Omar Rodriguez-Lopez: ¿ser YO o NOSOTROS?

Omar Rodriguez-Lopez: ¿ser YO o NOSOTROS?

22 Noviembre 2014

Por Rodrigo Lugones

Escuchando a la dupla Rodriguez-Lopez/Bixler-Zavala, la reciente ANTEMASQUE por un lado y, por el otro, a la ya clásica At The Drive In, sobre todo los discos In/Casino/Out, y Relationship of Command, podemos establecer algunos paralelismos y “entender” como se fue produciendo la transformación artístico-creativa de la dupla, y también, como un hard-core punk devino en rock progresivo con influencias de los 70´s (pasadas por el filtro alternativo de los 90´s). En síntesis, en lo que terminó siendo The Mars Volta.

Tanto In/Casino/Out como Rolationship of Command son bisagras en ese camino. El primero es el intento por dotar de nuevos lenguajes a un estilo agresivo, aunque acotado, como el hard-core, y el segundo, la consagración definitiva del punto creativo más alto al que puede aspirar una banda de Punk Rock que, inevitablemente (al menos desde el punto de vista de la engañosa teleología retrospectiva) debe separarse por haber agotado las posibilidades artísticas y creativas de un género que destruyó (además de ayudar a crear, el post-hard-core) para que de esas cenizas, a las que sobrevivieron Zavala y Rodriguez-Lopez y su inextinguible fuego creativo, surgiera la furia progresiva de The Mars Volta.

ANTEMASQUE, el nuevo proyecto de la dupla que hoy cuenta con un álbum epónimo, recientemente editado, puede leerse, entonces, como el movimiento de la astucia de la razón en la lógica creativa. Un retorno a las fuentes, pero no en un sentido conservador, en los términos de una nostalgia reaccionaria (“En el pasado encuentro lo único que vale la pena”), sino, en un cambio de posición subjetiva con respecto a la propia producción artística del pasado. Un retorno pero desde lo “aprendido” en el proceso progresivo tanto de The Mars Volta como de la vertiginosa, frenética y prolífica carrera solista de Omar Rodriguez-Lopez.

La astucia de la razón creativa es, en la producción artística de Rodriguez-Lopez, el momento en que el tercer momento es el primero, pero alimentado por la experiencia del primer y segundo momento (At the Drive In y The Mars Volta son el proceso necesario, pero no previamente determinado, para llegar a ANTEMASQUE). El tercer momento es siempre el primero, pero desde una nueva perspectiva, una perspectiva que permite redimensionar todo el cuadro y captar nuevas posibilidades e interpretaciones.

“Soy un dictador de la música, ” supo declarar Rodriguez-Lopez en algún momento de su vida, algunos meses antes de que Mars Volta dejara de existir. Venía de todo un proceso retrospectivo que le permitió una autocrítica profunda, parte de esa etapa fue cristalizada en su proyecto de synth-pop-psicodélico, Bosnian Rainbows. Sus amigos y compañeros de banda le reclamaron el absoluto egoísmo con que llevaba adelante la producción artística de sus trabajos, (se mofaban de él -confesó- refiriéndose a Mars Volta como “Omars Volta”).

En Bosnian Rainbows aparece, entonces, la necesidad de despojarse de todo sentido totalitario, volver a apostar a un proyecto de democracia musical, en el que todos los integrantes pudieran ser parte del proceso creativo (esto fue lo que sucedía en At the Drive-In, ni más ni menos), a contramano de lo que ocurrió desde el primero hasta el último disco de los Volta, donde Omar controlaba absolutamente todas las instancias del proceso musical excepto la escritura de las letras, a cargo de Cedric (desde la composición, hasta la escritura de todos los arreglos y orquestaciones corrían por su cuenta, literalmente le indicaba a cada músico qué tocar).

Este proceso modificó la vida personal de Rodriguez-Lopez, que pasó de ser un “Dictador de la música” a transformarse en Nadie (nombre del nuevo sello de distribución de su música, así resolvió disolver su antiguo rol de amo). La disolución simbólica de su personalidad abrasiva fue un giro artístico que buscó, sin duda, extinguir todo registro de su totalitarismo musical.

Es imposible no pensar el rol del cine en este proceso interno de Omar. Él (cineasta, además de músico, pintor, es decir, artista total) experimentó la contradicción también desde la producción cinematográfica (el cine es un arte que plantea la necesidad de un grupo, un equipo, un colectivo que trabaje en función de un objetivo; ya no puede totalizar todo el trabajo una figura unívoca, egocéntrica y trascendental, sino que la función de otro en tanto otro que (me) completa el trabajo (y en la experiencia de la vida), una parte del todo que se mueve más allá de los límites del yo, es determinante, fundamental).

La producción cinematográfica y las críticas de sus compañeros, para los que se convirtió en un temible y cuasi-hitleriano jefe absoluto totalizador/totalitario, fueron profundizando una contradicción subjetiva que encuentra dos puntos concluyentes que terminan por clausurar el proceso subjetivo, la disolución de Mars Volta, su pelea con su alma-gemela, amigo inseparable de toda la vida, Cedric Blixer Zavala (vocalista en muchos de sus proyectos), y la creación de Bosnian Rainbows (proyecto en el que se encargó de afirmar, en todo momento, que, más allá de los resultados musicales se enfocaba en consolidar un grupo de amigos y compañeros, que pasen tiempo juntos y puedan conocerse como personas sobre la base de una democracia creativa).

Al tiempo apareció ANTEMASQUE, Cedric y Omar volvieron a juntarse, luego de haber separado a The Mars Volta, en un proyecto muchísimo más cercano al formato de la canción, y a su vez Omar dejó de editar discos solistas (antes aparecían por año aproximadamente 5 o 6 discos solistas de él, sin contar los que grababa y no eran editados, lo que da un promedio de un disco cada dos meses).

Ya sea en cualquiera de sus excéntricos y delirantemente hermosos discos solistas, así como en su proyecto post-hard-core (At the Drive-In), en su reggae-dub  a la manera Volta (De Facto), en sus colaboraciones con John Frusciante, ex-guitarrista de los Red Hot Chilli Peppers, en The Mars Volta, en su proyecto de Synth-pop-psicodélico (Bosnian Rainbows), en la nueva ANTEMASQUE, o en sus películas, Omar demuestra ser un artista increíble que puede comunicar lo siniestro y tocar lo sublime, crear canciones pop, o barrocas obras oscuras plagadas de sonidos imbricados y demenciales. Su versatilidad a prueba de balas, y su capacidad instrumental desatan una obra sin límites ni restricciones.

La pregunta planteada por la obra de Omar Rodríguez-Lopez es la siguiente: ¿Ser YO o ser NOSOTROS? El Individuo o el colectivo, y la a(res)puesta (es apuesta y respuesta a la vez), resuelta por Omar, tal como la plantearía Oesterheld, es que el único héroe es el héroe colectivo.

Una nueva banda, un nuevo sello, una nueva identidad simbólica, una nueva forma de relacionarse con sus compañeros y con el mundo, en síntesis, una nueva forma de crear y de entender la vida se abre paso para resolver una contradicción artístico-creativa (que no es más que el síntoma de una profunda crisis personal, espiritual y material), los que ganan son aquellos atentos a la obra de uno de los artistas más increíbles de los últimos 20 años.