fbpx La política exterior en el marco del G77: cooperación SUR-SUR, por Mario Rapoport
Economía //// 11.02.2011
La política exterior en el marco del G77: cooperación SUR-SUR, por Mario Rapoport

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, publicado en diario BAE) El contenido de la política exterior de una nación remite a la combinación de un conjunto de factores que incluyen lo político, lo económico, las pautas estratégicas y la herencia histórica. En su primer discurso ante la Asamblea Legislativa, al asumir su mandato, Néstor Kirchner afirmó que la Argentina debía estar abierta al mundo, pero de una manera realista y sin esperar “alineamientos automáticos sino relaciones serias, maduras y racionales” en una política mundial de multilateralidad. Estados Unidos y Latinoamérica fueron hasta entonces los ejes predominantes de la política exterior. Estados Unidos, porque al ser la primera potencia mundial (y pretender el país tener una relación especial con ella) tenía influencia sobre cualquier decisión económica y política que tomase la Argentina, y Latinoamérica por constituir su ámbito natural de inserción. Sin embargo, las transformaciones sufridas en ésta parte del continente y la relación con los vecinos del norte han sufrido grandes cambios.
Por un lado, por la creación del Mercosur, la Unasur y otras instituciones regionales sudamericanas y por el estrechamiento de los vínculos con Brasil. Por otro, por la crisis económica internacional y una estructura de comercio exterior cada vez más ligada a las economías emergentes, sobre todo a China, pero también al conjunto de los BRIC, que representan un 23,5% de PIB mundial y un 30% del intercambio internacional. En cambio, ha disminuido la tradicional importancia de Europa, que por ahora se centran en las negociaciones del Club de París. Los años 90 pertenecen ya estructuralmente al pasado en la inserción internacional argentina. Y los nuevos tiempos exigen otra visión y conceptualización del tema.
La política exterior de Cristina Fernández de Kirchner ha mostrado una continuidad con la gestión de Néstor Kirchner, pero con una mayor proyección de la participación argentina en instituciones internacionales. Recientemente, la Argentina asumió, por primera vez desde su creación en 1964, la presidencia del Grupo de los 77 en la Organización de Naciones Unidas, un remanente de lo que fueron los no alineados. Según el canciller Héctor Timerman este mandato le permitirá a nuestro país transformarse en interlocutor de los países en desarrollo con el G-20, poniendo de relieve en la escena política mundial las aspiraciones de los miembros del Grupo mediante políticas coherentes y de unión y solidaridad entre ellos.
 
La ventaja es que esto sucede en el marco de un cuestionamiento general a las políticas neoliberales, que quedó plasmado en el discurso de la presidenta de nuestro país en oportunidad del plenario de la Asamblea de Naciones Unidas del pasado septiembre, y en la reciente elocución del embajador Jorge Argüello, representante permanente de Argentina ante esa organización. En estos discursos se dejan entrever los objetivos y pretensiones que asumirá la Argentina al frente del Grupo.
 
Ante todo, se expresa el cuestionamiento sobre las debilidades de la actual arquitectura financiera internacional, que ha facilitado una redistribución regresiva del ingreso a nivel mundial, acentuando las inequidades ya existentes. El embajador afirmaba que “resulta cada vez más evidente que la excesiva riqueza de algunos países es insostenible si en otros el hambre sigue siendo una constante”. Por ello, se reclama la perentoria necesidad de reformar los organismos multilaterales de crédito, desechando las tradicionales recetas y encarando políticas orientadas a atenuar los impactos de las crisis económico-financieras sobre los países más pobres; y evitando que los ajustes recaigan sobre los niveles de empleo y las condiciones de trabajo y salariales así como también sobre los servicios que aseguran el desarrollo humano. Asimismo, la Argentina aboga por una resolución política de las disputas de orden internacional que tienda hacia una coexistencia pacífica entre los diferentes Estados, promulgando el progresivo desarme de las potencias nucleares, lo que permitiría la liberación de recursos para el desarrollo de los países y la elevación de sus niveles de vida.
 
A diferencia de lo sucedido durante la década de los noventa, el gobierno argentino ha recuperado también una política de alto perfil en la reafirmación del reclamo argentino por la soberanía de las Islas Malvinas, donde el objetivo actual es sentarse alrededor de una mesa de negociación con el Reino Unido para discutir la soberanía del archipiélago austral sobre la base de las resoluciones de las Naciones Unidas y, en lo inmediato, las acciones unilaterales británicas en materia de actividad pesquera y de hidrocarburos en la zona en disputa. Se ha señalado también el peligro de depredación y desastres ecológicos en el Atlántico sur y lo anacrónico de las situaciones coloniales en pleno siglo XXI.
 
Hoy el mundo se estructura políticamente en un eje norte-sur que se trasluce en problemáticas como el terrorismo, el narcotráfico, guerras civiles o étnicas con apoyos externos, e invasiones militares sin justificación alguna como las de Afganistán e Irak. En el plano socioeconómico el proceso de globalización ha trazado líneas de fisura irregulares entre riqueza y pobreza, que se caracteriza por una acumulación del poder económico y financiero de un lado del globo y por una abrumadora pobreza y una despiadada explotación de los recursos naturales y humanos del otro lado.
 
La orientación de la política exterior argentina revela una nueva concepción sobre la forma en que nuestro país debe ejercer su soberanía y defender sus intereses frente al resto del mundo. La afirmación de la autonomía se concreta a partir de la cooperación Sur-Sur y la búsqueda común de senderos de desarrollo y justicia social. Ésta pretende institucionalizarse en bloques regionales, aún con insuficiencias de distinto tipo, como el Mercosur; en alianzas ocasionales, como el G77; o en expresiones más ambiciosas políticamente como la Unión Sudamericana de Naciones.
 
América Latina es hoy la única región del planeta donde existe una oposición creciente a los proyectos políticos y económicos de la Casa Blanca, tal como se expuso en la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago y la posterior reunión de la OEA. La primera tuvo dos ejes que la monopolizaron: por un lado, el pedido casi unánime de levantar el bloqueo a Cuba y su reincorporación a todos los ámbitos continentales;  por el otro,  un cuestionamiento a la política imperial de Estados Unidos. En consonancia, la misma OEA aprobó por consenso dejar sin efecto aquella resolución de 1962 por la cual se excluyó a Cuba del organismo, abriendo las puertas para su reincorporación.
 
La Argentina, además, actuó firmemente en defensa de los procesos democráticos, como en los casos de desestabilización institucional provocados por sectores de interés políticos o corporativos en Bolivia, Honduras y Ecuador, y en la ayuda brindada a Haití por el devastador terremoto que padeció. Ocurre que los principios que guían la política exterior de la Argentina no son abstractos. Su fin último no radica sólo en arbitrar sus intereses dentro de un mundo escindido por cuestiones políticas y económicas sino en mejorar el destino de su propia sociedad mediante la lucha mancomunada por los intereses de los países más desprotegidos.
 
El autor es Economista e historiador. (Agencia Paco Urondo)