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    PASTORAL AFROARGENTINA
    En la foto, de izquierda a derecha: Tamara Barbará, el padre Jean Bosco y Maga Pérez
DÍA NACIONAL DE LOS AFROARGENTINOS

El Negrito Manuel, León XIV y la Pastoral Afroargentina: memoria, fe y reconocimiento

08 Noviembre 2026

En diálogo con AGENCIA PACO URONDO, el padre Jean Bosco y Tamara Barbará, integrantes de la Pastoral Afroargentina, reflexionan sobre la historia y la presencia afrodescendiente en la Iglesia y en la religiosidad popular.

En una fecha tan significativa para la comunidad afroargentina como el 8 de noviembre, la visita del Papa León XIV suma un motivo especial de emoción y expectativa para quienes forman parte de la comunidad afrodescendiente católica. 

El padre Jean Bosco Nsengimana Mihigo es sacerdote católico de origen ruandés. Pertenece a la Congregación de los Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús y María. Llegó por primera vez a la Argentina en 1999 para estudiar Teología Dogmática en la UCA de Devoto. En 2001 regresó a África. En 2017 fue destinado nuevamente a la Argentina, donde desarrolla su labor pastoral en Villa Celina (La Matanza), trabajando junto a comunidades populares y afrodescendientes. Su trayectoria y su reflexión sobre las raíces africanas del cristianismo lo acercan especialmente a la historia del Negrito Manuel y a la devoción a la Virgen de Luján.

Tamara Barbará es afroargentina, descendiente de personas africanas esclavizadas en el territorio durante el siglo XVII. Coordina la Pastoral Afroargentina y es co-coordinadora de la Red de Lideresas Afrodescendientes Católicas de las Américas (LACAM) También preside la Comisión de Afrodescendientes del Sindicato de Trabajadores Legislativos (APL) y articula como enlace por Argentina de la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora (RMAAD).

APU: En el marco del Día Nacional de los Afroargentinos y de la Cultura Afro, en una semana atravesada por la visita de León XIV, ¿qué aspectos de la historia, la cultura y las luchas de la comunidad afrodescendiente consideran que la sociedad argentina necesita reivindicar?

Tamara Bárbará: Creo que la sociedad argentina tiene una deuda histórica muy importante con el pueblo afroargentino, se trata de reconocernos como parte constitutiva de nuestra cultura e identidad nacional. Durante mucho tiempo se construyó un relato de la Argentina como una nación blanca y europea, en el que la presencia africana fue invisibilizada, negada o reducida a una referencia del pasado. Sin embargo, las personas africanas y afrodescendientes estuvimos presentes desde los orígenes de nuestro país. Participaron en las luchas por la Independencia, en la construcción de nuestra sociedad, en el desarrollo de la cultura popular, de la música, de la danza, de la gastronomía y de tantas expresiones que forman parte de nuestra identidad.

En este sentido, necesitamos que se reconozca que la afroargentinidad no pertenece solamente a la historia: es presente y es futuro. Somos una comunidad viva, diversa, organizada, que sigue aportando al país y que también enfrenta desigualdades estructurales, racismo, discriminación y situaciones de invisibilización que todavía persisten. Por eso, cuando hablamos de memoria, hablamos también de justicia, de reparación y de derechos. Es fundamental que la historia afroargentina esté presente en las escuelas, en los libros, en los espacios culturales, en las instituciones del Estado y en los ámbitos de representación política y sindical. No alcanza con recordar nuestras raíces un día al año, los 8 de Noviembre: es necesario garantizar que las voces afrodescendientes tengan participación y protagonismo todos los días.

La visita del Papa León XIV también nos invita a reivindicar la presencia africana en la historia de la Iglesia y de la fe católica argentina. Desde la Pastoral Afroargentina sostenemos que nuestra raíz africana también está presente en el corazón de la devoción mariana más importante de nuestro país: la Virgen de Luján. Muchas veces nos preguntamos dónde están nuestras raíces africanas, como si fueran algo ajeno a la identidad argentina. Y yo quisiera plantear una pregunta: ¿desde qué lugar podemos decir que la Argentina no tiene raíces africanas si hasta en la historia de la Virgen de Luján, patrona de nuestro país, está presente un hombre africano esclavizado?

APU: En este sentido ¿cómo nació la Pastoral Afroargentina? 

Padre Jean Bosco: La fecha de nacimiento de la Pastoral Afroargentina se sitúa en 2022. Entiendo este suceso como un kairós, es decir, un momento oportuno y una manifestación de la providencia divina que cuida y dirige con sabiduría, amor y poder todas las cosas del universo hacia su perfección última. Estrechamente vinculado al legado de fe y resiliencia de Manuel de Luján, popularmente conocido como el Negrito Manuel y, técnicamente, como Manuel Costa de los Ríos, este acontecimiento nos llegó como un tiempo de gracia que visibiliza la raíz afrodescendiente en la historia y la identidad de la Iglesia argentina.

Al principio, nos reuníamos como devotos de la Virgen y de Manuel de Luján. Hicimos retiros y peregrinaciones, inauguramos la ermita del Negrito Manuel, ubicada sobre la Ruta Provincial 7 (en el límite entre General Rodríguez y Luján), que fue bendecida oficialmente el sábado 8 de mayo de 2021 y entronizamos la imagen de Manuel en diferentes lugares, como la Casa Rosada, el 10 de noviembre de 2021, y la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), a finales de julio de 2022. A partir de nuestra participación en el Encuentro de la Pastoral Afroamericana y Caribeña (EPA 2022), realizado en México, fortalecimos los vínculos con las pastorales de distintos países de América Latina y el Caribe.

En ese encuentro manifestamos nuestro interés en que Argentina fuera sede del siguiente EPA, propuesta que fue aceptada y se concretó en 2025 en Luján, bajo el lema «Manuel de Luján, rostro afro del pueblo peregrino en América Latina y el Caribe». Esa edición del EPA fue un acontecimiento importante para la Pastoral Afroargentina y permitió impulsar distintas actividades y encuentros institucionales. Nos presentamos ante la Conferencia Episcopal y diversos obispados, que abrieron sus puertas a nuestra participación en la vida pastoral de la Iglesia. Actualmente, estamos trabajando para obtener la personería jurídica como entidad religiosa de interés público. 

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manuel de lujan
Foto: Pastoral Afroargentina

APU: Tamara, desde tu experiencia en el activismo afroargentino, ¿qué lugar ocupan la fe y la espiritualidad en las historias, las raíces culturales y las tradiciones de las comunidades afrodescendientes?

TB: Para las comunidades afrodescendientes, la espiritualidad ha sido históricamente una fuente de resistencia, de fortaleza y de preservación de nuestra identidad. Nuestros antepasados trajeron desde África no solamente sus conocimientos, sus lenguas, sus costumbres, sus músicas y sus tradiciones, sino también sus formas de vivir y expresar lo sagrado. Aun en medio de la esclavización, la violencia, la deshumanización y la prohibición de sus prácticas culturales y religiosas, encontraron maneras de mantener viva su espiritualidad, transmitir sus creencias y sostener la esperanza. No podemos comprender la historia afrodescendiente sin reconocer esa dimensión espiritual que acompañó las luchas por la libertad y que permitió mantener vivos los lazos con nuestras raíces africanas.

APU: Históricamente, la Iglesia católica estuvo vinculada a la esclavización de personas africanas y a la legitimación de ese sistema. Desde su mirada como sacerdote, ¿cómo considera que la Iglesia debe abordar esa responsabilidad histórica?

PJB: Al igual que el Papa León XIV pidió perdón abiertamente en nombre de la Iglesia, es necesario iniciar un diálogo sincero, hacer justicia histórica, realizar una reparación ancestral y alcanzar una reconciliación. Es comprensible y profundamente válido que, desde su vocación y ministerio pastoral, la Iglesia sienta la urgencia moral de abordar esta realidad. Del mismo modo que el papa Nicolás V concedió al rey Alfonso V de Portugal, en su bula Dum diversas (1452), la facultad de invadir, capturar y someter a sarracenos (musulmanes), paganos y otros «enemigos de Cristo», autorizando así explícitamente a reducir a «esclavitud perpetua» a los negros que capturaban en África para traerlos a las Américas, la Iglesia debe reconocer que la historia de la colonización y el comercio transatlántico de personas esclavizadas ha dejado secuelas profundas que interpelan directamente a su misión evangelizadora y al núcleo de su mensaje sobre la dignidad humana.

APU: ¿Usted se refiere a la encíclica Magnifica Humanitas?

PJB: Magnifica Humanitas es un punto de inflexión. El Papa León XVI pidió formalmente perdón en nombre de la Iglesia por haber legitimado la esclavitud . Al calificar este legado como una “herida en la memoria cristiana", nuestro sumo pontífice reconoció explícitamente la responsabilidad institucional del papado al haber autorizado en el pasado a los soberanos europeos someter a poblaciones originarias y africanas. Para avanzar desde la reflexión pastoral hacia propuestas concretas dentro de las comunidades eclesiales, debemos tener en cuenta tres dimensiones que son fundamentales: verdad y memoria histórica, reparación moral y pastoral, y justicia social contemporánea. Para la Pastoral Afroargentina, estos ejes son de suma importancia para visibilizar, dignificar y restituir los derechos de las comunidades de afrodescendientes y africanos en el país, así como para conectar la fe cristiana con la lucha por la equidad social.

Desde la perspectiva de la verdad y la memoria histórica, consideramos que el perdón papal sienta las bases para examinar críticamente los documentos que justificaron la colonización como las bulas del siglo XV. Desde las diócesis y parroquias esto abre espacios para una catequesis y una formación teológica que no oculten los errores del pasado. Este eje busca romper el mito de la «desaparición» del afroargentino y rescatar su papel protagonista en la construcción de la identidad nacional, lo que requiere una mayor visibilidad; es decir, combatir la narrativa histórica que afirma que en Argentina no hay población negra o que esta se extinguió en el siglo XIX. Se trata de un llamamiento para reconocer las aportaciones culturales, sociales, económicas y religiosas de la comunidad afro desde la época colonial hasta la actualidad.

El Papa León XIV relacionó explícitamente los pecados del pasado con los desafíos éticos actuales y advirtió sobre las “nuevas formas de esclavitud y colonialismo” asociadas a la economía digital, la explotación laboral y la deshumanización tecnológica. Por tanto, la respuesta eclesial debe incluir una firme condena de la trata de personas y de la precarización laboral. Desde la Pastoral Afroargentina se aplican los principios de la Doctrina Social de la Iglesia a la realidad socioeconómica y política de las comunidades afroargentinas y de los migrantes africanos. El objetivo es combatir el racismo estructural denunciando y erradicando la discriminación que dificulta el acceso a empleos y salarios dignos, a una vivienda digna, a la salud y a una educación de calidad. 

Como sacerdote, siento que mi desafío es tender puentes y propiciar que estas disculpas oficiales se traduzcan en procesos locales de reconciliación que fomenten la justicia social que los últimos magisterios desarrollaron a través de la Doctrina Social de la Iglesia.

Manuel de Luján : una figura central en la historia de la fe argentina

APU: ¿Cuál es la historia y la relevancia que tiene la figura de Manuel para la devoción a la Virgen de Luján?

PJB: Según el acta de venta, se llama Manuel Costa de los Ríos (1604-1686). Aunque es más conocido como el Negrito Manuel, hoy lo llamamos Manuel de Luján. Fue un hombre esclavizado de origen africano, del Reino de Angola, y es un pilar fundamental de la devoción a la Virgen de Luján, gracias a su testimonio y entrega. De hecho, sin él no existiría Luján, la capital nacional de la fe que conocemos hoy en día . Manuel no sólo fue testigo del milagro de la carreta (1630), sino que también fue el promotor de la devoción a la imagen de la Inmaculada Concepción que se quedó en Zelaya, departamento del Pilar. El navegante y traficante de esclavos André João (Andrés de Juan) llegó al Río de la Plata acompañado de otras personas, entre ellas Manuel, y en su carreta trasladaba dos imágenes marianas encargadas por Antonio Farías de Sáa. Una de las dos imágenes se quedó milagrosamente en la hacienda de Bernabé González Filiano, y Manuel se quedó con ella. La custodió, encendiendo su lámpara y curando diferentes enfermedades con el aceite que salía de ella, hasta que su devoción se hizo famosa y una mujer llamada Ana de Matos decidió comprarla al párroco de la catedral de Buenos Aires.

Cuando la imagen fue llevada a las tierras de Ana de Matos, donde hoy se levanta la Basílica Nacional de Luján, los devotos afirmaban que regresaba sola a Zelaya. Sin embargo, se sospecha que, en realidad, eran los peregrinos quienes seguían yendo al lugar donde se encontraba Manuel para curarse de sus dolencias. Esto impulsó a Ana de Matos y a los nuevos fieles de la Virgen a decidir llevar también a Manuel a Luján. Ante esta intención, los dueños de la hacienda donde se había quedado reclamaron a Manuel como “su propiedad” ante la justicia. Manuel rechazó enérgicamente la reclamación y se defendió afirmando: «Soy de la Virgen, nomás». Para resolver el litigio legal, los devotos y la propia Ana de Matos reunieron dinero (registrado en un documento de 1674 por un valor de 250 pesos) para “comprarlo” y ponerlo al servicio exclusivo de la Virgen.

Manuel custodió durante más de cincuenta años la pequeña imagen de terracota en la capilla primitiva de barro y paja, conocida como la Capilla de Montalvo. Montalvo era un sacerdote de Buenos Aires, al que Manuel invocó para que la Virgen lo curara, ya que los médicos lo habían dado por moribundo. Manuel recibió a los peregrinos y atendió a los fieles hasta su fallecimiento en 1686. Según los historiadores de Luján, fue enterrado junto al altar de la capilla, a pesar de ser laico.  

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Pastoral Afroargentina
Foto: Pastoral Afroargentina

APU: Es realmente emocionante conocer esta historia de resistencia y fe. Como afrodescendiente argentina, ¿qué significa para vos Manuel de Luján y qué te gustaría que quienes lean esta historia se lleven en este Dia Nacional de los Afroargentinos y la cultura afro? 

TB: Manuel es mucho más que una figura vinculada a la historia de la Virgen de Luján. Representa una parte fundamental de la memoria afroargentina, de nuestra identidad y de la historia de la Iglesia en nuestro país. Para comprender su historia, tenemos que situarnos en el siglo XVII, durante el período colonial, cuando la esclavitud formaba parte del sistema económico y social. Miles de personas africanas eran arrancadas de sus territorios, separadas de sus familias y trasladadas por la fuerza a América. Manuel fue uno de esos hombres africanos que llegaron esclavizados al Río de la Plata.

Hay un aspecto de su historia que considero fundamental: Manuel no fue solamente un cuidador, sino también un protagonista de la construcción de una de las expresiones de fe más importantes de nuestro país. Sin embargo, no podemos olvidar que era un hombre privado de su libertad por el sistema esclavista. Incluso en 1674 fue objeto de una operación de compraventa para que continuara al servicio de la imagen. Esa contradicción nos muestra la dureza de la sociedad colonial. En este sentido necesitamos recuperar su humanidad: reconocerlo como un hombre africano, con identidad, espiritualidad, dignidad y una historia propia, y no reducirlo solamente a la condición de esclavizado o servidor.

Por eso, desde la Pastoral Afroargentina, creemos que hablar de Manuel de Luján también es hacer memoria y justicia histórica. Queremos que su historia se enseñe en las escuelas, en las comunidades y en los espacios religiosos, y que las nuevas generaciones puedan conocerlo, reconocerse en él y comprender que su presencia también forma parte de la historia de la fe en nuestro país.

APU: Padre Juan, ¿en qué situación se encuentra actualmente el proceso de reconocimiento religioso de Manuel de Luján y qué pasos deberían cumplirse para que pudiera ser declarado beato? 

PJB: Tras 400 años, la Iglesia católica ha iniciado formalmente su proceso de beatificación, reconociendo que su vida de fe y servicio es un ejemplo a seguir. Manuel es el primer esclavizado argentino en camino a los altares. Este proceso del Siervo de Dios, Manuel de Luján, tiene un enorme significado teológico y también actúa como motor de transformación e inspiración para la Pastoral Afroargentina.

Esta causa histórica tiene varias consecuencias y líneas de acción pastoral. Por un lado, representa una reparación simbólica hacia la memoria de la comunidad afroargentina, ya que su figura contribuye a desmontar el mito de la «desaparición» de la población negra en el país y demuestra que las raíces africanas están presentes en la identidad y la fe nacionales desde el período colonial. También nos inspira a promover expresiones de fe y celebraciones litúrgicas que incorporen y reconozcan la matriz afro, validando la diversidad cultural dentro de la Iglesia católica argentina. Manuel, que fue víctima del tráfico de personas y despojado de sus derechos civiles, encontró su libertad en su consagración mariana: «Soy de la Virgen, nomás». Su historia es, además, un símbolo de dignidad frente a las situaciones actuales de exclusión, marginalidad y trata de personas.

Por otra parte, el hecho de que un laico pobre y esclavizado haya sido el primer custodio de la Patrona de Argentina permite reivindicar el protagonismo de los laicos y el papel fundamental de las periferias en la vida de la Iglesia, fortaleciendo el trabajo de los agentes pastorales en las comunidades más vulnerables. Este reconocimiento también impulsa la investigación histórica y la catequesis. Es necesario revisar los manuales y los contenidos catequísticos para narrar el origen del milagro de Luján, en 1630, desde una perspectiva que no se centre exclusivamente en los terratenientes coloniales, sino que reconozca a Manuel como el primer apóstol y promotor de esa devoción popular. Su figura tiene un impacto social y eclesial. Manuel es el tatarabuelo de la religiosidad popular y mariana argentina.

APU: Cuando llegue el momento ¿Considerás que su beatificación puede contribuir a visibilizar lo afrodescendiente en la religiosidad popular argentina?

TB: La posibilidad de que sea reconocido como beato nos llena de emoción y nos conmueve, porque recuerda que la santidad también nace de la humildad, del amor y de la entrega cotidiana. Manuel es parte de nuestro pueblo afrodescendiente, de nuestras raíces y de nuestra fe. Aun recuerdo con mucho cariño aquel mensaje que nos envió el Papa Francisco, “Que la Virgen los cuide, que el NegrIto Manuel interceda por todos ustedes”. Que así sea, amén. 

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    teatro deshonrada
    Foto: Laura Mestre
CARTELERA TEATRAL

Teatro: "Deshonrada", una artista condenada al olvido por ser peronista

08 Noviembre 2026

“Un interrogatorio clandestino. Un inquisidor que diseca recuerdos como si fueran ranas. Una estrella reducida a cenizas. Una madrugada donde la historia argentina duele”, de eso trata Deshonrada, la obra de Gonzalo Demaría, bajo la dirección de Fabi Maneiro, que puede verse en el legendario teatro Andamio 90.

Durante la madrugada posterior al golpe de Estado de 1955, la ex estrella del cine nacional, Fanny Navarro, es sometida a un interrogatorio clandestino. ¿La acusación? Su vínculo con Eva Perón, su romance con Juan Duarte y los rumores de haber actuado como delatora dentro del ambiente artístico.

Deshonrada se centra en la creciente violencia a la que es sometida la actriz por parte de su inquisidor quien, oculto bajo el seudónimo de Capitán Gandhi, llegará a niveles de perversión inusitados. El enfrentamiento entre ambos personajes sostiene una tensión que va aumentando a medida que avanza la trama, en una especie de duelo psicológico entre el poder y los resabios de dignidad de una mujer a quien la persecución política le va a arrebatar no solo su carrera sino también su propia integridad mental.

La vida de Fanny Navarro, protagonista indiscutible de los inicios del cine sonoro argentino y de la década de oro en los 50, donde participó al lado de los grandes de la escena nacional como Niní Marshall y Fidel Pintos, fue motivo de libros y películas. Pero la actriz protagonizó además películas de temáticas fuertes, desconocidas en esa época, como Marihuana de León Klimovsky, que tanto va a exasperar a su inquisidor en Deshonrada. Esta osadía junto a su adscripción al peronismo y su relación con Juan Duarte van a ser la simiente de su posterior desgracia profesional.

La obra, sin embargo, va más allá de su trayectoria cinematográfica y de su identificación política, ubica la figura de Fanny Navarro, en una situación límite cuando su condición de actriz, su vida privada y sus convicciones quedan sometidas al hostigamiento de un poder que pretende juzgarla políticamente, pero que, en realidad, se termina jugando en el terreno de lo íntimo.

La obra ubica la figura de Fanny Navarro en una situación límite cuando su condición de actriz, su vida privada y sus convicciones quedan sometidas al hostigamiento de un poder que pretende juzgarla políticamente.

Las actuaciones de María Marchi y Julio Viera interpretan con precisión impecable la polarización que encarnan los dos personajes: la intolerancia y la crueldad del hijo de la autoproclamada Revolución Libertadora frente al lado sensible y humano de Fanny, aunque no por ello menos ferviente en sus convicciones políticas, militantes, amorosas. Una mujer que aparece “en camisón”, despojada de todo, pero que afronta con hidalguía las aberraciones a la que es sometida.

En ese cruce entre lo público y lo privado, la obra alcanza una actualidad y una potencia dramática avasallante, necesaria para imbuir a los espectadores en un episodio de nuestra historia cuyas heridas aún no han cicatrizado. Por el contrario, se reactualizan en el odio visceral al oponente, en la crueldad con que se busca acallar al que piensa distinto. Como lo expresó su directora: "No montamos Deshonrada para hacer un documento histórico ni para juzgar el pasado desde la comodidad del presente. La montamos porque esa madrugada de 1955 sigue ocurriendo cada vez que la intolerancia le gana a la humanidad".

La dictadura de Pedro Eugenio Aramburu y sus secuaces no ha tenido límites en su tenebroso accionar: la salud mental de Fanny Navarro, su exclusión de la vida artística y su muerte temprana pueden atestiguarlo.

Discriminada y olvidada por su pasado peronista, es casi un acto de justicia que una obra como Deshonrada la reivindique.

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    marcos osácar
    Foto: obra de Marcos Osácar

Juan Marcos Osácar, de Jujuy a Buenos Aires: el dibujo como protagonista

08 Noviembre 2026

En Jujuy el dibujo fue protagonista. Juan Marcos Osácar es artista plástico y dibujante, profesor de Artes Visuales, nacido en La Plata y radicado en Jujuy desde hace décadas, donde construyó una obra que toma a la naturaleza como punto de partida y recupera mitos populares vinculados con espacios geográficos particulares.

En octubre pasado protagonizó la agenda cultural jujeña con su muestra de dibujos. Osácar fue el invitado central de una nueva edición del ciclo Desayuno Creativo, coordinado por Ildiko Nassr y organizado por la Secretaría de Cultura y Turismo municipal. En ese encuentro compartió su proceso creativo en un espacio de intercambio a través de la conversación, confirmando su lugar como uno de los referentes del dibujo en el norte argentino, que entiende el trazo como memoria, territorio y relato.

Ese mismo espíritu se sintió en Buenos Aires. Mientras el mundo celebra el Inktober, ese desafío global creado en 2009 por Jake Parker que invita a dibujar día tras día con tinta hasta completar los 31 días, en la ciudad la consigna se multiplicó en maratones, jams y jornadas abiertas. No se trata de virtuosismo ni de cumplir una lista perfecta, sino de sostener el gesto: dibujar a pesar del cansancio, de la falta de tiempo, del ruido. Porque dibujar todos los días es también una forma de resistencia íntima. 

No se trata de virtuosismo ni de cumplir una lista perfecta, sino de sostener el gesto: dibujar a pesar del cansancio, de la falta de tiempo, del ruido.

En el Museo Nacional de Bellas Artes esa energía tuvo su punto más alto. Como parte de las celebraciones por los 130 años de su creación, el Museo realizó el sábado 24 de octubre, de 14 a 18 horas, una edición especial y maratónica de su clásico taller "Bocetos guiados". Adolescentes y adultos se instalaron frente a las obras para dibujar durante cuatro horas seguidas, en sintonía con el espíritu de octubre y con la idea de que inspirarse en salas del museo con las creaciones de los antiguos pueblos andinos, las salas de la nueva figuración, el barroco y el más amplio registro visual, no en un ejercicio académico, sino una forma de apropiarse del patrimonio.

De Jujuy a Buenos Aires, octubre dejó una idea, todos podemos dibujar, sabiendo que una línea puede ser un juego, un disfrute, un abrazo o una memoria. Cuando nos juntamos a dibujar, a compartir el trazo y a reírnos de lo que salió mal, estamos diciendo que la cultura no se consume, se hace con las manos. Y que si el mundo va a estallar, que estalle de dibujos. 

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    Patricia Bargero
NOVEDAD

Hay un solo Manuel, y se llama Manuel Puig: a propósito de “Necesito contarte”, de Patricia Bargero

08 Noviembre 2026

I

Con Necesito contarte, el esperado libro de Patricia Bargero, aparecido en octubre bajo el sello editorial Sigilo, estamos ante una obra excepcionalmente, exquisitamente, apabullantemente hermosa. Si el despistado lector, ante tal título, cree que se trata de una suerte de llamada telefónica a Luisa Delfino o de un retoño tardío de la onda Poldy Bird, se equivoca de pe a pa.

El subtítulo nos alivia de esas sospechas: son Cartas a Manuel Puig y los suyos. ¿Novela epistolar, non-fiction novel, biografía, autobiografía, novela confesional? ¿Relato de vidas paralelas, como reminiscencia de Plutarco, solo que aquí las espadas y las batallas son de otra índole? Posiblemente todo eso y más; pero la verdadera felicidad del lector consistirá en que los rótulos dejen pronto de importarle.

II

Bargero es escritora, bibliotecaria y gestora cultural. Nació en Emilio V. Bunge y pasó buena parte de su vida en General Villegas, donde llegó a dirigir la biblioteca pública y emprendió una tarea que excedió largamente las funciones de su cargo: devolver a Manuel Puig a su pueblo. Un accidente automovilístico, ocurrido poco antes de su proyectado casamiento, la dejó cuadripléjica con apenas veinte años. Durante su lenta recuperación, comenzó a leer a Puig, un autor al que hasta entonces había conocido, como tantos otros habitantes de Villegas, a través de los prejuicios y las habladurías locales. Aquella lectura fue una revelación, una verdadera epifanía. Después vinieron los talleres en las escuelas, los homenajes, las actividades culturales, el documental Regreso a Coronel Vallejos, de Carlos Castro, y la casa de la infancia de Puig, que Bargero adquirió y convirtió en un lugar de encuentro. Pero enumerar estos hechos no alcanza para explicar el libro: lo decisivo es el modo en que todos ellos se han incorporado a una escritura.

Hay en Bargero una capacidad de acercamiento a los otros que constituye, a mi juicio, una de las mayores virtudes de Necesito contarte. No se trata solamente de la empatía, palabra que suele gastarse con facilidad, sino de una disposición más exigente: la de mirar a cada persona sin reducirla a la anécdota que la hizo conocida, a su papel familiar, a sus actos o a sus desgracias. Bargero trata a sus personajes con amor y ternura, pero no los idealiza. Tampoco se reserva para sí misma una consideración especial. Cuando habla de su cuerpo, de sus limitaciones, de los dolores y de las humillaciones que debió atravesar, no busca la conmiseración del lector. Puede llamarse a sí misma “paralítica”, “lisiada” o “tullida” para quitarles a esas palabras el poder de herirla; puede contar con una franqueza desarmante las rivalidades, las mezquindades y hasta la crueldad de los internados en el Instituto de Rehabilitación. Y, sobre todo, puede reírse de sí misma.

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Tapa necesito encontrarte

El humor no es aquí un adorno ni un recurso para aligerar un relato que, por momentos, se interna en experiencias atroces. Es una forma de inteligencia y de supervivencia. En las páginas dedicadas a la vida hospitalaria, por ejemplo, la autora recuerda cómo los propios internos podían organizarse en una especie de patota, visitar a los recién llegados, provocar a los deprimidos y hacer apuestas sobre cuánto tardarían en morir. No hay complacencia en esa evocación, pero tampoco una voluntad de ofrecer una versión edificante de la discapacidad. En otro registro, la narración de las experiencias artísticas y de las performances que se organizaron en Villegas muestra a una autora dispuesta a entregarse a lo inesperado, incluso cuando ella misma no termina de entender qué está sucediendo. Esa libertad para reírse, desconfiar de las solemnidades y no ponerse a salvo de las propias contradicciones vuelve particularmente hospitalaria su escritura y, a veces, hasta desopilante.

El destinatario principal de las cartas es Manuel Puig. Desde la primera página, Bargero establece una intimidad que no necesita justificaciones: “Sos el único Manuel de mi vida”. No se propone escribir una biografía convencional ni ordenar la vida del escritor según las exigencias de una cronología académica. Tampoco pretende corregir o completar las biografías existentes. Su procedimiento es otro: reconstruye episodios de la vida de Puig a partir de cartas, testimonios, fotografías, recuerdos familiares, entrevistas y documentos, pero los hace pasar por el vínculo que ella misma ha establecido con él. Le habla a Manuel, a Male, a Bebé, a Mita, a Raba, a Teté y a Paquita; entra y sale de la ficción, de la memoria y de la investigación con una naturalidad que termina por volver irrelevante la pregunta acerca de dónde comienza o termina cada una.

La casa ocupa en ese diálogo un lugar fundamental. Bargero vive en uno de los hogares en las que transcurrió la infancia de Puig, y la describe no como un objeto de veneración ni como un museo, sino como un espacio vivo, transformado por la luz, las plantas, los árboles y las personas que lo visitan. La casa es, junto con los cuerpos, una suerte de santuario: un lugar donde algo que estuvo amenazado o fue expulsado puede encontrar refugio. Pero no se trata de una sacralización ingenua. La autora conoce las historias que esas paredes guardan y sabe que el hogar puede ser también el escenario de la violencia, el silencio y la imposición. Por eso su casa no conserva el pasado como una reliquia: lo vuelve habitable de otra manera.

En este punto aparece Juan Forn, figura decisiva para que el libro llegara a existir. La dedicatoria inicial lo recuerda con gratitud, pero Bargero cuenta también el encuentro que tuvieron en Villegas en 2019. Forn la alentó a poner por escrito precisamente aquello que ella dudaba que pudiera contar: su propia lectura de Puig, no una más entre las lecturas académicas, sino una mirada nacida de la experiencia, de la intimidad con las novelas y de la relación con el pueblo.

Le propuso que confiara en su voz y que el libro avanzara desde el yo experiencial hacia el relato de ideas. Es difícil no pensar que esa indicación fue también una forma de reconocimiento: Forn comprendió que Bargero tenía algo que nadie más podía contar. Necesito contarte es, entre otras cosas, el resultado de aquella confianza. Y la presencia de Forn, muerto antes de que el libro llegara a publicarse, añade a estas cartas una dimensión de conversación interrumpida.

Bargero establece una intimidad que no necesita justificaciones.

III

El amor de Bargero por Puig no es una devoción que linde con la ceguera. Al contrario: es el punto de partida para mirar con mayor rigor aquello que el pueblo prefirió no mirar. Recordemos que el nombre de Coronel Vallejos, en las dos primeras novelas de Puig, remite de manera casi transparente a la localidad de Villegas, pasada por el tamiz de la memoria, el tiempo, el realismo, pero también la ficción. La autora vuelve una y otra vez sobre la violencia que marcó la infancia del escritor allí: las burlas, la hostilidad de los otros varones, la obligación de participar de los rituales masculinos, el fútbol, la bicicleta, la pesca, la demostración de fuerza, el habla grosera.

Puig no podía o no quería cumplir con ese mandato de virilidad que su padre y su entorno esperaban de él. Amaba el cine —una pasión que lo marcaría de por vida—, la música clásica, las muñecas, los juegos suaves. La diferencia lo convirtió en blanco de humillaciones y agresiones. En la reconstrucción que hace Bargero, los episodios de hostigamiento y los intentos de abuso —o quizás algo más que intentos— sufridos durante la infancia y la adolescencia encuentran una resonancia particularmente dolorosa en las escenas de La traición de Rita Hayworth.

La autora no necesita convertir esa relación en una demostración biográfica: le basta con volver sobre las palabras de Puig y sobre las escenas de la novela para mostrar cuánto de aquella experiencia quedó allí depositado.

El final del capítulo dedicado a Bebé contiene una imagen especialmente certera de la ciudad natal: después de haber creído, por un momento, que el mundo podía ser una película melodramática, con escenarios espléndidos, bailes y finales felices, Puig descubre que “Villegas volvía a ser un western de clase B, con decorados pobres, aridez y muerte”. La frase no es solamente una descripción de la decepción de un niño; condensa una experiencia de exclusión y una forma de mirar el mundo. También permite entender la hostilidad que recibió el escritor cuando publicó sus primeras novelas. Durante años, en Villegas se lo consideró un resentido, un chismoso, alguien que había ensuciado a personas respetables y, sobre todo, un putarraco. Se discutía la identificación de los personajes con vecinos reales, pero casi nadie parecía dispuesto a interrogarse por la violencia que las novelas dejaban al descubierto.

Bargero lo formula con toda claridad: “Muchos se enojaron con vos porque manchaste a Danilo Caravera y a las hermanas Massa en Boquitas pintadas, pero nadie reparó en los abusos que en cada recreo tenían lugar frente a la plaza principal y que pusiste en la novela. Jamás escuché que alguien se detuviera a preguntarse por ellos”. La observación desplaza el centro del escándalo. Lo verdaderamente intolerable no era que Puig hubiera retratado a personas reconocibles, sino que hubiera expuesto una trama de abusos, silencios y complicidades que el pueblo prefería mantener oculta. En ese sentido, la lectura que Bargero hace de la obra no es una operación de desagravio literario: es una intervención sobre la memoria colectiva.

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Patricia Bargero

La historia de una adolescente violada por tres adultos en 2010 muestra hasta qué punto aquella trama no pertenecía únicamente al pasado. El video del episodio circuló por el pueblo y provocó una vergonzosa marcha en favor de los agresores, en la que incluso participó una enorme cantidad de mujeres. Muchos recordarán el hecho. “Entonces el pueblo mostró su verdadero rostro”, escribe Bargero. La multitud que se congregó para defender a los abusadores —y que despreciaba a la víctima parece reproducir, con una crudeza difícil de soportar, el mundo que Puig había narrado décadas antes. El libro no establece una equivalencia mecánica entre ambos episodios: muestra, más bien, la persistencia de los mecanismos que hacen posible la violencia, la culpabilización de las víctimas y el silencio de quienes deberían protegerlas. La autora vuelve sobre los eufemismos, las medias palabras y las fórmulas tranquilizadoras que permiten negar lo ocurrido. “No pasó nada”: esa es la frase en la que se refugian tanto los perpetradores como quienes han sufrido el abuso y todavía no encuentran cómo nombrarlo.

La religión aparece también como una de las formas de ese silenciamiento. Bargero conoce la intimidad de los pueblos pequeños, sus redes de información, sus juicios morales y sus culpas heredadas. “Los pueblos chicos tienen esas cosas. Manejan cierta información de los demás que puede ser lapidaria. El rumor crece y se expande a tanta velocidad que nos infecta a todos”. La frase tiene una precisión que excede el caso de Villegas: describe una comunidad en la que todos saben algo de todos, pero ese saber no necesariamente produce solidaridad; puede convertirse, por el contrario, en un instrumento de vigilancia, condena y exclusión. Las culpas impuestas por la religión, las expectativas familiares y el temor al juicio ajeno terminan por hacer que las víctimas participen de su propio silenciamiento. Así lo muestran las historias del abuelo de la propia autora, “regalado” por su madre para peoncito de estancia y violado por peones más grandes; también la de su tía y las de tantas sirvientas de la obra de Puig.

Hay una frase, hacia el final de uno de los capítulos dedicados a la experiencia de la discapacidad, que podría funcionar como una clave de lectura de todo el libro. Bargero recuerda la necesidad que tenían ella y sus compañeros de hacerse visibles, de ocupar el espacio público con sus sillas de ruedas, de romper un paisaje que los mantenía al margen: “Queríamos hacernos visibles, romper el paisaje, meternos en los ojos de los demás a cuchilladas”. La violencia de la imagen es deliberada. No se trata de pedir que los demás miren con benevolencia, sino de irrumpir en una mirada que ha aprendido a no ver. Algo semejante ocurre con Puig: sus novelas obligan a mirar aquello que la comunidad había dejado fuera de campo. Eso mismo hace Bargero al escribir sobre los cuerpos, las casas, las mujeres, los niños y los hombres que quedaron atrapados en historias que nadie quería contar.

Muchos lectores se sentirán interpelados, y quizás más que interpelados. ¿Acaso yo mismo no fui “obligado” por los primeros capítulos a recordar mi infancia y adolescencia en Dolores, otro pueblo de la llanura pampeana, que llegó a tener 14 prostíbulos adonde concurrían la flor y nata de las élites locales y hasta nacionales, pero que ahora prefiere autodenominarse “primer pueblo patrio”, “capital nacional de la guitarra” o de “la torta argentina”? ¿No me hizo recordar también esa “crueldad de la infancia” —feliz expresión de Marguerite Yourcenar—, los sufrimientos de aquellos años en que detestaba el fútbol, las carreras y los bailes, y trataba de esquivar la violencia ante la cual los docentes hacían la vista gorda? ¿No vi a profesores de educación física golpearnos o vapulearnos por no cumplir con los requisitos de la mentada masculinidad? ¿No conocí también a docentes que abusaban de chicas, que eran expulsadas de los colegios mientras a ellos no se les iniciaba ni un mísero sumario y que hoy hasta son adalides de la moral y las buenas costumbres?

No es una operación de desagravio literario: es una intervención sobre la memoria colectiva.

IV

No todo, sin embargo, alcanza la misma intensidad en este libro. Hay momentos en que la narración pierde impulso, como sucede en el capítulo 8, donde algunas reflexiones y asociaciones parecen demorar el avance del relato sin agregar una perspectiva equivalente a la que el libro ofrece en sus mejores páginas. O dicho sin vueltas: se convierte en un embole, un catálogo de películas, actores, directores. También se percibe, de tanto en tanto, cierta inclinación a recurrir a lugares comunes de la psicología contemporánea: la expresión “poner en palabras”, por ejemplo, o algunas formulaciones demasiado previsibles sobre el valor reparador de la expresión. No son objeciones que alteren el balance de una obra de una singularidad poco frecuente, pero sí señalan los momentos en que la escritura parece confiar menos en sus propias imágenes y experiencias, y más en un repertorio de fórmulas ya disponibles.

Y, por supuesto, nada de esto disminuye la grandeza de esta autora. Muchos medios, que la sometieron a innúmeros reportajes tras el inusitado éxito del documental de Castro y el espaldarazo de Forn, la abarataron precisamente al querer aumentarla. Lo hicieron al reducirla nuevamente a lo que no es: una meritócrata de la desdicha, una habitante de una silla de ruedas, una enamorada necrófila de un puto —el famoso Manuel Puig—, ahora respetado por su lugar en el canon literario.

Quizás personas como Patricia Bargero formen parte de ese grupo de justos que, según el Talmud (Sucá 45b), hacen posible que este mundo no sea destruido. O, si esto suena a hipérbole, digamos que en su caso es de aquellos que al menos amarran a Coronel Vallejos a la vida y no a la muerte: quienes impiden que se convierta en un pavoroso remolino de polvo y fuego centrifugado como Macondo, y logran que las estirpes condenadas a cien, incluso a doscientos o trescientos años de soledad tengan una nueva oportunidad sobre esta tierra.

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    Nicolás Francis
    Nicolás Francis: literatura de terror

"Me gusta el terror porque no tiene límites y te permite abordar temas incómodos"

08 Noviembre 2026

Nicolás Francis es periodista, diseñador y autor de terror independiente. Es autor de las novelas El Dios pálido, Black Metal, Octubre 94, Kuronami y Yo soy el Terror, entre otros trabajos. Además, es cofundador de Hypnoz Editorial. En diálogo con APU habló sobre su trayectoria literaria y su rol como productor literario independiente. 

APU: ¿Te sentís cómodo con la descripción de cultor del género de terror? ¿Te gustaría involucrarte con otros géneros literarios?

Nicolás Francis: Sí, completamente. El terror es parte de mi identidad, no solamente como escritor, sino también como lector y consumidor de cine, música y cultura en general. Crecí rodeado de películas de terror, literatura fantástica, historietas y heavy metal. Todo eso terminó influyendo inevitablemente en lo que escribo.

No me molesta que me encasillen dentro del género. De hecho, es un lugar que elegí ocupar. Me interesa construir una identidad reconocible como autor de terror, algo que considero fundamental en una época en la que se publican miles de libros constantemente.

Por supuesto que me interesan otros géneros, especialmente la ciencia ficción, el thriller y la fantasía oscura. Pero incluso si algún día escribo algo completamente diferente, seguramente va a conservar una parte de esa oscuridad que caracteriza mi trabajo. No tengo ninguna intención de abandonar el terror. Todavía tengo demasiadas historias para contar.

APU: ¿La independencia se dio así o es una convicción? No formás parte del circuito cultural porteño. ¿Es más complicado?

NF: Al principio, la independencia fue una necesidad. Quería publicar mis historias y no estaba dispuesto a pasar años esperando que alguna editorial decidiera darme una oportunidad. Entonces empecé a investigar, aprender sobre edición, diseño, distribución y comercialización. Con el tiempo, esa necesidad se transformó en una convicción.

Hoy tengo el control absoluto sobre mis libros, desde lo que escribo hasta cómo se presentan y comercializan. Eso también me permitió fundar Hypnoz Editorial junto a mis socios y utilizar toda esa experiencia para ayudar a otros escritores.

Con respecto al circuito cultural porteño, creo que todavía existe cierta centralización. Muchas oportunidades, contactos y espacios de difusión están concentrados en determinados sectores de la Ciudad de Buenos Aires. Pero tampoco considero que vivir en el conurbano sea una desventaja artística. Soy de Ramos Mejía y nunca sentí que tuviera que mudarme a Capital para convertirme en escritor.

La independencia tiene dificultades económicas y de difusión, por supuesto, pero también te da una libertad extraordinaria. Prefiero construir mi propio camino antes que esperar a que alguien me invite a formar parte del suyo.

APU: ¿Por qué te interesa el género de terror? ¿Qué te permite que otros géneros no te dan?

NF: Porque el terror no tiene límites. Me permite explorar la parte más oscura del ser humano, abordar temas incómodos y llevar determinadas situaciones hasta sus últimas consecuencias. Me interesa esa libertad que tiene el género para incomodar, provocar y romper con lo establecido.

Mis influencias van desde Stephen King, Clive Barker, Lovecraft y Junji Ito hasta cineastas como John Carpenter, David Lynch y George Romero. Me gusta el terror psicológico, pero también el horror físico, visceral, sangriento. No creo que una cosa excluya a la otra.

Además, disfruto mucho escribiendo escenas que generan una reacción inmediata en el lector. Quiero que mis historias tengan ritmo, que resulten entretenidas, que provoquen tensión y que, cuando sea necesario, sean verdaderamente brutales.

No escribo terror únicamente para asustar. Lo escribo porque es el lenguaje artístico con el que mejor puedo expresarme. Y porque, después de tantos años, todavía me resulta fascinante descubrir hasta dónde puedo llevar una historia.

APU: A partir de Mariana Enriquez pareciera que el terror tiene mucha impronta en Argentina. ¿Te vinculás con su obra?

NF: Mariana Enriquez escribe muy bien y tiene su público, pero personalmente no es el tipo de terror con el que me identifico. Su literatura me resulta más cercana al realismo mágico o al gótico sureño. Si hablamos de escritoras argentinas, siempre me gustó mucho más Elsa Bornemann, que tiene relatos de terror extraordinarios.

De todas formas, creo que el verdadero problema es que buena parte de la prensa literaria se concentra siempre en los mismos nombres. En Argentina tenemos escritores independientes excelentes, como Martín Marchesani o Gonzalo Ventura, que escriben el tipo de terror que a mí me apasiona y que merecerían mucha más visibilidad.

Me gustaría que empezáramos a valorar y fortalecer nuestra propia producción de género, como sucede en países como España o Noruega. Hay muchísimo talento en Argentina, pero necesitamos que los medios también se animen a darles espacio a quienes escriben y publican por fuera de los grandes circuitos editoriales.

APU: ¿Qué proyectos tenés con la editorial? ¿El contexto es bastante terrorífico, no?

NF: El contexto es complicado, especialmente para quienes trabajamos de manera independiente. Los costos de impresión, la distribución y las dificultades económicas que atraviesan los lectores hacen que publicar un libro sea una apuesta importante. Pero también creo que los momentos difíciles obligan a buscar alternativas y a desarrollar proyectos propios.

En lo personal, estoy lanzando mi sexto libro, Yo soy la sangre, que también será traducido al inglés en breve. Es la continuación de Yo soy el Terror, mi novela anterior, y forma parte de un proyecto literario que me permitió crear a Alex Monroe, una protagonista con una identidad muy particular, un personaje que considero único dentro del terror argentino. Mi intención es seguir desarrollando su universo a través de nuevas historias.

Por otro lado, Hypnoz Editorial nació con la intención de darle espacio a la literatura de terror, ciencia ficción y fantasía oscura, especialmente a escritores independientes que muchas veces no encuentran oportunidades dentro del circuito editorial tradicional.

Estamos trabajando en distintos lanzamientos y en una antología de terror argentino titulada Rituales de Medianoche, que reúne a catorce autores. Además, uno de nuestros grandes objetivos para 2027 es expandir el catálogo internacionalmente. Ya comenzamos a trabajar con escritores de otros países y queremos profundizar ese camino, especialmente en Latinoamérica.

Mi intención es que Hypnoz se convierta en un sello reconocible dentro de la literatura de género, con una identidad propia y un catálogo cada vez más sólido.

Creo que el terror argentino tiene muchísimo potencial y todavía hay una enorme cantidad de voces por descubrir. No quiero que Hypnoz sea solamente una editorial que publica libros. Quiero que sea una plataforma para que esas voces puedan encontrar lectores, dentro y fuera del país. 

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Nicolás Francis
Nicolás Francis
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Caso Walter Omar Benítez: las muertes violentas en contexto de encierro

07 Noviembre 2026

El 7 de noviembre de 2001 Walter Omar Benítez, de 25 años y un hijo de once meses, aparecía suicidado en su celda del Complejo Penitenciario Federal N°1 de Ezeiza. Venía sufriendo diversas torturas físicas y psicológicas, incluso denunciadas y comprobadas ante el poder judicial. Había sido detenido en enero en el marco de una causa por “robo y lesiones”, estaba pidiendo su traslado a la cárcel de Devoto, y un mes antes Alberto Santa Marina, del Juzgado Federal N°1 de Lomas de Zamora, había ordenado, a partir de un habeas corpus, que se garantizara su “integridad física” -el mismo magistrado quedó a cargo de la investigación por las circunstancias de su muerte-.

El Servicio Penitenciario Federal (SPF) aportó los videos de circuito cerrado del pabellón, postulando que había sido sancionado en reiteradas oportunidades por negarse a ingresos o insultos. La familia siempre sostuvo que no se había suicidado, y que “las palizas” eran “casi diarias”. “Había intentado escaparse de Caseros en 1998, y eso perjudicó a muchos penitenciarios (…), los volvió a encontrar, esta vez en Ezeiza, y le dijeron que se las iba a pagar”, sostuvo Vanesa, su novia. Durante la semana previa, Mario Natiello, abogado de Benítez, hizo la denuncia, lo revisó un psiquiatra, le dieron calmantes, y lo revisó el Cuerpo Médico Forense de Capital. Volvió a la cárcel el jueves a la madrugada y a las horas lo encontraron ahorcado.

Durante 2001, la cárcel de Ezeiza acumuló, al menos, cinco “suicidios” en contexto de encierro por parte de los detenidos. En este caso, la investigación interna terminó con un guardia suspendido y otro en disponibilidad. Luego, el proceso judicial identificó dos grupos de imputados: primero, los coautores del delito de “tortura seguida de muerte”, compuesto por los agentes que llevaron a cabo la requisa -en la que lo acusaron falsamente de poseer un elemento cortopunzante-, lo golpearon en esos días, fraguaron la escena, conformaron expedientes adulterados, e incluso el médico que certificó sin consignar lesiones; segundo, el funcionariado que encubrió por no evitar ni denunciar. Los acusados, en reiteradas oportunidades y hasta la actualidad, retrasaron su juzgamiento solicitando su nulidad y prescripción, sobre todo después del procesamiento de una veintena de responsables.

A fines de 2015, la Sala II de la Cámara Federal de Apelaciones de La Plata confirmó los procesamientos de veinte agentes del Servicio Penitenciario Federal: el caso da “cuenta de la existencia de una práctica sistémica muy arraigada en la actividad carcelaria”, que “presupone una discrecionalidad absoluta de ciertos funcionarios para maltratar a los detenidos sobre la base segura” de que “quedarán impunes y ocultos bajo una actividad administrativa de complicidad”, se leía en el fallo. Pocos meses después, el juez Santa Marina elevó la causa a juicio y solicitó que sean apartados “de toda función” que “implique cualquier tipo de relación, contacto o trato” con “personas privadas de su libertad y/o sus familiares y/o visitas”.

El requerimiento de elevación a juicio incluyó a 20 integrantes del Servicio Penitenciario Federal, organizados según distintos niveles de responsabilidad: Gilberto Figueredo, ex jefe de Turno del Pabellón "C" del Módulo VI del Centro de Ezeiza, que años después llegó a ocupar la dirección de la cárcel de Villa Devoto; Rito Ramírez, ex director del Módulo III; Antonio Ojeda, ex encargado general de la Sección de Requisa; Eduardo Sabe, ex jefe de la División Seguridad Interna; José Luis Fernández, jefe de la División del Módulo VI; Roberto Acevedo, ex jefe de Requisa; Idelfonso Escobar, ex auxiliar de la Sección Requisa Módulo III; Ariel Santorio, ex Adjutor Principal; los agentes César Cabrera y Ricardo Salao; los ex ayudantes de Juan Pablo Rondeau y Rubén Godoy; y Roberto Amarillo, ex encargado del Pabellón “C”, en su calidad de médico. El juicio, hasta el momento, no tiene fecha, no se llevó a cabo, y sirve como un emblema de la impunidad para las muertes en cárceles y contexto de encierro en nuestro país.

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    Patricia Walsh
    Foto: Gentileza Natacha Pisarenko

Patricia Walsh: militancia marcada por los Derechos Humanos

07 Noviembre 2026

La dirigente de izquierda Patricia Walsh falleció el jueves 5 de noviembre luego de haber padecido problemas respiratorios por los que estuvo internada durante los últimos días. La ex diputada nacional e hija del emblemático periodista Rodolfo Walsh tenía 74 años y fue una referente en la lucha por la defensa de los derechos humanos.

Desde hacía varios días Walsh estaba internada en la clínica Suizo Argentina, en la Ciudad de Buenos Aires, donde había sido operada de un pulmón. Según se informó, tras la cirugía devinieron complicaciones que desataron una neumonía que produjo el desenlace.

Trayectoria política 

Patricia Walsh comenzó su militancia durante sus años como estudiante de la Universidad Nacional de La Plata, donde se formó como psicóloga social. En 1972 se incorporó a la izquierda peronista y posteriormente desarrolló una trayectoria vinculada con diferentes espacios políticos de izquierda. Tras el retorno de la democracia, reimpulsó su actividad pública de justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos. 

En 1999, fue candidata a presidenta de la Nación por la alianza Izquierda Unida, integrada por el Movimiento Socialista de los Trabajadores y el Partido Comunista. Estuvo ligada a distintas reivindicaciones sociales, derechos de las mujeres, y derechos civiles de los sectores más postergados. 

En 2001 asumió como diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires, donde integró las comisiones de Educación, Derechos Humanos y Libertad de Expresión. Impulsó iniciativas vinculadas con la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, que habían limitado el juzgamiento de los delitos de la dictadura. Ambas normas fueron declaradas nulas por el Congreso en 2003, en un proceso fundamental para la reapertura de los juicios por crímenes de lesa humanidad. 

En 2011 integró Proyecto Sur, el espacio pensado por el fallecido cineasta y diputado Pino Solanas. Años después apoyó el Frente Camino Popular, que aglutinó a referentes de la vida gremial. 

La lucha por los Derechos Humanos

“La historia de su padre la marcó. Siempre lo reivindicó, pero no se valió del apellido para escalar su militancia, que arrancó en la Universidad de La Plata durante la dictadura de Juan Carlos Onganía. Luego fue periodista, empleada pública y militante de la agrupación HIJOS. Acusó a los represores responsables del secuestro y crimen de Rodolfo, y declaró en las causas abiertas por ello y en las que también se activaron por la muerte de su hermana Vicki”, remarcó Página 12. 

Su compromiso con los derechos humanos estuvo profundamente atravesado por su historia familiar. Tenía 24 años cuando su hermana fue asesinada y 25 cuando desaparecieron a su padre. Sufrió la persecución. En 1984, Patricia denunció su desaparición ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep).

También participó como denunciante en causas relacionadas con los crímenes cometidos en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Además, era querellante en el juicio por la denominada “Masacre de la Calle Corro”, en la que una de las víctimas fue su hermana María Victoria Walsh. 

En 2025, junto con Myriam Bregman, presentó un pedido judicial para preservar archivos de la Armada ante la posibilidad de que fueran destruidos durante una mudanza administrativa. Su trayectoria estuvo marcada por la defensa de las víctimas del terrorismo de Estado, la recuperación de archivos históricos, y el acompañamiento de los procesos judiciales contra los responsables de la represión ilegal.

En primera persona 

Conocí a Patricia en 2001, mientras hacíamos campaña para las elecciones legislativas que la llevarían a ser diputada nacional. El escenario fue una escuela en Malvinas Argentinas en zona norte. Yo era un joven militante que estaba impulsando actividades barriales, que en 2002 se convertirían en la primera asamblea barrial del distrito y unos meses posteriores en un comedor popular para el barrio.

En aquella oportunidad el diálogo peregrinó por diversos tópicos, que incluían las posibilidades reales de la izquierda en aquella ocasión tan extraordinaria debido a la situación de repudio que sufrían los partidos tradicionales. Ella, al igual que yo, era muy optimista. Sin embargo, su mayor inquietud eran los Derechos Humanos y la condena a los genocidas.

Después, mientras se preparaba para realizar su intervención, hablamos de su padre, declarándome un fiel seguidor. Se le colmaron de brillo los ojos y una sonrisa iluminó su rostro: “Lo extraño mucho, pero lo que más necesitamos todos es su pluma certera y filosa”. Esas palabras me llevaron a miles de cavilaciones en mis años posteriores y a estudiarlo en profundidad hasta convertirlo en un fervor intelectual.

Por último, empezó su oratoria serena pero contundente. Todo el barrio admirado y con un profundo respeto la escuchaba. Comprendí realmente lo que era la militancia popular y aquel evento organizó mi vida posterior.

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    Nora Torres

Caso Víctor Balza: “No voy a parar hasta que el asesino de mi hijo vuelva a estar preso”

06 Noviembre 2026

El 8 de noviembre de 2003 Víctor Balza, de 18 años, fue perseguido y arrestado por oficiales del Subcomando de Don Bosco, en Villa Itatí, Quilmes. Dos móviles de la fuerza se habían enfrentado con un grupo de personas por un supuesto robo, pero el joven nada tenía que ver. Durante el procedimiento, le dispararon por la espalda, a cuarenta centímetros de distancia, lo trasladaron a la Segunda Comisaría de Bernal, y al día siguiente falleció en el Hospital de Wilde. 

La versión policial alegó intentos de fuga y portación de armas, pero las pericias y varios testimonios confirmaron que el ex policía Norberto Darío González fue el autor material del disparo y que Balza falleció después de no recibir atención médica durante un día y medio. Las personas a cargo de revisarlo, que no detectaron la lesión, fueron imputadas, pero resultaron sobreseídas por la Cámara de Apelaciones de Quilmes. A su vez, el fiscal Alfredo Samprón Noel asistió a la dependencia policial y no ordenó medidas. A la familia le dijeron que había muerto por golpes tras haber caído de un techo.

A lo largo del tiempo hubo idas y vueltas judiciales, incluyendo tres juicios, pero González recién fue detenido de manera efectiva en 2021, aunque en abril de este año le concedieron el beneficio de la prisión domiciliaria. Si bien repitió los argumentos de la solicitud del año pasado, tomaron en consideración una operación que debía realizarse su esposa. En 2015 fue condenado por homicidio agravado por el uso de arma de fuego a una pena de doce años de prisión, la cual fue ratificada en las subsiguientes instancias judiciales bonaerenses. González insiste todavía ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que no ha tratado el caso.

En 2023 se colocó una señalización en la Segunda Comisaría de Bernal a modo de homenaje. Nora Torres, madre del joven, sufrió amenazas desde el inicio del caso y señala una mayor cantidad de responsables, más allá del autor material, sobre todo por omisión. Continúa denunciando, además, la violencia policial, en especial en la zona del denominado Triángulo de Bernal. En diálogo con AGENCIA PACO URONDO, enfatiza en la impunidad garantizada por el poder judicial

Agencia Paco Urondo: ¿Qué reflexión puede hacerse ante un nuevo aniversario?

Nora Torres: Ya no sé qué palabras ponerle. Es una vergüenza, es una justicia que nunca llega. Es una paz que nunca la tenemos. Siempre busca excusas para poder estar en libertad y la justicia eso lo avala. No vemos la justicia para mi hijo, sino para su asesino.
Voy a seguir luchando como mamá, no voy a parar hasta que González vuelva a estar preso, que cumpla lo que tenga que cumplir. ¿Cuántos meses hay que regalarle? Le voy a preguntar a la justicia después si estos meses se los regalamos como premio por asesinar a mi hijo, o este tiempo en libertad se le computan para que siga cumpliendo todo lo que tenga que cumplir. 

APU: ¿Cuál es la situación procesal del condenado en la actualidad?

NT: El asesino de mi hijo sigue con arresto domiciliario. Mi abogado presentó hace dos semanas un escrito exigiendo que se aceleren los exámenes médicos para que vuelva a la cárcel. La respuesta del juzgado fue que el 18 de febrero le van a hacer una pericia a la mujer para ver si ya se puede movilizar por sí sola, y dicen que es la fecha más próxima. Va a seguir gozando de su libertad con su familia, va a pasar las fiestas. Da mucha bronca e importancia ver que el asesino goce de todos los beneficios. No es de ahora, desde el primer momento que lo asesinó tuvo siempre los tuvo todos.

Soy consciente que cuando cumpla lo que tenga que cumplir va a salir en libertad y va a seguir gozando de su familia y su vida. Mi hijo Víctor no está más físicamente, vive cada día, hora, minuto y segundo en nuestros corazones. Espero que la justicia sea justa, y que este asesino vuelva cumplir los años donde le corresponde. Es muy doloroso, por más que él cumpla nunca va a ser justicia porque se van a cumplir 23 años del asesinato por la espalda. Que le quede claro, nunca va a dejar de ser un asesino, vaya a donde vaya.

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    Luis Caputo-Javier Milei
    (Foto: Facebook Javier Milei)

Las características del modelo libertario: peor distribución del ingreso y boom de sectores que no generan empleo

06 Noviembre 2026

La discusión sobre el crecimiento económico suele concentrarse en la evolución del Producto Bruto Interno, los niveles de actividad y las perspectivas de inversión.

Sin embargo, existe una dimensión fundamental que muchas veces queda relegada en los análisis económicos dominantes: cómo se distribuye la riqueza generada y qué actores sociales se apropian de una mayor proporción de ella. La distribución primaria o funcional del ingreso permite precisamente abordar esta cuestión. No sólo constituye la piedra angular del reparto de la riqueza en una economía capitalista, sino que también representa una herramienta central para comprender el patrón de acumulación de capital y el perfil de crecimiento vigente. En otras palabras, no alcanza con preguntarse cuánto crece una economía: también es necesario saber quiénes se benefician de ese crecimiento.

Una de las principales virtudes de este enfoque es que permite analizar directamente la puja distributiva que atraviesa a toda sociedad. Los principales actores del proceso productivo —trabajadores asalariados, trabajadores independientes y empresarios— disputan una mayor participación en la riqueza generada, de acuerdo con la correlación de fuerzas existente en cada momento. En ese escenario, el Estado desempeña un papel decisivo como regulador y árbitro, aunque nunca neutral, de esa disputa. El signo ideológico y los intereses de cada gestión gubernamental se expresan en el diseño y la orientación de las políticas públicas: la política fiscal y tributaria, la política de ingresos, la regulación de las tarifas públicas y los mercados, entre otros mecanismos de intervención. A través de estas herramientas, el Estado puede inclinar el reparto de la riqueza en favor de determinados sectores y en detrimento de otros.

En este sentido, el programa de ajuste ultraortodoxo libertario, acompañado por medidas de liberalización y desregulación de mercados y una profunda redefinición de los precios relativos, modificó el perfil del aparato productivo argentino y le imprimió a la actividad económica un carácter marcadamente heterogéneo.

Por un lado, un conjunto reducido de actividades primarias y extractivistas, de carácter oligopólico, baja intensidad laboral y fuerte orientación exportadora, registró tasas positivas de crecimiento. Es el caso del agro, la pesca, la minería y la energía. Por otro, un amplio abanico de actividades con destino externo experimentó distintos vaivenes productivos, afectados por la pérdida de competitividad real y el aumento de los costos internos medidos en dólares. Finalmente, los sectores orientados al mercado interno, caracterizados por una mayor intensidad en el uso de mano de obra, sufrieron las consecuencias del achicamiento del consumo, la apertura económica y la caída de los ingresos reales. El resultado fue la retracción progresiva de numerosas ramas de actividad y un deterioro de las principales variables laborales.

El crecimiento económico registrado durante el último año, aunque mostró una notable desaceleración en su dinamismo, tuvo además un perfil marcadamente regresivo en términos distributivos. Los datos oficiales correspondientes al segundo trimestre de 2026 muestran que la participación de la remuneración al trabajo asalariado en el Valor Agregado Bruto (VAB) a precios básicos se ubicó en el 42,9%, lo que representa una caída de 2,43 puntos porcentuales respecto del mismo período de 2025. En sentido contrario, el excedente de explotación bruto —que expresa fundamentalmente la ganancia empresarial— alcanzó el 44,7%, con un incremento de 2,83 puntos porcentuales interanuales. La comparación permite observar con claridad el desplazamiento de los ingresos desde los trabajadores hacia el capital.

Hay, además, tres elementos que permiten dimensionar la magnitud de este retroceso. En primer lugar, la participación de los salarios en el valor agregado bruto durante el segundo trimestre de 2026 quedó 1,8 puntos porcentuales por debajo de la correspondiente a las ganancias empresariales. En segundo término, la participación salarial profundizó la caída que ya se había observado durante el primer trimestre del año. 

Es importante señalar que este deterioro de la participación salarial en la riqueza no se explica por una caída nominal de la masa de sueldos y salarios. De acuerdo con las estadísticas oficiales, la remuneración al trabajo asalariado aumentó un 29,6% interanual durante el segundo trimestre. El problema es que ese incremento quedó muy por debajo del registrado por el excedente de explotación bruto, que avanzó un 46,2%.

Es decir, las ganancias empresariales crecieron nominalmente 16,6 puntos porcentuales por encima de las remuneraciones salariales. Como consecuencia, aun cuando los salarios aumentaron en términos nominales, los trabajadores terminaron apropiándose de una proporción menor de la riqueza producida: el 42,9%, frente al 44,7% capturado por el excedente empresarial. La cuestión central, por lo tanto, no es solamente cuánto aumentaron los ingresos de cada sector, sino a qué velocidad lo hicieron en relación con el resto de los componentes del ingreso.

El análisis de la incidencia de las distintas ramas de actividad permite identificar con mayor precisión dónde se produjo ese desplazamiento. De los 2,43 puntos porcentuales que perdió la participación de la remuneración de los asalariados, 0,62 puntos correspondieron al sector público y 1,81 al sector privado. Dentro de este último, las mayores incidencias negativas se registraron en la industria (-0,54 puntos), la administración pública (-0,41 puntos) y el comercio (-0,38 puntos). En otras palabras, el retroceso de la participación salarial no responde a un comportamiento homogéneo de la economía, sino que se concentra especialmente en actividades vinculadas con la producción industrial, el mercado interno y el funcionamiento del Estado.

Del lado de las ganancias empresariales, el incremento de 2,83 puntos porcentuales estuvo impulsado fundamentalmente por dos sectores centrales de la economía primaria y extractiva: la agricultura y la ganadería, por un lado, y la explotación de minas y canteras —que incluye petróleo y gas—, por otro. Cada uno aportó 1,24 puntos porcentuales al aumento del excedente de explotación bruto. También tuvo una incidencia positiva la actividad de electricidad, gas y agua, que sumó 1,16 puntos. En la vereda opuesta, las actividades urbanas e industriales mostraron un comportamiento desfavorable en sus márgenes de explotación: el comercio tuvo una incidencia negativa de 0,94 puntos y la industria restó otros 0,25 puntos. La evidencia sectorial refuerza así una conclusión: el nuevo esquema de acumulación favorece a determinadas actividades primarias y extractivas, mientras debilita la capacidad de generación y apropiación de ingresos de buena parte del entramado productivo local.

La magnitud del fenómeno se vuelve todavía más evidente cuando se excluye al sector público de la medición. En ese caso, la brecha distributiva dentro de la economía privada se amplía considerablemente. La participación de los salarios cae al 35,3% del valor agregado bruto durante el segundo trimestre de 2026, con una pérdida de 2,9 puntos porcentuales respecto del mismo período de 2025. En cambio, el excedente empresarial asciende al 50,7%, luego de aumentar 3,5 puntos porcentuales interanuales. Esto significa que, dentro de la economía privada, las ganancias empresariales se apropian de más de la mitad del valor agregado generado, mientras que la participación de los trabajadores desciende a poco más de un tercio.

Este perfil regresivo de la distribución primaria del ingreso está estrechamente relacionado con el deterioro del mercado laboral durante la gestión libertaria. En el segundo trimestre de 2026, los puestos de trabajo aumentaron apenas un 0,5% interanual, equivalente a 101 mil nuevos puestos. Sin embargo, detrás de ese crecimiento agregado se observa una composición particularmente preocupante. Las modalidades no asalariadas, básicamente trabajadores cuentapropistas, aumentaron un 3,9% (+229 mil puestos), mientras que los asalariados no registrados crecieron un 0,5% (+28 mil). En sentido contrario, los puestos de trabajo asalariados registrados cayeron un 1,4%, lo que representa la pérdida de 156 mil empleos. Por lo tanto, el modesto incremento de la ocupación se explica fundamentalmente por el avance del cuentapropismo y el empleo informal, mientras retrocede el trabajo asalariado registrado. La expansión de modalidades laborales más precarias, con menores ingresos y menor protección social, contribuye así a debilitar la participación de los trabajadores en el reparto de la riqueza.

El patrón sectorial del modelo de crecimiento libertario plantea, además, una discusión de fondo sobre la estructura productiva que se está configurando. Se trata de un esquema de tipo enclave, apoyado en actividades primarias y extractivistas que usufructúan ventajas comparativas naturales estáticas. Este perfil permite que determinados sectores continúen expandiéndose a buen ritmo, incluso cuando la actividad económica agregada pierde dinamismo, como ocurrió durante 2026. Pero también expone tensiones estructurales que pueden conducir a la consolidación de una economía dual y fragmentada, con profundas disparidades regionales y sectoriales. El primer interrogante es si el crecimiento de estas actividades alcanza para traccionar al conjunto de la economía. Hay un dato que obliga a poner en duda esa posibilidad: el agro, la minería y la energía generaron apenas el 17% del valor agregado bruto durante el segundo trimestre de 2026. Hasta el momento, la evidencia indica que el efecto derrame sobre el resto del aparato productivo ha sido prácticamente nulo.

Es cierto que las actividades primarias y extractivistas favorecidas por la política económica pueden contribuir a generar superávits comerciales, aportar divisas y atraer inversiones extranjeras, particularmente cuando cuentan con fuertes estímulos fiscales, cambiarios y comerciales. Sin embargo, esos resultados no garantizan por sí mismos un proceso de desarrollo económico más amplio. Para que los beneficios de esas inversiones alcancen al conjunto de la economía es necesario promover eslabonamientos productivos hacia adelante y hacia atrás, fortalecer los vínculos con proveedores locales, incentivar la transferencia de tecnología y ampliar la integración de estas actividades con el entramado industrial nacional. Sin esos mecanismos, el crecimiento de los sectores exportadores puede convivir con el estancamiento o la contracción de amplias franjas de la economía, sin generar transformaciones estructurales significativas.

El segundo interrogante se relaciona con la capacidad de absorción de empleo privado registrado por parte de las actividades primarias y extractivistas. En este terreno, los resultados también muestran importantes limitaciones. El agro, la minería y la energía concentraron apenas el 7% de los puestos de trabajo del país, es decir, alrededor de siete de cada cien empleos. Pero el dato más significativo es que, en conjunto, estos sectores registraron una destrucción neta de mil puestos de trabajo. Mientras el agro, la pesca y la minería perdieron cinco mil empleos, electricidad, gas y agua generaron cuatro mil. La expansión de estas actividades, por lo tanto, no se tradujo en una creación significativa de puestos de trabajo que permita compensar la destrucción de empleo registrada en otros sectores.

Esta limitación no es un dato menor ni una cuestión circunscripta al desempeño laboral de las actividades favorecidas. También compromete las condiciones de viabilidad y sostenibilidad del resto del aparato productivo. Las actividades orientadas al mercado interno, caracterizadas por una mayor intensidad laboral, enfrentan crecientes dificultades para sostener sus niveles de producción y empleo en un contexto de demanda deprimida, pérdida de ingresos y competencia externa. En esas condiciones, muchas empresas pueden encontrar como única alternativa para sostener su funcionamiento una reducción de los costos laborales mediante cambios en las condiciones de contratación, con el consiguiente avance de la informalidad y la precarización del empleo. De este modo, el deterioro de la calidad del trabajo deja de ser una consecuencia secundaria del modelo para convertirse en uno de sus mecanismos de funcionamiento.

En definitiva, el problema del esquema económico libertario no reside únicamente en su capacidad para generar crecimiento, sino en la naturaleza del crecimiento que promueve y en la forma en que se distribuyen sus resultados. Mientras la política económica continúe priorizando la expansión de un grupo reducido y altamente concentrado de actividades primarias y extractivistas, de carácter oligopólico y baja intensidad laboral, será muy difícil que una eventual mejora del producto se traduzca en una recuperación sostenida de la participación de los salarios en la riqueza generada. Tampoco parece probable que ese esquema pueda impulsar una expansión significativa del empleo privado registrado y de calidad. El crecimiento, por sí solo, no garantiza desarrollo ni mejoras en las condiciones de vida. Y cuando la riqueza aumenta, pero los trabajadores reciben una porción cada vez menor, lo que queda en evidencia es que el problema económico es también, y fundamentalmente, un problema distributivo.

El agro, la minería y la energía concentraron apenas el 7% de los puestos de trabajo del país, es decir, alrededor de siete de cada cien empleos
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    La Nueva Seguros

El salario de los trabajadores no puede seguir siendo la variable de ajuste

05 Noviembre 2026

El Sindicato del Seguro publicó un comunicado sobre la situación de los trabajadores de La Nueva Seguros. Lo reproducimos a continuación.

Desde el Sindicato del Seguro venimos acompañando a las trabajadoras y los trabajadores de La Nueva Seguros a lo largo de la compleja situación que atraviesa la compañía, particularmente frente a los distintos escenarios derivados de su estado ante la Superintendencia de Seguros de la Nación (SSN).

Durante todo este proceso hemos reclamado permanentemente a las autoridades de la empresa, buscando alternativas que permitan garantizar el pago de los salarios y, al mismo tiempo, preservar la continuidad de las fuentes de trabajo.

Sin embargo, la situación se ha agravado hasta alcanzar un punto que resulta insostenible para los trabajadores y sus familias. El pago parcial de los salarios, sostenido en el tiempo, no puede continuar siendo la respuesta frente a las dificultades económicas y financieras de la compañía.

No desconocemos la complejidad del escenario y la necesidad de encontrar soluciones que permitan la subsistencia de la cooperativa, pero esa búsqueda debe tener como eje central e irrenunciable el cumplimiento de las obligaciones salariales con quienes día a día ponen el hombro y sostienen con su esfuerzo el funcionamiento de La Nueva Seguros.

En el marco de las últimas negociaciones, y ante la falta de cancelación de la totalidad de los salarios correspondientes al mes de septiembre, las autoridades de la compañía nos trasladaron una propuesta de pago que consideramos absolutamente insuficiente e imposible de aceptar para los trabajadores.

Frente a ello, exigimos la cancelación inmediata de la totalidad de los salarios adeudados de septiembre y el inicio de una discusión seria sobre el cumplimiento de los salarios correspondientes al mes de octubre.

La voluntad de diálogo y la búsqueda de soluciones que hemos sostenido desde el primer momento no pueden confundirse con la aceptación indefinida de incumplimientos salariales. Los trabajadores han demostrado compromiso y responsabilidad en circunstancias extremadamente difíciles, y ahora es la empresa la que debe brindar respuestas concretas.

Ante la ausencia de una propuesta razonable que permita aliviar la crítica situación que atraviesan los trabajadores y sus familias, desde el SINDICATO DEL SEGURO NOS DECLARAMOS EN ESTADO DE ALERTA Y MOVILIZACIÓN.

Continuaremos acompañando a cada trabajador y trabajadora, defendiendo el cobro íntegro y oportuno de sus salarios y la preservación de todos los puestos de trabajo.

EL SALARIO ES UN DERECHO, NO UNA VARIABLE DE AJUSTE

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    Lucas Gómez
ENSAYO

La patria también es nuestra: cuerpos queer, visibilidad y resistencia

04 Noviembre 2026

“Los chicos-de-los-anos-castrados erigieron una comunidad a la que llamaron Ciudad, Estado, Patria ( … )”

Terror anal - Paul B Preciado


“Era mi sueño tirarle una bomba de gas a estos hijos de puta”, se lo escucha decir a Cristian Valderrama, no en una sino en repetidas entrevistas. Cristian y su novio, Lucas García, en cuyo cuerpo quedó inscripto un sublime gesto de resistencia queer, viven en el barrio de Constitución, a una cuadra de San José 1111, en donde actualmente se encuentra proscripta quien supo ser dos veces presidenta por el voto popular, Cristina Fernandez de Kirchner.  

Cristian y Lucas están casados desde el 2021. No esconden en absoluto su compromiso con la militancia peronista ni, mucho menos, con Cristina, de quien se enorgullecen por ser vecinos. Hace años que la cuidan y ella los conoce y siempre los saluda, afirma Cristian. Cristina, dice, los saluda y les hace señas desde el balcón, para decirles que son muy fuertes (empuñando un bicep) y que se cuiden (llevándose el dedo índice al ojo). 

El pasado 15 de octubre de 2026, tuvo lugar la 5ta Marcha Federal Universitaria, la cual se estima movilizó a un millón de personas, en reclamo al cumplimiento de la Ley De Financiamiento Universitario (27.795), la cual obliga al poder ejecutivo, entre tantas otras disposiciones, a recomponer el poder adquisitivo de los salarios reales de los docentes y no docentes universitarios, los cuales están en caída sostenida desde el año 2023. Como era de esperarse, la marcha sufrió una brutal represión a manos de las fuerzas de seguridad que están a cargo de la ministra Alejandra Monteoliva. Gendarmes, policías y prefectos avanzaron con camiones hidrantes, balas de goma y gas lacrimógeno, seguido de una publicación celebrativa en X: “En argentina nadie está por encima de la ley.” 

Entre varios manifestantes que sostenían distintos carteles —en uno de ellos se podía leer «Las Malvinas son argentinas», remitiendo a la sábana que La Selección Argentina tomó del pueblo y exhibió luego del triunfo contra Inglaterra en el mundial— Lucas se abre paso con una pollera y una bandera de Argentina hacia el camión hidrante. “Parece que la bandera los hizo enojar más”, afirma en una entrevista. Distintos videos captan el momento en el que camión hidrante intenta hacerlo retroceder en dos ocasiones y, a pesar de todo, Lucas clava la bandera en el suelo y esta persiste como si se tratase de una represa. El cuerpo de Lucas cristalizó en segundos, a través de una imagen, un punto de encuentro entre militancia LGBTQI+, nación, patriotismo, memorias colectivas e imaginarios políticos futuros disidentes y populares. 

No era la primera vez que Lucas y su novio se enfrentaban a un camión hidrante. Cada miércoles le ponen el cuerpo para acompañar y cuidar a los jubilados en sus marchas. No obstante, ese día, ese gesto cobró una sensibilidad particular la cual permite abrir interrogantes en torno a la política y las imágenes: ¿Cuáles son los cuerpos autorizados a representar una nación? ¿Qué imaginarios disputa un cuerpo queer y marica que sostiene una bandera contra un camión hidrante?

En 1999, el filósofo francés Jacques Rancière, definió lo político como el conflicto en torno a la configuración de un escenario en común: una disputa por regímenes de visibilidad y sensibilidad que determina qué puede ser visto, qué puede ser dicho y quiénes son los sujetos autorizados a tomar los lugares de enunciación. Las repercusiones en distintas redes sociales como Instagram o X no se hicieron a esperar: «Femboys con más huevos que toda la CGT unida», se podría leer en una publicación que resumía tanto estas repercusiones como daba cuenta de la disputa por el reparto de lo sensible de la que habla Rancière . 

Así, Lucas y Cristian quedaron identificados como “los femboys de la marcha universitaria". En la cultura LGBTQI+ el femboy remite a un varón que expresa sus rasgos identitarios a través de categorías femeninas (pollera, maquillaje, lencería, etc) sin necesariamente pasar a la identidad drag. Es una línea de frontera que escapa al binarismo hombre-mujer, sin necesariamente recaer en el no binarismo como categoría identitaria. Partir de esta aclaración es importante, ya que nos permite comprender lo disruptivo de esta intervención política. Tanto la patria como la Nación fueron significantes que se construyeron a través de distintas topologías políticas: heroísmo, próceres, disciplina, sacrificio, masculinidad y heterosexualidad. Un ideal nacional identitario —cuerpos blancos, cisgéneros y masculinos—, en detrimento de un conjunto de identidades abyectas: homosexuales, lesbianas, trans, mujeres, negros y marrones. Los grandes movimientos emancipatorios de trabajadores del siglo XX en nuestro país (como la izquierda y el peronismo), también han caído bajo ese ideal. Incluso, al día de hoy, algunos partidos que dicen conforman una oposición dentro de las líneas del peronismo más ortodoxo, (como Principios y Valores, partido fundado por Guillermo Moreno) siguen manteniendo esa apuesta, acusando a la disidencias sexuales por la victoria de Milei en el 2023. 

En este contexto de violencia institucional, discursiva y sistemática que el gobierno de Milei ejerce sobre las disidencias sexuales resulta interesante recuperar algunos de los planteos de Paul Preciado en torno a las políticas de identidad. Retomando a Michel Foucault, Preciado propone pensar la identidad como un in-existente, lo cual supone desarmar su carácter ontológico y esencialista en pos de reconocer su carácter histórico, contingente y políticamente construido. Trasladado esto al problema de lo nacional, esta perspectiva permite preguntarnos no solamente qué identidades fueron excluidas de los imaginarios de la patria, sino también cómo se construyó la ficción de un sujeto nacional legítimo. ¿Qué sucede, entonces, cuando esas identidades que desbordan las categorías de género y sexo ocupan ese ideal nacional y a la vez revolucionario?

Para contestar esta pregunta, les propongo retomar la cuestión de las imágenes, no solo desde la politicidad, sino a cómo en ellas sobreviven fórmulas afectivas como gestos de memoria pasadas. ¿Qué memorias visuales se ponen en movimiento cuando un cuerpo sostiene una bandera? ¿Qué genealogías de heroísmo y resistencia sobreviven en ese gesto? 

Aby Warburg, historiador de arte alemán, propuso la noción de Pathosformel (fórmula del pathos) para pensar cómo una fuerza emocional y afectiva permite que ciertas imágenes vivan más allá de su propio tiempo: se trata de gestos, de movimientos, de configuraciones afectivas y disposiciones corporales que aparecen y reaparecen en distintos contextos, cargados de nuevos significados e imaginarios. 

Lucas alza la bandera como un gesto de protesta e insurrección frente a la violencia estatal. Gesto que podríamos encontrar, por ejemplo, en “La libertad guiando al pueblo” de 1830, del pintor del romanticismo francés, Eugéne Delacroix. En su pintura, una figura femenina alza la bandera francesa, la cual condensa una comunidad política e ideal de nación. En el año 2018, el periodista Mustafa Hassona, fotografió a A'ed Abu Amro, un activista palestino sosteniendo la bandera en medio de una confrontación con las fuerzas israelíes. Algunos medios y revistas comparaban la fotografía de Mustafa con la pintura de Delacroix. Si en la pinturas de este último, la “Libertad” conduce al pueblo mediante una figura alegórica y reconstruye un ideal de nación; en Hassona, la resistencia palestina adquiere la materialidad de un cuerpo que enfrenta la ocupación con una honda y una bandera. En Lucas, por último, ese mismo gesto reaparece en un cuerpo queer que no sólo desafía la represión estatal argentina, sino los imaginarios de heroísmo patriótico tradicionales. La fórmula visual persiste, pero sus protagonistas, sus símbolos y las condiciones políticas de su aparición se transforman.

La imagen de Lucas nos permite comprender un gesto político de resistencia e insurrección, que pone en tensión con esos ideales de nación en los cuales ese mismo gesto se inscribe. El cuerpo queer ha sido y sigue siendo para la narrativa estatal, un cuerpo abyecto. Conviene recuperar a Michel Foucault para recordar que la norma, en el esquema biopolítico —que también podríamos poner en diálogo con los desarrollos de Agamben y Esposito—, constituye una tecnología que circula entre los mecanismos disciplinarios y los dispositivos reguladores, y que se aplica tanto al cuerpo individual como al cuerpo colectivo. Nos encontramos ante un biopoder cuya paradoja constitutiva consiste en hacer de la administración, optimización y prolongación de la vida una justificación para ejercer su reverso: el poder de suprimirla. Foucault encuentra en el racismo la clave para comprender esta contradicción: la fragmentación del continuum biológico de la población permite establecer una cesura entre aquellas vidas que deben ser protegidas y fortalecidas y aquellas otras cuya eliminación puede presentarse como condición necesaria para la supervivencia de las primeras. En otras palabras, la muerte de unos se legitima en nombre de la vida de otros.

Desde el 2023, en Argentina, se viene llevando esa paradoja biopolpitica al máximo. Según el último informe del Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT solo en 2025 se registró un aumento del 62% de casos de violencia contra la comunidad LGBTQI+. La narrativa estatal actual, bajo el gobierno de Javier Milei, se esmera en construir a las disidencias sexuales como enemigo interno que altera no solo el orden político y económico nacional, sino a la integridad de la moralidad occidental. El reciente ataque transodiante que sufrieron las compañeras travestis-trans y trabajadoras sexuales en los Bosques de Palermo debe ser leído bajo este paraguas. Un grupo de jóvenes varones y ciclistas se organizaron para “cazar trans”. La “cacería”, en efecto, no solo consistió en atacar sorpresivamente a las compañeras mientras se encontraban trabajando sino también en subirlo a redes sociales y así promover la espectacularización de la violencia, la cual debe ser marcada bajo el ataque sistemático que la comunidad LGBTQI+, en especial el colectivo travesti-trans, viene sufriendo hace años. 

Para cerrar, hay algo que merece una exclusiva atención: las formas de resistencia ante esa violencia: desde la Asamblea Antifascista y Antirracista LGBTQI+ que reunió a miles de cuerpos abyectos, así como las intervenciones de Lucas y Cristian en la Marcha Universitaria. Las identidades disidentes se articulan en conjunto con otras luchas, para reconocer las formas de precarización, persecución y vulneración de la vida. La lucha LGBTQI+ no puede pensarse hoy día por fuera de la luchas trans-feministas, antirracistas y populares. Allí donde el poder produce vidas descartables, la organización colectiva ensaya formas de solidaridad que desbordan las fronteras identitarias. 

La próxima Marcha del Orgullo, el sábado 7 de noviembre, no puede leerse únicamente bajo el paraguas de las identidades sexuales y de género. Bajo la consigna «Cuando el odio avanza, el Orgullo en las calles es resistencia», la convocatoria vuelve a poner en juego una disputa por los regímenes de visibilidad, el derecho a existir, a ocupar y transformar el espacio público y a construir nuevos imaginarios políticos. Frente a las políticas que administran qué formas de vida son válidas y cuáles son descartables, marchar hoy es una forma de disputar las condiciones de lo vivible. 

Bibliografía: 

Foucault, M. (2000). Defender la sociedad: Curso en el Collège de France (1975-1976) (H. Pons, Trad.). Fondo de Cultura Económica. 

Preciado, P. (2022) Dysphoria Mundi. ANAGRAMA.

Rancière, J. (1999). El desacuerdo. Política y filosofía. Nueva Visión 

Warburg, A. (2000). Introducción en Atlas Mnemosyne. Traducción Felisa Santos. 

Referencias: 

Canal Abierto. (2026, 1 de noviembre) HÉROES SIN CAPA, EN MEDIAS CANCAN Y CON POLLERA | Los femboys contra la represión de Milei  [Video]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=79ebPN60zW0 

Urbana BA Streaming. (2026, 21 de octubre) Lucas y Cristian en UrbanaBA [Video]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=uUpdDZpqdGY&t=696s 

Alba, A. (2018, 26 de octubre). La lucha palestina ya tiene una nueva foto icónica. El periódico. https://www.elperiodico.com/es/internacional/20181026/una-imagen-de-un-manifestante-en-gaza-se-vuelve-viral-7112166 

Lampkin, F. (2018, 3 de julio). La libertad guiando al pueblo - Eugene Delacroix. Historia/Arte (HA!).  https://historia-arte.com/obras/libertad-guiando-al-pueblo 

Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT+. (2025). Informe semestral 2025. Federación Argentina LGBT+. Recuperado el 4 de noviembre de 2026, de https://falgbt.org/ultimo-informe/

 

Desde el 2023, en Argentina, se viene llevando esa paradoja biopolpitica al máximo. Según el último informe del Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT solo en 2025 se registró un aumento del 62% de casos de violencia contra la comunidad LGBTQI+. La narrativa estatal actual, bajo el gobierno de Javier Milei, se esmera en construir a las disidencias sexuales como enemigo interno
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Resistencia
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    Sentido común

Lo siniestro se volvió lunes

03 Noviembre 2026

«En una sociedad que nos educa para la vergüenza, el orgullo es una respuesta política.»
Carlos Jáuregui

Hay una escena que resume una época, y no la filmó un documentalista ni la escribió un sociólogo. La filmaron los propios protagonistas. Lunes a la noche, bosques de Palermo, avenida de los Ombúes. Un grupo de pibes en bicicleta, de esos que hacen stunt, las acrobacias sobre ruedas que se viralizan en TikTok, sale a buscar a las mujeres trans que trabajan en la zona. Primero las provocan, se van y vuelven en patota, con palos, ramas y conos de tránsito. Graban todo y lo suben con emojis de risa. Uno queda bautizado como "el matatrans" y lo cuenta orgulloso. Lo importante no es solo lo que hicieron, es que lo mostraron. Antes la violencia se escondía, buscaba la oscuridad, tenía vergüenza de sí misma. Esta no. Esta busca público, y lo busca porque sabe, o cree saber, que va a encontrarlo. Ahí está el cambio de época: en la convicción de que hay una tribuna esperando del otro lado de la pantalla. Freud llamaba siniestro a lo familiar que de golpe se vuelve monstruoso. No hay mejor definición para lo que pasó el lunes.

Hace un tiempo escribí que lo que antes nos hubiera parado en seco había pasado a ser martes. La frase quedó corta. El odio ya tiene la semana entera repartida. El lunes les tocó a las mujeres trans de Palermo. El miércoles, como todos los miércoles, les toca a los jubilados frente al Congreso, gas pimienta contra personas de ochenta años que piden remedios. Y entre un día y otro, sin cámaras ni videos virales, una fábrica que baja la persiana, un trabajador que se queda en la calle, una universidad que no sabe si llega a fin de año. Así la crueldad va armando su agenda, con días fijos, como una feria. Lo que impresiona no es que haya violencia, porque violencia hubo siempre. Lo que impresiona es la regularidad. La represión de los miércoles ya no es noticia, es un dato del clima, el cierre de una fábrica ya no abre los noticieros, y un país que se acostumbra a ver una jubilada gaseada cada semana ya está preparado para reírse de una trava apaleada un lunes. El acostumbramiento es la verdadera obra pública de este gobierno: no hizo rutas, hizo costumbre.

Conviene no simplificar. Milei no inventó el odio. Lo encontró, lo leyó mejor que nadie y lo convirtió en lenguaje de gobierno. Había un malestar real, una bronca acumulada, una generación de pibes que repartía en bici con tres aplicaciones abiertas y ningún derecho, que miraba la política como se mira a un vecino que no te saluda. Ese malestar existía antes de él. Lo que hizo Milei fue darle destinatario. Le dijo a cada enojado contra quién estar enojado: el zurdo, el empleado público, el docente, el jubilado que no aportó, la persona con discapacidad que cobra un curro, la diversidad que según él es una moda. Y cuando la palabra presidencial nombra enemigos todos los días, alguien termina tomándola al pie de la letra. Según rastreó la politóloga Gabriela Ivy, el ataque de Palermo se organizó desde cuentas libertarias. Puede ser o no ser orgánico, y eso es casi lo de menos. El odio de época no necesita organigrama. Funciona como una playlist: nadie te obliga a escucharla, pero suena en todos lados. Y lo más inquietante es la edad de los que la escuchan. Son pibes. Una derecha que no se forma en el cuartel ni en la parroquia sino en el algoritmo, que no tiene doctrina sino memes, y que confunde la crueldad con la rebeldía. Ese pibe que pega y se ríe también es un pibe que perdimos, y quizás sea el mismo pibe al que le cerraron la fábrica al padre y la universidad en la cara. La pregunta incómoda para nosotros es cuándo dejamos de hablarle.

Y hay otra pregunta incómoda, que no es para nosotros. Es para los que votan. En 2023 el voto a Milei podía leerse como un grito, como el voto de alguien desesperado que quería romper todo porque nada le funcionaba. Ese voto tenía algo de apuesta a ciegas. Hoy ya no hay ciegos. Los miércoles están filmados. Las pensiones cortadas tienen nombre y apellido. Los hospitales sin insumos, las universidades sin presupuesto, las fábricas cerradas, los trabajadores desocupados, las mujeres trans de Palermo: todo está a la vista. El voto dejó de ser un grito y se volvió una firma, y quien firma se hace cargo de lo que firma. No es lo mismo enojarse con la casta que avalar la cacería. No lo digo con desprecio, porque el peronismo nunca ganó despreciando a nadie: ganó yendo a buscar al que se había ido, sentándose en su mesa y discutiéndole de frente. Pero discutir de frente también es decirle la verdad, o por lo menos nuestra verdad. No hay voto neutral frente a un gobierno que convirtió la crueldad en programa. El que vota no apoya solo la baja de la inflación. Apoya el paquete completo. Y el paquete trae esta sociedad.

Por eso lo que viene no se resuelve solo con una elección, aunque la incluya. Lo que hay que construir es un freno. Un dique, en el sentido más literal: algo que contenga lo que viene bajando con fuerza. Y ese dique no es moral, es político. No se trata de escandalizarse en Twitter, que es la forma más cómoda de no hacer nada. Se trata de volver a producir un sentido común donde pegarle a una mujer trans no sea contenido, donde una jubilada gaseada nos dé vergüenza como país, donde la noticia sea la apertura de una fábrica y no su cierre, donde un pibe que entra a la universidad pública sea una costumbre y no una hazaña. Ese sentido común no es una utopía, porque ya existió. No fue un regalo, fue la pelea de miles y miles de argentinos y argentinas que pusieron el cuerpo cuando ponerlo costaba la vida, y que hoy vuelve a costarla. La Argentina ya demostró que puede ser otra cosa. La disputa es por cuál de las dos va a ser costumbre.

Hoy, mientras escribo esto, hay paro universitario. El miércoles, como siempre, la ronda de los jubilados. El sábado, la Marcha del Orgullo. No son agendas distintas, es la misma: la de los que no se resignan a que la crueldad sea el idioma del país. Lo siniestro se combate como se combate cualquier costumbre, con otra costumbre. Estar. Volver a estar. Hasta que ningún día de la semana vuelva a ser el día del odio.

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    Elecciones UNDAV

Elecciones en la UNDAV: El MUC avanza en todo el Conurbano

03 Noviembre 2026

El resultado del congreso electoral de la Federación Universitaria de Avellaneda, del último sábado de octubre, reconfirma una tendencia llamativa e importante en el movimiento estudiantil del conurbano bonarense.

El agrupamiento llamado Movimiento Universitario del Conurbano es un frente político que condensa una mayoría abrumante de conducciones de centros estudiantes y federaciones universitarias: dentro de este espacio político, conviven las conducciones de las Universidades Nacionales de la Matanza, de Hurlingham, Lomas de Zamora, Almirante Brown, Avellaneda, Regional Avellaneda UTN, Ezeiza, José C Paz, Lanús, entre otras.

“Este espacio político nació con la necesidad de aglutinar las demandas del movimiento estudiantil del Conurbano, que surge como una expresión e identidad nueva, en el escenario de la política y de la representación”. Relata Gonzalo Suárez reelecto Presidnete de la Federación Universitaria de Avellaneda con el 100% de los votos acreditados.

Sigue contándonos: “El MUC trae un viento fresco en un peronismo, necesitado de nuevas expresiones políticas, lo cual le da un potencial enorme frente a un escenario social, que descree mayoritariamente de la política y los políticos en particular. Cuando en las universidades del Conurbano el MUC gana sus elecciones con el acompañamiento de miles de jóvenes”.

“Siempre decimos que venimos a rescatar un método, que es del consenso, de la discusión política, de la visión crítica, de la búsqueda en la cual el todo está sobre las partes y que tiene que volver a construirse desde la periferia al Centro, y no al revés. Cómo nos decía el Papa Francisco” señaló Suárez. 

El movimiento estudiantil ha sido protagonista, necesario y mayoritario en las cinco marchas universitarias en el marco del reclamo por la ley de presupuesto durante los años de gobierno de Javier Milei, y es por ende que la postura de los espacios estudiantiles es que no puede construirse un peronismo que piense en clave de futuro, sin tener en el centro de su discusión a los y las estudiantes.

La discusión universitaria es una contienda que dañó mucho la imagen del gobierno libertario, ya que estas cuentan con un nivel de aceptación muy importante en nuestra sociedad. Aún así el gobierno lleva más de un año sin cumplir con la ley que busca garantizar mejores sueldos, docentes, fondos de infraestructura, mantenimiento edilicios y becas estudiantiles dignas.

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    Mural de Eva Gómez
    Foto: mural de Eva Gómez

La noche negra de los ceramistas

03 Noviembre 2026

La caravana de autos y camiones que circulaban por la Ruta 26, a diez cuadras de la estación Del Viso, al norte del Gran Buenos Aires, dobló de manera intempestiva en la calle 9 de julio. Uno de los camiones se quedó en la esquina, otro siguió de largo y se apostó en la siguiente, y un tercero se detuvo a mitad de cuadra. El cuarto auto era un Ford Falcon, que paró frente a la casa que llevaba el número 930. Primero se acercaron dos hombres, se pusieron a cubierto y el que estaba de civil golpeó la puerta bien fuerte y de manera insistente, lo que obligó a Rosendo Abadía a levantarse.

- ¿Quién es?

- Policía. Abra ahora mismo -, respondió el de civil quien, apenas se abrió la puerta exhibió un carnet mientras, con un arma corta, apuntaba la cabeza de Rosendo y avanzaba hacia el interior. Detrás ingresó un hombre de uniforme, con un fusil en ristre, y se dirigió a uno de los dormitorios. En la cama estaba Baltasara Crespo, la esposa de Rosendo. Le ordenó levantarse, que fuera junto a su esposo, se tiraran en el piso y se quedaran boca abajo. El de civil abrió la puerta de un segundo dormitorio donde estaban las hermanas Dominga y Felicidad, que hacía un rato se habían acostado y ahora estaban asustadas por el procedimiento.

- Levántense y vístanse. Vienen con nosotros -, fue la orden de quien comandaba el operativo. El hombre, con el arma en su mano, recorría la habitación, revisaba los armarios, abría los cajones, hurgaba en los alhajeros y se metía cosas en los bolsillos, mientras las chicas se vestían a la vez que lloraban.

- ¿Qué me miran tanto? ¡Parece que nunca lo han visto a uno! -, escuchó Rosendo que decía el hombre. Dedujo que una de las chicas, o ambas, lo reconocieron. Ellas no terminaron de vestirse cuando las encapucharon, las esposaron y las llevaron afuera.

- Voy con ellas -, alcanzó a decir Rosendo, pero el que lo vigilaba le piso la espalda, le ordenó que se callara y le apoyó la boca del fusil en la nuca. Cuando las chicas estuvieron en la vereda, llevadas a los vehículos, el de uniforme le dio una última revisada a la casa y se llevó algunas pertenencias más de valor. Todo ocurrió en cuestión de minutos. La noche estaba templada, pero la oscuridad generaba un frío de terror. Como en una pesadilla circular, el matrimonio vivía en carne propia lo que desde 1939 ocurría en España con la dictadura franquista, de la que escaparon en 1951, buscando un futuro mejor. Al rato escucharon cómo se alejaban los vehículos, aunque en sus oídos resonaban el llanto de Dominga y Felicidad. Eran las 23.45 de la noche del 2 de noviembre de 1977.  Concluida la faena, la caravana siguió su raid de miedo y espanto a otras localidades cercanas, donde vivían obreros de la cerámica Lozadur y que trabajaban junto a las hermanas de Del Viso.

De Zamora a Del Viso

El matrimonio Abadía - Crespo era oriundo de la provincia española de Zamora, del pueblo Folgoso de la Carbellada, ubicado al noroeste de España, casi en límite con Portugal. Folgoso no es un gran pueblo, hoy parece en extinción pues en los últimos 20 años nunca superó los 100 habitantes ni bajó de los 50. En la década de 1940, después de la Guerra Civil, tenía cerca de 500 pobladores, cifra que bajó en las décadas siguientes. En ese poblado minúsculo nació Dominga, el 9 de marzo de 1950. No eran buenos tiempos para España, que estaba gobernaba, desde 1939, por el dictador Francisco Franco, quien con su rebelión de 1936 sumió al país en un baño de sangre. Los libros dicen que la Guerra Civil terminó en 1939, pero el mismo dictador dijo en 1946 que llevaban una década de guerra, y que acabarían con todos los revolucionarios. 

Las nuevas investigaciones, estudios e interpretaciones, como la de los historiadores Jorge Marco y Mercedes Yusta Rodrigo, sostienen que la Guerra Civil terminó recién en 1952, cuando se rindieron los últimos focos rebeldes en los poblados montañosos. Se sostenían a través de la guerra de guerrillas, muchas veces amparados por campesinos, quienes ponían en riesgo sus vidas. Fue un período de gran violencia, que se cebó con las zonas rurales, lejos de los ojos de la comunidad internacional, que prestaba atención a la Segunda Guerra Mundial y no miraba a España. Los que resistían se escondían en los montes y atacaban por sorpresa y guardaban la esperanza de la llegada de tropas de los aliados para derrocar a Franco, pero eso jamás pasó. Por eso la represión se encarnizó al finalizar la guerra pues, más allá del exterminio de las guerrillas, el franquismo encaró con mayor virulencia la limpieza política. La represión fue cruel, y los sistemas de torturas de españoles contra españoles, previo al fusilamiento, mostraban el odio desparramado por la península.

La diáspora española fue una sangría nacional, muchos se refugiaron en América Latina, de manera especial México y la Argentina, otros huyeron a la Unión Soviética, y gran parte de ellos a la vecina Francia. El matrimonio Abadía Crespo y la niña no la pasaron bien en su propio país, por la represión, el hambre y la pobreza así que, al no ver perspectiva de futuro, decidieron emigrar y llegaron en 1951. Estaban seguros que en este país de paz y concordia no vivirían una situación como la de España de la Guerra Civil, pero se equivocaron. Un cuarto de siglo después, vivirían en carne propia la represión, la persecución y la desaparición de sus seres más queridos.

Rosendo y Baltasara, a quien todos llamaban Sarita, lograron respirar aires de paz. La familia se instaló en un barrio alejado de la estación Del Viso, sobre la calle 9 de Julio (hoy Santa Eulalia). El barrio, con muchos terrenos baldíos, era conocido como “La Tierrita”, porque la Sociedad de Fomento tenía su piso de tierra apisonada y era un polvaderal los fines de semana, cuando se armaban fiestas y bailes. De manera oficial ese barrio es conocido como William Morris. La pequeña Dominga pronto tendría una compañera: el 1 de septiembre de 1952 nació Felicidad, nombre simbólico, por la alegría que encontraron en el territorio adoptado. Aunque se llevaban dos años, en algunos ámbitos las llamaban “las mellizas”. Del Viso era por entonces un pueblo del distrito de General Sarmiento, nacido en la primera década del siglo XX a través de la escuela N°10, adonde concurrían los hijos de los peones de los tambos de la zona.

La primaria la hicieron en aquella escuela histórica, y en 1962 las chicas se trasladaron a la primaria Nº28, más cerca de su casa. Por entonces Dominga, de 12 años, cursaba 6° y Felicidad, de 9 años, 4°. Apenas terminaron el primario ayudaron en sus quehaceres domésticos a su madre y luego, al finalizar la década, ingresaron a la fábrica de cerámicas Lozadur.

La lucha de los hornos

Algunos recuerdan a Dominga como extrovertida, con un espíritu adolescente, alegre, jovial, bromista, dicharachera; a la vez que veían a Felicidad más seria y reservada. Ambas eran buenas trabajadoras y tenían mucha participación interna en la fábrica en cuanto a ser activistas, estar en cada asamblea, o en las movilizaciones que se impulsaban. “Si uno revisa las fotos de los momentos históricos de Lozadur en la década de 1970 siempre las vamos a encontrar a ellas entre tantos otros ceramistas”, escribió Bernardo Veksler, en su libro “La batalla de los hornos”, sobre las luchas obreras de los ceramistas. El autor, que además era operario, recordó que cuando él se incorporó a la fábrica, a principios de la década de 1970, las chicas ya estaban en la sección “Clasificación”, área compuesta por mujeres, donde recibían las vajillas, los platos, y las tazas para revisar que estuvieran en condiciones para salir a la venta, una especie de control de calidad a gran escala.

La empresa Lozadur, de capitales franceses, se instaló en Villa Adelina en la década de 1930, y el modelo de sustitución de importaciones que impulsó el ministro Pinedo en un principio, y acentuó el presidente Perón después, permitió que la fábrica creciera de manera considerable. Desplegada en 10 hectáreas, con áreas de trabajo muy diversas, en su mejor momento llegó a contar con 5000 trabajadores. La estación Villa Adelina y las localidades a la vera del ferrocarril Belgrano fueron el territorio de donde se nutría Lozadur de mano de obra, tanto masculina como femenina. Platos y tazas permitieron que pronto los modelos Festival, Kent y Marly fueran un clásico de la vajilla en la Argentina y Lozadur líder en el mercado. 

También tenía un sector donde se fabricaba “venecita”, revestimiento celeste muy usado en piletas y en la construcción en general. Toda la combinación de secciones, personal y expansión territorial permitió decir que era la fábrica de cerámica más grande de América Latina. Dentro, nada era feliz, pues el sistema de explotación del personal era salvaje, con condiciones de trabajo muy precarias, y con esfuerzos sobrehumanos que dejaban consecuencias de por vida. Entrar allí era entrar al pasado por el túnel del tiempo, con un sistema de explotación de las peores épocas de la primera revolución industrial, sin la ropa adecuada, con los hornos a temperaturas inhumanas y una dirigencia sindical que acompañaba y apoyaba a los patrones, y permitía la denigración de los cientos de trabajadores.

Las excelentes ventas de Lozadur al empezar la década de 1970 obligaron a la empresa a contratar más empleados para satisfacer la demanda. Llegaron trabajadores jóvenes y combativos, quienes se dieron cuenta de la explotación patronal y de la complicidad del sindicato. De a poco se fueron encontrando con los mismos reclamos y quejas, y plantearon la estrategia de hacerse fuerte de a poco, y de no salir a enfrentar de entrada al gremio porque serían despedidos sin más, como ocurría cuando algunos proponían mejoras. Las chicas Abadía Crespo eran parte de esos jóvenes que entraron, y al poco tiempo se integraron a la agrupación Evita que formaba parte de la Juventud de Trabajadores Peronistas (JTP), con estrechos vínculos con la organización Montoneros.

La creación de “Lista Marrón” dentro del sindicato fue para enfrentar a los dirigentes que no apoyaban las luchas gremiales, sino que acordaban con las patronales empresariales. En 1972 empezaron las primeras manifestaciones de disconformidad y la organización para desplazar a la conducción tradicional, que llevaba más de dos décadas al frente y se agrupaba en torno a la “Lista Celeste y Blanca”. La reacción no se hizo esperar y desde el oficialismo gremial se logró que la fábrica despidiera a los primeros ceramistas díscolos, confirmando la connivencia. En 1973 la situación se agravó, con despidos en Lozadur y Cattáneo, una fábrica cercana. La reacción de los obreros se manifestó el 23 de mayo de 1973: a dos días de asumir como presidente Héctor J. Cámpora, los trabajadores dejaron sus puestos de trabajo y tomaron la fábrica. La agrupación Evita, en coordinación con otros sectores, llevó adelante la medida y logró la reincorporación de los despedidos. 

La nueva agrupación gremial generó espacios de discusión. El playón de la fábrica, donde estaba el gran tanque de agua, era el espacio de debate cuando la sirena convocaba. La “Lista Marrón” reclamó elecciones, pero los sindicalistas tradicionales se dieron cuenta que se trataba de una ola imparable, y que iba a ser difícil retener la conducción. Se dilató la fecha, la lista tomó el edificio el 25 de junio de 1973, designó una comisión provisoria y solicitó al Ministerio de Trabajo que la convalidara hasta normalizar. Cuando en agosto el oficialismo desplazado intentó recuperar la sede por la fuerza, hubo piñas, patadas, muebles rotos, disparos y un muerto: Juan Carlos Barche. En octubre la “Lista Marrón” ganó con el 60% de los votos, y entre las propuestas estaba la apertura de un comedor obrero y una guardería para los hijos, la eliminación del trabajo a destajo, el pago igualitario para varones y mujeres, convocatoria a paritarias con actualización trimestral, de acuerdo a los costos de vida, y mejorar las condiciones de trabajo en cuanto a seguridad e higiene.

En 1974 los trabajadores de Lozadur recibieron mercaderías que Montoneros consiguió del secuestro a los hermanos Born, propietarios de la empresa Molinos Río de la Plata, y eso marcó el futuro de algunos delegados. En 1975 los ceramistas, como muchos trabajadores de la zona norte, salieron a la calle a reclamar en contra de la hiper-devaluación conocida como “Rodrigazo”. Avanzaron hacia CABA y fueron detenidos en la General Paz con una fuerza represiva impactante. Un año después los militares aprovecharon el desgaste del gobierno de la viuda de Perón y dieron un golpe de Estado.

La empresa entregó la conducción de la fábrica a un comandante de Gendarmería: Máximo Milarck. La fábrica vivió en clima de tensión durante todo 1976, a tal punto que en noviembre el pedido de aumento salarial fue más fuerte que otras veces. Un año más tarde, en agosto de 1977, las tensiones seguían por diversas razones: aumentos no liquidados, salarios mal pagados, obreros manifestándose en el playón, y militares irrumpiendo para reprimir. La inflación provocó que en octubre los trabajadores pidieran un aumento del salario básico, pero el 8 de octubre el espiral de conflicto tomó otras dimensiones. En ese momento la fábrica contaba con 1.300 empleados, pero al ver la caída de ventas por las medidas económicas de la dictadura, que favorecían la importación, decidió despedir 350 obreros: un ajuste salvaje. La resistencia fue inmediata, con asambleas y medidas de fuerza. Los obreros no se enfrentaban con la patronal sino con las fuerzas represivas que no tenían un marco legal para someter, sino que aplicaban una política de exterminio como lo demostró en otras fábricas cercanas como Bendix, Grafa, Astarsa, Mestrina, Colorín, entre otras, donde sus cuerpos de delegados fueron asesinados o secuestrados.

Se planteó llevar la discusión dentro del ámbito legal, y la delegación Vicente López de la secretaría de Trabajo fue donde se reunieron algunos delegados con el representante de la empresa, el comandante de Gendarmería Máximo Milarck. Al terminar la reunión, el oficial dejó flotando una amenaza contra los delegados.

El secuestro de los ceramistas

“De Lozadur se llevaron siete la misma noche. La mayoría los fueron a buscar a sus casas, y creo que las primeras que cayeron fueron las hermanas”, cuenta Rosa Samaniego, obrera de la empresa en la década de 1970. A su vez, Lorena Lescano, directora de Derechos Humanos de Pilar, que investigó la trayectoria de las hermanas, sostiene que en la misma noche secuestraron a un grupo de siete obreros, pero que con el correr de los días la cifra sumó un total de once, la mayoría integrantes de la Comisión Directiva.

El 27 de octubre de 1977 se realizó el primer procedimiento, cuando secuestraron trabajadores de la empresa Cattáneo, dentro de la misma fábrica. Juan Carlos Panizza, Faustino Gregorio Romero y José Agustín Ponce fueron los que se llevaron de la empresa, mientras que a Juan Carlos Ozeldín lo fueron a buscar a la casa. La situación laboral no era distinta a Lozadur y los obreros estaban en conflicto con la patronal. Cuando todo parecía volver a la calma, la noche del 2 al 3 de noviembre, se realizó un gran operativo donde secuestraron a siete obreros de Lozadur: Sofía Cardozo, Elba María Puente Campo, Pablo Villanueva, Ismael Notaliberto, Francisco Palavecino y las hermanas Abadía Crespo. 

Las especulaciones permiten pensar que los grupos de tareas salieron de Campo de Mayo, y arrasaron localidades a la vera del ferrocarril Belgrano. Primero fueron a Del Viso, donde secuestraron a las hermanas; la siguiente parada fue Adolfo Sourdeaux, donde se llevaron a Pablo Villanueva, y su hermano Ramón, que presenció el secuestro por vivir en el mismo terreno, era uno de los despedidos en el conflicto de octubre; la tercera parada de la noche fue Boulogne, de donde se llevan a Ismael Notaliberto, diciéndole a la esposa que lo llevaban a la comisaría para identificarlo, pues se lo acusaba de robar un camión de una empresa láctea, argumento que esgrimieron varias veces en la redada; la cuarta estación fue Don Torcuato, en la casa de Francisco Palavecino, con el sol a pleno y los vecinos curiosos asomados a la vereda para presenciar el procedimiento, que se dispersó cuando uno de los secuestradores tiró cinco o seis tiros al aire.

La búsqueda de los familiares fue inmediata, con denuncias policiales, presentación en los juzgados de la zona y armado de recursos de habeas corpus. Ramón Villanueva recuerda que se reunió con Rosendo Abadía y fueron a la policía, donde les dijeron que todo estaba bajo control de Campo de Mayo, pero que no se metieran porque les iba a pasar lo mismo. Luego recurrieron a embajadores, a representantes del Vaticano y a organismos oficiales, pero la respuesta siempre fue que desconocían el paradero de sus familiares. Fernando Herrera, novio de Dominga, tenía un familiar que era militar, subinterventor del sindicato de Luz y Fuerza, pero con él no pudo averiguar mucho. Junto al padre de las chicas y el novio de Felicidad recorrieron comisarías, cuarteles y otros lugares donde podían tener información. Para entonces se dieron cuenta que estaban siendo vigilados, y Fernando decidió alejarse de Del Viso. Por su parte Juan, novio de Felicidad, participó de la búsqueda, pero cuando no obtuvo resultados se entristeció y el alcohol le sirvió su refugio. “Creo que se fue apagando de a poco. Acompañó a muchos lugares a Rosendo, pero al no tener resultados entró en una melancolía, pienso que murió de tristeza”, dice Ana Bringas, vecina del barrio y docente que recuperó parte de la memoria a través de testimonios.

Un documento desclasificado del Departamento de Estado de Estados Unidos postula que hubo “entre 15 y 20 desapariciones de trabajadores de Lozadur en noviembre de 1977 y de 5 a 10 de otras plantas de cerámica en el área, durante el mismo período. La fuente cree que las desapariciones son el resultado de una operación de seguridad en el área, posiblemente por elementos de la inteligencia operando desde la Escuela de Comunicaciones en el cercano Campo de Mayo”.

En octubre de 2014, en la megacausa de Campo de Mayo, en el tramo del juicio por los obreros, el máximo responsable del lugar, el general Santiago Omar Riveros, fue condenado como responsable por el secuestro de las hermanas Dominga y Felicidad Abadía Crespo, de numerosos ceramistas y una gran cantidad de trabajadores que estaban bajo el área de influencia de la guarnición militar. En cuanto a la responsabilidad empresarial, recién en 2024 se procesó a dos gerentes de los ocho que solicitó la querella. Alfredo Katzenstein, jefe de producción de Cerámica Cattaneo, y Miguel Luis Puigdevall, subgerente de relaciones industriales de Porcelana Lozadur, fueron considerados partícipes necesarios del secuestro y desaparición de un grupo de ceramistas por parte de la juez Amelia Vence. La Cámara Federal de San Martín revirtió los procesamientos, y la causa sigue a paso lento.

El fin de semana pasado el Centro de Investigaciones Educativas de Pilar y “Vecinos por la Memoria” de Del Viso recordaron en la Plaza Independencia a las hermanas Abadía Crespo y a otras catorce víctimas del terrorismo de Estado en la localidad. En el acto estuvo Eva Orifici, compañera de la primaria de las hermanas, y también secuestrada durante seis años por la dictadura junto a su esposo. La Escuela Secundaria N°36 recuerda a las chicas llevando sus nombres, un hecho poco repetido con la imposición del nombre de dos vecinas, mujeres y obreras que caminaron por las calles del pueblo. Los vecinos las siguen recordando y reclaman saber dónde las enterraron a ellas y a los otros ceramistas.

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    Florencia Cuellar

Hostigamiento a la familia Cuellar: detuvieron sin pruebas a otra de las hijas

03 Noviembre 2026

Florencia “La China” Cuellar tenía 23 años cuando la encontraron muerta dentro de su celda en el pabellón 23 de la Unidad IV del penal de Ezeiza. Había ingresado como única implicada de una pelea callejera a sus 19 y había sido condenada a seis. Ni bien cumplió la mayoría de edad fue trasladada a mayores, donde los enfrentamientos eran constantes. 

Si bien “La China” generó rápidamente una red de contención, las peleas con otras internas y su resistencia a los abusos del Servicio Penitenciario Federal (SPF) la pusieron en la mira. El 23 de enero del 2012 su padre Alfredo recibió un llamado desesperado de otras internas advirtiendo que algo había sucedido. Florencia fue la novena y última de las mujeres que fallecieron en esos tres años en el penal. Si bien el SPF siempre sostuvo que se trató de un suicidio, la familia de “La China” insiste en que fue asesinada y que el Estado es responsable.

Los acosos y persecuciones a la familia nunca cesaron, desde amenazas hasta la vandalización de la plaza que lleva su nombre. El 31 de octubre, apenas unos días atrás, otra de las hijas de Alfredo estaba cenando y, de manera violenta, la llevaron detenida acusándola sin evidencias de hurto y lesiones. Bettina Cuellar está en la comisaría 5ta de Avellaneda. Su situación procesal sigue sin resolverse y permanece en una notoria ambigüedad. 

Desde el colectivo de familiares y amigos de “La China” Cuellar compartieron un comunicado que reproducimos a continuación: “Queremos informarles que la situación procesal sigue sin resolverse, lleva más de 4 días detenida acusada por un simple hurto que no cometió. Desde la fiscalía de Avellaneda no dudaron ni un minuto en detenerla, pero para resolver su situación procesal se toman un tiempo demasiado extensivo, lo cual para nosotros es una tortura psicológica. Seguimos exigiendo su inmediata liberación, si eso no sucede convocamos para el día de mañana, 4 de noviembre, a una concentración frente al Polo Judicial de Avellaneda, a partir de las 11 horas, para seguir pidiendo su inmediata liberación”.

Alfredo Cuellar, por su parte, expresó: “Desde el día del crimen de mi hija no han parado de hostigarnos, buscan todo tipo de acciones para frenar nuestra lucha y nuestro reclamo. Sin embargo, estamos cada vez más unidos y no van a poder detenernos. La prioridad ahora es que mi hija Bettina recupere su libertad, dado que fue acusada injustamente de un hurto que no cometió”.

En relación a la lucha que lleva a cabo, Alfredo relató: “En el primer momento no teníamos una organización en sí. Eran luchas aisladas de cada familia, algunos iban al juzgado, otros a la fiscalía. Siempre en la suya. No hubo una organización que nuclease a todos para poder crear un colectivo para lograr un espacio coordinador de todas las demandas puntuales. Cuando comencé a indagar y a charlar con las demás familias vi que algunos tenían miedo porque estaban amenazados. Logré hacer una marcha hacia el Servicio Penitenciario Federal, en la calle Lavalle. Dejamos en claro nuestra impotencia y desesperación. Ese fue un punto de inflexión para mostrarles a las demás familias que se puede hacer algo. Después, de a poco, fuimos buscando otros métodos para visibilizar nuestro reclamo. Por ejemplo, en 2013 realizamos nuestro primer festival anti carcelario en la plaza de Once”.

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    Textiles Shopping

La IA también elige qué voces vemos cuando buscamos qué comprar

03 Noviembre 2026

Cuando alguien busca “qué lavarropas conviene para un departamento chico”, parece estar resolviendo una cuestión doméstica. Necesita comparar medidas, capacidad, consumo y precio. Pero en esa consulta también ocurre algo menos visible: una plataforma organiza qué información aparece primero y qué fuentes reciben la oportunidad de explicar el producto.

Con los resúmenes de inteligencia artificial de Google, conocidos como AI Overviews, parte de esa información se presenta reunida en una respuesta. La persona puede encontrar una explicación antes de abrir una tienda, un medio especializado o la página del fabricante. Esa comodidad merece atención: ¿qué voces están representadas en el resumen que orienta la búsqueda?

Trabajo en SEO hace muchos años analizando el comportamiento de búsqueda de los usuarios, y esta pregunta se volvió cada vez más importante. La discusión sobre la IA suele concentrarse en lo que puede producir. También necesitamos mirar de dónde toma la información y cómo se distribuye la presencia de quienes la publican.

Miles de fuentes, una distribución desigual

En septiembre de 2026 realizamos con el equipo de MetrIQon un relevamiento de 13.065 consultas comerciales en Google Argentina, desde dispositivos móviles. El trabajo abarcó siete categorías de productos. En el 70,1% de las consultas analizadas apareció un resumen de inteligencia artificial y, cuando estaba presente, registramos hasta sus tres primeras fuentes citadas.

Reunimos 25.176 citas distribuidas entre 3.596 dominios. Sin embargo, siete dominios concentraron aproximadamente la mitad de las citas. Los otros 3.589 se repartieron la mitad restante. La cantidad de fuentes disponibles convivió, así, con una presencia muy desigual dentro de las respuestas.

Hay una diferencia entre tener información publicada y formar parte de la selección que recibe un usuario. Un comercio puede contar con catálogo, experiencia y atención especializada, pero esa información necesita ser encontrada e incorporada a la respuesta para participar de esa instancia de consulta.

Mi lectura es que la concentración de citas merece discutirse como una cuestión de acceso a la visibilidad. Cuando alguien pide una explicación, las fuentes elegidas aportan los datos y los ejemplos con los que esa explicación se construye. Para quien vende, esa aparición puede ser una primera oportunidad de contacto. Para quien compra, influye en las alternativas que tiene a la vista.

La plataforma también aparece como fuente

El estudio mostró, además, que las propiedades de Google representaron el 20,3% de las citas registradas por tipo de fuente. Además Youtube está en 1 de cada 4 respuestas. La empresa que organiza la búsqueda también forma parte del ecosistema de contenidos que aparece citado.

Es una relación que vale la pena observar desde la experiencia del usuario. Una consulta puede llevar a una respuesta, de ahí a un video y después a otra búsqueda. La investigación de una compra puede transcurrir entre varias pantallas antes de llegar al sitio de un vendedor.

La selección de fuentes plantea preguntas concretas: qué información encuentra espacio, qué formatos tienen presencia y qué posibilidades conserva un comercio pequeño de ser descubierto. También invita a mirar el lugar del periodismo especializado. En el relevamiento, los medios y sitios especializados representaron el 4,3% de las citas por tipo de fuente.

Una ficha comercial puede resolver una medida o una especificación. Una comparación periodística puede sumar pruebas, preguntas y contexto. Para el lector resulta útil poder reconocer quién habla, qué aporta y desde qué posición lo hace.

La diversidad también se juega en las búsquedas cotidianas

Los pequeños comercios argentinos clasificados en el estudio como sitios .ar del grupo de tiendas de menor escala reunieron el 14,4% de las citas. Su presencia muestra que hay información comercial disponible más allá de los grandes catálogos, aunque se reparte entre muchos negocios.

Para una pyme, publicar respuestas claras sobre usos, materiales, compatibilidades o condiciones de entrega es una tarea que puede empezar con recursos propios. El conocimiento existe muchas veces en la conversación con el cliente y falta llevarlo a una página accesible. También hay un trabajo posible de cámaras comerciales, asociaciones y espacios de formación para acompañar esa tarea.

Del lado de quien compra, abrir las fuentes ayuda a recuperar contexto: comprobar de qué modelo se habla, quién lo vende, qué incluye la garantía o si la entrega alcanza su localidad. Son decisiones que requieren volver a la información concreta detrás del resumen.

La discusión sobre inteligencia artificial también tiene lugar ahí, en una pregunta sobre un electrodoméstico o una herramienta. Si una respuesta organiza las primeras alternativas que vemos, importa conocer qué fuentes la sostienen. Observar esa selección es una forma de discutir qué diversidad de información queremos encontrar cuando buscamos.

* El autor es especialista en SEO, investigación de búsquedas e inteligencia artificial aplicada al comercio electrónico. SEO Sr. en Personal y cofundador de MetrIQon.

Redes:

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La discusión sobre inteligencia artificial también tiene lugar ahí, en una pregunta sobre un electrodoméstico o una herramienta. Si una respuesta organiza las primeras alternativas que vemos, importa conocer qué fuentes la sostienen. Observar esa selección es una forma de discutir qué diversidad de información queremos encontrar cuando buscamos.
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    Repartidores
LEYES LABORALES

Lilia Alonso sobre el proyecto de ley para trabajadores de plataformas: “No es flexibilidad o derechos”

02 Noviembre 2026

Lilia Alonso, abogada laboralista y asesora del Gabinete del Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires, describió el proyecto de ley para regular las aplicaciones de mensajería y delivery, en plataformas digitales.

Alonso dialogó el sábado 31 de octubre con "Más o menos bien" (Radio Con Vos, sábados de 18 a 20hs). A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“La idea fue cambiando con el tiempo porque la realidad en el país cambió con el tiempo. Cuando comenzó el proceso de redacción y de consenso, no existía la reforma laboral. Estábamos con un debate público y con una resistencia a reconocer la relación laboral de estos trabajadores con las empresas de aplicaciones, pero el debate en los reclamos estaba todavía difuso”.

“En ese momento empezamos a percibir que había una nueva forma de organización de trabajo, que se viene debatiendo, diría, desde la pandemia en adelante. En 2022 comenzó el debate en la Organización Internacional del Trabajo sobre el advenimiento de formas distintas de organizar el trabajo, lo que no tiene que implicar que no haya derechos laborales asociados a esas nuevas organizaciones”. 

“El gobierno nacional sale con esta pseudo-modernización laboral, y deja afuera en el artículo segundo, en uno de sus últimos incisos, expresamente a los trabajadores de plataformas. Los saca de la protección de la ley de contrato de trabajo y establece que son independientes, los categoriza y eso cambia completamente el panorama para la Provincia. En nuestra Constitución tenemos el deber de garantizar el trabajo decente, entonces nos propusimos hacerla un poco más profunda”.

“Fue cambiando la sensación en el diálogo con los trabajadores de sindicatos, agrupaciones, y cooperativas. Hace algunos años atrás había una impugnación a la categorización, una exigencia de flexibilidad y de flexibilidad, lo que llevaba erróneamente a pensar que era flexibilidad o derechos, y no es así”.

“Hay que dejar de pararnos como policías que paran a los chicos a sacarle la moto, dejar de parar al trabajador y pedirle que tenga habilitaciones. El registro en una app que vamos a diseñar sería no para relevarlos e investigarlos sino solo para acceder a un botón rápido de seguridad que dispare una alerta en el 911 y que esté en coordinación con la red de municipios (…) Lo mismo en cuanto a las emergencias de salud y la relación con el Banco Provincia”.

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    Juan Carlos Ferrari
EL OFICIO DEL LIBRERO

Memorias de un librero: Juan Carlos Ferrari y su paraíso de libros

01 Noviembre 2026

En la populosa barriada de San Martín, provincia de Buenos Aires, hay un paraíso de libros. Esto es: un local de dieciocho metros de largo por cinco de ancho, revestido de estanterías y bateas, todas repletas de revistas, ediciones antiguas, colecciones inconseguibles, y ejemplares fuera de circulación. La palabra “liquidamos” está escrita en varios carteles de cartulina compitiendo con el cartel de las “ofertas” donde se apilan muchos más libros.

Se calcula que la librería «L&L» recibe un promedio de 300 clientes por día. Por ese motivo, muchas veces se forman largas filas en la vereda frente al local. Son libreros, curiosos, coleccionistas, investigadores, docentes y estudiantes habitantes de San Martín, pero también vecinos de barrios aledaños y hasta compradores de Rosario. Los precios y el material ofrecido bien lo valen. Hay libros y colecciones desde 500 pesos y, encima, está la ya famosa “bolsa”, una de las tantas ingeniosas creaciones de Juan Carlos Ferrari, el librero y dueño de este paraíso de papel, un personaje ineludible de la historia de las librerías argentinas, que supo tener entre sus amigos y clientes al dibujante Alberto Breccia y al historiador Osvaldo Bayer, entre otros.

“¡Ah, la oferta de la bolsa!”, dice y recuerda que la inventó para que la gente pueda comprar y leer libros. “Cuando publicamos esta oferta en las redes, explotó”, agrega y explica en qué consiste la mentada bolsa: “Por 1000 pesos te podés llevar todos los libros que entran en una bolsa que te entregamos en el local, en general entran unos doce o catorce. Entonces te llevas todos esos libros por 1000 pesos. La gente se va contenta. Decime ¿conocés alguna librería en donde la gente se vaya contenta después de comprar? No, claro que no. Se van contentos porque pueden leer. Porque los libros que disponemos para esta oferta son variados y, por supuesto, hay muchos clásicos”.

Pero el clásico es Juan Carlos, un librero con más de cincuenta años de experiencia tanto en librerías como en puestos de ferias y parques de uno y otro lado de la General Paz. “Si yo me pusiera a contar”, dice detrás del mostrador del local que funciona desde el año 1991 a media cuadra de la plaza principal.

Y cuenta: “Soy librero a los golpes, los golpes de la vida y del país. Es dura la vida del librero en este país. Pero antes de todo yo soy lector. Un lector empedernido. Arranqué este oficio de pibe leyendo horas y horas. Mi vieja me decía que yo iba a ser técnico, porque estudié una carrera industrial para técnico químico, pero yo le decía a mi madre: ´no, mamá, yo voy a tener una librería´. Y tuve unas cuantas. Costó. Porque primero empecé en el parque y en las ferias. Pero esperame un minuto que ahora sigo”.

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L&L adentro

 

Juan Carlos atiende a varios lectores con la ayuda de su hijo Leandro, quien se encarga además de publicitar los libros y las ofertas de la librería por las redes sociales.

“Perdoname, ¿qué te decía? Ah, sí, un día en el Parque Rivadavia yo tendría 17 años, le dije a mi viejo, el próximo domingo me traigo una manta y voy a vender libros. Mi viejo se espantó: ni se te ocurra agarrar mis libros. Después me preguntó: ¿vas a vender los tuyos? Y yo le expliqué que los libros están para leer y no para guardar, y que si me ponía a vender y a canjear iba a tener más libros para leer. En ese entonces vivíamos en un lugar muy chiquitito. Un dos ambientes. En el comedor dormían mis hermanas y yo en la pieza con mis viejos. Hasta que me mudé a la pieza que estaba en la terraza donde mi viejo tenía los libros. O sea, después dormía entre libros. Una pieza con techo de chapa y montones de libros y revistas. Ese sí era un paraíso”.

Según las grandes cadenas de librerías, la venta de libros a través de plataformas digitales crece constantemente. Algunas librerías aseguran que el 60 por ciento de las ventas se realiza por la web y el resto en forma presencial, y advierten, que esa brecha cada año crece aún más. Por tal motivo, “L&L” decidió hace unos años apostar a la venta web y las cosas no le van tan mal. Gran parte del éxito se debe a Leandro Ferrari, encargado de la difusión de las novedades de la librería.

“Las redes sociales”, dice, “cambiaron mucho la manera en que la gente se acerca a los libros usados. Antes, para encontrar un libro, muchas veces había que recorrer librerías, revolver mesas y estanterías y confiar un poco en el azar. Eso sigue existiendo y, de hecho, es parte de la experiencia más linda de una librería de usados como la nuestra, pero hoy las redes permiten acortar el tiempo de ese recorrido y descubrir libros desde su casa. Hay un cambio muy fuerte que involucra tanto al librero como al lector”.

La estrategia de Leandro no sólo es mostrar los libros a la venta, sino “también generar curiosidad, recomendar lecturas e intentar construir una comunidad alrededor de los libros. Las publicaciones cotidianas ayudan a que la gente descubra títulos que quizás no estaba buscando. Y esto es especialmente valioso en una librería de usados, donde el catálogo cambia día a día, porque cada visita puede convertirse en un descubrimiento. Si bien las redes funcionan como una vidriera, hay una experiencia en la búsqueda que es irreemplazable, porque quien entra directamente a la librería muchas veces se entrega más al azar. Viene buscando algo concreto, pero termina recorriendo las mesas, mirando libros y llevándose algo que no tenía pensado comprar. En ese sentido, el local conserva algo que las redes difícilmente puedan reemplazar: encontrarse con un libro. Las redes pueden despertar el interés y generar una visita y la búsqueda de algo más puntual mientras que la librería puede transformar esa visita en un descubrimiento inesperado”.

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L&L adentro

 

Pero, además del precio, creo que hay tres cuestiones importantes: encontrar ejemplares difíciles de conseguir, acceder a una oferta variada y confiar en quien está del otro lado. En una librería de usados pueden aparecer títulos agotados, ediciones que ya no se consiguen fácilmente o libros que no forman parte de las novedades comerciales. Hay lectores que buscan una obra muy específica y otros que siguen determinados autores, colecciones o temáticas. Para ellos, las redes amplían las posibilidades de encontrar lo que buscan sin depender exclusivamente de las librerías de su ciudad. También está la cuestión de la variedad. En nuestro caso, trabajamos con libros de géneros y temáticas muy diferentes, y eso permite que convivan lectores con intereses muy distintos. Cuando alguien compra a distancia necesita saber en qué estado está el libro, tener información clara sobre la edición y poder comunicarse con la librería. La atención personalizada es fundamental. Creo que las redes permiten acercar los libros a personas que de otra manera quizás nunca hubieran conocido nuestra librería. Y, al mismo tiempo, nos permiten conocer los intereses de lectores que están lejos y construir un vínculo que no se limita a una compra puntual”.

Juan Carlos nació en 1953 y a los 17 años ya vendía libros en el parque Rivadavia. Allí forjó su oficio gracias a los consejos de viejos libreros. Leyó y aprendió, por ejemplo, a reparar libros, a limpiarlos para luego ponerlos a la venta. “El Parque me abrió a otro tipo de autores. Ahí conocí a Cortázar, a Borges, y empecé a leer mucho más. Eso se debía al ambiente que había, a la charla con los libreros, porque el que tenía en ese momento un puesto en el Parque Rivadavia no era un vendedor de libros, sino un lector que vendía libros, o sea, había tipos muy cultos, y el público también era muy exigente, y así uno iba aprendiendo”.

En el Parque vivió y padeció las razzias policiales durante la dictadura. En ese entonces trabajaba también en ENTEL (la empresa nacional de telecomunicaciones) y alternaba ese trabajo con la venta de libros. Tuvo que dejar el trabajo y viajó a Mar del Plata. Después del Mundial del 78, regresó a la Capital y puso su primera librería en Villa Urquiza. “Estaba en la galería Triunvirato, en un localcito pequeñito, ¿Viste? En el fondo de toda la galería que igual laburaba, había una calesita para los chicos y esas cosas. Me la rebuscaba. Y estoy ahí hasta la hiperinflación del gobierno de Alfonsín, las cosas andaban mal. Tuve que cerrar y los libros que me quedaban los vendía arriba del colectivo… Perdoname, pero ahora sigo”.

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L&L

 

Un señor se debate entre las revistas Patoruzito o algunos números de Frontera, dos mujeres eligen juntas novelas románticas de bolsillo, un joven revuelve una estantería con libros de autores argentinos y otro busca libros de Ciencia Ficción.

“Este oficio tiene momentos inolvidables”, dice retomando Juan Carlos la conversación, “por ejemplo, cuando conocí a Alberto Breccia. Fue en los 70 cuando yo trabajaba en el Parque, Alberto iba mucho al parque a buscar libros. Nos hicimos amigos. Nos tratábamos siempre de usted. Después de cerrar mi librería en Villa Urquiza conseguí un local muy chiquito acá en San Martín, en la galería Gisela. Y Alberto me pasaba a ver cuando él venía para esta zona para visitar a su hija Cristina. Siempre pasaba por la librería. Y un día charlando le pedí un autorretrato y lo dibujó en la pared del negocio. Pasó el tiempo y en el año 1990, yo paso a otro local más grande y Alberto me viene a felicitar por el emprendimiento, y le dije que estaba apenado porque perdí el autoretrato que me había hecho cuando dejé el local. Entonces Alberto me dijo, qué te gustaría y yo le pedí un Mort Cinder. Una semana después vino con un rollito de papel y me dio el dibujo que hoy uso de perfil de WhatsApp y me dice “este es el último Cinder que hago porque esta historieta no me trae buenos recuerdos”. Tiempos después supe que en la época que dibujaba de Mort Cinder estaba enferma su mujer”.

Juan Carlos atiende con paciencia a varios lectores que se llevan ofertas bolsas y colecciones de revistas que van desde álbumes mundiales, novelas policiales, ciencia ficción, thriller, novelitas adolescentes, libros infantiles, muchos libros sobre peronismo e historia, historieta y las infaltables revistas de crucigramas y sopa de letras.

“¿Cómo conocí a Bayer?, fue gracias a Bruno Napoli que es el curador de la obra. Como yo tenía unas cartas del anarquista tucumano Jesús López Gil, que vivió en San Martín, y que había tenido una conocida polémica con Sabato, donde Gil le da una lección de Historia al escritor. Bueno, le hago llegar las cartas y Bayer me invita a la casa y nos hicimos amigos, Me acuerdo que le regalé un diario El mundo original, de cuando había atrapado a Di Giovani, y no lo podía creer. Pero esperame que tengo que atender”.

Y Juan Carlos atiende, y le explica a una mujer que en su librería son tan importantes Corin Tellado o las novelitas del Oeste de Estefanía como Borges o Cortázar.

“Yo soy un librero popular”, le dice “Me gusta leer y que la gente lea. Mi librería no tiene nada que ver con esas librerías llamadas de autor o a la carta, donde nadie compra por ejemplo a Stephen King; acá sí, están libros de terror, de suspenso, de aventuras y de amor. De alguna manera las librerías de usados son como una trinchera con una doble función: nos formamos nosotros como libreros y la gente como lectores. Hoy por hoy es un lugar de batalla, sin duda”.

“L&L libros” se encuentra ubicada en Mitre 3966, San Martín, Provincia de Buenos Aires. Cuenta además con dos liquidaciones de libros mensuales, una corta (de 10 a 15) y otra larga de 10 a 18 horas. Estas liquidaciones se informan por las redes sociales a través del Instagram. 

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    magallanes escritor
INFORME DE UN DÍA

Francisco Magallanes: “Cuando una novela está minada de decisiones previas está muerta”

01 Noviembre 2026

La nutria es una novela del escritor platense Francisco Magallanes, se enmarca en la colección de la editorial Club Hem, donde los libros dialogan y logran una continuidad, independientemente del autor o autora de cada obra. 

Si tuviera que hacer una reseña que incluya todas las obras juntas, diría como factor común que son novelas donde el protagonista es el lenguaje y el pacto con el lector/a convoca a formar parte de ese juego. 

Umberto Eco en Lector in fabula hace referencia a los distintos tipos de lectores e inclusive los clasifica según los textos, si pensara desde ese lugar diría que los textos de Club Hem son abiertos, multiplican los sentidos y dan lugar a la cooperación e interpretación de quien lee. Le ofrecen al lector/a un tipo de libertad capaz de ser un personaje más y de actualizar la escritura en cada situación empírica de lectura. 

Me atrevo a esta introducción porque puedo percibir el carácter colectivo de la editorial, el intercambio prodigioso que se genera en un grupo creativo. 

En La Nutria, que no elude estas características, Francisco Magallanes escribe desde la poesía, como cuenta en el diálogo con AGENCIA PACO URONDO, en la novela predomina la musicalidad en la elección del título, en los diálogos, en el nombre de los personajes. Es una novela que marca el ritmo de un viaje, entonces las palabras son eslabones que funcionan con un movimiento propio. El lenguaje acompaña el curso del viaje, con el ritmo pero también con las pausas, con los idas y vueltas, con los obstáculos, con todo aquello que nos irrumpe en una ruta. 

El tópico de la fe pareciera mover la estructura de la novela, que también habla de la escritura y de la vida como si se tratara de la misma cosa.

Como Francisco explica, la nutria es el personaje principal, cuando habló sobre el tema me hizo acordar a una entrevista que le hice a la poeta Anahí Mallol, cuando le pregunté sobre el proceso creativo de sus libros y me dijo “es como ponerse unos anteojos con un cristal de determinado color y comienzo a ver todo de esa manera”.

Francisco se puso los anteojos y la nutria empezó a aparecer para trazar el rumbo del libro.  

En La nutria se cruzan personajes singulares que se dedican a actividades diferentes pero que todos se caracterizan por ser populares, trabajadores y proféticos, como la figura del Poeta.

Atravesar el río de caracoles no es fácil pero el arte se impone como una salvación a la altura de la fe, como escribe el personaje “No se trata de entender” “sino de entregarse al arte”. 

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la nutria libro

 

Francisco Magallanes conversó con AGENCIA PACO URONDO sobre el proceso creativo de La nutria, la construcción de los personajes, la importancia de lo colectivo en la literatura, del conjuro con sus dos pasiones  y de la fe. 

AGENCIA PACO URONDO: En los epígrafes de cada capítulo la nutria nos va guiando a través de las voces de distintos escritores, ¿la elección del nombre fue a partir de esas voces o precedente? 

Francisco Magallanes: La nutria apareció por primera vez adentro de la novela. En las primeras versiones ya estaba, pero después se impuso como título por su sonoridad. A partir de esa definición, empezaron a aparecer nutrias en los libros que iba leyendo. A veces los libros me hablan, ¿no te pasa?, mientras leo encuentro preguntas, respuestas, revelaciones. Pero cobró protagonismo a partir del título, sino esas apariciones en mis lecturas no las hubiera visto. 

APU: ¿Qué representa la nutria en la novela? ¿Remite al lenguaje en sí mismo o a algún personaje?

F.M. : La nutria es el corazón de la novela. El músculo que bombea para que la trama y las subtramas avancen y retrocedan, una y otra vez. Remite al lenguaje en sí mismo pero también es un personaje ineludible de la novela.

APU: ¿Cómo fue el proceso creativo? ¿Te acordás de la imagen inicial que te convocó a hacer la novela?

F.M.: Yo siempre escribo las primeras versiones en los cuadernos artesanales que hace el artista Falu Montero. Esa parte del proceso creativo es un trance, la libertad total, no corrijo ni releo absolutamente nada. Después esa versión pasa a la computadora y ahí sí me obsesiono bastante con la reescritura, el borrado, la sobreescritura. Hay mucho que queda a un lado en el montaje final. Pero toda esa escritura está ahí, aunque no se vea.

APU : En una entrevista comentás que empezaste en el 2016/17 de ese momento a la actualidad ¿se mantuvo la idea o fue recreando otra forma? Si es así ¿cómo se fue dando esa metamorfosis? ¿Es una exigencia del propio texto o el factor tiempo va configurando  nuevamente las historias?

F.M: Fue una gran metamorfosis escribir La Nutria, no exagero. Lo que siempre estuvo fue el personaje del Ruso, que es el conductor, el chofer de la trama en la novela. Ese personaje, ese capítulo lo encontré en uno de mis cuadernos de 2016. Pero el resto de la novela la escribí después de la salida de El Palomar. Incluso incrusté una novelita que había escrito, que se llamaba “la sensación” y pasó a ser la historia del Gran Caudillo del Litoral. En el último año, la novela encontró su forma definitiva gracias al testing y el pos-tenting de Manuel Estellés y Ariel Luppino, en la Escuela Clandestina de Escritura, que es un espacio genial para ver la escritura con mayor perspectiva.  

La nutria es el corazón de la novela. El músculo que bombea para que la trama y las subtramas avancen y retrocedan, una y otra vez.



APU: La novela, más allá de la historia principal, tiene distintas capas de escritura y como sucede en El palomar recreás universos que pertenecen a distintos usos de la lengua, de la jerga barrial a la competencia literaria (de hecho los personajes centrales están en las dos novelas)

¿Cómo construís los personajes? ¿Sos un escritor de los que creen que la escucha atenta es fundante para la construcción de los diálogos?

F.M.: Los personajes son centrales en todo lo que escribo. Casi siempre aparecen primero como una voz. Tienen su origen en lo cotidiano, cuando escucho una forma de hablar que me resuena. Ese fraseo, esa música que adquieren las palabras dichas por otro, de una forma única. Cuando estoy al lado de algún cuentero me quedo callado, puedo estar horas hasta que me apropio de esa música. Mis personajes toman moldes de la realidad para materializarse en la escena pero después despliegan una lógica propia, que no tiene nada que ver con lo real, y que voy descubriendo a medida que los escribo. El caso del Arveja, que es el personaje icónico de mis dos novelas, rompe esa lógica porque apareció primero como un sobrenombre: El Arveja. A medida que lo escribía fue tomando espesor y por su propia fuerza se volvió el personaje favorito de los lectores.  

APU: La nutria subrepticiamente es una novela sobre la fe y la escritura, el camino del Gauchito y constancia en el acto de escribir. ¿Es posible también que el autor dirima algunas inquietudes sobre el statu quo de los talleres literarios, la federalización de la escritura y la figura del maestro como “habilitante” de la palabra?

F.M.: Qué genial que La Nutria sea todo eso que decís, no lo había pensado. No creo en la figura del maestro como habilitante de nada. Entiendo que muchas veces funciona así, pero a mí eso no me interesa. Sí creo en los grandes escritores como formadores. Siempre a partir de compartir su experiencia vital con la escritura. Aprendo mucho con Hebe Uhart aunque nunca la conocí. De los efectos que genera su escritura. Por ejemplo, después de leer su cuento “El budín esponjoso” ya nunca pude dejar de pensar que a las galletitas le falta la tercera dimensión. Además tengo el privilegio de compartir una amistad con Felipe Polleri, un escritor de los grandes, con una ética intachable, que tiene una obra que todavía no terminamos de dimensionar. Escucharlo hablar de la escritura, de sus autores favoritos, que lea mis novelas y me haga comentarios que solo él puede hacer, es un aprendizaje invaluable. O las terrazas del Espacio compartidas con Carlos Ríos hablando de sus novelas, de cómo las escribe, son experiencias claves para después sentarme con mi cuadernito. 

APU: Por otro lado, lo mismo pregunto por el lado de la fe, ¿aparece ahí un Magallanes haciendo la ruta de su santo? 

F.M: “Haciendo la ruta de su santo” me encanta cómo suena. El Gauchito Gil es mi conexión con la fe. No se puede hacer nada sin fe. Hace poco volví al santuario del gauchito después de 5 años y cambió completamente. Lo hicieron todo nuevo, con una infraestructura muy superior a la anterior. Pero el santuario viejo tenía una carga energética que este todavía no, porque le falta la intervención de los devotos en el tiempo. Todo se modifica en la historia del mundo por eso la escritura es tan poderosa, porque cuando leemos dialogamos con los escritores de otros tiempos, del pasado y del futuro alternadamente. 

APU: en este orden también de hurgar sobre la profundidad de la novela, el Movimiento Acelerado que vence al tiempo y quiere hacer a los pueblos felices ¿se inspira en el peronismo?

F.M.: El Movimiento Acelerado fue fundado en el Siglo 3 AC. Es anterior al peronismo, sin embargo en la novela aparece Perón como uno de los principales líderes latinoamericanos, alineado al Movimiento Acelerado. La felicidad de los pueblos me parece un sueño revolucionario. Yo creo que se logra a partir del pleno empleo en el sector productivo con un costo de vida acorde al salario, que permita el consumo interno. Pero yo no soy economista, soy escritor y no puedo hacer otra cosa que escribir.  

APU: El fútbol también aparece en las dos novelas como si fuera un conjuro, o un rasgo de estilo ¿Gimnasia va a estar siempre en tus novelas por decisión previa o porque hace a la escritura? 

F.M.: Gimnasia es pura escritura y la escritura es lo más importante. Son las dos pasiones de mi vida. Pero no me gustaría que esté por una decisión previa. Cuando una novela está minada de decisiones previas está muerta. Hasta ahora nunca fue así. Como vos decís, hace a la escritura, se impone como un conjuro y yo siempre intento dejar ser a los personajes. 

APU: Mencionás bastante a los sueños ¿qué tan importantes son a la hora de encarar un proyecto de escritura? 

FM: Los sueños aparecen como un recurso más de la escritura. Pero lo cierto es que no soy tan consciente de eso. A partir de tu pregunta pienso en esa frase tan genial de Faulkner de que “hay que tener grandes sueños para no perderlos de vista mientras se persiguen” y creo en eso, porque todo lo que hicimos hasta ahora tiene ese espíritu en el horizonte, tanto el Espacio como Club Hem, Malisia, EDITA y Las Hamacas Voladoras, y los proyectos con Luppino, son parte de esos grandes sueños. 

 APU: ¿Qué es la vanguardia hoy?

FM: No tengo la menor idea. Creo que en más de una ocasión se vuelve otra etiqueta que puede resultar peligrosa. Muchas veces se tilda de vanguardia a las escrituras que buscan escapar a la estandarización del mercado, escapar al gusto impuesto por la institución literaria. Entonces se lo etiqueta de “raro” o “vanguardista” para que no lo lea el gran público. Y eso me parece un horror, porque es subestimar al lector. En La Nutria un personaje dice: “La vanguardia tiene que ser popular”. 

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    Teatro Putamadre
    Foto: Sebastián Freire
CARTELERA TEATRAL

Teatro: "Putamadre", encontrar la felicidad en lo tremendo

01 Noviembre 2026

En una sociedad que busca castigar antes que comprender, el punitivismo aparece como una respuesta frente a todo aquello que causa molestia, desborda las normas o no encuentra un lugar dentro de lo establecido. La idea de que quien transgrede debe pagar suele clausurar otras preguntas: qué hay detrás de esa historia, qué responsabilidades tiene la sociedad y qué posibilidades existen más allá del castigo. En ese escenario, ¿qué es la libertad? Foucault pensó el panóptico como una estructura de vigilancia capaz de disciplinar incluso cuando nadie está mirando. Pero la vigilancia no necesita siempre una torre. También aprendemos a distinguir entre quienes merecen pertenecer y quienes quedan afuera, entre las vidas que se consideran aceptables y aquellas que parecen no tener lugar.

En Putamadre, Santiago está privado de su libertad. No lo vemos físicamente en el escenario, sino a través de videos grabados en el establecimiento penitenciario donde está detenido. Caro, su madre, está ahí en escena entre una escenografía por demás poética. Hecha con las manos de algunos de los presos que participan de los Talleres De La Unidad 48. Esas cajas soldadas que pueden apilarse, esos cubos que desde adentro iluminan nos recuerda que también quienes están privados de su libertad son personas. Santiago aparece en un video y cuenta su parte de la historia. La distancia entre ambos no es una decisión estética que podamos separar de sus vidas: es una condición concreta que la obra lleva a escena. Sin embargo, en ese espacio atravesado por el encierro, madre e hijo construyen un mundo propio.

Basada en la primera novela de autoficción de Carolina Fernández, publicada por Editorial Sudestada, la obra se mete en una zona en la que las ideas convencionales empiezan a perder consistencia. ¿Qué se hace cuando la maternidad “sale mal" a los ojos de una sociedad? La pregunta no es inocente. Supone que existe una manera correcta de ser madre, un resultado esperado, una medida con la que se puede evaluar una vida. Pero ¿qué ocurre cuando un hijo es alcanzado por el horror demasiado pronto? ¿Qué herramientas tiene una madre para sostenerlo cuando el mundo que debería contenerla también la expulsa?

Lo convencional se aleja cada vez más mientras transcurre la obra. No porque las reglas dejen de existir, sino porque dejan de alcanzar para explicar lo que sucede entre Caro y Santiago. Una sociedad que mide la maternidad según sus resultados, que clasifica a las personas según su capacidad de adaptación y que confunde el encierro con la respuesta a todo aquello que no sabe resolver. Frente a eso, Caro y Santiago construyen algo que no necesita demostrar que encajan.

La cárcel, entonces, no queda solamente del otro lado de una pantalla. Entra en escena con Santiago, con su imagen y con la distancia que lo separa de su madre. La cámara permite el encuentro con nosotros, al punto de que, por momentos, perdemos de vista que existe ese encierro. Pasan los minutos y lo que vemos son dos personas. Lo que descoloca, y ahí está la magia del teatro, es que podemos verlo y escucharlo, compartir ese espacio teatral con él. Sin embargo, hay algo que nos devuelve de golpe a la realidad: en esa privación de la libertad, Santiago no puede vernos. Ahí es donde se nos cae la ficha. La obra tiene algo de declamación, y quizás ese sea su propósito: dejarnos preguntas.

Por otro lado, el teatro no elimina la distancia. Hace algo distinto: construye un lugar en el que ambos pueden encontrarse.

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Caro Fernández
Foto: Lina Etchesuri

Entonces, aparece una pregunta que excede la historia familiar: ¿qué significa estar afuera? El sistema penitenciario suele presentarse como la respuesta para quienes transgreden las normas, pero ¿qué sucede cuando el encierro no repara el daño, cuando las condiciones de detención profundizan la violencia y cuando la exclusión continúa operando más allá de los muros?

El informe que el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) publicó en noviembre de 2025, a partir de las observaciones del Comité contra la Tortura de Naciones Unidas, advierte sobre el aumento de las denuncias de tortura y las condiciones de detención inhumanas y crueles en Argentina. La discusión no puede agotarse en las condiciones materiales de las cárceles. También obliga a preguntarnos qué entiende una sociedad por justicia y qué hace con las personas que no consigue integrar. Si el encierro se convierte en la respuesta para aquello que no entran dentro de los standar, ¿qué lugar queda para pensar las condiciones que preceden a la exclusión y las posibilidades de construir otra vida?

Lo amable de estar dentro y no estar fuera. La contradicción nos confronta porque no se trata de decir que la cárcel es mejor que la libertad, sino de preguntarnos qué clase de libertad existe cuando el afuera tampoco ofrece un lugar posible. Hay personas que quedan atrapadas en las instituciones y otras que, aun sin estar encerradas, viven bajo el peso de las expectativas sociales. No son experiencias equivalentes, pero la obra permite mirar las estructuras que deciden quién pertenece y quién queda al margen.

En medio de todo eso está el vínculo entre una madre y su hijo. Un vínculo que no tiene la obligación de ser ejemplar, que no necesita ofrecernos una respuesta sobre cómo se debe amar ni convertirse en una historia de superación. Hay dolores que no se reparan. Hay experiencias que no encuentran una explicación capaz de devolver las cosas a su lugar. Y, sin embargo, la vida continúa. ¿Cómo se vive cuando algo/ alguien se rompe una y otra vez? ¿Cómo se acompaña a alguien sin que el sufrimiento termine ocupando todo?

Anthony de Mello propone hacerle a alguien una pregunta que pone en crisis cierta idea del amor: «¿Usted quisiera que yo lo amara a costa de mi felicidad?». La pregunta tiene una fuerza particular cuando pensamos en la maternidad, tantas veces asociada a la entrega absoluta, al sacrificio y a la renuncia. ¿Es necesario perder la propia felicidad para demostrar que amamos? ¿Cuándo el cuidado se convierte en una forma de dejar de vivir la propia vida?

Santiago, en esa no renuncia de su madre, busca. Busca lo ausente. Para él, esa ausencia puede traducirse en un padre, en la plata o quizá en ambas cosas, si es que una está ligada a la otra. Pero la ausencia del padre no es una responsabilidad de Carolina. La responsabilidad por esa ausencia recae exclusivamente en quien no está. Y, mientras tanto, Santiago busca aquello que falta. Y lo busca en lugares poco finitos, poco inocuos, perpetuantes. Lo busca porque atravesar el miedo, el propio, suele ser más complejo. ¿Quién quiere verse en la disyuntiva de tener frente a sí aquello que lo destruye y elegir no tomarlo?

No hay una respuesta sencilla. Tampoco parece haberla en Putamadre. Carolina y Santiago inventan un mundo dentro y fuera del escenario, dentro y fuera de la cárcel, dentro y fuera de las estructuras que pretenden definirlos. Hacer teatro juntos es un acto de insistencia en el vínculo. No borra lo que pasó ni modifica las condiciones de su historia, pero transforma esa experiencia en algo que pueden compartir con otros. Y el amor no es otra cosa que multiplicidad.

Hay personas a las que lo que más les gusta es el mundo. Y este suele ser, a veces, complejo y errante. Pienso en esa idea mientras intento entender cómo puede aparecer la alegría en una historia atravesada por el encierro, el dolor y aquello que quizá no tenga reparación. Tal vez hayamos aprendido a pensar la felicidad como una recompensa: primero resolver los problemas, superar las dificultades, acomodar la vida; después, cuando todo esté en su lugar, ser felices. Pero ¿y si no fuera así? ¿Y si no hubiera que esperar a que desaparezcan los problemas para ser feliz?

¿Habrá que cambiar nuestra concepción de la felicidad? La reciente ganadora del Premio Nobel de Literatura, Anne Carson, permite pensar esa posibilidad: encontrar la alegría en lo difícil. No porque el sufrimiento tenga algo de deseable ni porque todo dolor esconda una enseñanza, sino porque la felicidad no tiene por qué quedar postergada hasta que la vida deje de doler.

Carolina y Santiago pudieron encontrar la felicidad en lo tremendo. Y el teatro abre esa dimensión de lo posible. No convierte la historia en algo menos turbulento, sino que permite que de ella surja la creación. El escenario se vuelve un territorio compartido, una forma de encuentro que no cancela la distancia ni resuelve lo irreparable. La felicidad no aparece porque el sufrimiento haya terminado, sino porque, incluso allí donde tantas cosas parecen perdidas, todavía puede existir un vínculo capaz de producir algo bueno y nuevo.

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Teatro Putamadre
Foto: Paulina Serra

Putamadre se presenta en DUMONT 4040 los viernes a las 21.30 horas

Santos Dumont 4040 Chacarita - CABA 
Web: http://instagram.com/dumont4040

 

Ficha técnico artística

Dramaturgia: Teresa Donato, Caro Fernández
Actúan: Caro Fernández, Santiago Laborde
Vestuario: Atelier Pucheta Paz
Escenografía: Julia Freid
Iluminación: Federico Martini, Jaime Muschieti
Diseño de vestuario: Julieta Harca
Realización escenográfica: Oscar Chavez Arias, Talleres De La Unidad 48, Walter Escalante Zalazar, Daniela Espinoza, Pablo Gaston Amra
Realización de vestuario: Julieta Harca
Montaje de Video: Mariano Saban
Sonido directo: Adriano Mantova
Diseño de Iluminación: Daniel Ortega
Fotografía: Sebastián Freire
Diseño gráfico: Repo Bandini
Asesoramiento Corporal: Margarita Molfino
Asistencia de Producción: Inés Zimmermann
Asistencia técnica: César De Lucca
Asistencia de dirección: Camila Marino Alfonsín
Asistencia de Dirección en Video: Fermín Kalesnik Vissio
Prensa: Marisol Cambre
Community Manager: Paulina Serra
Producción general: Caro Fernández, Claudio Plano
Dirección Audiovisual: Gonzalo Zapico
Coaching actoral: Lola Berthet
Dirección: Felicitas Kamien
Duración: 70 minutos Clasificaciones: Teatro, Presencial, Adultos