fbpx La excelente política petrolera del gobierno, por Horacio Bustingorry
Política //// 10.02.2011
La excelente política petrolera del gobierno, por Horacio Bustingorry

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) El anuncio hecho por Fernández de Kirchner el 7 de diciembre sobre el descubrimiento de un enorme yacimiento de gas en Neuquén significa un importante avance en la política de hidrocarburos implementada por el gobierno nacional. Lamentablemente, el hecho se vio empañado por la represión de la Policía Federal y Metropolitana en Villa Soldati esa misma noche y la presencia del neoliberal Mauricio Macri en el anuncio. Sin embargo, el accionar de las mafias policiales no debe eclipsar el significado de este descubrimiento y la coherencia de la política energética K.

Una política hidrocarburífera nacional sin nacionalizaciones
Muchos detractores y simpatizantes del gobierno plantean que el modelo a seguir en hidrocarburos es el llevado a cabo por Venezuela y Bolivia, países con producción bajo gestión estatal. Los detractores aducen que la no estatización de estos recursos demuestra el doble discurso del gobierno, que dice ejercer soberanía cuando en realidad “entrega las riquezas naturales a las empresas extranjeras”. Los kirchneristas esgrimen que la correlación de fuerzas no permite un avance a fondo. Ambos están equivocados porque la política petrolera y gasífera actual es perfectamente coherente con el proyecto económico que encabeza Cristina.
Tanto el Estado de Bolivia como de Venezuela administran de sus recursos de hidrocarburos para apropiarse de esa riqueza, conseguir ganancias a través de la exportación y distribuir la renta obtenida entre la población. Para Bolivia, el principal recurso exportable es el gas y para Venezuela, el petróleo. Los índices de pobreza en ambos países son muy altos y la apropiación de la riqueza del subsuelo apunta a paliar ese déficit. El objetivo son las divisas para desarrollar un país de mayorías campesinas (Bolivia) y con una industrialización incipiente (Venezuela), muy por debajo de Argentina y Brasil.
En contraste con esas experiencias, Argentina posee un mayor desarrollo capitalista y tiene margen para buscar la solución del flagelo de la pobreza y el desempleo a través de otras alternativas. La distribución de la riqueza, la generación de puestos de trabajo, la caída en los índices de pauperización fueron posibles desde 2003 por el crecimiento de la industria, la construcción y el comercio. La reducción en los índices de desocupación fue lograda en las micro, pequeña y medianas empresas. La política petrolera y gasífera fue un engranaje más en el modelo kirchnerista de creación de empleo.
La política hidrocarburífera está en consonancia con la matriz neodesarrollista del modelo. Su principal rasgo apunta a incrementar la producción de gas y petróleo, aumentando la oferta energética y acompañando el crecimiento del PBI industrial. Se trata de evitar la asfixia energética ante la creciente demanda de las fábricas, sea por vía directa (mayor provisión de gas) o indirecta (aumento de la generación eléctrica). La construcción de centrales termoeléctricas que utilizan combustibles fósiles para su funcionamiento ha crecido a buen ritmo en los últimos años.
La política petrolera y gasífera también ha contribuido a bajar el costo de funcionamiento de las empresas. Los bajos precios de las naftas en términos comparativos permitió el abaratamiento de la circulación de mercancías. La no escalada de precios coadyuvó a bajar el costo laboral sin reducir salarios, vía el abaratamiento del costo de reproducción de los trabajadores. Esto es posible porque las mercancías consumidas por los obreros no aumentaron al mismo ritmo que el dólar. Además, la propia movilidad y transporte de los trabajadores se vio favorecida por el aumento controlado de los combustibles. El dinero ahorrado en ese rubro pudo ser volcado al mercado interno y contribuir de esa manera al círculo virtuoso de generación de empleo.
Los mecanismos para el control del precio del petróleo y sus derivados son variados. Por un lado el precio del barril de crudo en el mercado interno está fijado en 42 dólares. Ante subas de precios en el mercado internacional superior a 90 dólares se ha diseñado un complejo sistema de movilidad para desacoplar los precios internos de los externos. Por otra parte se cobran retenciones del 45 % a la exportación de crudo y del 5 % a las naftas. Cuando los aumentos de precios son aplicados por las refinerías, el gobierno se vale de la Ley de Abastecimiento para regularlos. La disposición que estableció recientemente la Secretaría de Comercio Interior para que Shell y Esso retrotraigan los valores de sus naftas al 28 de enero pasado es un ejemplo de ello.
Es evidente que esta política nada tiene que ver con el supuesto modelo extractivo del que hablan el pinosolanismo y algunos economistas. Ellos homologan la política minera a la hidrocarburífera. La actividad minera se desarrolla en una economía de enclave, acotada a regiones específicas y sin generación de valor agregado. El mineral se extrae e inmediatamente es destinado a la exportación sin cobro de retenciones. En ese sentido esa política mantiene rasgos neoliberales. La lógica de dicha actividad responde más a una alianza política del gobierno con las provincias mineras que al delineamiento de un modelo económico de alcance nacional. En cambio, la política petrolera y gasífera es desarrollada a través de un mercado regulado por el Estado. Los controles de precios permitieron que las industrias de menor competitividad –que son las mayores generadoras de empleo- pudiesen competir con el boom de las importaciones chinas. Gracias a ello los índices de generación de empleo han sido espectaculares durante buena parte del kirchnerismo. Queda refutado entonces, el sentido común tanto de izquierda como de derecha que atribuye los logros sociales del gobierno nacional sólo a los buenos precios internacionales de la soja.
¿La nacionalización del petróleo hubiese profundizado esta política?
La nacionalización del petróleo hubiese implicado un descalabro inicial y un reacomodo operativo y organizativo con una pronunciada caída de la producción. Dada la complejidad de la extracción petrolera actual, el manejo de esos recursos por el Estado no significa que automáticamente se genere una mayor productividad. La opción elegida por el gobierno nacional fue otra. Ante la caída de las inversiones y las reservas el gobierno de Cristina optó por la táctica de incorporar un socio argentino a Repsol YPF.
La compra por parte de Enrique Eskenazi, en diciembre de 2007, del 14,9 % de los activos que Repsol posee en el país fue parte de ese plan. La apuesta del gobierno fue incorporar a la petrolera un empresario de confianza para fijar un plan de inversiones acorde a las necesidades del modelo económico más general. “Capitalismo de amigos” dicen los representantes de la derecha liberal al estilo de Jorge Fontevecchia. Lo concreto es que a partir de Eskenazi, Repsol incrementó los niveles de exploración y asumió mayores compromisos de inversión. En los últimos años la empresa adquirió sus propios equipos de perforación siendo la única petrolera con áreas adjudicadas que en algunas regiones no subcontrata compañías perforadoras. Además, Repsol -pese a ser la empresa con mayor cantidad de yacimientos en el país- no es la principal exportadora de crudo ya que la mayor parte de su producción es volcada al mercado interno.
Es interesante un contrapunto con la reciente experiencia en Bolivia donde se intentó un fuerte aumento de combustibles. La reacción popular contra esa medida del compañero Evo Morales debe servir como alarma para quienes tienen una fascinación acrítica por las decisiones tomadas en países extranjeros. Pese a la nacionalización del 85 % del petróleo, la caída de la producción en Bolivia ha sido vertiginosa. La ausencia de cuadros técnicos, dificultades en la gestión y un fuerte desmanejo llevaron a la decisión de aumentar los precios con el objetivo de que las empresas privadas incorporen un plan de inversiones. El paso abrupto del festín capitalista a la apropiación del Estado de los recursos desembocó en una medida antipopular de uno de los gobiernos más progresivos de América Latina. Ese es el modelo que el pinosolanismo propone para Argentina. Los resultados están a la vista.
¿Qué perspectivas abre el descubrimiento del yacimiento en Neuquén?
Algunas voces plantearon que hace mucho tiempo se sabía de tales reservas. Sea como fuere, el anuncio hecho por Cristina el 7 de diciembre indica que está en marcha un programa de inversiones de alto valor. La formación de arenas compactas y arcillosas que presenta este yacimiento requiere un mayor desembolso de dinero y la utilización de una tecnología más compleja en las tareas de perforación y terminación de pozos que la convencional. Cuando esas reservas estén en actividad en los próximos años, la mayor producción de gas y petróleo permitirá en el incremento de la oferta energética y la disipación de la crisis tantas veces anunciada y nunca concretada. Por eso, el camino elegido por el kirchnerismo de acordar con Repsol un programa de inversiones ha sido la mejor manera de no dejar al capricho del mercado la política hidrocarburífera del país. Este plan tal vez no tenga la mística que a muchos militantes les gustaría manifestar. Sin embargo, permitió avanzar en el mejoramiento de las condiciones de vida de la población a la manera que enseñaba el General: “en su medida y armoniosamente”. (Agencia Paco Urondo)