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Opinión //// 18.08.2017
Respuesta a Natanson: sos prudente en las tinieblas y con los gatos

Santiago Gómez polemiza con el director de Le Monde Diplomatique a partir del artículo "El macrismo no es un golpe de suerte". 

Por Santiago Gómez

Mientras se desconoce oficialmente el resultado electoral del domingo pasado, hay quienes desde el progresismo resaltan la victoria de Cambiemos, parados en la tarima de la obviedad, tratando a los kirchneristas de ciegos. Mientras Santiago Maldonado no aparece, a Milagro Sala le conceden la prisión domiciliaria en peores condiciones edilicias que las del penal en la que se encuentra; antes, se metieron por la fuerza dos jueces en la Corte Suprema para conseguir aprobar el 2 x 1 a los genocidas y la Ley de Medios fue derogada por decreto, el progresista no duda: ¡derecha democrática! 

La primacía de la técnica que impulsó y sedimentó el neoliberalismo no sólo se expresa en el Estado, también en los medios de comunicación. Poco a poco fueron apareciendo más cientistas políticos en los diarios para compartir análisis, haciendo uso del saber que le suponen por creerlos conocedores de la materia. Por esta razón, al momento de proponerse analizar el avance electoral de Cambiemos lo primero que señalan es que se debió a una campaña profesional, colocando la técnica como causa del triunfo, lo que significa un grave error. Técnica sin fuerza no garantiza la victoria. La política se explica por una cuestión de fuerza, el arte radica en la forma que se le da, lo que se pueda afinar la pluma, la espada y la palabra para llegar a interpelar a una persona para que sume fuerza a una de las fuerzas en disputa.

Sin duda esto es algo que Santiago Nieto y Jaime Durán Barba tienen muy claro, por eso llamaron a su libro “El arte de ganar”, en homenaje a “El arte de la guerra” de Sun Tzu. Pero el análisis en términos de fuerzas, priorizando el acento en la imagen, es la lectura errada que hacen la mayoría de los técnicos de la política, que creen que ganar una elección se trata de una cuestión de imagen. 

Para peor, le suman a sus análisis términos psicoanalíticos, queriendo explicar los conflictos de intereses con vocabulario médico, hablando de “angustias sociales”. No hace falta ni psicoanalizarse ni psicoanalizar para saber del alivio que produce poder decir lo que se callaba, así como también leer en lo que se dice, lo que no.

En el diario la nota no hablaba de Santiago Maldonado, tampoco de Milagro Sala. Nada decía del aumento de la mortalidad infantil en el sur de la ciudad, mientras en el país entero bajaba, pero sí que el macrismo le deja al paraguayo llevar a su hijo al hospital de niños, aunque no haya pagado la parte que le correspondía del presupuesto. Claro que este tipo de omisiones son entendibles en quienes viven en una maceta y cuando hablan de droga se refieren a la que se planta; no se detienen en que la principal usada es el alcohol y alimentan la idea de que los capos del narcotráfico viven en las villas y no en Nordelta. Por esas cosas es que se dedican a defender la idea de que este gobierno no es como el de los noventa, mientras como en los noventa aumenta el desempleo y llaman “generosas políticas públicas” a la justicia social. Es lógico que no puedan diferenciar este gobierno del menemismo quienes afirman que mientras aumentó la mortalidad infantil no se rompió el consenso del acceso universal a la salud, porque lo que importa señalar es que no lo privatizó.

Es cierto que el macrismo no privatizó los hospitales públicos, ni las escuelas, como tantos kirchneristas y no kirchneristas anunciaron que haría. Pero lo importante a destacar no es el nombre de la medida, sino que el objetivo de privatizar es restringir el acceso y nadie puede negar que con el macrismo en el gobierno se restringió el acceso a la salud, las vacantes a las escuelas fueron un conflicto, a los pibes los mandaron a estudiar adentro de un container, pero destaquemos que los kirchneristas mintieron, el macrismo no es como dicen que es. 

Dos días después de que el macrismo habilitó al Ministro de Transporte a cerrar ramales ferroviarios habla de mejora en el transporte público, cuando recordemos que ésta misma fuerza política desalojó con tarifas a cientos de miles de personas que se vieron obligadas a salir del subte para viajar más horas en colectivo. Hablar de que mejoró el transaporte público no solo prueba que quien lo dice no depende del mismo, sino que nos tiene que llevar a preguntar qué intereses defiende quienes hacen esas afirmaciones. Sin lugar a dudas que no se trata de los intereses de los pobres.

Progresismo a la carta

Sin duda es estéril afirmar que Macri es lo mismo que la dictadura. Y es otra obviedad decir que no son todos los kirchneristas lo que creen eso. Como sea, consignas de ese tipo sólo caben en cabezas muy politizadas, que recuerdan la Carta de un escritor a la Junta Militar escrita por Rodolfo Walsh y saben que la desaparición de 30.000 personas fue la forma de instalar un gobierno que saque al Estado del medio entre la cosecha y el puerto, que desregule las relaciones entre trabajadores y empleadores para equilibrar la balanza, que corra la “generosidad” del Estado de proteger a la industria nacional y permita que cada ciudadano tenga el derecho de comprar al precio más bajo y se abran las importaciones, aunque eso signifique desmantelar el entramado social. Negar que el modelo macrista tiene similitudes con el de la dictadura es ignorancia, complicidad o cobardía. 

De cualquier modo, no esperábamos otra cosa de la persona que había comparado a La Cámpora con la Coordinadora, probando los límites que los prejuicios de clase imponen a la reflexión política. Sólo la negación de intereses puede llevar a afirmar que hay algo nuevo en el macrismo que el pueblo argentino no haya conocido o vivenciado. Decir que las mañas tradicionales terminaron es desconocer lo que le debe el macrismo a los Cristian Ritondo, Gustavo Arribas o Daniel Angellici ¿Es un caso de omisión interesada?

Y antes de concluir recordemos que todavía no se sabe el resultado en el principal distrito de la Argentina. ¿O acaso en 2009 y 2013 estas mismas voces no dijeron que había perdido el kirchnerismo cuando esa fuerza cayó en Buenos Aires pero se impuso a nivel nacional? El macrismo no es una novedad, los Bullrich no son una novedad en nuestra historia (basta recorrer la trayectoria familiar). Menos aún es novedad este proyecto económico y sus consecuencias. Como tampoco lo es el intelectual progresista al que lo seduce el poder (sea de izquierda o derecha).