fbpx "Hay mucha hipocresía de las potencias occidentales, que se vendían como paladines de la libertad de expresión" | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Medios //// 16.03.2022
"Hay mucha hipocresía de las potencias occidentales, que se vendían como paladines de la libertad de expresión"

El especialista en comunicación Martín Becerra dialogó con APU Radio (domingos de 10 a 12, FM La Patriada) sobre la censura a medios rusos en diferentes países occidentales. 

Por Martín Massad, Manuela Bares Peralta y Agustina Ramos

El especialista en comunicación Martín Becerra dialogó con APU Radio (domingos de 10 a 12, FM La Patriada) sobre la censura a medios rusos en diferentes países occidentales, a partir de la guerra en Ucrania. "Cuando las papas queman, los gobiernos y la opinión pública mayoritaria no tienen mucho prurito en recortar la libertad de expresión, esa piedra angular de la democracia, como dicen los manuales y las Constituciones. Y eso es grave", reconoció. 

Agencia Paco Urondo: Hiram Johnson, que fue senador en Estados Unidos, dijo la primera víctima de una guerra es la verdad. Queremos ver si nuestro entrevistado, Martín Becerra, piensa lo mismo.

Martín Becerra: Es una frase muy trillada pero me parece correcta. En general, las guerras tienden a la estrategia de control de la información. Es parte esencial de todo conflicto bélico, controlar qué es lo que se dice, tratar de desmoralizar al enemigo, a sus tropas, a su población civil, tratar de conseguir aliados. Para eso se necesita una estrategia clarísima en materia de comunicación. Por lo tanto, diría que es casi inherente a todas las guerras que conocemos. Incluso, lamentablemente, la de Malvinas, acá en Argentina. Todas incluyeron de manera directa un capítulo importante en materia de control de población, con estrategias de manipulación, de desinformación, de fake news, etc.

APU: Escuchábamos que estaban suspendidos en la Unión Europea el canal Russia Today y la agencia Sputnik, que ya no pueden informar en los países de la Unión Europea.

MB: Hay estrategias de censura, como sabemos con Sputnik y Russia Today, por parte de las potencias occidentales, europeas, estadounidenses, también en Canadá está prohibido. Las plataformas digitales occidentales, como Facebook, como YouTube, también las han prohibido. También en Rusia han prohibido a casi todas las cadenas occidentales de televisión. Un poco para reforzar lo que comentábamos anteriormente, las fuerzas protagonistas del conflicto bélico no vacilan a la hora de censurar. En el caso de Occidente, uno podría decir que hay un doble discurso o la hipocresía es mayor. Putín, en mi caracterización, al ser un líder conservador de carácter autoritario, plutócrata básicamente, nunca ocultó que la censura es parte de su estrategia. No la llama censura pero no se vende como un paladín de la libertad de expresión. En cambio, las potencias occidentales que siempre se han vendido y se siguen presentando como paladines de la libertad de expresión… en este caso hay censura explícita, censura previa sin derecho a defensa, sin debido proceso, sin garantizar los tratados estándares elementales en materia de tratados de libertad de expresión y de derechos humanos que las propias potencias occidentales envalentolan. Acá hay una hipocresía y un doble discurso mayor.

APU: Con todas estas sanciones de las que se está hablando que va a implementar la Unión Europea a los medios rusos: ¿Cuáles son las consecuencias que usted ve, a corto y mediano plazo, de este tipo de acciones?

MB: En primer lugar desnuda esta hipocresía que veníamos comentando. Es cierto que una parte importante de la opinión pública en cada una de las dos regiones que están ahora en conflicto, apoya la censura. Y eso es una de las consecuencias. Cuando las papas queman, los gobiernos y la opinión pública mayoritaria no tienen mucho prurito en recortar la libertad de expresión, esa piedra angular de la democracia, como dicen los manuales y las Constituciones. Y eso es grave, porque la libertad de expresión tiene dos grandes dimensiones. Una dimensión es individual, la de poder decir, la libertad de opinar, de difundir información. Eso es muy importante de por sí. Nosotros tuvimos una dictadura hace 40 años y lo sabemos perfectamente. Pero hay otra dimensión de libertad de expresión en un sentido colectivo, comunitario, que es la libertad que tienen los pueblos, las sociedades de recibir distintos puntos de vista, perspectivas. Esa dimensión de la libertad de expresión está claramente hoy cercenada con la censura por ejemplo de RT en Occidente y la censura a la BBC en Rusia, le quita a las sociedades la posibilidad de comparar la perspectiva dominante del lugar donde residen con otras perspectivas. Eso resiente mucho la posibilidad de elaborar otras ideas sobre el presente, lo que sucede y el futuro. En esto de las consecuencias, es grave. Por supuesto, es menos grave que la pérdida de vidas propia de una guerra. Pero no deja de ser muy grave porque va acotando los límites del ejercicio democrático.

APU: ¿Podría haber un ente regulador de la información? Tengo conocidos en Ucrania y dicen que la información que vierte el gobierno ruso a través de sus medios oficiales es errónea o falsa. Estoy de acuerdo con que se puedan escuchar todas las voces ¿pero tendría que haber un ente regulador de la comunicación?

MB: Su pregunta se responde por dos lados. Uno es: hay límites por supuesto. Además, en una guerra donde hay muertes directas y ataques francos contra ciudades y población civil, hay límites. Si hay un medio que está haciendo apología de la muerte, de la guerra, de la violencia de manera explícita. Si se comprueba efectivamente que eso sucede, que sea inequívoco. En ese caso, dentro de los estándares de la libertad de expresión, firmados en todo el mundo, el pacto de Derechos Sociales y Políticos, todos los estándares vigentes, autorizan en ese caso a un recorte de esa expresión porque es una expresión que puede poner en peligro inminente la vida de terceras personas. Sé que voy a hacer una comparación polémica pero cuando en la televisión abierta argentina, una animadora llama a tomar dióxido de cloro en plena pandemia, esa también es una expresión que dentro de los estándares de libertad de expresión puede limitarse porque pone en riesgo. Como puso, porque a la semana siguiente murió un chiquito en Neuquén por ingesta de dióxido de cloro después de que esta animadora lo hizo. Pone en riesgo inminente la vida de terceros. Esa expresión, dentro de los estándares de la libertad de expresión tiene que ser limitada para preservar la vida, que es un bien superior. Esa censura a RT es una censura que ha sido draconiana, que echa por tierra sin comprobarlo, porque ¿dónde está comprobado? Son opiniones de los líderes europeos o de alguna parte de la población civil europea. También hay opiniones que dicen que Estados Unidos hace lo mismo. No se puede cerrar una cadena porque la opinión sea mayoritaria o minoritaria, o algún líder político va en ese sentido. Hay que comprobarlo. Esa comprobación hasta ahora yo no la ví demostrada. Sí hay efectivamente conductores de RT que hacen propaganda directa del gobierno ruso. También veo que hay otras cadenas que dicen que las víctimas ucranianas son más importantes que las víctimas de otros continentes porque son rubios de ojos celestes. Eso lo dicen cadenas occidentales. Y nadie está pidiendo el cierre en occidente de esas cadenas occidentales por estar haciendo propaganda racista directa respecto de las víctimas de los distintos conflictos.

APU: Hace un rato nombraba a otro actor clave en estos conflictos que son las big tech o las empresas de tecnología como Google, Facebook, etc. que vienen influyendo en este tipo de eventos políticos desde hace mucho tiempo. El que recuerdo de más importancia es la Primavera árabe. ¿Qué influencia tienen para usted?

MB: Hoy por hoy, subestimar la importancia de estos sectores es imposible. Es decir, solamente tomando a una de esas compañías que es Meta, la dueña de Facebook, de Instagram y de Whatsapp, tiene más de 2.400 millones de usuarios en el mundo. Un tercio de la población mundial, que en términos proporcionales es mucho más alta en Occidente porque por ejemplo en China no funciona. En occidente es mucho más que un tercio. Se informa, se comunica con sus afectos, se busca laburo, se divierte a través de estas plataformas. Hoy por hoy, son el vehículo privilegiado más aún que los tradicionales medios de comunicación y en consecuencia tienen un rol clave a la hora de proveer o no determinada información. Están jugando su partido ya desde hace mucho, y no sólo a raíz de la invasión de Rusia a Ucrania, sino que lo vienen haciendo desde que cancelaron a Donald Trump siendo presidente de los Estados Unidos cuando llamó a tomar el Capitolio. A Trump lo banearon cuando ya había perdido las elecciones y todavía era presidente pero cuando Trump siendo presidente, antes de las elecciones, llamaba a fusilar a los manifestantes que protestaban por el asesinato del ciudadano negro George Floyd de Minniapolis, en ese momento también las plataformas jugaron un partido permitiendo que Trump hiciera eso. Por acción u omisión son actores fundamentales, que, hoy por hoy, se autoregulan en el sentido de que no hay una norma legal internacional que obligue a estas plataformas a respetar estándares de derechos humanos como puede ser la no discriminación, no discurso de odio, no invasión a la privacidad, no manipulación de datos personales, protección de libertad de expresión. Todos estos son estándares básicos de derechos humanos que las plataformas a veces lo respetan y a veces no. Cambian de criterio para un mismo caso, le aplican a una persona reglas que a otra no se la aplican, cancelan cuenta o remueven contenido sin derecho a defensa, como decía antes, sin debido proceso. Como son actores fundamentales, permitir que de facto estos actores corporativos ejerzan el rol de policías del discurso público, es peligroso. Eso corresponde que se defina democráticamente. Cuando digo democráticamente, digo, los Congresos que son los representantes del sufragio de las sociedades en países democráticos. Eso no está sucediendo. Tarde o temprano vamos a empezar a ver cada vez más propuestas e iniciativas para que esto que estoy diciendo, ocurra. Que democráticamente, las reglas de deliberación pública y de información masiva empiecen a tener un tratamiento que no sea corporativo, privado. Que no sea el señor Zuckerberg, que a la mañana se levanta, se mira al espejo y diga ‘hoy vamos a censurar a fulano o a la cadena tal o al presidente cual’.