fbpx Cultura | Page 239 | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Cultura
30.05.2011

Córdoba (Agencia Paco Urondo, por Esteban Collazo, gentileza Sergio Pindo) El 29 y 30 de mayo de 1969, trabajadores y estudiantes se adueñaron de las calles de al ciudad de Córdoba para repudiar la política económica de la dictadura de Juan Carlos Onganía, la represión y el asesinato de obreros.

Atilio López fue uno de los gremialistas más influyentes de la gesta obrera de mayo de 1969 conocida como el Cordobazo, junto a otros exponentes del sindicalismo combativo de esa época, como el “Gringo” Agustín Tosco, Elpidio Torres y René Salamanca. En un diálogo con Télam, la hija de “El Negro” López, Patricia, recordó los preparativos de las históricas jornadas del 29 y 30 de mayo, la represión, la detención de su padre, su escape de las celdas policiales, su lucha hasta llegar a la vicegobernación de Córdoba, su posterior derrocamiento y asesinato salvaje en Luján a manos de la Triple A. “Estoy orgullosa de lo que hizo mi padre, pero durante mucho tiempo lo necesité y él estaba siempre en su gremio, con sus compañeros, con los trabajadores. Él tenía esa misión, y yo ahora de grande lo entiendo y la comparto”, relató Patricia, que era sólo una niña cuando su padre fue ejecutado.
En 1969, Onganía había echado por tierra la Comisión del Salario Mínimo, Vital y Móvil, lo que provocó un congelamiento de los salarios; impuso el arbitraje obligatorio en los conflictos laborales y una ley de represión automática para huelgas y conflictos.  Además, intervino sindicatos y suspendió sus personerías gremiales, en tanto que modificó la Ley de Indemnizaciones por despidos y aumentó la edad para jubilarse. Ese fue el caldo de cultivo para el Cordobazo.
Olvidado y silenciado por la historia oficial y la cultura hegemónica que dominó la Argentina durante los últimos años del siglo pasado, Atilio López se convirtió en uno de los máximos dirigentes sindicales del Movimiento Obrero Organizado, referente del peronismo revolucionario y al mismo tiempo se transformó en un personaje “maldito” al decir del historiador Norberto Galasso. Negro, peronista y referente de la clase trabajadora, para muchos un “cuco”.
“Mayo de 1969 fue muy especial para Córdoba, a principios de mes ya se venía gestando en distintos sindicatos que algo iba a suceder, en especial en el sindicato que conducía mi padre, que era la UTA”, consideró Patricia López. “Él ya había decretado un paro de 48 horas y cuando decía ‘paro Córdoba’ lo paraba realmente”, aseguró López, y añadió que “luego, los de SMATA (Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor de la República Argentina) empezaron a hacer asambleas en distintas fábricas, y en paralelo se empezaron a reunir a los estudiantes universitarios, salían de las aulas y hacían asambleas populares.”
Así se fue gestando el Cordobazo, explicó la hija de “el Negro”, y describió que en esos días “mi padre se reunía en mi casa con Agustín Tosco y con René Salamanca, que eran personas muy especiales realmente, que vivían como mi padre la defensa del trabajador”.
“Un día cuando mi padre se va de casa le dice a mi madre ‘agarrá mucha ropa, llevá los chicos a la casa de tu mamá, porque no sé qué va a pasar hoy en Córdoba’. Y mi mamá le pregunta: ‘¿Vas a volver a parar Córdoba?’ ‘Sí, pero ya no solo. Se para totalmente’, le responde mi padre”, relató.
En cuanto a la represión sangrienta de la policía, en la que asesinaron al obrero mecánico Máximo Menna y provocó la furia de los trabajadores y estudiantes, que se adueñaron de la ciudad, la mujer recuerda que ella se encontraba junto a su familia en las afueras de Córdoba con unas pocas noticias que llegaban a través de la radio.
“Por la mañana, empezaron a salir de las fábricas los trabajadores de Fiat, de Renault y de otras fábricas, además de los estudiantes, todos pacíficamente, y en un momento hay un estallido grande y empieza el enfrentamiento con la policía”.
Años más tarde, en 1973, cerca del retorno de Perón al país, Atilio López es electo vicegobernador de la provincia por el voto popular, como compañero de fórmula de Ricardo Obregón Cano. Pero ambos serían depuestos a los nueve meses por un grupo de policías encabezados por el teniente coronel Antonio Domingo Navarro, jefe de policía de la provincia. “Cuando mi padre se entera que Perón quería que fuera candidato, a él le costó mucho porque temía lo que fueran a pensar sus compañeros, los obreros”, recordó Patricia, y aseguró que “los mismos compañeros de la CGT le decían ‘ahí podés defender mejor nuestros derechos, seguir trabajando para nosotros, ¿cuándo uno de nosotros llegó ahí?’”. “Estuvo amenazado muchas veces, por eso nos cuidaba tanto –continuó Patricia–, pero luego de dejar el gobierno no se imaginaba que le podría pasar algo.”
En ese momento, sin trabajo, Atilio López viaja a Buenos Aires en busca de un empleo y se hospeda en un hotel porteño, donde lo secuestra la Triple A, paradójicamente un 16 de septiembre, aniversario de la Revolución Fusiladora que derrocó a Perón en el ’55.
“Cuando lo van a buscar al hotel, él estaba bien vestido y preparado para ir a la Casa de Gobierno, y le dice al conserje ‘avise a mi familia que me llevan a la Casa de Gobierno’ y lo llevan a Capilla del Señor, y en ese pueblo lo matan”, relató emocionada Patricia. “Fue muy alevosa la forma en que lo hicieron: no fue un tiro y ya está, no, 120 le dieron. Mis tíos no pudieron reconocer el cuerpo”, señaló.
“Era un simple colectivero que se dedicó a la vida gremial, y mi padre decía ‘el día que yo me muera voy a parar Córdoba’ y nosotros nos reíamos. Y efectivamente, el día que falleció dieron asueto durante dos días y Córdoba se paró totalmente.  Fue impresionante, cuadras y cuadras de gente, cientos de coronas, fue algo muy especial el entierro de mi padre. Salimos de mi casa a las 14 y llegamos al cementerio San Gerónimo a las 23, porque lo llevaban en andas”, rememoró.
Por último, Patricia recordó el sentimiento de su padre por Perón y Evita, y aseveró que “cuando nos hablaba en la mesa, lo hacía con un énfasis impresionante, tenía admiración, sobre todo cuando se refería a Eva. Y cuando fue a visitarlo a España a Perón, mi padre le dijo ‘General si usted quiere volver, va a ser bienvenido, los obreros lo estamos esperando’”.  (Agencia Paco Urondo)

29.05.2011

 
Capital Federal (Agencia Paco Urondo, en Página 12) La visita de la ensayista Beatriz Sarlo al programa 6,7,8 tuvo una merecida repercusión. Introdujo en un medio tan ubicuo y paupérrimo como la televisión un debate político necesario, lo cual merece todo encomio, para la invitada y sus anfitriones. Si no pudieron profundizar los temas discutidos, fue antes por las limitaciones intrínsecas del medio que por deficiencias de ellos. Más propicio para ese fin son el papel y la letra impresa. Lo que sigue no es un comentario del último libro de Sarlo(1), que contiene opiniones sobre medios y estilos de comunicación, sino apenas una discusión de aquellos tramos en los que plantea algunas cuestiones políticas.
 

El campo del debate
Sarlo afirma que “el campo” no había sido enemigo de Kirchner “hasta la resolución 125” y después se convirtió en su “enemigo principal”, cuando en realidad sólo se trataba de una “mera disputa por la renta”. Agrega que “hasta el enfrentamiento con el Grupo Clarín, cuyo inicio coincide con el conflicto con el campo, el kirchnerismo no había agitado la necesidad de una nueva ley de medios audiovisuales. No era una cuestión de principios ni una cuestión programática. Iniciado el conflicto con Clarín se convirtió en ambas cosas”. También sostiene que desde que Kirchner favoreció al grupo con la extensión de licencias “no había sucedido otra cosa que el cambio de línea editorial del diario”, por lo cual la ley de medios de comunicación audiovisual habría constituido una mera venganza. De este modo, y sin más trámite, desdeña la magnitud y la gravedad del desafío que la oligarquía diversificada (según la definición de Eduardo Basualdo) planteó en la disputa por las retenciones que, tal como Sarlo sostiene, adquirió una dimensión simbólica. En ella se jugaba el destino de la democracia en la Argentina, agrego yo. Es imprescindible recordar que el Grupo Clarín no sólo es socio de La Nación y de las patronales rústicas en la megaferia Expoagro, en la que se cierran cada año negocios por 300 millones de dólares, sino que desde la Asociación Empresaria AEA conduce junto con la trasnacional italiana Techint a la fracción dominante del capitalismo en la Argentina, que dos de sus voceros, Hugo Biolcati y Mariano Grondona, vaticinaron entre chanzas que Cristina no terminaría su mandato y que, una vez fracasado ese intento, el CEO del Grupo, Héctor Magneto, reunió en su casa a los jefes de la oposición política para urgirlos a encontrar una combinación electoral que permitiera derrotar al gobierno. Sarlo realiza una crítica cultural a partir de afirmaciones e imágenes instaladas por ese mismo poder agromediático. La inteligencia de su especulación intelectual no puede suplir tamaña falla de origen en los cimientos de la obra, que pierde densidad al rebajar a la autora al nivel de sus interesadas fuentes.
Licencia para divagar
La prórroga por diez años de todas las licencias de radiodifusión, dispuesta en mayo de 2005 por el decreto 527, no fue un favor al Grupo Clarín (que acababa de renovar las suyas) sino a sus competidores de los canales de televisión 2 y 9, que las tenían a punto de vencer y para colmo estaban en convocatoria de acreedores. Esto era causal de extinción de las licencias, según el artículo 53, inciso c, de la ley de radiodifusión 22.285 vigente entonces. En tal caso, Clarín reinaría sin competencia, dado que el restante canal de aire, en manos de la española Telefonica, se abstenía de cualquier intervención política. El entonces secretario de Comercio, Guillermo Moreno, intercedió ante Telefonica para que condonara o refinanciara la deuda que Daniel Hadad contrajo al adquirir el canal 9, como informó este diario oficialista el 26 de diciembre de 2004. Cuando esas gestiones fracasaron, Kirchner acudió a la prórroga de las licencias. De ese modo revalorizó a los contrincantes del Grupo Clarín y los rescató de la quiebra. Es decir que ya en el segundo año de su presidencia, Kirchner estaba prevenido contra la enorme concentración de poder mediático en un solo grupo, que además procuraba expandirse al campo de las telecomunicaciones, para lo que solicitaba el apoyo oficial. Que no lo haya enfrentado entonces obedece a debilidad objetiva y subjetiva. “Hay cosas que no me animé a hacer, para no de-sestabilizar, para no profundizar, y que, gracias a Dios, Cristina las está haciendo”, dijo en enero del año pasado (“Hombre de la Plaza Rosada”, Página/12, 10 de enero de 2010). Una vez más, la cronología ayuda a comprender los procesos. En diciembre de 2007, tres días antes de su conclusión, el gobierno de Kirchner había autorizado la operación conjunta de Cablevisión y Multicanal, si se cumplían las condiciones de desmonopolización señaladas por el Tribunal de Defensa de la Competencia. El 4 de abril de 2008, a diez días del primer lockout agropecuario, la presidente recibió a los directivos de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y el 16 de abril a los miembros de la Coalición por una Radiodifusión Democrática, quienes le presentaron los “21 puntos por el Derecho a la Comunicación”en los que desde 2003 trabajaron 300 organizaciones sociales y cooperativas, sindicatos, universidades, organismos de derechos humanos, asociaciones de radiodifusores y radios comunitarias y le solicitaron que reformara la vetusta ley de Radiodifusión, sancionada por Videla en 1980 y empeorada por Menem diez años después.
Un año de debate
Transcurrió un año de debates, seminarios, foros, mesas redondas, en los barrios, los sindicatos, las universidades, Concejos Deliberantes y Legislaturas provinciales antes de que CFK presentara su primer anteproyecto, que recién se convirtió en proyecto de ley luego de otro semestre de apasionados foros regionales realizados en todo el país. También las dos cámaras del Congreso realizaron sendas rondas de consulta con las organizaciones de la Coalición y con aquellas que representaban a los intereses económicos en juego, incluyendo a las autoridades del Grupo Clarín, que se negaron a concurrir aduciendo que las decisiones ya estaban tomadas. No hay otra ley discutida con tan alto grado de participación en la historia argentina, y sólo el Código Civil del siglo XIX puede competir con ella en cuanto a anotaciones de legislación comparada. Con una desventaja: aquel Código fue obra de un solo hombre, Dalmacio Vélez Sarsfield, y se aprobó a libro cerrado en el Congreso. Podría decirse que Cristina se apropió de las propuestas para la democratización de las comunicaciones que elaboraron las organizaciones fundadoras de la Coalición y que tenían un antecedente fundamental en los proyectos del ex presidente Raúl Alfonsín, elaborados por el Consejo para la Consolidación de la Democracia pero nunca aplicados, como tantas otras buenas iniciativas de aquel malogrado gobierno. Más costaría fundamentar qué tiene de malo que un gobierno elegido por el voto popular adopte las reivindicaciones que provienen de los sectores más avanzados de su propia base electoral. Lo mismo hizo Cristina con la Asignación Universal por Hijo, que también surgió de fuerzas políticas y sociales ajenas a la propia y que durante años fue resistida por el gobierno. La laboriosa ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, y su hermano presidente objetaban ese tipo de transferencia directa de ingresos, y en su lugar privilegiaban la reducción del desempleo, para que cada cual se ganara con mayor dignidad el sustento. Pero, igual que en otros campos, fue el éxito de esa política (con la creación de cinco millones de puestos de trabajo y la caida del desempleo a los niveles de hace un cuarto de siglo) el que puso en evidencia sus limitaciones y la necesidad de superarlas. Cristina pudo adoptar la AUH porque antes había recuperado el sistema previsional, convertido por Menem y Cavallo en un negocio financiero para los grandes bancos, que con ese dinero financiaban a altas tasas los déficit del Estado, consecuencia de esa misma privatización. Esta capacidad de reconocer los problemas y el desprejuicio para adoptar las soluciones ideadas por otros es una clave de la vitalidad del kirchnerismo, que no debería suscitar rechazo en quienes valoran el diálogo y los consensos.
Derechos y humanos
En un capítulo importante de su libro, Sarlo dice que Kirchner encontró en la reivindicación de los derechos humanos una fuente de legitimidad ya “que había llegado al gobierno cautivo de su propia debilidad”. Se trataría de una operación política, comenzada en su discurso inaugural cuando “recordó a los militantes asesinados” que en Santa Cruz nunca habían recibido “el menor homenaje de su parte”. Así habría puesto fin a “una amnesia política que había durado mucho tiempo”. Habría dramatizado de ese modo “una puesta en escena de una alianza entre las organizaciones de derechos humanos y el presidente”, con quienes Kirchner “se inventa una relación”. Sarlo dice que al pedir perdón en nombre del Estado Nacional el 24 de marzo de 2004 en la ESMA, “por la vergüenza de haber callado durante veinte años de democracia tantas atrocidades”, Kirchner dio “un paso principal en su propia invención política”. Con una entonación psicologista comenta: “Él, que no se había ocupado de los derechos humanos hasta llegar a la presidencia, transfería ese lapsus al Estado argentino y a otro presidente, Raúl Alfonsín, que había hecho su campaña electoral comprometiéndose a juzgar a los comandantes responsables de los crímenes de la dictadura”. Concluye que esa omisión le evitó “el incómodo recuerdo de que él mismo votó, en 1983, a un partido justicialista que consideraba legal la autoamnistía que se habían otorgado los militares”. El oficio de la crítica literaria, que Sarlo practica con general beneplácito, no soporta bien su traslado a la política, como bien saben quienes admiraron la obra de David Viñas, porque esta materia no se circunscribe a un texto fijo ofrecido a la interpretación del lector, según establecieron Hegel y Perón. Por el contrario, es tan huidiza que, con toda probabilidad, Sarlo no conocía al escribir su libro el discurso que Kirchner pronunció en el Ateneo Juan Domingo Perón, durante la campaña para elegir el candidato justicialista a la intendencia de Río Gallegos en 1983. Allí dijo que “la represión de la dictadura militar ha ensangrentado a todo el pueblo argentino” y que “siempre dijimos que Videla y Massera y Agosti, y todos los sinvergüenzas que vinieron después, iban a ser sentados en el banquillo de la justicia constitucional para que respondan ante tantos abusos y ante tantos crímenes cometidos contra este pueblo”. La observación de Sarlo sobre la posición del candidato justicialista a la presidencia en 1983, Italo Luder, es de estricta justicia, pero no puede reclamársele a Kirchner, quien recién en 1991, después de las amnistías de Alfonsín y los indultos de Menem, accedió a la gobernación de su provincia, una posición desde la que no es posible modificar asuntos que pertenecen a la escena nacional. El discurso completo pronunciado por el joven Kirchner a sus 33 años puede encontrarse en http://www.youtube.com/watch?v=siuGYpy-G3A&feature=youtu.be. Hay un bonus track: la presentación del orador por la también jovencísima Cristina Fernández, que está despertando pasiones retrospectivas en la web.
Floja de papeles
“A diferencia de los radicales”, dice también Sarlo, “los peronistas ‘se meten’ con los medios, los favorecen, los acosan o los cortejan, fundan medios y los financian”. Es una afirmación incomprensible en alguien que haya vivido en la Argentina durante las presidencias de Arturo Frondizi y Raúl Alfonsín. Lo que les faltó no fue desprejuicio, sino eco popular. La principal diferencia entre El Nacional y Tiempo Argentino, entre los “Bueyes perdidos” de Mario Monteverde y 6,7,8, está en la eficacia, y ésta no depende sólo de las calidades personales o profesionales de sus responsables, sino de la índole de los respectivos gobiernos que defendieron.
Equivocaciones menores de Sarlo confirman la impresión de una exégesis teórica presuntuosa, edificada sobre una base fáctica que conoce mal. Por ejemplo, al referirse a las elecciones de 2005, en las que Kirchner decidió confrontar con quien lo había impulsado al gobierno, dice que “en la madrugada de la victoria, entre gallos y medianoche, abandonaron a Duhalde y se hicieron kirchneristas los fieles Díaz Bancalari y Pampuro, nombres importantes del derrotado peronismo bonaerense”. Es cierto que Díaz Bancalari era el compañero de fórmula de Hilda González en el Partido Justicialista, pero Pampuro fue quien lo venció, como segundo de la boleta que encabezaba Cristina Fernández. Sorprenden también las alabanzas al ex senador Eduardo Duhalde, quien durante unos meses de 2002 y 2003 ocupó en forma interina la presidencia. Dice que “practicó la moderación hasta que la policía, en un episodio oscuro, asesinó a los militantes Kosteki y Santillán”. Sólo las distintas acepciones del adjetivo impiden calificarlo de escandaloso: el gobierno de Duhalde preparó en forma cuidadosa esa emboscada, con el propósito de dar un escarmiento a las fuerzas sociales movilizadas en aquellos días, con informes falsos y tremendistas elaborados desde la SIDE por su ministro Carlos Soria y presentados a la Justicia por su ministro Jorge Vanossi. Antes, había presionado a la Justicia federal para que encarcelara a Cavallo y a varios banqueros, ofreciéndolos a la vindicta pública. Según Sarlo, el moderado Duhalde trabajó “en la reparación de un país en ruinas, donde la palabra incendio no era una hipérbole sino una imagen descriptiva bastante realista”. Ni una línea en las 235 páginas del libro menciona la brutal transferencia de ingresos, de los sectores subordinados a las mayores empresas, provocada por la mayor devaluación del tipo de cambio real de la historia y por la pesificación asimétrica dispuesta en aquel nefasto gobierno, sin el cual la devastación de la década anterior no hubiera terminado de ejecutarse. Sin duda, se trata de un libro audaz, escrito con más pasión que cálculo. (Agencia Paco Urondo)

27.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Beatriz Sarlo, sin dudas, es una prestigiosa intelectual. Hace poco publicó un libro sobre la argentina de la última década: La audacia y el cálculo. Es un extenso trabajo que parte de un estudio de campo, donde toma muestras de la sociedad y detalles de la coyuntura política para concluir con una mirada crítica y opositora al kirchnerismo y a los medios oficiales de comunicación. Nada nuevo. Sus palabras aparecen en los diarios socios de la dictadura militar y en la televisión de los mismos dueños con cierta frecuencia. Su voz suele ser una cita de autoridad.
 

El año pasado Beatriz Sarlo dictó un seminario en la Universidad de Tandil que trataba sobre la relación entre imagen y palabra ("relación transemiótica", destacó con énfasis ella). El seminario duró toda la semana en la que selección Argentina jugó la primera rueda del Mundial 2010. A ella no le interesaban los partidos. Los mundiales la remontaban al mundial de la Dictadura argentina. En contraste se la notaba muy entusiasmada con un interminable partido de Wimbledon entre un francés y un inglés. Al tercer día, el miércoles, hizo apagar la luz del aula y proyectó sobre el blanco pizarrón una pintura de Brueguel: La caída de Ícaro. Primero explicó el mito (creo que se refirió a Ovidio): "Se sabe que Ícaro consiguió volar fabricando alas con plumas pegadas con cera y se acercó al sol más de lo oportuno, la cera se fundió, se desbarataron las alas, cayó al mar y se ahogó". Luego pasó inmediatamente a un poema de W. H. Auden, donde el poeta hace una descripción en versos ("ecfrasis", dijo ella) de esta pintura de Brueghel.
La prestigiosa intelectual se detuvo veinte minutos para resaltar "la apropiación" que había realizado Auden de la pintura, ya que (remarcó) Ícaro no aparece en ninguna parte del cuadro: Brueghel habría pintado sólo un paisaje marítimo pero al colocarle el título "La Caída de Ícaro" le daba otro significado ("resemantizaba", dijo ella) toda la pintura. Cuando terminó esta detallada interpretación apagó el proyector y encendió la luz.
Todos estábamos impresionados por el conocimiento y el despliegue realizado por Beatriz Sarlo. En ese momento, con mucha vergüenza, un alumno le pregunta si podía volver a proyectar la imagen de Brueghel. Se apaga la luz se enciende el proyector con la pintura de Brueghel y para sorpresa de todos los asistentes y de la intelectual el alumno le marcó un detalle, cerca del barco central del cuadro aparecían las piernitas de Ícaro rodeadas de algunas plumas sobre la superficie del mar. De esta forma se desmoronaba toda su extensa y apasionante explicación de la operación poética de Auden de apropiarse y resemantizar la pintura de Brueghel, volviéndola al mito original de Ovidio, al que el pintor había sólo aludido en su título para darle otro sentido parafrástico, no sólo haciendo un marco verbal simulado a una representación icónica del mar de Flandes. El alumno con humildad, sin llegar a ser una luminaria, marcó el detalle donde estaban las piernitas rodeadas con las plumas de las falsas alas y los veinte minutos de magistral explicación se desmoronaron en un segundo, como las mismas alas de Ícaro al acercarse al sol. El seminario terminó sin muchos sobresaltos tres días después.
Estos días he leído el libro La audacia y el cálculo. Aquella elaborada interpretación errónea que cometió por no haber visto el detalle de las piernitas de Ícaro agitándose en la superficie del mar se replica en gran parte del libro. Sarlo levanta muestras equivocadas de la realidad kirchnerista. Por ejemplo, quienes hemos participado de los hechos que surgieron de la articulación del programa 6, 7, 8 y 678 Facebook, podemos ver como nuestra propia historia es contada con detalles falsos, siempre tendiente a distorsionar perjudicando ese objeto que atrae a la investigadora. Porque es así, Beatriz Sarlo, con la quizá necesaria frialdad de una investigadora, toma muestras de lo que para ella son objetos teratológicos populistas, como el peronismo y el kirchnerismo, y los pone bajo la lupa. Esos monstruos a ella la apasionan, la atraen y los quiere disecar para entender cómo funcionan en la sociedad argentina. Pero se equivoca al tomar las muestras: a lo que ella denomina "murciélago" es un ruiseñor y sus "cucarachas" son grillos y saltamontes.
En síntesis y para concluir, quizá por estar alejada del objeto que estudia (por no acercarse más al detalle) o por tomar muestras falsas, Beatriz Sarlo en su último libro La audacia y el cálculo (lo que parece más una descripción de su actitud frente al kirchnerismo que la de Néstor Kirchner) duplica el mismo error que cometió en aquel seminario en Tandil. Parte muchas veces de detalles incorrectos, hace planteos inteligentes cargado de teoría y de citas de autoridad para forzar las conclusiones a las que a priori ya había pensado. Pero estas actitudes intelectuales son como las plumas de Ícaro que a cierta altura la cera se derrite y los porrazos son inevitables. (Agencia Paco Urondo)

26.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) La tarde del último día del Bicentenario, Cristina Fernández le inauguro un museo. Conmemorando estos doscientos años de historia; con objetos pertenecientes a ex mandatarios, al viejo fuerte, a la aduana, objetos de arte, culturales, etc. Una obra que excede nuestras expectativas de lo que puede ser un museo oficial. En el mismo tono en que los festejos para celebrar el Bicentenario sorprendieron por su innovación y creatividad, este espacio encuentra una manera novedosa de acercarnos a nuestro pasado.

En la celebración de su apertura, la presidenta ( mediante el uso de la cadena nacional) remarco sus características innovadoras: “Este es además un museo interactivo, donde uno no solamente viene a ver cuadros colgados o cosas fijas e inmóviles, hay espacios de debate, porque hay interpelación de la historia y del arte a cada uno de los que vengan a compartir aquí la historia de los argentinos”. Un museo como espacio de construcción, de debate, de interpelación. Y es el Estado el que decide interpelar, no se contenta con jerarquizar o institucionalizar la historia. Sino que se posiciona en un lugar difícil, en un espacio de conflicto. Realmente es algo que no habíamos presenciado antes en nuestra historia reciente, y que quizás sea la característica sobresaliente de este momento cultural.
Es una instancia enunciativa novedosa, que podemos rastrear en diversos encuentros y espacios culturales que el gobierno ha llevado adelante: las numerosas muestras homenaje (como la realizada a Raúl Scalabrini Ortiz en la Casa Rosada durante el 2009), la Casa del Bicentenario y las muestras que allí se exhiben, o el mega-stand de la Feria del Libro (que agrupa estética y políticamente a varias secretarias, ministerios, la Biblioteca Nacional y hasta la Televisión Pública). Es una apuesta a la participación popular en estos eventos masivos, en clara discusión con las posibilidades de una cultura para y desde las masas.
Este Museo del Bicentenario contiene también en exhibición permanente el trabajo mural Ejercicio plástico, realizado en  1933 por David Alfaro Siqueiros en colaboración con los plásticos argentinos Lino Enea Spilimbergo, Juan Carlos Castagnino y Antonio Berni, y que fue realizado en la profundidad del sótano de Los Granados, la casona que Natalio Botana, fundador del diario Crítica , en Don Torcuato. Dicho mural sufrió infinitas vicisitudes hasta poder hoy ser exhibido al publico, luego de la completa restauración realizada en conjunto por los estados Argentino y Mejicano. Parte de esa historia puede verse en el documental  Los próximos pasados - Vida y muerte de un mural de Siqueiros (2006), cuando aun yacía fragmentado en 5 contenedores al aire libre. "Me pareció una historia terrible y muy metafórica de lo que yo siento que pasa en la Argentina, con el arte en general y con la cultura", dijo su directora, Lorena Muñoz, en el momento del estreno de su película. Hoy podemos ver un cambio formidable, no solo por la recuperación de la obra, sino por el espacio en que será exhibida (está en un área del Museo que respeta el diseño abovedado del sótano que lo albergó) y los modos de exhibición: con una entrada libre y gratuita.
“Esta Casa Rosada, este Museo recuperado, todo esto que estamos haciendo no pertenece a ninguna persona, a ningún partido político, es patrimonio de todos los argentinos; simplemente es que algunos nos hemos dedicado a tratar de brindar la recuperación de ese patrimonio y de que sea valorizado por nosotros mismos”, puntualizó Cristina Fernández. Y quienes hayan visitado en el pasado el Museo de la Casa Rosada (yo fui con el colegio y con mi familia en los ’90) se sorprenderán sin duda de esta obra de recuperación política e histórica. “En todo caso esta es nuestra contribución a esa revalorización, a esa reconstrucción de nuestra historia, pero por sobre todas las cosas un formidable y convincente aporte para la construcción del futuro”, nos exhortó en su discurso la presidenta.
 

 
 
(Agencia Paco Urondo)

26.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, por Demian Konfino, publicado en Tupacamaría) Otro 25 de mayo. ¿Uno más? No parece.
Sin embargo, nuevamente la hosca y gélida lluvia amenazando con aguar concentraciones de pueblo. Esto sí es repetido. Lo sabemos desde que éramos pibes y nos compraban los pósteres de la revista Billiken e imaginábamos la millonada que había levantado el paragüero de la zona de la Plaza Mayor.
Aquél, el de 1810, inauguró la zaga histórica de esta fecha. Arbitrariamente, esta breve reseña abarca otros veinticincos muy cercanos a la tradición luchadora del Pueblo nuestro.
25 de mayo también fue el día de la plaza dela JP, en el 73, cuando asumió el Tío, y fue la víspera a la amnistía de los presos políticos. Era otoño y se largaba la primavera.
Un 25 de mayo, muchos años después, apareció un desfachatado horadando un discurso prolijo, políticamente correcto en el que sólo prometía un país normal. ¿A quién podía ilusionar ese oxímoron de demagogia?
Pero una frasesita quedó picando. “No voy a dejar las convicciones en la puerta de la Casa Rosada”. Néstor Kirchner hacía su debut, malabareando el bastón de mando y tirándose sobre la gente. Que pingazo parecía, aunque no ilusionaba a nadie.
La Historia, sabiéndose en la soledad científica de un crepúsculo de domingo, sonreía. Ya le asignaba un lugar dilecto en el capítulo de lo mejor dela Argentina.
Y no podía ser de otra manera, 25 de mayo fue el Bicentenario. Esa fue la jornada inolvidable. Selló un recorrido apoteótico iniciado 7 años antes.
No me voy a referir a los multidimensionales logros del kirchnerismo. Tampoco a las cosas pendientes.
En este caprichoso y desordenado recuerdo de 4 fechas y una sola, quiero detenerme en una arista cultural difícil de conmensurar.
Me refiero a la inauguración de la galería de los patriotas latinoamericanos enla CasaRosada.Cumple un año. Se trata de un hecho más simbólico/ emotivo que fáctico o de inserción en la realidad social.
Ahora bien, muchos reconocen en lo gestual la marca de las épocas y así se ha difundido ampliamente que la orden de extraer el cuadrito de Videla, fue la síntesis del gobierno de Kirchner.
Cristina hace pocos días, en la carta dirigida ala CGTpor el día de los trabajadores puntualizó que si no se hubiese sacado aquel cuadro, nunca se hubiese podido colocar el cuadro de Che Guevara enla Rosada.
Estas afirmaciones de la presidenta se perdieron por la alcantarilla de rumores de coyuntura sobre la relación entre la líder política y el líder sindical. No obstante, estas manifestaciones, contemplan la importancia que la presidenta le otorga a la galería de los patriotas. Podríamos pensar –sin temor a equivocarnos- en este espacio como resumen de la presidencia de Cristina.
Y es que así como se ha enfrentado a las corporaciones militares, eclesiásticas, mediáticas, campestres, el Che enla Rosadaes un desafío notable a la cofradía de dueños de la historia., de alabanceros de doctrinas occidentales y cristianas. O de tribunas de doctrina.
José Martí –quien también está en la galería por obsequio de Fidel- decía “ser cultos es el único modo de ser libres”.
A un año de su inauguración, me atrevo a considerar que la galería de los patriotas es el título de una nueva época que se inserta en el plano cultural, pero que acaba incidiendo en políticas públicas claras que ya son bienvenidas por el grueso de la sociedad. (Agencia Paco Urondo)

26.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Decenas de miles de personas están reunidas desde temprano en el corazón de Buenos Aires para celebrar el día patrio. Desde las 15 horas se repiten diferentes espectáculos. Entre otros, estuvieron Victor Heredia, Los Pericos, La Mosca, Pipo Pescador. El cierre estará a cargo de Soledad. Durante diferentes momentos de la jornadas, muchas columnas recordaron a Néstor Kirchner.

(Agencia Paco Urondo)

25.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, por Ariel Goldstein, publicado en Espacio Iniciativa) Iniciativa entrevistó en exclusiva al Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, Dr. Hugo Trinchero. Antropólogo e investigador de larga trayectoria, en esta oportunidad le pedimos su opinión acerca de la Universidad y su vinculación con la política a nivel local y nacional. También analiza la cuestión de la hegemonía cultural y la relación de la izquierda con el peronismo, así como lo que se pone en juego en las próximas elecciones.

¿De qué forma se puede vincular la cuestión de la política nacional con la universidad en este año electoral?
El problema de la vinculación entre la universidad y la cuestión de la política nacional trasciende el año electoral. Primero hay que decir que las universidades son instituciones que tienen una dinámica propia y que responden a un modelo organizativo complejo que en general entra en conflicto con los gobiernos o con el estado. Eso no quiere decir que la autonomía sea un escollo en sí mismo (ya que es el fundamento del pensamiento crítico e independiente y siempre debe preservarse) sino que muchas veces su sentido tiende a extremarse.
De todas formas, teniendo en cuenta que el actual proyecto nacional viene avanzando también en la clase media, dado que hay una comprensión cada vez mayor de estos sectores sobre la necesidad de superar la herencia neoliberal, y esto también se expresa dentro de las universidades. La tarea fundamental es encontrar mecanismos y herramientas para que esa expresión, que se está produciendo adentro de la Universidad y que quiere hacer aportes no únicamente al interior de la misma, encuentre una salida institucional acorde. Al mismo tiempo, se trata de comprender el significado público de la Universidad. Es decir, que sus objetivos no son sólo aquellos de los de su comunidad sino de todos los ciudadanos.
En el caso de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, a modo de ejemplo, con la creación del Centro de Innovación y Desarrollo para la Acción Comunitaria (CIDAC) pretendemos generar una herramienta para poner los distintos proyectos de investigación, extensión y docencia de la Facultad en sintonía con las demandas de la Ciudad de Buenos Aires, en particular aquellas que se expresan en ámbitos en donde encontramos las mayores urgencias. Un claro ejemplo es el hecho de que teniendo la ciudad de Buenos Aires un Producto Bruto similar a los ámbitos geográficos más desarrollados del planeta, encontramos amplios sectores con situaciones de precariedad inauditas en todos los órdenes (salud, vivienda, educación, saneamiento, transporte, contaminación, etc.). Con la pretensión de aportar, en lo posible, hacia la formulación e implementación de políticas innovadoras es que instalamos el CIDAC en el sur de la Ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Barracas.
En relación al debate más profundo entre la vinculación de las universidades con la cuestión nacional -al que el CIDAC representa una especie de laboratorio de lo necesario- considero que Diputados y Senadores tienen que debatir y producir una nueva Ley de Educación Superior acorde a los nuevos paradigmas. En definitiva, se tiene que construir una agenda de trabajo con la Universidad, donde el Gobierno (en un sentido amplio) tenga sus cosas que decir.
¿Y en relación a la vinculación con el nivel local?
Creo que la UBA tiene que ser repensada en muchas formas. La UBA es la Universidad de la ciudad, en la que estudian más de 300.000 personas. Se podría decir que todo habitante de Buenos Aires tiene algún vínculo con una o más personas que concurren a ella. Sin embargo, la UBA sólo excepcionalmente ha aportado a la discusión de, por ejemplo, el del desarrollo urbano de la ciudad. Si se planificara de modo integral -algo mal visto por los representantes de las políticas neoliberales hegemónicas por mucho tiempo en este país- se debería poder pensar en descentralizar a la UBA a través de unidades académicas puestas en relación, entre otros temas, con un proyecto urbanístico. Nuestra universidad cuenta con una gran cantidad de metros de infraestructura que no tiene ningún tipo de conexión con el entorno ni con un determinado proyecto urbano. Es un problema que debe ser discutido. La propia Ciudad Universitaria de la UBA es un enclave. Desde mi punto de vista, y en esto creo coincidir con no pocos arquitectos de la propia UBA, debería incluso revisarse el concepto de Ciudad Universitaria.
En otros ámbitos, como las políticas de salud y de educación, también ocurren situaciones similares en la que la universidad podría hacer un aporte. Otro desafío adicional es comenzar a pensar la universidad desde el punto de vista metropolitano. La ciudad está articulada con el gran conglomerado urbano que la rodea y en ese sentido necesitamos generar mecanismos de articulación entre la UBA y las universidades del conurbano. Allí también tenemos un problema: mientras se crean nuevas universidades, la UBA sigue creando delegaciones del CBC. De la misma manera, hay universidades del conurbano que asientan posgrados en Capital ya que se considera que allí estaría la masa crítica pasible de acceder a esos cursos arancelados. Ambas situaciones implican una especie de competencia que es totalmente irracional, al menos desde el punto de vista de la política pública.
¿Qué opina respecto del actual debate sobre la cuestión de una nueva hegemonía cultural kirchnerista?
La cuestión de la hegemonía cultural es compleja y más profunda que una coyuntura política. Considero que, en términos históricos, en Argentina la hegemonía cultural la tenido el liberalismo conservador hoy denominado neoliberalismo. Así, nuestro Estado nacional se construyó cargado de golpes de estado y omnipresencia de la corporación militar, formó su genealogía de exclusión social, discriminación y genocidio, para sostener una estructura económica absolutamente inequitativa y orientada a necesidades externas donde, por ejemplo, el control de los medios de comunicación es una parte de ello: todo esto sigue siendo el núcleo duro de una hegemonía que es muy distinta a lo que expresa el kirchnerismo. En todo caso podemos decir que el kirchnerismo es una crítica y una política con intención contrahegemónica hacia aquel entramado, y el inicio de una voluntad política de transformación de esas estructuras de la dominación. Esto parece estar siendo cada vez más comprendido por muchas personas hartas de las consecuencias que nos dejaron las dictaduras y el neoliberalismo. Toda esa historia, la cual quedó más visible que nunca para todos en la profunda crisis de 2001-2002, se enfrenta a una nueva voluntad política. Esa historia tuvo momentos de reversión, que fueron muy puntuales: con Yrigoyen, con el gobierno de Perón, en la llamada primavera Cámpora-Perón del 73-74, algunos intentos del gobierno de Alfonsín y, ahora, con sendos gobiernos Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Creo que este proceso político está generando expectativas en la sociedad, que también está calando en la clase media, por lo cual esa hegemonía muestra síntomas de cierto resquebrajamiento, aunque en el marco de semejante historia de dominación, lo que estamos viviendo requiere de mucho más aliento aún. Lo que está ocurriendo ahora es que hay bastante consenso para transformar ese modelo heredado. Digamos, entonces, que la hegemonía no se construye o de-construye en o por un gobierno.
Con respecto a cierto auge actual de la militancia juvenil, ¿se puede relacionar esto con ocurrido en otras épocas? ¿Encuentra alguna relación histórica con el proceso de la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires en los años 70?
Alguna recurrencia hay ya que la Universidad es un sistema tendiente a cierto aislamiento pero la gente que concurre a ella experimenta también lo que vive en su barrio, en su trabajo, en su familia, etc. En ese sentido, la Universidad no puede estar aislada por más que lo intenta, aunque sin conseguirlo nunca. Cuando se dan estos movimientos transformadores que tienen un auge y una eficacia política, al lograr que las masas (particularmente las clases medias) entren en sintonía con ellos, es entonces cuando la Universidad muestra síntomas de cambio. Así sucedió con la UNPBA, es decir cuando la Universidad de Buenos Aires estuvo en sintonía con el gobierno Nacional y Popular entre en el 73 y 74, aún en el marco de la crítica susceptible de hacerse por el carácter de intervención que tuvo su gobierno. Hablo de esos momentos en que los jóvenes se proponen participar en política, involucrarse con lo que está pasando y no ir sólo a la facultad a estudiar. Estimo que eso hoy esta ocurriendo en toda la sociedad. Hemos vivido por muchos años un descreimiento muy grande de la política en nuestro país, sobre todo por los fracasos de los gobiernos democráticos anteriores. Existía una idea de la política como dominada por una clase política burocrática que se juzgaba más heredera de las taras de la dictadura que formada por ciudadanos formados para el cambio necesario. Sin embargo el grito popular venció esa inercia. Y lo hizo porque encontró a un sector de la dirigencia política dispuesta, por trayectoria, a escuchar ese grito y a tomarlo no como una patología sino como una demanda legítima. En definitiva, es importante remarcar todo esto, en el sentido de que la participación de los jóvenes en política es vital en un proceso de transformación económica, política y cultural. Fue vital en los setenta, aunque las consecuencias fueron nefastas por la dictadura, y ahora también lo es para sostener el proyecto iniciado y para evitar una nueva dictadura o cualquier amague posible hacia ella, no sólo en el país sino en la región.
La Facultad de Filosofía y Letras ha sido siempre un gran laboratorio de debate y discusión político-ideológica. ¿Qué tipo de relación es posible plantear, en este contexto, entre la tradición de las izquierdas y el peronismo?
Es un tema también espinoso, porque en los 70 lo que hubo fue la emergencia de una historia de resistencia peronista, que interpelaba a las izquierdas, sobre todo por la participación de un sector importante de estas en la Revolución fusiladora del ´55. Todo ese debate logró consolidarse en los 70: la izquierda se incluyó en el peronismo, así como el propio peronismo en el primer gobierno del General Perón tomó mucho la izquierda sindical y popular de aquella época.
Lo que sucede ahora es la eventualidad de cierta desorientación de sectores de la izquierda, en el sentido de que sus militantes venían trabajando fuertemente con las organizaciones sociales, entusiasmados con la consigna “Que se vayan todos”, de un notable impacto en la clase media. Era la idea de política sin políticos, del “vamos a auto-organizarnos sin los políticos” que prendió en muchos movimientos sociales. Y cierta “izquierda divina” creyó que ahí estaba la fórmula del proceso transformador. Con el kirchnerismo, cuyos principales referentes provienen de otra experiencia política, setentista específicamente, el esfuerzo de recuperar tanto la política como el propio Estado y de incorporar a los movimientos para hacerlos partícipes de la construcción de un nuevo proyecto los descolocó. Tal vez por ello les cueste entrar en sintonía con las políticas transformadoras que se vienen impulsando, porque justamente esta historia es distinta a aquel proceso de decantación que se dio en 2001, que se transformó en un gran movimiento social. Un movimiento de la sociedad que estuvo en contrapunto con la crisis institucional desatada con la renuncia de De la Rúa. Lo novedoso y disruptivo de lo sucedido a posteriori fue la paulatina recuperación de una dirigencia que de la mano del liderazgo de Néstor Kirchner entró en sintonía con las demandas que surgían de ese movimiento social.
¿Qué nos puede comentar respecto a su gestión en la Facultad de Filosofía y Letras?
En un principio me entusiasmé porque estaba frente a una oportunidad de trascender la propia práctica académica y de investigación y asumir el desafío de gestionar y aportar a la conducción la Facultad donde uno trabaja cotidianamente en un momento de crisis de gestión institucional. Hemos realizado muchas cosas, que están en todos nuestros informes, muchas con implicancias estructurales (mejoras edilicias postergadas por décadas, mas investigación, mas oferta académica, mas concursos, reglamentos mas adecuados a la realidad actual, etc.) incluyendo el intento de transformar ciertas prácticas liberales tradicionales de nuestra academia. Algo que me parece muy importante es lo que hicimos con el Centro Cultural Paco Urondo, donde se generó, y se sigue generando, una movida cultural muy interesante, con el CIDAC también. No obstante falta y siempre faltará mucho por hacer y ello no deja de ser un tanto angustioso. Por otra parte, desde una facultad uno tiene una limitación, porque la Universidad es una unidad en lo diverso, y creemos que si bien en la UBA también se han dado algunos cambios, en algunos casos no están en la misma dirección de la que nosotros pretendemos. Ahí encontramos siempre un cierto límite. Me parece que hace falta más interacción con una política universitaria que tome a la UBA entre sus prioridades y que la UBA pueda recibir críticamente propuestas respecto a su diseño organizativo, pero participando activamente en la transformación nacional. Yo creo que está bien sostener la UBA como una institución básica de la sociedad del conocimiento aunque para ello es importante poner la producción del conocimiento en sintonía con el cambio social, y creo que si se llega a transformar el gobierno de la CABA, la UBA debería encontrar un campo muy fructífero para desarrollarse en todas sus dimensiones.
¿Es posible imaginar un nuevo proyecto de universidad en relación con el proceso de integración que viene produciéndose en América Latina?
Las universidades también tienen que hacer un esfuerzo para repensarse en función de las transformaciones en América Latina porque si uno analiza los nuevos gobiernos reformadores, los nuevos liderazgos que aparecieron en América Latina, vemos que han tenido resistencias desde las propias Universidades. Lo observamos en Bolivia, Ecuador, Venezuela, que motivaron distintas respuestas. Desde mi punto de vista habría que tener una agenda común UNASUR, para producir una universidad de la UNASUR, pero una universidad de otro orden, con una agenda en la cual se fijen prioridades y, en función de esas prioridades de transformación latinoamericanista, se construya un nuevo modelo de Universidad. Porque pensar en transformar las universidades preexistentes para atender las necesidades del nuevo paradigma es una tarea no sólo dificultosa ya que las urgencias son inmediatas, sino tal vez innecesaria. Pienso que la agenda propia de la Universidad, me parece, no debe restringirse a crear una nueva Universidad por mas auspicioso que ello sea, sino que debe incluir el aprovechamiento de los mejores recursos que tienen las universidades para una agenda política-académica nueva. Entonces, me parece que debe tratarse de una Universidad de redes, donde puedan crearse distintas carreras, proyectos de formación profesional en función de necesidades y capacidades en principio disponibles. Desde mi punto de vista una política infructuosa seria forzar las autonomías universitarias en función de dicha necesidad. No creo que sea necesario, se trata de convocar a una participación de intelectuales, académicos y científicos que hoy están en las mejores universidades, a un proyecto que cada día está más demandado por ellos mismos pero que no encuentran los canales institucionales para hacerlo. Articulando ello con experiencias de gestión en los distintos ámbitos estatales y no-estatales. Lo que, según mi opinión, hace falta para con los jóvenes es que accedan a la formación profesional y política, con tres ejes: excelencia académica, pertinencia y compromiso latinoamericanista. En las universidades podemos encontrar laboratorios, cátedras, institutos, departamentos, etc. que quieren involucrarse, pero no lo logran porque la Universidad tiene su propia actividad, que viene dada por una serie de dispositivos de compleja explicación. Si se construye esa agenda, se genera esta red y crea algún tipo de incentivo para los profesores, investigadores, para insertarse en ese modelo, entonces la propuesta se hace factible. Porque no es necesario producir un gran cuerpo docente sino básicamente, aunque con voluntad política, poner en sintonía la capacidad existente en las universidades públicas de la región con una agenda de necesidades a corto mediano y largo plazo incentivando la productividad hacia dicho horizonte. Así como se generan políticas que tienden a incentivar la producción científica, pueden diseñarse políticas específicas que incentiven la participación en una propuesta como esta. Me parece muy importante remarcar que existe la necesidad de que se genere un programa universitario de la UNASUR, que tenga en cuenta la formación regional, que tome los mejores recursos de cada país y se organice en función de las áreas propias de vacancia.
 
(Agencia Paco Urondo)
 

24.05.2011

 
Capital Federal (Agencia Paco Urondo. elmensajerodiario.com.ar) El presidente del Instituto Cultural, Juan Carlos D'Amico, anunció la cuarta edición del Día de los Monumentos y Sitios y la Noche de los Museos, que se desarrollará el próximo sábado 28 de mayo desde las 11. Las actividades son de entrada libre y gratuita e incluyen servicio de guías en cada transporte y espacio visitado.

El presidente del Instituto Cultural, Juan Carlos D´Amico, anunció este mediodía en conferencia de prensa la realización, el próximo sábado 28 de mayo, de la cuarta edición del Día de los Monumentos y Sitios y la Noche de los Museos, abriendo al público 25 de los más importantes monumentos y 45 museos de La Plata, Berisso y Ensenada.
La iniciativa, organizada conjuntamente con el Comité Argentino del ICOMOS (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios) y los municipios participantes, tiene como objetivo que los visitantes puedan recorrer los monumentos y tomar conciencia acerca de la diversidad del patrimonio cultural de la humanidad, de su vulnerabilidad y de los esfuerzos que se requieren para su protección y conservación.
De esta manera, se han programado visitas guiadas durante el próximo sábado 28 desde las 11  y un servicio de combis que recorrerá circuitos uniendo los tres municipios de la Región Cultural Capital. Los circuitos que incluyen monumentos partirán desde el Teatro Argentino de La Plata a partir de las 11 hacia el Fuerte Barragán, y desde las 16 para visitar edificios de valor patrimonial. Los circuitos de museos partirán desde el mencionado Teatro entre las 19 y las 22.30.
Al respecto, D`Amico se refirió a la celebración y destacó:  “Esto es lo que nos pide siempre el gobernador Scioli, cuidar lo nuestro especialmente porque la identidad tiene que ver con lo patrimonial y lo patrimonial con la construcción de ciudadanía. Tenemos que mostrar lo que tenemos porque si no es muy difícil querer lo que no se conoce”.
Todas las actividades son de entrada libre y gratuita e incluyen servicio de guías en cada transporte y espacio visitado.
En el Fuerte Barragán se realizará el festejo central de la jornada a las 13 , que incluirá la recreación de las Invasiones Inglesas y la Rendición de Beresford.
La experiencia se realiza desde el año 2008 en la Región Cultural Capital con singular éxito y el auspicio de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos, Radio Provincia de Buenos Aires, Colegio de Arquitectos de la Pcia, Secretaría de Turismo de la Pcia, Universidad Católica de La Plata, Universidad Nacional de La Plata, ICOM, Asociación Civil de Directores de Museos de la República Argentina y la Secretaría de Cultura de UPCN Bs. As.
 
Los interesados en participar de los recorridos en cualquiera de las opciones, deben comunicarse con el Tel 0800 999 2002. o 0221 421 9130, entre las 9 y las 18. O al correo electrónico monumentosymuseos@gmail.com. (Agencia Paco Urondo)
 

23.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) El autor es Académico del Instituto Eva Perón y Juan Manuel de Rosas
En estos tiempos de riqueza en debates y relecturas históricas Beatriz Sarlo realizó un interesante aporte en su último libro La audacia y el cálculo sobre los años de gobierno del ex presidente Néstor Kirchner. Diversos periodistas y escritores han realizado aportes de dispar valía, pero este último texto contribuye a pensar (y pensarnos) en el marco de los cambio políticos culturales producidos desde el 2003 y que hoy conduce la Presidenta Cristina Fernández de  Kirchner cimentando nuestro proyecto nacional y popular.

Ya en un artículo Pablo Alabarce sobre 6 7 8, adelanto de su reciente libro junto a Mará Julia Oliván, sostuvo sobre el emblemático propagara de la televisión pública:
“La política de medios del kirchnerismo fue inicialmente mera continuidad del tardo-menemismo: negociación y cesión con las empresas de medios y continuidad acrítica de la hegemonía tinellista en la cultura de masas, aunque salpimentada con acciones más activas e inteligentes en el plano de los medios públicos, con transformaciones en la programación de canal 7 y la invención de Encuentro. Sólo con la nueva crisis, la del “campo”, decidió simultáneamente que el peronismo era de izquierda, que los medios de comunicación eran más eficaces que el napalm y que hacía falta un vietcong. Aunque, en lugar de Ho Chi Minh o el Che Guevara, prefirió confiar la empresa a Diego Gvirtz”.[1]
Pero ahora la propia Sarlo, entronizada en el templo racionalista de la calle Puán, busca desentrañar el misterio de la ofensiva comunicacional K, y como el candombe Nunca Menos, las fiestas populares, el apoyo juvenil y los independientes progres de 678 se han sumado a apoyar a un gobierno sostenido por las huestes bárbaras pejotistas y cegetistas.
 
Lo cierto es que, luego de algunos hechos adversos y de un replanteo en las formas comunicacionales, son la difusión de la ejecución continua de políticas públicas, impulsos de carácter cultural con llegada al gran público y la difusión de hechos de nuestro pasado silenciado – que fueron resignificados en el presente - los basamento de la comunicación del oficialismo.
 
La supuesta “hegemonía” del oficialismo implicaría el silencio de actores políticos, instituciones acalladas y medios de comunicación cerrados. En cambio tenemos una superestructura cultural en una contraofensiva de carácter burdo e insultante a la inteligencia del ciudadano argentino profiriendo mentiras sobre la administración de Cristina.
 
Es cierto que después de la victoria del 2003 y la posterior construcción de poder popular, el ex presidente Néstor Kirchner fue percibido por sectores militantes como continuador de una línea del peronismo que parte del 17 de octubre de 1945, la impronta de Evita, la Resistencia y el peronismo de los ‘70. Justamente el ex presidente hizo de la reivindicación de los setenta uno de sus rasgos de su fisonomía ideológica, fundamentalmente a través del discurso sobre derechos humanos, justicia y terrorismo de Estado.
 
Pero también replanteó el rol del Estado, de políticas activas a favor de los humildes y de un nuevo rol de las organizaciones sociales tras el derrumbe institucional de fines del 2001. Y esas políticas fueron profundizadas por la firmeza con que la Presidenta impulsó la resolución nº 125 y la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales.
 
Adversarios políticos se aliaron a la lógica de los factores de poder, abandonando su basamento ideológico para ser portavoces de aquellos que más de una vez conspiraron para finalizar mandatos constitucionales.
 
Ante esa contradicción principal entre pueblo y grupos monopólicos (de lo económico y de la producción de sentido), explicitada en la brutalidad de los hechos desestabilizadores contra el proyecto nacional, es que agrupaciones políticas afines al peronismo y sectores independientes visibilizaron un compromiso mayor con el actual modelo político.
 
El movimiento obrero organizado, los sectores progresistas y la juventud politizada han concretado en la movilización y la participación popular su papel de integrantes de un frente nacional.
 
La generación del Bicentenario interpela al país desde su fuerza transformadora, con una escala de valores y voluntad de cambio, sumado a su fervor de la política libre de vicios, definiéndose por lo positivo.
 
Y se definen desde su formación audiovisual, en un mundo interconectado, por la velocidad de la Internet y las TIC’s, a través de la difusión de las pantallas que mediatizan y resignifican la producción de sentido actual.
 
Difusión explícita en formas modernas de difusión y con base en el replanteo de la historia, abrazando el pensamiento nacional, único posible para apuntalara este proceso de liberación cultural.
 
Tal como afirmó nuestra Presidenta hace algunas semanas: “Quiero una juventud que construya su propia historia, como la hicimos nosotros, ustedes son la Generación del Bicentenario”!
 
Sarlo puede sentirse extrañada por este fenómeno que pareció tener pantalla durante los funerales del ex Presidente. Quienes estamos en la arena política cercanos a la militancia popular sabemos que esto es un proceso de años que hoy es acompañado por las políticas estatales que dan marco al desarrollo político cultural actual.
 
Pero no es hegemónico ya que hay pluralidad de voces que desde los medios de comunicación hasta en la calle señalan sus diferencias con el actual modelo.
Guillermo O'Donnell desestimó, en recientes declaraciones, aplicar tal categoría al fenómeno político actual. A la vez que otras voces como la de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe replantean la utilización tanto de dicho término como de “populismo”.
Las imágenes del Eternauta, en blogs, pintadas y frases ingeniosas exteriorizan un basamento cultural enraizado en las tradiciones propias del federalismo, del radicalismo yrigoyenista y del peronismo. Ya que cuando hay una revolución cultural es porque se acompaña a una revolución política donde el pueblo es protagonista.
Y del otro lado quizás la ficción de Canal 13 El Puntero nos aporte alguna cuota de creatividad de mensaje “contrahegemónicos” de un grupo monopólico en retirada en cuanto a  su pérdida en credibilidad popular y pérdida en sus ventas.
Palabras valiosas, sin ironía, como las de Beatriz Sarlo nos alumbran los hechos políticos actuales y generan debate entre la militancia. Aunque como peronistas que adherimos al proyecto de Néstor y Cristina lo vemos cotidianamente, al estar en permanente contacto con el pueblo, con aquellos que tienen luz propia y nos marcan la senda para profundizar el modelo.

ALABARCEs, Pablo; 678, publicado en: http://agenciapacourondo.com.ar/comunicacion/1889-sobre-678-por-pablo-al...
(Agencia Paco Urondo)

23.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, en Página 12) Julio Godio murió el viernes pasado, a los 72 años. Sociólogo, filósofo, analista político, historiador del movimiento obrero, fue uno de los mayores conocedores del mundo sindical argentino y latinoamericano. Trabajó en la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de las Naciones Unidas y, en la actualidad, asesoraba al Ministerio de Trabajo nacional. “Era un hombre absolutamente íntegro, y siguió trabajando casi hasta los últimos días”, contó Carlos Godio, su hermano.

Godio había nacido en 1939, en La Plata, en el seno de una familia de socialistas españoles. Estudió filosofía, sociología y economía en la universidad de esa ciudad. Siguió la tradición familiar y empezó a militar tempranamente. En su primera juventud pasó por un abanico de partidos: la UCR de Sergio Karakachoff, que sería asesinado por la dictadura en 1976, el socialismo –en el sector que acompañó la candidatura de Arturo Frondizi–, el anarquismo y el comunismo. Antes de cumplir los 20 lo habían elegido presidente de la Federación Universitaria de La Plata. Sus amigos Karakachoff y Osvaldo Papaleo le pusieron “Nikita”, parodiando a Kruschev, el secretario general del PC soviético.
Aunque dedicaría sus mejores años a la investigación y la escritura, Julio Godio fue también futbolista. En el año ’60 jugaba como wing derecho y llegó desde las inferiores a la Primera División de Estudiantes de La Plata. El problema fue que muchos de los que lo conocían de la universidad lo iban a ver a la cancha: le gritaban desde la tribuna “¡Dale, Nikita!” y los agentes de inteligencia de entonces, que lo tenían fichado, le exigieron al club que lo echara, porque no podía tener a un comunista. Y así fue, duró apenas tres partidos.
En los ’70 debió exiliarse. Perseguido por la Triple A, en el ’74, luego de que las fuerzas represivas mataran a cinco de sus compañeros –a él también fueron a buscarlo, pero no lo encontraron– y tiraran los cuerpos en Punta Lara, Godio debió dejar el país. Su exilio comenzó en Maracaibo, Venezuela, país donde vivió diez años. Ya en el ’84 inició su retorno a la Argentina, proceso que duró unos diez años más, mientras mantenía sus funciones en la OIT como responsable de las federaciones de los trabajadores en América latina.
“Fue una decisión de vida volver –dijo su hermano Carlos a Página/12–. De a poco fue trasladando su gran biblioteca, que tuvo que reconstruir en el exterior, porque la que tenía había sido sustraída por la dictadura.” Se instaló en su casa de Buenos Aires, pero seguía viajando por trabajo y permanecía largos períodos en el extranjero. Su último destino, en 1995, fue Santiago, Chile, donde representaba a las Naciones Unidas en la OIT, cosa que había hecho ya en Venezuela y en Perú.
En febrero pasado, la editorial Capital Intelectual publicó su último libro, El futuro de una ilusión, “un testamento, una conclusión de todas sus ideas”, en palabras de Carlos Godio. “Julio fue un profundo conocedor del movimiento sindical argentino, y era muy respetado por el mundo obrero, al que le dedicó su vida. La semana trágica, su primer libro, fue un hito porque tenía una nueva visión, un enfoque que hablaba de una renovación en el pensamiento social de nuestro país. Después vinieron La caída de Perón y otros libros que integran su historia del movimiento obrero”, completó.
Godio fue investigador de las universidades de Glasgow (Escocia), Del Zulia y Central (Venezuela) y, en la Argentina, la UBA, La Plata y Comahue. En los últimos años se desempeñaba como director del Instituto del Mundo del Trabajo. Entre sus obras más recordadas figura la monumental Historia del Movimiento Obrero Argentino, que abarca desde 1878 al año 2000 y fue editada en cinco tomos. Julio Godio tenía cáncer de pulmón, había sufrido un ACV y el viernes falleció víctima de un paro cardiorrespiratorio no traumático.

 
 
(Agencia Paco Urondo)

20.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, gentileza Ernesto Jauretche) Este lunes 23 de mayo a las 18.30 en la Casa Patria Grande Presidente Néstor Kirchner (Carlos Pellegrini 1289) se realizarán las jornadas Artiguistas. Expondrán: Nelson Caula, periodista, escritor y biógrafo de Artigas; Hernán María Patiño Mayer (embajador e historiador); Felipe Pigna, (historiador y escritor); Delia Etchegoimberry (historiadora y escritora). Moderador: Ernesto Jauretche. Coordinador del programa de reivindicación de la figura de Artigas.

En este Bicentenario suramericano, en que los gobiernos de nuestros países están más cerca que nunca de sus pueblos, es oportuno rectificar desafueros e infamias que fueron producto del apasionamiento con que se debatieron y guerrearon ideas y proyectos históricos. Venimos a reivindicar la figura del conductor político y líder de su pueblo en armas y genial estadista que junto a José de San Martín y Simón Bolívar entregó su vida a la causa de la libertad, la justicia y la soberanía de los pueblos sudamericanos: Jefe de los Orientales, Protector de los Pueblos Libres y Padre del Federalismo Argentino, José Artigas.
El pensamiento y la acción de Artigas vuelven hoy a convocarnos, tras las señeras huellas de su lucha por la unidad del Continente, la construcción respetuosa de repúblicas federativas, la defensa de los intereses de los desvalidos, la justa distribución de la riqueza y la democracia popular. A este hombre probo, valiente y lúcido, pero por encima de todo patriota, se lo calificó de bandido, de bárbaro, de traidor. Y se condenó al silencio la historia de todo el movimiento artiguista, sin discusión ni respeto. Se levantaron cadalsos donde debió haber estatuas y estatuas donde debieron haber cadalsos.
Convocamos al pueblo todo de la Argentina y en particular al de las provincias que formaron parte de la Liga de los Pueblos Libres, a iniciar una campaña de divulgación, reconocimiento y redescubrimiento de José Artigas como ceremonia y celebración del prócer americano. Cuando el próximo 18 de mayo de 2011 se cumpla el Bicentenario de la victoria artiguista en la batalla de Las Piedras, primera y fundamental en el frente oriental de las guerras de la Independencia, en la conciencia histórica de nuestros pueblos habrá un espacio de recordación de aquella epopeya, nuevos argumentos para fundamentar históricamente sus demandas sociales, un motivo más para afirmar la hermandad con el pueblo de República Oriental del Uruguay y la oportunidad para reponer en su lugar al héroe y pensador que representa al Uruguay, la Argentina y a todos los pueblos libres del Continente.
Convoca a la Secretaría de Cultura de la Nación. (Agencia Paco Urondo)
 

20.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) El programa Código Político, que se emite en TN, del Grupo Clarín, juntó a Beatriz Sarlo y a Horacio González, dos de los intelectuales más importantes de la actualidad. Compartimos el video completo del debate, para seguir discutiendo y reflexionando.

{youtubejw}883i04SlFU0{/youtubejw}
(Agencia Paco Urondo)

19.05.2011

 
Capital Federal (Agencia Paco Urondo, por Matías Farías) 1024x768 Normal 0 21 false false false Uno de los giros más importantes de la política kirchnerista en el plano internacional constituyó la apuesta por construir la patria grande latinoamericana. Uno de los desafíos de dicha tarea no es únicamente articular un “mercado común”, sino hacer justicia a una historia que sea el sostén de un proyecto político con vistas al futuro. Por eso, mientras algunos medios se deleitan con las controversias suscitadas en estos días en las relaciones comerciales entre Argentina y Brasil, no está mal evocar las tramas culturales y políticas que sostienen el vínculo entre ambos países, mucho más poderosas que las que se encuadran en el marco de las “relaciones comerciales bilaterales”.

Esas tramas culturales, que incluye los mundos imaginados por la literatura infantil, como así también la narrativa política que moldeó ideológicamente a toda una generación, aparecen imbricadas en el prólogo de Cristina Fernández a “Las aventuras de Naricita”, del cuentista infantil brasilero José Monteiro Lobato (1882-1948). Los nombres, entre otros, de Darcy Ribeiro, Freire y Walsh, mencionados por Cristina en el prólogo, son indisociables de una voluntad política que ayer y hoy lleva el nombre de “América Latina”.
 
El libro de Monteiro Lobato ha sido reeditado recientemente en Brasil y el prólogo de Cristina puede encontrarse en el último libro de Horacio González, “Kirchnerismo: una controversia cultural”. Tanto el libro de González como el prólogo de Cristina, que a continuación trascribimos, son piezas fundamentales para comprender nuestra historia reciente y, por ende, nuestro presente político.
“Prólogo de Cristina Fernández a Las aventuras de Naricita, de José Monteiro Lobato”:
“Mamá o mi abuelo acostumbraban atender a cuanto vendedor de libros tocaba el timbre de nuestra casa. Eran épocas de ventas en cuotas interminables. Diccionarios en tres tomos, gigantescos y pesados, que apenas con mis seis o siete años alcanzaba a bajar de los estantes para leer, colecciones enteras de todo tipo de enciclopedias, revistas y fascículos de la Biblia, y otros relatos que luego mamá mandaba a encuadernar. La lista sería infinita, como grande la biblioteca que se fue formando en esos años de infancia. Sin embargo, mi memoria registra con absoluta nitidez la llegada a casa de la colección completa de lo que recuerdo como Las travesuras de Naricita y Perucho, de Monteiro Lobato. Su formato de tapas duras, coloradas, con las líneas de los rostros de Naricita y Perucho, en dorado, constituyen un registro visual imborrable. Más que leerlos, literalmente devoré esos textos que iban de las fantasías más alocadas a la enseñanza de historia, geografía, geología y todo tipo de conocimiento. Emilia, la muñeca de trapo, terca y caprichosa, intrigante y rezongona, pero querible como pocas, convivía con el Vizconde – un marlo de maíz con galera e impertinentes – siempre atinado, serio y responsable. Naricita y Perucho, dos niños fantasiosos, aventureros, inquietos y siempre deseosos de saber más, podrían haber sido uno de nosotros. Doña Benita, la abuela, era una “abuelísima” de gafas y pelo blanco que con la ayuda de la negra Anastasia – la “tía” inefable creadora de Emilia, la muñeca – hacían de la quinta del “Benteveo amarillo”, un lugar en el que todos hubiéramos querido vivir. Pasada mi niñez pensé que todos esos personajes pasarían a formar parte de los lejanos recuerdos de una infancia feliz de muñecas y libros, de juegos y conocimientos. Sin embargo, la vida, el destino personal o el del país, o ambos en intensa combinación, hicieron que volviera a encontrarlos en dos oportunidades más. Una fue durante el año 1976. Había transcurrido largo tiempo desde mis lecturas infantiles. En nuestra biblioteca familiar, bajo mi impronta, y luego la de mi hermana Gisele, se habían incorporado otros textos. Junto a Monteiro Lobato, estaban Hernández Arregui, Rodolfo Puiggrós, Arturo Jauretche, Scalabrini Ortiz, Marechal, Cooke, Franz Fanon, Walsh, Perón, Galeano, Benedetti, Darcy Ribeiro, Paulo Freire, Sartre, Camus, y tantos otros. Las fantasías habían dado paso a las utopías, las aventuras a la militancia, el conocimiento puro y casi aséptico a otros conocimientos: el del entramado cultural que, al amparo de dictaduras militares recurrentes, sumía en la desinformación y la expoliación a nuestro país y a nuestra Latinoamérica. Una tarde de febrero de 1976, irrespirable, no sólo por el calor, sino por lo que sucedía – que presagiaba tragedias mayores –,  llegué a casa de mamá. Ya no vivía allí, el año anterior me había casado con un compañero de la facultad. La encontré a mi hermana forrando las tapas de los libros cuya sola tenencia, en caso de allanamientos – muy frecuentes en aquellos días – eran el pasaporte directo a la cárcel, en el mejor de los casos. Gisele al mismo tiempo cortaba las primeras páginas de los libros de Naricita y Perucho y los pegaba en los libros de Puiggrós, de Fanon, Walsh o Cooke. “Qué estás haciendo loca?”, le pregunté – siempre amable y diplomática-. Me miró y me dijo: “¿yo, loca?”, loca está mamá que nos quiere quemar todos los libros; te aviso que ya te tiró al pozo ciego todos los “desca” y las “militancia” – El Descamisado y Militancia eran dos semanarios obligados de aquella época -, y siguió forrando tapas “peligrosas” y pegando páginas de los libros de Monteiro Lobato, mientras yo la miraba absorta, sin saber si reír o llorar. No hice ninguna de las dos cosas, me fui a mi casa de City Bell, en las afueras de La Plata, donde vivía con Néstor Kirchner, quien había dejado de ser mi compañero de facultad, para transformarse en mi compañero de vida. Nunca allanaron la casa de mamá; nunca volví a preguntarle a mi hermana si Naricita y Perucho seguían mezclados con aquellos libros de mi juventud. La mente humana se las arregla para esconder, en algún pliegue lo que no queremos recordar. Pasaron los años y la dictadura. Néstor fue elegido intendente de su ciudad natal en 1987, y yo, diputada provincial de Santa Cruz en 1989. En 1991 él fue gobernador de la provincia, cargo por el que fue reelegido en los años 1995 y 1999. En el año 2003, fue electo presidente de todos los argentinos. Treinta años exactos después de aquellas lecturas, de aquellos fuegos. Comenzó su presidencia en un país al borde de la disolución económica y social después del default, sin olvidar Malvinas y una generación desaparecida, que había abrevado en aquellos textos queriendo escribir una historia distinta. Desde 1995, fui elegida, en distintas oportunidades, como diputada y senadora nacional, cargo, este último, que ocupaba cuando Néstor asumió como presidente. Durante el año 2008, tuvo lugar mi tercer encuentro con Naricita y Perucho. Esta vez fue – cosas de la vida – en el Brasil. El Brasil de Monteiro Lobato. Ya no era una niña que leía incansablemente; tampoco era la joven militante peronista del cigarrillo permanente en la mano, que leía y discutía todo el tiempo. Tenía 55 años y era la presidenta de la República Argentina, en visita oficial a la hermana República Federativa del Brasil. Compartía la mesa con Luis Ignacio Lula da Silva, su presidente, y Celso Amorim, su canciller, entre otros. De repente, en la conversación volvieron a aparecer Naricita y Perucho – nunca voy a recordar el motivo –. Celso hace referencia a Monteiro Lobato y entonces le conté acerca de mis lecturas infantiles. No lo podía creer. Eran también sus preferidas. Allí surgió la idea de patrocinar por parte del gobierno del Brasil una nueva edición de las aventuras de Naricita y Perucho, esta vez prologada por mí. Y aquí estamos. No sé si éste será mi último encuentro con estos niños entrañables; si los hijos de mis hijos leerán libros, o serán definitivamente atrapados por Internet. No lo sé. Espero que no, por ellos: se perderían el placer indescriptible de abrir un libro y no saber qué van a encontrar, a imaginar, a fantasear. Se perderían las sensaciones que provoca atravesar esta vida, construyendo utopías y abriendo caminos, que parecían definitivamente cerrados para nuestro país y nuestro continente. Por eso, espero nuevos encuentros. Por ellos y por nosotros. En definitiva, por todos. A Naricita y Perucho, a Emilia y el Vizconde; a Anastasia y doña Benita y a todos lo que contribuyeron a alimentar mis sueños y forjar mis Utopías”.(Agencia Paco Urondo)

18.05.2011

 
Capital Federal (Agencia Paco Urondo) La Casa Nacional del Bicentenario-Secretaría de Cultura de la Nación inaugura Economía y política. 200 años de historia, una exposición que retrata el recorrido de la economía argentina, desde 1810 hasta la actualidad. Economía y política. 200 años de historia es fruto de un trabajo de investigación de más de un año en el que realizaron el asesoramiento, la selección de contenidos y el guión expositivo el Doctor en Historia y economista Mario Rapoport, el economista y periodista Alfredo Zaiat, y el escritor y periodista Julio Fernández Baraibar.

Documentos, piezas históricas, material audiovisual y obras de artistas visuales componen el relato expositivo que propone acercar a los visitantes información amplia para promover la reflexión, y generar un debate sobre un tema constitutivo de la sociedad argentina.
Durante el evento de inauguración, el martes 17 de mayo de 19 a 22 horas, habrá espectáculos en vivo con la participación de Liliana Herrero, Lidia Borda, Alfredo Piro, Dolores Solá, Antonio Birabent, Pablo Dacal, Andrés Gimenez, Fena, Nuria Martínez, entre otros.
Acompañan este recorrido por la historia económica de nuestro país obras de los artistas Marie-Gabriel Biessy, Martín Bonadeo, Antonio Berni, Gabriela Bocchi, Alejandra Bocquel, Ernesto de la Cárcova, Ricardo Carpani, Juan Carlos Castagnino, Juan Carlos Distéfano, Diana Dowek, Fermín Eguía, Omar Estela, Roberto Fernández, León Ferrari, Carina Ferrari, Luis “Búlgaro” Freisztav, Karina Granieri, Norberto Gómez, Magdalena Jitrik, Alexandra Kehayoglou, Martín Kovensky, Geraldine Lanteri, Patricio Larrambebere, Marcos López, Liliana Maresca, Vicente Marotta, Juan Mathé, Marta Minujín, Eduardo Molinari, Daniel Ontiveros, Diego Perrota, Cristina Piffer, Ricardo Pons, Juan Pablo Renzi, RES, Juan Carlos Romero, Graciela Sacco, Jorge de Santamaría y Alejandro Somaschini; y con la asesoría de Judith Gociol se exhiben obras de los humoristas gráficos Calé, Roberto Fontanarrosa, Sergio Langer, Julio Málaga Grenet, Daniel Paz, Quino, Miguel Rep y Luis Guaragna entre otros.
La producción audiovisual que se exhibe fue realizada por la Casa Nacional del Bicentenario; y por el Centro de Producción Audiovisual de la UNTREF y Alejandro Areal Vélez como realizadores invitados. (Agencia Paco Urondo)
 

17.05.2011

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Una de las leyes no escritas del periodismo deportivo actual expresa que sería muy fácil –y además deshonesto o poco profesional- opinar de un partido “con el diario del lunes”. Sin embargo, para evitar una perorata sentimentalista basada en las interminables lágrimas vertidas por amor a Martín Palermo, este cronista decidió trabajar con los diarios del lunes. Un día después del histórico 2-0, con las imágenes y los movimientos grabados ya en la memoria de millones, hace falta aún señalar en qué elementos, en qué gestos y por intermedio de qué estrategias Boca le ganó este clásico a River.
¿Dónde se gestó el triunfo? El gran maestro de la filosofía política moderna, Thomas Hobbes, escribió que los hombres, impulsados por el deseo de gloria, son a menudo capaces de llegar a la guerra apenas por una palabra, o incluso por una sonrisa. Un detalle, un gesto casi imperceptible, puede resultar determinante y convertir a un poderoso imperio en un montón de ruinas. En una clase magistral de política (y por lo tanto también, de fútbol), Boca colmó el superclásico de gestos y contragestos, obligando al rival a un tedioso ejercicio de traducción al que llegó inexorablemente tarde. Dentro y fuera de la cancha, dentro y fuera del estadio, River se convirtió en el destinatario de toda suerte de correos y amenazas: hubo mensajes inofensivos y otros intimidantes, entre el folklore y el crimen (un ataque al micro en Retiro obligó a los visitantes a arrojarse al suelo). En esta política gestual, Boca distribuyó mensajes en código en todas direcciones, confundiendo hasta a la prensa, que acabó adormecida –ya en la previa- entre los “sueños del último gol” de Palermo y las palabras de elogio de Riquelme para Carrizo. ¿Cuál fue el gesto decisivo de Boca? Ni el abrazo de Román con Martín, ni los abrazos de ambos con Falcioni, ni los saludos con J.J. López. Boca aplastó a River con el gesto barrabrava de un ajuste de cuentas con Jonathan Maidana. Y el defensor-goleador de River pagó esa deuda abandonando la cancha a los veinte minutos de juego, sin hacer gestos. O sí, acaso algún gesto de dolor. Seguramente un dolor muy intenso, indisimulable.
En los diarios del lunes, el caso Maidana aparece sobre todo como un desacierto del técnico de River, que lo habría “arriesgado” sin tener en cuenta las molestias físicas que condicionaron al jugador durante la semana. Se mencionan los insultos que recibió, especialmente al final, y su buena intención, en el inicio, cuando se acerca sonriente al banco de suplentes del local (¿a saludar a ex compañeros de Banfield, de Boca, a saludar a todos, de paso?). Esta “buena onda” con Boca lo dejó a merced del rival. Con el antecedente fresco de haberle convertido al xeneize en el Monumental, Maidana tendría que haber sido advertido sobre la necesidad de darle la espalda a los recuerdos y entrar a la Bombonera a cara de perro, como si fuera el más orgulloso hincha de River. En lugar de elegir ese camino (el que tomó Ruggeri cuando llegó a River, el de Caniggia en Boca), Maidana prentendió jugar el clásico “con respeto” hacia la 12. Y se lo comieron crudo. Cada vez que subió a cabecear terminó en el piso. Los únicos que podían ver los penales de Caruzzo eran los que lo miraban por TV, y el propio Maidana que, en lugar de protestar y avisar a Almeyda de los golpes recibidos en el área de Boca… prefirió pagar su deuda sin comentarios: “silencio atroz”.
Es impresionante ver al defensor volviendo a su puesto mudo, a toda velocidad, incapaz de pedir penal, después de cada apriete de Caruzzo, que lo tomaba de la camiseta como diciéndole “nene, hoy gana Boca, no te hagas el pelotudo y quedate quieto”. En cada pelota disputada, Maidana supo que había un ensañamiento con él. Y si todavía tenía dudas, hay que ver la cara del defensor cuando se toma el rostro enrojecido después de un violentísimo contacto provocado nada menos que por Juan Román Riquelme (un movimiento digno de playstation, pero no del FIFA sino de algún juego de combate cuerpo a cuerpo). A los 22´del primer tiempo River se quedó sin su mejor defensor, herido de muerte. Fue reemplazado por un chico que –a juzgar por su inexperiencia- mostró grandes condiciones. Al menos gritó “penal” cuando Caruzzo lo revolcó por el área chica. Conclusión: mientras el millonario creía que el juego pasaba por los pies de Lamela y el mal viaje de Somoza… Caruzzo, Román y la 12 dejaron a Juanpi Carrizo sin su mano izquierda. Con la otra mano, el arquero de River abrió el marcador. Lo demás… la emoción de Palermo, la vuelta en el aire de Monzón en sentido inverso a las agujas del reloj (inesperado gesto que dejó girando en falso, hipnotizado, a más de uno), los penales no cobrados, la calentura final de Almeyda, todo esto se repetirá hasta el hartazgo. En cambio, el ajuste “a lo Boca” y filo-barrabrava con el seis de River, quedará en la memoria lastimada del ex Boca.
Demasiado tarde, Matías Almeyda se dejó de amagues y violentas exquisiteces y se hizo cargo de que a Boca habría que haberlo pasado por encima redoblando esa apuesta cargada de gestos. Terminó siendo el pelado el que apareció en todos lados provocando, puteando, arañando, maltratado por la policía y demorado. Más tarde aún, a la medianoche, salió a declarar en el programa de Fantino (en pico de rating) que a River no le metieron un dedo sino “la mano entera”. Muy bien, ¿y cómo reaccionó Juan Román Riquelme, algunos años atrás, cuando efectivamente un marcador le metió una mano entera en el culo? El Topo Gigio, que sabe de gestos y códigos tanto como de fútbol, respondió a aquella agresión con otro gesto. Ese gesto de la mano en el culo, Román (que no largaba la pelota) lo convirtió en gesto de dolor. ¿Cómo no se le ocurrió a Almeyda que el único modo de frenar a Boca era con un trompazo genuino como aquel de Riquelme? ¿O es que nunca llegó a sentir esa mano? ¿De qué mano habla Almeyda, la de Boca o la de AFA? ¿Y por qué firma River la solicitada a favor de don Julio Grondona en el mismo diario –el del lunes, el de ayer- donde se queja de los arbitrajes que designa AFA a través de sus representantes? ¿O esas quejas son sólo un gesto más, a destiempo?
Si cambiáramos de tema por un segundo, a modo de apéndice (y un saludo a Baldassi) deberíamos referirnos al impensable polvo de Falcioni: “Bárbaro”, dijo. Préstese atención, fue un polvo bárbaro, no civilizado. En esa verborrea, Falcioni sacó un insólito erotismo –un poco asqueroso- de la galera al tiempo que se ganó, al fin, el mote de “bostero” por primera vez en lo que va del año. Al menos, será un verdadero bostero según el ideario millonario (lo que no es menor). No se le perdonará jamás la escandalosa metáfora ligada al placer del orgasmo.
No hay que confundirse. No fue Carrizo el que pagó los platos rotos. Tampoco fue J. J., ni Maidana, con su deuda interna el La Boca. Aunque parezca mentira, el periodismo disparó contra Funes Mori, que (hace falta repetirlo) llegó a la Bombonera –como el resto de sus compañeros y el cuerpo técnico- cuerpo a tierra. Literalmente, en el piso, debajo de los asientos del micro.
En el vestuario visitante, increíble ingenuidad millonaria, los utileros de River esperaban al plantel con arengas, banderas y fotos gigantes de los titulares, para que se sintieran protagonistas. Un consuelo: al menos, Palermo no volverá a marcarles jamás (si cumple con su palabra), apenas quedará el recuerdo, como bien sabe el xeneize cada vez que ve, por casualidad, una pelota naranja. Fantasmas que quedan dando vueltas, como Monzón, en el aire.
(Agencia Paco Urondo)