fbpx "Lo abismal, el agua": nuevo disco de Luciana Morelli | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Cultura //// 13.02.2022
"Lo abismal, el agua": nuevo disco de Luciana Morelli

APU dialogó con la cantante y compositora que presenta su segundo álbum el jueves 17 de febrero en Thelonious Club y el sábado 19 en C.C. Nueva Uriarte. Un álbum de canciones que van desde el jazz hasta el folklore contemporáneo y la improvisación libre.

Foto: Isabel Richiusa

La cantante y compositora Luciana Morelli llega desde Suiza para presentar en Buenos Aires Lo abismal, el agua, su segundo álbum compuesto de canciones en las que el folklore, el jazz y la improvisación libre se mezclan para contar la historia de un viaje.

El jueves 17 de febrero se presenta en Thelonious Club a las 20:00 h (Nicaragua 5549, Palermo, CABA). Entradas disponibles en Tickethoy.

El sábado 19 de febrero se presenta en C.C. Nueva Uriarte a las 20:00 h (Uriarte 1289, Palermo, CABA). Invitados especiales: Melina Moguilevsky e Ignacio Amil dúo.

AGENCIA PACO URONDO: Si trazáramos una línea que empezara en Mandala (2014), tu disco debut solista, y terminara en este álbum que venís a presentar a Buenos Aires, ¿cómo resumirías lo que pasó con vos durante todo ese período? 

Luciana Morelli: ¡Han pasado muchas cosas! Tuve otro proyecto, me recibí de Profesora de Artes, volví a componer y me mudé al otro lado del océano. Pero creo que lo más importante fue que aprendí a valorar mis ideas, a seguir mi deseo, a confiar en mí y en mi capacidad de autogestión. 

Después de tres años de presentar mi primer álbum en distintos clubes de música de la ciudad, en el Festival de Jazz de Buenos Aires y en Bares Notables, estaba muy dedicada a terminar la carrera de Artes Combinadas, y sin mucha idea de cómo continuar. Me sentía un poco estancada y no estaba componiendo. Hasta que un día después de una clase de teatro me fui a tomar un café a El Banderín y escribí en mi cuaderno ideas para un show, un espectáculo que pudiera unir todas las cosas que me gustaban, que pudiera expresar mi identidad como artista y el eclecticismo que me caracterizaba.

Entonces fue cuando tuve la idea de lo que luego fue “Jazz at the movies”, un show audiovisual de música y cine, donde cantaba canciones de jazz que habían sido parte de la banda sonora de películas. Finalmente, este show fue muy exitoso y tuvo un ciclo semanal durante cuatro años que me alegraba los fines de semana. En el medio, tuve la oportunidad de trabajar cantando jazz en un crucero; vi el funcionamiento del capitalismo en su expresión más salvaje desde el backstage, y recibí una patada de colonialismo en la cara. Pero también viví los momentos más hermosos. A la vuelta de este viaje nació “Ardor de mar”, canción que forma parte del nuevo álbum. 

Arranqué a estudiar composición con Edgardo Cardozo, otro espacio y grupo clave, donde me animé a valorar mis ideas y empezaron a nacer las canciones. Finalmente las vueltas de la vida me llevaron a Basel, Suiza, donde vivo hace más de dos años y medio, y ahí realicé otro movimiento enorme, pero esta vez hacia adentro, que me permitió dar vida a este nuevo álbum. Después de la cuarentena, en la vuelta a la presencialidad, pudimos grabar el disco y fue una felicidad enorme. En estos años comencé a proyectarme y pensarme como “artista” y no solamente como “cantante y compositora”.

APU: Lo abismal, el agua. ¿Por qué elegiste este nombre para tu segundo álbum?

L.M.: Era una tarde negra de enero, llovía torrencialmente, y me senté al piano. Abrí un libro al azar y comencé a improvisar melodías con el texto. Era el pasaje de “Lo abismal, el agua”, uno de los hexagramas del I-Ching, el libro de las mutaciones (una especie de oráculo de China), y resultó ser justo lo que necesitaba escuchar en ese momento. Quedó por mucho tiempo como una “impro” en una nota de voz en el celular que después fue tomando forma, y hoy es la canción que le da nombre al disco. Es instrumental, pero también uso la palabra hablada y juego con sus posibilidades. 

Las frases del libro le dieron forma a lo que sentía. A grandes rasgos, habla de la capacidad de resiliencia, de la adaptación ante grandes cambios y especialmente ante situaciones que nos ponen en peligro o que las percibimos como un abismo. Y de cómo ante estas situaciones, en vez de paralizarnos o querer correr forzando la situación, la invitación es a ser como el agua, que siempre fiel a sí misma, “alcanza su meta fluyendo sin interrupción”. La vida me quería enseñar esto hace rato y por suerte ahora la estaba escuchando. 

APU: ¿Cómo te definís siendo migrante? ¿Te costó integrarte a "esa otra cultura"? Y desde lo musical, ¿creés que la distancia geográfica te ayudó a acercarte a tus raíces? 

L.M.: Ser migrante en un momento pasa a ser una identidad. Y es muy fuerte habitar esa identidad, pero a la vez es inevitable porque allá yo soy la otredad, la distinta. Soy la latina, la argentina” que Maradona, que Madonna” (gracias, Andrew Lloyd Webber) y el tango. Y es loco, porque acá una siente que, a pesar de ser mujer, tiene un montón de privilegios por ser blanca y estar dentro de lo que más o menos se considera la hegemonía en cuanto a cuerpos, pero cuando me fui allá eso se complejizó. Soy conciente de la interseccionalidad de los procesos de racialización y de que cada país tiene el propio, pero no lo había vivido así antes. Me acuerdo que en la marcha del 8M del 2020 en Zúrich, se subió una mujer colombiana al escenario y le habló a las migrantes de Latinoamérica. Me habló. En ese momento me di cuenta que yo era parte de este colectivo, donde a su vez, también tengo privilegios ante compañeras que, por ejemplo, no tienen papeles. O sea, es todo muy complejo.

Pero la burocracia suiza no es para cualquiera. Y por eso es muy fácil quedarse afuera. El ritmo y la cultura en Basel es una de las cosas más opuestas a la dinámica de Buenos Aires que vi en mi vida. Hay mucho orden, todo está limpio y la gente es muy obediente, el bus viene en horario, hay muy poco margen para los imprevistos. Mi compañero es suizo y también es músico y eso hizo mucho más accesible todo. Pero claro que a los ojos de una argentina, la sociedad suiza puede parecer muy fría en cuanto a lo afectivo y la expresividad de los afectos porque hay mucha formalidad.

Lo que yo especialmente amo de Basel, es la combinación de naturaleza y ciudad: estás siempre cerca de un río, de un lago o a minutos de un bosque, una montaña. Además el público suizo (si se puede generalizar) es un público que sabe escuchar. La primera vez que di un concierto en una ciudad que se llama Baden, se podían escuchar los pájaros afuera. Ese nivel de escucha.