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Opinión //// 10.06.2014
Club de París: poco que festejar

El legislador kirchnerista Pablo Ferreyra manifiesta sus inquietudes respecto al flamante acuerdo con el Club de París. "Diez años después, algunos problemas clave (como el abastecimiento autónomo de energía) han comenzado a ser enfrentados; otros no".

Por Pablo Ferreyra
El acuerdo con el Club de París para reconocer la deuda defaulteada fue presentado como una victoria soberana. Su mayor mérito es que abriría las puertas a préstamos a tasas de interés bajas y posibles inversiones extranjeras. Según el equipo ministerial, cerrar este capítulo era inevitable, dada  la escasez de divisas que pesa sobre Argentina.Una vez más, parte del kirchnerismo confunde “única salida” con “bueno para el país”. Seguramente en este momento no había mucho más margen de maniobra que este acuerdo. Seguramente hoy no es un mal arreglo. Pero ese argumento sólo es válido en una posición que no cuestiona la tasa de ganancia y la disposición a invertir de las grandes empresas que operan en nuestro país.La previsible escasez de divisas que sufre la Argentina se debe, fundamentalmente, a la salida de utilidades de las empresas extranjeras que operan en nuestro territorio y a la alta (y creciente) necesidad de importaciones para la producción y el consumo domésticos. Diez años después, algunos problemas clave (como el abastecimiento autónomo de energía) han comenzado a ser enfrentados; otros no. El comportamiento rentista de los empresarios no es privativo de nuestro país, la ausencia de incentivos y obligaciones, sí.Cuando Axel Kicillof llegó al Ministerio de Economía, lo hizo asegurando que el problema eran estas extraordinarias tasas de ganancia de las compañías extranjeras. Fue por estas declaraciones, que el ministro fue festejado por la militancia y vilipendiado por los medios conservadores que temían una embestida contra ese mismo establishment. Sin embargo, la primera medida para enfrentar la escasez de dólares fue devaluar, llevándose puesto al consumo popular. En el contexto de un aparato productivo altamente concentrado, la medida disparó además una estampida de precios por parte de las patronales para recuperar su tasa de ganancia en dólares.Con cifras oficiales de inflación que van del 2 al 3% mensual (30% anual promedio), a fin de año el subidón del dólar se habrá licuado, poniendo al gabinete de Hacienda una vez más ante el atolladero devaluatorio. De hecho, el dólar futuro roza los $10. Frente a esta situación, la decisión del ministro de Economía fue buscar dólares frescos, lo cual nos hace ganar tiempo, pero no resuelve nada por sí solo.Una nota más que demuestra la inexistencia de conocimiento y políticas sobre la estructura de costos empresaria. El gobierno nacional ha hecho un enorme esfuerzo de concientización pública con el Programa Nacional Precios Cuidados, de enorme importancia ya que es una referencia que ancla el valor de otros productos. Pero el equipo de Kicillof habilitó los aumentos según la demanda de los fabricantes, sin estudiar qué incrementos eran los que realmente necesitaban las empresas.Desde el principio de su gestión, Néstor Kirchner definió que habría un cambio de paradigma: la economía estaría subordinada a la política y no al revés. Lo que se esperaba del ministro Axel Kicillof era justamente sintonía fina. Que los métodos de Guillermo Moreno eran espásticos, puede ser. Que Hernán Lorenzino sólo se ocupaba del nivel de deuda, de acuerdo. Que Mercedes Marcó del Pont pifió en el tipo de cambio más conveniente, ahora es obvio. Pero buena parte de la memoria histórica que perdurará sobre el kirchnerismo dependerá de sus últimos años. La responsabilidad que pesa sobre Kicillof es mayúscula y en ese sentido debe ser evaluado.El autor es legislador porteño por Izquierda Popular y referente de Seamos Libres.