¿Y si la "Propofest" hubiera pasado en Laferrere?
La "guerra contra las drogas" fue originalmente un eslogan de la campaña de Richard Nixon para alcanzar la presidencia y, una vez como Presidente de los EEUU, fue declarada desde su gobierno en 1971. Pero esta narrativa continúa hasta el día de hoy sin resultados positivos; al contrario, el mercado de drogas ilegales se expande y diversifica.
El ideólogo de dicha cuestión fue su asesor en Asuntos Internos, John Ehrlichman, que durante una entrevista a Dan Baum en 1994 le confesó que la intención de la "guerra contra las drogas" era para ilegalizar a los movimientos sociales vinculados a los derechos civiles y antibelicistas; puntualmente menciona al movimiento Pantera Negra y al movimiento hippie.
Buscaron asociar a los hippies con la marihuana y a los Pantera Negra con la heroína. En esa entrevista con Baum, Ehrlichman sostiene que la estrategia era que la sociedad los vinculara con ilegalidades para luego criminalizarlos, justificando los allanamientos y las detenciones de sus líderes, lo cual generaba la desorganización de sus comunidades.
El conflicto con estos movimientos era, por un lado, producto de los reclamos para garantizar los derechos sociales y civiles a las comunidades afrodescendientes; y, por otro lado, era producto de las masivas protestas contra la guerra de Vietnam. "La guerra contra las drogas" por parte del Presidente Nixon venía a dar cuenta de sostener que los problemas de consumo eran el enemigo público número uno de EEUU. Y desde los medios de comunicación se buscaba vincular en el origen de este problema a los mencionados movimientos sociales y culturales.
En 1973 se creó la Agencia de Control de Drogas, la DEA por sus siglas en inglés, que operacionalizó la regulación al interior de EEUU de la distribución y comercialización del mercado ilegal, pero hacia el exterior también ha incidido en el mercado de drogas. Posteriormente la CIA también se acopló a esta estrategia. El Vicepresidente de Nixon era George W. Bush, quien había sido el Director de la CIA.
También en 1971 el Presidente Nixon decide romper con la convertibilidad del oro al dólar, cuando una onza de oro equivalía a 35 dólares. Y en 1974 el Secretario de Estado, Henry Kissinger, logra un acuerdo con los sauditas para que la comercialización del petróleo sea exclusivamente en dólares.
Este hecho no fue menor para la economía mundial, dado que se establece un modelo de acumulación que comienza a sustentarse a través del capital financiero, por sobre el productivo; las ganancias se empiezan a desvincular cada vez más de la economía real. Ahora bien, esta contextualización me parece importante dado que el dinero proveniente de la comercialización de drogas ilegalizadas, es una de las arterias que inyecta millones de dólares al sistema financiero a través de los distintos mecanismos de lavado, a través de estructuras económicas que establecen entramados entre la legalidad y la ilegalidad.
Pero además hubo hechos relevantes que vincularon a gobiernos de EEUU con el narcotráfico, como fuente de financiación para actividades de intromisión en otros países. Por ejemplo, el caso Irán-Contras, bajo la Presidencia de Ronald Reagan en 1985. Por este caso fue condenado y luego sobreseído Oliver North, quien había sido Asesor Militar del Consejo de Seguridad Nacional de EEUU en la presidencia de Reagan. North se había contactado en 1983 con Roberto Suárez, el narcotraficante más importante de Bolivia, con el fin de permitir la comercialización de cocaína y que las ganancias formaran parte del financiamiento de los Contras en Nicaragua.
De este modo, pienso que se debe ubicar a la "guerra contra las drogas" como una estrategia que funciona para la construcción de enemigos internos, utilizada por EEUU para penetrar territorialmente en América del Sur, pero también como una forma de inyección de dólares al sistema financiero que puede luego ser utilizado para distintos fines.
Otra situación que vincula a organismos de EEUU con el narcotráfico fue el caso del ex Presidente panameño Gustavo Noriega, quien había sido informante de la CIA y con su ayuda alcanzó el poder en Panamá. Noriega fue acusado de ser un actor clave en el comercio de drogas, y que en 1989 fue derrocado por una invasión militar de EEUU y enjuiciado en ese país acusado de narcotraficante. De fondo también cabe mencionar que existían intereses de parte de EEUU para manejar el canal de Panamá y Noriega desafió la influencia de EEUU.
En 1986 el Presidente Ronald Reagan decidió, a través de una orden ejecutiva, que las drogas eran una amenaza para la seguridad de EEUU. Este entramado narrativo combinado con decisiones de gobierno, va ampliando la capacidad de acción de los EEUU.
Otro elemento en relación a esto es la "Lista Clinton", impulsada por el ex Presidente Bill Clinton en 1995, que establece la situación en la cual las personas incluidas en esa lista tienen vínculos con el narcotráfico y, por lo tanto, se le ponen restricciones en el sistema bancario internacional. El año pasado el Presidente Donald Trump incluyó en esa lista al Presidente de Colombia, Gustavo Petro.
También Trump empezó a incluir a organizaciones criminales vinculadas al narcotráfico, en la lista de organizaciones terroristas, lo cual amplía aún más la capacidad de acción con sus fuerzas militares en territorio extranjero. Ejemplo reciente de esto fue primero vincular al Presidente de Venezuela con un cartel denominado "Tren de Aragua" para luego penetrar territorialmente con el ejército de EEUU para secuestrar al Presidente Nicolás Maduro.
Así como en el pasado la Doctrina de Seguridad Nacional en Argentina, respondía a los intereses de EEUU en el marco de la Guerra Fría, hay que estar atentos de que bajo el slogan de la "guerra contra el narcotráfico" distintos actores del ámbito nacional no persigan objetivos que nada tienen que ver con los intereses de la Argentina, buscando ser funcionales a los intereses de EEUU.
Asimismo, hay que prestar atención a la narrativa que utilizan como estrategia electoral y en la gestión, determinados actores de nuestro sistema político. Porque dado el recorrido histórico de esta "guerra contra las drogas" iniciada en 1971 en EEUU, y sus resultados son, como mínimo, deplorables: la violencia aumenta, el consumo también, la oferta se diversifica y las ganancias que deja son exorbitantes.
Esto no significa el abandono en materia de seguridad y salud pública sobre el fenómeno de la narcocriminalidad en relación a la oferta y la demanda, sino plantear abordajes más efectivos para controlar la violencia que se vincula con estos mercados, los problemas de salud que trae consigo el consumo y la dimensión económica de estos negocios ilegales.
Hay que empezar a reflexionar sobre cómo estas estrategias, no logran detener un mercado que crece año tras año, sino que cumplen una función vinculada al control social. Esto, en un contexto global donde EEUU pierde poder frente a otros actores globales, e indefectiblemente empezará a proyectar su poder sobre el territorio de América Latina, utilizando estas estrategias de combate contra las drogas y generando narrativas que legitimen, con ayuda de actores locales, la intervención territorial para controlar la región.
Un ejemplo de esto es cómo se incorporan a las organizaciones narcocriminales a la categoría de terrorismo. La diferencia entre el terrorismo y el narcotráfico es que el primero tiene una visión política e ideológica del mundo y sus acciones son en consecuencia de esa visión; el narcotráfico, por el contrario, tiene una misión económica, buscando a través de los negocios ilegales la acumulación de capital. Por lo tanto, no es que busque la construcción de un Estado paralelo, sino que el crecimiento en su capacidad territorial está dado bajo la complicidad del Estado.
Pero esta recategorización igualadora con el terrorismo, que discursivamente ya se utiliza bajo el concepto de "narcoterrorismo", es lo que permite a EEUU intervenir territorialmente para asegurar la seguridad de sus intereses. La respuesta que dio el ideólogo de la "guerra contra las drogas", John Ehrlichman, sosteniendo que el objetivo era inculpar a los movimientos sociales y a las clases subalternas al interior de EEUU, vinculándolos con la comercialización de drogas, me parece que hay que prestar atención.
Porque imagínense si las recientes muertes por consumo de propofol y tráfico ilegal; que involucra a personas "cool"; con apellidos como Leclercq, Lanusse; con apodos como "Tati" y "Fini"; que sucedió en Palermo; en el marco de fiestas piolas con buena vibra; en donde hay vinculaciones delictivas con profesionales de la salud. Imagínense si lo mismo hubiera sucedido en un barrio del sur de la Capital Federal o ni hablar en algún barrio del conurbano, con otros apodos, otros apellidos y, en vez de tener vínculos con profesionales, hubieran tenido vínculos con referentes barriales.
No tengo dudas de que no se hablaría de la "Propofest" sino de cómo bandas narcotraficantes operan en el territorio de la Argentina. De cómo utilizan la plata que obtienen en ese mercado y de cuántas cosas más se hablarían. Pero como sucedió en Palermo, con gente cool, en el marco de fiestas copadas, no se pone el foco en cuánta plata ganaban vendiendo ilegalmente este tipo de drogas y empezar a investigar cómo la utilizaban, etc.
Quiero tener presente que el consumo debe ser una cuestión abordada por la salud pública, para pensar políticas públicas que nos permitan abordar esta dimensión del fenómeno. Pero también hay que tener presente que la oferta de cualquier mercado ilegal, no solo se debe "combatir" con las fuerzas de seguridad únicamente.
Y si esa es la única propuesta, utilizar la fuerza para combatir este negocio ilegal, prestemos mucha atención a que los perseguidos siempre van a venir de un mismo sector social.