Chaco: ¿Dónde está Maira Benítez?

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Chaco: ¿Dónde está Maira Benítez?

21 Julio 2017

Por Yamila Gimenez y Pamela Soto

Antonia Leiva Morán es la mamá de Maira Benítez, desaparecida hace siete meses en Villa Ángela, Chaco. Espera todos los días que alguien pueda explicarle dónde está y qué pasó con ella.

El 16 de diciembre de 2016 a la noche, Maira Benitez salió a pasear con sus dos hermanos, su hija Brisa y Emanuel, vecino y amigo de la infancia. Regresó solo para dejar a los chicos y nunca más volvió.

Antonia ceba el mate despacio y lo pasa en la ronda silenciosa. “Esa noche cuando me desperté vi que mi hija más chica había vuelto y estaba durmiendo. Maira no. Me dijo que se había ido con Ema a dar unas vueltas. A la mañana salí al patio, que da con la casa de Emanuel, y él estaba lavando el camión con el que trabaja. Y Maira no volvía”, sigue.

Maira Iris Benítez tiene 18 años, los cumplió el 1 de abril. Le gustaba el boxeo y lo practicaba. Es difícil hablar en tiempo pasado y presente cuando la figura de una persona es la de “desaparecida”. “Ni muerta ni viva, está desaparecida”, supo decir Videla. Pero estamos en 2017. Estamos en democracia. Y Antonia, su madre, la nombra como la siente, por momentos se refiere a ella como si fuera a volver pronto; por otros, habla con la certeza de que no habrá reencuentro.

“Ese día ella tenía una exhibición de boxeo, le gustaba mucho hacer eso. Había adelgazado para participar de las competencias”, dice, mientras mira a Brisa jugar con el gatito que adoptaron para que la pequeña no se sienta tan sola después de la desaparición de su mamá.

Según comenta Emanuel, esa noche estaban con Maira en la entrada del boliche Fantástico Bailable, en la zona céntrica de la localidad ubicada a 250 kilómetros de Resistencia. Más tarde, pasó Rodrigo Silva, único imputado como autor en la causa caratulada como “Privación ilegítima de la libertad” y preso hace casi siete meses en el penal de Sáenz Peña, otra ciudad chaqueña. En ese auto iba con Belén Ledesma, actualmente con arresto domiciliario, y Gabriel Cáceres, también detenido. Ambos acusados como cómplices, ambos amigos de Maira.

Maira se despidió de su vecino y se fue con ellos. En el camino pasaron por el predio (plazoleta municipal), donde tomaron unos tragos. Pasadas las seis de la mañana, emprendieron el regreso y Maira pidió pasar por la casa de Luis Coria, otro conocido. Coria no estaba, pero los atendió su padre, quien atestigua que vio a Maira con Silva. Padre e hijo están detenidos actualmente por complicidad en la causa.

Y en este punto, las declaraciones de los imputados por la desaparición de Maira se contradicen y solo generan más confusión, explican los familiares de la joven. Hay tres versiones diferentes de qué ocurrió con ella.

La realidad, es que nadie puede explicar qué hizo Silva desde las 7 a las 9 de la mañana, cuando su madre atestigua que llevó el auto a la casa. Nadie más vio a Maira, nadie más supo de ella. Para Antonia, sólo Rodrigo sabe cuál fue el destino de su hija y ruega todos los días que decida contar la verdad para que aparezca.

Una verdad que tarda en llegar, una verdad que Rodrigo Silva se niega a revelar a pesar de las innumerables veces que los fiscales que entienden en la causa buscaron que confiese. Una verdad que dejó en evidencia que una joven de 18 años puede desaparecer sin que el nadie se inmutara. Que un fiscal, Sergio Ríos, que hizo lo que quiso: aplicó el protocolo de búsqueda, detuvo a los acusados y decidió la carátula procesal tres días después de la desaparición. Que un Estado puede permanecer totalmente ausente ante la necesidad de búsqueda de una familia de escasos recursos.

En la familia todo parece haberse detenido. Vanesa, la hermana mayor, tiene 26 años y dos hijos, estudiaba abogacía. “Con la desaparición de Maira no puedo estudiar, no tengo cabeza para nada”, dice. Pero el dolor no la detiene para seguir golpeando puertas, señalando irregularidades y continuar pidiendo por su hermana. “Yo no tengo miedo, solamente quiero saber qué pasó con ella”, señala.

Magalí, la más pequeña, tiene 14 años y sólo sale para ir a la escuela. “Es la más pegada a Maira, siempre fue una nena muy callada. Pero desde que pasó esto, no se levanta, duerme mucho, apenas come. Nuestra vida se detuvo desde que Maira desapareció”, interviene Antonia.

Los hermanos varones hablan poco, también pasan por este duelo a medias de no saber dónde está su hermana. Cada tanto, alrededor de esa mesa, de esos mates en el que estamos nosotras y ellos, intentan recordar algo de Maira. “Ella era, es”, se corrigen, al contar alguna anécdota de la adolescencia. Pero vuelven al silencio para dar paso a las mujeres y madres de la familia.

Brisa tiene sólo tres años, pero entiende que su mamá no está. Ve una fotografía de Maira a su edad, abrazando a un gatito como el suyo, el parecido entre madre e hija es rotundo. “Soy yo”, dice y señala la imagen. “No, esa es mamá Maira”, corrige con una mezcla de amor y dolor su abuela.

Todos los meses hay una marcha, cada 17, muchas mujeres acompañan a Antonia, Brisa,  y toda su familia para pedir por la aparición de Maira con vida. “Marchar es lo único que queda, y pedir a Dios que nos de paz y fuerza para seguir, que nos devuelva a Maira”, dice. Este lunes hubo marcha otra vez. Si bien, las primeras fueron en Villa Ángela, Antonia entendió que Dios atiende en Resistencia.