fbpx El “campo”, ese convidado de piedra, por Jorge Tribó
Más información //// 20.04.2011
El “campo”, ese convidado de piedra, por Jorge Tribó

Mar del Plata (Agencia Paco Urondo) Si queremos buscar al sector mas representativo de la población rural en Argentina, debemos dirigir nuestra mirada a las localidades del interior, con un volumen inferior a los 2.000 habitantes, en general, estos son núcleos rurales de servicios que proveen de mano de obra a los establecimientos rurales de su zona de influencia, además de brindar servicios elementales de educación, salud (atención primaria) alimentación, etc.
Según los últimos datos censales disponibles, en el año 2001, el porcentaje de población viviendo en estas localidades rurales, era de el 3,4 % del total (1.223.533 habitantes) a este volumen de población rural agrupada, debemos sumarle la población rural viviendo directamente en establecimientos agropecuarios compuesta por un total de 2.604.247 habitantes (censo del 2001), pero que generalmente envían a sus hijos a las escuelas de las localidades rurales cercanas y se abastecen de los servicios en dichos agrupamientos poblacionales. Esta población dispersa, constituía en el año 2001, el 7,2 %.

En síntesis, entre ambas poblaciones rurales, en el año 2001 conformaban el 10,6 % del total de la población argentina.
Y es precisamente, este 10 % aproximado de la población argentina, el mas excluido y olvidado hasta hoy, hablamos de localidades rurales que, en general, carecen de buenas vías de acceso (caminos en mal estado) falta de una oferta educativa adecuada a las necesidades y demandas del medio local, en muchos casos, con décadas sin construir viviendas, terrenos con titularidad dominial irregular, falta de personal en materia de salud y deficiente calidad en los servicios educativos, mala calidad en los servicios de energía y abastecimiento de agua, exclusión en las inversiones productivas que generarían valor agregado a la producción local y por lo tanto, permitiría la retención de sus jóvenes y adultos en edad activa par trabajar.
En la población rural dispersa, en muchos casos los problemas se agravan debido a la falta de mantenimiento de los caminos rurales, que generan impacto negativo en la regular asistencia escolar o en la atención médica de emergencia, a lo que hay que sumarle el alto costo de reparación de los vehículos, debido a las roturas generadas por los caminos en mal estado.
Son precisamente estas localidades rurales, en muchos casos, las mas perjudicadas en su salud, debido al mal manejo de los aplicadores de herbicidas contaminantes sobre los cultivos (especialmente, la soja) que en la mayoría de los casos, no respetan ni arroyos, ni escuelas, fumigando prácticamente los cultivos lindantes a los poblados y generando un impacto ambiental negativo en el aire, el agua, el suelo, la flora, fauna y los seres humanos, que deben sufrir los estragos en su propia salud y calidad de vida (deberían establecerse resguardos perimetrales que podrían ser dedicados a la producción orgánica y con ello, se preservaría la salud de la poblaciones locales)
Ahora bien, esta población invisible, secularmente excluida, tiene una potencial cuota de poder, que se podría traducir en términos de organización territorial.
Mas allá de las grandes ciudades, estas comarcas se distribuyen a lo largo y lo ancho del país, cubriendo todo el territorio nacional, sería por lo tanto, una buena idea que surgiera una iniciativa tendiente a generar una organización que exprese en términos territoriales a las poblaciones rurales y con capacidad de generar una estructura nacional federada que las represente, dotada esta, de la potestad de canalizar sus reclamos y ser parte del conjunto de organizaciones sociales que se motorizan en todo el país, para solucionar sus propios problemas.
En definitiva, cuando hablamos del “campo”, no son los grandes propietarios que viven y disfrutan de las grandes ciudades del usufructo de la propiedad de la tierra (en muchos casos, producto de la renta de especulaciones financieras), sino estos 3 millones de sufridos habitantes que a diario la pelean en desigualdad de condiciones poniendo el hombro, para que “el campo” siga vivo, a pesar del olvido la globalización excluyente de los noventa y los pooles de siembra que sistemáticamente arrinconan a estos poblados que constituyen el alma y el corazón de la tierra productiva, pero que son los últimos en el reparto de la riqueza que la tierra genera.
 
(Agencia Paco Urondo)