Ariel Núñez Di Croce: "Se trata de luchar y resistir utilizando la cultura y el arte como armas"
Un hombre peligroso, la obra inmersiva que dirige Ariel Núñez Di Croce, en el espacio Sigue la Polilla, del barrio de Boedo que, además, funciona como centro cultural, se trata de una auténtica experiencia teatral en la que el público es parte de la puesta de esta historia sobre la vida del anarquista italiano Severino Di Giovanni. Más que una obra, lo que ofrece Un hombre peligroso, en la que Núñez interpreta al propio Severino, junto a un elenco de dieciocho personas es, de un modo casi cinematográfico y teatral a la vez, un viaje en el tiempo y hacia un mundo con ideales que aún sobreviven en ciertos seres y se manifiesta en este caso así: mediante el arte. Uno sale de ver esta obra modificado, en el sentido que Sartre le daba al término.
Un hombre peligroso retomó sus funciones a partir del 6 de febrero en Sigue la Polilla, Castro Barros 874, en pleno corazón de Boedo.
AGENCIA PACO URONDO: ¿Cuándo empezó tu interés por la actuación, la dirección, por el teatro en general?
Ariel Núñez Di Croce: Comencé a los catorce años. Como actor, encontré en el teatro una libertad única, una conexión con algo más allá, con algo muy poderoso, creo que no alcanzan las palabras para describirlo. Algo único y irrepetible. Es eterno. Poder llevar adelante este ritual compartido, en tiempo real y con tanta historia empujándonos, es un gran honor y una gran responsabilidad. Al descubrir, de joven, que sin lugar a dudas la actuación era mi pasión, perseguí la utopía de querer hacer de esto, mi vida. Fui teniendo más participaciones en televisión, obras de teatro, películas y series. Tuve la oportunidad de hacer grandes personajes y trabajar con directores reconocidos.
Luego, en épocas bajas, en lugar de esperar llamados, decidí involucrarme con la creación y gestión de propuestas que nacieran en mi espacio La polilla, el centro de resistencia cultural donde trabajo hace nueve años. Con la dirección, trabajé como director de casting, lo cual me ayudó muchísimo pero fue más una necesidad que una elección. Quería crear mis propias historias y, resolví crearlas pero estando adentro. Es realmente difícil pero aprendí y lo sigo haciendo. Me siento más un coordinador de esfuerzos que un director y más un contador de historias que un dramaturgo. Disfruto mucho más de actuar que de dirigir o escribir.
APU: ¿Quiénes fueron tus referentes en aquellos inicios?¿Cómo fue tu formación teatral?
A.N.D.C.: Hubo muchos, entre ellos, Hugo Midón, Julio Chávez, Lito Cruz, Ricardo Bartis. Luego recibí la influencia de compañeros y compañeras con quienes me he cruzado y me han enseñado unos cuantos yeites. También me vinculé con el medio, enseñando teatro para niños y niñas, para adultos y en distintas comunidades terapéuticas.
APU: Algunas de tus puestas en escena requieren de un gran compromiso por parte de quienes forman parte de ellos. ¿Cómo elegís un proyecto o un personaje para trabajar? ¿Qué tenés en cuenta a la hora de armar los elencos?
A.N.D.C.: La experiencia de Un hombre peligroso está alineada con el espíritu de La polilla y el mío. Se trata de luchar y resistir ante todo aquello que nos aleje de nosotros mismos, de los demás y de la naturaleza, utilizando la cultura y el arte como armas. En esa línea vengo trabajando en la creación. Como actor, en proyectos de alguien más, intento habitar esos personajes extremos, al límite y en permanente riesgo. Severino y su lucha me encendieron lo suficiente para animarme a contar su historia y la de la anarquía como creo que lo merecen.
En cuanto a Un hombre peligroso, para armar el elenco hice castings, y algunos eran amigos o personas recomendadas. El elenco primero fue pensado desde un physique du rol parecido a los hombres y mujeres reales, pero luego fuimos tomando más libertad con eso. Lo que sí era necesario es que fueran compañeros y compañeras apasionados y comprometidos para poder hacer 80 funciones anuales lo cual es una hazaña para el teatro independiente.
"Severino y su lucha me encendieron lo suficiente para animarme a contar su historia y la de la anarquía como creo que lo merecen".
APU:¿Cuál fue la idea que te llevó á hacer una obra sobre Severino Di Giovanni?
A.N.D.C.: Nació por sentir esa rabia por querer salir a prender fuego todo. Nació del hartazgo del sistema, de la mentira, del poder, la miseria, el hambre, la corrupción y la explotación. Algo empapado en libros anarquistas, me pregunté quiénes habían tenido el coraje de hacerlo y de luchar hasta las últimas consecuencias. De pronto, escuché sobre Severino y la investigación que hizo sobre él, Osvaldo Bayer. Supe, al terminarlo, que quería aventurarme a perseguir la otra gran utopía: contar semejante historia pero hacerlo de una manera imposible, con una experiencia policial documental teatral e inmersiva. Con el camino del héroe como guía, la épica compañía de otras 17 almas ardientes, con pluma mía y de Severino, América, Nietzsche, Roberto Arlt, Bakunin, Franco, Santillán y Arango, fui armando esta maquinaria.
APU: Tu espacio Sigue la Polilla funciona, además como centro cultural y sala teatral, ¿esa fue la idea original?
A.N.D.C.: Sí. Creí que si solo albergaba teatro, el circulo se cerraba. Si lo abría para festivales, recitales, presentaciones, reuniones, cumpleaños y otros eventos podría acercarse publico diverso y variado. Aquí funcionan clases, talleres, milongas, ferias y muchas cosas más. Siempre pensado para ser nido de cualquier disciplina que contribuya al desarrollo cultural y espiritual de cualquier persona. Cuidar y sostener un centro cultural hoy en día también se vuelve una gran utopía
APU: Tu relación con la polilla, el insecto, tiene una historia bastante significativa en tu vida y tu trabajo, ¿podés contarla?
A.N.D.C.: De niño, yo le tenía mucho miedo a las polillas. Un día llegaron a mis manos los libros de Carlos Castaneda. En un momento de mucha transformación personal, en mi adolescencia, leí en uno de sus libros sobre Don Juan - el chaman tolteca - que decía que las polillas eran las guardianas de la eternidad, que el polvo que estaba en sus alas era conocimiento. Esa misma semana entró en mi casa una la polilla esfinge - la del símbolo nuestro-. Tomándolo como una señal, superé el miedo y la puse sobre mi mano.
Ese mismo verano hice un viaje de mochila por tierra hasta el Machu Picchu y cada vez que me sentía perdido, aparecía una polilla o una mariposa - o vivas o muertas, o en tatuajes, adornos - y sentía que era el camino correcto. Encontré en ese magnífico animal, como también en la mariposa, unos aliados, portadores de mensajes, que me invitan todo el tiempo a recordar la vida, la muerte, la transformación y la magia.