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Cultura //// 22.03.2020
Narrativas de la memoria

¿Cómo se construye el 24 de marzo en el imaginario colectivo? La literatura juega un papel fundamental para ver cómo luce, después de 44 años, el Día Nacional de la Memoria, la Verdad y la Justicia. Por Milagros Carnevale.

Por Milagros Carnevale

 

La nuestra es una sociedad de cánones. Tenemos el canon de la literatura argentina: Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Silvina Ocampo, Roberto Arlt, Rodolfo Walsh. Tenemos el canon de los lugares icónicos de Buenos Aires: el Cabildo, la Avenida de Mayo, el Café Tortoni, San Telmo, Caminito, el Cementerio de Recoleta. Tenemos las efemérides, otro tipo de canon que nos indica las cosas de las que tenemos que acordarnos: el Día de la Bandera, el Día de la Independencia, la Revolución de Mayo, el Día Nacional de la Memoria, la Verdad y la Justicia.

Poco a poco, todas estas organizaciones de prioridades se van rompiendo, o por lo menos se va derritiendo a fuego lento el molde y empiezan a entrar más cosas. Probablemente en un par de años Mariana Enríquez y Gabriela Cabezón Cámara ya hayan desplazado del podio a Borges y a Cortázar. Probablemente muy pronto, gracias a iniciativas digitales como @bardeviejes y @cremedelacremeba sea otro el mapa turístico porteño, y se empiecen a frecuentar otros cafés, otros edificios, otras historias geográficas, todo esto acompañado, por supuesto, de una clara metamorfosis del concepto “turismo”. No es el mismo panorama el de las efemérides. Quizás (ojalá) se agreguen nuevas, lo cual querrá decir que como sociedad le haremos espacio a otras partes de la historia que hoy están relegadas. Pero nunca dejaremos de conmemorar, por ejemplo, el 24 de marzo.

Recordamos el 24 de marzo a los 30.000 desaparecidos durante la última dictadura militar del país. A diferencia del 20 de junio o el 25 de mayo, esta fecha divide aguas y es el resultado de una construcción narrativa mucho más compleja. Corre el año 2020 y hay gente que niega que los desaparecidos fueron 30.000, y que opina que Videla salvó al país de una desgracia inminente. Desde ya que ese no es el discurso hegemónico ni políticamente correcto. El discurso hegemónico propone una memoria exhaustiva que jamás decae, solemnidad y seriedad, condena eterna. Un duelo que nunca acaba. Hay otras dos diferencias fundamentales entre efemérides como el 20 de junio o 25 de mayo y el 24 de marzo. La primera es que el Día Nacional de la Memoria, la Verdad y la Justicia tiene un lema identificatorio que opera bajo las leyes publicitarias: el Nunca Más que se enarbola en las marchas, en los escritos académicos y no tanto, en las redes sociales y etc. Las palabras Nunca Más generan una identificación masiva de la fecha, de hecho básicamente representan en su totalidad a esta efeméride. La segunda es que ya es impalpable el legado de la Revolución de Mayo o de la creación de la bandera, pero hay toda una generación que encarna la dictadura. Esta está compuesta por hija/o/es de quiernes fueron desaparecida/o/es.

La historia se construye a medida que se la cuenta. La historia es inevitablemente memoria. Hay una literatura canónica para el discurso canónico acerca de la dictadura:

  • Operación Masacre, de Rodolfo Walsh: es la primera obra de no ficción periodística. Navega a través de los fusilamientos de José León Suárez de 1956.
  • El beso de la mujer araña, de Manuel Puig: Durante la dictadura militar argentina, un activista político y un homosexual comparten la celda de una cárcel bonaerense. Para paliar la soledad y el continuo miedo a la tortura, ambos presos conversan largamente. Mientras el activista político rememora su pasado y fantasea sobre su futuro, el homosexual se aferra a una realidad diferente, romántica y soñadora. Recordemos las dificultades del Frente de Liberación Homosexual, uno de cuyos miembros fundadores fue Puig, en ser aceptado o aun escuchado por las organizaciones revolucionarias de los años 70”. Prohibida por la censura militar, fue llevada al cine en 1985 por el director Héctor Babenco. (fuente: nodalcultura.am)
  • De vuelta a casa. Historia de nietos restituidos, de Analía Argento: en este libro diez hijos sustraídos cuentan en primera persona su vida. (fuente: nodalcultura.am)
  • La rebelión de las madres, de Ulises Gorini: Al tiempo que reconstruye de modo exhaustivo la historia de las Madres de Plaza de Mayo, investiga las causas del genocidio, en el contexto nacional e internacional. Quiénes, cómo y por qué decidieron el aniquilamiento de miles de argentinos y su desaparición forzada. La impunidad, las complicidades y el silencio social. La crisis y derrota de las distintas vertientes de la izquierda. A través de un análisis minucioso, el libro polemiza con quienes han naturalizado la existencia de las Madres, con quienes las acusaron de ser el mascarón de proa de la «subversión» y con quienes todavía hoy sostienen que se trata de un fenómeno circunstancial del período dictatorial. El volumen se convierte así en una verdadera denuncia contra los responsables del período más sangriento de nuestra historia reciente y, a la vez, en un vibrante testimonio para repensar el futuro y la identidad de los argentinos. (fuente: nodalcultura.am)
  • La casa de los conejos, de Laura Alcoba: Una niña de apenas nueve años, hija de una militante en la guerrilla montonera, pasa a la clandestinidad junto con su madre durante los violentos meses previos al llamado «proceso de recuperación nacional». Se mudan de la Capital Federal a La Plata, a una casa donde se supone que se crían conejos, y que en realidad es la imprenta del periódico de oposición Evita Montonera en el que han colaborado sus padres y por ello son perseguidos. (fuente: nodalcultura.am)

Los hijos son uno de los leimotif de esta literatura: la vida robada, la identidad de papel. La búsqueda, las ganas de recuperar un pasado borroso. En el texto “El arte como artificio” V. Shklovski dice que la automatización devora los objetos. Plantea que en un punto dado dejamos de verlos, que solo los reconocemos, y que el arte existe para singularizarlos: aumentar su dificultad y prologar su percepción. En el tema de la dictadura pareciera que el arte, en este caso literario, falla, o por lo menos en este momento histórico falla, porque automatiza la percepción del fenómeno. Lo cual no quiere decir que estas literaturas no sean necesarias. Sin embargo, y por otro lado, también existen otros relatos menos hegemónicos que rompen ese molde e invitan a explorar otra perspectiva.

Félix Bruzzone es un escritor contemporáneo hijo de desaparecida/os. Escribió novelas, cuentos y no ficción. Toda su obra se caracteriza por un tono ligero y despreocupado. En relación con la dictadura tiene un cuento que se llama “Sueño con Medusas”, en el cual el protagonista cuenta su paso por la organización HIJOS. En este relato se desacraliza por completo el sentimiento de tener padres desaparecidos y todo lo que eso conlleva. Muestra una manera distinta de hacer duelo y una manera distinta de cargar con esa etiqueta en la vida cotidiana, de tal manera que lo que parece ser el eje de la historia se escurre todo el tiempo, e HIJOS termina siendo un simple escenario que encuadra el fracaso amoroso del protagonista. También ironiza sobre la organización y sus participantes, su objetivo y el sentido que eso tiene. Por sobre todas las cosas, discute que haya una sola verdad. La obra de Bruzzone lo haría a Shklovski un mentor orgulloso. Bruzzone no plantea una nueva historia sobre la dictadura, sino una nueva lupa.