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Cultura //// 12.11.2016
En la intemperie del terror

Esta semana se estrenó La larga noche de Francisco Sanctis, ópera prima en ficción de Andrea Testa y Francisco Márquez, basada en la novela homónima que el escritor Humberto Costantini. “El buen ciudadano que tropezando con sus propias dudas empieza a transformar el terreno conocido -el barrio, la ciudad- en un turbio entorno, irreconocible y peligroso”.

Por Gustavo Caro
Un primer mérito de La larga noche de Francisco Sanctis es haber puesto en reedición la novela homónima en la que se basa y en (re)descubrir a su autor, Humberto Constantini. El mérito parece esfumarse si apuntamos que muchas películas basadas en novelas olvidadas o ignoradas -y aún en viejos éxitos editoriales- logran lo mismo. En este caso, por contexto y contenido, la actualidad del rabioso paradigma neoliberal revaloriza sin duda en este aspecto los alcances de La larga noche….En el mismo sentido, el film de Andrea Testa y Francisco Márquez reabre la insistencia de la memoria sobre una época que no agota las posibilidades de ser atravesada. Contra los bufidos que su abordaje empieza a generar en el ámbito cinematográfico de la industria local y de los que pretenden ser parte de ella, los “setenta” asoman nuevamente su cabeza en la ficción. Gol de Testa&Márquez. La nueva generación del cine argentino vadeando el aire perezoso que mucha nueva corriente venía reciclando por estos lados. Justo ahora.
La larga noche de Francisco Sanctis narra el periplo de un empleado común que recibe la extraña misión de advertir a dos desconocidos sobre su secuestro por parte de las fuerzas armadas en pleno 1977. Es una historia de ambientación que empuja a su protagonista -interpretación a medida confeccionada por Diego Velázquez- a salirse de la cálida comodidad de su rutina para adentrarse en la noche negra de una época. El buen ciudadano que, tropezando con sus propias dudas, empieza a transformar el terreno conocido -el barrio, la ciudad- en un turbio entorno, irreconocible y peligroso. Como el Paul Hackett de Después de hora (Scorsese, 1985), Francisco Sanctis irá dejando atrás su zona de seguridad -el hogar, la esposa, los hijos- para adentrarse en una ciudad que a cada paso se vuelve más oscura, temible y hostil. La puesta en escena representa una Buenos Aires con el carácter de un monstruo acechante: una presencia de aire fantástico , casi irreal, sostenida en un fuera de campo que respira todo el tiempo sobre los personajes. En este sentido, más que asentarse en el desarrollo argumental de un personaje heroico con objetivos claros, la trama gravita en la construcción de climas que van devorando a Francisco S. en la medida en que su dilema lo empuja a seguir. Además de un horror concreto para muchos, la opresión del terrorismo de estado fue una realidad latente para todos. Aun para los que no se animaron a continuar la militancia coqueteada en su juventud. Así, la Buenos Aires que Francisco S. transita es una honda y oscura intemperie donde lo siniestro de la época ambientada propone la luz de escena gracias a la adaptación que hacen Testa y Márquez, quienes no sólo no resignan la lectura histórica sino que ponen su clima de época en primer plano. A la manera en que Christian Petzold lo hace con la Berlín de postguerra en Phoenix (2014), la ambientación de Buenos Aires es la clave en la puesta de La larga noche de Francisco Sanctis.
“La construcción de su conflicto dramático está sostenida desde una impronta muy subjetiva. La película muestra lo que él ve o cómo él se relaciona. Se esconde clandestinamente detrás de los muros que Francisco va atravesando en la ciudad. Era una decisión ver de qué manera había que poder hacer sentir sin explicitar ese terror, sin ver de nuevo un Falcon verde. Sentíamos que ya no movilizaba con ese tipo de imágenes.” (Andy Testa)
Todo el film está impregnado de una atmósfera corrosiva cuya tensión crece como una enredadera hidratada por la humedad nocturna: tenue y constante, su espesura va ocupando la pared. El dispositivo generado por la pareja de directores no vacila en sus argumentos formales y asume sus riesgos. En dos escenas cruciales, la del auto y la del billar, la puesta muestra claramente que los límites de la representación no están cerrados y el artificio asoma para desvanecer la lógica clasicista a favor de la composición atmosférica, de la conformación de un clima. De lo que envuelve al protagonista más de lo que acciona. Todo el tiempo Francisco S. camina rodeado de una presencia amenazante que no necesita ser vista ni escuchada. El terrorismo de estado es una obra impresionista.
“El cine es político en tanto establece un diálogo. Si uno hace una película que cree que es política y baja una serie de lineamientos cerrados, para mí no es política. En cambio, es político cuando podés establecer una conversación y una construcción conjunta con otro. En ese sentido, radica la importancia de lo que no se dice.” (Francisco Márquez).
En diálogo decididamente abierto con el espectador, La larga noche de Francisco Sanctus moderniza el estatus de la discusión en torno a la represión y el terrorismo de estado. Para ello pone fuera de lugar a un ejemplar de la ciudadanía silenciosa -de la que much@s hoy se expresan con cacerolas- y lo sitúa en la incomodidad del “otro”, del sospechoso, el perseguido, el vigilado. Pero no lo deja sin armas: le da un dilema vital. Será Francisco Sanctis, y sólo él, quien podrá resolverlo.
Luego de Pibe chorro, el excelente documental de Andy Testa, La larga noche de Francisco Sanctis es la segunda película que estrena este año Pensar con las manos, la productora que sostienen en matrimonio creativo Testa y Márquez. Cierro con un comentario que tomo prestado del facebook de Cynthia Sabat: “La larga noche de Francisco Sanctis es el caballo de troya del cine político argentino.”