Quiénes somos

Periodismo militante

En una carta a Francisco "Paco" Urondo, Rodolfo Walsh escribe: “El problema para un tipo como vos y en un tiempo como este es que cuando más hondo se mira y más callado se escucha, más se empieza a percibir el sufrimiento de la gente, la miseria, la injusticia, la crueldad de los verdugos”.

Paco Urondo es uno de los periodistas que hacen honor a lo mejor de nuestras tradiciones, cuando ya no basta escribir. Dice “tomé las armas buscando la palabra justa”. No deja de escribir porque hay en esa escritura una convención radicalmente distinta a la que se mantiene ajena a los acontecimientos y a las luchas de la historia. Es una escritura de la densidad de la historia, es una escritura que va unida a la militancia, que va en su tiempo histórico abrazada a las armas.

El Gramsci militante, incluso en la derrota, escribe “una frase es un príncipe, un príncipe es una frase”. Esta tradición del periodismo en la Argentina, donde la militancia y la historia no pueden ser separadas del campo del pensamiento, de la escritura; salvo por un esfuerzo interesado, antipopular, que puede insistir con querer cortarlas, como si fuera posible. Por eso es que esta tradición ha dado lugar a las mejores luchas.

En este sentido, la agencia, el portal, la revista, un programa de radio; toma este tipo de tradición para levantar este nombre, esta bandera. A lo largo de la historia del periodismo, ha habido tres grandes lugares para pensar la relación entre los hechos y las palabras, entre la noticia y aquello que sucede en la densidad de la historia.

Un primer lugar aún hegemónico, fuerte, donde hechos y palabras van completamente separados. Un lugar donde ese periodismo da cuenta de los hechos y los hechos parecieran estar ahí: "el periodismo puede reproducirlos de manera transparente".

Hay un segundo lugar, muy fuerte en la larga década neoliberal, que es el que dice que los hechos no están, no hay realidades, sino que hay maneras de narrarlo. Es la idea de las infinitas verdades relativas, donde cada uno tiene su verdad. Y pareciera ser que algo así es la democracia, desconociendo que no todas las verdades tienen el mismo tono de voz, no todas las verdades valen lo mismo en sociedades desiguales, ni pueden ser contadas con la misma intensidad. Finalmente todo da lo mismo y la verdad es solamente una construcción. Esto de "vos quedate con tu verdad, yo me quedo con la mía".

Si uno tiene su verdad y otro la suya, no hay posibilidad de convencer. En segundo lugar, si todos los relatos son posibles, lo que desaparece es la pregunta por la verdad. A tal punto que durante los ´90 se llegó a afirmar que no hay guerras, que el conflicto en el Golfo no existió, fue una interpretación. Uno puede interpretar que hay verdugos o que no los hay, cada uno puede interpretar lo que le parezca.

Hay un tercer lugar del periodismo que asume la idea de que el acceso a lo real es necesario hacerlo desde un lugar, tomar posición para contar. Hay una tradición en la Argentina y en todo Occidente, que entre muchos otros nombres, tienen el de Paco Urondo. La toma de posición y de decisión.

Es la tradición que impugna un orden injusto, que impugna la existencia de un mundo tal cual está, que niega la administración del orden del mundo, que piensa en la necesidad radical de pensar otro mundo. Es en ese lugar que se inscribe esta propuesta de comunicación de estos compañeros.

Una propuesta de comunicación que parte de una posición: somos kirchneristas y vamos a buscar aquellos lugares que son incómodos para muchos de los que se suman al kirchnerismo. Los vamos a buscar porque justamente, por todo lo que falta, podemos ver todo lo que se hizo, lo que está.

Paco Urondo no es un nombre que se lleva de manera folklórica de un pasado que ya no existe, sino que se hace articulado a tantas miradas de la comunicación y que han sido posibles de articular por el “qué te pasa Clarín”. Un horizonte de posibilidades, un horizonte de justicia, de derechos que no solamente pueden ser enunciados, sino que finalmente pueden ser posibles.

Esta generación comparte el haber escuchado a esa otra generación. La escucha de este Paco Urondo que escucha a aquellos que luchan, que esperan la libertad, que van a seguir luchando, que luchan, de los que festejan sin dejar de luchar.

Una carta de Walsh dice: “Son las masas las que van a sepultar a tus verdugos en el tacho de basura de la historia” a días de la muerte de Videla, en una cárcel común. Cuando Walsh le dice: “¿Qué se le puede pedir a un escritor revolucionario? Puede hablar con su pueblo poniendo en ese diálogo lo mejor de su inteligencia y de su arte. Puede narrar sus luchas, cantar sus penas, predecir sus victorias, ya eso es suficiente, ya eso justifica. Pero vos nos enseñaste que no le está prohibido dar un paso más, convertirse él mismo en un hombre del pueblo, compartir su destino, compartir el arma de la crítica con la crítica de las armas. Gracias por esa lección.