fbpx Carta abierta de un dirigente radical: "Dolor, verguenza y bronca"
//// 23.06.2011
Carta abierta de un dirigente radical: "Dolor, verguenza y bronca"

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Por Raúl Alconada Sempé
Queridos amigos, las acciones que está llevando adelante la conducción nacional y provincial de la UCR en materia de alianzas y políticas electorales para el próximo mes de octubre, me producen dolor, vergüenza y bronca, y he decidido no acatar lo que orgánicamente pudieren resolver al respecto.

He permanecido fiel a la Unión Cívica Radical por más de cuarenta años, desde el inicio de mi compromiso y militancia; he votado siempre a la lista 3 o a los candidatos que oficialmente apoyó el partido aunque los hubiese enfrentado en elecciones internas; siempre he acatado lo que los órganos partidarios han resuelto aunque no hubiese estado de acuerdo y previamente me hubiese opuesto.
Pero de la misma manera que lo hicimos en abril de 1982 cuando la Mesa del Comité Nacional apoyó la ocupación de las islas Malvinas decidida por la Dictadura Militar, esta vez también siento la necesidad de desconocer y rechazar la conducta de la Mesa del Comité Nacional y lo que pudiere resolver el Comité de la Provincia de Buenos Aires.
Las razones en que se pretende fundamentar una imperiosa necesidad de ganar las elecciones en 2011, para no postergar cuatro años la reparación de la república, lucen débiles si las comparamos con la caracterización que hacían Leandro N. Alem e Hipólito Yrigoyen del Régimen falaz y descreído, y las razones que los llevó a realizar las revoluciones de 1890, 1893 y 1905.
La Unión Cívica Radical sostuvo la abstención, la intransigencia y la revolución por más de 25 años aunque importantes hombres como Aristóbulo del Valle y otros dirigentes propusieran internamente la participación electoral de 1892, un ¨acuerdo¨ o ¨coalición¨ en 1897, o la ayuda militar que ofreció Roque Sáenz Peña para derrotar a Roca en 1905.
La voluntad de cambio requiere militancia y perseverancia en la prédica de nuestras convicciones hasta que éstas se conviertan en mayoritarias, y recién cuando hayamos logrado convertir en mayoritarias estas ideas y principios, se podrá acceder legítimamente al poder y desde el gobierno poder cumplir con eficacia y eficiencia el mandato de reparar las injusticias y restablecer la república en toda su dimensión, un mandato expresado mediante elecciones libres y limpias, tras una convocatoria clara, amplia y sin exclusiones, como lo hizo el Radicalismo históricamente y como lo hizo Raúl Alfonsín en 1983.
La convocatoria de la Unión Cívica Radical, tras la dictadura más cruenta que sufrió la Argentina, fue dirigida a todos los argentinos y argentinas para que marchasen con las banderas de Perón y Eva, las de Juan B. Justo o Lisandro de la Torre, las de Alem e Yrigoyen, pero todos detrás de la bandera celeste y blanca. Los destinatarios fueron los ciudadanos y ciudadanas, y no se propuso un acuerdo con los dirigentes.

El mandato que recibió Raúl Alfonsín el 30 de octubre de 1983 fue preciso y expreso, sin negociaciones ni prestaciones recíprocas, y se lo dio el pueblo argentino.
Arturo Frondizi y Juan Domingo Perón alcanzaron un acuerdo en 1958 mediante el cual se prometieron, a Frondizi, el apoyo electoral, y a Perón, el  levantamiento de la proscripción. Frondizi ganó las elecciones pero no obtuvo un mandato electoral, porque muchos de los que votaron no lo hicieron para que Frondizi fuese Presidente sino que lo hicieron para que Perón volviese.
Si el mandato electoral, que se expresa institucionalmente en las elecciones, proviene de un electorado heterogéneo, indefectiblemente ese mandato será contradictorio, en algunos casos, y diluido o difuso en general. La propuesta de Parque Norte incluyó la participación, más allá del acto electoral, junto con la solidaridad social, para poder avanzar en la consolidación y modernización de la democracia, y no es razonable esperar una participación activa de sectores heterogéneos en la defensa de los principios y valores de uno de los partidos políticos que forman esa heterogeneidad.
Invocar que pueda existir similitud con la Concertación chilena para fundamentar la decisión de la Mesa del Comité Nacional es una falacia que desconoce los esfuerzos y la militancia de los sectores que la constituyeron para confrontar con un ¨mal absoluto¨, como fue la dictadura de Pinochet, y el hecho de que las dos fuerzas de derecha de Chile estuvieron excluidas en dicha formación.
La preponderancia del PT o del Frente Amplio, en Brasil y Uruguay respectivamente, no puede equipararse con la correlación de fuerzas dentro de lo que se denomina el frente ¨anti hegemónico¨, ya que en los primeros casos se trató de adhesiones de sectores minoritarios a una propuesta que era mayoritaria en las sociedades brasileña y uruguaya, circunstancia diametralmente opuesta a lo que sucede en la sociedad argentina, en la que los valores y propuestas del Radicalismo en este momento histórico son minoritarios.
Resulta muy ingenuo pretender delegar a cada instancia provincial la responsabilidad de celebrar acuerdos con otras fuerzas políticas, cuando no existe duda de que se está ante una decisión nacional que afecta a la candidatura a Presidente de la Nación, y que afecta a la Unión Cívica Radical en su identidad como fuerza y partido nacional.
Los hombres y mujeres que militan en política, por su propia decisión de actuar en política, y por la responsabilidad que implica la pretensión de acceder al ejercicio del poder en una sociedad democrática, están obligados a dar examen de coherencia y honestidad todos los días de su vida, y tanto la coherencia como la honestidad son valores en sí mismos que no se relativizan por la incoherencia o la deshonestidad de los otros porque son los ciudadanos los que tienen el derecho a exigir a sus dirigentes estas virtudes. Dos incoherencias o dos deshonestidades no se compensan, sino que se acumulan y promueven la pérdida de legitimidad de la política.
Me duele asumir esta actitud porque el Radicalismo es y será mi causa, una causa compartida en la militancia, en la resistencia y en el gobierno con muchos correligionarios y con muchos argentinos que provinieron de otras fuerzas políticas, pero que se sumaron y enriquecieron con su aporte la política nacional, como fueron Alfredo Bravo, José Ignacio López,  Juan Sourrouille, Adolfo Canitrot, José Luis Machinea, Roberto Lavagna, Susana Ruiz Cerruti, Enrique Beveragi, y muchos otros.
Me avergüenza que se haya frustrado un acuerdo programático y político con el Socialismo Popular, el de los queridos y recordados Guillermo Estévez Boero y Ernesto Jaimovich, con quienes compartimos sueños y esfuerzos por una Argentina más justa, democrática, y la defensa de los postulados de la Reforma Universitaria y la recuperación de la Universidad desde 1971, en Córdoba.
Pero lo que más me duele es soy consciente de que esta decisión implica una desautorización a personas que quiero personalmente, muy cercanas en mis afectos más profundos.
Un fuerte abrazo, y continuemos con la lucha en la que nos comprometimos hace más de 40 años.
(Agencia Paco Urondo)