fbpx Discutiendo el Fútbol para Todos, por Horacio Bustingorry
Militancia //// 30.12.2010
Discutiendo el Fútbol para Todos, por Horacio Bustingorry

La finalización del tercer campeonato de primera división de fútbol televisado por canales de aire es una buena oportunidad para reflexionar sobre el Fútbol para Todos. En su momento la decisión tomada por la AFA, con apoyo del gobierno, de rescindir el contrato con Televisión Satelital Codificada resultó muy positiva. La medida significó un avance en la lucha contra los grandes monopolios mediáticos y permitió instalar en la sociedad el debate sobre el proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual aprobado en el mes de octubre del año pasado. Asimismo, las transmisiones de los partidos en vivo permitieron al gobierno difundir resultados de su gestión que en casi ningún espacio periodístico tenían mención. Estos elementos son bastante conocidos. Y no son poca cosa.
En el plano estrictamente futbolístico, diversos compañeros han señalado que la transmisión abierta de los partidos significó un importante avance en la democratización del fútbol. La consigna fútbol para todos fue concebida como la obtención por parte del pueblo argentino de un derecho vedado.
Ahora bien, en Argentina el futbol como pasión de multitudes nunca significó el libre acceso a los partidos en vivo a través de la televisión abierta. En ese sentido, el pueblo no recuperó una pasión expropiada. Es más, la transmisión de la fecha completa es un fenómeno muy reciente que data de mediados de 2007. La posibilidad de ver todos los partidos que actualmente brindan canal 7 y otros canales de aire es una herencia de la decisión tomada por TyC Sports en aquél año. Cuando el multimedio comenzó con las transmisiones en 1991 sólo transmitía un partido los días viernes.
En Argentina, el fútbol fue pasión de multitudes por las canchas llenas, los estadios repletos de banderas y los miles de hinchas que se desplazaban de un lugar a otro para ver a su equipo. Esa práctica se mantuvo sin grandes cambios desde que el futbol adquirió masividad hasta fines de los 80 aproximadamente. Ningún gobierno, fuese del signo que fuese atentó contra ese fenómeno.
Sin embargo desde mediados de los 90 comenzó una tendencia a la expropiación del derecho a alentar al equipo en las canchas. De a poco se fueron estableciendo limitaciones a tal efecto. Paralelamente, la oferta televisiva de partidos de fútbol se incrementó hasta completar los 20 equipos de primera. El resultado final fue más partidos televisados y menos hinchas en las canchas. Los dos hechos parecen estar interrelacionados.
La televisión y la cultura del Fútbol argentino
Probablemente, el avance de la televisión no hubiera sido posible sin la expulsión de gente de los estadios. Al respecto, Amílcar Romero -periodista especializado en violencia en el fútbol- señaló que alguna vez la AFA tuvo en mente la idea de jugar los partidos con no más 5000 espectadores. Todo el público que no pudiese ingresar al estadio debía conformarse con ver el partido sentadito en su casa. Y no sólo en su hogar. El público presente en las canchas también debía estar sentadito en las tribunas.
Para poder realizar tremenda obra de ingeniería social es imperativo acabar con el folclore del futbol argentino. Las costumbres y prácticas de los hinchas de nuestro país desarrolladas y legadas de generación en generación constituyen un impedimento del futbol-show que en algún momento se intentó construir y que debe seguir en mente de muchos. Estas prácticas y costumbres son parte fundamental del patrimonio intangible de nuestro pueblo y han recibido la admiración de fanáticos del fútbol de los cinco continentes
Por esta razón, el proceso de expulsión del hinchas de la cancha fue acompañado de los más variados intentos de matar el folclore del fútbol. Este proceso implicaba la construcción de hinchas pasivos mirando los partidos en su casa por TV. Las tentativas de acabar con nuestras costumbres futboleras fueron desarrollándose conciente o inconcientemente mediante ensayo y error. Fue un proceso que dio sus frutos con correr del tiempo y en el largo plazo. En un principio se prohibieron los bombos. Años después, en 1998, el juez civil Víctor Perrota dictaminó que sólo entrasen a la cancha banderas de tamaño reducido. En esa misma época comenzaron los intentos -fallidos la mayor de las veces- de poner butacas en todo los estadios. Por suerte, estas medidas fueron revertidas.
Sin embargo, en 2004 se jugó sin hinchada visitante el partido por la copa Libertadores entre River y Boca. En 2006 hubo un intento de prohibir las hinchadas visitantes en todas las divisiones, pero la medida sólo duró una fecha. Sin embargo lo peor llegó a mediados del 2007. Ese año se decidió que en el ascenso sólo se juegue con público local y en primera se redujo enormemente la capacidad para los hinchas visitantes. La medida fue complementada con la poca disimulada resolución de TyC Sports y la AFA de televisar todos los partidos de la fecha. Dicha medida sólo fue posible de cumplir programándose los partidos en horarios y días restrictivos para las necesidades los hinchas que van a la cancha. Es importante tener presente que sobre esa herencia se constituyó el Fútbol para todos.
Otras medidas restrictivas que datan de ese año fueron la implementación de venta de entradas casi exclusivamente para socios y el escaso o nulo expendio de tickets los días de partido. El año pasado circuló el rumor de la puesta en práctica de un proyecto espeluznante, que consiste en un estrafalario plan de empadronamiento de hinchas. Con la excusa de combatir la violencia se implementaría una medida de control social cuyo objeto es el registro de todos los que asisten a los estadios. Bajo esa modalidad sólo podrían concurrir las canchas quiénes estén inscriptos en el mencionado padrón.¡¡Una verdadera locura!! Otra de las tantas que dificultan la posibilidad de ver fúbol en vivo en los estadios.
De los 90 a la actualidad
Un elemento paradójico del proceso descripto es que se desarrolló sin solución de continuidad desde 1991 hasta la actualidad. El año de inicio es todo un símbolo de los tiempos que se avecinaban para el país. Sin embargo, el crecimiento de la tendencia desde esa fecha hasta el presente no se detuvo bajo ningún gobierno, ni siquiera en el de los Kirchner. Dos ejemplos antagónicos pueden ejemplificar el fenómeno.
El 20 de diciembre de 1992 Boca Juniors se consagró campeón del Torneo Apertura de ese año, empatando 1 a 1 con San Martín de Tucumán. Esa tarde, el estadio de Boca reventó de gente, no entraba un alma en ningún rincón. Pocas veces la Bombonera albergó a tanto público. En contraposición, la última consagración de Boca en diciembre de 2008 frente a Tigre en el estadio de Racing tuvo la peculiaridad de contar con dos equipos con la chance de ser campeón y con dos costados de la cancha totalmente vacíos. Las imágenes de las tribunas son una postal lamentable para quiénes revean las escenas de esa final emocionante.
Un público cada vez menos popular
Boca Juniors también es útil para ejemplificar y constatar otra arista de este proceso de expulsión de hinchas de la canchas. En este caso, el problema consiste en la creciente elitización de los hinchas. Cualquiera que recuerde el público de Boca en los años 90 tendrá presente su carácter popular. En la presente década Boca decidió que la venta de entradas sea sólo para los socios y a su vez redujo el total de tickets vendidos. En consecuencia, no sólo se limitó la cantidad de hinchas en la cancha y los lugares para el público visitante, sino que también expulsó al público de los sectores populares. Ese proceso también resulta paradójico pues durante el menemismo la gente que seguía a Boca era de extracción más popular que en los años kirchneristas. Pareciera que en La Bombonera hubiesen puesto un cartelito con la frase “la casa se reserva el derecho de admisión.”
Que no se malinterprete. No es que los gobiernos K favorecieran este fenómeno. Simplemente no pudieron o no quisieron revertir procesos sociales que vienen de larga data, relacionados con el formidable negocio de la televisación del fútbol, la reventa de entradas en los estadios, la venta de localidades a extranjeros y otro sinfín de etc. Medidas que en conjunto apuntan a convertir el fútbol argentino exclusivamente en show mediático y eliminar todo el elemento activo de los hinchas. Bajo estas condiciones, los excluidos sociales de cuanto espacio público uno concurra, increíblemente han sido marginados de los estadios de fútbol. Un territorio que hasta no hace mucho les era propio y hoy en gran medida les resulta ajeno.
El gobierno nacional, el neoliberalismo y el fútbol
En una nota relacionada con el Fútbol para todos Ricardo Forster señaló que los años 90 fueron dominados por la idea y la realidad del ciudadano-consumidor. Según el filósofo, uno de los ámbitos privilegiados de ese fenómeno fue el retiro del Estado en la transmisión de los partidos de fútbol y la apropiación privada de ese derecho. Sin embargo como ya hemos explicado el Estado nunca fue un gran difusor del futbol televisado. En este sentido la ideología y la práctica acorde a los años 90 en el deporte más popular de nuestro país, no fue tanto la imposibilidad de ver fútbol por la tele, sino la progresiva expulsión de hinchas de las canchas. Fue un proceso lento, pero que implicó una creciente marginación de lo que podríamos denominar el hincha militante.
Hoy en día cualquiera que enciende la TV pública observará una postal llamativa de los estadios. Canchas más chicas con más butacas, sectores de los estadios casi vacíos por los enormes pulmones que separan a las hinchadas, hinchas apretados y lugares libres privilegiados para la publicidad. A eso se le suman entradas carísimas y días y horarios de partidos insólitos en primera y prohibición de hinchadas visitantes en el ascenso. Todo ello avalado por la concepción represiva del Comité Provincial de Seguridad Deportiva (COPROSEDE) de la provincia de Buenos Aires y la completa ineptitud de la Subsecretaría de Seguridad en los Espectáculos Futbolísticos (SUBSEF) de Nación.
Es cierto que la falta de resistencia de los hinchas ayudó a que el proceso avance. Las marchas realizadas a la AFA para revertir esta tendencia nunca superaron las 200 personas. Por esa razón, ante la imposibilidad de unificar deseos largamente sentidos pero difíciles de coordinar entre hinchas de distintos equipos, el Estado Nacional debería acudir en defensa de quiénes no quieren ver impedido su asistencia a los estadios. El gobierno nacional debería garantizar que el futbol vuelva a ser un deporte popular y que la pasión de multitudes no signifique quedarse en casa en actitud pasiva frente a la tele, sino poblar los estadios nuevamente. Sólo así nuestra cultura futbolera no será barrida por los negociados que favorecen la sociedad del espectáculo y del consumo pasivo.
Es el momento de asumir fuertemente la defensa de la cultura del fútbol. Es hora de terminar con las restricciones al hincha que viaja a todos lados y que recorre el país para ver a su equipo. En su momento Kirchner dijo que “todos los argentinos deben tener acceso al fútbol.” Tal vez la frase debería complementarse con: “ningún argentino debe ser privado de asistir a un estadio de fútbol”. Las canchas no deben ser otro signo más de exclusión en Argentina. Todavía estamos a tiempo. Defendamos nuestra cultura y nuestros derechos.