El hardcore criollo es más que romper todo

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HARDCORE ARGENTINO

El hardcore criollo es más que romper todo

20 Agosto 2023

La crisis económica, social y política de la década de 1990 tuvo diversos movimientos artísticos de telón de fondo: la cumbia villera con la aparición de Pablito Lescano, el rock chabón de la mano de la Bersuit Vergarabat, el pop de Las Bandanas como símbolo de una época. Entre esos novedosos artistas, modas y nuevas identidades se encuentra el hardcore, que es “una mezcla de metal con punk y skate, para quienes lo practican es un estilo de vida. No es solo tocar rápido y pesado, hay varios valores, códigos y toda una postura, ideológica y filosófica”, dice Julián Vadalá (@historiasdelbsashardcore), músico y autor de Historias del Buenos Aires hardcore.

Las primeras bandas precursoras del hardcore criollo se suben a los escenarios entre 1986 y 1989. Es el fin de la dictadura y un momento en el que florece una juventud contracultural, desafiante, escandalosa: la expresión juvenil estalla en todos lados. División Autista, Cero de Pulso, EDO, Massacre Palestina fueron los primeros grupos en tomar los micrófonos, de esta forma, se convierten en los portavoces de una generación que había vivido los embates de la represión dictatorial y que quería gritar sus verdades. Una estética disruptiva, pogos violentos, pero con el cuidado de no lastimar al otro, una manera de producción autogestiva y cooperativa. Y, también, un grito que toma letra y se materializa en denuncia, como la canción “Mis pesadillas” de la banda Cadena Perpetua, que condena el indulto del menemismo a los civiles y militares que cometieron crímenes de lesa humanidad.

Sin embargo, el hardcore se transforma en una escena en la década de 1990, con bandas como Diferentes Actitudes Juveniles, No Demuestra Interés, Buscando Otra Diversión y Minoría Activa. En el auge de la democracia y la expansión de las industrias culturales y el consumo, el hardcore se mantiene en el underground, que no da el éxito de ventas, ni videoclips en MTV, ni el reconocimiento masivo, pero sí da la libertad de inventar tus propias maneras de hacer y decir. A fin de cuentas, el incipiente proceso democrático dio como resultado una democracia castrada. Las leyes de punto final y obediencia debida, la hiperinflación, la violencia policial, el crecimiento del desempleo, de la pobreza y de la marginalidad fueron la génesis de la bronca y la rebeldía.

Una postura anticapitalista, que aboga por los derechos de los animales y el ecologismo, un respeto a las minorías y disidencias.

El hardcore no es romper todo porque sí. En la actualidad, políticamente no tiene una tendencia definida, pero en general el mensaje está más cerca de ideales libertarios-anarquistas que nada tiene que ver con las ideas reaccionarias que encarna Javier Milei y el supuesto movimiento libertario y de  izquierda, aunque no partidista. Una postura anticapitalista, que aboga por los derechos de los animales y el ecologismo, un respeto a las minorías y disidencias. En este marco, hay grupos más afines a la militancia política orgánica y ocupan espacios como el Club Social y Deportivo Antifascista de la Ciudad de Buenos Aires, que se encuentra en Villa Crespo y que a través del arte, el deporte y la organización barrial busca rechazar el fascismo. Pese a las miradas ajenas al movimiento, que asocian la estética y el ruido con la derecha, el hardcore suele ser objeto de ataques de grupos neonazis, como lo muestra el documental El Credo, donde se puede visualizar dinámicas persecutorias en la escena artística de la ciudad de Mar del Plata.

Sin embargo, Vadalá resalta que “hay bandas con mensajes que podrían calificarse conservadores, sobre todo en los últimos 20 años el hardcore evolucionó a una música más técnica y con menos contenido social”. Y es que si en sus primeros años el hardcore comenzó con gente callejera que no tenía grandes conocimientos musicales, hoy se acercan personas más instruidas, que saben de escalas y acordes, de composición músical y ritmo. Así, el universo hardcore pasa de los jóvenes rebeldes que formaban bandas que tocaban punk porque no saben afinar los instrumentos, como narra Ricky Espinosa el surgimiento de Flema, a músicos con técnica y recursos para producir un sonido más nítido.

En las últimas dos décadas, no solo el país y los artistas del hardcore se transformaron, sino también el propio movimiento mutó. El paso del tiempo y el abandono de una cultura más marginal, hizo que el hardcore criollo sea “algo definido, no muy estructurado, pero si catalogado en varios parámetros. En cambio, en un comienzo con la gente más callejera cada uno le aportaba un toque propio”, señala Julián. El hardcore es más que un grupo de anarcoquilomberos. No es simplemente romper todo, emborracharse, pelearse y no bañarse, es un movimiento cultural que resiste desde el under y que propone un estilo de vida más reflexivo, que errático; más justo que despota.