Pablo Andrés Rial: "Considero que en la poesía reside lo bello y lo atemporal"
APU dialogó con Pablo Andrés Rial, oriundo de Longchamps, poeta, dramaturgo y crítico literario. Actualmente es colaborador en revistas culturales en España, México y Argentina. Acaba de publicar su nuevo poemario Leonor editado por Caleta Olivia. Un dialogo poético y epistolar de Leonor y Benicio.
Otras de sus obras son Forzado a viajar (Paserios Ediciones). La casa de barro (Ediciones Arroyo) y Aves desplumadas (Ópera Editorial).
APU: ¿Cómo fue el proceso y el trabajo de escribir Leonor?
Pablo Andrés Rial: Fue un proceso cuidadoso, marcado por distintas etapas en las que fui trabajando la obra. La selección de poemas, la depuración y la limpieza resultaron una tarea agradable, aunque también demandante. En particular, esta obra, al tener dos voces dispares, me obligó a sumergirme en los personajes, en sus mentes, y a separarlos de mí. Los construí como quien escribe un libreto para una obra de teatro: les di un pasado, un presente, una vida propia, cada uno con sus emociones, inseguridades y temores.
APU: ¿Es una especie de cartas epistolar con relato poético?
PAR: Exactamente. La obra tiene un formato epistolar, donde la misiva funciona como el vehículo necesario entre Leonor y Benicio, los dos protagonistas del libro. Me resultó interesante escribir un poemario con estas características porque descubrí que, en la poesía que venía trabajando desde hace un tiempo, convivían dos voces. Preguntarme “¿y ahora quién me habla?” fue un desafío al que quise atreverme. No como un ejercicio de despersonalización, sino como la creación de un heterónimo.
APU: En el prólogo Gautier Cepeda García describe tu escritura “como la inminente pugna del cuerpo estoico y vital contra los vicios estatales del pensamiento”. ¿Tu poesía es una lucha constante contra los pensamientos?
PAR: No sé si la poesía es una lucha contra los pensamientos. A veces creo que actúa más como un recurso paliativo porque no combate al pensamiento ni lo contrarresta, sino que le da apertura, lo escucha, lo observa y luego le responde. También considero que en la poesía reside lo bello y lo atemporal, incluso cuando su origen es circunstancial. La pugna del cuerpo estoico contra los vicios estatales del pensamiento, como menciona Cepeda en el prólogo, se refiere a los dos personajes de la obra: por un lado, Leonor, cargada de sensatez, sobriedad y madurez, una mujer de acción; y por otro, Benicio, un hombre desgraciado, atormentado, rendido, pero con el deseo de aprender a vivir, si es que eso puede aprenderse.
APU: En tu libro Leonor, abordas temas tan universales pero a la vez tan profundos como la vejez, el duelo, la despedida, la felicidad…
PAR: Sí. A lo largo de los libros que he escrito, el eje central siempre han sido esos temas. Tanto Aves desplumadas, publicado en Brasil, como Costretto a viaggiare (la versión en italiano de Forzado a viajar), que ya está traducido y publicado en Italia por Edizioni We tras su presentación en México en 2025, son testimonio de que mi espíritu respira todo eso. Y Leonor no ha sido la excepción.
Creo que no existen asuntos más universales y trascendentales que los que mencionás, y me parece muy bien, porque los demás no son materia de la poesía, sino de la ficción. La poesía está muy lejos de eso.
APU: En un mundo tan acelerado y tecnológico, ¿La poesía es rebeldía?
PAR: Una vez dije algo parecido, pero ahora ya no estoy tan seguro. Cuantos más años cumplo, menos claro se me vuelve. La poesía se cuela en este mundo acelerado y tecnológico: a veces apenas le hace cosquillas y, en el peor de los casos, resulta indiferente.
Sin embargo, no por eso es insípida ni mucho menos un simple placebo. Al contrario, su verdadera fuerza está en la intencionalidad de un poema. Lo mismo ocurre con las demás disciplinas del arte, nos recuerdan que estamos vivos. El arte nos hace conscientes de esa condición, y quien logra darse cuenta ya sea creándola o recibiéndola, evita quedar condenado a una vida vacía.
APU: Has mencionado que la escritura fue inicialmente una "válvula de escape". ¿En qué momento dejó de ser solo un alivio personal para convertirse en un compromiso con el lenguaje?
PAR: Pisándole los talones a mis cuarenta años, conocí la escritura de otra manera. Mi relación con ella creció, y hoy le tengo aún más un profundo respeto. Me volví más exigente, quizá incluso verdugo de mi propia voz, menos compulsivo. Estoy en un momento de madurez, en el sentido más estricto. Eso me hizo perder algunos recursos que antes tenía a mano, pero también me permitió ganar otra forma de comunicarme a través de este lenguaje único, que es la poesía. Incluso en los libros que leo como lector soy más selectivo. Hoy en día, pienso dos o tres veces antes de publicar, algo que antes no hacía.
APU: En tus poemas decís que el ser humano "recién cuando se rompe comienza a andar". ¿Qué es lo que se rompió en vos para que naciera el poeta que sos hoy?
PAR: Entre ese poema y yo hay una diferencia, no me siento roto, sino resquebrajado. Y no es lo mismo. Se parece más a las heridas, a las consecuencias de algunas batallas. Cuando alguien está roto no puede escribir, porque no hay nada que lo motive a hacerlo. En cambio, cuando está herido sí puede: va viendo cómo cicatriza y, en ese proceso de reconstrucción, aparece la poesía.