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    Juan Carlos Ferrari
EL OFICIO DEL LIBRERO

Memorias de un librero: Juan Carlos Ferrari y su paraíso de libros

01 Noviembre 2026

En la populosa barriada de San Martín, provincia de Buenos Aires, hay un paraíso de libros. Esto es: un local de dieciocho metros de largo por cinco de ancho, revestido de estanterías y bateas, todas repletas de revistas, ediciones antiguas, colecciones inconseguibles, y ejemplares fuera de circulación. La palabra “liquidamos” está escrita en varios carteles de cartulina compitiendo con el cartel de las “ofertas” donde se apilan muchos más libros.

Se calcula que la librería «L&L» recibe un promedio de 300 clientes por día. Por ese motivo, muchas veces se forman largas filas en la vereda frente al local. Son libreros, curiosos, coleccionistas, investigadores, docentes y estudiantes habitantes de San Martín, pero también vecinos de barrios aledaños y hasta compradores de Rosario. Los precios y el material ofrecido bien lo valen. Hay libros y colecciones desde 500 pesos y, encima, está la ya famosa “bolsa”, una de las tantas ingeniosas creaciones de Juan Carlos Ferrari, el librero y dueño de este paraíso de papel, un personaje ineludible de la historia de las librerías argentinas, que supo tener entre sus amigos y clientes al dibujante Alberto Breccia y al historiador Osvaldo Bayer, entre otros.

“¡Ah, la oferta de la bolsa!”, dice y recuerda que la inventó para que la gente pueda comprar y leer libros. “Cuando publicamos esta oferta en las redes, explotó”, agrega y explica en qué consiste la mentada bolsa: “Por 1000 pesos te podés llevar todos los libros que entran en una bolsa que te entregamos en el local, en general entran unos doce o catorce. Entonces te llevas todos esos libros por 1000 pesos. La gente se va contenta. Decime ¿conocés alguna librería en donde la gente se vaya contenta después de comprar? No, claro que no. Se van contentos porque pueden leer. Porque los libros que disponemos para esta oferta son variados y, por supuesto, hay muchos clásicos”.

Pero el clásico es Juan Carlos, un librero con más de cincuenta años de experiencia tanto en librerías como en puestos de ferias y parques de uno y otro lado de la General Paz. “Si yo me pusiera a contar”, dice detrás del mostrador del local que funciona desde el año 1991 a media cuadra de la plaza principal.

Y cuenta: “Soy librero a los golpes, los golpes de la vida y del país. Es dura la vida del librero en este país. Pero antes de todo yo soy lector. Un lector empedernido. Arranqué este oficio de pibe leyendo horas y horas. Mi vieja me decía que yo iba a ser técnico, porque estudié una carrera industrial para técnico químico, pero yo le decía a mi madre: ´no, mamá, yo voy a tener una librería´. Y tuve unas cuantas. Costó. Porque primero empecé en el parque y en las ferias. Pero esperame un minuto que ahora sigo”.

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L&L adentro

 

Juan Carlos atiende a varios lectores con la ayuda de su hijo Leandro, quien se encarga además de publicitar los libros y las ofertas de la librería por las redes sociales.

“Perdoname, ¿qué te decía? Ah, sí, un día en el Parque Rivadavia yo tendría 17 años, le dije a mi viejo, el próximo domingo me traigo una manta y voy a vender libros. Mi viejo se espantó: ni se te ocurra agarrar mis libros. Después me preguntó: ¿vas a vender los tuyos? Y yo le expliqué que los libros están para leer y no para guardar, y que si me ponía a vender y a canjear iba a tener más libros para leer. En ese entonces vivíamos en un lugar muy chiquitito. Un dos ambientes. En el comedor dormían mis hermanas y yo en la pieza con mis viejos. Hasta que me mudé a la pieza que estaba en la terraza donde mi viejo tenía los libros. O sea, después dormía entre libros. Una pieza con techo de chapa y montones de libros y revistas. Ese sí era un paraíso”.

Según las grandes cadenas de librerías, la venta de libros a través de plataformas digitales crece constantemente. Algunas librerías aseguran que el 60 por ciento de las ventas se realiza por la web y el resto en forma presencial, y advierten, que esa brecha cada año crece aún más. Por tal motivo, “L&L” decidió hace unos años apostar a la venta web y las cosas no le van tan mal. Gran parte del éxito se debe a Leandro Ferrari, encargado de la difusión de las novedades de la librería.

“Las redes sociales”, dice, “cambiaron mucho la manera en que la gente se acerca a los libros usados. Antes, para encontrar un libro, muchas veces había que recorrer librerías, revolver mesas y estanterías y confiar un poco en el azar. Eso sigue existiendo y, de hecho, es parte de la experiencia más linda de una librería de usados como la nuestra, pero hoy las redes permiten acortar el tiempo de ese recorrido y descubrir libros desde su casa. Hay un cambio muy fuerte que involucra tanto al librero como al lector”.

La estrategia de Leandro no sólo es mostrar los libros a la venta, sino “también generar curiosidad, recomendar lecturas e intentar construir una comunidad alrededor de los libros. Las publicaciones cotidianas ayudan a que la gente descubra títulos que quizás no estaba buscando. Y esto es especialmente valioso en una librería de usados, donde el catálogo cambia día a día, porque cada visita puede convertirse en un descubrimiento. Si bien las redes funcionan como una vidriera, hay una experiencia en la búsqueda que es irreemplazable, porque quien entra directamente a la librería muchas veces se entrega más al azar. Viene buscando algo concreto, pero termina recorriendo las mesas, mirando libros y llevándose algo que no tenía pensado comprar. En ese sentido, el local conserva algo que las redes difícilmente puedan reemplazar: encontrarse con un libro. Las redes pueden despertar el interés y generar una visita y la búsqueda de algo más puntual mientras que la librería puede transformar esa visita en un descubrimiento inesperado”.

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L&L adentro

 

Pero, además del precio, creo que hay tres cuestiones importantes: encontrar ejemplares difíciles de conseguir, acceder a una oferta variada y confiar en quien está del otro lado. En una librería de usados pueden aparecer títulos agotados, ediciones que ya no se consiguen fácilmente o libros que no forman parte de las novedades comerciales. Hay lectores que buscan una obra muy específica y otros que siguen determinados autores, colecciones o temáticas. Para ellos, las redes amplían las posibilidades de encontrar lo que buscan sin depender exclusivamente de las librerías de su ciudad. También está la cuestión de la variedad. En nuestro caso, trabajamos con libros de géneros y temáticas muy diferentes, y eso permite que convivan lectores con intereses muy distintos. Cuando alguien compra a distancia necesita saber en qué estado está el libro, tener información clara sobre la edición y poder comunicarse con la librería. La atención personalizada es fundamental. Creo que las redes permiten acercar los libros a personas que de otra manera quizás nunca hubieran conocido nuestra librería. Y, al mismo tiempo, nos permiten conocer los intereses de lectores que están lejos y construir un vínculo que no se limita a una compra puntual”.

Juan Carlos nació en 1953 y a los 17 años ya vendía libros en el parque Rivadavia. Allí forjó su oficio gracias a los consejos de viejos libreros. Leyó y aprendió, por ejemplo, a reparar libros, a limpiarlos para luego ponerlos a la venta. “El Parque me abrió a otro tipo de autores. Ahí conocí a Cortázar, a Borges, y empecé a leer mucho más. Eso se debía al ambiente que había, a la charla con los libreros, porque el que tenía en ese momento un puesto en el Parque Rivadavia no era un vendedor de libros, sino un lector que vendía libros, o sea, había tipos muy cultos, y el público también era muy exigente, y así uno iba aprendiendo”.

En el Parque vivió y padeció las razzias policiales durante la dictadura. En ese entonces trabajaba también en ENTEL (la empresa nacional de telecomunicaciones) y alternaba ese trabajo con la venta de libros. Tuvo que dejar el trabajo y viajó a Mar del Plata. Después del Mundial del 78, regresó a la Capital y puso su primera librería en Villa Urquiza. “Estaba en la galería Triunvirato, en un localcito pequeñito, ¿Viste? En el fondo de toda la galería que igual laburaba, había una calesita para los chicos y esas cosas. Me la rebuscaba. Y estoy ahí hasta la hiperinflación del gobierno de Alfonsín, las cosas andaban mal. Tuve que cerrar y los libros que me quedaban los vendía arriba del colectivo… Perdoname, pero ahora sigo”.

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L&L

 

Un señor se debate entre las revistas Patoruzito o algunos números de Frontera, dos mujeres eligen juntas novelas románticas de bolsillo, un joven revuelve una estantería con libros de autores argentinos y otro busca libros de Ciencia Ficción.

“Este oficio tiene momentos inolvidables”, dice retomando Juan Carlos la conversación, “por ejemplo, cuando conocí a Alberto Breccia. Fue en los 70 cuando yo trabajaba en el Parque, Alberto iba mucho al parque a buscar libros. Nos hicimos amigos. Nos tratábamos siempre de usted. Después de cerrar mi librería en Villa Urquiza conseguí un local muy chiquito acá en San Martín, en la galería Gisela. Y Alberto me pasaba a ver cuando él venía para esta zona para visitar a su hija Cristina. Siempre pasaba por la librería. Y un día charlando le pedí un autorretrato y lo dibujó en la pared del negocio. Pasó el tiempo y en el año 1990, yo paso a otro local más grande y Alberto me viene a felicitar por el emprendimiento, y le dije que estaba apenado porque perdí el autoretrato que me había hecho cuando dejé el local. Entonces Alberto me dijo, qué te gustaría y yo le pedí un Mort Cinder. Una semana después vino con un rollito de papel y me dio el dibujo que hoy uso de perfil de WhatsApp y me dice “este es el último Cinder que hago porque esta historieta no me trae buenos recuerdos”. Tiempos después supe que en la época que dibujaba de Mort Cinder estaba enferma su mujer”.

Juan Carlos atiende con paciencia a varios lectores que se llevan ofertas bolsas y colecciones de revistas que van desde álbumes mundiales, novelas policiales, ciencia ficción, thriller, novelitas adolescentes, libros infantiles, muchos libros sobre peronismo e historia, historieta y las infaltables revistas de crucigramas y sopa de letras.

“¿Cómo conocí a Bayer?, fue gracias a Bruno Napoli que es el curador de la obra. Como yo tenía unas cartas del anarquista tucumano Jesús López Gil, que vivió en San Martín, y que había tenido una conocida polémica con Sabato, donde Gil le da una lección de Historia al escritor. Bueno, le hago llegar las cartas y Bayer me invita a la casa y nos hicimos amigos, Me acuerdo que le regalé un diario El mundo original, de cuando había atrapado a Di Giovani, y no lo podía creer. Pero esperame que tengo que atender”.

Y Juan Carlos atiende, y le explica a una mujer que en su librería son tan importantes Corin Tellado o las novelitas del Oeste de Estefanía como Borges o Cortázar.

“Yo soy un librero popular”, le dice “Me gusta leer y que la gente lea. Mi librería no tiene nada que ver con esas librerías llamadas de autor o a la carta, donde nadie compra por ejemplo a Stephen King; acá sí, están libros de terror, de suspenso, de aventuras y de amor. De alguna manera las librerías de usados son como una trinchera con una doble función: nos formamos nosotros como libreros y la gente como lectores. Hoy por hoy es un lugar de batalla, sin duda”.

“L&L libros” se encuentra ubicada en Mitre 3966, San Martín, Provincia de Buenos Aires. Cuenta además con dos liquidaciones de libros mensuales, una corta (de 10 a 15) y otra larga de 10 a 18 horas. Estas liquidaciones se informan por las redes sociales a través del Instagram. 

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    magallanes escritor
INFORME DE UN DÍA

Francisco Magallanes: “Cuando una novela está minada de decisiones previas está muerta”

01 Noviembre 2026

La nutria es una novela del escritor platense Francisco Magallanes, se enmarca en la colección de la editorial Club Hem, donde los libros dialogan y logran una continuidad, independientemente del autor o autora de cada obra. 

Si tuviera que hacer una reseña que incluya todas las obras juntas, diría como factor común que son novelas donde el protagonista es el lenguaje y el pacto con el lector/a convoca a formar parte de ese juego. 

Umberto Eco en Lector in fabula hace referencia a los distintos tipos de lectores e inclusive los clasifica según los textos, si pensara desde ese lugar diría que los textos de Club Hem son abiertos, multiplican los sentidos y dan lugar a la cooperación e interpretación de quien lee. Le ofrecen al lector/a un tipo de libertad capaz de ser un personaje más y de actualizar la escritura en cada situación empírica de lectura. 

Me atrevo a esta introducción porque puedo percibir el carácter colectivo de la editorial, el intercambio prodigioso que se genera en un grupo creativo. 

En La Nutria, que no elude estas características, Francisco Magallanes escribe desde la poesía, como cuenta en el diálogo con AGENCIA PACO URONDO, en la novela predomina la musicalidad en la elección del título, en los diálogos, en el nombre de los personajes. Es una novela que marca el ritmo de un viaje, entonces las palabras son eslabones que funcionan con un movimiento propio. El lenguaje acompaña el curso del viaje, con el ritmo pero también con las pausas, con los idas y vueltas, con los obstáculos, con todo aquello que nos irrumpe en una ruta. 

El tópico de la fe pareciera mover la estructura de la novela, que también habla de la escritura y de la vida como si se tratara de la misma cosa.

Como Francisco explica, la nutria es el personaje principal, cuando habló sobre el tema me hizo acordar a una entrevista que le hice a la poeta Anahí Mallol, cuando le pregunté sobre el proceso creativo de sus libros y me dijo “es como ponerse unos anteojos con un cristal de determinado color y comienzo a ver todo de esa manera”.

Francisco se puso los anteojos y la nutria empezó a aparecer para trazar el rumbo del libro.  

En La nutria se cruzan personajes singulares que se dedican a actividades diferentes pero que todos se caracterizan por ser populares, trabajadores y proféticos, como la figura del Poeta.

Atravesar el río de caracoles no es fácil pero el arte se impone como una salvación a la altura de la fe, como escribe el personaje “No se trata de entender” “sino de entregarse al arte”. 

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la nutria libro

 

Francisco Magallanes conversó con AGENCIA PACO URONDO sobre el proceso creativo de La nutria, la construcción de los personajes, la importancia de lo colectivo en la literatura, del conjuro con sus dos pasiones  y de la fe. 

AGENCIA PACO URONDO: En los epígrafes de cada capítulo la nutria nos va guiando a través de las voces de distintos escritores, ¿la elección del nombre fue a partir de esas voces o precedente? 

Francisco Magallanes: La nutria apareció por primera vez adentro de la novela. En las primeras versiones ya estaba, pero después se impuso como título por su sonoridad. A partir de esa definición, empezaron a aparecer nutrias en los libros que iba leyendo. A veces los libros me hablan, ¿no te pasa?, mientras leo encuentro preguntas, respuestas, revelaciones. Pero cobró protagonismo a partir del título, sino esas apariciones en mis lecturas no las hubiera visto. 

APU: ¿Qué representa la nutria en la novela? ¿Remite al lenguaje en sí mismo o a algún personaje?

F.M. : La nutria es el corazón de la novela. El músculo que bombea para que la trama y las subtramas avancen y retrocedan, una y otra vez. Remite al lenguaje en sí mismo pero también es un personaje ineludible de la novela.

APU: ¿Cómo fue el proceso creativo? ¿Te acordás de la imagen inicial que te convocó a hacer la novela?

F.M.: Yo siempre escribo las primeras versiones en los cuadernos artesanales que hace el artista Falu Montero. Esa parte del proceso creativo es un trance, la libertad total, no corrijo ni releo absolutamente nada. Después esa versión pasa a la computadora y ahí sí me obsesiono bastante con la reescritura, el borrado, la sobreescritura. Hay mucho que queda a un lado en el montaje final. Pero toda esa escritura está ahí, aunque no se vea.

APU : En una entrevista comentás que empezaste en el 2016/17 de ese momento a la actualidad ¿se mantuvo la idea o fue recreando otra forma? Si es así ¿cómo se fue dando esa metamorfosis? ¿Es una exigencia del propio texto o el factor tiempo va configurando  nuevamente las historias?

F.M: Fue una gran metamorfosis escribir La Nutria, no exagero. Lo que siempre estuvo fue el personaje del Ruso, que es el conductor, el chofer de la trama en la novela. Ese personaje, ese capítulo lo encontré en uno de mis cuadernos de 2016. Pero el resto de la novela la escribí después de la salida de El Palomar. Incluso incrusté una novelita que había escrito, que se llamaba “la sensación” y pasó a ser la historia del Gran Caudillo del Litoral. En el último año, la novela encontró su forma definitiva gracias al testing y el pos-tenting de Manuel Estellés y Ariel Luppino, en la Escuela Clandestina de Escritura, que es un espacio genial para ver la escritura con mayor perspectiva.  

La nutria es el corazón de la novela. El músculo que bombea para que la trama y las subtramas avancen y retrocedan, una y otra vez.



APU: La novela, más allá de la historia principal, tiene distintas capas de escritura y como sucede en El palomar recreás universos que pertenecen a distintos usos de la lengua, de la jerga barrial a la competencia literaria (de hecho los personajes centrales están en las dos novelas)

¿Cómo construís los personajes? ¿Sos un escritor de los que creen que la escucha atenta es fundante para la construcción de los diálogos?

F.M.: Los personajes son centrales en todo lo que escribo. Casi siempre aparecen primero como una voz. Tienen su origen en lo cotidiano, cuando escucho una forma de hablar que me resuena. Ese fraseo, esa música que adquieren las palabras dichas por otro, de una forma única. Cuando estoy al lado de algún cuentero me quedo callado, puedo estar horas hasta que me apropio de esa música. Mis personajes toman moldes de la realidad para materializarse en la escena pero después despliegan una lógica propia, que no tiene nada que ver con lo real, y que voy descubriendo a medida que los escribo. El caso del Arveja, que es el personaje icónico de mis dos novelas, rompe esa lógica porque apareció primero como un sobrenombre: El Arveja. A medida que lo escribía fue tomando espesor y por su propia fuerza se volvió el personaje favorito de los lectores.  

APU: La nutria subrepticiamente es una novela sobre la fe y la escritura, el camino del Gauchito y constancia en el acto de escribir. ¿Es posible también que el autor dirima algunas inquietudes sobre el statu quo de los talleres literarios, la federalización de la escritura y la figura del maestro como “habilitante” de la palabra?

F.M.: Qué genial que La Nutria sea todo eso que decís, no lo había pensado. No creo en la figura del maestro como habilitante de nada. Entiendo que muchas veces funciona así, pero a mí eso no me interesa. Sí creo en los grandes escritores como formadores. Siempre a partir de compartir su experiencia vital con la escritura. Aprendo mucho con Hebe Uhart aunque nunca la conocí. De los efectos que genera su escritura. Por ejemplo, después de leer su cuento “El budín esponjoso” ya nunca pude dejar de pensar que a las galletitas le falta la tercera dimensión. Además tengo el privilegio de compartir una amistad con Felipe Polleri, un escritor de los grandes, con una ética intachable, que tiene una obra que todavía no terminamos de dimensionar. Escucharlo hablar de la escritura, de sus autores favoritos, que lea mis novelas y me haga comentarios que solo él puede hacer, es un aprendizaje invaluable. O las terrazas del Espacio compartidas con Carlos Ríos hablando de sus novelas, de cómo las escribe, son experiencias claves para después sentarme con mi cuadernito. 

APU: Por otro lado, lo mismo pregunto por el lado de la fe, ¿aparece ahí un Magallanes haciendo la ruta de su santo? 

F.M: “Haciendo la ruta de su santo” me encanta cómo suena. El Gauchito Gil es mi conexión con la fe. No se puede hacer nada sin fe. Hace poco volví al santuario del gauchito después de 5 años y cambió completamente. Lo hicieron todo nuevo, con una infraestructura muy superior a la anterior. Pero el santuario viejo tenía una carga energética que este todavía no, porque le falta la intervención de los devotos en el tiempo. Todo se modifica en la historia del mundo por eso la escritura es tan poderosa, porque cuando leemos dialogamos con los escritores de otros tiempos, del pasado y del futuro alternadamente. 

APU: en este orden también de hurgar sobre la profundidad de la novela, el Movimiento Acelerado que vence al tiempo y quiere hacer a los pueblos felices ¿se inspira en el peronismo?

F.M.: El Movimiento Acelerado fue fundado en el Siglo 3 AC. Es anterior al peronismo, sin embargo en la novela aparece Perón como uno de los principales líderes latinoamericanos, alineado al Movimiento Acelerado. La felicidad de los pueblos me parece un sueño revolucionario. Yo creo que se logra a partir del pleno empleo en el sector productivo con un costo de vida acorde al salario, que permita el consumo interno. Pero yo no soy economista, soy escritor y no puedo hacer otra cosa que escribir.  

APU: El fútbol también aparece en las dos novelas como si fuera un conjuro, o un rasgo de estilo ¿Gimnasia va a estar siempre en tus novelas por decisión previa o porque hace a la escritura? 

F.M.: Gimnasia es pura escritura y la escritura es lo más importante. Son las dos pasiones de mi vida. Pero no me gustaría que esté por una decisión previa. Cuando una novela está minada de decisiones previas está muerta. Hasta ahora nunca fue así. Como vos decís, hace a la escritura, se impone como un conjuro y yo siempre intento dejar ser a los personajes. 

APU: Mencionás bastante a los sueños ¿qué tan importantes son a la hora de encarar un proyecto de escritura? 

FM: Los sueños aparecen como un recurso más de la escritura. Pero lo cierto es que no soy tan consciente de eso. A partir de tu pregunta pienso en esa frase tan genial de Faulkner de que “hay que tener grandes sueños para no perderlos de vista mientras se persiguen” y creo en eso, porque todo lo que hicimos hasta ahora tiene ese espíritu en el horizonte, tanto el Espacio como Club Hem, Malisia, EDITA y Las Hamacas Voladoras, y los proyectos con Luppino, son parte de esos grandes sueños. 

 APU: ¿Qué es la vanguardia hoy?

FM: No tengo la menor idea. Creo que en más de una ocasión se vuelve otra etiqueta que puede resultar peligrosa. Muchas veces se tilda de vanguardia a las escrituras que buscan escapar a la estandarización del mercado, escapar al gusto impuesto por la institución literaria. Entonces se lo etiqueta de “raro” o “vanguardista” para que no lo lea el gran público. Y eso me parece un horror, porque es subestimar al lector. En La Nutria un personaje dice: “La vanguardia tiene que ser popular”. 

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    Teatro Putamadre
    Foto: Sebastián Freire
CARTELERA TEATRAL

Teatro: "Putamadre", encontrar la felicidad en lo tremendo

01 Noviembre 2026

En una sociedad que busca castigar antes que comprender, el punitivismo aparece como una respuesta frente a todo aquello que causa molestia, desborda las normas o no encuentra un lugar dentro de lo establecido. La idea de que quien transgrede debe pagar suele clausurar otras preguntas: qué hay detrás de esa historia, qué responsabilidades tiene la sociedad y qué posibilidades existen más allá del castigo. En ese escenario, ¿qué es la libertad? Foucault pensó el panóptico como una estructura de vigilancia capaz de disciplinar incluso cuando nadie está mirando. Pero la vigilancia no necesita siempre una torre. También aprendemos a distinguir entre quienes merecen pertenecer y quienes quedan afuera, entre las vidas que se consideran aceptables y aquellas que parecen no tener lugar.

En Putamadre, Santiago está privado de su libertad. No lo vemos físicamente en el escenario, sino a través de videos grabados en el establecimiento penitenciario donde está detenido. Caro, su madre, está ahí en escena entre una escenografía por demás poética. Hecha con las manos de algunos de los presos que participan de los Talleres De La Unidad 48. Esas cajas soldadas que pueden apilarse, esos cubos que desde adentro iluminan nos recuerda que también quienes están privados de su libertad son personas. Santiago aparece en un video y cuenta su parte de la historia. La distancia entre ambos no es una decisión estética que podamos separar de sus vidas: es una condición concreta que la obra lleva a escena. Sin embargo, en ese espacio atravesado por el encierro, madre e hijo construyen un mundo propio.

Basada en la primera novela de autoficción de Carolina Fernández, publicada por Editorial Sudestada, la obra se mete en una zona en la que las ideas convencionales empiezan a perder consistencia. ¿Qué se hace cuando la maternidad “sale mal" a los ojos de una sociedad? La pregunta no es inocente. Supone que existe una manera correcta de ser madre, un resultado esperado, una medida con la que se puede evaluar una vida. Pero ¿qué ocurre cuando un hijo es alcanzado por el horror demasiado pronto? ¿Qué herramientas tiene una madre para sostenerlo cuando el mundo que debería contenerla también la expulsa?

Lo convencional se aleja cada vez más mientras transcurre la obra. No porque las reglas dejen de existir, sino porque dejan de alcanzar para explicar lo que sucede entre Caro y Santiago. Una sociedad que mide la maternidad según sus resultados, que clasifica a las personas según su capacidad de adaptación y que confunde el encierro con la respuesta a todo aquello que no sabe resolver. Frente a eso, Caro y Santiago construyen algo que no necesita demostrar que encajan.

La cárcel, entonces, no queda solamente del otro lado de una pantalla. Entra en escena con Santiago, con su imagen y con la distancia que lo separa de su madre. La cámara permite el encuentro con nosotros, al punto de que, por momentos, perdemos de vista que existe ese encierro. Pasan los minutos y lo que vemos son dos personas. Lo que descoloca, y ahí está la magia del teatro, es que podemos verlo y escucharlo, compartir ese espacio teatral con él. Sin embargo, hay algo que nos devuelve de golpe a la realidad: en esa privación de la libertad, Santiago no puede vernos. Ahí es donde se nos cae la ficha. La obra tiene algo de declamación, y quizás ese sea su propósito: dejarnos preguntas.

Por otro lado, el teatro no elimina la distancia. Hace algo distinto: construye un lugar en el que ambos pueden encontrarse.

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Caro Fernández
Foto: Lina Etchesuri

Entonces, aparece una pregunta que excede la historia familiar: ¿qué significa estar afuera? El sistema penitenciario suele presentarse como la respuesta para quienes transgreden las normas, pero ¿qué sucede cuando el encierro no repara el daño, cuando las condiciones de detención profundizan la violencia y cuando la exclusión continúa operando más allá de los muros?

El informe que el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) publicó en noviembre de 2025, a partir de las observaciones del Comité contra la Tortura de Naciones Unidas, advierte sobre el aumento de las denuncias de tortura y las condiciones de detención inhumanas y crueles en Argentina. La discusión no puede agotarse en las condiciones materiales de las cárceles. También obliga a preguntarnos qué entiende una sociedad por justicia y qué hace con las personas que no consigue integrar. Si el encierro se convierte en la respuesta para aquello que no entran dentro de los standar, ¿qué lugar queda para pensar las condiciones que preceden a la exclusión y las posibilidades de construir otra vida?

Lo amable de estar dentro y no estar fuera. La contradicción nos confronta porque no se trata de decir que la cárcel es mejor que la libertad, sino de preguntarnos qué clase de libertad existe cuando el afuera tampoco ofrece un lugar posible. Hay personas que quedan atrapadas en las instituciones y otras que, aun sin estar encerradas, viven bajo el peso de las expectativas sociales. No son experiencias equivalentes, pero la obra permite mirar las estructuras que deciden quién pertenece y quién queda al margen.

En medio de todo eso está el vínculo entre una madre y su hijo. Un vínculo que no tiene la obligación de ser ejemplar, que no necesita ofrecernos una respuesta sobre cómo se debe amar ni convertirse en una historia de superación. Hay dolores que no se reparan. Hay experiencias que no encuentran una explicación capaz de devolver las cosas a su lugar. Y, sin embargo, la vida continúa. ¿Cómo se vive cuando algo/ alguien se rompe una y otra vez? ¿Cómo se acompaña a alguien sin que el sufrimiento termine ocupando todo?

Anthony de Mello propone hacerle a alguien una pregunta que pone en crisis cierta idea del amor: «¿Usted quisiera que yo lo amara a costa de mi felicidad?». La pregunta tiene una fuerza particular cuando pensamos en la maternidad, tantas veces asociada a la entrega absoluta, al sacrificio y a la renuncia. ¿Es necesario perder la propia felicidad para demostrar que amamos? ¿Cuándo el cuidado se convierte en una forma de dejar de vivir la propia vida?

Santiago, en esa no renuncia de su madre, busca. Busca lo ausente. Para él, esa ausencia puede traducirse en un padre, en la plata o quizá en ambas cosas, si es que una está ligada a la otra. Pero la ausencia del padre no es una responsabilidad de Carolina. La responsabilidad por esa ausencia recae exclusivamente en quien no está. Y, mientras tanto, Santiago busca aquello que falta. Y lo busca en lugares poco finitos, poco inocuos, perpetuantes. Lo busca porque atravesar el miedo, el propio, suele ser más complejo. ¿Quién quiere verse en la disyuntiva de tener frente a sí aquello que lo destruye y elegir no tomarlo?

No hay una respuesta sencilla. Tampoco parece haberla en Putamadre. Carolina y Santiago inventan un mundo dentro y fuera del escenario, dentro y fuera de la cárcel, dentro y fuera de las estructuras que pretenden definirlos. Hacer teatro juntos es un acto de insistencia en el vínculo. No borra lo que pasó ni modifica las condiciones de su historia, pero transforma esa experiencia en algo que pueden compartir con otros. Y el amor no es otra cosa que multiplicidad.

Hay personas a las que lo que más les gusta es el mundo. Y este suele ser, a veces, complejo y errante. Pienso en esa idea mientras intento entender cómo puede aparecer la alegría en una historia atravesada por el encierro, el dolor y aquello que quizá no tenga reparación. Tal vez hayamos aprendido a pensar la felicidad como una recompensa: primero resolver los problemas, superar las dificultades, acomodar la vida; después, cuando todo esté en su lugar, ser felices. Pero ¿y si no fuera así? ¿Y si no hubiera que esperar a que desaparezcan los problemas para ser feliz?

¿Habrá que cambiar nuestra concepción de la felicidad? La reciente ganadora del Premio Nobel de Literatura, Anne Carson, permite pensar esa posibilidad: encontrar la alegría en lo difícil. No porque el sufrimiento tenga algo de deseable ni porque todo dolor esconda una enseñanza, sino porque la felicidad no tiene por qué quedar postergada hasta que la vida deje de doler.

Carolina y Santiago pudieron encontrar la felicidad en lo tremendo. Y el teatro abre esa dimensión de lo posible. No convierte la historia en algo menos turbulento, sino que permite que de ella surja la creación. El escenario se vuelve un territorio compartido, una forma de encuentro que no cancela la distancia ni resuelve lo irreparable. La felicidad no aparece porque el sufrimiento haya terminado, sino porque, incluso allí donde tantas cosas parecen perdidas, todavía puede existir un vínculo capaz de producir algo bueno y nuevo.

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Teatro Putamadre
Foto: Paulina Serra

Putamadre se presenta en DUMONT 4040 los viernes a las 21.30 horas

Santos Dumont 4040 Chacarita - CABA 
Web: http://instagram.com/dumont4040

 

Ficha técnico artística

Dramaturgia: Teresa Donato, Caro Fernández
Actúan: Caro Fernández, Santiago Laborde
Vestuario: Atelier Pucheta Paz
Escenografía: Julia Freid
Iluminación: Federico Martini, Jaime Muschieti
Diseño de vestuario: Julieta Harca
Realización escenográfica: Oscar Chavez Arias, Talleres De La Unidad 48, Walter Escalante Zalazar, Daniela Espinoza, Pablo Gaston Amra
Realización de vestuario: Julieta Harca
Montaje de Video: Mariano Saban
Sonido directo: Adriano Mantova
Diseño de Iluminación: Daniel Ortega
Fotografía: Sebastián Freire
Diseño gráfico: Repo Bandini
Asesoramiento Corporal: Margarita Molfino
Asistencia de Producción: Inés Zimmermann
Asistencia técnica: César De Lucca
Asistencia de dirección: Camila Marino Alfonsín
Asistencia de Dirección en Video: Fermín Kalesnik Vissio
Prensa: Marisol Cambre
Community Manager: Paulina Serra
Producción general: Caro Fernández, Claudio Plano
Dirección Audiovisual: Gonzalo Zapico
Coaching actoral: Lola Berthet
Dirección: Felicitas Kamien
Duración: 70 minutos Clasificaciones: Teatro, Presencial, Adultos 

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    Nadia Larcher
    Foto: Rocío Coelho
APU EN FM LA PATRIADA

Nadia Larcher: homenaje al linaje femenino

01 Noviembre 2026

En el programa Enfurecida y tranquila, espacio de la AGENCIA PACO URONDO en FM La Patriada, entrevistaron a la cantora catamarqueña Nadia Larcher en la previa a su recital del 7 de noviembre en el Torquato Tasso.

La cantora cerró anoche el año en el Torquato Tasso. Junto a su banda celebró el recorrido de su primer álbum, Trinar la flor, y adelantó canciones de su próximo disco, Trinar los frutos, que verá la luz en 2027. 

Enfurecida y tranquila: ¿De qué te estás despidiendo cuando te despedís de Trinar la Flor?

Nadia Larcher: Plantearlo como una despedida es para darle lugar a lo nuevo en realidad, pero no se va a ningún lado, se queda ahí. Ha sido un trabajo muy importante para mí, que ha inaugurado un nuevo momento de mi quehacer artístico, que es esto de hacer canciones.

Yo era un tipo de intérprete que decía, ¿para qué hacer canciones habiendo tantas canciones hermosas? No entendía algo fundamental de la composición, que es poder narrar lo que nadie más podría. En este caso, la historia de mi linaje femenino, de mis abuelas, de mi madre, de mi sentir, de quién soy. Y de otras que todavía no han tenido una representación en las canciones. Asi que estoy en ese camino ahora, desandando un poco esas palabras o esos pensamientos que tenía para entregarme al camino de la canción. Creo que no es una despedida, sino más bien un agradecimiento a ese disco que dio inicio a este camino.

EyT: Escarbar en ese linaje debe haber sido fuerte como mujer, como cantora y como catamarqueña. ¿Con qué te has encontrado ahí a la hora de componer? ¿Qué rescataste?

N.L.: Algo fundamental para mí es que apareció en la superficie, en la piel, mi lengua materna diaguita calchaquí. Mi mamá fue campesina, ella bajó al pueblo a los 17 años recién. Hasta ese momento creció en la montaña y criaban cabras con mi abuela. Entonces, toda mi crianza fue en relación con el monte, con los juegos diaguitas, la comida, la manera de estar y ser diaguita calchaquí.

Y nosotras fuimos la primera generación de mujeres de la familia que tuvo escuela secundaria, acceso a los libros, a una cultura un poco más globalizada. Esa memoria quedó un poquito soterrada, Este disco trajo no solo el rostro de mi abuela, sino todo el sentir.

De alguna manera siento que esa es la flor, esa memoria que está en mi manera de cantar, de andar, de jugar. Y me encanta porque para mí fue muy fuerte reconocer que esa era mi raíz. Mi origen. Sigue siendo un desafío porque los de diaguita calchaquí es muy presentes hoy en todo el norte argentino. Tenemos mucho por defender, por cuidar, pero también mucho por poner en discusión en este presente.

EyT: En la cosmovisión de los pueblos originarios la comunidad también hace sentido a tu pasado, tu presente y tu futuro. ¿Traer a tu abuela en este disco tiene que ver con esta comunidad?

N.L.: Mucha gente conectó con la idea y el concepto del disco porque tenían una María, ¿no? Es muy claro para el pueblo argentino que tiene una abuela india, que todavía no termina de reconocer y de valorar con todo lo que implica.

De alguna manera lo que dio origen a este disco es que me senté con mi abuela a escuchar su historia y eso que me contó, le dio sentido a mi canto. Ahí aparece la comunidad, ¿no? En el acto cotidiano de sentarse a conversar una encuentra el sustento para el quehacer del mañana, A mí eso me parece fabuloso porque en este mundo, en el que se nos engaña con narrativas individualistas, parece que todo nace y muere en vos. Enlazarse en la memoria de una abuela, sobre todo una campesina que sufrió mucho y soportó en su propia carne o en su propia voz las injusticias más grandes por ser diaguita, por ser mujer, a mí me fortaleció. Le dio sentido a mi canto y me ubicó de alguna manera en esta geopolítica de la cultura, que hacemos quienes andamos cantando música tradicional y popular.

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Nadia Larcher
Foto: Rocío Coelho

EyT: Comentaste este paso de ser intérprete a ser cantautora. ¿Cuándo has podido decir que estabas en condiciones y ya podías sumar tus canciones a todo este mundo de la música popular?

N.L.: Eso vino gracias a la generosidad de mis amigos y amigas. Soy una hebra más de este tejido de músicos y músicas argentinas tan generosos en este tiempo. Y siempre la motivación de mi mamá que me decía “vos tenés que escribir también tus canciones”.

Mis compañeros vieron siempre que podía hacer canciones, la que demoró más tiempo fui yo. Demoré en ver que podía tomar la palabra para contar mi historia.

EyT: Estás ahora en París, contanos un poco sobre la gira. ¿Cómo es hacer música por Europa?

N.L.: Ahora estoy volviendo de Viena, donde estuve en un festival de música latina, antes estuve en Berlín, compartiendo Trinar de la Flor. Acá la memoria de Mercedes (Sosa) está muy presente, así como en la Argentina y es una huella que se sostiene por la memoria que ha dejado ella. Hace poco conocí a una joven alemana, que tendrá 21 años, obsesionada con Mercedes, estudiando hasta la textura de su voz. 

Ser una cantora del norte y venir con estas memorias a Europa la verdad que es un placer, porque antes Atahualpa, Mercedes y tantos músicos y músicas increíbles en Latinoamérica han hecho camino y han dejado huellas imborrables acá. Por un lado, es difícil ver a los compatriotas que tuvieron que emigrar, pero por el otro lado recibir los abrazos que quedan como un eco de lo que han dejado nuestras madres cantoras, nuestros padres poetas.

EyT: ¿Qué nos podés contar de Trinar los frutos, el disco que se viene en 2027?

N.L.: Estoy contenta porque siento que es un disco que quiero entregar a este momento. La música acompaña mucho los procesos colectivos, sociales, nosotros somos un pueblo que canta, baila, somos un pueblo que vibra juntos. Los conciertos de la música argentina, seamos 30, 60 o 70 mil, siempre son momentos sagrados porque vibramos y recuperamos algo esencial ahí.

Tengo la confianza de que el mensaje que traen las canciones, que voy a compartir con mi comunidad, van a servir para que tengamos la fuerza de volver a sentir la unidad que necesitamos, porque tenemos que salir del caos cuanto antes, por los niños, las niñas, los abuelos, las abuelas. Es necesario que generemos consensos, volvamos a mirarnos a los ojos, a tener calma para decidir, porque el mundo está muy caótico, las guerras están repercutiendo en nuestra manera de pensar, de sentir, de decidir. Lo estamos sintiendo en la propia carne.

Siento que lo que tenemos que dejar hoy como legado y como memoria es la voluntad de la resistencia. Creo que nos toca eso como generación. Es difícil, porque una siempre quiere ver los resultados, quiere ver que su pueblo esté mejor. Pero hay generaciones, como la nuestra, que tiene que enseñar a resistir. Entonces poder dejar a los niños y niñas, que se van a convertir en hombres y mujeres, la sensibilidad, el placer de escuchar música en conjunto, de hacerlo colectivamente, de sacarnos los auriculares y esa individualidad para vibrar juntos, va a estar a cargo nuestro. Así que espero que este disco sea un puente a eso. Voy a poner mi cuerpo, mi voz y mi ser a disposición de los encuentros y de que podamos vibrar para sentir esa fuerza y para resistir, como me ha enseñado la abuela María. 

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    gotico norteño

El Movimiento Gótico Norteño y la apuesta editorial de Cantus Corvi

01 Noviembre 2026

Hay monstruos que habitan castillos en ruinas, criaturas que regresan de los cementerios victorianos y sombras que se deslizan por corredores donde la aristocracia europea oculta sus secretos. Pero en el Norte argentino el miedo también tiene otros escenarios: los ingenios azucareros, las estaciones ferroviarias abandonadas, los caminos polvorientos, las casas de adobe, los cerros, el monte chaqueño y las memorias de comunidades atravesadas por la explotación, la desigualdad y la violencia.

Desde ese territorio, un grupo de escritores comenzó a construir una propuesta literaria colectiva: el Movimiento Gótico Norteño, una experiencia que busca reunir las tradiciones del horror, el misterio y lo sobrenatural con las tensiones históricas y sociales del Noroeste argentino. Su desarrollo encuentra uno de sus principales espacios de producción y circulación en la Editorial Cantus Corvi, un proyecto autogestionado que apuesta por los formatos breves, la diversidad de voces y la construcción de lectores fuera de los circuitos editoriales concentrados en Buenos Aires.

La iniciativa no pretende limitarse a trasladar los escenarios del gótico europeo a una geografía diferente. Su búsqueda consiste en reconocer que el Norte posee sus propios fantasmas, sus propios monstruos y sus propias formas de narrar aquello que una sociedad no consigue resolver, olvidar o enterrar.

Una fundación para romper el silencio

El 23 de marzo de 2026, en General Güemes, Salta, se reunieron Eduardo Medina, Mauro Martina, José Chávez y Ramón Mili Ramos para dar forma al Movimiento Gótico del Norte Argentino. El colectivo estableció el 24 de marzo como fecha fundacional, vinculando simbólicamente su nacimiento con una jornada decisiva de la historia argentina.

La propuesta surgió de una necesidad compartida: reunir a autores que, desde distintas localidades y trayectorias, trabajaban con el terror, el misterio, el realismo mágico y la historia regional, pero que no contaban con un espacio colectivo que organizara y proyectara esas búsquedas.

Los cuatro fundadores aportaron perspectivas diferentes. Mauro Martina explora el paisaje andino y la atmósfera de la puna salteña; Eduardo Medina trabaja con el horror contemporáneo y tecnológico; Ramón Mili Ramos recupera los mitos y la geografía del Chaco Gualamba; y José Fidel Chávez articula la dimensión poética y social del género.

A esa construcción se incorporaron otras voces: Alejandra Burzac Sáenz, Clara Pérez Abella, María Herrera, Mónica Ovejero, Gustavo Díaz Arias y quien firma esta nota, Marx Bauzá, entre otros escritores vinculados a la propuesta.

No se trata de una escuela literaria de estética uniforme ni de un catálogo donde las diferencias deban desaparecer. El movimiento encuentra su cohesión en una sensibilidad común: la voluntad de explorar las zonas oscuras de la experiencia humana desde las particularidades culturales, históricas y sociales del Norte argentino.

La violencia de género, la explotación laboral, el racismo, la discriminación, las desigualdades de clase, las transformaciones tecnológicas y las contradicciones de la religiosidad popular forman parte de ese horizonte. El monstruo puede adoptar la forma de una criatura sobrenatural, pero también puede revelar el rostro de una estructura de poder.

¿De qué hablamos cuando hablamos de gótico norteño?

El gótico nació como tradición literaria en la Inglaterra del siglo XVIII. Desde entonces, sus castillos, ruinas, secretos familiares, presencias espectrales y personajes sometidos a fuerzas que parecen excederlos se transformaron en recursos para explorar los temores de distintas sociedades.

En América Latina, esos procedimientos adquirieron otras formas. En Argentina, la literatura de Esteban Echeverría permite reconocer tempranamente la relación entre violencia, poder y representación de lo siniestro. En el Norte, la obra de Juana Manuela Gorriti constituye un antecedente relevante para pensar la circulación de imaginarios góticos en nuestra tradición literaria.

El Movimiento Gótico Norteño propone profundizar ese diálogo desde una perspectiva territorial. Donde el imaginario europeo sitúa castillos y abadías, el Norte ofrece ingenios, fincas, casonas, quebradas, montes y pueblos del interior. La niebla puede ceder su lugar al polvo suspendido en el calor de la siesta; las antiguas ruinas pueden ser estaciones ferroviarias o construcciones que conservan las marcas de una historia de explotación y abandono.

También cambian los seres que habitan esos paisajes. Las leyendas, los aparecidos, la Salamanca, el Familiar y otras figuras del imaginario popular ingresan en una escritura que no los utiliza solamente como elementos pintorescos. Se convierten en instrumentos para interrogar la memoria colectiva, las creencias, los conflictos sociales y las formas en que una comunidad representa aquello que le produce temor.

En este punto resulta fundamental distinguir el gótico del simple relato de terror. El sobresalto, la aparición sobrenatural o la violencia explícita pueden formar parte de ambos, pero la propuesta del movimiento busca que el miedo abra una pregunta sobre el mundo. Un fantasma puede encarnar una deuda histórica; una criatura puede revelar la crueldad de un orden social; una casa abandonada puede conservar las huellas de una expulsión o una tragedia familiar.

La dimensión crítica no elimina el placer narrativo ni la búsqueda estética. Por el contrario, permite que el horror dialogue con la historia, la política y la experiencia cotidiana sin renunciar al misterio.

El gótico norteño abreva, así, en varias fuentes: la tradición gótica universal, la literatura fantástica latinoamericana, la oralidad regional, las devociones populares, los mitos y leyendas del territorio, la memoria obrera y campesina, y las formas contemporáneas del horror. Su identidad no depende de rechazar las influencias extranjeras, sino de reelaborarlas desde una experiencia propia. 

Cantus Corvi: editar desde el interior

Para sostener esa búsqueda nació Cantus Corvi «el canto del cuervo», en latín, una editorial artesanal e independiente impulsada desde el propio movimiento. Su función excede la publicación de títulos: ofrece un soporte material para reunir autores, hacer circular sus obras y construir una comunidad de lectores.

El formato de fascículos permite presentar relatos breves, diferenciados por sus temáticas y vertientes estéticas. La propuesta busca facilitar el acceso a la literatura y poner en circulación voces que muchas veces encuentran dificultades para ingresar en los circuitos comerciales tradicionales.

La editorial también amplió su actividad mediante la revista CORVI, dedicada a cuentos, reseñas y aportes vinculados con la literatura oscura y sus lectores. A esa tarea se suman las presentaciones públicas, los conversatorios, las ferias y las actividades educativas.

La primera presentación oficial del movimiento tuvo lugar el 16 de abril de 2026, en el café literario A la Sombra de la Rosa, en la ciudad de Salta, con el lanzamiento de los cuatro primeros fascículos. El 25 de abril, el proyecto llegó a Magnolia Bistro, en General Güemes, donde se realizó una charla sobre el género y se anunció la revista CORVI. Las actividades continuaron en espacios culturales salteños y en el Centro Cultural Rougés de San Miguel de Tucumán, durante el 22.º Mayo de las Letras.

Otro paso significativo fue la incorporación del movimiento al Plan Provincial de Lectura de Salta y su llegada a establecimientos secundarios y de formación docente. Allí, la literatura regional puede convertirse no solamente en material de lectura, sino también en una oportunidad para conocer los procesos de edición independiente y discutir cómo se construye una obra desde el territorio.

Los diez fascículos: un mapa de las sombras del Norte

El catálogo inicial y sus primeras ampliaciones permiten observar la diversidad de la propuesta. Cada fascículo abre una puerta diferente al universo gótico norteño:

1.El Tren de las Sombras, de Mauro Martina. Gótico de la puna salteña. El paisaje andino y sus atmósferas se convierten en el punto de partida de una narrativa que explora las posibilidades inquietantes del territorio.

2.El Influencer, de Eduardo Medina. Gótico urbano. El horror contemporáneo y tecnológico ingresa en un universo atravesado por las nuevas formas de exposición, comunicación y construcción de identidades.

3.Cantando Pasó Sobre el Agua, de Ramón Mili Ramos. Gótico del Chaco Gualamba, con elementos de realismo mágico. La geografía y los imaginarios del monte constituyen el horizonte de esta propuesta narrativa.

4.Gárgolas, de José Fidel Chávez. Gótico urbano. La obra se integra a una búsqueda que vincula la imaginación oscura con las tensiones de la vida contemporánea.

5.Juego de Seducción, de Alejandra Burzac Sáenz. La incorporación de la escritora y referente cultural tucumana amplía la presencia provincial dentro del proyecto y fortalece el diálogo entre las narrativas de Salta y Tucumán.

6.Algo Sigue Ahí, de María Herrera. Gótico rural con elementos de splatterpunk, vertiente que lleva el horror físico y la violencia explícita a sus expresiones más extremas. Su inclusión amplía el repertorio estético de la colección.

7.Titán, de Clara Pérez Abella. Gótico rural. La propuesta desplaza el centro del género hacia escenarios alejados de la ciudad y abre nuevas posibilidades para pensar las relaciones entre paisaje y amenaza.

8.Madre, de Mónica Ovejero. Gótico psicológico. La dimensión interior, los vínculos y los conflictos subjetivos adquieren protagonismo dentro de una narrativa que explora las zonas inquietantes de la experiencia humana.

9.Gólgota, de Gustavo Díaz Arias. El fascículo incorpora otra voz tucumana al catálogo y amplía la presencia del gótico urbano en el proyecto editorial.

10. Machetazo: una historia de azúcar y sangre, de Marx Bauzá. Ambientado en el universo simbólico de los ingenios azucareros, este cuento largo de 45 páginas vincula la memoria obrera, la religiosidad popular y las leyendas del monte con el horror contemporáneo. El machete, herramienta de trabajo del zafrero, se transforma en un símbolo atravesado por la explotación, la violencia y el deseo de reparación. La obra dialoga con el gore, el slasher y el splatterpunk desde una perspectiva arraigada en la historia social del Noroeste argentino.

La colección no agota las posibilidades del movimiento: constituye una primera cartografía de sus intereses. La diversidad de subgéneros y autores permite reconocer una construcción colectiva antes que una fórmula narrativa cerrada.

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movimiento gotico norteño
Imágenes: José Fidel Chávez

Un panel para pensar el gótico en el Norte argentino

La consolidación de esta experiencia también invita a organizar un panel de discusión sobre el lugar del gótico en la literatura argentina y, en particular, sobre las fuentes culturales de las que abreva en el Norte.

El debate puede articular tres preguntas fundamentales: ¿qué diferencia al gótico norteño de una reproducción regional del modelo europeo? ¿Cómo intervienen la tradición oral, las leyendas, la religiosidad popular y la memoria histórica en la construcción de sus relatos? ¿De qué manera el terror puede abordar problemas contemporáneos sin convertirse en una mera ilustración de conflictos sociales?

Los antecedentes de la literatura gótica argentina, la obra de Juana Manuela Gorriti, las tradiciones populares del NOA, las narrativas de los ingenios y el monte, y las vertientes actuales del horror ofrecen un campo fértil para esa conversación.

Más que establecer una definición definitiva, el panel permitiría poner en diálogo las distintas perspectivas de los autores, reconocer sus diferencias y examinar qué aporta el territorio a la renovación de un género de alcance universal.

La discusión también podría abordar la relación entre literatura y educación, el papel de las editoriales artesanales, las dificultades de circulación de las obras regionales y la necesidad de construir redes culturales que conecten las provincias sin depender exclusivamente de los espacios de legitimación porteños.

La periferia como lugar de producción

El Movimiento Gótico Norteño y Cantus Corvi ponen sobre la mesa una cuestión que excede el género: la posibilidad de producir literatura contemporánea desde el interior del país sin convertir la distancia respecto de Buenos Aires en una desventaja estética.

El Norte no necesita limitarse a proporcionar paisajes, leyendas o personajes para que otros construyan sus relatos. Puede elaborar sus propias formas, revisar sus tradiciones, incorporar lenguajes contemporáneos y discutir los conflictos de su tiempo.

En ese sentido, el proyecto editorial funciona como una práctica de construcción cultural. Los libros son parte de un entramado que incluye autores, lectores, espacios independientes, instituciones educativas y actividades públicas. La circulación de los fascículos, la revista CORVI y las presentaciones del movimiento forman parte de una misma apuesta por hacer visible una producción regional diversa.

El gótico norteño no busca demostrar que el Norte es más oscuro que otros lugares. Busca mostrar que sus sombras también merecen ser narradas, discutidas y leídas. Porque detrás de cada aparición puede haber una memoria; detrás de cada monstruo, una estructura de poder; detrás de cada historia de terror, una pregunta que la sociedad todavía no ha conseguido responder.

Desde Salta, Tucumán y otros puntos del Norte argentino, el Movimiento Gótico Norteño construye una experiencia colectiva que enlaza literatura, territorio y crítica social. Cantus Corvi le da cuerpo editorial a esa búsqueda.

La literatura del interior no necesita pedir permiso para existir. Necesita espacios donde encontrarse con sus lectores, dialogar con otras tradiciones y desplegar su potencia estética.

A veces, para contar las sombras del presente, alcanza con mirar de frente los fantasmas que siempre estuvieron entre nosotros. 

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    patricio villarejo

Otro libro sobre Charly y van...

01 Noviembre 2026

Para bien y para mal, cuánto dinero hizo y hace ganar todavía el genio de Charly García –basta constatar la cantidad de tributos y espectáculos que se generan todos los años alrededor de su cumpleaños: remakes de sus recitales emblemáticos y de sus bandas, pero sin él, donde casi no se lo nombra, mientras él sigue vivo; re-escuchas de sus álbumes clásicos en eventos sociales; publicidades de plaguicidas que usan versos del “Rap de las hormigas”; amigos que sacan libros con anécdotas inéditas (o no tanto) o con fotos suyas, etc. etc.

No es exactamente esto lo que sucede con este nuevo libro que acaba de publicarse: Cuerdas para Charly (o cómo arreglar lo que no está roto) (Gourmet Musical), pues no podría asegurar que Patricio Villarejo sea amigo de Charly García, ya que lo conoció recién en el año 2013, cuando reemplazó a último momento a Alejandro Terán para “arreglar” los shows en el Colón —pongo entre comillas el verbo arreglar porque Villarejo cuenta que a Charly no le gustaba esa palabra, porque de hecho no había nada que arreglar. El caos y la improvisación formaban parte de la obra. Hasta había que propiciarlos. Ambos coincidieron en que una palabra más fidedigna sería traductor y no arreglador. Me gusta.

Lo cierto es que al poco tiempo que empezás a leer, advertís que se habla casi menos de Charly que de cómo compone o trabaja el propio autor, no con la obra de García, sino con la suya propia: “A veces las ideas aparecían mientras viajaba en colectivo. O en un bar. O escuchando una mezcla vieja a las tres de la mañana”. Se ve que Patricio es noctámbulo.

Hace un tiempo afirmé que cualquier cosa que saliera sobre nuestro genio inigualable era buena porque descubría o promocionaba algo de su obra o su personalidad. Ahora tengo dudas.

No es que el libro de Villarejo no contenga algunas de esas anécdotas sublimes a las que Charly nos tenía tan acostumbrados, y que lo enriquecen como personaje y artista: “Me acordé entonces de algo que me había dicho semanas antes …. Yo le pregunté si quería que lo anotara así, como una nueva forma. Me había quedado mirando un rato y después me dijo: ‘Si escribís todo no hay error. Pero si no hay error no hay descubrimiento’”. O esta otra: “Todos quieren agregar. Muy pocos sacar”, respuesta de Charly a una propuesta de Villarejo de extraer algunas notas de una canción. En fin.

Lo cierto es que el libro de Villarejo tiene otros problemas.

En realidad, tiene dos tipos de problemas importantes, uno objetivo y otro subjetivo. El subjetivo es discutible y tal vez alguien encuentre alguna razón para respaldar este tipo de enunciados (sobre gustos…), el objetivo en cambio son errores indiscutibles y que afectan a todo el libro.

Al poco tiempo que empezás a leer, advertís que se habla casi menos de Charly que de cómo compone o trabaja el propio autor.

Hay muchas partes del libro en el que pasás de enternecerte por la ingenuidad del narrador a encabronarte o a sentir vergüenza ajena por lo que se dice. Copio algunas oraciones:

“Yo no quería ser el centro de todo … ni robarle luz a nadie… Pero una cosa es no querer ser el centro. Y otra muy distinta es sentir que casi nadie ve lo que estás haciendo … Y no lo digo para agrandarme … Yo esperaba, ingenuamente quizás, que alguien de la prensa lo notara … No para convertirme en estrella … Mi lugar literal en la foto. Desde donde estaba ubicado, se me veía poco …. Algunos de esos separadores (entre canciones, compuestos por él) terminaron siendo más difíciles de escribir que las canciones mismas … No todo héroe tiene su escena en primer plano”. Y varias más en este sentido demoledor.

Yo no tengo dudas que Villarejo es un gran artista y un gran arreglador.

El problema objetivo ya no entra en el debate de los gustos o las justificaciones. Patricio Villarejo nació en 1968. Afirma que escuchó por primera vez a Charly García en la casa quinta de un compañero del secundario, es decir, tenía mínimo trece años. Estaba el long play de Sui Generis: Vida, que confiesa que lo puso una y otra vez hasta que se fanatizó de tal modo que se lo terminó robando.

Hasta acá, todo normal. Lo raro es que una página después afirma que “cuando salió el primer disco del grupo (Eiti Leda), en 1978, lo compré”. Acá Patricio tenía o tendría que tener diez años, o sea tres años antes de haber descubierto a Charly.

Lo mismo sucede con el estudio de grabación donde vio por primera vez en persona a Charly y donde ensayó: Fitz Roy. Porque ese estudio Charly lo había vendido siete años antes. Dos veces sostiene que fue a Fitz Roy.

Es cierto, esta información objetivamente insostenible son datos intrascendentes y no hacen al meollo del libro, que a esta altura no me queda muy claro cuál es.

Sea como sea, estos descuidos tiñen el resto de las páginas. Y el lector lamenta que ningún editor los haya detectado para darle a estas páginas la coherencia mínima que se le pide a un libro de memorias olvidadizas. 

PD: lo bueno de la lectura del libro es el descubrimiento de la Kashimir Orquesta y su disco de clásicos en español

 

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    documenTal ALBUM DE FAMILIA
EN "ALGO QUE SE MUEVE"

Cine: "Álbum de familia" en el Mes del Orgullo

01 Noviembre 2026

La plataforma que propone una nueva manera de descubrir cine suma su primera película de temática LGBTIQ+: el documental dirigido por Laura Casabé recupera las memorias y luchas de la comunidad travesti-trans a través de fotografías, documentos y testimonios.

Cada vez hay más plataformas, más películas disponibles y más opciones para elegir qué mirar. Pero, paradójicamente, frente a tanta oferta, encontrar una película que realmente nos interese puede volverse cada vez más difícil.

¿Qué pasa cuando tenemos todo para ver, pero cada vez nos cuesta más decidir qué mirar? 
De esa pregunta nace Algo que se mueve, una plataforma que propone cambiar la lógica de consumo audiovisual: una película a la vez. En lugar de sumar infinitas opciones a un catálogo, la propuesta busca poner el foco en una película, acompañarla, generar una experiencia alrededor de ella y acercarla a nuevas audiencias.

El próximo estreno será Álbum de familia, documental dirigido por Laura Casabé, que estará disponible en la plataforma en el mes de noviembre en el marco del Mes del Orgullo en Argentina. Se trata, además, de la primera película de temática LGBTIQ+ que se incorpora a Algo que se mueve, convirtiéndose en una oportunidad para unir cine, diversidad, memoria y nuevas formas de circulación cultural.

“Las plataformas nos acostumbraron a pasar más tiempo eligiendo qué ver, qué mirando”. Nosotros proponemos lo contrario: una sola película por mes, elegida con cuidado. Que Álbum de Familia llegue a Algo que se mueve en el mes de la Marcha del Orgullo es, para nosotros, un orgullo doble: por la película que elegimos y por el momento en el que podemos compartirla.” — Federico Pozzi, cineasta y director de Algo que se mueve.

Una película para recuperar una historia que no puede quedar en el olvido

Álbum de familia se sumerge en las historias de las personas travestis y trans que, aún después del regreso de la democracia en 1983, continuaron atravesando persecución policial, violencia y exclusión. A partir de fotografías, documentos y testimonios, la película reconstruye una memoria colectiva y pone en primer plano las experiencias de quienes durante años quedaron fuera de la historia oficial.

La película recupera especialmente las figuras de Claudia Pía Baudracco y María Belén Correa, dos referentes fundamentales del activismo travesti-trans en Argentina. Junto a otras compañeras, fueron parte de la construcción de espacios de organización y lucha por derechos durante la década de 1990.

Claudia Pía Baudracco fue una de las grandes activistas trans argentinas. En 1993 fundó junto a María Belén Correa la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA) y dedicó buena parte de su vida a luchar contra la persecución y por el reconocimiento de los derechos de las personas trans. También fue una de las principales impulsoras de la Ley de Identidad de Género, sancionada pocos meses después de su muerte, en marzo de 2012.

Su historia está profundamente ligada a la construcción de la memoria. Claudia fue una de las impulsoras, junto a María Belén Correa, de lo que posteriormente se convertiría en el Archivo de la Memoria Trans, un espacio dedicado a preservar fotografías, documentos, cartas, testimonios y otros materiales de la historia de la comunidad.

En ese sentido, Álbum de familia no es solamente una película sobre el pasado: es también una película sobre quiénes tienen derecho a construir y conservar la memoria, y sobre la importancia de que esas historias puedan ser contadas en primera persona. 
 

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documenTal ALBUM DE FAMILIA

Una nueva forma de descubrir y distribuir películas

La propuesta de Algo que se mueve parte de una idea sencilla: si elegir entre miles de películas es cada vez más difícil, quizás la respuesta no sea ofrecer más, sino acompañar mejor una película.
Por eso, la plataforma trabaja con una lógica diferente a la de los grandes servicios de streaming. Cada propuesta busca convertirse en una experiencia que permita conocer la película, conversar sobre ella, compartirla y hacerla circular.

Pero la innovación no está solamente en cómo se accede al cine, sino también en cómo se distribuye.
Algo que se mueve permite que las personas puedan registrarse como “movers”: convertirse en parte de la circulación de una película, recomendarla, distribuirla entre sus propias comunidades y generar ingresos a partir de esas ventas. De esta manera, la plataforma propone un modelo en el que las audiencias dejan de ser solamente espectadoras para convertirse también en agentes activos de la circulación audiovisual.

En el marco del Mes del Orgullo, la propuesta invita a mirar una película que recupera historias de lucha, amistad, resistencia y organización, pero también a pensar cómo esas historias llegan hoy a nuevas audiencias.

Porque hacer circular una película también puede ser una forma de construir memoria.
Álbum de familia, dirigida por Laura Casabé, estará disponible en algoquesemueve.ar a partir del 4 de noviembre.

 

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    Alejandro Gianni

La urgencia de una mirada inclusiva y popular para la temática del medio ambiente

01 Noviembre 2026

Este viernes se presentó en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, el libro Desarrollo y Ambientalismo popular, compilado por Juan Ignacio Salerno Ercolani y editado por CICCUS y Mutual Manuel Baldomero Ugarte. Se trata de un proyecto colectivo que reúne textos de distintas voces del campo popular con sus respectivas miradas sobre el tema del medio ambiente como eje fundamental y su inclusión en la agenda política.

Entre quienes participan del libro compilado por Salerno Ercolani están Alejandro Gianni, secretario de ambiente de la CTA Capital y candidato a Secretario General de CTA Capital; Magdalena Eulmesekian, integrante de Jóvenes por el Clima; Julián Ferrero, actual concejal de Ciudad Futura; Manuel Golomb, Técnico Químico, presidente de la cooperativa Misión Soberanía; Leonardo Grosso, dirigente nacional del Movimiento Evita; Juan Pablo Olsson Argumendo, fundador del movimiento global “DeudaxClima”; Pablo Riveros, miembro fundador de la Organización Semilla del Sur; Carolina Somoza, Licenciada en Ciencia Política y especialista en Derecho Ambiental (UBA) y Daniela Vilar, Ministra de Ambiente de la Provincia de Buenos Aires.

Alejandro Gianni, quien moderó la presentación, comentó: “Tenemos que empezar a tomar conciencia de que el mundo es nuestra casa y la cuestión ambiental se nos impone como parte de nuestra vida cotidiana. Es hora de que la CTA recoja esta problemática junto con todos los gremios y se ponga en discusión, desde una perspectiva popular, para terminar con discursos negacionistas y de terraplanismo ambiental”.

Los ejes fundamentales de Desarrollo y Ambientalismo popular pasan por retomar la discusión de la cuestión ambiental ante el avance de la nueva derecha que busca privatizar la Naturaleza y construir un paradigma de ambientalismo alejado del modelo de jardinería que es parte del concepto liberal de medio ambiente. El foco está puesto en pensar lo que se viene abarcando la cuestión nacional, la inclusión social y los problemas ambientales más apremiantes sin dejar de lado el desarrollo de los países periféricos para alcanzar una justicia social que contemple también una justicia ambiental.

El libro también retoma voces históricas que se ocuparon del tema, desde Juan Domingo Perón, quien hace más de 50 años, ya expresaba en un documento la importancia de resguardar los recursos naturales y su relación con la soberanía para los llamados países del Tercer Mundo,  hasta el Papa Francisco cuando se refirió a la Casa Común y la Ecología Integral. La cuestión ambiental se presenta como parte fundamental de las luchas populares en esta nueva etapa de la Historia y el debate tiene muchas aristas.

“Como pasó con las discusiones por el feminismo, con el tema ambiental también hay una desigualdad estructural que se nos impone, más allá de lo que piense cada uno y a pesar de una lógica y un discurso de negación”, dijo Gianni en la presentación. “Temas como los residuos y el sistema del CEAMSE que está colapsado, la contaminación de los ríos, el cambio climático y sus consecuencias, la importancia del agua, son temas con los que convivimos a diario y nos afectan. Por eso hay que discutirlos y los trabajadores tenemos que ser protagonistas de esta discusión como en otros temas”.

El legislador porteño por Fuerza por Buenos Aires, Alejandro Grillo participó de la presentación y dijo: “Buenos Aires es faro en la región por el tratamiento y reciclado de los residuos y tenemos que pensar a mediano y largo plazo para instalar en el debate público la cuestión ambiental. Hay una conexión fundamental entre el reciclaje y la lucha de fondo que es el cambio de paradigma para una nueva perspectiva”.

Por su parte, Salerno Ercolani, como compilador destacó que el libro “Desarrollo y Ambientalismo popular” surge como parte de la colección Construyendo Soberanía que busca una mirada colectivista frente al individualismo y la privatización como solución a cualquier problemática. “Se trata de instalar el ambientalismo desde el eje nacional y popular pero con una mirada actual”, aseguró. “El medio ambiente no es algo que se puede vender, es una casa común sobre la que hay que debatir y consensuar, con un punto de vista social y popular a la vez”.

La candidata a Secretaria de Medio Ambiente por la CTA Capital, Berenice Belmudes, también aportó desde su tarea como docente. “Este libro es una oportunidad para quienes saben que el ambientalismo es la lucha que se viene y en ese sentido, los docentes hacemos un trabajo desde hace años. Hay que recuperar y poner en valor el trabajo que hacemos las maestras con este tema, con un gran compromiso hacia el futuro”, remarcó. “A las maestras nos encanta ir a la cooperativa RUO, al ecoparque de la calle Yerbal, ahí se aprende mucho, porque está el ambientalismo hecho por los propios trabajadores y trabajadoras. Los docentes y los sindicalistas tenemos voces y muchas ideas para aportar. Estoy convencida de que la esperanza también se planifica, cada uno aportando desde su espacio y en este caso, la escuela es trinchera fundamental para la educación ambiental”.

En representación de Jóvenes por el Clima, Giuliana Romano también aportó su punto de vista sobre la importancia del debate que se genera a partir de libros como “Desarrollo y Ambientalismo popular” y dijo: “El nuestro es un movimiento juvenil y federal, presente en trece provincias argentinas, que cree en un modelo de país justo, soberano y sostenible. Para nosotros, la crisis climática forma parte de los Derechos Humanos y el ambientalismo atraviesa lo político, lo social y lo cultural y también tiene que pensarse desde la soberanía”. Y agregó: “Los jóvenes tenemos que sentarnos a la mesa de discusión e impulsar nuestras ideas porque somos los acreedores de la deuda ambientalista”.

Para concluir, Alejando Gianni destacó: “Aprendí junto a los recicladores y recicladoras de la cooperativa RUO que el trabajo fundamental que hacen es una actividad con distintas capas simbólicas y, más allá de lo técnico que implica saber cómo se recicla cada elemento encontrado en la basura, hay que considerar algo mayor y que es lo que decía el Papa Francisco: “el mundo es nuestra casa y hay que cuidarlo”. Eso nos permite pensar con otra lógica, la de hacer el bien son olvidar al otro, no competir por los mismos recursos porque eso implica destruir una hermandad que es la del hogar en común que tenemos todos y que es este mundo que habitamos. Esa es la mirada del ambientalismo popular”. 

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    Miguel Forte

El sociólogo que pedalea

30 Octubre 2026

Había dos formas de salir de las clases de Miguel Ángel Forte y Lucas Rubinich en el aula 100 de la vieja sede de Marcelo T. de Alvear: enamorado para siempre del virus de la sociología, o huyendo en pánico por las escaleras atestadas de afiches.

Durante más de cuatro décadas, la UBA albergó en esa aula a un docente sin pose de estatua académica. Un hombre que cruza la ciudad en bicicleta, frena en cualquier esquina de Buenos Aires, desenfunda el teléfono y graba un video para sus alumnos que concluye siempre con una consigna frente al desencanto. Estudiar, pensar, resistir y no aflojar.

Hijo del célebre pintor expresionista y figurativo Vicente Forte, en la mirada del sociólogo parece sobrevivir cierta sensibilidad plástica heredada: después de dejar la titularidad de su cátedra a inicios del 2024, encuentra otra forma de seguir dando clases. Exdirector de la carrera de Sociología y referente en el estudio de la modernidad, el autor utiliza los marcos teóricos para desmontar las evidencias con que la sociedad suele ocultarse a sí misma. “Cinco clases de sociología” se ofrece como una caja de herramientas para voluntades sensibles e inquisitivas; para quienes intuyen que detrás de la superficie cotidiana hay una trama oculta.

En el prólogo, Rubinich formula el horizonte de esa invitación con vocación de manifiesto: “Sin lugar a dudas una mínima biblioteca debe albergar algunas de las obras de los clásicos de la sociología. Deben ser leídos (...) Son indispensables para quienes son estudiantes o profesionales, pero también pueden serlo para cualquiera que se haga preguntas por el mundo concreto en el que vive, para cualquiera que posea sensibilidad social y curiosidad cultural”.

La apuesta de Forte es devolverles a los clásicos algo de su vitalidad. En sus clases, Weber, Durkheim, Simmel, Gramsci y Marx dejan de ser nombres propios de un programa universitario para convertirse en herramientas con las que mirar el presente. Aparecen la jaula de hierro y el desencanto del mundo de Weber, la anomia de Durkheim, la fugacidad y la melancolía que Simmel encuentra en Baudelaire, las relaciones entre hegemonía y cultura en Gramsci. Y también vuelve aquella advertencia de Marx en “El 18 de Brumario de Luis Bonaparte”: las circunstancias históricas pueden hacer que un personaje mediocre y grotesco termine ocupando el centro de la escena. 

Marx, Durkheim, Weber, Simmel y Gramsci son parte del recorrido, pero no se trata sólo de volver sobre los clásicos. Hay una pregunta que atraviesa las clases y llega hasta el presente: ¿qué mantiene unidos (o separa) a los individuos en las sociedades latinoamericanas? ¿Cómo hacemos para acostumbrarnos a formas de vivir, trabajar, desear y juzgar que, de tan incorporadas, terminan pareciéndonos naturales? 

Esta ciencia aparece como una manera de interrumpir la familiaridad con el mundo (y por eso también es vapuleada), es una manera de reconocer que las cosas que organizan nuestra vida tienen una historia, responden a determinadas relaciones sociales y podrían haber sido de otra manera. Es ahí donde el microscopio sociológico de Forte encuentra una experiencia bastante común y le pone nombre: la tragedia de la cultura, como la llamó Simmel. Inventamos cosas para vivir mejor y después tenemos que aprender a vivir con ellas. La tecnología nos ahorra tiempo, aunque después no sepamos muy bien qué hacemos scrolleando una pantallita hace dos horas. Producimos conocimientos, objetos, instituciones; después, todo eso crece, se multiplica, adquiere sus propias reglas y empieza a quedarnos grande. Simmel vio en esa distancia entre lo que producimos y lo que podemos apropiarnos una de las contradicciones de la modernidad. 

¿Para qué sirve todo esto? La pregunta ineludible de una época obsesionada con el rendimiento. Por lo pronto, para cambiar el eje: ¿somos libres si tenemos que convertirnos en nuestra propia empresa? ¿Por qué debemos demostrar todo el tiempo que merecemos el lugar que ocupamos? ¿Por qué algunas injusticias parecen inevitables y algunas alternativas, imposibles?

Placas rojas

Forte tampoco reserva esa manera de mirar para el aula. En Facebook prolonga sus clases, aunque con otros recursos: publicaciones que buscan provocar el pensamiento y, de vez en cuando, la polémica. Algunas tienen la contundencia de una placa roja de televisión. En su muro conviven los pronósticos sobre la política internacional —”Los levantamientos en España, Francia e Irlanda serán capitalizados por las respectivas ultraderechas”—, las consignas en defensa de la educación pública, las evocaciones de juventud —”Ustedes son muy chicos, pero supo estar de moda Gastón Bachelard”— y la cultura popular: la hinchada de San Lorenzo resistiendo bajo la lluvia o la expectativa de que Messi vuelva a aparecer en nuestras vidas, esta vez del otro lado de una pantalla. “Esperaremos la entrada de Messi en la cancha, aunque no faltará algún refutador de leyendas que te dirá que no juega más”.

En ese muro conviven Marx y Messi, Bachelard y San Lorenzo, la universidad pública y los pronósticos sobre el futuro político de Europa. No parece haber demasiadas jerarquías entre esos materiales. Quizás ahí también esté Forte dando una clase: en la posibilidad de encontrar conexiones donde otros ven mundos separados.

Por eso la bicicleta es una buena imagen para pensar a Forte. Pedalear es avanzar sin dejar de buscar el equilibrio. Y moverse por la ciudad exige algo más que voluntad porque hay que leer las señales, calcular distancias, esquivar obstáculos, estar atento a los movimientos de los otros y, en ese sentido, la calle nunca es solamente de uno.

El libro de Forte no viene a tranquilizarnos con respuestas. Su apuesta es volver menos evidentes algunas certezas, devolverles a las palabras su historia y preguntarse por las relaciones que las hicieron posibles. Afuera, la ciudad sigue apurada. Forte pedalea, las preguntas también.

*Maricel Cioce (ICA-UBA) es socióloga de la cultura, docente y escritora.

Miguel Ángel Forte es sociólogo y profesor universitario. Fue Profesor Titular Regular Plenario de Sociología General en la UBA, y director de la Carrera de Sociología y de la Maestría en Ciencias Sociales de FLACSO. Publicó, entre otros libros, “Sociología, Sociedad y Política en Augusto Comte” (Eudeba, 1996) y “Modernidad: Tiempo, Forma y Sentido” (Eudeba, 2015). Es autor de numerosos artículos en publicaciones argentinas y extranjeras.

Cinco clases de sociología. Forte, Miguel Ángel. Aurelia Rivera Libros, Buenos Aires, 2026. PVP: $24.000.- | 124 páginas.

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    Una crónica de Norman Petrich

Balcanización y federalismo: de la unidad nacional al provincialismo sin patria

30 Octubre 2026

Asistimos a un progresivo vaciamiento del sentido histórico del federalismo, tal como lo concibe nuestra formación nacional. Aquel federalismo que, bajo la conducción de José Gervasio Artigas, aspiraba a construir una gran unidad política de pueblos libres, con provincias autónomas pero unidas, sufrió un golpe decisivo en 1820. La derrota frente a los portugueses en Tacuarembó y el posterior enfrentamiento con Francisco Ramírez, su antiguo aliado entrerriano, precipitaron el derrumbe del proyecto político encabezado por Artigas y su exilio en Paraguay.

Sin embargo, la aspiración de organizar una Nación sobre bases federales no desapareció con la derrota del caudillo oriental. Persistió, con distintas expresiones y no pocas contradicciones, en figuras como Juan Bautista Bustos, quien desde Córdoba impulsó la organización constitucional de su provincia y promovió la reunión de un Congreso General para organizar el país; Pedro Ferré, quien desde Corrientes defendió la protección de las economías regionales y cuestionó el monopolio porteño de las rentas aduaneras; y el Brigadier Estanislao López, quien desde Santa Fe desempeñó un papel decisivo en los pactos interprovinciales que sentaron las bases políticas e institucionales de la futura organización federal argentina.

Para aquellos caudillos, más allá de sus diferencias y enfrentamientos, la defensa de la autonomía provincial no significaba renunciar a la construcción de una Nación común. Por el contrario, aspiraban a una organización nacional que reconociera los derechos y la participación de las provincias, en lugar de imponerles un poder central que decidiera por ellas.

Y allí reside una diferencia histórica fundamental. Aquel federalismo buscaba construir la unidad nacional sobre la autonomía de las provincias, frente a un centralismo porteño que pretendía subordinarlas. No aspiraba a perpetuar la fragmentación del país, sino a superarla mediante una organización política común. Hoy, en cambio, asistimos a la degradación de aquel proyecto histórico en un federalismo meramente defensivo, donde cada gobernador se limita a resguardar los intereses inmediatos de su provincia, negociar recursos en la Casa Rosada, intercambiar apoyos políticos por concesiones presupuestarias y levantar sus propias barreras frente al poder central, sin la más mínima idea de Nación que dé sentido al conjunto. En el último tramo de nuestra historia política, en ausencia de un proyecto nacional capaz de integrar el territorio, la economía y los intereses del conjunto, la autonomía provincial perdió progresivamente su sentido histórico hasta quedar reducida a una estrategia de extorsión y supervivencia política. Aquello que históricamente contribuyó a construir la unidad de la patria se convirtió, por falta de un horizonte nacional compartido, en un factor de su propia fragmentación.

Juan Bautista Bustos, un legado a contramano

Si la dirigencia partidaria cordobesa tuviera incorporada la verdadera dimensión geográfica y geopolítica de la Argentina bicontinental, acaso tendría la audacia de proclamar que Córdoba es el cerebro del país, pero difícilmente insistiría en llamarla su corazón.

El llamado cordobesismo, más allá de sus reconocibles méritos en materia de gestión y obra pública, y de haber constituido un dique político frente a los intentos del liberalismo nacional, en alianza con sectores del radicalismo provincial, de trasladar a Córdoba sus experimentos de ajuste y desmantelamiento del Estado, constituye una expresión particularmente reveladora de esta degradación histórica del federalismo.

Allí donde los viejos caudillos provinciales encontraban en la autonomía el punto de partida para disputar la organización de la Nación, el provincialismo contemporáneo, en cambio, parece haber convertido a Córdoba en el punto de llegada de sus ambiciones políticas. La provincia deja de pensarse como protagonista de una tarea nacional todavía inconclusa y pasa a concebirse como un fin en sí misma. Así, la defensa de sus recursos, la negociación de sus intereses y la conservación del poder provincial terminan desplazando aquella vocación histórica de proyectarse más allá de sus fronteras para contribuir a la organización y transformación de la Argentina.

De este modo, el cordobesismo no supera al centralismo porteño, sino que constituye su reverso provinciano. La contradicción de este federalismo sin destino nacional es que termina confundiendo la defensa de Córdoba con la renuncia a transformar la Argentina y, con ello, limita la posibilidad de proyectar toda la potencia política, económica y social de la provincia hacia la construcción de un proyecto nacional. Más aún, esa posición meramente defensiva termina imponiéndole a Córdoba un desgaste permanente, obligándola a disputar por separado recursos y condiciones de desarrollo que encontrarían una solución más sólida y duradera en el marco de una política nacional de integración. Así, en su afán de preservar los intereses provinciales, termina perdiendo de vista que la mejor manera de fortalecer a Córdoba es contribuir a construir una Argentina capaz de potenciarla.

Hay aquí una enseñanza de Perón que conserva toda su vigencia. En 1974 advertía que a niveles nacionales, nadie puede realizarse en un país que no se realiza. De la misma manera, a nivel continental, ningún país podrá realizarse en un continente que no se realice. Esa misma lógica vale para una comunidad y también para nuestras provincias.

Esa comprensión de que el destino de una provincia está ligado al destino de la Nación no era, por cierto, ajena a nuestra propia tradición histórica. Mucho antes de Perón, ya estaba presente en la concepción federal de Juan Bautista Bustos. Ya en 1820, el brigadier impulsó desde Córdoba la reunión de representantes de las provincias para avanzar hacia una organización política común. Su preocupación no se agotaba en el gobierno ni en los intereses de Córdoba; comprendía que el destino de la provincia estaba ligado a la organización del conjunto del país.

Esta paradoja tiene una fuerza histórica muy singular. La autovía que une Córdoba con Río Cuarto lleva el nombre de “Gobernador Juan Bautista Bustos”, precisamente uno de los hombres que comprendió que la autonomía de Córdoba no tenía sentido histórico si no contribuía a la organización de la Nación. El cordobesismo reivindica su nombre en una obra que integra el territorio provincial, mientras que a su horizonte político hay que interpretarlo como el repliegue de aquella ambición nacional sobre los límites de la propia provincia. Bustos aspiraba a organizar la patria desde Córdoba; el provincialismo contemporáneo se conforma con administrar Córdoba dentro de una patria completamente desarticulada.

Esa lógica insular, además, choca de frente con el persistente centralismo porteño, que también piensa la Argentina desde una parcialidad y pretende convertirla en el todo. Así, provincialismo y centralismo terminan alimentándose mutuamente para su parcelación; uno se repliega sobre Córdoba mientras el otro confunde Buenos Aires con la Nación.

La balcanización silenciosa

En medio de la artillería de medidas antipopulares de los últimos gobiernos liberales, mientras buena parte de la dirigencia nacional y popular permanece enredada en sus capillas, internas y disputas de poder, estamos perdiendo de vista un peligro profundo, cuyas consecuencias pueden ser irreversibles; el avance silencioso de las condiciones económicas, políticas y culturales para la balcanización de nuestra patria. En la Argentina, la balcanización no supone necesariamente la aparición inmediata de nuevas fronteras internas, sino un proceso de desintegración económica, territorial y cultural, que comienza cuando las provincias dejan de reconocerse como partes de un destino nacional común, cuando sus recursos se subordinan a intereses externos y cuando la competencia regional reemplaza a la solidaridad federal. El peligro es que, mucho antes de dividirse en los mapas, la patria termine desmembrándose en la conciencia de los argentinos nacidos en cada provincia.

No hablamos de una división territorial inmediata, ni de un proyecto separatista formalmente establecido. Hablamos de algo peligroso y sutil; de un proceso histórico por el cual una nación va perdiendo los vínculos económicos, geográficos y espirituales que la mantienen unida, hasta que su propia fragmentación comienza a parecer natural, inevitable y, finalmente, conveniente.

Pero esta degradación del federalismo no se agota en las disputas por recursos o en el repliegue de cada provincia sobre sus propios intereses. Llevada al extremo, puede poner en cuestión la propia unidad nacional. Un antecedente revelador fue el de Alfredo Cornejo, quien en junio de 2020, siendo diputado nacional y exgobernador de Mendoza, planteó la posibilidad de que su provincia se convirtiera en un país independiente, aunque reconoció su inviabilidad constitucional. Aquella declaración, que alimentó el llamado Mendoexit, puede parecer una extravagancia, pero revela algo más inquietante; que la idea de fraccionar la Argentina en pequeñas repúblicas independientes haya comenzado a encontrar lugar en el discurso de dirigentes nacionales.

Provincia, Nación y liberalismo

El gobierno de Javier Milei, como antes el de Mauricio Macri, profundiza un proceso de fragmentación y enajenación del patrimonio nacional cuyos antecedentes se remontan a las rupturas históricas de 1955 y 1976, y que adquirió una nueva dimensión con el liberalismo menemista de los años noventa. Lo verdaderamente contradictorio es el papel del cordobesismo frente a ese proceso. Juan Schiaretti celebró la llegada de Macri al poder, cultivó una estrecha relación política con su gobierno y acompañó desde el Congreso muchas de sus iniciativas en el período 2015/2019. Con Martín Llaryora, frente al actual gobierno de Milei, persiste una contradicción semejante; se invoca la defensa de Córdoba para disputar recursos, mientras se apela a la gobernabilidad para justificar acuerdos con el poder central.

A las privatizaciones y al desmantelamiento de instrumentos estratégicos del Estado se sumó la reforma constitucional de 1994 durante el menemismo, que reconoció a las provincias el dominio originario de sus recursos naturales. Sin una política nacional que integrara esas riquezas en un proyecto común de desarrollo, se fortaleció una lógica de intereses y negocios provinciales, mientras se destruía la capacidad de la Nación para poner esos recursos al servicio del conjunto de los argentinos.

La concepción liberal del bloque antinacional mitrista no reconoce en la Argentina una comunidad histórica con un destino propio, sino un territorio disponible para los intereses del mercado mundial. Su horizonte no es la integración de la patria, el desarrollo de sus fuerzas productivas ni la conquista de su independencia económica, sino la subordinación de sus recursos, sus regiones y su trabajo a las necesidades del capital financiero internacional.

El caso de Córdoba, lastimosamente en nombre del Peronismo, resulta especialmente ilustrativo. Córdoba debe defender sus intereses, naturalmente, pero sin perder de vista que buena parte de ellos sólo pueden realizarse plenamente en una Argentina industrializada, productiva, integrada y soberana. Ese debería ser también el horizonte de su dirigencia política; poner la enorme capacidad económica, productiva y política de Córdoba al servicio de un proyecto nacional, en lugar de comprometerla en acuerdos circunstanciales que, bajo el argumento de la gobernabilidad, terminan respaldando políticas que debilitan el trabajo, la industria y la soberanía del país del que depende, en definitiva, el propio desarrollo de la provincia.

La colonización mental de nuestra dirigencia

Buena parte de nuestra dirigencia nacional y popular abandonó la formación de una conciencia nacional arraigada en la historia, la geografía, la geopolítica y las condiciones materiales de la Argentina. La política de construcción nacional y de inteligencia estratégica fue desplazada por el internismo, el tacticismo electoral, el reparto de posiciones y un pragmatismo que convirtió la conservación del poder en su propia finalidad. Desde la Nación hasta los municipios, la política de círculo fue sustituyendo a la estrategia de largo plazo. Ya nadie piensa en el país a 20, 40 o 50 años, ni incorpora la geopolítica como disciplina fundamental para comprender nuestros propios procesos políticos y el lugar de la Argentina en el mundo. Y en ese ejercicio de pequeñas ambiciones, nuestra dirigencia fue perdiendo no solamente la capacidad de interpretar el país, sino también la de reconocer su propia ignorancia. Aunque el pueblo conserva, muchas veces con mayor profundidad que sus representantes, una conciencia nacional elemental y poderosa que no necesita tratados de geopolítica para afirmar en clave soberana que las Malvinas son argentinas.

Pero la soberanía no se ejerce con declaraciones patrióticas. Requiere Fuerzas Armadas nacionales, profesionales, democráticas y equipadas; una política de defensa sostenida; industria militar, naval y aeronáutica; ferrocarriles, cielos, espacio, puertos, comunicaciones e infraestructura para integrar nuestra inmensa geografía. Exige conocer, vigilar y defender el Atlántico Sur, desarrollar nuestra presencia antártica y comprender culturalmente la dimensión marítima y bicontinental de la Argentina. Sucede que la cultura mitrista nos enseñó a reconocernos en las penas y las vaquitas de la pampa exportadora, mientras relegaba de nuestra conciencia nacional la inmensidad del mar y la cordillera. Lo cierto es que no hay soberanía efectiva sobre aquello que una nación no conoce, no comunica, no produce ni tiene capacidad de defender. Sin embargo, estas cuestiones apenas aparecen en la agenda pública cuando tragedias como la del ARA San Juan nos recuerdan la magnitud de lo que hemos descuidado.

A este abandono contribuyó también un prejuicio antimilitarista, particularmente arraigado en ciertos sectores del progresismo académico, militante y gubernamental, que puede reconocerse como una herencia del dispositivo cultural de desmalvinización desplegado desde 1982. Bajo la legítima condena a la dictadura, terminó instalándose una mirada que confunde integralmente y sin distinción a las Fuerzas Armadas con el terrorismo de Estado y que, al reducir Malvinas a la aventura de Galtieri y a nuestros combatientes a la condición de “los chicos de la guerra”, desdibuja su carácter de causa histórica de la Nación. Una mirada que, además de empobrecer nuestra comprensión del pasado, erosiona la autoestima nacional y nos priva de reconocer en nuestra propia historia los ejemplos de heroísmo, liderazgo y coraje que también la constituyen.

La Argentina no termina en la cordillera ni en las costas de Buenos Aires. Es una Nación marítima, bicontinental, cuya integración territorial y demográfica sigue siendo una tarea histórica inconclusa. Malvinas compromete nuestra presencia en el Atlántico Sur, nuestra plataforma continental, nuestros recursos y nuestra proyección antártica. No puede quedar reducida a una conmemoración culposa del 2 de abril. Y cabe preguntarse cuánto de todo esto forma parte de la preparación de nuestros cuadros políticos, de los dirigentes cuyos nombres conocemos y, fundamentalmente, de las nuevas generaciones de cuadros que necesitamos formar e incorporar a la vida nacional.

Una política pequeña para una gran Nación

No alcanza con denunciar las medidas antipopulares ni con hacer el inventario cotidiano de nuestras desgracias. La Argentina necesita recuperar el entusiasmo de una conciencia nacional a la altura de su geografía, de su pueblo y de su historia. Una cultura malvinera, antártica, marítima, fluvial, andina, federal y bicontinental, que se exprese en industria, ciencia, defensa, infraestructura, producción, educación e integración territorial. En definitiva, volver a concebir la política como instrumento de construcción de la Nación y no como un oficio para conquistar y conservar el poder, ni mucho menos como un negocio personal cada vez más rentable. Porque la balcanización no comienza cuando se trazan nuevas fronteras internas, sino cuando se pierde la conciencia de las existentes y del destino histórico que las reúne. Una provincia que se piensa al margen de las demás, una dirigencia que desconoce la dimensión de su propio país y una política que sustituye el proyecto nacional por la administración de intereses particulares van preparando, acaso sin advertirlo, las condiciones de una patria débil y fragmentada. Y si en los próximos diez o veinte años continuamos por ese camino, el peligro no será solamente una Argentina más pobre, desigual y dependiente, sino una nación cuya eventual desintegración haya dejado de parecer inconcebible.

La Nación que debemos volver a pensar

Cuánta falta hace, en estos tiempos de estrechez política y extravío nacional, recuperar aquella concepción de conjunto que, desde la empresa emancipadora de San Martín y las luchas de los caudillos federales por la organización nacional, atravesó buena parte de nuestra historia y encontró una expresión decisiva en Julio Argentino Roca y los hombres más representativos de la Generación del 80. No se trataba de proyectos idénticos ni de una continuidad sin conflictos, pero en todos ellos, desde perspectivas y circunstancias diferentes, estaba presente una preocupación que hoy parece haberse debilitado; la construcción de la Nación.

Con todas sus contradicciones y los límites históricos de su obra, la dirigencia de 1880 comprendía que la Argentina era una Nación por organizar, no una simple reunión de provincias ni una prolongación territorial de Buenos Aires. Había que resolver la cuestión de la Capital, federalizar Buenos Aires, dar forma definitiva al Estado nacional, consolidar un Ejército nacional, comunicar las regiones, organizar los territorios nacionales, establecer instituciones comunes y convertir una vasta geografía en un espacio político efectivamente integrado. En Roca existía, además, una extraordinaria concepción política del espacio. Comprendía que la frontera interior no era simplemente una línea que debía defenderse, sino un problema territorial cuya resolución modificaría la posición geopolítica de la Argentina. Su mirada trascendía los límites de las provincias y vinculaba la ocupación y organización del territorio con las comunicaciones, la producción, la defensa y las relaciones con los países vecinos. Había que afirmar la soberanía en la Patagonia, proyectar la presencia argentina hacia el Atlántico Sur y la Antártida, desarrollar una diplomacia capaz de resolver las controversias limítrofes y defender los intereses nacionales. En aquella concepción, la geografía no era un escenario pasivo de la política, sino una de las grandes condiciones materiales sobre las que debía construirse el destino de la Nación.

Aquellos hombres, con todos sus desaciertos, pensaban en la Nación que debían construir. Buena parte de nuestros dirigentes, en cambio, parece haber reducido sus ambiciones a conservar la porción de poder y el minuto político que le ha tocado administrar. Casi un siglo y medio después, seguimos discutiendo el centralismo porteño, las deformaciones del federalismo y la integración efectiva de nuestro territorio, cuando la propia geografía nacional nos exige elevar la mirada hacia una Argentina mucho más extensa y compleja; marítima, austral, antártica, sudamericana y bicontinental. La generación que debía completar aquella obra histórica corre el riesgo de no comprender siquiera la dimensión del país que ha recibido en herencia.

La historia argentina nos enseña que la unidad nacional no fue un regalo de la geografía, sino una conquista política, atravesada por luchas, sacrificios y profundas controversias. Sería una amarga ironía que, después de dos siglos de esfuerzos por construirla, termináramos resignándola no por la fuerza irresistible de un enemigo exterior, sino por la pequeñez de una dirigencia que, de tanto disputar el espacio y el poder, perdió de vista la Patria y su horizonte histórico.

El gobierno de Javier Milei, como antes el de Mauricio Macri, profundiza un proceso de fragmentación y enajenación del patrimonio nacional cuyos antecedentes se remontan a las rupturas históricas de 1955 y 1976, y que adquirió una nueva dimensión con el liberalismo menemista de los años noventa.
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    Eduardo Di Cola
ELECCIONES 2027

Eduardo Di Cola: “Muchos confunden unidad con lista única”

30 Octubre 2026

Eduardo Di Cola, abogado, militante peronista, y ex diputado nacional y senador provincial por Córdoba, analizó diversas cuestiones de actualidad política, en particular la situación del peronismo.

Di Cola dialogó el sábado 24 de octubre con "Más o menos bien" (Radio Con Vos, sábados de 18 a 20hs). A continuación, sus principales declaraciones y luego la nota completa:

“Las reuniones, indudablemente, generan una expectativa favorable porque son un principio de ordenamiento interno que el justicialismo está necesitando frente a la propuesta del gobierno nacional. Creo que son pasos importantes. Es cierto que produce un poco de ansiedad, pero también es cierto que nosotros tenemos que tener en cuenta que, hace tan solo poco más de 2 años, terminamos un gobierno que no cubrió las expectativas que se habían generado cuando se asumió. Como siempre digo, muchas veces, peor que perder una elección es tener un gobierno que de alguna manera no llega a cubrir la expectativa que se había generado”.

“El peronismo necesita ordenarse. Hay que ponerse de acuerdo, definir candidaturas a través de la voluntad popular. Las PASO son la herramienta. La unidad debe consolidarse sobre dos pilares: uno, ponernos de acuerdo sobre lo que hay que hacer hacia el futuro; y segundo, poner en claro las reglas de juego para definir las listas y las candidaturas, de tal manera que terminemos con estas listas únicas que no tienen nada que ver con la unidad y que generan candidaturas precisamente a espalda de lo que la sociedad está reclamando o quiere”.

“Muchos confunden unidad con lista única, que se genera a partir de acuerdos cupulares que muchas veces no terminan expresando lo que la sociedad, o parte de la sociedad, expresa y genera disconformidad. De tal manera, la unidad es ponerse de acuerdo en las reglas de juego”.

“El peronismo de Córdoba tiene que ser nuevamente protagonista dentro del peronismo nacional como lo fue en el pasado. No puede ser un mero espectador de lo que el movimiento nacional decida. En ese sentido, vamos a jugar y aportar al esquema que se vaya generando desde el peronismo nacional, evitando cualquier debilitamiento con terceras líneas, como las experiencias que en el pasado se hicieron, por ejemplo, con Juan Schiaretti”.

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    Playas de Brasil
    Playas de Brasil

Cómo mantenerte seguro al viajar por Sudamérica

30 Octubre 2026

Viajar por Sudamérica te permite descubrir una enorme diversidad de paisajes, culturas y tradiciones, además de vivir experiencias que recordarás toda la vida.

Ya sea que recorras las grandes avenidas de Buenos Aires o disfrutes de la música y la vida nocturna de Cartagena, sentirte seguro te ayudará a disfrutar cada momento y explorar tu destino con mayor tranquilidad.

A medida que conozcas nuevos lugares, es posible que te encuentres con situaciones desconocidas. Sin embargo, planificar con anticipación y mantenerte alerta te permitirá afrontar estos retos con calma y confianza.

Prepara todo antes de salir de casa

Antes de viajar, consulta las recomendaciones oficiales y las alertas de seguridad de cada país. Las condiciones pueden cambiar, por lo que conviene revisar la información actualizada de fuentes gubernamentales y organismos de turismo para conocer los riesgos específicos de cada destino.

Una vez que hayas elegido los lugares que quieres visitar, consulta guías de viaje, foros online y medios de comunicación locales para conocer mejor cada zona. Quizá descubras un barrio tranquilo para pasear al atardecer o una playa frecuentada por familias. Esta información te ayudará a evitar sorpresas desagradables y a calcular mejor los tiempos de traslado entre destinos.

Consulta con un profesional de la salud especializado en medicina del viajero para saber qué vacunas necesitas. La fiebre amarilla, la hepatitis y otras enfermedades pueden representar riesgos en determinadas zonas de Sudamérica, dependiendo del país y las actividades que tengas previstas.

Aunque las grandes ciudades suelen contar con hospitales y clínicas bien equipados, en las localidades pequeñas y las zonas rurales el acceso a los servicios médicos puede ser más limitado. Ponerte al día con las vacunas antes de viajar puede ayudarte a prevenir problemas de salud durante tu estancia.

Prepara un botiquín de primeros auxilios con medicamentos para molestias comunes y otros artículos básicos que puedas necesitar. Así estarás mejor preparado, tanto si haces senderismo por la selva, recorres los Andes o simplemente descansas en la playa.

Adopta medidas para prevenir robos y estafas

Lleva contigo solo el efectivo que necesites para el día y guarda el resto en un lugar seguro de tu alojamiento. Evita llamar la atención con joyas llamativas o dejar objetos de valor a la vista. Antes de salir, utiliza un gestor de contraseñas para proteger tus cuentas y considera una vpn cuando te conectes a redes Wi-Fi públicas, especialmente si necesitas acceder a información personal.

Estos hábitos pueden reducir el riesgo de robos y fraudes relacionados con tus datos personales, para que puedas concentrarte en disfrutar de tu viaje con mayor tranquilidad.

 

Elige medios de transporte seguros

Infórmate sobre las aplicaciones de transporte que funcionan en tu destino y comprueba cuáles son las más confiables. Muchos viajeros prefieren utilizar taxis oficiales o empresas de autobuses reconocidas, sobre todo cuando llegan tarde por la noche. También puedes optar por servicios de transporte compartido recomendados por otros viajeros o por tu alojamiento, siempre que sean opciones verificadas y seguras.

Elegir un medio de transporte confiable te ayudará a reducir el estrés y te permitirá concentrarte en conocer a la gente local y disfrutar del paisaje durante el trayecto.

Aprende de los habitantes locales

Aprovecha las comidas, las compras y las conversaciones cotidianas para hablar con la gente del lugar. Muchas veces descubrirás recomendaciones que no aparecen en las guías turísticas. Los habitantes pueden sugerirte un festival con música tradicional, recomendarte un restaurante poco conocido o advertirte sobre zonas que es mejor evitar al anochecer.

Escuchar sus consejos te permitirá adaptar tus planes y descubrir experiencias inesperadas. Además, mostrar interés genuino por la cultura local puede dar lugar a conversaciones enriquecedoras e incluso a amistades que duren mucho más que el viaje.

 

Lleva contigo solo el efectivo que necesites para el día y guarda el resto en un lugar seguro de tu alojamiento. Evita llamar la atención con joyas llamativas o dejar objetos de valor a la vista. Antes de salir, utiliza un gestor de contraseñas para proteger tus cuentas y considera una vpn cuando te conectes a redes Wi-Fi públicas, especialmente si necesitas acceder a información personal.
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    Paolo Sorrentino
    Paolo Sorrentino
CINE

Europa se marchita en La Grazia de Paolo Sorrentino

29 Octubre 2026

A Roma sólo Roma ha sojuzgado

Hacia el ocaso de su presencia, Mariano de Santis se ahoga en una encrucijada ética: darle o no el ok al proyecto de ley de eutanasia capitaneado por su hija, Dorotea. Ella, de hastío patente desde el comienzo de la película, puebla el despacho de su padre con los borradores que él rechaza una y otra vez.

El futuro encandila a de Santis. Impotente, piensa patológicamente en su casta viudez, en su correcta carrera de juez y en su discreto derrotero político. Lo único que lo arranca de la abulia es el enigma que le legó su difunta mujer hace más de 40 años: un misterioso desliz confesado a medias. ¿Quién fue su amante? El magistrado ejemplar falla en su caso más importante.

Los niños, el mañana de la república, no son materia legislable en la Italia de de Santis, y su hogar es una réplica en miniatura de aquella. 

Es como si la patria se terminase en él. Padre, juez, presidente, pero no abuelo: el hijo emigró a Hollywood para componer jingles, más redituables que la amada ópera de su padre, y la hija carga con una soltería inquietante que, como una brasa, arde en el corazón de su relación. Al igual que su hermano, saltará del viejo barco en busca de un Dorado no muy preciso, pero sin dudas vital.

Las contradicciones que el proyecto de ley de eutanasia desata en el alma de Santis encuentran su epítome en el momento en el que debe decidir el destino de su caballo enfermo. Postrado en el piso, el animal agoniza bajo la atenta mirada de su amo. Todos alrededor piensan lo mismo, incluso de Santis, pero este rechaza la muerte y ordena la vida. 

Tumba de sí 

Luego del fallido intento de asesinato al Zar en 1866, Dostoievski escribió esto:

“Pero, ¿cómo se puede combatir al nihilismo sin libertad de palabra? Aun si a ellos, los nihilistas, se les diera toda libertad de palabra, aun así sería mejor; harían reír a toda Rusia con la explicación positiva de sus enseñanzas. Mientras que hoy se les atribuye la apariencia de esfinges, de enigma, sabiduría, secreto, y esto fascina a los que no tienen experiencia”. 

Europa se marchita y hay quien lo explica. 

Para dar forma al diagnóstico, ficciones como El mago del Kremlin (2022) aportan las caricaturas para nutrir la lengua de la prensa y de la academia. Con menos artilugios que el Huxley de Eminencia Gris, Giuliano da Empoli compone un guión guyritchiesco que lleva a escena fantasmas de papel mojado e intrigas sibilinas. 

El poder, en estos términos, es una eterna maquinaria imposible y anestesiante para los comunes.

No obstante, ahí está Dostoievski para recordarnos que debajo de la capucha de los magos y monjes hay apenas nada. Los viejos entuertos renovados.

Sorrentino, por su parte, evita la comodidad frívola del periodismo noir. En de Santis, en sus hijos y en sus dilemas, logra cifrar la impotencia continental.

El hallazgo de la película consiste en la acertada representación del poder que propone, condensada en una dirigencia política apática, cuyo arquetipo es un presidente que lleva el apodo de “hormigón armado”. 

Mote que, para insistir con las correspondencias entre de Santis y su Italia, también cabe para los exteriores. En La Grazia, el afuera es el museo de un cementerio en cuyas tumbas y mausoleos moran los vivos: esa multitud envejecida y protocolar que espera el ingreso a la ópera; esos peatones poco afectos a la albertísima tramoya que monta de Santis al pasear su fracaso en una arteria romana.

La parquedad europea no soporta fricciones. 

El alma de de Santis, tampoco. 

Por eso no tolera el protagonismo que le da el poder; por eso concluye que es mejor soltar el timón y recluirse en su departamento para disfrutar de una tana pizza… Mientras Roma aún lo permita.

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    CESAC Soldati
    CESAC Soldati

¿De qué seguridad estamos hablando?

28 Octubre 2026

El martes 20 de octubre, a primera hora de la mañana, dos personas encapuchadas ingresaron al CeSAC 24, conocido en Villa Soldati como la salita de Carrillo. Saltaron un cerco y entraron por una puerta de emergencia, justo cuando comenzaba la jornada laboral. Robaron insumos y pertenencias perdonales y agredieron violentamente a dos trabajadoras de enfermería. Una recibió un golpe en el pecho. Ambas se sintieron profundamente violentadas; afortunadamente, se encuentran bien.

En el otro extremo del establecimiento, efectivos policiales custodiaban otro acceso. Sin embargo, recién tomaron conocimiento de lo sucedido una vez que el hecho ya había ocurrido.

Lo ocurrido nos enfrenta a preguntas necesarias: ¿qué significa hablar de seguridad? ¿Alcanza con que haya presencia policial? ¿Qué se protege cuando esa presencia no logra evitar que se produzca una situación como esta? ¿De qué seguridad estamos hablando cuando quienes sostienen cotidianamente un espacio de cuidado quedan expuestas a la violencia?

El CeSAC 24 no es solamente un edificio público. Es una institución fundamental para Villa Soldati, un lugar al que los vecinos se acercan en busca de atención de salud, escucha, acompañamiento y respuestas. Es también un espacio que construye lazos, sostiene vínculos y forma parte de una red comunitaria indispensable para la vida del barrio. Lo que allí sucede no afecta únicamente a quienes estaban presentes: interpela a toda una comunidad.

Frente a lo ocurrido, las y los trabajadores convocaron a las autoridades, realizaron una asamblea y recibieron la visita del comisario de la Comuna 8, junto con el abrazo de personas de otras instituciones y vecinos. Dos días después volvieron a reunirse para reflexionar colectivamente sobre lo sucedido. A partir de estos encuentros, también comenzaron a organizar una respuesta comunitaria.

El jueves 29 de octubre, desde las 8 de la mañana, se realizará una caravana que partirá del CeSAC 24 y llegará a al comedor Las Gemelas, donde, a las 10, comenzará un posta de salud. La iniciativa expresa una decisión política y colectiva: frente a la violencia, encontrarse, acompañarse y sostener los espacios que hacen posible el cuidado en el territorio.

En el ámbito legislativo también se impulsó un pedido de informes al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para conocer las circunstancias del hecho, las condiciones de seguridad del centro de salud y las medidas preventivas previstas. La iniciativa incluye, además, la posibilidad de evaluar una mesa de trabajo con los trabajadores y los vecinos. Son acciones necesarias para esclarecer lo sucedido y exigir respuestas institucionales.

Ahora bien, lo ocurrido en Villa Soldati no puede analizarse de manera aislada. La pregunta por la seguridad en un centro de salud también nos lleva a una discusión más amplia sobre el accionar de las fuerzas de seguridad en la Ciudad de Buenos Aires y sobre el modelo de protección que se promueve desde el Gobierno porteño.

Asistimos a reiteradas situaciones de violencia institucional contra quienes se movilizan para defender sus derechos, contra trabajadores de la economía popular y contra quienes habitan los barrios populares. Las imágenes de represión, persecución y hostigamiento se vuelven parte de una escena cotidiana. En nuestros barrios, las llamadas tormentas negras también expresan una forma de intervención estatal de intimidación y avasallamiento, en vez de garantizar derechos.

En este contexto, también es necesario preguntarnos cómo se construye socialmente la idea de seguridad y qué sentidos se promueven desde el discurso público. Se monta un espectáculo mediático destinado a convencer a una parte de la sociedad de que perseguir, reprimir y expulsar es cumplir con la ley y garantizar el orden.

Pero ¿de qué orden hablamos? ¿De una ciudad que reconoce a sus habitantes como sujetos de derechos o de una que parece imaginar un muro alrededor de la avenida General Paz, mientras acorrala a los habitantes de las villas en sus propios barrios?

Esta forma de entender el orden social entra en contradicción con una concepción de la seguridad basada en la garantía de derechos. Porque si la respuesta a los conflictos consiste en perseguir, segregar y expulsar, la pregunta ya no es solamente cómo se protege a la población, sino también quiénes quedan fuera de esa protección.

La seguridad no puede construirse sobre el miedo, la persecución ni la vulneración de derechos. Tampoco puede limitarse a la presencia policial una vez que el conflicto ya estalló. Necesitamos preguntarnos por las causas, por las condiciones sociales que atraviesan a nuestras comunidades y por las responsabilidades políticas e institucionales que suelen quedar fuera de escena.

Discutir qué seguridad queremos implica también revisar qué entendemos por proteger y cuidar. Desde esa perspectiva, una institución de salud no es solamente un edificio que debe ser custodiado: es un espacio de encuentro, de cuidado y de construcción de vínculos. Una escuela no es únicamente un establecimiento que debe permanecer protegido: es también un lugar donde se construye ciudadanía. Un barrio no es un territorio que deba ser controlado: es una comunidad que necesita condiciones dignas para vivir, encontrarse y desarrollarse.

Construir otras formas de seguridad requiere, entonces, fortalecer las condiciones que hacen posible el cuidado colectivo. Cuando la violencia irrumpe en estos espacios, no alcanza con buscar respuestas individuales ni con reforzar la vigilancia. Necesitamos construir respuestas colectivas que permitan abordar los conflictos, recuperar la confianza y fortalecer las redes comunitarias.

Esto no significa desconocer la gravedad de los hechos ni renunciar a la responsabilidad del Estado de garantizar la seguridad. Significa discutir cómo debe hacerlo, con qué políticas y bajo qué principios. Porque garantizar seguridad también es garantizar el acceso a la salud, la educación, la vivienda digna y las condiciones materiales que permiten construir una vida en comunidad.

En ese camino, la palabra ocupa un lugar fundamental. Allí donde hay violencia y vulneración de derechos, necesitamos poner palabras. Nombrar lo que sucede, habilitar la escucha y construir espacios para elaborar colectivamente aquello que nos duele y nos preocupa.

La comunicación también es una práctica de cuidado. Permite que circule la palabra, que las experiencias individuales encuentren un sentido colectivo y que nadie tenga que atravesar en soledad aquello que nos afecta como comunidad. Comunicar no es solamente transmitir información: es encontrarnos, reconocernos y construir herramientas para transformar aquello que nos lastima.

Frente a la violencia, el abrazo simbólico, la organización y la presencia comunitaria no son gestos ingenuos ni respuestas menores. Son formas de construir un tejido social capaz de sostenernos, defender nuestros derechos y disputar los sentidos que se imponen sobre nuestros barrios.

Todo esto nos devuelve a la pregunta que atraviesa esta reflexión: ¿qué seguridad queremos? ¿Una seguridad que confunda orden con obediencia, protección con vigilancia y justicia con castigo? ¿O una seguridad que garantice derechos, cuide a quienes cuidan y reconozca a los habitantes de los barrios populares como sujetos de derecho y protagonistas de las políticas públicas?

La pregunta no es solamente quién nos protege. También es cómo nos cuidamos, qué Estado necesitamos y qué comunidad queremos construir.

La salida es colectiva. La seguridad también debe ser un derecho.

* Contacto del autor: Instagram: @laurentzandriessen

 

 

Todo esto nos devuelve a la pregunta que atraviesa esta reflexión: ¿qué seguridad queremos? ¿Una seguridad que confunda orden con obediencia, protección con vigilancia y justicia con castigo? ¿O una seguridad que garantice derechos, cuide a quienes cuidan y reconozca a los habitantes de los barrios populares como sujetos de derecho y protagonistas de las políticas públicas?
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Registrarse en CATBET desde el celular: guía para jugar en el móvil

28 Octubre 2026

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    Gabriel Merino
APU PODCAST

Gabriel Merino: "Sudamérica está en una década perdida, como fue la de 1980"

27 Octubre 2026

El sociólogo y doctor en Ciencias Sociales Gabriel Merino analiza la crisis del orden mundial surgido tras el fin de la Guerra Fría, el ascenso de China, el rol de Rusia y las disputas por la influencia global. En diálogo con AGENCIA PACO URONDO, también examina las oportunidades y los riesgos que enfrenta Sudamérica, el vínculo del gobierno de Javier Milei con Estados Unidos y China, y los desafíos del peronismo para construir una estrategia geopolítica propia.

APU: ¿Se está reconfigurando el orden mundial? ¿La globalización como esquema quedó atrás? Y, si quedó atrás, ¿qué significa en términos prácticos? Se habla mucho del final de la globalización, pero ¿qué significa concretamente?

Gabriel Merino: La globalización quedó atrás o murió como proyecto del Occidente geopolítico. La globalización no significa solamente que exista una economía mundial, algo que ya ocurre desde el siglo XV, con la incorporación del continente americano a la economía afroeurasiática, que ya tenía una gran cantidad de intercambios. En los siglos XV y XVI empieza a conformarse un sistema mundial en ese sentido, con una economía mundial, sus relaciones centro-periferia, sus intercambios comerciales y sus flujos de capital y de trabajo.

Lo que ese proyecto de nueva globalización, impulsado por el Occidente geopolítico, intentó construir fue una estructura de poder global, una gobernanza mundial que, de alguna manera, erosionara completamente la soberanía de los Estados nacionales, desnacionalizándolos y construyendo estructuras de poder mundial. Los tribunales internacionales, el FMI funcionando como si fuera un ministerio de Finanzas de la economía mundial, el Banco Mundial como un ministerio de planificación e infraestructura global, la centralidad del dólar y la Reserva Federal de Estados Unidos formaban parte de ese esquema. También estaba la idea de una moneda global a través de los derechos especiales de giro del FMI y el programa político del Consenso de Washington.

Ese era el programa fundamental, con sus diez puntos, que se imponía como una forma de organización estatal. No era meramente un programa: se imponía y los países tenían que seguir esa receta, un poco como está haciendo Milei ahora, aunque a destiempo. Muchos países siguen ese camino fuera de época. Eso es lo que murió, porque incluso dentro del propio Occidente geopolítico emergieron fuerzas nacionalistas o llamadas soberanistas, que cuestionan ese esquema y se enfrentan a instituciones centrales de aquel proyecto, como la Organización Mundial del Comercio (OMC).

El propio Trump dice que la OMC ya no sirve porque Estados Unidos perdió una parte considerable de su primacía productiva y, por lo tanto, ya no le conviene que existan tribunales que arbitren el comercio mundial bajo el paradigma del libre comercio. Podemos profundizar en los distintos aspectos de lo que murió. Lo que estamos atravesando es una transición: sigue existiendo una economía mundial.

APU: El mundo de la globalización, construido bajo el liderazgo de Estados Unidos después de la crisis de la Unión Soviética, produjo una paradoja: un esquema organizado desde Estados Unidos terminó poniendo en crisis al propio país que lo había desarrollado, a partir del crecimiento de otra potencia, China, que se benefició con esa globalización Ahora el país que creó la globalización quiere cambiar el sistema. 

GM También hay que señalar que, desde 2009, con el surgimiento de los BRICS —primero Brasil, Rusia, India y China, y después Sudáfrica—, empezó a configurarse un esquema de poder alternativo. La resistencia a la globalización no viene solamente de Estados Unidos. En América Latina también empezó a desarrollarse una posición contraria al mundo unipolar, al Consenso de Washington y a la globalización financiera neoliberal. Porque, además, el comando de ese proceso está en manos del gran capital financiero transnacional y de sus empresas asociadas.

En Rusia, con el surgimiento de Putin y las políticas vinculadas a la doctrina Primakov, y en China, con el giro de sus políticas a fines de los años noventa y comienzos de los 2000, comenzaron a desarrollarse estrategias más soberanistas. No es casualidad el surgimiento de los BRICS. No se trata solamente de que determinados sectores dentro de Estados Unidos entren en crisis, sino también de que empieza a haber una resistencia al mundo unipolar y a la globalización financiera neoliberal por parte de actores del Sur Global y de la semiperiferia del sistema, que no estaban en el centro de las decisiones.

APU: Hoy se plantea que China ya superó a Estados Unidos como potencia económica. Cuando comparamos a las dos potencias, vemos que hay aspectos en los que sigue predominando la supremacía norteamericana, pero China la está alcanzando en muchos otros. ¿Ese es, más o menos, el diagnóstico?

GM: Si definimos lo económico en cuatro dimensiones, China ya superó a Estados Unidos en varias de ellas. El producto industrial chino equivale o supera al de Estados Unidos, Alemania y Japón juntos; incluso puede sumar a Corea del Sur y otros países. China es el gigante productivo por excelencia, la fábrica del mundo.

En términos tecnológicos, que es otra dimensión, China lidera gran parte de las tecnologías. Hay estudios que analizan 44 tecnologías fundamentales y sostienen que China lidera entre 38 y 39. Otros hablan de más de 70 tecnologías, de las cuales China lideraría más de 60. Son estudios distintos y cada uno tiene sus particularidades, pero lo cierto es que la brecha tecnológica prácticamente ha desaparecido. En inteligencia artificial, Estados Unidos puede tener algunas ventajas en determinados aspectos, como los grandes modelos de lenguaje, aunque esa distancia se redujo mucho con DeepSeek y Qwen 3. En semiconductores, la brecha también se está achicando, mientras que China lidera en otras aplicaciones de inteligencia artificial.

En tecnología, China ya ocupa una posición central y gasta mucho más que Estados Unidos en inversión en ciencia y tecnología si se mide en términos de paridad de poder adquisitivo. En comercio, China también lidera. En finanzas, en cambio, Estados Unidos sigue siendo el número uno y mantiene la primacía del dólar. Creo que esa es la última gran dimensión económica en la que Estados Unidos conserva una posición dominante.

Después hay otros aspectos, como el militar. Allí Estados Unidos tenía una ventaja muy fuerte, pero China ha reducido enormemente esa distancia, incluso en un aspecto clave como el poder naval. En los últimos tres años, China construyó más del doble de capacidad naval que Estados Unidos. El propio Congreso estadounidense y algunas agencias de inteligencia han señalado en informes que Estados Unidos perdió la primacía naval en el Pacífico occidental. Además, China coordina muchas acciones con Rusia. Si bien Estados Unidos puede seguir siendo la primera potencia militar, la segunda y la tercera actúan de manera muy coordinada. Eso genera otro equilibrio de poder en el principal tablero geopolítico mundial, que es Eurasia.

APU: En ese punto aparece el papel de Rusia. Vos planteás que juega en tándem con China. ¿No considerás la hipótesis de que, en realidad, existe un acuerdo tácito entre Rusia y Estados Unidos?

Gabriel Merino: No, para nada. Puede haber ciertos coqueteos y movimientos tácticos a partir de la llegada de Trump, pero la relación entre China y Rusia es estructural. Se inició en 1996, cuando el actual canciller ruso, Serguéi Lavrov, presentó junto con su par chino, en el Consejo de Seguridad de la ONU, un documento sobre la necesidad de avanzar hacia un mundo multipolar.

También aparece allí la doctrina Primakov, que guía los destinos rusos desde 1997 y 1998, sobre todo con Putin: pasar de un mundo unipolar a uno multipolar. Esa multipolaridad se construye en Eurasia y allí aparece el triángulo geoestratégico de Primakov, que no incluye solamente a China, sino también a India. Por eso vemos una relación tan importante entre Rusia e India. India es el principal comprador de armas rusas y, después de la guerra en Ucrania, multiplicó sus compras de petróleo a Rusia.

Ese es el triángulo de Primakov. Después está la prioridad rusa sobre el extranjero cercano, es decir, las antiguas repúblicas soviéticas, hacia las que Estados Unidos intentó expandir su influencia. En Asia Central, Rusia y China acordaron no interferir en sus respectivos intereses y cooperar a través de una organización clave, que hoy tiene una relevancia fundamental: la Organización de Cooperación de Shanghái. Después se sumaron India, Pakistán e Irán. Me parece muy difícil desarmar esa estructura.

El comercio entre China y Rusia supera los 200.000 millones de dólares y hay proyectos de infraestructura muy importantes. A Rusia le conviene ser una gran proveedora de materias primas, sobre todo hidrocarburos, para China, porque lo hace desde una posición soberanista y fortaleciendo sus empresas nacionales. También hay cooperación para desarrollar la ruta del Ártico, la ruta del norte, que beneficia enormemente a Rusia. Tanto China como Rusia se benefician de no tener que preocuparse por sus respectivos flancos oriental y occidental.

Para Rusia, el principal problema siempre fue el flanco occidental. Hoy ya definió que su orientación estratégica es hacia el este. Creo que Estados Unidos se dio cuenta de que cometió un error al empujar tan fuertemente a Rusia hacia China. El resultado fue muy negativo. Las intervenciones en Ucrania para destituir a Yanukóvich, imponer un gobierno prooccidental junto con aliados occidentales y fuerzas internas, y comenzar a construir poder con la OTAN en ese país no tuvieron el resultado esperado.

Estados Unidos esperaba un colapso de Rusia que no ocurrió. Ahora se abre otro escenario, con contradicciones importantes. Por un lado, la administración Trump impulsó sanciones secundarias muy fuertes contra Rusia, tratando de golpear a sus socios, como India. Pero, por otro lado, en una situación electoral muy complicada, Trump también buscó flexibilizar sanciones al diésel ruso y comprar ese combustible para mejorar su desempeño electoral.

Putin y Rusia prefieren una administración como la de Trump antes que una dominada por el sector neoconservador. Los neoconservadores son antirrusos, mientras que el sector nacionalista es algo menos hostil. Por eso a Rusia le conviene una administración como la de Trump antes que una como la de Biden, más vinculada al globalismo y más abiertamente enfrentada a Rusia.

Hay otro dato que me parece importante remarcar. Tres días antes de que Trump asumiera el gobierno, Rusia firmó un acuerdo estratégico integral con Irán. Quienes estudiamos estos temas sabíamos que con la llegada de Trump también ganaría poder un sector importante de los neoconservadores, que buscarían avanzar contra Irán. Rusia, por lo tanto, también cuida a sus socios euroasiáticos. Y recordemos que fue Trump quien autorizó el envío de armas pesadas Javelin a Ucrania en 2018.

Hay que complejizar la mirada y observar los matices entre las administraciones globalistas y las nacionalistas, así como las diferencias entre nacionalistas y neoconservadores.

Estados Unidos, Rusia y China

APU: De acá en adelante, ¿ves una consolidación de tres potencias y sus respectivas zonas de influencia, con un mundo organizado de esa manera y las demás potencias respetando los espacios de cada una? ¿O imaginás un escenario más complejo, en el que también tengan peso otras potencias regionales en las negociaciones internacionales? ¿Qué puede pasar en los próximos diez o veinte años?

GM: Veo más probable el segundo escenario. En primer lugar, todavía no hay un orden mundial consolidado, porque los órdenes surgen cuando hay vencedores y se alcanzan acuerdos, como ocurrió en Yalta y Potsdam después de la Segunda Guerra Mundial. Aquella transición de poder duró entre treinta y cuarenta años, desde 1910-1914 hasta 1945-1949.

Hoy estamos más cerca del escenario de los años treinta que del de 1945-1949: atravesamos una guerra mundial híbrida y fragmentada.

En segundo lugar, creo que la idea de las zonas de influencia es un discurso muy estadounidense, que busca asegurar lo que Washington denomina hemisferio occidental. Estados Unidos necesita hacerlo en medio de un repliegue estratégico, después de una serie de resultados negativos en Ucrania, en Irán y en la guerra comercial y tecnológica contra China. En ese contexto, plantea que debe asegurar su propio hemisferio.

Esa región, especialmente Sudamérica y el espacio al sur de Colombia y Venezuela, puede constituirse como un polo emergente y actuar como un actor geoestratégico propio. La clave para que eso suceda es la articulación entre Argentina y Brasil, algo que se intentó y funcionó parcialmente entre 2002 y 2015-2016.

APU: ¿Estados Unidos puede replegarse sobre América?

GM: Estados Unidos no puede permitir que China se quede con Asia-Pacífico, que representa aproximadamente la mitad de la economía y de la población mundial. Si aceptara decir «yo me quedo con el hemisferio occidental y vos con Asia-Pacífico», significaría que perdió. Tampoco puede permitir que Rusia consolide su posición central en Eurasia, un espacio estratégico que además se abre al Ártico y amenaza posiciones estadounidenses en Europa occidental, una de sus principales cabezas de puente en Eurasia.

Estados Unidos tiene un problema geográfico: es una isla-continente, mientras que el gran tablero geopolítico está en Eurasia. Si Eurasia se articula, eso representa un problema enorme para Washington. Por eso considero que el discurso de las zonas de influencia tiene mucho de estrategia estadounidense.

Las potencias emergentes no están necesariamente interesadas en establecer zonas de influencia tan rígidas ni en organizar el mundo en bloques cerrados. Por eso digo, de manera provocativa, que China y Rusia se mueven con una suerte de internacionalismo soberanista. Cooperan en los BRICS, en la Organización de Cooperación de Shanghái y en la construcción de un nuevo banco de desarrollo, pero buscan fortalecer su soberanía y ampliar su margen de maniobra como actores políticos y estratégicos en sus regiones.

Es otra dinámica de poder. Intentan construir asociaciones, no alianzas rígidas. Rusia y China tienen asociaciones profundas con Irán, y es evidente el respaldo que ambas le dieron durante el conflicto con Israel y Estados Unidos. China también viene contribuyendo a desarticular el cerco económico contra Irán a través de la cooperación que comenzó a desarrollarse en 2021 y 2022, con el acuerdo alcanzado en Beijing.

La idea es construir asociaciones antes que alianzas. ¿Qué harían China y Rusia en Asia Central si se organizaran en zonas de influencia rígidas y tuvieran que disputar cuál de las dos manda en cada lugar? Eso conduciría al conflicto. En cambio, cooperan para evitar que, en ese bajo vientre que es Asia Central, intervenga o interfiera el Occidente geopolítico de una manera que afecte sus intereses. Creo que tenemos que entender de otra manera la dinámica actual y la relación entre estas potencias.

APU: China se convirtió en la gran fábrica del mundo, pero sus manufacturas también avanzan sobre las industrias de los países con los que comercia. ¿No puede generarse una tensión en ese punto? China tiene una enorme capacidad productiva y podría plantear que el mercado defina quién gana: sus manufacturas son más baratas y, por lo tanto, pueden desplazar a las de otros países. ¿No existe ese riesgo, tanto para Rusia como para otros países de desarrollo medio?

GM: Sí, existe. Pero creo que la tensión principal hoy se produce con el Norte Global, porque China está compitiendo con Estados Unidos, Europa occidental y Japón en sectores donde antes tenían el monopolio: los productos tecnológicamente más avanzados y de mayor valor agregado.

Todo estaba bien cuando China ensamblaba iPhones a diez dólares por pieza. El problema aparece cuando llegan gigantes como Xiaomi y Huawei, con sus propios teléfonos inteligentes, y empiezan a competir con Apple. Ese es el gran problema del Norte Global. No había inconvenientes con una China que funcionara como fábrica y ofreciera mano de obra barata para las empresas transnacionales. El problema aparece cuando China desarrolla tecnología avanzada, grandes maquinarias, autos eléctricos y otros productos de alto valor agregado.

Por supuesto, todos los países van a tener que administrar su relación comercial con China. Por eso considero que sería un error garrafal adoptar un esquema librecambista. Siempre lo consideré así, aunque tampoco se trata de avanzar hacia una autarquía total, porque eso genera economías ineficientes. Mucho menos en una economía de desarrollo medio como la Argentina, con su estructura social y productiva.

La autarquía no es una solución, pero tampoco lo es el librecambismo si queremos construir complejidad productiva. Esto vale ahora con China, como antes valía con Estados Unidos. En su momento, los sectores industriales y productivos rechazaron de manera contundente el ALCA, el Área de Libre Comercio de las Américas, porque implicaba poner en un mismo esquema de libre comercio dos estructuras completamente diferentes: la de Estados Unidos y la de los países del Mercosur. Con China hay que tener todavía más cuidado.

Lo que necesitamos es una estrategia. ¿Cómo lo hace Rusia? Protege los sectores que considera estratégicos y en los que quiere impulsar su industria. China puede aceptar ese esquema porque, en lugar de venderle productos finales, le vende insumos y máquinas. Así hace negocios en los dos niveles. Si vos querés avanzar en la sustitución de importaciones, ¿a quién le vas a comprar buena parte de las máquinas y de los insumos industriales? Probablemente a China.

Creo que existe margen para industrializarse también a partir de la relación con China. Indonesia, por ejemplo, decidió dejar de exportar níquel crudo y procesarlo en su propio territorio. China aceptó las nuevas condiciones y comenzó a invertir en refinerías de níquel en Indonesia, contribuyendo al desarrollo de esa industria.

En ese sentido, China no actúa necesariamente como lo hacía el patrón imperialista occidental, que utilizaba intervenciones político-militares para beneficiar sus propios procesos de acumulación. Sin embargo, genera una enorme asimetría. Por eso digo que hay que evitar a toda costa una nueva dependencia y esas asimetrías.

El rol de Sudamérica

APU: Te llevo a Sudamérica. Leí un artículo tuyo y, por supuesto, corregime si lo interpreté mal. Planteabas que, por un lado, hay una oportunidad para la región en este mundo complejo, con distintas potencias y bloques, porque Sudamérica podría constituirse como un bloque propio y negociar desde esa posición. El escenario internacional habilita esa posibilidad, pero al mismo tiempo existe un riesgo importante: Estados Unidos se está replegando sobre la región y va a aumentar las presiones sobre Sudamérica, particularmente sobre Argentina y Brasil. ¿Lo ves de esa manera?

GM: Sí, exactamente. Esa es nuestra complejidad. Lamentablemente, no estamos pudiendo aprovechar al máximo este escenario de multipolaridad para actuar como un polo propio en un mundo relativamente multipolar. Insisto con lo de relativo porque tenemos dos grandes superpotencias, Estados Unidos y China; después aparece Rusia, bastante más atrás, y luego otros actores, como India. En otro nivel empiezan a jugar países como Brasil.

La cuestión central es que no estamos pudiendo aprovechar esa oportunidad. No es casualidad que la década 2015-2025 haya sido, en términos de crecimiento e indicadores económicos y sociales, peor que la década perdida de los años ochenta para la región. Vinculo ese estancamiento con el abandono de una estrategia autonomista regional. Perdimos capacidades soberanas y quedamos subordinados a otra dinámica.

APU: Decías que la década que va de 2015 a 2025 fue una década perdida para la región, incluso peor que la famosa década de 1980. ¿Por qué perdimos esa década? Uno podría decir que fue un período en el que creció mucho el comercio con China y en el que aumentó su peso en América Latina.

GM: El auge del comercio con China había comenzado antes, a principios de los años 2000. De hecho, el superciclo de los commodities estuvo vinculado con la demanda china y con el crecimiento de los grandes núcleos industriales de Asia-Pacífico.

Lo que ocurrió fue que dejamos de aprovechar esa relación comercial y los excedentes que generaba para impulsar proyectos productivos, desarrollar infraestructura y proteger la industria. Volvimos a un neoliberalismo periférico, de la mano de un giro conservador y de la desarticulación regional. Se desarticularon la Unasur y los procesos autonomistas. Dejamos de actuar y de pensarnos como un pueblo emergente.

Es cierto que dependíamos de los precios internacionales, pero no es casualidad que ya en 2009, 2010 y 2011 algunos de los poderes fundamentales del Estado profundo estadounidense comenzaran a considerar una amenaza para su seguridad nacional a los procesos que se desarrollaban en la región. Eso aparece en documentos de aquellos años y apunta claramente, por ejemplo, contra la Unasur.

En 2012 surgió, bajo una estrategia de orientación globalista, la Alianza del Pacífico, que contribuyó a fracturar la región. Colombia y Chile quedaron articulados con el Acuerdo Transpacífico, una iniciativa que involucraba a doce países y que buscaba establecer las reglas del capitalismo del siglo XXI, contener a China y limitar el ascenso de los países emergentes.

A partir de 2014 comenzaron a acumularse problemas en la región, con golpes e intervenciones más o menos explícitas. Por supuesto, no se trata solamente de un actor externo: también hay fuerzas políticas y económicas internas que impulsan ese esquema. En su momento, algunos sectores locales se aliaban con Inglaterra para mantener una estructura semiperiférica frente al Norte industrial, que buscaba desarrollar un proyecto nacional. Aquella disputa desembocó en la guerra civil. En nuestro caso no llegamos a un conflicto de esa magnitud, pero hay que entender que la dependencia no es solamente un fenómeno externo: también tiene raíces internas.

Creo que estamos atrapados en esa dinámica. Y algo parecido le pasa a Europa. Muchas veces se habla del Sur Global como si fuera un espacio homogéneo, pero existe una gran divergencia dentro de él. Una cosa ocurre en Asia y en algunos países africanos y otra muy distinta en América Latina, que no está siguiendo el mismo proceso de ascenso de las economías emergentes.

También tenemos que reconocer nuestros propios problemas. El programa económico y social que buscaba democratizar el capitalismo periférico, distribuir más ampliamente las rentas de los commodities, ganar soberanía y fortalecer la cooperación regional comenzó a mostrar sus límites hacia 2011 y 2012. Perdió fuerza frente a los nuevos desafíos geopolíticos y geoeconómicos.

Creo que ya no existen las mismas condiciones para aquel programa progresista de democratización del capitalismo periférico. Las condiciones económicas, geopolíticas y mundiales cambiaron y se necesita otro programa. Las comparaciones pueden resultar odiosas, pero podríamos pensar en lo que ocurrió con el yrigoyenismo a partir de 1928, 1929 y 1930: se desmoronó la hegemonía británica, se generalizó la disputa geopolítica, cayeron los precios internacionales de los commodities y dejó de ser posible democratizar la renta agraria. Aquel programa, que no era solamente nacional, se pulverizó porque ya no existían las condiciones para sostenerlo.

Algo parecido ocurrió después en nuestra región. Por eso, entre 1943 y 1945 emergió otro programa de cambio mucho más estructural, apoyado también en otra fuerza social. Todavía no apareció algo equivalente en América Latina.

APU: Quiero llevarte a Milei y a la relación con Estados Unidos. Uno podría decir que existe una subordinación política total, incluso sobreactuada, con Trump. Sin embargo, en lo económico el comercio con China sigue fluyendo, las empresas chinas ganan licitaciones e incluso les ganan licitaciones a empresas argentinas, mientras el Presidente sale a insultar a los empresarios nacionales, que tienen o tuvieron mucho poder en el país. Es como si Estados Unidos quisiera recuperar el liderazgo sobre la región y tener gobiernos subordinados políticamente, pero al mismo tiempo existiera cierto margen de acción en el terreno económico. ¿Cómo entendés esa relación?

GM: Estados Unidos y quienes toman las decisiones en ese país saben que, si no comerciás con China, el proyecto de neoliberalismo periférico semicolonial se vuelve inviable, incluso en un esquema de protectorado. ¿A quién le vas a vender soja, hierro y otras materias primas? Es evidente que la principal plataforma industrial del mundo es China y que toda la región de Asia-Pacífico va a demandar enormes cantidades de materias primas que Sudamérica comercializa.

¿Qué quiere Estados Unidos? Intermediar en ese comercio. Por eso digo que podemos volver a un esquema parecido al de los siglos XV, XVI, XVII y XVIII, cuando el Cerro de Potosí producía una parte importante de la plata mundial y gran parte de esa plata terminaba en China. China representó aproximadamente un tercio de la economía mundial hasta comienzos del siglo XIX.

Las potencias europeas buscaban convertirse en actores centrales del comercio afroasiático, especialmente con Asia-Pacífico. A partir de ese comercio y de la plata construyeron sus armadas y sus imperios coloniales. La industrialización llegó mucho después, sobre todo en el siglo XIX, cuando también comenzó la subordinación de China y el llamado siglo de la humillación, marcado por las guerras del opio impulsadas por los británicos.

Creo que el problema de nuestra región es caer nuevamente en esa lógica: seguir comerciando con China, por supuesto, pero sin soberanía, de manera completamente subordinada y mediada por otros actores.

El peor escenario sería una subordinación político-estratégica total a Estados Unidos, sin margen de maniobra, combinada con un programa de neoliberalismo periférico que vende materias primas a China de manera intermediada y entrega toda la complejidad productiva que todavía conservamos y que resulta fundamental para sostener el desarrollo.

Ya lo vimos con Bolsonaro. Era un aliado muy cercano de Trump, pero su vicepresidente, Hamilton Mourão, viajó a China. Existe una relación económica inevitable entre China y Brasil. Lo que China tiene que entender es que Brasil forma parte del hemisferio occidental.

Ese esquema también avanza con Milei. La relación con China queda administrada, en última instancia, bajo las condiciones que establece Estados Unidos: qué se puede hacer y qué no. Por ejemplo, se restringen las posibilidades de cooperación con China en ciencia, tecnología e infraestructura estratégica. No se pueden construir centrales nucleares con ese país ni comprarle armamento; tampoco se contempla la compra de armas a Rusia. Esas restricciones limitan el margen de decisión argentino.

Y el peronismo

APU: Para terminar, seguimos en la Argentina. Más o menos sabemos cuál es la orientación de Milei, pero ¿qué estás viendo en el peronismo respecto de estas discusiones? ¿Hay un solo peronismo o también existe una discusión interna acerca de dónde posicionarse y qué estrategia adoptar en este nuevo mundo?

Gabriel Merino: El peronismo está bastante fragmentado y perdido en ese sentido. Lo mismo ocurre con las fuerzas nacionales y populares. Me parece que hay un primer problema fundamental: la falta de un diagnóstico adecuado. Muchos están pensando este escenario como si fuera el de la Guerra Fría, pero existe una diferencia fundamental. No estamos ante un mundo bipolar ni ante una hegemonía estadounidense consolidada. Estamos en un escenario de transición.

Tampoco hay bloques cerrados, sino otra dinámica. Es más parecido a lo que planteaba el papa Francisco cuando hablaba de una tercera guerra mundial en cuotas: una guerra mundial híbrida y fragmentada.

El peronismo tiene un problema de diagnóstico, pero también dejó de pensar algunos puntos fundamentales de la geopolítica de Perón. Uno es la tercera posición. Si en el siglo XX había que pensar una tercera posición entre dos grandes potencias, ahora tenemos que preguntarnos cuál es la tercera posición en el siglo XXI. La respuesta debería ser construir un pueblo emergente en un escenario multipolar.

Otra clave que una parte del peronismo abandonó es el continentalismo. Hay que avanzar hacia una integración continental. Perón señalaba que en América existen dos grandes orientaciones de integración: la anglosajona y la hispanoamericana o iberoamericana. Lo que había que impulsar era la integración hispanoiberoamericana, no la anglosajona, porque esta última nos deja en una posición subordinada y periférica. Ese es otro de los aspectos del pensamiento peronista que no se recuperan suficientemente.

También creo que hubo tres grandes derrotas del nacionalismo popular después de la dictadura. La primera fue aceptar al Occidente geopolítico como espacio de pertenencia, cuando el peronismo se había pensado desde una perspectiva iberoamericana, hispanoamericana y de tercera posición.

La segunda fue abandonar el horizonte del justicialismo como modelo económico y social. El justicialismo no supone producir capitalísticamente y distribuir justicialísticamente. Es una concepción integral, un modelo económico, político y social que articula de otra manera la propiedad pública, cooperativa y privada. Tiene otra orientación respecto del capitalismo, aunque eso no significa negar la existencia del capital o del mercado.

La tercera derrota fue aceptar la democracia liberal en lugar de recuperar la idea de democracia social que proponían el peronismo y las fuerzas nacionales y populares. Esa democracia social aparece en los planes quinquenales y es diferente de la socialdemocracia. Está fuertemente inspirada en la idea de comunidad organizada, que no proviene solamente de la doctrina social de la Iglesia, sino también de las concepciones de las fuerzas populares que el peronismo sintetiza y que tienen distintas influencias.

Todo eso hay que repensarlo. No alcanza con repetirlo como una consigna. Puede ayudarnos mucho a comprender la etapa actual, que tiene ciertos puntos de contacto con el período de transición del poder mundial en el que emergió el peronismo, aunque, por supuesto, las circunstancias son diferentes.

Todos los países van a tener que administrar su relación comercial con China. Por eso considero que sería un error garrafal adoptar un esquema librecambista. Siempre lo consideré así, aunque tampoco se trata de avanzar hacia una autarquía total, porque eso genera economías ineficientes. Mucho menos en una economía de desarrollo medio como la Argentina, con su estructura social y productiva
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    Néstor 25 de Mayo

El hombre común

27 Octubre 2026

«Vengo a proponerles un sueño.»
Néstor Kirchner, 25 de mayo de 2003

 

Hoy se cumplen dieciséis años, y cada 27 de octubre el corazón me lleva al mismo lugar, al mismo sentimiento, a esos días en que lo despedimos. Primero en la fila, con mis compañeros y mis compañeras, diez horas en la calle, abrazados, llorando, esperando llegar hasta él para despedirlo como lo habíamos querido siempre, desde la militancia. Y después adentro de la Casa Rosada, donde me tocó entrar para acompañar, y donde lo único que recuerdo es a ese pueblo que no dejaba de llegar, que no venía a pedir nada, que solo venía a dar las gracias y a dejar su amor. Y entre toda esa gente, tantas mujeres. Mujeres grandes, con el pañuelo apretado en la mano, que se acercaban y le decían gracias, bajito, como se le dice a alguien de la familia. Muchas se habían jubilado por primera vez en su vida, después de haber trabajado siempre sin que nadie se lo reconociera. No venían a despedir a un presidente. Venían a despedir a alguien que las había mirado. Esa despedida fue la evidencia más clara de lo que sucede en un pueblo cuando un gobierno le transforma la vida. Ahí estaban, uno detrás de otro, los miles y miles de argentinos y argentinas por los que Néstor había entregado la suya. Él lo sabía, siempre lo supo: que la palabra pueblo encierra sueños, y que la política peronista existe para convertir esos sueños en realidad efectiva, en un trabajo, en una jubilación, en un hijo que estudia, en una casa propia. Ese día la política dejó de ser abstracta. Tuvo cara, tuvo nombre, tuvo lágrimas. Se convirtió en despedida. Y yo no supe qué decir esa noche, y creo que todavía hoy no sé decirlo mejor que ellas: gracias.

Esa despedida explica también lo primero que le debemos, antes que cualquier ley, antes que cualquier número, antes que cualquier obra: nos devolvió una palabra. Hizo que la política y la militancia volvieran a ser buenas palabras. Hay que acordarse de dónde veníamos para entender lo que eso significa. Veníamos del que se vayan todos, de las cacerolas y las balas, de cinco presidentes en una semana, de un país donde más de la mitad de la gente era pobre y donde la política era, para la inmensa mayoría, sinónimo de estafa, de traición, de algo de lo que había que alejarse para no ensuciarse. Militar era una rareza, casi una sospecha. Los que seguíamos en esto lo hacíamos desde la resistencia, con una mezcla de terquedad y de cansancio, teniendo que explicar todo el tiempo que no éramos como ellos, que la política podía ser otra cosa. Y entonces llegó un tipo del sur, con el 22 por ciento de los votos y más desocupados que votos, como decía él mismo, y en lugar de pedir disculpas por ser político se paró en la Asamblea Legislativa y dijo que venía a proponernos un sueño. En aquel país eso era casi una provocación. Soñar, en voz alta, desde el poder. Pero Néstor no llegó solo, ni llegó de la nada, ni se pensó nunca como un iluminado. Aquel mismo día dijo que formaba parte de una generación diezmada, y lo dijo con toda la carga que esa palabra tiene en la Argentina. Era parte de una generación que en los setenta, en las aulas de La Plata, en las unidades básicas, en los barrios, había tenido un proyecto de país, y que había pagado ese proyecto con miles de compañeros y compañeras desaparecidos. Néstor no venía a inventar nada. Venía a retomar lo que había quedado interrumpido, a llevar al gobierno los sueños de los que ya no estaban. Por eso solía decir que era un hombre común con responsabilidades importantes. En esa frase, que parece modesta, hay toda una forma de entender el poder, no como algo que te eleva sobre los demás, sino como una tarea que te toca y por la que tenés que rendir cuentas, a los vivos y a los muertos. Por eso el día que asumió terminó con la frente cortada por meterse entre la gente, por eso jugó con el bastón presidencial como si fuera algo liviano, por eso nunca terminó de acostumbrarse a los protocolos ni a las distancias. No había en él solemnidad, había responsabilidad, que es otra cosa. La solemnidad mira para arriba. La responsabilidad mira para abajo, hacia aquellos por quienes uno está ahí. Y Néstor miraba para abajo todo el tiempo. Cada decisión la tomaba pensando en caras concretas. En los cascos amarillos de los obreros que volvían a las obras después de años de paradas, de fábricas cerradas, de galpones vacíos. En los docentes, que habían pasado los noventa con carpas en la plaza y que con él vieron una ley de financiamiento educativo y una nueva ley de educación que ponían a la escuela pública en el centro. En los pibes y las pibas que no tenían futuro y a los que había que devolverles la posibilidad de imaginar uno. En las mujeres, esas mismas mujeres que después lo despidieron con un gracias, amas de casa que habían trabajado toda la vida y que con la moratoria previsional pudieron jubilarse. En las diversidades, porque fue Néstor, ya diputado, el que se sentó en su banca para votar el matrimonio igualitario, cuando todavía no era un tema cómodo para nadie. En la industria nacional, que no era para él un rubro de la economía sino la condición misma de un país que pudiera darle laburo a su gente. No gobernaba para los indicadores, gobernaba para las personas que hay detrás de los indicadores.

Y gobernaba con una idea de soberanía que no era retórica. Cuando le pagó al Fondo Monetario casi diez mil millones de dólares de una sola vez, mucha gente no entendió por qué lo hacía. Lo hacía porque sabía que mientras le debiéramos al Fondo, el Fondo se iba a sentar en la mesa a decidir por nosotros. Pagar fue la forma de echarlo de la mesa. Y cuando en Mar del Plata, junto a Lula y a Chávez, le dijo que no al ALCA en la cara del presidente de los Estados Unidos, lo que estaba diciendo era que la Argentina y la región tenían derecho a decidir su propio destino. No fue un gesto de soberbia, fue un gesto de dignidad. Lo que más me impresiona, cuando lo pienso a la distancia, es que hacía todo eso trabajando veinticuatro horas, siete días a la semana, y sin perder nunca la sonrisa. Cualquiera que lo haya cruzado se acuerda de lo mismo: del chiste, del guiño, de la cargada, del abrazo apretado, de esa dulzura que convivía con una energía que no paraba nunca. Néstor sabía algo que a veces olvidamos, que sin humor y sin alegría nada sirve. Que la militancia que no se ríe se vuelve rígida, se vuelve triste, se vuelve secta. Que la política tiene que ser también un lugar donde uno es feliz, porque si no, ¿quién va a querer quedarse? Su alegría no era un adorno, era parte de su manera de construir. Pero que nadie confunda esa dulzura con debilidad. Porque el mismo tipo que te abrazaba en un acto era duro, durísimo, con las aves de rapiña de siempre, las mismas que supieron ser Cóndor. Con los que se habían enriquecido con el hambre ajeno, con los que especulaban con el precio de la comida, con los que querían que el pueblo agachara la cabeza y no peleara por sus derechos. Ahí no había sonrisa. Ahí había firmeza, una firmeza que no negociaba lo que no se podía negociar. Lo demostró con la Corte de la mayoría automática, que renovó para que la justicia dejara de ser un apéndice del poder económico. Lo demostró con las leyes de impunidad, que se anularon para que los genocidas fueran juzgados. Lo demostró aquel 24 de marzo en que mandó bajar los cuadros de los dictadores y entró a la ESMA a pedir perdón en nombre del Estado por tanto silencio. Esa doble condición, la ternura con el pueblo y la dureza con los poderosos, es quizás lo más peronista que tenía. Y lo hizo con una inteligencia política enorme, que muchas veces se recuerda menos. Néstor entendió que para cambiar un país que estaba roto no alcanzaba con los propios. Había que sumar. Y sumó lo que parecía imposible de sumar: los organismos de derechos humanos y los intendentes del conurbano, los movimientos de desocupados y la CGT, los radicales que querían otra cosa y los peronistas de toda la vida, los que venían de la izquierda y los que venían de la gestión, los jóvenes que recién llegaban y los veteranos que habían visto todo, los combatientes de Malvinas, a los que la democracia había tenido durante años escondidos como una herida incómoda, y a los que él, hombre del sur que conocía de cerca esa historia, les devolvió el lugar que merecían, el de compañeros que se habían jugado la vida por la Patria y a los que la Patria les debía reconocimiento y no olvido. Esquemas y sujetos políticos que, en cualquier manual, no podían convivir. Pero Néstor no leía manuales, leía la realidad, y tenía un objetivo que ordenaba todo lo demás: ampliar la representación. Que nadie quedara afuera, que cada sector que había sido golpeado sintiera que había un lugar donde su voz contaba. No era rosca, era construcción. La diferencia está en para qué: la rosca suma para tener, la construcción suma para transformar.

Por eso digo que la política, en Néstor, era un gesto de amor. Y no lo digo de manera edulcorada, porque no tenía nada de edulcorada. Era un amor que se ensuciaba las manos, que discutía, que se peleaba, que rompía cuando había que romper y negociaba cuando había que negociar. Un amor que no se quedaba en la declamación sino que se volvía paritaria, jubilación, escuela, obra, juicio, derecho. Porque la dignidad, como decíamos ayer, no es algo que se declama, es algo que se garantiza. Y Néstor la garantizó convirtiéndola en norma y no en excepción, haciendo que lo que antes era noticia, un laburo en blanco, una jubilación, un pibe en la escuela, pasara a ser lo normal, lo cotidiano, lo que uno da por hecho. Ese es el amor más difícil de todos, el que se traduce en rutina. Y ese amor, que él dio durante años, fue el que le volvió multiplicado en aquella fila interminable, en aquellas mujeres que solo sabían decir gracias. Dieciséis años después, el país está otra vez en manos de los que creen que el Estado hay que destruirlo, que la política es una casta y que la militancia es un curro. Es el mismo discurso del que veníamos en 2003, ahora con motosierra. Y es en momentos así cuando Néstor se vuelve más necesario que nunca, no como estampita ni como nostalgia, sino como método. Como la prueba viva de que se puede llegar con el 22 por ciento y cambiar la historia, de que se puede gobernar con alegría y con firmeza, de que se puede sumar a los distintos sin perder el rumbo, de que la política, cuando se hace en serio y en nombre de un proyecto colectivo, le cambia la vida a la gente. 

Hoy nos toca a nosotros hacer lo mismo: volver a convencer, volver a sumar, volver a soñar en voz alta. Porque Néstor nos enseñó que un hombre común, cuando forma parte de un proyecto colectivo y asume responsabilidades importantes con amor y con coraje, puede cambiar un país. Es momento.

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    Kicillof MDF CABA

Kicillof: “No se puede pensar el desarrollo de la Ciudad sin una política nacional que acompañe la producción y el trabajo”

26 Octubre 2026

El Movimiento Derecho al Futuro (MDF) de la Ciudad de Buenos Aires realizó la primera edición del Congreso Productivo de la Ciudad, que se llevó a cabo durante el jueves 22 y el viernes 23 de octubre en la sede del barrio de Villa Ortúzar de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y en el Teatro Astros.

Bajo el lema "El futuro de la Ciudad se proyecta y se produce", el encuentro reunió durante dos jornadas a los distintos actores del entramado productivo porteño para debatir un modelo de desarrollo para Buenos Aires. La primera jornada cerró con "Diálogos Productivos", una charla moderada por Mara Ruiz Malec, coordinadora del Centro de Estudios Derecho al Futuro (CEDAF), en la que Narda Lepes, Oliver Maltz y Alejandro Krynski contaron, desde su experiencia al frente de empresas porteñas, qué impulsa y qué frena hoy a un proyecto productivo en la Ciudad. El viernes, el Congreso cerró con "Diálogos Políticos": Matías Lammens y Leandro Santoro, los dos últimos candidatos a jefe de Gobierno del peronismo y actualmente legisladores porteños, conversaron sobre qué proyecto productivo necesita Buenos Aires y qué condiciones políticas hacen falta para llevarlo adelante, en una charla moderada por Augusto Costa, referente del MDF CABA y ministro de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica en el gobierno de Axel Kicillof.

"Toda la Argentina está atravesando una verdadera catástrofe: caen los salarios, se pierden puestos de trabajo y crecen la informalidad y la precarización laboral" afirmó el gobernador Axel Kicillof en la apertura del segundo día del Congreso en el Teatro Astros , junto al ministro Costa.

"No hay forma de pensar un proyecto de desarrollo para la Ciudad de Buenos Aires sin una política nacional que acompañe la producción, el trabajo y el bienestar de nuestro pueblo", señaló Kicillof y añadió: "La Ciudad es la capital de todos los argentinos y debe pensarse como parte de un país federal, no como si estuviera aislada del resto de las provincias".

El congreso se propuso debatir cómo orientar las capacidades productivas, científicas y tecnológicas de la Ciudad hacia la generación de más y mejor empleo, mayor valor agregado y nuevas cadenas productivas de bienes y servicios. Partió de una premisa: el desarrollo de Buenos Aires solo es posible si se la piensa como parte de una región metropolitana integrada, en la que millones de personas circulan, viven, consumen y producen todos los días.

Por su parte, Costa sostuvo: "Este Congreso tiene como fin hacer un diagnóstico de la situación de la producción y el trabajo en la Ciudad y debatir propuestas que permitan mejorar las condiciones de vida de nuestra gente". "Las jornadas son parte de un espacio de construcción colectiva que ubica a la capital en el centro de un proyecto federal que recupere el futuro y la soberanía argentina", señaló.

La convocatoria estuvo dirigida a pymes, trabajadoras y trabajadores, sindicatos, cooperativas y unidades productivas de la economía popular, instituciones del sistema científico y tecnológico, escuelas técnicas y centros de formación profesional, y a todas las personas interesadas en el futuro productivo de la Ciudad.

Durante las dos jornadas, el evento tuvo como ejes centrales la calidad del empleo y la formación; ciencia, innovación e inteligencia artificial; cooperativismo y economía circular; pymes, crédito y el rol de la banca pública; herramientas de política productiva e infraestructura; y política tributaria y planificación urbana, entre otros.

Por último, Kicillof remarcó: "La ciudad de Buenos Aires tiene industria, comercio, universidades, turismo y enormes posibilidades a futuro, pero para aprovecharlas hace falta planificar y dar respuestas a los problemas cotidianos de quienes viven y trabajan allí, como el acceso a la vivienda, el transporte, la salud y la educación". "Tenemos que construir una alternativa para la ciudad, para cada una de las provincias y para toda la Argentina, con un objetivo central: la felicidad de un pueblo que comprende que nadie se realiza en una sociedad que no se realiza en su conjunto", concluyó.

Para más información sobre los paneles y sus integrantes, acceder a: congresoproductivociudad.com.ar

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    Francia

La crisis en el mundo y en la Argentina

26 Octubre 2026

En pleno proceso de transición entre el mundo unipolar hacia la multipolaridad, cuyo principal componente es el enfrentamiento entre los EE.UU. y China, el mundo resulta conmocionado por la repentina aparición de nuevos ingredientes, que si bien pueden parecer sorpresivos, en alguna medida fueron esperables.

Con el telón de fondo del enfrentamiento entre los EE.UU. y China, se vienen desarrollando las guerras entre Rusia y Ucrania y entre los EE.UU. e Irán, que amenazan extenderse a Arabia Saudita y otros países de Medio Oriente, a las que se agregaron desde hace pocas semanas las masivas y en algunos casos muy violentas protestas que sacuden a Francia, España, Portugal, Italia, Bélgica y otros países europeos.

Estas protestas no son ajenas a los resultados y a las consecuencias de las dos guerras en curso que, por una parte parecen extenderse mucho más allá de lo que presuponen las correlaciones de fuerza que existen en cada caso y que ponen en duda la capacidad real de los EE.UU y de Rusia de imponerse frente a adversarios militarmente mucho menos poderosos, y que además resultan en un aumento del precio del petróleo superior al 60% que viene impactando negativamente sobre el conjunto de la economía mundial, en especial sobre los países que no cuentan con recursos propios.

Europa revuelta

Las protestas que sacuden Europa parecen no estar coordinadas y tener causas diferentes.

Comenzaron en Francia el 18 de septiembre con la protesta de estudiantes secundarios en los suburbios obreros al norte de París por la caída de la calidad educativa, aulas superpobladas, falta de 3.000 profesores, aulas sin calefacción, baños rotos. A estas protestas se unieron los estudiantes universitarios, incluyendo a la Sorbona. En algo más de dos semanas las protestas se viralizaron alcanzando a unos 500 liceos cerrados o bloqueados; el 13 de octubre se realizó la mayor marcha estudiantil desde mayo del 68, con un estimado de 480.000 asistentes.

Pocos días antes de las protestas estudiantiles comienzan las originadas por el aumento de los combustibles y del costo de vida, a las que se incorporan camioneros, pescadores, obreros de la construcción y agricultores. Se bloquean rutas y resurge el movimiento de los Chalecos Amarillos, convocando por redes a movilización nacional el 17 de octubre.

En esa fecha se unifican las protestas de los estudiantes y sus padres, los sindicatos CGT, los chalecos amarillos y de activistas climáticos con manifestaciones masivas en París, Lyon, Marsella, Lille, con una asistencia estimada entre 550.000 y 800.000 asistentes en todo el país, con unos 110.000 en París.

De noche las protestas se descontrolan, resultando saqueos a unos 1500 comercios y 1500 focos de incendio, incluyendo la quema del Ayuntamiento de Limoges con su cúpula del siglo XIX colapsada, la invasión al Ayuntamiento de de Marsella y el incendio de la oficina de turismo de Lyon.

El balance incluye 2.400 detenidos, unos 1.000 policías o gendarmes heridos, 1 manifestante muerto en París por paro cardíaco, y un pibe de 15 años que perdió una mano por la explosión de una granada aturdidora. La respuesta del gobierno de Macron se tradujo la declaración del toque de queda nocturno en París y Lyon mientras, a 6 meses de la elección presidencial, Le Pen y Mélenchon capitalizan la ineptitud gubernamental.

En España el detonante fue la crisis de vivienda generada por la competencia con el precio de los alquileres turísticos exigidos por fondos de inversión y viralizada a partir del caso de María del Carmen Abascal, de 87 años, con 50% discapacidad y en silla de ruedas; al vencimiento de su contrato de alquiler, ante una cuota más que triplicaba la anterior excediendo largamente su pensión, fue desalojada por la fuerza policial y hospitalizada. Desde allí envía un video diciendo “no he logrado defender mi casa, pero sí he luchado para que los demás aprendan a luchar por la suya". Muere 15 días después del desalojo.

Bajo el lema "Ni una Maricarmen más" se producen acampes en Madrid y en otras 50 ciudades en protesta, bloqueos a los fondos de inversión, ollas populares y otras acciones que hasta ahora se mantuvieron pacíficas.

A los alquileres se suman sueldos que no suben, aumentos de la electricidad del 38% en 2 años, del 22% en el transporte, entre otros.

Mediante decretos el gobierno intenta paralizar los desalojos a vulnerables y congelar los alquileres, pero la oposición voltea sus intentos y Sánchez se ve obligado a convocar elecciones anticipadas.

Portugal es el caso más extremo de crisis habitacional de toda Europa. Se denuncia que hay 723.000 pisos vacíos en Portugal y a la vez mucha gente sin poder alquilar.

El estallido contra costo de vida comienza el 10 de octubre con miles de carpas acampando en plazas de Lisboa y Oporto; 5 días después la policía desaloja violentamente el acampe de Oporto con más de 30 heridos.

El 17 de octubre se produce una marcha gigantesca convocada por el sindicato de la CGTP con decenas de miles de participantes en Lisboa, Oporto y Coimbra exigiendo una suba general del salario mínimo y precios máximos a los alquileres que también es disuelta por la policía con 55 detenidos. Actualmente se prepara junto con España una huelga general ibérica para el 11 de noviembre.

En Italia el detonante es una combinación de la inflación, precios de los combustible, déficits en las escuelas y sueldos históricamente bajos que genera dos protestas convergentes, pero de distinto origen.

En el norte el No Meloni Day que tuvo lugar el 16 y 17 octubre, estudiantes en Milán, Turín, Bologna, Roma y Bari exigen más presupuesto para la educación, menor gasto en armas y más en las escuelas que se caen a pedazos). El 17 se pudre todo. En Milán y otras ciudades se producen saqueos, vidrieras rotas, coche de los carabinieri quemado, con 271 detenidos y 14 policías heridos.

En paralelo en el sur, desde principios de octubre, el aumento de los combustibles origina bloqueos de camioneros y agricultores con cortes de rutas, puertos y autopistas en Sicilia, Puglia y Calabria; los faltantes de combustibles generan cierre de fábricas de pastas por falta de harina y góndolas vacías en supermercados del sur. Las fábricas de Puglia, Campania y Sicilia producen casi toda la pasta de Italia y ponen en jaque la cadena alimenticia nacional.

En respuesta con el gobierno de Meloni aprobó duras medidas de seguridad que penalizan con cárcel y multas a quienes pongan en peligro la seguridad durante las protestas, dando así origen al "Movimiento 17 de Octubre" que propone movilización permanente de alcance nacional a realizarse todos los sábados a partir de las 15 horas.

En Bélgica se observan problemas por falta de presupuesto educativo con aulas superpobladas, falta de libros y computadoras y edificios viejos. A ello se suma en el sector francófono del país un aumento del 43% en la matrícula universitaria a partir de junio del 2026.

El 7 de octubre cientos de estudiantes en Lieja, ciudad universitaria del este bloquean calles, rompen vidrios y encienden fogatas; la represión produce 107 detenidos y el gobierno alerta sobre posibles disturbios mayores, aconsejando cerrar comercios.

En Flandes, zona neerlandesa, la situación se mantiene tranquila porque esa región tiene un mejor financiamiento educativo.

Al menos otros cinco países de la UE sufren protestas.

En Alemania el tema es la guerra. El gobierno de Merz quiere reinstalar servicio militar obligatorio, generando huelgas escolares en Berlín, Hamburgo y Stuttgart, bajo el lema "No queremos guerra" y en contra del rearme.

En Irlanda se combinan las elevadas tasas universitarias y alto costo del alojamiento,

En Grecia se producen asambleas, tomas y manifestaciones por falta de profesores y edificios sin mantenimiento, así como recortes desde la troika.

En Austria la asociación universitaria protesta por el recorte de €1.000 millones del presupuesto universitario trianual.

En Albania se protesta contra la corrupción con marchas en Tirana pidiendo elecciones libres.

Como denominador común se observa que casi todos los países de UE, ante el aumento de los combustibles y la creciente inflación, sufren déficits fiscales del orden del 4-5% del PIB. En respuesta recortan sus presupuestos de educación y vivienda mientras aumentan los de defensa y armamento.

Ante este estado de conmoción que vive Europa preguntar en qué medida continuará la vigencia de la premisa neoliberal de que cada individuo es el único y exclusivo responsable de su éxito o de su fracaso o, en otros términos, preguntarnos sobre la continuidad del predominio político del del neoliberalismo en el mundo.

La calesita argentina

En los últimos 50 años nuestro país alternó 15 años de presidencias explícitamente neoliberales (la Dictadura Cívico Militar, Macri y lo que va de la presidencia Milei) con 18 años de presidencias peronistas (Duhalde, Néstor y Cristina Kirchner y Alberto Fernández) y otros 18 años de presidencias a las que no les cabe la anterior clasificación (Raúl Alfonsín, que supo restituir la democracia pero no encaminar la economía; Menem que asumió desde un supuesto peronismo y gobernó como liberal de derecha; y De la Rúa que, incapaz de torcer el rumbo impuesto por los poderes concentrados, acabó su mandato con la crisis del 2001).

La causa principal de estas idas y vueltas en el rumbo político y del mal desempeño socio económico de nuestro país en estos últimos 50 años no son otras que el irresuelto enfrentamiento entre el peronismo y el anti peronismo, un fenómeno complejo que conviene analizar en detalle.

Uno de sus componentes más visibles son las fake news absolutas con que el neoliberalismo enfrenta al peronismo mediante sus acusaciones respecto al superávit fiscal, cuestión fácilmente rebatible con la constatación de los datos oficiales de la evolución del superávit fiscal en cada presidencia, pero que mediante su continuada reiteración ha calado hondo en buena parte del electorado.

Otro componente, mucho más larvado es la instalación del miedo al peronismo por parte de establishment, cuestión que se encuentra profundamente enraizada en los odios que caracterizan nuestra historia desde su propio nacimiento en 1810, odios que continuaron con los sangrientos enfrentamiento entre unitarios y federales, el genocidio indígena y que en su momento dieron sustento a la Semana Trágica, los levantamientos de la Patagonia Rebelde y a los bombardeos a la Plaza de Mayo, los fusilamientos de José León Suárez, la prohibición del peronismo, la proscripción de Perón, seguida más recientemente a los 30.000 desaparecidos y en la actualidad por el encarcelamiento y la proscripción de Cristina Kirchner.

Cabe la pregunta sobre cómo sobrevivió el peronismo a todas las persecuciones y a las violencias de las que fue objeto a lo largo de más de ocho décadas que se iniciaron con el encarcelamiento de Perón en 1945; y más aún, cabe preguntar si el peronismo será capaz de conservar su vigencia a pesar de la ola neoliberal que vive nuestro país y de los conflictos que estamos viviendo a nivel mundial.

La respuesta podría encontrarse en la constatación de que el peronismo es mucho más que un partido o un movimiento político al reunir todas las características que definen a una filosofía.

Esa constatación permite confirmar que el peronismo, o el justicialismo si se prefiere, posee los cuatro elementos propios de una filosofía: su objeto en términos ontológicos, antropológicos y epistemológicos; un conjuntos de valores éticos, políticos y estéticos; una lógica y método argumentativo y una praxis que guía su accionar.

Muy brevemente el peronismo como objeto define al hombre en modo integral, rechazando tanto el individualismo que aísla al hombre como el colectivismo que anula al individuo en favor del Estado) y lo concibe como una unidad que solo puede realizarse plenamente dentro de una comunidad que también se realice.

Los principios rectores éticos y políticos del peronismo están claramente definidos por la Justicia Social que implica la dignificación del trabajador y la distribución equitativa de la riqueza; la Independencia Económica mediante el libre manejo de nuestros recursos e industrias nacionales frente a los extranjeros y la soberanía Política que no significa otra cosa que la libre determinación del pueblo para elegir su destino sin tutelajes externos. Esos principios están detallados en sus 20 verdades.

Doctrinariamente el peronismo sostiene la tercera posición, tanto como método de inserción global, como mecanismo para resolver conflictos mediante una superación dialéctica, no como un posicionamientos pasivos, sino como alternativas ideológicas y prácticas que en su momento superaron la confrontación entre el capitalismo y el marxismo y que actualmente se plantean como método para posicionarnos ante la actual lucha por la hegemonía mundial.

Desde su lógica y método argumentativo el peronismo desarrolló conceptos técnicos y culturales precisos que modificaron el lenguaje político argentino, tales como la Comunidad Organizada: un modelo social donde las instituciones intermedias (sindicatos, universidades, agrupaciones) participan activamente en las decisiones del Estado; la Dignidad del Trabajo que considera al trabajo no como una mercancía, sino como una función social reguladora; una Teoría del Liderazgo basada en la persuasión y la armonización de intereses sectoriales, diferenciada de la mera "administración" o de la dictadura, entre muchas otras definiciones.

A lo largo de su historia el peronismo supo definir las prácticas políticas de cada etapa, tanto durante sus gobiernos, a los que siempre accedió democráticamente, como durante la resistencia a su represión y a las dictaduras, como cuando le tocó actuar democráticamente desde la oposición.

En las presentes circunstancias y ante el descalabro social, político y económico que estamos viviendo y que se vienen deteriorando aceleradamente durante el (des)gobierno de Milei el peronismo se encuentra en pleno análisis y definición de sus tácticas, estrategias y de sus propuestas al conjunto de la sociedad que le permitan primero recuperar el ejercicio del poder y, logrado ese objetivo, avanzar hacia sus propósitos de alcanzar la grandeza de la Patria y la felicidad del pueblo.

En modo similar al caso europeo, en el nuestro también cabe la pregunta sobre la continuidad del neoliberalismo o un eventual reemplazo por políticas a progresistas.

La respuesta a este interrogante debe tener en consideración el reciente triunfo de Lula en Brasil, triunfo que no sólo alient al retorno del peronismo en las elecciones de 2027, sino que también refuerza la posibilidad de reconstruir la alianza de las fuerzas progresistas de la UNASUR.

 

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    Lula en Etiopia
    Foto: Ricardo Stucker

Cómo se explica el crecimiento impresionante de Lula en el balotaje

26 Octubre 2026

Luiz Inácio Lula da Silva ganó el balotaje presidencial de Brasil con el 51,79% de los votos, frente al 48,21% obtenido por Bolsonaro, y quedó elegido para iniciar su cuarto mandato. El resultado revirtió el escenario de la primera vuelta, cuando el candidato del Partido Liberal había quedado primero con el 47,03%, contra el 45,16% de Lula. El dirigente del Partido de los Trabajadores reunió 64.256.232 votos, mientras que Bolsonaro alcanzó los 59.826.041.

La diferencia entre ambos candidatos se modificó de manera significativa entre las dos instancias electorales.

En la primera vuelta, Bolsonaro había aventajado a Lula por 2.224.965 votos; en el balotaje, el resultado final favoreció al dirigente del PT por 4.430.191 sufragios. Lula sumó más de 10,3 millones de votos respecto de la primera ronda, mientras que Bolsonaro incorporó cerca de 3,7 millones. Es la primera vez en la historia electoral brasileña en que un candidato que había quedado segundo en la primera vuelta consigue revertir el resultado y ganar la presidencia en el balotaje.

El desempeño de Lula se apoyó especialmente en el Nordeste, región en la que había ganado en los nueve estados durante la primera vuelta, y en el crecimiento de su caudal electoral en el Sudeste, la región más poblada del país. En el Nordeste sumó casi tres millones de votos adicionales, frente a unos 398 mil de Bolsonaro. En el Sudeste, Lula incorporó alrededor de 4,8 millones de sufragios, más del doble de los casi 1,9 millones que agregó su adversario. También se impuso en la región Norte y revirtió el resultado en Minas Gerais, donde Bolsonaro había ganado en la primera vuelta por 48,24% contra 43,33%.

Otro dato destacado fue el aumento de la participación electoral. Mientras que en la primera vuelta había votado el 78,92% del padrón, en el balotaje la participación llegó al 80,78%, con casi tres millones de votos más.

Al mismo tiempo, disminuyeron los votos en blanco y nulos: en conjunto, pasaron de casi seis millones en la primera instancia a poco más de 4,1 millones en la segunda. Para el informe, la combinación de una mayor participación y el crecimiento del voto a Lula resultó decisiva para explicar la reversión de una elección que, después de la primera vuelta, parecía favorable a Bolsonaro.