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Patria Grande //// 04.08.2016
Nicaragua: a treinta años, memoria, homenaje y solidaridad

Más de cincuenta militantes asociativos europeos recorrieron el mes pasado Nicaragua, para participar de homenajes a los cooperantes internacionalistas asesinados junto a hombres, mujeres y niños nicaragüenses entre febrero y julio de 1986, a manos de los “contras” financiados por Estados Unidos para desestabilizar al gobierno revolucionario sandinista. Las evocaciones de los sobrevivientes que los conocieron. Cuarta nota de la serie “Nicaragua, 30 años después”.

 

Por Sergio Ferrari (*)

De Somotillo a La Dalia, pasando por Matagalpa. Y recorriendo San Marcos, La Trinidad. Managua y tantos otros sitios afines al movimiento suizo de solidaridad. Más de 50 militantes asociativos visitaron Nicaragua en julio para rendir homenaje a los cooperantes internacionalistas asesinados hace tres décadas y a las miles de víctimas locales producto de esa extenuante guerra de agresión (1984-1989). La Brigada conmemorativa “30 años, homenaje y solidaridad” fue organizada por varios comités de solidaridad, hermanamientos y ONG de cooperación solidaria y participó en tres conmemoraciones particularmente emotivas.

 

Frontera con Honduras

La explosión de una mina antipersonal seguida de una balacera unidireccional contra una camioneta civil que transportaba un grupo de mujeres campesinas y algunos menores. Eran las primeras horas de la noche del domingo 16 de febrero de 1986 en las afueras de la localidad de Somotillo, en el noroccidente de Nicaragua, a escasos cinco kilómetros de Honduras.

En el ataque del grupo contrarrevolucionario –que acababa de entrar de su base operativa en el otro lado de la frontera- murió de inmediato Maurice Demierre, cooperante suizo de la organización Frères Sans Frontières (hoy E-CHANGER), quien timoneaba el vehículo. Así como cinco mujeres campesinas que regresaban a sus comunidades luego de visitar a sus familiares movilizados en el ejército sandinista.

“Maurice, al ser impactado, con su gran cuerpo me sirvió de protección a mí y a mi niño de un año que íbamos a su lado en la cabina de la camioneta”, relata María Lidia Betancourt Ruiz, una de las sobrevivientes de esa masacre en la que perdió a su madre.

María Lidia Betancourt, fue una de los centenares de presentes que, junto con los visitantes suizos estuvieron el 22 de julio a la plaza central de Somotillo, participando en el acto de homenaje frente a la tumba donde se encuentra enterrado el cooperante originario de Bulle (Fribourg).

“Cuando pienso en esa día no puedo evitar que me broten las lágrimas, ya que para nosotros Maurice, que trabajaba en la pastoral social y como técnico agrícola, era uno más de nuestra comunidad. Era un hermano”, señala Pedro Velázquez Díaz. Este dirigente campesino de la región, testigo de los hechos de 1986, a sus ochenta años continua trabajando en el Bloque Intercomunitario, la organización coparte del cooperante suizo. “Para nosotros, Mauricio sigue vivo”, recuerda emocionado.

“El objetivo de la Brigada es conmemorar a todos nuestros compañeros internacionalistas que cayeron en Nicaragua. Tanto en Somotillo como, meses más tarde, en La Zompopera”, en la región selvática del norte del Departamento de Matagalpa, subraya Gerald Fioretta, militante ginebrino que vivió con su familia durante gran parte de las década de los ochentas en esa región de este país centroamericano y que es uno de los principales promotores de la Brigada.

Y agrega: “sin olvidar nuestro conmovido y paralelo homenaje a las miles de víctimas nicaragüenses. Fue el pueblo de este país el que pagó el precio más alto en esa desigual e injustificada guerra de agresión”, sostiene.

 

La Dalia, Matagalpa, guerra desigual

Los brigadistas suizos –con sus pares italianos y franceses- marcaron su presencia el 28 de julio en otras dos conmemoraciones, esta vez en el Departamento de Matagalpa, donde exactamente 30 años antes, fueron asesinados en una emboscada de la contra los internacionalistas Yvan Leyvraz (suizo), Joël Fieux (francés) y Berndt Koberstein, junto con dos técnicos y militantes sandinistas que viajaban en el mismo convoy. A la mañana e homenaje fue en La Dalia, y a la tarde, en el cementerio matagalpino donde se encuentran enterrados los internacionalistas europeos.

“Recordar a los compañeros, que son como mis hermanos, me toca profundamente el corazón. A tres décadas, ellos siguen caminando con nosotros, viven entre nosotros, en nuestras actividades, en nuestras luchas y sueños”, enfatiza Orlando Blandón, quien en esa época fuera el chofer de Yvan Leyvraz y que “por una casualidad del destino” –como él señala- no participó de ese último viaje de su compañero suizo.

Esos internacionalistas desbordaban de coraje, recuerda Blandón. “Es ese momento, en esa zona boscosa de Matagalpa, circulaban no menos de siete mil efectivos de la contra, con las mejores armas y equipos que existían por entonces, gracias al apoyo de los norteamericanos”.

Todos sabían que corrían enormes riesgos en cada movimiento, en cada viaje… pero nunca dejaron de realizar su trabajo. “En esos días, Yvan estaba obsesionado por ir a controlar la llegada de unos materiales de construcción que debían ser utilizados para diferentes obras y no lo pudimos convencer que pospusiera el viaje por el alto riesgo militar que pesaba sobre esa zona”, señala emocionado.

La página de dolor de los ochenta no logra arrebatar la convicción de los más de 200 campesinos que participaron en la conmemoración del 28 de julio en La Dalia. Ni de las centenares de personas que junto con los brigadistas suizos, invaden el cementerio de Matagalpa, la tarde del mismo día, para homenajear a las víctimas de La Zompopera, en el segundo homenaje del día, organizado en esta ocasión por la Alcaldía de Matagalpa, la organización coparte ODESAR y la misma brigada helvética.

¿Cómo expresar la solidaridad con todo un pueblo sufrido por esa guerra de los 80?, preguntamos a Philippe Sauvin, otro de los organizadores de la brigada y durante años responsable de las Brigadas Internacionalistas Obreras que llegaban a este país.

Simbólicamente, “recordando a las 16 víctimas de la cooperativa de Yale”, en la cercanía de La Dalia, en el mismo departamento de Matagalpa. “Esta cooperativa, sostenida-construida por la solidaridad suiza, fue atacada por la contrarrevolución y destruida el 31 de mayo del 1986. Nuestro homenaje y solidaridad global se concretiza hoy en esos rostros de hermanos nicaragüenses de Yale con los que trabajamos y convivimos con la esperanza compartida de una vivienda mejor en la Nicaragua liberada”, concluye.

 

 

(*) Cobertura especial.

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