Ha llegado la hora de la mujer argentina: Evita en la conquista de los derechos civiles y laborales de las mujeres

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    Acto de mujeres en la residencia presidencial Olivos

Ha llegado la hora de la mujer argentina: Evita en la conquista de los derechos civiles y laborales de las mujeres

22 Septiembre 2026

Evita, no es cualquier mujer. Fue la mujer que transformó a la mujer argentina. Cristina Fernández de Kirchner afirmó que jamás podría haber sido la primera presidenta electa de los argentinos y las argentinas si no hubiera sido por Evita.  Evita trastocó los horizontes simbólicos y del poder real en nuestro país, se enfrentó a la oligarquía con la misma fuerza que construyó la fuerza política femenina más impresionante que logró tener nuestra patria: el Partido Peronista Femenino, él que para el año 1951, llegó a contar con 3600 unidades básicas en todo el país.

A Evita se la recuerda por su acción social a través de la Fundación Eva Perón, por ser la propulsora fáctica de la Justicia Social, por su actividad gremial, por haber consagrado los derechos políticos de la mujer, pero poco se le reconoce la capacidad organizativa del poder popular femenino de su tiempo, tan aterrador para los poderes reales que además de su Cadáver, expropiaron y robaron las Actas del Partido Peronista Femenino de la Capital Federal, sede inicial de la fuerza política. 

La Revolución Libertadora que derrocó a Juan Domingo Perón en 1955 se apropió de una enorme cantidad de documentación del movimiento peronista. Entre esos materiales se encontraban documentos que reconstruían la trama organizativa de una de las experiencias de participación y poder popular más significativas de su tiempo: las Actas del Partido Peronista Femenino.

Parte de esa documentación quedó durante décadas en la biblioteca del almirante Isaac Rojas, referente de la dictadura de 1955. Tras su fallecimiento, su viuda donó la biblioteca a la Armada Argentina. Décadas después, durante el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner, con Agustín Rossi como ministro de Defensa, se impulsó la recuperación, identificación y apertura de los archivos de las Fuerzas Armadas. Así apareció el Fondo Rojas, con documentación fundamental para reconstruir la historia política y militar de aquellos años. Entre sus documentos se encuentran informes sobre los levantamientos de 1951 y 1955, documentación de la Marina de Guerra, el denominado Plan para Matar a Perón, resoluciones del Partido Peronista y, especialmente, las Actas del Partido Peronista Femenino de la Capital Federal. El ocultamiento durante años de las actas de ésta experiencia organizativa, habla de lo que interpelaba al poder la organización de las mujeres populares argentinas.

Por esfuerzo constante de Evita, entrega y trabajo dedicado de sus colaboradoras, las unidades básicas femeninas se multiplicarían por miles en todo el territorio. Para Evita sin mujeres no había Democracia. Desde 1946 trabajo sin cesar para lograr la Ley del Sufragio Femenino 13.010, reivindicación histórica de las mujeres feministas, realidad efectiva de la mano de Evita, que costó más de un año de debates intensos para su sanción. La mujer tenía que tener derechos cívicos plenos en paridad con los varones, y para ello tenía que estar organizada, porque no alcanzaba con tener la posibilidad de votar y decidir sobre los destinos de la comunidad, Evita exigió un 25% de mujeres en la participación de las listas nacionales que ubicó a las únicas mujeres en el Congreso Nacional, 23 diputadas, un 16,88%; y 58 diputas y 19 senadoras en las provincias. Para el año 1951, en Argentina votaron por primera vez 3.916.654 mujeres, y la provincia de Santa Fe fue la que contó con la cifra más alta de participación femenina, llegando al 94%.

El Partido Peronista Femenino nació en la Asamblea de julio de 1949 del Consejo Superior del Partido Peronista, encuadrado bajo el liderazgo de Perón y Evita, quien se valió de 23 mujeres censistas de su confianza por cada provincia, leales, para darle carnadura territorial en todo el país. De esta manera, desde el centro se fue configurando y estimulando el desarrollo de penetración territorial que contaba con las siguientes colaboradoras inicialmente: Teresa Adelina Fiora (Capital Federal, María Solveyra Caseres (Chaco), Clementina Amanda Palumbo (Neuquén), Catalina Allen (Buenos Aires), Delfina C. de Molina (Catamarca), Elsa Irma Chamorro Alamán (Córdoba), Celfa Argumedo de André (Corrientes), Juana Larrauri de Abrami (Entre Ríos), María Isabel C. de Palavicini (Jujuy), Juana María Arcondo Baraza (La Rioja), Teresa Guillermina Gibelli (Mendoza), Hilda Nélida Castañeira (Salta), Trinidad Coronel (San Juan), Blanca Elena E. de Rodríguez (San Luis), Luisa Komel (Santa Fe), María Evangelina Renard (Santiago del Estero), Ana Carmén Macri (Tucumán), Susana Míguez (Chubut), Sara Rodríguez Alderete (Formosa), Matilde Dora Greta Iturbe (La Pampa), Elena Alda Fernícola (Misiones), María Rosaura Isla (Río Negro), y Ana María García Ronzio (Santa Cruz). A las antes mencionadas, le seguían subdelegadas por pueblo o barrio, dónde se llevaba adelante la capacitación en oficios para que la mujer ama de casa se incorporará al mundo del trabajo fuera del hogar, la organización de la ayuda social, y el adoctrinamiento necesario para llevar a cada hogar los ideales de la Revolución Peronista. También es conocida la labor que llevaban adelante las mujeres peronistas en las políticas de control de precios, denuncia, para parar la inflación, de manera auto organizada.

Evita, inicialmente a través de la unificación de centros cívicos y ateneos femeninos, y la creación de miles de unidades básicas femeninas por todo el territorio nacional, configuró un armado político territorial disciplinado de dimensiones inesperadas. Para el año 1951, los partidos políticos tradicionales tardaron en incorporar a las mujeres y ni la UCR ni el Partido Socialista llevaron candidatas en esa contienda, y el peronismo se ubicaba como la única fuerza política transformadora que llevaba representantes a la caja de resonancia de la Democracia como lo era el Congreso. Había llegado la hora de las mujeres que compartía la cosa pública en todos los sentidos y niveles.

Asimismo, ya en esa época, consideraba que la mujer argentina ama de casa debía percibir un salario por la tarea que realizaba para poder ser independiente económicamente, anticipándose en modo revolucionario a las actuales consignas feministas de reconocimiento de las tareas en el hogar, de un ejercicio paritario de las tareas del cuidado, de la visibilizar el trabajo doméstico. Sin embargo, el partido peronista femenino no suele ser una organización que haya sido reivindicada tanto para las peronistas como para el movimiento feminista.  Evita, era muy crítica de las feministas contemporáneas, en parte por la aversión de éstas al peronismo, en parte por su crítica a las Damas de Beneficencia de la oligarquía, y también porque estaba convencida de que «de nada vale un movimiento femenino sin justicia social», dispuso todos los medios para los cuales la mujer popular organizada pueda acompañarle en su tarea de ser puente entre la organización y el líder del movimiento, imprimió una tarea fuerte de acción social al partido peronista femenino que pudiera darle un cabal abordaje de las problemáticas de cada territorio.