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Cultura //// 09.05.2021
Informe de un día: los caminos de la escritora Aurora Venturini

Un recorrido por la vida y obra de la autora platense que conmovió con Las primas a los 85 años, con más de treinta títulos en su haber. La amistad con Evita y posterior experiencia de exilio en Francia junto a Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir.
 

 

Por Inés Busquets |​ Ilustración: Brenda Greco

Aurora y su obra parecieran fundirse en una sola cosa. Es poco lo que se sabe de ella, solo el testimonio de personas que han sido allegadas por momentos y una obra documental en primera persona que la pinta entera.

Aurora Venturini nació  en La Plata fue poeta, ensayista, narradora, traductora y docente, graduada en Ciencias de la educación. Trabajó con Eva Perón y fue su amiga. Tras el golpe del ´55 se exilió a Francia, allí conoció a Violette Leduc, Jean Paul Sartre y  Simone de Beauvoir con quienes también forjó una amistad: “Me tocó vivir con alegría mi exilio,” dirá unos años después.

En el año 2007 recibió un llamado telefónico de Liliana Viola, hoy su albacea, para informarle que estaba entre las finalistas  del premio Nueva Novela de Página 12. Ella tenía 85 años, para sorpresa del jurado y su seudónimo era Beatriz Portinari, Liliana en el prólogo de Las amigas cuenta: “Me dijo que Las primas tenía que ganar porque esa novela era ella misma.”  

Recibió el premio y dijo ante el jurado: “Al fin un jurado honesto.”

Su reconocimiento tardío la conmovió para siempre. Cuando eligió a la periodista como responsable de su obra fue con un escribano y un testamento firmado, ante la vacilación “Hablo ella: Porque ese llamado que me hiciste aquella tarde me dio la felicidad que había estado buscando toda mi vida, “relata Liliana en el prólogo.


Recuerdo a Aurora en La Aguada, un bar tradicional platense tristemente cerrado en la era macrista. Habrán pasado unos 15 años, ella estaba entre un grupo pequeño de gente, al que yo me incorporaba. Me la presentaron, pero en esa etapa como la esposa de Fermín Chávez, un historiador peronista que fue testigo de sus relatos por haber sido muy cercano a Perón. Supongo que fue en esa misma época cuando ella trabajaba con Evita, que se conocieron.

Ese día lo retengo por muchas cosas, una es que entre el grupo de hombres grandes y ortodoxos peronistas estaba ella. Flaquita, con un pelo rebelde que parecía estar sumido bajo el armado de una peluquera, su cuerpo pequeño, pero imponente. Sus intervenciones eran breves y precisas. Hacía un leve movimiento con sus manos y  no miraba fijamente a nadie en particular. La situación estaba enmarcada en un contexto determinado: la visita de Fermín y ella parecía encajar en esa sintonía de compañera. Además, yo tampoco sabía que era Aurora, la inmensa Aurora.

Debe ser por eso que mis recuerdos son vagos y jóvenes, desprovistos de esa atención al detalle que uno va adquiriendo con la edad.

Después llegó el premio de Las primas y su merecido reconocimiento.
De ahí en más la fui descubriendo por referencias de personas que tratábamos en común, como la poeta platense María Laura Fernández Berro, quien fue su secretaria muchos años.
Aurora era un misterio, poco sociable como bien dice. Me la imagino todos esos años en su departamento céntrico escribiendo, lejos del mundo. Solo recibiendo a curiosos y conocidos. Hasta que se cansaba o se aburría vaya a saber...Hoy leo sus libros y aun me sorprende respirar la misma atmósfera. Caminar las mismas calles.
Leer Aurora comprende dos momentos: uno el de la ficción que transcurre bajo la voz insondable y adictiva de un personaje que cuenta, relata y se explaya en un universo por momentos monstruoso.

Y en el otro una especie de rompecabezas donde uno a medida que avanza va construyendo su propia figura. ¿Qué tiene ella de los personajes? ¿Cuánto de Aurora hay en Yuna Riglos? ¿Cuánto de Aurora en la estudiante que va al museo y luego a París? ¿Cuánto había en esa mujer sentada entre hombres que vi en un rincón del bar?
Los rasgos de realidad en sus ficciones son notables. Por lo tanto buscarla es una acción inconsciente e inevitable.

Tiene una narrativa tensa e hilarante. Un registro irónico, que a veces rosa el humor negro y una sensibilidad poética que trasunta todos los matices y expresiones por más soeces que parezcan.

Beatriz Portinari, el documental

El seudónimo utilizado por Aurora es el nombre de la  musa inspiradora de Dante Alighieri. De esta manera también se llama el documental de Fernando Krapp y Agustina Massa: Beatriz Portinari, un documental sobre Aurora Venturini. El film es del año 2013, cuenta Fernando Krapp  que cuando le enviaron el guión y se reunieron con ella para hablar sobre el proyecto se entusiasmó mucho y estuvo predispuesta a participar. Sin embargo, en la mitad del rodaje avisó por medio de su secretaria que no quería grabar más. El corte fue abrupto, nunca más tuvieron contacto y según el director tampoco vio la película terminada.

El documental es un registro único y maravilloso. No solamente la obra en sí misma narrada por Rosario Bléfari, sino toda la circunstancia que cercó a la realización. De alguna manera, como dijo Fernando Krapp hasta la interferencia  y el abatimiento para dejar de filmar hablaron de ella y completaron las escenas que faltaban al momento de redefinirlo.

Beatriz Portinari empieza mostrando las rutinas de Aurora y la voz del kinesiólogo que la rehabilita luego de un accidente doméstico:

 — ¿Seguís escribiendo?

—Claro, ¿qué voy a hacer sino? Es lo único que hago…

Aurora ahí ya rondaba los 90.

En el film Aurora se reconoce católica y peronista. Hay una anécdota en la que cuenta que lo acompañaba  al cine a Sartre  y que se sentaban atrás porque el sacaba un pañuelo grande para llorar.  Es ahí donde dice: “Yo compartía mucho con ellos, pero no su ideología porque yo no era existencialista, soy católica.”

Todas las escenas son imperdibles e imprescindibles para conocerla. La amistad con la araña, por ejemplo: “Cada cual tiene los parientes que puede y fue una araña la que me acompañó”.

La locación más usada es su casa, pero se complementa con actos públicos y las voces de amigas que transitaron muchos años de su vida con ella.

La fuente documental siempre es un acierto para reconstruir vidas míticas, impredecibles, que (como también menciona ella) se comunican mediante el arte.  

Los personajes y sus obras

Si bien la obra de Aurora es vasta y se están reeditando es importante destacar que la colección de Tusquets con Las Primas, Las amigas y El marido de mi madrastra es un compendio de personajes singulares donde prevalece lo monstruoso, lo errático, lo imprevisto, lo desopilante, lo deforme, la excrecencia, lo torpe. Algo así como una caricatura, una exageración remanida de sucesos extraños y delirantes.  

“Mis personajes son fantasmas de cosas,” dijo. Es cierto, eso genera que exista una línea muy delgada entre la ficción y la realidad.

En Nosotros, los Caserta conserva el estilo, pero pareciera que su protagonista es la que más se acercara a ella. De todos modos continúan sus sagas familiares con recuerdos de infancia y personajes exacerbados.

* *

Pienso si Aurora es un caso de estilo tardío o si su obra fue a destiempo.

Tal vez como dice Miguel Grinberg con respecto a Gombrowicz le ganó la guerra a la autenticidad o gozaba de una licencia que solo pertenece a los escritores secretos.

Walter Benjamin dice: “Ser feliz significa ser consciente de uno mismo sin tener miedo.” Creo que Aurora eligió ese camino. Fue feliz sin miedo y escribió hasta el final.