fbpx Ciudadanizar la democracia: el hito pedagógico de este nuevo tiempo político | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Debates //// 17.02.2020
Ciudadanizar la democracia: el hito pedagógico de este nuevo tiempo político

¿Qué marcó la imagen de Alberto Fernández apenas asumió junto a Brian, el joven de Moreno? ¿Qué selló la campaña que Axel Kicillof desplegó a bordo de un Clío, mate en mano recorriendo toda la provincia de Buenos Aires? ¿Qué significa la creación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad? En las respuestas a estos eventos políticos se encuentra el hecho pedagógico. Por Jésica Álvarez.

Por Jésica Álvarez | Fotografía Carlos Pérez

“Es tiempo de ciudadanizar la democracia. Tenemos una democracia con cuentas pendientes y siento que expreso a una generación que llega en ésta hora al poder para tomar la decisión de saldarlas”. Alberto Fernández, 10 de diciembre 2019.

Este nuevo tiempo político supone la necesidad de desarrollar una propuesta política pedagógica acorde a la formación en ciudadanía. Elaborar una  pedagogía política, una pedagogía de las políticas públicas. Una pedagogía de la reflexión y la acción conjunta.

¿Por qué hablar de una pedagogía política? ¿Por qué subrayar el componente  pedagógico de la praxis política?

 “Todo hecho educativo es un acto político”, nos plantea Paulo Freire, por tanto podemos afirmar que todo acto político es un hecho educativo. Dicha idea ubica las acciones políticas como terreno fértil, propicio para el aprendizaje político.

¿Qué marcó la imagen de Alberto Fernández apenas asumió junto a Brian, el joven de Moreno? ¿Qué selló la campaña que Axel Kicillof desplegó a bordo de un Clío, mate en mano recorriendo toda la provincia de Buenos Aires? ¿Qué significa la creación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad?

En las respuestas a estos eventos políticos se encuentra el hecho pedagógico, el aprendizaje que propició cada uno. La actividad política promueve valores, simbologías, modos de entender y vivir la relación entre las personas, contiene en sí misma una práctica pedagógica.

El neoliberalismo confronta con todo el capital simbólico a su alcance, la posibilidad de dotar a lo público de un sentido democrático, participativo, solidario; como afirma Pablo Gentilli "la derrota de lo público, de lo común, ante la efervescencia supuestamente creativa del individualismo egoísta, se ha gestado en el plano de las ideas y se ha consolidado en el plano político al imbricarse estrechamente en la vida cotidiana de nuestras sociedades". Por tanto, resulta indispensable para un proyecto político que se opone a esto generar los ámbitos necesarios que permitan desencadenar hechos políticos - educativos.

La participación no se decreta “desde arriba hacia abajo”. Implica un largo proceso de aprendizaje. Por tanto una lenta transformación cultural. Persisten en nuestras subjetividades la “pesada herencia” neoliberal que nos dejo y legó prácticas inmovilizantes e individualistas, la meritocracia, las estigmatizaciones políticas, cierta  apatía social, el escepticismo en relación  a lo político.

La etapa actual exige repreguntarnos qué supone la participación política aquí y ahora. ¿Cómo visibilizar que la participación y la práctica de decidir se presentan cotidianamente? ¿Qué toda mirada y palabras acerca del país, sobre la sociedad, el tomar partido en los conflictos, los propios proyectos, anhelos de bienestar y esperanza, nos coloca dentro de la política, nos constituye como sujetos políticos? ¿Que “la participación política” no se presenta únicamente al momento de emitir el voto de acuerdo a lo establecido en el calendario electoral? ¿Cómo develar que “lo político” siempre está presente, aunque por momentos una parte importante de la ciudadanía lo percibe lejana a su realidad cotidiana? 

Es a partir de ello que debemos emprender la tarea pedagógica, pensar dispositivos tales como las mesas de gestión compartida, el presupuesto participativo, consejos consultivos ciudadanos, entre otros. Su función es promover y provocar el deseo de ser parte de los debates relacionados a “la cosa pública”.

El aprendizaje se genera en un proceso de interacción, en el marco de una variedad de voces, experiencias, condiciones e historias que sugieren que “el hecho político” concierne mucho más que el mero ejercicio de rechazar o acatar algo.

Dicha tarea debe ser planificada en toda su intencionalidad política, marcar objetivos, rutas acciones a llevar a cabo. Incluir la organización de métodos de sistematización del aprendizaje político que se da en la sociedad.

Debe preguntarse y responderse ¿Qué? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Con quién/es? se va a llevar a cabo cada propuesta de participación ciudadana.

Una planificación sujeta a la constante revisión y en todo caso a la reformulación. Es decir, una planificación abierta flexible como consecuencia lógica del encuentro, del diálogo que democratiza las relaciones sociales. Allí donde aparece el diálogo acontece el aprendizaje.

En definitiva de lo que se trata es que, más allá de las formas, lo que debe interpelarnos es el sentido y los procesos que se desencadenan en la construcción de la cultura política.

 

Ciudadanizar la democracia, democratizar las instituciones

Resulta paradójico plantear la ciudadanización democrática sin abordar la cuestión de la democratización de las instituciones.

Esta apuesta no puede ser simplemente una intención política expuesta a través de ciertos pronunciamientos públicos. Debe abrirse a la imaginación política, confiar en los procesos de organización y luchas que se fueron profundizando y desarrollando en los últimos años por amplios sectores de la sociedad. Favorecer otras formas de habitar las instituciones de gobierno, de establecer el vínculo entre quienes cumplen funciones gubernamentales y la población.

La conformación e incorporación al gabinete nacional  y en las distintas esferas de gobierno de compañeros y compañeras que provienen de  vastas y reconocidas trayectorias militantes  de diferentes ámbitos: sindical, derechos humanos, feminismos, académicas, culturales, de los movimientos sociales, estudiantiles entre otras riquísima experiencias expresan apertura en tal sentido.  

Esto es más complejo que el armado de una estrategia electoral. Es una tarea continua, con avances y retrocesos  de mediano y largo plazo.

Si entendemos esta etapa política “post macrista" como escenario de oportunidades para el fortalecimiento de nuestra democracia, para provocar instancias de democratización de las instituciones de gobierno, se presenta el desafío de pensar ¿cómo consolidar una democracia de alta intensidad?

La adhesión a determinados proyectos políticos es expresión de emociones, recuerdos, afectos, deseos, sueños, aspiraciones que atraviesan a una sociedad

En este aspecto parece pertinente recuperar aquellas ideas manifestadas por Boaventura de Sousa Santos en relación a la contingencia de armonizar la complementariedad existente entre democracia representativa y democracia participativa en el marco de una relación dialéctica, no como formas antagónicas. Sino para forjar escenarios proclives al desarrollo de procesos de “democratización institucional”.

El protagonismo de la ciudadanía debe estar presente en todo lo referido a la toma de decisiones en los asuntos de interés público y de construcción y ampliación de derechos. Debe coexistir una complementariedad entre la representación política en la toma de decisiones y el ejercicio de las funciones de gobierno y la incidencia  ciudadana en esos actos. Aquí habita la posibilidad de reconfigurar un nuevo imaginario social que incluya a todos volviéndonos a integrar en un horizonte común desde nuestras singularidades y diferencias. Que conforme una voluntad política colectiva que se traduzca en acciones concretas, cuyos resultados sean tangibles para la vida social

Si el deseo que nos motiva en el quehacer político es democrático y fraterno, implica que la acción resultante debe tender a acercar y superar la asimetría de poder que otorga la democracia representativa y que se hace presente en la relación “gobernantes-gobernados”. La misma resulta en variadas oportunidades, un obstáculo para construir canales de debate de deliberación que favorezcan consensos

Hay nuevos conocimientos frutos de las experiencias históricas, nuevos protagonismos populares de los movimientos sociales, de los feminismos, de los trabajadores y trabajadoras de la economía popular que se hicieron visibles como una de las caras más fuertes en la resistencia a la gestión de Cambiemos y sus políticas de gobierno.

Hay experticia en la construcción de  propuestas alternativas que den respuesta y modifiquen  las realidades apremiantes en las que se encuentra sumergido un amplio sector de nuestra sociedad.

Por eso resulta fundamental dotar de sentido y contenido las instancias de participación instituidas, y dar lugar a que irrumpan otras formas de “hacer institucionalidad”. Apoyarse en las propias fuerzas colectivas y en la praxis política acumulada contribuye a elevar la conciencia ciudadana.

 

Del vamos a volver al Volvimos para ser mujeres…

La concepción que los procesos de transformación cultural, enlazan momentos de avances y retrocesos. Que no se desencadenan a posterior de ganar las elecciones y acceder al gobierno; sino que son mucho más profundos. Es decir, que suceden antes, durante y  continúan después de aquello que marca en un contexto determinado la coyuntura electoral, circula constantemente como saber indispensable para la militancia.

El fervor de este nuevo tiempo político que empezó a asomar obliga y requiere un debate profundo entorno a nuestros propios espacios de militancia. ¿Por qué? Parece una contradicción plantear y reivindicar esta idea fuerza de “ciudadanizar la  democracia”, si no se acompaña con el propio ejercicio de repensar los lugares que habitamos cotidianamente.

Partir del ejercicio individual y colectivo de reconocer ¿cuánto hay en nosotros y nosotras, que (nos) tensiona, de la subjetivad neoliberal? ¿Qué espacios de participación construimos? ¿Cuáles se habilitan para el debate? ¿Cómo se traduce en acciones políticas territoriales  dichos debates?  ¿Cómo circula y se construye el conocimiento en los mismos? ¿Cómo circula la palabra? ¿Cómo se toman las decisiones? ¿Quien/es habla/n? ¿En nombre de quien/es? ¿Cómo dialoga la individualidad con la construcción colectiva? ¿Cuánto de lo establecido como praxis política al interior de nuestras organizaciones reproduce lógicas conservadoras? ¿Cuánto debemos des-aprender?  

En este quehacer se encuentra la posibilidad de continuar construyendo y fortaleciendo prácticas políticas más solidarias, más humanas.

El proceso de democratización de las relaciones sociales no se adquiere como fruto de una imposición doctrinaria, ni por la repetición, ni la asignación de metas, valores, conductas que se asignan “desde afuera”. Por el contario, se logra mediante la constitución de sujetos políticos actuantes, decisores de aquello que concierne a la vida en común, a la cosa pública.

Asimismo, debe ser capaz de forjar las condiciones materiales y subjetivas ineludibles para  traspasar todos y cada uno de los ámbitos del quehacer político social: familia, escuela, organizaciones, el sindicato, los partidos políticos, las cooperativas, entre otros.

Las luchas emprendidas desde los feminismos y las conquistas alcanzadas son una clara muestra de las posibilidades ciertas de concreción de este deseo democratizador si hay voluntad política y organización.

Lo expuesto no es una declamación política ideal. Es el horizonte de una praxis política profundamente democrática. El mismo no carece de tensiones y contradicciones pero resulta  indispensable en nuestro anhelo de hacer perdurables las conquistas y sueños de nuestro pueblo.

Para finalizar, y entendiendo que este cierre abre nuevas preguntas y debates, quien suscribe reafirma la idea de elaborar una pedagogía política, propia de esta etapa que permita comprender los procesos históricos.

Una pedagogía de la acción y reflexión, que facilite interpretar, significar, decir aquello relacionado a diversas temáticas que hacen a la cosa pública. A su vez, que permita  proponer, brindar respuestas y llevar al terreno de la práctica acciones de resolución.

Esta  energía democrática, de participación y encuentro, debe ser el antídoto para que cada vez sea más hostil y complejo que un proyecto político que representa los ideales del neoliberalismo, que desprecia y atropella los valores democráticos vuelva a través de  elecciones libres  al ejercicio del poder.

“Cuando mi mandato concluya, la democracia argentina estará cumpliendo 40 años de vigencia ininterrumpida. Ese día quisiera poder demostrar que Raúl Alfonsín tenía razón. Espero que entre todos podamos demostrar que con la democracia se cura, se educa y se come. Pongámonos de pie y empecemos nuevamente nuestra marcha”.  

A esto nos convocó el actual presidente, fundar este “hito pedagógico ciudadano” del que todos debemos formar parte.