fbpx La antesala de la guerra de Malvinas: la gesta olvidada del 30 de marzo de 1982 | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Dossier //// 02.04.2021
La antesala de la guerra de Malvinas: la gesta olvidada del 30 de marzo de 1982

Para marzo de 1982, la resistencia popular a la dictadura militar ya era muy amplia. El punto de mayor acumulación social fue la marcha por "Paz, pan y trabajo". Por José Luis Ponsico.  

  • Lucha y se van: 30 de marzo de 1982

Por José Luis Ponsico (*)

Pasaron casi 40 años. El 30 de marzo, ahora, 39 años. En 1982, los hechos importantes iban desde un creciente descontento social, la intensa preparación del seleccionado de fútbol en la Villa Marista, Parque Camet, a diez kilómetros de Mar del Plata, en medio de una dura interna en el Ejército. Cien días antes, el general Leopoldo Galtieri había desplazado a su par Roberto Viola.

En medio de ese descontento social, la CGT Brasil (la sede estaba sobre la calle del mismo nombre, en el barrio Constitución) lanzó un paro y movilización, contra la represión militar, la caída de los salarios, los cierres de fábricas, la intervención en los sindicatos y la persecución a los universitarios. La dictadura genocida empezaba a flaquear. 

La clase media había empezado a ubicarse en la vereda de enfrente del régimen nefasto. La clase obrera lo estaba desde el 24 de marzo del 76. Los independientes habían visto pasar a los protagonistas del "Proceso de Reorganización Nacional" con indiferencia: general Jorge Rafael Videla, almirante Emilio Eduardo Massera y ministro de Economía, José Martínez de Hoz. Ese terceto fue "el poder" hasta 1981. Videla dejó su lugar al general Roberto Viola, jefe del Ejército y aliado. El titular de la Armada, temido almirante Massera, pidió "el retiro", para dedicarse de lleno a la "construcción" del "Partido político de la Democracia Social". Un eufemismo. Fue el responsable de asesinatos a cautivos en la ESMA Escuela de Mecánica de la Armada.

César Menotti, en Camet, fue sorprendido a mitad de marzo por la visita del Presidente de la Nación, Leopoldo Galtieri, con uno de sus asesores, Rodolfo Baltiérrez, periodista del diario La Nación. La idea era que el militar tuviera un gesto ante una figura tan popular como el "Flaco" Menotti. Al cabo, el entrenador quedó "pegado" a la dictadura. Aquella foto recorrió el mundo. "El DT del Proceso" había caído en la trampa. Su pasado de militante de "causas populares" estaba manchado por el rol de hombre del fútbol, exitoso por el Mundial 1978, pero partícipe inevitable de "la utilización" del fútbol por la "dictadura asesina", pantalla de los crímenes de lesa humanidad. Menotti, en la intimidad, supo que podía pagar un costo muy alto.

En el cine, el film del momento era "Carrozas de fuego", testimonio que remitía a los Juegos Olímpicos de Los Angeles´1932, donde los protagonistas dirimían en atletismo y en la conquista de la misma joven. Un rotundo impacto en las boleterías de los cines porteños.

Por su parte, el economista Lorenzo Sigaut había reemplazado al calificado referente de la oligarquía Martínez de Hoz, dueño entre otras tantas cosas, de valiosos haras -criadores de caballos de raza- en zona de Chapadmalal, a veinte kilómetros de Mar del Plata. Había tardado en asumir, abril de 1976, porque estaba de caza mayor, en África negra. Todo un significado.

Ubalidni, qué grande sos

La CGT "Brasil" estaba enfrentada desde mucho antes con la CGT Azopardo. Crecían en su interior liderazgos nuevos como Saúl Ubaldini, del gremio cervecero, junto a figuras experimentadas como Fernando Donaires, de Papeleros, Roberto García, de Taxista, Ricardo Pérez, de Camioneros, Roberto Digón, de Tabaco, José Rodríguez, de SMATA Mecánicos y José Santamaría, padre de Víctor, de porteros de edificios. En la vereda de enfrente, un conglomerado que también hizo historia. Vistos como "colaboracionistas" del régimen, estaban Armando Cavalieri, de Mercantiles, Jorge Triaca, de Plásticos; Ramón Baldassini, de Telepostales, empleados de Correo. 

En el 81, varios de los virtuales "colaboracionistas" hablaban con Hugo Barrionuevo, del gremio Fideero, ministro de Trabajo de la Nación, designado por la dictadura cívico-militar. En todo momento desestimó el paro y la movilización. El funcionario avisó que habría mucha represión. "El gobierno no la permitirá", sentenció.

En una mañana gris, de otoño, los militares pusieron un vallado que impedía acceder a la Plaza de Mayo. Algunos analistas estimaron en 5.000 uniformados, Ejército y Policía  Federal, para impedir desplazamiento de miles de obreros y delegados de fábrica a la histórica Plaza. El acto central se presentaba para la tarde. A las 15, había unos diez mil manifestantes en la zona céntrica. 

Los carros de asalto, la policía con perros amaestrados, camiones cisterna -agua a granel- gases lacrimógenos, buscaron impedir la concentración de trabajadores. Desde las oficinas, los empleados -clase media no "militante"- empezaron a arrojar a la policía rollos de papel de máquina. También otros objetos. Mucha gente se unió a la protesta "de base peronista". Sin serlo. 

El gremio de Prensa, generalmente no muy cercano a las protestas de obreros de fábrica, con distintas agrupaciones y pancartas se acercó al acto prohibido. Finalmente, los periodistas quedaron en medio de los gases y los palos que daba la Policía Federal. Tumulto, ojos llorosos. Fui parte de aquella heroica jornada.  

En Mendoza -la medida alcanzaba a las centrales obreras de todo el país- el obrero textil Benedicto Ortiz resultó alcanzado por un virtual fusilamiento. Las imágenes mostraron que un frente de miles de trabajadores, todos del brazo, enfrentaron a cientos de policias armados que los apuntaban con sus armas. Ortiz, pecho al descubierto, grito: "Disparen al Pueblo".  Los manifestantes recibieron una ráfaga y Benedicto cayó muerto. En total, los historiadores Albaro Abós y Elena Luz Bazán, especialistas en luchas sindicales, hablaron de 250 heridos y algo más de 400 detenidos. Compararon a esa "gesta olvidada" con el 17 de octubre de 1945. Lo que siguió después remite a la especulación del cruce entre los altos mandos del Ejército y la Armada. La dictadura debía cambiar de planes y lo haría unos días después.

Mientras tanto, un informe de organizaciones sindicales indicaba que solamente en el Gran Buenos Aires había caído en desgracia 4000 talleres, pymes e industrias mediano tamaño. Miles de obreros metalúrgicos y aprendices en la calle. Era sólo una muestra de lo que había retrocedido la economía argentina en medio del auge de la "patria financiera". Se supone que durante la dictadura se destruyeron 15 mil industrias. Así las cosas, el salario cayó un 30% durante los 7 años que duró la dictadura. Mientras, se multiplicó la deuda externa y se concentró el ingreso. La película "Plata dulce" contó muy bien esa época. 

Con la derrota de Malvinas consumada, los tiempos de la dictadura se aceleraron, aunque la resistencia en las calles venía creciendo en los últimos años. El país se aprestaba al regreso de la acción política institucional. Crecía la figura de Raúl Alfonsín, fundador de "Renovación y Cambio" en el casi centenario partido "Unión Cívica Radical". Entre el 82 y el 83, Alfonsín llevaría a los radicales de un 25% de votos promedio, al 52%, con fuerte apoyo de la clase media y una franja del peronismo descontento. 

Luego, llegaría el "Juicio a las Juntas". Las condenas a todos los altos jefes militares. El "Nuremberg" a cargo de fiscales que quedaron en la historia: doctores Julio César Strassera y Luis  Gabriel Moreno Ocampo. El gobierno de Alfonsín mandaba a juicio a los genocidas. Entre 1984/85 la sociedad asistió a espeluznantes testimonios de perseguidos, sobrevivientes y víctimas de la dicadura. Nada sería igual.

(*) Columnista de La Señal Medios, Libre Expresión y Mundo Amateur