"Las Palabras volverán a caminar", por Pedro Patzer
Necesitaba contar algo que me hiciera temblar. Algo que tuviera la torpeza de la sabiduría y la imperfección de la inocencia. Sentía que las palabras ya estaban demasiado sucias, palabras fundamentales que habían sido interceptadas por los ladrones del sentido.
Aprendí muchas teorías y técnicas acerca de la escritura de guion. Existe el camino del héroe, que narra paso a paso la estructura clásica, sin embargo necesité hallar el deambular del antihéroe, en el momento en el que la herida de todas las cosas se vuelven bastón del peregrino. El peregrino que no erra, el peregrino que busca su propio jardín, como cuando Roberto Goyeneche comprendió que el tango necesitaba de la telaraña de su voz o el niño necesitó pegar el alarido en el instante en que la burocracia del templo adormecía hasta al mismo Dios.
Tenía que hacer la tesis, debía contar una historia, ya me estaba probando otra máscara para un nuevo baile de disfraces, viendo cortos de modas, temáticas actuales, hasta que apareció el hermoso desperfecto, el agujero en la media de Tuñón: Lourdes, mi hija, de por entonces dos años, escribió, en mi computadora, una misteriosa palabra: “Bvñoyre”. Y yo tan acostumbrado al mundo sabelotodo, googlié aquella palabra, y ¡zas! El lenguaraz Google, como muy pocas veces, asumió su ignorancia: “No se han encontrado resultados para Bvñoyre” Entonces me di cuenta de que el asombro todavía era posible. Por lo que renuncié inmediatamente a la máscara y al baile de disfraces, y comencé a intuir que la palabra humana estaba dispuesta a dar su pelea.
Cartas a un joven poeta de Rilke, siempre fue un faro para los poetas, esta obra recopila las cartas en las que un viejo poeta aconseja a uno joven, más de un siglo después, una nena de dos años le obsequió una palabra nueva a su padre, que andaba pasmado en tiempos en que usan la palabra libertad para prohibir o en que la inteligencia artificial pretende apoderarse del verbo humano.
Lourdes me recordó que siempre es posible hallar una palabra nueva.
¿Dónde comienza una palabra, dónde acaba? Los lingüistas tienen sus respuestas. Pero son los mismos que niegan que existan las horas largas. Para ellos todas las horas duran sesenta minutos, pero los que hemos amado, hemos dicho adiós a alguien, hemos regresado de un olvido o transitado el camino de la distancia irremediable, sabemos bien que hay horas que duran noches enteras.
La posibilidad humana de crear una palabra nueva, en tiempo donde la inteligencia artificial le pone fronteras, ceros y unos y le quita su posibilidad infinita, es un gesto de esperanza.
Bvñoyre, el río invisible que nos atraviesa, es un intento, de reivindicar el asombro, la parte más artesanal del espíritu y la genuina desnudez de la que está hecha la inspiración humana que es el río invisible de los creadores, ese río que arrastra el viento de los tiempos y que alcanza a todo aquel que se deja alcanzar, esa palabra tan mal vista por los académicos y los gendarmes del pensamiento que han hecho de la cultura un club exclusivo, un muro sin eco, una semilla que nunca se entrega a los vientos. "El sueño de la razón produce monstruos", escribió Goya en uno de sus grabados. Será tiempo de dejar abrir las fronteras y transitar el más allá que hay en el corazón humano. La inspiración es el pan desesperado del alma, es la necesidad creativa que no pide permiso para encender el fuego, es la carta de navegación para los marineros en tierra, la que acompaña para los que se sienten forasteros en el sentido común que como siempre engendra su imperio de resignaciones.
La inspiración es la reunión de mujeres y hombres de todos los tiempos que en algún momento de su vida comprendieron que sus manos, sus voces, sus palabras, sus cantos, sus danzas, eran una extensión de un largo y misterioso río. Un amazonas hecho de los que pintaron en la caverna, de los que hallaron música en los ecos de los cerros, hasta del que hace con aerosol una obra de arte en un vagón que padece insomnio de óxido en Constitución. ¿Cómo debía contar esta historia? ¿Cómo narrar algo que nace de una palabra incomprensible? Pero qué le pasó al primer humano que le puso estrella a la estrella, agua al agua, o amor al amor. Hay algo de repetición humana que es casi un asunto divino. Porque si bien hay una humanidad que es lobo de la humanidad, hay otra, que intentó crear el esperanto, una lengua universal que nos reuniera en el habla. La existencia de Bvñoyre, es decir, la posibilidad humana de crear una palabra nueva, en tiempo donde la inteligencia artificial le pone fronteras, ceros y unos y le quita su posibilidad infinita, es un gesto de esperanza.
Bvñoyre es un intento de que las palabras vuelvan a aprender a caminar. Para eso se tienen que tropezar y caer varias veces. Pero cada paso que la nueva palabra de, un nuevo y misterioso camino se hará posible. Y además, habrá nacido un peregrino, alguien que busca el nuevo jardín, en un mundo que intenta ser envejecido por los desiertos de las nuevas tecnologías.