagonista, una anciana que mezcla el dialecto gallego con un español rudimentario, que mantiene diálogos imaginarios y que nunca se puede constatar si ha cruzado definitivamente el umbral de la locura. En la misión familiar que le asignan a Nene reside la principal tensión narrativa, ya que el protagonista ama y admira a su abuela, por lo tanto, no le será nada fácil convertirse en villano.

En una época de sobreexposición de la vida en las redes sociales, la novela opta por construir una atmósfera lúgubre, con personajes que priorizan la satisfacción de sus instintos más primarios y apela a una simbología propia del tenebrismo de Francisco de Goya. 

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    Escuela a la que asistía la niña de 11 años que murió por desnutrición
ENSAYO

"Preferiría no hacerlo": la crisis de la educación y la cultura

04 Octubre 2026

No puedo legarte más [que] el delirio blanco.
Rodrigo Fresán, Melville

El mensaje de mamá, a veces, no llegaba a destino. “Lo que te digo te entra por una oreja y te sale por la otra”, se quejaba al comprobar que yo no había cumplido con alguno de sus encargos. Aunque los enviemos con corazoncitos en el chat familia o a grito pelado en un aula y en la cocina de casa, últimamente, hay mensajes que tampoco llegan a estudiantes, hijos e hijas.

Sin mi viejo en casa y en este mundo, mamá sabía ordenar la tropa. Había quien se ocupaba de lavar platos y ropa, el que secaba y ordenaba, y la que hacía alguna compra. Valía el enroque de labores entre hermanos, pero no dejar de cumplirlos. La vergüenza de pasar por larva o la culpa por haberle fallado a mamá, vaya uno a saber, forzaban al acuse de recibo y a la promesa de que no volvería a pasar otra vez.

Hoy está difícil hacer que hijos y estudiantes cumplan con tareas como levantar ropa del tender o poner la mesa, leer un cuento o escribir unas líneas para la próxima clase. Lo pedimos, en casa, para que aprendan a responsabilizarse de lo que ataña al conjunto; en el aula, para que sumen conocimientos y permitan el avance, precisamente, en conjunto. El viejo ardid de premios y castigos no mueve el amperímetro. No es mala voluntad. Respetan, y algunos hasta quieren a quienes hacemos de padre, madre, maestra y profesor. Pero no cumplen. Cuelgan. 

Vale, de vez en cuando, no escuchar a mamá y al profesor, seamos piolas, ortivas o larvas también. Es saludable, cuando se es pibe, creerse, aunque dure poco la maravilla, reina o rey del circo. El problema es que, antes, durante y después de la adolescencia, hoy no haya rebeldía, sino apatía. Y un problema mayor es que no haya ni un ápice de vergüenza o culpa. En gran parte, los adultos somos responsables. En parte, no.

Aunque pasó sin pena ni gloria cuando fue publicada, Moby Dick es la novela por la que es conocido Herman Melville. También por “Bartleby, el escribiente”, un cuento que le gustaba mucho a Borges. Según el narrador, un abogado gris de Wall Street, Bartleby es uno de los mejores copistas judiciales. Copia sin cesar “silenciosa, lívida, mecánicamente”. Pero ocurre que un día decide no cumplir con nada ni con nadie. Con una repetitiva y célebre respuesta (“Preferiría no hacerlo”), se niega primero a releer una foja judicial, luego a chequear las copias que hizo, también a ayudar a cotejarlas con otras, a hacer un mandado al jefe, a moverse a otro despacho, y finalmente, a retirarse de la oficina. No hay alternativa. Aunque se arrepienta, porque envidia la actitud desafiante de su subordinado, el jefe lo despide. El cuento no termina ahí y vale la pena leerlo para conocer algo más del pasado del protagonista. 

Cada quien es responsable de esta crisis de la cultura. Quien no actúa, no importa a la generación a la que pertenezca, es cómplice.

Bartleby pasó desapercibido hasta que se hizo muro. No estaba loco. Era consciente de lo que hacía. Una vez dijo: “Por ahora, prefiero no ser un poco razonable”. Reverso de la sumisión de los protagonistas de las historias de Kafka, su renuncia es símbolo de rebeldía ante un mundo sin sentido, un mundo kafkiano en el que todos funcionan y nadie tiene el coraje de probarse a sí mismo si, como gritara un personaje de película, “vale la pena estar vivo”. Por el contrario, la inmovilidad de buena parte de hijos y estudiantes no es rebeldía. Es rendición.

Pertenecen a las generaciones “sin padre” de las que hablaba Pasolini en los 70. No tienen un padre como tuvo el autor de Moby Dick según Fresán. Imposible sacar oro de piedras tan duras como nuestra fatiga, frustración y resignación. Tampoco probaron fallar con una “sociedad de hermanos” como la del Mayo francés. Pero, al César lo que es del César. El encargo de cumplir tareas mínimas y someterse al conjunto son de las pocas cosas sensatas que inculcamos algunos adultos. Con su oído sordo prueban ser menos hijos nuestros que de una época que enseña tanto a hacer solo lo que gusta como a no comprometerse con nada que nos trascienda.

En la última década, como profesor de futuros docentes, me sucede que, si pedí leer unos versos de Safo, Sor Juana o Pessoa, o unos cuentos de Lispector, Borges o Felisberto Hernánez, buena parte de los estudiantes no los leen ni se avergüenzan de no haberlos leído, incluso, para el final de la materia. Claro que no hay con quién confrontar porque maestra o profesor ya no somos, como decía Freud, el sucedáneo del padre. Y lo peor, no queremos serlo. Ya no planteamos desafíos. Y las pocas veces que lo hacemos, no hay quién recoja el guante, ya por hambre de conocimiento, ya por ganas de superarse, ya por mero amor propio. Es algo de lo que no hay. Y es mucho.

No cumplir con obligaciones de un grupo es no solo decidir no ser parte, sino, más aún, horadar el lazo. Imitada, esa imperturbabilidad, que no ataña a una generación desde ya, lleva a la disolución de la tribu, se trate de la familia, la escuela, el barrio, la patria; cualquiera sea el todo que prueba que es más que la suma de las partes.

Bartleby es como el capitán Ahab de Moby Dick: “su alma es un vacío inmenso y terrible”. Pero, al igual que el vacío del Tao, el de Bartleby produce efectos: hace ver que la vida, así de rutinaria, no tiene sentido. La negativa de las nuevas generaciones, en cambio, lleva solo al fastidio de adultos agotados, muertos en vida hace tiempo. 

La desobediencia a la autoridad visible no hace más libres a estas generaciones esclavas, tanto como nosotros, de una época que forja seres grises y abatidos. En ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos? (2013), Michel Nieva actualizó el “síndrome Bartleby”, como lo llamó. El autor advierte que, quien actúe como aquel personaje, será un “cuerpo, sin voluntad ni pensamiento […]. Vapuleado por datos inútiles […], su cuerpo será una ameba”. 

Cada quien es responsable de esta crisis de la cultura. Quien no actúa, no importa a la generación a la que pertenezca, es cómplice. Si inculcamos el compromiso con tareas menores –acto imprescindible para afrontar mayores– y actuamos en pos de un conjunto, el de Nieva será solo un mal presagio y el todo, cuando menos nos demos cuenta, volverá a ser más que la suma de las partes.  

El artículo es parte del libro en proceso "Pasar el fuego. Educar en el Apocalipsis zombie".