Juicio por “La noche del mimeógrafo”: un freno a la avanzada negacionista

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Juicio por “La noche del mimeógrafo”: un freno a la avanzada negacionista

24 Julio 2017

Por Pablo Russo

Se conoce como “La noche del mimeógrafo” al secuestro de estudiantes secundarios y universitarios de Concepción del Uruguay, ocurrido en julio de 1976, perpetrado por policías durante la última dictadura cívico militar. En la causa judicial por esos hechos hay un solo imputado: José Darío Mazzaferri, ex oficial de la Policía Federal Argentina, cuya sentencia se conocerá el próximo jueves.

En la puerta del Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Paraná, calle Urquiza 868, habrá concentración, acto, radio abierta, bandas invitadas y una intervención artística con un viejo mimeógrafo, que está pensada por la Multisectorial de D.HH. de Entre Ríos y el Área de Promoción de los Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Entre Ríos.

Mimeógrafo
“La excusa de la Policía Federal y los militares era la búsqueda de un mimeógrafo, que efectivamente usaban los estudiantes para imprimir volantes contra la dictadura, y además organizar eventos artísticos como veladas poéticas. Esta intervención convoca a estudiantes del profesorado de Teatro y Artes Visuales de la Uader, y gira en torno al mimeógrafo que vamos a usar como punto inicial”, explica Nadia Grandón, docente e integrante de HIJOS Regional Paraná. “No será una recreación de esa noche, sino un punto de partida simbólico”, aclara Nadia. Con el mimeógrafo que se utilizará la idea es recrear y poder imprimir en vivo y en directo un volante parecido al que hicieron aquellos estudiantes de la década del setenta en Concepción del Uruguay. “Por un lado habrá un uso real del mimeógrafo imprimiendo información del juicio actual, y también una performance de parte de los alumnos”, anticipa.

Antesala
“La noche del mimeógrafo fue la antesala de lo que se conoció como La noche de los lápices (16 de septiembre). Nosotros queremos recuperar la memoria de cada territorio para aportar a la identidad colectiva como entrerrianos”, cuenta Sabrina Gullino Valenzuela Negro, a cargo del Área de Promoción de Derechos Humanos de la Uader. “Uno de nuestros objetivos es sensibilizar a la comunidad educativa y a la comunidad toda sobre los procesos de memoria, verdad y justicia. Consideramos que los juicios son un acontecimiento histórico fundamental y que son, quizás, la mejor clase para poder adentrarnos en lo que tiene que ver con el pasado reciente. Es un privilegio contar con un programa que se llama ‘La Uader va a los juicios’, que busca que los estudiantes puedan asistir y participar de este hecho histórico que tiene que ver con juzgar a los genocidas, y vivir la historia siendo protagonistas, no leerla en los libros”, amplió Sabrina. “Buscamos, de esta manera creativa, hacer participar a los jóvenes en estos procesos judiciales que también sabemos que producen verdad, en el marco de esta avanzada del negacionismo y los discursos de la derecha desde los medios de comunicación hegemónicos”, reflexionó.

La estrategia creativa, subraya Gullino, pretende acercar las vivencias de aquellos jóvenes de los setenta con las disconformidades que puedan tener hoy los chicos de las nuevas generaciones en el marco democrático. “Quiero también poner en valor lo que significa para nuestra provincia tener una universidad como la Uader que juega un rol importantísimo en los derechos humanos, a la vanguardia en la defensa y producción de conocimiento en torno a los derechos humanos. Hay que bancar estos juicios que son resultado de 40 años de lucha, porque no es lo mismo caminar en un país donde los torturadores y sus cómplices y beneficiarios civiles se encuentran libres, impunes, como si eso fuera posible que vuelva a pasar sin juicio y sin castigo”, remarcó.

Arte y política
¿Qué aporta esta actividad puntual en la lucha por memoria, verdad y justicia? Para Nadia Grandón, se trata fundamentalmente de visibilizar una realidad y poetizarla. “A veces el dolor es muy difícil de mostrar. Una escena de un secuestro o una tortura son lugares muy horrendos para la representación, y es inaccesible. Hay un punto al que el arte no puede llegar: representar el horror en carne viva. Pero se puede hacer poesía, mostrar de otra forma, llegar a otro público en la calle”, argumenta.

“El año pasado, en el marco de ‘Teatro x la Identidad’, hicimos una intervención en el Hospital Militar y en el IPP en relación al a búsqueda del melli de Sabrina Gullino Valenzuela Negro, y lo que pasaba con el transeúnte común era súper interesante”, recuerda Grandón. “Estoy convencida de que se puede interpelar a otra gente, que vean otra realidad, sobre todo en estas causas; incomodarlos también. El arte no puede cambiar las condiciones materiales, pero sí mostrar el mundo, el horror pasado y presente, y reflexionar acerca de eso”, agrega.

“Hay momentos neurálgicos críticos donde hay que salir a la calle e interpelar al público desde otros lugares. La necesidad de estar en la calle la tenemos como ciudadanos y también como artistas que necesitamos dejar el hermetismo y estar afuera. Para el que pone el cuerpo es un estado mucho más vulnerable, no sabés lo que puede suceder. Hay mucha presencia del cuerpo, poner la carne al asador, de eso se trata justamente, y al actor lo enriquece muchísimo ese estado”, comenta sobre los que participan directamente de la acción. Los lápices siguen escribiendo, y los mimeógrafos imprimiendo.

Una vieja impresora
El mimeógrafo es un instrumento que era utilizado para hacer copias de papel escrito en grandes cantidades. Un prototipo simple de esta máquina fue patentada en 1887 por Thomas Edison en los Estados Unidos. La máquina fue perfeccionándose, manteniendo su simplicidad de manejo, incorporándose una pequeña rotativa manual que permitía una rápida salida de diversas copias. Se trataba de un medio barato para producir muchas copias de un texto. Estas máquinas eran totalmente manuales al principio, aunque en algunos casos incluyeron un motor eléctrico. Se impregnaba en tinta la matriz para lograr varias copias.

“El mimeógrafo necesita una matriz que permita reproducir copias o estampas, que es uno de los principios que tiene el grabado en la plástica. La diferencia es el uso que se le da a esa técnica: artística, panfletaria o escolar”, señala Mariángeles Metivié, de la División de Museos y Patrimonios de la Uader, especializada en artes visuales, que forma parte de la intervención del jueves.
“El área de educación para la salud del Ministerio de Salud tenía un mimeógrafo en excelente estado, que prestaron gustosos. Lo que nos está costando es conseguir los insumos para hacerlo funcionar, porque las hojas necesarias ya no se comercializan desde hace 15 años”, revela.

“Desde las artes visuales nos paramos en este tipo de arte comprometido. En este caso, la intervención estaría comprometida con los juicios, con la memoria, y con los adolescentes de hoy para que se pongan en el lugar de aquellos que fueron secuestrados por usar este mimeógrafo. Es difícil con todas las garantías y derechos que tenemos ponerse en ese lugar, pero usando estos objetos que parecerían anacrónicos en el tiempo podemos tal vez posicionarnos: desde los objetos pensando en los sujetos que los usaron”, reflexiona.

Fuente: EL DIARIO

Fotografía: APF Digital