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Coronavirus //// 07.04.2020
La clave para la prevención y un posible tratamiento del COVID-19 es la solidaridad

APU entrevistó a Víctor Romanowski. El virólogo, Investigador Superior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, es parte de un equipo que trabaja para poner a disposición de los pacientes un tratamiento eficaz a base de plasma convaleciente contra el coronavirus.

Por Agustín Pisani

En Argentina, país que hasta hace pocos meses no contaba con Ministerio de Salud, un grupo de investigación conformado con profesionales de diversas especialidades se encuentra trabajando intensamente en la esperanza concreta de desarrollar un tratamiento, que aplicado en los primeros días de contracción del virus, tiene muy altas chances de recuperar a quien lo contrae.

Quienes llevan adelante la investigación a máxima velocidad, presentaron un protocolo de aplicación de plasma convaleciente al Ministerio de Salud y están a la espera de una respuesta para comenzar a testear su efectividad. En el equipo participan: Barbieri, David: Médico Terapista. Jefe de Sección Guardia Medica Operativa del Ente Autárquico Instituto de Trasplante Ministerio de Salud, CABA; Gorini, Néstor Federico: Médico Hematólogo, Jefe de Hematología y Hemoterapia Hospital Evita Pueblo de Berazategui; Gorini, Néstor Ulises. Médico Cardiólogo, Jefe de Cardiología, Hospital Evita Pueblo de Berazategui; Spadafora, Santiago: Médico Anestesista. Director de la Carrera de Postgrado Especialización en Administración Hospitalaria; en la Universidad ISALUD; Celso Arabetti: Médico Cirujano. Director de Investigación de la Universidad Austral; Jorge Geffner: Bioquímico. Profesor Adjunto, Departamento de Microbiología, Parasitología e Inmunología, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires. Investigador Principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

AGENCIA PACO URONDO entrevistó a Víctor Romanowski. Virólogo. Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Facultad de Ciencias Exactas, UNLP. 

 

La imagen puede contener: una persona, sentada y barba

APU: ¿Qué hay de cierto en que se está probando un tratamiento que estaría dando resultados muy prometedores en pacientes “graves” con COVID-19, a través de plasma inmune?

Víctor Romanowski: Varios grupos de profesionales de la Salud en nuestro país tuvieron la inquietud de aportar a las terapias posibles para minimizar los casos graves de COVID-19 hace un par de semanas. Los antecedentes son estudios realizados en pocos pacientes en otros países. Las distintas iniciativas locales deben articularse en el ámbito del Ministerio de Salud de la Nación para lograr concretar resultados más significativos con el aporte sinérgico de profesionales dispuestos a sumar sus valiosas experiencias y conocimientos complementarios.

APU: Si no entendí mal, el tratamiento consiste en aplicar anticuerpos de un paciente curado de corona virus, en otro que lo está padeciendo para impulsar en su sistema inmunológico las defensas apropiadas. De ser así, la cooperación y la solidaridad estarían siendo valores aplicables no sólo a lo social e ideológico, ¿la prevención es gracias a la solidaridad, a pensar y cuidar al otro, pero el tratamiento también estaría vinculado a que un curado, le comparta la información que precisa un recién afectado?

VR: La inmunoterapia pasiva consiste en inyectar al paciente anticuerpos dirigidos específicamente contra el virus. La fuente de esos anticuerpos es el plasma de donantes que cursaron la enfermedad y desarrollaron una respuesta inmune. Esos pacientes (convalecientes) que fueron dados de alta ya no transmiten la infección a sus contactos y, además, poseen en su sangre anticuerpos (inmunoglobulinas) capaces de neutralizar al virus: si estos anticuerpos se suministran a otro paciente infectado, bloquearán la capacidad del virus de infectar nuevas células y, de esa manera, impedirán la diseminación de la infección en el resto del organismo.

Desde la perspectiva de las relaciones humanas resulta claro que si hay una persona que requiere ayuda para ser curada y otra que puede aportar lo que ésta necesita: sería un claro caso de solidaridad. Lo más probable es que esta terapia inmunológica evolucione hacia la acumulación de plasma de convalecientes en bancos para su mejor control de calidad y la estandarización del preparado terapéutico. Más aún, si los tiempos lo permiten, los bancos de plasma de convalecientes remitirían el material al Laboratorio de Hemoderivados de Córdoba que está en condiciones de fraccionar la sangre y elaborar inmunoglobulinas. Esta forma tendría menos efectos secundarios y probablemente sería más fácil de distribuir entre los diferentes centros de salud del país.

El uso de anticuerpos para impedir el avance de una infección, cuando no existen fármacos desarrollados para bloquear al agente patógeno de manera específica, es un principio general que tiene alrededor de 100 años. La forma más simple de disponer de esos anticuerpos es obtener el plasma de pacientes que pudieron curarse de la enfermedad en cuestión porque desarrollaron anticuerpos neutralizantes. La infusión de ese plasma en el torrente sanguíneo del paciente infectado que no ha tenido tiempo para montar aún su respuesta inmune (porque nunca antes se enfrentó a ese germen o no fue vacunado porque no hay vacunas disponibles) recibirá el beneficio de la acción de los anticuerpos que se unen al virus interfiriendo con su capacidad de infección de nuevas células. Este tratamiento es mucho más efectivo en las etapas tempranas de la enfermedad infecciosa, antes que el virus haya alcanzado a diseminarse por los tejidos y órganos del paciente.

APU: ¿Cómo es que nuestra tradición sanitarista y el desarrollo que supimos conseguir a partir de las personas profesionales del área de investigación y ciencia argentina permitan que estemos hablando, hoy, de un posible tratamiento contra el Coronavirus?

VR: A principios de los años ’70, el Dr. Julio I. Maiztegui demostró que este método, que describí antes, funciona para enfrentar al virus Junín, que causa la fiebre hemorrágica argentina (FHA), también conocida como “mal de los rastrojos”. Logró reducir la tasa de mortalidad inicial de 30% hasta menos de 1%; siempre que el diagnóstico se hubiera hecho de manera temprana y que la administración del plasma inmune se efectuara en la primera semana de la enfermedad. El Dr. Maiztegui junto con su equipo desarrolló una muy valiosa labor de difusión de la información y consolidación institucional en el área endémica azotada por la FHA. Hace más de 50 años se fundó el Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas, que ahora lleva su nombre (INEVH “Dr. Julio I. Maiztegui”, dependiente de ANLIS) donde se establecieron los protocolos de donación y procesamiento de plasma de convalecientes para su aplicación en pacientes de FHA. Esa estructura y conocimientos se articularán en la nueva emergencia sanitaria con las iniciativas de varios grupos de profesionales de la salud.

La FHA, como la COVID-19, es una virosis emergente: se produjo el contacto del hombre con roedores silvestres infectados con el virus Junín (que no sufren enfermedad) y se verificó un brote de infección en una población que jamás estuvo expuesta a ese nuevo virus y, por lo tanto, su sistema inmune no logró bloquear a tiempo la infección. La expansión del área cerealera en la pampa húmeda y el aumento de la población de roedores silvestres favorecieron los contactos de los humanos con estos animales. Así, se produjeron muchas víctimas fatales, entre los trabajadores rurales y también el personal de la salud. Es una historia similar en cuanto al contacto entre animales silvestres y humanos, que se repite ahora con la COVID-19. Afortunadamente, ahora es posible sumar las experiencias y recursos con los que no se contaba en 1970, como medicamentos aprobados para su uso en humanos redireccionados. Para evaluar su efectividad en poner freno a la infección con SARS-CoV-2 se requiere aún de estudios clínicos cuidadosos, como para no difundir falsas expectativas.

En el caso particular de la estrategia de la infusión de anticuerpos en el torrente sanguíneo de los enfermos de COVID-19, se debe considerar que por el momento sólo se cuenta con estudios auspiciosos realizados con pocos enfermos graves. Sin embargo, es probablemente la única técnica que existe actualmente para la lucha contra este patógeno en forma específica: los anticuerpos provenientes del plasma de pacientes curados están dirigidos selectivamente hacia el SARS-CoV-2. Las formas de aplicación de los anticuerpos pueden consistir en preparaciones más simples o más sofisticadas: transfusión de sangre compatible, o infusión de plasma, preparados enriquecidos en inmunoglobulinas (anticuerpos) o inmunoglobulinas purificadas. Cada una de estas alternativas requiere de rigurosos controles y protocolos aprobados por autoridades regulatorias y comités de ética de las instituciones donde se implemente.

APU: En caso de que este tratamiento funcione, ¿podemos desarrollarlo en nuestro país, es viable o lo más probable es que se siga desarrollando en Estados Unidos?

VR: La inmunoterapia se considera seriamente en diferentes países, incluyendo a Estados Unidos donde el número de pacientes graves es muy importante, y en Argentina contamos con equipos de profesionales idóneos y motivados (en hospitales públicos y privados, universidades y centros de investigación y desarrollo). A estos recursos se deben sumar especialmente la experiencia del INEVH y del Laboratorio de Hemoderivados de la Universidad Nacional de Córdoba, la única planta en Sudamérica capaz de procesar plasma. Estos dos centros tienen una experiencia de medio siglo en estas tareas; de manera que no es necesario esperar a que otros países hagan el desarrollo por nosotros. Sin embargo, no se trata de una carrera sino de la colaboración a nivel global de todos los investigadores y médicos en tiempo real para sumar recursos, conocimientos y alertar sobre posibles efectos no deseados con el fin de llegar con la terapia más apropiada para cada enfermo.

Para concretar esta iniciativa es necesario contar con reactivos y técnicas para evaluar la potencia de los plasmas de convalecientes: titulación de anticuerpos específicos para este virus y evaluación de su capacidad de neutralización. Si no se hicieran estos controles, el riesgo de llegar a conclusiones equivocadas sobre la eficacia de los resultados del tratamiento serían altos. Equipos académicos de nuestro país están trabajando intensamente y ya obtuvieron progresos (trabajo de virólogos, biólogos moleculares, biotecnólogos, médicos, etc.). Es importante destacar la necesidad de contar con la capacidad de producción local de estos elementos dado el retraso en la disponibilidad de reactivos importados y su escasez debido la demanda inusualmente alta durante esta pandemia.

El apoyo del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación es claro al enfocar los problemas relevantes y urgentes. Los equipos involucrados en frenar la infección (tanto los investigadores como los que están en la trinchera de la atención del paciente y diagnóstico de laboratorio) no retacean su tiempo, no hay feriados, ni sábados, ni domingos.

Finalmente, dependiendo de la disponibilidad de plasma donado por convalecientes, se podrá considerar su aplicación a pacientes en etapas tempranas de COVID-19 pare evitar que progresen hacia formas graves. Se ha observado que la inmunoterapia en otras enfermedades infecciosas es tanto más eficiente cuanto más temprano se aplica: es más fácil frenar la infección cuando el patógeno aún infectó muchas células y no se distribuyó ampliamente en el organismo afectado.

APU: En 2007 el actual ministro Ginés González García, quien conoce de cerca el trabajo hecho por el doctor Julio Maiztegui, había incluido en el presupuesto la CANDID I en el calendario nacional de vacunación. Sin embargo, actualmente y desde 2018 el laboratorio del Instituto Maiztegui (productor de la vacuna) está paralizado por falta de fondos, ¿qué sucederá en esta emergencia sanitaria con estos espacios, qué rol podrían llegar a jugar?

VR: Si bien, tanto el sector de Ciencia y Tecnología como el de Salud han visto una disminución muy importante en los fondos asignados durante los últimos cuatro años, hay recursos humanos valiosos que están disponibles. Así, uno de los centros clave en la evaluación e implementación de nuevas terapias antivirales en un caso de emergencia como la pandemia que nos ocupa, ha sido desfinanciado de manera imperdonable.

El INEVH producía la vacuna Candid 1 (virus Junín atenuado) para prevenir la FHA. Desde 2007 esa vacuna se incorporó al calendario nacional y el INEVH producía cada año el número de dosis necesario (con un margen que cubría parte de las necesidades del año siguiente) para proteger a la población del área endémica, especialmente a los trabajadores rurales. Sus laboratorios cumplen con estrictas normas internacionales (GMP) para la elaboración de productos para uso en medicina humana. Estas capacidades y políticas establecidas se vieron frustradas por recortes en el presupuesto y enormes retrasos en el giro de fondos para atender las necesidades básicas en el período 2016-2019 resultando en la imposibilidad de producción y control de más dosis de vacuna Candid 1. Desde 2018 sufrimos un desabastecimiento de vacuna contra la FHA. Esta vacuna sólo se produce en nuestro país, pero las compras de otras vacunas de un calendario nacional de vacunación devaluado también fueron afectadas y no alcanzaron a cubrir las necesidades de la población, apareciendo un número de casos de sarampión, por ejemplo, cuando esta enfermedad infecciosa ya no era un problema en Argentina.