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Cultura //// 07.02.2021
Informe de un día: David Lynch, la meditación en los procesos creativos

El director de cine propone un camino de expansión de conciencia y creatividad en su último libro “Atrapa el pez dorado” como herramientas claves para alcanzar mayor dicha, intuición y claridad en las ideas.

Por Inés Busquets

Las ideas son como peces.

 Si quieres pececitos,

puedes permanecer en aguas poco profundas.

 Pero si quieres pescar un gran pez dorado,

tienes que adentrarte en aguas más profundas.
David Lynch, Atrapa el pez dorado.

Hace un tiempo resuena David Lynch en la redes con una potencia significativa, me preguntaba si fue su cumpleaños o si esta especie de resurgimiento tiene que ver con su capacidad de reinventarse. Después descubrí que sí, el 20 de enero fue su cumpleaños.
Las obras hablan de los artistas, de sus momentos, de sus cambios y procesos personales.
Veo ciclos que promocionan Blue Velvet, El hombre elefante, La carretera perdida y pienso que es un trasvasamiento necesario. Esas obras que una generación conocimos en la adolescencia y que resulta imprescindible que también las conozcan quienes empiezan a descubrir el mundo. Una vez que ocurre esa primera incursión la persona buscará indefectiblemente novedades y nuevas películas, sin embargo encontrarán que la evolución fue modificando el contenido de sus obras.

Lo digo porque hace poco vi Una historia sencilla, si bien está basada en una vida real, me pareció notar un cambio en la forma de mirar el mundo. Contemplación, naturaleza, paisajes y la sabiduría de la vejez. Claro es que unos días antes había visto el documental de David Lynch de meditación trascendental.

Por lo tanto he aquí mi primera hipótesis para esta columna: cómo la profundidad y la mirada interior había influenciado en sus obras. Es decir que pensé en Blue Velvet y en El hombre elefante y erróneamente pensé que a partir de la práctica de la meditación había alterado su cosmogonía en el cine. Inclusive me acordé de Leonard Cohen y sus poemas antes y después, luego de ser ordenado monje Zen tras cinco años de retiro en el monasterio Mount Baldy (California).

Rápidamente me puse en búsqueda de Atrapa el pez dorado (Random House) para darle más consistencia a mi hipótesis, en este proceso desesperado acudí a la librería amiga (Big Sur) y cuasi en actitud adolescente me llevé el libro sin pagar (la tarjeta no me lo permitió) y hasta inconscientemente me robé un señalador de arriba del mostrador.

Aquí cambió rotundamente el supuesto que mi mente creía haber comprobado: David Lynch empezó a meditar en el año 1973, previo a todas las películas turbias que mencioné, más aun antes de su éxito como director profesional. Inclusive contestó a mis inquietudes: “Me han preguntado por qué, si la meditación es tan estupenda y proporciona semejante felicidad, mis películas son tan oscuras e incluyen tanta violencia. Hay muchísimas cosas oscuras en este mundo y la mayoría de las películas reflejan el mundo en el que viven. Son historias. Las historias siempre incluirán un conflicto. Tendrán subidas y bajadas incorporaran el bien y el mal.”

Pues es así que esta columna que se iba a llamar de la acción a la expansión, solo va a profundizar en los procesos creativos del cineasta.

Meditación, conciencia y creatividad

“Los treinta y tres años que llevo practicando la meditación trascendental han sido clave para mi trabajo en el cine y la pintura y en todos los aspectos de la vida.” De esta manera las primeras páginas de Atrapa el pez dorado intenta reflexionar y compartir su experiencia para dar lugar a una enseñanza que busca la vida interior y la evolución espiritual.

Los caminos creativos suelen ser una incógnita, atribuimos los mundos posibles del artista a la formación académica, a la experiencia y a las capacidades adquiridas, tal es así que nunca se nos ocurre pensar en la evolución espiritual o en el mundo interior de quien crea. Incursionar en la intimidad de los procesos es descubrir una parte poco conocida.

David Lynch a partir de su experiencia con la meditación, luego de muchísimos años decidió no solamente compartir su secreto sino formar una Fundación que promueva esta técnica, con el proyecto sostenido de incorporar la meditación en las escuelas para que niños y adolescentes crezcan en un ambiente sano y pacífico. Sin conflictos, sin oscuridad, sin malos pensamientos, con libertad genuina de expresión y acción.  

Atrapa el pez dorado podría ser un libro para cinéfilos y cineastas, pero es un libro para la vida y para entender el arte en general como un encuentro con las profundidades del ser.

En la trastienda creativa el director cuenta como su inquietud por descubrir lo persiguió siempre, él en un principio quería ser pintor y sentía que la “vida artística es libertad, “y tiempo. Fue a Bellas Artes y a partir de una práctica comenzó a preguntarse si el cine podía ser un modo de dar movimiento a la pintura. Desde ese momento señala: “solo me topé con semáforos en verde.”

Se apropió del cine como lenguaje único y mágico. Considera a la idea como el motor, el instante inicial de todo lo que vendrá. En Blue Velvet solo se imaginó unos labios rojos, unos jardines verdes y la canción de Bobby Vinton. Después una oreja tirada en el campo, a partir de allí y con esa pieza minúscula llegó todo lo demás.

Pero ¿Cómo se traduce esa idea?, ¿Cómo fluyen los pensamientos y se convierten en escenas?

Aquí la meditación adquiere un valor fundamental. “No puedes controlar nada de lo que pasa fuera de ti. Pero puedes entrar en ti y hacer lo mejor que sepas.”

Evitar el sufrimiento y la tensión. Escapar del conflicto y la oscuridad, son la base de la actividad creativa. Quien sufre es incapaz de crear. Son solo algunos consejos de David Lynch para incrementar la capacidad artística.

Concentración y meditación. Ausencia total de miedo, como búsqueda a la iluminación.

La expansión de la conciencia como herramienta para materializar las ideas.
La respiración como puente es la llave para llegar al océano más profundo.
El estado creativo necesita de esa fuente única, ancestral y cercana, más aun de lo que uno se imagina.