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Cultura //// 20.06.2021
Soy Sauce y un EP en busca de la identidad

Bajo ese alter ego, Ariel Sánchez, más conocido como Giramondo, acaba de parir Tato de las Tunas, una obra conceptual que cuenta la historia de su padre perseguido por la Triple A.

Por Javier Tucci

Por decisión del autor, el artículo contiene lenguaje inclusivo

Bajo el alter ego de Soy Sauce, Ariel Sánchez, más conocido como Giramondo, acaba de parir Tato de las Tunas, una obra conceptual en sintonía Pop Punk bajo la producción de Roberto Monstruo. Tres canciones que aúllan la historia de su padre, quien hacia mediados de los años ‘70 fue perseguido por la Triple A y huyó a Embalse (Córdoba) para empezar una nueva vida con otra identidad.

Ariel Sánchez es oriundo de Embalse, a sus 16 años se trasladó a la ciudad de Punta Alta (sudoeste de la provincia de Buenos Aires) donde se crío musicalmente en bandas como Le Parlant, Hermana Sol y Roberto Monstruo, quien aparece como músico (bajo, teclado y guitarra eléctrica) y es el productor de este EP que cuenta con tres canciones que relatan historias con un detrás de escena lleno de persecuciones, desterritorialización y la necesidad de rearmar un rompecabezas familiar que todavía duele.

“Mi viejo era peronista de izquierda y lo loco es cómo el Peronismo, a veces, termina siendo una serpiente que se muerde la cola, porque a él lo persiguió el ala de la extrema derecha del movimiento, la Triple A. Casi cae en la volteada por un error, porque le guardó un mimeógrafo a un amigo que nunca pude saber si pertenecía a Montoneros o al ERP, por eso una de las canciones (Tato de Las Tunas) dice ‘antes que se muera la gente que lo ha visto todo, quiero registrarlo’. Necesito terminar de armar su historia, mi historia, porque él falleció hace ya 15 años y sólo me contó algunas cosas”, dijo “El Cordobés”, como lo conoce la mayoría.

Tato de Las Tunas son estas tres canciones que movilizan hasta al más desideologizado ser, un relato que sale desde las tripas y la memoria de este artista que actualmente reside en Bahía Blanca, pero que decidió recorrer los caminos del barrio Las Tunas, en General Pacheco (partido de Tigre), como en Embalse, para terminar de cerrar la historia de su padre y así comprender su propia historia. “Por una cuestión de minutos, a mi viejo no lo reventaron, pero sí secuestraron y desaparecieron por un par de días a su mujer, que no es mi mamá, quien se encontraba en ese momento en la casa junto a mis dos hermanxs mayores. Y como dice la canción ‘ahí empieza el derrotero’, se tiene que ir y se escapa solo a Embalse. Y logró hacerlo porque este amigo al que ayudó a esconder los panfletos y el mimeógrafo le terminó consiguiendo una identidad falsa”, agrega Sánchez.

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Durante muchísimos años esta historia fue tabú en la familia de "El Cordobés", sólo su madre supo desde el principio lo que había ocurrido con Tato Mansilla, como lo conocían a su padre en General Pacheco. “Una vez en Embalse consiguió laburo en una central nuclear, ahí se conocieron con mi vieja y empezó una nueva vida. Durante todos esos años pasó a llamarse Alfonso Rolando Sánchez y a mí me pusieron Ariel Rolando Sánchez en honor a un nombre falso, lo que hace que yo tenga el nombre más falso del mundo. La historia de mi familia se termina ahí nomás, porque por ascendencia paterna, mi viejo nunca supo quién fue su padre, una historia súper corta pero súper intensa”, volvió a escupir Ariel.

Cuando era chico, Tato se fue a vivir a Curuzú Cuatiá (Corrientes), ciudad de donde era su abuelo, en plan de buscar quién era realmente en esta vida. Fue un tipo al que le encantaba el chamamé, hablaba algo de guaraní, era pacifista e indulgente, filosófico, un obrero con intereses como la lectura y la fotografía. De hecho, cuando la patota entró en su casa allá por 1974, lo primero que hizo después de apuntarle a sus hijos y de chupar a su mujer, fue romperle las cámaras y el laboratorio.

“Recién a mis 14 años me enteré de todo esto, porque saltó la ficha sobre su identidad duplicada, fue entonces cuando lo citaron a declarar, lo procesaron y lo terminaron absolviendo, pero lo obligaron a usar su verdadero nombre que era Roberto César Mansilla o “Tato” Mansilla, como lo conocían en su barrio natal. Por ese motivo nos tuvimos que mover a Punta Alta, porque dar explicaciones en Embalse era muy jodido. Esta historia marcó el destino de mi familia”, finalizó Ariel.

Para conocer un poco mejor a este gran artista que ya está pisando los 40, diremos que hacia principios del milenio inició un proyecto solista llamado Giramondo, con el que grabó algunas canciones y le permitió cranear algunos sets donde él mismo le puso el cuerpo, el alma y la cabeza al todo creativo, siempre con algunxs invitadxs, en su mayoría amigos de las bandas por las que pasó, las ya nombradas Le Parlant, Hermana Sol y Roberto Monstruo. “En este EP hice lo mismo pero con otras herramientas, con más conocimiento a mi favor y con el plus de tenerlo al Rober (Roberto Monstruo) que se toca todo y me encantó cómo encaró la producción” indicó Ariel.

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A la hora de indagar sobre el cambio de Giramondo por Soy Sauce, "El Cordobés" respondió: “no hay una explicación, es lo mismo, son los mismos acordes hechos en clave Pop Punk, pero quise cambiar. Y, además, Soy Sauce es un juego de palabras, porque en inglés significa salsa de soja y a mí, los juegos de palabras, los palíndromos, me encantan. Sobre todo, creo que también por la conexión que vengo teniendo con Sauce Grande, un balneario que queda muy cerquita de Monte Hermoso, lugar al que puedo retirarme en apenas una hora en auto y conectarme con la naturaleza, lejos de la vorágine de la ciudad. Por eso también Soy Sauce y porque me identifico con ser sauce criollo, llorón y eléctrico”.

Están más que advertidxs… Quien acceda a este material se encontrará con una novedad, una opción estética y temática muy pocas veces realizada en el amplísimo abanico artístico que pulula por la matrix. Una experiencia GPS que les permitirá viajar a través de un mapa genético que insiste en hallar “verdades”, atestado de retrocesos y moléculas del tiempo que traen y llevan informaciones en un mundo cada vez más hacia adentro, bajo los barrotes del individualismo y una pandemia que la historia nos cruza en el camino para comprender de qué va todo este juego.

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Además, el EP llega a tus percepciones profundas a través de la plataforma Bandcamp (dentro de muy poco también estará colgado en Spotify), una súper producción que ya se encuentra en Youtube (dirigida por Emiliano Marconetto) o bien, a partir de un código QR como el que muchxs utilizan cada vez que van al chino a hacer las compras. Si el futuro llegó hace rato, subite a este viaje y acompañá a Ariel en la búsqueda de los sueños de libertad e identidad.

Las letras

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Extradata

En este apartado queremos compartir dos citas que son importantísimas y que quedaron fuera del cuerpo de la nota. Además, una anécdota que el mismísimo Ariel nos contó al finalizar el videoclip que eligió hacer para promocionar el EP, como así también las letras para que acompañes la escucha.

“Yo sabía que tenía hermanxs viviendo en otro lugar, de hecho mi viejo fue varias veces a visitarlos, pero aparecía por un par de horas como un fantasma y se iba como un fantasma. Mi hermana vino un par de veces a Embalse y además se comunicaban por teléfono, pero la historia lo secuestró tanto que nunca pudo dejar de ser esa persona de incógnito en el barrio”.

“De repente, destapás algo y hay que bancarse lo que venga, y sin saberlo mi hermana mayor, la que vivió toda esta historia, está en la misma búsqueda que yo, una loca sintonía de amor”.

El Sr. de los anillos: creer o reventar

“El día que grabamos el video la pasé realmente mal, primero porque hubo pasajes que fueron exigentes como, por ejemplo, correr descalzo sobre una calle llena de piedras o meterme en pleno mayo al arroyo, con muy pocos grados de temperatura. Y luego porque me metí al agua con un anillo que era de mi viejo, que tenía las iniciales de su identidad falsa, algo muy simbólico, y se me terminó perdiendo en las profundidades del arroyo. Hacía tanto frío que mis dedos adelgazaron-cuando hace frío los dedos se achican, algo que no sabía que podía ocurrir-, y el anillo se perdió en el arroyo y me quise matar. Lo increíble de todo es que dos días después caí al lugar con un amigo, Pablito Brown, quien llegó con un detector de metales y nos metimos al agua, muy cagados de frío, y lo encontramos” explicó Ariel.