fbpx ¿El “descenso” de los “millonarios” como síntoma social y político?, por Marcelo Padilla
Cultura //// 24.06.2011
¿El “descenso” de los “millonarios” como síntoma social y político?, por Marcelo Padilla

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, en mdzol.com) “Ser millonario” o “Rey de copas”, millonarios y reyes en un país de pobres y siervos de la gleba. Estamos pariendo. Descendió el equipo del “Inglés” Babington, la Boca-empresa de Macri toca fondos, el equipo del “Kaiser” pierde la batalla a manos de un patriota, Belgrano. Simbólico. Lacaniano. Foucaultiano. Y claro, Jauretcheano pues.


No, ya no es un fantasma que acosa el sueño ni desvela. No, ya no se trata de tejer posibilidades o probabilidades sobre la necesidad de desenlaces, más ecuánimes, en el deporte o la política, la cultura y la sociedad, la economía y la justicia. Un nuevo tiempo ha llegado y es el que estamos hoy viviendo. No te lo están contando como pasado ni lo tenés que imaginar como futuro. Lo estamos transitando, como la vida, cambiante, de a porrazos, en zigzag como el ebrio al sol que va enderezando el caminar en busca de recuperación.
Que no es el mundo perfecto pues ya lo sé, no me vengan a putear por lo que no dije. No es perfecto ni quiero que sea, aunque sí más justo y equitativo lo prefiero, pero en eso estamos… ¿no?
¿Porqué la sociedad argentina está  consternada con la posibilidad real (nunca más imaginaria) de que River  termine cayendo el domingo en descenso a una categoría inferior en el fútbol nacional?
Justamente, River (los millonarios) hace unos años viene en caída libre en lo deportivo, pero también en lo económico e institucional. Un club que se desarrolló a la medida del poder político y económico de turno (recordemos: “el monumental” en sus inicios de construcción fue financiado arbitrariamente con fondos del gobierno de Agustín P. Justo en la “década infame” –también se financiaron las grandes catedrales e iglesias-, como la cancha de Boca, mientras los estadios de los equipos menores o “chicos” plasmaron su construcción bajo la década del 40 y 50) Un club-potencia que siempre tuvo el amparo de esos micropoderes que construyó el deporte en nuestro país, llámense asociaciones de árbitros, Asociación del Fútbol Argentino, empresarios y políticos, medios de comunicación y además barrabravas con una organización para-estatal sin precedentes.
Por ello estimados lectores, esto no es fútbol “a secas”,  toda vez que el mismo se encuentra históricamente atrapado en una lógica de intereses corporativos que lo moldean. El fútbol es político y participa en la construcción de imaginarios y universos simbólicos que generan identificaciones sociales. “Ser millonario” o “Rey de copas”, millonarios y reyes en un país de pobres y siervos de la gleba. Estamos pariendo. Descendió el equipo del “Inglés” Babington,  la Boca-empresa de Macri toca fondos, el equipo del “Kaiser” pierde la batalla a manos de un patriota, Belgrano. Simbólico. Lacaniano. Foucaultiano. Y claro, Jauretcheano pues, ya que estamos.
Estamos hablando en un tiempo nuevo, en un tiempo presente distinto y complejamente interesante que debe llevarnos a pensar, reflexionar y establecer relaciones de analogía, compatibles con lo que está pasando desde hace al menos diez años en la sociedad. Y el fútbol, no es escapa a este nuevo tiempo. Y la caída libre de River, pero también de Boca, de Independiente, de Racing, son los síntomas de estos cambios. Es más, creo que “el fútbol para todos” como concepto está arrasando con aquellas estructuras aceitadas que contribuyeron por años a la lógica del mercado darwiniano del deporte y del fútbol.
Y viene pasando en la política, la justicia, la economía; en la sociedad y la cultura en general. Me atrapa la idea de “descenso  de los poderosos”. Esta posibilidad concreta de bajar al barro de los comunes, para tocar fondo y no hacer borrón pero sí cuenta nueva (jamás olvidar) es lo que le ha ocurrido a varios sectores de la sociedad argentina.
La impunidad de los que participaron en la dictadura militar y su proceso económico ya no cuenta. Hoy están sentados en el banquillo declarando y, permítanme la analogía, descendiendo. Los monopolios de la comunicación están en la picota con la nueva Ley de medios. Y ya no deberemos de creerles las mentiras ni las operaciones para subir gobiernos y luego bajarlos.
La señora Herrera de Noble y el señor Magnetto están como River: vienen en caída libre y los espera pronto el descenso. Clarín no vende lo que vendía y la gente no come vidrio a mordiscones como antes. Es más, la posibilidad de someter a estudios de ADN a Felipe y Marcela (hijos apropiados en dictadura por la señora de Noble) es una muestra más que nos indica que los poderosos y los millonarios, están en descenso directo. Es el descenso de los clubes tratados como empresas como la idea de tomar a la sociedad como una gran empresa (Modelo de acumulación rentístico-financiero 1976-2001).
No es poco. Tampoco es todo lo que había que hacer. Falta, y mucho. Pero hoy la crítica en los mismos medios de comunicación está posicionando a dos tipos de periodistas en la argentina: a los que todavía creen en la aséptica independencia de todo orden en sus posicionamientos (que da rédito en el mercado de pases periodístico), y a los que están poco a poco diciendo lo que piensan (acusados de periodistas militantes), aunque no coincida con los intereses de sus patrones ni con el nuestro. Es sintomático lo que ocurre con River Plate… ¿No?
Pero también hay que hacer visible en el discurso que “los que ascienden” son los que vienen del barro, de la “inferioridad” deportiva, social, cultural y política. Lanús, Vélez, Godoy Cruz. Los pobres o siempre vilipendiados se han asomado como soles en el horizonte. Los dignos. Los que piensan distinto al poder dominante y juegan a lo colectivo, volviendo a los orígenes de la socialidad identitaria. Y, por analogía, también la parición de nuevos medios de comunicación y nuevas voces, de nuevos escritores y nuevos políticos, de jóvenes valores, de nuevas prácticas, de un enjambre de voluntades ansiosas de justicia. De empresarios nacionales que producen para el mercado interno, de nuevos liderazgos que recuperan “la otra historia”, la de los derrotados en la letra de los ganadores (“No existe documento de cultura que no sea a la vez un documento de barbarie”, dijo Walter Benjamin).
En fin, un país más justo nace todos los días. Y esto se produce no solo por el gobierno nacional sino fundamentalmente por el protagonismo de la sociedad real que no quiere más patrones de estancia en su vida cotidiana.
Es una buena oportunidad para seguir pensando “el descenso” como una forma de simbolización de lo que nos está pasando. Pues desde allí, creo, debemos celebrar algunos descensos. Ya era hora. (Agencia Paco Urondo)