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Cultura //// 15.11.2015
Industria cultural: la primera víctima de un posible ajuste

Natalia Calcagno es Directora Nacional de Industrias Culturales, perteneciente al Ministerio de Cultura de la Nación. En conversación con APU da su perspectiva sobre las políticas de fomento a la producción cultural en los últimos años. "Cuando se pierden ingresos lo primero que se resigna es el consumo cultural", reflexiona ante el contexto electoral que atraviesa el país. 

Por Boris Katunaric
APU: ¿De qué se encarga la Dirección de industrias Culturales?
Natalia Calcagno: Cuando se decide crear, desde el Ministerio de Cultura, el área de industrias culturales la idea es atender, desde la cultura, el aspecto económico productivo que tiene el sector cultural. En general está claro que la cultural aporta valores, símbolos, tiene que ver con nuestra identiad, con nuestro patrimonio, con nuestra nacionalidad, con la patria. Pero a veces se nos corre del eje incorporar que también es una actividad económica que genera empleo, exportaciones, que requiere importación y que genera muchísimo valor agregado. Toda esta temática tiene una arista muy positiva que es que aportamos al producto bruto interno del país y generamos empleo.
APU: Alguna vez, en algún Mercado de Industrias Culturales Argentinas (MICA), dijo que se confundía el rol del trabajador de la cutura y que, por ende, el actor, el músico, el artista, debían tener otros trabajos para sostener su actividad.
NC: Hay un concepción de que la cultura se hace por hobby, por amor al arte, por vocación y no como un medio para vivir, esto es una idea en la que también están involucrados muchos productores que, a lo mejor, generan cultura; tocan la guitarra o escriben de noche, hacen artesanías en sus ratos libres. Lo viven como un momento de realización personal pero no logran vivir de esa producción.
Hay mucho que sí, que logran vivir de la cultura porque ésta es una actividad económica es más importante que la energía; genera más PBI que el agua, el gas, todo junto.
Por lo que hacemos el MICA, y por lo que la dirección de industrias culturales se ha puesto una meta de trabajo territorial, intenso y constante, en este año de gestión a mi cargo, pero que viene desde que empezó este gobierno, está vinculado a la concentración.
La concentración es un concepto central para entender esta temática porque lo que vemos es que la producción cultural está fuertemente concentrada en pocos grupos económicos. Uno puede ser el grupo Clarín, pero también internacionales y transnacionales como puede ser Sony, Hollywood o Random House.
Concentran los recursos económicos pero también la distribución de contenidos pocos grupos y ellos son los que definen qué miran, qué leen, qué escuchan los argentinos.
Nosotros como Estado tenemos el deber de la pluralidad y la diversidad. Esa es la única forma de garantizar el derecho a la cultura. Si uno no puede conocer diversos sentidos, diversos contenidos de músicas, de letras o cine no puede elegir lo que quiere. Si no hay diversidad estaríamos teniendo un pensamiento único y antidemocrático. Como buscamos la pluralidad tenemos que distribuir y tenemos que desconcentrar el PBI cultural.
APU: En ese sentido, la función del MICA, en general, ha sido la de reunir a muchos productores independientes.
NC: Es una búsqueda de cómo hacemos para redistribuir el mercado, de qué manera, porque no es que nosotros podemos definir qué o quién compra qué cosa porque hay un juego democrático en eso. Lo que podemos hacer es ayudar y acompañar como Estado a los pequeños productores que tienen muchísima dificultad para competir con estos monstruos económicos. ¿Cómo hacés con un sello chico para competir con la maquinaria de marketing, difusión, distribución que tiene Sony?
Lo que hicimos estos años fue crear, dentro del MICA, las reuniones de negocios trayendo compradores internacionales interesados en los distintos productos culturales Argentinos e invitar a los productores independientes a que participen, que se pongan en el lugar de productores más allá de artistas, creadores. Que sean generadores de recursos y que busquen negocios, que busquen poder vender, comprar y poder vivir de lo que hacen. Si eso sucede va a haber un mercado más diverso y los argentinos vamos a tener una cultura más diversa.
APU: ¿Cuánto ha crecido la industria cultural en la última década?
NC: En la última década venimos de un crecimiento a nivel nacional impresionante en el PBI que se puede ver reflejado entre un 8 o 10% anual desde 2003 a 2013. En ese contexto la cultura creció un poco más, casi un 50% más. Es decir de un 2% en 2003 al 3% en el 2014.
APU: En esta coyuntura electoral, y teniendo en cuenta la política cultural que ha tenido el PRO, además de ya saber que está designado el próximo Ministro de Cultura en la Provincia de Buenos Aires, vemos necesario pensar qué perderíamos en materia cultural tanto en lo económico como en lo simbólico.
NC: Como para aportar a la reflexión y a la toma de decisión en este momento tan importante y tan decisivo que vivimos te diría que hay dos modelos de cultura. Son dos situaciones muy diferentes y opuestas que va a vivir la cultura según qué modelo elijamos.
Por un lado está la cuestión económica. Cuando se pierden ingresos lo primero que se resigna es el consumo cultural. No porque no nos guste, porque se puede resignar comprar el diario o ir al cine o leer un libro pero no se pueden resignar los medicamentos de los chicos, la comida ni llevarlos al colegio. Como se dice que es un tipo de consumo elástico al ingreso, se mueve con el ingreso, si pensamos en un contexto de devaluación donde conlleva una pérdida del poder adquisitivo de los salarios y por ende comprar menos eso va a traer como consecuencia que va a disminuir el consumo cultural y esto apareja que los productores culturales, sobre todo los nacionales, van a entrar en crisis.
Esto pasó en 2001, si ves los indicadores del sector editorial son los peores números de la historia en materia de producción de ejemplares. En el cine nunca se vendieron tan pocas entradas como en 2001 y así podemos seguir en todos los aspectos culturales. Se deja de consumir y de acceder a los contenidos porque no tenés un mango entonces no hay forma de producir más cultura entonces quedamos atados a lo que traen los otros países.
Implicaría una crisis profunda que afectaría principalmente a la raíz, a los que generan nuestro cine nuestras letras, nuestras músicas que no van a poder vivir de lo que hacen. El lado económico no es menor.
Por el lado de lo simbólico y con lo que ha sido la política cultural del macrismo en estos años, parece que está bien claro que lo que se está pensando es en la cultura como un negocio. En algún momento Mauricio Macri dijo que “el tango es la soja de la Ciudad de Buenos Aires”.
Está asociado a lo que tendría que ser un antónimo, la soja es una actividad extractiva, no tiene ningún valor agregado, no genera ningún desarrollo, no es sustentable. Siembro, le pongo glifosato, sale sola y me la llevo. La cultura es todo lo contrario. Si lo pensamos como una mera actividad económica y exitista me voy a poner festivalero, voy a pensar sólo en los que venden, no voy a apoyar a los que no venden tanto. Voy a pensar en la eficiencia también en la producción cultural y la eficiencia va de la mano de la concentración. Esto se vio en la CABA. Todo lo que no generaba negocio ni mucha plata se desfinanció y desapareció el estado de ese acompañamiento.
*Entrevista realizada en Basta de zonceras (Versión radial de APU) por AM 740 Radio Rebelde  (Lunes a viernes de 11 a 12)