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Opinión //// 01.11.2019
Políticamente incorrecto

Lisandro Sagué, dirigente peronista de Rosario, hace un análisis desde el libro publicado por Alberto Fernández. "El libro adquiere un renovado interés a partir de la inesperada candidatura presidencial de su autor, anunciada por Cristina".

Por Lisandro Sagué*

“Este libro no es para mí tan solo un libro.

Encierra un enorme significado en tanto que supone el cierre de una etapa de mi vida”

“–Néstor, fui su Jefe de Gabinete. ¿Cómo no voy a hablarle a Cristina de los motivos de mi renuncia?

–Yo necesito que hables con Cristina, pero no de eso –insistió.

–Entonces no tiene sentido que hable con ella. Lo haré cuando pueda darle mi opinión sincera y hablar de las cosas que pasan –dije, tratando de poner fin al tema.

De entonces, cada vez que hablé con Kirchner me reclamó ese encuentro con Cristina. Nunca me negué a tenerlo, sólo que no acepté los límites que me imponía.

Tal vez, por eso, ese momento nunca llegó".

Bs As, octubre de 2011.

El libro de Alberto Fernández, Políticamente Incorrecto, Razones y pasiones de Néstor Kirchner, sin dudas se constituyó en la obra más interesante respecto a la recreación de lo que fueron los primeros años del kirchnerismo.

Alberto es uno de los personajes centrales, fundamental en la construcción política desde el momento en que desde Santa Cruz, se define avanzar hacia un anclaje nacional, incursión que duró en su participación más íntima hasta su salida de la Jefatura de Gabinete, posterior al conflicto con las patronales agrarias en el año 2008.

No obstante, el libro adquiere un renovado interés a partir de la inesperada candidatura presidencial de su autor, anunciada por Cristina, aquella mañana del 18 de mayo.

Leer en el presente aquel libro del año 2011 sin dudas toma también otra dimensión en el marco de la aparición de uno de los fenómenos más importantes de los últimos años: otro libro, el de una ex-presidenta, que acompañó casi todas sus presentaciones públicas en la campaña política: Sinceramente, que según la autora, fue concebido a partir de la idea y la insistencia de Alberto Fernández.

“El pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda lo que parece muerto o en el olvido. Hay que buscar esas botellas  y refrescar la memoria”.
Leopoldo Marechal.

¿Por qué decimos esto? En Políticamente Incorrecto…, sobre el final, se publica una carta personal del balance político que construye Alberto argumentando su renuncia. Se trata de una carta que nunca podrá entregarle en manos a Cristina. Para que ello no ocurra es fundamental la mediación de Néstor.

“Kirchner tomó la carta, la leyó de mala gana y finalmente la rompió con envidiable cuidado”.

Fragmento de la carta:

Sinceramente pienso que tenés una muy buena oportunidad para darle un giro a tu gobierno de tal modo que se vuelva identificablemente tuyo y conduzca a la Argentina a una mejor situación….sólo con ánimo de ayudarte, me he permitido acompañarte esta nota llena de reflexiones y adjuntarte mi renuncia. No hace falta que te diga que podés contar conmigo para todo lo que necesites.

Con mi incondicional afecto de siempre, sinceramente…”

No era cualquier contexto, están en marcha las consecuencias de la caída de Leman Brothers, y el Kirchnerismo realiza una fuga hacia adelante con políticas expansivas y una apertura de escenarios de disputa como nunca antes, desde Juan Domingo Perón.

El texto político, sugiere la presencia de fragilidades, y esa escena se apoya en ello, a pesar de describir una tarea titánica con el objetivo de la construcción de poder a partir de voluntades que en una coyuntura inesperada se encuentran con el bastón de la presidencia.

Para el momento de la redacción de la carta, ya ha pasado mucha agua sobre el río, y el movimiento nacional ha sufrido deserciones, bajas, desgastes, algunas evitables, otras no, porque constituyen el costo del avance de la conflictividad para la ampliación de nuevos derechos fundamentales.

Alberto habla de una epopeya, sugiere a través de una cita de Cortázar, la idea de quien no sólo ha formado una orquesta, sino un público. Es que el Kirchnerismo, es sin dudas el lanzamiento del Peronismo al siglo XXI, aun con la estela de un eterno retorno a sus mitos y raíces. Pero no es como se ha dicho siempre: “el relato”. No se trata de una consistencia delimitada en un supuesto laboratorio del pensamiento. El kirchnerismo desborda de fragmentos, sustracciones a un lenguaje proscripto, perimido, torturado, que retorna  performativamente sobre quienes tratan de sostener un escenario, y a la vez sostenerse, junto a un público que abreva también en diversos espectros del pasado para tratar de ubicarse respecto a lo que se va desarrollando. Los hechos evolucionan como fragmentos, y luego otros los narran. No es que no pueda existir la planificación, es que el Kirchnerismo toca algo y sobre eso, los poderes fácticos instalan la arena del conflicto. No sólo se pone en juego el “hasta donde” en la Argentina, sino en toda Latinoamérica.

El libro expresa que todo el tiempo hay que responder a una escena que se desata al tomar partido, de lo contrario simplemente las noticias llegan solas, transforman las caras de los colaboradores, y sobre un fondo de lo cotidiano, una lectura de diario, un café en el avión, se toman decisiones claves para la historia de nuestro país.

Después de cada decisión ninguna trama continúa como estaba, no sin que habite un fondo de incertidumbre que además no se oculta, y se hace explícito cuando se subraya que ante ciertas determinaciones, está en juego el poder político en la Argentina

En un cruce con Sinceramente se puede reconstruir esa boca de Néstor que dice más de lo que quiere decir porque el cuerpo lo envuelve y lo sacude, en momentos en donde las horas no son horas, porque lo que va a venir cobija otro tipo de tiempo, donde la palabra se corta como con un cuchillo al momento del acto.

Es el exceso en el discurso de la ex ESMA, una identificación extraña al Estado, habla en nombre de él, soportando proyectar ese pasaje de horror, como si el cuerpo del Flaco se convirtiera en una pantalla que puede partirse a las escenas más temidas de nuestra historia.

Cristina dice haberle sugerido escribir antes ese discurso. Néstor habla en caliente, y como en cada vez que se toma la palabra, hay omisiones, que luego el enemigo cristaliza en los zócalos de la moral política argentina.

El Kirchnerismo juega una simbología que disfruta mucho. Y no sólo es la escena de la bajada del cuadro, que en el libro es relatado como un momento no exento de dificultades.

Repone la idea del hecho maldito, un lavarropas que es para 6 kilos, pero este peronismo pone 20, prendas de todos colores, y todo se convierte en otra cosa.

El consumo de los sectores populares nunca se pone en discusión. El peronismo disfruta que aparezcan los aires acondicionados, el acceso a las nuevas tecnologías, el derecho a tener sueños, y el derecho a tener una historia.

Se hace lo que se puede en una vida, pero el Estado tiene que construir una escena que viabilice la igualdad de oportunidades, o al menos un camino que construya el “en vías de…”. Un horizonte para los únicos que deberían ser privilegiados, les niñes.

Para el Alberto Fernández del 2011, “lo verdaderamente fundacional de Kirchner consistió en evitar la prolongación de un estado de excepción”.

“El mismo día de la asunción, en un momento en que quedamos solos en su despacho, Kirchner me hizo notar lo débiles que éramos.

–Qué daño ha hecho Menem—me dijo–. En la calle tenemos miles de argentinos reclamando planes sociales. La política nos mira de reojo. El poder económico desconfía de nosotros. Sólo tenemos esta banda y este bastón. Vamos a tener que trabajar mucho.”

Sobre la fragilidad, en un reportaje al diario La Nación, Alberto responde que su primera función era construir poder para que el proyecto pudiera sustentarse en un escenario donde “uno de cada cuatro habitantes activos no tenía trabajo, el ingreso per cápita había caído de 7000 a 2200 dólares, el índice de pobreza era cercano al 57% y el de indigencia oscilaba los 30 puntos”.

Alberto deja en el libro un balance muy interesante para vislumbrar lo que viene:

“Kirchner, Cristina y  los que estábamos detrás de esa propuesta, advertimos desde un primer momento que la política suponía una contradicción de intereses. Nunca creímos en los que los americanos llamaron “democracia consensual”, básicamente porque en toda sociedad existen intereses en pugna que pueden administrarse pero que difícilmente puedan consensuarse. En democracia, las elecciones sirven, precisamente para determinar cuáles son los intereses predominantes.”

“La argumentación ideológica siempre estuvo presente en el accionar kirchnerista. Todos cargábamos de años de militancia partidaria y muchos de nosotros, además disfrutábamos con el análisis y la intelectualización de la política….”

“Aunque Kirchner gobernó con una alta dosis de pragmatismo, sus decisiones fueron siempre el correlato de sus convicciones. Reconocía reglas de pensamiento de las que jamás se apartaba y su pragmatismo le permitía interactuar con quienes pensaban distinto y sacar provecho de esa relación. En esos casos, privilegiaba la conveniencia que el dogmatismo, en la medida que con ello no vulnerara sus valores”.

“Cristina siempre exhibió un discurso político de mayor densidad. Solía decir, y repetirse a sí misma, que en política nunca deben olvidarse los intereses representados. Creía con firmeza en la contradicción de intereses. Ese pensamiento era genuino, espontaneo. No era el resultado de haberse adoctrinado en la lógica de conflicto de Carl Schmitt… simplemente pensaba que debíamos estar preparados para afrontar en la gestión, ese choque de intereses”.

Néstor decía que nos llamaban kirchneristas para bajarnos el precio y que en rigor se trataba de peronismo. Habrá que estar atentos a esta nueva estructuración del Movimiento Nacional, con figuras fuertes, cuadros con doce años de experiencia de gestión en la nación y en las provincias, ante una coyuntura con dificultades extremas, pero con el legado de un Peronismo haciéndose cuerpo para afrontar nuevamente una  crisis “excepcional”

“–Algún día tenemos que dejar de ser un apéndice de los otros. Siempre somos el “ala progresista” dentro de un peronismo que se torna menemista o dhualdista. ¿Y ahora de quién vamos a ser el ala? ¿Porqué no dejamos de ser el ala y nos hacemos el cuerpo?”

En Tanti 1999. Néstor Carlos Kichner, políticamente incorrecto.

El sometimiento al ideal, o la construcción de la herramienta.

Donde Alberto Fernández refiere sobre Néstor, “que reconocía reglas de pensamiento de las que jamás se apartaba”, yo leo doctrina. Y me parece que la discusión entre doctrina e ideología, es clave en esta etapa para que toda la acumulación del kichnerismo, que mayormente fue sumada a instancias de una seducción ideológica, pase a fortalecerse   con aportes doctrinarios, que en el peronismo constituyen herramientas que permiten la invención y el recorte de las situaciones singulares.

Como refiere el compañero Pedro Romero, el PRO te llama a tomar posición una vez y ya está. Nuestro movimiento, porque es políticamente incorrecto, porque no permite que los balances políticos los haga la oligarquía dueña de los diccionarios, llama a tomar posición todos los días, y a veces, varias veces al día. Y si nos proponemos politizar nuestras acciones, se tratará menos de parlotear sobre citas descontextualizadas y analizadas desde un formato ideológico rígido, previsible e inútil y más bien, empezar a leer qué hacen nuestros compañerxs cuando dicen.

La frase de Cristina en Velez: “hay un rumbo” (no importa cuando leas esto).

El libro de Alberto es buenísimo, merece ser leído, discutido, y está lleno de anécdotas para amenizar la espera de Todos los asados que vendrán.

Imposible amar menos al proyecto después de leerlo, y sí, hay algunos palazos, ajustes de cuentas, que tal vez eran inconvenientes para esta coyuntura electoral tan particular. Pero esos palazos también merecen ser leídos, ya que vamos a volver.

Para cerrar, vale esta cita de John W.Cooke en “Peronismo y Revolución” en el capítulo “El significado de la despolitización”.

“El peronismo es peligroso, y eso hace que el rechazo a la conciliación sea general en la clase gobernante aun sin contar el extremo rencor cultivado sistemáticamente por el gorilismo. No es por el temor a que se restaure el sistema de 1945, como creen nuestros dirigentes burgueses; eso sería hoy tan anacrónico como el gobierno radical, pues en esta época tanto da estar atrasado 3 años como 200. Lo que cuenta es la sensación de temor que inspira la fuerza revolucionaria, la autodefensa ante la posibilidad de que estos obreros que no se adaptan a las pretensiones de sus patrones y de los gobiernos cuenten con el poder y rompan el ordenamiento clasista.”

Si tanto da está estar atrasado 3 años como 200, el balance del Peronismo tiene que indagar la consigna “vamos a volver”, donde volver no sea sólo desde lo electoral (la forma más sutil y contundente de la despolitización que denunciaba Cooke) sino fundamentalmente volver construyendo y fortaleciendo sindicatos, centros de estudiantes, vecinales, ligas agrarias etc.

Como dice con claridad Mario Bianchi, abandonar de una vez por todas los planes mezquinos que se desentienden de los aportes del pueblo, y con lógicas burocráticas, solidarias con la totalidad de las ideologías importadas de Europa, solo piensan al pueblo como objeto de sus prácticas.

*Es psicólogo recibido en la Universidad Nacional de Rosario. Integrante del Instituto de Cooperación Latinoamericana (Icla Unr) y del Ateneo John William Cooke. Artículo publicado originalmente en la Revista Guay, de la UNLP