Destellos del poema: sobre la película "Hospital Británico"
Yo me evado de lo excesivamente claro, me rompo en cada imagen. Héctor Viel Temperley
Gloria Peirano y Gustavo Fontán son antes que nada lectores y desde allí se posicionan para pensar y dirigir Hospital Británico, una preciosa celebración a la poesía de Héctor Viel Temperley. En el prólogo de la película, la voz en off de Fontán relata de qué modo llegó a sus manos el último libro del poeta nacido en 1933: en forma de regalo y declaración de amor a un nombre, a un hombre, a un poema. La lectura de los versos de Viel –que durante la película se suceden encarnados por la suave voz en off de Peirano- une desde entonces a dos para siempre.
La película se propone hacer regresar las primeras veces de una experiencia lectora radical, es decir, el encuentro iniciático con el libro Hospital Británico que, más adelante en el tiempo, se cifrará en otros y nuevos lectores, como en una cadena o, más cerca del imaginario del poeta, un rosario para rezar con otrxs.
Podemos imaginar a Viel escribiendo Hospital Británico en cama, con la cabeza vendada tras una sesión de rayos, sacado del mundo y vecino a la muerte, en el momento final donde, dicen los que escaparon de la Parca, se agrupan uno tras otro todos los recuerdos en un viaje alucinado. El poema publicado en 1986, recordemos, tiene un cuerpo extenso y desmembrado, abierto, y contrasta fuertemente con los primeros escritos del poeta, de formas más rígidas, versos rimados y métrica regular.
La imagen prototípica del cuerpo de varón vigoroso en contacto con distintos elementos de una naturaleza pampeana y onírica es central en su obra, pero hacia el final de su vida la expansión del cuerpo ocurre hacia adentro, en el éxtasis de la comunión. A la vez, los versos centrales de Hospital Británico recuperan para sí, como en una auto observación y retrospectiva, voces de libros anteriores que, parecidas a semillas, viajan a lo largo y ancho, hacia arriba y abajo, por cielo y tierra. Nada ni nadie queda sin ser tocado por la voz lírica del poema y por eso mismo transformado. Están elegidos por esa voz. Tocados están, ¿vueltos locos, extranjeros de sí?
Los objetos y seres aparecen sin bordes en este viaje fílmico que construyen Peirano y Fontán, mostrados bien de cerca o movedizos. Planos primerísimos donde los colores predominantes -verdes, amarillos, ocres y blancos- están filtrados por una pátina lechosa que fertiliza la imagen hasta volverla extraña, puro destello. O bien en fuga para esconder sus contornos y dar a conocer sus texturas. Piedras, arena, girasoles, espuma, hojas de árboles, vidrio, cortinas de tela traslúcida, sábanas y agua de mar son, por un lado, reconocidos en acercamientos que los agigantan y, a la vez, desfasados de su estatismo por agitaciones repentinas hasta el mareo, de, por ejemplo, un tren en movimiento o los espasmos del viento. Como una aparición, cada tanto pasa un caballo de margen a margen de la pantalla.
La experiencia estética nos puede modificar, conmover y transformar para siempre. ¿Cómo la lectura de un poema cambia la forma de las cosas y una vez que la lectura decanta, ya no será igual lo mirado? El mundo y sus seres vuelven a nacer gracias al poema. Esa idea potente de renacimiento del mundo trae consigo Hospital Británico, poema y película, a esta altura intercambiables. Así los caballos, las rocas, el color verde y el sol, adelgazan sus atributos habituales para incorporar significados connotados. Después de atravesar la fricción revitalizante del lenguaje, ya no serán lo que eran, hipótesis que como espectadores corroboramos al escuchar la experiencia de otros lectores que también han sido “tomados” por Viel.
Los lectores además son peregrinos, representados por Julián López, Teresa Arijón, María Mascheroni, Mercedes Araujo, Andi Nachon y Alicia Genovese, quienes van en busca del poema para ser tocados por él: van de a uno por el sendero, el corredor verde (¿el camino hacia la misa del poema que nunca llega?); se detienen en un punto al encuentro de qué; caminan y, porque caminan, cuentan; cuentan qué les hizo la lectura de ese poema hondo y complejo. El ojo de la cámara decide perder luego sus cuerpos, dejarlos a un lado, para que nos concentremos en las voces y lo que ellas tienen para decirnos, compartir la experiencia vivificante de la lectura del poema, pasarnos esa pasión, su sangre. Porque nunca dejan de sumarse fieles a este culto.
En los últimos minutos de la película, ya lejos del paisaje del afuera, unos hombres apurados caminan llevando palanganas por los corredores ¿de un convento? ¿de un hospital? ¿el Pabellón Rosetto? Suena el himno medieval Puer Natus in Betlehem. ¿Van a comulgar? ¿A cuidar a un enfermo o moribundo bajo las aspas del ventilador? ¿A buscar al hombre del torso desnudo sobre las matas de pasto? La escena es elocuente y nos da a pensar que para existir necesitamos de otros seres que nos brinden el don de su tiempo y cuidado, una pasión para ser felices incluso en las situaciones más adversas.
Funciones de Hospital Británico
Todos los miércoles de octubre a las 20.30 h en el Centro Cultural Leonardo Favio, Río Cuarto, Córdoba.
Del 22 al 25 de octubre en el cine Select, La Plata, Buenos Aires.
Del 22 al 28 de octubre en Córdoba.
Del 5 al 11 de noviembre a las 19.45 h en la sala 3 del cine Gaumont, CABA.
Ficha técnica
Guión y dirección: Gloria Peirano y Gustavo Fontán
Producción: Hain Cine, Papu Curotto y Andi Nachon
Cámara y Foto: Lara Seijas
Sonido: Andrés Perugini
Montaje: Mario Bocchicchio