La gesta de Malvinas

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REFLEXIONES HISTORICAS

La gesta de Malvinas

08 Abril 2024

En cada conmemoración del 2 de Abril las conciencias argentinas se sacuden fuertemente. El dilema histórico que nutre las luchas por la soberanía nacional mantiene una vigencia trascendental. Diversos medios se han hecho eco de una situación planteada en Punta Indio, en la provincia de Buenos Aires, donde un grupo de Combatientes y familiares se retiraron del acto, en repudio a las consideraciones de una profesora de historia, designada para hablar en el homenaje. Al parecer, la profesora se habría extendido en críticas a la dictadura cívico-militar que entonces gobernaba con mano de hierro, lo que molestó a los que se retiraron, alegando que se trataba de un discurso “partidario”.

Esta dicotomía, esta aparente contradicción entre el carácter patriótico e irrenunciable de la gesta de Malvinas y la naturaleza perversa de la dictadura liberal militar sigue generando enfrentamientos e incomprensiones 42 años después.

¿Debemos sentirnos avergonzados u orgullosos de haber intentado recuperar nuestras Malvinas?

El mundo de 1982 era un mundo cruzado, a lo largo y a lo ancho, por la tensión generada por lo que se llamó la Guerra Fría: el enfrentamiento político militar no cruento entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Como se sabe era incruento en cuanto a las dos grandes potencias, pero tenía manifestaciones militares y cruentas en el mundo periférico, es decir, en el mundo que no estaba integrado ni por Estados Unidos, la URSS, Inglaterra o Europa.

América Latina estaba dominada, entonces, por dictaduras militares o por gobiernos que tenían un grado de relación política y económica muy importante con Estados Unidos. La Argentina estaba gobernada por los militares que habían dado el golpe de Estado en 1976. El Uruguay estaba bajo una dictadura militar que había comenzado antes de 1976 y terminaría varios años después que la nuestra.

La Guerra de Malvinas fue una especie de rayo en una noche serena: inesperadamente un militar del Sur, de voz ronca y altanera, hasta ese momento aliado estratégico de los EE.UU. en la lucha “contra el comunismo”, enfrentaba bélicamente a una de las grandes potencias militares y navales del mundo. Esto sorprendió de una manera impactante. Era algo que no se esperaba, que no entraba dentro de las previsiones y las posibilidades, puesto que ese gobierno estaba sumamente comprometido con las políticas imperialistas, militares y agresivas que los Estados Unidos llevaban adelante en América Latina, sobre todo en Centroamérica.

De modo tal que la idea misma de que ese gobierno enfrentase por, lo que algunos llamaban, unos peñascos pelados sobre el Atlántico Sur, al principal socio militar y económico de los Estados Unidos no entraba dentro de ninguna profecía. Y, sinceramente, lo que caracteriza a nuestros países es “actuar inesperadamente”. Si en algún momento los latinoamericanos hemos avanzado, hemos logrado espacios, es cuando hemos sido inesperados. Cuando nos esperan, perdemos.

En el medio de una opinión pública casi estupefacta, de una brutal propaganda inglesa y donde la mayoría de las corrientes políticas denunciaban el acto de la reconquista malvinense, Jorge Abelardo Ramos escribía en aquellas horas:

“Se trata de los mismos sectores democráticos que a partir del 2 de abril se niegan a aceptar el carácter heroico de la gesta, se obstinan en pagar la deuda externa a la banca inglesa y tienden una cortina de humo sobre este grandioso acontecimiento del siglo XX. Han reemplazado todo análisis sobre el imperialismo invasor por una insustancial palabrería pacifista (impregnada hasta el tuétano dé anglofilia) dirigida a los comicios. Son los apóstoles vacíos de la democracia formal. Ayer reverenciaban a Roosevelt y a Churchill. Hoy lo hacen con Mitterrand, Felipe González y otros escandinavos. Todos ellos son representantes del colonialismo europeo, bloqueadores de la Argentina durante la guerra con Gran Bretaña. De este modo, la guerra de Malvinas, como lo afirma burlonamente la señora Thatcher, habría sido la lucha de la democracia inglesa contra la dictadura argentina. Quien esto escribe ha sufrido varios procesos y detenciones a manos de este régimen que agoniza. No tengo benevolencia hacia Galtieri ni hacia ninguno de sus colegas anteriores o posteriores. Pero comprendo muy bien a la partidocracia sucesora de Saturnino Rodríguez Peña (aquel que ayudó a escapar al general Beresford, cuando la primera invasión inglesa). No falta entre ellos quienes proponen el día 2 de abril como día de luto”[1].

Ramos encontró en esas jornadas que todo su sistema interpretativo acerca del papel de las FF.AA. en nuestro movimiento de liberación se condensaba en un hecho que cambiaba radicalmente el tradicional sistema de alianzas, enfrentaba a las FF.AA., que hasta entonces venían cumpliendo un sangriento papel de gendarme de los intereses oligárquico-imperialistas, con el enemigo histórico de la Argentina -el Reino Unido- y abría el cauce a un torrente de sentimientos patrióticos latinoamericanos cuyo resultado era impredecible, pero que modificaba sustancialmente el escenario de la política argentina e internacional. Y se lanzó a una ciclópea campaña de esclarecimiento sobre la naturaleza patriótica de esa Reconquista y a intentar explotar a favor de los intereses populares el estallido que la recuperación de Malvinas y el enfrentamiento bélico con el Reino Unido habían generado. Mientras que los viejos partidos y no pocos dirigentes peronistas  oscilaban entre el lagrimeo y la impotencia, Ramos dio al 2 de abril su verdadera significación: el país histórico que aún latía bajo la feroz represión oligárquica había vuelto por sus fueros y sus reivindicaciones más preciadas.

La reconquista militar de Malvinas recorrió América Latina. Los argentinos vivimos años bajo gobiernos para los cuales el principal enemigo militar de la Argentina era Chile o Brasil. Brasil vivía bajo una dictadura militar para la cual el principal y posible enemigo militar era la Argentina. Acabábamos de evitar, en el límite mismo de la conflagración, una guerra con Chile, guerra que, como dijo el general Jorge Leal, nuestro héroe antártico, hubiéramos perdido, simultáneamente, los argentinos y los chilenos. En esa guerra entre Argentina y Chile no ganábamos ninguno de nosotros, sino los intereses imperiales que iban a profundizar la balcanización del Cono Sur. Y, repentinamente, nos encontramos los argentinos y los latinoamericanos que un nuevo fervor de Patria Grande comenzó a recorrer el continente. Desde todas las capitales de América Latina surgieron voces políticas, intelectuales, religiosas y hasta militares apoyando, sosteniendo y defendiendo la causa de Malvinas.

La Guerra de Malvinas reinició una nueva visión integradora. Pero no sólo en América Latina, en general, porque es fácil hablar de Venezuela, Perú o países que uno conoce muy poco; sino que ocurrió en el seno de los argentinos de todos los sectores sociales.

De golpe, de la noche a la mañana, los argentinos, esos europeos implantados, como nos ven muchos amigos latinoamericanos, esos blanquitos de allá abajo que se creen que viven en París, nos dimos cuenta que lo único que teníamos para sostener nuestra causa patriótica eran los oscuros morenos de todo el continente que, con una sola voz, salieron a defender nuestra causa.

Y en esas jornadas los argentinos nos volvimos latinoamericanos, abandonamos nuestros aires de europeos exiliados, dejamos de pensar que solamente veníamos de los barcos y descubrimos que también veníamos de la cruza de indios y españoles y de esa forja de miles de razas que constituyó al ser nacional argentino.

Esa guerra no había sido decidida por los argentinos, sino por un grupo de militares usurpadores que, sólo dos días atrás, habían apaleado a decenas de miles de manifestantes en la plaza de Mayo. Sin embargo, cuando quedó claro quién era el enemigo y con quién se estaba peleando, esos mismos argentinos apaleados concurrieron a la Plaza de Mayo a sostener la causa que se libraba en Malvinas, con la convicción de que era una causa justa y que el deber de ciudadanos era cerrar filas para lograr el triunfo de nuestras armas.

De modo tal que Malvinas es una causa que, iniciada unilateral e inconsultamente, se convirtió en causa nacional latinoamericana, quizás la primera causa nacional latinoamericana. La única que es capaz de encolumnar al conjunto de nuestros pueblos y nuestros países con un enemigo claro, un enemigo extraterritorial. Un enemigo que, por otra parte, ha sido el tradicional enemigo de nuestro continente y el causante de nuestra balcanización y de nuestras divisiones.

[1]    https://abelardoramos.com.ar/malvinas-y-el-pacifismo-anglofilo/