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Cultura
21.06.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Él no era militar. Era un abogado y economista obsesionado con la idea de la libertad y la independencia. Lo pusieron a general, quizás como él mismo intimamente sospechaba, para sacarlo del medio cuanto antes como ya lo habían hecho con Mariano y Juan José.

Pero Manuel no le hizo asco a nada.

Le dió para adelante y ganó Tucumán y ganó Salta y convenció a todo un pueblo (y al que no lo convenció lo pasó por las armas) de un sacrificio extremo para matar de hambre a los godos cuando llegaran a Jujuy.
Enarboló la azul y blanca contra viento y marea y no se dejó vencer por las derrotas y aún en su lecho de muerte, olvidado y empobrecido, dedicó sus últimos pensamientos a esa Patria que sólo pudo ver constituida en sus más caros sueños.
Hoy estamos retomando aquel camino y seguramente, desde donde sea que estén las almas puras de los Revolucionarios, las almas de los que ven más allá del horizonte, sabrá que su entrega no fue en vano.
Seamos dignos y estemos a la altura de semejante ejemplo y digamos hoy al unísono: General, Doctor, Compañero Manuel Bellgrano: ¡Hasta la victoria siempre! (Agencia Paco Urondo)

20.06.2011

 
Rosario, Santa Fe (Agencia Paco Urondo) Imágenes de Rosario minutos antes que hablara la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, en el acto del día de la Bandera.
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20.06.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, en tvpts.tv) El jueves pasado se organizó la charla "Los intelectuales, el kirchnerismo y la izquierda" realizada en la sede de Constitución de la Facultad de Ciencias Sociales de la cual participaron Horacio González, María Pía López, Eduardo Grüner, Pablo Alabarces y Christian Castillo. Participaron más de 600 alumnos.

18.06.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, por Juan Ciucci) La Paco Urondo charló con Cristian Castillo, candidato a vicepresidente por el Frente de Izquierda. La entrevista se dio en el marco de una charla en la Facultad de Ciencias Sociales referida a discutir las relaciones entre la izquierda y kirchnerismo. Ver video de la charla.

Agencia Paco Urondo:Bueno, tu opinión sobre el debate, ¿qué te pareció?
Christian Castillo: Creo que fue un buen debate donde cada uno expresó su posición con claridad. La compañera María Pía López y Horacio que explicaron por qué su adhesión al kirchnerismo y los otros panelistas que explicamos por qué no estamos con el kirchnerismo. Entonces, a partir de ahí hay un debate que tocó desde aristas teóricas (el tratamiento de la cuestión nacional en el marxismo, en los distintos movimientos nacionalistas que ha habido en la historia latinoamericana e internacional) hasta la visión de la crisis capitalista, si hay cooptación o no por parte del kirchnerismo como tal. Bueno, yo sostuve una posición crítica, obviamente, del gobierno por la necesidad de construir una alternativa obrera y socialista y alrededor de eso intervenimos en los distintos debates. Me parece un hecho político importante en un sentido por un elemento negativo, que es que no son más habituales. Es decir, estos debates deberían darse más habitualmente, donde se pueden contrastar los distintos puntos de vista, las ideas, que me parece que fue lo que atrajo a tantísima gente que vino hoy acá a presenciarlo porque era una cosa que la gente quiere, que debatamos más. Y me parece que, en ese sentido, fue un primer paso para una polémica adentro y es que estamos ubicados en proyectos políticos distintos, diferentes, pero donde hemos tenido una polémica fuerte, sin concesiones. No hubo diplomacia en el debate, fue una polémica donde cada uno presentó sus posiciones respetuosamente y creo que cada uno tiene que probar sus ideas en la discusión y el debate con otro, ¿no? Sino hablarse a sí mismo tiene su límite y me parece que, en ese sentido, como todo debate fue un debate enriquecedor, cada uno tiene que pensar sus argumentos, mejorarlos, ver. Y bueno, creo que fue un aporte el debate, ¿no? No sé lo que opinarán los demás compañeros que estuvieron en el panel, pero me parece que fue un aporte dentro del que uno sostiene una posición cimentada en una militancia, en un hecho, en una izquierda que no es de las patronales sojeras, que no se la puede acusar de estar ahí. Nosotros somos una izquierda anticapitalista que no es instrumento de ninguna corporación mediática. Somos enemigos de la derecha, pero tampoco estamos con el gobierno nacional. No consideramos que haya un campo burgués progresivo, sino que nos parece que la política es la organización independiente de la clase obrera y donde señalamos que la cuestión nacional no nos es ajena. Lo que decimos es que la burguesía nacional no es la que puede liderar la lucha por la emancipación, sino que esa lucha la tiene que liderar la clase obrera hegemonizando al conjunto de los sectores oprimidos. Ahí partimos de esa discrepancia teórica o de esa discusión teórica que articuló el resto de los debates políticos: el balance de la era kirchnerista, el papel de la intelectualidad. Bueno, son algunos de los temas que se trataron en el debate.
APU: En ese marco, ¿qué te deja de la participación de quienes se identifican con el proyecto nacional en la mesa?
CC: No, me parece bien que hayan venido a dialogar, una buena actitud. Si vos querés, hay una crítica de por qué estos debates surgen sólo a instancias de la izquierda. O sea, por qué teniendo otros medios también para hacerlo no han tenido la vocación de estas discusiones. Nosotros mostramos la apertura que tenemos a la discusión, al debate, que no le tenemos miedo a ninguna discusión. Yo creo que ahí había un problema de ubicación política que es que parte de la izquierda kirchnerista construyó la idea de que a la izquierda de Kirchner sólo estaba la pared, entonces si está la pared para qué voy a discutir con algo que es parte de la pared. Entonces, cuando eso se muestra que no es la realidad, que la izquierda existe, tiene presencia y todo, bueno, obliga a un debate porque es la realidad. Hubo más de 400 intelectuales, docentes, personalidades de la cultura que han firmado la adhesión al Frente de Izquierda. Eso responde a un hecho político en una parte de la intelectualidad que está en disputa entre el kirchnerismo y la izquierda clasista, entonces también responde a esa discusión, ese debate abierto.  No nos escapa que parte del panel tuvo más sintonía en un momento con Carta Abierta que con la izquierda clasista y ahora está en otra posición. Todo eso es parte de una realidad política cambiante que me parece que explica la realización de este debate, ¿no? Y también que nosotros hayamos sido una izquierda con la que los compañeros kirchneristas no coinciden, pero no se puede decir que nosotros hayamos sido sojeros. A nosotros no nos pueden poner ese mote que le ponen al MST o al PCR que es la verdad de lo que hicieron. Nosotros no fuimos a la Sociedad Rural. Ahora somos independientes también del gobierno nacional. Creo que a partir de eso se dio esta discusión, este rico debate que me parece que les va a interesar a los que no lo vieron y lo pueden ver por TVPTS, que va a estar próximamente.
APU: En ese sentido, quizás una de las acusaciones más directas es cierta imposibilidad de permeabilizar un poco el discurso o la interpretación del proceso histórico, al menos fue lo más fuerte sostenido desde González y María Pía. El PTS y sobre todo el pensamiento trotskista tienen una cierta postura distinta. ¿Qué reflexión te dejó la manifestación de esa discusión?
CC: Yo creo que esa visión parte de una adhesión a una visión política de que un movimiento policlasista es aquel que puede llevar adelante la tarea de la emancipación social. Nosotros no coincidimos en eso. Eso no quiere decir que nosotros no comprendamos y tratemos de entender los sentimientos de las masas que están alineados con un proyecto determinado. De hecho… Bueno, no se pudo desarrollar a lo largo del debate, pero los compañeros nuestros del PTS que tienen posición de dirección en los sindicatos la tienen con trabajadores que muchos de ellos son kirchneristas, que simpatizan con el gobierno, o sea, luchamos en común en lo que hay que luchar. Lo que ellos llaman incomprensión es una comprensión diferente del proceso histórico. Es como si yo les digo: “Ustedes no comprenden el proceso histórico porque…”. No, no es incomprensión, sino visiones diferentes de las alianzas de clase, de las opciones políticas. Ese término es un término peyorativo, que si vos querés en última te sitúan en un sector, “vos estás afuera de la historia”. Eso no es así. Son distintas formas de pensar que hay que intervenir históricamente. Yo le dije a Horacio: “Para mí tu opción con el kirchnerismo fue una opción conservadora. Vos decís que criticás el capitalismo y” - lo ha escrito en su libro, que está por el acapitalismo -  “bueno, entonces una opción política en donde se defiende el capitalismo como un sistema que se puede mejorar, etc, es una opción política desde mi punto de vista conservadora.” Ahora, yo no le digo que no comprende el proceso histórico, le digo: “Mirá, tomaste una opción política”. Puedo calificarla como conservadora progresiva. Y bueno, creo que en última ellos también nos critican a nosotros. Para nosotros la opción de lucha está acá y son decisiones políticas que uno toma, opciones de lo que opine que es lo mejor, lo que corresponde, y yo creo que cada uno subjetivamente opina que es la mejor opción que puede tomar en el momento en que está, ¿no?
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(Agencia Paco Urondo)
 

18.06.2011

En la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) fue sede de una charla para discutir las relaciones entre izquierda y kirchnerismo. Participaron Horacio González, María Pía López, Eduardo Grüner, Pablo Alabarces y Christian Castillo. La Paco charló con González, director de la Biblioteca Nacional.

16.06.2011

 
Córdoba (Agencia Paco Urondo) La Universidad Nacional de Córdoba presenta ante el consejo superior de dicho organismo la solicitud de distinguir con el honoris causa al Presidente de Bolivia Evo Morales. La rectora Carolina Scotto expresó la importancia de dicho reconocimiento porque en la figura del presidente Morales se encuadra la lucha de los pueblos indígenas, revalorizando un sentir latinoamericano que nos reencontró a todos los latinoamericanos unidos y celebrando el bicentenario de cada miembro de la patria grande durante el pasado año 2010.
 
Scotto reconoció que el petitorio cuenta con una amplia aprobación dentro del Consejo Universitario y que está previsto  realizar dicha ceremonia a finales del mes de junio de este año. Esta distinción honorifica no sería la primera que recibe el presidente Evo Morales, ya que las universidades de Comahue (Neuquén), de Cuyo (Tucumán y San Juan), y de La Plata (Buenos Aires) le otorgaron con anteriormente dicho reconociendo. (Agencia Paco Urondo)

15.06.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, por Victoria Palacios, exclusivo) El escritor Washington Cucurto estuvo en la Muestra-Homenaje a Paco Urondo, y allí habló de su relación con Urondo y su obra.

Agencia Paco Urondo: ¿Por qué viniste al acto? ¿Qué es lo que te interesa de Paco Urondo?
Washington Cucurto: Bueno, nos invitaron al acto, a Eloisa Cartonera invitaron, y bueno vine acá con los compañeros. Soy un admirador de Urondo, me parece un gran poeta, y bueno, siempre con la curiosidad de cualquier  lector es conocer un poco más a los autores a quien admira. Vine a ver los manuscritos, las primeras ediciones, las noticias de la época. Y todo lo relacionado con este hombre. Bueno, por eso, además me parece muy bien que lo valoricen, porque primero es un gran hombre y después un gran poeta.
APU: También podría conectarse con Eloisa, la acción cultural y social que tuvo él…
W.C: Son épocas distintas, yo solamente lo conozco como lector, no como un héroe, después nosotros somos de otra época, otra vida, posteriores, no tenemos ninguna relación con la política, no militamos en ningún lado. Somos simplemente trabajadores.
APU: ¿Y de su producción hay algún período que te interese más?
Me gusta mucho su poesía, sus primeros libros, Adolecer, me gustan mucho Los poemas de Batalla, la novela Los Pasos previos, su parte periodística también, sus reflexiones de poesías. Bueno, soy un lector que conozco bastante a Urondo, y por eso estoy acá.
APU: ¿Y la editorial cómo anda?
W.C: Y la editorial anda bien, estamos trabajando y contentos, se va ir viendo.
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Washington Cucurto (1973) es el seudónimo de Santiago Vega, poeta, narrador y editor argentino. Dirige la editorial Eloísa Cartonera, un proyecto social que publica libros de autores latinoamericanos editados en cartón comprado a los cartoneros de Buenos Aires. (Agencia Paco Urondo)

14.06.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) En 1947, Jorge Luis Borges (hoy se cumplen 25 años de su muerte) y Adolfo Bioy Casares escribieron, bajo el seudónimo H. Bustos Domecq, el cuento "La fiesta del monstruo". Poco abordado, es uno de los relatos emblemáticos del odio antiperonista. Sin dudas, la pieza, que reproducimos completa, permite complejizar la trayectoria literaria e ideológica de Borges.

Aquí empieza su afliciónHilario AscasubiLa Refalosa-..Te prevengo, Nelly, que fue una jornada cívica en forma. Yo, en mi condición de pie plano, y de propenso a que se me ataje el resuello por el pescuezo corto y la panza hipopótama, tuve un serio oponente en la fatiga, máxime calculando que la noche antes yo pensaba acostarme con las gallinas, cosa de no quedar como un crosta en la performance del feriado. Mi plan era sume y reste: apersonarme a las veinte y treinta en el Comité; a las veintiuna caer como un soponcio en la cama jaula, para dar curso, con el Colt como un bulto bajo la almohada, al Gran Sueño del Siglo, y estar en pie al primer cacareo, cuando pasaran a recolectarme los del camión. Pero decime una cosa ¿vos no creés que la suerte es como la lotería, que se encarniza favoreciendo a los otros? En el propio puentecito de tablas, frente a la caminera, casi aprendo a nadar en agua abombada con la sorpresa de correr al encuentro del amigo Diente de Leche, que es uno de esos puntos que uno se encuentra de vez en cuando. Ni bien le vi su cara de presupuestívoro, palpité que él también iba al Comité y, ya en tren de mandarnos un enfoque del panorama del día, entramos a hablar de la distribución de bufosos para el magno desfile, y de un ruso que ni llovido del cielo, que los abonaba como fierro viejo en Berazategui. Mientras formábamos en la cola, pugnamos por decirnos al vesre que una vez en posesión del arma de fuego nos daríamos traslado a Berazategui aunque a cada uno lo portara el otro a babucha, y allí, luego de empastarnos el bajo vientre con escarola, en base al producido de las armas, sacaríamos, ante el asombro general del empleado de turno ¡dos boletos de vuelta para Tolosa! Pero fue como si habláramos en inglés, porque Diente no pescaba ni un chiquito, ni yo tampoco, y los compañeros de fila prestaban su servicio de intérprete, que casi me perforan el tímpano, y se pasaban el Faber cachuzo para anotar la dirección del ruso.
Felizmente, el señor Marforio, que es más flaco que la ranura de la máquina de monedita, es un amigo de ésos que mientras usted lo confunde con un montículo de caspa, está pulsando los más delicados resortes del alma del popolino, y así no es gracia que nos frenara en seco la manganeta, postergando la distribución para el día mismo del acto, con pretexto de una demora del Departamento de Policía en la remesa de las armas. Antes de hora y media de plantón, en una cola que ni para comprar kerosene, recibimos de propios labios del señor Pizzurno, orden de despejar al trote, que la cumplimos con cada viva entusiasta que no alcanzaron a cortar enteramente los escobazos rabiosos de ese tullido que hace las veces de portero en el Comité.A una distancia prudencial, la barra se rehizo. Loiácono e puso a hablar que ni la radio de la vecina. La vaina de esos cabezones con labia es que a uno le calientan el mate y después el tipo ?vulgo el abajo firmante- no sabe para dónde agarrar y me lo tienen jugando al tresiete en el almacén de Bernárdez, que vos a lo mejor te amargás con la ilusión que anduve de farra y la triste verdad fue que me pelaron hasta el último votacén, si el consuelo de cantar la nápola, tan siquiera una vuelta.
(Tranquila Nelly, que el guardaguja se cansó de morfarte con la visual y ahora se retira, como un bacán en la zorra. Dejale a tu pato Donald que te dé otro pellizco en el cogotito).
Cuando por fin me enrosqué en la cucha, yo registraba tal cansancio en los pieses que al inmediato capté que el sueñito reparador ya era de los míos. No contaba con ese contrincante que es el más sano patriotismo. No pensaba más que en el Monstruo y al otro día lo vería sonreírse y hablar como el gran laburante argentino que es. Te prometo que vine tan excitado que al rato me estorbaba la cubija para respirar como un ballenato. Reciencito a la hora de la perrera concilié el sueño, que resultó tan cansador como no dormir, aunque soñé primero con una tarde, cuando era pibe, que la finada mi madre me llevó a una quinta. Creeme, Nelly, que yo nunca había vuelto a pensar en esa tarde, pero en el sueño comprendí que era la más feliz de mi vida, y eso que no recuerdo nada sino un agua con hojas reflejadas y un perro muy blanco y muy manso, que yo le acariciaba el Lomuto; por suerte salí de esas purretadas y soñé con los modernos temarios que están en el marcador: el Monstruo me había nombrado su mascota y, algo después, su Gran Perro Bonzo. Desperté y, para haber soñado tanto destropósito, había dormido cinco minutos. Resolví cortar por lo sano: me di una friega con el trapo de la cocina, guardé todos los callordas en el calzado Fray Mocho, me enredé que ni un pulpo entre las mangas y las piernas de la combinación mameluco-, vestí la corbatita de lana con dibujos animados que me regalaste el Día del Colectivero y salí sudando grasa porque algún cascarudo habrá transitado por la vía pública y lo tomé por el camión. A cada falsa alarma que pudiera, o no, tomarse por el camión, yo salía como taponazo al trote gimnástico, salvando las sesenta varas que hay desde el tercer patio a la puerta de calle. Con entusiasmo juvenil entonaba la marcha que es nuestra bandera, pero a las doce menos diez, vine afónico y ya no me tiraban con todo los magnates del primer patio. A las trece y veinte llegó el camión, que se había adelantado a la hora y cuando los compañeros de cruzada tuvieron el alegrón de verme, que ni me había desayunado con el pan del loro de la señora encargada, todos votaban por dejarme, con el pretexto que viajaban en un camión carnicero y no en una grúa. Me les enganché como acoplado y me dijeron que si les prometía no dar a luz antes de llegar a Espeleta, me portarían en mi condición de fardo, pero al fin se dejaron convencer y medio me izaron. Tomó furia como una golondrina el camión de la juventud y antes de media cuadra paró en seco frente del Comité. Salió un tape canoso, que era un gusto cómo nos baqueteaba y, antes que nos pudieran facilitar, con toda consideración, el libro de quejas, ya estábamos traspirando en un brete, que ni si tuviéramos las nucas de queso Mascarpone. A bufoso por barba fue la distribución alfabética; compenetrate, Nelly; a cada revólver le tocaba uno de nosotros. Sin el mínimo margen prudencial para hacer cola frente al Caballeros, o tan siquiera para someter a la subasta un arma en buen uso, nos guardaba el tape en el camión del que ya no nos evadiríamos sin una tarjetita de recomendación para el camionero.
A la voz de ¡aura y se fue! Nos tuvieron hora y media al rayo del sol, a la vista por suerte, de nuestra querida Tolosa, que en cuanto el botón salía a correrlos, los pibes nos tenían a hondazo limpio, como si en cada uno de nosotros apreciaran menos el compatriota desinteresado que el pajarito para la polenta. Al promediar la primera hora, reinaba en el camión esa tirantez que es la base de toda reunión social pero después la merza me puso de buen humor con la pregunta si me había anotado para el concurso de la Reina Victoria, una indirecta vos sabés, a esta panza bombo, que siempre dicen que tendría que ser de vidrio para que yo me divisara aunque sea un poquito, los basamentos horma 44. Yo estaba tan afónico que parecía adornado con el bozal, pero a la hora y minutos de tragar tierra, medio recuperé esta lengüita de Campana y, hombro a hombro con los compañeros de brecha, no quise restar mi concurso a la masa coral que despachaba a todo pulmón la marchita del Monstruo, y ensayé hasta medio berrido que más bien salió francamente un hipo, que si no abro el paragüita que dejé en casa, ando en canoa con cada salivazo que usted me confunde con Vito Dumas, el Navegante Solitario. Por fin arrancamos y entonces sí que corrió el aire, que era como tomarse el baño en la olla de la sopa, y uno almorzaba un sangüiche de chorizo, otro su arrolladito de salame, otro su panetún, otro su media botella de Vascolet y el de más allá la milanesa fría, pero más bien todo eso vino a suceder ora vuelta, cuando fuimos a la Ensenada, pero como yo no concurrí, más gano si no hablo. No me cansaba de pensar que toda esa muchachada moderna y sana pensaba en todo como yo, porque hasta el más abúlico oye las emisiones en cadena, quieras que no. Todos éramos argentinos, todos de corta edad, todos del Sur y nos precipitábamos al encuentro de nuestros hermanos gemelos que, en camiones idénticos procedían de Fiorito y Villa Domínico, de Ciudadela, de Villa Luro, de La Paternal, aunque por Villa Crespo pulula el ruso y yo digo que más vale la pena acusar su domicilio legal en Tolosa Norte.
¡Qué entusiasmo partidario te perdiste, Nelly! En cada foco de población muerto de hambre se nos quería colar una verdadera avalancha que la tenía emberretinada el más puro idealismo, pero el capo de nuestra carrada, Garfunkel, sabía repeler como corresponde a ese fabarutaje sin abuela, máxime si te metés en el coco que entre tanto mascalzone patentado bien se podía emboscar un quintacolumna como luz, de esos que antes que usted dea la vuelta del mundo en ochenta días me lo convencen que es un crosta y el Monstruo un instrumento de la Compañía de Teléfono. No te digo niente de más de un cagastume que se acogía a esas purgas para darse de baja en el confusionismo y repatriarse a casita lo más liviano; pero embromate y confesá que de dos chichipíos el uno nace descalzo y el otro con patín de munición, porque vuelta que yo creía descolgarme del carro era patada del señor Garfunkel que me restituía al seno de los valientes. En las primeras etapas los locales nos recibían con entusiasmo francamente contagioso, pero el señor Garfunkel, que no es de los que portan la piojosa puro adorno, le tenía prohibido al camionero sujetar la velocidad, no fuera algún avivato a ensayar la fuga relámpago. Otro gallo nos cantó en Quilmes, donde el crostaje tuvo permiso para desentumecer los callos plantales, pero ¿quién, tan lejos del pago iba a apartarse del grupo? Hasta ese momentazo, dijera el propio Zoppi o su mamá, todo marchó como un dibujo, pero el nerviosismo cundió entre la merza cuando el trompa, vulgo Garfunkel, nos puso blandos al tacto con la imposición de deponer en cada paredón el nombre del Monstruo, para ganar de nuevo el vehículo, a velocidad de purgante, no fuera algún cabreira a cabrearse y a venir calveira pegándonos. Cuando sonó la hora de la prueba empuñé el bufoso y bajé resuelto a todo, Nelly, anche a venderlo por menos de tres pessolanos. Pero ni un solo cliente asomó el hocico y me di el gusto de garabatear en la tapia unas letras frangollo, que si invierto un minuto más, el camión me da el esquinazo y se lo traga el horizonte rumbo al civismo, a la aglomeración, a la fratellanza, a la fiesta del Monstruo. Como para aglomeración estaba el camión cuando volví hecho un queso con camiseta, con la lengua de afuera. Se había sentado en la retranca y estaba tan quieto que sólo le faltaba el marco artístico para ser una foto. A Dios gracias formaba entre los nuestros el gangoso Tabacman, más conocido como Tornillo sin Fin, que es el empedernido de la mecánica, y a la media hora de buscarle el motor y de tomarse toda la Bilz de mi segundo estómago de camello, que así yo pugno que le digan siempre a mi cantimplora, se mandó con toda franqueza su ?a mí que me registren?, porque el Fargo a las claras le resultaba una firme ilegible.Bien me parece tener leído en uno de esos quioscos fetentes que no hay mal que por bien no venga, y así Tata Dios nos facilitó una bicicleta olvidada en contra de una quinta de verdura, que a mi ver el bicicletista estaba en proceso de recauchutaje, porque no asomó la fosa nasal cuando el propio Garfunkel le calentó el asiento con la culata. De ahí arrancó como si hubiera olido todo un cuadrito de escarola, que más bien parecía que el propio Zoppi o su mamá le hubiera munido el upite de un petardo Fu-Man-Chú. No faltó quien se aflojara la faja para reírse al verlo pedalear tan garufiento, pero a las cuatro cuadras de pisarles los talones lo perdieron de vista, causa que el peatón, aunque se habilite las manos con el calzado Pecus, no suele mantener su laurel de invicto frente a Don Bicicleta. El entusiasmo de la conciencia en marcha hizo que en menos tiempo del que vos, gordeta, invertís en dejar el mostrador sin factura, el hombre se despistara en el horizonte, para mí que rumbo a la cucha, a Tolosa.Tu chanchito te va a ser confidencial, Nelly: quien más, quien menos ya pedaleaba con la comezón del gran Spiantujen, pero como yo no dejo siempre de recalcar en las horas que el luchador viene enervado y se aglomeran los más negros pronósticos, despunta el delantero fenómeno que marca goal; para la patria, para el Monstruo; para nuestra merza en franca descomposición, el camionero. Ese patriota que le sacó el sombrero se corrió como patinada y paró en seco al más avivato del grupo en fuga. Le aplicó súbito un mensaje que al día siguiente, por los chichones, todos me confundían con la yegua tubiana del panadero. Desde el suelo me mandé cada hurra que los vecinos se incrustaban el pulgar en el tímpano. De mientras, el camionero nos puso en fila india a los patriotas, que si alguno quería desapartarse, el de atrás tenía carta blanca para atribuirle cada patada en el culantro que todavía me duele sentarme. Calculate, Nelly, qué tarro el último de la fila ¡nadie le shoteaba la retaguardia! Era, cuándo no, el camionero, que nos arrió como a concentración de pie planos hasta la zona, que no trepido en caracterizar como de la órbita de Don Bosco, vale, de Wilde. Ahí la casualidad quiso que el destino nos pusiera al alcance de un ónibus rumbo al descanso de hacienda de La Negra, que ni llovido por Baigorri. El camionero, que se lo tenía bien remanyado al guarda-conductor, causa de haber sido los dos ?en los tiempos heroicos del Zoológico popular de Villa Domínico- mitades de un mismo camello, le suplicó a ese catalán de que nos portara. Antes que se pudiera mandar su Suba Zubizarreta de práctica, ya todos engrosamos el contingente de los que llenábamos el vehículo, riéndonos hasta enseñar las vegetaciones, del puntaje senza potencia, que, por razón de quedar cola, no alcanzó a incrustarse en el vehículo, quedando como quien dice ?vía libre? para volver, sin tanta mala sangre, a Tolosa. Te exagero, Nelly, que íbamos como en onibus, que sudábamos propio como sardinas, que si vos te mandás el vistazo, el señoras de Berazategui te viene chico. ¡Las historietas de regular interés que se dieron curso! No te digo niente de la olorosa que cantó por lo bajo el tano Potasman, a la misma vista de Sarandí y de aquí lo aplaudo como un cuadrumano a Tornillo sin Fin que en buena ley vino a ganar su medallón de Vero Desopilante, obligándome bajo amenaza de tincazo en los quimbos, a abrir la boca y cerrar los ojos: broma que aprovechó sin un desmayo para enllenarme las entremuelas con la pelusa y los demás producidos de los fundillos. Pero hasta las perdices cansan y cuando ya no sabíamos lo que hacer, un veterano me pasó la cortaplumita y la empuñamos todos a uno para más bien dejar como colador el cuero de los asientos. Para despistar, todos nos reíamos de mí; en después no faltó uno de esos vivancos que saltan como pulgas y vienen incrustados en el asfáltico, cosa de evacuarse del carromato antes que el guarda-conductor sorprendiera los desperfectos. El primero que aterrizó fue Simón Tabacman que quedó propio ñato con el culazo; muy luego Fideo Zoppi o su mamá; de último, aunque reviente de la rabia, Rabasco; acto continuo, Spatola; doppo, el vasco Speciale. En el itnerinato, Monpurgo se prestó por lo bajo al gran rejunte de papeles y bolsas de papel, idea fija de acopiar elemento para una fogarata en forma que hiciera pasto de las llamas al Broackway, propósito de escamotear a un severo examen la marca que dejó el cortaplumita. Pirosanto, que es un gangoso sin abuela, de esos que en el bolsillo portan menos pelusa que fósforos, se dispersó en el primer viraje, para evitar el préstamo de Rancherita, no sin comprometer la fuga, eso sí, con un cigarrillo Volcán que me sonsacó de la boca. Yo, sin ánimo de ostentación y para darme un poco de corte, estaba ya frunciendo la jeta para debatir la primera pitada cuando el Pirosanto, de un saque, capturó el cigarrillo, y Morpurgo, como quien me dora la píldora, acogió el fósforo que ya me doraba los sabañones y metió fuego al papelamen. Sin tan siquiera sacarse el rancho, el funyi o la galera, Morpurgo se largó a la calle, pero yo panza y todo, lo madrugué y me tiré un rato antes y así pude brindarle un colchón, que amortiguó el impacto y cuasi me desfonda la busarda con los noventa kilos que acusa. Sandié, cuando me descalcé de esta boca los tamanguses hasta la rodilla de Manolo Morpurgo, l´ónibus ardía en el horizonte, mismo como el spiedo de Perosio, y el guarda-conductor-propietario, lloraba dele que dele ese capital que se le volvía humo negro. La barra, siendo más, se reía, pronta, lo juro por el Monstruo, a darse a la fuga si se irritaba el ciervo. Tornillo, que es el bufo tamaño mole, se le ocurrió un chiste que al escucharlo vos con la boca abierta vendrás de gelatina con la risa. Atenti, Nelly. Desemporcate las orejas, que ahí va. Uno, dos, tres y PUM. Dijo ?pero no te me vuelvas a distraer con el spiantaja que le guiñás el ojo- que el ónibus ardía mismo como el spiedo de Perosio. Ja, ja, ja.Yo estaba lo más campante, pero la procesión iba por dentro. Vos, que cada parola que se me cae de los molares, la grabás en los sesos con el formón, tal vez hagas memoria del camionero, que fue medio camello con el del ónibus. Si me entendés, la fija que ese cachascán se mandaría cada alianza con el lacrimógeno para punir nuestra fea conducta estaba en la cabeza de los más linces. Pero no temás por tu conejito querido: el camionero se mandó un enfoque sereno y adivinó que el otro, sin ónibus, ya no era un oligarca que vale la pena romperse todo. Se sonrió como el gran bonachón que es; repartió, para mantener la disciplina, algún rodillazo amistoso (aquí tenés el diente que me saltó y se lo compré después para recuerdo) y ¡cierren filas y paso redoblado, marrr!¡Lo que es la adhesión! La gallarda columna se infiltraba en las lagunas anegadizas, cuando no en las montañas de basura, que acusan el acceso a la Capital, sin más defección que una tercera parte, grosso modo, del aglutinado inicial que zarpó de Tolosa. Algún inveterado se había propasado a medio encender su cigarrillo Salutaris, claro está, Nelly, que con el visto bueno del camionero. Qué cuadro para ponerlo en colores: portaba el estandarte, Spátola, con la camiseta de toda confianza sobre la demás ropa de lana; lo seguían de cuatro en fondo, Tornillo, etc.
Serían recién las diecinueve de la tarde cuando al fin llegamos a la Avenida Mitre. Morpurgo se rió todo de pensar que ya estábamos en Avellaneda. También se reían los bacanes, que a riesgo de caer de los balcones, vehículos y demás bañaderas, se reían de vernos de a pie, sin el menor rodado. Felizmente Babuglia en todo piensa y en la otra banda del Riachuelo se estaban herrumbrando unos camiones e nacionalidad canadiense, que el Instituto, siempre attenti, adquirió en calidad de rompecabezas de la Sección Demoliciones del ejército americano. Trepamos con el mono a uno caki y entonando el ?Adiós, que me voy llorando? esperamos que un loco del Ente Autónomo, fiscalizado por Tornillo Sin Fin, activara la instalación del motor. Suerte que Rabasco, a pesar de esa cara de fundillo, tenía cuña con un guardia del Monopolio y, previo pago de boletos, completamos un bondi eléctrico, que metía más ruido que un solo gaita. El bondi ?talán, talán- agarró p?al Centro; iba superbo como una madre joven que, soto la mirada del babo, porta en la panza las modernas generaciones que mañana reclamarán su lugar en las grandes meriendas de la vida... En su seno, con un tobillo en el estribo y otro sin domicilio legal, iba tu payaso querido, iba yo. Dijera un observador que el bondi cantaba; hendía el aire impulsado por el canto; los cantores éramos nosotros. Poco antes de la calle Belgrano la velocidad paró en seco desde unos veinticuatro minutos; yo traspiraba para comprender, y anche la gran turba como hormiga de más y más automotores, que no dejaba que nuestro medio de locomoción diera materialmente un paso.
El camionero rechinó con la consigna ¡Abajo chichipíos! y ya nos bajamos en el cruce de Tacuarí y Belgrano. A las dos o tres cuadras de caminarla, se planteó sobre tablas la interrogante: el garguero estaba reseco y pedía líquido. El Emporio y Despacho de Bebidas Puga y Gallach ofrecía un principio de solución. Pero te quiero ver, escopeta: ¿cómo abonábamos? En ese vericueto, el camionero se nos vino a manifestar como todo un expeditivo. A la vista y paciencia de un perro dogo, que terminó por verlo al revés, me tiró cada zancadilla delante de la merza hilarante, que me encasqueté una rejilla como sombrero hasta el masute, y del chaleco se rodó la chirola que yo había rejuntado para no hacer tan triste papel cuando cundiera el carrito de la ricotta. La chirola engrosó la bolsa común y el camionero, satisfecho mi asunto, pasó a atender a Souza, que es la mano derecha de Gouveia, el de los pegotes Pereyra ?sabés- que vez pasada se impusieron también como la Tapioca Científica. Souza, que vive para el Pegote, ews cobrador del mismo, y así no es gracia que dado vuelta pusiera en circulación tantos biglietes de hasta cero cincuenta que no habrá visto tantos juntos ni el Loco Calcamonía, que marchó preso cuando aplicaba la pintura mondongo a su primer bigliete. Los de Souza, por lo demás, no eran falsos y abonaron, contantes y sonantes, el importe neto de las Chissottis, que salimos como el que puso seca la mamajuana. Bo, cuando cacha la guitarra, se cree Gardel. Es más, se cree Gotuso. Es más, se cree Garófalo. Es más, se cree Giganti-Tomassoni. Guitarra, propio no había en ese local, pero a Bo le dio con “Adiós Pampa Mía” y todos lo coreamos y la columna juvenil era un solo grito. Cada uno, malgrado su corta edad, cantaba lo que le pedía el cuerpo, hasta que vino a distraernos un sinagoga que mandaba respeto con la barba. A ese le perdonamos la vida, pero no se escurrió tan fácil otro de formato menor, más manuable, más práctico, de manejo más ágil. Era un miserable cuatro ojos, sin la musculatura del deportivo. El pelo era colorado, los libros bajo el brazo y de estudio. Se registró como un distraído que cuasi se lleva por delante a nuestro abanderado, Spátola. Bonfirraro, que es el chinche de los detalles, dijo que él no iba a tolerar que un impune desacatara el estandarte y foto del Monstruo. Ahí nomás lo chumbó al Nene Tonelada, de apelativo Cagnazzo, para que procediera. Tonelada, que siempre es el mismo, me soltó cada oreja, que la tenía enrollada como el cartucho de los manises y, cosa de caerle simpático a Bonfirraro, le dijo al rusovita que mostrara un cachito más de respeto a la opinión ajena, señor, y saludara a la figura del Monstruo. El otro contestó con el despropósito que él también tenía su opinión. El Nene, que las explicaciones lo cansan, lo arrempujó con una mano que si el carnicero la ve, se acabó la escasez de la carnasa y el bife de chorizo. Lo rempujó a un terreno baldío, de esos que en el día menos pensado levantan una playa de estacionamiento y el punto vino a quedar contra los nueve pisos de una pared senza finestra ni ventana. De mientras los traseros nos presionaban con la comezón de observar y los de fila cero quedamos como sangüche de salame entre esos locos que pugnaban por una visión panorámica y el pobre quimicointas acorralado que, vaya usted a saber, se irritaba. Tonelada, atento al peligro, reculó para atrás y todos nos abrimos como abanico dejando al descubierto una cancha del tamaño de un semicírculo, pero sin orificio de salida, porque de muro a muro estaba la merza. Todos bramábamos como el pabellón de los osos y nos rechinaban los dientes, pero el camionero, que no se le escapa un pelo en la sopa, palpitó que más o menos de uno estaba por mandar in mente su plan de evasión. Chiflido va, chiflido viene, nos puso sobre la pista de un montón aparente de cascote, que se brindaba al observador. Te recordarás que esa tarde el termómetro marcaba una temperatura de sopa y no me vas a discutir que un porcentaje nos sacamos el saco. Lo pusimos de guardarropa al pibe Saulino, que así no pudo participar en el apedreo. El primer cascotazo lo acertó, de puro tarro, Tabacman, y le desparramó las encías, y la sangre era un chorro negro. Yo me calenté con la sangre y le arrimé otro viaje con un cascote que le aplasté una oreja y ya perdí la cuenta de los impactos, porque el bombardeo era masivo. Fue desopilante; el jude se puso de rodillas y miró al cielo y rezó como ausente en su media lengua. Cuando sonaron las campanas de Monserrat se cayó, porque estaba muerto. Nosotros nos desfogamos un rato más, con pedradas que ya no le dolían. Te lo juro, Nelly, pusimos el cadáver hecho una lástima. Luego Morpurgo, para que los muchachos se rieran, me hizo clavar la cortapluma en lo que hacía las veces de cara.
Después del ejercicio que acalora me puse el saco, maniobra de evitar un resfrío, que por la parte baja te representa cero treinta en Genioles. El pescuezo lo añudé en la bufanda que vos zurciste con tus dedos de hada y acondicioné las orejas sotto el chambergolino, pero la gran sorpresa del día la vino a detentar Pirosanto, con la ponenda de meterle fuego al rejunta piedras, previa realización en remate de anteojos y vestuario. El remate no fue suceso. Los anteojos andaban misturados con la viscosidad de los ojos y el ambo era un engrudo con la sangre. También los libros resultaron un clavo, por saturación de restos orgánicos. La suerte fue que el camionero (que resultó ser Graffiacane), pudo rescatarse su reloj del sistema Roskopf sobre diecisiete rubíes, y Bonfirraro se encargó de una cartera Fabricant, con hasta nueve pesos con veinte y una instantánea de una señorita profesora de piano, y el otario Rabasco se tuvo que contentar con un estuche Bausch para lentes y la lapicera fuente Plumex, para no decir nada del anillo de la antigua casa Poplavsky.Presto, fordeta, quedó relegado al olvido ese episodio callejero. Banderas de Boitano que tremolan, toques de clarín que vigoran, doquier la masa popular, formidavel. En la Plaza de Mayo nos arengó la gran descarga eléctrica que se firma doctor Marcelo N. Frogman. Nos puso en forma para lo que vino después: la palabra del Monstruo. Estas orejas la escucharon, gordeta, mismo como todo el país, porque el discurso se transmite en cadena.Pujato, 24 de noviembre de 1947.
(Agencia Paco Urondo)
 

14.06.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) El lunes 13 de junio, el columnista del diario La Nación, Jorge Fernández Díaz, publicó una columna ("Discutiendo con el kirchnerismo") en la que propone un debate con el intelectual y director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, a partir de su último libro. Ver artículo completo.

Discutiendo con el kirchnerismo, por Fernández Díaz.
Por los tiempos que corren, por las implicancias históricas y políticas del momento, no es posible comentar el reciente y extraordinario ensayo que el director de la Biblioteca Nacional acaba de publicar sin bajar las cartas. Soy ochentista, y siempre me molestó la gendarmería ideológica que los setentistas ejercieron sobre nosotros, tirándonos sus muertos y tratando de disciplinarnos cuando intentábamos corrernos un centímetro de su relato.
No puedo negar que he votado al peronismo en varias ocasiones, por lo que el mote de gorila me resulta infantil y ajeno, aunque es cierto que hoy detecto en ese movimiento triunfante rasgos de un corporativismo inaceptable y el hecho paradójico de haberse convertido, con el ejercicio absoluto y repetido del poder, en una oligarquía política y económica que detenta el Estado, los feudos provinciales y municipales, la hegemonía partidaria y la más oscura burocracia sindical, y que condiciona en consecuencia a toda la gobernabilidad democrática. También es cierto que hoy me siento, como dijo Beatriz Sarlo, un "socialdemócrata sin partido, un alma en pena". Y finalmente soy, a su vez y por encima de todo, un periodista, con todo lo que eso implica para Carta Abierta. Pertenezco, según la propia definición de Horacio González, a "la coalición periodística internacional". Es decir, me interesa denunciar la impostura del Gobierno (sus grandes mentiras), la captura de negocios (el capitalismo de amigos) y la corrupción de ésta y de cualquier otra administración pública. A los intelectuales kirchneristas todos estos temas les parecen preocupaciones de la derecha.
Se puede leer esta curiosa teoría en la página 31 de Kirchnerismo: una controversia cultural , el libro en cuestión, que publica Colihue y que resulta la exacta contracara de La audacia y el cálculo , el ensayo de Sarlo que tanta polvareda ha levantado.
La obra de González, aunque salpicada de frases académicas y a veces un tanto abstrusas, posee la virtud de estar escrita con hondura y honestidad intelectual, rasgos que no abundan en el mundo de la propaganda oficialista. Al revés de José Pablo Feinmann, que rompió su carnet peronista a principios de los años 90, González se quedó dentro del movimiento que había refrendado el indulto y sufrió en los cafés de la avenida Corrientes el giro neoliberal del menemismo. La sorprendente entrada en escena de Néstor Kirchner le devolvió el alma al cuerpo y le recordó por qué razón era peronista. Tragarse sapos había valido la pena.
González es, por más discrepancias que se puedan tener con él, un erudito deslumbrante. Su desafortunado operativo contra Mario Vargas Llosa no borra de ningún modo que se trata de uno de los pensadores más importantes de la Argentina. Y el libro que intentamos reseñar es una muestra acabada de su pericia. Desde el prólogo mismo, el autor asegura que el principal problema de su indagación radica en la palabra "kirchnerismo", que a veces consigue explicarse, y que en otras ocasiones produce "turbación, perplejidad y apuesta".
A lo primero que se aboca es a despejar el vínculo entre política y negocios que rodea al ex presidente. Reconoce la vieja máxima setentista: "La política y el poder se fundamentan en el dinero y las armas". Pero culpa, entre otros, al "periodismo de investigación" por presentar a Kirchner como un hotelero (por El Calafate), es decir: un hombre de fortuna. Nos recuerda, a propósito, que Sarmiento explica los modales y las políticas de Rosas a partir de su condición de estanciero, es decir: a partir de su ética del latifundista empresarial. Más adelante, volverá con el tema citando una frase que Sergio Acevedo le dijo a Luis Majul: "El kirchnerismo dejó de ser un proyecto político con apoyo económico para transformarse en un proyecto económico que usa como excusa a la política".
González merodea entonces lo espinoso: la fortuna de Néstor y Cristina, y admite que la compra de hoteles y de terrenos en El Calafate mientras ejercían a pleno el poder "con no ser un hecho desatinado, muchos hubieran preferido que no sucediera". No se sabe si el sociólogo de Carta Abierta se siente incluido entre quienes tienen ese pudor, pero lo cierto es que menciona el punto como una fatalidad (acusa a los antagonistas de intentar desmoralizar con ese hecho al kirchnerismo) y relativiza luego con ejemplos históricos e internacionales la gravedad de que un dirigente acumule un fuerte patrimonio con ayuda de la política. Desinfla ese pecado recortándolo sobre un paisaje más amplio, donde el financiamiento de los partidos y los enjuagues de las empresas son también enormes agujeros negros, y donde la constitución de candidatos democráticos se hace sumamente difícil. Por ello, González asevera que había en Kirchner "una vocación política neta, con hipótesis setentista acurrucada, considerando la obtención de un respaldo autónomo para la acción política, lo que incluía una hipótesis de emprendimientos económicos particulares. Y esto, en los términos de los tratos reales y las proporciones posibles en el país, en cuanto a la esfera del mercado y la vida comercial o productiva habitual". Dice González que eso proviene de las tradiciones caudillistas, y se pregunta si podría Yrigoyen ser considerado "un invernador ganadero por encima de lo que realmente era".
El libro avanza en la defensa de las credenciales ideológicas de Kirchner como "setentista acurrucado" y trata de protegerlo de otra acusación: su oportunismo con respecto a la política de derechos humanos. Lo salva de una foto de 1982 en la que aparece junto a militares de la última dictadura. Es interesante porque, para hacerlo, necesita tirar abajo el concepto "nadie resiste un archivo", por arbitrario y maniqueísta. Recordemos que es el concepto rector de la televisión kirchnerista y al mismo tiempo el modus operandi de muchos periodistas oficiales, que sacan a relucir documentos del pasado de sus enemigos, pero cuando son víctimas de la misma práctica acusan a los denunciantes de llevar a cabo "políticas de prontuario" y "caza de brujas".
La idea es desbaratar una acusación del periodismo crítico: Kirchner jamás se ocupó de los derechos humanos hasta que empezó a gobernar y a necesitar a esos organismos como escudo ideológico y como anzuelo para ganarse a la progresía. Hay numerosas pruebas de la indiferencia que le despertaba a Néstor Kirchner esa temática. Militantes de izquierda y de esos organismos de Santa Cruz testimonian largamente su desidia. Nada de esto se encuentra en el ensayo de González, pero como se trata de un hombre honesto no puede dejar de señalar ese mismo déficit en un libro poco leído y recordado: Después del derrumbe , una larga entrevista preelectoral que le realizó su inminente secretario de Cultura, Torcuato Di Tella. Allí el candidato Kirchner anticipa sus intereses políticos. "El Gobierno luego iría mucho más allá en muchos temas, sobre todo en materia de derechos humanos, tema que no es tocado en la charla", confiesa González. Subrayo: tema que no es tocado en la charla.
Para desmontar la certeza de que es grave practicar un "capitalismo de amigos", el autor lo contrapone con el "capitalismo serio", con el objeto de desacreditar a éste y dejar por lo tanto en relativa buena posición al primero, que vendría a llenar la antigua fosa vacía que dejó la "burguesía nacional". Sin embargo, no es tan lineal su razonamiento: propugna la necesidad de incluir a empresarios asociados al proyecto en lo que denomina un "frente libertario de transformación nacional" y de inmediato se hace cargo de las contradicciones que perviven dentro del planeta kirchnerista. Lo hace con un espíritu marxista en lo que respecta a la descripción del capitalismo. Espíritu que abandona de vez en cuando para entrar de nuevo en el cuerpo del peronismo ("combatiendo al capital") y en un cierto nacionalismo de izquierdas, barrio donde se crió.
Su ensayo se vuelve realmente brillante cuando abandona las defensas de los puntos vulnerables del kirchnerismo y se adentra en las personas y entidades que, aun desde la crítica más dura, ayudaron a construirlo. Es así como se detiene, capítulo a capítulo, en políticos, periodistas y escritores. También en Carta Abierta y en 6,7,8 . Son retratos políticos dictados sobre la cartografía kirchnerista, que para González se despliega sobre el país y lo cambia todo. Viejos amigos son reconocidos y criticados con buena fe, pero sin aceptar los chantajes del afecto, como ocurre con los casos de Pino Solanas y Beatriz Sarlo, a quienes González claramente quisiera en su propio barco. Cuenta sus encontronazos con Vargas y con Caparrós, lucha dialécticamente con Fontevecchia, Morales Solá y Lanata. Admira a Tomás Abraham, pero afirma que piensa "la política a los martillazos". Y homenajea con pena a David Viñas y con devoción a Nicolás Casullo. No deja afuera, por supuesto, a León Rozitchner, Horacio Verbitsky, Ernesto Laclau, Ricardo Forster ni a Feinmann mismo. Son las caras que danzan alrededor del fenómeno que Horacio González describe. Cada una de ellas enhebra, abre o encarna debates de la cultura política de hoy.
La visión de González es efectivamente cultural y política, y no voy a caer en la tentación ni en la descortesía de discutir todos sus argumentos. Sí opino que falta en Kirchnerismo: una controversia cultural el impacto de la economía concreta. Es, por ejemplo, más convincente Héctor Recalde acerca de la importancia del modelo "nacional y popular" que Horacio González, puesto que éste sólo se propone iluminar discusiones ideológicas o pulseadas simbólicas entre el Estado, los partidos, los empresarios y la prensa. Pocas veces desciende de esa simbología a los números y avatares de la inflación, a las paritarias, las privatizaciones, la brecha entre pobres y ricos, y el fango. Es justamente en esa área donde el debate sobre el kirchnerismo se hace aún más fascinante, puesto que su modelo ha refutado durante estos años a la ortodoxia economicista y ha demostrado que por ahora sobrevive a las aves agoreras. Es la economía, estúpido, lo que hace ganar o perder elecciones, y no las guerras teóricas por la palabra ni el control de los medios, podría uno decirse en estos tiempos electorales en los que asoma un claro triunfo del kirchnerismo. A veces hay que repetir los lugares comunes, sobre todo en épocas en las que los saberes parecen diluidos o artificialmente reinventados.
González también se saltea el otro punto nodal de la troica kirchnerista: el peronismo. Le dedica pocas líneas y muestra sólo la punta del iceberg, pero esconde bajo el agua aceitosa las miserias corporativas, las mañas del aparato y las mafias comiciales y gremiales que el viejo movimiento del general Perón mantiene. Ese corpus, que al principio la transversalidad intentó arrasar, pero al que luego Kirchner se entregó con cierta resignación, funciona a golpes de caja disciplinadora. Muchos de sus impresentables caciques y capitanejos brillan por su ausencia en estas páginas. Con semejante ocultamiento, el kirchnerismo intelectual elude también ponerle el pecho a la historia trágica y turbia de esa fuerza todopoderosa.
Haciendo esas salvedades, la lectura de este tratado sobre el partido del poder, esta autobiografía carnal de los kirchneristas auténticos, este lúcido rompecabezas de una fuerza que vino para quedarse, se hace igualmente imprescindible para cualquier lector, incluso para aquel que se encuentre en las antípodas del pensamiento de Carta Abierta. Esta "filosofía del presente", como González define su praxis, seguirá por eso leyéndose y discutiéndose en el futuro. (Agencia Paco Urondo)

13.06.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, en Página 12) Aunque parezca el título de una novela de Umberto Eco, no lo es. El cubo de Palermo es apenas (o nada menos que) el intento de descripción de una forma euclidiana, un cuerpo geométrico ideal, un imaginario paralelepípedo regular (así se dice), un dado descomunal y transparente, un cubo hecho de aire y vértigo, espacio puro de tormenta (diría De Santis): el hábitat natural y de caza, el monoambiente móvil, el espacio vital y mortal, el microclima ominoso, the moveable jail dentro de la cual se movió siempre Martín Palermo –animal, fiera noble y persistente, depredador natural, genuino (de genes) nueve de área– durante todos los años de sus tantas campañas.

Lo de campañas suena bien –mucho mejor que carrera o trayectoria– para Martín, el Campeador. Porque hay todo tipo de goleadores: explosivos, aparatosos y calientes, fríos como cirujanos, ocasionales, solapados, incluso furtivos cazadores de sobras y rebotes, minimalistas... Martín es el goleador franco, alevoso, ostensible, frontal y de referencia, el goleador campante. En él, la vocación es (en términos lógicos) anterior al oficio, y lo sostiene, le da ese plus indefinible. Quiero decir: la disposición, la actitud sostenida precede al desarrollo de la aptitud creciente. Y pareciera que la vocación primera no es jugar al fútbol sino hacer goles. Contemporáneamente, y en otro registro de jugador, sólo en Batistuta se da una condición tan radical y definitiva.
Pero, volviendo al cubo, creo que uno de los secretos de la eficacia de Martín a lo largo de tantos años (con picos de excelencia lejanos en el tiempo, pero que no obstante le han permitido mantenerse vigente hasta ahora en este fútbol nuestro), uno de los secretos –digo, y no descubro nada nuevo– ha sido su capacidad (actitud + aptitud) para ofrecerse como potencial receptor, amplio y generoso, sobre todo para el envío aéreo, de sus ocasionales compañeros.
Quiero decir: cuando alguien apto para la habilitación –fuera el Mellizo, Román o Rodrigo en los últimos años– tenía como referencia a Martín en el área, más precisamente “en la Troya”, que le dicen; ya viniera por derecha o por izquierda para tirar centro atrás rasante o pasado a la carrera; ya lo buscase con tiro libre frontal o habilitación vertical en ataque o contragolpe; cualquiera de esos compañeros sabía, sentía, que el Titán no necesitaba la pelota milimétrica en la cabeza o en el pie zurdo. No: bastaba la mínima aproximación.
La experiencia indica que, en sus mejores momentos, el área de recepción útil de Palermo (el espacio en que cada pelota que le llegaba él podía convertir en aprovechable oportunidad de gol) era, aproximadamente, un cubo de algo más de tres metros de lado: entre 27 y 30 metros cúbicos de corazón de área, con él en el centro. Si la pelota enviada por el compañero caía en algún punto de ese cubo imaginario que solía coincidir con el punto del penal o sus inmediatos alrededores, Martín la alcanzaría, le daría, la desviaría hacia el arco y acaso a la red. De cualquier manera.
Por abajo, por arriba, de lleno o pifiado, con la frente, con el parietal derecho, con el izquierdo, con la coronilla, con la rodilla, estirando el pie, con el pecho o el hombro, zambulléndose con las muelas, de taco, con extraña chilena, con una tijera fuera de los libros, de volea de derecha, de izquierda, de puntazo y de puntín, con los dos pies a la vez, colgándose del travesaño, con el culo, con el tobillo, con la cara, con la oreja y el hombro... Y eso, solo o acompañado: no importó nunca si había otros habitantes ocasionales –marcadores, arquero, compañeros– dentro de su cubo de influencia. El iba. Y llegaba, solía llegar. Siempre.
En los últimos tiempos, la precisión y oportunidad de los proveedores de buenas pelotas aprovechables –incluso por él– escaseó a su alrededor y, en general, en su deslucido equipo. En el mismo sentido, es probable que con los años el cubo virtual haya ido disminuyendo en su tamaño. Es evidente que no llegaba tan lejos ni tantas veces a conectar lo que le tiraban. Sin embargo, Martín siempre fue. A eso se refería Bianchi al definirlo como un “optimista del gol”: nunca calculó el porcentaje de posibilidades que tenía de llegar antes de ir.
Eso lo ha hecho un jugador inclasificable (mucho más inteligente que hábil; más serio que loco) y un goleador único, sostenido por una fortaleza física y mental a toda prueba.
Grande, Martín. (Agencia Paco Urondo)

13.06.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, en el blog Taller la otra) En su último libro, Kirchnerismo: una controversia cultural, el intelectual y director de la Biblioteca Nacional aborda, entre otros temas, los efectos que el kirchnerismo tuvo en la escena intelectual local. Uno de los fragmentos, que compartimos, polemiza con el escritor opositor Martín Caparrós. Leer texto.

 
En su libro El interior Caparrós transcribe un diálogo de gran interés, que involucra a Néstor Kirchner y al libro La voluntad. Lo tomamos de un artículo del libro El río sin orillas, en el que se pasa revista a un tema, que es el mismo que tratamos aquí: la relación de escritores, intelectuales, universitarios, etc., con el gobierno kirchnerista. Escribe Caparrós, ensayando una apertura del tema con sus acostumbradas volutas irónicas:
Es tan oportuno que las cataratas estén aquí, en la punta del mapa de la patria. Sin eso muchos argentinos -y por supuesto extranjeros-, jamás llegarían hasta los extremos, pienso, y en seguida, me pregunto qué tipo de ideología me hace pensar que es bueno que la gente llegue a estos extremos. Debería debatirlo pero no ahora: no en la selva. en la selva, por alguna razón, las razones se ablandan. Y me doy cuenta que lo mismo -su carácter extremo e incluyente- les sucede a los otros dos puntos que el turismo extranjero valoriza: la Puna con la Quebrada de Humahuaca y el eje Calafate-Usuhaia. Los tres parecen puestos con predeterminación y alevosía para armar, con tres vértices, el triángulo patrio: para obligar a propios y extraños a ir hasta los extremos de la patria. quizás dios, finalmente, sea argentino.
Mi Guayaquil sucedió aquí. A fines de los 90 vine con mi hijo a pasar cuatro días en este hotel, su vista es extraordinaria. Juan tenía siete años y nos lo pasábamos horas en la sala de juegos -pool, ping pong, un par de flippers y máquinas de correr y hacer gimnasia-. Una de esas siestas jugábamos al pool en la sala vacía: al cabo de un rato llegó un señor de mediana edad, rubión, pelo llovido, equipo de jogging -y se puso a correr en una máquina-. Cuando terminó se acercó y me distrajo con una tacada decisiva:
- Quería decirte que leí los tres tomos de La voluntad, me interesaron mucho.
Bueno, gracias.
Le dije, y volvía a mirar a la bola 11.
- No, de verdad, me pareció un gran aporte.
- Gracias, de verdad.
Le dije yo, y él se dio cuenta de que yo no entendía.
- Vos no sabés quién soy yo.
- No, disculpame.
- Yo soy Néstor Kirchner, gobernador de Santa Cruz.
Para mí, entonces, un gobernador del partido menemista era mucho peor que un desconocido, así que persistí en el taco y la bola.
-Ah, qué bueno, gracias.
Después, en la pileta,cada vez que nos cruzábamos, el señor gobernador y su señora miraban para algún otro lado. Esa tarde perdí mi gran oportunidad de postular para la Dirección Nacional de Asuntos Biblioratos, digamos, la Subsecretaría de Vacas Tuertas y ahora, de vuelta al lugar, me río de nuevo".
Ahora que para Caparrós debo ser el Director de Cartapacios Nacionales y Populares, Inspector de Anaqueles Vacíos y Batracios Olvidados en las estanterías, y un Poquitín Censor, aprovecho para confesar que nunca supe gozar del arte sublime de despreciar a quien decide acercarse a uno con un elogio o cualquier otra forma de interés. Hay que estar poseído por furias solo equiparables a las de las Eríneas, para sentirse un justiciero entre aparatos de gimnasia y mesas de ping pong. La mordacidad profesional es un dudoso artificio del conocimiento, aunque asegura casi siempre una gran infelicidad personal. ¿Cómo sabía Caparrós que el que le hablaba era un lector inadecuado, un impostor, no como los lectores que se le acercaban en las ferias del libro a pedirle autógrafos, que aún así, podría haber dado a desgano, con incofesada reprobación hacia esas almas lisonjeras? ¿No era una oportunidad de saber algo más sobre sus lectores en vez de desatar el oscuro goce del iconoclasta banal? Ya sabemos que no se inclina ante sacerdotes, prebostes ni gurúes. Ese desplante, ¿no era una manifestación de su propio desasosiego, inconstancia, insatisfacción? Es cierto, Borges practicaba a menudo estos gestos, no exentos de violencia, y no subordinaba normas superficiales de convivencia a sus trazos enérgicos de reprobación política, tal como los que evidentemente cultivaba. Cuando su primo Ernesto Palacio le quiere presentar a Perón, se niega. "No podía darle la mano". La excusa era banal, pero encerraba lo fundamental.
¿En qué Guayaquil piensa Caparrós? ¿Otra vez Borges? En aquel Guayaquil, el de Borges, un gran relato, se comprueba la derrota del que probablemente tiene razón (el profesor criollo), en manos de un intruso, un extranjero, probablemente un impostor. No se entiende por qué Caparrós debería considerarse el derrotado en la escena que narra. Es el que imaginó el duelo de taitas que el gobernador Kirchner no tuvo tiempo de apreciar, aunque es lógico que pudo sentirse ofendido por un gesto de desprecio, perceptible aunque mínimo.  De todas maneras, no le dijo en la cara que era un "gobernador del partido menemista". ¿Ante quién rechazó el puestito de Director Nacional de Asuntos Biblioratos? Ante la República de los letrados cocoritos, rezongando en la lejanía, mucho tiempo después. (Agencia Paco Urondo)
 

12.06.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Hace un par de semanas el intelectual Eduardo Gruner escribió una columna defendiendo la conformación de un Frente de Izquierda. Ese artículo disparó un debate posterior entre el teórico y el miembro de La Paco Urondo, Juan Ciucci. Compartimos la tercera parte del intercambio, que puede seguirse en la Agencia.

Propuesta de Eduardo Gruner: 
3. Es por todo esto en que insisto en que no hay peligro “desestabilizador” y en que la oposición (de derecha) es “innecesaria”. Las dos cosas están, claro, estrechamente vinculadas. Sobre lo primero: para que haya ese peligro se requiere al menos, a) que una o varias fracciones importantes de la clase dominante vean sus intereses lo suficientemente afectados como para decidir ese “asalto al poder”; b) que logre el concurso de –o sea empujada por- las agencias del imperialismo preocupadas por efectivas “molestias” a sus propios intereses, o por un crecimiento “incontrolable” de la lucha de clases; c) que cuente con el apoyo de sectores significativos de la sociedad –normalmente, las clases “medias” temerosas del “desorden” o de la pérdida de sus igualmente “medios” privilegios-; d) que exista lo que antes se denominaba un “partido militar” fuerte y dispuesto a “poner la cara” por las clases dominantes. Bien. Convendrás conmigo, Juan, en que ninguna de estas cuatro condiciones están dadas, ni por darse, hoy. Con escasas y muy marginales excepciones (más bien “discursivas”) el poder económico que realmente importa está discretamente feliz con el gobierno (uno de los comentaristas del blog Paco Urondo lo dice con condensada sencillez: “Si yo fuera el presidente de la UIA votaría a Cristina”). La embajada yanqui está totalmente tranquila y “colaborativa”. Aún la clase media porteña más recalcitrantemente gorila que se dispone a renovar los estragos de Macri ha aceptado plenamente las “reglas del juego”, y como vos decís, hay amplio apoyo popular al gobierno. El “partido militar” hace mucho que no existe, ni se ve que vaya a recomponerse. La cúpula de la Iglesia patalea un poquito pero en conjunto está neutralizada. La lucha de clases siempre está, por supuesto, y en el último año produjo algunos conflictos importantes (aunque el Ministerio de Trabajo asegura que la conflictividad bajó), que –contra el sentido común dominante- sí han sido en varios casos directa o indirectamente reprimidos, pero no alcanza a poner en cuestión ninguna “gobernabilidad”. No hay al momento la más mínima posibilidad de intentonas (diferentes, desordenadas y confusas como fueron) como las de Bolivia, Honduras, Ecuador. ¿Entonces? El único ejemplo que vos das –al mismo tiempo aceptando con honestidad que no representa un serio peligro- es la campaña mediática contra las Madres (aclaro lo de “mediática”, porque ningún jefe político de peso de la oposición ni menos aún algún líder de las corporaciones económicas se ha atrevido todavía a basurear directamente a Hebe): o sea, precisamente las dos cosas que yo señalo como también marginales excepciones: los DDHH y los monopolios de medios –una oposición “ideológica” y menos constructora de verdadera “hegemonía” de lo que se aduce por necesidad de fabricar enemigos “extremos”, pero esta es otra discusión-. No hay el menor atisbo de nada de lo que tuvimos en el 2008, con los “rurales” y la clase media “norteña” cortando rutas y caceroleando en Recoleta. Hasta el (un poco patético) episodio Sarlo / 678 es un mini-síntoma de los “nuevos aires”. “Mini”, pero finalmente “síntoma” de que cierta nueva “centro-derecha-liberal-progre-pensante-ex -izquierdoide” (un galimatías muy argentino) está, en todo caso resignada, y en algunos casos módicamente entusiasmada (falta estudiar cuán decisiva es la contribución de Sarlo a la producción del “mito Néstor”, que no se puede atribuir a mero oportunismo editorial) con el “mix” de crecimiento económico + discursividad “progre” + ínfulas de “combatividad” política, que es hoy por hoy la imago de la cultura K , con su “consensualismo” binarista (el que no es K es gorila, la “batalla cultural” es K contra Clarín, el Estado está contra el Mercado, y así de aburrido) (Nota: cuando tengamos más tiempo, sería bien interesante discutir –yo no tengo todavía una caracterización completa- si esta “cultura K” en formación no es una forma embozada / desplazada / reciclada –no digo que necesariamente consciente- de “post-política” y “pensamiento único” cuya fraseología “setentista” racionaliza una nueva versión “politizada” de “administración de lo existente”: apuesto a que con la progresiva “normalización” esto va a quedar cada vez más claro; en todo caso, lo que para mí es seguro es que ya se parece mucho a ese recurrente progresismo más o menos socialdemócrata de clase media que conocimos con el alfonsinismo, el Frepaso, etc. que, te recuerdo, no dejaba de agitar sus significantes “nac & pop”: la historia, en efecto, se repite…). En fin, que estamos entrando en el mejor de los mundos… burgueses. Habrá que ver cuánto dura (si gira el “viento de cola” y todo eso), pero eso por ahora es especulación.
4. Todo lo anterior (digo, los puntos 1 a 3), más mi no-descartable cabeza dura, me llevan a persistir en mi fórmula de que la oposición (de derecha) es innecesaria . La mejor prueba –como lamentan hasta la manía (depresiva) los editorialistas de La Nación y Clarín- es, no solamente la “dispersión” (que, ya se verá, finalmente no es tanta: con serias posibilidades de disputar algo va a quedar una derecha neoliberal relativamente nítida –digamos Alfonsín / De Narváez- y una sedicente centroizquierda charlatana –digamos Binner / Solanas / Stolbizer, o algo así- y chau: el análisis habría que hacerlo en términos de fuerzas político-ideológicas globales, no de las “chapas” partidarias o los “quioscos” individuales). Retomo: la mejor prueba, decía, es que efectivamente (los ideólogos de LN no son tontos) no hay , por parte de los partidos burgueses o pequeño-burgueses, ningún consistente “modelo” alternativo que vaya más allá de la fraseología moralista sobre la “corrupción” o el “autoritarismo” (vale decir, limitándose a atacar el “síntoma”). Y la razón es muy sencilla: si la propia burguesía (que tampoco es tonta), aprendiendo de sus errores y caprichos ideológicos, se va dando cuenta que el gobierno está haciendo las “tareas burguesas” de la hora, y a cambio de eso se puede soportar –pataleando un poco pour la gallerie – alguna medida de redistribución “paliativa” (que en verdad “palia” lo que el propio modelo produce, en la eterna lógica del círculo vicioso), las desprolijidades de los Morenos, De Vidos o Moyanos y las Cámporas, y un poco de barullito en la calle, etcétera, y quizá hasta se banquen que al final les saquen sangre a los “hijos” de Madame Noble (¿dónde viste un gran burgués tirando la bronca por eso fuera de las páginas del gran diario argentino?) (y varias de estas desprolijidades pueden incluso ser a la larga útiles a los fines de una “legitimación progre”), si todo es así y la propia burguesía no se calienta por pergeñar un “plan B” (nunca les faltó: en el 30, en el 46, en el 55, 58, 63, 67, 73, 76 y siguen las firmas), ¿de dónde lo van a sacar sus partidos? ¿y para qué? Ciertamente que la “hegemonía K” tiene muchas y complejas y contradictorias explicaciones (que incluyen, cómo no, algunas virtudes), pero seguro que una de ellas es la famosa fórmula “¿Para qué vamos a apoyar a la copia (estúpida) cuando tenemos al original (astuto)?”. Entendeme por favor, Juan: no estoy diciendo que del lado K –como de cualquier lado- no haya auténticas convicciones, voluntad de cambio, etcétera. Pero sólo con la autenticidad y la voluntad no vamos muy lejos: hay que ver, en la “síntesis de múltiples determinaciones”, a dónde conduce “objetivamente” todo eso.
5. Y bien: puesto que no hace falta (aunque en los papeles exista) una oposición de derecha, entonces, y por la misma razón, hace mucha falta una oposición de izquierda en serio . Quiero decir: no una “izquierda” del “modelo” (de eso hay en el espacio K, no lo niego: vos sos una prueba), sino una izquierda que demuestre, “en la teoría y en la práctica”, la necesidad y la posibilidad de otro “modelo”, que responda a una lógica de construcción, de recreación, incluso de re-fundación de lo político (en el sentido amplio pero estricto de una reorganización realmente profunda de la polis , de los “lazos sociales”) radicalmente diferente a “lo que hay” –como diría Feinmann, en verdad plagiando mal a mi amigo Horacio González-. ¿Será eso el Frente? Todavía no lo podemos saber. Con todas las sempiternas críticas que podamos hacer (desde nuestra cómoda posición de “intelectuales críticos”, que no tenemos por qué ni nadie nos pide abandonar) a los partidos que lo han formado, un Frente es, en principio, otra cosa. Abre una potencialidad cualitativamente distinta a la mera sumatoria de sus partes. Envía de hecho -ya veremos si en lo sucesivo está a la altura de lo que envía- un “mensaje” de unidad programática a miles y miles de luchadores que no necesariamente se autocalifican explícitamente “de izquierda” (en seguida vuelvo sobre esto), pero que pelean consecuentemente, no por la “profundización” de lo que “falta” (aunque muchos lo enuncien así, en su propia práctica de lucha se encuentran a diario con los límites de esa “profundidad”) sino por aquella re-fundación de “lo político”. Por supuesto que todo esto no va a suceder mágicamente en el corto plazo (si me permitís la humorada, me parece poco probable que el Frente gane las elecciones de octubre). Pero estoy convencido –contra ese muy central sentido común de la “batalla cultural” K- que hay mucho a la izquierda del kirchnerismo. Y no me refiero solamente al Frente, a sus partidos, a otras organizaciones y movimientos sociales que no están en él, a los individuos que se identifican como tales (todo esto, lo reconozco, es todavía poco). No, me refiero –aparte del hecho indudable, si bien aún no decisivo, de que esas organizaciones han logrado influencia en algunos sindicatos y movimientos populares y estudiantiles- a que hay mucha izquierda adentro del espacio K. No es sólo una cuestión de designaciones (“izquierdista”, “kirchnerista”, etc.), si bien sería necio negar que ellas tienen sus efectos “performativos” a la hora de construir “identidades” políticas. Pero más allá de eso, como decía recién, hay también prácticas de lucha de muchas fracciones de la clase obrera y diferentes sectores de oprimidos que, aunque se digan peronistas “K” (¿y quién soy yo para negarles esa identificación?) hacen una política radicalmente diferente a la del “oficialismo” K. También para ellos la emergencia del Frente es –perdón por la frivolidad- un “guiño” de que hay , “afuera”, otra cosa que va –quizá un poco más “conscientemente”- en el mismo sentido que ellos. Vos afirmás que, en la Argentina, la lucha de clases pasa muy principalmente por adentro del peronismo (aunque también decís, entiendo que como rasgo positivo, que es un movimiento “pluriclasista”: hay algo que no “cierra” en celebrar ambas cosas; de todos modos, no se me escapa que este de la “lucha de clases” es el tema más enorme y complejo que planteás en tu nota; requeriría una discusión teórico-política de una elaboración que no puedo emprender aquí y ahora, pero me comprometo para dentro de no mucho, creo que sería capital para los debates no sòlo de este blog y del Frente). Retomo, “la lucha de clases pasa muy principalmente por adentro del peronismo”: por supuesto, ¿quién podría negarlo? A mi juicio es el dato central de la política argentina desde hace ¡sesenta y cinco años! (toda mi vida, y con más razón la tuya) Y, sí: esto es algo que la (o cierta) izquierda viene discutiendo desde hace esas seis décadas, desde los tiempos del “entrismo” en el peronismo o en la resistencia. Entonces vos me dirás: ¿y se creen que lo van a arreglar ahora? Pero es que no se trata de “arreglar” nada. Desde ya que sería una transformación fenomenal, “revolucionaria”, que todos esos honestos luchadores peronistas se reconocieran como de izquierda (que lo son), se afiliaran al Frente, lo que fuere. Pero las tradiciones y autoidentificaciones político-culturales no se cambian por la fuerza de la voluntad. Por ahora lo esencial es que sigan haciendo lo que hacen –es decir, la lucha de clases, aunque sea dentro del “movimiento pluriclasista”-, y al mismo tiempo cuenten con una referencia en aquellos que no se identifican con la misma tradición pero que están en la misma “cosa” (la lucha de clases). Es una referencia que antes de la aparición de este Frente estaba mucho más “borroneada”. Vuelvo, pues, al principio: no podemos saber qué va a pasar con el Frente. Para muchos de los autocalificados “intelectuales independientes” –y su número creciente es un síntoma de que también para nosotros significó un “guiño”- es lo que ya varias veces llamé una “apuesta pascaliana”. Las apuestas se pueden ganar o perder. Pero sólo se pueden aspirar a ganar si se sostienen . Si perdemos habrá que pensar en otra cosa. O en nada. Mientras tanto, hay que agradecer que este re-anudamiento permita seguir alimentando el deseo .
6. Una vez más, Juan, te agradezco sinceramente la oportunidad de este intercambio. Te pido disculpas porque en cierto modo lo he “usado” (pero en el mejor sentido del término) para ordenar algunas ideas que, equivocadas o no, pueden ser estímulos para pensar -también esa es una ventaja del Frente y de este blog-. Ojalá el debate siga, se amplíe, se multiplique. Es urgente, imperioso, discutir entre todos los que se reconozcan en la lucha, aunque no lo hagan en los nombres. Ojalá, en ese sentido, estalle este blog y otros parecidos. Tal vez algún día ya no sean necesarios. Un fraternal abrazo, la seguimos cuando quieras.
Respuesta de Juan Ciucci:

3) Excelente caracterización del posible teatro de operaciones destituyente. Pero no puedo tan fácilmente coincidir con vos en que no estén dadas esas condiciones. Que no quiero sea el punto del análisis, porque estaríamos desde la defensiva pensando que hacer. Y no estamos en el 2008, el 2010 fue un año intenso, y el apoyo popular existe (repito, no es revolucionario pero existe, y no sabe a donde va, cosa más que interesante). Pero creo que los intereses en pugna generan desestabilización, y aunque Cristina les diga que se queden tranquilos, quieren que nos toque como “periferia” casi el esclavismo (como en sus gloriosas décadas infames). Y entonces esas pequeñas concesiones les joden. Y América Latina ya esta molestando bastante, y si no es a nosotros será a otro que moleste más al que bajen. Y nuestra posición es también fundamental para otras experiencias regionales que están en proceso de definición (Bolivia, Venezuela, Ecuador). También por esto es trascendente el modelo k.
Desde algún lugar se pretende entender a este modelo como una suerte de nueva vida para frepasistas, alfonsinistas de la primera hora, socialdemócratas (Sarlo esta con eso ahora: que Di Tella estaría contento, siempre queriendo que el peronismo se vuelva socialdemócrata). Pero es más que solamente eso. Ese sector quizás sea el que se esta acercando, leyendo la historia desde 678 (que musicaliza con Baglieto y Cantilo, por ejemplo). Es el sector bien pensante, capitalino, profesional. Al que le cae mal Moyano, no termina de sentirse cómodo con el peronismo obrero. Esa no es la batalla cultural, hay más. Pero no sale tanto en la tele.

4) No tienen modelo porque no pueden presentarlo: algo asi como aquel riojano que dijo que si decía lo que iba a hacer nadie lo votaba. Y asi como la burguesía aprende, también los pueblos. Parece que no van a comprar cualquier cosa que les vendan, y entonces no aparece esa oposición. Que sea innecesaria es una hipótesis arriesgada e interesante. Te diría que ya existe: son los medios. Casullo lo vio hace rato; la derecha acciona desde los medios. Creo que en este marco les conviene a los grandes capitales organizarse detrás de los medios masivos de comunicación y figurar como la eterna oposición a lo que se presente. El experimento Alianza no lo van a repetir: más de uno se quemo con ellos al presentarlo tanto. Ahora prefieren que se quemen los políticos, para eso están. Ellos nunca terminan de dar la cara.
Los K han sabido desmarcarse de esos poderes, y construyen un poder propio. No responden (como el hijo de Alfonsin, por ejemplo, que va con De Narvaez sin problemas) a lo que les dictan. Entonces quizás sí sean innecesarios estos políticos opositores, que tan solo cumplen como figurones que llenan el vacío que el poder imperial crea (Imperial para darle cierta relevancia mayor que los medios, las empresas, las mafias. Imperial no solo para generar la dicotomía con el exterior, sino en el marco de nuestra realidad que también responde a ese poder que no tiene nación).
Me desagrada que digas “las desprolijidades de los Morenos, De Vidos o Moyanos y las Cámporas, y un poco de barullito en la calle, etcétera”, porque mezclas todo y desestimas de un modo poco serio. Y encima comprando el discurso de la prensa burguesa (no se que pensas de esta categoría, se me ocurre la manera de referir que responde a intereses puntuales en su construcción de agenda). Quizás fue un tanto irónico, pero me parece errado. Más allá de lo que piense de cada uno de los mencionados, y que el “barullito” puede ser algo mayor a lo que aprecias. Esas subestimación genera erróneas lecturas, aunque luego quieras reconocer valores.

5) Si, hay izquierda a los K. Que los partidos trotskistas no sean K es una necesidad; sino estarían traicionando sus ideales. Es posible que por ahora estén a su izquierda en nuestra realidad, sobre todo discursivamente y en algunos conflictos puntuales, que vos marcas. Aunque a veces se comporten de un modo vergonzoso. El otro día Ramal fue a uno de los programas más de derecha del Canal 26 (antes había estado Rico “explayándose” con su pensamiento) para hablar de Schoklender, con alguien de la Coalición Cívica al lado. ¿A quien le sirve eso? ¿A él porque no tiene participación en la prensa? ¿Por qué ahí no denuncian a los medios y a todos los intereses que tienen? No, van sonrientes a participar del espectro “democrático” de los medios. En esta coyuntura (y ahora si, Eduardo) de agresión directa sobre Hebe, ¿qué necesidad tiene Ramal de sumarse a eso? Y ahora el PO lo pone en tapa al tema en su diario, con frases e interpretaciones entre graciosas y patéticas. “El asunto Schoklender no solamente puso al desnudo a un gobierno corrupto, sino especialmente su efecto corruptor sobre las organizaciones populares que puso bajo su control por medio de la cooptación, la integración al Estado y la borocotización. A los que festejan la gestión kirchnerista desde sus poltronas de intelectuales acomodados, les decimos: Schoklender es el ícono ‘cultural' de vuestros menesteres”, dicen, como si hubiese sido el gobierno el que acercó a ese sujeto a las madres. Me parece que es un análisis que no permite una clara comprensión de la complejidad de los tiempos que estamos atravesando, y que sirve para sumarse a una campaña en la que los únicos que se benefician son la derecha (mediática, política, económica). Y además publican una nota que ¡¡¡LANATA!!!! publicó en ¡¡¡LIBRE!!! agrediendo de la peor manera a Aliverti. Eso ni es una noticia, ni tiene la seriedad para reproducirla en el diario de un partido trotskista. Es poco serio, y de una simpleza rayana en la violencia. Y entonces ese guiño de otra forma política no creo que aparezca.
Vuelvo a marcar: pluriclasista es la caracterización del modelo, no digo que sea esto positivo. Es lo que es. Y en su interior existen luchas entre las clases participantes, que dependen de las fluctuaciones que el proceso sufre. Obviamente, estoy con los trabajadores, con el pueblo; y no con Techint o la Barrick Gold.
Y los honestos luchadores son peronistas, y en determinado momento histórico, pueden reconocerse del peronismo de izquierda. Me parece mucho más intenso e interesante eso, que se “afilien al FIT, o lo que fuera” supones deberían hacer. Porque no es tema de “arreglar” el asunto de la lucha de clases dentro del peronismo (que no lo tiene que hacer un partido, sino los trabajadores), sino simplemente llevarla adelante, que significa lucha desde la toma de una conciencia de clase (en si y para si).
Algo que me interesa de una humorada que planteas: “(si me permitís la humorada, me parece poco probable que el Frente gane las elecciones de octubre)”. El asunto no es que pueda ganar, sino sobre todo ¿qué hacen si gana? ¿Y con quien? (si me permitís esta humorada).
6) Y vale la apuesta, aunque no la comparta. Pero insisto en que se basa en una errónea lectura de nuestra realidad. Y concuerdo en que hay que sostenerla, como yo hago con la mía propia. La verdad Eduardo me complace que las ideas que expresé te hallan permitido explayarte y utilizar este intercambio para “ordenar algunas ideas”, ni más ni menos. Concuerdo en el deseo de contagiar al debate de estas posiciones, que reitero son muy útiles para el campo nacional y popular. Estas líneas nacen de la necesidad de responder a algunas cuestiones puntuales que marcaste, y con la intención de que puedan llegar a ser utilizadas para pensar nuestra realidad. Te agradezco la dedicación con que leíste e interpelaste mis opiniones. Un fuerte abrazo.
(Agencia Paco Urondo)

12.06.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Eduardo: Gracias por considerar útiles las líneas que escribí y que fueron inspiradas en tu carta, y generar este debate. Al leer tu respuesta sentí que respetabas e interpelabas lo que dije; y me honra que asi sea, a la par que demuestra tu venturosa predisposición al intercambio de ideas. Quiero destacar también tu uso del humor y la ironía, tan difícil parece ser en estos días, pero fundamental en la mejor tradición política argentina. Te pido que leas estas líneas en igual sentido, que intentan escapar a la mera solemnidad.

De la respuesta que me dirigís, debo responder algunas cosas. Lo hago punto por punto, siguiendo tu propuesta para intentar ser más claro. E incluyo una introducción, que creo engloba un poco mi posición en el debate.
En sus mejores momentos, que no son solo por su propia construcción sino también por el contexto histórico que lo acompaña, el peronismo se transforma en algo asi como el ágora de nuestra patria. Los amantes de la democracia (quizás el mejor chiste de Barcelona sea eso de “el mejor sistema inventado por el hombre”) refieren siempre a Atenas y su ágora: espacio en el cual se discute y se construye la política. El peronismo es nuestro ágora, es un espacio posible de discusión y lucha, un campo de batalla.
Nuevamente es en el peronismo en donde la disputa se resuelve, en el marco y la profundidad que el pueblo le otorga. No hay vanguardias ni iluminados en ese espacio común. Son las tradiciones y las luchas que nos acompañan desde siempre las que marcan el camino, desde ese comienzo ambiguo en Mayo, pasando por aquella línea nacional: San Martín, Rosas, Perón. Y la profundización del proceso, con los pensadores nacionales que aportaron herramientas hacia una idea de socialismo nacional (distinto al estalinista, aclaro por las dudas). Esto nos permite rediscutir, de paso, aquello de que lo mejor del pensamiento peronista se dio durante la proscripción, tiempo en el cual los intelectuales nacionales produjeron obras para repensar lo que había pasado y lo que podía pasar. El medio pelo, Los profetas del odio, Imperialismo y Cultura, Apuntes para la militancia; entre otros. Porque también es cierto que el peronismo en el poder tiene el riesgo de los adulones, que son uno de los principales males del movimiento. Que a su vez, surgen en parte por los ataques impiadosos que de todas partes recibe el peronismo.
Hoy se ve en la discusión, en la participación política, que es dentro de estos limites donde encontramos la construcción social. La vitalidad del peronismo esta en la calle, y también en estos nuevos espacios de disputa política, de la generación 2.0, como la nombran. Yo vengo de otra historia, y las redes sociales no me entusiasman demasiado. Pero tomemos como ejemplo su propio texto, Eduardo: en el blog del IPS no tuvo mayores rebotes, en la pagina de la Agencia Paco Urondo ya lleva como 60 comentarios, que son las maneras en que quienes leen participan de la discusión. Esto sin dudas tiene que ver con la historia y la presencia que ya tiene la agencia, y la novedad del blog del IPS. Pero también, creo, refleja esta pertenencia en la disputa, el lugar que ocupa el peronismo en nuestra realidad.
También va quedando claro que aquellos que temían que este gobierno nos lleve a los ´70, ya tendrían que estar más tranquilos. Pero no es menos interesante ver como estamos en un proceso cercano a los ’50, a ese primer peronismo, pero tamizado por las lecturas de los ’70 y la experiencia histórica acumulada. La historia se repite, pero no como farsa; creo es una necesaria apoyatura para ver de donde venimos y hacia donde podemos ir. Y no es casual que surjan luego de las dos décadas infames (’30 – ’90) estos movimientos, y por eso el futuro es incierto, pero venturoso. Estamos recién recuperando y sembrando disputas que, creo, habrán de madurar en el pueblo. Y este sistema no puede contenerlas, los limites de un capitalismo de estado son estrechos cuando el pueblo forma conciencia. Estamos en esa apuesta, muchos (adentro y afuera). Pero hoy, acá, tenemos un pueblo y una presidenta en dialogo fundante, como hacia añares no veíamos en nuestra patria. Ante eso, uno debe acompañar, aprehender, criticar, participar.
Ahora respondo punto por punto:
1)      Dije colonia, referida justamente a lo que calificas luego con relación a los intereses entramados entre la burguesía local y las transnacionales imperiales. Claramente hemos logrado romper los lazos legales del coloniaje, pero no asi los económicos y culturales (que se ven también en nuestro pensamiento, demasiado apegado aun a estructuras del iluminismo europeo, sumado al desconocimiento de nuestra historia y nuestras tradiciones). La idea de “dependiente”, o “semicolonia”, por más que conceptualmente se ajusten a las cuestiones político-jurídicas, siempre me parecen como paliativos del grado de dependencia con el que convivimos. Siguen viéndonos como su patio trasero, estamos y estaremos en lucha hasta que la liberación sea alcanzada por todos los que comparten nuestra suerte. Por eso es fundamental la unión latinoamericana, y desde ahí la famosa Tercera Posición podría cobrar otro sentido (el cantito famoso entonces tendría que haber sido “Ni yanquis ni estalinistas, peronistas”, ¿no?).
Sobre este punto: los festejos serán en el 2016, un 9 de julio en que se cumplan los 200 años de la declaración de nuestra Independencia  (¿y será con la Patria Liberada?, si se me permite la humorada esperanzada). Mayo fue un pronunciamiento, pero justamente, no demasiado antiimperial. En el Bicentenario festejamos lo que este año Cristina destacó con claridad: Tenemos Patria. Es un festejo de nuestra nacionalidad, de nuestra conformación como país, de la importancia de que exista un Estado Nacional fuerte. Por eso que vayan 8 años no me parece tanto tiempo, si contextualizamos desde donde venimos y qué historia estamos recién reconstruyendo. Quizás tomo demasiado del positivismo marxista, pero estos pasos son fundamentales para poder construir algo que lo supere.
Por eso no tomo al país “burgués normal” como lo deseable; lo que quiero decir es que no podemos argumentar nuestra realidad como si fuésemos un país en uso de sus plenas libertades democráticas capitalistas (tema complejo, porque ¿donde existen?). Y entonces de allí suponer que la burguesía esta contenta (toda, como si fuese plena unidad, y no tuviese sus conflictos propios) porque marchamos hacia una normalidad. Porque esos intereses locales que juegan con el interés del imperio, no comulgan con un país que desarrolle sus capacidades productivas más allá de las requeridas por la metrópoli. En este punto dirás que no lo estamos haciendo, y acá entramos en datos de la realidad (con “polémicos” Morenos incluidos).
No le dejaron construir a Perón ese país burgués, y sembraron de sangre la nación por más de 20 años. Caídos el Pulqui, y toda industria nacional que no fuese subsidiaria de transnacionales. Acá quiero remarcar, antes que la historia comience a conjeturarse, que asi como el primer peronismo no vino a frenar ninguna revolución, tampoco el kirchnerismo freno un proceso revolucionario. Que lo que tenemos es parte de la construcción social de estos años, y ese devenir no fue implantado desde arriba, como algunos quieren simplificar para entender lo que les es inasible. Pueden decir que el peronismo es desviacionista (por el tema de la conciliación de clases), pero no presentar un panorama que no existe.
La lucha claramente es antiimperialista y anticapitalista, y es sin dudas una articulación. Esta es mi visión, no necesariamente la del colectivo que formo parte y quizás menos de la dirección del movimiento al que apoyo en mi accionar. También soy libre en mi decir y en mi pensar, y esa libertad la busco y la construyo desde adentro. No porque crea que “hay que estar adentro para cambiar las cosas” (pensamiento que siempre considere reaccionario), sino porque creo que este adentro tiene en su interior ese potencial. No porque haya que bancarse la mierda del adentro “porque asi funciona”, sino porque en su misma constitución tiene el potencial de un cambio radical de nuestra realidad. No son estructuras a las que uno se suma para cambiar; el cambio esta dentro de esas estructuras. No se es una vanguardia dentro del peronismo, o una “izquierda del modelo”. Lo complejo y fascinante de este movimiento de masas es que lo contiene en su interior (voy a volver con esto, es difícil separar en puntos el pensamiento)
Es un tema oculto y oscuro el de la participación en Haití. Y no somos solo nosotros los que ahí estamos, sino varios países hermanos. Los criterios de cascos blancos deben ponerse en discusión; como así también la Ley antiterrorista, que genera un marco legal peligroso. En esto creo que este debate nos ayuda más a quienes apoyamos al modelo, para asumir los conflictos y los errores sin miedo. Pero también, no decís nada de UNASUR, por ejemplo, que creo es una de las medidas de política exterior más trascendentes que tuvo la Argentina en su historia. (Y en estas listas, no nombras a Jorge Julio López o a Luciano Arruga, creo que para no agobiarme con más complejidades)
Las medidas que mencionas que faltan están en proceso de discusión, pero en ese sentido aun no son las masas las que las esgrimen, que apenas conocen el estatuto del Banco Central, por ejemplo. Es un proceso en el que, lamentablemente, falta que el apoyo popular también pida claras profundizaciones. ¿Es solo el gobierno el que debe generarlas? ¿El entramado social no cumple ningún papel en dicha profundización? ¿Le cabe solo al Estado empujar a las masas? ¿Que pasa en nuestro marco social mientras nosotros debatimos?
 
2)      Retomo para esta segunda nota: las masas no están en las calles pidiendo claramente que esto se profundice. Ahí tenemos todos un problema, porque a este modelo no lo están superando las bases por izquierda. Se pide nunca menos, pero aun no esta tan claro en los sectores sociales qué queremos más. Y son ellos los que profundizan, “con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”. (Si, tengo cierta formación setentista, aunque tenga 31 años. Mis lecturas e intereses me llevaron por ahí, hace ya mucho. Pero no lo veo como un defecto, como me parece que vos lo planteas. Tampoco creo que esas herramientas sirvan para leer cualquier realidad, o tan siquiera la actual. Pero quizás ciertos términos e ideas a vos te resuenen con más fuerza que a mí como setentistas.) Entonces, ¿a qué masas se moviliza y cómo? Lo potencial esta aun a la espera, y creo que llegará su momento. Por ahora es un apoyo masivo, sí, pero casi a la espera. En esto después dicen que “arrastra a las masas”, que los mueve clientelarmente; los actos masivos nunca son valorados por aquellos sectores que no se acercan a vivenciarlos. En esto Sarlo merece cierto crédito, se mete en ese barro para verlo, aunque después siga diciendo las mismas cosas (tiene cierta impermeabilidad al peronismo, sin dudas). Sí, no es tan populista este modelo por ahora, pero no estamos ante una sociedad histórica y culturalmente politizada como, por ejemplo, la boliviana. Ahí si parece ser que las bases son un tanto más revolucionarias que su conducción, y Evo debe conducir enfrentando también a fuerzas opositoras de derecha temerarias.
Aclaro que no defiendo la paz social que esta siendo convocada por Cristina; en mi texto estaba caracterizando al modelo (esto creo no te quedo claro en la anterior ¿carta?) , con el que en varias cosas tengo conflictos. Esa alianza con los empresarios nunca funcionó, porque estos no tienen patria ni razón; lo único que los mueve es su interés. Pero me parece que este modelo representa la situación actual de nuestra sociedad, y permite vías de profundización.
La tolerancia para la movilización no tiene que manejarla el gobierno, sino que son las bases las que la hacen presente en su accionar. El limite se encuentra buscándolo. Y en estos días gano Cavalieri, Gioja puede ser reelecto tranquilamente, poca “gente” se acercó al campamento Qom o sintió propia esa lucha. No quiero con esto caer en que esto es lo que hay, sino en complejizar la cuestión de lo que el pueblo argentino esta demandando. Porque me suena simplista decir  “Y bueno, claro, es que convocar a la movilización de las masas es un arma de doble filo: se sabe cómo empieza, pero no a dónde conduce”. Y ahí el ´55 todavía nos queda muy grande, efectivamente había obreros que pedían a gritos las armas en la calle para defender a su gobierno, y Perón no se animo (no así Evita, que hacia rato veía esa salida). Ese ejemplo lo pones vos, no yo. ¿A donde irían hoy las masas? ¿A donde fueron en el 2001? Lo complejo del asunto es que no interesa tanto adonde quiere ir el gobierno, sino adonde van los sectores populares. Porque sino es todavía sentirse vanguardia, que sabe por donde debe conducir al proletariado (yo digo también pueblo, que sé no gusta mucho pero en nuestro país es casi un sinónimo, sobre todo para los trabajadores). Y es acá donde separo la cuestión del gobierno y del poder: el apoyo popular es poder, pero también lo es el del imperialismo; y aun estamos en desventaja.
El entierro de Kirchner fue una demostración de ese apoyo popular: el mandato fue ¡Fuerza Cristina, ni un paso atrás! Desde una óptica revolucionaria, quizás sea una consigna defensiva. Pero no la impuso Cristina ni sus aliados (este es otro asunto: decir tan fácil que Menem y Rico son aliados del gobierno, es comprarle las noticias a la prensa burguesa que tanto criticamos,  es un tanto más complejo el asunto; y están los que se suben al bote sin que se los invite, sobre todo si el bote es ganador); la decía el pueblo. Ése, que esta ahí y que es real, posible, tangible. Y que ofrece que no haya limites potenciales, mas allá que este modelo llegue a estar la altura de la historia (que tiene, creo, todo para estarlo, y que hasta ahora lo ha estado).
¿Y a que otra cosa apostar? ¿Y con quien? ¿Entre nosotros, cocinándonos en nuestra salsa? Ahí aparece algo que me resulta interesante marcar: decís “  las masas tendrán que hacer, como siempre, su propia experiencia”. No, Eduardo, la están haciendo. Ahora, acá. Este modelo es un proceso en que las masas están apostando su futuro, construyéndolo. Entiendo que lo decís como figura de lo que pueda pasar, pero me interesa porque pareciera ser que no esta pasando ahora. En este momento, hay una situación en que una gran mayoría del pueblo argentino apuesta su futuro a un modelo y a una conductora, y nuevamente lo hace dentro del peronismo. Después retomo esto, que lo trabajas mas adelante. Pero no creo que el limite sea el de la “normalidad burguesa”: Porque los que corren el limite son los pueblos. Y puede ser que cuando se pasan de lo que quieren o les conviene al imperio o a sus dirigentes, les hagan tronar el escarmiento; no seria la primera vez. Pero el proceso esta abierto, y no sabemos en que termina. Puede terminar en la normalidad que la burguesía acuerde en otorgar, y que el pueblo quiera soportar (para no soñar despierto, concedo esto). Pero el suceso es que no esta preasignado, creo.   (Agencia Paco Urondo)

09.06.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, por Horacio Bustingorry) En la Agencia de “servicios” de prensa Urgente 24 el otrora agente de la SIDE, Edgar Mainhard arremetió contra la Paco Urondo y especialmente contra uno de sus integrantes, Daniel Kaminszczik. El motivo que movilizó a Mainhard a criticarnos fue nuestra publicación de la editorial de Beatriz Sarlo en el Nº 42 de revista “Los Libros” y la opinión de Daniel sobre el mismo. El escrito de Sarlo analizaba la situación política posterior a las movilizaciones obreras de junio y julio que voltearon el plan de ajuste pergeñado por Celestino Rodrigo y López Rega.

El súper agente 86 Edgar Mainhard
Mainhard da a entender que la publicación de la nota y el artículo crítico elaborado por Daniel son producto de una devolución de favores. Para un mercenario de la talla de Mainhard la existencia de la agencia sólo es explicable como parte integrante del Frente Para la Victoria (como si el Frente fuese una orgánica) y a sus integrantes como militantes a sueldo del kirchnerismo. Según ese razonamiento la crítica a Sarlo elaborada por Daniel sería parte de ese “trabajo”. Mainhard dice al pasar que Kaminszczik se ha desempeñado como Orientador del Programa “Argentina Trabaja” utilizando un tiempo verbal que pone en duda su continuidad en dichas tareas.
Daniel actualmente sigue ejerciendo su rol de orientador. Realiza tareas de promoción social en la cooperativa que se desempeña para brindar asesoramiento a sus integrantes y se encarga de comunicar diferentes aspectos que hacen a la economía social y solidaria. Para esta última labor recibe permanente capacitación del Ministerio de Desarrollo Social de Nación en coordinación con los Ministerios de Salud y de Educación. Además, ejerce otras tareas adicionales como la moderación en foros para intercambio de experiencias y asesoramiento a los cooperativistas para el mejoramiento del Programa. Tal vez toda esta información sea innecesaria para un experto en tareas de inteligencia como Mainhard.
El capítulo histórico
No conforme con sus difamaciones, el agente arremete contra algunos argumentos de la nota de Daniel. Mainhard plantea que las protestas contra Rodrigo formaron parte de un plan de la dirigencia sindical para voltear a Isabel y reemplazarla por Italo Luder. Si bien es lícito plantear que las movilizaciones no fueron espontáneas es imposible desconocer la absoluta legitimidad que tuvieron las medidas de fuerza en las bases obreras. Sea por las medidas iniciales emprendidas por las coordinadoras interfabriles o por la posterior centralización de la lucha a nivel nacional llevada a cabo por la CGT, las masas siempre dieron su apoyo a la protesta.
El planteo de que las movilizaciones contra Isabel constituyeron un plan de desestabilización no se sostiene por dos razones. Por un lado la consigna de la UOM el 24 de junio y de la CGT el día 27 fue “Isabel Coraje, al brujo dale Raje”. Esos días todos los dardos apuntaron a los mentores del plan de ajuste pero evitaron poner en cuestión la autoridad presidencial. El objetivo era que Isabel retomase el programa iniciado por Cámpora el 25 de mayo de 1973 -luego continuado por Perón- y abandonase definitivamente toda política favorable a los sectores dominantes. La inteligente dialéctica sostenida por los dirigentes sindicales seguramente resulte incomprensible para Mainhard.
Por otra parte su visión de la historia es completamente retrógrada. La completa arrogancia de Mainhard es directamente proporcional a su desconocimiento de las (no tan) nuevas concepciones historiográficas que su anquilosada visión decimonónica le impide siquiera vislumbrar. Partir de la idea que la historia sólo la hacen los grandes personajes y desconocer la importancia de las masas es reducir todo hecho histórico a intrigas palaciegas y chismes de salón. Las movilizaciones de 1975 dirigidas por la izquierda peronista y no peronista y las medidas de fuerza tomadas por las direcciones sindicales ortodoxas expresaron de manera fehaciente demandas que provenían del conjunto de los trabajadores.
La historia debe ser repensada, rediscutida y revisada. Nunca está demás reflexionar sobre nuestro pasado reciente. Daniel lo hizo desde su propia experiencia y práctica militante en los 70 y en la actualidad, desde las convicciones del pasado y desde su posicionamiento en el presente. Sus escritos en la Agencia surgen de su condición de militante y no de su participación en el Programa “Argentina Trabaja”. Quiénes integramos la Paco Urondo somos kirchneristas por convicción y no porque debamos favores. Tal vez para un charlatán ex agente de la SIDE sea imposible entender el significado de la palabra militancia. Los “servicios” de Mainhard, en cambio, seguramente cotizan a buen precio. (Agencia Paco Urondo)

09.06.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Hace unas semanas, el intelectual Eduardo Gruner publicó un artículo a favor del Frente de Izquierda conformado por diferentes fracciones de ese espacio ideológico - político (ver texto). El militante de La Paco Urondo, Juan Ciucci, propuso una respuesta para continuar con el debate (ver respuesta). Ahora, Gruner sumó un nuevo escrito a la discusión.

 
Estimado Juan:
Ante todo, quiero agradecerte profundamente la buena voluntad y auténtico compañerismo que demostrás en esta discusión. No es –al menos en mi experiencia personal- la actitud predominante en estos días “crispados”, y sí es algo que ayuda a lo que vos mismo calificás –y estoy plenamente de acuerdo- como un “debate fundamental” (y me alegra que ese debate haya llegado a este blog: no es bueno recocerse en la propia salsa). No es poco lo que se juega, y es por eso que esa “buena voluntad” es tan imprescindible como la pasión y firmeza en la defensa de las propias convicciones. Mi apoyo al Frente de Izquierda –lo he dicho y escrito ya muchas veces- es lo que suele denominarse una “apuesta pascaliana”, con todos los riesgos que ella implica: está atravesada por toda clase de reservas, de críticas, de dudas, de prevenciones. Creeme que conozco bien las limitaciones y contradicciones de nuestros partidos de la izquierda tradicional, las vengo sufriendo desde hace unos 45 años (es toda una confesión pública de mi edad, dicho sea de paso). También, por la misma razón, las del peronismo. Y estas últimas, menos “desde afuera” de lo que se podría pensar: contra lo que algunos comentaristas del blog “Paco Urondo” parecen creer, no tengo una gota de “gorila”, de “anti-peronista”, de “anti-nacional”. Como hombre de izquierda, y sin haber renunciado a esa “identidad”, me ha obsesionado siempre la “cuestión nacional” y latinoamericana; he escrito muchos largos textos sobre el tema, muchas veces en polémica con ciertas rigideces de esa izquierda “tradicional”, justamente porque –al fin y al cabo soy lo que se suele denominar un “intelectual”, para bien o para mal- entiendo el enorme valor de los símbolos, las “identificaciones imaginarias” y sus efectos bien materiales , todo eso. Nadie tiene por qué conocer mi (modestísima) historia política e intelectual, pero uno esperaría que –justamente por tratarse de un debate importante- se escribiera un poco menos prejuiciosamente y un poco más “informadamente”. En fin, ya volveré sobre esto si hay tiempo. Los temas que vos planteás, Juan, son muchos y muy profundos. No estoy seguro de poder responder a todas las cuestiones implicadas, pero intentaré empezar hacerlo en esta primera parte de mi respuesta, aunque sea telegráficamente, con las que se me antojan centrales:
1. Calificás a nuestro país (dos veces) como “colonial”. Se entiende como metáfora elástica o como consigna “setentista” (Patria sí, Colonia no, etc.). Como categoría teórica, política e histórica, no estoy de acuerdo: es “semi-colonial” o “neo-colonial”, o en todo caso –como también se decía en los 60 / 70- “dependiente”. La distinción es importante, porque supone diferentes políticas de confrontación. Habiendo superado el estatuto “jurídico” de colonia hace ya 200 años (¿o qué se festejó oficialmente, si no, en el famoso Bicentenario?), un proyecto de liberación verdaderamente radical combina necesariamente la lucha nacional (y continental) contra el imperialismo con la lucha social por la emancipación de los sectores oprimidos. Es una articulación entre el “afuera” y el “adentro”, dimensiones cuya frontera es cada vez más borrosa en tiempos de “globalización” (es decir, parafraseando a Samir Amin, de “mundialización de la Ley del Valor del Capital”). Si nos quedamos en la dicotomía Colonia versus Imperio, la imagen es la de dos bloques más o menos homogéneos y externos uno al otro: ¿dónde está en ese esquema la “lucha de clases” que vos mismo invocás? El Imperio no es una exterioridad , lo tenemos adentro . No existe hoy esa entelequia llamada “burguesía nacional” (quizá todavía se pueda encontrar algo de eso en Brasil o Mexico, aunque tengo mis dudas; en todo caso, seguro que aquí no: se intentó “inventarla” en el período de “sustitución de importaciones”, algo que irónicamente iniciaron los gobiernos conservadores en la década del 30, aunque lo profundizó el peronismo pre-Congreso de la Productividad / contratos con la Standard Oil; aún con estas “agachadas”, a Perón no lo dejaron construir un “país burgués normal”, y fueron las salvajadas gorilas, anti-populares y abiertamente pro-imperialistas a partir del 55 las que retroactivamente hicieron del peronismo un “hecho maldito”). ¿Qué quiero decir con todo esto –sin que sea para vos ninguna gran novedad-? Que los intereses de la tímida burguesía local que pueda existir están íntimamente entramados con los de las transnacionales imperiales, y que todo el sistema productivo argentino –aún con las medidas “redistributivas” que se tomen- depende de ese entramado. Por supuesto que con el ALCA eso sería todavía peor, y es de festejar que nos abstengamos, pero el “no al ALCA” no basta para alterar esa estructura básica. No basta, pues, con una política exterior de autoproclamada “independencia” (que sin embargo no vacila en colaborar estrechamente con el Imperio también en el “exterior”, por ejemplo manteniendo las tropas argentinas en la pobre Haití, para no mencionar el pago de la deuda externa o las leyes “anti-terroristas”). ¿Qué se ha hecho realmente contra ese entramado? (no me van a decir que el tironeo por la 125 –que en su momento yo defendí, por cierto- era eso, cuando por otra parte en los últimos años “K” se más que duplicó la superficie de soja a favor de Monsanto y Cía). ¿Que esos procesos son lentos y complejos? ¡Pero ya van ocho años! ¿Y dónde está realmente eso en el programa de gobierno para los próximos cuatro (total: doce)? ¿Dónde está una reforma fiscal radicalmente progresiva, que podría “redistribuir” mucho más profundamente con sólo ponerle un palito en la rueda de las ultra-mega-ganancias que las multinacionales han obtenido en esos mismos últimos ocho años? ¿Dónde está la reforma profunda de la Ley de Entidades Financieras que seguimos arrastrando como “pesada herencia”? ¿y el Estatuto del Banco Central? Obsérvese, por favor, que no estoy hablando de revoluciones sociales, banderas rojas o trincheras proletarias: apenas de reformas que nos pondrían, sí, en el camino de un país burgués-nacional “normal” (y, entre paréntesis, cuando decís que no nos dejaron ser un país “burgués normal”, ¿eso que quiere decir? ¿Qué sería lo deseable?). Pero ni siquiera hemos llegado a eso.
2. ¿Por qué no se hace todo lo anterior? ¿Por falta de “poder” (que vos diferenciás tajantemente del “gobierno” –otra vez, como se hacía en los 70-)? ¡Pero si vos mismo decís –y yo admito- que este gobierno tiene un enorme apoyo popular! ¿Eso no es poder ? ¿O cuando decimos “poder” pensamos solamente en la lógica “burguesa”, es decir económico-parlamentaria, y no en el inmenso poder potencial de las movilizaciones de masa , que no han sido convocadas ni siquiera para defender cosas como la 125, y por lo tanto no hay por qué pensar que lo serán para defender medidas que no se han tomado, como las citadas más arriba? ¿Entonces, a veces no habría que ser ”populista” en serio , y legítimamente sortear las “trenzas” legalistas ejerciendo las presiones multitudinarias que correspondan en defensa de la famosa “profundización”? Por supuesto que no: convocar esa movilización –no digamos ya permitir que las masas se autoorganizaran en forma autónoma para defender sus propios intereses- correría el riesgo de un deslizamiento más explícito hacia esa “lucha de clases” que vos con toda razón invocás, pero ciertamente no el gobierno (que más bien, y por boca de la mismísima presidenta, se ha manifestado repetidamente en contra de la “lucha de clases”, exhortando enfática si no amenazadoramente a una “paz social” que vos defendés…¿en nombre de qué?¿de la sacrosanta “gobernabilidad” burguesa ?). Quiero decir: ¿hasta dónde se estiraría, aún si se convocara, la tolerancia con semejante movilización? ¿Hasta protestar por el despojo y masacre de los Qom pero no por la alianza del gobierno con Insfrán? ¿Hasta protestar por la minería contaminante pero no por la alianza del gobierno con Gioja? ¿Hasta denostar los siniestros 90s pero no las actuales alianzas con Menem y tantos otros “noventistas”? ¿Hasta “indignarse” –palabrita de moda- por el asesinato de Mariano Ferreyra pero no por la alianza del gobierno con la burocracia sindical? ¿Hasta empujar la “profundización” de los Derechos Humanos pero sin cuestionar la alianza con Aldo Rico, ni digamos ya investigar el rol protagónico de las grandes multinacionales (Ford, Wolkswagen, etc.) en la tortura, desaparición y asesinato de los militantes sindicales? ¿Hasta recordar ceremonialmente la “gesta” de los 70 pero sin retomar en los hechos lo actuado por la resistencia o la CGTA (fijate que ni siquiera estoy haciendo “salir” la “lucha de clases” de adentro del peronismo, el “más alto nivel de conciencia a que llegó la clase obrera argentina”)? Y bueno, claro, es que convocar a la movilización de las masas es un arma de doble filo: se sabe cómo empieza, pero no a dónde conduce. Entonces, si no se hace –como no lo hizo el mismísimo Perón en 1955 contra la opinión de Cooke y otros-, ¿no estoy en mi derecho de pensar que no se quiere hacer, que lo que se quiere es garantizar la “normalidad burguesa”? ¿Qué quizá ese sea su “norte preasignado”, aunque a veces –cada vez menos- lo fije con un estilo “decisionista” que perturbe las hipocresías republicano-liberales? ¿Que, si “fluctúa según las fuerzas en pugna dentro de la sociedad”, no obstante no fluctúa tanto como para permitir que esas “fuerzas” lo empujen más allá de aquellos límites que acabamos de enumerar? Porque, entendámonos: esos límites son , para el “modelo”, insuperables: si no fuera así, ya lo hubieran hecho, apoyándose en la movilización “consciente” de las masas. Por lo tanto, no es –como vos concedés- que hay un “esquema de poder que podría tender al quietismo”. Este “quietismo” ya es el esquema de poder (¿o de “gobierno”? ¿en qué quedamos? ¿hay “poder” o no?) “realmente existente”. Y si es así, ¿qué más hay que esperar? ¿por qué no apostar a otra cosa , que modifique sustantivamente ese “esquema de poder”? Desde ya: construir esa “otra cosa” no va a ser tarea de ninguna “vanguardia iluminada”, llámese Frente de Izquierda o de cualquier otra manera (no hago una cuestión de nombres, aunque no veo por qué tendría que renunciar a la palabra “izquierda”): las masas tendrán que hacer, como siempre, su propia experiencia. Pero sería un completo oportunismo de nuestra parte callarnos la fundada opinión de que, dentro del actual “esquema de poder”, esa experiencia tiene límites muy precisos: los de –perdón por la insistencia- la “normalidad burguesa”. (Sigo en la próxima) (Agencia Paco Urondo)