fbpx Donde habita el silencio, Fernando Araldi Oesterheld y su primer libro de poemas
Cultura //// 12.12.2014
Donde habita el silencio, Fernando Araldi Oesterheld y su primer libro de poemas

El sexo de las piedras constituye un primer paso de una producción prometedora, siendo la muestra de un autor que lleva una voz poética poderosa y sin tapujos. Constituye una búsqueda personal y estética que muestra una madurez impregnada de ausencias y de caminos que correrán la suerte de la palabra cicatrizando el ser.

Por Boris Katunaric
Alejandra Pizarnik en alguna entrevista dijo “Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos” me interesa esto último, “…todos estamos heridos” el plural absoluto. Habla de todas las personas que habitan este mundo, por ende, Fernando Araldi Oesterheld no es la excepción. No, porque el apellido lo delata, porque algunos conocemos, en mayor o menor medida, la obra de su abuelo, imprescindible para la historieta mundial y la literatura argentina, la lucha de su abuela, la de su madre, la de sus tías. Corresponde a una de las historias familiares más trágicas de la Argentina, si no es en realidad la más brutal y despiadada obra del terrorismo de estado. Para interiorizarse sobre esto es muy recomendable el libro Oesterheld. La biografía de Hugo Montero por Cuadernos de Sudestada. Y lo recomendamos porque no vamos a hablar de la historia de Fernando Araldi Oesterheld sino del poeta Fernando. Y, como dijimos, todos estamos heridos y el primer paso para empezar a cicatrizar es la poesía.
El sexo de las piedras (Mansalva) es el primer libro/poema de Fernando Araldi Oesterheld (FAO) una primera singularidad que se destaca apenas abrimos el libro son los cortes de verso, entre cada verso hay un espacio en blanco que oscila entre los cinco renglones y una página. Habita el silencio, esa ausencia es de un orden disruptivo, cada verso nada casi sobre su mismo silencio, desde el primer verso se da cuenta de esto
“aquí se guarda el silencio
-Un nido-
Para no temblar en la oscuridad deseada,”
El poema logra una homogeneidad gracias a la potencia desgarradora del fraseo “a mi juicio, esas líneas que conforman un abigarrado poema autónomo y final tienen el arte de la timopeia, es decir, de la emoción: solo la emoción puede reanimar el recuerdo” dice en el prólogo Arturo Carrera (poeta y maestro de FAO) este reanimar implica un trabajo de mucho dolor que está latente en el poema.
“el rito
de desnudar lo más filoso
para los niños
sin ojos,
la no concreción de sus huesos habitando una pared”
Sin duda la búsqueda y la orfandad tienen un rol protagónico. En parte del poema se reitera la frase “(acá falta algo)” un leitmotiv brutal. Frases que no se resuelven por su ausencia y que también se combina con algo de lo sexual, de lo hormonal. Se nombra lo hermafrodita, y los cuerpos y los huesos, y la placenta, la búsqueda sigue siendo el cuerpo ausente, las sensaciones ausentes y lo incompleto, “verdad intermitente” es, tal vez, el concepto que me parece más justo según sus palabras.
“Ahí donde di a luz,
ahí es mi patria”
A manera de homenaje el poeta retoma algunos versos de su madre, Diana Oesterheld, cuya producción está en sus manos y recurre a ella reiteradamente, según algunas notas publicadas en medios la siguiente cita (hermosa por demás) pertenece a ella “(...) Se te quedó enganchado el barrilete en la cabeza cuando eras un niño, / después creciste y el barrilete se incendió en tu pelo largo”. También homenajea a su abuela incluyendo un fragmento adaptado (para nada infiel) del cuento Sondas que retrata, con la profundidad oesterheldiana, lo que el ser humano busca constantemente, entender todos los porqué aunque sepa previamente que la verdad se desvanece en las manos del cristal, que no queda más que arena cuando encontramos eso que nos figura una revelación, sigue predominando la “verdad intermitente”