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Cultura //// 11.04.2021
"Algarabía": nuevo poemario de Catalina Reggiani

Reseña del último libro de la autora y editora platense, participante de la productora de podcasts Lubi.

Por Milagros Carnevale

Dícese de “algarabía”: 1. Ruido producido por voces alegres y festivas. 2. Nombre que daban los cristianos a la lengua árabe en la época medieval.

Mira cuando la marea suba y nos lleve,

Canto pri esa agua viva de almohada

Que ya es de noche y espero

Que el agua que llega me arrulle.

Quién de nosotros se va a hacer amigo

De los berberechos.

Quién va a construirnos una casa en el fondo.

Quién va a cantar las canciones que funcionan

Como fuego y dejan lejos

A los tiburones.

Mira cuando la marea suba y nos lleve

Y tengamos que dejar de preocuparnos

Por las cosas terrestres

(…)

Pero

“Mirá cuando la marea suba y nos lleve”,

Dijiste, y después

“Ojalá que nos deje en casa”.

 

Entonces, algarabía: volver a casa.

 

Llamaron por teléfono

Al fijo

Y como era su hora pensé: debe ser la abuela.

Pero vi cómo se tomaba un ascensor

hasta abajo de la tierra

vi cómo la boca casi se le abría acostada

vi a toda esa gente saludándola.

Tristísimo. Y al mismo tiempo, no. Una abuela ya muerta pero que permanece en el sonido del teléfono fijo, un padre que va en tren a trabajar todos los días, una ¿madre? que se ponía cremas pero ya no, una casa heredada, una casa sitiada por palomas, juegos de niños, las vacaciones familiares, un departamento de adultos. La vida es eso que pasa en los ambientes que habitamos. En Algarabía las actividades más mundanas se convierten en otra cosa, en un manifiesto:

Que alguien compre nueces

con cáscara

y las deje en la mesa de la cocina.

Que queden ahí

dos,

tres días

es una bolsa llena de nada.

Que un día nadie trabaje

y duerman al sol

en el patio de loza

y que con la modorra

del sol y todo

todavía se acuerden

de esto, de la bolsa.

Que uno se levante y la traiga

Que uno de vuelva con un martillo y dos bolsas.

que empiece el trabajo.

En Algarabía se siente el sonido de las cortinas corriéndose, se siente la sábana húmeda sobre la cara, se siente la transpiración, la mutación. La transición infancia-adolescencia-adultez hecha carne en los ambientes que habitamos, las vacaciones que recordamos, las reflexiones que nos encontramos haciendo, los deseos que tenemos. Desde hace tiempo la poesía presta atención a estos temas, sin embargo, hay en Algarabía algo nuevo, un tono que a veces se torna más solemne, místico, incluso un poco épico, que hace que el tema “casa” no caiga en el usual uso del lenguaje cotidiano renegado del lenguaje poético. Basta con fijarse en el título: Algarabía. Entonces hay metáfora, hay recursos, hay romance, hay todo. Y así, una nueva forma de contar lo más contado, probablemente, en la historia de la humanidad.

Tuve que hacer un viaje estúpido a un país misterioso,

Como si fuera un acto heroico y absurdo,

Para reconocer que ya no soy un animal esquivo

Y en frente tuyo me entrego al remanso

A la espera de que, como el gatito blanco

Que vive en la puerta de donde vivo ahora,

No solo poses para las fotos

Sino que también me dejes tocarte. 

No hay mejor poemario que este para leer cuando se está fuera de casa, o cuando se está en la fila de la verdulería, o cuando nos estamos mudando, o cuando queremos pensar nuevas maneras de habitar el hogar. Para estos tiempos en los que el recuerdo de la cuarentena acecha, hay que tener una copia de Algarabía.