fbpx Sobre la duda, por Maximiliano Marquez
Cultura //// 24.11.2010
Sobre la duda, por Maximiliano Marquez

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Hasta dónde podemos dudar de las cosas? Infinitamente. Esa sería la primera respuesta. Siempre hay un más allá de la última certeza. Poner todo en duda nos ayuda desde la filosofía, a buscar siempre una respuesta más cercana a la verdad.  Ahora bien, cuando abordamos la realidad diaria e inmediata, cuando nos ponemos a hablar de política, cuando intentamos llevar adelante cambios en lo cotidiano mediante la praxis política,¿Qué deberíamos mirar? ¿Hasta dónde pensamos dudar de las cosas hechas para pasar a la etapa de profundizar más los hechos?  ¿Cuándo podríamos aceptar que algo es válido?

Estas líneas tratan de entender la testaruda manera de no creer, de ciertos periodistas, políticos y personas de izquierda o centro o pseudo izquierda, enrolados en la filas de la lucha contra la violencia institucional, o sea desde el Estado, que sienten que se les debe dar más muestras de progresismo. Que con lo que hay no alcanza, les falta algo. Y me refiero estrictamente al  tema de los derechos humanos. ¿Qué es lo que no creen? ¿Lo que no les cierra? ¿Lo que sí , pero no?
Cuando en época de las leyes de Obediencia debida y Punto Final, o la dolorosa etapa de los indultos, estas personas que hoy “no les creen” a “estos que recién ahora se acuerdan”, qué era lo que pedían para los represores. Justicia. Y cómo se traduce esa justicia, en cárcel. Por lo tanto podríamos dudar si los que se llenaron la boca hablando de los derechos humanos, no hubieran activado en los hechos ninguna política en dirección a la reparación de crímenes de lesa humanidad . Pero justamente en este caso (podríamos llamarlo el caso del Kirchnerismo), la velocidad y profundidad de los cambios respecto del tratamiento en pos de la reparación de crímenes cometidos por la dictadura, fue inversamente proporcional  a lo verborrágicamente anunciado. Se habló poco y se actuó más.
Lo  más increíble es que,  por ejemplo,  una de estas personas que por supuesto “no les cree para nada”, es una periodista llamada Sivina Walger y  que seguramente se debe ubicar ella misma en el arco no reaccionario del abanico del periodismo, haya llegado a decir que “éstos son peores que los milicos”. O sea,  peores.
No me cabe la menor duda que si esto fuera cierto, esta misma señora debería denunciar, más temprano que tarde, dónde están los chupaderos kirchneristas. Porque si son peores, debe haber más centros clandestinos de detención que los que hubo en los setenta. También debería denunciar la suspensión de los partidos políticos, así como la imposibilidad de toda actividad sindical o de reunión con fines de protesta. Tal vez en algún lugar sucede y nosotros no lo estamos advirtiendo.
Seguramente estaría bueno preguntarnos, por joder no más, si en un régimen político Totalitario, en un permanente estado de excepción, un vicepresidente, en el caso que lo hubiera, se podría haber dado el lujo de votar en contra en el Senado, ¡uy ¡ ¿pero en un régimen totalitario votación en el senado? Bueno, ponele que sí. Se podría haber dado el lujo, decía, de votar en contra de  una ley medular para la supervivencia del proyecto del Gran Dictador. Seguiría entrando en su despacho? O aparecería  flotando en el riachuelo? Hace falta que sigamos dando indicadores para ver quién es peor que los milicos?
Es evidente que esta señora Walger no respeta ni la regla mínima de la mirada periodística, que apunta a una crónica real de los hechos, ni se abstiene de bastardear las categorías académicas que intentan clasificar los diferentes regímenes políticos.
Pero esta extemporánea y extrema mirada de la realidad, no es la que tienen otros progres.
Otros progres simplemente no les creen. Lanata no les cree nada. Tennembaun se pregunta qué les pasó. Y Caparrós duda de todo menos de su bigote. Dicen que jamás a los Kirchner les interesaron los derechos humanos. La verdad es que yo no sé si antes les interesaban los derechos humanos o no.  Me parece que es preferible fijarse qué hicieron por los ddhh cuando tuvieron poder, que tratar de recordar qué dijeron cuando no los conocía nadie. Sin duda podemos dudar de las intenciones de los Kirchner, pero si los juicios avanzan y por ej. Etchecolatz está en una cárcel común, ¿Qué me importa la intención que puedan tener los Kirchner?( Néstor lamentablente ya se murió, pero me gusta que sigan siendo Los Kirchner)
Es más, si por aquellas noches del 2004, en la quinta de olivos el verdadero plan era dejar a los represores libres, dar una amnistía general, poner luces de neón alrededor del cuadro de Videla y mantener las leyes de impunidad, pero por alguna esotérica razón al otro día, al impartir las órdenes desde la rosada, sin saber por qué, por alguna fuerza extraña del cosmos, hicieron todo lo contrario, bienvenido sea.  Tal vez no sería errado que continuáramos  apoyando, porque aunque no tengan la mínima intención de hacer lo que finalmente hacen, algo siempre les sale mal y terminan llevando a los genocidas al banquillo. Serían como una especie de indultadores contrariados o amnistiadores sin vocación.
Porque si no, está la otra cara de las intenciones. La que se vio en las votaciones de la Obediencia Debida, que por supuesto la intención de aquellos legisladores era que se hiciera justicia, pero terminaron dejando libre a los asesinos. Pero ¡OJO¡ no era la intención, ellos votaron esas leyes con asco, tapándose la naríz. Pero los dejaron libres. Pero ¡OJO! Ellos realmente no querían que quedaran libres, no era su primera intención. Pero los dejaron libres.
En cambio éstos, los Kirchner, no tienen la intención verdadera - verdadera de reparar los crímenes de lesa humanidad, pero desactivaron el andamiaje institucional que no permitía juzgarlos y hoy (noviembre de 2010) podemos contar que 656 represores están bajo proceso y 110 ya condenados, con unos 474 de ellos que permanecen tras las rejas. Pero la verdad no se si creerles.
Perdón que esté tan hincha pelotas, pero hay otra cosa que tampoco me queda clara: cuando dicen que los Kirchner usan a los ddhh, a qué se refieren. Qué quieren decir con usar. ¿Se refieren de nuevo a que a los Kirchner no les importan  estas reparaciones y que lo hacen para conquistar a grandes masas de la población que abogan por la concreción de la justicia?¿ Realmente garpa ponerse a la cabeza de la decisión política de mandar presos a los represores? ¿O garpa más subirse al monocorde pedido de reconciliación, paz y consenso? Porque convengamos que por más que los avances sean notables a la gran mayoría de las personas de este país, le importa más la seguridad cuando hay que encanar menores , que cuando se trata de encarcelar dictadores. Por lo tanto no vislumbro un enorme rédito político en este “uso de los ddhh”.  Porque si se trata de estirar conceptualmente el verbo Usar, también podría decirse que un marido usa a su esposa para poder construir con alguien una familia y crear un proyecto común. O que un padre tiene hijos y los usa para que le den amor y él darles amor y así no envejecer en soledad. O que uno le cede el asiento a una anciana en el bondi, y de esta manera la usa para sentir que cometió una buena acción. O sea, qué quieren decir con lo de usar. Son políticas, decisiones, que del otro lado se agradecen o se repudian. Además, que me importa si me están usando para que les de mi voto cuando Von Wernich está a la sombra, si votan la ley de nacionalización de las Afjp, si sancionan la ley de medios, si impulsan el matrimonio igualitario, la asignación universal. O fue más genuino cuando no me usó Menem al rematar el Estado, al viajar baratito a Cancún, al reprimir la protesta social. La verdad, prefiero que me usen.
Elogio a la derecha.
Con esta moda del dedo acusador de lo que se dijo y lo que se hizo o más bien de lo que no se dijo y luego se hizo, tengo la sensación que el Kirchnerismo sorprendió para bien. Sin embargo muchos de los que debieran acompañar se regocijan en un dudar permanente tanto de las primeras como de las últimas intenciones. Y aquí muchachos hay que elogiar a la derecha.
Imagínense que en pleno proceso privatizador (en  la cresta de la ola de “ramal que para ramal que cierra” o “nada de lo que deba ser estatal permanecerá en manos del estado”, que convengamos no era una de las mejores fórmulas del consenso), cuando Bunge y Born ponía los ministros de economía, a la Sociedad Rural o a los grupos financieros o a los militares que quedaban libres, se le hubiera ocurrido decir: “ a éste no le creemos para nada. Lo asesora Alsogaray, está rematando el Estado, tenemos relaciones carnales, pero acuérdense que en los discursos de campaña citaba a Facundo Quiroga. No le creamos porque aunque desmovilizó a todo el sindicalismo y está dispuesto a reprimir toda protesta social y enfriar la economía, en los discursos hablaba de revolución productiva. No lo sigamos porque en definitiva pertenece a un movimiento populista y tiene patillas  y no sabe hablar”.  Pero nada de eso ocurrió. La derecha mucho más astuta que la izquierda argentina, para ver los verdaderos cambios (por eso cacarean tanto ahora) y tejer alianzas de poder, apoyó, creyó y se encolumnó detrás de una verdadera usina de reacción. Sin duda una reforma regresiva, oligárquica y netamente conservadora, pero no les importó quién la llevaba a cabo o de cual movimiento político venía. Las transformaciones avanzaban y punto.
Ojalá todos estos chicos rebeldes y protestones de Palermo Hollywood, estuvieran alguna vez a la altura de las circunstancias. Porque evidentemente están esperando un Mesías demasiado puro para sumarse, y si por casualidad ese Mesías alguna vez bajara de los cielos con esa mirada clara, esa barba rubia y una cabellera dorada, libre como el viento, y trajera un decálogo de verdaderas transformaciones sinceras y progresistas, seguramente lo encontrarían despeinado. (Agencia Paco Urondo)