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Cultura //// 22.12.2019
Doscientos años del “seamos libres” sanmartiniano: una lectura política

 “Seamos libres y lo demás no importa nada” es, quizás, la frase más perdurable del legado sanmartiniano. Se la ha citado muchas veces. Pocos recuerdan o saben de dónde proviene. Trataremos de ponerla en contexto y analizar el aspecto político del Libertador, tan marginado de la historia tradicional. Por C. Adrián Muoyo.

Por C. Adrián Muoyo

 

La célebre expresión nació hace ya doscientos años y constituyó el concepto central de la Orden General que San Martín dirigió a su Ejército desde Mendoza, el 27 de julio de 1819:

Compañeros del Ejército de los Andes:

Ya no queda duda de que una fuerte expedición española viene a atacarnos; sin duda alguna los gallegos creen que estamos cansados de pelear, y que nuestros sables y bayonetas ya no cortan ni ensartan: vamos a desengañarlos.

La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos; si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos ha de faltar; cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mujeres y si no, andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios: seamos libres y lo demás no importa nada. Yo y vuestros oficiales daremos el ejemplo en las privaciones y trabajos. La muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos.

Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano, hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje.

José de San Martín.

Aunque la versión más conocida en un extracto en forma de bando:

Compañeros del Ejército de los Andes:

La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos; si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos ha de faltar; cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mujeres y si no, andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios: seamos libres y lo demás no importa nada...

Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano, hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje.

José de San Martín.

Este resumen, mucho más difundido, nos quita algo del estado de situación al momento de redactar este texto. ¿A qué expedición española se refiere? ¿De dónde viene? ¿Cuáles son los motivos que llevan a escribir esta proclama? ¿Cuál era la situación política en 1819?

Tras la victoria de Maipú, en abril de 1818, la libertad de Chile quedó asegurada. Había que encarar entonces la siguiente etapa del plan de liberación continental sanmartiniano, que consistía en atacar Perú, el centro del poder colonialista español en América del Sur. Para ello debía conformarse una fuerza militar capaz de llevar adelante esta campaña a la vez que había que armar una escuadra que controlara las costas del Pacífico y permitiera transportar al ejército libertador hasta las playas peruanas.  En marzo de 1819 San Martín cruzó a Mendoza con una parte de sus tropas y dejó en manos de Bernardo de O´Higgins los preparativos de la expedición al Perú. Pueden ser varias las razones de este traslado, pero hay dos que sin dudas debían preocupar al Libertador. Una es la creciente inestabilidad interna en las Provincias Unidas del Río de la Plata, motivada en las disputas entre el poder central representado por el Directorio y los caudillos federales del interior. La otra era la posibilidad de que una poderosa fuerza militar española partiera de Cádiz –tal como informaban los agentes secretos porteños- con rumbo al Río de la Plata con el fin de reconquistar esa región para la corona, tal como lo habían hecho las tropas al mando de Pablo Morillo en Nueva Granada (básicamente, actuales Colombia y Venezuela), tan sólo cuatro años antes.

La presión del Directorio para que San Martín regresara con el Ejército de los Andes para sofocar los levantamientos contra el gobierno de Buenos Aires fue cada vez mayor y se manifestó de diversas formas. Desde órdenes directas hasta maniobras de engaño y desgaste. Fue una situación por lo menos incómoda para el Libertador, que veía peligrar de esta forma sus planes continentales de liberación. Sin embargo, fue la persistente obediencia al objetivo independentista lo que le permitió sortear este contratiempo. El historiador Oscar Bosetti nos plantea en forma clara la dicotomía a la que se enfrentaba San Martín: “o el ejército se convertía en la policía de los terratenientes bonaerenses y de un sector de los grandes comerciantes ligados a ellos, o, por el contrario, se transformaba en el brazo armado de la revolución en la Patria Grande”[i].

San Martín comprende en forma muy clara que debe conservar la integridad del Ejército de los Andes a fin de emprender la campaña del Perú y estar preparados también para enfrentar con éxito una posible invasión española por el Plata. Es por esa razón que también decide interceder con los caudillos federales para zanjar diferencias en aras del objetivo supremo de la emancipación continental. Pronto, en el mismo mes de marzo del ´19, le escribe sendas cartas a Estanislao López y a José Gervasio Artigas. Ambas constituyen un llamado político a la unidad en pos del fin común.

“Unámonos paisano mío para batir a los maturrangos que nos amenazan -le dice al caudillo santafesino- divididos seremos esclavos, unidos estoy seguro que los batiremos, hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos particulares y concluyamos nuestra obra con honor. La sangre americana que se vierte es muy preciosa y deberíamos emplearla contra los enemigos que quieren subyugarnos. El verdadero patriotismo en mi opinión consiste en hacer sacrificios, hagámoslos, y la patria sin duda alguna es libre, de lo contrario seremos amarrados al carro de la esclavitud. Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas”. Se dirige de manera similar al líder de la Banda Oriental, al que le llega a expresar su preocupación por la posibilidad de que llegue la expedición española al Plata: "Noticias contestes que he recibido de Cádiz e Inglaterra aseguran la pronta venida de una expedición de 16.000 hombres contra Buenos Aires: bien poco me importaría el que fueran 20.000 con tal que estuviésemos unidos… Debemos cortar toda diferencia y dedicarnos a la destrucción de nuestros enemigos, los españoles, quedándonos tiempo para transar nuestras desavenencias como nos acomode, sin que haya un tercero en discordia que pueda aprovecharse de estas críticas circunstancias. Cada gota de sangre americana que se vierte por nuestros disgustos me llega al corazón”.

Las cartas nunca llegaron a destino. Belgrano, entonces a cargo del Ejército del Norte, las interceptó. Tanto él como San Martín habían recibido la orden de abandonar sus posiciones y volverse con sus tropas hacia el Litoral, a fin de atacar a los caudillos que se sublevaban contra el poder de Buenos Aires. Belgrano acató las ordenes y esa decisión, como bien dice Rodolfo Puiggrós, le costó la disolución de su ejército[ii], diezmado por privaciones, deserciones y levantamientos. San Martín, en cambio, entró en un juego de dilaciones que lo llevaría, con el tiempo, a la desobediencia.

López también interceptó cartas. Eran unas misivas de San Martín al Director Supremo Pueyrredón acerca de la situación de la guerra de la Independencia. El caudillo entendió la supremacía de este tema sobre las demás cuestiones políticas y remitió la correspondencia a Buenos Aires. Este gesto fue el principio de un armisticio entre los federales del Litoral y el poder porteño que duraría unos meses. Durante esta breve paz se sancionó en Buenos Aires una Constitución unitaria, que a la larga reactivaría el conflicto interno y se produjo la renuncia de Pueyrredón, que fue reemplazado por José Rondeau.

El nuevo Director Supremo renovó los esfuerzos para hacer cumplir a San Martín la orden de volver con su ejército. A veces la excusa era la posibilidad –para entonces cada vez menos probable- de la expedición española y en otras la necesidad de “pacificar” el país a través de la represión de los caudillos del interior, que era la razón de peso para el gobierno de Buenos Aires.

Para mediados de 1819, San Martín aún no había resuelto el dilema ante el que se enfrentaba. Pero ya comenzó a dar señales claras de cuál sería su rumbo, comprometido siempre con su objetivo supremo, el de la causa americana. Además de su desinterés por participar en las luchas fraticidas, entendía que si volvía con el Ejército de los Andes podía pasarle lo mismo que a su querido amigo Belgrano. Comprendía que había construido una fuerza armada en torno a un ideario revolucionario y emancipador que no podía traicionar.  Se trataba de un ejército que estaba compuesto por soldados de diversas regiones. ¿Cómo podrían reaccionar chilenos o altoperuanos que habían sido reclutados para la emancipación continental si de pronto se veían inmersos en un conflicto interno de las Provincias Unidas?

San Martín supo que el elemento de cohesión y acción de su ejército era el enemigo realista. Es en este contexto que lanza su ya bicentenaria proclama, que nos permite apreciar aspectos diversos y profundos del pensamiento del Libertador.

 

La proclama de 1819 como documento político

En principio, aúna a los integrantes del Ejército de los Andes bajo el concepto de “compañeros”, consideración que afirma el carácter político y colectivo de la empresa emprendida por el ejército sanmartiniano[iii]. En esta misma línea está la elección de la “expedición española” como única hipótesis de conflicto, sin tener en cuenta los enfrentamientos internos. Esto sin dudas confirma la vigencia del fin principal de la formación y de la acción de esta fuerza armada: la liberación continental por sobre todas las cosas. Campaña que incluye también a “nuestros paisanos los indios”. San Martín es muy claro en todo esto y lo resume en el “Seamos libres y lo demás no importa nada”, ya convertido en una especie de axioma. Es un llamado a la acción y el corazón mismo de la Orden General. En ese rumbo -en ambas versiones de la proclama, la entera y la resumida- destaca la importancia de una lucha mancomunada que para tornarse victoriosa exige todo tipo de sacrificios. Pero en el texto completo también se nos hace saber que el esfuerzo debe ser de todos. “Yo y vuestros oficiales daremos el ejemplo en las privaciones y trabajos”, dice y de alguna manera anticipa esos versos que nos legara Don Arturo Jauretche: “Hasta que un día el paisano acabe con este infierno, y haciendo suyo el gobierno, con solo esta ley se rija: o es pa' todos la cobija, o es pa' todos el invierno”.

Por último, el Libertador resalta la naturaleza fatal de lo que está en juego en una guerra de liberación “La muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano, hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje”.

El documento confirma la dirección política del proyecto sanmartiniano. Pocos meses después, en octubre, al recrudecer los conflictos internos y saber que los planes de la expedición española están a punto de desbaratarse, decide retomar el camino hacia Lima. “Se va a descargar sobre mí una responsabilidad terrible; pero si no se emprende la expedición al Perú todo se lo lleva el diablo”, le escribe a O´Higgins. Se trata, ni más ni menos, que la responsabilidad de desobedecer las órdenes de Buenos Aires y ser consecuente con el “Seamos libres, que lo demás no importa nada”.

La Orden General de 1819 nos revela un Libertador lejos del bronce, con las botas enterradas en el barro de la historia. Es el San Martín político, aquel velado por la figura del militar y la gelidez de la estatua. Norberto Galasso -que tituló la biografía que le dedicó con el “Seamos libres…”- sostiene que este “documento estuvo vedado a los colegiales durante décadas en razón del lenguaje realista usado por el Gran Capitán”[iv]. Por su parte, Pablo Camogli afirma que se trata de una fuente documental maravillosa, “ya que de su contenido se pueden extraer numerosos datos sobre la forma de hacer la guerra de aquellos ejércitos, como así también las características sociales, económicas y culturales de la lucha por la emancipación y la independencia”[v].

En esos tiempos de veda escolar de los que habla Galasso, la Orden General circuló poco en las historias sanmartinianas. Arturo Capdevilla la recupera en su El pensamiento vivo de San Martín y la cita casi completa bajo el título de “Ser libres a toda costa”, aunque sin aclarar tiempo ni circunstancia. Es casi la más importante referencia de la bibliografía clásica. Hoy en día todavía sigue excluida de la cronología oficial del Instituto Nacional Sanmartiniano, que sí hace referencia a otras proclamas.

La reivindicación de este texto de San Martín provino de manifestaciones de otra etapa de la lucha antiimperialista en nuestra América. Primero fue en expresiones de los medios de  contrainformación política de los años sesenta y luego se transformó también en estandarte de las organizaciones armadas peronistas, aunque con diversos significados.

Los miembros fundadores del Grupo Cine Liberación, Fernando Solanas y Octavio Getino, la incluyeron en el comienzo de la segunda parte de La hora de los hornos (1968), como prólogo orientador a una serie de imágenes que muestran la lucha antiimperialista en diversos lugares.  Podemos inferir que de esta forma la proclama se torna una consigna unificadora de todo movimiento de liberación del Tercer Mundo. Algunos años después, en Actualización política y doctrinaria para la toma del poder (1971), la imagen de la Orden General será resignificada por los mismos directores. Aquí funciona como una manera de vincular las figuras de San Martín y Perón como referentes de las luchas emancipadoras de diversas épocas. De esta forma, si en la primera película el texto sanmartiniano une luchas de liberación en diversos espacios, en la segunda las vincula a través del tiempo[vi].

Rodolfo Puiggrós, en 1969, usó la proclama de San Martín para la cubierta de la 5º edición de su  libro De la colonia a la revolución[vii]. Lo llamativo de esto es que el texto llega hasta los albores del movimiento revolucionario de 1810, años antes de la Orden General, lo que demuestra el alto poder icónico que comenzaba a tener este documento sanmartiniano hacia fines de los sesenta y comienzos de los setenta. Para 1973, también fue tapa de la edición en formato de libro de Actualización política y doctrinaria…, donde se recogía la versión completa del diálogo con Perón que constituye la película en sí[viii].

Libres o muertos, jamás esclavos

En mayo de ese mismo año, Montoneros sentó posición frente al regreso del peronismo al poder y del propio Perón a la Argentina con un afiche que cubrió las paredes de Buenos Aires[i]. Contenía la proclama de San Martín con un encabezado que incluía una frase de Perón extraída de un mensaje del 4 de mayo de 1973: “Pido sí, que todos los argentinos se mantengan alertas y vigilantes. El porvenir de la Patria ha costado demasiado caro en la sangre de sus mártires, como para dormir sobre los laureles conquistados”. Luego, sí, está la reproducción de la Orden General. Pero Montoneros hace otra lectura del texto del Libertador, muy distinta a la de Cine Liberación. Destaca por sobre todo aquella frase que decía "Compañeros juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje”, una interpretación más acorde a esos tiempos políticos y en especial a la impronta filotanática que comenzaba a tomar fuerza en las organizaciones armadas. Imposible despegar esta interpretación de la frase “Libres o muertos, jamás esclavos” -de clara raigambre en la proclama sanmartiniana[ii]- que apareció pintada en las paredes de Garín cuando se presentaron en sociedad las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), en 1970. La frase identificaría a esta organización, que se fusionó con Montoneros en 1973[iii]. Algunos meses después de la aparición del afiche, en agosto de 1973, la revista Militancia peronista para la liberación, dirigida por Rodolfo Ortega Peña y Eduardo L. Duhalde, también publicó la Orden General en su tapa. En uno de sus artículos hacía referencia a la misma, al decir que “nuestro pueblo con San Martín, prefiere estar muerto que esclavo, es decir ser libre”.

Advertimos, entonces, que en los setenta se produce –en medio de su rescate como documento- un cambio en el sentido de la proclama y de su interpretación a la luz de los hechos contemporáneos. En principio, el Grupo Cine Liberación hace hincapié en su valor como guía estratégica que nos señala la liberación como fin supremo, a lo que hay que subordinar todo lo demás. Por eso “lo demás no importa nada”. Hay una evidente reivindicación del “Seamos libres…” que se puede apreciar en las imágenes que asocian con la Orden General en las películas. En tanto, el giro interpretativo que da Montoneros –en consonancia, claro, con lo que ya planteaban las FAR- lleva el documento a un plano táctico y coyuntural. Al subrayar que debemos jurar “no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje" se produce un desplazamiento que deja de lado el “Seamos libres”. Se cambia un objetivo estratégico general por una dramática eventualidad táctica.

Más allá de las diversas interpretaciones, fue la acción de los diferentes grupos militantes comprometidos con la liberación nacional, a lo largo de varios años, la que rescató la vigencia del pensamiento sanmartiniano a través de los conceptos expuestos en la Orden General.  Con la última dictadura, el documento quedó opacado nuevamente ya que no se ajustaba con el mítico y apolítico San Martín del mitrismo que los genocidas del ´76 quisieron volver a imponer. 

A través del revisionismo histórico del kirchnerismo se recuperó el “Seamos libres” de una manera muy particular y no sólo a través de los dibujos de Zamba. En 2011 se lo incluyó en una arenga del Libertador antes de la batalla de Chacabuco en la película Revolución: El Cruce de los Andes, de Leandro Ipiña. El discurso se dio por bueno y fue reproducido por varios diarios a lo largo de los últimos años. Hasta un profesor, en agosto pasado, se disfrazó de San Martín y arengó a sus alumnos con las mismas palabras que pronuncia Rodrigo de la Serna en la película. Ipiña no deja de asombrarse de semejante derivación de su obra. “Es una cosa de locos como se replica (esta arenga) como si fuese efectivamente un hecho histórico”, nos cuenta cuando lo consultamos. “No es un discurso real – aclara- de hecho parece que San Martín no era de hacer arengas. La idea en la película era una suerte de transcripción del pensamiento revolucionario sanmartiniano exactamente con la Orden General de 1819 en la cabeza”.

Y de eso se tratan, entonces, también estas líneas. Recuperar el pensamiento revolucionario sanmartiniano en toda su dimensión. Quizás no esté expuesto de manera más clara que en esta proclama bicentenaria escrita en tiempos en que la Patria estaba en peligro y donde el genio de San Martín nos marcó la ruta a seguir. Porque nos enseña que el fin principal debe ser el de la liberación nacional y continental. Solo un país soberano puede definir su destino y asegurar una vida digna para su pueblo. Una Patria libre, justa y soberana. Así parecen entenderlo también los pueblos de esta hora de nuestra América. El “Seamos libres” parece volver con fuerza en tiempos del soterrado autoritarismo neoliberal, que a sangre y deuda pretende renovar el sometimiento neocolonial.

La gran enseñanza del Libertador es entonces que el objetivo político y estratégico, aquel de la liberación por sobre todo, ordena todas nuestras acciones, a la vez que genera nuestro compromiso ético y social. A éste deben subordinarse las decisiones económicas, sociales y hasta culturales. Es algo que los movimientos nacionales y populares de nuestra región no deben olvidar nunca.

 

[i] Agradezco al Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDInCI), en especial al Fondo Alfredo Alonso, por la provisión de la imagen del afiche de Montoneros. Una versión original del mismo puede verse en la Casa de la Memoria y Resistencia Jorge “Nono” Lisazo, en Munro.

 

[ii] No hemos podido encontrar esa frase entre los escritos de San Martín, por lo que estimamos que es una reelaboración del concepto similar que aparece en el documento que tratamos. Horacio González halla una frase similar en un discurso de Perón de 1944, donde dice que “como nos lo enseñaron nuestros padres de la Independencia, “más vale morir que vivir esclavos””. González estima que en realidad Perón toma esta frase de un antiguo aforismo frisio que cita Oswald Spengler que dice “antes muertos que esclavos”. Acaso San Martín para su proclama, también haya abrevado en la expresión de los frisios, aunque desde luego sin leer a Spengler, muy posterior a él.

 

[iii] En la Masacre de Trelew, el 22 de agosto de 1972, la socióloga María Antonia Berger –integrante de Montoneros y una de las sobrevivientes de los fusilamientos- llegó a escribir -con su propia sangre- en las paredes de su celda las siglas LOMJE, que corresponden a "Libres O Muertos, Jamás Esclavos".

 

[i] Véase, Oscar Bosetti. El proyecto político sanmartiniano. En Crear en la cultura nacional Nº 10. Septiembre/Octubre de 1982. p. 54

 

[ii] Véase Rodolfo Puiggrós. Los caudillos en la Revolución de Mayo. Buenos Aires. 1987. p. 375.

 

[iii] El apelativo a la primera persona del plural es poco habitual en las proclamas de la época, incluso en las del mismo San Martín.

 

[iv] Véase Noberto Galasso. Seamos libres y lo demás no importa nada: Vida de San Martín”. Buenos Aires. Ediciones Colihue. 2000. p. 303.

 

[v] Véase Pablo Camogli. Pueblo y guerra: Historia social de la guerra de la independencia. Buenos Aires. Planeta. 2017. p. 10.

 

[vi] En Tzvi Tal equivoca las interpretaciones en su trabajo sobre Cine Liberación y confunde el uso que se hace en Actualización política… con el que se hace en La hora de los hornos. Véase Pantallas y Revolución: Una visión comparativa de Cine Liberación y el Cinema Novo. Buenos Aires, Lumiére. 2005. p. 180.

 

[vii] Véase Rodolfo Puiggrós, De la colonia a la revolución, Buenos Aires, Carlos Pérez Editor, 1969.

 

[viii] Véase Juan Domingo Perón. Actualización política y doctrinaria para la toma del poder. Buenos Aires, Ediciones 25 de mayo. 1973. Entrevista realizada al Gral. Perón por Fernando Solanas y Octavio Getino en Madrid, junio-oct 1971