Cultura //// 14.04.2019
No tan blanca

Elena (Leticia Torres) y Enzo, su pareja, (Mariano Sayavedra) le subalquilan una habitación a la negra (Marcelo Pozzi) en un monoblock del conurbano bonaerense.  A ese mundo entra por la ventana Blanca (Monina Bonelli), hermana de Elena, con su aire de pueblo y su escote profundo, con su piel traslúcida y sus nervios indomables como sus deseos para poner en palabras la violencia.

Por Carolina Selicki Acevedo

 

En Blanca, la marginalidad es el escenario para esta historia donde las biografías se cruzan tejiendo un territorio dentro del departamento-corredor-sucucho, parte de un gran monoblock, en el que los protagonistas entran y salen con discursos como cuchillos y en donde el reencuentro de las hermanas irá revelando ante los ojos del público más de una muerte, peso pesado para las espaldas de Blanca quien ya no encuentra más que ansiolíticos para conseguir soñar un poquito de noche. Y, entre ese leve dormir aparecerá Jony (Héctor Bordoni), amigo de Enzo, para demostrarle o demostrarse que el amor es más que “tener piel” o penetrarse hasta el fondo, que cada uno aún está atado a su pasado, él en la Bonaerense y ella en su rol de femme fatal, aunque ambos suspendidos de sus trabajos y en esa pausa es que se da el lugar al diálogo tan postergado.

Porque hasta la llegada de Blanca Elena era puro ir para adelante sin detenerse a preguntarse si es feliz con el hombre con el que duerme todas las noches o si está cansada de ser la que trae el dinero para pagar en cuotas la pocilga que tienen de hogar, entre olor a cerveza y sexo. Y si la negra con su lenguaje poético a lo Lemebel no es acaso su única fuente de amor, ahora red que se extiende a su hermana. Ambas, se enfrentarán a las más crueles verdades a riesgo de destruir el lazo ancestral. Y entonces, de ese diálogo que se corta y con una intensidad que crece las palabras van emergiendo, pero al compás del lenguaje de los cuerpos y una música que de principio a fin se irá colando hasta convertirse en grito desgarrador, un grito que multiplica el de tantas mujeres que se atreven a decir basta al maltrato, al que quiere poseerlas, a aquel que hace de la necesidad bandera o alarde de virilidad, aunque pueda parecer un poco tarde.

Es destacable la construcción de los personajes exigidos en cada entrada y salida para mantener la tensión y la conexión en el cruce de historias a través de la dramaturgia de Natalia Villamil, Licenciada en Psicología y Magister en Dramaturgia de la Universidad Nacional de las Artes (UNA), autora de "Sola no eres nadie", dirigida por Ana Alvarado,  galardonada con el premio Nuestro Teatro; "Bestia", seleccionada para participar del Festival de Teatro independiente de Bogotá (Colombia) y "Rayito de sol", seleccionada para el Festival Mujeres a las tablas de Neuquén, entre otras. La dupla con Cintia Miraglia en dirección reafirma el carácter político de esta pieza, teniendo en cuenta que es docente y Licenciada en Dirección Escénica de la UNA y que ha participado como directora teatral del programa UBA XXII de formación Universitaria para personas privadas de su libertad ambulatoria, (UBA) en el Correccional de Mujeres de Ezeiza.  También el espacio escénico no es un detalle menor ya que invita a la intimidad, a la que se nos permite ingresar un poco y otro poco queda tapado, tal vez porque la trama amerita a conocerla de a capas como quien pela una cebolla bien agria, logro de Gonzalo Córdova. Asimismo, el vestuario de Gustavo Alderette resignifica una estética ideal para el desdoblamiento de los personajes en banda de rock, con la dirección musical de Julián Rodríguez Rona.

Funciones: viernes y sábados, 21 hs. (Hasta el 11 de mayo)
Lugar: Centro Cultural San Martín, Sala 3 (Sarmiento 1551, CABA)
Entradawww.tuentrada.com
Informes: 4374-1251/59 (int. boletería 2241)
Duración: 90 min.
FBBlanca 
IGBlanca
PrensaOctavia Comunicación