fbpx Stalin y los fantasmas de Feinmann, por Rodolfo Módena
Cultura //// 05.07.2011
Stalin y los fantasmas de Feinmann, por Rodolfo Módena

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) En la contratapa de Página 12 del domingo 19 de junio de 2011, el reconocido profesor de filosofía José Pablo Feinmann aborda al gran músico ruso Serguei Prokofiev para embestir, caprichosamente, contra Stalin y el socialismo. Confieso que me aturdió un poco al principio y me enojó un poco más al final. Confieso, también, que carezco de la erudición musical con la que el profesor enriquece la nota y nos desasna decorando su torta anticomunista.

Arranca la nota con un caprichoso ataque a Ernesto Sábato porque se le ocurrió morirse, sin querer, un 30 de abril de 2011, justo cuando debía saber que el 1º de mayo no salen los diarios. Puedo coincidir con los muchos cuestionamientos que al autor de “Sobre héroes y tumbas” pero… ¿porque fuera “tan hambriento de la fama y el reconocimiento de los otros”? Esto me suena a autoexorcismo del propio Feinmann, amén de que no tiene nada que ver con el fondo de la cuestión que se plantea en la nota, en el que Sábato y Feinmann –de hecho- piensan igual y se atormentan por lo mismo. ¡Perdón, Sábato ha muerto pero Feinmann no! Y éste lo envidia y odia porque aquel, ya liberado por la muerte de sus propios fantasmas, se ha vuelto uno más entre los suyos.
No sé por qué loco fetichismo cultural de las fechas jugamos a los números en la quiniela. ¿Será una conducta atávica por nuestra herencia pitagórica…? Lo cierto es que Stalin y el compositor Prokofiev murieron el mismo día, un 5 de marzo de 1953. Si por capricho se me hubiese ocurrido escribir sobre el tema, lo hubiera hecho el 5 de marzo de 2003, de 2008, o esperaría al del 2013. Pero Feinmann es un trasgresor y sus caprichos se rebelan contra los caprichosos calendarios convencionales, contra Pitágoras y el mismísimo Riverito, contra la masonería y la Santa Lotería Nacional. ¡Él se rebela contra todo porque es un intelectual crítico!
La muerte de Stalin ocupó todas las tapas de los diarios del 6 de marzo de 1953 y -le guste o no a cualquiera- millones de personas lo lloraron en todo el mundo.
-¿Pero por qué? ¿Por qué Prokofiev tuvo que morir el mismo día y no ser titular de portadas? ¿Por qué un “torpe campesino”…? ¿Por qué no YO…?
-¿Es que YO, José Pablo Feinmann, no logro liberarme del fantasma de Sábato y, además, me estoy fusionando peligrosamente con Jorge Lanata?
-Ya se, mejor se lo transfiero a Prokofiev que fue un grande, aunque no sé como pudo volver a la Unión Soviética, si en París estaba fenómeno…
Me rectifico: curiosamente, el profesor no menciona ni una sola vez a la Unión Soviética y habla solo de Rusia, de la Rusia de Stalin o de la Santa Madre Rusia… Hasta parecería ser que el término “soviético” le produce escalofríos. Yo sé que, en el fondo, es el gran fantasma que ni él ni nadie lograrán exorcizar de la Historia…
-“Tal vez sea una incógnita indescifrable por qué volvió a Rusia. A la Rusia de Stalin. Era una gran figura, un consagrado, un grande indiscutido en Occidente…”
-“En Occidente se lo amaba” ¿Por qué dejó Occidente? ¿Por qué Occidente le perdona el haber escrito “Zdrávitsa”, su “Saludo a Stalin”? ¿Por qué Dimitri Shostakovich tuvo que componer su Séptima Sinfonía titulada “Leningrado” y tocar todas las tardes la campana de la ciudad heroica durante la resistencia antinazi?
No vaya a ser que sus fantasmas lo lleven a preguntarse ¿porqué Stalin tuvo que derrotar a Hitler? o ¿porqué no se rindió al nazismo para evitar derramamientos de sangre?
¡Y acá me saltó la liebre…! Este 21 de junio se cumplieron 70 años de la invasión de las fuerzas nazi-fascistas a la Unión Soviética y Feinmann algo tenía que decir. Acá no hubo capricho, tenía que adelantarse para correr el foco y sacó –acá sí caprichosamente- de la parrilla de sus lecturas y tribulaciones, la brillante idea de recurrir a la curiosa anécdota de las muertes paralelas del 5 de marzo de 1953.
Según Feinmann, Stalin fue un “demonio” que mató “los sueños del socialismo”. Posiblemente eso sea cierto en lo que respecta a sus propios sueños del socialismo concebidos en las mil y una noches de cafés literarios sartreanos. Eso entra perfectamente en los cánones de la construcción de sentido común hecha por los vencedores de la Guerra Fría. De esos sueños del socialismo se pueden publicar coloridas notas de opinión en La Nación, en el New York Times o en Le Figaro. Stalin fue un emergente insoslayable del socialismo en aquellos tiempos sangrientos, heroicos y miserables como los de todas las guerras. No se vaya a olvidar que las revoluciones se escribieron con sangre.
-¿Pero por qué Stalin, siendo un “asesino”, un “paranoico”, un “demonio” sigue siendo la personalidad histórica más popular en la Rusia actual? ¿Feinmann acaso nos diría que porque el pueblo ruso –como Prokofiev- se refleja en la “Santa Madre Rusia” y ésta en el “torpe campesino” transcaucásico?
Se me hace que veo ciertos prejuicios culturales y desprecios clasistas en el profesor. “A Stalin, a Mao y a otros que evitaré nombrar –dice Feinmann- les debe el socialismo un desprestigio que sólo puede favorecer a sus detractores, todos mala gente.” Veo que, aunque dicta brillantes lecciones de dialéctica, el profesor no logra deshacerse de cierto maniqueísmo hollywoodense e interpreta la vida a través de la ficción cinematográfica yanqui a la que es tan afecto, reduciendo la Historia de la lucha de clases a una lucha ideal entre buenos y malos. Además tiene el problema existencial de verlos a todos malos.
¿De qué lado se pone el profesor? En qué otro que en el de los sueños platónicos, siempre desde afuera y desde arriba. Pero hay algo en este párrafo que me inquieta. A quienes estaría evitando nombrar son Fidel Castro y Ernesto Guevara.
-Es que, hoy por hoy, quedaría mal golpearlos - pensará el profesor - porque Fidel y el Che todavía tienen buena prensa y no son vistos aún como espíritus malignos entre la intelectualidad progresista de Occidente.
Hace poco leí una carta abierta de un joven militante trotskista a Feinmann, con motivo de una nota suya sobre el asesinato de Mariano Ferreyra en la que trataba de “perejiles” a los jóvenes. El joven le reprochaba su falta de respeto por la militancia juvenil. A despecho de mi antagonismo integral con el trotskismo, en este punto no puedo dejar de darle la razón al crítico izquierdista.
Feinmann le falta el respeto a Prokofiev, a Shostakovich, a Einsenstein, a Bretch, a Neruda, a Siqueiros y a la inteligencia de millones y lo hace de la peor manera: primero adulándolos, para después contraponerlos, y después cuestionarlos, y después perdonarlos desde no se sabe qué lugar impoluto de la Historia.
Me hace acordar cuando Juan Carlos Portantiero era Decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y homenajeaba a su maestro, nuestro Héctor Pablo Agosti, liberándolo piadosamente del “corsés de su pertenencia al Partido Comunista”. ¡Qué falta de respeto para quien supo hacer de su pertenencia orgánica una de sus más concientes elecciones! Ahora bien, así son las leyes del mercado intelectual burgués: el discípulo díscolo es premiado y reconocido por sus estudios sobre Gramsci por fuera y en contra del PC, mientras que su digno maestro, el verdadero “gran gramsciano argentino” sigue condenado al silencio académico y público por su irreductible condición de intelectual orgánico del Partido Comunista.
Para cerrar, recuerdo la carta de Néstor Kirchner a Feinmann de 2006, cuando le decía: “Disculpame que recurra a una frase peronista, la única verdad es la realidad… Ser intelectual no significa mostrarse diferente, tal como ser valiente no implica mirar a los demás desde la cima de la montaña… Por eso creo que vos y yo no pensamos tan diferente, sino que tenés miedo. Miedo de que te confundan, porque creés que la individualidad te va a preservar. Pero no te olvides que pertenecemos a una generación que siempre creyó en las construcciones colectivas. La individualidad te pondrá en el firmamento pero sólo la construcción colectiva nos reivindicará frente a la historia. Al fin y al cabo todos somos pasantes de la historia”. (Agencia Paco Urondo)