fbpx Represión en La Pampa: Tierno, ministro y abanderado
Violencia Institucional //// 15.02.2016
Represión en La Pampa: Tierno, ministro y abanderado

La represión policial en el límite entre La Pampa y Buenos Aires muestra un escenario que excede la eventual legitimidad de las posiciones de ambas jurisdicciones en el tema fluvial de fondo. La acción represiva, que dejó a un menor de seis años herido, revela una praxis política de la que el ministro pampeano Tierno es una figura arquetípica. 

Por Diego Kenis
La figura de Juan Carlos Tierno, el ministro de Seguridad del gobierno de Carlos Verna, caminó oronda en medio de los manifestantes, poco antes de la represión que el último martes acabó con varios de ellos heridos por las balas de goma que afectaron incluso a una criatura de seis años y a varias mujeres e impactaron a escasos centímetros de los ojos de otros tantos hombres.
La posición del gobierno pampeano frente al tema de fondo merece un abordaje independiente y extenso: La Pampa es una provincia afectada por las políticas fluviales de sus limítrofes, que la secan por el lado mendocino del Atuel y la inundan por el cordobés y bonaerense del Río V.
La represión policial en que derivó no ilustra lo que de legítimo pueda tener una posición jurisdiccional, sino que evidencia un modo de resolución de conflictos que se condice con un escenario político provincial y nacional. Esa estructura, que se describe en Tierno pero no se agota en él, quedó en evidencia en un video oficial de la Gobernación pampeana: el tono bélico de la música de fondo y algunas de sus tomas desdibujaba los testimonios de vecinos y la propia participación de Verna, que de todos modos no desarrollaba el nudo del conflicto. Las balas de goma no las sufrió ningún ejército imaginario ni la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, a quien su par pampeano desafiaba en etéreo debate, sino los manifestantes bonaerenses. Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas.
La figura de Tierno, un viejo portavoz de la mano dura, no agota el tema pero sí se vuelve arquetípica para explicarlo, por sus antecedentes y su actualidad: las denuncias de los manifestantes reprimidos consignan que el ministro condujo las acciones y no respondió cuando se le pedía que cesara el operativo sobre el conjunto que incluía a niños pequeños. Algunos testimonios incluso lo ubican a él mismo repartiendo golpes (ver nota aparte).
Lo ocurrido no exime de responsabilidades al nuevo oficialismo nacional y bonaerense, toda vez que la incapacidad de negociar o dialogar se verificó en las dos administraciones provinciales y el episodio es la continuidad de la nueva praxis represiva que tuvo ya sus citas contra los trabajadores de Cresta Roja o los murgueros de Los Auténticos Reyes del Ritmo, capítulo donde se inauguró la modalidad de balear a menores con proyectiles de goma. La imputación de la Procuraduría de Violencia Institucional (Procuvin) a los gendarmes que intervinieron en el hecho es la de tentativa de homicidio, porque un disparo de bala de goma efectuado a corta distancia puede provocar la muerte.
Tras doce años donde la decisión política medular era no reprimir la protesta social, el nuevo escenario se revela opuesto y, en este caso, se coloca más allá de los partidos a que responde cada administración e incluso por sobre la legitimidad o no de cada posición en la discusión de fondo.
No es extraño entonces que sus principales actores mantengan una cercanía de criterios: el 18 de diciembre pasado, durante su discurso en un acto de egreso de cadetes de la policía provincial, Tierno reveló que había sido él quien sugirió a su par de Nación Patricia Bullrich la declaración de una “emergencia en seguridad” que permitirá manejos discrecionales de cajas y machetes. Había pasado una semana de la asunción de ambos.
 
Un Tierno de mano dura
“Loco… ¡pero inteligente!”. Así gustaba defender su fama Tierno, un abogado que fue (y es) funcionario de varios gobiernos pampeanos y fugaz intendente de Santa Rosa. Éxito tuvo: a juzgar por su reciente retorno al primer plano de la política provincial, Tierno logró salir indemne de denuncias periodísticas y judiciales por violencia de género, corrupción y abuso de autoridad, un delito por el que incluso está condenado en primera instancia.
Las paredes de Santa Rosa, la ciudad que gobernó por 87 días entre los finales de 2007 y los inaugurales de 2008, decían otra cosa. “Aunque parezca duro, el sorete es Tierno” fue un graffiti anónimo que se transformó en consigna colectiva durante las masivas protestas que determinaron su cese en el cargo de intendente santarroseño, que acababa de asumir. Para entonces, su particular estilo diplomático lo había llevado a ignorar al Concejo Deliberante local para aprobarse un presupuesto a medida, lo que implicaba mandar por su sola voluntad también en materia tributaria.
Fue el corolario de una carrera que comenzó casi un cuarto de siglo antes, cuando el joven funcionario fue acusado de torturar a su pareja de entonces, que apareció con el rostro desfigurado y quemaduras de cigarrillo en sus pezones. La historia dio nombre a la exhaustiva investigación que el periodista Juan Carlos Martínez volcó en su libro El golpeador (ver nota aparte), que además enfoca en el paso de Tierno por el directorio del Banco provincial, y fue rescatada también por medios nacionales como Página/12 cuando el escandaloso gobierno municipal de Tierno comenzó a exceder los límites de resonancia de la geografía santarroseña.
La recuperación de esa historia, que el actual ministro considera parte de su vida privada, frustró su intento de acercamiento al kirchnerismo en 2008, con el entonces Jefe de Gabinete Sergio Massa como conducto. En agosto de ese año, la presidenta Cristina Fernández llamó por teléfono a María Silveyra, para felicitarla por su valiente testimonio de los episodios de violencia de género que presenció cuando trabajaba como empleada doméstica en casa de Tierno. Un lustro más tarde, la presidenta desbarató un nuevo intento del ex intendente para acercarse al kirchnerismo, al decir que “con nosotros no marcha nadie que apague cigarrillos en el cuerpo de otro”, una práctica que consideró “una típica tortura durante las dictaduras”. El disparador de las expresiones presidenciales era otro episodio y la entonces mandataria no mencionó a Tierno, pero en La Pampa la interpretación quedó tan abierta como cerrado el conducto del intendente al Frente para la Victoria. No es extraño que ahora reaparezca su nombre en el gabinete de Verna, histórico aliado suyo y hoy uno de los cruzados en el intento de deskirchnerización del peronismo, junto a Massa.
Es fácil inferir que la relación de Tierno con la prensa no fue nunca cordial, salvo excepciones de regla. El actual ministro atacó mediante solicitadas y denuncias penales a los trabajadores de prensa del mensuario Lumbre, cuya labor descalificó. Fue en ese periódico donde Martínez comenzó la serie de notas sobre el funcionario que en su primer discurso como fugaz intendente anunció que prohibiría a los chicos de doce años andar en bicicleta y durante su breve gestión dio vía libre a la policía municipal, desalojó talleres de arte del Centro Cultural y confrontó en persona con trabajadores en protesta y marchas en su contra, como  volvió a ocurrir el martes en plena ruta, cuando –aseguran los testigos- repartió golpes macana en mano.
Su último día de gobierno como intendente, el 7 de marzo de 2008, estuvo signado por el conflicto final con la prensa. Comenzó con el intento de agresión de sus partidarios a la reportera gráfica Cecilia Fernández, a quien intentaron robarle la cámara. Horas después, cuando la Cámara de Diputados provincial ya había decidido la intervención de la comuna por unanimidad, Tierno citó a los medios de comunicación a una conferencia de prensa como el intendente que ya no era.  Pero a poco de comenzado el encuentro advirtió que no contestaría preguntas de Walter Goñi, el director de El Diario, publicación a la que había denunciado penalmente. Detrás de Goñi, a quien Tierno tildó de “activista”, se retiraron todos los periodistas presentes. Todos, excepto uno: el de TN.