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Géneros //// 30.09.2016
Hablamos de aborto: luchamos por la despenalización

Con la participación de referentes del movimiento de mujeres, militantes, periodistas, dirigentes de diversos partidos políticos, se llevó adelante esta jornada organizada por el Legislador porteño Pablo Ferreyra. Un “espacio desde el cual poder abordar una temática que permanece negligentemente ocultada, a partir de condicionamientos políticos y/o religiosos”.

Por Juan Manuel Ciucci
Ciertos temas deben ponerse en palabra, en acto, para volver a dimensionar el amplio espectro sobre el cual pueden incidir, la trama de intereses que pueden afectar(se), los derechos que pueden omitir(se). Quizás de todos sea el aborto uno de los fundamentales, por permanecer en una trama oculta(da), mientras en la realidad impacta de tal manera que los planteos que se emiten en su contra se vuelven insoportables.
Escuchar tanto testimonios como diversos análisis de especialistas, junto a los datos duros de la realidad del aborto en la Argentina, impacta. No por conocida la lucha y el reclamo por conseguir que sea legal, seguro y gratuito; deja de conmover el conocer las historias personales, los derechos avasallados, la persecución y la criminalización ante quien decide sobre su cuerpo. La violenta intervención de las instituciones del Estado contra la mujer, cobra en este punto un rol que se nos hace (y debe hacérsenos) intolerable.
La jornada se llama “Hablamos de aborto”, y fue convocada por el Legislador Pablo Ferreyra (FpV), presidente de la Comisión Especial de Seguimiento y Prevención de la Violencia Institucional, de la Legislatura porteña. “Los cuerpos de las mujeres son los primeros implicados cuando hablamos de aborto. Pero también hay otras corporalidades implicadas: lesbianas, varones trans, mujeres bisexuales. Los varones heterosexuales debemos involucrarnos para acompañar a quienes deciden abortar”, indica Ferreyra en el acto de apertura.
Se sucedieron las voces presentes, para testimoniar/informar/combatir contra la mitología imperante, el silencio cómplice de las miles de muertes de mujeres en abortos clandestinos. Una desidia por parte del Estado inadmisible, que criminaliza a la mujer, al mismo tiempo que la deja librada a su suerte (y a la falta de escrúpulos del mercado) ante tamaña decisión.
O que puede encarcelar a una joven que sufre un aborto espontáneo ante la denuncia de los médicos, como fue el caso de “Belén”, y del que contó detalles durante el encuentro Susana Deza, su abogada. “Fueron muchas las violencias que sufrió Belén, desde lo institucional, desde la salud, desde la policía, el poder judicial. Me parece que cuando uno comienza a desmenuzar un poco el caso realmente ve lo que hay detrás de la violencia de género, que es la asimetría de poder”, indicó.
Impactan también los testimonios de quienes sufren la violencia por parte de estos profesionales de la salud, que con parámetros del Siglo pasado, continúan abordando el cuerpo de las mujeres y los varones trans (un colectivo invisibilizado, desconocido casi en este tema) como un territorio propio, del que con su saber parecen adueñarse. Esa violencia obstétrica, da cuenta de cierto continuo menosprecio por el “paciente”, tanto en la clandestinidad como en la institucionalidad.
Y los números no hacen más que demostrar la necesidad de la legalización, de una práctica existente, y de un derecho a decidir. Tanto sobre mi (su) cuerpo, como sobre el “deber ser” de la maternidad, o la sexualidad. Los consensos que se van construyendo invitan a imaginar que no será tan lejano el día en que podamos tener aborto seguro, legal y gratuito en la Argentina. Lo que implica que debe lucharse cada día más, para lograrlo. Porque una sola mujer que pierda la vida en un aborto clandestino, o una sola presa más, nos revela la indignidad y la inmoralidad que implica el prohibicionismo imperante.